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estudio sobre los trilobites del terreno silúrico, diciendo que entre
estos crustáceos, los más perfectos de la. fauna primitiva y el
eozoon canadiense, debieran haber aparecido, conforme á la teoría
del transformismo, primero los foraminíferos, despues los protozoa-
rioa, luégo los zoófitos, más tarde los equinodermos; á los cuales
debieron seguir en el órden cronológico los bryozoarios, los dife­
rentes órdenes de moluscos, los anélidos, y finalmente los crustá­
ceos, inferiores en perfección i los trilobites, y .haciendo ver con el
hreve resumen que allí pone de todo su trabajo cómo las cosas han
pasado de una manera totalmente diversa. Pulverizada asi con tan
fuerte argumentación la hipótesis de los darwinistas, no duda en es-
cribir el sabio geólogo en el último párrafo de su obra las palabras
siguientes: “ Sobre una de las primeras páginas de estos estudios
hemos recordado que la observación directa había maravillosamen­
te confirmado las previsiones de las teorías astronómicas en órden
al planeta Neptuno. Por consiguiente, estas teorías se hallan en ar­
monía con la realidad. En contraposición á esto debemos hacer
constar, como resultado final de nuestros estudios, que la observa­
ción directa contradice radicalmente á todas las previsiones de fas
teorías paleontológicas en lo que atañe á la composición de las pri­
meras fases de la fauna prim ordial silúrica . En efecto, el estudio
«pedal de cada uno de los elementos zoológicos que constituyen
estas fases nos ha demostrado que las previsiones teóricas están en
completo desacuerdo con los hechos observados por la Paleontolo­
gía. Estos desacuerdos son tan numerosos y tan marcados, que
cualquiera diría haber sido hecha la composicion de la fauna real
con el determinado designio de contradecir en todo á lo enseñado por
tas teorías (de nuestros transformistas) sobre la primera aparición
y sobre la evoludon primitiva de las formas de la vida animal en el
globo. Por tanto, las teorías paleontológicas se hallan completamen­
te destruidas por la realidad , cuya prueba son incapaces de resistir-
Eátos resultados están en perfecta armonía con los que nosotros
hemos colegido de nuestros estudios sobre la primera ap arició n y
sobre la distribudon de los cefalópodos en los terrenos silúricos „ '■
A tan abrumadores argumentos responden los darwinistas dicien­
do que, efectivamente, la continuidad del progreso vital no se ha
encontrado todavía en cuanto llevan observado los geólogos, pero
que ya aparecerá más tarde ó más temprano, pues deben hallarse

i Barran de ? Triioóitts, pág. 28).


s$gun e¿ ¿ransformisMo materialista. 477
los anillos intermedios en el fondo de los mares, siendo cosa sabida
que con las visidtudes de los tiempos la forma de los continentes
ha sufrido inmensas transformaciones. Y á lo de la aparidon repen­
tina de las diferentes faunas, contestan que el tal fenómeno no ha
sido debido sinó á las emigradones de los animales; lo cual, conti­
núan, explica también cómo los séres más perfectos en cada tipo
aparecen cronológicamente los primeros; porque ellos, como me­
jor constituidos, fueron los únicos que pudieron salvarse de las in­
fluencias mortíferas que sobrevinieron aJ terreno en que habitaban,
huyendo á otros climas mejor acondicionados, y dejando á sus com­
pañeros ménos fuertes que peretiesen en su antigua vivienda bajo
la acdon de los nuevos agentes externos. ■Por esta causa» conclu­
ye Credner despues de haber expuesto sumariamente las razones
sobredichas, en la mayor parte de los casos antepasados de una
forma animal y los anillos con que se hallan unidos no deben ser
buscados en un sentido vertical, ó sea los unos sobre los otros,
como ordinariamente suele hacerse, sinó sobre una línea inclinada
que puede ser rota en forma de zeta por la irregularidad de las os-
dlaciones. Un corte vertical por una série de capas hecho en estas
condidones, áun sobre depósitos separados por un débil espesor,
pondría en exhibidon estadios de desenvolvimiento de una forma
animal muy apartados los unos de los otros. Los primeros que lle^
gan á un terreno en estas emigraciones dc que vamos hablando,
aparecen tan aislados entre las espedes de la fauna hasta entónces
dominante en aquella localidad, tan perfectamente separados dc
todo lo que allí les rodea, que se ha dado el nombre de colonias á
la3 regiones muy limitadas donde se han estableado estos gasta­
dores* *.
Como se ve, con semejante manera de defender la evoludon
darwiniana no se hace en sustancia sinó confesar rotundamente
que, aunque opuesta á la realidad de ios hechos, hay que defender*
la á todo trance, porque así lo reclama la filosofía materialista de
nuestra época. Aplastados los partidarios del naturalista inglés con
la evtdenda de los hechos, ¿qué otra cosa podían excogitar sinó la
peregrina explicadon que acabamos de oir? ¿La pretendida conti­
nuidad no se encuentra? ¿Los anillos intermedios que debían justifi-
car la imaginada hipótesis no aparecen? Pues se responde que están

1 Credner, 7'roiií dt GtoI*gie et di Ptltotitelogit, traducido del tlfl&áb por R. Mo­


ni»- Sixicmc partie. Giobgit tettorijut. Introdnction, por. 4 , pág. 329. Pan*, 1879,
478 Origen del hombre
en el fondo de los mares; ó mejor aún, para que la escapatoria sea
más segura, se dice que han sido destruidos por las revoluciones
del globo los terrenos en que debían encontrarse. ¿ Las faunas y las
floras de los tiempos pasados, mirados los terrenos en el sentido
vertical, por todas partes claman contra la soñada transformación
darwiniana? Pues se escribe que hay que mirarlos de otro modo,
ó sea “ en una linea indinada que puede ser rota en forma de zeta
por la irregularidad de las oscilaciones terrestres. „ ¿No es esto
echarse á idear por puro capricho? ¿En qué linaje de filosofía está
permitido hacinar una sobre otra las hipótesis para sostener una
doctrina á su vez hipotética é inderta? “ Cuando las hipótesis des­
cansan sobre un prindpio meramente conjetural, escribe sabiamen­
te Cuviert y Luégo por otra parte necesitan de otras nuevas conje­
turas para dar razón en particular de cada uno de los hechos,
entónces no existe en ellas cosa alguna científica, sinó que son un
mero juguete del espíritu, que nada tiene de común con la ciencia
sinó solamente el nombre „ 1.
El acudir siempre ¿ lo desconoddo y problemático para soltar
las dificultades sin cuento que, á manera de torrente devastador, se
echan sobre una doctrina problemática é incierta, me parece muy
semejante á aquello que todo el mundo conoce con el nombre de:
E l mentir por las estrellas. Acuérdome haber leido en Constantino
James un cuento que viene aquí muy á pelo, y que fué referido por
dicho autor con el fin de refutar el tal recurso de los darwinistas á
lo desconoddo. Era un artista que había tenido la humorada de
pintar un cuadro relativo al paso de los israelitas por el mar Rojo
en tiempo de Moisés. A este ñn tomó un grandísimo lienzo que
fijó en su correspondiente marco; y habiéndole dado de blanco, se
contentó con poner al pié de él las palabras siguientes:

Paso de los israelitas por el Mar Rojo.

Todos cuantos se llegaban á contemplar aquella grande obra del


ingenio humano preguntaban llenos de sorpresa: ¿ Pero dónde están
los israelitas? A lo cual respondía muy sério nuestro hombre: Yo
han pasado. Y preguntando ellos en seguida por los egipcios, que
tampoco aparecían en la pintura: los egipcios, contestaba, to*
llegado todavía. Finalmente, como tampoco se viese allí el mas

t C u tí» , Dktimttaire Jtt t e t e u jmíktúU j, 1829. Art. GisriofU,


según el transformismo materialista. 479
mínimo vestigio de paso alguno de ninguna clase, y esto produjese
naturalmente en los espectadores más admiración y extrañeza que
todas las demas circunstancias del cuadro: No se extrañen ustedes,
les decía, que, como las aguas del mar lo cubrieron todo a l tiempo
de la terrible catástrofe, m ha quedado nada á la vista , y así et
paso se supone estar en el fondo de las agitas. Esto es cabalmente
al pié de la letra lo que hacen nuestros darwinistas para pintamos'
el cuadro de la evolucion lenta y progresiva: ni los más mínimos-
vestigios de fenómeno semejante aparecen en el cuadro de la natu­
raleza, ninguno de los anillos intermedios que unan inmediatamen­
te á unos séres con otros, y que indiquen el paso de la evolucion
por aquella parte. Pero nuestros sabios no se espantan por eso; el
espanto suyo está más bien en que nosotros, los católicos, no nos
demos á partido, dejando á un lado nuestra extrañeza y cantando
con ellos un himno fervoroso en loór de la materia bruta.
El mismo Constantino James trae, á propósito de la conducta
danviniana que ahora estamos censurando, el siguiente diálogo, que
por ser muy corto y expresar perfectísimamente nuestro pensa­
miento, vamos á transcribir aquí, traduciéndolo del original fran­
cés. Los interlocutores son Darwin por una parte, y por otra un
amigo suyo que admira grandemente la multitud/de sus conoci­
mientos en materia de ciencias naturales. Dice asi:
u Darrvin, — Es preciso confesar que no me favorece la fortuna:
tenía un libro que yo apreciaba muchísimo, y me lo acaban de de­
volver todo destrozado.
v E l amigo. — Esto no me admira; lo mismo suele hacerse con
todos los demas.
„ Darwin. — Sí ; pero lo que hay de más extraño es que las hojas
impares son las únicas que faltan, hallándose / por el contrario, in­
tactas las que tienen el número par.
n E l amigo. — No te entiendo.
e Darwin. — ¡No me entiendes! Pues es la cosa más inteligible
del mundo. De cada dos páginas una ha desaparecido. El recto existe,
pero no el verso. ¿Entiendes ahora? Mas no es esto todo. Figúrate
que, para colmo de burla, las páginas conservadas son precisamente
las que condenan mi sistema, miéntras que las restantes, donde
debía hallarse asegurado' mi triunfo, son las que han desaparecido
por completo. „
“ El amigo, continúa el autor citado, reflexiona un instante, mira
í su interlocutor para asegurarse si habla de veras, y viendo que,
Origen dc¿ hombre
en efecto, chancea, sé ¿espide de él lleno de tristeza con un
pretexto ^uajqtriera* murmurando entré díeñteá1: Está flechó; estos
sabm iéáos tienen aigum caidá dé lás stfyas „ ». 1
Los^ darvinistas, en efecto., Siguiendo las huellas de su maestro,
-usan préds&rueate el mismo lenguaje que acabamos dé ver en este
.diálogo; y tan.Léjos estando chancearse, que ántes por él contrário
,se sirven; de él con muchA formalidad para explicar la ausencia dc
ia contimiieiad tefcrida. * N ó podemos, escribe Credher á esté pro­
pósito:, tener; conocimiento srotó-de una parte sumamente limitada
é íooompleta de los-animales y de las plantas pertenecientes á los
períodos .antiguos; y para hablar con L y d l y Darwin , la historiado
,1a tierra que; tenemos á nuestra disposición se halla escrita en un
dialecto' que ha ido. variando progresivamente, y del cual no posee­
dnos sinó .el ¡último voJiimeñ, relativo á algunas partes aisladas del
-globo* y áttn este volúmen no Jo conocemos sinó por algunos capí­
tulos ea los cuales so hanconservado algunas pocas líneas corres­
pondientes á cada una dé sus páginas „ *.
Pero poco Jes vale tan miserable escapatoria: el eamtnó está cerra­
do por todas partes, y no les queda. otro recurso sinó confesar de
plano la futilidad de sus cavilaciones. “ Los darvinistas, escribe sá-
biamentc M. de la Valide Poussin, abusan de los vacíos de la Pa­
leontología, no sólo por su importuna costumbre de acudir á cada
p aspátotfcsconoddo, afirmando que más tarde ó más temprano
se : hallarán; las pruebas de sus ideas, que no han aparecido hasta
ahora^sinótambien exagerándo los mismos vados. No hay duda
que mirando una carta geográfica del globo entero, como el pla­
nisferio de M; Marcou, se admira uno de la poca extensión relativa
que ocupan las regiones más ó ménos exploradas por los geólogos...
„ Sin embargo, ataque todo esto es muy verdadero, existen cir­
cunstancias‘geognósticas con las cualesqueda justificada la confianza
que deben inspirar los .resultados 'obtenidos por la observación.
Atendiendo á ellas, podemos muy bien pensar que los tales resul­
tados no variarán jamás, no obstante las modificaciones secundarias
que no dejarán'de introducirse en los tiempos venideros con el pro­
greso de los conocimientos „ 3. Luego enumera y prueba largamente
el sabio profesor estas circunstancias en términos que ningún enten-

i Constantí n. James, ¿' hawnt rmgt, pig. 163*


% Credner, /. cit., por. z , pág. 328.
3 De 1* Vallée Pauüsin, fidémioiogk et donñniimí, pár. 5 , publicado en Ib Rtwt
d a futrí* leimtif., Juifier. 1677 r P*?' 307.
según ei transformismo materialista. 481
duniento recto y no cegado por la pasión puede dejar de^rendirse
a la' verdad de la proposicion por él enunciada, diciendo que es
manifiesta la suficiencia de los datos ya obtenidos por la observa­
ción para formar un juicio cierto y decisivo en contra dei darwinis-
rao. Nuestros Lectores nos permitirán que pongamos aquí algunos
trozos en que está resumida, por decirlo asi, toda la sustancia de- su
vigoroso razonamiento. ü La primera circunstancia, dice, consiste
en que en las capas fosillferas accesibles, y que constituyen el suelo
de los dos continentesT están representadas todas las fases esencia­
les de la historia de la vida sobre el globo, siendo estas capas donde
la variación de las circunstancias físicas ha debido dar origen á la
mayor variedad posible en el número de las existencias. Las ma­
yores autoridades de la geología contemporánea piensan que las
profundas depresiones del Atlántico, del Pacífico y de los otro»
Océanos se remontan hasta las primeras edades de la tierra, y que
las protuberancias sobre las cuales descansan los continentes son
tan antiguas como las hondonadas que las separan Los lineamen-
tos de la América y de La Europa estaban ya trazados en la época
cámbrica. Las vicisitudes tan varias de las épocas fosilfferas/ las
retiradas y los movimientos alternativos de la mar, evidenciados
con la estructura de los terrenos, se han realizado principalmente
en una zona litoral de anchura varia y sujeta á oscilaciones fre­
cuentes. Estas especies de mesetas submarinas1, pedestales de los
continentes, son las que con sus movimientos verticales en sentidos
contrarios han producido los cambios en los contornos de las tierras
emergentes. A causa de estas mudanzas, ya se encontró el conti­
nente europeo cortado por los mares interiores, como el que en la
época miocena unía los lagos de Kronstad y de Viena con los de
Constanza y de Berna; ya formaron parte de la tierra firme ciertas
islas, Inglaterra se unió con Francia, Irlanda con Escocia, y proba­
blemente el Spitzberg con la Laponia. Los geólogos americanos
Megan á conclusiones análogas á éstas en el estudio de su propio
país. De donde se sigue que caá la totalidad de las capas sedimen­
tarias, por las cuales están constituidos nuestros sistemas geoló­
gicos, se han formado en los mares, á una profundidad que raras
veces va tnás allá de cuatrocientos ó quinientos metros, y con fre­
cuencia no Llegan aún á tanto „

1 Credaer, EUmenls dtr geotogit, 2 * e d ie . , 187a, pág'. T35.


2 De la VaUée Pou ssla, /. rit. , pdg. 308. ; f ~-
:j ^;Lsí scgofoda xatíctmatanei»,,contínüá^el:citadortfiicáton t pravioat
.defodreáj ém qíie -se ibarv «^ecnfcada ya daa¿: ¡mvesti^ckmesljdejloe
^^W-i^:Ijtef3^»iiprje<a£Upa«t^ L|K9rf las beceaidadéarde^u jcamávha
^agOT^doJextraí>rdiflasi^eTij» ?Jtksr¡ dstefeos.'xicr-Já evosioo causad»
p w 4q»i mar#*, CoTWíJlteítóír los docurqcntoeidcLautíkniiy a*|Vtír&qnt
m cierteB ^ p u ^ n :> iid p demolidas y¿, deátruidás -f>?ra aejopraibon
lo$:fásjtes etq e^%3 q<m£éajdof}kresfr&siTn£gr»aa-cppasjitestpdas dffíjiastaB
^gWÍcíW ''WteÍBt«n «a i pocof Jíoás! ^ s . y x w ^ ^ jU fHipéií&dc iií-
gafeest enteros Aquí han deaapaiieckio jtoárnjoles caLHzaB^allíipiedras
areniscas; más adelante hftni.sidPírespetadas:'íkfi^o^árgaSiÜGÜdsde
d^sjraenuzaj:, pertenedentes ¡auto ró n w .¿ p o ca f^ ló g ;ca : Tai es la
iríegUlaDidad cíe k á 'a ja ^ ^ q p e r d q o ^ ttila ' superficie del globa l
w>)hayu prfvüfefci©«bsoluta} pmx lardfcacion:* tampoco ejóstepara-li
i^l*M«oiiip5 Teddtbombi»contmdido!*nj.geotoglai «abenquciTpnstea,
a o jó lo pisc&podoros0*w&&ó lUetbíeot capafrifimy jde^adasi eátt«nr
ditlas.aol^c^upeptóés-kimeiteaSr-Rl.gTaiikahw hullero, de lErtt&fcwrg
caa el lago de ioa Apalache^rcuyp ,’e»peaqrfta:paíí» de>un0i4 do*
metro» .por término; medio, hfc sido re€Onp<sído-y ejipk)tadí> ^n^lJna
gran multitud dé lugarefc que fórmenla superfieie,. de'cineuefíti^fnil
kilómetros ‘cuadrados. El eéquwto cupftfere de ja IT^íqugia
vecea pasa.de w sent^o spteirta/ centímetros ¿te, espesor* fsfci «¡nbwr
g6¡iaerJ*'£^upn&Wfiatfeff» aap^G.jj&ifleralógjo^, eo«, su’riqueza'de
vü&apkfy o < »S ;su ?L iw n tieT 'o^ ^ tH ^ .fle g a n ó i^ |H ,r o ító :de
ciento iól^flwtrost,<1«>>d»ta*d»«I£1 lecho pud^gifaeme1con huesos-
tfejpfcctí»quepoftefiftaLpiso rétjco d d triáis, psjfeodavla más ad«&ír
iiabJeV porque <s&te eucu€mtrapo<pm^ió;.ni^<^ ^.fpwfto^n i&r
glat&rra, $n,iel, /Dorscfc^qa. 1* JUwPMfr en Ja tfoügoña.y, ,hasta1en
Swakfa,;á p*$íf de^we de. nctf
4íto&p«Jgi»ri«e ^ e w H ia 'jb noq y .•:»•: '>••;•.
o h V y w # m ^ ^ Pp<K/!tan.t^i r^puríe^ rlesdanyinjstas tt loe vacíos, de
l<^ tSrfcnoa Ígwípgteoa. «ausadpsupor .Ia erosiónete las a g u a s y p * *
^ oH r*3dd£fóp?£$^r^t^bvaMm<MtetamtHen s¿ .escusa» G*& Jo
Itrti.itado idoilae t^feservadowes ipraírticada^:por ¡lew safcy<*»; y ,y¿s&r
menta, .pe* fio, añaden* qí|gi jo * ,aroUos.iitferíüedioíj/de. sa 30 ñftd4
pariros .existen ©culto&je»; fondo 4 c, Jos,, mares. L o oí>seryado
htistd. aqiii es má&queaufi¡ciesite para conveacetse de que loa Wl6*
anillosjio ^xisteaatiió «n iraaginado» de quien íodaviailoa aca^
rida con el fin desostener unaidea hoy1 pwst^en boga por Jos
■"!i ** *ír^H‘ ,‘r r " *í' ‘* ■ ^ ^
según e¿ tr&n$fór&isTn&¿$úúUria¿¿sta. 483
rtauaee? d&'la 'álofiófiai inaródultt ^abeai^St-d vlibre j d e '^ hiitoría
iritufol <smn .libro; óqu e,ha sídaitfrai>^ida> una niulpitud d c -hojas,
LambieB efi veridad^qUB'jde ^i ao halieto rspí^da-ua « j a d i a r únfetf,
Emóuun número a c a K c o l a b t á , u n a -de
egasihojas 9¡rrrultánéataeote «nutiiuclti3Íixí<» Jágfácrü^' A ít fes que son
todasufataa hojqs bbrradaá aquí ^ ' acullá, £ero *rcJpet¡4te -gran
nantrélad f^óipue&eRacIqpirtrv?'se sha^adqéirído' en *feciü\ uhaidea
gcaeiábJopataritexcámplstad© k*sustartéjafaneritet-contenido>**l él,
sqhietai!ha>wTtit2cho' que< desú&r ttx^xv&j coaé t q ^ a t ^ ^ a l g u n o * .
puiitó&partipnlarcaíjdeíaticiioT-áttpórtaifoiíj. 'ínAltpIj^ ?i;ra ,.-i;jr¿u:^i..
fiero iaunque no-^e iayfej» *ana. idoa>í*tf cabeJn&*#»<>.t# q*íe>fc^hia
adqdrftipi ya <?ón *pspecto> á lo e cerntpos>^eo|úgiebBÍ dlriíftohstfho
dtmjjencontrajrsej-en ningxiwppaité «Be¡ paSo 'insensible deunan'for*
aa' CM^^pa á. otir^. es'poi'’Si untiar^meTito:‘5uficÍ€nte para echar
froítócrratati^ ^castittQíaéreQ^tiettoimsformisino >que en su loca
imagjnflóioíV se lián 1fabricado los feecuaces- die OarwiqL SI Janatora-
te¿a fetibiera formado1lo ssér^ vivientes tít esajnaaera Jcnta^ iñse»*
«bteque^ atí pretende ,t e -tal manArar debiera hallarse’ ckLranqentei es*
culpiáá.'en ^jdas'ycada uíia dtí lás eCipas de Ia;vldsf:fcferr66fcre\ ant£
gtetó y ¡KttHÍe¿nad; de auekejque U»«rdina*¡b enteá ’£rawdo -títfgflnib&
p aié^ á n u ^ r t vLsta. jüá 'd t'fo s bewericte recientes ¿orno de los
ahtigwS'. -^berte1scrieá«ItfáiiMl!o‘ tem^^ insensibteíylo extraordi­
naria el poeo rcpcntiflí>11L a íraüów^e «Uo-es muy clora: porque lo
«atara! Ufe lo y-'lo- «Minarte j-B&lc^ipor'dccid'éote tfuele
fafór en todtt ^rterD cic ^óg&si qtw las-pfertatfbiwiopes^el'gJqbo,
poi- graíKteg'que » l a » qüie^ ^üpoqe»i -iw> atiii Ca|eiwtteiaIt^»F
& fiKí5rtomíaj gtu«rál (fe la nMür¿ázá!vhrfcírte;^K(i 'htti qusd&do
Pfirfeotaittcflt&^efineaíksfi I<^p6rf?kld0'<jeta wWa^lá 'pesar *deeti¿flas
estas perturbaciones pasajeras y , por d e c ir lo ^ , 'trnteraénlándas?
íNo ao ^conoeeti' <¡toi*ísíM&mehtífr’loíf terrettáríj ue $a h as '8tK?ecHdo
*&£lt¡«mp©, <3« stierte qüte puedesr sír ^dlodad'Oí por,lo9:£<?ók5gí>s
« tttta aéite vertíeal'viióobstáirte teBi-eferíífaspattttbahlcyftes^'jY
porgué: esto; sinó porquélost&les terrenos coits&tuy¿nUm*#títTá
general Weváda^'pér Jarlyáturaba eíi todo1el -globo ? 'Pues'lp .mismo
bubicrasGcedído conlas' trañsfofmationefileBtá* óe lívida; orgánica^
^íát&shmbíeraa sido el -daioirto cpcrfün y *^ordiiyirio por doHde^há
P*fi*do la. naturaleza; en los largor aAod dc contmdo .Irabaja íjne
Hevar desde Ja aparición ;dc-los-primaros >org*nisnrós-ii* [-> j1*'-
Y con esto queda destruida también la razón que alegan los dar-
^mistas para explicar la aparicion,repentina de los-diferentes ©rga—
484 - - •> Origen de¿ hombre Xr'
nismas en cada una de las épocas de la vida sobré eí gloüo. Demos
á los tales escritores que los animales hayan emigrado en los tiem­
pos antiguos de un punto á otro, como sabemos haberío ejecutado
en períodos más recientes. ¿Se habrá salvado con esto lá doctrina
fundamental del darwin ¡amo, consistente en la transformación lenta
y gradual de los organismos? De ninguna manera: lo que se ha­
brá conseguido únicamente será destruir uno de los fundamentos de
la cronología geológica en que habiah puesto su confianza muchos
saftios de los años pasados: el silurio de una región no correspon­
derá , cronológicatnentc hablando, ál silurio dé otras muy‘ apartadas,
y lo mismo se entienda dd devónico, def carbonífero, del pérmi­
co, etc,, etc., lo cual se halla en gerféctísíma armonía con lo que nos­
otros .dejamos observado al hablar dé los días genesíacos citando
unas palabras de Credncr. Pero por lo que atañe á la transforma­
ción indicada, la aparición repentina de los tales vivientes no deja de
ser un argumento que lá derrota por completo. Cuando hicieron sus
emigraciones los mencionados animales, ¿como no se llevaron con­
sigo la cadena biológica de nuestros sabios, que en ninguna parte
aparece? Por ventura, al trasladarse ellos á aquellas regiones hu­
yendo de la influencia mortífera que se iba introduciendo en el país
Habitado á la sazón, ¿no se sintieron impulsados á hacer otro tanto
los innumerables sáres de órden inferior qüe con ellos vivían? ¿Cómo
es, puest que llegaron ellos solos, rompiéndose así siempre y por
'todas partes la cadena, y no dejando en el mundo sinó anillos suel­
tos, incapaces de unirse inmediatamente ¿toó por medio de otros
que nadie ka visto y que se finge estar en él fondo de los mares, ó
haber sido destruidos por los agentes dt la naturaleza '; Cosa parti­
cular! En ese continuo pelear por la vida, siempre y en todas partes
salen libres de la batalla una sola clase de combatientes: los sargen­
tos solos son los que se salvan; todos los cabos que están junto a
ellos perecen; de los soldados rasos no queda jamás ni uno solo
para muestra. ¿Y al ménos no se les encontrará muertos siquiera en
el terreno donde han tenido la desgracia de perecer? De esta suer­
te reanudaríamos los anillos dé la cadena rota, y hallaríamos por fin
el tránsito de la naturaleza en el desarrollo de la vida. Pero nada de
esto aparece; sabemos cual ha sido realmente el órden cronológico
de los terrenos desde el principio de la vida orgánica hasta nuestros
días; sabemos, por consiguiente, dónde debieran encontrarse los
anillos de cada órden que faltan, y que buscamos con tantó anhelo
para unirlos á los que ya poseemos, y formar asi una cadena conti­
según el transformismo materialista. 485
nua tal como la fabricó la mapire naturaleza; pero esta picara dueña
ha tenido surnpre y su todas partes^ malísima maña de ocultarnos
sus desperdicio^.
^ lo,que acabamos dc escribir, 110 faltará ciertamente .'entré los
adversarios quien responda que con (anuamente ya caminando la
ciencia con sus nuevos inventos hacia ellugar desdé donde se des-
qubran esos preciosos anillos; porque á cada paso se están encon­
trando en los terrenos geológicos nuevas especies intermedias entre
las ya conocidas y lo cual dá fundado motivo para esperar que por
fin se llegará á encontrar la cadena continua* ideada por el dansinia-
oio. Sí; como añadiendo puntos y más puntos, y colocándolos entré
dos determinados extremos, se llegará por fin á formar una. línea
continua. La línea verdadera y matemática, no es un mero agregado
de puntos yuxtapuestos, por pequeña que se quiera suponer la dis­
tancia con que distan unos de otfos; y así, intercalando puntos entre
los ya existentes, y poniéndolos en una misma dirección jamás se po­
drá obtener la línea dotada de verdadera continuidad. Pues esto mis-
mo sucederá siempre en el mundo orgánico con respecto á la soña­
da cadena de los darwinistas, pof más que den con nueyas especies
capaces dc ser intercaladas entre las ya conocidas,, Los anillos que
folian para formar la pretendida cadena han de adaptarse de tal mo­
do á los ya conocidos qué se continúen con ellos perfectísimamente,
como s^. todos juntos constituyeran una sola pieza; esto es lo que
pide la ley de continuidad invocada por los tales naturalistas. ¿Se
obtiene esto intercalando nuevas especies entre las ya conocidas?
De ninguna manera; como no se obtiene jamás una circunferencia
aumentando los lados de un polígono. Miéntras haya especies inter­
caladas, faltará la continuidad apetecida; como no habrá circunfe­
rencia en ninguna linea cerrada que esté compuesta de verdaderos
lados. ¿Qué importa por consiguiente el que nuestros transformistas
nos traigan el arcfuuropU'rix y el odontorntxí especies intermedias) el
primero entre las aves y los anfibios» y el segundo entre las aves y
los mamíferos, novísimamente descubiertas? ¿Qué hacen al propósi­
to de que vamos tratando, ni el mastodonsauro, ni el omíthocéfalo,
ni otro animal cualquiera de alguna determinada especie? ¿Todos
«tos animales no tienen sus caractéres bien propios y marcados, por
los cuales; cada uuo de ellos se halla constituido en su particular es­
pede sin poder ser confundido con los demas? Pues entónces, ¿qué
tiene que ver ninguno de ellos con la soñada cadena de los darwi­
nistas? Lo que hacen, sí, es protestar contra ella, porque todos tie-
ridrí s'nfe fóhb^á propia^;y' Wcü tfeü:rratólaSás, -ó^ntsrá la eítígid^ fktr
lá M£óttstí tí*at¿fófH^^^ Fufera d t que1 dstás esjjeéiésMtttiÉfli^&s,
t^ué tíMvfco■cá6átééán!los d e lá ritfevá:'escufefe paVá áütáf tt4Urifknie1'Sti
tfáfí^rriíisftrréf la&foíísde lááfi,¿fe£&haíi vivtdtfs! m^ánea-MtíJfte éíifr
Itó 'ártfaV á'éjíté sfrVeh dé rfitáulV) cóhiüOj ypoflo'tnísniitf tthfguli
párctiíeseo f éál: pi^déti tfetíef íííto dlds> ^Jdgicridó líi téoHíPde te etffr
liidtbn q u e lk 'é ip ^ ^ ift^ ^ M k
iftfcif ¿ Ü i s V á T b r i í l t d s H á * f¿f 1° -» ‘.hr.-.wn¡.¡- rj■
¡
''tesftrá^ád qüe s^i*b' á]g¡^dgi»értíí ól'»antzádófr Uíidarf dudba&ste*
n á f á i ^ ^ san Sáber á püfctó' fijos*deb£ti Bfcrcolocado* nn t&\^>
cual especie,' de,íoi-étiftí haá ^6tefiilid&Jtiwnar f&ndaaa en»y dogmas
páftíidán&s dtí :^n$fbfmíátao pdfá ¡tíegjtr Y<^nd¿Nneiite-> la *€^i¿ten-
ctí'dé^fe'^réSddrtiíf és¿X*des> 'Pcf^tt^R^Afcclttún-por^pártt ájelos
hbfflbrte£iiri¡a¡iJU&ra ljí¿tf¿báé<WHoTcorto hde m*e:W^scojk>dmtento5;
teb iafeffé# b0#í®U^etfcfra; toa orgánitfnfóstiíí euéátidn, y&i
llé^áíf'S^tí^tórfr'feSa líáté&Xáriien Tim^nocirtifettt!Oplerto d£(los Áto­
mos, biai' préttW ^bíráñ d lugár qüe á cáda trtio d t dtc>9coi»respott-
dé en eí cuadro d<í:lá treaciorr'entdrav Loa qúe^apoytfdos ervseme­
jante ignorancia1de Ia.*?cosas, toraaif dcellaj pié paranegar errabeolato
lá extsteiicik de las especies, se parecet? en su ntanet^rferaxoiua *
los qtté negiaáeh lá existencia >de 4a rtion©darporqtte «n algunos ¡casos
eS ftífifeü ‘disictóWitfiá v ^ a t f t r a d e lá c te a , ¿ó,al> qüé^cowfurKÜtseon
a b s o íu ti¡y lb y í^ b ^ ¡c ^ tt) 3 4 rb o ]^ /^ q iitín b p ü ^ e e sliat'llecerfic
críff^'flftcí^ cttá^tói^dlfefettfciai íteifay'precisa. cofrlzrténptltii del
etfé|tóifó!Ulb<‘. 93 íuérá1SíéAdftderaHa bipótesia ¡d* Da*wíti¡ «la fodédoten
dfcilos'^bk>$-tió!ídébértaVérsaf>>atíbt’¿ |estai¡é punttt&'ánó1aobre otros
enttefiimterit^ contrarios; es decw; to^Édirtaris &Htóñc&s: debería set1
qpíit htíMrkmos ébTi fundidos bBr^^wrtlBm^B 'Sia <poderlo3dii¡cemir

natuánáléa^:y 3£jfü0ttflb fttfciaétíldeni» $endj5**pfagentasen- ilguna q^e


óftk'Vízi mtíStrdoS ^aiert&Apárisnda de distinción'qúe vos movie3
3^ á r |equfoo<adím‘i&flte' ^obtt>^dlos; Pórqné nufcstw «ntendfc
mie^t^r^TílóilQidíJííjutjliawhe d alafl1costil oontenida» d£flero dete
bífera fd¿ ¡^propiGobjefl», enatefi soivqíertaménte tos sérw vivientós
dél -raühdó ¿eittifetáj ^efTírtliiiariofifiiíga- dem' rectitud y -aíslo se eq^i-
vo&í ^ r jíaoddéhi«vjEI' tsri^ftto^<sii^ uiis desviaeióii a(itííd«fital'de
la vefdad, ésta t i oántin^ l^ecto y~tñlfedo:pof dotldc camiotfn ^
inteligencias abandonadas á su propio impulso.
cato, está hie»» responden í .lo. que acabamos de escribir
contra Darwin lo&dfDfaJfc&e8rdé U trlBafonnacion repentina . mala*"
según e¿ ¿rawtffirtrtisipfrmttiería/isía. 4$7
3rente¡.Uarea4qa i^t^rageniftqs¿^perí? por q u f i^o podremos fdmitjr
• q u g i& ^ fiy a l^ d ^ yex-cí^ap-
wfeBn^rpftf* aígiw^cip^lijs^c^.^igéM^
qué W &m táiM & .d¿r«WÍOO 4 <£w.wtflíi ¿ q i^ q fj^ e y o ts s
^anró cn elrDarflin^ ^er l^yída* uq coa un movimiento cojiUauc^
siapjpor, s^tos, c m n ^ de ^cp^tttc puevas especias qite.se nciayLeseOj
trt iQUrvas íi^ñ4Q? yi^HecWraente distinta? de la$ /demás, y lu4g<?}
permaneciendo co n sta n te s ¡l&JWpva.et^pa tyaste, qi^.un^ feliz caj,
-auáiidadió-fw^fQo^pelkH) re p e n só qauBa^p 'pqc^aJgup^ s^bia. inteli-
getwiarle hkitesoidariun p^Qiraás cn la^epd^ del¡progreso?..Pprgjfe,
e&o>ja. clara* qutfesleprogresG ha-a^ido^. b^ ^ sc^ ^ u n ^ sifq p le
ojeada-*sobt-e b s dtffcrontes de, i-,historia
vcnoírac'derquc ja v&a-,h3r.segujdí?en ^glotjo, u n ^ K ^ Ascqndpot#,
conr^naatuio por los ^i^^igmofl raásfsíancijips hasta llegajr-á la orga*
ninjcjondei hombre*-^pciásct^piicada entape todas y últi<TR,de
todw<U*ft en «lisucesivo órden de>ríos ¡tiempo#.. Este fenómeno sin;
dttda ha 4 eb#d(o ser cansado, como Jos demás feAÓroeoQ& d e la n * -,
tutaktaj á- 8dber 5rporJa.fuerza* de ios.solos agentEsn#^¥les¿, d|§
otri suerte, no3 ,venaira>sp*fcctsado3 á sacar alaieaceiiaá.1©ad3 PMP|
la aocion ereadoradel Todopoderoso, y > p ú ^ r a j^ A if t
producciaivde uno» fléresüújiie<v*Yen PO pQaüoua.guerra paca 4 ^yo.*v
rase Ios-unos á loa oíros,,siendo «bí ;-q«e Dios no ama la;(¡fuerra*
aiaó te -pao,, ni ae entretiene ep pflodueirséreepara de^uirtlos* .
A.estegénero. det<ar^fornii$fn(3 '^ rp (c ^ in fualista hatv apelado,
algimos darwini&tas i^ítigado3„de«eosos jde>^xplvcar cqn él, &int tro-
P«*w poí una. |>arte: coi} l*a dif)(?uJtade^ del dai^íúfW ofigido -qu^
scaUfcnoBiderefoíar, y ^ acudir p o r , f ^ 4 J^#oc?ofi
sobrejftBjurfti idivina.iofidigencía. ün o^ r^ toS r^ jH ^ fliai»^ ,
qu¡entj después de¡ haber r afeitado t«l ^transformismo- leato ry:
ya; por la: fol*» d ? csontimiidftd: quese advierte eotre ¡l^s diyeraos >«£?>
r«é del mundo orgánico, ya porqu^^ Aun cuapdo existieae, poc^ia
^ •in rra tíu ^ fisfaripéjiirt ¿ id*a¿\ y ao/genr/úna, é sea producida
por la descendencia íl8ica,escribc que H h . hipótostemáñ,probablees
que el prin?er hwevoiideiH>i»p«cie -nueva nape en ^$t»<>,;de ,tít»
espeeitjroadrey dcbiefldQ ov wiateneí^ á.la? trvodifiwcoiw d^rlafricji;^
ennstaattas etabiriogénicas ac&ecid^s.en Aa pjrinjera-etaj^de,!?. ^vq-
lucioa^^í^EUfijfjdgnoeBtüH^ que ^apoya^JW»!es^iertaroflijfce; lf*
r.i'l i-,,:, "i;, .1.; *jr. -- ^ j'r m íifir i;;■ r-jt,::'-;:vi::ft>1r::

’ • 1■

-V.- de ll« p ü i^ V v Z ^ É ^ if lfa <rf‘ c litiU f * * * vM VÜ i'-im &iitok tM v& iM t,
tn^>tt <t«.ViDttnkftd psff.6 flor^e»íGrtiáftnik. E á r l J w S * i . >2(f{ p ; , nr< 1 r : 1jio *
’ v sQ rig& t- df/kom & xé ;a.
observación de Jos hecho», pues éstos «nnadá Je íavor-eteen, aiad
el priücipio filosófico. de que avtne vnmm ex alteet omnr atmm *x oqh'
riút 'y por conaigaiente debe ser rcchazacio el dogmade la cr,eaüion
e%'nfhilo> Esta opinionempero-se haÜa todavía' más destituida de
verdaderos fundamentos que la defendida, p ú r d autor del 'Origen
ds kts especies, y va, no ménosque filia, contra kas. principios la
sana fíloBofia. i^-ellar escribe Quairefages las siguientes palabra
‘í.Todas cuantas beodas, portan de latransformacjon repentinaiBc-
Fttoe^tBia censura todavía,más grave, cual ,es,dejar sm .caqilicacicM)
d e ninguna dase los grandes hechos generales..que presenta el
imperio orgánico. No basta explicar con una hipótesis (malquiera
la multiplicación y la $ucesion de los tipos principales ó secúndanos.
£a preoiao sobretododar cuenta de las relaciones que unen á estos
tipos *entre sí* delóráen que reina en todo este conjunto de costil
ekcmJhae-hq conservad© desde los tiem po geológicos hasta lo»
nuesiposal través-de: la» revoluciones del globo y á despecho de ios
cambio* sufrido® por las faunas y las floras.
„ £1 accidente sin regla* sin ley» invocado como causa iiun,edtate
de las transformaciones específicas, es e vidente ddente incapaz de in­
terpretar este grande hecho; y no> explica tampoco la generalidad
de los tipos fundamentales, ni las afinidades directas ó latendes que
exst^nentrestíflderivadf>s„J.
>A instas gr&ves palabra del üuáftrfc naturalista, que bastan por a
solaaipars; flefutarla. hipótesis <.mencionada, tenemos nosotros que
añadir algttnas :otras,' encaminadas ¿ este, mismo objeto de hacer
^ver su nülidad é msubsistencia. Por de pronto salta á la vista que
todo cuanto hemos escrito tontra Darwin atacando el origen casual
de los organismos, se pFeseataaqul coa toda su fuerza contra los
que explican estos saltos gaueradorts por medio de una feliz casua­
lidad délos-agentes natpndes. L a naturaleza sensible no es capaz
de secnejantes casuaUdadts, máxime cuando se hallan éstas repeti­
das en una escala tanenorme, eu alscn os presenta en el gran pa­
norama. del universo con.toda;:1a inmensa multitud de sus complica*
dísimos organismos, y con todo el admirable conjunto desús leyes,
perfectamente estables* Atribuir todo esto á la ciega casualidad»es
propio de quien, ó n o sabeloque se dice, ó ha perdido rematada­
mente el juicio, que para el caso viene á ser lo mismo. Sería,-pu®*
necesario atribuir estos saltos á la1Naturaleza en cuanto dirigida

V D e QtUüaía^BS, L Etpctt AuMotót, lifa. ut chap.>x,pd£. 66, PhIb, 1880.


según el traaisfoyifdsmoyfiittírialista, 48^
por Lasabia idano dé‘alguna inteügenriaordenadtora. Mas ni cdn
esto se adelantarnada, porque, como ya lo hemos advertido más
arribayeste finaje xic fen<5menos tait £xtraños Tao lo puede 'producir
b Naturaleza con solaseis fuerzaspropíasyáTin-puestas bajó la ac-
cioii'de ¡una sabia intelifjeatáá qüe lasi gobierne. LaraEOn-deello es
muy clara: porque nita naturaleza* «sensible ai nadie sepoede levan­
tar 'dóií tseriás más- arribá de su propia esfera; el progreso
nt« esjp»5ible á.cr¡atura algurii smó dentro de Id órbita que de su
propia ÉjcsaKiicionle pertenece. ¿Se^diráv por Ventura, «que estas ór-
bita^ tto íKSi abeohitaftiente cerradas de suyo y y que fo sé e n le s na-
tiirtlí^>üedenrigurosamente hablando rpasftr'deta;«oaa p o tra ,
ácausá1de no mediar' éntre ellas diferencia algüna zerdádtrámente
fsi*£M¿ -é inirkisécü!1 Pero esta aftrínadoft escontraría a toda sana
filosofía Ha persistencia perenne' dre las especies que hemos obser­
vado en lo que dejarnos' escrito; su eafaerzo inmenso para conser­
varse cádaunaem su propio' séfT no obstante la acción continua de
los agentes exteriores que tienden á modificarlas; su empeño cons­
tante , universal yuniforifie en perecer del todo1antes que sujetarse
a las mencionadas leyes del transformismo, están diciendo'ó-gran-
des voces^que en cada ima de ellas existe una riabiraleta intifaBeca^
mente diversa. Lá razón humana no puede conócer la oaturáleaa
interna de la cosas sinó por los fenómenos extémos coh que ¿stas
desenvuelven su interna actividad y se dan á conocer 1al ¿xterior.
por los efbctosj juígamos de las causas, y;á efectos 1diferentes no
podemos ménos de asignar causas1 también diferentes; obrar de
otra .manera seria arruinar por cbmpteto’la filoaofla y caer en e!
mis absqrdo ^irnwsá&mG, Ahora; bien; losi efectos 'constantes, uni-
versaksy uniformes que Vemos producirse por cada una de las di­
ferentes especie* de séres * •siembre que >at halla Hbreiu -propia
acthridadyy nóimpedida porningiin obstáculo, ®tm propios y e x -
dusivoa dedada una de ellas: por donde legítimamente ¡concluimos
que también ia actividad interna y^la sustancia misma en que ella
radica deben serles propias y peculiares,-en términos que jamás
puedan refundirse las unas en laá otras. -
Es, pues, evidente £ todas luces quelas causas naturales jiq pue­
den producir con la sola eficacia de su 'propia virtud transformación
alguna-del género indicado, ora ae coosidece esta eficacia aban­
donada á st misma , ora se la suponga.j colocada bajó la simple di­
rección de una inteligencia ordenadora. Las feliees casualidades 6
los repentinos empellones que experimentenLestas causas, nunca
4 9 SX ■ o V í.i\ v rig&H'dó¿kéx>tér-6 Y% v»-.
podrán sacarlas'Jaei& de‘suapr©}iito<^biías. Dentroxie es£a¿ ódbilaet
merced á loíianorrnal de sus-drtíunfltaiKjias, iajccutaráa' elta$i cicrtos
movimiontoái irregulárra:qtte tendria*. jkir? íújfeirtib>rresuJtado, io,qtra
vulg«íroente"COnocemd8 •con -etaombre xlGrmónstfu?sr: pero estos
mismos mótíatrim 'atestiguarán la eAabilkiadiie la NB&rak^i.'por*-
mánecicíidó’d despecha d é lo ? tranafoi'mistas ven ia <Srbita riniÍ3ipa
de süs>pw>£ío& {jatíires; Exarafaerraeottantosc íquiera ktenmóostna;*
qut fea&a%í presentís hMv¡pr<tehic*d<iH losi agfentee :d«l!uniyef9eiíy
nurtcai Soiveró en dlós d napiraientDTie tmartaspccie :verdaflecaiheur
te nueva: el fondo siempre queda-eandios?eL mismot áun cuando
la forma exterior;. consist*nt*,jtfk cidrias¡ propiedades; accidentaos,
su ira^alguna variación ¡másó méaos pMBfbnda^boa raíame®/crte»’-
mitfnfeos «nonsaniosos y* pret»ni^raksiKevadoó'árcfet^to£reLaérw
dJ^ajKfcieadiÉeeeRtes,dejan stetbpite el ifruto eapüm dg- éU« peaui^
tanto dttift*Ó d t laJ0rbit»gtíaé*i?3i-«iir que se mxieven avs ipYogenito-
re»i ijflfcyo» palada itamte&^der éltotf un cambio -radical dtl«el
mando drg?íntó»~borrtLndase los ^raitcs con que cada qapo&e está
contenida dentro de su propia idafera^i.-tq Natundeza hiere á >esfos
séres extraños con ct rayo de lá esterilidad ^ y le s impide propagar*
se por s( sok» en linea rectal y-con. el moviteieato' característico de
las cspeciefc verdaderas.'I¿& vecindad su m acoq oe selradlanicoloca*
dan ai£irti&r«■apíeles,'¿onÍQrme 3ilíplaq infwitaBnejtfe múltiple.y per-
fedtisimaroerite iwo tlelGt*»dQrTJhaae pdaibleíi «tta ^uerfcede cruzar-
ioi:iMtt9inipii¿tttitnrón5Kai0! enteramente infecundos; iporqoe catre
l w especies! dé^uo' mismo /género? hay una cierta rsertepnza: dcipa-
renteaco pór Icy'towy padecido¡¡de- latonstitttóott? orgánica que fai­
na-eqtné' ellas ; d e idonde; eB iftatsrt?ai ^fiei-.Resulte también ésa
fecundidad limitada: q i t e d t f ^ r t g e h a l ^ e s p a c í e aparente y
verdaderogiroufaartrde»la»reaU^ y a g u a s a s - o - ’1
' Produce un&gra&daiitaróri'eb Jos transfbrmirtas'k: marcha «scen¡-
dettt&adkr ^Naturaleza ■ err ¡U* producción!.de los.organismoS,, qada
vci tnás. pwfoetps} qot^ jen fgeüeral jiirnn -^poblado suatavamento iel
mirnda 'ttówdc e¿ aparetnrñeatoi {Í8¡i&A^a'Jl&sta; zureatros días. Pot*
qudTfaivqde lesta marcha;AK«iiidentciha eidsti)do^ al instanjtecondu-
yen que eítb i pi'odliccrióni 'dé 'este fenóraenona han intervenido sino
las ^ ta s causaa naturitles , sin reflexionar sobre si estas causasiieaeB
enu isí xi «ttoi suficiente«w tudptóa«neG ecto de^esta dast* y sin
adisertirque iailijízaabso kitft.de iaflespcáeB, peodama^a en cada
un&ifta'laB págihasde la háatonajckd munido ot^fánieo.por io»kfené^
mentó dé lá- Narturalezaj ;ji<>Q^<jbibcraraockfliar,-de^esta1manera >tan^
según c¿ traHsfi&xnthtM) ptétíeriaJisía.
tibfdrdaj Wk'hoc'post hóc.. ergópropttr;í\ac¿-taü frecuenteenla boca,
y^dteritoííie1losiqlicy?ó> ignoraniasieyes dc lá. árgunmtaxáokiegin,
tim? ,‘.<4 c o i l o c á é n d o l a t í n i n g ú n ; uso ttó.eJias al,eDnfeack>T!-
narisas: augumeatoB^ hace en ilis aferasrde estos .esccitoreg ¡unr jvw$0'
mai^vilkMo^jfíj^VcR N&íur&l*za úa tofáde estr mwtmiifNto as&ttd&tr. ,
terjíuego id ">NahoraItfstz uo/®iia iha producid#! 4.E2K qué ifeglaando
lágiatafe'fitnxU tait extraño: modüjdediscarrir? ¿ Tienela N aturales
podcr para llévár ¿ nabo por sfaolalfcamana. empresa?; La^osofU^
m »dicc’fl<;lla;’[oaner« iná»rteríDQÍiiaiitc;.qwe encías oausas naturales
my «c«fce upa votodi tafo portentosas r - -■>qí'j3k í.Liik>'i ¡?- ,r/_s.' t< >;
-Vldnelmvsy bidnaqd'l©;que.dice Agaasitfá^cste propósito.^ rn-rol 1..
- "E s verdad j •escribey q u eia especie <eatárlimitad«-■ » wftrpfifiodo-
gt^ógioftdeteraiimdcKfes/ i¡fcrda<iia*»bicn,¡que r cntodaslas íorman
ctónes geológicas, 1^8' espotiés dejrtos- períodos^ncesivos. diñeneni
entra'sü M^a porque difÍCTati^,¿ se. sigíifridc aquí que st hayan etías
niodifickdé iá sí mismas? gNtí'haiistdo: sustituidas, reemp] azadas poc
otras ? ’E l espado de■ ,tiempo-necesario para, taoperao*» no ■ haoc.
nedaá 4a cowi. Concédase para/cada período miiioncs. de «tíos; fia
cuegtion¡BÍetnpi]e quedará íediiciria á, Id siguiente; cuando:«W3sjeoata
un cambio'en.ia Naturakza* ^este' oacnbiosemita! waliscade ftspop*'
táncatneflte baijo 4a>acción de ¡afe.liiergas XI9ÍCAS- y sfcgun J& ley ^de, I
estas fueraa^.é bfen >faa;:flkk> producido por la ínterveccion d# uní ■
agente; cuyd:actividad tii ástbcajOt despücs^ .ejerció sobre este^ob-¡
jetoíl Uaa; coipparácion adacacáimásnu pensamiento;;Supongan»»»
que un n ñ d ooad o á.la pirutuca viitfta] auv jnwseor donde >Utó lifliwos
están c^ocade^^tcaaábsíWientQ^ y donde^Oír}c^wJr©^ derflaaíüfb-r
rcttlesesdudas se hallan dispuestas enórdeft .cronOlógidk AJupasari
de utt^salioflL á .ofcrx* verá .-oaaibios; U q gr andsont a» ;lo» obsArt^jioa:
por los paleontólogos cuancfotfKsaa<^.;uaiáisfleOTa.dfrroGa?i¿t>Qtr&v
Mas porquo eataa obras tienciu mucba scoicjanrjt ^ntrc si,p4ie?*to
que pertenecen á tal ó «lal escuela^ tó seta;de épocas rjftuy vecinas,
¿tendrá el crítico suficiente mbtivojpara ;supcmcr qiae los. jefedros
antigtiosse han? metam raboseado pata eooverti«e;eút cuadros.mo-*
derbos, á paranegarkjoeJoa.im asy loBotnalfleáti verdaderos; arte-r
fcct»s¿elos‘aktistarfqu£' vhríann}* obraban;cíi :el bro.qroento dft)ser;
pistadas estas telas 3rLa coestion dcf kt úkmiitabitidaid: de las ?esf/eait».
es’absolutafÉientte-la misma que la deljcaso''St»pu)estD; Ko porquetas-
especies haájrwi tenido una duradoii más óiménofflaígá endasiedat«i
fies pasadas 1considera et-natura]ista coima inenutabiea^ sialá>eporn
en la sérieientwa de k>s tiemptís grotógÍGoa jrenitbdá lá/ dunawM
,4 9 ,? ¿Z /.fyi w fc* v r' ^
J'
cioji 4c jo s ^ ^ g u e h ^ j; transcurrido desdequefuetjon introducidos
t?n el ffli^d[9|' lps, apimal^s y las plantas., no aparece pí la mas mínl-
W señ^lde que una especie se Jaaya transforjnadoen otra, l o que
únicamente, sat>em0s es que hay diferencia de especies en tas. dife­
rentes ¿pocas ^cíibalraente como sucede á los cuadros de diferentes
$igla*.y;de ¿ppcas diversa^. 9 no tengamos sobré éste
punió 9^os,$#f}^ s^iítf/itíados hasta aquí por la Geología,
siempre, sgi;4 contrario á la filosofía y á la lógica stipgner, á causa
4e eptas diferencias, que Has especies cambian ó han caminado, que
se transforman, ó se han transformado „ ’.
Hasta aquí el ilustre naturalista, el cual harto tímido por cierto
anduvo, ejp. la última consecuencia de su discurso. Lá filosofía y íá
l ^ c a n o apio nos irr^píden de. una madera provisional é ínterina,
|ja£ta. jxueyos descubrimientos t eí que atribuyamos á la transforma-
ci,o^ .WfÍt¡grj^ista la c^íferencia de las especie^ orgánicas, que han
e x ^ ^ * o .^ (^ y ^ e íi^ e en ej globo durante la dilatada série 4e los
tiempos, sinó absolutamente y sin restricción alguna. El conoci­
miento que tenemos ya adqüírido con tos datos de la Geología y de
la Historia sobre los fenómenos de la vida orgánica nos autoriza
completamente á concluir de la manera más absoluta que cada una
de las diferentes especies orgánicas que han poblado y pueblan el
universo tiepei} en sí su esencia propia é inmutable, y que por con-
sigiiient^ no ha podido existir ep el mundo la transformación sona­
da por los secuaces del materialismo. Si transformación ha habido,
ella nó ha podido tener lugar sinó en virtud de íá diestra del
Altísimo.
Pero entonces, se dirá, habremos de traer á cada paso la acción
creadora del Dios omnipotente, poniendo en el mundo una série
continua de,verda,der:ps milagros, ¿Y de dóude sacan los transfór-
roísitaá tan .^e^na'cQOíBMjiencia? ¿No podemos explicar el fenó­
meno jen cuestíoi^ ^d^ndo con varios católicos1 q u e l a s . especies

-4 1 ' |A g e n t a , £ k t s i f S e t y p á r i 1 3 , p í f ; .7 8 - 7 9 , n e ta .
y & tt fafttttfieiw J'Áifaopbifu neJttrAÜí dfll P. Fesch, S. J.t niiffl. 615- ,E*
misrnja. autor, en d n iín , 6qj d^.b misma obra, «cribe de esta opinion Iq sipií?ote:
" N«qqc jlHs oblaqiiímur, qui spccÍM superioics tranuisse defendunt per certa stodla
inferiora, fa qilibuft perfectío xpeciei súperioris virruolítu cootíneretur. Ea enim «T0*
latió nóti ostrera unhifiéfc cKvena spedé Jtsemdentía, sed trtmtformotU Unlwn stt-
4ü tofcrtoris íntm uuam eamtictnqtHi speciem in stadiirm superior» perneta. Et m*
qnidem.Dultuin pUmc mome^tuiOL vid«nus, quo ad respuendam huius geooris
formationem copunur..
según el transformismo materialista. 493
fueron criadas tódaá, excepto et hombre, en un principio, pera que
no pudieran desenvolver sinó gradualmente, y en conformidad con
las circunstancias externas del medio en qué viviéroñ, sil virtúd in­
terna? Dc esta suerte tendríamos reaiizacío et referido prógre^o^cób
la evolycio'n sucesiva dc ios organismos 1 sin necesidad He ponér
frecuentemente en ¿sceñála acción creadora del Todopoderosó, y
¿irt abrazar tampoco ta fálsa doctrina, del transformismo. ¿Se distin­
gue sustancialmcnte una rana de un renacuajo, <5 una mariposa del
gusano a cuya transformación debe áu origen.* Claró está que no:
el sér no varia en estos casos sustancial í*ien;t£;' 1ó que1hace es pasar
por las diferentes etapasde su vida toda y entera , ftécesaffaspara
la perpetuación de su propia especié. I^ües uriá cósk semejante ha­
brá sucedido en la hipótesis indicada á los diversos séres vivientes
que en la actualidad pueblan el universo. Todos ellos, excepto el
hombre, habrán recorrido, con su virtud interna y esencialmente
peculiar de cada uno, los diferentes estadios del camino ya andado
antes dc llegar al que actualmente ocupan: nada de acción creado­
ra para este movimiento; la misma fuerza interior que correspoüdc
á su esencia particular lo habrá ejecutado, acomodándole' ál ñnedio
externo en que haya funcionado, y transformando en corfsécüenda
el organismo. Exceptuamos de esta ley general al hombre, porque,
en órden ¿ la especie humana, ya sabemos por la divina Escritura
que fué criada en estado de perfecto desiarroHo, y que no ha pasa­
do primero por los estadios inferiores, en que se ejercitan solamen­
te las fuerzas animales, permaneciendo las espirituales como dormi­
das por falta de disposidon conveniente en el sujeto.
Pero áun cuando supongamos las espedes Introducidas uña en
pos de otra por la fuerza creadora del Todopoderoso, ¿qué razón
hay para espantarse de una proposicion semejante? ¿Acaso porque
interviene el Criador de una manera directa y sobrenatural en las
obras del universo ? Cada dia está interviniendo de este modo para
sacar de la nada las almas humanas, y para unirlas sustancialmente
á la materia por ellas informada, y ningún filósofo de recto juicio
hallará en tal clase de acciones uña cosa contraria á las reglas de la
sana razón. Si )a naturaleza no puede por sí sola producir dértos
fenómenos que son necesarios para el desarrollo del plan divino;en
la marcha general de las cosas criadas, ¿por qué 00 podrá interve­
nir directamente, y de una manera sobrenatural, para ejecutarlos la
¿ccion de la divina Omnipotencia ? Anteé el no intervenir en éstos
casos seria contrario á la infinita Sabiduría; porque en tal caso pre­
494 Origtn de¿ hombre¡ etc.
tendería Dios el conseguimiento de un ü n , y luégo en la ejecución
no querría echar mano de los medios necesarios para realizarlo. Dí­
gase lo que se quiera, si en el desarrollo de la vi^a terrestre no han
obrado las fuerzas naturales propias y peculiares de cada especie de
séres, en la forma que con varios sabios católicos acabamos de in­
dicar, la aparición sucesiva de las^pedefe ha debido verificarse por
una acción directa y sobrenatural de la Omnipotencia divina. El
Criador se habrá servido en estos actos de los organismos inferio­
res para transformarlos sa<jtancialmettte con su ommipotente virtud,
é introducir en ellos un prinápjo,.yi£al de un ^órden superior y más
en consonancia con las condiciones de vida que con el discurso del
tiempo se hayan producido en el globo; ó bien „ si este modo de
producción defendido por algunos católicos no gusta á los que quie­
ren otro más elevado, Dios habrá dado el sér á cada uno
de/M «AiBntó^iti^eri ;que ifttíddxxjo en un principio 1& v¡d£¿A;':&
cual fíR*réél:líYiodo qtiese qúietifcescogéis
cfao^m preredurrir á la acd&n directa* y sóbrénaturaldél iícfd^pó-
deroso; Esta accioir es exí^dá p íí^ to rta n ^ n tep o fl^ mteirnas cott-
dictones intrínsecas d« 1as: causas criadas, qué nopüederi realizar el
plan de, 4a divina Sabiduría* en et mundo sift éslfegérieró de creádo-
nes sucesivas jtor parte d£ la divina Omnipotencia. Y por esta mis*
m ^ raion Bialamettfeejsé>da:pork>S' fafctorfes' del transformismo el
nombre dcTadcfóries; pdr'cfue no Van en
las exigentía!s dé lia naturaleza >cotno nofbé
milagro'la áccion^torvi quefüé eriádala rtVáfeTra y-la vida enuíiprin-
ápeo, y cofa quetodos los dias son llamadas á ha existencia la^ al-
caas de’ cuantos hombr<í^ sstüíi ¿oncebidos^obre Iri tierra.'
.c ip ix y j.u x .\ v :i

tt&PÓKDBSE’' .Á^ LAB1 W m cií^IiES ‘ ‘ i


b t :! ¿oA’

j|nngfó^i£p s^ pte^va, la raaoa principal .qufrseeretameilte muc-


H Sn Sfeys á ciertos, patural]stas ¿ 1defender átQdo,tra*we;la.atttifi‘*-
V^S^yf losófica^dpqtnfla dei. larai^feroismo ,. es, tcl^horscurgrande
quíe ajenien.al .peonar? qw ffo» ín ^ v j^ a/o o n . su acoto# 3$brenatú-
c^tl. en.la producción, dfi, Jos.fer0menp§ ¡sensibles. ¿Eseo :cuán neoia ié
íafuAd^a no. ^ .eeweja^e m a p ^ de^pFocedqr l *-¿Q» efrpánta to
4; ^ ^ <jlase,d^ «hioa:
pues flcg*d¿p rí5PíP§4etara^te,i y i>r©clp.qia4 >-c^hj J***!at^oe*, la inde>
pqndqncU abBQU^/dc Í^ (pc^^ria, S&gonícs^ia queD ios ha interve-
i^o,6Qbrienaturato^t« Cíi Ja, c ^ ^ ^ Q ^ ^ i ^ ^ i n p r g é í j i c a L y est <d
c^^lcdmiefito de lae 4ey«S qt^&fcél rigen,t porque.-sia e$to^a: es
posible U ^pt>íqfcréjiw» po*fosai$tam­
bién esa misraa.íntervefieion>aobretiaCL4^d e&Í4'f¡ffQduc<íií»' dketoia
uno de los grados de la vida, siendo una cosa manifiesta que la vida
en general, y cada uno de los grados de ella en particular, no han
podido venir al mundo sinó por la acción omnipotente de Aquel que
es fuente y origen de todos los séres y fundamento universal de
todas las esencias? „ ¿Pero y hemos de suponer, exclaman algunos-
muy confiados en su novísima filosofía, que el Criador del universo
emplea su omnipotente virtud para producir unos séres que se hacen
la guerra continuamente y que necesitan para vivir la destrucción de
otros? ¡Vana dificultad! De valer algo este argumentot echaría por
tierra la misma creación del mundo inorgánico* sacando triunfante
la causa del ateismo. Los séres inorgánicos no ejercen ordinana-

1 A|f*sMit D i r tfpice dt fa ttt G iolofie, pág. S5. PflrÍP7 1869.


49Ó Respóndese d las principales objeciones
mente «sus acciones sinó atacando con la eficacia de su virtud á las
sustancias que les rodean, para asimilárselas y acomodárselas en la
manera más conveniente á su propia naturaleza. Mirad lo qué hace
el fuego en un combustible cualquiera para imprimirle su propia for­
ma: observad el efecto producido por las combinaciones químicas
en los séres inorgánicos, y vereis si podéis ó no aplicar contra ellos
vuestro argumento diciendo que Dios no puede ser autor de e9ta
dase de séres, porque, al crearlos, hubiera introducido la guerra en
el reino de La materia. Dios produjo asi estos como todos los demás
séres del mundo organizado para que todos ellos, cada uno con la
virtud propia de su específica naturaleza, conspirasen armónioamen-"
te al ñn universal de la creación entera. L o inferior lo subordinó
sabiamente á lo superior, el reino mineral al vegetal, éste al animal,
y et animal, finalmente, al hombre. .Cada especie debe, según esto,
mantetjer la vida de sus individuos á expensas de los pertenecientes
á Las espedes inferiores; por esto el Criador proveyó con larga mano
gran copia de individuos en cada especie, para que cada una de ellas
ofreciese con generosidad la materia de su alimento á las de los ór­
denes más elevados sin temor de quedar destruida. Aquí no hay
guerra ninguna entre las diferentes especies del mundo universo; lo
que hay, si, es subordinación y armonía entre las diversas partes de
un todo heterogéneo, en que lo inferior debe estar sujeto á lo supe­
rior, y prestarle los servicios que proporcionalmente le correspon­
den. Estos servicios duelen, como es natural, á ¿ada uno de los in­
dividuos que hayan de ser por causa de ellos sacrificados; pero ¿no
duelen también en la sociedad humana los sacrificios que deben ha*
cer por precisión cada uno de sus miembros para el bien y conser­
vación de la misma, sin embargo de ser el estado social en el hom­
bre una cosa natural y consiguientemente intentado por el mismo
Dios?
Pero estas son ya consideraciones metafísicas, que no suelen gus­
tar de ordinario á la clase de gentes que vamos combatiendo. Ellos,
como buenos físicos y naturalistas, atienden más á otro linaje de ar­
gumentos más asequibles para establecer sus sistemas; y esotro de
las metafísicas lo tienen por puro juego de personas ociosas, que
pasan vanamente el tiempo en formar sus ideales a priori. Sigá­
mosles, pues, diligentemente los pasos por el terreno de la flaca,
que estos señores se han escogido; aunque en eso de foijarse idea'
les a priori pocos hay ciertamente que igualen á los transform istas,
pues ya ántes hemos observado que el transformismo todo entero
de los transformistas. 497
es una mera especulación a prtori, y de ninguna manera fondada
en los hechos, tos cuales no cesan de protestar contra ella r.
Dicen, pues, los defensores de esta humillante opinion:
1.* En la doctrina de las creaciones independientes, ¿cómo ex­
plicar la conformación sobre un plan común de la mano dd hom­
bre, del pié del perro, del ala del murciélago 7 de la paleta de la
(oca? Ahora bien; en el principio de ta descendencia, unido á las
modificaciones producidas por la selección natural, tiene esto una
explicación satisfactoria.
2.° Tanto más, que á añrmar esta descendencia nos induce el
curso progresivo que sigue el embrión en la naturaleza humana, pa­
sando por todas las etapas de la vida orgánica ántes de pararse en
la última y más perfecta, que definitivamente ocupa. jN d significa
esto claramente que el hombre, ántes de obtener en la escala de los
sérea el sublime grado que en ta actualidad posee, vivió en épocas
muy lejanas, primero confundido con los gusanos, despues con los
peces, más tarde con los mamíferos terrestres, y finalmente con
nuestros abuelos los monos catarrinosí Si no, ¿á qué hacer ahora
ese camino en el útero donde es concebido r
3-° Añádase á esto que los órganos, ora rudimentarios, ora in­
stiles, que se notan en ciertos animales y en el mismo hombre, dan
i conocer muy á las claras que aquéllos estuvieron en otro tiempo
desarrollados y éstos en ejercicio. Por lo cual debemos concluir que
el hombre en los tiempos pasados tuvo,1a cola y las orejas movibles
de los monos sus hermanos; porque la primera la posee ahora en
un estado rudimentario y atrofiado, y de la movilidad y conforma­
ción puntiaguda de las segundas da buen testimonio por una paite
el músculo que todos tenemos para moverlas, sin utilidad alguna en
los tiempos actuales, y por otra la curvatura reentrante de la oreja
misma en su parte superior, que no puede provenir sinó de haberse
ido poco á poco encogiendo y redondeando, á medida que perdía
su movilidad primera.
4 -° Además, la distribución geográfica de los séres organizados
prueba esto mismo. Porque, ¿de dónde, sinó de la descendencia
transformista, proviene el que las floras y las faunas de los conti­
nentes conserven cierta afinidad con las de las islas, siempre que
éstas se hallan separadas de aquéllos por una parte de mar poco

1 £sto mismo nota también Agassu ea su importante obra D i Ptsfitt, al exami-


a»r en el «rt. j . 0, pár. 7, la teoría darvinista.
ResponcUst á k^prmcip<Ue.s,objeciones
profunda., aunque ancha á v e c e s y düataday sucediendo todo ic
contrario cuando la distancia intermedia está- fdrnaadk ipor uri vatte
submarino sumamente hondo ? EaeL'caso^xrifnero, ha^ebWoixans
currir un tiempo relativamente breve desde que íué interceptada ila
cotaiáiicacion entre úoa y otra parte de la>tierra seca dor lis:* aguas
detraar ;y así, las fldtaa y las^unasqueproocdetátiii !amboshiga-
res de uarimsaHMHBiiúo ■tanrmuí no han podado fbrmár-todavfapen
lasragnasseparada* la divergencia áufraente para que. desapareé
por cbripleto Ta afinidad dicha;en eleasosfiejgintdoielt^eropotrtms-
ciirrido despues de la interceptación ha sidó inmenso.^ y-por. toasi-
guiejite bastantemente >zrgo ¡pararque'la «teórica* JwtntqJipadieBe
borrar.todas las señales, de parentesco. L o mismo ha suceditio en
varios puntos de la tierra, en ios cuales se crían hoy plantas! gr ani­
males vpBKteriec^tes;áw»*ntBfna^famil^ .á fbesar de que'eii' los
tttgaM* inte*£Qftii6&; qué saetertsert3ndyrt3Mtf<^epmo -tos-Atpesy
lasíegjone^.pofaws, es físicamente imposibleJa propreadoá de 1»
tales vivientes.-¿No es esto^prueba'de que: ¿o itiémpos-muy lejano*
'¿Jos nuestros todos esos lugares rntarmediosgozaban d e las -mianías
condiciones climatológicas -que actualmente reinan en -los plifltef
extremos? 1 ■?( ¡ ; -i,.--. •: ‘
$4° Finalmente, los fenóraenosdeltransfo* mismo y Hel dicbódra*
mo¿ así cotiso también los -pertenecientes- á Jais generaciones iltter-
iM t*8 ,:^ fejtetten'COi3ÍVma^nde-estadoctrinac1 Porqúé» por>eüoF
vemos de qné- áociones és capaz la selección itatiiraj,^. le dan el
tiempo Suficiente para que pueda introducid en los-séres una traas*
formacíon más radical y más profunda pellos nos indican- bc}emas'^
tendencia de la, naturaleza á variatfvyó saSrse'deiflseurvas cerradas,
propias de las-creaciones incíepeadieutesL
. Gon estoe y otíossemejantea^gucbeiitos discurren lbs paráda^-
rio sd e la teoría transformista., teniéndola 'muchos de ellos por úni­
camente <adigu$ible,-'y caüficando de Ignoraqtes y atrásados á tas
que todavía estárt pO£ la antigua doctrina de ^as creaciones inde-
pendientes., flero en7lo. que suelen apoyarse con más msisteerday sí
en la sucesión de las diferentes faunas y ñoras que ha habido en
el mundo desde eL primer aparecimiento de la vida hasta La época
presente. Este fenómeno es para ellos una señal cierta de cjue la.
fauna y la flora de cada época se han transformado éspohfánea-
jcpente,„y por la 991.a virtud de las fuerzas físicas , en fa faura y,®*
1?, floja de la £poca inmediata >.Qomo si las solas fuerzas físicas hur
hieran podido intervenir en su producción, y na la causa primera
ví -a >
-,'.‘rv;. 499
ó cómo ailto d » ia a demás -drcunataacias qdc concurren ádeoiarar-
úo.f te natarafozardé este fenómeroa nos. indujeran á . considorarlo
comi>< únaigno o e r to d e la transfórmácran 8)bredicba.C'£át»4Ür)>
¿uflatandaa y á befaros viáto cómo nosrjkvan á:afirmarÜO' contarario,
y 4; atribuir lapcoducaton de tal fenómeno ¿Llaaccion inmediata y
vgfoteaatuffal del Qúador •de todas las cosas. Edr esb no msistiretfios
aqnl'Cil probardé ranéva está verdad eon otro» argumentos . bastan
hre adwádos para que tma mteligencÍB rectá y oriemiga de aupcrfiJ-
ciaÜdadesqüede cócaptetaiacntfl eoav(hutid». !dc la ílitíÜdad de esta
hipéiesis mBtcriaiíatB. Veamos der respondes abocó brevemente * los
ocrüsargunTEzito9 , ique son los que e* realkiadooostifruyeri lamparte
raás'firme dei-sisteaaí á ipesar de se^ ellas tainbien ádm uypoca
consistencia. v * í * : < . Tr.'
Hi primerói de eUpx, stri'embargoif parecetaa satisfactorio ai fa<~
moao :Darvrin*ique*,jap0yiMk>ett£tt«Qifoda«ficacia,np duda eatt
aitttraüata en poner íatribuír ciw seguridad las referidas estructuras
¿ la descendencia hereditaria 1 k y no, repara en ttífter ■porrerruttada-
meitte prrdiiix {}iop&\ea&) l& causa d elo sq u e preteiKtoiejcpfceai'las
pori la doctrina :de±as causas/finales ». Y asevéifleg tln esteéactótorv
los que tratan de fundar la homología de las extremidadéifaiUBiib»-
reMdt hombre»d d perro, delrrtm rdélagoy dé la foca, en tazones
dejtálidaddernla doctrina' dé las causas finales, en resolución no
Münen ¿ dapr. otra, cosa. án <5rque tos- taks organismos hatk sido bo­
charas*: porque-ésfcafuéia Ubérrima voluntad d d Artífice Snpre~
raa*.? Srasí ^ erav ljer8obrariajra20iL para afirmar lo que &JJ4 miaoi»
«SGtibe; dicjendo qoe sakejautr-expitfactim nétiene ftads de-aiintí)
fizd+% pero e n e s t o e l* a í* o inglés >*«. padoridouna eíjuivocáe»*
muy Lastimosa. Si al querer-dar ¿aaon^or iardi»ctrina dela&caue&S
finados de las diferatítearaedas ^ue componen im reloj, «dijéramos
sencillamente qjde el'&mdatttentD:de todaa eilas está, en la libérrima
voluntad^ del relojero *que asi ha1qoérido construirlas» prafeririaanos
mi solemne disparate^¡dignatdeser. recibido cütrelaapecscuLaK inte­
ndentes. con tma oo -ménos sokfnne carcajada. E l relojéro detií libr^

1 -t 'i** W t mty ja /ify fctttibixl£> tttrisa.afrtctnfc* !W lftb*rilKnfee. (Difc-wíllf’ítoi ¿fe

É Í M t » . t H - i ***•. " r.-rA*.¡ ;J . r ,


, , f; ,!• .K.:¡ J ■
>•
. i Idem, ibid. ,
4* -JWe Ailf onfy'nay tJiAiÉ ¿o'ít' SV; thkííf Y& cfta^triíít iffl
^^ohijá&MÍÍ ifiStittá ió*tá<di gíe»fr■
'chíí4■bb,* ^■^¿□-¡‘IWi'thiíi'is^ioí-i^cíeiík-
üfle.cipltoíjíoa. „ (Danria, L £ii.) \ "► -:r- tí- ; ¡ / i " n.r.t ^üíIauj írr r.>; ,
5 ojo Respóndese objeciones
e» conate«f ó m o i;r ^ K & w a & vw&uipa- o ^ d ^ d ^ U e w ® » ?
que de 3Ígna4n03 00n eate iiig.xribre¡ perpa,;ujia vej,. q«e 5G,deckla¿
conatmkk>, fto cs-libre en ,mtroduqir.«n élU sp iezasq u ? $eip anto­
jo*, ni en prescindir de otxas absolutamente necesarias pai;^Jabean-
^ j e ^ l ^ a Q i o ^ de «9 pl,¡w,
3fi:h*,de-acp»odar jk^ fuerza á la^Jeycs, mcc4nkas.,¿ quü 3C halla
^ f^ ;|ftL .n ^ e ^ .^ | 9íjLafr|d^^oj)^dÍ^i9 á<ipA^d^-]^[fQÍ^a.^a^r
^fefKujSjegpique so Gonforrne-,^ qU ^co* mayor,ó ípenor exactitud,
l^rr^áq^ikva.será tnás <5 tn$no£ perfecta; y áse.empeaa^ qn,quei^r
p^esci^dir de ellas absolutamente, no^loipraré
en los dfas de su ,VÍda. , ,v(^ ..v .,.. v,-. v,. ,, .... .v .->.■ ,'. \ .v
. Sieiidp, pues); ^stp., así, ¿qarecerá pqs vai^^.-d^..carácter tc»e¡(ir«
tift&P 1^ explicación razonada que quiera y a d a ís o b fe ca^a una de
Jw pie^q^cfiDflFippn^! m reloj^ a jg u i^ Q ,,#ap¿ e^lo la.flpctpna
¿jen* ¿n,9 la '¿ ^ ^ e ^ c a p jo n
,otóQ$ic3 q jH e ^ a u q ^ d a r J p , ^ q fa cfo ; .p ^ .í;,<«.^wfl^a¿FÍat
no .se, fracecon filia sujó r^ olv ^ W c^sq,dr ¿a i^cáftif^ ta^I^cad(t?
Pues aplique el naturajista inglé^e^te qjefnplo i la homplogía.dc las
extremidades. ¡sobredicha^, y v^ á ^ .el cxplicar ^3 U h0Pii^0jgia pQr
la doctrina de las causas, finales .ti^^;^ n^^aig.o ^ p ie j^ cp : EI
.AHiftwr Supremo también, ep ^^na^rucí^Qn .de, sps,íu$ef^#ov tut-
U^reglafc «^©IwervfB',./di<a»4a$; por la etei?i^- ^ i^ u r í? ;„jf,,á filias
m fPjefc &d#^^|swai4ja ^pr^de^te e * .í;ii^ts& pociones
^epufct, yrno .careciendo de, ciencia, 4 de^podet, par^poner, $íi
gráqtvsa lo qu$ conviene, á la eabia realización de sms flanes, En.ifl'
¡tentar una coga ú otra de cuantas ,puede,produpr su omnipotencia
goza ,de liberta^ plena y completa, como e s . lib r e d r d o jo r o en
ams jrdLqje^y pero. ^n,la íoancra dp,ejecuta^ es-
^ j n É ^ ^ t i^ e , p o j^ w s ip i^ q u e ^ lu o d a w e ^ á jas, r,eg)as,del
I g u a l e s se n^ilaq. foajrpsnjy ,fondadas, rd en ty-K°-
luflíadrlibre Oíqüfi sif^ e j^ jto fe G r ^ , esencia* fuente y maoan-
taaj inagotable de.^Q^^s J^s, pv^cularps esencias. Estas regUs Je
sdicq» flW: PZe‘
sen tes las leyes mecánicas, á que por razón de su misma natyfale**
;- están 0c^eJpM^ todos, los,cuerpos; porque los organismos t ^t»que
. no <fcjan ppr esto de ser sustancias materiales* sujetas,por
5 oniiig4 ^ t e .;á Lia» Jkqres materiales ¡qu$ rigen tpda kesta
g ó A máquina del universo. El Soberano . Ailjifice por. tanto, A^n Jí1
construcción de sus máquinas vivientes, obra en conformidad con
las leyes de la mecánica, no méapg q^e el^ar^ce^umanq ea ^ ^a"

v.n:i f•''•■
•• *g&i
btScaíííoft ‘de ták-'ílijpas; purtmentcinertes, y ast como procedemos
deíficam ente ektrtnniandó tos artefactos humanos aegtra tas' ley 59
áobteáit^iRíf,1 ide 'la ttfcftfcW tAAnérU11^gükrtdsim método racfonaiy
riéntffícb Vjuzgábdd dé Jd£ ai^abtOé'djviftos'güíados pOT estas nria-
iWa&leyéi; E )¿^ ihe el':nAttt^Uirta mglés á ía til* deestoaprintipk»,
idfgíí ntáff iEdodtfes1Jíór cierto que el de su cie^^léí^tatirtatüral,
y ;^érá' áS te doctrfaá1 de lás :fcausás:firtalél explica ó úo dentífios:-
¿ftéiite lá *ítói¿r«Hb^£ít‘ ü é f lóé nrfembrós íúencióriados.1Y s»détfjwes
de hiber pr&étibádo este exámcn tóda^fa fto piie&t creer ijile lah&-
mol^ia d i lai hiitsós en el brriéc d él m w ú f,^ ‘ ^^pí^^'éH l¡erüfi'
ríel caballo, en el ala del murciélago y en la paleta de la /o¿(tf sir^
Wr de i/H ttsripattict&tir’A esttji: arinrtkTéi11" cóttsiüte siSbre1é l Cuso
tóá ^frt'ó' d¿a¿tósídfna4í¿i ta1«‘xfcefóüté' que ertfdrófá áéy&fté.
'Ib'ífirígtá hace ^ ilustré' Btajicíjtli r respondiendo 4 fcüs
jáctaricfcfsas ^miiafcídnM: sdbi'e esté1asuntó; y su atenta lectura te
cbnVencéra dé qtfé la tal Homología tío ha sidó efecto dé \kitrttddd
de phm soñada por los transformistas, sinó de' la netetidád meeátfi-
m írti^órtafta étl lá naturaleza rhisma dé tódb artéfaet'Ó íjí^íkíáddb
bWátfnffóírhtdád con !áé leyes físicas de la maletón.''Si' life-'iefíttWtel^
dadéá in terioré dé los animales dichos poseért cierta ■ £eWé]éti
la ró n lb r^ d ú h y toodó cdn ^ue todas ellite^tíeneri cónétítófidas
éidaí uttadé sü^ fw tea; tsto no h¿ provenido efertarfiérate dé qtoe
tó nütrtraleia "ciega, con-aiis tranétorrnácfónes sucesivas, haya idb
léritatriente desviando estOí&éresdel tfbnco cómun, en qüe sé ha-
l&ritfl eotffundidos^náigtm tiémpó! La nattiráteafa déga y destitül-
tfá dé'tbdá ídeá de dfdc*! rt0r1t?ene‘vñiil>d ért sí ^fenta^pará ^i^áttdr
t ^ raa^mHoaoé'aitefectertv 'en que bHIlál con^iriSítóitíóüíí tíe$£l3bi6¿&-
fés ef cohtíeptd óitferradoi^ dé oh •Artífice sáfrtetíftsímó. 'Lk ^éÉétí ñc
dldiá hómoito^ía s e 'é é f c i á n t o í ^ ^ '^bL'iá&éSkiiStá g e ­
neral dé las funcióíies qüé ifébídh practicar lo^ Séres méüdtfiJ&dos
wn lofe tales m i^ b ró s páítt ad¿gfun£rsé‘ íds medios de süb&isteiSttia,
y ptírJotra en' e f maravilloso cuidado qüé fiche el Artífice tfivfnirde
acomodad pterfédá^matiléntfr sits "iutefectos á ías le£¿s generales de

■ir‘Pór ÍÓ dethasv Apartíe 'dé'esta hónWilbgla1y sérriejsÉMá'gietfeítíítos


í^és wúetnbrbs v^nrínn rmichímmo éür c^dá -^o 'dS tói ^éres' sc^rtídi-
‘«ftoá-’éomo t ó prtdla sér méHtís H aM ái^se^ra^flÜ íte-t^ ^tt^ de
cílos- á t e s Wuy diáfitttOS.‘ Tiaí 1h'áno¿ éñ' ^^iVímhfc síffl
,|J" •' l i . i J ' ! C- r . ■ ", .;-,fJo 5 j>U O í ' * *V rifí'líif'i 'H J ’ > n ? ;.r \ i !<. i r ' ¡~ /hl m

í" vfspátú, j p J É ^ . t i. o' VL. - -?A


Respóndest 'd'$&sprírtcipd,it$ Objeciones
tc*s dé sÓla kpréhéhsron,ien eI pd&o láeaprehéft&ím -y -de ilócorito-
cion, ettUifot&'de scprehensíoti y ’dé nat&dori, ért elW tii^ lago,■ finnU
mente, de?aprehensión y de loccrtttociótt¡yinás que tód&’d * VnBfó.
En todos ellos están destinadas á ejecutar movimientos, y* pélalo
mismo en todo* también debéntónéHáfr Érnstnsut ooadÍGÍ6nes;,geíie-
ralés rfed^madas para ■ esté efe¿¿tepor4 a mecánica; p«r&óomt> 'estte
rrtovittiiéntóír én cada tinoxie «stós séres habí* deseresf^dficatnvente
diytitiíoí ^ísj fcítnbíén lá cottfofmafcábn niteraá de k » ‘órgAho^ wtoto-
rétfÁó'púdiá 1ménó$ de ser en cada'uno G^|«d<kíahiftnta^dU«ífSd.lÍ9
domo ¿i un relojero quisiera hacer unrdoj-d¡e p a te d y o tro de bol-
sillo. Para uno y otro artefacto apelaríaá¡4 as ruédas^puesto que din
días no e s:posible fabricar un* máquina^regaladoradel ttempory
dsl, forzado por íaá leyes *de la i'necáníca; no podría rtiéno^ depro-
dtfcfr en ellos una *tíértá Trofñología gciíeral d& l»s partes, queno
pert1' éatí'sterfe -£eftal'ci<ífta; de haber salido un reloj de k s entrañas
del ótm t ~hí ¿nffbó^ tje lá^déuft tcrí>ero mág &ntigiio y dtetíftto de
dios. ' •-•''••'.-‘i'' • - • • • 1 '■
■■
' /• :> *
Pero con esta homologfel tendría 1>uen cuidado dejuntaí-otras
dualidades propias y características jde cad au n ad elas máquinasdi-
chas, arreglando en una y otra las piezas de vmamanera parttettUfi',,
y poniendo en cada una aquellassolamente que fuesea» reclamadas
porlas léyes d é la mefcániea.. ;
Y ú pfbpdsfto de lo que acabamos 'de escribir, -nós ocurre ahora
mrfekib ttna idea que no podemos méeos de presentar á la có n » -
deradon de nuestros lectores. Hablan mtócho los darvinistas de aier-
tds tipos generales é indeterminados, én los/cúrales afchatlriban con­
fundidas algún tiempo las especies actuales. ¿Qué leíase de séres
eran éstos? ¿á qué especie pertenecían?Un reloj *jue ni sea de pared
ni de bolsük), ¿á qué clase de relojes puede pertenecer ? ¿Nó sofi por
consiguiente los decantado^ tipos unos sérts puramente imaginarios
que nó pueden existir sinó en lá fantasía de quien se complace en
inverttdrlosr ^Y cómo realizar el pasó de un sér á otro por medió de
la descendencia, á que siempre apelan los trajisformistas? “ El pro­
blema de los intennedias, escribe sabiamente Biancon?, no ha sid°
profundizado todavía suficientemente, que yo sepa; pero yo
que hay muchos casos en los cuales la írauñctm genética encuentra
un-obstáculo «superable para conáliarse con latransicion fkftctóttíti
ó instrumental... ¿Qué transición, ó mejor dicho, qué estado inter­
medio imaginaremos entreel último animal ua rurait&tle y eiprimG_
ro que rumie? Si la rumia exige varios sacos estomacales puestos
.v,uuv;v<& ?.,e>. 5P3-
dw hilei^ /li^ ^ tepj y la jmsaada'dc tata /u^iciott redacoa uap.
o-v^cMStwlp^^si^pr.pn^aQl^rigitóJopinascví^á alestórnago del
sem-ruhUaHít^ *3$ im-animat-que^se halla-eft .la' aurore dc Ja
fttttMfc? f,? i.‘r ¡ v r .. ’f- •(!;’ Ii --• ;. v >'»:t ■ --.•■>.+ c ' J‘
£am<j eaiecaso de-lofr rufflianüfffr y no mimantes sí; podi^au ¿uiur-,
cir, «otros infinito^ ipipiOsJkles de explicar con la dpctró^d^ J^<trafi-
e^ya dcvque p alm o s ¿ Ja solucion de
lagoteas d¿fi^tad«s^ofli^*i^s. ,1^ qiHt, ;aíiora¡ nos. to<?a discutirle*.
la fujKUd« cnilo8 ^jBn^roo^Qs de la;cml?F¡ologt^; enella copfíaa tan
t0.k$idran8¿prjnteta«,> que m uohosdeeUoeJa coas^era» como U
rwoR sü#ema. Sia -eo^bargo^ j^uán ^atür e s y :
c»4n, Pula; n^fcadaveoiaQ Tdebe oúrarser, oonl$*cjoB d esp asm a d o s
dcl-^Ió&ofo.l efl^hri§oinq i neae.camáo, que. ¿recorre, depde -que es
cvoi^ d& liaata^ ue llega al térqjinocksu último desarrollo, ¿tiene
acaso ja¿gutia -de e$as formas propinenervtc dichas que se dicen ha­
bar Cftrftcterizado á^us innumerables ascendientes en la larga camb­
ra de los siglos pasados ? Ninguna absolutamente: lo único que en
él.se obspry'a ciertasemejan/a att general c o s cada un^-de ^Uas^
l^ aiai nad^ tiene d e .extraño, puesto que la- virtud pUstií» d# la
n&turataca no , puede producir su obfa siné, sucesivamente y ppr
gratosü pasaada de- ,lo roénos perfecto a lo juás perfecto. Esta se­
mejanza genérica y vaga no quita el que cada organismo, desde
W- utism^s ^>rifi(*pÍQSv se, muestre perfectamente distinto de Jos
deinas y coji ^'caraccéres de propia especie, /como Ja semejan-
2* kn$srfe<^;que:iicQe 4- mono cpn $1 hombre np impide el que
est^ ^ diatipga dei aquél ¡hasta en la sa ^ p e q u e ^ a s. fibras de 4U
€f>USLitucioív orgánica. ^Quión podsá deducáamas q u eu n leñ o
sucesivamente j>or las fa^cs: correspondien tes, £ Jas formas definiti­
vas de varios animales >cuando sometido ¿ la acción formadora del
aflata que lo modela,, va adquiriendo poco ¿ poco la figura, de. la
persona humana á cuya representación se le destina? C aro está que
<3 unsabsurdo el pensar de este mojdo; sin embargOj el leño men­
cionado, durante los diversos períodos de su transfpjrroacion no
d«sja de¡ t r a e r {wr.eierto espedid?. semejanza^}fe
tiwe üon-eMas, lasforoaas de varios séres inferiores .al hotabre» La
semejanza dd .embrión humano con algunos animales, en los sucesi-
voa estados de ^u desarrollo ewlutivoTcuand£> roas, probará lo qué

- ! :H}attcóíi¡f*/totítftrHr ¿rteifkú&rt, j t« puti*vJ>s«HbÍMr#:¡rfg*i


5^4 Respondes*# prütfipa¿&s übjecionts
cp ^ 4 Stagijit^ ?.w;a^Arya. teo^tkm pQ los ii«alátítioq^
dicjendo que la materia no ¿teg^al úl&no. gae^ jd^ t^ ctw H oa quer
pue<Je atjgui^, ,b^Q.$1 jnflujO ^ ílaa ^ iycri^ Lf9$K»suW8tií»oiake
qip, b ^ e r paíítdp por; ilodos km ¡otrop n*fo4'
Wjpiáf;iíW *r 4 W í?P9 SB©uÍeaí^, :M :f a g 9nm cwtiAuxn&ui M e to l
de ^dquirü; 1dIc ^tiyaniei}teí U.^Í£Ía yUdeoti vadetl hom brera:
^.^^P^íPpaif^ila :4 fl¡ t » plwítaavry Hnds tatata
cpn j^ f a y id í i i de Jos anwna^QigafliQs «lí»gtí¿co:Do¿tQil«*po*:
n ^ £ ^ $ p ¡¿ |ig fc £ p u r o , qyad¿l?e$ re^ mot»j:^5íírit>e,v iprrquantum*
ténd^t ui, [divipam ;pc&
ofjortet quod>.
intentio cujuslibel ia ^ot^atia sit utijM?ivrj>Qtvrn tendatiru
^tyn»,,ft^aníp igjJpjtt:,aliquis achí»*#;;p osterior^ «tagít pcrfeclüs>
taiji;© principales in \á ipsmn a pp¡etitwí fnat^nae ferturn i í ntto,opot*
^ W firt.-íp rfi^ W W í actúa*,, quem: materiacoi*
s £ ¡ q £ 4 ¿ , ^ f l r t ¿*P(>etitM5 rajafeqae.., qp@ appstit forpia^.ácüt
I* a g ita * 4ut*0> íorrnftn»» gra.-*
dus qu¡dan? ipwiíiuntíír. Naíu materia primaces* irt-potentia pnatíim-
ad formam elementi; sub fctfma v^ o elem c^ <^tt!mi .«9t iiv^ot-]
eptia ^d forman n>i>ctir propter quod elementa sundtmateriairaixtit
sub, (ornoa.autGfn mi^tj cansidprata» estja. pateo tia ¿«d animan*vt»>
g^^ilptp:J«nana ta^po^peris^a.iilma^aotu» est; ttcmque aninm vfega*
La4 .sen^itivaiii; s©nsitiva vero ,ftdmtelliacíávaín:
p r o f ^ i^ g e f lf i r a t ^ w ^ enim ,in generatianceft
íebj^ u;ive»s yifcvplantae, postrnodum vero vite antraalis^danatn
vi^hotnjnis,-, iS -, •. ,-, ,: ñv.vr. \rs:>z.jw Irj ,■: vn £¿ >
. Pretender algo w¿í¡; que este proceaa gradual delectfbrkan-.yBos-1
t« e r con los.lxansforflús^s qu efil fatohumano p a » por oiotas'
fas^$ quq correg^ujd^n r^ípec4;ivajneaU; á aifírtas formas ^kónitirras
d£ Üpps po4 ^9^ £]$ya4Q&) 0®alentar iipai pfpposicion quB no tiene
ningW <?q la Lo$$ui?l$ia * joSvh^os;¡Elrcoiiricin)iebk>l
in<piqni1pJ^t^i4 a ¿stq^es, oprao 4 k e Agaasfo % el qua. ha-dado atajea
4 , 1 ^ ^en?jp}> tap absprda^jNa a» pwcdc tw ^ r que hay' Hería
r g ^ j ^ T ^ r e , , ^ animal^ jóyciw^ de-un ófdtí»: superior y los
adiü^os ^ Q S m ^ riq ^ ; p ^ a e«t# no «e tanta; que
g j^ g .^ q n d ^ U pretenden ^vaotar eicrt^, .transfortmatas. Yoda
el)f eaí^^Éj^ixcid^ á qu^: ío^ ^o«een fransúoriapuntc sn/
ni r. ^!'.-'.r_, »]_!’ -.j-; >r • . .' li Oü i - - - 1' -*■■

♦h^ftldbí^iÉSMie^oií^ nbíaij afc^VirtJJ i ' ' i iJ1 (■


“ 1- • 1
.•*1 •• ■'ibfXhi:-' -> u .'-. -
•»■ ■>'■>r' l íip1
■v.w ¿ót Ifá n tfo fto tisia s.' * 'c-'‘Y--'r'‘ 305
aigotí -caseinbro «ÍeteJr»niftádü' \ína de&á propiedad segorn-
dos es ffa ¡y p.ettHá*#wU ; 't&vbo •Sucéde, v. gr., en fes' rivéki qtre
todaseUítftsüi ^ce^cáon'ttenefcdüBWrf&^ii telad primará táildos' 1bs

durante toda*UArjtfauj'&íltí$todeoir qúé todas l^ts áves, 'al pásar por1


la^rénecafasede'Hto>Vi8 fr,-posetín'te misma folrma de ’lkar'patóí1-
pedas, ^ s u e tte ' quéqsó& iniptMlWe didécrnirlas de eflaiá? Laá ávés
todarxlcsdc^us píonitros ditó míies trán muy bien Lá'tépecre 3 que
pertenecen; y ^éditttingdéfl poir \& misnftó deaquellak es£¿cics pár-
licufares á'qoipnes dtitó prtávfóairwhte lA íteWrkleza tteverdadero.^
remos ptfraivu vkla aóÜátl^i'iHiiend^ liJi d éd b ^ d e^ ^ plámiL^^of
medía de una metf¡btfcria tííuy Í ^ r a ó d á ^ Mr,dré^ó; I:" ; 1 ” -r 11,1
Mas atmque *si fuesej -ífufeí la$fa$eisvd 6 !Jefl^ñoíV ¿oj^eajiondidiin
verdaderamente ^cietftas formas'(féfínitívasiqife se háltah brí algu­
nos animákts mfedores, ihabrla detechbpara inferir de aquí lá doc­
trina de fcrevólüciofl:, como imáginán lo» tTánsfarmist&s ?VNó podría
el tal fenómenó ser effceto dé la virtud propia y peculiar de las se-
mtüas dispuestasde este raodo por la vfjhintad bítitttpotéh'té; ipara
qiitf así cada generación dé un órden súperibr ■ fuese1£dnVó ■ Üit 'tra­
sunto dé last-varias generación e»(practieai!kte eritóáí ó’rdetafeir iWferió-^
res? Véase; pues , po 1: -euáwtos 4ados p écaettán dfecarttado faitíbe^-
nü^de nuestros adversario*! Pero rio-es eüt& todo:: los fen<5trienbtí
del anudo. x>rgánico son tafos qüéy ^áilb ;cúando hos- constase c o n
ccrtcra ia sucesión de l;is fsses: táítftbToriádas, nos impedirían ellos
amamos atribuirla á la «votación déqué vamos tratando. La natura­
leza no puede ejecutar las operaciones de que nos hablaíí iós trarw-•
loraaistas ara 'formar ta>&1 round» ¿i'gsmea Tina-3erie de:áni-
rosdessuca*ivafltente4 iaás jpétftáctQs, faiestó t-jñfchadbbído iP^itempfe
«>mplfthrtdo sa obrapor mediterdelá seteccíoh’ ñutiera!, sin yoíVé^
nunca a trá se n la v ia dékprogresolAhotfa bleto1; ésta séríe1siriif>le sé
hallapositivainente negada por los heétiosv lós düátetf pot ctmsi-
guíente nos obliga^ á-rechasarla. €bms quiera qué'iftt^ÉétóoR co­
locar hoa diferente <reiiBe» enqus se Halla dividido" él rhtindo' tntefo
dé la Historia Natural, <s;ftajk»iblepoftei-los áhlmálés dé tfcdds
«¡stoa reinos ,tn tina sola- •séSe ■ascéndeWtvJétiyoS- fiüeíhbrbs v^yarrr
siempre credendei en poHb<?Gton y y c&htiervbtí 'tiría perfcctísrma ’ée-
mejsmsa.vcoin lofr^qne inrnediataoaétíte íés si^uert y ’áüteééd^ft. Es'
esíe un hecho cuya evidencia no deja el más pequeño lugar á la
duda. “ Por evidente que pueda parecer, escrábe-Agassir^iia lnlerio-
ndad de los radiados cuando se le# 1compara ooix el conjuMó de lós
_5Pb. Respóndese d f a pr m&fiaüs óéjeciones
moluscos 6dtr los articulados, y por jtjuoho qtfe ella iggaUftcuantió
«1 térraMK> de OTnTpar^ioD ^ cblc«a ea, íosveitefeufados, espigaUo
no olvidar que la estructura-, d e l? raayoc ,paite ^ e jo s ^uiníKieprios
eá xxixicbo'inú KOoípiibadÁ-q^e la <ie urt bryozoario.á ¡de,u& .asáj&b <
amtós pettenédenteí! al Ü ^o,¡d& losraoluscos, Ú, que* la,deru».
naintodd tipó de loa articulados t y qüe la m iste ^ e & q i^ .sy p w cr
áyn á la' dbl.úij^Aá«ÉK¿ qüe ntíí iln^\^ebcacUty,-ff “ Envídente,,
continúítekniisnid autor ?en el lugar atado» que ctf&ntas ,veces,i#
pretendía formar usa sfáiie :áírnplc de todos los animales,-. á .raedida
que isfcbamos en el arreglo interior id e a d a reíre^á un gradaras
alto de perfección j e infc' exagerando ipá&.y ¿nás la deferencia «iür«
la» dos exíremidadesi Kecinas'de lasérie intermedia y <de^ laque :
sigue Nd ^ t c s ^ o / Nii>iCBCí> que nifagUn,nAtüridista -téngala nuestros
'dia^ nadA ;qvttrofejetar Contra «l: siguiente: arreglo de .lo» iradiwft»:
loa pólipo* «en 4o jr^áa;bajor’de ia -eseala ^ los acaleíos-en el escalón
inftm«di«,rtes equinodermos en 9I superior ;jiicontra esta^grupa-
cion; dé loa moluscos: los.acéfalos eftel grado inferior, k>sga$teíó*v
podos en el medio, los cefalópodos en el más alto; lii jcpptra! éáta
de Los articulados: primero los: gusanos,'luégo k>s crustácea, y
finalmente I09 insectos; ó esta otra dé los vertebrados: loa po&s-ien ~
la baseT los nepjbile* y las avesen medio,; / los mamíferos eü la
pwrtft a»ás ^beyadar. DeintentOi be «Vitado- toda «ilusión á los pwrtoü
controvertidos, ÍH>r consjgwentfe ,.si losTrKaluscp^hubieran de seguir
á lo s nadiadós en uria série simple, los acéjfedo^ estarían formando
cofttinUidád'QOn lo» equinodermos; ó ai este segando lugar lo atri­
buimos á los articulados* enfcónces, despuea de loa equinodermos
irán inmediataracntelos gusaaosi De I» misma manera la áéric co-,
meneada por los radiadoaacabaría porlos cefalópodos jóporlositi- ■
sectoe* segm que se continuase inrrrediatamenteooitt el grupo de kw
moluscosií co n e l de*Í09articulado*. En el primo' casa, alo* cefa-
lófJoitessfi seguirían los^ gusanítóv en d segundo á loa insectos k»
aqéfaloa. 'Finaimf^ite, ta amida pon los vertebrados se hada, ya sea
portnedio de lo^oefalápodos, siendo colocada la agrupación dé lo»1
m^naco9 Wi«l.‘tercer lugar <le la < 5 006 , ya por lois insectos , 31 este
terces 4ugax se reserva pafa Ja agrupación de los articulados.
no. ve^ ptff oonaigiiiettte^ que cuanto mejor Conocemos las verdade-
ras afinidaóea de los ammales, son tanto más convincentes lasprwv
bas que vemos actnrwilarse contra la idea de que encino «nicwil e®w

■ Agiu»tir D t ttsp tct, párrafo 8.“ , pág. 39.


