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ANTONIO SÁNCHEZ VALVERDE

EXAMEN
DE LOS
SERMONES
DEL P. ELISEO
CON
INSTRUCCIONES
UTILÍSIMAS
A LOS
PREDICADORES
E X A M E N
DE LOS SERMONES D EL P. ELISEO,
C 0 ' 2T
INSTRUCCIONES UTILISIMAS
A LOS P R E D IC A D O R E S.

f u n d a d o , y a u t o r i z a d o
con las Sagradas Escrituras 3 Concilios,
y Santos Padres.
P O R
D. AN TO N IO SANCHEZ V ALVE R D E ,
Ración, de la Sta. Igl. Prim. de Ind. Lie, en
Sag, Theol. y amb. De u Abog-
de los R. Cons. &c.

Ueclár&tio Set'ftionum tuoram Utumlnat ■


>
intdkctas da ^arbuHs* Ps* n S . v+ 130*

T O M. IP

EN MADRID;

En la Imprenta de Don Blas Román,


Año de M DCCLXXXVII,
Quid pfodest locuíionfo integritas,
quam non sequitur intelkUus audientisl
Qui dócet vitabit omnia verba * quce non
docente multo magis in populis, quando
Serma promitur , ut intelügamur instetn-
dum est^ S. Aug* Lib. IV. de DocL Chris.
cap. 2o,
TABLA
\

DEL SEGUNDO TOMO.

V I I . E Xámen del Sermón sobre


el amor de Dios. Pág¿ i .
§, VIII. Examen del Sermón sobre
la ambición. 50.
IX.Exámen del Sermón sobre la
felicidad de los Justos* 83.

PARTE II.

Defeétos comunes á todos los Sermo­


nes del P. Eliséo..

§. I. Defe&o de Doctrina Sagrada, ráp*


§. II. Defecto de Tradición Apostó-
lica .' _ i SS.
§. III* Dcfcfío de Antigüedades
Eclesiásticas. . ítfg.
§. lV,Defe¿to de explicación deia
Religión, y sus Misterios. *81*
§* V. Defeéto en' proponer los me­
dios para Cumplir con la perfec­
ción Evangélica. 203*
§* VI, Defecto de Oratoria* 133,,
E R R A T A S .
PROTESTA.

P AG. I. lin. 3 Chrístianísímo Ckrlstia-


nismo, P. II. lin. 6 Exámen 3 de sin coma.
Pag. XII. lin. 19 Conidio Corneille.

PARTE I.

Pag. 34 1. 16 puede, asentir comam


Pag. 17 1. a i ministros misterios. Pag. 3o
h 5 obligará obligara. Pag. 86 lin,. ultima
monumentos momentos* Pag. ia r lin.
nollite nolite. Pag. 134 lin. 3 Bosso et lía -
ssuet, Pag. 144 lin. 9 ci Padre alPadre.
Pag. i$alin a lees /ej íj. 16a lin*
14 ne que ñeque. Pag, 180 lin. la cente­
llado czntelhado- Pag» 183 lin* 7 dexarle
Jexar* Pag. 4 17 lin. 4 T á a 4 /a. Pag,
&a3 lin* 1 f- conformidad, predica j¿íz ciwitf*

PARTE IL

- Pag. laS lin. penult. tu fin mí f n , Pag*


lin. qd y a i practicado , asi 3 sin cama*
Pag. ió i Un. p que aquellos que á aquellos*
Pag. 16a lin. 14. halla en divinos halla en lop
divinos. Pag. 173 lin. 27 practicar practicas*
Pag. ip f lin. ule. dar la darla* Pag* aotíí
lia. a un especie una especie*
(O

, PROTESTA

Y O miro, L,e&or mió, al F, Eliséo


por las prendas que le adornaron
en su v id a , según las relaciones qup
se nos han dado, como un Religio­
so digno de una Orden tan fecunda
en hombres y mugeres, que han hon­
rado con sus, virtudes y letras al
Christianísimo, y que ha sido ? y es
gloria de nuestra España, La mo­
destia , el retiro, la obediencia , la
mortificación, el zelo , y la caridad,
que brillaron en el P t E liséo, produ­
cen en mí aquella emulación santa, á
que nos provoca el Apóstol por las
personas dotadas de piedad, Pero qo-*
roo sus Sermones puedan ser ? sin
perjuicio de su virtud, defeftuosos#
(«■)
intítiles , y tal vez peligrosos en nues«.
tros púlpitos , y en manos de nues­
tros Compatriotas, me ha parecido
que , en obsequio de la Religión, y
en honra de la Nación, podía y de­
bía hacer Exam en, de elíos, para
manifestar los capítulos en que son
reprehensibles.
La le&úra del primer Sermón me
inspiró un horror, que pasóá escán­
dalo en la del segundo , y casi no
podía creer, que leía en castellano la
explicación del espantoso sistema del
materialismo en un libro,que se ven­
día sin reserva 5 ¿y podría quedarme
indiferente á vista de ^sto ^ y mas
quando reconocí una impugnación
débilísima , y obscura? La continua­
ción me descubrió muchos princi*'
pios de Moral errados: muchos dog­
mas tratados con error, ó con des-
cuido : contradicciones muy visibles:
asuntos , unos mal deducidos , otros
propuestos sin regla 3 y algunos muy
impropios de la Cátedra del Espí­
ritu Santo. H a llé, que lss Santas Es­
crituras , cuya letra , y explicación?
conforme á la inteligencia de los
Padres y sentidos de la Iglesia , de*
ben ser toda la sustancia de un Ser­
món , apenas entran en los suyos, y
eso con muchos defe&os. Observé
unas idéas sobre la virtud mas pro­
pias de Sócrates , y de Platón , que
de Jesu-Chrísto y sus Discípulos.
Note un vacío inmenso de instruc­
ción sobre las máximas del Evan­
gelio : los medios de adquirir ? au­
mentar , y conservar la gracia de
D io s, y los dones de su Espíritu:
sobre el uso , y aplicación de los Sa­
cramentos : casi nada de explicación
* 3
(iv )
de los misterios 5 y e$o poco envuel­
to ea Frases y periodos mas obscuros
para el común de los christianos*
que los mismos mysterios. Peto ló
inas singular es , que fentre tama con*
fusión * y desaciertos todo lo sacá
de los IluStrísimos Obispos dé Clei>
imont, y de Nimes, cuyos pensamien*
tos y sentencias estropea de suerte*
que no pocas veces convierte en
proposiciones falsas, ó peligrosas laá
nías sanas é instructivas de aquellos
fcabioá Prelados 5 y si alguna veat
habla bien s es quando los copia á
ía letra*
En fin conocí por Jas subscrip­
cio n e s , que estos Sermones iban á
¡esparcirse por todos nuestros domi­
nios, así por la le&ura ^ como por
la prisa que se daría la turba de
nuestros Predicadores sencillos * é
inocentes , que piensan brillar con
estas producciones extrangeras , y
lo consiguen muchos.entre unos oyen^
tes tan sencillos, como ellos. Ha mu­
cho tiempo, que los propios Espa­
ñoles dan en envilecer la literatura
de la patria, mas que sus Emulos,
y sobre todo los Predicadores. M i­
ran con desprecio las obras de E s­
paña , y buscan con ansia aun los
abortos de fuera. Si nuestros veci­
nos estuviesen mejor instruidos de
esta manía, se valdrían de ella , co ­
mo de una prueba eficacísima, para
la rebaxa de nuestra literatura, en
que están tan empeñados. Siguen et
guato del otro sexó: porque á imita­
ción de las Señoras, ninguno se atre^
ve ¿ salir en público, mientras no se
compone á la francesa. Acciones,
palabras j y pensamientos todo ha
de venir de allá. El oyente , qué so­
lo entiende el castellano , queda en
ayunas de una buena parte de estos
Sermones, y mas si son los del Pa­
dre Eliséo. Los propios que los pre­
dican , se vician , y así vé. cundiendo
la corrupción de nuestro idioma. Y o
estraño , que no se le haya ofrecido
á alguna de nuestras Petimetras, quan*
do oyen predicar en este estilo con­
tra las cofias, pcynados , guarni­
ciones } &c, replicar al Predicador
que \ por qué ha de condenar su
adorno á la moda 5 quando todo su
Sermón está compuesto á la moda?
Apenas anuiicia la Gazeta , ó se
sabe por otra v i a , que ha salido un
Sermonario fuera de España , quan­
do yá se escriben inumcrables car­
tas para conseguir los exemplares:
pero todavía deseo vér ? que uno de
( v il)
nuestros literatos , ó Predicadores
haya levantado la pluma para cen­
surarlo : todo agrada, todo se aplau­
de, y cada uno suspira por ser el
primero, que aturda con los tales Ser­
mones , ó los traduzca. ¡ Qué a!
contrario sucede con las obras de
nuestros Compatriotas ! Apenas se
tiene noticia de una, yá hay muchos
que piensan en impugnarla, y quan-
áo no pueden , se consuelan con di­
famarla. Bien sé, que esa será la suer­
te de este Examen: que desde luego
se mirará como un atentado censu­
rar unos Sermones, que se predicaron
en París , que han aplaudido sus
Diaristas >y que ha llenado de elo­
gios su Traduftor, Se también que
nada hará mas fuerza, que tachar­
les en la Oratoria, pero tengo la sa­
tisfacción de que ninguno los salvan
t í de mis reparos, aunque no haré
aquí mas de insinuar , y convencer
con brevedad , y solidez los mas
principales. •
Volviendo á nuestro proposito,
digo, que conocí por las subscripcio­
nes , que los Sermones del P. Elíseo
iban á estenderse por todos nuestros
dominios, no solo en perjuicio de
la R eligión, sino en descrédito de
la Nación. Lo que tienen de desedifi-
ca tivo , es m aího : lo que hay de
piedad en ello s, muy p o co , y eso
traducido yá én otros , que también
lo tomaron de los nuestros, como
he dicho en otro lugar* (*) Procura­
mos de alguri tiempo á «sta parte, re­
formar los abusos de nuestra predi-*
cacion , ¿onio lo han heého todas

(* ) 'R.BFLE'Jt. SO - l’lU N C lP , ISFL 'T K A T p


ÍR E EL PU LP. AL DEL P R E U IC .
las naciones cultas 5 que padecían
los mismos* ó mayores* N o se ha de­
cáelo de dar algún paso 5 pero si lle­
gásemos á gustar de los Sermones
del P. Eliséo , volveríamos mucho
mas atrás de donde estabamos : por­
que en lugar de frioleras, y sutilezas,
se producirían en el púlpito , no sin
escándalo, principios de irreligión*
máximas nada conformes á la santi?
dad del Evangelio, con la misma es­
casez de la verdadera palabra de
Dios r de la inteligencia de sus pre­
ceptos , y de los medios de guardar*
los , y conseguir la perfección Chria-
tiana. Nuestros antiguos Predicado­
res , los toas despreciables eti sus
Sermones Panegíricos, son infinita­
mente mejores que el P. Eliséo , y
dán mas pasto espiritual á los fieles
en los que llaman Moraks de Ferias,
(*) _

y Dominicas. Para atajar tanto mal,


quanto fuese de mi parte , he toma­
do este trabajo, en que mas trato de
alentar á la reforma del pulpito, dan*
do á conocer los verdaderos mode^
los,q u e deben seguirse} y los perni­
ciosos ejem plares, como el del Pa­
dre Eliséo y otros, que deben huir­
se , junto con las regias instru&ivas:
que satirizar á aquel. Todo lo fundo
en la Sagrada Escritura , que es la
que enseña } que cosa es predicar,
lo que j y como ha de predicarse.
Creo que ningún Predicador juicioso
se arrepentirá de leer esta Obra : y
y que los Novicios hallarán en ella
mucha do&rina, é instrucción para
el ministerio, que toman á su cargo,
y cuyo buen desempeño debe corres­
ponder á su grandeza.
N o te espantes , Le&or 5 con los
( x i)
elogios, que has oído hacer de estos
Sermones: advierte quien los ha he­
cho, y desconfiarás de ellos. ¿ A cá 7
so los ha ponderado Rbssouet ? Bour-
daloue , Señery , ó el V .P . Fr. Luis
de Granada? ¿Sus Panegyristas sor?
sugeíos de profesion teológica, y
versados en la predicación ? N ada
de eso.’El Diario Eclesiástico de Pa-?
rís ha sido el clarin de tanta fama*
Pensarás que es alguna junta dé
D o lo re s de Sorbona la que dá alien­
to á ese clarin 5 pues sab e, que no
tiene mas de Do£tor r ni de E cle­
siástico ? como se intitula ^ que nqes^
tros,.,,*,, Tratan materias eclesiásti­
cas , porque la hinchazón ó la igno­
rancia h ace, que qualquier erudito
pase aquel precepto de trafyent f i ­
brilla fa b r il Unos hombres 5 que no
han versado la Escritura ? ni losP a-
(x a )
d re s, que no se han puesto á pro-*
bar sus fuerzas, en loque es predi­
car , y que no tienen mas caudal,
que quatro reglas de Retórica, y al­
guna tintura de Humanidades , ha­
blan de los Sermones, como si exa­
minasen alguna oracion de Tulio, y
es hacerles gran favor. Si estás acos­
tumbrado á ver los elogios, que ha­
cen á sus Predicadores los del País
de los Diaristas, conocerás su mal
método en la materia , y estarás, co­
mo y o , fastidiado ó irritado de ver*
que hacen los paralélos, no con los
Profetas, coa los Apóstoles, n¡ coa
los Padres ; stno con los reformado­
res de su poesía y teatro. Mascaron
esCrebillon, Flechier Ráem e, Bos-
suet C o rn elio ,y la diferencia entre
Massillon , y Boúrdalue, la que hay
entre los dos últimos poetas*
El P, Provincial , aunque íe su­
ponga D oflor , merece la exclusiva
por pariente, y amigo $ £ero su mu­
cha religiosidad no le permitió vo ­
tar j y dexo al juicio de los Diaris­
tas , caraSf erizar el genero, de elo^
qüencia del P. Eliséo 5 y señalarle el
lugar que debe ocupar entre los Ora-
dotes Christianos, que ha celebrada
la fama. Por la que mira á nuestra
Traductor \ es sospechoso el elogia
por el interés que tiene en él s y crea
de sus lu ces, é ingenuidad que con­
fesará su insuficiencia para hablar
en punto de Sermones. En fin estoy
persuadid^ que el P. Eliséa jamás
pensó en imprimirlos , que en su
vida no hubieran vista la lu s : y
que si tuv¡e$emos una mesa Censo­
ria > tampoco hubiera entrado en
prensa la traducción*
TABLA.
P A R T E I.

§• I. Exátnen del I. Punto del


Sermón sobre la Increduli­
dad, Pag.
§. II. Medio que debió seguir el
P. Eliséo para su intento. 39*
§. III. Malos principios, y subdi­
visión de la II. Parte. 74,
,§. IV. Perniciosos efeétos que
puede causar á nuestra fee la
traducción de este Sermón, el
siguiente, y" los dos..sobre la
Honradéz sin la Religión* 106*
5. V. Exámen de los otros Ser- ;
mones indicados en el antece­
dente. 120*
§, VI, Escámen del Sermón sobre
la excelencia de la Moral
Christiana. 179.
P A R T E I

§. i.

EXAM EN D E L PRIMER PUNTO


D E L SERM O K

SO B R E LA IN C R E D U L ID A D .

E s t a pieza, que filtrada cotí una


atención ligera ; y superficial de sus
clausulas,' parece que desempeña el
asunto dé sú Autor, está muy lexos , si
se exáiúina con juicio, y madurez , dé
convencer al incrédulo- * que es su ob­
jeto. Prescindo ahora de §u traducción
ai Castellano , la qual éti vez de edifi­
car i é instruir, estoy bien persuadido
A que es peligíosísiína, y aventura lá
piedad dé los incautos * como maní-
A
2 . EXAMEN DE LOS

festaré despues. V oy á contemplarla


en sí misma 7 y sin respeto á la traduc­
ción.
Quiso el P. Eliséo en este sermón
recoger lo que le pareció mejor de
quanto había dicho contra la incre­
dulidad el Ilustrísimo Obispo de Cler-
mont J. B. Massillon en los suyos so­
bre la verdad de la Religión : sobre la
verdad de la otra vida eterna ; y sobre
las dudas acerca de la Religión. Si hu­
biese acertado con la execucion de
este proyecto, añadiendo lo que íe fal­
ta de nervio á aquel Prelado, sería loa­
ble , y útilísimo su trabajo ; pero 7 por
desgracia, para disfrazar su plagio*
desnudó los pensamientos de Massi-
lton de la tal qual fuerza, que les dá
con la unión» y ftuidéz de su estilo*
Lo peor es, que sacando de sus qui­
cios algunas proposicioneslas tergi­
versa de suerte , que subministra ar­
mas al incrédulo en lugar de de-
SERM. B E L P , ELISEO. $

sarmarle. Veamoslo.
E l P. Eliséo anuncia y divide así
su asunto : " ini animo es exponer los
5?falsos pretextos , y los verdaderos
>?motivos de la incredulidad, á que se
«reduce toda la división de este dis~
» curso.’1 (a) En esta proposicion fal­
ta la dote esencialísima de la clari­
dad : porque ni aún vislumbre dá , no
digo idéa , de lo que vá á probar en
el discurso , á fin de que los oyentes
menos instruidos lleven entendido des­
de luego, qual es la verdad, que se les
quiere persuadir : ó la suma de el he.
cho, que ha deprobarseles* Fuera de
este ■
defeco , dá lugar á que piense el
vulgo de un auditorio , que el in­
crédulo puede tener motivos verda­
deros , para no dar crédito á la .Reli­
gión Christiana. Este tropiezo se qui­
taba diciendo, que,quería exponer la

(a) P ag. 4, *1 fin,


A 2
4 EXAMEN D E IO S

falsedad de los fundamentos, en que se


apoya la incredulidad : y la maligni­
dad de los motivos T que mueven en
realidad al incrédulo. Con todo eso
no tendría toda la claridad necesaria:
porque no indicaba los fundamentos,
ni los motivos , como era menester*
Hácese mas reprehensible este defeétoT
siendo digesta , ó bimembre ( como
dicen los Retóricos ) aquella proposi*
cion : ó por mejor decir , quando di­
vide en dos proposiciones su asunto,
pues á favor de la claridad se inven­
tó , y permite la partición.
De aquí resulta 7 que el P, Eliséo
se vé despues en la necesidad de vol­
ver á partir cada una de sus proposi­
ciones en otras dos , 6 tres. Yo le dis­
culpo por la copia de exern piares, que
hay de este vicio especialmente en­
tre los. Franceses, los quales no po­
cas veces subdividen los miembros de
la segunda partición. No nos cansa^
SERM* D E t F* ELISEO. g

rémos de vocear los nombres de Ci­


cerón , y Demóstenes; de Crisósto-
mo , y Basilio , estos como modelos
de la elocuencia sagrada , y aquellos
como exemplares de la profana ; pe­
ro tampoco parece, que acabarémos
de imitarles. Bien percibe cada qual
mientras lee las oraciones de tales
maestros, que contienen diferentes par­
tes , y miembros, en que sucesivamen­
te “se dividen ; pero no vé al orador,
á modo de Demostrador anatómico
con la cuchilla en la mano , explican-*
do lo que es carne , lo que es hueso,
lo que es cartílago , ni individuali’
zar en cada una de estas partes la tú­
nica , el músculo, y la fibra. E l lec­
tor , si pone mucha atención , va in­
sensiblemente descubriendo las dife­
rencias 7 que el orador procura artifi­
ciosamente ocultarle con la sutileza
de las transiciones , para manifestar­
le un cuerpo sanó, vivo , y hermoso,
a 3
6 EXAMEN DE LOS
y no' un malhechor desquartizado.
Bien sé, que el Romano en algunas
de sus oraciones usa de la proposi-
cion digesta , y la divide desde el
exordio en d o s, ó tres partes ; pero
también se advertirá , que solamente
lo hace quando le obliga á ello la na­
turaleza de la causa , y así lo indica:
que en cada miembro descubre con
claridad lo que vá á probar : que no
vuelve á partirlos , ó subdividirlos; y
que en la orácion pro Quindtio moteja
con donaire al célebre Q. Hortensio,
que siempre dividía en partes el asun­
to de su causa, (r) Lo cierto es 4 que

( t) F a c i a M j q u o jd h a c f a c ia m » fro pte -

t í ; AHIMAT3VEJV- R E A , QtFOI) TM HAC V I -


T í F A C E R E , HDIt TF/NSI! DEOH POSSE : QITOn T í -

ÍTOTAM CAUSSJR Jíl N A T U R A D A T > UT


DICTIOW EM C E R T A S IN S E M P E R POSSÍS, lli Mt-
PARTES T1TVIDAM. T u H I CAUSA DAT U T H O -

ID S E M P E R U aC ÍS? QÜ IA D IE P 05S IM . C¡C* Orát•


s e m p e r p o t e s : e g o im pro P* Quinfíio*
SERM. DEL P. ELISEO. Jf

la proposición vaga , y aún equívoca,


con que propone, y divide su asunto
el P. Eliséo , y las subdivisiones de ella
le fueron necesarias , no por la natu­
raleza de la causa , sino para zurzir
los retazos dé tres sermones de Massi-
llo n , el qual en cada uno de ellos si­
gue el método errado , y abraza diez,
ó doce proposiciones diferentes , ca­
páz qualquiera de ellas de dar materia
á un discurso contra la incredulidad.
Heme detenido un poco en hablar
de este defeélo, yá porque es común
á todos los Sermones del P. E liséo, y
á los de sus paysanos mas famosos con
notable quebrantamiento de las re­
glas elementales de la oratoria, que
tanto áfc& an: yá porque se nos ven­
den con tales recomendaciones, que
los estenderán por la posta ; para que
nuestros Predicadores, que se han da­
do tanta priesa á tomarlos * y no se
darán menos en decirlos , conozcan
A 4
8 EXAOTSÍ m LOS
sus defectos : y nuestros vecinos en-1
tiendan, que no falta en España quien
sepa graduar el valor de sus Orado-:
res, aunque el vulgo de los nuestros
corre con ansia á su compra. Efi lo de­
más estimo de poquísima importancia,
y miro como friolera, estos ápices del
arte , quando un Sermón brilla con la
luz de la do&rina clara y saludable,
fundada en la palabra de D io s , apo­
yada con la autoridad de su Iglesia*
y comprobada con la inteligencia uni­
forme de los Padres ; de suerte, que la
entienda el cuerpo de los fieles en su
verdadero sentido , para que se cum­
pla la sentencia del Real Profeta, que
la declaración de las palabras del Se­
ñor alumbra , y abre el entendimien­
to á los pequeños, (i)
A la obscuridad no es extranov que
siga el error , y ambos engendran,

(i) Ftalm, it8, v* 130^


SERM. DEL P. ELISEO. §1
por necesidad, la confusión , como se
advierte en este discurso. Subdivide el
p. Eliséo la primera parte de su pro-
posicion , que es exponer los falsos
pretextos de la incredulidad , en otros
dos; esto e s, reduce á dos los pretex­
tos, que determina impugnar " conven­
c ie n d o al incrédulo, de que la sumi­
s i ó n del christiano es un uso legíti-
vmo de su entendimieuto, y que la
7?revelación es necesaria” (a) Parece-
me , con licencia del P. Eliséo , que
en esta subdivisión vuelve á padecer
error; y me fundo , en que su Paterni.
dad muy pocas lineas antes de ha­
cerla , dice v que los incrédulos no
conocen en materia de Religión otros
Jueces * ni otros arbitro? que la ra~
Mzon, á cuyo Tribunal apelan del pre-
?>cepto que se les impone de creer en
wdogmas que no entienden 5 y si re~

(a) Pag, 6- al pritic.


to EXAHÍEN DE LOS
«sisten á someterse al yugo de la fee*
*5es porque la Religión Christiana se
opone, á su entender, á los derechos
«de la razón, y porque la revelación
«es inútil ” (a) De aquí se sigue, que
el incrédulo no toma por pretexto la
ilegitimidad de 3a sumisión de su en­
tendimiento , y la inutilidad de la re­
velación ; sino que tiene por fundamen­
to de su opinion la suficiencia de la
razón , que, en su entender , basta pa­
ra darle á conocer quanto ha de obrar,
y creer: suficiencia que le obliga á re­
chazar la revelación como contraria i
á los gages.de su entendimiento. Este
es el fundamento de la incredulidad,
al qual no puede , sin error, darse el
nombre de pretexto : ni es divisible
en dos; porque si mira como inútil la
revelación es porque tiene por sufi­
ciente al entendimiento. Contra este ci-

(a ) P ag. 5+ al fin.
SERM. DEL P. ELISEO. I f

miento debió combatir el P. Eliséo


con razones, que convenciesen la in­
suficiencia de la razón humana , así
para los arcanos de la fe e , como pa­
ra la execudon meritoria de los pre­
ceptos. Pensó disfrazar su plagio , y
se engañó.
Porque el Obispo de Clermont en
su discurso sobre la verdad de la Re­
ligión, (cuyos pensamientos bebe nues­
tro Eliséo como iremos viendo ) prue­
ba, que la sumisión del christiano es el
Uso mas prudente ^ que puede hacer
de su razón, y el mas glorioso; pero
ni d ice, que vá á convencer al incré­
dulo , sino á consolar á los que creen,
persuadiéndoles, que la fee , que pa­
rece el escollo de la razón , es su úni­
co consuelo, su única gula , y su úni-
co recurso: ni que es un pretexto del
incrédulo, sino una vana, afe&acion
de talento , un errado difam en de so-
bervia * y un deséo indiscreto de in-
12 ÉX AMEN DE LOS

dependencia. En una palabra , Massi­


llon no piensa mas que en hacer la
apología de la Religión de Jesu Chris­
to contra la incredulidad ,, como lo
dice claramente : el P. Eliséo intenta
con los mismos principios , que solo
se dirijen á libertarnos de la ridicula
burla de crédulos , pusilánimes, y su­
persticiosos , con que nos mofa el in­
crédulo , convencerle la falsedad de
su fundamento , haciendo de él dos
pretextos: sin advertir que para con­
vencer al im pío, es menester servirse
de otras armas , como lo reconoce el
propio Massillon al . fin del Exórdio
de su Sermón sobre las dudas de la Re*
Ugion.
De la obscuridad de la proposi-
cio n , y error de la subdivisión de la
primera parte, nació la confusion, y
el trastorno. Como juzgó pretextos,
lo que era fundamento , discurrió ape­
lmazando, en lugar de proceder com­
SERM. DEL V. ELISEO. 13
batiendo : habló con los christianos
consolándoles / quando debía dirijir-
se contra los incrédulos convenciéndo­
les la insuficencía de su razón ; lo
qual no puede lograrse, sin probar la
necesidad de la revelación. Porque no
hay duda que el incrédulo discurre
así. v El Criador ( si es que cree otro
»que la naturaleza) me ha dotado de
una razón superior , capáz de cono-
ncerle quanto conviene al hombre,
9?y suficiente para conducirme á la
wobservancia de todo aquello , que pi-
»de de m í , y puede contribuir á la
wfelicidad , á que su bondad me desd­
eña* ¿Para qué , pues, se me introduce
«una revelación, por el conducto de
yjotros hombres como yo ? ¿ No sería
«■imprudencia del artífice hacer un re-
»k>x yin las piezas, muelles, y mo^
« vimícnto necesarios para su objeto?
»La sabiduría del C riad o r, que es
” perfecta en sus o b ras, me dotó de
1 4 EXAMEN DE LOS

«esta razón , para que pudiese alcan-


«2ar el fin importantísimo de mi crea-
wcion, sin necesidad de unos interme­
d i o s tan falibles por su naturaleza,
«como yo , y cuyos testimonios en
«materia tan delicada debo exáminar
«escrupulosamente, para admitirlos/'
Así desprecia el incrédulo la re­
velación por la suficiencia de su ra­
zón. Nosotros para convencerle debe­
mos invertir el órden , y fundar la ne*
eesidad de la revelación en la" sobera­
nía de los objetos de la Religión * á la
qual tío puede alcanzar el entendimien­
to mas ilustrado T por la. -impenetrable
lidad de ios misterios T la excelencia
de los preceptos T y la sobrcnaturali-
dad de los m edios, y de los fines á
que no puede alcanzar una razón limi­
tada ^ viciada, y propensa al error.
No hay otro medio de convencer al in­
crédulo , el qual sin esta convicción,
siempre mirará la sumisión del chris-
SERM. DEL F. ELISEO. I g
tíano con desden , como flaqueza , ó
preocupación de su juicio* Si el P. Eli­
séo hubiese tomado este orden, le hu->
biera sido fácil enlazar la divina eco­
nomía de la Religión, que convence
por consecuencia la insuficiencia de la
razón tan exáltada de los Filósofos
presumidos , los qual es confunden la
naturaleza de las cosas de la fee con
la de la materia , que están acostum­
brados á exáminar.
, Entremos ya mas al fondo , y re­
gistremos la amplificación , y prue­
bas del P. Eliséo. Sienta por principio
elementaltc que el uso legítimo de la
« razón debe ser proporcionado i sus
«fuerzas/7 (a) Este es el principio ele­
mental de los incrédulos. ¿Quién cree­
ría , que se alucinase así el P. Eliséo?
¿quién había de pensar, que quando
pretende cortar la cabeza á la hy-

(a) Pag. ó. lin. ia .


l6 EXAMEN DE LOS

dra de la incredulidad, la dé lá maño,


para que se sostenga ? wLuego lo que
«yo discurro (infiere el incrédulo) es
«un uso legítimo de mi razón : porque
??si lo discurro , es necesario conce-
«derme , que tengo bastantes fuerzas
«para ello. Yo discurro , que mi razoíi
«con aquella ley que me diéta , y
«traigo impresa en mi alm a, es süfi-
99cíente para conducirme , y que doy
» á la divinidad todo el culto i que la
«debo, solo con amar la justicia, se­
g u ir la , y usar de caridad con el p r o
»ximo: luego es invitil qualquicra otra
«revelación, y despreciable qualquie*
«ra obligación, 6 precepto* que se fun-
»de en ella-”
Amplía el mismo principio núes*
tro Elíseo , dando mas osadía á las
falsas consecuencias del incrédulo. Por­
que t dice f v adoptar sin exáíiíen lo
« verdadero , y lo falso , imponer silen-
??ció á la razón, quando ésta tiene de>
SERM. DEL P. ELISEO. l f

ff techo de juzgar: creer sin exáminar


v los motivos de la creencia , y sacri-
«ficar las potencias á una autoridad
«que no debe sujetarlas, confieso, que
ves una fee imprudente , y temeraria,
» y un omenage indigno del todo po­
nderoso ” (a) De aquí vuelve á inferir
el incrédulo , que no puede ser repre­
hensible , siguiendo el dictamen de su
razón , fundada en unos principios,
que él tiene por luminosos , contra los
quales no encuentra razón mas pode­
rosa. Porque si exámina , como debe
según la do&rina del P. Eliséo , los
motivos de la creencia en tantos dog­
mas , y artículos , como propone la
Religión Christiana, unos absolutamen­
te incomprehensibles, otros incompa­
tibles con loqu e discurre; y en rati­
tas máximas , y preceptos contrarios,
en su opinion, á su constitución física,

(a) Pag* <5, desde U Un* tj#


B
l8 EXAMEN DE LOS
y á su conservación , hallará , que en
adoptarlas , y someterse ciegamente»
hace al Todo-poderoso un sacrificio
indigno de la razón , que le ha dado
con derecho , y aún con obligación
(según el P. Eliséo ) de juzgar , y e x á -
minar lo que debe., creer. Qualquiera
autoridad , que pretenda erigir un tri­
bunal contra su razón , sujetándola á
creer, y praéticar aquello que no pue­
de componer con el uso de sus poten­
cias , será (según el P. Eliséo) un Tira­
no , que la usurpa sus derechos mas
sagrados, y la obliga á quebrantar la
obligación mas inviolable* Tales son
las funestas consecuencias , que natu­
ralmente se deducen de los primeros
principios que sienta el P. Eliséo.rt ¿Son
cestos los Sermones que se dirijen á
«convencer el entendimiento ; en los
«quales la fuerza del raciocinio desar-
» ma la impiedad , y la malicia , sin
«dexarlas arbitrio alguno para la re-
SERM. DEL P. ELISEO. 1 9
« sistencia } ¿ los que combaten con
» valentía la incredulidad ? ” (a)
En efedo ella tiene por principio
sobre que se ap oya, y sobre.que gi­
ran los discursos, con que ha infes*.
tado la E uropa, particularmente la
Francia desde mitad del siglo XVII.
las proposiciones :referidas, .Creo con
bastante fundamento, que el Obispo
de Clermont hablando con juicio,
dicí margen á que nuestro Eliséo dís-.
curriese con error. Aquel dice ( b ) L a
9}sumisión á las verdades que se nos
«proponen para que las creamos, pue-.
«de tenerse por credulidad , ó por
«parte de la autoridad que nos las pro-
«pone; y si ésta fuese leve , sería ila-
«queza el creerla : ó por parte de
las cosas, que se nos quieren persua-

(a) Prologo del sobre U verdad de


Tradu&or. la Relig. .al prlncl-
(b) Mass. Serm* pío.
B 2
SO EXAMEN DELOS
»dir ; y si éstas se oponen á los prin­
c ip io s de la equidad , de la honesti-
» dad, de la sociedad, ó de la concien-
« c ia , será ignorancia récibirlas como
v verdaderas : ó finalmente, por par­
iste de los motivos que se alegan pa-
«ra persuadirnos; y si éstos son va­
is nos , frívolos , é incapaces de deter-
» minar á un entendimiento prudente,
«será imprudencia el dexarse enga-
«ñar.” Trastornó el P. Eliséo estas
proposiciones por disimular el robo
y sacó las monstruosas, que dán armas
ál incrédulo , el qual no hallará , por
cierto , pie en las de Massillon para su
e rro r; y el christiano se consolará
en e lla s, infiriendo legítimamente cotí
el Obispo de Clermont..„ "que la auto-
»ridad que le pide la sumisión de su en­
cendim iento , es la mayor, la mas res­
p e t a b le , y la mejor fundada que hay
«en la tierra : Las verdades, que se
wle persuaden, son conformes i los
Serm» d e l p. e l í s e o , 21
s>principios de la equidad , de la ho-
«nestidad ¿ de la sociedad * ;y de la
9>conciencia : finalmente que los mo­
litivos con que se pretende persuadir­
íale son los mas decisivos, los mas
»triunfantes, y los mas propios para
«sujetar los espíritus menos crédulos.”
De aquí desciende M assillon, no á
convencer la incredulidad , sino á dis­
currir , ¿quién usa con mas prudencia
de su razón, si el fiel que cree * ó el
incrédulo que reusa creer ? pero an­
tes de todo esto dice Empecemos su-
poniendo que la fee , y no la razón
??es la que forma los christianos , y
«que el primer paso que se pide á un
«discípulo de Jesu Christo / e s que
«cautive su entendimiento,.y que -creí*
1?lo que 110 puede ■
comprehender : que
o la razón tiene sus límites ;■pero que
« también tiene su uso en la fee.” (a)

(a) Ibid.
a
22 EXAMEN DE LOS
Salva indispensable para la Apolo­
gía que iba á hacer : y que le faltó al
P. Eliséo , debiendo ser , no la salva,
.sino el principio de convencimiento
. contra; el incrédulo , que se propuso
combatir.
Sigámosle, y ^veamos las pruebas
de que se sirve para su intento: esto
es , que la sumisión del 'christiano no
se opone■á los derechos de la razón,
después de haber sentado, que ésta de­
be examinar los motivos de la creeri-
- cia para no sujetarse á una autoridad
que no debe, haciendo un omenage
indigno del Todo-poderoso, y que la
proporcíon de sus fuerzas es la medi­
da del uso legítimo del entendimiento.
Supongo antes á favor del P. Eliséo,
que su incrédulo no niegue la exis­
tencia de un Dios criador , y atento
al bien de los hombres. Ese mismo in­
crédulo niega , que Dios ha hablado,
y que se haya ocupado en rev ela rlo -
SERM, DEL P* ELISEO. 23

sa alguna porque está persuadido á


que con la razón le infundió todo el
conocimiento, que necesitaba para dar­
le cuitó , y servirle. ¿Cómo , pues, le
convence de que Dios ha hablado?
TCPorque (d ic e ) querer estender mas
allá de los límites debidos el poder
de la razón, pretender que la natu-
j? raleza y la Religión nada tienen
«oculto para ella, negarse á sujetar
«su entendimiento á la autoridad de
»un Dios que nos revela sus misterios,
«esto es precipitar.el hombre su jui-
??ció en un abismo de errores, y dispu­
t a r al ser supremo su omnipotencia,
?jy su soberana verdad/* (a) Este es
principio,cató]ico ; pero incompatible
con los derechos absolutos, que acaba
de conceder á la razón : y este prin­
cipio Je. conducía á probar ante todas
cosas la realidad, ó existencia de la

(a) P ig , ú lin* ap. 8rc,


B4
24 EXAMEN DE LOS
revelación: porque antes de conven­
cer esta verdad, es escribir en el agua
quanto se diga al incrédulo sobre nues­
tros misterios , y máximas, cuyas ra­
zones no alcanza , y á que solo pue­
de, asentir convencido de que un Sér
Criador del hombre y su razón , lo ha
revelado , ó lo ha mandado* Sin este
fundamento, replicará el incrédulo,
" Que en no asentir, ni precipita su jui-
»cio: ni disputa al Sér supremo su om-
«nipotencia, ni le niega su soberana
í>verdad: que solo niega, y disputa que
»se haya dignado, ni tenido necesidad
j>de hablar á otro hombre para que él
??sepa lo que ha de hacer, y creer: que
??en esta disputa , lexos de precipitar
«su juicio, le arregla á sus derechos
» constantes, de exáminar los motivos
» de la creencia : de no imponerle sr-
íílencio, en lo que tiene derecho de juz-
?>gar, para no precipitarse por una fee
» temeraria, á hacer de su entendimien-
SERMé DEL P. ELISEO. 2$
»to un omenage indigno del Todo-po­
nderoso.” ¿Y á esto llama el Traduétor
aniquilar las objeciones con las razo­
nes mas sólidas, y eficaces ; de ma­
nera que dexa confundido, y conven­
cido enteramente al pecador?
Prosigue nuestro Eliséo, y dice:
"supuesto este principio de él se si­
egue & c ,” (a) ¿Quái es el principio
que dá por supuesto? que estender mas
allá de sus límites el poder de la ra­
zón , y negarse á sujetar su entendi­
miento á la autoridad de un Dios que
nos revela sus misterios, es precipi­
tar el juicio en un abismo & c. Esto
que el P, Eliséo supone como princi-
pió * es en realidad el estado de la
qiiestion , que se reduce; i . á saber si
Dios ha hablado : 2. qué es lo que ha
bablado; el incrédulo niega uno , y
o tro : el P+ Eliséo supone ambas CO7

00 Pag. .7. lín. 3.


2 6 . EXAM EN DE LOS

sas como principio : ¡ lindo modo de


convencer ! ÍCSupuesto este principio
» (dice en tono de conclusión) de él se
«sigue que no se degrada la razón
?>por ocultarla unos misterios * cuy#
vinteligencia no la es necesaria que
el entendimiento humano no debe
s?desear comprehender quando se ha-
wlia plenamente convencido , (*) que
»el mismo Dios es el que ha revelá­
is do estos arcanos impenetrables : que
» aquella ceguedad voluntaria, y aque­
l l a violencia en que consiste el mé-
rito de la fee , ennoblecen , y pe¿v
íí feccionan el entendimiento : y fináis
» mente que la - sumisión del christia-
>>no es prudente qimndo la autoridad
¿ráque sacrifica Sus potencias le sub-r
ministra razones evidentes que le

-Aquí pon e at tttaclon : to ci&rto e j ,


T ra d u cto r -punto y co^ que no debe m e tí
ma i no Je j i t i o rig i- de una como, p a r a el
n a l ten d rá p tifi- ■-sentida* .
SERM; DEL P, ELISEO. 2f
» persuaden y convencen.” . • :
Yo no he visto un desbarate igual.
E l P* Eliséo comienza con lo que de­
bía acabar ; supone lo que había de
probar , y saca las consecuencias co­
mo si ya hubiese probado. Quando el
incrédulo esté plenamente convenci­
d o , que el mismo Dios es el que ha
revelado estos misterios incomprehen­
sibles ; no deseará comprehender , ni
juzgará que se degrada l a . razón en
ocultarlos; pero mientras no se le con­
venza de eso ¿cámo ,se le ha-de pri­
var de aquel derecho ó uso legítimo
de su ' razón según sus fuerzas y st
le ha de obligar á adoptar sin exá-
men;: á callar quando tiene facultad
de juzgar : y á sacrificar sus potencias
á una autoridad que no debe ?- Ade­
más de eso, aquello de ocultar á la
tazón unos ministros ciiyct inteligencia
no te es necesaria y para mí un enig­
ma impenetrable : porque justamente
fi 8 EXAMEN DE LOS

los misterios que mas se ocultan á la


razón , como el de la Trinidad , y la
Encarnación, son los que tenemos por
mas necesarios , y por consiguiente,
de los que debe estar el entendimien­
to mas convencido despues de un exá-
men sério de los motivos de su creen­
cia* Si por inteligencia entiende el P.
Eliséo demostración , verdad , que
según nuestros dogmas , no hemos de
buscarla en los misterios, á los quales
debemos creer ciegamente , contra los
sentidos , y sobre la razón ; i pero
por qué ? porque creemos, que Dios
los ha revelado; mas al incrédulo, que
niega la revelación, es menester con­
vencerle, que la habido. Esto viene de
que el P. Eliséo habla como Massillon
éíi tono apologético, sin acordarse de
la diferencia de su proposicion.
Vamos por sus pisadas , que ya pa­
rece, que vá á desplegar las pruebas
convincentes de la fee. ^ Ahora bien,
SERM» DEL F. ELISEO. 29

» oyentes mios , ¿qué autoridad hay


» m a y o r, mas respetable , y mejor
«fundada que la de la Religión Chris-
Mtiana ? ¿dónde habrá razones mas
«decisivas , mas eficaces , y mas pro-
» pías para vencer los ánimos menos
wcrédulos ? ’* dice el P. Eliséo, (a) Es­
tamos á punto quando no de oír ha­
blar al mismo Dios , á lo menos de
sentir en cierto modo su voz 7 y no
dudar de que ha hablado: esto es , de
conocer como Heli , que su M ajes­
tad había hablado á Samuél. (1) Pero
quando yo esperaba del P. Eliséo uno
de aquellos qitadros, que me deslum­
brase con una claridad , que descen­
diendo del Cielo rompiese con su res­
plandor las nubes , hasta dar sobre
la cabeza de A dán, y desde ella ilus­
trase á Abél, y á todos los Justos, y Pa­
triarcas de la ley antigua, los quales la

(0 P a g- (0 i, A í f . 3.
go EXAMEN DE LOS
recibiesen postrados , y cerrados los
ojos en muestra de su natural insufi­
ciencia á tan divina lu z , que penetran­
do lo interior de sus almas les obligar
r á á creer lo que no podían conocer,
y á esperar lo que no eran capaces de
pensar sin tan soberano auxilio: me en­
cuentro, con que toma á un christiano
de nuestro siglo, y excitando la efica­
cia de su fee, le coloca en el Parayso,
á que reconozca la antigüedad de su
culto , y por ella la verdad de su Re­
ligión , viendo que el primer hombre
que salió de las manos de Dios rm-
«dio omenage al Sér Supremo : y que
weste Dios que adoramos fue el objeto
«de su cu lto ; y la historia de nuestra
wReligión empieza al nacimiento del
?>universo entero.” (a)
¿Qué palabras de Dios ha oído es­
te christiano en aquella situación? ¿Qué

{ a) Pag. 8. á lin.
SERM. DEL P. ELISEO. 3 I

le dixo entonces Dios á Adán , y co­


mo lo oye este hombre que se coloca
á su lado ? E lP . Eliséo, lo calla : con
que le será forzoso ir á otra parte á
saberlo. Tampoco nos dice, qual fue el
culto del primer hombre, para cote­
jarle con el nuestro , y ver si vamos
errados. Y a dice "q u e habiendo el
97hombre caído en la culp a, oyó en
«la sentencia misma de su condena^-
■wcion hablar de una gracia venidera;,
7>y recibió la...promesa del libertador
*>&c*v (a) y prosigue con: un brevísi­
mo , y enigmático epilogo de los sa­
crificios de la ley antigua , que figu­
raban á aquel-líbertador ,.a l qual mi­
raban los» Profetas que unas veces le
representaban en la obscuridad como
ví&ima agoviada , y. otras con el res­
plandor de ¡su, gloria como un Prínci-
peterríhls-y cuyo imperio se estiende

(d) iVi Í Hila I|*


32 EXAMEN DE LOS
por todas las generaciones , á quien
rodean Reyes humillados, y concluye
"en fin llega el tiempo en que el Li-
wbertador debe consumar la obra de
77nuestra redención.*' (a) ¡Hermoso len-
guage para convencer á un incrédu­
lo , que si cree que hubo Adán , se
rie del precepto, se burla de la caí­
da , mofa la fruta , y tanto cree que
habló Dios , como la serpiente l Aún
para un pueblo christiano , y sin mez­
cla de impíos , era un idioma impene­
trable , que le haría bostezar mien­
tras no se le explicaba, quáles eran las
promesas , quien el libertador , quien
el Mesías, qual el sacrificio de Abraan:
que la im mola clon del Cordero : la
erección de la serpiente ; la elección
de las ví&imas ¿kc. Todas estas son
frases, y figuras propias, para hablar
en la Synagoga, donde todbs estíibaa

(a) Pag. 10. Un, f* ^ ;


SERM. DEL P. ELISEO. 3g
ilustrados en.su. significación ; pero pa­
ra nuestros auditores no son mas qüe
enigmas , y para los libertinos ridicu­
leces. ¿ Quién sufrirá que sin haber
nombrado desde el principio de la
primera parte á Jesu Christo , ni to­
marle en boca en toda e lla , se venga
el P. Eliséo á defender , y explicar su
Religión con el epíteto solo de el L i­
bertador ? Las Profecías (sigue) se
cumplen : la realidad disipa las som-
nbras , y las figuras , la sangre de la
«víétima de propiciación se ofrece por
«todos los hombres , y el justo es sa­
c r i f i c a d l a ) ” ¿Qué entiende, no digo
la muger , y el rustico: el negocian­
t e , y e l■
Soldado ; pero casi todó un
auditorio de profecías, y cumplimien­
t o ; de realidad , y sombras: de ví¿ti-
m a, y propiciación ? Lo mismo digo
cíe la siguiente clausula írpero la.muei>

(a) Ibi. lib* 9.


C
34 examen de los
» te queda vencida con sus propias ar*
«mas. ” (a) Parece que se esmeraba el
P. Eliséo en hablar de suerte, que se
verificase con sus oyentes la amenaza
del Señor á los Hebreos rebeldes , que
oyendo no oirían , ni entenderían.
Puede ponerse: £ la conclusión de la
mayor parte de sus pruebas , y pen­
samientos aquello- del Evangelio qui
habet aures audiendi audiat.
Lo que acabamos de exponer con*
cluye con la aparición del Libertador,
á quinientos discípulos que vierten su
sangre por atestiguar la verdad de su
resurrección r y continúa, tc Aquí,
«oyentes míos , se renuevan los pro*
udigios, y adquiere la Religión Címs-
«tiana un nuevo grado de evidencia
« con la predicación del Evangelio.
Pinta el abatimiento de los Apóstoles,
no disimula su rusticidad ? y dice,

(a) Ibi. lin* xa-


SERM, DEL P. ELISEO* 35
que con mandar solamente creer , se
rinden los mas rebeldes , se sujeta la
filosofía , los Cesares les toman por
maestros , y wtodo cede á la volun­
t a d de estos nuevos conquistadores;
» y ellos mismos se admiran de la ra~
«pidéz de sus conquistas,(a)” ¿Es este
el estilo desnudo de artificio que usa­
ban los Apostoles, y con que logra­
ban tanto fruto ? ¿ quánto mejor hu­
biera sido decir íeque los Cesares , los
«filósofos , y las naciones enteras se
*>rendian á la C ru z, y al Crucifica­
ndo en e lla , que predicaban unos
jj hombres sin poder , ni letras , los.
wquales penetrados de su insuficien-
«cia daban gracias al Señor de la efi-
acacia de su, palabra , con la qual
» obraba tantos prodigios por medios
»tan desproporcionados ? M No quie­
ro detenerme mas en este particular

(a) 9
Pag* ii* lint .
C2
g6 EXAMEN DE LOS
del estilo, porque se tratará separa­
damente , aunque de quando en quau-
dó es indispensable retocarle.
Pondera, con razón, las conversio­
nes de Athenas, y de Rom a: la inu­
tilidad del esfuerzo de los Tiranos : la
desolación de los templos del Paga­
nismo : el silencio de los. Oráculos:
cosas bien triviales : acinadas unas so­
bre otras ; pero dichas de un modo
que aturde. "L as obras de los hom-
vbres (dice) se miden por los años, y
?>se las lleva la rapidéz del tiempo;
?>y el polvo que el viento disipa á su
>?Arbitrio (no sé que antes del P. Eli­
séo se haya hecho esta hermosa transa
lacion de arbitrio á los soplos, 6 ra-
fagas del viento) írno es sino la ima-
» gen de su ligereza.” (n i que esta
fuese imagen, sino pruéba ; ni que la
torre de Babél fuese ligera , sino ca­
duca , ó perecedera ) "¿Q u é se han
n hecho aquellos Heróes, cuya Apotéo-
SERW. DEL P . ELISEO. 37

»sis sobstuvo la sobervia , y la adu­


la c ió n ? la muerte ( para seguir la
metaphora debía decir el tie m p o )to-
»do lo ha consumido; sus cenizas es-
wtán mezcladas con las cenizas de sus
padres & c ” O yo no entiendo lo
que llaman los Franceses galimatías:
ó este es uno de ellos. Si les parece
bien el estilo del P. Eliséo, no tienen
razón para condenar de boursouflé,
ampoulé hinchado , y soplado el de
nuestros So lis , y Feyjoo t ni tachar á
aquel de que no supo evitar en sus
Poesías el énfasis , y las imágenes in­
conducentes , usando de uno, y otro su
Eliséo en Sermones*
Pero fuera de eso ¿ de qué sirven
todos estos rasgos de antigüedad > per-
. petuidad , y milagros que añade tam­
bién el P. Eliséo , como Massillon* pa­
ra convencer al incrédulo , que Dios
ha hablado con efeéto , y revelado
cosas superiores á su razón ? Sirvióse
C 3
38 EXAMEN BE IOS
muy á proposito de estos motivos de
credibilidad el Obispo de Clermont
para animar , y consolar á los fieles,
criados en la fee de la revelación : no
para combatir al incrédulo , y con­
vencerle que Dios ha hablado , como
se propone el P. Eliséo. El incrédulo
niega parte de estos hechos como fa­
bulosos , y mira otros como efeélos
de la superstición, y del entusiasmo. La
antigüedad , y la perpetuidad no pa­
san de la clase de señales de la ver­
dad de la Religión, cuyo fundamento
esencial es la misma revelación. Por
ella era verdadera nuestra Religión
desde los dias de Abél , y no era an­
tigua todavía : por falta de ella teñe-
rnos por falso hoy el Mahometismo*
aunque cuenta ya mas de once siglos»
La impiedad es tan rancia , que desde
los primeros siglos nos manifiestan las
sagradas Escrituras generaciones po~
seídas de este irracional delirio. E l
SES-W. B i t P. ELISEO# 39
incrédulo responderá al P. Eliseo que
si Adán reconoció a l Sér Supremo
por su autor , fue. en virtud de la ra­
zón de que le dotó al formarle.: que .
él hace lo mismo , y por consiguien­
te " la historia de su, Religión empie*
*>za en Adán al tiempo del nacimien*
*>lo del universo entero (i).”

5. 11.

M E D I O Q U E B E B I O S E G U IR
e l P . Eliséo para su intento. v

E n efe&o el P* Eliséo despues de


una proposicion obscura, y equívoca,
de una subdivisión de Colegio trastor­
nada , y de deslumbrar la verdad con
el afeitado relumbrón de su estilo,
puede decirse , que antes díó armas á
la incredulidad , que triunfo á la Re-*

£1) Etis. p* 8+/. 9*


40 EXAMEK BE t O Í

ligion. Sucedióle poco menos que á


Lenglet y cuyo compendio contra Es­
pinosa justamente suprimió la misma
Francia , juzgándole mas contrario
que favorable al Christianismo. Si hu­
biese dado contra la incredulidad por
sus cimientos con la prueba de la
existencia de Dios , y de la revela­
ción , no hubiera tropezado en tan fa­
tal escollo. El confiesa en varios pa-
sages de éste , y otros Sermones que
el incrédulo niega la divinidad , y
por consiguiente sus revelaciones: lue­
go sin convencerle uno, y otro azo­
ta al ay re el que pensáre combatir­
le. Esta sc£ta en el dia , por mas
que quieta negarlo , trae su origen
del Judio Baruc Espinosa , el qual
despues de haber apostatado de M oy-
sés , recibió el bautismo con el nom­
bre de Benito ; pero no mas fiel á las
obligaciones de este Sacramento, quti
á las leyes de la circuheisiún, traxo á
SERM. BEL P. ELISÉO. 41

eximen la fee , y sacó por fruto de


áu: meditaciones el desbarro de no
re onocer otra substancia necesaria»
y existente por s í , que la de este
mundo material. No se atrevió á pro­
ducir desde luego sus errores con cla­
ridad , comenzó á sembrarlos con
maña en el Tratado Teológico-Políti­
co , que publicó el año de 1670., re­
servando el fomento de sus funestas
semillas para las obras postumas. Las
conversaciones de Espinosa eran siem­
pre respetuosas ácia el Sér Supremo*
del qual hablaba con toda veneración*
Las naciones que ha infestado, pe­
ro no domina su sistéma ? hacen guar­
dar el mismo respeto á sus se&arios,
que en el fondo son unos verdaderos
Athcos, como Baruc, y estrechados ea
particular , y sin recelo , dexan la
mascarilla * y se h alla, que la voz de
Dios ; Ser Supremo; Ente Crictdorz
primer principio : significa en sus la-
4 a EXAMEN T>E LOS

bios lo mismo que en los de Lucre­


cio , esto es la Materia , ó la N utu-
■raleza*
Nam tibí de summa Cosli ratione*
Deümque7
Disser ere zncipicm , <5? ferum pri*
mordía pandam\
Unde omneis Natura m , mc~
tet^ alatquez
Quove eadem rursum Natura p e-
rempta resolvat. (i)
y lo que en boca de Ovidio quando ex­
plicando la creación, y el Criador, dixo
tíanc Deus , & melior Utem Na**
tura diremit- (2)
Siguen en realidad el slstéma impía
del Atheniense Eplcuro ^ á quien dá
por gloria su discípulo Lucrecio ha­
ber sido el primer blasfemo, que per-

(1) Xucrec* re* (a) Ovtá. 1. Mcf


fum tíat* iVb* i> Á tliam* f<ib*
t * 49*
SERM. DEL P. ELÍSEO. 43

’díó el respeto á la divinidad : no por­


que antes de él no hubiese nacido la
raza de los impíos, como lo manifies­
ta la Escritura ; sino porque fue el
primero que redüxo á preceptos, y
principios la impiedad , y abrió es­
cuela pública de ella. Las leyes del
propio gentilismo fundadas en el sen­
timiento común de la razón casi la
habían sepultado en honra de la hu^
inanidad , hasta que en el siglo pasa­
do la renovó el apostata Espinosa, Ge­
fe de los incrédulos del nuestro : los
guales ^ como quiera que hablen, sien­
ten que no hay otro criador , ni di­
rector que la Materia , ó la Natura­
leza. Si tal vez din á entender otra
substancia superior , la miran con Lu­
crecio como un Sér poltron, que ni
crió , ni gobierna la máquina visible,
sumergido en un reposo inmortal, que
de nada cuida menos que de nosotros,
y de nuestras obras
44 EXAMEN PE LOS

• «*«■«■* kll tfl^tgClr ¥lGStYZ^


Nec bene pro mefitis capitur , neo
tangitur ira. (i)
al qual por justo retorno debemos
abandonar en la ociosidad de su mo­
rada , sin hacer de él mas aprecio que
él de nosotros. Las obras de los filó­
sofos modernos sobre el espíritu hu­
mano : sobre la capacidad de las na­
ciones : sobre el genio de sus leyes:
sobre sus inclinaciones dominantes , en
las quales se busca toda la diferencia
por el clima, y temperamento, en que
nacen, y habitan los hombres, sin gra­
duarlas principalmente por la educa­
ción que reciben , la Religión que pro­
fesan, el comercio que tienen, la líber-
t a d ,ó esclavitud en que se crían , y
otros principios, extraños de la misma
naturaleza, y que tienen el influxo mas
eficaz en la formación de las idéas,

X ^ cfeí. $upr& b p.
SERM. DEL P. 'ELISEO* 4g

perfección > y extensión de los cono­


cimientos , y arreglo de las costum­
bres : estas obras, digo , son partos
del materialismo , que dá por madre
del hombre > como del m etal, de la
planta , y de la bestia, á la Natura­
leza , que le diferencia, segun los paí­
ses en que le dá á luz.
E l renovador de este delirio , y
Patriarca de nuestros incrédulos no
encontró muro mas invencible para
destruir la Religión Christiana , que
las Profecías; así contra ellas fue que
empeñó toda su fuerza. No se atre­
vió á negar la autenticidad , ni la an­
tigüedad de los Libros sagrados que
las contienen * aunque había deserta­
do de las vanderas de Moyiiés : por-
que sabía , que eran * y habían sido
e l depósito inviolable por Religión , de
una nación * que manifestaba su ori­
gen remontando de generación en ge­
neración hasta la creación del mun-
46 EXAMEN DE LOS

do 7 y daba en los mismos documen^


tos la série circunstanciada de sus as^
cendientes, de sus virtudes, y vicios,
y de la creencia, que siempre habían
conservado, sin disimular sus aposta­
rías , y castigos. Tampoco ignoraba,
que cerca de tres siglos antes de la
venida de Jesu Christo, reinando en
Egipto Ptholoméo Philadelfo , se ha­
bían hecho comunes á las naciones
sábias con la historia del pueblo he-
bréo los vaticinios de sus Profetas por
la traducción de aquellos libros á la
lengua G riega, ya fuese por órden„
y cuidado del propio Ptholoméo, co*
mo afirman muchos , y entre ellos
San Juan Chrisóstomo : (i) ó bien por
la necesidad de inumerables Judíos
que habían nacido, y habitaban fue­
ra de su pátria entre la& naciones, los
quales ignoraban yá la lengua santa.:

(0 Ch^lsoít. Mom, 4. tn cap* 1. Genes*


SERM. D BL P. ELISEO.- 4 Jr

Obligado Espinosa á reconocer los:


libros de M oysés, y por consiguiente
las Profecías r que son el valuarte del
christianismo ,, echó por el atajo de
negar á los Profetas la inspiración , y
d ecir, que todos ellos desde Moysés á
Jesu Christo , no habían sido mas; que
unos hombres dotados: de imaginación
mas fuerte , y de: genio superior al
vulgo de los Hebreos. He aquí el
fruto de todo el. empeño de Espino*
sa negar la inspiración á los Profe*
tas.: porque con. ella le estorbaban á
arrastrarse como el Cerdo * y tener la
gloria de morir como un jumento* Los
que juzgan de sí con mas1 alteza , y
creen que hay Dios;, y que el hom­
bre puede tener1la dignidad de que le
h a b le ,, son espíritus flacos , y supers­
ticiosos, ¡Qué grandeza de alma la de
un incrédulo l que elevación de inge­
nio I que superioridad de talentos, ne­
gar la fee á lo que lee* en aquellos 11-
48 EXAMEN DE LOS

bros tan antiguos , y venerados, y


rendirse ciegamente al testimonio de
un Judio apostata de su Religión, y
desertor del christianísmo ! Aunque
ellos digan, que solo reconocen por
gefe á su razón , no pueden negar que
Benito fue el que restableció á esa
jRazón en el grado de gefe, que había
perdido para capitanear en los asun­
tos de la Religión,
La demostración, pues , de Dios,
la verdad , y cumplimiento de las
profecías que animan , y consuelan la
fee del christiano: que fueron el medio
con que Jesu. Christo manifestaba, que
era el Mesías , hijo de D io s: el argu­
mento concluyente , de que se ser^
vían sus Aposteles contra los Judíos;
y el arbitrio ? con que San Pablo tra-*
xo á la fee crecido número de Paga-
nos en Tesalonica , ( i) manifestando

