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El ADN, la molécula de la herencia

Al menos desde principios del siglo XX se empezó a sospechar que la


información genética guardaba relación con la molécula más abundante en el
núcleo de las células, el ADN, que era el principal constituyente de los
cromosomas.

El nombre completo del ADN es ácido desoxirribonucleico. Es una molécula


con estructura fibrilar, es decir, en forma de hilo, enormemente larga, que está
formada por la unión de miles de moléculas más pequeñas llamadas
nucleótidos.

Las células utilizan con frecuencia este mecanismo para construir moléculas de
gran tamaño: unen entre sí moléculas pequeñas, de naturaleza similar,
formando largas cadenas. Las moléculas pequeñas, cuando forman parte de
otras más grandes se denominan "monómeros", mientras que las cadenas
formadas por ellas se denominan genéricamente "polímeros".

Los polímeros están formados por moléculas del mismo tipo (por ejemplo
glúcidos, aminoácidos o nucleótidos), que pueden ser iguales entre sí
(homopolímeros) o diferentes (heteropolímeros). Con esta estrategia las células
consiguen dar un doble uso a sus componentes: además de las funciones que
realizan los monómeros, consiguen crear otras moléculas con función diferente,
gracias a su tamaño y a su estructura. Los principales polímeros celulares son
los polisacáridos, formados por glúcidos, las proteínas, formadas por
aminoácidos, y los ácidos nucleicos, formados por nucleótidos.

Los nucleótidos son una familia de compuestos químicos que tienen la misma
estructura: una base nitrogenada unida a un monosacárido de cinco carbonos
que, a su vez, está unido a uno o varios grupos fosfato. Los seres vivos
utilizamos varios tipos de nucleótidos, más o menos unos cincuenta, porque
estas sustancias tienen una cierta variabilidad dentro de esa estructura común:
 Se usan dos tipos de monosacáridos, la ribosa y la desoxirribosa, que
dan lugar a dos tipos de nucleótidos: ribonucleótidos y desoxirribonucleótidos.
 Pueden incluir uno, dos o tres grupos fosfato.
 La base nitrogenada puede ser de diferentes tipos. Esta diferencia es la
más significativa, especialmente dentro de los ácidos nucleicos.
Los nucleótidos son fundamentales para el funcionamiento celular, incluso
cuando no forman parte de los ácidos nucleicos. Uno de ellos, el ATP, acumula
en sus enlaces la mayor parte de la energía que la célula necesita para su
actividad cotidiana, mientras que otro, llamado NADH, permite que la célula
evite la oxidación de otras sustancias.

Cuando los nucleótidos se unen entre sí formando cadenas dan lugar a los
ácidos nucleicos. Si incluyen ribosa en su composición el ácido nucleico que se
forma se denomina ácido ribonucleico (ARN), mientras que si contienen
desoxirribosa dan lugar al ADN.

En los ácidos nucleicos los nucleótidos se unen entre sí formando un


"esqueleto" de fosfatos y monosacáridos del que "cuelgan" las bases
nitrogenadas. En cada molécula de ácido nucleico puede haber cuatro tipos de
bases que forman una secuencia. Las bases nitrogenadas que aparecen en el
ADN son la Adenina (A), la Citosina (C), la Guanina (G) y la Timina (T),
mientras que en el ARN esta última es remplazada por el Uracilo (U), con la
que guarda un gran parecido químico. Estas bases pueden ordenarse de
cualquier forma posible, repitiéndose indefinidamente, de modo que un ácido
nucleico puede presentar cualquier secuencia posible de nucleótidos.
Los ácidos nucleicos y la información

Los seres vivos necesitamos información y, para que nos resulte útil,
necesitamos también un mecanismo que nos permita "gestionarla". Ese
mecanismo necesita cumplir ciertos requisitos: debe permitir almacenar esa
información, transmitirla (por ejemplo de padres a hijos, o de célula madre a
células hijas) y expresarla, es decir, hacer que su contenido se transforme en
elementos funcionales. Para que los ácidos nucleicos puedan servir como
sistemas de gestión de información sus características químicas deberían
explicar estos tres procesos. La confirmación de que el ADN puede cumplir esa
función se consiguió cuando se descubrió la estructura tridimensional de esta
molécula, ya que sus características permitieron explicar el modo en que esos
procesos pueden llevarse a cabo.