-w'uyivjflr fáí i^ansfa^misias^■
;V>' ''s-..'A 507,'
anwtátüictepof ótía eécíe 3Ítnple?w 1. Hastia, aquí d referido escritto.
■?F8Mjtoé carniifcdpues,1fri mádrcNaturalcxa para desarrollar
progresvtfa que fingep tnbectros
psirsi' vió1' ca^fir* bajo el imperio.de ¡las causas .finales?
, Poretde’los radladoáy moluscos, articulados y-'Vertebratfos? Este
cá'Cfertktnwit^ el-órdteti que asignan más comunméntelo& zoólogos
átóg^tífére&tteá grupQ9 *ett que se haUadivididoctr.efno de los ani»-
naaiés. thir&db^de iaia matww gcn^raL Pues y a la tonemosfabrican-
do'tíhla primefti jornada deíta^clasede séresque superan enpcrffcc-
ctofl íí variD& fabriGados d i las jornadas? siguientes,! ^c»kn&s&otvidó<
de;W qucrido'^c^retóal obit» deiej^-^rcrtes hfiúiCBdoiflttBías con
loa retrógrados q u en o querernos entrar por la nuévavia? dfc la tnins^
mutación darwiniaha? ¡Y< luégodcloaequiw xienríaspasarnosálos
acé&kte1, dc los cef*tópodo& ¿ lo$ güsaaosi de ios insectos á los pe-
c«J- fA quién se le ocurre-dar ¿altos de ésta dase, tan contrarios al
moviitajento reposado y continuo que conviene i tan caracterizada
señera i*Feto dejemos esto á unlado, y vengamos ya á la solucion
dflJla tertwra diftouAtad. : ■> .■- !
'Cofisisté ésta erí suponer que dertos animales; poseenoiguiia$fKu>
inkitlts de otra organixadort quepefl&w
níicic^ en tieirtpos ntuy reioaftos á bus antepasados^ £*ro que con la-
natuiUl gt lia ido transformando lentamente y por grados
htótamudattsfc eh otra 'distinta. D e esta clase juzgan los trahs-
iGfraiatasquftrSori lasúltlmas vértebinae dé la columna dorsal en el
hombre, y las partea de laoreja^lriba ttandonadas, infiriendo de
aquí que nuéstrosabados debieron parecerse ¿tosacfcualefc roanos,
así en 1o de fa coia oocno ett to d c teaer las W ejtó puntiagudas <y '
rocvHjlea, f s t a doctríitA^delas 'parUri^tdimeMarias en los anímale#
«eoBá puefta m&y eh bogaentrelosnaturalistas modernos; tanto
quehasta'los enémigos de ta transmutación damániána toman atn é&
crtputo alguhó en boía la palabra rudimento9? como si realmente la.
natwaleza tuviera en *í:tendencia á1producir en todos los animales,
<J°nite-apai«o$tt :t0S tales estructuras, la otraparte qué ellosim agi-
nan laltaj;, y n a «pudiese conseguirlo por razQü de dertosobstáraalos
¿¿tideittatas; d oomo Á el' Supremo' Hacedor, procurando la sime¿»
tria; y ‘buetvárden en .todas ¿sus obras ^htibjese i p e r y exponer .en al**1
SW05; séres dertasparios^ de puré tuto^w^isfmt-niagüú inflijo fiaio*-
ló gficó^ r^ n ett‘ la:ccqnomia. ddaffifnai. Yarbem os y k to ’.ercptro

■ Idem f ibjd., p¿£*. 40-41.


Respondes* V*5,-¿USprtto&pUÍts objeciones
<&pftelb^tnd>eTftft 4os misinos cátóUóés nY> fdtaif'qü&riés'il frrtSvi-
dofcjiái' eíte^Hñaye d t fenómetíos, pretended ¿st&btecer entontó d^
ftfrentts especies del nniiKíoo^gánifc©' uttiYérdaderofáao rgtffiétítítH
en términos que unas hayán sido^rivtfdttí'de ^ti^ás^ no dertáínfclv
té por* !á virtud nafaraü d£ "estas? ’caysas fiíltekfc y mdfstíafei ^ ue
íjbrafr'én él uníretrófienaíbÍÉ^ shíó’mediante 4 l; poder *obrétiaWíal
de Ift pfiíñéfe Gáttsa', 'ó p&r sí nrisma óp ór'm edio1dé:V*íisíiárt**
í*él¿6,-;fia tráíiaFormado tmos dtgshtóSM&s en otroÁ. L és 'sabtosqvfe
así<diserten píensán que, en'^fetto, £s preí&isó reeónoéer efrciéft&i
animales álglmas parteé Intátilesvcofcto*^ tráhsfott«fetaa,y
cónceden á estos autbré^'li cdriseciiéncía dt qué Iást&te^'Supefflírt-
dadés rtó deb£n set'<sinó ^eétos'yde vfra citructara muy' dtótflrta', iie-
Kandoem^jer oq ü eeltrátttjtá dey«M o^arif¿áci<Mi á otra sé íttys
pddíáé^ éjéfc^á^-d0(f>llas 'sbla3 ftíéftías de ía- naturalew». Á ^ttos-íin
tebffiftüffi»' útf párftceTriüy ScSUd» él fundamento etí que descansa:1tete
opihi&h íjtt¿jg^ n rrt»ás éb'nV^cnte mfíHnár que lA;■riatiiraíeáia nufwa
fT¡^bdafeepí^rtetdgti!iá, íntStal ¿fríos dífereritfefcTorgáiiiáiiio.s.
De este parecer es el ilústre ex-profe^oir FHanconi, quién; des­
pués de haber demostrado con evidentes airgumentos que éh lásr éx^
tremidades d d cerdo no existe parte alguna verdáderarrtentt&ipé*’-
ftua, oomo falsamente babfaft afirmado ciertos naturalistas mü}*
n o t ^ ^ ^ eK p r^ ' W lóé ^ ^ en t^ s térmnio^: **Wallace nbÜ-'<fibé.
$'jfró{>ééft&>£& loS ^rgtó'e^ TOfilfliñetttitóús, que existen drgándfe dt
t&U k§$éée y"$afe eri'généra] -no desempeñan función alguna íjáiti-
tíltíár d t : fa. Vida del anithfíal, íéstaridó sóbre ;elío conformes las prínie1
ráS autoridades en anatomía cofripafada\ A decir verdad, tífeóJ4 iit
seresüelve demasiado pronto tiha cuestión "dé tari grfcfide « 0 ^ -
tánda, cbm oeaitetaen ijué se trata-de s a M sí hay o no t^irte*
inútiles :en S^riOfranfiinales.Me parece qü¿ rto es gríüde el nüwe^
ea dé¿jfr& iérlte’hiáoridádts queéstédpor fca doctrina indicada. At1l
tés:de háfcérentr&r -én la ¿tenida éíita opiniones predSb -'tfráer bt-
tefao$líyi}ór’qiiéí'há niáa, hechús' Bien estudiados. No básta repítir
'^■ m t^tó asercrortes, i i Segrifr ^
edt&é^d'^fcítígiMos' áiabioí distitigiffáos de qué piara -dejtar asentad?
üha:,i^füád'nuevar e* necesario tener- paciencia y más padenctó- ^ 0-
-éátb rh ttÉata? porque ¿ritetodas cosas es necesario tfchér i látriari^
& iéri&ittá'^httidad, y d(ápue» son tíetesárias" i)ruébás bien
■lwcü; eácsu^^ tártto para 'adqüirir certtea d r haberla tmcontradi

i * ¿ t ie fa W h ir & i. B siiiit: P M r .’ r g j z , p íg . 2 4 .' ' '


, n \ :41 . \í, ■
;*\ 5<>y
qt^cf pa<a h ^ é r § ^ i en,teoder á las demás. Y o no «é, si se podrán
^ ^pl^^ k^cs, b s ptrrO^.q^sps que, se pitan d sfv r te , iftúfiifs;
p e s$q iac&po,á, crear que todas e l l o s p ^ e s t ^ io waiBo qiie (ci
vm n teñ m «P&^jirfijwi^iB^dprlpa w p g flW í* :,¡r. >,v¡r--. -
, ,p&to'.d&h9 se in^ene qHftjfip ngstirrir á la fal^dftc^riaa dd tjean*-
ffK^a^fpoi roateriafcta, tenemostregmaflccaíi probóles tfe^^^plicar
tag.fc&ifroanfffi4fr qw^vamos tratando: p r io r a ,suponiéndolos obr

v*mm> -dfirC m ém rs^ w fa v<&jD&to&wfá9e


wnu>Xftfas dt-^strMtpxw smUriores^;^ a o sfo w ^ c ^ ^Q Ía3>actfu4Ícs
,{ijo]3j7w*fitural pi9$,Q m m pei^t& **r<*ra, Soa^a*#-
L^atnjb^jfqodo á estamparías,del a^rofd, Cúnetenos v^rd^def^ine^íe
41a ¡acooomía, d$L .fppa p ^ tp *, anegando ppr lo rnismo .^ c
«aq. Biiper£uida4 ies ú o^eijps^e^ufa jadt^o.^Cua^quiera de esta» tres
explyiafiiones ^¿acon^par^tcion máa s o n a b le que la excogitada
P^Jkis tran^fonnistas* ;pqcquc to^aa, ejlas recurren á una inteligencia
ordenadora», qiie se propone un .fin por detersninados •.mediop. coa
^tiente, podí^-pj^a |ley^r |í|.fhi-
f^^^jUanaforíiua^aito^o loJ&Wa,csEud ciego acaso^d, atribuye.^
^ 4 lo» cuales no Ucga a^propia vjrtw&f*or
ser,<íc ^.ór^^jafesiQjr á cílos. cojKÍguU3o^t kMf<:aómenos.a?.
cu^tioi^ D,o fucrza ajgun^ para demostrar ladoctrinaen cuyo
más aenciHa» y más
W - P » ^ ¿ ! B r # fn » de.sertortia-
-Í^ Ip d&ila .#aturalt*a
podeos c p ^ tu ^ .lc y q ^ ^ gkisn^yídepir qm
““ bíírt^QP
Wíi??« W“F W i * S ^ 4 íHlite nunv^Qh
con^p ifioxgáni,^ t $s, que. nosotr^fC on íiuestra flaca
' ^ í ^ c i ^ .pp^ísdta^^ ob^etvadofl ó pojc qUa,.caajw cxiaJquif‘Fa0
^.coflopeqqíia jtl .fin,propio, á que espia,de$tiaad^s,iy.,así ^oe í«ntít-
a ^ ^ o ^ jp e á■Jkener)as ¡por -superfíuid^lc* gran;-máquina etel
^ero^^rt^C ^nro -A ^dic^n ^ .o 1 ^ .d « ^ q % G !p n .i# )|^ # fi
W.«$MWÍO
líW cxjíai^i^.tg^ bi^n.¿^csjtc: rT^áfcfcfcwSP
flRjfcigi o Ü ^ i^ .^ p i^ t u s intraypri^ rwdej^ ^
JWÍ^S-

1 Biancooi, Lathio^ í d4K ^ iq ti^ ttíÍA C r Í Q ^ z já £ \ N k \ $ ^ W a^ ,& A ' t


3 O' RespóiidéSt á 4as p&títtipdiesobjecionts
a!euto&e vüttt^rt^^Cv tííwfta esíistiinjat' ibresse'xaulta ^quorum: usum
quia covit artife», tnsipientiaTn «iuq inridet; S icroh oc chund®'quídam
audcrtt THUtttt. i^^etíiiE^ére-qutmm'causfttf ktoii'^defKt^'K] m 'j
Examfaien ctín diligenciak»i sabt<»jlB3>d}iB»■ d e ds, s&tarxUjK^y
en partkníaíéso {fue fian dado^Mosen llamar rMdrpieritos¡¡r<5stáuos
ú ttLpefiflidtiades, y verán tep ooáBde b e veces qlie-uadaliaj* afli de
loqQ e^ ám agüiaitfbíao un mo«jo d^jestructura Bapicntísimarrieiite
taesD ^ o ip o P tt divin» Arttfice pára la.fabricacáon de.‘8uraxtajfi»cto.
¿Gn^ritas^ctisas-hán pagado de; esta' s u o te ácstoa considetBdas.^bmo
ntffisiiiás al animal ó. i- la -pLaJUsten q u e s e ientonentraq, desfntesde
haberlas tenido tergo tíesupú por aúpá^oasia ignoflaflqa dejpsbonl-
brea f Ahoca mifialo acabo iád teer IonuLa CantroTr^rse > nn héchuxipie
eonfifana pleoísiroaméate 1q ¿que*acabo ideescrib ir- El hedvq-es el
agttieagcc d u i^ te tnuohotácinpo 9C habfo creñio por kwsabiti» que
*Í 3iéotemáepo6itiHÍo>eii el cálíx deo^tásBoresieraunaii^erBstip^
Anidad derláipbata, inútil paralas fuqetoc>e9,6sk>lógÍG&S-de la misma
Más tarde, ¿fineá dd siglo pksádoT SprengcLcolígijó dé sus obacrva-
riones que ésta sustancia debía,-servir para la^ecundaáon de-la plan­
ta misma, atrayendo hácia sí con sü azúcar á Ibs .insectps'paranquc
estos ammalitos con sus movimientos hiriesen; llegar el p óien i ^
estigmas. I^d&nvmiStas'seapodaramn deés^doctana, hadándola
serró ¿ su» p^rticalareg inteittas; pero M. £aston Bomúer;,puüquf
partidario) ^también ^ l tr»isfótb)ínnof acaba de evidenciar i>ca&
pftiebts?bonda^eiitb&lw&dsedad1de<la¿0pínion emitida;por elbote-
mca atemai^’Cbaervatíones iiiáB^cactajt .y |completan han dcaKW»
tr^do últimamente que éLreferido néctactrtic^e por objeto aumiiiifl&'V
ei aHmento £J géituta durante el perfoder de .mideseDwolvioiw^to.
“ H oy dia, iescribe él antear del Ja revista <Ie donde tomamos «atas
noticias, M, Arduín, >ÉSt¿ y a den&ostrado que :el azúcar, producid*»
porlos péet^pestsiiTe dJEr aliitteíitD a lín ito durante su desarrolk*-
KsteesAia ¿alimentoelaborado pop: la. planta .eo. atención' al grano--
cuiandp él-grana ha adquiridos*!' completo desarrollo, cesa l&secr^-
caon. idd-íléütac¿ :Ifre la raísroi ¡rnañera d antear contenido en.Jafe^
molacdiaLéa-útilizadoiel ano aágtuentie para la nutrición del trsmcOjy
de las hojas^For tanto»- según el pensamiento de Cl&ucSo B cfnari 1&
finalidad de Jos séresba de buscarse en ellos mismos; en d orgaíi*'

• •- (• ;i -i • 11 -•
i 5 . August.' in i ih p tt C m u , em i. Mame., cap. XVI.
x Véase 1a revista parisiense Intitulada: La CmUroverit* revut dt¡ tsbjtrtiom ti dtt
répmw tn matürt di Jbiigim, Moi 1881, póg. 729 y sigmeoíea.
mo cada pafte idáta conatnrida jr prcsta 6u cor»!Cür$o para elbien del
cohjunto^,'..Toddviasc igxíura paca qtté-airVeeí ba¿Oen #1 hombre;
¿se dirá po£ eaoi.queeatavfecanres, wja auperfluiíiiíl* unregídtt&un
órgana4iu ^ ? Scáraoffimá9.i!etí^,«pTeciadorcí(^ierJst3 coa*s¿>/'
ui Según cato» ftw^serák.ánáüidad dtítag partes -del. cuerper hu
ínatto ^hidida*enl^ objedori?: DHfcil parece) en «J estatio-^ctuai
dnitíieiDdHií hallan i tema irespuesta oompkfcameaté satisfactoria^
eststpreguBtaijespcrcmosíqnc algún á&bio seencarffue ^e dáraos-
Utv had¿ndo‘.uzr estudio detenido y profcíad^ ;SobTe estos jobjetOB>
com»^Íta proettcadoBiancqnisobl^.las üñas dd^erdo.^Miéntras
taotóvfpórqtiénívdiremastyiciJa conformacion dblas ^fcraoasSséí-
tebraa de nuestra <colatana dorsal coAtriboye perfectamente (jto tné-
nottquelDá dtroebueaBSjCirctisvecijiQS *Á sustentar ;k»>ínúsenlos de
aquella'regionf £)ic&ár vértebra» sqqi necesarias .en: aquel tugarpara
ek$ficio que. ejescen^ hacerlas: oaa^ores ó aumentar su número serta
nocivo á bc t£onpoiía< d d cuerpo hnmanq» .trayendo al hombre mil
peomodidades y jnolestiassiir utilidad. alguna. Por eso son lo qlíe
deben ser y- nada cctás;rirapropiamerite por tanto s& llaa^uv radi-
mpntajri^s:, porque el soberano Artífice 4aa hizo ásípara-que<désenf-
fuñaseá e( oücto.tTiéndonadb. Digase otro tanterdelpfebcDon-<d£'la
orega, ouyaforraa etifertic^ ,deógüal, indinada yt elásticaí, contribu­
ya en-graniinarieraácqíJe Ids soiudossepropaguen, y concurriendo
«o. un foGoLc pmañ, hagan vibrar eltfanpano en unamanera conve-
wfertfe-Inventen1los hombres, eoil tod^dl iparato deísu cionda tbj
«groó mejor «fneiéste para el oficio de redh«r/''las' oiidas sonojas
y Oransiuitirías-ftl ;■
y.éntánces, ■ ttwiVendreeptoaj mon. D afw iaq ut
^ parte ^iperior denueatr» ccep es nnai {írueb«v^k: rqmr inOTsttríHT
abados tuvierbn las miy%$tehtiagridaói Hada diremosídd in^séüío
mótofe de este -órgano: todtielim indosabe qu eh ay hoítíbresídota>
de la facultad de mover lás orejas y lo caal no podríanpraóticai
sfltnúsculos motores. Unos .tienen-: este: mús£ulo1nnás desarrollad*»
que obro»; lo eual n&dá tiene de partÍEniart pues sucedp lo ptopio
con todos loylernas. ^Para íqué ha dado Dios k jügunos. esta* facul­
tad de poder nKH^ep las orejase Quizá un cierto indiykkii> muy
cbiodrio ea'íaciudatí d e S e v illa r áqTiren le vaKó m uchoehla cé>
Mlodon dd 69 el poder moverlas r librándose-coa etío deilai búas
liberalescas, sabría responder muy bien á esta pregunta. Nosotros
no alcanzamos á tantp. .: Quién 33be si en un principio todos los*
'• •••• »»•••.' » ,v •s-.-viVw; s v '• -saaj-hr.;. V.j-tv¿: >í B:m l
* Revina citada, ’• k¿"r •*<' . -í..;,-'. «. -y im/, ^
o 15 Respóndese d ¿as principales objeciones
hombres podían moverlas, y luégo han perdido esta facultad con
la falta de uso? El poderlas dirigir hácia La parte de donde vieije el
sonido sin necesidad de mover la cabeza no parece que dqe dc
traer su utilidad. Ésta, empero, no puede ménos de ser para nos­
otros muy pequeña, porque la feqíidad grande que tenemos de
mover á todos lados la cabeza nos excusa dc hacer esa operación.
Despues de todo, más razonable parece el afirmar que los músculos
de la oreja no son para moverla» sinó para mantenerla firme en su
posicion natural, porque sin ellos fácilmente se podría torcer á un
lado ó á otro.
Pero sea de esto lo que fuere, todo el mundo ve que la hipótesis
darwiniana es completamente inútil para explicar el fenómeno que
actualmente nos ocupa. Para que la doctrina del sabio inglés fuese
aceptable por esta parte, sería preciso que se nos explicara con ella,
no sólo Ja manera con que en el hombre tienen en estado rudimen-
tarío las partas sobredichas, sinó también cómo adquirieron su es­
tado dc desarrollo en sus antecesores; pues no cabe la menor duda
de que éstos á su vez habrán debido proceder de otros, que ni te­
nían orejas puntiagudas ni gozaban del privilegio de la cola. ¿Cómo*
pues, y por qué adquirieron estas preciosidades? Por los beneficios
de la selección natural, responde Darwin, la cual se las fué fabrican­
do poco á poco en el grande discurso de los siglos, las primeras
para que sintiesen los ruidos externos, la segunda para que se defen­
diesen ¿e los insectos. ¡í’ues anduvo muy despierta la diosa de
nuestro filósofo! Ántes que estos antepasados nuestros pudiesen
sentir los ruidos externos y librarse con la cola de los insectos, aóos
y años debieron pasar. Durante todo ese tiempo , ¿cómo buecpba 1^
referida diosa La utilidad de sus predestinados, pues no hacia ainó
fabricarles trastos inútiles? Cuando ía cola del mono, por ejemplo,
no tenía sind dos dedos de larga, ¿de qué servía para apartar las
moscas? Vamos, que estos, sabios dau i veces con su sabiduría en
unos diaparates tan mayúsculos que ni un necio los cometiera mayo­
res* Pas«nos y a á la dificultad fundada en la distribución geogtófcá
dé los' admates y dé las plantas, que á ella le toca ahora su tumo.
Los tranaformistas, al invocar en su favor los fenómenos aquí alu­
didos,, parten dc U suposición de que todas las especies de un
mismo género, así como también todos los géneros de una mi*®4
tribu, y todas las tribus de una mitaina familia, etc., etc., han salido
de ún mismo centro. Mas ¿dónde están los argumentos que jasttfi—
quen semejante modo de opinár ? Ninguna necesidad tenemos de
.de los trcmsformistas. „ 513
•' ^M v V j’> \W , . 'W ^ t . v .. V ■.<r;i!‘v -,v'l “ J -
recurrir á una doctrina .como .esta- í-ps Escolásticos, algp más digno^
por cierto, de atención qué. nuestros modernos sabaos en túateniude
r ijfin: I ..?• "j: L!í 11 -l l al l i ' • C ’T * 51 '.), r-
prudencia, no se atrevieron a nacer1,lina suposición tan aventurada:
ántes lujigarbn ser mas conforme á la experiencia, admitir distintos
■<ri ;**iírrL r>» i£t: -y.
-*!»■■ "?
centros dé creación, wNo rsajamos, ,escribe sabiamente el exun^o
Suarez, cuántos1 ináfvítiUos crí<5 L)ios en! cada cspecic.dc plantas;
taqibieñ tios|es desconocido si en todas las regiones y provincias dd¡
Universo fjjeroHprótiuddas 6 no todas las especies, l^ero por lo que
pojemos colegir ¿fe ta experiencia, e$ verosímil due no todas las es-
pedes de Wgétalcs ¡fueron proelucídas en tód&partes, sínóunas.en

::l .vsj'jvn r. ;n.ri'|f *íx ílIjuí .‘ ¡U^ttihJO’f], rtia',ini fí U3P


:onvementc el Criador Porqute Dios conoce muy bien los vanos
u>!j! ¿;..V l-X '■U:U;v L ¿ Itoi; KihM .£,lu' •í.j-n-'ulj.i.
ciernas'dclas perras, las influencias de jos astros, las disposiciones
dé los lugares'que gúarcfaniÁijs pí^o^rcíori ¿onustos ó aquellos fru­
tos'de la tierra- V si exlsien algunas plantas que con facilidad se
■ j i - .r , < ■ ir' '■ ij. • uil ■ - .i'í; V * 1Í L ^ 1 ' '
puedeh conservar 6 propagar en todas partes, de éstas lo mas ra?o-
^v{- i.*n , o tí - . iTíoni^TT,” /
Hable es fpensar que D iqs las cxiq ep todas la$ regiones*, ó ai meno^.
en'afiuetiéis ¿cfonclé poi’ sit nquctíá «fistañdánp erá íacífsü trs¿la-
I íTr?"T , y,[r-, ,¡. . i’1* i.n. ir i ■ I,. ; :b L ’j;;rtílMfJ •'M /ttO ftfclH
¿tqii1 (
ffs&ocs discurrir con'tillo y sat/d’ÚHa, noelj ’^tiarse^.Klá^Vj^ia?
r t o l i U i V'f t:T j'ij.i.ji/' J.l . r/- It'” .r,u .J-.rA" jV 1
hipótesis que manifiestamente se oponen a la sana filosofía. En 1$.
.I' I': -:¡ jT\ -.^ij. -55 J f V f. ' j■
‘•''I ‘ " 1
misma forma se expresa el doctor granadino con respecto a la efea-
.¡s i, i.ió ij V i j ! ,--y¿! ?• ^ .<_■! <1 ’ r:i-. '?j
ci.on de los animales, diciendo: ^.o que ^parece mas veroglmil eti
ésta materia, es qiié Dios no produjo los animales e a uiri apio tugar.
SJDp por todo el mundo. Porque si para i/n remo o -------- —
rí-if jl. kí.o ¡.¿i, Itfii 'JJiltli'i

t^K íeai ló <jUe h ttn ó s escrito Kablanáí^ dg l^ j ^ a n t ^ a .,. V* ^ue

,cQlíot' verd iEíTfvJflua Dfcós tá


Joti an,om«« l*ta* tpect«ü» oaudliittillf0ontttfaíeCfI<0*U^tiiit>W^
wfpentlvpM* .Qwíotww ft
'Pierio «t olisfi ín alio, ct sjiniH modo fri variis alriusque i^aUbus.UuctA ttpíettlifl-
(II^VtbilúoMf» pih>daVt&í Kilssé^ quii "tíéui ojrtíflÉé^^DOTi? rana lenupm
^thuíl^ inAncnlluVu ifispoiltioÜtif-tihl vd^illfip
«B!«Xffis.HCítoiftljíorillas: SI verb a|tqil£¿ sttúi^ilMitia^'qiAB UbHm«7lBlÉ^riMaNf)ñ
p*wval, f p * t w i ^
3 « M f w p ^ ^ « ^ 5 r tS l* fl^ H w !W s i a i f f m f t

e't-, i fluaret. afart ttx lili»ji. cap. yir. a.. 8.),
'i- .u-., tr».*| M I.1V |M» * -«f'MfJfí 'lf' O O lf*'' 1* ' ‘ ■'* ffjCI.*
514 Respóndese á ¿as principales objeciones
de ellas decíamos, tiene también aquí su aplicación, porque entre
loa diversos animales, unos se procrean mejor en unas regiones y
otros en otras, y dentro de la misma espede unos son más fuertes
y más. grandes en un lugar que en otro, y tienen distintas calidades
según las regiones. Y así es verosímil que la sabiduría divina se acó.
modó en la producción de estos séres á la producción y variedad
de los mismos en la forma indicada más arrlban T.
Tanto los animales como las plantas tienen su área natural de
habitación, fuera de la cual no pueden conservarse, y por lo mismo
es físicamente imposible que las especies existentes en regiones muy
apartadas la una de la otra, ó separadas por lugares contrarios á
las condiciones de su organismo, hayan procedido de un mismo
tronco. Sólo el hombre con la luz preciosa de su inteligencia ha
podido inventar medios de conservarse en todos los lugares del
mundo,, logrando con la fuerza de su ingenio hacerse cosmopolita.
Entre tos animales, pocos hay que puedan salir de una zona muy
reducida, y ésta se estrecha tanto más para cada especie cuanto
mayor es la perfección orgánica de que están dotados sus individuos.
Si pues es mucho más conforme ¿ razón, den tíficamente hablan­
d o , admitir pluralidad de centros de dispersión para los animales y
plantas, ¿qué puede valer, en favor de la hipótesis transformista,
el argumento que estamos examinando, cuando todo él se halla
fundado en la unidad de centro P Nada absolutamente: su aparente
fuerza queda destruida por completo, como que todo el aparato de
su construcción se haUa minado por la base* ¿Pero y la correspon­
dencia que-tienen en cada región las faunas y las floras de unas
edades con las de las precedentes? ¿No prueba este fenómeno que
los tales organismos han procedido unos de otros por via de des­
cendencia modificada? Supongamos que sea asi, que en el Nutm
Mundo, por ejemplo, las faunas y las floras de las diferentes edades

i “ Quod ex alia iot«rroítttíoDe potes* pendere, «¡ilical, an Deus prodnxeril


anlmali* Untara in nao loco te rn e , vel peí totmn orbem. N>m pro ano loco, ¡A est,
pro uno regoo vel alio sítaLUa bina sufócete potnemm; pro divereLs antem plnnt nc-
aestfaria ernnt, al per te clarara est: et qu&tnvis res incerta .sic, baec posterior par*
verisicniLiar viáetür, ntrQt ex de plantis diximns... Verunalameti, *icut de pjantis (fi­
jamos, ¡ta hic considerar! potes! ex anima][bus quiedain mellus sen eommodiut ni
quibiudam n^onibiifi qaam ia allis procrear!, et iatra eamdem etiam specieip qafedam
esae maiora «el fortiora, vel aHls huiiumodl qualiUtibus affecta lo una reglone qua*
fa aüa. Ad liunc «rgo modum vcnsimile est divinan} sapientiam proportioneni, et ':a"
rietatem in bao RcimaUam prodactione observase., (Idem, ibid, , cap. x, o. 5*)
dt ¿os trans/ormistas- 5 15
hayan sido derivadas unas de otras al modo dicho, y que esto mismo
haya sucedido en Europa, Asia, Africa y Oceanía. ¿Habrán con­
seguido con esto* algo los adversarios con quienes venónos dispu-
tando? No, ciertamente: la selección natural, coa sus acciones ciegas
y regidas por el puro azar, no es capaz de producir un órden tan
admirable, tan'universal y tan constante como en la sucesión de
las referidas launas y floras se encuentra; ni tienen tampoco las
fuerzas de’ la .naturaleza orgánica suficiente poder para producir es­
pecies de séres nuevas y superiores en perfección á las ya existentes,
áun cuando se las suponga obrar bajo la dirección de las. inteligen­
cias angélicas. La transformación, por consiguiente* de h s faunas
y de las floras no podrá, en tal caso, ser atribuida sinó á la virtud
omnipotente'del Altísimo, que habrá querido derivar con su acción
sobrenatural y creadora unas especies de otras, y no sacarlas inme­
diatamente de la*materia bruta; lo cual nada tiene que ver con el
transformismo materialista, contra quien únicamente dirigimos nues­
tros tiros, y en ninguna manera pugna con las enseñanzas de la
Iglesia católica, según lo dejamos ya apuntado más arriba.
Vanamente acuden los traosformistas á la localizadon de k s tipos
en las edades pasadas, y á la correladon universal que en ellos ^se
observa en órden á los que actualmente pueblan las mismas regio­
nes, para confirmar con esto su teoría Examinada bien la natura­
leza de este fenómeno con todas las circunstancias que lo acompa­
ñan, léjos de favorecerles los confunde y condena. A ser verdad lo
que ellos afirman sobre et continuo variar de los «organismos produ­
cidos por la selección natural, esta misma correlación se dcbJa haber
borrado, desapareciendo la semejanza entre una» y otras faunas con
el largo proceso de los siglos. Oigamos al ilustre Agassiz discurrir
sabiamente sobre este asunto, y sacar de su consideración nuevos
argumentos para rebatir á los materialistas. “ Es evidente, escribe,
que ciertos tipos particulares de animales, ántes del actual arreglo
de cosas, estaban ya encerrados dentro de áreas determinadas. Ellos
han seguido ocupando el mismo terreno ó un territorio análogo en
la época presente, aunque ningún lazo genético podemos suponer
entre los animales de los dos períodos consecutivos. En efecto, los
representantes de estos tipos, en las formaciones diferentes, no se
hallan necesariamente contenidos dentro de un mismo género. Se­
mejantes hechos están en plena contradicdon con toda hipótesis
que de una manera cualquiera pretenda atribuir su origen á ios
Agentes físicos. A primera vista, el hecho de hallarse encerrados
5 16 Respóndese d ¿as principales objeciones
estos animales en áreas geográficamente *constantes parece favora­
ble á una interpretación de este género; pero es preciso no olvidar
que los séres así localizados viven ó han vivido en compañía de
otros tipos que ocupan superficies muchomásconsiderablea. Toda-
vía es m is significativo el que estos séres pertenecen á períodos
geológicamente diversos, entre los cuales han tenido lugar, sin duda
alguna, grandes mudanzas físicas. Así, pues, estos hechos indican
lo contrario de lo que supone la teoría. Ellos prueban que la, seme­
janza sé continúa entre loa séres organizados durante la sucesión de
períodos geológicos y á despecho de los cambios considerables que
en estas épocas diversas han acaecido á las circunstancias predo­
minantes de Los países habitados por estos animales. Por donde
quiera que toteemos la teoría que atribuye i lo s agentes físicos el
origen' dé las séres organizados, la hallamos impotente para sufrir
rii nuestro exámen, rii nuestra crítica. Sólo la intervención delibera­
da de una inteligencia que obre continuamente conforme á un plan
único, puede dar razón de los fenómenos dé esta espepie „ lT
Pero demasiado complacientes hemos estado con nuestros adver­
sarios concediéndoles por un momento que la mencionada correla­
ción entre las diferentes faunas de algunas determinadas regiones
indique haber provenido las unas de las otras por vía de deseen*
denda transformada, áun cuando la transformación haya sido efec­
tuada por ta diestra'soberana del Altísimo. Dios Nuestro Señor, en
la producción dé las faunas subsiguientes, pudo emplear el mismo
género de acción que había usado al crear con su omnipotente^/
la primera. Ninguna necesidad tenía de derivar unas especies de
otras, transformándolas y amoldándolas, por decirlo así, á las nuevas
condiciones del globo, sobrevenidas con las perturbaciones físicas.
Este nuevo órden de cosas lo pudo obtener produciendo en cada
región, sin servirse de organismo alguno ahtcccdente, aquel género
de animales y de plantas que mejor se avenían con las condiciones
topográficas de lá misma, conforme á lo que había ejecutado en la
introducción de los primereé organismos. Y es muy verosímil que
de esta manera, y tic por transformación de los organismos prece­
dentes, h aya llevado á cabo et Criador la producción de las launas
y de las floras sobredichas; porque este modo de obrar es muy dig­
no d e la Majestad soberana y se acerca mucho á la verdadera crea­
ción, que es la acción más propia de la divina Omnipotencia.

i Agmttiftj D i Ytrpkt si tf( la ¿httrijlenliim M Zeafoglt, pár. *3 t p¡¡É*.


'■'.'de. tcpiransformistas: . § 1?
Pero de cualquier manera que esto haya sucedido, siempre tene­
mos qu ela correladoa de las faunas subsiguientes con. las que inme­
diatamente les han precedido en alguna determinada región queda
pérfectamente explicada con >la doctrina de las creaciones indepen­
dientes; ántes esta doctrina e$ la única que puede dar de ella una
explicación satisfactoria. En ella los medios físicos de cada terreno
¡afluyen también á su modo en la producción de las nuevas fauna^ y
de las nuevas üoras, á saber: presentando ciertas y determinadas
condiciones de vida ¡que se adaptan mejor ¿ ciertos y determina­
dos animales, y anunciando con esto al Artífice divino el género de
organismos que conviene introducir allí para quepuedan convenien­
temente desarrollarse. E staes la. causa .de que en algunos lugares
aparezcan, durante las sucesivas edades geológicas, un género de
estructuras orgánicas que no se encuentran sinó en aquella determi­
nada región ; porque el Criador, como nota muy bien Suarez en las
palabras que hemos citado más arriba, se acomodó sapientísima-
mente en la producción de los séres organizados á las condiciones
dd medio en que estos séres se habían de conservar bajo el influjo
de las leyes física», no.de otra suerte que un hortelano prudente
y sabio se acomoda ¿ las condiciones del terreno donde ha de
semhrar iius semillas, !para escoger entre ellas las que más han de
prosperar en aquella determinada localidad. Que en América, por
tanto, haya diferentes animales y plantas que en Europa, Africa
y Oceanta; que en los Alpes se encuentren ciertos organismos
que también viven en las altas latitudes del Norte; que en algunas
isla», ai bien esto es. cosa mny rara, aparezcan séres organizados
muy distintos de los que habitan on los continentes cercanos, ¿esto
qué tiene de particular? En cada uao de estos.lugares produjo el
Criador los animales y las plantas que mejor se adaptaban á sus
condiciones físicas, y nada más; cuando estas condiciones son
análogas en dos determinadas regiones, las plantas y los animales
aiU puestos por la mano del Omnipotente también guardan entre sí
la misma analogía; cuando empero son diferentes, también los ani­
males y las plantas presentan esta misma proporcion. Por eso es tan
difícil sacar ningún animal ó planta de su propio terreno sin que, ó
'perezca totalmente, á lleve una vida lánguida y.enfermiza en la nue­
va habitación, Sábenlo muy bien cuantos se dedican á- la aclimata­
ción de los animales y ,de las plantas» pues con dificultad suelen sa­
lir victoriosos en sus empresas cuando la diferencia de terrenos y de
climas es muy notable. Quede, pues, asentado que. este argumento,
5 18 Respóndese tí las principales objeciones
lo mismo que todos los demás hasta aquí examinados, no tiene la
menor fuerza pato hacer de alguna manera probable la doctrina del
transformismo. ¿Es mis poderoso el que se funda en los fenómenos
del metamorfismo» de las generaciones alternantes y del poliformis-
mo sexual? Esto es lo que vamos ahora á examinar ántes de poner
fin á este capítulo.
Son curiosos sobremanera los hechos que nos ofrece la naturale­
za por el lado de la múltiple variedad que nunca se olvida de im­
primir en todas sus obras. En medio de la constante unidad y fijeza
con que las ejecuta, hace que brille siempre la variedad de una
manera admirable, evitando con diligencia la fastidiosa monotonía
de las repeticiones, para que el hombre, á cuya utilidad y provecho
han sido dirigidas^ halle siempre en ellas nuevos raudales de hermo'
sura al contemplarlas, é incentivos cada vez más poderosos para
alabar, servir y engrandecer á aquel soberano Señor, de quien las
ha recibido. Los tipos en cada una de las especies son siempre fijos
é invariables; pero dentro de todos ellos los individuos varían inde­
finidamente, sin poderse decir jamás que hay dos perfectamente
iguales. Lo que sucede con los individuos de un mismo tipo tiene
también propordonalmente lugar en los de especies y géneros di­
ferentes; todos se asemejan en algo, pero al mismo tiempo tienen
en aquella misma semejanza un cierto principio de distinción que los
caracteriza y separa de los demas. Así, viniendo al caso particular
dc que ahora tratamos, todos los séres organizados convienen en
pasar por tos fenómenos del metamorfismo, pero se diferencian en
la manera con que cada uno dc ellos practica sus evoluciones; unos
las tienen dentro del seno de sus madres y ántes de nacer, otros
despues de haber venido á la luz de este mundo; unos con transfor­
mación simple verificada en un mismo sujeto, otros con genera­
ciones alternantes que hacen entrar un cierto número de individuos
diferentes en el ciclo de la evolucion entera» Traigamos algunos
ejemplos que aclaren estas ideas, poniéndolas al alcance de todo
género de lectores. Una rana pone sus huevos, y los abandona en
un pantano: estos huevos, empollados, dan á luz unos animalillos
llamados renacuajos, que se alimentan de materias vegetales, y lle­
van branquias y cola en lugar de patas, como sí fuesen peces, mién­
tras que la rana, su madre, vive de insectos, tiene pulmones y patas,
y carece de cola, como si fuera un animal terrestre. Mas bien pron-
to el renacuajo deja esa forma y hábitos transeúntes , con que se
presentó por vea primera en la escena del mundo, para tomar la
de los ¿ransformtsías. 519
forma y hábitos definitivos de su madre; las branquias se te van
atrofiando lo mismo que la cola y en su lugar le van saliendo las patas
ca acterísticas de su especie, ai paso que crecen los pulmones, y
con ellos aparece la respiración aérea acompañada de todas las cos­
tumbres de la verdadera rana. El renacuajo ha llegado al último
término de su desarrollo: ya es rana como su madre, y podrá en su
tiempo poner huevos como ella, que pasen por tas mismas vicisitu­
des á que él ha estado sujeto, y obtengan finalmente la perfección
de todos sus antepasados. Aquí tenemos un caso de transformación
simple, lo que con otro nombre se llama yutamorfósis; el mismo
individuo ha pasado sucesivamente por las etapas de huevo, rena­
cuajo y rana, sin salirse jamás dé ta órbita trazada por Dios á todos
los representantes de su especie.
Una cosa parecida podemos encontrar en otros muchísimos séres
de otras especies, aunque siempre se nos presentará también el
modo propio y característico con que en cada una de ellas se veri­
fica el ciclo indicado. L a abeja, por ejemplo, ántes de llegar á la
perfección que posee en el último término de su carrera, ha debido
recorrer los estadios de huevo, larva y crisálida, y esto mismo po­
demos decir de otros infinitos insectos.
Pero hay otra clase de séres, en la cual las diferentes etapas del
ciclo metamórfico están repartidas entre distintos individuos de la
misma; como si dijéramos que el huevo, la larva, la crisálida y la
mariposa, en los cuales se halla contenido todo el ciclo de las trans­
formaciones de un animal, son cuatro individuos diferentes, produ­
cidos con generación heterogénea cada uno por el que inmediata­
mente le antecede. Cuando esto sucede, la metamorfosis total es, no
ya simple, sinó compuesta de partes heterogéneas, que son verda­
deras generaciones; y porque cada una de estas partes alterna con
las demas, siendo condicion necesaria para su existencia, por eso se
dice que este género de metamorfosis se realiza por medio de ge­
neraciones alternantes. L a medusa, por ejemplo, pone huevos, cada
uno de los cuales da origen á una larva movible, que se transforma
en un pólipo arborescente y se propaga por gemación como las
plantas: estas yemas á su vez se desarrollan, pero su producto no es
un pólipo, sinó una medusa. Aquí tenemos dos clases de generado'
nes prévias á la generación de la medusa: la generación de la oruga
y la del pólipo; cada una de ellas es condicion necesaria y esencial
l«ra las demas: sin medusas no hay orugas, sin orugas no h a y p ó -
',ipo3r y sin pólipos no son posibles las medusas. Todas estas gene­
520 Respondéis á Ids principales objeciones
raciones, por consiguiente, alimum entre sf, y anidas representan
la generación total de la especie, en la cual se verifica lo que en
toda generación verdadera, á saber: que el último término del mo­
vimiento generador es perfectamente semejante al principio engen­
drante. La medusa, con todo el ciclo de las transformaciones men­
cionadas, llega por ñn á producir otra medusa, como el hombre con
todo el cicló de transformaciones por donde, en sentir de los EseO-
lásticoá, pasa el embrión dentro del seno de su madre» engendra
por fin á otro hombre.
Se podrían poner acerca de este particular otros ,muchos ejem­
plos de generaciones alternantes, á pesar de que la tinvención de
este fenómeno tiene una data muy reciente. La ténia es uno de
ellos: sus gérmenes, depositados en la yerba, pasan, juntamente
ron ésta, al estómago de un animal herbívoro; desarrollados en sus.
intestinos con el nombre de caenuros, crecen y se propagan por ge­
mación; introducidos, finalmente, estos esnuros en el estómago de
un animal carnívoro, que se los ha tragado comiendo la carne cru­
da por ellos inficionada, adquieren la forma definitiva de la ténia, Ja
cuat pone á su vez los gérmenes sobredichos, comenzando de nue­
vo el ciclo de las generaciones alternantes.
Como se ve, cada uno de los individuos producidos por estas ge­
neraciones es una parte esencial de la especie, ninguno de elfos re­
presenta por sí solo la espede entera. Esto mismo acontece siempre
que la conservación de la especie está encomendada á séres dc di­
ferente género: el macho y la hembra en este caso representan dos
formas contrapuestas del memo tipo, hechas entrambas para una
misma cosa, aunque muy diferentes entre sí por las cualidades pro­
pias y características de cada una. Algunas veces estas cualidades
producen una diferencia tan honda entre los dos sexos, que cual­
quiera los creería de diferente especie, á no haber sido averiguada
lo contrarío con pruebas ciertas é irrefragables. En el gusano de luz.
por ejemplo, d macho es un animal volador, miéntras que la hem­
bra se arrastra por el suelo como una oruga, señalando á su com­
pañero con la fosforescencia de sü cuerpo el lugar donde ella se en­
cuentra. El polimorfismo sexual por lo tanto es, donde existe, un
hecho que entra en la constitución de la misma especie, y sin el
Cual no es posible, naturalmente hablando, que Ea especie subsista.
Algunas veces este polimorfismo llega á tal grado, que los indivi­
duos sexualmente diversos pasan de dos; pues unos son machos»
otrbs hembras y otros neutros. En la abeja, por ejemplo, tenemos:
., de ¿os ¿ransfoymistas..,. 521
la hembra ó reina, <jue pone los huevos; el zángano ó macho, que
los fecunda; Jas neutras, que no engendran, pero están encargadas
cic la. procreación de la prole, ora fabricándole la casa, y acarrean­
do: del campo las cosas necesarias para la vida, como las o¿?fras,
ora propinándole ,el alimento, como las nodrizas.
Otro tanto sucede á J&s hormigas, entre las cuales hay machos*
hembras y neutra», dividiéndose estas últimas en dos clases, la pri­
mera para las labores pacíficas, la segunda para el trabajo de la
guerra. Este número de cuatro todavía está doblado en las hormi­
ga* blancas, pues en ellas'.(jp encuentran reyes, reinas, obreras y
soldados de primero y seguido orden, teniendo cada una de estas
clases los instintos y La estructura de los árganos perfectíüimamenle
adaptados al oficio que ha de desempeñar en la familia.
Aquí tenemos los hechos del metamorfismo, de las generaciones
alternantes y del polimorfismo sexual. Pregunto yo ahora: ¿hay en
ellos la más mínima cosa que favorezca á las ideas transforraistas
de nuestras modernos sabios? Nada absolutamente: digo mas; no
sólo no presentan estos fenómenos cosa alguna que favorezca a)
transformismo, sino, por el contrarío, nos suministran unta de las
pruebas más fuertes con que podemos perseguirlo y derrotarlo. En
efecto, ¿qué vemos en todos ellos, sind la ley fija y constante de
la.naturaleza ? Tan constantes son y regulares como las estaciones
del año en la Tierra, y como los menguantes y crecientes de la
Luna; nada de alteración, nada de mudanza, nada de tendencia al
progreso. Los fenómenos indicados se verifican hoy de la misma
manera que en los remotísimos tiempos de las edades geológicas,
po$s en los terrenos de aquellas formaciones aparecen los diferentes
términos del ciclo metamórfico compuesto de generaciones: alter­
nantes. Aristóteles describe los fenómenos dél metamorfismo como
lo pudieran hacer los naturalistas de nuestros días. £1 polimorfismo
sexual es tan antiguo como las mismas especies donde se encuentra.
*No es éste el argumento más evidente de que las especies no cam­
bian con el tiempo, y de que la variedad de sus individuos se hajla
siempre encerrada en los términos de la unidad absoluta propia de
cada tipo? Cada uno de los fenómenos indicados es condición esen­
cial para el mantenimiento y conservación del tipo á que; pertene­
cen todos ellos; sin mariposas no hay huevos, sin huevos no tene­
mos larva, quitada ésta, falta la crisálida, y sin crisálida no es po­
sible la mariposa. Huevo, larva, crisálida, mariposa; hé aquí un
circulo que Be repite perpétuamente de la misma manera* Nunca Ja
522 Respóndese á fas principa/es objeciones
larva ha dado Origen á una nueva especie que no haya necesitado
de mariposas; nunca la mariposa ha podido propagarse sin pasar
por el humilde estado de larva.
Esto mismo hay que decir así de las generaciones alternantes
como del polimorfismo sexual; todas estas generaciones son partes
eaenciates de la espede, todas días deben repetirse indefinidamente
en el mismo órden que las vemos sucederse para que los términos
diversos del perenne ciclo puedan seguir viviendo en el mundo.
Asimismo, todos los individuos diversos dc una especie poümór
fica se exigen mutuamente para podar vivir en el mundo; sin reina
que ponga los huevos y sin macho que los fecunde, no son posibles
las abejas neutras, y sin abejas neutras no son tampoco posibles las
reinas, ni sus consortes; porque, no acarreando la obrera la miel y
el pólen á la colmena, y no suministrando ta nodriza el alimento á
las larvas, éstas perecerán irremisiblemente; y pereciendo las larvas,
se acabó la colmena entera.
;Y cómo explicar sin la idea de una inteligencia ordenadora el
instinto admirable que trae impreso en sus entrañas cada uno de
estos animalitos para hacer lo que hace, y solamente lo que hace,
y con la perfección acabada con que lo hace desde el primer dia en
que pone manos á la obra? ¿Es posible esto sin una fuerza interna,
propia y peculiar de cada uno de estos séres, dirigida á un determi­
nado fin por el Artífice Supremo? ¿Puede producir tan estupenda
maravilla de órden y perfectísima armonía la ciega y monótona se­
lección de la naturaleza ?
Vero aún hay en los fenómenos indicados ofro argumento inven­
cible en contra de la hipótesis transformista. El polimorfismo sexual
nos ofrece una variedad de formas pprtenedentes á un mismo tipo
y perfectamente distintas entre sf; {cómo ha obtenido este último
resultado la selecdon natural, sin dejarnos el menor rastro dc los
diferentes anillos con que deben estar unidas todas ellas? En tas
abejai, por ejemplo, nunca aparecen sinó reinast zánganos y neutras
¿Dónde están los anillos que juntan en uno estas tres clases de in­
sectos, haciendo d e ellos una série perfectamente continua? Aun
más; las neutras, unas son obreras, otras nodrizas, teniendo por lo
mismo cada una sus caractéres propios en la organicadon; ¿qué se
han hecho, pues, los anillos intermedios, que por precisión han
debido existir entre uno y otro extremo, entre la obrera y la no­
driza? Darwin, haciéndose cargo de esta dificultad, responde que la
selección natural los eliminó, porque era útil á la familia abejuna no
de ¿os transformistas. 523
quedarse sinó con los dos extremos dc la clase neutra. Despierta
señora es esa diosa, que, áun con los ojos vendados y sin ser máa
que un ciego, pues en realidad no se distingue del ciego acaso,
atiende por una parte tan perfectamente á las necesidades de la fa­
milia, y por otra oculta con diligencia tan exquisita los desperdicios
que le pudieran producir algún sonrojo. ¿Y cómo se le ha antojado
producir ese género neutro, que por su incapacidad de engendrar
no puede ménos de ser una imperfección del tipo? ¿Más qué digo
antojado? ¿ Cómo ha podido crear esa clase de neutras y fijarla de­
finitivamente en la familia, cuando para esto era necesario que la se­
lección sexual fijase é hiciese permanentes los progresos obtenidos
con la selección individual? No engendrando las neutras, ¿cómo
han podido crearse definitivamente, por medio de la selección
sexual, las dos formas de obreras y nodrizas que ahora existen?
Darwin encarga este oficio á las reinas y á los zánganos, para que
esta pareja fecunda, empujada por la pretendida selección de que
vamos hablando, busque la utilidad, no sólo de las parejas futuras,
sinó también de la fam ilia donde han de imperar estas parejas, si
bien no deja de confesar que las clases neutras de los insectos cons­
tituyen una verdadera dificultad contra su sistema. No se puede
negar que el sabio naturalista es ^gudo para inventar hipótesis
cuando le hacen falta para la solucion de sus dudas; pero también
« derto que proceder de este modo no es filosofar en sério, sinó
fingir meras idealidades con la imaginación d d poeta. ¡ Cuánto más
sabio y razonable es afirmar que las neutras, asi como las reinas y
los zánganos, y todos los demas elementos esenciales de cada es­
pecie, son obra del Artífice divino, artísticamente trabajada y per-
fectísimamente dispuesta para el oficio que todos estos animales
Habían de desempeñar en la naturaleza! Concluyamos, pues, di-
-acudo que el materialismo, tanto en ésta como en todas las demas
cuestiones de que trata, no puede presentarse ante el tribunal de la
sana razón sin sufrir la más completa é ignominiosa derrota

I V«ase sobre esta materia i FaWre, Ia variaüüíi dts espita ¡ etc., chap. 1, y
a Qwirtfages, Mctamtrphosts de Vhtmmi et dts animan*, Paris, 1S62, píg, 315 7
¡fájenles. Tamblon el P. Haté ha escrito f publicado, en U revista intitulada: Étudti
T&gitnttt, ctc., 6 .° seria, t. u i, dm Importantes artículo* sobre esta materia del po-
ttoorfiínjo.
C A P IT U L O X X V II

R E C H Á Z A SE EL Ü R ÍG E fí TE R R E N O , DEJ. HOMBRE CON LA

CONSIDERACION D E LA SO LA ESTKyCTU R A,! D E L CUERPO


HUMANO;

íodicho en lo^s dos capítulos anteriores nos parece más que


[suficiente para qué todo hombre juicioso y amigó de la
i verdad considere la doctrina del transformismo corto tifia
hipótesis enteramente infundada y contraria á la realidad de los he­
chos. Con esto, sin otra clase de reflexiones, p o d r í a m o s y a con teda
justicia afirmar que cuanto nqs refieren los partidarios de la 'nüeva
e sca la spbíre el origen puramente natural del linaje h u m a n o , es so-
ibremanera irracional y contrario á toda sana filosofía. Pero aátt te­
nemos otro género de argumentos poderosos con qué rebatir esta
proposición tan humillante para la noble razón humana, y agrada­
ble tan sólo para aquellos que quisieran ver rebajado el hombre i
la humilde condicion de los brutos, para vivir aquí, como ellos,
entregados á la vida de los sentidos. Nuestra naturaleza se halla
,colocadla á tan grande distancia de todas cuantas cosas la rodéan
r,sobre la tierra, que sólola torpe y menguada filosofía de tos mate-
nali$tas la podido imaginar como derivada por vía de d e s c e ta d tn -
d a de los seres irracionales é inferiores á ella. Por fuerza había d e
ser a^í: Dios Nuestro Señor, al criar al hombre, lo dotó de un alma
racional é infinitamente superior á las de los brutos, y destinada por
su propia condicion á Vivir la vida de los espíritus. Obrando dé cita
suerte puso bajo sus plantas todo esto material y terreno; hfzolo
rey del universo sensible, para que, á imitación de su s o b e ra n a
grandeza, tuviese dominio sobre los peces del mar y se e n s e ñ o re a s e
así de los anímales como de las plantas de la tierra; y dióle- este
mundo por habitación temporal, donde, viviendo conforme á razón
Origen del hombre. 525
y ajustado á las reglas de la sana prudencia, se pudiese labrar una
corona de inmortalidad en la gloría, mansión de dicha inenarrable
que tiene reservada para sus fieles servidores. El que ensalzaba al
hombre, poniéndolo muy cerca de los Ángeles y haciéndolo á
imágen y semejanza suya; ¿cómo lo había de abatir hasta el extre­
mo de confundirlo con una .miserable bcstezuela, haciéndolo de la
misma condicion del mono, y no separándolo de él sinó por ciertos
grados accidentales de inteligencia?
, Sin embargo, esto es lo que enseñan los flamantes doctores de la
filosofía moderna: el hombre, según ellos, no es más que un mono
pulimentado, un saco de materia llevado á su últiróapeífeeoion por
la fuerza plástica de la naturaleza, despues de haber recorrido to­
dos los estadios inferiores que existen entre los animales más im­
perfectos y el mono. YaLamark había consagrado todo un capítulo
t3e su Filosofía zoológica 1 á probar cómo, en virtud de su teoría
dtl hábitpi puede ser considerado el hombre como un chimpanzé
transformado; aunque, como observa Godron no se atrevió á
asigna al hombre este origen por no oponerse á las ideas, j^encfál-
fliente recibidas entónces sobre esta materia. Los transfórmistas de
nuestros tiempos han debido hallar sin duda el tetteno mejor pre­
parado; todos ellos, sin rebozo de ninguna clase, dan por cierto que
el hombre ha debido proceder, por via de evolucion natural, de al­
guna de las especies de animales inferiores que han poblado el
cniu^o en los tiempos pasados, sólo que en la designación de esta
capecie no convienen todavía. V ogt, en su Memoria sobre los tai-
croe¿falas> crcc que tanto el tipo de I09 monos como el de los
hombres han sido derivados de otro anterior y diferente de entram­
bos, miéatras que los darvinistas, generalmente, piensan que el
tronco común al hombre y al mono de los tiempos presentes ftié
un mono distinto de los actuales. Haeckel se expresa sobre este
particular en los siguientes términos: * El género hümano es una
ramificación del grupo de los catarrinos; se ha desenvuelto en el
Antigjfo Mundo, y dimana de los monos de este grupo, há ya lar­
go tiempo extinguidos. „ Darwin opina lo mismo que sü discípulo
Haeckel; tanto que al hablar sobre esto se remite á la tabla genea­
lógica del género humano trazada por este autor. En esta tabla se

» L ú u r k , rklüitphlt wlcfiytit. r u i s , 1809, l , p i g . 349 y siguientes.


a A., Gotboa, p t f¿íficr tí dtt rmctt la ctrts rrfatttw, U II, p íg. u 7,
Fwis, 1872.
52Ó Origen del hombre.
encuentran nada ménos que veintiuna etapas por donde se dice lia-
ber pasado el hombre ántes de llegar á la que actualmente ocupa.
La primera de ellas es la manera, organismo sin órganos, como la
Dama Haeckel, j tan imaginaría como el hombre-mona ó andrppi-
theco^ que es la Ultima. Este andrapitheco t verdadero padre del gé­
nero humano, según opinan los dos naturalistas citados, era utt
mono antropomorfo, incapaz de formar palabras articuladas, y de
inteligencia tan poco desarrollada que ni siquiera tenia conciencia
de si mismo; vivía en los árboles, trepando por ellos y saltando de
uno á otro, como suelen hacer los monos actuales. En esto convienen
Darwin y Haeckel; sólo que este segundo le niega la cola, y aquél
se la concede poniéndolo en la clase de los monos antropomorfos
armados de este apéndice. Con esto Darwin hace á nuestro primer
padre más imperfecto de lo que se lo ha imaginado su discípulo
Hifecekd, pues es cosa sabida que los monos rabudos distan más
de nosotros por su constitución orgánica que los antropomorfo»
sin cota.
Esto es lo que enseñan nuestros sapientísimos filósofos sobre el
origen y naturaleza del hombre. ¿ Qué decir ahora de tan humillan­
tes teorías? La respuesta que á esta pregunta se nos ofrece es que
todas ellas son dignas de la vilísima filosofía adoptada por estos
autores. Homot ettm in honore esset, nos dice el Espíritu Santo, hw
inteliejtit: comparaba estjumentis insiptentibus, et sim ilis factus est
üüs Se han empeñado estos señores en bajarse del trono, en que
los colocó el Altísimo, para formar sociedad amistosa con los ju­
mentos insipientes, hadándose semejantes á ellos y hasta llamán­
dolos sus parientes y hermanos. ¿ Qué mayor locura? A estos ex­
tremos conduce el abandono de la fe sacrosanta, que tan maravillo­
sos fulgores despide sobre el origen nobilísimo y sobre la altísima
naturaleza del hombre. Meditemos un poco sobre esta naturaleza
sublime, para sacar de ella'argumentos contundentes conque caiga
por tierra el ruinoso edifido 'levantado por estos autores sobre el
fango de las humanas concupiscencias.
D o s son los elementos que constituyen la naturaleza humana:
uno material y 'terreno, en el cual convenimos con los brutos; otro
espiritual é inorgánico, por el cual nos asemejamos á las criaturas
angélicas, y pertenecemos á un mundo superior é invisible, al mundo
de los espíritus. En cada uno de estos dos elementos hallamos ja-

1 Ps, X l A i n , T , 2 1 ,
I
Origen de¿ hombre. 52 7
zpnes poderosas para rebatir satisfactoriamente la antifilosófica doc­
trina del transformismo: comencemos por el primero.
No cabe la menor duda de que el hombre, por lo que hace á su
organismo material, presenta no pócos puntos de contacto con,el
tipo de los vertebrados, y muchísimos más todavía con todos aque­
llos animales que se hallan más próximos á él en la escala de los
séres sensibles. Los monos, principalmente los antropomorfos, cua­
tes son et gorilla, el chimpanzé, el orangután y el gibbon, tienen
un cuerpo muy semejante al nuestro. Como el hombre es el anillo
que junta el mundo espiritual con el material, naturalmente debía
poseer un cuerpo que fuese por una parte perfectísimo instrumento
del alma inteligente y libre, miéntras que por otra se hallaba «mía
requerida proporcion con los demás cuerpos del mundo terreno. Su
organismo, por consiguiente, se debía parecer muchísimo á los de
aquellos animales que tuviesen un grado más sublime en la escala
de la creación; para que de esta suerte, formando perfectisima ar­
monía con ellos, presentase esa especie de continuidad que debe
reinar en todo el conjunto del universo, obra maestra del Artífice
divino y espejo clarísimo donde brillan con maravilloso fulgor las
infinitas perfecciones de la soberana inteligencia. Pero en medio.de
esta consonancia los organismos dichos no pueden ménos de ofrecer
grandísimas diferencias, como no puede ménos de haberlas entre
los diversos instrumentos de un artista que quiere ejecutar con ellos
muy diferentes operaciones. El cuerpo del hombre está ordenado,
por construcción del soberano Artífice, á las funciones de la vida
espiritual y suprasensible del alma racional que lo informa; y así, p o r
precisión, ha de tener hasta sus más pequeñas partecillas encamina­
das al conveniente ejercido de estas funciones; el cuerpo de los irra­
cionales, por d contrario, no puede tener otro objeto que el dé ayudar
á las operadones de la vida animal, única que corresponde á estos
séres, y por tanto todo él debe estar dirigido á este determinado fin.
De aquí resulta que áun entre los mismos monos antropomorfos
y el hombre ha de reinar por precisión una diferencia enorme por
parte dd organismo con que á entrambos dotó el Autor de la natu­
raleza, AI hombre, por razón de su inteligencia, le convenía la esta­
ción vertical, para que asi pudiese tener en la parte más devada de
su cuerpo todos los órganos pertenecientes á la vida de rdadon y
cognoscitiva, y le quedasen expeditas las manos, que había de em­
plear asi en los trabajos mecánicos como en las obras de arte. El
mono, por el contrario, habla de ser un animal trepador; toda su,
528 Origen del hombre^
vida la habla de emplear en acciones puramente mecánicas, sirvién-
dote de sus1pléS ’y de siís manos párá ¿fíéaraiáársé'por los frijoles
y sallar d d u t t o a l ótrt» como' WrdadfeVó cúadrümatió', á c^uien ¿o|-
respoitde1la éítacion korisftktn¿\ con! iél1 víeritré íticlírtádó háeia la
tlerta. Divinámentcf expbne fel arigiéfícó dóctcír Santo Tdirtá$l¿s¿y
diferencia •«norrifcé que; póf rtóoft d d !íá'dáturaleza intelectual <Jeí'
borrfbre, debía existir entré el duefpo dc éste y él de‘ lós irracionales
aifo niás prÓJtlmós á él en perfección. Nó qúiero ¿léjár de poner
aqttCJ¿tía- p&labrag pata que Vean ntieStfos mbderhos sabios ctímo
satrfátl discurrir atinadamentelós 'Esfcólásticós tíuandó se ponían a
estudiar con detención las ofora's de la tiátüraléjSá. cuatro mo­
tivos, drce, fué eonveriieflbe al hombre tener (a estáion r¿cta. Pri­
mero, pdi<qué los sentidos han sido dados al Iiómbre, no sólo para
pnomtfars* 1as1cosas nécesaria4 á távidá,1cbibo ácótfteceá los demás
atiittiftktt;1Sfttó tafnbitn para adíjtririf córto^íMíento de los objéíbs.
De donde‘&aeeí'iííueJ ttiiéntras tos demas áhÍm1aTés rió' reciben deleite
dé las- cos&s sensibles aihóeuatidóéíít as contribuyen á la satisfacción
de ai» necesidades corpófkles y 'del apetite Vchárfeóf sólo éí hombre
se deleita en la hermosura de ellas por sí mismas y j>bf su mérito
intrínseco. Y porqne los sentidos ostentaii Su vígór prin¿ipáljVient¿
en la cara; ésta en tes demás animales áé hálla taefta hádá la tierra,
<x>m©para ayudarles á buscar la comida1y á procurarse el Suáténtó;
mas: el hombre Lá tifene leVastada para qué'jpfcirrhedió de tos senti­
das, £fmdpálttóeñté él'de la vísta,1queeá éí rriás sutil'yel qúe nos pre­
senta mayor* variedad de objetos, pueda expeditamente conocer {k>r
todas partes las cosas sensibles, asi las del délo como ¿as de, lf tier­
ra, y colija de todas ellas la verdad inteligible. ,
p En secundo lugar, Ip es conveniente esta posicion para que las
fuerzas interiores ejerzan cem más libertadsusoperaciones, hallán­
dose el cerebro, dondeencierta manera se ejecutan, nd deprtmídó,
sinó levantado sóbre todas las otras partes del cuerpo.
„ La tercera razón ep porque ,¿ el hppibre tuviera su estación al
modo de los cuadrúpedos, i^.mano* le deberían servir de piéü de­
lanteros, y así-no podrían bct. de utilidad alguna para los trabajos
mecánicos.
La cuarta; finalmente, consiste en'que, teniendo la posición incli­
nada y sirviéndose de las manos para el oficio de los pjés, se vería
precisado á tomar la comida <?on la boca; la cual, por lo mismOt dc-
berfa ser obtoqga, coivUbios duros' y gruesos y con una lenguada
esta misma, daray para que na recibiese legión de ías cosas externad,

■■I 1"i -r_ .. ...Origen dd
, 1 :.
komhre.
■,. . ■ ,1 - i-1 ,i-
529
' • í. ' rI : • 1j 1
corno..*? ve eti los otros ¿inimale^ Y coa esto cftspasicíp,n,quedarty
impedida el haila, que es pbra .propia y excl^iva dc lara^on*^,.
Esta es U conítfxu<?cioij propia, y v e r d u r a 4 4 cuerpo huoaainp»:
enteramente distinta de laestnjctura dc todo otro animal , inclusa 1
l^ dc loé monos antropomorfos, y por consiguiente imposible
ser derivada de alguna otra inferior por via de natural descenden­
cia. Considerando Quatrefag-es estadiferencia radical de estructuras,
qo ha podido ménos de proflunciarge .altamente contra ia doctrina
de barwin, y ha demosIxado viptorio^aiflent^TOn Uw ,(aí$itvp6 priiv-
cipios proefamados por el naturalista in g l^ q u e ^ h q o ^ f o h ^ I ^ ^
de hpber procedido del mono. Oigame^ ai profesor .Alfr !
tropología, cuyo raciocinio, cl^roj.y conciso* üo dej?i nada ty*er:
desear en esta materia. MEn la ¡teoría de Panviiv, escribe,! lastran*-.,
formaciones no se efectúan como quiera y en todos sentidos, síiiÓk
qye S911 imperadas por ciertas necesidades que lleva consigo Ir i
organiíapipn misma. Una vez modificado el organismo e a un sentM;
do determinado, podrá muy bien sufrir transformaciones secunda- >
rías, terciaría,», etc., pero, nunca dejará de conservar los raa^e-a rffcL
tipo priginal-, Estaje? la ley dt carocteri&aciott furmaftente, 4mét+v'
qu? .permite ú, par\vin dar cuenta de la. filiación de ios grupos, d*su-
cauterización,. de sus relaciones múltiples. En virtMd de esta ley'es
-corno todos ios descendientes del primer molusco han sido moluscos,
y vertebrados todos, los descendientes .dej primer vertebrado. Ya se
ve aue ella, constituye uno de los fuQdaonento3.de la doctrina.
-» _ ■■„1 í - 41
* u Habere italuram rectam conveulensfuljt hoaü^l prwpter fttafttr. W*1" . ,
dtqit ijnui sensns. sunt lUtl htriaífti ní>ü suhlkn ’stÁ vlblc nécessaná. p pcam uj^ j^ frn t
«lliciuitmAllbu, sed «tlftm i d rognowendoin. Uade ¿um c^t^nTrtrtóiJttJ^f'aeífe-
atotiu ín se&jltñUijtis «tai per ordtneax adciH osel moer*»., tojas fcrinüSÉflSfctftfar té
ipü pulcijritQdlacMaabüium secuaduui A$íp**fnkE>1 rdcoquU «osm priaci^ae vigmrt S
Infecte, alia animal in. haheut. faciera proaam Ad terrunij qulsi nd cibvun qnaereuduav
*t |wx>videndum síbi He victu: homo vero liohet fnciem ercetaw, ut per seoms et prae-
cijrtie p$r vijmtn, qul efit subtlilor et píurcs diffcreoíiRS rerum o&tcurlil, IjUere ponaltex
nntoi |*rte «untibUla eógiioacere, et codttitta el terrena: ikt ex enndibas IntelKgiblleui
« 4% l l verjUuooi. Setuttdti uthilefloftir Vtae? ábertu* »U*í operatione* hahe&nt: duifi;
ccrtbrüm, ]q íjuo quudnmmodo perliaaucur, qi>n est «tepressuen sed super aarauB
leu arrports clcvatunt. Terti{>} quia oporterct, si hoiau hitbs^jiruiULfi statumo, quvd
oterclnr manilxu loco anteriómm pedum: el sic militas itiapuupi ad dirersa ope^a.
Pettídtetida cá&SBrtt. Quarfjyquia. si h&bcret pronam abuoijun ct nterelur ihbqíI>us
l«0 «utarfofUm pedum; optrríeret qnqd elbum CJiptret ore1: >itt os of>Tan^um,
dura ct Uo^um etlRta ddr&tn, ne ab üederetar,' srcrút
1‘Mcl Lu nuimftjibai^, Ec, lalU tUijKHUki trninioo lnipedirét 4ncnticAeak, quae ®éfc-
P^prlow opus-ralionÍB.. (S. l'hoiau, 1. p .t q. 91, ttft. 3, ft«l J.)
5?30 Origendelkombre. '
nSígvese de aquí qtte dos séres pertenecientes^ dos tipos' di&tin*
tos pueden muy bien retroceder hasta un antepasado ctwwtt, euyo*
caractéres no estaba» todavía.bien.definidos, pero no descender-efe
uno del otro. Ahora bien; clhom bre y losm onos, en general, pre­
sentan, desde el purtio de vista del tipp, uncontraste muy marcada
Los órganos que los constituyan se corresponden, conto ya lo de-
jamoB indicadov casi' rigurosamente, término por término. Mas estos
órganos* se halhtn dispuestos conforme á un plan muy diferente. En
d hombre su coordmadon es tal que de ella resulta por fuerza na
andador^ y la del mono produce necesariamente un trepador. Esta
es una distinción anatómica y mecánica que habían ya. puesto muy
de relieve, en órden á los monos, los trabajos de Vicq d’Azyr, de*
Lawrence, de Serres/etc. Los estudios de Duvemoy sobre el go—
riHaylO*de Gratiolet y de M. Alix sobre el chimpanzé, han puesto
fuera de duda la conveniencia absoluta de los antropomorfos en
esté carácterfundamental Basta por otra parte poner los njcs en
el grabado presentado por Huxley, donde figuran los esqueletos, dé
los monos más perfectos al lado 1dej esqueleto del hombre, para
convencerse de esta verdad. • ]: •
wLa consecuencia de estos -hechos* en orden¡á la aplicación ló­
gica de ln ley de caracterización permanente, ea que el hombre ño
puede descender de un antepasado caracterizado ya como mono,
yá-sea éste un catarrino sin cok. ó ya con ella. Un animal andada
no [puede descender de un animal trepado?. Esto lo ha entendido-
muy bien V ogt; quien, colocando al hombre en el número de los
primates, no duda en declarar que los monos más inferiores tiad
pasado más allá del jalón (d el antepasado eamu*), de donde han
salido con dirección divergente los diversos tipos de esta famiKa „ ».
Sólo podrftuv negar los daroiriistas la exactitud de este discurso
diciendo que n i‘tas monos soft'por necesidad trepadores ni el hom­
bre-andador, puesto qwe tambiéii lo» monos suelen andar en dos
piés como el hombre, y éste en cuatro, como el mono, cuando se
leé antoja. Pero ésta réplica es absolutamente de ningún vafor: en
el estado presenté de la ciencia ya nadie puede acudir á tan vanos
subterfugios como-éste. La conformación del hombre es tal que
sólo puede andar bien y cómodamente guardando la línea vertical»
mientras que al mono sucede todo lo contrario. Si el hombre qutu
«iera andaf como los animales, po r fuerza tendría que llevar lá

t Re Qóftírdí^eí, jlwflaáwjrfiap. m, a. 4. Pañí, 1880.


Ortgm 'M hombre 53 V
cabía» junto al suelo» vueltos los. ojos hada atras y miranda¡ppr en­
tre los brazos y las piernas, siendo'éstas. más largas que los: brazos;
ademas, en esta posidon k sangre se le bajada a la cabeza y n a
podría vivir-asi largo tiempo. Por esta, causa los niños,-cuando la
blandura de sus huesos no tes permite todavía andar en dos pies, se
ponen á gatas,.con piés y manos en d suelo; pero no apoyan su,
cuerpo en los-piéspropiamente, sinó en las rodillas, para mantenerse
eaequilibrio estable y tomar la postura ménos incómoda que puede
tener aquella'edad incipiente al tiempo de ejecutár sus movimientos
de traslación, ' Y áun el andar á gatas es pac» eüos sumamente
molesto f porque la cabera les pesa enormenieflftei s i e n d o w i y >
voluminosa exr eihohnbrey casi nukveltendon cervical quesirve
para sostenerla; razón por. ia cual no suelen conservar esta posidon
mucho tiempov s¡n<* que buscan bien pronto otra más descamada,
ora se&tados, ora tendiéndose é k> largo en el suelo.
Todo lo. opuesto acontece á los.cuadrumanos; su postdon r natu­
ral y descansada al ¡ejecutar sus movimientos de traslación por el
sacio, estla de todios los? cuadrúpedos* así es que entonces tienen la
cabeza en el estado que les corresponde, sin qne per & misuaojJfí-
dbaui de ello molestia alguna. El tendón cervical, que llevan .muy
üierte y robusto;para sustentarla en conformidad con todo el tipo
cuadrupedil, les libra de todo trabajo en este estado, impidiéndoles
sentir su peso; y por otíra parte, siendo, en estos asúmales mas iar~
gas, k a extremidades anteriora» que. las posteriores, la actitud que
tQtn^itodp su cuerpo al poner sus cuatromanos en desuelo- es ver—
dederaqa^nte'airQsa coa la cabeza levantada» üb red etod o golpe de.
wugTe y perfectamente dispuesta paralas fundones dej*eiacioa. $or
d contraigo, la actitud- bípeda iles es<violenta, no, pudriendo, andar
largo tiempo.en dos piés* y áun entónces jjo van rectos.- como el
hombre, sino incUnados hácia adelante, empuñando gustosos un
bastón pana no caerse ; si quisieran ir enteramente rectos,, darían un
himboháda atrás.
Todo esb» indica que Ja pesicion natural en el .hombre.cuando,
jecuta sus movimientos de traslación, es la bípeda,, y en los. cao*
nos* por el contraíio,ia cuadrúpeda. Pero aún hay otros caractéres
Wty expresivos que revelan esto mismo con toda dapidad; ¡nQteoios
«quiera algunos ¡de ellos. Primeramente, la cabeza en,el. hombre»,
sumamente, pesada por la gran cantidad de cqasa, cerebral, .quq le
era necesaria para los actos dc la vida cognoscitiva, descansa poco
más 6 ménos por la mitad de su base sojbre elextremo ^peripr del
53 ? Origen M hem&r^
espinado, sin oc<^¡da4 d ii-^ 3pstcaida ppr d tend^^ervicai dcj lo.s
cuadrúpedosT p<^. músculo alguno poderasQr\destin^do, $ epte £¡(ec?
to. v&n.Ips toqqos, por el contrario,,twns .posi^ipn foguy^Uerp^-
t^KíflOr/ise. une. con la colqToiw dprsal, sií)ió p,oi; ua,.exü';enio dC|Su
ljftsej nooesitandQ para 3er saeteo ida, el U fi^ n .^ y it » ! jdicbj©, 3
p*$ar de serm uy ,|#co tpewfc rql^tiy,amenté á^Uni^fs^ra^ Pp^danT-
! k 3*.*$-ía**fcJ*P.«s|í,^l!WÍ¿ja,pft el,moi?p, c p ^ . el¡ jipmbre,
pM»íd#9FaniV;.^pi?ffí ^ i n ^ p .c o l a d o eji, ej, sentido vertipaj,
stnó^ara estar pendiente de él .por medio, de ^p3.mÚ3CT^og y dpi
tw^bredicho tendón; Jo cual., en otortjs ténmpps, q^ere íje d r.q ^ la
relación anatómica de la cabera con el espio^pirec^r^.jpafa l^
marcha en el hombre Jaestaciopv^rti^I* y en $1 pnono la, .que cor-
r«*poad$ á¿osf cuadrúpedos. , .. , •.
■I„¡i^$e^¡^doJugar,,la conformaeipu d<?l brinete y de los a^ujk*
diaendo £3to fnt^no cii t4sra¡-
nos tanwpresos.que n<? qpnsientpn lamenorduda- El ba<cioete en
elborabre, ancho y sólidamente construido^ al paso que sirve de
apoyo seguro á la coluqqpa vertebral ^permite á ^ .pitrjjas .en^an-
char.se convenientemente para que la base, de sustentación ep, el
siielg sea mayor, hallándose los piés^separados uno de a^pa; las
cav^dade^ ráei^iesfáric^s que presenta,en el lady, derecho y .£i\ $¿*.7
qyierdo para quepflL /¡lias encaje ,}a uní} y .^tro .f^riiur,
o*$a myrandp al §Hdo ^cu^ndft.el .homb^e ^ encuentra de .pié; dp
auedte^ue.las pierias quedan perfectamente perpendiculares al ho-
rÍ2¡9nte^ y pnedpn servir. de columpas á todo el resto, del cuerpo.
El fcue&o del muslo, <S sea el.fémur, se tedia de tal rnancr^eocajadu
en la.cavidad iliacaquc puede raoverselibremente en diversos seo-
tidosi para sustentar en diferentes posiciones el peso delcpprpo* 5Ín
qmepqr eso. corroí .ordinariamente ppljgrp de dislocación por sor
nHiy íuertcs las^aduía^ qne Lo tienen muy .amarrado, é fmpcd>p-
s((|q/l^ 1^nfisrpa^sip^i.dc^ l^jni&na, cavidad donde se mueve. Atte-
mas^ deJLccntr«¡dfresta cavidad sale, un tendón robusto que se adr
fyftty», faerj^ n eatc á Ja, cojrpftifla, de la cabeza del fémur, lmc¡endo
queeste h*teso no pueda gi^ar á ningún lado dentro de la referida
cavi4&d.*:9>n<5 qn, cicrtos. Uqoitesínuy marcados. Este es el, oficio del
nteocionado tendón, no el de sustentar cl peso de la pierna , poniü
pudiera*parecer á primera vista;; pues la pierda se mantiene unida á
lo restante del cuerpo, adhiriéndose fuertemente la cabeza del fémur
á la cayida¿l iliaca por la acción constante de la atmósfera que por
todas partes nos rodea. Asi consta de las observaciones 4.9 VFebqv
Origen xltf hornlrtc. 533
profeáot' rfé Lcipfcig, según lo hallo esfcrito crí íá obra -dé Ztrtmer-
iñánh, TntituliidáV VhóindiiF%'¿1 pártafo que tiehe pór epíg^afe-teá
Fiíguieírtes palabras: Móde dáffertásdrrhtntde la janibe dtr fih&fkirte'.
Esta es la estructura del bacirtéte y de los f¿tfttírt3 fcn el'hombre1,
fa cúdl prueba cola todaevidendáhaber sido hecho nuestro1cuerpó
piía lléi/ar en fa m a rch a la pbsicron vertical; porque sólo así puew
défe «¿ervu1 las pifemas dé columnas firmes para la sustentación del
ttehco, al 'rfeVéá dé loqiíeSú¿éde á loscuadfumanós, en loscuales
el bacinete és estrecho y oblicuó, y no dirigehácfa él suelo las ca-
vidadés Hiá6oá Sintf cuárido el espinazo dei anim^aé'háíHli'püiesto
en ef Mentido del horizonte; señal1manifiesta de qütíéstáuy ‘ÉffcT'ótpa
«fc la posición que te conviene pira frn&fehá.'^' '' ri J * ^ 1«■
Pero todavía se ve esto con más claríddd ¡bórtsidferando 1daM ttfés
delhombre y las martos po3tfeWbtt& del mono; pues ál paso que
ácjüéttbs están Construidos para sústentar sobre sí como bases firmes
$ pesó dé todo el fcuerpo, éstás nti sirven sino Como instrumento»
de aprehensión, siendo por esta causa verdaderas titanos y no píés;
¿diño en él hombre. “ En el hombre*, escribe sabiamertte'Godron!^
el pié es áúcho, la pierna cae perpendicularménté sobre él , eMfclóh
es abüítádo en su pirté inferior, y los MiéábS déi tarsó y1 del rttéttt*-
táfcó' forman uná especié de bóveda que protege'cbttfrá la eortipré^
sibil tós'inúscülds dé' la planta del' pié; lo s1dedos son cortos y con
movimientos rhuy limitados; di pulgar*, más grueso que los otros,
estátolocádo siobre' é l mlácrió plano tie k!>s demás ' Jr no les es oponi-
tó.'lSste pié, por consiguiente, está admirablemente construid*
paira r¿cibir sbbre" sf «I pesió dei e tierno, pero ntí puede seFvfc* itíi
pira ágari-ár his cokás ni para írépar;Hicx se párétíé b in a d a ^ las
extrettiídades superiore5, qüesoh las mafl.b¿, iristfrímiénto^ peffe¡ct<tó
dé aprehensión, pero no dispuestás para la ló'eomoóion. Por tanto,
el Hombre débé sostenerse sobre sus dtís ptés Tfoicamenté, conser­
vando así la libértad entera dé stfs manos, instrumentos admirables
por la extensión , por la variedad y "p b rla precisión He’ sitt movíj-
mlentcís; las cuales se hallan eh esta forma perfectamente érdcna-
das ad servido de la inteligencia. „ Y para que estas bastó delcuer-
P° hutóahd ho flaqueasen dejando Salir de-su Ibgár ó inclinarse twá-
ádeláifté las dos cólúmnaS qüéen ellas déaCánsan, yd&ndcj asi
con tódá la cfct£a del cuerpo en tiefrk', ^ntoveyólaiel' Criador1de
' 1 ' ' 1 -!•' (iü.'.-i. •: •. v.' ¡i
í> ¡ . 1. , f ■, j ^ ^ (1. .( ^ ' , | í {
r Godíon, Dt tu fitt (t ií(s races kaits la itrts wgamrctl tum. iif Hv. ni, cfittj>í-
1«,‘. V*g. I¿4. PÍrU; 1' f¡* |
534 Origm de/ hombre.
fuertes Ugaduraá que impidiesen estas desviaciones y qué mantuvie­
sen fijas las tibias eri los tarsos como una columna én su pedestal.
La acción poderosa de los músculos gemelos y del sóleo hace que
c) peso del cuerpo nó pueda doblegar la pierna sobre el pié, dando
así at hombre, colocado en la estación vertical, las condiciones de
seguro equilibrio.
Muy otra.es ciertamente lá construcción de tas manos posteriores
del mono, pues toda ella está dirigida á hacer dé esta parte del
cuerpo un instrumento de aprehensión, y no una base de sustenta­
ción , hallándose el cuerpo en la estación vertical. La pierna de]
orangutan no cae perpendicularmente sobré la planta de la mano
posterior, sino con cierta oblicuidad ; de suerte que el animal no pisa
el suelo con la misma planta> sino con él borde exterior de ella, en
un modo semejante al que suele acontecer álos hombres qúe tienen
ei pié" contrahecho. El pulgar no está én el mismo plano que los
otros dedos> ni tieúe tampoco la misma dirección, sino que forma
casi un ángulo recto con todos ellos, y presenta cierta curvatura
hacia adentro en forma de gancho, quedando al aire cuando el
animal se pone á im itar 4a marcha del hombre, La misma ciin/atu-
ni se observa en loa otros dedos, que tampoco prestan auxilio al­
guno para la estación bípeda, pues todos están encogidos y sin
tocar la tierra,, sitió es el más pequeño, que la toca oblicuamen­
te por su borde exterior. Esta conformación de la mano posterior
del orangutan manifiestamente está diciendo que no ha sido hecha
para sustentar al cuerpo en la estación bípeda* sinó para mantener*
lo asido por medio de la aprehensión de 1os objétos como verdade­
ra m ano; puesto que, estando el animal sobre sus dos piés, losde-
dós de éstos quedan libres sin apoyarse sobre el suelo, lo cual no
sucede cuando el animal trepa por los árboles agarrándose á las
ramas con sus cuatro manos. Y esto se hace todavía mucho más
evidente al considerar que d músculo de la planta, destinado á do­
blar los dedos, es en el hombre de poca consistencia, porque los
dedos del pié humano no son para asir las cosas y tenerlas fuerte­
mente apretadas, sind para dar flexibilidad at pié; y en el orangu­
tán, por el contrario, es sumamente fuerte y poderoso, y ademas
pasa por la parte más prominente del talón; lo cual significa que la
estructura de este hueso no es para sostener sobré sí todo el peso
del cuerpo, porque de esta suerte el tendón flexor de ios dedos
quédaría oprimido é inhabilitado para su función propia, sinó para
otro objetoTrtuy diferente.
Origen del hombre. (535
En el chimpanzé se nota una conformación semejante; cuando el
aniopal camina imitando la manera del hombre, se apoya sobre el
talón, sobre el dedo pulgar y sobre el borde externo del pié, teniep-
d¡9 sus cuatro dedos fuertemente cerrados, en términos que no tocan
la tierra sinó por su parte externa. Dígase otro tanto del gorillay
del gibbon. Del primero de estos dos cuadrumanos, llamado hom­
bre ¿ahaje de los bosques por los africanos, y tenido por verdadero
hombre cutre los antiguos, se han creido cosas fabulosas; pero el
inglés Du Chaillu, que ha tenido ocasión de observar sus costum­
bres v pueato que se Jja internado en los bosques .del África para
darle caza, y lo ha perseguido hasta en el fondo de sus cavarais,
logrando salir con su intento, las desaliente de una maner^ ex­
presa, en especial lo de llevarse las. mujeres y vivir con ellas mari­
tata ente largo tiempo sin hacerles ningún daño. Hé aquí cómo des­
cribe las cualidades características de este feroz animal, verdadero
rpy de las selvas africanas por la fuerza colosal de sus brazos: u El
gorilla, dice, habita pareado en los cañaverales de las ciénagas
africanas; no vive sino de plantas, trepa poco, duerme sobre el
duro suelo , apoyada la espalda sobre algún peñasco ó algún árbol.
Sólo en su menor edad busca los árboles para dormir en ellos. Su
marcha natural es la del cuadrúpedo, ó al ménos el ir en dos
pies le causa mucha incomodidad, y sus piernas no le permiten an­
dar sino Leutaqaente. Si quiere correr, pone en tierra sus manos de­
lanteras. Éstas son muy largas, comb también los brazos; ademas,
el gorüla encoge en la carrera las manos posteriores, haciéndolas
asi más pequeñas; de suerte que viéndolo d eléjos y por detrás
agazapado, fácilmente se le podría tomar por un negro contrahe­
cho. Los que tienen poca edad huyen cuando se les persigue; mas
los viejos, sobre todo si son machos, se ponen derechos, extienden
sus enormes y nervudos brazos, y se lanzan balanceándolos contra
el cazador, Frecuentemente se golpean también el pecho con el
puño, causando con esto un sonido cavernoso que resuena á Lo
r 1. f

Pero no es sólo la estación vertical la que separa al hombre del


mono aun en la misma parte material y orgánica que pone entre
uno y otro alguna semejanza; la conformadon, asi de la cabeza
•como de la mano, qye son los órganos de que el hpjmbre, se ¡sirve
r .. '
1 tai Chalilo, iE#pttratimt ^(htmíurrr m> £fu*Jorú¡JúAfrica. Landon* jlS6j .
«í Citado par Zimina-innaa cd su obra iutitillada: Uhemmty e ic „ jnig* t
5,3.6 Q.KÍgW koM brc.
pora concebir sus penaamientop yppfltejrlcíS, pnabi#, .estíifolecenuna
barrera inmensa, que hace ii^ppsible, pp^£#floplet9 e l. parettteaeo
ncal'ygenético de¡entrambosséres., í j ^ t r a #040iwaimpIjtjinB*
triímfeirito de ^prehensión mecánica, que te^ga^pofobjcto splamente
Satistacér 1ais necesidades de l«^ vida qjúinaf,, corqo sinjede ,cn,, sf
tíiprto, sinó que está hecha muy principalmente paira lfis,qbrasdc
ingenio en que tanto habia dc flprecer la ,indi^istna huxnai>a;) y en
¿fue era necesario ai hombre ejercitarse para sujetar á su imperio ia
materia y hacerse dueño de la creación eptera- Considerado ftsiúa-
merit¿ ei hombre, nace ménos prqvjstoque; los deraaj^-íujimalesdC:
armas suficientes para defenderse contra todos lo^ elerneirtos, que
puedan poner algún obstáculo á la conservación y propagación d t ;m
eápecie! Viene dqsnüdp al mundo, sin tenor opaque cubrir sue car—
pár^ defenderlas de las inclemencias ^ . tiempo; siendo así que
toaos tóá'demás anímales traen su manto de plumas ó depelo.jíe”'
gún las1 necesidades de cada uno: tampoco tiene armas poderoaas
con que re c tia ^ lós asaitos de las bestias fieragi; la^ cual.e^j, llevan-
tíoíe grandísima ventaja en la fprtaleza de sus miefnbros, y e n l o
acabado de su armamento, pronto huíji^ran ponqluidQ con todofi
los individuos del género humano á no haber^ sic^o,,é stos .prpveidos
pór el Autor de la naturaleza con un Instrumento s t ñ . ca­
paz de hacer frente á todas ell^s. Este instrumento admirable y
jxirteiitoso es la tttptw, puesta bajo el inflijo, de. la rawq que la. go­
bierna , por predio de la cual fabrica el. hombre qbras <£qjndit$trw
qué fe Hacen infinitamente superior á cu^nfa$ batías feroces han
poblado y pueblan la redondez de la tierra.. Con ella, ha vencido li
fiereza de los leones, persiguiéndolos en los bosques matándolas .tjrj
sus mismas madrigueras, ó cogiéndplo^ vivps para aprisionarlo? y
hacerlos servir á susgi+stos y ^apricjios; con ella ha a^oitafedo
á'ese .grande coloco de los maree, la ballena, ,en los helados mar^s
de] Norte, haciéndole huir de. su temible presencia, y. aun aUi mis­
mo lo persigue coji sju mortifero arpon para darle caza- y sacártela
enjundia que necesita para los usos y comodidades de la v id a í;^ 1
ella se construye elegantes viviendas y se teje riquísimas telas, que
no solo í¿ libran de las inel emendas del tiempo, más aún, le graPr
jean el regalo y dulce bienandanza en este suelo ; coi? ella d^ja,es­
culpidas en el bronce y entapadas en el mármol 1^ sublimes $Q$r
ccpciones de su fantasía, é imprime en luminosos libros los altos
conceptos que han brotado de su inteligencia al calor de la medita­
ción sosegada sobre los grandes objetos de la Metafísica, para, que
Origen rfil hombre. 537
vcHrt lm Wiiídenoft eTi t’odo 'eiló los poríáimos goces de la vida del
espirita; 'Ceta ella," frtiálñtehté ¿taladla las montañas y pone, en
aomühicajcióm tírtds tüáres fcóVr ótróí I, púetla el Océano de vapore^
qlflfOfleri ^déáfifia^ fe W áveiá de sus encrespadas olas, y ¿ende
po^todd 'éV ratrrtdd alia rikl irirttoensa cíe ferrocarriles en la tierra,
y1ot^ 'de^llilo^ ldegráfrcós en et aíre, para hacer de las nació-
ncsbufflánáS'Üiiá; 30T¿dudad ,1 esparcida por todos los confines del
gfob&v'i ' i
Kiste es l a ;Itttttio' de! hom br¿, éste es el instrumento de que le
dütá^tfiSti^emó^Hadédóriá! criarle, para que él mismo i?pn la ¡n-
du*tri&!desuihgériio ¿UpAes*' aplicarla a 1ás obras a rt^
ae de cate ‘rtoodb den Veces 'máspoderoso qúe,las bestias más^fuer*
te» de 1á tferraí ífistnlmento tóuctio más ad mirable que cuanto^
oíroste pudiera dar el sóberáno Aütor/porque en él se hallan en-
cerraáds! todos ellbs por uiiá Vnahera eminentísimat con grandes
epecea y wentájafs para quién lo posee. lJor eso en esta ohra maestra
i€ iHúcásñta, como la llama M. Cruveilhier r, se hallan tan maravir
liosamente dispuesta* todas las partes» que podemos ejercer con
día todá suerte tfe movimientos, ora fuertes, ora suaves, ya,en un
sfc*tád&'t yft eif otroi üoíiiibiendo ni una sola parte dq nuestro cuer­
po á dónde no pbefomos llegar Con nuestras manos. La estructura
rtel metacarpo nos hábíKta para produdr acdoues poderosas con
nuestros:bracos y la deUcádéí» de los dedos, unida á su flexibilidad
mAíHVÍllosa y á lá1propiedad que tiene et pulgar de poder ser opues­
to íü cada üttb de ellos, hice de huestra mano el instrumento más.
Apto de büajrtos se püdiéran imaginar para el fin de servir á la inteli-
^fcftcia en laelaboradort de süs artefactos. Nada de esto se encuen­
tra en 1* mano delm ono; ella puede servir mtiy bíen, Tó mismo que
el brazo, de faertes tenazas paraprender y tener asidos los objetos,
porque este'es él fin (tilico ti que la destinó el Criador poniéndola en
el cuerpo de un animal, cuyas acciones' nunca habían de pasar la
raya de la actividad sensible; pero es incapaz de toda obra verda-
Jeramente* artística. El pulgar, mucho más pequeño proporcional-
mente qúe el del hombre, no eíopónible ¿ lo s otros, y éstos sólo
pTCdeii abrirsé y cerrarse moviéndose siempre en un mismo sentido,
como una máquina destinada á una sola operacion; por donde rd a -
ranvettte sé ve- que en el mono ías manos anterioras no son más
'1¡ : i , •' • 1 --; t •'1 ’ • •' •’ • • ■ ■L -- :

i ‘ Crüveílhlw, Traite<i\4 natem. diteripti, touw ft pág. í<Mr (Citado por Bioncúni
*** ^• prtrkíM obra Stmrulada: f,¿ tkforit ifártviuiíMe etfa ctéatita, pig. 52.)
53 8 Origen de/ hombre.
perfectas que las posteriores, y quede ellasá las.del hombre media
una distancia verdaderamente inmensa. .. . ,
Veamos ahora la diferencia que existe cutre la cabeza <lel,hom­
bre y la del m ono; lo cual Importa mucho en la cuestión que al
presente nos ocupa, pues todo el mundoconfiesaque se bailarín-
tintamente relacionadas en los diferentes animales las condiciones
del cerebro con las operaciones del sima. Para hacerse cargo de
ella basta eohar unasimple ojeada sobre el cráneo 'del hombre, y: el
de tos monos antropomorfos más perfectos. Al instante se observa­
rá qué, miéntras todos estos cuadrumanos se asemejan maravillosa
mente unos á otros en la configuracióngeneral deestanotable
parte del cuerpo, con el hombre no guardan la más mínima propor­
ción en est?. parte. La cabeza del hombre-se aproxima mucho i la
figura esférica; la del mono se presenta ,b»jo úna forma oblonga y
angular: tn. el hombre las dos terceras partes, cuando ménos, cqü«-
titúyen la región del'cerebro i en el mono estas dos terceras partes
están reservadas para Jas mandíbulas.: como que la vida del prime­
ro es principalmente espiritual ¿intelectiva, y Ja del segundo pura­
mente animal. Oigamos á M, Godron trazar breve y circunstanw-
damente estas diferencias; aunque mucho mejor seria ver coatos
ojos del cuerpo la figura de todos estos animales y la del hombre
puestas una enfrente de la otra, según andan -impresas en los libros
que tratan de estas materias; Las diferencia» entónces aparecerían
con todá a» grandeza natural, y harían piás evidente i a verd ad , fde
nuestro aserto. Dice, pues, el cijtado escritor: “ L a c o o formación del
cráneo del hombre adulto, áun de raza prognato ( ó sea de ceffhrf’
deprimido) comparada con la dc ios monos antropormofos que h?n
adquirido ya su entero de«arroUo, presenta una.diferencia enorme,
y de seguro que esta comparación no ha sido hecha sobre las mis­
mas piezas anatómicas p orei autor que escribía! no ha m u c h o ,
frase: 11 Hay casi tanta diferencia entre el cráneo de un europea y
el de un etíope, como entre el de éste y el de un mono. „ La cara
del orangután ó delgorilla, por ejemplo, en lugar de formar, como
en el hombre, apénas la tercera parte del volumen total de la ca­
beza > forma más de sus dos terceras partes. El cráneo del hombre
os liso y redondeado en su superficie; el de los monos antropomor­
fo» adultos está levantado con crestas huesosas muy sal¡entea¡ílue
limitan casi en todo su contomo la cavidad de la sien, la cual en su
parte posterior se extiende muchísimo y es muy profunda por
lante y por debajo á causa de la desviación, de los arcos cigoxná^"
Origen del hombre. "539
<£>»' en ^ésta cavidad ae encuentra un músculo temporal muy pode­
roso y destinado á mover la. enormemandíbula inferior. S is e mira
el cráneo d d hombre por su cara inferior, siguiendo el método de
Owen, se -adviecte que> cortando por medio en ángulo recto el
diámetro longitudinal presentado por esta cara, esta linea transver­
sal toca et borde anterior del agujero occipital, miéntras que en ti
-orangutan este agujero queda en medio del tercio posterior de di­
cho diámetro-. Ix?r arcos cigomáticos en el hombre se hallan ente­
ramente comprendidos en el tercio anterior d d plano- formado por
la base de la cabeza; aJ pasó que enel orangutan estos araos, mucho
nías salientes hada afuera, están cortados en su mitad por d'diá­
metro transversal. El occipucio, muy combo en nuestra especie,.
■está deprimido en nuestro pretendido pariente^ Por fin, en el hom­
bre el ángulo facial varia de 70 á 85°, y en el orangután adulto no
pasa de 40p, Ciertos autores le dan hasta 6o°, pero hablan del
orangutan jó ven, y aun esta medida nos parece exagerada. Tam­
bién el hombre al tiempo de nacer tiene el ángulo facial más abierto
que en la edad adulta, y llega ordinariamente á los 90o. Lacompa-
traioh, para ser exacta, no debe hacerse sinó en ía edad ¿del com­
pleto desarrollo... Según Owen, el ángulo facial dé! chimpancé adul­
to no pasa dé 30 á 35 Dt y el cráneo en esta especie parece colocado
«nsiü bien detrás dé la cara que encima.
* El cerebro de los monos antropomorfos presenta circunvolu­
ciones mucho ménos numerosas y mucho ménos profundas que en
d hombre. En cuanto al volumen relativo de este órgano tan im­
portante, las diferencias son enormes. Vo he medido la capacidad
de tn cráneo europeo de magnitud media, valiéndome de un medio
análogo al qué ha sido puesto en uso por Tiedemann; Jo he llenado
de aren» fina perfectamente seca, hallando ser su medida de 1 li­
tro >53; la cavidad del cráneo del orangutan adulto, por el contra­
rio , no ha podido contener sinó o litros, 44. Si bien este procedi­
miento no es riguroso, tiene sin embargo lo bastante para darnos
una aproximación muy grande respecto de la verdad. Ahora bien;
de la experiencia que acabo de citar resulta que la capacidad del
cráneo del hombre, y por consecuencia el volúmen de su cerebro,
■son cási tres veces y media mayores que la 'del cráneo del óran-
fiutanY*.

