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DINAMICA EVOLUTIVA DE LA SEXUALIDAD

Ante todo, vemos que la dimensión de la sexualidad de la persona está sujeta a un proceso de
evolución bio-corporal y psicológica. Este asunto ha sido estudiado de manera especial dentro de
la escuela psicoanalítica. Aprovecharé las observaciones fundamentales de Freud, de algunos
seguidores suyos y, sobre todo, de Erik H. Erikson.

En el psicoanálisis se reconoce que la historia de la personalidad tiene su comienzo en el momento


de la concepción. Lo que significa que el feto es influenciado por las condiciones físicas psíquicas y
sociales de la madre.

En cuanto ser sexuado el ser humano inicia su vida sexual también desde la concepción. A partir
de entonces es varón o hembra. Pero también desde sus orígenes intrauterinos se va preparando
para actuar su impulso sexual de acuerdo a los valores y exigencias de la realidad ambiental.

El nacimiento es siempre un hecho traumático. El feto se ve arrojado del paraíso materno para
enfrentarse de inmediato a las vicisitudes de la individuación. Y si el hombre en general es un ser
desvalido, lo es más aún de recién nacido. Por ello requiere de ayuda de la madre, del padre, de la
familia y de la sociedad para subsistir y desarrollarse.

A partir del nacimiento la sexualidad actúa en el ser humano. Esto ocurre en términos de
dimensión personal. No es que el niño sea capaz de un orgasmo completo como el que sólo un
adulto maduro puede lograr.

En la teoría freudiana hay una metapsicología que describe varias suposiciones. Estas brotan del
punto de vista adoptado para considerar a la persona humana.

Desde el punto de vista dinámico, se supone que en el hombre hay fuerzas psicológicas,
conscientes o inconscientes, cuya existencia es demostrada abundantemente por las
observaciones empíricas de psicoanálisis. Como ejemplo de estas fuerzas o energías personales
tenemos los impulsos, el afecto, las emociones.

El punto de vista económico “aspira a perseguir los destinos de las magnitudes de excitación y a
establecer una estimación, por lo menos relativa, de los mismos”. La expresión magnitudes de la
excitación alude a las cantidades, mayores o menores de energía, la pa persona despliega en sus
acciones.

El punto de vista estructural es la base de las proposiciones concernientes al Ello, al Yo y al


Superyó. Del Ello nacen dos instintos fundamentales, el de vida – sexualidad- y el de muerte –
agresividad-. El Ello, además, se rige por el principio de placer, es decir, mueve al individuo hacia la
búsqueda de todo lo que es placentero.

El Superyó contiene la conciencia y la imagen del Yo Ideal.


Ambos aspectos del Superyó se forman a partir de las normas de comportamiento inculcadas por
los adultos en el niño. Y cuando éste se comporta de acuerdo a las normas introyectadas, se siente
gratificado por el Yo ideal. En cambio, cuando sus conductas son malas, según esas normas, la
conciencia lo castiga mediante una descarga de autoagresión.

El Yo es como el director de la personalidad. Poco a poco se va desarrollando en cada individuo y


tiende a ser práctico puesto que se rige por el principio de la realidad. A través de la percepción, la
memoria, el pensamiento, etc, intenta satisfacer las necesidades que surge del Ello de acuerdo a
los principios de Superyó y teniendo en cuanta las exigencias de la realidad ambiental.

El punto de vista topográfico divide a personalidad en tres áreas cualitativas, la inconsciente, la


preconsciente y la consciente.

El punto de vista genético sugiere que el hombre se desarrolla a partir de un origen y a través de
diferentes fases o etapas que se superponen.

Si el desarrollo no es normal, el sujeto puede padecer una fijación en la etapa cuyas crisis no logra
superar. También puede darse la regresión cuando no logra superar directamente las dificultades
de una etapa posterior.