( i) l?y
SERM. DEL P 4 ELISEO. 49

en su; Sermón la conveniencia de la


muerte ignominiosa -de Jesu Christo*
y de su. Resurrección admirable, :con
los vaticinios circunstanciados de los
Profetas tan anteriores , estos deben
ser la gran razón y : y la prueba in­
vencible contra los, incrédulos de nues­
tros tiempos*;' Porque en efe&o unos
hombres que ensalzan, tanto la luz de
su razón , la fuerza. de su genio , y
la superioridad de sü espíritu , no puer
den negar , que en tantos millones de
sugetos como ha producido aquella
.....Magna Deiim, materque ferarum^
■E t nostri genitrix (i)
la Tierra,, que ellos reconocen por .su
madre, original, sin otro auxilio que
su .propia, virtud, no ha habido , ni. ha­
brá alguno,, que con anticipacion de ¡si­
glos, diga, lo que ha da veri íicars.e des­
pués, en xosas , qug no dependan dp\

Lit£f£c. Ufa. ií. 5j}3»


' P
gO EX AM EN DE LOS -

curso de los astros , ó de las leyes or­


dinarias de la naturaleza; ;
La conjunción de los Planetas, por
mas admirable que parezca al vulgo,
no pasa la esfera de un cálculo tíurioso,
que se deduce de quatro principios; aún
estos se han -conocido desípues de la
observación prolija de muchos años,
en diferentes naciones , y por' los hom­
bres que han* brillado mas en ellas.
Igual juicio debe hacerse de los pro-
nosticos: ( quando se les dé crédito)
que por la convinacion de los astros
al tiempo de la generación , y del
nacimiento : ó por la delineador de
facóioncs ; y :cónstruccion de la.per*-
soria han ñeehó los Fisionomlstas mas
famosos , etifícluy'endo de seméjantes
principios las afecciones 4 ó inclina-*
dones del hombrei-Porque ■ eon- todo
¿so no pueden asegurar que será do­
minado , y arrastrado de ellas : de
m odo, que sé verifique con efecto el
SERM, DEL F, ELISEO. g I

cumplimiento del. •pronóstico, como


se, vio en la mas autorizada por la
historia., de Sócrates, cuyo aspecto
exáminado por - uno de estos sabios,
ó -charlatanes 7 sacó que era brutal,
borracho , y.deshonesto. Irritados los
discípulos del Filósofo , querían dáf
sobre, el Fisionomista por la injuria de
su maestro ; peroíéste les sosegó, ase­
gurándoles , que sin duda había sen­
tido propensión á aquellos vicios in­
fames ,■y vergonzosos, de que había
conseguido victoria con el auxilio de
la filosofía,' ; :
Aunque se. permita , digo , , todo
ese. vuelo á la ciencia-del hombre,
chocará siempre. el éxito contra su
lib re;;alvédrioq ue puede inutilizarlo.
Por consiguiente si::se manifiesta á cs-
tos7M^íritus fmrfrex- el suceso., ó
cumplimiento y un vaticinio v si-
íio ^de^una cadena de: ;inumerables'va­
ticinios v los quales :iio han dependida
5 2 EXAM EN ’ DE tOS

de las leyes de la naturaleza , pues su


superioridad sobre ella los hace mas
increíbles : que aquellos sucesos se va­
ticinaron con los accidentes y y me­
nudas circunstancias que habíati de
acompañarlos: que junto con ellos: se
profetizaban otros hechos, que habían
de verificarse , y seL verificaban: y en
fin , que por espacio de quatro.m il
años fueron repitiéndose, sin altera­
ción ^ hasta el tiempo en que .se-vió
su cumplimiento : deberán por nece­
sidad confesar , que; hay una luz de
otra naturaleza muy superior á la dé
los hombres , dotada de un poder
capáz de executar por í í , y sin im­
pedimento lo que conoce , y quiere.
. Establecido este principio , se ■ les
abren los libros de .Moysés , y. de los
Profetas, y se les lee-en ellos el prn
mer. vaticinio , y revelación hecha á
Adata-, ofreciéndole en su propia des*
cendencia el Vengador de su agravio^
SERM. D E L V . ELISEO. g 3

y Libertador;de su- miseria , el qual


sería, :,la simiente , o-p reducción de la
muger , (sin nombrar varón- para su
generación) que por-este medio triun­
faría del espíritu engañoso que le ha­
bía alucinado :.(t) se>les descubre, que
con esa esperanza vivieron los descen­
dientes mas arreglados, del- primer
hom bre, los mas-virtuosos , huma­
nos , benéficos , sufridos-v -y esforza­
dos , sin ambición * ni soberbia , que
conoció la antigüedad : hombres , que
no afearon su vida con ilos vicios, y
torpezas de los Héroes., qué célebra el
paganismo* Desde este punto ipuede
conducirse .aL incrédulo >de> tma épo­
ca en otra., y casi de ; si glo en si­
glo , hasta el ¡establecimiento-’de la
Iglesia*' ■

■. -’v - ‘ .
Quando parecía que- ise3 iba ^mor­
tiguando aquella fee , y esperanza del
■' h' ír"' , J !
£*} Gene if. 3.
d 3
54 EXAMEN DE LOS

Libertador v esto es , 2104. años des­


pués de su promesa * y casi dos mil
antes de su nacimiento > ya se indivi­
dualizó en la ¿numerable descendencia
de Adán una familia de la qual trae­
ría su origen *. ■;c u y o ;progenitor i ó
cabeza se llamaba Abrahan. A éste
se le reveló., ¡siendo anciano , y su
muger incapáz de - concebir por su
abanzada- edad , que tendría de ella
un hijo* al qual había de dar por nom­
bre Isaac. (1) Logró Isaac la reitera­
ción del vaticinio ^ y le ofreció Dios
úna prodigiosa multiplicación dé des-"
cendientes^y queden'uno de ellos al­
canzarían? todos i los hombres la ben­
dición y y -favores del Cielo, (a) A Ja­
cob v hljo de Isaac .^se le repitió >cott
invervalo de pocos años , la propia
oferta * (3) elTqual 147. anos después,

(1) Gen- iy* (3} Gttt* &8*


(a) Gen, i 6>.
SERM. DEL P¿ ELISEO. 5 5

estando., para morir::, anunció á sus


doce hijos los sucesos de; cada uno, y
aseguró ,que en. laj posteridad de Jada
se establecería el cetro hasta venir el
O fr e c id o ( i) En efejfto David , des­
cendiente de esta rama , ocupó 1085;
años antes de Jesu Christo el Tronó
de Israel por una elevación milagro­
sa , á que le conduxeron los mas raros,
é inopinados sucesos. (2) Este R ey
vaticinó , que de sus hijos había de: na-*
cer el Mesías, de c u y a 1vida , muer­
te , y resurrección notó las circuns­
tancias mas menudas > y señaló, los
prodigios que habían- de. seguir- á su
muerte , como se vé con claridad en
sus Salmos. Quatro siglos después^ vió
Isaías en espíritu el propio misterio con
la especialidad singularísima ^ de que
una doncella sería la que sin concur­
so de varón , por pura virtud de Dios,

(i) Genes . 49. (a ). R tg ,


. í
56 EXAMEN DE LÓ S’

.diese al Mesías á luz ; (i) lo qual re­


pitió poco despues Jeremías. (2) M i-
chéás , no el Antiguo sino el Mo~
rasthita, séptimo entre los doce -Pro­
fetas menores , habló seis siglos an­
tes de Jesu Christo del Rey no de su
Iglesia , su establecimiento, elevación,
y permanencia : añadiendo •, en órden
al nacimiento , la demarcación :del lu­
g a r , que había de ser , como fue , en
Belen de Efrain. (3)
Estas, y otras muchas profecías*
que omito , las quales debe saber qual-
quiera que sube al púlpito * y pue­
de hacer uso de ellas con felicísimo
suceso en este , y otros objetos, de la
Religión , logran , fuera de su autori­
dad intrínseca , un peso de autoridad
extrínseca por otros dos principios que
las acompañan* E l primero es 7 que

(1 ) Jjízí, 7. (3) M ic h a s í*
(a j H iw , .31*
SERM. DEL E. ELISEO. g£
aquellos Profetas las juntaban con otras
vaticinios pertenecientes á lo tempo­
ral del Puebla hebréo, ;como -de ham­
bres v ó : abundancias : paces , ó guer-í
ras : sucesos, prósperos , ó adversos:
libertades , ó cautiverios : vidas , ó
muertes de Reyes : repulsa ó succe-
sion de sus hijos en el cetro, los qua-
les veían cumplir, para que se afirma­
sen mas en la fee de las profecías som­
bre el Salvador: y que la mayor par­
te de aquellos , sabemos por la misma
historia de los Egipcios ,.M edos, Per-
sas , y otras naciones antiguas , que
tuyieron su. cumplimiento del. mismo
modo, que se refiere, en los libros
grados. El segundo es , la vida exem-
plarísitna , y la ciase,, no .vulgar, de
los mismos Profbtas.; Ninguno, fue es­
cogido entre las hezes del pueblo : en
ninguno- se conoció vicio aún de
aquellos, que no solo ,n.Q: condena : el
mundo;; sino que los mira tal vez co­
5 8 EX AM EN DE LO S

mo adornos del espíritu. Hombres con­


tinentes, sobrios, íntegros .* verídicos^
pacientes r á cuya semejanza ha que­
rido el Paganismo hacer sus héroes,
ó sus Dioses , prestándoles los colores
de semejantes virtudes* La esperanza
de ilustrar á los Reyes y á los pue­
blos con sus divinas visiones , era la
mofa , la persecución , y la muerte;
pero ni el miedo de los males , ni las
promesas mas lisonjeras , podían ha­
cerles ocultar 'un rasgo de las verda­
des que seles revelaban*
¿Pues que diré si el orador chris­
tiano toma la defensa dé su Religión,
y la impugnación de la incredulidad
por el lado de los vaticinios, que hizo
el propio Mesías en el curso de su
predicación ? E l predixo, qué uno de
süs discípulos sería el que lé vendie­
se: que otro de ellos había de negar­
le ; que no solo sería crucificado, si­
no escarnecido, y azotado : penas, que
SERM.'DEL P. ELISEO. g9

jamás se unían en una persona ; que


estos ultrajes rio los executaríán por
sil mano los hebréos , y se servirían
para ellos de las manos de los Genti­
les ; entregándole en ellas: que Jeru-
salen sería sitiada rigorosísimamente:
qué sus moradores sufrirían calamida­
des cruelísimas: que su protervia se­
ría causa de que la Ciudad, y su au­
gustísimo Templo fuesen arruinados
hasta los cimientos para siempre: que
la nación sería esparcida entre todos
los pueblos , y gentes , sin que les
quedase un lugar propio , un R e y, ó
Altar común : que sus discípulos se­
rían .acosados , calumniados , perse­
guidos de todo el mundo , y entre­
gados al cuchillo ; pero que su Reli­
gión había de florecer, dilatarse , y
triunfar.
Sería infinito , si tratase este argu­
mento en toda su: extensión : basta lo
que hemos dicho , para que se conoz*
6ó EXAMEN DE tOS

ca el único medio incontrastable de


que debe servirse qualquiera que pre­
tenda convencer al mismo Espinosa*
ó al famoso Bayle si viniesen^ deque
hay un Sér , que manda sobre el mun­
do visible , y sus moradores , el qual
reveló á hombres señalados cosas, que
ni podia alcanzar la ciencia de los
mortales v ni rastrear con su razón:
y entre ellas , que él propio había de
venir á incorporarse con nuestra na­
turaleza m aterial, á enseñarnos por
su boca, á movernos por su exemplo,
á confirmarnos én la verdad de quan-
to dixese con prodigios , á elevar
nuestras almas con su auxilio invisi~
ble sobre el órden de rectitud, que has­
ta entonces se había conocido : á ha­
cernos participar por una infusión in­
terior su propia esencia increada: á
dar la vida en quanto hombre para
asegurarnos estos bienes, y á resuci­
tar, por la virtud de su divinidad , su
SERM. DEL P. ELISEO. 61
mismo cuerpo r y elevarle al. Cielo
para que creyesemos nuestra resurrec­
ción, y vida eterna. Espinosa, Bayle,
y quantos incrédulos ha habido ,antes,
y despues de ellos , han huido el
cuerpo á estas investigaciones, echan­
do por el caminó dé exáminar solo
la naturaleza , y, aún esa en e l;estado
de su corrupciónsuponiéndola siem­
pre igual , y sin1alteración, por el per
cado del primer progenitor*.Par a ello
niegan con descaro la economía .de la
creación , las: penas del delito?;.orí gi-
nal , y las misericordias del Criador*
burlándo se de la historia . maSr; com­
probada 1 con el argumento .único ¿ de
no ser compatible.: con -lo que natu­
ralmente piensa^ y ..apeteced los hom­
brea Jamás e n t íb en la averiguación
siria: ¡d e : alguná., de;las profecías 7 y
su cumplimiento ; m nos hanrdado.en
cara con , la-.suposición de ella , . ó el
defeco :de su éxito..:., ,
6 ¡2 ■/ EXAM EN D E LOS '

No es menester, ni:sería regtrláa?,


que el predicador se empeñase en un
Sermón contra la incredulidad , én
traer la ; série , y número de profecías,
y su verificación ¡ bastarále escoger
alguno de los tornos-digám oslo así,
en qué pueden dividirse., por excm-
plo : la tradición, lio interrumpida ; en
una nación del carader de la hebréa,
que , á pesar de su inconstancia , de
sus varias afortunas ,, de sus diferentes
gobiernos v de suis divisiones Internas,
y _de- sus?1errores , guardó siempre el
fonda de U promessL .hecha al primer
hombre , ■ esperó .su libertador, y áun^
que confuíidia sus. señales nunca las
perdió d$ vista, : ■
la: prosapia., ó: as^
cendeñcia,'segUil la carne-, que■
de ge­
neración ^' en generáti&rt fueron :de5ei-
fiando lo s: Profetas sin1, .contrariarse;
aclarandocada ves mas el Órcto de
la succesion, ’ hast^ .verificarse ..en Jesu
Christo : su concepción^ y nacimiefi*-
SERM. DEL p ; ELISEO# 6¿

to : las: que hablan de su vida 7 y su


condufta:: las que tratan de su doétm
na : las que pintan su pasión &c. En
cada uno; de .estos ramos y su cum­
plimiento ¡se fundael propio argumen­
to irrefragable por la ;incapacidad na­
tural del. hombre mas sábio., pene-
trante , .y experimentado de prevenir
con certidumbre sucesos, tan remotos
superiores á la razón , y contrarios •á
las leyes dé la naturaleza» , v;
Yo no encuentro otro medio, que
pueda llamarse de convicción contta
el incrédulo-■ ■setfta peor .que todas las
heregía« i- las:qu ales. tienen; principios,:
y artículos^ _en :qíie convienen con mo*
sótros ::¿y mas difícil-que. el propio
gentilísimo* Porque éste, concia profe^
$ion d c !su: Polytheismü; yá-recon oce
e l :Sér superior í la .naturaleza , que
premia , -y ; castiga á lo s ... ifaombrest
írssluce;la:.inmortalidad del alm a, dise
tingue acciones dignas de pena y dé
64 EXAMEN DELOS ;

premio, y solo hay que trabajar en


rectificarle las idéas que tiene de este
Sér , de esa alma , y \ de ese destino
posthumo.: Pero al Athéo , incrédulo*
ó materialista no puede convencérse­
le de otra suerte!, que por la revela­
ción , con la qual .se prueba la exis­
tencia de D io s, la verdad , y la jus­
ticia de quanto. abraza la Religión. De
qualquiera otro argumento .se burla,
le oye tranquilo, y aún aplaude la elcn
qüencia , la invención , la cultura , y
el espíritu del orador.
; / Tomar' por tema la flaqueza de su
razón , que:el cree tenasísimamente
capáz de compre hender .qu anto. le con­
viene , y. es necesario é su felicidad*:
y perfección i , sin haceitej vét antes*
que no puede alcanzar perfeécforí,
ó felicidad.sin obrar , y: creer¿ ciertas
cosas v *lue üjq alcanza esa i’azon es
una predicácion. la maS-itmtilque pue*
dé imaginarse $ y la mas: perniciosa
SERM. DE1 P. EtlSEO. 6 S

gi se comienza por las proposiciones


de que " el uso legítimo de la razón se
«proporciona por sus fuerzas, la qual
«tiene derecho de juzgar, y de exámi-
« narlo todo antes de adoptarlo, porqüe
n creer sin exáminar los motivos de la
acreencia sería sacrificar ilegítimamen­
t e sus potencias , y hacer al Todo po­
nderoso un omenage indigno con una
«fee imprudente , y temeraria.” ¿ Qué
mas pretende el incrédulo que esa li­
bertad de conciencia , en la qual con­
funde el Padre Eliséo con temeridad*
é imprudencia los principios de la fee
divina con los de la humana, midién­
dolas por un rasero?
Esta abertura vendría bien en un
discurso , ó disertación sobre si la
crianza de Romulo, y Remo fue co­
mo la refieren los Historiadores Ro­
manos : sobre averiguar si en la India
hubo un Rey Poro, al qual venció
Alexsndro en la conformidad que
«5 EXAMEN DE LOS

cuenta Curcio : sobre verificar si el


Papa Silvestre bautizó á Constantino*
y con el propio baño, que lavó su al­
ma , quedó su cuerpo purificado de la
lepra , y otros asuntos semejantes: por
que en ellos se trata de unos hechos,
cuya verdad * ó falsedad puede averi*
guar el hombre por la fuerza, del ra­
ciocinio > por la investigación de la
Chronología , por la convinacion con
otros sucesos incontextables , por el
descubrimiento de nuevos documen­
tos &c. y hechos , cuyo asenso , á
disenso en nada perjudica á un inte­
rés tan esencial como es el de la sa-*
lud eterna. Pero en los asuntos de la
fee, que empieza por rendir * y cau­
tivar el entendimiento , cortándole el
vuelo á sus raciocinios , debe comen­
zarse % conforme enseña el Aposto^
manifestando* que las armas de nues^
tra Religión no son carnales , y reci­
ben de Dios su eficacia para destruir
SERM. D EL P* ELISEO.

los muros, que la opone la milicia áef.


mundo con su filosofía, con su elocuen­
c ia , con sus raciocinios humanos, con
que inútilmente intenta destruir la fee
de un Dios verdadero , y cortar el
paso á la propagación del Evangelio
de Jesu Christo, exáltándose con al­
tanería sobre la ciencia de Dios , que
nos obliga á someter con humildad.
nuestro entendimiento , haciendo de
sus luces un obsequio á la verdad, y
predicación de la Religión , mas glo­
rioso que la libertad halagüeña del
mundo, (i)
A s í , quando este divino Maestro
ensalzó la fee de Pedro , que le reco­
noció por hijo de Dios vivo , no ben-
clixo la superioridad de sus luces na­
turales , porque con ellas hubiese al­
canzado esta verdad: por el contrario,
dichoso tu , le dixo , que me ¡has c n h

(i) %, Cor, 10. vUt Kat. AUx, ihk.


E 2
55 S i EXAMEN DE LOS

do , no porque la carne , y la sangre


te hayan revelado mi divinidad; sino
porque contra todo lo que ves en
has sometido los principios de la car*
ne , y de la sangre á la revelación de
m Padre que está en los Cielos, ( i)
Por tanto , dice San Agustín T sirvién­
dose de la autoridad de Isaías (2) nisz
credideritis non intelligetis , sino cre-
yéreis, no llegaréis á entender r que
la fee ha de preceder al entendimien­
to 5 de suerte 7 que la inteligencia ven­
ga á ser el premio, de la fee ; (3) y
en una carta á Dioscoro enseña, que
la fee debe guiar á la razón , y que
el invertir este órden es propio de los
hereges. (4) San Bernardo reprehende
á Pedro Abelardo del mismo error, y
dice 7. que gradúa la fee por la opi-

( 1 ) Mnth. 16. 17 , f i * líet cajf\ it


( a ) JsaL y, v, 9. (4 ) Id. Ev, m 8.
(3) .Aug* Strm* vel 5tí,
SERM* T>KL P. ELISEO. 6<)

tilon , como si fuese lícito sentir , y


hablar en ella como á cada uno le
parezca, y como si sus arcanos nó
estuviesen asegurados con la certidum­
bre de la verdad , y pendiesen de las
vagas , y varias opiniones de loshoiiw
bies. (i)
Quando se trata de creer en pro­
fecías , ó revelaciones particulares,
las quales no deben condenarse á cie­
gas , apagando la luz del Espíritu San­
to , como dice San Pablo , (2) ni se­
guirse con ligereza , dando asenso á
todo espíritu, sin indagar si es de Dios;
como aconseja' San Juan , (3) entoti:
ces tienen lugar las proposiciones refe­
ridas dei P. Eliséo ^ dé :exáminar los
tactivos de lá creencia , dé no impó-
ner silencio á la razón, ni sometería
con una fee imprudente , y temerá^
/■ 1 ' /
[(1) B juji. Ep. 109. (3) i. Joan, 4, i í -
1, ThesaU f. ip. ■
■”
e 3
fo rexamen e s to s
ría á quien no tiene autoridad p a ía
obligarla. Aún en los.casos semejantes
ju z g a , exámina , y discierne la razón,
.no por los principios, ¡que le subminis­
tra su luz natural; sino por las reglas;,
y nociones , que Dios le ha dado en
las Sagradas Escrituras, Ni es facul­
tativo á cada uno de ■ los fieles entrar
en este exámen , y decidir : debe es­
perar , y seguir el juicio de los Obis­
pos , como lo manifiesta muy bien
San Ireneo (i) en dos pasages, que no
copio por largos , y pueden verse eri
sus obras $ ó en la exposición de Na­
tal Alexandro á las Epístolas Canó­
nicas* (2) Este , y todos , los Teólogos
católicos niegan , que de ese testitno^
nio de San Juan, ni de aquel del Ecle*
siástico qui cito crédito kvis cor.de est (3)

( 1 ) tí. Iren, Ub♦3. in Mút*. E p m1,


caj?, 3. ttdThcs. cap* cu
( 1) XTataE. A I ex. 5
. ¿ ) B celes. 1g . 4*.
SERM. DEL P. EtlSEO,

puede inferirse , sin heregía , que


qualquiera tenga derecho á pesar
«n la balanza de su razón 5 y exámi-
par los dogmas , que la Iglesia ha re*
cibido.
Concluyese de lo dicho el funda-;
mentó , con que hemos condenado las
citadas proposiciones del P, Eliséo»
quando pretende convencer al incré­
dulo ; porque para entrar á éste , que
niega la existencia de Dios y la re­
velación , por el camino de la verdad,
no h ay otro sendero, que el de ponerle
delante la revelación 7 la qual es el
argumento intergi ver sable de sí mis­
ma , y de la divinidad. Para creer en
Jos asuntos de nuestra Religión nt>
hay mas m otivo, sino es saber , que
Dios lo ha revelado : por eso á la
creencia llama el Aposto! obediencia
á la fee con ciega sumisión del enten­
dimiento. E l que cree , dice 7 no ha
de indagar copino es que baxó deí Cie-
E 4
7 * EXAMEN DE LOS

lo el Verbo Eterno á predicar los


misterios que hemos de creer, porque
eso sería pensar en arrancar á Jesu
Christo de la diestra de su Padre, y
volverle al mundo , para que nos cer­
tificase su voluntad con señales visi­
bles ; ó resucitarle de entre los muer­
tos. (i) Sírvese aquí San Pablo de los
éxemplos de la Encarnación , de la
muerte , y de la Resurrección de Je-
Su Christo: misterios , los mas increí­
bles á la razón humana, y con todo
eso, objeto, origen , y mérito princi­
palísimo de la fee católica: para ense­
ñarnos , que si en ellos 110 debe ave­
riguar el hombre, cómo pudieron cum­
plirse , sino, creerlos por pura fee;
tampoco debe exáminar los demás
ásuntos de la Religión , persuadiéndo-^
se á que quanto parezcan mas difíci­
les* y quanto menos los alcance núes-

(i) A d R Q tn . 1 0 . v. 6 , 7 *
SEfcM. t¡EL P, EUStO.
tro ingenió , tanto es mayor el mé­
rito de la fee*
No h a y , vuelvo á decir , otro ar*
gumento de convicción contra el im-*
pió. Si á la luz de éste no se disipan
sus tinieblas, y antes se obstina en su
e rro r, es s íilal, que ó no ha llegado el
tiempo de su visitación , 6 que se ha
sellado el decreto de su reproba-*
clon , y se le ha negado el don gra­
tuito de la fee , que <já el Señor por
pura liberalidad á los que le creen,
¿.os otros argumentos' de antigüedad*
perpetuidad , y uniformidad de la doc­
trina: de milagros, martirios, propaga­
ción de la Iglesia , santidad , equidad^
honestidad y pureza de su m oral: de
silencio de los Idolos , destrucción
de sus templos, &c* no tienen1 fuer­
za sin el de la revelación* Es verdad;1
que á éstos, y á aquellos llaman los
Teólogos motivos de credibilidad ; 'pe­
ro los dividen para su uso en tres: cía-
f4 SXAMWmLOÍ
íes.(i)U n o s, dicen, que son á propon
sito contra los Gentiles , y Judíos;
otros, contra . los Hereges ; y otros,
para c o n s u e lo y confirmación de los
católicos. Contra el Impío ninguno es
convincente sino -el de -la revela­
ción , <jue se funda direétamente en
«1 objeto formal de la fé , y su*
nía verdad»

§. n i .

M A L O S P n.TNCTP ro s,
y subdivisión de la I L Parte,

E n ella se propone Eliséo ¿xponef


fes -verdaderos motivos de la increduíi"
$ad, que reduce á la soberbia , y la
disolución, Sient,a desde luego. '* que el

(i) Mart. Bec* í, a* di t Mg*


$amnu TheoL ^ *4»
SERM. ELISEO « f

hombre trae consigo mismo dos prin-,


wcipios de oposicion al christianísmo^ v
«de los quales , ,uno es la indocilidad)
9>de su entendimiento , y el otro , la
» depravación de su voluntad (a).J> N o
encuentro sobre que pueda apoyar eli
Padre Eliséo ni la indocilidad , ni Iz,
depravación : por el contrario , las
mismas Escrituras sagradas me per­
suaden , á que nacemos sin esos vi­
cios* E l divino Maestro en varias oca­
siones se sirvió del excmplo de los
niños.,, .y aun les tomaba de la ma­
no , y ponía delante de sus discípu*
los, para enseñarles en ellos la docili­
dad, con que habían de abrazar su doc*
trina- "Qualquiera , les decía , que na
» reciba el. Reyno de Dios como un ni^
?>ño, no entrará en él : (r) el que no
?>fuere tan humilde, y sometido como;
í>son los niños no .poseerá él Reyno d^

{ a ) P+ » i . Iin. JÍL (ij Z u e,


\fy6 EXAMEN BE LOS

los Cielos*’ (i). Conforme á esta sobe-


grafía maxíma del Maestro escribía Pa^
! blo á los de Corintho , que se aseme­
jasen á los niños , no en el juicio y la
inconstancia, sino en la malicia (2).
¡¿Pues dónde está la indocilidad , y de­
pravación , que traemos con nosotros
contra el christianísmo ? Nos endure­
cemos y depravamos , ó nos malea­
mos con la . edad , con el mal exein-
pío , con la educación perversa , corí
la repetición de las caídas, que engen­
dran el habito viciosa, el qual se arrai­
ga y envejece por el malo, ó ningún
w_> dé los Sacramentos , de la ora­
ción , y del exercfcio de las obras dé
piedad, , y de las virtudes contrarias*
Quando alguno séJ atreviese á discul­
par aí Padre E lisio', diciendo, que
tal vez en su país serán los niños'peo*
tes que los hebreos , para abrazar

(1) Mat, 18. 3 ,4 . ( 1 ) 1* Cú}\ 14.


SERM. DEL P. ELISEO. Jf{^

el christianismo, le sale al encuentro


San Hilaria de la propia nación, el qual,
exponiendo el Evangelio de San Ma­
teo , funda la semejanza con los niños
que pide Jesu Christo á sus- discípulos,
en la docilidad y humildad de aque­
llos Hque siguen á su padre: aman á
«su madre : ignoran lo que es desear
«mal al proximo: no hacen caso de
» riquezas; no se insolentan : á nadie
« aborrecen : no mienten : creen lo que
«se les dice ; y tienen por cierto quan-
«to oyen,” (i) El Padre Eliséo contra-»
dice esta proposicion, y habla con mas
tino quando dice : wAquella invenci-
wbíe propensión al bien suprema, que
»parece le une á D io s, antes que la re-
flexión llegue á hacerle conocer sit
«objeto, la fíxa por su elección en
¿rsolo las criaturas.” (a) ¡Tan íncons-

( í) Hilar,, com* (a) Tom o s . p.


Hn M atji, c„ i 3* 45*
9 * EXAMEN DE LOS
tante es en sus maxímas!
De un principio tan mal explica^
do , dio en otra doétrina peor ; por-
que la depravación, que supone de la
voluntad, d ice, "que no le dexa abra*
»zar una Religión , que solo ofrece al
«pecador penas eternas (a).,> Con un
medio semejante insultó Lucrecio á la
piedad , quando pintó la Religión,
abatiendo el animo de los miseros
mortales con el terror de su aspeéto*
y la vista de su azote , que mostraba
desde la región del cielo,.
Humana ante oculos f&de cum vita,
jaceret
tn terrís, oppressa gravi Süb ReW
ligione,
Qutf caput d Ctfli regionibus os*
Undebat,
fíorribili super aspefta mortaUbus,
instan s (i).

(a ) Pag* l i * Un* (i) Zucr&c. /¿K


04. tom* 1 , x. v* 63.
SERM- DEL ELISEO;
No encontró el Poeta Epicúreo
fmagen mas horrorosa* para hacer de*
testable la p ie d a d q u e ocultar sus dul­
zuras * y manifestar sus castigos* ¿ Es
esta la pintura de una Religión tan
benéfica como la nuestra ? ¿ es este el
medio saludable para mover al incré­
dulo? ¡Con qué rasgos tan diferentes
la pintaba eL Vicario del divino Au­
to r T quando daba gracias al Eterno-
'Padre T de que con la resurrección de
Jesu Christo nos hubiese reengendra­
do , y elevado por su misericordia in­
finita nuestra alma á una esperanza
viva de la herencia incorruptible! (i)
¡Qué al contrarío se la figuraba Pa­
blo 1E l daba 7 como Pedro gracias al
Soberano Maestro y de que le hubiese
puesto su bordad en el ministerio
Apostólico , derramando con abun­
dancia en su espíritu la gracia con la

(i)
S® EXAM EN DE LOS

fee , y la caridad, aunque anteá ha-


I bía sido un blasfemo T perseguidor*
é impostor calumnioso contra su doc­
trina. Obligado de tanta clemencia,
exclama á favor de laReligion " ¡O pro*
» mesa fie l, y digna de todo agradecí*
miento: que viniese á este mundo Je-
wsu Christo para salvar á los pecado­
r e s , entre los quales yo soy el mar
«yor : y si en mí ha hecho el ensayo
?jde su misericordia 5 es * para que sir^
«va de exemplo á todos los que des-
«pues han de creer, y esperar la vida
i)eterna*” ( i)
De esta graciosísima imagen de
la Religión , que traían ambos estan>
pada en su espíritu, sacaban los her­
mosos coloridos , con que la pintaban
á los fieles. Pedro nos d ice , wllenaos
»cumpJ idamente de gracia i y paz eti
«el conocimiento de Dios , y de Jesu

( i) 1. Thiw* 1. h V* 14*.
SERM, DEL P. FXISEO. 8l
«su Christo nuestro Señor: porque nos
»ha dado con su divina virtud , por
sí medio de la fé con que conocemos
9?á su hijo , quanto nos conviene pa-
99ra la vida espiritual y la piedad, Ha­
cinándonos sin mas mérito que el de
»su propia gloria y poder ; pues en el
» mismo Jesu Christo nos dió las ma-
» y o re s ,y las mas preciosas promesas:
«para que asi participéis de su natu-
9?raleza divina/' (i) ¿ Y esta se llama-
mará una Religión , que solo ofrece al
pecador penas eternas ? Pablo escribe
á los Colossenses en estos términos,
Rogamos sin cesar por vosotros*
«oyendo la fee que teneis en Jesu Chris-
«to , y la caridad que mostráis con
» todos los santos , movidos de la es­
p e ra n z a que os aguarda en el Cielo,
oísteis en la palabra del Evan-
íígelío..„dando gracias i Dios Padre de

(i) a, P st i. á. & cP

F
82 EXAMEN D E LOS

«que nos haya hecho dignos de entrar


«en parte de la suerte de los Santos
«en la luz ; el qual nos sacó del po^
» der de las tinieblas, y trasladó al
«reyno del hijo de su cariño en; quien
j?logramos con su sangre la redención,
» y remisión de los pecados.” (i).
¿ Pero cómo habían. de - pensar, ó
explicarse de otra suerte los discípu­
los de aquel M aestroque vino del Cie­
lo á establecer - esta Religión con la
publicación de la venturosa noticia, de
que se nos acercaba el Reyno de los
Cielos ? Su Precursor, le anunció á los
pecadores como.,, un cordero, que ve­
nia á quitar los pecados, del inundo,
no como juez, que iba á darles la sen­
tencia de muerte eterna, (2) El. co­
menzó la predicación de su Evange~
l io , y dió el principio á la Religión
con la promesa de la felicidad celes-

( 1} C o io s» ca¡>* 1 * (a ) Joann, i, ap*


stm , m i p; elíseo* 83
tikl (r). El poniá tan á mano aquel
Reyno de Dios , que nos aseguraba
hallarse dentro •de nosotros mismos,
■(a): El publicaba, que había venido á
llamar , no á los justos , sino á los pe­
cadores. (3) Decía , que su' venida era
$l soldar las quebraduras y (4) á sal­
var lo que había' perecido'V "(3) y á
darnos vid a, y mas vida . (¡5) ¿ Y ésta
puede decir el' Padre Eliséo , que es
una Religión que solo ofrecé al peca­
dor penas eternas ? La Religión que
alarga la mano al pecador para le--
yantarle : que abre los brazos para
recibirle ; que le llam a, y le espera
en todo tiempo : que le brinda con
el perdón de Jas penas que merece su
pecado : que 3e ofrece los auxilios pa^
ra que Cumpla las obligaciones, que

( 1 ) Mhtfi* 4.'' *7* (4) 4, 19, °


XííC. at. (y) Matfi, i 3í 21.
( 3 ) Mar* a, 17. ' ( 6 ) Joantii 10, j o .
F 2
84 .. EXAMEN DE LOS

le impone , y le presenta por premio


una gloria eterna: ¿esta Religión pue­
de decirse, sin la mayor temeridad,
que solo ofrece al pecador penas eter­
nas ?
Quando el Padre Eliséo hubiese
contenido su proposición en los tér­
minos de que solo ofrecía penas, sin aña­
dir eternas, entendiéndolo por la ne­
gación deí mundo, y de sí mismo:
por las mortificaciones , y cruz que
es menester llevar , y sufrir en la san­
ta L ey , todavía sería falsa , y ofen­
siva á la piedad christiana, yá por la
limitación del adverbio solo , yá por
la significación del verbo ofrecer. Por?
que * en realidad ? aunque en el cami-^
no del christianísmo debe el hombre
mortificarse con la guerra de sus pa*
sienes ^ por lo qual dixo el divino
Maestro , ( i) que no habia venido á

( i) fflath. 10* 34
SERM* DEL F. FLISÉO. 8$
sembrar paz, sino guerra , separando
al hombre dé su amor propio, y quan­
to le lisonjea i también dixo, ( i ) que
uno de los efeoos mas admirables de
su muerte era , dexar por herencia
una paz , no cohío la qué dá el mun­
do , sino una paz celestial , espi­
ritual, que suaviza , endulza , y san­
tifica todas las penas, y sufrimien­
tos de la cruz , y de la negación
de sí mismo : una paz verdades
ra, y no falsa, como la que dá
él mundo , y la que busca el incré­
dulo con sus délitios siti lograr, por
mas que se- alucine con ellos , vivir
tranquilo, y sin mortificación en sus
sensualidades, que el propio mundo
llena de acíbar , é inquietudes : de
suerte , que entre estas dos paces*
hay la diferencia , de qüe íá del mun­
do dura poco , y causa solicitud con-

¿ i) Joann* 14 . 2^;
f 3
86, S-XAMEN DE LOS

tínua : la de. la. Religión v por unos


combates momentáneos 9 se goza toda
la vida. . i . :
¡Qué diferencia- tan, notable entré
las penas de el impío , y las del hom­
bre Religioso! ¡ qué distancia entre los
gozos de uno: %y otro! ¡ y .qué cainpo
tan ameno para discurrir •á favor: ■ dé
la Religión r contra fe ■ incredulidad!,
¿pero qué prueba tan convincente con­
tra el- Padre.-Eliséo * que. á esa ReUt,
gion de p a z . y de dulzura hace el
agravio de. 4ecir , . que solo ofrece al;
pecador pepas, eternas, h JLo que. §!).&
le ofrece y. en realidad: *-•..• son mfir,
dios eficacísimos, , para suavizar -las^
(jue son inseparables 0de su :condkjQtt?
c a d u c a j a r a , huir las que le .vie-1
nen por la.falsa; satisfacción de la-care­
ne. Niégale, los deleites pasageros vdei
la sensualidad;; pero le liberta dela&
tristes conseqücncias, en que maldi­
ce los monumentos del :■ placer ,
SERM. DEL ELÍSEO. V?

yas ;amarguras contrapesan , con mu­


cho ex teso , á los ratos de mortifi­
cación-Sé una alma fiel , que á cos­
ta de ellos espera ún premio de e te r­
na duración , y complacencia, ( i) ¿Y
qué espera el incrédulo despues de
unas brevísimas delicias ? menos que
un bruto : porque éste tjueda sin lás;
inquietudes, y peligrosas resultas , qüe
trae al hombre la sensualidad , y al'
cabo acabará del mismo modo , que
piensa acabar el impío , y sin aquel
escíupuló , que jamás le falta á és­
te , de si habrá otra vida eterna. T o fc
das estas diferencias dán una materia
abundantísima para discurrir chris-
tianámcnte contra lá incredulidad, y
el libertinage, dando sus verdaderos,
y luminosos colores á la Religión ,‘ y
haciendo el negro y propio retrató
de la impiedad*

(i) a* Cor. 4. ify . . .


F 4
88 E ÍA M S N m to s

En la subdivisión de esta segun­


da parte no tuvo mejor tino el Padre
Eliséo , que en la primera. Divide los
verdaderos motivos que mueven al
incrédulo en dos , que son la sober­
bia , y la corrupción del corazon, jun­
tando asi la segunda y tercera parte
del Sermón de Massillon sobre la ver­
dad de la Religión , las quales desflo­
ra aquí también á su modo* Pero con
licencia de ambos c re o , que aunque
en otras heregías haya tenido mucho
jnñuxo la soberbia de sus autores , co­
mo en un Montano, en un A rrio , en
un Pelagio , en un Lutcro , que no
habiendp sido , i lo menos antes de
hacerse cabezas de partido , viciosos
en sus costumbres , se dexaron lle­
var por un espíritu de hinchazón*
Con que se creían superiores á los
demás en mérito , ó en luces , á di-»
fentes errores * y se obstinaron con^
tra el sentiiníwto universal : no asi
SSRM. DEL P. ELISEO. 89

en la incredulidad : porque los dog­


mas que aquellos defendían eran muy
separados de lo que mira á pureza
de costumbres, que tal vez elevaron
basta negar la penitencia al relapso,
condenar las segundas nupcias & c;
pero el objeto principal de la incre­
dulidad ha sido desde el principio sol­
tar la rienda á lás pasiones * y dar á
la sensualidad del hombre toda la li­
cencia, que tienen los brutos en las sel­
vas. Esta monstruosa madre es la qué
dá motivo para muchos discursos v con
que se cubra de confusion á la incre­
dulidad , y ni el Obispo de Clermont
tuvo razó n p ara retirarla hasta el ter­
cero punto : ni el- Padre Eliséo , para
ponerla por segundo miembro de su
segunda parte , dando el primer lu­
gar á la soberbia , que solo debe sér-;
vir , quando se trata de la impiedad,
como excepción de la régla gene­
ral v por aquellos Atheps* que han vi-
r TEXÁMEK DE' LOS

vido (si puede creerse) • con arregle»


én sus pasiones. E l Padre'Eliséo con­
fiesa , wqué la impiedad Casi siempre
«empieza por-el corazon ” (a) y que
Hos primeros pasos que dá el impío
*>ácia la incredulidad no son sino efec^
wto de sus' extravíos , y de sus desor­
d e n e s* ” (b) El Ilustrísimo Masillorí
reconociendo ^ésto -mismo, dá en el Ser­
món sobre la; verdad de Id otra vidar
el primer lugar á la relaxacion, dé
la qual d i c e que es la raíz de toda
incredulidad; • • '
* -.. En efetfto , -la felaxacion , y lá'
sensualidad,-qti^úo'la soberbia, son el
incentivo poderosísimo , que ha arrasé
trado ^y préciprta en la impiedad tan­
to número de' al illas en lós reynos,
dónde se piéfde el respeto á lá Re­
ligión, sin que las leyes repriman tatt
sacrilego atentado , como se queja jus-*

(a).Pag, 29. \u% 7, (b) PíLgVga, Iih-.


SERM. DEL P. ELISEO. 91
tamente el Padre Eliséo. (a) La tur­
ba. innumerable de ambos sexos* que
sigue allí _la domina de la sensuali­
dad , ó mejor diré r que vive según sus
rnaxímas, ;no tiene otro imán que la
arrebate , sino es la; concupiscencia de
la carne. Comienza el joven á sentir los
ardores de esta pasión: tasca con un fre­
no que la reprime : quisiera desfo­
garla sin temor : encuentra maestros:
que lisonjean su apetito , y sin exá-
minar por falta de capacidad , ó por
exceso, de calor, los pnncipios ^ q ü cle
proponen , se rinde ligeramente á ellos
jorque vienen á medida del deseo,
Aqüt cabe muy bien todo aquello de
"adoptar ^ski exámen & c ” Si por ra­
zón de una christiana educación vi­
vió .algún; tiempo con tenido en su pa^.
stan y én el recogimiento.' de ;su;fami'
lia con el temor, santo de Dios^ lúe

■(0 . 4 3 * ÍIíi. 1 7 .
92 -EXAMEN1 DE LOS

go que se le echa á tomar el ayre


del gran mundo ( como se explican
allá ) para formarse á la sociedad, be­
be en ella el espíritu de esta do&ri-
na , que sin dilación , y con fuerza
fermenta en sus venas. La edad va­
ronil encuentra la sangre con este
vicio , y vá acariciándole mientras
tiene fuerzas para complacerle ; y
quando le faltan , cree , que ha per­
dido quanto hace apreciable la vida.
No digo , que todos siguen la mis­
ma carrera : ella por sí ofrece bas­
tantes precipicios , que la hacen odio­
sa : la misericordia del Altísimo y que
se derrama sin cesar, sobre todos los
hombres por la .sangre de un Re­
dentor * es ■mas. ■
poderosa qué sus
enemigos , y triunfa muchas veces;
pero lo. mas común :e s , según la ex­
periencia , que en semejantes países
es mayor , sin comparación , el núme-
10 de los que abrazan, y envejece»
SERM* DEL P. ELISEO. 93
en la impiedad , que el de los que
se preservan , ó curan de su ponzo
ña. Tienen los materialistas un géne­
ro de satisfacción en inducir la ju­
ventud por la carrera de sus sensua­
lidades , para cubrir con la muche­
dumbre de sedarlos la confusion, que
les causaría su brutal conduéla ,. si
fuesen mas singulares*. Desconfian, de
sus armas para con las personas de­
juicio r en las quales no pueden ha­
cer m ella, y asestan contra la edad
juvenil su infame: lógica de las pa„
síones, cuya etiergía domina y ti­
raniza unos corazones tiernos , en que
contra el orden regular de ,1a natu­
raleza obran con mas violencia quan-
to son mas nuevas, y casi recien na­
cidas.
Sus argumentos consisten, en tra­
tar como .impertinencias , ypreocu^
paciones de viejos las ideas del p.u*
d o r : murmurar las instituciones de los
94 EXAMEN Í)E LOS ’

Colegios y su educación, y las pre*


cauciones honradas, y religiosas con
que se xecatan los niños de ambos
sexos del trato, y concurrencia pe­
ligrosas á la honestidad, como in­
venciones que oprimen la juventud
con tiranía; blasfemar de los votos
de virginidad, continencia , y mor­
tificación , como destruétivos de la
naturaleza, y de' la sociedad : tacha?
el Sacerdocio, y sus funciones de su­
perstición , y de ceremonias pueri­
les , y.ridiculas : censurar con rabia
las naciones, que siguen leyes orde­
nadas para mantener con el temor de
la pena temporal el respeto debido
á la Religión , insultándolas con los
epítetos de bárbaras , inhumanas , y
sanguinarias , para lo qual suponen^
v¡ exágeran Hechos denigrativos. Acon­
sejan , y elógian la freqliencia dél tea­
tro : ila abertura , ~y franqueza en 1^
sociedad- :-la concurrencia recíproca
SERM. DFX P. ELISEO. * )g

del estrado: la amenidad : deleitosa,


é instrudiya del café ; y los exerr
cicios graciosos , y saludables del bai­
le , y de la danza, que contribuyen
á la agilidad del cuerpo;,, á conser­
var el equilibrio de los humores., y
á hacerse un lugar distinguido , prin*
cipalmente entre las personas del otro
sexo. Estos son sus silogismos con­
cluyentes , cuyas puntas; se embotan
en los espíritus maderos, y penetran
con triste facilidad los corazones mas
tiernos,,..

SÍ se les- reduce á hacer reflexio­


nes sérias;, y, á discurrir por princi­
pios r ^e les . encuentra ; enteramente
desarmados : y el que1 parecía un
Hoétor de la impiedad , : descubre al
primer choque;que no es -mas de un
Francés, .el qual asi., como se viste,
cam ina, y g e s tic u la sin otra razón,
que la de que esa es la moda , el pa­
so , y el gesto de París ^también ha-
98 EXAMEN DE LOS

blá el lenguage de la impiedad; por­


que es el uso de allá. No lo digo yo:
había dicholo Massillon v y lo repi­
te Eliséo por estas palabras w la las­
t i m a es , que esto lo vemos dema­
s ia d o en éstos tiempos infelices, en
«que se ha hecho la impiedad un len-
»guage dé moda” (a) D e suerte , que
para uno que dogmatiza con tal qual
apariencia de raciocinio, hay , sin
exágeracion , cien m il, que son unos
meros aturdidos, sin otro cimiento,
que la ligereza genial: nt mas prue­
b a , que la gran moda del gran mun­
do , que es el gran París. Esto pue­
de tanto en ellos , y hace1 en su es­
píritu una impresión tan viva, que ,aun
quando los principios de la Religión,
que tomaron en la prim era‘educación
christiana, y las aldabadas idte la gratiá
los mué veri á confesarse * ó á otros ác-

(a) Pag* Un. 13*


SERM; DEE P . ’EtlSEO.
to§ de piedad procuran con. todo estu­
dio ocultarse de los compañeros temes
rosos de la mofa. ¡
• Por estas razones, dixe v que et
primero r y aún el único motivo que
debió asignar el Padre Elíseo á los
incrédulos en la segunda parte, debía
ser la disolución. Si lo hubiera prac-;
ticado a s í, excusaría pasar de la so­
berbia á la disolución con un salto
chocante , ageno de toda sombra de
transición : bien que en esto es des±
graciadísimo el Padre* D ice, que (a)
*'en algunos la 1 soberbia; basta para
» darla sér , y en otros eldesórden
« de costumbres es el segundo origen
p>de la incredulidad/' Ajuste el qué
quisiere esas fiases ■y exámíne su pro^
piedad. También se hubifcra ahorra^
dó el argumento dé los inaptos , que
ponderan la templanza * la castidad,

, (a) Pag. *9» Un. 4. .

G
98 EXAMEN DELOS
y la fidelidad á sus obligaciones de
algunos: senarios: suyos, (a) Porque
aunque fuese cierto este cortísimo^ nú*
mero sería la excepción de la regla
general, que pone la rafe de la ín^
credulidad en la relaxacion r y entra­
ría en el de los heresiarcas ,, que ha
precipitado la soberbia ^ 6 la avari­
cia , según la doétrina del Apostol San
Pedro r que anunciando en sus dias la
píara de los libertinos r y eL espíritu
de sus maestros > llama á éstos em*
busteros, que introducirán se¿ia& de
perdición * y cort fingidas doítoinas
negociarán;., por avaricia ,; y de los
discípulos: dice T que seguirán sus- lu~
xurias, (1) '
En efeéta , esos hombres sóbríos,
y contenidos,; fieles , y oficiosos r co­
mo se dice , sin embargo de seguir eJL
partido del materialismo , ó el de

(a) Pag, 33* lím itf. ( 1) 3. Fet. a»


SERM, DEL P. ELISEO. 99

una total indiferencia en punto de Re^


ligion * han sido llevados á este ex­
tremo por la avaricia, ó por la va­
nagloria de ser mirados como orácu­
los de la muchedumbre Infinita de
viciosos, y aturdidos , que aplauden,
y ensalzan á los que fomentan sus pa­
siones con algún color, y pagan á
buen precio sus lecciones. Este fue,
á mi ver -, el espíritu ,-que' maleó las
buenas luces, y desquició la instruc- ’
cion sobresaliente del mas famoso dog-
inatista de la irreligión María Fran­
cisco Auronet deVoltaire, digno le­
gatario de la famosa Epicúrea Ana.
Ninon de Lenclós. Si en éi , ó en otro
de su carafter, no influyó la relaxa-
clon de las costumbres , fue anima­
do en sus delirios por el aplauso tan
universal de los libertinos de todas
ilaciones, y por el produjo tan con­
siderable que sacaba de sus impieda­
des. ¿Cómo hubiera logrado una con-'
G2
TOO EXAMEN DE LOS
sideración tan alta , y una celebri­
dad tan estendida , si no fuera por el
ayre satírico de sus escritos contra
lo mas sagrado? ¿Como llevára tras
sí tanto séquito , sino fuese por la,
filosofía infame , tan halagüeña á las
pasiones, que siembra á manos llenas
en sus obras ? Busquese otro mérito
fuera de ese para tanta gloria T y uti­
lidad * y no se encontrará : porque
la pureza 7 y gracia de su estilo
en la prosa , y en el verso le da­
rían nombre entre los humanistas
de su nación * y no mas. Sus histo­
rias son despreciables por los capítu­
los mas esenciales, qtie son la falta de
imparcialidad , y la de exá&itud : tan^
to en los hechos, que viste á su an­
tojo , y no pocas veces son supues-
to s, como en la cronología. Los de-
fe&os de sus piezas poéticas no' son
pocos^ aunque ios disimula con rasgos
brillantes, y originales , que no pué-
SERM. ©EL P. ELISEO. TOI
den negársele. La Física nada le de­
be : en las Matemáticas no adelantó
cosa alguna * y en suma todo lo de­
be á su satíra contra la Religión en
los puntos mas recomendables, y á
su moral relaxada. ¡ Quántos hombres
en la misma Francia de mas sabidu­
ría , sin comparación , que Voltaire,
dotados de ingenio mas sólido, mas
profundo , y mas penetrante que el
suyo : sobre todo , de juicio mas se­
guro , y constante , apenas son co­
nocidos de algunos sabios , y Vivie­
ron en la obscuridad , ó yacen ol­
vidados de m nación! La satira , que
condüxo á Voltaire i la Bastilla., y
le causó mil inquietudes en el curso
de su ■ vida , füe el origen de su crédi­
to: á medida que cotí ella se fran­
queaba el paso á la gloria popular,
fue estendiéndola de las personas á
los Estados , de éstos á los Gobier­
nos , de aquí á los hechos , y doc-
G 3
103 EXAMEN DE LOS
trinas mas recibidas, hasta rasgar c¡on
ella los velos del Santuario. Pero si
éste , y algún otro maestro de la im­
piedad , y de la irreligión no cami­
naron al precipio por el camino real
de la disolución, y marcharon por la
senda de la vanidad , y de la ava­
ricia ; no por eso dexa de ser certí­
simo , que la caterva ¡numerable de
seétarios vá por aquella*
No me detendré en manifestar los
plagios : porque basta haber indica-
. do los tres sermones de Massillon, que
- desfloró el Padre Eliséo * para-hacer
■ éste. Ni en exáminar el modo con que
trata aquí su argumento contra la in­
credulidad : porque sería repetir lk
falsedad de principios, el trastorno
de partes, y la enervación de - los
razonamientos de Massillon , que he­
mos tocado en la primera parte* Con-
tentaréme con decir dos cosas. La pri­
mera, que define á la soberbia de
SERM* DEL P, ELISEO. IO 3
un modo raro. <fLa soberbia, dice , no
^.solamente se dedica á conseguir los
»bienes exteriores que pueden hacer
«al hombre superior á los demás ^ sí-
sí no que esta pasión perniciosa se for-
«ma á sí misma placeres ocultos , y
«se írrita contra la divinidad.” (a)
¿Puede darse una pintura mas extra­
ña de la soberbia ? Aún la cláusula
de.„.„..se irrita contra la divinidad....
que tal qual parece un rasgo de la
soberbia ^ no lo es , no digo de la so­
berbia de los hombres ; pero ni de la
4 e Lucifér i porque éste se irritó con­
tra D ios, y no contra la divinidad*
á cuyos soberanos gages aspiraba.
Apliqúense las mismas frases á la lu­
juria y tendrán mas propiedad. Ha­
damos por gusto la prueba , de este
modo....*^ La luxnria no solo se dedica
?*,á conseguir los bienes exteriores, que

(a ) P ag, lin. 14*

g 4
104 EXAMEN BE LOS

«pueden facilitar al hombre la s a t i­


sfacción de su sensualidad : sino que
>>está pasión perniciosa se forma á si
» misma placeres:ocultos , -que no se
v atreve á déxar tr'aslu&r , y se irrita
»contra la divinidad, testigo inevitá-
«ble , y Juez vengador : porque tó-
»do lo que la opririieylá enfurece &c/r
Así puede continuarse atribuyendo con
mas propiedad á este vicio lo que el
Padre Eliséo predica de la soberbia.
¿Quién h¿ pensado hasta ahora dar*
ía el apetito de los bienes, que carac­
teriza á la avaricia? ¿La invención de
placeres ocultos, que distinguen la las­
civia mas refinada?
La segunda ; que aunque el Pa­
dre Eliséo hace todo su fondo de Mas-
sillon , no entra como este Prelado
en el corazon del incrédulo, para es­
carbar en sus senos la semilla de la
impiedad , averiguar de dónde le vi­
no | cómo prendió , qué riego tuvo»
StfRM. DEL'p. ELISEO. I0 g
y por qué medios logró su progreso:
ni le confunde con la vista de su tor­
peza, la malignidad de sus frutos, .y
el ru b o rq u e causaría á los ojos de
los hombres su cosecha,si descubrie-
sen quanto excede los límites ordina­
rios de la flaqueza humana. En una
palabra, no saca, como el Obispo de
Clermont, el retrato espantoso de cuer­
po entero del incrédulo: ni le dá el ne­
gro colorido, que hace odioso al impío,
retratándole d J apres nature dans touts
tes tr a its , como se explican por allá:
que es en lo que debia tener mas vi­
gor y gracia el pincél del Padre Eli­
séo , que mostró siempre mayor; ajf*
clon a l estudio de las letras
ñas* (a)

(a) Carta d d P. tores del Diario etc


Provincial á los A u - París» ■'J
ao 5 exam en d e l o s

§ IV ,

P E R N IC IO SO S EFECTOS
que puede causar á nuestra Fee la
traducción de este Sermón , el siguiente,
y íos dos sobre la honradez
sin la Religión*

iX x I m o s al principio, que teníamos


por peligrosa á la piedad de nuestra
fa c ía n la traducción al Castellano del
Sermón sobre la Incredulidad. Lo mis­
mo nos parece del siguiente, y de
los dos sobre la falsedad de la hon­
radez sin la Religión; (a) y la impor­
tancia de este defe¿to, común á las
^quatró piezas citadas, nos estimula é
no dilatar su declaración* La le&ura
de ellas lejos de edificar , y perfec^
cionar á los Españoles en la fee, que

Ja) Corten Ües&c la p ag. 1113, t., T* ^


SERM. DEL V * ELISEO. 1Ó^*
, por la misericordia de D i o s y los loa.
bles estatutos de nuestros Padres, con­
servamos intaéía, puede conducirnos
.al borde del error, y aún precipitar
á muchos en el abismo de la incredu­
lidad: porque el Padre Eliséo vierte allí
todas las maxímas, principios y discur-
. sos de la incredulidad: y como la doc­
trina de esta seéta es tan halagüeña
á la carne, y persuasible á la mate­
rialidad de los sentidos, tomará el ene­
migo ocasion, y armas, con que com­
batir la fee , y corromper mas las
costumbres* Nosotros' hemos mirado
siempre estas materias con toda la
circunspección que merece su delica­
deza ; y nuestras sábias , y religio­
sas precauciones dirigidas á contener
-á nuestros nacionales en los límites
de la Religión, no solo en las obras
.sxnO; en; las palabras., nos han consers-
vado hasta ahora, gracias á Dios, el
depósito de la :fee én toda su inte-
Iü 8 EXAMEN DE LOS

gridad* Murmuren nos por ellas los ex­


traños de nimios , de supersticiosos,
ó de ignorantes, que menos importa
eso, que ser libertinos, incrédulos, Es-
pinosistas, ó Socinianos: defeétos, que
«líos miran como elogios, y testimonios
'de la superioridad de su ilustración.
¡Tal es la gloria de strsiglo filosó­
fico!
* Yo no reprueba la conduéta del
Padre Eliséo de emprender tantas ve­
ces el empeño de batir á los incré­
dulos : nada es mas propío del zelo
de un Predicador , ^ntre gentes, que
han abierto la puerta :t la impiedad.
■Creóle , y con mucho dolor , quan^
■do. dice , (a) " bien conozco: que es­
lía s horribles ! pairadoxas ítebian es-
.íítár sepultadas en las' tinieblas , y
7rque sería peligroso publicarlas, aún
+?quando sé refutasen al misino tiem-
SERM. DEL P. ELISEO* IO p
« po ^ pero nuestro siglo no permite
«guardar silencio, y usar de ésta eir--
«cunspeccion- con la venturosa senei~
«lléz del Christiano: esta funesta doe-
«trina está yá demasiado extendida*
«el daño está hecho , y yá no es-
«tiempo de precaverlo..* Las leyes no
« han reprimido estos atentados, y de
»ahí ha nacido lo que siempre su~
«cederá , «Stc. ” Lo mismo nos ha­
bía significado el Ilustrísimo Massillóá
en estos términos : v No me atreve-
ría á decirlo áquí , Católicos , si
veste modo de hablar , dudando dé
»la fee, m se hubiera hecho tan co-
« mu n entre nosotros, que yá na es
n necesario usar de precauciones para
«impugnarle;” (a)Pero por una razón,
contraria reprucbo ? y juzgo perjudi-
cíalísima (\ nuestra Nación la traduC-

(a) Mas*. Serm ; de la KeK glon.


de las dudas acerca
IIO EXAMEN DE LOS
cio'n de esas paradoxas, y de esas mons- v
truosidades* Entre nosotros no puede
decirse sin injuria, que -yá esté exten-:
dida la doctrina dé la impiedad: que
el daño está yá hecho: que el modo
de hablar, dudando de la fee , sea =
común, y que por tanto no sea yá
tiempo, como en Francia,.de usar de
precauciones , y de sepultar en el
silencio aquellas horribles paradoxas,
y monstruosidades, que los nuestros
ignoran felizmente. Ponérselas en la
mano por medio de la traducción, es
echar la, semilla , dar principio al
error , y comentar el daño con la
santa apariencia de Sermones* ¡Quan-
tas veces ha entrado la peste del
Oriente en caxas de Botica ! Nues­
tras Leyes , cuya severidad contra
estos atentados censuran temeraria-
mente los Franceses , porque no so­
lo reprimen la licencia de obras y
palabras , sino que casi ahogan los
SERM, DEI* P. ELISEO* I I I
pensamientos impíos; nuestros Minis­
tros que con tanta z e la , y vigilancia
trabajan en purgar la tierra de maleza,,
y abrojos cuidando que na venga por
el ayre la semilla* y observando la
atmosfera y por si la traen algunas ra~
fagas de viento * que soplan de la otra
parte de los Montes * nos tienen en
el casa opuesta al de Massillórr, y
Eliséo ,, y por lo mismo será muy
peligroso * que se publique, aún quan­
do se refute al misma tiempoyla doc­
trina de la incredulidad* E l Venerable
y dodo Padre Fray Luis de Granada
es un testimonia irrefragable de nues­
tra antigua circunspección en jales
puntos. En su introducción at Sím­
bolo d& la Fee T obra digna de su
piedad , y literatura T y monumento
digno también de la Religión,, se, fue
con tanto; pulso , que en el ProL á
ía 4 Part„ dice : trNo me entrometo
?>en confutar muchas maneras de er-
t i 3’ EXAMEN DE LOS

»rores que tienen los que están c íe --


«gos, y solo toco aquellos que to­
ados saben , quales son los de los
« Judíos, y Mahometanos: porque no
«me acusen de que desayuno & otros
?>de errores que no saben*”
¿Pues, qué diremos de los quatro
Sermones del Padre Eliséo, en que to­
ca , y vuelve á tocar los errores del
materialismo : nos desayuna , y- aún
rellena de sus -máximas : nos pone
por extenso sus principios; y nos ma*
nífiesta sus con sequendas? Ellos so­
los componen un tratado suficiente
del Materialismo* Añádese á ésto, lo
primero, que quando se proponen sus
principios para combatirlos, iisa y pot.
lo regular , el Autor de estiló mas
sencillo , é inteligible que quando los
impugna t por exétnplo (a) w ¿De qué
»;sirve, dicen los incrédulos, aumentar

(a) P. if* I, 8*
SERM, DEL P- ELISEO* 11 3
wlas pruebas de una revelación que
?*es inútil ? la razón , y la ley natu-
«ral le bastan al hombre para con­
d u cirse , y con qualquiera culto
wque tribute á la divinidad, está cier-
w.to de agradarla, con tal que sea
«amante de la justicia, y caritativo
«con el proximo. De aquí infieren que
«la revelación es inútil, pues sin ella
« creen que podemos cumplir con to­
radas estas obligaciones, (a) Todos creen
wque los apetitos mas abominables,
«quando nacen de la complexión , no
«necesitan de otro título para ser lí-
» citos, y miran los vicios mas infa-
3?mes como unas inclinaciones inocen-
«tes , que la naturaleza inspira , y
«que la misma naturaleza aprueba* (b)
«Procura persuadirse que el hombre,
«semejante á los animales , 110 es mas
«que un compuesto de materia que

(a) J?ag« 34* 1* *3, (b) Pag. 3a. 1. 35. &c#


H
114 EXAMEN DE LOS
«el acaso destruirá en breve; se di-
«ce á sí propio , que es inútil ajustar
«sus costumbres á,la l e y , una vez
« que lá noche del sepulcro ha de se-
«pultar en sus sombras todas nues-
«tras acciones : mira las maxímas de.
«la equidad , y de la virtud como
« errores populares , los premios , y
«los castigos como puras quimeras,
« y la Religión que las propone co-
»mo una invención política destina-
«da á contener al hombre con el te-
«mor * y á dár mayor autoridad á
«las leyes que mantienen el buen ór-
«den en* la sociedad.” (*) No me
alargo á otros pasages , tanto , ó mas
escandalosos, aunque esta obra no es
Nota. Que en ironía ^que usa éstt
todo esto copia el p, para hacer odiosa. t&
misto la. Paraphra- incredulidad j al swíj-
Jfj del Psalmo 13.. mo tiempo que descu»
de Massillon ; pero bre sus principios 3 y
la dciiiuda di (iquilla fas maxímas impíaf.
SERM* D E L P. ELISEO. I i g

propia del vulgo como -los Sermones


del Padre Eliséo, por no dár con ellos
la copa de la iniquidad, y hacer pota­
ble la impiedad , según la frase de
Job. ( 0 . .
No usa el Padre Eliséo un estilo
tan claro , quando quiere refutar esos
errores , y casi ofusca , y enerba las
razones á fuerza de querer realzarlas
v. gr. (a) "Siguen unos incomprehen-
«sibles errores, porque no quieren creer
j?en misterios incomprehensibles; blas­
fem an lo que ignoran , reprueban
»lo qtte nunca han examinado , y
??sacrifican á la vanidad las poten­
c i a s que nosotros sacrificamos á una
j?autoridad legítima, (b) Animad vues­
t r a s cenizas , ilustres almas , cuyos
wdoctos escritos confundieron en otro
» tiempo á los Celsos , y á los Por-

(a) Píig. a6- I- t o , (i) Job* 15. 16,


(b) P;ig. aS. 1. 10.
Il6 EXAMEN DE LOS
«phirios. ¿Podrán, acaso, alzar los
«ojos á vuestra vista esos impíos, que
«desprecian los monumentos de eru-
«dicion que habéis dexado á la pos-
«teridad ? &c. (c) Y para manifestar
«toda la eficacia de esta verdad,dad
« aquí testimonio , vosotros, que se-
« pultados por espacio de muchos años
«en las tinieblas de la impiedad, ha-
«beis al fin abierto los ojos á la luz,
« y conocido la gravedad de vuestras
«culpas: decidme ¿si en una edad
«madura , en que estando las pasio-
«nes menos vivas dexan á la razón
«toda sü libertad , habéis formado
«entonces dudas sóbrela Religión? (d)
«Quando está yá colmada la medida
«de los delitos , y se ha perdido el
«derecho que se tenía á la suprema
«felicidad, entonces es quando el honv

(a) Pag. 3D* lin. (b) Pag. 31, 1, a i ,


ult* y s i g u i e n t e s .
SERM. DEL P. ELISEO.
wbre se ofrece y entrega en brazos de
p la suerte , y funda toda su esperan­
z a en volver á la nada.” (*) No to-^
dos los que entienden aquello compre-
henden e s t o n i puede hacerles fuer­
za alguna. En la propia refutación col­
ma de elogios á los Escritores incré­
dulos, á los quales dá el título de
restauradores del buen gusto , y de
la cultura de los antiguos , de hábi­
les en la Retórica , de cuya arte sa­
ben servirse para exponer su doctri­
na* (a) Ni se diga que habla con iro­
nía : porque eti otra parte (b) canta
bien de plano , y dice , ■" que los es-
« critos que salen de la mano del
??incrédulo , y en que se combate la
(a) Pag. 4/. 3 í. 14* referidos de M tisti-
£b) Pag. iq6. L 3. Uon , y desfigurado^
(* ) lío t i : Q ti3 y' enfidqttecido con et
fondo de todos estos ti estUo d d F a d fé
pensamientos es sa- Mtiséo.
cadv de los Sermones
h 3
Il8 EXAMEN DE LOS

«providencia de Dios &c. no respiran


«sino humanidad , y están llenos de
,c«las mas vivas exórtaciones ál amor
»del proximo.” Esto me parece tan
irregular , como él que trate á los sec­
tarios con los epítetos de hombres vi­
les , é ignorantes , almas . o c i o s a s y
disolutas , (a) lo qual no es confor­
me á la caridad,-que debe brillar tan­
to en el Predicador , ni á las reglas
de la oratoria christiana : porque aun­
que son contrarios á. nuestra causa , no
tratamos, como en el Senado * ó co­
mo en el Arcopágo, de triunfar de ellos
por su condenación; sino de ganarles,
y traerles con suavidad al camino de
la salvación en Jesu Christo. Lo se­
gundo, que ,.aun para combatir á la
incredulidad , no era menester jnani-
festar tanto sus secretos perniciosos
por mas infestado, que se suponga el

(a) P a g. 07. Ün. 6*


SERMf DE-L P. ELISEO. I I 9
concurso. A los mismos auditorios pre­
dicaron Giroust , Bourdaloue , Mas-
s i l l ó n y otros ■
; pero como sabían
que con la cizaña estaba mezclado
el buen grano , fueron con el debido
Jiento , para.no.maltratar éste por se­
gar aquella. El Padre Eliséo no ha
hecho otra cosa , que destripar , si
puedo decirlo así, sus discursos , ener-
bar sus razones , y amplificar las ma,
xímas del materialismo, que ellos su-
. pieron batir, y perseguir hasta sus
mismas tiendas , haciéndose entender
de los que estaban imbuidos del er­
ror , y sin poner la piedra del escán-^
dalo en que pudiesen tropezar los.ino­
centes : y por no imitar la loable
conducta de estos hombres , es Pc^
grosa entre nosotros la le&ura de las
piezas citadas.
120 EXAMEN DE IOS

§. II.

