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PROVERBIOS

Sid S. Buzzell
Traducción: Elizabeth M. de Carpinteyro

INTRODUCCIÓN

El libro de Proverbios contiene instrucciones morales y éticas que tratan con muchos aspectos de
la vida. Las enseñanzas de este libro muestran a los lectores cómo llevar una vida sabia y piadosa y
cómo evitar las consecuencias de llevar una conducta insensata y carnal.

Contiene un mensaje amplio y siempre pertinente por la gran variedad de temas que trata y es
de gran relevancia para la vida cotidiana. Se aluden con frecuencia y de manera sucinta y
penetrante las actitudes, conducta y características correctas e incorrectas de la gente. El libro de
Proverbios es el libro de Dios acerca de “cómo vivir sabiamente”. Es el tesoro de la sabiduría
divina.

Si los israelitas obedecían los decretos y leyes de Dios, se les consideraría un pueblo sabio y
entendido (Dt. 4:5–6). Lo mismo sucede con todos los creyentes, porque “el testimonio de Jehová”
hace “sabio al sencillo” (Sal. 19:7). Los proverbios mostraban a los israelitas cómo debían afectar a
su diario vivir la fe en el Señor y su palabra. También enseña cómo los creyentes de todos los
tiempos pueden ser sabios a los ojos de Dios y de los demás.

El libro de Proverbios completa la enseñanza del A.T., agregándole un énfasis muy importante.
Los israelitas debían guardar la ley y escuchar y obedecer a los profetas, pero también debían
aplicar las verdades de la ley y de los profetas a todos los aspectos de su vida. Aun sin quebrantar
los mandamientos de la ley mosaica y sin ofender a ningún profeta, a lo mejor el israelita no
estaba viviendo plenamente. Los proverbios advierten contra lo ilegal e inmoral, pero también se
centran en cómo llevar una vida dinámica y activa.

Autoría y fecha. La autoría y fecha de Proverbios no se deben considerar aparte de la estructura


del libro, el cual está compuesto de 8 secciones (V. el Bosquejo) escritas en diferentes épocas con
la intervención de varios autores o editores. El título “Los proverbios de Salomón” de 1:1 introduce
los caps. 1–9 (secciones I y II). Salomón reinó de 971 a 931 a.C. así que los proverbios que escribió
pueden fecharse en el s. X a.C. De acuerdo con 10:1, la sección III (10:1–22:16) también es obra de
Salomón.

La sección IV (22:17–24:34) es conocida como “dichos de los sabios” (22:17; 24:23). No se sabe
la identidad de esos hombres sabios, así que tampoco se puede determinar la fecha de sus dichos.
Quizá vivieron antes del tiempo de Salomón, y él compiló los dichos y los añadió a su repertorio. O
tal vez vivieron durante el tiempo de ese rey y un editor anónimo los anexó a los de Salomón.

El rey Salomón escribió los proverbios de la sección V (caps. 25–29), pero fueron compilados
por los varones de Ezequías (25:1). Este último monarca reinó de 729 a 686 a.C., así que esos caps.
se añadieron durante esos años.

Agur y el rey Lemuel escribieron las secciones VI (cap. 30) y VII (31:1–9), respectivamente.
Ellos no eran israelitas, y probablemente eran árabes, aunque su identidad y origen no son muy
claros.

Puede ser que la sección VIII (31:10–31) sea una continuación de las palabras que se atribuyen
a Lemuel (31:1), pero su composición como poema en forma de acróstico y las diferencias en
estilo con 31:1–9, la señalan como una pieza literaria independiente. Si así fuera, se desconoce el
autor.

El libro tomó su forma final al menos durante el tiempo de Ezequías (por el 25:1), pero no se
sabe si sus hombres compilaron todo el libro. La fecha final de la compilación se considera
generalmente ca. 700 a.C., asumiendo que Agur y Lemuel escribieron antes de ese año. Por
supuesto que la escritura y compilación se hizo bajo la supervisión del Espíritu Santo, el autor
divino de todas las Escrituras (2 Ti. 3:16).

Es muy apropiado pensar que Salomón escribió la mayoría del libro, pues fue la persona más
sabia de sus días (1 R. 4:29–31, 34) y escribió 3,000 proverbios (1 R. 4:32; cf. Ec. 12:9). El Espíritu
Santo lo dirigió para que seleccionara solamente unos centenares para incluirlos en las Escrituras.

Se ha sugerido que Salomón escribió Cantar de los Cantares en sus primeros años de edad
adulta, Proverbios en su mediana edad y Eclesiastés al final de su existencia, cuando reflexionaba
sobre sus experiencias pasadas.

Propósito. El propósito de Proverbios consta de 5 aspectos y se presenta en la introducción del


mismo libro (Pr. 1:2–4, 6): (a) “para entender sabiduría y doctrina”, (b) “para conocer razones
prudentes”, (c) “para recibir el consejo de prudencia”, (d) “para dar sagacidad a los simples”, y (e)
“para entender proverbio y declaración, palabras de sabios, y sus dichos profundos”. Estos
propósitos son para ayudar a los lectores a vivir sabia y sagazmente.

Los padres y maestros utilizaban los proverbios para impartir sabiduría, de manera que el
aprendizaje se convertía en aventura y reto. El propósito de usar los proverbios era para ayudar a
los jóvenes a adquirir habilidades mentales que promovieran una vida sabia. El contenido y
estructura de los dichos ayudaban a que los lectores se desenvolvieran mejor. El proceso era un
reto, y el resultado, una recompensa.

En Proverbios se encuentran varias palabras y sinónimos utilizados para “sabiduría”, pero la


más importante y más frecuente es ḥokmâh, la cual se repite 45 veces en el libro. En el A.T., el
vocablo ḥokmâh se utiliza para referirse a la habilidad de los artesanos, marineros, cantores,
plañideros, administradores y consejeros. A éstos y a otros se les consideraba llenos de habilidad;
i.e., “sabios” por su conocimiento, experiencia y eficiencia en las áreas en que eran expertos. De la
misma manera en el ámbito espiritual, una persona que posee ḥokmâh con respecto a Dios es
alguien que tiene conocimiento y experiencia en andar por los caminos divinos. Así que en la
literatura de la sabiduría bíblica ser sabio significa ser hábil para vivir una vida piadosa. Tener la
sabiduría de Dios implica tener la habilidad de lidiar con la vida honrando a Dios. Crawford H. Toy
escribió que “la sabiduría es … aplicar el conocimiento para vivir correctamente en el más alto de
los sentidos” (A Critical and Exegetical Commentary on the Book of Proverbs, “Comentario crítico y
exegético del libro de Proverbios”, pág. 5).

Muchas culturas del antiguo Cercano Oriente poseen escritos de sabiduría (V. la sección
“Relación de Proverbios con la demás literatura antigua de sabiduría”). A pesar de que este libro
es similar en alguna forma a esa literatura, la sabiduría que se promueve en Proverbios contiene
un elemento que no se encuentra en ella. Este libro trata de la sabiduría que se manifiesta en una
sagacidad práctica, perspicacia mental y habilidades funcionales. También incluye instrucciones
para llevar una vida moral y recta, que es resultado de tener una relación correcta con Dios. La
declaración:“el temor de Jehová es el principio de la sabiduría” (9:10) hace que el concepto hebr.
de sabiduría sea único (cf. 14:16, “el sabio teme [al Señor].” También V. 1:7; 15:33; Job 28:28; Sal.
111:10.) Para ser sabio en el sentido bíblico, uno debe empezar teniendo una correcta relación con
Dios. Temer al Señor significa respetarlo por lo que él es y responder en confianza, adoración,
obediencia y servicio. Los sabios hebreos insistían en que si no se honra a Dios y se sigue su
palabra, nunca puede adquirirse sabiduría.

El propósito del libro de Proverbios es inculcar en las personas, especialmente en los jóvenes,
una perspectiva sabia y correcta de la vida, la cual comienza cuando se establece una relación
correcta con el Señor.

Destinatarios. La repetición frecuente del destinatario como “hijo mío” e “hijos míos” de este libro
ha provocado algunas preguntas acerca de la relación que había entre Salomón y su “audiencia”.
Salomón escribió la expresión “hijo mío” 15 veces en los caps. 1–7 y dos veces en otros lados
(19:27; 27:11). Los otros sabios la usaron 5 veces en sus dichos (23:15, 19, 26; 24:13, 21) y la
madre de Lemuel la usó una vez (31:2). Salomón repitió la palabra “hijos” 4 veces (4:1; 5:7; 7:24;
8:32). Originalmente, los vv. que dicen “hijo” o “hijos” pudieron haberse dirigido oralmente a los
alumnos de Salomón y de otros maestros de la corte real, o a sus hijos en sus hogares. A favor del
ambiente escolar está el hecho de que los aprendices a veces eran llamados “hijos” por sus
maestros. A favor del ambiente hogareño está el hecho de que tanto las madres como los padres
eran quienes daban la instrucción (1:8; 6:20; también V. 23:19, 22–26). Además, la madre de
Lemuel enseñó a su hijo un oráculo (31:1–2). La forma en que está escrito el libro de Proverbios es
de gran ayuda para los progenitores que quieren instruir bien a sus hijos e hijas, asimismo, es
obvio que es de gran ayuda para el estudio personal de la Biblia. El hecho de que el libro sea una
colección de dichos sugiere que los proverbios se compilaron en diferentes situaciones y con
diferentes audiencias. De cualquier modo, el libro fue—y es—un excelente manual para que los
jóvenes (y adultos también) aprendan cómo llevar una vida sabia y piadosa.

Estilo literario

1. Significado de la palabra “proverbio”. La palabra “proverbio” es trad. del hebr. māšāl, que
con toda probabilidad proviene de un vb. que significa “ser como, compararse con”. Un proverbio,
entonces, es una declaración que hace una comparación o resume una experiencia común (i.e., la
oración gramatical es “parecida a” y se compara con la realidad). Cada uno de los proverbios
medulares que contiene la mayor parte del libro es un māšāl (cf. 1:1; 10:1; 25:1), pero en otros
lugares del A.T. también se encuentran algunos dichos proverbiales (e.g., Gn. 10:9; 1 S. 10:12;
24:13; 1 R. 20:11; Jer. 31:29; Ez. 12:22; 16:44; 18:2).

Māšāl también significa “refrán” (e.g., Dt. 28:37, “objeto de burla”; 1 R. 9:7; 2 Cr. 7:20; Jer.
24:9; Ez. 14:8). Parece que el sentido de esto es que una persona o nación aludida como refrán es
una lección objetiva para otros. Māšāl también puede usarse para describir un oráculo profético
(Nm. 23:7, 18; 24:3, 15, 20–21, 23) o una provocación (Is. 14:4) larga, que abarca varios vv. Quizá
la idea es que el dicho muestre lo que el orador desearía que fuera la gente. El “discurso” de Job
(Job 29–31) es un māšāl en el sentido de que resume lo que estaba experimentando. “Parábola”
es otra manera de trad. māšāl (Ez. 20:49); en ese caso, la historia de la parábola se parece a un
incidente de la vida real. Eso es similar a cuando māšāl se trad. como “alegoría” (Ez. 17:2). A los
proverbios también se les identifica como enigmas (Sal. 49:4; Prov. 1:6).

Junto con sus máximas que solamente ocupan un v., el libro de Proverbios también incluye
unos cuantos discursos largos (e.g., 6:12–14, 16–19; 7:6–23; 30:11–14, 18–19, 21–23; 31:4–5).

2. Paralelismo. En su totalidad, el libro de Proverbios está escrito en estilo poético. El


elemento estructural predominante de la poesía hebr. es el llamado paralelismo poético. Lo
común es que las dos líneas poéticas que conforman un verso tengan una relación paralela.

En el paralelismo sinónimo, los términos o unidades de pensamiento que hay en una línea se
colocan en forma paralela en la segunda línea, usando términos o unidades similares de
pensamiento. Algunas veces, cada unidad de una línea se relaciona con cada una de la siguiente
(e.g., 1:2; 2:11). A eso se le llama paralelismo sinónimo completo. En otras, sólo algunas unidades
de la primera línea corresponden a las de la siguiente (e.g., en 1:9 la palabra “serán” no tiene
paralelo en la segunda). A eso se le llama paralelismo sinónimo incompleto.

En el paralelismo antitético una línea es lo opuesto de, o el contraste de, la que sigue (e.g.,
10:1; 11:1). La mayoría de los vv. de los caps. 10–15 son antitéticos.

En el paralelismo emblemático, una línea arroja luz sobre la otra por medio de un símil o de
una metáfora (e.g., 10:26; 25:12, 23).

En el paralelismo sintético, la segunda línea simplemente continúa el concepto expresado en


la primera. Algunas veces la segunda da el resultado de la primera (3:6; 16:3) y otras veces
describe algo de la primera (6:12; 15:3). En ocasiones, una línea da la preferencia a lo que se dice
en la otra línea. Hay 19 vv. del tipo “mejor es … que” (12:9; 15:16–17; 16:8, 16, 19, 32; 17:1, 12;
19:1, 22; 21:9, 19; 22:1; 25:7, 24; 27:5, 10; 28:6). Otra forma de paralelismo sintético es el que
utiliza las frases “cuánto más” (11:31; 15:11; 19:7; 21:27) o “cuánto menos” (17:7; 19:10). La
mayoría de los vv. de 16:1–22:16 contienen el paralelismo sinónimo o sintético.

No todos los vv. de Proverbios tienen dos líneas. Algunos tienen tres (e.g., 1:27; 6:13, 17;
27:22; 30:20, 32–33; 31:4), pocos tienen cuatro (e.g., 30:9, 14–15, 17, 19) y uno contiene seis
(30:4). Por lo regular, en los vv. de tres líneas las primeras dos se relacionan de alguna manera y la
segunda y tercera son paralelas de otra (e. g., en 27:27 la segunda contiene un paralelismo
sintético con la primera, completando así el pensamiento, y la tercera es un paralelismo sinónimo
con la segunda). Sin embargo, las tres líneas del 1:27 contienen el paralelismo sinónimo. El libro
Walking in Wisdom: Studying the Proverbs of Solomon “Andando en sabiduría: un estudio de los
Proverbios de Salomón”, escrito por William E. Mouser, Jr., es una buena ayuda para saber cómo
analizar la intención de los varios tipos de paralelismos en el libro de Proverbios.

Por lo regular, aunque no siempre, la segunda línea de un paralelismo de dos, tiene una
intención mayor que meramente repetir las palabras o conceptos de la primera. La segunda podría
abundar sobre la primera, o completarla, definirla, puntualizarla, ser más significativa que ella,
engrandecerla, ser lo opuesto a ella, ser una alternativa o una contraparte. Ese patrón en el cual la
segunda línea se subraya es lo que James L. Kugel llama “A, y además, B” (The Idea of Biblical
Poetry: Parallelism and Its History “La idea de la poesía bíblica: el paralelismo y su historia”, New
Haven, Conn.: Yale University Press, 1981, págs. 7–27, esp. pág. 13).

Debido a que son máximas breves, los proverbios son declaraciones condensadas y directas
acerca de la vida que resumen, cristalizan y condensan las experiencias y observaciones de los
escritores. La naturaleza breve y concisa de las máximas provoca que los lectores reflexionen en su
significado, ya que declaran cómo es la vida y cómo debe vivirse. En forma abrupta y sin usar
muchas palabras, algunos proverbios relatan lo que se observa comúnmente en la vida, mientras
que otros recomiendan o exhortan cómo debe vivirse. Por lo general, cuando se da un consejo se
expone la razón por la cual se da.

Muchas de las máximas proverbiales deben reconocerse como guías, no como observaciones
absolutas, ni como promesas inalterables. Lo que se dice es una verdad en general y regularmente,
pero en ocasiones se señalan excepciones (e.g., cf. Pr. 10:27 con Sal. 73:12).

Tema y asunto. El libro de Proverbios se enfoca en el carácter humano y su conducta. Las


observaciones y amonestaciones del libro acerca de la vida se dirigen a individuos, no a la nación
entera de Israel. Como ya se dijo en el “Propósito”, el libro de Proverbios se enfoca en la vida sabia
la cual es igual a una vida piadosa, puesto que una persona piadosa o justa es sabia delante de los
ojos de Dios. En contraste, el malo o injusto es insensato. Proverbios se refiere repetidamente a
las características y consecuencias de esos dos estilos de vida que se resumen en Salmos
1:6:“Porque Jehová conoce el camino de los justos; mas la senda de los malos perecerá”.

En el libro de Proverbios se habla de muchas de las emociones, actitudes y relaciones


humanas, y con frecuencia se ponen en contraste. Muchos de esos temas se enumeran en el
cuadro “Temas positivos, negativos y otros en Proverbios” en el Apéndice, pág. 425). Un método
común para estudiar Proverbios es compilar los vv. que tratan un tema y analizar todo lo que se
dice acerca de él. Por ejemplo, V. el cuadro “Las palabras y el hablar en Proverbios”, en el
Apéndice, pág. 426). Varios vv. de Proverbios tienen que ver con la vida en el campo y en la
ciudad; con la ética en los negocios, las relaciones sociales, la justicia civil; las relaciones familiares,
los estándares morales, así como las actitudes e intenciones internas.¡No es de sorprender que el
libro tenga tanta relevancia universal!

En Proverbios se dice poco acerca de la vida después de la muerte porque más bien, su énfasis
recae en la vida presente. Se dice que las recompensas por llevar una vida piadosa se reciben en el
presente y que una vida impía resultará en problemas en esta vida (cf. el comentario de Ec. 2:24–
26; 11:9). También afirma que las decisiones de la vida están bien definidas.
El libro de Proverbios también se enfoca en Dios: su carácter (soberanía, fidelidad, santidad,
omnisciencia, omnipotencia, justicia, etc.), sus palabras y sus bendiciones. El nombre Jehová
(“Señor”) aparece 87 veces en el libro.

También se hace énfasis en la relación del hombre con él. Sólo se puede llevar una vida
piadosa y sabia si se vive en el temor y confianza en el Todopoderoso. Este libro señala la
importancia que tiene estar en una correcta relación con Dios y en consecuencia, con los demás.

Relación de Proverbios con otra literatura de sabiduría antigua. A pesar de que la sabiduría de
Salomón excedía a la de todos los demás (1 R. 4:30–31), no fue el único sabio de su época. Egipto
contaba con sabios (Gn. 41:8; Éx. 7:11; 1 R. 4:30; Is. 19:11–12) y la nación de Edom fue conocida
por su sabiduría (Jer. 49:7; Abd. 8). También Babilonia tuvo sus sabios (Is. 47:1, 10; Jer. 50:35;
51:57; Dn. 1:4, 20; 2:13–14; 5:8).

En la literatura sapiencial de Egipto y Babilonia algunas obras son colecciones de proverbios o


cuando menos incluyen dichos proverbiales. Algunos ejemplos de Egipto son: The Instruction of
the Vizier Ptah-Hotep, “La instrucción del Visir Ptah-Hotep” (ca. 2450 a.C.), que contiene consejos
de cómo ser un oficial de estado exitoso; The Instruction of Amen-em-Het, “La instrucción de
Amen-em-Het” (ca. 2000 a.C.), que contiene las palabras de un padre a su hijo acerca de cómo lo
defraudó la gente a quien había favorecido. The Instruction of Amen-em-Ope, “La instrucción de
Amen-em-Ope” (ca. 1300–900 a.C.), que son enseñanzas de un rey a su hijo acerca de la vida,
utilizando algunas palabras similares a las de Proverbios (e.g., “escucha, hijo mío”, “camino de
vida”, “el camino”). El hecho de que algunos dichos de “La instrucción de Amen-em-Ope” tengan
similitudes con Proverbios (e.g., Pr. 22:17–24:22) ha provocado la pregunta de si Proverbios tomó
prestado algún material de ese escrito egipcio, o si el escritor egipcio tomó algo de Proverbios, o si
ambos escribieron independientemente acerca de asuntos comunes. En relación con esta
cuestión, V. el comentario de 22:17–24:22.

Algunos ejemplos de la literatura sapiencial de Babilonia que incluye proverbios son Counsels
of Wisdom, “Consejos de sabiduría” (ca. 1500–1000 a.C.), Akkadian Proverbs, “Proverbios de
Acadia” (ca. 1800–1600 a.C.) y The Words of Aḥiqar, “Las palabras de Aiqar” (700–400 a.C.).

El hecho de que algunas máximas del libro de Proverbios sean similares a los escritos egipcios
y mesopotámicos no afecta a la inspiración divina de las Escrituras. Dios dirigió a los escritores del
libro de Proverbios para que sus palabras escritas, inspiradas por el Espíritu Santo, registraran
exactamente lo que él quería que se incluyera en el canon bíblico. Además, la mayoría de los
escritos no bíblicos son más seculares que el libro de Proverbios y a veces son muy crasos en su
moralidad. El énfasis de Proverbios en el temor a Jehová obviamente le hace falta a esas obras. A
pesar de que hay ciertas similitudes en estilo y contenido con esas obras, Proverbios es único
porque forma parte de la revelación escrita de Dios.

BOSQUEJO

I. Prefacio (1:1–7)

A. Autor y forma literaria (1:1)

B. Propósito del libro (1:2–6)


C. Tema del libro (1:7)

II. Las palabras de Salomón respecto al valor de la sabiduría (1:8–9:18)

A. Valor de la sabiduría al dar honor (1:8–9)

B. Valor de la sabiduría para evitar el desastre (1:10–33)

C. Valor moral de la sabiduría (cap. 2)

D. Bendiciones de la sabiduría (3:1–12)

E. El alto valor de la sabiduría (3:13–20)

F. Valor de la sabiduría al construir relaciones interpersonales (3:21–35)

G. Exhortación a adquirir sabiduría (4:1–9)

H. Valor de la sabiduría para evitar los problemas (4:10–19)

I. Valor de la sabiduría para producir salud (4:20–27)

J. Valor de la sabiduría para evitar el adulterio (cap. 5)

K. Valor de la sabiduría para evitar la pobreza (6:1–11)

L. Valor de la sabiduría para evitar la disensión (6:12–19)

M. Valor de la sabiduría para prevenir la inmoralidad sexual (6:20–7:27)

N. Valor de la sabiduría demostrada en sus virtudes y recompensas (8:1–21)

Ñ. Valor de la sabiduría para el Señor en la creación (8:22–36)

O. Valor de la sabiduría resumida al contrastar su invitación con la de la insensatez (cap.


9)

III. Los proverbios de Salomón (10:1–22:16)

A. Proverbios que contrastan la vida justa y la malvada (caps. 10–15)

B. Proverbios que exaltan la vida justa (16:1–22:16)

IV. Los dichos de los hombres sabios (22:17–24:34)

A. Treinta dichos de los sabios (22:17–24:22)

B. Otros dichos de los sabios (24:23–34)

V. Los proverbios de Salomón compilados por los hombres de Ezequías (caps. 25–29)

VI. Las palabras de Agur (cap. 30)

A. Introducción (30:1)

B. El conocimiento de Dios (30:2–9)


C. Observaciones acerca de la vida (30:10–33)

VII. Las palabras de Lemuel (31:1–9)

VIII. La esposa virtuosa (31:10–31)

COMENTARIO

I. Prefacio (1:1–7)

En estos vv. el autor se presenta a sí mismo y su forma literaria (v. 1), da una larga explicación
de porqué se registraron los proverbios (vv. 2–6) y establece la razón teológica de porqué sus
lectores deberían ser el tipo de persona que él quería que fueran (v. 7).

A. Autor y forma literaria (1:1)

1:1 Los estudiosos difieren acerca de si la referencia los proverbios de Salomón incluye todo
el libro o solamente la primera sección (1:2–9:18). Ya que varios autores y editores se nombran en
otras secciones, es probable que la frase abarque solamente los caps. 1–9, así como esa misma
frase en 10:1 introduzca la sección 10:1–22:16. (V. “Autoría y fecha” en la Introducción).

La palabra “proverbios” no da solamente el título de libro, sino que también designa el tipo de
literatura en que fue escrito. Acerca del significado de māšāl (“proverbio”), V. “Estilo literario” en
la Introducción. Como se menciona allí, a pesar de que māšāl por lo regular significa un dicho
breve cargado de significado, también puede referirse a discursos más largos. La palabra
“proverbio”, entonces, se refiere a varias formas de declaraciones sabias y de inspiración.

B. Propósito del libro (1:2–6)

1. RESUMEN DEL PROPÓSITO (1:2)

1:2. Los Proverbios se escribieron para exhortar a otros a que: (a) adquirieran la habilidad
disciplinada para llevar una vida recta (para entender sabiduría y doctrina [mûsār, trad. como
“disciplina”, NVI99]) y (b) para obtener inteligencia (para conocer razones prudentes). La primera
de éstas se explica en los vv. 3–5 y la segunda en el v. 6. Como se dijo en la Introducción bajo el
subtítulo “Propósito”, en el A.T. la palabra ḥokmâh (“sabiduría”) se refiere con frecuencia a las
habilidades mentales y físicas de los artesanos, marineros, cantantes, plañideros, administradores,
consejeros y otros; pero en otras ocasiones, como en Proverbios, se enfoca en la aplicación de
principios morales y éticos que resultan en una vida plena y piadosa. Una persona con esa clase de
sabiduría es “experta” en vivir piadosamente. A su vez, esa forma de vida resulta en “disciplina”
(cf. v. 3, NVI99) y orden. En el v. 3 la palabra mûsār se trad. “consejo”, que significa “disciplina o
corrección moral”. En hebr., la palabra “conocer” de este v., que también se utiliza en los vv. 5
(trad. como “entendido”) y 6 (“entender”) significa discernimiento o la habilidad de distinguir
entre varios asuntos.

2. AMPLIACIÓN DEL PROPÓSITO (1:3–6)


1:3–5. Estos vv. elaboran sobre las cualidades que se deben adquirir para vivir sabiamente.
Una vida disciplinada que acepta el consejo (mûsār cf. v. 2) de prudencia (cf. “sagacidad”, v. 4) es
la que posee las normas morales más altas y por lo tanto, obra con justicia, juicio y equidad (cf.
2:9). ¡Una persona inmoral o injusta no puede ser sabia a los ojos de Dios!

Los simples (peṯî, 1:4) se refiere a los inexpertos e ingenuos. No son retrasados mentales, y no
significa que carezcan de entendimiento, o que sean tontos y que desprecien la sabiduría. Más
bien, son personas cuyo contacto con la vida y la sabiduría ha sido muy limitado. Por causa de su
inexperiencia, fácilmente son engañados e influenciados. Por lo tanto, necesitan sagacidad (cf.
“prudencia”, 1:3), i.e., inteligencia o sensibilidad (‘ormâh, palabra que se utiliza sólo otra vez en
8:5, 12; Éx. 21:14 [“con alevosía”, RVR60; “premeditación” NVI99]; Jos. 9:4 [“astucia” RVR 60;
“maquinaron” NVI99]). La palabra peṯî (“simples”) se utiliza 14 veces en Proverbios (Pr. 1:4, 22, 32;
7:7; 8:5; 9:4, 6, 16; 14:15, 18; 19:25; 21:11; 22:3; 27:12). Para la explicación de otras palabras
relacionadas con “simples”, V. el comentario de 1:7.

“Los simples” y los jóvenes necesitan sabiduría y prudencia, i.e., inteligencia y cordura
e
(m zimmâh, “planeación sabia”; palabra que también se utiliza en 2:11, “discreción”; 3:21; 5:2,
“consejo”; 8:12, “consejos”). En 12:2 “malos pensamientos” y 14:17 “perverso”, se usa la misma
palabra mezimmâh en un sentido negativo, para señalar un plan engañoso o malévolo. El
experimentado (el sabio, ḥāḵom, y el entendido, 1:5; cf. v. 2) también debe recordar su necesidad
de crecer en sabiduría (en aumentar el saber y en adquirir consejo). “Consejo” (v. 3, taḥbūlôṯ)
significa lit. “dirección” (como el mecanismo que dirige a un barco), y señala la necesidad de llevar
nuestra vida en la dirección correcta. Ese vocablo hebr. se utiliza solamente en Job 37:12
(“designios”); Pr. 11:14 (“dirección”); 12:5; 20:18 (“pensamientos”); 24:6 (“ingenio”).

1:6 El que entiende de “razones prudentes” (v. 2), conoce el significado de un proverbio y
declaración, así como de las palabras de sabios y sus dichos profundos. La frase “dichos
profundos” (NVI99, “enigmas”, ḥîḏâh) se refiere a un establecido indirecto, oblicuo o enigmático
(como figura del lenguaje) que necesita interpretarse. En otras partes, se utiliza para referirse al
enigma de Sansón (Jue. 14:12–19) y a las “preguntas difíciles” que la reina de Sabá le hizo a
Salomón (1 R. 10:1; 2 Cr. 9:1).

C. Tema del libro (1:7)

1:7 Salomón escribió que el temor al Señor es el principio de la sabiduría. La expresión el


temor de Jehová aparece 11 veces en Proverbios (y “teme a Jehová”, cuatro). “Principio” es la
palabra hebr. rē’sîṯ, que significa “comienzo”. No se puede obtener el conocimiento de las cosas
espirituales si se comienza en el lugar incorrecto y rechazando el temor del Señor (i.e., reconocer
el carácter de Dios y responder con reverencia, confianza, adoración, obediencia y servicio). Rē’sîṯ
también significa la “culminación”. La esencia del conocimiento verdadero es el temor a Dios.
Separado de él, la persona queda en la ignorancia en cuanto a las cosas espirituales (Ro. 1:22; Ef.
4:18; 1 P. 1:14). Las palabras de Proverbios 1:7a se repiten en 9:10, cerca del final de la primera
sección (también cf. Job 28:28; Sal. 111:10).

En contraste con aquellos que temen al Señor y tienen conocimiento, los insensatos
desprecian la sabiduría y la enseñanza. “Desprecian” es trad. del término hebr. bûz, que significa
“despreciar, menospreciar, ridiculizar” (cf. Nm. 15:31; Neh. 2:19). Bûz también se utiliza siete
veces más en Proverbios: 6:30; 11:12; 13:13; 14:21; 23:9, 22; 30:17. En Proverbios, tres palabras
hebr. distintas se trad. como “insensato”. Una clase de insensato (kesîl) se caracteriza por una
mente inactiva y cerrada. Tiene la cabeza dura y es testarudo. Esa palabra aparece con mayor
frecuencia en Proverbios que las otras dos; se menciona 49 veces en el libro. Ese tipo de insensato
rechaza la información que proviene de otros porque es perezoso y de visión corta (cf. 15:14). Otra
palabra que se trad. insensato es nāḇāl, que sólo se utiliza tres veces en Proverbios (17:7, 21;
30:22) y se refiere a alguien que carece de percepción espiritual. Un tercer tipo de insensato
(’ĕwîl) es el arrogante y petulante además de torpe. Es una persona burda y aferrada a sus
caminos. Esa palabra se utiliza 19 veces en Proverbios y solamente 7 en otros lados. Los
“insensatos” de 1:7 son aquellos que rechazan a Dios y la sabiduría, porque son arrogantes y
soberbios (cf. v. 29). Los dos tipos de personas se ponen en contraste en este v.: los que en
humildad temen a Dios y por lo tanto adquieren el verdadero conocimiento, y los insensatos
arrogantes que por causa de su negativa a temer al Señor demuestran que desprecian la sabiduría
y la enseñanza (cf. “sabiduría y doctrina” del v. 2). Esos dos tipos de personas se contrastan a
través de gran parte del libro.

II. Las palabras de Salomón respecto al valor de la sabiduría (1:8–9:18)

Esta larga sección es una introducción a la colección de dichos sucintos que se encuentran en
los demás caps. del libro. El propósito de la sección (1:8–9:18) es estimular a los lectores (“mi[s]
hijo[s]”) a que aplicaran sus corazones a los dichos sabios de sus padres. Salomón dio declaración
tras declaración para demostrar la superioridad de la sabiduría sobre cualquier otro estilo de vida.
Además de advertir contra el crimen y el adulterio, sus declaraciones se enfocan en una existencia
productiva y llena de significado. El material puede dividirse en 16 puntos.

A. Valor de la sabiduría para dar honor (1:8–9)

1:8 La frase hijo mío (e “hijos míos”) se utiliza frecuentemente en los primeros 9 caps. y 5
veces en 22:17–24:34. Probablemente se refiere a los propios hijos de Salomón, no a los alumnos
de un sabio, porque hay una referencia a su madre en 1:8. (Para más información acerca de ese
asunto, V. la sección de “Destinatarios” en la Introducción). Oye es un mandato dado varias veces
(4:1, 10, 20; 5:1, 7; 7:24; 8:32; 19:20; 22:17; 23:19, 22). Instrucción es trad. de la palabra hebr.
tôrâh, que por lo regular se trad. “ley”. Cuando se utiliza para una persona en particular, como en
este caso (e.g., madre) se trad. “mandamiento, enseñanza” (cf. 3:1; 4:2; 6:20; 13:14). Puesto que
en los hogares judíos ideales los padres enseñaban a sus hijos la ley de Dios (cf. Dt. 6:4–7), la
misma palabra (tôrâh) se utilizaba para la ley y para la instrucción que se daba acerca de ella.

1:9 Si los hijos atendían a las enseñanzas de sus padres, se les prometía un adorno (algún tipo
de adorno para su cabeza; cf. 4:9) y un collar para su cuello (cf. 3:3, 22). Atender significa escuchar
con atención la instrucción de los padres, lo cual les daría una vida atractiva y una buena situación
en ella. Además, serían objeto de honor. El contraste que se sugiere es que la desobediencia y la
rebelión les traería deshonra.

B. Valor de la sabiduría para evitar el desastre (1:10–33)


1. EL DESASTRE QUE ACARREA LA BÚSQUEDA DE LA MALDAD (1:10–19)

La vida del malo parece ser atractiva en un principio, pero aquí se presenta en su justa
dimensión. El insensato se deja deslumbrar por la posibilidad de adquirir riquezas fácilmente y
obtener una gratificación inmediata (vv. 10–14), pero el sabio prevé las consecuencias de tal
pecado y desatino.

1:10–14. La presión de un grupo puede ser muy fuerte, especialmente para los jóvenes. Por lo
tanto, necesitan aprender a rechazar las invitaciones de los pecadores, quienes los invitan a matar
y robar. Andar en camino con ellos y aceptar tal influencia es un paso descendente (cf. v. 15).
Pongamos asechanzas para derramar sangre (cf. 12:6) declara con toda claridad sus intenciones
homicidas. (Cf. el comentario de “asechanzas”, 1:18.) Esos pecadores están listos para privar a la
gente de la vida con el propósito de quitarles su dinero; es más, quieren tragarlos vivos como el
Seol (še’ôl, no se refiere aquí a la vida después de la muerte) o como el abismo (sinónimo de
“tumba”) se “traga” al muerto. En su codicia de obtener posesiones (v. 13) presionan a los jóvenes
(aquí al hijo del padre) a participar con ellos (v. 14), prometiéndoles compartir el botín.

1:15–19. Una vez más Salomón instó a su hijo a que no anduviera en los caminos de tales
personas (cf. v. 10). Poner el pie en sus veredas (cf. 4:14) significa involucrarse de manera casi
irremisible en el mal y en derramar sangre inocente (cf. 1:11). Las aves tienen la suficiente
inteligencia como para evitar la red que les tienden para atraparlas. Pero esos hampones, que son
más insensatos que las aves, ven la trampa y aún así ¡se la ponen ellos mismos! Acechan para
derramar sangre de otros, pero ellos mismos caen en su propia trampa (cf. v. 32; 26:27; 28:10). Es
muy obvio el lenguaje humorístico que emplea el autor para hablar del resultado de bumerán que
obtienen, pues no pueden disfrutar de sus ganancias adquiridas en forma ilegítima (1:19; cf. 10:2;
28:16). Los ladrones roban, pero luego el dinero les quita la vida. En otras palabras, de nada sirve
ser criminal.

2. EL DESASTRE QUE PRODUCE HACER CASO OMISO DE LA SABIDURÍA (1:20–33)

La sabiduría se personifica como una mujer y apela a todo el mundo (vv. 20–23), pero el
insensato la ignora (vv. 24–28) corriendo su propio riesgo (vv. 29–33). La sabiduría también se
personifica como mujer en 3:16–18; 4:3–6; 8:1–21, 32–36; 9:1–6; 14:33.

1:20–23. Mientras que los pecadores de los vv. 10–19 mantienen en secreto su invitación al
joven, la sabiduría clama en las calles y en otros lugares públicos de la ciudad. Con dos preguntas
retóricas invita a tres grupos de personas a abandonar sus malos caminos. Son los que con mayor
probabilidad rechazarán su llamado. Se refiere a los simples (peṯî; V. el comentario del v. 4), los
burladores (cf. Sal. 1:1) y los insensatos (kesîl; cf. el comentario de Pr. 1:7). Si el insensato hace
caso de la reprensión de la sabiduría, puede llegar a ser sabio (v. 23). Proverbios menciona con
frecuencia que la reprensión por medio de la corrección verbal es de gran ayuda (vv. 23, 25, 30;
3:11; 9:8 [dos veces]; 13:1; 15:31; 17:10; 19:25; 25:12; 27:5; 30:6).

1:24–28. Rechazar o hacer caso omiso de la sabiduría y no aprender de su reprensión (cf. vv.
23, 30) trae graves consecuencias. Cuando llega la calamidad, como sucede a todo el mundo, la
sabiduría en forma burlona rechaza ayudar a los pecadores. La risa de la sabiduría ante la
tribulación y angustia pareciera una crueldad. Pero sencillamente significa que el menosprecio del
consejo seguirá al que lo rechazó cuando le llegue la calamidad. Ella les había hablado, pero la
rechazaron. Ahora eso se va a revertir con los mismos resultados; ellos la llamarán, pero ella no
responderá. Cuando el insensato rechaza la sabiduría y después trata de empezar de nuevo y
seguir el camino de ella, sus esfuerzos son vanos. Si se rehúsa a aprender de la sabiduría no puede
pedir que vuelva después de que ha retirado su ofrecimiento.

1:29–33. Rechazar el llamamiento de la “dama de la sabiduría” es equivalente a aborrecer el


conocimiento (cf. v. 22) y rechazar el temor de Jehová (cf. v. 7 y el comentario de ese v.). Así que
los insensatos sufrirán las consecuencias de sus propios consejos (v. 31). Cosecharán lo que
sembraron (cf. Gá. 6:7). Tal como se ilustra en Proverbios 1:19, la insensatez (los ignorantes, peṯî y
los necios, kesîl, v. 32) produce la muerte. En contraste, seguir el camino de la sabiduría provee
seguridad (3:23) y paz.

Esos contrastes entre las consecuencias de la ignorancia (1:32) y de la sensatez (v. 33) marcan
el carácter del resto del libro.

C. Valor moral de la sabiduría (cap. 2)

En este cap. el padre instruye a su hijo (“hijo mío”; cf. 1:8) acerca del esfuerzo que se necesita
para adquirir la sabiduría (2:1–6), los beneficios morales de obtenerla (vv. 7–10) y la protección
que provee contra la gente inmoral (vv. 11–22).

1. BÚSQUEDA DE LA SABIDURÍA (2:1–6)

2:1–4. En estos vv. se utilizan ocho vbs.: recibir y guardar (v. 1), hacer que el oído esté atento,
inclinar el corazón, clamar, dar voz a la prudencia (v. 3), buscar y escudriñar (v. 4). El objeto de
esas actividades son las palabras del maestro y sus mandamientos (v. 1; cf. “mandamientos”, en
7:1) sabiduría y prudencia (2:2) inteligencia y prudencia (v. 3; “inteligencia” tiene el sentido de
“discernimiento” en vv. 6, 11). Uno debe esforzarse por llegar a ser sabio. Obtener sabiduría
involucra apertura, retención, atención (dar oído), aplicar (con el corazón; cf. v. 10), pedir y buscar
con diligencia.

2:5–6. Las tres expresiones condicionales “si” de los vv. 1, 3–4 concluyen con un entonces (v.
5), lo cual introduce el resultado. Buscar y valorar a la sabiduría conduce a una persona al
entendimiento (discernimiento) del temor de Jehová; i.e., a conocer a Dios. Esa es la misma
verdad establecida en 1:7. El Señor es la fuente de la sabiduría (cf. Stg. 1:5). Si una persona teme
al Señor, hallará sabiduría, conocimiento (cf. Pr. 1:4; 2:10), e inteligencia (cf. vv. 2–3, 11).

2. BENEFICIOS MORALES DE LA SABIDURÍA (2:7–10)

2:7–10. La sabiduría produce beneficios morales positivos que conducen a la buena salud.
Mantiene a la persona alejada del mal y contribuye a su santidad. La sabiduría es asunto del
corazón y de la conducta moral, no sólo de obtener conocimiento intelectual. Eso se evidencia en
las palabras rectos y los que caminan rectamente (cf. v. 21), “el que guarda las veredas del juicio”,
los santos (“fieles”, NVI99, del vocablo ḥeseḏ, i.e., los que son fieles a Dios). En otros lados de
Proverbios la palabra sana sabiduría se trad. “buen juicio” (en la NVI99; 3:21; 8:14; 18:1). En 2:7
significa éxito, que es el resultado del buen juicio. Como un escudo (cf. Sal. 3:3) Dios protege a los
que por su sabiduría son rectos y morales, i.e., los que son de él (cf. Pr. 1:33). Una vida moral
ayuda a la persona a ser equitativa con los demás, y puede actuar con justicia, juicio y equidad (cf.
1:3). “Equidad” es trad. de la misma palabra que se vierte “rectos” en 2:7. La conducta de una
persona se describe con los sinónimos caminan … veredas … el camino … buen camino (vv. 7–9;
cf. vv. 12–13, 15, 18–20).

El que lucha por hallar la sabiduría (vv. 1–4) encontrará que ésta entra en su corazón (v. 10).
Obtener sabiduría requiere diligencia de parte del hombre porque ésta se requiere para hacer la
voluntad de Dios. Sin embargo, la sabiduría es un don de Dios (cf. v. 6). Poseer tal ciencia de parte
de Dios provee un gozo interior o placer.

3. LA SABIDURÍA PROVEE PROTECCIÓN CONTRA LOS INMORALES (2:11–22)

La sabiduría es de gran valor; por lo tanto, debe buscarse con ahínco (vv. 1–4). Por un lado,
protege de los malvados (vv. 12–15) y de la mujer malvada (vv. 16–19) y por el otro, ayuda a
mantenerse en los caminos rectos (vv. 20–22).

2:11–15. La generalización acerca de la protección que provee la sabiduría (v. 11) conecta los
vv. 7–8 con 12–15. Dios protege (v. 8) y también la discreción que él da, protege (v. 11; cf. 4:6;
13:6). Los vv. 12–15 cobran un mayor significado cuando se les relaciona con la advertencia de
1:10–19. El camino y las palabras de los malos son perversidades (2:12). En hebr. se usa la misma
palabra para “perverso” y perversidades (v. 14). Proviene del vb. “volver, volverse de, voltear” lo
cual implica que algo se ha “volteado” de lo normal. Esa palabra hebr. aparece 8 veces en
Proverbios (2:12, 14; 6:14; 10:31–32; 16:28, 30; 23:33) y solamente una vez en otro libro (Dt.
32:20). Tal gente se vuelve de los caminos derechos (lit. “rectos”; cf. Pr. 2:7) a las sendas
tenebrosas (i.e., malvadas). Incluso, se goza de su perversidad y de sus veredas … torcidas.
“Torcidas” es trad. de iqqēš (“chueco”) que también se utiliza en 6:12 (“depravado”); también se
trad. “perverso” en 11:20; 17:20; 19:1; 22:5; 28:6. Sus obras son una distorsión de la moralidad.
Las palabras caminos (2:12–13, 15) y sendas (vv. 13, 15) ayudan a relacionar este pasaje con otras
partes del cap. 2 (cf. “camino” de los vv. 8–9, 20; “veredas” 8, 18, 20, “senderos” 19; también cf.
4:19; 7:25; 8:20).

2:16–19. La sabiduría también protege de (serás librado de; cf. v. 12) la mujer inmoral (cf. 7:4–
5). La mujer extraña (’iššâh zārâh) y la ajena (noḵrîyâh) son palabras sinónimas.

La primera podía referirse a una no israelita (como Rut; Rt. 2:10) o (como la de Pr. 2:16; 5:3,
20; 7:5; 22:14; 23:27), a una que por causa de su inmoralidad se encontraba fuera del círculo de
las relaciones interpersonales correctas. En Proverbios, noḵrîyâh se utiliza en 2:16; 5:20; 6:24; 7:5;
23:27. Mientras los hombres malvados utilizan palabras perversas (2:12), las adúlteras utilizan
palabras seductoras (cf. 5:3; 6:24; 7:5, 21). El compañero de su juventud se refiere a su esposo (cf.
“la mujer de tu juventud”, 5:18), y el pacto que abandona es su voto matrimonial. Se olvida de su
compromiso con su esposo y se vuelve promiscua. Involucrarse con tal persona (en su casa) lleva a
la muerte; el adulterio coloca a la persona en el irrevocable camino que lleva eventualmente a la
muerte física (cf. 5:5; 7:27); por eso es fatal. Los muertos es trad. de r ep’ā’ îm, que aparece
también en 9:18; 21:16 (V. el comentario de Job 26:5). Con respecto a las veredas (Pr. 2:18–19) V.
el comentario de los vv. 13, 15 (cf. 5:6).
2:20–22. La persona que busca la sabiduría (vv. 1–4) evita a la gente mala (vv. 11–19) y puede
tener amistades buenas (los buenos y los justos). Escapar de la inmoralidad no es suficiente para
el hombre sabio; también debe buscar activa y progresivamente el bien. Como resultado de ello,
Dios lo bendice. Para los israelitas, habitar en la tierra (de Canaán) era una señal del favor de Dios
(cf. Éx. 20:12; Sal. 37:3, 9, 11, 29). El contraste entre los rectos y los perfectos (cf. Pr. 2:7) que
gozarán de la prosperidad de Dios en la agricultura, y los impíos y los prevaricadores, que no
estarán más en la tierra por causa del exilio o la muerte, es un recordatorio del contraste que se
encuentra en Salmos 1:6 (cf. Pr. 10:30).

D. Bendiciones de la sabiduría (3:1–12)

El padre-maestro da cuatro mandatos (vv. 5–12) después de dar otras palabras contundentes
de exhortación para que sus hijos buscaran sus enseñanzas (vv. 1–4). Cada uno de ellos tiene que
ver con el peligro de no usar bien un don de Dios. El hijo debe (a) confiar en Dios y no apoyarse en
su propia prudencia (vv. 5–6), (b) temer a Dios y no ser sabio en su propia opinión (vv. 7–8), (c)
honrar a Dios y no dejar de ofrendar (vv. 9–10), y (d) apreciar a Dios y no interpretar mal su
disciplina y su valor (vv. 11–12). Estos vv. siguen un patrón alternado de mandatos y recompensas:
mandatos (v. 1), recompensa (v. 2), mandatos (v. 3), recompensa (v. 4), mandatos (vv. 5–6a),
recompensa (v. 6b), mandatos (v. 7), recompensa (v. 8), mandato (v. 9), recompensa (v. 10),
mandatos (v. 11), recompensa (v. 12). Las recompensas incluyen longevidad y prosperidad (v. 2),
favor para con Dios y la gente (v. 4), menos problemas en la vida (v. 6), salud (v. 8), prosperidad (v.
10) y conciencia del amor de Dios (v. 12).