La estructura del ADN

En 1962 James D. Watson y Francis H. Crick consiguieron establecer la


estructura tridimensional del ADN. Estos investigadores descubrieron que las
bases nitrogenadas que forman parte de los nucleótidos tienen cierta afinidad
química entre sí, de modo que pueden formar enlaces débiles, específicos: la
Adenina forma enlaces con la Timina, pero no con las otras bases, mientras
que la Citosina se empareja con la Guanina, y no de otro modo. Gracias a
estas relaciones específicas, que constituyen lo que se conoce como "principio
de complementariedad de bases", fueron capaces de explicar algunas
características químicas del ADN que se conocían desde antiguo (reglas de
Chargaff) y de proponer un modelo de estructura del ADN.

Según Watson y Crick cada cromátide de un cromosoma estaría constituida, en


realidad, por dos hebras de ADN, complementarias entre sí. Que las dos
hebras sean complementarias significa que, si en una de las hebras aparece,
en una cierta posición, una base nitrogenada, por ejemplo Adenina, en la otra
cadena debe aparecer, necesariamente, la Timina, que es su base
complementaria. Del mismo modo, si en una cadena aparece la Guanina, en la
otra debe aparecer, por fuerza, la Citosina.
Gracias a la complementariedad de bases, a que las bases complementarias
se atraen entre sí formando enlaces débiles, las dos cadenas permanecen
unidas y se enrollan una en torno a la otra formando una estructura con forma
de "doble hélice". El modelo de Watson y Crick puede observarse mediante
técnicas de estudio adecuadas, como la difracción de rayos X, y actualmente
se considera que refleja fielmente la disposición de los nucleótidos en el ADN
de los seres vivos. Este modelo permite explicar, con relativa facilidad, el papel
del ADN como sistema de información en los organismos.

Los ácidos nucleicos almacenan información

Nosotros gestionamos nuestra información por medio del lenguaje. Para


expresar mensajes distintos, por ejemplo para diferenciar entre conceptos
distintos como "ramo" o "mora" utilizamos palabras diferentes. Pero cada
palabra es, al fin y al cabo, una secuencia de signos ordenados de un modo
concreto. La naturaleza de los signos no tiene demasiada importancia: en el
lenguaje hablado son sonidos, pero en el lenguaje escrito son letras. Pueden
ser también números, o ideogramas... Lo importante es el orden en que se
encuentran, la posibilidad de ordenarlos de diferente manera. En el ejemplo
anterior se han utilizado los mismos signos, "a", "m", "o" y "r", dispuestos en
orden diferente, lo que ha dado lugar a mensajes distintos.

Los ácidos nucleicos también presentan esta característica. Una molécula de


ADN es una sucesión de nucleótidos diferentes entre sí. Cada nucleótido juega
el papel de un "signo", y como pueden ordenarse de formas distintas, las
diferentes secuencias dan lugar a mensajes distintos, como en el lenguaje
escrito. Los grupos de signos juegan el mismo papel que las "palabras" o las
"frases" en el lenguaje. Por lo tanto, la naturaleza de los ácidos nucleicos, su
carácter de heteropolímeros, explica cómo pueden ser usados para almacenar
información.

Según el modelo de Watson y Crick, una cadena de ADN puede tener cualquier
secuencia de nucleótidos, sin ninguna restricción. La estructura del ADN en su
conjunto está determinada por la relación entre las dos cadenas, de modo que
si nos fijamos en una de ellas la otra sí está fijada, porque es su
complementaria.

La célula contiene otros heteropolímeros, como las proteínas, que también son
moléculas "informativas", aunque en este caso los organismos utilizamos
directamente la información contenida en ellas para realizar las funciones que
necesitamos desempeñar.

ADN y transmisión de la información

Poder almacenar información no es suficiente para ser útil como sistema de


gestión de información. Los seres vivos se caracterizan por su capacidad para
reproducirse, y eso implica que puedan transmitir su información a otros
organismos, a ser posible sin que se produzcan cambios en ella. La estructura
del ADN también explica el modo en que esto puede ocurrir.

Los enlaces que se establecen entre las dos cadenas de la molécula de ADN
son débiles, lo que significa que pueden deshacerse con cierta facilidad.
Gracias al principio de complementariedad de bases, si se separan entre sí las
dos hebras que forman la molécula de ADN, cada una de ellas puede servir de
modelo para una nueva cadena complementaria, de modo que a partir de una
única molécula se pueden formar dos que contengan la misma información que
la original. Este proceso puede repetirse indefinidamente, sin que la
información sufra cambios.

El modelo también explica por qué pueden producirse, ocasionalmente,


cambios en la información genética (mutaciones), debido a errores durante el
proceso de copia. Si, por accidente, una de las bases del ADN es sustituida por
otra, en el siguiente proceso de copia de la información se habrá introducido un
cambio en la información genética como si, en el lenguaje escrito, nosotros
sustituimos una letra por otra.
ADN y expresión de la información

La información genética de las células se expresa mediante la síntesis de


proteínas. Esto significa que lo que las células utilizan para realizar sus
funciones, sus herramientas, son, en realidad, las moléculas de proteína. Cada
proteína diferente tiene una función concreta, y expresar la información
genética significa seguir las instrucciones contenidas en ella para construir una
proteína concreta, que nos sirva para llevar a cabo la función que queremos
realizar.