1 Godroa, J)g f tsjftct rí Uu races dms Us etrtt org&úii/Ttomo tr, Mv, in , cka'ji. 1,
ttf&na J27-Í3&, París, 187a. • 1
54 ^ Ortgm hó)n6 ri.
títt vista dé tátiénormes tftferériclás ctírhó mtdiá'n"éntre 1¿ cdbézi
del Hótñbfe y la d élm O n o ; hoésdemaravillarq'üetikstá loémíStóoS
transfomñnstás liayan reconocido lá existertetd áe un inmenso Vacio
efitt-é uriá y ótht efese dé sérés, halláridbse' todo' fo' réstiaiké del1
«■ f h J ‘ i i I I , ri
ctíérpó éti coíistahté arthóníi ¿on’ é & i paité t¿il p rih d p a l,y <jué
áúh hayan confefcido rotundamente no poder sér considéfado eí
hombre1Corrío una derivación natuiraí dé los morios hoy día éxisteii-
té&e&Wirníiiido. ’'1' 1‘ '
'T S rá qúe veáln biennuestros íectorés tófa impóttánté confesión
que acabamos de mencioríar, vamos ¿ poner aqút algunos testimo­
nios dé estos escritores

,:
p
tomándóTos dc ¿a> Civilth
| t
Caítoliéa, ,,'doild^
; | #i ,r i ’
ios hállamós reunidos *•. “Las difererteiasque existen, escribe HuxleVj.
ende éf Cráneo de un hombre y el deí gtárííia, son enormes. La¿
¿íésé'rnfejáiHSás éhbrc él hombre y aqüetlos mismos monos que tíehiert
üfrá '¿Pj^ÉniiaclÓn más pe/feetst son graíidés é importantes.' Todo»
loé HíiéaoS del gbtflía Hevarí seilaléé por’las cuales áé pueden fácil­
mente distinguirde ÍÓs; hueé^B aiíá1o£os dél hombre „ *. En'ló*
mismos términos se expresa Bdchner diciendo: Cíúardémbílos dé
disminuir dem asiado lás diferencias anatómicas que existen éntre él
hombre y sus afínes de la clase de los mamíferos. Éstas diféréiiciáíí
son tales, que basta al experto anatomista echar una mirará sobre
cukli^uiéta parte un1 poco caractérístifcíí det cúérpo, por ejempló, ti
é3é¿fcfétetó>¿!_'píW ÜiátMgíur ’ál homW é^él áfrbnáf Y Moleséhotí
*T£Í’ c¿rebr¿Jdéí hómbrt* escribe, tántO pór la mole como poíla*
forma de sus circunvoluciones, se distingue de1cualquier cerebro de
mrino, y mucho más dél de los otros ¿nimales nl;*. Él tnisraó len-
jrírajé sé observa en él líbrode Üar\Vln ¿obré eí Origen Úrt hwnbté *.
Y el C&nésfrinn “ No conocemos, dícé; especie alguna dé mbWó
qiié M i^ de 'frárísítoi^ lá nuestra, S f q^íérám os fúíVadámente dí^
ri^ár al hombré deí mOntí/seiia necesario buacar sil cabeza ¿rí
aquél]ofe péqueñóá taiórtOs 4ue séágrüpart en torno de los cebos y
dé íoü uistitisla Vnaftó ertelchimpanzé, el esqueleto en el siamarrg,
eféértlrfb en 'eí órártgot£ri , ti ptéen él goHIla. Si itá sé toman ^
cüénta fas dientes, es' cierno' que en el aspecto general Fa cabeza düí

'í ' Véaae el míiúéro dt ¿O'de Abií) de tóy? de la dtátta revlsli, 6 qiíe 00¿ rííÁ>-
nu>H en el texlu.
i Ztugnisst, etc. T pág. 115.
3 £ 1 katnbrr ctmsideraeta icgttn tai rtrtiU udoj dc fa eiekeié. l?4)rle «¡£vd¿*.
4 Der Krtislauf Jts Ltbtat, pég. 413 j Jilf’uiefltts.'
5 Cap. iv.
Qrig&nyeic¿ hopz¿?:e. 54 ¿
ccbot de.lp^ vistiíís^ de las espacies afines seaseraeja, ^unquíicn
miniatura,, al, crrán^o dq]; jiq^Jt>re .l^st^nte ínás, que el cráneo dql
goniía adultof del c^innpaníé y d^l qj^j^tsu»,; cuerpo idei flhif?»-
panzéy cjel j?ornia tí<:a? eli^isrn9 númpro de huesos que el ciieipa
del hombre, ajp aso que el orangután tiene un, hueso ig.teraared¿a
p^icuSari que sc .encuentra en totjpa los otros monos; el esqueleto
ddI pjaman£ se asemeja alhumano en el esternón» en la forma del
tórax, en las'costillas y en el bacinete bastante más que el del.go­
lilla, del chimpaiwé y del orangiitan; nue^ros estadios han demos­
trado, que el cerebro del orang^teip tie^erpip $o&,frl. Uu7
mann. que el del chimpanzé.Dcbcf^mos.por consiguiente j>^sca£
Ips deUnearoentos 4^.1. hombre c o r n e o , eionps •^iyepos^uno. cip
América, dos de A ((j^ , uno de Bon^o, otrp de Sumatra. L,qs
priip^ros prpgenjtorca del hombre estaiílari tan esparcidos por el
globos que, con dificultad §e podrla p^ns^r cn un origen semejatv-
te|M V ogt, finalmente, preguntando si “ podemos encontrar al-r
guno? agrados ioterínedios con que llenar el vacío que sifippre^p^-
r$ce entre él mono y e) negro, „ u es posible, dice t que.
M^.eu algún lugar algún mono que se acerque pnás al h^rqbr^q^C
el pero fundar una conclusión sobre esta posibili^ ací,
ug,aiocurji p , i; . j;.( v ,
1 /\^í. habían los tca^síormista$, no pudiendo mém>f¡ de dar testi-
(Qpj^O: á ¡una, verdad- j^lpabj^, como es la diferencia inmensa
^ue, separa, al horpbre <Jel mono. Sin embargo» como dejar la cosa
ea esíe.estado sería Ío *mstnpqu<e dar traste cpn toda ía teoría, eje
far.eyp^ci9in ep órden,á y a tieoen buen $ u -
dadplps referidos, autores ¡de adyertir-qu^ tod^s estáis diferencias
dejan todavía. ^ pié la doc.^ipa ppf ellos defendida;,,porque á.una
nrisma £lase » aparen, pertenepejo t o l l a s e s p e d í ide iconos que
«#iste» hoy rdla eo el .mundo, y, sin embargo, algunos .-de. estps atú­
fales distan más entre si por razón de .su estructura corporal ele lo
que dictan mutuamente, el.ne^ro.y el mono má$ perfecto. * Si hay
dífqr^ncias de cpnfprm^ion,, escribe Huxley, .por las ci,iales sp. dis^-
tingueel hombre dpi gorilla y del chimpanzé, no sonernpero .tan
esenciales como las que existen entre estos monos y los inferiores „ 3.
41El hombre, dice H ^ ckel, no. puede ser separádmete Io5 verdade-

;«■ !i' [ ' ••• • •■


>•
> Orígiru 4 tlt NpNin, cap. ix. ....... (
3 Votknntxmt i , jiág. 3 4 4 ........
* Svidmet at ta man '* pUtt m u¿Jnrr. ............
54 2 Origen d&tkombré:
rosm onosvporquebajo todos respectos tiene él más afinidad coa
loa más elevados entre éstos que ellos mismos Con los más ínfimos
de su grupo „ I- Lo mismo exactamente afirma Darwin en eJ capi­
tula primera de bu Ubro sobre el Origen d e i hombre * citándo las
palabras de Vulpiano; y por lo que hace á l^s diferencias origina*
das de la estación vertical» añade allí mismo que todas ellas son
caractéres de adaptación* y por consiguiente inútiles para -establo*
cer unadÜerencia esencial entre el hombre y el mono *.
'Vanas respuestas. En primer lugar, áun cuandw supusiéramos *er
verdadero lo que estos autores falsamente afirman sobre que es
mayor la distancia con respecto i ta estructura corporal de algunos
monos muy perfectos á otros del mismo grupo que la que separa al
hombre del mono, ¿tendrían razón para asegurar que nuestras ra?
zoiles aatda prueban en contra de su teoría? De ninguna manera.
Lo único- •que se inferiría de la sobredicha suposición es que con
todas esas diferencias podrían muy bien pertenecer1los monos y loa
hombres.á una misma especie, si oo hubiese otros motivos con cia-
yentes que lo impiden. Pero la cuestión que traemos ahora, con loa
transformistas no es ésta, sind otra muy diferente» aunque estrecha
mente ligada con. ella por lo que hace al derecho que nuestra con­
clusión nos confiere en este debate, en órden á inferir de día la
diferencia esencial entre el hombre y el mono. Si el hombre no. ha
provenid» por via de descendencia natural de mono, alguno*teñe-
mos jiASttstma razón para afirmar que su esencia no es la de un mono
modificado. Pero ahora no tratamos directamente dé esto segundo,
sinó de averiguar si la estructura corporal del hombre ha podido ó
no ser derivada, por via de descendencia natural, de la estructura
propia de los monos. Para esto importa mu^ poco sostener que la
diferencia corporal entre varios, monos es mayor ó menor que M
observada entre algunos de estos? animales y el hombre. L o que
deberían probar nuestros adversarios es que con todas esas diíc-*
remáas tan profundas como ellos suponen entre una y otra variedad
de manos, todos ellos sin embargo han brotado.de tut mismo ítmcom
siendo lcnta'y gradualmente separados unos de otros por la acción
ciega de la selección natural. ¿Cómo prueban esta proposicion? La
suponen simplemente como una consecuencia del sistema, y ninguna
razón sólida aducen para comprobarla. Mas esta suposición esté en

l fiel origen y de ta genealogía A l ghftrt ktmmo.


• d * rw is1 77u áueémíáf n^a» , toL i T p , 190.
Orig&i di¿ hombre. 54^

pugna'abierta con los hechos, no ménos que todo el sistema gene-»


ral». La Rekccion cie^a do tiene virtud para producir tan maravillo-
sastrarvs formaciones; cada uno de los monos, perfectos ó imper-!
feetosen su clase, tiene todas sus partes perfectlsimamente adapta^
da» al género de vida qúelecaract eriza y á las condiciones locales
ddsuda en que vive* ¿Cómo ha podido el puro acaso, sin conocí-*,
miento alguno de órdenv y sin propósito por consiguiente de reali­
zarlo, producir Ida .ordenados artefactos, y tantos en número y tan
constantemente distintos? Para creer que toda» cstas. maravillas
dd arto se lian ejecutado por el puro azar, se necesita ciertamente
una buena, dósis 1lie voluntad bfansfomíata^ >Lai raron filosófica
encuentra en. esto mil veces más dificultad que en decir que todas
las diferentes especies de monqs<,han salido directamente d é la s
(nanos del Supremo Hacedor. Tatito .más que nuestros sabios no
nos presentan los anillos ibtermedios que por fuerza han debido
existir, á ser verdad lo que ellos nos aseguran, sobre que todos los.
monos proceden de un mismo tronco común. Cada uno de ellos se
Ha presentado siempre: perfectamente definido y distinto d e lo»
demás; así, por ejemplo» tomemos por prueba dcielto el orategu»:
tan.. Este aoimaUsegún las teorías darwinianas,debe 3eroriutido*
lo miáma que el* hombre¿ el chitnpanzé y el gorílla^ de algua raonó
métíos perfecto; pues aunque conviene con estas tres especies de
séres en carecer det hueso intermedio del carpo, y en distinguirse
pon-este lado de los demas pitecos á quienes dotó de este hueso la
naturaleza, sin embargaren- todo elarreglo general de la estructura
orgánica es un verdadero, mono. Pero e sd e a so q u e . elorangutan,
ademas de este carácter. distástiVocotí respecto á Jos- otros moaoa
inferieres, yconoun .con respecto al -Aombre, al chimpancé y ^
gforilla, posee otros enteramente suyos y peculiares que no .se en^-
cuentran ni~eü el 'hombre ni en otro mono alguno. Estos caractérea
son el tener diez y seis vértebras dorso-lumbares, el faltarle la uña
del dedo pulgar en sus -cuatro manos, el estar privado dd ligamento,
redondo que todos los primates» así actuales como fósiles, llevan,
3 * la pierna, y el oo habérsele dividido los pulmones como al homr
y á losdemaspitecos., pues imentras que d hombre tiene cinco
lóbulos pulmonares, tres ¿ laderecha y dos á la .izquierda,, y siete
tafr otros primat?» f cuatro & la derecha y trea ái laizquierda, sólo.
orangutan presenta sus pulmones sin lóbulo alguno, hallándose
cada uno de ellos perfecttUMflte indiviso.
Ahora bien; ningún mono se.encuentra que pueda servir deinter-
J5 4 4 Q n íg j& tk íJ M tftfó .
medio p a í^ s t ^ b je ^ ,^ H^Q»'p¡t«lo^ialv«ncangutop>
todos cuan tos.existan eq,I*,f dualidad *.y.lian ítxiíi$>do**q Ibs tiempos
anteriores, e^tán ^esütyjdpS: á$ t^e& Pitf2Ct.érea:GQteranian^cxv.
clusnvos dc ^ tc c^acJi^ijiano. ^p. cuaJ qM¡er£,flteoti>, «i-iot r o s a r a i*i
nosj^ue dcad^ufv pr¿íiqipio,>tH'tt^todos,>cito»rCá^a<>
tér^s ,éy. fipt; cpixsigjuicatc ^ los^a ¡do r/wábijwidQj leota'>y tfraduaU*
«nehte,, irnq tesdfjQfcicuB^Haiui’aL i . i
(-. ¿IWrifft.l Ift;ipíoposticioíl ►cu quer ¿«firma»
c^ qs ^ufpresq.ue^pn má» lapudifoenqtttí; por ksettaiéase
diytin^i^L* v*n n?ono,t¡l^ olrsl>:qiw .la§}q«^jwcd¡^ii;eiit«'ie* negro.y lori
monos ajJü^pomorfqs. Esta.iís^ .^ tfn d a f» a o n q u » ijboue dtenka*
nificsto 1^. y a ^ a d . de tla respuesta dfói# >|*w- 4os frasáformistas * '4o
qu^dej^rn^s ^scritft^^fTe Ja ¡iyn^aM^tftncÍ»"jque.-.scparaijál4»nii»
PftlWttítf ¿la>atcugí^.§9 lí»níe^t€>eQ algún ^miembro:
g ^ ^ r ,, ^ #os,ítfasento la. it&car.ooiaot tquieosqi il«*
tra^sformia^JLa cp^a.£r^^iiiü, <3tíl>&uar*ba j-por^eEDpfov'Oolucai
á este animal a p a n d e .^ s^ q u ^ ^ l ,gQpJU*, ít;íyja>ieh está;*e’foaUa>
más cerca del ljqinbre,^uv; care^^rnpél,«Í€rf3fee! apéndice. l&iro1
no es esta la manera como d»4x:ji mirarse Jo$ aérea paraitaíia*
relación en cjue verdad^rapoeate se encuentran ^ipapaesto 0s pred$6>
co osparar la t^ífUda^de lp$ organ^en# que: coixe*^oniien3Í-<aMlii
unpj Mira^os^e ^^.suerí^.lps.orgsabínosid^l mjMio y ddfe&mbre,
áflip ttp gat?a;1& toettor -duda sindique Ia dlfe-

bl^cgeiiLe,.máp . que cuantas .extatenl entre dos' individuos >


c^le^q^icra de la ¿wuilia dpkwpi tecos., izaste pbnjerlosiinofr-enfrent*0
de otros para que esta' verdad se te éntre inmediatamente- por 'los '
oÍ93,á pualquiipíf.q^ü coa.Hn poc^^ljBiatencionios considere. Apé-
na^ ,yfljtfl ,-en, l^ .;cxtflesjietf,dí} .te serie fJáfintmrái s¿0 -podttSe'
4j.9jenjdQÍ44. 04gflí>íflUfiffc3 “ fc hcwnbre*, .y fde loa:otros dw*
a^it3^es,que.^<Mi*^rdaí^ratgp4 e;1íB9úüs; fleuai «Jánióestai-de' que^
la fliíi^ o iic ^ ^ ^ f^ í^ n t ‘ ^ i ^ 1feoi^brt tspro&mdíeiftMr^uttaweitlp
P V ^ Jq ^ í^ io e aí ^ | W 4nB<Srte d iy G r s o v á b p a r que ila otfa '
no, es a^qdqptgi, c^roofsMií^dft d*atr& ¿& un inismó
cu^ no ftuier^ jdeC“ ¡»(SÍn «HnJ^WííPr que cjl Un<raonotengapar«*»«&■
cq yeal y eíqpfiy0-cpA.ftL QtjrGj^pwea jimbas variedades hán ¡podida
ser producidas inmediatamcutc por la causa primera, y no hay duda
que tal haya sido su procedencia aiemjpre que ja difer encía ^ijtr^uflf1
...... „,^.!,i. ^ o-**»
Está obseirvadon que acabamos de liEicef&QCiuste á Jaatfrwítá®^
Qrigwi deí H&fnbré. 545
tipiar: áesirntoatdtz todos los monos en cuanto á la estructuré'dét
cuerp®, al paso- 'que ninguno de litos 'tiene sind cierta especie de
«jw&gpfcrwesta parte'con rtspéctíf áí hombre, es cosa qué salta a
los lOTOs á primera vista ;yarií nopodemosentender e8mo el juicio­
so, Quatrefegcs, Opugnador acérrimo de la teoría transformista, en
una obra en;quQ con*argumentos tan concluyentes demuestf’a, por
los mi&móíiprincipios d d dknvíntemo, no Haber podido ser derivado
et hombre: del mono, haésofito' las palabras siguientes: " Mirado el
hombre desde d punto de1Vista anatómico, se diferehría méhos de
loa qnoKps siiperiOres que '■ éstoa-de los monos irttfettbites . Eri ésto
«Lilustre profesor de Antropología lia pádfe^cfó üfrárévidftntfe ’éqüí-
vócaciciHv rindiendo inconsciente s ú tr lb u tb á ía s l&dúctoiW Ydeas
de su& adversariosí Porrnuicha qütf y¿a (a dWÉáhcia qué medie entre
los monos superiort^ylosirtfeKórtis, áun tilírádDs anatómicamente,
siempre estarán! todo& elidía conte rtidosen el mismo cuadro; variarán1
los accidenta, pero el fondo siempre aparecerá el mismo; qile tenga
uno rtíe-eljoa tal ó tmal miembro particular' que ó' falta ¿A otro ó se
hídlaen él diversamente conformado, eatopoco duFfará ciertafnerité
i \* iértitiad' flV Upo. por lá cual la estructuré gerttfíal dc tódoá siii
duiüoctoa> revelará la naturalefca de un trrpádóf, ócüpado fcriíei'a-
nafenteentia vida animal é inhábil pata las acciones industriales. fc*or
e^eóntaario^ d .negro con loda la compresión de su cráneo, estré-
cbfo! de; su ángulo Ricial y prominencia de sus arcos cigómáticos no
jarois.de presentar en la estructura generkl <Je sií cuerpo el
•bia&tip andador, que descansa sobresuí dos plés ptresto en la está-
cipo vertical,,y bien»üfcre mé manavl llosas msWtfs pará toda sueíte
de industriaj 1 ■ i-
'it*- ■
A¿lu máá;r«L solo estudio comparativo1de los t táñeos dél hbm&'ré'
y dal .mono, practicado con exquisita diíigéncíay envidiable piilsO
por losseñorés-Bischoff y Aeb}’, ha bastado i estos Rustres sabios
paraevidencíáirlai enonse diferencia que existe entré el hombre y
el animal * mucho mayor que la que se puede imaginar entre éftiégro
y el mono, más perfecto. Nadie como estos autort» ha examinado
coa taqja detención .b o n ta n inquebrantable paciencia y en tart
£r»nxk; -número de ejemplares las diferentes parteé £or las ctialtís
«»ten constituidos los cráneos de entrambas espejes; ítadfe, pfof córi-
. . . ■.-4
.r-y ■ :■: • - --r
. • • • " ' • r. i i■' 1-i ■■ ■
. ;
* A1i ^ólnt'de Vue aniifóiníqite» I' Borrtine difiere moi^s des ung& 'iU(^rieur$,4fve
«w différent des ¿ingés Inféirfthirii (D e Quattefagiss, /' ti/fee i?, liy^ r,
«tapititor, .¡«r^'viii, ttwf»} 18S9.7 ' 1 ■
T546 Origen d*¿ kem&ft.
‘siguiente, puede7dar sobre estamateriaun vofcotan decisivo como
d suyo. Y ciertamente este Vóto ha sido tal, y las razones en que
lo han apoyado han sido tan concluyentest que ningún tradsfúrtnis-
ta^ eha atrevido hasta ahora á intentar rebatirlas..Mas ¿quédigo re-
tratírlas? Ni áun siquiera mencionar sus obras han querido, cuando se
lian puesto á publicar algún nuevo escrito en- favor, de su decantado
evolucionismo;-temerosos sin duda, de que el lector, al verlas cita­
das, ese sintiese .tentado á leerlas jr viese derribado p or tierra, todo
(¿ ■aparato de sur falsasafomactoaes1. ,Hé aquí «orno-re. expresad
primero de los sobredichos autores; “ Póngase en parangón el-ce­
rebro de un hombre con el de un orangután, el de ésteepn: el de
un chimpanzé, el de éste con el de un átele, y ,continuando én iá
serie, d de un átele con. el de un ilobato, e l de un ilobato con el
dejunsemnopiteco, y asi hasta los últimos géneros de monos,.y en
ningunaparte se,encontrará una distancia tan grande entre los.
^niembros de esta serie, aunque serponga .atención tan s d lo en las.
circunvoluciones y « i d desarrollo de los lóbulos* como e s laque
á
existe entre el cerebro del hombre y el del orangután ó el dd chim-
panzé. £1 vacío entre el desenvolvimiento de las circu iW o lu cio u e s
cerebrales del hombre y el de las circunvoluciones del orangutan ó
del chimpanzé t í o puede llenarse, ni ser comparado con el que di­
v id e al orangutan ó a] chimpanzé de los lemurideos. E s t e lo llenan
las especies de monos existentes en el espacio intermedio: el modo
deüenar la primera está todavía por encontrarse *
- El segundo, deapues de haber tomado medidas en cientos y áun
en miles dexráneos pertenecientes ¿ diversas razas, asi de hombres,
como de monos, escribe con plena seguridad las siguientes páta-
bras: “ Resulta del conjunto (de comparaciones practicadas) que te
diferencia total del hombre al mono más cercano es más consixlera-
.' ...
,r■.t; n CtoflCremunjuabljil escribe; Lcvonue (£< dar¡t»uitmi ti i 'ttrigutt di i 'Aw&t,
pfgr 24,5,.Q9U. Pfris, i& jj). Tao^ii que le f publica tion* les pin» insiiíiufiantes, da
momeai o.ú clics sont favorable* k se* idées, soai parfal temen t renKcignéAfc pw Dar-
wló avec lettrt tltres, l'oilvrHge'eólisiderabie d'Aeby u« se trouve p u mtme not*®e
dan* i'Origint dt I'&mmvu, comble sH ¿ nartitaJUte nubláis. cntlgnut ñ* Éfcctllíer s ***
lectearft le reconrt peraonnel a ti travall da sav*ot profetsetir de Heroe. „ Bflchnef -y
tí»nrkd «i «quiera citan d nombre de Aeby: el primero en su* Con/trm¿itu tofo* l*
feirip dnruiimaiui, y, el cegando, €*1 U segunda edición de so hütori# naturai
q'farfm^ i pesar deque timbos haa dudo * luz sos escritos posteriortaeote ¿ I*.publi­
cación del sabio bernci, nt palabra kan dieíio de la importante obra del autor cíuuto-
2 HischofF, Uthar dit Versckiedcnkrit ¡n iúr ShadtléUiinmg dts (¡vriiltL, etc,, págí"
na 88, Mlinchen 1 1867*
'Qrigmdei koytúrs. '547
btaquelaq uesepara á los manos entre st; por tant» no dudo un
soto instante en añrmar que el tipo del cráneo humano se diferencia
del de lo^ monos en la manera más completa, y «fue señaladamente
los. monas antropomorfos se acercanr bajo este respecto, de una
manera mucho mas estrecha sin comparación á sus aliados natura­
les 7 áun á los mamíferos inferiores que al hombre „■>, * Para for­
marse una justa idea- de loa diferentes cráneos y comparar debida­
menteJas medidas de sus formas, no basta mirarlos por un solo
puntoóun solo lado, sinó que es preciso observarlos en todo su con­
junto. Examinando de esta manera el memo y el hombre, vemos cier­
tamente que en d plan fundamental convienen con todos, los verte­
brados; mas también advertimos que los edificios levantados, sobre
este plan común son enteramente diversos. Raras veces corrcuerdan
ni áun en un solo punto particular;lcr ordinario es que la semejanza
tenga'mucho más de aparente que de real: en cuanto al conjunto,
no tienen nada de común entre si. En toda la serie de los mamífe**
tos no se encuentra un vacio que pueda comparársele, ni áun >de
iéjos siquiera, al que inedia entre el mono y elhom bre. Aun Jos
cráneos húndanos más degradados están á grande distancia de Jos
cráneos de losmonos más perfectos; y tienen tan estrecho ebJace
non los más perfectos de Ur misma especie, que por sola esta dife­
rencia de conformación puramente morfológica deberíamos dester­
rar para siempre de nuestro lenguaje estas odiosas palabras de se­
mejanza monesca. £n ninguna manera se puede justificar la osten-
tacioncon que tan repetidas veces se hace uso de estos vocablos,
'peque ño guarda la. más müiñna conformidad con Jas verdadera^
relaciones de las cosas y sókj-'sint? para producir ea :1o» entendi­
mientos1ideas absolutamente'erróneas. Ni áun la semejanza superfi­
cial es nunca tan grande como se la ha querido frecuentemente
suponer. S i quisiéramos sin embargo tomarla en cuenta, en vano la
buscaríamos en los monos antropomorfos, sinó que nos seria preciso
volver los Ojos al gíbbon ó á alguno de los pequeños monos ame­
ricanos. Éstos por la forma de todo el cráneo merecen, entre todos
tas demás, el primer lugar, si bien por otros respectos se Jes coioca
más abajo. * Hasta aquí el autor citado.,
Efectivamente, el cráneo del gibbon es d que más se asemeja’
tntre todos los de I6s animales, al cráneo dd hombre, Como To
Pycjíe cada uno ob$ejyar echando una simple ojeada sobre el ciiádro

1 Aehy, Dit iwhUdtlformtm^ p¿g, 77, »


6 4 .# Origen del hombre
sinóptico pu&ieado.ppf Huxlcy, donde ^ hallan dibujados Ips crá­
neos dd hombre, del goriUa, del chimpancé, del oiaagutim y .dd
gibbon. Pero cate animal tiene otros variqs caracteres* porros cuales
es considerado por los naturalistas como inferior á Iqs ti;es prójei-
mamente dtados, ym¿nos semejante que ellos al hombre Pequero
de e stim a , tiene l^s extremidades anteriores tan excesjya^u^nte
larga» que toca con ellas el suelo estando en pié y, sin tener dobladas
Las,rodillas. ... * , . .
V-ése por ío dicho que nosotros no podemos tener por padre
natural á mono algunp de ninguna. clasev ni de los existentes ni de
los pasados. Por consiguiente, los darwinistas, para que puedan
derivar al hombre de algún tipo inferior cualquiera, deben por fuerza
retroceder todavía más. en la escala de nuestros progenitores. Tantp
Cí^nyh^como; ffre^kei hacen á los lemurideos inmediatamente an­
teriores á lo£ antropomorfos; de modo que, no hallándose estQiv úl­
timos en la, línea die nuestros antepasados, naturalmente lian de
concluir que nuestros primeros padres fueron los lemurideos de U-S
edades pasadas. .Pero ni ¿un esto pueden legítimamente afirmar,
según sus principios, por dos rabones á cada cual nqás concluyentes.
La primera de ellas es, porque los lemurideos son también tr e p a d
res como loe antropomorfos, y por consiguiente son tan incapacp»
oprno fcilos de dar principio á la especie humana por la vía de la selec*
003'natural. La segunda, porque para esto debieran venir al mundo
c e n ia placenta discoidal y la caduca propias del hombre y de los
monos, y asi se to había imaginado a priori Haeckel al considerar
á los lemurideos como padres inmediatos de los antropomorfos*,
mas los lemurideos carecen de U mencionada caduca, y la placenta
que les cubre en la matriz ántes de ser dados ¿ lux, ni es discoidal, ni
tiene siquiera la figura de zona, sinó que se halla difundida p o r tado
el envoltorio deL feto, como sucedc á los ungulados, á los desdan-
tado9, á los cetáceos.
Suban, pues, los dos,atrevidos acróbatas todavía un grado mas
arriba «n ía escala de su imáginado transformismo para hallar a
nuestros primeros padres, y digan que* en efecto, éstos h a n sido
ciertos didelfos de las edades pasadas. ¡Los diddfos! ¡ Heljísimos
progenitores! ¡Pues no se nos parecen poco los buenos didelfos-
Les, falta la placenta, pero en cambio pasan ios primeros días de su
Wd* envueltos en la bolsa, tttarsuputi de su madre, de. la cual todavía
deben conservar alguna reminiscencia nuestras famosas pasiegas,
que suelen llevar', á.sus hijuelos en el cuévano de sus mercancías-
O&igeé del kontüki. 34 9
l Y dfirtdéí 'éirttftí1Tóá1g hados por ¿onde hán pá&adotéñia é irtfcengv-
b&mentfchksta ‘e lJque ahora poséetriósí Desde el canguro / armado
dtí'titis-d6s fiiertes: tfírtrérnidtfdea:^o&t^ yd£ ¿Oíá robusta^
qtíélcí síiVc de tercer pié, hasta nosotros, ya hay tina distancia res*
péíabf¿.: Pre^étítiitnós, pueg, ftarwiü y HáectteJ l&s imuirriérables
íiriilíbs díí tr^ta lalrgüftírma cadena, de los cuales hasta ahora no hart
'^ ¿d d b rfhtS d pntrifcro y él ültííno , si quieren que tengamos p6r
nuestros verdaderos padres á los marsupiales. Hasta táatoque haya*
cóiiségufdo ésto, l& cíetitíá nos dara completo derefcho para afirmar
áús Retirías nó tieften otrti fundamento que lá Febütidá imagína1-
ríon lde síís autores. , J ' ■ :n . * ih¿;v*<¡ j
; Y qüíá decir de 1á fespueatá !d¿l’ rtatu rátó inglés J etf¿amihad¿ 4í.
deshacer el argumento sacado dé iftíeSf¿n¿' estáeión vertical? ;Cóft
afirma^ que la estructura ’áhátómifcá tnfelhóm brese halla toda ella
dirigida á la estación vertical» y eii él mono 4 k» horizontal pior 'un
simple efecto dé adaptación, ya le parece que está resuelto todo él
problema? jQaién és esá Señora Selección piara que, cón todbssiíS
palos de efegó','adápte tan maravillosamente, y de Una 'toáirettf tan
tmhrersal y constante, lai estructuras, que n id artífice enái'porten­
toso de cuantos han conocido los mortales le piiedá Hegí^ ái eteb
leguas de distancia en lo perfecto y acabádb deísus;obras ? ¿Y cotno
há podido producir las tales adaptaciones con tanta1facilidad, cuan­
do el tránsito dé una á otira estructürá tes mil veces más difícil que
él paso de las Termopilas? * El pié ambulatorio cítel hombre, escri­
be sabiamente Rianconi, y é l pié áprehensor del mono, son dos
iüktramentos mecánicamente ápartadOs uno del '6tró; IjoSl instru­
mentos intermedios ó dé traiticicm itb'tiertén p6Síbtt)dad ittfecáfll—
Ca.Uri pié que cesa de ser aptehénsbfy va'Ja se r ámbialáttn*í6 , uífo
¿ü nilo uno ni lo otro: el animal entónces nr ptiéde arrastrarse; hi
andar; ni es acróbata, ni pedestre. Su construcción scrlá "án absur­
do, y el animal no tendría las condiciones de txisftttcta. Kh preetáo
sea decid idamente ó rastrero <4'arótíülatorio. — - Estas nociones
son Harto claras éri verdad, No es éiil'pá rtfia ¿l quealgun natüVálls-
'la¿ haya juzgado indignas de todo aprecio, y -fcs de lafftótlUr
no haya podido stibtf hasta eáfcb^ primetés ¡dA£eta‘'deJ-tá’Wlft^
'tiniiea,, -'1 ^ r¡: /-n-'í ,
lamentable esdertamente el qoe los hVJnábreS deá eu ptfédpicios
tbiho éstos por su loco empeftév dév butedrs ooáís ■nuevas e» leste
" ¡ 1: , . . .••.!•-■ t ‘t / j i • ' n y t i . . a j " . '-y'r 11 r ■ : j nr.H

1 tfiíactnii, I.a ihivrU dártt’i'ñiithtt ri t í 2^- ti-ilS; '■ JtJP


550 Origen del /¡ontSre.
mundo, y por el temerario deseó de libra} á nuestras athiasdc toda
responsabilidad en el otro. Pero ésta es la misera condición del
hombre, y desde que ha habido filósofos en el mundo se han nota­
do siempre este género' de extravíos en los que debieran ser por bu1
ciencia y talentos modelo de cordura á los demas. Mas dejemos á
un lado estas reflexiones, y pongamos fin á todo lo dicho sobre (a
estructura del cuerpo humano con un argumento fortfsimo, traído
por M. de Quatrefages para rechazar, no sólo la descendencia, más
¿un, toda suerte de parentesco real de nuestra especie con los mo­
nos. £1 argumento, en sustancia, es el siguiente.* £1 desarrollo
orgánico en el hombre y en el mono proceden en un órden ente­
ramente inverso; luego es absolutamente imposible que sus orga­
nismos estén unidos con vinculo genético de ninguna clase, ora
derivándose el uno del otro por vía de natural descendencia, ora
procediendo entrambos de un tronco común cualquiera, áun cuan­
do á este tronco se le quiera suponer sumamente apartado de uno
y otro tipo. Oigamos razonar sobre este punto al ilustre profesor
de Antropología en el Museo de Historia natural de París, pues sus
palabras tienen un gran peso en esta materia. “ M. Pruner-Bey, es­
cribe, resumiendo los trabajos descriptivos y anatómicos hechos
hasta estos últimos años, ha hecho ver cómo la comparación del
hombre con los antropomorfos pone de manifiesto un hecho gene­
ral, sujeto á muy pocas excepciones, á saber: la existencia de un
orden inverso en el desarrollo de los principales aparatos orgánicos.
Las investigaciones de Welker sobre el ángulo esfenoidal de Vir-
chow conducen á la misma conclusión; porque este ángulo dismi­
nuye en el hombre comenzando desde su nacimiento, miéntras que
en el mono siempre va creciendo hasta el punto de borrarse algu­
nas veces. Sobre la base del cráneo es cómo el sabio aleman ha
averiguado esta marcha inversa. M. Broca acaba de probar la ver­
dad de otros hechos semejantes estudiando el ángulo órbito-occi-
pital. Un contraste del todo semejante ha sido descubierto por
Gratiolet en el cerebro mismo. Hé aquí cómo resume sus observa­
ciones sobre este punto: “ En el mono las circunvoluciones téitipo
ro-csfenoidales, que forman el lóbulo medio, aparecen y reciben
su último desarrollo ántes que las circunvoluciones anteriores pof
Jas cuales está formado el lóbulo frontal. En el hombre, al revés,
las circunvoluciones frontales son las primeras en presentarse, y las
del lóbulo medio aparecen más tarde. „ Es evidente, sobre todo
según los principios más fundamentales de la doctrina darviniana»
Origen, dtihembrt. 551
-que un ser organizado no puede descender de otro cuyo desenvol­
vimiento siga una marcha inversa á la suya propia. Por consiguien­
te/ el hombre no puede, según estos mismos principios, contar en-
¡tre sus antepasados ningún tipo de monos, sea el que fuere „
*
1 J)« (¿UAtrefoges, L'ttpict hwnaimt>chap, M , par. 6.
C A P ÍT U L O X X V 1JI

R £ PU Á '¿A SK EL O R ÍfiEN TERRENO DEL HOMBRE CWN- U


CONSIDERACION DE SUS C A R A C T É ftE S IlW K U & T Ü Á fc É ^
RELIGIOSOS Y MORAT.KS.

05 a .considerar el elemento más principal-dd,


hombre, que es el que con todo rigor nos sepaea eapedfr*
«5£3?K camentc de los brutos; pues él constituye la ^)aite fovmal
de nuestra especie y nos hace verdaderamente r<u'ionatfsxlevantán­
donos sobre todas las sustancias del. mundo sensible> Esta iliferen*--
cía es tan radical y tan honda, que ha,4ado ¡suficiente motivo á los
naturalistas más eminentes para hacer del hombre wt rtina tiparti*-
si búen idealmente unido con los demás por los;caracteres físicas
que convienc con ellos, así en lo perteneciente á las leyes generalas
de la materia» como en lás cosas relativas a la vida orgánica y a la.
sensibilidad de los animales T. En efecto, el hombre por la raooH&i
eleva sobre todas las condiciones de la materia, penetra en el. mun­
do espiritual , descubre allí las cualidades d e h on estid ad %de obliga-
cien y de justicia^ que no se hallan sinó en e l reino de los espíritus;
y penetrando hasta en la fuente primera de todo órden, de toda,
hermosura y de toda moralidad, que e s Dios, se postra h u m ild e
ante las plantas dé la majestad soberana y le rinde ardoroso el tri­
buto deadór ación que le es debido. Nada de esto se enciientra ni’
se puede encontrar en bruto alguno, p o r excelente y subido qué
sea el gradó dé perfección con que le dotó el Autor de la naturale-i
za¡ porque sus facultades orgánicas, esencialmente ligadas á lama*-
tena, no pueden ejercer sus actos sinó sobre objetos e n te r a m e n te
m a t e r i a l b r u t o percibe también los objetos, y juzga y discurfe

t V. de Q u tiefigcs, i. eti,, i.
Origen dei fiambre. 553
¿obre ellos á su manera; pero en todos estos actos no aale jamás-
del mundo de la materia. Entre la percepción, juicio y discurso del
bruto, y la percepción, juicio y discurso del hombre, hay una dis­
tancia verdaderamente inmensa. El bruto no tiene ideas universales;
sus juicios, por lo mismo, no son como los nuestros, en los cuales
siempre se encuentra algún concepto suprasensible; dígase otro
tanto de sus raciocinios1. M. de Quatrefages, atendiendo a esto8-
actos de los animales, ha escrito, en su notable libro sobre la Espe­
cie jtutHOfUtt que e n t r e l a c e n del hombre y lfr del bruto no existe
dife)fei)qia, esencial, sirijS de grados 3. Esto podrá ser verdad hablan­
do de la razón del hombre, que Sant^TopuM 41ama fiopiattpQ* y
también rason particular, pera no tratándose de la razón propia­
mente dicha, donde residen los conceptos más elevados de nuestra
inteligencia. La razón particular, en sentir del Angélico Doctor,
una potencia orgánica más perfecta que la misma imaginación ó
fantasía pipero muy mférrór á la razón ó inteligencia propifcipeote
dicha, la cual es enteramente espiritual y no usa de Órgano alguáo;
eo sos actos. Por eso los actos producidos por ella Versan sféÓTpíe'
uolwe objetos materiales, mientras que la inteligencia tietie pór ob­
jetó propio lo universal, y sólo dé una manera indirecta adquiera
ccmocimiíjúto de lo* particulares. Esta doctrina delAíjumense no es-
seguida de todos lo& Escolásticos, pue9 entré ellos hay varios que
¿tribuyen ó la indigencia las don funciones indicadas, ó scá el cono­
cimiento directo, así d élo s objetos particulares como de Tos univer­
sales. Uno de ellos es él ilustre P. Suarez, quien en el tratado De-
Amntñ, libro iv, caipJ w, trata de esta materia largamente, esforzan­
do las razones que- militan ’efi favor de ésta Segunda Srtéiitencíál tflós-
, II V; *,

1 -Upuads mirarás qtiiíá con malos ojos esl* murtera dc hablar, tratándose de los
sámale*; pero adviertan que et Angel de las Escuelas, mirado como nadie en su?
f i b r a s , n«a también este mismo lenguaje cu diferente* lugares de su* obras. " Unus-
'jiiifiqae auüuo honun ¿etmiam, escribe coroemaudo á Aristóteles {lib. ti
ktt. 13), jujlicat de propriis JKasibiUbtu et n»a decipiiur... *$üsu eaim «oinmaui per-;
cipimuí nos vivere el &rc«rn¡Muj ínter «etutlbUla divenvorum seosuum, ^ciltoet álbum
«i ¿álce, . * Ouaedun njjuul, dice en la Suma Titiógico (1. p., q. 83, art. >), JttjdSfclo-
■‘eJ ikni litare, sicttt üdmati« bruta, Judicat enim ovia viáebi ltipum, éuhi cwe. (b-
trwadiun., natnrali judícto et non libero, qaia -ion *¡k #>M*tíatoe, áeá'ex iaxuráUJn-
'tiflotn boc judvcat; et «lidie ept de quoEbeljudicioibnrtonun >anÍBjiútttin^ . >' 1 .■
* P tusje réfléchii, plus, je me confirme dan* la cop v iftjo ii^ iierh o in n w , ^ l'-auj-
"i*! (tcbraot et raHonnent eo vertu d'tme faculté qui leiir est commune et qu¡ es*
tculemeat ¿nuníifment plus développée daos Je premier que dans le wcond. r De
^üatrefages, V t t f h t . huMttint, chap. i, par, 8.°, pá&'l^j)'- 1 -
J>54 0 rig4K M hombre,
otros no entraremos aquí en esta cuestión, que para nada necesita»
mos; bástanos saber tan sólo que nuestras facultades cognoscitivas
■no serán inorgánicas ó espirituales porque perciban objetos materia*
les concretos ó juzguen sobre ellos, sinó por la virtud de formar
conceptos universales que en ellas residan»
Por tanto, si queremos decir c^n Suarez que la razón particular
y la universal no son en nosotros dos facultades distintas, sinó una
sola con dos funciones diferentes* no le atribuiremos la espiritualidad
por todos los actos que ejecute» sinó por solos los del órden supra­
sensible, conocidos con los nombres de ideas y conceptos mtmersa-
Jes. Por lo que hace» pues, á nuestro propósito, bien podemos poner
en nosotros dos clases de razones, una particular y orgánica de suyo,
y otra universal é inorgánica. De esta razón particular decimos que
podrá no distinguirse esencialmente de la estimativa de los brutos
siuo por alguno» grados de mayor perfección contenidos dentro de
la misma especie, porque es muy probable que ambas sean orgáni­
cas é intrínsecamente dependientes de la materia en todos sus actos.
Pero la razón universal es propia y exclusiva del hombre; ningún
m ono, por perfecto quesea, llegará jamás á producir conceptos ua¿:
versales y pertenecientes á la elevada región de las ideas, porqiie Je
falta esta facultad inorgánica con que nos levantamos nosotros al
órden suprasensible y subimos al origen de las cosas, creando lo. que
se ltacna la ciencia, ó sea el conocimiento a priori de los objetos,
¿Cuándo se ha visto á animal alguno entregarse á la meditación, filo­
sofar sobre los objetos inmateriales, ó discurrir a priori sobre los su­
cesos futuros, como hacen los físicos y los matemáticos, merced al
estudio de las causas de la naturaleza? Ni aun puesta bajo la dirección
del hom bre la estimativa del mono, es capaz de practicar lo que
hace nuestra razón particular, ¿cuánto ménos lo que ejecutam os con
la razón universal? E l mono con su estimativa no juzga de los obje­
tas sinó por cierto impulso natural, llamado instinto, el cual le lleva
á mirarlos siempre del lado de Ib utilidad propia ó de la especie;
nuestra razón particular, por el contrarío, considera los objetos en
-cuanto dicen órden á la razón universal, y asi ju z g a de los objetos
materiales en manera conveniente para que pueda esta facultad no*
bilfsima formar sobre ellos mismos sus conceptos universales; y asi
com o la imaginación en el hombre, por la dirección que recibe de
la inteligencia bajo el influjo de la libertad, se convierte de pura
potencia, natural en creadorafantasía; así también la razón partteu*
lar, puesta bajo el influjo de la razón universal y del libre ajbedcio*
Origen dt¿ hombre.' 555

se levanta sobre til instinto de los brutos y compara unas cofias con
otras, creando comhinaeionesdejuicios de que es enteramente inca­
paz la imaginativa del animal. Oigamos al Angélico Doctor, quien
con breves palabras, como suele, ha derramado mucha luz sobre
esta materia: " Quod sensu proprio, escribe, non cognoscitur, si sit
alkjuid aniversate, apprehenditur intellectu... sí vero apprehenda-
tur in slttgulíri, ut puta, cum video coloratum, percipio hunc homi—
nem vel-hoc animal, huiusmodi quidem apprehensio ¡n homine ftt
per vim cogitativam, quae dicitur etiam ratiopartieu¿aris>eo quod.
est collativa intentionutn individualium, sicut ratio oiniversalís est
collativa rationum universalium. Nihilominus temen haec vis efrt in
parte sensitiva quja vis sensitiva in sui supremo participat aliquid
de vi intellectiva in homine, tn quo sensusintellectui coniungitur. In
antroali irrationali fit apprehensio intentionis individualis per aesti-
titotivam naturaleny sccundum quod ovia per auditum vel visum
cognoacit filium, vel aliquid huiusmodi. Differcnter tamen circa hace
se habet cogitativa et aestimativa. Nam cogitativa apprebendit indivi-
duum, ut existensáub natura communi, quod contingit ei in quantum
unítur irttellectivae in codcm subjecto; unde cognoscit hunc homínem
prout cst hic homo, hoc lignum prout est hoc lignum. Aestimativa
autem nón apprehendit aliquod individuum, secundom quod est sub
natura communi, sed solum secundum quod est termimis alfeuius ac~
tionis vel passtonis, sicut ovis cognoscit hunc agnum, non in quantum
cst hic agnus, sed ¡n quantum est ab ea lactabüís; et hanc herbam in
quantum est eius cibus. Unde alia individua, ad quae se non extendk
eius actio vel passto, nullo modoapprehendit sua aestícnativa naturaü.
Naturalis enim aestimativa datur anlroalibus, ut per «ana oKÜnentur
ad actiones proprias vel passiones prosequendas vel fugiendas^ •
Poco adelantaría ciertamente M . de Quatrefages diciendo á los
transfbrmistas que en el hombre, ademas de la inteligencia, existe
también el sentido moral y el de la religiosidad, cosas nunca nota­
das en los anímales. Si nuestra inteligencia no se distingue sustan-

i Santo Tomás, como ya hemos dicho rod* Arriba, jazga a«í rtaimtnie d¡«titita Ti
Í5WOU particular de 1a universal Quien, como Suartt, la Crea « 5lo virhittbntHir dfttin-
ta^deheri dcclr qpc por «ola esta virtualidad no *e distinguiría jiisuacUlmentc o c u -
^.rato» de 1* <Jel bruto, no reqairiéudose de mjro paca acto» de ««la e«pcc*e|
*1HÍ una facultad orgánica.; pero que á cauxa de la otra virtualidad, mucho nUUexceUnte
J (uhida, es inorgánica y efteacUlmcnte diversa de la estimativa de los bruto?.
* S . *1 komasr Omimtni. iri 3 ítb. A rlrM . de attltua, lee. IJ, edición de P a m i* , lS ií6 |
p áf. 6Í-69. ¡ JÍ
fiíjfr Ortgéii délíioinb^e.
cíalmente dc laíipligenicia de tok bi^tos j Siériti'o ^¿lo *u¿á ráífiiJ)le
diferencia dé grados contenidos detttro dé uná rti'ísma é ^ c t ^ ' V ^
separa ó una de otra, los tráiísformístas qüedán péirfectarriknté 'v-tó-
toriosos por esta parte; porque a íódélftetttidbmóraí ^ Íéll£ió&j!
podrán responder con justísimo derecho qütí báta luer¿á fefi éf 'Bhftft
se halla como adormecida hasta1que ta razóti Tiáyaóbteríido el íiéS^
arrollo propio ele la especie tí úraáiia^ Éféctívátfr&tté*, enhosotrósel
sentido moraí y religioso rio aparece síiló ccimóuna cótíséctienda dfet
cÓnociniíéirto intelectual^: quítese aí hoinbVe feí itdciotf dé íá Dlviítí*
dad y despójesele de los conceptos unívérsáíes, y se vtíftó'désápárt^
eeren ella moralidad y religiosidad £1 instárité. El niño qué-tódav’íá
no ha salido de la esfera de los sentidos y no puédé levarítarsfc Jcbln.
la^inteligencia al mundo de los conceptos universales, tarfVpb'óo1 dk
señal algun^ dé moralidad o religiosidad, plorque ni conóce la itjr
m«rat m at.Áutor ¿je «Áía, que es Dios, Objetos ambos mtly Stipfcí^
riores á toda faen ad orgánica. "'
És, pues, necesario reconocer en él hombre urtá intéligéliciá
esencialmente diversa d éla facultad cognoscitiva dé los bfutosí,:de
suerte que por más qué los tales séres dc un órden inferior Tiagtó
con cuanta perfección se quiera sus propios actos, ¿któs Se
siempre en su hurqildé esfera de materiales, iahtó 'por tát6r¿ dd
objeto pulimente concreto á que miran, cortlo dc la pbte ilftía'me­
ramente orgánica de donde emanan. Obsérvese con átértcioíi ‘ ñ
constante n^odo dé obrar de los brutos, y se verá. tjné en sús' accio­
nes faltan siempre los conceptos universales: mucha1" regolaridáii,
mucha perfección en todos sus actos, péro tamBien mucha pasivi­
dad, mucho automatismo bajo la impresión dé los agentes de
naturaleza. Siempre hacen las cosas dé la fnisraa manera sin podét
dar un solo paso en la via del progreso, como si fueran meras*Wa-
quinas movidas siempre con el mismo resorte merced al imptiíSó
del artista. Si tuvieran conceptos universales, esta inmovilidad sera
imposible; cada universal es eri mi género uii verdadero ideal¡ ^
wjuúip, al cual podemos ir siempre aproximándonos sin agotífr
jamás él contenido indeficiente de sus perfecciones, cada vé¿ 'tódi
excelsas. Ademas, un ideal llama á otro en virtud de la coúCffltih
intrínseca que guardan entre si todos los conceptos universal^'por
donde comparándolos, ora ¿ntré sí, ora con los particulares artefac­
tos que conforme k ellos continuamente producimos, Variittó'^cátní-
naodo de perfección en perfección y haciendo cada vez mejore*
nuestras obras. ^ 1
Orig¿nde¿ kQmér^.
i(^ Q es, lo que indica el A ngélico D o cto r con la distinción <^uc
Tppne c ^ trc .la eogitátrva ^ó ra z a n p a rtic u la r del h o m b re , y la m /i-
mqiivei, d«; los bruto^., diciendo que aqu^Ha, bajo el influjo d e la
Ínt£%<yicÍ3 á q u e está.nati^ralm ente u nida, o b ra activam ente co m ­
p a r a d o un objptp Individual con o tro , m ientras que esta segunda
ng ha^e m ás q u e p ercibir estos objetos individuales com o útiles 6
npavosr 3Ín, ejercicio de actividad alguna en co m p arar uno con
ofaro .y.por sólo el peso de su p ropia naturaleza cognoscitiva. “ Con-
giderandum est, escribe en X&Swrui Teológica, quod quantum ad
foíwas .sensibiles non e st di iteren tia ínter homincna e t alia. anim .v
^ similitcr enim inom utantur a pensibilibus ex te ria rib u s; s e jiflu a n -
í^im ad intentiones p raedictas (a saber: las percepciones d e objetos
?x>ncret05;> co nvenientes,ó nocivo?, n o ,a l.se n tid o , sirio al anim al o
especie, com o cu an d o la o v eja, p o r ejem p lo , percibe al lobo
íom p en enligo suyo y d e stru c to r de su especie), diflferentia est.
Nam alia anim alia percipiunt huiusm odi intentiones solum natural!
quqdam, ¿nstm ctu, h o m o autem p er quatidam collationem . E t ideo
q u a e ju a liis anim alibus dicitur aestimativa witurqlis, in lio mine
<Jici]tijr £<>gitajii-(it quae p er collationem quandam huiusm odi in te n -
ti/QfAes adinvenit „ E ste co m p arar un o b je to concreto con o tro,
ejercido p o r la co g itativ a bajo el influjo d e la inteligencia y de la
voluntad líb re , hace q ue esta facultad orgánica de suyo /talle otros
ttuevos objetos concretos, com o ai realm en te form ara verdaderos s i-
logismos^ com p aran d o do s e x tre m o s con un m edio com ún y u n i-
Y&pal, lo cual p ro p iam en te no .lo puedo p racticar .sinó la inteligen­
cia., d o n d e únicam ente remiden los co n cep to s universales. P o r eso,
«l Jfli.snrip n om bre d e cogitath'fl e x p resa esa elaboración d é con cep ­
tos materiales; p u es, com o n o ta m uy í>ien S an A g u stín , cogitare
esí imwn curtí altero iogmscendo agitare. E l b ru to no revuelve un
pensamiento con o t r o , no com para uno con o tro esos objetos que
dicen relación de conveniencia 6 disconveniencia al individuo ó á la
especie; p o rq u e le faltan los co n cep to s universales y el dom inio d e
’^us acto?, p ara aplicarse á h acer la tal com paración. P o r eso ü non
adinvenit huiusmodi ivifrttienes, - no inventa n ad a, sinó que por
«nstinto de su naturaleza ju z g a , desde que com ienza á vivir en el
ínuti4o, qué es lo q u e le conviene h a c e r ó evitar p a ra el bién suyo
<S, el d e su especie. C uando la zo rra, p o r ejem plo , v e taai gallina!,
Se agazap^ instintivam ente p a ra a tra p a rla s , p o rg u e conoce aquéllos
"Vi- .,
• ' *1 • * 'i ; r ; t. ■• ’ 1> i. i 11 . ,•
1 R. Tliom. i f ijt 7H, arL 4,
•55^ Origen, dei hombre.
objetos, no bajo "la razón de galiinaspreeisa mente, sino dccosas
comestibles: y cuando Jas gallinas la sienten ¿ Codas huyen de ella
sin reflexión alguna; en ella ven al enemigo de sunatúraléíta. De
aqui es que lomismo practican estas acciones al principio qúe ál Tin
de su vida: nada aprenden con el estudio y reflexión libres; todo
cuanto necesitan para su propia conservación y la de la especie I»
traen aprendido desde el víentire de sus madres. £1 patito, apérias
nace, corre á zabullirse en el agua como sus padres: los poltüelos
la perdiz, con et cascaron todavía en el cuerpo, echan áandar
como su madre, y así hacen todos los demats anímales.
M. de Quatrefages piensa que los Escolásticos, ó los Teólogos»
como él los llama, negaron la inteligencia propiamente dicha á
las bestias por falta de observación, y se pone á combatirlos muy
sériamente porque niegan ú los brutos el stiUido intimo, la concint-
cda de sús acciones y la razón. Permítanos el bueno del señor de
Gaatrefages* tan honrado, franco y sincero en todas sus afirmacio­
nes, y tan apreciable por el amor que muestra siempre á la verdad^
áun yendo contra las turbias corrientes de la moda, que le digamos
que no ha entendido á los Escolásticos. Esto nada tiene de extraño;,
eí ilustre autor de La especie humana no es-filósofo, sinó naturalista*
y asi no es milagro que no haya penetrado bien los términos usados
por los Escolásticos. Cuando éstos dicen que el bruto ño tiene sen­
tido Intimo, ni conciencia dé sus acciones, ni razón propiamente
dicha, están muy léjos de negarle los actos que el naturalista francés
lesatribuy e. Los Escolásticos confiesan paladinamente que al bruto
no le es desconocida su propia existencia, ni tampoco las acciones
que ejecuta Tasí como también es cosa clara que le conceden la fa­
cultad de percibir los objetos materiales, y de emitir sus juicios sobre
ellos, y hasta la de proveer á las necesidades asi propias como de
la especie. Vamos á dar á M. de Quatrefages pruebas irrefragables
de estos asertos. No iremos á buscarlos en los libros de to d o s estos
autores ; esto sería muy largo, porque los Escolásticos han escrito
mucho y muy bien, mal que les pese á ciertos incrédulos, que de­
searían ver desterrada del inunció la Metafísica; las tom arem os del
doctor de Aqumo, á quien todos ellos, casi generalmente, seguían.
fQué dice, pues, el gran maestro de los Escolásticos? *. En primer
lugar, hablando del sentido común, /uthU primera de la sensibilidad
-i■i... ■
SrTltáttK' ia 3 Arótot. D t fcc.- 3- píp. loto («die, de Purina, iSW <»■
Qrtgéfl lid komhré.
^&tiay¿jfyriiai y idtiwo término dt las mmntaci&ttts orgánicas.
como él lo define, escribe que es una focultad .sensitiva por la. cual
^Bcicrne .cl aaimal entre los diferentes y opuestos objetos sensibles,
^omoson lo blanco y lo negro, por ejemplo, lo colorado y lo dnlce^
añadiendo que pon él percibí su propia vida ».
Adcqaás, en la primera parte de la Suma Teológica, cuestión 78,
artículos 3.0 y 4.0, enumera las facultades cognoscitivas del anima!,
(liq^do que cu) él se encuentran, ademas de tos sentidas externos
por los cuales sepone en Gomunicacion directa coa los objetos que
le rodean, cuatro sentidos interiores, ¿ saber:
L° El sentido comm> destinado á percibir lasinrautacíOBes de
los sentios externos, á discernir uno d eotro los objetos que á
tpdos. ellos corresponden, y á dar al animal conocimiento de m
propia vida.
<
-■
. 2.® I*a imaginación ó faHtasia, cuyo oficio es retener ó conservar
las imágenes adquiridas por medio de loa sentidos internos y exter­
nos, común y particulares, razón por ¿a cual es llamada esta facul­
tad archivo de las especies sensibles: tlu'SaKrus guidam formarían
per setisum acceptarwn.
3-° La estimativa, oscura resonancia de la inteligencia humana,
como la llama en otra parte *, que tiene por objeto proporcionar el
•conocimiento de aquellas cosas que dicen relación á la conservación
del individuo y ¿ la propagación de la especie * sin que encierren
dentro de sí deleite ó desagrado respecto del sentido; como cuando,
por ejemplo, la oveja conoce en el lobo al enemigo de su naturale­
za ■ó como cuando el ave, llegado el tiempo de la cria, percibe la
necesidad de hacer el nido para empollar los huevos ?*

T Semm enim CMnirtuoi percípimus mi* viven* et dísetroffnüR ¡nter «en^ílúlia di¿
ventosa* senmtum, scltícet álbum «t dnice. (S. Thóm. in 2 Aristot. Dt Anima, 1. 13.)
* 5. Tüom. in 3 Sentent,, difrt. 27, y. I, sin. 4 nd l.
3 Hd aquí cómo prueba el Sutt.0 Doctor la necesidad de c s’j í facultad cu los-
brutos: ■Karsus connderandum est, dice, quod animal znoverctur solum propter
dcfcctabile ct ¿ontrístabile «cnndnm seasum, non eísei nceessarÍTun poner* io ftoi-
H»*4i niri apprehensíoiiem fonnuvta, qiuu percipit seosu* in qurbti» deleclatirr «W
*n««L Sed necesaarlam est animall at qn&erat aUqtta. reí faglat f non sAlum’ quia w ftt
cuaveniencía vel non cqnveaíentía ad ientieo¿uca1 sed etiapi propter aliqnas alias-
c^voiodicaies et atilittteb, sive oocumcaU. Sicnt ovls wideas lupaa* veniente™
nos pnipier ittdecenliaai colorís vel íignrae, sed quasi infmlcnai nátume. T¡t m-
®iliier avia cnlligít paleam, non quia dclcctet Mmsu.m, sed quia est ntilis ad nidjíi-
tAwkm. N«fes*flriumcst eigo animali, quod pqrdpwt buiuemwii inteotjones, qiias
®t>a peidpit seunís exterior. El huius percepiíoDíi oporiet es&e alkjnod aliud ^rinci*
4 * Fiualro.fnlbe, faffltptffia,,>r)a eiwLcst^.^cqiWM^dq
«do de retener y conservar las, ¡especies, de l* sstwaativ^, rji»n»a^e iu.
fi^rc, añ"ád.e el Santo Dpctpr,. de} hecho incontestable de, -Oo.pan^
•el animalI e^ jy-ego estci facultad sin¿> cuandose sipote ex,citadp po>r
la percepción de algún objeto convení^Le djnopivPial individuaos
la especie. (^ ... ,v..|,. r, jkJ, . ,j
Esto en verdad c^másquq suficieatepafa probáM' coroo i^a ísseq-
lástico^ atribulan ,plára y tecminaiitjemqi^íe á lasbrultoscouocjnHeQtp
-dejáis ác;eiosnes píjr elige egecutafias, ^entiipicq^ de. &u propia Yida.
y una cierta especie dc juicio práctico. sotare lo, quq les convine
buscar ó huir en lasdetermigadas órcunstaoc^as para co.ascrvflrs^ít
sí propios y par^ propagar la ,espede. Sin embargo, á pestfr detodp
-eslto, Sant^^'ppp^ís y con,él los fcscojá^icps,. por parecer, eJitywtP
de i^ í^ ,^i.yer.^ale9^ ¿e njegaft ,1a. inte^igejici^ propiamente (Jicha,
■nOjObs^aiife ver <^n topas sus obras señales rpa4¡ fiestas.de ¡perfecta
simo arte, I^ ^ e jig e n c ia Ir ponen en el Soberano Hacedor, que
dió á cada uno deeUos un cierto y determiuado instinto para que se
moviese, guiadq por su percepción concreta é mdividual, hápi«.
aquel punto que en cada momento les conviene, n.o de otra mieal*
que el ballestera imprime á la saeta un cierto y determinado, ifjnpulr
so para que llegue al blanco á donde se, propuso atrojarla. Hjéaqtfí
como, se empresa el Angélico Doctor sobre Qste particulaf: “'1*
virtud del motor, escribe, se raaniñesta en el jnovimíenta del ¡tflávii-
Por esto, en todas^ueilas cosas que, son jpovidaspor la rszon se
^acubre el orden de ¿a razón que las mueve, quinqué las qosaaaaí
movidas carezcan ellas mismas de razón, A#. sucede que la saeta VA
directamente al blanco arrojada por saetero, como si cUamiíHfl*
estuviera datada de razón que la dirija: y esto ,fnis#i<} sei observa, en
los movimientos de los relojes y de cuantas obras ingeniosas son
debidas al arte humano. Ahora bien; todas las cosas paturales son,
re$pec(]9 del artecíívi^o, U^-quersapecfco del, humano son las artifi-
gi^es^íUit,^qu< nacs ,et‘ que ae vea órden en los movimientos dc la*
eapsas naturales «ro w &ias q Ue en los de cualquiera1obra mecánfca
fabritaidk^ptír' el^ttombrt, cómo se dice en et libro segundo de los
Físicos 49, tomo ii)! Y de aquí proviene también que w M
acdópps cié los brutos, 3pjare£c*n algunas astucias, por cuanto eaWJ
S¿r^ tiej^^ ¡nclÍAaoi©» jiatural ¿ ciertas evoluciones -sumatfl«n«
" J’ _ . . , ......... , ¿- -^‘ i
piúnj <*¿tn peiye^tio fnnn^rujn !$^ty|ja;n sil- o* imnu^totíque eei»tl)íll>
T^erceptin mcentlonam pmedlctarnm.. (S. Thom., i.u .,jq . 78, art.,4 X
O rtg&t d éí kdWt^rk.

W dwidd^ t^iWd ’Otí^nadáís tfél ¿urrio1arte' dHHrtó. V ptii-1fe$a! mtóma


■«atísa sé'tíRoe- de'^íattos animirtes que don prudentes Ó ftfgtices, nó
’porque’én ¡eltós HayÜráíon' átg-una ó etécdorí. LoéuaJ bié’n1se echa
-de <¿ter1itídfi $6\ó cófisWeíár qué totfófe cuantas pertenectíh A tina
« ife ^ é s p e é te o b i^ modo „ «. 1
La carencia de ¡deas universales que advertían en los brutos, y
-ft&iá faftad^obSeft'aciort, esfa que mbvió á aquellos j*randé$ doc­
tores1it privar' dé inteligencia á las bestias. Nb negamos que los
t^ódertafó^ayatf de&ubiéito en e ^ clase tteséréstíosas muy pre-
•dé&Sy qüe á ellos les fiierón desconotidas; pei^o t&rftBiéftes ¿ifcrtó
-qué *6 «srtafean Jtán «n ayútóü Sobre 'ésta Ttiáttería, qire á fa S^rtofólV-
<wa üeloMefectos taarávnibsos i^¿ctrtadódJ,p ^ t ó s hftito£ él
ftfcbérlea negado estos áütóines lüí íiitetigéitáa, Lo que realmente ¿¿i
íiddém de alfcuhos ^iWalek y' W’ qiié^^bpcfiiIan Ser verdadero eri
‘déüáü’áíli¿industrlá*‘f leottvk; qúé'nd tiené nada que envidiar
-eií'«atería é ín^temb á cuanto han descubierto posterior-
w«Víe nUéatrosmodemos sabios. Hasta leer él Simfroíó de ¡a Fe Üe
«rtétaro'c¿mp^riciorFr.f Luís de Granada, pará cortvéncnersé pléní-
dftfaftQetite dcr esta verdad. ¿Qüé señal tan expresiva de intcfí^énciíá
iteSpUedédat' brtito alburió etitre cuahtos lian sido obitérvadósefí
*os) ttót^poS'^ríbdcrno^1i cfrtmo las; qüe venios descritas por di¿hó
*¿t6r bablartdo deiA zort-a, deí pulpo, del tigre, d d gato, del leoti,
del lobov dé la araña y der otrás Varías alimañas?
v>- Hé aquí to^iar,’ entre otras cosas, éuentá de lá zorra: “ Tiene,
puest^utifitío cste animai/dice, para despedir de ííílas pulgas cuando
^ mfolestani ‘¿Masdfe qué mánefra? Tottíá ¿ti lá boca Un1 ratnlUó, y
«MtiéndoSe en d agua de algún tip tí de la rtheradé la mai', y
tirándoos d£l agüa poco A pooohádá átfca, ’fks pulgas, Huyendo de
■"I . V’ü - ' 1 ■ . ■' ‘ -'/■•'• • ' •' ' :'1“ ’ ‘
V VirtTtü'BKírentífi appartl ¡ti niotu niobilts. lEl propter toe in ómnibus, <|u;ie mu-
*®tiu.a raüüOéf appnvst ordo ralioniA n«‘rventí<t; Uefet ip**1, quiu i niidoe mm-entu/'
f4tio*Bm nQn-Jn^car^. Sip enim aaghlft tUtttte t e d i a d «ijthbin erf motfohc
i ^ ^ r.a,c si ^Mouetn jaiihie^ei.tUrlgftitoni:^ idan «pparek ím mocibtis hondagiú-t
fufti, et umnhini íugeniifnitu. huroanonuu, quae ait* 6unt. .SLput cgaipajpal£t
»Hlfieíttlla ad artem liuinnutuii, tta comparaniur umula natunulia nd art«m
Rt ideáo ordíi ippartt In hí*, qita» ntovchitur nccundúm oriom, tií licitar ia z Pliy^ic,
í« *tet. 49%tomo ti), -Et u hoc enutÍHgit, <juo<f hi' iopérihcOi '^iriitúrinú Aaíntaiiíim
4fpw»0t yuicduri Aigucitatn ia tiottocutu: habeill^BclftrtlióÉi^ títtafák^ ittrl qlib^>
•<>4ro üriiinaiissiimw prócosoa, utpote a Biimraa nrte ordioato». Et propter hoc cliain
‘l^ocdam anlnialis Hicuatur prudenün, vel sagacia, non quod in eis sit »l¡qu» ratio,
fcleeti*. Quod^x ftíit íífiptrtt, tpuod óMliiá/cjúae kunt ntiius nntunte, üiiitíüirr
^peraniurfi. 8.,^; ...... ”. .. ' ---i..
562^ Origen dél hombree.
la parte del cuerpo, que se está- mojando á la que está enjuta, prov­
eed en de esta manera, metiéadose ella poco á poco en el agua
hasta llegar á ponérselas todas en la cabeza; la cual ella lambien do
tal modo,zabulle en el agua que no le queda más q u ilo s ojos y la,
boca fuera. Entónces, saltando ellas en el ramillo que dijimos tener;
en la boca, suelta el ram oy salta fuera del agua, libre ya de los ene­
migos que le fatigaban „ Del gato escribe lo siguiente: “ Pues lak
astucias y asechanzas que el gato tiene para cazar y para hurtar*
cada dia las vemos» Bien sabe él á veces quitar la cobertera de la
olla que está recien puesta al fuego, y meter las garras y sacar la.
carne y huir con ella. Mas yo soy testigo de otra astucia que aquí ,
diré. Andaba por cima del lomo de una pared en pos de una lagar­
tija* la cual huyendo de él, se metió debajo de una teja que acaso
estaba .allí boca abaja. ¿Qué hizo entónces él? Hizo esta cuenta:
Si meto por aquí la .mano, háme de huir por la otra boca de la tejaa
Pues yo. acudiré á eso. — ¿Mas de qué manera? Puso la una mato
á la boca de la teja más,estrecha, y por la otra ancha metió la otra,;
y de esta manera, como por entre puertas, alcanzó la caza que5
buscaba. ¿Pues qué más hiciera ai tuviera razón ? „ a, a Otras hay,:
escribe hablando de cierta clase de arañas, que hacen sus telas:Ctt
el aire, echando los hilos sobre que la han de fundar en las ramas-
de algún árbol, y sobre éstas hacen una perfectísima red con svwi
mallas cómo las de un pescador ó cazador, y puestas ellas en medien
esperan el lance de la caza, y corren pór aquellos hilos tan delgado?
coípo si corriesen por alguna maroma, y así prenden la caza. Donde*
es mucho para considerar el puesto y lugar en que se ponen, que;
es en el punto ó centro dc aquella circunferencia donde van á fene­
cer y juntarse todas las Uneas, que ella tiene echadas alrededor
De donde viene á~«er que en ninguna de ellas puede tocar la mosca.,
que ella en ese punto no Jo sienta, y corriendo por la misma líeea
no la prenda j, \
Hasta el mismo ejemplo traidopor M. de Quatreíages para probar!
á sus lectores la iateligepá^ de los anímales, lo hallamos citado por
el referido autor* Dice este ilustre naturalista que muchas veces,
jugando con su perro, fingía éste ponerse muy furioso, pero 3111
morderle jamás ni hacerle daño. Y muy satisfecho de su argumento

1 L‘‘r. Luis dc Granada, Simfolv d e la ft, primer* porte, cap. x iv , pár. *.


2 El mismo, ¿ «V.,.£&>*. . .
5 El mismo, i. d t., cap.
Origendei /wmórg. 56$

conchiytí con estas palabras: ü En realidad él hácia Id comediat y la'


comedia no se puede hacer sin tener conciencia de ello „ Püeár'
bien; Fray Luis de Granada escribe sobre esto mismo las palabras
siguientes: “ Y cuando vemos juguetear entre sí los gatillos y lo s
perrillos» y luchar los unos con los otros, y caer, ya d e b a jo ,y á
encima, yntorderft blnnáamentt sin hacerse dañe, ¿quién no aHf
el contentamiento con que esto hacen ?„ \ Podría citar también1
aquí h>.que en los libros de los Escolásticos he leído sobre el artifi­
ció verdaderamente ingenioso de que se Valieron dos lobos para
matar á un perro y comérselo. Dos cazadores de nuestra especie too
obrarían con más astucia para conseguir su rateffto; pero-ib dicíio-
basta para, hacer ver á nuestros modernos sabios que, sHófrfiscó**'
tásticos negaban la inteligencia á los brutos, du negación no proce^1
día de falta de observación\ sinó dé otra cosa, en que no se fijan'
nuestros nuevos doctores porque les felta el estudio de la Fi loso fía, •
No basta ver las cosas de cerca para adquirir un conocimiento
exacto: de ellas; es preciso ademas que la mirada sea cual conviene,'
si se quiere evitar que no no3 abulte los objetos en términos que
lo$ confundamos con otros. La mirada en esta ocasión no'páé<K±‘
tener las condiciones debidas si, al mismo tiempo qne consideré lás
circunstancias materiales del fenómeno, no fija también su atenexoh'
en la parte formal y 61osófica del mismo. Obrando de otra- suerte;
nos sentiríamos indinados á conceder inteligencia, - no sólo á los
brutos, sinó también á las mismas plantas, pues muchas def ellas
ejecutan acciones no menos ¡ngéttfOsas que las que Abemos en varios"
animales. Tanto en las obras de aquéllas cómo en las de ésto* ajiá-
rece ciertamente órden , peto tambieri sé deja ver pferpétna! ¿indeÉ-*
clinable monotonía; lo cual da á conocer1 bien á las clafas que’
& órden alH es debido á la inteligencia del Sóberano Artífice, y la
ftioftotonía á la naturaleza material y orgánica del artefacto. Los
animalesf en efecto, tienen sus percepciones» sus juicios y hasta
también so cierta sombra de raciocinio; pero éstos actos nosáJen
ttela esfera d e lo material y concreto, para lo cuál no es necés*-^
ña una facultad espiritual é inofgánicaque prodúzca conce1ptt>Stin}->
v«reale9. Los brutos ponen, por decirlo asi, la 1mfenor y hi cÉftaé^
cuencía del raciocinio concreto y particular; pero Ta mayor, rfimdé
están contenidas las ideas universales, no la ponen ellos» porque

1 M. úfi Qunlrefftgfia, L'esficr humane, chap. i, n. 8 , píp. >5. ■ ' 1


3 F r.L a is de Granuda, l. t i t cap. X llr pár.-J.’1 ' ' ' ........... .7 .. 5 ¡ 1
564 Origen de/ hpjnbxs.
^on inoapac&s detanelevacjos pensamientos, sinó aquel. Soberano
Señor que con su inteligencia suma los ha armado de tajgénero
tj<? conocimiento^ materiales para que obren convenientejanente sus
opciones. ... /
fo r /eso, «Htnquc conocen q u ev iv q i, nq tienen, propiamente ha­
blando, conciencia de sí mismos^ 6 sea el acto espiritual y, Ubre c;üq
y u e ,,dejando á un lado el mundo exterior, nos tomamos á nosotros
roimos por objeto de nuestra propia consideración. Este acto e*
de.tpdo punto imponible í los brutos, porque sus facultades gog-
noscitivas son orgánicas, y ninguna potencia de este véneto es ca­
paz de una reflexión total y completa. El conocimiento que tienen
eje sí, es sensible y no espiritual; y así podríamos decir que están
dotados de sentido intimo, entendiendo por sentido lo que.suena la
^aisppa g lab ra.. Tampoco habría inconveniente en aíirmaj; quetie-
neri| irUeiigejici^ y rasa» pon tal que, ál hacer uso de estas:palabra
seindicase con claridad que se las toma en, mentido metafórico.y 99
riguroso, para significar que en los brutos hay ciertos aptos cog­
noscitivos que imitan en cierta manera los acfos espirituales. tfe
nuestra razón, si bien estos actos son en sí materiales 11 orgánico*
y no se levantan sobre las condiciones concretas de la materia-Xps*
Escolásticos, sin embargo, con justísimo motivo, nunca quisieron
a ltear á los brutos^ estas palabras, temerosos de que,con estofe
viniese á caer en el error en que ha incurrido desgraciada mente el
ajuijtor francés arriba citado, no poniendo sino diferencia de grados
eptre el conocimiento del hombre y el de los animales. Los porrw
bres de inteligencia y de rasan los reservaran para designar nuestra
facultad cognoscitiva inorgánica y espiritual, capaz por, lo misf»0
de formar con su actividad propia conceptos universales; y á la
sombra de inteligencia y razón que se descubre en los brutos., yes
una facultad intrínsecamente orgánica, como apta para c o n o c e r tan
sólo los objetos materiales, le dieron el calificativo de estifria/iva.
Por ia misma razón no pensaron que al lenguaje de los a n ie le s ^
le debía confundir con el .lenguaje propio del hombre; ántes procu­
raron con suma diligencia distinguir uno y otro, empleando $1 nom­
bre de palabra para designar la manifestación externa de nuestros
pensamientos, ejecutada por medio de sonidos articulados*^ de­
jando los sonidos inarticulados para la manifestación de los afepl^
de los brutos. Él que un sonido sea articulado no. constituyó J*
diferencia esencial .del lenguaje humano con f^pqcto pJ,,de.
majest pues bestias hay que aprenden á producir sonid(qs._dp.p?^
Orígéñ dél hombre. 565

¿lasé i' y sin e m b a lo no por éso tienen el dón de iá pAÍábra.'41 Lá


ovejá Tlicé bi\ y no decimos qué habla, „ escribían' sábiarirtente' 16s
Éramáticós' antiguda en ta'nota décimá at 'Ltbtó ietcetó dd'Vfétóijik
Y es que la oveja, al proferir este sonido no enuncia una iSeÜ , tíH
étkeepto'áé fa inteligencia uñibersat, sinó,un simple afectó del a¿>e^
tltó sensitivo. La palabra del hombre es el vehículo de la ideá, és
ütiusignO, nó meramente natural como el sonido inarticulado de loé
brutos, sino cociVendoñaly líbrenterite escogido pór la voluntad
hu'thaná. Á rites porque és íibre el hombré' y obra guiado por lá ra­
zón , potencia verdaderarrténte espiritual, por eáo ■ «¡e strié d¡¿ aóni-
íWi articulados para éjcpresar'sus pénsaroiéíitos, no cbntéfttáftdd$¿
t'óií el lenguaje deí corazon, expresado ¿ón íoá sonidos inartícufa*
!dd3 dté las interjeótióhés. 111 J
Este usó dé la palábra, própio y etkclüatvó de' los individuos de la
eépetíé humana, revela ciarísim¿meftte la naturaleza espiritual de
Muestras almas y esencial mente diversa, por consiguiente, dél al má
3e lós brutos. Si el aliña humana y la del morio no son ele diferente
especie, como pretenden los transformistaa; si nuestro principioín-
feligiéhte és el mismo de estos repugnantes animales, 1IévadóJa un
ciertri' mayor desarrollo por una feliz reunión de circunstancias ca^r
soalés'; ; cótiio ‘ es que los monos no aprenden á hablar viví¿nd¿>
congos hombres? No lés falta ciertamente inclinación á imito/tks
tfccíoneá htnríanás; tampoco carecen de órgano conveniente para
ello; fáltales tan" sólo eí don precioso de lá ¡tltéligencia, ía ¿apacidád
producir conceptos universales, ta libertad, fundada en est^.
misma capacidad, piara, imperar á la lengua aquellactáse de sonidos
qné constituyen la verdadera palábra. Careciendo dé titeas* \cjin'o
lian de póder adquirir la facultad de transmitirías á nadie por me­
dio'dé la voz articulada? Cerebrum non iiabet, se puede decir aquí
<fc este linaje dé vivientes, aplicando á ellos lo de la persona de la
íibula. La mona siempre será mona, por mucho que acicalen lc$
hombres el magín dé esta ridicula bestezüela.
.'Y cómo adquirimos; nosotros Ta palabra, si es verdad1 lo qdt
dkien los transfórraistas, que nuestro espíritu no es sinó él mtám^
principio inteligente del moho pulimentado? Desdeel gritoxát nues­
tros trepadores abuélós, destinado á indicar los' afecto^ üfcf apetito
sensible y terreno* jpór medio dé voces íiííartl^ ad ^ 1, W slá pala^
^rá ¿btí qué expresamos en lá actualidad tos áublimes cóhceptos cíe
intéligéncia énvií^liók en voces artiéuíáídas, ^ k y ^ á disláncia vér-
^áderanrterité inmcii^ii. ¿£ómo se haéjecutado este saltó portentoso
566 Origen del hombre.
por las solas fuerzas dé la selección natural) tan portentoso quéfca su
comparación es nada la intervención sobrenatural del Criador áque
acuden los defensores de las creaciones independientes para Expli­
car el orígeti del hombre, así como también el de las otras espedes?
¿Y dónde están los anillos intermedios que junten con sus voces
semi-articuladas, con sus palabras semi-inteligentes y secoi-sabias los
dos extremos tan distantes, como son el hombre parlatote y el
mono aullador? Oigamos al famoso Darwifl hablar sobre esta inte­
resante materia: “ Como los monos, escribe, entienden bien cuánto
el hombre les dice, y en el estado natural dan gritos de alarma á
sus compañeros, no parece del todo increíble que algún animal de
éstos, extraordinariamente sabio, hubiese pensado en imitar él re­
funfuño de una bestia de presa con d ñn de indicar á sus compañe­
ros la naturaleza del esperado peligro; Y esta habría sido la prime­
ra etapa en lo fortnacion del lenguaje „ J.
Hé aquí con qué desenfado se desembaraza nuestro filósofo de
esta enorme dificultad. Los monos son muy amigos de imitar: un
dia hubo un mono extraordinariamente saino, á quien se le antojó
remedar el gemido de la presa que iba á devorar; despues se sirvió
de este remedo para avisar á sus compañeros que afilasen el diente,
porque pronto lo iban á hincar en el apetecido botín; y ya con esto
tenemos andada la primera etapa del lenguaje humano. ¡Magnifica
explicación! No tiene sinó una pequeña dificultad, á saber: la de que
ni d sonido remedado era una voz articulada, ni el remedo era en
si mismo expresión de idea alguna verdaderamente universal. Peco
esto, ¿ qué vale ? En comenzando á imitar el mono, imitará lo que
se quiera, sobre todo siendo tan sabio.
Y o , sin embargo, no entiendo cómo pudo pasar despues la bes-
tezueía, á pesar de toda su sabiduría, á proferir sonidos que fuesen
signos meramente convencionales y no naturales, como es éste que
propone el naturalista inglés. Imitar el llanto de la presa bien puede
el mono, y con esto excitar d apetito de sus cortipañeros, cónto
puede imitar otras den mil cosas que ve hacer cada dia á los ani­
males con quienes vive; pero de aquí a articular palabras hay la
misma distancia que existe entre d lenguaje natural, hijo de la es­
pontaneidad bruta, y el arbitrario, fruto de la ntzon y libertad. fY
cómo al cabo de tantos años en que han seguido vegetando los mo­
nos -desde -aqud dia tan lejano, no ha podido la madre Naturaleza

i - Damiin, 7% iduíttü of mam, w?l. i, p ig, 57. londón, 1B71.