1. EXHORTACIÓN A SEGUIR LAS ENSEÑANZAS DEL PADRE (3:1–4)

3:1–2. Nuevamente se insta al hijo (cf. 1:8, 15; 2:1; 3:11, 21)—de manera negativa (no te
olvides) y también positiva (a que guarde)—a que preste atención a lo que se le ha enseñado.
Como en 1:8; 4:2 y 6:20, 23, la palabra ley es trad. de tôrâh (V. el comentario de 1:8). (Acerca de
los mandamientos; cf. 2:1; 4:4; 6:20.) Si esas instrucciones llegaran a ser parte de su vida, podría
obtener dos beneficios: longevidad (cf. 3:16; 4:10; 9:11; 10:27; 14:27; 15:24), que era símbolo de
la bendición de Dios (cf. Éx. 20:12) y prosperidad. La palabra que se trad. prosperidad, šālôm, con
mayor frecuencia se vierte como “paz”. A pesar de que incluye paz y prosperidad, tiene un
significado más amplio. También incluye integridad, salud y armonía.

3:3–4. Misericordia es trad. de ḥeseḏ, “amor leal, lealtad al pacto o compromiso adquirido”.
Esa cualidad junto con la verdad (cf. “misericordia y verdad” que se mencionan en 14:22; 16:6;
20:28) debería adornar la vida de una persona como si fuera un collar que se ata en el cuello (cf.
1:9; 3:22; 6:21) y debería estar escrita, en forma figurada, en el corazón (cf. 6:21; 7:3). La intención
de esos vv. no es promover el uso de las filacterias (V. el comentario de Dt. 6:8–9), sino exhortar a
poner atención profunda y adherirse a las enseñanzas de los padres. Los resultados de tal apego
resultan en gracia y buena opinión; i.e., “buena fama”, NVI99). “Gracia” es trad. de ḥen, que
proviene del vb. ḥānan, “tener gracia o mostrar favor”. El sustantivo se trad. “gracia” en Pr. 3:4,
34; 13:15; 28:23; 31:30; “agraciada” en 11:16. “Buena fama” se trad. como “buen entendimiento”
en 13:15. En hebr., la expresión śēkel ṭôḇ(“buena opinión”) incluye la idea de capacidad y
efectividad y, por lo tanto, tener una reputación de prudencia.
2. MANDATO DE CONFIAR EN EL SEÑOR Y NO APOYARSE EN SU PROPIA PRUDENCIA (3:5–6)

3:5–6. Confiar en Jehová con todo el corazón significa que uno no debe descansar (apoyes) en
su propia prudencia, pues los pensamientos humanos nunca son suficientes. Los caminos de Dios
son incomprensibles (Is. 55:8–9; Ro. 11:33–34); y aún así, es digno de toda confianza. Toda la
sabiduría que una persona pueda adquirir no puede reemplazar la necesidad de ejercer una total
confianza en los caminos superiores de Dios. El corazón en hebr. se refiere a las emociones (Pr.
12:25; 13:12; 14:10, 13), pero con más frecuencia alude al intelecto (tal como el entendimiento,
10:8; corazón entendido, 15:14; corazón del justo, 15:28), o la voluntad (5:12).

Cuando una persona confía en el Señor y lo reconoce (no se trata sólo de asentir con la cabeza
en reconocimiento, sino de conocer íntimamente a Dios) en todos sus caminos (cf. todo tu
corazón, 3:5), encuentra que el Señor endereza sus veredas. Eso significa más que una mera guía;
quiere decir que Dios quita los obstáculos, haciendo que el camino de la vida sea más fácil, o
mejor, llevando al creyente a la meta propuesta. (Acerca de los caminos y sendas, cf. v. 17 y V. el
comentario de 2:13, 15.) Proverbios enseña que los que viven de acuerdo a la sabiduría tienen una
vida mejor y menos problemática (e.g., 3:10, 16, 24–25).

3. MANDATO DE TEMER AL SEÑOR Y NO ADMIRAR LA SABIDURÍA PROPIA (3:7–8)

3:7–8. Los jóvenes que obtienen sabiduría necesitan recordar que no llegaron a ser sabios por
sí mismos; la sabiduría viene de Dios (2:6). Ese recordatorio es similar al de 3:5b. Un
reconocimiento profundo de Dios y una respuesta correcta a él (temor a Jehová; cf. comentario de
1:7) ayuda a evitar el pecado de orgullo (cf. Ro. 12:16). (Acerca de evitar el mal; cf. Pr. 8:13; 14:16;
16:6; Sal. 97:10.) Como resultado de ello, Dios otorga salud y vigor (cf. Pr. 4:22). La salud en los
huesos, que se menciona varias veces en Proverbios (3:8; 12:4; 14:30; 15:30; 16:24; 17:22), implica
que la salud espiritual y la física están íntimamente relacionadas, como es bien sabido hoy en día.

4. RECOMENDACIÓN DE HONRAR AL SEÑOR Y NO RETENER LAS OFRENDAS (3:9–10)

3:9–10. En Israel, honrar a Jehová con … las primicias de todos los frutos era una manera de
expresar gratitud por su provisión (Dt. 26:1–3, 9–11) y de reconocer a Dios por su ayuda (Pr. 3:6).
A cambio, el Señor (cf. v. 4) promete llenar los graneros (con alimento) y los lagares con mosto
(tîrôš, “jugo de uva recién exprimido”). Generalmente es una verdad que la santidad resulta en
ganancia y que la piedad resulta en prosperidad (cf. v. 2; Dt. 28:1–14; Mt. 6:33). Pero ese tipo de
generalización, común en Proverbios, no impide que Dios haga excepciones. De otra manera, a él
se le tomaría como una inversión y no como el objeto de todo honor. Proverbios 3:10 se equilibra
muy bien con los vv. 11–12, como Derek Kidner apunta muy atinadamente (The Proverbs: An
Introduction and Commentary, “Proverbios: Introducción y comentario”, pág. 64).

5. APRECIAR AL SEÑOR Y NO INTERPRETAR MAL SU DISCIPLINA (3:11–12)

3:11–12. El Dios en quien se puede confiar para quitar los obstáculos, hacer que la persona
llegue a su meta propuesta (vv. 5–6) y para suplir las necesidades materiales (vv. 9–10), demuestra
su amor por medio de la disciplina. La advertencia al hijo (cf. vv. 1, 21) es doble: no menosprecies
(“rechazar o tomar a la ligera”) la disciplina del Señor y no te fatigues (“resentir o detestar”) de su
corrección (V. el comentario de 1:23 y cf. Job 5:17; He. 12:5–6). Es difícil aceptar el castigo físico y
la corrección verbal, pero estos correctivos son una demostración de la preocupación amorosa del
Señor. Lo mismo sucede con la disciplina de los padres para sus hijos (cf. Dt. 8:15). Aborrecer tal
disciplina—pensando que Dios castiga porque se goza en provocar dolor—no toma en cuenta los
beneficios que produce tal corrección.

E. El alto valor de la sabiduría (3:13–20)

3:13–15. Ya que la sabiduría trae alegría (el que la obtiene es bienaventurado; cf. v. 18 y V. el
comentario de Sal. 1:1) y que la riqueza por lo regular no produce la felicidad genuina (Ec. 5:10–
12), el valor de la sabiduría excede por mucho al valor de los metales preciosos tales como la plata
… el oro y las piedras preciosas (cf. Pr. 8:10–11, 19). Las palabras ganancia y obtener mejores
frutos (lit. “mejores rendimientos”) están en un lenguaje comercial y de inversiones. Lo que la
sabiduría reditúa a su poseedor es de mayor valor que cualquier cosa que el oro o la plata puedan
comprar.

3:16–18. La sabiduría, personificada como mujer, reparte con ambas manos, i.e.,
generosamente. Su mano derecha provee longevidad (cf. v. 2) y de su izquierda provienen las
riquezas (lo que se puede comprar con plata y oro) y aún más (e.g., honra; cf. v. 4; 4:8; 8:18; 21:21;
22:4). Además de otorgar largura de días (3:16; V. el comentario de v. 2), la sabiduría también
provee una alta calidad de vida: placer y paz (šālôm; V. el comentario del v. 2). Una larga vida sin
tomar en cuenta la calidad de la misma podría ser una maldición en lugar de una bendición.
(Respecto a caminos y veredas; cf. v. 6 y V. el comentario de 2:13, 15.)

En Proverbios se menciona con frecuencia la vida de calidad: 3:22; 4:13, 22; 6:23; 8:35; 10:11,
16–17; 11:19, 30; 12:28; 13:14; 14:27; 16:22; 19:23; 21:21; 22:4. Una vida larga y fructífera se
expresa con la figura de un árbol (3:18). Así como el árbol de vida es fuente de vida (Gn. 2:9), así
también la sabiduría es una fuente de vida. (Pr. también se refiere al árbol de vida en 11:30; 13:12;
15:4).

3:19–20. Cuando Dios creó al mundo, usó su sabiduría … inteligencia y ciencia. Si Dios
necesitó de ellas, entonces seguramente la gente las necesita también. El pasaje de 8:22–31
explica la relación que hubo entre Dios y la sabiduría en su creación.

F. Valor de la sabiduría al edificar relaciones interpersonales (3:21–35)

3:21 La frase ya familiar de hijo mío (cf. vv. 1, 11) introduce un ruego de que abrace las
cualidades de más valor. La ley (NVI99 “buen juicio”) es trad. de la palabra hebr. “sana sabiduría”,
en 2:7 (V. el comentario allí). Consejo (mezimmâh) se trad. “inteligencia” en 1:4. La última parte
del 3:21 se parece a la primera del 4:21.

3:22–26. Estos vv. mencionan la variedad de beneficios que reciben los que atienden a la
exhortación del v. 21. Éstos incluyen vida (v. 22; cf. el comentario del v. 18), seguridad (v. 23; cf.
1:33; 2:7–8), ausencia de problemas (cf. 3:6), sueño tranquilo (v. 24), confianza en el futuro (vv.
25–26a) y ausencia de las trampas que son puestas por los malos (cf. 1:15–18). La larga vida a que
se refiere 3:22 puede atribuirse en parte al sosiego tan gráficamente ilustrado en los vv. 23–26.

3:27–35. Estos vv. incluyen cinco máximas que ejemplifican las relaciones interpersonales.
Cada uno de los vv. 27–31 comienza con la negación no y son ejemplo de lo que significa ser sabio.
Pueden agruparse en tres categorías (vv. 27–28, 29–30, 32–35): (1) El mandato de no negarse a
hacer el bien a quien es debido (v. 27) significa lit. “no retengas el bien de sus dueños”. La idea es
la de cumplir una obligación contraída, tal como pagar el salario a un empleado contratado (Lv.
19:13b; Dt. 24:15). Proverbios 3:28 pareciera resaltar la verdad del v. 27, pero puede ampliar la
idea para incluir la de ser generoso con el pobre. Eso es actuar con “justicia, juicio y equidad” (1:3).
(2) Intentar mal contra el prójimo (3:29) viola su confianza, y tener pleito con él (v. 30) viola el
noveno mandamiento (Éx. 20:16). Intentes mal es trad. de ḥāraš, “arar”, de donde proviene la
idea de que se ha estado planeando y maquinando tal como se hace un surco en los campos. La
palabra también se usa en Proverbios 6:14; 12:20; 14:22a, textos en que se trad. “pensar mal”;
“maquinan” en 6:18 y “pensar bien” en 14:22b. (3) Algunas personas envidian al hombre injusto
(3:31; cf. 23:17; 24:1, 19) porque ven el dinero que posee o los placeres de que supuestamente
disfruta. Pero Dios da cuatro razones por las cuales no se les debe envidiar: (1) Jehová abomina al
perverso (esta palabra proviene de lûz, “ser malvado”; cf. 14:2), mientras que los justos gozan de
comunión con él (3:32). (2) El Señor maldice al impío, pero bendecirá alos justos (v. 33). (3) Dios
escarnecerá a los escarnecedores (cf. el comentario de 1:22), provocando un efecto de bumerán
por sus acciones, mientras que los humildes recibirán su gracia (cf. Stg. 4:6; 1 P. 5:5). (4) Los
sabios recibirán honra (cf. Pr. 3:16) mas los necios (kesîl; V. el comentario de 1:7) serán
avergonzados. Estos vv. muestran que en el libro de Proverbios, las palabras recto, justo, humilde
y sabio, son básicamente sinónimos.

G. Exhortación a adquirir sabiduría (4:1–9)

Esta exhortación a adquirir la sabiduría es similar a otros pasajes de los caps. 1–9 (1:8–9; 2:1–
6; 3:1–2, 21–26; 4:10, 20–22; 5:1–2; 6:20–22; 7:1–3, 24; 8:32–36). La sabiduría da vida (4:4),
protección (v. 6) y honra (vv. 8–9). La exhortación es válida, porque la sabiduría no se acaba y
porque es de gran valor por la honra que confiere.

4:1–2. La exhortación del padre comienza con el mandato de oir (cf. 1:8; 4:10, 20; 5:1, 7; 7:24).
Por lo regular, esos consejos se dirigían al “hijo”, pero aquí y en 5:7; 7:24; 8:32 se encuentra en
plural, hijos. La expresión estad atentos también se repite en 4:20; 5:1; 7:24; 22:17. Tal como en
1:8; 3:1; 6:20; 13:14 tôrâh, que normalmente se trad. “ley”, aquí se trad. correctamente
enseñanza (V. el comentario de 1:8).

4:3–6. Aquí Salomón se refiere a su niñez, cuando sus padres David y Betsabé le enseñaron a
él. Entonces era el hijo único, aunque después tuvo tres hermanos (1 Cr. 3:5). Proverbios 4:4b–9
cita al padre de Salomón, David. Al mencionar sus palabras, Salomón estaba transmitiendo la
instrucción a sus hijos. Las tres generaciones involucradas ilustran el concepto de Deuteronomio
6:2. David había insistido a Salomón que obedeciera sus razones con todo su corazón (cf. Pr. 3:5)
para que viviera (cf. 3:1–2). Guarda mis mandamientos y vivirás se repite en 7:2a.

Posiblemente las instancias de David a que Salomón adquiriera la sabiduría contribuyeron a


influenciarlo para que la pidiera a Dios (1 R. 3:5–14). La sabiduría debe buscarse (tres veces
Salomón dijo adquiere; Pr. 4:5 [dos veces], 7 [una vez]) y valorarse (ámala; cf. 8:17, 21) porque
ella (la sabiduría se personifica aquí de nueva cuenta como mujer) guarda (cf. 2:7–8, 11; 3:21–23)
y le promete: te conservará.
4:7–9. Tal como se establece en 3:13–15, nada puede compararse con la sabiduría. Por lo
tanto, debe ponerse ante todo, y bien vale la pena el esfuerzo y el costo que se inviertan para
adquirirla. Si se le valora y ama (cf. 4:6), ella provee honra (3:16) y una vida atractiva, ilustrada
como un adorno de gracia (NVI99, “hermosa diadema”; 1:9) y una corona de hermosura (utilizado
en 16:31 para referirse a las canas, o la edad avanzada). El contraste está claro: una vida insensata
y necia es deshonrosa, poco atractiva y vergonzosa. Salomón experimentó tanto la sabiduría como
la insensatez y, por lo tanto, los resultados de ambas.

H. Valor de la sabiduría al evitar los problemas (4:10–19)

Se describen los caminos de la sabiduría (vv. 10–13) y de la impiedad (vv. 14–17) y una vez
más se le insta al hijo-aprendiz a buscar la primera y evitar la segunda. La sección se resume en los
vv. 18–19 dando una visualización del destino de ambos caminos.

4:10–13. Una vez más, Salomón se dirige a uno de sus hijos (hijo mío; cf. v. 20), instándolo a
escuchar (cf. vv. 1, 20 y V. el comentario de 1:8) porque al atender las palabras de sus padres, el
hijo podrá obtener una larga vida (cf. 3:2, 16; 9:11; 10:27; 14:27; 15:24). Veredas derechas (4:11)
son caminos sin obstáculos (cf. 3:6), que son mucho más fáciles de transitar. Ese concepto se
amplía en 4:12: cuando anduvieres, no se estrecharán tus pasos (lit. “apretado”, i.e., no tendrás
dificultad). El camino tortuoso del pecado es el camino de los problemas y dificultades (cf.
“vereda”, “camino” y “senda” en los vv. 14, 18–19 y V. el comentario de 2:12–15).

Una vez más, se da una palabra de ánimo para buscar con avidez la sabiduría (4:13; cf. vv. 5–7)
porque ella da vida (cf. v. 10).

4:14–17. En los vv. 14–15 se dan seis mandatos urgentes para mantenerse alejado del camino
de los perversos y en los vv. 16–17 se establece la razón de la urgencia expresada en los vv. 14–15.
Los impíos están tan entretenidos haciendo el mal, que no pueden conciliar el sueño hasta que
hayan hecho mal a alguien (cf. 1:15–16). El pecado es una parte tan importante de ellos, que es
como su comida (pan y vino).

4:18–19. La senda de los justos, que es “el camino de la sabiduría” (v. 11) es como la luz de la
aurora, i.e., los primeros rayos de luz de la mañana, que incrementan gradualmente hasta que
brilla la luz plena del mediodía. Teniendo la luz en su camino, un creyente puede seguir por
“veredas derechas” (v. 11) sin obstáculos ni tropiezos (v. 12). En contraste, el camino o vereda de
los impíos (cf. v. 14) se caracteriza por la oscuridad (’ăp̱ēlâh, “negrura intensa de la noche”; cf.
7:9; Éx. 10:22) lo cual les hace caer.

I. Valor de la sabiduría para producir salud (4:20–27)

4:20–22. Esta sección inicia con otra exhortación para escuchar y estar atentos a la instrucción
(cf. v. 1; 5:1). Las palabras del autor (cf. 4:4; 2:1) debían estar presentes, ante los ojos de su hijo
(cf. 3:21), y dentro de su corazón. El incentivo más atractivo es que produce vida (cf. 4:10, 13, 23)
y salud a su cuerpo (cf. 3:8).

4:23. El corazón (cf. el comentario de 3:5), es de donde provienen (es un manantial) las
acciones de la persona (cf. Lc. 6:45), por lo tanto, debe cuidarlo muy bien. La palabra “corazón”
aquí significa algo más que la capacidad mental o emocional; también incluye los valores
personales (cf. Mt. 6:21).

4:24–27. Estos vv. aplican el mandato de guardar el corazón (v. 23), lo cual incluye las palabras
que se dicen (v. 24), lo que se ve (v. 25) y lo que se hace (vv. 26–27). (V. el comentario de 6:17–
18). La mención de la boca y de los labios (4:24) es parecida a la enseñanza de Cristo respecto a la
relación que existe entre el corazón y las palabras (Lc. 6:45c). La palabra perversidad viene de
‘iqqēš, “torcido” (cf. Pr. 2:15). La persona que confía en el Señor (cf. Ef. 4:29) nunca debe hablar
iniquidades o con labios groseros (cf. 6:12).

Cada creyente debe enfocar sus ojos (Pr. 4:25) hacia el camino sabio (cf. v. 11),
concentrándose en él sin distracción. Su conducta debe ser justa, puesto que permanece en los
caminos … rectos (cf. v. 11b), sin desviarse hacia el mal (cf. v. 15; 1:15). Una vez más, las palabras
sendas y caminos (4:26) se utilizan para referirse a la conducta (cf. 2:13, 15, 20; 3:6, 17; 7:25; y cf.
“senda” y “camino” en 4:18–19; también V. 8:20). “Proverbios provee una meta y un camino. La
meta es vivir con éxito y el camino es el de la sabiduría” (Robert L. Alden, Proverbs: A commentary
on an Ancient Book of Timeless Advice, “Proverbios: Comentario acerca de un antiguo libro con
consejos siempre vigentes”, pág. 48). La sabiduría mantiene a la persona en el camino correcto
(cf., e.g., 2:12) pero aquí se le exhorta a perseverar en los caminos … rectos.

J. Valor de la sabiduría para evitar el adulterio (cap. 5)

A continuación se dan instrucciones específicas con respecto a los peligros de asociarse con
adúlteras (vv. 1–6), el costo final de la infidelidad (vv. 7–14) y las delicias del amor matrimonial (vv.
15–20). Luego se hace un recordatorio de que el pecado es, a fin de cuentas, un asunto que debe
tratarse con el Señor (vv. 21–23). Como en 1:14–19, el cap. 5 denuncia que el placer inmediato del
pecado tiene consecuencias de largo alcance. Si una persona es sabia, puede prever los resultados
de su conducta.

5:1–6. Este cap. como otras partes de Proverbios, comienza con la exhortación al hijo para que
esté atento y escuche (cf. 4:1, 10, 20; 5:7; 7:24) las palabras de su padre, pues hacerlo le dará
sabiduría (cf. 1:4) e inteligencia. Hablar (labios, 5:2) con ciencia ayuda al hijo a ignorar las palabras
(labios, v. 3) de la mujer extraña (zārâh; V. el comentario de 2:16). Sus palabras engañosas y
seductoras son persuasivas y dulces como la miel, que era la sustancia más dulce del antiguo Israel
y sus dichos más blandos (cf. 6:24; 7:21) que el aceite de oliva, la sustancia más blanda del antiguo
Israel. Mas lo que parece atractivo al principio llega a ser amargo y agudo como espada de dos
filos tarde o temprano, porque el adulterio es como probar ajenjo, que es la sustancia más amarga
que se conoce (proveniente de una planta), o como cortarse con una daga. La adúltera lleva a los
hombres hacia la muerte (cf. 2:18; 7:27; 9:18). Su pecado no le permite discernir que sus caminos
son inestables (lit. “tambaleantes”), en contraste con las veredas derechas del 4:11.

5:7–8. Nuevamente Salomón exhorta a sus hijos (cf. el comentario de 4:1) a que le escuchen
(cf. 4:1, 10, 20; 5:1; 7:24) y a que se apeguen a lo que les dijo. Les pide que no se aparten de sus
enseñanzas, sino que se aparten de la mujer extraña. Les advirtió que ni siquiera se acercaran a la
puerta de su casa (cf. 2:18) por el peligro que corrían de sucumbir ante sus encantos.
5:9–14. Si fallaban en mantenerse alejados de la adúltera, podrían sufrir múltiples pérdidas;
pérdida de su fuerza (que puede referirse a perder la salud, el respeto por sí mismo, o ambas
cosas), pérdida de una larga vida (v. 9), pérdida de dinero (cf. 6:26; 29:3b)—porque tenían que
pagar a la adúltera, a su esposo, o la pensión alimenticia si llegaran a concebir un hijo de ella—y
pérdida de la salud (cuando se consuma tu carne y tu cuerpo, 5:11). Caer presa de la lujuria
también provoca remordimientos que surgen cuando la persona reconoce demasiado tarde que
haber desobedecido las instrucciones de sus padres (aquí se les llama los que me instruían …
enseñaban, i.e. maestros) la lleva inevitablemente hacia la ruina y la desgracia ante la sociedad y
… la congregación.

5:15–18. Las recompensas de la castidad son un aliciente más para procurar la pureza moral.
Una cisterna … raudales … fuentes … corrientes de aguas y manantial son todos controladores del
agua, los cuales impiden que ésta se derrame por las calles. De manera similar, el amor marital
con la propia mujer (v. 18) se ilustra como que la persona disfruta de su propia cisterna o fuente
de agua (cf. Cnt. 4:12, 15). Los deseos sexuales deben ser controlados y canalizados al matrimonio,
no echarse a perder como se describe en Pr. 5:7–14. Algunos comentaristas dicen que la palabra
sean (v. 17) se refiere a los hijos, otros dicen que continúa la metáfora de las fuentes, ilustrando a
los deseos sexuales. Así como una persona no sacaría agua de la cisterna de su vecino porque él
tiene la suya propia (2 R. 18:31), así un hombre debe satisfacer sus necesidades físicas con su
propia esposa, no con la de otro.

5:19–20. El seno de la esposa es suave al tacto y posee una agradable apariencia, i.e., es como
gacela (cf. Cnt. 4:5; 7:3). Por lo tanto, un esposo debe recrearse siempre y andar ciego (cf. Pr.
5:20; el vb. šāgâh significa “extraviarse”, cf. v. 21; pero también podría implicar la idea de estar
cautivo, V. NVI99, vv. 19c y 20a) sólo en el amor de su esposa, no en los afectos de la adúltera. Con
dos preguntas retóricas, el autor subraya la insensatez de caer presa (cf. v. 19c, NVI99) de una
mujer inmoral o amar a la esposa de otro (v. 20).

5:21–23. Las horrendas consecuencias del adulterio (vv. 7–14) deberían motivar al hombre a
evitarlo. Pero en los vv. 21–23 se presentan cuatro motivaciones más elogiables para evitarlo (1)
Puesto que Dios ve los caminos del hombre (cf. 15:3; Job 31:1, 4; He. 4:13), el adulterio que se
lleva a cabo en secreto es bien conocido por el Señor. (2) Dios examina la conducta del hombre
(acerca de los “caminos” y “veredas” V. el comentario de Pr. 4:26); nadie puede escapar del ojo
escrutador de Dios. (3) Las iniquidades, o el pecado, hacen caer en la trampa (cf. 1:17–18) y
retienen al pecador con las fuertes cuerdas de su pecado (5:22). A pesar de que la gente gusta de
ser “libre” para pecar como quiera, en realidad el pecado les priva de toda libertad. (4) Ser
indisciplinado (la falta de corrección cf. v. 12) en la vida moral resulta en la muerte (cf. vv. 5, 11).
Tal estilo de vida es insensato, porque lo lleva a apartarse de las normas de Dios y a errar por lo
inmenso de su locura. “Errar” proviene de la misma palabra šāgâh que se trad. “cautivar” en los
vv. 19–20 (NVI99). La locura o expresiones similares aparecen 21 veces en Proverbios. Caer en la
lujuria sexual es una locura.

K. Valor de la sabiduría para evitar la pobreza (6:1–11)

Salomón advirtió contra dos prácticas que llevan a la pobreza: los enredos financieros
insensatos (vv. 1–5) y la pereza (vv. 6–11). En un sentido, ambas conciernen a las finanzas, porque
la primera evita la pérdida innecesaria de lo que se ha ganado y la segunda denuncia la
incapacidad de ganar dinero.

1. ADVERTENCIA CONTRA LOS ENREDOS FINANCIEROS INSENSATOS (6:1–5)

6:1. Hijo mío aparece en los vv. 1, 3, 20 del cap. 6. Si una persona firma un documento a favor
de alguien que involucra tasas de interés muy altas, se le insta a deshacerse de tal obligación lo
más pronto posible (“líbrate”, v. 3, “escápate”, v. 5). Los préstamos en Israel tenían el propósito de
ayudar a un amigo israelita, y no la intención de ganar dinero por la transacción como sucede hoy
en día. No debían cobrarle intereses a un israelita (Éx. 22:25; Lv. 25:35–37). Lo que sí era permitido
era cobrar intereses a los no israelitas, pero en ese caso, la usura (tasas de interés irracionalmente
elevadas) era ilegal. El cobro exorbitante de intereses con frecuencia provocaba una injusticia (cf.
2 R. 4:1; Neh. 5:1–11) lo cual era algo que la ley trataba de evitar. La advertencia de Proverbios 6:1
no está en contra de pedir préstamos o prestar, sino que es una advertencia para los que se
responsabilizan por préstamos ajenos con altos intereses. Empeñar la palabra i.e., actuar como
fiador, es un término al cual se hace frecuente referencia en Proverbios (11:15; 17:18; 20:16;
22:26–27; 27:13).

Algunos dicen que la palabra amigo que se usa aquí significa “extraño” y que es posible ser
aval de familiares, pero no de extraños. La palabra paralela extraño (“por otro”, NVI99) sugiere,
sin embargo, que la advertencia contra ser aval es absoluta (“amigo” probablemente significa
“cualquiera”). ¿Quiere esto decir que la exhortación va contra garantizar los pagos de un préstamo
de un familiar? No. La restricción es contra actuar como fiador en préstamos con tasas de interés
muy elevadas.

Empeñar la palabra era algo parecido a un apretón de manos. I.e., era como “firmar en la línea
punteada”.

6:2 Las palabras enlazado y quedado preso (cf. v. 5) indican que el hijo que acepta la
responsabilidad de la deuda de alto interés de un conocido, se pone en una situación financiera
sobre la cual no tendrá control alguno (cf. v. 3). Estar de acuerdo por medio de los dichos de la
boca de firmar tal deuda podría meterlo en grandes problemas.

6:3–5. Con un lenguaje contundente, Salomón insta a quien ha consentido en ser aval de un
préstamo a que intente zafarse de la trampa. Caer en la mano del prójimo significa que el
resultado de la situación se encuentra bajo el control del otro. Humíllate es un vocablo fuerte que
significa “aplastarse, pisotearse, o rebajarse” y asegúrate (“procura deshacer”, NVI99) de deshacer
el compromiso habla de hacerlo con escándalo. Es decir, el creyente debe librarse de cualquier
acuerdo de pagar una deuda, aun si al hacerlo tiene que humillarse grandemente y hacer un ruego
escandaloso. La urgencia de tomar medidas se subraya en los vv. 4–5. Nada debe interponerse en
el camino; ni siquiera una noche debe pasar antes de que se arregle la situación. Así como cuando
se atrapa una gacela o un ave y empiezan a luchar por su vida, así una persona atrapada por una
deuda insensata debe luchar frenéticamente por librarse de ella (cf. v. 3).

2. ADVERTENCIA CONTRA LA PEREZA (6:6–11)

6:6–8. Una persona puede llegar a ser un indigente por causa de la pereza, así como por sus
transacciones insensatas. Con toda probabilidad, Salomón no estaba llamando a su hijo perezoso.
Más bien, estaba hablando retóricamente a cualquiera que escuchara o leyera su mensaje. La
palabra hebr. que se trad. perezoso (‘āṣēl) aparece 14 veces en Proverbios y en ningún otro lugar
del A.T. Se refiere a algo más que dejadez. En 15:19 el perezoso se contrasta con el recto y en
21:25–26 con el justo. El haragán está relacionado en 19:15 con el negligente. Al perezoso e
irresponsable se le presenta el reto de aprender de la hormiga (que también se menciona en
30:25) y a ser sabio. Las hormigas se conocen por ser muy trabajadoras y aquí se reconoce su
iniciativa. Es obvio que esos insectos no tienen un líder—un capitán que las dirija, o un
gobernador que supervise su trabajo, ni un señor que los aguijonee. Sin embargo, ¡trabajan mejor
que mucha gente que se encuentra bajo la supervisión de un líder! Las hormigas también trabajan
anticipando las necesidades futuras, almacenando y juntando comida mientras es época de
verano, antes de que llegue el invierno. La virtud de la sabiduría no es sólo mantenerse ocupado,
sino tener una visión correcta de las necesidades venideras que deben determinar nuestras
acciones (cf. 10:5). Los que actúan solamente cuando se les ordena, no poseen sabiduría.

6:9–11. Salomón insta al perezoso por medio de dos preguntas (v. 9) a salir de su incuria y a
empezar a trabajar. Los vv. 10–11, que se repiten en 24:33–34, subrayan el peligro que corre la
persona que sigue durmiendo cuando debería estar trabajando: la pobreza le llegará de repente
de la misma manera que llega un ladrón o un hombre armado (un soldado) a atacar
sorpresivamente a su ingenua víctima. La pobreza se menciona con frecuencia en Proverbios
(6:11; 10:15; 11:24; 13:18; 14:23; 21:5; 22:16; 24:34; 28:19, 22; 30:8; 31:7). El perezoso despilfarra
su tiempo, no puede rectificar su situación y tiene poco o nada de dinero para cubrir sus
necesidades. Obviamente, es insensato.

L. Valor de la sabiduría para evitar la disensión (6:12–19)

En su descripción de alguien que engaña, que provoca contiendas (vv. 12–15) y las actividades
en que se involucra (vv. 16–19), Salomón insta a su hijo a evitar el desastre (v. 15) y el desprecio
del Señor (v. 16).

6:12. El uso de los vbs. en singular de los vv. 12–15 evidencia que los adjetivos malo y
depravado se refieren a una sola persona. El “malo” (cf. 16:27; 2 S. 16:7; 1 R. 21:10) es lit.
“hombre de belial”, alguien que no vale nada y es malvado. Más tarde, la palabra “belial” llegó a
usarse para referirse al diablo, la persona de menos valor y más perversa que existe (2 Co. 6:15). Al
malo se le conoce por la perversidad (lit. “lo torcido”; V. el comentario de Pr. 2:15) de su boca (cf.
4:24) y por sus palabras falsas y engañosas.

6:13–14. Por medio del lenguaje corporal sugerente, las acciones del malo contradicen lo que
afirma. Al guiñar los ojos (cf. 10:10; 16:30; Sal. 35:19) y hacer ciertos gestos con sus pies y dedos,
envía mensajes a sus amigos con quienes conspira. Él planea (V. el comentario de Pr. 3:29) el mal
(cf. 1:11–14) desde su perverso corazón para que la gente no se percate de sus intenciones hasta
que ya es demasiado tarde. A pesar de que aparenta sinceridad, en realidad es un perverso y
provoca discordias, arrastrando a los demás al pleito y la contienda. La discordia (cf. 6:19) es
provocada por el odio (10:12) y por un temperamento descontrolado (15:18), por la perversidad
(16:28), la avaricia (28:25) y el enojo (29:22). (También V. los siguientes vv. respecto a las
contiendas: 17:1; 18:6; 20:3; 22:10; 23:29; 26:21; 30:33.)
6:15. Además de provocar discordia entre la gente por causa de sus palabras engañosas y sus
gestos siniestros, el malo atrae la calamidad sobre sí. Le llega inesperadamente y de repente
(súbitamente), y no puede evitarla (no habrá remedio). No se sabe con seguridad si habla de las
consecuencias naturales o de una intervención divina más directa. Pero su caída es pronta,
completa y segura.

6:16. El odio del Señor hacia las actividades del malo (vv. 12–14) se describe en los vv. 16–19.
Estas dos secciones están unidas por las palabras “sembrar la discordia” (vv. 14, 19).

El patrón de seis cosas … y aun siete también se utiliza en Job 5:19 y un patrón similar de
algunos números más uno se utiliza en Proverbios 30:15–16, 18–19, 21–31. El propósito de ese
tipo de patrón numérico (x y x + 1) no es para dar una lista completa. Es para puntualizar el
elemento final (x + 1), como la culminación o resultado de los elementos que lo preceden.

6:17–19. Una persona con ojos altivos (i.e., con mirada orgullosa; cf. 8:13; 30:13; Sal. 18:27;
101:5), una lengua mentirosa (cf. Pr. 12:19; 21:6; 26:28), manos que asesinan (derramadoras de
sangre inocente; cf. 1:11), y un corazón que maquina (V. el comentario de 3:29) actos inicuos (cf.
4:16; 6:14), así como con pies presurosos para correr al pecado (cf. 1:16) y que miente contra
alguien al testificar en una corte (cf. 12:17; 14:5, 25; 19:5, 9; 21:28; 25:18), es alguien que provoca
discordia (V. el comentario de 6:14) entre los amigos. Es obvio que por causa de sus mentiras los
amigos dudan unos de otros. Mentir, a lo cual se hace referencia dos veces en esta lista de cosas
que el Señor aborrece (vv. 17, 19), es uno de los muchos usos incorrectos de las palabras que se
condenan en Proverbios. (V. “Las palabras y el hablar en Proverbios”, en el Apéndice, pág. 426,
donde se enlistan los abundantes usos incorrectos y correctos de las palabras a las cuales se
refiere Pr., y acomoda los temas por orden. Para ver una lista de algunos de los muchos temas de
Pr. V. “Temas positivos, negativos y otros en Proverbios”, en el Apéndice, pág. 425).

El malo (v. 12) utiliza varias partes de su cuerpo violando así los mandatos de 4:23–26, como
se observa en los siguientes pasajes: corazón, boca, labios, ojos, y pies (4:23–26); boca, ojo, pie,
dedos, y corazón (6:12–14); ojos, lengua, manos, corazón, pies (vv. 17–18).

M. Valor de la sabiduría para prevenir la inmoralidad sexual (6:20–7:27)

Salomón habla del problema de la inmoralidad sexual cinco veces en los caps. 1–9: 2:16–19;
5:3–23; 6:20–35; cap. 7; 9:13–18. (A pesar de que 9:13–18 no menciona el adulterio o a la
adúltera, la “insensata” personifica a una mujer y podría sugerirla; V. el comentario allí.).
Proverbios 6:20–35 advierte contra el adulterio y el cap. 7 ilustra las maneras en que actúa la
mujer seductora y las consecuencias de involucrarse con ella.

1. LA SABIDURÍA EVITA EL ADULTERIO (6:20–35)

6:20–21. Una vez más, Salomón exhorta a su hijo (cf. el comentario de hijo mío en 1:8) para
que atienda las instrucciones (cf. 1:8) tanto de su padre como de su madre, con el fin de que se
adhiriera a ellas desde el fondo de su corazón (6:21a; cf. 3:1; 7:3b) e hiciera que su vida se
adornara con ellas (6:21b; cf. 3:3, 22; 7:3a).

6:22–23. Las instrucciones de los padres proveen guía, protección (cf. 2:11) y consejo (6:22). La
enseñanza debe provenir de la ley de Dios, pues los mandamientos de los padres, así como la
palabra divina, deben ser como lámpara y luz, porque son una buena guía para la conducta (Sal.
119:105). A pesar de que las reprensiones (cf. Pr. 1:2, 7) son dolorosas (cf. He. 12:11a), ayudan a
mantener a la persona en el camino correcto, llevándola por el camino de vida.

6:24. La sabiduría que se adquiere de la palabra de Dios y que los padres enseñan (vv. 20–23)
ayuda a proteger del adulterio (cf. 2:12, 16–19). La mala mujer (lit., “mujer de maldad”)—
posiblemente refiriéndose a una soltera—puede ser la ramera que se menciona en 6:26. Por su
parte, la mujer extraña (cf. 2:16; 7:5; 23:27) es casada y promiscua (cf. “la mujer de su prójimo”,
6:29). En el v. 26 se le llama “ramera”, lit., “la esposa de un hombre”. Acerca del vocablo noḵrîyâh
(“extraña”) V. el comentario de 2:16. Tales mujeres poseen blandura de … lengua porque hablan
seductoramente (cf. 2:16; 5:3; 7:5, 21).

6:25. Este v. contiene una advertencia y los vv. 26–29, 32–35 presentan las razones para darla.
Es incorrecto codiciar en el corazón (cf. comentario de 3:5; 4:23) a una mujer físicamente atractiva
y sexualmente promiscua, sea ésta casada o no. Jesús habló acerca de algo similar (Mt. 5:28). Los
hombres que han caído en adulterio por lo regular comenzaron su caída lanzando una mirada
codiciosa a la mujer; si un varón mira a una mujer de esas, ella podría intentar cautivarlo con sus
ojos seductores.

6:26. ¡La inmoralidad tiene un alto costo! La ramera (cf. 7:10; 23:27; 29:3) puede dejar a un
hombre en la pobreza total, teniendo como única posesión un bocado de pan, por haber gastado
todo el dinero en pagar por sus servicios (cf. 29:3). La mujer extraña (cf. el comentario de 6:24)
puede cazar aun el alma del varón, i.e., llevarlo a la ruina y muerte (cf. 2:18–19; 5:5, 14; 7:22–23,
26–27).

6:27–29. Los costos de la infidelidad se mencionan en el v. 26 y en los vv. 27–35. Las horrendas
consecuencias son inevitables (vv. 27–29) y severas (vv. 30–35). Así como es imposible poner
fuego en el seno de alguien sin que sus vestidos ardan, o caminar sobre brasas sin que se quemen
los pies, así de imposible es adulterar con la mujer del prójimo y quedar impune. El sexo ilícito es
¡como jugar con fuego! El hombre que tal haga será castigado, muy probablemente por el esposo
de la mujer (cf. v. 34).

6:30–31. La gente podría perdonar (pero no aprobar) a un ladrón si su motivación fuera evitar
morir de inanición. Sin embargo, su castigo era pagar siete veces lo robado aunque fuera todo lo
que tuviera (esto es similar al hombre que empobrece y sólo se queda con un bocado de pan, v.
26). El castigo del ladrón es duro, pero aun así, menos severo que el del adúltero. Alguien que
“roba” la mujer del prójimo no puede ser perdonado, ni halla clemencia.

6:32–35. Caer en adulterio muestra la insensatez del involucrado (cf. 7:7; 9:4, 16), porque
persiste en su pecado a sabiendas de las severas consecuencias que tendrá que sufrir. Además, se
destruye a sí mismo (cf. 6:26b; Dt. 22:22), porque el adulterio es una forma de “suicidio”. También
cae en desgracia y vergüenza. En contraste con el que roba por necesidad (Pr. 6:30) un adúltero es
despreciado. El esposo de la mujer, cuando se entera de su proceder, se encela, se enfurece (cf.
27:4) y busca vengarse de él (a quien obviamente culpa más que a su esposa). El enojo de tal
marido no se puede disipar con un soborno, sin importar cuán grande sea éste. El rescate
(soborno) se condena con frecuencia en el libro de Proverbios (6:35; 15:27; 17:8), en la ley (Éx.
23:8; Dt. 16:19; 27:25) y en otros lados (e.g., Job 36:18; Sal. 15:5; Ec. 7:7; Is. 33:15).
2. lA SABIDURÍA PRESERVA DE LA MUJER SEDUCTORA (cap. 7)

En 6:20–35 el padre preocupado dio palabras de instrucción acerca de la tragedia de caer en


adulterio. En el cap. 7 señala dramáticamente la froma en que un joven simple e ingenuo puede
caer en la trampa sutil de una mujer seductora. Salomón exhorta a su hijo a atender a las
enseñanzas de su padre (vv. 1–5), después describe las tácticas de la adúltera (vv. 6–23) y concluye
con una advertencia a estar apercibidos de sus trampas (vv. 24–27).

a. La instrucción de un padre (7:1–5)

7:1–2. El cap. 7 comienza con el ruego constante de Salomón hacia su hijo (acerca de hijo mío
V. el comentario de 1:8) a que escuche, asimile y siga las enseñanzas de sus padres. Esa instrucción
incluye las razones (2:1; 4:4–5, 20; 5:1) del padre, sus mandamientos (cf. 2:1; 3:1; 4:4; 6:20, 23;
7:2) y sus enseñanzas (NVI 99, mi ley, RVR60; cf. el sing. de “enseñanza” en 3:1; 4:2; 6:20, 23). Por
ser útiles, el hijo debe guardarlos (cf. 3:1; 4:4, 21; 6:20), atesorarlos (cf. 2:1; 10:14) y guardarlos
como si fueran las niñas de sus ojos. Si lo hacía, podría gozar de una vida plena y significativa (cf.
3:18; 4:4c; 8:35). Las niñas de los ojos son las pupilas, que es el centro de ellos (cf. Dt. 32:10; Sal.
17:8), los órganos externos del cuerpo humano más sensibles y protegidos. La niña (’îšôn) significa
lit. el centro de una cosa; en 7:9 habla del centro o la mitad de la noche, i.e., cuando la oscuridad
es más intensa.

7:3. El 3:3 exhorta al hijo a atar a su cuello las enseñanzas de su padre. En el 7:3 se le exhorta a
usarlas como anillos en sus dedos. De la misma manera que se establece en 3:3, debían quedar
escritas en su corazón (cf. 6:21).

7:4–5. En los tiempos del A.T. la hermana se consideraba como un familiar muy cercano. Por
lo tanto, la palabra “hermana” se utilizaba a veces como sinónimo de la propia esposa (cf. Cnt.
4:9–10, 12; 5:1–2). De manera similar, una persona debe estar tan familiarizada con la sabiduría
que puede llamarla hermana o esposa. Lo mismo sucede con la inteligencia (“entendimiento”, cf.
Pr. 2:2), la cual debe ser como una parienta (cf. Rt. 3:2). La familiaridad con el entendimiento debe
ser como los lazos íntimos que existen entre familiares. Con frecuencia, la sabiduría y la
inteligencia se usan como sinónimos en Proverbios y sirven para guardar a los jóvenes de la mujer
ajena, y de la extraña (V. el comentario de Pr. 2:16; 6:24), quienes los tientan con sus palabras
seductoras (cf. 6:24; 7:21). El concepto de “blando” también se encuentra en 5:3.

b. La ingenuidad de la víctima (7:6–9)

Los vv. 6–23 se deben entender como el relato de un testigo presencial. El relato de la
conversación de los vv. 14–20 podría indicar que Salomón reconstruyó la historia a partir de su
propia experiencia o de alguien más, o que habló con el joven del relato después del suceso. Es
improbable que Salomón escuchara la conversación desde la ventana donde se encontraba.

7:6–9. Viendo desde su enrejada ventana, Salomón vio a unos jóvenes simples (peṯî, ingenuos
o crédulos; V. el comentario de 1:4) y entre ellos a uno falto de entendimiento (cf. 6:32; 9:4, 16;
10:13), lo cual indica su ingenuidad, no su insensatez o lujuria. Ir camino a la casa de ella no es una
implicación de que iba con el propósito de allegarse a ella, aunque es posible que supiera que ella
vivía allí. Se dirigía hacia donde se encontraba la tentación cuando ya oscurecía y se aproximaba la
noche. La oscuridad y tinieblas de la noche lit. significa “en medio de la noche, de la oscuridad”
(“en medio de” se trad. “niñas de tus ojos” en 7:2). Robert L. Alden escribió:“Si quieres evitar al
diablo, manténte alejado de su vecindario. Si piensas que eres vulnerable a un pecado en
particular, toma medidas concretas para evitarlo” (Proverbs: A Commentary on an Ancient Book of
Timeless Advice, “Proverbios: Comentario de un antiguo libro con consejos siempre vigentes”, pág.
63).

c. El carácter de la seductora (7:10–12)

7:10–12. La mujer era casada (v. 19) y le salió al encuentro al joven, sabiendo que podría ser
presa fácil. Ella era: (a) descarada en su atavío (atavío de ramera), (b) actuaba en secreto (era
astuta de corazón, lit., “corazón que guarda secretos”), (c) alborotadora (cf. 9:13), (d) rencillosa
porque desobedecía las leyes de Dios y sus votos matrimoniales, (e) buscona y callejera (sus pies
no pueden estar en casa), y (f) acechadora (andaba acechando por todas las esquinas a los
ingenuos).

d. Las tácticas de la seductora (7:13–20)

7:13–14. Para su sorpresa, ella se asió de él, abrazándolo y besándolo sin recato. Además, con
semblante descarado, le habló. Al hacer alusión a sus sacrificios de paz y sus votos,
probablemente se refirió al sacrificio que había ofrecido en el templo (con hipocresía, por
supuesto) y del cual le había sobrado algo de carne (Lv. 7:16–17). Según el ritual, el ofrendante
podía llevar a su casa algunas partes del animal sacrificado. Ya que en ese tiempo no tenían
refrigeración, debían consumir la carne el mismo día; así que después del sacrificio se celebraba un
festín. Sin embargo, su actividad religiosa era una pose y el esfuerzo por eliminar el remordimiento
de conciencia por su maldad.

7:15–18. Después de levantar el ego del joven por medio de sus lisonjas (v. 15), la mujer trató
de seducirlo describiéndole la sensualidad de su recámara. Las colchas eran importadas de Egipto
(presumiblemente exquisitas y caras) y había perfumado su cámara con tres especias: mirra, áloes
y canela (V. el comentario acerca de éstas en Cnt. 4:14). Al sugerir que iban a pasar toda la noche
embriagándose de amores, la mujer estaba utilizando una figura de lenguaje que comparaba las
relaciones sexuales con beber de una fuente (cf. Pr. 5:18; Cnt. 4:12, 15).

