Anda di halaman 1dari 4

REPRESION SISTEMÁTICA Y CRIMENES DE LESA HUMANIDAD CONTRA EL PUEBLO

PEMÓN DE VENEZUELA

Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos (SG/OEA)


e Instituto CASLA

RESUMEN EJECUTIVO
8 de julio de 2019

La Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos y el Instituto CASLA,


han elaborado un primer informe técnico sobre los hechos cometidos por el Régimen de
Nicolás Maduro, ocurridos los días 22 de Febrero y siguientes de 2019 en el Municipio Gran
Sabana del estado Bolívar, donde distintas comunidades de la etnia Pemón y los habitantes de
la capital del municipio, Santa Elena de Uarién, fueron objeto de un ataque militar desmedido
y cruel, así como de un desplazamiento forzoso, dentro del marco de la represión sistemática
que el régimen de Nicolás Maduro mantiene contra la mayoría de la población venezolana,
que tanto la Secretaria General de la OEA, como el Instituto CASLA han denunciado como
posibles crímenes de lesa humanidad.

El informe fue elaborado sobre la base de entrevistas directas con víctimas, familiares de las
víctimas, testigos, perpetradores y otra información recabada por un equipo técnico SG/OEA-
CASLA durante una visita a la zona fronteriza entre Brasil y Venezuela, los días 23 a 27 de
abril de 2019. El informe completo se entregará a la Corte Penal Internacional como otro
insumo dentro del examen preliminar que la Fiscalía de la Corte Penal Internacional abrió
sobre la situación en Venezuela el 8 de febrero de 2018. Este resumen ejecutivo del informe,
que se da a conocimiento público, ha sido redactado para no revelar los detalles contenidos
en el informe completo que pudiesen identificar a las personas que dieron su testimonio al
equipo técnico.

Los antecedentes de la represión de la comunidad indígena Pemón, data de años anteriores y


forma parte del proyecto de poder que mantiene la estructura de Nicolás Maduro, para
controlar política, económica y socialmente a la Gran Sabana, el municipio más rico en
minerales del país. Para ello, necesitaba quitarle el control territorial de la Gran Sabana que
el pueblo Pemón ejerce ancestralmente. Los esfuerzos del gobierno solo se incrementaron
después de que el pueblo Pemón se organizó, a través de una alianza y trabajo conjunto del
Consejo de Caciques, la alcaldía y la Guardia Territorial Pemón, para sobrevivir al caos y la
crisis que ha causado en esa región, la explotación desmedida y sin ningún tipo de control
ambiental de las minas del municipio que está causando un daño ecológico de grandes

1
dimensiones. Las comunidades indígenas son víctimas directas de las mafias que operan en
la zona de la Gran Sabana con la colusión de militares, que además traen consigo
inseguridad, prostitución, tráfico de droga y enfermedades.

En múltiples ocasiones reflejadas en este informe, el pueblo Pemón ha sido objeto de ataques
por parte de organismos de seguridad, e incluso, el asesinato de un Capitán (Cacique a cargo
de una comunidad), hecho que fue reclamado y denunciado al gobierno por ellos.

Con motivo del anuncio por parte del gobierno de Juan Guaidó de introducir al país la ayuda
humanitaria suministrada por distintas naciones a través de varios puntos fronterizos del país,
las comunidades fronterizas con Brasil se prepararon para recibir dicha ayuda, ya que viven
la desidia y el desgobierno, día a día. Ante este anuncio, el régimen de Nicolás Maduro
ordenó el despliegue de por lo menos 5000 efectivos militares y civiles traídos de zonas
foráneas para reprimir, bajo órdenes de una cadena de mando que incluía a un ministro de
gobierno, dos Gobernadores, un Mayor General, dos Generales de División, dos Generales de
Brigada, cuatro Coroneles, y dos comandantes, lo que indicaba la importancia que para
Maduro tenía controlar cualquier manifestación de apoyo a la entrada de la ayuda
humanitaria.

La operación militar de los días 22 y 23 de febrero y los días siguientes de ese mes, sirvieron,
no solo para prevenir la ayuda humanitaria, sino para lograr el control del territorio,
cumpliendo así otros de sus objetivos: arrebatar a los Pemón el control de sus territorios,
recuperando el Régimen la exclusividad del control de la seguridad y el control territorial,
facilitar el acceso y control de toda la actividad minera en el municipio Gran Sabana; y
desmantelar la dirigencia Pemón. Estos objetivos fueron logrados en una sola acción de
fuerza militar y violencia premeditada, bajo la supuesta justificación de resguardar la
soberanía nacional al impedir el ingreso de la “ayuda humanitaria” desde Brasil. El hecho de
que el primer ataque ocurrió en la comunidad indígena de Kumarakapay, que se ubica a más
de 80 kilómetros de la frontera brasileña, demuestra que la operación militar tenía estos
objetivos paralelos, además de impedir la ayuda humanitaria.

Las comunidades indígenas cercanas a la frontera con Brasil de Kumarakapay, Manak-Krű,


Maurak, entre otras, así como la ciudad de Santa Elena de Uarién, fueron atacadas de forma
despiadada por los organismos represivos y de inteligencia del Estado, donde participaron
miembros de la Fuerza Armada Nacional, el FAES, los colectivos, personas pertenecientes a
los sindicatos mineros y presuntos presos comunes.