Origm de¿ komóre. 567

«upar á estas pobres criaturas para que aprendiesen ahora, ¿hablar


«orno los hombres, sus hermanos? Sin duda se quedó rendida C93
ti esfuerzo hercúleo que ontóncea debió practicar, y por eso atado?
■los demás parientes de aquel mono feliz, extraordinariamente sabio,
los ha dejado en su rudeza primera, no obstante la propensión irre­
sistible de estos animalitos á imitar cuanto ven ejecutado por el
hombre. Pero asi y todo, no se concibe cómo tan desmesurado
cansancio le dejó fuerzas para acabar con todos los términos inter­
medios que han debido existir entre los dos remotísimos extremos
representados por el mono aullador y el hombre parlante* Mucho
'debe importar esta gatesca operacion á tan remilgada dueña, cuan­
do tan diligente ha andado en ocultar á nuestros ojos esos desper­
dicios sacando fuerzas de flaqueza.
Pero aún hay otras dificultades muy gordas contra la teoria trans-
formista, basadas en otras dos.clases de actos que vemos acompañar
por todas partes á la naturaleza humana, sin antecedente alguno
•en cuantos animales le han precedido en la larga série de los siglos.
La moralidad y la religiosidad son dos fenómenos que siempre van
juntos con la palabra en el género humano, y solamente en el,hom­
bre han podido jamás hallar cabida, £1 mono no conoce otro prin­
cipio de acción que el de la utilidad sensible; no sabe lo que es
honestidad¡ ni justicia. ¿Cómo ha podido producir la selección na-
-turaJ ese salto tan enorme, salvando victoriosa el abismo insondable
•que media entre el obrar conforme á las animalescás reglas del
placer, y vivir según los severos dictámenes»de la conciencia moral,
absolutamente desinteresada y ocupada solamente en dar á cada
uno lo que es debido, aunque para ello hayan de arrostrarse mil sa­
crificios, incluso el de la.misma vida? El mono jamás se ha puesto
4 pensar en otra vida diferente de la actual, ni adora otra divinidad
que sus apetitos sensuales. ¿De dónde, pues, y cómo ha nacido en
todo el género humano esa idea tan universal, tan constante y tan
indestructible de otra vida posterior á la presente, donde cada uno
ha de recibir el premio ó castigo debido á sus acciones de mano de
aquel soberano Rey que tiene suspendida de sus tres dedos la grande
máquina d d universo, que gobierna con su inescrutable providencia
ias cosas humanas, y que inexorablemente ha de juzgar un dia las
mismas justicias? ¿Por qué especie de magia incomprensible se ha
verificado en nosotros una transformación tan sorprendente, que de
animales puramente terrenos, destituidos de todo conocimiento su­
prasensible, y aficionados únicamente á los deleites de la carneónos
56 B Orjgm 4 el:hoffUfr€y\
hemos convertida d e . repente $a seres espinUiaJefe/ despteeiadofcsi
de Jo «material y. visible, acoradores de un Djos;criad or^ señor nuestro*
y gobernador del mi^do, aflmiradore* de,lo honesto y de io>justos
dudad^noa, en un^i palabra, dc aqueiía ciudadinvisibkr quepeítenév
ce .al mnndo.de los espíritus? fclxpIíqueflQQB Uis transformistas ¡estas,
maravillas d¿lasclpccK>n- naturaíim&ra villas que suporancon muebo^
á los prodj^ ^ .d^ la6 gre^cipnes indepe*dien!S3v yrque ¿>WaUaae*^
co-fundador con Darwin del sistema de las transficwinacionesieotas^
le jiajl parecido rayar ya en, el absurdo.. ,v
Sabido es, que Wallace ycon todo su amo^ al transformismo dpr»
winista, ha proclamado abiertamente la impotencia dei la: selee* 1
don natural, para producir en el hombre las cualidades1 naorales .& •
inteligentes que Je distinguen de todos los demas animales. Las:/
conceppjo nes Melles, delpspacio y del tiempo, de la eternidad y d e t ■
infi^to^^ ^ tiaú^ Q .artípt^ Q i laSínodontó abstractas de loa nú*-
meros y. de la cantidad qoptinua* no pueden, según este sa b io ,** '
fruto d? ja selecdón natural , .b u ^ d o ra tan sólo.de 1a Htilifadm*
mediata del individuo,, y mucha mejiossin comparadonelsenii-rn
miento de la honestidad y ju stid af ,coteraiiicntecQntrarioá la,iut¿l¿i-
dad individual y perfectamente desarrollado hast* $n loa noi^moft*:
.-uilvajes, Aún más: apoyándose <31 sus propias obaer«a(CÍ9nes sokríh
los cráneo^ humanos pertenedentes á diviertas, r^azas^y^n las d.fra*'
de GaJ,to^^concluye que.i¡niéntras eí Gerebcojiel.b<?FjjJs>Fe salvaje estiti >'
en ]¡a,pcppcyrcioa de h á 6 al cerebro del hcacbre-dvilizado, las roa-.
nifest^dpnesde la inteligenda se hallan en la proporciíní de .i Á'
LOOP. Lo cual, observa este sabio con. mucha ra zo p ,n o puede^
tener lugar en los fenómenos de la selección natural; porgue» por
una parte,: ésta no sólo lio produce jaipásnadajiocí yo,, pfcro nitam*",
poco.cosa. alguna inútil alónima!, y por otra inútil permanece jgn ek
salvaje, tanta cantidaíLdiypasa .encefálica qyetan pequeño» e fecto .
produce relativarrwwjíe .á lp& causados por el cerebro del hombre
civilizado. • . y. ■" ■ ■
Este último argumento, podado e? los mismos pirincipos ddrr
darwiniamo, demuestra can ioc}* evidencia lo que centra .DanP'ifc
intenta Wallace, p.ues derriba,portel suelo ladoctrinade este natu-s
ralista relativa á. la fermadon l,eata de n u e^ a especie pormedioder
la a<^ecdon natural; pefo ningún auxilio prestaa la!sostenida
mism», juagando que la$ &o&¡; fuerza^ natural esprnstas bajo *la sabia,
dirscpit» dc ^lgun^ if^tfJigcn.d^ invÍ8Íble hanpodjdpejectftarde utt»
^yoqadaí:pQr el autor del Qrigtl*
Otígéti dei kánibiré.1 569
deJn¿*spfciifsi'' Válláefc 'Cwsé.-'cOtt todos loR.rrSatériaTtétás y cóii su
conlpañ*i^Dai^»«t ? qfúe máyór ó iWeribr inteligencia es;'debida
lintcamcntcá te ma^or ó bienor cahtídáÜ'demasa qWe llétó la c á -
vidad del; cráne¿f*¡ y pienfitttV lo mismo que todás logtransfórmístás,.
qae lentce e lm o ñ o y é th o m b re no exista diferencia alguna eimHaK
sioo ^aquetiatans<$o que 'Sucle rftediaí* entre los hdivfdaos de úná
rampdrrifüva yiotroB de te rtiAma éspecté obtenidos por medió de
ia,sdcocion artificial. ' *• :¡’ ' ‘ 1 '
Esta peregrina manera de explicar d rirfgéh d e los organismos
ya queda Tcfufcadaen lo que llevamos escritó én uno de íctó ékpítu—
los anteriores ; pero pt írl oque hace alorfgjendemie&ti^ míeli j a r ­
cia, todavía cenemos que hacer aquí 'COntra etía alguna ligerá refle­
xión. Por mucho que fatenrengan laá foíéllfcéñciás angélicas éri lá
fotañaqbn de un nuevo cgrébrtvmáis Volühftinógo que el de sus pa­
dres* err el feto d e un mono producido con las solas fuerzas de la
naturaleaa, siempre el nuevo sér estará informado por un prindpk*
viviente dé la misma especie y condicion intrínseca que el que aiit-
roa 4 sus padres; es decir, qüe el sér así producido pior medió ¿fri-1
esta'selección artificial áhgéltca será un mono, y nada rhás. L a can­
tidad1del ‘cerebro p o O T h á b é s i n o se pone ademaá en el animal' uní
principio inteligente de cha naturaleza máá elevada, para que de él‘
resulten ios conceptos universales y suprasensibles, y las ¡deas en—
teñamente espirituales <terhonte&idad y justicia, honor, castigo, etc-,
qu* constituyen íá b a sed e la sociedad’humana, juntamente con la
idea, también espiritualy suplra¿ensibte1 de un Díos próvido renrru-
letádor de los buenos yea stiga d o rd e lósínalos en o tra v id á más
duradera, iü ahnadel mono, puesta en tiá cuerpo fabricadb pbr éí
puro ju ego de las tttusas naturales, ál modo q u e s e 16 imagina W a -
llaoe, obr*rá, s¡ Se quiere, con más perfección sus actos, pero nunca
podrá traspasar con ninguno de ellos los hiezquinbs y estrechos lí­
mites de la materia. Los actoar cognoscitivos del animal así formado*
siempre versarán sobre objetos materiales con eretoé, y no serán-
capaces de representar la más mínima parte del murido suprasensi­
ble,1donde habitan los conceptos puros de orden, honestidad,justf-
c*a» hortor¿ deber,.-religiosidad y cosas parecidas; pórqué Sil princl^
pí° Cognoscitivo siempre será una potéricia org¿iica ligada a t a s
condiciones individuantes dé la materia, é 1incapaz por tfohsi¡güíétítíé
de'percibir otaros objetos q ue los matertefós déP'i'áuhdo sensible.
rCttándo ha llegado lá sdeccion árttflciál # Mudar lá:éseñcia dé las
cosas,>.haciénde d e u n alma- material / d ::ééfcl^neialm errte1deperi^
570 Origm dei hombre.
-diente del organismo en so s, actos, cual es el alma de los monos*
un alma espiritual é independiente de él por naturaleza en la pro­
ducción de los suyos, cual es la nuestra? Desengáñese el señor Wa­
llace : el alma humana se diferencia esencialmente del alma de los
brutos, como se diferencian los espfaritus de los cuerpos, la vida dd
movimiento local, lo universal é insensible de lo particular y mate­
rial; el gozo producido por ta virtud y honestidad, del bajo y egoís­
ta, placer de los sentidos. ¿Cuándo, por mis que se alambique un
placer sensual, esencialmente utilitario y rastrero, se podrá transfor­
mar en el deleite puro y desinteresado del espíritu produddo por d
amor de la virtud y honestidad? Cuando esta transformación se
haya verificado, merced á algún juego de cubiletes empleado por
algnn espíritu, entónces creeré que de un alma esencialmente de*
pendiente de lamateria en el existir y en el obrar, cual es el alma
■de los monas, sé puede sacar un alma espiritual superior al tiempo
y al espacio, libre, é inmortal por naturaleza, como es la nuestra.
Hasta que llegue el momento de este suceso, portentoso hasta lo
sumo, el naturalista inglés nos permitirá que sigamos adhiriéndonos
á la doctrina de los antiguos sobre esta materia, y que tengamos la
profesada por él, con grande gozo de la piara de Epicuro, por un
vano sueño de un filósofo que se echa á andar por el mundo de los
fantasmas, creyendo que camina por el campo de las realidades.
Resolvamos* ántes de acabar este capitulo, algunas insignificantes
•dificultades que contra lo dicho levantan los transformistas: ellas
■servirán para poner más de manifiesto la verdad de nuestra tesis.
En primer lugar, dicen algunos darwinistas que la linea áspera del
íémur, y el desarrollo poderoso del peroné observado en algunos
hombres de la época cuaternaria, asi como también la forma cranea­
na propia de aquellos tiempos antiguos, indican la cercanía en que
á la sazón se hallaba nuestra especie de todos esos nuestros parien­
tes los monos; pues todos estos caractéres los encontramos todavfo
en los referidos animales perteneciendo á la espede entera. Pero,
l saben los darwinistas cuáles eran generalmente los hombres de ia
época cuaternaria? Se han encontrado algunos restos de cierta cla­
se de personas, que pasaban la vida entregadas á la caza y al duro
ejercicio corporal que son á ella consiguientes, y nada más; pw°
al mismo tiempo se ignora completamente cuál era el género de
vida que tenían entónces los demos hombres existentes en l a s d e m a s
-partes del globo, y cuál era la conformadon de su cuerpo. Anda*1'
•óo coatímiamenteocupadosen los duros t^ab^jos de la caza, pfop)a
Origen, de¿ kom.br6. 571
de aquellos tiempos cuaternarios -en que abundaban las ñeras, '¿qué
mucho que ibesen los huesos de aquellos hombres más recios
qúb las nuestros» que la línea áspera del lémur la tuviesen más pró*
nunciada, y que gozase de una fortaleza muy grande el hueso de la
pierna llamado peroné? Todos sabemos que los órganos del cuerpo
ae desarrollan á proporcion de su ejercicio, y la vida nómada que
¿levaban aquellos valientes cazadores era muy propia para este de­
cantado desarrollo. La forma craneana de ios tiempos cuaternarios,
Jéjoa de favorecer á los transformistas, protesta, por el contrario,
altamente contra todas sus teorías. Los cráneos má» antiguos que
se conocen son el de Engis, en Bélgica; los de Cro- Magnon, en
Francia, y los de Stangenas eu Suecia. Ahora bien; todos dios son
completamente regulares y tan perfectos como la generalidad de
ios europeos actuales. “ Y o confieso, dice Huxley hablando del crá­
neo de Engis, que si este cráneo fuera reciente en lugar de ser fósil,
me seda harto difícil determinar á qué raza pertenece. Sus formas y
sus dimensiones responden bastante bien á los cráneos de algunos
australianos que yo he examinado. Particularmente se .descubre ¡en
él este aplanamiento del occipucio que los distingue. Pero no todos
los cráneos australianos presentan esta particularidad, y los arcos de
las cejas del cráneo citado difieren enteramente de los dd tipo del
anterior. Por otra parte, sus dimensiones corresponden con no menor
perfección á las de los cráneos europeos, y no hay ciertamente se*
ttei alguna de degradación en ninguna parte de su estructura. En
suma, es un tipo medio de cráneos humanos, que lo mismopuede ser
atribuido á imfilósofo que A tm hambre salvaje„ *. De los cráneos dé
Cro->Magnon escribe Broca lo siguiente: “ Los trogloditas de C r o
Magnon eran salvajes. Mas estos salvajes eran inteligentes y perfec­
tibles; al lado de estos caractéres de inferioridad que acabo de
señalar, hallamos en ellos los signos inequívocos de una poderosa
organización cerebral. Los cráneos son grandes; sus diámetros, sus
corvas, su capacidad, alcanzan y átm pasanJa medida proporcional
de tos actuales„ B. Finalmente, sobre el de Stangenas se expresa
Hatny en estos términos: "L a pieza que estamos estudiando, dice,
no es ménos interesante por sus dimensiones absolutas que por las
relativas. En efecto, las dimensiones absolutas de estos gráneos están
i

I Hnxley, cíudo por F oiiy eu /a ierre el U réeii biitliqiu de la er¿aiim¡ libro Itf
<*P. XI, p ig , 3 7 7 , 1874,
* Broca, Aer trú%I<n/ytst dt Ia tfaírt. — Nov. i8?a, pág,4?3*
57 ?
muy desarrolladás^ puesto queel diámetro iriíaco1' estte 20G rtiflf4
metros, y la curvá total horizontal llega á 55a>I>a ¿Apaddad ééíre^
bralque indican: estas cifra* os sensiúiémeHte smpérioi 4. La dé téf
cráneos actwúsü, este hecho no se encuentra a ísía d o y Sontório;'
constituye una dé las ofajedones má& sériasq aese pueden poítér#
las doctrinas tranafbrmistas^ kj El testimonio d eesto s autores ‘he?
püede ser má» poderoso» habida consideradondestí clén cta^ dti
las ideas qne profesan-, así es que .bien podemo^ dedr con toda VH1-
da4 que la Paleontología está cnpugnaabiertíiconel ttansformigitit».1
El cráneo de Neanderthal es más imperfecto que los' precedentes*
y i él lian apelado coa grande instancia la^ tr^nsfot'nustas v á fil^
de otros mejores argumentos.para confirmad susistema, Loexctfsí^
vaihente qbultádo de- los arcos dé las cejas v y él notable aplafra-1
miento .do lí'frente que en él se'observa , ledanalgo deekcepckyríñtf
y esrtraordirfarioi 'pQro na por esotiene- nada de coman fcon él erá^
neo del goifflá, fcéiflo -h&ó intentado algunos suponer. •Su» aetéit
frontales f sumaFnente^ desarrollad*»* no significan ótra ctiíia sirt<5qile
todá esa fuerte contactará de los-referidos arcos es débidá á ’lk
bostez general de todo elcuerpoyla Cual bien gepuedécampadecfci-'
cf>rt ufta intdigenda penetrante ycompreheiisiva. Y ert verdad qtft
üí por la, cantidad de masa encefálica hetnosdejuzgfar dé la trttéK“
genciadélos hombres, el dueño de dicho cráneo ta poseyó rtiúy-
bRnena. jPrünerkBt*y lo ha examinado conékquisitá dilígertda, y
averiguado ster mayor de Urque suelen tener hfíy dia los hombreé
poar términó Wedio^ üót&ndo ademas que todAiaáüpeWkñe d t este
encéfalo, sin excepción alguna, está perfectametlté ajustada al tipo’
del cráneo humano * Aderntó, cualquiera que'fuesel&forma de.eStfr1
pieza aislada ,1¿qné podría hacer ella soláis rioteniertdo otras corcrpa-
ñeras id el mismó generó qüe iftdteá&én *er debida lá tál confort«Ü*f
cibn a al^uiia causa g e n e r a ly 'too á dértas circunstancias excepción
nates^tfe' entodóstíé'tfipos Siidénidár ^t^éri a fertóménoa rtionstriiér
íiosP ¿No Vemos hoy diü etíítelós mismos europeos cráneos tatt1
eKcestVanvente1rarbs que; á'jtoz£&r por ellos solartiente, tóS tendito-'’
rrtos por pertenecientes! á <wta ’^^'líegi^dada , siendo ásí que debfr-
-’>! • ‘ :-T ’ ■
. v.’::; . ’j.ii i !„:. ...’ ‘ -* h
•i. Llama Auaf/Ml'diámetro trxudb flesdelaprolubo&ncla-«tero* dtlíUttípi*5^
li^sts e)'j}uptp]d? «n£T^ut*<> rielas desar^os^e i»*ceja*, ÍP la lípoaintCTfliodw ^ ^
CAheu.
1 E. T, Hamy, Préeis dt Paltentolo^it hjuttaitUj |iif . 129*13°« f flr^sj I®7®>
' j* 7íWntfr-bejf C tH tfh ¿HÜrMatfétini 'd*Antkr{$&%){> etc., pí¿Wc¿s 35**3^* ”
Faris, 1 8 G S - V ' - j , 1 v' ' " '"
OrigetiiieilwitfbfVl m
juzgarsedeellos todo lo contrario? Fuera dexjnela>a.rttigüedadde
dúpjio crÁfteo:4$tá muy diatsmté' detcner.en.su Éavor atgumentos
yertos é irrefragables: Tazones poderosas! lindiíeená-creer q u eel
ojo;po á que el ,tai cráneo,perteneció fué sepultado mucho despfees
de .formada la papa de tierra ouateraam que con levísimo espesor lo
V ciertamente, el haber «ickí hallado el esqueleto á solosdos
piés de profundidad. en tuta gruta, donde el esqueleto entero estaba
chocado de tal manera que, ocupando la mitad del espacio, tenia dM
rígida la cabeza hacia el punto d o entrada, da grave motftiropara ae¡¿.
peokar que el hombre 'de Neanderthal fué enterrado én aquetlfcgar
eai tiempos quizá muy posteriores á la épocaruaterafciriaifNi nds ¡mué'
vfpor fuerza á pensar de otito modo la suma'consistencia>dfriatierU
ia .cuaternaria que lo cubría, porque esta consistencia bienpodria hay
ber¡la adquirido la tierra poste rioraWnteooncL transcurso de los año»
XfCpnrlas, vicisitudes de los tiempos. Por ojbra parte, la naturalez*
«telas irregularidades orgánicas de este cráneo no es -tal que no se.
encuentren boy- dia, otros semejantes entre los rajamos. europeosi
“De liempo en tiempo* escribe Hamy hablando d$ catas irregularir;
^a4e^,-^e,pueden: obscurvar estos icaractéres, ya aislados, yareun*-i
4os, w cráneos modernos, y no es cosa rara bajarlos en
vivieates. MM.,B. Da vis, Carter-Biake* etc., en Inglaterra y enír-^
laoda; MM. JR. Wagoer, & Busk, C. V ogt, SchaaftbAusen, en Ho­
landa, Alemania y Pioamarca; Broca, Fruner-Bey, üervaís,etc., «a
ifanei*,han recogido hechos d e -este género rt Poray termina. In
discusión de^st^ famoso cisneo, con las siguientes palabras: “ Diga-j
wos* finalmente, para acabar» que la particularidad más sob,regatan-)
te-de $s$c cráneo, 6 sea el desarrollo dé los senos frontaiesy ^ e n ó
cuatfra, según M. Prüner-Bey, de una manera , si «o absoi^aiOlstM^
id¿ntica,, al raénosanáloga, encráneos aislados de todaslas^posas-
y áun entre, nuestroscontemporáneos. Tal es el caso deshijo del
general Grouchi, poco há finado, y dcJOr.BufTaliiú, una delaüce^
lebridades médicas de Italia „ f. Podría citaros,'decía Vogt en el
C<*ngt*so. internacional de, Pari$, celebrado en. JS67» uno de mis ami-
gOfijicl Dr- Emmayer, roé¡dico alienista aJ,eman,cuyo cráneo s vfifn
daderamente del tipo de Neanderthal; y añadiré que la vista de estas
prominencias enormes de las cejas, debajo de las-cuales brtUaa. dos
<ifo» chispeantes, contribuyeá darleuna «fandcfinflveaóia sobhe^tfs1

1 v^r T. Jtjw g , tom yW i.W W W iV& g* tfV T ^iH W ■*7°-


a Pouy, ¿0 ¡errf e( Ir rtcif MÑtfue, etc., liv. m, chop, xl, pí|j. 387, 1(i <
574 Origen del hombre.
enfermos„ Lo mismo escribe Quatrefages en la Revue Scientifiqut*
en su núntóro de"lo de Febrero de 1872, y en el Congreso de Bru­
selas, celebrado en el misino año, añade lo siguiente: “ La forma'
dólico-plati-cefálica (oblonga y aplanada, precisamente como la del'
cráneo de Neanderthal) dd cráneo no es incompatible coa un des*'
arrollo intelectual tan perfecto como el que suele acompañar i otra»
formas ménos excepcionales. Entre los dolicocé Talos modernos figu­
ran personas que se han distinguido por su safeer y que han adqui­
rido celebridad histórica: citaremos tan sólo á Kay-Lukka, gentil­
hombre dinamarqués, á quien ha cabido un lugar muy principal en"
la política del siglo xvn, y cuya cabeza hemos reproducido nosotros
en nuestros dibujos (Croma etkmca); á San Masuy, obispo de Toul
en el siglo ivt cuyo cráneo puede también verse delineado'en noes-i
tra obrá1; y finalmente, al héroe escocés Roberto Bruce/ Estos he­
chos demuestran una vez más cómo se corretería un error atribu­
yendo exclusivamente á ciertas formas craneanas ideas absolutas de­
superioridad ó inferioridad en-el órden intelectual ó en el moral. „
Véase, pues, cuán sin sustancia es el argumento que han queri-1
do formar algunos transformistas sobre el cráneo de Neanderthal.!
Vogt y Haecket'han acudido á Otra clase de razones, aunque no
ciertamente más poderosas. El primero de estos dos escritores com­
para el cerebro de los mierocéfalos ( hombres de pequeña cabetey
arde lostfionog Antropomorfos; el segundó hace figurar en 511 cuar
dfO genealógico á los idiotas, á los afectados dé cretinismo y á los
imijrócéfalos; ambos finalmente, consideran á esta clase de séres1
como otros tantos casas de atavismo >en que se retraduce iÁciden-;
talmente tíña forma que en o t r o s tiempos fué vulgar y común á
toda la espede, j Pero cuán contrarios á lá sana filosofía se muestran
estos pretendidos sabios al proferir tamaños dislates! Ef idiotismo,
el cretinismo y iamicroeefalia, son meros'casos de enfermedad físi­
ca én que toda la-organización padece. ¿Qué tienen, pues, q u e ver
estos hechos, puramente teratológicos y patológicos, con el atavismo?'
Y si al atavismo los hemos de referir, ¿por qué no atribuir también
á esta cáusa-ía infecundidad con que todos estos séres vienen al
mundo? Es que, -obrandode esta suerte, la selección natural qüé-*
darte;derribada ‘por «l suelo; y así , obrando con la mayor arbitran* ■
riedad del muñdo; se’toman de>estas personas1enfermizas y ra^u^
ticas solamente los caractéres que podrían convenir al sistema. uLa-

I V ogt,-dudo por Poucj en el lugar que acabamos de referir.


Origm dei hombre. 575
microccfalia, escribe de Quatrefages refutando esta» inepcias d e
Vogl y de Haeckel. no es otra cosa sinó una especie de detenimien­
to en la marcha evolutiva, sufrido por el cráneo y por la materia*
en él encerrada. Este detenimiento empero no es una cosa aislada:
Otros órganos, otras funciones, han sufrido también en ios micro­
céfalos. Todos ellos se han mostrado siempre infecundos, y cierto*
que la. infecundidad no puede ser considerada como un caso de ata­
vismo „
Fuera de que, si al atavismo hubieran de ser agregados los refe­
ridos fenómenos, nuestros padres no serian los que pretendían
Haeckel y Darwin, sinó otros muy diferentes. “-No son los mono*
más perfectos, continúa de Quatrefages en el lugar citado, aqueUos á,
quienes se van asemejando los hombres cuando caen en las enfer­
medades sobredichas, sinó los de cola prehensil del mtevo conttnen-
U+ es decir, esos platirrinos excluidos por Haeckel y Darwin de la-
genealogía humana. Por donde se ve que la misma doctrina darwi—*
niana protesta contra este linaje de aproximación que se quiere es­
tablecer entre los microcéfalos y nuestros pretendidos abuelos, los.
pitecoideos. „
Y despues de todo, la microcefalia no altera la forma del cerebro»
lo que M ee únicamente es detener su marcha por un impedimento
físico que se ha atravesado incidentalmente en el organismo. Por1
consiguiente, los.microcéfalos, con todo su raquitismo, nada tienen
que ver con la doctrina monesca de nuestros transformistas, y ast<
éstos gastan inútilmente el tiempo trayendo ¿ la escena semejantes^
paparruchas. uLas relaciones de que se trata, escribe el ya mencio^-
nado de Quatrefages, no Llegan, á presentar una semejanza sufictenr
te para, autorizar las conclusiones del sabio genovés. Aunque con-i
frecuencia son ménos voluminosos y ménos plegados que los de
los monos antropoideos Jos cerebros de los microcéfalos, ha dicho
Gratiolet, sin embargo, no se tornan en,modo alguno semejantes-
* ellos, Esta proposicion queda en toda su verdad y entereza áun
después del trabajo de V o g t, a.
No son más feliaes los transformistas en la otra dase de argu-r,
mentos psicológicos y morales que aducen en confirmación de st*
doctrina, HNo se puede negar, dice Darwin , que entre la inteligen­
cia delhombre y la del mono hay una diferencia jaraensa; pero ésta
' J‘ ' I-, ■
. ... , , i...'

1 De Quatrefag-es, l.'tip ttt húma me, cbap. xi, n. 7.


2 I d e m . , / , t it . ...
576 Origen, del hombre.,
7 7 ;- •-* ^ ' - v A \VS> '
es todavía mayor entre un mono y una lamprea.. ■u ¿Quiénduda.
•itííiídíé*"í|VtófyrpéSfiró di^uirc to mismo* cji^c nosotros,*fum iaolfofe
racíoeiíiVá^ fe ié l principio¿lé i^usaítda^fi1 V o“ mismo vf en apta
Ocasión si ffiió ponerse átadrár de repente contra uñ imaginado
S¿r írtVlálbl’é' qúé v¿iida á invadir su,tenñtorió. 'Porgue3|^ó|rpb,
3 fe' festí/'-tnotíb, séA¿íued^''c»^<^'lo5 luírtelos qüe daba contra uní
-Li‘ ui.a-1*1 *s jjV ' í -iif. v.ií’í • u ' : í . •!' .'1- w.J*''v ir ' r,¿;'
somorilrá puéáta ae improviso en movimiento por el viento
jblert$[val y&r áqnetfenómeno i sektfnb árcir á si misttio, por $
j;* i¿jaJ £*■ j-<'- ••••' ’ 1
racufctmo rápido é inconsciente* que un mcvmiunto sw causa aisma
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.•L . . b i l í - - ■ h . r ’ »t ' i ' n i - " - ' r '<•'«■' ‘j i ' - t
vtsiofe era tndicto de hallarse ala presente algún agente vtvo^ffff&fc
%¿d¿í&l'.'y (fue sifi eñtfáfgo ningún extranjero tetón <brecjto drt/^ier^
s'é'ifk su territorio „ no es ésta, coñtín^argum^nt^nd*o
ttiíámb sabio„ la manera como los hómí>rcs se haji formado la ifleu
trímero 'se Juraron,, cuando todavía se hallaban^ en. ^1
«¿ivafe1' 'qbeí miéntras dormían venia un aér invisible a visj-
-twiitiW V'V •*’ -• ' 1 :: *. ' 1 ' :i ■ !:0-‘
taflbs ^o qufe su alma salía acl cuerpo para hacer sus excursiones
por e1 rhúnap', y lué^o víllv^ á su morada antes de comenza^J4
Vigilia. De á'qin natiti en ellos la ide?. de los espíritus, , JgpMft.
inenlé difícil á id nuiéiza de^aquellos ingenios discernir ¿entrej<$s tttt~
presiones subjetivas y las o^jetmas ^ tarde, cop
dcsarróílo de la inteligencia, llegaron á formarse por, esjte Qannifi$
tauléa de ÍÜos. Jorque de la creería en los espíritus invisible^ á la
dfc■ 'ttító**6 "vtóiik'dioses el tránsito es 'fácil \ u Finalmente, por lo
qla’é* Hfáceat P itid o ' itióraí, «cribe el huevo moralista, con razon jíj
^¿léftiíi^có'tistderár^ conw m instinto speitti llevad? i sit ÁlttMdper-
jfeéciúH 'i. CóVno él hcimbre no puede impedir que sus jasadas im­
presiones vuelfrin continuamente á su espíritu, se, verá fórz^do^a
ebrópaVár las impresiones más débiles, del hambre^ de la yei|^n^
zá, por ejemplo, que satisfizo o del peligro que evitd á exppp.sa^
<íé détaas Kó'chb'res, con éV instinto de simpatía y de benej^p^
cía Kác|a sus sémejántes que actualmente se hace sentir en él,.y
deja fíe obrar en el ¿nimb con algún grado de actívi<¿d. Ent^ipp^
á^lSri^éh1 un instinto mds poderoso ha cedido^
látfo, el cuíáf ütiíjra parece comparativameate débil,' y á fcqnse^^pü^
¿¡á^dfe 'éá^ fi^eérí'en ¿1 in¿vítai>lémente este sentimiento, de
•• J ■Viv- .. . ' ■' 111 ^ ’-v“
' ' f “UBiiMÍÉ, 'ffcrvfciértdf 1^ 0 5 . ' 1 /:''1 v1' ......

3 I d e m . p á g ; . 66.
4 Id«m., l etí^ p áf. 67. { . , ^ t
5 T d e m ,, L o / .T p í f . 10 6 . ‘ v
Órigen^déThotiítre. 3
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;i ■,;V.-: :. ; -1' ’i'L’ v;. n,¡f j< ■
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2^^o(r^d^dtfH ietdoj, a que están sujetos, agí Jps hpmbres cppng
todos tos animales, en orden. a la satUíaccion de sup instintos fl( l. i
Aquí tenemos toda la filosofía darwimsta puestp enfrente
fiíqsofía cristiana: el sensisfno brutal que en ella rebosa por todas
pkrtesj la tiéiíe juzgada antes de ser llamada á exámen, ¿rQué. mi^r
ñerataiñ indigna de'tratar al hombre, diciendo que entre la intelí-
géncíá cTe éste y te det mono hay menor distancia qué entre U
ifiteligénfcia dé'tatamprea y fá efe este mismo animal! No: toda la
tiíostífta prótéstaráihdignáda contra tan repugnante desvarío; ja
disláncia que media entre el mono y la lamprea por esta parte es
láijiie sépara á iirí cuerpo de otro,' púestos irpíios s^bre ja^uper^-
cle teíf éstre, míéritr^s qué la interpuesta entre, el hombre y ef mono
esia que separa al cielo de la tierra. La facultad perceptiva, tanto
od raonp como qe todo otro animal>es material y orgamea, como
contenida dentro de ía esfera de Ib puramente sensible; la inteligen­
cia áel hombre, por el contrario, es inorgánica y espiritual, lev^n-
táiídóse con ella nuestras almas á la elevada región'de lo invisible
y eterno. Bifcn es verdad que Darwín opina que hh animal cnalquir-
ril, fátáko de instintos soltóles bienmarcados, adquiriría imfaUbü-
mérdé'el sentido moral d conciencia tan pronto, como, sus facultades
ihfceítfctuálcs llegasen al mismo grádu dé desarrollo, ó poco ménos,
que tienen las nuestras \ Pero está opinion es solemnemente absurda,
porque los instintos de los animales, sea cual fuere el grado d^ per­
fección á que se les quiera elevar, nunca podrán versar sobre Qtr!^
cosa sinó sobre objetos sensibles, materiales y concretos, miéptr^
que el sentido moral del hombre se cierne qn la región pura.de lo
espiritual, inmaterial é inteligible* Él sentido moral, ó cóticiencia",del
hombre, átingúe versa sobre acciones concretas y sobre objetos
sensibles, no por eso es material y orgánico, como el de los brutos.
Las ídfcas universales y de un orden puramente intelectual que entran
en él juicio de la conciencia no pueden ser formadas por facultad
alguna orgánica, sinó que pertenecen ¿ otra de un órden mujr supe-
tíór, á la inteligencia, a la rázori pura, por la cual pertenqcemoH
rtíúhdo de tos espíritus. Los remordimientos cíe la conciencia lineen
en nosotros de no haber obrado conforme á un ideal, de que es
absolutamente incapaz la imaginación del.britto* y .£Uj^ jawiüra nos
9‘onda seguir el Supremo Legislador, intimáfydofMft M» divinos pre-
*•) .’jjn¿|
1 l, rif, j»óg. yo. *
-* El mismo, i. fit.t pip. 7t-7a.
ceptos per rtiédio detíuestfa ^fbpfaTPásota. ¿‘Qué tfóhé '^lite' '^ -íb d »
esta sene de ¿Aceptos universales, puros y sttpr&áehsiblé*, qué
entran esencialtfierite en Iba díctarteflés dé 1av édhcíéritiá. humana,1
to n lá comparación deopuestasim presiones orgánicas, habidásete
diferentes tiempos; a qué preteridéreducir íiueétrá condeucíá e?
nuevo‘prodamadordél senstsiiib? » i - i.-,,
¡Donosa moral por cierto'fe de esfe sabio, qué ariiquflá pcrfcoftií*
plcto la libertad humana'y hace dé nuéatróespírítu unmeroAutb^
ñtótai; cóndenádo á juzgar de la honestidad dé ürt' acto según; la
impresión material del momento I ¿Qué nYé importa á rnf que, pasá-
dó el encendimiento de la pasión, slenta rnás 'vivamertte laS impíe^
aiones benévolas del instinto social; perennes y constantes, q u eM
otras malévolas é individuales ¿ presentes ahora, á mi esjtfritú 'aóíó
por vtá de recuerdo; ai cuando mchallaba bajó él irtfhjjó’de esto»
segundas noeradueño d e oponerme a ellas, árttes jtttg a b a s irip a
dér hacer ótrá'có&T, que debía seguir set- impulso y obedecerías,
porque tntbrtces su intenaiÜád íaüperabáála de su3' cotitrdríaá‘?‘ En
éste malhadado sistema todas nuestras acciones son rieceSariartiefitd
buenas >porque por una parte sietfipfe obramos arrebatados por U
corriente más intensa qu^jro cada rtomettto nos arrastra, y p#r Oftfi
en seguir- esta; corriente está precisamente1 toda la honestidad dé
núesifrofi^ actos. EldesagradoIsentidd más tarde -ño esíuri rtínordí*
roieüto táoral propiamente dicho, siu6 una mera necesidad fbíca,1
semejante4 la triste*» que experimenta un hombrt poseído de una
vehetnerttie pasión y convencido al mismo tiempo de qüie le es itt-
posible satisfacerla. En ambos casos hay tristeza y desagrado pcJr
la falta de un bien apetecible en este momento dádo, pérb tristestf
física y nada más. Déjate que varíen las impresiones y que el «fen^
pie recuerdo de uná áéciort se conviérta en actual iapásiónániierifft
por ellaí éntónees lobucno y bonesto sera obrar conforme á “¿SfeT
' i ■• I
nuevo estado >dé e<ísáfl, porque bajo su influjo soberano sera impd^
srWe tener ptor verdtóeíbilíen sind’&qudlo á que la pasiW arras*
trér. "Esto es precisamente: lo íjne"hacen Ios-brutos; y si ésta és Is rito-
ráí qde nós quieren mtrodüdr los secuaces de lá nueva doctrina,
verdad qué progresamos en 1a senda de^la perfección á las mil
ravrllas; én lugar de aproxidiarse Tos monos á nosotros, nosotítA
seremos, por el contrario, los que á grandes jornadas vamos1eflfint*?
nraij^óTiácía ellos, N ohám irébo que me: escribía' de América un
d ^ o iüjdtb1ltó ^ig'iiieirites palabraS: “ El^JarWirtiSmo enseflfr
él totknbrtí -eS' ima derivaéton del mOnO, adbndé ha llegadoesítB
[«pugpaptft best^wejapor eteamifl^del progT«po ¡(y o pt:«o
Feúcha más^pacjo^l a fr a w fodolp canti^oj.d^cieqdo que^Kno.i^
<$:\mdes® díujiop,deJ¡ hQpibte,^)» ppal .qos protesten- .Uevarnue^
M-^cnp^^noa ^^Ofr pofrJb, vía,del jrotrqpeso,* , £ ^ ^ r o¿in¿9 ,ni
ca£i)Oftj4{>,<aye igteatau 1o6[lii^sC(>rfla¿stag en, su Joco experto <ákfw>.
parentamos con el mono; la moral monesca ea lq Que buscan restos
s e ^ e í i ^ a ^ ^ Dios, ,aada de o lv id a ,;, los goces presentes: hé
aquí Jar*rer£ader£?bonestidacLde todas sus obras. ;
¿jYqjiiefopuede aguantar Jaranera con qn$ Parwifl.frace nacer
«fcj^safcpSrlíi ide&de-Pips después de.ba^¡ywM q ^ ^ # t ^ ,a l^
te IPfcraí* y ^ a .
^ .qijjer^ fegalax los. íW jo a ^ ató m o ?
decir (fttipwrida^ qut:di^%#»>í$í}iija subjetivismo frpg?,
espontáneo ,de nuestras ilwsáD^s,iqiagin^rias,-sin saber ¿si le. qorres-
poí»d$ ó uo algo real y vqrdader^-^el: órden -de lascosas ; En ver­
dad que el autor 4 elrOrigen de ios rsfi*$üs„ al hablar de .este, 130$$
9&r$ Jrt,<iesc*tuifrtcw del h ot^ e ^n orden a la idea d^ w SáJír^«rs
piemoy,gobernador del intuid o>r que todo?: los.mortales poseen,
^bir&jla t?erca e m mayor- ó periocqmn^^^ <ladp ¿, 8MS Jectp*
^Juett^‘iTic^ wptivQS s,para »ospechar que el ^iacMo proclamado
pw éli^ un, simple acomodaficuento coa la% r$ w M
soc¡$díid en. que viv^ ^i ;al.ronodmientad« ,D¡03 aojiajlegado, el
hombre .3ÚKÓ por una ae^ie de .ilusioa^ producida! tr^y^ ^etios
ístsdfts la y deJ sue^ t éPQr qu^ canjincfc ba lleEíyip ^ ^ r
b#r el natural^ ingjjés,que,-un. Dios [aaí, imaginado,y?f^ it^ aiio r^
ua% m]dad«ra nulidad, ¡y *q u ^ ^ p l^ ijr e s ^ q : ide-, flW*i?o0
íitu? El aí^ismo íe irnppx>e i^cesañamatfe«ar¿a suposición ^arfri^
°way <5^ wép^. ?1 r^paaMe^ juicio de- que^d* ^ L^ Y ^ e y í$ U *
premo gtobei^nadipr .d^l universo <^ido. por tocios Ips hombn» es un.
‘Psro fantasn^ de nuestra imaginación,, 0091$ fueíon, fantasma**-
tas ^ptr^s .soñados de mjestre#, abuelos, al pensar, que un séruv-,
vitybte les;visitaba, mientra» dormán* ó^ue su alma , hacía una
W¡pp,lucra dpi cuerpo áJ5>%.difjíre^te? países, 4 e- la- t je ^ r, ^ajrst
elcnso-todo tomismo ; J}io* aera un sé* fantásticp tj prpb)epi¿^
tipp, y los Jipmijfea podrán vivir ya m,el wwfldo.^Wi espera^sj^^i
temar de ese espantajo que tan ah^lado^-t^jo. i, ¿jués^os, antera
Pfe9íldos.v íjr,¡ - ,-..> , —l’ •-■
.■ tii!*.•"* ?-< ■
>*•■
7
--l-Nr;; AÍA*,id$6» cjf iíOfi.espíntü^, ni Ja;dc^n,
<Wp“ ffi»4 9 b
$8p
^ ^ fu p ^ t ít e .^ t ^ . RíWiec lps, 9jos.|?a;ic^ta admirable ipáqijip3,fJri
i^ijijVC^o,p^rar^ppc^ir .ipqi^ptansaüfc que, ¡ella not.ac h&?. h$qbp $
^ymsnifb. fí^ó, que cíebe.la e?ó^e^a,;fuJ!iam '*9^
iateligcnciai. y.^ppder dp, yn ^ ttfíc e tS o^ raj^ adorn^ dotte
e^p ^al^^dca, la. a^q^i^en,íg^qs.los.^qnb^
más 6 ménos c^ra, se&un,¡Sfa, ipis 4 jq^aos p^nei^apt¿e su razgn,
^ fpon^rsC fC^. q« lamedla!#, <jpr*fa*cto¡ c*>n, e l mundQ sensible. A 5’-
ijqisfpola-^ea de pues¡tra; inmortalidad í»?9^ en p ^ tro sr e sp p o ^
g£&p?ente con elconocíroientoclaraasld^nuesttra l^hert^d como
fie los aqtos espirituales que p^qticamfl? á cadaraomeptQ , ,^ 3 ^ -
t^donps sobre la orateria, y elevándonos, á :|£,í^eraÍDtnartal4e.lo
^itelLgiblc. -No necesitaJttQa de aueños ni dz ilusiones fantásticas ^ara
persu^dtmosdeque d<5?pues de n o ^ e s p e ^ .o tr^ i^ id ^
iftderá, do^de^an de ser rc^mp^nsad^p largamente las acdoof»
bpqna? de pre^i^tc, y castigadas. Jas malas,, Piensen así lasque
c^> ponen d¿fet^aci£. esepcial entipe el alma de un hombre,y 1# del
p,er^ que le agtjiapa^H,. . , ¡
^..Nosotros, por el. contrario, ^ .d je g ra ^ í^ s ,d e este suerte,, vfas*
Píos siempre la existencia de I4 o tra v jd a en |a ,necesidad dc uaa
sanción eficaz que nos haga vivir, en este mundo:.coníoraj^ilfti»
preceptos de la ley diyinp, Sin la sanción de 4os¡ premios y -fustigo»
de.jla otra vida. la ley natural queda de$3dqn^da, por complete^Ty
Ncus^uicra, Jjucude despreciarla .impunemente, siendo qiuy. ,leves é i
aignjfican^es para este objeto» asi el castigo del record»ra iento cojnp
di galardón d elg o M quesuejen acompañaraquí á la? Díalas y ,b a ­
ilas acciones. Por eso yernps que cuantos desprecian lps prenaios.y
los castigos de la otra vida son gente, por lo regalar, en tregad as
toda suerte de victos; y áun los que creen en estas cosas son tanto
jnénos cuidadosos de suardar ía ley natural, cuánto más olvidados
están de los premios y castigo» résefvados en la otíá vida.
Esto es algo más sólido ciertamente que la peregrina ocurrencia
de igualar la humana filosofía á la de un pobre perro espantado por
el movimiento extraño de una sombrilla. Las imaginaciones del
perro-filósofo que levantan todo un sistema de metafísica sobre la>
ondulantes sombras de un quitasol dando en su magín alborotado
cuerpo y consistencia á los espíritus invisibles, son v e r d a d e r a m e n t e
una cosa digna del siglo xix. ¿ N o diremos nosotros con mucha raa5
razón que las ilusiones imaginarias tienen su asiento y lugar en el
cerebro de aquellos que, echándose á fantasear nuevas doctrinas,
deseosos de decir cosas que nadie ha pensado en este mundo ►dan
O ^'éh det/iótnb+e'. 581
tftaiüf&tióH fé&tffá 'herchcía dél feentíiioebrtiuh 'íjáé fes ímlprínofií
§1 ér'iártos éí Autor d éla riktm^lezaPTódoél que todavía conserve
ürf'fííjdótíe Huen jtiiéfo '‘éWá dír^ttf&éár t}ue eí pefro dé Dárwfn nó
taifas ébríthi ^Si1algthií>:ítfv^ibléi1 átñÓ cbtatrá élJnwy palpable de lá
sóiftb¡Hitú, ^úc^ bófi‘suÍ íñóv¡niiehtos ifts61itos s€ le representó eóñto
uhá tosa moiisitrtíósa y 'ñurtcá vista en los di as de su vida.
*’^orilb cÓrtdíÉSiótí d¿ tódb lo qué llevamos escrito sobre la teoría
o^fbrmísta-feott la Tnirá dé defendé* él tiivHíb origen del hombre
erisefla<W 'jsdr la Religión crfetiana,feéano¿ pérlsiltído pórier fiii á este
cirpitulo córilas siguientes patabras dd profesor Fáfvre, qué sirven
tlé remarte á;éu ítítéresante obra kobré lá variabilidad délas éápécfe?.
“EStahipÓtesis (dé fá variabilidad in&ffttúda) ho séiéj^itniJk; ft'/^ícír
irá' principio, t ^ 'é ^ urt^ cúnjétrt^iff ^ b í '^ ^déduccionés,' qué étt
iflrigtn®maneraconfirínalareaEdád, tai’ por sus demostraciones di-
rtétá^'qtsé ápéftás^legárt'áVéfóSinnIítndes, ni por estas dos cón-
^uénciaS' extrémáá,c(ue ¿sí la ciencia como lá dignidad humarla,
nos prohíben aceptar, á saber: la generación espontánea, y el paréis
Téstcí irititri'o y degratránt^dél hdmbre cort él fcVtító. A pesar dé toda
fó'hábilidad é In^eñío cort que ilustres sdbios "áé háii eáforzádo éf»
dtíffindiéi-* etftkdoétritik, lá raíotf y la’ ^ e irié h d a han ’dejádd •fcn
pteitávígoréljúícto íaín reservado cómó justo tjue sobre ella fía
jjrOfeHdó Caviefr* dfdéndo qaé eritre los drPetJos sistemas relativos
’ül ói'igeH di las sfres organibadós, úoJhrty ntriguño mbtos. verosímil
el kát¿ lutcer -dé ra[tfárinbilidaddicha, vho irás otro, los di-
fe*hites gbierós per via'de deirumlvimientúy de tfutamorfbsis gra-
dnáiey». (Cuvier, K¿cñ¿r);&e$snr les ossemrnentsfossifrs, títíT, pá#?1
Tiá1597^3^ edraotí.) 1 ) ... ■
. ; ■■::■. .. ■ ■ , ' ■
• 1 ^Aivre, La. iw iqM itt tiu upictx ttH s iáráUi, por Eroeit frnlTre, proféMeai' ii
^ Facnlié 4« Scicaces de Lyup, Par«, JJtGít,
C A P IT U L O X X IX

U N ID A D f>E ¿ A ESPECTE HUMANA.

^ ^ K rotoáffeAbei'Vá d brfeen divina dri hombre, resta ahdra


ffi -todos lés pueblos qá& ác haBaá demftñadcts
l5F9^@ l fófltotticiede lá tierrapertenecen 6 no á ilhattís-
iSna'^¿^¿IÉsMjJfes,£ttft d t Ui mas' alta -imjiortanda por las
coas ecuenesasprátítiéas^üeifeva cortáigo enla vida Sactai; ddñde
varnuchó de düostdfrrar átódos loshómbrts óosno i^uale^ eri dig­
nidad, por la eotáariídad de naturaleza ^üe en todas se encuérítra
uniforme,' ti vér ellos especies diferentes y Afires deatiwadosfpór
su tóíaí¿aw(!»íídíéitíh interna á vivir bajb d dominio y poséáfob de
oííc& escúdá1americana, que en éstos útomós tiemposhaabo-
gadertah ardorosamente por la esdavitnd, en la diversidad de es^'
des humanas ha pretendido hallar el prindpaí fundamento de sus
asertos. Para ella el negro debe ser mirado cotno una mera! propie­
dad dd blanco, ai cual la misma superioridad de naturaleKale hace
su propio y legítimo'señor, no dé otra suerte que de los perros
y demas alímañas de la tierra. En Nueva-Holanda ju n io s ingleses,
llevados de ésas fhnestas ideas, han Uegádo hasta i cazar com o fie­
ras á los habitante^ dd país, descargando sobre ellos sus escopetas
fiara proporaónar de esta siiérte alimento á s u s propios perros. (Cuán­
to más agradable és en esta paite fe benéfica y esencialmente crVÍHiá-
dora docttma de la Iglesia católica, la cual, apoyada én las enséftan-
¿as de la dfvina reveJacrdti, nos manda mirar á todos Vos hombres
¿él globo terrestre,-sean blancos ó negros, dvüizados ó salvajes,
como verdaderos hermanos é hijos de un mismo padre! L a revolú-
croíi francesa, á fines del siglo pasado, creyó haber llegado áte átírno
de U sabiduría humana cuando, resumiendo en breves palabras los
imprescriptibles derechos del hombre, puso con orgullo en su ban-
Unidad de ¿a especü humana. 383
«Jera, aquel famoso lema de: Libertad, igualdad y fraternidad, que
tan mágico influjo ha ejercido en loa pueblos para corromperlos.
Mucho ántes que la revolución francesa había ya hecho resonar en
la Judea el fundador del Cristianismo estas mismas palabras, enten­
diéndolas en su verdadero sentido, y había encomendado á sus dis­
cípulos la misión de prédlCadas por todó el mundo. Y en tiempos
más remotos todavía d inspirado antor del Pentateuco nos dejó es­
crito que todos los hombres son hijos de Adán, y pertenecen á la
familia de Noé, la cual fué preservada por Dios de la catástrofe uni­
versal para que poblase la tierra despues del diluvio.
E9ta comunidad de origen proclamada én las divinas letras» no
es ciertamente necesaria para que los hombres todos del universo
formen una sola especie; aunque no deja de ser claro indicio de
que, en efecto, la constituyen. L a especie ha sido definida por el sa-
,bk> naturalista M, de Quatrefages en términos que hacen de ellaJ((uQa
colección de individuos más ó ménos semejantes entre sí, pero Capa­
ces, de ser considerados como descendientes de un^. sola, pareja por
upa sucesión de familias natural y nunca in te rru m p id a ,,y ésta es
- t ib ie n la idea, que sobre ella han tenido en sustancia los sabios de
todos los tiempos» á partir de la época del Stagirita, si bien en Ja
expresión d e la misma ha podido existir alguna variedad de poca ó
ninguna importancia. La posibilidad del parentesco, no el paren—
tesco efectivo t es lo que entra en la defímdQn general de la especie,
ío r eso, áup. cuando los individuos del linaje bumano reconociesen
deferentes centres de creaciónt y , en lugar de proceder todos de
Adán, ó de Noé, perteneciesen á distintas familias primitivamente
criadas por Dios; todavía no dejarían de fgrmar un^ sola ^peqie,
(«i la, naturaleza de todos ellos es una mi^ma, y tiene, por consi-
guíente, intrínseca virtud para transmitirse de los unos á los otrpt
por vía de natural descendencia. En la producción de los animales
.no sa}>emQa que Dios haya empleado el mismo modo que en la
creación dei hombre, haciendo descender á cada especie de indivi­
duas de una sola, pareja primitiva; ántes bi^n, como sabiamente ob­
servan los Escolásticos,’ lo natural parece que haya seguido el ca­
mino contrario, para que con mayor facilidad y rapidez fuese po­
blado el glpbg de aquellas.clases de animales y plantas que guarda­
ban mayor armonía con las condiciones especiales de. cada terreno.
iSin embarga, no ppr eso pertenecerán mépos á una misma espacie

"* -lfr»p, shap.-ia,-*. a.


las diferentes variedades deseada tíj^. siempr.eque est^
áéan tal.es ^ué dejen á los m á^duos dentrjp ’d^icuadrodfelaj j$Éma
ftaturátoa,capaz por si sola de, habpr¡3¿d,Q átomos el)p$Tg};m$t90
t origen, haciéndolos nacer de uq mísm,o trocu;o.,. , l í r í ¡ )tV_ inv:
Esto es lo que no quieren entender ciertp$ &>(*»
defensores de la multiplicidad de ^pecies humanas., al 3t¿Gaj; el
dogma cattólico dé la unidad de. nyestra especie con deita, dase, d«
argumentos gue sólo miran á la comunidad, de. origen. ,I^ynidad
en cuestión hay que combatirla, no con.la multiplicidad de objsUqfl-
los externos que hayan podido experimenta^ postrimeros.Itqmbttss
en el difundirse por el globo, sinó con la imposibilidad ,física ¡dengef
atribuidos á un mismo tipo jos internos caracteres quedistjnguen á
lós diferentes pueblos de la tierra. Dcjén)OS, pues , para pl cap^tulp
siguiente lo relativo á la comunidad de prígen: ahora só|$> veteará
nüestra consideración sobre los argumentos científicos qi*e¡ militan
fenfavordela unidad de especie. Estos argumentos no serán quifcá
de tal naturaleza que demuestren por si soios la verdad del dogma
cristiano: lo cual nada importa para nuestra fe , pues i^osptros no»
creemos los dogmas de nuestra sagrada Religión porque, se presea*
te clara á nuestros ojos la intrínseca evidencia de Jos miaraos.sinó
porque nos cpnsta con certeza el hecho de su revelación divina. J 5n-
válor, no obstante, es tan grande »y su fuerza tan poderosa* £ quet
si rió llevan al ánimo la convicción, al ménos la persuaden en téf--
raínos que, áun científicamente hablando, no obraría con prudencia,
quien á ellos'no se rindiese, ántes tratase de abogar por la causa
del poligenismo, defendiendo la variedad de espeqies Jiumanas»!
Rúffon, Camper, J. Hunter, Blumenbach, Forster, Cuvier, Weber,’
Tiedemann, Prichard, Humboldt, J. Müller, Flourens, Serró», Qua^’
trefages, Godron, y en general las más altas autoridades deiJa
ciencia, se han pronunciado por esta doctrina, teniéndola por Ja
única admisible en esta materia. a El monogenismo-* escribe de,;
Quatrefages^ cuenta entre su$ partidarios á casi todos Jos naturaU&’r)
tas que han fijado su atención en los fenómenos, de la vida, y entre-
ellos a los más ilustres. No obstante la diferencia de doctrinasj>rq:v
fésadas por Buffon y Linneo, Cuyier y Lamark, BlainviUe y loS'4^
Geoffroy, el fisiólogo Müller y el viajero Humboldt, todos. ¿estPt*
autores están de acuerdo sobre este punto. „ Y el sabio Godt^flf
despues de traer en favor de nuestra tésis los nombres que poco há-

r1' ^ Qaá&ítajea, T Ítspift hu/Halue, tív. i, chip. it, a. i.


&&&?<8 /d espacié11kumana 585
4W'éáé^tóa jüí¿¡ó¿ámenté en estos térmuí^s^ “ Es
ftótSflM¿:íq t ó ; '^ ':üná'cUfestlón dieiíttficá y ardorosamente áe^tid^,
■ te -pronurfciért córl tmanínridad éii ákvór de la unidad prirpitiyacíel
género humano una óófec¿ií>íí de hombres tan ilustres’y tan espe-
tásles pói^M'tóttiraléza de sus estudios; y si todavía,no p o d e o s
ooifefdié+ar'coirrtó definitivamente resuelta una cuestión que cortan
íte3;-bfeii:’^üe resuéfveiT los maestros de la ciencia, parécenos sin.
knibapgó qué acuerdo de estos autores constituye ya por sí sólo
uft'á ^vé^inésitóiclGn tn fávór de su doctrina, y que sería una te-
fflétídad ctóifiuértl atusarlos de error sin h a i^ estudift^ola ¡fondo
; t. - 1 ' _1
f A tr e s ¿iasés podemos reducir los argu^eii¿QS referidos: pnj
ttíérácomprénde Tósdeslgnátfos cón ¿1 nombre de m o r / o t o en
Itf«girada están contenidos lós fiiÍptÓjp£ost y en la tercera, final-
ftfetftfc, los psicológicos. De elíó* tratáremos con. alguna detención^
fcuidttndo Ün embargo de no traspasar Tos limites que nos hemos
prefijado en este escrito. Y en primer lugar, comenzando(ppr los ca-
ráctéres de forma que corresponden á los diferentes pueblos esgar-
efdflís £ór el globo, ellos son tales quer si bien áprinjera vist^i^du-
a tr’e'tr la multiplicidad de especies, mirados no obstante qoi*
dffigeáctá'hóS revelan una simple variedad de rasas. Todo el mun-'
^ sabe ló íjtté etotendemds con esta palabra que acabamos de sub-
niyár. “L a rázá es un conjunto de individuos que heredan por m e-
tüo tfé la generación ciertas particularidades accidentales que no
iteran sustttncialnttnit la unidad del tipo. Tal es, por ejemplo, en~
tre I<Mlanimales la raza mtirina de las ovejas españolas, y la ár^be
d¿‘-1óí raballós andaluces, las cúafés se pueden consoíj^ixsdéfinjda-
mentó cím tal que áe impida el cruzamiento de ellas con otras de la
wsma esjjecSé. Ciertamente, comparado un individuo de la Váza
caucásica con xStro de la etiópica ó de la mogóla, á primera vista
parecerá que no es posible hayan brotado todos ellos de un migmo.
troued, cón tal de que Se tenga cuidado en elegir aquellos en que
más señaladamente impresos se presentan Iqs caracteres de su pro-
pía raza. Péro haciendo despuea sobre esto un estudip participar,,
y Comparando, no los qué sobresalen más en cada grupo, sind ostros-
en quienes no se hallan tanni arcados loS referidos caraéíéres, en­
tonces el juicio no puede ménoá de experimentar una yauiacion

• Godrou, Dr ttspitt ti dts raets datts la lira <rrganis¿£^ tomu v,pjQgi,-


URS371-373. " :í' ' ' ’V ’ ‘
$86 LM*dad>de¿ctjKpéci¿ Aufk&ñá.
dotablé; pbrque^.las diftf éncia&fle raaá ¿ rata Uugan á^tiismjjuai^
ténnmosrque con «üficultadse puede establecerá pürtto de división
■entreurtayotora; indicio manifiesto de que tocias aquellas modfódar
<áones accidentales y accesorias han sido. iotroduddas, leutameatá
d proceso de los siglosv cnerced á Id& ageatcsdela naturalwá*
•en un tipo primitivanieBteuniformey yahora alterado solamqntccn
algunas cualidades secundarias.Tomemos, por^ejeoapto, laeiráí^s
«ntrasl'm is opuestas,á »b ^ n la cauqísigt y lx etiópica, en la* cusí*
tes,rpórconsíguieate,' más que en ninguna otra ‘debiera aparecer b
Unea divisoria de una manera clara y .pretiisá entre todos Jos iadivt¿
dúos pertenecientes á una y otray a ser verdadera la doctrina de ios
•potigenistas, Claro está que si comparamos solamente (A individuo
-tnás hermoso de la primera oon el más feo (Je ia segúnda/cotoo
¿dueicthacerae cuando se quiere dar una somera idea de entrambas
«ntótupes la linjeandivisoria no-será raáy difícil de trazar; hastia los
xaús lerdos ^podrán describiría, siendo tan grande la diferencia qtfe
media entre un georgiano bien- cotí formado y ua negro boz^L-Por?
•éste no es modo de estudiar ¿ fondo las cosas; para ello hay qqe
poner en parang-oh el conjunto de¿caractétes de una^iraza óon d
conjunto correspondiente de los de la otra, haciendo esta compar
ración en muchos individuos. ¿■Ctóies son, poes, estos caractóíWf’
íxw principates.se refieren al oolor de la páci»ála^:ok>raciotiiy
-truetnra d d cabelk), á la fisonomía del &o4tro, á la conforniacMWsMtf
•cráneo .y dfcLhacinete, aLsudorv finalmente^ despedida por .los indi­
viduos de una y otra raza. Veamos de decir:algo sobre cadaigifttie
>estas propiedades. i, r
El color de la piel es lo que más suele llamar la atención de
ignorantes. Voltaire, el pensador más profundo de loa filósofos »uu
-perfi cíales, como en cierto lugar le Harpa él conde <íe Maistre, e9c*v-
bió-por esta causa las siguientes palabras: wEl primer blanca que
'vió á -un negro debió quedar con su vista bien admirado; el pienw-
<Aaf*etuperorrque cne^áse^ura haber sido producido éste de aquél,
cnecaosa A mi mayor admiración todavía. n No hubiera tenido o&r
tamenté por qué admirarse el incrédulo filósofo de^Femey si,
gar de gastar su tiempo en burlas y sarcasmos contra el Crisma?**"
mo , J»|btera estudiado i fondo la cuestión para no hablar con
confianza de lo que no sabía. El color negro no es tan exclusivan¥?fl"
-te-propio^lc laxaza etiópica, ni el blanco de la caucásica ¡q*#
hayattitparccido repetidas veces.inveítidos. Hipócfates cucnta dE
ama « ñ a a , cgsada >oon úii hombre blanco comí» ella que tuyo a»
Vmdaá-dtlaespecié,hitt/>tairá. 58.7
hyo'aegrofcoffia qn etiope, siendo :poresta causa ¡afincada deéduW-
teño y defendida par él misma, á, quien ie: debió la vida, Lepelletier
refere on cafto semejaatev diciendo ,qtie rde padres manifiestamente
blancoryeiuqutónes ao era.posiblesospechar comercio alguno Uf~
íátocoaalgunnegro, nació un niño con el pelo lanoso ycrespo,del
HBgrOr y oiw> la tmta> fisonomía y formas <iet niulato.

4 - Estos dns qemplos no-sanen verdad decisivos para el propósito
de quevamas tratando, porque ai fin y al cabo pod¡emos tener cu
eUoson^simplec&áo de atavismo,n o sabiendoaaálcsÉjeronlos aa-
k eáo res ddipadre ó deJa madit. ds hMjnandfltHiriai á lQ i; petó
no íaltan otros que no pueden admitir 1$ menoraépAtcapsiBfaftífede
nuestros adversarios- Losabisinj tragón negrosJ¿mo*^osyicasi<blaMf
eos, sin embargo de pertenecer tipo semítieo.jcuya fisonomía ooxt-
servan , cuya lengua hablan y cuyos caracteres uaan en su m 6d6. de
escribir á Ip'fenicio* Lostuariks, paratas deL Sahara, descendientes
de íaa antiguos, libios,' en algunascomarcas son blancoa, y en otns
partes, por d^contrado, tienen la piel amarillenta y.áunücgra, >sin
que ea ellos sea d viertan m los cabellos lanosos oi los rasgos,cacao-
ferloticQs del negro;, lo. cual no es muy de extrañar, :,sin cnfeairgq,
porque ellos ningún. comercio tteneo con losnc£ rosFá quíeneslides-
predaar ni admiten para la procreacion de sus h^os. alianza alguna
tmi (os de otros pueblos} Los judíos en los patees septentrionales de
Snrtjpa son blancos; en Portugal atezados; en la provincia de C o-
■úbltí y efi A fó car 5a * l reino de Haussa i negros completamente; sin
qüt dato se pueda atribuirá su cnwamienta caaotra* razas, porque
ellos no se casan sinó con Los de su nación, conservando' en todas
partes lo í diiamaé iastinto^ las mismas costumbres^ Finalmente, de
'los fellatahe, *pneblos que tocupan la TOstá regioniqtfe se'extiende
desde el Niger hasta el fin de la Senegambia, escribe Godron lo si­
guiente : “ El color dé su piel es generalmente oscuro, pero pagando
por los variados matices dél trigueño, rojiao, cobrizo^ bronceado, y
acunas veces simplemente bLanco oscuro. En ei wauwou su tinte no
«9 más prieto que el de los españoles y portugueses de la oíase in­
terior, y por otra parte, á veces obtiene un grado decididamente
"««gro. Richard y John Lander, que han vivido durante un tiempo
bastante largo en medio d e tos fellatahs del Niger, dicen positiva­
mente que tienen un tinte moreno' 4 un negro de holliiu Denham
T Claperton Han visto también uit fettatah; de edad de unos ícíjj-
etienta años, negro como el carbón, cdn: una nariz •encorvada,
fes ojos grandes y la* barba niuy espesa. ¥ sin enobargo, esta cotora-
fy&8 IMdad
d o n se muáitra'imkpeadióntemrote deítodaialsanoa: con» Ib©negros
sus vednos; porqUej se divaguen rquy bien, par>*a coní6rmacio*r*a«
caíraetertetfca d clcrán e^ y de lascara/ríos- fellatahs de rssapujd do
aquettoB'cuy&Tcal^rtéregh&a^dojalterados cabla mezda desangre
«fegr*£ v'-!‘v “Vi '< n^Tir.»..•'■'| -*t¿■ ■'.-¿r v\'> lab
ViÉa^i'pü^vquévdorptteÜe^eiierelicolOTde'laipid'eniírdeáá
fcj dt&fru£ofl d e especies hiimailaaT ¡cuando^ e a un»: misma raeáü»
notan todos loa matfceft qtse pasairdesde'd, blanco;hiasta el negro
de nnji hianera insensible; Gtiandoesta inásmoJ suoodeen puehb
judio, de quien consta con certera: haber ^tenido=porúnico ^adinfcjá
Jacob, Sea cual fuere la causa? física <que hace transformar. el colord*
la piel, «obre lo táaA no; se puede <£abr<ana' ra20ít ratúfactori*rtodia*-
vía en el estado actual déla d en da,e» ler^eiteí que esta transfehoa*
otan: es onefectonatural.Biíi qufcpe&rél.rKía sea lídto reeumr á lá
nouítiplitídadde espedes/Lomismo sucede en los animales rfentt&
Í0B;cuaks!lasí^g8Ulnflár por ejemptoy vpasan con la mayor focttidad
del cotúr blanco ralkegrp,'sino sC tiene cuidado de impedirlo. '*-fioí
esta-falta de precaución > escribe' Quatrefages, se h a desarroDad©
este linaje de gallinas jn egra?^ varios puntos del globo;1entró otros
en las Filipinas, en Java, en las ialas dé Gabo-Vérde y sóbrela) ■rite
teta de .Bogotá, donde todos ostosancmaiesi proceden deiroti^eit
europeo^.* 1 *'k
^ Todos-venimos al ^mundo provisto» delaparffte secretorio del
pignwttum, <ó materia colorante depositada entre la dérmis y la epw
dermis, materia a la cualse debe el color especial de la p oli pero
esta sustancia en unas razas toma un dolor y enotrasotro,, merced
á las- particularea dreun8tandjuiá. que se'hallan éofflfctídos tos1hom­
bres en las distintas regionesdd globo. **Las difereneiafli dectolorfe
cionv^ice el citado profesor de.Antropología, se explican con
tante facilidad. H oy «s ya cosa sabida, am qoe pueda haber lugriá
á la duda, que la piel del negro tiene exactamente la, misma oetn¿
po&ioion que la del blanco. 1$» uno y otro se encuentran lasm ú-
materoapag, \ & & t m i * \X Í ¿ m r p o m atcesQ y 1B- a p id é r m is , c o n la niis«
mísima estructura enlodas días: ^ólo que estas capas son-imá*
gruesas eü 'd negro. ;Ea estas doq grandes razas, el cuerpo mucosa;
colccado eotre loa otros dos, es d asientode la eoloraqjon. ’HáHase
formado por celdillas de un amarillo pálido en el Manco-roje* de
• 1 . 11 * i
I <rodroc f lk Vupict tí dtt roett, etc., L u, págs.-164*165.'
i DeJQpatM&ge», £ }*>f¿ceJiu0HU*et Mar. t, ob«pj'V, m. * . '
ümdad
ua:^&cUlb;oiia6nmbno& osoürojcn,si -,hltiHCOrntoxtitei)de, wí.onwv-
■oínegtuzco «o» d degro, Gomo por.obpa. jarte.influyen e n ^ o rg a ?
n b las causas e x t e it O T ^ s e m adific^i Gon e s t e 1* «eorpcion. ¡ooloeadít,
Sigroit ha demostrado qüerJaBípecaS ütOiSonrSjnó ipUQtoSr.d# & p^qj
del blanco que presentan los caractércs de la piel del negroj y y a s e
sabe1que uha kiüolacíoii. desacostumbrada en los h o cabres y .e a la s
mujeres demuestra raza ,-asic© rao tarobkn la preñem entre estas úl*
timas, Aon suficientes paradetersoinar la^parioion de estas man-c
í k í s 1. M¿ Qué tienede extraño* continúa elrmamoairtoPy el que un
conjunto de drcuastancras^deiiltre las ««ales, égump itutu^atóF poOs-
tinte; u n i luz vi varete., LTctíenást al.cuerpo en*«oi y'tmgadurfrWc<i
«atas raodificacii>Deí¥jetreunserttas ypasajctsw ^treittetofro^^Eki
resolución, el colorde-¡la(pid depeude de cierta.secrectonquepue^
dé ser modificada por- unanmkkudide ^circunstancias , como sucede
ac ^tras muchas cosas* fié aquí por qué e) indio (orto )\ el bíchari
K ^impro (semitas)■, aunque 4c rana blanca, toman el mismo tinte
y. aun ua tinte más subido que el negro propiamente, didwx H)é
también por^qué éste se acerca en ciertos *casos ¡á Ibsi pueblos
más 6 menos morenos. que pertenecen, al típorblax^oj ó toma uo
c^lor que tira, mucho a l de las rafeas a m a r illa s ^ , > ,-i -m
i^Efectwnaoente, la pr£ñez suele producir algunas veeesen la pád
de las mujeres el género de coloracion arriba dicho; así como tam-¡
bifcn dajmayores proporciones Álaaureolanegra delpezon mamilar,
y áun es causa al^aoa rara v w de fenÓDoenos mucho más maravi-
Uosqs, Gamper cuenta de una señora distinguida y,de muy blanca
to f^ ic , cuantas veces quedaba embarazadai geibainmodiatamente
tíwaffgreciendo basta «i¡punto de.convertirse en«nairerdadora ne-
grat) desapareciendo después con elp arto ^ stc-.co lor temporal , y
volviendo. ;¿ mostrarse de nuevoel primitivo i yBohinfire, cátadopoF
Rlumenbach, hace mención de una mujer, francesa en quien tuvo
hi£ar un ejemplo semejante 4!
Lo contrario sude sooeder á los negros, que, perdiendo su color
^^fdinario. sc ven á v^ces atacados del ai¿ñtdsmot tomando todo su
w erpoy áutLsus cabellos un color blanco mate, que: les dura toda
9t»vida, y que aun es transmitido por la generación á los hijos. Mas
Ba Se nrea que este fenómeno se verifica^ntre los negros sol amen*»

i L*e Q u i t r c f a y c s , 1 ‘esppee kttmaitre, cap . v .


1 Id e m , W í¿ , c h a p L .v ^ a - ,.2 . . . . 1

3 **ozzf, A# itrrt, ¿ic. ApyawHct, pir. a. ií»..¿A«w*¿ftír dt la-ptáa, tw.


t*; tea:tom tinánod osk^ u ^ load slffén ero humano r ¡maque cotre
tós negros isí»cié;.^ac«der coa m ié fixcuenc&.BItfinonbrehbhaoe
mención de- una familia de ¡albinos en M o n teí, eaj-el cantos d£
Fribucgo-My según iGodrcm Vn^h&cenfadhoarafios qué&xigtí&iafuti
ettiOtoásy-ie-Roy, cercade Paramuna familia cuyos mdivikittos pne^
scfutalnn^iiria piel ia.ioo]Qraaktii aJbín£.Ei difunto-cardenal W¿8Ch
otan3 refiere mi. ejemplo semejante observado en uan.iaíBÍiia .il>üy
diatingTiid*;qüc rvhda m Ufixcnánifi? de Roma y confiaba mucho*
iadnríduos deestaffiláige, ’!. .* .' ^ ^ *■
■._/
L o dicho basta para persoadirse de que. el color de la- fud oadá
tiene que ver con.la multiplicidad de.espedes, y d e que sólo sírve
pata probar la diversidad de rasas, sea cual fuere eJ modo en 'qudlfc
a^türaieta «jecuta en tos hombres este tráswto dc.un color ¿ otro.
La, éoloraeion y la natnraleza del cabello, q»«i suden ser también
v ^ a ^ i^ jM ditoentea-fstEaa del género humano, ¿tendrán acaso
alguna may<»1.ñ *« ^ denaQátrativa. en favor dél poKgenismo? fié
ninguna manera; ánfleb bien su estudio, atenté y «tífigenteriasoa»*
duce en la misma forcha á no ver en eBas sinó el aigno' disbnlávo de
la diversidad de razas. Por lo que hace á la primera, nada tenémos
que observar distinto de loque acabamos de escribir con/respecto á
lacolorstctoo dé la piel. Arabaá dependen de una misma causa i del
^^^^^^R^^bfi inencionadoj y por lo .mismo suelen guardar tetne
si^oflatant^rdacion; Smetnbafgo, todavía es más -variable la coh*-
x%doRr>«pcabello; que en b. piel, puesto .que en una cmsma
pas&Á veces. del negro al blanco, ya por razón d é l a
edad, ya también á consecuencia de alguna afección moral profi»*
da* nomo una- tristeza suma ó un temor repentino. Loshom bresde
una. misma raza presentan la variedad más completa en Jos colorea
dd oabello, tanto que con ellos podemos formar una serie coptínua
<¡to matices que prjtwfjpieen el blanco y acabe aegeo. I*9s
bétt©* del .hombre «o» rubios* castados* rútilos, rojos» pardos y no*
gros, y,tienen oteros mil matices con {jae ae uneii e a r t o s Golorea eptre
di Ninguno de estos colgreason propios y exclusivos de ras», al-
gttna.i ^B^uflio por^consiguieate forma carácto- especifico, sip.<k
cuíuadomós, de raza solamente. ....,

i Hiumenbach, MídUhtiscke iiibliothek^ tomo n , pág. 545. (Citado por Godrt®


JO tlesfiece, etc., tomo II, p¿g. 151 .)
^ . r G o d r o n ,7 . .
3 "Wlíemno, Discurroi rebrt loj relariotuj, etc*, libio IjdisctjrSO twceip.»
ra pJLrte. , fc
Unidad kmtoámti
■'-En cuaftlo á 4»±naturateMi xje[ ^abell61 aigmia -mayar dificultad se
podtüa'&pécer; pites ¡d carácter lanudo y ensortijadó del cabello de
Id» flcgros parece ntóiy <üatmto deiiaTgcfcy aliebrado de los blancos.
Peroéstadificiilfcadse -disipa almonaento/con sólo poner atgniná
mayor ¿tendón eaelasünto, En primer lugar, no se debe creer que
d^pék) delosttfcgfttó^táa verdadera lana. Prichard lo ha examinado
ouidadoeaínente á la lu^ del microecopio T advirtiendo en éí la falta
dekugulosidádes y asperezas que dai* á la verdadera lana la forma
de sierra. “De las observaciones practicadas,pdice^re8aita con per*-
fécta evidencia que el negro tiene cabritos ■ pmpjarteate dichos^ y
no lana. La príndpaJ diferencia- entre itís- dabelioardel inegra *yr loe
dél europeo consisteutep4eínetrte‘eii^ qué'Ibs uno& riott iffltó' ifiíadcft
y más crespos que los ¡otaros; y?iéstfrnó<irrealmente Binó un&dlfea
wndade más á méoos» puerto q u e e iv algunos europeos tambieri
k»cabellos sepresentanejcoesivamentecrespos.Hay también otra
diferencia, á saber: Ja mayor cantidad.de sustancia colorante que se
nota en Lo&cabflkjs del negro. Es muy probable que o c a patticn^
laüdad seÜalle fotimamente^eiacionada con la anterior, 'cntérA ?'
flasde qué quizá basta debe ser considerada como ¡ sb‘ verdardera!
cansa w *. Ademas, aunque fuera verdadera lana, nopcr^-eso-habda
facón para hacer d e esto una propiedad específica. Eta los animale^
ehpekr de convierte en lana, y viceversa, seguro sean diferentes la»
ofconstándas del medio en que se les coloca; por consiguiente, lo
“rismo podrá acaecer esto en til hombre, s in . que pdr ello haya rte-
fltettul- de recurrir á Ja diversidad de especies. “ El veUóñ lanoso d&
tt«3troí cameros* ftsctfbeíQua^rfcfageves reemplazado por un peto
obrto yí liso en nnapatte;del Afríca. En América suécfdeto ntfettó-
con fes carneros del Magdalena cuando noseiesesqntía; y, por**
«nrtrsrio, en las altas montañas de los Andes los jabattesadquitren
oAa espedede lana basta » a; Finalmente, comparando uno con otro
el pelo dé las diferentes variedades humanas, se encuentra ana serié
continua desde él cabello del bianoó hasta él del negro, pasando pop
cambios verdaderamente msensibles; lo cual indica con toda dari»
dad que las diferenciasestán tnüy léjos de ser específicas por esta
parte. Lo mismo podríamos decir acerca dé la barba, que ett üri&S
razas es muy poblada y en otras muy tenue, en unas de un color y

t Prícbard, citado par Postyen su excelente obmr Le ttr r ie tU r ie ii Übliifmt


AHpwid¡ce, p5r a, D, p íg . 47$. • -> • 1
* Qmurefagca, L eit.f Iít. 1, ch. v, n. 3. -—^ '
59 ?
en otras de otrpr C i^ o s ¡pifebffla ¿ipo?n la jfwtUfflbrA dft ai**i¿e«rafc
los peíós dé; léfia, razp^ ppr ,1a. ef*tfj>$*iiwht¿
algunos y&jeroa qugf.» t^ ,g e ii¡^ ^ a»
gunTunckmento, rsin enqibarg^ ijo í^ta¿Ía.paxft saJK^l^.dej&fltjíi
modo f parque de. suyo tfeneq, ^ i;j¿$)a; rauy,,gocopoblada,itC$to?
empero en riada. perjudica i^e#ra^ési$T pue^to^ite ei|tre ¡ioSíjnjjfrr
m o s ^ o p e o s np Sitan ^ n n i p s ^ . s € a * . ! p < * » í f i
W ^úm eroj asjcomotombiei* h*jr, jjpejtgps ¿jsnlac? ^ ^ ;jB*c^new;
puros a quienes crece la* baHja ppra^.á lo|, hljjneojí ,fJp;Europa.;í^¡
cftcpewyahos pn la; América septtítitrioaa^, lo^paíagoii^, lefcgtgfcn
'tos.,, los guárante y J o ^ ^ a y o s o i la aaefl4 iw ^ $ P W K W ^ a,ií*^
dase, sin que pijied^scf atribuido.este/en<knenp al prusftmfepitoJrffq
sus razas cón,l£s ¿e los^la&eos. ' .,.,,,Kl> ojr; ... ;-¡ h7... -: kk •>'’
’Éni e ^ j Comp en las dem^s Qojias., ia naturaleza esíjiwny varhw
sq^ufj(son. van^Urnbiea l^sjpírc1uristanaa&<y? qqe obra, ¡Asi coioq
en pn^s p^^-pi^jgentcfs j^spr^yístas casi totalícente de mate!**
cabelluda, en;otras les. raparte esta 3ust,ancia converd adera prOÍft-
sfon. Todos sabemos cuá^ extr^ordina*?o,4 ® ^ **£•■
Esaú, pues su hermano Jacob, pu^p ¿$ga$ar.¿.l9aaft padfl&dtftM-n
trambos, ya ciego por la viqjez, .cubrieüdose la cai^ y iafltrtáUosh
con las pieles de los cabrito»! que ajpababa dema^rparaprspíUrífidi'íí
la cena. En 1774 v íq el célebre BufFop U A ft^ q u e ^ n ^ qiibierta-tíie'
pela toda, ja cara y hasti. Ja frepte miaraajy )os aiaps, i^e>a?hre5 d§
la ^zajqirí^aiía» suelen ser tan peludos que ¿ algunos de *>llos
todo ef cuerpo se jo? cubre d« pelo, llegando ¿. brotar ^stja gusta^ir1
d a hasta en el mismo espinazo. ^ i ,hr ,! 1. !n‘;?
Pero vengamos ya á las facciones del. ^o^o^que suetev.tfafiWi'
tanto la atención de los# obseryadpr^ y pn las c^ le s h^n pretf^r .
dido algunos hajll^u^Hiiferenria. verdaderamente eppecíftca,entre
el negro^ y el, blanco. j¡¿n, ellaa.tarabien tenemos lex aca-r
ba^oa de.e^ rlbi^ cerca^ el cabello y del color d e l a f ú e L S i todo»;,
los n.egtos estuvieran. cortadossegu* el mismo -tipo* de. suerte que
sus facciones fuesen propias y exclusivas de esta raza, y ningún in­
dividuo se encontrase en las otras que en una manera ú otra las
imitase ; entónces habría razón para dudar por esta parte. Pero aada;
de esto suqqie;-.'áste$ hay negros á quienes la forma de lasara, u
no fuera por el color distintivo de su raza, los colocaría entre kw
venJedífos blaiwos. Blamenbatíh obacrva qué erttre los etíopes dt
pura raza hay cierta clase de hombrea de foriha tán herniosa
%cmfe*Que\ iüehá ahdraedan del (alar, coy ^i/trM¿/ad se ¿es podr™*
áktmg*i*‘'dé> . PWteháttlV 'ttáblatóíl'o' de un negro deL
Afne&t&Otft&t:, ^eM ^viátttfeiiiitístas1páláfer¿síUu‘ 3 r en tii^ar de ser
ndg^o'ftíi^ft]fclattfetf él:febltfH!cfe^ la rtacíá^habría en 3ü cara pQr*
dtítideJ¿ t ^ l w liiié!st¿ díítitrtiíi^ d^ ritt euro^éo' ^ "Este mismo autor'
dk^ ítanibiélí ^oñ•ttífetertciá:1ú Barbdt, que eh ciértas'poblaciones
negras1 dé :ía!JCJdifca' dc^Ord^loshotríbreS son generalmente tiien"
forífla<l0áy íietfeala 6¡árá‘ á^rádablemértte Avalada, los ojos brillan-1
tttj¡{fói|lfcfSa9 4 is Wéfás¡/i&'ütfcnfó& rttóíiitódsr bíálícos y biendis-'
pfleítoS i1 áttlo»íj fííí^Cbs' ^ feritáíMadoí , i^ÜcKóyméfibs gruesos y 1
. ........ . . - : . -i...... .. .i'irrA pí n *.JiíffE'/;-.'/ n'm

pertewciQiítéiá á fá N f g ^ á , ’hátóí’Cáfltié: 'tk^frituií á'gfiilénte :ri* 5 &V


de estatura regular, bien formados ^ ti¿&ch'ó5, y arldan con paso
finne? sujetolor e á ^ ' ^ i f í i e r l T i ó ^ ' s u b i d o , y ja nam algo m¿>
a ^ le ñ í ^^te'de^ltis Wratídiligióé1;^ tíeneii, cofñó éstos, los labró/
deJgítdOs lW ^jd^ hégfí^os „ ^ L o mismo escribe Godroá dfe lpí
yotoflfci ¡y títtbS pueblos negrefé déí África,' ^^Hav
poblaáÍOne¿'; caíí éfi^tás 'dé hegroír, dice, qué rtotienerila para?
coft^yíínkta, -cuáfeÍ5 són ’lok yoloffs . fos ffiandikgosjrllds hafeitáiifes
de de;K dthena;'lds¡deldUrsósaperio^ dtl Ni^er, éte. ^egim*
Id'1fiid d í1^ f e s ! á ^ a tftó 1ofrecé; isóbite todo entre íos'
¡dé l á - i f l a á é k i H ' s ó l b bellas formas , nías también
cota feeobetidai^^g fc!»riipíirablés á lós del tipo ¿riego, Bien léjos1
«üMb lílfos3!é TOítóSÉ*!K?iílÍDÍf•'dé1rtjbtíd«jflé ^ ttó a h tó iite ‘ie abrí-'
bfljfc'fttocfós [tó'ri^rbs^'f'fii^tíiertte;,’ Bfoiydte' Saiflt-Vfoídéftt, du~
rante su exploración de Argelia, ha hecfíd píiitar1h¿£rós <^ut , |iara
s e d é •rtiisttvasLj!>afáAir&s*, j&r&n blancos éí’ pudiera

modifica |»rOfifcfdíitaettte latibertürá -dá ángüló fatáálí; ¿ti térm ino


qtte^ste"'án^ok>>'tié puede ya, como sfe lo liabíá !ni'¿¿lrtado Vlféy,
SMHlniSla^.un-'ca^fttster^vüí 'grairt d^rfeiot^éntre' ¿Hds y fós éiropííos.
i:1 i'¡; ■
_n , ..;s', j, '■, '1 ' • » ■■- -:' ‘ -¡'

í iílijm cab ácb , £>tc*s prima cúUect¡i>fti< suae cravitrum dknrsarutH rpttiuM iih t-
^ r<W«fe8tf;i«a¿. • 1 “r‘(
ftitinrd, tráa.lWjii, toftió*itlpd^:! .- --1 *'
- J 'i E L jii«M npt ¿ fcw n ro ^ .p á g r/a. ■ / | r r »7> ¡17 i - ’K i 'j íz» ‘i ' . J t j friy u í '^ f

.>1 ^*^Ci rr*tttls ¿tulr+1^ Il*on*A^ 3^. ,


teraero^ac^u^ ,v .. , ¡ | ViJ A j ..- y^ 0 .nn<
5 t l prá^QuiÍBEno c o a c te en la prominencia de lov maqdíbulaá.. la ,cuil
ittürí-ltii dientes indidvo^tÁ p o^ tüu oliilídiiju '. ^ ^ X
5^4 Ukidact ék th espíete kkthatta
Por ótfa piatíe, éri lá raza caucásica hay hdmbres qué iieileti indina­
dos iós dientes indsivos, co'mó'yo misino los he podido observar, y
otros sé distinguen por iá narii remachada 6 por los'labios grüésos
d élo s tíégrosw '. ' ' ¡i' -ir- •
Sobró esto d d ; ángulo facial; que tanto ruidG ha' metido én ¡el
mundo, y á que han apelado tartíbiert los poligeSistas para hacer
del tiégroutoaespede húttana distinta dé la blanca, escribe sabiá-
vxctü&Pói^f : “ Observemos, finafatiente, eri órtfén ¿ las ntádifica-
dones que presentan los diFerenteStipós humattos por Tizón del
ángulo facial, que estasmodificaciones dependénesencialmente ¡de
laposieion.de la mandíbulasuperior; y no de la direccionmásó
ménos oblicua que pueda tener 7a línea frotttkl, ^>otqüe bajoeste úl­
timo aspecto las diferencias nacionales ó típicas son harto menores
^úéíaS-'dHérencias individuales. 'St en higar de hacer llegar hasta
lá ^a^Tnási pritáiinettte de1la mamfíbtíía superior la línea -bajada
desde'larattó dé lamente, como qúería Cara per, la pasáramoé por
el punto de éhcuénfcro de la baséde la nariz y del labió:superior, se
vería que esta linea se halla tan levantáda en las cabezas de los* ne­
gros como en la mayor paite dé las cabezas europeas „ a. 1
De lo dicho se inñere qué en las facciones'del rostro no preseflta
la-raxa negra carácter alguno por el cual la hayamos de íjoúsklerar
como tina derta especie separada^ Veamos abolla si la conformación
deléraheo ofrece áTgüh mo^Vo más poderoso para seguir la doctri-
nadélpolígénismo. Tries cosas principalmente se encierran en esta
cuestión: Primera, la capacidad del cráneo; segunda, su forma;
tercerat la posicion del orificio occipital. En cuanto á lo primero,
Tiedemann, sirviéndose de un procedimiento muy «xacto, comparó
47 cráneos etiópicos con Jl de la rasa caucásica* deduciendo de
e&os estudio* qiie la capacidad media de los unos no es ¡nfenor i
la medla de los otros. Brocea, MortOn y otros han llegado á un re­
sultado opuesto, háHándü set1 algo mayor la capacidad de los crá­
neos europeos. Pero la» observaciones de estos mismos sabios de­
muestran qué eá muy varia por «na parte la capacidad de los crá­
neos de ía raza negra, y por otra que en algunos negtos sobrepuja
á la que se encuentra en varios europeos. * El doctor Morton, <luc
ha medido por el método de Tiedemann 256 cráneos de las princi­
pales variedades del hombre, escribe Godron, ha llegado á Ja*00c-

1 Godron, De Ittp kt et éu raets^xte., lo a . n, Kv( in, ¿hftp. v, pág. 3®5*


3 Péisy '(‘Za torre tí té teeli iOiUqUi. Apéndice, -pár. i, A, píg- 463-
^ ¿¿a d di ¿z&sptcú Ayrtuuw. ,595
DlaBi^.d^.qu^ los .cmnie^i pertenecientes á la raza .blanca le , han
dad^un^ujiínwTi do ¡capacidad evaluado en ?$., y los cráneos d¡f:.k>s
negras uu tpáximym de 94. De donde resulta que, hay, negros cuyo
cerebro se halla más desarrollado que el de algunos, europeos „ 1.
Este. resultado,{c$mo se- ve, es enteramente contrarío al poLigenis-
raoi puesto¿que,revela existir,una cierta especie de fusión entre. 4a
i;a2%.blanca y la tt^rap<w.e9te.lado.-JÜuatrcfages todavía pone más
f^axp consecuencia, disponiendo cn^série deprédente las
íiaiiiMda^es^í^^ obtenidas por'M orton^D esp^detr^zar el cua­
dro' dondeagarecen $sta« mecidas .en' U tbrnia^djqha>i .ca^be.la?, ai -
gnjentqa Mneas; ¡f¡Este, cuadro, tomado-de-uno d e jo s 'ap^tple^.n^is
eDajuentes/del poligenisipo^ ,cafrparece Jbaafcipte e£eaz paraJiacer re­
flexionar á tod^el qu^ de^ea,guiaraeporlos. hechos. En él vemos
a l0S Qhinoa,<jolocaiíoS;por 9U capacidad media del cráneo debajo
de k*s polineflioti. de ios negíoa ^e Africa,- de las tribus salvajes de
la-América del Norte, ¿Es é$te el punto que les asigna su dviliza-
ci«ñí Adeijvas*: en el cuadro de Morton los negros crioUos.de Ame­
rica quedan debajo dé los- negros de Africa por el jnenqr desenvol­
vimiento de la misma cavidad.Meigs ha confirmado estehecho ,cu-
róa» ?ot, oniohos títulos, y ida, números todavía más distantes:
^ í^ para kw pi^erDa, 83,7 para los segundos* Y sin embargo,
todos los testimonios están unánimes en reconocer que los negros
íiacidos oo Am^rica son- ¡ntelectualmente superiores i sus hermanos
Africa. El «^mo.ítfottlo, confiesa también. Entre ellos, por con­
siguiente, la.mt^ligenqia'crece cuando la capacidad, craneana dis-
rmmye B a. ,• . ... ...
'■: La forma, del cráneode la rasa Aegra csgeneralfneate aU>ng?d&,
deprimida ert la regiou froirtaj y comprimida por Jas'sienes^p^rq no
oafcoe de nutríerosas excepciones que quitan ár este carácter toda, su
iaaportaocía, y le hacen entrar en la esfera dé las meras variedades
de raía, u Sí es verdad, escribe á este propósito Godron, que la
fbrroa craneana de la raza negra $e aproxima á los caractéres que
los autores le haa .señalado, las excepciones son tan numerosas entre
roa y otra nación,negra., y todavia más en un solo y mismo pueblo,
que bajo este aspecto estamos muy léjos de hallar aquella estabi­
lidad tan notable que se advierte en los cráneos de los animales
adultos pertenecientes á.una misma especie salvaje. No varia roénos

1 Godroo, IM Vttptct tí da <tc., Jonia u, pAg. 3 88.


3 D* QtaUroÉagea* L'eipii* b tn a im , liy. i* ,c h * p . n, s 1;jpág,,3^4.
596 Unidad de üt e$ó$ci& huptana.
Tpp .SiVi^WV.'W .iS MV V.\ ««Sil JVV»
el cráneo .dd europeo: no faltan ^amppcú e n t o - e , q u í n e o s
alongados, estrechos piór la parte de ías sienes, y con la frente
r‘v.¡;¿; i ^-,rTh jjjr/*' ■ iij.> 1 iy>¿ :i-- < v'■ *■ '}1■ '
écnaaa nacía a tras, E. Geoffroy Samt-Hilaire y M. Serres han ha-
nñ i ' r " : i ' im ; ,'¡ 3 ' . / ; j/ lL íf fl'-vj 7
llaaó, como yo mismo lo he visto, el primero en las catacumbas de
W ¿2 Jj. ii. r . i . n ^ h ü r T L . - r . T i l ' r j ; ; : l p .h [i- p i -
ráns, y el segundo en un cementerio andgupique: ^odeapajá,la t$r¡re
de Saint-jac^ues-la-lípucherie^ templares de crin^qs Pf^
ífeitériecer i casi, todas ías razas Huméate conocidas,^Weber h¿(Í£c*-
gado, por el estudio de los cráneos de diferentes naciones, a. de-
-naujvxtJi ; ._j r - . . i ^ j ^ iíjíi i“ -> j.i m.
mostrar ei hecho de. que en ninguna nación e p s^ pn j^raQt:er per­
manente tocante á la conforraacion:del cráneo. Ále. d ^ jr ^ g p ^ e l
doctor Parchappe han sacado de sus observaciones, y ^tjj<íiflS[las
imsfnas conclusiones n 7 t.J{, ,n.
Lá relacjón que guardan entre si los dos diámetros det graneo,
«uii'x.1 <?a j l i.-.., ..¡ i •i*'-1 ! ,f* •' hr -
antero-postenor y transversal , pertenece,tam ptent ai punto
íaftiós a&orá examinando, y de estáj relacipa.no méños qüe de lo
ya áicHo^se áesproiden conclusiones contraHas á la, doctrina del
pbligenísrnb!'1Él mismo ^Üaíreíages presenta un resumen de .todas
eílás, después deíiaíj£r copiado los dos cuadros de índiass cefajicp?
dé las razas humanastrazados por liií, Pruner Bey y por M. Broca.
u De la inspección dé los dos cujádros, cscrfbe, resulta que éntre­
las índices 0,74 y 0,79 está encerrado el número ma^or razas
pertenecientes a los tres tipos &ndam¿ritales y originarias de todos
fós 'i ^ í ^ del1 mundo, juzgo qúe (aL verdadera mesaticcfalia, de£w
fcáta^cÓmpréiridídá entre estos tímites; no intento, sin embargo^ se
cambien loá ya adoptados. Estos cuadros dan harta materia para
otras reflexiones, dé las cuales indicaré tan solo las principales.
M. Pruner Bey ha llevado sus cálculos hasta las .milésimas! y M-
Brocea los ha extendido hasta las diezmilésimas. V om e h c quedado
eü tas centésimas para qúe el ojo perciba más1fácilmente la sérw
■ --r 1 > , 1 -• ¿ , r , ■ 'l ' i d f 1 ■ A ' *‘j r • H ■*1 • » / ! ! ' ¡ 1 1 | - : ’!•'
formada por estos números; tan importantes en la diferencia carao
teífstíca dé ías razas, téngase t>iea presente que la mayor, p a rte de
w 1 1r * J L ‘ 1' 1’ t > • *■ J i, b *4 t ’• *■ ' I ' 'J • 1J í - .' 1 ‘ 1 • Ir
íás diferencias son medias, tomadas,sobre un cierto número de crá­
neos. Si de'cada raza se tuviera un humero suficiente de sujetpSi.y
pésieta én séríe el fiátec' de cada uno de eüos» „a jb^eh se^urp
que lá distancia del uno al otro no sólo no sería mayor de Ó,oi,
que bajaría hasta 0,001 y más allá. £1 pasp de un individuo á otro
por grados insensibles esta aquí puesto fuera de toda duda, lo mismo
WJcTn} . O ’Jli ¡i ‘ M ,¡ :J-r i ) l > i r I r j lij t i r i . í . 1 *-**-*
que ¿n las diferencias qe talla.
I ' kI H rI

i Godron, /. ri/., p% s. 386-387.


