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Universidad Bicentenaria de Aragua

Vicerrectorado académico

Escuela de Comunicación Social

LAS REDES SOCIALES Y SU IMPACTO EN LA CONDUCTA

INDIVIDUAL Y COLECTIVA

Estudiante:

Un tweet. Un me gusta. Una historia. Un mensaje. En síntesis, una notificación. Y solo una

puede provocar que una persona detenga lo que está haciendo para ver de qué o quién se trata,

con una ansía preocupante de satisfacer su curiosidad sobre lo nuevo que le brinda el mundo
virtual. Solo basta una vibración, una luz parpadeante, un sonido. Y el usuario estará en

segundos con el teléfono en sus manos. Ante este ambiente, pareciera que, en realidad, las redes

sociales no están para nosotros, sino que nosotros estamos para ellas. Siendo ya no un

pasatiempo, sino una adicción.

Las redes sociales, de acuerdo Bernete (2010), son definidas como formas de interacción

social, como un intercambio dinámico entre personas, grupos e instituciones en contexto de

complejidad. “Un sistema abierto y en construcción permanente que involucra a conjuntos que se

identifican en las mismas necesidades y problemáticas.” Es decir, por medio de ellas es posible

que los individuos compartan gustos, intereses, ideales y afinidad, incluso con personas que no

son conocidas. Esto hace que tengan un concepto de comunidad, pues existe una interacción y

diálogo entre los usuarios, los cuales se comparten conocimiento y contenido de manera

simultánea. Se le suma que es una tecnología flexible y de ancha banda que permite el

intercambio de información y estándares de web de aplicación libre. Campos (2013)

Se trata entonces, de un mundo virtual que coexiste el mundo cotidiano. Es importante aclarar

que lo virtual no se pone a lo real, sino a lo actual. Se entiende por virtual a lo que no es tangible

o presencial, pero que aun así existe, por tanto, es real. Lo que ocurre con lo virtual es que rebasa

el espacio-tiempo, puesto que ya no es necesario estar en un mismo lugar, a una hora

determinada, frente a frente, para comunicarse, sino que dentro de un contexto virtual se logra el

intercambio entre emisor y receptor con la misma efectividad e intención que perse a perse, solo

que sobrepasa “el aquí.” Por tanto, lo distinto es entre virtual y actualidad. La segunda esta

emparentada con un aquí y ahora, mientras que la primera lo transgrede y rebasa. Lo virtual no

es una des-realización, sino una mutación de identidad o desplazamientos. Esto quiere decir que

lo virtual es simplemente otra manera de ser de las cosas. Sánchez (2001).


Por ejemplo, dentro de un contexto presencial, transcurrirá determinado tiempo para que una

persona se aclimate y pueda entrar en un ambiente de confianza, para poder entablar una

conversación con alguien desconocido. En el espacio virtual también se llega, se puede observar

un perfil en la red social y en algunos casos, en cuestión de segundos ya se puede estar hablando

con alguien. Así los espacios virtuales transforman radicalmente el tiempo y el espacio. La

comunicación, sentimientos, información, no es solo en tiempo real, sino que más rápida y

dinámica.

Eso sin duda, es lo que ha hecho de las redes sociales tan populares: no hay un límite. Todos

los días está la posibilidad de conectarse con personas nuevas, de conocer y compartir contenido

de gran interés, de adentrarse a nuevas plataformas digitales. De tal manera, una red social está

repleta de muchos más estímulos y beneficios que la vida cotidiana, principalmente para los

adolescentes, los cuales están en una etapa donde la búsqueda de vida social, experiencias y

aceptación es de vital importancia para la formación de su identidad y autoestima, y que al

encontrar un medio de tan fácil acceso y popularidad, se verán inmersos en continuidad en ellas.

