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Colombia es un país en proceso constante de desarrollo, cada día todo colombiano

se esfuerza por alcanzar un alto nivel en la sociedad, lograr sus proyecciones y

tener una estabilidad, pero en este proceso uno de los grandes problemas es

claramente la delincuencia juvenil y el alto nivel de desempleo y desigualdad social,

la discriminación y la corrupción entre los mayores que tienen las credenciales

académicas.

En Colombia hay muchos tipos de violencia:

Intrafamiliar: La cual inicia desde el primer lugar de formación e la sociedad donde

la ausencia de valores se puede ver reflejada por las circunstancias.

Callejera: denominamos está a la ausencia de respeto amor y tolerancia en la

comunidad, todos viven ocasiones en algún momento de sus vidas en constante

conflicto.

Delincuencia: A falta de oportunidades de empleo, educación se ve reflejada esta

en nuestra sociedad generando inseguridad dañando el patrimonio propio y de los

demás a raíz de necesidad o de suplir necesidades innecesarias.

el narcotráfico…. pero Todo esto hay que transformarlo.

Cuando muchos alzan la voz para ayudarlo a salir adelante mueren en el intento o

son señalados, se ven obligaos a dejar sus tierras, por miedo por sus familias, pero

aun así no pierden sus convicciones y sus deseos de cambiar y aportar un grano de

arena para el desarrollo de la sociedad colombiana.

La cuestión es que “en Colombia hay a quien no le interesa que la situación cambie”

en palabras de Eduardo Álvarez director del área de conflicto.


Pero toca parar un poco y pensar lo que pasa, porque cada acontecimiento tiene un

profundo significado para el país. De un lado, vuelve a cobrar vigencia la diferencia

que Jorge Eliecer Gaitán planteara a mediados del siglo pasado donde afirmaba

que en Colombia había dos países; uno, el país político que piensa en su poder y

sus intereses y, otro, el país nacional que piensa en sus necesidades, aspiraciones

y dramas cotidianos; de ahí aquella frase suya «El país político tiene metas

diferentes a las del país nacional. ¡Tremendo drama en la historia de un pueblo!»

Hoy día, y a poco más de 3 años de haber ocurrido algo similar, la protesta social

en la que convergen grupos étnicos, campesinos, populares, mineros, educadores

y jóvenes, en distintas regiones del país, expresa al menos dos cosas: Una, la

exclusión del escenario político de los sectores subalternos de la sociedad

colombiana que recurren a la acción reivindicativa y contenciosa para hacerse sentir

ante los gobernantes y las élites, de manera pacífica y organizada. Dos, que esta

forma de hacerse sentir no se reduce solo al incumplimiento de los acuerdos del

paro agrario del año 2013, sino que, en lo fundamental, estos sectores sociales no

se sienten representados ni interpretados por los sectores políticos que gobiernan

y orientan al país, y mucho menos por la mayoría de las colectividades políticas que

pujan por el poder en Colombia. Es cuestionable la responsabilidad de los

gobernantes por la forma como han tramitado históricamente todas esas

reclamaciones sociales y políticas de la otra Colombia donde se sigue conjugando

la estigmatización, la violencia, el incumplimiento y la dilación de acuerdos.


Los verdaderos problemas del país no son tan materiales: Desempleo,

desplazamiento, violencia, terrorismo, delincuencia, desigualdad social. Estos son

el reflejo de lo que hay en el fondo, Estos son la punta del ICEBERG de un problema

eminentemente arraigado en la mentalidad de los individuos, lo cual ha configurado

un imaginario social perverso y dañoso. De suerte que los efectos

degenerativos(Desempleo, desplazamiento, violencia, terrorismo, delincuencia,

entre otros) son más sentidos que los problemas que subyacen en el fondo.

Nuestros verdaderos problemas están en la mentalidad, de allí que las reglas,

las leyes, los condicionamientos no han podido cambiar el perverso proceder. Con

las herramientas antes mencionadas se logrará tal vez, el sometimiento temporal

del individuo, pero no su consentimiento y voluntad para confiar en que él

propenderá por el bien y por una Colombia en paz; puesto que el problema tiene su

caldo de cultivo en la mente, de donde se reproduce cada vez que tiene la

oportunidad, germina en el suelo fértil de la impunidad, la complicidad, y crece con

los nutrientes que le proporciona la conspiración, la intolerancia y el egoísmo. De

manera potencial esta sociedad es inclinadamente tendenciosa a la perversidad. No

es, sino que se haga la ley, para prohibir o controlar algo, cuando ya se crea la

trampa; es más yo pienso que en Colombia, no se aprueban leyes hasta tanto, no

se hayan ideado la forma de hacer la trampa a esa ley. Hemos desarrollado toda

una industria de la farsa, la hipocresía y la falacia, somos expertos en burlar la ley

sin violarla, pero en escandalizarnos cuando lo hacen los demás y descubrir que los

demás si la violan.
¿Cómo mejorar a Colombia?

