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SME HUMANUM

Director: Carlos R. Ruta

JEAN-LUC M A R I O N
Marion, Jean-Luc
Acerca de la donación. Una perspectiva fenomenológic:a - 1" ed.
Buenos Aires - Jorge Baudino - Universidad Nacional de General
San Martín, 2005. 98 p.; 21 x 15 cm. (Serie Humanitas dirigida por
Carlos R. Ruta) •
Traducido por: Gerardo Losada
ISBN 987-9020-55-3
1. Filosofía Moderna 2. Hermenéutica 1. Losada, Gerarclo, trad. H.
Título
CDD 121.686 ACERCA DE EA D O N A C I Ó N
U N A PERSPECTIVA FENOMENOLÓGICA
Esta obra, publicada en el marco del Programa de Ayuda a la Publicación
Victoria °campo, ha recibido el apoyo del. Ministere des Affaires Etran-
géres y del Servicio Cultural de la Embajada de Francia en la Argentina.
Cet ouvrage, publié dans le cadre du Programme d'Aide á la Publica tion
Victoria Ocampo, bénéficie du soutien du Ministere des Attaires Etran-
geres et du Service Culturel de EArnbassade de France en Argentine.

1" edición abril de 2005


ISBN 987-9020-55-3
©2005 Jean-Luc Marion
©2005 Universidad Nacional de General San Martín
edunsam@unsam.edu.ar
©2005 Jorge Baudino Ediciones
Fray Cayetapo Rodríguez 885
(1406) Buenos Aires - República Argentina
jbaudino@fibertel.comar Jorge Baudino Ediciones
UNSAM
Queda hecho el depósito que dispone la Ley 1E723 LINiVeRSIDAD

Editado e impreso en la Argentina. NACIONAL D E


SAN M A S T Í N

Colaboraron en esta edición:


Daniela Verán - Perla Youngerman
Procesos técnicos: Alfredo Seiler
Diseño de tapa: Ángel Vega BUENOS AIRES - ARGENTINA
Se utilizó papel obra de 90 gr. para el interior y para la tapa,
papel Júpiter de 300 gr. 2005
Acercó de la donación

ÍNDICE

PRÓLOGO 9

L LA INTUICIÓN COMO PENURIA


1.. La dualidad del fenómeno 1 3
2. La falta y la nada 1 9
3. Bosquejo del fenómeno saturado: el horizonte 2 0
3.1. Según la cantidad inabarcable 2 0
3.2. Según la relación - absoluto 2 9
4. Bosquejo de] fenómeno saturado. Yo 3 5
4.1. Según la modalidad - inmirable 3 5

II. LA OTRA FILOSOFÍA PRIMERA Y LA CUESTIÓN DE LA D O N A C I Ó N
1 D e una cuestión a la otra 3 9
2. Una tercera filosofía primera 4 2
3. La fenomenología como posibilidad de
otra "filosofía primera" 4 5
4. La donación como último principio 5 1
5. Del uso de la donación en teología 5 4

III, LA ENCARNACIÓN COMO DONACIÓN DEL Sí MISMO


I. La ligadura al cuerpo sentiente - Descartes 5 7
2. La carne como "lo más originariamente mío" - Husserl 6 0
3. Sufrimiento, placer, envejecimiento 6 4
4. La facticidad individualizadora 6 8
5. El fenómeno saturado según la relación 7 0
6. Tomar carne. La Encarnación como paso límite 7 4
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JEAN-LLICMARION Acerca de la donación

IV. EL EVENTO, EL FENÓMENO Y LO REVELADO


I. Lo que se muestra y lo que se da 7 5
2. El evento como el sí mismo del fenómeno dado 7 9
3. El tiempo del sl mismo 8 3
4. La reducción a lo dado, ¿se contradice? 8 9
5. Lo revelado 9 3

PRÓLOGO

Los análisis que constituyen este pequeño volumen fueron


leídos en u n seminario desarrollado p o r invitación del profesor
Carlos Ruta, director de la Escuela de Humanidades de la Univer-
sidad Nacional de General San. Martín en junio de 2000. Antes de
toda otra consideración quisiera expresarle m i gratitud a él y a la
Institución que representa. Porque no es corriente acoger con tanta
generosidad un trabajo generalmente considerado de acceso difícil
y a veces reputado un tanto demasiado original para inscribirse en
el paisaje de la racionalidad filosófica tradicional y generalmente
admitida.

En efecto, la fenomenología, al cumplir hoy, como tal, un


recorrido coherente e incesantemente renovado de más de un siglo
y al constituir una de las raras tradiciones vivientes de la moderni-
dad (e incluso de la posmoderniciad), se expone inevitablemente a
la crítica y a la rivalidad de otras corrientes. La "vuelta a las cosas
mismas" c' ae siempre bajo la sospecha de sacrificar la discursividad
lógica a la inmediatez de la intuición y de poner así en peligro la
racionalidad científica. A esta desconfianza difusa se añade además
desde hace poco un temor más particular: que "las cosas mismas"
que se pretende describir no ofrecen más las garantías supuestamente
indiscutibles de la objetividad. En resumen, se estaría produciendo
una adhesión a fenómenos no objetivos, con el riesgo de suspender
las condiciones mismas de la inteligibilidad, para volcarse hacia la
literatura, la poesía y —lo que es peor— incluso hacia la teología.
Estos temores, que aquí fueron superados con los hechos, merecen
que se los tome en serio y que se intente superarlos también con la
razón.

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lEAN-LLIC M A R I O N
Acerca de la donación

La fenomenología, desde sus avances iniciales (con Investi-


Heidegger (al punto que su identidad fenonienológica puede resul-
gaciones lógicas que Husserl publicó en 1900-1901) tuvo como pre-
tar discutible), nunca fue cuestionada esta orientacióit hacia los fe-;
ocupación (incluso en el examen de los problemas de lógica formal)
no los objetos ya constituidos, sino las condiciones .de su constitu- nomenos no-objetivos. L o mismo ocurrió con Lévinas, en quien el
primado de la ética (primeramente la evasión de la ipseidad fuera
ción - - e n otros términos, se preguntó no sobre qué objetos conocía
de la totalidad y del existir) apunta hacia la fenomenalidad eviden-
la razón sino cómo le acontecía lo que ella finalmente recibía como
temente no-objetiva de lo infinito, noema sin ninguna noesis ade-
objetos. Todos los sucesivos descubrimientos de la significación, de
cuada. La obstinada búsqueda de Henri de una identidad absoluta
la intencionalidad, de la plenificación veritativa y, después, tras un
de la Conciencia consigo misma (auto-afectación) se abre también
largo recorrido, de las diferentes reducciones (eidética, psicológica,
trascendental) y de la constitución conciernen no a la recensión de con el rechazo incondicional de la intencionalidad del objeto (el éx-
tasis) como horizonte de la fenomenalidad. Se podría encontrar una
los objetos, sino a las etapas hasta entonces disimuladas o ignora--
puesta entre paréntesis similar tanto en la configuración hermenéu-
das de su manifestación. La fenomenología se preocupa - - y tal fue
tica de la fenomenología (Gadamer, Ricoeur) como en su versión de-
su originalidad radical, siempre actual— no de los objetos, sino de
construccionista (Derrida). La cuestión de saber si una fenomeno-
los caminos que los han conducido a su visibilidad y, eventualmen-
te, a la evidencia que automaticamente les reconocemos. Esa dudo- logía de los fenómenos no-objetivos es legítima ni debería plantear-
sa evidencia de la evidencia objetiva es justamente lo que el método se. Primero porque la fenomenología siempre se desplegó por este
fenomenológico pone en cuestión (entre paréntesis). camino, ya desdeflusserl. Después porque la operación misma de
la reducción (cualesquiera que sean sus sucesivas figuras) equivale
No resulta sorprendente entonces que, desde temprano, el de derecho a suspender el objeto supuestamente cumplido para ex-
objetivo de la fenomenología no se haya limitado a la objetividad traer los operadores más originales que lo hacen posible, es decir,
de los objetos. Hussed, desde antes de 1905, colocó en el centro de visible, las vivencias de la conciencia, Erlebnisse, y la intencionali-
sus investigaciones la fenornenalidad de] tiempo, de la impresión ori- dad (que apunta a una significación) —operadores que nacen de la
ginaria, del flujo y de la retención, todas operaciones que preceden vida de la ipseidad y son los únicos que la activan. Antes del objeto
desde siempre al menor de los objetos. Desde antes de 1910 se de- (y, eventualmente, para volverlo visible) despliegan su acción los
dicó también a la cuestión de la intersubjetividad, tanto para deter- agentes originales de la fenomenalidad.
minar las vías de acceso al otro (intersubjetividad en sentido estric-
to) como para fundar la constitución del objeto mediante el concurso Queda por realizar lo que constituye la actividad central de
de más de un ego (interobjetividad): estas dos investigaciones, por la fenomenología al alba de su segundo siglo: determinar esos ope-
otra parte indisociables, se despliegan evidentemente más acá del radores más originales y, además, el horizonte primero (y ( t i m o )
de la fenomenalidad. Desde hace diez años hemos intentado con-
objeto mismo. Este camino fue preferido y empleado por todas las
fenomenologías significativas. Heidegger, al intentar desplegar la tribuir a esa tarea mediante la proposición de dos tesis. Primero, la
ontología fundamental a partir del Dasein, hace que la fenomeno- tesis de que el horizonte de la fenornenalidad la determina no sola-
mente más allá de la objetividad, sino también más allá del ser, hasta
logía rompa definitivamente con el proyecto de una "ciencia rigu-
rosa" y sustituye definitivamente el horizonte de la objetividad por la donación misma (Gegebenhell decía ya Husser1). Donación no sig-
el de la pregunta por el ser. El objeto resulta marginado por las su- nifica evidentemente un nuevo refrito de la causalidad eficiente (un
cesivas irrupciones del ente, del ente zuhanden (lejos ya del ente agente que produciría lo dado) sino el modo de fenomenalidad del
vorhanden), del modo de ser del Dasein mismo, de la nihilización por fenómeno en tanto que él se da de sí mismo y por sí mismo, bajo la
figura de un acontecimiento irrepetible, imprevisible e inconstitui-
éste en el estado de angustia del ente en general y, finalmente, por'
el cumplitMento de la decisión anticipante. Cualesquiera que sean ble. Y esto para todo fenómeno, incluso si, en apariencia, depende
los avatares que la Kehre ha podido imponer a la fenomenología de de la simple objetividad. Luego, la tesis de que ciertos fenómenos
cumplen la donación al punto de ejemplificada como fenómenos
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JEAN-LUCMARION Acerca de la donación

saturados. Saturados en el sentido de que por oposición a los fenó-


menos Pobres o comunes (para los que la intuición plenificante lo-
gra siempre introducir-se en un concepto que la abraza y la contie-
ne), su intuición excede, ampliamente, la amplitud de todo concep-
to posible; y en el sentido de que, lejos de carecer de significación
(de racionalidad), exigen más de una, incluso un número indefini-
do, de acuerdo a una hermenéutica sin fin. Los fenómenos satura-
dos exigen entonces un trabajo nunca terminado de la racionalidad, I L A I N T U I C I Ó N C O M O PENURIA
a la que desconciertan por exceso y no por carencia. Los fenóme-
nos saturados se organizan en cuatro tipos principales: el aconteci-
miento, el ídolo, la carne y el ícono (rostro).
1. L A D U A L I D A D DEL F E N Ó M E N O
Los seminarios presentados aquí procuran ilustrar esas dos
tesis, sin duda de manera m u y incompleta, precisamente corno en -Evocar la posibilidad de un fenómeno incondicionado (por
todo trabajo serio --siempre inacabado y confirmable. Si nuestros su horizonte) e irreductible (a un :Yo), es decir! u n fenómeno por
lectores pudieran sumarse a ese trabajo, como lo hicieron muchos excelencia, exige primero que una tal posibilidad se abra verdade-
de los participantes; de los seminarios, no habremos perdido nues- ramente, sin conducir a una ilusión de posibilidad, por un indebido
tro tiempo y el de ellos. paso fuera de los límites, que destruiría simplemente la fenomenali-
dad en general, en suma, que tal fenómeno incondicionado e irre-
Jean-Luc Marion
ductible n o conduzca a " f a b u l a r " . Para establecer esta garantía
deberemos describir directamente u n tal fenómeno (2-3); pero no
llegaremos ahí sino indirectamente, destruyendo lla definición común
del fenómeno, tal corno impera tanto en la metafísica según Kant,
cuanto en la fenomenología según Husserl (1); intentaremos así
evaluar si esta definición - - q u e somete todo fenómeno a un hori-
zonte de aparición y. a un Yo constituyente-- abre el campo de la
fenomenalidad, o no confirma más bien su clausura esencial. En
otros términos, se tratará de precisar qué decisión viene a limitar el
fenómeno en su definición común, para poner de manifiesto qué po-
sibilidad quedaría abierta, por contraste, a una acepción incondi-
cionada e irreductible de la fenomenalidad.

Husserl mantendrá a lo largo de todo Su itinerario una de-


finición del fenómeno determinada por su dualidad básica: "La pa-
labra 'fenómeno' es ambigua [rloppelsinnig] en virtud de la correla-
ción esencial entre el aparecer y l o que aparece [Erscheinen u n d
Erschelnenden]". Esta correlación se orquesta según muchos pares
1. La idea de la fenomenología, Hua. 11, p. 14. Ve r Investigaciones lógicas, III, §3, loc.
cit., t,2, p. 231; Ir. es. de Manuel G. Morente y José Caos, Madrid, Revista de
Occidente, 1976, p. 390: "...los fenómenos [Erscheinungml en el sentido de los
objetos que aparecen (erscheinenden) como tales, pero también con respecto a
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JEAN-11,1CMARION Acerca de la donación

diferentes, pero articulados entre sí —intención/intuición, signifi- y el acto empírico ocasional de evidencia; (e) la l„plenificación ideal
cación/plenificación, noesis/noema, etc.; y no hace sino fijar mejor para u n a intención"; ( d ) finalmente ",..la 'verdad c o m o justeza
el fenómeno en cuanto lo que aparece como correlato de la apari- [Rechtigkeil de la intención"4. Lo sorprendente no reside sin embar-
ción. Este es el motivo por el cual la más alta manifestación de un go, tanto en esta insistente demultiplicación cuanto en el hecho de
fenómeno cualquiera, por ende, la más alta fenomenalidad, se cum- que la adecuación, a la cual la verdad 'limita su ambición, resulte
ple con la adecuación perfecta entre los dos términos, cuando el apa- además un p u r o ideal, — " E l ideal de una plenificación ú l t i m a " ,
recer subjetivo equivale a lo que aparece objetivamente. " Y así que- "...percepción idealmente plenificada"---, el objeto de una simple
da caracterizado eo ipso el ideal de toda pleñificación y así, con esto, "...idea de la adecuación absoluta como tal"5. ¿Cómo no entender
de la plenificación significativa; el intellectus es aquí la intención men- aquí esos términos en un sentido kantiano? En ese contexto, puesto
tal,l a de la significación. Y la adaequatio se realiza cuando la obje- que la idea resulta un concepto de la razón tal que su objeto no pue-
tividad significada es dada en el sentido estricto en la intuición y es de jamás darse mediante la ,intuición, lo ideal (como objeto de la
dada exactamente como es pensada y nombrada, N o hay ninguna idea) no debería poder darse nunca', Si la adecuación que provoca
intención mental que no encontraría su plenificación y, por supuesto, subjetivamente la evidencia objetiva, sigue siendo todavía para Hus-
su plenificación última, en la medida en que el [término] plenifica-
serl (como para Kant) u n simple "ideal", sería necesario inferir que
dor de la intuición no deja ya nada d e intención insatisfecha"2.
no se realiza nunca o, al menos, raramente, Pero con ella, la ver-
Tanto aquí corno en metafísica, la adecuación no sólo basta para dad ¿no se rarificaría también o se volvería, al mismo tiempo, inac-
definir la verdad, sino que, sobre todo, sigue siendo un caso límite,
cesible? Ese peligro indica una aporía, la cual provoca, a su vez,
excepcional, "...el ideal de la plenificación ú l t i m a " . Ese caso privi-
interrogantes sobre las decisiones que la han vuelto inevitable. ¿Por
legiado de la percepción equivale a lo que Husserl llama cartesia-
qué la evidencia adecuada debería seguir siendo la mayor parte del
namente la evidencia; o más exactamente, la verdad objetiva se cum-
ple subjetivamente por la evidencia, considerada como la experien- 4. InvestigacioneS
y 687. lógicas, VI, §39, loc. cit., t. 3, resp, pp. 122 y 123; Ir. es, cit. pp. 686
cia de la adecuación hecha por la conciencia; Ahora bien, este ideal
de evidencia, que supuestamente designa el Máximum y el extremo 5. Investigaciones lógicas, VI, 139: "...ideal° Hile füreine 'Menden", op. cit., p. 123;
ir. es. cit. p. 687; título del §37: "Ideal der letzen Erfullung", p. 118; Ir. es, cit.
de toda ambición de verdad, no reivindica sin embargo, exhibien-
p. 682; título del capítulo V, "Das Ideal der Adáquation" p. 115; tr, es. cit. p.
681.
do una muy extraña modestia, sino una "adecuación", una simple
igualdad. Ese paradigma de igualdad ideal tiene tal peso, que Hus- 6. "Es de suyo evidente que, para alcanzar ese fin, es decir, para representarse
serl lo demultiplica en nada menos que cuatro figuras: (a) "...la simplemente la necesaria determinación completa de las cosas, la razón no
correspondencia entera entre l o mentado y l o d a d o c o m o t a l presupone la existencia de una esencia ¡nicht die Exislenz enes solcheu Wesensi,
RibereinstimMung zwischen Genteintem und Gegebeneml", (b) " „ , l a sino solamente la idea [nur die Idee] de esa esencia para derivar de una tota-
idea de la absoluta adecuación [Adtiquation]" entre la esencia ideal lidad incondicionada de la determinación completa la totalidad condicionada,
es decir, la totalidad de lo limitado" (Crítica de la razón pura, A 557/13 6(16; tr.
los fenómenos como vivencias, en los cuales aparecen (erscheinen) las cosas es de Pedro Ribas, Madrid, Alfaguara, 1978, p. 491). Esta definición del ideal
fenomenales..."; y V, §2, loc. cit., p. 349; tr. es. cit. p. 478: "Nunca se señalará por Rant ---la totalidad incondicionada, pero no existente que permite a la
, c o n suficiente claridad el equívoco que permite que se caracterice corno fenó- razón determinar la limitación condicionada, pero existente--- coincide bas-
meno lErscheinungl no solamente la vivencia en la cual consiste el aparecer tante exactamente con el ideal de plenificación busserliana: la igualdad incondicionada
[Das Erscheinen] del objeto s i n o también el objeto que aparece ferscheinendej y completa, pero no efectuada, por relación y en comparación con la cual se
como tal". Mide la intención, efectuada, pero intuitivamente deficitaria, 1,a diferencia consiste
2. Investigaciones lógicas, VI, §37, loc. cit. t.3., p. 118; ir. es. cit. p. 683. Importa en que para Rant el ideal de la razón coincide estrictamente con Dios, mien-
señalar la persistencia aquí, no obstante tratarse de un terreno tenornenoló- tras que Husserl deberá esperar los desarrollos últimos de su teleología para
gico, de la definición bien metafísica de la verdad corno adaequatio rel et identificar el ideal de la plenificación con Dios. Ver, además de la obra clásica
3. Investigaciones lógicas, VI, §37, loc. cit., t. 3, p. 116; tr. es. cit. p. 682. Ver p. 118; de A. Ales Bello, HusserL Sul problema di Dio, Roma, 1985,1os textos reunidos
ir. es. cit. p. 684. y comentados por J. Benoist, "Husserl, au-dela de Ponto-theologie", Les études
philosophiques, 1991/4.
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fEAN-Loe MARION Acerca de la•donaci6

tiempo un caso límite, hasta excluido? ¿Por qué la igualdad entre que valga el precio fenomenológico con qué .se la paga. Sea como
noesis y noema, esencia y plenificación, intención e intuición, pare- fuere, si la evidencia se realiza sólo para los fenómenos pobres, cuan-,
ce inaccesible —o casi-- en el momento mismo en que la inviste (tal do se trata, al contrario, de los fenómenos plenos - - d e la aparición
vez sin razón) la dignidad de la verdad? ¿Por qué Husserl compro- de las "cosas mismas" que deben ser plenamente dadas por intui-
mete la vuelta a las cosas mismas poniendo una marca de ideali- ción-- la adecuación volverá a ser u n ideal en sentido estricto, es
dad en la evidencia y la verdad? decir, un acontecimiento imperfectamente dado, por una penuria
, al menos parcial de intuición, La requerida igualdad de derecho entre
Respuesta: porque la igualdad de derecho que Husserl man- intuición e intención estará ausente por ausencia de intuición. Los
tiene entre la intuición y la intención le resulta de hecho inaccesi-
sentidos defraudan, no por una defraudación provisoria o acciden-
ble. La intuición (casi) siempre le falla (parcialmente) a la intención,
tal, sino por impotencia ineluctable.; una suma incluso indefinida de
como la plenificación a la significación En otros términos: la inten- bosquejos intuidos no plenificará nunca la menor intencionalidad
ción y- la significación sobrepasan a la intuición y la plenificacion. de objeto real: cuando se trata de una cosa, la intención sobrepasa siem-
"Queda u n excedente en l a significación [ E i n aberschtiss i n der
pre su donación intuitiva, que debe ser completada con la apresenta,-
Bedeutang]" porque en principio "...el dominio de la significación es,
ción9. Lo que, entonces, impide que la fenomenología deje aparecer sin:
con mucho, más vasto que el de la intuición"7. La intuición sigue
reservas los fenómenos es, en primer lugar, el déficit básico de in-
siendo esencialmente claudicante, pobre, necesitada, indigente - -
tuición que ella les asigna - - s i n apelación ni recurso. Pero la em-
penías. La adecuación entre la intención y la intuición, se convierte presa. fenomenologica no postula esa Penuria de intuición sino como
por ende en un simple límite, un ideal habitualmente evocado por una consecuencia de decisiones metafísicas - - e n suma: Husserl su-
defecto. N o se podrá objetar aquí que la evidencia se cumple regu-
fre aquí las secuelas de las decisiones elaboradas por Kant.
larmente en matemática y en lógica formal, porque ese hecho, lejos
de invalidar la claudicación, la confirma: en efecto, el ideal de ade- Porque Kant fue el primero que, al definir siempre la ver-
cuación se realiza precisamente en los solos dominios donde la in- dad p o r la adaequatiol", infería, a partir de ella, el paralelo entre la
tención de significación, para plenificarse en u n fenómeno reclama intuición y el concepto, que supuestamente juegan un papel tan-
sólo una intuición formal (el espacio en matemática), una intuición gencialmente igual en la producción de la objetividad. "Sin sensibi-
categorial (las entidades lógicas) o incluso ninguna intuición (la tau- lidad, no .se daría ningún objeto y sin entendimiento ningún objeto
tología vacía). Matemática y lógica, precisamente porque no tratan sería pensado. Los pensamientos sin contenido son vacíos, las',in-
sino de un objeto ideal --es decir, estrictamente, de un objeto que tuiciones sin concepto, ciegos. Así, es tan necesario volver esos con-
apenas debe darse para aparecer perfectamente, en suma, u n gra- ceptos sensibles (es decir, atribuirles un objeto en la intuición) como
do cero o ínfimo de la fenomenalidad—, cumplen por ende una evi- volver inteligibles sus intuiciones (es decir, encuadrados bajo con-
dencia adecuada por defecto, que, solo reclama una intuición vacía ceptos). Esos dos poderes o facultades no pueden tampoco intercam-
o pobre.La.adecuaCión,Sé rilaliza„tar*Mdlmente aquí, porque se trata biar sus funciones. El entendimiento no puede intuir nada ni los sen-
de fenómenos con una exigencia intuitiva nula o débil. Así, aunque
9 Ve r las Meditaciones cartesianas, §§50-55. Subrayemos que la apresentación:
el ideal de evidencia llega a realizarse a veces en los fenómenos lo
excedente (überschluss) en la percepción d e l o que n o es en ella auténtica-
suficientemente pobres como para que se alcance de entrada una mente percibido" —no interviene solamente aquí en el conocimiento del prójimo,
intuición suficiente,. n o resulta obvio que esta certeza minimalista sino en "toda percepción" de objeto mundano (155, Hua. I, p. 151); tr. es. de
pueda servir de paradigma a la fenomenalidad en su conjunto, ni José Caos, México, Fondo de Cultura Económica, 19862, p. 187. Descartes admite,
también él, que el conocimiento adecuado resulta imposible, n o solamente
7. Investigaciones lógicas, VI, §40 y 63, loc. cit., 13, pp. 131 y 192, ir. es. cit. pp. 695 para la idea de lo infinito ( AT VII, 368„1-3), sino también para la de cualquier
objeto, p o r más l i m i t a d o que sea ( AT VII, 365,3-5).
y 738. Heidegger también habla de l'ella Überschuss an Intentionen", Prolegomena
l a Crítica de la razón pura, A 5 8 / 8 82; tr. es de Pedro Ribas, Madrid, Alfaguara,
zur Geschichte des Zeithegriffs, §6, C A , 20, p. 77,
1978, p. 97.
8, Platon, Banquete, 203b.
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JEAN-LLICMARION Acerca de la donación

tidos pensar nada"u. En principio, el fenómeno, por ende, el objeto künnenl, constituyen el campo o el objeto„global de la experiencia
real, aparece en la estricta medida en que la intuición y el concepto posible Pribglicher Erfahrung1"13. El: fenómeno Se piensa por concep-
no solamente se sintetizan sino, en esa síntesis, se equilibran. La to; pero para pensarse, debe primero ser dado, y n o se da sino por
adacquatio —por ende la verdad— reposaría así sobre la igualdad intuición. La puesta en escena intuitiva condiciona la objetivación
del concepto con la intuición. Sin embargo, Kant es el primero en conceptual. En tanto que donadora única y previa, la 'intuición rom-
descalificar ese paralelismo; porque si el concepto responde a la pe en su provecho el paralelismo con el concepto. Desde entonces
intuición, depende sin embargo, radicalmente de ella; si el concep- la extensión de la intuición fija la de la -donación fenomenal. La fe-
to piensa, se limita, en efecto, a volver inteligible, en un segundo mo- nomenalidad de la donación se anda en la intuición.
mento y por derivación, lo que la intuición ella sola puede dar en
principio y originalmente: "Nuestro conocimiento surge de dos fuen-
tes fundamentales del espíritu [ 1 ; por la primera [la receptividad] 2. L A FA LTA Y L A N A D A
un objeto nos es dado [gegeben], por la segunda [la espontaneidad
de los conceptos] resulta pensado..."", Por cierto, la intuición sin Uno podría esperar que Kant se aplique a pensar ese privi-
conceptos sigue siendo tan ciega cuanto el concepto sin intuición legio inaudito de la intuición: nada menos que asegurar el vicariato
permanece vacío; pero la ceguera vale aquí más que la vaciedad: -de la donación. Ahora bien, mediante un giro bastante desconcer-
aún ciega, la intuición da todavía, mientras que el concepto, inclu- tante, Kant subraya ese privilegio de la intuición sólo para mejor
so si puede solamente él hacer ver lo dado, queda como tal perfec- estigmatizar su falencia. Porque, si únicamente la intuición da ob-
tamente vacío, por ende, completamente incapaz de ver cualquier jetos, a la finitud h u m a n a le corresponde una intuición decidida-
cosa que sea. La intuición sin concepto, aunque ciega, sin embargo, mente finita, para el caso, una intuición sensible. En consecuencia,
da materia a un objeto, mientras que el concepto sin intuición, aun- no sólo todos los objetos que exigen una plenificación intuitiva in-
que no ciego, no ve nada, puesto que nada le ha sido dado todavía definida, sino también todos los que necesitarían eventualmente una
para ver. En el reino del fenómeno, el concepto no es rey, pero sí la intuición no sensible (intelectual) se encuentran impedidos de apa-
intuición que dispone ella sola el privilegio de dar: "...un objeto no recer. La fenomenalidad sigue siendo limitada por la defección de
puede ser dado a un concepto de otro modo que en la intuición [nicht lo que la vuelve parcialmente posible —la intuición. Lo que da (la
anders gegeben werden, als in der Anschanung1": porque "...la catego- intuición en tanto sensible) se identifica con lo que falta (la intui-
ría es una simple función del pensamiento, por la cual ningún ob- ción en tanto que intelectual o indefinida). L o que da falta. justa-
jeto me es dado, pero por la cual solamente es pensado lo que pue- mente lo que falta es lo único que habría podido y debido dar. La
de ser dado en la intuición [nur 'toas in der Anschauung gegeben werden intuición determina tanto la fenomenalidad por lo que le niega cuan-
,mag]; o de nuevo: "...las intuiciones por las cuales nos pueden ser to por lo que le da. " E l pensamiento es el acto de ligar una intui-
dados objetos [nos Gegenstdnde gegeben werden Iffinnen], constituyen ción dada (gegebene Anshanung) a u n objeto. Si ml modo de esa in-
tuición no se da de ninguna manera [Qui' keinerlei Weise gegeben], en-
el campo, o el objeto entero de la experiencia posible". ASÍ, la intuiT
tonces el objeto es solamente trascendental y el concepto del enten-
ción no ofrece al concepto un simple paralelo o complemento, le
dimiento no tiene otro uso que el t r a s c e n d e n t a r. Pensar es, más
asegura Sri condición de posibilidad misma: ".,. intuiciones en ge-
que conocer los objetos dados por la intuición, renunciar a todos
neral, por las cuales los objetos pueden sernos dados [gegeben werden
los que ninguna intuición nunca dará, considerar el inmenso ceno-
11. Crítica de la razón pura, A 5 1 / B 76; tr. es. cit. p. 93. tafio de los fenómenos que jamás aparecieron n i aparecerán, en
12. Crítica de la razón pura. A 5 0 / B 74; tr. es. cit. p. 92; " H a y dos condiciones, bajo suma, medir la falencia de la intuición. La intuición que es la única
las cuales solamente el conocimiento de u n objeto es posible, p r i m e r o la in-
13. Crítica de la razón pura, A239 /B 298, tr. es. cit. p. 261, después A 95 y A 253; ti-.
tuición, por la cual es dado, pero solamente como fenómeno loor ale Erscheinung,
es. cit. pp. 106 y 128.
gegeben wird]; en segundo lugar, el concepto, p o r el cual u n objeto, que co-
14. Crítica de la razón pura, A 247/B 304, ti-. es. cit. p. 266.
rresponde a esa intuición, es pensado", A 9 2 / B 125, ir, es. cit. p. 126.
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MARION Acerca de la donación