7:19–20. La mujer le aseguró al joven que no serían sorprendidos por el marido (lit., “el
hombre”), porque estaba en un viaje de negocios y no llegaría a la casa sino hasta el día señalado
(cuando menos estaría varios días fuera). Por lo tanto, ella le era infiel (cf. 2:16–17).

e. La respuesta de la víctima (7:21–23)

7:21–23. Incapaz de resistir la suavidad de sus muchas palabras, persuasivas y seductoras (cf.
v. 5; 2:16; 5:3), el joven (al punto) se marchó tras ella a su casa y llegó hasta su recámara. El
muchacho actuó como un animal necio (el buey) que es llevado al degolladero siendo totalmente
incauto. También fue como el necio (“ciervo”, NVI99) que es llevado a las prisiones. En el margen
de la NVI99 dice que la trad. “ciervo” proviene de la versión siriaca y la LXX, mientras que el hebr.
(TM) dice “necio”. Este v., cuya trad. es polémica, podría trad. “como grilletes para la corrección (o
disciplina) de un insensato”. Entonces, el muchacho fue capturado como un necio cuyos pies
cayeron en grilletes y fue llevado a una institución correccional. De pronto cayó presa de ella,
como un animal que se caza con flechas o como el ave que cae en la red. Debido a que ignoraba el
peligro, fue atrapado y no tuvo forma de escapar. Fue llevado antes de darse cuenta que el hecho
de caer en la tentación (al contrario de José; cf. Gn. 39:6–12) le costaría su propia vida (cf. Pr.
6:32).

f. La exhortación final del padre (7:24–27)

7:24–25. Las palabras ahora pues introducen la exhortación del padre basada en los vv.
precedentes. Hijos (pl.) es una palabra que se usa también en 4:1; 5:7 y en esta porción una vez
más, Salomón los insta a escucharlo (cf. el comentario de 1:8) con atención (estad atentos; cf. 4:1,
20; 5:1; 22:17). Les aconseja que se mantengan alejados de la adúltera, que aparten su corazón (V.
el comentario de 4:23) de sus caminos perversos (en la imaginación o fantasías) y que no se
acerquen a ella (7:25). La palabra apartar es śāṭâh, “desviarse”, que se utiliza solamente 6 veces
en el A.T., incluyendo la de 4:15 (y en Nm. 5:12, 19–20, 29 donde se trad. “descarriar”). La palabra
errar (tā‘âh) significa “divagar”. Obviamente, el joven se metió en problemas porque se desvió y
divagó pasando cerca de la casa de la tentadora (Pr. 7:8).

7:26–27. La razón para dar la exhortación de los vv. 24–25 se presenta en los vv. 26–27.
Muchos otros habían sido víctimas de esa tentación. Entrar en la casa de la ramera (y en su cama
con ella) equivalía a ponerse en el camino del Seol y de la muerte física (cf. 2:18–19; 5:5; 9:18). Un
joven que se involucra en sexo ilícito puede morir al ser castigado por un esposo airado, por la
pobreza, por las enfermedades venéreas o por la angustia espiritual y emocional que produce una
relación así.

N. Valor de la sabiduría demostrada en sus virtudes y recompensas (8:1–21)

Salomón el maestro, al personificar a la sabiduría como mujer, habla acerca de su invitación a


seguirla (vv. 1–5), de sus virtudes (vv. 6–11) y de sus recompensas (vv. 12–21).

1. EL LLAMADO DE LA SABIDURÍA (8:1–5)

8:1. La invitación pública de la sabiduría comienza con dos preguntas retóricas (v. 1). La
adúltera sale al encuentro de los incautos para seducirlos (7:8–12). Pero la sabiduría, siendo mujer
virtuosa, clama por las calles proclamando los beneficios de una vida sabia (cf. “llama en voz alta”
en 1:20–22). La falta de virtud que caracteriza a la adúltera se pone en contraste con los finos
atributos de la sabiduría. Mientras que los caminos de la seductora son secretos y engañosos, los
de la sabiduría son abiertos y honestos. El que sucumbe ante la adúltera encuentra vergüenza y
muerte, pero los seguidores de la sabiduría adquieren prudencia para llevar una vida sabia.

8:2–3. El llamado de la sabiduría se hace desde donde pueda ser escuchada y por donde la
gente transita; i.e., las cimas de los montes, las encrucijadas de las veredas, en las puertas de la
ciudad (donde se tramitaban los casos de demandas y se llevaban a cabo los negocios) y en la
entrada.

8:4–5. La sabiduría es la que habla en los vv. 4–31. Ella invita a todos los hombres, pues está
disponible para todos. No obstante, específicamente llama a los simples (peṯî; V. el comentario de
1:4) y a los necios (kesîl; V. el comentario de 1:22)—quienes más la necesitan y que podrían ser
propensos a ignorar su invitación. Tanto la adúltera como la sabiduría apelan al ingenuo. La
sabiduría insta a los simples a entender discreción (“prudencia” NVI99, que es trad de ‘ormâh; V.
el comentario de 1:4; cf. 8:12), i.e., actuar con prudencia al enfrentar la vida y tener inteligencia en
un sentido positivo. A los necios se les insta a andar en cordura (cf. 1:2, 6), que es actuar con
sensatez, entendimiento y discernimiento.

2. LAS VIRTUDES DE LA SABIDURÍA (8:6–11)

8:6–9. En los vv. 6–11 se presenta la rectitud e integridad de la sabiduría. Los jóvenes a
quienes Salomón estaba enseñando debían oir la sabiduría (v. 6, la exhortación) porque lo que ella
dice es lo correcto (vv. 7–9, la razón). Los jóvenes deben escoger la sabiduría (v. 10, la exhortación)
porque es de gran valor (v. 11, la razón). La sabiduría habla, tiene labios (v. 6b), boca (v. 7a), labios
(v. 7b) y boca (v. 8a), son palabras que se usan alternadamente. Sus palabras son cosas excelentes
(lit., “nobles o majestuosas”). Esa palabra también podría trad. como “buenas y justas” como en 2
Samuel 15:3 o “recto” como en Isaías 30:10. La idea es que las palabras de la sabiduría
corresponden a la realidad; por lo tanto, son rectas (“correctas o derechas”; cf. Pr. 8:9 donde se
trad. “razonables”), verdad y justas (cf. 1:3; 8:15, 20). Así que en ninguna de las palabras de la
sabiduría hay cosa perversa (‘iqqēš; V. el comentario de 2:15), ni torcida (“chueca”). También
señalan en la dirección correcta. La gente que posee entendimiento (8:9) sabe que lo que la
sabiduría ofrece es recto (“verdad u honestidad”) y los que “saben”, hallan que las palabras de la
sabiduría son razonables (lit., “rectas y derechas”; trad. “rectas” en v. 6).

8:10–11. La sabiduría insta a la gente a que reciba su enseñanza y su ciencia que es mejor que
la plata y el oro escogido (ḥārûṣ, puro, refinado; llamado “oro refinado” en v. 19), y que las
piedras preciosas (cf. 3:13–15). La idea de que el valor de la sabiduría sobrepasa a la riqueza
material se amplía en 8:18–21, en donde se establece que la sabiduría provee lo que se necesita
para ganar y apreciar las riquezas. La sabiduría también contribuye a que la persona tenga
integridad y paz, algo que la plata, el oro y las piedras preciosas no pueden comprar. En
Proverbios, esas cualidades son de mayor valor que cualquier cosa que se puede desear.

3. RECOMPENSAS DE LA SABIDURÍA (8:12–21)

La abundancia de pronombres personales (yo, conmigo, mío, mí—16 veces en 10 vv.) hace de
la sabiduría el enfoque principal del pasaje y no las recompensas que ella proporciona.

8:12–13. El que posee sabiduría, también tiene cordura (V. el comentario de 1:4; cf. 8:5),
ciencia y consejos, i.e., discreción. En 1:4 encontramos sinónimos de estos sustantivos: sagacidad,
inteligencia y cordura. Algunos estudiosos dicen que 8:13 interrumpe el hilo del pensamiento
entre los vv. 12 y 14. Sin embargo, el v. 13 es un recordatorio de que una persona prudente y
discreta (v. 12) no se involucra en ninguna manera con los vicios que se mencionan en el v. 13.
Este último muestra que la sabiduría es tanto moral como mental. Una persona que teme a
Jehová (V. el comentario de 1:7) y que por lo tanto es sabia, aborrecerá (rechazará) el mal (cf. 3:7;
14:16; 16:6, Sal. 97:10), la soberbia … la arrogancia, el mal camino y la boca perversa. La palabra
que se trad. “perversa” (tahpūḵâh) se utiliza 8 veces en Proverbios (cf. el comentario de 2:12).

8:14–16. La sabiduría capacita a la gente para dar un consejo sabio y actuar con buen juicio,
así como para tener inteligencia y poder (i.e., valor). La sabiduría hace que una persona sea
valiente como un soldado. Los reyes … príncipes, y … los gobernadores que rigen lo hacen bien
cuando poseen la sabiduría de Dios; éstos hacen leyes que son justas. El hecho de que muchos de
los reyes de Israel y Judá y de sus vecinos no hayan legislado justamente muestra que carecían de
la sabiduría divina.

8:17–18. La sabiduría está disponible para todos, pero la adquieren sólo aquellos que la aman
(cf. v. 21; 4:6) y la buscan (cf. 2:1–4). Además, los que son sabios reciben riquezas y honra (cf.
3:16), así como riquezas duraderas (cf. 8:21; 14:24; 15:6; 22:4) y justicia. “Duraderas” es lit.
“trascendentes” o “eminentes”. Las riquezas que adquiere el poseedor de la sabiduría son
genuinas, no remedos artificiales comprados con plata u oro. El hecho de recibir honra en una
comunidad es resultado de la conducta personal y no de poseer riquezas. Una vida piadosa es el
mejor beneficio del que posee sabiduría.

8:19–21. La palabra rédito (v. 19) es un término utilizado en mercadotecnia. Enfoca su


atención en la habilidad de la sabiduría de producir beneficios superiores a los que pueden
proveer el oro refinado ḥārûṣ, cf. v. 10) y la plata. La sabiduría va acompañada de la justicia y el
juicio (cf. v. 8). La forma del vb. hebr. guiaré conlleva la idea de un caminar constante y continuo.
(Acerca de la diferencia entre juicio y justicia V. el comentario de Am. 5:7.)

Como en muchos lugares de Proverbios, las palabras vereda y sendas se utilizan


indistintamente (V. el comentario de Pr. 2:13). Tal como se estableció en 8:18, los que aman (cf. v.
17) y adquieren la sabiduría ganan riquezas (cf. 3:16; 14:24; 15:6; 22:4). Como en muchos de los
Proverbios, esta es una generalización que tiene sus excepciones. Las cosas materiales se pueden
reponer (manteniendo llenos sus tesoros) por la habilidad que una persona sabia tiene para
hacerlo.

N̄ . Valor de la sabiduría para el Señor en la creación (8:22–36)

Las muchas afirmaciones de la sabiduría (vv. 6–21) son dignas de crédito porque participó con
el Señor en la creación. Ella existió antes de que el mundo fuera creado (vv. 22–29) y participó con
el Todopoderoso en ella, compartiendo el gozo de sus logros (vv. 30–31). La sabiduría hace un
ruego final para que la gente la adquiera, por causa de su papel único (vv. 32–36).

1. EXISTENCIA DE LA SABIDURÍA ANTES DE LA CREACIÓN (8:22–26)

8:2. La experiencia de la sabiduría se extiende desde su habilidad presente de enriquecer a los


individuos (vv. 12–21) hasta su participación pasada en la creación del mundo. El tema aquí es la
sabiduría; me se refiere con toda claridad a “Yo, la sabiduría” (v. 12). La sabiduría existió antes de
que se efectuara la creación del mundo (antes aparece 6 veces en los vv. 22–25) y por lo tanto,
estuvo presente cuando Dios creó el universo (“cuando” aparece 6 veces, vv. 27–29).

Algunos estudiosos de la Biblia dicen que la sabiduría de los vv. 22–31 se refiere a Cristo. Claro
que él revela la sabiduría de Dios a los creyentes (1 Co. 1:30) y que en él se encuentra toda la
sabiduría e inteligencia (Col. 2:3). Pero Proverbios 8:22–31 no da indicación alguna de que se
refiera a Jesucristo como la sabiduría. Si ese fuera el caso, todas las demás referencias a la
sabiduría en Proverbios deberían aplicarse también a Cristo, lo cual no es probable. Es preferible
interpretar que la sabiduría de la que se habla aquí en forma figurada es una personificación del
atributo de Dios de la sabiduría.

8:23–26. Antes de crear el universo, Dios dio el principado (“fue establecida”, NVI99, o “he
puesto”, como se trad. en Sal. 2:6) a la sabiduría. Proverbios 8:23 se refiere a que la sabiduría
existió antes de que se formara la tierra (cf. Gn. 1:1–5), antes de que se separaran las aguas, se
hicieran las nubes y la formación de las fuentes de las muchas aguas, i.e., los océanos (en el
segundo día de la creación, Gn. 1:6–8) y antes de que apareciera la tierra seca (en el tercer día de
la creación, Gn. 1:9–10). La sabiduría se presenta como si hubiera sido … engendrada (Pr. 8:24–
25).

2. EL TRABAJO DE LA SABIDURÍA EN LA CREACIÓN (8:27–31)

8:27–29. La sabiduría estuvo presente cuando Dios hizo los cielos (v. 27a; cf. Gn. 1:1–5),
cuando separó las aguas y formó las nubes y los océanos (las fuentes del abismo, Pr. 8:27b–28; en
el segundo día de la creación, Gn. 1:6–8) y cuando hizo que emergiera la tierra seca (Pr. 8:29; en el
tercer día, Gn. 1:9–10). Acerca de la palabra abismo (Pr. 8:27), V. el comentario de Gn. 1:2.

8:30–31. Se dice que la sabiduría estuvo cual artesano al lado de Dios cuando creó al mundo.
Ese atributo de Dios, personificado como un asistente en su obra creativa, indica poéticamente
que el Señor fue sabio en lo que creó. El hecho de estar con él implica una relación íntima. Decir
que la obra de Dios se caracterizó por la sabiduría no sugiere que ésta en sí fuera la diseñadora,
sino que Dios fue el diseñador. Esta es una distinción muy importante. La aseveración de que la
sabiduría estuvo presente antes y durante la creación y que se involucró en ella, le otorga
credibilidad a su reclamo de ser capaz de recompensar al hombre. La sabiduría personificada se
regocija delante de él y de la creación de la tierra, incluyendo a los hombres.

Si Dios usó la sabiduría en su obra creadora, ¡ciertamente el hombre necesita de ella!

3. EL RUEGO DE LA SABIDURÍA Y SUS PROMESAS (8:32–36)

8:32–34. La sabiduría misma se dirige aquí a los jóvenes como a sus hijos, tal como había
hecho el padre 3 veces (4:1; 5:7; 7:24). Las palabras ahora, pues vinculan el ruego con los reclamos
de la sabiduría que preceden. En los vv. 32–34 las palabras oídme y bienaventurados se usan
alternadamente (oíd, v. 32; bienaventurados, v. 32; atended, v. 33; bienaventurado, v. 34;
escuchar, v. 34). El triple llamado de la sabiduría a los jóvenes para que escuchen es un
recordatorio de la frecuente exhortación de Salomón a que le escuchen (V. el comentario de 1:8).
Cuando atienden las instrucciones de la sabiduría y la siguen, llegan a ser sabios y
bienaventurados. Esa bendición proviene de seguirla con dedicación (velando y aguardando).

8:35–36. La sabiduría da vida (cf. 3:18; 4:4, 22; 7:2; 9:11; 19:23) y se gana el favor de Jehová
(cf. 12:2; 18:22). La palabra que se trad. “favor”, rāṣôn se utiliza 14 veces en Proverbios y significa
“aceptación, buena voluntad o aprobación”. Proviene del vb. rāṣâh, que significa “estar
complacido de”. Rechazar la sabiduría tiene como consecuencia el mal (cf. 6:32; 7:23; 9:12b) y la
muerte (cf. 2:18; 5:5; 7:27). La sabiduría es el camino a la vida, y la insensatez, a la muerte. Esas
son las dos opciones del hombre.

O. Valor de la sabiduría resumida al contrastar su invitación con la de la insensatez (cap. 9)


Este cap. resume 1:8–8:36 al contrastar las invitaciones de la sabiduría (9:1–6) con las de la
insensatez (vv. 13–18). Entre esas dos invitaciones se encuentra una corta serie de proverbios
concisos que contrastan la naturaleza de los que responden a cada una de las invitaciones y las
consecuencias de cada camino (vv. 7–12). La sabiduría y su rival, la necedad, se presentan como
dos mujeres que preparan sendos banquetes e invitan a los jóvenes a sus casas. La sabiduría actúa
como una mujer responsable en su carácter y en su riqueza al preparar el banquete, mientras que
la necedad se presenta como una prostituta que invita a los jóvenes a una comida sensual de agua
robada y de comida que se come en secreto.

1. LA INVITACIÓN DE LA SABIDURÍA (9:1–6)

En Proverbios, la sabiduría se personifica con frecuencia como una dama elegante (1:20–33;
3:16–18; 4:3–6; 8:1–21, 32–36; 9:1–6). En 9:1–6 es edificadora y ama de casa que prepara un
banquete para los que carecen de sabiduría.

a. La sabiduría prepara el banquete (9:1–2)

9:1. La palabra hebr. común que se trad. sabiduría es ḥoḵmâh, pero aquí parece que se
encuentra en una forma plural (ḥoḵmôṯ) seguida de un vb. en singular edificó (aunque algunos
interpretan a ḥoḵmôṯ como un sing. manteniendo las formas análogas de los dialectos cananeos).
Es el mismo caso que ocurre en 1:20; 24:7; Sal. 49:3. Si la forma estuviera en pl., podría sugerir lo
completo de la sabiduría. Las actividades de la “dama sabiduría” al construir su casa, incluyendo la
labranza de siete columnas, habla del arduo trabajo que acompaña a la sabiduría. Los estudiosos
de la Biblia han ofrecido varias sugerencias acerca del significado de las 7 columnas (e.g., los 6 días
de la creación y el séptimo día de reposo del Señor, o el sol, la luna y los 5 planetas que se
conocían en ese entonces). Es preferible decir que los 7 pilares sugieren que la casa era grande y
espaciosa. Eso es consistente con otras partes de Proverbios que relacionan la sabiduría con una
vida de alta posición social.

9:2. La comida que la “dama sabiduría” preparó incluye carne y vino … mezclado (cf. v. 5). La
frase mató sus víctimas es lit. “presentó sus sacrificios” (i.e., mató a los animales y cocinó su
carne). El hecho de mezclar el vino podría referirse a diluirlo, lo cual era una costumbre del
antiguo Israel (cf. el libro apócrifo 2 Macabeos 15:39 y The International Standard Bible
Encyclopaedia, “Enciclopedia bíblica internacional estándar”. Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans
Publishing Co., 1939, 5:3087). El vino no diluido era considerado de mal gusto por los judíos y el
vino para celebrar la pascua consistía de tres partes de agua por una de vino. O quizá se refiere a
la costumbre de mezclar especias con el vino para mejorar su sabor (cf. Sal. 75:8; también V. Is.
5:22). También es posible que se refiera a ambas cosas.

b. La invitación de la sabiduría a su banquete (9:3–6)

9:3. Habiendo preparado la comida, la excelente anfitriona envió sus criadas a que invitaran a
la gente para su banquete (cf. Mt. 22:2–3). Lo más alto de la ciudad (cf. Pr. 8:2) era un punto
geográfico elevado donde mucha gente podía escuchar la invitación. La “mujer insensata” también
hizo su llamado desde ese lugar (9:14).

9:4–6. La invitación de la sabiduría incluye al menos los vv. 4–6 (y posiblemente también los
vv. 7–12, como indica la NVI99 con comillas españolas). Los invitados al banquete de la sabiduría
eran los simples (peṯî “ingenuo, crédulo”; V. el comentario de 1:4; cf. 8:5; 9:16) y los faltos de
cordura (V. el comentario de 6:32). Los que más necesitaban de su atención fueron invitados para
ser sus convidados. Podían venir, comer y beber, i.e., la gente sin sabiduría debía adquirirla y
beneficiarse de ella. Pero debían dejar las simplezas (peṯā’im 9:6; el pl. de “simple” en v. 4). Eso
podría significar dejar a “los simples”. Pero la segunda parte del v. que invita a los convidados a
andar por el camino de la inteligencia sugiere que “las simplezas” más bien se refieren a los
hábitos del ingenuo. Como ya se dijo (3:18; 4:4; 7:2), el resultado de la sabiduría es la vida (vivid;
cf. 9:11; 19:23).

2. CONSECUENCIAS DE ACEPTAR LAS INVITACIONES (9:7–12)

A primera vista, podría parecer que estos vv. interrumpen el hilo del pasaje, puesto que
aparecen entre la invitación de la sabiduría (vv. 1–6) y la de la insensatez (vv. 13–18). Sin embargo,
la colocación de esta sección es muy apropiada, porque señala las consecuencias de aceptar las
dos invitaciones. Los que atienden a la sabiduría responden y aprenden de la exhortación (v. 8b; V.
el comentario de 1:23), aumentan su conocimiento (9:9) y gozan de la vida (v. 11). Pero los que
atienden al llamado de la insensatez no aceptan la corrección (vv. 7–8a), por eso sufren (v. 12b) y
son burladores y reacios a recibir la corrección. La invitación de la insensatez solamente hace que
se endurezcan en sus malos caminos.

9:7–8a. El escarnecedor (V. el comentario de 1:22) es impío y no se le puede enseñar nada.


Cuando alguien trata de corregirlo, su reacción denota una actitud de odio y azota a cualquiera
con sus insultos (9:7–8a). Se atrae mancha (mûm), lo cual significa un manchón o defecto. Cuando
se corrige a un impío responde a la exhortación difamando al que quiso amonestarlo. Tal
escarnecedor se endurece en sus propios caminos.

9:8b–9. Por el otro lado, el sabio aprecia la corrección, porque aprende de ella. Las
exhortaciones pueden ser de gran ayuda para el que está dispuesto a aprender (15:31; 17:10;
19:25; 25:12; 27:5–6). Al ser dócil para aprender (cf. 10:8a; 12:15b; 14:6b; 15:32b; 21:11b) uno
llega a ser más sabio (cf. 1:5). Como en otras partes de Proverbios, el sabio es justo. El carácter
piadoso debe ser la base de la sagacidad mental de la persona.

9:10–11. El tema del libro (1:7a) se vuelve a establecer en 9:10a, con dos variantes: la palabra
hebr. principio aquí difiere de la de 1:7. En 9:10 significa “requisito” (V. el comentario de 1:7). En
9:10 se utiliza la palabra sabiduría mientras que en 1:7a se utiliza la palabra conocimiento (NVI99).

El conocimiento personal de Dios—a quien Proverbios llama el Santísimo aquí y santo en


30:3—proporciona una percepción profunda de la vida.

La sabiduría (mí, 9:11) asegura a la persona una larga vida (cf. v. 6; 3:2, 16; 4:10; 10:27; 14:27;
15:24).

9:12 En Proverbios se menciona con frecuencia y de diferentes maneras que la sabiduría


otorga recompensas y que la burla provoca sufrimiento. Algunas de las recompensas ya se
mencionaron en los vv. 8a–11.

3. INVITACIÓN DE LA INSENSATEZ (9:13–18)


9:13. El festín de la insensatez se presenta en contraste con el de la sabiduría. De manera
similar, la mujer insensata (el fem. de kesîl; V. el comentario de 1:7), presentada como una
prostituta, puso su mercancía a disposición de todos. Es alborotadora (cf. 7:11), simple (lit.,
“inexperta o ingenua”, al igual que sus invitados; cf. 9:16) e ignorante. Es atractiva, pero sin
recato. Aquí, como en otros lados, la insensatez ofrece una gratificación inmediata, mientras que
la sabiduría ofrece satisfacción a largo plazo.

9:14–15. En contraste con la “dama sabiduría”, que se preparó (vv. 1–2) y salió a buscar a sus
convidados (vv. 3–6), “la mujer insensata” solamente se sienta en una silla y grita. Pero ella, igual
que la sabiduría, llamó desde los lugares altos de la ciudad (cf. v. 3). La insensatez se dirigió a los
que pasaban por el camino (cf. 7:8, 10). La referencia a los que van por sus caminos derechos
podría referirse a los que pasarían sin detenerse si no fuera por ella, o a los que llevan vidas rectas.
Quizás ambas ideas están involucradas en esta frase.

9:16–17. La insensatez llama a sus invitados usando intencionalmente las mismas palabras que
la “dama sabiduría” (cf. v. 4 y el comentario ahí). Puesto que beber del agua de la propia fuente se
refiere al sexo en el matrimonio (5:15–16), las aguas hurtadas pueden referirse al sexo ilícito (cf.
7:18–19). De esa manera, “la mujer insensata” apelaba a los deseos más bajos de sus invitados. El
comer pan en oculto también sugiere una actividad prohibida.

9:18. A pesar de que su invitación pudiera parecer atractiva, el resultado final no es la vida (cf.
v. 11), sino la muerte (cf. 2:18; 5:5; 7:27). “La mujer insensata” es obviamente una mujer
descarriada, lo cual implica que la inmoralidad sexual es el colmo de la insensatez. Los dos
caminos, el de la sabiduría y el de la necedad que resultan en la vida o en la muerte
respectivamente, alcanzan un clímax muy vívido en el cap. 9. Casi todos los vv. del resto del libro
señalan hacia uno o ambos de esos caminos y/o sus consecuencias.

III. Los proverbios de Salomón (10:1–22:16)

Esta gran parte del libro de Proverbios contiene 375 dichos. El desarrollo del pensamiento se
limita a las dos (o a veces más) líneas de cada v. Los caps. 10–15 continúan el tema tan dominante
de los caps. 1–9, contrastando al justo (o sabio) con el impío (o insensato). El resto de la sección
(16:1–22:16) contiene mayor variedad de temas.

La mayoría de los vv. de los caps. 10–15 forman contrastes (en paralelismo antitético) porque
la segunda línea en la mayoría de los vv. empiezan con “mas” o “pero”. Solamente unos pocos de
los vv. de 16:1–22:16 son contrastes; la mayoría de los vv. son comparaciones (paralelismo
sinónimo) o terminaciones (en paralelismo sintético), usando la conjunción “y” que introduce la
segunda línea en muchos de los vv.

El cambio frecuente de tema de un v. a otro podría ser intencional, para forzar a los lectores a
luchar con, y meditar en, los pensamientos de un v. antes de pasar al siguiente. Sin embargo, en
ocasiones dos o más vv. consecutivos están ligados por un tema o una palabra común. Por
ejemplo, 10:4–5 hablan de la negligencia y la diligencia y 10:11–14, 18–21, 31–32 se refieren al
hablar. “Jehová” se menciona en todos los vv. de 16:1–7, la palabra clave en cada vv. de 16:12–15
es “rey”; 15:16–17 empiezan con la palabra “mejor”, todos los vv. de 12:9–11 hablan sobre
problemas domésticos y todos los vv. de 11:9–12 comienzan con la misma letra hebr.
A. Proverbios que contrastan la vida justa y la malvada (cap. 10–15)

10:1. Acerca de los proverbios de Salomón, V. “Autoría y fecha” en la Introducción. Siendo


que Salomón es autor de los caps. 1–9 (V. 1:1) y los caps. 25–29 (V. 25:1), además de 10:1–22:16,
escribió alrededor del 84 por ciento del libro, siendo inspirado todo, por supuesto, por el autor
divino, el Espíritu Santo.

El hijo sabio se contrasta aquí con el “hijo necio”, en 13:1 con un burlador, y en 15:20 con un
hombre necio. El hijo que ha llegado a ser sabio, atendiendo a las enseñanzas de sus padres (5:1–
2), alegra al padre, hecho que se establece varias veces en Proverbios (15:20; 23:15, 24; 27:11;
29:3). Por otro lado, el necio (kesîl; V. el comentario de 1:7) es tristeza de su madre. Esto no
significa que un hijo necio no entristezca a su padre, pues eso se dice con claridad en 17:21, 25;
19:13. Tampoco el 10:1 significa que el corazón de una madre no se alegre con la sabiduría de su
hijo. El uso de “padre” en una línea y “madre” en la otra es muy típico de la literatura proverbial.
Ambos padres experimentan el gozo o el dolor así como ambos se involucran en la enseñanza (1:8;
4:3–4; 6:20).

10:2. Decir que los tesoros no son de provecho alguno podría parecer una paradoja hasta que
uno recuerda que esos tesoros son de maldad, i.e., mal habidos (cf. 1:19; 28:16; Miq. 6:10),
ganados ilegalmente (cf. Pr. 16:8) por robo o engaño. Un ejemplo se menciona en 1:11–14, 18–19.
Tales tesoros no son buenos porque se consumen pronto (13:11; 21:6) y no evitan la muerte
(11:4). Claro que el dinero que se adquiere deshonestamente puede proporcionar cierto tipo de
placer y tener valor temporal, pero a la larga, no satisface.

10:3. Los vv. 3–5 hablan acerca de la diligencia y la pereza. La satisfacción del apetito personal
se relaciona con Jehová (v. 3); la pobreza y riqueza son resultados de la pereza y la diligencia,
respectivamente (v. 4). El hijo sabio se caracteriza por ser industrioso y el sueño es la característica
principal del hijo que avergüenza (v. 5). El entendido es lit, “el alma del recto”. Puesto que el
“alma” hace énfasis en la persona total, Dios dice aquí que él suple todas las necesidades del ser
humano, incluyendo las del cuerpo (cf. Sal. 37:19, 25). La iniquidad de los impíos se refiere a sus
deseos malévolos de provocar destrucción y desastre. Dios puede impedir que lleven a cabo sus
planes. Así como muchos vv. de Proverbios, este v. es una generalización. Por lo regular, es verdad
que los piadosos no morirán de hambre y que el impío no obtiene todo lo que desea.

10:4–5. Si una persona se rehúsa a trabajar, empobrecerá (vocablo usado con frecuencia en
Pr.), mientras que quien trabaja arduamente obtendrá su recompensa. (Además de la pereza, en
Pr. se mencionan otras razones para la pobreza. V. el comentario de 14:23). Un ejemplo de la
diligencia y por lo tanto, de la sabiduría (diligentes proviene del vb. śāḵal que significa “ser
prudente o tener un juicio sano”; cf. 1:3; 16:20), es cosechar en el verano en tanto que las
cosechas están maduras. Un ejemplo de pereza es el del hijo que duerme en el tiempo de la siega
en lugar de trabajar (en contraste con las hormigas, 6:6–11). De hecho, con toda probabilidad el
tal es causa de vergüenza (deshonra), para sus padres.

10:6. El justo recibe bendiciones, pero el caso de los impíos es muy diferente; la violencia
cubre su boca. Lo mismo se dice de él en el v. 11. La palabra “cubre” (igual que en el v. 12) sugiere
que su boca encubre o esconde a hurtadillas la violencia o que lo que dice es sólo violencia. Jesús
dijo que “el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo” (Lc. 6:45).
10:7. Hablando de las bendiciones y del justo (v. 6), aun el recuerdo del justo de épocas
pasadas puede llegar a ser una fuente de bendición. En contraste, la mayoría de la gente desea
olvidar aun el nombre de los impíos. Al igual que su temperamento, hasta sus nombres son
corruptos y putrefactos como un cadáver.

10:8–9. El sabio recibe con agrado la enseñanza y está dispuesto a ser más sabio (cf. 1:5; 9:9).
Mas el necio (’ĕwîl, un grosero, necio endurecido; V. el comentario de 1:7; cf. 10:21) no deja de
hablar y, por lo tanto, no tiene tiempo para aprender. En Proverbios hablar innecesariamente se
vincula con frecuencia con la insensatez. Una persona así, caerá, frase que se vuelve a repetir sólo
2 vv. más adelante (“será castigado”, v. 10; cf. 13:3). El concepto de la ruina se menciona 5 veces
en el cap. 10 con diferentes expresiones (vv. 8, 10, 14–15, 29). La persona íntegra (v. 9) está segura
(cf. un pensamiento similar en 3:23; 18:10; 28:18) en su andar (su conducta), pero aquel que
pervierte (lit., “tuerce”) sus caminos, cuya conducta es impía, en contraste con el que camina en
integridad, con el paso del tiempo se descubre lo que es en realidad.

10:10. Los vv. 10–12 tienen que ver con las relaciones interpersonales. El hecho de guiñar el
ojo con los secuaces sugiere intenciones pecaminosas (cf. 6:13; 16:30; Sal. 35:19). No es de
sorprender que eso produzca tristeza a las víctimas y a los parientes de la misma. Pero un necio
parlanchín pronto se meterá en problemas (cf. la misma línea de pensamiento en Pr. 10:8b).

10:11. Las palabras del justo (sabio) son como un manantial de vida (cf. 13:14; 14:27; 16:22;
también V. 18:4). Sus palabras de sabiduría fluyen libremente y son refrescantes como un
manantial fresco para el viajero cansado del desierto. Acerca de la segunda parte del 10:11; V. el
comentario del v. 6b.

10:12. El odio provoca las rencillas (cf. 6:14) porque la gente que se desprecia una a la otra no
pueden trabajar o vivir junta y en paz. El amor contribuye a guardar la paz, porque cubrirá o
perdonará todas las faltas de los demás (cf. 17:9). No medita en forma constante en las mismas
fallas (cf. 1 Co. 13:5; Stg. 5:20; 1 P. 4:8). “Cubrir” es kāsâh, la misma palabra de Pr. 10:6, 11. Las
palabras de un impío están cubiertas de violencia, pero el justo cubre las faltas al perdonar a
quienes las cometen.

10:13–14. Estas declaraciones contrastan al sabio con el necio. Por un lado, el prudente se
caracteriza por sus palabras sabias y el que es falto de cordura (cf. v. 21; 6:32; 7:7; 9:4, 16; 11:12;
12:11; 15:21; 17:18; 24:30; 28:16) tiene muchos problemas. Él podría ser castigado con una vara
en las espaldas (cf. 14:3; 26:3). Los sabios guardan la sabiduría para usarla en las ocasiones
adecuadas sin estar presumiendo su conocimiento. Sin embargo, lo que el necio dice, le causa
problemas y su calamidad está cercana, porque habla neciamente acerca de las cosas
equivocadas, lo cual le trae dificultades (cf. 10:19).

10:15–16. Estos vv. están juntos porque hablan de las riquezas. La primera línea del v. 15 se
repite en 18:11. Aunque la riqueza no debiera colocarse por encima de la honra (28:20) y tampoco
debe ser la seguridad de alguien (11:4; 23:5), puede proveer un vallado que proteja de algunos
desastres. La pobreza es un problema continuo de represión para los pobres (cf. 14:20; 18:23;
19:7; 22:7). La palabra hebr. que se trad. pobres es dal, “débil, debilitado, sin esperanza”, y
también se trad. “pobre” en 19:4, 17; 21:13; 22:16; 28:3, 8, 11, 15; 29:7, 14. En Proverbios
también se utilizan otras palabras para “pobre” o “pobreza”.
El fruto (10:16) no se refiere a ganancia monetaria, sino al resultado natural o a los réditos de
llevar una vida justa. El fruto del justo es una vida significativa (cf. 3:18, 21–22; 4:4; 7:2a). Pero el
fruto del impío son más problemas (Gá. 6:7).

10:17. La palabra vida es la que vincula los vv. 16 y 17. El que guarda la instrucción es un
ejemplo para otros de lo que significa ir por el camino a la vida, i.e., llevar una vida llena de
significado, mientras que los que rehúsan aprender de la disciplina, provocan que otros se pierdan.
La conducta de uno lo afecta tanto a sí mismo como a los demás, ya sea para bien o para mal.

10:18. Todos los vv. del 18–21 se refieren a algunos aspectos del hablar. El tema del odio se
introdujo en el v. 12, y en el v. 18 se añade otro concepto al tema. Cuando una persona odia a
alguien, pero trata de no demostrarlo, por lo regular se ve en la necesidad de mentir. El odio con
frecuencia lleva a difamar a quien es objeto del rencor. La segunda línea del v. 18 comienza con la
conjunción “y” en lugar de “pero”, para demostrar que los dos pensamientos respecto al odio y la
calumnia no se oponen entre sí. Mentir y calumniar, que son producidos por el odio, son las
características de un necio.

10:19. Hablar constantemente a la larga hace caer en pecado y mete a la persona en


problemas (cf. “necio de labios” en los vv. 8, 10; también V. Stg. 3:2–8). Obviamente, es una
necedad, porque guardar silencio es más prudente (cf. Pr. 11:12).

10:20. En contraste con el hablar degradante de los impíos (mentir, calumniar y parlotear, vv.
18–19) las palabras (la lengua) del justo son inspiradoras y, por lo tanto, se les valora como plata
escogida. Sin embargo, en el caso de los impíos ni siquiera sus pensamientos (corazón) son de
valor, ¡cuánto menos sus palabras!

10:21. Las palabras que enlazan los vv. 19 y 20 son “lengua” y “labios” y ésta última también
une los vv. 18 y 21. La palabra justo vincula a los vv. 20 y 21. Una de las razones por las cuales las
palabras justas son de gran valor (v. 20) es que apacientan o benefician a otros espiritualmente. La
muerte alcanza a los que son necios (’ĕwîl; cf. v. 8 y V. el comentario de 1:7) porque carecen de
entendimiento (cf. 6:32; 7:7; 9:4, 16; 10:13; 11:12; 12:11; 15:21; 24:30; 28:16). Ya que la primera
parte de 10:21 se refiere al hablar, la segunda implica con toda probabilidad que los necios
carecen de juicio en lo que dicen. Su manera incorrecta de hablar ni siquiera los nutre a sí mismos;
por lo que espiritualmente están raquíticos y hambrientos.

10:22. Después de la palabra “Jehová” el hebr. añade la palabra “ella” para mayor énfasis. Así
que la primera línea dice la bendición de Jehová, ella es la que enriquece. La segunda línea
reafirma la idea de que la riqueza otorgada por el Señor (al justo y diligente) no va acompañada de
tristeza, que es el pago por obtener ganancias deshonestas (cf. v. 2).

10:23. La mayoría de los vv. 23–32 contrastan al justo con el impío. El insensato (kesîl, “cabeza
dura”; V. el comentario de 1:7) disfruta pecando, mientras que el sabio prefiere la sabiduría. Este
contraste entre el hacer maldad y ser sabio muestra que esto último es de naturaleza moral en el
sentido bíblico.

10:24–25. Los proverbios puntualizan una y otra vez que el desastre es para el impío, y que los
justos reciben diversas recompensas. Salomón pretendía convencer a los inexpertos e ingenuos de
que consideraran los frutos de la sabiduría y de la insensatez a largo plazo, no en el momento.
Muchos de los malos temen las calamidades, ¡y les llegan! Por lo regular los justos reciben lo que
desean, específicamente, bendiciones. Dios es la verdadera fuente de ambas. Un torbellino podría
llegar de repente, provocando desastre para el malo y destruir su vida y propiedades (cf. 1:27;
6:15; 29:1), pero el justo vive confiado (cf. 10:9, 30; 12:3).

10:26. Así como el vinagre (hecho de vino) tiene un sabor amargo y como el humo irrita los
ojos, así el perezoso (V. el comentario de 6:6–11) molesta a sus patrones, a los que lo envían a
hacer algún trabajo o a hacer un mandado. Es molesto porque no cumple sus responsabilidades.

10:27–30. Estos vv. mencionan varias bendiciones que recaen sobre los justos: largos días …,
alegría, fortaleza y seguridad. Por lo regular, los impíos no gozan de ninguna de éstas, cuando se
les ve desde la perspectiva de la eternidad. La longevidad para los justos y la corta vida para los
impíos son temas frecuentes de Proverbios (3:2, 16; 4:10; 9:11; 14:27; 15:24). Acerca del temor de
Jehová, V. el comentario de 1:7 (también cf. 2:5; 3:7; 8:13; 9:10; 14:26–27; 15:16, 33; 16:6; 19:23;
22:4; 23:17; 24:21). El gozo viene a aquellos que aman a Dios, pero los deseos de los impíos de
tener gozo nunca se cumplen (cf. 10:24; 11:7). Al estar en el camino de Jehová, i.e., seguir sus
mandatos, el perfecto encuentra su fortaleza o seguridad (mā‘ôz; cf. Sal. 31:2, 4; Nah. 1:7). Está
seguro en la tierra (cf. Pr. 10:9, 25), pero no así los impíos (cf. 2:21–22).

10:31–32. Estos dos vv. también se refieren al tema del hablar (cf. vv. 11–14, 18–21). El justo
habla palabras sabias (cf. v. 11). Producirá es lit., “lleva fruto”. Así como un árbol produce
naturalmente frutas, las palabras sabias son el resultado natural de la justicia (cf. Lc. 6:43–45). Por
lo tanto, son oportunas y apropiadas (V. el comentario de Pr. 10:14). Perversa, palabra usada en
los dos vv. significa que se ha desviado de lo normal (cf. 2:12).

11:1. Jehová aborrece el peso falso (lit., “balanzas de engaño”), mas la pesa cabal (lit.,
“piedras perfectas”) le agrada. La deshonestidad en los negocios se condenaba y la honestidad se
alababa (cf. 16:11; 20:10, 23; Lv. 19:35–36; Dt. 25:13–16; Miq. 6:10–11; también V. Am. 8:5). Para
incrementar sus ganancias, muchos comerciantes utilizaban dos pares de medidas para pesar la
mercancía. Colocaban las piedras más ligeras en las balanzas al vender (para dar menor cantidad al
mismo precio) y utilizaban las más pesadas cuando compraban (para obtener más por el mismo
precio). Como no había moneda corriente, las balanzas se usaban en la mayoría de las
transacciones comerciales cotidianas. La referencia a Jehová coloca las transacciones comerciales
en el plano espiritual.

11:2. Este v. contiene una combinación interesante de palabras. La soberbia lleva a la


deshonra, su contraparte, mientras que la humildad (los humildes es un sustantivo hebr. que sólo
se utiliza aquí y su forma verbal se usa sólo en Miq. 6:8, “humillarse”), lo cual ilustra un espíritu
sumiso y modesto ante Dios y los hombres, promueve o acompaña a la sabiduría. Proverbios
13:10 también hace un contraste entre la soberbia y la sabiduría. La palabra “soberbia” (zāḏôn,
“arrogancia”; cf. 13:10) proviene del vb. zîḏ, “hervir” (cf. “guisó”, Gn. 25:29) y su sonido es
parecido al de la palabra hebr. que se trad. “deshonra” (qālôn).

11:3. Los vv. 3–8 se refieren al valor de la justicia al guiar al justo y protegerlo de las
dificultades. La integridad (trad. “perfecto” en Job 1:1; Pr. 11:20) se refiere a la limpieza moral y
significa tener una moralidad intachable. Cuando la integridad se convierte en un estilo de vida, se
vuelve como un pastor que guía a sus ovejas. La característica opuesta es la perversidad. El
sustantivo selep̱ se utiliza solamente aquí y en 15:4 (“perversidad”); el vb. relativo sālap̱ significa
“pervertir, subversión o voltear”. Se trad. “trastornará” en 13:6 y “trastorna” en 22:12.

11:4. El día de la ira (cf. “enojo” en v. 23) probablemente se refiere a la muerte. Las riquezas
no pueden comprar una larga vida; solamente la justicia puede ayudar a conseguirla (cf. 10:2b). En
10:27 se dice que el temor del Señor contribuye a la longevidad.

11:5. Una vida recta promueve andar por el camino correcto (cf. 3:5–6), y con menos
problemas y obstáculos (cf. 11:8), pero la impiedad hará caer a la persona.

11:6. Otro beneficio de una vida justa es la liberación y escapatoria de los problemas (V. el
comentario de v. 5) o de la muerte (v. 4). Por otro lado, aun los deseos de los pecadores (lit.,
“traidores”) los meten en problemas (cf. v. 3). Están atrapados (1:17–18; 6:2; 7:22–23; 12:13) pues
sus deseos los inducen a pecar.

11:7. La muerte para el hombre impío pone fin a todo lo que esperaba alcanzar. Ni su riqueza
(v. 4) ni su expectación (“ilusión de poder”, NVI99) puede evitarle la muerte. Obviamente es inútil
abandonar la rectitud para obtener poder.

11:8. Como se estableció en los vv. 3, 5–6, una vida justa ayuda a ser librado de la tribulación
(cf. 12:13). En el libro de Ester, el daño que el impío Amán planeó para Mardoqueo le cayó a él en
lugar suyo (Est. 3–7).

11:9. Los vv. 9–15 hablan de las relaciones entre la comunidad: el prójimo (vv. 9, 12), la ciudad
(vv. 10–11), los chismosos (v. 13), los consejeros de la nación (v. 14) y el fiador (v. 15). El hipócrita
con la boca daña a su prójimo (cf. el comentario de 10:18–19a). La palabra hebr. que se trad.
“hipócrita” es ḥānēp̱ “profano”. El vb. ḥānap̱ se trad. “fornicar” (Jer. 3:1), “contaminar” (Nm.
35:33), “contaminada” (Sal. 106:38). En contraste con una persona profana, que no tiene cuidado
con lo que dice, los justos son librados con la sabiduría. Posiblemente esto significa que escapa
del daño que causa la calumnia porque él sabe que no es verdad, o porque sabe que debe
mantenerse alejado de los profanos.

11:10–11. Estos vv. se refieren al efecto benéfico que los justos pueden tener en la vida
pública. La gente de la ciudad aprecia y se deleita en la prosperidad y bendición de Dios sobre los
ciudadanos rectos, porque ellos exaltan a la ciudad; i.e., ayudan a que la población se mantenga
económica y moralmente sana (cf. Jer. 22:2–5). En contraste, los ciudadanos se alegran cuando los
impíos—los que mienten, calumnian, engañan, roban y asesinan—mueren (cf. Pr. 28:12, 28)
porque así la ciudad se vuelve más segura. Las palabras de los impíos (boca; cf. 11:9)—¡y eso que
no se mencionan sus obras!—pueden destruir una ciudad tanto moral como económicamente.

11:12–13. En las relaciones entre la comunidad (vv. 9–15), hablar correcta e incorrectamente
se menciona varias veces; en los vv. 9, 11–13. Cualquiera que menosprecia (bûz, “despreciar,
tener en poco”; cf. comentario de bûz en 1:7b) a su prójimo (cf. 14:21), carece de entendimiento
(V. el comentario de 6:32; 10:13). Calumniar (cf. 10:18) a uno que vive o trabaja cerca es una
verdadera necedad. Puesto que eso provoca fricciones y disensiones, es de sabios callar (refrenar
sus labios; cf. 10:19) aunque sepa algo desagradable acerca de su vecino. Divulgar un secreto por
medio de los chismes mal intencionados es una traición a la confianza (se dice lo mismo en 20:19).
“El que anda en chismes” es lit. “alguien que le gusta calumniar”. El chisme también se condena en
16:28; 18:8; 26:20, 22.

11:14. Dirección (taḥbūlôṯ, también se utiliza en 1:5) es un término usado en la navegación


que denota el timón de un barco. Las “direcciones” o advertencias de los consejeros pueden ser
de gran ayuda (cf. 15:22; 20:18; 24:6). El sabio está dispuesto a escuchar las opiniones y consejos
de otros porque sabe que sin ellos, podría cometer graves errores.