'V t 'itkn i .. V- i .|..L
Ía ^ p ecie fwmana. *7
JhÉ& í^^ttci^fe^f*]&r^nvi*nt¿ sobfe eí enfretejílníento *3e jas cíife-
r los dos cuadros.
;;rj7r¡im:x:>
aP?fctn
tfe^'^'ldíái^ii á e íS u S jvin^o al árinamita, áí bretonjunta al igar
^ tí^ afó', áTpalristense j ^ t o (aí malayo, ^-ita^
ftiüí’íf ^iíntiiíWííá'áííí etcí, y tj|ue por sus índices diversos las jtyzas
üíslriífAs1 I ea mecí io de casi todas las razas de colqr-
Tía*rfecésító eWfrar « iíüevp en ¿onsiáerádones sóbrelas, con sequerir
oSy ^éi^’ol'se ^wpreficíenen^rden a la cuestión dei
k > ! ^jm t-r - i ' *' J ' * h A - i ¡j "v > i' ít 1. i m o * Í M , 'r* R l (i • jj/!'.itli:tí!

'xlÉH!¿Féctb;’ l ^ ’cBtóecueiíciaLs' no pueáen’serfimásHíÍiclenÍ¿ y^sií


no necesitan de ulterior explicación: la doctrina de la unidad de la
espadé íi'üiááiÉí^ik aquí aítátnéñf^proclamada por ios becbos.
tWró^eciW'^u^ t3flií«eü lá pregoná es'ei relativo á la posiíion qu<?
v»l "ib y iu i i¡*yu»;n oru ..fliiO filv'* STiíiO ,?ri ■ < .*j. >i*> ,M ' ^ * - < ’
óctipa er oftflqo. oeariitál por donde la cabeza se comunica cpn la
Üef la mé^um1espinal" ¿cemmering' Ka¿ia egritido la idea
<f.boi 'jd it-jrnuR-p «.j r.iqí^-.a . '. •/ l-'- orn>;n£-.itoíi
ae que este agujero se halla mas atras en los negros aue .en ím
ZimU® *h flWjflfeph t?£.Ttí
blancos, recibiendo de ello, gran contento algunos translormistas,
i.r>o-iH. fi ii-M? i v:jH tjmíi-S" .>-.v v -l.. ••¿•-•ii*?fcnf.rn;jirkk-ísi aijl 5fí
que vetan en esta supuesta propiedad de la traza negra.una .Cierta
ti1í^ .jíjij £u:i ,•>* A'1 víj noir>o5fJ;-iiJJ ¿r
aproximación bacía los monos. Pero Brocea na puesto las cosas en
y-.sjn loyiun í;> ••Iíívhv'.j:., ' / ¡ i.' • '.-y-r*cr
su,verdadero punto, naciendo ver que. por él coütranq. el referido
■¡«•boj >?> ^j’jníiíraivi '•i'fJí'.Jfoyi í'if '*'r^ v'qi7 --nJ '<■> ¡/ ^ ¡ 1 ,‘-1'1í-Vl
agujero esta, ma£ adelante en los, negros que etilos blancos, medida
yO'sL' , feilí'Juni Jií^^rr hJ'VJi ri't'-.v i , ‘ ” ';;i ••’l»íl*- • ^ 'V
la cabeza como se d< ‘ '

]Jl • ^^rr'iwbTii'j, ku ;■
v^rV.oTij^,:• onjv;u? S o p a 'foiurfí .Wi
.fOlvrinT y-¡i
ion, que parecía ser confirmada por ciertas medidas, rué 'n_»
^áceptaíia,’pór^"'aértós ü trop lS W p s.!que ^veár? en estp
o ün• ¿aracter monesco. Pero no se Ileso a este ^resultado
___ «! ...... i,I ‘>f> >!*■ sim
;ITrírJ'i
Hpreaaiido ta posicioii iíei oriHaó colí risíajpion á La lonjgitud iota
de la cabez^, sin excluir de ella la cara, A bora bien; es cosa e v i-
íeñt¿ qíié, á^aiToilandose baci^^aáfelahte por efecto del próg-
natiárao, había de parecer echarse otro tanto nacía acras el me^ncio-
liado órífiaó,! v' ' •' . .. . __
• f, c » ¿ ] b (íli ■o?n¿L !_I •.!!.•. ¿£01 V J ' • - * < • ->1^?
v ste sw ?
Aw permiten plantear en m odo con velien te este ^e^ueno^piroDie—
^a, y dar de él una solucion satis factoría.^i.Wroccá ^ acom p arado ¿fe

•tüf -'W-i) r.ysí', , -.i > i


* Qimtícíages, L" tsp ict Aw>uúhs, liv. ix, chap. « x , o. 2 1 pág. *77.
598 Unidad de- la especie hutitufta.
europeos con 35 iiegros. Representando por T. o‘o d tá fr o y íce io r ik fá ff,
halld que en los primeros la proyección anterior es^á tepr’esent'ada
por 475, y por 498 en ios segundos. Por consi£uiente1el borde arftéKo'r
del agujero occipital dista mas en el negro que ep el blánco de! bót-
de de los alvéolos, y la diferencia es de 23. Pero en ¡esta jiroyeréicWi
se halla comprendida también la:facial ademas dé la crtáeaka arr-
tericrt y la Facial es d«; 65 para el europeo y de Í38 ^árá el né'^fró:
go r ¡donde, descontada ésta, qyeda superior el negro al blanco ert
la otea, siendo la diferencia de 50. j&stos números nos1eriáetían qúe
el orificio occipital, relativamente al cráneo a que pertenece, está
colocado más adelante en el negro que en el blanco,,
En ta conformación del bacinete de los negros Han qücrídú tam­
bién algunos poligenistas fundar sus teorías; pero esta parte del
quete^o humano no les es más favorable que cuanto acabarnos d e s ­
cribir sobré las, demas propiedades de la raza negra. “ Aunque él
bacinete, escribe Godron, sea generalmente más oblicúo, y esté mé­
nos ensanchado én los negros, sin embargo, este carácter nó es
constante entre ellos y se halla ademas en otros grupos Hümánoá,
cuales son los bosquimanos, los botocudos, etc. Forlo demas, ¿0 es
posible, despues de los trabajos dé Vrolik y de Weber, atribuir uti£
importancia exagerada á la configuración de está parte dél cuerpeé
que varia tanto como la cabeza en cada uáa de las agrupaciones dé
la especié humana * **, En la misma forma se expresa también de
Quatrefages, diciendo: “ Háse insistido principalmente en la vertí1-
calidad de los Üeons y en la extensión del diámetro antero-posterior
del bacinete negro, con aire de querer recordar lo qúe.se ve entre
los mamíferos en general y entre los monos en particular. Pero I09
mismos rasgos anatómicos 3e encuentran extremadamente delinea­
dos en los fetos y en, los niños áun dé los mismos blancos. Estos
rasgos persisten, sobre todo el primero, hasta la edad de siete años
y áun más adelanté. Por tanto, su existencia en el negro no es otrá
cosa sinó el resultado de una paralización relativa en la evolución
de esta p arted er esqueleto! Aquí también hay un carácter fetal,
un cardeUr infantil, y no un carácter de animalidad „ 3-
Este decantado carácter animóleseo también lo han pretendido
hallar algunos transforroistas én la mayor longitud del brazo dé los

1 Qüitrdag-es, L'etpéce n. 2, pígs. 280181.


a Godxon, L á t.t pdg. 389. L’ ;
3 QuaircAgcs, I. et/ , , üv. m, chap. xxx, b. "¡h ptigs- i 94-295 '
Unidad <ie ¿a especie humana. 599.
n ^ o s , en la cpjnformadon de la pantorrilla y en la prominencia del
talón, Pero nada de esto sirve á los tales novadores, como ni tam­
poco á los secuaces.del poligenismo, porque todas estas particúlá-
ri^des se encuentran también,á veces en Individuos de la raza c a u ­
cásica, al paso que hay negros que carecen de ellas. Por donde con
justísima rázon podemos concluir que todos estos fenómenos son
debidos únicamente á las circunstancias especiales de los tiempos y
lugares en que'obran,las fuerzas de la naturaleza humana, abando­
nada á si propia y no guiada por selección alguna. “ ^íay muchos
negros, escribe el ya citado Godron, que e n l a proporcion de los
miembros y dei troheo no se diferencian de la máyóWa de |(o¿ eu-
ropeosr y entre éstos no faltan personas, y nosotros conoc^os^a!-
gunas de ellas, que tienen los miemfirps superiores
damente largos. L a conformadon d é la pantorrilla de los nebros sé'
baila en casi todos los polinesios, en muchos americanos, y aun en
hombres de la raza caucásica, por ejemplo, en los indios. Por lo qué
hace al talón saliente de los negros, falta mucho para que esta par­
ticularidad se pueda atribuir á todos ellos, y por 9tria jrár¿e no deja
de aparecer también alguna vez entre los e u ro p e o s,1. *' J'(
En efecto; en La costa occidental del África háy tribus ne^íás en
quienes no aparece el talón saliente háda atrás. “ En sos extremos,
escribe Ouatrcfages comparando á los lia ro s con los blancos, estas
d¿)s razas son perfectamente distintas. Mas en la Abisinia, por ejemr
plo, donde se han encontrado y mezclado desde muy antiguo, no
es ya ni él tinte, ni lás facciones de la cara, nt la cabelterát Id, que
caracteriza á los negros, sinó únicamente la prominencia exagerada
del talón. Mas á su vez este carácter pierde todo su valOTl (en U c<>9-
ta occidental del África, donde tribus negras eirterastiónen el pié
conlormado lo mismo que nosotros „ *.
Finalmente, por lo que toca al olor particular de los negros, tan
insoportable en algunos de ellost no hay cosa que mereica especial
refutación. Todos y cada uno de los hombres deciden su oíd? pro­
pio, y de ello son buenos testigos los perros, que distinguen Á sus
amos por él olfato* Por consiguiente, el olor particular délos negros
no es sinó una manera determinada de traspiración, que puede .jpro-
venir de ciertas circunstancias especiales. V de ellas proviene en
efecto, porque los negros trasportados de Áfricaá los Éstados-Uni-

• Godron, /. r/j% p íg . 350.


1 QaatrdageSj A cit>, liv, i, chap. vi, pág, 43.
6Í?9 (> ty M tá d ?
É$PW ' tjSufi^fil^HíSPñtes
VÍ^ ? | <?J !ft?i ^ S ^ y , observé
q^ ' f e - I ^ ^ B e f i W f f f O r i W 4 fj¡á*>MkixtúiÉ'
e” r ^ p ^ e ^ q w tiene, su,-okgr peopiqj tos
indfy del jPjéjji ~ ^ g § ^ : $1 o l^ t e ^ K ja p p * I«JifiUr>
rc?.P^?rf1^'5 ?r
M ÉftJRtaM*!

jO.JLfQS cIli^QS. si^Cn.efljQJJ «HÍPPWr; "»■)!


otros se ¡nos pMa.jJ^^erpbídp, ^IméjwSfCU^dq 1$ ^da'sl-jejfet'K
p°; iBlp^ á,9 ) ve?.,»^fioijip t^^jen,J^m ^yíos,,U» ^FteríWi J«¡*
.ÍPÍWr ,¿fo, ^mét^a.i k,% ca g ^ a*,?.y-,jáug.»jfog ¿rabsa»
tienen el suyo propio. Entre lp§.mism<^ tju^eipeos¿ losíjtíe^cm tojo*
d3 g J I ^ ® X i d t e j» & \ ,^u«i4 p: s»da« ,n¡. <
t$E\ffllí £urP°* . coí* «H ^^pir^cifto, abundante y
disUnt^ri4 e|a ^ 9 p|».^,-;4 ÍG»aft4 o laWfirtamwtef
que en esta materia gm ^^^ i^ ^i^ calper una yac^e-dad sumÁ-d&trv
de la especie; ppes?:$9$¡Kfo..£& quí?;^pi4o«j|qp^e^p$^jd.el mundo k «n
sentir de los. mejores tiát^raUs^as^^pK^t^ie^ea ,á-uUH^i$pn»iy soja es*
ptQie, ^ÍDque pop <?stp
de- í ? I P ^ .flé ^ 'iW W W v .i . v v ■ :.. ,1. ■■!> - •■
<■
■-»■
los .o&pros. se.¿uüU;uiw fenóme*
>M&X 9* M P°U*'
gep^OL^íQsjrefeniixQs tal pgdktUus^ f/i^rfA^fft, quertarT\bien.:Dw^
wm ha cacado á relucir c,onla mira, dc[CQrr^]b$f^r- kxs argumento»,
de su doctrina trans(ormista. I^os flegrp^, ^íje^to,, -cri&n ¡un pará­
sito que aólp enellos se desarrolla; estot.íemj^pí aada^íí^ <3UÍ &
mü leguas se ^roxiíne á lo <mp.^^..l^^ojjgeQyr^fr cqffft lps,4 *?.-
dpulos de Darwin sustentan en órden á ta naturaleza del homty#' <
“ Para r^apoi^dcr ^ * p r jijee,el ^ i o , carpLei^l:Wisemajiescribien­
do s<?l?fe eat^,^nat^q^Tt ^ ,coirt^^féi cp^^rm ar que, hay ••.£*«>#{
ejeo^os.^de, n^bLuaL^(a ^ ( ^ enrque.esjuppo^bkexpl¡car la £*^r:
teacfo ^ ^ jerta e la ^ d^^io^to^ *ífft£&,qi*e haya existido l?i ■:<#$*>:
mism^que J^ ,$irye <I^ morada y de ali^nea^o; ipor ejemplo, el****1
ó tin q u e. aparece enf3ilJana peinad^ y np la toca j^p?á4 cuaadft
está <^r*vri(7. ¿pónde ,e?fiatía el api roalinte^ que hi^bi^ee l^n^ ja v ^
C M ú i& d 'tfe $ a ''& ép é£ ¿e * fcu t> ld rtá .' 6ó t

dajjVftótaea&íV?' ¿l>ébértios conddernr fa íaYia1íaváda lavada


coroo^-des, réft{)g&éir-dlfeftñt&1porqné'el mÉisrrio ánirtiiái iióJpiíé^íé
vivípjcrtito'áiis^ La‘ feu^a. "9 c ! " t^CáH^ ííó p\ie8e vivir
mári qu6< wi ^'Viñ<*: ¿ ' én¡ laí"’defcTtáa1:1 dk*b insc<^ dé^jfi^b |>or
R^aumBr dtspt^écta-todós los áttnoléntos ihénó^ el [cliodotate. ( Véa-
se 4 ;H¿írby y (8péfcicé,' IntrocL té 'E'úÚtno¿t>gÍe, 4.^ ¿dic.). t G«3mo y
dónde >viWail ¿s&os átlirtiaHtos ántes qüe áe fabrícase io qüe es ahora
su-lá^tíhtcf ^elxiShro ^^Pbi-^üé 'niídíé'áüpotidi’á' qué se hayan ha-
lladft'jataiís £átaá fsütánóí¿s:^¿piradas '•-ahtidpadát'niínte: démanos
dc-Ja,nattirtleisa:. EWt>s, casó^ son:,éxai^ái^lcfiter'd¿i:ÍÍ motila espe­
cifique el ^üe sé hattbjetádó;' tnás 1üíi''
tc^scmcjííítií, dé^urt' íifeétíto tjiié"iíáilsá!uÜa eñféftnedád al’c^íro aó-j
méatíaov y <^i»e rtcMe'tíftlhí en é^móí^T^iifjufe1'¿S‘cosa'aví^g<Ü-r.
da^que elprw&ere1W ptódediitóW ’s é ^ tfó ,, '. "
Sabicto»iM:quc1ajííftrigí^^lal^fe6í:hí5íii'bres mata ó daña á algu­
nas sábahdijás qtie-éé alHTíetí(aii ct>rilade btros muy á s\i placer
moítiíicáddalbs con sus picaduras. ¿Qué tiene, pues, dé éíctráño que
elpédiauitfs • s’é nutra con la sustancia de ÍSra¿¿ negra,
y no gufcfce de la>maestra? Unas mismas sanguíjuelas se^étgf¿ü^sén'bíüti"
á ®ios,y no;quiéréti chttpár la sangré¿Jé dtros: ¿Séíríift por éW iüs
taJflbihonfiibrea <íéreáp^c5ts !®fereBltes? Refiére et^Dh Constantino Ja­
mes que lo que acabamos de observar sobre fés satiguijuelas le su-1
cedjtf'á él mí$mol<íün dóí* lifeVroitñasgernelas, las cuál¿3 hábíán te­
nido l* désgitfófe 'de het^e rayéndb'jtRítas dé una iltura respetablt.
Uftttfcdéf ttcüfttrl&g, ¿Tas'tfoá'Jfca i*éett¿ él n^stóó i^medid-Zlá ájííí-
caefaifi-de Isifr saiígü}JiMdaAa S:'lál ;,párt¿ dañada. Lfos 'ahirtteílífo^ sií
ccbafi&n en'lá una i y ñó qtlüsi^rbft’ Vií i^ u^ a^ íc^ 'tó^ á otó/ ¿taran
pw ea*> « tas <tos gemélasi^de^ilfererite éspétier1 V¿ahpdel¿,1 óáTjió-
íigafetaá qtiégrtfn ffíertá jtoííi^ V éh ^ -^ aü fatfdr' fcT jfitfáMP }lt-:
¿rfOrúfo.' ■ '■ ! 1-0- .e ’••■
■'! ' ,f;J':
Üé4 d dicho'resulta que compaifáda/ rio'eh globo y á lá% ér&,
®rtó particular y circuostancial mentc lá raza negra "con la blanca,
^•ngúa carácter detefminado presenta qúe se pnedk llamar vérdade-
famente especifico. El tnismo resultado obtendríamos si quisléfámOs
Proseguir esta comparación entre la raza hegrrá y la morola , 6 entr¿
t-sta-y la blaota; con lo cüal se vé clarisnAamente qué las varieda­
des‘bümanas éon ‘meros tiairáctehcS «fe rázi y nó de especia. Perd Itt

1 WisunaD, Otteurtúj, eW,'^ f)riéar*ó‘ coartó,' &^fuodi parte, bota. |ji¿inq» tuma-
I* tnduedoq como se halla en bu Vbutiekts ¿t iá ÉiMía A¿ Du-Clot, p ig . 834.
002. - c f a fspec;¿e^kwH(f^\
escrito basU.para qwvence*se de e^U vqdad, y, ao besaos d$r£tin'
garnos. en bftldf, cansando ¿demás con nuevas, explicaciones á núes*.,
tro», lectoras*. , . i-,ti!.¡i
Una cosa» sin embargot quiero advertir ántes de pasar al
mentó psicológico, parque es de sMJPa importancia y:«st;lareGef,ppr
ote» parte, grandcraenfielo quejiasta aquílleyauaoa razonado.^ £1
ilustre monpgen&a QuaJxefeges, aduce, ti#a.n>uy ¡n^t^Wc» reflexjfltt;
a j^ .^ wi^n^actou.d^iiu^tTa cualepijos; parece coa:
v e je ta : reproducir aqui^ siqjujcra sca de yjia t^ai^era. breve,;y ,, Cf+rr T
cunscrita. La pjyjaera consiste en la analogía que. se .ofr^wvji -entre;
los detn^s reinos del mundo orgánico,y el humaao.porlaparteen
que éste comunica, con aquél. * Tanto los atümales.pOBQO la» ptyirr
tas, $ce,csfán sujetos 4 .una .v^ufcdad ¡grandísima d« razas coatcr
ruda# detjirodz la unidad del tipo especifico. por, donde la cazpb,d(:
an^lc»gí3moa fteb£* mover á afirmar ¡esto mismo de loe hombre^suj
acudir ír fo npj^ f a ada variedad de cspccjes. En el reino.veg^fei,,
la berza sola cuenta 47. casas iprincipales, algunas de ellas-iaauy díft$-f
rentes entre sí, como,el repoblo, la nabicol y la. coliflor.-Eaelreip^
animal la sola especie d e , palomas nos ofrece.Ip ménos 150
derivadas todas ellas de la palorna toreaste j de 1& espeje CMÚna
se encontraron en Francia 77. bien pura» y marcadas el añodeiS 63>-
eiv tiempQ de una exposición perruna, ¿Por gng» pues, no-hade sur,
ced**rta guiaraecoiii laespede humana, debiéndose esta yariefJsd
d0*nu$i3^?sí en:el, reino animal como ei* el vc^eial, por,la VffllP*-,
parte á los actos! libres del hombre, y siendo ¿Píe libre «en apilar,
sí mismo el género de vida que hace variar ¿ *Jgs plantas y 4 los
animales? „ -1 . .i
La segunda- conaidecacion de Quatrefages estásacada do ¿ae*t<nx
sioa que aJparcaii la* i^acio«es del género humano * la cual es rín4r>
cho U&ás reducida lade ¡las planta y de los anknalesde auja.flVSr
ma-etjpede. ^Pooo .más ó ménos, escribe, todos los arguesentoa de la*-
poligcqistas ¡vienen i refundirse en,.el siguiente; Hay d#masiod<i4i~
ferontia entre el ttegray.elólmcopar» que puedan per&wmr
Sos á dos tipos soa Jo^té^inos,*0^
apartados de l& série humana. Luego si se demuestra qve 4f rt&M
á rasas extremas bay conataatemeiite más distancia en las espec^.
de. los reinos vegetal y aaimal,. quedaiádesribacU por su, base ^
doctrina poligenista, Atw^raíbien'. áun dejando á un lado los Vfifjpn
tales, sobre los cuales no puede caber ninguna duda, y comparando
solamente los animales(cpn. el Jipmhre^^fg^no.par {Sírga^H^1*
ífciUad /te 'fa Especie ku-fndckh) 603 r
dottpór fWiteíóti', ftacs-díflérl convencerse de q'né la tws^ ^dáFétt '
efeütó* en'JSérmirtos'qW Héga trnoá pré^ntarse por qúé la variáBi-’
lidad ha de ser ménos grande entre nosotros que entre los aní- -
oíales „ c. v-’ -v - '
Efectivamente, si entre 109 jhorribfes hay unos de colór ñdgtfó y
obW deceíor blafiW,i«t:é .mismo hecho se halla mucho mas airi¿
plHtcádo en lás gallinas y en lóí perros; si el cerebro del negro pre-
■eidtá «na colorádón máia osciira: Que d del blanco, en las gallinas
también penétre d'taelan&mó hasta d interior, y 116 sólo-en elcere-
bíóí. mas también en las mucoéas y en losplánosfibrosósi Htigándo
i tofciarla carne tma apariencia repugnante, tó ctíal núí tfuoíííé'ift fcf!
negro* Sí en él negro tóman loa’ ^lteliafc üria ftmna r^n?y'd^lartácj ‘
en los camaros tráaladádbs de Europa ■süccde mitaho más; -porque1
se les Convierte 1a lana, en vérdadero peló, al pasoque á losjabálieíy
<fc la* aitaá montaSás de los Andes él pelo se les muda en verdade­
ra laíu. Si hay ciertas razas de hombres barbilampiños, también se
dan bueyes y caballo^ enteramente destituidos de pelo. En Améri-*'
rica;donde todos los bueyes son de origen europeo, se crían bueyes1
pHotofs y catongas, aquéllas vestidos de un pelo muyifino ym nyl’atóv"
y éstos enteramente pelados. Si entre los hombres hay álgtmoí 'ál^
tos, como los patagones, y otros péquefios, -coroó lós bosquimanon;
esta desiguáldad dé taUa, fúera dé que entre los horobres de una
misma raza suele-tener también lugar, se presentd con proporcione**
rfíuého más considerables en otras espemes de animales. Porque do
rtiediándo entre el bosquimano y e T patagón smtí la <Hferencia de
la que extete entre el caballo <le Stoetlandiay d del cervece­
ro es de l m,04, y I ra,Q23 la que separa al perrito faldero dé^ pettK^
de-róontsjtá. Si alas-mujeres de los bosquimanos lea sale^deb^o
dé los lomos una cierta almohadilla sebácea, esta particularidad, que
por otra parte se encuentra también en algunas ttibus negras sitúa*
das muy al norte de la razar humana y ‘áun comienza á invadir á
ciertas mujeres africanas de raza holandesa, se encuentra, mucho*
más exagerada en ciertos carnerosdd Asia central, á los cuales se
^ acorta naturalmente la cola de una manera extraordinaria y se’
te forman áJoa do* lados de d ia d o s grandes botas de sebo qne
pesán unas treinta ó cuarenta Hbras, las cuales desaparecen de su&
hijos al cabo de algunas generaciones cuando se les saca do su pal#
natal y *e les traslada á oferas regioábs diferéttteSí' ^ : *11
ri- ' t .>'J!J;'1
r (.hutre&jfts} L*f.jpee¿•knmam«*£V, 1 ; tifcñap.'v,Ju . i. 1
t»04 Mfáütd
- A viLGz^pQñ fepímbc^e^ sfctó üfetkrs, fób:ro etrfó^ pitó &$m
e ^ la fl'n ^ ^ periS^rtbíW^áH^eW pttróiTttm ¿Mrtfb dtí¿ósf<$«#
mente ó^bíín lí»«ftc<^gtt*hfleitté ti^ 3^¿Üad<55f ^ l¿ é pl&rtiéí& t a
y i^iqiK et «Iráslexttffcordiiikrfi t¡¿<f^tap-á1td 'p l* ^ ¥ ¿ y í'
sé) I « io rffl^ if te w ^ 'd c d o ^ 'íri^ id ^ e 1^ dttbé'áb#; f }í&iá6'^StÚ
»vfj txntc^be^iQ9 8fcW
/ < ^ ‘< sh ^ ^ H ^ B rP ái^ «jbí & m *
nróitd* iffilí*id8tf^dtf eá^éefé’cd^ üttí^értébWí de JJÍ&J'íkttJ
émpebs^ftaítólóocñpáfábó^g^il ;loáfl ^ ^ d t lPfefc^tíh6-, ^qii^oWííi
nAH^«ñt6ttén<*rt 1$
c&t eKA«trinada* p&f"BjiWrfiléÁ áít^tófiaBáñ'-ráirvéiittí5ft^d¿^'
sátebtie'I3íirt5, í^ lffih l^ e á ^ ty # 6 ! 1fe’s t a ¿ - ’ltfé',* ,ít
rwidlftrif^le^ '■’ ; J;r,'¡'l,',l ''f-l •*«<
y •'í’/í iO-S"' t-’t o-‘fM.*r> /lÍJEm
i ^ * Í 5Ml<to*fl^añ<*} tta-fcstód ^éseHftÜa^Y fctí1Vértéto > n<^
lavrtígfctwiottttdaf' <Wk*ráhittá1eélrtf ó^útte' ’Q u a tte g é f rén
4^ 1áttO í«tólft^ w di^ ágtín!¡iít¿2a 'és^e,d 2 <& Hóí&bt1é¿1tíart,^ a l’
lió
scpanidi. 4QK&*Hav’ e S e r i ^ ^ « ^ ,cdtíd¿féiirf6,rn ^ iJá'qt^tfébf¿'-!
mos ménerrí¿6 en \8>§\i$ri%m& fárf}d ¡d fo éb teik preténdídá fetóá
de crertas gentes VtJárVMatítóiít»
caudal en lda^BitttdJ^ rtóaí eliítftftó

e^Jícííf ^ á ^ i ¿ ' »:J:'¡''1"in ?¿l ■


'-■'/jJnt‘ít>
- ítoatóétitfc; lás telbeííá «V ’ tos htft^ ré*!&¿¿' éfl (Vtftfaid Aijtífií'ff
cori^dtifáblei'flliidjMfeui^', rhfts <£&t<é1fcrt^iñh¿5Íior-i¿1^rtíáléíítahéH*Io^
malea y dfetíTeV
und delatrtí pHtfMtf tonf<wttí^?¿rf<¡dé‘ áií>¡é2Bte& «ildifflSW1
-o >o]r :> -JUJI r-jjíiéi;:’!' {un; \ -q ,s¿ld¡<irj£fi¡ -úIj.'.-i'-; W| >"1" ^ l','n
•4 ”3 ¡ ¿ * ^ t t h u r i t e ^ «u w f $
valfltt tfJétfíáltüriw-tf^TBíWtegfiMfei frfcWcRP¿i<¿ hontóiiuapdadidTerií.¿ ímWjiúii''
Wt'WWHflpt**ttW?§«■Úap<W*:hMM) -p«ttrabrtaj^r»Jrtlifíejíúíít, qb*tu iWtf l«*fi*1
rferotthrio; du¿«*

t-aíteadiwHjri dBtfl^edittrtwWijé^ d«í í^


ro»^ *9Q*&fai A/t fcptg- 59,¿&pntca tesilentinta».dívl>e»dtpr >jt dt L&J &p#Afy^
Frtmfairt, (unbos muy poco sospechosos en esu porte, donde « confiesa pjiLfttliiinm«-
tfc que *oo hay observación alguna Indiscutible en favor de Ia cola del hombre pare',
cid* á la de los animales.. ■> 1 :t ‘]t f j 1 ■■r,l ■ •'l,'!‘■,
2 Qoatrdfcg**, £ ’ upiet kmnoitu, liv. i, iSrfktí?^ 1Í7 7^L,*'J u ' ' " 'Iclnr 1 1
44 jabalí ^atos^g respectado! do-
(?c$iq^q f.p,p WSff1?°h,-piná qq^ kjfcí& dtfcrsftcw»-, f&** K}35 ■ «Uá-de, £9ta
ií^no,b ty-_,j?t^piílfiP. i tAdema&í .d
byey^gm#, fíftm,l^,M/»partoíio tara bitn
i^ l^ ^ ie fit? £{%«*&? ^q¡$ta^¿>¥gra- flrd¿n&riosespa»oksyda
T O W pf^q^^.í;-j^te ^uc^i ,e^pñbft;Quatrcfage5 v reproduceensu
las.^p^ fa y ^ n re, ^ io g a s i Jas queprc^epta pi alanp .pa
¿j^sp^c .^niijajj^daíj. lttJ q rm & jC $ ^ ipxá$. abpqvw4 as y m íb
fi,BjqjWH»ei>ta4 o ; m
n^^y^iííijta i¡
q ^ ^ ta ^ dftI^WP§r»^ ^StotHOOftf^c
qj.animal no jsu^e p ^ r ^ los.árbpl^B, g#|g|ápfip ^;{$M-j4 efolkr
mado como ía cara. No son las formas de los hurtos |ss-4 fUQ4fl!que
^ , W l ^ ^ !Í5ÍTOÍ»\i;fiíífi*l?ÍMÍf r*Jaq¡<jnes d* .l^miatHas
^ ^dof^mojd^jaf^j; /^qjwdggdp^i.rfúngima eu: su primitivo
<$¿9JTtcc^p;¡£^ flfl, R. ,Qwcn. Eit^fr aia, p^fa^aaiqnte asmtaáa,
reciente ;;pQrí*ae» comq bá
P^MfPj,d£9¡ar t^()9ft Iqs.byeyc^, americanos spp. oriunítoiJde fiuragyi
?Sfo divj^j^Q.ya, ^ ,,^ NHcyorMupdq *9 .dea sutauasf
^ ^ . (C 4 s p ^;MMeRfis-Aiw^ ytferie ><;vemosv
il^9.9Hí=;f^-f ? ? T ^ V ^ JW#Í9 Í*> cíMrpoe;¡^]fcwn S 1...1L
lííff^PPtfi? d d *U*stre pfy&opgenistaíra#,-
^ r e pj p r ^ iü ^ ío y&sjflfl.df tosj[?araai#$sI<;orrtt¡po,n-
dientes á las múltiples ajgrirvpac^qs.^ g é ^ cruw-
*8*?$^ á ftc^ip^c^li^i|es,-jf|t¿|9. Í^^o4iciowsbd« rtfis-
ty& U ,¿ ? # n d p ^ , ,g ^ q .jv^fie^ñp^¿fe pw fa itM es»¡< u¡&* i*l«w
<?scrib^k,y quejodps-, ^ ^ t u j^ t a a miran coipopcttweewmt<ea ¿jüoa
espeqie.t^íla co^ecciop dei*idivi{iUQS(gue p^a^jde* juaije$rt£?h
mo á otro por grados insensibles, por muy distantes que estos ex­
tremos se hallen entre sf„ J. Desunes hace,v^r <$mc> este paso. lento
c ,uvseijsible se eticu^ntra en los indiyliduQs de Ufanúlia humana,
trayendo, á colacion vanas propiedades de yus numerosos individuos,
^ haciendo ver c6ta<rnmg^ina de ellas es propia y exclusiva tfeuña
agnación gofa,,!Aslfj ^'ó^ejémplb," ríóta tjue ep Abisíaia él negro
•%**^ ife m e í^ á ^ b ^ c ó sino por la^Aagen^da prpfpinejacia.Jde!í
peco que esta misma prominencia falta en Variar tribus de
Afinca dotadas de piés iguales á los nuestros? ^rad^ierftf que» poj
<JQ6 JJmdad d t M tsp tch hum otia.
üiendo la ^ttA<£ÍQq, solamente en el -color, vendn¡a»á ifcíwjdjrse en
una solara^aJas que ao^u dajfeiroaraentedistüitaf,^! coroofijáaciefee
tinfofesQipkcramana* habrtóqire: confundiri^en « n oc las-nitros,
áio% antiguos habitantescle Egipto >á. muchos ewopfios^ 4anto tde
j£ ¿posa ncoUtica como «le la preaefttg, puerto-que ■ en todos *dk>s
se .encuentra esta particularidad, «n embargo de peítenecertodaa
efltsa.aerupaciones á individuo^tk ram m u y cjiífowtesi -:
.Pero Joique trata con más deténcto* es k> perteneciente;álataHa
«¿eloediferentes puefcHosdel globo, Despula de reproducir eKala­
dro ;$¿a<iptiqp del Div Weisbach>hace observa* >cómo, bróadoslos
fypmbj?es por «K lado d e ía talla solamente,habría qüe adraitir tes
apt^tgacktncs roas abaufdas desunoé á otros, soccdseado- otro
tanto cuando se consideran por^epatodo la capacidad del crándo,
l^igdicea cefálicos y.elpeao del cerebro. * Y: si comparamos, bon-
^^£r8abiiona¿uraUsta> no los grupos, sinó los*, individuos, colo-
í^^o}0^.p^: árden de talla, ¿uo, es evidente que pasaríamos del
upo al otro-por.idifispepoisshmsofcs qoe un<milímetro, y que lacón*
f^ondelosdtffsrenteapueblosvejidria á ser muchísimo másgran-
de todavía de ío que aparece en el adjunto cuadro? Yo-pregunto á
todo el que se ha ocupado algua tanta ierw zc^ologia y lEoofcecnia:
¿Será unacoJeocion de cspecics aquella donde tas aTmidades tTOÍa’evi-
deotes queda& fot&a:con lai aplicación de este procedimiento? ¿No
^p^^gCQiítoiSfi^^íConjunto dexüverSaa i&zks donde aparecen
hecÍKB cie ’esta claae, coroo por ejempio’ctj jos perro a
Í5 e aí}«! es que m&guno ha podido dár una^enumeración drcaas-
tandada de las especies, humana» ;%m oshan puesto muchasv'otro3
pocas; unos han tenido por carácter ■especifica lo que á otras ha pa­
reado simplemente individuaba y íes:qtáe ninguno de ellos tiene tin
o iterie ñ jo para distinguir Joára/us deriasesflecirs^ atenidos’ como
están todtos.^elloS ai puro? marfoiqgismo, á n tomar para nada en
cuenta, loa<f<$nómenasfisiológicos. L a natocaleza h u m a n a e n todo
lo relativo i las foranas Con que se presenta «n sus individuos, ofre­
ce una verdadera. continuidad, por la cual se pasa insensiblemente
de un-extPfftiio ai otro más opuesto; y a s fé s imposible querer ver
en d la multiphcidad d e eapedes sin v e n e precisado tí multiplicarlas
hasta el infinito.
•Pasemos ya á tratar de los argumentos fisiológicos, donde apa-

. t * lo mismo qtm la caben salteóte tk l codo.- ,


■■i** Qáaceeligea,. t a*., pág. 45.
¡Iktrid&d <k ¿ü> Bspecit küM&fia. 607
rece'todavía «oto tthíCiWsimá más evideftciala ümd&icíespecífieade
Jai diferente» agrupaciones fanmamtft. Los caracteres fisiológicos los
ooguentro yo en ciertas acciones del género humano que ponen* de
» aniñesto la verdad dé la tésis- aquí sostenida. Estos caracteres
■bn: L°; la espontaneidad de los ernzamientosque tienen lugar cada
dia <eatre:todas las agrupaciones del humano linaje sin ía menor re­
pugnancia nartroSlquetienda-á impedirlos: 2.°, la fecundidad inde*
finidá del fruto obtenido por medio de estos cruzamientos. Ambos
cara¿ténes revelan muy i las daras la identidad del tipo existente
én-todos los índivídüGS de la familia huraana; porqué moteta, no
¿íénoB por la experiencia que por el raciocinio filosófico, qa^táles
propiedades no corresponden sínó á séreaídeuna infernar <e3pe6ie.
Habdecbos de cada-uno de ellos en particular.
' La. espontaneidad de lo¿ «rnztwnqittas, así «n el reino animal
como en el vegetal, es un indicio norkitiñesto de )a comunidad de es­
pecie; por eso Cnvier la puso entre los distintivos específicos más
seguros y evidentes que' podemos tener en esta materia. Los séres
organizados» para perpetuarse conservando su naturaleza intacta y
en ninguna manera confundida con las de los otros quelesrodean,
no tienen otro recurso sino el de reproducirse por vía de gener&eton
¿otmegéneai Todo otro medio distinto de éste acabarla irremisible-
áieate con ellos; porque sin generaciónn o hay perpetuidad posible,
r ain homogeneidad en los séres engeqdrantes el fruto engendrado
no puede menos de degenerar del tipo primitivo, siguiéndose de
aquí la confuston general de todos loa organismos, los cuales se re­
fundirán en uno so lo ^ se r posible lai gpeÁeradoti tfitivtca. Fot eso
H naturaleza ha provisto bien á estos inconvenientes; guardadora
^quebrantable así de la variedad como de Ja unidad que deben for-
niar la hermosura del mundo orgánico, empuja fuertemente á los
séres ¿ reproducirse de suerte qne no se alteren los caractéres esen­
ciales de su particular espede. Para lo cual* al paso que les Impri­
me una repugnancia suma á juntarse con los de especie diversa, los
aguijonead formaj^uniones con ^os de la suya propia, siendo éste
el impulso que más fuertemente suelen sentir todos ellos, si se Ex­
ceptúan las necesidades imperiosas de la vida propia é mdrvirdual de
cada irno.
, De aquí es que, en el estado salvaje, el cruzamiento de naa es»
pecie con otra es un fenómeno sumamente raro; tanto, que natura-
listas muy distinguidos han creido no haberse ,verificado nunca, si
bien otros afirman que esto debe entenderse solamente del reino-
<>o8 Unidad d^faespam 'kttotdéa.
amm^lr pcfp ap d^l vegetal, donde par Icincunstanqiati mt*p:>«*cqj-
súan^es;,^,-,hjui dju^ ailgupos poces c^oai d*^cruzamientos >es-
•►'I <«i>i >t >. 'i! i.1' r,ij> .jíodotriub Mit jL» ob-svhu
No ^wpcdp así f^nUe k>s #éfes del humano iiaaje; jbiuaicQi]Besua
.de esporj^daspartesy ca todoaseatidosfáril y.sprawHiírite
.voluntarias djCbiénilpfse tansólo ¿algunas' circunstancias rmjyiíaed-
dsptalf»,^ n^cifjas [cnás^ien de los actos de la libertad rque de.Ks ins­
tintos naturales de los individuos, el que algunos expetirtetUieq ne~
IMÍgasujcia en unirse ^pn-k» deraza diferente. Los od^a-3 e raza,
Jas guerras,lasper»ecucÍQnessufrida$LporlQ3 vencidos de parte de
los vencedores; el orgullo de creerse algunos superiores á los de
q^ra.tiibH Ó naáoQ.méaos estimable, y otras coma parecidas*‘ son
La^s q^e .ún4camcutt£ *mpidea lo$ cruzamiento» buenosy legítimosde
iu^b raz#^,c;on otras, oponiéndose corno -fuerte:barrera á: la forroa-
_q*o£L $Je alanza* i^triiDe&alafr Pero eatos. mismos obstáculos é¿-
vn\ticw^,^ spn.bas^afttes á estorbar la» unionesilegítimas y pasa-
jeras, en que ae 4a bien á-conocer la íyer^a ¡poderosa■ 'de los,instin­
tos innatos causadores de la grande facilidad que en sí mismos ex­
perimentan todos los hombres-para i?nir?e anualmente con los-dc
to.dp clase de razas. , , j !
u Desdp que. Colon' abrió la erade los grandes descubrimientos
geográficos» escribid ikptre Quatrefagea, el blanco, este tórmrao su­
perior, ^tftprpo de |a humanidad » ha penetrado en todos los-países
del globo. J^pr todas partea ha encontrado grupos humanos que dife­
rían considerablemente, del suyo por toda suerte d$ caractéres. Sin
embargo, todas partes ha mezclado su sangre con. la de ellOs,dan-
do origen á rasas mestizas h “ En la América .meridional, cootiu
qúa-.en e),mismo capftttfó, donde los blancos, los negros y los ¡«di­
señas se bajfon desde tntiy.amtiguo.en contacto, y donde la unión
dejos unepicqj? lo? qtrq* hajsido, mayor que en otros p a to , hay es­
tados entero* que tknpn-en mayoría los. ib estivo»» y en que es rouj’
difícil hallar un indivíduo;depura.raza. ¿Ha sido necesario usar de
subterfugios y deprecaucioaespaca producir estas uniones. y ase-
gurar Ja,fecundidad de los productos r Rieu al contrario por cierto.
f Son, ésta»Ja facilidad y seguridad con que se obtienen las oviuttr&s.
y los Upóridcsf Si se necesitára una prueba más para atestiguar
cga cuán grande facilidad se mezclan y confunden tosgrupos
U ^ncírntrarta, en «no. duremos testimonios, mayo* tedor
•:.... -i[V >' •(• ■¡ - > • ■: ,r ’ ' ',V
i í :e r ¿ .f CAp~ ik , n . . •: ■ ■■
'Ibtidad 'ttb ij
-^pue^errsot 'puettOLieii1dadtf, •^í rt^6' r £9Gritado ‘Vi?1■tíña
«pefienda cotiduiiaí En lá^Wg^lat^^Míjrniíina tféBlárá
privado de sus derechos, y sometido á todas las iiHj&¡tó¿fó&dés
lOanstítucrcmaJcs im|westas■á lbS-íítatttbí’eé 'de^doior, á tbíé'iÜá^duo
jtíanQO) quex^uedáta cOttVcfcüído1dé haba- cóhábítkdü !<?vivida m!a -
-ritaliqente teamuif 'individuo tüegro, ■ muriato r ¿hírib ¿5*ftVdió;1Lí£ ¿írelj-
sai focal ha prbolaas&fo bita ■áko ¿}ue' eitft1nfttiidá tenía póf objeto
itnpcdirlafQ$dn de tas £a2la¡?. !- r ■-1 .. I ->l¡ 1
‘ ■ „ ¿Es <Jé>espede £ espeje comosfc ^ r íI^Bg¿^tís'ttubsti‘ó¿ etíu-
cadores dt animales A toJáar préCáufólóttéfr' $¡ftffififc¿s fficétje
•jfestotan séiodeinua w-»v. jE-‘ -*,!í4^ ,n :w o b » fm -=■ •!
»'• El argumento del sabio francés ti#- p fl© d ¡é ‘fftSs boti¿ílJyfe^(t-
-La espontaneidad» gumfr en la utftoiV <3«í i^ífefidír^ ’agt^pidbfrtó.
y cl resultado cifcíta y ;coníitant;e: ,áe::írti<; '«dlas confundiendo has^v
Hlfcgaí» finalmente á pmlerké y íjíi¿dai* lündidas tn tina sola, son fe-
wétnónosque tienen siétapré lugar en las razas, pero nunca en lab
üs^cgícs. Si lító raaías de perros, dé gallinas, dt-caballos, ete./etó»,
-*e conservan puras, esto nó-és debido siñó al sutifád&iáviáti y g fp
’tauebn1del hombre, que tiene interés 6
pidiendo el cruzamiento de unas con otras. Por cbhtrarió, Wán’do
sé trata de 'cmzaoüétftos dé especies, el fciíidadb ^ diliperteía se ne­
cesitan, no pora impedirlos*^intf^aica: jttbtiu¿irlc¡s:
Esta razón, tomada de hi facilidfá<ísunva cori efue se ejecutan los
^miz4unkaitoe entfe todafl clase* de Erutaciones hümanas, es; codío
ve, convincente; pero twáavía recibe mayorfuérzacuándo ¿ela
considera acompaftadkde otra'también ch¡fy ^tidé^osa, fundadrt en
lá fecundidad perenne dd fruto obteriido^éori 4iS táléí únibifei’. fF i-
otfídad suata. én la imionséScual y fecundidad ¿éfó&ifófitah seiíaüík
lta«^uivoeágdÍÉ la unidad dé eapede, Con todos los esfwí'zds Httiria-
no^j que bán sido grandes á maravilla, no se ha podido obtener
guinea esta fecundidad, tratándose de especies. El fruto obten id1-
por d tai cruzamiento, d es absolutamente estéril, ó tiene ürtaFé-
'QttKHdad efímeravqud'desaparece al cabo de algomas' generaciones,
wddvicndq los séres ¡tai producidos á uñe de los dos tipos {ir¡tuitivos,
•ó bien á Jo® dos; de forma que ya do tiene en sus venas sih¿ 1a
sangre de iM*a<sola eap«c1e, Eti los «osó» de atóz istiui él ^f'odactV-
eonserva algoáta sangre de. sus antepasados, pnesto que capar,
dfc dar origeaásére* 9enae)aiitefiá ellos; mas ^n'los de‘r-tfrt'ir (ipfrn-
*¿wa al tipo primitivo, observado en los híbridos, no sucede asi
Jamás se han visto nacer cabriliüt>s de ¿la ymon del monitco con la
ó iQ Utiídad de /a^espe^ie^/^tuat^

Ía¿os un frfanco. ^
' ¿^oiíqué certeza, pues,, no debemos afirmar c^ue todos los ínáir
vtóií'tíi (fe U táimilíá ñúip'ána pejftenccen a una niuVna p^péáe t\puan-
d o V la tá a ticla & s^ eltos sej^ntan ín^&ntamen-
t'¿‘, sin ai^tífecio alguno"por parte í e la iriáVon cáÍcuÍa<íora ,J v^mos
ígirégifák Íá^eciindídad1 cómo fruto constante de ' estas ''unioiás?
Todo el mundo sabe que la uhiori del negro .con cj blanco elssjem'
pré y en todas páirtes fecunda. Por donde quiera^ue li^Ljpasado el
blápco, y liá pasado por casi todos los lugares dé la tierra, de^
j^do rastros de su presencia en las razas twslisas T, de&ídis' en gran
Itfcitb comercio con los naturales dei'país. Én la Á ra .^
cá’ cehtraly meridional existen mió junto a otro los'tres tipo* pjñn-
tí^ F ^ i^ jg^ éro húmalo, y estos tres tipos se lian unido deto^ps
fes^móSós jpoábTe^ resultándo siempre las alianzas fundas.. 'jfVlíí
se ve nacer al Síñnóa junto al mídate y al mame¿iic<?, todo?, ^lq&
mestizos de pueblos diferentes. Donde quiera que se halla unaraza
en contacto con otra, se verifica éste mismo fenómeno^ ya por
dio de alianzas matrimoniales, cuando á ellas ño sé oj>one(i las
pfeocüpáctbnes de razas o las creencias religiosas, ya ^1 través de
acciones Ilegitimas y reprobadas por la moral.
‘ río 6an’pasado todavlácuatro siglos desde que comenzó el crfl-
zarniento motíerho de las razas humanas* y ya M. d‘0 maHus, faa^e.
algunos años, computaba, en unos diez y ófcHo millones el núíneró
de mestizos á la sazón existentes, los cuales forman una parte ñiuy
considerable de la poblacion total del globo T. Y es.o que eñ este
calculo no entraban sínó los mestizos deorígen reciente conocidos
Históricamente como tales^ dejando aparte otros muchos pertene­
cientes ¿‘otras cáades, y cuyo orígennq es tán lúanííLeSto. De ígs.
documentos publicados por Richard en 1824 y 1&3O1 resulta qué la
poblacion total de Méjico, de Guatemala, de la Colombia, de la.
rtf’.Jí--1. ' i l i tí./-?!1:_*'íííj.yi-Li i' .J . ■
j;.' ''' ■"__„ mirpntl 1/

mestizos iguala aJ dé los blandos; eñ lá Colombia es sensiblemente


ma^or, y en Guatemala ma$ que dóble K En drden á los mestizos
oL) -«■[■?' j.,-‘ , -r j ■ •->
t V. U e Quatrefages, L 'espere It/mahu, ch»p, jckhi, n . a.
2 Pony, La ierre et le rttit ii&Ikqttt, Appeadícc, pár. 3 * >pág. $09*
tMidad'dé iá tspccie humana. 6 11

Fuientts palabras: Cuando la poola¿ion. la prosperad y la pu-r


Pi7:>jníJ^!ÍTbnt -v- >.c¡V>,íí-o: *>\ ■.-'o-, j.f-.i. - f r, >r -,
tanza de esta nueva Kuropa van tomando continuas creces con una
XOIUÍV .j^oi)£:u:¿c, no'iíS.aU J,- j'Af.q km. jr, .r-ts: rT:l; . ‘
rapidez sin jigual^ en} la niston^^otís^ben^^ .puy oportuno jjara
poáw prestar te a un pronostico semejante "
-■tu» & lOíifiM.:? ii'd o i-jsf'X ' fTOKiíi U Mifc 3Ütó oblium u o.'- .
nLos poligenistas. sm embaxeo, ,a nesar de estos hechos tan paJ-
í-^ v L'r 2VMÍ1 aí&tíf ílarV^w-,
pabTés, gritan contra la fecundidad indefinida de Tos Ules gh íuh
--jk »¿rf ^iT-,r,Ti j i yn ;jTí ,>oTí.:>j tzss ioq oñdt&q áSr v 4<£hi&L1
mientos; y mientras, contra toda razón,.se empeñan.en prodamar
¿ftr-.ri-j XC'.irJj . ¿ 4 ^ tiSjvj JpQ & O lfip
ia existencia de verdaderas razas de nvtrtdos éntre los ^aim^Jes,
Mi.ji isd*. «5 Gfi’*&n >0 1 (1*3 o unviK * os-£ii y£V.
niegan rotunaameiftela d é lo s mestizos„ entre los hombres. L a d e -
T-hVi r iM íi . ClUo k cTji.-¿ <>nu n?V>>:-. Tí;i-:ort t*-fT?r>v
cantada Fecundidad de los mestizos, dicen, no es masque aparente,
porque continuamente se esta renovándo la sanm-e d é lo s mismos
lü/- 'V H i^q
cóh el advenimiento de nuevos .europeos a los Jurares en que dios
lí-t-.t Y. v ■ ; > , Vi W>V; . ; £
floran, y no’ faltan casos en que la .esterilidad. d e , los matrimonios
¿-¿a' -.3 1 .'.rio1.1 • a ^
Wrtfraiaos por personas de'diferentes razas habla muy alto ^ c o n -
i ¿,IFj¿ri r:i . ->}>, i:...-t/ ,:-íTÍO flto OJ5*Jí!R> *Tí
tra del monógénismo. . t .
ííi.íi'.ii./i; v *MJ ‘ t. . -'jli.'iKimnJfitt! Ei-'-nEná ju o;ÍJ
t-stis son en sustancia las reclamaciones que nacen estos autores
A> ¿>3y. ii '.*> ‘i. .«¡£<*>¿10^ fj.si.(¿!v^r di- o íftsfc’i jp
en contra de lós hechos poco.ha menaqnados. rero abundan los
argumentos con que poicamos responde]
i •••i?jfÚUj LMÍL, ‘.'I'iJ'ÍU OiJttíi.
infundados a&ertoa. L os rrwuaí, mestizos ae i^oianaesc
3'^,.] . ?'.¡ I *J -J T/T..V 7 , (£>»í!bí'ii:.-'« Í¿T>L> Ofl'lírtr^
totes, se conservaron ^propagaron puros sm,mezcla ni
ffsf'üíf: !'$^ 0 4 íuqütu.^,My
ue sangre durante siglp y.medio, o sea <ksde fel año 1'
Yurr- r.;,í,-|RjJ Xu&uz ¿O* . HíXü,noiSfie Bl £p
pnncipios de este s^glo, en que,se Unieron y formaron, T
y it » v o^. 7 B : íS-uiV u t r .: . rrrí-bUTcvcji í¡r$4j
cío en Lrnqiaa-town con vanas agrupaciones deTcbranas
y it m ^ ^ á v t r ú t á ^ r á r e tfá -^ iá a & S S ^
í orno5

trpncós pnmrfivos:
■^p - -1j.'-u -; ^ 9 !'' ].«"•* irooshjor
£.n el Brasil habitan tos ca/usas, hyos ae indias y ,de usgrps esca.7
pWos de los estaÍ>Ieci¿nÍéntos europeos^ Ea¿os m^sÉzos.conservan
íC-ü.V-.'-t: , 7 T .-.n-jr.-.L**: V r{ymM/USn UaiO V uro 2i0?

^^propia libertad. Spix y Martius, viajeros ^emanes^muy rnteli-


íí«nt¿anqúe tos han visitado, hacen de’ ellos la ¿íescrfpcion"simúlente:
* Su aspecto, dicen, tiene aigo de extraño, que no puede ménos de
' ; _ 11 - ...'i •, , -1’:''5'.'.* >:.i
.•« i. a,.| . > •. . ;• •.) •- .1,'. Y-.
üroun, Htcktrehts mr l'k&ruütt, pág. 595, traído por P o a jí ca el lugar cita d j.
612 ükidad d#
^■Hocítlr'faeítetitfcíité á un1éiiftjpetii Tiene#-el-taile esbelto yíBin^ttn*
bátf£t>, sti'cftfefpb fes AJftscafósó. SU tinte eá uív colorteobriao ^tie
tfraá tódfetá6 !!Ért[generar; sü^édioflesse &j>ryníóroah/roaf>A U^rruw
afríéária1«¡yeté á ta afanenestna. Tíén'eiilar^raova¿adaJ"altOSlosjjBaw
ñéttó de Jlás molías, pero nó tAñ áridios ^ m o los1detos‘ mátesela
Üátfk ahfcftá y íi^ateda,' peré'ntr arrfcñidtigafda ni <rnuy rajusfeda^dn
bócá grancféV bdft t&bio^ gTHieso^ ^ero igukl^y nada salientes/409a
íjiife" íafrt&eW ‘aeáéee á fó mártdíbula' wifcHorí [Mks <tojq^á/estOfr«£s>
tizos coi¥ii!rn5ca *dti e^lae»Oftt*ei cabcUera
<ífé^pü',11qtífe *str ítívarita perjiendiculattnante1eosa- de-pté'yvmedio
^ó'bré'la altüi*a dé la cabiéza , fbrrtátncte «uííaéspgeíeide pelucatan
éktrjiól'dfoarfaí cómo 'sticfo. B&té tobad#sio^tiláry ^Ge Á primerk vista
£árece'riiáá biefiiití prodocto «id arteqúfe Bfo'üfla tíosanaitural, «¡k-
¿Wáia^ltíéa de 1ápllc& polonesa1; y ' 3in- etabargo, no «ttGterta^así
él^étf’tkiétfAc? que* e*y ímMmpte^efecto del dobl¿tftfií£«n
Itis Sé- tabéHéra/'íTi efecto, ocupa nít higafrüedio entre
1 kJlana déT riej^o-y ftfe cabellos lardos / tiesos^dét af&eririana¿ jj ¿X*
tenemos otro dasó de nna raza nueva dé a*estiz,os humanos dbt&dos
de fecundidad Indefinida sin reitováctónde^á&gpe. Lo» papua* eti\a
Nifévá-Guinéá ofrecen urrejempló semejante: teaislak üaffiadí®
M’at'qtl&Sák, déspcíbfádtó desai* átHá¿ww toatritántes por «n ínál mie-
't/tó ktkria £■Ibs m&'SíuiorésJ^de la Polin^iav^ti pobladastje
oÍJpoi Anéatízofr'de1oÉr&á partes/ l£n todtf lazon&litofal dél Süd
JÍA^;^lófcla¿ióne&tttéátSxas Sé desanroHan'rápidatneívte^ sta dar el-más
‘rfiíhimo incíicio de la *esteri1id»d iraagtoada ^ót^los'políg^nista».
Pero lo que con má^ dnndad'priid»'J a ver^d d^ la1doctriné1^
al preserrte:rtdS ocupa; e£ losuoédido ¿n«l islote Fftcaérnt "fin <ifó9,
ésiéribe1dé' Qüatrtífá^ea, á canseeiitíticift-d e una j e vuelta* -nuevefni-
rtnef¿S ingleses fuer¿yrt'árcstdblétiiáfée 'en d pequeña islote de Pit-
et^ V cn él OéSiirto FadfiéüV acóm^flddoáde sais tahitianos y d e
qüiricefefótiíCnasv AHI -los feteheos se cond ajero rróom01tiranos, y ,en
tOBseCTsenda deJésto estálW'la güerra da-r^sas. Kn‘ r793T Ja pobla'
¿feírf'Jíabfe ^ticdádo rediíciéá á cuatSro hínceos y á idiuz tahttianaf'
Uren prbntcí sé'VdlviÓ á enGendér lá g^rra errtrc Iok-cuatro jeítsíde
la oofditia ; por fin, 1Adatrtérfué d único que quedó de todt« eflos-
Mas las uniones habían sido fecundas: los primeros mestizoscreaií-
ron y se casaron .entre sí, á lo cual se siguió n u m e ro s a prole. En
1825, el capitan Becchey halíó en Pi^i^i^ sesenta y sevs inlqiyiduos.
»utüV . . ,...,. S . .rt,,. , , ........... ,■ .. . --.r *
1 Tridiud, JUSíi. ttai. di :-»:rri’ 7',J1
hojty .o d ^ e ^ .y ;,^ ^ ^ !!
l&!$'S0«t>ntahl»->ttiCtti]tg iwwei?*a y,frMbJ$fr .obtf^ifolg* 9W#t
cunos! t| e p Jo r^ e s^ L prjjK¿f^T:l ^ ^ # ;- r i ^ t ^ a de lfil.Cíúra^c ^ a $ a
^¡c«rtsig^«ntfif<í(ífcí¿r»u^ fvsú*tipi?icQ.añps, y casjt t ^ i c í $ p ,e n
ttefcjüf .y ¡ tre$. A b ^ a ,b « ^ .1^ J ^ ia ^ f r a , que es el pais más qfp#ur7
aadd pdci Europa rpQf £8iapajntei¡ no, dobla, su pobladon. ^ij|0 ,en -CMfty
ceota, ¡jrnwrltfe «fio». .¡polinesiana^ y de. los
ÍB^ 3caí«Kpafa'^adí)»4Tlín ipMl«l^ ,m EMeaffl fte.Yept?s
máHíqüc l^w^lo-sajpn#ipur<>s p o lflc ^ g ^ e ij^ » í $ h * j ¿ ^ > , . J ;
;En:v^^e...e6to, pocp ,pttedcii^^errM pfcjrá»1^
adv»írsarips <}iian^9 -jdiceri qvi«jW Ja fcuipJip^ ;!% T í #
yren los uiulittog i^qa endeble? jj^fisFíHíPS*,y. fecim^tl-
dad <ía^n. tal<üs liipitatffb q^p, s^q ^.extijendjei ¿ tres ,ó cua-
tr^ gettiíTÉicignetí, La-iüí£pl¡capipn: d^-^te, .fenómeno es niuy fácil,
dtijf«id6 líftjr a$fibuid<vmjí^ uj&axJifereiiqa especifica entre el blanco
ytjri jicgro, smtiá mdresjkrcuHStíftfcias locales. Las nj&rjqsatytpj:?!»
qUc nosrobjetan estasco^-confiesan que pfcros J u ^ e s^ .q ^ e ir
vrfitodb locoBjtfário.Nott a d w te ; qüe sus obsqrv^^ipR^si^q ;|^ía^
dtiftheohw sind en.-]*
nñííyífe A la b a n los(piula£as s<#}-*obusl}qs ry fecundo^,
«Kidltaazas cruzadas, itaafl tacabapn enjae .directas* El- doctor. I;vaHf
«íuafit» ^uion feab]> notHda el iabiii,o íeiióraeno de ^l^rilidad civ los
mditps <kvJava* escribH> a Mv-tie^Qu^ef^ge?,» que él pp fcab.ía
*eñalado/esfce hecho ^inó^coríi^ ufl^ i^ejía -exx^pcioD, qneoptrade
la cua^^tóvla feeuudS4 aíl,.gftoefftl tte.QfrQ& pai&íz *.,í<!L;Harabrpíi,
aunque i partidario d©_la -.pk»$H<^dS;esp$pi^), jdíoípedo:
í*^En nuestras plomas» lafl»*egfaay; los blangpe pfrep$njV^^fecmi-
4 kiad /Biedioa-e; * pero * 'las muIataa ry Jo? blamjcwrspn! e^tr$ep£c(a-
tusnte feeüfldoa, .a^,poir>© taimen l a » . j .J.
* Aun «n ^l trusmo golfo de'Méjico* proaguq Qy£ti;elages desputé
de transcribir cate testimonio »Jo* jsijlato^ spgup, ¡tyjr•Jlruízr ,j^tán
Waadesarwjltados, « » 4 u€<te$^d^»?rt^ifflá8 ;aptps qu^lpsaeg^os
P ^ ]os trab&jos jndw3trialeft-y,, muy lí«ciyQ5r 0!^cgwtt
Ca'ia Repúbiic3i d^5ant07P0iTHng^ u U^ercera parte e^^e.jyegppp»
y tos otras dos demulatoa coq w ¿psigsfóc^pte núp?ei;q .de .blaftcpsi n
' J,1‘M ‘ ' • '•>' ' -• ’ •' •
’ 1 " U f^ :i;'tdi/ll '•_>fl.'Mía >i,| y;'M
u'l •,!,,> , . .,,,, :i ,. ,. ;,
^ ^. 'JualTcfftgta, V t s fic t htinamtx chip. <xm, n, i , ....... ... "
3 f e liusTtiio, /. e i i j n . 3 , pife. i g í . 1 •r ' ’ -':T ^ •' f . ív -'i
j H om hroa, D t T fumvtt dmj sti mppvrti oyer ia rrtufim (citr.ilo por Q u atre-
^cs en el íuglr que ncnluiinus df. m$jU¡tonaí)..,, ..., >>k i _rii ,n.¡ ,
6 14 Unidad ot^ecte-Auntoncti
desde rauy Iwígdá afios-óla pofalatiBinriioics aiitriatíadfc poriCsctrjiBí
jcro alguno que vaya á ella de ninguna pasterrjdti ogecbasteifitiaí
mismar.4,;
Es^rmiy natnratqae jcé Java^iéoila. Jamá^oy:<cit^trt>sblvlíííúi«

pai^e9£o^xricy)áralsano3^mra. los fflctranidfos.^ Q»é aeraravlttal^pMp,


que^ diblan<r»'y*dji negros; a®boscutopeofe, éaíoá jnafcndaá’.1ligares»
crienLemelto&unaíhijQs endcbles^y ipofeoi 6 ] nada. :feeattdcs3 >¿ho*
mtónrtoohoiandeses túo perpetróA ráUficas^ cni BatayiA ^ry .hawfl
estériltís alguna*veees desde- la segunda gcutraok>n+ Etteie&itanew
deeaterilidadacontece tambieb en Egipto bou los mamclacos-oH^
gmaridsuM Cafcucasó;ios corles nuiica .hánpodiíkr liáturalnaiscxn
aquEÜá regioJt; *^^AXvcrlea svibsitíáfjpor1espacio iy* dbé algunos T3Ígto«t
esccibd[Volney áe^propó&toy.xxialqak^ r e c r ía quese Jaanipfc-
proáúaido oliÉpor-raedio de lagefierfadoá ’r -mas sbsu- primer >éata*
blPftjnfifñteciett aqaelloB lugares fuéunacosasiiigtflar, ¡el<.ihed(i¡tpiÉ
tienen de= pei^>etüaísa im’:eé'ml§n<tó yxtrafity- En JósigoaAcei que
llevan yá l<» wamelu(^',ért Egipte:? ni uno s6U>-ha'temdo linpasub*
sistentc, no habiendo entre eUosíam iliaqtiepasede la scguiHk
generación : todos susbijos perecen én lipncncra £ e n la -eeguoda
edad. Los otomanos están casi en el mismo <$»■»'^iwpíofoíirita jqae
tío1tÍOTeovotP»medkiipara piíécavtf*Q tíoíitta d eind tomar espída?
ddi tpifeftopatqup 4osfma»eliicoáno -han-querida^oáriiuncipOT
cierüreapecie^de-w^lld^ihur'mujeres san,’*0®™® «íiofty>ca¿Javaf
georgianas, tnin^reHanasv etc.,trans portadas -dé-BUf:pate^afcü ?.
aqueUste fogipoes: Exf>iiqueae ctít7io »no3 l>OT^breKL!bí«a|;íbrma.üi2S,
casados cotí esposas saaas, «ri p^den flatm^izárú ppiílpsr^oi ^ 3
unasangqe* formada ^aípié idel ¡Cátícasov ytángasefpfásehteaA isnsmo
tiempojqa&tréfrionth&idej Eatopa.se niegan iguattneirt&á cónst'rvar
aUf’^ff’e^rttoie ^ -
F^ ^ni^^rt'^trotí lugEr&a ^l i^iííAiTiiento d$ pitea? «sOctmor-
dinariawptitt’fecKfdwSi :en MalafcaTas aJianzaa'de ios holandeses
cofl táfl-fluaiáyiB prospfenfttiioay poco> en eTCatodeHiíenh-Bspti-
ranaflf e*to¿ «rismeís hoiandesey, unidtn ¿ 1as hcrtexítota^ 'teüi,dfi^f'
origend'---(o» r»riiq«a3 j qúe W5 desarrollan prodigiosamente; Hn >ei
mismo Malaca y en todas sus colonias intertropicales, los portugue-

i Quatreffiges, l. eii, 11 -- ■
•> •-
i »-i. Vdlncyy- ** Sfri*' u 4* 'RgyfiH, .Puti^ üdvii ¡n H f*■;■iMnoryifig.r94-
Untdsai. üe fa 'tsp e tie éuntttnay 615

3C*V'Para -faibrT»endé; la )iiróratt fÍFárie:U33c!a pac, M^Godroa ‘•*.13ah


pululad» domo tíngosta#4 r , j .t.u •:>!> ¿ • : í.y i:v ir jrji
No son las causas físicas solamente las que han influido etidatta*
t^ída<fcdd<kisr'Bniofletr arriba iadicadaá. La mpiáralidad de losja-
máíqueséft^ de<J¿®Dtfás^coignias chopeas kam contri btñdonppoao
áprodotelr'este' eíctto. ^i’iF^tmense <n cuanta r escribe á eske pvopó^
«to jlüLide ¡Quátrefages, 4os p6rmen0res pocp.numerosos, pero muy
Mg^e&túrosv'tdattGfl por1algqnos^viájeros sobrfe ia existencia de ios
europeos cu, la» tcfenütsy^^atodamtBt&>^it' la jamaica} 1-confróu^
tense «tósíiáAos«om kts> qué t»uHiini&traf-tolobservadon;caatirtiftiH^
y ias-coektronos de m u a x r j c > éo.<ixtíMm¿ori<fr’Bá>cbdúBéeweéh
áraaravilla. AL fulgor de'Itrllumbra asliprcéatida vsefrí' ftitnffósseig
reconoccr que tá ixmeBte dc'los ipeüireáv^s^éxtíiibfoti de sosideéccpir
dientes, so:’sqni^iadrla^€OOdBcaenciS!y'r^l';<9astágo deL deplorable
tHásüomioxai gue elk» se fcanforanado yd on d e ellos han vivido* J:
Esto íes rbor que ha'sucedida coiinél pequeño» número dcindígjonaí
que ha& qoedado eri Nueva-Holanda despues de -la hotrible carni­
cería que con una guerra de extei®t>imarbicñeroii eniaq«jeU^ regio»’
los: europeos, En su estado dei miseria y de. envilecí taifento se/entPfcr
g a n á la proatitudon y ai infanticidio», trayendo ^eü tocao «nyo-la
«steciidaddesoladom3. . .> * 1 u.^:.
. Poro aún hay otros caract¿r4a feu>lógicoS |qu<í v ieuem en to afir­
mación de Ja té&ís: que estamos defendiendo. rLas principales funcio-
■nes.de los géres vivientes tíenéDnsu modo común y.. uoifojmeefl
todas la» variedades de cada-, especie, pero .no «n ias espede» difo-
reates;-Así, éntralos mamíferos» por ciempitoy/Gluia «speoic tieneau
¿póca propia para Ja generación, sus días marcados para la gestaetoa,
sir número idefrijos en cada gría, sutáfcínpo determinado paraacoa-
inantarlo6, .etb¡, etc^ 9Ín que<ca«^9 sea. posible ct&fl fundir una ^espe­
cie con otra; al paso que todas las variedades de una;sote- especie
concuerdan perfectamente «atce sí, Abor^t bien; ^ todas las razas
hurtanaa se observa una perfectiskna armonía por esta parte.hlia.
mujef de todos los eümasiy países escapan d<M^c^jr.ea cualquie­
ra -parte: del año; j& ,tíerapo medtojde la gestación es e» todas partes
«de naeve meses \ el delappbeirtad, aunque ajgiui tanto, vario isegim
' • ; . ■ ' ■ ■■ 1 ■;1 I ; tv i i ' '¿ . . " I I . ' U M
> l ¡odrón, D í t’ ftfiet.e ¿t cüi raen-, lomo u } chap. iv. pig. 36a.
3 ^untrefagrs . /. eit.r n, 4, pág. 198-199. ,
4 Pony, Ta ttrre, etc. Appendlee, pAr. 3.0, pág. 531. . i'm-'''
: 4 A le n . d U u m b f> ld ^ j l A k w Gmtmait\ t u m o u ir
-'W-JW. -. ■
¿.nr.;
i f>i >) Unidadtdá
los .lugres.y loffcKmas^tetambfcOf £áBYpoctt.dü«*e*^i&i, el ipiaogo*,
cn todos ellos, si bien en todasJas raiasse.eiíc^JitraafijemplQ^de .
precocddad;yí de retasa ^ el^ efya te. 4 Jtá»»p^aá«*íépo^<í&taihe4
niafes^iantfitéti «nthedla& £er^eráhsfcnto.&l.raismO}i&ci^dQ enceste.:
partef raayorUa >diferencia; jáe pitrsona erroTrar^^dcvfwehte^
pgeblo^í:. ¿i- >
jí' v ,-.l .1 nrup;. xoütlflj?- ?.r*l -j;v
AdecnásJ bú>tetnp¿ralam dd ®uerga ihuraaRo,.tfl tsiwinQBn^dia
su crecítniqnto;».<la rduradoiv medíai (de >1a • vida^(^s^ífliiiisfcratt, el,
mismo argumento. “ De las laboriosas investigaciofl^s■ ¡iW:■ d^stor,,,
John.Dawjrp escribe Godraa^resolta “iLos<ihombre^^ i^iv<ír^as
raza^jcdtoc^o&M>ahtoaitóiiaBojas»cnai*jenlx$B^ti9 icil ea»í3tefraitter,tar,,
rotara JteiEipefl&ua,- arase ladimoitCTCKdi^tvam^te de^arn e, coraorv
tos. uaida^.jw^na^c^aTtisinóil^umbce^ 4300^,1
BuddHa^oc^ fiii^oientev ueew csiartk>a.eULses,de
europ¿D»jp&;£s^iobsery2ak>n6s.han didoKhechas ;en Inglaterra,*!».,
el Cáfaó ¿db Baenató^Kraiiraiicnnlfr-Ia&.deíFrawá&u^ilA^ndfa#^
en Ceilány cnsoldaok» inglesé*, :en hóteototes v;?» flegrafi.-.¡eki,Mo-t i
zaínbiquo* y tn i* 'costa occidental , A frica^ ’eij ttfcgjos.albiRfW,;
en-sacerdotes de,Buddha, en vaidast en,c:ipe.yost «n'j&ftgalfiSeaijrr:
en malayos. £1 rtérmiua del crecimiento,ctimplatojvarta. pn aiuh.;<:
naalej de tína -espede apotra;!en bodá^ laSiEj^^.huailaBas- t^irñ^r 1
La d^ erónrraedkdt^ aw lda^ estadas^ las!variedades i
Ut omíisda^^faeífcncáeitíttinúpnv.tpdas. jáunj en lasJntepttopic&leiíw
tte 4 onfii®vidad<ttxtoémadatioé&tevjrotabfc&u Priohard
un graaiiiimeraideieftds entre los negros^^,. u¡ (i; .w,.j : r,.;¡.
Viniendo ahora, á los caracteres páocdÓgioos, esposa maaiáest*
que fcn ellos na hay difereodá alguna e3eti6taf®tíítt 4o» numerosos ^t
pueblos de te-tierra: nueva, tr&zón.<: púa eóooliúr que todos ,los.'
individuos humanos pertenecen áuna misma especie* EseoWs- J
ticos en estos sokwcarEcfcéiresse ftmdaban-pora ¿firmar quetodos lií*
hombrea son esp¿ct£uaH*Mttim6&t y procediendo deeste modo obra--,
bancon proñmda.filosofía.* El elemento famuU es el que especificad^
losséres, no.eL maUriai, qMesa detcrmmabte desuyo ysujetoá va*
riaciónfia continuas.. Por espdccíaíi también losantiguoa que 1%/^r-
iruntn r i &ér á./a cüs<rt y que^J.a.ensí misma es el printipichdt bt* ■
sl>\’ ry . L . ;- ■.' _ .'*■ •: * <. " M . I-'

■••' •. / • ’ -' M .i . ... , •• {-¿..i. 11' >


1 ^ R o b cfL áo tij Edw&nr¡¡Jt tutdkai and tutgUfiijaitttieí, i K j a , pernio a ix v íM .
a ‘éijíTon. Hití. tomo li, pig-. ^ o .
^flAr’tóívy; Attiujri di ’f k x i t l í i , ‘
4 (p4ff.-399*4»ki < . >n !-■i ' ■ !^ní'|:-
UrnúorixU -esputa "Akmatím .v \ 6 17
fti&sm(Í p lili yrap&dad*& fiel$ér+ J<brvta dtU esas rei* ¿ar.maytsr 1
firnteipíMp vm w fnt 0vfr¿rtat8M'vntisk£
TodiM¡loá caiuctér^psfr^tá^cos xteAaslídiferente» agrMpacáóBe.^ ,
huatenafl tosí podennofr comp«ind«r bajo»kw,rtonibres rde facultades,,
(icñepHvtiVyJtfectipas'y ponqué con ellos vienen significados
actos de los sentidos como los de la inteligencia, y no menos loa^
afectos1é^OFrtáaeós dd coraron queiasaccioneslitjresde la volün -
lad, etv^ c está-«rieeiY&do'cuanto sobre; estaimateria- podemos
ima£rfta*yó;inquirir.
(Démiwiíandoi frutea, por lasiacultadea perc¿ptftaBjloK> (¡njemigos
liePmornogeiristno haiveíxagfirado extraardÍBaiftaiDe^exj&aea&rutc*^
cimiento de atgtinoa pueblo», preleudicndótiifcrir dftr 5te.^jpaótftero< 1¡
4ue algi:has faKas soTir4ftc^ a« s '4 ^ tiMlÍ2Ewnon, y poT.1conseeo«iiciíi -
1ifetentes tamtHSrtde ta ttuestrs. Los ^grtWy loa bosquimaaosy los
¿urtraliiuio&t l$dri.lofc que más Abundante materia, han prestado á su*
apasi&Á&doA discursos Al pintar cdn tan negro? colores >á Jos irife-
licesmdrvfdíjos de <esta5Ta£aji degradadas, olvidan* éstos 1encuitares,
las-tecciones d^ la historia,!y- Apartan voluntariaraenita, log ojo^ídel
t£txdtt:famfentabfe crique ac encontrabanaJad^eríimiÉ«to:dfefc<3ris-'
üanism^ y áunalgun0S‘StglO9 mástarde, los pueblos qiúi ahora!bri­
llan can tod^loBesptendores'dé'ld chrílixafiion eurapea./iQiré'erai*;;
los^gftk>$%tt tiempn de loa romanos? ^qué los alemanes y-loa pru—
*iaúosíMordas salvájesque'algún poligenista deientonoes habría
calificado de especies natitmimgritc inferiores . i . la imeatci. Ah©rn
caminan tan ufanos todos etloe$or laseitda «ki progreso^que se
nenia por la gente más civilizada^ dd inundo eiltero.i LospucbkvB
tienen susaitoa y b&jos.en el camino de ila .ctviüzActon,- cotoirlos..
tieBeo tas-famitía& en loa bienes deíoífhina'y.los individuos en ki'teb
lüdtfasus cuerpos;
Mas no ge crea que las gentes pesco ha mencionadas hayan llagan
do á un grado tal de estupidez f que uo’tien de iote&K
gencia, Ethtó también, comotodos los ho tobreS de.todosloytiempos^
saben progresar y hacrer éa&srdta -coo perfección toayor Ias iobraa á. •
qi*'especialmente'•'s&dedica». No tienen Universidades.nigraarídes-
fábricas cofno los europeos; pero trabajan, con -admirable arte ios ■
instrumentos que les convienen, y hacen otras muchas cosas que
ningún europeo es capaz de ejecutar! Yo mismo he visto con mis
propios ojos la cabeza de un indio redüci&a a W pequeñas dimen­
siones dd puño de uq hombre $in .perder sií .hermo^.caijeílera, ni
borrársele las facciones con que era caraotepaa^axen ivida. i^-Quiéa
Unidad, dafo ebieW
wiacnó at síiiváje^iqttft asi'fck^ cc^ntraermjsdroiensioaetí!JfñOdfo1
ddfueg« r ¿^rcdfccir ú 'méi'Lorvohirá enla:*6abc;as/del -h&fliíbrG^iif&ó£
figurarla siquiera? El ejercicio c¿&suraáanVqfee»aplica'da'., tttsblo^
objetendeíTXfhinado,-sabd enoowttw^iaediofrpara obtener íc^qufc^de-
ae^.> luos saivaje&del Ecuador, pairanosteB^afriJá fagrza df*nribja*Í€^
sudtóiffldodervarlaicabeias de sús eherrBgtts vencidos cuando ifcsto£
hansido mujunfotable»} y eoTnolaatales caberas cú' saküagnitüd
uatudsfrÜe¿tfttri*ü| .xoqy «pgBopsá&i ■ procuran; ¿redueiritís ¿t menor-wk
lúfnew^ió cual omvsigikn ’iiíaíanrülfflláarncate airviétwlese tíe tihi pro*-!
cefifmiento ái eiios^solí» conocido,il^Puedc* hacerse ^ 'siii^ K rt^
ligeB¿iaT^BÍn, OTd*mteügeacijti*ap^etrImfceraraof 4a¡ del cri-táste
eúrojáeó^¡Qtro tacptoaUeede cónnefarias obras: de ¡.industria'del ¿osl
ttisttídúfneq. M, Perroaij escribes Razay* traja><3e Australia i uaf-
lí&dha ‘dc picdcainaida^ün nmfcgojpor nrtediordeunamasatau dora
yr ftpfccte^ qrieMOKprtó:1h; admiración/$rtü laeotnbrcv de todos^mjestros
q t r im io b f iíii-J íljiq Í ^ J r u i'iL -v /. , ;1 , - r - > M - y , tí-

£1 íránxrM . Beratkjy cuydTtPfltimonio á/ iiaidie ^oiedc <scr éospo11


choso en esta roateri*¿ hablandó de Mi Schoclcfaer^diligentc obser^
vador de la raza nttgrav se expresa en catos'térmuios: Su>arsttudi)
donde tuvo la amabilidad deintrpducsirmei- podte. paaar. por/staaJ
saérte do'bazar ó flxpdsiciondirJos-progfresos >de: lauindustria bbw
gran BiíloílmiQQtelpodriaiyir. decid ¡ahora jtodoocUaato y i leiraquiji
lugano jristdwthwibogdflrijalyaBa imnadoa <fe lhierro; Acias, '^dn elém
g«ritMyligeía^l©lfcafr¡roáH>áólklj£Y todaafinalxnepiic tejidas y pipta**
da®con;l06'roás’brillanteij c0lores; ornamentas tftvcrsósj 'brazaletes
de.ofé macizo trabajado coribaitantebabili^ad; Émpleo frccutrntri
del cuero barnizado para d vestido-'jhpara-- eL>.cbtaada* 9atíer
de hiórroi ^.mffliusGttto9t etc.^ h¿ ^ :>Jo^ u ' selá fmesefitadp «o:
testiiBOttio: ifctia: ci»ffi»c¿on de1 ciertas ftojbusbegras,. Én verdad
(cbatínúa iMx Btíttfd)» scí^ob^tariá M. Sciioelcherv qac notodos
las qué itcenefc.d -color n^nti son d e raxa'nejfra 6 etiópicaque Job
ashantiá^ ilostoandingosv tos yoLofe, lós’habkantesde :Totnfcructdv ^
HfW3»4fdejKacjiettátjgfe& j itoajcben confundirse :con.aisas segeos
tic. mRildíbruíflíi saücntcs*,de c*keüo& cortos y i crespos, <4e barba i
rala, xie .Aefite aplanada,vd*'5®><Enbnos'desmestiradamente .largosr*
de pantorrilla pfcui», d e :do rao cnoorvado, de taion prominente^«v**^
dadenos elementosJtic la.pobi»don africana: que >e3tRttiKS¿*GÍvUiáaff- &
Y© mismo helieafto ¿ Mv-Schodcbci* estaobjéfciosivpftTD étfnc'

i Foriy;í£*.{iriir.,ycttviVpfletidice,>peí#¿4$?, ,..v v.> -i


Unidad de±fa*tfa¿te'éhmán}f}
ha:#?sp i«íj brfr\tugr<w¡.mire qmtmti. haéioj éí¡ facágida-jío^
tk$l^ \ fa'ldiWfa\fÜ4dúti4,ünhmdaSitinímdiíruliiS 'ia>Sifitírs,'
lú ja tm ln g tá cb y^ m p t¿ p /{0 & > ia rM so sb fr k o ir,v ;rj J.l i->i..p¡c rj-ir.-ur^rl
:l^;TOayotbpttrtte dehtya^üieios ti«t£iwarabléfr:qtte>sei hait ib redadir
spbreila raab ncgpá k&&.provenido <del Jestado depk?rable enl que-
ttcOefe>iQs^eurogtóoBjeni'syv; ooloHias. á cstos rnfefioes^i^tcafcándfjlnjr
donw^hostia» dfecargaVy no teni^do cL rocnoi^ cuidado dc sucdufi
r-adoa m orai.ríloi sucedc. asi toc $us locares propios yídonde Ihabítan
lu, grpntes -de jcster!color; puesj iaU¿!át*.faltan ^piafarca!¿de dé^píurto1
entendimiento, sc-bion'bbrbsuóhanstdoen ostfriaa ¿ÉBrtumtáoft/^iKfi
cusa; biefe icietta^ flscribe tijaabío'jistlitti»ÍHgáofiódnM ,:Jrabl4»dof4?:
laüslairde Haitiviqab Loo: habitantes d& !&¿BOligi(fi(rp!arteJéápU04ftv^fi>
esbt reih» dekíL'Am^Has softtritiy^sUpodoros'á-kls dt 1a partelfsaíi*
cesa, y. csU; preemáitáncii debeqer aArilauida^á tas mañerafí infinita*!
mcttt» TT»ás<duaveíi/ iriáa paternales d d o s amos españoles cnlórrfett
al tratamiento de sus esclavos. Los documentos presentados en:
J9<dfrjMay0 de_.18291ial Parlamento -inglés pracbanjlá kimcBaa supe­
rioridad de ijntÉligciicia qiJctiñtien lós lujos i^«c»inacidosL'd£:to&
libertos, cif' la colonia dc Sienta-Leona en comparación 4 ©ik>so$LiíV
t«bví&SQa-eS£lavt»t!$in etabargtjif unos eró;habítánunjrotamil’
país; mas imosi se? hanqvedqdo Cn eliestadojde esclavitud y-<ic.-
¡gnorancia^y tos otros'han recibido un ooiriietóM>jd«'cducKniciri mn*.
ral íy reiiposá.' Vénsc claramente, en «staifiríméraiedad; dc.la civili-i
zacion, noi kálü adiquirIr rTiás.doaarnolió las, cna&dftdcs mtjeícctuHks,
tBn kafaic^iiaoBric trUmmisBties cstasfcualidadée,.ea:cÍQfrta manc4,
nr,'por<ihedib;<de i^.^enécácion^ 'Los ncgrós^rBacidoscnel íkasil'
tienen unaíiitíteHgdncia rauefao-róá& desarrolla^ ac^ d é si»paisas
nos que sos jtsaiisporta^Ds.>álH^tesde1el Africa?¡M. de Iíisboa’íbaleoí >
liocido ne^o&oiioUoB dotados* do lab másfeJícescvalufades^iisí ii*r
tdeetuales oproo; áfecti'iras, y capacflsdél más alto y iaoendrado
arabr ¿ sus 'arnera. Pero esto praviana desque se! les traia con kuma-r
nidad^ y su áuptrioridad iintelactual y moral..merecen tantOHiáü
nuestra atención;, cuafcrtó>ip<lrino eshi^a. del ¿Studio, •pucStoquegc-
ntfalcnentc catas gentes suden carecér de instrucción. l?ódá éHa eatá
fanqlacta eft el ccíntaetoqu¿ tienen estos ríegro&con pn medib ntásíii^
vflizado, Los quq loaran allí la rara acaskjn 'de instruíríeen taB^ar^es
yeahis cí enz^'rimes trarvaptitísd natMrálppiitíHaíi^amaípeisevE^
ranci» notable. Emlas^colotíias; iiigtésairfde <Aim¿Hca¡ los^áreneV