Siguiendo las investigaciones de Erikson es posible distinguir ocho etapas en el proceso de


crecimiento de la personalidad.

1. Confianza que supera la desconfianza Fase oral 0-1


2. Autonomía que supera la vergüenza y la duda Fase anal 1-3
3. Iniciativa que supera la culpa Fase fálica 3-6
4. Industria que supera la inferioridad Latencia 6-11
5. Identidad que supera la confusión del rol Adolescencia 11-20
6. Intimidad que supera el aislamiento Fase genital 20-25
7. Generatividad que supera la absorción en sí mismo 25
8. Integridad que supera la desesperación

1. CONFIANZA CONTRA DESCONFIANZA - Fase oral-

Como lo indica el término oral, la sexualidad está presente en este primer año de vida como
búsqueda de placer a través de la boca. En parte, e l recién nacido experimenta en la boca el
placer de recibir el alimento necesario para subsistir.

Fenichel observa que “el objetivo del erotismo oral es primeramente la estimulación autoerótica
placentera de la zona erógena y luego la incorporación de objetos”. Y lo muestra con el fenómeno
autoerótico de la succión del pulgar, en la que el infante no incorpora ningún alimento.

Cuando el infante se siente alimentado a tiempo, acariciado, manipulado con cuidado, tratado con
afecto mediante palabras tiernas y miradas cariñosas, consigue aprender a confiar en su madre.
Entonces puede superar la desconfianza básica que le viene de su desvalimiento natural de niño.
En consecuencia, adquiere la confianza en sí mismo y en el mundo. Con todo esto quedan
establecidos los cimientos de la seguridad individual.

En relación con la sociedad, el infante descubre que hay un orden en el mundo cuando recibe el
alimento a tiempo y encuentra una respuesta a sus necesidades y reclamos corporales y psíquicos.
Es como si intuyera que él tiene a su madre; que ella cuenta con la familia; que la familia tiene a la
sociedad con sus situaciones y tradiciones culturales que la protegen y promueven.

Si la madre es rechazante, punitiva, descuidada aunque sea porque debe cuidar a los demás hijos,
el niño tiende a considerar que no es porque ella sea malévola, sino porque él mismo es malo. Y
llega a sentir que es justa siendo dura, estricta y regañona con él, y demostrando cuán malo es.

Cuando el niño ha recibido afecto y amor a través del contacto físico, alimentación, limpieza, etc,
aprende que él es bueno. Por consiguiente, adoptará una actitud cariñosa para sí mismo y, más
tarde, para los demás. Pero también adquiere así la virtud propia de esta etapa, la esperanza.
Porque confía en su madre, puede esperar; porque tiene fe en ella, puede mirar su propio futuro
con esperanza.

En este sentido Erikson valora positivamente la fe religiosa de los adultos en cuanto que nutre con
mayor profundidad la confianza del niño.

La fijación en esta etapa o la regresión a la misma suelen conducir a la esquizofrenia a partir de


una personalidad dócil, agresiva o autista, también a la psicosis maníaco-depresiva, a la depresión,
al alcoholismo y a la drogadicción. Las enfermedades de la piel suelen indicar que hubo problemas
en esta etapa.

2. AUTONOMÍA VS VERGÜENZA, DUDA - Fase anal

El infante descubre que esas funciones le pertenecen, él puede retener o eliminar. Así empieza a
desarrollar un claro sentimiento de autonomía. Comprueba que tiene el incipiente poder del
autocontrol y de la voluntad propia.

Por otro lado, el aprendizaje del control de esfínteres representa el primer esfuerzo consciente del
Yo por dominar los impulsos de Ello. Y es sabido que el infante adquiere la autonomía propia de su
edad en la medida en que su Yo es capaz de enfrentarse al empuje impulsivo del Ello.