11:15. El hecho de actuar como fiador de alguien puede causar graves problemas (V. el
comentario de 6:1–5; cf. 17:18; 22:26–27).

11:16. La mayoría de los vv. de 11:16–31 se refieren de alguna manera a las recompensas de
una vida justa y bondadosa. El v. 16 contrasta la honra o el respeto que adquiere una mujer (cf. el
hombre misericordioso, v. 17) agraciada (ḥēn, “llena de gracia”) con las riquezas que obtienen los
fuertes (“violentos”, NVI99). También se mencionan en 12:4; 14:1; 19:14; 31:10–31 las mujeres
que poseen un carácter recomendable. La palabra “sólo” (NVI99, que aparece en la frase “sólo
ganan riquezas”) sugiere que la riqueza es muy inferior a la honra (e.g., la insuficiencia de la
riqueza se menciona en 1:19; 10:2; 11:4). La palabra que se trad. “fuertes” (‘ārîṣ) significa “el que
provoca terror” por causa de su maldad. Eso hace que no disfrute de honra, respeto o siquiera de
paz mental.

11:17. Todos los vv. 17–21 hacen un contraste entre los resultados de vivir impía o
justamente. Tanto la misericordia (misericordioso proviene de ḥeseḏ “amor leal”) como la
crueldad son condiciones recíprocas: la misericordia hace bien a quien la da (pues los que reciben
misericordia actúan mostrándola) y la crueldad tiene igualmente el efecto de bumerán, dañando
tanto a su receptor como a su dador (cf. 13:20).

11:18. Aun el sueldo que obtiene el impío es una obra falsa, i.e., piensa que su dinero le
ayudará a avanzar, pero finalmente se da cuenta de que no le beneficia en nada (v. 4). Por el otro
lado, sembrar justicia; i.e., llevar una vida correcta, cosecha recompensas que son benéficas y
duraderas. “Falsa” en hebr. es šāqer y galardón es una palabra que suena muy parecida, i.e., śeḵer,
que es una aliteración y asonancia intencional para llamar la atención hacia esas palabras.

11:19. Vivir justamente se recompensa con la vida (cf. 12:28) y el que hace lo malo hallará la
muerte, que es un tema muy frecuente en Proverbios. El pecador recibe un daño (v. 17), dinero
falso (v. 18) y finalmente, la muerte (v. 19).

11:20. En Proverbios se dice que Jehová detesta muchos tipos de actitudes y acciones
pecaminosas. E.g., una vida (3:32; 11:20) torcida (como la de los perversos; ‘iqqēš), que significa
“chueco o distorsionado”; V. el comentario de 2:15), la mentira (12:22), la hipocresía (15:8), la
conducta malévola (15:9), los pensamientos malos (15:26), el orgullo (16:5), la injusticia (17:15) y
la deshonestidad en los negocios (20:10, 23). También V. 6:16–19. Por otro lado, Jehová se deleita
en los perfectos de camino, en aquellos que están completos moralmente, que andan en
integridad (cf. 11:3) y que actúan con verdad (12:22).

11:21. Tarde o temprano es la trad. de una expresión idiomática que en el original reza “mano
a mano” y significa “una cosa es segura” (NVI99; también en 16:5b, “ciertamente”). Esto podría
referirse a dar la mano al finalizar un acuerdo o transacción, para cerrar así un trato. Lo que es
cierto es que los pecadores serán castigados y los justos serán librados.

11:22. Las mujeres israelitas utilizaban anillos en la nariz como adorno, tal como hoy en día se
usan aretes y anillos en los dedos. ¡Cuán incongruente sería suponer que un zarcillo de oro
embellecería a un cerdo, que es un animal sumamente inmundo! De manera similar, es
incongruente suponer que la belleza física de una mujer puede excusarla de su falta de razón
(percepción moral). Este v. tiene un impacto muy especial al comparar a una mujer hermosa con
un horrible cerdo. La belleza externa de la mujer aunada a una conducta indiscreta carece de valor
y es moralmente repugnante. Este es el primero de muchos vv. en Proverbios que utilizan la
palabra como o “así como” para hacer una comparación, i.e., paralelismo emblemático.

11:23. Lo que los justos desean (cf. 10:24; 13:4) termina en el bien (o es el bien). Por el
contrario, lo que los impíos desean (cf. 10:28b; 11:7) termina en el enojo (o “es” el enojo; cf.
11:4). Esto significa que la ira de Dios viene al impío y frustra sus deseos, o que los impíos buscan
solamente dar rienda a su ira.

11:24–26. Estos vv. exhortan a mostrar generosidad. Al dar con liberalidad, una persona tiene
abundancia, lo cual es una aparente paradoja (cf. 2 Co. 9:6). Por otro lado, el que es tacaño y que
no ayuda a los demás, estará siempre en necesidad (cf. 28:22). Cuando alguien tiene un alma
generosa (Pr. 11:25) prospera y recibe ayuda de otros (cf. v. 17). El grano (v. 26) en una sociedad
agrícola como aquella, era un medio principal de intercambio; así que, acapararlo afectaría
drásticamente los precios. Pero el que vendía sus granos y no los retenía, era una bendición para
los demás.

11:27–28. Si una persona busca (procura que es trad. de šāḥar, “buscar temprano o con
empeño”, como uno que espera con ansias el amanecer) el bien en las cosas y para otros, recibirá
el favor (rāṣôn, “aceptación”; V. el comentario de 8:35, “favor”; cf. 14:9) de otros. La acción es
recíproca, como en el 11:17a, 25. Pero si una persona busca el mal (problemas o tragedias) para
los demás, le caerá a él mismo (cf. 11:17b). Tener dinero no es malo, pero confiar en él sí lo es (cf.
1 Ti. 6:9–10), porque éste y sus poseedores son transitorios (cf. Sal. 62:10; Pr. 23:5; 27:24; Stg.
1:11). Mas los justos que confían en el Señor, reverdecerán como ramas (cf. el árbol de Pr. 11:30 y
Sal. 1:3–4; 92:12–15; Jer. 17:7–8).

11:29. Provocar turbación en su propia casa significa que esa persona quedará desposeída de
su patrimonio; i.e., recibirá solamente viento, o nada. En lugar de ser próspero y tener sirvientes,
¡ese necio se convertirá en siervo!

11:30. El resultado (fruto) de la vida del justo es llegar a ser como árbol de vida (cf. 3:18;
13:12; 15:4), es una fuente de vida llena de significado para otros (cf. la rama en 11:28). Esto
contrasta con el necio, que provoca problemas a su familia (v. 29). El que gana almas en el v. 30 no
significa hacer convertidos o evangelizar. Ya que “ganar” es lit. “atraer o tomar”, la idea podría ser
que el justo atrae a otros hacia la sabiduría. Eso encaja con el pensamiento de la primera parte del
v. que habla de un árbol que da vida a otros por medio de su fruto.

11:31. Si el justo hace lo malo y recibe su “recompensa” en esta vida (en la tierra), entonces
con toda seguridad (¡cuánto más!) los que hacen pecado y maldad serán castigados (cf. v. 21). La
primera parte del v. también podría significar que los justos reciben bendiciones en esta vida.
“Cuánto más” también aparece en 15:11; 19:7; 21:27 y “cuánto menos” en 17:7; 19:10. El v. 31 del
cap. 11 es un resumen de los vv. 29–30.

12:1. Amar (i.e., aceptar de buena gana o desear) la instrucción (mûsār, “disciplina o
corrección moral”; cf. 1:2, 7; 10:17) muestra que se ama (desea) la sabiduría. El que hace esto
desea ir por la senda correcta y ser sabio. Aborrecer (rechazar o menospreciar) la reprensión
muestra que la persona es ignorante (ba‘ar, “ser tonto o corto de mente” como un animal;
también se usa en 30:2, “rudo”). Algunos pensamientos similares se dan en 12:15; 13:1, 13, 18;
15:5, 10, 12, 31–32.

12:2. En Proverbios se utilizan muchas palabras para describir al justo y al sabio, tales como
recto (11:3, 11), perfecto (11:5), hombre de entendimiento (11:12), el de espíritu fiel (11:13),
misericordioso (11:17), alma generosa (11:25), prudente (12:16, 23), verdadero (v. 22). En el v. 2,
bueno es otra característica. Tal persona recibe la bendición del favor de Jehová (rāṣôn,
“aceptación”; V. el comentario de 8:35). Pero una persona que es de malos pensamientos (cf.
14:17) o astuta para engañar, no sólo no recibe el favor de Dios, sino que también está condenado
por él (“declarado culpable”; cf. Éx. 22:9).

12:3. Establecerse y estabilizarse en la tierra era algo que los israelitas valoraban
grandemente. Pero no todos lo experimentaban (cf. v. 7; 10:25). Un hombre impío sería
desarraigado como una planta que se corta desde sus raíces, lo cual describe el exilio y/o la
muerte.

12:4. La mujer virtuosa (cf. 31:10; Rt. 3:11) es como una corona en la cabeza de su marido,
i.e., su fortaleza de carácter (ḥayil es lit. “fuerza”) hace que su esposo se sienta orgulloso y
honrado. Ella le añade dignidad. Por el contrario, la mala (que no es noble o moralmente fuerte)
es como carcoma en sus huesos (cf. comentario de Pr. 3:8); i.e., su vergüenza le produce dolor
interno.

12:5. Los vv. 5–9 contrastan al justo y al impío. Los justos tienen pensamientos justos y
honestos para sí mismos y para otros, pero los impíos aconsejan a los demás con engaño, dando
consejos que son deshonestos y egoístas (y pervertidos, v. 8). Por lo regular, los pensamientos y
palabras de una persona son consistentes con su carácter.

12:6. Los impíos desean destruir a la gente por medio de sus palabras y consejos, así como se
mencionó en el v. 5, lo cual es engañoso. Sin embargo, los rectos tratan de librar a las víctimas que
han sido atacadas por los chismosos y calumniadores.

12:7. Cuando un impío trata de sorprender a otros (v. 6), él mismo es sorprendido (cf. 1:18)
por la muerte. Su trampa los atrapará a ellos y no serán más; cesarán de existir. Pero la casa de los
justos (su familia) estará segura (cf. 12:3; 14:11).

12:8. Aquí se contrastan las actitudes humanas hacia los justos y los impíos: el sabio (sabiduría
aquí es śēḵel, “prudencia o juicio sano”; cf. 1:3) recibirá alabanza y el odio será para los de corazón
perverso. “Perverso” (‘āwâh) es una de las varias palabras que se usan en Proverbios para
comunicar el concepto de “torcido”. Significa “doblado o retorcido”, porque su pensamiento está
distorsionado.
12:9. Los vv. 9–11 tienen que ver con asuntos domésticos. Se presenta un contraste utilizando
las palabras más … que en lugar de “pero”. Este es el primero de 19 vv. en Proverbios que utilizan
la fórmula “más … que”: v. 9; 15:16–17; 16:8, 16, 19, 32; 17:1, 12; 19:1, 22; 21:9, 19; 22:1; 25:7,
24; 27:5, 10; 28:6.

Es preferible pasar desapercibido (ser o pretender ser despreciado) y estar en una posición
honrosa (con la posibilidad de contratar servidores) que jactarse de ser alguien importante y
estarse muriendo de inanición (cf. 13:7). ¿De qué sirve esa jactancia, si uno no puede ni llevar el
alimento a la mesa?

12:10. El justo se preocupa no solamente por sí mismo y su familia. Su bondad se extiende


hasta sus animales (mascotas y ganado). La frase cuida de la vida de su bestia es lit. “conoce el
alma de su animal”. Entiende con simpatía las necesidades básicas de sus bestias (cf. 27:23). Por el
contrario, la cosa más buena que llegan a hacer los impíos con ellas es en realidad una crueldad,
porque no saben cómo tratar a sus bestias de manera adecuada.

12:11. Cultivar la tierra con diligencia produce abundancia de pan (cf. 28:19a; también V.
14:23). Mas perseguir (una forma verbal muy intensa que significa buscar frenéticamente) mental
o físicamente a los vagabundos“lo vacío” (NVI99, nota mar., las cosas que son vacías y sin valor)
no contribuye a que se cultiven las tierras y, por lo tanto, la comida escaseará (cf. 28:19b).
Descuidar el trabajo por pensar en otras cosas muestra una terrible falta de entendimiento (V. el
comentario de 6:23; 10:13).

12:12. Lo que los impíos obtienen por medios engañosos es deseado por otros malos porque
codician la red de ellos, refiriéndose a lo que se pesca en ella. En contraste con la naturaleza
temporal de lo que los malvados roban (cf. 1:19; 10:2–3; 11:4–5) se encuentra la raíz de los justos,
la cual producirá fruto. Una persona justa es como una planta cuya raíz es profunda (cf. 10:30) y
hace que se mantenga verde (cf. 11:28) y produzca fruto (cf. 11:30).

12:13. Los vv. 13–20, 22–23 se refieren en varias formas diferentes al hablar correcto o
incorrecto (cf. 10:11–14, 18–21, 31–32; 11:9, 11–13). Estar enredado es una figura común
utilizada en Proverbios (V. el comentario de 11:6). El justo que habla con justicia o justamente, no
se enreda, como el impío, con lo que dice. Él evita la tribulación (cf. 11:8, 21; 12:21).

12:14. El fruto de la boca de la persona es su hablar (cf. 13:2). Su hablar le acarrea el bien (le
beneficia; cf. 11:17) así como a los demás. Aunque sea menos obvio, esos beneficios son tan
buenos como los resultados de un trabajo manual.

12:15–16. En estos vv. se dan dos características del necio y del prudente: el necio (’ĕwîl,
“necio endurecido y de cabeza dura”) piensa que su camino es derecho (cf. 21:2), lo cual explica
por qué no está dispuesto a recibir enseñanza (cf. 1:7); cuando lo molestan (posiblemente por un
insulto) inmediatamente demuestra su descontento. El sabio (prudente; V. el comentario de
12:23), por el contrario, está abierto a recibir consejos (cf. 10:17; 11:14; 21:1) y no se molesta por
los insultos. La expresión no hace caso no significa que ignora la injuria, sino que se controla o que
perdona. El mismo vb. (kāsâh) de 10:12 se trad. “cubre”. “Injuria” se trad. “deshonra” en 11:2.

12:17. El hablar correcto del justo se manifiesta cuando declara la verdad en un juzgado
(declara es un vb. intensivo que conlleva la idea de “prorrumpir” o “dar a conocer”), mas el testigo
falso es una persona injusta que deliberadamente engaña en un juicio (cf. 6:17, 19; 14:5, 25; 19:5,
9; 21:28).

12:18–19. Las palabras desenfrenadas, que podrían no tener la intención de lastimar a nadie,
pueden ser muy hirientes, tal como los golpes de espada porque se dicen impulsivamente. ¿Quién
no ha hablado algo sin pensar y se da cuenta después que sus palabras descuidadas fueron
hirientes? Pero las palabras que dicen los sabios pueden hacer justamente lo contrario; pueden
sanar (cf. 15:4) en lugar de herir. El efecto de las palabras de misericordia (cf. 12:25), ánimo y
verdad permanecerá para siempre. Sin embargo, la falsedad y los mentirosos no. Sólo por un
momento trad. un modismo que lit. significa “en un abrir y cerrar de ojos” (cf. Job 20:5).

12:20. Con frecuencia, Proverbios señala al engaño como una característica de los malos (v. 5;
6:14; 11:18; 14:8; 15:4; 26:19, 24, 26) pero la alegría es la porción de los que buscan el bien
(šālôm, bienestar) de otros. Acerca del concepto de pensar (“fraguar”, NVI99) el mal, V. el
comentario de 3:29).

12:21. El justo no sólo experimenta gozo (v. 20), también disfruta de protección. Acontecerá
podría trad. “será permitido que le suceda”. Por el contrario, los impíos tendrán muchos males (cf.
11:8, 21; Sal. 32:10).

12:22. Nuevamente se trata el problema de la mentira (cf. vv. 17, 19; 21:6; 26:28); Jehová la
aborrece porque se opone diametralmente a sus normas de verdad (cf. Sal. 31:5). (Cf. el
comentario de Pr. 11:20 respecto a otras cosas que él abomina.) La verdad recibe una felicitación
(cf. 12:17, 19; 14:5, 25) pues promueve la justicia.

12:23. El hombre cuerdo no está ansioso por demostrar su saber; no es como los necios que
publican su necedad. “Cuerdo” es trad. de ‘ārûm, “astuto” en el buen sentido de la palabra,
vocablo usado solamente aquí y en Job (5:12; 15:5) y Proverbios (12:16, 23; 13:16; 14:8, 15, 18;
22:3; 27:12).

12:24. En este v. y en los vv. 27; 10:4; 13:4 (también cf. 12:11), se contraponen la diligencia y
la pereza. La idea de que los diligentes señorearán no significa necesariamente que ocuparán un
puesto oficial, sino que estarán a cargo de cualquier situación que se presente. Por otro lado, la
negligencia puede llevar a una persona a la esclavitud o servidumbre (cf. 11:29), en cuyo caso
tiene que trabajar muy duro.

12:25. Como es bien sabido hoy en día en los campos de la medicina y la sicología, la ansiedad
puede abatir el corazón del hombre (lit., “provoca que un hombre se incline” o hace que se
deprima). Sin embargo, una buena palabra de empatía puede dar apoyo a una persona
acongojada y deprimida y alegrarla (cf. v. 18).

12:26. El justo no se hace amigo de cualquiera; él escoge a sus amigos con cuidado. Sirve de
guía podría trad. “busca” (cf. Dt. 1:33) o “investiga” (cf. Ec. 7:25). Sin embargo, los impíos no
toman en cuenta quiénes son sus amigos. Ellos llevan a otros igual que ellos hacia el error, pues
todos van por el mal camino.

12:27. Una persona indolente (cf. v. 24) rehúsa incluso asar lo que ha cazado. “Asar” ḥārak) se
utiliza solamente aquí en el A.T., así que es difícil trad. con precisión. Podría significar que el
perezoso ni siquiera se molestaría en conseguir su alimento, o (como en la RVR60) podría significar
que caza algún animal, pero que es demasiado perezoso como para cocinarlo. No obstante, la
diligencia lleva al cazador a valorar lo que ha cazado, lo cual significa que el perezoso no aprecia lo
que posee.

12:28. La conducta correcta (camino) lleva a la vida, lo que con toda probabilidad en este
contexto significa bendición temporal, no vida eterna (V. el comentario de 3:18). La segunda línea
de 12:28 es difícil de entender en hebr. La NVI99 trad. “por ese camino se evita la muerte” lo cual
es una buena trad. y la RVR60 da la misma idea. A pesar de que algunos estudiosos objetan la idea
de que se menciona la inmortalidad en el A. T., varios pasajes la enseñan (e.g., Job 19:25–27; Sal.
16:10; Is. 25:8).

13:1. Los vv. 1–3 se refieren al hablar. El hijo sabio (cf. 10:1) es receptivo al consejo del padre
(cf. el comentario de 12:1). La palabra recibe, aunque no se encuentra en hebr., se sugiere en la
oración. Lo contrario de un hijo sabio y fácil de enseñar es un burlador (cf. 14:6; 15:12; 17:5;
19:29; 21:11; 22:10; 24:9; 30:17), el que rehúsa escuchar y beneficiarse de las reprensiones (V. el
comentario de 1:23).

13:2. La primera cláusula de este v. es similar a la de 12:14a. El hablar de la persona es fruto


de su boca. Obviamente aquí se refiere a alguien que es justo. Al hablar positivamente para
ayudar a otros (cf. 12:18b) resultará en que él mismo recibirá bendición. Lo que da, recibe. Pero
los prevaricadores (lit. “traicioneros”) hallarán el mal (“padece hambre de violencia”, NVI99) i.e.,
no desean ayudar a otros, sino dañarlos por medio de palabras y obras violentas (la misma palabra
hebr. se trad. “desear” en 13:4).

13:3. Ser cuidadoso con lo que se dice ayuda a la persona a mantenerse alejada de los
problemas (cf. 14:3; 21:23). Pero hablar sin cuidado (apresurada e inconscientemente; cf. 12:18)
provoca problemas (calamidad; cf. 10:8, 14) para el que habla y para los demás. Hace promesas
con palabras descuidadas que luego no puede cumplir, divulga información personal, ofende, o
tergiversa la verdad. La gente aprende a no confiar en lo que dice y no quiere estar cerca de él. Esa
persona podría incluso sufrir física o económicamente.

13:4. El indolente (acerca del perezoso V. el comentarios en 6:6) ansía (desea [“ambiciona”,
NVI99]) se refiere a un imperioso impulso físico o apetito; cf. “hallar” en 13:2), pero sus deseos no
encuentran satisfacción porque no está dispuesto a trabajar. Sin embargo, la diligencia (V. el
comentario de 12:24) ayuda a que la persona sea prosperada, i.e., satisfecha (cf. 11:23).

13:5. Como se mencionó en 8:13, el temor de Jehová incluye aborrecer lo que Dios abomina.
Puesto que él detesta la falsedad (12:22), así también debería hacerlo el justo. La mentira degrada
y provoca desconfianza e injusticia. Sin embargo, el impío prefiere la falsedad y se hace odioso
(lit., “apesta”) e infame ante los demás y ante ellos mismos.

13:6. Nuevamente se establece que una vida justa y sabia guarda o protege a la persona (cf. v.
3; 2:11; 4:6; también V. 12:21). Acerca del perfecto camino V. el comentario de 11:3. Una vida
impía y necia no ofrece protección alguna para el pecador. Por el contrario, fácilmente será
derribado.
13:7. Pretenden se refiere a un estilo de vida adoptado por imitación y no a estar actuando.
Una persona puede ser rica en lo material pero no tener nada en lo social o espiritual. No
obstante, alguien puede ser pobre materialmente, pero rico en espiritualidad.

13:8. Las palabras riquezas y pobre enlazan este v. con el anterior. El hombre de gran riqueza
tal vez tenga que usar su dinero para comprar la solución de sus problemas (rescate de la vida),
pero el pobre no tiene amenazas de secuestro o robo. Ser pobre tiene por lo menos una ventaja.

13:9. La luz y la lámpara son metáforas usuales (cf. 6:23; 20:20; 21:4; 24:20; Job 18:5–6; Sal.
119:105) y se refieren aquí a la vida física. Si la lámpara en una tienda de campaña del Cercano
Oriente se apagaba, todo se volvía muy oscuro, lo cual era un recordatorio de la muerte. Los
justos tendrán larga vida, pero los impíos morirán muy pronto.

13:10. La soberbia (zāḏôn, de zîḏ, “hervir”; cf. 11:2) significa una arrogancia que no cede. El
punto de vista inflado de un sabelotodo provoca contienda, en contraste con un espíritu humilde y
sabio que hace que uno esté dispuesto a aprender y recibir consejos (cf. 12:15; V. “contienda” en
“Las palabras y el hablar en Proverbios”, en el Apéndice, pág. 426)

13:11. Las riquezas de vanidad, i.e., son ganadas ilegalmente (cf. “tesoros de maldad”, 10:2) y
no duran (cf. 10:2; 13:22; 23:5). Por otro lado, el dinero crece cuando se acumula honestamente
poco a poco.

13:12. Es bueno para una persona tener esperanza, pero si ésta no se cumple en un largo
período de tiempo (demora significa “posponer o esperar mucho”) entonces se desanima
(experimenta tormento del corazón). Pero cuando se cumple el deseo (cf. vv. 4, 19), la persona se
siente aliviada. El cumplimiento de la esperanza da ánimo, así como el árbol da vida (cf. árbol de
vida en 3:18; 11:30; 15:4).

13:13. Despreciar el precepto de los padres o de otros, resulta en que la persona tenga que
sufrir las consecuencias de la culpa y el castigo. Mas respetar la instrucción al punto de seguirla,
resulta en la recompensa de bendición. Menosprecia es trad. de bûz (“despreciar, tener en poco o
ridiculizar”; cf. 14:21 y V. el comentario de 1:7).

13:14. Ser enseñado por, y atender a, un sabio es tan refrescante y sustentador como un
manantial de vida (10:11; 14:27; 16:22). Junto con el beneficio de una enseñanza sabia se
encuentra otro aspecto: protege de los lazos de la muerte (un concepto idéntico aparece en
14:27b). La sabiduría puede evitar una muerte prematura (cf. 1:32–33; 2:11; 4:20–22; 8:35–36),
que se retrata aquí como una trampa para animales que de repente sorprende a su presa. La
segunda línea de 13:14 es una cláusula dependiente, así que este v. contiene un paralelismo
sintético (V. “Estilo literario” en la Introducción) en lugar de un paralelismo antitético, como se
encuentra en la mayoría de los vv. de los caps. 10–15.

13:15. El buen entendimiento es trad. de śēḵel ṭôḇ que la RVR60 trad. como “buena opinión”
en 3:4 (V. el comentario ahí). En 3:4 y 13:15 estas palabras hebr. están relacionadas con la gracia
(ḥēn, “tener gracia”). En contraste, la vida de los transgresores (lit., “traidores”) es dura. La
palabra hebr. “dura” (’êṯān) significa “impetuoso”; i.e., que fluye constantemente, como un río
(Sal. 74:15), “antigua” como una nación (Jer. 5:15), o “poderosos” como los líderes (Job 12:19).
Posiblemente en el contexto de Proverbios 13:15 se refiere a la conducta que no provoca
remordimiento en el impío, que está tan aferrado a sus caminos, que le es sumamente difícil salir
de ellos.

13:16. Normalmente la conducta de una persona es consistente con su carácter (cf. 4:23–24).
El hombre que tiene conocimiento, es prudente (‘ārûm, “astuto” en un sentido bueno; V. el
comentario de 12:23; cf. 12:16), mas el necio (kesîl; V. el comentario de 1:7) manifestará su
necedad (cf. 12:23b) “como un vendedor ambulante que muestra sus mercancías a la vista de
todo hombre” (Crawford H. Toy, A Critical and Exegetical Commentary on the Book of Proverbs,
“Comentario crítico y exegético del libro de Proverbios”, pág. 273).

13:17. Un mal mensajero no es confiable y acarrea desgracia (posiblemente por su pereza; cf.
10:26; o por su conducta necia; cf. 26:6) y por lo tanto, provoca desilusión. Pero el que es
confiable acarrea salud, i.e., contribuye al bienestar de aquellos para quienes trabaja.

13:18. Ignorar consejo (mûsār, “disciplina moral o corrección”, cf. 1:2) provoca pobreza y
vergüenza porque una persona sin autodisciplina es perezosa y los demás se avergüenzan de él.
Mas el que atiende a la corrección (i.e., razonando o discutiendo) recibe honra. Proverbios
menciona con frecuencia la necesidad de estar abiertos a recibir consejos (e.g., 12:1; 13:1, 13).

13:19. La palabra que une a los vv. 19 y 20 es necios a pesar de que el tema tratado en ellos es
diferente. El v. 19a, así como el 12b, habla de la satisfacción y gozo que produce la realización de
una esperanza o sueño. Los necios, por otro lado, continúan en su pecado. Eso implica que sus
deseos no serán cumplidos.

13:20. Una manera de llegar a ser sabio es juntarse con sabios, incluyendo compañeros y
maestros. Lo opuesto es juntarse con necios, lo cual acarrea problemas. Las palabras hebr. que se
trad. se junta (rō‘eh) y será quebrantado (yērôa‘) suenan parecidas. La influencia de las compañías
buenas y malas es uno de los temas comunes en Proverbios (1:10–11; 2:12; 4:14–17; 16:29;
22:24–25; 23:20–21; 28:7).

13:21. Los vv. 21–23 se refieren a la pobreza y la riqueza. Los problemas llegan a los pecadores
como un animal que persigue a su presa y que no puede escapar. Uno de los resultados es el
hambre, mencionada en el v. 25. Sin embargo, los justos, quienes se equiparan en Proverbios con
los sabios y diligentes, disfrutan de las buenas cosas de la vida, otro tema frecuente en Proverbios
(3:2; 8:18; 10:6, 22; 21:21; 28:25). Estos conceptos de 13:21 por lo regular son verdad, a pesar de
que hay algunas excepciones.

13:22. Un hombre bueno moralmente hablando recibe tanta bendición, que puede ayudar a
sus nietos al incluirlos en su testamento. Pero la riqueza que un pecador adquiere se pierde y, a la
larga, llega a las manos del justo. Quizá eso sucede por la necedad del pecador y su falta de
sabiduría al manejar sus bienes.

13:23. Los pobres pueden producir mucho pan con el trabajo de sus manos para alimentarse a
sí mismos (cf. 12:11a), mas sin la protección del juicio, i.e. la justicia, podrían perderlo todo. El v.
22 del cap. 13 habla del pecador que pierde su dinero; el v. 23 habla de los que sufren a manos de
tales pecadores.
13:24. Los vv. 24–25 y 14:1–4 hablan de varias escenas hogareñas. Un padre amoroso produce
dolor temporal en sus hijos (al castigarlos con la vara) para prevenirles del desastre de una vida
indisciplinada a largo plazo. Rehusarse a corregir a su hijo cuando lo necesita, demuestra que
puede cuestionarse el amor y preocupación genuinos del padre. Otros vv. en Proverbios que
hablan de la disciplina a los hijos son 19:18; 22:15; 23:13–14; 29:15, 17. Dios también disciplina a
los suyos (cf. 3:11–12; He. 12:6).

13:25. Dios cubre las necesidades físicas del justo.

14:1. La mujer sabia y la necia probablemente se refieren a mujeres individuales y no a la


sabiduría y la necedad personificadas como en 9:1, 13. Edifica no se refiere a construir una casa
física, sino al cuidado del hogar y hacer que éste prospere. Mientras que una mujer de sabiduría
edifica y cuida de su casa, una necia vive de tal manera, que su hogar es un desastre.

14:2. La actitud de una persona hacia Dios—ya sea de temor (V. el comentario de 1:7) o
menosprecio—se demuestra por su conducta. Su comportamiento es recto o pervertido (cf. 2:15).

14:3. La boca del necio (’ĕwîl, “arrogante, endurecido y cerrado de mente”) hace que sea
azotado con la vara (que no se refiere al mismo “castigo” de 13:24) en sus espaldas (cf. 10:13;
26:3). Sin embargo, los labios de los sabios, i.e., los sabios consejos, protegen a la persona de tal
castigo (cf. 13:3).

14:4. Si un granjero no tiene bueyes para arar, el granero (i.e. abrevadero de los animales) de
su granja quedará vacío, i.e., limpio. Mas si invierte tiempo y dinero para alimentar y limpiar lo
que sus bueyes hacen, tendrá suficiente comida, abundancia de pan, porque los bueyes fuertes
sirven para arar. Si se desea obtener resultados significativos de cualquier tipo, es necesario
invertir tiempo, dinero y trabajo.

14:5. El contraste entre el testimonio verdadero y el falso también se menciona en 12:17;


14:25. El falso testimonio en un juzgado se denuncia en 19:5, 9; 21:28; 24:28; 25:18.

14:6. No es muy común leer en Proverbios que un escarnecedor (V. el comentario de 13:1)
busque la sabiduría, pero eso muestra que el problema no es tanto la falta de deseo de hacerlo,
sino dejar de cumplir con la condición principal; i.e., temer a Jehová (1:7; 9:10). Obviamente los
burladores buscan la sabiduría en los lugares equivocados. Encontrar la sabiduría … es fácil para
quienes tienen discernimiento de las cosas espirituales, porque saben dónde encontrar el
verdadero conocimiento.

14:7. Los vv. 7–9 incluyen dichos acerca de los necios. El v. 7 es el primer dicho en imperativo
de la sección que comienza desde el 10:1. También 14:7 está escrito en paralelismo sintético, pues
la segunda línea explica la primera. Puesto que asociarse con alguien puede influenciar al individuo
para bien o para mal (cf. 13:20), el sabio debe evitar la compañía de los necios (kesîl), pues éstos
hablan sin ciencia y no pueden ofrecer nada de valor a los jóvenes.

14:8. El prudente (‘ārûm, “astuto” en el buen sentido; cf. v. 18; V. el comentario de 12:23)
piensa bien las cosas y, por lo tanto, no cae fácilmente en el engaño, pero los necios hallan que su
propia indiscreción (cf. 14:18, 24, 29) los hace caer. Ellos piensan que sus caminos son correctos
(12:15).
14:9. Cuando un necio peca, se burla de la idea de enmendar su error. En contraste con los
necios que rehúsan cambiar sus caminos pecaminosos, los rectos poseen buena voluntad, i.e.,
aceptación (acerca de rāṣôn; V. el comentario de 8:35) de parte de Dios y de los hombres.

14:10. Nadie puede experimentar en su totalidad el dolor interno de una persona (amargura)
o su alegría, porque son sentimientos individuales y privados del alma.

14:11. El tema principal de los vv. 11–14 es el destino final de la gente. La casa de los impíos
(significa sus posesiones o los miembros de su familia) será demolida (cf. 15:25) y no perdurará.
Por otro lado, la tienda (posesiones o miembros de la familia) de los rectos florecerá (lit., “tendrá
renuevos” o “retoñará”, como un árbol que florea y da sus renuevos). Eso habla de crecimiento,
prosperidad y estabilidad.

14:12. Este v. se repite casi exactamente en 16:25. Una senda (camino de vida) puede parecer
derecha (nivelada o correcta) a algunas personas. Pero por causa de que lleva a la muerte, es el
camino del pecado y la necedad (cf. 5:5, 23; 7:27; 9:18; 11:19; 21:25). El hombre no puede salirse
con la suya cuando del pecado se trata.

14:13. Alguien puede dar la impresión por medio de la risa de estar gozando de la vida,
cuando en realidad su corazón está acongojado emocionalmente (cf. v. 10; 15:13b). La frase el
término de la alegría es congoja se puede referir a la naturaleza fluctuante de las emociones
humanas o a la idea de que el gozo rara vez es puro o exento de dolor.

14:14. El impío y el justo—el necio (lit., “descarriado de corazón”) y el hombre de bien—serán


recompensados de acuerdo con su conducta (cf. 1:31). Lo que siembran, cosecharán (Gá. 6:7).

14:15. Los vv. 15–18 hablan de la manera en que el necio se comporta; comienzan y terminan
haciendo referencia al simple y al prudente. El simple (peṯî, “ingenuo, crédulo”; V. el comentario
de 1:4) fácilmente se deja influenciar (V. e.g., 7:7–10, 21–23), mas el avisado (‘ārûm; cf. 14:8, 18 y
V. el comentario de 12:23), piensa antes de actuar.

14:16. Las palabras “el Señor” (después del verbo “teme” en la NVI99) no están en hebr.,
aunque posiblemente se encuentran sugeridas. El v. dice lit., el sabio teme y se aparta del mal (cf.
3:7; 8:13; 16:6; Sal. 97:10). El insensato, llevado por su naturaleza impetuosa (insolente), es
salvaje (confiado) respecto al mal.

14:17. El que fácilmente se enoja (“el iracundo”, NVI99) relaciona este v. con el que le
precede. Tal persona hace locuras (cf. v. 29; 15:18). “Encenderse en ira”—perder los estribos—
provoca que se digan y hagan cosas ridículas, las cuales se lamentarán posteriormente porque no
se pueden rectificar. Pero una dificultad mayor es vivir o trabajar con uno que es perverso (cf.
12:2) o intrigante (mezimmâh; V. el comentario de 1:4). El que anda en intrigas y trabaja con
engaños para lograr sus metas y oponerse a los demás, es aborrecido por los que lo rodean,
porque no es digno de confianza, sino que se extravía (14:22).

14:18. Por causa de su ingenuidad, los simples (cf. v. 15 y el comentario ahí) reciben necedad,
no sabiduría (cf. v. 24). Por otro lado, los prudentes (V. el comentario de v. 8; cf. v. 15) son
bendecidos con más sabiduría.
14:19. Los malos se inclinarán delante de los buenos. Puesto que esta es una realidad poco
común en nuestros días—ya que por lo regular sucede lo contrario—este v. podría estar hablando
del futuro, cuando los impíos serán sometidos a los piadosos.

14:20–21. El v. 20 se refiere a los que ignoran a su prójimo pobre. El v. 21 lo llama pecado.


Además de las frustraciones económicas que resultan de la pobreza, los indigentes también sufren
socialmente, pues la gente se niega a relacionarse con ellos (cf. 19:4, 7). El v. 20 del cap. 14
contrasta el problema social del pobre con el hecho de que mucha gente quiere hacerse amiga del
rico. El v. 21 hace el contraste entre odiar al prójimo pobre y demostrarle bondad. La actitud de
despreciar (menosprecia es trad. de bûz, “tener en poco, ridiculizar”; cf. “menospreciar”, 13:13; V.
el comentario de 1:7) es pecado, mientras que el que tiene misericordia de los pobres (cf. 14:31;
19:17; 28:27) recibe la bendición del Señor.

14:22. Este v. incluye la primera pregunta que aparece en esta sección que comenzó en el
10:1. El que piensa el mal (acerca de la palabra “pensar” V. el comentario de 3:29) se aparta de
una vida recta. Lo opuesto es la persona que medita (piensan es la trad. de la misma palabra en
ambas partes del v.) en el bien para otros (cf. “misericordia” en 14:21). Se trata de alguien cuyas
características son la misericordia (ḥeseḏ, “amor leal”) y la verdad (cf. 3:3; 16:6; 20:28).

14:23. La labor ardua produce ganancias (cf. 10:4; 12:11, 24) mientras que los que solamente
se dedican a hablar acerca del trabajo, empobrecen (cf. 6:10–11). Otras causas de la pobreza que
se mencionan en Proverbios son la mezquindad (11:24; 28:22), el apresuramiento (21:5), el
hedonismo (21:17), la opresión (22:16) y el favoritismo (22:16).

14:24. Los sabios son coronados, i.e., bendecidos con riquezas (cf. 3:16; 8:18, 21; 15:6; 22:4)
por causa de su diligencia (14:23), pero la conducta del insensato no resulta en bendición, sino en
más infatuación (cf. v. 18).

14:25. Decir la verdad al testificar en el juzgado puede salvar almas de la pena de muerte,
mientras que un testigo engañoso, que miente deliberadamente, puede enviar a un inocente a la
muerte o a la cárcel exculpando así al verdadero culpable. Los que testifican en casos de juicio (cf.
v. 5) se encuentran en una posición estratégica; pueden tener una gran influencia sobre la vida de
las personas.

14:26–27. Estos dos vv. están vinculados, pues ambos se refieren al temor de Jehová (V. el
comentario de 1:7). En el 14:26 el temor de Dios provee seguridad (cf. v. 32) y protección de una
vida de ruina para los creyentes y sus hijos, quienes reciben la influencia de temer al Señor por sus
padres piadosos. En el v. 27 se dice que el temor de Jehová es un manantial de vida (cf. 10:11;
13:14; 16:22), i.e., el temor al Señor asegura la longevidad (cf. 3:2, 16; 9:10–11; 10:27; 15:24)
puesto que protege de los lazos de la muerte (cf. 10:2b; 11:4b; 13:14b).

14:28. Para un rey, la gente es el recurso más valioso que posee porque si no tuviera ni un solo
súbdito, su título y posición carecerían de valor alguno (sería su debilidad). Si el pomposo título de
cualquier persona no va acompañado de responsabilidades significativas, no se gana el respeto de
nadie.

14:29. Ser paciente; i.e., el que tarda en airarse (cf. 16:32; 19:11) por las circunstancias
difíciles, evidencia que la persona es sabia, pero el que es impaciente y se enoja a la menor
provocación (cf. 14:16–17) revela o enaltece su necedad. La palabra hebr. rûm (enaltece) significa
“exaltar o hacer alarde de”. Controlar la paciencia es siempre de sabios pero perderla, ¡nunca es
sabio!

14:30. Las emociones de una persona afectan su condición física, como es bien sabido hoy en
día (cf. 15:13, 30; 17:22; 18:14). El corazón apacible (o, “una mente sana”, i.e., tener buen humor)
ayuda a producir un cuerpo sano, pero la envidia, el deseo ardiente y compulsivo de poseer o
lograr lo que otros tienen, físicamente produce efectos negativos (acerca de los huesos, V. el
comentario de 3:8).

14:31. Oprimir al pobre es como pecar contra Dios (cf. 17:5) porque él es el Hacedor de toda
la gente (cf. Job 31:13, 15) y porque él defiende la causa del menos privilegiado (Pr. 22:22–23). El
justo y sabio tiene misericordia del pobre (14:21; 19:17; 28:27) pues eso honra a Dios.

14:32. Los problemas pueden ser desastrosos para el impío (cf. 6:15) porque no tiene
esperanza alguna en el Señor. Por otro lado, cuando el justo se enfrenta a la muerte, encuentra su
refugio en Dios.

14:33. La sabiduría está siempre presente y en todos lados (en el corazón de los sabios y aun
en medio de los necios; cf. 1:20–22; 9:1–4), pero ella (nuevamente la sabiduría se personifica
como mujer; cf. el comentario de 1:20–33) recibe varias respuestas.

14:34. Es benéfico que haya justicia entre un grupo de gente (engrandecer significa
“levantar”, que aquí se utiliza en un sentido moral), mas si el pecado mora entre ellos, habrá
adversidad (afrenta, o “reproche”, palabra que se utiliza solamente aquí y en Lv. 20:17). A pesar
de que la gente parecería estarse saliendo con la suya, a fin de cuentas su pecado las alcanzará y
avergonzará.

14:35. El rey se complace con los siervos prudentes (la palabra entendido aquí significa
“prudente”), mas si no lo son, lo avergüenzan (la palabra avergüenza también se utiliza en ese
sentido en 10:5; 19:26; 29:15) y se enoja con ellos. Enojo es trad. de ‘eḇrâh, i.e., explosión de ira.
Lo mismo sucede con los empleados de la actualidad; la prudencia vale mucho, pero la falta de ella
causa problemas a los empleadores.

15:1. Los vv. 1–2, 4, 7, 14b, 23 y 28b se refieren al hablar, un tema que con frecuencia se
menciona en Proverbios (V. “Las palabras y el hablar en Proverbios”, en el Apéndice, pág. 426).

La blanda (lit. “suave”) respuesta puede disipar una situación potencialmente tensa al quitar
la ira de las personas (ḥēmâh, “cólera”). Ser una persona conciliadora en una situación de esas,
requiere pensar antes de hablar, ejercer la paciencia, el autocontrol y la bondad, que son virtudes
que con frecuencia se alaban en Proverbios. Por el contrario, una palabra áspera (lit., “hiriente”)
hace subir, en lugar de disipar, el furor.

15:2. La lengua (palabras) de los sabios adornará (lit., “hace el bien”) la sabiduría (cf. v. 7). El
sabio no sólo posee conocimiento, también el uso que hace de él lo hace atractivo y deseable. Sin
embargo, la boca de los necios hablará (lit., “echan burbujas”, también se usa en el v. 28)
sandeces. Sus muchas palabras, que brotan como el agua de una fuente, muestran cuán necio es.
La boca de un necio también revela su pecado (v. 28) y se alimenta de la insensatez (v. 14).
15:3. En su omnisciencia, Dios ve y sabe lo que hace todo el mundo (cf. 5:21; He. 4:13;
también V. los ojos de Jehová en 2 Cr. 16:9). Él está en todo lugar como vigilante que cuida de una
ciudad. Los malos deberían estar advertidos y los buenos, reconfortados por esa verdad. Él aun
mira hasta la muerte y la destrucción (Pr. 15:11). La segunda línea del v. 3 es una frase con
participio hebr. que complementa el pensamiento de la primera, así que este v. contiene un
paralelismo sintético (V. “Estilo literario” en la Introducción).

15:4. Las palabras pueden alentar o deprimir a un individuo. Pueden dar vida, i.e., contribuir a
la salud emocional de la persona, así como un árbol de vida (cf. 3:18; 11:30; 13:12) es fuente de
fortaleza y crecimiento. Las palabras perversas (selep̱, “subversivas”; utilizada en el A.T. solamente
aquí y en 11:3) pueden quebrantar el espíritu (cf. 15:13; 17:22; 18:14) o deprimir el ánimo.

15:5. Si el hijo rehúsa aprender del consejo de su padre (mûsār; V. el comentario de 1:3), es
un necio (’ĕwîl, grosero, necio y endurecido; V. el comentario de 1:7). También es ignorante (12:1),
burlador (13:1; 15:12) y se odia a sí mismo (v. 32) y además morirá siendo necio (v. 10). Seguir la
corrección de los padres es de sabios. Ser prudente es trad. del vb. ‘āram, que significa “ser
astuto” en un sentido positivo (también se utiliza en 19:25), que es similar al sustantivo ‘ormâh (en
1:4; 8:5, 12) y al adjetivo ‘ārûm (12:23; 13:16; 14:8, 15, 18; 22:3; 27:12). Atender al consejo de los
padres produce honra (cf. los conceptos similares en 12:1; 13:1, 13, 18).

15:6. Los proverbios establecen varias veces que por lo general, una vida justa (y sabia) trae
prosperidad (cf. 3:16; 8:18, 21; 14:24; 22:4), a pesar de que haya muchas excepciones. Pero el
dinero que el impío (y necio) adquiere, le provoca turbación (cf. 15:27; V. 1:19; 10:2).

15:7. Los sabios comparten datos de utilidad, pero no así el corazón de los necios (kesîl). Lo
que ellos esparcen son necedades (v. 2). Las palabras de la gente (la boca) revelan lo que hay en su
corazón (cf. corazón y labios en 4:23–24).

15:8–9. Jehováaborrece (cf. 6:16–19) el sacrificio de los impíos y su camino así como sus
pensamientos (15:26). (Para ver otras cosas que Dios aborrece, V. el comentario de 11:20.) Dios
abomina los sacrificios que ofrecen los impíos (cf. 1 S. 15:22; Is. 1:11; Jer. 7:22; Am. 5:22) porque
tales ofrendas se dan con hipocresía. Los caminos (conducta) de los impíos son aborrecibles y, por
eso, sus sacrificios son detestables. Sin embargo, la oración de los rectos es su gozo, así que el
Señor los escucha (Pr. 15:29). El acto externo de ofrecer sacrificios no es sustituto de una vida que
sigue la justicia, que Dios ama.

15:10. En los vv. 10–12, la segunda línea amplía el concepto de la primera. Cuando una
persona deja el camino de la rectitud y la justicia (cf. vv. 8–9), recibe una reconvención (mûsār,
“corrección moral”); y si rechaza la corrección en forma total (vv. 5, 12; cf. 10:17; 12:1), también
pagará por ello (13:13) con pobreza, vergüenza (13:18) y muerte (15:10).

15:11. El Seol (še’ôl; muerte) y el Abadón (’ăḇaddôn, de ’āḇaḏ “perecer o morir”) podrían ser
sinónimos de la tumba y de los muertos (cf. 27:20; Job 26:6; “destrucción” [’’ăḇaddôn] también se
utiliza en Job 28:22; 31:12; Sal. 88:11). Ya que Dios puede ver los muertos en la tumba, claro que
también puede ver los corazones de los vivos (cf. Pr. 15:3), i.e., sus motivaciones, pensamientos y
deseos (cf. Sal. 38:9a). El corazón del hombre lo engaña, pero Dios lo conoce muy bien (Jer. 17:9–
10).
15:12. La NVI99 trad. aquí “corrección” en vez de reprende, aunque no es la misma palabra
que se trad. así en otras partes de Proverbios. La RVR60 utiliza la palabra reprender o corregir
(como en 9:7–8; 19:25; 25:12). El escarnecedor (cf. 13:1) no ama la reprensión y rehúsa aprender
de los sabios (V. el contraste de 15:31). Eso muestra que la burla es una evidencia de la necedad.