que da, falta esencialmente. Lo que hace donación, hace defección. Primeramente, el fenómeno saturado.tio puede abarcarse.
Se sigue de esto una paradoja: en adelante cuantos más fenómenos Esta imposibilidad se debe a su carácter esencialmente imprevisible.
se dan en la sensibilidad, tanto más se acrecienta la Muchedumbre Su intuición donadora le asegura por cierto una cantidad, pero tal
muda de aquellos que no pueden ni deben pretender darse. Cuan- que ella no se puede prever. Esta determinación se aclara mejor in-
to más la intuición da según lo sensible, más testimonia su falencia virtiendo la función de los axiomas de la intuición. Según Kant, la
para hacer aparecer lo fenomenal posible —tenido por imposible. cantidad (las magnitudes extensivas) se declina por composición del
La finitud de la intuición pone de manifiesto su carácter problemá- todo a partir de sus partes; esta "síntesis sucesiva" permite recons-
tico con la permanencia —"necesaria", admite Kant—de la idea. La tituir la representación del todo según la representación de la suma
idea, aunque o, más bien, porque es un concepto racional al cual de las partes; en efecto, la magnitud de un. quan-turn tiene la pro-
ningún objeto que le corresponda puede ser dado en los sentidos", piedad de no implicar nada más que la suma de los quanta que se
permanece sin embargo, siempre como un blanco (fr. visable), si no adicionan a ella. De esta homogeneidad se sigue otra propiedad: un
visible en las apariciones sensibles de las que está excluida. La ' a u - fenómeno cuantificado se encuentra "...<pre>visto por anticipado
sente en todo ramillete", la flor de pensamiento convoca las flores [schon angeschaut] como un agregado (suma de las partes dadas por
sensibles a la "gloria del largo deseo"" y les sobrevive; igualmente anticipado) [vohrer g e g e b e n e r n tal .fenómeno siempre se dejaría
la idea, al dejarse mentar fuera de las condiciones fijadas a la feno- pre-ver. Literalmente, ver antes de ser visto en persona o ver por
menalidad, marca tanto más los límites de ésta. A la manera cuasi procuración, a partir de otro distinto de él mismo ---precisamente
fantasmal de un no objeto, la idea acusa los límites de una intui- el número supuesto finito de sus partes y de la magnitud supuesta
ción que no ha podido darla. Por ende, al no lograr hacerse sensi- finita de cada una de ellas. Ahora bien, son esas propiedades las
ble, la idea no sólo testimonia su propia falencia, sino que estigma- que se convierten justamente en inabarcables, cuando se trata de
tiza la falencia de la intuición sensible en general. un fenómeno saturado. En efecto, domo la intuición que lo da no se
limita a su concepto eventual, su exceso no se puede ni d i v i d i r ni
recomponer adecuadamente en v i r t u d de una magnitud finita ho-
3. BOSQUEJO D E L F E N Ó M E N O S AT U R A D O : mogénea con las partes finitas. N o podría medirse a partir de sus
EL H O R I Z O N T E partes, porque la intuición saturante sobrepasa sin limitación la
suma de las partes al añadir sin cesar. Tal fenómeno, siempre des-
31. Según l a cantidad - inabarráble bordado por la intuición que lo satura, debería más bien ser llama-
do inconmensurable, no mensurable (inmenso), desmesurado. Esta
Bosquejaremos la descripción del fenómeno saturado a tra- desmesura no se ejerce por otro lado siempre ni de entrada según
vés del hilo conductor de las categorías del entendimiento defini- la enormidad de una cantidad sin límites; se caracteriza más fre-
das por Kant. Pero el fenómeno saturado excede esas categorías cuentemente por la simple imposibilidad para nosotros de aplicarle
(como los principios), puesto que en él la intuición sobrepasa el con- una síntesis sucesiva, que permita prever un agregado a partir de
cepto. Las seguiremos por ende invirtiéndolas, El fenómeno satura- la suma finita d e sus partes finitas. Como el fenómeno saturado
do se describirá como inabarcable según la cantidad, insostenible sobrepasa toda suma de sus partes --las cuales, por otro lado, fre-
según la cualidad, absoluto según la relación, inmirable según la mo- cuentemente no se pueden enumerar—, es necesario abandonar la
dalidad. Los tres primeros caracteres cuestionan la acepción común síntesis sucesiva en vistas a lo que llamaremos una síntesis instan-
del horizonte, el último la aceptación trascendental del Yo. tánea, cuya representación precede y sobrepasa la de los eventua-
15. Sucesivamente Kant, Crítica de la razón pura, A 3 2 7 / 8 383 ("notweridig") y A
les componentes, en lugar de resultar de ellos según lo previsto.
339/8 397 ("unvertveidlich Schein"); tr. es. cit. pp. 318 y 327 resp., después Mallarmé,
respectivamente Variations sur un sujet y.Prose pour des Encintes, en Oeuvres
eempieles, "Pléiade1, ed. M o n d o r , Paris, 1945, pp. 361 y 56. 16. Crítica de la razón pura, A 1 6 3 / 5 204; t r. es. cit. p. 201.
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JEAN-LUC'MARION Acerca de la donación

Un ejemplo privilegiado de esto es el. asombro. Según Des- Otro ejemplo privilegiado viene del cuadro cubista, que se
cartes, esta pasión nos afecta aun antes de que conozcamos la cosa,
construye sobre la constatación de que, de hecho y por principio,
o, más bien, precisamente porque la conocemos sólo parcialmente: los fenómenos destinados a ser vistos sobrepasan la suma previsible
"...no se puede percibir del objeto sino el primer aspecto que se ha de sus partes —los bosquejos y sus aspectos. O. más bien, que para
presentado, ni, en consecuencia, adquirir un más particular cono- verlos hay que desplegar su aparecer en un r úmero nunca finito
cimiento de él"17. El "objeto" no nos entrega sino un solo "aspecto" de aspectos, que (corno en el caso elemental del cubo según Hus-
(se podría decir también una sola Abschattung) y, sin embargo, se sed) no cesan de demultiplicarse y acumularse. Los objetos supues-
nos impone inmediatamente con una potencia tal que santos inun- tamente más simples —violín sobre mesita redonda, con periódico
dados por lo que se muestra, eventualmente hasta la fascinación.
y jarrón— de hecho dan siempre mucho más para ver de lo que
Y, sin embargo, la "síntesis sucesiva" ha sido suspendida desde su
pensamos; lo que percibimos por intuiciones del momento y lo que
primer término; ocurre por ende que se cumple otra síntesis, ins-
pensamos de ellos por conceptos resulta inconmensurablemente más
tantánea e irreductible a la suma de partes eventuales. Todo fenó-
pobre que lo que hay para ver ahí realmente; sus conceptos, me-
meno que produce asombro se impone a la mirada, incluso en la diante los cuales sabemos con tanta seguridad lo que hay para ver
medida (más exactamente, en la desmesura) en que no resulta de que no nos tomamos ni el tiempo ni el trabajo Ce ir a ver realmente,
ninguna suma previsible de cantidades parciales; la síntesis ocurre sólo sirven para resumírnoslos, para simplificárnoslos a fin de en-
sin conocimiento completo del objeto, por ende sin nuestra síntesis; mascarar su exuberancia rutilante. La mayor parte del tiempo que-
se libera así de la objetividad que le impondríamos, para imponer- remos hacernos una idea de las cosas, sin tener ninguna intención
nos su. propia síntesis, realizada de su parte antes de que nosotros de verlas, simplemente a fin de manejarlas con facilidad, corno ocu-
podamos reconstituida (por ende, síntesis pasiva). Su arribo prece- rre con los utensilios. Ahora bien, si olvidáramos los conceptos de
de nuestra aprehensión, lejos de resultar de ella. Esta anticipación ellas, veríamos que hay tantas cosas p o r ver, antas cosas por ver
del fenómeno por sobre lo que nosotros prevemos de él desconcier- con ese violín viejo sobre la simple mesita, con un pobre periódico y
ta: viene antes de nuestra visión de él, viene antes de hora, antes con ese triste jarrón: están ahí para ser manifestados todos los as-
que nosotros. Nosotros no lo prevemos, él se nos adelanta. En con- pectos de cada uno de ellos, distinguidos por todos los juegos de
secuencia también nos asombra porque surge sin una medida co- colores que ofrecen a la luz y que la modifican en igual grado; des-
mún con los fenómenos que le preceden, sin que puedan anunciar- pués todas las perspectivas, no solamente reales de cada objeto al
alinearse con el otro, tales como, al desplazarnos alrededor de ellos
lo ni explicarlo --porque, según Spinoza, "...nullam cum reliquis
habet connexionern"ls. Desconectado del resto de los fenómenos o (anamorfosis), podernos efectivamente captarlos., sino, además y
sobre todo, las irreales, tales corno podemos imaginarlos y podría-
de
tes sus conceptos ya conocidos, se impone sin precedentes, ni par-
ni suma. mos incluso verlos, si pudiéramos comparar el anverso de uno (por
ejemplo del estuche del violín) con el reverso é.el otro (por ejemplo
el título del periódico), la izquierda de uno arriba (el jarrón) con la
17. Las pasiones del alma, 173, AT XI, p. 383, 7-10; Ir. es, de Francisco Fernández derecha del otro (las patas de la mesa, abajo), el suelo con el cielo-
Buey, Barcelona, Península, 1972, p. 55, Ver §78: ll—se fija la atención sólo sobre rraso, etc. Porque todas sus combinaciones siguen siendo visibles de
la primera imagen de los objetos que se han presentado, sin requerir otro derecho, aunque nuestra visión --por ende nuestras visiones y nues-
conocimiento de é l ' (Ibídem, p. 386, 14-17; ir. es. cit. p. 57-58). Comentario
tras intuiciones— no alcancen sino un número inverosímilmente res-
impecable de D. Kambouchner: la admiración (ligada al asombro) te—que tie-
ne por objeto una cosa corporal no tiene a esa cosa por objeto sino en tanto tringido de ellas. Y esto lo sabe el pintor cubista, el cual ya no quie-
que ella aparece, y en tanto que con su carácter 'nuevo', 'raro', 'extraordinario' re dar a ver lo que cualquier prevenido, apresurado, pragmático
inesperado, su sola aparición es un evento, ( ,„ I tiene por objeto el fenómeno ve, es decir, alguien que excluye todo lo que r.o conoce por antici-
de una cosa o la cosa en su fenomenalización" (Lthomme des passions• Commentaires pado y, por ende, no reconoce y a quien, por ende, no le interesa
sur Descartes, Paris, 1995, t, 1, p. 295, cursiva nuestra). todo lo que no le sirve, sino que ese pintor quiere hacer aparecer lo
18. Ethica III, apéndice, definición IV,
que podría dejarse ver si intentáramos todas las visiones, todas las 23
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JEAN-LoeMARION Acerca de la donación

de representar por comparación con la negación = O, magnitud in-


asociaciones de visiones e incluso todas las que nos siguen estando tensiva"19. La intensidad se define a partir de su grado O: no sería
vedadas en la finitud de la intuición común y que podríamos inten-
tar adivinar. El cubista se agota feliz en la carrera sin fin hacia la surrtá posible u n mejor reconocimiento de que la dominación absoluta e
incuestionada del paradigma de un fenómeno pobre, hasta vacío
imposible o siempre evadida de los estallidos de lo visible —porque en intuición, bloquea definitivamente, en metafísica al menos, toda
lo visible estalla, si uno lo deja surgir en el aparecer, como una ola avance hacia la fenomenalidad libre de la donación. En esta posi-
estalla en un fuego de artificio de gotas de agua, todas diferentes en
ción no se podría ni sospechar el caso opuesto, el de un fenómeno
forma y en color, én el tiempo y en el espacio, en la trayectoria y en saturado, donde la intuición da realidad (primera categoría de la
los reflejos. Más radical que el impresionista, que no pretende mos-
cualidad) al fenómeno sin ninguna limitación (segunda categoría)
trar sino lo que experimenta exactamente, el cubista intenta y, a ve-
y, seguramente, sin hundirse en la negación (tercera categoría).
ces, logra hacer aparecer lo que no podría efectivamente ver, pero
cuya mínima posibilidad él se obstina en hacer que surja a lo visible. Porque la intuición que satura u n fenómeno alcanza una dimen-
sión intensiva sin medida, inconmensurable, de modo que, a partir
Así, el fenómeno saturado no podría preverse, a lo menos de un cierto grado, la intensidad de la intuición real sobrepasa to-
por dos motivos fenomenológicos. (a) Primero porque la intuición, das las anticipaciones conceptuales de la percepción. Frente a este
que lo satura sin cesar, impide hacer distinciones en él y sumar un exceso, la percepción no sólo no puede anticipar más sobre lo que
número finito de partes finitas, anulando así toda posibilidad de va a recibir de intuición, sino, sobre todo, no puede sostener ya los
[prelver el fenómeno antes de que él se dé en persona. (b) Además, grados más elevados de ella. Porque la intuición, supuestamente
porque •el fenómeno saturado se impone, las más de las veces, gra- "ciega" en los regímenes de fenómenos pobres o comunes, se de-
cias al asombro, en el cual precisamente la no recensión de sus par- muestra, en una fenomenología radical, más bien como enceguece-
tesdonación
la eventuales, por ende,
intuitiva. • también la imprevisibilidad cumplen toda dora: la mirada no puede sostenerla como no podría sostener una
luz que deslumbra y quema. La magnitud intensiva de la intuición,
cuando llega a dar un fenómeno saturado, no puede ser sostenida
En segundo lugar, el fenómeno saturado nó puede sostener-
por la mirada, lo mismo que la mirada no podía prever la magni-
se. Según Kant, la cualidad (las magnitudes intensivas) permite a la tud extensiva de aquél.
intuición fijar en el objeto un grado de realidad linaitándolo, even-
tualmente hasta la negación: cada fenómeno admitiría un grado de Cuando la mirada no puede sostener lo que ve, sufre un
intuición y es lo que la percepción puede siempre anticipar. La pre- deslumbramiento. Porque no sostener no equivale simplemente a no
visión que opera en la magnitud extensiva reaparece en la antici- ver; porque es necesario primero percibir, si no ver claramente, para
pación de la magnitud intensiva. Una diferencia esencial, sin em- experimentar lo que no se puede soportar. Se trata, en efecto, de
bargo, las separa: la anticipación no se ejerce más en una síntesis algo visible que nuestra mirada no puede sostener, ese algo visible
sucesiva de lo homogéneo, donde cada grado se distingue por una se demuestra insostenible a la mirada, porque la colma sin medida,
solución de continuidad con el precedente, por ende, por una no- a la manera del ídolo; la mirada no conserva ninguna reserva de
vedad absolutamente singular. Sin embargo, como Kant privilegia visión libre, lo visible invade todos sus ángulos de intención, cum-
el caso del fenómeno pobre, sólo analiza esa heterogeneidad a par- ple la adequatio —ella colma; pero el colmo va de él mismo hacia
tir de los casos más simples —los primeros grados a partir de cero, más allá de él mismo, llega al colmo, demasiado lejos. Entonces la
las percepciones imperceptibles, •etc., es decir, que no aborda la in- gloria de lo visible pesa con todo su peso, es decir, que pesa dema-
tensidad sino privilegiando llamativamente los fenómenos de más siado. Lo que pesa aquí, hasta hacer doler, no se llama ni la desdi-
débil intensidad, donde justamente la intensidad falta, hasta la pa- cha ni la pena, ni la carencia, sino el éxito, la gloria, la alegría: "¡Oh
radoja de depositar su confianza en la ausencia misma de intensi- triunfo!/ ¡Qué gloria! ¿Qué corazón humano sería bastante fuerte
dad, la negación: - E n adelante llamo a esa magnitud que no se
aprehende sino como unidad y en la cual la pluralidad sólo se pue- 19. Crítica de la razón pura, A 169/13 210; tr. es, cit. p. 205.
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JEAN-LLICMARION Acerca de I I donación

para sostener/esto?"20. La intuición da con demasiada intensidad no por cierto por defecto, porque ella preseota:;110 más visible del
como para que la mirada tenga suficiente coraje para verdadera- ente", sino más bien por exceso --porque " t e l ' a l m a es incapaz de
mente ver lo que no puede concebir, apenas recibir y, a veces, ni ver nada I I saturada de deslumbramiento m u y brillante (hypb
siquiera enfrentar. Este enceguecimiento deriva de la intensidad de lamprotérou marmarygés empéplestai) L o que, en todo caso, impide
intuición y no de su cantidad, como lo indican los enceguecimientos ver proviene del exceso de intensidad de la luz, sensible o inteligible.
delante de aquellos espectáculos donde la intuición sigue siendo
cuantitativamente común, hasta débil, pero la intensidad, fuera de El pintor también produce la saturación según la cualidad,
lo común: Edipo se enceguece por haber visto su transgresión, por porque pinta siempre, incluso en primer lugar, la luz. Pero la pinta
ende, se deslumbra con una intensidad cuasi moral de la intuición; la mayor parte del tiempo como la vemos --siempre ya transporta-
cualquiera que se descubre presa del amor no lo debe, la mayor par- da sobre las cosas que ella pone en evidencia, por ende, invisible y,
te de las veces, sino al silencio de una mirada, que nadie ha visto Como tal, retirada del cuadro que ella abre. Incluso, cuando Claude
sino él; y Aquel que nadie puede ver sin morir, ciega primero por le Lorrain divide exactamente su tela - - p o r ejemplo Dido constru-
su santidad, aunque su venida se anuncie en u n simple soplo de yendo Cartago-- mediante un rayo sangrante del sol que muere, se
viento. Porque el fenómeno saturado, por el hecho del exceso de la consagra tanto a esa luz misma, cuanto se aplica a detallar los efectos
intuición en él, no puede ser sostenido por ninguna mirada a su me- sutilmente rebajados sobre los edificios, las embarcaciones y los
dida ("objetivamente"), n o se percibe ("subjetivamente") p o r la humanos que, asentados de uno y otro lado para acogerla, termi-
mirada sino por el modo negativo de una percepción imposible - - nan por confiscarla y distraer nuestra atención. Pero cuando Turner
exactamente del deslumbramiento. Platón también lo describió per- retoma conscientemente el mismo tema y la misma organización —
fectamente a propósito del prisionero de la caverna: "a. si se lo des- por ejemplo en. La decadencia del imperio de Cartago— se consagra
ata y se lo fuerza a enfrentar (antístasthai) súbitamente [ ] y a le. esencialmente a poner en el centro del cuadro el sol mismo. O, más
yantar la mirada hacia la luz [prós tó plias anablépein], sufriría al ha- exactamente, para que su luz aparezca verdaderamente como tal,
cer todo eso y, por efecto de los deslumbramientos, no tendría la no solamente lo recubre con ella hasta llegar a d i l u i r los otros pro-
fuerza d e m i r a r de frente [diti las marmarygas adynatoí kathoránl tagonistas en una paradoja] oscuridad, sino que deja incluso de
aquello de lo que antes veía las sombras". Se trata sin duda de "su- mostrar directamente el flujo del sol (lumen) --que no se puede sos-
frir" viendo la plena luz o de evitarla volviéndose hacia las cosas tener con la mirada, tanto como la muerte—, para trasmitir única-
que se pueden mirar [W1 dYnatai kathortin]". Lo que impide ver, son mente su fulguración deslumbrante (lux): un insostenible círculo que
justamente "los ojos llenos de esplendor"21. Por otra parte, ese des- difunde una blancura de fuego, donde nada se distingue más, ni
lumbramiento vale tanto para la intuición inteligible como para la ocupa la escena. Mostrar el sol exige, en efecto, mostrar que no se
intuición sensible. En primer lugar, porque el mito de la caverna con- puede designar nada como una cosa y mostrar al que tiene como
cierne, en última instancia, a los obstáculos epistemológicos que propio el impedir que se muestre no sólo cualquier otra cosa sino
afectan a la inteligibilidad, de la cual el montaje sensible suministra también él mismo. Por esto, en las telas venecianas (así, en La Salud
explícitamente una imagen; después, porque la idea del Bien, tam- en Venecia), Turrter no permite ya que se distinga ni la cúpula más
bién y sobre todo, se ofrece como "difícil de ver (mógis horastilai)", pequeña, tal es el relámpago inmóvil de la luz, que saturando com-
pletamente la tela, estraga de blancura todo paisaje posible y anula
20. Claudel, Téte tifor en dhétitre 1,, Helado, p. 210. La gloria pesa, el hebreo lo dice todo proyecto de hacer de él la menor ved ato; no subsiste más la
en una palabra. Estonios aquí muy cerca de los análisis de J-... Chrétien,L'inoubliable
menor silueta y la iglesia se reduce a una mancha vaga y oscura,
el l'inespéré, Paris, 1991.
vitrificada bajo el diluvio de luz como un pequeño resto de cenizas
21, ['latón, República, 515c y 517a, El término marrnarygé designa en su origen la
vibración (por ejemplo la de los pies del bailarín, Odisea, VIII; 265), después la diluidas. Entonces el ojo no experimenta sino su impotencia para
vibración del aire sobrecalentodo, p o r ende la del espejismo, que provoca el ver algo que no sea el estallido que lo inunda —metálico casi y no
deslumbramiento.
2.2. Platon, República, 517bc y SIS&
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Acerca de la donación
obstante vibratorio"—, que lo enceguece. Así, aparece el exceso de
3.1 Según la relación - absoluto
la magnitud intensiva en la pura y simple imposibilidad de mante-
nerlo incluso en el horizonte de lo visible.
• N i abarcable según la cantidad, ni sostenible según la cua-
El deslumbramiento marca así un caráctei! universalizable lidad, el fenómeno saturado aparece además absoluto según la rela-
a toda forma de intuición de una intensidad que sobrepasa el gra- ción, es decir, que se sustrae a toda analogía de la experiencia.
do que una mirada puede sostener. Sin duda, ese grado varía con
el alcance de cada mirada (que no tenemos por qué medir aquí); Kant define así el principio de tales analogías: "La experien-
pero el alcance siempre termina •por tocar su techo. Ahora bien, no cia no es posible sino por la representación de una relación necesa-
se trata ahí de un caso excepcional, que uno mencionaría a título ria de las percepciones". Ahora bien, la simple aprehensión por in-
de inventario al margen del fenómeno pobre, supuestamente más tuición empírica no puede asegurar esa relación necesaria; ella de-
frecuente y por ende normativo por aproximación. A l contrario, se berá por ende producirse a la vez mediante conceptos y en el tiem-
trata de una determinación esencial del fenómeno que dos motivos po: "...como el tiempo mismo no puede ser percibido, la determina-
convierten en casi inevitable. (a) La descripción kantiana de las mag- ción de la existencia de los objetos no se puede hacer sirio por su
nitudes intensivas, por otro lado tan original y justa, privilegia ma- relación en el tiempo en general, en consecuencia solamente median-
sivamente el grado =, O, para guardar un silencio resonante sobre la te conceptos que los ligan en general". Esta conexión permite tres
noción más característica de la magnitud intensiva - - e l máximo. relaciones: la inherencia entre accidente y sustancia, la causalidad
Porque, aun cuando, sin duda, no se puede definir universalmen- entre efecto y causa, la comunidad entre varias sustancias. Pero
te, se encuentra siempre u n m á x i m o para cada m i r a d a y para Kant no las instaura sino poniendo en. juego tres presupuestos cuya
cada ocasión, es decir, u n umbral de tolerancia más allá del cual discusión permitirá una vez más describir a ccntrario el fenómeno
lo que se ve no se constituye más en u n objeto tomado en u n saturado. (a) Primer presupuesto: en todas sus ocurrencias u n fe-
horizonte finito. El deslumbramiento comienza cuando la percep- nómeno no puede manifestarse sino respetando la unidad de la ex-
ción franquea su máximo tolerable. La descripción de las magni- periencia, es decir, ocupando un lugar en una red tan cerrada corno
tudes intensivas, por el contrario, debería por ende tornar en con- posible de conexiones de inherencia, de causalidad y de comunidad,
sideración prioritariamente sus grados más elevados, por ende el que le asignan un sitio, p o r así decirlo, en hueco. Se trata aquí de
máximo que indican los deslumbramientos. (b) Lo intolerable, como una estricta obligación; "en la apercepción originaria, toda esa di-
antes la imprevisiklidad, designa u n modo de donación intuitiva versidad debe jso//1 ser unificada segun su relación en el nempo,24.
no solamente menos rara de lo que parecería en un examen apre- Así, un fenómeno no aparecería sino en un sitio predefinido por un
surado, sino sobre lodo determinante para un reconocimiento real sistema de coordenadas, él mismo gobernado por el principio de la
de la finitud. La finitud se experimenta y se prueba no tanto en la unidad de la experiencia. Pero aquí se insinúa otra pregunta: ¿todo
penuria de lo dado a nuestra mirada cuanto, sobre todo, porque fenómeno sin excepción debe respetar la unidad de la experiencia?
esa mirada puede a veces medir más la amplitud de lo dado. O a ¿Se puede descartar legítimamente la posibilidad de que un fenó-
la inversa, midiéndose con respecto a l o dado, lo experimenta a meno se imponga a la percepción, sin que se pueda, sin embar-
veces en el s u f r i m i e n t o de una pasividad esencial, como si n o go, asignarle ni una sustancia donde permanecer como un acci-
tuviera una medida común con ello. La finitud se descubre más dente, ni u n a causa d e donde resulte como u n efecto, n i acaso
ante el fenómeno saturado que ante el fenómeno pobre. un commercluni interactivo donde relativizarse? Y, p o r otra par-
te, no es tampoco obvio que los fenómenos que surgen realmente
- - p o r oposición a los fenómenos pobres en intuición, incluso des-
23, J. M. W. Turner, respectivamente en la National Gallery y en la Clore Gallery provistos de intuición-- se dejen percibir de entrada y generalmen-
de Tate Gallery, Somos deudores en esto a u n análisis todavía inédito de C.
Monjou. 24, Crítica de la razón pura, A 1 7 7 / B 220; t r. es. cit. p. 212.
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te segun tales analogías de la percepción; podría ocurrir de manera • t o mismo [ I . Una analogía de la experiencia será por ende una
completamente inversa que sobrevengan sin inscribirse, al menos, regla según la cual la unidad de la experiencia 1 deber resultar
en un primer momento, en la trama relacional que le asegura a la [cntspringen solll de las percepciones y valdrá como principio de los
experiencia su unidad, y que importen, precisamente porque no se objetos (fenómenos) de manera no constitutiva, sino simplemente
les sabría asignar ningún sustrato ni ninguna causa ni ningún co- reguladora"26. Dicho con claridad: cuando se trata de lo que hemos
mercio. Por cierto, después de un tiempo de análisis, la mayor par- llamado fenómenos pobres (aquí matemáticos), que la intuición (aquí
te de ellos admiten una reducción, al menos aproximativa, a las ana- pura del espacio) n o llega a saturar, ni a contradecir en ellos la
logías de la percepción. Pero aquellos, no tan raros, que no se avie- unidad y la necesidad preestablecidas de la experiencia, en ese caso
nen a eso, toman en adelante el carácter y la dignidad de eventos. y sólo en ese caso, la analogía sigue siendo cuantitativa y constitu-
Evento, o fenómeno no previsible (a partir del pasado), no exhaus- tiva —en suma, hay analogía de la experiencia, a condición de que
tivamente comprensible (a partir del presente), no reproducible (a el fenómeno resulte pobre. Pero, según el mismo Kant lo reconoce,
partir del futuro), en suma: absoluto, único, adveniente. Se dirá desde el momento en. que se pasa a la física (sin todavía hablar de
también: evento puro. A partir de ahí, las analogías de la experien- un fenómeno saturado), la analogía deja de poder regular nada,
cia podrían concernir solamente a una franja de la fenomenalidad .salvo cualitativamente; si A es causa del efecto B, entonces D esta-
—los fenómenos del tipo de objetos constituidos por las ciencias, po- rá en posición (cualidad) de efecto con respecto a C, sin que se pueda
bres en intuición, previsibles, exhaustivamente cognoscibles, repro- identificar lo que D es o será, ni constituirlo. El embarazo de Kant
ducibles—, mientras que otros estratos —y desde luego los fenóme- culmina, en la analítica de los principios, con ese extraño empleo
nos históricos-- se exceptuarían. de principios cuyo uso sigue siendo puramente "regulador" - - l o cual
no se puede comprender sino en u n sentido: las analogías de la ex-
El segundo presupuesto (b) concierne a la elaboración mis- periencia no constituyen realmente sus objetos, sino que enuncian
ma del procedimiento que permite asegurar la necesidad temporal necesidades subjetivas del entendimiento. Supongamos, en este ins-
y conceptual y, por ende, la unidad de la experiencia. Kant presu- tante, que las analogías de la percepción, así reducidas a un simple
pone que esta experiencia debe cumplirse siempre mediante el re- uso regulador, finalmente deban tratar un fenómeno saturado: éste
curso a una analogía. Porque "...todas las determinaciones empíri- sobrepasa ya las categorías de la cantidad (imprevisible), y de la cua-
cas del tiempo deben [rnüssen] estar sometidas a las reglas de la lidad (insostenible), y también ya se da como un evento puro. Desde
determinación general del tiempo, y las analogías de la experiencia entonces, ¿cómo podría una analogía --sobre todo, simplemente
I deben [ruüssen] ser reglas de ese género"25. En suma, corres- reguladora— asignarle —sobre todo necesariamente a priori— un punto
ponde a las analogías de la experiencia y a ellas solas ejercer de cuyas coordenadas serían fijadas por las relaciones de inherencia, de
hecho la regulación de la experiencia por la necesidad, por ende, causalidad y de comunidad. Ese fenómeno, al contrario, se sustraerá a
asegurar su unidad. Ahora bien, en el momento preciso de definir las relaciones, porque no mantendrá ninguna conmensurabilidad con
esas analogías, Kant mismo reconoce la fragilidad de ,Su poder fe- los otros términos; se liberará de ellos como de toda determinación a
nomenológico. En efecto, en matemática, la analogía es cuantitati- priori de la experiencia, que eventualmente pretendiera imponerse
va, de modo que proporciona p o r cálculo el cuarto término y lo
a él. En ese sentido hablaremos de un fenómeno absoluto: desliga-
construye verdaderamente; así, la igualdad de dos relaciones de mag- do de toda analogía con un cualquier objeto de la experiencia.
nitudes es "siempre constitutiva" del objeto y lo mantiene efectiva-
mente en una experiencia unificada; pero, precisa Kant, "en la filo- Desde ese momento el tercer presupuesto kantiano se vuel-
sofía, al contrario, la analogía es la igualdad de dos relaciones no ve discutible. (c) La unidad de la experiencia se despliega sobre el
cuantitativas sino cualitativas, en las cuales a partir de tres miem- fondo del tiempo, puesto que "todos los fenómenos están en el tiem-
bros sólo puedo conocer la relación con un cuarto, pero no el cuar- po"27. Así, Kant pone n o sólo el tiempo como horizonte ú l t i m o
26. Crítica de la razón pura, A 1 7 9 / 9 222; te. es. cit. p 213;
25. Crítica de la razón pura, A 177-8/B 220; te. es. cit. p. 212. 27. Crítica de la razón pura, A 1 8 2 / 9 224.; Ir. es. cit. p. 215.
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jEAN-LUC M A R I O N Acerca de la donación