I IW o rJ, On/rj j i Phfsiabót J 4 Bv ( GitodíJa rpr^Futóy , P*g '4-s 4


xístudiosbs y tan chpabe&gpafirta^4&inbo&
Kn Tombuctu los negaros se hallanren >estatiohde te«c>&>AtltoÍ&itfiy
aim^lo jafrúddert deirocmoría;-papa' sb co^rbsppndéodiir'roBfntráial
aon- JenHevjháceatisoíde ia cscritura:'Esta r^wi*dé^hotnbre^ qutila^
tf*nK?fr'3exomplHoen^en‘presehtáittoslat&n exribrutecidaíha^Gdaeíi
do; sfi étnbargó; itpmbr&r idistinguidos/ -Mjnvnbadb l y ikffy dé
áaint^Vinaantihaoen3Lua>JBnifknefa«kmdc^lQ»;i»o3otboft' «itartanes
sblaéaenttri^AEiroíjáiGapkán^áSiirttdgfLtttíverturfcíiíííristHába^y'á
Sí^pataijOíf A esta tí9t&'padem<» aftáüdif Tíl^ní^cr Líltei^&edfirr^yJ
h ^ l nlatemátRW5r oorlH3 ptítt9al denIfr-ificatienaia ide^ñertciai de^PíJ
ffetoa> ju2gamde>tyiirtctig«aáfcjde‘fa raiá<iwgray 9ff puede censá
swltají coa Hiterés: fanobrri del 'abate GrégoiyeJBCíbYe la-litepatura^dtí
lo^megrasshPewi dbnéé prsadpidmepte cowíeae eáwdiariaR üatio^
*ií»>nogcás< es'«i 'hxganii«iidor ¿Haáitiefien 'éu £rtíptó átítanto f donde
^ceaicde/asjdatürai ¡ndependenbia.Bntóncesea cuando fee’kdtóerts
que hay entre ellas tanta variedad ootn&eAtre noáotrró; que ías di>
vtírsari agrup8riotoei>atfgfys apresenrtwi diferencias1iraportaates- edtre
íí, tanto en:lo nroral fconro 'en lo íteioo; qoc algúnás lettas tieireh
■íus facultades muy poco desbástalasy otr^towy'ériefr Cucadas ?f
pQ£.coDSÍgui¿iile, que bay entre é]lás'variddade»fnrferic3ircs y9Üpe-
riowB.i, i'.'iHasta*quí'íasipalalbra^<te3íu.Godj'ah.rT'Vi ■^riy.-.i^n „v
r i'JbofeiqUE /ási'Obnádí JjpeiX) tale¿> sotos; >se ítjenzitan*: tyion, podemos
ileóritiD^toSt vcBtfatl que wm tanhortibred comq. nosotros, y qw
90 ^etfNMtn á qnfttspéde .inferior ¿Ha. nuestra i síqttwrai se haüe*
¿«MiainKatí en ^ingrado de civilización1qne Uo ttega -aon andró
»HJe los europeos^; Quién sabe si^ andando lok titaajposv abrinán irn
día los ojo* á Ja lúa tle U i/crdad oristiaiiit» y eotóncesal «calor.be­
néfico de nuestra ^gí^da ReligicMi pfodüciráQ'ia^tieHaBfalinaí'ahora
inertes los frutos de bendición qneneaác&tebe#'las: iMelipeno^T y
iasjim iit^ í J la; aubliiw iftU ux^ Jos piiebloa-dvilUaclosf Quizá
cuand&qsfco-mtóedayla flusteada Europaj!que tan afana se maestra
hoy Jdk ea 9U» adelantamientos m a teria l, &1 pasó que mira con
desprecia lasvverdáderosl faentossie toiefrfttizaoiodv tx*k>cadas en'd
seno tieL Católieíwrto, hatoráríecorrido-el etoariode lasbumanos tnl-
« n a síy se eiic»iitrárá ien Ua estada'semejaiite at queahora agobia
ásí a1Egiptocom o á loslpuebtas dcNDrieñte. También estos brillaron
cuando la Europa -entéra cstdba.'sumida en la rudera de la barban»,
y cayeron despues de su altura por haberse obstinado en seguir la
Ib'1! J.' l-: I • '*1 ' v in .. ’ .'t. -r ’■ .!. I• 1
i (.¡odroo, IM i'tspiu ttd tt vmritiis, etc., tumo n, ptig. 339, \
Umdad 'd&-/i» 02 r
saula dfel«ld(>y por jdoode íoar*e¿atoorauclla tdoscBfeenada^iaitQper
^Qj&&fQ|Í00|l yidcltojfljoml/ií^'íi.ii v. r.i.i „jj;;<i,M; . r n.l
L.-Gfir^ieotttJbfl.juiehlí» aíiiaaacfs. nosTcaMBcnl.absótetaqatotcfide
actitud pafdrtxdbjrj dJ£va®gtliotSa»£eíictekHeTte:-búenoeyirauy
hospittJptw^ r,¡yitfiansidecanitas tactos íde¿ est¡& «sspoete £oa*x>áropenv
dps p Q í;e ld d t e i^ bieaMüe:r!^on«iuiado6 .poc l^victad. ífer-ná-
turakKt i9oa.4 iK>ei06tu(nbi¡cí»! suaves* cuando, ¿lo oon£rarái no.4e4mi¿-
pujattdtorUiju$^aS'tyvk»& aetifioiós jdeuloftj europeos, Artifes de.bi
ll^daL ^ésitoá al-fcptritóri»^aíricanovf,jlo^eQmxtianc d Jvoboy.segftó
Iwíft.'LTíJsntaloshijio^iéllDa^adrtó, lfi«^éshuc¿»*iiadii^^le^{iKO)-
fasan unjan^o& cytóraítablefiy tfcedndeiaqjá ttciapasibna4 p^<Mnftr»»^
Qts 3on.,c3tfts.rtiyy,ib«cjwa j>ata ¿nltrtrcb la ¿cnd ándenla «ecdadbra
áwiltzacíotiiif iharto mtipore^ .parvoútfctoijjm&, laJsndé la cült» i^uropx,
qüien, hastiada degtadlQikti espiritual yLd¿virtov : nokre ardorosa en
pastdtitQdos .loa .pl^oa:e5 iro«tl<3aija]c5 ¡ Gom© 3Í ho hubieru. otra cosa
mejor qup desear sobre ¿a. tierra. ,1■ .-■I:'| . ijlHi', - .. 11.- iijít." VJt:i ‘iilj
íiios^ ^ncgrosf. finaJjw^^ ^ceafc co UDiyinidadrmwqo ,|pda»ios
denaas^N9ebkj3 deilftitiepr^ ;ñquiora:se formen con nauiigauranda ry
YaaasA&^CT9fckrón^iíaisQ;ooqicapta dd;eUa4o .,. v.a?.
.Iodo ía tc jcanjuotaldu tfmaUdüdesj psicológicas, dtufe^aB^negr^
«$tá indicando con rfc©da, claridad' que kisijiegfrKfpefteseéea i íw « h-
*ra misma.rspeaie^yisfin .capaces de:ir crccieada en la verdadera
avilizacion oocno nosütrosiiSi bteo: por kjjqufiiÜace álacocstiom dr
felunidad espeGÍfipaídciqoe. vámos-jtstitaiuiqt ninguna:necesidad ^
altanos para i^eihastrar^ depsQb*r;qii£lo&ji^sgr©s»BOD~l!aQbq>tos,y
tan dispuestos;para las deaiaii& qamioJlesieiiifópeosi-u^í^ritijsjiliiy
'entre estoa.segundas qup .smeástürabttenbe incapaces enoiiateci&de
ciencias,! yisin. embargoyd±oi^gMi^itníéieteiftBípGdc«ca^oi«í*n
'{ii» 1cspe£i¿>direrepte.dei¡h»ibbnoa^ norj&rratl 'J»
¡ A juagfec.de ¿>tro modo, 4ofc e^ptáo^jhttkiéñáft pckttdoífcfirraapmi
'los tiempos-pasados que los itjcgrbs.feattl-pó* «to/uittt&iiteQfttpertafes ñ
los blancos,^ Todos, lap duremos v oáQribe±sabia¿nente Quatrcfagen.
craa unos v«rda¿á*nossalvajcs calando a lQ*,<áuáosvy: iegtpcioa^es^
tftban civilisíad03^S¿.ie8tí)9 últirtK^iiubienafct j uzgadbidd iñfeéstros act-
iitepasadoa^oomo ;ntí«aliT©s,juzga ntáw: e o s:hatt&ifrcttuenciajd^ lastfa-
J*te eictiai>jw^j„.ihubi<fra» iiaUaickí_.«itóei.irllo5! Éajpocaa'íqójjálés i<de
ÍQ^i(n|idad^oQnMnzaAdai píorneste tmte .bl*noa;<^neplelnosotros
..I t'i. r; -j i,7 ’ ■_ i . ¡ .;! ^ •¡ 1, VÍ i. ZJH j b r<‘j M . [ k ! j l . ír C > T .J ^ j;' 7

• I*ert, y<tyofts en iSninú ti dans la lies Carnifw en Amtrit/m, trad, ir*tic. l'*rts,
píg. aoo, ><•. J ■
i.r>i ■. . ; j M, . ,. / 'i-í
WáW tfós'glór&hmft tjiS&áióé i&Úrtáti1 tifia
especie de enfermedad'trí^fcnT^titáblb,
~- Lós tetai^uiirikrioS; ^ V^tíádv s^e^áílán^ttüSHftéWfcé’t tf1^ eátido
dé tlé£f a'dáfcióft tiotábl^. FéftJ jÜigár lb&’ ¿ÓiiVéftfétítéWefítfeJés
ilitíirarldá, rfri cdítid ¿é e^cnetitían iibj^'tííáV ¿tífesáoÜió ét^dfrt
íí<iétn)^tftfi¿tókWedér^ tírirtifeirá Vtz Ibtfl^aiffléÍK^éií^i caC&d
tte'%éftá^Béi>áná(Heá!'^i''áqiibna ¿priicá Id^^^utMaitós1 fá+rrihfcán
r&rtfef'ííe &:tia1c?ón,
^riftÍÉé^'y 'Vivían',' édrnb-^tloá-; ‘mity tómddáriWñte ‘'dfcdíóífd'ós 31
-de $tte gfatíadóíi, y drvíÜTdoá1eri ’ÓSvéirtksí íritjus ¡ 1fé^íáds
e a d á iu íd ' tcrn éí gfóbiVfnd ¡ p & m r& f dé'sin* j¿Fé&£Ma!s ‘ítóradi^íncíós
jStetf irtiíá parte £ómo b^títófiei^dtirátiíé larg'ó'tténlpo ’pór
táttJésés, y óprifrtldbs'póir tftrá coh é o n t^ ^ g ü é i^ .t póf ló^ ca¥r&1
tí&£iHÉtes enemigó su^rósV ít'M ii'^ sto ^tetiáadofc-á -in­
terior de los desieftdgv^y átíéVar aHT éntre'rticá^ jr ¿arrales tiría vida
p^ÍM^ey >dé^ráciat^;>E<^Tia dififó;!¿lrfé¡*h á!jirtism‘o rttwnbre que
fthóta llev átí, qué n d 't^Üiére décfr d trá ‘c ó ^ síh# lhóm6r^qkc Htilti-
titti ^n fas bteñaí. Está vida iifeéi^ fc'yU ^ á 'd é 'ttSfWhuásptfVif-
diales e$ la qíre !ós ha' traído al ^tádb ^de de|fríádacióW: ^re3etité”
qué Sabido f s cuánto influye d génefó dé' v ld¿ pa ^ rodú¿ir dfe^ri-
daditoi¿A>de ■édtaítópéteite. 1
Sé^Ki^qué r ^ ^ t m d k ^ ^ m S é horú\^és^ £rári-
d^^Sfr^ífti1 tífrfré fctíoS péteoftas de deápejáfdá
cíS^fVafí^í'jfeííTfc^ que K&tenidb tjcaaion de obsér^ifrlds, ító loá
éí'fcé éií'está ■ ‘parlierIrtf&riOtes' ii la gTíééríflidctá dt'lb^otíbfe
Etitrtí oirás coáas¡ aseg-ura háble* -¿órtáclcIci'S ^aírií^j qüe ¿nfendtétt
pín'fcctáfnénte "tí hdlahtfés'é! £néS^^érFpdrt u£íké¿*f ésto nose ha¿¿'
sfaófiótf W ’gtáAí) -rtíásTi^iié' tóésftis&tóyé fetellg^tíclá! nA8éifrás:,vdici¿
« t é ' ' p a & f c ^ j ^ ' á ^ ó i e n t í s V 14r^ádós los ffiás rvértíbí á éStóíj
hétífertá '€&$&&& tyb W é f a á ^ én' *e£óab'S Tos cuál»
ateto tféfcií&áriok ‘táléftto y-Jtífet^v'A^í;‘unhó tétl toft1']larnadd C labs efii
a^cjürtan^. Y&iáéir 9 tet,id;\jl£itik> gbte)Jhacfor def Gabo', émpleábá
etf Jé$ rte^átáfeí1'de giáíáQo^bV1fas:fribiig rn^ apartadas; y
9éftrfk éatt^óhibi^’áé' áa cortiistó‘iVÍMni,I&feeÍ' <ÍÍ>
teilido' feRééá rfeiitífeklós Uifá 'c&sb fiérihjjaritc escHbe Goüf-OTi d’é
o tirérgobérnád^ ’fiánrhad'o' Gétis&hs: • *£31 jóven tibsqtiicnariov
ü -quicn’ dié acogida- eó su éíws eíté ¿olkirti&dbfj efetaba dotii^ de

1 miuilKfjgeK, l. cií.j chap. im x , pá^, s60^J'


2 V. Pony, /. d t., pá g . 4&>.
Uz¿4 $4 - ^ & ¡3
y-,íkgp 4 aprender ,qcui-,J*:n*ay<?r
facilidad el holandés y aun un gpqqijifringló*„
obg^jV^üQ, 4ícatp ^oa,gff?.r4.quíí tnafc; prueba* es-
tas e^cepq^e^ copío pppru^bael t^^tojde JJewiíMi iy! de.Vql-
g^ tod fl* k^.ingjí^^jtptfqs¡ lo?, fr^npess* spn rhflnpbc^ ,<Je
#jfn arguyese,^taent<?^tf£pli-
c o n f u id ^alqatp.,i¿po ¡ j t f e ^ n y rdé. Y q lt* ¡ r e n o fifi
b ^ ^ tep u ra Ív*$er de e^as.¡d^Ji^m^i^ i ^na $^%ta de
|f fc^ftpo.sí.dp
d,e ía e ^ p ^ J ^ t^ tp ^ J fe r tapie» 69 $fenT
-ey^denpia q u e , ^ ^ , ^ rk&bfttfo&tfle
P^sma s?pe4er ‘#«Rf>W»í W
¡Pjftslpsj <j*.?u «u* W .l& W P-
^ i;r;€laciop<M, seg^n ^^ljjqjKHPÍP que. <fy^:,¿a * ¿ a w 9W
igu^l^ á uua tercera, lan Uapfan tjpfqÁi
, .Forjo, qijuq toca álos australianos, l^jrai^ajia g r a n ^ :qi¿ejOfldi-
n^apifnte yiysn ha.hecho d? pilos uoa raza ,tva,nj^y 4*^95311^¡Ja
de Jq^)bpsqujípanos, en lo pertraecicpte í la confprp^c?pp:4?lvau«*>
p^Síí^teqejr 4péju^,con qu£ ,viypv /amtiigog,¡c^ s¡$pifir$* 3&£#Mr-
4 i * d e hambre, íqi^ ;J^i^j 4 ?.J?we^F.«4 hf«íP*
iofeíicea, sitió ló que suele acontecer á los p^pfcvlos ^ue .por iargQ
tij^npq.Se h^ll^p en circunstancias semejasteis?■11Siempre buscando
aU^entos,.acribe i este propósito Godjrain, no llegan á procurárse­
la sinó á ^osta *Je grandes dificultades y extra^or^inarias fatigas,
P ^ :vjy£n.ep.un país que ningún íruto, con>,e3tib(k ^reeenta á su
1<j¿taTrninguna planta nutritiva de es^s ,;que , crccen :en lostrópicps
vinicultura.y ásegiiiran,.la existencia ¿ $ys moradores.^Su^nenío
V forman lp¡s mariscos, las arañas» las hormigas, Jas langostas, las
larvas de Ips, insectos, los lagartos,*, l^s, culebras;, las raices. de la
Ptfris esculeqtti, y lo? bulbos dje las orquídeas. De tarde en tarde Ja
caza Ies procura aiguno que otro cangyro ó qasoard, ambqs ya
raqy rarps a,causa de la continua guerra que se les.hace. La pesca
it^ podría propordonar aumentos más abundantes; mas las conti-
núfis tempestades de la Nueva*Holanda, y so^re todo las emig^a-
< ^ s d e Ips peces, les hacen incierto ■ este mpdo de subsistencia.
Entónces es cuando sje manifiesta e£tt£,.elloa ,el hambre cpn todos
suí hgrrores J, reduciéndolos a un astado tal dt.•ma^knci^-jque

1 Godfoftj t. d t., tomo n , p ig , 2 1 ® ., ,


2 tjodron, i. cit., tomo n, pig. 219-220.
<S24 Lnidad de ¿a especie humana.
parecen esqueletos ambulantes próximos á perecer por inanición, „
No sucede así á tos habitantes de las islas del estrecho de Torres,
vedaos ¿ los australianos, á pesar de pertenecer unos y otros á una
misma familia. Y la razón es, porque con la abundante pesca que
recogen viven holgadamente; y no tienen que padecer las hambres
ní los trabajos que á los, otros continuamente afligen.
Pero hablemos de su inteligencia y de los actos que á ella perte­
necen. Los que tenían interés en que los australianos no fuesen
hombrea como nosotros, sinó ñeras ó animales estúpidos, los han
pintado en este punto con los colores más negros que pueden ima­
ginarse, y así los han tratado en consecuencia como se trata á las
iteras del bosque, que se pretende aniquilar por completo. Mucho
se ha hablado por los extranjeros contra las injusticias de nuestros
rprimeros colonos que fueron á poblar las Américas; pero todo ello,
con toda la inmensa multitud de mentiras y exageraciones, que m
han-andado ciertamente escasas en boca de nuestros detractores
no llega ni con mucho á la realidad que han tenido que experimen­
tar los miserables australianos por parte de sus conquistadores. “En
ningún punto del globo quizá, escribe M, de Quatrefages, se ha
mostrado el blanco tan despiadado con las razas inferiores como
na Australia; y en ninguna parte tampoco se ha calumniado con
tanta audacia ¿aquellos mismos á quienes se les llevaba la expolia-
cioq.y, el exterminio. Fara él los australianos no han sido hombre»,
-sinó séres que "reúnen en sí todo cuanto malo se ve en los más cor­
rompidos miembros del género humano, y añaden á esto otras varias
cosas quepodrían llenar de rubor á los monos, sus hermanos. ff(Biitíer
Karp...) “Conocido es el resultado que han tenido estas lecciones en
la Tasmania y en la Australia; y los que deseen informarse más al
por menudo de estas cosas pueden consultar á los viajeros de todas
las naciones, así á Darwin ooroo á Petit-Touars „ r.
Había interés en deprimirlos y se los deprimió, poniéndolos pur
debajo de los mismos irracionales; pero la verdad sabe abrirse pas"
al través de todas las .calumnias y de todos los embustes, y los aus­
tralianos han. aparecido cuales existen en la naturaleza, es decir, do­
tados de un entendimiento’como la .general idad de todos los demás,
capaces de instrucción como ellos, afectuosos, sensiblesT reconoci­
dos y ¿un accesibles á las sublimes influencias del heroísmo. Ni ^
falta ingenio para las obras de industria, puesto que ántes de llegar

i Q i»tra& g«, Lttfxce kumaixtx chap, xxiii* |*iíg. 334.


Unidad de la tsptcit humana. 625
á su territorio los blancos ya sabían mostrar sus habilidades en las
ertfcaQ de la caza y de la pesca, en la domesticación del perro, su
perpétuo compañero, y en la buena construcción de sus viviendas.
Lo que les faltó, sí, ántes de dicha época, fué la ocasion de desarro­
llarse con la instrucción ajena y con la presencia de plantas fértiles
que les incitasen i promover la industria propia. Puestos en dispo­
siciones convenientes los australianos, se muestran tan hábiles para
las obras manuales y áun para las letras* como la generalidad de las
gentes incultas. “ La carestía de jornaleros, dice M. de Brosseville
en su Historia de la colantzacioH penal y de lós establecimiettíos de
Inglaterra en Australia, ha hecho estimable el trabajo de estos mi­
serables pueblos, hasta entóñees poco conocido. Se ha caido en la
cuenta, cuando el interés lo ha demandado, de que ellos no eran in­
capaces de ejercitarse en las artes útiles, de que sus barracas y
ajuares presentaban una disposición bien ordenada. Desde 1853, dos­
cientos mil carneros tenían por pastores á hombres naturales del
país. De ellos se sacaba con ventaja gente para hacer ladrillos, y áun
para desempeñar d oficio de gobernadores con los de su propia tribu.
En las escuelas de Puerto-Jackson fundadas por el gobernador Mac-
quarie, los niños astralianos que acudían á ellas aprendían á leer y á
escribir, y áun cuentas y dibujo, no ménos que los europeos. Y se­
gún Pnchard \ d o s australianos que fueron lleva d o s á Inglaterra
presentaban sus facultades tan desarrolladas como los niños ingleses;
de la misma edad y tanta capacidad como ellos para ser instruidos.
“Sostener hoy todavía, escribe el ilustre profesor de Antropolo­
gía en el Museo de Historia Natural de París, que tos australianos
son lo que han querido hacer de ellos Bory de Saint—Vincent y- lós
antropólogos de esta escuela, es negar los hechos evidentes, ates­
tiguados por una multitud de viajeros de toda especie. Lo mismo
que las otras razas humanas, la australiana no se ha mostrado abso­
lutamente salvaje. Sus instituciones eran propias de un pueblo caza­
dor: la familia, la tribu, la nación, estaban en ella organizadas y dis­
tribuidas en verdaderas agrupaciones dotadas de su propio catas­
tro. Los australianos, más avanzados en este punto que los de Ta-
hiti, sabían dividirse el suelo, y respetar religiosamente los límites
trazados, fuera de los casos de guerra. Más adelante hablaré de sus
•caractéres morales y religiosos. Aquí no se trata sinó de los inteleo

■ l'richardj Htuorehtt ¡ni* tk< pfrytietl hitlary af niaMkind, lomo iv, pág. zóú. V,
<‘odron, i, e¡t.Apíg. x a jr ¿¡guíenles. . - ——
Unidad de la especie humana.
tuales, y yo me limito á añadir que estos salvajes tenian pueblos de
ochocientos á mi] habitantes, que sabían fabricarse canoas, que tejían
sus redes para la caza y para la pesca, tan grandes que tenían á ve­
ces ochenta piés de largo, y tan fuertes que podian resistir á los es­
fuerzos del canguro.
„ Léanse los escritos de Dawson, que había hecho de estos sal­
vajes una cierta especie de arrendatarios; los de Salvado, que ha
hallado en dios obreros tan fíeles como útiles: los de Blosseville,
quien confiesa que se tuvo por feliz con poder recurrir á ellos cuan­
do la fiebre amarilla hizo que faltasen los brazos europeos, y que­
dará patentizado todo cuanto hay de inexacto en las aserciones
emitidas á propósito de la incapacidad radical de los australianos.
En fin, quien conserve todavía alguna duda, fíje por algunos mo^
montos su- atenáoft sobre esa» tribua ya asentada® y &viiiaad^-$vr
Wiüia^ )Bucklryr^otóado desertor, y le será bien foreuso ééiHfcsars
que la factUdad de levantarse -sobre su estado pasado existe entre
los australianos no que entre otras gentes cualesquiera „ \
Para remate de este capítulo, observemos que todas Jas gentes-
de la tierra tienen cierta propensión,innata 4 asociarse entre y á
comunicarse mutuamente s^sideaa y afectos* ya valiéndose de signo»
naturales, ya por medio del habla* Esta cualidad pmeba con,toda
evidencíala qom unid^ea^íftea que á todos ellos les une.,parque
sóto^ajre anjfoalfifi; de rUna^ipisma especie se observan fenómenos
semejantes. Los pájaros, por “ejemplo, no se juntan sinó con Jos
de, 31* misma espede, ni entienden elgénero de lenguaje isfcnne
que,todos los animales tienen para manifestar S113 afectos>,»aóá Ips
que participan-de su misma naturaleza, Esto .mismo se- observa en
todos cuantos hombres existen sobre la. superficie d e l gtobo, los;
cuajes?; apénas se.yen juntosr al instante tiendená comunicarse sus
id^s y. 4 eqtimieQt0 &, sirviéndose de signos acomodados al efecto
para panera, en ese linaje de relación que sólo es propio ¿lelos s£es
de un? misma ep^ois,, I&to es, pues, lo que de todos .ellos debe­
mos fifirmítr , á saber: que en todos sin excepción se encuentra pna
mismafnaturaleza especifica, V estobaste para lo q u e nos hablamos
propuesto tratar en este capitulo.
Veamos<ahora a 4 la unidad especifica. es preciso añadir adeaw*
la unidad dcarígst^pero esto ya es cosa que pertenece al capitula
siguiente;. ... ,

*te*a 3*Xa 3S».-;!^


C A P ÍT U L O X X X

UNIDAD DE O R fcE fc DEL- GENERO, ' HUMANO .


. r • - -• i ¡f. ••.»: fj *r~ •sv*. 3.

[bJaVos ai flif del capftttlópátedo entablada la cuestión sobre


sr á la unidad éspecffica, que manifiestamente reúne dentro
_ de sí i todos los homares dti ¿lobo, hay que Añadir ade­
mas la unidad de Origen. Nuestra sagrada Religión, seguivlb tene-
mos'ya chamado, nos enseña en esta parte, como im dogma* dé
fe revelado por Dios, que todos los hombres existentes 9obre li
ttotá, blancos y negros, y a cualquier raza qué pertenezcan, ádn
verdaderamente hertnánoa y salidos de im mismo vientre.
Esta bellísima doctrina, que tan poderosa virtud encierra para
establecer én e! mundo la paz universal, uniendo estrechamente
le» vínculos que ligan á unos horobrés con otros ,y amonestándoles
leía deberes dulcísimos que á todos ellos trae la consangutntdad, ha
sidó negada, sin embargó, ño sólo por tos poligenistas, sitoi tam^
bien pdr Agassiz, quién conviene con nosotros en admitir la iniídád
de especie. Para éste célebre náturalistadlos hombres todosdeigií-
9^6 humano participan de una misma naturaleza ideal y filosófica*
pero han debido proceder originariamente de distintos troncos.1
Adán , por consiguiente, no es el padre común de todos loé hófnbrts,
auiíque todos se hatlén unidos por las relaciones de nná misma na­
turaleza específica, sitió solamente dé los judíos y dé cuantos éti tíaií
principio estuvieron unidos con vínculos de sangre en fe familia dé
Asi ha renovado Agassiz en la Antropología lo qué La Péyrifcré
pmflrid en Teología, siendo al instante condertado por lá Iglesia.
El fundamento á que apela el profesor dé Cambridge para estable-’’
ceT su sistema no es otro que el invocado por los poligenistás, á
saber: la fijeza absoluta de los tipos, que impide á los individuos de
wa misma especie pasar de'fin entretanto á ofW, éuando e&W&éstre-
táisB tfczdarf dPó'rtjrgñ''''
mos se hallan tan distantes Jeomb;feí blsíhed y él riégrÓ/ Í3t eit- ldg^
¿p recurrir £ Ia esencia tülsWía. delás -cbísásf
lita imitado ai1 protéstaátéLá' ‘Feytóré^ prétértdim&íS&n^ síté
afirmacíones de lá sola palabraidivítia, ent<$nc¿s' hubiét'árhbk' ífiého
que Agassiz negó sistémente et techo delá comuriidatide otígetiy
sin meterse én Ta posibilidad!ábébláta de lo cotittário.'fte'd'AgásÉitó
procede como filosofó y no có&d teólogo, y fiindá sufédífá, no w
la libre voluntad de Dios, que podía haber establecida eíi'tin jjfrirtóí-
fno diferentes' centfós de^eábiortjpara el hombre, como estableció
uno solo, sinó en la imposibilidad física qnfc atrfbtt^e Úla háturáléfeá
b amana de mixlífidarse ta^ 'áérlpliáíméitfe’ccífi^'stis OTÍas!füénías^ha'1
etendo pasar á sus iüdivldütfs desde las Hermosas facdóntS-'de-t WfW'
co Hastia la rcpugnwifé figüirar dél fregío:"1 : 1 1 1 1 :" !
Eor eso amigósy éneiWígcfe haii téttrdb á1Agasdi¿ por1un pótfg^-
nisfca modíerácTó, y ¿fertanT^té «Ón? ^Wr^rqúé'ásiéffitá^ á prfyM
que lá constitución íntefníL del blan’écrj por ejeihpfót nó pü&fii'dca^
envolverse en taítós ’t&ttiinoe t|iie¿ *ü'ir¿sidfVtítfrctó éiífe ífcsarnsllo
un individuo negro, áábieíltfo de ciiántaííJvariátnonéá ácciderttalea’es
capaz la naturaleza humana err todas su¿ agrupadoh«s, es aftiríñar
implícitamente que tanto én el ‘blancó 'corno ett él rtégfro liáy "üáa
cierta cosa esencial é inamisible que cOtiVíéité1 á él sotó, ^ tiñe no

ijprdfeár‘tfm<¥¿' en esíó capituló'


dád, y fiáremos vér á AgfksáíJrV así Ib’ihfufidfetttotlfe 'sti ¿tstaníiy 'exilio
lo anticientífico de sü.< afirmaciones; á 16 cual áflad{reímos,' pttr $a
de respuesta á Tos;argumentos pritfctpaies de tcfcí&s !ó*f ]^í£tiiistas.
la enumeración dé hítíhos rékles é W¿oi^<^ieftíWtev^
‘ sé día á conoceir !á áptítud'íhtHfeéca qtie ÍJuestpi: natüíráltf¿U de
rnodiífcarseen süs di/fertíifés individuos, haciéndoles paí&afWt cir­
cunstancias oportunas de una raza á otra'; .’híriáfe* más opráestás}
distantes^ ~ ' 1 i-
Y comenEákdb 'par lo primero; n\ tíeého de lá ¿omimidad' <í¿
geá para todos ios hombres dé la tieírk loliállamtís atestiguado’ tn
cuantas tradicídnes de los pucblós Han quedado esparcidas por tddo
él mundo tocante á los tres dógttía!s católicos det estado feliz dd
primer hoiubrí , de la ruina i^úe tíon su caidatrajo á tódo ef¿átíéfo
humanó, y del castigo fortñldable deh diluvio. Todás esítas tr&dWo'
acá no pueden ser ofcr& cosa sitió el eco de fa rebelación divíná, ¿o-
mufticada por Dios álos primeros hombrés, y luégb desfigurad3 pof
d¿i;gém>rQ %$$$<$&■ §29
cj^á^ic^id^.que a.c il^flj^epaíapido unos de otros. Sipo, ¿cómo
t^alp,yieDÍf~^9í^ ello? en^lacreencia..de unos miamos hechos tan ex-
^ ^ fiy ^ o ^ y r,de,nmg^i 10,0.4.0, ^ ten id o s jsji jas sipnples leyes áte
U;íjfitu/ajje^í,^universalidad de un efecto de está clase no puede
■ >er,c^nvenj^ntemeote explicada -sinó recurriendo ¿una causa tám-
fyj^vyMyers^l; albora bien; en la materia de que tratamos,, la única
icav^a universal ^ignable es la realidad de los hechos así universaí-
:creido^. ; l . , ^^
jp¡r£S£:qq¡z¿ que este argumento no encierra cu, sí una razou cien-
^fkatl,por
1 j .
cuantp.ao,
-■ a
está tomado 1 .
de las entrañas mismas. de las
' >:• .1•1 í*l J1r. . •;< , .¿5 ¡:
de lahiatoria, Pjarp en foaterja Jiecliqs lita-emente éjé~
¡^tados por eL Criador, cuál es ciertamente el <í¿ ía unidad dé origen
para todo el género humano.^ ,sé qué otra clase de argumentos
científicos se puedan aducir sinó los pertenecientes a la historia. Los
hechos libre? no se demuestran.^ priori como si fueran teoremas
jpatentéticos, sinó por la .Intima relación que tienen con otros lie—
ohoa patentas á nuestra vista y capaces de llevarnos al conocimiento
de cijos. Fue§ deesta naturaleza son las tradiciones universales re­
latas á los primeros, orígenes del género humano; ellas son tale¿,
que en ia sola unidad de origen enseñada por la biblia pueden tener
una explicación satisfactoria.
Otro hecho que tambien tiende a probar la unidad de origen de
que vamos hablando es. la afinidad que guardan entre sí la mayor
parte;de la$ lenguas del género humano, pudiéndose decir con ra­
zón que tarnbien las otras, cuyo parentesco no se ha hecho paten­
te todavía, ],o tienen ^in embargo en rendad, siquiera esté ménos
cjescubUsrto, ya por la felfa suficiente de datos para conocerlo , y a
por la pérdida quúá de los anillos intermedios con que en el proce­
so, b ó r ic o se halla unida una lengua con otra; j)ues sabido es que
Ifts lenguas muertas pueden perderse totalmente, sin que sea da^o
á los hombres desenterrarlas ó descubrirlas, lo cual no sucede así á
los anillos de la cadena darwiniana» Es cosa ya averiguada entré los
filólogos que todas las lenguas de la familia indo—europea, las cuá­
les se extienden por casi toda Europa y por gran parte del Asia, de­
ben su primitivo origen á una sola lengua madre, de la cual HanYe-
dbido, asi la construcción gramatical, como una cierta cantidad de
nombres encaminados á significar objetos muy usuales, y difíciles
por lo mismo de ser sustituidos por otros en la transformación con­
tinua que sufren las lenguas. Por último, 11se demostró claramente,
acribe el cardenal Wiseman, que una sola lengua, en la acepción
éktdad tk'Gr-tgciky
esencial de eatapalabi^ fe extendía-Ajana- porcion oonakietablt.cfr
Europa y Asia.'yatraveaawio por usa anota* zoofed? Ceiian ¿ fe-
Undiá^ eatrecbaba coa ut> vinculo de usidadnalos mismos que pE0-
ftsában laa religiones más incompatiblesque ¡poseíanlas institue»-
■Ttts:hi*3j opuestas; y que caSi^prcaentabaaningUna semejanza de
^olor y ¡fisonomía. La lenguado axás b¿enl* iatniUa, de 4cn$na»,
coya mar-cha acato idei áiseftarf xhá reqfódo.«l. nombre de ¡índo'-
éuraqn&jí.' -.-n.- . ■
■ \r. .v-j¿ .'.m,
i ■£statí mámas,afinidades existjsa <n las lenguas de la familia; siny*-
arábiga habladas par ios caldeosylasirios,: sirioav árabes fetúdos,
abiflinios, .etc. ^¡pet donrier eseribe Moignat'sepodria concluir ,por
analogía que también existe una. tercer* lebguae^to-aíncana^oo*
■tmii» á^úáá tei!oei^ ^imília¿ la familialde^am, que cdnaprwidffi'los
Egipcios váJos libios-; 4 los kabilaa^ á los thnaregsvá los etíopes; i
lo3 'J^iohaíri%álG8 afiicanosl, w ctc^ ctc.v
■ j- Estas tPesdtaguas corresponden ¿ las tres grandes-ramas en que
se dividid la1familia' de^Noédespues que el Señor,' pata, castiga* te
soberbia, confundió su lengua, haciendo que no se entesdieseB los
unos á los otros, y dando con esto origen á qne cada utto se 'íuesc
por su lado. La indo-europea pertenece i b Tazajafética, la-áro-
:arábiga á ia semítica, y ia egipto-africaiia ¿ la maldita razaídeCan»,
quetnro i t a s tiernpoís> üe>glorJi " ea Kgipfco, como l o .demuestra. 4a
-to ste l, ^s^sMbftnldad ^cort iaBtbtiaT pero que ordinarlaitíenie
Heva-tebrcsiel peaode 4á‘ maldición de Noé, viéndose stempreso-
i&eikla á sus humanas. - .
'Por «1 migcoo método de comparación lingüística han sido descu­
biertas las inferidas afinidades en¡tre otras lenguas de! antiguo ydfcl
nuevo co atinente, pudiendo escribir £on todarazoa HumboIdt:^Por
mis' aisladas que puedan parecer iftrimera vista<ñertas lenguas, pqr
sin g u la r que«an3U9caprichos y su^ particularidades^ todas, el¡as
tienen una analogía entre si^y su» numerosas relaciones ae'descu-
breri con mas facilidad a ñedida >que ia faistoria ifHosólVca de Jasuq-
«tones'y elestudiode lobienguascamihan háda au perfeccioin „ *. ■
^ Ló^ poHgoiiiatás^ como ya era de suponer-, pretenden que cierti'
faroilias de iengísas son irreducibles, para sacar de aquí -la eoase-
cuencia.Roit £ratfíbrd> Hoyelácque y otros t de que las razas -
!■ .- - 'i.',

i Wl&euum, D istur sos, Discurso primero , pág. 783. De las W í / « <t* t* &>$*•
' Molgoo, Lrrtpimdtm'rdeimfrtyUmvn, P*fr<5«4 .
3 Asi* fetygUtt» de Klaproth, páp. 6.
iie¿génerv kt¿mádo.
qujen^perten*cefl i»n: tambiea én sí o riginorial, y úo tienen vin-
-milo alguno genético cóntasdeoiaa. Pero la generalidad de loa sa-
bloeno estápor esta manera de pensar; y por k>que hace á lacón
¿caucada referida, ej absurdo no puede ser más manifiesto. Dú»,
ál confundir en BabikmU la lengua de Ioh hijos, de Noé, que basta
entonces habiá' sido pata' todos una misma, bien pude hacer de
manera^que laslenguas repentinamente formadas no tuviesen entre
sí analogía alguna, y fuesen por lo mismo irreducibles. Por tasto, de
-qucunafamifiadeieHguasdo tenga i vinculo: alguno genético con
atosmó se sigue legítimamente que iátnpoco lo Rengadloa hpmhres
cuyas ton: lassobredichas len&üaa. Aatea lo.que páfece>más Natural,
supuesta Ta Barraciondel ¿¿éneas,res que las^fanguas repentina­
mente: formadas por Dios, enría oonftision dérBabiloniadehicron ser
>en cierta manera irrcdufcibles. Porque ño ftieron derivadas unas de
otras, como suele suceder cuando con el discurso del tiempo las
forrnaa espontáneaineBte los hombres, sinó inmediatamente inflin­
gidas por Diospacaqúe no qe pudiesen entenderlos'hijos de Noé
qd su lDoa emprroa de fabricar la torre, y tomaáea de allL ocaáton
da desparramarse pqr el mundo entera. r,
- Esta repetitiva formación de-las lenguas se baila én tan graáde
«rnjorik con la unidad primitiva delksiguaje, que con cUficultad
podria ésta explicarse sin aquélla. “Enreaüdad, escribe d ilustre car-
bienal Wiséman, ai admitimos una vez la unidad originaria. del len­
guaje; apenas podremos explicar sus divisiones subsiguientes sin
algún fenómeno semejante. Esto lo notó et sabú» y juicioso Níebuhr
■ennúa de las éxcurápaés que kaUamos por1casualidad: en su libro.
£ste errofvsdicé Niebehr, seessapé álaafceacion dé los antigrao*,
tntobabfanente- porque: admitían lauchas estilices primitivas de h es­
pecie huraaiBLi Los que las niegan y suben rá una pareja única deben
suponer nn^milagro para expKcarJfe'existencia de ¡dioneas de estruc­
turas diferentes; y respecto de «pollas lenguas que se diferaidan
por sus raíces y otras cualidades esenciales, hay qué admitir el pro­
digio de 1a confusion de Las lenguas. La admisión de semejante mi­
lagro no ofende ¿ k( razón; ponqué, una vea que los restos del ¿nti-
•guo mundo nos demuestran evidentemente que ántes de este orden
Pe cosas existia otro, es muy creíble que duró integrodesde d prin­
cipio, y que en cierto periodo sufrió una mudanza esencial»

1 W h«nauT Píimrjui. D is o u r a o , i c g m t o v ew U * tíméLúés-dt U p a g in a


Soi-ÍQ¿.
Unidad dt trrigéft\,
•Esta dtferénáa escncialla mu ifiefefcan.ciertaflaente Jas, .breajgyyh-
des Éanúliastá que hc- halfan tmiobdaslas ■difcrente^lcngURS 4elu#¿-
uerao; puefc k átaalogfo que entre di, gnardanr noi está basada etfylo
qae ^tienfea de accidental y variabib, sinó en lo.^wrf construye su
misma natundeza ihtrín&eeal infriase que •«n icierto naoóft proviene
rrrás bieiv de la.misma naturaleza del- estendimMntQ htmixno^ á»egyp
servido' tístá- cjoB5agrad¡oe] lenguaje, que;de otras-«a^nas taheranites
tdUttguajeí mietno. Dias; ^infundirá los hijos «Jc-iNd6 sus- lenguas
difefcetftes^se acomodáxlo segura á lanafcwfakza; ¿ütríjiseQa delhur
mano «atendionerifoj ^úe-«n todoaeliostiro. ,ün^ íniaDia; dp donde
por fuerza, habíade resultar una dartr* anulan, enlxe las lenguas de
todos;'pero eáa&lenguas las biap escuúalúiqtáeirred^bJes, cqbhj
que ' e r a n ¿ indepeiwlietttesj , , , ,
vSm>embargó bien pudo haecr et iCriadpr que ios, hijos todos Je
Noé^xbbáecvasesi^ cadatmo en Ja lerigusi propia queJe ihabia tocado,
aigUQ03 '^cstígt09 HÍél habla. prifcnitiva, para quede esta mancraen el
mismo fenómeno maravilloso de ia con fusión de las lenguas llevasen
impresa los -hombre» la masca de lo que había sido ql habla <de sus
antepasado* antea de producirse la confusión dicha. Estos vestigios
existen en efecto, y ellos sonlosquehan movido ¡t la- generalidad
de 10* filólogos á considerarías^como«elactaaada? todas ellas ouCre
ai cowpropio yvendaderq parentesco. Wisecnan, en los dos sabk»
diMMiíO» f ú ln c i^ a tp b tt» ver Is cwitenqia de este vínculo
cotona,* y tfae en favor dé esta doctrína las.grandes autoridades, de
Alejandro dé Humboldt, de ia Academia, de San PetershurgOjde
Merúm, Kiaproth, Federico Schlegel, Herder^ Turaer, Abel Remur
sat* Níebuhr y Balbi, copiando aus mismas palabras y notando que ai*
guík& de ellos tenían por sm. tnero cueotio oriental. segUD consta* de
sm tniprrio^eseritos^cuanto la Esoitura refiere en>órden a l*donfo-
któn eaílagMsa de tas lengsa& verificada en Babilonia, y pór icoasi*
guíente, no podían ser movidos á abrazar la referida doe&ina por 14
sutoi'kJaridelaBíbKa, ................. 1
' "VeA1quien guste esto& dos discursos; nosotros no. nos detendrá
tftoa máslarg&taente «n estajéatela. Nds contentaremos con obser*
w tju«í la réplica de AgaüB»2-«OBtra la afinidad sobredicha es indig*
naí verdaderamente de uahorabre de sa iesclarecido entendimiento^
l^teb'iÉstcs4 iátíngoído escritor; H¡Losquesost¡eaen laraidad priíiw&-
wfr ¿ela^espedeh amana atribuyen una grande importancia á;Ja
afinidad de las lenguas, teniéndola por un testimonio comprobante
del parentesco directo y efectivo entre «todos Los hombres- Pero esta.
ds¿>gén4 rb kummtv. 633
importancia Bcaínial ¿itere, se ia pnede íncoutrar también fea. la- Ifa-
iÑMia'aiiiimáfe áurrde aqwellasl qt*ecuentan ñurncrosas especies 7 gé?
tiéfóR.'SigaBé sobre una^carta la -distribución geográfica, de los oros,,
de toggatofivde los rumianfcesdte! cuernos teacoós^ dc las gallináceas,
deJos’-pateta*>di dc ciialqoÍCTaiotra 5úiiilia, Gi0n ta misma' evidencia
quelo pueden haCer 100®irespectó á Las lenguasiiumana^lasiiivesti*
gdttióftttfe ílotógicaa, sean las quefncrerl, se probará que.el bramido
dfefo&’osos def' Kámtebatka tiene parentesco con d do los osos del
TMWet,’ delaa iúdiaff órientsle*, de la«,igla*<ie!ia So»da^ deV NepauU
de'Sfria, ^c^Europa^ -de^SiberitU'de los E^adp3ruUnKÍQévrdelasTC»on*
Táña#'R&quefl a s y d e.te9‘Asad*»..-Sitii t mbalgoi ítoilwi'iMMjiiwfll son
ínlrÉdosídífló e^ oi^ d ikiQ ta^ que^ho^haBi heredado dcjotro’alr*
guno la voz con que &qtftísa&úwt sentimieiitGs. No la han heredado
rtaí fád r a ^ huTnanas. OtíPOtaEntoacjípuede decir del untallido de
ltogáfcbs<Í£fcuropA1'deAsfa,cteaAfrica é de América; y del brami-
drj de los biieyes^ cuy qs especies están LaUraente extendidas: por

i'íQué;tién¿ que¡veref informe lenguaje deloa aúimak»;üoii;la>c6t


pffituferté inteligente paJabradd hombre? Las vocfcsd«'Loi>bntf»e
R imeros gritos lartwuio» por la mega naluralqza, jdcstituklade
verdadera libértaid ete siiaa¿tO9* é iniapaz de pcoducir otií0a: signas
qoé los puramente. Maturrrfys; •raiéntras que Ja palabra del-hombre
Weí vcHcuío'det pensamiento, verdadero signo arbitrarte que no
pfofidfrsignificar atad parque libremente Jó ha efccagidoel hombre
piar#desempeitar «ate -oficio* De aqtii es tpae. la afinidad, co la¡ ytf*
con tjftie lo«diversos osoá'-g&tosv-.trtríosy denóas :ajúroal^'mafti$c&L
tan ^m seatjmr^ntQSv ao paede nvénosde extoar: 5«’ todeg^ejlo*
como-fruto espontaneado hoa naturaleea afin y. «erocjante; > te
aánifiadl qtie oicaímtran los filólogos en iasicnguas eg cosaque pur
diera haber dejado.de existir, siendo dependiente, ‘coraoJLq os, del
humonoiaibedrlo. •. < . ,■ • , •
Por esto ha podido escribir con razón el fifótggo.y Tn^.(n#ft¡Q
VotM^ Jás sig^iiente&pdflbra»: 11Parece que no podrwde<ii|Cfrse
nadá^ cdativamettCe ai grathvde parentesco entre. do» lengpavd?
I» oabradcítcia dé «sentida de una palabra única que se eflo^ntrase
eu estaa dtns lengitafi^ yn fle la# probabilidades $em^ ;ti$£; <ooj>tr0
una^sobre que lásdos vocea no Goncoc^aban^ Potosí itfts/; patata**
F&rcce^idénticas, •entónces^ habrá->4 k& cqatr» tH^^Hedeboft sur

r Aga^ki^Jltí&eJ Aürt et± GUMétt:'


<1(34 'Unidad dfiúrégtti'
derivados eft íáno y o'éro'cagode alguna idftgua madre* o úi-
troduddas ^ riKkto. Strs1 palabras -dariart1 más- 1d?
■setecientas rail probabilidades centra urla, y ochó, cercade-&c£
*aú; de tal suerte que en semejajitM casos la probabilidad-se
diferencia, poquísima dé uná certeaaabsohitaf. Errdv&acuefúte,
•por3ejemplo, ó antiguo idíórta de España, káKftntos en^W voca­
bulario qoeacoiripfcSá ai étegarite ensayó d d barón Q. de HuiW-
boldt, fe» palabras éerid, nuevo; 1ora /un perro ; gkcki, peqüeft&
xrgitta, pativ etéoa, un lobó, de dónde el español' anea ,‘ y 3Íttf#i
(ó s/iashpi, como lo escribe Lacroze), siete. Pues en el aittí^uft
«gipdo, nuevo es béri; uiV perro, wkof-i peqwrñb', kudcMr j&n,
oik¡ un lobov wmskt y SfléfeV stiashf. Y ú éoí^derambs rtfetó
paiabraa como bafttímte idénticas para admifcírque pueda caíw-
ferse pdr efiaájl&sppobáhilidades sc^án más dé mil'tiatitfáítma1
qtib a3guff^|>eriodo:muy remoto sé é9tabled¿ en Eüpaftai uáá
coloftia egipda1fé tuvieron ambos idiomas Á ¿él origtn un Hti'stnó
ptmto dé préeedtñciá, arnservandd óáda itnópor $ú porU'td¿M¿i
fragtnenlos de la lengua primitiva, dire¡mo$ Hcsetro$ 'Cm' el^ W*
denal Wistfnan), porque ningún dialecto de- las ntíctOhe^ V^dnas
¿ia conservado vestigios dehaber 9¡doe1intermedk>p<>r d
hayan transmitido estas V o ü e s ¡ * • : 3; ^
Enayuda.dd argumento, filok>£teo viene el histórico , pue# todas
Us historias están acordes eriáfirmarlaa ereigradónes de ios!pu£-
fctos queirradiarondelAsia, del Egipto y dé la Fenida 4? tas ocra.^
partea del mundo,y se extendieron as( por téde* él eft lá trii#***
forma que lo cuenta el Génesis. Tres fticron los hijos de Noé^ y 1a*
familias de estos tres grandes troncos se fueron esparciendo p d
todo el globo, dando nombre á los diferentes' pueblosde la tiewat
Héaqoí cómo hace la enumeración de estos pueblos Riancey; den1-
viudo sus>nombré» de los pertenedentes á los hijos de las tres fe-
imilias G¡Éadaav'wNombremos, dice, primeramente £ Sem: éste es é
üijo primogénito del gran Patriarca, abuelo de Heber* y ttfoncode
4os hebreos, cepa de farad y padre del pueblo escogido. Sobijo
priMjsgéñSt» es E/utñ, d segundo Asur, d tercero Arpkaxády 4
■cuarto Lud, el*quinto Arm«. A esta rama semítica correspohde»
foA pueblos antiguos y má& ilustres del Asia. Elam ha da<k* *°
. . 1¿*

! joung, Remarks tu tht nductian ef txpeñmentt 9/tht pmdulitm. Philatúpk,


^ . / v o í . cix , p ig. 1819. (Clíado por Wlsemjun eo el dfecurso segundo, páff»79 ^ “
Jas ViiJUÚu é tio Sétoa. ) ' '
d tlg m tr ty , kiiw m bp- 635

mimbre ¿los* elamitas, y <n$( es como ae Maman ,eüos místaos los


jjfinwtivosr: persas. ¿ítfr.es eL-fundador ,deificado de la naciónoftlde»
ydcl imperio 4 c A^ria. El nombre de: ¿at^ ae reconoce en- los
¿úxdelA sia Menor, y figura -sobre los monumentos egipcios , como
«Edificando;■los pwebtoS' dc color ménos oscuro que babítabart itj
Asia, Aram ha tenido.por deacendienteaá Xos arameos, antigua
denominación de los pueblo» de Siria. Finalmente,. Arphaxad es dj
p^irq de Sftlé-V abuelo de Héber* quien tuvo por hijo á Phnleg,
padre de lo» israelitas, y i Joctan, cabeza, de los árabes joct-a-

1^Cuatro fueron los hijos de Chatm Á«*fc, *t y Citar


mmi. El nombre.de Chaím cfi ei.queloniáoi parasi Egipto, Uamán*
do?e Ckemtrx encuéntrasele bajo U.-forma: de Hant ó en el
nombre genérico del Ái^c^ ívu4li!^;el¿efede la ^ran íarnüia kushi-
U, quereinó en las grandes llanuras deSenaar, y que llevó sus defr
cimientes hasta la Etiopia». La figura, que más descuella en est&raz*
ps.^1 primer fundador
.. *L
de imperios-, Ntinrvd, elv^eAto:cawdoíV:«l
í V
rey de Babilonia,.- í&e^raira está también á U cabeza de U egip­
cia, Phut aparecc como padre de los que .ha^i ^oblad# ÍA' tybiJMy
Cha^aaa ocupó latierra prometida y las <riberas deL lifedíterráneo»
hasta que Josué se apoderó de estos lugares.
- Qtam anda errante por ei mundo. Japhet es viajero y dominador.
hijos Qoa . G&mfifi &fa&Qgu Mada*t ¥úwtn3 Tbmhalt Mosotk y
-TVra* Kn el primerOi cuyonotnbre se escribeGrar ó Gtm r,esta
por cormin conse^tímieAto designado*! jefe de gran familia de
los .ktm r6 kymris , de donde ven$d0 lo scd íasy los germanas
tos hijos-de raer son ¡v t o w * , origen quizÁ del fiombfe de Attr
cania’, en el Asia Menor, del nombre de la tnar oséame: [fPtíato
Entino); donde descendía el pueblo nttnca doüaado de
los montes Ripheos; Thagorm 6- Thvgorma, padre asíde loa anti­
guos frigio» ( thygrmravi) como de ,lo» modernos turÁtomQNQs .Vte
ó Magog áttáttiútxi Jo® pueblos escitas; ios nudas vienen;de
Madcu; Jnvau reconOceiporsuyoa á todos los javanés, ¿ todos los
fuHas'9-á todos los jonios ó griegos dd Asia Menor y de Europas y
«ufe hijos Eiisati Tharsis^-.Cfikimy Dodat&m han dejado «Apresaran
memoria en .la Ellas (Grecia) j en la Cilicta, donde está fe ciudad
de Tharsis; en la isla de Chipre, donde está Kitium; en la Tracia,
donde estaban los Cithios (kttkioi), finalmente, en el santuario de
&o$ÍGii&, TTúl^al jpasa por s?r, npmtrje
primitivo de los iberos, de los eúskaros, del “ pwebíadel fiordero^,
í\r 6 ¿Jnidqd, de origm
Los mo$<&vita*.deb£ur pertenecer, á Mqsoch o Müshk, Ios-tragos
ii Thiras , .. , . „,¡
De esto» pueblos descienden todoslosdemas^si bienrcomo JWtfc
cJ mismo Riancey ?, todavia reina gran oscuridad, sabré la expliwi'r
cioncorupieta de esta genealogía. Sin embargo, no se puedednd^r
sioó^ue en la admirable enumeración de Moisés; es dpnde se halla
i* la memoria más auténtica de la filiación de los pueblo^, * coroo
¿eexpresan los órganos más^acreditados dé la ciencia moderna3-
. A l argumento histórico debemosjuntar el antropogénico r towado
del origen qiie señalan al hombre los antiguos historiadores y poe£a$.
Sanchojiiaton»según consta de un escrito suyo que nos ha coa^ ;
vado Eusebio Cesariense, copiándolo de las obras del judío Filón, i,
asigpa ai género humano el mismo modo de nacimientoique señala
A£oisé$K;dtqiendx> que Aion y Primogénito fueron procreadosdel
vjentoJvpIpu, y añadiendo que de ellos nacieron despues todos, los
hombre», los oíales fueron enseñados por Aion á alimentarse del
i ruto de los árboles. Aion y Primogénito, el primero tomando la
fruta del árbol, y los’dos siendo procreados deJ viento, manifiestar-
m ente nos están diciendo que aquí se trata de. Eva y Adán, prime­
ros padres del género humano, criados .por el soplo d tl espirita de
Díós*i y alimentados con el frvto de los árboles del Paraíso. Lo
mismo viene ¿ decir en sustanciael caldeo Beroso, según se colige
de.W'fragmento^suyo quenas ha trasmitido Syncello; lo miso»?
Diodora'Sículo en tas teogonias de los egipcios y de los
griegos. Orfeo canta la adoracion del primer hombre produri4fc.
Aristófanes llama á los hombres obras lúteas, aludiendo, d ^crea­
ción de Adán, formado'del barro de la tierra; H oracio celebra, el
itnaje andas dt ¿fafhei, y Ovidio cuenta, casi copiando <MVGéne$i$>
en-sus Mttáomrfáiis la creación del mundo y la de nuestros prime­
aos padrea* los peqados xle Ios-hombres, que atrajeron ¿ la tierra el
Eluvio universal*,y Jarcpoblacion del mundo por medio de la fe-
milia de Pirra y Deucalion, providencialmente preservada 4c ,l^s
aguas vengadoras.

I: Bitotiey I Mis/. anJr\t tom. 1, líb, 1¡ 90-9$. Paria, 1670.


2 El mismo, L eit.p p» 90.
J FUwLLason, The Ja i frtai moiterfhiet mf ikt amrUAt Ejuttrn ¡Vtrbf, lomo •'
4 Euttb. César,, Pratfarat. e!‘cn^., Hb. >, cap. x. ( Edic. de M!¿nt, F**
tttea ***, p¿g. 78.)
s 1£ t {njprt'étrit M fácítkt tjht tpiréttdum v ittí, it /*rtnJ til ¿pmt i* MÜM»
Emanar» { C é o a ., cap. n* ven. 7}.
defigémro kwmtxnb. 637
'’Tfctfefttos, $uwf ert fe.voí' del dogma cristiano las tradiciones de
los pueblos» los inventos de la fitología, las narraciones delos táa-
tótíádórtá má& aritigúos; niicluso tííautérizadlslmo autor -del Pmta-
léitidi muy süpferior--¿toiio$ éllós, aáí es antigüedad eom© efl 'auto-
rftkd histórica*, fiíiaimeiité, tos1cantos delosmás celebrado*; poetas.
tí-aéfitlos fjoHgetflk^; qué él famoso Agassiz, para1qué derri-
biírtOs-aKtí^i ‘jkír él síuíeló tari respetables testimonios, y sigamos
ardof¿ísbsr la. mjévá doctrina del effimopoifsm& imcial-t «^abledendo
eriaitesf soifr Iffis iftfiltif&sí^rtipaetones hu
rtíáiíia^ Loá-'ht'éhí!» d>¿ lál^tdrianatíirát;;Kbs#eál{Jdmfc<»ttidos ellos
ifóáíttMetiietitte- -Véámtts qtíé’ rtos dfceií éjttehéttlitaí déte/tí0&eTiftfl
«¿tóeSa.0 •- ••••.! v.-.;' .

■ ’ x lJa tiatu/érteíti’ tk>: ckrtrbíft nuafea, dfctífcff sustancia él itnSti-c


^ ‘^ttcíá^'retoíKícdr «1 ella ufia fijeza ab*-
^dliitóí. Üas <»jpidci€5í'vé^ctaltíi1-y■animaleiáiKrhátt podido comenzar
S'éxtetlr éft 'trífsdldpiihto d e &’ tkffta; la rasróir ttós •obliga 4 eáta-
Wectf'para días diversos puntos «fó creación; esto-toísrfK» debemos
s(S%6éí eon resfxttto-á la Especie húmala. Cadar&g¿tttí; de^látjéPra
titíni¿ yus' eipecáes vegetales 'y antatala?, asTcO»tio‘fiu;p¿<^ioboítd5^
¡éñ étféy en -aquéllas hafi tnfluido las «cismas catiááa locateé ¡dando
¿iodos los organismos deseada pato uaa fcitrtaie&pede Idc uniformÑ
datf iS sello qae los caracteriza y distingue. Asi es que al tinte parí-
tkrdlar dtl malayo cottesponde^l pelftjédel orahg existente en ’ta
ittistna regios, y al ^de'íos níjgjrtós y-<eliñ£A»véf4d gtbbon, propio
lugaresdoÁd^^tío^hatoitai»;^'^ ^
: Comencemos por esto *Htím».Eir & rtMá áé Si*diati*ay,dóttde!1ó?'
hombres, en sentir át Aga«sijfr tiefleft;et-raistbeéolór to^édk>r1itt&,i
Vñ^etambieti gibbon^ cuyo1ttrtor ttegro córrtftpOrtde, ótíflfe-1-
del mismo Agaksi*, al color negro dfr los ^¿frilos‘ y :t<áing«a.
úómt»' una^ mismas ¿ausa* lo<3ah»w»primen á todos los
«rganiatnos de una regiortiuv cierto sello comari'.qite 1¡«&£aracteriKa
y dtótingiié! ' • : i"'- r-’:'
¿Y cómo dice Agassiz qqftla naturaleza permanecí: s'wmpré' fija,
cuando la vemos variar i cada instante, no en tos caracteres espe­
cíficos y fundamentales ciertamente / que éstos siempre* quedan los
mismos, sinó en los accidentales y secundarios.: Rást&’ fcitár pata
convencerse de ello las variaciones Introducidas^ c¿it et'iifíícÚEso dd
tiempo en los perros, en las palomas, en ios tmeyes y en. la£ pijas
especies domesticas de que besaos hecho mcíicion. en ^l capitulo
pasado. La naturaleza de Cadasér permanece siqntpr^fija, es verdad,
dwrtró de laórbífcv <jue ton rrtatHyfaerte le traíÍraJ*Tt;rnif-lít H Sii-
prerfro Hácediírtr; peroJdentro de ¡Hita órbita ptiedfcí vítfiáj*, yV átó
en-' éfecto, sóbre tbdo ciaíido se •háWsbtft?tí«¿-á'Jk iSífliíiáaciár"tíbi^’
del hotnbre. La prbdtíiitíiori dé las -rasas' contenida d'thtro'de iiti'
mísriitotipo específico, ed ’cosa que ningún ho^bi^n^íamiWrétite
iflfctruido ptaede poúéf en1duda. L6 qtíe Hb’^e pnedeprodiidf sofi
las ¿sfitcíé** Lfesc¿al«f fiéb^SiwiafáÉnte' tíérten:x}iit 1véhírjdé fe triattt^
miwta del >Griadór. Pes^Agassif, identifitíírtKkrte énéató tofl Bar-^
win, niega ia dtetíndofl fcntre la tspecte y- 1a r&&-, y-no admite otra
diferencia verdadente, ■que la? de indfetáuo ú individua. * Déáj^aes &
haber rechazado lína vez mᣠe^éatítor ^«terfbfc Qtífttíéfeges, ^!
criterio^)asado en d créeiÉiiftittO y e njíoa <3iveráos grados Jd£ féeun-
dtol*dr añade4o siguiente: Con í¿ dcsofyareúe tátttóien lá preténdida
wt&dadek- ktespeeie, opuesta ¿¿modo dé ¿xiittn'Haprapi&defés
gJmrQ3 ,-d t iás fáHiiiias, de los órdenesT dt les -reinos. Ijí que r»
ef*cú fo$ee la realidad de la existencia son los étdkHdteos,, *i ‘
Es decir, que, en sentir de AgaasiE, fes especien fft> son tipos1
reales, sino meramente lógicos, como los géneros; las faroilias, K»
órdenes, etc., cosas todas que dependen en gran parte <Íel puoto
objetivo escogido por el observador del mundo flteieó^ara <lar &
los: individuos algún órdes «n bos ídeasv Pero teta idea ptiregfúiá se
haBaeri pugna^íeitaooa^sfcatido «otnühy conlacienciar
co ta iii^ U a tr atii migmo el sabUv que acabamos de citar, hayun
hedí® icoaodidó po^ít :bi»n ^eiitkiO <íd tvulgo, y demostrado pof
lijíácncia/el caal todoi-lo domina é intrade, a^cfr^oologíacorn»
en botánica, y consiste en que todo» kw séres organisíadóa at diví1-
déa en grupos Elementales, fundaméntale*, qüe stepfopagaw en d >
espacia y *it=e1 tiempo, ’ t- *.«»•: *
las especias vegetales y-¿ataúdes^ reconocen diferentes cen^
tro©de íparicioit ! ^CóncedkJOy remonde á esto el mismo Qüüti’e-
fagesjpero sá-yo^acepto <*ta*k)cfinjia> únútatronciiiable con los-ht-
chOflr es con U QOndidon de domarla toda entera, y tal como res*^
Ui4 t)lét «studicKpnicticados s*5bre‘ Is distribución geográfica de
tades tofr«&és vrv»eirtfcsn *,Ahora bien gestos estadios, afiade,^
cuaks soti ya al píesewe muy rfotneíosoá, y revelan con bástante'
claridad ¿¿marcha general^dela hafcaralcaaen órden a la cuesta#*
que ño&oetipa, p ú g i^ iVHLrufíeátíinieiUé tíon e l principio de Ag
ve. -* « .ti1 sS-;

** ‘^ í t ; B t f á : a j * ^ W 1 : r ",'-
^ a^n-3 '^ .U-- ... .
ddgéwro humano.
dt;.quf <^da Jocalidíid tienc: su fauna y su flora propias, asi como
Uqgiiea a^proFyq.^mbsre., HOcí conjunto de las investigaciones;
)^ei^ast qaqril?^ .Jje desprenden «o cierto número de hechos gene—
rja^quen^soirc», llamamos Si la concepción de Agassiz «s*
verdadera;dj^rceancordar. coa estas leyes. Ahora bien; el des-r
yiyyjHn y*» ^1 prinripin Asentemos en primcr lugar
qu^est# cQnc$pc¡on^nderra dos ideas muy distintas: la del cosorio-
pojitisrao. originario,de la especie humana, y la, de un lazo geogtá—
C e n tre , la r^za humana y los grupos de .animales y vegetales ha*
liados en un mismoterreno. Veamos lo qtfepuedetfcncr Ac verda—
dcro.d faisa^ta segunda. Para Agassiz.la, üjflusncwbdel ceatro de-
aparióoq cs genera^ y absoluta. Ella<8£:ejffcíefld* todoslosproduc-
t ^ así á. los^del süelp como ¿ tos de jas aguas dulces ó saladas.
U09 «omarca espitan bien, caracterizada por sus vegetales como-
por sus animales y por su hombre. A su juicio, una fuerza,esencial-^
mente local parece,haber producido^ todos los séres, 4 ¿ lo cnénos-^
hábiles impreso un sello conjun-Esta. generalizac¡ on era tfieVitable-
Todpel;-que intente unir unarazahuraanaá un cejjíittite^apanciím^
deb$QOftip)ayor motivo k>caji/,ar«n cada, uno de ellos la caja* *>fw
gja*Ji de todas, ias formas animalesó vegÉtale^ que lo pueblan. Para
todos lostsé^s yiyientes la coincidencia geográfica:debe ser absoluta.;
bien; lo que sucede oon más. frecuencia es que la tal coin-
cidenda noexiste, Entre lasaguaajde ¡un.rio y las riberas que la
eacau2an-¡.pued& nacer «ni contraste ^rnuy-dOtaWej. Esto es lo que
rayeatran los descubrimier\tos del oúurto. Agfcssi^aobre Jta fauna1
¡cliotógica .del.fia de las i\»»az<oai*s, iquien admite los resoltados -
pnbliqa,d¡o?¡poi- el ilustre viajeroes evídente q»e-e8tft faunas^ divide^
en grupos mucho más acantonados que los de Jas {guitas?ter restre?r>
mismo bocho se muestra sobre. Jas orillas de los dosmafesjae-
P^ados por uaa misma tierra muy angosta, JUa launa y ¿a flora: t«vr
resfcrea del istmp de Suez son las mismas m toda su extensión v
míóntras que Mr. Edwars no batallado una-solaespcdcdc oustá^
cf^s común al Medi^rrái^p y aJ.'i*íar RieS*},:V ■ewíPtrtlfc que e4 esbi* r
di^ de los- anélidos tne ha conducido á mi al núsnH» resudado; A ¿ n :
tay más : la misma región puede ser centno de aparición para una
cl^e de aniraalps, y no para otra. La A u s tr a l fWfejemplo t eS mí
centro de los más caracterizados para los eewigsiíei'os» yise aísla q»
este sentido de todas las tierras vecinas. Cuando se trata de insec­
tos, se confunde, por el contrario,, con la ¡N\i<sya*Zeland¿at .cqn la
Nueva-Caledonia y con las islas adyacentes. Éste úJj^QLheclv> ha
sillo anunciado por Lacordaire} y tiene uua fuerza,, detnqstr^iv*
tanto mayor, cuanto que este entomologista, ha, í^ultipü^adp tfts
cenaros <íe aparición mucho más, que Agassiz ? y Jjahecljiq i£q'q$f
suerte más fácil la caractenzacion. Ásí, ía coingid^c^ ^dbjiútfda por
Agássiz. léjos de extenderse á todos los séres or^afliffítdos ,d£,141$
región, no existe en ciertos casós entre diversas glasés d^, splos. tos
anim ales.1.
■ i ■ . , •■
' i , ■ h,
.,i- 1'
• .1 • I:

Este argumento de Quatrefajrea, como se ve, dewuestra (Complc,-


tamente lo infundado y lo anticientífico que e$ el sistema.de Agassiz,
Mas no se contenta con esto' el ilustre (francés, sinó ,qu£ tod^yta
pasa más adelante. No sólo hace ver con r^oqes racontest^h^
qué es falsa y cohtraria á los hechas la división que hace Agassiz
dej toda la superficie terrestre ep nueve reinps difer^ufcef. para la
creación de otros tantos hombres primitivos; mas tamban d|einug$-
tr^córnó, siguiendo lis leyes generales del Progre­
sivo de los séres organizados, el hombre en un principio lia debidy
habitar un espacio de tierra sumamente reducido; de forma que su
cosmopolitismo no lo lia debido adquirir sind con él ejercicio de su
industria y con el uso de su libertad, mediante las cuales h^ podido
salvar los poderosos obstáculos de la naturaleza que á lps,,$yna3
séres organizados los tiene invenciblemente contenidos deqtro cl­
areas más ó ovéno» estxechas,y esparcirse desde allí por, .todos los
-lugares de la tierra, (í»u raciocirtio ño puede ser má? condAiycntc Of
más demostrativo, y está fundado así ep la razón metafi4 ca
■cosas, como en la observación de los hechos. La primera ^os.dic?
que cuanto más perfecto es un sér organizado» e) rnec^ni^P de su?
órganos debe crecer en complicación y delicadeza, resultando,de
aquí ser menos acomodada Su constitución física para conservaría
en muchas partes de la tierra, y P9 r consiguiente haber recibido de
.ia naturaleza una área de habitación müy reducida. La. segunda ijo?
ensena qúe, en efectof esto és lo que se verifica eij,.eVórdjaa d^ jos
hechos, á sater: que los séres; vivientes, á medida que van creciePr
doen perfección, se muestran encerrados en espacios más pequeñas
siendo por esta causa los monos los que ménos extenúen ocupfin eu
la superficie del globo- ^
11 Esta reduocion d t la? áreas geográficas de 1o,h grupoa auutnAl^
escribe
¡.r-
el citado
,
autor despues de
- v*. i r
haber demostrado con
i;*¡ • v ‘ v,- 'y'*-- ' > 1•
hecho?
evidentes el estrechamiento dicho ^es un h-peho generalque se en-

i Q u n lr e fn g e s , i. rk,, « ]/ . p á jr . ijs u 12 r.
é é T jtiiitfió tiuW ano. 641

teliehfóf tÜrtíbiért1eriW fós v¿'getátes^scucHémos Wbre este püntp


Í6 qü^dít¿!Aá. d¿ Cáñdtíte^ '^ fet area medía de lás‘ especies se
ipréséttt£tb*fó¿$ Utóltááá, d^ihfo máÉs completa,(mi¿s cesarrolla-
dái, Vi &i ‘otfoS tíÉrfefalk’, más pérfectá' és la organización, de lá ciase
^ tJué eli^'péríSnfefcélV. w Poí consiguiente , eT acantonamirnto pro-
gidévtfódehc#'séíesnbr^anizados, que aumenta á medida que van
creciendo éstos en perfección, es una ley general. La fisiología da
níftní de está" hecho.' Ef pértecdonamientjo de los organismos se
ejeiftítá cbti Ta‘ f i s i ó n dej’tiW&ajó^ jr' ¿9té‘requiere vuna multiplica-
uStfí’Hé áparátitó opá*‘¿fIiros, A mecíya que los insftroentos anató*
Inrtfóbk^e ftáBetí tiiiáá ‘numerosos y es^ecttfés/se es^edaíiza^tambíen
ijus^ndories. Pór é$fcbmismoÍas comWoncs de armonía entre el
%ér ViViente ^ él medio' quéJIe rodea se determinan rhás y más. Por
cari¿gtícnt¿, ‘él vegetal ó et ariiVnal no llalla ya sus verdaderas co n -
didénés de bienestar sinó en uh área cada vez más restringida. Más
alft de ella él ñfiódío es diferente, la lucha por la existencia se hace
iiiá^tñGrtffdra, y la extensión de la especie, del género, de la fami­
lia <Jdd drden mtórdo','se encuentra detenida.
' 'n Sóío ef hombre, arrtjado contra el medio con su inteligencia y
íh tnétí&riai ¿s capaz de sobreponerse á lias condiciones de existen­
cia, qtre serfan iiriá barrerá' invencible para su organización materia!.
“ La ley diel ácarttonamiento progresivo está en oposición abso­
luta cóii la doctrina del cosmopolitismo inicial de la especie humana.
No hadehdo ¿aso de ella f tos polígenistas propiamente dichos po­
dran ’hctvdcár íá difusión de tos géneros iUtfíti y rarealt los mono-
genistas-pol^fenístáíi de lá escuela'de Agassiz podrían Argumentar
con los hechos anteriormente citados y pertenecientes álos généfos
Hiegáfísfa y sibaldli) '. Líos unos y los otros podrían decir:, lia ley
general dri acantonamiento presenta dos excepciones;; por qué no
será el hombre una tercera? La analogía, ya se ve, pecaría por la
tase. Los delfines, los rorcales, tos megápteras, los sibaldíos, per-
í^ecen ál último órden*de los mamíferos; el hombre, áun no to—
toando en cuenta sinó su cuerpo, pertcnccc incontestablemente* ¿
ón órden más elevado. Sí no queremos hacer de él una excepción
única; á las leyes de los animales superiores, y no á las del g r u p o
wfcrfor, es ¡¿ las que ha debido estar sujeto. Por consiguiente, po-
■déraós afirmar ya desde ahora que el hombre no ha jpodido ser ori-
ginariamente cosmopolita. Pero todavía podemos ir más adelante.
* Sin haber comenzado su existencia en todos los puntos donde
hoy día se encuentra, pudiera el hombre haber tenido varios cen-
(Jntdad de &rigsn..
tiros de apar¡don. Examinemos eateúltimo punto, i^aa leyes del
acantonamientoprogresivo y- de la caractemadon^ekjacentrbs
permiten entablar esta cuestión y resolverla- Ejtaminemas deinuevo
áeste fin los grupos «mímales-, dejemos á un lado’ todos los tipos
inferiores, y no tómeme» en cuenta &nó los antropomorfos. En ¿áta
familia, la más próximaal hombre por <su. organización^r ¡hay ¡tam­
bién grados. La ley de acantonamiento progresivo seaplica ¿ este
grujió particular, lo misino (ju e i Ja totalidaddel reino. La familia,
nwrstda ’en todo suconjunto, ae eocueátra en Asia, en la península
de Malaca, en el Assam hasta'el 26o N., en Sumatra, en JaVa¿ en
Borneo y en las: Filipinas; en el África occidental, desde el iq° Sur
hasta el Pj° N. Pero el genero gibbon, el masráfefior dttodos, ocn-
p&HÉl solo elárea asiática «nterat él género orang está confinado sn
-Bdrfted^y Sumatra: En Africa el género chirapanzéva,poco mis 6
fingios, ttefifcetZairahastael Senegal; el gorilia nofaa. sido.haüa-
do sifróen Gabon y qmzáentrelas.aschantia.Aimque ;ocupara todo
el espacio que los viajeros-han dejado todavía en. blanco sobreestá
parte dé nuestras cartas, sa área de- habitación -no £or eso dejarla
de ser bien reducida. Así*, ¿ medida que el tipo arttropQQáorfb ¿e
éteVa, el área de habitadon se restringe* • 7-,
'' i ^El ’tipo humano, considerkdo únicamcntesn orgnmsmo raaterial,
^incoatestablemente^superioral del orang y dtl gorilia*. Por con­
siguiente, en un principio ha Jdehido estar tan acantonado como
é^tos dóS tiptís-de anímale^ Se’objetará quizá qúe los grandes mo­
flas están en vía de desaparecer, y que los pocos querquedan no aoa
5Ünó los testigosde lapobladon mMacrosa de los tiempos pasados.
Esto sería una hipótesis absolutamente gratuita, desposeída de todo
íiecho íjne háble «fr su faV/or, y es pernaitido'responder por lo iné-
^ioS él gdrilfe y el *arafig no^hubieran podido-durar donde
Hrtvfcti todavía-el chmípanié y el gibbon. Ahora bienj ^qué son Üs
áre^ oct^píídaé prtr fettos comparadas ton U humana?: 1
J „Hastó íúioí lfe'déjad^ á vm Ja-do los tipos excepdonalesr teles
tórfio' los máittaipiftleé; los desdentados, loe makis,, etc- No q*eiia
fundar rrií argümeñto en las formas desviadas del camino común; te­
nía puesto todo mt efftpéflí> en mostrar la acción de las Uyts en. las
éepecies dé organismo, por decirlo asi, normal. Mas lo* tipos
aberrantes sondé un valor muy subido y n o s proporcionan otra
ntféva clase de enseñanzaáiEitos tipos caracterizan casi slenap*ei
ya sea los centros de aparición, ya sea los centros secundarios ¿
regiones geográficas/ -Pal* no hablar sán<5 de los mamíferos, , recor­
deígé&erv kúm&ho. • 643

daré‘que la Australia tiene sus Tnarsiipiale»; la Australia, meridional,


d ümithofingo; laAmérica boreal, el buey moscado; la Améripa
central,'les desdentados; el Áfricat ía jira£a; el Asia, d yack; ■ el
Cabo,el gnu; Madagascar,tíos raakia y e ¡ aye *ay e; Gabon i ej^ o-
TÜbf.ettCi £1 hotnolre taaibien>.es evidentemente un tipo excepcional
¿¡aberranteentre losmatníferos. El solo está construido parala-es-
tkdon veíticalt éJ sólo tiene verdaderos pies y verdaderas roano^ él
«olonpresentaim deBaiTGiUó cerebra] llevado al más alto grado; é\
rolo, posee ésa superioridad d t inteligencia que le batí® dveflQ y se­
ñor-detodo cnanto le rodea. AdnHtir cpie.d tápo bwjaiKHj eJ- tipo
más perfecto -de- todos*;este género exaepciQnalentrtf todos^ ha-te-
nido bu cacica iento, envarios céntrete deja|>arieion jBiii haber carao-
teri&Kkr ninguno de etíos,: sería hacer de .él una excepción única.
Por máspoligeiusta queüno-aeaty por más especies humana» que
quiera, admitir,: siémpresti verá precisado á reconocer que el
acantonamiento pritiiitñrodd géttrre iatmaso en un solo centro .de
aparición; .y Ja caracterización de este centro por & mismo, son la
cmisecuencia lógtca de todos los hecbos atestiguados por la:gc<>gGa-
& geológica;; Gon mucha más razón verá todo mOn©genista.en.'La
especie privilegiada que doraina á tedas las otras uno de estos tipos
e*pedales que <aractertóan el centró, la región donde eüos han apa-
náda, como el omithoringo, el aye-aye, el gnu, caracterizan la
Australi*meridionaL,Ma¡dagascaivel Cabo*
■it En flesúmec» las leyes de lageografia^C^gicswjonducen á Vcr
raí «ertfiaa en la especie humana- el rasró^Éw^ristira 4c, iin cen-
tro.^mcc^ d^ ^arkao^ y perawrten a^élír que e£te ^ ntro pp^ha
«ido aáísícattet^so que el del gorilla y ^l-det orang* \ . 7,.; í
- Heainoa ¡querido, trae».este largo .trozo de Quatrefagps, porque ,con
¿1 queda; pulverizada por completo la .teoría: del c^ebre profesor de
‘Cambridge y de todos los p0Üg«nigtt£, relativa;á la .pluralidad de
centros de aparición asiguadospor ellos aL género hunjanx^. Lps be-
^hosTpu«,.de la Historia natural, no só ^ no van contrallo que
creemos los Católicos en orden á la unidad de origen de,.tod<?¡s \os
hambres, sino por el cototfariO; lp declaran altamente xipnfornae.ceui
tos multados de la ciencia. Ellos no. dicen..precisamente quetodos
hayamos vffú ¡dq> de. una sola pareja» po^qu^ esto nopuede serobje-
¿to de ia Historia natura]; pero aseguran con ,1a mayor firmeza que
tal ttn&je de procedencia es verdadoraojente muy posible, porque

111 ’ Vowtfrfagw» A ffí^,cap, *.vJrwíin. ¡s+j1,, f>ágí tí7-l30t _ . -; .i • r


644 Unidad dt origen
hma es U espefcie á q tic fcodOsperteneceaekas, y- tyto t*mjb¿c4 c£ csiitro
dead e d o n d e s e h a n i d a e s p a rc ie n d o , los prim eros in d ivid u o s p p c p .i
p o e b p o r to d o s los p u n to s d e la t i e r f a .A ú n m ás: los.. toturplisías, to ­
d a v ía p a sa n m á s a d e la n te y señ a la n .á la esp ecio h u m a n a u n c e q t p
d e Aparición q a e casi co n cu erd a co n el señ a la d o s i l la ,Ri|>lia. „
~ A d v ir tie n d o p o r un a p a rte .que a i, re d e d o r ,de la gcao. e n v e ta ;Qeiv
■tral d el A s i a s e encuentranvnaí lo s tares tip o s f u n d ^ c á ta le s h^ifpa-
i t 9«) e l t>lanc¿>, el n e g r o y eT am ariU o, c o q a o la s tr c s fo p n a s tam bién
ftm iíam entales d e to d a s las Lenguas,. ¿ s a b e r: d rap i^ silabjsin o
p u r o , él po lisilabism o poi" a g lu tin ació n y e l ,polisilabism o pof. fie-
srion, y o b s e r v a n d o p o r o tr a q u e to d o s ios.«tf}i,rnales d om esticad os
en lo s tiem p o s m á s re m o to s n o s han v e n id o fie l ,, concüuycn
q u e-ésta r e g ió n h a d eb id o se r la cu n a d el g é n e r o h u m an o , y p r ? -
Uablém énfce la tn esetarcen tra l so b red ich a . E n e sto «¡iltimo(. no,tiendo
r a z ó n , p e ro s e a ce rca n m u ch o á !a verd ad * p o rq u e sa b e m o s p or,la
B iblia' q n e é l v e r d a d e r o c e n tro 4 e aparición d e l g é n e ro hundan o
d ésp u es d el d ilu vio e s tá en el te rren o co m p ren d id o en tre la A r r i ­
ma y el c a m p o d e S en n a ar, «n B ab ilo n ia , .donde v iv ie r o n ju n tp s Lus
h ijo s d e N o é h a s ta q u e s e d isp ersa ro n c o n la con fu sion .d e la íjle o -
gu as. Yendo de Oriente* d ice el G én esis d e lo s h ijos d e l^íoé, ftalja-
' rm tm catftpo a i la tierra de SettHQar, y alU fijaren ** morada^ V
dijeron los h w s á los o tr o s V e n id , bagamos ¿adfiilos* c;tcrf> I-a

i G£neá>; cap. tfo, ver*. 2. En este te*b> de la ülscrtraraT-doada ae dice qMelí*


^hijos de Noé meréfwrm de Oriente al Scnaaar,ee fonda. bpHwmWit para opiwuy con
iBohlen 7 otros varios críticos, que el Anual nombrado, por Mojütfs 00 es el misión
Inpu- que Urde designaban los judíos con este nombre, 6 sea La Anpenia, sui-í
el Aijavarta, “ Tierra Santa. de los iranios, {titilados al'toarte ¿áj T^dost&Q,
la Armenia no está al oriente del Seonaar, ¿fná «I norte. Está opfti'ton, * I* toal no
deja Vffcotfíonr en La B'tH¿ tf Ur déi9tnnr1tst etc. (Hn. f, Ub. r, cap, ir, pág. 1S1)* &
reconocer ilgán ^ndo de probabilidad, coincide mis períecUmcotc q u ila comiifi y
ordinariaeofc' 1* de Jotnatunü LaUa dichos, porque hoce parar el arca de Noé c u vuo
de lofcettreau» de ía meseta oriental arriba mencionada; pero no »e baila suficiento-
mente justificada para que por ella hayamos de abandonar la otra, generalmente
gnida. Lo» hebreos bien sabían que la Armenia cae al norte de Babilonia . y no al
Oriente, f e*n«mbatgo siempre eauvlciM en U persuasión, lo mi%p\o qne lo» b*bili-
' Qfofc, de qoe «1 arca salvadarapar^eu ú n ten la, y no en olía parte. Por consigflien»
■tte, ei terto en que fonda. toda*u teoría d oricntalLsU citado no debía hacerles á eiloí-
grwe fiterxa poxa creer q«e el panto de donde paitienm los hijo* de Noc htici* Babí*
■'tóete eran los isonCe« dd tndo^Kusdiy y no lo i de Armenia. Lo ^ne par* cito* *°oj-
palabras suit'.am (p r sjtiti tm i de orliftlc), no era que el Ararn*-
;,«F*ir<e8ÍB aI xmontc d»flabíloBia, que U marcba e^pKO.dida. j>pr Ja Gunüifl de
N oí se hlio en un lugar pacsto-á tAijmitniWieqtal ,de l f Jndoa t donde lj»bítab*n 1»?
d i l g M c f b hum ano 645

nliiltípíícacíbrt de las lengaas «ó tuvo lugar hasta el tiempo de la


dispersión de las 'naciones, porque la Escritura nos dice* terminanr-
tem<rrtteque ántes de este acometimiento toda la tierra habitada
pbr la familia d t Noé erá de Un solo labio; erat autem térra toMi
miits et scriHoHHM e&tümdem. La multiplicación de loo tipos es pro-
ííablá que tampoco principió hasta esa misma época, porque hasta
entices todos Toa hombres estaban sujetos á tas influencias exter*
násdé un mismo clittaa; y por otra parte, las costumbres y el régi­
men de vida, qúe eá lo qué más Influye en lá mudanza física de los
cüerpofe hümanois, eran también para todos,unos mismos.; Porcoo-
sigbiénte, bien pudo ser que íotí hombres, una vez,«epatados ¿rara
de otros én el campo de Sehnaar, formasen el centro de aparición
póftmórfico al rededor de la referida meseta;1 que no se hallan tan
l¿jos todos aquello^ lugares’ dél campo de Sennaar que no hayan
podido suceder las cosas dé este modo. ,
Pero aquí se levantan lospoügenistas, diciendo que La derivación
de una tari grande multitud de tizna: de una sola no parece posible,
sobre todo si ¿é toma en cuenta la poca cantidad de tiempo qpp
generalmente ádmitiinos los1católicos para formadas ,n a habiendo
trinscuirido, aegiin la cronología de la Biblia>desde el dÜtivio lias-
ta Moisés, en cuyo tiempo estaban ya bien definidos loa tipos, amó
el espacio dé unos cuantos Siglos. Las esculturas, exclaman, y ios
dibujos que han sido hallados en el antiguo Egipto, nos presentan
ya tipos perfectamente reconocibles; en. la. gran procesion de Tot-
més TV , !a cual data de unos mil setecientos años ¿otes de Jesucris­
to, sé discierne perfectamente la cabeza lánosa y prognata de*
negro jle Etiopía, con su frente aplanada, 6o¿'3ü ntftfjs rerftácfe&d&i
con bus dientes oblicuos* con sus labios saíjenties y con' sti ángulo
facial prppio y característico. Ea el.cuadro que representa |a,victo­
ria de Ratnsés II sobre los negros, -según se . ve en el.templo (Je
Beyt-el-Waíee, en la Núbia, Rarrtsés se distingue 'perfectamente-de
los negros vencidos, como se distintióla un griego moderao-én
•" ■ J •■ . <.'*1-*-n
u-.iL'n
jnrtlos. En este mtsfooseiatídí) estfn tomados lu palabras referidas un pooo n^ás Re­
lame en el mfano Génesis, cuándo, al'hmlilar Moldada ta. iepamcióii da Afcr&h*#)y
óe Lotf (Gce de este ííldmo (cap. xm,' vert. u) qtie te opaitd del o r i e n t e , miq-
faedi/tt ( ttctttíi ab trirxlt), ^ite lia t , par* ttp áyam de Afenfeam^ ctta io t ilt1
i^Diemé £orient*, y no do1oriente 4'poofebta ® movlttlie*toI»«jeootdhmu»k-
¿loa colocada a] orienté de i* Jtfáte, pu&tá da min del iospindo *ntor.deVGée*6is,
y ^to tltóttf pará jjúc'Moisés dijéie^wc'Tdrt ájÜW utiftn*ám ( tíimutit oktrimU)*
'casé tbbre ¿4w í V?¡jjtniÁ>tó,en arribo. citado. : * .. i ¡ - ....a
646 ^kidttd de
medio de ütia población d¡él Corigól Ettet ótro/dótide :s£ halla 're1-
presentado <frl coihbaté cié Sesósiins con los estítás', aptífetóe ttítre «ri­
tos últimos una tropa aliada cón todós Tos caraetéres dé los afctua*»
les mogoles del A¿ia central Añádase á <stbv ¿óntntúan, qut toa­
dos estos tipos han1persistido constantes hasta itaéstrós días, sm
qué et tránscurto dé tantos años (os haya podídoalterar aún lomás
mínimo. Ésto mismo pódemos decir de los judiosj'lós cuales Oéft-
servan por^odo éVhiündo y bájo todos los cUmas sus mismas feo-
cióries. Aún más: en unas miomas latitudes, y codeándoselos-unos
con los otros, hallamos hombres quedesde éftocas remotísimas'h2n
vivido siempre cbn ta diversidad dé colores ¿pie ahora presentan*!
“ Comparad, eáéribe Bcratíi, los habitantes dé las ialás<Íe-Viti,Sav
lomon, Nuevas^HébridáSj con los polinesios de las islas de Tenga*
Otaitiy Ñuka-Híva, Uos priméhré son de1color de hollín; 3iís veci­
nos, quizá desde hace ya tres ó cuatro mil años, nohan:tomado
todavía el color de los etíopes „ *. a La zona del Soldán, dicé Bt^c-
c¿, encierra denth¡>‘ dfe sí 'á ta tázá blattéa de los tuaricos, 1a cobrfeá
de los fellahs, y Otras variás de color de ébano... E l negro más
puro y más oscuro se observa al norte del Senégal, ea loá yOloft;
en tomo de los cuales están los moros, nada más qüfc morenos, lo*
fulahs, de color cobrizo, y los mandmgós,^le color detabaco. Los
hotentotes, tan amarillos qué s e 7ftá' tratado de identificárloicori
los mógbles, tientan porvecirios á loá cáfres, qiíe son verdadera
negros; y en íá otra extremidad del África, los negros lanosos del
Sahara septentrional, los descendientes de los atatigüos rrielano-gé^
tutos están enclavados en medio de los mozabico9, de1k>s Liscarie^
de los tuaricos y de otros berberes de piel blanca„ \
Finalmente, concluyen, ejemplo de esta persistencia dé1 lOSi tipoS
humanos tenemos en los europeos- que han- ido á América y á otras
regiones despues del descubrimiento del Nuevo Mundo. “ Casi tb-1
das las naciones de Europa han enviado á regiones lejanas una par­
te de su poblacion; ahojra bien: sea ctial fuere el tiempo transcurrido»
ni Inglaterra, ni Frandk, ni Espáña desconocen en los rasgos de
sus colonos las Acciones de los habitantes de la madre patria* *
Examinemos estas razones de nuestros adversarios, dirigida» i

■ Brocc*, Htc/urefut fu r fh y iri¿it¿, púg. 453,


?, Bmiáj Cwrs difhpiteia^it, ton» 457-
,3 * L « / ., p i g . 475 . _
4 461,
d ü g iw rQ . kutn##*- <H7
probar ,1a persiftteQcia absoluta de. ips tipos Kf>eco, <jue sólo indican
usa permaQeqpft relativa dq los. mismos,.siempre qué permanezcan
las .circunstancias que los han producido. Y comenzando pprla que;
ha isido puerta en primer luga^, toda ella se redijce á que ya.cn
tiempo dé Ramsés n estaban formados los principales tipos de la
familia-, humana. ¿Y cómo prueban esto nuestros adversarios? l«as
pinturas y esculturas en que fundan todo el aparato de su argumen­
tación podrían haber sido Jiechas muchos años despues de los acón*
ttfcitnientas ppr eilas representados. En tal paso* ya no habría ne-
-cüái^dad de decir -que «en tiempo de Ramsés ^existíanlos tales tipos.
Y ique así haya, sucedido bien lo podemos, pensar sin temeridad al­
guna: los pueblos nunca suelen andar tan. solícitos eá perpetuar
sus glorias como guando han perdido, su grandeza primera, y co-,
mienzan 4 representan nn papel secundario en el mundo. Entónces
es cuando, acordándose,de lo que fueron en tiempos pasados, y
comparando su antiguo esplendor con su presente abatimiento,,
procuran consolarse grabando en piedras y pintando en lienzos las
jiazañas dq sus mayores. Esto es lo que pudo haber acontecido á
los egipcios Tque también tuvieron sus épocas de decadencia y rei­
nad miento, como los demas pueblos,
. Pero demqs que las pinturas y esculturas, en cuestión sean del
tiempo de Kjamsés II ó de. Moisés, que viene á ser lo mismo; pues
el famoso conquistador egipcio parece haber sido contemporáneo
dpi caudillo de los- israelitas. Esto sucedió cuando ménos 700 años
despues dé la dispersión sobredicha, y en 700 años ya tenían tiem­
po. los hombres para formar .diferentes r a ^ ^Qjn.la yariedadisuma
de costumbres y género de vida que debió racer en todos ellos aj
verse en lugares tan diversos. En el poco tiempo, que ha transferi­
do desde la,llegada de los. portugueses á Cajicut .á fines del siglo xv
hasta nuestros días se ha formado en Mfdaca: lirV? raza, enteramente
nueva} de suerte que, si no fuera por ios documentos históricos y
por otras circunstancias que acompañan i su? individuos, sería muy
difícil recoaoc^ su pco¡c^denqia.. H4 ^quí lo que de estos hopabres
miserables y degradado? aos refier)e eli doctor Ivan en las siguientes
palabras: MPor la mayor parte son. (estos hambres) los descendien­
tes de los antiguos conquistadores de la Malaisia; sus padres fueron
los compañeros de Vasco de Gama y de Alburquerqne. Muy seme­
jantes á los monumentos que elevaron «na abuelos y que cubren el
suelo con sus ruinas, ellos también han sido heridos de la degrada-
■cion y de la vetustez. En medio del pueblo malayo con quienes se
648 Unidad.de qrjgm
han aliado hace ya.Uí^o tiempo, los 3.0Qo d^endiente^>dc ’k)á;
antiguos portugueses son lo <^ue hay de,más.feo «a le físico, .y! de
más degradado en lo moral. Imposible] serfa confundirlos con los
malayos de pura raza; no tienen ni en Ja mirada, m «ala actitud,‘la
salvaje energía de estos, hombres* Diñase má&bien quehan tomado
de tas razas etiópicas el carácter que jes distingue ¿ftusfacdpnes
tienen algo de bestial. En una palabra, sobre su frente estrecha'y
aceitosa llevan la señal de un rebajamiento Los pobres geni,
tes no tienen idea alguna de sus glorioso? antepasados: la tr»dqrioa¿'
recuerdo consolador de las razas caídas, se ha Ijorrado4 e la mernen
ría de este pueblo. La mayor parte de ellos llevan, nombres ¡Lustresj
c ignoran quiénes fueron sus padres, y con qué luz de los tiempos
pasados están iluminadas sus tinieblas... Causa, verdaderamente es-
panto calcular las pérdidas que estos hombres han sufrido. E n d
espado de medio siglo quizá se han borrado de su memoria religión,
moral, tradición, lenguaje, escritura. La pereza mis repugnante y la
ausencia de toda necesidad se han sucedido en ellos á los goces
laboriosamente adquiridos „
Otro ejemplo: la mudanza pronta en sentido opuesto al preces-
dente nos la ofrecen los negros de los Estados-Unidos; los cuales*
con sólo participar de la dvijizadon americana, y sin mezdar sa>.
sangre con ninguna otra, han formado ya una raza nueva diferente
de fá africana. “ No queremos tacar, escribía M. Elíseo Reclus ett
la Revisé deDeux Motriles en l.° de Agosto de 1859, la cuestión can~
dente de la esclavitud; no haremos sinó consignar un hecho cierto;
d progreso constante de ios negros en la escala social. Aun bajo ek
aspecto físico tienden sin cesar á acercarse á sus señores. Los negros,
de los Estados-Unidos no tienen ya el mismo tipa que l o s negros de*
África. Su piel raras veces es dé un negro aterciopelado, á pesar de­
que todos sus antepasados han sido comprados en Ja costa de Gu¿ * 1
nea. No tienen los juanetes tan salientes, ni los labios tan gruesos, ni
la nariz tan remachada, ni la lana tan crespa, ni la fisonomía tan bes-
tial, ni eí ángulo facial tan agudo como sus hermanos del antiguo-'
continente. En el espado de 150 años han salvado bajo este aspecto :
una buena cuarta parte de la distancia que les separa de Jos Wan-.
eos. „ En la misma forma se expresa Reiset, citado por Quatrefa-*
ges en el Boletín la saciedad etnológica-, diciendo: “ El africano
llega á las Antillas con todos los caractéres del negro. El criollo»