15:13. Los vv. 13–15 se refieren al corazón alegre, “entendido” y “contento”. El gozo interior
(śāmaḥ; V. el comentario de v. 21) se manifiesta en el rostro de la persona, pero el dolor interno
(dolor del corazón; cf. 14:13) deprime su ánimo (se abate; cf. 15:4; 17:22; 18:14). La felicidad y la
depresión son asuntos del corazón. Lo que una persona es en su interior tiene un impacto más
perdurable en su estado emocional que las circunstancias externas. En condiciones difíciles,
algunos reaccionan mejor que otros debido a su fortaleza interior.

15:14. La persona que posee discernimiento busca más sabiduría (cf. 18:15; 19:25; 21:11) y la
recibe con facilidad (14:6). Mas … los necios se alimentan (rā‘âh, “pastan” como el ganado), con
sus necedades y se conforman con ellas (cf. 15:2, 21).

15:15. Se ponen en contraste al afligido (‘ānî, lit., “los que se agachan”, los humildes y
afligidos; que regularmente se trad. “pobres” como en 14:21) y miserable, con el de corazón
contento (cf. 15:13) que tiene un banquete continuo; goza de la vida a pesar de las circunstancias
adversas. Por lo tanto, la gente debería alentar a los oprimidos por medio de su ayuda.

15:16. Los vv. 16 y 17 son dos de los 19 vv. que usan la forma “mejor … que” de Proverbios (V.
el comentario de 12:9). Generalmente una persona escogería el tesoro (abundancia) y no la
pobreza. Pero si es pobre (lo poco; cf. 16:8) y tiene el temor de Jehová (V. el comentario de 1:7;
cf. 1 Ti. 6:6) es preferible vivir así que poseer riquezas si el dinero va a traerle turbación
(mehûmâh; cf. Is. 22:5, “alboroto”; Dt. 7:23, “destrozo”; 1 S. 14:20; Ez. 7:7, “tumulto”; Zac. 14:13,
“pánico”). El concepto de Proverbios 15:16 sugiere (a) que la riqueza que se menciona aquí no es
la que posee el que teme al Señor y (b) que el temor de Dios promueve la paz, no la confusión.

15:17. Como el v. 16, el 17 contrasta la pobreza (tener solamente comida de legumbres) con
la prosperidad (buey engordado). Normalmente la gente escoge lujos y no la carencia de ellos,
pero lo más importante es el amor. Muchos han experimentado que disfrutar de un hogar donde
hay pocas posesiones materiales, pero hay amor entre sus miembros, es mucho mejor que vivir en
una casa de gran opulencia donde se odian unos a otros (cf. 17:1). El amor hace que las
circunstancias difíciles sean llevaderas, mientras que el odio destruye todo el gozo que una buena
comida puede ofrecer.

15:18. El hombre iracundo (lit., “un hombre de ira”; cf. expresiones similares en 14:16–17, 29;
nótese 19:19; 22:24) promueve contiendas (cf. 6:14, 19; 10:12; 16:28, 28:25; 29:22; V. el
comentario de 6:14). Esa podría ser una de las razones para la turbación y el odio que se
mencionan en 15:16–17. Sin embargo, la paciencia (cf. 14:29; 16:32; 19:11; 25:15) puede
apaciguar una rencilla. El que tarda en airarse, es lit. un hombre “tardo para la ira” (cf. Stg. 1:19).

15:19. El odio y la ira causan problemas (15:17–18) y la pereza también. Un seto de espinos en
el camino (cf. 22:5; 24:30–31) representa lo que impide a la persona alcanzar lo que quiere porque
su vida se llena de obstáculos. Sin embargo, los rectos son diligentes, y por lo tanto, tienen menos
problemas; sus vidas son más parecidas a una calzada derecha y llana (cf. 4:26).
15:20. Los vv. 20 y 21 hablan del impacto que tienen la sabiduría o la necedad en la vida de
una persona. El amor en el hogar produce paz (vv. 16–17) y la conducta obediente y sabia produce
alegría (śāmaḥ) al padre, mas no así el hombre necio. De hecho, solamente un necio menosprecia
a su madre. Aquí, en lugar de decir que el hijo necio “es tristeza” de su madre (como en 10:1), más
bien sugiere esa reacción de la madre y sí se menciona la actitud del necio hacia ella.

15:21. Mientras que un hijo sabio produce gozo (śāmaḥ) a su padre (v. 20), un necio (falto de
entendimiento, lit., “vacío de corazón”; V. el comentario de 6:32; 10:13) halla alegría (śāmaḥ) en
su necedad (también V. el comentario de śāmaḥ en 15:13, 23, 30). El sabio endereza sus pasos (cf.
calzada libre de obstáculos, v. 19b). La implicación es que el curso de la persona insensata es
torcido (y obstruido, como en el v. 19a).

15:22 En cuatro ocasiones el libro de Proverbios se enfoca en la importancia de recibir el


consejo de otros cuando de planear se trata (11:14; 15:22; 20:18; 24:6).

15:23. En los vv. 23, 30 y 33, la segunda línea comienza con y, lo que indica un paralelismo
sinónimo (V. “Estilo literario” en la Introducción). Las palabras dichas oportunamente (cf. 25:11–
12), i.e., decir las cosas correctas en el momento correcto, deleita (śāmaḥ; V. el comentario de
15:20) no solamente al oyente, sino también al que las profiere. La palabra a su tiempo (ya sea de
amor, ánimo, exhortación o apaciguamiento) es benéfica.

15:24. Cada uno de los vv. 24, 26–33 se refieren de manera directa o indirecta a una
característica del piadoso o entendido (v. 24), humilde (v. 33), puro (v. 26), honesto (v. 27),
precavido (v. 28), que ora (v. 29), alegre (v. 30), que es enseñable (vv. 31–32) y reverente ante el
Señor (v. 33). La sabiduría puede evitar una muerte prematura, concepto que con frecuencia se
menciona en Proverbios (cf. 3:2, 16; 4:10; 9:11; 10:27; 14:27).

15:25. Los vv. 25 y 26 se refieren a las reacciones del Señor respecto al carácter del hombre.
Los soberbios (gē’eh, también usado en 16:19, del vb. gā’âh, “elevar o ser elevado”) acumulan
posesiones, incluyendo casas, pero Jehová asolará su casa (cf. 14:11) y por otro lado, protegerá a
la viuda.

La tierra era una posesión muy preciada para los israelitas y estaba delimitada para preservar
sus límites originales (Dt. 19:14). La tierra se conservaba dentro de la familia, y sus linderos eran
importantes (Pr. 22:28; 23:10–11). La vulnerabilidad de las viudas las hacían fácil presa de los
ladrones que querían robarles sus tierras, así que el Señor mismo prometió guardar los límites de
la heredad de la viuda.

15:26. Abominación son a Jehová no solamente los sacrificios y la conducta del malo (vv. 8–
9), sino también sus pensamientos (o planes; trad. “pensamientos inicuos” en 6:18). Mas las
expresiones de los limpios son una delicia para él. En su omnisciencia, Dios lo sabe todo.

15:27. La palabra hebr. que se trad. codicioso (bāṣa‘, “cortar o romper”) sugiere que se
obtienen ganancias injustas o violentamente. (Acerca del “codicioso” V. 28:25 “el que es
ambicioso” NVI99). El padre deshonesto que provee para su casa por medios injustos o violentos,
muy pronto será la causa de que su esposa e hijos sufran (cf. alborota en 11:29; 15:6). Aceptar o
dar soborno es una forma de deshonestidad y codicia, porque pervierte la justicia (V. el
comentario de 6:35). Así que rechazar el soborno ayuda a prolongar la vida y evitar problemas a la
familia.

15:28. El corazón del justo piensa (con cuidado medita en o considera) sus respuestas antes
de darlas, en lugar de decir la primera cosa que le viene a la mente. De esa manera, sus palabras
son más apropiadas y oportunas (v. 23). Sin embargo, el necio derrama (lit., “burbujea” también
se usa en el v. 2) malas cosas como el agua que brota a raudales cuando sale de un manantial.

15:29. Dios aborrece a los impíos (vv. 8–9, 26), y por esos se aleja de ellos y no los escucha.
Pero él oye la oración de los justos (cf. Sal. 34:15, 17; 1 P. 3:12) porque sus plegarias le agradan
(Pr. 15:8).

15:30. Una persona positiva que anima, ya sea verbalmente (buena nueva; cf. 25:25) o no (la
luz de los ojos, lit., “una mirada alegre”), es de gran ayuda y estímulo. Alegra es trad. de śāmaḥ,
usado también en 15:20–21, 23, 31. Como en el v. 13a, la salud emocional contribuye al bienestar
físico (conforta los huesos; V. el comentario de 3:8).

15:31. Los vv. 31–33 hablan de las condiciones para ser considerado sabio: escuchar (y
atender) las amonestaciones (v. 31), atender la disciplina (v. 32), temer a Jehová y ser humilde (v.
33). Por hacer caso de las amonestaciones (V. el comentario de 1:23) puede recibir el regalo de la
vida (cf. 1:33) porque esa persona se beneficia de ellas, (17:10), aprende (19:25), y es contado
entre los sabios.

15:32. Ignorar la disciplina (mûsār, “corrección moral”; cf. vv. 5, 10), resulta en la pérdida de la
vida y el conocimiento, lo que demuestra que el que la ignora, menosprecia su propia alma (cf.
“defrauda su alma” 8:36; “se perjudica a sí mismo”, NVI99).

15:33. El temor de Jehová (V. el comentario de 1:7) no sólo es el principio de la sabiduría, sino
que también es enseñanza de sabiduría. El temer (reverenciar, confiar, obedecer, servir y adorar
al Señor) hace que la persona aprenda a ser sabia. La humildad está vinculada con el temor del
Señor y debe preceder a la honra (cf. 18:12b; 29:23) la cual acompaña a la sabiduría. (El temor del
Señor y la humildad también están relacionadas en 22:4).

B. Proverbios que exaltan la vida justa (16:1–22:16)

La mayoría de los 191 vv. de esta sección son comparaciones (paralelismos sinónimos) o
complementos (paralelismos sintéticos) y sólo unos pocos son contrastes (paralelismos
antitéticos). Los vv. 1–7 y 9 del cap. 16 hablan del Señor; los vv. 1, 3 y 9 se refieren a los planes del
hombre y la soberanía divina que está por encima de ellos. Los planes se expresan con palabras
(“la lengua”, v. 1) y acciones (“caminos”, v. 9). Los vv. 1, 5 y 9 se refieren al corazón y el v. 2
menciona las motivaciones del hombre. Se denuncia el orgullo (v. 5), el mal (v. 6) y la injusticia (v.
8). A pesar de que en Proverbios al hombre se le insta fuertemente a adquirir sabiduría, también
debe vivir en total dependencia del Señor.

16:1. Una persona puede tener disposiciones (colocar las cosas en orden, como cuando los
soldados se forman en la línea de batalla; cf. Gn. 14:8) en su corazón (cf. Pr. 19:21), mas de Jehová
es la palabra final de lo que el hombre dispone con sus palabras (la respuesta de la lengua). En su
soberanía, Dios prevalece sobre el hombre (cf. 16:9). El corazón y el hablar se vinculan
estrechamente (cf. 4:23–24).

16:2. Alguien podría pensar que no hay nada malo en lo que hace porque aparentemente sus
caminos son limpios. Pero Dios conoce el corazón de la persona, i.e., si las motivaciones que lo
impulsan son puras o no. Jehová juzga a la gente basándose en el porqué actúa como lo hace (cf.
17:3; 21:2), pues él puede ver el corazón humano (cf. Mt. 6:4, 8, 18).

16:3. Encomendar las obras, i.e., planes (vv. 1, 9) a Jehová es de vital importancia para
alcanzar el éxito. Sin embargo, este v. no ofrece ayuda divina para todos los planes. El insensato
(1:32) y el perezoso (6:9–11) llegan a fines no deseados. Encomienda es lit. “rodar sobre” (cf. Sal.
37:5).

16:4. Jehová hace que todas las cosas obren para lograr sus fines (cf. Ro. 8:28), incluyendo que
perezca el impío. A pesar de que esto es difícil de entender y aceptar, el pecador que no se
arrepiente merece un castigo, que es parte de la justicia de Dios. Esa es una verdad que se enseña
en las Escrituras con frecuencia (incluyendo Pr. 16:5).

16:5. Jehová aborrece al orgulloso que vive independientemente de él (para ver otras cosas
que el Señor abomina V. el comentario de 11:20); por lo tanto, lo castigará. Ciertamente es lit.
“mano a mano” (V. el comentario de 11:21).

16:6. El pecado del que no se arrepiente no quedará impune (v. 5). Sin embargo, en su
misericordia (ḥeseḏ, “amor leal”) y verdad (cf. 3:3; 14:22; 20:28), Dios ha provisto un camino para
que el pecado sea perdonado. Cuando alguien ha recibido el perdón de sus pecados por confiar en
el Señor, no debe continuar pecando. Debe evitar el mal (cf. 16:17) mediante el temor de Jehová
(V. el comentario de 1:7; cf. 3:7; 8:13).

16:7. Cuando una persona agrada a Jehová (evitando el mal, v. 6) él (la persona o el Señor) la
hace estar en paz (“reconcilia”, NVI99) con sus enemigos.

16:8. Este v. mejor … que (V. el comentario de 12:9) es similar a 15:16, excepto que aquí la
justicia se sustituye por “el temor de Jehová”. Muchedumbre de frutos reemplaza a “gran tesoro”
y sin derecho sustituye a “turbación”. El que amasa“muchedumbre de frutos” (el significado de la
palabra hebr. “ganancia”, que también se usa en 10:16, “fruto”; y en 15:16, “gran tesoro”)
deshonestamente (cf. 10:2, 16; 13:11; 15:27), a la larga recibirá su castigo. Así que, una vida
recta—aun si eso implica tener poco—es ciertamente mucho mejor.

16:9. Un hombre planea, mas Jehová determina (o establece) cómo será su camino (sus
pasos). El significado es el mismo que en el v. 1, pero en lugar de “lengua” se mencionan “pasos”.

16:10. Las palabras “rey”, “reyes” y“del rey” se mencionan en los vv. 10, 12–15. Cuando el rey
de Israel pronunciaba un oráculo, lo hacía como representante de Dios y, por lo tanto, debía ser
un regidor justo (cf. Dt. 17:18–20).

16:11. Acerca de los conceptos peso y balanza V. el comentario de 11:1 (también cf. 20:10,
23). El rey establecía las pesas y medidas (V. “pesaba … del peso real”, 2 S. 14:26), pero aquí
enseña que el Señor está detrás de esos estándares. Por lo tanto, todos debían obedecerlos. Usar
pesas y medidas falsas implicaba desobediencia al rey y a Dios.
16:12–13. Los reyes aborrecen hacer impiedad (v. 12) y valoran la honestidad (v. 13); al
menos deberían hacerlo, pues un gobernante justo y honesto establece (afirma o asegura) su
trono (cf. 20:28; 25:5; 29:14). La deshonestidad e injusticia provocarán que el reino caiga. Los
reyes deben amar la rectitud no sólo para sí mismos, sino también para los demás.

16:14. La persona que hace enojar al rey puede sufrir la pena capital; solamente la sabiduría
evitará su enojo (cf. Ec. 10:4). El poder del rey es irresistible; el único recurso del culpable es tratar
de apaciguar su ira.

16:15. El v. 13 muestra una manera de alegrar el rostro del rey; i.e., siendo honesto. Cuando
aparecía una nube de lluvia tardía (de marzo o abril) era muy bienvenida, pues presagiaba una
buena cosecha. Asimismo, la benevolencia del rey era indicio de una mejor fortuna. También se
compara su favor con el rocío (19:12).

16:16. La sabiduría es más deseable que oro preciado, y la inteligencia … más que la plata (cf.
3:13–15; 8:10–11, 19).

16:17. Los rectos tratan de evitar el mal (cf. v. 6; 3:7; 8:13). Una manera de guardar la propia
vida (vida interna con sus motivaciones, apetitos y deseos) es guardar su camino (i.e., mantener
una conducta correcta) del pecado.

16:18–19. Estos vv. hablan del orgullo, la humildad y el desastre. La soberbia lleva a la ruina
(cf. 18:12; 29:23). El orgullo es tan despreciable, que la gente debería evitarlo a pesar de que ello
implique ser oprimido económicamente. Uno podría repartir despojos (adquiridos por medios
violentos o deshonestos) con los soberbios, pero tal deshonestidad no quedará impune (cf.
15:25).

16:20. El entendido (lit., “prudente con respecto a”, o“pondera”; trad. “considera” en 21:12)
en la palabra (dāḇār; también trad. “precepto” en 13:13), hallará el bien (cf. 19:8); i.e., cuenta con
la bendición de Dios que produce felicidad. El tal es alguien que confía en Jehová y, por lo tanto,
es bienaventurado.

16:21. Los vv. 21, 23–24 se refieren a las palabras sabias y agradables. Un sabio se conoce por
su discernimiento y percepción, mismos que le capacitan para ver el meollo de las cosas. La
palabra que se trad. dulzura de labios (meṯeq) se utiliza en 27:9 (“cordial consejo”). Una palabra
similar (māṯôq, “dulce”) se usa en 16:24 “suavidad”; 24:13, 27:7, “dulce”. Las palabras dulces (i.e.,
atractivas o que ayudan) aumentan el saber en el sentido de que hacen que el aprendizaje (cf. 1:5)
sea deseable. Las palabras ásperas producen exactamente lo contrario.

16:22. La palabra que se trad. entendimiento en este v. es śēḵel, “prudencia o percepción” y


también se usa en 13:15 (y en 12:8 “sabiduría”; 19:11 “cordura”; 23:9 “prudencia”). La prudencia
es como un manantial de vida (cf. 10:11; 13:14; 14:27); es refrescante, sustentadora de la vida e
inagotable. Por otro lado, la necedad resulta en castigo. Los necios no aprenden, y su conducta
insensata requiere disciplina (mûsār).

16:23. El sabio es cuidadoso de lo que dice (hace prudente su boca; lit. “causa que su boca sea
prudente”) porque su deseo es ayudar, no lastimar; no dice lo primero que le viene a la mente (cf.
15:28b). Como resultado de ello, añade gracia a sus labios (“promueve el saber”, NVI99; V. el
comentario de 16:21 acerca de “aumentan el saber”).

16:24. Los dichos suaves (i.e., “amables”), son dulces (V. el comentario del v. 21 acerca de
māṯôq) y, por lo tanto, son tan deseables como la miel de un panal (cf. Sal. 19:10). Las palabras
dichas de manera apropiada (cf. Pr. 15:23) que animan, alivian, o felicitan, pueden ser muy
agradables y aun animar al punto de ayudar a una persona a sentirse mejor físicamente (V. el
comentario acerca de los huesos en 3:8).

16:25. Esta oración es casi idéntica a la de 14:12 (V. el comentario ahí). Obviamente se repite
aquí para dar mayor énfasis.

16:26. El hambre puede motivar a la gente, aun a los perezosos, a trabajar para que con su
sueldo compren comida. Este v. tiene un juego de palabras interesante: a pesar de que una
persona trabaje como empleado de alguien más, su alma trabaja … para sí, porque su boca (“su
propio apetito”, NVI99) lo estimula; i.e., se anima a ser diligente en 10:4–5; 12:24; 14:23; 28:19.

16:27. Los vv. 27–30 se refieren a los que causan problemas de varios tipos: los que buscan el
mal (v. 27), levantan contiendas (v. 28), guían a otros a hacer lo malo (v. 29) y piensan
perversidades (v. 30). Un hombre perverso es lit., “un hombre de belial” (cf. 6:12), no vale nada,
es impío y vive en una profunda degradación moral, i.e., busca el mal (cf. 1:10–14; 6:14; 12:20;
14:22; 24:2, 8). Buscar el mal es lit., “cavar una calamidad”, lo cual sugiere que invierte mucho
esfuerzo para cavar un hoyo para atrapar a otros. Una de las maneras principales en que lo logra
es por medio de sus palabras, que queman como llama de fuego (cf. Stg. 3:5–6).

16:28 El hombre perverso (lit., “un hombre de perversidad”; V. el comentario de 2:12) levanta
contienda (cf. 6:14, 19; 10:12; 15:18; 28:25; 29:22), provocando problemas entre amigos. Y por
medio de sus chismes (cf. 11:13; 18:8; 20:19; 26:20, 22) provoca que los mejores amigos (cf. 17:9)
duden y desconfíen entre sí.

16:29. El hombre malo (lit., “un hombre de violencia”; en hebr., los vv. 27–29 empiezan con
“el hombre de”) no se contenta con pecar; también quiere que otros lo acompañen en sus
caminos impíos (V., e.g., 1:10–14).

16:30. Por medio de guiñar los ojos (cf. 6:13; 10:10; Sal. 35:19) y mover sus labios, el malo
envía mensajes no verbales a otros (gestos de la cara). Así comunica sus intenciones de andar en
perversidades (cf. Pr. 16:28; V. el comentario de 2:12) y en el mal (cf. 16:27).

16:31. Los jóvenes se glorían (enorgullecen) de su fortaleza (20:29), pero los viejos pueden
enorgullecerse de sus canas, que son como una corona de honra (cf. “corona de hermosura” en
4:9). La longevidad es resultado de una vida de justicia (cf. 9:6; 10:27). Sin embargo, no todos los
ancianos han vivido justamente.

16:32. Este es un proverbio del tipo mejor … que (V. el comentario de 12:9) que enaltece la
paciencia y el espíritu controlado sobre el rango de ser soldado. En una tierra donde la seguridad
dependía del poder y la habilidad en la guerra, este dicho podría parecer sorprendente. Sin
embargo, conquistarse a sí mismo (cf. 14:17, 29; 25:28; 29:11) es de mayor virtud que conquistar
una ciudad.
16:33. Echar suertes (cf. 18:18; V. el comentario de Est. 3:7; Hch. 1:26) podría parecer un acto
del azar, pero Dios es el que controla la suerte (cf. los esfuerzos humanos y la soberanía de Dios en
Pr. 16:1–2, 9).

17:1. Todos los vv. del 1 al 20 se relacionan de alguna manera con los conflictos o la paz. Los
proverbios similares mejor … que del 15:16–17 establecen que es mejor tener un bocado seco
(“comer pan duro”, NVI99), y en paz, que tener mucha comida (casa … llena de provisiones, lit.,
“sacrificios”, i.e., llena de carne de animales sacrificados al Señor; cf. 7:14) en una casa de
contiendas. La armonía en las relaciones interpersonales debe desearse más que una suntuosa
provisión de comida.

17:2. Algunas veces, por causa de su sabiduría, el siervo prudente (trad. como “el que atiende
a la palabra” en 16:20), puede recibir toda una heredad o parte de ella y ser colocado por su amo
en una posición de poder aun por encima del hijo que deshonra (el que provoca vergüenza a sus
padres; cf. 19:26). Es interesante que Jeroboam se levantó sobre el hijo de deshonra de Salomón,
Roboam, y llegó a ser el líder de diez de las doce tribus (1 R. 12).

17:3. Así como la plata y el oro se purifican bajo un calor intenso (cf. 27:21), el corazón del
creyente se purifica por el calor de las pruebas que Dios envía (Stg. 1:2–3; 1 P. 1:7).

17:4. El malo y el mentiroso se alimentan de las cosas que aumentan esas características. Con
avidez escuchan los chismes, el labio inicuo que planea maldad, mentiras y difamación. Detractora
es trad. de hawwōṯ, que significa “ruina, destrucción, de una persona contra otra”. (Cf. “Chismes”
o “chismoso” de 11:13; 16:28; 18:8; 20:19; 26:20, 22.)

17:5. Una forma de envolver a otros con un hablar malicioso (v. 4) es burlarse del pobre.
Puesto que el pobre está hecho a imagen de Dios, como toda la demás gente, mofarse de ellos es
hablar contra Dios, su Hacedor (cf. 14:31; 18:23). Regocijarse porque otras personas experimentan
calamidades (cf. 24:17) es igualmente malo. Alguien que se alegra de las aflicciones de otros se
acarreará problemas (no quedará sin castigo).

17:6. Corona (causa de gozo y dignidad) de los viejos (cf. 16:31) son sus nietos. También los
hijos deberían estar orgullosos de sus padres. Estas expresiones de gozo y honra dependen, por
supuesto, de que los miembros de la familia estén relacionados de manera correcta con Dios (Dt.
6:2) y con los otros.

17:7. Los vv. 7–9 se refieren a varias formas de injusticia como mentir, sobornar y contar
chismes. El labio mentiroso es lit., “labios de exceso” y se refiere al que habla demasiado. “Necio”
es el vocablo nāḇāl, utilizado solamente tres veces en Proverbios (vv. 7, 21; 30:22) y se refiere a
aquél que carece de percepción y sensibilidad espiritual. Un nāḇāl no debería hablar demasiado,
porque muy pocas veces sabe de lo que está hablando. De manera similar, la mentira es
totalmente inapropiada en labios de un príncipe (nāḏîḇ, noble u oficial, 17:26); un príncipe debería
ser un hombre de integridad, honestidad y digno de confianza (nāḏîḇ, se trad. “generoso” [RVR60]
o “noble” [NVI99] en Is. 32:8). Pero el noble que dice mentiras es un necio.

17:8. Este v. no avala el soborno, el cual está claramente denunciado en el v. 23; 15:27; Éx.
23:8; Dt. 16:19; 27:25 (V. el comentario de Pr. 6:35). El v. 8 del cap. 17 está hablando simplemente
de la perspectiva del dador; piedra preciosa es el soborno, es como una “vara mágica”, NVI99.
Decir que el soborno es eficaz (cf. 18:16; 21:14) no quiere decir necesariamente que está bien;
simplemente establece la forma en que se hacen las cosas.

17:9. Cubrir (V. el comentario de 10:12) la falta es una evidencia de amor y, por lo tanto, el
que lo hace, busca amistad. Mas el que repite o murmura acerca de los pecados de otros, puede
provocar que el amigo dude de sus supuestos amigos (cf. 16:28).

17:10–11. Los vv. 10–16 se refieren a las acciones malas o necias. El v. 10 contrasta la buena
disposición para aprender del que discierne, con la falta de ella de un necio. Una reprensión (V. el
comentario de 1:23) ayuda al entendido más que cien azotes propinados a un necio (kesîl; cf.
17:12, 16; V. el comentario de 1:7). Ya que en la ley (Dt. 25:2–3) no se permitían más de 40 azotes,
esta referencia a 100 azotes es probablemente una hipérbole. Los sabios son sensibles y aprenden
rápidamente, pero los necios de cabeza dura no responden aun después de aplicarles medidas
extremas de corrección. El rebelde (Pr. 17:11) insiste en serlo, y rehúsa aprender de la corrección
o reprensión (v. 10). Por tanto, al final será juzgado y castigado (cf. 11:21; 16:5) por un mensajero
cruel.

17:12. Una osa a quien se le han robado sus cachorros se enoja y, por lo tanto, es muy
agresiva (cf. Os. 13:8). Pero mayor peligro es encontrarse con un fatuo (kesîl; cf. Pr. 17:10, 16; V. el
comentario de 1:7). No todos los necios son igual de peligrosos, pero como dice Robert L. Alden,
“considere la posibilidad de encontrarse con un necio que lleva cuchillo, pistola, o que va detrás
del volante; una osa podría ser menos peligrosa” (Proverbs: A Commentary on an Ancient Book of
Timeless Advice,“Proverbios: Comentario de un libro antiguo con consejos siempre vigentes” pág.
134).

17:13. Si alguien devuelve mal por bien, demuestra que su corazón es malo (v. 11) y necio (v.
12). Por ello no recibirá más “bien” (bendiciones). En lugar de ello, el mal (calamidad) no se
apartará de su casa, i.e., de su familia.

17:14. Comenzar una discordia (cf. v. 19) podría parecer algo insignificante. Pero como cuando
se abre una pequeña rendija en una represa, el agua se sale totalmente de control y la ranura se
hace tan grande, que se rompe. Así que la solución es evitar que un asunto crezca demasiado.
Debe dejarse aun antes que empiece.

17:15. Hacer injusticia en un caso de la corte—ya sea justificando al impío o condenando al


justo (cf. v. 26)—es abominación a Jehová (cf. el comentario de 6:16).

17:16. El necio (kesîl; cf. vv. 10, 12; V. el comentario de 1:7) es tan fatuo, que piensa que puede
comprar la sabiduría. Viene con dinero en la mano, pero no reconoce que carece del único recurso
necesario para obtener la sabiduría; tener un deseo genuino, o sea, un corazón dispuesto para
obtenerla.

17:17. Algunas trad. inglesas de la Biblia hacen un contraste entre el amigo y un hermano
comenzando la segunda línea con “pero”. La RVR60 contiene la conjunción y, lo cual es preferible,
pues conlleva la idea de que tanto el amigo como el hermano son de gran valor. Sin embargo, en
18:24 el amigo es exaltado sobre un hermano (familiar). Los amigos verdaderos—y los familiares—
son fieles tanto en tiempos de angustia como de prosperidad.
17:18. Ser un amigo confiable en tiempos de adversidad (v. 17) no implica enredarse como
fiador por un préstamo con altos intereses (V. el comentario de 6:1–5). Acerca de la expresión
falto de entendimiento V. el comentario de 6:32; 10:13.

17:19. La amistad (v. 17) ayuda a sobreponerse de las dificultades. Sin embargo, las
obligaciones financieras adquiridas sin pensar pueden provocar dificultades (v. 18) y disputas (v.
19), motivaciones perversas, una baja moral y palabras engañosas (v. 20) que causan problemas. El
iniciador de la discordia (v. 14) muestra que ama la disputa, porque una contienda
inevitablemente provoca problemas. Abrir demasiado la puerta (“el que abre mucho la boca”, NVI
99) puede referirse a una gran puerta literal que el rico construye para presumir su grandeza, o
puede referirse en forma figurada a su jactancia. De cualquier manera, la arrogancia está presente,
lo cual a la larga provoca su caída (11:2; 16:18; 18:12; 29:23).

17:20. El perverso (‘iqqēš) significa alguien que es “torcido o distorsionado” (V. el comentario
de 2:15) y cuyas motivaciones y moral (corazón) se han pervertido; por tanto, nunca hallará el
bien (no será bendecido por Dios; cf. 16:20). El que habla engañosamente tiene un corazón
perverso y por eso miente. Eso le acarrea el mal (rā‘âh, “calamidad”, que se trad. “el mal” en
17:13).

17:21. Los padres se duelen y desilusionan profundamente por un hijo insensato (cf. v. 25;
10:1). Aquí se utilizan dos palabras para describir al necio. Insensato es trad. de kesîl, alguien que
es simple y de cabeza dura. Necio es trad. de nāḇāl, que carece de percepción y sensibilidad
espiritual (cf. v. 7; 30:22).

17:22. Como en 15:13, 15, 30; 18:14, nuevamente se menciona que la vida interna de la
persona afecta a su bienestar físico. El corazón alegre es trad. de dos palabras hebr. que se vierten
igual en 15:13. La palabra remedio aparece solamente en este lugar del A.T. El espíritu triste se
refiere a estar deprimido o entristecido (cf. 18:14). Un ejemplo de un espíritu triste es el de un
padre que se duele por su hijo necio (17:21). Acerca de los huesos, V. el comentario de 3:8.

17:23. El v. 8 se refiere al hecho de que con frecuencia los sobornos ayudan a la gente a
obtener lo que desea. El v. 23 afirma que el propósito del soborno es pervertir (“torcer”) las
sendas de la justicia. Los jueces que aceptan sobornos en secreto son impíos (i.e., culpables). Esto
es una gran contradicción, porque los jueces son quienes deberían hacer justicia y castigar a los
culpables.

17:24. La primera línea de este v. es lit., “enfrente de un hombre de discernimiento (cf. v. 10)
está la sabiduría”. El sabio encuentra la sabiduría en lugares obvios, mientras que los ojos del
necio vagan y nunca la descubren.

17:25. Este v. repite el pensamiento del 21, pero utiliza una palabra más fuerte que “tristeza”:
pesadumbre. El hebr. ka‘as significa dolor (Ec. 1:18); tristeza (Ec. 7:3), ira (Pr. 27:3; 12:16) o
irritación. El hijo necio es amargura para su madre.

17:26. Este es el primero de 4 proverbios que contienen las palabras no es bueno (cf. 18:5;
19:2; 25:27; cf. “no es bueno” en 24:23; 28:21). Una vez más se denuncia la injusticia en las cortes
(cf. 17:15). Condenar al justo (cf. 18:5) o herir (“azotar”, NVI99) a los nobles (solamente los reyes
o jueces podían ordenar que se hiciera esto) que hacen lo recto es pervertir la causa de la justicia,
así como sucede cuando uno se vale del soborno (17:23).

17:27–28. El entendido es cauteloso en lo que dice; piensa antes de hablar (cf. 14:8) y no
parlotea. Esto demuestra que posee un espíritu prudente (lit., “templado de espíritu”; cf. la
expresión moderna ¡tranquilo!). Si el necio (’ĕwîl, “arrogante, petulante, torpe”; V. el comentario
de 1:7) refrenara su lengua, se le consideraría sabio.

18:1. La NVI99 reza: “El egoísta busca su propio bien; contra todo sano juicio se rebela”.
Algunas personas evitan tener amistades por causa de su egoísmo. El hecho de que estén tan
centradas en sí mismas las hace enemigas del “sano juicio” (NVI99; cf. 3:21; 8:14). La expresión “se
rebela” en hebr. lā‘ag que se trad. “me burlaré” en 1:26; “escarnece” en 17:5 y en 30:17.

18:2. Los dos problemas del necio son su “mente cerrada” que no toma placer en la
inteligencia y su “boca abierta”; i.e., su corazón se descubre (Derek Kidner, The Proverbs: An
Introduccion and Commentary, “Proverbios: Introducción y comentario”, pág. 127). En realidad, no
tiene el menor interés en adquirir conocimiento; solamente quiere compartir sus propios puntos
de vista (su corazón). Su boca “habla sandeces” (15:2). Pero si la mantuviera cerrada, la gente
pensaría que en verdad es sabio (17:28). Los resultados de la verborrea de un necio se mencionan
en 18:6–7.

18:3. Llevar una vida de pecado provoca el menosprecio, y con el deshonrador viene la
afrenta. Estas palabras de calamidad se contrastan con los beneficios de una vida correcta y sabia
que incluyen la honra y la dignidad (4:7–9). En 18:3 se encuentra una progresión interesante: “el
menosprecio” lleva a la “deshonra” y ésta a la “afrenta” (cf. “avergüenza” en 10:5; y “deshonra”
en 17:2).

18:4. Los vv. 4, 6–8, 20–21 se refieren una vez más al hablar. Las palabras … de un hombre son
como aguas profundas. Éstas son probablemente las aguas de una cisterna que (como en 20:5) se
“esconden” o son “difíciles de alcanzar”. Sin embargo, las palabras de sabiduría son frescas y
burbujeantes como el agua de una fuente. Las palabras del sabio son de ayuda y ánimo (cf. 10:11;
13:14), mientras que el necio ventila sus ideas insensatas e inútiles (18:2).

18:5. Tomar partido por el impío es una injusticia que se condena con frecuencia en
Proverbios (17:15, 26; 24:23; 28:21). Igualmente malo es pervertir el derecho del justo en las
cortes (cf. 17:23).

18:6–7. El necio se mete en problemas porque habla sin pensar (cf. v. 2) desde lo profundo de
su corazón corrompido. Los labios y la boca (v. 6) se mencionan en orden inverso en el v. 7. Las
palabras del necio están tan fuera de lugar, que invitan a que le propinen algunos azotes (cf.
19:29). Sus palabras son su ruina, pues se convierten en lazos para su alma (cf. 5:22).

18:8. Los chismes (cf. 11:13; 16:28; 26:20) son como bocados suaves (lit., “devorados con
gula”, vocablo hebr. que sólo se usa aquí y en 26:22, que es idéntico a 18:8). Escuchar los chismes
es como comer un manjar (algo especial que no cualquiera puede comer). Por lo tanto, las noticias
del chisme se digieren (como la comida) hasta las entrañas (i.e., se les retiene y recuerda).
18:9. Una persona que hace su trabajo con negligencia es hermano (i.e., “es similar a”) del
hombre disipador. Un trabajo mal hecho o inconcluso difiere poco de un proyecto que ha sido
demolido: ambos carecen de valor.

18:10–11. Los vv. 10–12 tratan de la seguridad verdadera y la falsa. El refugio del justo se
establece en el v. 10 y el del rico en el v. 11. El justo corre hacia el nombre de Jehová, i.e., su
carácter revelado. Al depositar su confianza en él, está tan seguro (cf. 29:25), como la persona que
se esconde de su enemigo en una torre fuerte. A pesar de que las riquezas son más deseables que
la pobreza porque ayudan a evitar desastres (cf. 10:15 donde la primera línea es idéntica a la
primera de 18:11), el dinero no puede reemplazar al Señor como base de la seguridad. Los ricos
piensan (imaginación) que sus riquezas pueden protegerlos del peligro así como un muro alto
protegía de las tropas enemigas. Pero los ricos están equivocados. El dinero simplemente no
puede proteger a la gente de todos los problemas.

18:12–14. También está mal confiar en sí mismo. Este v. debería leerse junto con los dos vv.
anteriores. Se eleva es trad. de gōḇāh, “estar alto, ser exaltado, arrogante”; se relaciona con el
sustantivo gōḇāh “altivez” en 16:18. El que piensa que es superior a los demás, va a experimentar
el quebrantamiento (cf. 11:2; 16:18; 29:23a). “La humildad” (NVI99, que la RVR60 trad. como el
abatimiento), por otro lado, produce fuerza y puede darle a una persona determinación para vivir
y ayudarle a superar una enfermedad, como los médicos bien saben. Pero si una persona tiene el
ánimo angustiado (“abatido” o “triste”; cf. 15:13; 17:22) interiormente, si su fuerza interna la ha
dejado, la medicina no podrá curarla. Alguien que está enfermo físicamente puede soportar la
situación por su ánimo, pero si éste está decaído, o deprimido, ¿qué o quién podrá levantarlo de
su enfermedad?

18:15. Tanto el entendido como los sabios están ansiosos por incrementar su sabiduría. La
desean con todo su corazón (cf. 15:14) y le prestan atención con su oído (cf. 23:12). “Sabiduría”
aparece en hebr. en ambas líneas, para dar énfasis, aunque en la RVR60 la segunda vez se trad.
“ciencia”.

18:16. Dar a la gente influyente una dádiva para lograr entrar en su presencia es parecido a
dar soborno (cf. 17:8, 23) a pesar de que podría parecer menos obvio. Aun así, el 18:16 no está
aprobando o animando el uso de tales regalos; simplemente establece lo que se hace.

18:17. Los vv. 17–19 hablan de cómo resolver disputas. Al tratar de arreglar una contienda
(una demanda), el juez necesita escuchar ambos lados de la causa antes de responder (cf. v. 13) o
de tomar una decisión. Lo mismo sucede con los padres cuando sus hijos discuten.

18:18. Una manera de resolver pleitos en los tiempos bíblicos era echar la suerte (cf. 16:33; V.
el comentario de Est. 3:7; Hch. 1:26). El resultado de la suerte, que es un sí o un no, ayudaba a
evitar que el conflicto o litigio continuara entre los poderosos (“las partes en pugna”, NVI99).

18:19. La razón para tener la precaución que se recomienda en los vv. 17–18 se da en este v.
Cuando el hermano (la palabra podría significar un amigo o un familiar consanguíneo) es ofendido
en un pleito, restaurar la amistad podría ser tan difícil como conquistar una ciudad fuerte. El
distanciamiento en la relación es como cerrojos de alcázar; i.e., es muy difícil de quitar.
18:20–21. Las palabras de una persona, llamadas en forma figurada el fruto de la boca (cf.
“fruto de su boca”, 12:14; 13:2) y el producto de sus labios, pueden beneficiar a quien las dice si
son positivas y animadoras. Sin embargo, las palabras (lengua) también pueden provocar la
muerte y la vida. Un testigo en un juicio, e.g., puede ayudar a determinar por medio de sus
palabras si el acusado vive o muere. El que la ama (la lengua) se refiere a alguien que le gusta
hablar de más (cf. 10:19; 18:2; 20:19); éste, sufrirá las consecuencias (cf. comerá de sus frutos; cf.
18:20), de sus dichos.

18:22. El matrimonio es deseable porque una esposa es la “ayuda idónea” (V. Gn. 2:20 y los
comentarios ahí). Jehová aprueba el matrimonio, pues él mismo dice que encontrar esposa es
hallar el bien y que él se complace con esa unión (acerca del sustantivo benevolencia, rāṣôn, V. el
comentario de 8:35; cf. 12:2).

18:23. Es infortunado que cuando el pobre pide por la misericordia del rico, éste por lo regular
responde con palabras duras. Esto no justifica tal respuesta; simplemente establece un hecho. Un
trato arrogante hacia los menos afortunados está mal. Este v. advierte de manera indirecta contra
las causas que pueden provocar la pobreza, tales como la pereza (6:10–11), la avaricia (11:24), la
negativa a ser enseñado (13:18) y hablar mucho (14:23).

18:24. Si una persona escoge indiscriminadamente muchos amigos y compañeros, podría


meterse en problemas (lit., “ser partido en pedazos”). “Hay amigos que llevan a la ruina” (NVI99).
La intención del v. es presentar un juego de palabras, pues la palabra hebr. para amigos es rē‘eh y
la palabra para “ruina” (ser partido en pedazos) es rā‘a‘. Es mejor tener un verdadero amigo
(“amigos más fieles”, NVI99, lit., “uno que ama”; cf. 17:17) que muchos compañeros menos
confiables.

19:1–2. La primera línea de este v. es casi idéntica a la primera de 28:6. Es mejor ser pobre y
honesto (cf. 19:22b; integridad significa ser moralmente completo; cf. 2:7, 21; 11:5; 28:10, 18; Job
1:1) que ser fatuo (kesîl, “simple, cabeza dura”; cf. el comentario de 1:7) y de labios perversos
(‘iqqēš; “torcidos”; V. el comentario de 2:15). La palabra “pobre” (rāš) significa destituido o
hambriento y no es un término deshonroso que implique pobreza por pereza. Un fatuo podría
tratar de hacerse rico por medios ilícitos, pero la honestidad es una mejor manera de vida, aun si
eso significa padecer hambre.

El alma (nep̱eš) significa aquí un impulso interno o vitalidad. Se refiere al impulso ambicioso
que puede inducir a pecar por no poseer la ciencia adecuada. Tal premura (cf. 21:5; 29:20) puede
resultar en que la persona pierda su camino, i.e., que cometa errores.

19:3. La insensatez del hombre puede ser la causa de su ruina (lit. “voltea o subvierte su
camino”). El necio es responsable de sus acciones, ya que él mismo se mete en problemas. No
debe culpar a Jehová por los resultados de su falta de cuidado, pero aun así, lo hace.

19:4. Los vv. 4–6 hablan de las amistades falsas. La primera línea del v. 4 se desarrolla en el v.
6 y la segunda línea del v. 4 se amplía en el v. 7. La mayoría de las personas ricas tienen muchos
amigos (cf. 14:20b); algunos están con ellos por la esperanza de obtener algo de su riqueza. La
pobreza, por otro lado, que de por sí es mala, con frecuencia resulta en la pérdida de los amigos.
Infortunadamente, mucha gente quiere evitar la supuesta vergüenza que trae relacionarse con la
gente pobre (cf. 14:20a; 19:7).
19:5. Una forma de ser un amigo falso es actuar como testigo falso en un juicio (cf. v. 9;
14:25). Sin embargo, el perjurio será castigado tarde o temprano (cf. 12:19; 21:28). Habla es lit.,
“respira o vomita” (también se usa en 6:19; 12:17; 14:5).

19:6. Buscar el favor (lit., “acariciar la cara”) se refiere a una lisonja cursi e hipócrita. Con
frecuencia se lisonjea al rey (del generoso) para aprovecharse de la gente, y en otras ocasiones
con el propósito de pervertir la justicia. El rico que tiene dinero para comprar amigos tiene muchas
ofertas de tales “amistades”.

19:7. En contraste con el rico (v. 6), con frecuencia el pobre no puede encontrar amigos (cf.
14:20). De hecho, es un estorbo para sus hermanos, i.e., parientes. Sus esfuerzos por encontrar un
amigo no progresan, porque la gente se aleja de él (cf. 19:4).

19:8. Entendimiento es trad. de lēḇ (lit., “corazón”) el cual aquí significa “buen juicio” (cf. en
15:32). Vivir con buen juicio muestra que la persona ama su alma. Eso no se refiere a vanidad o
narcisismo, sino a una genuina preocupación por el destino propio. Guarda es lit., “conserva,
mantiene o preserva” (cf. 19:16). Guardar la inteligencia redunda en beneficio del alma (8:35–36);
esa persona hallará el bien (cf. 16:20) espiritual y emocionalmente (así como materialmente).

19:9. Este v. es idéntico al v. 5, excepto por el último vb. Obviamente este pensamiento se
repite por la gravedad que supone mentir en la corte.

19:10. El deleite es “inapropiado” (el significado de no conviene) para los necios (o “no
conviene … la honra”, como se dice en 26:1). Pero peor es que el siervo ocupe una posición de
dominio sobre los que deberían estar señoreando (cf. 17:2; Ec. 10:7). Un esclavo probablemente
no está calificado para dirigir, por eso, su posición de liderazgo no es conveniente.

19:11. Proverbios exalta varias veces a la cordura (14:29a; 15:18b; 16:32; 25:15), pues ésta se
deriva de la sabiduría y es una de sus características (śēḵel “prudencia”, también utilizada en 12:8;
13:15; 16:22, 23:9). Por otro lado, está el arrebatado e impaciente (14:17, 29b; 15:18a; 19:19;
22:24; 29:22). El prudente y paciente no se enoja fácilmente por las ofensas de la gente; de hecho,
las ignora (cf. 12:16), porque sabe que albergar resentimiento o intentar vengarse solamente
acarrea más problemas. Ignorarlas es su honra, i.e., es “su gloria” (NVI99).

19:12. Un rey puede airarse por causa de algunas personas (cf. 16:14; 20:2) pero al mismo
tiempo, puede extender su favor (rāṣôn, “buena voluntad, placer”; V. el comentario de 8:35) hacia
otros. El contraste es tan grande como la diferencia entre el rugido de cachorro de león (cf. 28:15)
y el rocío refrescante (cf. “nube de lluvia” en 16:15).

19:13. El hijo necio (cf. 10:1; 15:20; 17:21, 25) provoca la ruina (lit. “abismo”) de su padre; un
hijo insensato es como una catástrofe que atrapa al progenitor en un pozo profundo. Los padres
que tienen hijos necios pueden dar testimonio de la angustia que los hunde en depresión y
desesperación.

La mujer que provoca contiendas también es un problema. Esta es la primera de 5 referencias


en Proverbios a una esposa problemática (lit., “contiendas de una esposa”; cf. 21:9, 19; 25:24;
27:15). Ella es como una gotera continua (en hebr. estas 2 palabras aparecen sólo aquí y en
27:15), pues sus contiendas continúan sin tregua; ella es irritante y muy difícil de contener (27:16).
Crawford H. Toy resume un proverbio árabe: “Hay tres cosas que hacen una casa insoportable; tak
(una gotera de lluvia), nak (la esposa que importuna), y bak (los insectos)” (A Critical and
Exegetical Commentary on the Book of Proverbs, “Comentario crítico y exegético del libro de
Proverbios”, pág. 373). La palabra para “contiendas” (māḏôn) se utiliza con más frecuencia en
Proverbios que en cualquier otro libro del A.T. También se trad. “discordias” (6:14, 19; 15:18;
17:14), “rencillas” (10:12; 23:29), “contiendas” (18:18–19; 22:10; 26:20; 28:25; 29:22).