De esta manera también se va volviendo responsable de sus acciones. Con lo que adquiere al
mismo tiempo una nueva vulnerabilidad. Resulta entonces que la ansiedad, que había instalado en
la etapa oral a partir de las experiencias de falta de amor e inseguridad, aparece ahora como una
señal de otro peligro: que los impulsos de Ello amenazan con salir e imponer sus exigencias por
encima del control del Yo. De aquí nace el conflicto del Yo entre las prohibiciones de los adultos
que ha incorporado –Superyó primario- y los impulsos del Ello.
Cuando el niño logra un control equilibrado de los esfínteres, entonces llega a superar la crisis
referente a la vergüenza y a la duda. Adquiere, más bien, un sentido de autonomía, una seguridad
en el propio poder. Pero, si el control inculcado por los adultos es excesivo, aumentará su
sentimiento de vergüenza, de impotencia muscular y anal, pérdida del autocontrol.

La virtud que el infante adquiere en esta etapa cuando supera la vergüenza y la duda, es la fuerza
de la voluntad.

Una fijación en esta etapa o la regresión a la misma suele inclinar a un afán excesivo de orden,
limpieza, tacañería y obstinación. Cuando estos rasgos de personalidad desbordad ciertos límites,
pueden llevar al desarrollo de una neurosis obsesivo-compulsiva.

3. INICIATIVA VS CULPA -Fase fálica-

La manifestación más notable de la genitalidad infantil en esta época es la masturbación. La cual


llega a desempeñar, hasta cierto punto, un papel positivo como medio para aprender
gradualmente a controlar, en forma activa, la experiencia de la excitación sexual. La masturbación
se torna negativa, desde el punto de vista psicoanalítico, cuando el adulto la prefiere al coito
realmente posible, o cuando es practicada, no en forma ocasional sino con excesiva frecuencia

La crisis caracterizada por los temores y sentimientos de culpa que los primeros tanteos que
realiza en la propia individuación y separación respecto a la madre en el juego y, en especial en la
exploración de sus genitales. El tomar iniciativas en cualquiera de estos campos suelen despertarle
sentimiento de culpa. Esto se ve reforzado, con frecuencia, por los severos castigos con que la
madre quiere inculcar una educación sexual.

Si supera esta crisis, aprende a desarrollar su sentido de iniciativa con tranquilidad y seguridad.

La iniciativa añade a la autonomía, propia de la etapa anterior, la cualidad de la empresa, de la


tendencia hacia un fin o hacia una meta proyectada. Claro que esto hace que el niño, según
parece, por el mero afán de movimiento, por la necesidad vital de estar activo.

En esta fase el niño amplía más el marco de sus relaciones interpersonales. Es probable que esté
cursando los años de primaria entre los tres y los seis años de edad.

El complejo de Edipo, según Freud, significa que el niño quiere recibir él solo, el afecto de la
madre. Por tanto, ve al padre como un rival odiado. Incluso, parece que el varoncito llega a desear
la eliminación del padre. Sin embargo teniendo en cuenta la estatura y la fuerza del padre, el niño
experimenta temor. Y siente miedo de que el padre se vengue mediante la castración. Entonces
por temor el niño intensifica su dependencia respecto al padre y no sólo lo imita, sino que se
identifica afectivamente con él, como si quisiera ser el padre. Además, como el padre de hecho, en
una familia normal, es su bienhechor y protector, a fin de cuentas lo idealiza, lo aprecia y empieza
a amarlo.
En la niña el complejo de Edipo nace a partir de la comprobación de que ella no tiene pene como
los varones, y al ver que tampoco su madre lo tiene, experimenta desilusión. Entonces busca el
amor del padre y rivaliza con su madre. Pero luego siente miedo de perder el amor materno. Así
vuelve a identificarse con la madre.

A resultas de lo anterior, el niño realiza algunas actividades que le sirven como defensa contra su
incipiente sexualidad. Así tenemos, en primer término, la curiosidad sexual. Con ella el niño
domina lo sexual mediante la intelectualización.