de los fenómenos, sino, sobre todo, el horizonte en general como


Herido alcanzado los límites de su concepto :o de su significación
la condición del aparecer de esos fenómenos, a los que acoge y
hasta la adequatio, habiendo colmado después todo su horizonte e
restringe a la vez. L o cual significa que antes de todo avance fe- incluso el aura de lo todavía no-conocido, puede también, al con-
nomenológico hacia la v i s i b i l i d a d , el horizonte está esperando trario del caso precedente, sobrepasar toda delimitación de horizon-
'primero; y que cada fenómeno, al aparecer, se limita de hecho a te.-Esta disposición no implica prescindir sin, más de horizonte, sino,
actualizar una p o l c i ó n del horizonte, que de otro m o d o queda al contrario, articular muchos conjuntos de ellos para acoger un
transparente o vacío.. Cuando a veces surge aquí una pregunta, mismo y único fenómeno saturado. Se trata de leer ese fenómeno
ésta versa sobre la identidad del horizonte (el tiempo, el ser, el anormal al .mismo tiempo en horizontes esencialmente distintos,
Ereignis, hasta la ética o el bien, etc.); de este modo ¿no sé está hasta opuestos, cuya suma eventualmente indefinida permitirá, ella
ocultando otra, más simple y más radical: ciertos fenómenos po- sola, acoger la desmesura de lo que se muestra. Subrayemos que esta
drían desbordar su horizonte? hipótesis no tiene nada de extraño ni de insólito, incluso en filoso-
fía estricta, En efecto, Spinoza no logra pensat l a sustancia única
No se trata de prescindir de un horizonte en general, pues-
sino mediante un tal dispositivo: ella acapara, en efecto, todas las
to que así, sin duda se vedaría toda manifestación; se trata de usar-
lo de otra manera, a fin de liberarse de su anterioridad delimitadora, determinaciones de la entidad y todos los individuos correspondien-
tes, hasta inundar con su presencia infinitamente saturada el hori-
de tal modo que ella no entre en conflicto con la pretensión de un
zonte esencialmente finito d e la metafísica cartesiana; para conce-
fenómeno a aparecer absoluto. Supongamos u n fenómeno satura-
birla es necesario, por ende, demultiplicarla formalmente en atribu-
do, que acaba de obtener su carácter absoluto al liberarse de las ana- tos todos igual y diferentemente infinitos, cada uno de los cuales abre
logías con la experiencia —¿qué horizonte puede permitirse reco- la posibilidad de una interpretación sin fin de los modos finitos como
nocer? Hay que disinguir aquí dos situaciones fenomenológicas. (i) de los infinitos"; la sustancia única puede así pasar del horizonte
• O bien el fenómeno recibe una intuición que desborda el marco fi- del pensamiento al de la extensión, sin omitir los atributos descono-
jado por el concept:o o la significación que lo mentaban o lo pre- cidos, otros horizontes potenciales; sólo ese pasaje siempre reversi-
veían; esta intuición, por ende, no deja la menor aura de todavía ble permite exponer, y p o r así decirlo, distender la saturación ini-
no-conocido en torno al núcleo noemático de lo conocido; el con- cial, que en otro caso hubiera sólo quedado corno puro e indecible
cepto o la significación del objeto coinciden exactamente con los lí- deslumbramiento. Por otro lado, Spinoza se limita así a retomar, cier-
mites de su horizonte, sin reserva de espacio significativo todavía tamente trastornándola notablemente, la táctica elaborada p o r la
no plenificado; la intuición alcanza no solamente Lt adecuación con doctrina de la convertibilidad de los trascendemales: la irreductible
la significación sino que la colma lo mismo que todo su horizonte. pluralidad de ens, unum, verum, bonum (y a veces pulchrum) permi-
Entonces se realiza la primera figura de la saturación: la intuición, tía no sólo traducir el fenómeno común de un ente finito en una
a fuerza de presión, alcanza los límites comunes del concepto y del unidad (Aristóteles, Leibniz), sino sobre todo declinar el fenómeno
horizonte, sin embargo, no los franquea y, chocando contra ellos,
rebota, retorna hacia el campo finito, l o enturbia y finalmente l o men° absoluto no puede compararse más con otro; se muestra como tal, en
vuelve invisible por exceso —deslumbramiento. En ese primer caso, referencia a sí sólo; pone por ende en primera fila lo que lo individualiza como
tal —su intensidad insostenible, que provoca el deslumbramiento. En cuanto
la saturación se cumple todavía en el interior del horizonte, pero
contra él: colmando su horizonte el fenómeno saturado no se cons- a su carácter de imprevisibilidad según la cantidad, es obvio que la descalifi-
cación d e las relaciones externas (analogías entre fenómenos) c o n f i r m a l a
tituye más como un objeto y se retira detrás del deslumbramiento descalificación de las relaciones internas (suma de las partes del fenómeno),
•que . provoca". (ii) O bien el fenómeno saturado de intuición, ha- lejos de contradecirla.
29. Spinoza, Ethica I §16: " E x necessitate divinae naturae infinita infinitis m o d i s
28. Encontramos así nuiniamente, en lo absoluto sin análogo, el deslumbramien- (hoc est omnia, quae sub intellectum in tinitum cadere possunt) sequi" —defi-
to, carácter del fenómeno saturado según la cualidad. Ninguna incoherencia nición casi correcta del fenómeno saturado. Ver §17, se.: "...a summa Dei potentia,
en esto, puesto que al exceptuarse de las analogías de la experiencia, el fenó- sive infinita natura infinita infinitis modis, hoc est omnia necessario efluxisse".
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Acerca de la donación
JEAN-LLICMARION
nom,eno de ese tipo, resulta tratado generalmente coMo un fenómeno
saturado por excelencia —el Principio-- en registros perfectamente de derecho común, hasta u n fenómeno pobredbor ende, incluido
autónomos, donde se da a ver, cada vez, solamente según una pers- por fuerza en una situación fenomenológica que por definición él
pectiva tanto total como parcial, concebible y siempre incornprensi- rechaza, y finalmente desconocido. Si, al contrario, su especificidad
ble: estando en acto de ser, siendo uno antes de la unidad, verdad resulta. reconocida, el deslumbramiento que provoca se volvería
de sí y del mundo, esplendor invisible, etc. (Plotino, Proclo, Dioni- fenomenológicamente aceptable, hasta deseable y el pasaje de u n
sio, etc.); la convertibilidad de esos registros indica que la satura- horizonte al otro se volvería una tarea racional para la hermenéu-
ción persiste, pero que se distribuye en muchos horizontes' concu- tica. E l fenómeno saturado salvaguarda su absolutez y al mismo
rrentes, aunque compatibles. La finitud describe el fenómeno satu- tiempo diluye su peligro, cuando se lo reconoce como tal, sin con-
rado además porque le reconoce el derecho a muchos horizontes. fundirlo con otros fenómenos'.
Generalizando, diremos que conviene admitir fenómenos de n-1-1 ho-
Así, dándose absolutamente, el fenómeno saturado se da
rizontes, como ha sido necesario admitir espacios de n-t4 dimensio-
también como absoluto —libre de toda analogía con la experiencia
nes —cuyas propiedades saturan la imaginación, A q u í el deslum-
bramiento prepara una hermenéutica infinita. ( i i i ) N o se podría ya vista, objetivada, comprendida, Se libera de ella porque no de-.
empero descartar un tercer caso, raro pero inevitable: que la satu- pende de ningún horizonte. En todos los casos, no depende de esta
ración aumente al bloquear los dos primeros casos en ella. Si por condición de posibilidad por excelencia ---un horizonte, cualquiera
casualidad la hermenéutica de una pluralidad infinita de los hori- que sea. Lo llamaremos por ende un fenómeno incondicionado.
zontes no bastara para declinar un fenómeno esencial y absoluta-
mente saturado, podría ocurrir, en efecto, que cada perspectiva, ya 4. BOSQUEJO D E L F E N Ó M E N O S AT U R A D O . YO
saturada en un solo horizonte (deslumbramiento), se enturbie de nue-
vo recayendo sobre los otros —en suma: que la hermenéutica adi- 4.1. Según l a modalidad - innnrable
cione deslumbramientos en cada horizonte, en lugar de combinar-
los. Entonces, no sólo ningún horizonte, sino ninguna combinación
Ni abarcable según la cantidad, ni sostenible según la cua-
de horizontes lograría tolerar la absolutez del fenómeno, precisa-
lidad, absoluto según la relación, es decir, incondicionado por el
mente porque se da como absoluto, es decir, libre de.toda analogía
con los fenómenos de derecho común y de toda predeterminación horizonte (2), el fenómeno satura,do se dice finalmente inmirable
según la modalidad.
por una red de relaciones, sin precedente ni antecedente en lo ya
visto, ni en lo previsible. En resumen: aparecería un fenómeno has- Se sabe que las categorías de la modalidad se distinguen de
ta tal punto saturado que el m u n d o (en todos los sentidos de la todas las otras en que no determinan n i los objetos en sí mismos
' p a l a b r a ) no podría aceptarlo. Llegado a los suyos, los suyos no lo (cantidad, cualidad) n i sus relaciones entre ellos (relación), sino
reconocieron —llegado a la fenomenalidad, el fenómeno absoluta- únicamente --insiste Kant--- "sus relaciones con el pensamiento en
mente saturado podría no contar ningún espacio de despliegue, pero
general". Esas categorías, al contrario de las que Aristóteles de-duce
esa negación de apertura, por ende, esa desfiguración, sigue siendo de y reduce a la Gusta, ponen en acción la relación epistémica funda-
todavía una manifestación. mental con el Yo, en suma: "...expresan solamente la relación con
¿No se podría, sin embargo, temer que la hipótesis misma 30. De donde la importancia de una relectura de la Crítica de la razón poro, que in-
de que en general un fenómeno sature un horizonte, represente un tente, aunque a contrario acoso, definir y hacer justicia al fenómeno saturado,
junto a los fenómenos comunes o pobres. Se trataría entonces de partir no ya
peligro --que no podría ser subestimado porque nace de una expe- de la Estética (grosso modo, Heidegget), de la Analítica (neokantismo), o incluso
riencia m u y real? El de una totalidad sin puerta, ni ventana, que de la Doctrina trascendental del método (j. Grondin) sino de la Dialéctica trascen-
excluye todo posible, todo otro, todo prójimo. Pero ese peligro, por dental --tomando en serio la doctrina de las ideas (estéticas también y no sólo
cierto innegable, es menos el resultado de un fenómeno saturado de la razón), e investigando sobre su paradoja' fenornenalidad. 35
mismo que de su desconocimiento. En efecto, cuando surge un fe-
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JEAN-LLICMARION Acerca de la donación

la facultad de conocer", "...solamente la acción de la facultad de bre o común merece perfectamente su título 1/2pobre en intuición,
conocer": De hecho, entre los objetos de la experiencia y la facul- pobre sobre todo en fenomenalidad.
tad de conocer, no se trata ya sólo de una simple relación, sobrea-
ñadida, extrínseca y eventualmente facultativa, sino d e hecho, de Ese carácter extremo mismo conduce a invertir el dispositi-
que esos objetos acuerden con la facultad d e conocer —cosa que vo de Kant, para plantear la pregunta inversa: ¿qué ocurriría si un
deben hacer en absoluto para hacerse conocer. Este acuerdo deter- fenómeno no acordara y no se correspondiera con la facultad de
mina su posibilidad, (por ende, también su efectividad y su necesi- conocer del Yo? La eventual respuesta kantiana a esta cuestión no
dad) de ser o de ser conocidos a título de fenómenos según la sola suscita dudas: un tal fenómeno simplemente no aparecería; o, más
medida de su coincidencia con el Yo para quien y por el cual la ex- bien, no habría fenómeno del todo sino una confusa aberración per-
periencia ocurre: "El postulado de la posibilidad de las cosas exige ceptiva sin objeto. Se puede admitir, en efecto, que esta respuesta
Vordertj, por ende, que su concepto concuerde [zusammenstimmej tiene sentido en el caso de un fenómeno pobre en intuición o de de-
con las condiciones formales de una experiencia en g e n e r a r " . El recho común (tales que no inenten sino una igualdad entre intui-
fenómeno es posible en la estricta medida en que acuerda con las ción y concepto) --aunque, incluso en esos casos, habría que consi-
condiciones formales de la experiencia, por ende, con la facultad derar excepciones como en física cuantica33: Pero ¿sigue valiendo
de conocer que las fija, p o r ende, con el Yo trascendental mismo. para un fenómeno saturado? De hecho, la situación se vuelve aquí
La posibilidad del fenómeno depende finalmente de su reducción muy diferente. En caso de saturación, el Yo experimenta por cierto
al Yo. No solamente el fenómeno carente de intuición (pobre o co- el desacuerdo entre u n fenómeno al menos potencial y las condi-
mún) no asegura por sí mismo su posibilidad, sino que se aliena en ciones subjetivas de su experiencia, y, en consecuencia, no logra
una instancia exterior —la del Yo, para poder realizar su propio constituir un objeto. Pero esta falencia para objetivar no implica de
aparecer. Lejos de mostrarse sólo se deja poner sobre una escena ninguna manera que no aparezca aquí absolutamente nada; al con-
erigida por y para otro distinto de él, actor sin acción, sometido a trario, la saturación intuitiva, precisamente en tanto que lo vuelve
un espectador y director de escena trascendental. La aceptación kan- inabarcable, insostenible y absoluto (incondicionado), se impone a
tiana de las categorías de la modalidad conduce finalmente a la alie- título de fenómeno excepcional por exceso, no por defecto. El fenó-
nación del fenómeno con respecto a sí mismo --lejos de darse se deja meno saturado se niega a dejarse m i r a r como un objeto, precisa-
mostrar, hacer ver y poner en escena. En suma: se hace constituir mente porque aparece con un exceso múltiple e indescriptible que
como un objeto, que tiene su estatuto a partir de una intencionali- anula todo esfuerzo de constitución. Es necesario determinar el fe-
dad previamente objetivante, corno un fenómeno todavía y siem- nómeno saturado como un fenómeno no objetivo o, más exactamen-
pre "bien fundado" ----por ende, bajo condición. U n tal fenómeno te, no objetivable; esta denegación no tiene aquí nada de refugio en
pobre o común no sólo carece de intuición con relación a su con-- lo irracional o en l o arbitrario, porque se trata de una fenomenali-
ce,pto --carece de autonomía fenomenal puesto que renuncia, se- dad que escapa no tanto a la objetividad (uno de los caracteres del
gún las categorías de la modalidad, a dame a quien venga a verlo, objeto, con el mismo estatuto que la subjetividad) cuanto, más esen-
para dejarse constituir (construir, esquematizar, sintetizar, 'etc.) por cialmente, a la objetualidad (propiedad y estatuto del objeto, en
quien lo precede y lo prevé: Los "postulados del pensamiento em- cuanto opuesto y abandonado a la mirada de u n sujeto); el fenó-
pírico en general" exigen por ende que el fenómeno no aparezca meno saturado contradice las condiciones subjetivas de la experien-
nunca sino como respuesta a las exigencias exteriores y anteriores cia precisamente en el hecho de que no se deja constituir corno un
a él, que sólo puede satisfacer sometiéndose a ellas. Fenómeno aliena-
objeto. En otros términos: aunque ejemplarmente visible, sin embar-
do, que ejerce una fenomenalidad bajo condición, el fenómeno po- go, no se deja mirar. El fenómeno saturado se da en cuanto es, se-
31. Crítica de/a razón para, A 7 4 / 0 100, A 219/B 266 y A 2 3 4 / 0 287; tr, es. cit. pp. gún la modalidad, inmirable:
110, 241 y 254 resp,
33. Ve r el trabajo de C. Chevalley, en particular su Introducción a la traducción
32. Crítica de/a razón pura, A 2 2 5 / 0 273 [zusammenhangll y A 2 2 0 / 0 276; tr. es. cit.
pp, 245 y 242 /Esp. francesa de N, Bohr, Pitysique quantique et connaisance P a r i s , 1991 y a
la de W. lielseneerg, Philosophie• Le manuscrit de 1942, Paris, 1997.
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Esta reserva no debe entenderse evidentemente como u n Aristóteles, bajo el título prestado de "metaiísica": "Ella es llamada
índice de ateísmo, anacronismo hasta el contrasentido: puede en vez en efecto, ciencia divina o teología, en cuanto considera las sustan-
entenderse de otra manera, quizá extraña a Aristóteles', pero,,segu- cias previamente mencionadas (praedictae substantiae). [Es llamada'
ramente, no a nuestra actitud —moderna, por ende; necesariamen- metafísica en cuanto que considera el ente y lo que se sigue de él. Es
te nihilista-- con respecto a ella, ¿Qué significa para nosotros tal. llamada también filosofía primera, en cuanto considera las causas de
ousía akinéle? No considero aquí ni la existencia de una tal entidad. las cosas'''. Esto podría ser comprendido así: la ciencia de lo divi-
ni su carácter inmutable (por ende divino), sino más simplemente no, que se apoya sobre sustancias (y que sufre, para nosotros, mo-
su carácter de ~ f u —por ende, siguiendo la traducción introduci-
dernos, de la impracticabilidad de la ousía en general), puede y debe
da por el uso metafísico, su carácter sea de Sustancia, sea de esen- ser reforzada por otras dos ciencias. En primer lugar por la ciencia
cia. Ahora bien, el concepto de sustancia ha sufrido la crítica carte-
del ente en cuanto ente, ya establecida por Aristóteles en Metafísica,
siana (y antes la medieval), según la cual la sustancia nos resulta libro gamma, 1, pero que recibe aquí el título de metaphysica, toma-
desconocida como tal, a no ser según su dependencia episternológi- da en un sentido restringido; esta innovación, que corresponde en
ca con respecto a sus atributos y sus accidentes; también ha sufrido
lo esencial a Tomás de Aquino, tendrá, como se sabe, una impor-
la crítica de Hume y de Kant, que no la admiten sino como una fun- tancia determinante a doble título: en un primer momento desem-
ción del entendimiento y por ende limitan su validez sólo a los fe- bocará en la ciencia de la ontología, mas tarde concentrará sobre ella
nómenos, es decir, exactamente a lo que para Aristóteles ella debía la ambigüedad de la onto-teo-logía: —es bien claro que estos dos ca-
sobrepasar; de tal suerte que Nietzsche no tuvo más que despedirse racteres aparecen hoy como bastante problemáticos para que noso-
de ella simultáneamente con todos los otros ídolos metafísicos. Si uno
tros no intentemos extraer de ellos una nueva determinación de la
trata de evitar esta apoda comprendiendo la ousía corno una esen-
"filosofía primera". En cambio, la segunda de las nuevas ciencias
cia, surge la pregunta de qué queda hoy (después de los argumen- añadidas a la theologia define bien no sólo una philosophia prima, sino
tos de Descartes, Kant y Nietzsche, y también de Wittgenstein) de
la noción de esencia, sino, en el mejor de los casos, la definición de sobre todo en términos muy diferentes de los de la philosophía prole:
ya no se trata de considerar una otesía sino las causae de las cosas,
"lo que un ente es", por ende, de lo que de él conocemos tomo más
ele las oustai, de ahora en más separadas de la "filosofía primera",
cierto, es decir, nuevamente, una toma de conocimiento del ente,
por el escalón de la causa. Pero, corno Dios causa no sólo los entes
no en cuanto él es sino en cuanto conocido, o sea exactamente lo
que Aristóteles pretendía sobrepasar accediendo a la ousías Conclui- creados (causalidad ontica), sino también su entidad y su esse (cau-
salidad ontológica), la consideración de las causas por la philosophia
mos entonces que la justificación de la "filosofía primera" p o r su
prima reconducirá, mediante otro modo, a lo que ya consideraba la
estudio de una ousía aparece frágil, no sólo porque pretende tener
philosophía prote, Dios. Sin embargo, Tomás de Aquino fija u n lími-
como objeto una instancia inmóvil y separada (divina), sino simple-
te a esta aproximación: en Dios, la causa n o pasa p o r una otisíti.
mente porque admite que una tal instancia pueda definirse y en-
¿Este desplazamiento basta para validar, para nosotros, la "filoso-
tenderse como tal (como simplemente ousía) y, por ende, justificar
una primacía. fía primera"? Se puede, sin ninguna duda, cuestionarlo; el concep-
to de causa, como todas las categorías de la metafísica, ha debido
Se puede objetar con razón que la institución real de la no-, exilarse fuera de las cosas mismas y reducirse a los simples "con-
ción de "filosofía primera", tanto como la de "metafísica", provie- ceptos del entendimiento"; se sigue de ahí la ilegitimidad de su uso
nen menos de Aristóteles que de su posteridad. Puesto que eviden- trascendente más allá de los límites de la experiencia posible, con-
temente no aspiramos aquí a un desarrollo detallado propio de un cretamente más allá de los límites de la intuición sensible; en conse-
historiador, consideraremos directamente la posición de Tomás de cuencia, la causalidad no puede ni alcanzar lo divino ni, por ende,
Aquino. O más exactamente, nos atendremos a su intento,de rede-
finir las diferentes acepciones de la única ciencia que se atribuye a 1. In duodec m libros Metaphysicorum Aristotelis expositio. Proernium, ed, Cathaia, Roma,
1964, p. 2,
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JEAN-LUCMARION Acerca de la donación