19:14. Un joven podría recibir parte de, o toda, la heredad de sus padres, en virtud de haber
nacido en su familia. Sin embargo, la mujer prudente es de Jehová (cf. 18:22). Esta es una
declaración contundente en una cultura en la que los padres elegían esposa para sus hijos.
Entonces, es probable que 19:14b se refiera a la providencia de Dios en guiar a los padres a
seleccionar a sus futuras nueras. Es interesante que se contraste a la esposa sabia con la mujer
contenciosa (v. 13).

19:15. Las palabras profundo sueño se refieren a un sueño pesado (cf. Job 4:13; 33:15) que a
veces es inducido por Dios (Gn. 2:21; 15:12; 1 S. 26:12). La pereza puede provocar que una
persona se vuelva tan inactiva, que fácilmente caiga presa de un sueño profundo, olvidando
completamente el preciado tiempo que está perdiendo (cf. Pr. 20:13). El negligente es lit., “un
alma (o persona) relajada” (remiyyâh se utiliza 4 veces en Pr. y una vez en otros lados, Jer. 48:10,
“indolentemente”). Proverbios 6:9–11 también habla de la pereza que provoca la escasez de
comida.

19:16. La palabra guarda (dos veces) es la misma en hebr. y podría trad. “obedece o preserva”
(cf. el comentario del v. 8). Guardar, i.e., obedecer el mandamiento (cf. v. 20) es para preservar la
vida propia; hacer lo opuesto es autodestructivo (1:32; 6:32; también V. “caerá” en 10:8, “será
castigado” en 10:10, “calamidad” en 10:14; 13:3; “destrucción” en 10:29). El que menosprecia
(bāzâh, “tener en poco o desechar con desprecio”) sus caminos se refiere a los caminos de
Salomón, el padre-maestro, o a los caminos de Dios, o bien, a los caminos del aprendiz. En vista
del 19:8, la tercera opción sería la preferible.

19:17. Ser benévolos con el pobre (dal, “débil, desesperanzado”, V. el comentario de 10:15) se
refiere a una preocupación que va más allá de la “lástima”. Es dar una mano de ayuda para cubrir
necesidades. La ley (Dt. 15:7–11) y los Proverbios (Pr. 14:21b, 31b; 22:9; 28:27) exhortan a la
benevolencia hacia el pobre. La falta de tal bondad se condena (14:31a; 21:13; 22:16; 28:3, 27b).
Dar al pobre es como prestar a Jehová, pues es una inversión que Dios volverá a pagar. El Señor
bendice la generosidad de la gente con su propia generosidad.

19:18. Este v. es un imperativo, a diferencia de la mayoría de los vv. en Proverbios, que son
oraciones declarativas. El mandato, castiga (“corrige”, NVI99) a tu hijo, es una fuerte advertencia
en contra de la pasividad de los padres. Está en consonancia con 13:24; 22:15; 23:13–14. Un hijo
que hace cosas malas debe recibir el castigo en sus primeros años de vida, mientras todavía hay
esperanza para él. No aplicar tan necesaria disciplina puede llevar a la “muerte” (NVI99) del niño.
Ésta se refiere a la pena capital que dictaba la ley (Dt. 21:18–21) o bien, a la consecuencia natural
que va de la mano con un comportamiento insensato, por lo que se destruye a sí mismo. Con
frecuencia, la consecuencia que tiene que pagar el necio (Pr. 1:32), el impío (10:27) y el perezoso
(21:25) es la muerte o destrucción.
19:19. El de grande ira (cf. 15:18; 22:24; 29:22) vez tras vez se mete en problemas y tiene que
sufrir las consecuencias. La BLA trad. la segunda mitad del v. como “porque si tú lo rescatas,
tendrás que hacerlo de nuevo”, i.e., el hombre controlado que quiere rescatarlo del castigo tiene
que hacerlo de nuevo porque el iracundo se aprovecha de su ayuda. En otras palabras, el iracundo
no aprende. Como sucede con muchos hijos indisciplinados, el enojón es incorregible.

19:20. Escuchar (V. el comentario de 1:8) consejo y aceptar (cf. 2:1; 4:10; 10:8) la corrección
(mûsār, “corrección y disciplina morales”) hará que una persona sea sabia. En su vejez (cf. 5:4;
14:12) podría significar el final de la vida, pero con mayor probabilidad se refiere a algún tiempo
después de que las instrucciones han sido dadas.

19:21. Una persona puede y debe hacer planes (“el corazón humano genera muchos
proyectos”, NVI99; cf. 16:1, 9), mas en su soberanía, Dios puede sobrepasarlos y realizar su
consejo a través de lo que parecen ser los planes del hombre.

19:22. La “lealtad” (NVI99; ḥeseḏ, misericordia) es una virtud que la gente desea que los
demás tengan. Pero mentir es una evidencia de que se carece de lealtad y eso es tan despreciable
que sería preferible ser pobre (cf. v. 1).

19:23. El que teme a Jehová (V. el comentario de 1:7) tiene vida (cf. 11:19; 12:28) y está
seguro y en paz consigo mismo y con su prójimo (cf. 3:26).

19:24. El perezoso (cf. 6:6, 9; 10:26; 13:4; 15:19; 20:4; 22:13; 24:30; 26:13–16) lo es tanto, que
hasta parece cómico que ni siquiera tenga fuerzas para levantar su mano para llevar la comida del
plato … a su boca para satisfacer su hambre. El concepto se repite con palabras similares en 26:15.

19:25. Soportar y maltratar a otros son los temas de los vv. 25–29. Cuando un escarnecedor es
azotado (cf. v. 29), el simple (peṯî; V. el comentario de 1:4) será avisado (‘ārûm; V. el comentario
de 15:5). Pero los escarnecedores no aprenden (cf. 9:8; 13:1; 21:11). El “simple”, que aquí se dice
que es advertido cuando se castiga públicamente a otro, es ignorante, inexperto y de mente
abierta. El escarnecedor necesita recibir azotes, pero para el entendido es suficiente con una
corrección verbal (V. el comentario de 1:23).

19:26. Un hijo ya mayor que roba (asalta o maltrata) a su padre (cf. 28:24) y ahuyenta a su
madre de su casa, causa vergüenza y … oprobio tanto a él mismo como a la sociedad. Ignorar la
instrucción de los padres es de suyo muy grave, pero abusar de ellos físicamente (o maldecirlos,
20:20) es despreciable.

19:27. Cuando una persona cesa … de oir las enseñanzas deja de aprender (cf. v. 20). Ser
sabio no es un estado estático. Este es el único lugar entre 7:1 y 23:15 donde aparecen las
palabras hijo mío.

19:28. El testigo perverso deliberadamente distorsiona y se burla del juicio. La palabra


“perverso” es lit., belial, “sin valor e impío” (V. el comentario de 6:12). El testigo falso (V. el
comentario de 14:5) se asocia con los impíos, los cuales “engullen maldad” (NVI99) en vez de
“encubrir” la iniquidad (RVR60); i.e., busca el pecado con un apetito insaciable.
19:29. Los juicios y los azotes (cf. 10:3b; 14:3a; 26:3), se aplican con el propósito de corregir la
conducta errada, pero esos castigos no surten efecto en los escarnecedores y necios. Aquí
nuevamente se señala lo incorregible de los caminos de los escarnecedores (cf. 19:25).

20:1. El vino y la sidra se personifican como gente de carácter degradado: El vino es el


escarnecedor (cf. 19:25, 29) y la sidra, alborotadora. La idea es que el vino se burla del que lo
toma y la sidra lo hace agresivo. Yayin, la palabra más común que se usa para el vino, usualmente
se refería a un jugo de uva fermentado, pero este no siempre es el caso. La sidra (šēḵār, se trad.
“bebida embriagante” en la NVI99) se refería a bebidas derivadas de la cebada, dátiles y granadas.
Era embriagante (Is. 28:7) y por lo tanto, estaba prohibida para los sacerdotes (Lv. 10:9), nazareos
(Nm. 6:1–3) y a otros (Is. 5:11). Las bebidas embriagantes pueden hacer que la gente cometa
errores, y cosas insensatas. Otros pasajes de Proverbios que condenan la ebriedad son 23:20–21,
29–35; 31:4–5.

20:2. Los reyes se mencionan en los vv. 2, 8, 26. La ira del rey (cf. 14:35; 16:14) es como rugido
de cachorro de león (cf. 19:12; 28:15). Es peligroso provocar a un regidor, porque tiene poder para
quitar la vida del ofensor. De hecho, provocar a cualquier persona para que se enoje, puede
acarrear problemas.

20:3. Evitar la contienda es honroso, aunque la manera en que algunos son hábiles para
pelear, podría hacer pensar que contender es honroso. Tal gente es necia. Se pueden evitar
muchas discusiones si se ignoran los insultos (12:16), haciendo a un lado temas que son
potencialmente peligrosos (17:14) y deshaciéndose de los burladores (22:10).

20:4. En el Medio Oriente, la estación para arar y plantar es el invierno, que es la temporada
de lluvias. El perezoso evita la incomodidad y el trabajo de arar un campo lodoso cuando las
temperaturas están bajas, por lo que en tiempo de la siega busca una cosecha en su campo pero
no encuentra nada. Sin esfuerzo y planeación anticipada, hay pocos resultados; la falta de trabajo
produce falta de beneficios.

20:5. Los planes de una persona son como aguas profundas (cf. 18:4), las cuales un sabio
puede sacar. Es decir, la persona con discernimiento puede ayudar a otra a traer a la superficie sus
pensamientos, intenciones y motivaciones verdaderas. Por lo regular, un consejero sabio puede
ayudar a una persona a examinar sus motivaciones reales—los pensamientos que de otra manera
él mismo no podría entender completamente.

20:6. La bondad (“lealtad” NVI99; ḥeseḏ, amor leal) y la verdad (“digno de confianza”, NVI99)
son cualidades deseables (cf. 3:3; 19:22), pero no todos los que proclaman poseerlas las tienen.
De hecho, casi siempre hace falta la fidelidad. Cumplir lo prometido y ser leal a los compromisos
adquiridos es muy importante.

20:7. Los vv. 7–11 se refieren a varios tipos de conducta. Generalmente, el justo se comporta
consistentemente, con corrección e integridad (moralmente completo; cf. 2:7; 10:9) y tiene hijos
que son dichosos. Al ver ellos el ejemplo de la integridad de su padre, son alentados a seguir su
ejemplo.

20:8. Con frecuencia, los reyes eran los jueces máximos (e.g., Salomón, 1 R. 3:16–28). Al
examinar un caso con cuidado (con su mirar), un rey justo disipa (“descubre”, RVR95; “avienta” o
“discierne”, RVR95 nota mar.; “cierne”, BLA, nota mar. cf. Pr. 20:26) las motivaciones y acciones
malévolas. No puede ser fácilmente engañado.

20:9. Algunas personas podrían afirmar que son perfectas y sin pecado, pero es mentira. Lo
que dicen (cf. v. 6) no concuerda con lo que son. Todos han pecado (Ro. 3:9–12, 23; cf. 1 R. 8:46;
Ec. 7:20).

20:10. Una evidencia de las motivaciones impuras y las acciones depravadas de una persona
(v. 9) es su deshonestidad al hacer negocios (cf. v. 23). Dios aborrece la (V. el comentario de 6:16;
11:20) pesa falsa y medida falsa que se usan al vender o comprar mercancía para obtener más
dinero deshonestamente (V. el comentario de 11:1; cf. 16:11).

20:11–12. Como ya se indicó antes (v. 6), lo que una persona dice no siempre indica lo que es.
Esto también es verdad en relación a los niños. Sus hechos y su conducta revelan lo que en
realidad son, y si es que son limpios (cf. v. 9) y rectos (cf. v. 7). El comportamiento de una persona
refleja su carácter. Por lo tanto, no sólo es importante escuchar con los oídos lo que la gente dice,
también hay que observar con el ojo lo que hace (v. 12). Deben usarse ambos sentidos para
aprender si la gente es consistente entre lo que dice y lo que hace.

20:13. La pereza, que aquí se le trata como el sueño (cf. 6:9–10; 19:15a), lleva a la pobreza (cf.
6:11; 10:4a; 19:15b), pero la diligencia, que en este caso se le alude como estar despierto, conduce
a abundancia de pan (cf. 10:4b). Dormir cuando uno debería estar trabajando resulta en falta de
comida (cf. 10:5).

20:14. A veces un comprador sagaz puede minimizar el valor de un producto frente a su


vendedor para que éste baje su precio. Mas cuando se aparta, el comprador se jacta de la “ganga”
que consiguió. A pesar de que se presenta sólo como un hecho, este v. implica que tal actitud es
incorrecta y que la persona que vende sus productos necesita estar apercibido de los tramposos
que acostumbran realizar transacciones deshonestas.

20:15. El oro y las piedras preciosas son de gran valor (cf. 3:13–15), pero no son comunes. Con
todo, hay abundancia de ellas comparadas con la virtud poco común y valiosa de poseer labios
prudentes, i.e., hablar con sabiduría y correctamente en cada ocasión.

20:16. Este v. es muy semejante a 27:13. El prestamista puede despojar de su ropaje externo
al deudor como garantía de que éste pagará (Éx. 22:26). Aquí se le ordena al acreedor a que le
quite su ropa a aquel que sale fiador por los extraños, especialmente si se trata de una mujer de
dudosa reputación (V. RVR09, “al que fía la extraña”). Obviamente, sin el ropaje como prenda, el
acreedor corre un gran riesgo de que el deudor nunca le pague, ¡mucho menos el fiador! Otros
pasajes de Proverbios que se refieren al riesgo que constituye ser fiador son 6:1–5 (V. el
comentario ahí); 11:15; 17:18; 22:26–27.

20:17. El sabor del pan ganado deshonestamente (cf. tratos deshonestos en vv. 10, 14) puede
parecer al principio sabroso (cf. “Las aguas hurtadas son dulces, y el pan comido en oculto es
sabroso”, 9:17), pero al final, es tan desagradable como comer cascajo. Esto contrasta el placer a
corto plazo del pecado con sus consecuencias a largo plazo. Generalmente, el pecado es atractivo
porque reditúa ganancias inmediatas, pero en última instancia, se revierte sobre el transgresor (cf.
7:14–23).
20:18. Es importante recibir el consejo de otros al hacer planes (cf. 15:22), particularmente en
la guerra (cf. 11:14; 24:6; Lc. 14:31).

20:19. Ya que el andar en chismes traiciona la confianza (también establecido en 11:13a), una
persona debería tener cuidado de con quién comparte sus secretos. Se denuncia el murmurar en
16:28; 18:8; 26:20, 22. Así que debe evitarse hablar con la gente que habla mucho, porque con
toda probabilidad divulgará información que debe ser confidencial.

20:20. En el A.T. una persona que maldecía a su padres violaba el quinto mandamiento (Éx.
20:12) y cometía una ofensa que merecía la pena de muerte. El castigo por maldecir a (y por
rebelarse contra) los padres (Éx. 21:17; Lv. 20:9) era la muerte. El hecho de que se le apague la
lámpara a alguien es una manera gráfica de referirse a la muerte (V. el comentario de Pr. 13:9; cf.
24:20; Job 18:5–6; 21:17). Oscuridad tenebrosa es lit., “pupila (del ojo) de oscuridad”, con
referencia a la parte más oscura de la noche (V. el comentario de“niñas de tus ojos” en 7:2).

20:21. Los bienes que se adquieren de prisa puede referirse a solicitar la herencia
prematuramente, como en la parábola del hijo pródigo (Lc. 15:11–20) o por medios deshonestos
(como en Pr. 19:26). Tal riqueza puede despilfarrarse e inhibir la iniciativa y el trabajo. Como
resultado de ello, al final, el que hereda no será bendecido.

20:22. Los vv. 22–24 se refieren a la intervención del Señor en las acciones del hombre. Tomar
venganza por propia mano está mal (cf. 17:13; 24:29; Dt. 32:35; Ro. 12:19). Es mucho mejor dejar
en manos de Dios el castigo de la injusticia, porque a su tiempo él salvará.

20:23. Este v. es similar al v. 10, excepto que en aquel se hace mención de las pesas y medidas
falsas, mientras que aquí se mencionan las pesas y las balanzas. V. el comentario de 11:1.

20:24. Jehová dirige los pasos del hombre (cf. la oración similar de David en Sal. 37:23); i.e.,
Dios dirige sus decisiones y conducta (cf. Pr. 16:1, 9; 19:21). Ya que Dios tiene la última palabra en
la vida personal, es difícil para una persona entender su propio camino.

20:25. Es peligroso hacer promesas precipitadas y sin pensarlas cuidadosamente (cf. Dt.
23:21–23; Ec. 5:4–5). Hacer apresuradamente un voto y luego considerar lo que se hizo, puede
meter a una persona en tantos problemas como si cayera en un lazo. Es mejor pensar antes de
actuar.

20:26. Los reyes son responsables de separar a los impíos de los justos y de tratar de corregir
el comportamiento de los impíos por medio de castigos. La primera de estas responsabilidades se
compara con aventar (cf. v. 8) y la segunda con “trillar”. En la agricultura, el grano se trilla antes de
ser aventado. Para “trillar” se pasa un vehículo con picos sobre las espigas para separar el grano
de los tallos y los granos de sus cubiertas (tamo). Para disipar el tamo, el granjero lo lanza al viento
para que se lleve el tamo indeseable. El rey (u otro regidor) debería estar pendiente de descubrir a
los impíos y castigarlos. Eso es muy importante para mantener el orden y la justicia.

20:27. El rey caza a los pecadores (v. 26) y Dios caza el corazón de la persona. Así como una
lámpara muestra lo que hay en la oscuridad, así Dios revela lo que está en el espíritu del hombre y
escudriña lo más profundo de él (cf. v. 30).
20:28. La misericordia (ḥeseḏ, “amor leal”; cf. v. 6) y la verdad (cf. 3:3; 14:22; 16:6) son
requisitos indispensables para un rey justo. La lealtad (clemencia) lo ayuda a mantener su trono
(cf. 16:12); la deslealtad y falta de confiabilidad puede provocar que el pueblo lo reemplace por
otro.

20:29. En la cultura hebr., los jóvenes y los ancianos tenían una cualidad en particular que los
otros no poseían. El joven se enorgullecía de su fuerza física, el anciano, de su sabiduría
manifestada por sus canas (cf. 16:31).

20:30. El propósito del castigo corporal (azotes … castigo) no es para infligir dolor, sino para
apartar a la persona del pecado. Sin embargo, tal castigo no es sólo para cambiar la conducta por
el temor al dolor físico, sino para ayudarlo a madurar (purificar el corazón; cf. v. 27).

21:1. El cap. 21 comienza (vv. 1–3) y termina (vv. 30–31) con alusiones al Señor. Los vv. 2, 8, 26
y 28 del cap. 20 tenían que ver con los reyes. Ahora, una vez más se menciona al rey. Su corazón se
encuentra en la mano de Jehová (cf. Ec. 9:1) así como los planes de toda la gente (cf. Pr. 16:1, 9).
Un agricultor dirige el agua construyendo canales. De manera similar, el Señor dirige los corazones
de los reyes, e.g., el de faraón (Éx. 10:1–2), Tiglat-Pileser (Is. 10:5–7), Ciro (Is. 45:1–6) y Artajerjes
(Esd. 7:21; Neh. 2:1–8). Dios es el único soberano (cf. Pr. 21:30).

21:2. Dios tiene que ver con el corazón del hombre y no solamente con el de los reyes (v. 1).
Este v. es casi igual a 16:2. Una persona podría pensar que no hay nada malo con su camino
(conducta; cf. 12:15), pero Jehová conoce lo que hay en los corazones. “El hombre mira lo que
está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 S. 16:7). El Todopoderoso evalúa con
exactitud (pesa los corazones: cf. Pr. 16:2; 24:12) las motivaciones personales y las prueba (17:3).
Dios es soberano (21:1) y también omnisciente (v. 2).

21:3. El Señor prefiere que su pueblo le obedezca—el hacer justicia (cf. v. 7) y juicio—por
encima del sacrificio. El hecho de que el pueblo de Israel tuviera un sistema sacrificial, no lo eximía
de ofrecer el “sacrificio” de una vida recta (cf. 1 S. 15:22). Jehová aborrecía la hipocresía del impío
que le traía un sacrificio de animal (cf. Pr. 15:8; 21:27).

21:4. En este cap. se menciona al impío 8 veces (vv. 4, 7, 10, 12 [dos veces], 18, 27, 29). Éste se
deleita en la arrogancia (cf. “los ojos altivos” en 6:17), el orgullo (cf. 21:24) y la hipocresía (v. 3).
Pero el orgullo es pecado. La altivez es el pensamiento (“la lámpara”, NVI99) de los impíos, i.e., es
la esencia de su vida. (V. el comentario de 13:9; cf. 20:20; 24:20.)

21:5. Los vv. 5 y 6 se refieren a las riquezas. Una persona que con diligencia y cuidado planea
su trabajo y lleva a cabo sus planes se contrasta con el descuidado que toma decisiones y acciones
apresuradas sin meditar en ellas. El primero produce abundancia mientras que el otro se
encamina a la pobreza (cf. 14:23). El trabajo del diligente se asocia con la riqueza como en 10:4. La
diligencia también se contrasta con la pereza en 12:24, 27; 13:4 y se menciona el tomar decisiones
en forma precipitada en 19:2 y 29:20.

21:6. Los vv. 6–8 se refieren al impío—su mentir, violencia y sus actos desviados. La riqueza
(tesoros) adquirida de manera deshonesta (por medio de la lengua mentirosa) no durará (cf. 10:2;
13:11); se desvanecerá tan rápidamente como un aliento fugaz (cf. 23:4–5; 27:24). Algunos mss.
hebr., la LXX y la Vulgata trad. “una trampa mortal”, pero la mayoría de los mss. hebr. dicen
aquellos que buscan la muerte (V. NVI99). El meollo es que el dinero ganado deshonestamente
atrapará a la persona en lugar de bendecirla y en última instancia, la llevará a la muerte. O
posiblemente significa que la búsqueda de dinero deshonesto es como buscar o perseguir a la
muerte.

21:7. La gente que hace violencia recibirá sobre sí misma el mal que hizo, como el efecto de un
bumerán (tal como hace el hablar malévolo, 12:13); al final, ellos mismos son arrastrados como el
pez que se enreda en una red. En Habacuc 1:15 el vb. gārar (destruirá) se utiliza para denotar la
pesca y arrastre de los peces en una red. Los impíos serán castigados, porque aunque ellos saben
lo que es correcto, no quieren hacerlo.

21:8. La conducta del perverso (culpable) y del limpio (inocente) se describe respectivamente
con las palabras torcido y rectos. Las palabras hebr. para “perverso” y “torcido” aparecen
solamente aquí en todo el A.T. Este v. contiene un paralelismo antitético que contrasta lo torcido
de los culpables con la rectitud (integridad o justicia) de los piadosos. En 20:11, “limpio” (inocente;
zak) se trad. “limpia” y “rectos” (yāšār) se trad. “recta”. Es interesante que en 21:8 la palabra hebr.
para “perverso” (culpable) es wāzār, e inmediatamente después de ella se encuentra una palabra
hebr. que suena parecida “mas … del limpio” (wezak).

21:9. Lo que se dice acerca de una esposa rencillosa se repite en 25:24. También se presentan
conceptos similares en 19:13; 21:19; 27:15–16. Los vv. 9 y 19 del cap. 21 son 2 de los 19 vv. de
Proverbios que siguen el estilo de mejor … que (V. el comentario de 12:9). La enseñanza que se da
en 21:9, 19 es que es preferible vivir en una casa apretada (en un rincón del terrado, v. 9) o en un
área desolada (una “tierra desierta”, v. 19) donde al menos se puede encontrar paz y quietud, que
en una casa espaciosa con una esposa rencillosa y contenciosa. La mujer que provoca contiendas
hace que su hogar sea un lugar desagradable e indeseable.

21:10. El impío busca el mal como si fuera adicto a él (cf. 4:16). Y es malo aun con los que
están cerca de él (su prójimo).

21:11. Como se mencionó en 19:25 (un v. casi idéntico a 22:11) el castigo público de un
burlador puede hacer que el simple (peṯî, “ingenuo, de mente hueca”) llegue a ser sabio.

21:12. El justo se refiere a Dios, no al hombre, porque solamente él conoce por completo lo
que hace el impío y puede trastornarlo (o provocar “calamidad”). Son trastornados es lit.
“destruidos o trastornados” (cf. 13:6; 19:3, “tuerce”; 22:12).

21:13. Una persona que despiadadamente ignora las necesidades del pobre (dal,, “débil,
endeble, desamparado”; V. el comentario de 10:15) es impío (21:10–12) y será desatendido
cuando se encuentre en necesidad.

21:14. Dar a alguien una dádiva puede ayudar a calmar el furor, puesto que el receptor
percibirá que el regalo es una evidencia de amor, o al menos de interés. Aun una dádiva en
secreto es útil para aligerar la ira (cf. 17:8). Esto no condona el soborno (cf. Éx. 23:8; Dt. 16:19);
simplemente establece un hecho.

21:15. Los vv. 15 y 16 se refieren al castigo de la maldad. Solamente el justo puede encontrar
alegría en hacer el juicio, porque los que hacen iniquidad son sus víctimas. Destrucción es trad. de
meḥittâh (“desaliento, ruina, pérdida”), que es una palabra que se utiliza más en Proverbios que en
cualquier otro libro de la Biblia (cf. 10:14–15, 29; 13:3; 14:28; 18:7, “quebrantamiento”).

21:16. El no ser sabio se describe como extraviarse del camino de la sabiduría (śāḵal, “ser
prudente”). Volverse deliberadamente de la vida sabia y piadosa resulta en muerte. Los muertos
es trad. de rep̱ā’îm, como en 2:18; 9:18 (V. el comentario de Job 26:5). El insensato deja la
compañía de los sabios solamente para encontrarse en ¡la compañía de los muertos!

21:17. Amar el deleite (palabra trad. “alegría” en el v. 15) tiene como resultado la pobreza.
Maḥsôr es también otra palabra que describe al pobre. Significa “deficiente, indigente o
necesitado”. Se utiliza en Proverbios con más frecuencia que en cualquier otro libro
veterotestamentario (6:11; 11:24; 14:23; 21:5, 17; 22:16; 24:34; 28:27). Proverbios 21:17a no
avala una vida sombría y triste, sino que denuncia vivir solamente para el placer y el ego. Si una
persona continúa derrochando su vino y los ungüentos, no se enriquecerá.

21:18. Este v. no significa que el impío redime al justo. En lugar de ello, podría significar que el
impío que le ha provocado sufrimiento al justo sufrirá en carne propia “liberando” así (siendo
rescate) a los justos, pues éstos no sufrirán más a manos del impío.

21:19. Acerca de la mujer rencillosa V. el comentario del v. 9 (también cf. 19:13; 25:24; 27:15).

21:20. El sabio almacena comida y aceite como una hormiga que se prepara para el invierno
(6:6–8), mas el hombre insensato tiene una visión limitada. Se ocupa solamente de los placeres
del tiempo presente y no guarda nada para el futuro; disipa toda su comida y por lo tanto, no
tiene alimento entre una cosecha y otra.

21:21. Ser justo y misericordioso (ḥeseḏ; amor leal) tiene como resultado la vida (cf. 3:18, 22;
4:13, 22; 8:35), la justicia, (“prosperidad”, NVI99; cf. 3:2, 16; 8:18; 13:21; 15:6; 28:25) y la honra
(3:16, 35; 4:8; 8:18). Estas tres bendiciones también se mencionan en 22:4 (cf. Mt. 6:33).

21:22. El sabio es capaz de conquistar a los fuertes (cf. 24:5). Aquel cuya fortaleza es su
carácter piadoso y sabio se describe como conquistando a otro que confía en fortificaciones
físicas. La sabiduría provee la fuerza y seguridad (así como también las bendiciones que se
mencionan en 21:21).

21:23. Este v. es similar al 13:3. La palabra guarda (en ambas partes del v.) es trad. de la
misma palabra hebr. Cuidar lo que uno dice y ser sabio en ello es una manera de mantenerse
alejado de los problemas (cf. 12:13; 14:3).

21:24. Tres palabras que describen el concepto del orgullo se usan para el escarnecedor (cf. v.
11; 13:1; 14:6; 19:29; 22:10): soberbio … presuntuoso e insolente (“orgulloso, arrogante e
insolente”, NVI99). La primera y la tercera se relacionan entre sí (zēḏ y zāḏôn) y la palabra hebr.
para “presuntuoso” es yāhîr, que se usa solamente aquí y en Habacuc 2:5 (trad. “soberbio”). El
idioma hebr. utiliza dos palabras más para altivez y orgullo en Pr. 21:4. Burlarse demuestra que la
persona piensa que es superior a los demás. ¡Dios aborrece esa actitud (cf. 16:5), y también los
demás!
21:25–26. Ambos vv. hablan del perezoso y haragán (V. el comentario de 6:6, 9). Desea poseer
cosas, pero al rehusarse a trabajar, llega a morir de hambre. En contraste con el perezoso que
anhela cosas pero no las posee, el justo tiene y está dispuesto a compartir.

21:27. Como ya se dijo en 15:8, Dios aborrece los sacrificios que ofrecen los impíos, pues son
hipócritas. Las intenciones de su corazón no concuerdan con sus acciones. Pero es aun peor
cuando intencionalmente los ofrecen motivados por la maldad, quizá presentándose ante los
sacerdotes con orgullo o engaño.

21:28. Vez tras vez el libro de Proverbios denuncia el perjurio del que participa como testigo
mentiroso en un tribunal (6:19; 12:17; 14:5, 25; 19:5, 9; 25:18). El falso testigo, el juez o cualquiera
que siga esta línea, perecerá. ¡Dios castiga la deshonestidad!

21:29. En su arrogancia e hipocresía, el hombre impío endurece su rostro. Trata de persuadir


a la gente para que le crea usando engaño y mentiras. En contraste, el justo (recto; cf. vv. 8, 18)
medita en su conducta, trata de ser honesto, sincero y consistente en todo lo que hace. Su deseo
de estar seguro (ordena sus pensamientos es lit., “se asegura o establece”) que sus acciones son
rectas, contrasta de manera tajante con la obstinada jactancia del impío que es incauto.

21:30. La sabiduría humana no puede compararse con la de Dios. No hay sabiduría ni planes
de cualquier persona que puedan frustrar los planes divinos, pues él es soberano (cf. vv. 1–2; Job
42:2) y todo sabio.

21:31. El esfuerzo humano, así como la sabiduría humana (v. 30), tienen sus limitaciones. Es
inútil pelear contra Dios (v. 30), o sin él (v. 31). Los soldados pueden usar caballos en la batalla;
mas la superioridad de la caballería contra los soldados de a pie no es garantía de victoria. Ésta
solamente desciende del Señor, quien puede dirigir las batallas a su manera a pesar de los
esfuerzos del hombre (cf. Sal. 20:7; 33:17).

22:1. Tener un buen nombre (cf. 3:4; Ecl. 7:1), i.e., una reputación honorable causada por un
carácter bueno, debe ser de alta estima antes que las riquezas. Las muchas riquezas son inútiles
(cf. Pr. 1:19; 10:2; 13:11) si en aras de obtenerlas se descompone el carácter.

22:2. El pobre se menciona varias veces en este cap. (vv. 2, 7, 9, 16, 22). Una persona puede
adquirir riquezas (v. 1) pero eso no lo separa completamente de los pobres, puesto que ambos son
criaturas hechas por Jehová (cf. 14:31). Por lo tanto, Dios se ocupa de todos, sin importar su
situación económica.

22:3. Este v. se repite en 27:12 y un concepto similar se declara en 14:16. Este es otro
contraste entre el avisado (‘ārûm, “sagaz en un buen sentido”; V. el comentario de 12:23) y los
simples (peṯî, “ingenuo, inexperto”). El primero está prevenido del mal y con sabiduría lo evita (cf.
22:5); los otros puede que vean el peligro, pero no hacen esfuerzo alguno por evitarlo, así que
reciben el daño. Esto se ilustra en 7:7–23.

22:4. La humildad y el temor de Jehová van de la mano (cf. 15:33). Uno no puede temer a
Dios (adorarle, confiar, obedecer y servirle) y ser orgulloso y egoísta al mismo tiempo. El temor a
Dios produce riquezas, honra y vida, como se declara también en 21:21 (V. el comentario ahí) y
éstas también son el resultado de una vida recta. Así que el temor del Señor y la rectitud se
relacionan íntimamente.

22:5. El perverso tiene problemas: espinos (cf. 15:19) y lazos (cf. 21:6) encuentra en su
camino. Su mala conducta, como espinas, le impide superarse y como una trampa lo detiene como
si se tratara de un animal que ha sido atrapado. En contraste, el sabio está apercibido de las
consecuencias (cf. 22:3), es precavido y evita los caminos del impío.

22:6. Este es quizá el v. mejor conocido de Proverbios respecto a la educación de los hijos. Los
demás vv. referentes a este tema (13:24; 19:18; 22:15; 23:13–14; 29:17) hablan de la disciplina. La
palabra hebr. trad. instruye (ḥānaḵ) significa “dedicar”. Se utiliza para dedicar una casa (Dt. 20:5),
el templo (1 R. 8:63; 2 Cr. 7:5) o una imagen (Dn. 3:2). El sustantivo ḥănukkâh habla de la
dedicación de un altar (Nm. 7:10; 2 Cr. 7:9) y de los muros de Jerusalén (Neh. 12:27). Solamente
en Pr. 22:6 se trad. el vb. como “instruye”. Ḥānaḵ parece que incluye la idea de “poner aparte,
angostar o cercar”. A veces la palabra se utiliza en un sentido de “iniciar”. La educación de los hijos
involucra “separar” la conducta del hijo del mal y llevarlo a la piedad e iniciarlo en la dirección
correcta. Gleason L. Archer señala que este vb. hebr. es similar al egipcio ḥ-n-k que significa
“ofrecer a los dioses” o “apartar algo para un servicio divino”. Sugiere que en el v. 6 esto da “la
siguiente gama de significados probables: ‘dedicar el niño a Dios’, ‘preparar al hijo para sus
responsabilidades futuras’, ‘ejercitar o instruir al niño para la edad adulta’ ” (Encyclopedia of Bible
Difficulties, “Enciclopedia de dificultades bíblicas”. Grand Rapids: Zondervan Publishing House,
1982, p. 252).

En su camino es lit. “sobre la boca de su camino”. “Sobre la boca de” es un modismo hebr. que
significa “de acuerdo a” o “acorde con”. Un siervo respondía “sobre la boca de”, al mandato de su
superior. Sin embargo, ¿qué significa “su camino”? Los estudiosos han interpretado esta frase de
diferentes maneras. ¿Significa que es el camino que debería seguir (V. BLA, NVI 99) ya sea en su
vocación o moralmente? ¿O significa, como lo han sugerido otros, que es de acuerdo a las
demandas de su personalidad, conducta o etapa en la vida? Debido a que en el libro de Proverbios
“el camino” no significa personalidad o etapa en la vida, es preferible decir que “camino” significa
el apropiado, el camino de una vida sabia y piadosa, la cual se enfatiza con frecuencia en
Proverbios—básicamente el camino de la sabiduría. Es de este patrón de comportamiento
correcto o de un estilo de vida piadoso que él no se apartará cuando fuere viejo, i.e., cuando haya
crecido (al llegar a la edad adulta).

Sin embargo, algunos padres han tratado de seguir esta directriz sin obtener resultados. Sus
hijos se han apartado de la instrucción piadosa que les dieron. Eso ilustra la naturaleza de
un“proverbio”. Es un recurso literario por medio del cual se establece una verdad general aplicada
a una situación específica. Muchos de los proverbios no son garantías absolutas, pues expresan
verdades que necesariamente están condicionadas por las circunstancias que las rodean. Por
ejemplo, los vv. 3–4, 9, 11, 16, 29 no expresan promesas que siempre se van a cumplir. A pesar de
que los proverbios son por lo general y usualmente ciertos, se pueden destacar algunas
excepciones ocasionales. Eso puede ser resultado de la voluntad propia o de la desobediencia
deliberada de un individuo que escoge seguir su propio camino—el del necio en lugar del camino
de sabiduría (V. v. 15 y el comentario ahí). Al hacer eso, es responsable de su decisión. Sin
embargo, por lo general es verdad que la mayoría de los hijos que han sido criados en hogares
cristianos, bajo la influencia de padres piadosos que les enseñan y viven bajo las normas de Dios
(cf. Ef. 6:4), siguen esa instrucción.

22:7. Infortunadamente, el rico se puede “enseñorear” de los pobres, y el que presta, regir
sobre el que toma prestado. Eso significa que la persona debe ser cuidadosa antes de pedir un
cuantioso préstamo. Puede llegar a ser como un esclavo, que es una persona pobre y oprimida.

22:8. El que siembra iniquidad (‘awlâh, “injusticia”) va a recoger una cosecha de problemas
(’āwen, “problema o pena”, trad. “adversidad” en 12:21). Los problemas son el resultado
inevitable del pecado (cf. Os. 10:13; Gá. 6:7). Insolencia es trad. de una palabra que significa “ira
sobreabundante”. Lo que el impío logra a través de su insolencia o ira no durará; sus técnicas
manipuladoras llegarán a un fin (se quebrará). Ese pensamiento sirve de aliento a los oprimidos. El
problema que el impío provoca a otros le caerá a él mismo.

22:9. El hombre misericordioso es lit. “un buen ojo”. (En 23:6 y 28:22 “el avaro” es lit., “un ojo
malo”). La disposición de compartir el pan con el indigente (dal, “endeble, débil, sin esperanza”)
muestra que una persona es genuina porque mira a los demás con el deseo de ayudarlos y no de
aprovecharse de ellos (cf. la generosidad hacia los pobres en Dt. 15:10; Pr. 14:21, 31; 28:27).

22:10. El escarnecedor (cf. 9:7–8, 12; 13:1; 14:6; 15:12; 19:25, 29; 21:11, 24; 24:9) provoca
contiendas (pleitos), rencillas y afrentas (qālôn, “desgracia”; usada 8 veces en Pr. y solamente 9 en
otros lados). Así que al deshacerse del provocador, también los problemas se van.

22:11. El rey (cf. 14:35; 16:13) aprecia las motivaciones y pensamientos puros (limpieza de
corazón) y la gracia en el hablar. Naturalmente, él quiere tener gente de ese tipo a su alrededor.
Así que la pureza y la gracia son ventajosas; ayudan a una persona a entablar amistad con los
líderes que detentan posiciones altas.

22:12. En su omnisciencia (cf. los ojos de Jehová en 15:3), Dios vela por la ciencia. Por otro
lado, él trastorna las palabras infieles (lit., “traidores”) y las destruye (sālap̱; cf. 13:6; 19:3; 21:12).
Entonces, ser sabio significa estar bajo la protección de Dios. Ser necio y traidor aun en lo que se
dice, es transitar por un camino que lleva a la frustración.

22:13. Las excusas extremas que aducen los perezosos para no trabajar son ridículas (acerca
de la palabra perezoso, V. el comentario de 6:6). Era muy poco probable que un león (cf. 26:13)
anduviera merodeando por las calles de un pueblo israelita. Si un perezoso en realidad temiera ser
muerto en la calle, ¡jamás saldría para nada!

22:14. Escuchar las palabras de la mujer extraña y caer en sus manos seducido por el pecado
(cf. 2:16–22; 5:3–6; 7:10–23) es como caer en una fosa profunda (cf. 23:27) de la cual no hay
escapatoria. Las horribles consecuencias del adulterio son parte del castigo de Dios por su ira
contra el pecado.

22:15. Aunque la necedad (proviene de ’ĕwîl, “necio arrogante, petulante y endurecido”) está
ligada en el corazón del muchacho … la vara de la corrección puede ayudar a erradicar esa actitud
y reemplazarla con la sabiduría. La “disciplina” (mûsār) es corrección moral, que incluye dar azotes
en las posaderas (la vara; cf. 13:24; 23:13–14; 29:15), corrección verbal y otras formas de
disciplina.
22:16. Comprar influencia o favoritismo con regalos (cf. 17:23) otorgados a quienes no los
necesitan (el rico) y por el otro lado oprimir al pobre (dal, “endeble, débil, sin esperanza”; V. el
comentario de 10:15) para obtener ciertas ganancias, hará que el hombre parcial reciba un efecto
de bumerán. Irónicamente tales acciones ¡no resultan en riquezas, sino en pobreza!

IV. LOS DICHOS DE LOS SABIOS (22:17–24:34)

Esta sección está dividida en dos partes. La primera (22:17–24:22) se introduce con “las
palabras de los sabios” (22:17) y la segunda (24:23–34) “también estos son dichos de los sabios”
(24:23). El estilo de esta sección incluye al menos veinte instancias en las cuales 2 vv. expresan un
concepto completo, en lugar de que sea uno solo, como en 10:1–22:16 (V. e.g., 22:17–18, 20–21;
23:1–2). También 7 vv. tienen 3 líneas en lugar de las 2 que normalmente se usan (22:29; 23:5, 29,
31; 24:14, 27, 31) y 2 vv. que son de 4 líneas (23:7; 24:12). “Hijo mío” aparece 5 veces (23:15, 19,
26; 24:13, 21) mientras que en los caps. 1–9 se menciona 15 veces y solamente 1 en 10:1–22:16
(19:27) y 2 en el resto del libro (27:11; 31:2). La alusión a un hijo sabio aparece una vez (23:24,
NVI99) en la sección del 22:17–24:34 comparado con 5 ocasiones en la de 10:1–22:16.

Muchos de los dichos son advertencias y utilizan la negación “no” (V. 22:22, 24, 26, 28; 23:3–4,
6, 9–10, 13, 17, 20, 22–23, 31; 24:1, 15, 17, 19, 21, 28–29). Es interesante que cada uno de los 30
dichos de 22:22–24:22 incluyan una razón para dar la advertencia o el consejo y varios de los
dichos de 24:23–34 incluyen las razones.

Otros hombres sabios escribieron los dichos de 22:17–24:34 y se compilaron probablemente


durante la vida de Salomón, o un poco más tarde. Como dice 22:20 (NVI 99; RVR95 nota mar.), la
primera parte (22:17–24:22) incluye 30 dichos. El bosquejo de los comentarios de 22:17–24:22
muestra que esta sección puede dividirse en 30 proverbios (e.g., 22:22–23, el primero; 22:24–25,
el segundo).

Muchos estudiosos han dicho que estos sabios tomaron prestado de la obra egipcia The
Instruction of Amen-em-ope “La Instrucción de Amen-em-ope”, la cual constaba de 30 secciones.
Sin embargo, ese no podría ser el caso por varias razones:

(1) Los dichos de la obra egipcia son mucho más largos que los que encontramos en
Proverbios. Los 30 caps. de Amen-em-Ope varían en su largo, ya que son de entre 7 y 26 líneas,
mientras que la mayoría de los dichos de Proverbios son de 4 líneas, aunque algunos son más
cortos y otros más un poco más largos.

(2) La fecha de La instrucción de Amen-em-ope es cuestionable. John A. Wilson escribe que “es
posible fecharlo entre los siglos X y VI a.C., aunque hay alguna evidencia de peso que apoya los
siglos VII y VI” (Ancient Near Eastern Texts Relating to the Old Testament, (ANET) “Textos del
antiguo Cercano Oriente relacionados con el Antiguo Testamento”, ed. James B. Pritchard.
Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1955, pág. 421). Si esa obra fue escrita 500 o 600 años
antes de Cristo, su fecha es bastante posterior al tiempo Salomón (él reinó del 971 al 931 a.C.) y de
Ezequías (715–686 a. C.). La fecha más tardía que se ha asignado a la compilación de Proverbios es
la época del rey Ezequías (25:1). Por lo tanto, los proverbios no pudieron haber sido copiados de la
obra egipcia.
(3) Un muy pequeño número de vv. de Proverbios 22:22–24:22 son similares a la obra de
Egipto. Pritchard cita a D.C. Simpson, quien sugiere los siguientes paralelismos (“Textos del antiguo
Cercano Oriente relacionados con el Antiguo Testamento”, pág. 424, n. 46).

Proverbios La instrucción de Amen-em-ope

Primer dicho, 22:22–23 Cap. 2, 4:4–5

Segundo dicho, 22:24–25 Cap. 9, 11:13–14

Tercer dicho, 22:26–27 Cap. 9, 13:8–9

Cuarto dicho, 22:28 Cap. 6, 7:12–13

Quinto dicho, 22:29 Cap. 30, 27:16–17

Sexto dicho, 23:1–3 Cap. 23, 23:13–18

Séptimo dicho, 23:4–5 Cap. 7, 9:14–10:5

Octavo dicho, 23:6–7 Cap. 11, 14:5–10

Octavo dicho, 23:8 Cap. 11, 14:17–18

Noveno dicho, 23:9 Cap. 21, 22:11–12

Décimo dicho, 23:10–11 Cap. 6, 7:12–15; 8:9–10

Vigesimoquinto dicho, 24:11 Cap. 8, 11:6–7


Sólo 11 de los 30 dichos de Proverbios tienen similitudes con 9 de los cap. de Amen-em-ope.
Esto no podría considerarse como una copia de la obra egipcia. Entonces, o Amen-em-ope copió
de Proverbios, o cada uno se escribió independientemente del otro. El hecho de que se utiliza el
número 30 puede haber sido simplemente un recurso literario común. Que existan algunas
similitudes entre la obra secular de los egipcios y la Biblia no anula la inspiración verbal de las
Escrituras, pues Dios el Espíritu Santo guió a hombres sabios a escribir exactamente lo que él
quería que se registrara en Proverbios, aun cuando algunos de los dichos sean similares a los
dichos proverbiales de Egipto.

A. Treinta dichos de los sabios (22:17–24:22)

1. INTRODUCCIÓN A LOS DICHOS 1–10 (22:17–21)

22:17–19. Las exhortaciones del v. 17 de inclinar el oído (cf. 4:1, 20; 5:1; 7:24), oir (cf. 1:8; 4:1,
10, 20; 5:1, 7; 7:24; 8:32–33) y aplicar el corazón (cf. inclinar “tu corazón”, 2:2) son para buscar y
obedecer lo que se presenta en los 30 dichos. Las razones para la exhortación se presentan en los
vv. 18–19: es cosa deliciosa memorizarlos (guardares dentro de ti), citarlos y hablar de ellos
(afirmarlos sobre tus labios) porque animan a que la gente confíe en Jehová.

22:20–21. Acerca de los treinta consejos V. el comentario bajo el “IV. Los dichos de los sabios
(22:17–24:34)”. El consejo de esos dichos provienen de la ciencia de los sabios cuyas palabras son
de verdad. Nuevamente (cf. 22:18–19) se cita una razón: a fin de que el aprendiz pueda hablar
palabras de verdad. “De verdad” significa “confiable”. La misma palabra, ’ĕmeṯ, se trad. por
segunda vez verdad en el v. 21. Los que te enviaron podrían ser el maestro o el empleador.