La situación edípica coincide también con la formación del Superyó del niño. En una familia normal
y bien establecida la figura del padre sirve como modelo y ejecutor del Superyó. Así adquiere el
niño las normas morales de comportamiento, que se van a estructurar en la conciencia y en el yo
ideal. También hay que reconocer que el Superyó “transmite las exigencias culturales de
generación en generación”.

La fijación en esta etapa suele estar ligada ligada con diversas formas de desviación y disfunción
sexual.

La virtud que puede ser aprendida en este tiempo, si se superan los sentimientos de culpa
provenientes de las iniciativas emprendidas, es la realización de la tendencia finalista y de la
capacidad para elaborar un propósito.

4. INDUSTRIA VS INFERIORIDAD -Latencia-

En esta etapa se produce una desexualización en el niño.

La crisis que el niño tiene que superar ahora se refiere a los sentimientos de inadecuación e
inferioridad. Si se desespera respecto a sus habilidades y al rol que juega entre sus compañeros,
puede renunciar a identificarse con ellos y con sus habilidades. Entonces tiende a aislarse, para
caer en una regresión edípica, es decir, a la etapa anterior; por eso vivirá una fuerte carga de
rivalidad agresiva respecto a la familia y a los compañeros.

La superación de esta crisis conlleva el desarrollo del sentido de industria en el niño. Tal vez
porque aprende a ser industrioso en los que hace, aprende a conquistar a los demás mediante la
producción de cosas.

Pero la industria del niño no se revela solamente en el orden, en la realización de las actividades
escolares, en el manejo de objetos y herramientas, en la pasión por coleccionar, etc, sino también
en el empleo de la fantasía, que en el juego cristaliza en forma muy viva. En efecto las habilidades
para el juego se desarrollan en esta etapa.

El niño utiliza su fantasía no sólo para jugar, sino también para realizar muchos de sus deseos.
También la emplea como vehículo de autoexpresión. Por ejemplo, en el juego con las muñecas la
niña puede expresar: 1) su dependencia de la madre, “yo amo mi muñeca como deseo ser amada
por mi madre”; 2) sus conflictos hostiles contra la madre, “yo trato mal a mi muñeca y la odio,
como mi madre me odia y me maltrata a mí”; 3) sus conflictos interiores, “yo odio mi muñeca
porque es un aniña como yo”, o “amo a mi muñeca porque es una niña como yo”. La fantasía
acentúa la independencia del niño respecto al ambiente. Pero cuando el uso de la misma es
excesivo, entonces el niño se aleja de la realidad.

A través de los procesos de introyección e identificación, el hijo forma con sus padres una unidad
psicodinámica, esto es, el triángulo familiar. Lo cual, sin embargo, era más válido en los tiempos de
Freud, cuando aún existía la familia patriarcal, en la que los roles del padre y de la madre eran
claros. En nuestros días la confusión en esos roles confunde al hijo que, abandonado a sus propias
decisiones, pierde la noción de sus límites reales.

Los niños buscan estar con otros niños y las niñas con sus amigas. Pero también hay un interés
mayor por los amigos de sus padres, por los vecinos y conocidos de la familia. Y el niño tiene así la
oportunidad de identificarse con otros adultos, pues a esta edad los padres no pueden satisfacer
ya plenamente las exigencias que laten en él.

La modalidad psicosocial propia de esta etapa es el hacer cosas en colaboración. Se ensaya, tal
vez, al hacer tareas escolares en grupo, juegos y otras actividades con las que la sociedad empieza
a incorporar al niño a través de la escuela, la iglesia, etc.

La virtud que el niño puede desarrollar en esta época es la realización de la competencia y el


método de sus labores escolares y también en las extraescolares como el juego.