suscitar una "filosofía primera". Más en general, la causa no per- Primero en filosofía es lo que se puede conotter con certeza corno
mite ya asegurar ninguna clase de primacía, desde que se ha de- primero, sin presuponer nada y cualquiera 'que sea esa verdad
mostrado la posibilidad de invertir la prioridad entre la causa. (que —terminada (ego sum), abstracta (ego cogito), f o r m a l (ecuación,
"explica") y el efecto (que solo "prueba") —y así, de hecho, la exis- figura, igualdad, etc.), incluso vacía (ego alifato); la excelencia on-
tencia precede la causa, que solamente la comenta (tal como lo han ticin no tiene más n i n g u n a intervención en la jerarquización de
establecido Descares y Nietzsche). Y por otro lado, ¿no coincidía los términos primeros, los cuales no se vuelven tales sino en cuanto
Tomás de Aquino con esto, cuando, después de haber alcanzado a que conocidos, jamás en cuanto entes. (b) Cuando Kant pide que
Dios siguiendo el hilo director de la causalidad, se negaba a Conce- "...el nombre orgulloso de la ontología, que pretende proporcio-
birlo según y bajo [a causa, rechazando la pertinencia de toda Cau- nar conocimientos sintéticos a priori de las cosas en general den-
sa sui y dejando el esse divino incausatum?2 tro de una doctrina sistemática (por ejemplo, el principio de cau-
salidad), ceda el lugar a una simple analítica del entendimiento
2. U N A TERCERA F I L O S O F Í A P R I M E R A puro"', ratifica por cierto el paso a una primacía del conocimiento;
pero, de hecho, vuelve a encontrar la definición misma de la on-
Sin embargo, ¿esas dos negaciones de la "filosofía prime- tología que cree d e r r u m b a r. En efecto, Clauberg, que i n t r o d u j o
ra" no desembocan en un resultado completamente opuesto? Ellas el término de manera definitiva e n metafísica, justifica e l objeto
argumentan e n efecto, a p a r t i r d e o t r a a n t e r i o r i d a d , l a d e l a privilegiado-de esta n u e v a ciencia - - l o inteligible antes q u e el
liquid o la sustancia— mediante el argumento de que es necesa-
noética con respecto a la causa y la OliSta , que pierden su prima-
rio comenzar "...la f i l o s o f í a u n i v e r s a l p o r el ente pensable, l o
cía --precisamente— ante las condiciones previas del conocimien-
mismo que la filosofía primera, comenzando p o r el singular, no
to. En ese caso, ¿por qué no contemplar una definición de la pri-
considera nada antes d e l pensamiento cogitante"'. La primacía
macía de la "filosofía p r i m e r a " directamente mediante la prima-
noética permite así, n o sólo refundar la "filosofía primera", sino
cía del conocimiento? Hipótesis tanto más justificable cuanto que
religar a ella la ontología, o más bien la ciencia del conocimiento
fue la táctica explícita de Descartes y de Kant3, (a) Cuando justi- del ente en general.
fica e l t í t u l o d e sus "..,Renati Descartes Meclitationes,/ de prima
Philosophia...", Descartes precisa: "...no trato en particular .de Dios Sin embargo, se ve que esa transferencia y esta ampliación
y del alma, sino en general de todas las cosas primeras que se de la primacía a la sola instancia noética se fundan también ellas,
pueden conocer filosofando"; incluso añade "...filosofando p o r en la primacía del Yo. Pero que el Yo pueda fundarse también él de
o r d e n ' : así, redefine bien la primacía n o ya a p a r t i r de ciertas
ousíai onticamente privilegiadas, sino como la anterioridad en el 5. Crítica de la razón pura, A 247/0303; tr. es d e Pedro Ribas, Madrid, Alfaguara,
1978, p. 266,
orden de los actos de conocimiento, en el "orden de las razones",
6. Clauberg, Metaphysica de Ente atine reellus Ontosophia... Groningue, 1647, Ams-
2. A l u s i ó n al Discurso del método, V I ( A l ' VI, 76, 6 y ss,, en esp. 20 y 2.1)i tr, es. de terdam, 16633, §4-5, según Opera philosophica omnia, Amsterdam, 1691; Darmstadt,
Ezequiel de Olaso y Tomás Zwanck, en Descartes, Obras escogidas, Buenos Aires, 1968, t. 1, p. 283. C o m o se sabe Clauberg pone directamente esta ontología
Sudamericana, 1980, p. 195); y al Ocaso de los ídolos. " L o s cuatro grandes erro- bajo el patronazgo de la philosophia prima de Descartes (ibídem., nota e). Rant
ratificará esta decisión: " L a primera y más importante cuestión de la ontolo-
res", 13. Ver para Tomás nuestro estudio "Saint Thomas d'Aquhá et l'ont-théologie",
Recae Thomiste, 1995/1. Sobre ese debate en general, v e r A . •Zimmerrnann, gía es saber cómo son posibles los conocimientos a priori, [ c o n c e p t o supremo
Ontologie oder Metaphysik? Die Diskussion tater den Cegenstand der Metaphysik de todo conocimiento humano es el concepto de un objeto en general, no el del
im 13. und 14. lahrhundert, Tette und Untersuchungen, Leiden/Koln, 1965, ser y el del no ser" (Lecciones sobre lo metafísica), cursiva nuestra. Sería imposi-
3. Sobre esta aproximación ver nuestro estudio "Konstanten der kritischen Vernunft", ble decirlo con más claridad: la ontología, en sentido de metafísica, n o es la
en H . F u l d a u n d R.P. H o r t s m a n n (hrg.), Vernunftbegriffe i n der Moderne, ciencia del ser, sino la ciencia de la ciencia misma. La primacía noética de la
"filosofía p r i m e r a " conduce a la crítica, de ninguna manera al ente en cuanto
Veróffentlichungen der Internationalen Hegel-Vereinigung, Stuttgart, 1994,
ente. Muchas defensas contemporáneas de la ontología defienden así, a con-
4. Lettres á Mersenne, 11 noviembre 1640, AT III, 235, 15E-18 y 239, 2-7.
trapelo, l o que destruyen, o destruyen l o que creen defender.
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manera suficientemente radical para asegurar la primacía de la "fi- 3. L A F E N O M E N O L O G Í A


losofía primera" a partir de su propia primacía, he ahí justamente COMO POSIBILIDAD DE OTRA "FILOSOFÍA PRIMERA"
lo p i e la filosofía no ha cesado de cuestionar desde la época. del ni-
hilismo. Hay dos argumentos Mayores que operan en esta cuestión. Esta conclusión, sin embargo, no impidió que Husserl rei-
(a) El Yo no puede legítimamente ejercer su primacía noética sino vindicara el título tradicional de "filosofía Primera" para la feno-
asumiendo un estatuto trascendental; pero ese estatuto lo separa
menología. El célebre curso de 1923-1924 que lleva ese título lo ex--
necesariamente de su empiricidad; lo que, en mí, es verdaderamen-
plica de entrada: "Si retomo la expresión forjada por Aristóteles, es
te primero no me individualiza, no existe en el espacio y en el tiem- justamente porque me aprovecho de la ventaja de que esa expre-
po y no se abre a ningún prójimo. Por ende, la trascendentalidad sión ha caído en desuso y que para nosotros no evoca ya otra cosa
del Yo, por un parte, lo deja sin determinación &Mea (Yo no es per- que su significación literal y no las numerosas y variadas sedimen-
sona), por otra parte, lo separa de él mismo (Yo extranjero al yo em- taciones, depositadas por la tradición histórica„ las cuales mezclan
pírico). De Kant a Husserl, hasta la universalidad no específica del confusamente bajo el concepto vago de metafíslca los recuerdos de
Dascin, esta escisión no experimenta excepciones. En consecuencia, los diversos sistemas metafísicos del pasado". Extraño argumento:
la primacía noética tiene un precio: la desaparición o la puesta en- justamente porque no se conserva más nada de sus realizaciones
tre paréntesis del que juega el papel de primero, sin serio. (b) Supo- reales (philosophia prima, philosophía próte), se mantiene con más
niendo que esta primacía pueda cumplirse incluso sin la individua- fuerza el principio de una "filosofía primera", redefinida m u y for-
lización orifica del Yo, no quedaría menos expuesta a una segunda malmente como "una disciplina científica del comienzo". ¿Cómo
objeción, más severa: la primacía noética, base eventual de una "fi- entenderlo? ¿Por el carácter equívoco de la fórmula? Pero Husserl
losofía primera", no implica ninguna primacía del Yo y el conoci- descarta inmediatamente esa hipótesis al sostener •que "...con el
miento se despliega según un proceso anónimo, sin origen ni suje- avance de la nueva fenomenología trascendental se ha cumplido un
to. O, si un sujeto piensa, piensa, o más bien repiensa, por una vía primer avance de una filosofía primera verdadera y auténtica"7; en
empírica lo que se piensa de pensable, lo que se propone a pensar, suma, la fenomenología retoma (o pretende retomar) todo el pro-
formal o estructuralmente. El yo empírico se limita a la repetición yecto de la "filosofía primera": constituirse corno la filosofía p o r la
de lo pensable, sin jamás obtener la menor primacía:ni &Inca, ni cual hay que comenzar, para luego poner en funcionamiento las
tampoco noética: eso se piensa en mí, que oficio de papel de escri- filosofías segundas o ciencias regionales. Consideremos una segun-
bir, sin inaugurar ni dominar el pensamiento. N o insistimos sobre da hipótesis: la reposición no equívoca de esta ciencia escapa a las
este argumento: ha sido reproducido tantas veces desde Nietzsche aporias metafísicas (ousía, causa, subjetividad), porque la fenome-
hasta Foricault por las "ciencias humanas" y las ideologías que se nología misma no pertenece a la metafísica. Esta pretensión debe
les relacionan. también ser justificada puesto que de ninguna manera resulta ob-
via. Pero Heidegger, que más que ninguno intentó desprender la fe-
Estas pocas reflexiones al menos bastarán para presentar la nomenología de la metafísica, ¿no renunció también a reivindicarle
conclusión inevitable: ninguno de los tipos de primacía que la me-
el título de "filosofía primera"? Y Lévinas, al pcner frontalmente en
tafísica puede proponer asegura hoy y para nosotros la legitimidad cuestión la fundamentalidad de la ontología, r2nunció también de
de cualquier "filosofía primera". hecho al título de "filosofía primera"8. Es necesario entonces que con-
7 Husseri, Filosofía primera, I, §1, Hui]. V I I , pp. 3 y 5.
8 Pensamos, como es evidente, en "L'ontologie est-elle fondamentale?", Revue de
Métaphysique et de Morale, 1951/1, retornado en Entre 1101I5• Essais sur le penser-
a-ltautre, Paris, 1991. No obstante el título de la obra colectiva: Emmanuel Lóvinas,
tomme philosophie premiere, J. Greisch el j. Rolland (écl.), Paris, 1993, sere-
mos más prudentes sobre los empleos lévinasianos de ese sintagma.
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JEAN-LLICMARION Acerca de la donación

solidemos esta ruptura para, intentar, a continuación, aclarar el plenifica, es decir, a la intencionalidad y, por.ende, a la sola objeti-
sentido y el alcance de otra acepción de la "filosofía primera". Con vidad? (ii) ¿De qué vale un principio, Sobre todo ligado a la intui-
este fin procederemos en cuatro etapas: (a) el principio de latfeno- ción, que interviene antes de y, por ende, quizá sin la Operación (y
menología; (b) el recurso a la donación en su relación con la reduc- la simple mención) de la reducción? (iii) ¿Qué papel juega aquí la
ción; (c) el levantamiento de las objeciones contra la inteligibilidad donación, explícitamente utilizada, pero jamás determinada como
de la donación; (d) la primacía sin falla de la donación. tal?' Estas insuficiencias nos han conducido a proponer una cuarta
y última formulación de u n eventual primer principio de la feno-
Determinar el principio de la fenomenología puede parecer,
menología: "Cuanto de reducción, tanto de donación"l2. Lo apoya-
a primera vista, tanto más fácil Cuanto que son numerosas las:fór- mos, entre otros muchos textos, en dos pasajes de Husserl, sacados
mulas usadas por Husserl a este propósito. Pero esta demultiplica- de la misma obra que fue la primera en desarrollar la teoría de la
clon misma debe también inquietarnos: una sola fórmula basta para reducción, La idea de la fenomenología (1907). Primero: " A través de
que un principio sea primero, en cambio, muchas fórmulas embro-
llan la primacía. Revisemos entonces las tres fórmulas utilizadas por una reducción, que llamaríamos ahora reducción fenomenológica,
obtengo una donación absoluta que no es deudora en nada de la tras-
Husserl. La primera, "cuanto más aparecer, tanto más ser'', con-
serva un claro origen metafísico; primero porque proviene de Herbart cendencia". Luego: "...la donación de un fenómem) reducido en gene-
(1806) y, sobre todo, porque utiliza la pareja aparecer/ser, de la cual ral es una donación absoluta e indudable"13. Confirmada así por el
se limita (como por otro lado a veces hace Nietzsche) a invertir el texto husserliano, nuestra fórmula revela desde ahora su interés
esencial: sólo ella piensa explícitamente la donación de lo dado
dispositivo perfectamente metafísico, sin siquiera exponer por qué
y cómo esta operación se realiza ----a Saber, p o r la reducción. La --donde, de hecho, el aparecer pasa al 'ser (primera fórmula), don-
segunda formulación, "¡Regreso a las Cosas mismas!""), está afecta- de se vuelve sin duda a los asuntos en juego (segunda fórmula) y
da por una doble imprecisión, que concierne primero a la identi- donde la intuición formula el derecho de aparecer (tercera formu-
dad de esas cosas (grealidades empíricas o "asuntos en juego"?), que la)-- pero siempre a partir de la operación que la provoca, la re-
concierne además a l a operación de inversión que permitiría esá ducción. N o hay donación sin reducción, no hay reducción que no
vuelta: en suma, en los dos casos falta siempre la reduce:ion, sin la desemboque en una donación. A h o r a bien, la reducción elimina
cual la consigna naufragaría rápidamente en el cinismo •ateórico, la toda trascendencia, es decir, el ékstasis intencional de la conciencia
misología. En cuanto a la tercera fórmula, la única calificada como hacia la cosa, que es el único que da cabida a la incertidumbre, el
principio de todos los principios y la única inventada por Husserl, error, la ilusión, etc.; p o r ende, la donación de lo dado, bajo la ex-
postula que "...toda intuición donadora es una fuente de derecho presa condición de que se encuentre ya reducida, se vuelve absolu-
para el conocimiento, que todo lo que se ofrece originariamente a tamente indudable. Ninguna de las críticas dirigidas al supuesto in-
nosotros en la intuición j j debe ser simplemente tomado por lo tuicionismo de la fenomenología, a su pretendida confianza inge-
que se d a " ; por cierto, su autoridad no puede ser discutida, pero nua en la evidencia, en fin, a su supuesta complacencia con la sub-
debe ser limitada. (i) ¿Con qué derecho la intuición decide acerca jetividad. no se sostendría ni un instante si se tomara realmente en
de toda fenomenalidad? Ese presupuesto kantiano, incluso Si corre- serio la radicalidad de la reducción, de tal Modo que suspendiera
gido mediante el añadido de la visión de las esencias o de la intui- justamente, en esos casos las trascendencias que los &agilizan. Si la
ción categorial, ¿no somete todo fenómeno a lo que la intuición filosofía se despliega en la inmanencia (que Se pretende con frecuen-
9, Husserl, Meditaciones (-artesianas, §46, Hita. I, p. 133; Ir. es, de José Caos, Méxi- cia y a veces se puede pretender con razón), entonces la fenomeno-
co, Fondo de Cultura Económica, 19862, p. 164; retomada por Heidegger, Sein
und Zeit, §7, p. 36. 12, v e r Réduction et donation, Paris, 1989, p. 303, comentado y profundizado p o r
Husserl, Ideas... t, §19, Hua. III, p. 42, 43; ir. es. de José Caos, México, Fondo M. Henry, "Qualre principes de la phénomenologie" Revue de Métaphysique et
Moraie, 96/1, ianvier, 1991,
de Cultura Económica, 1949, p. 49.
1. Husserl, Ideas... I, 14:24, Hila. III, p. 52, tr es. cit., p. 58. 13. Husserl, La idea de la fenomenología, respectivamente Hua. El, p. 44 y 50 (cursi-
va nuestra).
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jEAN-LLIC M A R I O N
Acerca de la donación

logia, según el principio "Cuanto de reducción, tanto de donación",


merece, por excelencia, el titulo de filosofía. sin embargo, esa vivencia cumpla u n a donación ---que se entre-,
gue irremediablemente y, en ciertos casos, cine comprometa tam-
La íntima implicación entre la reducción y la donacibn de- bién los objetos intencionales concernidos cElda vez. Por consi-
fine entonces el principio de la fenomenología. Lo' que aparece se guiente, toda vivencia ( y eventualmente el objeto intencional), si
da, es decir, que aparece sin reservas ni resto, ad-viene por ende, se da según una reducción, se verifica absolutamente, D i c h o de
llega y se impone como tal, no como la apariencia o el representan-, otra manera, la fenomenología universaliza el resultado cartesia-
té de un en-sí ausente o disimulado, sino como ello mismo en per- no: no-asegura el ego solo y para él mismo, sino que certifica todo
sona y en carne; lo que aparece se vierte por así decirlo totalmente un m u n d o , . porque no l o apoya en el pensamiento (al pensarse)
(con su trasfondo de sustancia, su individuación material, etc.), al sino en lo dado tal como se da (a la conciencia). Ciertamente, este
punto de pasar del rango de imagen, de simple parecer o de apa- desplazamiento regresaría al empirismo, si el dato intencional de
riencia yerma al de la única cosa en juego. Y si el fenómeno no se la vivencia n o se conformara a la reducción y, p o r ende, n o se
diera como tal, permanecería simplemente como lo otro del ser. Pero diera en una inmanencia reducida. A s í , el fenómeno dado con-
justamente ¿cómo logra darse y no quedar como simple imagen de lleva, con la experiencia de su donación, la experiencia de su cer-
él mismo sin él? Porque la reducción elimina del trayecto del apare- teza: no se podría d u d a r de lo dado; porque, o bien se lo consi-
cer todo lo que no se da sin reserva: las apariencias y las confusio- dera precisamente en cuanto que dado y, cualquiera que sea su
nes, las imaginaciones o los recuerdos de lo dado, todos ligados a modo de dado (intuición sensible, imaginación, visión de las esen-
las trascendencias que confunden la vivencia (eventualmente inten- cias, intuición categorial, etc.), será bien dado; o bien se experi-
cional) con el objeto mentado (por definición sólo bosquejado), se menta una decepción y esto testimonia simplemente que, por error
encuentran identificados, filtrados y finalmente separados de lo res- (falta de reducción), se ha tomado p o r dado l o que no se daba
tante dado. Es necesario por ende que la reducción controle la do- auténticamente - - p e r o que, sin embargo, ya se daba sin ninguna
nación, la reconduzca a su núcleo de dado (o núcleo noemático). duda de otro modo, simplemente todavía nO distinguido en su
Así, en la estricta medida en que la reducción Se cumple correcta- especificidad. Puede y debe haber grados indefinidos en la do--
mente, se vuelve "absurdo" (según la expresión de Husserl) consi- nación, pero n o excepciones. En suma, para decirlo como Hus-
derar que la donación no da con certeza lo dado. De lo cual se si-, serl, " L a donación absoluta es u n término ú l t i m o " " .
gue que lo dado de la donación no admite ninguna duda.
De esta certeza, entonces, extrañamente se infiere q u e la
¿Se trata de una repetición de la certeza incondicional del donación, en cuanto que cierta, también se universaliza. Porque
ego sum, ego existo? N o obstante el hábito adquirido (desde Hus- ¿qué podernos decir que no aparezca como dado? Husserl esta-,
serl mismo) de aproximarlos, insistiremos en p r i m e r lugar en lo bleció ya la lista de lo que se da mediante modos diversos: el pen-
que los distingue. Según Descartes, la certeza absoluta de esta samiento, el recuerdo inmediato (retención), la unidad de apari-
primera verdad sólo concierne con exactitud al campo 'del retor- ción en el flujo de las vivencias de la conciencia, sus variaciones,
no del pensamiento sobre sí mismo, más exactamente, su autoafec- la cosa de la percepción llamada "externa", las diversas formas'
tación; pero, y la d i f i c u l t a d para alcanzar a continuación otras de la imaginación y del recuerdo (secundario) y otras represen-
verdades lo va a confirmar, la autoafectación queda esencialmente taciones sintéticas, pero también los datos lógicos (predicados,
capturada en un solipsismo real, de la cosa obtenida (res cogitans) universales, estados de cosas), las esencias, las entidades -mate-
a la cosa otra, inaccesible o casi inaccesible (Dios y el m u n d o máticas --incluso los sin sentidos y las contradicciones atestiguan
quizá, el prójimo con seguridad). Según la fenomenología, la cer- una donación. Y concluye: " E n todas partes la donación, en l o
teza absoluta resida en la afectación de la conciencia p o r las vi- real o lo ideal, en lo posible o lo imposible, es una donación en el
vencias de cualquier procedencia (no sólo, n i tampoco en abso- fenómeno de conocimiento, en el fenómeno del pensamiento en el
luto, por el pensamiento de sí), con la condición expresa de que, 14. H u s s e t t , La idea de la fenomenología, H u a , 11, p . 61.
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JEAN-LOSMARION Acerca de la donación

sentido más general de la palabra". L o cual indica dos resultados 4. L A D O N A C I Ó N C O M O Ú LT I M O :PRINCIPIO


decisivos. (i) La donación equivale de hecho al fenómeno mismo,
cuyas dos caras, el aparecer (del lado de la conciencia) y l o que Esta hipótesis enfrenta, sin embargo, ciertas objeciones17. La
aparece (del lado de la cosa) se articulan según el principio —"ad- principal concierne a l a relación de lo dado con la donación, Se le
mirable"ls añade frecuentemente Husserl— de correlación porque puede objetar que restablece una distancia entre la causa y-, el efec-
lo primero vale Como algo dado, que lo segundo, la donación, ciá. to de tal modo que abre terreno a la interpretación teológica de esa
Sin avanzar más aquí en la demostración, consideramos estableci- misma causa: ¿Dios no interviene en la teología revelada y la tradi-
do que el pliegue del fenómeno,, tal como se despliega en el apare- ción omito-teológica (que por otro lado convendría no confundir siem-
cer, equivale al pliegue de la donación, tal como él guarda en ella pre), como la' causa de los entes como sus efectos y eventualmente
lo dado. Esta equivalencia se desprende de hecho directamente de como el dador que da lo dado suyo? Esta objeción sin matiz, some-
la identidad entre la donación y la reducción; lo dado reducido tie- tida a examen, no resiste mucho tiempo: no sol) porque la causali-
ne rango de fenómeno pleno y radical. Formulado de otro modo por dad aplicada a Dios, al menos en la teología revelada, es tal que
Husserl: lo que se denomina "...efectivamente una donación abso- ninguna reciprocidad la convierte en inteligible a partir de sus efec-
luta (cine absolute Gegebenheit)", no es el fenómeno psicológico, sino tos (Dios no resulta conocido sino como desconocido), sino tarnbiért
"...solamente el fenómeno puro, [fenómeno] reducido (Das reine porque la donación aquí evocada pertenece a la sola fenomenolo-
Phanornen, das reduzierle)"s. (ii) De lo cual surge el segundo resul- gía, por ende, depende de la reducción en su certeza misma, es decir,
tado: si todo es fenómeno y en cuanto que fenómeno, entonces nada que pone entre paréntesis toda trascendencia, incluida la de Dios.
se exceptúa de la donación. Tampoco podemos desplegar aquí toda Además quedaría por establecerse conceptuahnente que Dios, se-
la demostración; pero sobre el modelo de la crítica bergsoniana de gún la teología revelada (de la cual no se puede tratar aquí), de-
la idea de nada (que desemboca siempre en otro dado), sin contra- pende de la trascendencia y no ya esencialmente de la inmanencia
decir, sin embargo, los análisis heideggerianos de la misma nada (que radical —bajo la figura del interior intimo rneo's. Pero se puede tam-
desemboca o quiere desembocar también en el fenómeno del ser) y bién comprender esta objeción de una-manera más sofisticada y
de la muerte (que a su vez da, tanto como poder morir cuanto como preguntar por qué persistimos en traducir —pues el término remon-
la muerte factual del prójimo), según la descripción posible de la au- ta a Husserl— Gegebenheit por donación, introduciendo así la am-
sencia (que designa siempre un ausente específico) o toda privación, bigüedad de un acto de donación como añadidura al simple hecho
cualquiera que sea, sugerimos que ningún aparecer escapa al plie- de la donación y permitiendo entonces el surgimiento de una dis-
gue de la donación, incluso si no cumple enteramente el despliegue tancia, si no teológica, al menos trascendente, entre el. origen y el
fenomenal. La donación no se suspende nunca, incluso si y preci- resultado de la donación. ¿Por qué no atenerse estrictamente a la
,samente porque admite una Cantidad indefinida de grados. Digá- traducción por dado, incluso como lo hacen algunos, por presencia.
moslo otra vez: puede haber grados indefinidos en la donación, pero Presencia queda excluido por el motivo poco discutible de que ese
no excepciones. La donación se erige entonces, por su certeza y su término haría. recaer la donación en lo que precisamente pretende
universalidad de principio, en principio incondicionado --podría por sobrepasar - - l a presencia persistente de la sustancialidad metafísi-
ca. La verdadera dificultad se da con el término dado, en aparien-
ende haber una "filosofía primera" según la fenomenología.
cia fenomenologicamente más neutro que donación. Ahora bien, esa
17. Ver a Janicaucl, Le tournant théologique de la plienomenologie fram'aise, Combas,
1991 y E. Alliez, De la impossibilité de la phénomenologie• Sur la philosoplyie fnmpise
contemporaine, Paris, 1995, quienes, entre Lévinas y IV.. H e n r y, arribos critican
desafortunadamente sin g r a n pertinencia nuestra obra Reduction el donalion,
puesto que le atribuyen proposiciones que nuestro libro no sostiene (est par-
15. Husserl, La idea de la fenomenología, Hua. II, p. 74. ticular la interpretación causal y trascendente de la donación).
16. Husserl, La idea de la fenomenología, Hila. II, P. 7. 18. San Agustín, Confesiones, 111, 11,
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JEAN-LUC: MARION Acerca de la donación

