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Fundamento neurótico del deseo del analista en la práctica institucional

De un Otro completo a descompletar al Otro

Mi encuentro con instituciones orientadas a atender “la infancia vulnerada” se produce por una
contingencia, algo del orden de la tyché, del tropiezo, del azar. Desde ese primer encuentro hay una
insistencia, una repetición, un retorno, algo del orden del automaton que se presentifica en el
análisis y que despierta las siguientes preguntas ¿por qué elegir ese tipo de institución?, ¿qué tienen
en común?, ¿de qué Otro institucional se trata y cómo eso se articula con mi fantasma?

Otro institucional – Otro materno

Las instituciones que se dedican a atender “la infancia vulnerada” se basan en el discurso
universitario y están particularmente cruzadas por la intervención del Otro jurídico que norma y
delimita en nombre del “bienestar superior”. Es así como operan a partir de una lógica “materna y
maternante” (Laurent, 1999), en la que prima el cuidado y la protección “para todos igual” a costa
de la singularidad. Instituciones que en ocasiones tienden a presentarse como un Otro absoluto,
arbitrario, caprichoso que instala una ley de hierro, que sabe lo que es mejor para el sujeto y que
no duda en responder desde ese lugar ¿Por qué insistir en trabajar en este tipo de instituciones?,
¿qué es lo que posibilita que me pueda mantener y alojar ahí?

El análisis, el control y la participación en carteles, me ha permitido identificar el fundamento a la


base de dicha elección, fundamento que se liga a mi novela familiar y a mi relación al Otro materno.
Se trata de un Otro caprichoso que deja poco espacio a la subjetividad y que ahoga, Otro que hay
que hacer deconsistir a partir del ser diferente, de ser la excepción también de manera caprichosa.
Si en mi caso se trata de lo arbitrario y caprichoso ¿cómo engancha el deseo ahí?, ¿qué es lo que se
repite y qué es lo que hace obstáculo? lo que en mí obstaculiza y se repite es la tendencia a mostrar
la incompletud del Otro, barrarlo, hacer evidente su falla y los puntos en que su discurso no resiste,
ser diferente pero “llevando la contra”, diciendo que no a todo, tendencia que casi se convierte en
un leitmotiv y que en ocasiones incluye actuaciones, esto es lo que se me revela a partir del análisis
y permite pensar una relación distinta, tomando nota de qué Otro se trata y de la importancia que
tiene ese Otro para mí, obteniendo un saber hacer ahí con lo que se repite, con lo que falla, con el
vacío, en una lógica distinta a la de la denuncia y a la excepción caprichosa, sin quedar totalmente
identificada a eso, como plantea Miller “no es un saber… es un conocer, en el sentido de saber
desembrollarse con”.

Paradójicamente el rasgo que permite posicionarme al interior de la institución es el que también


me genera cierto sufrimiento en la cotidianeidad: el ser la diferente. Rasgo que en la institución
adquiere un nuevo estatuto “la tía que se preocupa, la que escucha, la que es paciente”, rasgo que
se engancha con mi novela familiar y mi posición fantasmática que puede ser trabajado de una
manera distinta, ya no marcando la falla del Otro de manera caprichosa, sino “instalando puntos de
interrogación…hacer agujeros en las cabezas” (Miller) lo que implica un saber hacer con el
obstáculo, con la repetición y con lo incurable. Se trata a nivel institucional de una posición
orientada a transmitir algo del deseo no anónimo, de mostrarse como un Otro barrado que puede
alojar al sujeto, de instaurar la singularidad, no sólo en la soledad del consultorio, sino que también
en la Institución. Poder pensar la dirección de la cura no sólo en relación al caso, sino que
considerando también la institución y sus intersticios, para poder transmitir algo que permita
descompletar el saber respecto a los sujetos que ahí son atendidos, una nueva vertiente del
deconsistir al Otro.

Una viñeta.

K (9 años), ingresa a la institución a los 8 años de manera abrupta y sin palabras, por una orden
judicial. No le permiten despedirse de su madre y la envían acompañada por policías. En la
institución, inicialmente no le permiten ver a la madre debido a los dichos planteados en el tribunal
“mala madre y adicta”.

Para K los secretos y el confiar en el otro es central, y es algo que pone constantemente a prueba,
no sólo con la analista, sino que también con la institución. Comienza a gritar en los pasillos de ésta
que fue violada, gritos que son escuchados por el equipo y que ponen en marcha el dispositivo
proteccional “hay que informar a Tribunal”, “hay que recabar un relato”. Se produce así el choque
entre dos discursos que coexisten: el jurídico (basado en hechos y en la realidad objetiva y sostenido
por el discurso universitario) y el analítico, centrado en la escucha del sujeto ¿qué posición ante
esto? Dos intervenciones, con la niña y con la institución.

Con K, quien habla de la dificultad para confiar sus secretos a los otros, pero que sin embargo los
grita, se le marca que es ella la que grita y que no puedo asegurarle que el que la escuche no lo
cuente. Además le informó que la institución hizo la denuncia y que tendrá que declarar con otro
psicólogo, al mismo tiempo le recuerdo que cada vez que me pidan un informe se lo leeré a ella
primero. Tras esta intervención comienza a hablar de sus secretos, pero también a olvidar “usted
ayuda a olvidar las cosas malas, gracias por decirme la verdad, usted guarda mis secretos”.

Con la institución, la negativa a recabar un relato, argumentando que eso influiría negativamente a
nivel transferencial, y que podría perjudicar el trabajo con K, lo que es alojado, la encargada de la
institución decide privilegiar el espacio terapéutico. Además, realizo un segundo movimiento
orientado a hacer parte del proceso a la madre, señalando que es necesario saber lo que ella tiene
que decir, descompletando así la idea instalada respecto al ser una mala madre e instalando la
posibilidad de escucharla.

En la institución en la que trabajo, hay algo del ideal de la protección y los cuidados, pero también
un espacio de aceptación del no-todo y la singularidad que posibilita y resguarda el trabajo analítico,
el que se genera a partir de una transferencia positiva sustentada en los efectos de las distintas
intervenciones.