La movilización de tanquetas, motos, armamento letal y su uso, contra una población


desarmada, es un acto criminal. En solo 48 horas, asesinaron e hirieron a mansalva a
miembros de las comunidades, utilizando balas de plomo y sin previos mecanismos de aviso.
Detuvieron, encarcelaron y torturaron a un número representativo de personas, persiguiendo
y reprimiendo en los espacios públicos y hasta en sus casas a familias completas de la etnia
Pemón, provocando el desplazamiento forzado de sus miembros hacia otras comunidades
lejanas, dentro y fuera del país. Las comunidades hermanas pemones del Municipio Roraima
en Brasil, recibieron a por lo menos 1200 de estas comunidades indígenas que fueron
desplazadas forzosamente, huyendo despavoridas con sus hijos, antes de ser “masacrados”,
como ellos mismos relataron.

El régimen se propuso desarticular a la oposición política legítimamente electa del municipio,


destituyendo y persiguiendo a su alcalde, Emilio González, miembro de la comunidad

2
Pemón, quien había logrado liderar la lucha de su comunidad en contra de las arbitrariedades,
abusos y abandono ejercido por el régimen contra ellos. Actualmente, González se encuentra
refugiado en Brasil, con 18 miembros de su equipo de gobierno.

Sobre los asesinatos y los múltiples heridos de esos días, el equipo técnico SG/OEA-CASLA
recibió variadas versiones sobre las cifras, pero todos los testigos coinciden en que las
personas asesinadas son muchas más que la cifra oficial reconocida. El propio Alcalde habló
de por lo menos 22 personas asesinadas, otro testigo clave habló de por lo menos 55 personas
fallecidas y múltiples testigos entrevistados (incluyendo heridos de bala en las
manifestaciones) y capitanes de las comunidades, comentaron como habían visto caer a su
alrededor a personas heridas de bala, que las mismas tanquetas de la GNB recogían, y que
nunca se supo a donde fueron trasladados. Todos los entrevistados por el equipo SG/OEA-
CASLA coinciden en la forma violenta como atacaron los organismos de seguridad, que
“disparaban como locos” a los que estaban en las calles, sin importar edad o sexo de los
manifestantes.

El equipo SG/OEA-CASLA pudo obtener el registro con nombres y apellidos de 51 personas


heridas de bala los días 22 y 23 de Febrero, lo que nos indica la violencia con la cual actuaron
los órganos represivos ante manifestantes desarmados. Un testigo indicó el traslado de por lo
menos 67 personas heridas al Hospital de Boa Vista, en Brasil, y de cómo fueron múltiples
los heridos que debieron ser atendidos fuera del hospital, en Santa Elena de Uarién, porque
tenían terror de ir al centro hospitalario del gobierno y ser detenidos e identificados. Varios
testigos entrevistados para el informe indicaron también como un sin número de personas
heridas de bala habían salido de sus comunidades para esconderse en la selva, y hasta
después de su visita a la frontera, el equipo técnico recibió llamada telefónica de uno de los
testigos quien informó sobre el paradero de algunos de ellos. Varias fuentes hablaron de la
existencia de una fosa común y también del miedo latente y persistente que tienen las
víctimas y los testigos de declarar sobre posibles desaparecidos.

Santa Elena de Uarién fue militarizada. Múltiples viviendas fueron allanadas, y los
funcionarios o personas que realizaban estos ultrajes buscaban celulares o cámaras
fotográficas sobre la represión que ellos mismos habían ejecutado o pruebas de que las
personas hubieran estado manifestando. Cuando los represores descubrían que las personas
tenían fotos y videos en sus celulares, se los quitaban o hacían que borraran todos los
archivos, intimidándolos, amenazándolos si denunciaban.

Más de 60 personas fueron detenidas, entre ellos varios menores de edad y llevadas al fuerte
militar Escamoto, cerca de Santa Elena de Uarién, lugar donde se constituyó un Tribunal de
Control, a cargo del Dr. Andrés Maza -el presidente del circuito judicial- junto con Fiscal
superior, Dr. Andrés Alcalá. En varios de los testimonios obtenidos para este informe,
constatamos que por lo menos 36 de los detenidos fueron sometidos a torturas, y casi la
totalidad de los detenidos fueron sometidos a tratos crueles. En la intervención y ejecución
de los tratos crueles intervino de manera directa el propio gobernador del Estado Bolívar y su
Secretario de Seguridad Ciudadana.

De las 1200 personas, mayoritariamente Pemón, que fueron desplazadas forzosamente en los
días posteriores al ataque, casi 1000 aún permanecían en las comunidades brasileñas al
momento de realizar la visita a la frontera la misión SG/OEA-CASLA, con muchísimo
miedo a regresar a Venezuela e incluso, miedo a ser perseguidos dentro de territorio brasileño
por el Régimen de Maduro. Es importante destacar que dentro de Venezuela hay un número

3
no cuantificado de desplazados por estos hechos de violencia, entre los cuales hay “criollos”
– venezolanos que no pertenecen a ninguna etnia- y miembros de la comunidad Pemón.

El informe presenta así evidencias adicionales para los crímenes tipificados en el Estatuto de
Roma, como son el asesinato, la tortura y la persecución, previamente alegados en el Informe
de la Secretaria General de la OEA y del Panel de Expertos Internacionales Independientes
(mayo de 2018), y en los informes del Instituto CASLA sobre tortura presentados a la Oficina
de la Fiscal de la CPI en 2016, 2017, 2018 y 2019, así como evidencias para el crimen de
desplazamiento forzoso de la comunidad indígena Pemón.

Solo una investigación por parte de la Corte Penal Internacional sobre los crímenes alegados
en este informe, así como sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Régimen
de Maduro en todo el territorio venezolano desde por lo menos el 12 de febrero de 2014
podrá brindarles justicia a las víctimas.