EXAM EN DE LOS SERMONES


indicados en el antecedente.

A .U nque en el paragrafo anteceden?-


te hemos manifestado el perjuicio de
la traducción de estas tres piezas por
la claridad, con que ponen á la vista
de nuestros pueblos los arcanos infa­
mes de la impiedad , en lo qual son
análogas con la primera : necesitan to­
davía de exámen mas particular No
será tan prolíxo , como el de la otra:
no por falta de materia , sino por*
que haríamos una obra inmensa , y
nada útil. Poco satisfecho el Padre E 1U
seo de su asunto sobre ¡as obligacio­
nes del ebristiano en ¡a sociedad , que
deduce de las palabras de Jesu Chris­
to, queerite primum regnum D ei & c, re­
feridas por San Mateo en el cap, 6.
dice.... " quizá se me censurará de que
5ERM. DEL P« ELISEO. 121
«me limito en esta Cátedra christiana
9>á instruir, y resucitar vuestro zelo
para la patria... ” Antes de oír su
respuesta á este reparo, querría que
me respondiese á este Otro, ¿por qué
de un Evangelio , en que habla Je­
su Christo literalmente del esmero de
la divina providencia sobre todas nues­
tras necesidades corporales , para que
descuidados de . ellas nada mas pro­
curamos , ni trabajemos en otra cosa,
que en alcanzar el Reyno de los Cie­
los , ha sacado la idéa, de que el
Evangelio ilustra y determina con sus
preceptos las obligaciones del Chris-
tiano'en la sotíedad ; y santifica , y
facilita con sus motivos el cumplid
miento de ellas ? ¿ Por qué de las
palabras del divino Maestro nollite
timere con que nos quita el miedo á
los Tíranos, cuya violencia está limita­
da á la vida temporal, y nos pone á la
vista el temor santo de P io s , que se
lü a EXAMEN DE LOS ’
estiende hasta la eterna , deduce, (a)
tf que los principios de la increduli-
« dad son incompatibles con la verda­
d e r a honradéz, porque destruyen las
obligaciones del hombre en quanto á
«Dios yen quanto á la sociedad?” ¿Por
qué del mismo texto infiere (b) w que
»la honradéz de los incrédulos nunca
«es sólida,porque los motivos que la de-
»xa la incredulidad son insuficientes?»
Acuérdome á este proposito de un
Opositor que del texto Saúl percusit
mille , David autem .decem millia , sacó
la conclusión de David fu it Author
omniuvn psalmorum} Si lo hizo por el
zclo de combatir la impiedad , ningún
pasage del Evangelio era mas á pro­
posito que. el de qit&rite primum &c. en
el qual ensalza el Salvador la provi-

(a) I, íerm , de Ia la hotiracUí j p» 164,


fconradsss.p. i?/. 1. 4» I. 5,
(b) II, Sei-m, de
SERM. DEL T. ELISEO. I ¿g
denria de Dios siempre benéfica , y no
como quiera, ó en general; sino la que
exercita sobre cada uno de nosotros,
que es el primer escollo ^Lel Materia­
lista.
¿ Quál más terminante que el otro
de nollité timere para hablarles de
vida eterna , de premios , y penas, y
de la inmortalidad del alma , que
son los dogmas, que procuran destruir
con su seda? Pero' en el 'Padre Eli­
séo se advierte un prurito , que le
caracteriza^ de tratar á-suntos politicón*
de hablar sobre la sociedad , y él
órden público, y de discurrir por
principios de pura humanidad; y por
seguirle , violenta los testos pani sa­
car esos temas , é incurre en otros
defe&os que iremos viendo,
¿Y cómo satisface al reparo qiie
se opuso ? írQue si pudiese conseguir
??solamente que una persona supiese
«mejor sus obligaciones, y amase mas
124 EXAMEN DE LOS
«las leyes v su Religión y al próximo,
su ministerio no dexaría de tener mé-
«rito para con el Señor.” (a) No hay
duda, que ^sería muy, meritorio , y
también lo sería , s'/ todo el tiempo
que gastaba en decir un Sermón, en
aprenderlo, y escribirlo, lo hubiese
empleado en oracion mental ¿quién lo
duda? La censura no recae sobre si
el Padre Eliséo merecía, ó no me­
recía para con Dios, hablando á las
gentes de aquella materia : lo que
puede tachársele, y yo. le tacho, y
le í’cpruebo, e s, que en aquel lugar
no hablase de las obligaciones del
christiano , como christiano , y dis­
cípulo de Jesu Christo , explicándose­
las conforme al Evangelio, el qual
le manda cumplirlas puramente por
Dios , y en Dios, De esta prá&ica
evangélica viene sin sentir, digátnos-

(a) P* 41* lin. 8*


SERM. DEL F. ELISEO. 12 J
lo asi el amar las leyes , al Sobe­
rano , y al próximo en Dios y por
Dios, y ella es la que forma los ver­
daderos patriotas mirando á la patria
celestial. El Predicador falta á su
obligación , y trastorna la palabra
de Dios, si intenta mover los ánimos
de sus oyentes con utilidades , y es­
peranzas temporales.
Jamás propuso Jesu Christo por
fin de su dodrina otra cosa, que la
negación de sí mismo, la mortifica­
ción , la paciencia, y la cruz: ni otro
medio, que la gracia, el desprecio del
mundo, de sus riquezas , y de su felK
cidad: ni mas premio , que la vida
eterna. Lo que predicaba, lo execu-
taba , y cumplía para confirmarnos
con sú exémplo , con el qual nos
exórtabk San Pedro ; (i) y por tanto
decia San Pablo , que no predicaba

(i) x. Píít, a. a i .
I2Ó EXAMEN DE LOS
mas que á Jesu Christo, y esé cru­
cificado. (i) Bien sabian ambos, que
este soberano asunto de la Religión
era el escándalo de los Hebreos, y la
mofa de los sábios del gentilismo: pe­
ro predicándole, convertían á los unos
y á los otros. No ignoraban ellos
y sus mas inmediatos succesores las
calumnias, con que desde el principio
pretendió la malicia hacer odioso el
christíanísmo, ni la rabia , que ani­
maba contra él á los Césares, y Prín­
cipes, á quienes se les figuraba como
opuesto á sus intereses, á la subor­
dinación , al amor de la patria, y á
las virtudes sociales; (¡tan antiguas son
estas notas!) mas no por eso se po-
nian á predicar, que las maxímas del
Evangelio eran las que ilustraban, y
determinaban las obligaciones del hom­
bre en la sociedad; que sin ellas no

(l) S. C o r. i. »3*
SERM. DEL P. ELISEO. I 2?
había verdadero patriotismo: que por
ellas se formaban los héroes , y que
los motivos del paganismo eran .muy
insuficientes. Los Filósofos del genti­
lismo hacian valer sus seétas, y pro­
curaban ganar discípulos por estos y
otros medios semejantes, que hacen su
impresión derechamente en los senti­
dos , que despiertan los intereses tem­
porales tanto del particular , como
del gobierno ; pero los Apóstoles, y
los Varones Apotólicos, aunque con
esto hubieran ahorrado muchas pe­
nas, nunca predicaron sino el espíri-
m del chrístianísmo.: lo que hay en
él de m s contrario á la carne, y á la
prudencia humana; lo que mas hiére
la delicada sensibilidad del Príncipe*
y del vasallo : porque aquellos no
buscaban , como los Apóstoles , la
gloria de D ios, sino la suya : no se
cuidaban de encaminar las almas al
Cielo, sino á su escuela. No será ex-
128 EXAMEN DE LOS
traño, ni reprehensible, especialmen­
te donde cunde el materialismo, ti­
rar algunos rasgos sobre la confor­
midad del Evangelio con la razón, y
con el órden público, al modo que
San Pablo tomó ocaslon de la lapida
que vio en Athenas para predicar á
Jesu Christo en el Areopágo, y aún
se sirvió de un hemistichio de Arato;
pero esto ha de ser ligeramente , y de
paso: como por conseqüencia, ó retor-
cion; y no como tema de una ora-
cion evangélica.
Un Sermón, cuyas proposiciones
sean semejantes á las del Padre Eli­
séo en estos tres, choca á los hom­
bres religiosos : enseña á la mayor
parte de su auditorio lo que le con­
venía ignorar , y dá necesariamente
en la monstruosidad de texer una te^
la , cuyo fondo, ó campo es la im­
piedad con todas sus máximas, prin­
cipios, y conseqüencias, sembrado 4 e
SERM. DEL P. ELISEO. 129
algunas flores de filosofía con tal qual
perfil de Religión. En prueba de ello
venga el de las obligaciones del Chris-
tiano en la sociedad. Entra el Padre
Eliséo con la decíamacion..ÍC ¡Quán des-
«preciable es aquella sabiduría profa-
«na que desune los intereses déla so-
«sociedad de los de la Religión, que
«se persuade á que la exá&itud de los
«preceptos del Evangelio no es coffi-
«patible con las maxímas de unasá-
«bia política'; y á que todo desmaya-
«ría si la piedad sola gobernase los
» Imperios!..” (a) En el mismo estilo si­
gue toda la plana 42. trayendo las
detestables conseqíicncias , que saca el
incrédulo del Evangelio. Emplea la
43. en decir, que estas horribles para-
doxas debían sepultarse en las tinie­
blas; pero que la Francia estaba yá
tan viciada dé ellas , que no podía

(a) Pag. 41.. y


l
I 30 EXAMEN DE LOS
guardarse silencio. Lo demás de ella
y toda la 45* lo ocupa en indicar
el modo que tienen los incrédulos de
hablar sobre el christianismo: plana*
bien notable: porque en 26. lineas, que
contiene no hay mas punto que el fi­
nal, y doce comas. La 46., y parte de
la siguiente es otro pedazo de exor­
dio vago reducido á decir , que to­
da la opinion de los impíos no quita­
rá su triunfo á la Religión , y que
el christianismo es una ley suave, que
inspira el perdón de las injurias , el
desinterés, el amor de la patria , el
zelo de servirla , y el conocimien­
to de la verdad 7 con una sentencia
grave, y aguda por la metáphora de
saetas..?Todas las saetas, dice , de sus
»enemigos se quiebran así que dán en
aquel semblante magestuoso* (a)
Todo el pedazo de tela que hemos

(a) Pag* 46. lin* 04*


SERM. DEL F . ELISEO. I £ I

recorrido en cinco planas, y media no


tiene á favor del christianismo mas
(fuera de la intención, conque lo de­
cía el Padre Eliséo , y de la afección
piadosa con que le o y e , ó lee un ca­
tólico) que una , ú otra cláusula, co­
mo es wque el christianismo no tiene
«por apoyo la ignorancia , ó es se-
semejante á aquellos rayos que recon­
centrados en lo profundo de las nu-
wbes parece hacen un estruendo mas
«magestuoso(*), solo causa respeto con
«las tinieblas entre que se oculta (a).”
Pero yá se vé que esto es decir na­
da , y eso muy mal. ¿ Qué rayos
son estos, que se reconcentran en lo
profundo de las nubes ? ¿ quáles son
los que hacen estruendo magestuoso?
¿en qué tinieblas se ocultan para cau­
sar respeto? Hasta ahora la Física no
conoce otros rayos, que los que rom-

(a) Pag. 44, 1* J* ( * ) A ú sstá*


I*
13^ EXAMEN DE tOS

pen la nube, en vez de reconcentrar­


se : los que dán un estallido horro­
roso , en lugar de estruendo magestlio­
so , y los que causan no respeto con
las tinieblas , sino asombro , y espan­
to con la violenta , é instantanea luis
que vibran : esto es rayo , y lo de­
más es trueno. Acuerdóme de un Ser­
món , que para burlarse de los Pre­
dicadores , que usan de este lenguage,
hizo un sugeto , y decía una de sus
frases, ^Aparecióse en tiempo de Na-
buco una que parecía serpiente, exá-
alando fuego por lo mas arduo de
*ysus v e n a s . E n la 45. procura ate­
morizar las conciencias delicadas de
los materialistas con el escrúpulo de
que <É aun quando no llevasen el
wfin ( se entiende quando hablan con-
« tra la Religión ) de erigir su siste-
»ma sobre las ruinas del christiams-
»mo , siempre sería delito dár tan-
h ta fuerza á unas dificultades, que ellos
SERM. DEL P. ELISEO. I 33
«mismos no quieren resolver. ” Lo
mismo le digo yo al Padre Eliséo , que
sería mucho mejor, que no impusiese
á sus oyentes en las dudas, y prin­
cipios de los incrédulos , especialmen­
te quando no se pone á resolverlas,
y á combatirlo^ mas que con decla­
maciones vagas á favor del chr istia-
nísmo.
Tal es aquella. "Triunfarás , au-
gusta Religión , de todas estas per-
sí sediciones ; y tu autoridad , capáz
«por sí sola de humillar la soberbia,
3>y de ensalzar la humildad , debe
?yinfundir un mismo respeto así á los
»sabios como á los ignorantes* El hu-
37mo denso que sale del abismo no
» empañará jamás tu lustre.” (a) Sin
duda quiso el Padre Eliséo cometer
la figura que llaman sus paisanos Elans,
y los Retóricos Exabrupto 7 que es

(a) Pag, 46- il prine,


13
134 EXAMEN BE LOS
como un ra y o , que cae á cielo raso»
quando está el tiempo mas sereno*
Bossoet fue muy distinguido en este
género , porque los vibraba la pro­
funda ciencia de la Religión , y el
volcan de su corazon sensibilísimo á
los intereses de ella ; pero aquí es un
granizo como el del dia de Santa
Ana el año de 1782. En ña descien­
de al Evangelio , y aunque no es á
la cláusula de su tema, qucerite prt-
mum & c . , sino á otra muy diferente,
á lo menos son palabras de Jesu
Christo , dtiiges proximum tmm S e .
y dice , que con esta sola respuesta
que dió al discípulo ansioso de sa­
ber sus obligaciones , se mantiene fir­
me la Religión contra los ataques in-,
sidiosos del incrédulo, (a) Y en ver­
dad, que si éste fuese todo el apo­
yo del christianísmo , no andaban le-

(a) Pag* 47, ai peíne*


SERM. DEL P. ELISEO. I 3J
xos de su perfección los Quakttros y
los mismos incrédulos que ponen en el
amor del proximo , y exercicio de la
caridad toda la suma de su seda. El
gran precepto del Evangelio, de amar
al próximo como á nosotros mismos;
ni es, ni puede ser cimiento, que por
sí solo sostenga el edificio de la Re­
ligión : no es mas que una maxíma,
que cara&eriza la bondad , y benefi­
cencia de nuestra divina Filosofía, pa­
ra cuya observancia es menester la
fee, la caridad, y el auxilio del Maes­
tro que la enseñó, y sin estos fun­
damentos , ni es meritorio el amor
del próximo , ni añade cosa alguna
6 lo que enseñaron , y aún praftica-
ron muchos Filósofos antiguos, y á
lo que confiesa el Padre Eliséo , que
exórtan vivamente los incrédulos en
todas sus escritos* (a)

(a) P ag. ñ la lín. 3*


I4
13 6 EXAMEN DE tO S

¿ Y qué deduce de este precepto,


para probar que el Evangelio ilus­
tra , y determina las obligaciones del
christiano en la sociedad? Salta por
las brasas : huye lo mismo que le man­
da su tema , qucsrite primiim regnum
D e i , y sin acordarse de Dios , ilus­
trando su precepto en toda su exten­
sión, que comprehende las obligacio­
nes del hombre como christiano en
Dios , y por D ios, de cuyo cumpli­
miento fiel resulta por conseqüencia
el amor, y subordinación á los Sobe­
ranos , y los deberes á la patria: pa­
sa á estos, como objeto principal, y
antepone el órden público al órden
espíritu al del Evangelio. Hace el ofi­
cio de Orador político , y dexa á un
lado el de Predicador Religioso* ¿ Y
cómo enlaza las obligaciones del hom­
bre con el Evangelio ? Dice , que
»los christianos enmedío de los tor­
il mentos pedían á Dios por Nerón
SERM. DEL P. ELISEO- ' I 3 ¡7
wporque así los tenía enseñados Jesu
»Cliristo , quien siempre fie l, y siem-
»pre afedo á su ingrata patria , en­
comendaba á sus discípulos que fue-
?>sen obedientes á los Soberanos, res-
v petasen el orden público , y solo
v opusiesen mansedumbre á la violen-
»cia de los tiranos....” (a) Yo no sé,
ni de dónde , ni para qué trae el Pa­
dre Eliséo aquello de que " Jesu Chris-
»to siempre fie l, y siempre afe&o á
»su ingrata patria encomendaba fkc.”
¿Qué fidelidad, ó qué afeifto patrió­
tico es este ? Jesu Christo negaba á
su misma madre , y parientes , y
aseguraba, que no tenía otros que aque­
llos que hacían la voluntad de su Eter­
no Padre, (i) Jesu Christo huía de su
patria , y tenía por maxíma , que nin­
gún Profeta lograba aprecio en la su-

(a) Pagina 47* (O la . h v, 46.


ün. 17*
J 38 EXAMEN DE LOS

ya. (1) Jesu Christo en ninguna par­


te escaseó mas su doétrina, y su be­
neficencia , que en Nazaret, su pa­
tria , donde no parece que predicase
mas que un Sabado : (2) consta que
curó á pocos : (3) en fin , que no
obró allí sus maravillas : (4) de suer­
te , que él mismo se hace , en nom­
bre de sus compatriótas , la repre^
hension de que ¿cómo no practicaba
con ellos, y en su patria los prodi­
gios , que en otras partes? (5) ¿Y qué
íesponde i esta objccion ? Póneles á la
vista, por toda satisfacción 4los exem-
píos de Elias , que en tiempo de la
hambre á ninguna de sus paisanas
socorrió , como lo hizo con la viuda
Sarepta , natural de Sidonia ; y el de
Eliséo , que habiendo tantos leprosos
i

(i) It cap. 13* (3) Marc. 6*


y8- til? alibi. (4} Ibldem.
(a) Marc* 6, (jJ Luc » 4. 13*
Lue. 4.
SERM. DEL P. ELISEO. I 39
en Israél , solo ciiró: al Syro Naa-
man. (i) ¡Lindas pruebas dé fideli­
dad , y amor á su ingrata patria!
Tanto, que por ellas le echaron sus
conciudadanos de la Sinagoga, y la
Ciudad , y le persiguieron furiosos
hasta la colina del monte con ani­
mo de precipitarle. (2) Quando en
Nazaret hubiese hecho el Salvador
los mismos beneficios, y milagros, que
en Capharnaum ¿qué conexlontenía
esto con la sociedad, ni el órden pú­
blico?
"Orad , les decía (prosigue el P a-
j>dre Eliséo) en las calamidades de
?>la Iglesia : pedid á Dios que con*
«vierta los corazones ; y si acaso no
77escucha vuestros ruegos , y permi-
»te que la persecución se encienda *
?>acordaos entonces de que habéis si-
wdo enviados como ovejas en medio

( 1 ) I h vi a ; , á fo (a ) Ib , it w, aB.
140 EXAMEN EE LOS

j?de los lobos : sicut oves in medio iu-


»porum” Vé aquí despues de tanta
tela una florecilla de christianísmo;
pero mal dibujada todavía. Lo prime­
ro , porque atribuye á Jesu Chris­
to palabras que no dixo. De toda es­
ta cláusula solo hay suyo la pala­
bra orad , y no la contrae expresa­
mente en parte alguna del Evangelio
á las calamidades de la Iglesia , sino
á las persecuciones de los Apóstoles,
los quales en virtud de este precep­
to , no solo eran obligados á orar
por los que les persiguiesen á causa
del ministerio Apostólico ; sino tam­
bién por los que les fuesen contrarios
en razón de qualquier otro motivo par­
ticular : como debemos praricarlo
todos los christianos en fuerza del pro­
pio precepto. Esta es una alteración
m uy. reprehensible. También es pa­
labra de Jesu Christo la de sicut oves
¡ pero no lo son las anteceden-*
SERM. Í>EL P . ELISEO. 141
tes, con que las liga Eliséo Lo segun­
d o , porque el espíritu con que trae
estas maxímas, verdaderamente chris-
tianas,y sacadas del Evangelio, aun­
que no dichas por el Salvador en los
mismos términos , no es conforme al
espíritu del Evangelio , el qual no
miró en ellas á formar ciudadanos,
ni patriotas , sino christianos perfec­
tos , que amasen sobre todo á Dios,
y en é l , y por él á sus próximos.
El que cumple con este divino man­
damiento , á todos los hombres , sin
excepción de reyno , ni ciudad, los
abraza en Dios 7 los ama como á sí
mismo 7 se desvela , trabaja , y aven­
tura por el bien de todos , y el de
cada uno, como por el suyo propio:
de aquí concluye, que siendo tan las­
timosas las conseqüencias de la per­
turbación del órdcn público , lo res­
peta 7 lo guarda : mira en los que
mandan al mismo Dios, que les ha co-
142 EXAMEN DE LOS
locado al frente de las naciones, obe­
dece á sus ministros , y guarda exác-
tam,ente sus leyes , sin exáminar su
conduéla, ó su justicia, ni quejarse de
sus decretos, que recibe , y aliñado­
ra como dimanados de la providen­
cia eterna.
Quando todos los miembros de un
estado vivan , y obren penetrados
de tan soberanas maxímas de amar
á Dios sobre todo , y al proximo por
é l , y en é l , como á sí mismo ; esta­
blecerán con la subordinación la fe­
licidad de sus familias, la unión con
sus vecinos , la liga con todo el pue­
blo , la conexlon de la provincia, y
en fin , el vínculo indisoluble , y ven­
turoso del Estado* Por eso be dicho,
que estas ventajas temporales no de­
ben mirarse mas que como conse-
qiiencias remotas, aunque muy legí­
timas del verdadero cumplimiento de
aquel precepto diiiges prommum tuum
SERM. DEL P. ELISEO* 143
& c, , cuyo objeto principal, y único,
es formar el corazon del hombre á
la Religión: y la fuerza, y exten­
sión de esa soberana maxíma es la
materia , y el asunto propio de un
Predicador, no aquellas utilidades del
siglo. San Agustín queriendo desvane­
cer las mismas preocupaciones , de
que el christianísmo era contrario á
Ja sociedad , y al órden público , no
pensó en tomar por tema, que el Evan­
gelio ilustraba , y determinaba las
obligaciones del christiano en la so­
ciedad , como el Padre Eliséo : y res­
ponde , suponiendo las máximas fun­
damentales del Evangelio , que siem­
pre que se ajusten á ellas los gene­
rales y soldados , los maridos y mu-
geres, los padres y los hijos , los
reyes y los jueces ? los deudores y
exáítores del Real Fisco , se verán
obligados -los censores del Evangelio
4 confesar, que nunca sería mas fe-
144 EXAMEN DE LOS
liz un estado , que quando todos süs
miembros obedeciesen á la Ley de
Jesu Christo : (i) porque lo princi­
pal es ser buen christiano , y el que
lo sea , será buen miembro de la re­
pública en qualquiera clase. También
dixe , que para tratar así este asun­
to conducía el Padre Eliséo por la
mano el propio texto de su tema de
qucerite primum S e , , porque enseñan­
do primero al hombre á buscar el
Reyno eterno , que es la patria ver­
dadera , y la ciudad permanente, le
diría , que el primer paso para con­
seguirle era el amor de Dios , y el
del próximo , de cuya explicación
christiana le era fácil descender á la
apología de la Religión contra los
que la juzgan opuesta al órden pú­
blico , y de este modo tenía mas

(i) S* já.ugtis£hu ad Ifiat'csitinu.ln.


Ep* 13ÍÍ* aühs J*
SERM. DEL P. ELISEO. 14 5

juego su texto en el discurso ; pero


era menester, que no hubiese hecho
la proposícion, y división en los tér­
minos que hemos visto; sino que con­
cluyendo por el téma , que nuestra
primera obligación es trabajar por el
Reyno Celestial r manifestaría , que los
principios que nos conducen á él*
nos hacen al mismo tiempo mas úti­
les á la sociedad , y al estado. Esto
no tenia violencia, y era muy dig­
no de un hijo de Elias,
Todos los miembros de un esta­
do fundidos en el molde del Evan­
gelio 7 y unidos, fuera de los víncu­
los de la naturaleza , con el espíritu
de la caridad, en familias, Pueblos,
Ciudades, y Reynos ; destinados por
una providencia soberana á los dife*
rentes exerridos del cuerpo civil, mili­
tar, y político; esto es7 unos á man­
dar , y otros á obedecer, 110 llevan
por mira principal de sus acciones
K
j 46 EXAMEN BE LOS
mas que á Dios , y por agradarle
se esmeran en cumplir las obliga­
ciones generales del christianismo, y
las particulares anexas á aquel es­
tado , en que su mano les ha pues­
to. El padre manda á los hijos, el
amo á los criados, el Gefe á los
soldados, el Príncipe á los vasallos
como á hijos , y criaturas de Dios,
cuya imagen respeta en ellos : con
el mismo objeto obedece el vasallo,
el soldado , el criado , y el hijo á
aquellos, que ha puesto Dios sobre
sus cabezas, para que dirijan su con-
duda. Esta es. la do&rina constante
y uniforme de las Santas Escrituras*
de que dá el Apóstol San Pablo, con
especialidad , los mas bellos docu­
mentos. El amor de Dios es el espíritu
del amor del próximo, y el que ani­
ma todas las obras del christiano, y
por eso éste á nadie debe llamar pa­
dre 7 maestro * ni señor , sino es á
SERM3 DEL P. ELISEO. 14?
Dios, á quien sirve, y obedece, quan^
do obedece y sirve á los padres, maes*
tros , y señores temporales. Quando
se predique así, no digo la cpnexíon, ó
conveniencia, sino el influjo poderosí­
simo de la Religión en el patriotismo
y órden público, podrá decirse, no
"que el christianísmo eleva el cora­
r o n á Dios para unirlo con mayor
» fervor al órden de la sociedad ” , co­
mo dice el Padre Eliséo, (a) hacien­
do el amor de. Dios medio, y el de
la sociedad fia último : sino que el
christianísmo elevando el corazon á
Dios., le une cotí mejores vínculos
al orden de la sociedad. También po­
drá asegurarse con verdad , que la
piedad no es un agregado que ha
inventado la política ; pero que sus
reglas , sus maxímas, sus preceptos
y el fin de ellos, es lo mas ú til, y

(a) P. £0* 1#í*


Ks
I 48 EXAMEN DE tOS
conveniente á una política sábia. Yo
no sé en qué pensaba Eliséo quando
dixo tc los que creen qué la piedad
«es un agregado que conviene á la
«política quedarán confundidos : de
we$ta suerte pensaban los primeros fie-
ules.” (a) Un hombre, que intenta pro­
bar, que el Evangelio ilustra,y de­
termina las obligaciones del christia­
no en la sociedad con sus precep­
tos: que facilita, y santifica el cum­
plimiento de ellas con sus motivos,
¿se empeña en confundir á los que
creen, y tienen á la piedad por un
agregado, que conviene á la política?
¡Estraña contradicción! tanto, que mas
tne inclino , á que sea defecto del
Traductor , que del Autor , y mas
quando advierto , que sigue con un
fragmento de la Apología de Tertu­
liano , en que manifiesta la convenien-

(a ) P. 47» I, il»
SERM, DEL P. ELISEO* 149
cía de nuestra do&rina con la salud
pública de los Emperadores, y el
Imperio*
Despues de aquella pequeña y
mal dibujada florecilla de la Reli­
gión , prosigue el Padre Eliséo yá
con preguntas, yá cotí admiraciones»
insertándonos todas las imposturas de
los incrédulos , en cuya opinion no
es el christianísmo otra cosa que en­
tusiasmo , y superstición ; sin otra
defensa, que decir al paso, que el Evan„
gelio por la moderación, y el per*
don de las injurias condena seme­
jantes excesos, hace ciudadanos lea­
les á la patria , generosos con su»
amigos , sumisos en la persecución*
y otras generalidades* (a) Inserta que
el christiano es discípulo: de un maes­
tro que amaba á su Pueblo Yo

(a) Vease desde la yi* 1. 9-


U p. 4$. 1. 14* hasti
Ig o EXAMEN DELOS
diría á todo el genero humano.... qüe
vertía lágrimas sobre las ruinas de
su patria..... Yo diría sobre la cegue­
dad de los Judios. Ni Jerusalén era
en propiedad su patria.....Que no te-r
mió irritar la envidia de los Fari^
seos , defendiendo los . derechos del
Cesar.»Yo diria, que confundió la ma­
licia de los Fariseos, que iban á ten­
tarle , declarándoles la diferencia de
derechos, y de obligaciones divinas,
y humanas. Jesu Christo no vino á
exponer su vida por las regalías del
Cesar , sino por pagar á la Justicia
de.su Eterno Padre. En una pala^
bra, el Padre Eliséo trastorna de un
modo áulico las verdades primitivas
del Evangelio , y las conseqüeucias
que de ellas resultan- ■
Pero ilcrdeiemós de seguirle* Des-
pues de trastornado el orden del
Evangelicé dándole pbr oBjéto princi­
pal de sus preceptos'¿1 amor de ;líi
SERM. DEL P. ELISEO. I J 1
patria, y órden público, dice wQue los
»que inspiran este zelo no prestan me­
ónos luz : pues señalan todas las obli­
gaciones del ciudadano en la socie­
d a d , precaven todos los abusos , y
»demuestran que la verdadera pie-
?>dad nunca se opone á la prosperl-
dad pública. 79 (a) ¿ Y cómo es que
las señalan ? porque les acuerda , que
tienen un origen común que establece
en ellos el amor fraterno: que como no
es posible acudir á todos , es nece­
sario aplicarse principalmente á ser­
vir á aquellos, con quienes tiene mas
vínculos, según regla establecida por
San Agustín, (b) cuyo lugar no cita;
ni en realidad se necesita : porque no
es estatuto del Santo , sino regla muy
general sacada del Evangelio. Que la
tierra que habitan juntos produce en­
tre los hombres, mirándola como ma- .

(a) IV $i. 1. 1 6* (b) P# 5a*l , i6*


K4
I 52 EXAMEN DE LOS
dre común un nuevo lazo: y esta incli­
nación , que le es propia (a) (luego no
viene del Evangelio ) los une con ma­
yor estrechéz ,■y forma, aquel afec­
to virtuoso que llamaban los anti­
guos , amor de la patria cbaritas pa~
tr ii sqH , y que los hombres se sienten
enlazados con mayor fuerza al consi­
derar, que aquella misma tierra que los
ha alimentado quando vivos, los re­
cibirá en su seno despues de muer­
tos. (b) En nada de esto se vé mas
que principios de una ley natural, y
esa tomada con la mas tosca mate­
rialidad : porque el que sabe pen­
sar T y tiene i la tierra por madre
común, y patria de todos los vivien­
tes, del mismo modo mira la alco­
ba de París donde nació, que el Cay-
r o , donde no ba estado +é ignora si
le alimentará vivo con sus frutos, 6

(a) Ib. IUU&3, (b) P. 53. al princ*


SERM. DBt P. ELISEO. I gg
2e recibirá en su seno despues de
muerto. La prueba mas convincente
esy que los gentiles, siguiendo los mis­
mos principios , por un efe¿to natu­
ral se llenaban de aquel afeéto de
charitas f atril solL Esto es amonto­
nar sin discernimiento , y queriendo
probar , que el Evangelio señala las
obligaciones del hombre en la socie­
dad, y engendra el amor á la patria:
manifestar, que éste es propio de la na-
turaleza por unos motivos materialísi^
mos. Anade que MJoseph se consolaba
» con pensar que sus cenizas descansa-
«rían con mayor reposo en medio de
»sus conciudadanos” (a) que no es poca
injuria á la santidad de aquel Patrian
cha. Lo mismo digo de la parábola
que trae del Sacerdote T y el Sama-
ritano ,(b) la qual es un testimonio
de la extensión, que debe tener la ca­

fa) Ib* Un. 6 . (b) Pag* ja*. llij* j r


*5 4 EXAMEN DE LOS
ridad, fto solo fuera de la patria : si­
no mas allá de la nación. Lo que
dice ( también fuera de su proposi­
to) que la diferencia de cultos , y de
misterios no debe debilitar este fun­
damento primitivo de la humanidad,
(a) necesita de explicación. E l Evan­
gelista San Juan , principal panegi­
rista , y recomendador de la caridad
christiana , nos enseñó , que no tu­
viésemos comunicación , que no reci­
biésemos en nuestras casas , y que
aún nos guardásemos de saludar á los
hereges : porque de lo contrario nos
haríamos cómplices de sus maldades,
(i) De ello nos dió un ilustre exem^
pío , huyendo de cierta casa de ba­
ños , porque supo que estaba en ella
Ceruitho: y en efefto , los ebristianos'
solo podemos comunicar con los de

(a) Ib, Un* 3. í . únUo v*


(i) San Jonnn*' '-io. ■■n>-
SERM. DEL P. ELISEO. I g g

otro culto, ó misterios en aquello á


que obligan las leyes de la humani­
dad. te Los Franceses en quienes ( di-
«ce el Padre Elíseo) el amor al So-
?>berano se confunde con el de la pa-
«tria, y este afeito puede servir por to­
ados los demás, porque nacen natural-
emente buenos vasallos, y los Soberao
?>nos buenos Señores & c.” (a) ]0 nación
venturosísima! Jamás podrás reconocer
por hijos tuyos á un Jacobo Clement:
á un Pedro Barriere, y sus cómplices:
á un Juan C h a tel: á un Pedro Ovim
á un Vicario de San Nicolás des
Cham ps, ahorcado en 1^96* en til
propia capital: á uti Tapicero : á un
Ravaíllac : á un Damiens , y otros
parricidas, y atcntadores contra las
sagradas vidas de tus Soberanos* N6
puedes reconocerlos por hijos; quan­
do mas serán abortos de una madre;

(a) Pag. lín i 9.


I g6 EXAMEN DELOS

cuya fecundidad en vasallos natural*


mente buenos , degeneró en esos mons­
truos * Nuestra España , cuyos hijos
forma la Religión al lado del amor
de Dios en el de los Soberanos , no
puede producir tan exécrables abortos*
Lo que sigue (a) sobre la fuerza
que añaden á este afe&o la fee , la
esperanza , la caridad., y los Sacra­
mentos , ni es determinar las obliga­
ciones del christiano en la sociedad,
ni son principios de patriotismo; si­
tio un amor recíproco entre todos los
christianos del mundo , y unas vir­
tudes ^ que también enlazan al chris­
tiano con el Chino , con el Tártaro,
y con el Musulmán* E l zelo de Matha-
tifias por la defensa de la Ciudad San­
ta (b) es común en el fondo con el
de muchísimos paganos ; esto es,
si se mira solo por la patria ; lo que

(a) Ib. Un. i G, (b) PigT 54,


SERM. DEL P. ELISÉO. I

le eleva á otra esfera es, haber teni­


do por primer objeto la conservación
de la Religión, que Dios había dado,
y del único Templo, en que se le ado­
raba conforme á sus ritos. E l des­
consuelo del pueblo hebreo á las ori­
llas de los rios de Babilonia debe nive­
larse del mismo m odo: y si de esta na­
turaleza eran las pruebas de que di­
ce el Padre E liséo, " no me carna­
jería y fieles mios , de traeros á la
« memoria que la Religión afirma la
?>unión , y la felicidad de los hom-
*>bres, y el anjor .y la prosperidad
« de la patria” * (a) poco importa que
se las haya dexado en el tintero : por­
que serían pruebas de la fuerza de
qualquier Religión , y no caratfterís-
ticas de la nuestra , que se funda en
mas soberanos testimonios. Quantas
naciones han sufrido el yugo de la

O) Pag, 55. lia. 13.


*5 8 EXAMEN BE LOS
conquista, han tenido su culto, y sus
dioses , han llorado la servidumbre
y la expatr íacion , como los hebreos:
han juntado en la comunion de aras,
y templos la de unos con otros , y
en la misma hoguera que ardía el
incienso de E g ip to , ó el copal de
México á Osiris , y á Vitzilipuztli, se
inflamaban los corazones en el amor
de sus respetivas patrias.
No éntro en la segunda parte, en
que se propone probar, que la R e ír
gion facilita con sus motivos el cum­
plimiento de las obligaciones socia­
les , en la qual pega quatro veces*
como nido de golondrina, el gutzrite pri*
mum regnum D ei ; porque en reali­
dad ofrece los mismos reparos sobre
agúales defeítos , que la antecedente;
esto es , habla mas la impiedad, que
el christianismo: se explica aquella
con mas claridad , y energía , que és*
te : y al cabo en lugar de un qua-
SERM. DEL P. ELISEO»

dro de San Miguel 7 que triunfa de


la serpiente , pinta el Padre Eliséo
uno de E v a , que la dexa hablar quan­
to quiere , y que por fin triunfa de
e lla : y también > porque me llaman
la atención los dos Sermones sobre
la falsedad de la honradez , que
aunque cada uno merece bastante exá-
men , y censura , será preciso con­
tentarnos con algunas reflexiones.
Define el Padre Eliséo " la hon-
»radéx una conduéla arreglada por
?>el conocimiento* y amor de la vir­
tud.” (a) Esta puede ser igualmente
la definición, del christiano , y la del
incrédulo , entendiendo cada uno á
su modo el nombre de virtud , con*
forme explicamos en el §. IV.. Part#IL
Pero prescindiendo de esto hallo , que
desde la definición se sale déla qiies-
tion, dando á la honradez, tanta ex-

(a) Pag. 1*7* liti* 14*-


X6o EXAMEN DE LOS
tensión quanta es la de la justicia
u n iv e r s a lq u e consiste en el cono­
cimiento * y amor de la virtud , por
el qual se conduce en sus acciones.
No es esta la idéa, que ligan los hom­
bres á la palabra honradez , sino la
de un cumplimiento fiel á todo lo que
tiene respe&o con el comercio exte­
rior de los demás, sea por virtud,
sea por vanidad , ó por qualquiera
otro motivo , como observe siempre
una conduéla firme en sus obligacio­
nes así públicas, como privadas : no
por una ley universal., eterna > é in­
mutable , y una libre conformidad
con la razón soberana, como dice el
Padre Eliséo ; sino conforme á las
leyes del estado , de la sociedad , y
en una palabra ^ á lo que se llama
hombría de bien. Esta es la bonradéz
en el sentido común * y la que el Pa­
dre Eliséo define , ó describe es la
justicia christiana*
EXAMEN : DE tO S '• l6 t
Si intentase probar solamente, que
lá doétfina del christiano, la: qual con-
conduce a f hombre en todas sus ac­
ciones j yá públicas, yá privadas , p o r'
el amor y conformidad con la volun­
tad de Dios , invariable; y reétísi-’
ma , sin atención á interés temporal,
ni á respeto humano , era por estos '
ííiismos principios mejor qúe el atheis-r
írio, la iricrédulidad , y él libertinaje,
para formar hombres honrados : por­
que sobre la conformidad de sus ope­
raciones coiflasan a política ,'la fide­
lidad del com ercio, y los verdade­
ros interese^ del Est ado Y las dá una
dirección constante , superior á los
acasos , independiente d e i1 amor pro- “
pío , y yaerificadas á la" obediencia,
en que cónsisté la jiistiGÍa; universal:
sería muy bueno aqüfef principio , no'
cbmo definieron de darfttmrádéz , sino
cómo máxima elemeñtai de la Reli­
gión, que comfrehende ^y-excede con
l6 .a EXAMEN DE LOS

mucho á la honradéz , y . hombría


de bien , que requiere la sociedad par
ra su firmeza. .Pero quando se trata
de manifestar :al incrédulo, que los
principios de su seda son incompati­
bles con la honradéz , y con las obli­
gaciones del hombre- en. la sociedad*
es darle una definición en que él no
conviene, .porque niega, á Dios , no
se cuida de agradarle, ni conoce ley
eterna: y por conseqüencia es inútil,
todo el discurso fundado sobre una
definición de esta naturaleza. E l juz­
ga honradéz las acciones e;xtei;nas, que
nacen del amor á la humanidad, y
giran á hacer efe&ivo su exerdeio
c.on el próximo, Consigpicnte á la de­
finición de esta honradézijhace elP, Eli­
séo una contraposición diciendo,w Si el
«hombre vive en.el mundo sin destino*
99sin obligaciones , sin libertad , y
?f sin una regla. invariable que le en-
wseñe á distinguir el bien, y el mal*
SEÜM. DEL F. ELISEO. 16 3
^entonces es preciso decir que ese
» derecho natural que nuestros filó­
s o fo s preciados de sábios, nos ci-
«tan á cada paso, no es mas que
«una mera preocupación, y que la
«honradéz que afeitan es puramente
«una quimera que solo existe en su
?>imaginación. Tal es , fieles m íos, la
» espantosa perspectiva que ofrecen á
«nuestra vista los incrédulos.” (a) Bien
lejos está el incrédulo de reconocer­
se en ese retrato. E l se juzga destina­
do á procurar su felicidad; con obli­
gaciones á la humanidad , de cuyo
am or, confiesa el Padre Eliséo (b) que
están llenos sus escritos , exórtando
vivamente á la caridad del próximo,
al mismo tiempo que combaten la
providencia eterna , la inmortalidad
del alma , y la verdad de la otra
v id a : con libertad, no como quiera,

(a) P, ia8* lib, i, (b) P* ia 6. 1* 3»


La
164 EXAMEN D E LO S '

sino excesiva , y menos impedida


que la de un christiano: y finalmen­
te , con regla , que es la ley natu­
ra l, la qual entendida por su razón
mira como una norma invariable. Las
conseqüencias, que deduce de esa pers­
pectiva , tampoco las concede el in­
crédulo, á excepción de aquella to­
adas las obligaciones del hombre en
«quanto á Dios quedan destruidas/’ (a)
Conviene en e lla , no como la primera
conseqüencia que brota su sistema,
sino como el punto capital de su im­
piedad. En esta inteligencia ¿ de qué
ha de servir probarle wque la pie-
«dad es la primera obligación del
sí hombre para con D io s, y consiste
«en aquel movimiento de am or, de
wrespeto , y de gratitud, que ex-
« cita en nosotros la vista de sus per-
afecciones infinitas consideradas ba-

(a) P* íafl. 1*
SKIiM. DEL P. ELISEO. 1 65
j>xo diversos respedos” & c. (a) <eEsa
» piedad supone (como dice Eliséo)
wla existencia de un sér inteligente,
«que ha criado de la nada todas las
» criaturas , que arregla la disposi-
«don del universó; y dispone to­
adas las cosas con sabiduría infinita
& c ” (b) todo lo qual niega el in­
crédulo.
Para no detenernos mas en un
asunto, cuya explicación sería dema­
siadamente peligrosa á la delicadeza de
la Fee ^como lo será la le dura de los
dos Sermones sobre la honradéz del
incrédulo, me ceñiré á hacer obser­
var dos cosas , que los caracterizan
de perjudiciales á la Religión y de
defeétliosísimos en linea do discursos.
La primera e s , que contienen (como
insinuamos hablando del de la incredu-

(a) Ib, L 14» y si- (b) P. 119. 1. 6. y


gulenteí,. siguientes.
I 66 EXAMEN DE LOS

lidad) un compendio muy claro del


sistema de los materialistas. Escanda­
liza leer las planas 128 , 131 , 132,
134 , las dos siguientes , las 138 , y
39, pero no nos cansemos : ambo$
discursos son el lienzo de una batalla-
entre la Religión* y la incredulidad*
en cuyo choque menudéa ésta mas, y
con mayor denuedo > que aquélla sus
golpes. La Religión no la opone otra
defensa sino exclamaciones.../* ¡ó Dios
»mio! con estos rasgos forma el im-
«pío la idéa de vuestra grandeza : (a)
»¡ qué monstruosa divinidad, es esta,
«fieles mios , y qué conseqiie-nc.ias
«horribles para la piedad no nacen
»de semejantes principios! ^(b) Aún
quando no encuentra para oponer
á los golpes de la impiedad mas
que estas voces lastimeras , es repi­
tiendo entre sus suspiros las crueles

(a) P* 13J. I* i£. (b) P. 136.L u


SERM. ¿ E L P. ELÍSEO. 16 ?
heridas que la tira el incrédulo con

■' !•....... A
c i a , que solo rile permitiré apun­
tar sin cop iarla, porque estremece.
VS¡ este es el carácter del Dios que ado-
j?ramos & c/> (b) *
Conténtase otras veces con volver
los ojos á sus fieles hijos, y preguntarles
w ¿No osestremeceis , hijos míos, al oír
fiestas infames máximas? ¿La impiedad
«podrá hallar acaso entre vosotros
» apologistas , y personas que la admi-
»ren?(c)¿En qué vendrían á parar con
«efeéto todas las virtudes so dales , si
7tla impiedad formáse todos los vin­
óculos que nos unen con el pró-
«xim o? M (d) Parece que el mismo
Padre Elíseo se espantaba de la den-

(a ) Véase desde I* 13#


U lin . 3. hasta la 13* (c ) P* 1 4 7 ,I. 14'*
(b) Ib. desde b (d) p. 154*1* 4.
L4
I 68 EXAMEN DE LOS

sa nube de saetas sacadas del car­


cax , ó aljaba de la impiedad , y
repite la disculpa del primer Sermón;
esto es, " que si desplegaba sus la­
mbíos para hacer patentes, esos sis-
eternas espantosos ^ que las tinieblas
eternas deberían ocultar á los ojos
«de los hombres, es porque las ora-
aciones, y las lágrimas secretas de
«los Ministros de Dios sobre los de­
sórdenes de los incrédulos no bas­
c a b a n y á á contener, la osadía de
>>sus atentados , y lejos de huir la.
« vista del público se presentaban coil
warrogancia á vituperar, y blasfe-
»mar la Religión,” (a) añadiendo ^tcsu
«exempio peligroso aumenta todos,
jilos dias el número de prevaricado -
«res en medio de vuestro Pueblo#
« ¡Desgraciada de aquella nación don-
«de prevalecen las máximas de los

W Pag-147.I. i?-
SERM* DEL P« ELISEO* l6ty
9?im píos, y donde las leyes públicas no
wreprimen su atrevimiento. ” (a) Esto
mismo me obliga á mí á repetir, que
la traducción de sus Sermones, en que
habla de los incrédulos, es muy per­
judicial á la fee sencilla de la nación
Españolá , cuyas leyes públicas re­
primen, no digo el atrevimiento de­
clarado , sino las maquinaciones se­
cretas de la impiedad, y por eso ni
se presenta con arrogancia , ni vitu­
pera la creencia, ni ha acostumbra­
do nuestros oídos á sus blasfemias, ni
aumenta con su exemplo el número
de los prevaricadores, como se que­
ja el Padre Eliséo que sucede en Fraíl­
ela*
La segunda observación es. cofisi-
guíente á esta , y la futido , en que
quando el Padre Eliséo combate la.
incredulidad , no hace mas que opo-

( a) P. 148* L10,
Z?Ú EXAMEN DE LOS
ner quadros d quadros, y conseqüéncias
á conseqiiencias , dando mejor luz
y colorido á los contrarios, que á los
nuestros , y mas claridad, y fuerza
á las ilaciones de la impiedad, que
á las del [christianísmo. Nada produ­
ce , que pueda desarmar á un incré­
dulo, que ó niega á Dios, ó le qui­
ta la providencia, gobierno, y crea­
ción del m undo," el qual dirige to-'
»dos sus principios á arruinar los
^fundamentos de la piedad,” (a) y le
representa como una deidad ciega, é
indigna de nuestro cu lto , (b) confor­
me lo reconoce el Padre E liséo: en
Cuyo supuesto ¿de qué ha de servir
contra él quanto se diga fundado
en la existencia de D io s, su provi-
dendá t su amor í las criaturas que
h izo , y las obligaciones que éstas tie"
nen. de -retornarle un culto de pie*

(<i) P, 1 3 2 .1, ultima, (b ) F . 1 3 3 , 1* f.


SERM. DEL P. ELISEO. I }r I

dad cordial? Estos razonamientos son


Útiles para excitar á los católicos ra­
dicados en la fe e : para hacerles sos­
pechoso el trato de un incrédulo , y
aún para hacerle odiosa su comunica­
ción , en lo qual me parece , que no
se conformará mucho el Padre Eli-
séo, según la maxíma de que w la
» diferencia de cultos , y de misterio^
s?no debe debilitar este fundamento
» primitivo de la humanidad;” (a) pero
de ningún provecho , ni energía para
aterrar y confundir al impío. Algu­
nas veces se sirve de argumentos , y
entonces; > ,por desgracia , solo echa
mano de: aquellos , que puede el incré­
dulo retorcer con facilidad , y decir,
que igualmente hacen contra nosotros,
y contra qualquera religión. T al es
aquel (si es que puede llamarse ar­
gumento) en que se estiende desde la

(a) Pag* lín. y*


EXAMEN PE tOS
pag. r49* diciendo...* wi Qué azote es
«para la tierra un conquistador á quien
»la ambición conduce á la gloria si
«las máximas de la impiedad guian
9>su$ empresas ! w y sigue pintando los
estragos que causaría al género hu­
mano. ¿ Qué fuer¿a le hará esto á
un incrédulo? dirále, que uno. de los
preceptos de su ,se¿ta es:
Quod si quis vera vitam ratione
gubernet,
Devitice grandes hominz sunt, vi-
' vere parci
¿Equo animo y ne que enim'st m-
quam p&mtria Parvi. (i)
maxíma que no desdice de las nues­
tras didadas por el Espíritu Santo en
los Proverbios, (a) En virtud de ella
le dirá 7 que condena la ambición de
los Conquistadores , y que prefiere
la obediencia tranquila á la zozobra

( i ) Zuw tc* Ub, y, «¡v 11161 (4) JPnré, 30, 9*


SERM. D E L P . ELISEO. 3^3
inquieta de los Conquistadores, y sus
cetros. ( i) Le dirá, que la idolatría,
el mahometismo, y todas las seétas
han producido esos monstruos , que
respiran furor , y carnicería en vez
de la humanidad , y amor del pró­
ximo, que. inspira la suya, por confe­
sión del mismo Eliséo. Lo mismo res­
ponderá sobre "aquellos genios turbu-:
» lentos , aquellos espíritus altivos, y.
«audaces , que parece nacieron pa-
«ra mudar el semblante del universo,
>7que fomentaron disensiones , desqui-
«ciaron los tronos T y de cuyos se-
» crctos manejos fueron juguete los
^Príncipes, y las naciones/' (a) No'
reconoce, dirá el incrédulo , mi sis­
tem a , ni produce esos abortos san­
guinarios , que han traspasado . todas.]
sus reglas, arrebatados de la violen-^

(a) Pag- 150- L *3. v. n a o *


(1 } Lucrec* sti]f+ &
EXAMEN DE LOS

cía de sus pasiones , á las quales opo­


ne por valla , como el christianísmo,
la humanidad , y el amor del pró­
ximo : y en atribuir esa transgresión
á mi sistema , y hacerle origen de
semejantes horrores, que condena ex­
presamente , comete el Padre Elíseo
una falsedad muy indigna de todo
impugnador de la doctrina contraria
á la suya, y dé:un Predicador del chris­
tianísmo. La idolatría , tan diferente
de la incredulidad , es la madre le­
gítima de esos desórdenes según las
mismas Escrituras t conforme al tex­
to expreso del Libro de la Sabidu­
ría , (i) en que despues de pintarlos,
concluye infandorum enim idolorum
cultura , onmis malí caussa e s t , <$? ini*
tium & finís. La propia réplica hará,
quando pinta su doéfrina como ene­
miga de la amistad, de la buena fee,

( i ) Sajf* cap, 14; ¿t í?, y13 usq. in fine.


SBfrM. DEL P. ELISEO. I f g
y del orden público, á que le puede
oponer los testimonios de sus impíos
maestros , que recomiendan estas vir­
tudes en fuerza de la razan , y de la
ley natural, que es su guia , como lo
confiesa el Padre Eliséo en varios pa-
sages. Porque una cosa e s , que el im­
pío niegue la virtud , obrando con el
respe&o á Dios , por el qual la gra­
duamos nosotros ; y el vicio por la
oposicion á la ley eterna, con que
nosotros le condenamos ; y otra co­
sa es, atribuirles, que condenen las ac­
ciones buenas, y sigan precisamente
las malas en fuerza de su sistema.
Nuestra divina Keligion , y su Mo­
ral no necesitan de imposturas , ni de
esas suposiciones , para defenderse de
la impiedad , 6 la heregía : ni para,
combatir sus errores usar de estos
artificios, antes es humillarla, que dar­
la triunfos, fingiendo que tiene po­
cas fuerzas para dár. contra los d -
I Jf 6 EXAMEN DE LOS

mientes de la incredulidad. ¿Y de qué.


diremos que viene esta flaqueza en
los Sermones de Eliséo? De que quie­
re dár por objeto principal de la Re­
ligión formar ciudadanos, y patriotas,
antes que formar christianos, como
diximos arriba.
De aquí viene también que todas sus
miras se dirigen ( según se verá des-
pues mas por extenso) á la sociedad,
á la patria , al orden público ; y que
la fuerza de sus argumentos se funda
en la pura humanidad. Si pirita la ca­
ridad con el próximo , allá vá..»" mi
«patria asolada, el sepulcro de mis
jí hermanos pisado * sus puertas quema- ■
»das,? , (a) como si eso mismo no de­
biese penetrar de qompasion las entra­
ñas de un Parisiense humano, que vie­
se- á .Londres envuelto en cenizas. Si
habla de la benignidad de la cari-

(a) Pag. id. 7


SEItfYI.DEL P. ELISEO. :

dad la¿tuerce a que../f hace capaz %1


» ciudadano de los mayores sacrificios,
«le aficiona con mas- fuerza á la p.ar
« tria , encamina todos sus pasos aci»
«el órdénLpublico.” (a) ¿ Qué mas ? M
misino Sacramento de la Penitencia
( j hay inaypr.-. delirio ! .)• se dirige se­
gún el ;. Padre Eliséo á esos fines*
wQuando el; hombre -, dice -r se hu-r
99milla en los templos-, y depone aqijel
v fasto del , orgullo que ofende £ ; los
,« mortales ^ quando llora á los ;pie¡s
«del Sacerdote ^ y se :con*ige. e& .U
«;socied,adv ?.j(b) Si ¿ alguno no le : pa­
recen; los argumeatos:v ; y discuim^
que hace e.l Padre Eliséo í favor dp
la Religión ;tan débile^ como soa eíi
C alidad , es. por la piíi afección * <;ün
que la : .fee, Ilustra , é ijiflaina ^yes-
tros cora/^ne^ Sa virtud divina -nos
ídcscubxe v á la, luz de qualquiet chis-
ijr 8 EXAMEN DE LÓüf

;pa, un espacio dilatado v y eh cada


golpe que dá contra la impiedad, pa­
rece que vemos el brazo omnipoten­
t e , que va á aniquilarla. El incrédulo,
á quien, en vez de alumbrar ciegan
los rayos de la fee , que está preved
ñido de aversión contra ella , pesa á
■sangre fria el valor de nuestros fun­
damentos , y quando no encuentra
nías que humanidad en contraposi­
ción de la misma humanidad, que él
predicarse burla- del argumento. Las
virtudes que así se le ensáMn no las
Tiúra como efeéto de la Religión chris-
tiana, sino de la ley natural que ól
■abraza. SÍ en -lá segunda parte del
Sermón sobre las obligaciones del
christiano en la sociedad, v y en la
del segundo-sobre la honradéz tiene
algunos rasgos mas dignos ^del minis­
terio ; gracias al Seño): Obispo de
Clermont , de quien los tom a, sin
' que por eso falten en uno1> y otro la
SERM. DEL P. ELISEO, r yg¡
flaqueza de no tomarlos puntos mas
capitales, y de confundirlo todo con
su estilo y método.