Las proteínas son heteropolímeros de aminoácidos, y la función que realizan


depende de su estructura, de su forma tridimensional, que a su vez está
determinada por la secuencia de esos aminoácidos. Por lo tanto, para construir
una proteína concreta es necesario saber, en cada momento, qué aminoácido
debe ir situado en una posición determinada. Esto hace "equivalente" la
información que contienen los ácidos nucleicos (la posición de cada nucleótido)
con la que contienen las proteínas (la posición de cada aminoácido),
simplemente es necesario traducir la información de un lenguaje (ácidos
nucleicos) a otro (proteínas).

Sabemos que este proceso tiene lugar en los ribosomas. En ellos, la


información de los ácidos nucleicos es leída por el orgánulo y utilizada para ir
colocando sucesivos aminoácidos en la cadena de proteína. Este proceso
de traducción es totalmente literal, es decir, se lleva a cabo "palabra a palabra",
de modo que cada "palabra" contenida en la molécula de ácido nucleico
equivale a una "palabra" en la proteína.

(El número de signos de los ácidos nucleicos es más pequeño que el de


"palabras" necesarias para construir las proteínas: hay cuatro nucleótidos
distintos para expresar veinte aminoácidos diferentes. Esto se resuelve
combinando los signos, los nucleótidos, para formar "palabras", como hacemos
en el lenguaje. En el caso de los ácidos nucleicos, todas las palabras tienen la
misma longitud, tres nucleótidos, lo que hace un total de 64 palabras diferentes,
más que suficientes para los veinte aminoácidos que forman las proteínas).

La expresión de la información genética, en todo caso, utiliza un intermediario:


los ribosomas no leen directamente la información del ADN, sino que ésta se
copia a una molécula de ARN llamada mensajero. Esta molécula, en los
eucariotas, sale del núcleo a través de los poros y se asocia con los ribosomas,
donde ocurre la traducción. La copia del ADN a ARN sigue los mismos
principios que la duplicación del ARN, con la diferencia de que la base
complementaria a la Adenina es el Uracilo (la Timina no forma parte del ARN).

Posiblemente, la explicación de que exista este intermedio sea de naturaleza


evolutiva (el ARN apareció históricamente antes que el ADN), y ahora tiene
ventajas para los seres vivos, ya que permite mantener protegido al ADN; el
ARN mensajero, que es como se llama la molécula que lleva la información
hasta los ribosomas, se degrada después de ser utilizado.
La expresión de la información genética

De acuerdo con lo anterior, podríamos decir que la expresión de la información


genética es el conjunto de procesos que permite elaborar moléculas
funcionales (proteínas) siguiendo las instrucciones contenidas en el ADN y dar
lugar a nuevas células que posean la información genética de la original. Esto
incluye varios subprocesos que tienen lugar de manera ordenada y organizada
en la célula:
 La replicación o duplicación del ADN es el proceso mediante el cual
una molécula de ADN se copia a sí misma para dar lugar a dos moléculas
idénticas entre sí, pasando de una doble hélice a dos dobles hélices. Solo tiene
lugar antes de que la célula se vaya a dividir.
 La transcripción es el proceso mediante el cual un fragmento de una
molécula de ADN se copia para dar lugar a una molécula de ARN. El ARN, a
diferencia del ADN, tiene una única cadena de nucleótidos, no forma dobles
hélices. El proceso de transcripción ocurre en el núcleo de las células
eucariotas, y tiene lugar cada vez que la célula necesita producir nuevas copias
de una proteína específica, o cuando necesita formar nuevos ribosomas.
 La traducción es la producción de proteínas específicas según las
instrucciones contenidas en una molécula de ARN. Ocurre en los ribosomas,
que se encuentran en el citoplasma o asociados a las membranas del retículo
endoplásmico rugoso, y se produce cada vez que la célula necesita elaborar
una proteína específica.
Todos los procesos relacionados con la actividad de los ácidos nucleicos
necesitan, además, la participación de proteínas que son las realmente
encargadas de llevarlos a cabo. Es decir, tanto durante la replicación como en
la transcripción y en la traducción intervienen, además de los ácidos nucleicos,
un considerable número de proteínas diferentes, que no se han nombrado para
no complicar más la explicación, pero sin cuya intervención no podrían tener
lugar.