La historia que hemos recorrido como colombianos para llegar hasta este punto en

donde la paz, a pesar de ser tan anhelada, es también la manzana de la discordia

en los sectores de la sociedad. Cada autor lanza su punto de vista, una posible

solución para que Colombia avance a nivel social, político y cultural:

1. “Construir la paz implica transformar estructuras mentales profundas, las más

persistentes, que pasan de generación en generación y tienen sostén en los

órdenes económico, jurídico, político y religioso, que normalizan y naturalizan

el desprecio. Necesitamos un pacto moral de solidaridad claro y profundo

entre colombianos, entre comunidades, clases y géneros. Necesitamos dejar

atrás el legado de miedo a la igualdad", Margarita Garrido, fue directora de

Colciencias y de la Biblioteca Luis Ángel Arango.

2. “La tarea de académicos, columnistas y periodistas debe ser conocer los

hechos, analizarlos, explicarlos y tratar de convencer a la mayor cantidad

posible de gente de las bondades del que consideran el mejor camino. Para

convencer tienen que ganar credibilidad, antes que todo, y dirigirse a quienes

no están convencidos”, Moisés Wasserman, exrector de la Universidad

Nacional de Colombia

3. “¿Qué necesita una sociedad para mantener la paz? En nuestro caso, más

allá de la parte técnica que sostiene el dique pacificador del diálogo, lo más

urgente es consolidar una idea específica y propia de nacionalidad”. Un rostro


amplio, que contenga multitudes (como el de Whitman)”. Santiago Gamboa,

escritor colombiano.

4. “Creo que a la educación le compete la tarea, a mediano y largo plazo, de

enseñar a manejar las emociones a favor de la sana convivencia. Pero en la

coyuntura del posconflicto, y ante la posibilidad de que los ánimos

exacerbados engendren situaciones de violencia reiteradas, la sociedad

puede acudir a estrategias que propicien la paz, apoyadas en ejercicios de

reflexión, pero también de empatía”, Piedad Bonnett, escritora colombiana.

5. “El futuro de Colombia se puede construir sobre las instituciones que han

permitido la reconstrucción desde abajo desde los años sesenta del siglo

pasado, dirigiendo el aprendizaje hacia la defensa de valores democráticos

de inclusión, igualdad y bienestar crecientes”, Julieta Lemaitre Ripoll,

magistrada de la Jurisdicción Especial para la Paz.

La paz empieza por el rechazo de la violencia como forma de solucionar los

conflictos y para que esto sea posible, la paz se debe interiorizar culturalmente y

esto supone erradicar la cultura de la guerra y la violencia como forma de resolver

los problemas que genera el modelo de desarrollo actual. La construcción de una

cultura de la paz supone un cambio de mentalidad individual y colectiva. En este

cambio, la educación tiene un papel importante a través del empleo de la Catedra


de paz. Teniendo presente el contexto de posconflicto y los esfuerzos del Estado

Colombiano para garantizar una educación para la paz; y como respuesta a las

exigencias establecidas en la Ley Cátedra de la paz —la cual busca “crear y

consolidar un espacio para el aprendizaje, la reflexión y el diálogo sobre la cultura

de la paz y el desarrollo sostenible” (Ley 1732, Parágrafo 2°).

El objetivo principal de la cátedra es "crear y consolidar un espacio para el

aprendizaje, la reflexión y el diálogo sobre la cultura de la paz y el desarrollo

sostenible que contribuya al bienestar general y el mejoramiento de la calidad de

vida de la población".

En tanto que incide desde las aulas, en la construcción de valores de los que serán

futuros ciudadanos y esto permite una revolución del pensamiento social. También

es importante que se genere un proceso de reflexión sobre cómo se puede incidir

en la construcción de la cultura de la paz, desde los medios de comunicación, desde

la familia, las empresas, los sectores de producción agrícola, desde los consejos

municipales, desde las organizaciones no gubernamentales desde las asociaciones

ciudadanas, etc. Se trata de generar una conciencia colectiva sobre la necesidad

de una cultura de paz, enraizada en la sociedad con tanta fuerza que no deje lugar

a la violencia.