§ IV .

EXAM EN BEL SERMON


sobre la excelencia de la Moral
cbristiana,

i asunto mas vasto , mas grao-


d e , mas jugoso, para que un Predir
cador manifieste su ciencia sagrada,
y, descubra su eloqílencia christiana,
llenando á sus; oyentes de instrucción*
y penetrándoles de los mas vivos sen­
timientos ! La excelencia de t e mo­
ral christíana comienza por la divini­
dad de Jesn,,Christo su Autor ; abra­
za todas sus acciones, y palabras; se
dilata por la solidéz , y sublimidad
de sus principios: se estiende por la
conexlon estrecha de cada una de sus
Ma
f8 o . EXAMEN BE XOS

m áxim as: encierra la eficacia de sus


medios ; y comprehende un plan aca­
bado de la vida interior ;, y exterior
de los Discípulos de tan Soberano
Maestro. A pesar de tanta estension
no es difícil la explicación de su sis­
tema , y con facilidad se metodiza^
ó 'ireduce á principios elementales, con
que se eslabona la série de todos sus
documentos. Las do&rinas de los Sa­
bios del siglo , por mas que haya cen­
tellado en ellos la sabiduría, tienen
ordinaria mén te los lunares de obscu­
ridad, y desunión , que zal vez llega
á ser contradicción, y se hallan siem­
pre embarazadas para--dirigir confort
me á sus principios las acciones , y
movimientos .del hombre. La que en­
señó el Hijo de Dios t el qual es-la
inisma Sabiduría califica su exce^
íéncia por üna sencillez acomodada
á la capacidad de los rudos, é ignó^
raíates. Nó es tan visible el moví míen-
SEfcM. DEL P. ELISEO. I 81
to de la máquina material del mun­
do sobre dos exes , como lo es el
concierto dé hechos, dichos , y pen­
samientos del christíano sobre dos
principios, á que reduxo el mismo Jé-
su Christo la suma de su moral, (i)
¿Y quálés son? " Amarás , dice , á tu
wSeñor Dios de todo tu corazon , en
?>toda tu alma , y en todo tu espí-
writu. Este es el supremo , y primer
mandato. El; segundo es semejante
w.á éste: amarás á tu próximo como
»á tí mismo. En estos dos precep*
«tos está comprehendido quanto con-
»tiene la L e y , y los'. Profetas.” (2)
ír Sobre estos preceptos ninguno hay
7) mas sublime , majus borum aliud man*.
»datum non cst, ’* (3) Estos son los
preceptos fundamentales ,■y estos son
los principios .sublimes de la Moral

(1) M a t L üü* 40. (3) M art, 10. 31.


(=) Ib, ¿1 v. 3pv
M 3
I8SS EXAMEN DE LOS”

christiana: de ellos nacen todos los


otros mandamientos , y á ellos se re­
ducen quantas máximas enseña el
Evangelio* Su, elevación está en unir
al hombre con Dios * desprendiéndo­
le por éi de sí mismo para diviné
zarse quanto es posible : . y volverle,
así clarificado en D io s, para unirle
con su próximo * y ser unión de és­
te con Dios , ganándosele por la ca­
ridad. (i) ¡Qué sublimidad! ¡Qué bien
dice su divino Autor >que no hay pre­
ceptos ma5 altos que estos!
, Si de la sublimidad queremos dis­
tinguir la excelencia , como hace el
Padre Eliséo * la hallaremos princi­
palmente en dos capítulos-: el prime*
r o , en que tpda esa alteza de prin­
cipios ^ y \d vasta extensión de má­
ximas concernientes á la vida inte­
rior del hombre * que comprehenden,

. ( í) 1- Coi\ 9* ig* ¿^ü.t


SERM. DEL P. ELISEO. I 8J

se pone á nivél de la capacidad de-


qualquier pobre que quiere aprender*
y seguir esa Moral , cuyo maestro,
llama á su escuela nobles, y plebe^
yos , hombres y mugeres , sabios, é..
ignorantes , grandes y pequeños y
todos pueden; salir filósofos consuma­
dos. E l segundo es , que el divino
Filósofa que ,1a enseña , y la hace
inteligible á quantos la abrazan, tam­
bién la hace pratticable. No es com oy
Sócrates, que acabó vertiendo su san­
gre sin dexarle á Critón mas que
preceptos muertos , y á Platón doc­
trinas desanimadas , de que se sirvie­
se cada uno según su propio talento,
y sus fuerzas naturales. Jesu Chjist6
hace un sacrificio cruento de su cuer­
po para resucitarle 7 y vivir infun­
diendo su espíritu de luz , de forta­
leza , y de todo género de perfec­
ción en todos los que siguen su es­
cuela , creen su divinidad, y. le pi-
i ¿4 EXAMEN DE LOS

den ese mismo ¡éspíritü : !( i) En una


palabra,' el que vivo dio la do&rí-
tía con la v o z, y el éxemplo, muer­
to dá la inteligencia , y los auxilios
para pra di caria. Estos son los ver­
daderos capítulos de excelencia , si
sé distingue de la sublimidad en la
Moral Christiana : y este es el plan
Verdadero de uiio, y de muchos dis­
cursos eñ elogio , y recomendación
cié nuestra severa , y : soberana pro­
fesión. •' -
¿Cómo la trata el Padre Elíseo ?
ISÍo me pkro en decirle, qué las pa-:
libras dé Jesu Christó de las qua-
lcs toma su asunto , eran nías apró-
-fiosita para discurrir contra los- in­
crédulos* Tampoco me detengo, en que
antes dé nombrar persona alguna de.
éste , ni del otro mundo , y antes
de indicar tiempo , comienza con la»

£1} MatH* 'ki* Xmc. i r . 13+


SÉRM. DEL P. ELÍSEO. * 8.5
pregunta:ct ¿Qué hombre había has­
t í a entonces venido al mundo que tu-
?>viese derecho para atribuirse una
«qualidad tan excelsa ? (a) (*) esto es,
»la de llamarse luz del mundo.” Qual-
quiera de sus oyentes podría pregun­
tarle ¿de qual á qual época hablaba pa­
ra poder hacer juicio , y contextarle?
porque en efeéto no han sido pocos
los impostores, que han querido revesa
tirse de este cara&er. Si el Padre Eli­
séo hubiera puesto , como es regular,
por fin de la traducción de su texioi
disco Jesu Christo ; ó añadido son pa­
labras del Divino Maestfoi entonces es.
taba clara su pregunta; pero usa: tan
poco dc: este soberano nombre en sus

(0 P- 79* al princ. y quizá pór Jisimatafij


(*) E l P* E liséo omitía el á¿
taino este inLf.rrogtt.n-. J. C: hijo de.Iíios^vi."
fe de fila s sillón tomo VO con que la cencía*
** pag- ^7^ liru 13, M assilfatii. , v
l8 6 ix a m e n d e los

Sermones , que me atrevo á decir, que


en una sola carta de San Pablo se re­
pite mas veces el nombre de Jesu Chrisr
to, que en doce Sermones de EJiséo.En
el que exáminamos., cuyo asunto es
precisamente la excelencia de su doc­
trina , no le nombra sino es quatro ve­
ces , y eso como por descuido. Pero
perdonemos venialidades, y pasemos á
cosas de mayor peso.
Dice Eliséo , que su animo es,
wprobar la excelencia de la Moral
Christiana, explicando sus principios,
«.sus motivos , y el uso de e lla .w (a).
No puede desearse ,mas; y si lo cum­
p le , hará con poco trabajo un'discur^
se sublime por la misma elevación de
3a materia. Su exposición clara , y sen-
dilla será mas alta, que quanto oyeron
Roma, y Athenas, quando florecían en
la eloqüericia* Los conocedores del ge*,

(a) >•' 8üt uia,.


SERM* DEL P#'ELISEO.

ñero sublime, que ninguno analizó me*


jorque Longino s solo encuentran esa
elevación en el fondo de las cosas ex^
puesto con sencilléz v y claridad: no
en los tropos, en el adorno , la elec­
ción de voces ^ ni en los pensamien-
tos. Ponen el exemplo de lo sublime
en aquella cláusula de Moysés tan seíi-
c illa ; dixo Dios hágase ln lu%, y que­
dó hecha la luz. (i) De la propia cla-
se son las cinco palabras, con que dió;
principio al Genesis , al priticipio crió
Dios el Cielo ^y la tierra , cláusulas
brevísimas , inteligibles al mas rusti­
co ; pero que contienen, y producen
una multitud prodigiosa de idéas de
poder, de grandeza , de magestad en5
el que las dice ; de subordinación >de,
prontitud , y de obediencia , no digo;
en lqs entes inanimados ; sino en la
misma.nada * que no existía, para ha-

(i) G eiu i , 4*
1 38 EXAMEN Í)É LÓS

cerse visible, adornada , hermosa , y


llena de gracias, por virtud dé aquella
voz* Los veinte y un versos de Ovi­
dio , con que pinta en el exordio de
sus Metamophoseos el propio objeto,
esto é s , la creación , no dicen tanto,
como aquellas exquisitas miniaturas
de Moysés ; con ser el retazo , que
hemos citado' de Nason, uno de los
mas preciosos , que puede presentar
la eloqüeacía poética. A esta clase re-
fieren los Retóricos aquella mirada
del Salvador á San Pedro, con que* sin
decir palabra /derritió su corazon en
lagrimas, (i) Y si la perfección del
espíritu del-hombre es sin compara­
ción mas elevada, que la obra de su
creación , y la del mundo: Si lo mas
alto de su perfección es la; caridad , 6
amor de Dios , y del proximq. ¿Qué
podrá haber mas sublime que la de-

(i) X«c, i a . <5i.


SERM. DEL P. ELISEO* l2 g
claracion sencilla de estos principios?
¡quántas idéas del primer orden se li­
gan con solo el primero ^Hombre^ aman
ras con toda tu alma á tu Diosl /
Explicado su animo en la conforr
midad que hemos visto <, hace su pro-
posicion .y división el P. Eliséo .en
estos términos. "E n * una palabra r la
M oral christiana es sublime en sus
«principios , -y éste será;.el asunto de
v la primera p aríe, es ¡ noble. en _sus
«m otivos, y las.máximas que :la; ca-
?yraderizan. son de un uso. uní versal, y
*;éste será;el punto ¡de la segunda* pai>
^.te*?> No me parece que es menes?
ter .mucha vista , para distinguir,,
los dos puntos v en que se divide, el Pa­
dre Eliséo * son tres muy- diferexites^ es,

to es , principias sukíímes ; motivo^no-r
bles . máximas: de uso mipersa¡7
Conocese mejor por el salto que .hace

(i) lbt l» ao*


tgó EXAMEN DE LOS

desde los motivos para pasar á las má­


ximas , diciendo.R éstam e ahora ma-
wnifestaros ¡que las máximas de la
«Moral christiana sonde un uso uni-
Wversal.” (a) Pefo , como se ha puesto
por ley el no pasar de dos miembros,
y es un zurzidor m alísim oque jamás
usa-de transición ingeniosa,; hizo aque­
lla miscelánea* Cori todos, sus tres
miembros carece también la proposi­
ción de la dote de la claridad para
lá qual debía haber apuntado , quáles
eran los principios sublimes : quáles
los motivos nobles ; y quáles las má­
ximas ufiiveráles.' No háy Sermón en
<Jue no tenga este defetfto, y nace., co­
rrió áe verá bien en el que exámma-
mas , del ningún órden, que hay en
ellos': de suerte , (jue es imposible re­
ducirlos á una sumá , sin descubrir su
desconcierto, - -'■

(a) p, 113* U4#


SERM. DEL P. ELISEO* 191
■ Su entrada á la primera parte* que
es otro exordio , por mas veces que se
lea * en vez de aclarar su sentido, pro­
duce mas confusion* Es un morceau en;
Francés %y un bocada en castellano*
que no hay estomago suficiente á Í H
gerirío. " Todas las obligaciones del
whombre (dice) se fundan en la >natü~
wraleza- de su ser (mayor gracia seria
» que se fundasen en la naturaleza del
j?sér de la Luna } en sus relaciones coa
«su criador * y en los vínculos que 1¿
«unen con el-próximo.” (a) Esto últi­
mo está claro * y es verdadero. Lo que
yo- no entiendo es como se ate con
ello lo siguiente, " D e aquí nacen aque*
ííllas- idéas universales [.parecemt qué
77oigo d Lulio) de virtud y de equidad*
waquel órden inmutable ; aquella justí-
>?cia primitiva ,■y aquella lu z deL en^
atendimiento que esparce sobre riue**

W F»g
1Q2 EXAMEN D ELO S -

vtras acciones una claridad que nos


«hace ver la naturaleza de ellas, y las
wimprime una señal invariable con que
w;se distinguen. De aquí finalmente na~
??ce aquel conocimiento interior del
«alma , superior á la violencia de las
apasiones , que nos hace cónsiderar
wlos. deseos opuestos á esta armonía
wcomo un desorden, un abuso, de núes-
«tro ser, y un uso. criminoso de los
mdones del Criador. ” (a) .'¡Extraña ca­
lentaron de cabeza ! Luego naciendo el
hombre , como en realidad nace , en
Ja naturaleza. :de su sér , con relacio­
nes á su c r i a d o r y vínculos con el
próximo , tendrá desde luego las idéas
universales dé virtud , y de, equidad
& c, y sobre todo, aquel conocimiento
del alma superior i la violengja de las
pasiones. ¿0ué-mas querriarn$s los des­
cendientes , de Adau? Si quiso hablar

(a ) Ibi.
SBEM, fiEt P. ELISEO. 293
del hombre en el estado de la justicia
original, en el qual fue dotado de to­
das las virtudes , dones, y luces , tam­
poco dice bien, que de la naturaleza
de su sér, y de sus relaciones con el
Criador, y el próximo nacen aquellas
ideas universales & c. porque la fuente
de estos privilegios 110 fue su natura­
leza , sino la gracia. E l que como au­
tor natural le crió en aquella confor­
midad , le infundió como dispensador
sobrenatural aquellas excelencias espi­
rituales , para que llenase los fines de
su creación ? no como los brutos , sí-
no como los Angeles , mereciendo con
sus acciones* Esta es la verdadera Teo­
logía , que reprueba aquella especie
de charlatanería Pulpital, que cara ¿le-
riza el estilo de Eliséo.
ÍCLos grandes principios (sigue) de
«la Moral se deben tomar del cono­
cí cimiento perfe&o del hombre, y de
«sus relaciones con el Sér Supremo, y
N
194 EXAMEN DE LOS

»con el próximo.” (a) Buen preludio


para el que vá á dogmatizar, y esta­
blecer un sistéma moral de su inven­
ción ; pero muy impertinente para tra­
tar de la excelencia de una Moral en­
señada por el mismo Criador , sobre
la qual lo que debía decirse es, que
es sublime , ó excelente, porque sus
principios perfeccionan la naturaleza
de su sér t uniéndole con Dios , y con
el próximo , y que sin esta dirección
(que no basta el conocimiento como
insinúa E liséo )<ela piedad es ciega , el
«culto degenera en superstición & c.
» & c*n (b) Todavía es mas reparable
la continuación de Sabed, pues , fie-
v les m íos, que la Moral Christiana en-
sí seña lo que es el hombre , sus reía-
aciones , el fin de su creación, sus obli-
ligaciones , (hasta aquí vamos bien) y
wsus principios sublimes ; y la semilla

(a) I b . I* 3 1 . (b ) Ib . 1. penúltim a.
SERM. DEL P. ELISEO. 19 5

» de todas las virtudes se toma de es-


?>tas nociones luminosas. Le hace ver
»su grandeza Scc* ” (a) Ate el que es­
tuviere mas despacio estos cabos , y
dígame ¿si la Moral Christiana ense­
ña al hombre sus obligaciones , y sus
principios sublimes ? ó ¿ si con unos
principios sublimes le enseña sus obli­
gaciones ? De la misma impropiedad
Teológica es lo que sigue.
¿Pero no acabará de decirnos qua-
les son estos principios sublimes, y esas
nociones luminosas , semilla de todas
las virtudes ? allá vá. . . v Le hace ver
»su grandeza * y su baxeza , y la ra­
nzón de esta contrariedad»..” (b) ¿Pe­
ro en qué , ó cómo ? .... tf Le dá á co-
»nocer su dependencia del Sér Supre-
wtno, su flaqueza, y el remedio de to­
ados sus males. m.í? Este no es el-obje­
to de la Moral Christiana ; sino de la

(a) P . 3 4 . I . 14, (b) Ib *lv i 9.


N 2
I 96 EXAMEN DELO S

Religión.,.. ÍCLe representa la divini-


«dad baxo de relaciones que hacen
«preciosos sus atributos, é inspiran
«amor , y gratitud...” Lo mismo digo
de esta cláusula.... wLe pone á la vis*
« ta el fundamento de ¡as virtudes so-
« d a les, y la extensión de esta obliga-
»cion, en cuyo cumplimiento consis­
t e la armonía pública, y la felíci-
«dad de todos los mortales,...57 He
aquí lo que caraéieriza nuestra Mo­
ral en el sentir de Eliséo , el qual
pone por principios sublimes de ella
los que miran directamente á la so­
ciedad , y á l a armonía pública. Si
ese hubiese sido el fin de la do&rina
del Mesías , eran disculpables los Ju­
díos que llamamos carnales , y le es­
peraban como Restaurador de la pá-
tria. Con todo, aún no acaba de in­
dividualizar qualcs son los principios
sublimes, que producen tan bellos efec­
tos , especialmente las virtudes sqqí&*
SERM. DEL P. ELISEO# ij? '

íes ^y la armonía publica.


Despues de todo esto se acerca á
declarar los principios sublimes, y di­
ce w ¡Qué idéa sublime nos dá del Sér
» Supremo esta Moral quando explica
wlos motivos de nuestro cuitó ! ” (a)...
Y prosigue con una descripción poéti­
ca sobre la omnipotencia , y la crea­
ción del mundo, semejante á las rela­
ciones de Calderón en sus Autos Sa­
cramentales. i Qué conexíon tiene la
Moral Christiana en sus principios, con
que el poder divino haga, que el caos
se aclare : estienda la bobeda inmensa
de los Cielos : suspenda estrellas: apri­
sione el M a r : cubra de velos la noche,
(como si la misma noche no fuese el
velo mas denso) siembre la luz por
nuestros campos (la lastima es que no
nace) e l Sol espere sus órdenes para
empezar su curso ?.... Hasta ahora ig-

fa) J?. 8y. 1.6.


n 3
I9 8 EXAMEN DE LOS

norabamos, que el Sol hubiese hecho


alguna pausa , (sino es en el prodigio
de Josué ) desde el punto de su crea-
cion. Nada de esto toca á la Moral
Christiana , sino á la pura Teología,
que contempla á Dios por su esencia,
y atributos. E l mismo Eliséo dice á
renglón seguido , que con estos gran­
jades rasgos pinta la Religión Christia^
«na el poder divino , y dá á conocer
«al hombre su dependencia del Sér
«Supremo.” (a) Como la voz Religión
es de una significación mucho mas
comprehensiva, que la de Moral, pue­
de decir.se de ella todo lo que impro-
písimamente atribuye £ la M o ra l, la
qual se reduce á lo que debemos obrar
conforme á las reglas del Evangelio.
La existencia de Dios , su bondad, su
poder, su ciencia , su providencia , y
todos los atributos divinos , los supo*-

00 F. 86. 1*4.
SERM. DEL P. ELISEO, l ( j ()
ne ; pero no los trata. E l culto debi­
do á la divinidad no es mas de su
inspección , que la Trinidad Beatísima
á quien se tributa , y solo tiene por
objeto la Moral la dirección de ese
culto, para que sea p uro, y agradable
á Dios: suponiendo su raíz en la vir­
tud teológica de la caridad , de la fee,
y de la esperanza, de que no trata, y
pertenecen á la Religión en general.
Es verdad que weleva con sus princi­
p i o s al hombre sobre la superstición,
«le inspira aquella noble adoracion,
« y aquella suave piedad á que acom-
wpañan siempre la confianza y el
» amor. n (a) He aquí que la fee , y la,
caridad, virtudes' sobrenaturales, con
que Dios se comunica graciosamente
al hombre , y son el supremo culto
en espíritu, y verdad , las supone la
Moral Christiana, para elevarse sobre

(a) P* 87. 1. 4*
N 4
200 EXAMEN DE LOS

la superstición. D ix e , que aquello era


verdad ; pero todo lo que se sigue en
la pag. 87. es falso : esto e s , que la
Moral Christiana represente la divini­
dad baxo de sus atributos ; que nos
enseñe la libertad, con que Dios obra;
ni la providencia con que nos dirije*
Tampoco se mete en averiguar, si el
hombre es el vínculo de todas las par­
tes del universo. Este modo de ensar­
tar , y confundir unas cosas con otras,
aunque todas sean muy buenas , es lo
que reprehende el sabio Phiion en una
brevísima sentencia Epist&mce ánepis*
t&monós, que es decir t hablar sin ti­
no de cosas buenas; 6 insciente? scien-
tiam tradere * como traduce el incom­
parable Padre Dionisio Petau. (i)|
Si recorremos toda esta primera
parte, encontraremos despues una pin-
turilla de la providencia : (a) una de-

(a ) P* 88, per ( 1) D io n .F et, in


toUm, Früícg. c. 1, «, v*
SERM. DEL P. ELISEO. fiO I

clamacion contra la idolatría , para


venir á dár , en que el verdadero cul­
to consiste en el amor de Dios. Vuel­
ve sobre la superstición , y dice wque
» amando á Dios se darán á conocer
s?Ía elevación de las maxímas de la
?>Religión , y la dignidad de sus prin-
wcipios: (a) de que se infiere, que aún
el amor de Dios , en que consiste el
cu lto , no es una de las maxímas , ó
principios sublimes de la Moral Chris­
tiana , sino un indicante de la eleva-
cion de ellos : lo qual cotejado con
lo antecedente es otro galimatías, y en
buen castellano una zaragalla. D el
amor de Dios , y el culto pasa á
manifestar la sublimidad de los prin­
cipios Morales , quando explican los
fundamentos de las virtudes sociales^
y las relaciones que nos unen con el
próximo. Saca de Massillon algunos
rasgos del amor propio , ó concupis-

(a ) Pag* jo . lin. i 2+
202 EXAMEN DE LOS

cencía , cuya injusticia condena el


Evangelio con el precepto de diltges
proximum tuum ; del qual cuenta por
primeros efe&os el hacer comprehen-
der al ciudadano, que habiendo na­
cido sociable, debe contribuir á la so­
ciedad con sus servicios : consagrar
su persona , y sus tareas á la patria:
evitar la ociosidad vergonzosa, y la
a&ividad inquieta ; y sacrificar su
reposo á las ocupaciones útiles ; y por
breve añadidura la caridad universal:
no porque Dios la manda , sino por*'
que encuentra su propia satisfacción
?>en la felicidad de sus semejantes.**
(a) Una exórtacion á los grandes , y
poderosos á favor de la limosna, sa­
cada también de Massiilon en su pe­
queña Quaresma , del qual copia á la
letra las mejores expresiones , ocupa
la pag. 93, Las tres siguientes hablan

(a ) Pag 92. lin, i f .


SERM. DEL P. ELISEO. 203
del perdón de las injurias , y amor
de los enemigos , las cosas mas trivia­
les ; pero con un estilo tan suspendi­
do en el ayre , que á fuerza de no
arrastrar , es, si no me engaño , lo que
llaman sus paisanos guindé ; y ño ha
de ser de corta ta lla , el que le alcan­
ce. Si algo tienen estas tres planas
de sobresaliente también se debe al
Obispo de Clermont. En fin , aplica
al hombre los principios sublimes de
la M o ra l, para enseñarle á conocerse
á sí mismo, y á penetrar trun velo
«m uy denso que le ocultaba lo inte-
«rior de su sér*.**y solo descubría en
«sí contrariedades singulares , como
«vanidad y miseria deseos de in-
«mortalidad ? y terrores de la muer-
«te ; propensión invencible al bien in-
« finito y afición siempre nueva á pla^-
«ceres frívolos, (a) ¿Qué luz podrá, di-

(a ) P a g . 9 7 . ^ lili* í .
504 EXAMEN D ELO S

»ce , (a) disipar estas densas tiníe-


»blas?.... Dios era el único que ins­
truyéndonos de sus voluntades libres,
podía enseñarnos que el hombre no
«está como salió de sus manos.... A
«estos males se juntaba uno mucho
«mayor qual era la soberbia , y una
» presunción que se estendía hasta sa-
criticar á otro el don de Dios.” (b)
Esta idolatría , lexos de ser soberbia,
y presuncicn, es el mayor abatimien­
to , á que ha podido la ignorancia
reducir la altivez del hombre*
" La Moral christiana (dice) des­
t r u y e esta injusta altivez , enseñán­
d o n o s que el Sér Supremo es la cau-
«sa de toda nuestra ciencia , y. vir­
t u d e s : que nada podemos por noso^
tro s.*.., que estábamos perdidos sin
» remedio.... que Dios estaba esperan­
d o una vídtima que fuese digna de él,

(a) ííag. 98. 1, i. (b) Ib# 17.


SERM. DEL P. ELISEO, 20£

» y la tierra no podía producirla; ” (a)


y concluye „ wque el género humano
«hubiera fenecido á no haber conte-
«nido Jesu Christo los golpes , arro-
«jándose en medio de nosotros , y su
«Padre para detener sus rayos.” (b)
Este es el lenguage de los Poetas, quan­
do hablan de las iras de Júpiter. ¿Y
de dónde sacó el Padre E liséo, que
estos conocimientos vienen de la Mo­
ral Christiana ? Vease por gusto la
continuación:D esde este instante em~
«pieza , y vá siguiendo de siglo en
«siglo la augusta obra de la repara­
c i ó n del hombre, ” (c) hasta el tex­
to non mlentis & c. (d) en que reca­
pitula , y con que concluye su pri­
mera parte de los prwcipios sublimes
de nuestra M o ral, y se hallarán in­
dicadas todas las materias de Teolo-

(a) Pag. 99. & L 7. (c) Pag. IDO* 1. 9,


(b ) Ib 1. ult. y slgg- (d) Pag. iq í t 1. 7,
ao6 exam en de LOS

gía , y como por incidencia los dos


preceptos del amor de Dios, y del pró­
ximo.
¿Quién no advierte en esta prime^
ra parte un vacío espantoso de Mo­
ral , quando debía hallarse el Padre
Eliséo embarazado en deducir todas
las reglas, y máximas de costumbres,
que comprehenden los dos principios
de amor de Dios , y del próximo ?
¿Cómo hemos de conocer la sublimi­
dad de esos principios , sin saber sus
conseqüencias ? ¿ Será solo admirando
la omnipotencia : adorando la provi^
dencia : esperando la misericordia:
agradeciendo los beneficios del Cria­
dor ? Estos mas son motivos de amar
á D io s, que pruebas de la sublimi­
dad de su Moral. Los Filósofos me-*
nos instruidos, y tal vez opuestos á
aquellos dos principios, hablaban con
entusiasmo de la grandeza , y bene­
ficencia del Criador. Los hereges, que
SERM* DEL P. ELISEO. 3 OjT

han corrompido nuestra santa Filoso­


fía , no han negado por eso la perfec­
ción , y excelencia de los divinos atri­
butos , ni la indispensable obligación,
que tenemos de tributarle un culto de
gratitud , y de amor. L a sublimidad,
pues, de los dos principios de nuestra
Moral consiste , en que dirigen al
hombre á la participación de la di­
vinidad por una comunicación íntima
de nuestra voluntad con la divina por
medio de la conformidad entre las dos;
para lo qual es menester , que viva
con piedad , honestidad , y justicia,
sin esperar cosa alguna de los hom^
bres , y solo de Dios la vida eterna,
que es la que ha de perfeccionar aque­
lla unión, y comunicación, (i)
E l amor de Dios es el primer prin­
cipio de donde dimana esta especie
de -íhsíírtftjj, que llaman los Teólogos;

( i) T it. a. la» »$.


so8 ex a m e n de LOS

( i ) pero la Moral no trata de su esen­


cia : quiero decir , no disputa sobre
la difusión del Espíritu Santo en nues­
tros corazones , en la qual consiste
esencialmente la caridad, (a) Esa in­
vestigación, como también la de la
fee , y la confianza tocan á lo que
es verdadera Teología , y la supone
la Moral , ocupándose solo en diri­
gir al hombre en las obras , y exer-
cicios del don sobrenatural de la ca­
ridad , y toma el precepto de amar á
Dios por principio de toda su doc*
trina, que la eleva á la misma subli­
midad de su raiz. Dios intimó el pre­
cepto de su amor desde el principio
al pueblo H ebreo, sin esperar á ma­
nifestarse en nuestra carne. (3) Jesu
Christo, Autor de nuestra M oral, le
repitió como establecido mucho an-

( i ) Petav. sugra. (3) Deut* 6.


(a) Rom. y.
SEkM; DEL P- ELTSEO. 2 0£

íes , y le tomó ¡corno ' principio de


sus maximas. En ellas -, -y su Evan­
gelio , amar á Dios es; en una pala-,
bra guardar, sus mandamientos, (r)'
Si preguntáis á ese divino Maestro
¿quáles son sus preceptos? en cuya
observancia consiste el amor de Dios;
os responde que , además de los del
Decálogo v son primero , no amar co-
sa alguna de este mundo , sea pa-:,
dre v madre , hijo , ó hija mas que á
él* (2) Segundo , cargar , no en una , ú
otra ocasíon y. sino diariamente con su
(3) esto es , cumplir con -fide­
lidad todas las obligacioncs .de su esta­
do , mortificando las pasiones , y sub-:
yugando la voluntad, así como él se,
sacrificaba á . las que su.-..-Rhe-rno Pa-;
dre le imponía , ,haciendo en, todo la-
voluntad, d e , . q u e , ;le.enviaba , y<

(r) Joanú* 14. i£, (o.) Matt*. 37.


éf S t U p í - S (3) hu.ct y. 33,
2 10 EXAMEN DE 1.0S

no la suya : (i) que e s , dice San Pe­


dro , el modo de seguirle, y el exem-
p l o , que nos dexó para imitarle, (a)
Tercero., que el que le ama debe con­
fesarle públicamente con palabras, y
con obras , sin temor de los hombres,
negándose enteramente á sí mismo y
exponiendo la vida por amor su yo , y
del Evangelio, (3) Hasta aquí debe lle­
gar el que quisiere cumplir , según la
Moral de Jesu Christo, con el precep­
to de amar á Dios. A estos tres ca­
pítulos se reducen las otras máximas*
como son la constancia de ánimo, y
la paciencia -en la adversidad, en la
aflicción , en el quebranto de la sa­
lud, en la pérdida de los bienes : la
resolución para privarse de los pía*
ceres , mortificar la carne , luchar
contra las pasiones: la indiferencia en

( j } Joann, 6- 38, , £3) Marc, 8, 3y»


(5) 1 * P et. 3. a i.
5EUM. DEL P. ELISEO- 211
la pobreza , ó las riquezas sin ape-*
gar el corazon á ellas quando abun->
dan: en fin, el odio del mundo, que
solo brinda concupiscencia de la car*
ne, y soberbia, (i) El que guarda
estos preceptos, dice el Discípulo ama­
do , Panegirista de la caridad , es el
que conoce á Jesu Christo ,(2) posee
la caridad de Dios en su perfección;
(3) Y permanece verdaderamente unido
con él. (4) ¿Tendría poco que hacer
el Padre Eliséo , ó le faltaría mate­
ria, y pruebas de la sublimidad de
este primer principio de la Moral Chiis-
tiana , si hubiese entrado á exáminar-
la en sí misma por el Evangelio v que
es el libro que la enseña ? Todas las
lenguas de los Predicadores , que ha
habido , y habrá hasta la consuma­
ción de los siglos -, tratarán este asun-

( i ) 1. 1 £í^. (3) Ib.


(4) B . 3/ (4) Ib. ó, 1
O2
2 X2 EXAMEN DE LOS

to sin temor de que les falte materia:


porque él es la plenitud de la ley, (i)
y el fin , y término de todos los pre­
ceptos , (2) según el Apostol.
Pero este amor de Dios, que -es el
primer principio , dice San Juan ; que
es el mandato antiguo , que tuvo el
hombre siempre: (3) que hay otro nue­
vo igualmente verdadero , efeéto de la
luz del Verbo Encarnado, con la qual
se disiparon las tinieblas. (4) ¿ Y qué
mandato es ese nuevo? el que intimó
el Autor de la Moral Evangélica,
J, C. para desterrar las sombras, con
que el amor propio había obscurecí
do el corazon del hombre , y sepul­
tado en las tinieblas los afeftos de la
humanidad: el amor del próximo.
" Este, es mi precepto , que os améis re-
cíprocamente , como yo os he ama-

(1) Rom. 13* 10. (3) J?an, sup*. v* f.


(a) l .Thim, 1, 5, (4) 3,
SERM. DEL P. ELISEO. 21 g
»do:” (i) precepto que llama nuevo. (2)
¿Y en qué está la sublimidad de este
segundo principio, y precepto de nues­
tra Moral ? ¿Se verifica, por ventura,
solo con no aborrecer al próximo: mi­
rarle sin desagrado : mostrar úna in-
H m
diferencia con todos ; y tener ciertas
amistades estrechas por sangre , por
interés , ó por otros títulos mas delin­
quientes.? No : responde el Maestro : la
regla universal , que os .doy es, que
midáis i y niveleis vuestro amor por
el que yo os he tenido sicut d ikxi vosi
de que debeis inferir ,, lo 1. que vues­
tro amor debe ser universal , .sin ac-
cepcion. de personas : el número rfe
vuestros; amigos ha de ser el de los
hombres. , que ese. ha sido el de. los
míos. (3). Lo 2* ha de ser un amor
efeftiyoesto es de obra , tratindo-

( i ) Joan, c, í f . 14. ■ ( 3) Rom* 8# 3a.


( a ) /¿rtíí. 1 3 . 34.
o 3
£ Sl 4 EXAMEN DE LOS
les á todos, como tú quisieras ser tra­
tado de los otros : cubriendo su des-
nudéz : saciando su hambre : acogién­
dole en el desamparo: consolándole en
la aflicción ; en una palabra, mirán­
dome á mí en él : haciendo por él
quanto harías por m í, si en persona,
y conocidamente me vieses en la tier­
ra, (i) Lo 3. estas obras no han de ser,
quando te acomode: quando te sobre
m ucho, y como por pura liberalidad,
y beneficencia ; sino como una obli­
gación , de que no puedes dispensar­
te , á menos que te sea imposible, ó
tengas igual necesidad en la misma lí­
nea. (2) Lo 4* que aunque ,tu hermano
haya maquinado contra tu vida , ha­
blado contra tu honor , despojádote
de tus bienes , -y sea un enemigo ca­
pital, que solo piense en perderte; con

(i) Mitth* a f. (a ) I ja it v, 7.
t>* 40,
SERM. DEL P. ELISEO. 21 g
todo has de amafie como á tí mismo:
has de hacerle todo el bien que esté
en tu mano , y has de orar por él. En
fin , el miedo de la pobreza, ó de la
escaséz por socorrerle: el de los pe­
ligros , ó persecuciones por ampararle,
no han de acortar tu mano, ni dispen­
sarte de la protección del necesitado;
y como yo no he omitido cosa algu­
na á beneficio tuyo , tampoco tú de­
bes excusar paso , ni acción á bene­
ficio de tu hermano. ¡ Quinto pue­
de decirse á favor de la sublimidad
de este segundo exe , ó principio de
la Moral Christiana ! Con él deben
enebmrse todas aquellas máximas, que
constan del Evangelio , y declara­
ron en particular los Apóstoles , diri­
gidas á unirnos , y enlazarnos, recípro­
camente.en D ios, como lo están en­
tre sí los miembros de un cuerpo sano,
vivificados de un solo espíritu-, anima-
dos de un solo corazon , y obedien-
21 6 .. E X A M E N D E L O S •

tes á una; sola cabeza, (i)


De aquí nace la sociedad, el.pa­
triotismo , la felicidad, del Estado , y
este es el fundamento mas sólido del
.orden público. Pero, aunque esto se. si­
gue , es un desbarro ponerlo como
.objeto principal del segundo precep­
to . Ni lo es menos atribuir la caridad
^christiana. á la humanidad , que si esta
-no hubiera estado muerta , ó por ex^-
-tremo viciada , no daría ecn jazoh
J. C. al amor del próximo los títulos
de precepto nuevo ^ y ■ precepto suyo*
Las locuciones de ^que el hombre, en-
??cuentra. su satisfacción en la felicidad
??de sus; semejantes : (a) .es. muy dulce
?; el hacer felices á los hombres,, y eo-
-??ncccr que uno es el autor de su pros-
pei'idad: (b) no hay gloria sólida fue-
»ra de la humanidad , ” (c) que usa el

- (a) P. pa, 1-' (c) Ib. 1. ultima#


. (b) 1. ao. (i) A&, 4, 33-
SEItM. DE1 P. ELISEO. 2 l?
Padre Eliséo, y toma de Masillon, hue­
len á gentilismo , respiran vanidad, y
están muy lexos del lengua ge Apostó­
lico. Un Predicador en vez de esas fra­
ses, lo que debe decir, es, que las satis­
facciones , y dulzuras sencillas, que
produciría la humanidad en el hom­
bre , si hubiese conservado la. inocen­
cia , estaban ya desterradas de.su co­
razon : habían bastardeado , y daban
frutos de amargura, y de discordia.;
pero que J, C. había desahogado la
semilla, que como autor de la natura­
leza puso al principio en el hombre,
con su precepto nuevo^ para que rega*
da por su espíritu , y dirijida por su
exemplo, diese mejores , mas dulces, y
sazonados frutos.. Pero ni una sola vez
pone en lugar de la voz humanidad á
a divina gracia del Espíritu Santo,
como debía. Sus . oyentes al salir de
aquel Sermón, dirían lo que los Iconios
á San Pablo, quando les preguntó, ¿ si
21 8 EXAMEN DÉ ¿OS
habían recibido al Espíritu Santo ? Ni
aún su nombre hemos oído (i) respon­
dieron. ¿Puede haber cosa mas extra­
ña J que no acordarse de esta divina
Persona , quando se habla sobre la
caridad , y desde su cátedra?
La segunda parte de este .Sermón,
que correremos ligeramente , dá nue­
vos testimonios del mal orden , y peor
juicio de su Autor. La sublimidad de
«los principios de una Moral no prue-
»ba (d ice) enteramente su excelen­
c i a ” (a)...* Unos principios sublimes
no pueden estar desnudos de la exce­
lencia : porque la sublimidad compre-
hende la excelencia , y añade mucho
sobre ella , conforme al sentido de las
mismas voces. Funda el P. Elíseo su
proposicion en que " puede el hombre
sí saber sus obligaciones sin praftícar-
»las , y en que no es tan raro el ver

(a) P* to i* 1, penutt. (i) A&* *9*2,


SERM. DEL P. ELISEO* 219
ȇ las costumbres estar opuestas con
wla do&rína. v (a) Si esta es la prue­
ba , de que una Moral no es excelente:
aunque tenga principios sublimes, acac­
hóse la excelencia de la Christiana;
que vá á probar : ó dígame ¿por qué
hay tantos chrístianos malos , y se
condenan muchos ? Este es el modo
de hablar de Eliséo : él echa proposi­
ciones al ayre : se le figuran senten­
cias los absurdos: no discurre por prin­
cipios , y por consiguiente incurre en
contradidcn. Veamos los motivos ex­
celentes , que presenta nuestra Moral
"capaces, (como dice) de detener lóS
«movimientos desordenados , de cal-
■»mar el ardor de las pasiones , y dé
sujetarlas al imperio de la razón; que
v inclinan el animo á la justicia : que
a?fixan nuestra inconstancia i inspiran
«horror á un delito clandestino , y

(a) Pag, t os* lin. t .


2á O EXAMEN DE tO S

«prontitud á executar las obras bue-


wnas en un rincón.” (a) Pone el pri­
mero en el amor de la justicia , y
« conformidad con la voluntad dÍviT
»na’J (b)... que es el mas noble moti­
vo de las acciones virtuosas, pues in­
clina al buen orden por el amor mis­
ino, de aquella, justicia suprema, que
es la regla de todas las virtudes, (c)
Explica un poco mas ese motivo, y
dice de él " que nuestra Moral Chris-
wtiana le propone á nuestras acciones
«virtuosas,, y,quiere que el christiano
«no procure; agradar m^s que á su
?;Bios. ” (el) ¿Y habrá quién dexe de
conocer por estos extrado^*. y por
todo lo que dice en la segunda parte,
que el primer motivo noble de la Mo­
ral Christiana, que asigna el Padre
Eliséo, es el primer principio sublí-

(a) Ib, 1. ir* (c) Ib,l* 44.


(b) P. 103* 1. 7. ( i ) P. ío j . al priru
S ERM. DEL P» ELISEO* 231
me ; quiero decir , el amor de Dios,
que es la justicia universal, y eterna:
único origen del buen orden : regla de
las virtudes : invariable , án depen-
diencia de humanas revoluciones, y
causa de que cada uno se mantenga
en el lugar en que Dios le ha coloca­
do ? ¿Quién ignora, que el que no pro­
cura mas que agradar á Dios , es el;
que le ama ? ¿y que la caridad consis­
te en agradarle , y hacer en todo su
divina voluntad ? Este es el primer
principio sublime de la M oral, y lo
que esperábamos ahora del -Padre EB*
séo era que nos enseñase los moti­
vos nobles , que gradúan su excelen­
cia , deteniendo en el christiano los
movimientos desordenados T calman-'
do las pasiones, y fixando la incons­
tancia que son los enemigos que tie­
ne pa ra no amar á su Dios Criador,
Omnipotente, misericordiosísimo, úni­
co , y sumó bien , en el qual su
22 2' EXAMEN DE LOS

felicidad , y contra el qual , y su ley


wse sublevan nuestras inclinaciones , y
» nos arrastran , como á pesar nuestro*
según el propio Eliséo. ” (a)
Esperábamos w aquellos grandes
» móviles que excitan el corazon huma-
»no,(b) para que pusiesen en movimien­
t o la propensión invencible al bien in*
«finito con que nacemos , ” y que
á contraposición de las pasiones que,
á pesar nuestro, nos arrastran á los
objetos ilícitos , y al placer sensual,
nos tirasen con igual, ó mayor vio­
lencia ácia el buen órden, y á la fe^
liddad verdadera, que es amar á Dios-
Pero nuestro Eliséo lo que hace es,
volver á hablar de este amor, y de su
objeto con los nombres dz justicia e¿:er~
na , regla de virtudes , que es lo mis­
mo que decir -Dios : y con el título
de conformidad con la voluntad divi-

(a) P . 1 T 3 . L ult, (b ) P . 103» I. 10,


SERM. DEL P. ELISEO. 223
na , que es lo propio que amar á Dios
por sí mismo : como expresamente
viene á confesarlo, quando dice ct la
conformidad con la voluntad divina
«es por consiguiente el mas noble mo­
t i v o de las acciones virtuosas , pues
«inclina al buen orden por el amor
mmismo de aquella justicia suprema: ?>
(a) luego siendo Diosesa suprema jus­
ticia , sacamos , que el amor de Dios,
primer principio sublime, es la confor­
midad con la voluntad divina , y el
mas noble motivo de las acciones vir­
tuosas, ó de la Moral Christiana. En
efeéto, la conformidad, prá&ica de to­
das las operaciones del christiano con
la voluntad de Dios, e s , no el moti­
vo , sino el fin , y objeto : el deséo de
esa conformidad , ó la conformidad
afe&iva, es la propia caridad , ó amor
de Dios. De aquí e s , que quanto dice

(a) P . 103. L í i i .
"2^4 ES AMEN-DE tos
de la nobleza de su primer motivo»
pudo haberlo dicho en el primer prin­
cipio sublime, aunque con la misma
impropiedad , que quanto habló de
é l ; y tal vez con menos : porque pa­
ra primer motivo noble venia mejor
todo aquello del culto>> de la gran­
deza de Dios , de su omnipotencia^
de nuestra felicidad baxo de una pro­
videncia wque parece hizo del hombre
el único objeto de sus complacen-
?>cias , el fin de todas las produclones
5?y el vínculo de las diferentes partes
«d e l universo para el qual dá la tier-
^ra con profusion sus tesoros ; y por
?>el qual se levantan las nubes, for-
sí man la lluvia en sus estaciones* ¿ke/*
(a) Esto, y aquello de es un Dios lie-
??no de bondad , es el proteítor de la
wviuda', y el huérfano , y el consola­
d o r de la virtud oprimida; no easti-.

(a) P. 87. per totaiiv y á la vuelta*


SERM. DEt. P. EllSEO. 22%
wga sino como padre, hiriendo con
«runa mano , y sanando con otra. ” (a)
Porque en realidad estos hermosos ras­
gos de la divinidad son los motivos,
que nos inclinan, aunque no invenci­
blemente , á amarla , guardar su ley,
y conformarnos con su divina volun­
tad , la qual es la justicia eterna , é
Invariable , que puede fixar con su
gracia nuestra inconstancia : sosegar
las inquietudes de nuestro corazon ; y
corregir la soberbia en la prosperi­
dad , ó mitigar, y consolar la amar­
gura en las adversidades ^ haciéndonos
adorar , y amar sus soberanos desig-*
nios , como de uri dispensador bené­
fico, atento siempre á nuestro bien.
Y aunque el Padre Eliséo trae algo de
esto en el primer motivo., no le dá
su origen legítimo , que es la benefi^
cencía de Dios-, que piafó en el primer

O) P- 88cL
............ ' P
a 26 EXAMEN DE LOS
principio: ni la gracia del Espíritu San*
to , que nos comunica su bondad por
los méritos de J* C.
■ Tan lexos estaba dej pensamiento de
Eliséo hacer al Espíritu Santo autor del
amor de Dios , como diximos arriba , y
de la conformidad prá&ica del christia-
no con ese amtír, que^ quando quiere sa­
tisfacer á los que le tienen por motivo
débil para el cumplimiento de las obli­
gaciones , (a) no les opone la omnipo­
tente virtud de aquel Espíritu, que hace
al hombre superior á sí-mismo , y so­
lo d ice, hablando como de una virtud
humana, ^ u e tienen el amor del buen
7?orden por un afcéio demasiado dé^
” bil para que el hombre sacrifique los
«placeres , cuyo atractivo es lo qué
«causa la dulzura: de su vidá, í? (b) Y
que " la satisfacción de qüe sé goza
» observando -su ley por- la conformí-
SERM, DEL P. ELISEO. 2 2^
,j>dad.con e l.buen orden, produce por
ps? sola una alegría pura, alivia los pe­
nsares de nuestro destierro , y es una
«prenda preciosa de los bienes veni­
deros* ” (a) ¡Raro talento tiene el Pa­
dre Eliséo para desquiciar las mejores
verdades del Chxistianísmo! El suele
decirlas; pero en un estilo desfigurado*
wNo comprehenden el poder de una
«virtud , que hace al hombre superior
«á sí mismo. ” .(b) «. Es un dogma ca­
tólico , si aquella virtud diese á enten­
der la virtud de la gracia del Espíri-
tu Santo ; sin este respeto parece Pe-
lagianísmo....* La satisfacción de que
se go^a &c. es otra verdad de nuestra
Religión, si en vez de aquel por sí sola
se pone iá cláusula en el Espíritu San­
to , sin la qual también suena doctrina
de Pelagio. De esto es mucho lo que
-hay en sus Sermones > aunque yo no

(4) Ib. á lili. 19, (b) Ib. 1. 4. y 5#


P 2 "
G28 exam en d e los

lo atribuyo á otra cosa , que á la' ma­


nía de hablar siempre de buen órden*
de virtudes sociales , y á la singula­
ridad de distinguirse de los demás Pre*
dicadores (aún de aquellos propios que
le hacen favor) hablando sin la Es­
critura , sin los Padres , y en lengua-
ge profano : tan afefto es á él , que
en este mismo Sermón no duda decir,
que los motivos de la Moral Christia­
na wenseñan al hombre á despreciar
«así los rebeses , como los favores de
«la fortunad (a) Idolo del gentilís^
mo , que adoró en vez de la provi­
dencia , cuyo divino nombre , y no
aquel, debe resonar en los labios del
christiano , y mucho mas en los de
un Predicador, el qual debía decir*
que el christianísmo enseña á mirar
con indiferencia así la adversidad, co­
mo la prosperidad ? con que la pro*

(a) Pag* io a . lio* 34


SERM. DEL F. ELISEO. 2 29
videncia prueba al hombre. No es me­
nos pagana aquella , de que " el fin
«que propone (nuestra Moral) á las al­
emas virtuosas las ennoblece , y po-
»ne el sello al heroísmo de sus ác-
«ciones,”
El segundo motivo noble lo pone
el Padre Eliséo en wque la Religión
«christiana abre al hombre esperan­
z a s mas nobles , y quiere que aspi-
«re á la Patria Celestial.” (a) ¡ Gra­
cias á Dios , que el Padre Eliséo co­
noce * que lo que quiere la Religión
christiana e s , que el hombre aspire
á la Pa$ria Celestial ¿Y qué dice de
bueno para alentarnos enmedio de wla
«rebelión de las pasiones, los esfuer-
«zos de los malvados , las cnferme-
«dades , la ignorancia y la miseria,
*>anexá$ ¿nuestro destierro” (b) para
suspirar por la Patria Celestial ? Di-

(a) Pag* txi * litu ult* (b) Ib. Un. 15*

P3
2 00 EXAMEN DE LOS
c e , y con razón "que en ella libres
jilos escogidos- de- las miserias , que
7?nos rodean, gozan sin disgusto , y
«aman sin remordimientos ; porque
«el amor crece" con la posesion del
??bien supremo.” (a) No es tán biea
dicho lo que añade te el placer su-
jjpremo de los escogidos consistid
«rá" en no tener en sí nada que se
97oponga á esta soberana regla/* (b)
Yo no se de Teólogo alguno ^ que ha­
ya colocado en esto la sumá de lá
bienaventuranza. También diee , que
él conocimiento de la verdad en el
«Cielo reformará el juicio que ha for-
«m ado, y le manifestará que la fe-
licidad no se logra sino' süjetáüdo-
«se al buen órden’* (c) Yo estoy en
la inteligencia^ desque esta reforma del
juicio errado sóbre la felicidad^ es una

(a) Pag, n a . 1. 4. (c) Ib. lin* 18,


- .(Jb) Ib. lin. 13»-;.'
SERM. DEL P. ELISEO* 23 I
de las miras principales dé: la Moral
Christiana, y que el que no le hubiere
reformádole en esta vida , no irá á
aprenderlo; á la otra, donde se le
ha de juzgar por la conduda que
haya tenido , encaminando sus obras
á la felicidad verdadera. El que la
hubiere buscado con juicio errado, ten-
drá su parte con los infieles, como
dice el Evangelio : (i) el qué,refor­
mado el error de su juicio , la haya
seguido , la encontrará en .el C ielo, y
gozará de ella con la visión" beatifi­
ca , en que consiste la bienaventuran­
za : 'no en conocer , que nada tiene
que.se oponga á la soberana regla*
Este exámen de si tenemos, 6 no co­
sa contraria á la justicia esencial es
lo que llamamos, el juicio , en el qual
se decide la.qiiestion, para que nin­
guno, tiznado de qualquier mancha, en~

( i) Z üc# t i , 46.
P4
2 g2 EXAMEN DE LOS
tre en la bienaventuranza, (i)
He aquí quanto halló que decir el P*
Eliséo sobre el segundo motivo noble
de la esperanza , que por sí solo le da*
ba materia , y muy propia , para to­
do el discurso de la excelencia de
nuestra M oral; pero él le halló tan
estéril, que le unió con el amor déla
justicia , (a) y por eso concluye di­
ciendo "E n una palabra , el amor de
«la justicia es el estímulo mas noble
»de las;acciones virtuosas;” (b) áque
aplica las palabras de Jesu Christo^
truncándolas, por no gastar tiempo en
eso , como puede verse en el'Evan­
gelista San Mateo „ (2) que las trae i
la letra así: Estofe- ergo vos perfeSti
sicut & pater vesier coslestis perfec­
tas est* Para que viniesen al caso del
amor de la justicia, que era su in'

(a) Xb, lili* 8. ( i) Jtpoc. 41. 4j ,


(b) Ib* lin. 14, (a ) Mathm j . 48*
SERM. DHL P. ELISEO. S3g
tentó , antepuso á ellas la mitad de
aquella altísima sentencia, Con que co­
mienza el libro de la Sabiduría, exór-
tando á los jueces de la tierra , á que
amen la justicia, diligite justitiam , qui
¡judieatis terram. (i) Con todo eso
aquel testimonio solo sirve , para ma­
nifestar , que el amor de la justicia
no es motivo noble de la Moral Chris­
tiana , ni el/trabajar'por imitar la per­
fección del Padre Celestial , con que
confirmó Jesu CHristó el precepto del
amor de los enemigos ; sino uno de
los principios sublimes , como lo ma­
nifiestan las mismas palabras que ha­
blan en imperativo > y mandando d h
Mgitc.„cs¿ote,
. Como el Padre Eliséo ignora ab­
solutamente el arte de las transido*
nes no pudo encontrar un medio de
disimular la unión, que quiso hacer en

(i) S(l]7r 1*1* ■


334 EXAMEN DE LOS
el segundo punto entre motivos nobles,
y máximas universales: y echó, co­
mo siempre que pasa de punto á pun­
to , ó de miembro á miembro , su
mí0...Restame ahora manifestaros &c.
Aquí es donde nos dice alguna cosa
de lo mucho que debió decir en los
principios sublimes ; pero ni lo dixo
todo 4 ni del modo que debía", para
que pudiésemos perdonarle la trans­
posición., ó el trastorno. No lo dice
tod o; porque solo habla con mucha
generalidad del desprendimiento de
los bienes , y de los placeres: ni co^
mo debe, porque no dá á aquellas má­
ximas y sentencias , el peso de la
autoridad de Jesu Christo , trayendo
sus palabras , y su nombre en cada
máxima. Hace tan poco caso de és­
te estilo , indispensable á un Predio
cador, que persuadiendo la inmuta*?
bilidad del Evangelio á pesar de la
corrupción de los siglos , de la di-
SERM. DEL P. ELISEO, 33 5

versidad de opiniones, y ¿e clase?;


inserta unas palabras del Salvador,
sin nom brarlecon m w .y o os digo
en verdad», (a) que todo él mundo
pensaría, á excepción de los pocos
que supiesen el Evangelio, que aque­
lla asertiva era del propio Eliséo ; y
por el mismo defeéto alteró la tra­
ducción del texto, diciendo: " E l Cielo
» y la tierra se acabarán ; pero jamás
«tendrán fin las palabras de la Ley
«santa" (b),.;en lugar de...pero jamás
tendrán fin mis palabras^ 'verba autem
mea non prnuribunt»» (i) Junta aígu-
gunos pensamientos de los de Massi-
llon en su pequeña Quaresma , y en
el Sermón sobre la Inmutabilidad de
la ley de D io s , y de ordinario con
sus mismas palabras , en que no es
razón gastar papel, quando qualquier

(a) P. T17. lin, 6* (1 ) Math* 114*


(b) ibi. . ; ..
2$6 EXAMEN DE LOS
re puede desengañarse por su vista.
La proposicion....ÍCConfieso que la
«perfección evangélica solo es un con-
«sejo , y no puede ser la regla de
«todas las clases,..” (a) cuyo primer
sonido halaga demasiado á nuestro
,amor propio , es falsísima 7 y debió
convencerse de ello el Padre Eliséo
por las propias palabras de Jesu Chris­
to, que había citado poco antes, estofe
ergo vos perfeffii , S e , y poco antes de
ellas había puesto también delante de
todos la perfección d e l. Padre para
que la imitasen como buenos hijos, (i)
Las austeridades increíbles , la sepa­
ración entera , de las criaturas , los
retiros en las profundas soledades , que
trae por prueba : ni son máximas,
ni consejos del Evangelio , por lo
mismo que no son necesarios á la vir­
tud. Fuera de David, y de Judit es

Pag* tao. Un. u ( 0 4*,


SERM. m t P. ELISEO. 237
Interminable el Catálogo de los hom­
bres, y mugeres perfeétísimos , que ha
producido el Evangelio en el comercio
de las gentes, en todos los estados , en
todas las clases , en los propios tronos:
en una palabra, en el mismo mundo, cu­
ya santificación fue el objeto del Evan­
gelio , y de la encarnación del Verbo
Eterno. (1)
Todo el mundo , pues, debe as­
pirar , si quiere salvarse , á la ver­
dadera perfección evangélica. Los que
han añadido á ella algunas reglas, y
estatutos con voto de observarlos , y
que en esto no han mirado á otra co­
sa, que á estrecharse mas con Ja per­
fección evangélica , han necesitado
deque la Iglesia, pruebe .solemnemen­
te esos medios , los quáles no aña^
den perfección sobre el Evangelio, y
sería una blasfemia atribuir á los hom*
bres miras mas perfectas que las de

(1) Joann, ia, 41*,


EXAMEN DE LOS

Jesu Christo. Los otros prodigios dé


penitencia., separaciones mas enteras
del mundo , y sepulturas en la espe­
sura de los bosques necesitan, de que
se manifieste por señales no equívo­
cas el impulso del Espíritu Santo, pa­
ra que no se reprueben. La perfec­
ción evangélica es la verdadera , y
única perfección : es para todos : lo
que debe discernirse es, como ha de
alcanzarse en cada estado. La fuerza
de esta verdad , la falsedad de aque­
lla proposicioñ., y la escasa ciencia
de la Religión en el P. .Eliséo , se
convence en las últimas lineas dé su
Sermón, Habla con los que viven en
medio de las delicias, y les pone por
regla de su conduda todo aquello en
que consiste lá perfección evangélica*
como es el desprecio de los bienes , la
mortificación dé los sentidos, la macera-
don de la carne , y concluye contradi­
ciéndose expresamente., quando dice,
SERM. DEL P. ELISEO. 239
"V iv id , pues , en la tierra como per-
íísonas destinadas á poseer la heren-
» cia eterna :. desprended vuestro co-
9>razón de los bienes perecederos, re-
anunciad á los falsos placeres , mor­
tific a d vuestros sentidos , sujetaos d
»toda la severidad de las máximas
» evangélicas, meditad continuamen­
t e , y cumplid con exáétitud esta
«ley sublime por sus principios, no-
«ble por sus motivos , y de un uso
«universal, para que alcancéis los pre­
finios eternos prometidos á los que la
«guardan, y yo os deseo,”
EXAMEN
P E LOS SERMONES D E L P. ELISEO,
CON
INSTRUCCIONES UTILISIMAS
A LOS PREDICADORES,

F U N D A D O , Y AU TO RIZAD O
con las Sagradas Escrituras, Concilio*,
y Santos Padres.
jP O R
D. A N T O N IO SA N CH EZ VALVERDE,
Ilación. de la Sta. Igl. Príxn. de Ind* Lic. en
Sag. Theol. y amb. Der, Abog.
de los R. Cons. &c*

Declapatio SePtAonu™ tuomm lUumlnat ?


ifttellecium dat parvulifm Ps. 118. v. 130*

T O M , IL

E N M AD RID ;

En la Imprenta de Don Blas Román,


Año de MDCCLXXXVIL
CONTINUACION
DEL EXAMEN.
§■ V I I .

