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In ter n acion al América Latina y la integración

Dos proyectos en lucha frontal: ALCA vs ALBA


María Julia Mayoral
La integración en América Latina no puede ser con Estados Unidos ni tampoco
pretendiendo una neutralidad con la potencia imperialista. Ese proceso está
obligado a generarse en lucha frontal contra el proyecto yanki de dominación: la
conocida Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), opina el investigador
cubano Osvaldo Martínez.
Para Osvaldo Martínez el ALBA solo puede triunfar sobre la base de la derrota total del ALCA. Para el
presidente de la Comisión de Asuntos Económicos de la Asamblea Nacional del Poder Popular y director del
Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM), hay "sobre la mesa" dos proyectos y están en
lucha a muerte; es ALCA vs. ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), subrayó Martínez.

La América Nuestra definida por Martí —para distinguirla de la otra América, diferente en cultura y en cuanto
a su expansión y vocación imperialista— constituye, en teoría, la porción del mundo con las mejores
condiciones para un proceso de integración si se tienen en cuenta sus raíces históricas; pero la realidad ha
sido bien distinta, reconoce.

Recetas fallidas

En opinión del especialista, hay un fracaso evidente de las dos grandes oleadas de integración que han existido
en nuestra región. La primera fue la promovida por la Comisión Económica para América Latina de Naciones
Unidas (CEPAL), desde 1959-60 —coincidiendo no por gusto con el triunfo de la Revolución cubana— y que
se extendió hasta principios de los años ochenta, y la segunda de carácter neoliberal, iniciada a partir de esa
última fecha.

Según las ideas de CEPAL, la integración debía producirse por la vía económica, y bajo la dirección de las
burguesías industrializadoras latinoamericanas; las cuales, se decía, tenían interés de defender sus mercados
frente a las empresas transnacionales, y eran capaces, por tanto, de enfrentar al imperialismo. Pero esos
agentes sociales, que supuestamente podían conducir un proceso de desarrollo autónomo, se revelaron mucho
más penetrados por el capital extranjero y mucho más sirvientes de las transnacionales y de Estados Unidos
de lo que en teoría hacía falta; por ende, aquellos esquemas de integración devinieron plataformas para la
penetración imperialista.

Con la entrada del neoliberalismo, comenta, los países latinoamericanos emprendieron una carrera
competitiva por exportar hacia los grandes mercados de capitales; es decir, hacia Estados Unidos y Europa,
bajo el supuesto de que ello reportaría crecimiento y desarrollo económicos; pero, en la práctica, los mercados
de la región fueron tratados como un subproducto y conducidos a la ruina.

Después de 40 años de intentos por desarrollar el comercio intra-latinoamericano, ese intercambio apenas
representa el 16% del comercio total, y cuando comenzaban los esfuerzos integradores, allá por la década del
sesenta, el porcentaje era de aproximadamente 9%; es decir, el avance ha sido microscópico, insignificante,
enjuicia el economista.

La integración no puede ser sobre bases neoliberales

Otras razones del fracaso de la integración sobre bases neoliberales fue el abandono del trato preferencial
hacia los países más pobres, a los cuales se les hizo creer que su precariedad estaba dada por la pereza e
incapacidad propias para abrirse paso en los negocios y no debido a la explotación imperialista.

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Hoy en el texto del ALCA se le dice a Haití y a Brasil —y son conocidas las asimetrías de desarrollo entre
ambos— que hagan exactamente lo mismo. Las diferencias son tan solo en los plazos de tiempo: lo que Brasil
hace en cinco años, Haití debe realizarlo en 10.

La eliminación del trato preferencial constituye otro duro golpe a la integración. No se puede concebir un
proceso de esa naturaleza en el que algunos de sus integrantes solo tengan desventajas y únicamente los más
desarrollados puedan captar beneficios.

En opinión de Osvaldo Martínez, la privatización masiva de empresas ha sido otro factor en contra de la
integración en nuestra región. En los años de política neoliberal fueron privatizados algo más de 4 000 activos
públicos, los cuales van desde empresas clásicas hasta cosas que nunca antes nadie pensó privatizar como es
el caso de cementerios, parques. Con esas ventas masivas, agrega, los Estados latinoamericanos perdieron la
capacidad de conducir la economía.

Extrayendo lecciones

La integración, considera Martínez, es una necesidad absoluta, y la región tiene ante sí dos propuestas: una
es el ALCA y la otra, el ALBA. La primera representa la continuidad lógica de lo ocurrido hasta ahora con el
neoliberalismo, y no es la integración de América Latina consigo misma, sino con Estados Unidos de manera
dependiente y subordinada. La otra, el ALBA, pudiera evaluarse en un primer acercamiento si extraemos las
lecciones de lo sucedido.

