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y, lo que me horroriza al referirlo,

La tentativa del león y el rayo ardiente a voluntad maneja.


Y así, evita encontrarlo; huye hijo mío;
el éxito de su empresa acelerado corre a tu caverna…
es el hombre feroz con sus hermanos
(RESUMEN) ¿cómo no lo será con una fiera?
- ¿Que yo me esconda? – dice -. ¡He de
[buscarle,
La tentativa del león y el éxito de su empresa (…)
Este es un resumen que les ofrezco de este genial relato donde se manifiesta el
poder delhombre sobre la naturaleza. V
Interroga al buey
II
La voz materna
- ¿Tú eres – le dice – el hombre, que
[presume
Había en los desiertos africanos,
ser sólo él, soberano de la tierra,
entre un grupo de rocas, una cueva
creyendo que su rango y primacía
donde parió una leona su cachorro
todo animal, temblando reverencia?
y le ocultó con suma diligencia.
- No – responde – ¡ay de mí! no soy el
Después que con su leche le ha nutrido,
[hombre;
de carnes elegidas le alimenta,
- soy de los infelices que sujeta,
y da, con excelentes instrucciones,
y a quien por los más útiles servicios
la última mano a su piedad materna.
de las más dura y vil correspondencia.
Le refiere sus nobles ascendientes,
Al punto que nací, mandó a mi madre
no para que sus glorias le envanezcan,
que mi alimento natural partiera
sino para que imite sus virtudes,
entre él y yo, y sólo a ciertas horas
cuyos modelos tienen tan de cerca.
tomaba hambriento la ordeñada teta.
- ¡Qué gloria, tener – dice – un padre
Después impuso a mi cerviz el yugo,
[ilustre!
aunque antes de cumplir tres primaveras,
¡Qué confusión el no seguir sus huellas!
para hacerme arrastrar cargas enormes;
¿Hablarás del honor de una familia
y si el peso y el sol me desalienta,
que en ti produzca su mayor afrenta?
en lugar de apiadarse, enfurecido,
Debes ser compasivo y generoso,
con su aguijón me hiere sin clemencia.
por lo mismo que nadie tiene fuerza
Si en las sutiles cañas, las espigas,
para dañarte, y, exceptuando el hombre,
agitadas del aura, balancean,
todo a tu fuerte imperio se sujeta.
yo he preparado el delicioso cuadro,
abriendo surcos en la dura tierra
III
que con tanta abundancia le produce
el grano cuyas pajas me presenta.
Contra soberbia, humildad
¡Ay! Cuando me envejezco en su servicio
¿de qué suerte corona mi carrera?
El león orgulloso aquí se enoja,
Después de maniatarme, a sangre fría,
sus ojos, encarnados centellean,
me da el golpe fatal: no le penetran
la piel movible de su frente agita,
los gritos y clamores repetidos
y erizada sacude la melena.
que mis útiles obras le recuerdan.
- ¿Quién es – pregunta – quién, ese
Mira sin conmoción correr mi sangre,
[viviente
y se sirven mis carnes en su mesa,
que resistir a mi pujanza puede,
¡sin horror!, como vianda delicada…
cuya sola mención ha acibarado
Y pues esto del hombre te da idea,
las palabras más dulces y halagüeñas?
toma ese rumbo y apresura el paso,
Con solo… (En ese instante de un
que yo debo tomar la parte opuesta,
[bramido
porque si tú deseas encontrarle,
que estremece la gruta, el bosque atruena,
yo apetezco y procuro no me vea.
y el eco que repiten las montañas
por todo el horizonte se dispersa).
VI
- El hombre – dice la prudente madre -
Noche triste
es animal de una mediana fuerza
que la suele aumentar el ejercicio,
La fiera rencorosa, estas palabras
sin que a la tuya compararse pueda;
escuchó con asombro, y no sospecha,
mas, con sagacidad, industria y maña,
que acaso el buey sea uno de los criados
todo lo rinde, todo lo sujeta:
que hablan mal de sus amos y exageran
oprime el mar, se sirve de los vientos.
lo bien que sirven y lo poco o nada
arranca las entrañas a la tierra,
que por ser fieles y oficiosos medran. IX
(…) Escucha al perro
La aurora, cuyos labios como rosas
una sonrisa tímida bosquejan, Ve desde ahí venir hacia la fuente
escucha la pintadas avecillas un animal de poca corpulencia,
que con dulces gorjeos la celebran; aunque muy bien formado, que clamando
en tanto, el león descubre otro viviente con voz aguda, su dolor expresa.
que al buey en la estatura se asemeja. Cuando llegó a distancia en que podía
el león escucharle ¡qué sorpresa!
VII ¡qué accesos de furor! Habla del hombre,
La ofensa del caballo A quien, como si oyéndole estuviera,
con el dulce entusiasmo del cariño,
A él dirige su marcha acelerado, le dirige la voz de esta manera:
y con tono insultante, así que llega, - ¿Dónde, señor, estás que no me
- ¡Ah! ¿Tú eres el vil hombre? – le [escuchas?
[pregunta. ¿De mi lealtad acaso no te acuerdas?
Pero aquel animal, que airoso muestra ¿Quién como yo te advierto los peligros
gallarda petulancia y noble orgullo, o se expone a morir en tu defensa?
no le da tan de pronto la respuesta. Ningún criado te da más testimonios
Primero, atentamente lo examina, de amor, de sumisión y de obediencia;
en los pies se recarga, ambas orejas pues si las leves faltas me castigas,
hacia él dirige e impávido responde: no opongo a tu furor más que la queja.
- Del hombre, a quien se rinde mi (…)
[soberbia, XI
un criado soy, que con placer le sirvo, Encuentra al hombre