EXAMEN DEL SERMON


sobre el Amor de Dios,
Tom. II. pag. 42.

U n a conexíon, y casi casi identidad»


que se observa entre los Sermones so­
bre la excelencia de la Moral Ghristia-
n a , y sobre eí amor de Dios, nos obli­
ga á pasar inmediatamente de aquel*
que es el tercero del primer tomo „ á
éste , que es el segundo del segundo;
porque teniendo el Leétor mas frescas,
y presentes las especias del uno , pue­
da hacer con tuas facilidad el cotejo
con. las del otro. Animado siempre el
A
2 EXAMEN DE LOS
Padre Eliséo de su preocupación á la
le y , ó filosofía natural (que no hay
nación mas sujeta que la suya á las
preocupaciones, ni que hable mas
contra ellas) quiere reducir el Amor
de Dios á la fuerza de la razón , y
dice wque un corazon capáz de agra­
d ecim ien to, y que se puede atraer
^con los beneficios ; una propensión
«invencible al bien supremo , pero
« que la razón debe fixar solo en Dios,
«son los motivos de amarle , que in-
«tenta aclarar en este discurso/' (a)
Hete aquí otra vez la propensión inven­
cible , ó el ardor invencible á la felici^
dad , ó al Sér Supremo , y al bien in^
imito, del Sermón antecedente* (b) ¡Qué
dichosos seríamos, si naciésemos con
ese afedto invencible ! Y si nacemos
con él ¿por qué nos condena Eliséo en

(a ) Tojtk a. pag. ( b ) Tom, i# p. $>7*


48, 1. 4* litii 9.
SERM» DEL P. ELISEO. J
otra parte (a) ÍCá traer dentro de noso-
«tros la depravación de la voluntad
«tan adida á sus inclinaciones vicio-
?j sas , que no le dexa abrazar el chris-
5?tianísmo ? ” En el purísimo estado de
la inocencia , quando debió ser , y
fue con efe¿lo , mas viva nuestra incli­
nación ácia al Criador , no pudo dar-
sela el epíteto de invencible, habién­
dose rendido tan prontamente á la ten­
tación, ¿Quál será un Sermón , que su*
pone estos principios por parte de la
voluntad ? Respecto del entendimiento
no es menor la falsedad. Si el hombre
trae consigo una indocilidad de enten­
dim iento , que se rebela contra 1®
«autoridad que le pide el sacrificio de
?>sus potencias” (b) ¿ cómo podrá su
razón tener poder , para fixar el cora­
ron solo en Dios? ,
Todo es desatino, y todo es Pela-

(a) Tom. í . p. ai, K 18. (b) -Ib*


'• A 2
4 EXAMEN DE LOS
gianísmo , bien que material : porque
no juzgo al Padre Eliséo capáz de él
formal. Una razón por sí limitada: por
el pecado original mas disminuida: y
por la sublevación de las pasiones vi­
ciosas , casi ciega ¿podrá fixar en Dios
lina voluntad, flaca para lo sobrenatu­
ra l, y demasiado inclinada á lo terre­
no en la edad, en que el entendimien­
to se halla en estado de formarla por
sus "conocimientos, y discursos ? Un
don tan alto , que es esencialmente di­
vino , qual es la caridad , ó unión del
corazon de la criatura con Dios: una
virtud superior* como enseña el Após­
tol , á la propia fee, y á la esperan­
za ( í) ¿vendrá á ser el efe ¿lo de la ra­
zón ? ¿Para qué baxó el Espíritu de
Dios , y baxa incesantemente ? ¿Para
qué oos cansamos en pedir con instan­
cia ese Espíritu ? Filosofemos sobre

( i) i. Cor. 33. 13,


SEUM* DEL P. ELISEO. g
\
las obras del Criador á beneficio núes-
tro , que la razón fixará solo en Dios
un corazon capáz de agradecimiento*
No quiero recargar , como podía , so­
bre este error , y sus perniciosas con-
seqiiencias; porque es muy notorio el
dogma católico * de que la caridad
es don divino de pura liberalidad del
Señor : y porque conozco la candidéa
del Padre Eliséo; que en el mismo
discurso destruye , como acostumbra*
las proposiciones aventuradas* con que
empieza*
No obstante que este Piloto se ha­
ce cargo. de lo tempestuoso del tiem-
po wpor el desorden de las pasiones
« que nos dominan” arrastrados de los
deley tesCfá que nos dexamos llevar con
í?la mayor violencia por la impresión
j>de los bienes mundanos:” (a) de lo te­
nebroso de la noche ” por el error que

(a) Pag* 4 lin. 19-


A 3
6 ' EXAMEN DE LOS

» seduce nuestros corazones: ” (á) y


de lo endeble de la quilla que mué-
ven débilmente las gracias de la vir-
«tud (b).... dice Intentemos sin em-
«bargo reducir al hombre á su fin
^verdadero*” (c) ¿Y quál será el arbi­
trio , para reducirle ct en medio de esa
«miseria , en que está sepultado toda-
« vía ? ” (d)„. Bien desesperada parece
la empresa ; pero la destreza del Pa­
dre Eliséo facilita la execucion funda­
d o , en qüe al hombre tfle quedan al­
agunas señales de la perfección , y de
«la grandeza , á que.le había ensalza­
ndo el Criador. Un corazón ca,páz de
^agradecimiento , y una propensión
^ invencible al bien supremo que la ra­
nzón debe fixar solo en Dios* ” (e) Yo
no lo entiendo.*.. "Aquella invencible
wpropensien al bien supremo * que pa-

(a) Ib. lin* 18. miltima*


(b ) Ib. 1. fl0i (d ) K48.I. i„
(c) Ip. línoa pe- (e) Ib. a lin. a*
SERM. DEL P. ELÍSEO. p
vrece le une á Dios antes que la refle-
o
«xíon llegue á hacer reconocer su ob­
j e t o , ha dicho, que la fixa por su elec-
Tjcion en solo las criaturas” (a)«.„ Esa
razón tan poderosa para fixar el cora"
zon solo en Dios , ha confesado , que,
"dominada por los sentidos, no le
» habla ya con bastante eficacia para
» convencerle de la necesidad de amar
ȇ su Criador; ni quiere abrir los ojos
para ver el espectáculo del universo
?jque publica sus beneficios” (b).,..¿Có^
mo , pues , sacará á salvamento esta
nave ,. cercada por todas partes de es4
eolios, y vaxíos : agitada de furiosas
tempestades, y en una noche tenebro­
sa? E l, parece-, que no quiere servh>
se de milagros , porque halla -w que
??las gracias de la virtud la mueven
jíinuy débilmente” (c) con que todo

(a) P . 4*. 1. io . (c) F . 47. 1, ao*


(b ) Ib, L pcnultr
A4
8' EXAMEN DE LOS
el esfuerzo vendrá á ser de la razón#
Eso dá á entender en lo que hemos
visto ; pero la Religión , y la fuerza
de la verdad le hacen recurrir al ver­
dadero móvil , como iremos viendo,
Divide su asunto en dos partes.
<rExpondré (dice) en la primera parte
» que siendo el hombre capáz de agra­
decimiento , debe amar á su Dios ; y
99en la segunda que el hombre que co-
«hoce su felicidad solo debe amar á
«su Dios” (a) Comienza la primera,
parte suponiendo todo el abuso , que
hace el hombre de los dones del Cria­
dor : y su. extremada ingratitud, cuyo
delito atribuye á sus errores , é ilusio­
nes mas, que á sus afecciones primiti­
vas* Júzgale mas frágil, que vicioso,
y tiene por injusticia , representarle
insensible , y casi ingrato con su bien*
hechor. Al deséo de la independencia,

(a) P . 40, L iT -
SERM. DEL P. ELISEO. 9
que señala por "primera causa de
«nuestra sublevación (dice que) se unen
»>el desorden de las pasiones , la ilu-
«sion de los sentidos, que no nos de-
«xa ver la luz de la razón , el atra&i-
«vo de los deleytes, que ocupa toda
« el alma * y la hace olvidar la mano
»bienhechora &c. ” (a).,.. A pesar de
tanta obscuridad de la luz de la razon>
y de tanto olvido , no duda afirmar-,
que "L a razón puede todavía descu­
b r ir le en las maravillas de la natu-
n raleza la bondad de su autor ; su co-
razón agradece sus beneficios ; la
mgratitud , y el. amor de un Sér que.
*>obra para hacerle dichoso le pare­
jeen afeétos que hermosean-su exís-
??tencia ■; (esta frase le gusta mucho al
Eliséo) reprueba en sí la elección
v desarreglada que le hace violar esta
v obligación (b) de que concluye que

(3) F* 49.1* 19. ysSgg* 00 a* í°*-1*


TO e x a m e n d e lo s

es capáz de agradecimiento , y qüe


la ley primitiva del reconocimiento
subsiste en- medio de las tinieblas , y
de las pasiones* Vuelvo á decir , que
no lo entiendo* Si la ilusión no dexa
ver la luz de la razón : si el deley te
borra en el alma la memoria del bien­
hechor i cómo puede la razón todavíá
descubrir á esa alm a, que no la vé,
bondades de un Criador , que tiene
olvidado ? ¿Cómo puede ese corazort
ciego agradecer llevado de la luz de
una razón , que no vé ; ni reprobar su
elección contraria á la obligación de
gratitud ? Que el hombre sea capáz dé
agradecimiento; que esta virtúd primi^
tiva (quiero decir , lá semilla del re^
conocimiento) quede eti su coraron;
aunque muy sepultada, y oprimida
por las ilusiones de los sentidos, erro­
res de la razón , é inclinaciones vicio­
sas : es una verdad incontextable ; pe­
ro es un desatino, y una hcregía creer,
SERM. DEL P. ELISEO# 11
que esa razón , que yá no luce , mue­
va una alm a, que yá no conoce la
mano cié su bienhechor, á agradecer
sus beneficios , y que de la gratitud
haga escala para subir al amor. Quan-
do hubiese cargado de menos som­
bras á la razón por la ilusión de los
sentidos, en lo qual pasó los límites de
la verdad ; y agoviado menos el co^
razón con la violencia de las pasio­
nes , en lo qual se excede ; todavía
era falso el asunLo: porque en el es­
tado del pecado no hay mas luz , que
la de la gracia : ni mas móvil , que el
Espíritu Santo, que ilustre el entendió
miento , levante, y ayude el corazon,
á que coopere con él, tanto para agra­
decer como para amar á Dios. Su
bondad , por más maravillas que haya
obrado á nuestro beneficio, no es estí­
mulo poderoso , ni aún bastante, para;
poner en movimiento el corazon sin mas
guia, ni apoyo, que el conocimiento
I 3 EXAMEN DE tOS
Rebatidos estos principios , vea­
mos la subdivisión (que esa es indis­
pensable) de la primera proposicion...
wTodo lo que sale de la mano de Dios
«es un beneficio para el hombre en el
«orden de la naturaleza ; los trabajos
«no son mas que efeéto de nuestros
«desórdenes : y aunque son castigos
«justos, la bondad divina es tan gran-
«de , que los convierte en bien en la
«obra de la redención. Estos son los
«importantes objetos que intento re­
presentaros.” (a)..„ Empecemos aquí
el Sermón , que lo demás ha sido un
galimatías , y aquí nos presenta dos
puntos bastantemente claros * y arre­
glados , para despertar en el hombre
el agradecimiento á su Criador : y ele­
varle al amor de su Redentor , si el
Predicador se sirve de los verdaderos
medios* En realidad Eliséo hace un

(a) f. $1. i. tí.


SERM. DEL P. ELISEO. I j
soliloquio tierno , llamando su alma,
á que por entre las sombras del error,
y flaqueza de la voluntad divise los
rasgos de la bondad divina , y se con­
suele en las aflicciones con las semi­
llas de la felicidad , que la gracia
puede hacer brotar entre las ruinas de
su grandeza, (a) Despues pinta el mis­
mo quadro de la creación con las mis­
mas figuras , que le pintó en el Ser­
món de la Moral Christiana , (b) y
dice, que en medio de su magnificen­
cia nada era de todo lo criado un be­
neficio , porque faltaba el hombre ca­
páz de gozarlo, y de amar á Dios
por sus dones * elevándose á él por el
agradecimiento. Sale el hombre de
«manos de Dios , y queda acabado el
ff magnifico quadro del universo” (c)
tr El hombre parece ser el fin, y el viu'

(a) Ib. desde la (b) Totii. i. p. 8$;


lili, i í , (v) I1, 54. 1, ííí
14 EXAMEN DE LOS
9>culo de todas sus producciones ” (a)
que es lo mismo del Sermón citado de
la M oral, y puede uno y otro mirar­
se como la Ecloga de Virgilio , en que
pondera los beneficios de Augusto baxo
el nombre de Titiro , con el qual po­
día haber concluido , poniendo en bo­
ca del hombre la expresiva admi­
ración , de Titiro.
O Melibcee , Deus nobis hxc otia
fe c it S e . (i)
De esta Ecloga prosaica hecha,
como se ha manifestado, en el Sermón
de la Moral , y dilaLada en éste un
poco mas, en la qual , entre varias
expresiones reprehensibles , se dán al
Sol elogios , dignos del Apostáta Ju­
liano en su panegyrico á este astro,
como aquella " sin tí todo es confuso,

(a) Ib. I, ultima, (t) Vírg. Buc*


Tille tom, i, pag. 87. EeL i¿
1*
SER.M. DEL P. ELISEO# í g-

«todo es diforme; y tu primer resplan-;


«dor parece que hace salir segunda,
«vez de la nada todas las criaturas” ...»
y la antecedente*.*. wManifiéstate , luz.
«resplandeciente , viva imagen de la
v suprema inteligencia ” (a)„*. ¿ Quién
sino es un hombre peregrino en las
Escrituras, y en la Teología ; ignoran­
te de lo que es el ministerio de la pre­
dicación : y sin conocimiento del 1u-í
gar sagrado, en que hablaba , hubie­
ra dado á una porcion de materia lu­
minosa el elogio mas expresivo, que
encontró el Apóstol, para recomen­
dar la divinidad de J* C. ? E l qual es
imagen de Dios : dice a los de Corin^
tho : (i) el qual es imagen del Dios
invisible : escribe á los Colosenses. (3)
¿Qué mas diría Juliano , supremo Pon­
tífice , y Sacerdote del Sol ? De esta

(a) Toltl. 3. pag. (t) s , Cor . 4*


53, d e s d e la 1. (a ) Cofos. i.
í6 EXAMEN DE tOS
Ecloga , repito , pasa á otra sobre el
estado de la inocencia , aventando
mas la zampoña , y como pidiendo
con el mismo Virgilio mas alto aliento
á sus Musas:
Sicelides Musce, paulo majara ccl~
namus:
ya se vé , como que iba á cantar,
con é l , la dorada edad de la ino­
cencia*
Magnus ab integro stzcuhrum ñas-
citur ordo. (r)
V ¡ojalá ! le hubiese pasado por la ca­
beza en lugar del panegyrico de la
brevísima edad dichosa, cuya imagen
es mas propia para abatirnos , humi­
llarnos , y llenarnos de melancolía*
que para levantar el animo al agra­
decimiento de unos beneficios , que
apenas gustó nuestro primer progeni­
tor , y miramos tan lexos: ¡ojalá vuel-

( i) Vírg. Eciog*-4*
s*rm ;-:d eí. p, e l í s e o . if
yo á deete y‘hubiese intentado catequk-
zar-, y- bautizar aquel paganismo y
■en vez ;del estado -de la inocencia,
hubiera hablado del de la reparación
en el Verbo -Eterno por medio de la
Sacratísima Virgen , á- que le daba
margen er Poeta con el verso.
Jam rédip & J^irgo redeunt
v turnia regna: ' ; ;
■ycm 'nova progenies Cosío demitti*
tur alto !■
=

.aunque’ nos eneaxára (que yo' se lo per­
donaría) aquellos , y losT dos siguientes.
Porque entdnees-efítrátík ;'eíi el beñe-
oficio nras grande , qué nos hizo. Dios
en prueba áe su amúry para encen­
der en nuestros ánimos la caridad' -(r:)
Eijtoncesic:imitaría ;á San Agustín ~éii
varios ílugares- , en ,que*hablasote-
ranamente de tan alto beneficio , y
de lps--.motivos ,_„con que. nos obliga

(i) Rom* S. 5,, t

IL B
l 8 EXAMEN DE LOS r
á la retribución- :• (i) y „ entonces po*
día discurrir largamente,, y ápropa-
pósito , instruyendo en et-misterio de
l a : Encarnación , cuya fee, , y - cono*
cimiento posible, es tan necesario á
los christianos; y moviéndoles; por su
excelencia , y utilidad al amor de un
-Dios, que taatierna, y liberalmente
nos amó. Esto sería predicar sobre
el. amor de Dios , llevando siem­
pre á la vista la graciai,.é influxo del
-Espíritu Santo * que vino á merecer,
y darnos ese: Verbo encarnado.* sin lo
qual es imposible .amar á :Dios. ... “
: / Pero una, Pastora/ -7 . que nos ha-'
„ce ver á Adan tendfdo en el Paraíso,
desnudo r" que manda á los :.animales,
f^y le obedecen -por. el respeto , que
*>infunde la imagen de la sabiduría su*

; S - ■*4 ug: Serm* Homií. £o. é? Euár*


14a. alihs 54* Dcver~ in 148* 9»
'bh Dominio i f 34, ex
SE&MU d e i, p. e l í s e o . i 9
nprema impresa en su semblante: (a)
?í tranquilo baxQ; de un cielo sereno,
?>que no experimenta las necesidades
íísuiq para gozar de los placeres: (b)
jícon el cielo abierto á la vista pa-
?>ra ser trasladado á él despues de
«una vida tan agradable ; (c) coloca^
ȇo en este mundo visible para con-
n templarle , gozar de é l , y elevarse
Dios por el agradecimiento ; dota­
ndo de justicia, rectitud , inmortali-
» dad ? y hecho el Soberano de todas
s>las criaturas; ” (d) una Pastoral co­
mo esta ¿de qué sirve á un auditorio
christiano? Los hombres carnales, que,
sino son toda , son mucho mas que
la mayor parte de él ? se sienten ex*
citados coa semejantes pinturas , no al
deseo d e , ver -á Dios por medio de la
guarda penosa de sus mandamientos,

( » ) P, fó, U 31. ( c ) Ib* 1» 15*


(b) P . V a a . B . y i a . (d) P. 5 9 . 1- 1-
B s ''
20 ' EXAMEN DE LOS
y gozarle en el Paraíso Celestial; si­
no á la envidia de una vida poltro­
na , y regalada ; y se imaginan, que
en una situación tan venturosa nada
les sería mas fácil , y natural, que ala­
bar al que les había puesto en tan­
ta felicidad. Irritanse; contra sus pri­
meros padres , y casi son. mas ine*
xórables 7\que Dios v para perdonar­
les una transgresión , con que les pri­
varon de vida tan dulce. ¿Pues qué
diremos quando desde el seno hala*
güeño de esas delicias naturales nos
arranca, para precipitarnos en el abis.-
mo de las amarguras-,, de la langui­
dez , y de. la muerte ,4 contrarias á
aquel estado por el pecado de Adán?
¿Cómo “ no hemos de temer fixar nucs-
?>tra vista, en la pintura de nuestras
»>miserias, y creer que el exceso de
aellas en nada debe disminuir nues­
t r o agradecimiento?” (a) Aquí nos

(a) P. 6o. 1. 3»
SEfiM .U E i; P. ELÍSEO. 2 I

hace el quadro de nuestra caída en


el:primer hombre con las mismas som­
bras horrorosas de la de Lucifer, que
pone despues al lado de la nuestra, (a)
Nos dice , que los trabajos de esta vi­
da no pueden en realidad ser sino
«efééto del pecado, (b) Que de lase-
«paración de Dios , y la conversión
«de nuestra voluntad á las criaturas,
99viene el atraétivo- de los bienes ter-
«renos que inflama las pasiones-, y la
7?conmocion que causa en los senti­
dlos , quita la. quietud á la sabidu-
?>ría ; la razón pierde su: imperio,
?; Ja rebelión se manifiesta , y el hom-
wbre se afrenta de verse/5 (c) Vuélve­
se á hablar con la concupiscencia por
prosopopeya ( figura de que usa con
demasiada freqüencia) como raíz de
todos nuestros males , cuya enumera-

(a) lindes* U K i8. (c) P* 63. toda.


(b ) P, ó a j* 18,
" ............ B.3
23 EXAMEN BE LOS
cion hace en dos planas, (a) ;.-¡T
Trata despues de alentar al hom­
bre , que llora en medio de tantos ma­
les * y dice , teque ame á D ios, y se
??consuele en jesu Christo que puede
«restituirle con mayor abundancia los
«bienes perdidos.” (b) En fin , llegó
el Padre Eliséo al Véfdadero motivo
del amor de D io s; pefo todavía es
menester exáminar * cómo lo propo­
ne , y qué fuerza le dá. Hasta aquí
ha predicado del juicio : del pecado
original: de las aflicciúnes : y en Una
palabra de todo lo qué se quiera * me­
nos del amor de Dios ^ ó de la ca­
ridad. Los rasgos, que se ven Soii
de una especie ¡de agradecimiento * o
amor natural por la mucha boíidaá,
y amor * que el mismo Dios tíos mos­
tró en k creación. El que tíos tuVo¿
dándonos i su unigénito * es solo -7 el
SER.WT.'DEL P, e l ís e o ; 23
que puede encender en' nuestros cora­
zones lajear idad , que necesi tamos. En
Jesu Christo es con efe&o "donde la:
«bondad del Señor debe triunfar de
«la dureza de nuestros corazones/* (a)
P ero, no "porque hace servir para
«nuestra felicidad el exceso de nues­
t r a s miserias , y muda en recom-
«pensas los mas justos castigos ” , co­
mo dice su Paternidad ; (b) sino por­
que , compadecido del exceso de nues­
tras miserias , vino á derramar sus
misericordias, para sacarnos de ellas?
con su doctrina, que nos las hace;
conocer : con su gracia , que nos dá
virtud para remediarlas; y con su
muerte , que satisfizo á la divina Jus­
ticia. por la culpa, raíz de tales mi­
serias, Ni puede decirse con prow
piedad K que mudó los mas justos

(a) Ibidem li- (b j Ib. Iln. 13, :


pea 11 .
84
24 EXAMEN , DE L t )^ ' - ■-

«castigos en recompensa;” :porque es­


to en rigor quiere decir; que ■ la re­
belión de las pasiones1, la ■ muerte,
la concupiscencia , y :todos sus efec­
tos quedaron con la muerte de Je­
su Ghxisto hechos recompensa de sus
méritos. Lo que debía decir era , que
el Redentor con el poder infinito de
su sangre detuvo el brazo de la jus­
ticia , quitó de las: manos de su Pa­
dre el azote, y en recompensa de
ella le obligó, á que en vez de los
castigos , que merecíamos.v nos res*
tituyese á su gracia , y & su heren­
c ia , de que estabamos privados jus­
tamente. Aquí entona aunque no muy
á tiempo, ni con las mejores expre­
siones , un cántico eucliarístico, ó de.
acción de gracias ÍC porque el Alti­
vísimo se ha compadecido de sus sier-
wvos; y tanto como el cielo está ele-
»y^do de la tierra , otro tanto ha
uexáltado el Señor sus misericor^
SERM, DEL P. ELISEO. 2 §

»dias” ...(a)-en el qual texe con tres


versos del Psalmo 102. que no cita;
otros : y le concluye con el diluvio,
y el Iris " resto ligero de nube , el qual
«modificando la luz con suaves colores
»anuncia la vuelta de la serenidad, y
«la calma de las tempestades. ” (b)
¿Qué mas diría Calderón?
Pero el P. Eliséo no necesita de
-renovar esas imágenes de consuelo;
«de que usa el Espíritu Santo , para
«traernos-á la memoria la.bondad del
«Señor ” (e),„, Paréceme que podría
decirle al P. Eliséo,-■lo que San Este-
ban á los Hebreos, que siempre resis^
tian al Espíritu Santo , vos semper.
Spiritui Sandio resistitis* (1) La pri­
mera vez de solas dos , qué nombra-
ai Espíritu Santo en un sermón , que
debe spr todo de Espíritu Santo: por^

(4) P. 66+ 1. a i. (c) Ib. 1. ultima


y siguientes. y siguientes,
(b) S. ¿ 7 .1. 19. ( i ) A cl. 7, 51.
26 EXAMEN CE LOS

que el Espíritu Santo es el amor de


Dios en persona ; y D ios, comunica­
do á nosotros en la persona del Espí­
ritu Santo, es el principio de nuestra
caridad , el que la aviva , el que la
conserva , y el que la inflama : una
sola voz , digo , que le nombra, es
para echar á un lado sus expresiones,
como menos capaces, 6 como inuti-
les..¿, “ ¿Qué necesita mas nuestro co-
»razón para abrasarse en amor , y re-
conocimiento que el considerar aque­
l l a augusta reparación que mudó en
3?favor nuestro quanto se había em^
?>picado para perdernos (yá be dicho
?>que esta proposición es falsa ) aque^
»lla gracia , precio inestimable de la
«Sangre de J. C, , que nos vuelve con
»la virtud la felicidad que es insepa­
r a b le de ella ?■
” Ahora pregun­
to yo al P+ Eliséo ¿ quál es esa gracia,

P+ 68. 1» $*!
SERM. D E L P* ELISEO. 2^
•esa virtud ? ¿quién es el que puede ha­
cer * que consideremos la obra de la
reparación , y que á su vista se abrase
el corazon en amor ? ¿ No es el Espí­
ritu Santo la gracia , y la virtud, que
nos ha merecido J* C, con su San­
gre? ¿No es el único , que nos ilustra,
tanto para conocer los beneficios al­
tísimos de Dios en la reparación * co­
mo para encendernos en su amor por
el agradecimiento de ellos ? Pues si
todo esto es así , y estas verdades,
puede decirse, que son la suma del
Evangelio : si de las cosas de Dios so­
lo puede hablar el Espíritu de Dios,
porque solo él le conoce , y las cono­
ce (1) ¿por qué ha de desechar el
F. Eliséo las imágenes, de que usa el
Espíritu Samo para representarnos la
botidad de Dios > y encendernos por
este medio en la caridad ? Si dixera,
pasemos de estas imágenes, que aun-

(1) 1. Cor* a* I I -
28 EXAMEN DE LOS

que didadas por el Espíritu Santo, so­


lo pintan bondades naturales., á las
obras de la reparación , por la qual
logramos la comunicación de ese mis­
mo Espíritu divino , que ilumina, mué*
v e , y produce en nosotros la caridad
efediva ; entonces hubiera dicho muy
bien , y encaminádose á hablar dig­
namente del beneficio de la repara­
ción , capáz de mover al amor divino,
Pero nada hallarémos menos que eso.
Pone con San Pablo la prueba del
amor de Dios para nosotros en ha­
bernos dado á su unigénito : saca con
el mismo Apostol * sin dignarse de ci­
tarle, Las conseqüendas de quantq de­
bemos esperar de su divina caridad:
la confianza , que nos infunde contra
su ira " e] medianero que viene, á ar­
rojarse entre nosotros, y su padre pa-
»ra detener sus rayos , (a) cuya satis-

(a) P. 1. 5. Pag- 100, L v


rcp?t'iciun toifl* i* i
SEKM. PEL P. ELISEO. 2C)

»facción mas copiosa que .nuestras


«maldades no dexa ya derecho algu-
wno á la venganza ” ■ (a) Ningún Teó_
logo excusará de temeraria esta últi­
ma proposicion. Es verdad, que la re­
dención fue superabundante; pero tam-
bien es cierto, quees menester ta apli­
cación de ella cada uno de. los hom­
bres, para que el Señor no use de aquel
derecho: y que para la aplicación ha
de concurrir , entre Otras cosas, nues­
tra cooperación : S i tamen cvmpati--
ftiur‘ (i) Eleva al grado de . sublí*
me la perspectiva , que oñ¡ece el; plan
■de la redención en la exeeucion, si se
atiende á la sórie de las profecías; (que
fue sobre lo que debió hablar an tj
Sermón de la in c re d u lid a d y ;es muy
ageno de este) sacando por cbnséqiieh.-
cia de tpdo lo que . ha dicho ^ved
zahora , Católicos , como la armonía

(li) Ib* 1, 13, ( j) jRíJjw. 8. i j


30 EXAMEN DE IOS

«nació del centro del desorden; y la


«felicidad del extremo de la desgra­
c ia ” ¡ Digna consequencia de
semejante discurso; y desatino natu­
ral de quien viendo á la luz del Sol
"las proporciones axáítas que despier­
n a n la idéa de perfección impresa
v en el alma’* (b) no se cuida de la
luz de las Escrituras., ni de la Teo­
logía r para conocer las proposiciones
exá&as, con que debe hablarse de
Dios, Si la armonía es el Verbo En­
carnado ¿quién le ensenó al P; Eliséo
á decir la tontería, de que,nació del
centro -del desórden ? Si la felicidad
consiste en conocer á.Dios 7 y aniar-
le por sí mismo; si este conocimien­
to-,; y amor no puede venir sino es del
Espíritu-Santo comunicado á nues­
tras almas por los méritos de nuestro
Redentor ¿ no será: temeridad decir»

(a) F . 70* 1. ao* (b ) P* j j . 1. 4,


SíKM. DEL P« ELISEO. 31
que esa felicidad nace , del estxemo. de
la desgracia ? Vá mucho , como dixi-*
mos arriba , de que nuestras miserias
fuesen el motivo de. la reparación v á
que el Redentor naciese del centro
del desorden , y el. Espíritu Santo del
extremo de .la desgracia. :Y- si "es ver*
«dad (como en efe&o lo es) que la xec-
?;titud de la razón, la in mortalidad*
« y el: imperio absoluto del alma sot-
??bre el cuerpo , no se nos ha restituid
»do con, la justicia: si la voluntad es
« todavía tan débil, y está á peligro
?íla virtud; i cómo'es qu&la gracia del
^Medianero-¡está coa nosotros, y.nos
«hace.; triunfar en nuestra flaqueza del
.^enemigo que nos vendó ? (a) Si á pe^
sar de: U1¡intervención del'¡Medianero
“ es preciso confesar , que; caminamos
« como -los lsraelitas por un desierto,
» y por una arena abrasadora que en-

(a) P* jb* 1. cti, y 7 1 . 'ha-ita l a h xa*


3a EXAMEN DE L0§

gendra serpientes ” (a) ¿dónele está lá


felicidad -restituida ? ¿ cómo es qué
Dios ha perdido el derecho á la ven­
ganza ? Responde el P. Eliséo, wque
wtenemos , como los Israelitas , reme-
«dios para todos estos males. Hallamos
».en el cuerpo de J, C. e l maná que
» fortalece nuestras almas : 1 a fuente,
?>que apaga nuestra sed;-la columna
».de luz , que nos guia ; Ja señal cu-
n y a virtud sana de las ' mordeduras
«de las serpientes ponzoñosas,: es-á sa^
» b er: JVC. -crucificado ,f (-b)De aquí
infiere que aunque'" los 'beneficios de
:;Üios en lá .erección eran preferibles;
« mueven mas nuestro afecto en la re^
n'dendon ¿ ¿i¿ coíitémpiamos los ma­
úles: de que¡- ¡ésta nos ’ Üfe'tfrtó ; (c)
jRaxo contraste! Acaba de manifestar,
que despuesde - la redención- camina*

{a) P. 1. a. linea. f.
(b ) Ib. cUsdfc la .(cji P> 1* p*
SE&M» DEL i>; ELISEO. gg

mos 'todavía por el desierto , entre


mortíferas serpientes , con hambre*
con sed * y acosados de todos los ma­
les ;; y sin mas qué ponernos á la vis­
ta el cuerpo de j. C> quiere persua­
dirnos á que " de este modo lá ciernen-
fíciá divina , volviendo á lu cir, como
»los primeros rayos del Sol despues
s>de un tiempo tempestuoso , en que
mIost. truenos consternaban lá natura-
« leza, infunde un' gozo mas vivo en
mIos corazones (a) como si con so­
la; la acción dé morir J. C. se verifi­
casen todos los :efe¿ios admirables de
lá redención, y.Consiguiésemos la fe­
licidad eternas Asi parece * que lo
creía e l P. Eliséo , pues alabando &
renglón seguid* las misericordias de
Dios en J,,C; dice , " y si mi salva-
i*cion está en.vuestras manos ¿ 110 es
^preciso que piense que mi felicidad

(n) Zbi 1* 14.


c
34 EXAMEN DE 109
*>esftá mas asegurada;que si depéndíe-
«se únicamente de ¡mis propios esfuer-
9}zos ? ” (a)..*. ¿Quién , ha pensado ha­
blar de la piedad de Dios en estos tér­
minos , tan aproposito para producís
una confianza vana ? Lo peor es , que
luego hace otro interrogante. w¿No es
«esta la confianza que deben inspirar
v los ministros de vuestra palabra % ?
(b),.., N i. por pienso * P. Eliséo m ió:
íú por pienso.. V. P. lo trastorna todo,
y saca unce predestinados de malísi­
mo cara&er , y muy diferentes de los
que forma J. C. en,-: su Evange] io,
Quando V. P. predique, que toda
la beneficencia r con que Dios trato ál
hombre en- su creación , tanto en..- el
orden de la naturaleza:..^-libertándole
de los .-afanen [ del trabajo v de las. in­
comodidades de los. elementos, del do-

(a ) P a g* 74* II" (b ) Ib* L so#

no» 16.
SERM. DEL P. ELISEO- 35

ló r, dé la enfermedad, y de la muer­
te: como ed el de la gracia , dotán­
dole de todas las virtudes en una al­
ma ilustrada , que avasallaba sus pa­
siones , por el amor que ardía en ella
de su Criador , el qual podía fomen­
tar sin dificultad con aquellos auxilios;
no tendiéndose sobre la alfombra
verde del Paraíso á deleytarse en los
bienes , que se le habían concedido,
y á gozar á pierna suelta del placer
con la satisfacción , de que estaba
mirando el Cielo abierto , para pasar
allá sin mas que agradecer , como su
Paternidad la pinta; sino elevándose
por todos i y cada uno de estos dones,
y en cada acción de su goze al amor
de su Criador por su propia bondad:
Que toda esa grandeza , y felicidad la
habíamos perdido sin arbitrio huma­
no parala restauración T y caído por
el contrario en todas las miserias* que
trae consigo él pecado con la separa*
36 EXAMEN DE LOS

cion de Dios : Que enmedio de esa


imposibilidad de nuestra parte, y'de-
la. soberana justicia que Dios tuvo pa-
xa abandonarnos, se condolió.de no­
sotros , y determinó unirse con nues­
tra carne en la persona del Verbo*
para que así pudiese un hombre Dios
satisfacer á un Dios ofendido.: Que es­
te Salvador dando en su persona la
satisfacción , de; que eramos incapa­
ces Tnos libertó de la pena del peca­
do original, y nos dió medios de sa­
tisfacer por los. pecados , que despues.
comeriesemos por nuestra ñ aqueja., ó;
nuestra malicia^ y con que poder pre­
caver la caída ( medios que no tuvo
Adán en el Paraíso , y por eso abun­
dó mas la gracia del. hombre celestial
en la redención): (i) Que por dos mé­
ritos de su mismo hijo nos dió. también
despides de su muerte su divino Espí^
< :1 ■
* ( i j Mam* y. E'pft* i* 8;
SERM. D lt P. ELiSSO.
Titn &c. y finalmente, que estos bene­
ficios , aunque no se consiguen solo
con haber encarnado , y muerto J. C.
ni nos restablecen por la regeneración
en la justicia original , y sus preciosí­
simos gages son’todavíá^mas aprecia-
bles que los que con aquella justicia áe
le dieron á Adán : porque éste luego
que pecó se vio condenado , se encon-
tro sin Sacramentos, no veía Reden­
tor , ni esperaba un paracleto , todo
lo qual tenemos nosotros [en el órden
de la reparación: Quando V. P. vuel­
vo á decir , haya predicado , y fun­
dado todo esto , y manifestado , que
solo la luz , y la gracia del Espíritu
Santo, que nos adquirió con su san­
gre el Medianero , podía abrir los
ojos de una razüíi ciega , y levan­
tar á Dios un corazon muerto, y con­
vertido en tierra entonces podrá
decir con San Pablo , que donde
abundó el delito ; fue mayor la gra-
c 3
38 EXAMEN DE LOS -
cía : (i) que fue mas la misericordia,
y maravilla de la reparación, .que la
de la creación ; (2) porque fue. mayor
la caridad del Padre del hijo ,pródigo,
quando le recibió, y cortejó; despues
de haberle abandonado , y malgasta­
do sus dones , que,quando.ríe engen­
dró : este mismo hijo se sintió mas ton­
cado al amor de su padre , recibién­
dole en sus brazos , echándole la esto­
la al cuello , y preparando un convi­
te > para celebrar su vuelta , que
quando le dió su legítima. (3)
S í, P. Eliséo, en esta conformidad,
y otras semejantes , es que se reco­
mienda á los chri^tianos la beneficen­
cia altísima de Dios ^ para excitarles
á su amor* Todo aquello de la crea*
clon es mucho mergos , y así ha dé

& Hph. pardtíonc eaílcis,


Supra* (3) Zucé &
(a} Mist# in Y tú- v. 404
SERM. DEL P. ELISEO* 3 £

tocarse cgn brevedad* Que nosotros


«somos los artífices de nuestra desgra­
ne! a.” (a) rtQue los trabajos de esta
« vida no 'pueden ser sino efeélo del
« pecado. ” (b) wQue los hijos de Adán
«llevan sobre sí un yugo pesado des-
«de el dia que salen del seno de sii
«madre hasta el dia de su sepultura:"
(c) son unos principios ciertos , dignos
de que se aclaren en estilo mas percep­
tible , y que se dilaten en un Sermón
de otros asuntos: en el del Amor de
Dios no es menester diez y ocho pa­
ginas para dedr cosas tribiajísimas,
sin mas novedad que el estilo poéti­
co , y algunos pensamientos poco
exáétos. Comienza (d) por el quadro
de la creación impertinentísimo en
realidad en aquel lugar i, que debía
ocuparse en cosas de órden superior*

(a) P, 6o* lr 6* (c) P- ^4*l. i»


(b) P . tía. 1. 18. (i) P, í» - l. 19.
C4
4° EXAMEN DE X05
Esto es lo qué reprehende Horacio v y.
todos los Retóricos ,> pintar el gallo
desde el huevo : y aquí és mas repre*
hensible : porque con esa extensión en
cosas de corto influxo, se: dexan de tra­
tar las mas principales , y mas altas¿
Quando parece , que se encamina á
hablar de la reparación por medio de
J. C. apenas toca en el nombre, co ­
mienza á saltar á las profecías , dice
dos palabras , con poco tino, sobre
la gracia; vuelve á los efe&os del
pecado y dice que hallamos en el
cuerpo de J, C* el maná , la fuente,
& c. sin explicar cómo, m quándo. Yo
dexo al que quisiere contemplarlo, si
leída la primera parte de este Ser-
mon se siente movido por ella al
ámor divino. • "
La segunda parte de este discurso
es mas rara. Toda ella se compone
de varios fragmentos de los Sermones
de Massillon para el dia de Todos
SERM.' D E t P. ELÍSEO. 41
Santos, Tom. L : de la Purificación,
Tom. II. : de Pasión, Tom. VI. : del
tercer Domingo de Quaresma-, y de
la -paráfrasis del Psalmo i 3. Tom. IX .;
pero siendo unos mismos los pensar
mientos, y las expresiones, salen tan
desfigurados de mano del P. Eliséo,
por disfrazarse , que ni hacen la im­
presión de su original, ni tienen la
belleza, y claridad de él. Por otra
parte vienen forzadísimos, y soa del
todo impertinentes para el asunto del
amor de Dios : como que Massillon
los -.trae, unos , para probar la felici­
dad de los justos por las luces de la
fee, y las dulzuras de la gracia: otros,
para manifestar , que la divina cle­
mencia conmutó la pena de muerte
que merece el.pecador, en el conti­
nuo sacrificio de- sus sentidos :■unos,
para convencer la evidencia de la
ley por la propia conciencia del pe­
cador ; y otros para descubrir la mi-»
4 * EXAMEN DE LOS

seria de los Grandes , que abandona**


á j Dios por la mayor violencia de
sus pasiones r penalidad de sus moles­
tias v y variedad de sus antojos : To­
do lo qual solo á rastra puede venir
en un Sermón sobre el Amor de Dios,
Al principio conñesa el P. Eliséo
la inutilidad de su primera parte , y
lie aquél quadro delineado por la ma-
m del Criador i (a) en. que pintó fe­
liz al hombre : wlos Cielos, (dice) y
*4 a tierra publican vuestra bondad;
«nuestro corazon no está sordo á su
sí voz;; y si el amor , que exígis de
«nosotros no fuese mas que aquel pri-
s?mer impulso de. la gratitud que ex-
«cita la impresión . deL beneficio , to­
ados los hombres os amarían en vues-
«tros dones, Pero la caridad &c¿" (b)
Si á alguno ha podido parecerle duro

(a ) É. 1. 14* toda la pag. 77.


- Ib . L ai* y
SE&M. DEL P. ELISEO. 43

nuestro exámen, no puedo darle ma*.


yor desengaño de mi sinceridad. Aquí
hace una bella descripción de los so­
beranos efeétos r qué produce el amor
de Dios, diciendo wque es un afefto
«que .domina todos los movimientos
»de nuestra alm a; sujeta todos nues-
9f tros deséos á la ley ; sacrifica todas
^nuestras pasiones al buen órden, y
» nada dexa en nosotros que no sea
9>propio de la virtud ” (a) Esto es cier­
to ; pero es menester que nos enseñe»
en qué consiste ese afeéto , obrero de
tantas maravillas; y cómo se logra*
Esto será predicar del amor de Dios;
Asegura , que el amor no llega á te-
í^ner tanto imperio „ sino es que el co-
». razón emplee toda la adtividad con
«que apetece la fe lic id a d .(b ).... Es
verdad;; pero es fabo que.*., "esta sea
wla fuerza que nos arrastra , y éste
i ' ■ ■'
Ib. 1. iSi (b) Fi 1* i*
44 EXAMEN m tos
f?ei móvil que dá todo el impulso ; y
«que ninguna otra causa puede pro-
« ducirlo, ó destruirlo : que la gracia
wsolo puede modificar su -movimiento
«del mismo modo que la razón , y las
p»pasiones. ” (a)...„ Esto es falsísimo*
y algo mas. La gracia es la causaí
principal del amor divino r sin la qual;
ni aún el primer pensamiento de amajc
á Dios , somos capaces de formar por
nosotros mismos: (i) de suerte, qué
aunque nosotros cooperamos con nues­
tra libre voluntad , y el Espíritu
Santo no obra en él corazon del hom­
bre como en una máquina inanima­
da i (2) con todo, el adto de amor de
Dios sobrenatural, y divino , se atri­
buye con toda principalidad á Dios%
ó á su gracia, como causa , que obrá
en nosotros el querer , y él execu^

(a) Ib* l. y. £2) Óanc* Trié*


(1) Cor* 3/ S is. V I. Can * I V .
SERMvDEt Pr ELISEO. 4g
$ar. (i) Este es el dogma católico en­
teramente. contrarío á la proposicion
de. Eliséo.:.'Lo que;salva.al. P. Eliséo^
pero no á su Sermón , es , que al fin
de é l , hablando de la1 oposicion de
nuestras pasiones con* la ley de Dios,
y. de la separación , que hace el pe^
cador con la culpav exclama así ” ¡0
y Dios mió, y que separación! [Y quién
podrá unir estas distancias ! Solo
>>vuestra gracia Tque detin estremp
«del- mundo , al otro- todo lo abraza;
«todo lo dirije, y todo lo penetra cótx
»un poder invencible que fixa lo¿
deséos del corazon por el amor do-
??minante de vuestra ley 7 y perfec*
v dona la: libertad baxo el imperio de
»la caridad.” (a)..„ Esta es la tonv
clusioo de su Sermón r verdaderamen­
te católica f y verdaderamente con^*
irania; á la. antecedente , que . es en

(a) P . ¡roo* a í . j . ( i) Thilip* a r 5-


46 EXAMEN DB LOS

rigor , quando menos, Semípelagrana;


Dice (t que cl amor de nuestra feü-í*
acidad , que es inseparable del de
»Dios , es el .poderoso motivo que
propone para unirnos á Dios* ” (a)....
JMo; hay duda , que el qué, aspiráre á
la bienaventuranza,, es menester , que
ame á D ios; pero también es menes­
ter ,. que se le enseñe , que el amor
de. Dios no es un afedo tan sensible,
que pueda el hombre conocer , quándo
jestá unido con Dios, y le am a, como
debe, sin otra gracia especial, que se
lo rebele , (í) y que solo puede tener
una probabilidad por la guarda de lo*
mandamientos: la buena voluntad á
abrazar todá lo que fuere conforme á
la voluntad divina-* hasta sacrificar la
salud , los bienes, el reposo , la hon­
r a , y la misrria vida , en qué consis­
te lo’, que el mundo , y los hombres
SERM. DEL P. ELISEO. 4?
tienen par felicidad ¡ y esto e$ lo que
no hace el P. Eliséo. Lo primero , que
nos enseña el Espíritu Santo , para
entrar en el servicio de Dios , es la
preparación del animo , para pasar,
por las tribulaciones, y las tentacio­
nes. (i) Lo mismo nos exórtan Pedro,
Pablo, Juan , y Jácobo repetídísimas
veces en sus cartas. En fin , el mis-
], C. nos enseña, que este es el espí­
ritu de su Evangelio; (2) Es verdad,
que el. poder soberano de la gracia
ocurre JL endulzar, las amarguras mas
crueles de los justos , aún qtíando lle­
ga -su1 aflicción aí estado de cansarse
de, Iá¡. vida , cómo -lo experimentó el
Apóstol (3) que: entre los mas impor­
tunos combates de la ' carne ; en- que
parece inevitable- eí iincendio , sir­
ve de abundante rocío 7 que^le apar

(1) ,ÜÍdi. ^ 'alibi. ■ .V ;


(5 ) M ü th. 1 6 * 34* , ; (3 ) a . \Q0ni j> 8,
48 EXAMEN DE tas
ga : (1) y que la sangre, que se ver­
tió en la Cruz , es la que hace ligera
la de .los justos. (2) Pero predicar á
los hombres carnales que el amor
de la felicidad en este mundo es el
mas poderoso motivo , que debe ex­
citarles á amar á D ios, es una espe­
cie de paradoxa.' Qué manifestadas las
penas de la mortificación christiana^
se contrapesen con las del mundo , y
con las que trae ei ^placer de los sen­
tidos , y se :concluya , que son mas
llevaderas aquellas que éstas , por los
auxilios *: por los medios -, y .por los
premios, eternos^ r lo entiendo , y
son máximas .de lo s.'Santos,;Padres-
Perolos motivos apódenosos para amar
á D io s s y guardar sus ^Mandamientos
consisten esenckMente en la .grande­
za de su amor para con nosotros v ma*

(1) R [>»/. ^ 30.


: i M ait}i¥ ; I í # ; . v\
SÉRM. DEL P. EUSBO. 49
manifestada en tantas obras dignas
cada una de muchos discursos instruc­
tivos V edificativos , y patéticos : en
la soberanía , y certidumbre de unas
promesas tan altas, como la de que
habitará de asiento en nuestros cora­
zones ; (i) que será con nosotros en
las tribulaciones \ finalmente en la de
la eterna felicidad , vista , y goce de
su Sér, Sobre todo , porque habiendo
de ser el mismo Dios el principio , y
el Agente principal de nuestro méri­
to para tanta gloria , cifra nuestro
trabajo, solicitud , y diligencia en la
vigilancia , y atención , orando , y pi­
diendo con la certidumbre de alcan­
zarla así todo $ (2) por lo qual reco­
miendan tan altamente J. C. y despues
de él los Apóstoles , la Iglesia ; y los
Padres la prá¿lica de la oradon , y
Uno de estos la llamó omnipotencia sttp-*

(1) Joan. 13. a$. (a) MattA* f i

IL D
go EXAMEN DE LOS

p le x , que quiere decir , poder ilimi­


tado , que lo hace todo rogando* Por
el contrario digo del Sermón del Pa­
dre Eliséo sobre el amor de Dios; dis­
curso infruétuoso r que reduce la cari­
dad á voces.
§ VIII.
E X AM EN B E L SERMON
sobre la Ambición, Tora. II. pag* i.

Y O lv a m o s un poco atrás T esto es, al


primer Sermón del segunda tomo so­
bre la Ambición * por la misma ra­
zón , que dimos al principio del §. an­
tecedente : pues también en éste se
observa el estilo propio del P. Eliséo
de tratar la Moral Christiana, y sus
asuntos sin relación alguna á la santi­
dad del Evangelio T sin respedto á la
perfección espiritual de sus oyentes,
y sin mas mira , que la temporal de
la sociedad , y el orden público , que
SKRM* DEL P, ELISEO. § I

le hace perder de vista casi entera­


mente el espíritu de J. C. en su doc­
trina , y el objeto esencialísimo del
ministerio Apostólico, Hasta aquí he­
mos manifestado , no sin dolor, quan-
to papel hace en los discursos del
P. Eliséo esta manía, que así puede
llamarse ; pero todavía tiene mas jue­
go en el Sermón de la Ambición.
Apenas se acuerda del Evangelio,
quando discurre sobre ella , sino es
en la salutación , para deducir el asun­
to* Ante todas cosas es de notar > que
desde el exordio , comienza ofendien­
do nuestra piedad , y lastimando los
oídos católicos, especialmente de los
Españoles , con su$ negras expresio­
nes contra la Santa Salóme* A esta
muger tan justa , que venera la Igle­
sia, y coloca en sus altares , como
una de las primeras, que á imitación
de los Apóstoles , conocieron T y si­
guieron al Mesías : le obsequió con
D 2
52 EXAM EN BE LOS

sus oficios, y facultades : le acompa-*


ñó con ternura al patíbulo ; le bus­
có muy temprano en el sepulcro, y
perseveró toda su vida en la mas fiel
observancia de su doétrina , la pinta
el P. Eliséo como un monstruo abomi­
nable. Su indiscreta petición , para
que J. C. colocase á sus hijos en las
primeras sillas , la gradúa w de la so-
ilicitud mas viva que jamás se viót
» y á ella de madre ambiciosa , y
wla menos juiciosa que hubo jamás
» para pedir.” (a) D ice, "que se de-
»xó llevar de los apetitos mas desen-
«frenados, (b) que usurpó las facúlta­
lades de Dios: (c) que se valió de me-
tí dios injustos , usando de tramas ocuU
»tas , de adulación, y de las mas vi-
wvas súplicas: (d) que autorizó en
» sus hijos aquella presunción, que ha­
b iendo las veces de la capacidad ne-

(a) p; t. al prlnc* (c) p. 3.


(!>) P, a. 1. pcnult* (d) P. 4, U 6*
SERM. BEL P. ELISEO. gJ
« cesaría, anuncia desde luego un abu-
«so inevitable de la autoridad : (a)
«que la viveza de su solicitud no es
«mas que efeéto de la codicia , de
«la ignorancia , y de una ridicula va-
«nidad: (b) que la vileza de las dili­
gen cia s del ambicioso , y la depra-
« vacion de su corazon , á quien el de-
»lito no cuesta ya horror alguno, se
« observan en el proceder de la ma­
p ire de los hijos del Zebedéo, la qual
«usa de toda la baxeza de los respe­
ctos que inspira la adulación , afeéla
«un lenguage lisonjero, y servil, tri-
«buta honores divinos para obtener
«favores humanos : (c) y que la pre­
sunción es la qualidad mas señalada
«que se nota en el caraéter de sus
«hijos , y que llena su imaginación de
?>idéas de fausto , y deslumbrada con

(a) Ib. 1, 14* (c) Pag., aa. i


(b) P.i4.Ltié Un* to*
° 3
S4 EXAMEN DE LOS
«el falso brillo de un imperio fantás^
«tico & c.” (a) No gasta por cierto el
P. Eliséo colores tan negros para pin­
tar á un libertino. Entre los inumera*
bles quadros, de que se compone su
obra , ninguno es mas singular, que
de Santa María Salóme; pero yo
aseguro, que estos colores no los mo­
lió el Espíritu Santo , ni dirijieron e l
pincel los Padres de la Iglesia.
Dos Evangelistas cuentan el he­
cho , que dá idéa á esta pintura , y
son San Matéo en el cap* so* y San
Marcos en el 10♦ el qual no hace
mención alguna de la madre , como
San Matéo* Notase en ambos, que J. C;
encaminó la respuesta de la tal p e ti­
ción, no á la madre, sino á los hijos. ¿Y
quál fue esa respuesta ? No sabéis , les
dice el Señor, lo que pedís* Bien se co­
noce , que traslucían ellos la indiscre­
ción de su demanda : ocultáronse de

(a ) Pag* 35. Un. a.