La primera enseñanza, afirma, es que la integración de América Latina no puede ser con los Estados Unidos
ni tampoco con la Unión Europea en calidad de Estado; tiene que ser en lucha frontal contra el proyecto
estadounidense del ALCA cuyo impulso prosigue por distintas vías. El ALBA, agrega, solo puede triunfar
sobre la base de la derrota del plan imperialista; no es posible la coexistencia.

Lo acontecido nos deja otro alerta: ya no hay espacio en América Latina para pretender una integración
dirigida por las burguesías de la región como planteó CEPAL en los años 60 y 70 del siglo pasado. Hoy la
integración está obligada a contar con la dirección de un organismo popular. La razón para esto radica en que
si las oligarquías latinoamericanas fracasaron en décadas anteriores cuando todavía disponían de cierto poder
y capacidad autónoma frente a las grandes transnacionales, qué pudiéramos decir hoy cuando el
neoliberalismo las ha mellado, arruinado y desplazado completamente, considera el investigador.

Esas burguesías nacionales, evalúa, se han convertido en administradoras de filiales extranjeras; perdieron
sus gastos productivos y se han dedicado fundamentalmente a la especulación financiera o al comercio de
importación; en tales circunstancias, sería iluso pensar que puedan dirigir la integración.

Dicho proceso, y es una tercera lección, no puede reducirse al comercio ni medir sus resultados por el
comportamiento de este último. Resulta inaceptable considerar el comercio como una actividad definitoria de
una verdadera integración; pues él estrictamente no tiene nada de solidario ni de cooperativo, es
sencillamente dejar que el mercado marque las pautas, subraya el destacado economista.

Una cuarta idea —y de más alcance— es que la integración tampoco puede reducirse a la economía por
importante que ella sea. Está claro que sin economía sostenible no hay integración, pero también resulta
evidente que relaciones basadas en la solidaridad y la cooperación, como las necesarias en América Latina,
deben ir mucho más allá.

El neoliberalismo, recuerda, vendió la idea de que había que desarrollar primero la economía; pues los
problemas sociales —pobreza, analfabetismo, carencia de servicios de salud, inseguridad social— tendrían
solución de alguna manera por sí solos cuando la riqueza se derramara sobre ellos. Y los hechos demuestran
la gran farsa.

El ALBA, en tanto integración de Cuba y Venezuela, ofrece un ejemplo muy claro: los problemas sociales no
pueden dejarse para un después, tienen que comenzar a atacarse desde ya con los recursos disponibles. Esa
relación, pondera, tiene un componente social muy elevado: colaboración médica, alfabetización, trabajo de
profesores cubanos en las distintas misiones educativas venezolanas, creación de empleos... Elementos como
estos son formula directa y efectiva para convertir la integración en una causa popular y no en un hecho de la
tecnocracia, recalca el presidente de la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento cubano.

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Armas a favor de nuestra América

El ALBA dispone de un arma muy fuerte y seria: el petróleo, dice Martínez. Afortunadamente, por primera
vez en la historia la integración popular tiene el poder financiero en sus manos. Ya el precio del petróleo no es
el resultado de la avidez coyuntural del mercado, sino fruto de la escasez física; por tanto, es y será un
elemento estratégico de enorme importancia, y contar con Venezuela, con su riqueza petrolera, adquiere valor
extraordinario, considera el parlamentario.

Esto, ejemplifica, se expresa de manera muy clara en el caso de Petrocaribe que es, de modo general, un
brazo de la Alternativa Bolivariana para las Américas tendido hacia el Caribe, aunque todavía no sea el ALBA.
Para los países caribeños, pequeños y pobres, significa abastecimiento seguro de petróleo a precios
preferenciales, pago al costo del flete de la transportación y facilidades de pago del hidrocarburo, incluido el
financiamiento a largo plazo.

Si la integración representa para América Latina un tema viejo, el ALBA —surgida por iniciativa del
presidente venezolano Hugo Chávez— es algo completamente nuevo, sobre lo cual casi nada se ha escrito, y
hay necesidad de desarrollarla en la teoría y la práctica. Su esencia última, lo que permite calificarla como
verdadera integración, estriba en la solidaridad y la cooperación.

Actualizado el 2006-02-13 a horas: 10:27:49

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