1 Ivad, D t Ftm u* tm Ckhu. Paris, 1855, pág. 224-397.


de/gékéro 'kutii'anb. ' 649
hijo de íiegroi-y ¡rtfcgra puro3, reproduce sns earáctéres, pero atenúa,'
dos- La cara en particular pierde su caracter de Itoc'tco. Los cabé-
11os .y el color persisten; más bájo todos lós otros aspectos, el crip-
DorSe va aproximando cádá vez más y más aí blánco. „ V el mismo
Quatrefagpesañade lcrsiguientír: u M. Lydl también, después de
haber practicado numerosas investigaciones, ya preguntando á tos.
médicos que vivían en lós lugares dónde había esclavos, ya reci­
biendo, el te&tknomo de aquellos que habían fijado su atención sobre
este objeto, halló que, sin meícla alguna de rswas, la cabeza y el
cuerpo de los negros ¿ por el solo contactó íntimo que tienen con Iqs
blancosvse aoeTca en cada generación trias y coas á la configuración
europea B 1 .
Y no són los negros sólamente los que así se transforman en los
Hitados-Unidós coü él1núevo género de vida que allí llevan: este
fenómeno se óbserva también en los mismos blancos que van á es­
tablecerse allí desde Inglaterra; pues de él ios ha salido una raza en­
teramente nueva y distinta de la inglesa así en lo físico como en lo
moral, la raza yankee. uAllí también, escribe Pozzy á este propósito»
bajo tá Influencia. del medio se ha formado una nueva raza blanca,
derivada de la ingíe&a, y que podemos llamar con el nombre de raza
yonkét. ‘Los testimonios ¿bn demasiado numerosos, demasiado po­
sitivos'^ para que sea posible ponerlos en duda. Los poligenlstas más
decididos, áan los' señores Nótty Gliddon, se haii visto obligados á
reconocer el hecho, si bien no han dejado de esforzarse para dis­
minuir sus dimensiones. El aumento de la talla, el ensanche de las
órbitas, ta diminución úé los tejidos adiposos y de los aparatos glan-
dulosos, el alargamiento del cuéllo: tales son entre otras las modifi­
caciones profundas que ha recibido el tipo inglés en el medio ame­
ricano. Édwards, Smith, Carpenter, Desor, el mismo Knox»
con todo su pohgenismo, están unánimes en reconocerlo* Luego
cita en el mismo lugar el testimonio del abate Brasseur, quien se
expresa sobre esta materia en los siguientes términos: wUn pequeño
número de años ha bastado para establecer una distinción ya muy
mareada entre los americanos modernos y loa ingleses, de quienes
ellos descienden. Nosotros rogaremos ál viajero que con ojo aten­
to haya recorrido los Estados-Unidos, nos diga qué es lo que piensa
acerca de bíertas familias de Nueva-York y de la Pensilvania que

1 Pc»Myf La ierre st le récitbibllque. App<udicc, pág. 548-549.


a Idem, ¿v. cit. Appendice, pár. 5.0, p4g . 5 S3 - 554 *
Unidad.de 4rigms.>
han conservado pura su sangfres-durante imo é t3p$,-siglo$t y aper^
de las poblaciones en tiempos más remotos cstableQÍc^_eiid}<i*en-
tucky y en las raberas del Mississipi. ¿No ha observad?» Ip roi^opo
que nosotros*, una alterarían senBÍble,no sólo en Us facciones, 0339
también en el carácter? Apartede la civi&taeipii europea que ha. ido
eq pos de ellos, se hallanyaen unos, juntamente con el ángulpfa-
cial,,la íereza y astuda pcopiaa de los, iroqueses, y enotros eí ¡exte­
rior» Ja. aspereza, sinceridad é independencia, de los Hiñeses y del
Cherokep,, r , .. ,, ,
En los turcos hoy dia existentes tenemos ptro c^emplo jie tran^-,
formación física verileada en pocos años.,.Tanto los kirgki^ ,catno
tos osmanti,s descienden de la raza, antigua de los tuccqs .qiíe j.:^; ^ -
tesde la era cristianase fallaban establecidoseula, Tartaria» al ní^r*
t^ jdé ia jpiúiUr^l^ kirghifl, quehan, permanecí do.cqn su vida pas-
torildc siempre, conservan la fisonomía y Los caractéres generales
que los, autores asignan i. Ips turcos primitivos.,íkm pequeños y por
extremo feos; en sus fajecioíies,presentan ¿03 rasgos característicos
de la raza mogola, á la cual, pertenecen; tienen la barb¡a rala: y,el
tinte moreno, y seseñalan sobre todo por lo muy járamidal xle.pu
cabeza. Algunos siglos haij. bastado para que todas e$t£s cualidad
hayan desaparecida de .lo$oswanlis, que hace ocho,siglos forraan
partjedel Imperio, otpmano, entrando. eA4 u.lugar otras muy diJercB-
íe ^ f ívO^ t^r^a^inftRliSiTdiGe (godron, constituyen una Jaza, nmy
hermosa: tienen ,4a barba espesa y. larga, los, ojos cortados en forana
de almendra, y no enfrenados: ademas, en el conjunto de su prgar,
nizacion y en su fisonomía se encueptran muchos caracteres propios:
del tipo europeo, áun en la conformación de Ja cabeza, que ha de»
jado de ser piramidal,, *. Aquí tenemos que los turcos osmanlis, c^n
algunos siglos de vida dvilizada semejante á la nuestra, han. dejado
su formamogola {^ara tomar la caucásica ó europea.
.. En, vano pretenden algunos que esta transformación es.debida al
cruzamiento.dé los turcos, coq. Jas circasianas guardadas por pliop
sus Jaarems; .porque la transformación es.común á toda la raza y los
haremssgo. cosa$ <ie. Los riepsy do los grandes solamente. La ro?sa
del pueblo no se une sin^.cpnjos de su propia raza, porque los tur-,
oos y loe griegos se odian mutuamente,y. las creencias religiosas que

' ' ‘’ I - . 4 ! , 1 , . . "I-

1 ferasseur, tiíttó ltl <fti uátÜni ck’iH tkiJtt tí «V t cattraU ^

a nOtniTOtt, D s¿>
’&p¿n: ct.&3<ra¿ei,\toifnv u .p ig . J3I-3M . -
de/ géii¿r'ovft9(thtiHró 65I'1
prbTesan'urtóS potros los álejan sobremanera, y nb permita que stí'
vérifíijurén entradlos tiriiónéa de afta espede. , J -1,
Ffeáalmeníevlos ebloríós ingleses, qué tan breve-tiempo Itevaü eü-
Australia, ya hajvsufrido alli ünatfatisform ación notable. *Lóa
rtncys\ <3 ctiótlos australianos, escribía Cunñinghan en 1826; *e
hatert grandes y eabdtoS como loa americanos, y són en general
ndtáb1¿á por la propiedad sajona dé los cabellos rojos y de loSojO^t
azuleé pero sti color, átm cuando jóvenes, es de un amarillopáli­
do. En una edad más avanzada, fácilmente se les distingue de los
nacidos en Inglaterra. Las niejillas rosadas no süii decsteelim a,
ast'domo úrripoco de América, donde tifl color TreSéó traérá sóbfe1
sí indudablemente :e£ta obáervacioírí Usiedesdél viéjo mundo! n ; ‘
Hasta el mismo ¿olor de'la piel , quees loque parece ofrecer má*;
teiiit resistencia á las traúsformaciones; ha sufrido también en aK!
¡^inos pueblos flotable mudarla en breve espacio de tiempo. a Si ¿Vo
hubiese otras circunstancias, escribe M. Recias en los artículos
arriba citados, qué contrabalanceasen á las del clima,podríasuceder
mtiy bien que tos americanos, al cabo de algunos siglos tuviesen el
oidor de tos naturales, sea el que fuere el lugar dé su pfobedentíiay'
Marida, Frauda ó el Congo. „ La misnia observación se halla es­
crita1eri la JfyvH* de deux Afondes, correspondiente ál día 15 d e D i-
ciertibre de 1850 / con respecto á los criollos del Canadá. tí Una lar-^
ga permanencia dé: estos críolloís en Anaéríca en el sobredicho lugar,
se «fice en ella, les ha hecho perder los vivos colores de su propia
óicartiaeion. Su color ha tomado un matífc de gris 'subido. Sus ca­
bellos negros caen absolutametite sébre las sierteá como los dcHn^
díó: Yá Ti6 se reconoce en ellos eí tipo eüro^eo, y mucho méaos
típd gátld; „
Ni para llegar á un alto grado de civilización se necesitan más
los siete siglos arriba referidos i porque los1hombres no cómeniaron
después del diluvio por el estado salvaje, sino qué heredarón ^bor
rtiedió de Nóé; padre común de todos ellos, la CTVitifcaciort1áhtigttfa
dé los ahtedilüvianoa; y buena prueba de ello tenemos en lá interna
torre de'Babel, que intentaron edificarían alta como las nubes. Fue­
ra de que ¿un cuando’ quisiéramos suponer4 á los egipcios ménol?
ádetánfados en la civilización ántes de la invasión dé los hiesos y^í^v
tiempo del primer Imperio, una vez asentados á las riberas del Nilo
bien- pudieron hacer rápidos progresos; que. la persistencia, ep uji
mismo estado de abyección sólo acompaña á los. pueblos sumidas
en la barbarie, y el pueblo egipcio'desde un principio aparece civt-
652 &hidüd dé erigen'
¡izado enr laTiistoria. Ufiá Vez come ruado el pregreso, fa rapidez
crr desenvolverse tío sude ser difícil: la dificnltadaiempre está
comienüo, ©f cual sictnpne viene de luera.^No vemoá á los antígubs
mejicanos llegar en breve tiempo1á un alto grado de cWílizackm,
uña Vez puestos «n este caminopor los qtie habian invadido sü ter­
ritorio Ciento treinta añós contaba solamente de vida propiamente
civüaiqnel pueblo ilustrado á la Hegatfá de los españoles, y Motezií*
itrti era el noveno rey del imperio 1-03 darvinistas se complacía
en1pintar la razón dél hohsbre lenta y píerezosa en sü desarrollo;
ptro nada de ésto sucede cuando hay uno qué la instruya, prendleo*
do en ella la llama del saber, y este utiosiempreha existido fcn4a
tlferra'después que Dios ittótruyb al primer hombre en el paraíso.
Toda esto seadicho, no porque aosotros qúeramo's dífender que
desde Ta dispersión délas gentes pasaron siete siglos solamente;
póVcitié'vean nuestros adversarios cuan sin sustancia es d arguinert*
to que contra lá unidad dé origen del géúero humano pretendan
fiindar eñ la anticua formación de loa tipos Humanos. La historia
th; los' tiémipoá rédente*, que todavía casf podéthos nosotros1tócáfr
¿üíi lafe máriós, nós está diciendo á vos en grito que lá naturaleza
humana, puesta en convenientes circunstaíicias, esr muy capaz de
formar los referidos tipos én el tíer&popor eHoS imágítiad o. Tanto
mas que nuestra nataraléza ahora obra sobre tipós ya asentadcéry
éri^bírctín^iidtó'müdW méncW propíriás que fas que Se debieron
ofrecer despues del diluvio. Con aquella catástrofe espantosa la tier­
ra debió quedar Triüy saturada deí humedad por todas partes ¿ y íte-
na de otros agentes muy activos que debieron influir muy poder0-
sam£jit$.ef} el organismo del hpmbre., Ademas, la variedad de ,«>?*
turahros^ .causa principal de la formación .de las razas humanas,
como coirorguiheiitos m uy'cfi&ce? prueba M. G o d r o n n o pudo
"•n.i :•. »T •T •***'■' % ■ . . v ’ .*. , \ ■

■' "¿ J* Acóiik'l mrfitr&ty im/rét ée‘ ías Indias. Sevilla. 1590, lili. -vif,c*‘
pitillo vn; ■'*■ ' '
i ' Ctódrtrti /'/. V;/., t. IT, líb ’ u í, c¿p; lrt. Entre otntó c o w , hice ver cáto )tw
¿thrftiauti* y ^á'lOB ántJgTiofi gW ot ^ tír é Ibs primerdfí éfecribe: “ T.os gírmwicte déTit-
crito, íÜüá patacones (Te la Enro'jJá' aotiguii, no se en cuentráu ya on Alemaoíá'COB-las
M^cW’r táq'ae esfeeíníriéiite hifetbiTado'r les álrfbuy^ diciendo: Trutit et corrdld'deti-
lí, rtíííiaé'cóitw*, mogna. corpor* ¿t tanturt ad linpeVutn vall4aj laboris atque upenrm
coa eadem patienda; mimmeque lilim aes tu tuque leUrurt fricare atque iniSam ¿ótU
ttítK* assutfvtniiú, ('facíld», p t mértíttf g¿rtrUn*rüm UktÜHS, cap. tv. ) H óJ'^ *,l£>
¡ s ’piWbie rect>üóií¿r por ffledjóáéeiios ¿aricares á ios habitahWs tíe wttk ttttób*
jSfíUs.1Maá 'fóübfen {«raáft1¡£tán¿é eí^lí dífereoida qfce inepta entrt lá
vsje y la Alemania rívillifctía!' Qultií ie atribuyan ettos cnrncl¿r«a i lo*
ck&gms*#. humano. (153
raén^cotónGes^ ^ muy grande., catando los ,pueblos en, el? pe-
liado Bu,7QsparGkQÍeatp sujetos á aiuy vaqadas imprqsiwes,
iegpn eran nuiyr diferenteslos lugares queib^n ocupando, en. el
^ jbacon laiírtpigrac iones-continuas..-
..-Forjo demas, lasagrada Escritura no nos obliga- 4 encerrarnos
^ ; 4inpftnod<^rtan eetíeclio como es ql 4 c 700 años para eiplicar
los acóntecicnientos verificados entre la dispersión de las gentes * y
ia,s*U4 a de Egipto del pueblo hebreo. Sin faltar á la Bibliapode-
aj^s-suponer, no /ao, na 900. Años, sino•áun l.pQQ y 2.000, y
quantos.se. necesite)* para el desarrollo histórico de Ips ¿hijos de
Adán» congo lo haremos ver en el capítulq siguiente. , .
Vengamos ahora 4 la segupd3 dificultad, fundada en la pcrsistcfir
q^.de lostjpos dufacte. un^ .^rg^ ,du¿$cion de siglos. Esta persis­
tencia no es pinó ana consecuenaanatural del género de vida que
han llevado siempre los pueblos en quienes se descubre el tal fenó­
meno. Asi, por ejemplo, los judíos, donde quiera que han fijada
su.dpnaicilio, han conservado los rasgos fundamentales. á& su.raga;
pero también han sido siempre constantes en permanecer,adh.csridqs
& sys creencias religiosas» y con esto en guardar cuidadosanaente
jas mismas costumbres causadoras de los caracteres sobredichos. A
lap-cpíonos ingleses, españoles y holandeses, les ha sucedido otro
t a n t o s e g u i d o siempre con los mismos qaractéres físicos en sus
¿ueyas moradas, porque no han variado en sus caractéres morales;
-r.'i' : >.■ ,, I
r»zA»<jtinwwv¡ pirro ya, tufemos ju^AadAlaott co que clase .de cirgimMancU* mo-
dlficf.c5it lio Ajé de causan Icé caffict&EB de non nuca. „ (M g . 314.}
Sobre tos Maguados se expresa en «tos términos: “ Tampoco «foncncalran e*ú>*
antiguos galte de lus provítidaíi belgai, tato pc¿fectoinénte<»rio<ádoíde 'AtMínr.
Ataceltaó' j qué 'viviij íárgotiempo «a medio de «Uos ■y noí Iva dejado?! rWi*tñ ■ aT-
gnleotQ: Ccltioris tUsUtrat t í earrtfíJr fm t gmtti nm t « v m tf .m itU , ¿umútumsjut tvrob
tfie terribiltí, avidl jmrgwrttm ti tublaiius inwlescmtts* A 'te atim eorum i/t/en/juam
B&iiiÍA tacare rifanttm mttlhy foriioft ti glauca, ptfigrinarum .ftrrt fiJtgrit Utm
*>toximt titm itU wflotn terviet m/frenJeru, pOBdermnjut n iv w u h w el vastar <»♦/*&.■
r* tpleibuj, pnitiert coe/>zrii fin a os tu catapultas tortillbus utrvis exaíf<u, Meivetrda-
vtetf, eamplurituti ct m inaos¿ifcatafum Juzta ettrajcmiium,^ (A.mau MarcelL, Rentnt
iM/4 rrf«f lib. jkVf cap. xu.) Ninguno de oMos CAiACtéres puede ser alrfhuido i Ipr
francesa de nuestros días, y mucho menos ri tas ««ñoras france***. Pero también se bfl
fbadü tian tranifbnnarion completa en la» ccslumbro de pucará nación dosde lo?
.Uempq» de Amuno Marceli no.
Para hallar hoy día j,oq originales de e$to1' retratos,, gue coa .0114110 maestra nos han
I9? autores latidos f serla preciso ir li !a península escandinava; allí e> donde
eacíuoqixaD Lodaría entre Lasgeatee del campo, las caaifs han con^erviidc la vida
8Clí^u* d* sw-1 antepwados. (G ^ ro n , L cU.x p íg, 314-315.),
¿>,$4 ^Unidad dt& rtg m ,
VfivU jjno de ellos- ha sido, firmeyconstante en .vivir con los wismos
JBOs.y .WstjJínbr^s^qiie había recibido de^su madre’- patria,, y:.ssí,
mudanza física quehan, experimentado ra -sido
-muy pequeñas No; ba¿ sucedido lo mismo á loa. portugueses egtabp|£-
^idos.es Mitaca por. Ja razón contrara.arríba expuesta* Y^esto.ae
ve muy ■ almamente por lo ^ue aconteoc á- lps individuos 4e: es*a
‘jOMttma nación leu dBrasilvallí han aidQfides en g ^ d a r ilu s a s
detelmadre patria» y&u. fimco ta^bienhapernoaneGido en eonaer
cwíwtia.siisteociaíineiited.mismo.: ,, v: . ,.i
r i En loa polinesios se observa dmismo.fendmenQ que acabamos
tde indicar., Todo» cito** exceptuando. los <pertenejoent^ ^(!La.tp^a
negfa. ,<yflAnitfra> pertenecen. evidentemente á m mismo,.tropeo.
aqwq te 1prueba J& identidad de caracteres físico? yf lingüisticas en
«J^oe r^ an te1:pu<^enttxiosse yen Jos , mismos rasgos fvndaiqen-
ta lssy se oye-hablacla misma lengua- Siacrnbargo^.según 5J, gé­
nero de vida<¡uc cada uno.deeUosestáobligado * llevar, por. I?*
^Pfíkion.cs topogr^ca3,dd paÍB.erh^,uc reside, ¿tsí tambien,Las ipp-
.dific^cjqne^físiqas re»ujtant¡es son diversas .Lo$ ¡¿cíga s e difj^e^cj^ii
mucho de la gente plebeya, así eo. ia taj& como e^ojx^ propie­
dades físicas, y los habitantes de las islas fértiles. spn, n^pho mejor
.conformados que los que viven en Jas .pobres y estériles. u %ta
Verdad, se Jiace evidente««scri&e £oflf$9 »,si ae pon^n en parangón
.qlps^í^n^skw 4p I08; arch^piíÉl^gos de Ja S^i^d^d, dé las Marquesas,
A f. te® Amigos,^ etc., pon los desgraciados habitantes, de |asr $£s
, Jfemotu»i quienes la pobreza de si», estrecha jnaprada. mantiene en
,^1 estado de la mas profunda barbarie, y . la escasez de recesos
pb^iga ¿ vivir desnudos,, y ¿- bascar en. los ingertos productos, da la
tgfs^a l^ -Bae4 ioe¡,principales de su subsistencia. Hecha esta con?p3-
se verá que estos infelices reciben de su miseria, un ake,tp^e
¿y rtwe.fie,apartande. lostaitiauos y nukahibianps, jrpénos
.tjuizáíjep.Jus fangos principales de. <w fiso*u>mia, que en sus furcias
^ ^ p o r ^ ^ d e ^ a c ia d ^ y desproporcionada,* T, ,: . . ;. ■11
r.’j í ’ror Jprque toca á ¡a diferente e°loradon de las dos razas eaqsten-
/tes en la Qúeaniaj ántes de habíar de dla.los poligenistas nos d$be-
,nianiprobar que la existencia de entrambas razas en l a misma-, re g ^ p n
data de muy antiguo. Mas esto es lo que no pueden ellos hacer,
porque ha habido transmigraciones á estas-islas en diferentes bem-
‘j^s/^Stó qüé ^retértdámbs resolver el difidl'p r o b l e m a fé&tivó al
i W * ■.- „•'vi •■
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■ . .i.%• ••
1 (iodlKJDj ¿ «V , p*g, 3J 7. ¡ -rr-, '-u-
( k tg in & o h't&ft&áo. 655

drfjr^n de las geflítes ‘de ta' Polinesia, escribe1á este proposito Pofeíy,
labios-autorizados pata ereerf por lo qnc se infiere de ciertos ‘he-
étas; ^ue&haa'Heeho emigracionesá ellaéií épocasindetermina--
las cttales-ekpKtAiila diferencia detipos en medio de. circuns­
tancias idénticas.' Ua ejemplo fcntre otros; varios. L a isla de las
Pascuas forma paite del archipiélago polinesio. Sus habitantes, como
loá deía& iálas^de Tonga, Otaiti y Nuka-Hiva, no tienen el tinte
«tídpíco quecaracteriíaá sus vecinos de la Melanesia. Esta diferen­
cia á primera vista nos causa sorpresa; pero esta sorpresa se dismi-
troyecon la notida de que taisla delasPascuast lo mismo que la de
Taiti* ha sido poblada por malayos; A l méno^ esto es Jo que'Se lia
coftchaido de nn hecho que Uéna de admiración i todos loa viajeros,
á sáb^r de tasenohmés ptataffbfmas conque^stán recubiertos los
tepiilcros, ydfelas gigantescas estáttias' colocadas encima de ellas.
La opiñióü roas probable es que los escultores de éstas estatuas y
liis1 e6ñ§ttüi:tórea' de estas plataformas ño son procedentes dé la
Málaísia, siiió de la misma Indiai Efectivamente >sólo en esteá islas,
feti Jkva püi* ejerívplo, se encuentran monumentos deístegén efÓ y
fléfhriiá imptortsatiei& aproximativa „ ». ' ■r : (
k>l‘£á misma consideración puede aplicarse á los diversos pueblos
dtí’Soldáii. ¿Quién sftbede^de cuáddo1están viviendo los uhos jtíntt>
B’tóB-tftros? Puétáíde quetárribien se1ignora finqué condiciones fue-
telV* '¿stáblecéfse érh aqtiellok híg^area^yq111^ clase de conformación
fl^ca llevaban coandd Ifég&rón á^osy-fo'eual sin embargo era ne-
bes&no CoWocérpara que piídiese ávesrigtí¿rse si clmédio hó obrado
5 :jnt>'en ellos «Iguftat bánsforátóeión^ nbtóble. ¿ Y si^dijértóida'con
XF.,¿Godron que Iki eávóas dellk teótorádon de la t e ! «o «m tjrfríii-
sétías al sujéfo, slñó inttfftséeási En ¿steeasó, 'áiinquii1^Stétí1
folároíf regkrtt dóS puebíós¿ fe5te« podr^ Sftceder que el1tino adqiwem
fcVccforrtéghj, -y él1otro aequétfe^Con et blanco ^ó tcón el amarillo ú
í>t?é toálqukra.1Una enfermedad, tina afecdíbtt interna, rtiorál: tí fi­
siológica, en algunas circunstancias especiateshabrá de^ermiriadó en
Malquiera 1m modo' de cotoracipn -particular, quehiégo
Hábra tránsmítldo'á^siflhijos por'teédSb la genemcidn *V ¿Cdnafo
sé V^riftC'a 'está1tfonsfbrtrtadion de colofes1eft los animarles? E* tfbdü

Kn:Pw**.L fft.j U*£.5 *4t$45« - ■ . br i.;*; ••: tn- -j


. 2. * rtvÍ5la ínlitalj»(la' el nsjm^fo. d ^ ¿ , ^_C>«;ttibre de 1881, p ígj-
114 1S3. trae un caso recitóte de un fraucé» convertido en negro por 'efecto de unfl*
^alrntuns Intermitentes contraídas el nño 60 de este siglo en la CAmpiña romana,
Ajando em soldado del emperador Napoleón IIL ••
<i>5 fr / teidad ifo origék
para nosotros es un miaterto, si'-bitti-eí hechcj nítiguücr qúe cstrí en
sano juicio lo puede poner en duda. Dígase, pticsi otrotantó de los
hombres, los j cuales ensu parteinferior y animaieaca están regi­
dos por las reglas generales de los orgañísm'os corpóreos. Dice á
este propósito Godron, despues de haber reftitádo todas las opinio­
nes que ponen las causas de la coloración de la piel en los agentes
físicos exteriores al sujeto* “ Por otro lado, con observaciones nu-
rocrosas hechas en los anímales, ^jrindpalmente domésticos, hémós
demostrado que el melanism.©, d erythHsmo, el albinismo, desenn-
peáan el papel principal en la coloración de los mismos, y jtotfenitó
•concluir con todo rigor demostrativo que lo propio debe sucéder
también en el hombre, hállándose sujeto como ellos á las mismas
léyca fisiológicas: Las bolorateíonesdiveraas qüe distinguéná las dí-
¿ecentes variedades de la eslpécíe hum&'na, están muctío ménos ftls-
títotiadafr cob’Ios agsntes fídiet>s que «on los fenómenos más intimos
de la or§aniaioíQttr los cuatíes, en el estado actual de lá ciencia, sí
nos escapany permanecerán' quizá siempre cubiertos con un velo
impenetrable á la ciencia,, *.
¿Quién sabe si la raza de Chana, en castigo del ignominioso pe*
cado que cometió este mal hijfccorrtra su padre, qufcdó degradada
ya desdeun principio, : y fcé invadida''1del eolot4 negro, oyendo el
Se&oEta maidic¿oaqu6 8obre £l1a había echado Noé? Pero tiempo
«syaide{]U¿ tafltemóa la«rtradlfictíítad dé los poügenistas, basada
efrilo^obstácufosextelrnas que debieron experimentar los hombres
para difundirse por el globo, en ta suposición de que todos ellos
hayan salido de un solo cenft*<V. - '1
No hay punto de la tleir», dicen , ni en las islas ni en los conti­
nentes, donde no haya aparecido alguna clase de hombres ai ser
descubierto* ¿Cómo « posible qué desdé la Armenia se hayan di*
fundido los homhresvpof todétf ellos, ocupando la Polmeíriia, la Aus-
ttaiia y toda; te «imettsa exteiHión det <iontinente ameritano en el
cspaetQ' dp/uraoscuatro óse«-mil áfiosí
Esto ca el otra aBgvTnfeftto fuiKtetnental que en favor de su siste-
úaa aduces Ii»siáétíuaces del poUgenisrao, teniendo por imposible la
u*tdadde6rigen £fék$a per los Católieos, y por contraria ademas
al mitónto natural que tíéñeft todos lo» hombres de vivir en el pa!s
<te su nacimiento. Veamos de responder á^él con la mayor brev*^
'dád-posible.

i Codrom, Dt Ctjprce tt dtt racti, teBré a, pig.iyQ-’


delgénera humano.
En primer lugar^por lo que toca, al instinto no puede, haber nút-
gjHiadificultad. El hombre, ademas del instinto sobredicho, tiene
otros más poderosos que le hacen con. frecuendaabaadooarelpalB
natal:para £o, volver á verlo jamás en todo? los dias de so vid».
La curiosidad,.el deseo-dedeacubrir nuevas tierras paraenriquecerae
ó para. hallar un modo de yivir más acomodado y- ménostrabajeso,
el amor á la vida puesta .en peligro con la invasión de algún puebJo
vecino feroz, y inguinario, y otras muchas cosas semejantes, son
otros tantos motivos suficientes para que.elhorobre abandone pre­
suroso la tierraten que se crió, y vaya ábuacar;ea; elmundoi otras
más parificas y deleitables. ^ ui r
V en lo de trasladarse d? un lugar i otrb ,osarpar tierra, ora por
mar, ¿quién h^yque, en «l 'Wta<^ p¥É¥?í^e de lacienda, pueda
poner sériamente algún imp$#m£nto? JLa Polinesia, sin género al­
guno de duda,. hasido poblada gpr gcute malaya salida del Asía*
como con argumento* claros lo demuestra Quatrefages J.JIodos los
habitantes dé la Polinesia, desde la. isla de las Pascuas hastaü» islas
de Viti, y desde Sandwich hasta las islas JBajas, pertenecen. on
mismo tronco , co^stando esto por las tradiciones un¿versales d* los
taíes isleños, y siendo por otra parte, cosa averiguada que todos
ellos tienen los mismos earactéres físicos * los mismos usos y.cos^
tambres,.y la-inpma lengua* El punto de partida,, según dichas tra­
diciones, fué la islade Bufo, situada no muy léjos del Ecuador, eo
las Molucas. De aUi se extendieron hasta Noeva^Guinea; donde
hallaron ya establecida la. ra^sa negra, la cual losjfechaíó hacia laq
islas de Salomon. Llegado que hubiera á estos lagares^ fueran
avanzando hada el üriontc de islacu isla, hastaquese haUarotfcn
Viti, Tonga y, Samo?* desde donde se esparcieron por un iado hasta
la N.ueva-Zelandia, por otro basta las Marquesas y hasta la iida de
Ua Pascuas, / .por oti;o, finalmente, hasta Sandwich.
H^sta .hace, poco tiempo se había creído este derrotero imposible,
por no estar todavia bien conocidos los alisios y. monzones* que vr-
átaun en detcrminadafi.fcpocaa. aquella región, y por no tenerse no­
ticia d$ otros fenómenosque suden acaecer en, d Padficovperoal
presente ya.se ha adquirido tul cortodmiento más completodctodas.
«atas cosas, quedando disipadas con él ito¿M$ te». difkaíttadcft. Oiga*
sabio Quatrcfages exponer coa brevedad y aoaestnia esté*
asunto, como persona que lo ha estudiado muy á fondo, dando

' Quatrefoge», Lytipíu hmamim^ cap. x,y¿j.


658 Unidad^ de orígm^
sobre él á luz un libro con el título de Les J>a¿in¿siens M &w s mi-*
graiions. u La Polinesia, escribe, no está precisamente tan.^islada
como se la ha querido suponer. La sola inspección de^ las cartas
hubiera dado á cualquiera derecho para pensar que 119 pueblo cnarí-
timo, habituado a recorrer el Archipiélago malayo, Jia^debi^p.^as,-
tender más de una vez sus correrías más alta de .la Nueya^ijii^a*
Este hecho está hoy día puerto fuera de toda controversia. Mis aJUá
los Archipiélagos de Nueva-Bretaña y de las i&las.de S a lo m é
ponen, por decirlo as{, á lo$ navegantes un poco aventureros enJL^
ruta de las islas Fijis. Una vez llegados á este Archipiélago* por
poco acometidos que se sii^tíesen del deseo 4e¡ descubrir nuevas
tiaras, debieron llegar á la Polinesia prop^ ente clicha,JLHÍ4 uc.y^
Zelandia al Sud, sin embargo, y las Sandwich al ,Ñqrte,,
todavía fuera de este itinerario .indicado por la geografía- .,., /
„ í*ara que los marinos intrépidos fueran detenidos jen este cami­
no , hubiera sido necesario que los vientos y las eo^ip^tesjes fuesen
contrarios é irresistibles. Miéatrás se ha creído en la universalidad
y constancia absoluta de los vientos alisios, sejesl^a podido atri­
buir este papel. Mas los estudios llevados, á cabo pon la mira d?
cílitar el comercio, I03 escritos del.comandante Maury, Las cartas 4 eJ
capitan Kerhallet, nos han enseñado que fl clmddñqg pasea sus
Vientos variables sobre 30 grados en la ¿rea marftifna de qpe^se,
trpja* Sabemos sobre, todo que cada año el mtmpoti se sohrqpone á
los alisios y sopla hasta más allá de Sandwich y de Taiti.; tanto que,
en tugar de tener vientos contrarios lo$ que navegan bada Oriente
lo tienen muy favorable durante varios meses,.
. „ Las consideraciones sacadas de las, corrientes conducen poco
máp 9 inénos á los mistno^ cesultados. En e! Pacíficov la corriente
ecuatorial que va de liste á Oeste forrna.en realidad, dos grande?:
ríos oceánicos distintos y p a ra d o s por una ancha contracorriep^
que marcha en sentí doopHesto. Esta última se extiende al Noíte
por casi toda la área polinésica, y se abre, por decirlo así* en/la-
desembocadura del Archipiélago, indio. Todo indica que ella ¿a
dese^Qpeñado.wn oficio muy. principal en lo relativo á la dispersión;
délas razas que ha tenido lugar en.todas las provincias de ia Opeante
y•1al
I-L.Este
- . r de
1 la 1Mala&a.
\1-r ' ' , ! 1, ', ' *■ ’
n Finalmente, $e sabíf .que Ips fenómenos atmosféricos dista®
uJuphQ de ser absolutamente Regulares no menos. en eJ Pacífico ,<pie
en otras partes. Este mar tiene como ios otros sus tifones, sus tem­
pestades, que cambian instantáneamente la dirección de los ,vientos*
d¿ig¿ker>
ó' htiWdho. 659
to's^cáár^ arrastran á Tos navios á despecho de 1as corrientes. Las
í^á&, rlbá‘ felótes dé qué e ^ sembrado, han debido recibir hartas
veces ¿ marinos eJctrávíádos; y nosotros citaremos ejemplos de esto,
' ' 'óEiéjos, por consiguiente, de ser imposible la población de la
Pófinesrá pórftavegántes salidos del Archipiélago indio, es relativa-
nfrtíte'fadl en ciertos momentos del año , con la sola condicion de
qtfé los navegantes sean atrevidos y no teman perder de vista la
tierra. Ahorá bien; cuán perfectamente respondan á esta condicion
lbs malayos, escosaque todos sabernos. Ásf es que los hombres
(jttó sé han hecho cargo de estas condiciones, corno Malte-Brun,
Ftdninie, Lesson, Ríen», Béechey, WiIfcesl ete.1 no han' dudado upr
itiotriértto en mirar la Polinesia cocrtó poblátfa ^por gentes qiie han
a^an>üdo dél Oeste al Esté „ f .
Aún másj'Tró'Sóío consta p ó f Tas tradiciones dichas lo que aca­
bamos deescrítrir, sinó tarñbiénla época en que han sido pobladas
vtetfai islas principales de la Polinesia hasta entóñees desiertas, y íá
¿íáse d t tianoas con que fué ejecutada la' travesía. A JásMarquesas
llégaroii1Ibé naturales de Tonga hácia el año 4T9 cié la éru tfistíáfíav
Iris dé* Táíti i Sandwich hácia el 701 í Rarotonga fué colbñteáda á
pHndpíos del siglo 5¿nr', y la Nue’va-Zélandiá á principios del xv.
Las' cancáfi-eñ que ae hacfaneStas emigraciones estaban forma­
das por dos ^lragtias muy fuertemente unidas entre sí, de suerte
^utí,;pSdtefi UeVafr muy bieri nada menos que I40 guerreros cada
urtiai Ademáis, en piragúastinás sencillas, fbrmádaí de un sotó ma-
tftr6v‘áaben hacer los salvaje^ dé' tá ídlitíesna Viajes de lo ó /áo ó
y 400 leguas, guiadospót1 late estréllas yllevádos ert alas de ios
aKíSbs, quie* eHos cbríoéeh 'rrray bien. Añádase á esto <^\Je, y a 1por
ü«a tempestad casual, ya pór la tostámbre bárbara de ni éter éstíós
istófos á sus enemigos vencidos con’ sus mujeres é hijos en póbireá
^ ¿ iü « >^rdbíarf'Ojáríofi; ásí á ta méircedde las olás, fcari ttégado mu*
chos de ellos á islas que de otra suerte jamás habrían sido habi­
tadas1de loá hombr¿£ 1
! De la Meiattesta no 'hay necesidad de escribir una sola palá&rá.
La Australia se es& ñknñó la fttbnó'con laNueva-Gulnéa, y ésta s<é
hállá en reladon muy Í3ctl cón la península de MTalaca por ‘medio de
las Molucas, Macassar y Borneo, como lo puede observar cada útto'
ttÍKftldo una simple ojeada sobre uña tarta'dé laDtéáníá.
Sérfa tan sóló'el NuéVo'Mtfñídd; potesr ¿frecé la rhé-
-inu: :f¡ ■f: J Jj,-' JÍiH'1> jíl-.*'1 Tu- ’ - ' i - ' 1,1
Unidad dt origen
ñor dificultad: Ahora bien; el Nueva Mundo ha podidoser muy fá­
cilmente poblado por habitantes dd Antiguó, yendo á él por vano»
puntos. En primer lugar, es cosa muy sabida lá proximidad de «no
y otro continente por d estrecho de Behring. A uno y otro lado
de dicho estrecho habitan gentes de una misma tribu, que viven
desde muy antiguo en continua comunicación, por medio de, em­
barcaciones muy sencillas. Nada más fácil que el paso del uno al
otro continente poresta parte. Además del mismo estrecho, donde
los dos continentes están casi tocándose, por decirlo así, hay más
abajó una cadena de islas llamadas ahutias, que ponen en comum*
cacion al Kamtchfttka del Antiguo Mundo1con la península de
Alaska d d Nuevo:
Fuera de esto, más al Sur todavía , la corriente de Tessan, llama­
da por los japoneses Karo-Si vo ( Rio Negro), abtfe un ancho ca­
tatad, ii los navegantes para llegar á las costas de California. Esta
corrienteha debido poner sin duda más de una ve?, en -los tiem­
pos antiguos en dichas costas á muchos pescadores contra su vo­
luntad , como llegan hoy dia los cuerpos flotantes y los juncos
abandonados por los orientales desde todos los puntos que baña el
rio Negro.
•Demás de esto, la corriente ecuatorial del Atlántico ofrece tam­
bién otro corpino para ilegar de -África á América, adonde sin duda
handebidoser arrojados en tiempos antiguos algunos habitantes
del territorio africano por alguna tempestad ó cosa semejante,
como ha sucedido en los nuestros. £n efecto, en 1770 un buque
cargado de trigo, por un descuido de los marineros, fué arrebatado
de esta corriente y llevado desde las Canarias hasta la costa de
Guayra, cerca de Caracas. Lo mismo, pues, habrá podido suce­
der á otros en la antigüedad * que sm saberlo se pondrían en dicha
comente.
Finalmente, la Groenlandia presenta otro nuevo medio de comu­
nicación entra loa dos continentes mencionados, y consta coa cer­
teza que los noruegos y ios islandeses penetraron p o r esta parce en
América, y tuvieron continuas relaciones con ella, á contar del si­
glo x de la era cristiana, A fines del siglo vm, Guanbjom descubrió
la Groenlandia; de aquellos mares, por medio de una tempestad
imprevista, fué arrojado á las costas de Nueva-Bretañat en 9 ^-
-BJarn Meriulfson, estando de vu elta para G roenlan dia d e una ex-
cursion que habia emprendido. Con esto se estableció una colonia
1 n ÉttJiü-ii'B en aquellas tierras ¿ á las que fué dado d nombre de
del género kumatto. 661
VinJaadia, á causa del vího que en ellas se cogía. Desde, aquella
época, según los cronistas islandeses , Apreció en Groenlandia, hasta
el siglo xnr, bajo la tutda del obispo de Gardar, una colonia de 20,0
pueblos formados por colosos escandinavos que estaban en relación
continua porc una parte con la madre patria, y por otra con sus
compaisanos de Vinlandía.
Aún más: hoy día es cosa ya averiguada que los chinos y japo­
neses, mucho ántcs que1 llegasen á América los españoles ¿ tenían
frecuente comercio con los americanos, De América hablan los an­
tiguos libros chinos v designándola con d nombre de JFi^Saag,
cuando dicen que al Este del Celeste Imperio hay nna región suma­
mente apartada donde se encuentra el oro, la plata y el cotnpe,
peco no el hierro, cosa que-no:puede convenir al Japón, como ha­
bía imaginado Klaproth, y si áólamettte al Nuevo-Mundo. Según
P referidos libros, hácia mediados dd siglo v partieron del país
de Ki-Pin á Fu-Sang misioneros de Budha con el ñn de anunciar á
4us habitantes la doctrina de este hombre famoso, y de eUo haccn
también mención los libros de loa japoneses. Y.qtiellcgaroa.en
efeoto á América los tales misioneros , parecen confirmarlo las seme­
janzas incontestables que existen entre los monumentos y figuras
búdhicas del Agiay ciertos produotos del arte americano, segnn se
deprende de las investigaciones hechas por M. G, d’Eichtal, y de
la cojeccion verdaderamente régia de los monumentos mejicanos,
publicada por lord KingvboFOugb. >:
•; Ademas, como escribe ¿Leste .propósito el cardenal Wiseman,
- d cómputo dd -tiempo entre -k» amerioaaos^ofrece una «ancidcn-
£ia demasiado marcada en mi método puramente arbitrario.?eea id
del Asia ^oriental, para que sea de todo punto accidental. La . divi­
sión. dd tiempo en grandes oídos de años, sttbdivididos en porck>-
nes más pequeñas, cada una de las cuales lleva un nombre particu­
lar, es con ligera diferencia el plan adoptado entre los chinos, los
japoneses, los kakmikos, tas mogoles, los mantchurios, como tom-
bíeü entre los toltacas* los aztecas y otras naciones americanas ;iy
d carácter de sos twétodo» respectivos es precisamente d miairfo,
con particularidad «i se comparan los de los medícanos y japones^.
Aeró la comparadon d d zodiaco.* como existe éntre los £h¿betáh0$,
los mogoles y los japones, con los nombras dados por estanapion
americana á loe días d d mcp, titeo que saris&rááloa más/ma#-
’dofog; - M. ;I
íLoB «jgnoB ÍdéBticos gon ei tigifiyla iiebne* ia ecrpittdpt -el
mono, el perro y un, pájaro; de ípdo5 lqs cualesT^ ^ arp q^,fl^gri|-
o,a aptitud najtvral poi% haber sugerido su,a^opc«3nen kWr4^ $?£-
túientes. £sU extraña coincidencia se aumenta tamhiei} con el
cj»9 ,curioso .que muchos de los signps mejicanos qye faltan ¡«w^ísl
zodiaco tártaro se baUauen los shasjxas indios exactamente.^ 1$»
posiciones correspondientes; y no son ménos arbitrarios éftfcff qu«
losk primerosuna gasa,, ,un^,caña de azúcar» un cuchillo, y. tres.hve-
UjlS d^.pwí,, ?. ;-•••. v v;..i oí:
,.¡ Por donde se ve que no se equivocaron los españoles, .coqapatte'
ros de Francisco Vázquez Coronado, cuando al encontrárse lo Qv^
vira, á los cuarenta grados de latitud Norte, con dos * naos que
traían arcatraces de oro y plata en las proaq con mercaderías * pen­
saron ser del Catayo y China, porque señalaban haber navegado
treinta dias „ *.
Lo dicho baste para hacer ver á los poligenistas cómo los habi­
tantes del antiguo continente pudieron penetrar en el nuevo sin di­
ficultad alguna por diferentes partes del globo, si bien lo que pare­
ce más problable es que los lugares por donde principalmente ha
sido poblada la America en un principio son el estrecho de Behring
y las islas Aleuüas. Por allt la comunicación no ofrecía la menor di­
ficultad; y encontrando los hombres las tierras desiertas, muy pron­
to pudieron llegar del uno al otro cabo r llevados de la curiosidad
de ver nuevas tierras, y hallar en ellas lugares mejor acomodados
para la vida. En soto cinco meses anduvieron el siglo pasado los
kalmukos un espado de 700 leguas, venciendo dificultades inmen­
sas, ya por parte de la estadon, excesivamente fría, ya por parte
de los lugares que atravesaron, ásperos y fragosos en extremo,
en fin, por parte de sus enemigos los rusos, que pretendían cerrar­
les el paso para que tto^pudiesen volverse á la China, de donde ha­
bían salido. “ El Exodo de los kalmukos, escribe M. de Quatrefagcs,
responde á todo cuanto se pudiera objetar en órden á la imposibili­
dad de las emigraciones primitivas por tierra. En ocho meses, á
pesar de los rigores extremos dd frió y del calor, á pesar de los
ataques incesantes de sus implacables enemigos, á pesar del ham­
bre y de la sed, este pueblo salvó un espacio igual en linea recta,
poco más ó ménos, á la octava parte de la drcutiferenda terrestre.

1 V»’iscm*n, Diicurtos. Discurso segundo; págs. 807-S0S de l*s V/tvücIai d(la


BJtttm.
2 Gom an t Histeria de íss /mditf, etc, Quivira. Edic. de R i»adtt«rt, P^ff*
d£rgfci& o kiM ánb. 66¡3
Tó^kmid ^ri'étíeítta los rodeos que se vid' obligadb á ‘fadcer, qltízÜ
tferá prétiso doblar está cifra. Despues de un hecho de eáia tfatüía-
leíá, ¿oónid pottér etí duda la posibilidad dé viajes nías largos to­
davía tespécto de una tribu que camina tran^tjiíatnenté por grados,
sin fenéh otros enemigos con quiénes luchar sinó él suelo y fes bes­
tias feroces ? .
Concluyamos: aquí, contó en las demas partes, el dogma cristia­
no queda triunfante y glorioso contra todos los ataques de los fal­
sos sabios^ valiéndose paí^a eHo de los mismos argumentos de la
verdadera ciencia.

4 QttStreíagtt, i. eü., cap. >cvi, n. 5, pág. 137,


CAPÍTULO XXXI

E L -CATOLICISMO Y L A CIENCIA EN O R D EN Á L A ANTIGÜEDAD

DEL HOMBRE. EXAM INA NSE LO S DOCUMENTOS HISTÓRICOS Y


LOS ARGUMENTOS GEOLÓGICOS D E LOS PREHISTÓRICOS

¿ m c S a antigüedad del hombre! Aquí sí que se imaginan haber


i triunfado dd Catolidsmo ios amigos de la razón indepen-
diente. Tan ufanos y orgullosos se presentan con sus
descubrimientos prehistóricos, que por maravilla loa veréis sufrir
observación alguna que vaya encaminada á sacarlos de sus regala­
dos ensueños. “ La cosa es evidente, exclaman con gran aire de
triimfo; sólo un entendñtiiento eiegoy fanatizado por las leyendas
de una falsa revelación sobrenatural dejará de ver el hecho hoy dia
adquirido á la ciencia de que el hombre lleva ya una sérié intermi­
nable de siglos sobre Ja tierra. Los Católicos, claró está, jamás re­
conocerán esta verdad tan patente^ porque esto sería suicidarse
dando un eterno adiós á las enséí&anzas de la Biblia ; pero ¿quién
hace caso d e católicos en estos tiempos de luz y de p ro g reso , que
han desterrado para siempre de las sociedades las negras tinieblas
delsobrenaturalismo ? La dehda no se cura ya de esta gente meti­
culosa y apocada, sigue adelante con sus p o rte n to so s descubrimieo*
tos, y prodama á voz en grito la remotísima antigüedad del
hombre. „
En efecto, ¿qué son para estos novísimos sabios los seis ú ocho
mi) años que hasta ahora han venido dando los Católicos al género
humano despues de su primera aparición sobre la tierra? Una cosa
insignificante. Quién lo hace subir hasta 30.000 años, quién hasta
56,000, loo.ooo y 200.000, quién hasta 364.000. Algunos le atri~
btytn miles de siglos; otros, finalmente, no c o n t e n t á n d o s e con esto,
lo supinen1<4e tíña duradon indeterminada y superior i todo cálenlo-
E l Catolicismo y ia ciencia t ele. 665
científico. Basta decir que muchos de ellos opinan haber vivido
el hombre durante toda la época cuaternaria, que suponen haber
sido inmensa, y aún extienden mucho más allá sus conjeturas, dán­
donos como una cosa muy probable el hambre terciario, ±V quién
puede calcular el número de años que con todas estas afirmaciones
pretenden conceder al género humano? £1 periodo glacial solo
comprende, según Lyell, 224.000 años; Crol! te atribuye 160.000,
Zaborowski 224.000, Blandet 250.000, Jalio Peroche 350.000. Este
último afirma que desde et fin de dicho período hasta nosotros ?e
han pasado nada ménos que 1,000 siglos. Calcúlese hasta dónde
llegará la cifra de nuestra antigüedad, si á los números sobredichos
se añade el incalculable de la época terciaría, pues en todo ese
tiempo se supone que ha vivido el hombre.
Toda esta multiplicación de siglos es muy natural en los secuaces
déla prehistoria. La mayor parte de ellos, por no decir casi todos,
procede en el supuesto de que el hombre es un simple bruto puli*
mentado, según lo reclama la teoría de la evolucion profesada'ppr,
Darwin. ¿Qué han de hacer, por consiguiente, sjndextendercuanto,
puedan la série de los siglos prehistóricos, para que á la sombra de
sus tinieblas se elabore la transformación lenta é insensible enseñada
por el naturalista inglés ? Por eso ponen primeramente estos autores
ipu época larguísima, en que los hombres anduvieron en el estado
de naturaleza errando por los bosques á guisa de fieras, distinguién­
dose -apénas de ellas, así en las costumbres y modo de vida, como
en-el desarrollo de la inteligencia^ La piedra natural ó simplemente
cascada era durante todo «ate tiempo el arma tínica de que se ser­
vían para defenderse, para cazar los animales y,para los demas-uses
de ja vida, porque su tosco entendimiento no cansaba ¿ obras de
mayor excelencia, D espues, según ellos, se les fué avivando ésta
poco á poco., y lograron fabricarse algunos toscos utensilios de pe­
dernal bruto ligeramente labrado, dando origen con esto ála época
de la piedra tallada, y á las que se siguieron con el transcurso de
los siglos, cuales fueron la de la piedra pulimentada* la del cobr*%
la del broNCt) y la del Aitrrü, hasta que, por fin, pudieron ya esta­
blecerse y formar grandes agrupaciones ricas en civilización é sodas-
tria, dando principio á la verdadera historia.
Esta es la doctrina de nuestros modernos sabios, la evolucion
darwinista forma el principio fundamental de ella: ia prehistoria no
ts más que una consecuencia derivada a priori de este .principio.
Si les fuera posible defender el origen monesco del hombre sin. re­
^66 'Cs4^Mmmo y Jvúimcük-V' -,r-
currir á la multitud innumerable de siglos que.con xnaAo1veedado^-
npeate pródiga regalan ajgénero humano, la aatigüeidaddeifofata*
bre no vía de seguro en sus escritos¡más allá de ío.ooo años;>poiy
•que» cooao lp ha demostrado. M. Ghabas en au excelente.) obrd
intitulada; Utudes sur i'anüquité historiqne, JO.QOO añosson/ais
que suficientes para explicar todos los fenómenos antropológicos de
una macera satisfactoria. Pero la evolución materialista dei filósofo
inglés-AO puede subsistir sin los años inmensos de la prehistoria^
eyolucton no es cosa que pueden abandonar como quiera ¿stop
amantes de lo terreno, y despredadores de todo lo espiritual é in­
visible. Hay, pues, que sostener á todo trance la•remotísima anti­
güedad humana,.y hay que afirmar resueltamente;por den/roancras
la evidencia del®, tal antigüedad, aunque Iob fenómenos d$ Iftjarif*
tropología digan otra cosa. . . .
Hé aquí la verdadera causa del clamoreo atronador que levantan
sin cesar estos sectarios, pretendiendo ser ya una cosa demostrada
la remotísima antigüedad del hombre, y añadiendo que las «menate
zas de la Biblia han sido cogidas en una falsedad manifiesta. Pera
ambas proposiciones son absolutamente erróneas: ni los descubrí
mientes modernos nos obligan á poner en el género humano laniH
tigíiedad fabulosa que fingen estos escritores, ni aun cuando stn^gér
ñero de duda viéramos en ellos señales claras de haber existidp
s^bre la tictra séres racionales en tiempos anteriores á lo que gene?
raímente han creído los católicos, hallaríamos algo reprobado .por
la sagrada Biblia. Esto es lo que intentamos demostrar en este y en
los tres capítulos siguientes, conforme al plan que nos hemos trazado
en esta obra, de defender al Catolicismo contra los ataques de lae&r
cuela racionalista. Para ello trataremos separadamente de cada una
de las dos proposiciones indicadas. ^
Y comenzando por la primera, es cosa muy sabida entre los que
han saludado un poco la historia moderna que los incrédulos del
siglo pasado, para convencer de error y falsedad á la sagrada Biblia
en lo que cuenta acerca de la cronología, echaron mano de ciertos
monumentos egipcios, caldeos, indios y chinos, así como también
de cierto^ zodiacos maravillosos que habían sido descubiertos en al'
gunos templos antiguos de Egipto. Ahora ya han cesado los ataques
por esta parte; la cronología comunmente recibida entre los católa
cós salió triunfante de todos estos argumentos t cuya fuerza fué b ie n
pronto disipada como el humo, apenas se les aplicó la piedra de to­
que de la verdadera critica.
en óré&f ú iá antigüedad de/ Hbmbrt. 66 7
.Laplace 1^demostró que la& observaciones astronómicas de los
eiidebs;acr subían ochocientos años más arriba de la'era cristiana,
jr^qqe otro tanto sucede á las de tos egipcios. El mismo astrónomo
húb ver que las practicadas por los indios son más recientes toda­
vía y posteriores al mismo Ptolomeo. Nada digamos de1las dúnás;
Dttambre juzga que los habitantes del Celeste Imperio fueronins-
tmidos por tos indios primeramente en la doctrina astronómica, y
despees* más tarde, por los mahometanos. Fuera de que nada nos
queda ya de dichas observaciones, porque perecieron «ántes de la
«a deCrístQ. y así poco pueden probar en oontra de la cronología
eota&rvy volgarde tos seis ú ocho mil años. Mas aunque todavlase
conservaranj ciertamente adelantaríamos muy poco; porgue, como
observa y demuestra el mismo Délambre, tá ciencia astronómica
nunca salió de la infancia tanto entre los ehinos como entre los tnis-
nttís babilonios y alejandrinos, los cuales no tenían sobre esté ramo
«tuS conocimiento» vulgares, y para llegar á este linaje de conod-
nñetktostan imperfectos no se necesitan los innumerables siglos de
^prehistoria. De toa monumentos egipcios, ya ántes dé Champo-
lliock- constaba por los testimonios de Varron, Celso* y otros escri­
tores gentiles, que su antigüedad no excedía sinó unos dos mil años
á la d c Nnestro Señor Jesucristo; pero despues qiíe este célebre
fraueés ha enseñado al mundo á descifrar los jeroglíficos que en
citen;se encuentran, la cronología común ha recibido una confirma-
cion maravillosa. 1*Yo he demostrado, escribe Champollion Figeac
m una'de sus cartas, publicada por el ckfdémü Wiseírtan, en cuyo
pider. obraba et original A la sazón, que ningún documento egipcio
esTcalmente anterior al año 2.200 ántes de nuestra era. Esta es, fcir
verdad, una antigüedad respetable, pero nada ofrece contrario á la*
tradiciones sagradas, y áun me atrevoá decir que en todos los pun­
tos las confirma. Adoptando, en efecto, la cronología y sucesión
dadas por tos monumentos egipcios es como concuerda admirable­
mente ta historia egipcia con tos libros santos...

' 1 Laplacc, Exporliten dusfsüm t da momü, lili, v cap. i. Véase d discurso sélí-
<W cardenal WiMmsn, donde « aducen Jo* ilnjtrw nombres dt Bentley, Waske*
Uk, H u n o , Cnvier j KbprolH «o favor de cata misma doctrina. 45! á|tlfnO da<tttüs
U jw ci se.expresa en cata forros.; “ 1 ah labias mUctnáxiicas de los ímSm, í w
Ubi* dado una antigüedad lap prodigiosa, se co astrojertro eneJ siglo ,vii de la eia
*ulpr, j poiteriormenle se trasportaron por medio de cálculos á ana ¿poca anterior,p
(KÍapéírth, Memoria/ nlativar al Asia, París, 1824,)
2 V. Orígenes contra Ctüa, lib. i, n. 20.
§68 s G á io ík i^ & y iar tüntfiú ' •'■
'

„ El jefe de la dinastía de loa Diospdlitanos, !a dédrtrdcíaVá, és


el rez ttfftms qm ignorabat fóseph de la Biblia; el éual, siendo de ¡di­
nastía egipcia, no podía conocerá José, ministro dé los reyés usur­
padores, Él filé quiea redujo á esclavitud á los hébreoe, El cautive*
rio duró tanto como la dinastía decimoctava, yb a je el reinado de
Ramsés V, llamado Amenófis, al principio del siglo xv , llbró Moises
á tos hebreos. Esto pasaba durante la adolescencia dé Sesósbns,
quisa sucedió inmediatamente á su padre é hizo Sus conquistasen
A^a, al mismo tiempo que andaban errantes en el desisto Mol§m
y el pueblo de Israel por espado <Ie cuarenta años. Por e9ort&
deben hablar los libros santos de este-gran conquistador. Todos k>s
otros reyes nombrados en la Bibliase encuenfcran-én loe n*ó«urttifi
tos egipcios en el mismo orden de bucetioii , y ¿ tas mismas épócai
pfrc;fri»3« dondeson. p<slocados por lasaantos libros, y áuit añadiré
queJaJJiblia escribe fnejorsus verdaderos nombres que los lrísto^
riadoro* gtiegw» rv K
Otros escritores han pretendido alargar bastante más la antigüé1
dad egipciaca, haciéndola subir hasta 4.000 años antea de Jesucris­
to; pero sus cálculos 110 pasan de meras conjeturas. " La cronolen
gía egipcia, escribe Mariette, ofrece dificultades que hasta el presenJ
te no han sido vencidas;*. A toda data superior á la de Psamétieo I
(.665 ántes de Jesucristo) es imposible asignarle otra cosa que apro*
ximaciones, las cuales se van haciendo más inciertas á medida que
se ,sube «n ta série de los tiempos... La duda se aumenta cuanto
más nos apartamos de nuestra era en términos que» considerados
todos los sistemas ideados hasta el dia de hoy sobre esta materia,
podemos hallar una diferencia de dos mil años sobre el tiempo en
que comenzó la monarquía egipcia „ \ Otros afirman que ya han
fisgado por 6n á disipar sus dudas acerca de la referida cronología,
pero han coogrmado con sus cálculos la cronologia común. ‘'Conjbt-
nandú todo In que basta el presente ha sido descubierto, escribe
á estepropósito Riancey, ya sea en las autoridades históricas que
nos han quedado, ya en el estudio de los monumentos, se puedé
asegurar que los testimonios un poco dignos de fe no hacen subir
los anales humanos de Egipto más arriba de tres mil años sobré is

t Puede vene esta p o t* íntegra en el discurso uowvo cardenal WtMOa ^>


905-906 de l u Vindictas Jt Jo. BUflía. ,La opinion m«s fundada et ¿Jtte el
coatemporánco de Moírea fné Raowés l l . Xótse sobre esto á Vi^ourcra*. £ • Bü^e ft
Its dicemvtria madimtsl tomo nf pág. 230 y siguieotes.
3 Mariette^ iíotitz dn rntutruMotij, etc-, Al&modrie. *864.
en órdtti á ¿o^anitgitsdád.alei' hdmóre. 669
era cristiana n 1 Y luégo, en la nota, aSade lo siguiente: “ iEsta es
la opinionde M.Urugsch,^ bien, confórme á un cálculo de Hero-
dpto, la hace retroceder hasta el año 3400- Confiesa, sin embargo,
qu$Diodpro presenta una data mucho másreciente. Esfcaes también
la opinión del ajU^jo M. Mariette, quien coloca hacia el año 2500 la
c^íistrucckm 4 e la gran pirámide bajo Chu-Fu (Cheops), de la
c.o^ta.nionarqtiía- A 1
San Agustín ha tratado también esta cuestión de la antigüedad
pjppda,, concordando con k» cálculos comunes de la cronología
vulgar. * Quid autora sapientiae, escribe en eilib..xvw , cap. ¡xxxvb
Di Cklitate &á\ esae potuit in yfégyptnsy ante -qoasn ds Evs, quám
mortuaro taraquam deam magnazn oolendarapotaverunt, litteras
íraderet? Isis porro Tnachi filia fuisse proditur, qüi prímus reinare
coípit argivifl, quando Abiahae jam nepotes rcperiuntur exorti. n Y
levantando la vcw contra la audaáade ciertos hombres que atribuían
Á la monarquía egipcia nada ménos que cícn mil anos de antigüe-
dad. coratenaa el capitulo xi. del mismo libro con estas palabras:
“ Frustra igitur vanissima praesumptione garrmnt quídam <Ecente&i
ex quo rationem $iderum comprehendit /Egyptus ampiáis quam
cqotum annorum raillia numeran. ¿En quibus eniro libris istum nu*~
BttcnKn collegerunt qui non multum ante annorum dúo mülia litteras
maestra linde didkerunt? Non enim parvos auctor est in historia
Varro, qui hoc prodidit „
En esto de multiplicarlos siglos, no han andado escasos cierta-
«tentelos pueblos de la antigüedad; la casta sacerdotal de Egipto
daba á sus reyes quince mil aios d©existencia, y pretendía probar
¿ los Atenienses, contra toda la voluntad de estos ilustrados erada-
danos, que Aténas era una colonia {f^pda fundada por Ion habitan­
tes de Sais 8.000 años ántes de la era cristiana: los indiosmuhipli-
caban los años hasta el infinito, dividiendo la cronología en cuatro
«dades, cada una de las cuales, excepto la últimav que es la históri­
ca, comprendía muchos mües de siglos: los chinos hacían otro tan­
to, recurriendo á sus fingidos cálculos de matemáticas.
Pero harto benigno se mostrará con todos estos pueblos quien
conceda á su civilización una edad de tres mil años anteriores al es­
tablecimiento del Cristianismo. Ya hemos visto cuál es el parecer de
los sabios en esta parte. Los papiros de Egipto concuerdan con
Hjineton, Kerodoto, DiodorO y Eratósteoes en poner á MéneS i la

1 Riaoeejr, HitM r* drt m<m4c, tomo í. Jir, i. dw p, viu¡ pár. ir, p íy. 411.
$7° . <- .«£U Caiati&sm&ji\¿a. <~so
c^beea <de todas las listas de los rey ea egipdos*.y hedata do Ménes
puede.ser fijada coa.razón hácia el aña 28a© ánteside Jesucristo. En
l^ In d ia rá a teg d d ^ ^ ^ A & a , última de tas cuatro edades enqtíe
dividen sus moradores d tiempo total del mondo; no queda nada de
eierUte ni áun par* la existencia del mismos mundo; ¿cuánto -méaos
dd hombre? Esta edad esi bien cierta que. no va 3.ood añoemás
allá de la era cristáan&J César Cantú todavía pasar más nadelantey
afirma que uios hechos averiguadas de~la India no comienzan '&f$
báoia el año iodo de la era vulgar* La historia de la' Ctrifíft ftb
la comenzó Confudosinó por Yao> el cual vivia háda d sííkf ^ ^
antes de Jesucristo; y iodo lió demasque añaden k># lctradoí de
aqtteUa&.nadones «aun tejido de íabuksió una mésela mfórnbede4w-
cImm verdadorosy fiantásticosv incapaces de ser desandados Toe uñas
de iftS otroa^ Y ¿un la.mismanarración de Confocioi es muy íftsegt^
piPíqtte®o se escribid srnó unos cinco siglos y medio 'Aítós
de JeaftcristQ^ ya tapsbien porque dos siglos antes de nuestra, bra
pereció totalmente ea la 1devastación general decretada contra todo
libro chino por un emperador de aqudtanacion enemigo'de lasJe*-
tras. Posteriormente fué restablecida por un viejo que- dicen. «Jnlá
sabía de memoria; pero ¿quién puede aseguramos de -su fidelidad ?
Añaden tqs chinos que.jWLepempla£ de esta narrados compurata pctf
Confudo se salvó de.la ¡ruina, mriversai en unsepnlcro, y que pár él
se vió^o fiel .iqtte había índola memoria del referido viejo. Pero, ¿n#
tenemos razón para sospechar que ésto no es sdnó una nueva f¡íbü~
la .chin^ ideada para dar autoridad ¿ un libro cuya autenticidad,efa
completa mente nula ?
Por lo que toca á loa eodiacos de Denderah y de Bsne, deseu*
bierfcoa. por ¡k>®franceses cuando hideron su expedidon a Egipto^
petardoque con eUos redbieron los enemigos de la revdadon foé
venaderamente solemne. Los tales zodiacos presentaban las cotí®-*-
tdodones -mismas de hoydia, pero distribuidas ea diferente órden,
Cott cito-ya.tuvieron: tas.enemigos d ela Iglesia con que hacerle^
gnen», dioiendo queaqueLestado del cielo á que correspondían fas
grabados debsai datan lo. ménos de unos siete mil arios antes de Jé-
sucqstov y áun üuputs llegó ¿sostener que eran más dé veinte mil
anos anteriores á la era 'cristiana. Pero habiendo sido llevado á P á -
riftttl planisferio?circular-del zodiaco de Denderah, Biot escribió^
*>• i'--' **1• v '‘;.r -1 '
1 C¿s»r Cantó, Jiht. uuii-., tomo i¿, «peca2, *T c*j>. si, pag. 141, tradocclon d*
X). Nenwaio Kenmndei QwmtfejJtfadtúL,, l&S^. .
en ¿rd&kw/as antigutcüiddéi hombre. 671
ükwoffjara probar! que no excedía su antigüedad más desetectefttes
año» ¿nuestra -era, porqué «l estado del cielo en é\ representada era
dque correspondiaá las estrellas solamentesiete siglos ántes de
jflsucristo; y opinó ademas que d tal zodiaco había sido hecho des-
pues .de la era cristianai, Con esto se dieron á sospechar los sabios
que:Ufe era lo que se había creído; copiáronse las ínscripcioneá grie*
gas grabídas sobre loa dos templos dichos, Champollion recibió d
ínoargo de descifrar las que estaban expresadas en jeroglíficos, y
entonces .se vi<Vqi)9 tes: templos de Denderah y de Esne habían sido-
obstruidos bajo ia dominación romana; que el pórtico dd uno de
qjjps^gtafr*. consagrado á la sahtd de Tiberio, y que d nrismo pía-
tueferio ¿levaba el título .de auioefator^■
sombre ¡atribuido A Nerón1»
;i Gomo, ptie&, han visto? Jos'enemigos de la religión cristiana qué1
ppr.^atíi.parte de ljos monunttentos’ histáricos rio podían absoluta-
rajante «Onseguir su intento de derrocarla, convenciéndola de falsea
dW y reentira» han, trasladado la guerra a otro terreno, dándose
<Mn*nd¡©c áJa&iouestigádones geológicas y paleontológicas; y ahora*.
aiW4ek»s<tíe «usro»vos descubrimientos, gritan con má$ ardor qtafe
tainea. dÍGiendo, que la causa del Cristianismo ha pasado yA por 'fot
á bOBft juzgada jeon gran derrota de ésteT porque la antigüedad re-
fWfismia dd g¿nero humano es más clara que la misma lux del día.
I ^V ¡enqué argumentos fundan tan. fabulosa antigüedad ? ¿qué
descubrimientos tan maravillosos son esos adonde apelan para re-
valtferse así contra ía Iglesia? Mirada tíen Ja cosa, los argumentos
QJVquc se apoyan no pasan de mecas-topótesis, ^que, á nri estar Sun
inventores Henos de incredulidad y deseosos ponía mayor pftrte de
Qttft.HQl Dios personal de loscristianoascauna simple invendóni-hú-
íHaflftr tendrían muy poco valoivLostaieB deacobrimientoB feréfie*
ffftá ciertos restos humanos, considerados por estos escritores.
cqibo muy antiguos, ya por la forma particular que ofrecen, ya por
lím e n o s en que han sido hallados, y que á su parecer no han
podido formarse sinó con la acción lenta de interminables siglos; 1
- Soa iaaumerables los hechos que aducen para probar su aserto*
y fps haríamos verdaderamente interminables si los hubiéramos de
Ominar uno por uno. Gradas que esto op es necesario para-po-
caitos formar en la presente materia un juicio exácto y razonado;,-
porque todos ellos presentan ciertos earactiéres generales, y así pue*
den ser reducidos á ciertas clases determinadas sin hablar de las co-

I Vcosc á kiaocty, H itteirt da monde, L t,


672 Catoíicisináy ¿¿ cienciaJ‘
sas más en particular. Por otra parte, «I-género deescribo que he­
mos emprendido ño «os permite trotar detalladamente de tofos
y cada uno de estos.hechos, porque tal empresa nos harta pasar los
estrechos limites de esta obra. Así, pues, siguiendo en esto d
método que nos propone el P. Haté en el último de sus artículos
relativos á la prehistoria rT y dejando los pormenores para los que
escriben detenidamente sobre este asunto, nos haremos cargo sota*
mente ,ée los hechos principales en que más confian nuestros adver­
sarios» y que están comprendidos en los argumentos siguientes!
Tr° El yacimiento de algunos restos del hombre ó dé su industria
en depósitos cuaternarios ó en ios deltas de ciertos ríos. (Argumen­
tos geológicos. )
2.0 Las estaciones prehistóricas en que aparecen los restos de la
industria humana en todas las clases de suevolucion, tales como las
cavernas osíferas, los monumentos megaUticos, los kjokkcmmodiB'
gos, los palafito®, los turbales, etc. {.Argumentos arqueológicos.)
3 ° La coexistencia del hombre con cíalas espedeá, consideradas
por estos autores como extinguidas en remotísimas edades. ( Arga-
?nentos paleontológicos.)
4.0 La craneologfa comparada, ó sea el estudio comparativo de
los cráneos, correspondientes a las supuestas edades prehistóricas.
{Argumentos/mtrc^ológieos. )
Aot^i de dar principio á la refutación de estos argumentos, bue­
no será ^raer aquí unas palabras del ilustrado abate Hamard, en que
aparece al descubierto la nulidad de todos ellos, tanto que no ha
tenido reparo en afirmar et sabio naturalista que la Arqueología pre-
histórica no ha hecho hasta el presente sinó andar en un continuo
tanteo, edificando y destruyendo sin hallar nada estable. Es verdad
que los santones de la prehistoria han levantado el grito hasta el
cielo al verle razonar de esta suerte, porque les ponía el dedo ver­
daderamente en la llaga; pero, en lugar de razones para refutarle,
no han proferido sinó injurias atroces; que no podían sacar otra
clase de argumentos contra quien tan poderosamente patentizaba la
nulidad de sus discursos. El ilustre oratoriano, sin embargo, no se
ha intimidado con este proceder indigno de sus adversarios; y des­
preciando asi sus ofensas como sus gratuitas afirmaciones, ha con­

1 Habí, L tt rentUáit dti rtchtrchei pr¿hiiíaritfvcs a mfr'rs les tratattx du congrí


tí t*sUfís nmtttíts. ( CoadturioD, ñ a.) ( Publicado en tos Étndu rtUfttpsu, eü oí
da.fiwtanbre 4 e (£76,)
en órdfttfiú fa antigutéad\de¿'ÜQmbre. 6.73
testado conmíevos aígiimentoa que ponen en evidencia la- verdad
de su tésis. Dice, pues, en dprólogo de suprecioBa obra, redente-
raeotc publicada: <rttiípies <£ArekéüÍ9gu, etc.: “ La arqueo­
logía prehistórica dista mucho de ser una ciencia positiva con
principios dertos, datosprecisos y consecuencias indiscutibles. Todo
está en ella .por hacer. De ella se puede decir que destruye hoy lo
que ayer edificó. Aun sus teorías más fundamentales y más umver­
salmente recibidas, se hallan en oposidon con los hechos. Citemos
algunos ejemplos. Hace muy pocos años .era casi un dogma en
arqueología el que las tres edades de la piedra» d d bronce y del
hjaro se habían sucedido con regnlamUd-en. todos los hogares, y
esto sin que la una usurpase nada á la otra. Mas h¿ aquí que unk
multitud de descubrmMontos rodeateattoatha; mostrado objetos de
estas tres categorías ¡fntiraamdtoasodarios, y perteneciendo por lo
tDismoá ima.tdama época. Hay-más tedavia: su sucesiónt cuando
existe, ha sida á veces producida en un sentido ,inverso al que aca­
bamos do indicar» Así sucede que en d supuesto lugar de la antigua
Troya M, Schlíeman ha descubierto reden temenie v encima de las
rumas de la antigua dudad, ruinas por extremo ricas ^nínátruteett-
tos de piedra y de bronce, pero enteramente destituidas de hierro,
oirás capas en que1no se descubre metal alguno, sinó ántes bien
aparecen claras señales de la barbarie más extrema, Este descubri­
miento tiene para nosotros un doble interés, pues nos muestra por
una parte las edades;de la piedra y d d bronceTcoexistiendo en Tro­
ya al tiempo de serátiad a esta.ciudad ^ y perpetra revela haber
ewstido roa» Urde una 4iueva. edad de-la -piedra., desnuda; de todo
ipetai y pOBterior a la de los noetalea, al revéa absolutamente ^del
puesto órdea «ornun y- universal.
» Dé la misma manera, ayer se convenía en que las dos edades de
la. piedra tallada, y pulimentada se hallaban por todas partes perfec­
tamente distintas, y que un inmenso vacío, caracterizado porfA
¿«aparición dd hombre de nuestras regiones, llenaba el intervalo
existente en medio de entrambas. La presencia dd naammutfr.dd
reno y otras especies llamadas cuaternarias, la ausencia total de
ammales domésticos, y en órden á lá industria el uso exdudtoo de
los instrumentos generalmente silíceos de piedrá tollada r tales erato,
al decir de los arqueólogos, los caractéres de la primera de estas
edades. La segunda estaba señalada por la desaparición de las
especies cuaternarias y el reemplazo de las mismas con nuestros
animales domésticos, por d uso de instrumentos de -piedra pulí-
^P74 '' MI Cató/icisHtiry la üefuito *
tnentsfda. 'p ó t ía aparieiondel arte dd alfarda, por la'construe-
donde los dólmenes y de loa otros monumentos megalítkós. For
desgracia, hechos recientes han venido á desmentir estás concep­
ciones teóricas. El reno ha parecido asociado d los instrumentos
dé piedra pulimentada; el caballo existía en Solutré, es ded*, en
plena edad de piedra tallada; el camero, el puerco y otrds anitíiaks
domésticos han atdo descubiertos por M« Dupont en las eaveríiasde
Bélgfc», juntos don Iceañónale* cuaternarios, y perteneciendo á su
misma edad; una docena de estaciones han suministrado reliquias
de una cerámica primitiva, juntamente con restos de especies- cua­
ternarias ó con instrumentos de piedra tallada. Semejantes hechos
todavía: jk>Son muy numerosos, es verdad; pero «líos solos bastan
para hacer másque improbable la existencia de las dos edades de
'^iedira deddidaAitatt'disbnta^ ysobre todo la existencia de unin-
Sérvale bién mateado que separe estas dos edades una de otra.
„ Sinbs ftiera permitido entrar en los pormenores de la teoría,
llamar, por ejemplo, la atención del lector háda las subdivisiones in­
troducidas por M. MortiUet en la edad de la p ie d ra tallada, todavía
hallaríamos contradicciones más notables. Se ha llevado el espíritu
dd «stema hasta querer que en la época en cuestión haya sido su­
cesivamente labrado el pedernal de cuatro modos ó tipos diferentes,
representados por Jais estaciones prehistóricas de Saint-Acheul, de
Mustkár»' dé 'Sohitré y efe la Magdalena. £1 favor con que ha sido
acogida ésta hipótesis nú iguala sinó á su inverosimilitud* Sin ein-
bargOj los hechos se han encargado de contradecirla, y reciente­
mente un arqueólogo distinguido, M. d’Acy, le hadado el golpe de
gracia, demostrando que áun en el valle del Soma, donde M. Mor-
tflkt hatna concebido sus ideas , los hechos no estaban ^n manera
alguna conform o con la teoría.
„ Más temerarias todavía son las aserciones de la arqueología
prehistórica, y más numerosas sus contradicciones, cuando, no con­
tenta con su cronología relativa, pretende establecer la edad absfc*
tata de los objetos que le sirven de base. Un americano» Dowlo-,
apoyándose en el tiempo necesario para la formadon dd ddta dd
Misaaaipí, atribuyó 57.OOO años de existencia á un eaqudeto que
había sido en él descubierto, Abbot emprendió de n u e v o estos cálca­
los en nombré del -gobierno de lós Estados Unidos, y después (Jc
minuciosas observaciones practicadas durante varios años, oondüjtó
que no se habían pasado sinó 4.000 años desde que d ddta va
avanzando dentro dd golfo; Existen en Sniza ciertos depósitos flO'
en í *<&* <£ #n¿¿güfy¿^jü¿ hpmt>re. ^ 75
viales, 4juq, para for^narse. habían debido emplear, según se é e ^ .u n
jftaa número de miles deaños: enellos han sido descubiertas mo-
que llevaban impresa te efigie de Emperadores ropunos» JFi-
n>(Uníiatet en Francia de la misma manera creábanse siglos sin,cuen-
•*<>papa explicar Ja formación de los terrenos diluviales del Soma:
^ g e ó lo g o inglés, Andrews, ha hallado que estos depósitos, han
j4e3?i<kvpQkel contrario, formarse en algunas hpras, y esto porque
loa espacios vacíos considerables que se hallaban en el banco de
^ftsicájo habían debido estar ocupados poco ántes por l^s masas de
hielo -que.desaparecieron con Ja nueva températoinL.;
>. ■„Guando una ciencia se contradice de.«esto modo en los puntos
masiésendales, k> mejor es no hacer .ningún, ea$o de sus principios
itifela apreciación dé los hechos pertenecientes ¿ su dominio. Sola-
-menfieasí, prescindiendo porcompleto de las ideas uya recibidas y
renunciando-á ellas, al ménos pfoviaioiialmente, podrán los sabios
,«Hacer que alcance algún progreso la arqueología, prehistórica y sa­
car conclusiones legítimas de los hechos „ 1.
Aquí tenemos la arqueología tal y*como se halla en el astado
ifansente de los conocimientos humanos. Es un comienzo de den-
<áa, pero no una cienda propiamente dicha; porque nada hay.en
ella cierto inconcuso* ni áun sus. mismos principios fundamentales
tiqüierá* 3 Qué pueden, pues, va^er .sus argumentos contra la cro-
aeJogia vulgar, fundada racionalmente en el modo de hablar que
toene la Escritura al mencionar los patriarcas, del pueblo hebreo;
-modo que nasotro3 debsmos interpretar en.laforma hasta aquí
-prelada, miéntras con poderosasrazones no se nos fuerce á hacer
-lo contrario? _
‘-'•vFcro .veamos ya uno por uno toa argumentos, de la .prehistoria
arriba propuestos. El primero que viene en la série indicada es et
¿Igumento geológico; y como es primero en este sentido. de venir
-p.4a cabeza de todos los demas, asi lo es también en la fuerza pro­
batoria que .pueda tener para obligarnos á ensanchar algún tanta Ja
cronología comunmente recibida hasta el presente. Es el único qpe
!'S®presenta con algun color y apariencia; aunque, por lo que atañe
sil valor intrínseco, este valor es completamente nulo, como y a
no* lo tiene probado el ilustre naturalista Hamard en Ua palabras
que dejamos transcritas. Las diversas formas de instrumentos artís­
ticos, y la coexistencia del hombre con los diferentes animales cua­

l ~ ILamwtl, Stw fa d'At4Í*4i*gi<,■t+tyutt-jtreptj págr iVi¡*M. Vahs, jSB o, ,



*M¿ Cafo/tcismo y la tUncía,
ternarios, podrán probar*cuando más yque ea cierta localidad dcter-
minada se-wK^edieroa las edades de la piedra bruta jr•pulimentada, del
bronce, del hierro, del mammuth, del oso y delreno, pero no q^e
estos fenómenos hayan tenido tugar en todos los puntos del globo
uniformemente, ni que requieran infinidad de siglos. La Geología*
con la consideración de los estratos y de los vestigios del hombre
dejados en ellos, puede raciocinar con. mayor solidez. Pero e$ el
caso que los terrenos cuaternarios donde aparecen estos vestigios
oo ofrecen nada de regular y cierto que s$> presente á la ,dencia
como sólido fundamento para la construcción de un,cronómetro #e-
guro. El presidente del Congreso de antropología prehistórica cele*
brado en Bruselas el año 1872, JVL d'Qmalius d’Halloy, se expresaba
?nuna de las sesiones acerca del período cuaternario en e^tos tér-
acaaoa;;* La época más problemática, de la Geología es la de esta
glande.-inu&dacioa cuaternaria, que ha cubierto toda la Europa y
ha transportado masas tan considerables de guijarro». „ Y M- Con-
tejean, en sus Elementos de Geologíay de Paleontología, publicados
en 1874, dice también: uLa série de los terrenos cuaternarios es
muy difícil de desembrollarais preciso repetirlo : cuanto más nos
acercamos'á los tiempos* actuales, ménos claro vemos,en el pasado.
La extrema diversidad en los terrenos cuaternarios, su incoheraicia,
su débil espesor, la.auaenciade relaciones directas entre ellos, opo­
nen., grandísimas dificultades á la reconstrucción de la .historia en
este período. „
Focos terrenos de esta clase podrán ser jamás examinados con
tanta diligencia y esmero como el de. Saint-Acheul en Francia;y
sin embargo, después de tantas investigaciones nada se ha podido
sacar en limpio que se. oponga á la cronología común y vulgar Se
feanhallado instrumentos de industria humana ¿ ocho metros de
profundidad en un dilwium gris, cubierto de algunas otras cap», y
en un terreno que ahora se encuentra á la altura de unos 4Q metros
sobre el nivel del mar, y á la de unos 25 sobre el valle del rio Soma:
todo aquel terreno de aluvión ha sido formado por la acción del
agua. Mas. ¿cómo ba tenido lugar esta formación? Esto es Jo.que
no han podido resolver con plena evidencia todavia los geólo­
gos* Hasta doce teorías ae han formulado para la explicación de
este fenómeno: algunas de ellas favorecen á los que pugnan por la
antiquísima edad del .hombre, pero otras también sostienen todo lo
contrario , de suerte que entre tanta multitud de pareceres opuestos,
es imposible saber de .qué tiempo datan aquellos yacimientos 1 y P°r
en orden é' ¿á antigü*dadd&¿ h&móre. 677
consiguiente el hombre cuyos eran los instrumentos de piedra- &1H
encontrados. Otro tanto sucede con el depósito cuaternario de
Móuiin-Qüignon. Enél han sido hallados á la profundidad de cuatro
metros y setenta centímetros, entre el cascajo evidentemente arras­
trado por el agua y cubierto de otras diferentes capas, varios pe­
dernales trabajados por el hombre. Mas cómo se ha formado este
banco de aluvión, y de qué tiempo data, no lo han podido averi­
guar los sabios. Tres diferentes hipótesis «e han ideado para expli­
có este fenómeno, ninguna de ellas cierta, Elias de Beaumont sos­
tenía lá primera , Garrigóu pugnaba por la segunda, y Hebert .por
lá tercera, sin queningtmo de dios lograse tfhmfar de sus adversa­
rios. "Lo mismo sncéde con otros yacimientos^semejantes, donde se
encuentran restos humanos. No se sabe Cómo han sido formados;
porque en tos terrenos cuaternarios todds los elementos andan con­
fundidos, como formados por aluvión, que arranca de una parte
una cosa perteneciente á tal edad, y de otra tas que son propias de
tiempos anteriores y posteriores, y luégo lo confunde todo en uno.
Mucho han discutido tos geólogos sobre el modo en que han sido
formados los valles, por tiónde tienen su curso los ríos, notafldo
qué á lo largo de ellos, cuando son grandes, hay elevadas alturas
de más de treinta metros, bancos de terreno de transporte, cascajos
de los altos, de los bajos y de los medros niveles.
Entre otras hipótesis, ha merecido un favor particular la de los
grandes hielos; et período glacial ha sido en estos últimos años la
Varilla mágica que servia para explicarlo todo, Pero ahora comienza
Va á notarse que la hipótesis en cuestión tiene también sus dificul­
tades, nada inferiores á los mismos fenómenos de que £on día se
pretende dar razón. Hé aquí cófno, á propósito de ella, se expresa
él geólogo Ch. Martms: tfLa multitud de cuestiones que suscita este
problema (del período glacial) distan mucho de hallarse resueltas,
y jamás lo serán por completo... La observación atenta, seguida del
análisis más sagaz, apénas será bastante á desembrollarlas. En pre­
sencia de los progresos que la geografía glacial ha hecho en estos
últimos años, se podría pensar que las causas de la antigua extensión
de tos montes de hielo son ahora ménos conocidas que haa£ ocho
años. No se ha adelantado nada; ni un solo paso ha avanzado la cues»
tion. Léjos de esto, se complica en lugar de simplificarse. Hay lugar
aún para preguntarse uno á si mismo cuál sea el clima más favorable
á la extensión de las montañas de hielo,.. Es fuerza renunciar á la
idea* dé una causa única y general de ía extensión de estos hielos.
67B E l CátóKcüVit) j/ lá tiéncid' ™ ''
¿Qué pensar, qué decir eti presendá <íe éstas coiitradiccíóries? Cilfir-
se y esperar. ÉÍ estudio de tas ciencias dé observaciori és titia ¿tírela'
de paciencia y de reserva„ ¡Oh? Si todos los geólogos observa­
ran con exactitud esta regla dé conducta tmacfa por M. Málrtínsl
no hablarían tanto ni con tan grande seguridad de cosáis que éstátf
muy léj os todavía de la evidencia. ¿Pero cómo esperar esto dé tos1
que sólo buscan medios de hacer la guerra, á lá kelígiori catóíici?
Nó todos, sin embargo, obran de este modo, y los que más trillan
por su saber suelen respetarse á si mismos, no dejándose arrebátáf
de tamañas exageraciones. A éstos ha querido pi^diatíáimáméntfc’
imitar el profesor A.Gaudry, quien en Mayo de rS/Ó escribía restás
notables y elocuentes palabras: “ El desacuerdo que éjdstc ¿ritre
los observadores más concienzudos muestra que eí estudío cíe los
tiempos cuaternarios está én sus'principios; para eátáblederio
sobre bases1'sólidas será preciso reunir todavía muchos mate­
riales,, ®
.
Las bases sólidas dé qué habla él referido profesor las plantea
Quatrefagcs en los siguientes términos, tomándolas del geólogo
Ford, y confesando que "hasta él dia de hoy no se han podido dbte^
ner en la práctica:
' “ t* En rijgor, él fenómeno debe sér continuo y regular, cbsa
que no sé presenta jamás. A lo ménos su acción debe poder ser
tqúfada como dando una medida anual ó secular constante, á'conse­
cuencia de las compensaciones que se producen naturalmente.
n2.* Cuando se toman por cronómetro las capas puestas una
encima de otra, la edad de las que sirven de término de compara­
ción debe ser rigurosamente determinada; la háturaleza de los obje­
tos comparados no debe dejar duda alguna.
„3 * Débese tener certeza de que los objetos hallados en una
capa son propiosauyos realmente; d e que no han sido sacados de
su ásientó por algún nuevo arreglo ó por su propio peso f turba)-
v Con que una solá de estas condicionés haya dejado de
cumplirse, el resultado ha de ser necesariamente falso. Ahora
bien; hasta hoy no se ha podido satisfacer el programa puesto por
ÍSI. Torel* 3.

1 Retittt des deu* Manda, 15 Abril de 1875. ^Citado por «k.P, VaUog«í^?n^
du fuut. kistar., Abril, 1S76.)
2 MetériaHx, H iyo , 1876.
3 Quatrcfages, Vtipie* kim w u, Ub. til, chap. xn, aura, 4.
en órdep fí la an¿igüedc$ddii. fiüfnbre. 679.
Jiato confiesaM. fie Quatrefages, y sin embargo, en el capitulo
siguiente de la misma obra, por fenómenos que no satisfacen á estáte
mjsa)£s leyes» da ya por cosa cierta y averiguada la suma antigüe­
dad del hombre, y hasta su existencia en la época terciaría; lo cúa],
según sus propias teorías, exige una multitud de miles de años.inde­
finida y t^n grande, que no la podrían desear mayor los más rabio­
sos materialistas.. Pero sigamos en nuestro argumento. Si la forma-
cjoi^de los valles por donde corren los grandes ríos hubiera de
explicarse por la acción lenta y uniforme de las crecientes en deter-
nú^adas épocas del año, como pretenden algunos geólogos; cierto
que se necesitarla una interminable multitud de siglos para esté,
efecto. Pero esta doctrina np puede ser admitida en general; hay
valles qu? evidentemente no han podido ser formados por el rio que.
corre por,ellos, puesto que jas aguas del tal rio son desproporcio­
nadas para este efecto, ó tomaron aquella dirección cuando ya esta­
ban formados. Los profundos valles debieron recibir su existencia
en muchos casos de las aguas impetuosas del diluvio, que pudieron
en breye tiempo producir grandes inundacionesj y levantar asi las
riberas ¿ la altura en que ahora se encuentran. Las aguas éñ ¿qüej
cataclismo, dice la Escritura T, iba» y venitm, y en aquel movimien­
to de acceso y retroceso podían formar diferentes depósitos, y co­
locar unas capas sobre otras con los diversos materiales de los ve­
dnos terrenos, Así, bien pueden encontrarse pedernales labrados por
el hombre sobre, una capa de cascajo colocada á ocho metros de
profundidad del suelo» y ¿ veinticinco de elevación sobre tas aguas
del rio, porque éstos cuerpos los había labrado ántes el hombre y
dejado sobre la superficie de la tierra. Ademas, fuera del diluvio han
podido existir turbiones extraordinarios que hayan juntado en 1¿no
con la fuerza de sus aguas los elementos pertenecientes á diversas
formaciones, depositando de esta suerte en aquellos lugares produc­
tos orgánicos de edades muy distantes, y dejando los instrumentos
de la industria humana junto á los restos de otros séres mucho más
antiguost
Ya lo hemos dicho al hablar del diluvio bíblico; con aquella ter­
rible inundación se debió enfriar y humedecer extraordinariamente la
atmósfera, resultando de aquí los hielos y las inundaciones que cons­
tituyen el períodp cuaternario, ó al ménos una cierta renovación
de aquella época tumultuosa. í Quién sabe si entóncea fué cuando se

i Genes., cap, vm, ver. 3.