apariencia no tiene nada de real. En efecto, nada dado aparece sin la ducia'o de la crítica en metafísica) Sería unicontrasentido, puesto
darse o resultar dado según el pliegue de la donación. Considere- que, al contrario, ella se limita a purificar el aparecer de todo lo que,
mos el ejemplo —sin discusión neutro hasta la trivialidad-- del plan- en él, no aparece de hecho, porque todavía no se da auténticamen-
teo o conjunto de datos (fr. donnée) o sea lo dado (fr. donad) de un te (a título de vivencia y de vivencia intencional). El principio de la
problema: ¿por qué se habla entonces de datos y no de un hecho o fenomenología ---"Cuanto de reducción, tanto de donación"—, por
de una presencia? Porque se trata de una cuestión, como tal, des- fundamental que resulte, no tiene nada de fundamento, ni Siquiera
conocida o todavía no inteligible, que, en todo caso, (incluso si en- de primer principio. Más bien provee un último principio - - e l últi-
tiendo inmediatamente la solución porque soy una persona m u y mo, porque después de él no se encuentra ningún otro: el ú l t i m o
dotada) tengo que resolver, a la Cual tengo que responder precisa- sobre todo porque no precede el fenómeno, sino que lo sigue y le
rocote porque no la he elegido, ni previsto, ni constituido de entra- deja la prioridad. El ultimo principio toma la iniciativa de entregár-
da —en suma: estos datos se dan a m í porque se imponen, me lla- sela al fenómeno. Comenta el acto por el cual lo que se muestra se
man y me determinan —en suma, porque no soy su autor. Los datos da, y lo que se da se ¡nuestra siempre a partir del sí mismo irreduc-
merecen su nombre por su hecho consumado, que me adviene. En. tible o primero del aparecer; de ese proceso, el Yo se convierte en él
lo cual se distinguen de todo otro objeto previsto, sintetizado y cons- notario, el destinatario o el paciente, pero casi nunca en el autor
tituido, puesto que me sobrevienen como un evento. Este sobreve- o el productor; así, la figura metafísica y subjetiva de la trascen-
nir imprevisto los marca como datos (donnée) y atestigua en ellos la dentalidad sufre aquí un vuelco por primera vez definitivo: como
donación. La donación no indica aquí tanto el origen de lo dado Nietzsche, Husseri habla de Umwertung19, pero mejor que aquél,
cuanto su estatuto fenomenológico. Mejor aún: las más de las veces flusserl l a ejecuta.
la donación, lejos de asignarle causa, origen y antecedente identifi-
cable a l o dado, lo caracteriza como desprovisto de ellos. Y basta Pero el principio "Cuanto de reducción, tanto de donación",
que lo dado —el fenómeno dado-- se dé a partir de él solo (y no a si le retira la primacía al Yo, no restablece, sin embargo, la de la misia
partir de un sujeto proveedor y constituyente) para que se atesti- o la de la causa —puesto que, precisamente, la exigencia de apare-
güe el pliegue de la donación. La objeción vira así para convertirse - cer y de darse sin resto en la fenornenalidad define un criterio y abre
en confirmación de nuestra tesis: la donación no somete lo dado a una crisis. Ahora bien, tanto la esencia corno la sustancia padecen
una condición trascendental, sino que lo libera de ella. de un déficit de aparecer constante; como tales quedan, al menos
en parte, confusas, inducidas, reconstituidas, supuestas, no dadas
Entonces se vuelve finalmente posible concebir éómo, según o vistas; por ende, se confían a los oficios de los individuos últimos,
la donación, la fenomenología permite retomar la cuestión de una ya sea los accidentes o los atributos, para aparecer mediante la in-
"Filosofía primera". La fenomenología, en efecto, autoriza este plan- termediación e interpretación de aquéllos. En fenomenología, la ansía
teo, pero con precauciones. Porque si se espera de una "filosofía con la causa pierden sus privilegios, simplemente porque no apare-
prImera" que determine lo que saca a luz fijándole a priori un prin- cen de entrada. en absoluto o al menos, sólo parcialmente; como lo
cipio o un conjunto de principios, en particular imponiendo la an- hemos sugerido, ceden el paso al accidente y al efecto, los cuales no
terioridad trascendental del Yo (o de sus equivalentes), entonces la consisten sino en su aparecer y, en consecuencia, nos afectan --es
fenomenología no alcanza el rango de una "filosofía primera" así decir, nos advienen, por ende, nos aparecen. En todos los casos, la
entendida, ni, sobre todo, tampoco lo pretende. Porque, como lo he- fórmula "Cuanto de reducción, tanto de donación" juega como úl-
mos recordado, la originalidad determinante de su empresa consis- timo principio: no solamente como el encontrado último, sino sobre
te en darle al fenómeno su incontestable prioridad: dejarlo apare- todo como el principio que establece que el último —el parecer, en
cer no ya como es obligatorio que lo haga (según las condiciones su supuesta fragilidad metafísica— equivale finalmente siempre al
supuestas a priori de la experiencia y de los objetos), sido como se solo y único primero —al aparecer, la única pantalla abierta para
da (desde sí mismo y en tanto que tal). Imaginar que la reducción
impone todavía una condición previa al aparecer (por el modo de 19. Husserl, Ideas I, §31, Hua. III, p. 65: tr, es, cit., p. 71,
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j E A N - L e o MAR1ON
Acerca de la donación
recibir todas las manifestaciones, todas las verdades, todas las rea-
lidades. El último se convierte en el primero, el principio se define sano explicarla. ¿Qué entrañaría, p o r ende; como propio la feno-
como el último principio y, por ende, la fenomenología no retomaría menología para que pudiera "girar" así - - e n el sentido de los giros
el título de "filosofia primera" sino, mediante su inversión, —"filo- husserliano, heideggeriano o incluso wittgensteiniano? Ningún giro
sofía última". (tournant) d e esa i m p o r t a n c i a podría suceder s i n que u n sesgo
(totinuire) anterior, oculto pero real, lo esté esperando o preparan-
do. La acusación tendría peso sólo si lo identificara. Como el caso
5. DEL USO DE L A D O N A C I Ó N EN T E O L O G Í A no es tal, resulta arbitraria. (e) Husserl mismo ha establecido una
regla sobria que rige la relación entre las dos instancias: "Nuestro
Al término de esta redefinición de la "filosofía primera" a propósito inmediato no concierne a la teología, sino a la fenomeno-
partir del principio fenomenológieo "Cuanto de reducción, tanto de logía, incluso si bajo su forma mediata la segunda Da fenomenolo-
donación", sería imposible esquivar la cuestión de un eventual uso gía] puede ser de gran importancia para la primera [la t e o l o g i a r.
de la donación en teología. Sería imposible eludirlo porque la teolo- Lo cual significa que la distinción de los dominios, objetos y méto-
gía, incluso en cuanto teología revelada, ha mantenido una relación dos es. absoluta, pero que se puede aportar alguna luz sobre el se-
siempre compleja y a veces peligrosa con la "filosofía primera" de gundo, sin perderse ni perderla.
la metafísica, al considerarla ya corno una aliada (hasta u n sustitu-
¿Cómo se afirma este equilibrio? Hay que distinguir firme-
to), ya como una desviación, una tentación o un enemigo; uno se
mente entre dos teologías: la teología metafísica (de la cual es parte
puede legítimamente preguntar cuál sería la postura de la "filoso-
fía última" frente a la teología de la revelación". "la filosofía primera") y la teología revelada. En lo que concierne a
la teología de la filosofía, es decir, la "filosofía 'primera" capturada
Algunos puntos son obvios, (a) La relación entre teología y en la ontoteología, ninguna ambigüedad subsiste: puesto que se
fenomenología es cbjeto de debate, hasta de polémica: la exclusión apoya en la trascendencia real, la causalidad, la sustancialidad y la
de toda trascendencia por la reducción, ¿no impide en principio la actualidad, .no puede resistir una reducción fenomenológica. La fe-
posibilidad siquiera de una aplicación a la religión? Pero, además nomenología no podría de ninguna manera a d m i t i r argumentos
de que la cuestión de Dios se juega tanto en la dimensión de la in- especulativos que sobrepasen lo dado, ignoren las obligaciones de
manencia corno en la de la trascendencia, resulta dificultoso com- la donación y reivindiquen un fundamento no inmanente. Ella ejerce
prender que esta operación sea más ateológica de lo que serían teo- aquí una función pura y simplemente crítica, en una postura estric-
lógicos el uso por Husserl del tema agustiniano " N o n foras ire, in !•amente kantiana. Pero no ocurre lo mismo, paradójicamente, en
interiore homine habitar veritas"21 o el despliegue de la teología lo que toca a la teología revelada. Porque ésta, por el hecho mismo
infinita en los textos del ú l t i m o período. (b) Si la fenomenología de que se apoya sobre hechos dados, que se dan precisamente como
pudiera (lo que por otro lado falta establecer) "girar" hacia la teo- figuras, pareceres y manifestaciones (hasta apariciones, milagros y
logía, y esto entre los fenomenólogos indiscutibles (Lévinas, Henri, revelaciones, etc.) opera en el campo natural de la fenomenología y
cae bajo la competencia de ella. L o sorprendente procede del hecho
etc.), ese giro mismo resultaría imposible, sin alguna pre-disposición
de que la fenomenología descalifique la teología natural y racional,
de la fenomenología; no basta con denunciarla (suponiendo que
automáticamente ese viraje implique una degradación), sería nece- pero no pueda desinteresarse de la teología revelada (sobrenatural),
precisamente porque ninguna revelación ocurre sin algún modo de
fenomenalidad. N o puede, por ende, eludir, incluso en cuanto que
20. De hecho ya habíamos bosquejado una respuesta en "Phánomenologie Und
Offenbarung, en A . blalder y K. Kienzler fed.) Religionsphilosophie brete, Bel. fenomenología estricta, preguntas del estilo de las siguientes: ¿los
III, Düsseldorf, 1988 y en "Nataphysique et phénoménologie, Une reléve sur fenómenos de revelación son fenómenos de derecho pleno? Si es
la théologle", Builetin de littérature ecciésiastique, X C I V / 3 , Toulouse, 1993. afirmativo, ¿pertenecen a la fenomenalidad objetiva, u orifica, o bien
21. Husserl, que cita a Agustín. De vera religione, XXXIX, 72, en la conclusión de
las Meditaciones cariestanas, f i n a . I , p. 183; Ir. es. cit. p. 231. 22. Husserl, Ideas, §51, H u a . ID, p. 122; Ir. es. cit., pp. 110-119.
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Acerca de la donación
PiAN-Loe MARION

de otro tipo --los del evento, de la paradoja o del fenómeno satura-


do, etc.?" ¿Se debe ampliar el campo de la fenomenalidad hasta
aquí conocido o admitido? ¿Se deben admitir los fenómenos no vi-
sibles? v, en ese caso, ¿lo son provisoriamente, parCialmente o defi-
nitivamente? Todas esas cuestiones, aunque no se pueden formular
sino en el campo de la teología revelada pertenecen, sin embargo,
también y de pleno defecho, a la fenomenología ---puesto que tam-
bién la revelación pretende desplegar un figura particular de la fe- III- LA ENCARNACIÓN
nomenalidad.
COMO D O N A C I Ó N DEI, SI MISMO
Esta situación permite plantear dos cuestiones. La primera
viene de la fenomenología y se dirige a los teólogos: ¿por qué estos
últimos no emprenden o emprenden en tan poca medida (H. U. von "Tangere enirn et tangi, nisi corpus, nulla potest res"
Balthasar es aquí excepción) la lectura fenomenológica de los acon- Lucrecio, De rerum natura, I, 304
tecimientos de la revelación consignados en las Escrituras, en parti-
culare n el Nuevo Testamento, en lugar de privilegiar siempre las
hermenéuticas ontica, histórica o semiótica? La segunda procede de 1, L A L I G A D U R A A L CUERPO SENTIENTE - DESCARTES
la teología y va a los fenomenólogos: si el aparecer se ordena siem-
pre a la donación según el principio: "Cuanto de reducción, tanto
Para entender tal encarnación, comenzaremos p o r quien
de donación", si nada se muestra que no se de y nada se da que no
—.en una cierta medida a justo t í t u l o - - parece h•aberla ignorado y
se muestre, ¿qué significa en último análisis darse? ¿Por qué la fe-
prohibido, Descartes. Sin embargo, no vamos a argumentar a par-
nomenología ha practicado siempre la donación como algo sin pro-
tir del demasiado famoso y tan frágil reproche de dualismo. Consi-
blemas y ha estudiado sin cesar la reducción como problemática,
deraremos, yendo río bien 'arriba, uno de los momentos de la de-
siendo que la donación como más esencial podría resultar también
la más enigmática? mostración de la existencia del ego, todavía en dificultades con su
propia cogitatio: " N u m q u i d ergo saltem ego aliquid esse? Sed jam
De este modo la donación redefine radicalmente las relacio- negavi me habére ullos sensus et ullum corpus. Haereo tamen: nam
nes posibles entre fenomenología y teologías (filosofía y revelación). quid inde? Sumne i•ta corpori sensibusque alligatus, ut sine illis esse
Este trastoque es consecuencia natural del hecho de que la dona- non possim?" (AT VII, 24,25-26,2). Lo cual el Duque de Luynes tra-
ción asumía y destruía a la vez el proyecto de una "filosofía prime- duce así: "¿Yo al menos no soy algo? Pero ya negué que tuviese
ra". Estas paradojas pueden sorprender, pero corresponden sin em- sentidos o cuerpo; vacilo no obstante, porque ¿qué se sigue de esto?
bargo, según Heidegger, a la pregunta por la excelencia de la feno- ¿Soy tan dependiente del cuerpo y de los sentidos que no puedo ser
menología: "¿Qué quiere decir 'dado', 'donación' (Gegebenheit), esa sin ellos?" ( AT IX-1, 18, 23-30).
palabra mágica dé la fenomenología y 'piedra de escándalo' para
los otros?"" Ésta es nuestra reconstrucción del pensamiento de Descar-
tes: admito ya la hipótesis de que un x (Dios o quien sea) me enga-
ña al enviarme ideas falsas: en ese caso ¿no sby yo entonces ya ne-
23. Ver nuestro estudio sobre "Le phénomene saturé" en J. F. Courtine, Phénoménologie
et théologie, Paris, 1992. • cesariamente algo, puesto que ese "Miquis" (VII, 24,2) tiene necesi-
24, H e i d e g g e r, " W a s heisst Igegebent, 1Gegebenheir-dieses Z a u b e r w o r t d e r dad de un "aliquid" - - y o - - para engañarlo? Sin embargo, debo ne-
•Phánomenologie und der IStein des Anstosses' bei den anderen", Grundprobleme garlo: porque ¿qué " a l i q u i d " podría ser yo, desde el momento en
dar Plülnomenologie. WS 1919-1920, C.A. t. 50, p. 5.
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JEAN-LUCMARION ' A c e r c a de la donación

que me convencí de que yo no tenía ni sentidos ni, por ende, cuer- ritu..." (VII, 25,4)1. El motivo de este anadido'les obvio —si admito
po. Esta negación presupone, sin embargo, que ser, para mí, equi- también que no hay en el mundo ningún espíritu, entonces mi cuer-
vale a ser un cuerpo dotado de sentidos s e n s u s et [ ..„] cor- po dotado de sentidos se encontrará también •descalificado. Pero su
pus". En consecuencia vacilo con razón en negar, que y o sea u n arbitrariedad también es obvia --Descartes no ha establecido nun-
"aliquid" bajo el simple pretexto de que no soy —lo que admi- ca antes que la duda, incluso hiperbólica (por recurso a la omnipo-
t o - - un cuerpo dotado de sentidos, porque tal vez no estoy tan tencia divina), cuestione los espíritus, que son los únicos que sien-
ligado a él (al ligat as, Más fuerte que dependiente) que n o pueda ten.: la conclusión de la Meditaba 1 no concierne en efecto, sino al
ser algo distinto ---y de hecho me voy a d e f i n i r como uña cosa "...coelum, aérem, colores, fuguras, sonos cunctaque externa..." (VII,
diferente, una res cogitans. 22,26-28).-- De este modo, Descartes introduce sin motivo, en la
Meditaba 11, las "mentes" jamás puestas en duda por la Meditatio
A partir de ahí la cuestión se convierte en ésta: Descartes en el número de los objetos del mundo físico, los únicos sometidos
excluye, al menos en apariencia y según todas las interpretacio- a la duda hiperbólica (con las naturalezas simples materiales, sus
nes de este texto, que yo sea u n x ligado indisolublemente a u n condiciones de inteligibilidad).
cuerpo, dotado de sentidos ("...ullos sensus e t u l l u m c o r p u s
corpori sensibusque...") Si, entonces, debo ser algo, no será ex- Este añadido ilegítimo introduce evidentemente una grave
tensión (punto ya establecido) sino pensamiento (punto aquí to- dificultad en el orden de las razones: puesto que, estrictamente ha-
davía por establecer). Y de hecho m i cuerpo se encuentra refuta-- blando, la existencia del y o como sentiente, es decir, como mens
do p o r su asimilación a lo que resulta extenso, el mundo: 11_ ni- "...dubitaps e t sentiens" (VII, 27, 21.-22) nunca fue puesta en
hil plane esse i n mundo, n u l l u m coelum, n u l l a m terram, nullas duda, no había necesidad de que se la restableciera corno cierta. A me-
mentes, nulla corpora..." (Vil, 25,4). Pero este argumento eviden- nos que el no haber visto de entrada que la Itlet15 es una excepción a los
temente presupone que m i cuerpo, dotado de sentidos, pueda objetos de la duda sea un efecto de la confusión en que la duda sumer-
sufrir l a m i s m a descalificación q u e l o q u e se encuentra e n e l ge al filósofo. Pero este añadido revela también un. punto decisivo. Por-
mundo, es decir, que se pueda inscribir entre el cielo, la tierra, que ¿qué es lo que ese suplemento de contrabando quiere poner en duda?
etc. A h o r a bien, esta asimilación aparece inmediatamente insos- ¿Cómo no ver que apunta en segunda intención a lo que precisamente
tenible. (a) En primer lugar porque los cuerpos del mundo (cielo, los corpora no englobaban ----a saber, algo que si bien sigue siendo un
tierra, etc.) n o se identifican en absoluto con m i cuerpo dotado de cuerpo, es un cuerpo excepcional: mi propio cuerpo en tanto que dotada
sentidos. Su diferencia es completamente obvia: los cuerpos del de sentidos. Así, Descartes reconoce, casi a pesar de sí mismo, la exce•-
mundo son. objetos de los sentidos, pero ellos mismos no sienten ción de ese cuerpo sentiente que yo soy y que no forma parte de los
nada, mientras que .mi cuerpo, incluso si se inscribe en el mundo y cuerpos del mundo, porque es necesario; para recusarlo, añadir a
puede, como tal, ser sentido en él corno un objeto, tiene como ca- los objetos de duda un término que se distingue radicalmente de ellos
racterística propia --según ese mismo texto de Descartes— sentir y —la mens, que no pertenece a los objetos del mundo corno tampoco
a los cuerpos extensos sentidos. Dicho de otro modo, sería necesa-
poder dejarse afectar por lo sensible, precisamente porqué está in-
rio reconocer no solamente, como lo ha establecido definitivamente
disolublemente dotado de sentido; en resumen, en tanto que sen-
tiente, mi cuerpo se distingue radicalmente de los cuerpos del mun- M. Henry, que la res cogitans se despliega a partir de un sentir ori-
do, solamente sentidos, jamás sentientes. (b) También se derrumba ginal2, sino también que la esencia sen tiente del ego, que piensa en
el argumento de que yo no sería un cuerpo sen tiente, porque puedo 1. Sobre este añadido, v e r nuestra nota en QUeSiiOnS cartésiennes II, Paris, 1996,
dudar de la existencia de los cuerpos sentidos y no sentientes. Des- que parece la primera llamada de atención acordada a este hecho que es, sin
cartes mismo debe sospecharlo, porque refuerza su argumento aña- embargo, patente y extraño.
diendo subrepticiamente a la enumeración de los entes del mundo 2. Généalogie de la psychanalyse, Paris, 1985, p. 35 y es., confirmado en " L e cogito
s'affecte-t-il? La générosité et le demier cogito suivant Pinterprétation de Michel
(cielo, tierra, cuerpo) otro término "...nullas mentes —ningún espí-
Henry", Questions cartésiennes, Paris, 1991, p. 153 y es.
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jEAN-LLIC M A R I O N Acerca de la donación

tanto que [se] siente, aparece, más que implícitamente, desde antes propiedad suplementaria, sino que "...ella se•',(tielve carne, siente
de que su existencia sea probada —en una falla de la argumenta- (empfindel)"5. N o se pasa del cuerpo a la ,carne p o r adición sino
ción que precisamente pretende probarla.
por oposición, contraste y solución de continuidad --de lo solamen-
En resumen, antes de que el cogito exista, el ego existiría per- te sentido al sentiente (tampoco se debería hablar de cuerpo propio
fectamente a título de corpus y sensus. El cuerpo sentiente sería ante-. como' un sinónimo de la carne). A l sentiente, él mismo indisoluble-
rior y no posterior (como en la recensión de los modos de la res cognalts, mente sentido por sí en tanto que él mismo es sentiente, incluso
al final llamada sem tiens)3 a la cogitatio. A menos que manifieste su sentiente que siente al mismo tiempo que se siente sentido. Husserl
figura originaria. Incluso para Descartes yo estoy desde el principio ha desarrollado con una virtuosidad inigualad a la tesis aristotéliea
y definitivamente ligado ---alligatus--- a mi cuerpo sentiente. de que el tocar tiene su privilegio sobre todos los otros sentidos en
que prrtra él solo el medio de la percepción es uno con el que perci-
be, de tal modo que ese sentiente no puede nunca sentir sin sentir-
2. L A C A R N E C O M O se. Esos análisis son tan conocidos que no es necesario que los reto-
rnemos'. En efecto, nos interesa un sólo punto, ligeramente diferen-
"LO M Á S O R I G I N A R I A M E N T E M Í O " - HUSSERL
te: toda fenornenalizacion del m u n d o para mí pasa por mi carne.
Sin ella, el mundo desaparecería para mí —"En primer lugar es la
Lo que Descartes piensa solamente por hendladis (corpus el carne la que es el medio [Mittel, por ende también el ámbito] de toda
sensus), corresponde a Husserl (evidentemente después de Aristóte- percepción ] . Y así toda cosa que aparece tiene eo ipso una rela-
les) habed° pensado en su unidad, como la carne obtenida por opo- ción de orientación hacia la carne'''. La carne :lo tiene nada de fa-
sición estricta al cuerpo (siempre físico, del mundo) "Entre los cuer- cultativo —sólo ella convierte el m u n d o en aparición, en otros tér-
pos peculiares de esta naturaleza, encuentro mi carne con un rasgo minos, en el fenómeno dado. Fuera de m i carne, no hay fenóme-
característico, a saber: [es] la única que no es simplemente un cuer- no p a r a mí. A s í , n o sólo se debe hablar de " c a r n e e s p i r i t u a l "
po físico (Kiirper), sino precisamente carne (Lielb), el único objeto en (Baudelaire)", sino que se debe comprender que sólo la carne espi-
mi estrato abstracto del mundo al cual adjudico campos de sensa- ritualiza - - a saber, vuelve visibles los cuerpos del mundo, que per-
ciones". M.i carne se distingue de todo objeto del mundo y, Por ende, manecerían, sin ella, en la noche de lo no visto. M i carne me abre
de todo cuerpo, por el hecho de que antes de poder percibirse, per- la única boca hacia la sombra.
cibe, por el hecho de que antes incluso de hacerse sentir, hace sen-
tir, me hace sentir(me). En efecto: "Si reduzco los otros hombres a 5. Ideas— H, §36, Una. I V, p. 145; ir. es. de A n t o n i o Zirión, México, Universidad
lo suyo propio, obtengo propiamente cuerpos físicos (Karper); pero Autónoma, 1997, p. 184 (ver §37, p. 151; t r, es. cit. p. 190).
si yo me reduzco como hombre, obtengo mi carne (Leib) y [por ende] 6. Su origen está desde luego en Aristóteles, De anima, 11, 11, en particular 423b23:
mi alma o unidad psicosonzdtica, en ella m i Yo personal, que actúa en "Por lo cual es también evidente que el sentiente (el órgano del sentir) está
en el interior de lo tangible" - - y que, en consecuencia, no se puede sentir lo
esa carne y por su intermedio en el mundo exterior, y lo sufre"4. Lo
tangible sino sintiendo también el órgano del tocar mismo " a l mismo nem—
propio de mi carne consiste en su sufrimiento, su pasividad y Su re- po" (423b16 y ss.):
ceptividad, que no son del mundo, puesto que, al contrario, nada 7. Ideas_ II, 118, a, p. 56; ir. es. cit. p. 126; Ver "...mittels...n: Meditaciones cartesiamts,
del mundo aparecería sin ella. Volverse carne no consiste en otra V, 144 (loc. cit., nota 4), Ideas..., 11, p. 128, §36, ibídem, p. 144.; ir. es. cit. p. 167
cosa que percibir —cuando tiendo m i mano para tocar una cosa, y p. 184.
8 Baudelaire, Les .fieurs do mal, "Spleen et i d e a l " XLII, ed. Y. - C . Le D a n t e c / C .
no extiendo una cosa física que se ,enriquecería después con una
Pichois, "Plelade", Paris, 1986, p. 41. en otros términos: " L a carne es la condi-
ción de posibilidad de la cosa, mejor: la constitución de la carne está presupuesta
3. A T VII, 28,22 r- 34,21.
por toda constitución de la cosa, es decir, p o r toda constitución de transcen-
4. Meditaciones cartesianos, V, 144, Fina. I, p. 128; Ir. es d e José Caos, México, Fon- dencia mundana en general" (D. Franck, Cha ir el corps. Sur la phénoménolosie
do de Cultura Económica, 19862, p. 158. de Hosserl, Paris, 1981, p . 95).
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Acerca de la donación
JEAN-LUC MARJON

so, porque mantiene la distancia de una representación; que esa


Ahora esta función fenomenologica excepcional implica
distancia juegue entre el ego y él mismo no la reabsorbe, sino que,
otra consecuencia: n o me puedo separar de m i carne. Husserl l o
al contr-a'rio, la subraya. También se ha propuesto (en particular
subraya a porfía: " L a carne no puede ser suprimida"; cualquier M. H e n r y ) concebir la cogitatio, como la única capaz de realizar
cosa que me ocurra, me aparecerá a través de la interpretación una cogitatio sui, según el modo más original de sentir. Este sen-
de mi carne o no me aparecerá en absoluto; entonces, al contra-
tir, Descartes n o logra eliminarlo nunca, porque exceptúa de la
rio del cuerpo físico, para el cual hay siempre en el m u n d o u n
duda el corpus et sensus - - e l cuerpo sentiente, ya definido como
allá para corregir u n aquí eventualmente insoportable, m i carne
mens, Si entonces u n cogito puede realizarse a l g u n a vez, esto
me clava d e f i n i t i v a m e n t e a s u aquí, e l ú n i c o posible para m í , debería o c u r r i r a través del m o d o del sentir, concebido corno la
porque es el único medio de toda fenomenalización. En suma, no
afección de sí por sí, anterior a toda distancia representativa o
tengo nunca "...la posibilidad de alejarme (entfernen) de m i car-
intencional. A h o r a bien, parece' con razón que Husserl llega al
ne o de alejar m i carne de mí"". M i carne me asigna a sí misma
mismo resultado p o r una vía más directa y radical —al asignar
porque ella m e asigna a m í mismo, fijando p a r a m í "...lo más
el ego a la carne o, más bien, al permitirle alcanzarse a sí mismo
originalmente mío (das urspriinglichst Meine)". Y en 1935 preci-
saba: " M i carne es, entre todas las cosas, l o más cercano (das mediante la inevitable donación de un sentir fenomenológicamen-
te originario--- de los fenómenos del m u n d o p o r cierto, pero en
1\hichste) para la percepción, lo más cercano de m i sentimiento y
primer lugar del sí mismo. El cogito se cumple carnalmente o no
de mi v o l u n t a d " . Nada es más original que ella, porque me da
mi solo origen posible como Yo que fenomenaliza el mundo: " M i se cumple 7-porque en la misma medida en que el ojo no se ve
carne, es decir esta cosa originalmente dada (original gegebene (ni el oído se escucha), el entendimiento no se experimenta. El sí
mismo n o se alcanza él m i s m o sino sintiéndose. De ahí esta i n -
Ding), que yo m o v í originalmente, que modifico originalmente,
que en todos esos "movimientos" y cambios suyos subsiste como evitable paradoja - - f o r m u l a d a en la lengua todavía demasiado
la u n i d a d existente o r i g i n a l p a r a m í (original f ü r mich seiende metafísica de Husseri--- de que "...un sujeto animado puede p o r
Einheit) y tiene para m í el carácter de una autodonación en per- cierto ser pensado tranquilamente sin una carne material [ p o r
sona (Selbstgegebenheit)..."1". Conceptos tales c o m o entferne• n y ejemplo u n fantasma], pero sin carne no puede ser pensado en
daseiende Einheit superan decididamente la temática trascenden- absoluto (keinesweg ohne Leib überhaupt)"11. La mens sin sensus ori-
tal del ego como puro y simple pensamiento representativo, para ginal no sería tal. U n desplazamiento así del cogito conlleva tam-
sin duda unirse más bien a los que había propuesto poco antes bién - - y sobre todo para nosotros-- otro resultado: si el sentir ad-
la analítica del Dasein. N o necesitamos subrayarlo aquí porque quiere tal privilegio, es porque asigna finalmente el ego a él mis-
lo esencial, para nuestra investigación, se encuentra todavía en mo; pero no puede hacerlo sino porque la carne le sigue siendo
otra parte. original, porque nunca puede alejarse de ella, en resumen, p o r -
que se encuentra tomado en ella. La toma de carne por el ego• tie-
El ego del cogito se cerciora, en principio, de sí mismo me- ne un precio: la toma del ego en su carne. El ego se consolida (fr.
nos p o r la identidad consigo (incluso para Descartes)" que p o r prends), cuando toma ( f r prends) su carne, como u n cemento o
un acceso inmediato y, p o r ende, innegable a sí mismo. A h o r a un yeso se consolida una vez que el agua lo ha tomado - - a l f i -
bien, la cogitatio por el modo del entendimiento no abre ese acce- jarse.