2. DICHOS 1 AL 10 (22:22–23:11)

22:22–23. El primer dicho. Estos vv. dan una contundente advertencia en contra de
aprovecharse del pobre (cf. 14:31). El pobre (dal, “endeble, débil, sin esperanza”) y el afligido son
fácil presa de los impíos, que pueden lograr sus aviesas intenciones en las cortes por medio de
sobornos y acusaciones falsas. Pero Jehová defenderá a los indefensos y luchará por su causa y
con justicia quita a los malos lo que injustamente han arrebatado a otros.

22:24–25. El segundo dicho. La advertencia aquí es en contra de ser amigo, o tan sólo
asociarse con el iracundo (lit. “el dueño o poseedor de ira”; cf. 19:19) o el hombre de enojos (lit.,
“un hombre de ira”) porque tal relación lleva a la persona a seguir la senda de la ira. Esos hombres
son insensatos (14:17, 29), causan división (15:18), son pecaminosos (29:22) y se comprometen
(cf. 29:6) en situaciones de las cuales es difícil salir.

22:26–27. El tercer dicho. Los altos riesgos de salir como fiadores de deudas se mencionan
varias veces en Proverbios (6:1–5; V. el comentario ahí; 11:15; 17:18; 20:16; 27:13). La manera en
que se confirmaba un acuerdo comercial era estrechando la mano en juramento, como un apretón
de manos (V. el comentario en 6:1). Si el deudor no pagaba, el prestamista podía perseguir al
fiador y si éste no podía pagar, entonces podían embargarle sus muebles como garantía de pago.
Esa grave consecuencia surge por enredarse insensatamente en los problemas financieros de
otros.

22:28. El cuarto dicho. Seis veces en la Biblia se menciona el pecado de mover los linderos (Dt.
19:14; 27:17; Job 24:2; Pr. 22:28; 23:10; Os. 5:10). Un granjero fácilmente podría aumentar los
límites de sus tierras y disminuir los de su vecino al mover las piedras que marcaban las
colindancias. Eso es un robo que viola el octavo mandamiento (Éx. 20:15).

22:29. El quinto dicho. Ser diligente y solícito (māhîr también puede significar “rápido o
puntual”) en su trabajo es la mejor manera de influenciar al patrón. La diligencia con frecuencia
conlleva un ascenso (servir delante de los reyes … no … de los de baja condición). El rey (o algún
otro líder) que escucha buenos comentarios de un buen trabajador, querrá contratarlo.

23:1–3. El sexto dicho. Cuando recibe una invitación a un banquete ofrecido por un anfitrión
prestigioso (e.g. algún señor), el invitado debe ser humilde y refrenado. Debe estar consciente de
lo que está delante de él y si tiene la tentación de ser glotón (cf. “comilón” en el v. 21; “glotones”
en 28:7) debe dominar su apetito. En forma humorística se le aconseja al invitado a poner cuchillo
a su garganta ¡en lugar de hacerlo en su comida! Eso no significa que debe suicidarse, sino que
debe limitarse y no comer demasiado. Es interesante que el apetito (“glotonería”, NVI99) es trad.
del hebr. nep̱eš, que tiene una variedad de significados incluyendo la vida física (13:3, 8), el ego
(19:8; 21:23), el apetito (16:26), el apetecer (10:3) y el asiento de esos apetitos (21:10 es lit., “el
alma impía apetece”). De ahí se desprende la idea de la glotonería en 23:2.

Las comidas que son manjares delicados en un banquete real podrían ser engañosos. Un
anfitrión regidor podría parecer muy amistoso al servir una comida exquisita, pero en realidad
podría estar planeando traicionar a su invitado o cometer alguna injusticia en su contra (cf. v. 7). El
banquete podría ser la ocasión para preparar el ardid.

23:4–5. El séptimo dicho. Estos vv. advierten en contra de trabajar demasiado con el propósito
de acumular riquezas. No habla en contra de ser diligentes en el trabajo, sino de sacrificarse por el
dinero. Es necesario ser prudente y refrenarse en esta área (así como el que se refrena en un
banquete, vv. 1–2), especialmente en la época presente, en que el materialismo impulsa a mucha
gente a trabajar en exceso para acumular más dinero. La razón de este consejo es que las riquezas
son temporales e inestables (cf. 27:24). La primera parte de 23:5 es lit., “si provocas que tus ojos
vuelen en pos de él” (i.e., riquezas). Irónicamente, volar tras las riquezas resulta en que las
riquezas salen huyendo como el águila, y volarán al cielo.

23:6–8. El octavo dicho. Los vv. 1–3 contienen un consejo en contra de comer con gula la
comida servida por un rey generoso. Los vv. 6–8 advierten en contra de comer pan con el avaro
(“tacaño”, NVI99; lit., “ojo de maldad”, lo cual se menciona solamente aquí y en 28:22 en el A. T.;
cf. comentario de “el ojo misericordioso”, lit., “un buen ojo” en 22:9). Codiciar sus manjares es tan
malo y peligroso como codiciar las viandas servidas por un rey (23:3). Cuando un invitado se da
cuenta de que su anfitrión está pensando solamente en el costo de la comida mientras que
hipócritamente aparenta generosidad (come y bebe), el invitado se siente rechazado. El convidado
quiere vomitar (o escupir) la comida, pues no le fue servida con honestidad y se da cuenta de que
sus suaves palabras (“cumplidos”, NVI99) fueron en vano.
23:9. El noveno dicho. Tratar de enseñar a un necio (kesîl, “simple, duro de cabeza, terco,
tonto”; V. el comentario de 1:7) es en vano, porque no aprecia lo que le dice un maestro que habla
prudencia (es trad. de śēḵel y también se usa en 12:8; 13:15; 16:22, “entendimiento”; 19:11).

23:10–11. El décimo dicho. El v. 10a es casi idéntico a 22:28a y el 23:10b–11 es parcialmente


similar a 22:22–23. Robar la tierra de un vecino al mover las colindancias es algo malo, pero
¡quitarle sus propiedades a los hijos de viudas es aún peor! El Señor se preocupa por los desvalidos
(Dt. 10:18; Sal. 10:14, 17–18; 68:5; 82:3; 146:9) y se opone a todo aquel que maltrata y roba a los
huérfanos. Él es su defensor (gō’ēl, la persona responsable de cubrir las necesidades de un
familiar cercano atribulado o indefenso).

3. INTRODUCCIÓN A LOS DICHOS 11 AL 30 (23:12)

23:12. Este v. sirve como un descanso en la larga lista de dichos e introduce los dichos 11 al 30
así como 22:17–21 introdujo los dichos 1 al 10. Aplica tu corazón (cf. 22:17b) sugiere diligencia y
deseo de recibir la enseñanza (mûsār, que por lo regular se trad. “corregir o corrección” como en
23:13 y significa disciplina). Aplicar los oídos es otra manera de decir “inclina tu oído y oye” (cf.
22:17a).

4. DICHOS 11 AL 30 (23:13–24:22)

23:13–14. El decimoprimer dicho. Los hijos necesitan de la corrección (mûsār, “corrección


moral”, tanto verbal como física; cf. 1:2, 7). El castigo físico (con vara o un palo; cf. 13:24; 22:15;
29:15) está aprobado en la Biblia, aunque el término “vara” puede usarse figuradamente para
cualquier forma de disciplina. El dolor que causa el castigo corporal pudiera provocar que tanto el
padre como el hijo pensaran que éste último pueda morir, pero no es así. De hecho, el castigo lo
librará de la muerte física (seol, še’ôl, la tumba), no es la causa de ella.

23:15–16. El decimosegundo dicho. Esta alusión a hijo mío (cf. vv. 19, 26) ilustra que el hijo
sabio aprende de la disciplina de los padres (vv. 13–14). La verdad de que el hijo sabio, y no el
necio, alegra el corazón de su padre también se declara en 10:1; 15:20; 23:24; 27:11; 29:3. La
sabiduría debe llegar hasta el corazón mismo (cf. 23:17, 19, 26; también V. el v. 12; 22:17). El
corazón de un padre y sus entrañas se refieren a su ser interior, su ser intelectual y emocional. Un
corazón sabio se revela al hablar cosas rectas.

23:17–18. El decimotercer dicho. Tener envidia de los pecadores (cf. 3:31; 24:1, 19; Sal. 37:1) y
desear hacer lo que ellos hacen, es una insensatez, porque ellos no tienen esperanza alguna
(24:20). El sabio y el piadoso sí la tienen. El placer momentáneo del pecado no se puede comparar
con la esperanza duradera que viene acompañada del temor de Jehová (cf. 19:23; 24:21).

23:19–21. El decimocuarto dicho. El hijo es sabio cuando escucha y atiende la instrucción de su


padre y desea enderezar su camino (una conducta correcta). Una manera de permanecer en el
“camino correcto” es evitar la borrachera (V. el comentario acerca del vino en 20:1) y la glotonería
(cf. 23:2). Estos dos pecados provocan el adormecimiento que conduce a la pereza y la pobreza.
Las otras consecuencias impías por beber demasiado se presentan en los vv. 29–35.

23:22–23. El decimoquinto dicho. Los vv. 22, 24–25 se refieren al padre y/o la madre. Una vez
más se insta al hijo a que atienda las instrucciones y consejos paternales. Esto se repite con mucha
frecuencia en Proverbios, obviamente porque la tendencia de los hijos es a seguir sus propios
caminos. Los hijos sabios respetan a sus padres cuando éstos envejecen. Si los menosprecian (bûz,
“tener en poco”, un vb. utilizado con frecuencia en Pr.; V. el comentario de 1:7) desobedecen el
quinto mandamiento (Éx. 20:12). Comprar la verdad sugiere que se invierte cualquier cantidad
necesaria de energía o recursos financieros para adquirirla, junto con la sabiduría, la enseñanza
(mûsār, V. el comentario de Pr. 23:12–13), y la inteligencia (cf. 1:2–6).

23:24–25. El decimosexto dicho. El v. 24 es otra evidencia de que ser sabio (cf. v. 15), en el
libro de Proverbios desde el punto de vista de Dios, significa ser piadoso o justo. Es interesante
que las palabras mucho se alegrará y se gozará son trad. de la misma palabra hebr. gîl, y alégrense
y gócese son trad. de śāmaḥ. El padre engendra al hijo (v. 22) y su madre es quien lo da a luz. Una
vida sabia, piadosa y en obediencia a la disciplina de los padres, no sólo beneficia al hijo; también
ayuda a los padres.

23:26–28. El decimoséptimo dicho. Nuevamente se le exhorta al hijo (hijo mío; cf. vv. 15, 19;
24:13, 21) a seguir las enseñanzas de su padre. Las palabras dame … tu corazón (cf. 23:15, 17, 19)
apelan a los pensamientos y valores del hijo de tal manera, que su estilo de vida (caminos) imita al
de su padre. Los ojos, labios (22:18) y oídos (23:12) del hijo son importantes. Lo que ve, dice y
escucha debe ser agradable al Señor. La insistencia del padre se relaciona con los peligros de la
perversión sexual (cf. 5:20; 6:24; 7:5; 20:16). En este pasaje están a la vista dos tipos de mujeres
inmorales, la que no está casada (la ramera) y la que sí lo está (la extraña). (Para ver las palabras
hebr. respecto a estos términos V. el comentario de 2:16). Las mujeres inmorales son como un
abismo profundo (cf. 22:14) o como un pozo angosto en el sentido de que confinan y atrapan a
los hombres (cf. 6:27–35; 7:21–27), haciendo casi imposible que puedan escapar de las
consecuencias. Los hombres necesitan estar en guardia contra las mujeres perversas que tratan de
seducirlos y de sorprenderlos repentinamente (cf. 7:7–10) como robador, aumentando así el
número de sus víctimas. Por supuesto, también la Biblia advierte en contra de los hombres que
seducen a las mujeres.

23:29–35. El decimoctavo dicho. Estos vv. presentan la advertencia más larga y mejor
elaborada en Proverbios en contra de la ebriedad (cf. vv. 20–21; 20:1; 31:4–5). Hay seis preguntas
que llaman la atención a los problemas emocionales (ay y dolor), problemas sociales (rencillas y
quejas) y los físicos (heridas—por causa de golpizas o al tropezarse con obstáculos al
tambalearse—y lo amoratado de los ojos) que se desprenden por detenerse mucho en el vino y la
mistura (mimsoḵ, se usa solamente aquí y en Is. 65:11). El vino puede parecer atractivo (Pr. 23:31);
rojea, burbujea y es suave—atrayendo los sentidos de la vista y del gusto. Pero eventualmente (al
fin; cf. 5:4; 14:12; 16:25; 19:20; 25:8; 28:23; 29:21) es tan devastador y doloroso como una
mordedura de serpiente.

La ebriedad también conduce a problemas mentales (23:33): alucinaciones y confusión en la


mirada (“perversa o anormal”; V. el comentario de 2:12) pues se mirarán cosas extrañas. Un
borracho está físicamente fuera de equilibrio al caminar. En su estupor puede imaginarse a sí
mismo moviéndose como un marinero que está en la punta de un mastelero. También es
insensible al dolor cuando la gente lo golpea (cf. “heridas”, 23:29). Conociendo su estupor, desea
escapar de él volviendo a buscar un trago. El alcohol lo controla; es un esclavo del vino.
24:1–2. El decimonoveno dicho. En estos 30 dichos, tres veces se da la advertencia de no
envidiar a los hombres malos (cf. 23:17; 24:19; también V. 3:31). En 23:17–18 y 24:19–20 la razón
para no envidiar a los pecadores es que su futuro es bastante incierto. Aquí la razón es que lo que
planean es robar (cf. v. 8), hablan iniquidad y del mal que desean para los demás (cf. 1:10–19). Lo
que está en su corazón se expresa en lo que hablan (sus labios; cf. 4:23–24).

24:3–4. El vigésimo dicho. Los dichos 20 al 22 conciernen a la sabiduría. Planear la maldad se


menciona varias veces en Proverbios (3:29; 6:14; 12:20; 14:22; 16:27, 30; 24:2, 8). La mejor
decisión es alejarse de tales personas. Con sabiduría … prudencia … y con ciencia se edifican las
casas, se afirman y se llenan de todo bien preciado. Esto puede referirse a construir inmuebles
literales, o con más probabilidad se refiera a emprender cualquier empresa. La necedad y el
pecado no contribuyen a la seguridad y prosperidad, la sabiduría sí. Este hecho contrasta con la
violencia que se mencionó en el v. 2.

24:5–6. El vigesimoprimer dicho. Además de proveer seguridad y prosperidad (vv. 3–4), la


sabiduría da fortaleza para lograr diferentes obras (cf. 21:22). El sabio no depende de sí mismo;
busca a otros para recibir consejo en cuanto a cómo ganar una batalla (cf. 11:14; 20:18; también V.
15:22). Acerca de la palabra consejeros V. el comentario de 1:5.

24:7. El vigesimosegundo dicho. El insensato (’ĕwîl, “un necio arrogante y endurecido”; V. el


comentario de 1:7) no puede apreciar, comprender, o decir algo sabio. La sabiduría (aquí se
encuentra en pl. en hebr., como en 1:20; 9:1, para dar énfasis) está fuera de su alcance. Por lo
tanto, en la puerta donde los líderes sabios toman las decisiones legales y judiciales, él no abre su
boca (o al menos no debe hacerlo).

24:8–9. El vigesimotercer dicho. El que piensa continuamente (cf. v. 2) hacer el mal se conoce
como hombre de malos pensamientos (lit., “dueño o poseedor de planes malévolos”; cf. 12:2;
14:17). Tramar estas cosas es de insensatos, porque es pecado y produce escarnio (V. el
comentario acerca del escarnecedor en 13:1), lo cual es abominación a los hombres (cf.
“aborrecer” en 8:7; 16:12; 29:27).

24:10. El vigesimocuarto dicho. Rendirse bajo la presión del trabajo demuestra que la fortaleza
de una persona es limitada. Sutilmente esto podría sugerir que tal persona no es sabia porque,
como se dijo en el v. 5, la sabiduría proporciona fuerza. En hebr. se hace un juego de palabras al
colocar la palabra reducida (ṣar, “angosto, apretado, restringido”) inmediatamente después de la
palabra que se trad. “trabajo” (ṣārâh).

24:11–12. El vigesimoquinto dicho. El v. 10 refirió el problema sobre una persona; los vv. 11–
12 se relacionan con lo que sufren los demás. Probablemente las personas que se dice que son
llevados a la muerte son víctimas de la opresión injusta y no gente culpable que ha sido
condenada. Alguien puede reclamar que ignora las aflicciones de los demás, pero Dios sabe quién
es culpable de ignorancia voluntaria y será él quien juzgue (dará … según sus obras, cf. Mt. 25:41–
46). El que pesa los corazones (cf. Pr. 21:2) conoce y considera las motivaciones internas y los
pensamientos de la gente. Dios se preocupa por los sufrimientos de los pobres y desvalidos (cf.
22:22–23; 23:10–11).

24:13–14. El vigesimosexto dicho. Así como la miel era la sustancia más dulce que se conocía
en el antiguo Cercano Oriente y además es buena y dulce al paladar, de la misma manera, la
sabiduría es benéfica y deseable para el alma, porque da esperanza (cf. 23:18) a la persona. En
Proverbios se menciona la miel seis veces (5:3; 24:13 [dos veces]; 25:16, 27; 27:7). Mi hijo aparece
cinco veces en los 30 dichos (23:15, 19, 26; 24:13, 21).

24:15–16. El vigesimoséptimo dicho. Los dichos del 27 al 29 son advertencias (no) como los
dichos 1 al 4, 6 al 11, 14 y 18 al 19. Los vv. 15–16 advierten que es vano el intento del impío de
destruir al justo y sus posesiones. Es por causa de la protección divina que el justo puede
recuperarse de robos y ataques, pero el impío instigador de tales maquinaciones (cf. vv. 2, 8)
finalmente sufrirá por ellas (cf. 1:18–19). En Daniel 3 y 6 hay ejemplos de ese tipo de bumerán
judicial.

24:17–18. El vigesimoctavo dicho. Dios se enoja contra quienes disfrutan ver el fracaso de los
demás. El hecho de regocijarse o alegrarse por las hecatombes que suceden a los pobres es algo
que se condena en 17:5; en el 24:17 ni siquiera se permite alegrarse cuando el enemigo tiene un
problema. Regocijarse en el mal ajeno podría provocar que Dios tomara el lado del enemigo y
apartara de sobre él su enojo. Dios aborrece la acción de alegrarse cuando otros sufren, porque
denota una actitud de superioridad.

24:19–20. El vigesimonoveno dicho. Por tercera vez en estos 30 dichos se condena envidiar a
los pecadores (cf. 23:17; 24:1). Angustiarse por obtener lo que los pecadores tienen y hacen (cf.
Sal. 37:1) y anhelar estar con ellos está mal, porque no tendrán un buen fin, ya que morirán
(acerca de la lámpara … apagada V. el comentario de 13:9). El justo y sabio, por otro lado, sí tiene
esperanza de un futuro bueno (cf. 23:18; 24:14). Los malignos, los impíos y el malo y el impío se
utilizan como sinónimos en los vv. 19 y 20.

24:21–22. El trigésimo dicho. De manera muy adecuada, el temor de Jehová (cf. comentario de
1:7) se menciona en el último de los 30 dichos. El Señor y el rey—ambos—son agentes que
castigan a los veleidosos (cf. Ro. 13:1–7; 1 P. 2:13–17). El quebrantamiento que pronto vendrá
puede referirse a los problemas que los rebeldes provocan en otros, o con mayor probabilidad, a
las calamidades que Dios y el rey pueden provocar sobre los rebeldes. La palabra hebr. trad.
“quebrantamiento” (pîḏ) se utiliza solamente aquí en Proverbios y cuatro veces en Job.

B. Dichos adicionales de los sabios (24:23–34)

Estos vv. presentan seis dichos adicionales de los sabios (V. el comentario de 22:17) y tienen
que ver con la justicia e injusticia en los tribunales, la honestidad, las prioridades, el falso
testimonio, la venganza y la pereza.

1. PRIMER DICHO (24:23–25)

24:23–25. Deuteronomio 1:17; 16:19; Proverbios 17:15; 18:5; 28:21 condenan el hacer
acepción de personas en los juicios. Permitir que el malo quede en libertad no es bueno tampoco
(cf. el comentario de 17:26); pervertir la justicia resulta en que se maldiga y denuncie a los líderes.
Por otro lado, ejercer justicia contra el malo atrae gran bendición sobre los jueces: éstos son, por
lo tanto, respetados y apreciados.

2. SEGUNDO DICHO (24:26)


24:26. La frase palabras rectas, “una respuesta sincera” (NVI99) son lit. “palabras justas y
derechas”. Esto podría relacionarse con los vv. 24 y 25. ¿Cómo pueden ser semejantes las palabras
honestas y los besos? Así como un beso sincero muestra afecto y es deseable, así una respuesta
honesta (y con toda probabilidad franca) demuestra la atención de una persona y, por lo tanto, se
le da la bienvenida.

3. TERCER DICHO (24:27)

24:27. La mayoría de los israelitas se dedicaban a cultivar la tierra y necesitaban arar el campo
y sembrar las semillas (i.e., preparar los campos: cf. el comentario de vv. 30–31) antes de que
buscaran otras comodidades. Sea que casa se tome lit. (construir una casa) o de manera figurada
(casarse o tener una familia), el principio es el mismo; es importante mantener las prioridades
correctas.

4. CUARTO DICHO (24:28).

24:28. Los vv. 23b–25 hablan de los jueces; los vv. 28–29 de los testigos en la corte. En
Proverbios (V. el comentario de 6:19) con frecuencia se prohíbe dar falso testimonio—y por lo
tanto, dañar la reputación de una persona o tomar injustamente cosas de ella, o aun quitarle la
vida. También se prohíbe en el noveno mandamiento (Éx. 20:16). Decir mentiras cuando uno
comparece ante la corte está mal (V. el comentario respecto al “engaño” en Pr. 12:20).

5. QUINTO DICHO (24:29)

24:29. Si este v. tiene relación con el 28 (en lugar de considerarlo como un dicho aparte),
entonces se refiere específicamente a lograr una venganza a través del perjurio. Si fuera un dicho
separado, entonces aquí se presenta una advertencia general en contra de tomar venganza (cf. Dt.
32:35; Sal. 94:1; Pr. 20:22; Ro. 12:19; He. 10:30).

6. SEXTO DICHO (24:30–34)

Algunas de estas declaraciones acerca del perezoso son similares a 6:6–11 (V. el comentario
ahí). El escritor hizo algunas observaciones acerca de la pereza (24:30–31), después reflexionó
acerca de ella (v. 32) y llegó a ciertas conclusiones respecto a sus consecuencias, las cuales dirigió
al perezoso (vv. 33–34).

24:30–31. El hombre perezoso, se utiliza 14 veces en Proverbios y se refiere a aquel que es


falto de entendimiento (V. el comentario de 6:32; 10:13). El perezoso no alista sus campos (cf.
24:27), sino que permite que crezcan los espinos y las ortigas (cf. 15:19), impidiendo así que las
cosechas crezcan. Además, no repara la cerca de piedra que las protege.

24:32–34. El escritor de estos vv. reflexionaba en lo que observaba y vio un consejo en ello: la
indolencia—quedarse en la cama y descansar cuando es tiempo de trabajar—lleva a la pobreza (V.
el comentario de 6:11). Sin tener cosechas que levantar, el perezoso no tiene para comer ni para
vender, por lo tanto, no tiene ingresos. De pronto se despierta a la realidad de su difícil situación;
la pobreza lo toma por sorpresa como caminante o de repente, como hombre armado, i.e.,
soldado al ataque. Es interesante que los 30 dichos empiezan con una referencia al pobre (22:22;
dal, “endeble, débil, desamparado”) y los seis dichos adicionales terminan con la referencia a la
pobreza (maḥsōr; “carecer, estar en necesidad”).

V. Los proverbios de Salomón recopilados por los hombres de Ezequías (caps. 25–29)

25:1. Los varones de Ezequías probablemente fueron escribas reales que copiaron (lit.,
“removieron”, i.e., de un libro o rollo a otro) más de 100 proverbios de Salomón. Eso sucedió
alrededor de 250 años después de haberse escrito. Los varones de Ezequías agruparon muchos de
esos proverbios en unidades de pensamiento similares.

25:2. Los vv. 2–7 son dichos acerca del rey. A pesar de que el rey con toda probabilidad era
Salomón, estos proverbios se aplicaban a todos los reyes de Israel y Judá. Dios ha escogido no
revelar todo acerca de sí mismo y sus planes (cf. Dt. 29:29). Eso significa que los reyes deben
investigar los asuntos a profundidad para tomar las decisiones correctas. Mientras que Dios se
goza en encubrir algunas cosas, los reyes se deleitan en ser investigadores.

25:3. Este v. es el primero de muchos vv. en los caps. 25–26 que hacen comparaciones
utilizando las palabras “como” o “así”; 9 se encuentran en el cap. 25 (vv. 11–14, 19–20, 25–26, 28)
y 12 en el cap. 26 (V. el comentario de 26:1).

Dios esconde de los reyes algo de su conocimiento, y los reyes esconden de sus súbditos algo
de su propia ciencia. Los monarcas tienen la responsabilidad de saber lo que está sucediendo y de
investigar los asuntos a profundidad (25:2), pero no necesitan revelar todo lo que saben. Las
palabras “escudriñarlo” del v. 2 y “no hay investigación” del v. 3 relacionan estos dos vv.

25:4–5. Así como se quitan las escorias de la plata (cf. 27:21), así el impío debe ser sacado de
la presencia del rey. Quitar a los funcionarios impíos (cf. 20:8, 26) permite que el rey tenga un
reinado justo. La última línea de 25:5 es casi idéntica a la de 16:12.

25:6–7. Está mal que una persona trate de promoverse a sí mismo ante un rey, alabándose
como si fuera grande cuando en realidad no lo es. Es mucho mejor que el rey lo promueva y no
que sea humillado enfrente del príncipe cuya posición el codicioso desea. Cristo ilustró esto en
una parábola (Lc. 14:7–10).

25:8. En hebr., las palabras “a quien han mirado tus ojos” son las últimas palabras del v. 7 (cf.
RVR60, BLA, NVI99). Algunas versiones (e.g., NC) colocan esas palabras al principio del v. 8. La
frase hace que el v. 7 sea demasiado largo para ser un proverbio, y tiene mucho menos sentido ahí
que junto con el v. 8.

El v. 8 advierte en contra de llevar apresuradamente a una persona ante el juez (cf. 24:28). La
razón es que el demandante podría perder el caso y ser avergonzado, porque lo que piensa que
vio, tal vez no fue lo que pasó en realidad.

25:9–10. Al proveer evidencia en contra de un compañero en caso de juicio, el demandante


podría verse forzado a traicionar la confianza de su compañero. Como resultado de ello, el amigo
podría avergonzarlo y el demandante podría sufrir la irreparable pérdida de su reputación. Es muy
riesgoso acusar a otros públicamente en la corte.
25:11–12. Una palabra apropiada dicha en el momento adecuado como conviene (cf. 15:23;
24:26)—que en ocasiones podría ser una reprensión (V. el comentario de 1:23)—puede ser
atractiva y de valor, como la manzana de oro puesta de relieve en una escultura o figura de plata,
o como un zarcillo de oro o cualquier otro joyel de oro.

25:13. La nieve en las montañas (no la que caía sobre las cosechas en la estación de sequía) es
refrescante durante el tiempo de la siega. De manera similar, el mensajero fiel es refrescante para
aquel que lo envía (cf. 13:17). En 10:26 y 26:6 hay referencia a un mensajero en quien no se puede
confiar.

25:14. Las nubes y vientos por lo regular presagian lluvia. Pero si no llega la lluvia, los
granjeros se desilusionan profundamente. De manera similar, la gente que dice que va a dar
regalos, pero nunca cumple su promesa, es motivo de frustración para los supuestos receptores.
No se debe prometer algo si se sabe que no se va a cumplir.

25:15. La paciencia y la lengua blanda (lit., “delicada”; cf. 15:1) pueden ser inusualmente
influyentes, logrando mucho más que la impaciencia y las palabras ásperas. La lengua blanda que
rompe los huesos es una figura inusual del lenguaje—¿cómo podría una lengua quebrar un hueso?
La idea es que las palabras dichas con suavidad pueden lograr cosas muy difíciles. Para persuadir al
príncipe a que haga algo difícil también se requiere de paciencia.

25:16–17. Así como el comer demasiada miel puede provocar un problema estomacal (cf. v.
27; 27:7), visitar a un vecino con demasiada frecuencia, puede provocar que llegue a hastiarse del
frecuente visitante. Abusar de cualquier cosa provoca dificultades. Detén tu pie (“no frecuentes”,
NVI99) es lit. “haz precioso”, i.e., “hazlo valioso” por su rareza. Una persona debe abstenerse de
visitar frecuentemente a su vecino, para evitar ser un fastidio, pero debería visitar lo suficiente
como para que se valoren sus visitas.

25:18. Dar falso testimonio en la corte en contra de su prójimo (V. el comentario de 6:19)
puede destruir, dividir o herir como un martillo … cuchillo y saeta. La mentira puede herir el
carácter de la persona y aun destruir su vida tan efectivamente como las armas.

25:19. Un diente roto y un pie descoyuntado pueden ser problemas, especialmente porque la
persona los necesita para comer y caminar. De la misma manera, confiar en un infiel puede ser
decepcionante y problemático. Job expresó esa preocupación respecto a sus amigos (Job 6:14–15).
Un ejemplo de una persona no confiable es aquella que miente en la corte (Pr. 25:18).

25:20. Tratar de animar por medio de canciones a una persona que se encuentra desanimada
o deprimida (afligido) es tan cruel como robarle su ropa en tiempo de frío. También es como
derramar vinagre sobre el jabón (i.e., carbonato sódico, BLA, nota mar.); no sirve de nada y
provoca una reacción violenta. Ser insensible e inmisericorde, causa mucho daño.

25:21–22. Mostrar amabilidad al enemigo—darle de comer pan y beber agua—es como


amontonar ascuas sobre su cabeza (este dicho fue citado por Pablo en Ro. 12:20). Algunas veces la
fogata de una persona se apagaba y necesitaba que alguien le prestara carbones encendidos para
prenderla de nuevo. Dar carbones a una persona en una vasija para que los llevara hasta su casa
“sobre su cabeza” era un acto de amabilidad y de buenos vecinos; lograba hacer amigos, no
enemigos. La bondad mostrada hacia el enemigo al brindarle comida y bebida lo haría
avergonzarse por su enemistad y también atrae la bendición de Dios sobre el benefactor. La
compasión, y no la venganza, debe ser una característica de los creyentes (cf. Pr. 24:29). Es posible
que el ritual de expiación egipcio arroje luz sobre el significado de este pasaje. El culpable de
alguna transgresión tenía que llevar un recipiente con carbones encendidos sobre su cabeza como
símbolo de arrepentimiento. Así que tratar al enemigo con bondad puede provocar que éste se
arrepienta.

25:23. Tal como un israelita podría predecir las consecuencias de un viento del norte, así se
pueden predecir las consecuencias de una lengua detractora (lit., “una lengua de secretos”, i.e.,
una lengua calumniadora). El primero ahuyenta la lluvia y la segunda provoca un rostro airado. La
calumnia produce ira. Sin embargo, en Palestina la lluvia no proviene normalmente del norte. Así
que es posible que este dicho se haya originado fuera de Palestina (Derek Kidner, The Proverbs: An
Introduction and Commentary, “Proverbios: Introducción y Comentario, pág. 160).

25:24. La soledad en un lugar estrecho, pero con paz, es mejor … que (cf. comentario de 12:9)
vivir en una casa espaciosa con una esposa rencillosa y peleonera. Este v. es casi idéntico a 21:9
(también cf. 21:19).

25:25. El impacto de recibir buenas nuevas (cf. 15:30) de parte de un amigo o de algún
familiar que vive en lejanas tierras es como un trago de agua refrescante para el alma sedienta.
En los tiempos bíblicos las noticias llegaban con lentitud; así que después de la salida de la ciudad
de un ser querido o un amigo a una tierra lejana pasaban largos períodos de espera ansiosa.

25:26. El justo que permite que su reputación se vea cuestionada es como el agua pura que
queda contaminada y arruinada por el lodo y otros contaminantes. El valor de una fuente o de un
manantial puro en un país árido le da fuerza a este dicho. Una vez que un manantial o un pozo se
contaminan puede que nunca más puedan purificarse, y desilusiona a todo aquel que se llega a él
por un trago de agua. El justo que peca desilusiona a los que lo consideran ejemplo.

25:27. Buscar exaltarse a sí mismo (buscar la propia gloria; cf. v. 6; 27:2) es tan malo como
comer demasiada miel (cf. 25:16; 27:7). Ambos provocan problemas.

25:28. Sin un muro, la ciudad quedaba expuesta al ataque de sus enemigos. Una persona
indisciplinada, cuyo espíritu no tiene rienda (cf. 14:17, 29; 16:32; 29:11) también se hace
vulnerable ante las adversidades.

26:1. Doce vv. de este cap. son comparaciones que utilizan la palabra como (cf. comentario de
25:3). Los vv. 1, 3–12 se refieren a un necio o a los necios. Que caiga nieve en el verano o que
caiga la lluvia en la siega es inapropiado, altamente inusual y potencialmente dañino para las
cosechas. Poner a un necio en lugar de honra (cf. 26:8) es igual de incorrecto (cf. 19:10) y puede
dañar a los que lo sigan como modelo.

26:2. La naturaleza impredecible y vaga del vuelo de un pájaro demuestra la incapacidad de


una persona de maldecir a otra que no merece ser maldecida. Balaam experimentó el mismo
impedimento (Nm. 23:8).
26:3. Así como se motiva a un caballo con un látigo para andar y a un asno con el cabestro y
no por medio de la razón, así el necio necesita ser controlado por la vara (castigo físico), porque
no responde a la dirección de su intelecto (cf. 10:13; 14:3; 19:29).

26:4–5. Estos dos dichos van juntos; se complementan entre sí. El concepto es que uno no
debe rebajarse al nivel del necio (v. 4) pero a veces se debe usar el idioma del necio para refutarlo
y para que no se enorgullezca (v. 5; cf. vv. 12, 16). La sabiduría es necesaria para determinar
cuándo debe aplicarse el v. 4 y cuando el v. 5. El Talmud judío sugiere que el v. 4 se refiere a los
comentarios necios que pueden ignorarse y que el v. 5 se refiere a las ideas equivocadas que
deben corregirse. El pronombre tú del v. 4 es enfático y podría trad. “tú, aun tú”.

26:6. Enviar recado por mano de un necio es inútil y riesgoso. Es como cortarse los pies, i.e., el
mensaje no llegará a su destino; es como si el remitente tratara de entregarlo en persona
caminando largas distancias sin pies. Beber su daño es lastimarse a sí mismo, así como lo es
confiar en un mensajero infiel.

26:7. No se puede confiar en un necio para entregar un mensaje (v. 6); asimismo, un
proverbio en su boca (cf. v. 9) es tan inútil como las piernas del cojo (cf. 25:19). El necio no sabe
qué hacer con un proverbio; no lo entiende ni lo aplica. Los pies (26:6) y las piernas (v. 7) vinculan
estos dos vv.

26:8. Carece de todo sentido y es peligroso amarrar una piedra en la honda. La piedra podría
soltarse y herir al lanzador. Así que darle la honra al necio, a quien es inapropiado dar honor (v. 1),
no tiene sentido y puede dañar la reputación de quien se la otorga. Su sabiduría podría ser
cuestionada.

26:9. Como se vio en el v. 7, el proverbio en la boca del necio es inútil. Aquí se le compara con
espinas hincadas en las manos del embriagado. Eso podría significar algo de lo siguiente: (1) El
ebrio puede lastimar a otros si lanza las espinas. (2) Podría ser tan insensible al dolor, que no
siente las espinas en su mano. Así, el necio es insensible a la sabiduría. (3) Un hombre que está tan
ebrio que no puede sacarse una espina de la mano es como un necio que no puede aplicar el
proverbio que cita (Robert L. Alden, Proverbs: A Commentary on an Ancient Book, of Timeless
Advice, “Proverbios: Comentario sobre un libro antiguo con consejos siempre vigentes pág. 187).
Posiblemente el primer significado es el mejor.

26:10. La insensatez de un empleador al contratar a los insensatos y vagabundos es como el


arquero que con violencia descontrolada (cf. v. 18) tira indiscriminadamente sin tener un blanco. A
la larga, emplear a“cualquiera” perjudicara al empleador.

26:11. Como el perro que vuelve a su vómito (citado en 2 P. 2:22), así es el necio que no
puede aprender de la experiencia. Él repite su necedad a pesar de que sus hábitos son horribles.

26:12. Al concluir esta serie de declaraciones respecto al necio (vv. 1, 3–12) este dicho dice
que ser necio es mejor que ser sabio en su propia opinión (cf. vv. 5, 16). El orgullo o
envanecimiento ciega a la persona en cuanto a su necesidad; al menos un necio puede reconocer
que necesita corrección.
La última parte del v. 12 se repite en 29:20b. En Proverbios se menciona con frecuencia el
orgullo y el ser orgulloso (3:34; 8:13; 11:2; 13:10; 15:25; 16:5, 18–19; 18:12; 21:4, 24; 29:23; cf.
26:5, 12, 16).

26:13. Los vv. 13–16 hablan del perezoso (cf. 6:6–11). El perezoso, toma medidas extremas
para no salir de su casa, tal como decir que un león está en las calles (V. el comentario de 22:13).

26:14. El perezoso, a pesar de que se la pasa dando vueltas en su cama, parece estar anclado a
ella como la puerta a las bisagras. Ni siquiera hará acopio de la fuerza necesaria para levantarse.

26:15. Este cuadro de un perezoso que se muere de hambre porque se niega a llevar su mano
… a su boca también se encuentra en 19:24 (V. el comentario ahí).

26:16. En su orgullo (cf. vv. 5, 12), el perezoso piensa que es más inteligente que todos los
demás (siete hombres). Pero sus respuestas carecen de toda discreción (lit., “delicadeza”).

26:17. Los vv. 17–28 se refieren a los pleitos (vv. 17, 20–21), al engaño (vv. 18–19, 24–26), al
chisme (vv. 20, 22) y a la mentira (vv. 23, 28). Aquel que toma al perro por las orejas puede estar
seguro de que lo morderá. Así es el que pasando casualmente se deja llevar (lit., “se deja excitar
por”) de la ira en pleito ajeno. Al hacer eso se mete en problemas por interferir en una situación
que desconoce.

26:18–19. Una vez más se menciona a un tirador de arco desenfrenado (cf. v. 10) para ilustrar
a un buscapleitos. Después de engañar a su amigo trata de evitar que lo acusen diciendo que lo
hizo en broma. Pero ese humor es de muy mal gusto. Su engaño ya ha hecho daño como hace una
saeta mortal.

26:20–21. El fuego y la contienda vinculan estos dos vv. Donde no hay chismoso, cesa la
contienda (cf. chisme en 11:13; 16:28; 18:8; 20:19; 26:22) y cuando se quita el combustible, se
apaga el fuego (v. 20). Por el contrario, las rencillas contribuyen para encender (lit., “calentar”)
contienda (cf. 17:1; 18:6; 20:3; 22:10; 23:29; 30:33) así como el carbón y la leña encienden el
fuego.

26:22. V. el comentario de 18:8, donde se dice el mismo proverbio. Aquí el murmurar de otros
se relaciona con 26:20–21.

26:23. Como escoria (“baño”, NVI99) de plata se refiere a una cubierta atractiva puesta sobre
una olla de barro. Esto se relaciona con los labios lisonjeros (dālaq, “quemar o encender”) y el
corazón malo. El que trata de disfrazar sus motivaciones y carácter malévolo por medio de un
discurso elocuente, es como si bañara un jarro de barro con plata. (Nótese la referencia de Jesús
en Lc. 11:39 respecto a la limpieza externa de un vaso y un plato; también V. Mt. 23:27).

26:24. Los vv. 24–26 extienden la idea del v. 23 (labios … corazón y el hablar vinculan los vv.
23–25). El malicioso planea engaño (cf. v. 19), pero trata de disimularlo con su hablar suave
(“labios”).

26:25. Este v. advierte en contra de ser engañado por el malicioso que habla amigablemente
(cf. vv. 23–24), pero cuyo corazón (cf. vv. 23–24) está lleno de siete (i.e., numerosas; cf. siete
hombres, v. 16) abominaciones (cf. 6:16–19).
26:26. Su odio (śin ’âh) se trad. igual en 10:12, 18; 15:17 (cf. el vb. śānē’, “atormenta” en
26:28; “odia” BLA). A pesar de que un bribón puede esconder sus verdaderos sentimientos
temporalmente por medio del engaño, a la larga saldrán a la luz. La congregación se refiere a
cualquier grupo que se reúne con algún propósito. Posiblemente ese grupo se reunía para impartir
justicia.

26:27. El tema de este v. y de Salmos 7:15; 9:15; 35:8; 57:6 es la destrucción por artimañas
personales. Si Proverbios 26:27 se relaciona con los vv. 23–26, la verdad que enseña es que
cualquier intento de atrapar o destruir a otros a la larga se revertirá sobre el que idea el complot
(cf. 1:18–19; 28:10). Muchas veces se afirma en Proverbios que el pecado tiene un efecto de
bumerán.

26:28. La gente que miente es en realidad odiosa (V. el comentario acerca de la malicia en v.
26); desea dañar a otros al tratar de socavar su reputación. Y quienes adulan para ayudarles a
conseguir sus propósitos egoístas y engañosos (cf. vv. 23–26) se atormentan a sí mismos, a sus
víctimas, o a ambos.

27:1. Dieciséis de los 27 vv. de este cap. tratan de las relaciones interpersonales (vv. 2–6, 9–
11, 13–18, 21–22). Esta advertencia acerca de la incertidumbre del mañana se repite en Stg. 4:13–
16. La palabra hebr. para jactancia se trad. “alabar” en los vv. 2 y 21. Una persona no debería
alabarse por lo que hará el día de mañana, porque en realidad no hay manera de saber a ciencia
cierta lo que dará de sí el día.

27:2. Alabarse a sí mismo es una evidencia de orgullo, y por lo tanto, es incorrecto hacerlo. No
solamente la persona debería abstenerse de jactarse de lo que hará (v. 1); también debería
abstenerse de gloriarse sobre lo que ha hecho.

27:3. Los vv. 3–6 hablan de algunas relaciones interpersonales. El peso de la provocación del
necio es demasiado pesado. De hecho, es más pesado que la piedra y más molesto que la arena.
Por lo tanto, el sabio no debería reaccionar frente a un necio a pesar de que sus actos y palabras
sean provocativas.

27:4. Cuando una persona está enojada y furiosa puede ser muy cruel hacia los demás. Sus
palabras y acciones podrían provocar que otros se acobardaran. Pero la envidia es aún peor,
porque puede incluir ira, furor y un inmisericorde deseo de venganza, como se ilustra en 6:32–35.
¿Quién podrá sostenerse delante de la envidia? es una de las pocas preguntas retóricas de
Proverbios.

27:5. Si el amor de una persona es genuino, no tendrá temor de reprender a su amigo por una
falta que haya cometido. Exhortar (V. el comentario de 1:23) es mejor que el amor oculto (lit.,
“cerrado, retirado”). En otras palabras, el corregir una falta de alguien es evidencia de amor, pero
no hacerlo demuestra que se ha retirado el amor de esa persona. Este v. es uno de los 19 vv.
“mejor … que” de Proverbios (V. el comentario de 12:9).

27:6. El que aborrece (lit., “uno que odia”) podría parecer amigable por sus besos y un
verdadero amigo (lit., “el que ama”) podría parecer un enemigo por las heridas que provoca
(probablemente dolor interno que resulta por ser reprendido o criticado; v. 5). Sin embargo, e
irónicamente, las reprensiones podrían ser las expresiones más genuinas de amistad.
27:7. Si una persona está saciada de comida, entonces despreciará la miel que en
circunstancias normales sería muy apetecible. Por el contrario, para el hambriento, aun lo amargo
es dulce, puesto que satisface su necesidad de comida. Este v. podría estar enseñando que la
actitud personal hacia las posesiones materiales depende de cuánto se tenga. Los que tienen
mucho no aprecian tanto el valor de un regalo como aquellos que tienen menos.

27:8. Este v. podría estar hablando en contra de la persona que abandona sus
responsabilidades en el hogar y también sus comodidades. Así como el ave que se va de su nido
demasiado temprano o demasiado lejos se complica la vida, así la persona demasiado joven que se
va muy pronto de su hogar podría darse cuenta de que no puede cuidarse a sí misma (e.g., el hijo
pródigo, Lc. 15:11–32).

27:9. El cordial consejo de un amigo es tan dulce y agradable como la fragancia del ungüento
y el perfume. El consejo genuino muestra que una persona se preocupa por su amigo.

27:10. Este proverbio está diseñado para exaltar la amistad a largo plazo y no para denigrar los
lazos familiares. Normalmente en tiempos de adversidad, el hermano (pariente) es de gran ayuda
(17:17). Pero si un hermano vive demasiado lejos, entonces el vecino que vive cerca puede dar
mucho más apoyo (cf. 18:24).

27:11. Este es el único v. en los caps. 25–29 que incluye el término hijo mío (V. el comentario
de 1:8). Nuevamente Proverbios afirma el hecho de que un hijo sabio trae alegría al padre (cf.
10:1; 15:20; 23:15, 24; 29:3). De hecho, tener un hijo que es sabio también significa que un padre
puede responder a los que lo acusen de ser un padre incompetente. El hijo que lleva una vida de
sabiduría es evidencia de que ha recibido una buena educación.

27:12. Este v. es casi idéntico a 22:3 (V. el comentario ahí).

27:13. Este proverbio es igual a 20:16 (V. el comentario ahí y en 6:1–5).

27:14. Bendecir (i.e., alabar o elogiar) a un amigo es encomiable, pero no debe hacerse
madrugando de mañana. Es muy importante tomar en cuenta el tiempo y ser sensibles a los que
están durmiendo. El tiempo equivocado para una buena acción provoca que ésta sea recibida
como una maldición.

27:15–16. Una gotera continua es la ilustración de la naturaleza irritante de una mujer


rencillosa (cf. 19:13 y el comentario ahí). Como una gotera en tiempo de lluvia, ella es un fastidio
y nunca cesa en sus contenciones. Es tan difícil de controlar como el viento. Tratar de refrenar su
espíritu contencioso es tan imposible como tratar de sujetar el aceite en la mano. La tal mujer es
inestable y resbalosa.

27:17. Cuando se frota hierro con hierro éste se moldea y se aguza. De manera similar, la
gente puede ayudarse entre sí a mejorar por medio de las discusiones, críticas, sugerencias e
ideas. Acerca de la influencia en la vida personal de los compañeros, sean éstos buenos o malos, V.
13:20; 22:24–25. La esposa quejumbrosa (27:15) provoca a ira al esposo.

27:18. Nutrir y cultivar una higuera es necesario si es que el agricultor desea tener una buena
cosecha de higos (cf. 12:11; 28:19); y un siervo que atiende las necesidades de su señor, tendrá
honra. En otras palabras, trabajar bien produce resultados favorables.
27:19. En hebr., este v. no es muy claro; lit. dice, “Como agua cara a cara, así es el corazón de
hombre a hombre”. Así como el agua refleja el rostro de una persona como un espejo, de la
misma manera el corazón o la mente de la persona refleja lo que en realidad es. O de la manera
que el agua refleja un rostro, así los pensamientos (expresados en palabras) reflejan la
personalidad del hombre.

