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Dicen que una de las sustancias más peligrosas que existen para la vida humana es el ácido

cianhídrico (en la imagen carbono en negro, nitrógeno en azul e hidrógeno en blanco). Una
concentración de 300 partes por millón en el aire es suficiente para matar a un humano en
cuestión de minutos. Su capacidad de envenenamiento es superior a la del CO en los fuegos y los
bomberos deben tener cuidado con ello, ya que suele producirse por la combustión de productos
sintéticos tales como ropas, moquetas, alfombras, etc. Pues bien, eso no es nada comparado con
el Polonio 210

Si lo comparamos a igualdad de cantidades, el polonio-210 es 250 mil millones de veces


más tóxico. Se estima que un solo gramo puede ser suficiente para matar a 50 millones de
personas y que otros 50 millones caerían enfermos. Pero tal y como el ácido cianhídrico es
tóxico a través de procesos químicos, el polonio-210 lo es por radiactividad. Fue el
elemento utilizado para matar a Alexander Litvinenko y bastó menos de un miligramo (la
milésima parte de un gramo). De hecho, se utilizó una cantidad bastante alta (relativamente
hablando, claro): 26,5 microgramos. Si hiciéramos un cálculo suponiendo que sólo un 10%
de la radiación fuera absorbida por el cuerpo salen unos pocos microgramos los necesarios
para matar a una persona.

Tiene un periodo de semidesintegración de 138 días, lo que quiere decir que pasado ese tiempo
desde que se hubiera fabricado pierde la mitad de su radiactividad. Ello implica que aquel polonio
utilizado en Litvinenko debía haber sido fabricado de forma reciente.

El polonio-210 emite partículas alfa, que no son más que núcleos de helio (dos protones y dos
neutrones). Podríamos hacer el símil con las balas disparadas con un arma de fuego: lo peligroso
no es el proyectil en sí, sino su velocidad. Eso mismo sucede con las partículas alfa: paradas no son
más que núcleos de helio, pero saliendo a la velocidad que salen del polonio-210 (unos 20.000
km/s) tienen una energía muy grande con la que pueden destruir todo lo que se encuentre a su
paso

Si estuviéramos en el vacío las partículas alfa a esa velocidad serían muy peligrosas, pero en la
atmósfera chocan con las partículas del aire, por lo que ven frenadas y apenas pueden recorrer 4
o 5 centésimas de milímetro. Por tanto, mientras mantengamos el polonio 210 a cierta distancia,
no hay mayor problema

Entonces, ¿por qué son tan peligrosas las partículas alfa?


Si respiramos o ingerimos un material emisor de partículas alfa, estas últimas ya no tienen
que recorrer distancias a través del aire para afectar al cuerpo humano. Si el polonio-210 es
ingerido emite partículas alfa allá por donde vaya. Primero se concentra en los glóbulos
rojos, luego va al hígado, los riñones, la médula ósea, el tracto gastrointestinal y las
gónadas (ovarios o testículos). Si es inhalado puede causar cáncer de pulmón. Por ejemplo,
el polonio-210 se encuentra en el humo del tabaco, así que si sois fumadores ya os he
dado una razón más para dejarlo.
Las partículas alfa pueden arrancar electrones de las moléculas, por ejemplo, y pueden
también dañar el ADN de las células, con lo que pueden afectar a su replicación. Y al tener
el periodo de semidesintegración en 138 días, la mayor parte de su energía la libera en un
periodo suficientemente corto como para matar en apenas un mes.

Hay que decir que el polonio-210 fue muy bien escogido a nivel de periodo de
semidesintegración. Si hubieran tomado otro material con, por ejemplo de 5.730 años como
el del carbono 14, no liberaría tanta energía durante una vida humana y por ello no
afectaría tanto; mientras que si su periodo hubiera sido de apenas un par de días, habría que
haberse dado mucha prisa en hacerlo ingerir a la víctima: en cuestión de una semana habría
perdido gran parte de su peligrosidad. Los 138 días son un periodo de tiempo casi ideal si
es que queremos envenenar a alguien.

La primera muerte atribuida al Polonio fue la de Irene Curie, hija de Marie Curie, quien
irónicamente lo había descubierto. Hay quien afirma que falleció a consecuencia de un accidente
de laboratorio al romperse un frasco con polonio, muriendo 10 años más tarde de leucemia,
aunque establecer la relación causa-efecto no es tan sencillo porque podríamos decir que Irene
Curie tuvo que recibir durante su vida todo tipo de radiación.