SKRM. DEL P. ELISEO. gg
los demás para hacerla, y aún sepa­
rados , advierte el Chrisóstomo , que
se avergonzaban, y se valieron de la
interposición de su Madre : Pudore
vi&i, matris patrocinium assuwpseruntz
(i) en que se v é , que no eran tan pre-
suntuosos, faustosos, y deslumbrados,
como los hace Eliséo en su quadro.
A favor de la madre es de advertir,
que en la soledad tenía todavía em­
pacho de hacer la. súplica , que la
habían sugerido sus hijos: fue nece­
sario , que el propio J. C* la provo­
case á declararse , preguntándola ¿qué
quería ? i quid vis ? Esta observador^
que es del glorioso P. S* Bernardo (2)
borra todo el quadro del F. Elisco v y
desmiente aquella solicitud mas viva
que jamás hubo ; aquel desenfreno de
apetitos : aquellos medios injustos;

{r) S-Joan.CtirhóS* (a} S. Hern* JZp* ia6*


R o m * n 6 * ití Mífthr J i p is c .
D4
56 EXAMEN DE LOS
aquella vanidad ridicula; aquella vi­
leza en las diligencias: aquel descaro,
que ha perdido el horror á los deli­
tos , y aquella usurpación de los de­
rechos divinos. En vez de viveza, co­
dicia, y solicitud ; muestra en su pre­
tensión el encogimiento v y el rubor,
que caracterizan su sexo , y aún su
religiosidad : descubre una alma , que
aunque tocada del afeéto maternal, ni
la arrastra una ambición desmesurada*
ni mira con indiferencia el crimen,
cuya sola sombra, mal representada,
la asusta , y amedrenta de suertp, que
antes de llegar á desplegar sus labios,
es preciso , que la anime el mismo á
quien vá á pedir.
San Gerónimo dice , (i) que cono­
ciendo el Señor , que su petición ve-
iría mas de sus hijos , que de ella , di-
rijió su respuesta á aquellos, y que
aunque todos parecen reos de ambi^

(*) i?. Hyei'tin caj?, aOi Mdth


SE&M. DEL P. ELISEO.
clon , es mas disculpable la madre, y
mucho mas digna de perdón ; porque
pide con un engaño mugeríl, por afec­
to de piedad , y con ignorancia de lo
que pide. San Ambrosio la excusa por
Tazón del cariño , que es natural á las
madres : de la abanzada edad, en que
se hallaba : del desamparo , en que
la ponía la separación de sus hijos
por seguir al Salvador ; y así solo la
culpa de error, y ese propio error
lo disculpa con él amor, etsi error,
pietatis tamen error est ; y aunque al
parecer avara en el áeséo , estima el
Santo su culpa por venial : porque no
ptde bienes * sino gracia: y claramcn^
te d ice, que 110 hizo sin rubor su pe­
tición , ñeque inverecunda petitio* Llá­
mala madre anciana , religiosa en su
conduéla mater cet&te longeva , studia
religiosa, (i)

(i) S, AmK til * cap, s* vri 3 i


í- Jlde a d G rat* -
58 EXAMEN DE I.OS

San Fulgencio la dá un colorido


todavía mas gracioso.tf Esta bienaven-
7?turada madre , dice , había apren^
vdido por la lección de las Sagradas
» Escrituras, que la grandeza de J. C.
7?era ta l, que los Querubines servia»
?>de silla á su trono sedef super Cberu-
whin : (i) que era el Señor délos Cíe­
nlos, y por eso se acerca á ser ilus-
trada , se postra delante de él como
^esclava, y le pide, no cosas terre-
» ñas, sino del Cielo , donde penetraba
rque tenía m dominación. Muestra su
» confianza ( pctrte tan esencial de Ict
oración) con la voz dio , d i, ó man*
íída v y Pllcs con s0^° decirlo has he-
?>cho el Cielo, y la tierra, también
^con una palabra prepararás á mis
» hijos el trono celestial* .¡O muger en
« el scxó I tu afefío materno ha pasa-*
j>do mas allá de la humana dignidad*

( i) 2taL 37, j 6*
SERM. DEX. P. ELISEO, 59
«Predica J. C. desdé el patíbulo de
»una C ruz; y tú conoces yá su ver-
wdadero imperio: él anuncia , quesu-
rbía á Jerusalén donde sería vendido,
9?y crucificado; y tú llegas á pedirle
«por tus dulces hijos. ¡O muger ! di-
if chosa madre de unos hijos santos: tú
has precedido en el mérito á los bie-
??naventurados, y te has adelantado
wsobre el honor de los Angeles. ¿No
«te basta , que del exercicio humilde
??de pescadores, en que les habías edu-
» cad o, les haya sacado para Predi­
cad o res grandes ? ¿ Despues de las
«redes pides el Cielo ? ¿ después dél
«anzuelo el Evangelio? ¿ y despues de
s>la barca el trono ? ” (i) ¡Quánto vá
de estos colores , y pincel á los del
P. Eliséo!
Los Santos Padres , que han co­
mentado este pasage, mas bien se des*

(i) S * Sefim* de jtL geíádrf*


6 o EXAMEN DE LOS

cargan, á imitación del Salvador, con*


tra los hijos , que contra la tierna, y
anciana madre, atribuyéndoles el pe­
cado de la ambición. San Agustín (t)
no duda llamarles también soberbios
por la confianza , con que respondie­
ron , que podían beber el cáliz. Con
todo esos mismos Padres reconocen,
que todo lo que en ellos parecía ambi­
ción , temeridad, y soberbia , mas era
ignorancia, que otra cosa. Este error,
de que principalmente les acusan, aún
lo disculpan con la falta de las luces
de la fee, por no haber recibido to­
davía al Espíritu Santo. Vese esto cla­
ramente en los lugares citados de San
Juan Chrisóstomo , y de San Bernar­
do* Muy distante el Santo Abad de
precipitarse con la poca caridad t y
demasiada desedificacion del P. Eli­
séo , distingue dos generes de ambi-

( i) í , Aug, Mnnr* in ptah 103. Serm* 3*;


SERM. DEL P. ELISEO* 6 1
tion i una sobria, y en cierto modo
oculta, que obra con precaución, aun­
que no sin culpa : moltens saltem can­
te , & si non casté : procura aban­
tarse; pero no se aleja de la sombra
del pudor , y aunque no teme á Dios
con aquel temor saludable T que es
menester ; conserva todavía la hones­
tidad , respeta á los hombres , y se
sonroja con la vista del público. Tal
fue , en su sentir , la ambición de los
discípulos, que el P. Eliséo eleva con
temeridad * y con escándalo al ulti-r
mo exceso. Sobre todo , la prueba
mas concluyente de la venialidad de
su pecado , se conoce leyendo tres
líneas mas del propio Evangelio* (guan­
do Jacobo ^ y Juan habían ya consu­
mado (si es lícito decirlo así) su pe­
cado con la respuesta arrogante de el
possümus 7 que añadieron á 3a nece­
dad de la petición 7 ¿qué les dice J. C. ?
Promételes , que derramarán su sas-
62 EXAMEN DE LOS
gre , y apurarán las amargas heces
del cáliz por su amor : que fue , co­
mo dice un Santo , otorgarles toda su
petición , y colocarles á su diestra»
elevándoles al Reyno de los Cielos
por el martirio; y á su siniestra, con­
cediéndoles en el mundo la alteza de!
ministerio Apostólico. Si su pecado
hubiese sido tan atroz, no era posible»
que el justo Juez les diese tan inme­
diatamente el mayor premio.
La piedad de la Religión , y la
devoción tan particular , que profesa­
mos á los Santos, especialmente á San*
tiago * que nos ha destinado el Oteto
por tutelar n y patrono , al qual de-

hemos tan señalada protección , me
han llevado casi insensiblemente á
hablar mas de lo que quería en este
punto* La unión de los rasgos , con
que el P. Eliséo hace la pintura de­
testable de tal madre , y tales hijos^
es suficientísima para recoger su Ser-
SERM. DEL P. ELISEO* 63

tnon de la ambición , indigno ¿ no di­


go de las manos de un Español, sino
de las de qualquier Católico. Hay al*
gunos que se interesan demasiado en
encarnar la cuchilla de la censura*
en quanto nos toca , sin perdonar lo
mas sagrado* De los otros Apóstoles
refiere á renglón seguido el Evangelio,
que se indignaron con la pretensioíi
de los dos hermanos ? sobre lo qual
dice San Juan Chrisóstomo , que mos­
traron aquella emulación carnal, que
suele hervir en los pechos de los pa­
laciegos del mundo i esto se arrimaba
m as al asunto del P* Eliséo : le daba
materia de ampliación, y ni una pa­
labra dice de ellos- Si él hubiese pen­
sada , como debía, en hacer un Ser-*
mon verdaderamente moral, oponien­
do á la ambición la virtud de la hu­
mildad t y á la inclinación al vicio
el contraste de la gracia ; ni hubiera
tenido necesidad de recargar contra
64 exam en d e i o s

la Santa Madre , y contra los glorio­


sos hijos; ni dexaba tan al descubier­
to su piedad. Pudo hablar de su peti­
ción indiscreta , para deducir el asun­
to , y tratar despuescóm o se intro­
duce la ambición en el corazon : có­
mo le domina: cómo le lleva á ape­
chugar con quanto se la opone : y
quántos estragos causa; y manifestar,
que solo la humildad sostenida, y ani­
mada de la gracia, es la que puede
impedir su introducción , progresos,
y perniciosas operaciones; pero su­
poniendo 1 que lo que en aquellas al­
mas sencillas , no ilustradas todavía,
ni fortalecidas por el Espíritu Santo,
era puramente error , conforme al
Evangelio , nescitis * es en nosotros
un afe&o desordenado , que con faci­
lidad pasa á ser soberbia, se acompa­
ña con la envidia, produce todas las
bastardías de ésta , es el vicio , y tras'
torno de las Cortes, y quanto hubiese
SERIYTí DEL P, ELISEO. 65
é&Urriadó conveniente , para comba­
tir una pasión tan infame como pe^
ligrosa , tan aborrecible , como fu­
nesta,
Eliséo lexos , según su prá&ica or­
dinaria , de seguir estos planes arre­
glados * ni se acordó en su discurso de
otro lugar del Evangelio, ó de las
Santas Escrituras r ni vio los Santos
Padres , que le han comentado: ni le
pasó por la imaginación la virtud de
la humildad, que es cosa bien nota­
ble en un Sermón contra la ambición*
No sé si el nombre solo de aquella
virtud sonaría mal en su auditorio , y
si el recomendada, parecería baxeza*
y se ocupó todo, con mayor esmero
que otras veces , en tratar, de la utir
]idad , y perfección de la Sociedad^ y
del ófdén público. Dá lastima vérle, tí*
rándo todas sus líneas á este ohjeto^
v Eí atñór del bien público (dice) es el
mmko .m tlvq que debe animarnos en
IL E
66 , EXAM EN PE LOS

vía solicitud de las dignidades ” (a)


*E1 que en-la eminencia del puesto
«antepone el placer de hacer feliz al
« próximo al explendor frívolo , que
?^solo lisónjéa la vanidad * es el mó­
ldelo mas perfedtodel Sér Supremo/'
(b) Tiene esta proposicion su ayre de
M o ral, st aquel placer en la felici­
dad del próximo t y desprecio de la
vanidad , nacen de la caridad círns-
tiana: esto, es , si el que colocado en
la eminencia es animado en todo del
amor de- Dios * y arregla por él quan-
to obra ; pero el P. Eliséo ni nombra
aquí la caridad * ni á Di os s Por no­
sotros ; por -nosotros ? y por nosotros
es que lo hace todo.,, y lo que le po­
ne en movimiento "no dice, que sea
*>el amor de Dios * sino*.;* que el amor
**del bien publico * la prosperidad
wde la patria y la felicidad de los. de-

(a ) F . tf. I. 10. (b ) F * 8. to d a .
SERM; DEL Pé EtlSKO. 6?
«más son los motives que deben esti-
«mularnós en la pretensión de los
«honores” (a) y si poi nosotros, y
por amor del bien público obra el
hombre , es impiedad llamarle mode­
lo el mas perfe&o del Ser Supremo*
Este es un principio de paganismo hon­
rado ; el lenguage de los filósofos ; y
la doctrina de Sócrates i y de Plínio;
mas no la de J. C* Ninguno de aquellos
sabios enseñó la humanidad de otra
suerte : pero ní ellos, ni los Príncipes,
ó Grandes, que se gobernaron pot
tales máximas i pudieron excusar la
vanidad i y lisonja del amor propio,
tan inseparable , sin el auxilio de la
gracia, de las acciones grandes : ni
merece 1 qu¿ se le tenga por modelo*
y modeló el mas perfecto del Sé r Su­
premo. Aquel es modelo perfe&ó del
Sér Supremo * qué arriándole ea todo,
68 EXAMEN DELOS
y sobretodo, del mismo modo se ocu­
pa en las cosas chicas , que en las
grandes , tengan, ó no relación con
la utilidad de los demás 7 por solo el
fin de agradarle.
No es creíble* que el entusiásme
del P. Eliséo por la Patria , la Socie­
dad , y el bien público , llegue al ex­
tremo de no excluir del plan de sus
Sermones á los que obran por pura
vanidad: ni yo me atrevería á decir­
lo , si él no se explicase en términos
tan claros como estos.... tlSi alguna
t>vez el amor de la gloria mundana
«acompaña á estos motivos * es por-
«que el hombre esclavo de la concu­
piscencia se atribuye injustamente á
físí mismo unos íaleMüs que solo de-
»be referir al aiator de todos los dó­
ciles $ á lo menos- esta pasión T aun-
injuriosa al Criador no perjudi-
*t ca á la sociedad siempre que apete­
cí ce la gloria para cumplir con su
MEL P. ELISEO» 6 9

obligación , y mirar por el .orden , y


t>felicidad pública ” (a).... [Qué pro-
posicion tan indigna de los labios de
un Predicador , y Carmelita Descal­
zo : aprobar acciones injuriosas al
Criador ! En la boca de los Fiscales
de un Soberano Católico, aún serían
escandalosas : porque , aunque al in­
terés de los Príncipes nada importe,
que los vasallos obren por vanagloria,
ó por Religión , con tal que lo ha­
gan por cumplir con su obligación , y
mirar por el orden., y. felicidad pú­
blica ; con todo los Príncipes , que
son Religiosos, desearían , que fuesen
animados los suyos por el motivo efi-
c á z , é invariable de la; sumisión evan­
gélica que acrisola ,:y afianza, mas
que la vanidad las almas fieles en la
subordinación* Si el P. Eliséo no con­
dena estas, acciones ¿por qué dice que

00 9. y. 10. •
E3
fo feXAMSN DE XOS

es falsa la honradéz del incrédulo , y


que los motivos que le dexa su seéia
son insuficientes ? ; Notable contradic­
ción ! ¿Pero quando ha podido con­
tarse en el P. Eliséo , y su Moral con
un sistéma constante por principios?
De fe¿lo casi inevitable , en el que pre­
dica robando de unos , y de otros. Si
los mismos paganos , que: aplaudían
sus heroes * quando se sacrificaban por
la pátria , y quando fixaban su aten~
cion en la felicidad, pública v hubiesen
creído , que obraban por un espíritu
injurioso al Sér Supremo , en vez de
elogios les hubieran tributado despre*
cios según las máximas de su Teolo­
gía. Lo peor.es, que aiin se adelante
el P. Eliséo á decir , que los - motivos
del amor de la pátria , y del bien pú­
blico son la ra íz, no solo de. la emu­
lación que eleva el alma., destierra la
pereza , desyanece la ociosidad , y
coloca la piedad en el cumplimiento
SERM. DEL P, ELISEO* Jf |

Jde la obligación ; sino que produce


Pontífices sabios en la ley del Señor;
vigilantes sobre su grey : zelosos , é
intrépidos en conservar la pureza de
la fee, de las costumbres, y de los
derechos del Santuario. ¡ Qué trastor­
no ! La caridad sola es la que, puede
producir estos admirables Pontífices:
el deséo del bien público, de la feli­
cidad. del próximo, y laís obras , que
lo comprueban, son centellas de .aque­
lla caridad , la qual no pocas, -veces
se hallará embarazada en conciliar
intereses opuestos.
Para poner perfectamente en. clara
la manía del P. Eliséo , ó el -entusiás-
mo de colocar el bien público;en el
centro de nuestra conduéla , .al qual
miren, y .del qual nazcan Jipdas las
acciones, juntaremos los pas^ges.mas
principales de este Sermón sobre la
Ambiciónv B e ella dice ,, "que degra­
d a , y envilece al hombre* sofocando
E4
. EXAMEN -US tOS
«en su corazon el amor del bietlr pú-
.»blico mico motivo de las almas vir^
«tilosas : (a) que el hombre no aspi-
» raría á las dignidades , y huiría de
wellas si el amor del bien público do-
nmiríára en su corazon; (b) nosotros
»no debemos sino á la pátria el sa-
»crifícle rde nuestra-libertad : (c) si
wel hombre no llévase otra mira en
>?la solicitud de las- dignidades , sino
vél bien público , la utilidad de la
pátria j y la felicidad de los ciuda-
♦ jdanos , no conócería otros medios
»&c. ” (d) La fee , y la Religión vie­
nen como por añadidura ; pero el
contraste esencial de la ambicioíi es
el bien público tf ¡Ah, y-quán di versa­
tínente discurriría-el hombre si consi-
«deráse bien la verdadera grandeza, y
«si el'4'ihor del bten pública dominára

(a) 1P. ii;- 1. t 3* (c) P- 17.!. 7.


(b) B. 16* h 3* : (d) F. 16 ., -
$ERM. DEL P* ELISEO n
h en su corazon! ” (e) Si alguna vez une
-con los principios sociales la virtud7
habla de ella en un sentido equívo­
co v semejante al que usaban Sócra­
tes y Platón, y Séneca. Si para prue­
b a , ó confirmación de algún pensa­
miento trae exemplos de la Historia
Sagrada como el de Aman , Atalia,
Jason , Absalon, Achitophel, y otros,
no los trata como cosas en que ha
puesto la mano el Altísimo , en que
brilla su justicia , y en que nos en­
seña el Espíritu Santo á huir Ty abor­
recer la ambición : vienen en su dis­
curso del mismo modo que la histo­
ria de un Mandarín de la China que
se hubiese desgraciado : ó, la de una
Cleopatra, En. uná palabra;,, ni éste,
tii la mayor parte ':de los-"Sermones
del P. Eliséo , -sony como;debían, - un
templo, en que 1# representación de

00 Ib. 1. i< , ^ :
EXAMEN UE LOS
las Imágenes .sagradas mueve £ la imi­
tación de las virtudes christianas, al
sacrificio de las pasiones, y al cum­
plimiento de las obligaciones por el
amor de Dios ; sino una sala colgada
á la moda que entretiene con países,
y divierte cpn el gusto de su vestua­
rio, colgadura , y vagatelas,
Quando ¡entre estas lecciones pa­
ganas resaltan algunos rasgos de Mo­
ral mas.Christiana., y de estilo pro­
pio del pulpito, son de otros Orado­
res Franceses , principalmente del Se­
ñor Obispo de Clennont en su peque­
ña Quarésma* En la tercera parte del
que hizo MassiUon para el primer
Domingo ^ pone la ambición ,■y la
subdivide -en tres efeoos : á saber, que
bace infeliz ál ambicioso , que le en­
vilece., y que le mueve á valerse de
medios injustos. De . aquí sacó Eliséo
la división del suyo, con el disfráz de
.motivos despreciables ^ medios Injus-
SERM. DEL P« ELISEO. 7S
tos , y uso peligroso ; pero en el fon­
do son la. misma idéa , y pensamien­
tos. No es esto lo que yo condeno.
Unas mismas proposiciones sin va^
xiar en los términos pueden ser el
asunto dé muchos Sermones y de di­
ferentes Predicadores sin que sea
por eso uno-copista de otro; pero el
P, Eliséo disfraza las proposiciones*
y despues bebe los pensamientos, que
digiere muy mal y copia á la letra
las cláusulas de Massillon, Comienza
Eliséo su primera parte así.,., "Todo
**poder viene de Dios , y solo se ha
«establecido en el mundo para hacer
«feliz al hombre,.,,.” Massillon empie­
za el de la 4♦ Dom* de Quar. asf..,.+
*Todo poder viene de Dios , y todo
«lo que viene de Dios está establecí-
«do para utilidad del hombre:,,” C o v
téjese quanto dice el P, Eliséo desde
la Un. J4* pag. 21. hasta la lin# 9. de*
k 22* con lo que dice Massillon en e l
SDCAlttíN DELOS

Discurso de la i* Dom. de Quar. pag+


’aíi. y apenas se hallará de diferencia
Una ligera mutación de palabras* Vea-
inoslo por curiosidad* Eliséo : " E l de-
wlitü que le ensalza es en su concepto
«como una virtud que le ennoblece.,/'
Massillon: " El delito que sirve para
«ensalzarle es para él una virtud que
?>le ennoblece” .... Eliséo : ttEl me^
?>rito que concurre con él á la misma
«pretensión le ofende , y le irrita” .»*
Massillon : v Si el mérito ageno leha-
wce oposicion le mira como á su ene-
»migo á quien nunca perdona” *******
Eliséo : "Atormentado siempre de la
vidia vería con menos sentimiento
p perecer los negocios públicos en
«sus manos, que el que se salvasen
upor el cuidado, y talentos de otro’^.*
Massillon tc Sacrifica á: su envidia
it?la ¿alud del Estado , y nías quiere
pvér desgraciados entre sus manos .los
1*negocios' públicos que el que se sal*
SERM* DEL F* ELISIO, ??
» ven por medio de los cuidados , y
«talentos ágenos.” El que quisiere con­
tinuar el cotejo , puede hacerlo por
sí mismo con un poco de paciencia. -
Pasemos á otro lugar. Quanto dice
Eliséo desde el fin de la pag. 42. pin­
tando los estragos de un Conquista­
dor , no es mas de una copia mal sa­
cada sobre un excelente original de
Massillon. Vaya el oríginaL... Mas,
" Se levantarán monumentos .soberbios
yypara inmortalizar sus conquistas ; pe-
wro las cenizas aún calientes de tan-
«tas Ciudades que en otro tiempo ñ o
«rederon : la desolación de tantos
acampos despojados de su antigua
hermosura ; las ruinas de tantas mu-
«rallas baxo de las qualcs han que^
wdado sepultados tantos ciudadanos
«pacíficos; y quantas calamidades per-
amanezcan despues de él seiviráti. de
lúgubres monumentos que inmorta­
lic e n su vanidad , y su lo cara: lia-
^ 8 EXAMEN C E LOS

wbrá pasado como un torrente que


«destruye la tierra, y no como un
*>magestuoso rio que trae á ella lá
»alegria, y la abundancia/’ (a) Todo
es excelente en este lienzo : los perio­
dos son numerosos: las ideas vivas,
y sensibles , y el contraste del torren-*
te , y el rio es por sí solo una ima­
gen que toca en el sublimé de Lon-
gino, y excede lo magnífico de Her-
iDÓgenes, Veamos la copia que sacá
Eliséo, el qual no caviéndole en los
bolsillos llenos de paja los colores * y
el pincel de Massillon saca su paleta*
y tira estos rasgos,¿Qué retrato nos
hace la historia de aquellos; Conquis-
«tadores á quienes lü ambición con-
utducía á la gloria T y que dotados de
» virtudes guerreras píefirfefon la pom-
wpa y la celebridad de los triunfos á
la felicidad del género humano %

(a ) M as. snp. p. 49.


SBRHf. DEL Pr ELISEO*, fty
^Semejantes á aquellos torrentes de
«fuégo que saliendo impetuosamente
«de lo profundo de los abismos arra­
l a n las regiones vecinas,/y no ofre-
«cen á la vista por todos: lados sino la
«imagen de la muerte y no' han dexa-
?>do á la posteridad sino monumentos
j?lúgubres v Provincias, despobladas,,
«campos despojados de su hermosu-
«ra * Ciudades reducidas á cenizas, y
wciudadanos sepultados entre sus rui-
«ñas. 9y (a) En esta copia vemos la car
freza del original á los pies * y estos
en lugar de la cabeza n y todo desfi­
gurado con. el trastorno de las partes,
la mutación de los miembros del pe-
iodo y y la falta del contraste entre
el rio y el torrente ; por cuyos me­
dios pensó el P, Eliséo pasar el con-
travando literario de un plagio* Sería
menester copiar ambos Sermones, y

(a) Etis* p. 4 a , y 45^


86 EXAMEN DE LOS

los retazos de otros del mismo Mass!^


llon con que viste el suyo Eliséo , sin
poner de su casa otra cosa que la agu­
ja , y el hilo de diferente color con
que zurce los remiendos para que sa­
quen por entre ellos la cabeza , y
manos la P atria, la Sociedad , y el
amor del bien público, sin que se des­
cubra la-. Religión , la humildad , ta
el amor de Dios. Y para que se con*
venza mas el que dudáre, le indicaré
que la segunda parte en que habla el
P. Eliséo de los medios injustos por
lá lisonja ,. y la adulación i es toma*
da principalmente de la segunda par­
le del de Massillon á -la i. Dom. de
la pequeña Quar. aunque también p**-
ca de otros; pero siempre les desmi­
da de acjueUa relación que tienen en
boca de Massillon con el espíritu■ del
christiamsmo, para gastarlos ásu fan*
tas.ma ..patriótica. Cosa bitíti indigná de
im . Predicador r y mucho toas del
SEftM. D Et ¡P. fetlSEO. 8 1

•que cuenta por ascendientes á Elias,


y al Bautista , y por reformadores í
la Sefafica Teresa , y á San Juan de
la Cruz : modelos que le obligan £
respirar no digo en el púlpito, sino
en las conversaciones , :el zelo de la
gloría de Dios como Elias ; la seve­
ridad de. la ley de la penitencia, co­
mo el Bautista *, y los incendios del
divino amor , como Teresa, y su ad­
mirable Direétor. Tal vez las obras de
los dos últimos por ser de Españoles
le habrán parecido * como á otros
paisanos suyos., (no al Ilustrísimo Bos-
su ct, que se servía de ellas , y las ci­
taba con el mayor elogió)- que ense­
ñan una espiritualidad entusiástica/
Pero pudo haber aprendi'do/;del Borgo-
-ñes S, Bernardo, que enséfía, que todo
el acierto, y grandeza de los que man­
dan consiste en; los talentos gobernados
por la caridad, maestra de la .humil­
dad , por cüyo defeco, diíce ^, que son
IL F
fia ■ Ex a m e n d é l o s *?

pocos los que mandan con u tilid a d y


qué si mezclasen con la discreción , y
talentos la virtud de :la Caridad y que
solo se consigue cort el xnagist: rio sd*
berano d e l1 Espíritu. Santov entonces
se olvidarían-de s í, na buscaran, su
interés , no resistirían á los superiores,
no faltarían, á la condescendencia racio­
nal con los-, subditos :r ;ni .diñaría sus
■órdenes- la soberbia^ . (i) *Y pregunto
' ¿no es este .plan^ fundado sobre la cari­
dad , y e l f amor de D ios, el de un
:Sermón contra el vicio capital de lá
ambición, ¿ que destruye -la humil­
dad christianá, y dá -sobrado mar~
gen para- hablar* como por-conseqiíen-
cia-, de las véntajas i que .produce esta
dpftrina á 'favor de. lá Sociedad *- y
el órdcn público? ¿No puede £or aquí
mismo coni^ehcerse , que .aunque el
christianq no¡:.debe cuidarse de otro
SERM. BEL P. ELISEO-
Reyno que el de Dios': aunque en la
tierra no tiene Ciudad permanente, (i)
y aunque ■ no debe conocer mas pá-
tria que la del Cielo r ni otros con­
ciudadanos que los bienaventurados*
(2) con estas mismas miras se anima
para servir * mejor que otro, á su So-*
berano , y al Estado?

§. ix.
D E L S E R M O N S O B R E
Ja felicidad de los Justos. .
Pag, 203. Tom, 1*

V OI vamos i seguir el hilo* En este


■Sermón se. le presenta al P. Eli$éo uno
<Le aquellos asuntos mas dulces , y
mas editicativos que tiene la Religión
Chrístiana; La felicidad. de los Justos
en el propio destierro , y en el caos

(1) Heh 13 . 14. (a) I fir , a, i p .


F2
u EXAMEN DE L O »-
de la miseria .humana , es una ver­
dad, que hiere con melodía los oídos;
llena de dulzura el corazon i y ena­
mora no solo el espíritu de los mis­
mos Justos , sino el de todos los chris-
tlanos: una verdad, cuya persuasión
sola bastaría para traer á la fee todo
el gentilismo; una verdad la mas
propia para dar mocion, y sentimien­
tos sin los vanos adornos de la elo*
cjiiencia. Qualquier Predicador bien
penetrado de ella la tratará con aquel
entusiasmo divino, que produce la su­
blimidad en el mismo descuido , y
desaliño de las voces. Las graves * y
verdaderísi mas sentencias : los altos*
y sencillos principios de esta preposi­
ción } ■ ' la vida del justo en-este mun­
id o , és , sin comparación t mas feltzt
>í mas alegre , mas tranquila , abrazan­
d o la Cmz de Jesu Christo, y negán­
d o s e ásí mismo , que la del pecador
íjsáno , rico , poderoso , lisonjeando el
Se RM. DEL P. ELISEO. fi g
«torrente de sus pasiones:” esta propo-
sion , que al principio parece parado-
xa al libertinoV se solida, y desen^
vuelve con uñas reflexiones , que sien­
do triviales en la Religión, no por eso
pierden , ni la agudeza , ni la grave­
dad , ni la excelencia , con unos co­
tejos tan exáétos como palpables, que
se sacan de los senos del corazon del
hombre, y se amplian con los exem-
plos, y testimonios de la Escritura,;
y con la experiencia , que cada uno
tiene en s í, sin necesidad de buscarla
fuera. Tratado de este modo el asun­
to de la felicidad.de los Justos , afi-s
ciona Á la Cruz de Jesu Christo , y.
hace odioso al mundo con tanta maá
facilidad, quánto mas se pone en jue­
go el amor propio, el qual se vé-al
mismo tiempo sublimado , y santi^
íkado*
\ O verdad llena de atractivo,, - y
de consuelo! ó Religión Santa , que
1^3
86 EXAMEN DE LOS

alejas al hombre , no digo, de las pe-*


ñas eternas , sino de la propia mise-*
ría inseparable de su Sér, y le ofre­
ces un a felicidad > que jamás ha podi­
do encontrar,, buscándole con tanto
estudió! ]qué brillo no legrarás con
la eloqiiencia dél P. Eliséo ! -Mucho
debió esta verdad halagüeña, de la
virtud, y honrosa á la Religión, á;
los Bourdaloues Massillones, y Fie-
chiers : y conforme al juicio de los
panegiristas del P. Eliséo nos la pre­
sentará aquí cort nueva belleza , ó con
mas encantadores atavíos; Pero ¡ quán
torta, es mi vista í quánto mas leo sil
discurso., menos descubro en é l, ni
la fuerza, ni los encantos de esta ver­
dad. Es derto ^ que su belleza es tan.
divina , que por mas que la, desfigure
un mal pincel, aunque la desgreñe*
y la envuelva en la capa de Üióge^
nes,, descubrirá todavía ^ por entre
sus desgarrones, rasgos que la hagan.
SERMi TVEL P. ELISEO. sr
amable* El retrato del maestro de lo$;
Estoicos , Zenón que decía , qué
con la virtud podía el hombre -ser
dichoso en medio de los tormentos.
mas -c r u e le s y á pesar de los rebe­
jes de la fortuna ^ aunque no lo ador- ;
ne de las divinas perfecciones que le
dá el espíritu de D ios, y la represen-»:
íe con ?olo -las gracias que descubren:
en la virtud una razón casi ciega , y ;
una filosofía guiada por tales princi-.
í>ios , no dexará de imprimir en el
espíritu ..idéas deliciosas , que le incli­
nen á c u lt iv a r la y seguirla. Esto es,
todo lo,que yo alcanzo ^en el presen-;
te Sermón : una pintura ^filosófica Men
inferior á la de Zeuon , y muy dis- .
tante , no digo de la original, que tra-,
zó Dios-en. las - sagradas le tr a s s in o
délas /copias , que tenía á la vista el.
Padre Eliséo,
* En efeíto , "este ratratista cogió las
de los Ilnstrísimos-: Flechier 9y Massi-
F4
C 8 'r EXAMEN DE LOS

llo i para sacar la suya ; peró por di­


simular , la desgració. Massillon traza
el diseño por las luces de la fee, y
las dulzuras de la caridad: el P. Eli-
séó apaga aquellas , y echa éstas á un
lado; y ésta es- la diferencia que se
nóta en el asunto de ambos."La Jus­
t i c i a Christiana (dice Eliséo) (a) ha-
»>ce al hombre tan feliz como puede
wserlo en la tierra ; lo uno , porque
«alivia^ todos sus pesares , y lo otro,
¿porque aumenta todos sus placeres/'
Massillon dice (b) ^¿pero en qué con­
s is te la felicidad de los Justos en esta
>?vida ? en manifestar la verdad ocul-
»ta á los sabios del mundo , y en go*
jjzar del dekytede la caridad, que
í>está negado álos amadores delmun-
9>do. Porque las luces de la fee sua­
v iz a n todas las penas del alma fiel,

(a) Tom. i. pig* (b) Pag. 4. lin»


£06. Un, 17. * ii. de U edk. cit»
SEHM. DEL P. ELISEO. 89
iíy hacen-mas am argases del peca­
d o r : las dulzuras de la gracia cal­
cinan todas las pasiones, y negán­
d o s e al pecador corrompido le de-
ííxan entregado á sí mismo.” Ve aquí
un propio diseño , con solo la dife-
riencia de que Masslllon descubra
desde luego la divinidad de las per­
fecciones que vá á pintar , y Eliséo
solo ofrece un esqueleto , por ocul­
tar, sin duda , la pobreza de su ima­
ginación , y no descubrir, que quan-
tas pinceladas iba á dar eran copla-'
das de aquel, '
- Este estudio de ocultar su robo
le siguió en toda la obra 7 y sin poder;
por eso conseguir , que no se conocie­
se el plagio, descubrió mas su po-:
breza, mendigando de quando en quan-
do algunos girones , ó rasgos de los
preciosos.v^tidos, quí? tey\tó el Ilustrí-
sjrno Flechier en el Sermón de la
marítima 7 consagrado también á :ia
90 EXAMEK HE 1,0$
felicidad de los Justos. Yá se v é , que^
no es razón consumir «1 tiempo en Ir-
manifestando cada pensamiento , y
jsroposicion del P. Eliséo -en los Ser­
mones de estos hombres, que causa­
ría mucho fastidio,, sin alguna utili­
dad, Indicarémós algunos que basten,
para convencer .‘4 .los que , ó no ten--
gan las obras de aquellos 6 la pa­
ciencia de confrontarlos. La saluta-:
eion , :y entrada de la primera parte,'
son unos principios generales, que -en-
varios .discursos traen los citados Ora­
dores , y el texto de grave jugum (a),
manifiesta b ie n q u e , aquellos princi--
píos se tomaron: de Flechier* <(b) Co­
mienza á amplificar su primera pro­
posición sobre el . principio , de que -
^nuestras ilusiones son el erigen -de:
, ■j - ;.

’ {¿t) í?¡ig 207. In Sam*"pag* 1 p , 1. iY*


iGne.- ' tom* j/ t lé l i ’im p. d r
^(b j $evm* de la JM adrid e*í 4+ --i
SERMí DEL F . ELISEO. 91
wnuestros pesares, ló que apoya con
» el testimonio de San Ambrosio causa
wlabori $ ést ignorantía” (a) Massilloa
empieza del mismo modo. ,e La raíz
í?d e: todos nuestros- pesares (doy sus^
?! palabras) regularmente consiste en
wnuestros errores , y solo somos in-
v felices, dice un Santo Padre por-
r?que nos equivocamos en el juicio
Vque hacemos de los bienes , y de
v los verdaderos males , causa laboris.
**<$?£.” ; ,(b) Subdivide^el P. Eliséo la
primera parte de su discurso , y di-;
ce i que el Justo enpti€~ñtra los consue­
los en el testimonio / de-su concien-:
<íia; en la: perspectiva del mtmdo :y,
«a las esperanzas de la fee. '* Tres rc-
» flexiones, que os harán vér que el*
^verdadero remedio de nuestras, pe-",

J( * ) t á g , .309. II- dos ; Santos , p a rt i* '


uea al principio*
(b) Serm. de to - ■n - '
9® EXAMEN DE tOS

»nas es la Justicia Christiana. (a) Pa-


»ra daros á conocer esta verdad , de
«que-tanto hoiior resulta á la virtud,'
jíos suplico reparéis en que ya sea
wque un alma tocada de Dios se
«acuerde de lo pasado , y de aque­
jalíos tiempos de disolución que pre-
«cedieron á su penitencia, (Esto es lo
» que llama el P. Eliséo , y Massillon
«también testimonio de la conciencia)
j?yá sea que considere lo que a¿tual-
emente pasa en el mundo á su vista
»?{he aquí la perspectiva del mundo) yá,
?í filialmente , que se ponga á pensar en
»lo futuro (aquí vienen las esperanzad
»de la fee)- todo le consuela*
Desde aquí se aparta de Massillon^
y vá chupando de Flechier. Quanto
dice en la pag+ 2io, es lo que dice el
otro en la 243* aunque con mas ayre
de púlpito el Flechier’, el qualse fun-

(ü) Xb. p ig. 1. 7,


SERM. DEL P. ELISEO. 93
da en que Dios criando al hombre
nada olvidó de quanto podía conducir-*
le á su perfección y así plantó en él
las semillas de todas las virtudes, y
le dio una inclinación natural al bien,
y una aversión al m a l, que puede
ser debilitada por el vicio , pero no
destruida. El mismo principio estable­
ce el P, Eliséo diciendo , que lleva­
mos en - nuestra alma los principios
de la virtud. Olvidóse aquí S. P. del
Sermón sobre la incredulidád , en
cuya segunda parte comienza por la
sentencia opuesta, 'de que el hombre
trae consiga la indocilidad de su en­
tendimiento , y la depravación' de su
noluntad. domo no habla lo que sa­
b e , sino lo que encuentra , no es es-
traño. qtu? se contradiga. También di­
ce que s í tc la virtud, no es nuestra pri-
» mera inclinación , conocemos que. es
»la primera obligación nuestra w (a)

(a) P. $10. t. 4,
94 ' EXAMEN TfE LOS "

Cláusula de Massillon , el quaVdica


tcnacemos (como- dice el Apóstol) con
« las reglas de i a ley: en nuestros co -
» razones ; /aúri quando nuestras pri-
^>meras inclinaciones no sean á lá vír-
*>tud \ á lo menos conocemos!,. que
« ella es nuestra .primera obligación/*
(a) En una . palabra , el que .quiera
convencerse p o r.sí mismo del plagio,
y que todos los pensamientos fy y ex­
presiones buenas de este Sermón, los
tomó el P. Eliséo de los de, los Seño-
res Obispos Massillon, y Flechier * tó­
mese el trabajo .de leerlos^
Lo que puso de su casa el P. Elí­
seo , fue el dcsórden , con ■ que los
propone : el estilo obscuro / fastidio­
so , y desunido ^ de que. lqs vistió:
algunos principios falsos , y sobre

do unas nociones de la virtud, opues­
tas entre sí, y. muy equívocas. *Yo no

(a) Mas. siip. p. iS . lln. 10.


SERM. m t P . EtISSCV 95

<sé como componía el P* Eliséo sus


¡Sermones* Si los hubiese predicado sin
úna prolija preparación v como: lo;ha-
ciári de ordinario los. Padres y alguno
de sus oyentes se hubiese tomado el
trabajo de escribirlos mientras los de-
*cia ; yá fuera disculpable en el desor­
den , falta:de transiciones 7 y otros
"defeftos, que se observan en ellos pe­
ro habiendo puesto-tanto estudio y
tanta curibsidad * se hace increíble, á
‘ íio tocarlo / e l ningún orden , y demás
-tachas; de que adolecen todos sus
discursosv con la diferencia de pocí>
’mas 6 níenos , según hemos mostrado
en los antecedentes-, y, notarémds
éti éste* ; ; ■ ‘...................
Divide su proposicion en dos par­
tes, cada una de las qualcs subdivi-
deen otras tres: dé'suerte que este Ser*
mon 'tiene seis partes ó seis proposi-
’ ciones v Suficientes cada qual de ellas
para dar materia á un Sermón sobre?
EXAMEN DE LOS

el própio asunto* El primer miemb'ro


de los dos de la proposicion es ft que
la Justicia Christiana hace al hom-
«bre tan feliz contó puede serlo en la
atierra, porque alivia todos, sus pe­
nsares. ” (a) Para7 subdividirlo hace
otro exordio que coiíiienza con la sen­
tencia: WE1 hombre debe, pensar , que
«vino al mundo para padecer * y que
wla mayor felicidad nunca está libre
» de penas” (b) Creo que el P. Eliséo
se engaña mucho ^ y se contradice*
El hombre vino al mundo por Adán,
■y no para padecer * ni para ser infe­
liz , que ésto le sobrevino; por el p^-
;cado origen de la muerte y de los
males: vifto para gozar de toda la fe-
-licidad posible fuera de la pátria, y
-el P* Eliséo se sirve de esEa benefi­
cencia de Dios * par,a expitarle á su
amor* Dos buenas planas ocupa en el
Sermón sobre el Amor de D ios, dis-
SERM* £ ££ ' P< ELISEO, f9

cürriendo por este beneficio.1 Habla


allí con el Criador sobre las mara­
villas de sus obras i y le dice * que á
la: comunicación de ser y de Vida , que
sü omnipotencia había derramado ea
ellas , faltaba todavía v la comunica-
»cion mas noble, es á saber, la de la
felicidad que gozáis en contemplar
s?vuestras perfecciones infinitas. Yá se
» presenta (dice) ésa bondad que va á
?rderra marse sobre una criatura á la
wque unidos el amor y el poder for-
«man en fin para hacerla dickosú^J*
13Cada cosa es para: él un j-beneficio^
9>atendida su organización7-;;.^-Dios no
«sé dexa vér'al: hombre sino baüo los
«'símbolos dé la' beneficencia ; se co­
sí noce que todoresto lo ha hecho.para
«que esta criatura le amase ¿ pues ella
íísóla es la que experimenta'él; gozó de
í>la feliddad/? (á) Pues si S. í\ sabía

(a) íom^B. y $<*. , i;


//. ....... G ' .......
90 S3CAMEN ©B tOS
esto, i cómo dice que ei hombre debe^
pensar que vino al ,mundo para pa­
decer ? Pero vaya : se conoce que no
pensó hablar en rigor teológico^ y que
10 que quiso decir fue* que despuesdel
pecado de Adán nacemos infelices , ó
como se explica San Pablo hijos de
la ira por naturaleza* Infiérolo de que
solo así es: verdadera la sentencia , y
de que en la cláusula siguiente dice,
que la revelación nos. ha mostrado la
aflicción, como efe&o de la culpa.
Pasémoselas tres reflexiones * ó
tres partés r .en que, subdivide el pri­
mer miembro, y pone el P„ Elíseo
con Massillon los consuelos del Jus­
to, en. la adversidad , á.saber en el tes­
timonio de; la:; conciencia , la perspec­
tiva del mundo * y las esperanzas de
la fee* \ Qué confusion , y .^ue vacío
no: se encuentra en las dofc primeras
partes que tratan del testimonio de la
conciencia , y de la/ perspectiva del
SERM. DEL P, ELÍSEO. 99
mundo ! ¡Qué estilo tan lánguido en
las reflexiones ! Quanto dice sobre el
testimonio , que dá la conciencia al
Justo y al pecador en la adversidad»
y quanto saca de la perspectiva del
mundo, es una misma cosa, como pue­
de conocerlo qualquiera que haga él
cotejo de los consuelos del Justo , y
de los desconsuelos del pecador , que
trae allí el P. Eüséo, y se reducen teá
«que en la desgracia todo contribuye
ȇ aumentar las penas del pecador,al
» qual la memoria de lo pasado es to-
í?davía mas amarga que la expcrien-
>>cia de lo presente. ” (a) De suerte
que todos los remordimientos de su
vida anterior obran en él (según el
modo de pensar el P, Eliséo) por la
mala correspondencia, que halla en
el mundo, y en los hombres , en la
qual hace consistir la perspectiva del

(a) P. s u . U
O 2
200 EXAMEN BE 1,05
mundo. Si todos los malos pasos , ar­
tificios , maquinaciones, y perversi­
dad del pecador hubiesen producido
los efe&os que él deseaba , no ten­
dría remordimientos , porque iba todo
á su placer , y por consiguiente su fe*
licidad sería mayor qu? la del Justo.
Así lo pensaba el P, Eliséo , y con­
viene en que w es necesario confesar
»que quando todas las cosas se adap­
t a n á nuestros deseos.... La voz de la
9?conciencia no se oye tanto , las di-
aversiones agradables debilitan sus
»impresiones , y el alma demasiado
» apasionada á los bienes de que goza,
«apenas conoce el valor de la virtud
íkc* (a) Prueba de que no hay
diferencia en la materia de las refle­
x io n e s , que hace sobre el testimonio
de la conciencia, y la perspeéííva del
mundo , entre el Justo y eí pecador

(a) Pag, a lo . i* Un. ? i . ÍUsta el fin.


SEftM. m t P. ELISEO. 201
en e l estado de la adversidad es , que
habiendo discurrido en la primera por
contrastes entre las conciencias de am­
bos ; en la segunda pone al pecador
á pensar sobre su situación desde la

línea i r . de la pagina 219, hasta $2 3+ ^


y sin dar al Justo mas reflexiones, que
las primeras del testimonio de su con»[4 \
ciencia , concluye : ír el Justo afligido ^
??es el que solo halla en las revolu-
ciones del siglo presente consuelos
que alivian sus penás. ” (a)
Hemos visto la confusión : Trate­
mos ahora del vacío. ¿Qué sacamos de
siete fojas que echa el P. Eliséo en es­
tas dos reflexiones á favor de la vir­
tud ? muy poco ó nada. Porque, como
hemos visto, el pecador, cuyos proyec­
tos vaxt viento en; popa, nada siente,
nada le remuerde V y vive contentísi­
mo en el seno de la a b u n d a n cia y

(a) Pag* a&3. lin. ip,


‘ G 3
102 EXAMEH DE tOS'
del placer entre el atractivo de la es­
peranza , la Ilusión de la gloria, y
el encanto de la sensualidad : mien­
tras ífel Justo está llorando sus desór-
» denes , y sus flaquezas ” (a) Porque
aunque la gracia (que rio toma en bo­
ca el P* Eliséo ) le consuele en su es­
píritu, si el del pecador sea por pres­
tigio , o por encanto , nada en las de­
licias, quedará superior e a e l contras­
te , y será falsa la proposicion gene­
ral de que wla Justicia Christiana ha-
«ce al hombre tan feliz como puede
v serlo en la tierra. ” Si el P* Eliséo
no hubiera dado,sin razón, tanto vue­
lo á la felicidad del pecador en la pros­
peridad , discurriría mejor á favor de
la Justicia Christiana. Hasta ahora no
ha habido, ni habrá, ^no digo un Chris^
tiano,pero nitin G entil, á quien la
divina providencia haya dexado ca­

fa ) Pag* £17*1111. 14.


SERM. DEL F. ELISEO. Í 03
tnmar' por una senda tan suavevy tan
florida, que haya podido olvidarse de
que es mortal: que;jamás haya senti­
do d olo r,ó incomodidad en su cuer­
po : á cuya voluntad nada se: haya
opuesto : cuya sensualidad no haya
sentido algún inconveniente insupera­
ble; á cuya ambición todo haya ce­
dido sin dificultad ni trabajo. Un en­
te de esta calidad:sería una, quimera,
E l modo de discurrir en honra, de la
virtud para la felicidad, que produce
en la tierra , es hacer el paralélo de
la tranquilidad de ánimo , y del sosie­
go, con que viyió un S* Antonio Abad,
por exemplo, comparado con las in­
quietudes, y zozobras de un Alejan­
dro v de un Cesar f de un Carlos XÍL
y un Federico II. de Prusia* En estos
cotejos de los herpes, que el inundo
ha conocido ,, y envidiado, es que se
prueba la verdad honrosa á , la Reli­
gión , de que sus preceptos, y. máxí-
104 KXAMEK CE IOS
inas no conducen sólo á la felicidad
eterna , sino qué dan al hombre la
■que puede apetecer :í*acíonalmente -en
'el mundo. Si un espíritu filosófico pre­
fiere justamente la tranquilidad , Con
que dormía Amidas en su choza yá la
ambición de Cesar, que llegó inquie­
to á despertarle, y valerse de é l, para
pasar el do ¿quinto tendrá que decir
un Orador Evangélico sobre la prefe­
rencia de un Justo ? i Y qué hizo el
P. Eliséo en aquellas'siete fojas ? Tres
soliloquios frios , dos del pecador, no
en la prosperidad que ofrece el mun­
do , sino puesto en la mayor desven­
tura ¡ y uno del Justo, no atribulado
con aquellas tentaciones que le inquie­
tan , y perturban , sino en la medita­
ción de sus culpas-pasadas, en qué la
gracia le consuela sensiblemente, con
unas lágrimas dulces. A estos solilo­
quios añade su favorita Prosopopeya,
en que apersona la virtud, y-hablan-
SERM. DEL P. SLTSEO. lO j
do con ella la d ice: w¡O dulce y con-
» soladora virtud! ¡ qué caro les cuesta
bá los que os desamparan! ¡qué espan­
t o s o espeíláculo viene á ser el mundo
íípara un infeliz, cuyo corazon envi-
Mecido por el pecado, se halla tam-
??bien abatido por la desgracia ! ” (a)
La tercera reflexión , ó punto, que
consiste en las esperanzas de la fee,
que son todo el fondo de la felicidad
del Justo en la peregrinación , hasta
que destruidas la Fee, y la Esperan-
za , reyne solo la Caridad, como di­
ce el A p ó sto l,y que por consiguien­
te bastaba por sí sola para muchos
discursos sobre la felicidad del Justo,
la trata el P. Eliséo en un estilo cor­
tado , por proposiciones generales,
obscuras , y sin enlace. No ftos deten­
gamos en manifestarlas , vease toda
la pagina 224. y 22$* con las dos si-

(a ) Pag* 313^ Un* 6. , ■


Jo 6 EXAMEN DE LOS

guientes, y nada se encontrará y que


pueda decirse , que es discurso , sino
una séríe de sentencias sueltas sobre
las promesas de Dios , y la certidum­
bre de la esperanza : antes parece
que se lee un índice, que un Sermón;
las mas de ellas no son inteligibles á
un auditorio: v. g .... ^Quando el Espí-
«ritu Santo testifica nuestro amor , nos
«convence también de que somos ama^
?>dos de Dios ; pues nosotros no po­
nderaos amarle sin que Dios nos ame
p r i m e r o y este duplicado testimo­
n i o excluye todo temor servil & c
??6lc, ” (a) Otra. *l El Justo espera, y
i*esto "basta ; compara los bienes del
mundo con ■la felicidad eterna. En
fuerza de esta cónsideracion la ilu­
s ió n desaparece*” (b) La última cMut
gula , que cierra :1a primera parte
de este Sermón , es muy notable.

(a ) P. S 44- 1- ig, (b )
SERM. DEL P. ELISEO, IO

Dice así: "Pero J. C. solo dirige


vá los Justos estas palabras de con-
99consuelo: ¡Felices aquellos que aman
» la.virtud! qualquiera que sea su suer-
wte en la tierra , la misma virtud ali-
«viará sus penas &c. & c . ( a ) Nótese
ló primero, que en todo el Testamen­
to nuevo no hay tales palabras de
J, C. porque el heati mundo corde, con
que concluye el P. Eliséo, no dice eso»
Lo segundo , que aún quando el divi­
no Maestro las hubiese dicho V ó fue­
sen lo mismo , que- beati mundo corde¡.
no las dirigiría solo á los Justos. Su
Magestad hahló siempre con, los pe­
cadores, para convertirlós, y por tan­
to dixo, qué no había venido á bus­
car Justos, sino pecadores , y á sal­
var lo que había perecido, (b)
La segunda^parte ¿el Sermón bien
analisada contiene lo mismo que la

P* Mp, 1, 1^. Í hc. íp* *0,


( i} Jllath. 13*
108 EXAMEN DE LOS
primera , á excepción de la* introduc­
ción , que me acuerdo haber leído en
el P. Giroust, y en otros, sobre la
preocupación’ común de los munda­
nos contra la vida arreglada de los
buenos , ó como los llaman en su país,
como por desprecio, devotos. Todo lo
demás , digo , es en suma lo propio,
que ha dicho en la primera parte, con
diversa colocacion , ó construcción de
palabras, y envuelto en la ilusión de
los sentidosagitaciones violentas •*****
alegrías bulliciosas.... ímpetus violen­
tos de las pasiones.... regocijos bulli­
ciosos.***. embeleso de los s e n t i d o que
repite á cada paso.. Qualquiera Predi­
cador , que quisiere servirse de este
Sermón para: decirlo , ..es menester^
que le toarte rhúyá la letra en la me-f
moría; porque á la hora -, que sé íe
desenhebre una frase, se-acabó el Ser*
mon , como el cuento de las cabras*
con que se chasquean unos á otros los
SERM. m t *, ELISEO 10^
niños. Bien que casi lo mismo sucede
en la mayor parte de los discursos,
que se nos ponderan: la sustancia es
tac escasa , que no puede perderse el
hilo de las voces, sin que se pierda
el Sermón. Unos atribuyen á Bourda-
loue, y otros á Massillon, el dicho
de que él mejor de sus Sermones era
el que había aprendido de memoria;
y dicho 'mas á la letra. De quien quie­
ra que sea, ái és cierto , digo , que
para tales Predicadores debía ponerse
al pie del púlpito un Exórcista , ó dar­
le por bendición el de la Misa estas
palabras: Exorcizo te , imnnmde S p r U
-tus , recede ah hoc PftfdrcatQfe Dei, &
da loctím Spivitui SañSio : porque co­
mo dice San Agustín , los Predicado­
res, que van servilmente ligados al
cartapacio , quitan, quanto es de su
parte , el ínfínxo de Dios. (1) Los que

(i) A .u g, l i l . ' 4, de ZJ* € , cajr* i j .


110 EXAMEN DE IOS
comienzan la carrera de la predicación,
aunque para entrar en ella^ tengan toda
aquella instrucción , que apuntamos
en el Trat. ázl Predicador. P. XLVI.
deben exceptuarse de esta regla , pa-r
ra evitar el riesgo de perderse ; y pa­
ra que el exércicio de aprender de
memoria lo que trabajaron, y pulie­
ron con esmero , vaya llenándoles de
locuciones puras , y castigadas , y de
pensamientos bien seguidos de que
hagan despues uso, quando hablen coa
menos preparación.
Pero volviendo al asunto de este
Sermón sobre la felicidad de ¿os fus-*
tos en esta vida , me parece ( con li­
cencia de los Massillones, Flechieres*
y ,otros Oradores famosos, ) que ni
ellos , ni. su mal cppisca Elíseo* acer­
taron coa el verdadero diseño’i *7 ni el
perfeéto método del claro obscuro,
que debe emplearse en la pintura del
contraste de las dos felicidades del
SER.AI» BEL P . ELISEO* 11 t

Justo , y del pecador, para dar á co­


nocer sin equivocación la preferencia
de la del Justo* .Yo confieso, que los
Señores Obispos de Clertnont* y Nimes
las pintaron con bastante gracia ; pero
quedaron cortos en la exá£titud , y
faltó el vigor á sus pinceles: quiero de­
c ir , dieron bastante ayre al vestido y
follage de la felicidad del Justo, y be­
llo atraétivo á su figura; pero no se cui­
daron de la constancia de su aptitud*
ni de las rigorosas reglas del retrato,.
Como estas imágenes han de sacarse
de los divinos originales, que ha tra*a-
do el Espíritu de Dios , es .preciso*
que el Predicador observe con cuida^
do todos los golpes y rasgos mas me­
nudos , que empleó este Soberano
Maestro.
Para que se conozca qual de estas
dos felicidades es mas apetecible , es
menester lo primero, establecer el ori­
gen de cada una; esto es manifestar
112 EXAMEN DE X.0á

que la felicidad del Justo es obra de


la gracia de un Dios misericordioso*
y omnipotente , que habita en las al­
mas fieles , y derrama en ellas su fuer-*
za y su dulzura : y que la del pecador
se funda en una imaginación falible é
impotente , y no tiene mas apoyo,
que las cosas mudables 7 y caducas*
Lo segundo , que la comparación cor^
ra por todos los estados , y casos de
la vida del hombre. Para esto ha de
considerarse al Justo y al pecador en
las dos situaciones... de prosperidad y
de adversidad, c o n fo rm e al común mo­
do de. pensar de los hombres. Estos
fixan la idéa de la .prosperidad , en la
salud, la abundancia , y el poder : la
de la adversidad * por el contrario,
en la-enfermedad , en la pobreza , y
en el desprecio. De aquí se .sigue* que
la preferencia de la felicidad del Jus­
to en contraposición á la del pecador,
consistirá en hacer, vér , que los pía-
serm ; tffct P* ELISÉO* "i 1 3
Ceres del Justo en su salud, en el go-
ze de su abundancia , y en el uso de
su poder son por la gracia de Dios
mas puros , mas constantes , y por
-consiguiente mas satisfactorios , que
los del pecador , que en las mismas
situaciones vive siempre sobresaltado,
-y temeroso. Pasando despues al con­
traste de ambos en la adversidad , se
manifiesta la conformidad dulce del
.Justo en el quebranto de su salud, en
la pérdida, de los bienes temporales*
en la persecución * y en los despre*
“Cios. La virtud divina que obra en su
icorazon , y no le abandona ; no solo
le consuela en estos casos, sino qué 1©
alegra, le vivifica , y por medio de
la s propias adversidades , le perfección
*ia , y aumenta su virtud , como en­
seña el Apostol (í) y no conoce otro
mal que el perder á D ios, y mien-
\

(1) Cor. xd.


II. H
I I 4 EXAMEN D E L O S

tras éste le quede , halla su felicidad*


Pero esta máxima de la perfección
.evangélica , que enseña San Pablo , (i)
y explica San Agustín * (2) la contra­
dice el P* Eliséo cotí mucho magiste­
rio en el Sermón sobre el perdón de las
injurias y trata de entusiasmo ,, no
digo á la alegría de los Justos en las
pérdidas de las cosas temporales, y
en las persecuciones , en que dice eL
A póstol, que se gloriaba T sino i la
indiferencia en sufrir los trabajos, (a)
Oygamos á San Agustín,. ” N a está,
Mdice, el mérito , y el fruto del chrís-
»tiano en padecer, quanto haya que
^padecer , sino en padecerlo por J. C.
»eti su nombre ; y eso no ha de ser
»solo con constancia, sino tambiea
«con alegría, ” Tales son los princi­
pios de Moral del P* Eliséo,, El peca-

(a) Totn* 1* pag* (a) S* d u g * L 1*


£$3* Un, 3. y sig. di Ser. Z)t>* in monta
(1 ) Romr 3* ¿ay, j.
SERM. DEL P. ELISEO. í I g

dor , que pone la felicidad en las cosas


temporales, luego que se siente enfer­
mo , que sé vé pobre, y sin valimien­
to se juzga, y es para sí infelicísimo,
y no hay cosa, que por justos juicios
de Dios , no aumente sus penas, así
como todo contribuye por su adora­
ble providencia al bien del Justo, (i)
No niego, que dicen mucho de es­
to los Predicadores de que hemos ha­
blado ; pero ni observan la coordina-
clon , que es menester, para que resul­
te el retrato perfecto ^ ni el claro obs­
curo necesario para la distinción de
las figuras. No consiste la belleza de
una cara en tener todas las partes, y
üneamentos que la componen , ni en
que cada una de las facciones tenga
su perfección propia , y relativa con
las otras, es menester á mas de eso
la exá&itud de la simetría , y basta

(i) 8*

H 2
I I 6 SXAMEK tiE LOS -

que un ojo quede una línea mas ab£*


xo que el otro , ó mas separado de la
nariz, para hacerla monstruosa. El
verdadero colorido de estas dos ima^ ^
genes , no es el que se vende en las
Cortes , en los Hospitales, y en las
cárceles, que solo sirven para aparejo-
del lienzo : deben sacarse de la Escri­
tura , de la historia de la Iglesia , y
mezclarse con los que escarba la Fi­
losofía del corazon del hombre. Mas-
sillón recargó mucho de estos últimos;
Flcchier aumentó la dosis de los Sagra­
dos , aunque no tanto como era preci­
so ; pero Eliséo no hacía mas que
embadurnarse los dedoíJ en las piedras
en que éllos molieron , y pasarlos pof
su lienzo : quiero decir, que cada pro-
posicion , cada pensamiento , y ca­
da sentencia del contraste , entre la
felicidad del Justo , y la det pecador
debci fundarse en la Escritura, apoyarse
con las vidas y exemplos de los San-
SEttM. M t p. ELISEO, 11Y

to s , y darle tal qual perfil , con las


luces de la razón, y la esperiencia.
Los insignes malvados comidos de sus
pasiones : los martyres y admirables
penitentes alegres entre los tormen­
tos , y maceraciones, todo sirve para
este quadro , y para convencer, que
en toda situación , que se contrapese
al Justo con el pecador , se hallará
el corazon : de aquel mas tranquilo,
mas despejado , y lleno de satisfac­
ción que el de éste.
Dixe arriba , que lo peor que ha­
bía puesto el P. Eliséo de su casa en
esta copia, era las nociones equívo­
cas , y muchas veces contrarias entre
sí de la virtud. En efe&o el P. Elíseo
dice , que Ia verdad de la máxima
evangélica , de que solo los Justos son
verdaderamente felices en la tierra
? enlaza la felicidad con la virtud’7 (a)

(*) Pag. 304. Jin. 10#


H3
IlS EXAMEN LOS ‘

de que se conoce, que la virtud es en


su opinion la causa de la felicidad de
los Justos en la tierra; ¿ y quál será
esta virtud ? la Justicia Christiana: por­
que en su proposicion di c e , q u e la Jus­
t i c i a Christiana hace al hombre tan
??feliz como puede serlo en la tierra.99
(a) Si yo no me engaño, el P. Eliséo se
equivoca en esta idéa de la virtud. La
Justicia Christiana es el conjunto ó
agregado de todas las virtudes: esto
e s , de todos aquellos dones del Espí­
ritu Santo , que llamamos virtudes ; y
al hombre , en que se ha dignado der­
ramarlos , y que con esta divina vir­
tud omnipotente se ha cxcrcitado en
los aílos de ellas constantemente , lla­
mamos virtuoso. Por consiguiente, la
Justicia Christiana puede mirarse, ó
como habito que viste , y hermoséá
al alma del hombre cxercitado ea las

(a) Pag. ao6. lin.


SEftM. DEL P. ELISEO. 1 19
obras santas: ó como potencia (según
se explican los Teólogos) que es. el mis­
mo don ó dones del Espíritu Santo,
Si se considera la Justicia Christiana
del primer modo, quiero decir , coma
habito, no puede decirse , hablando
con propiedad, que hace al hombre
feliz, quanto puede serlo en la tier­
ra ; porque antes ese exercicio de las
virtudes , que tiene en el curso de su
vida ^ es efeéto de la virtud del Es­
píritu Santo eu sus dones: y su felici-
dad en esta vida consiste en ir coope-.
rando con la virtud del Espíritu San­
to , la q u a l, y no otra cosa alguna,
el origen causa , y principio de
la felicidad de los Justos en la tierra*
Este >es un dogma incontestable*
fundado en los testimonios mas termi*
nantes de las sagradas letras, Yá ha­
bía J. C. destinado á sus Apóstoles,
para que predicasen su Evangelio por
todo el mundo , y antes de subir á
H4
120 EXAMEN DE tOS
los Cielos les previe ne , que se man­
tengan en Jerasalén , sin dar principio
á tanta obra , hasta que les venga de
arriba la virtud : Quoad induamini vir-
tute ex alto , como dice S* Lucas al fin
de su Evangelio , (i) el qual repitiendo
el mismo encargo ó mandato al princi­
pio del libro de los hechos de los Após­
toles , manifiesta que la virtud que ha­
bían de esperar para empezar á pre­
dicar , era la del Espíritu Santo : ac~
cipietis vzrtutem supervenientes Spiri-
tus SanSti in vos. (2) El Apóstol re­
prende á los Galatas , de que habien­
do dado principio á su conversión, por
la fee en el Espíritu Santo , fuesen se-»
parándose de eL (3) San Pedro nos en­
seña , que en la virtud de Dios es que
somos guardados : esto es , que Dios
con la virtud omnipotente de su gra-

(1 ) Zttc. 54. 49*" (3) GaU 3* 4 * 3*


. (1) AB. t*
SERM. DEL P. ELISEO. X2 1

cía es el que nos sostiene , y protege


para que nuestra fragilidad, y flaque­
za nó ca y g a , y se haga pedazos en
los choques de la guerra continua, que
traemos con nuestros enemigos, (i)
San Pablo , que escribiendo, como
hemos visto, á los Galatas , pone en
el Espíritu Santo , y su virtud el prin­
cipio de la conversión , atribuye á la
misma virtud la perseverancia , en
■medio de las tentaciones : Nam vir~
tus in infirmitate perflcitur : (2) quie-r
re decir, según los Interpretes , (3)
que el Señor, á quien había rogado
por tres veces, que le libertase del es­
tímulo de la carne, y le respondió^
que le bastaba suf gracia , también le
había dado por razón , que su divina
virtud, y poder brillaba mas enton-

í. (1) í. P~et, I* Cajttan* y Natal


(a) a . Cor. 9*

(3) Vide Cardiní : ..'7 "


X 22 EXAMEN DE IOS
ces : Nam virtus id est virtus mea vel
potentia mea. Pero no acabaríamos , si
hubiésemos de citar todas las senten-
cías de las divinas Escrituras, que ha­
blan de esta virtud -del Espíritu San­
to , en que consiste el principio , el
progreso ,, y la consumación de la
Justicia Christiana, y que declarare­
mos un poco mas en la II. P. V,
Despues de esto ; ¿ qué juicio haré-
tnos de la Idéa que se había formado
el P. Elíseo sobre la virtud , si exámi-
namos süs frases? ^ Lo que la hermo-
>í sura sencilla de la virtud , y los vanos
«preceptos de la filosofía , no podian
«obrar , lo executó J. C . 5? dice, (a)
Aquí la voz virtud no es la del chris-
tianísmo, ó la virtud del Espíritu San­
to , porque con ésta , en ésta, y por
-ésta , es que obró „ y obra J. C, en
puestros corazones, y entendimientos^

,(a) T a g t t t o j. lm*
SERM. DEL Té ELISEO. 2 2g

y nos la hace amable, como causa de


la verdadera felicidad* “ Aún la virtud ,
«que nos lo promete todo en lo ve-
«nidero, solo es un consuelo en núes-
«tros llantos, y no reyna con bastan-*
«te imperio , para agotar el manan-
«tial de nuestras lágrimas ; fatigada
«de sus luchas se vé continuamente
« detenida por obstáculos en su cami-
«no penoso.” (a) Tampoco es este el
cara&er de la virtud divina , la qual
tiene sobrado poder, para agotar el
manantial de nuestras lágrimas :
más se fatiga , ni encuentra obstáculo
que la detenga, Quando habla del fru­
to, que saca una alma de la Sagrada
Comimion , y dice ÍCsu corazón se sa­
rcia de la verdad ? y dé la virtud
«que saca de este manantial ; vé , y
«experimenta que es dichoso , y es­
f e r a que lo sera siempre * (b) habla

(a ) Tom* a f pag* (b ) Totn. i . p ag,


a^ulin. 8. 436* lin, s.
X 24 EXAMEN DE 10$

con mejor tino, aunque se contradice:


forque la virtud que saca el Justo dé
la Comunion Sacramental es la del
Espíritu Santo, que como acabamos de
decir, tiene todo el imperio que es me­
nester , y mucho mas , para agotar
el manantial de nuestras lágrimas*
La sentencia con que concluye de que
vé , y experimenta que es dichoso”
se opone al dogma católico explica­
do en el Concilio de Trento que e n ­
seña , que ninguno sin especial revela­
ción , puede , no digo * ver , y expe­
rimentar que es dichoso, esto es * que
tiene la gracia del Espíritu Santo; pe*
tg ni aún afirmarlo ó creerlo con cer­
tidumbre ; por lo qual siempre debe
trabajar el Justo en la obra de su sa­
lud , con miedo , y temor*
El propio Eliséo habla este lengua-
ge católico en varias partes. Unas veces
dice; tces verdad que esta confianza no
Mlega hasta la certidumbre. E l Justo
SERM. DEL P. ELISEO. 12 %
»puede perder la gracia ; y su salva-
wcioti está en manos de Dios , quien &
anadie debe el gran don de la persea
wveranda: esto basta para hacer tem^
?íblar á los escogidos. ” (a) Otras ex­
clama w ¡ O Dios mió , Dios míseri-
wcordioso ! Una criatura débil y limij
«tada que todo lo espera de vuestra
» bondad & c . ?r (b) en una palabra se
conoce, que el P. Eliséo no ignoraba
las verdades católicas; pero también
es inegable , que no sabía predicarlas^
y que quando se ponía á ello , con­
fundía este grano con muchos sacos
de paja, entre ía qual iban también
semillas contrarias , y gorgojos * y pa­
lomillas , que l:o malean. Por exemplo
quando dice del Justo "ía noble con-
fc fianza que tiene en su virtud le ha-
;jíce superar todos los esfuerzos dei
j? mundo. Quanto mas violentos son sus

(a j P . - M 5* K i'7 ‘ (b > P - a y p . 1, #
X2Ó EXAMEN DE LOS

«males, tanto mas le eleva su constan-


v e ta ; quanto mas penosos son los sa-
« orificios que ofrece á la obligación,
«tanto mayor es la satisfacción que
»goza despues de haberlos hecho
(a) En nada de esto suena, no digo
como Agente principal, pero ni co^
mo subalterno , el Espíritu Santo , su
virtud omnipotente , y gracia divina.
La virtud propia del Justo es con la
que superá los esfuerzos del mundo, y
su constancia personal, la que le ele­
va sobre los males mas violentos , pa­
ra sacar una satisfacción que goza
despues de todo , gloriándose en sí
mismo , contra lo que reprueban los
Padres en la citada Sinodo de Trento,
en la qual despues de establecer que
en nosotros no hay mas justicia , que
la de Dios * ni otra virtud que la su­
y a , dicen, que el hombre christiano

(a) Pag* 114. l)ti* 1.