5. IDENTIDAD VS CONFUSIÓN DEL ROL -Pubertad y adolescencia-

Con el término pubertad se suele aludir a la maduración fisiológica en el aspecto sexual. La palabra
adolescencia señala la interacción entre los procesos fisiológicos y psicológicos que están
presentes en la tarea evolutiva de este periodo. Porque la adolescencia aparece como una
revolución interna que da nueva plasticidad a la personalidad, suele ser una oportunidad para que
ésta se reorganice de una manera más adaptativa.

La adolescencia impone al Yo la tarea de dominar los antiguos conflictos e integrarlos dentro de


las funciones de la personalidad adulta. Esto es posible mediante el aprovechamiento del
despertar poderoso de las energías psicosexuales.

En el momento en que el adolescente tiene que superar también la confusión de su rol: deja de
ser niño para empezar a internarse en el mundo de los adultos. En efecto, al verse enfrentado con
la revolución fisiológica y psicológica de su personalidad y con las tareas de adulto que le
aguardan, se preocupa mucho por su apariencia ante los demás.
Así pues, para superar esta crisis de la confusión de su rol tiene que buscar la identificación con si
cuerpo, con su sexo, con su mismidad irrepetible, con una determinada ideología, con su
capacidad de liderazgo, etc.

La identificación sexual significa en esta etapa la superación de la difusión bisexual. Al sentirse a


gusto en sus relaciones con el sexo opuesto, reafirma su condición de varón o mujer. Así adquiere
el adolescente un sentimiento más integral de identidad, y se acerca más al comportamiento
propio de los adultos de su sexo.

“esto inicia la etapa del enamoramiento, que no es en modo alguno total o siquiera
primariamente sexual, salvo cuando las costumbres así lo exigen. En grado considerable, el amor
adolescente constituye un intento por llegar a una definición de la propia identidad proyectando la
propia imagen yoica difusa en otra persona y logrando así que se refleje y se aclare gradualmente.
A ello se debe que una parte tan considerable del amor juvenil consista en conversación”

Ahora si la sexualidad es plenamente genital. El varón puede fecundar y la mujercita puede ser
fecundada. En las etapas anteriores se habla de una sexualidad pre-genital. En cambio, a partir
de la pubertad, el ser humano posee la sexualidad propiamente tal y a la cual suele referirse el
lenguaje popular cuando hace referencia a lo sexual.

En relación con el sexo opuesto, el adolescente da un paso muy importante hacia la diferenciación
sexual. Ya no se junta exclusivamente con personas del propio sexo. Ahora experimenta una fuerte
atracción por el sexo opuesto. Pero, su diferenciación sexual, de acuerdo a Marañón, apenas es
incipiente. Se puede afirmar que el adolescente, igual que Don Juan, le gustan todas. Además, le
gustan de manera particular en el aspecto genital.

Conviene recordar que la adolescencia es un periodo altamente crítico y contradictorio. Se puede


hablar de una psicopatología normal de la adolescencia.

La última tarea del adolescente consiste en reconocer la sexualidad como parte de su vida.
Logrará entonces un equilibrio psíquico entre el ascetismo propio de esta etapa – a resultas del
temor producido por la explosión de lo sexual – y la impulsividad casi irrefrenable de la
sexualidad.

La virtud que está al alcance del adolescente es la realización de la fidelidad y la devoción.


Ambas actitudes, como es sabido, suponen la entrega incondicional a una persona amada.

6. INTIMIDAD VS AISLAMIENTO -Fase genital-

De acuerdo a Benedek, la madurez sexual significa que el individuo aprende a encontrar


gratificación para su impulso sexual dentro del marco de su conciencia.

Según Erikson, el tema fundamental de esta etapa se refiere a la superación de la tendencia al


aislamiento. Esto suele provenir de la identidad lograda por el adolescente. En efecto, la identidad
lo lleva a reconocerse como un ser diferente de los demás. Y al acentuar sus características únicas
e irrepetibles, el adolescente se llega a sentir rechazado. En consecuencia, busca el aislamiento.