9. Ideas... II, §21, p. 94 (ver p. 95; ir. es. cit. p. 130) y §41, p. 159; Ir s . cit. p 2 9
y 199.
10. Respectivamente Hua. X I V, p, 58 y Hua. X V, p. 567.
11. Consideramos este punto, si no como establecido, al menos como verosímil
hasta la refutación de nuestro análisis sobre "L'altérité originaire de l'ego", 12. Ideas._ II, §21, p. 95 (ver p. 96 y §20, p. 93) Ir. es. cit. p. 130 (ver p. 131 y p
Questions cariésiennes II, op. cit., e l 128).
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jEAN- LUC M A R I O N
Acerca de la donación
3. S U F R I M I E N TO , PLACER, E N V V I E C I M I E N TO
si no me alcanzara en mi obra viva, por ende si/no•me clavara a m i
El ego no se fija sino cuando toma carne. N o se consolida carne --si no me tornara por la carne (corno se toma por el cuello).
sino cuando toma z a i t e --cuando se consolida en su carne. Por- Lévinas lo ha analizado perfectamente: "...el sufrimiento físico, en
todos sus grados, es una imposibilidad de separarse del instante de
que, desde el momento en que su carne lo torna, no lo deja más. la existencia. Es la irremisibilidad misma del ser. El contenido del
¿Cómo describir esta situación? No basta con afirmar que (la segun-
da) reducción a lo propio entrega la carne como la instancia más sufrimiento se confunde con la imposibilidad de separarse del su-
frimiento h a y en el sufrimiento una ausencia de todo refugio. Es
originalmente mía. Es necesario mostrar cómo ella me entrega a m i
el hecho de encontrarse directamente expuesto al ser. Está hecho
a Mí mismo, sin escapatoria ni evasión posible. Desde que el ego toma
carne, se encuentra clavado a él mismo como a su suelo, a su tierra de la imposibilidad de h u i r y de retroceder. Toda la agudeza del
fenomenológica (la que no se mueve): la toma de carne como toma sufrimiento está en esta imposibilidad de retroceso. Es el hecho de
estar acorralado contra la vida y el s e r n . ¿Estov, sin embargo., aco-
de tierras, asigna definitivamente el ego a él mismo y a él solo. O rralado contra el ser? No, solamente contra el hecho de ser —de ser
más bien, al asignarlo a u n lugar que no puede negar, ni sacudirse
de encima, ni escapar, la carne y su torna de tierras lo identifican al sufriente, ante la imposibilidad de retardar la descarga de este su-
frimiento sobre mí; debo entregarme a él sin condición., ni retardo
fin como un sí-mismo, como un ipse. Deberíamos poder confirmarlo
ni distancia: el sufrimiento me asigna a m í mismo como lo que no
por la vía de una experiencia crucial de la carne: para establecer su
puedo nunca poner en suspenso.
inseparabilidad de mí, debo medir si puedo sustraerme a ella, es
decir, aparecer --aunque más no sea aparecerme a m í mismo-- sin Por ¿Ira parte, incluso cuando Pascal analiza el sufrimien-
ella. Ahora bien, es necesario constatar, mediante al menos tres ar- to a título de prueba espiritual temporaria, lee en él, en primer Fu-
gumentos, que no puedo despedirme, ni distanciarme de mi carne gar, la experiencia de mi carne: "Está bien probado que uno no se
porque no la tengo sino que la sigo. La sigo por la huella porque separa jamás sin dolor. Uno no siente su ligadura cuando se sigue
sólo ella inscribe la huella de mi ipseidad. voluntariamente al que tira, como dice San Agustín; pero cuando
uno comienza a resistir y a marchar alejándose de él, se sufre en
Veamos primero el sufrimiento. Desde que sufro, y o me forma: la ligadura se extiende y resiste toda violencia; y esa ligadu-
sufro. N o sufro el fuego o el hierro como veo la espada o la llama,
ra es nuestro propio cuerpo, que no se rompe sino con la muerte"'.
sus formas, sus colores, sus dimensiones, etc. —en resumen: a dis-
Se puede discutir aquí —teologicamente— si lo que me separa de
tancia, pudiéndolas describir a título de objetos. N o sufro tampoco la voluntad divina se identifica con m i propio cuerpo; pero no se
como si pudiera escuchar mis gemidos o gritos, o los crujidos o los puede sino aprobar --fenomenologicamente— que el " d o l o r " sea
choques, a título otra vez de objetos. Porque de la misma manera
asignado sin vueltas a "nuestro propio cuerpo", es decir, a nuestro
que no es el cuerpo el que siente sino el alma (Descartes), desde que cuerpo propio, por ende a nuestra carne. Pascal nos introduce tam-
sufro, es en mí, por m í y de mí que sufro. El hierro y el fuego no bién al segundo argumento, que pone en acción no ya el sufrimien-
pertenecen ya más al mundo sino que aparecen en m í mismo; yo to sino el placer. En una primera lectura el análisis de Pascal pare-
soy su medio de manifestación. Entonces no los sufro sino sufrien- ce oponer el sufrimiento, involuntario, al placer, voluntario — servi-
do [de] su fenomenalidad. No sufro el fuego o el hierro --sino que, dumbre querida, por ende no absolutamente pasiva: "¿De dónde
porque me hacen daño inmediatamente a mí, yo me sufro a través viene entonces que es glorioso para la razón sucumbir bajo la fuer-
de ellos. Entre el hierro y el fuego y y o que los sufro la distancia za del dolor y que es vergonzoso sucumbir bajo la fuerza del pla-
desaparece. N o puedo ejecutar una retirada a una torre más aleja- cer? Ocurre que el dolor no nos tienta ni nos atrae; nosotros lo ele-
da, una vez que la m u r a l l a está ocupada: estoy definitivamente
invadido, tomado, prisionero. El sufrimiento no sólo me hace daño: 13. Lévinas, Le temps et l'autre, Paris 1979', pp. 55-56.
sobre todo me asigna a mí mismo como carne. N o podría dañarme 14. Pascal, Seconde lettre aux Roannez, 11, 24. septembre 1656, &I. 1.,. Laliuma, Paris,
1963.
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JEAN-LLICMARION Acerca de la donación

cartas, que identifica la alegría corno la primera de las pasiones que


y lo serniconversado; el secreto de este deporte'exquisito pero peli-
hace posible la unión del alma y del cuerpo (ese otro nombre para
groso (Proust) deriva de esta impersonalidad del espíritu, incluso en
la encarnación): "...no resulta creíble que el alma haya sido puesta
sus expresiones más finas. El esprit de finesse no diverge del esprit de
en el cuerpo, sino cuando ha estado bien dispuesto y, que, cuando
géométrie por la universalidad de las significaciones y de los pensa-
está así bien dispuesto, nos produce naturalmente alegría"". Hay
Mien tos, sino solamente p o r la conceptualidad y la evidencia de
que imaginar la encarnación feliz: y o finalmente soy (dado a) m í
mismo. ambos. Reencontramos aquí la hipótesis de la unidad del intelecto
agente, que hace pasar en acto a los intelectos potenciales, los úni-
cos consignados en los individuos. Encontramos de este modo un.
eco contemporáneo bastante exacto de esta idea en el mito de la com-
4. L A FA C T I C I D A D I N D I V I D U A L I Z A D O R A putadora universal, común a todas las redes, que conecta todos los
archivos, que operaría en todas las terminales, que constituirían los
únicos seres individuales.
La toma de carne sucede ahí donde yo soy tomado. Soy en
tanto que tornado ---pero no prisionero, ni confinado en residencia.
Porque no soy tomado (fr, pris) sino porque, como carne, y o me La individuación del ego no se realiza entonces por la for-
concreto (fe prends); no soy donde soy, sino lo que, y por consiguiente, ma (el entendimiento, demasiado universal), n i tampoco p o r la
el que soy por la primera vez. La encarnación lleva a cabo la facti- materia (el cuerpo físico, demasiado indiferenciado), sino p o r el
"conflicto unánime y blanco" de la una con la otra --precisamente
cidad, más radicalmente sin duda, más económicamente con segu-
ridad que lo que la existencia le permite al Dasein, puesto que nin- por la encarhación. Porque la carne tiene corno propio justamente
guna resolución es aquí exigida. Pero con la facticidad se lleva a cabo la propiedad individual, a saber, la apropiación del individuo a sí
también — y es una lección positiva de la analítica del Dasein— la mismo. Nunca dos ipse son la misma carne, ni tienen la misma car-
individuación. El entendimiento no individualiza, sólo puede hacerlo ne. El mandato de que " n o serán sino una misma carne" sería u n
la encarnación porque, al contrario de la carne, lo que mi entendi- deseo piadoso, desmentido sin cesar, si no se entendiera de la carne
miento piensa, no sólo puede pensarlo otro entendimiento, sino que del niño pronta a nacer, efectivamente común. Pero lo que a veces
el comercio racional exige que todo entendimiento lo pueda. Tanto se llama " u n i ó n carnal" se caracteriza precisamente por el hecho
la razón demostrativa como la ciudad científica implican,:, para fun- de que nos provee la prueba más indiscutible de que la carne del
cionar, que cada uno de los argumentadores entienda uníVocamente otro me es absolutamente inaccesible, como la mía, para él. El pla-
(en la medida de lo posible) lo que quiere significar, por ende, lo que cer no se comparte, sobre todo si dos placeres se activan recíproca-
piensa cada uno de los otros: la impersonalidad del argumento hace mente y se cumplen simultáneamente. En la medida en que se tra-
su sola fuerza coaccionante. El ideal político de una sociedad per- ta de m i carne, sólo yo estoy tomado en ella - - y es la mía. Desde
fectamente democrática (Habermas) implica que los pensamientos que no estoy tomado en ella, comienza la carne que concierne a otro
ipse. N o hay mónada sino la carnal.
racionales puedan y deban ser compartidos entre todos, por 'consi-
guiente, entre cualesquiera; y la unanimidad tangencial exige un ano-
nimato estricto de los pensamientos de entendimiento. Esta no in- La individuación p o r la facticidad deriva de la carne p o r
un ú l t i m o rasgo. Según m i facticidad, alcanzo m i individualidad:
dividualización no vale sólo respecto del public saltare sino también
en esta carne lo que vale soy yo y sólo yo. Y yo no valgo sino en
y sobre todo respecto de.Ia conversación privada, que supone la co-
munidad de entendimiento hasta en lo no dicho, lo sobreentendido esta carne y en ella sola. Pero esta ipseidad no m.e individualiza al
final sino por un 'mío' siempre ya cumplido: ahora bien, corresponde
16. Descartes, A Chanta, 1 febrero 1647, A T I V, 604 y ss.; i r. es. de Ézequiel de
a m i carne tomarme antes de que yo la elija, o que yo me resuelva
Olaso y Tomás Zwanck, en Descartes, Obras escogidas, Buenos Aires, Sudame- a elegirla. Este ipse carnal vale para mí precisamente porque no soy
ricana, 1980, p. 455. yo quien lo ha elegido aunque nunca he sido sin él. Hay sin ningu-
68 na duda femeinigkeit, no, sin embargo, porque yo lo -haya decidido,
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sino porque me acaece, me afecta y me determina, en resumen, por- cual su evento lleva siempre la firma de su fadicidad y de su con-
que una carne me torna por ella misma y Siempre ya. Yo no me doy tingencia. Y, en la hipótesis de una tenomenalidad de lo dado, la
mi carne, es ella la que me da a m í mismo. A l recibir mi carne, me carne se vuelve el caso más simple y apremiante de lo que llama-
recibo a mí mismo --así estoy donado a ella. mos en otra parte un fenómeno saturado o paradoja: carnalmente
yo soy afectado por una intuición — p o r ejemplo el dolor— que
Lo p r o p i o del hombre no consiste en tener logos, sino en me invade completamente sin que yo sepa su significación: ¿pro-
tomar carne. A menos, sin duda, que el logos, en tanto que relación viene de una mala disposición de m i psiquismo (somatización),
y relación consigo, se cumpla originariamente segun la carne. El de mi cuerpo físico (enfermedad), o de un objeto del mundo (ac-
nacimiento, toma de carne original, no tiene entonces un estatuto
cidente, choque, etc.), incluso de otra subjetividad (mal encuén-
biológico sino fenomenológico. Y si debe haber una eternidad, sólo tro aleatorio, enemigo declarado)? Sin duda, eventualmente, pero
será una resurrección de los cuerpos.
no siempre, podrá llegar a ser posible decidir entre esas hipótesis
y saber si sufro de una depresión, de una infección, de un shock
o de una agresión. Pero nunca podré anticiparme a la intuición
5. EL F E N Ó M E N O S AT U R A D O SEGÚN L A R E L A C I Ó N plenificadora d e mi d o l o r carnal mediante una intención que po-
dría preverlo, elegirlo y organizarlo. Nunca lograré un enfoque in-
Entonces yo no me doy mi carne, ella me da a mí mismo al tencional de m i dolor: n o sólo porque mi intención será siempre
darse a mí —yo soy donado a ella'''. evitarlo y mo salirle al encuentro, sino sobre todo porque el dolor
guardará la iniciativa de anticipárseme y de sorprenderme como un
¿Cómo se puede definir la fenomenalidad de una tal car- accidente, cuya llegada se me impone como un destino --sufrido,
ne que me da a mí mismo? Evidentemente no se puede si uno se manejado pero verosímilmente nunca querido p o r si mismo.
atiene a una definición común del fenómeno - - l a adecuación en-
tre el aparecer y lo que aparece, la intuición y la significación, la Esta paradoja o fenómeno saturado escapa a la definición
nóesis y el nóernai etc.---, sin duda no. Pues en la carné. esta dis- del fenómeno común, porque se libera de una de las característi-
tinción n o puede encontrar cabida, porque en este solo caso l o cas esenciales de la fenomenalidad según Kant: la relación. Mien-
percibido es uno con el que percibe, porque el enfoque intencio- tras todo fenómeno de derecho común debe, según los principios
nal se cumple forzosamente en una inmanencia esencial d o n d e kantianos, inscribirse en el curso reglado de la experiencia, p o r
lo que y o podría enfocar se confunde con la plenificación even- ende, en el tiempo, al a d m i t i r p o r anticipado una relación con
tual. Jamás una significación contendrá aquí la intuición, porque los fenómenos precedentes (sea de inherencia sustancial, sea d e
esta intuición precede y hace posible toda intencionalidad, y por causalidad, sea d é c o m u n i d a d ) la carne remite siempre a ella
ende, toda significación intencionalmente enfocada. Es necesario misma, en la unidad indisociable de lo sentido y del sentiente; la
carne se refiere a sí como se autoafecta. En consecuencia se sus-
entonces pensar la encarnación a p a r t i r d e la donación, como
determinación de :Fondo de todo fenómeno. Porque, aunque todo trae a toda relación — m i d o l o r, m i placer permanecen lirliCOS
•incomunicables, insustituibles-- en una absolutez sin respectos y
lo que se da no se fenomenaliza, todo lo que se fenomenaliza pri-:
mero se da —se despliega según el pliegue de la donación, por el sin igual. Por otro l a d o esa absolutez, virgen d e toda relación,
constituye precisamente el privilegio que la vuelve apta a consig-
17. Ver Etant donné, op c i t . pp. 361-366. Nietzsche alcanza el mismo concepto por
narme en m i individualidad. Si la carne no llegara a la absolutez
otros medios: "Por el hilo conductor del cuerpo, aparece una prodigiosa plu- respecto de toda relación, no sería capaz de cumplir con todo lo
ralidad; metodológicarriente está pennifido utilizar como hilo conductor un fenómeno que ella sola puede c u m p l i r --entregarme a m i mismo, afectar-
más rico y más fácil de estudiar para la comprensión de un fenómeno pobre" me a m i mismo— en el doble sentido de asignarme mi lugar pro-
(Fragmento 2 (91)1885-1886, Nachgelassene Flagmente VIII /1, ed. Colli-Montanari, pio y de hacerme sentir en ese lugar su pode:7.
Berlim. 1974, p. 104).
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fEAN-LLIC M A R I O N

Pero hay más. N o se trata solamente de uno de los fenó- mente le reconoce el t í t u l o de " u n i ó n primitiV'a", tanto como al
alma sola y a la extensión sola; sino que le 'acuerda u n modo de
menos saturados o paradojas, que se agrupa con el evento, que
da el Mundo en su cantidad imprevisible; con el ídolo, que da el conocimiento propio: mientras que el alma sola se concibe por el
cuadro, lo visto en su intensidad insoportable; o con' el ícono, que entendimiento solo, y la extensión se concibe p o r "...el entendi-
da al otro en su alteridad i n m i r a b l a Con la carne, en efecto, u n miento ayudado por la imaginación, n o se conocen sino oscura-
fenómeno rne da a mí mismo en m i absolutez: sólo y primero 'en mente por el entendimiento solo (e) incluso por el entendimiento
un m u n d o que no se fenomenaliza en el resto sino p o r mí, ese ayudado por la imaginación; •pero ambos se conocen m u y clara-
fenómeno me da a mí. Con la carne se da un fenómeno primero mente p o r los sentidos"'s. L o cual i m p l i c a muchos resultados
y el único que entrega la subjetividad a ella misma —que entre- fuera de lo común. Por u n lado, que el sentir se convierte enton-
ga el donado a él mismo al aprisionarlo en él. Este fenómeno se ces en el modo originario de la cogitatio y no ya en el último, como
beneficia entonces de u n privilegio inaudito por encima de todas en las definiciones d e la res cogitans19. Además que la unión del
las otras paradojas. Éstas designan en cada caso lo que el ego no alma y del cuerpo, que nosotros entendemos aquí como la toma
puede constituir como su objeto, como consecuencia del exceso de carne, tiene rango de noción primitiva, es decir, de •naturale-
en esos fenómenos de la intuición dadora por encima de toda sig- za simple (como el pensamiento y la extensión), jamás obtenida
nificación intencional a n t e r i o r, p o r encima d e t o d o s e n t i d o o por combinación de esas dos primeras sino tan original como ellas,
nóerna ya disponible. La carne, al contrario, da el ego a él mismo incluso más, porque esa u n i ó n vino como a coronarlas y reunir-
al mismo tiempo que .todo dado se da a él; ella fija en él como un las. En fin ,que esa ú l t i m a noción primitiva no puede alcanzarse,
donado - - l o que se recibe de aquello mismo que recibe, según una como los ".';'.pensarnientos metafísicos" por el entendimiento puro,
simultaneidad característica de la carne desde Aristóteles. Si una sino primero p o r "...los que no filosofan nunca". Puesto en cla-
subjetividad debe superar la destrucción del sujeto metafísico, sólo ro: la toma de carne no se puede ni pensar ni cumplir en el cam-
puede v e n i r d e l a carne, d o n d e se c o n f u n d e n l a hetera y l a po metafísico de la cogitatio reducida al entendimiento puro, sino
autoafección. únicamente en el campo que nosotros identificaremos aquí como
fenomenológico del sentir originario de los que "...no dudan que
Descartes habría sido el primero en comprenderlo, no obs- el alma mueve el cuerpo, que el cuerpo actúa sobre el alma"n.
tante las apariencias de la interpretación canónica. A l Menos por Así, Descartes mismo, lejos de empantanarse en el dualismo don-
dos motivos. (a) Por lo menos una vez de manera explícita llega de la interpretación canónica se obstina en mantenerlo, recondu-
a establecer la certeza de la existencia del ego directamente a ciría el ego hasta el sí mismo factual e individualizado último, el
partir del sentir puro, sin remontarse desde ese sentir hasta la
de la encarnación. Y con esta reconducción, lleva a cabo la ú l t i -
cogitatio como su m o d o más derivado: "falsa haec sunt [luz, sol
calor}, d o r m i o enim. A t certe videor audire, -calescere. Hoc esse ma reducción posible —la del fenómeno a l o dado, lo que, en el
caso del fenómeno del ego, significa l a encarnación del donado,
falsum non Potest; hoc est proprie quod in me sentire appellatur;
atque hoc precise sic sumpium nihil aliud est quam cogitare," ( AT
VII, 29,14-18). A f i r m a c i ó n radical y perfectamente fenornenoló-
gica: el sentir no reducido de un objeto en la actitud natural per-
manece esencialmente dudoso; pero puede siempre reducirse a
un sentir p u r o —siento al menos que siento--, que l o asegura
como el modo originario dé la cogitatio• El ego se recibe entonces 18. A Elisabeth, 28 junio de 1643, A T r e s p e c t i v a m e n t e 691,4 et 26- 692,3; tr. es.
de su toma de carne y nunca de la ,i/eflexion que lo igualaría a sí. cit. en nota 16, pp. 416-417
(b) Cuando al final de su itinerario quiere destacar la irreductibi- 19. A T VII, 28, 20-22 y 34, 18-21.
lidad de "...la unión que hay entre el alma y el cuerpo", no sola- 20. A Elisabeth, 28 junio 1643, A T 111, 692, respectivamente 10,4 y 5-6; ti.. es. cit. en
nota 16.
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6. T O M A R C A R N E
LA E N C A R N A C I Ó N C O M O PA S O L I M I T E

Llegados a este punto, tal vez podamos dar un paso su-


plementario. Si la encarnación en su acepción estricta fenomenoló-
gica de Einverleibung debe entenderse corno toma de carne, podría
no mantener una simple relación de homonimia (por lo menos en IV. t I , EVENTO, EL FENÓMENO
español) con la Encarnación teológica (Menschewerdung). Primero
porque el español es aquí más fiel al griego que el alemán —el Ver- Y LO REVELADO
bo no vino a la humanidad sino simplemente a la carne. Literalmen-
te ha tomado "carne": "El Verbo se hizo carne" (Juan 1,14), "...vino
a la carne" (1 Juan 4,2), al punto que el Padre "...envió a su propio
1. L O QUE SE M U E S T R A Y L O QUE SE D A
hijo para asimilarse a carne de pecado" (Romanos 8,3). Luego por--
que se trata aquí de una auténtica toma de carne, puesto que, con-
formemente a su función fenomenológica, ella autoriza precisamente Todo fenómeno aparece, pero aparece solo en tanto que se
el aparecer d e l q u e "se manifestó (ephaneróthe) e n l a carne" (1 muestra, Heidegger ha establecido, y es algo aceptado, que el fenó-
Timoteo 3,16). El cuerpo no interviene sino como consecuencia de meno se .define como lo que se muestra en sí y a partir de sí. Pero
ser tomado "...en el cuerpo de su carne" (Colosenses 1 , 2 4 Sin la ha dejado ampliamente indeterminada la manera en que se puede
toma de carne, el Verbo no tendría cuerpo, porque sólo la carne pensar el sí mismo que opera en lo que se muestra. ¿Cómo, en efec-
individualiza, al punto que para Pablo se confunde con su último to, un fenómeno puede pretender desplegarse él mismo y a sí mis-
ego: "...en mí, es decir en. mi carne" (Romanos 7,18)21. En fin, la car- mo, si u n Yo trascendental lo constituye corno un objeto puesto a
ne tiene en teología su privilegio por el mismo motivo quia en feno- disposición para y por el pensamiento que lo penetra exhaustiva-
menología: no puedo escaparle, ni apartarme ni, por ende, hacerla mente? En un mundo tal —el de los objetos técnicos, el nuestro en
sufrir, porque entonces sería yo mismo a quien afectaría, con el su- su mayor parte---, los fenómenos alcanzan sólo el rango de objetos,
frimiento —"...porque nadie ha jamás odiado su p r o p i a carne" su fenomenandad sigue siendo de prestado y como derivada de la
(Efesios 5,29). De la misma manera, el Verbo solo puedelSufrir, si lo intencionalidad o de la intuición que les conferimos. A l contrario,
debe, en su carne: ''Es él quien, en los días de su (toma de) carne, para a d m i t i r que un fenómeno se muestra, sería necesario poder
habiendo presentado, con violentos clamores y lágrimas, oraciones reconocerle un sí mismo, tal que tome la iniciativa de su manifesta-
y súplicas a Aquel que podía salvarlo de la muerte, y habiendo sido ción; a partir de. ahí se plantea la cuestión de saber si y cómo una
escuchado en razón de su piedad, aún siendo el Hijo, aprendió en tal iniciativa d e manifestación puede acaecerle a u n fenómeno.
el sufrimiento la obediencia" (Hebreos 5,7-8), Nadie puede Odiar su Hemos propuesto la respuesta siguiente: un fenómeno no se antes-,
carne porque, en principio, nadie puede odiarse a sí mismo. Por ende tra sino en la medida en que primero se da --todo lo que se mues-
es en esa carne, en que él es, donde podrá sufrir. tra, para lograrlo, primero debe darse. Sin embargo, como lo vere-
mos, la recíproca no tiene exactamente el mismo valor: todo lo que
La toma de carne, comprendida como la última postura fe- se da n o se muestra en la misma medida - - l a donación no se ferio-
nomenológica del ¿go, abre entonces al menos una posibilidad de . • menaliza siempre. Pero ¿cómo descubrir lo que se da? La donación
pensar razonablemente la Encarnación teológica. ; d e sí no puede, en efecto, verse directamente, porque se ve lo que
ya se muestra o, por lo menos, en el caso de los objetos, es mostra-
do. Si la manifestación tal vez resulta de la donación, la donación
21. Ve r 2 Corintios 7,5, donde " y o " se dice " m i carne". debe precederla. Ella, por ende, le es anterior, dicho en otras pala-
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Acerca de la donación
bras, no todavía comprometida en el espacio de la visibilidad, en
consecuencia, estrictamente hablando, no-vista. N o podríamos en- vista como un objeto —cuatro paredes, un falsdcielorraso que oculta,
tonces acceder a la donación, al movimiento por el cual el fenóme- una veranda, u n podio, u n cierto número de sillas, todos disponi-.
no se da, dejando de lado la visibilidad de lo que eventualmente se bles como entes estables y subsistentes, que permanecen, esperando
muestra en ella, suponiendo naturalm,ente que una fenomenalidad que los habitemos al utilizarlos, que constatemos su subsistencia.
no objetiva se pueda testimoniar así. Queda entonces un solo cami- Pero esa permanencia en espera curiosamente significa aquí lo con-
no: intentar descubrir, en el. espacio de la manifestación, regiones trario de la disponibilidad objetiva. (a) Primero, según el pasado.
donde los fenómenos se muestren, en lugar de dejarse simplemente Porque, en cuanto que siempre ya ahí, disponible a nuestra entra-
mostrar corno objetos. O de nuevo: despejar las zonas donde el sí da y a nuestro uso, esta sala se nos impone corno previa a nosotros,
mismo de lo que se muestra testimonie indiscutiblemente el empuje, existiendo sin nosotros, aunque para nosotros, la cual, por ende,
la presión o, por así decirlo, el impacto de lo que se da. El sí mismo surge a nuestra vista como un hecho inesperado, imprevisible, que
de lo que se muesira manifestaría indirectamente que se da más viene de un pasado incontrolable. Esta sorpresa n o se aplica sólo a
esencialmente. El sí mismo en persona, que uno descubriría en el las salas de tal palacio romano, frecuentemente recorrido en su con-
fenómeno como mostrándose, provendría del sí mismo original de torno por los paseos exteriores de turistas ignorantes o por el andar
lo que se da. Con más claridad: el sí mismo de la fenomenalización apurado de un habitante harto de la Ciudad Pierna, pero cuyo es-
manifestaría el sí mismo de la donación, porque éste lo operaría y, plendor, invisible y hasta entonces no visto, descubrimos de golpe
al fin, no sería sino uno con él. al ser alguna vez invitados a entrar por excepción. De hecho esta
sorpresa 'se,desencadena también con relación a la sala de actos
Pero ¿se puede detectar u n tal ascenso desde el sí mismo
- - y a ahí, surgida de un pasado que ignoramos, restaurada muchas
fenornenalizante al sí mismo donador? ¿Qué fenómenos conserva-
veces por iniciativas olvidadas, cargada de una historia que excede
rían en sí la huella de su donación, al punto que su modo de feno-
la memoria, se me impone al aparecerme; no es tanto que yo entro
menalización n.o sólo abriría tal acceso a su sí mismo originario, sino en ella sino más bien que ella me adviene desde sí misma, me en-,
que además lo haría indiscutible? Se propone una hipótesis,: se tra-
globa y me lo impone. Ese "ya" testimonia el evento. (b) En segun--
taría de fenómenos del tipo del evento. En efecto, el evento :aparece do lugar, según el presente. A q u í la naturaleza de evento del fenó-
sin duda como los otros fenómenos, pero se distingue de, los fenó-
meno de esta sala estalla indiscutiblemente. Pcrque no se trata ya
menos objetivos en que no resulta de una producción, que lo sumi- de la sala de actos en cuanto tal en general, tal como subsistiría, en
nistraría como un producto, decidido y previsto, previsible según su vacuidad indiferente, entre tal o cual ocasión de llenarla con un
sus causas y, en consecuencia, reproducible según la repetición de público indeferenciado. Se trata de esta sala, esta tarde, llena para
tales causas. A l contrario, al advenir testimonia un origen imprevi- tal ocasión, para escuchar tales oradores, sobre tal tema. La sala de
sible, que surge de causas frecuentemente desconocidas, hasta au- actos se convierte así en una "sala" —en el sentido teatral de una
sentes, o al menos no asignables, el cual, por ende, no se podría buena o una mala sala esta tarde. Se convierte en u n escenario - -
reproducir, porque su constitución no tendría sentido. Pero se obje- en el sentido teatral de que tal o cual actor primero puede llenarlo.
tará que tales eventos son raros, que justamente su imprevisibilidad para después retener la atención de ella. De una sala en fin, donde
los vuelve impropios para el análisis de la manifestación, en suma, lo que adviene no son ni los muros ni las piedras, ni los asistentes,
que no ofrecen ningún terreno seguro para la investigación sobre la ni los oradores, sino el impalpable evento de aquello de lo que la
donación. ¿Podernos cuestionar ese juicio en apariencia evidente? A l palabra de éstos va a apoderarse, para hacerlo comprender o para
menos vamos a intentarlo, tomando el caso, y indiscutiblemente trivial, estropearlo. Y esto en un momento que ciertamente se insertará en-,
de esta sala de actos donde se c e l e b r h o y esta sesión académica. tre otras ocasiones (otras sesiones académicas, otras conferencias,
Incluso esta sala aparece, en efecto, según el modo de un otras ceremonias universitarias, etc.), pero que no se repetirá nun-
evento. N o se ponga como objeción el hecho de que se ofrece a la ca como tal. Esta tarde, sobre este tema y no otro, entre nosotros y
no otros, se desarrolla u.n evento absolutamente único, irrepetible
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JEAN-LUCMARION Acerca de la donación

