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Breve análisis de la situación política de América Latina

América Latina, un escenario atomizado


La política internacional de Latinoamérica presenta un horizonte no tan alentador. El
informe nos muestra que existe “un declive de Estados Unidos, el ascenso de China o la
crisis de la globalización neoliberal son ideas que alimentan la imagen de un mundo en
transición. En este marco, los países de la región parecen inclinarse por estrategias
individualistas que, bajo una lógica del «sálvese quien pueda», no hacen más que
erosionar las instancias colectivas de toma de decisiones. El resultado: un escenario de
atomización que potencia la vulnerabilidad de los diferentes países y limita sus
márgenes de acción frente a las grandes potencias”.1
En este sentido, América Latina a raíz de esta segmentación, se vuelve frágil y queda
expuesta. Sin embargo, no todos son expuestos de la misma manera, sino aquellos
sectores más vulnerables de la región, que son colocados a usanza de las conveniencias
de los sectores de mayor prestigio.
Este panorama actual demuestra que el vecino, o país de al lado, es considerado como
un competidor o, en otro sentido, “un aliado descartable”.2 Dentro de esta perspectiva, el
utilitarismo representa la ganancia de uno en detrimento de otro, es decir, que si al
vecino le va mal, a nosotros nos irá mejor.
El informe siguiente nos demuestra las dificultades para articular una acción política
conjunta entre los países latinoamericanos, antes que nada, se ve una atomización
funcional entre ellos:
“los países latinoamericanos deben lidiar con una triple atomización. En primer
lugar, la que producen las divisiones ideológicas entre gobiernos de izquierda y
gobiernos de derecha, a veces difícil de distinguir en la región. En segundo
término, las divisiones domésticas entre «patriotas» y «globalistas». Por último,
la tercera atomización está signada por la ausencia de políticas comunes y
articuladas que transformen las voluntades nacionales en políticas regionales.
Los gobiernos pueden compartir orientaciones ideológicas y una visión positiva
sobre la apertura de las economías. Pero los organismos de integración regional,
como el Mercosur o la Unasur, siguen representando terrenos para dirimir
proyectos nacionales, más que herramientas para articular posiciones comunes”.
Percepción de la vivencia de la democracia en América Latina
En cuanto a la democracia en AL3 después de haber vivido décadas de regímenes
totalitarios, según el informe del Latinobarómetro: “a largo de los 23 años de
mediciones realizadas, la democracia alcanzó su apoyo más alto en dos momentos. Por
una parte, al inicio de las transiciones, cuando en 1997 llegó a 63%, para disminuir
hasta un 48%, que es su punto más débil en plena crisis asiática en 2001. A partir de ese
año se recupera el nivel perdido para llegar a 61% en 2010. Y, a partir de 2010 y debido
1 FRENKEL, Alejandro y COMINI, Nicolás, La política internacional de América Latina: más atomización que
convergencia, Revista Nueva Sociedad, https://www.nodal.am/2018/02/la-politica-internacional-
america-latina-mas-atomizacion-convergencia/.
2 Ídem.
3 Léase América Latina (AL).
al fin de las medidas contracíclicas comienza una ola de protestas en la región, el apoyo
a la democracia declina de manera sistemática año a año hasta llegar al 48% en 2018.
Si bien muchos están de acuerdo con la democracia, para otros existe la preferencia por
regímenes totalitarios. La tasa de preferencia por este tipo de gobierno “no presenta
variaciones muy significativas a lo largo del tiempo, permaneciendo entre un máximo
de 17% en siete años diferentes a un mínimo de 13% en 2017, recuperándose a 15% en
2018.”4
La percepción de declive en la democracia que se vive en cuanto a la participación
ciudadana responde, ciertamente, a la indiferencia de los ciudadanos en el campo de la
política, es decir, se trata de un grupo de ciudadanos que se aleja del colectivo para
instalarse en su individualismo; son ciudadanos que han quedado frustrados en sus
sueños y esperanzas.
Según el informe del Centro de Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económicos (OCDE) y la Comisión Económica para América Latina de la
Naciones Unidas (CEPAL), muestra un “debilitamiento del contrato social en América
Latina”.
Por consiguiente, existe una creciente desconexión entre los ciudadanos y las
instituciones públicas en América Latina y el Caribe (ALC), lo que a su vez es síntoma
de un contrato social debilitado. En este sentido, se analizan dos elementos que podrían
dar detalles a esa creciente desconexión: las mayores aspiraciones de una clase media
que se ha expandido considerablemente durante la última década y las dificultades de
las instituciones públicas para responder a nuevas demandas socioeconómicos y lograr
un mayor bienestar. Esto se nota a través del análisis de la moral tributaria que implica
la voluntad de pagar impuestos en la región.
Según este resumen, podemos ver, primeramente, la ausencia de cooperación entre los
países latinoamericanos, conlleva a la fragilidad en las relaciones entre Estados. Por
ende, si no se afianzan ciertos organismos de integración de los países como UNASUR,
MERCOSUR, CELAC, etc., desde la inclusión de temas sociales, como la desigualdad
(la brecha entre ricos y pobres) la falta de oportunidad académica y la inserción laboral,
la migración, la política regional seguirá siendo interpretada en clave partidista y de
gobierno, y no en sentido de Estado y de trabajo bien comunado.
En segundo lugar, en el campo de la democracia, podemos comprobar que los
ciudadanos de la región que han abandonado el apoyo al régimen democrático prefieren
ser indiferentes al tipo de régimen, alejándose de la política, la democracia y sus
instituciones, dejando lugar a una parte importante en el ejercicio de la ciudadanía que
es la participación como derecho y obligación de cada persona en el ejercicio de sus
deberes como tal.

4 Corporación Latinobarómetro, Informe 2018, www.latinobarometro.org.