Esa crisis es superada mediante la capacidad para establecer relaciones íntimas en la solidaridad
de las afiliaciones sociales, la unión sexual, en la amistad íntima y también en e contacto consigo
mismo. Pero, el acento recae en a disposición psicológica para un compromiso de mutua intimidad
en el matrimonio. En este sentido la utopía sexual para los casados, según Erikson, consiste en
alcanzar:

1) Mutualidad en el orgasmo,
2) Con un compañero amado,
3) Del otro sexo,
4) Con quien uno puede compartir una confianza mutua,
5) Y con el que uno puede y quiere regular ciclos de:
a) el trabajo,
b) la procreación,
c) la recreación,
6) con el fin de asegurar también a la descendencia todas las etapas de un desarrollo
satisfactorio.

Es claro que el logro de esta utopía no es algo exclusivamente sexual. Tiene implicaciones
sociales y culturales que desbordan el ámbito del hogar y de la intimidad interpersonal. Sin el
apoyo de la sociedad y de la cultura no puede subsistir la pareja humana.

En el proceso de diferenciación psicosexual nos enfrentamos con los dos últimos pasos. El
adulto joven restringe el campo de su interés sexual a un grupo de personas que poseen
determinadas características. Ya no le gustan todas. Más adelante, de entre esas personas
elegirá una. En este sentido la diferenciación ha llegado a su máximo nivel, con tal que se haya
dado una elección concienzuda. Entonces, según Marañón, el objetivo de la sexualidad “es un
solo y único individuo”.

Cuando no se vence el aislamiento el individuo puede caer en serios problemas de carácter-


amargura, agresividad, desaliento, etc. En esta línea, existen ciertas relaciones conyugales
donde sólo se vive un aislamiento a dos. Con ese comportamiento los cónyuges de protegen
de la necesidad de enfrentar el nuevo desarrollo exigido por la etapa siguiente, la de la
generatividad.

Las virtudes que están al alcance de quienes superan las crisis de esta fase, son el amor y la
pertenencia. Esta última nos muestra que el ser humano, aunque sea adulto, tiene necesidad
de entregarse y pertenecer a alguien. Y no sólo al cónyuge, sino también a un grupo, si es
posible.
7. GENERATIVIDAD VS ABSORCIÓN EN SÍ MISMO.

Mediante la generación de los hijos se cumple plenamente el círculo vital del ser humano.
Consigue de esa manera la plena realización de su sexualidad.

El ejercicio de la maternidad lleva a culmen la realización sexual de la mujer. Y se trata de un


proceso biológico y psicológico que la afecta en forma profunda y radical. Por ejemplo, después de
la fecundación ya no busca con tanto afán la relación heterosexual. Su libido narcisista primaria se
concentra en el propio ser, sobre todo, en el niño que se gesta en su vientre.

En el varón la paternidad tiene un rostro muy diferente que en la mujer. El padre engendra a su
hijo con un solo acto. Deja todo el proceso de la gestación en el seno de su mujer.

Si al gratificar su necesidad sexual el hombre se reasegura a sí mismo respecto a su virilidad al


recibir un hijo por él engendrado, experimenta la esperanza de alargar su existencia mediante el
hijo y su descendencia.

Así, la generatividad es una fase esencial del proceso de desarrollo psicosexual y psicosocial. Por
ello, cuando falta en la vida de un ser humano, se suele producir una regresión a una necesidad
obsesiva de pseudointimidad, las más de las veces son un sentimiento de estancamiento y
empobrecimiento general.

Por otro lado, la generatividad no se cumple con el mero hecho de tener o desear los hijos. Hay
que constituir un hogar en el que la unión conyugal asegura el cuidado y el crecimiento de la
nueva generación.

