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FORMATO DE PARRAFOS

Filósofo idealista de la Grecia antigua, enemigo del materialismo y de la ciencia,


adversario de la democracia ateniense y defensor de la aristocracia reaccionaria de
Atenas. Refiriéndose a dos líneas, a dos partidos en filosofía, Lenin opone la línea
materialista de Demócrito a la línea idealista de Platón. El idealismo “objetivo” de Platón
opone el mundo inestable de las cosas naturales al mundo de las esencias inteligibles,
de las Ideas, del “ser verdadero”, eterno e inmutable, el mundo de abajo, al del más allá.
El mundo de las Ideas sería un dato primario mientras que el mundo de las cosas
sensibles sería un dato secundario y derivado. Las cosas no son más que las sombras
de las Ideas. Árbol, caballo, agua, &c., son engendrados por la Idea sobrenatural del
árbol, del caballo, &c. Platón combatía el sensualismo de los pensadores antiguos y
afirmaba que los sentidos no pueden servir de fuente de un verdadero conocimiento,
pues no rebasan el mundo de los objetos. La fuente del verdadero conocimiento es la
reminiscencia del alma inmortal que rememora el mundo de las Ideas que ha
contemplado antes de venir a habitar el cuerpo perecedero. El método que permite
suscitar en el alma las reminiscencias de las Ideas es, según Platón, la dialéctica
concebida como el arte de confrontar y de analizar los conceptos en el curso de una
discusión. La dialéctica idealista de los conceptos está esbozada en la filosofía
platónica. A la concepción materialista del universo infinito que se desarrolla según
leyes, Platón opone la doctrina religiosa de la creación del mundo por Dios; al
determinismo opone la teología. Lenin hizo una crítica implacable de la “filosofía de la
naturaleza” de Platón, a la que califica de “misticismo archiabsurdo de las ideas”.

La doctrina social de Platón tiende a perpetuar la dominación de la


aristocracia. En su doctrina del “Estado ideal”, afirma que el orden
social debe reposar sobre tres castas: 1) filósofos gobernantes; 2)
guardias; 3) agricultores y artesanos. La primera gobierna, la
segunda monta la guardia, la tercera se ocupa de la producción.
Platón consideraba esta división de trabajo destinada a eternizar la
explotación de los esclavos, como “natural” e inmutable. No admitía
ninguna participación de las masas populares, del “demos”, en la
gestión del Estado. Afirma que la democracia es una forma inferior
de la estructura del Estado, mientras que la República aristocrática
sería su forma ideal. “La República de Platón, en lo que se refiere a
la división del trabajo, como principio normativo del Estado, no es
más que la idealización ateniense del régimen egipcio de castas”
(Marx, El Capital, lib. 1, vol. I, p. 384, Ed. esp.). La doctrina de
Platón, continuada por el neo-platonismo y el cristianismo, inspira
numerosas teorías reaccionarias, místicas y anticientíficas. En
nuestros días, es utilizada por los ideólogos reaccionarios
contemporáneos en su lucha contra la ciencia y el movimiento
revolucionario de las masas.

La teoría de las Ideas representa el núcleo de la filosofía


platónica, el eje a través del cual se articula todo su
pensamiento. No se encuentra formulada como tal en
ninguna de sus obras, sino tratada, desde diferentes
aspectos, en varias de sus obras de madurez como "La
República", "Fedón" y "Fedro". Por lo general se considera
que la teoría de las Ideas es propiamente una teoría
platónica, pese a que varios estudiosos de Platón, como
Burnet o Taylor, hayan defendido la tesis de que Platón la
había tomado directamente de Sócrates. Los estudios de D.
Ross, entre otros, han puesto de manifiesto las insuficiencias
de dicha atribución, apoyando así la interpretación más
generalmente aceptada.

La formulación tradicional

Tradicionalmente se ha interpretado la teoría de las


Ideas de la siguiente manera: Platón distingue dos modos de
realidad, una, a la que llama inteligible, y otra a la que llama
sensible. La realidad inteligible, a la que denomina "Idea", tiene las
características de ser inmaterial, eterna, (ingenerada e
indestructible, pues), siendo, por lo tanto,ajena al cambio, y
constituye el modelo o arquetipo de la otra realidad, la sensible,
constituida por lo que ordinariamente llamamos "cosas", y que
tiene las características de ser material, corruptible, (sometida al
cambio, esto es, a la generación y a la destrucción), y que resulta
no ser más que una copia de la realidad inteligible.

La primera forma de realidad,


constituida por las Ideas, representaría el verdadero ser, mientras
que de la segunda forma de realidad, las realidades materiales o
"cosas", hallándose en un constante devenir, nunca podrá decirse
de ellas que verdaderamente son. Además, sólo la Idea es
susceptible de un verdadero conocimiento o "episteme", mientras
que la realidad sensible, las cosas, sólo son susceptibles de
opinión o "doxa". De la forma en que Platón se refiere a las Ideas
en varias de sus obras como en el "Fedón" (el alma contempla,
antes de su unión con el cuerpo, las Ideas) o en el "Timeo" (el
Demiurgo modela la materia ateniéndose al modelo de las Ideas),
así como de la afirmación aristotélica en la "Metafísica" según la
cual Platón "separó" las Ideas de las cosas, suele formar parte de
esta presentación tradicional de la teoría de las Ideas la afirmación
de la separación ("khorismós") entre lo sensible y lo inteligible
como una característica propia de ella.