SERM. DEL P. ELISEO. T2JT
no ha de confiar en sí , ó gloriarse,
sino en el Señor \ cuya bondad, es tan-
•ta. con todos los hombres * que quie­
re , que sean méritos de ellos r los que
son dones del mismo Dios* ( i) Del
propio cuño es todo el soliloquio que
sigue * y comienza w Yo he abrazado
«el mejor partido & c. ” La reflexión
que dice wel placer de que jamás ha
?>gozado el vicio.... es aquel que na-
«ce de la inocencia-, de las conside­
racion es sobre sí mismo > del exá-
wmen de su propio corazon r y de las
«prendas que le hermosean.” (a) Es­
te es mi Fariseísmo mas refinado*
que el de aquel que oraba en el tem­
plo * según la parábola del Evange­
lio , (2) el qual registrando su con­
ciencia T se lisonjeaba de que no ha-

£3) 237. L 8; cap* X V T+


O ) Cónc*. T rid . £3) íu c * 18*
6. di J u s tls
148 EXAMEN DE LOS

bía faltado al cumplimiento de los


preceptos ; pero no subía hasta el
grado de delectarse con la vista dé
las prendas que hermoseaban su co­
razon* Estas locuciones falsas, defec­
tuosas , llenas de presunción , induc­
tivas de confianza vana, y contrarias
al espíritu del Evangelio hormiguean
en todos los Sermones del P, Eliséo.
Esto es quanto el pone de su casa en
ellos, porque el fondo , que es lo me­
nos , lo toma de otros : y así dejan­
do el exámen particular de cada Ser*
mon^ paso al de los defc&os genera­
les que reynan en todos , cuyas ob­
servaciones serán mas útiles para la
instrucción de nuestros Predicadores,
principalmente de los que comienzan,
p ara:cuya instrucción he procurada
siempre trabajar. ¡Ojalá consiga su ñu
para gloría de Dios,
SERM. DEL P. ELISEO. 129

P A R T E II.

D E L

EXAMEN DE LOS SERMONES


P B t P. ELISEO .

D E F E C T O S C O M U N E S
á todos los Sermones del P. Eliséo.

§ . I.

DEFECTO VE pOCTRI&A SAGRADA*

E l P. Eliséo entró, sin duda algu­


na , como sucede de ordinario , en el
ministerio.: altísimo de los Apóstoles,
esto es, en el de la predicación, á cie­
gas , y sin saber , ni qué cosa era
predicar : ni quáles; los ejemplares,
que había de seguir;iü. qual el Autor*
que mas debía leer y de cuya doc­
trina tenía que llenarse, para dena-*
IL I
I3 0 EXAMEN DE LOS

znarla en sus oyentes. El creyó , que


predicar no era otra cosa , que ha­
blar á los fieles en la Iglesia , y des­
de el púlpito , tomando por princi
pió u^a cláusula de la Sagrada Escri­
tura , por la qual se introduxese en
alguna materia , en que pudiese dar
vuelo al discurso, y entretener á
oyentes un rato* Juzgó , que sus mo­
delos, y maestros debían ser Bourda-
loue, Bossuet , Massillon , y Flechier,
como los Oradores mas célebres de
la Francia , cuyos libros de Sermo­
nes miraba por consiguiente , como el
autor único de su profesión, entre los
-quales se conoce muy bien , que dio
toda la preferencia al Sr, Obispo de
Clermont, No fue lo peor * que tuviese
el P. Eliséo unos principios tan erra­
dos , que podemos por desgracia mi­
rar como el pecado original de los
Predicadores en nuestros últimos si*
glosT tde que han sido pocos los que
SERM. DEL P. ELISEO. J3 £
lina gracia especial ha libertado , pa**
ra que nunca faltase la luz del Espí-*
ritu Santo en su Iglesia por medio de
la divina palabra : no fue 4 vuelvo á
decir, lo peor , que comenzase tan
mal ; sino que acabase con la misma
ceguera , sin otro progreso , que el
de empeorar unos exemplares, i que
no eran perfeétos en todo.
Lo mismo es regular , que suce­
da á quantos sigan el propio rumbo,
y no aprendan lo que es predicar:
quales son los verdaderos exemplareis
de tan alto ministerio; y quáles los
libros , que contienen la doítrina, que
se debe predicar, El oficio- esencialísí^
mo del Predicador no es otro, que el
de publicar * é intimar á sus oyéatei
la Palabra de. Dios i, que qs el Evan*
gelio. Así lo díxg el Soberano Maes-í
tro á sus discípulos quando les envia*
ba á predicar prccdicute l¡vangeUumf
Con el Evangelio están ligadas todas
13 2 EXAMEN DE LOS
las Sagradas Escrituras: porque , co­
mo dice San Pablo Todas las ha
«revelado Dios , y ha querido que sé
«escríban para nuestra salvación por
«medio de la fee en J. C. y son úti—
«les para enseñarnos , convencernos,
«corregirnos , é ilustrarnos en la jus-
« ticia , y de este modo se perfeccio-
« na el hombre de Dios , y se prepa-
»ra á todo genero de obra buena, (1)”
Pero esta publicación no ha de ser
tan desnuda , que queden en ayunas
de su inteligencia los ignorantes , á
los quales , dice el mismo Apóstol,
que estaba tan obligado á ilustrar, cor
mo á los Sabios (a) La multitud del
pueblo rustico , y de menos compre-
ientííon es aquella numerosa turba*
que no quería J. C. despedir de sí
en ayunas; porque no desmayasen en

(1) a, Thlm. 3p fa ) Rom, 1, 14^


>5* iS* 17-
SERM* DEL P. ELISEO. 1 3£
el camino > (i) y que ha de saciar
con el pan de su divina palabra el
Predicador , dandosela bien amasada,
y pura , de suerte que pueda [alimen­
tarse 'su espíritu con la inteligencia de
ella * ese será su trabajó : ese su ta­
lento grande: esa la obra de su cien­
cia, la qual , por grande que sea, ne­
cesita todavía la luz del Espíritu San­
to , para que pueda conseguir el dul­
ce é inestimable fruto de la predica­
ción , que es la declaración de las pa­
labras de Dios, preparada de suerte*
que ilumine, y abra el entendimien­
to de los párbulos , é ignorantes , de-
:clarütio sermonum.tuorum illumimt , &
inteUeffium dat partmiif. (2) Ninguno
que suba al Púlpito merecerá menos 110
digo el título , de grande Predicador;
pero ni aún el mero nombre, que aquel
cuyos sermones ^estén, como los del

(1) iUrtííA. xy* 3a. (a) P j. v. igo.-

13
Ig 4 EXAMEN DE LOS '
P. Elíséo , vacíos de la Palabra de
Dios *
Todo Predicador debe acordarse,
que sigue á Jeremías en el ministerio:
que es un enviado del mismo D ios: y
que le repite, lo que dixo á aquel Pro­
feta: wmira que he puesto mis pala-
» bras en tu boca ecce dedi verba mea
9>in ore tuo , ” (i) ellas son las que han
de reso nar en tus labios. En efedo,
Ministro de la palabra de Dios es,
y se llama el Predicador : e l . minis­
terio de esa palabra , decía San Pa*
b l o , que era el que se le había en-
cargado, (2) y esa , dixeron los Após­
toles , que era su ocupación * de que
no podían separarse por motivo algu­
no , non est tfquum nos derelinquere
verbum De¿* (3) ¿ Y en qué consiste, 6
cómo $e desempeña esta soberana co-

(1) Jereitt* t* p* (3) A c í. caj** 6•


(a) A & * aó* >4* a*
SERM. DEt, P. ILlSEO. Ig g

misión de la palabra de Dios? Anuncian­


do, y declarando las Sagradas Escritu­
ras, y los testimonios de uno, y otro tes­
tamento, que son los dos pechos abun­
dantísimos, con que el Señor cria, y:
or tale ce á sus hijos , infundiendo etx
ellos la suavísima leche , y el alimen­
to divino de su palabra. Los dos Tes­
tamentos son los exes de la fee , y de
la doélrina : sus palabras son los fun­
damentos > y las guias infalibles de la
fee, y de la verdad: los misterios , y
los preceptos se contienen en ellos:
los consejos, y las máximas saluda­
bles y eficaces manan de a llí: ellos
son el Digesto, y Código de nuestra
Religión , por donde se arregla la
creencia , y la virtud , y son él arse­
nal de las armas , y provisiones de
Muestra milicia.
/ ¿V bastará poner al principio del
Sermón un texto * darle quatro vuel­
tas en la salutación, para deducir de-
I 4
13 6 EXAMEN DE tOS
grado , ó por fuerza * cómo hace et
P* Eliséo * la proposición ^ó proposi­
ciones * y soltar des pues la rienda alr
discurso, á la filosofía * á las, pintu­
ras , ó imágenes del corazon huma­
n o , y de las prácticas dél mundo*
sin volver á acordarse de las .Sagr^~
das Escrituras ? Responda Clemente
Alexandrino, (i) "L a voz del Señor,
»e s , la que nos enseña á conocer la;
«verdad. Porque no hemos de daf
«crédito á los hombres , que la anun-
«cián absolutamente * y tienen tam-*
»-*bien facultad de decir lo contrario,
«Pues si no basta decir absolutamente
silo que parece , sino que es menes-
«ter probar lo que se ha dicho ; no
«esperamos el testimonio , que dan
«los hombres, y solo la voz de Dios,
«que merece mas fee que qualquicr
» demostración , ó por mejor decir,

(i) C h m n s ¿ íh x * Ubi, Strcmat*


SERM, DEL P. 'EtTSEO. H ?
«que es la única demostración, puede-
probar lo que buscamos , y esta eien-
?ícia solo se encuentra en las Escritu-
rras. ” -.Oygamos también á San: An­
selmo, (i) el qual hablando de los
Predicadores, dice: -Son ministros de
wChristo , pues hablen las palabras
»de su Señor. Porque así como al
» principio sacó Dios milagrosamente
de la .tierra el trigo , y quanto era
«menester para alimentar al hombre,
«sin necesitar semillas , ni mano de
«labrador ; del mismo modo hizo ma-
?>ravillosamente , sin auxilio de doc­
tr in a humana, que los corazones de
??los Profetas, de los Apóstoles, y
*>de los Evangelistas se fecundasen de
«semillas saludables. De éstas es que
»recibimos quantó sembramos, en la
«labor de Dios para alimento de las

(i) .Ansí?, trdc* wU, óag* íí.


coito/ & Hb* ; í
rg 8 " EXAMEN DE LOS " *
calm as; así como para el nutrimento?
«de los cuerpos tomamos d e . las prí-.
7?meras semillas de la tierra* Nada,
« pues , predicamos con utilidad para
«la salud espiritual * qué no lq haya
«producido, ó contenga en sí la Sa-'
«grada Escritura , fecundada divina-
«mente por el Espíritu Santo*
Pero que tíos Cansamos en pro­
bar una verdad tan manifiesta , é ¡ne­
gable. En un tomo bien' abultado no
cabrían los testimonios de la misma
Escritura , de los Concilios , de los
Santos Padres , y Escritores Eclesiás­
ticos que la confirman. Mas no po^
demos pasar en silencio , que los
Apóstoles , y los primeros discípulos
nos dieron él exemplo. Ellos no pre­
dicaban otra cosa * que lo que cons­
taba de los libros de Moysés , y los
Profetas ; lo que habían oído á J. C.
6 lo que el Espíritu Santo les di¿la^
ba. Veanse los discursos de San Pedro*
SERM. ©EL P. ELISEO. 139
los de: Pablo , el de San Esteban , y
todas las Epístolas Canónicas , : que
son los primeros Sermones que tene­
mos , y no se hallará otra cosa, que
el enlace de las Sagradas Escrituras:
un testimonio llama á otro , y todos
se apoyan * y sostienen mutuamente.
No se niega el lugar á la razón; pe­
ro es para mostrar inmediatamente
su conformidad con la divina palabra,
Repruebanse los abusos del mundo;
pero es con la Sagrada Escritura, 6
con una razón i que se funda en ella*
Ni basta, como lo pra&ica Eliséo,
enlazar en el raciocinio alguna auto­
ridad divina, haciendo una liga , en
que pierde .el oro su valor, y su bri­
llo por la confusion con el cobre: es
menester, que sobresalga , y se co­
nozca * que viene á dar á la filoso­
fía , 6 al raciocinio el mérito , y es^
timacion que no tenía. Por consiguien^
te falta al mpetQ de esta palabra : lo
14 ° BXAM1N DE LOS
lo primero , el qué la mezcla de tal
suerte con las suyas, que no se dis­
tingue el modo de hablar de Dios , y
el del hombre. ¿Puede haber mayor
delirio , que querer confundir el len-
guage de Dios con el nuestro ? ¡Qué;
loco es el Predicador, que se persua­
d e, á que mejora el estilo de Dios;»
quando le acomoda al suyo ! Las pa­
labras de las Sagradas Escrituras de-
be producirías lo mas ligado, y coíh
forme , que sea posible ; con su letra *
sin desviarse mas de aquello que con­
venga , para que mejor se entiénda
su sentido.
Lo segundo , falta á esta obliga­
ción el Predicador que aunque tal
vez inserta algún pasage de la Escri­
tura , lo dice de modo* que sus oyen^
tes ignoran , ó dudan v si es senten­
cia de algún filósofo , dotfirina de San­
to P a d r e ó palabra de Dios, Los
sagrados libros es Un Uenos de»..* dice
SERM» DEL P. ELISEO. 141
Dios .... manda D ios„„ dixo el ¡Señor.....
mandó el Señor* El Evangelio, los he­
chos de los Apóstoles, y sus Epístolas
resuenan á cada paso... dice J • C<« man*
da y . C... nos enseña el Espíritu Santo,
y otras semejantes. La palabra de Dios,
que es la que predicamos, ha de distin­
guirse de la nuestra por el sonido de
sus voces , y . frases , como el diaman­
te en la j o y a ; y es muy útil repetir
continuamente á los que la oyen el
nombre de su soberano autor : por­
que él solo llama la atención , concia
lía el respeto, y hace una impresión
saludable , para recibir con sumisión,
y reverencia lo que se dice. Los Pro-*
fetas , y los Apóstoles , nuestros pre­
decesores , nos dexaron este exemplo,
y lo praéticaban as/, sin recelo , de
que su repetición causase fastidio á
los oyentes , dando con esa misma
invocación la gloria , que debían , y
debemos al nombre de Dios.
14* ' EXAMEN DíTXOS
t Lo tercero , pecan gravísímamente
los Predicadores , que , aún quando
üsan en sus Sermones de las Sagradas
Escrituras, y dán algunas palabras de
ellas , lo hacen con tanta conqision,
ó tan de paso , que no se detienen en
sus divinas sentencias, sus preceptos,
sus máximas , sus consejos, sus pro­
mesas , y sus amenazas, para darlas
todo aquel ayre severo , nervio , y
magestad , con que se explica el mis­
mo Dios. Muchos , y entre ellos
nuestro Eliséo embotan la espada de
la palabra del Espíritu Santo , que
corta , y penetrólas entrañas : (i) 6
mejor diré * la manejan embaynada
en su estilo carnal, acomodado á la
falsa delicadeza de sus oyentes, co^
mo temiendo aterrarlos , y exásperar-
lo s, si la desnudan : no tienen el va­
lor apostólico de echar mano de ella*

(i) tf. 1 7 .
SERM. DEL P. ELISEO» I4 g

para cortar el nudo, de las pasiones*


y se entretienen inútilmente en bus-*
car las vueltas * y revueltas, con que
tienen ligado el corazon. Son los Tat
berneros de Isaías , ( i ) de los quales,
dice San Gerónimo , que corrompen
el vino de las Santas Escrituras , con
cuya autoridad habían de corregir á
sus oyentes , mezclándole la agua de
su estilo halagüeño, que en vez de
corregir deleyta* Daré sus palabras*
porque no se dude de la fidelidad de
la traducción ; otnnis D qcíqt qui au$«
teritatem S cripturarum, per quam po~
test mdientes wrripere 7 vertit ad gra-
tirnn , & i tú loquitur , ut non corrU
g a t , sed deU'ñet audientes , vinum Sa^
crarum Scripturarum vi olüt , atqm cor*
fumpit sensu suq+(2)
Del mismo modo moteja el Apófc,

(1) Isai* i* (a) Hyer* U í.


la . í/í I s a l ;
144 EXAMEN DELOS
tol á semejantes Predicadores, y di­
ce , que brindan la palabra de Dios
viciada , á guisa de taberneros 7 cau~
ponantés verbum D e i , según los seten­
ta : que traduce nuestra vulgata, lla­
mándoles adúlteros, adulterantes ver-
bum Dei. (i) Aquí observa; el Chrisós-
tom o, que con este ingenioso apodo
no solo satiriza graciosamente el Após­
tol á los que se sirven de la divina
palabra para sus intereses pecunia­
rios ; sino que avergüenza á los que
la mezclan con la suya, y no la alar­
gan á sus oyentes con la sinceridad
que deben, y asegura. Pablo, que lo
hacía é l , dandola en la propia con­
formidad . que la había rédbido de
D ios, skut ex Deo , y como que la
daba delante de su Magestad coram
Deox(ú) desque se infiere la razón,

a- Cíf/*. {aj) Cris* Hom* $


i* ip. ¿íi Eg* a* ad Cor*
SERM. E>EX. P. ELISEO. 145
porque el insigne Maestro de las gen­
tes , y modelo de los Oradores chris-
tianos , predicaba la palabra de Dios
sin arropajos humanos , como lo di­
ce repetidas veces en sus cartas; esto
es , porque su ánimo era no enervar­
la con los adornos de la eloqüencia;
no ocultarla con las sombras del ar­
tificio , sino darla clara ex sinceritate,
con la misma pureza , y fuerza que
la había recibido de Dios , sicut ex
Dea. Todavía añade, que hablaba en
Christo in Christo loguimur, Con efec­
to nada suena mas en sus cartas , ó
Sermones escritos , que este dulcísi­
mo nombre de jfesu Christo. Quando
predicaba , ó hablaba de viva voz*
exhortando á los J udios ,, ó á los Grie­
gos , nos advierte San Lucas 7 que ha­
cía fceqüente mención del mismo nom­
bre interponens nomm D m ini Jesu* (i)

jl'cí* i 8. 4.
IL K
>46 EXAMEN DE LOS

¿Pues cómo no había de postrarles al


pie de la Cruz , persuadehatque Ju -
dm s , & Gr&cis : si usaba de la es­
pada de la palabra de Dios desem-
baynada , y en el nombre de Jesús*
Este nombre solo , decía el mismo
Pablo , que iiace doblar la rodilla á
los Angeles, á los hombres , y á los
propios demonios, (i) A la eficacia de
ese nombre , predicado, atribuye San
Bernardo la extensión pronta , y ad­
mirable del Evangelio en todo el or­
be : y añade , que su memoria sola
conforta: que es el nutrimento mas
especial para e l . alma : que es el re­
paro de nuestros sentidos cansados;
el aliento de nuestras virtudes * y el
mejor fomento de las buenas .costum­
bres , que engendra castos afeétos. (a)
El que ni predica , como el Pa-

(i) P M U üt io, i j . in CanU


(a ) ifrjvt, Srrm,
SERM, DEL P. ELISEO. Ij.?
dre Eliséo , la divina palabra con
aquella energía , que tiene en su ori­
ginal de las Santas Escrituras: ni con
aquella gravedad , que se observa en
sus sentencias : ni con aquel peso., que
dá la autoridad del Espíritu divino
citándole: ni interpolando el nombre
de J. C . , bien;podrá divertir , y lo­
grar aplauso entre los que, ni saben
lo que es Sermón, ni qual es el fin
altísimo de la predicación. De estos
Eliséos hablaba el sabio , y piadoso
P. Rapin , á los quales llama Predi­
cadores á la moda (y yo diría petime-
tres del Púlpito ) refiriendo el suceso
de un Sermón , á qué asistió* En él
d ic e q u e se encendió en cólera al oír,
»durante el discurso, el susurro de las,
«Señoras, que le aplaudían entre sí,
sí repitiendo,*.» ¡Qué cosa tan lindaL.**
«¡Qué graciosamente predicaU**,y ex-
1?clama Rapin \ infelices Predicadores
wá la moda! Ni el Evangelio , ni
K 2
148 EXAMEN DE LOS
« los Apóstoles tienen parte en sus Ser-
amones. ¡ Qué indecencia es predicar
«la triste severidad de nuestra Reli-
«gion , el abatimiento del christianís-
« mo, y el oprobio de la Cruz, con un
«estilo brillante, y con palabras fío-
«ridas I Entretienense estos Predica-
adores en ser agradables para unas
>?gentes, que debían aterrar , y estre­
ñí mecer. Hasta aquí el P. Rapin. ”
¿ Por qué encargarían tanto los
Concilios , que el Obispo , el Predi­
cador , y todo Eclesiástico , leyese,
supiese , y meditase con freqüencia
las Sagradas Escrituras ? ¿ Para qué ?
sino para que pudiesen, según se ex­
plican las mismas Sínodos, como ver*
sados en ellas , enseñar al pueblo la
palabra de Dios. Así lo dice la Sépti­
c a Sínodo general- (1) Lo mismo or-

<0 Sin* %* in c. omnts gsalenteSQ


Cnnr a* reL ¿1 Grac.^„ dift* 38*
SERM. DEL P. ELTSÉO. 149
dena nuestro IV. Concilio de Toledo
en el Canon 24. : y así éstos, como
otros muchos que dexo de citar , apo­
yan sus reglamentos en las mismas
Escrituras , do ¿trinas de San Pablo, y
sobre todo en el precepto de J. C. á
los Apóstoles , predicad el Evangelio,
predícate Evangeltum* No dice J. C,
predicad vuestros discursos , y pen­
samientos ; sino lo que me habéis oí­
do, ó me habéis visto practicar : de
tnodo que vuestra predicación sea un
testimonio , y vosotros seáis unos tes­
tigos de m i doétrina T y de mis obras
et eritis mihi testes* (r) Y como al tes­
tigo no le es permitido filosofar á su-
fantasía , ó discurrir por su capricho
sobre el dicho , ó hecho de que tes­
tifica ; sino que debe exponerlo con
claridad y sencillez : así el Predica­
dor ha de emplearse esencialmente,
I EXAMEN DE LOS

en declarar el Evangelio, y todas las


Santas Escrituras , que son la pala­
bra de Dios ; sus m a r a v illa s y ac­
ciones de J. C. y los dichos , y he­
chos , por donde se ha de dar á co­
nocer , quién es D ios; qué ha dicho;
y qué do&rina enseñó. Este es vuel­
vo á decir nuestro oficio: y por
eso quando San Pedro, como cabeza
del Colegio Apostólico, trató, despues
de la Ascensión del Señor, de que se
nombrase un succesor á la silla , que
había perdido Judas por su prevari­
cación , no dixo, que se buscase el
mas eloqiiente , ni el que mejor dis^
curriese , sino que se escogiese entre
aquellos, que .habían vivido siempre
en su Congregación desde el Bautis­
mo de San Juan, hasta el dia en que
J. C. había subido á los Cielos , uno
que pudiese . ser junto con ellos tes-
tigo. (i)

(i) i , ai» ao#


SERM. DEL P. ElíSEO. I g I
Muchos son los defectos reprehen­
sibles en la predicación del P. Eliséo,
como se irá manifestando ; pero este
es el mas capital, y tanto ; que , ha­
blando sin rebozo delante de Dios*
ni puede dársele el nombre de Predi­
cador 5 ni llamarse Sermones los que'
se nos han vendido* Porque un Ser­
món no ha de ser otra cosa , que la
declaración del Evangelio, y las Sa­
gradas Escrituras , y una exposición
clara, nerviosa, é instructiva de los
Misterios , de los Sacramentos, de los
Preceptos , y de los medios , para
conservar , ó adquirir Ja justicia , y
perfección espiritual , á que se diri-
jen : por consiguiente sus palabras, sus
cláusulas , sus sentencias , sus avisos,
y sus exemplos han de ser los sólidos,
de que se componga el cuerpo de
una Oración evangélica , ó Sermón;
sobre los quales trabajará el Predica^
dor en la compaginación, y el vestua-*
I52 EXAMEN DE LOS
rio de músculos, nervios, y carne * con
los Concilios , los Padres, las anti­
güedades de la Iglesia , y sus decisio­
nes : el Espíritu Santo , Espíritu que
didtó las Escrituras , y ha de citarse
freqüentemente como autor , debe ser
el espíritu, que aníme , y dé movi­
miento á ese cuerpo ; pero el P. Eli­
séo apenas se sirve de las palabras de
Dios en los suyos, como de unos lu­
nares sobrepuestos , de cuyo auxilio
puede sin dificultad pasarse. Si trae
algunos testimonios , son cortísimos,
y para reducirlos mas , cercena las
palabras del contexto i se desdeña de
nombrar el Autor, ó de insinuar si­
quiera el libro: (*) de suerte, que los

(# ) Jtufpité- Escritura, y de tos,


d¿¿irse , fin exá- FaJres , como puede
geracion^ueef. Padpe w r/s el qtte quiera
J£ti$éo ábttsú en todos exámínat* los pocos
Sus S&ttn(>nés de id textos aputit&%
SERM# DEL P. ELISEO. I g3
tales sermones nada son menos., que
palabra de Dios , Excedió con mu­
cho en esto á su original Massillon,
demasiadamente reprehensible por el
mismo defeéto. Si alguna, yez trae á
secas , y descarnado algún textecillp,
es quando chupa del Ilustrísimo Fle-
chier , y algunos otros Franceses, que
guardaron mas regularidad, que Mas-

cón todo p a ra mayo? a8$* litu 14* Non


justificación nuestra crit : f b g * 342. Un»
insertarémos aquí un 15. Exagerat & c . & c ,
"br&va Índice* Textos O tr o s . son futra. de

■fin JÍutór , Túttt. I I . p ro p o sito j y como pé~

2?* 80. injin t. D u l c e s gadizasi tules son en-

c.íis &c* pa g . i i i „ lift. tre. ifirmerabies Tom.


4. O muero* ,p . jija* I I * p a g , sóo. iq . ■
Quando&c* IZstt es JFluftus : p ag* 258.
de -Tostií cap. 4. V. ó. ü n . 18. Vtínícnt: pag*
y le cercena el gras, 288. Un. 9. I fo li ti-
pag. 113, Un, y. .Me’ mere ; pag. fli4*7¿íí¿
ritQi I'bilin. q<i, pres- i3 . Q uo ego Síc. & c.
picc. p a g . in , ün* E s to es soto un poco
itj. T a n q u a m ; pag* del tomo segundo.
Ig4 examen be tos
sillón , y conocieron , que no habla-f
ban en la Academia de las Ciencias,
y bellas letras ; sino en la Cátedra
del Espíritu Santo , para declarar su
doctrina. Los que hablan en ella , co-*
mo Eliséo , tengo por seguro , que
no conocen la substancia de su ge-
rarquía , que consiste , según la VIL
Sínodo general citada , en la ciencia
de las divinas Escrituras , y de la tra­
dición. No consultan para predicar los
Libros Santos , sino los Sermonarios
mas aplaudidos, y aún los Escritores
profanos, y corrompidos , que sobre­
salen en las pinturas de las pasiones,,
de las costumbres y del mundo- Por
eso se les ve brillar , quando hablan
en estos puntos , y arrastrarse, quan­
do tratan de los preceptos , de las.
virtudes, de los Sacramentos, de los
premios, y de los castigos eternos.
Contra el P. Eliséo se funda mas es­
ta presunción , no solo por la textura
SERM. DEL P. ELISEO* I gg
de sus Sermones■ ; sino también por
lo que dice su Provincial, pariente,
y amigo , de haberle notado ^ que su
mayor afición era á las letras humanas.

§ II-
DEFECTO DE T R A D IC IO N
Apostólica .

, que tenga una :mediana


instrucción en la ciencia de la Reli­
gión, ignora,, que sé contiene no so­
lo en las divinas letras; sino tambief*
en la tradición de los Apóstoles. E l
Soberano Maestro, que en el cursó de
su Misión les1declaraba separadamen­
te con mas extensión la doftrina, queí
predicaba: (i) que les decia , que so­
lo á ellos era concedido conocer los
misterios , que no penetraban los de­
más en sus parábolas; (2) con todo

( í) Mate, 4. 34. (a) Ib, 11.


I S6 EXAMEN DE LOS
éso les asegura , que tenia muchas
mas cosas qué enseñarles,'(i) Cen efec­
to, despues de su resurrección les ilus­
tró en la inteligencia de las Escrita^
ras : (2) y aún les declara, que están
incapaces de salir á predicar por el
mundo , y que suspendan el exercicio
de su ministerio, hasta que hayan re­
cibido el Espíritu Santo , que les ins­
truiría en todas las verdades. (3) Por­
que ninguna -verdad , que fuese con­
cerniente á la declaración de su Evan­
gelio , y útil para la sabiduría ver­
dadera de un christiano * había de
ocultarse á los que dexaba en el mun­
do, para publicar su do&rina , y -re­
ducir toda la tierra al yugo del Evan­
gelio. La Iglesia , á la qual prometió
J. C. su asistencia , y la de su Espí­
ritu , (4) ha mirado desde su cuna los

( i) Joan* 16. 1 a. 49. ASI, 1.4#


(a ) Xíí¿. 54, 45. (4) fflatfa aS* io*
SERM. DEL P. ELISEO* I g JT
escritos genuinos de los Apóstoles por
esta razón, como unas columnas de
igual firmeza, que los libros de los
Profetas, y el Evangelio , para sos­
tener los dogmas de la creencia , y
de la pureza en las costumbres.
Pero como los propios Apóstoles
manifiestan repetidas veces en sus es­
critos , que además de lo que allí de­
cían , reservaban otras cosas, y esas
importantísimas , las quales no juzga­
ban entonces conveniente manifestar
al cuerpo de los fieles > para revelar­
las en particular á los Obispos , á
quienes confiaban con la administra*
cion de las Iglesias , que iban fundan*
do , el preciosísimo depósito de lo
que se les había inspirado t y les en­
cargaban al tiempo .de la tradición,,
ó entrega, que observasen igual con­
duéla con sus succesores - de aquí esf
que la Iglesia , no solo ha creído co­
mo documentos divinos quanto dexa-
I58 EXAMEN DE LOS
ron escrito en sus cartas reconocidas
por legítimas, y que por eso llama­
mos Canónicas ; sino también lo que
constante , y uniformemente predica­
ron , y enseñaron sus inmediatos suc-
cesores. De unos , y otros testimonios
se ha servido succesivamente en sus
Juntas, Sínodos, ó Concilios , tanto
para ir declarando , conforme á la
necesidad de los tiempos , la antigüe­
dad de su creencia en los artículos
de fee , que se han controvertido; co­
mo para establecer las reglas invaria­
bles de una conduóta pura , y chris-
tíana; y de esta forma se concluye, que
fuera de lo escrito hay una autoridad
divina en lo que ha observado desde
su oriente, por la tradición de los
Apóstoles,
Porque, como dice altamente Ter­
tuliano*..* " ¿ Quién será tanj loco, qué
«se atreva á presumir, que 1o í Após­
to le s , que dexaba el Señor para
SERM. DEL P. ELISEO. I g 9
«maestros, que no se apartaban de
«su lado oyendo su do ¿trina , y su
« conversación : á quienes separada-
« mente descubría las cosas ocultas; á
«quienes aseguraba , quex tenían el
«don de penetrar los secretos , que
«no podía alcanzar el pueblo , igno-
«rasen cosa alguna? ¿Quién dirá, qué
«los Apóstoles callaron , ó'disimula-
«ron algo de lo que aprendían de
«Christo ? El mismo les mandaba,
«que publicasen lo que habían oído
«en secreto; y les había prevenido
«con un simil , que ni una sola de
«suspalabras dexasen sin fruto, ocul-
«tándola. El les enseñaba que la luz
«no había de ocultarse , sino ponerse
«en el candelero , para que alumbra-
«se á quantos hubiera en la casa. Si
«los Apóstoles no lo hubiesen prafti-
« do , así 7 escondiendo la luz , esto
«es, la palabra de Dios, y el Sacra-
«mentó de Christo, sería por negli-
l6 o EXAMEN DE LOS
«gencia , ó por falta de inteligencia:
«quando ellos, ni temían la furia de
«los Judíos , ni la de los Paganos: y
«los que no callaban en las Synago-
« gas, ni en los lugares públicos , pre­
dicab an también con libertad en la
«Iglesia : Tampoco hubieran podido
«convertir á los Judíos , ni atraer á
«los Gentiles , sino era exponiendo-
«les con claridad lo que habían de
«creer.” (i) Igual argumento forma
San Ireneo contra los hereges, ó no­
vadores de la doctrina. tfLa tradición,
«dice , de los Apóstoles se ha mani-
«festado en todo el mundo , y pue-
«den conocerla en toda la Iglesia, los
«que quieran oír , y saber la ver-
«dadf Nosotros tenemos el consuelo
«de poder contar los Obispos, que
«ha habido en las Iglesias hasta mies-
«tros dias, succesores de los que fue-

(c ) T crt. de. J*rsfcpigtÍQ7tiktt$i,


SERM* DEL P. ELISEO, I5I
wron puestos por los Apóstoles, los
wquales no han enseñado tal cosa*
«ni supieron lo que ahora deliran es^
«tos novadores. Porque si los Apósto*
files hubiesen sabido misterios escon­
d id o s , para enseñarlos con separa­
c i ó n de. los otros á los que eran mas
??perfe&os, á ninguno se los hubieran.
« confiado mas bien , que aquellos , á
n quienes confiaban las Iglesias; pues
«para un encargo.semejante buscaban
»á los mas perfedos * é írreprehensi-
?sbles, que ocupasen el lugar de su
77magisterio.” (i)
A esta do&rina constante , y uní'
forme , yá sobre dogmas de fee , yá
sobre puntos de costumbres que se en­
cuentra en los Padres, especialmente
en los que florecieron hasta el Conci­
lio de Nicéa, y los que escribieron
en los tres siglos siguientes para defen-

(i) Ireii . lib* 3» cap* 3*

JL h
XÓ 2 EXAMEN DE IO S

der la Iglesia en sus mas peligrosas


tempestades ; damos el nombre de
Tradición , que se ha mirado siempre*
y mandado guardar como las joyas
mas preciosas de aquel depósito , que
encargaron los Apóstoles al zelo, é in­
tegridad de sus succesores, y éstos á
los que les siguieron, y de mano en
mano ha llegado hasta nosotros con
toda su pureza , y cabalidad. De los
libros, que escribieron estos Varones
Apostólicos , y de los Concilios , en
que se juntaban , sacamos la sincéra
inteligencia de lo que se halla en di­
vinos volúmenes; la uniformidad de
su doéirina nos sirve de regla seguré
sima diéiada por el Espíritu Santo á
sus Apóstoles , para fundar los dog­
mas , que creemos , aunque no estén
expuestos literalmente en aquellos vo­
lúmenes , y para dirigir los fieles á la
perfección evangélica. Por tanto aque­
llos primeros Padres ? y sus Concilios
SERM. DEL P. ELISEO. I 6j

son el apoyo de los posteriores, y


debemos estudiarles , como un suple­
mento divino de ambos testamentos..
Así nos lo encargan encarecidamente
ellos mismos, y mandan que no solo
los Obispos , y Predicadores , sino
todos los Sacerdotes en general hayan
de saber los Concilios, y Cánones de,
la Iglesia*
El P. Eliséo de nada de esto se
cuida : tal vez como por adorno nom­
bra á San Agustin , á San Ambrosio,
ó á otro , y hace con sus testimonios
lo mismo que con los de las Sagradas
Escrituras. Conténtase con nombrar­
les , y decir tres , 6 quatro palabras,
cortadas , sin seguir el h ilo , ni ma­
nifestar la energía de sus sentencias,
de sus consejos , de sus exórtaciones,
ó de sus fundamentos : como que no
lia menester aquellos auxilios , y les
hace mucha honra con traer su nom­
bre , sín gastar su tiempo , que xnece-
I 64 EXAMEN rm t o s
sita para truenos reconcentrados , apa*
teosts , cenizas mezcladas con cenizas^
pátria , amor del bien' público, humani­
dad dulce & c. ¿Y diremos que esto es
predicar ? Quando un Sermón se com­
pusiese todo , como debe , sobre la
doftrina contenida en los libros san­
tos , ilustrada con los Santos Padres,
y Concilios; entonces: tendría todo su
peso , haría impresión: porque daría
á conocer á los oyentes , que aquello
no lo sacaba el Predicador , como de­
cimos vulgarmente, de su cabeza 5 si­
tio que eran las palabras del mismo
Dios explicadas por aquellos hombres,,
que venera el christianísmo por excm-
plares de Santidad, ilustrados por el
Espíritu Santo para ensenarnos* Por
el contrario ¿qué juicio podremos, for­
mar de la utilidad , y de la eficacia
de los del P. Eliséo , que carecen de
todo esto ? ¿y en los quales si se ha­
llan por casualidad algunas palabras
SERM. DEL P. ELISEO. I 6g
de la Escritura , ó de los Padres, es
menester adivinar , quien las dixo ? Si
el P. Eliséo , quando predicaba * ha­
cía en su auditorio alguna mocion per­
manente , (que lo dudo mucho) sería
la obra milagrosa de D ips, que sabe
servirse de todo para la salud de sus
escogidos , (i) y sacar moneda acu­
ñada de las entrañas de un pez. (2)
No quiero decir por eso * que se
haga un Sermón bilingües , con una mi­
tad , ó tercia parte de latín , que so­
bre inútil sería muy fastidioso : lo que
pretendo es i que el Predicador , cu-
yo ministerio -consiste en enseñar * y
declarar al pueblo la palabra de Dios,
haga saber á sus oyentes lo que Dios
ha dicho por boca de sus Profetas*
por su mismo Hijo , ó por sus Após­
toles , citándoles 5 ó cpmo han expli­
cado su divina palabra los PolicarfJbs,

(1) R07111 S. aS. (a) M a ttfu i 2* 2 &m


l 66 EXAMEN DE LOS

Ireneos Athanasios , Basilios , Gre­


gorios , Gerónimos, Chrisostomos, Au-
gustinos , &c. para que ,1a gravedad
de aquella , con la santidad , y litera­
tura de estos , rinda el entendimiento,
y mueva el corazon. Despues de esto
entra la ciencia , y talento de cada
uno , para aclarar con la reflexión,
aplicar según el caraéter de su audi­
torio i corregirle , y exórtarle coni
una eloqüencia varonil, con un idio­
ma claro, y christiano ; y la virtud
de la palabra de Dios, la autoridad,
y exemplo de los Santos , habrán
abierto yá la brecha por donde entre
á persuadir su intento : con la satis­
facción , de que si no agradáre á los
rebeldes, y rechinaren los dientes, co­
mo los Judios en - la predicación de
San Esteban , (i) pasará con suavidad,
y con dulzura por el corazon de los

(i) 7. 54,
$ERM. DEL P* ELISEO. 1 6?

timoratos, y de los escogidos su espa*


da , como que vá ungida con el bal’
samo del Espíritu Santo , que es la
verdadera, y única unción de los Pre­
dicadores.
Quizá por falta de estos auxilios,
ó principios primitivos , son tan raras
las conversiones, y aún se multipli­
can infelizmente las apostasías , don-
abundan los Oradores del caraéier
ponderado del P. Eliséo. Cuentasenos
de ellos , que llevaban tras sí un con­
curso numeroso : que en ciertos pasa-
ges de sus oraciones se levantaba ca­
si todo el auditorio por un movimien­
to involuntario , y otras cosas seme-
jantes ; pero no se nos refiere T que
los oyentes interrumpiesen , llenos de
compunción , la palabra del Predica­
dor* preguntándole como á San Pe-
dro ¿ qué era lo que debían pra&iear
para su salvación ? (i) ni qué despues

L 4
l 68 EXAMEN DE tOS
de oírles, fuesen seguidos , .nó digo
de cinco m il, pero ni aún de cinco:
(i) ni que siendo tantos los impíos , é
incrédulos , se conjurasen contra ellos,
como le sucedió á San Pablo* (2) Los
propios incrédulos corren á oír los
Oradores de esta clase por pa$atien>
po, seguros de que su predicación no
será capáz de moverles, y aún les ala­
ban , y buscan , como' á un famoso
peluquero de la moda , para apren­
der á peynar su estilo.

§. i i l

D EFECTO D E A N T IG Ü E D A D E S
Eclesiásticas*

D e l poco manejo de los Concilios,


de los Santos Padres , y de los Auto-
-res Eclesiásticos , leftura esencialísi-
ma para aclarar la palabra de Dios,

(l) Ack. 4. 4* (a ) A& . 14, i a 4


SERM* DHL P. ELISEO I 69
viene en los Sermones del P* Eliséo
otro defe&o , no menos reprehensible,
y es el vacío de aquellas noticias an­
tiguas tan útiles á la mocion , y edi­
ficación , como eficaces para la refor­
ma , ya de inumerables abusos arrai­
gados : yá de diferentes prá&icas per­
judiciales, que no sin muchas lágri­
mas tolera la Iglesia, suspirando por
extirparlas , y vér á sus hijos reduci­
dos al fervor primitivo de los anti­
guos christianos, como se explicó mas
de una vez en Tiento, (i) El tiempo
que gastan los Predicadores del ca-
raéter de Eliséo en pintar la deprava­
ción atftual de las costumbres , que
saben , mas de lo que era menester,
los que pueden entender sus quadrosi
se emplearía con mayor frifto en po­
nerles á la vista la imagen de los pri­
meros fieles T para que viesen-en ella,

( 0 T/ l, Stff. X X íL c. VI. dsSacr, Mis*-


IJTO EXAMEN DE tOS
como en un espejo clarísimo , la per­
fección de todas las virtudes, á que
ellos aspiraban en siglos, países , es­
tados , y Cortes, tanto , ó mas cor­
rompidas que las de nuestros dias: y
á que debe aspirar todo christiano,
que pretenda salvar su alma. Estos be­
llísimos retratos de hombres, y mu-
geres acabados de salir de la cegue­
dad de la idolatría , de los vicios , y
torpezas del gentilismo: cercados por
todas partes de sus abominaciones:
acometidos, no digo del mal exemplo,
j de sus propias pasiones; sino de la
m ofa, y del escarnio por un lado Ty
por otro de los honores, y de los pre­
mios ofrecidos con prodigalidad, á su
apostasía , avergüenzan á los fieles de
qualquier sexo, y caraéter ; destru­
yen sus falsos pretextos ■manifiestan
por su oposicion la impureza , y la
corrupción del modo a&ual de vivir,
y de pensar V y convencen T que te-
SERM. DEL P. ELISEO. lft
meado los de ahora iguales auxilios á
los que tuvieron ellos , pueden seguir­
les en la práétíca de la severidad, evan­
gélica , si de veras quieren salvarse.
Estos son los quadros, que repre­
sentan con viveza , y atra&ivo la
magestad, y la santidad de la Reli­
gión Christiana, y esos los que fun­
dan' su justicia , para reprender la in­
dolencia , ó la ilusión de sus malos
hijos* Quando quiere animarles al des­
pego , ó al desasimiento de los bienes
del mundo , les propone primero la
doétrina de J. C. y para exórtar á sti
prádica ^ nada puede darla mas fuerza
contra los sofismas de la codicia 7 y
las interpretaciones del amor propio*
que el exemplo de aquellos hombres,
que ponían á los pies de los Apósto­
les todos sus bienes : ó que usaban
de ellos como comunes con sus pró­
ximos , y no contaban por bien gas­
tado , sino lo que empleaban en la
I ¡7 2 SERM. DEL P. ELISEO.

viuda , en el huérfano , en el peregri­


no , en el encarcelado, y en fin en
todo menesteroso. Quando se empeña
en enlazarlos con la caridad recípro­
ca , uniendo santamente sus corazones
para llorar, ó alegrarse con las penas?
ó los bienes, ¿ qué argumento hallará
mas convincente , que el de sus pri­
meros hijos , que componían entre sí
un cuerpo, animado de sola un alma,
y sin mas de un corazon ? (i) Quan­
do trate de la obligación indispensa­
ble de saber, y meditar la ley santa,
y ocupar en su lección el tiempo, que
con tatito daño , y quando menos, sin
provecho , se emplea en otras cosas,
nada puede ser mas aproposíto , que
la seria aplicación de sus primitivos
hijos, no solo .en el siglo de los Após­
toles , de que testifica la Escritura1.
(2) sino en los siguientes , conforme

(1) 'J&. 4, 33. (a) A£t. 17. 11.


SERwr. DEL P. ELISEO* I?3
nos manifiestan las freqüentes ex­
hortaciones de los Santos Padres sobre
este particular. Las vidas exemplares
así de los Anacoretas , ó Monges, co­
mo de los otros Santos , que vivieron
en Ciudades , no tienen mas diferen­
cia en quanto á la oración , medita­
ción, y aplicación á la leétura sagra­
da , ó espiritual , que el entregarse
mas , ó menos, según lo pedían sus.
diferentes estados ; pero todos los fie­
les , sin excluir el otro sex6, no dc-
xaban pasar día síri: estos santísimos
exercidósj indispensables absolutamen­
te para sostener, y fomentar la pie—=
dad, los quales se miran yá entre no­
sotros como una de las mas duras pe^
nitencias, que pueden imponerse á un-
reo de gravísimos pecados : porque
exhortando los Predicadores contmua-
mente á ejercicios voeales , y sin es­
píritu, ó á praélicar de una importan,
cía infinitamente menor , apenas sue-
t EXAMEN DE XGST >

len oír una vez al año la soberana uti­


lidad , y la necesidad indispensable de
ocuparse en la lección , y meditación
de la ley santa , que profesan , para
arreglar por ella sus pasos , según el
exemplo, y la sentencia del Santo
R e y , y Profeta, ( i) Para acabar con
los desórdenes del luxo , de las mo­
das escandalosas , 6 ruinosas, ¿qué co­
sa puede dar mas calor, ni persuadir
eon mas energía , que la conduéla dé
aquellos nobles , y ricos gentiles, de
aquellas ilustres damas, ó bien veni­
das del paganismo , ó bien nacidas en
el seno de la Iglesia , que lcxos de
creerse autorizadas por s u d a s e , ó
su caudal, no digo para el exceso es­
candaloso , sino para ,los trenes de va­
nidad, miraban con horror , y como
una cosa incompatible con el chris-
nanismo, quanto excedía de una de~

(i) íi S» l o y .
SERM. DEL P. ELISEO | {T g

cencía racional , y quitaba , ó acorta’


ba los medios de socorrer al necesi­
tado?
En fin, .para dirigir la liturgia y
asistencia al adorable sacrificio del
Cordero , que es la demostración sen­
sible , y mas soberana del culto de
de los católicos (despues de su Comu­
nión Sacramental ) de suerte , que lo­
gren el inestimable fruto , que produ­
ce en el alma ; es menester limpiar
los conduétos , por donde corre esa
purísima fuente , ó , mejor diría, abrir­
los. ¡Tan cerrados están con los erro­
res vulgares , las falsas opiniones de
los Probabilistas, y el poco,; 6 nin­
gún zelo de. los Predicadores ! En la
época de la Sínodo General de Tren­
to se quejaba amargamente la . Iglesia
sobre la falta de piedad en sus hijos*
originada del defecto de instrucción
sobre un objeto de tanta importancia,
y procuró * con el esmero, que dic-
y7 6 EXAMEN DE tos
ta á una madre su ternura , el reme­
dio á tanto m a l, encargándolo entra*
ñablemente y con el debido encare­
cimiento á los Prelados , Párrocos , y
Predicadores, (i) Y despues déla doc­
trina ¿adonde puede recurrirse mejor
que al exemplo de humildad , com­
postura , y devocion cordial de los
primeros christianos, que no conten­
tos con asistir á los Misterios (este
era el nombre mas usado de la Misa)
con el afedo , y reverencia, que guar­
daban los Ancianos del Apocalipsis en
presencia del Cordero (como que es­
taban delante de él , vivo , glorioso1
y derramando su beneficencia) se dis­
ponían antes , mejor que los Hebreos
para comerle en figura: porque iban
á comerle en realidad ? Este es el me­
dio ú til, eficáz , y necesario , si que­
remos curar el mal, que impide la par­
ticipación del fruto abundante de la

(i) Set. ia* 8. de Sac . Mis.


SERM. BEL P. ELISEO.
Cruz , y cortar el escándalo , mayor
en nuestros tristes dias, que en los de.
la Sínodo de Trento. Yá no es tibieza
la de los fieles , es un desprecio, y
una injuria atrocísima al Cordero de
Dios. Puede sin exágeracion decirse*
que la mayor parte de los christianos,
que concurren á Misa en los dias de
precepto, quedaría menos recargada
por no asistir , ó vér ¡a M is a , como
se explican vulgarmente.Tal vez pare­
cerá dura esta proposicion, al que no
haya pesado en la balanza del Santua­
rio la confusíon de Babilonia , que in­
troducen en nuestros templos los fie­
les ignorantes de ambos sexos, ya con
la indecencia, ya con el tro p el, ya
con las riñas, ya con las injurias*
ya ¡muchas veces con los golpes, sin
sacar despues de esto otro fruto , que
el de haber estado en la Iglesia sacri­
legamente , y haber quitado el espiré
tu á ios verdaderos adoradores. No es
IL M
I ¡?8 EXAMEN DE LOS
raro ¡qué abominación! hacer de la sa­
grada concurrencia la atalaya de la
galantería. Los trages, y la postura de­
claran sin equivocación , que si acaso
creen, (por unafee habitual ; pero no
a& ual) que se consagra allí el cuerpo,
y sangre de J. C ., y se ofrece al Padre
Eterno por nuestro bien, ignoran lo
que es el Sacrificio , la divinidad del
sacrificador , y la magestad del que se
quiere aplacar : y en vez de apaci­
guarle , se le irrita con el ultraje.
La historia pues del christianísmo
en su pureza primitiva , y las imágenes
de los hombres, y mugeres que le abra­
zaron , y siguieron entonces , ofrecen
al Predicador la mas completa, y pre­
ciosa coleccion de originales , para
combatir todos los abusos ¿ que ha in­
troducido la Moral corrompida , y la
ignorancia: para establecer las prác­
ticas sencillas, y útilísimas , conforme
al espíritu del Evangelio. Siempre que
SEUM. DEL P. ELISEO. l?g
miremos en ellos ia santidad de nues­
tros antepasados , nos avergonzarán
sus acciones con muda reprehensión,
y confundirán nuestro lujo, nuestro
descaro, nuestra indiferencia sobre la
eternidad, y todos los pretextos frí­
volos, con que queremos disculparnos.
¡Quán diferente impresión hará en
nuestro espíritu uno de estos quadros
de piedad ; de la que pueden causar
las pinturas mas bien trabajadas de
las costumbres presentes! Aquellos al
mismo tiempo, que nos edifican, y
alientan á la virtud, nos llenan de ri>
b o r, y confusion por nuestros vicios:
estas , aunque se las dé el colorido de
vergonzosas, antes que abochornar,
pueden incitar al mal excmplo , te­
niéndole tan á la vista, y siendo tan'
fuertes las pasiones, que nos arrastran
i su imitación. ¿ Quién duda que en
muchos oyentes antes se engendran
deseos , que no habían concebido, con
M 2
18 0 EXAMEN DE LOS

semejantes descripciones , las quales


sirven de semilla? Los Sermones del
P. Eliséo están, por desgracia, no digo
llenos, pero atestados de esas fatales
pinturas , escandalosas en la realidad
para la gran parte de los fieles, que
las ignoran ; é inútiles para la otra,
que las saben , mas de lo que les con­
venía: y enteramente desnudos de las
otras , eficaces , y necesarias para la
edificación. ¡Quántos christianos yacen
en la indolencia , como unos yertos
cadaveres, que sacudirían la pereza,
se pondrían en movimiento , y corre­
rían á la penitencia , ó á la perfección
á vista del exemplo de los primeros
fieles! Sobre todo estos son los mode­
los que pueden formar Santos, y los
que quiere la Iglesia , que se repre­
senten de generación en generación,
para que los descendientes no desdi­
gan de los progenitores , que siguieron
Inmediatamente á la publicación del
SERM* DEL P. ELISEO, 1 8I
Evangelio. Los del P. Eliséo , y otros
de su caraéler apenas serán capaces,
qliando mas , de producir alguna cor-
jreccion en el diseño filosófico.

§■ iv.
DEFECTO D E EXPLICACION
de la Religión,y sus Misterios .

N o hay error mas común entre las


personas que se han metido á hablar
de la predicación , y de los Predica­
dores despues del siglo XVII. que el
de decir , que para ser un Predicador
grande , no es menester ser un gran
Teólogo; y no ha faltado quien lle­
gue al extremo de decir , que los ma­
yores Teólogos son de ordinario ma-
..los Predicadores. Son murrierables los
Senarios de este axioma , que, así pue­
de llamarse en el dia , siendo un er­
ror muy grosero y de las mas fa­
tales conseqüencias para el christianís-
. m 3
i 82 EXAMEN DE LOS
mo, Estoy persuadido (no sé si me en­
gañaré ) á que sacando solo una de
las muchas absurdas , que de él pue-r
den inferirse, abrirá los ojos el mas
preocupado, y es ésta: Luego ni los
Apóstoles necesitaron sobre la instruc­
ción de j. C. la abertura de su enten­
dimiento , para comprehender las Es­
crituras * de que les dotó antes de su
Ascensión, y la infusión del Espíritu
Santo , como Maestro de toda verdad*
para ser grandes Predicadores : ni los
Athanasios , Basilios, Gregorios, Chri-
sóstomos, y Agustinos tanto estudio
de las Sagradas Letras >y de la Reli­
gión para haber sido excelentes Ora­
dores* O de otro modo: Luego qualquier
humanista con una mediana, ó regular
tintur a del christianísmo puede ser me­
jor Predicador, que S. Pablo, y los Pa­
dres que acabamos de citar* La con-
seqüeneia es legítima : y 110 sé que
pueda negar lo absurdo el mas fanático*
SERM. DEL P. ELISEO. I 83
Solo una ignorancia profundísima
de lo que es predicar puede haber con­
cebido , y dado á luz un monstruo tan
espantoso. Si el predicar es enseñar la
Religión , y sus misterios , esto es , lo
que Dios ha revelado: lo que ha man­
dado observar: lo que su Iglesia , y
Concilios han definido, ó declarado
contra los Hereges , Cismáticos , Mo­
ralistas que han pecado por rigor , ó
por relaxacion, y en una palabra , lo
que contiene el Evangelio , y las Es­
crituras , y lo que desde su principio
se ha creído , y observado : si esto
es predicar, como con efe&o lo es,
ninguno puede ser Predicador , y me­
nos Predicador grande , sin saber todo
aquello, que es la ciencia de la Teo­
logía. Si por Predicador se entiende el
que sube al Púlpito , para decir á la
letra, ó estropeado , ó el que cose
un centón de varios retazos de Sermo­
nes , y los refiere : convengo en que
. ,1 8 4 examen de lo s
puede serlo el que no sea buen teólo­
go ; pero á estos tales no correspon­
de el nombre de Predicadores , sino
el de Predicantes , y están expuestos,
como sucede con demasiada freqüen-
cía , ó á decir unos Sermones Janse­
nistas , y viciados del errór de sus
autores : ó á trastornar las proposicio^
nes por ocultar el plagio , de que
abunda el P. Eliséo , y proponer unos
principios erroneos , por no estar ins­
truidos á fondo en la Religión , y sus
dogmas.
También convengo , en que para
predicar, no es menester ser gran
Teólogo * quando con este nombre se
entiende un Escolasticon de aquellos,
que sin cuidarse de lo que dicen los
Sagrados Libros , los Concilios, y Pa­
dres , empapelado en un Gonet, un
Marín , ú otro de la inumerable turba
de este jaez , sabe disputar desdé la
niñítana á la noche , sobre si la .eseiK
SERM, ftEL P* ELISEO* t 8g

cía de: Dios consiste en la aseidad,


que es decir en lengua culta la inde­
pendencia , ó en otro de los divinos
atributos : ó si consiste formaliter , ó
quidditativé en el conjunto de todos,
y así muchísimas qüestiones , en que
hacen consistir la gran Teología , es­
tudiándola en unos Autores , de cuyos
volúmenes exprimidos , no solo es im­
posible componer un Sermón ; sino
que quedan casi inutilizados , para ha­
cerlo , los que mas se han entregado
á su estudio, y quando han de predi­
car , toman por necesidad de otros á
ciegas , y sin principios para discer­
nir. Mas quando con él nombre de*
Teólogo , se entiende lo que es serlo
en realidad, y con el de Predicador
3o que también debe ser; esto es , un
hombre capáz de componer Sermones^
con que instruya al pueblo en la Re?
ligion sin error : con que les baga en-,
tender quanto es posible los misterios:
I 86 EXAMEN DE LOS
con que les declare los principios, los
preceptos , los medios , los fines
entonces ninguno podrá negar , que
para ser gran Predicador, no solo es
indispensable ser gran Teólogo ; sino
que además ha de tener un don de
claridad , para expresar las cosas mas
altas, de modo que las entienda el
menos instruido , y otras muchas ca­
lidades , que hacen distinguir á unos
Predicadores de otros. ¿No sería ver­
güenza para un Predicador, que se
hubiese hccho admirar en el púlpito,
no poder satisfacer á solas á uno de
sus oyentes, que movido de su Ser­
món , en que habló del misterio de la
Encarnación, quisiese radicarse en la
fee con la solución de algunas dudas;
ó escrupulizando sobre la licitud de
su comercio, porque oyó tratar de la
usura , desease saber quanto por cien­
to le sería permitido según la especie
de su trato y demás circunstancias
SERMi DEL P. ELISEO* i8 jr

atendibles en el asunto?
En esta segura inteligencia ¿ qué
idéa puede tener de los Sermones de
Eliséo, el que reflexione sobre el
informe de su Provincial, y parien­
te ? Este dice sin rebozo , que con­
cluidos sus cursos , defendidas , co­
mo es costumbre , sus Theses , y
desempeñado el encargo de Leétor por
seis años , que naturalmente no pudie­
ron ser de Teología, y en cuyo tiem­
po se le notó mayor afición al estudio
de las letras humanas , que al de la
Sagrada Facultad, se presentó en el
púlpito el año de estando sin du­
da en el vigésimo o&avo de su edad,
habiendo nacido en Oftubre de 1728.
Desde entonces se conoce, que toda
su ocupación fue leer Sermonarios,
componer á su modo , aprender , y
decir sus discursos; en una palabra,
dexó la carrera de las letras, para
emprender , y seguir la de Predica-
l 88 •EXAMEN DE IOS
dor. Si alguno pensáre, con todo eso*
que podía hacer Sermones de prove­
cho , y aún le queda.duda , despues
de lo que hemos dicho v me parece,
que se desengañará , á no ser el mas
necio de los hombres , con el defecto
de explicación en los puntos de la Re­
ligión , que se toca en sus Sermón es.
¿Puede haber cosa mas triste para un
sediento, que llegar á una fuente, cu­
ya hermosa figura , y elevación le hi­
zo correr á ella , y encontrarla seca?
¿mayor pena para un hijo hambrien­
to 7 que ir al despensero de su Padre,
del qual en vez de un mendrugo , so­
lo reciba palabras de la grandeza , de
la magestad , y del poder del que le
engendró ? La numerosa turba de los
.christíanos son otros tantos sedientos,
que corren á los Sermones como á
fuentes de agua v iv a , y á los Prcdu
c adores como á ecónomos del pan de
su Soberano Padre de familias: mas
SERM. DEL P. ELISEO. 3t>9
los que se encaminaban á los del Pa­
dre Eliséo , volvían con la misma sed,
y sin haber matado el hambre.
Son unas piezas tan vacías del ju­
go divino , y de la Religión , que, no
digo el vulgo , sino también la mayor
parte de los que por empléo , ó naci­
miento se elevan sobre aquella esfera,
queda sin el principal alimento de los
Sermones , que es la instrucción en la
fee y sus dogmas. Toda la ciencia*
y aún la observancia de la Moral
Evangélica , sin la fee, y conocimien­
to de D ios, de sus Misterios ? Sacra­
mentos , y otros artículos , distinguen
muy poco al christiano del gentil, y
aunque viva corno anacoreta >se con­
denará como pagano. La fee , pues,
la luz de la revelación , conocer á
Dios ? y saber lo que quiere , que
creamos , aunque no se comprehenda,
es el earaéter , que diferencia á los
fieles de los que no lo son , y la de-
190 EXAMEN DE LOS
claracion repetida , é inculcada conti­
nuamente es la primera , y mas esen­
cial obligación de un Predicador. Na­
da de esto se vé en los Sermones de
Eliséo, el qual aún el nombre de
Dios escaséa demasiado, por sosti-
tuir el de Ser Supremo, que le pare­
ce mas sonoro , y grave, aunque no
se encuentra en los Sagrados Libros,
No hay duda , que es una Perífrasis,
de que puede usarse tal qual vez; pe­
ro la freqüencia es muy reprehensi­
ble , por lo mucho que disuena det
estilo de los Profetas, de los Apósto­
les , y del Evangelio , que han de ser
nuestros únicos modelos* Los mismos
humanistas , separados de nuestra Co­
munión Romana , reprehenden seme­
jante vicio en los que tratan los ritos,
y misterios de la Religión, (1) Los di­
vinos atributos , cuyas nociones ilus-

( 1 ) H ú n . fuiid . P* L c* a, §, 15, cumnotis.