Erikson señala que todas las instituciones codifican la ética que promueve la generación p
procreación de los hijos. Lo cual no quita la posibilidad de renunciar a la sucesión generativa por
motivos espirituales como los mueven, en general, a los “monjes”. En el caso de éstos, se tiende “a
resolver al mismo tiempo el problema de su relación con el cuidado de las criaturas de este mundo
y con la caridad que los trasciende”.

Las virtudes características de esta etapa son la productividad y cuidado. Ya vimos que no se
trata de una productividad al estilo capitalista, sino de algo profundo como la procreación de los
hijos y la transformación de la sociedad. El cuidado supone al empeño constante en la realización
de las tareas de creatividad hasta llevarlas a su pleno cumplimiento.

8. INTEGRIDAD VS DESESPERACIÓN.

En esta etapa tiene lugar el climaterio. Este término alude a la disminución de la capacidad
reproductiva en ambos sexos.
La mujer desde la pubertad ha tenido que adaptarse a los cambios biológicos que cada mes se
repiten en ella. Por lo mismo, emocionalmente ya se encuentra preparada, si ha sabido superar las
crisis de las etapas anteriores, para enfrentar con naturalidad los cambios de esta edad.

El hombre, aunque mantiene su capacidad reproductora, suele resentir una disminución en su


impulso sexual. También otras circunstancias, como jubilarse del trabajo, suelen producir en él una
situación crítica que resulta equiparable, hasta cierto punto, aun climaterio masculino.

Al llegar a la senectud el ser humano experimenta, con nueva fuerza e igual que la niñez. Las
necesidades receptivas de dependencia. Con esto suele irritar a la generación más joven. Pero,
cuando recibe amor, vive un sentimiento de seguridad y mantiene la conciencia de su valor
personal.

En otras culturas, por ejemplo en el oriente, el anciano cuenta entre la gente con un lugar
acogedor y lleno de veneración. En cambio, en el Occidente, se ve relegado y hasta abandonado.

Si el individuo ha vivido a fondo el hecho de haber sido el generador de otros seres humanos o
generador de productos, ideas y obras sociales, tiene la posibilidad de experimentar un
sentimiento de integridad del Yo. Según Erikson, semejante sentimiento implica:

“La seguridad acumulada del Yo con respecto a su tendencia al orden y al sentido de las cosas.

Es un amor postnarcisista del Yo humano – no el sí mismo – como una experiencia que transmite
un cierto orden del mundo y un sentido espiritual, no obstante lo mucho que se haya tenido que
pagar por ello.

Es la aceptación del propio y único ciclo de vida como algo que debía ser y que necesariamente no
permitía sustitución alguna. Con esto se alcanza un amor nuevo y distinto a los propios padres.

Es una camaradería con las culturas de otras épocas y con actividades distintas, tal como se
expresan en los productos y en los dichos simples de tales tiempos y actividades.

Aunque percibe la relatividad de los diversos estilos de vida que han otorgado significado al
esfuerzo humano, el poseedor de integridad está siempre dispuesto a defender la dignidad de su
propio estilo de vida contra toda amenaza física y económica”.

Cuando falta esta integridad del Yo, se presenta el temor a la muerte. No se acepta el único ciclo
de vida como un límite impuesto por la misma existencia humana. Surge entonces la
desesperación como un sentimiento de que el tiempo es limitado, demasiado limitado. Ahora
resulta evidente que el tiempo que queda es corto como para intentar otro estilo de vida y buscar
otras alternativas hacia la integridad.

Con la integridad yoica el hombre maduro alcanza el grado más elevado de confianza. De una
confianza que produce “la seguridad con respecto a la integridad del otro”. También se trata de la
seguridad respecto a la integridad del propio ciclo vital. Por eso no hay temor a la muerte. Y de esa
manera se puede engendrar la confianza básica en los niños. De donde resulta que los niños
normales no temerán a la vida, si los adultos tienen la integridad suficiente como para no temer a
la muerte.

Las virtudes propias de esta última edad del hombre, son la sabiduría y la renuncia.