y, en larga medida, imprevisible —porque, en este momento preci- el mostrarse puede• abrir indirectamente un acceso al sí mismo de lo
so en que yo digo "momento preciso", ni ustedes, ni el decano que que se da. Porque el evento de la "sala" de la Sala de actos hace
preside, ni yo sabernos si será un éxito o un fracaso. Lo que aparece surgir plenamente un fenómeno que no sólo no proviene de nues-
en este momento bajo nuestros ojos escapa a toda constitución; aun- tra iniciativa, ni responde a nuestra expectativa, ni podrá nunca re-,
que haya sido organizado según intenciones claras, amistosas, inte- producirse, sino que, sobre todo, se da a nosotros a partir de sí mis-
lectuales y sociales, se muestra a partir de sí mismo. Y en el se de su mo, al punto que nos afecta, nos modifica, casi nos produce. N u n -
fenomenalidad se presenta, -o mejor, se anuncia el sí mismo de lo que ca somos nosotros los que ponemos en escena el evento (nada más
se da. El "esta vez, una vez por todas" testimonia también el sí mis- ridículamente contradictorio que la pretendida "organización de
mo del fenómeno. (c) En fin, en el futuro, ningún testigo, por más eventos"), sino que él, p o r iniciativa d e su sí mismo, nos pone en
instruido, atento y documentado que sea, podrá, incluso en un se- escena al darse a nosotros. Nos pone en escena en la escena que abre
gundo momento, describir lo que pasa en este instante, Porque el su donación.
evento de este tomar la palabra, acordado por un público consenti-
dor y una institución benevolente, evidentemente no pone en mo-
vimiento sólo un marco material --que, él mismo, no puede ser des- 2. EL E V E N TO C O M O EL Sí MISMO
cripto exhaustivamente, piedra por piedra, época por época, asis- DEL F E N Ó M E N O D A D O
tente por asistente—, sino también un marco intelectual indefinido:
porque, además de que sería necesario explicar lo que digo y lo que
quiero decir, desde dónde lo digo, a partir de qué presupuestos, de Estii'análisis, p o r rigurosa que haya sido su formulación,
qué lecturas, de qué problemas personales y espirituales, sería ne- ofrece, sin embargo, una dificultad o, al menos, una rareza: nos hace
cesario también describir las motivaciones de cada espectador, sus considerar como un evento lo que, en un primer momento, pasa evi-
expectativas, sus decepciones, sus acuerdos tácitos y formulados, sus dentemente por un objeto —en esta ocasión, esta sala. ¿Con qué de-
desacuerdos ocultos en el silencio o exagerados por la polémica. A ú n recho podemos interpretar así un objeto como un evento --una sala
más: para describir lo que la sala de esta sala de actos ha vivido como una "sala"? ¿No convendría mantener una distinción más ra-
como evento, sería necesario poder seguir sus consecuencias en la zonable entre esos dos conceptos? Y p o r otra parte ¿qué se gana
evolución individual y colectiva d.e todos los participantes, incluido con tal interpretación, cuando el Objeto pertenece ciertamente al do-
el orador principal —lo cual es felizmente imposible. Tal hermenéu- minio de la fenomenalidad, mientras que no resulta obvio que el fe-
tica debería desplegarse sin fin y en una red indefinida', Ninguna nómeno dependa todavía de ella?
constitución del objeto, exhaustiva .y respetable, podría ocurrir ahí.
En consecuencia, el " s i n f i n " testimonia que el evento advino a A estas objeciones de sentido común hay que responder sin
partir de él mismo, que su fenornenalidad surgió del sí mismo de duda invirtiendo la pregunta. Y preguntar en cambio ¿cómo el ca-
su donación. rácter esencialmente u originariamente de evento del fenómeno e
incluso de todo fenómeno (incluido el más banal, corno el que aca-
Este primer análisis, justamente porque se apoya sobre un barnos de describir) puede esfumarse, atenuarse y desaparecer, al
fenómeno en un primer momento simple y banal, nos asegura que punto de que no nos aparezca más que un objeto? N o seguir pre-
guntando: ¿hasta dónde se puede legítimamente pensar el fenóme-
:I Ya se ve que la interpretación del fenómeno, incluso banal, como dado no sólo no corno un evento?, sino ¿por qué se puede perder su fenomenali-
no impide el análisis hermenéutico sino que lo exige. Responderíamos en este dad rebajándola a la objetividad? Ahora bien, uno puede a su vez
sentido a las objeciones de j. Grondin, en Lava philosophique el théologique, 43/ responder a esta pregunta inspirándose en Kant. La primera de las
3, 1987 y de J. Greish, "Uhermeneutique dans la "pbénomenologie comme
ter'. Trois questions á propos de Réduction el donation" (Reyna de métaphysique cuatro rúbricas que organizan las categorías del entendimiento y que,
el morada, 1991/1). por ende, imponen a los fenómenos el cuádruple sello de la objeti-
78 vidad, concierne a la cantidad. Todo fenómeno, indica Kant, para
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JEAN-LUCMARION Acerca de la donación

convertirse en objeto, debe poseer una Cantidad, una magnitud vidad. ¿De dónde ha decaído el fenómeno previSto y no visto, el ob-
extensiva. Según esta magnitud,. la totalidad del fenómeno equivale jeto? Puesto que lo calificarnos como fenómeno• previsto y no visto,
a y resulta de la suma de sus partes. De donde se sigue otro carác- ¿no sería esta previsión misma la que lo descalifica como fenómeno
ter, decisivo: el objeto puede y debe preverse según la suma de las pleno? ¿Qué quiere decir previsión? Que en e[ objeto todo sigue
partes que lo componen; de suerte que está siempre "...intuido por • previsto por anticipado —que nada imprevisto sucede: las dimen-
adelantado [schon 7ngeschauti corno u n agregado (la suma de las siones prevén su volumen, el uso, los costos, la ocupación, la utili-
partes dadas por adelantado [vorher gegeben])2• Lo cual significa Cier- dad, etc. El objeto es u n fenómeno decaído [fr. déchu] porque apa-
tamente que la magnitud de un fenómeno puede modelarse en una rece como siempre ya acaecido [fr. écitu ]: ya nada más de nuevo
cantidad finita de derecho, por ende, inscribirse en un espacio real puede sobrevenirle, puesto que tanto más radicalmente, bajo la
o transcribirse (por modelos, parámetros y operaciones de codifica- mirada que lo constituye, él mismo parece nunca advenir. El objeto
ción) en un espacio imaginario. Lo cual significa sobre todo que el aparece como la sombra del evento que negamos en él.
fenómeno se inscribe en un espacio que podemos siempre conocer
Pero, de golpe, podemos invertir el análisis y remontamos
por anticipado ejecutando la suma de sus partes. Esta sala tiene una
desde el objeto, fenómeno en transparencia decaído de todo adve-
cantidad, que resulta de la suma de sus partes ---sus muros definen
nimiento hasta su fenomenalidad originaria, gobernada de lado a
su volumen, así como otros parámetros no extensos (su costo de
lado por el carácter del evento —de conformidad con la regla esen-
fabricación, de mantenimiento, su porcentaje de ocupación, etc.)
cial de que lo que verdaderamente se muestra debe primero darse.
definen su carga presupuestaria y su utilidad pedagógica. En prin-
Este ascenso desde el objeto hasta el evento de hecho ya lo hemos
cipio no queda en ella más lugar para la menor sorpresa: lo que efectuado a l describir u n fenómeno d e derecho común ---esta
aparece se inscribirá siempre en la suma de lo que sus parámetros
"sala", justamente no la sala de actos —como un triple evento se-
ya permiten prever. La sala está prevista incluso antes de ser vista
gún el "ya" de la facticidad, el "esta vez, una vez por todas" de su
—contenida en su cantidad, asignada a sus partes, detenida por así
cumplimiento y el " s i n f i n " d e su hermenéutica. Nos queda p o r
decirlo en sus medidas que preceden y aguardan su efectividad
retomar la descripción del carácter de evento de la fenomenalic'lad
empírica (la construcción). Esta reducción de la sala a su( cantidad
en general, apoyándonos en adelante sobre fenómenos indiscutible-
previsible hacen de ella un objeto, delante del cual y en, el cual an- mente tematizables como eventos. A la cabeza son calificados con
damos como si ahí no hubiera nada más para ver ---al Menos nada el título de eventos los fenómenos colectivos ("históricos": revolu-
que no se pueda prever a partir del plano trazado dé su concep- ción política, guerra, catástrofe natural, realizaciones deportivas o
ción. Lo mismo vale para todos los objetos técnicos: no los vemos,
culturales, etc.) que satisfacen como mínimo tres notas. (a) N o se
no tenemos necesidad de verlos, porque los prevemos con mucha pueden repetir de manera idéntica y así se revelan como idénticos
antelación. E incluso logramos utilizarlos tanto mejor cuanto los pre- a sí mismo: irrepetibilidad, por ende irreversibilidad. (b) No es posi-
vemos sin preocuparnos por verlos. Nuestra necesidad de verlos co- ble asignarles una causa única, ni una explicación exhaustiva, sino
mienza cuando no podernos preverlos más o todavía no, es decir, que exigen un número indefinido de ellas, que aumentan sin cesar
cuando n o podemos utilizarlos más (desperfecto) o todavía n o en la misma medida que la hermenéutica que los historiadores, so-
(aprendizaje). En u n régimen de uso técnico normal, no tenemos ciólogos, economistas, etc., puedan desarrollar a propósito de ellos:
ninguna necesidad de ver los objetos, nos basta con preverlos. Los exceden los efectos y los hechos consumados en Urdo sistema de
reducimos al rango de fenómenos de segundo orden; de derecho causas. (c) N o pueden ser previstos, puesto que sus causas parcia-
común, sin acordarles un pleno aparecer, autónomo y desinteresa- les no solamente son siempre insuficientes, sino que no se descubren
do. Nos aparecen como transparentes, a la luz neutra de la objeti- sino una vez consumado el hecho del efecto. De donde se sigue que
su posibilidad, al no poder preverse, queda, hablando estrictamen-
2. Crítica de la razón pura, A 163/B 204; tr. es de Pedro Ribas, Madrid, Alfaguara, te, como una imposibilidad con relación al sistema de las causas mis
1978, p. 201.
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JEAN-LLICMARION Acerca de la donación

teriorrnente repertoriadas. Ahora bien, el punto decisivo es que esas yo lo amaba, siento que eso se puede responder :solamente dicien-
tres notas del evento no conciernen sólo a los fenómenos colectivos; do: porque era él y era yo'''. El fenómeno de la amistad no se mues-
ellas definen también los fenómenos privados o intersubjetivos. tra, por ende, sino en la medida en que, como puro y perfecto even-
to, su fenomenalidad se impone por el modo del evento y es tal que
Analicemos un caso a la vez ejemplar y en cierto sentido se da sin discusión ni reserva.
banal: la amistad de Montaigne con La Boétie. Se reconocen en él
las determinaciones canónicas del fenómeno como evento tales como Así, el carácter de evento que rige todo fenómeno,
las hemos tematizado en otra parte3. La amistad con otro primero el más objetivo en apariencia, manifiesta sin excepción que lo que
me impone dirigir a él una mirada que no sigue mi intencionalidad se muestra lo logra mostrarse sólo en virtud de un sí mismo estricta
hacia él, sino que se somete al punto de vista que él asume respecto y eidéticamente fenomenológico, el cual le asegura solamente el he-
de mí, por ende, me impone colocarme en el punto exacto donde cho de que se da y, el cual, a su vez, prueba que su fenomenaliza-
su propia intención espera que y o me coloque. Esta anamorfosis, ción presupone sui donación en tanto que tal y a partir de sí mismo.
Montaigne la describe con precisión: " N o s buscábamos antes de
habernos visto"; buscarse significa que, así como los rivales se mi-
den y se provocan, ellos trataban, cada uno, de situarse en el punto 3. EL T I E M P O DEL S I MISMO
donde la mirada del otro podría posarse sobre él. Dicho en otros
términos: "... una quintaesencia, no sé cuál, de toda esa mezcla,
Consideremos este resultado: el sí mismc de lo que se mues-
habiéndose apoderado de mi voluntad, la llevó a sumergirse y per-
tra, a saber el fenómeno, testimonia, por su carácter universal e in-
derse en la suya..." ----tomo para mí su punto de vista sobre mí, sin
trínseco de evento, que cumple una donación originaria. ¿No es
reducirlo a m i punto de vista sobre él; y entonces me adviene. De necesario concluir de ahí banalmente que todo fenómeno, incluso
donde, en segundo lugar, el evento de esa amistad adviene de gol:
el objeto pobre en intuición o de derecho común, se temporaliza?
pe, sin anuncio, sin previsión, según una llegada fuera de espera y En ese caso, ¿no recaeríamos en una posición muy clásicamente kan-
de ritmo: "Y en nuestro primer encuentro, nos encontramos tan cap- tiana? Sin ninguna duda, si admitiéramos dos corolarios inadmisi-
tados, tan conocidos, tan obligados entre nosotros, que desde en-
bles de su crítica. (a) Primero éste: la temporalidad se consagra en-
tonces nada nos fue tan cercano como el uno al otro". Se trata, por
teramente a permitir la síntesis de los fenómenos corno objetos, y
ende, de un hecho siempre "ya" consumado, que su facticidad: " p o r
por ende, se esfuerza en asegurar permanencia en la presencia.
azar en una gran fiesta y reunión social en la ciudad", hijos de vol- Ahora bien, nuestro análisis establece exactamente lo contrario, la
verlo frágil lo convierte en irremediable. En tercer lugar, él fenóme-
originalidad opera originariamente la llegada de lo incidente, según
no que se da, no da ninguna •otra cosa sino él mismo; su sentido
el hecho consumado, sin razón ni causa e imponiendo la anamor-
queda inaccesible, porque se reduce á su hecho consumado, a su
fosis; en suma: la temporalidad permite comprender la fenomenall-
incidencia. Este accidente no remite más a ninguna sustancia; si debe
dad por el modo del evento, contra toda objetividad, la cual, en el
significar más que él mismo, ese exceso sigue siendo tan incognos-
mejor de los casos, se convierte en un caso residual de ella, proviso-
cible como esa ".,.disposición del cielo", que sería la única qué po-
riamente permanente, ilusoriamente subsistente. La temporalidad no
dría inspirarlo. De donde, el último rasgo, el cual, caracteriza de la
trabaja aquí p o r cuenta del objeto, sino en favor del evento que
manera más perfecta la naturaleza de evento del fenómeno: no po-
deshace y sobredetermina el objeto. El objeto, otra vez, simple ilu-
demos asignarle ninguna causa, ninguna razón; o, más bien, nin-
•slón de un evento atemporal. (b) Queda el segundo corolario: la tem-
guna razón o causa distinta de él mismo, en la pura energía de su
poralidad, como sentido interno, depende de la sensibilidad y no se
advenimiento incuestionable: "Si me apuran para que diga por qué
ejerce para la subjetividad sino orientándola hacia la síntesis de los
3. Etant donné. Essai done pliénomenologie de la donation, Paris, 1997 y 1998, Livre
4. Montaigne, Ensayos, 1, 28; I r es. d e Juan G. d e Loares, Buenos Aires, Orbis,
respectivamente §§13-17.
1984, pp. 139-140
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teriormente repertoriadas. Ahora bien, el punto decisivo es que esas yo lo amaba, siento que eso se puede responder solamente clic:len-
tres notas del evento no conciernen sólo a los fenómenos colectivos; do: porque era él y era yo"4. El fenómeno de la. amistad no se mues-
ellas definen también los fenómenos privados o intersubjetivos. tra, por ende, sino en la medida en que, como puro y perfecto even-
Analicemos un caso a la vez ejemplar y en cierto sentido to, su fenomenalidad se impone por el modo del evento y es tal que
se da sin discusión ni reserva.
banal: la amistad de Montaigne con La Boétie. Se reconocen en él
las determinaciones canónicas del fenómeno como evento tales como
Así, el carácter de evento que rige todc fenómeno, incluso
las hemos tematizado en otra parte3. La amistad con otro primero el más objetivo en apariencia, manifiesta sin excepción que lo que
me impone dirigir a él una mirada que no sigue mi intencionalidad se muestra lo logra mostrarse sólo en virtud de un sí misma estricta
hacia él, sino que se somete al punto de vista que él asume respecto y eidética,mente fenomenológico, el cual le asegura solamente el he-.
de mí, por ende, me impone colocarme en el punto exacto donde cho de que se da v, el cual, a su vez, prueba que su fenomenaliza-
su propia intención espera que y o me coloque. Esta anamorfosis, ojón presupone sui donación en tanto que tal y a partir de sí mismo.
Montaigne la describe con precisión: " N o s buscábamos antes de
habernos visto"; buscarse significa que, así corno los rivales se mi-
den y se provocan, ellos trataban, cada uno, de situarse en el punto 3. EL T I E M P O D E L Sí M I S M O
donde la mirada del otro podría posarse sobre él. Dicho en otros
términos: 11_ una quintaesencia, no sé cuál, de toda esa mezcla,
habiéndose apoderado de mi voluntad, la llevó a sumergirse y per- S'onsideremos este resultado: el sí mismo de lo que se mues-
tra, a saber el fenómeno, testimonia, por su carácter universal e in-
derse en la suya..." - - t o m o para mí su punto de vista sobre mí, sin
trínseco de evento, que cumple una donación originaria. ¿No es
reducirlo a m i punto de vista sobre él; y entonces me adviene. De
necesario concluir de ahí banalmente que todo fenómeno, incluso
donde, en segundo lugar, el evento de esa amistad adviene de gol-
el objeto pobre en intuición o de derecho común, se temporaliza?
pe, sin anuncio, sin previsión, según una llegada fuera de espera y
En ese caso, ¿no recaeríamos en una posición muy clásicamente kan-
de ritmo: "Y en nuestro primer encuentro, nos encontramos tan cap-
tiana? Sin ninguna duda, si admitiéramos dos corolarios inadmisi-
tados, tan conocidos, tan obligados entre nosotros, que desde en-
bles de su crítica. (a) Primero éste: la temporalidad se consagra en-
tonces nada nos fue tan cercano como el uno al otro". Se trata, por
terarnente a permitir la síntesis de los fenómenos corno objetos, y
ende, de un hecho siempre "ya" consumado, que su faciicidad: "por
por ende, se esfuerza en asegurar permanencia en la presencia.
azar en una gran fiesta y reunión social en la ciudad", lejos de vol-
Ahora bien, nuestro análisis establece exactamente lo contrario, la
verlo frágil lo convierte en irremediable. En tercer lugar, el fenóme-
no que se da, no da ninguna otra cosa sino él mismo; su sentido originalidad opera originariamente la llegada de lo incidente, según
el hecho consumado, sin razón ni causa e imponiendo la anamor-
queda inaccesible, porque se reduce a su hecho consumado, a su
fosis; en suma: la temporalidad permite comprender la fenomenah-
incidencia. Este accidente no remite más a ninguna sustancia; si debe
dad por el modo del evento, contra toda objetividad, la cual, en el
significar más que él mismo, ese exceso Sigue siendo tan incognos-
mejor de los casos, se convierte en un caso resid _tal de ella, proviso-
cible como esa ".„disposición del cielo", que sería la única ,que po-
dría inspirado. De donde, el último rasgo, el cual, caracteriza de la riamente permanente, ilusoriamente subsistente. La temporalidad no
trabaja aquí por cuenta del objeto, sino en favor del evento que
manera más perfecta la naturaleza de evento del fenómeno: no po-
deshace y sobredetermina el objeto. El objeto, otra vez, simple ilu-
demos asignarle ninguna causa, ninguna razón; o, más bien, nin-
sión de un evento atemporal. (b) Queda el segundo corolario: la tem-
guna razón o causa distinta de él mismo, en la pura energía de su
poralidad, como sentido interno, depende de la sensibilidad y no se
advenimiento incuestionable: "Si me apuran para que diga por qué
ejerce para la subjetividad sino orientándola hacia la síntesis de los
3. Etant dancé, Essai duce phenomenologie de la dortation, Paris, 1997 y 1998, Livre
4. Montaigne, Ensayos, 1, 28; i r. es, d e Juan G. de Imace3, Buenos Aires, Orbis,
111, respectivamente §§13-17.
1984, pp. 139-140,
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objetos comunes; pero el Yo trascendental, artífice de esa síntesis (de como un evento perfecto. Tanto más cuanto que',ese relámpago no
síntesis), si, ejerciendo un magisterio, pone en acción la temporali- implica directamente a m i ego, puesto que al encerrarme en mi vida
dad, no se define él mismo, al menos estrictamente como tal, según residual, la muerte del otro me impide todo acceso a él y a ella. (b)
esa temporalidad. Suponiendo que los fenómenos se temporalizan Como es evidente, mi propia muerte me implica, totalmente y tam-
como objetos que guardan, p o r ese mismo hecho, una huella de bién ellá aparece sólo al pasarse, por ende, como un evento tal que
carácter de evento (lo que por otro lado sería discutible), el Yo tras- testimonia una donación fenomenal. Sin embargo, una aporía tan
cendental mismo, por máS temporalizante que sea, no se fenonae- evidente compromete la pertinencia de esta afirmación: si la muer-
naliza absolutamente como un evento. Y esto por una razón decisi- te pasa por mí (suponiendo que un fenómeno aparezca en ese paso),
va: él mismo no se fenomenal iza nunca, no aparece nunca entre los cuando yo paso al otro lado (fr. trépasse) con él, nunca puedo ver
otros fenómenos, se exceptúa de la fenomenalidad que se limita a su evento. Por cierto, esta aporía sólo amenaza el punto de vista de
producir. Dicho esto, no superaremos la objeción kantiana sólo con quien no ha experimentado todavía ese paso, a quien no sabe toda-
argumentos negativos. Para superarla de verdad, será necesario es- vía si me aniquilará o me "cambiará" (I Corintios, 15,52); por ende,
tablecer fenómenos eideticamente temporalizados como eventos; esta aporía sobre mi muerte no vale sino para quien, como nosotros
más aún: temporalizados d e tal manera q u e induzcan al ego a todos aquí, no ha recibido todavía el morir. Lo que da la muerte —
fenomenálizarse él mismo según esta condición de evento única. ¿un evento o una nada de fenomenalidad?-- lo ignoramos. En efec-
¿Podremos alegar alguno? to, la 'condición humana n o se caracteriza en primer lugar por la
condición,rnortal (los animales y las civilizaciones también mueren),
Como primer caso de un fenómeno tal se impone la muer- ni siquiera P o r la conciencia de tener que terminar por morir, sino
te, fenómeno que sólo puede fenomenalizarse, si se pasa, porque por la ignorancia del saber, por más debido y requerido que sea, de
fuera de ese paso propiamente no puede ser; por ende, no es, no lo que se pasa (o se muestra) para mí en el instante en que la muer-
aparece sino en cuanto se pasa; si no se pasara, pasaría inmediata-- te pasa por mí. M i muerte, por ende, no me pone delante de ningu-
mente y no sería nunca. I n u e r t e , por ende, sólo se ¡nuestra dán-
na efectividad, ningún paso, sino una simple posibilidad - - l a posi-
dose a título de evento. N o se haría ver nunca si no adviniera. Sin
bilidad de la imposibilidad. Y esta posibilidad de la imposibilidad
embargo, pasándose así ¿qué muestra ella de ella m i s m a ? N o su-
que se va a dar necesariamente guarda hasta el final la posibilidad
cumbe a la aporía clásica según la cual mientras yo soy, la muerte de no mostrarse, de no mostrar nada. Así, el evento de mi muerte,
no es y, desde el momento que llega, yo no estoy ya ahí para verla? el más próximo, el menos lejano, del cual sólo me separa un latido
¿No proporciona entonces solamente la ilusión de un evento y, por del corazón me sigue siendo inaccesible por el incremento en él, al
ende, la ilusión de que un fenómeno se da? Para responder es nece-
menos provisoriamente inevitable, de su donación pura en la feno-
sario volver a una descripción un poco más precisa de la muerte y
menalidad. A h í también se trata sin duda de un puro incremento,
distinguir entre la muerte del otro y la mía. (a) La muerte del otro
pero demasiado puro para mostrarse y, por ende, para darse como
se manifiesta claramente en el hecho de que se pasa, porque ella con-
un evento perfecto. Este fenómeno, que merece perfectamente el tí- •
siste en un puro y simple paso - - e l paso, en st mismo no reall-- del
tulo de evento y me implica radicalmente en él porque se da, sin
estado de ente vivo al estado de cadáver; ese paso no se ve directa-
embargo, se sustrae como fenómeno que se muestra.
mente, al contrario de los dos estados por los que pasa; la muerte
del otro, como fenómeno, sólo dura el instante de un ipaso (aun Entonces ¿qué camino nos queda accesible? Volvamos al
cuando los aprestos de la ceremonia funeraria intentan hacerla
evento mismo: él se da en tanto se muestra, pero sólo en tanto que
durar, y deben intentarlo justamente porque el paso dura un ins- la manifestación adviene en él por el modo de una llegada, que cae
tante). La muerte del otro se muestra como un relámpago y sólo se (incidente) bajo mis ojos como un hecho consumado, que se aco-
da retirándose --retirándonos al prójimo vivo. Evento puro, sin moda (anamorfosis). Todas estas determinaciones evidentemente re-
duda, pero demasiado puro para mostrarse y, por ende, para darse miten al tiempo que el fenómeno presupone radicalmente. Pero el
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IEAN-LLICMARION Acerca de la donación

evento ¿no presupone el tiempo como uno de sus componentes o en búsqueda de identidad, etc.) y de plenificar'esas intenciones con
de sus condiciones? Por cierto no. Porque el tiempo mismo adviene cuasi-intuiciones (recuerdos secundarios, testimonios indirectos y
primero por el modo del evento. Esto lo ve Husserl, quien define el directos, etc.). M i nacimiento se ofrece incluso como un fenómeno
tiempo a p a r t i r de una "impresión original", la cual, a título de privilegiado, porque toda mi vida, en una porción esencial, se em-
"punto-fuente", no deja de surgir en y como el puro presente y, pre- plea exclusivamente a reconstruirlo, atribuirle un sentido y a res-
cisamente porque adviene, no cesa de pasar en el ya-no-más-pre- ponder a su llamada silenciosa. Sin embargo, yo no puedo por prin-
sente, un tiempo retenido por la retención antes de naufragar en el cipio ver directamente ese fenómeno indiscutible. Se puede forma-
pasados. El presente surge como primero y es lo primero que adviene lizar esta aporía planteando que mi nacimiento me muestra preci-
a título de evento puro, imprevisible, irreversible, irrepetible corno samente que mi origen no se muestra, o que sólo se muestra en esta
tal, inmediatamente pasado y desprovisto de causa o de razón. Él imposibilidad misma d e aparecer, en suma: que solamente así se
solo escapa a la objetividad, aunque la vuelve posible, porque se testimonia la "...originaria no originariedad [fr. original/cité] del ori-
exceptúa absolutamente de toda constitución: " L a impresión origi- gen"7. Lo cual debe ser entendido en dos sentidos. Sea que mi naci-
nada es lo absoluto no modificable, la fuente originaria para toda miento advenga antes de que yo pueda verlo y recibirlo, por ende,
conciencia y ser por v e n i r ' . A q u í el movimiento de lo que se da se yo no estoy presente en m i propio origen. Sea que mi nacimiento,
cumple también casi sin dejar ocasión de aparecer a lo que se mues- origen para mí, no tenga en sí nada de originario, sino que se deri-
tra, porque la impresión originaria cambia inmediatamente y, no ve de una serie indefinida de eventos y de surgintientes ("...saunque
bien surgida, vira continuamente hacia la retención. Pero, al con- vel a pareiVbus productus...")8. Sin embargo, no basta describir esta
trario de la muerte, ese incremento de la donación no impide que apoda para destruirla. Falta comprender cómo u n fenómeno, que
aquí efectivamente se cumpla u n evento, incluso sensiblemente, no se muestra, me afecta como si se mostrara (y en un sentido se
porque la impresión originaria no cesa de resurgir de lo absoluto muestra m u y bien a través de numerosos intermediarios), pero me
no visto, de la boca de sombra, de donde sale. La impresión origi- afecta más radicalmente que ningún otro, puesto que sólo él me de-
naria se da a ver como el pililo evento que adviene sin tregua de un termina, define m i ego, hasta lo produce. En otros términos: si u n
nacimiento incondicional e indefinido. Del " p u n t o fuente.', dona- origen no puede mostrarse en general, tanto menos lo podrá un ori-
ción que opera sin cesar, lo que se muestra apenas (tal instante) nace gen desposeído de su originalidad. ¿Cómo entonces me adviene —,
de cada instante de lo que se da a fondo (la impresión originaria). porque mi nacimiento me adviene, me advino-- esta originaria no
originaleidad, puesto que sigue siendo no mostrable? Me adviene
Nacimiento —tenemos aquí el fenómeno que se muestra ver- justamente en el hecho de que adviene, y adviene sólo y justamente
daderamente por el modo de lo que se da, el fenómeno 'propiamen- en la medida en que me ha dado futuro [fr. amnirl. M i nacimiento
te con carácter de evento. En efecto, ¿cómo comprender que mi na- no se califica como fenómeno (el de origen no originario) porque se
cirrliento se muestra como un fenómeno, mientras que, propiamen- mostraría, sino porque, en la ausencia de toda mostración directa,
te hablando, yo no lo he visto jamás con mis propios ojos y pie, para adviene como evento nunca presente y siempre pasado, pero, sin
reconstruirlo, me debo atener a testigos oculares o a actos adminis- embargo, jamás sobrepasado —de hecho, siempre por venir. M i ria•
trativos? Puesto que mi nacimiento se cumple sin mí e incluso, ha- cimiento se fenomenaliza bien, pero a título de evento puro, impre-
blando estrictamente, antes de mí, no debería poder mostrarse (si visible, irrepetible, que excede toda causa y que vuelve posible lo
se mostrara) a cualquiera salvo a mí. Sin embargo, lo considero a imposible (a saber m i vida siempre nueva), so",repasando toda es-
justo título como un fenómeno, puesto que no ceso de mentarlo in- pera, toda promesa y toda predicción. Ese fenómeno, que se cum-
tencionalmente (querer saber quién soy y de dónde, investigación ple en una perfecta reducción de algo que se muestra, testimonia,
5. Husserl, Fenomenología de la conciencia del tiempo inmanente, 511, Hua, X, p. 29; 7. Según la excelente fórmula de C. Romano, Llevénernenr et le monde, Paris, 1998,
tr, es. de O. E. Langfelder, Buenos Aires, Hoya, 1959, p. 76. p. 96.
6. Ibídem, §31. 8. Descartes, Meditationes de prima philosopina, Hl, A l V i l , 49, 21 y ss.
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JEAN-LUCMAROJO Acerca de la donación

entonces, de una manera excepcional y paradigmática que su fe- Intuir en silencio, sino, sobre todo, despueg:de haber escuchado
nomenalidad deriva directamente de lo que se da. - hablar a otros. El lenguaje se escucha primero y sólo se lo profiere
después. Es cierto que el origen me queda originariamente inaccesi-
Alcanzamos, por ende, lo que buscábamos.: todo lo que se ble, pero no por ausencia, sino porque el primer fenómeno ya satu-
muestra no sólo se da, sino que se da como u n evento según una ra pon intuiciones toda intención. El origen, que se niega, no se da,
temporalidad con carácter de evento también ella, al punto que en sin embargo, en la penuria (Derrid a), sino en el incremento y así
los casos excepcionales. (nacimiento), u n fenómeno logra darse di- determina el régimen de todo lo dado por venir: a saber, que nada
rectamente sin mostrarse. se muestra si antes no se da.