SERM. DEL P. ELISEO.
tran la fee , consuelan el alma , avi­
van la caridad, ó concilian el respe*
t o , pasan como relámpagos, ó se pre­
sentan disfrazados en los Sermones de
EUséo* ¡Quántas veces en los elogios
que hace de la virtud sonaría mejor,
y diría mas la voz de Piedad , Clemen­
cia , Poder divino , ó Espíritu de Dios ,
en que consiste la virtud , y son el
verdadero origen de quanto se atribu- _
ye á esa voz indefinida! ¡Quántas en
aquellos raptos sobre las amarguras
del pecador , del político, ó del in­
crédulo abandonado á sus remordi­
mientos , en que. habla solo de pro*"
ye£tos desconcertados , de rebeses del
mundo, de envidias de competidores,
de desdenes de prote&ores &c. sería
mejor, que manifestase la justicia de
Dios, los diversos modos con que
obra en nosotros , y los medios útiles,
para aplacarla! ¡Quántas el tiempo,
que entretiene en la deliciosa huma-
I 92 ' EXAMEN DE LOS
nidad , y en la benéfica afabilidad , le
gastaría con mas dignidad en exáltar
el eterno origen , del qual nos vienen
esas centellas, ó chispas!
Lo mismo debe decirse de los de- '
más atributos , de que teniendo fre-
qüentemente precisión de hablar, los
tuerce por sus efe&os á los afeétos del
hombre, en quien recaen, para ha­
blar filosófica, ó poéticamente sobre
las pasiones, pudiendo hablar de Dios,
No aspiraba ciertamente el P. Eiiséo,
aún en sus Sermones morales. , al elo­
gio , que hace Mr. Tomás del gran
Bossuet. Sobre su oración fúnebre de
la Reyna de Inglaterra dice ^ que por
«entre el magnífico espectáculo , que
»pone á la vista el Orador , de los
«tiempos calamitosos de cismas , di­
misiones, y tempestades , que cotnba-
jjtían , y anegaban la Isla : entre la ’
?jtriste pintura del desórden de las
wseftas, del fanatismo de los indepen-
SERM. DEL P. ELISEO. *93
«dientes, del genio a&ivo , hipócrita,
wé impenetrable de Cromwel, plan-
wtado entre ellos , yá dogtnatizán-
«do, y yá combatiendo : del me­
lan cólico retrato de aquella infe-
» líz Re y na , atrovesando mares , azo-
wtada de tempestades , y acosada de
7}todos los Infortunios , que pinta : de
«un marido preso , tropas derrotadas*
«y amigos degollados : por entre este
¿grande espectáculo para el qual (di-
«ce Mr. Thomás) usa el Orador de to­
sida la tierra , como teatro , nos des-
» cubre siempre á Dios presente, que
5?desde las bobedas del Cielo estreme-
«ce , y rompe los Tronos , precipita
5?la revoluciona y por su fuerza inven­
c i b l e aprisiona, ó doma quanto le
íjresiste* Esta idéa (prosigue) derra-
» ramada desde un caboá otro del dis-
»curso le llena de un terror religioso,
«que se aumenta con los eteétos , y
wdá á ■ lo patético uti áyre mas sublí-
IL N
194 EXAMEN DE LOS
«m e, y mas subido.” (i) El mismo
influxo , y acción de la divinidad,
aunque no en igual grado „ se observa,
en las pint uras del Obispo de Cler-
mont , que pilla el P. Eliséo , desnu^
dándolas de esa soberana mocion, p
por disfrazar el plagio , ó por pare­
cer mas naturalista , que es su fuerte;:
de modo , que mientras uno lee sus
Sermones , apenas se acuerda de que
hay Dios, ó de que tiene relación
con lo que se vá leyendo.
El misterio impenetrable de la Tri­
nidad Beatísima , en la qual creemos,
confesamos , y adoramos un Dios so­
lo en tres personas, que son realmen­
te distintas entresí, pero esencialmen­
te inseparables: que así como se dífe-
rendan en su origen , también se d.is-:
tinguen en sus personalidades , sin que-
ninguna de estas tres sea distinta de:

( i) Mr, Thotnaj í í j j , sur hs etog4c, 31.


SERM. DEL P. ELISEO. í 9g
la naturaleza común , quedando todas
tres en una sola Magestad , una sola;
voluntad , un solo poder , una sola
perfección , santidad, eternidad in­
dependencia , igualdad & c. este mis-i
terio , ;vuelvo á decir , á medida de
su soberanía , y de su incomprehensi­
bilidad á las luces del hombre , por
sabio que sea , es necesario, que le;
crea el mas rustico , y que sepa de
él quanto pudiere alcanzar. Su expli­
cación debe resonar en la Cátedra dei
Espíritu Santo con tanta mas freqiien^
cia , quanto es mas a lto , y mas ne-»
cesaría su fee. E l Predicador verda­
deramente zeloso de la gloria de Dios*
y de la salud de. las almas , en qual-
quier Sermón que sea , hallará lugar
de tirar una , ú otra pincelada sqbré
esta imagen divina Tque reyna oculta
entre la misma luz , sirviéndole de ve-?
lo por su brillante cop ia, lo mismo
que debia dar la claridad. Por muchos-
N 3
1^6 EXAMEN DE LOÉ
rasgos , que hayan tirado, y que ti­
ren todos los Predicadores, siempre
será inaccesible , é incomprehensible
á los peregrinos del mundo: (1) mien­
tras caminen por é l , la verán como
en enigma; (2) pero ese enigma es el
que ha de procurarse á fuerza de re­
petir , y variar los toques , que se ha­
ga inteligible al mas rustico , quanto
Dios quiera concederle por su gracia.
En veinte Sermones , que contienen
los primeros dos tomos del P, Eliséo,no
ha merecido una plana este adorable
misterio* ¿Qué haremos, con que en
una Dominica de Trinidad hablase de
él todo el dia , si callaba el resto del
año ? ¿Es por ventura tampoco lo. que
tiene que saber el christiano sobre es­
te punto ? ¿ó les basta á todos creer
solamente en un solo Dios verdadero*
y tres personas distintas ? Esta es la

v,£i) ThU 6* (4) i,.£dr. 13, ia*


SBÍIM. DEL P. ELISEO. IQ f

Summa del misterio; pero todos , y


cada uno de los fieles está obligado á
hacer la diligencia posible , imploran­
do la gracia del Espíritu Santo , pa­
ra entender quanto pueda de lo mu­
cho que ccímprehende aquella Summai
v. gr. la generación eterna del Verbo,
Hijo que engendra el Padre solo : la
pro cesión del Espíritu Santo, que pro*
cede del Padre, y del Verbo , sin ser
hijo de los dos, como lo es el Verbo
del Padre , la coeternidad de todas
tres personas, que 110 obstante la di­
ferencia de origen , creemos que el
Padre , ni aún por imaginación puede
contemplarse sin el hijo , 111 los dos
sin él Espíritu Santo & c: y todos los
Predicadores debemos inculcar á sus
oídos la fee de este Arcano , dán­
doles en alguno de los ¡numerables
puntos , que comprehende t la lux
que su Magestad se sirva comunicar­
nos.
N 3
Í 98 EXAMEN DE LOS
Lo mismo debe entenderse en ór-
den al Sacramento escondido , como
llama San Pablo (1) de la Encarna­
ción , ó generación temporal del pro­
pio Verbo Eterno. Ninguno puede
comprehenderla , por consiguiente, ni
explicarla dignamente ; pero todos de­
ben trabajar en alcanzarla \ y los
Predicadores Evangélicos en explicar­
la con la claridad, de que es capáz
obra tan divina. Este , como el ante­
cedente , es un misterio de misterios;
porque abraza muchos , y diferentes
artículos. El Verbo toma nuestra car­
ne sin apartarse del seno eterno de
Su Pádre: la Trinidad queda , diga-
írnoslo así cabal , en el C ielo, y en
todas partes, aunque el Verbo baxa
al vientre de una criatura , para ha­
cerse hombre ; este V erbo, que es
esencialmente inseparable de las otras

(1) E ffas 3, y*
SERM. BEL P. ELISEO I9 9

dos personas, es solo el que se une'


con la humanidad , y aunque ni el
Padre, ni el Espíritu Divino se sepa­
ran de é l , no puede decirse , sin he-
regía, que encarnan, ó se unen con
la humanidad: El Verbo se hace Hom­
bre , y hombre verdadero; pero no
por eso J. C. D ios, y Hombre es una
persona humana &c. &c. Por lo mis­
mo qué en un misterio se encierran
tantos , debemos precaver con la ma­
yor diligencia los inumerables erro­
res que pueden viciar la Fce de tantos
christianos * no solo de los que llama-'
mos ignorantes; sino de los que lla­
mamos instruidos* ¿ Quántos creyen­
do que J. C* es D ios, y Hombre ver­
dadero T y que nació de una Virgen
sin. concurso de varori , ignoran los
capítulos, que acabamos de referir, y
otros sobre sus operaciones , sobre sus
potencias, y pasiones humanas, y tal
véa creen lo contrario ¥ Y si estos
N4
£00 EXAMEN CE T*OÍ

christianos ván con freqüeneía á los


Sermones, y en tantos como oyen, no
ven una centella, que les descubra
sú error ¿ podrémos disculparnos los
Predicadores de la necesidad, y de la
ceguera en que les dexamos ? ¡Ah! que
nuestras obligaciones , y nuestra res­
ponsabilidad por razón del ministerio
de la predicación, son mayores , de
lo que se piensa vulgarmente: así en or­
den á la cienciá de la Religión , y de:
la L e y , que debemos atesorar , para
derramarla sobre el pueblo ; como en
érden á las miras, que hemos de lie-
var á la Cátedra del Espíritu Santo*
Cátedra verdaderamente , cuyo nom­
bre nos está convenciendo, que allí
hemos de subir principalmente para
instruir, como maestros , á los "que
quieran saber la palabra de D ios, y
las verdades del christianfsmo , que es
,1o que San Pablo llamaba sembrar * y
jeg a r, y sobre que nos extenderemos
3ERM..DBL T. ELISEO. ' 201
mas en el §. siguiente.
No son. de menos importancia, que
estos dos, los Dogmas de la Justifi-»
catión-, y de la gracia \ esto es v los
artículos sobre el Espíritu Santo , en
nosotros, y con nosotros-: E l de la
presencia real de nuestro Salvador en
la Sagrada Eucaristía : el de la vir­
tud , y efeétos admirables del Bautis­
mo , y los demás Sacramentos: cada
uno de los quales contiene mil secre­
tos , de que debemos hacer capaces
á todos los christianos, así para que
puedan merecer mas tan alto nombre:
como por las imponderables utilidades,
que produce en sus almas el conoció
miento de estas verdades. Pero nin­
guna de ellas ocupa la atención del
P. Eliséo, Conténtase en sus Sermones»
conforme dice en upo de ellos . wcon
«llegar á conseguir solamente ¡que uua
apersona sepa mejor, sus obligaciones
??en la Sociedad, agoe la s.leyes, la
£02 ÉXAMEN DÉ L O S 1

«Religión , y al próximo” (a) Esto csT


que el móvil de sus acciones sea el
amor de la patria, y del bien públi­
co , que aunque tal vez entre la va­
nidad en sus obras, y sean injuriosas
al Criador , siempre serán útiles para
el Estado. En estos peligrosos princi­
pios * en quctdros de creación , de Adán
holgando en el Paraíso , de la amable
humanidad, en declamaciones inútiles,:
en robar pensamientos brillantes , y
en inventar clausulones , con que dis­
frazarlos , ocupa la preciosidad ines­
timable del tiempo, que debía dedi­
car á aquellos misterios , para mani­
festar la grandeza de Dios■descubrir'
el velo , que -oculta la m&gestad áu-¡
gusta- de la Religión ■ y darle á co­
nocer al hónibré -, lo que es'i lo que?
puede ser 7 los 1medios para s£rlo , y
los motivos , que en efcéto1 pueden1

(ü ) T o m , I. p ag; 4 t # '
SEklff. D lt, P. iSMSEO. 203
alentarle á 5er quanto puede ser. Dé
aquí e s, que el que se ponga á ex­
primir un Sermón del P. Eliséo , no
hallará mas que el que pinche, y aprie­
te una vegiga soplada. Con ser tan
corta la substancia , que se saca de
los Análisis de Massillon , excederán
tres quartas partes á los de Eliséo.
El infeliz ladrón , que lerobáre alguno,
cuídese bien de no perderle una pa­
labra , porque allí se acabará la fun­
ción, sin que haya cabo , de que
echar mano- '

f .v .

DEFECTO E N PROPONER
los medios, para cumplí? con ja perfec­
ción del Evangelio* ;

No basta á los Oradores Evangé^


licos enseñar á los Pueblos ■
todas las
verdades, que Dios ?e ha servido iq -
504 EXAMEN DE LOS

velarnos ,.y su Iglesia Católica, Apos­


tólica, Romana, gobernada por su Es­
píritu ha definido : ni intimarles , y
declararles los preceptos , que han de
observar : es menester , además de eso,
instruirles en los medios útiles, ó ne^
cesarlos, para alcanzar el conocimien­
to de los misterios , y la prá&ica de
los Mandamientos, y de,las máximas,
con relación al fin sobrenatural de la
vida eterna , á qué debe aspirar, y
á que se dirige la Religión, y la Mo­
ral Christiana. ¿De qué le sirve al do­
liente que un Médico le hable alta­
mente de la sabiduría de HypocratesT
de la virtud de los minerales , y las
plantas éti general, si no sabe qual es
la que conviene á su salud? Tal será
el Predicador, que hable con la mejor
eloqíiencia sobre la excelencia deDios,
y su Do&riua, sobre ía felicidad eter­
na: sobre la grandeza de la santidad
christiana , ú no dice á sus oyon tes los
¡SERM. BEL P. ELISEO. 205
medios , que deben usar para conse­
guir todo este*. El Predicador es un
labrador , á quien se ha encargado el
cultivo del campo del Señor , para
que siembre en él la divina palabra,
y quanto esté de su parte haga, que
nazca y produzca : pero ¿ qué cose-:
cha conseguirá el propietario , si su
colono ni sabe sembrar el grano , ni
darle el'riego que necesita? ¿Qué pro-
ducirá en la tierra la semilla mas es­
cogida , si no se planta, se cuida , y se
limpia? Este es el vicio que inutiliza
los Sermones del P. Eliséo* H ab lará
modo de los charlatanes, mucho de.
Dios , y de la virtud; pero ni sabe
sembrarla , ni aplica los medios, para
que fructifique: dice mucho de las pa­
siones , y sus desórdenes; pero no
pone los remedios con que se curan. ..
La vida christiana , la práctica del
Evangelio, el exercicio de la piedad,
y la santidad del christianísmo ,.todo
flO Ó EXAMEN DE tOS

lo reduce á la idéa, ó lanoclon de


virtud, de la qual predica con efec­
to en todos sus Sermones; pero si se
hace atención, es en sus manos la
virtud un dado , que unas veces cae
de azar, y otras de suerte : es lo mis­
mo que en boca de Sócrates, de Pía-
tón , de Aristóteles, y de otros mu­
chos filósofos, que trataron de ella
con toda la delicadeza, energía, y ex­
tensión , de que es capáz el entendi­
miento humano con sus luces naturar
les. ¿Pero de qué sirven sus discursos
entre nosotros , quando la nocion , ó
la idéa , que tenemos de la virtud, es
tan diferente de la que ellos tuvieron?
Los filósofos, y el mundo han dado
este nombre, ( que rigorosamente sig­
nifica robustez , fu erza , vigor en/ el
cuerpo ) por un especie de metoni­
mia , ó traslación á la, fortaleza de
las facultades espirituales., con que el
hombre obra -constantemente, por
SERM. DEL P. ELISEO* 20£
principios racionales, lo que es de­
cente , y honesto. Esta es la idéa mas
.acrisolada, que puede sacarse délos
que hemos citado , de M. T. Cicerón, y
de los qué con mas tino. han escrita
sobre la virtud , cuya definición de-*
bería pasar por muy exácta, y ajus­
tada en una religión puramente na­
tural ; pero en el Christianísmo que­
da tan atrás de lo que tiene por vir­
tud , que no pasa mucho de los lí­
mites de la misma flaqueza.
Un hombre, que haga todo el,
esfuerzo de su razón ? y apúre el fon­
do de la reflexión , para seguir una,
conducta constantemente arreglada, y
uniforme á los principios, que la fi­
losofía ha señalado para lo que llama
honesto; que domíne , eii quanto a1-j
cancen estas fuerzas , el impulso de.
sus pasiones, y llegue por esos me­
dios hasta refrenar de suerte sus. mo-,
vimíentos , que ninguno .trasluzca en;
&o8 EXAMEN DE IO S

su semblante, ni él sienta alteración


en la serenidad de su alma: será ( si
hay y ó ha podido haber tal hombre)
nada mas , que un virtuoso gentil: ó
un filósofo pagáno, que trabaja consi­
go mismo por conseguir la tranquil i-
Hdad del corazon , en que juzga la
mayor felicidad ; pero que no solo no
excluye de esa mira el fausto , la va­
nidad, y la soberbia con que se cree
superior á los demás hombres ; sino
que hace entrar esos vicios en el plan
de su conducta cómo móviles que' le
animan. El aplauso humano, ó el qué
se dirá de fue el gran principio,
que representó Sócrates á Critón , pa­
ra no admitir la fuga que éste le faci­
litaba , y es la acción mas virtuosa
de su vida. He aquí la mejor pintu­
ra de la virtud filosófica , y el exem-
plo mas brillante del mas virtuoso en­
tre los filósofos , los quales. estaban
tan lexos de reprobar la vanagloria, y
SERM. DEL P* ELISEO» 2O 9
la soberbia, que hacían consistir la-
grandeza del alma en ,1a elación , ó
hinchazón de espíritu , como puede
verse en sus obras. Por eso este gran
Sócrates, á quien consagraron aras los.
Atenienses: un Aristides, al qual die^
ron por su integridad el renombre de
justo : un Fosion: un Séneca, y otros,
estamos tan lexos los Christiaaos
de mirarles como justos , ó virtuosos,
que antes les graduamos de hombres
vanos y y de hipócritas, que aspira­
ban á parecer lo que en realidad no
eran. Querian ser tenidos por unas al­
mas de otra esfera en que ninguna
pasión tenia imperio v.y eran los mas
dominados del orgullo. Lo que en ellos
se elogiaba por. ..virtud, vituperamos
nosotros por flaqueza , no como quie*
ya , sirio por flaqueza ridicula*
A imitación de estos, y en su pro-
prio sentido toma el P+Eliseo. en sus
Sermones el nombre de la virtud, eo*
II. O
¡210 EXAMEN DE tO S

mo se convencerá con evidencia por su


Sermón sobre la felicidad de los jus­
tos, y nuestro exámen. Rara vez re­
conoce en la virtud nuestra á Dios:
la atribuye efectos v de que somos in^
capaces sin el auxilio especialísimo de
la gracia; y en una palabra , mani­
fiesta los sarmientos cargados de los
m as sazonados racimos , separados de
la v id : porque se separa de la defi­
nición de la Santa Sínodo -de.Trento,
cuyas palabras á la letra insertaré
aquí porque se vea mejor la justicia
de nuestra reprehensión.ÍE Cum enlm
»illc ipse Christus jesús , tanquam ca-
j*put in membra, et tamquam vitis in
»palmites? in ipsos justíficatos jugitér
»virtutem influat ■qu® virt us bona eo-
» rum opera semper antecedit, comí~
«tatur ? et subsequitur; et sine qua
wnullo paéto Deo grata, et meritoria
»esse possent,„cnm Chrjstus Salvator
wnoster dicat; Si quís biberit ex aqua,
SERM. DEL P. ELISEO. 211

wquam ego dabo e i , non sitiet in seter-


«num, sed.fiet in eo fons aquse-sa-
«lientis in vitam sternam. Ita ñeque
propria nostra justitía , tamquam ex
«nobis propria statuitur : ñeque igno->
?>ratur , aut repudiatur justitía Del.
»Quae enim justitía nostra dicitur, quia
rípeream nobis inhaerentem justifica-
>;tnur^ illa eadem De-i e s t, quia á Deo
«nobis infunditur per Christi meri-
?>tum F.. Absit tamen, ut Christianus
« homo in se ipso confidat, vel glorie^
7;tu r,e t non in Domino^ cujus tanta
**est erga omnes ho mines bonitas ^ut
»eorum vclit ésse meritá^ qua? sunt;
«ipsius doña.” (t)
Porque en el idioma evangélico
nuestra virtud nó es otr# , qué la vir­
tud de D íqs , ó el Espíritu de Dios , sin
el qital no hay virtud, ó justicia en

(O ConciU Trident. cap. X 1K* $es,


IV. dt jfisfif*
02
¿XS SERM, t)EL P. ELISEdi

nosotros, ni poder para hacer obra


meritoria , ó loable, y de la pleni­
tud de ese Espíritu en Jesu Christo, es
que se deriva, según San Juan , á no­
sotros (a). En tanto , pues, tenemos
virtud , 6 poder y facultad de obrar
bien, en quánto se nos comunica por
los méritos de Jesu Christo el Espíri­
tu Santo , y cooperamos con su influ-
xo. Quando San Pablo instruye á los
Corintos en las cosas espirituales , les
dice , que no podemos invocar siquie­
ra el nombre de Jesús * sino en el
Espíritu Santo (b) : no porque el Gen*
til y el Judio, el Herege y el Cismá­
tico dexen de ser capaces de pronun­
ciar aquellas palabras Dominas ye*
sus - sino porque ninguno le invocará
con fruto, y verdadera piedad sin el
Espíritu Santo,En conclusión, elChris-
tiano no reconoce otra virtud, toma *

(i y Joan. i. 16. (a) X , C t > / v a , v*


SERM. DEL P* ELISEO* 2I 3
da en general esta v o z , que la cari­
dad , ó la oper ación del Espíritu San­
to infundido en nuestros corazones, de
cuyo divino jugo se alimenta la mis­
ma fé , para vivir, y obrar bien(i),
y chupan la humildad, y demás vir­
tudes particulares. Por tanto, siempre
que usemos de esta voz , ha de ser
de suerte que se conozca su divino
origen, y toda su eficácia, y su va­
lor : no ha de confundirse con el amor
de lo útil, ó de lo honesto, que se
engendra, y obra en el hombre por su
estudio, ó sus Fuerzas, que es como
deciamos, la virtud de los filósofos.
Por falta de' este discernimiento, y
la confusion, con que habla el P* Elíseo
tomando freqiientísimaménte los elo­
gios de la virtud en él sentido paga­
no , la degrada , la debilita , y la des­
figura enteramente. Y siendo tal su

(O Gah 5. 6.
o 3
214 EXAtoEM DE tOS
error en orden á la naturaleza , ;y ex­
celencia del grano, ¿ quál Creeremos,
que sería su destreja para la siem­
bra, y el cultivo ? Yá hemos visto*
,que su mayor tacha está en no saber
sembrar (i): porque no predica , co­
mo debe la palabra de Dios que es
el granor ó la semilla ^seguil nos en­
seña el mismo Jesu Chxisto ¡d é suer­
te , que ignorante del grano, y, del
modo de echarle en la tierra , tene­
mos al P. Eliséo declarado inhábil
para labrador ; pero todavía se cono­
cerá mejor por lo que vamos á de­
cir.
Como todo el objeto de las mise­
ricordias del Señor ha sido el cultivo
de nuestras almas, para apoderarse de
ellas, ha cuidado no solo de darnos su
palabra divina ,, y en ella SU Espíri­
tu: y de venir él-proprio en nuestra

(i) § . I . de esta gattc*


SER M. DEL P. ELISEO. fi I g

carne: á sembrarla; sino también de


enseñar el modo , que habian de
usar aquellos á quienes dexaba encar­
gada su heredad. Tal vez se imagi­
nará y que vamos á sacar consequen-
cia , por donde inferir el modo que se
nos haya figurado correspondiente á esa
siembra. No por cierto: vamos á dar
la ordenanza terminante del Soberano
Padre de familias sobre su plantío,
la qual es bien conforme, á las reglas
de la agricultura natural. Porque ¿ qué
cosa hay mas esencial én ésta , que
preparar la tierra , que ha de labrar­
se, arrancando, y desarraigando, quan-
to se halla en ella? pues la misma di­
ligencia encarga Dios á Jcrcmias*
quando le embia á predicar, ó sen>
brar las palabras , qué había puesto
en su boca : (*) " Ves aqui le dice,
v que te doy la superioridad sobre las

to Hyeremhf i . lo . ■
O4
216 EXAMEN DE LOS

» gentes, y los reynos, para que arran-


n ques, y destruyas ; edifiques , y plan­
tates.” En dos comparaciones le en­
seña el modo de anunciar su palabra;
y son, la del Alarife, que antes de
edificar, allana él suelo, y le ahonda
para levantar los cimientos : y la del
Labrador, el qual no echa au semi­
lla , hasta haber desarraigado quantas
plantas, ó yerbas podían perjudicar
á su cosecha. Prosigue, y le instru­
ye en el modo de desarraigar. wYo
» (le dice) hablaré por tu boca de re*
«pente contra esa nación , y rey no,
s?de suerte que arranque de raíz, ut
neradkem 7 ” (i) ¿ Y en qué consiste
el desarráigo ? en arrancar por la pe­
nitencia la maleza, y la cizaña: si paz*
nitentiam egerit gms tila.....súbito /o-
quar at ¿zdificem , et plántem : por­
que no caerá bien la divina semilla,

(i) Idem 18, 7,


ffERM. DEL P. ELISEO. 51 ?
tii producirá el Espíritu de Dios en el
¡corazon del hombre , si la segur de
la penitencia: no ha cortado los ár­
boles viciosos , y el arado de la com­
punción no ha arrancado las raices.
El corazon del pecador es bosque de
-espesa arboleda, el del justo es cam­
po delicioso; pero si no, se le cuida in­
cesantemente retoña sus .malas yerbas,
y por eso en las manos del Agricultor
evangélico han de andar listos el es­
cardillo , el arado , y la segur , con­
forme sea el terreno, que cultive.
Esta ordenanza qué dio Dios á
Jeremías, y que por su inspiración
. siguieron los demás Profetas, cuyos
testimonios pueden verse en Ja predi­
cación de cada u n o, observó en la
ley de gracia el Santo Precursor , el
Divino Maestro , y sus Discípulos.
El Bautista, de. quien podemos decir,
que rompió la tierra * dió principio á
su soberana comision , intimando la
’ñ 'I 8 EX AM EN’ DE EOS

penitencia. “ .Vino., dice San Mateo,


” Juan Bautista predica ndo •, y dicien­
d o , haced penitencia : porque se ha
«acercado el Reyno de los Cielos” (i)
¿ Y en qué conformidad manifiesta el
mismo Evangelista, que empezó Je­
sús á predicar ? Con las proprias pa­
labras del Precursor (2). Su V icario,y
Príncipe de los Apóstoles San Pedro
¿áque reduxo el primer Sermón, que
hizo en Jeresalén ? Probada la divini­
dad de Jesu Christo con los testimo­
nios de la Escritura , y su resurrec­
ción con los de la vista , movió el
corazon de su auditorio tan vivamen­
te , que fue interrumpido por las vo­
ces de su contrición , preguntándole,
¿qué harían? y respondió; tc haced
«penitencia, bautizaos en nombre de
« Jesu Christo, para que se os perdonen
«vuestras culpas, y recibiréis el Don

(1 ) Math, 3*. (a) Idem 4. 17.


SEKtó. DEL P. ELISEO* 2 19
» deí Espíritu Santo,” (i ) Su primeta car­
ta comienza , y sigue por este importan­
tísimo objeto dé cortar las pasiones
antiguas propter quod succinti ¡umbos
mentís wstrce : (2) desarraigar habi­
tudes malignas , deponentes omnem ma-
litiam , et omnem dolum , et simula-
tiones , (3) sofocar los apetitos de
-la carne , obsecro vos ahstinere d car­
naubas desiderüs. (4) En la segunda
entra por el mismo principio , ense­
ñándonos , que el modo de asegu­
rar las preciosas, y grandísimas pro­
mesas del Señor, y participar de su
naturaleza divina , es arrancar la raíz
de la concupiscencia , fugientes ejus,
quce in mundo est concupiscenti# cor-
ruptionem* (g)
Compilaríamos todo el Evange-

(1) » 38, (4) Ib* u. 11*


(a) I . P e té 1* 1 3 . (f) I I . P í í t i * 4*
£3} cag* 3t It
Sí 2.0 EXAMEN BE LOS

lio , y las Cartas Apostólicas , si nos


empeñásemos en dar todas las prue­
bas, que pueden sacarse de ellas , pa­
ra convencer, que la ley de la peni™ /
tencia, que limpia, y desembaraza
la tierra de nuestro corazon, es Inse­
parable de la predicación evangélica,
y del cultivo Apostólico para la co­
secha espiritual. La razón de esta
necesidad es palpable : porque en to­
do concurso habla el Predicador con
pecadores para atraerlos á Dios , y
esto no puede conseguirse t sino es por
la penitencia. Los justos , que le oi­
gan han de saber que siempre de­
ben practicarla por los pecados, que
cometieron antes , y como preserva­
tivo , para no volver á caer. El P-
EÜséo lexos de observar esta divina
ordenanza, y santísimos exemplos,
muy rara vez , y entonces muy de
p a so , totna en boca la penitencia;
pero ni se detiene en hablar de su
vir-
SERM. DEL P. ELISEO* 221

virtud; ni ien intimar su necesidad;


ni en hablar de sus saludables efeétos;
ni en animar á su práctica. Los pe­
cadores , qué le óyen , pueden, salir
de sus Sermones ( quiero concederlo)'
persuadidos de la excelencia de la
Moral Christiana, y nobleza de sus
principios : confundidos de haberse
separado de ellos : atemorizados de
laincertidumbre de su salvación: aver­
gonzados de su ambición, y demás
vicios: convencidos de la felicidad
de los justos ^ que no han encontrado
su conducta delinqüente : en fin de­
seosos de volverse á un Dios benéfi­
co , y de alcanzar , una gloria bien
pintada. Yo doy , vuelvo á decir , to­
do este efecto á los Sermones del P.
Eüséo ; pero me imagino á sus oyen­
tes , como al que en una Isla des­
graciada oyese ponderar el regalo,
la suntuosidad, la grandeza , y be­
nigno clima de la Europa , sin bar-
£22 EXAMEN DE IOS
co , ni tabla , piloto, ni guia en que
exponerse, para llegar al goce de
tanto bien.
Todo su esmero es ensalzar una
virtud y que las mas yeces no es otra
cosa que la honestidad filosófica, con
unos colores gentílicoselevar el- im­
perio de la razón y de nuestra pro­
pensión natural al bien supremo: pon-
derar las obras del Criador ; y alen­
tar al cumplimiento de las obligacio­
nes sociales: , y patrióticas por prin­
cipios de equidad 7 y conveniencia:
pero poquísimo , ó nada. de virtud*
divina, ni de penitencia , y morti­
ficación , en que consiste, la siembra*
y el riego , que pide el Soberano Pa­
dre de familias á los colonos de su
heredad. Trata la virtud, no como
Un don sobrenatural , que dá Dios
graciosamente por la infusión de su
espiritó, el qual consiste esencial­
mente en la caridad , y es la subs-
SERM. DEL P. ELISEO. 29 g
tancia del grano de la divina pala­
bra ; sino cpmp un fondo que adquie­
re el hombre por su estudio ó in*
dustria , tentando de vanagloria á
los que anima el Espíritu de Dios ; y
desesperando al pecador, que ha se­
guido, y arrastran sus pasiones, Quán-
tas veces dice el P. Eliséo tc el vir­
tu o so halla la satisfacción en sí, ó
Mea el testimonio de su conciencia.».,
».su virtud le con suela. en la adver-
« sidad ” á cosas. semejantes que de-
xamos notadas , niega, quanto es de
su .parte , la glqria, qup se debe so­
lo al Señor. E l Christiano funda su
perfección en la humildad , y jamás
encuentra en sí más que tachas, é
imperfeccionas; ni halla mas consue­
lo , que es en la esperanza de la bon­
dad de Dios, porque éste es su vir­
tud, su asilo , y su protección, (i)

(l) Píd/íffl, ífé Y* It Sí


3 24 EXAMTSN t>E LOS

L a f é ,y la caridad son sus apoyos , o


sus anclas , y hablar de- otra manera,
es paganizar, en vez de catequizar las:
buenas obras, ó inclinaciones del hom­
bre , quitándole á su verdadero autor'
la gloria . de producirlas ^ é incitar al
hombre , á que se las atribuya. ’
No hay duda qúe el Espíritu de
Dios abrigado, y recogido en el co­
razon por nuestra diligencia, y estu­
dio con la cooperación , ó execúciórr
de aquello , á que hóS-inclina -, en­
gendra con la repetición de esa coo­
peración la facilidad qué los Teó­
logos llaman habito porque se ha­
bitúa el hombre á lo bueno , actuán­
dose en obras buenas. Los actos fre-
qiientes de humildad producen, lo que
llamamos virtud de humildad; los de
resistir á los incentivos de la ‘carne
por la -virtud de Dios , engendran la'
virtud de castidad, ó la de continen­
cia 7 y asi de k s . demás. De todas
SEKta. D E t P. EÍ,Í$fcO. 2 2¡>

juntas resulta lo que llamamos jus-*


ticía , y se forma el hombre justo,
dispuesto en todo á obrar conforme le
inspira el Espíritu de Dios , y prqn-
to á seguir sus movimientos, y aque­
lla justicia es verdaderamente la vir­
tud , y este justo es el hombre vir?
tuoso; pero como cada una de aqüe^*
lias virtudes las obra en nosotros el
mismo Espíritu de Dios, mus atque
ídem Spiritus operatur in nobis , y las
distribuye á cada uno conforme á su
divina economía , y voluntad , d iv i -
de?is singulis proal' vult ; (i) él es tam­
bién el Autor de 3a justicia univer^
s a l, y de la virtud, ó por mejor de­
cir , él solo es justo, y dá la justi-r
cía , y la virtud porjjsu inefable , é
interior comunicación¡ derramándose
en nuestros corazones, (2) Y despues

ád C tt\ i a. {2) -Koíw. j , j*


J 1* J M . 9, 14. l
IL P
S2Ó EXAMEN DELOS

de estos dogmas incontestables ¿ sa-


rá loable un Predicador , que hable
el idioma del Esclavo de Epaphro-
dito, por mas semejante, quesea su
doctrina al fondo de la moral evan­
gélica ? Qualquiera , que trate asi la
virtud desde el Pulpito, vuelvo á de­
cir , que paganiza , y no evangeliza:
que hace un discurso filosófico, y no
un Sermón Christiano : que arénga, y
no predica; en fin, que podrá formar
filósofos ; pero no discípulos de J. C,
Na solo ha de predicarse la pala­
bra de D ios, desarraigando la male­
za con, la penitencia , y la mortifica-*
cion del cuerpo , y las pasiones; pe­
ro también debe animarse á esta prác­
tica esencial del christianísmo, y con­
traria al hombre viejo, por los medios,
que nos enserió el Divino Maestro,
cuyos documentos siguieron sus Após­
toles, Los predicadores que no saben
mortificarse en despreciar el aplauso,
serm ; ¡del p , e l is io ,
tampoco se atreven á mortificar la de­
licadeza de su auditorio con la santa
severidad de la C ruz, y la necesidad
de la negación propia? echanse por ú
camino de la filosofía, 7 de la razón,
que jamás han podido, ni podran con­
ducir á un hombre á la virtud evan­
gélica i y en cierto modo quieren
acomodar la rectitud christiana con el
regalo, y las pasiones, con tal que no
se llegue al exceso de éstas. Asi se
observa en los Sermones del P„ Eliséo;
aunque yo no lo ¡atribuyo á vicio
de vanagloria, y antes creo , que na­
ce de los malos exempiares, que ss
habia propuesto, St habla alguna vea
déla Cruz, de la penitencia, de la mor«,
tificacion, ó del desprecio proprio, hu^
ye de entrar i descubrir toda la se^
yeridad, que contienen estos artícu­
los , y dexa abierta la' puerta á las
opiniones corrompidas , que lisonjean
nuestra delicadeza* El ruido es co-
Pa
328 EXAMEN DE LOS

mo el de un combatiente; pero los


golpes no son de un Athleta : ni
las brechas por donde puede vol­
ver á introducirse , quedan bien de­
fendidas. ¿ Dónde están sus exórtacio-
nes vivas, y repetidas, como deben
ser en los Sermones , á la oracion, y
á la vigilia, medio eficacísimo , que

nos enseñó J. C. para alcanzar quan-


to quisiésemos : (i) y para resistir á
toda tentación del enemigo ? (2) ¿Quán-
tas veces inculca, como los Aposto-
les , (3) sobre la utilidad t la necesi*
d ad , y la facilidad de este comer­
cio con D ios, que el vulgo de los
Christianos no conoce 2 ¿ Qué dice de
la importancia del ayuno t y de sus

(i) X,uCt 11* 9* (3) X íí U ítlm o -


10* nios de /ai J£p, Ca-
(V) Math* aó.41* nomc, sü^rs este

alibi í» íí> son mnuin&rAbUs,

JfcvAng.
SERM. DEL P. ELISEO. 22$
frutos admirables ? ¿ qué de la guar­
da y modestia de los sentidos? ¿qué
de la presencia de Dios , freno tan
poderoso de las pasiones , y agudo es­
tímulo de la virtud ? ¿ qué de la re­
petición de actos de Fé , Esperanza,
y Caridad , obligación indispensable,
y medio eficacísimo , para acercar­
nos á Dios ? i qué de la reiteración
de las promesas, que hicimos en el
Bautismo ? ¿ qué de la memoria de
los Novísimos, que preserva el alma
de la muerte ? ¿ qué de la freqüen-
cia de los Sacramentos, manantiales
de la vida ? ¿ qué del exámen diario,
6 á lo menos freqüente , de la concien­
cia , en que se juzga el hombre á sí mis*
mo por los capítulos de la ley, y perfec­
ción evangélica, para condenar sus des­
lices , y arreglar sus pasos ? En fin,
¿qué de la meditación sobre la En­
carnación , la Pasión , la Muerte , y
Resurrección del Hijo de D io s, le-
?3
2 3O EXTAMSN LOS
ñitivó de nuestras penas , fomento de
nuestra esperáíiza, yunque de núes-*
tra fé ^ horno de la caridad; y ca­
si , puede decirse , seguridad infali­
ble de nuestra vida?
Asi es qué se riega él plantío dé
iá divina palabra ; por éstos conduc­
tos llevaban lá humedad saludable al
corazon de sus oyentes los Profetas*
los ,Apóstoles , y los mejores Padres
dé lá Iglesia* Qualquiera que sea el
¡asunto que sé trate principalmente,
deben juhtarse estos puntos» El-Pre-
dlcadoj: á imitaciofi del jugador de
Cartaá , que éil quaíqüierá juego las ba^>
rajá todas * ó M mayor parte de ellas*
aunque seaíiUiiaó dos las principales;
debe entremeter tódos los puntos refe­
ridos* ó muchos de ellos T conforme
sea la rekclotí > qué tengan COíi sil
asunto. Nó cumple ton tratar del
ayuno, de 1¿ oráCioii * de la ubne-*
gacíoh * de h fr aquerida de Sacra-
SERM. DEL ELISEO. 231
mentos , de la Muerte , del Juicio , .de
la Gloria, del Infierno ^ de la En­
carnación , de la Pasión , y Muerte
del Redentor , &c. con hacer un
Sermón de cada uno de estos puntos
en su Feria^ ó Dominica : debe mez­
clarlos en todos sus discursos por su
influxo en la reforma , ó conducta de
la vida christiana. Porque entre ellos
unos mueven al seguimiento de J, C-
en medio de la aspereza, que nos
presenta el camino: otros nos re­
traen del que presentan los vicios,
por mas sembrado de flores, que le
veamos : estos animan á la pureza
del cuerpo, y del alm a, con el pre­
mio : aquellos nos atemorizan en las
sensualidades con la acerbidad de la
pena : tal melancoliza con una triste-*
za santa: qual consuela , y ensancha
el coraron con un gozo sobrenatu­
ral , y todos conspiran á mantener
lim p io flo rid o y abundante de fru-
23$ EXAMEN DE LOS

tos saludables el campo de la Iglesia:


por lo qual no debemos abrir la bo­
ca sobre el pueblo christiano, sino es
como Dios sobre el primer hombre,
para infundirle el espíritu de vida,
inspirándole el divino aliento , y no
los flatos corrompidos' de, los filó­
sofos.
En fin los puntos generales de que
he hablado , sirven de lugares comu­
nes á la Oratoria Evangélica , y deben
jugar en' todos nuestros discursos. Es­
tos son los episodios de nuestros Poe­
mas Sagrados, si puedo hablar de
esta suerte. Bien se dará á conocer
el talento de un Predicador, en saber
escogerlos 7 unirlos , insertarlos , ani­
darlos, y reducirlos, ó estenderlos:
sin cuidarse de la tacha , tal vez de;
largos * coiíio sean útiles al cuerpo
de los fieles, que esa ha de ser su úni­
ca mira*
SEÍIM. DEL P. ELISEO 233

§. VI.
D E F E C T O S E N L A O R A T O R IA *

Sobraba ,1o que hemos dicho , para


que se conociese , ó pudiese ál me­
nos hacer juicio de la miserable Ora­
toria del P. Eliséo. Los Retóricos, que
son los maestros de esta arte, con­
vienen en que la primera ocupacion
del Orador es la invención , que es
lo mismo que decir, que debe saber
la materia de que ha de hablar * y
las fuentes que abundan de ella. Las
disciplinas , las artes, las facultades*
y las ciencias son la semilla que ha
de fecundar al ingenio; á que se si­
gue la disposición 7 el exercicio , y
toda la cultura , y adorno , con que
enseña particularmente la Retórica
á hermosear laceración ; pero-su fon­
do esencial consiste en la ciencia, y
®34 EXAMEN t > E EOS

posesion del asunto, que se trata con­


forme á la sentencia de uno de los
mejores maestros de la antigüedad. ,
Scribendi recte superé esi et princi-
pium et fons . (i)
Si esta instrucción cae sobre eí
fondo de un ingenio claro , d ó cil, y
vivo , entonces dice Cicerón > que
resulta el no sé que de singular >y
excelente. Quum &d naturam eximiam,
ütque illustrem accesserít ratio quce-
dam , conformatioque doUrinfí ; tum
illud nescio quid prmclamm ac singuto-
re solet existerex porque al que po­
see perfectamente su materia ^ y la
encuentra acomodada con la fuerza de
sus hombros, esto es y con su in^
genio,
N ec facundia dessefet bunc mee fací*
$us ordo, (a)

(t) JJorat, A rt. (a ) Horac.


Poéí, ven* 309* 4%*
SERMi DHL P« ELISEO. 3gg
Ver baque provis am rem non invita
sequentur* (i)
Quíntiliano en el Proemio de sus
Inst* Orat. en nada se ocupa tanto co­
mo en manifestar, que al principio, si­
guiendo la naturaleza , que une la
éloqüencia con la sabiduría , se jun *
taron también los oficios , de suerte
que los Sábiós eran los que se estima­
ban como eloqíientes* Fuisse hcec otim
quemadmodum jrnSia natura, sic offi^
do quoqué copulatd , ut iidem sapien­
tes , atque ehquentes haberentur. Y cu
realidad ¿ quién no vé que las disci­
plinas , y las ciencias han de ser lá
madre que con sus institutos t y co­
nocimientos hayan criado al Sabio, pa*
rá entregarle despues á la Retórica
como á un a y o , cuyos preceptos sin
aquel jugo nutricio no formarían mas
que un Parlantín ? ¿ Cómo podrá un

O)
¿36 EXAMEN DE LOS

Orador obligar con su eloqiiencia á la


elección de un General para el man­
do de las Armas, si ignora el Arte
Militar, por cuyos principios ha de
convencer la necesidad que tiene el
exércifo mas florido de una cabeza,
que le dirija; y manifestar las cali­
dades* y el grado de experiencia,
prudencia, severidad. , constancia, va­
lor , &c. que han de concurrir en él?
¿ Cómo ha de persuadir al Senado, y
al Pueblo las ventajas, ó perjuicios, que
puede haber en una guerra, sino es-
tá muy instruido en la política ; si no
conoce las fuerzas , los arbitrios , y
la situación del Reyno , ó Repúbli­
ca , para, convinarlos en su oracion,
y disuadir, ó persuadir á que se de­
clare aquella guerra ? ¿ Cómo ha de
inclinar los ánimos de sus Jueces á cas­
tigar el delito del que acusa, ó pro­
teger la inocencia del que defiende,
si no sabe las leyes de la nación, los
SERM. DEL P. ELISEO. 2 37

exemplares autorizados por la prácti­


ca de sus primeros Tribunales , y las
limitaciones, ó ampliaciones que ad­
miten las mismas leyes , conforme al
juicioso sentir de sus mas ilustres Ju­
risconsultos Regnícolas?
En este incontestable supuesto ¿qué
aprecio podrá hacerse de la Oratoria
de Eliséo , que ocupado todo en de­
cir , no sabe lo que se dice ? Esta
verdad, que parecerá á muchos dura,
ó quando menos poco urbana, es in­
dispensable en nuestro asunto, y debe
disculparla la gravedad de la materia*
Tratamos principalmente del interés
sagrado de la Religión , y de la sal­
vación eterna de las almas , contra
una preocupación tan universal, co­
mo perniciosa : y así debe tomarse la
defensa con toda la energía, que pi­
de tanto interés. Hemos ido mani­
festando. en la obra , que el P. Elíseo
si sabe las Sagradas Escrituras , los
&38 EXAMEN DE tOS

Concilios, los Padres , la Disciplina,


y la Historia , que son las fuentes de
la Religión , del Dogma , y de la
•Moral, lo disimula demasiado en sus
Sermones : así por el poco uso, y ese.
adulterado, que hace de estas bases, y
materiales; como porque ni ajusta á ellos
sus proposiciones, ni saca sus prue­
bas, sus confirmaciones , y sus pre-
vensíones , y confutaciones de los ar­
gumentos contrarios. Su Teología mas
es gentil que cbristiana , por no ha­
berse llenado, como era menester , del
precioso licor de aquellas fuentes. Sus
principios unos son falsos, otros sos­
pechosos , y no pocas veces algo mas;
en ellos se contradice á cada paso#
En fin , las idéas del mérito, de la
gracia , y de la virtud son , quando
menos muy obscuras, y fatal su ex­
plicación. ¿ Quáles, pues vuelvo á de­
cir, han de ser los Sermones de este
hombre?
SEKM. DEL P. ELISEO* ggg
Aunque esto sobraba no solo pa*
ra despreciarlos ; sino para supri­
mirlos , y quitarlos de las manos de
una multitud de seglares, cuya fee
peligra con la lectura de algunos* y
cuya piedad apenas atinará con un
grano de Doctrina Christiana en todo un
saco de filosofía* y paganismo: con todo
como son innumerables ( ¡qué dolorí) los
Predicadores» que ignorantes de la ver­
dadera eloqüencia , se llevan del fo-
Uage de las voces, de la hinchazón
de los clausulones * qué llaman Es~
tilo : y tanto mayor- aprecio hacen
de un autor, quanto mas se apartan
sus frases de nuestro idioma * y de la
común inteligencia; me ha parecida
concluir este Examen con un breve,
y sólida desengaño de esta preocupa­
ción. No es mi ánimo entrar, ni en
la discusión de las diferencias del
estilo ; ni en la qüestion de si la Re­
torica que enseñan los antiguos , y
£40 EXAMEN-DE LOS
sus reglas es necesaria al Orador
christlano. Sobre lo primero son in­
numerables los que han escrito admi­
rablemente, tanto antiguos, como mor
dernos : asi de nuestra Comunion Ro­
mana , como de los que se han se­
parado de ella. Sobre lo segundo no
son menos los escritores , y tengo ya:
explicado mi sentir , á que espero
dar mas extensión en una Diserta-
cxpn, que no tardará en salir.
D ig o , pues, que el P. Eliséo, ade­
más del defecto de la invención ^ y
sus fuentes: defecto que vicia esen­
cialmente sus Sermones, y-que de­
xa sin cimientos la Retórica : además
también de la m ala. disposición , y
unión de las partes de sus Sermones:
segundo vicio esencialísimo de la Ora­
toria , y que hemos manifestado en
varios pasages de este examen t so­
bre lo qual podemos decir que peca
en todos sus .Sermones ; porque en
SERM. m t P. ELISEO. 2 41
qualquiera de ellos es . fácil manifes­
tar , que trastorna los argumentos ,
confunde los materiales* de su fábrica
contra el precepto.
Ut jam nuno dicút , jam mine de-
bentia dici
Pleraque differat , et prcesens in
tempus omittat, (r) (*)
(1) H or. saprál, v, 43. ^ 44,

( * ) Para que qualquiera pueda hacerse


cargo de la conformidad de nuestro modo
de pensar con el del gran Maestro Hora*
cío j me ha parecido insertar la sencilla ^ y
hermosa traducción de nuestro P o n To«
más de Iriarte.

Tom e el que escribe 5 asunto que no se*


Superior á sus fuerzas : [reflexione
Q u al es la carga que en sus hombros pone*
Y si pueden con ella 3 6 los abrumas
fíe n se lo bien $ y en siima5
Quien elige argumento
A dequado á su genio } y su talento.
H allará sin violencia
M étodo perceptible s y eloqüencia,
II Q
34 a EXAMEN BE LOS
Además de todo eso contrayendo-
nos á las puras reglas del adorno de
ese cuerpo ( que por aquellos defectos
no es cuerpo, ó quando mas será
un monstruo , que por entre las mas
brillantes galas descubrirá sus horro­
res ) manifestaré , que el P. Eliséo es
la peor Modista que ha pasado los
Pirinéos , y el Peluquero mas zurdo
de que pueden servirse nuestros Pre­
dicadores. Porque la primera dote
del estilo, fuera de la pureza del
idioma, es la que los latinos llaman
concinnitas , y en castellano puede tra­
ducirse justa extensión ^6 dimensión de
cada una de las partes entre sí : no
de cada una de las partes principa-
íes i sino de cada una de aquellas de
que se componen éstas, Por tanto
consiste en los periodos , que son unas
locuciones , ' ú oraciones ceñidas á
ciertos términos, que van pendientes
entre sí hasta concluir la sentencia 7 6
SERM. DEL P. ELÍSEO* 243

el pensamiento. Son los periodos al


menos bimembres , y quando mas qm~
drimembres : todo lo que de aquí pasa,
si no es vicioso, tampoco es laudable*
Tienen también los miembros su
número de sílabas: de suerte que no
se fatigue el aliento de un Orador
para concluir su periodo. Un perio­
do tras otro , variado por sus innu­
merables diferiencias que traen los
retóricos , son otras tantas oraciones
pequeñas de que se forma el discur­
so , ó la oracion grande* No es me­
nester , ni conviene , que el Orador
vaya siempre, como nota Mr* To­
más en el Ilustrísimo Flechicr , coa
el compás en la mano midiendo sus
periodos: antes algunas veces ha de
perder, digámoslo asi , la paciencia
de esta circunspección , pasando del
periodo á lo que se llama incissmnr
cómo advierten los mismos maestros.
Mas esto que se previene en cier-
244 EXAMEN DE LOS
tos casos, es como una dispensa de
la ley general por la qual debe rey-
nar en la oracion el enlace de los
periodos , y será tanto mas exácta*
fluida r y sonora , quanto sea menos
floxa , ó desunida, que es el vicio
opuesto. La seguóda dote, ó virtud
es , que estos periodos sobre nume­
rosos, tengan el correspondiente ador^
no de tropos , y metáforas.
Como el uso de estas dotes , ó
virtudes admite mas , ó menos ex­
tensión , y una infinita variedad, se­
gún el génio , gusto ó, costumbre del
Orador, también tiene la oracton di­
ferentes caractéres en el estilo , el
qual puede ser attico , asiatico , ó
rhodio, El lacónico es muy impropio
para el género Oratorio , y solo ca­
be como un lunardllo. La naturale­
za de cada uno de estos caractéres
explican á la larga los Retóricos , y
nos contentarémos con decir , que el
SERM. EEL P. ELISEO. 24g
primero consiste en la brevedad,
agudeza, y elegancia, sin afectación,
ni tumor : el segundo , contrario á
éste, en la pompa , y copia de pala­
bras para pocas ideas : el tercero es
un medio entre los dos. A los carac­
teres que pertenecen á la qualidad del
estilo se siguen las propiedades de la
quantidad, de que nace , el que uno
sea magnifico, otro mediano , otro dé­
bil : ó por los vicios contrarios frío
ó hinchado : inconstante ó desigual;
y en, fin seco. Pero fuera de las do­
tes , ó virtudes : y de los caracté-
res de qualidad, y cantidad han de
brillar en el estilo las ideas de decir
que llaman los retóricos , entre las
quales es la principal la claridad.
Después de esta brevísima nocion
del estilo, en que cada uno puede im­
ponérselas largamente, si no lo está,
concluirá sin duda conmigo, que el P*
Eliséo no tiene mas estilo propio, que
246 EXAMEN DE LOS
el no tener alguno. Todos los tiene,
esto e s , los usa según de quien ro­
ba , y todos los desfigura por dis­
frazar el'plagio. Si periodiza con Fle-
chier le quita el Rhodismo, y le ha­
ce Asiatico , y sigue despues con sus
clausulones sin trabazón, ni órden al­
guno de estilo , con una puntuación
rarísima de que hemos indicado ya
algunos pasages , como es toda la
plana 45. Tomo. I. y por toda sa­
tisfacción al que dudáre le remito á
la 352, y siguiente del propio Tomo*
donde para decir , que la muerte di­
sipará los desvarios; y los frívolos
pensamientos perecerán con las co­
sas presentes , gasta 43 lineas con es­
ta puntuación , diez y seis („,) sin seis,
ó siete que le faltan ; un (;) al qual
siguen otras seis y todavia no
concluye la sentencia , sino que in^
terpola una exclamación 7 y'un inter­
rogante, y sigue nueve lineas con
SKftM, DEL P. ELISEO. 2^?
una {,), y quatro puntos y comas.
No es menester decir trias para el que
tenga narices. De esto hallará una co­
secha abundantísima, y nada hallará
menos en el P. Eliséo que periodos.
Por consiguiente, su caracter, ó me*
jor diré el caracter de sus Sermones,
es la inconstancia , y desigualdad, se­
gún la diversidad de originales que
chupa: estilo como dice Heinecío (i)
el mas absurdo de todos quo vix ullus
poterit reperiri absurdior , y advierte
en sus notas, que es propio de los
plagiarios. Soleta dice , boc illis con-
,
fingere qui banc vel illam dictionem
,
ekgantiorem aut integras etiam sen -
tentias ornattotes bonis üutoribus su*
,
blegunt atque huic purpuree deinde
,
suas adtexunt lacinias Sic emrn fit,
quod ait Horarias.
,
Ampbora ccepit instituí cúrrente

(i) Bein> fundam* i*. i, cap*a* g, 4f*


24 B EXAMEN DE LOS
rota cur uroeus exit ? (1)
Be lo qual dice que son innumerables
los exemplos , y el P. Eliséo se con­
tará por uno de los mas ilustres.
El adorno de tropos, y figuras,
excediendo demasiado de sus términos,
hace que cada uno de sus Sermones no
solo dexe de ser una Matrona honesta
decentemente ataviada; que es quan-
to permiten los Oradores profanos á
sus composiciones; sino que pasando
de la compostura provocativa de una
Cortesana, es una botica de todas mo-,
das y ungüentos; pero por fortuna todo
anda acinado, y revuelto. Conócese que
trataba demasiadamente en este género,
y que juntaba quanto hallaba de él
en otros; pero que no era buen sas­
tre para coserlo, ni tenía la delica­
deza de gusto necesaria en la sime**

(1) tíop, A?t> P* aa*


SERM. DHL P. ELISEO» 249
tría de los colores. Su mayor fuerte
es la Prosopopeya, hablando, ¿hacien­
do hablar las cosas inanimadas : no
hay 'Sermón en que no entre ( de-;
hiendo ser tan raro su uso) , y en¡
algunos juega cinco, ó seis veces , y
no es una, ú otra pregunta la que.
hacen, ó les hace : ni poco lo que
dicen, ó les dice, pues suelen ocu­
par una plana, (a) En suma., nada hay
mas verdadero, ni mas falso , que e i
juicio de los Diaristas de París sobre,
este particular. Dicen ” que aunque.
»se valía de todos los arbitrios de la
í?Oratoria .no lo ostentaba , antes al
«contrario , extinguía de tal modo la
^brillantéz de sus pensamientos , que
«parecía era i pesar suyo eloqüente*.
« y ameno.” Aqui hay de verdad el
que se valía de los arbitrios ■ de la
Oratoria , aunque sin talento* Tam-:

(«i) T om . X. p . 3 J 7 . 1. 14. 1. ip.


25° EXAMEN DE tOS
bien es cierto , que extinguía la
brillantéz, no de sus pensamientos,
sino de los ágenos , y qualquiera que
lo reflexione bien , hallará que siendo
ios arbitrios de la Oratoria para ha­
cer brillar, y sobresalir , no digo
los pensamientos grandes , sino las
menudencias de menos entidad ; si
el P. Eliséo valiéndose de aquellos
arbitrios , apagaba las idéas, y pensa­
mientos de Massillon, Flechier, y otros
Maestros, era seguramente porque igno­
raba el verdadero modo de servirse de
las reglas* Sabrialas como un escolar;
pero estaba muy lexos del manejo
diestro de un Orador* De aquí se
colige también, que es falso lo de " que
wparecía era á pesar suyo eloqüente;
s>y ameno, ” Lo cierto es, que procu­
raba parecerlo, pues 'e se valía de to­
ados los arbitrios de la Oratoria ” y
sí á algunos pareció eloqüente y ame­
no , tendrían los oídos tan obstruidos
SERM. DEL P. ELTSEO. 2gí
como él. Los ratos que brilla el P.
Eliséo son de otro : en los que anoche­
ce son suyos : quando se eleva es en
hombros ágenos : quando anda poí
el suelo muestra la flaqueza de sus
bases. Lo mas lastimoso es , que no
pudiendo ignorar la virtud de los
Apóstoles para solidar las de un tu­
llido, levantarle, y hacerle correr
y saltar , (i) no se acoge á ellos, bus­
cando en sus escritos la verdadera
luz que ha de brillar en un Sermón,
y la divina elevación , con que ha de
sobresalir, dexando muy debaxo de
sí todo lo que con sus observaciones*
y preceptos nos ha quedado de la an­
tigüedad profana. Por tanto ningún rao-
délo peor puede escoger un Predi­
cador para su imitación , que estos
Sermones, si pueden llagarse a^í,
vacíos de la palabra de Dios , de la

(i) A ct. 3. 8* Su X X V . 9*
$52 EXAMEN DE LOS
verdadera moral , de los medios pa­
ra conseguir la gracia ; y desnudos
no sola del adorno christiano , sino
aún del miserable aparato de la Ora­
toria del siglo. Huyamos, pues , del
P. Eliséo, y sus semejantés, si quere­
mos cumplir con las obligaciones, que
tomamos en el ministerio de la pala­
bra de Dios , predicándola sin bus­
car nuestro aplauso, puramente para
la exáltacion de nuestra Santa Fee,
gloria de nuestro Soberano Redentor
J. C. y salud eterna' de nuestras al­
mas , y las de _nuestros proximos.
Amen.