tomando como mías sus empresas.
En sus largas jornadas lo conduzco Al león, fatigado, que no sabe
puesto sobre mi lomo; con la espuela a dónde encaminarse, o qué hacer deba,
me bate las ijares y yo entonces, un matorral espeso le convida,
corriendo más veloz que una centella, y en él, dudoso, a descansar se interna,
alcanzo a los rebeldes fugitivos notando que ahí puede sin ser visto,
que no quieren estar a su obediencia. observar cuanto pasa por fuera.
(…) El sueño le acomete; él se resiste
Luego, volviendo las torneadas ancas, y le rechaza, en fin, cuando ve cerca
con tal ímpetu emprende la carrera, un animal bien hecho, cuya mole
que a la fiera en los ojos encendidos sólo sobre los pies mantiene recta,
con las patas arroja las arenas. (…) No arman sus manos – dice – corvas
[uñas;
VIII es adorno su pelo, no cubierta;
Otra vez solo calma y bondad anuncia su semblante;
todo es blandura, gracias, inocencia.
Sigue, no obstante, por el mismo rumbo, ¡En tu favor previenes ser amable!
creyendo que se oculta en las hileras ¿Serás, dulce viviente, serás presa
de unos frondosos árboles que mira; que esclavice y degrade el feroz hombre?
mas pierde la esperanza cuando llega ¡No hará tal, que yo salgo a tu defensa!
Se levanta, se estira, se sacude,
al genio reflexivo… Y se dirige al que auxiliar intenta;
Las Napeas, mas como ve su turbación, le dice:
con el dedo en los labios, a los Faunos, - El hombre es a quien busco, nada temas.
que avanzan por mirarlas más de cerca, - Pues bien, yo soy el hombre que
silencio imponen, y las blandas alas [buscabas,
Céfiro con ternura mueve apenas. ¿qué se ofrece? – le dijo con firmeza.
Duerme la Ninfa de una clara fuente - ¿Eres tú – le pregunta – eres el mismo?
que deja ver su reluciente arena; - Sin duda soy el mismo – le contesta.
copia después los sauces de la orilla - ¿Cómo – exclama el león -, tantas
y más en lo profundo representa [maldades
la perspectiva augusta de los cielos ocultas con tus bellas apariencias?
por la parte oriental, que Febo incendia, - Dejemos – dijo el hombre – los insultos
¡Qué hermoso carmesí! ¡Qué franjas de que irritan, aunque propios de una bestia;
[oro! (…) y así, para evitar contestaciones;
puedes volverte al bosque y yo a la aldea.
- No – responde el león – no nos iremos:
hoy mismo quiero ver por experiencia Tanto el tormento de la mordedura,
si acaso eres conmigo tan valiente, como lo doloroso de la afrenta,
como tirano con las otras bestias. angustian al león: pierde el sentido;
Pone, el hombre, en tortura su discurso se desmaya, inclinando la cabeza
porque le suministre alguna treta contra el pérfido tronco; mas volviendo
mas la presencia de ánimo no pierde en sí otra vez, le dice: – ¡Hombre! respeta
que es lo que en tales casos aprovecha. los decretos del cielo en la desgracia,
- Mira – dijo al león –, siempre la fama… que hacer mayor pretendes con la afrenta.
ya se ve, es imposible que uno pueda Si acaso te es tan dulce la venganza
a todos contentar… mas no me opongo; tienes tú, mano armada, y yo cabeza;
estoy conforme a lo que tú más quieras hiere al que ingenuamente reconoce
pero antes que riñamos, es preciso que a todo es superior tu inteligencia.
hacer para mi casa un haz de leña; - No – dijo el hombre, entonces – ¡vive
porque si tú me vences, ya eso menos [honrado!
tendrá que hacer mi débil compañera; Y al mismo tiempo, fácilmente suelta
cuando no, quedaré debilitado, Al vencido león. Y sigue hablando:
porque no hay enemigo que no ofenda. - “Mucha gloria es vencerte, noble fiera;
mas, sin comparación es más glorioso
XII el triunfo celestial de la clemencia”.
La idea triunfante
El león no advertía que en un tronco Fray Matías de Córdova
cuyas profundas raíces lo sustentan,
y que tenía cerca su enemigo,
una hacha muy pesada estaba puesta.
Tomóla, pues, el hombre y ahí mismo
la clavó con tal ímpetu y violencia,
que bien se percibió crujir el tronco
vibrar el aire, retemblar la tierra.
- Después con tono impávido le dice:
Si apeteces cuanto antes la contienda,
ven a ayudarme a dividir el tronco.
El león, que el reñir a punto lleva,
- ¿Cómo quieres – pregunta – que te
[ayude?
Y el hombre contestó – De esta manera
y atrás doblando un pie, sobre sí tira
el extremo del ástil con gran fuerza:
en un lado del hacha fue el apoyo;
con el otro venció la resistencia
del tronco, haciendo en él una abertura.
Y pujando le dice – ¡Con presteza…
agarra la hendedura… Que me canso…!
¡Tírala luego por la parte opuesta!
¡Con valor… Ahora… Fuerte! Y el incauto
mete las manos hasta las muñecas
para abrir más el tronco; pero, el hombre,
soltando la palanca, preso deja
a su rival, que brama de coraje
y del dolor, que le hace ver estrellas.
Entonces, con irónica risa
le decía: “Verás por experiencia
si acaso soy contigo tan valiente
como tirano con las otras bestias”.
¡Rebelde! ¡A palos domaré tu orgullo,
y amarrado después, con fuerte cuerda,
te llevaré arrastrando por las calles,
para que en la horca deshonrado mueras!
XIII
Vencerse es más que vencer

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