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CIEN RÉQUIEM

(EN SUFRAGIO DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO)

Innumerables son los favores que se nos refieren, que han sido obtenidos por los
devotos de las Almas del Purgatorio, por vías completamente inesperadas,
mediante los cien réquiem rezados en su sufragio.

MODO DE PRACTICAR ESTA PIADOSA DEVOCIÓN

Para hacer este ejercicio, cada uno puede servirse de un rosario común de cinco
decenas, recorriéndolo dos veces para formar las diez decenas, o sea la centena
de Réquiem.

Después de la señal de la cruz invocar el auxilio del Espíritu Santo para hacer con
fruto esta oración:

Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego
eterno de tu amor. Envía Señor tu Espíritu y todo será creado y se renovará la faz
de la tierra.

Oremos: Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del
Espíritu Santo; haznos dóciles a sus inspiraciones, para gustar siempre el bien y
gozar de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Rezar el acto de contrición:

Señor mío Jesucristo Dios y Hombre verdadero, me pesa de todo corazón


haber pecado, porque eres infinitamente bueno, padeciste y moriste por mí
clavado en la cruz. Te amo con todo mi corazón y propongo firmemente no
volver a pecar, amen.

Rezar un Padrenuestro y después una decena de Réquiem en esta forma:

-Dadles, Señor, el descanso eterno.


-y brille para ellas la luz perpetua.

En cada cuenta grande se dirá la jaculatoria y ofrenda siguientes:

Jaculatoria.

Almas santas, almas pacientes, almas cautivas, rogad a Dios por nosotros,
que rogamos por vosotras para que el Señor os dé su gloria. Amén.

Ofrenda

Padre Eterno, os ofrecemos la Sangre, Pasión y Muerte de Nuestro Señor


Jesucristo, los dolores de la Santísima Virgen y los de San José, por la remisión
de nuestros pecados, la libertad de las Almas del Purgatorio y la conversión
de los pecadores. Amén

“¡Misericordia, Dios mío, misericordia! Desciende, oh Preciosa Sangre


y libera a estas almas de su prisión. ¡Pobres almas!

En seguida se rezan la segunda y demás decenas de Réquiem sobre las cuentas


pequeñas, repitiendo la jaculatoria y la ofrenda sobre cada cuenta grande.
Acabadas las diez decenas, o sea la centena de Réquiem, se rezará la siguiente
oración, luego el De profundis:

Oración

"Oh Padre Eterno, os ofrezco la más preciosa sangre de vuestro Divino Hijo,
Jesús, unido a las Misas celebradas hoy alrededor del mundo, por todas las
santas almas del Purgatorio.-Amen". (tres veces)
DE PROFUNDIS
Desde el profundo abismo de miserias en que estoy caído, clamo a Vos, Señor;
no seáis, Dios mío, inexorable a mi voz. Dignaos escuchar los ruegos de un
infeliz que no tiene otro recurso que vuestra gran misericordia.
Sé, Dios mío, cuán culpable soy a vuestros ojos; más, si examináis con rigor
nuestras iniquidades, ¿quién podrá sufrir vuestros juicios?

Si en nosotros solo encontráis delitos para perdernos, en Vos hallaréis motivos


para salvarnos; os impusisteis la ley de no resistir a nuestras lágrimas y esto me
obliga, Señor, a esperar confiado en vuestra gran bondad.
Nunca me he olvidado de las promesas del Señor, que me han alentado en lo
más fuerte de mis males; he esperado siempre en El.

Así no deje Israel de esperar, pues recibirá por la noche el socorro que haya
conseguido por el día. Porque es infinita la misericordia del Señor, que sabe
hallar en los tesoros de su poder remedio para nuestros males.

Y presto redimirá a su pueblo de todas sus miserias e iniquidades.

Dales, Señor, el descanso eterno y luzca para ellas la eterna luz.


Descansen en paz. Así sea.
Réquiem aeternam:

Dales, Señor el descanso eterno,


Ilumínelas la eterna luz.
De las puertas del infierno Libra, Señor, sus almas,
Descansen en paz. Amén.

Encomendémonos ahora a las almas del Purgatorio y digamos:

¡Almas benditas! nosotros hemos rogado por vosotros que sois tan amadas de
Dios y estáis seguras de no poderlo más perder: rogadle por nosotros
miserables, que estamos en peligro de condenarnos para siempre.

¡Dulce Jesús!, dad descanso eterno a las benditas almas del Purgatorio. Amén.

terminar con un Padrenuestro y con otro Réquiem al final:

"Dadles, Señor el eterno descanso


y haced lucir sobre ellas vuestra luz eterna".

Hay indulgencias para el De Profundis seguido del Réquiem aeternam:

El Papa Clemente XII, el 14 de agosto de 1736 concedió 100 días de indulgencia


a quienes recen arrodillados y devotamente el De Profundis seguido del
Réquiem aeternam y concede Indulgencia Plenaria, a los que la rezaren por un
año. El día es a elección de cada cual, confesados y comulgando. Las oraciones
se deben realizar al oscurecer.