Lo sensible

Por su parte la realidad sensible se caracteriza por estar


sometida al cambio, a la movilidad, a
la generación y a la corrupción. El
llamado problema del cambio conduce
a Platón a buscar una solución que
guarda paralelismos importantes con
la propuesta por los filósofos
pluralistas: siguiendo a Parménides
hay que reconocer la necesaria
inmutabilidad del ser, pero el mundo
sensible no se puede ver reducido a
una mera ilusión. Aunque su grado de
realidad no pueda compararse al de
las Ideas ha de tener alguna
consistencia, y no puede ser asimilado
simplemente a la nada. Es dudoso
que podamos atribuir a Platón la
intención de degradar la realidad
sensible hasta el punto de
considerarla una mera ilusión. La
teoría de las Ideas pretende
solucionar, entre otros, el problema de
la unidad en la diversidad, y explicar
de qué forma un elemento común a
todos los objetos de la misma clase,
su esencia, puede ser real; parece
claro que la afirmación de la realidad
de las Ideas no puede pasar por la
negación de toda realidad a las cosas.

La jerarquización de las Ideas

Las Ideas, por lo demás, está jerarquizadas. El primer rango le corresponde a la


Idea de Bien, tal como nos lo presenta Platón en la "República", aunque en
otros diálogos ocuparán su lugar lo Uno, (en el "Parménides"), la Belleza, (en el
"Banquete"), o el Ser, (en el "Sofista"), que representan el máximo grado de
realidad, siendo la causa de todo lo que existe. A continuación vendrían las
Ideas de los objetos éticos y estéticos, seguida de las Ideas de los objetos
matemáticos y finalmente de las Ideas de las cosas. Platón intenta también
establecer una cierta comunicación entre las Ideas y, según Aristóteles, terminó
por identificar las Ideas con los números, identificación de la que sí tenemos
constancia que realizaron los continuadores de la actividad platónica en la
Academia.

La teoría de las Ideas representa el núcleo de la filosofía platónica, el eje a través del cual se articula
todo su pensamiento. No se encuentra formulada como tal en ninguna de sus obras, sino tratada,
desde diferentes aspectos, en varias de sus obras de madurez como "La República", "Fedón" y
"Fedro". Por lo general se considera que la teoría de las Ideas es propiamente una teoría platónica,
pese a que varios estudiosos de Platón, como Burnet o Taylor, hayan defendido la tesis de que
Platón la había tomado directamente de Sócrates. Los estudios de D. Ross, entre otros, han puesto
de manifiesto las insuficiencias de dicha atribución, apoyando así la interpretación más
generalmente aceptada.
Tradicionalmente se ha interpretado la teoría de las Ideas de la siguiente manera: Platón distingue
dos modos de realidad, una, a la que llama inteligible, y otra a la que llama sensible. La realidad
inteligible, a la que denomina "Idea", tiene las características de ser inmaterial, eterna, (ingenerada
e indestructible, pues), siendo, por lo tanto,ajena al cambio, y constituye el modelo o arquetipo de
la otra realidad, la sensible, constituida por lo que ordinariamente llamamos "cosas", y que tiene las
características de ser material, corruptible, (sometida al cambio, esto es, a la generación y a la
destrucción), y que resulta no ser más que una copia de la realidad inteligible.

La primera forma de realidad, constituida por las Ideas, representaría el verdadero ser, mientras
que de la segunda forma de realidad, las realidades materiales o "cosas", hallándose en un
constante devenir, nunca podrá decirse de ellas que verdaderamente son. Además, sólo la Idea es
susceptible de un verdadero conocimiento o "episteme", mientras que la realidad sensible, las
cosas, sólo son susceptibles de opinión o "doxa". De la forma en que Platón se refiere a las Ideas en
varias de sus obras como en el "Fedón" (el alma contempla, antes de su unión con el cuerpo, las
Ideas) o en el "Timeo" (el Demiurgo modela la materia ateniéndose al modelo de las Ideas), así como
de la afirmación aristotélica en la "Metafísica" según la cual Platón "separó" las Ideas de las cosas,
suele formar parte de esta presentación tradicional de la teoría de las Ideas la afirmación de la
separación ("khorismós") entre lo sensible y lo inteligible como una característica propia de ella.

Según la filosofía de este pensador, detrás de cada elemento del mundo físico hay un ideal, la idea
perfecta de cada cosa, que aparece en nuestra mente de manera más o menos imperfecta pero que,
definitivamente, no emerge del reino de lo material, porque pertenece al mundo de las ideas, un
lugar de elementos perfectos, universales e inmutables. Este concepto es central en la teoría de las
ideas de Platón.

Así, la realidad que percibimos a través de los sentidos es para Platón fundamentalmente un
engaño, un conjunto de malas copias de los elementos que componen el mundo de las ideas, cada
una con unas imperfecciones que la alejan de su verdadera esencia. Por ejemplo, las figuras
geométricas solo existen en las ideas, ya que no hay ningún elemento de la naturaleza que las
reproduzca fielmente: ni siquiera los cuerpos más o menos esféricos, como las burbujas o las gotas
de agua, forman una esfera real.
Platón no se limitó a señalar que existe una brecha insalvable entre el mundo de las ideas y el de las

cosas materiales; también defendió la idea de que lo verdadero pertenecía al primer reino y no al

segundo. Para demostrar esto recurrió a las matemáticas, tal y como lo habían estado haciendo las

sectas pitagóricas: las relaciones geométricas y numéricas son siempre ciertas en sí mismas,

independientemente de lo que ocurra en el mundo de la materia.

Del mismo modo, Platón llegó a creer que la verdad existe más allá de lo que puedan percibir
nuestros sentidos. Si las matemáticas y la geometría son ciertas independientemente de lo que
podamos encontrar a nuestro alrededor, tiene que existir un reino de ideas en el que todas ellas
puedan ser encontradas.