De hecho, varios caracteres justifican el privilegio fenome-


nológico acordado así al nacimiento. (a) El fenómeno del nacimien- 4. L A R E D U C C I Ó N A L O D A D O , ¿SE CONTRADICE?
to se da directamente sin mostrarse directamente, porque adviene
como un evento por excelencia (origen originariamente no origina- Supongamos, entonces, establecido que el fenómeno, consi-
rio); pero esta excelencia le viene del hecho de que me da a mí mis- derado según su carácter de evento más radical, se reduce a lo dado.
mo cuando se da. Se fenomenaliza afectándome, pero me afecta al
Lo tal dado, sobre todo si lo pensamos a partir de mi nacimiento,
darme no sólo a mí mismo, sino (porque sin él yo no estaría ahí para eh. tanto que logra darse, sin empero mostrarse directamente, como
afectarme con él) al dar un yo, un me, que se recibe de lo que reci-
un fenómeno de espectáculo y del cual yo me podría erigir en es-
be". (b) El .fenómeno del nacimiento lleva de golpe hasta su culmi-
nación la inclusión del ego en la condición de evento, al instaurado pectador,(desinteresado o no, poco importa aquí), se cumple corno
un fenómeno saturado que acuña corno evento u n ego que se ha
ejemplarmente según su estatuto de donado: ego que se recibe a sí
vuelto, bajo ese golpe de acuñación, un donado (adonné). U n even-
mismo de lo que recibe. El fenómeno del nacimiento ejemplifica el
fenómeno en general —19..que se fenomenaliza sólo en la medida to tal se da, en efecto, de golpe: deja sin voz para decirlo; deja tam-
en que se da—, pero, al ritismo tiempo, instituye al donado (adonné), bién sin otro camino para sustraerse; deja, en fin, sin opción para
rechazarlo o, incluso, para aceptarlo voluntariamente. Su hecho con-
originariamente a posteriori, puesto que se recibe de lo que recibe, como
el primer fenómeno (que hace posible la recepción de todos los otros). sumado no se discute, no se evita, no se decide tampoco. N o se tra-
(c) El fenómeno del nacimiento se da, por ende, como un fenómeno ta ni siquiera de una violencia, porque la violencia implica algo ar-
bitrario y, por ende, un árbitro y ya un espacio de libertad. Se trata
saturado (o paradoja) de pleno derecho. En efecto, su evento, pri-
mera impresión originaria y, por ende, más originaria que todo otro de una pura necesidad fenomenológica; desde que el fenómeno se
instante, hace posible una serie indefinida, indescriptible e imprevi- da siempre ya, con u n don consumado y con una contingencia ne-
cesaria, como ocurre con el fenómeno del nacimiento o con la im-
sible de impresiones originarias por venir —las que se acumulan en
Mi lapso de vida y me definen hasta m i final. Así, el nacimiento abre presión originaria, pone de manifiesto el sí mismo de lo que se da.
paso a intuiciones temporales innumerables, para las cuales busca- Testimonia que él, y, por ende, todos los otros fenómenos por deri-
ré, sin fin pero con atraso, significaciones, conceptos y nóesis inevi- vación, pueden darse en sentido estricto porque prueba, en tanto
tablemente faltantes. Intentaré siempre encontrar las palabras para que evento puro, que dispone de un tal sí mismo. N o solamente el
decirlmel l o que me advendrá o, más bien, l o que me habrá y a evento se da en sí (anulando la retirada de una cosa en sí), sino que
advenido sin que en el momento de ese advenimiento pueda jamás se da a partir de sí y, por ende, como un sí mismo.
explicarlo adecuadamente, ni comprenderlo, ni constituirlo. El ex-
ceso de la intuición sobre la intención estalla irremediablemente El tema que se juega en este análisis no podría subestimar-
se: si el sí mismo corresponde al fenómeno y procede de él, ningún
desde mi nacimiento ---y, por otro lado, hablaré no sólo a fuerza de ego puede pretender arrogarse, en primer lugar y en primera ins-
9. Cuidado porque lo que decimos es: "al dar un yo, un me" y no "al dármelo" porque tancia, la ipseidad, el sí mismo. El ego de Descartes, ¿no accede él
en el momento en que [me] lo da, justamente no estoy ahí para recibirlo. mismo a su sí mismo en respuesta al nescio anis que le adviene, como
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engañador o más bien como omnipotente? El Dasein, ¿no cumple


ende, lo dado corno un último término, irreductible por ninguna re-
solamente su ipseidad por una resolución anticipadora 'que hace po- ducción. Pero sobre todo porque esa tercera reducción no reconduce
sible el evento de la nada, tal que él se la arranca a la entidad? Pos-
á lo dado sino reduciendo también el Yo al rango derivado y secun-
tulamos que los ensayos, por grandiosos que hayan sido, para asig- dario del donado. L o cual importaría poco si se tratara solamente
nar el primer sí mismo al ego, en suma: para elevar el Yo a la digni- de ?un nuevo título y n o de otra función: —la función de recibirse
dad trascendental, solamente logran subrayar tanto más la priori-- de lo que se da, por ende, de no ejercer más u n papel trascenden-
dad radical del sí mismo de un evento, cualquiera que sea (un ente tal, en suma: de no fijar más las condiciones de posibilidad d e la
del mundo, fuera del mundo o el ente en su totalidad) y por más experiencia, en otros términos: de la fenomenalidad, Ahora bien, la
negado que sea. Hay que reconocer, aunque más no sea para pre- reducción que tiene precisamente por tarea modificar las condicio-
ocuparse por el tema, que, si el fenómeno se da verdaderamente,
nes de posibilidad de la fenomenalidad, exige un tal Yo (o su equi-
entonces confisca obligatoriamente la función y el papel del sí mis- valente trascendental) a priori y parece no satisfacerse con un do-
mo, por ende, no puede concederle al ego sino u n yo de segundo nado, por definición a posteriori. En suma: la reducción del fenó-
nivel y por derivación. Y sacarnos explícitamente esta conclusión al meno a lo dado tal que se da yendo hasta descalificar el Yo trascen-
rechazar' la pretensión de todo Yo a una función trascendental o — dental en un puro y simple donado, se convierte en una contradic-
lo cual resulta lo m i s m o - - la pretensión de un posible Yo trascen-
ción performativa -se priva del operador mismo de la donación que,
dental a la fundación última de la experiencia de los fenómenos. sin- embargo, pretende hacer manifiesto por reducción.
Dicho en otros términos, el ego, despojado de su púrpura trascen-
dentalicia, debe admitirse como el que se recibe, como un donado: el Tal dificultad n o se puede resolver de una vez, pero hay,
que se recibe a sí mismoske lo que recibe, aquél a quien lo que se da sin embargo, un argumento que se impone: si toda reducción exige
de un sí mismo primero '!--tc)do fenómeno-- da un yo segundo, el de un operador que reduzca la apariencia del aparecer al aparecer ple-
la recepción o la respuesta. El ego conserva por cierto todos los privi- no de los fenómenos, ese operador mismo es modificado - - y esen-
legios de la subjetividad, salvo la pretensión trascendental de origen. cialmente modificado-- p o r la reducción que él opera. Para Hus-
Admitamos que no hay ego que no sea donado/dotado de serl, la reducción fenornenológica (para no evocar las otras, que pro-
ducirían sin duda el mismo resultado), reduce sin problemas las cosas
un yo dado y dado para recibir lo que se da. Entre las: objeciones
del m u n d o a sus vivencias de conciencia, para constituir, a partir
posibles a una tal diminutio ipseitatis del ego, hay una que debe re- de ellas, objetos intencionales, pero el Yo mismo se reduce a su in-
tener especialmente nuestra atención, porque directamente pone en manencia pura ("región conciencia"), remitiendo a la trascenden-
duda la pretensión fenomenológica de nuestra empresa. En efecto,
cia de la "región m u n d o " el conjunto de su yo empírico'', El Yo se
toda fenomenología ejerce, explícitamente (Husserl) o' implícitamente
vuelve así trascendental en la acepción fenomenológica, porque se
(Heidegger, Lévinas, Henri, Derrida), una reducción como su pie-
reduce a sí y se extraña del mundo natural renunciando a propósi-
dra de toque, no negociable porque no se trata de un concepto en- to a la actitud natural. Para Heidegger, la reducción todavía ferio-
tre otros, ni de una doctrina por discutir, sino de una operación - -
menológica de los objetos del mundo (subsistentes o usuales) a Su
la que reduce la apariencia del aparecer al aparecer de fenómenos
estatuto de entes vistos según sus maneras de ser diversificadas, n.o
en cuanto tal. Ahora bien, toda reducción exige una instancia que
la realice - - u n Yo trascendental o su equivalente (Dasein, el rostro se opera sino por el Dasein, único ente en el cual hay ser; pero es
todavía necesario que el Dasein se realice como tal, por ende, se
del otro, la carne). Ahora bien, la reducción que nosotros pretende-
apropie de su manera de ser única y se deshaga de una manera de
mos realizar del aparecer a lo dado se distingue peligrosamente de
ser impropia (la del "uno" que pretende comprenderse como si fuera
las otras dos principales reducciones que pretende superar. Prime- un ente Ultramundano). El Dasein, por ende, debe reducirse él mis-
ro, porque no reconduce ya solamente el fenómeno á su objetivi-
mo a sí mismo - - a su estatuto de ente que trasciende todos los en-
dad constituida (Husserl), o a su entidad en el ser (Heidegger), sino
te. Husseri, Ideas_ § 5 9 , Flua. FI, p. 140 y ss.; M es, de José Caos, México, Fondo
finalmente a lo dad o que se muestra en tanto se da —fijando, por de Cultura Económica, 1949, p. 137.
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tes intrarnundanos en virtud del Ser mismo; lo cual lo cumple en él la distinción misma entre el Yo trascendental: y el yo empírico. Pero
la experiencia de la angustia. La desaparición de todas las determi- ¿qué tercer término inventar entre actividad y pasividad, trascen-
naciones antropológicas (carne, sexualidad, ideología, etc.), que se dentalidad y empiricidad? Retornemos la defin:Lcióti del donado: el
le ha criticado con tanta ingenuidad a Sein und Zeit, testimonia pre- • que se recibe a sí mismo de lo que recibe. El dcnado se caracteriza,
cisamente esta modificación del hombre en un Dasein, que vuelve
por ende, por la recepción. La recepción implica ciertamente recep-
la reducción sobre su agente. tividad pasiva, pero exige también': la actitud activa, porque la ca-
Sin pretender comparar lo que no es comparable, diremos, pacidad (capacitas) para incrementarse a la medida del l o dado y
sin embargo, que ocurril: lo mismo con la tercera reducción. Se trata para sostener la llegada de lo dado, debe ponerse a trabajar, traba-
primero de reducir todo q u e pretende aparecer —objeto, ente, apa- jo de lo dado por recibir, trabajo sobre sí mismo para recibir. El tra-
riencia, etc.- a algo dado. Porque la fórmula: "Cuanto de reducción, bajo que lo dado pide al donado, cada vez y durante todo el tiern-
tanto de donación" postula, en efecto, que lo que la actitud natural po en que se da, explica por qué el donado no se recibe de una vez
acepta sin discusión como u n dato, con frecuencia, todavía no se por todas (en el nacimiento), sino que n.o cesa de recibirse d.e nuevo
da, o, a la inversa, lo que ella rechaza como problemático está de en el evento de cada dado. Pero la recepción sólo podrá verdadera-
hecho absolutamente dado. Se trata luego de rastrear el vínculo mente liberar al donado de las dicotomías que encarcelan la subje-
necesario p o r el cual lo que se muestra debe primero darse y de tividad metafísica, si comprendemos más claramente su función pro-'
plamente fenomenológica. En otros términos: si el donado no cons-
despejar el peso del sí mismo, por donde solamente la donación va-
lida la manifestación. Pero, ¿cómo imaginar que aquel, cualquiera tituye más los fenómenos, si se limita a recibir lo dado puro e inclu-
so a recibirse a partir de eso, ¿qué acto, qué operación y qué papel
que sea, que reduce a lo dado y que reconduce "mostrarse" a "dar-
se", al describir el fenómeno como un evento puro (por ende tam- puede todavía asumir en la fertomenalidaci misma? Pero, justamente,
al plantear esa objeción contra el donado, acabamos de notar una
bién como anamorfosis, llegada, hecho consumado, incidente, etc.),
distancia esencial entre lo dado y la fenomenalidad. Acabamos de
pueda mantener incuestionada su identidad, y hasta guarde las
repetir lo que ya habíamos entrevisto frecuentemente: si todo lo que
identidades que corresponden tan precisamente•a las dos reduccio-
se muestra debe primero darse, no basta empero que lo dado se dd'
nes precedentes? ¿Cómo podría. pretender fijar las condiciones de
para que se muestre, porque a veces la donación casi ofusca la ma-
posibilidad de la experiencia de fenómenos, acerca de lbs cuales, jus-
nifestación. El donado tiene precisamente por función medir en él
tamente por la tercera reducción, acaba de reconocer que sólo se
mismo la separación entre lo dado --que no cesa nunca de imponer-
muestran en v i r t u d de su sí mismo tal que se transparenta en el
se a él y de imponérselo— y la fenomenalidad - - q u e no se realiza
evento donde se dan y tal que él mismo fija sus propias condiciones
sino en tanto y en cuanto la recepción logra fenomenalizado o, más
de manifestación? Si no se quiere contradecir el resultado de la ter-
bien l o deja fenomenalizarse. Esta operación --fenomenalizar lo
cera reducción - - e l fenómeno se da p o r él mismo—, el ego debe dado-- corresponde como propia al donado, en virtud de su difícil
deshacerse de toda pretensión trascendental. La reducción no se privilegio de constituir lo único dado en lo cual se da la visibilidad de
encuentra comprometida con todo, sino que, a l a inversa, se en- todos los otros dados. De este modo revela lo dado como fenómeno.
cuentra realizada hasta en lo que la vuelve posible, el donado. El
donado no compromete la reducción a lo dado, sino que la confir-
ma transfiriendo el sí mismo de él mismo al fenómeno. 5. L O R E V E L A D O

Ese primer argumento nos pone en el camino de un segun- Se trata desde ahora en adelante de comprender cómo el
do. El donado, al perder el rango trascendental y la espontaneidad donado revela (fenomenaliza a título de evento) lo dado ---y hasta
o la actividad que implica, no se reduce empero a la pasividad o al dónde.
yo empírico. De hecho, el donado supera tanto la pasividad como
la actividad porque, al librarse de la propia trascendentalidad, anula Consideremos primero lo revelado en una acepción estric-
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tamente fenomenológica. Acepttmos que lo dado se obtiene por la


reducción; se puede describir como lo que Husserl llama la vivencia miento ya en su sitio; puesto que él se recibe de lo que recibe, no lo
o Erlebnis. Ahora bien, - - y con frecuencia se ignora este punto ca- precede y sobre todo no lo precede mediante una visibilidad previa
a' lo no visto de lo dado. De hecho el donado no se muestra más
pital— la vivencia como tal no se muestra, sino que permanece in-
que lo dado --su pantalla o su prisma siguen siendo perfectamente
visible por defecto; diremos, a falta de una mejor expresión, que rae
afecta, se me impone a mí y pesa sobre lo que uno osadamente lla- no vistos hasta que el impacto de algo dado, aplastado sobre ellos,
maría mi conciencia (precisamente porque todavía no tiene la clara los 'ilumine de golpe; o, más bien, puesto que, hablando propiamente,
y evidente conciencia dé nada cuando recibe lo dado puro), Lo dado, el donado no existe sin esta recepción, el impacto suscita p o r pri-
a título de vivencia, sigue siendo un stimulus, una excitación, .ape- mera vez la pantalla sobre la cual se estrella, como instala el pris-
ma a través del cual se descompone. En suma: el donado se feno-
nas una información; el donado lo recibe, sin que en ningún mo-
mento se muestre. ¿Cómo eso dado logra pasar a veces de lo no visto menaliza por la operación misma por la cual fenomenaliza lo dado,
a lo visto? N o cabría aquí entrar en consideraciones fisiológicas o Lo dado se revela, entonces, al donado revelando el dona-,
psicológicas, primero por falta de conocimientos, pero además por do a sí mismo. Ambos se fenomenalizan por el modo de lo revela-
principio: antes de explicar un proceso es necesario primero identi- do, que se caracteriza por esa reciprocidad fenomenal esencial, en
ficado y el proceso de surgimiento de lo visible a partir de lo no visto la que ver implica la modificación del que ve por lo visto, tanto cuan-
depende propiamente de la fenomenología. En esa línea nos atre-
to la modificación de lo visto por el que ve. El donado opera como
veremos a decir que lo dado, no visto pero recibido, se proyecta el revelador de lo dado y lo dado como el revelador del donado - -
sobre el donado (la conciertéia, si se prefiere) como sobre una pan- reveladores entendidos en el sentido fotográfico del término. Tal vez
talla; toda la potencia de eso dado viene corno a aplastarse contra podría uno arriesgarse a decir que la paradoja filosófica de la física
esa pantalla provocando una doble visibilidad de una vez. (a) La cuántica sobre la interdependencia entre el objeto y el observador
de lo dado, sin duda, cuyo impacto hasta entonces invisible, esta-
vale, p o r analogía, para toda fenornenalidad sin excepción. Pero
lla, explota y se descompone en bosquejos, los primeros visibles. Se
¿podemos todavía hablar aquí de "fenornenalidad sin excepción"?
podría pensar también en el modelo de un prisma que /detiene la
¿No habíamos concedido anteriormente que, si todo lo que se mues-
luz blanca, hasta ahí invisible, y la descompone en u n espectro de
colores elementales, que finalmente son visibles. El donado fenome- tra primero se da, la recíproca no vale, porque todo lo que se da no
naliza al recibir lo dado precisamente porque le resulta/Un obstácu- logra mostrarse en la misma medida? De hecho, lejos de complicar-
lo, lo detiene al formarle una pantalla y lo encuadrc.'Si, por ende, nos en una nueva aporía, acabamos de encontrar el camino para
el donado recibe lo dado, lo recibe poniendo en juego todo el vigor, salir de ella. Porque, si lo dado no se muestra sino bloqueándose y
hasta la violencia de un arquero que intercepta un disparo, de un presentándose sobre la pantalla en la que se le convierte el donado,
defensor que para una bolea, de un catcher que devuelve un envío si el donado, solamente así, debe y puede transformar un impacto
en visibilidad, la amplitud de la fenomenalización depende de la re-
ganador. Pantalla, prisma, marco, el donado embolsa el impacto de
lo dado puro, no visto, retiene el momentum para transformar así sistencia del donado al choque brutal de lo dado. Entendamos re-
su fuerza longitudinal en una superficie estacionaria, plana, abier- sistencia en el sentido sugestivo, porque trivial, de la electricida(E.
ta. Con esta operación —la recepción justamente-- lo dado puede cuando en un circuito se constata o se provoca intencionalmente
comenzar a mostrarse a partir de los bosquejos de visibilidad que una restricción al movimiento de los electrones libres, una parte de
ha concedido al donado o, mejor, que ha recibido de él. (b) Pero la la energía se disipa en calor o luz. La resistencia transforma así un
visibilidad surgida de lo dado provoca parejamente la visibilidad del movimiento no visto en luz y calor fenomenalizados. Cuanto ma-
donado. En efecto, el donado no se ve él mismo antes de recibir el yor es la resistencia al impacto de lo dacio (por ende, primeramente
de las vivencias, de las intuiciones), tanto más se muestra la luz ferio-
impacto de lo dado. Destituido de la púrpura trascendental no pre-
menológica. La resistencia —función propia del donado— se con-
cede el fenómeno, ni siquiera lo "acompaña" más, como un pensa-
94 vierte en el índice de la transmutación de lo que se da en lo que se

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IEAN-111,11RMARION
Acerca de la donación
muestra. Cuanto más lo dado intuitivo incrementa su presión, tan-
to mayor debe ser la resistencia para que el donado revele aún un marcar entre el m u n d o de los objetos supuestamente constituidos,
fenómeno, De donde surge la inevitable y lógica hipótesis de los fe- ,producibles y repetibles, y, por ende, supuestamente racionales de
nómenos saturados —tan saturados de intuiciones dadas que fal- un lado y el de lo revelado de la Revelación, mundo de eventos ni
tan las significaciones y las noesis correspondientes. Delante de ta- constituibles, ni repetibles ni producibles en el presente, y, por ende,
les fenómenos, de hecho parcialmente no visibles (excepto p o r el supuestamente irracionales? Esta cesura se impuso en e' l momento
modo del deslumbramiento), sólo depende de la resistencia del do- en que la doctrina del objeto intentó (logró) reducir la cuestión y el
nado el lograr transmutar hasta un cierto punto el exceso dé dona- campo de la fenomenalidad a fenómenos solamente aparentes, des-
ción en una mostración a su medida, a saber, desmesurada. A q u í provistos de sí mismo, devaluados tanto como entes cuanto como
se abre espacio para una teoría fenomenologica del arte: el pintor certezas. Desde que la fenomenología supo abrir el campo de la fe-
vuelve visible como fenómeno lo que nadie había visto nunca, por- nomenalidad para incluir en él a los objetos como casos particula-
que en cada ocasión es el primero que logra resistir suficientemente res de fenómenos (pobres y de derecho común) y rodearlos de la
a lo dado para obtener que se muestre - - y entonces como un fenó- inmensa región de los fenómenos saturados, esta cesura no se justi-
meno accesible a todos. U n gran pintor n o inventa nunca nada, fica más. O, más bien, se convierte en una negación de la fenorne-
corno si lo dado estuviera ausente; al contrario sufre al resistir a ese nalidad, negación ella misma irracional e ideológica. Si admitimos
exceso, hasta hacerle entregar su visibilidad (a la manera como se que esta cesura no tiene razón de ser, ¿cuál es la consecuencia que
hace vomitar). Rothirco resiste a lo que ha recibido como algo dado se impone? Ésta: los datos referidos por la Revelación, en este caso
violento --demasiado violento para alguien que no fuera él--- feno- la únicaRevelación judía y cristiana, deben leerse y tratarse como
menalizándolo sobre la pantalla de sus colores serenos: " H e apri- fenómenos de pleno derecho, que obedecen a las mismas operacio-
sionado la violencia más absoluta en cada centímetro cuadrado de nes que los que resultan de los datos del mundo: reducción a lo dado,
sus [los cuadros] superficies"Il. L o que vale de las artes, vale de la carácter de evento, recepción por el donado, resistencia, fenómenos
literatura y de todo pensamiento especulativo: inmenso esfuerzo de saturados, progresividad de la transmutación de darse en mostrar-
resistencia a lo dado, para fenomenalizar tarifo cuanto el donado se, etc. Sin ninguna duda, ese lugar fertornenológico de la teología
pueda soportar. El genio no consiste sino en una gran resistencia al necesitará (y ya encuentra) protocolos muy particulares conformes •
impacto de lo dado. En todos los casos, el fenómeno 'que adviene a los fenómenos particulares de que se trata. Por ejemplo, el evento
puede tomar la figura del milagro, lo dado se convierte en la elec-
como un evento asume la figura de lo revelado, es decir, que feno-
ción y la promesa, la resistencia del donado se profundiza como
menaliza al donado por el gesto mismo en el cual el donado obliga conversión del testigo, la transmutación del donarse en mostrarse
a lo que se da a mostrarse un poco más.
requiere las virtudes teologales, su progresividad se prolonga como
Lo revelado no define, por ende, un estrato extremo o una retorno escatológico del Principio, etc. N o tenemos ni la autoridad
región particular de la fenomenalidad, sino el modo universal de ni la competencia para proseguir. Pero tenernos el derecho de diri-
fenomenalización de lo que se da en lo que se muestra. Fija de una gimos a los teólogos. Ellos deben cesar de pretender reducir los datos
vez el carácter originario de evento del fenómeno en tanto que se extremos de la Revelación (creación, resurrección, milagros; divini-
da antes de mostrai•se. Es tiempo entonces de plantear una última zación, etc.) a modelos objetivantes, más o meros ensayados, de las
pregunta: la universalidad de la acepción del fenómeno como even- ciencias humanas. Porque la misma fenomenalidad cubre todo lo
to, por ende como dado que accede a la manifestación a título de dado, desde lo más pobre (formalismo, matemática), lo de derecho
revelado por y para un donado, ¿no elimina definitivamente, de de- común (ciencias físicas, objetos técnicos), a los fenómenos satura-
recho si no de hecho, la cesura que la metafísica no ha cesado de dos (evento, ídolo, carne, ícono) hasta la posibilidad de fenómenos
que combinan los cuatro tipos de saturación (los fenómenos de la
U. " M . Rothko", en James E. E. Breslin, Mark Rothko. A Biography, Chicago U.P., Revelación).
1993, p. 358, cit. p o r E. Michaud, "Rothko, la violence el Ithistone", en Marc
Rothko, Musée d ' A r t Moderne de la Vine de Paris, Paris, 1999, p. 80.
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