Echeburúa & de Corral (2012)

Se trata de un crecimiento masivo que se involucra cada vez más en la vida de las personas,

por tanto, es imposible que no influya en la conducta, manera de pensar y actitud de cada

usuario, que de acuerdo al uso y el tiempo que le de a la red social, puede considerarse un

aspecto positivo como negativo. Para entenderlo mejor, partamos de algo tan sencillo como la

selfie. Millones de usuarios publican fotos de si mismos de manera seguida, hoy en día, es

común que cumplan con ciertos estilos estéticos (como puede ser el maquillaje en las chicas, o el

peinado en los varones) Así que no es solo una foto, sino como es la foto en sí misma.

involucrando una presión social por seguir las modas del momento.
El sitio web Best Computer Science School, detalla que esta tendencia de las redes sociales,

está convirtiendo a los sujetos en narcisistas ya que, mediante las autobiografías, se revela cómo

muchos usuarios buscan la admiración de sus atributos físicos e intelectuales lo cual, si no se

logra, sea por rechazo, cyberacoso o baja atención social, puede conllevar problemas

psicológicos como depresión, trastornos obsesivos compulsivos o incluso un trastorno

dismórfico corporal. Las redes sociales generan una autoestima dependiente de los me gustas, de

suscriptores y comentarios; es decir, no hay un verdadero amor propio, sino que este se debilita o

crece de acuerdo a la retroalimentación dada por las redes.

Por esta razón, Gubern (2000) afirma que la red provoca una conducta adictiva, al punto que en

imágenes del cerebro se observa un claro deterioro en las mismas zonas que afectan a los

drogadictos. De acuerdo a las investigaciones realizadas, disminuye la cantidad de materia

blanca en las regiones donde se controlan las emociones, la toma de decisiones y la capacidad de

concentración y atención. Incluso, el cerebro puede perder su capacidad de memorizar.

Pero aun así, se persiste la exposición a la mismas, porque nuestra conducta se ve sodomizada

a los estímulos de las redes. A publicar una foto por la gratificación de un me gusta, de exponer

mi opinión por el beneficio de un retweet, de subir videos para generar suscriptores, se consigue

una sensación de placer. En los estudios de Gunbern (2002) se ha visto que ante dichos

estímulos, se activa la misma parte del cerebro relacionada con la motivación, el amor, e

inclusive, los orgasmos. Los estudios demuestran que estos focos de recompensa en el cerebro,

están mucho más activos cuando las personas expresan sus puntos de vista que cuando no tienen

tanto protagonismo.
Esto fomenta que a nivel colectivo, en las redes sociales se busque ser el centro de atención,

logrado al producir contenido que atraiga más seguidores y por ende, aumente las vistas y

compartir de la publicación.

Esta conducta adictiva causada por las redes sociales, el abuso del teléfono o cualquier otro

dispositivo, el aislamiento y pocas interacciones físicas, puede generar los siguientes síndromes:

1. Nomofobia. Al presentarse una ansiedad cuando no se puede disponer del teléfono móvil.

2. Fomo. Miedo a perderse algo.

3. Phubbing. Ignoro y me ignoran por un móvil.

4. Ciberadicción. No puedo vivir sin internet.

5. Cibercondría. Padecen alguna enfermedad cuya existencia se ha enterado en internet.

6. Efecto Google. Se consulta todo.

7. Ludopatía. Llamado también el juego online.

8. Juegos premium. Pagar para recuperar vidas.

9. Cibercondría. Internet es mi médico online.

10. Vibranxiety. Síndrome de la vibración fantasma.

Los usuarios pueden padecer de estos síndromes sin si quiera reconocer que es un “síndrome”

como tal, o que es una clara señal de la dependencia cibernética. Hoy se vive una realidad por

medio de lo virtual, todo se escucha, todo se lee, todo se conoce utilizando la herramienta social

predilecta, logrando que poco a poco, individualmente seamos más usuario que persona, y
colectivamente, más “cuenta social” que ciudadanos. La influencia de las redes es tanta, que no

es perceptible a no ser que se quiera por voluntad verlo. Esto ocurre porque nuestra idea de

“normalidad social” está arraigada a un uso cotidiano de las redes sociales, son intrínsecas del

comportamiento común y propio, por tanto, lo que se espera de antemano, es divisar en cada

persona de nuestro alrededor algún indicio de que forma parte de la realidad común; que es

contar con un teléfono inteligente, mostrar interés por estar conectado o que cuenta con alguna

red social.

Lo que provocaría impacto es que alguna persona no esté registrado en alguna plataforma

web, o no posea un teléfono inteligente por decisión propia. No es lo “normal”, e incluso puede

llegar a que este individuo no se integre fácilmente en ambientes sociales. Wolton, D. (2000)