27:20. La tumba (acerca de el Seol y el Abadón V. el comentario de 15:11) está personificada


como quien tiene hambre. Pareciera que siempre desea que otro muera. De la misma manera, los
ojos del hombre nunca están satisfechos. Constantemente, la gente quiere ver y poseer cosas
nuevas (cf. Ec. 1:8).

27:21. El crisol prueba y refina la plata (cf. 25:4) y el oro, demostrando lo que esos metales
son en realidad (la primera línea de 27:21 es muy semejante a 17:3). La alabanza prueba a una
persona de manera similar, pues sus reacciones demuestran lo que en realidad es. Si se jacta,
demuestra ser arrogante: él “sabe” que es demasiado bueno. Pero si la acepta con modestia,
demuestra su humildad.

27:22. El necio (’ĕwîl, “un necio arrogante y endurecido”; V. el comentario de 1:7) y su


necedad son tan inseparables que si se le castiga vez tras vez, como con un mortero entre granos
de trigo majados con el pisón, seguirá siendo necio.

27:23–27. Estos 5 vv. son un tratado breve acerca de la vida en una sociedad agrícola. Con
anterioridad se discutieron en un bloque de 5 vv. las consecuencias de la pereza (24:30–34). Un
granjero debe cuidar sus ovejas y sus rebaños porque son mejor inversión que muchas otras
cosas. Las ovejas y los rebaños se multiplican a través de sus crías, pero el dinero se va cuando se
gasta (cf. 23:5). Ser un rey (tener una corona) no dura. La grama y la hierba proveen comida para
el ganado, el cual a su vez suple las necesidades de vestido (la lana de los corderos), dinero (por
vender los cabritos) y leche y comida para la familia y los sirvientes. Es importante cuidar los
recursos personales, trabajar duro y reconocer la provisión de Dios a través de la naturaleza.

28:1. Tal como los caps. 10–15, los caps. 28–29 tienen varios vv. antitéticos, vv. de contraste
en los cuales la segunda línea se introduce con “mas” o “pero”. Dieciocho vv. de contraste se
encuentran en el cap. 28 (vv. 1–2, 4–5, 7, 10–14, 16, 18–20, 25–28) y 14 en el cap 29 (vv. 2–4, 6–8,
10, 11, 15–16, 18, 23, 25–26). En estos dos caps. se mencionan con frecuencia los gobernantes,
reyes y otras personas en el poder (28:2–3, 12, 15–16, 28; 29:2, 4, 12, 14, 26). Cinco de las seis
referencias de Proverbios a la ley se encuentran en estos dos caps. (28:4 [dos veces], 7, 9; 29:18;
cf. 31:5). Otros temas frecuentes son el pobre y la pobreza (28:3, 6, 8, 11, 19, 22, 27; 29:7, 13–14),
el impío (28:1, 4, 12, 15, 28 [dos veces]; 29:2, 7, 12, 16, 27) y el justo (28:1, 12, 28; 29:2, 6–7, 16,
27).

La conciencia culpable del impío le hace huir de perseguidores imaginarios (28:1). Sabiendo
que ha hecho mal, sospecha que los oficiales policiacos lo persiguen. En contraste, el justo es
sabio (i.e., confiado; cf. 31:11) como un león. Dios le da valor y no teme a las represalias por haber
actuado mal.

28:2. La inquietud y la rebelión de una nación resultan en el derrocamiento de sus


gobernantes. Por ejemplo, el reino del norte de Israel tuvo muchos reyes, 20 en nueve dinastías.
Sin embargo, el pueblo se mantiene estable en una nación gobernada por reyes buenos que
poseen discernimiento y conocimiento acerca de cómo conducirla.

28:3. La palabra hebr. hombre es trad. de dos vocablos que son lit., geḇer “hombre fuerte”, y
rāš; “hombre pobre”, i.e., “indigente” o “hambriento” vv. 6, 27. Cuando un hombre fuerte y a la
vez pobre oprime a los más pobres (dal, “débil, necesitado, desesperanzado”; V. el comentario de
10:15) que él, está atacando a alguien que de alguna manera es como él, y que podría ser su
amigo. Tal crueldad y perversión de justicia es como lluvia torrencial que “arrasa la cosecha”
(NVI99) en lugar de proveer pan.

28:4. Oprimir al pobre (v. 3) es un ejemplo de desobediencia a la ley de Moisés (cf. “ley” en los
vv. 7, 9). Cuando la gente deja de obedecer los mandatos de Dios, por lo regular comienza a alabar
a los impíos y a asociarse con ellos. Sin embargo, los que guardan la ley (cf. v. 7), contienden
contra quienes la violan, procurando hacer que la justicia prevalezca (cf. 18:5; 24:25).

28:5. Cuando la gente desobedece a la ley y al Señor, se pervierte su sentido de justicia y


moralidad. Aun le es difícil entender (“tener discernimiento acerca de”) el juicio. Por otro lado, los
justos que buscan a Jehová, tienen convicciones fuertes acerca de lo que es la justicia.

28:6. Este v. es casi idéntico a 19:1, excepto que en aquel los “labios” del necio (sus palabras)
son perversas, mientras que aquí el de perversos (‘iqqēš “torcidos”; V. el comentario de 2:15)
caminos es el rico. Posiblemente esto sugiere que un hombre rico y perverso es un necio. Es mejor
ser pobre (rāš, “indigente”; cf. 28:3, 27) y honesto (camina en su integridad, “moralmente
completo”; cf. 2:7, 21; 11:5; 28:10, 18) que rico e impío. Este es el último de los diecinueve
proverbios mejor … que (V. el comentario de 12:9).

28:7. Un hijo que obedece la ley (cf. v. 4) es prudente; tiene discernimiento. La palabra hebr.
que se trad. prudente es “entendido” en el v. 2. Relacionarse con los glotones es una necedad y
demuestra falta de discernimiento, pues puede llevar a una persona a seguir el camino de la
embriaguez, pereza e, irónicamente, a la pobreza (cf. 23:20–21). Además, el hijo glotón trae
desgracia sobre su padre. Esto implica que el hijo sabio (28:7a) es motivo de gozo para su
progenitor.

28:8. Una persona que cobra crecido interés sobre los préstamos a otros y se enriquece por
ello, a la larga perderá todas sus riquezas, las cuales serán repartidas entre los pobres (dal, “débil,
desvalido”; cf. vv. 3, 11 y V. el comentario de 10:15). La justicia finalmente prevalecerá sobre la
injusticia.

28:9. Rehusarse a obedecer la ley de Dios (cf. vv. 4, 7) tiene resultados desastrosos. Las
oraciones de quienes lo hacen son hipócritas. Por lo tanto, Dios aborrece tales plegarias y no las
contesta (cf. 15:8; Sal. 66:18; Is. 59:2). Si una persona no escucha (para obedecer) al Señor, él
tampoco le escuchará a él.

28:10. El que provoca que el justo peque se verá envuelto en sus propios engaños (cf. 1:18;
26:27). En contraste, los perfectos (cf. 28:6, 18) serán enriquecidos. El impío que provoca que
otros se pierdan de pronto se encuentra atrapado y muere, pero los justos siguen viviendo, y
reciben la herencia de sus padres.
28:11. El rico y el pobre (dal, “débil, desvalido”; V. el comentario de 10:15) se ponen una vez
más en contraste (cf. v. 6). El pobre que posee discernimiento puede escudriñar la fachada
engañosa del rico y orgulloso que piensa que lo sabe todo (cf. sabio en su propia opinión en 26:5,
12, 16). Tener dinero no significa que una persona es sabia. La palabra “entendido”
(“discernimiento”) se trad. igual en 28:2 y “prudente” en el v. 7.

28:12. Como en los vv. 1 y 28, el justo y el impío se ponen en contraste. Cuando los líderes
justos gobiernan una nación, el pueblo está contento (cf. 11:10), porque hay orden (cf. 28:2) y
justicia. Mas cuando … los impíos están en el liderazgo, la gente buena tiene que esconderse
(también se dice en el v. 28a) para alejarse de la opresión (cf. vv. 15–16) que les provoca gemidos
(29:2).

28:13. Después de que una persona ha cometido pecados puede tratar de encubrirlos (trad.
“cubrir” en 17:9) de Dios y de los demás. Pero esconder el pecado no da buenos resultados. El
padre de Salomón, David, lo sabía por experiencia personal (Sal. 32:3–4). Es mucho mejor tratar
con el pecado confesándolo y apartándose de él. David aprendió que la confesión atrae la
misericordia y el perdón de Dios (Sal. 34:5; 51:1–12).

28:14. La palabra Dios que encontramos en la RVR60 no se encuentra en el hebr. (cf. BLA). El
vocablo teme es trad. de pāḥaḏ “temer” como en 1:33; 3:24–25. En el 1:7; 3:7 la palabra para
“temer” es yārē’ “reverenciar”. Probablemente entonces, 28:14 se refiere al temor o miedo a las
consecuencias del pecado (cf. v. 13). Una persona que tiene este tipo de temor será feliz
(bienaventurado; cf. Sal. 1:1) y no endurecerá su corazón ni caerá en el mal (cf. Pr. 29:1).

28:15–16. Estos vv. abundan sobre el peligro de un impío que llega a un puesto de poder,
tema que fue introducido en el v. 12. Un príncipe impío es cruel y devastador como un león (cf.
19:12; 20:2) o como un oso. El pobre es el desvalido (dal, que regularmente se trad. “pobre”,
como en 28:3, 8, 11). Un rey que se comporta como un tirano es falto de entendimiento y carece
de sentido común (V. el comentario de 6:32; 10:13). Por el contrario, una persona que no abusa de
su poder para obtener ganancias personales (cf. “tesoros de maldad” en 10:2 y “dado a la codicia”
en 1:19) prolongará su vida. Eso implica que un tirano no vive por mucho tiempo.

28:17. La conciencia culpable de un asesino lo azuza y atormenta de tal manera, que trata de
escapar del castigo. Su única salida es el sepulcro, i.e., la muerte. Está mal si alguien trata de
consolarlo o salvarlo, porque no es correcto ayudar a un criminal. La simple declaración y nadie le
detendrá se trad. como imperativo en la NVI99 (“¡Que nadie le brinde su apoyo!”) y en la BLA
(“que nadie le apoye”). Sin embargo, sí se insta a ayudar a los inocentes (24:11–12).

28:18. El que camina en integridad (V. el comentario del v. 6) será salvo (cf. 1:33; 3:23; 18:10;
28:26), mas la persona cuyos caminos son perversos (de ‘āqaš, “torcer”; cf. el adjetivo ‘iqqēš del v.
6; 2:15) caerá. En 10:9 y 28:10 se presentan conceptos similares.

28:19. Este v. es casi idéntico a 12:11 (V. el comentario ahí). El granjero que labra con ahínco
tendrá suficiente para comer (cf. 27:18). En contraste con el diligente, el indolente que sigue a los
ociosos no acabará su trabajo y pronto se llenará de pobreza, no de comida (cf. 14:23).

28:20. La manera de recibir muchas bendiciones es siendo fiel (hombre de verdad), no


utilizando artimañas para enriquecerse de la noche a la mañana. El que se apresura a
enriquecerse con frecuencia se verá impelido a utilizar procedimientos engañosos y deshonestos
(cf. 13:11; 20:21), dando como resultado que la persona sea castigada por la ley o con la pobreza,
o por ambas (cf. 28:22). Otras personas que no pasarán sin culpa se mencionan en 6:29; 11:21;
16:5; 17:5; 19:5, 9.

28:21. No es bueno ser parciales (cf. 18:5; 24:23). Este es el último de los seis dichos de
Proverbios que utilizan la frase “no es bueno” (17:26; 18:5; 19:2; 24:23; 25:27; 28:21). En los
litigios, algunos jueces hacen acepción de personas, dando preferencia a los que los sobornan con
algo tan pequeño como un bocado de pan. Es irónico que la justicia sea tan fácilmente pervertida,
especialmente cuando el soborno se denuncia tan drásticamente (V. el comentario de 6:35).

28:22. El avaro es lit., “un hombre con un ojo de maldad” (V. el comentario de 23:6).
Irónicamente, el que trata de ser rico apresuradamente y con avaricia (cf. 28:20) terminará en la
pobreza, lo opuesto a su meta (cf. 11:24b).

28:23. Es muy difícil dar una reprensión oportuna en lugar de ignorarla o de adular a la
persona en vez de reprenderla (cf. 29:5). Pero al final (después) el sabio lo agradece (cf. 27:5; V. el
comentario de 1:23). Acerca de la palabra gracia V. el comentario de 8:35.

28:24. El hijo que de todo corazón dice que no es maldad robar a sus padres (cf. 19:26) viene a
ser un destructor. Al avergonzarlos (cf. 28:7) se porta como el hombre destruidor. Es decir, ha
destruido su reputación honorable y su paz mental.

28:25. El altivo de ánimo es lit., “grande de alma” y se refiere al apetito descontrolado y


codicioso de poseer cosas materiales. La avaricia es egoísta y resulta en contiendas y problemas.
De esa manera, el altivo es compañero del engañador (6:14), el odio (10:12), la ira (15:18), la
perversidad (16:28) y el enojo (29:22). Por el contrario, el que confía en Jehová y no en las
riquezas obtenidas con avaricia, prosperará (cf. 11:25).

28:26. En contraste con el que confía en el Señor (v. 25) se encuentra la persona que confía en
su propio corazón (cf. 14:12). Este es necio (kesîl, “tonto, cabeza dura”; V. el comentario de 1:7). El
sabio que no depende de sí mismo, será librado (cf. 3:5–6; 28:18; 29:25).

28:27. Ser generoso con el pobre (rāš, “indigente, hambriento”, también usado en vv. 3, 6; cf.
29:7) no significa que el dador tendrá que padecer necesidad, más bien, que no tendrá pobreza.
La generosidad recibe su recompensa (cf. 11:24–25; 14:21b, 31b; 19:17; 21:26; 22:9; Dt. 15:10).
Sin embargo, la persona que ignora las necesidades del pobre tendrá muchas maldiciones de
parte de ellos (cf. Pr. 11:24b, 26a).

28:28. La primera parte de este v. es como el v. 12b. La segunda parte del v. 28 añade otro
concepto: Cuando los impíos perecen (cf. 11:10), como sucederá con seguridad, los justos se
multiplican (lit., “se hacen grandes”; cf. 29:2) y no tienen que ocultarse.

29:1. Un hombre que endurece la cerviz, i.e., que es duro y rehúsa arrepentirse o someterse a
la corrección (reprendido; V. el comentario de 1:30), de repente será quebrantado (cf. 1:27; 6:15;
10:25a; 28:18) por la muerte. Ya no habrá para él medicina alguna.

29:2. Cuando los líderes justos dominan (controlan, lit., “se hacen grandes”; cf. 28:28, que
podría tener este significado) dentro de un gobierno, el pueblo se alegra, porque viven más
seguros y prósperos. Mas cuando domina el impío, el pueblo gime (cf. 28:12) debido a la cruel
opresión (cf. 28:15; 29:16).

29:3. El gozo del padre del sabio (cf. 10:1; 15:20; 23:15, 24; 27:11) se contrasta con los bienes
que un hijo derrocha con las rameras. De acuerdo con 2:12, 16; 5:1–3, 7–11 la sabiduría lo
mantiene alejado del adulterio.

29:4. El juicio produce estabilidad y alegría (cf. vv. 2, 7, 14; 14:34; 16:12; 20:8, 26; 21:15;
28:12) en la nación, mientras que un líder avaro contribuye a su caída. El que exige presentes, i.e.,
sobornos, es lit., “hombre de dádivas y contribuciones”. La palabra hebr. para “presentes” por lo
regular se refiere a las ofrendas sagradas; aquí podría referirse a los impuestos. Roboam ilustra la
verdad de este proverbio (1 R. 12:1–19), el cual pudo haber escuchado de labios de su padre
Salomón.

29:5. Lisonjear es lit., “ablandar a una persona”. En 2:16 se trad. “halaga” y en 7:5 se vierte
“ablanda sus palabras”. Esta seducción del 29:5 es un hablar suave que engaña y su intención es
dañar. Sin embargo, un adulador sufre por ello (cf. 26:28). Se ve atrapado en la misma red que
tendió para los demás (cf. 29:6; 1:18; 28:10).

29:6. Un hombre malo cae en su propia trampa (cf. el comentario del v. 5), mientras que el
justo vive feliz y libre de preocupaciones. No teme que sus acciones se vuelvan contra él

29:7. El justo quiere hacer justicia y no oprimir a los pobres (dal, “débil, desvalido”; cf. v. 14 y
V. el comentario de 10:15). Mas el impío no se interesa si al pobre se le trata con justicia o no. La
relación que una persona tiene con Dios se demuestra por su actitud hacia el necesitado.

29:8. Los vv. 8–11 contrastan a los necios enojados con la gente honesta y sabia. Los
escarnecedores (cf. 1:22) se ríen de las restricciones morales y ponen (lit., “echar aire o soplar”)
ascuas a la ciudad en llamas (problemas). Ellos alborotan todas las cosas. Estos provocadores
hacen que los demás se enojen y se rebelen. (Cf. “ira” y “furioso” en 29:11, 22.) Sin embargo, los
sabios ayudan a calmar a una ciudad eliminando la ira y sus resultados revoltosos.

29:9. La palabra “justo” relaciona los vv. 6 y 7. Aquí es el sabio el que vincula los vv. 8 y 9. Se
debe evitar ganar un juicio en la corte ante un necio (’ĕwîl, “tonto arrogante y endurecido”)
porque éste sigue sus emociones en lugar de la lógica (cf. 27:3) y mantiene todas las cosas
alborotadas (sin reposo) por causa de su enojo (cf. 29:11) disparatado (escarneciendo
violentamente).

29:10. Los necios odian a la gente honesta y prefieren matarla para que no pueda testificar
contra el impío en la corte. Perfecto (cf. 28:10) se trad. por lo regular como “íntegro” (e.g., 28:6,
18).

29:11. El necio (kesîl; V. el comentario de 1:7) fácilmente da rienda suelta a su ira (cf. 15:1;
29:8, 22), mas el sabio se controla (cf. 14:29; 16:32). Sosiega es lit., “tranquilizar” como acallar a
una tormenta. El vb. solamente se usa aquí y en Sal. 65:7; 89:9 donde se refiere a calmar las olas
del mar.
29:12. Si un gobernante toma consejo de los mentirosos, estimula la impiedad entre la gente
que lo rodea. Pero si en lugar de ello recompensa la honestidad, entonces la estará promoviendo y
la falsedad será castigada (cf. 20:8, 28).

29:13. El pobre (rāš, “indigente, hambriento”; cf. 28:3, 6, 27) y el usurero son moralmente
opuestos. Una cosa que las víctimas pobres tienen en común con sus perseguidores es que ambos
recibieron la vista de parte de Jehová (cf. 22:2 y “Hacedor” en 14:31; 17:5). Cada uno puede ver al
otro.

29:14. La justicia (cf. v. 7) hacia los que no pueden cuidarse a sí mismos (los pobres, dal,
“débil, desvalido”; V. el comentario de 10:15) es la marca de un buen rey (cf. v. 4) cuyo trono será
firme (cf. 16:12; 20:28). Dios bendice a los gobernantes que se preocupan por los pobres, y el
pueblo aprecia a tales reyes.

29:15. La vara y la corrección es trad. lit. del hebr. Puede ser que la vara sea el instrumento de
la corrección (en cuyo caso se está utilizando una figura de lenguaje llamada endíadis), o que
deben utilizarse tanto la vara (castigo físico; cf. 13:24; 22:15; 23:13–14) como la corrección verbal
(lit., “reprensión). El muchacho que no recibe disciplina y que es consentido (i.e., que se le
permite hacer lo que quiere y obtener lo que desea) llegará a ser una persona ingobernable. Será
una desgracia (avergonzará; cf. 19:26; 28:7) para su madre.

29:16. Cuando los líderes impíos gobiernan a una nación (V. el comentario de “dominar” en el
v. 2), se estimula la transgresión. Pero como se ha dicho muchas veces en Proverbios, los impíos
caerán a la larga y los justos lo verán y se alegrarán (cf. 28:12, 28).

29:17. Disciplinar a un hijo resulta en que los padres tengan descanso y gozo, porque su hijo
sabrá comportarse y llegará a ser sabio (cf. 10:1). El vb. “corregir” (yāsar) se relaciona con el
sustantivo “disciplina” (mûsār; cf. 1:2, que significa “disciplina o corrección moral”).

29:18. La palabra profecía es la revelación (ḥāzôn) que un profeta recibe. El vb. pāra ‘(se
desenfrena) significa que el pueblo se deshace de todas las restricciones. Así que el v. está
diciendo que sin la palabra de Dios, la gente sigue sus propios caminos de pecado. Por otro lado,
guardar (obedecer) la ley de Dios (cf. 28:4, 7) produce felicidad.

29:19. Este v., junto con el 21, pareciera sugerir que es necesario disciplinar a los siervos tanto
como a los hijos. A veces las palabras no son suficientes; el siervo puede conocer las palabras,
pero obstinadamente rehúsa hacer lo que se le dice. Si tal es el caso, se hacen necesarias otras
formas de corrección.

29:20. El hombre ligero en sus palabras es insensato, porque habla necedades sin pensar (cf.
“hablar sandeces” 15:2 y “derramar malas cosas” 15:28), y algunas veces contesta antes de
escuchar (18:13). De hecho, es peor que un necio. Hablar apresuradamente y ser jactancioso son
dos cosas por las cuales hay menos esperanza que por ser un necio (cf. 26:12). Este tipo de
persona provoca problemas para sí mismo y para los demás (cf. 17:19–20; 18:6–7).

29:21. Nuevamente se menciona la importancia de disciplinar y no de mimar a los siervos (cf.


v. 19). Si no se disciplina al siervo ni se le exige que cumpla sus responsabilidades, a la postre (“al
final” [NVI99], vocablo hebr. utilizado solamente aquí en el A.T.) habrá de lamentarlo.
29:22. Los efectos de un temperamento iracundo son una advertencia contra perder el control
de sí mismo. El hombre iracundo (lit., “poseedor de ira”; V. el comentario de 22:24) provoca
contiendas (cf. 26:21; 30:33) y muchas veces peca, posiblemente al maldecir e insultar a los
demás, tomando el nombre de Dios en vano, siendo grosero, falto de amabilidad, cruel y opresor
y, finalmente, enorgulleciéndose.

29:23. Las últimas consecuencias de la soberbia y la humildad advierten en contra de la


primera y a favor de la segunda. Irónicamente, el orgullo por medio del cual una persona desea
elevarse, resulta finalmente en su abatimiento (šāp̱al) mientras que aquel que es humilde de
espíritu (šāp̱al) es elevado por los demás a una posición de honra (cf. 3:34; 15:33; 16:18–19;
18:12). Dios aborrece el orgullo (V. el comentario de 6:17) porque influencia a una persona para
querer vivir independientemente de él.

29:24. El cómplice del ladrón llega a ser su propio enemigo, porque su participación en el
crimen lo perjudica. En el juicio puede hacer un juramento, pero entonces debe mentir o no decir
nada. Si testifica, se verá implicado y si no dice nada, la gente supone que es culpable (Lv. 5:1).

29:25. El temor (“temblar”, no es la misma palabra para reverencia delante de Dios; e.g., 1:7;
8:13; 9:10) del hombre lo atrapa en el sentido de que las acciones propias se ven controladas o
confinadas por éste. Es mucho mejor confiar en Jehová, porque ello produce seguridad (cf. 18:10;
28:18, 26). Las palabras será exaltado (“está seguro” NC, BJ, “estará protegido” VP) vienen del vb.
śāgaḇ, “estar inaccesiblemente alto o ser exaltado”. La seguridad en el Señor quita el miedo del
hombre.

29:26. La gente puede buscar el favor del príncipe (cf. 19:6) para obtener un favor, influencia
o ganar justicia, pero no tiene garantía de que la justicia prevalecerá. El gobernante podría aun
“poner lazo” (29:25). La verdadera justicia viene de parte de Jehová; él hará las cosas
correctamente a fin de cuentas. Por lo tanto, confiar en él es más importante que cualquier temor
del hombre.

29:27. El antagonismo que existe entre los justos y el impío se da en términos muy gráficos. La
palabra abominación que aparece en las dos líneas del v., en el original es un vb. contundente que
podría trad. “considerar abominable o detestable, aborrecer”. Se utiliza respecto a la actitud de
Dios hacia la idolatría y el sacrificio de niños (Dt. 12:31) y otros actos abominables e impuros. El
justo está tan preocupado por hacer justicia igual que Dios, que aborrece la deshonestidad. El
disgusto del impío respecto a los justos revela sus valores pervertidos. Por supuesto, todo el libro
de Proverbios contrasta al justo y al impío. Aquí se ven como diametralmente opuestos.

VI. Las palabras de Agur (cap. 30)

A. Introducción (30:1)

30:1. No se sabe a ciencia cierta quién era Agur. Parece que fue un hombre humilde (vv. 2–4),
observador e inquisitivo (vv. 5–33). La profecía es trad. de maśśā’, que significa un mensaje de
peso (V. el comentario de Zac. 9:1). Las palabras de Agur se dirigieron a Itiel y a Ucal, cuyas
identidades también son desconocidas.
B. El conocimiento de Dios (30:2–9)

1. LA IGNORANCIA DEL HOMBRE RESPECTO A DIOS (30:2–4)

30:2–3. Al referirse a sí mismo como “el más ignorante de todos los hombres” (NVI99;
ciertamente más rudo soy yo que ninguno) Agur pudo haber usado la ironía. Si ese es el caso, se
estaba comparando con algún hombre que con arrogancia se cree sabio y a tal persona la desafía a
responder (v. 4). O la oración del v. 2 puede ser la respuesta sincera de Agur a las reflexiones que
registró en el v. 4. “Rudo” es trad. de la palabra hebr. ba‘ar, que significa “ser como bruto o sin
raciocinio” como un animal (cf. Sal. 73:22 “torpe”; Pr. 12:1, “ignorante”). En la segunda cláusula
del 30:2 Agur escribió que tenía menos que una inteligencia humana. Agur percibía su falta de
sabiduría porque no conocía la ciencia del Santo (cf. 9:10). Conocer a Dios es la base de la
verdadera sabiduría (1:7; 15:33).

30:4. La única respuesta a las cinco preguntas de este v. es Dios. Solamente él puede subir al
cielo y descender, lo cual trae a la mente a Cristo, el hijo de Dios. Solamente él es quien puede
encerrar los vientos en sus puños (i.e., tener el control del viento) y en lenguaje figurado, atar las
aguas en un paño (posiblemente haciendo referencia a las nubes; cf. Job 26:8) y solamente él ha
afirmado todos los términos de la tierra (cf. Job 38:4, 6; Pr. 8:29). ¿Cuál es su nombre? es una
pregunta que inquiere cómo es su verdadero carácter. La cuestión ¿cuál es el nombre de su hijo?
sugiere la pregunta “¿ha impartido su naturaleza o atributos a cualquier otro que en un sentido
pueda llamarse su hijo?” (T.T. Perowne, The Proverbs, “Los Proverbios”, p. 180). La NVI en inglés
añade “cuéntamelo” si sabes y denota el deseo de Agur de conocer la naturaleza de Dios.

2. EL CONOCIMIENTO DEL HOMBRE ACERCA DE DIOS A TRAVÉS DE SU PALABRA (30:5–6)

30:5–6. El v. 4 hizo énfasis en la ineptitud del hombre de conocer por sí mismo la naturaleza
de Dios. Ahora, los vv. 5–6 muestran cómo es que Dios puede ser conocido: a través de su palabra
que es limpia (lit., “purificada” como la fundición de la plata; cf. Sal. 12:6). El hombre puede
conocer a Dios solamente porque él se ha revelado a través de la palabra escrita, la infalible
Escritura. Los que confían en Dios tienen una relación personal con él; están escudados en él.
Proverbios 30:5 es casi idéntico a Salmos 18:30. La advertencia de no añadir a sus palabras puede
referirse al peligro de añadir especulaciones humanas a la revelación divina. El hombre debiera
derivar su conocimiento de Dios (su teología) no de ideas humanas, sino de la palabra divina. El
Señor reprende a los que piensan que pueden saber más de Dios que lo que él mismo ha revelado
de sí. De hecho, están tan equivocados, que Dios los llama mentirosos.

2. LA ORACIÓN DEL HOMBRE HACIA DIOS (30:7–9)

30:7–9. Las palabras dos cosas introducen una serie de seis dichos numéricos en este cap. (vv.
7–9, 15b–16, 18–19, 21–23, 24–28, 29–31). Esta oración por “dos cosas” afirma la humildad del
autor mencionada en los vv. 2–3. Al darse cuenta de su debilidad, el escritor le pide al Señor ayuda
específica en dos áreas de debilidad antes que muera; protección contra la mentira y provisión del
pan necesario (cf. Mt. 6:11) sin tener que padecer las tentaciones de las riquezas o de la pobreza.
La riqueza podría hacer que negara y olvidara al Señor (cf. Dt. 8:12–17) pensando que podría
cuidarse a sí mismo; y la pobreza podría provocarlo a hurtar y así blasfemar el nombre de Dios.
C. Observaciones acerca de la vida (30:10–33)

1. CONSEJO (30:10)

30:10. Este v. es una advertencia contra entrometerse en los asuntos personales de otros. Un
señor podría maldecir a la persona que acusa falsamente a su siervo. En contraste con la
“maldición no merecida” del 26:2, ésta dará en el blanco, por decirlo así, porque sí es justa. Este
dicho puede ser una máxima en sí mismo, o es probable que sea una introducción de 30:11–14.

2. CUATRO TIPOS DE COMPORTAMIENTO INDESEABLE (30:11–14).

A pesar de que no se introduce como una serie numérica (V. el comentario del v. 7) se
mencionan cuatro tipos de personas: los irrespetuosos, hipócritas, arrogantes y opresores.

30:11. El pecado de maldecir a los padres (cf. v. 17) se menciona en 20:20 (V. el comentario
ahí).

30:12. La gente que piensa que es limpia (moralmente puros) ante Dios, pero que no se ha
limpiado de su inmundicia del pecado, es hipócrita.

30:13. El Señor aborrece la altivez (cf. 6:16–17; 21:4; Sal. 18:27; 101:5; Is. 10:12) y eso
contrasta con las actitudes de humildad y reverencia que poseía Agur (Pr. 30:2–3, 7–9).

30:14. La gente que oprime a los pobres (‘ānî, “afligido, humillado”) y a los menesterosos
(’eḇyôn, “gente que necesita ayuda”; cf. 31:9, 20) son como bestias voraces que hincan sus dientes
para devorar a su presa (cf. Sal. 14:4).

3. CUATRO COSAS QUE NUNCA SE SATISFACEN (30:15–16)

30:15–16. Esta lista numérica trata de los deseos insaciables. La demanda de las hijas de una
sanguijuela (¡Dame! ¡Dame!) introduce el tema. Las sanguijuelas representan gráficamente la
actitud del avaro que insiste tenazmente en tener más y más de lo que desea. Sobre el estilo de
tres seguidos por cuatro (x y x +1), que se utiliza en los vv. 15, 18, 21, 29, V. el comentario de 6:16.
Cuatro cosas se personifican como que nunca se sacian: el Seol (še ’ôl) quiere tener más muertos
(cf. 27:20), la matriz estéril desea dar a luz a un hijo, la tierra siempre desea aguas y el fuego
quiere seguir consumiendo. La muerte y el fuego son destructivos, y la matriz y el agua dan vida. El
avaro siempre quiere más.

4. ADVERTENCIA (30:17)

30:17. Este dicho pudo haber sido colocado aquí para resaltar el hecho de que la falta de
respeto a los padres es tan mala como la insaciable avaricia mencionada en los vv. 15–16. El hijo
arrogante que escarnece (bûz, “desprecia o ridiculiza”; V. comentario de 1:7) a su padre y
menosprecia la enseñanza de la madre (cf. v. 11) morirá y su cuerpo no será enterrado; i.e., los
cuervos se lo comerán.

5. CUATRO COSAS ADMIRABLES (30:18–19)

30:18–19. ¿Qué tienen en común el rastro del águila en el aire … la culebra sobre la peña … la
nave en el mar y el rastro del hombre en la doncella? Algunos escritores dicen que es la manera
en que las cuatro son misteriosas; otros dicen que es porque sus caminos no pueden rastrearse;
otros más sugieren que cada uno domina un elemento de la naturaleza que pareciera ser difícil de
dominar. Otra sugerencia es que cada uno se va por donde no hay veredas. “El rastro del hombre
en la doncella” se refiere al afecto del hombre al cortejar a una mujer.

6. ADVERTENCIA (30:20)

30:20. La mujer adúltera se contrasta con la doncella del v. 19. Aquí no se trata del camino del
hombre con una mujer, sino del camino de la mujer inmoral con el hombre (cf. 2:16–19; 5:1–14; 7;
22:14; 23:27–28). Ella adopta una actitud despreocupada hacia su conducta. Toma su estilo de
vida a la ligera, como si se tratara solamente de una comida y luego dice que no ha hecho mal (cf.
28:24).

7. CUATRO COSAS INSOPORTABLES E INJUSTAS (30:21–23)

Los vv. 21–31 incluyen tres listas de gente y criaturas que tienen que ver con el liderazgo o una
perversión de éste. El concepto del rey aparece en cada lista (vv. 22, 27, 31).

30:21–23. Las declaraciones de que la tierra tiembla y no puede sufrir son hipérboles. La tierra
representa a toda la gente que vive en ella. Esa es una figura del lenguaje conocida como
metonimia. La gente tiembla porque el ascenso de gente inexperta y no calificada al poder
provoca una revuelta social. No es apropiado que (a) un siervo ocupe el lugar de un rey (el siervo
no está capacitado), (b) el necio (nāḇāl, “el que carece de percepción y sensibilidad espiritual”; cf.
17:7, 21) cuando se sacia de pan (podría llegar a hacerse insensible respecto a las necesidades de
otros), (c) la mujer odiada cuando se casa (produce dolor en el matrimonio) y (d) la sierva cuando
llega a ser heredera (pues ella, como el siervo de 30:22 no sabe cómo dirigir a otros). Cuando cada
quien ocupa el papel que le corresponde y no asume posiciones que es incapaz de manejar, hay
armonía en la sociedad.

8. CUATRO COSAS PEQUEÑAS Y SABIAS (30:24–28)

Estos vv. construyen sobre el concepto de 21:22; 24:5, que se refieren a que la sabiduría
triunfa sobre la fuerza física.

30:24–26. Algunas de las criaturas más pequeñas, pero más sabias de la tierra son las
hormigas. Sobreviven por su sentido de anticipación a pesar de que tienen poca fuerza (V. el
comentario de 6:6–8). Los conejos (“tejones”, NVI99, BLA) son algo pequeños y por eso no pueden
defenderse a sí mismos, pero con sabiduría hacen sus casas en la piedra (cf. Sal. 104:18) lo cual les
provee un refugio natural.

30:27–28. Las langostas no tienen rey, aparentemente, pero vuelan en asombroso orden y
pueden devastar kms. de cosechas como ejército al ataque (cf. Jl. 1:4–7). La araña (NVI99 “las
lagartijas”; BLA “el lagarto”) es tan pequeña que puede atraparse con la mano, pero puede verse
en palacios de rey, aparentemente teniendo el control del lugar. Dos conceptos surgen del
ejemplo de estos dos insectos y dos animales: (a) las limitaciones físicas se pueden compensar de
otras maneras; (b) Dios protege y provee para sus criaturas más humildes e insignificantes y con
toda seguridad proveerá de todo lo necesario a su pueblo.
9. CUATRO CRIATURAS MAJESTUOSAS (30:29–31)

30:29–31. En contraste con las cuatro criaturas humildes de los vv. 25–28 se presentan los que
aparentan nobleza por su forma de conducirse y hermoso andar. Estos incluyen al león, de quien
huye la gente y los demás animales por causa de su fuerza, “el gallo engreído” (NVI99) (lit., “el
ceñido de lomos”), el macho cabrío con su apariencia arrogante y el rey que se contonea con
orgullo por sentirse invencible por su ejército. En el orden divino de cosas, algunas criaturas son
pequeñas y ocupan posiciones humildes y otras son más prominentes.

10. CONSEJO (30:32–33)

30:32–33. En contraste con las criaturas que se pavonean con orgullo (vv. 29–31) se encuentra
la persona que ha jugado el papel de necio (el vb. nāḇal, “ser imperceptivo e insensible
espiritualmente”; cf. el sustantivo nāḇāl en el v. 22; 17:7, 21). Al exaltarse a sí mismo y planear
hacer mal (cf. 6:14) provoca problemas. Poner el dedo sobre la boca (cf. Job 21:5; 40:4) era una
manera de decir que se debería dejar de ser orgulloso y de causar problemas. Batir la leche hace
mantequilla y sonarse las narices saca sangre, así la agitación y la ira provocan contiendas. Batir,
sonar y provocar son trad. de la misma palabra hebr. mîṣ “apretar o retorcer”, que aparece
solamente aquí en el A.T. En un interesante juego de palabras, “nariz” (’’ap̱) e “ira” (’appayim) son
vocablos hebr. similares. El orgullo y la ira se oponen a la humildad, la cual se exalta y promueve
en Proverbios 30.

VII. Las palabras de Lemuel (31:1–9)

Una madre advirtió a su hijo acerca de los peligros de la mujer extraña (v. 3; cf. 23:26–28) y del
vino (31:4–7; cf. 23:29–35) y le recordó de su responsabilidad de abanderar la causa de la justicia.

31:1. Nada se conoce acerca de Lemuel, excepto que era rey. Su madre le da la instrucción de
los vv. 2–9. Esto no es muy común, porque en todos los demás Proverbios el padre es quien se
dirige a su(s) hijo(s), aunque en dos ocasiones el padre hace referencia a las enseñanzas de una
madre (cf. 1:8; 6:20). Acerca de la palabra profecía V. el comentario de 30:1 y Zacarías 9:1.

31:2–3. La madre de Lemuel le habla a su hijo, que en ar. es la palabra bar. También la palabra
reyes del v. 3 está en ar. Sus deseos (“votos”, NVI99) podría significar que hizo un voto, como Ana
antes o después de concebir a su hijo (1 S. 1:11). Puede ser que quisiera que él supiera que era un
hijo muy especial para ella. Le advierte que el adulterio tiene un efecto debilitante sobre el cuerpo
y mente del hombre (cf. advertencias de Salomón contra el adulterio en Pr. 2:16–19; 5:1–14; 7;
22:14 y las advertencias de los sabios en 23:27–28).

31:4–5. En los vv. 4–7 la madre de Lemuel le advierte de los peligros del alcoholismo. Su
consejo hace eco de 20:1; 23:20–21, 29–35. El peligro específico de la ebriedad de un rey es que
tiende a obnubilar su memoria y juicio, provocando injusticias (18:5) hacia todos los afligidos (cf.
31:8).

31:6–7. La sidra (“bebida embriagante”; cf. el comentario de 20:1) y el vino (mencionados en


orden inverso en 31:4) tal vez eran aceptables como anestésicos o drogas para aminorar el dolor
físico o la amargura emocional profunda (y el dolor de los que estaban en el lecho de muerte). Los
vv. 6–7 pueden significar que a pesar de que otros utilicen la bebida como medio de escape, el rey
no haga lo mismo.

31:8–9. Esta segunda referencia a la justicia (cf. derecho del v. 5) en un discurso tan corto
habla contundentemente de su importancia. El rey que defiende a los desvalidos, los que no
pueden defenderse a sí mismos, son de poca amenaza y que no suponen mayor ganancia, se
distinguiría como hombre justo y misericordioso. Debía juzgar con justicia, sin importar la posición
social de la persona. La palabra que se trad. desvalidos (utilizada solamente aquí en el A.T.)
significa que se trata de gente que está muriendo; que prácticamente están “en las últimas”. El
pobre (‘ānî, “afligido, humillado”) y el menesteroso (’eḇyôn, “gente que necesita ayuda”; cf. 30:14;
31:20), eran oprimidos con demasiada frecuencia. El rey tenía el deber de defenderlos.

VIII. La esposa Virtuosa (31:10–31)

Esta sección final de Proverbios es un poema en forma de acróstico que exalta a la mujer
virtuosa. Cada uno de los 22 vv. empiezan con una de las letras consecutivas del alfabeto hebr.
Lemuel, su madre, Salomón o un autor anónimo son los probables autores de estos vv.
Probablemente el autor anónimo sea la opción más correcta.

31:10. La mujer virtuosa (ḥayil) también se menciona en 12:4 (cf. “mujeres que hicieron el
bien” en 31:29). A Rut se le llamó “mujer virtuosa”. La trad. de la palabra hebr. para “virtuosa” en
Éxodo 18:21 es “virtud” (“capaces”, NVI99). La pregunta ¿Quién la hallará? (cf. Pr. 20:6) no
significa que tales mujeres no existen, sino que debían admirarse porque ellas, como los hombres
nobles, son raras. También son más valiosas que las piedras preciosas (cf. una oración similar
acerca de la sabiduría en 8:11).

31:11. El marido de la mujer virtuosa se menciona tres veces (vv. 11, 23, 28) y se le alude con
“le” en el v. 12. Su confianza en ella es completa. Cree en ella. Su cuidado en la administración de
su hogar engrandece la riqueza de la familia. No le hace falta nada respecto a las cosas del hogar.

31:12. Este tipo de mujer es un haber, no un problema, a su marido. A él le llega el bien y ella
es la fuente. Ella le apoya y anima. También es fiel porque lo ayuda “todos los días de su vida”.

31:13. Trabaja en tejer y coser tal como se indica en los vv. 13, 19, 22, 24. Teje la lana y el lino
(vv. 22, 24). Con voluntad trabaja con sus manos es lit. “con el deleite de sus manos”, lo que
sugiere que disfruta de su trabajo.

31:14. La mujer virtuosa también hace compras. Es como nave de mercader que trae
mercancía inusual y fascinante de otros lugares. También ella compra cosas interesantes y raras
para su hogar.

31:15. A pesar de que tiene ayuda doméstica se levanta aun de noche, antes del amanecer,
para ayudar a preparar el desayuno y los alimentos para las otras comidas y para delegar (dar
ración) el trabajo a sus criadas.

31:16. El hecho que la esposa considere y compre una heredad ha levantado ciertas preguntas
respecto a la autenticidad de este acróstico, porque se argumenta que las mujeres no podían
hacer ese tipo de cosas en esa época. Sin embargo, en su próspero hogar es evidente que tenía
dinero para invertir. Así que por las ganancias de sus inversiones (cf. “negocios”, v. 18 y “vende”, v.
24) ella planta una viña. Tiene una mente de negociante y trabaja duro.

31:17. Además, trabaja con mucha energía (lit., ciñe de fuerzas sus lomos) y con vigor (cf.
“trabaja” en v. 13). Posee una actitud saludable respecto al trabajo.

31:18. Sus negocios sabios se vuelven a mencionar (cf. “fruto”, v. 16, y “vende”, v. 24). El
hecho de que su lámpara no se apaga habla de su planeación anticipada. Se alaba a las 5 vírgenes
cuyas lámparas no se apagaron gracias a su previsión (Mt. 25:4). Si la lámpara de una persona se
apagaba era señal de calamidad (Job 18:6; Pr. 13:9; 20:20; 24:20).

31:19. Los vv. 13, 19, 22 y 24 se refieren a que cose y teje. Hace ropas al aplicar su mano al
huso para hilar el lino o lana (v. 13) y utilizando también la rueca.

31:20. La esposa virtuosa no es egoísta sino generosa. Vende algunas cosas para obtener
ganancias, pero también le da al pobre y al menesteroso (V. el comentario sobre estas palabras en
30:14; cf. 31:9; también V. 11:25; 21:26). Posiblemente 31:20 se refiere a dar la ropa que ha
confeccionado a los pobres que no tienen nada (v. 19).

31:21. Esa mujer no permite que el frío le preocupe, pues ha provisto para su familia (cf. v.
25b); está preparada para ello. Los ha cubierto de ropas dobles (de escarlata, BLA, VM), i.e., ha
provisto ropas costosas. No escatima el costo de proteger a su familia del frío.

31:22. Aun más, ella hace tapices (“colchas” NVI99) para las camas y se viste de tela hecha de
lino fino y púrpura. La tela proviene del lino (v. 13) y la púrpura era un colorante hecho de un
molusco. Sus propias ropas son la evidencia de la posición privilegiada de la familia.

31:23. La mujer virtuosa eleva la posición de su marido entre los que hacen las transacciones
legales y judiciales en las puertas de la ciudad (cf. v. 31) y con los ancianos. A pesar de que es
agresiva y competente, trabaja de tal manera que honra el liderazgo de su esposo en lugar de
denigrarlo. Lo respeta y lo edifica.

31:24. Nuevamente se menciona su empresa de ropa. Hace prendas de lino para sí misma (v.
22) pero lo hace tan bien que hace suficientes para vender. La ropa de lino era cara y cuando
menciona que vendía cintas (cinturones) al mercader, habla de su productividad.

31:25. La vestidura en este v. se utiliza para referirse de manera metafórica a su apariencia de


fuerza y honor. Ella no es enfermiza. Y también se ríe de lo porvenir, i.e., lo encara con confianza
(cf. v. 21). A pesar de que el 27:1 advierte contra ser arrogante “acerca del mañana”, esto no
elimina la necesidad de prepararse para él (como las hormigas, 6:6–8; 30:25).

31:26. Para seguir con el tema de Proverbios, esta mujer es alabada por su sabiduría y
clemencia (“instrucción fiel”, NVI 99). Esta instrucción posiblemente se refiere a que enseña a sus
hijos y a sus niñas sirvientes.

31:27. Se involucra en la administración, i.e., considera los caminos de su casa. Pero también
participa en las diferentes actividades de un ama de casa. No es ociosa (cf. vv. 13, 17).
31:28–29. Sus hijos … la llaman bienaventurada. Es positiva y optimista, y disfruta su papel en
la vida. Su marido también la alaba diciéndole a los demás que es la más grande de las mujeres
virtuosas (cf. v. 10).

31:30. Su secreto es su carácter piadoso. Es físicamente encantadora y hermosa, pero esas


cualidades no son eternas. Mas como mujer que teme a Jehová, es alabada por su esposo (v. 28) y
por los demás (v. 31). Es muy apropiado que, en esta porción, al final de Proverbios, el libro
concluya de la manera que comenzó, haciendo referencia al temor de Jehová (1:7).

31:31. El escritor insta a los lectores a reconocer y alabar la diligencia y misericordia fiel de tal
mujer. Ella y su esposo (v. 23) deben ser honrados en público. En Israel normalmente no se
honraba a una mujer en las puertas. Pero una mujer inusual merecía un reconocimiento inusual.

Las excelencias de la mujer virtuosa son aquellas que se exaltan a través de todo el libro de
Proverbios: trabajo duro, inversiones sabias, buen uso del tiempo, planificación anticipada,
cuidado de los demás, respeto por su cónyuge, la habilidad de compartir valores piadosos con
otros, consejo sabio y temor piadoso (adoración, confianza, servicio, obediencia). Como se ha
establecido una y otra vez en Proverbios, estas cualidades producen honor, alabanza, éxito,
dignidad, valor personal y gozo en la vida. A la vista de las tentaciones de la mujer adúltera
mencionada con frecuencia en Proverbios, es muy adecuado que el libro concluya exaltando a la
esposa virtuosa. Los jóvenes y demás pueden aprender de esta noble mujer. Al temer a Dios,
pueden vivir sabia y justamente. Ése es el mensaje de Proverbios.

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