68o , v- ..JH. CeUóiüismo y -la citfum
formaron todos estos depósitos Cuaternarios, que 'tan distantes quie­
ren poner de nosotros los amantes de la prehistoria?
A catos turbiones de época, muy recientes apelaba no há muchos
aáps.el ilustre geólogo M. Ellas de Beaumont» cuando para explicar
el famoso depósito de Moulin-Quignon se expresaba en cstos tó^
minos “ Yo espero, decía en Jat sc&ion de ifetde •Mayo de 1863; que
□ais apreciables j . sabios cohermanos, M*. Mflhe Edwards y M. di»
Quatreíages, querrán conocer que no falto á la urbanidad manifes­
tando Ib opinión, de -queel terreno de: trasporte explotado1 en lá
cantera de Moulin^Quigfeon nopeutenece al-düsamtm propiamente
dicho. En mi opínioo, elterreno detriticode apariencia cHsmica debe
ser contado entre los que yo he señalado co n la denominado»! de
dt$ósiias weuibief sobrependienteS. :Los.depósitos de esta naturales
zat^oia conteEBiporáiwkis del aluvión turboso* y de la’ misma manera
quc.la •turiii&.jHtedkn encerrar productos de la industria humana y
huesas de hombre. Mas en estos mismos depósitos, especie ázpost-
dUmttOi puesto que están compuestos de cosas removidas y arras­
tradas por los agentes atmosféricos (tempestades, heladas, nieves), se
puede también hallar contenido al mismo tiempo todo cuanto se
encuentra en los pequeños dqpósitos diluviales esparcidos por todas
poFtesen la sapufioie, y pítndpalmente-en los ángulos de las rocas,
sí&bwí'todo diontea.y hvtóíoade elefatttesi dehipopótamos, etc,; tos
cuates se cuentenenel número de las' materias que «l trasporte y lá
acción de1los agentes exteriores destruyen con más dificultad. Los
hombres y los elefantes, cuyos huesos hahrian sido confundidos en
un depósito de esta especie, no deberán ser por necesidad contem­
poráneos, y el diferente estado de conservación de su materia Re-
latinosa bastaría, á ral ver',- para advertir-que pertenecen á épocas
distintas,,f. •:
iFostenormente un geólogoinglés, M r Alfredo Tylor, ha hecho
un estudio profundosobreeste depésito, y sobre todos los otros
que tienen relación-con él en el valle de Soma; y ha dado á luz una
memoria iniituladá; Sebreei cascajo de Atniens> en que prueba con
razones inconcusas la formación reciente y casi histórica de todos
ellos. En d : capitulo relativo art diluvio hemos citado sus palabras,
notándo ademas que á iguales condustones han sido conducidos
Mv fietgrand ensos particulares investigaciones solare el Sena, M. de
Ghfpnbntn de Rosemont en sus notables estudios sobre el Var y d

' 'Mr _
1 •1XOmpfcj rtndus 4 f i'Aaitiémit, fttoion de iS de MAyo 1863.
m órd&tá^ ¿a anliguzdád de¿ kbtnbrt. 681
Ródano^: y.>et profesor Hossi en su luminoso trabajo sobre él Tfbér;
de lo cual consta cuán ajeno de la verdad habia andado LyélPal
dpck que él SoniaLy otros ríos parecidos se habían ido -cavando
pocG:¿ pocolosicauaes por.donde ahoracaminan; p ú e a M » caueüa
ya:estaban aoteríormente abiertos, según lo dctnuestran las cortclu-
Éoneade loó referidos geólogos. El último de ellos, el ilustre Rossi*
ejL un& Memoria pubfíéada y leída el 12 de Agosto de 1871 en la
Acaidetfti&dúlos Nuovi Lyncei, despues de haber observado que es
un hecho .positivo, irrecusable y averiguado la existencia de armas
(te. pedcro&l «a Jos dép<&tos cuaternario* dfl dicho rib, deniuésfcra
que lo?, tales depósitos fueron, at ménos caparte, fotímftdos'áurahte
la cpoc# de La destrucción de Troya , y. at tiempo dé establecerá
Eneas en Italia; y que lasármas dichai pertenecieron á los naturales
del país, conocidos en la his£oriav ó á huí predecesores más cerca—
nog. Para lo cual aduce en priíaer lugar los nombres de ÁlbultU
Serra y RumoHy que daban aquellos moradores á este río pór la
blancura de sús aguas espumantes, debida á los guijarrOsqpe arras­
traba en sus avenidas, y por la. gran fuerza de erosión que
c$9 tenia en su precipitada carrera.
Luégo hace notar que Eneas desembarcó en ta embocadura pri­
mitiva de este rio, cuando todavía andaba formándose el referido
depósito cuaternario.; y por iin habla de las frecuentes y crecidas
inundaciones con que en atquelloá tiempos se desbordaba, al revés
de lo que suele acontecer enYlos actuales, MEn cuanto á las inun­
daciones del valle del 1Xíber, dice.sobre esto último, estamos en
posesión de documentos que aosperrortenafrnrnar’rhabcr s£d^ien;los
tiempos antiguos mucho más numerosas., y tales que llegabámá
niveles, mucho más elevados. No era entónceB rarovtíf llégatelas
aguas á alturas de t8 metros y raás. Desde 1400 hasta la ^época
actual las grandes inundaciones tienen lugar en la proporción de
cinco ú seis por cada siglo. Cuando Roma estaba gobernada por la
república, desde el año SOS hdsta el 551 de su fundación, las grandes
avenidas estaban «n el número de los prodigios.. AhOra bien; aunque
se han perdido muchos documentos, en este corto espacio de tiempo
(veintiséis aftas), hallamos trece inundaciones que pasaron éF nivél
de veinte metros. La diferencia entre -estos números y los de ios
tiempos modernos es tan grande , que revela condjcianek diferentes
en el régimen del rio y en el Clima del -país. En eiaolo año de 565-él
Tíber salió de madre doce veces. Se sabe ademas con cuánta fre­
cuencia han hecho mención los historiadores en este mismo tiempo
68? <> C&ió&cismojk - > tv,
de nevadas extraocdinarias ^uc presentaban*^ :qspespr,, gpw-r
disimo, y en algunas .ocasiones per*ian$d*n intactas,
rcnt* días» En. el- quinto siglo de la fundación d e,Roma el •Xíb^
se heló dos veces- Estos fenómenos tan frecuentes y Laxv enca­
denados no permiten ¡dudar queen. esta, épocala marcha,, ^leJ, rio
era muy disfcintade la. presente, y que correspondía 4 ^ -9 1^ 1
cnuy riguroso y húmedo , e l cual lo hacia rico por extremo qn
a g ^ j JL^i abundancia de éstas, puede haber contribuido al ^st^ido.
arborescente del símelo; peco yo oreo más bien, ver enJtpdo e^t&,
conjunto de cosas una consecuencia natural de hajberse hallado,
esta época muy próxima á aquella en que el río conservaba..sa
naturaleza cuaternaria. El- periodo cuaternario no ha ^c»bado de
un golpe, y el principio del moderno no es sinós^ prolqagacipa
debilitada,,, 4 , ,
Por^n.deapue&de hacer un breve resumen de todai su dqgtrina*
concluye en esta forma: “ ,En: realidad el conjunto de todas estas,
observaciones conduce invenciblemente á laponsecuenda deque;, ql
periodo cuaternario del Tjber, al ménos en su úkier^afase, esta en:
cerrado en los tiempos hiatórieoa. Est^s co$cli|isÍones, esta teorifH
pueden parecer hoy día muy, atrevidas; pero pronto, qui^áun
oaen más. ^detenido y más rigurosode todoalos hechos relativos,^
e^cuestáon, lea dai^í flj earactep de certeja absoluta,, y hará se#n
aetiptaufosi por ,todo-el. mundo *
Señal es manifiesta de la poca distancia que media entre nosotros
y Ja época cuaternaria del norte de Europa, La temperatura por ex­
tremo rigurosa que reinaba en toda esta región en tiempo de Iqs
romanos, y áun en los primeros siglos del Cristianismo. I£1 abate
Hamardha reunido congrajade diligencia en la obra anteriormente
citada los4ociunentos .de los escritores antiguos, que compruebas
el nrigor< extremo que reinaba ¿ la sazón en la temperatura de las
iGftIias., de la Germania y de otras partes de nuestro bemisfeifto
ahora templadas y apacibles. Nosotros «ataremos algunos de ellos
Solamente, ya que su grande multitud nos impide danes a todpf
<cabkla eu -este escrito. Eo el cuarto siglo anterior ¿ la era cristiana
refiere Aristóteles que en la Galia no se criaban asnos por t i excesi­
vo fria de esta región i. Hácia la misma época cuenta Teofrasta
¿que en Grecia no se podia cultivar el olivo á 400 estadios de la

1 Ltt Afondes, número del l l do JtUMO de 1S73,


2. Aristátcle*, D t Gtnerat* i!, • . '
en órd*H'ti'l&art&gH¿d£i¿¿d*¿ lldvibre 68^s
rñáf* jior'la rtiíaína causa *. Fenéatella. cscribiá en tiempo dé Aúgus^
to’ que fa'cultur&^áé está planta no se conoeióert Italia hasta elréi-
nadió'deTafiquíno’el Añtigüo *. Jultó César, Que tenia bien conod^'
do el clima de'lásGaJiás, escribeetl sus Comentarios que k» invíer-
rtós érán eti elUis tnny rigurosos (vm, 4-5); que las mucha.* nieves^
las hacían intransitables en las estaciones frías á los mismos partí1-
CtHarts (vm , 8), razón por la cual no emprendía él sus expediciones
sinú éh el estío {1, $4; m, 9; ty, 20, 22, 36; v, 22; vm, 46); que
d iféno ; Hoy dia retHrádo á las regiones hiperbóreas, habitaba en­
tonces á la látitud -de Francia en la SelVa Herciniá:6 Negra. dtí Alie-
mánía (vi, 26); que por todás* parten eat&bdn'tesGaliascrusad&sfte
lagos, lagunas y pantanos , siendopóí esfcacausa muy diffciletaé-J
ceso á lafe ciudades í w , 3»; v, 52; n ,'■ 5; vb, 19, $7' vm, 7),
Cicerón en pleno Senado pregunta s» se conoce cosa alguna más
rigurosa que esta región 3. Diodoro de Sicilia habla sobre este país
«nía forma siguiente: “ El invierno es allí largo y extremada*
Meñtefrro. En esta éstacion, durante los dias nebulosos, cae mucha
nitveen tugar dé lluvia;- y cuando el cielo está sereno, s£ fcrrttíatfi
másasr dé hielo compacto en términos que los nos se convierto!1
Vefdaderos puentes naturales. No sólo los viajeros aislados , sinu
también los ejércitos enteros con sus carros y bagajes, pasan por
ellos con entera seguridad. La Galia 'está atravesada por ríos gran­
des y numerosos; casi todos ellos se hielan y forman puentes na­
turales „ 4.
Virgilio en sus Geórgicas (iv, 135-136) afirma que á los mismos
pies de ta. ciudad de Taranto, situada en ¿I país más eálkkrde Italia;
él triste invierno rompe ios peñascos cotí el frió y detiene cofr elhié-
fó las Corrientes de los ríos: y en otra parte de la misAi& obHi
(nt; 354*383) nos da una descripción de los fríos, nieves y hielos
hórirendos que reinaban en las riberas dél Danubio, en términos
qüe los vestidos se ponian tiesos y erizada la bai*ba, el vino había
qué partirlo con una hacha, los ciervos quedaban clavados en la
nieve helada y etai cogidos con las manos por los habitantes de
«¿jueRas comarcas que vivían en cuevas debajo de la tierra , sin »6-
cfcakJád de perseguirlos cbn los1perros. Nada de esto s* ve hoy dia
’* . ^ ..
■‘ ■r 1• ,; 1 .

1 Appletoa t Hiitútyvf Rsmi, pág. 191.


2 Soatiudl, The ncm l ortgin o/man, pág. jS2.
3 C icerón, O ral, d t p rw iH tiis eém \iiéríbus\ p ír . i . '
4 Üiodoro de Sicilia, Mtfitr., cap. v/Kbj *$.' " ‘
684 " E l C&iolicismvy'ía citncia
en aquellas regibiies; ün1frío de esta especie sólo se ñotá, en ’laá re­
jo n es hiperbóreas. * ' f ‘ ’ ' J ’
Estrábohtuenta que el Var, upoco considerable en el estio^, t)cii1-
pabaén el invierno'una extensión de siete estadios; 1 que et Róda­
no * descendía de los Alpeá con tanta fuerza' qúe su impetuosa c^or-
rtente- se hacia setitir dentro del lago Leman, en un espació de
varios estadios. „ a. Horacio nos pmta el Tiber llenando' de terror á
Roma cón^óus furiosas avenidas, cubierto el Soracte cíe niéve:, jr
saapeádido con los hielos el cursó dé le5 ríos 3.
Ovidio describe los fríos horribles que asolaban en su tiempo las
llanuras inferiores del Danubio, situadas á la latitud deímediodía de
Francia. uLa priinavera, dicé, jamás áe corona dé flores; los sega­
dores1jamás se quitan sus vestidos; el Ótoño jamás produce uvas ni
frutáslUn viento frío reírla todo el año; los hielos dél invierno dan
al suelo la dureza y blancura del mármol; hiélase la nieve y reiste
ai sol y á 1a£ llüvias. Los vientos del Norte la condensan y la hacen
eterna; antes de fundirse la primera nevada viene ótira, y con fre­
cuencia se ve nieve de dos años, lil miscúó Danubio con toda la an­
chura de sus aguas, se hiela y endurece én términos que entra sin
ser visto en el Ponto Euxino, etc. B 4.

C G tn b o ú , jSSí/ ,, ub. IV, cap, i , pár. 3.


: a í9.Vi^. W . tr. !:
ff t o n c ió , ttb, 1, O ít I .* f 9; lib . i v , o d .
4 ..O vid io, D t Pinto, lib . t, e lc^ . 2 , j y 8 ; lib . n , e le g , a ; Ufe. in , elfcg. T y 8;
lib. 111, elep. fO y 12 ; lib . v , clc^ . 2. I(c a q u í unos < a * M o * v a u M Ü e J a d e ­
á is 10 del lib . m d e Lut T rifitt: , 1.•

1 ^ icpa «uaiiprmoti, gWdcyei al í ti i í, - . h i •• •' •


F e niyet Ip^ncto oniyjkU t a r t a $clu. L
" 1 CiUqoe coiufamft fiirtaaih ieiVi¿i|3a nWae '
_ j . i. : ; Vio*; n t i i i < l a w . fcuar* biben;.
iju íd I ik| u? t - uí vin^a c o n cm en n t r r l ( « t ñ v l ,
*■ ' • ■ 'D tq w lu i ií e ftlu litiiiiu r« q W l
Jp*e¡-jiapyfiffiq quí non « n csrtipr n p rn *
AfiftCvtur v 4íl ú m ulta j w o r t i fre to ,
1 (illm lH * ü fte tt diirkútibm, Wter
• Coogslftl t «l (|K|ii ib. WMfcro ■orprl .tqum.
<JU4()ue rAtc 4 ¡«nint f pcJ.il)na m tiic ituri a tu m li»
Fitgurt coa£r«tw tupida pufoat b )uL
Perqué ooVoa pvirtu, iitbfar lAlkcntíbiMuiutli,
Diicnnl Sonnadct tm jliw a ptumfr.n boiru.
V it ei]uid«m Cí«d(lf; «til ¿u n tínt pniamx* fat*i
Nuil a , ratam JtHrl IMtí* ht»1>ete Mera.
Vidimui ingntain glacis cantinera ponnan ,
j .1 1 L u b ricw (u a i m P M i M t a i V f v l w i m i H .
Mee v td im MtSk! duruir calcarimua «Mfoor,
Lladjume n-oo udo »ub- D«Jc tinnn>ú fuh.
en ordenad ¿q anligüedu4 ,de( /wmóre. 685
Pimío dice que el deseo del vino fué el que empujó a loa galos á
echarse sobre Italia (xu); que la ballena, hoy día retirada á los infe­
res polares, frecuentaba en su tiempo los golfos fie Gascuña.y de
Lion (ix, 6); que la Galia era notablemente húmeda (xyiH, 8); que
en su costa raqidional había numerosos estanques ( ui t tx), etc., etc.
, Este estado de fría humedad, que persistió cu Francia y en ptros
países del.Norte durante varios siglos.de la era cristiana,. comp Jo
prueban los numerosos testimonios aquí citados, y .otros varios que
trae Hamard en la obra antes nombrada dan;biqi á entender que
la época glacial con todos sus hielos,, nieves» aguaceros y aluvión
cjiatefnario no sehalla tan distante de nosotroscomo se}*an confi-
placido en pintárnosla los amantes de la prehistoria para dar,iUgua
colorido á su favorita teoría del hoqnbre mono, sinó que, por el
contrario, tuvo lugar en Los dos ó tres mil años que se siguieron al
diluvio bíblico. 1
Por donde de ninguna manera puedo aprobar la idea emitida por
M. jean d’Esticnne en la Reiwc dt>s qwstims scientifiques, encjnú-
raero de julio de 1-881, donde concede con Credner á la époqa, gla­
cial y cuaternaria una duración de muchos miles de Años» y afirpaa
que el hombre existia quizás ya al principio de esta edad inmensa ,*■
¿Qué hicieron los hombres durante tan enorme número de siglos,
que ninguna memoria se ha conservado de la tal existencia? Todas
las artes que existen en el mundo son de moderna invención, en
términos que no hay una sola cuya data se esconda, en las tinieblas
de la antigüedad. Lo mismo sucede con el origen' de los imperios,
de las leyes y dé la civilízactonde ios pueblos: En tiempo de Ovidio
todavía se ignoraba que estuviese habitada la zona tórrida; dé la és-
feriddad de la tierra nada se sabia entónoes con certeza; la existen­
cia de los antípodas ha permanecido oculta hasta Colon. Deberáse,
pues, afirmar que nuestros antepasados, durante todo ese numero­
so período de tiempo, llevaron vida de verdaderas bestias, sin con­
ciencia de sí mismos, sin aptitud para progresar en las ciencias ni
en las artes, es decir, como se los fingen los partidarios del hom­
bre-mono. Este argumento de la reciente data de todo lo humano
es de tanto peso, que no pudo ménps de hacer grandísima fuerza

I Hamard , Éimdts crUques, «le. StifpU*i£ni au gíremtm/ dn mtani Del. cap, u,


P&. vi, pág-. 223 Y ftig*i¿ates.
3 Véanselas páginas 151, 15a 7 153 de la citada Revista, en el número que aca-
Iubkb denombrar.
x \ .v. El£at&Uci$n¥&\y cünc$&< w
al ioor^dida liucreoio*, quien por esta causa esccihiólQsvecspS'ai*-
guientes: -- ■
,■ ’ r>,t- .r • <r ->!
' ;. íraetértáv *1'n uil*fultgen ibdi*orfgO - .l
■ , n < ;,- Ten-jti^ ei coéUscinjMiiqHií fucrfr, . ;. ;t - >
* , ■
' . Qur inpr» bcljani. lhcbaaum ct íuncrs Truiac ^ ,r
Non aliftá ftlii quoqiie.r«a cecinere poctae ?
Qab tot facU virum totíes wcidere? nec usquatn
- 1’t ' AerenÜiftínaé ibobuméntij IncíJta florent? - -l
' 'Verttm1, tttt^ óoiYltabet oovtut«nsumtóa-íeceneqirt-'f,‘' ■ * ' 11
íU m ia estmmtdli aeqw p rid ein « w d ln « p it.^ .'/ i.,
Quare «t¡*m nur»c quacdam ait^s <wpoJluniur^, ;i
Nunc ct¡»m augrscuntj nunc «tldim M »ipU snñl
Multa; modo orgaoid mélico* pep*rere sonores *, ' 1
1 1' - . 1j ^C-: i.
1 Que los cantos erráticos esparcidos por Jas inmensas' Uamirasdel
norte de Europa en una qxtensioa >k»ménos de 4Q.QQQ‘’tnüÍas cua­
dradas hayan llegado al lugar que ahora ocupan ea la-inaneia ex­
puesta por Crcdner conforme á la teoría de loa, grandes Ventis­
queros, es una mera hipótesis y nada oiás* Por ella no hay razón
ninguna para rechazar como improbable la iíigenioaa idea del abate
Gainet, que atribuye á. la acción inmediata del diluvio; la dispersión
de los referidos cantos; que las agua& del diluvio también pudieron
-depositar fango en algunas psurbesf y. restos de roca» y cantos errá-
1ticos, Antes el tai modo de/dispeision defendido, p o r,Gainet nos
¡parece mucho ntiá* aceptable que el de Qredner, porque no tenemos
por admisible la época glacial caracterizada con las ■proporciones
enormes que le atribuyen sus defensores. Ya en otro capitulo hemos
impugnado con el F. Haté esta pretendida época, que no es sinó
un puro sueño, entendida como la proponen los secuaces de la pre­
historia, <••. , 1: ■
♦ ; La^ola.existencia de los cantosjerráticos en algún higa* no es
reson sufLcíejate pura que por ella hayamos de admitir «1 paso de los
hielos por aquella región. XJice muy bien Hamardá e s t e propósito:
“ Ltórocas pulimentadas, estriadas, rizadas, lasaigrM&u y Jos cantas
rodados, cuando concurren en un‘mismo lugar, son. motivos sufi-
ídentes para, pensar que aUt harhabido un ventisquero; pero tomados
•aisladamente»■constituyen una probabilidad y nada más. Sin duda
ta&.hidos en movimícnto pule» dos guijarros , surcan y cincelan la
fooaisubyacentevjacumulaa sobre sus flancos y en su b a s e detritos
heterogéneos con que están formadas las morenas ó canchales,

i Lucrecio, i ? r « a * « r # r < r , !& . ^iferSi 3*3 ,


en órden d ¿a aHÍ¿g4wdüd.vt¿¿f hombre. 687
EraaspOTteHyñnalOTe!nte, á veces i grandes distancias, fragmentos
de rocas que han recibido en las cimas de las montañas; pero jü es
permitido hablar así, clips no tienen el monopolio de estos diversos
fenómenos. £1 agua en el estado líquido, sobre todo cuando se halla
cargada de arena, puede también pulir y producir estrías. A veces
también estas estrías pueden ser debidas á la desaparición de lo»
delgados filetes de carbonato de cal que estaban como embutidos
primitivamente en la roca. M, Ebray lo ha comprobado con respec­
to á los guijarros que habia él mismo tomado por glaciales en un
principio. El agua acarrea igualmente y acumula materiales que
pueden presentar el aspecto de las morenas; como, su fuerza de
transporte crece con la velocidad y en una proporción prodigiosa,
puedeen el eatado torrencial arrastrar enormes cantos, que se con-
fondirán deaputs can los transportados porlos hielos, y esto con
tanta, mayor facilidad, cuanto que la corriente no habrá tenido lugar
paca.desmoronarles los ángulos „ '■
' Con lo que'acabamos de observar sobre la data reciente de la
época ¿tiaternaqa-se abre el paso para la solucion de una dificultad
que contra la cronología común suele moverse púr los defensoras
dd hortjbre terciario. Claro está que ei hombre terciario, con tas
montañas inmensas dé siglos que cargan sobre sus espaldas los se-
Cüaces de la prehistoria, es un pura fantasma creado por la fecunda
imaginación deFlos. q&e >en todas partes quieren hallar rastros del
hombreémonos,
Pero>ieiftendido de tal i9uert0 4]u¿'txnLe3tas palabras no se signifi­
que sinó la'brevedemora; defgénerohumáiLO sobre el terreno ter­
ciario en los tiemposairteriores.al diluvio f léjor>de-presentar incon­
veniente alguno, encierra, por el contrario, una doctrina sumamente
probable, Si toda la época cuaternaria, ó ¿ lo ménos gran parte de
ella-bonrbus inmensos aluviones y avenidas* ha sido una consecuen­
cia natural del estado atmosférico producido con la extraordinaria
y sobrenatural inundación del diluvio, claro está que los antediluvia­
nos debieron de vivir sobre el terreno terciario. En este supuesto
nada tiene de extraño el que alguna vez sc: encuentren restos del
hombre sobre este mismo terreno, sin que por eso hayaate» de
admitir é! fantástico hombre terciario imaginado por el abate Bour-
g«oÍG,' y defendido con tanto calor por loe andantes de la prehásto-
■ ... ■,<

1 Mununl, /. cit. t p4g, 245-246. Véase sobre este uudiq un importante artículo
del P , Hate publicado ec lea Étudti de 1*79, p*p. «1 y siguientes. ~
688
riíi. Los .antediluvianos .tambiro entefTarian sus. ;óidáveres!i como
nosotros,-y viviendo sobre el terreno terciario daró e3tá.que«us se­
pulturas se habían de ¡atentar en él aigun tanto. . . n > - *■
P©res»,auttque supusiéramos coatra toda probabilidad -ser vfcr—
daderas obras de industria los pedruacosha Hados por el -ábate Bourv
geois en el terreno terciario de Thenay, oa/dase seguiría ao contra
de-la cronología vulgar* porque el mencionado terreno ha sido for­
mad# eM 4*aoan«o«ki1a» aguas, pdr oonfeskmdelmieÉoo Bóur-
geofe* y ésta^’han podido dejaren el fondo del banco acarreadoJo
que habían tomado de la superficie ‘ .Ciertamente, Mr, Daily, el
más incrédulo de- los antropólogos, como te-llama Moigno Yuo lia
dudado en escribir á propósito del hallazgo del abate Bourgeois:
a Parece queí en Inglaterra se1ve en? los pedernales tallados ana ten-
deóciatal.papbmoi h Y gqb ratón; porque la edadfabulosaquese-
fula» al hombre ^terciario ios secuaces. de la prehistoria es absoluta*-
mente increiblevpor donde, si alguna vez se llegara á probar que;
en efecto, el hombre ha vivido en el terreno terciario* lo cual no se
ha demostrado todavía, en lugar de envejecer al, hombre-, habría
que remozar al sobredicho terreno. Y esto es lp que ha. hecho sa-
pientteimamente M. Chabas, aJ hablar de ciertos hallazgos que pre­
tenden haber obtenido algunos.ea hMrterrenos terciariosTescribien­
do , las (Siguiente» líneas; Si,; «sito»1descubrimientos merecieran
coofiaMat B ^ > pre# ^ lhatfer subir La edad del hombre hasta la
época miocena; habría sido contemporáneo del dinotheno, el
más antiguo entre los, colonos del reino aaimal; habría asistido á
grandes fenómenos geológicos, tales como el levantamiento de los
Alpe». Nosotros sacaríamos de aquí la.consecuencia de que laépo-
ca miocena es^mucho ménos antigua' de lo que generalmente seet’ee;
pe*?otoda vía 4W hay motivos suficientes para que se puéd» esta­
blecer qu#stioa^éria sobre este terreno; es preciso esperar averigua*
cipqes ntásjcjgp^ , más científicamente practicadas» sobre ta t&l
coexistejwia-■ *h
Peco volvamos á Los: aluviones cuaternario» causados por las
grafides cra^kias de ios ciosy que es donde la cuestión ofrece mayor
dificultad, l+as observaciones del Sr. Rossi, de que hemos hecho

-j '•'.[} 1 •_ * i . • 1'
( Véase aobrt esta materia el abate M oigno Ltt Spltndtnrs dt lafoi^ t. ti, pág; 73J
y ^ u teritis; y Cli&bti, Étu&s tur t amñ$üii¿ kitioriqut, jn¡^, 560 y sigttitDtex.
% Moi^no, /, cit.^ pág. 746.
3 Chibas , L tí/., pig. 566. ■
en orden,«í M ániigüédad det ítótoi&re. 6$t>
mención másarriba, juntamente con la délos otros autoras citados,
y-con lasquetodavía sepudieras-aducir, arrojan una vívísimá ktt1
para conocer lo acaecido* en otros •río» semejantes', á qtíe suelen ¡
apelar los partíd&rios^le la prehistoria ,Enprimer lugar^ en losde-
póskos del Nilo, qpe recubren el pedestal de \k estatua de Rarasés II,
han creído hallar om. argumento suficiente para concluir que «I hoto^
bre ya debe llevarv cuando ménos, 12.000 años de existencia sobre
el «alie del mencionado tío. Porque, dice Homer, habiendo sido
erigida en Mentó» U’ estatua de Ramsésfl, según Lcfpsin. hácia el
año.de 1360 ántesde. Jiesacristav y. halMndoée ahotfar $tí ^téd&tal
hundido en la «pena, tres metros y a^g^c^>cei^Ea^os'li:t^wikfliqúer‘
el alzamiento secular del vatiedel Nfloesdqiiiiicve centímetros nada
más. Por donde, babiendosido hallados en dicho valle á más de
doce metros de proftuadidad cieftos fra^naenté?: de una vasija de
arcilla y algunos ladrillos todavla rnás abajo, es claro que esta va­
sija y estos Ladrillos fueron cubiertos por d iángo de dicho iría en
una edad distante de la nuestra lo roénos 12.000 anas/
Lo que hay de claro en este argumento es que ¿stibá&adO'Cn
varías suposiciones gratuitas y áun ialsas. Supone primeWffientt el
Sr. Horner que las inundaciones del Nilo han sido siempre Uítifóf-'
mea, y que en los tiempos pasados han dejado en el valle la misma
cantidad aluvial, ]» más m jnénosy que deja en los. tiempos presen­
tes, y esto es completamente falso; porque las avenidas dé los ríos
no tienen, nada de regular, y por otra paite en los tiempos antiguos,
cuando los terrenos no estaban tanta vados como ahora, y en todo
el período cuaternario, la materia acarreada^por dicíbo rift tío pudo
tnéuas de ser incomparablemente mayor qíie Ja>deü6s tiem po
actuales. Según la relación de.Heredóte, él Nilo; en la«i nueve Sí-*
glos que acababan entonces de pasar, babfa levantado eí terreno
unos tres ó cuatro metros 1 Supone ademas que el río siempre ha
abandonado sus depósitos en todo el valle sin mezclarse •en esta
operación ia industria del hombre, y esto también es enteramente
erróneo; porque loa egipciósen las crecidas pequeña» lo badán
subir por medio de canales y de diques, según cuenta Estraboíi*
tanto como las mis grande» avenidas, y asi depositaba en é!
valle cada año mucho más fango del que hubiera dejado sin la di­
rección é industria del hombre. Supone en tercer lugar que las
inundaciones llegaron siempre hasta donde estaba la estatua de

* Titirodoto y lib. 11. cap. x, Traducción d« Lorcher.


690 Vi.E¿ Qaipluiswo, ^
Ramaés II, y eato no pudo ser, porque Jos qgippios irppedjao que
las inundaciones penetrasen en los lugares habitados,. como Ja
ciudkd de Menfis, donde estabala referjkja estatua; razón por la
cual no deben repartirse los tres metros de ai^na que cubren, el
mencionado pedestal entre los 3.247 años transcurridos desde su
erección, sitió entre los 140.0 que han pasadlo desde que filé des­
truida esta dudad, á los 500 años de la era cristiana. Estp $e3aU
un aumento regular roás del doble del que s,e había imaginado
Homer. Aún más: 600 años bastan para este .aumenta, porque ja
misma cantidad de arena recubre el pedestal de la estatua,de Rfw-
sés II erigida en Méhahenny, y sin embargo, ,este pedestal estaba
descubierto hace 600 anos '. Supone, finalmente, que los frigmen-
tos sobredichos fueron depositados por el hombre enjel |ug?r donde
han sido hallados cuando la superficie del suelo no. llagaba sfnó á
aíjfueHaaltura, y esto es enteramente gratuito, porquelqa tales
fragmentos sé han podido ir hundiéndoen la tierra fangosa p<?r.£u
propio peso, y han podido también, ser allí enterrados por di. raismo
Nilo con la fuerza de su corriente. Dice muy bien»^ ,este propósito
Fergusson: De lo dicho se ínfie^c cuán felaes deben sef.asf las
conclusiones sacadas de las excavaciones que se, practican, en, los
estratos de los deltas,, como los cálculos fundados en Jos depósi­
tos locales. Yo mi$nao he visto lo® ladrillos que. Carenaban loa, 9-
mientos de una casa edificada por mí sér arrebatados por fe cor­
riente y esparcidos á lo largo del fondo del rio, á una profundidad
de 30 ó 40 piés debajo de la superficie del terreno. Posteriormente
ei rio se ha retirado de alli; ahora existe un n¡ucvo pueblo ep d
lugar donde estaba mi casita, cuarenta piés en aíto sobre sus nfinas,
y todo <?1 que rquier^ cavar en dicho sitio podrá encontrar en- bi&
reliquias^ y formar la teoría que seleantoje sobre U antígüedad-de
lasmismas „ a, 4
El Nilo no, guarda mja uniformidad tan constante en d modo de
sus. crecidas que no podamos sospechar razonablemente alguna myy
extraordinaria de siglo en sjglo,¡y capaz ^dc producir afectos sejne-
janteSral presenciado por Ferg^ssoiL Aún en nuestros díassejpue*'
tra a veces arpenazadoir, y en Octubre de 1863 tomó proporciones
verdaderamente desastrosa^. . ,
.. Considerado por una parte lo que de Egipto nos han dejado, *¥r

oAtuífe*»!»» 7*0 * • fcU"


en orderi d ¿k aHtigüédáJt de/ fcomére. 691
üftó'il^áfttigübá; y por otra lo poderoso que ¿s aún hoy día el
Ñito'énd VafFe qac Atraviesa su cólmente, bien podemos asegurar
qiffel bomicnzo del déltía no sube más arriba de 5 a 6.000 años.
Eútídnpo de Hotmeró, la* dnica ciudad notable era Tebas. Herodo-
to-¿tíéatá,!como ya tenido dicho, que en 90o años subió él nivel
deitriteribentí valle del Ni Ib dé siete á ocho codos, que vienen á
ter linos ttesf ó cuatro metros. La lengua de tierra donde ATejan-
drtv edificó á Alejandría, ño existía en tiempo ,del cantor de Troya.
Lá'tñidatd dé Rosetaque fué fundada hace mil anos á orillas del
ttiár; distaahora deél ochó Wlómetrqt En veintícinco años ÍLa re­
cibido "lirlk'prolongados dé dos kilómetros eí cabo de esta misma
citóbtd. •■' 1 '•
El mrtolo Fa^gUssdn, cúyaápalabras trabamos poco há, resume
'enIds sigttiittiteátérininos las obsérvadonés que acerca del Ganges
ftlío él mfeiriodurahte sulafga permanencia en las Indias: uLargos
estudios, dice, hechos sobre estos tugares, me Fian convencido de
qiié todo el ddtá y la forma actual dél vallé de! Gangessofide pij-
gtti muy deciente, y todas estas transflor madónés han debido ha­
cerse cóft mücha rapidez. Tres mil años antes de Jesucristo, ehani-
co ptmto' hábitkble dé la llanura de Bengala era la parte que se
Ortfeníde entre él Stítledge y Jurtine; hacia 1¿ época del nadmientó
de Cristo ncr hn&iera sido posible todavía edificar ciudades sino en
las colinas mtfídibnales y al pfé dét HuÜáláyá; hásta mil años des-
l>a€¿Jcfe*Jesucristo no e&tuva bastante seiéa la: ItaJiiírá recada por el
Gtogiei para que se pacliese edíficárállt, á ktéfüiíá nótáblé distancia
'áe láscoHhas, una ciudad como Gour; el áeltíá'jM^Unáfenté dicho
sé hlíó habitable hasta él sJ^ío 'xrv , y ¿n ¿1 sígto paááiíó áe íffi¿-
itMi tbttás todávíapafa poder aprovechar mucho’terrenó que ¿rites
«ftabahéetió un cenagal lleno de juncos; „
Los amantes de la prehistoria opondrán sin duda i la reciente
formación de «stedelta la del MissiSsipf, que al docto* Dowler le
fiatredó antiqulsima/ttada ménos que de j7.oo7'años; "En eTmoderiio
delta de este río cét'éajdfcNtxeva Grleans, haciendo unásexcavado-
ne^ ha fcido háfladouñ esqtteleto humano á diezysds piés de pfív-
fcttfdfcíaJd^debajo de lastro bosques sepultados eii’tíérfa y puestos
uno encima de otro» según cuentan los pArtidáfíote ée fe ááeifa' es-
njela,Para la formadon de cádátono d^ésfcóB boguéis' éátfge Vogt
L4.000 anos, por lo que el hombre allí enterrado debe pertenecer á
una edad antiquísima. Sin embarga; la oórifigwadon de sthCfaneo
*»*aidfiefct*qf*e pertenecerá Ha rkza Americana todavÍaréxistírflte de
692 Caiolíclsfáoy ¿d'cíeliciá^’ ‘' s
los natcheg, lo cual no ha debido intiuir poco en ¿1 áttifno dfc' Lyéfl
para que se mostrase receloso y no viese en éste hech¿' eóitfirtñádá
la tésis de los prehistóricos. .1 ¡lv '
Y cierto que no le faltaban razones para* éfló; pórqut '*»: bosu
sabida que éste formidable río en sus áveáidá& arrastftt ’úrtóifités-«ti-
t^ros de árboles, Tos cuales natumlraeiite han' de ir i depositarte
e^laembocaduradel mar, donde suelen formatee losdeltas. Etiél
.Mjssisqipí desembocan sus aguas otros ríos dé mtichá cotisídetátíón,
y éstos también llevan consigo en tiempo de grandes1 crecidas ár­
boles infinitos en número; po£ donde cort sólí¿ cua^'ínúndádórtifes
extraordinarias que queramos suponer eti dMississíipi, tend/ertiós
más que suficiente para que este río haya ámbntonadben sfcr'embá-
cadura durante brevísimo tiempo los cuatro bos^ües fjue seiiilagv
aan nuestros adversarios, juntando en uno toít Abóles íéTáncá'dos
por sus aguas y los acarreados por siis afluentes én varióte áflbs á
sus orillas r ‘ 1
Hé aquí en qué vienen á parar los cálculos fundados sobre ía puta
imaginación de nuestros modernos sabios. Ya hemos :vistó rfras
arriba, citando las palabntódcl abate tíamárd, cótfto Ábbof, cbmi-
sion^do por el .gobierno cíe los Estados Ünidos para éitudiár dícho
jio ,;de todas sus largas y dülgéntés investigaciones cdisduyÓ que
no han pasado sintí unos'cuatro mif anos déspufes qü^ eí deíta va
entrando en el golfo. M. de Quatrefa^és todavía'ávaiisía má¿: ápo-
yad o. en las tradidones de los amerícarióá, sacadas poír éVábátc
. Braseeur de los libros sagrados de tosquiches ó coíiálétvzdis por
Heckeweider, y comparadas con los Tiéchos cié 1¿ historia mejicana,
^pqtiepe que los.pieles rojas no llegaron al Mfeskjüpí sinó entre los
ix d e la era cratáaria, vtníerido despucs mástarde a ¡este
.^ i^ o Ju gar lastTÍbfus algónqñihas é iroquesas, las cuales atravesa­
ron el valle del mencionado río, echarbñ de allfkr pueblo tuyos
:^ n ^ 3 ^ (^onu^intós fóman ^oy áta el estddio de Im síBíós, y
,avanzar^ basta }a .costa, y íun mucho más hada éíStid, sin tener
¡jtjue combatir con nadie porque la región estaba desierta y éllos
ug r ^ s ^ r " l‘‘ • ■" J • ,Ji
Si los depósitos de algún no nos pueden servir dé verdaderbero-
flfSroet^p.jpara medir, el tiempo que han debido pasar tos hótdbrcs
sobre la tierra» estos son ciertamente los'estudiados:por él ingenie­
ro Kerviler en los aluviones de la ensenada de Penhoüet, en la des-
. -arri?, x. j - \¡,t j . i.. . ., „ t>tlv .

1 D e Q u tr e fá g e s , L'ttpeté humóme, cap. x\Tfí, oáni. 5, püfc. " *J


en ér^finx.(i la, antigüedad de¿ Jiombrc. 693
' ’ '■
-‘ ' ■' , \. 1 ,■
1 'f -
a b o ca d M>ra,del Loira. Por dos métodos diferentes llevados con
suma pcactitud ha.ljegado á unas mismas conclu&óneS, hallattdbén
los aluviones dichos la edad reciente de loé hombres que loé
tiempos pasados lian visitado las riberas ¿el mencionado rio E ld e -
pósito-íapgosa del, valle dé Penhóüet, al revés de. lo¡que suele su-
tefier en los aluviones de otros ríos, presenta uña serié de capas hó-
riiontale^ .colocadas unas sobre otras. En una de estas capas, áitaá
uAjg? cuatro metros debajo de las bajas mareas actuales, hallo eíic)-
Udq ipgí^niero^ una gran multitud dé objetos pertenecientes á la
cfj^d de bronce, cómo son ciertas armas de esté métál, cuerhos de
ciervo trabajados, piedras de fondeaderos, vkjÜla de barro hüéáos
de buey, caballo, ciervo, carnero, etc. líacténdó nueva^ éxbaWciO-
aes halló á una hacha de piedra pulírriehlí&da cón su mango mfe-
jjfip; ¿ 4m,S0 una espada pequeña de bronce; á 5ra otra hacha de
piedra pulimentada, encajada como !á precedente en una vaina de
cuerno de ciervo con mango de madera; ¡á 6* un manubríb de
cuerno de ciervo par^a sostener el hacha y manejarla sin necesidad
deí mango. i ,.J
Felizmente, para determinar el tiempo qué había érúpléad&eTrio
?n la deposición de todas estas capas, halló varios objetóá de 1á é&ad
galo-romana en una capa situada 2m, 50 encima de la otra qué diji*
nr^os pertenecer á la edad de bronce, y entre ellos una medalla de
Tétrico* quien tomó la púrpura en Burdeos el año 268 y volunta­
riamente se entregó al emperador Aurcliano el aftó 275. “ La capa
galo-romana, escribe, el ilustré ingeniero, se hallaba por consiguien­
te datada, y se podia cohcíuir de ella qtléá mediados délsi£tdinde
nuestra era .el fondo de la bahia de Penhoilét estaba sítuadoid’tóé-
AQS un metro más abajo que las bajas mareas aétiialeiS, Cohiífcártdo
ademas que Jos seis metros de fango que existen encima de la capa
galo-romana han empleado 16I00 años en foYrtaars^‘Esto dá -por
cada siglo una ^apa de aluvión de 0“ , 37 de espeso^. „ l':
Cpn esta ya tuvo los datos suficientes para demostrar coh Támás
severa lógica qyeja sobredicha capa de la edad dé broñée databa
del siglo v anterior á nuestra era, y la pequeña espada déi ^ í ’no
emperrando, por consiguiente, la edad de bronce en Saint-Níiiáúre
ñusque 2.500 años. '/ ! . V - ■ ír^
, , “ Mas ¿qué probabilidad próxima a la certeza— pftiágü^ 'éi iüis-

1 Kervilw, Le ckrontmitrr kisioriqtu dt Sewt-Nas/tirt, publicado en la Jievtu dti


f*trti4>ns ttimti/igtttt, Jwjrier iS8i, 29.
6 ,9 4 r v -dencieí ;<• iv¿
tno autor— ro; se.'podria oktenar si jaer llegaseral misma >resultado
por un método absolutamente divereo > Una üdxz ¿asüfllida^ vímo1ar
principios d d a&o 1877 á {troporóosanne estatcpnfirmadaciu Re^r-
riendú ufi d ja d p^rbetr&de ia oaiueis en compañía:cfeeunarqueó'
logo muy conocido, M. duChatelittyüamóme br atenciodel^tópec-
to del ótete vcrti¿ai del terreció fangoso, xjue, ehlügaf desechso
y homogéneo, presentaba señales evidentesde estratificacione^ra-
guUresy muy unida» entre ;sL Losestratoa leraú hórizonfcaiesv y 'jta*
redan tener O1?,003: de espesor.*;^ •-1’ 5¡
„U a estudio atento rae permitió 'Kconqoér que «ada estrato •'■ se'
compone de tres hojas ó 'elementos» qnesesReéden siempreen’ d*
mismo árden: arena, arcilla, restos vegetales. Las capas deareaa
soi» Jas que ;vaiian rnisenespesor. iLa&pequeQaa capasde1vegeta-*
les compuestas de hojas, y sobre todo de restos herbáceos, indican
el depósito íUMai del.otoAo y. forman 4a superficie aisladora.'En él
intervato'h. arepa y te arcilla se separan por la densidad.' Asirel «A-
pesor del:C0ajuntO; de esta».tres capas, que varia (en 'tas1prófiindi^
dades de 6 i 7 metros) entre o>,ooi y o *,005 (salvo los casOseX'
traordinarios de depósitos arenosos) ^representa undepósito' Jamoal
y regular , y el conjunto de Jao grupos de tres cap as varía de o ", 33
á -0^,37. Se pucde, por/cooisiguíente, sin temor de equivocarse^ se-
ñalarunespesor secular medio de «nos: o ? ,35 á los aluviones que
lian Jlcnado i * Ensenada de1Fenhomet y decir con seguridad:
„l.° Que en el siglo, vi antes de hüéstraera estaban en uso tod*-
vía?en la embocadura dd Loira las hachas de piedra bruñida enea**
jactasen el hueco de un cuerno de ciervo * y puestas entm mango
de madera.
„ 2:° Que la introducción del bronce e n .esta región data dd
siglo vu, esto es „ de hacia los tiempos de la fundación de Roma.
: >3.® , Que mil años ántes de nnestra era se usaban hachas de
ptedraputimentada mucho más primitivas que las precedentes.
flDebo añadir que se hapodádo proseguir la observación exacta
de la estratificación,- abriendo al> eáecto un pozo de 30 metros de
espesar total, es decir T hasta unos cuarenta siglos antes de nues^-
tra era.- ■ . . 1
„ Tomando en cuenta la compresión inferior que doria un espe­
sor- secular medio de o«,t33 por siglo, se ha llegado á fijar en un
máximum de seis mil años ántes de nuestra erü el principio de los
aluviones modernos del Loira, y por consiguiente, del periodo
geológico actual. Este límite de data se aproxima mucho á Ja su-
en orckKñ'te&táipudad’dtIhenibrE. Ó9&:
putadba bíblica tradicional, álasciíras de Jdancthon y almínimo
indicado IpcteiM^jtaroilinv estudiándo los aluviones-xlel Saona* ¡v -<•'
(<¿u6 tnunío éste pana la cronología camuny vulgar! Los Tpre~.
hutónoos liajr branaado.tle rabia contratoa razonamientos de Mon~
sieur Kehvüer*-Uenandode injurias á su autor; pero estos raeona- 1
mi«atos;hah quedado victoriosos í sin tener quíenlospueda debili­
tarni á st lo m a s mínimo. 1
Al argumentó de los deltas añade la nueva escuela otrosftmdados.
en tas habitaciones lacustres» bautizadas- con- el nombre de pala­
fitos, cu los conos de deyección de lo»torrentes, en toa depósitos
de tttrha f en Jas estalagmitas y estalactitas tte la» cavernas y enotras
cosaa. semejantes; las cuales;, ¿ sur parecer, lian debido etnpiear un
tiempo inmenso en su ionnacion lenta: y. sucesiva. Peto todos ellos
son de ledísimo peso. -
. Las; habitaciones lacustres'Son: pequeñas casas edificadas sobre
estacas, que be hallan clavadas enel fondo de los lagos. Varias de
estar habitaciones fueron iialladas en Suiza y en otras partes, jun­
tamente con algunos instrumentos de piedra; Jo^cnat ha bástado
a nuestroa sapientísimos arqueólogos para fabricar err evrCaftttóts un
mando de infinita duradon.\Las habitaciones lacustres, sin embar­
go ¡p o r sí .mismas nada dicen con relación á la antigüedad del
hombre: tí«rodoto * habla de un püeblo conatruido de este modo
en la Trada,,sobre el lago Pras¡asv y todavía estaban en uso el
sigla pasado en Sniia,. según Kdler 3. Por eso faan recurrido á cal-
cular el tiempo que se biaben' debido ¡pasar para, qu^ se fuesen reti­
fiado de ellas kos lago* á Ja distancis en qne hoy se- ^encuentran;
pero nada han podido todavía averiguar: todo se ha redttettoá
íberas, conjeturas, como lo había predicho yai Rütfcneyer, profesor
de Basiiea¿ en Suiza V r • ■■
■ 1
'La¡ suputación hecha sobre el cono de deyección de) Tmiére en
el lago-de Ginebra» es la que ha podado hacerse con más funda­
mento. El Tiniére ca un riachuelo que entra en el lago sobrecücho|
y que ha formado en una de sus riberas, con sus aluviones: toneo-
ciales, un cono de varías materias amontonadas confusamente.,£a^
cono ha debido ser cortado para la construcción de una vía férrea;
debajo de tres diferentes -piaos, á una profundidad de í^rpiés, se

4 K c r v l lc r , i w . c fY ., JÍ* J 3 T , ; , l(_
2 Herod, líb. v, cap. vi.
3 Moíyno, I j t spinJmri dt ¡* fvt, tomo ii , pá£. 863.
'4 Dir Fohttm, etc., pag\ * 3 9 -
696 r . , £l^€at>áiici$?n& y Ja
han haliadoLvasij&r rquy bastast carbon y aigiusosriiiiéws!ck ani­
males fracturados. ■ Moiiot f calculó que/la deposiciorl -de: todo$ edtos
objetos en aquel lugar debe datar^tuacodor roéños¡d&hace 4¡ete<mil
años¿iPero'Rütiaieyer la cree de data más retiente, fundándose ea
que los animales cuyos huesos han sido^alh; depositados cunada
difiereivde las actuales. -Vogt tiene por tnuy diidosoelprmdpioide
donde parte;' Mosrlot pora sus cálculos r ásaber: el, primero de
loñ faGB! pisos dichos sé remonte'ihastael tiempo de lqstromanos,
con'lo caal quedacn tl ab-e el-valor de todojél argu mo nto. Ade­
mas, laregularidad en la formaCKmdelosdepósitos no es posible
£n u í torrente1‘formado, por laslluvias, nievfca y deshieiofivDíial es
el. Tiniere. Un; torrente de asta naturalesa puiedeen un solodiajacar-
war más tóatfcriaJes qúe tut rio tegularenmuobos agios*
Por e&o Qwrtrdages ha acudido.á losdepómitmfor maídos-por el
Rlídabo-«tn iql lago.¡Lemanf adonde entra ¡muy turbio cii las creci­
das t-saltendio después con aguas muy clarificadas. Pero ajqilftam-
poco se ha podido obtener uo Cronómetro - seguro. Forel^por una
parte y Arceliíi por otra han procurado hacer este cálculo.r.pero
sus resultados han salido muy contradictorios)’ •
Otros han apelado á las materias diluviales' halladas cu las cayer-
<pas.j doode ht«ijaparecido hu&o&jó utensitios bunianos . enterrados
rj^ntament^, cap. h*i£#oa de;aninn&ks¿/cuyas;especies se haHan.actual-
rq^nte «x&Egsidas, y ,qubiertfia fcontma gruesa capa deestalagañtas.t
PK&^ydfom acioncreenque ha sido ’Recesaría una mukitudinnLi-
merable <,iesiglos. Sobre todo la caverna de Keatv eni Inglaterra, lia
metido un ruido incalculable, deduciendo de ella loAí amantes de la
prehistoria que el hombre .ya vivía en aquella ¡ala hace aÓ4.QOOiaños.
Sin embargo, la poca .consistencia del argumento basado en Asta
oiase .ide kígaMS, es reconocida por los1 buenos geólogos. ^ Los
d e rl^ excawaeiones ejecutadas <n Jas;cavernas,M¿ice
rBwny: ' f no^tienen ganestelmoRte/ el jvalor demostrativo .dfe *asob-
Serv?iCÍJWes «£pgídasea¡k>a aluyioacs esfcratificados.LaauseQciade
reladonesgeotó€^c^(okrtasefi«l mayor numero de estas cavidades,
¡enútre osífar^ y losquelehan precedido óaeguido on la
£U*^o0¡4^1o*-|3etgpo0( laedificultadesque surgen cuando se 'trata
de^eterriw&r laa copdiáofj^.en qttc fueron abandonados aMlaque-
ü^s jpbjetosi Jal^osMidfld {k.jque hayan sido después removidos
quc.eato fádl’de averiguar* son la causa del desfavorjéoque
irJ >i ¡ ;.'¡J • >•':.} 0> ■ ',1 i-
'■:f1.'¿ JMtítiikjUtÍMtícfiyfitJhuKmj*j :pág, : i>: -> 1 '• • ^‘ ' ’'
en órd**táJti antigv-edad dsí'ítomóre. 697
se fcallaniiace ya mucho ticnopo las investigaciones vde las. grutas y
éel poco: er^éditoquci todavía prestanalginio&iianiralistas á los^des-
auMmienté^feivellarpraelKsdo»;*!• ••¡•j/i v: >..! r- ■■<
Tódi&a- loA naturalistas sabcnj que las lapasdcrestalagmitaLB- se
deben ¿ la acciprixlel agxífl^ que secarga de ácido cárbónico ai pasar
por. ^ carbonató do caL Donde; pues, abunden estos fctes'clemen-
tas;cs elárojqtie al ftetcar del aguacen las bóvfcdafr dé las gtfutafc se
ha.de-seguirnalw’almen teJa fonuacioa de estalagmitas poderosas
bá. el suelo •.que la recibe: Gnttas hay aí:tualnleat;e en el mundo
donde i por esfca<razón Thc forman con rapidez tbatanpilios» grandes
depósitos die -terbonalo de eaL La1oaveraSa, de Keotv en >ei ¡estado
prceéntév taidx iruickQ en fbrftarle;poif carecer 'de la abundancia
que en otrosjtiorapQspoaeia¡Vya3Ír h0S;defensores dfc la grandean-
tigtied*ddc± hombrese han prevalido dél argúmfcntp sofistico que
eBte -hecho les presenta ;' logrando hacer mido eti prasenda de la
cnultitud ignorante. Mas es cosa manifiesta que pus cáltíülos'so»ab-
solutfufrenté tMilo^ conio fundados en unai suftóísicii^tf tKierafli^nte
gratuita. iy> aun contraria la realidad de k>s hechó& Suportólos
tales que en los tie*npos interiores al nuestro ta( foCTnAgkul dfi¡“las
«talagtwita»- procedía allí ¡contamisma lerrtitüdqUé al'pFesente,
hx&ndola m ¡sitia ■ posición del terreno está. clamafidd tbdo lortiGn-
triario.'£n‘ efecto ett-laagUialkfad faiteé i bosque que en losttempos
pas^iásrexatia'sobce te caverna diohavy>por lo mismo no se puede
forraar^ áaido ^caffbánico !coa j atfaelU.1Abimdamria de entónc es,
debidar.a lal inaefflntó pütrafeK3cio*dí£4ií& .*nutt!tio&Jvegetales quóalll
sé- Qdaban. .Retult£»r pt»r>coi*siguKÍnte<r-^ u e ^ ^ u ^ d d .sweKy>:Südes-
¿enderájla. retea!, *«o va.<y» cargada >de rábido Vtc^rb&ftte©v"y ffclflcfcae
de íIb bóveda ain descom p¡o<ier>¡elcarbonato de-scíd. -v>:_w-un>
i Hn ^ i ti^mpos ttíitigiios abundaban «1 ¿ddi*'>iifriibóttce> !y el
¿guaiji'parque ambas <tósas eran en grande-cantidad surftmlstradas
por¿l frondoso; monte qué. ge extendíasob^e la’Otíevá , y por tánto
se predneiah rla» estaJagmitas conla GQréttra'rapidefctó'rtqtáfe-hoy
¿a producem .eti' otras‘ partes. Luego Ía1^maro!enfc& ihívasre3del
tiempo que aoUtóoeaite nn ^iacturiida^ par&i&f&ftttBtóión
capa bfGTlistante^en la>3obtediahá^iaav¿rnáviel ’^uetitfeií^tttWür-
im tíb láffaHwtanmáif TOt*can»eflte:>ciÍTF»eí>saá''paf^^i^fíWltítíGÍrarr<iel
4 usmojcfeoto> El oiism^Tadocipio'^dáiriité'aplkíar^ofra agüita
Buakfuñckv^Para prabanáos'algtr^l^si-gi&óbigbs^ktfbre^estaP^sftwia,
deben demostrarnos primero que las circunstancias locales en la
formación de las estalagnoitas^han sido-aseopre \las.i«nisma3.l Si; bien
se. advierte*/ ento<U»su^racÍQtinK>$ siempre partea re! principio
gratuitamente- establecido y mmea pfobado^^ de que: tos agentes i
naturaJca han obrado en todos lovtierapos.y lugres $c lamiaba
m an tra ycea la misma intensidad^Gomoesta «»- absolutamente
necesaria para gu cienciay no lo pueden probar, por eso siempre lio
suponen i.'óui lo. quedebieran hacer es convencerse de que ia Geo í
logia, ven e sto d e servir de cronómetro fais0 EÍea4 'la «vokntioni
d«t ^cnero hamano, tarde ó annoa padcásalir coii Bu; intento '
serle imposible partir ido unprincipio] estable y den tíficamente de-
IRQBtrado. ■
■■ ^ i. , / v nk .•’ >
No ey de nt^yor consideración e¿ argunueota «qtie>opaneu>íeeur-
riendo á cierta clase dé objetos que se encuentran en los turbales,
algunas veces, á- diea laetroade profundidad..nueva> escueta.afiri-
macon laucha $olemuid*d que depósitos.dc esta esflede roqpietx* .
par* s^fo^m^^nr.iim^hQs aiiies de! anos; , pero fanda^ todog aos
cálcul®p «n ei <a¡rc> porque nadie sabe todavíade fijo aótao sei pro­
duce la turba, y consta, por,. otra paite que «ft: á&uDoa Jugaren be
ha formado en muy poco tiempo. Enruna laguna de ¿Escoda fué i
hallada una marmita romana en un turbal, á ocho1piés do profundé i
dad. £o ia3 lagunas de Hatfctld y en otras, parte» se encuentran las
caUadaa romanascubiertas con doe metrosdeturba; hastahacfcns
romanas,ae han bailado, debajo de esta materia cenagosa clavadas
eaUMáijboies*,!^ Groninga recogie*», una medalk del emperador
Gordiano bajo un turbal de treinta piés de espesor. ;Asi os que LyaU
no, duda en afirmar eo sus Princtpws de Gtologiaquzüidas las ¿n-
mas y utensilios hallados en /<*j turbales dt Fraftcúty de la Gran
Brtiaña scfir ámanos. Yaoade; “Hemos averiguado que la deatcuc*
don de un bosque porunatempesUd á mediados del siglo xru dió
origen é un turbal en Locbbroon, en el Kóss^sbire^ y que ips habk-
taatea exilian de a¿ll la^turb* cuando todavía no había tranacuendo
medio ¿¿glo deapuea qve fijé decribado el hosque.*
Por parto, la turba 1 veces se halla en un catado Üquido, y
permite ¿ los objetos pesados llegar hasta el fondo; otras se ¿otid*-
ficay registe áun i las piedras, conservándolas en la superfids-
Nada, por^oíwigviente, se puede sacar en claro para ia cronología'
con la sola consideradon de los objetos hallados en el f o n d o dé los
turbales. Unaclasede &toa, sia embargo* llamada por lo s geólogos
sJtmamvstr, ó turbal de loa bosques de Dinamarca, podría ofteee** 1
alguna dificultad. Consisten estos turbales en unas pequeñas exca­
vaciones de unos diez metros de profundidad, con un depósito de
en órdéU^ia 'ántyrtiédaé ds¿ koTHóre. 699 >
turba:«a £l fondo;Eit agüírha llenado -esta» cavidades, y CCrtnd^s£
haH&ncn medio de*¡bosque, tos árboles han ido creciendo' A-■&mh~
ofütBs,ry después^ pofc- 4a fuerza delasiluvias y de otros agentes1'dé
la oatmaleéa^ lian sido predpitádbsiea «Afondo d« las mismas. Por
la. cdasóide*árboles caído» ise vt que tres- distintas generaciones de
ñor&se^lan ^tioedido unasrá otra& Como en lo más hondo se ou-
cuentrauna tueba fangosa y amorfa, de un metro de espeson, y der-
bajo:de, ella aparecen instrumentos de la industria humana, y por
otra.1parte, la: formación dé las tres faunas 'diferentes requiere^ bas­
tante multitud de años, han concluido de aquí algunos geólogosque
el hombreenEMnamarca debe oontaruna ^trt^füddad-pxoesívatméfrtG
fiit ft tfld n . ' ? í> ' n 7 C,T - " i .' ' . < > } ' • t J o ^ ■ - ^ ü l" r ’ v ,i-> s ■

-Site argumento, ;emg>eh>^iítaqUeav atmio:tí>dofc sus compañeros,


par la pzrteldelf tiempo que iígr¿Miifit»i^ltíir y contra los
hechos-de la .bxpérieoáa para la' formación de las1tres faunas di­
chas. El P. H&té j hace unesctracfco de un artículo de M. Oscar Le*
cterc-Thoom,publicado en; la Maiso* RusHque éu X lX to^
mo t, -cap. d f s assoitit&iiís, donde se citan ftniÓíncnoeítiéeÁa,r
mismaespecie verificádos en estos últimos tiempos^ eiínttiy cbistk
número: de. siglos. Así efr-qne el mistno M. Steenstrüp,defoasoi' d>fc’
i&dOctrii^'prehistúrica/no sé atreve á dar á esta dase de twbáíís
má¿que!cuatro mft años de duración; locuaJ, sin embargo, tam- :
bien sepodriadiscutúv pudiendo basUu' tfténor numero de siglos
paira, la renovación d e (sMnw^BgM^á^
También han apelado nbestros .modéníó£ )&toi&dfór<& í -oü-o s
fenómenósque serfaiairgxv dfcefitráaer&r, peit>vfciiyáí fiietasa1détnote-^
trttivieh órden á ia tésiar de ttfltoí1escritores estan^ébiK&w^i&
de Jos hechos ya presentados^ La» tnnu merables conchas dfcfb*fcrá&i!'
porejemplo, halladas en Suecia y Dinamarca sobre las costasdel
mar; juntamente con algunos instrumentos de ^iédra, Si&tgo pftíe-’
ban en órden á la edad del género humano, más bien -parece (fue
deben considerarse como favorables ¿ la crohologla vulgar qUc
contrarias i ella, ai revéó de lo que se figuran nuestros adversarios
Taa enorme multitud de conchas recogidas por el hombte no puep
dfc concebirse sin un pueblo rmiy numeroso, «pie viva en éonhiiraíd'
y carezca de afición al aislamiento* propio de lossalvajea. La razón
en que funda Lyell la suma-antigüedad de estos baü¿os de1concha1
es rechazada ppr Vogt, el cual á su ver, trae otraqüeno es mucho
_!j ^ -r"i - : í j V j[.

*' £*Hdeiixiig‘iaiitt, Ago*tode 1874, pá?. 331 , d&U. ' 1'



7 ob
rrtái valedera poTcierto. Este tíaturálTata 'acistíoBe .qtiej'idebc ser
muy gTatide1la antigüedad d* loa referidos banco*; porque y ciftrc
otros huesos de atiimatfeá, aparecen también atíí los dd gallo silva*-
deave, que ya hace 'muchísimo tiempo debió Haber des­
aparecido de aquello* lügárca con la extinción de loá abedules-, 'oo-
yós tiernos rénuevosle gammístnan d alimento m Ja-pWnaávera; £n
pitttór lugar, ¿áte' aVel qiie todavía nohade$aparecid<>del globo,
n<y^i5kj «ortte lds sbbredic&OB renuevos, sino también otras mnohas
éds¡asJ-Viy por eonsigiiME&tc, no ha# t^óftpam^ afirmar que 4a falta
de los abedules le haya ocasionado la muerte eti Dinamarca. Ade­
mas, aunque en los tiempos h&tórieos de «ata regiofi no broten it-
bblesdé eáta. especie, bieíi piidierofihabertírOtadb'én ticte pos
‘ ttftterioféa, cuando Dmatnárca tstfifba scpiiítadi eri^fialvajbuno, y
4ü?ái£tíi la dtvitísíacfon en Egipto y-envarios "pue&losdeOricHtr,
tiéoi^'qlié’dÉifo’ macho üe-pertenecer a la imaginada antigüedad
■ód nuestros' prehistóricos. -i 1 •■ ^! '
Toda está multitud de hechos geológieofe que rtitan en favor de
su tésis los partidariosde la nuevaíeacueia.y otros varios que se
pudieran todavía alegar, quedaTánaiempre ainvalor alguno enór-
' den á la prehistoria, corfstátidoflos por una parte que la época actual,
Üdf sólo sigue íntoediatátaenté ■ £ l£ cuaternaria, más i también es
iüiá verdadera ¿ontinuadíra soy á/Jaegun -%e ‘desprende de los fenó-
iirehóá Míd "glóEfó ‘ térft&tré, titeado¡de mucha coAsideracion ios
,lélKító® qíié'áun’eti To&tiempos históricos de la misma han sido pro*
'díncídós por los agentes cié la naturaleza.'Este continuación de
entrambas épocas, unida á la magnitud de los f e n ó m e n o s reaizados
erí la segunda dé dlító, áttfr en tiempos surtamente recientes, nos
égtá dfcteridó á gratades> Voeé£! cjftna estol últimos sbn el remate de
loi^riiftfcro^í y clue tkyr'émüjeáuiertcia, n©:puede ser muy :guando la
'Htetfcntíia ¿(utó déte* méd¿r entré uftbs y otroa, Indiquemos algunos
de estos fenómenos,' ^ertetíede'nte&á laépoca actual. El golfo de
B o t^ anido al mar Blanco, Ahora
“ st;Jháilá sepkrado di-tíl pfcr úná gfraáde extensión de terrtno, mer-
,Jfcéd *31 ^^ariftbrntehto gíátíual’íde'esfia región, que tOdaVia continúa
''•éri' sü'mWfrftiéMó k^fcéfláeútedeuft centímetro poraño ;y pin toás
en algunos lugares» segtui consta de observaciones practicadas con
gran diligencia. Mientras tanto, en estos últimos cuatro siglos se ban
i '' '

«: «- .. ,jr l0.--V.
" i - ^é¿í!ti Lá*tyeUriÍ!* \J M tW '^naí^ MAtf rv; 'pig. T^r
J«?a-t8j6:p *Fy • u--*~ •, ‘iii'A»** •
en 'ftomórc ,7v i
ido abajando, .gradualmente las costaf*dc la.GrvoeiUandia-ea u^a gfdfl
eKlcn^^jde^cxjrftn^i Lqj^tudip^ d#. M, ¡Wpreau de Jonnes " han
hecho ver.cdmola ttigr ftnftato ¿ Sebastopol can $an PisfcgrsbuFgo,
y Cubría lastótcpa^de la Ruísía; m$ie«*pOi¡ tan rcci^te^ qucfoeT;on
denominadas aguas*te.esta v^sUextension son el nptnbre de
Qeiano BsdtoCfrpor iQfcbombreaqqe lasconocieron, C e n ó lo cipr-
c ^ t a te*ntí«wta^!quese haya levantado allí c| sudo cada siglpuó
sea medio centádpfciiio catfLa año, ya teadrerocp.realizada Ja separa­
ción de loa doghtogat^sobr^cj^, fea! po^o^e, encuentra al,ppe-
«artesón j*l ^paciíí de U'es raU aftosvIis j^ iy.q u e
4 ksvatuaoaipnto g ^ u aJ <Je est^egjpp, *jfló,]a # jtodd$q<^eí|po£-
flÍC£te*drgolffl^x¡ ^ 0 ^ , ^ de ,^pa e^npUí«iiO
espacio c»mp«ndid0 ,e^^>L^4lo¡9 i r w ^ ^ a ^ ciudades estaba cu *
btertó pot tsiaíajguas.:l^vtr^ioioíH^tCai epto(.seballan en perfecta
amaoote con l*a ■ ob9€rvadones4irecl#.s. Las pr^ctifjad^-': por .el-sapi-
tan de Estado Mayor, M. Roudaire, deinu^3j^La qu^, en, (/yfp£a,>la
cuenca-de Jo* chotis Vjao es sinp uní sumidero<4fl aguas, Qffá^yado
pofcel vie*»tor que Ija arrebatado de atiplas arepf^^stad^¡>ppf,)(,el
^raade ardor ^stso^ fran^Qrtájaidplas.al M e d ita r ía is
?;Sí-«e d*$ár&! á'í^t*i<»u^obi^KVje 5qribe. Gbabí»,-$, c&e.:pgpp$$p*
*in.contraponerte,ojtra^p^rtpedio delPriego y , de.Ja cultura, *9 aigu-
JM* c^tetwif^Tdft.aiHíS^everian ¿orjnadoscon día, grandes mares
Sobre «L dontaaente africano. EJ.%i4o dco^o:* nuevos ojeares, o.Ére-
xxfia/ pr^abJffiw^tfijáílpftdWflia^Ípg^jí^qi^^^É1??)1^ <li_
ifienteos^tmTnp ,^ $ # 6 .& r_
JtaagteQ*^>n•jf•l-!i>íi:,'i -;>1! .ib bujÍR^j'.m p.J a. ¿iblriy ,/.m oi |3 ¿ jid n u n h '?
>S o Holanda*nte» <TW>yiro»$f]Jft$3d*i s ^ o hím.hochft^y^^ J&3ÍV*
bayaapotoado dtH WrriíQm} croa prendido, Wwn¿ffisJk$fi-
<tómbückvi«il-c«al era. án tes unr düaUda.bc^qpe^baBa^ pj^^^Tio
<qtif>entraba e^uU- mar cerca del: ToübJ.-, TedfO, $spo, grap /Qpptfteno
LSfe'lteodüJo en <J sigÍQ *n^ entre- los añps. iaoS y i^ ^ , t
1 líEn los, diez y sgs '4gto£ ,qM« me$afi entre ¡el emperador. ro
y nosotros, el terti^jró_4 s í*?uíwo]qs , ei| Italia, ^ ,h^^ah^a49, lo
ntón©5 vein<átfe^^^íéa,.y-4wjeJÜbo Á wbiíj &t*P t^tan^FR$l?£rH5ttan
JoftápijCToa producido* ipor wn, p»p)us^>, litf^p^oga
'-■ r 'J . L . ^ V . n .t: , , ; ,; . ;: v :. -: . f i í Jfe ftn j ÍIU ^ 'p r*,:* U i ' ^ l ‘ ! ^ O f i L ' J ’ íi» f£ i‘

:’r: ■'■;■' ■‘ ■■.I -' j.J J 0 ; ’j Ti ■ *Í41J 1í ¿¿VITn ,nF/ IX^rtr-ü


i Voiíy, La tem , etCv, p ig, 10.
x Morenu d« Jonnes, Gítgrapftü frihutariptt dt (Eurtpc.
■-^j.Xctg cbotUtKni tyhu lafimas by^ocm,^ II^uas.tien^p poc* pcj3&«did*ii.
* Otabas ¡É hu h stvr Fsmtiftdti, etc. Stmtúruprifátttrtquet, p áf. 555-^ ,,,
?Q 2 v< í. £ / A «*

«nLasti^-caluiBriastodaviAstfbaoi^ceadet ttntiguot^rn^ dé Jú-


pefeer Serapis; restauradopor i«l »bredjchaEfnpettsdcir m ól-Aegirt-
án siglo tie la era ¿mttaila. jEs«»í a&iúMtitos ^**d 'VwHm «IMS «o la
partamos aka>dctaiiarí> por
ellas tas. menóonadascoLutnnas^t'una drora^tife ahora «e encaetis
tra ü vónfcitnts sobre eluivd del tn3rv^& d aro < ^é^ eh íF síi-
b¿doyijajadot «Juraateel &«*ftp>od<choT tíoda la ákui^^ompwíiidi-
dajeaftreiarhase y ¡o»?guiere« tnásaItoft de>laa 4ttlumna&:: púésHfio
je*4e-qr«r -que jet templo ñaera edificadora un principtodenfcrO' de
las uguas, así <oomo tampoco: cs probablc qoeeL empér#doríSc*efO,
ai rcstaumlo, hubiera dejadr^bom mis agüeros 4a* cokwttflass:«
éitm »M ieran'hHlhdoipcribiádat á It wxon, •■<• >';• ; -
En J707 «pandé en e¿m»ycenca deiUistodeSaiiWfrin^ííttÉtela
■qkwJenia cinoírieguas de-circunferencia y cuarenta pié* d í’ altara.
En a^dcrSatiecnfaye de^y$j, la moirtañade Jorxúkii.lteri ana sopwfr-
cicd«Qtfatr<» aailtescuadxadaa,, ínévisfca, pardo* habitantesde Méji-
qo levantarse en forma de cópula, entrieel «atruendo horrible d e tes
fuegos ¿subterráneos, ¿ una afan-a deJ¡6¡rDrpiéa), *jur>todavía con­
serva i alrededor tie toda la nueva montaAasaUa&Uai&as «n^na ex­
tensión de varías m illas^ Ja saperíime de la llanura subía y bajaba
como bas adas dexm maralbsqfotado
• lílíriaitió, jdM pafe deX*on,dueErme bajo ias olas enlaenabocadu
raid<¿jAbe&HÜariách Jas minas de Qccismor:$iacen olvidada»
kilómetros de Lesneven, é Is, la Babilonia bretonas expía eu-elíon-
d»<leiabah±a de Douanienez la vida keocioaK/d^ 'ius habitantes;
ufaa.cuidad gak, habitada -todavíaen tiempo de>loé'rAjnanoa* está
ahora sepultada ;á Ja entrada 'del Paso de Calais, 'en mrlügar úwa*
didflr petr la;mar -enlasaltas maceas*. ¿ _ .1.
.•ijBki'ClVtnfifite Coi han tenido’Jugar /enónaemu seflaejantes dncante
la era cristiana, como lo demuestra el abate Hasnard ■
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-nír'-,rr
-i£n Gi¿araftarvel-antigup templo óeiHémutes«stá hoy dia cubier­
to p o r íqb aguasa £niitaliá< lq*' partes: cercanas ¿Gaet» se hanabaja-
d&r^rJMtnoá ear e l daac&vsottde nüevr rsiglos, y se han Jevantado
tfo «IpraaicrmeB ¿jcomo confitada las observaciones practicadas
Boteejealk>a>kigaFe¿<éfrtodo est&espacia de tiempo 4. < :;-í;'
-.0* t r¡ . j:s~:i :.-i" v • • 'iJ ' " ■/ ». ¡¡■
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1 Pouy, La ttrrt, etc. Extrmphs dt fouievtttttntt p¿g. 9-10.
2 Ch* b*6, [te. cit,, póg. 556.
3 H m im í, Etuda fn WjW r,.«tc.M,!.'. j cc.
4 1d^ Udd.y pdg. 3 9 ,0 ^ \--i , - ’ 1
en órdm±4 & aitiigi*e4 ad\dt¿ hombre. 703
„] a/Wi&Bl elestrecho comprendido ebtre Tchcsroe^ y iQaia se
levantó, e& el espada de tdgttnasiKíras nadannénosquejo ■braza»1.
i A todos estos fenómenos geológicos hay que añadir otro dé gita-
víaira^ importancia en la ci*e3tiou que vamos tratando, porque nos
enseña, muy a jas clar-aa-coh cuánta cautela deticn ser «recibidas las
flu$m :ind¡^W!M$ estratigráficas^ qué sori.Jas que más confianza
sy$le$ inspir^rálqs geólogos prudentes. El fenóoaeno consistem
quejjos ¡nfitoiraentos'mdustrialestenidos por prehistóricos s©tfncuen-
&aQTÁ' Vteoc$;«n la misma auperliciedel sueloiien terrenos muy
pQpg^roiündo&ytporeltontrariovIosorerdddeiaine&tc históricos
apareoeii Cfl capias aurnaraefitc jmífimdaaiüicemuy biénJ4 ,Orabas
á este propósito: uSi hemos haHndefijimHáres^srTrtensüios oonsp-
dqr^dps coma prehistóricos ^en-Ja superficie de) sudo de tas: estacio-
PfíSió etjrcapas suro&mentesomeráfl^schalkui tambiená profimdi-
tado»-considerables muliipfioado5 i>estos;de la época romana y áun
dé-tíempos más triod eraos. fin elrecinto que oonstitnye *1 períbolo
éel teraplo djé jífesoíiia bailado Mr. WotxJ, aseism etrwíde pro-*-
fundidad,ijitó«sfde sepulturas colosales; el carvÚDOíqpetidndaofi'dé
]ac^dad al 4 empk> ústaba cubierto coo cuatro aretnaistióeiienBi"'1
.el promontorio meridional de Santorin, liaznado Aercúfri,
han aparecido, bajo una capa dfc>pepefíno ¡que ao tenia ménos ’ de
30,y 30 DQetroftdc eapesor, habitadóncs daldas de caí, y luégo pin­
tadas QuckM. de encamado muy subido» vasijas delicadamente tra-
bíyada»f y una sierra ide bronce** ®. . ^
Todo,esto no data sinódd primar milenano ¿¿tes de nuestra era,
lo-cual 11os,puede dár a^una idea sdbrc & jqu¿ha «ácfc>i ¿ w en te.
¿pocah»tói“icaf el poder die la aedión volcánica qufc oforp; «ó»1én
nuestros dias con tan grande fuerza en elffebr&ska y « t ‘ Mcititaturt,
donde lo» geyser* lanzan torrentes deTfango que se transforma en
hermosa creta silicatada.
.EL hombre ha vivido durante todo el período cuaternario: esto
esjya un hecho indubitable; pero no significa en manera alguna que
btya vivido durante centenares de millares de año&. En presencia
de Ja eternidad„ los siglos no son nada; para el hombre qúeobra;
cien años son una porcion de tiempo coitóíderable,y coa laactiyi-
dad á las veces fecunda y nutritiva de la naturaleza, mil años pueden
encerrar en su seno grandes cambios. A si, nadie debe extrañarse
w .. . i-m' ■
1 Vnivtrj di »5 de Abril de 1&81. — DemUrti nmtttiUt-
2 Ctmptt-rmdu tht Cengrb prrkirtur, ííolo^ne, pág. 34a.
704 E¿ Catolicismo y ¿a ciencia
de ver at Sr. Rossi, cuya autoridad en semejantes materias 110 puede
ser puesta en duda, emitir la opinión de que„ al llegar Eneas á Ita­
lia t el Tíber no desembocaba todavía sinó en su valle cuaternario,
y no directamente en la mar „ *.
* Hé aquí, concluye el referido a u t o r , el estado cuaternario> la
época aluvial descubierta científicamente en el octavo siglo antes de
nuestra era. Más allá de esta data, las exigencias históricas que al
principio de esta obra hemos expuesto (pero que con rason w ad­
miten otros saótvs, según b que dejamos indicado ai principio de
este capitulo) nos dejan todavía más de siete mil años de margen, y
la cronología bíblica, en su cómputo mas estrecho, tres mil años
despues de aparecido el hombre sobre la tierra. ^Está acaso bien
demostrada que alguna de estas cifras es insuficienter Nosotros no
lo creemos así; los progresos llevados recientemente a cabo en la
ciencia prehistórica han reformado ya notablemente las opiniones
exageradas de los que han sido los primeros en este género de in­
vestigaciones i los nuevos progresos, con los cuales se puede contal:
dé seguro f acabarán esta reforma „ *.
Estos progresos ciertamente no han faltado, y entre otros los es­
tudios del abate Hamard, citados por nosotros tantas veces en este
capítulo, contribuirán no poco á derribar por el suelo el castillo de
naipes levantado en el aire por los secuaces de la prehistoria.

t C h ftb u , ÉtHdtt t«r l'&mtiquití hiitarüfHt T p á g . 558-5gci.


3 Idem, /, eit., pdg. 559-560.
C A P ÍT U L O XXXII

PROSIGUE l^A .M ATER IA DEL C A PÍTU LO PR£CET)EN,TE^ E X A -

.H ÍH A N SE.-LQ * ARGUM ENTOS A * Q t 7£ O L á G IC O ^ t>E L O S TKE***


HISTÓRICOS.

Jasemos ahora á examinar el seguado argumenta, d^eatos


señores, tomado de la Arqueología, Toda k. fuerssarqfc*e le
atribuyen sus autores se halla en las siguiontes palabraede
Bucher dePerthes: h Cualquiera que sea. el número de siglosea qí»e
se oculta ua pueblo, hay un medio para interrogarle y conoper
cuáles han sido su talla y su inteligencia: este medio consiste en
medir su obra. „ De aquí infieren que, examinando la estructura de
los instrumentos artísticos fabricados podrios-antiguos y conserva­
dos hasta nuestros dias, podremos averiguar a qué grado dé civili­
zación llegó cada uno de ellos y por qué camino fué subiendo el
género humano al grado de perfección que presentan los pueblos
históricos del globo. Porque es de saber que, como ya tenemos in­
dicado más arriba, los defensores de la prehistoria proceden en el
supuesto de que el estado primitivo y natural del hombre es el sal­
vajismo; lo cual no podía ménos de ser así en la hipótesis darwi-
niata, por casi todos ellos defendida, de ser el hombre una simple
bestia perfeccionada. Asi, se esfuerzan en probar por toda suerte
de argumentos que los hombrea fueron saliendo poco á poco, con
el proceso de los tiempos, de su rudeza á ignorancia primitivas, y
pasaron en todas partes, generalmente^ por diferentes edades suce­
sivamente más perfectas. La escuela dañesa no pone sinó tres dis­
tintas edades, que marcan otros tantos grados de civilización: la
edad de la piedra, en que los hombres no conocían todavía los me-
tales; la edad del bronce, en que ignoraban la manera de sacar el
hierro; la edad, finalmente, del hierro, en que ya llegaron á inge­
70Ó E l Catolicismo y la ciencia
niarse para hacer uso de este metal. La escuela francesa no se con*
tenta con tan poca cosa: en la primera de estas tres edades vuelve
á hacer otras nuevas divisiones para que el género humano proce­
da con más lentitud en el camino de sus progresos. La edad de la
piedra la divide en primer lugar en paleolítica y neolítica, represen­
tando con la primera los tiempos más antiguos, y con la segunda
los más recientes de la misma *. La paleolítica nuevamente la sub-
divíde en otras cuatro, cada una de las cuales indica un modo par­
ticular que los hombres tenían de arreglar los instrumentos de pie*
dra, único que conocían á la sazón, y en ei cual está representado
el grado de civilización de aquella época. Cada una de estas divisio*
nes y subdivisiones contiene, en la doctrina de estos arqueólogos,
un período de tiempo sumamente largo y distinto de todos los
otros; de suerte que solas ellas, sin tomar en cuenta para nada la
edad del bronce ni la del hierro, representan una série de siglos in­
mensa, y mucho mayor, por consiguiente, de lo que se la han ima­
ginado hasta ahora los hombres de la cronología vulgar y común»
M . Mortillet, que es quien guía los escuadrones en esta escuela
arbitraria, ha sido el inventor de estas subdivisiones. El abate Ha-
mard nos ha dado un resumen de toda esta doctrina, reduciéndola*
para mayor claridad, á un cuadro sinóptico, que nosotros ponemos,
á continuación:

l PalrolítUa e* un nombre (friego compuesto de toAcuw, antigüe, y AíBotf,


]« palabra molifica asimismo Be deriva de vtoff, kjmw, y Alfloc, finirá.
en orden á ¿a antigüedad d ii hombre. 707
7o8 E l Catolicismo y la ciencia
Aquí tenemos el proceso de la civilización según las ideas de
nuestros modernos sabios. No se puede negar que está bellamente
concebido: ni un solo punto le falta para su perfección; sólo que
esta perfección es puramente ideal y fantástica,t y lo que es peor,
opuesta por extremo á la realidad de los hechos. Suponen, en pri­
mer lugar, estos autores sapientísimos que el hombre salió de las
manos de Dios, ó mejor dicho (pues casi todos ellos son transfor-
místas) de las entrañas del mono, en el estado de la rudeza más
absoluta, considerando como una mera fábula lo que nos cuenta la
Sagrada Escritura sobre el estado primitivo del hombre ert el Paraí­
so. Pero ésta es una suposición gratuita, y además contraria á las
antiguas tradiciones del género humano. En todas ellas hallamos
una misma idea fundamental, aunque transformada más ó ménos y
revestida de diferentes caracteres particulares por las condiciones
propias de cada pueblo, según la cual el hombre en los dias prime*
ros de su existencia, feliz á maravilla, vivía en amistad con Dios y
recibía instrucciones de él inmediatamente; mas luégo cayó de esta
sublime altura por su propia culpa^ envolviendo á sus miserables
hijos en su propia desgracia. Vea quien guste en Hettinger 1 los
testimonios que comprueban esta universal tradición de los pueblos,
los cuales no hubieran podido convenir con tanta uniformidad en la
creencia de un hecho histórico como este, si el hecho no hubiera
sido verdadero. La universalidad del fenómeno revela la universali­
dad de su causa, y una causa universal en materia de hechos histó­
ricos no puede hallarse sino en la misma realidad del hecho por
todos universalmente creído.
Asi, pues, los defensores del argumento en cuestión empiezan por
suponer una cosa que forma la base fundamental de su sistema, y
que nosotros no estamos obligados á admitir, ántes debemos re­
chazar á fuer de verdaderos filósofos, miéntras no nos demuestren
que todo el género humano ha estado perpetuamente equivocado
en órden al estado primitivo del primer hombre. Porque no parece
muy racional que creamos más bien á cuatro incrédulos y ateos, sin
pruebas de ninguna clase, que á todo el linaje humano, con quien se
hallan en oposicion manifiesta; y que pensemos haber sido mejor
conocidos los hechos históricos pertenecientes á los primeros tiem­
pos por unos cuantos recien llegados, que por los pueblos y nacio­
nes de la antigüedad más remota.

i HcUloger, Apotegia dtl cristim iim e, lomo ni, cap. vi.


en orden á ¿a antigüedad d&¿ hombre. 709
Por consiguiente, miéntras los defensores del hombre prehistóri­
co no nos demuestren la legitimidad del puntó de partida que toman
para su argumento» catamos en el derecho y en el deber de recha­
zarlos. Tanto más, cuanto que la misma historia nos cuenta el trán­
sito de la civilización á la barbarie verificado en algunos pueblos.
Buen testimonio tenemos de esta verdad en las antiguas naciones,
asi de Oriente como de Egipto, las cuales en otros tiempos vieron
florecer en sus tierras las ciencias, las artes y la industria, y ahora
vegetan en la inacción más lastimosa. Y sin acudir á tiempos tan
lejanos, la patria del famoso Aníbal rivalizó poco ántes de la era
cristiana con la orgullosa Roma en civilización y poder, y animada
más tarde con la vivificante lumbre del Evangelio supo producir
hombres como Tertuliano, San Cipriano y San Agustín. Ahora yace
en las tinieblas de la ignorancia bajo el peso humillante de la cimi­
tarra musulmana.
¿Qué cosa más fácil que este fenómeno? Sabido es que la civiliza­
ción de los pueblos abandonados á sus propias fuerzas, y no socor­
ridos de una manera especial por la benigna mano del Criador, tie­
ne por último término la molicie; y con la molicie la corrupción; la
cual, como observa sabiamente Bonald, no necesita sinó andar un
solo paso más para llegar al salvajismo, Y cierto que este paso es
bien fácil de darse, una vez puestos los hombres en la pendiente de
la inmoralidad asolad ora. Cuando los pueblos entran en este perio­
do de civilización sibarítica, teniendo por norte y guía de todas sus
acciones el placer y la vida de los sentidos; entónces bien pronto se
desencadenan en los pechos de los ciudadanos las pasiones más
aviesas, y todo el mundo desea empuñar el timón ^el Estado para
disfrutar de los gajes y emolumentos del mando, y nadie aguanta el
pesado yugo de la autoridad, y la nación arde sin cesar en discor­
dias civiles, y al suave cultivo de las letras suceden los rudos man­
dobles del sable, subiendo al trono la barbárie armada, y rigiendo
desde allí con el látigo de la fuerza al pueblo convertido en uvl re­
baño de fieras. ¿Qué serta de la infeliz Europa, en medio de la gran
disolución social que hoy dia la invade por todas partes, si no estu­
viera el Catolicismo de por medio sosteniéndola con su poderoso
influjo, con su doctrina de órden, unión y desinterés, con su subli­
me esplritualismo, con su caridad heróica, con su firmeza inquebran­
table, con su abnegación sin límites? Hasta los mismos protestantes
juiciosos que discurren con frialdad, y ven los objetos con ojos des­
apasionados, confiesan ya que en este naufragio universal de ideas
710 E¿ Catolicismo y Éa ciencia
y de cosas no queda otra tabla de salvación sínó el Catolicismo. Y
esto bien lo advierten Los mismos revolucionarios y ateos, pues con­
tra él exclusivamente convierten todos sus tiros, como si no hubie­
ra otra cosa en el mundo que pueda hacer frente á sus anárquicos
esfuerzos.
Por lo demas, no es la corrupción de costumbres la tínica causa
que pueda hacer caer á un pueblo civilizado en el estado de barbá-
rie; la miseria é ignorancia que pudieron sobrevenir á algunos des­
cendientes de Adán y de Noé, una vez arrojados por la emigración
á países incultos, aislados de todo centro Civilizador y poco acomo­
dados para la vida, tenían bastante poder para producir este triste
fenómeno. Ahí están los habitantes de ciertas islas de la Oceanía, i
quienes ha sucedido esto mismo que acabamos de observar. £1 es­
píritu aventurero los sacó del continente asiático donde reinaba la
civilización; y luégo avanzando en el Pacífico de isla en isla, ora
llevados del deseo de ver nuevas tierras, ora arrojados por alguna
tempestad que los sorprendió en sus trabajos de pesca, ora lanzados
á la mar en pobres piraguas por sus inexorables enemigos para ser
arrastrados por la corriente ecuatorial combinada con los alisios y
los monzones, llegaron á nuevas islas desiertas, donde una vegeta-
don exuberante y una fertilidad engañosa los decidieron á fijar de­
finitivamente su morada. ALH, al cabo de algunas generaciones, sin
otro ejercicio activo que las ocupaciones de la pesca, sin posibilidad
de caza ni de cultivo agrícola, acosados muchas veces por el hambre
cuando llegaron á escasear los víveres con la multiplicación de su­
jetos, se degradaron de una manera lastimosa, así en lo físico como
en lo moral, apoderándose la fealdad de sus cuerpos, y borrándose
de sus almas muchas veces hasta las mismas tradiciones de familia.
Toda vida es de importación extranjera en aquellas islas formadas
de arrecifes de coral; tanto las plantas como los animales y el hom­
bre mismo, todo ha sido allí llevado de fuera; y sin embargo, el
hombre á veces ningún recuerdo conserva de lo acontecido en otro
tiempo á sus mayores, y tienen á su isla por la única parte habitada
de la tierra.
u La isla lo ha recibido todo de fuera, escribe de estos isleños
M. de Lapparent, refutando la idea-madre de nuestros prehistóricos,
ó sea la evolucion transformista; sus vegetales son especies de un
órden superior, que proceden* sin la menor duda, de granos impor­
tados por la mar ó por los vientos; las aves que vienen á pararse
en sus bosques, han atravesado el Océano á fuerza de alas; entre
en órdm d la antigüedad de/ hombre, 7 11
-ellas y el salvaje que habita estas islas no hay un solo escalón, un
solo tipo intermedio; delante de esta ausencia total de cuadrúpedos,
áun de los antropoideos, de quienes se pueda querer derivar al
hombre de estos arrecifes, los evolucionistas más furiosos no se
negarán de seguro á confesar que aquí no ha podido haber sinó un
caso de transmigración, Ahora bien; este hombre tenia una patria,
tradiciones, utensilios. De todo esto ningún vestigio le ha quedado.
Empujado por el espíritu de aventura á un mundo desconocido,
seducido al principio por la facilic|ad de alimentos y por el abrigo
que le ofrecía una tierra virgen todavía de todo contacto humano,
ha visto después poco á poco estrecharse sti vida, y hacérsele cada
vez más difícil; de generación en generaciónt el insular ha perdido
hasta la nodon de todas las cosas que no se encuentran ya repre­
sentadas á su alrededor; su existencia, desprovista por completo de
todo lo imprevisto, asi como de toda poe3Ía, no tiene otras nece­
sidades que satisfacer sind las materiales ; y cuando llega el instante
en que el aumento de poblacion le deja entrever el peligro del ham­
bre, el sentimiento de la concurrencia vital, esa poderosa palanca
•del transformismo, ¿le hará acaso realizar alguna maravilla? No; él
buscará en el infanticidio el remedio al mal que le amenaza. *
“¡Hé aquí, sin embargo, á donde ha venidoá parar este hombre por
no haber guardado comunicación alguna con el foco vivificador de
donde habia sido atropelladamente separado! En lugar de perfeccio­
narse se ha degradado, y para sacarle de este envilecimiento será pre­
ciso que se establezcan nuevos lazos entre él y aquellos que, con me­
jor acuerdo, no han roto jamás la cadena que les unta á lo pasado „
Con razón afirma, en vista de esto, á renglón seguido el sabio
profesor de Geología de la Universidad católica de París, que exis­
te una cierta analogía entre el estado de los que habitan esos arre­
cifes , y el de esas tribus que no nos han dejado otro recuerdo sinó
los pedernales tallados y los huesos que aparecen en los aluviones
y en las cavernas. “ Comparemos, dice, primeramente sus situa­
ciones respectivas: los primeros ocupan las extremidades del mun­
do habitable en el Pacifico, porque los atolls s forman, delante

i LapporCnt, L'iimt Je notare tí la Ua ¿erailiaaui; artículo publicado en la


Jtnntt da gvcstionj icitnlifufuts en Julio de 1877 > pág» 124-125*
3 At«ll es una ¡ala de forma anular, constituida por una faja estrecha de terreno,
1a cual separa del Océano, yo en todo, 7a en paite, á ana laguna interior, que
tnás tarde, levantándose el arrecife circunstante nob» el nivel del mar, viene i con­
vertirte 00 una superficie seca reí tid* -de verdura.
712 E l Catolicismo y la ciencia
de las islas propiamente dichas, una cadena avanzada, más allá de
la cual solamente existen las profundidades casi insondables del
Océano, pudiéndose por tanto decir de ellos que son los lugares,
marítimos más remotos donde puede el hombre establecerse, pues­
to que acaban de salir en cierto modo del fondo de' la mar.
De la misma manera, ¿dónde suelen por lo regular encontrarse
los vestigios de la edad de piedra? No ciertamente en los lugares
donde la tradición de los pueblos conviene en establecer la- cuna
del linaje humano y el teatro de tos primeros albores de la civiliza­
ción, sinó en Europa, y sobre todo en las partes occidentales y
septentrionales de esta región, que es donde más abundan estos
vestigios. Cuanto más pobre es un país en documentos históricos
antiguos, más rico se muestra en restos de las diversas edades de
la piedra. EL interesante trabajo recientemente publicado por M, Ar-
celin en la Revista evidencia el hecho de que la época paleolítica,
<5 sea de la piedra simplemente tallada, ha dejado impresas sus
huellas en Francia, España, Italia, Suiza, Alemania, Bélgica é In­
glaterra; mas sobre el Asia Menor, y aun sobre la Grecia, no hay
cuestión alguna. A<»f, bien ae puede afirmar que las regiones donde
ha existido la edad de la piedra tallada, formaban, alrededor de los
países en que se desarrolló pronto la civilización, una zona exterior,
una cierta especie de aureola, si es permitido aplicar ¿ un cuadro
tan triste un nombre de esta dase. Esta aureola retrocedia hacia el
Norte á medida que iba ganando terreno la civilización y 3c hacían
habitables las regiones septentrionales, apénas abandonadas por los
hielos. Asi, la Escandinavia, donde la época paleolítica no ha deja­
do vestigios, nos ofrece señales bien claras de que la edad de la
piedra pulimentada ó neolítica, y la edad del bronce reinaban allí
todavía, con exclusión de las otras, en los primeros siglos de núes*
tra era.
Esto supuesto, ¿qué cosa puede haber más natural que ver en
los pueblos de la edad de la piedra, no unas tribus autóctonas que se
levantan á duras penas y por grados del estado salvaje al de
civilización, sinó á los descendientes de los aventureros, á quienes
el deseo de independencia, el gusto por la caza y la afición á lo
desconocido han arrojado, como al pueblo de los atolls, fuera de
los límites del mundo habitado? En los vastos bosques frecuentados
por bestias salvajes que detenían hasta nueva órden el vuelo de la
cultura, estos atrevidos aventureros, precursores de los cazadores
americanos, han perdido poco á poco los usos de una civilización
en órdett ¿ la antigüedad del hombre. 7 13
cuyo yugo les pesaba. Viviendo incomunicados con el centro de su
propio origen, han debido improvisarse bien pronto una vida nue­
va, sin otras comodidades materiales que las suministradas por el
medio ambiente donde se encontraban; el doble cuidado de buscar
su alimento en la caza y pesca y de defender su vida de las bestias
ñeras, por las cuales se veían constantemente amenazados, es el
que les ha hecho entrar en lo que llaman uestado de naturaleza.*
Este es el modo con que la lucha por la existencia (struggle for
Ufe ) se impone al hombre que ha renunciado al beneficio de la
grande sociedad humana, siendo para él una causa de degrada­
ción, que no será disipada sinó con el influjo de una intervención
extranjera,, *.
Estas reflexiones de Mr de Lapparent tienen tanta mayor fuerza,
cuanto que, como él mismo observa en las últimas palabras que
acabamos de citar, los pueblos* una vez caídos en la barbárie, no
salen nunca de ella sinó cuando por una intervención extranjera se
hace prender en sus ánimos la llama vivificante de la civilización.
Y muchas veces, y áun casi siempre, ¿qué trabajos no hay que
sufrir para sacarles de este miserable estado? Porque ellos están
contentos con su pobreza, y miran con desden el brillo de una ma­
nera, de vivir que» si les trae grandes ventajas, también les es fuen­
te de dolorosas privaciones; y si les ofrece el grande aparato y
lujo de la riqueza, también les presenta los negros vicios é injus­
ticias enormes de los hombres civilizados. Por eso los mejores, y
áun más, los únicos civilizadores de esta clase de gentes son los
misioneros; los cuales les hablan en nombre de Dios al anunciar­
les su propia religión, y de esta suerte logran sacarlos ante todo
de la barbárie religiosa y moral en que yacen» y al mismo tiempo
enseñarles las artes conducentes á los buenos usos de la vida. Asi
ha civilizado la Iglesia católica á todos los pueblos de América y
á los del Norte de Europa, y así sigue civilizando todavía en Afri­
ca, Asia, Oceanfa, y en todas cuantas regiones se encuentran estos
desgraciados.
Es cosa tan manifiesta que el género humano no ha comenzado
su existencia por el estado de salvaje, malamente llamado de natu-
ralrsa entre los secuaces de la prehistoria, que hasta los mismos
racionalistas han visto levantarse en su propio campo filósofos que
proclamen resueltamente esta verdad clarísima. Oigamos á Benja-

1 Lapparent, loe. cit.y págv 125-127.


7 14 E i Catolicismo y ¿a ciencia
ruin Constant explicarse sobre esta materia: “ En la cuestión de si
el género humano, escribe» ha comenzado ó no por el estado sal­
vaje, los filósofos del siglo xvm con grande ligereza se han decidido
por la afirmativa. Todos sus sistemas religiosos y políticos parten
de la hipótesis de una raza reducida primitivamente á la condidon
de tos brutos, errante por los bosques y peleándose con ellos por
el fruto de las encinas y de la carne de los animales. Mas si este ha
sido el estado natural del hombre, ¿por qué medio ha logrado salir
de él por fin ?
„ Los razonamientos que se le atribuyen para hacerle adoptar
el estado social, ¿no contienen una manifiesta petición de principio?
¿No se mueven en un circulo vicioso? Estos razonamientos suponen
ya existente el estado social: es imposible conocer los beneficios
de este estado sin haber primero gozado de sus ventajas. La socie­
dad en este sistema seria el resultado del desarrollo de la inteligen­
cia, miéntras que este mismo desarrollo no es á su vez sinó el re^-
suhado de la sociedad.
n Invocar el acaso es tomar por causa una palabra vacía de sen­
tido; el azar no triunfa de la naturaleza: el azar no há en manera
alguna civilizado las especies inferiores, que, en la hipótesis de
nuestros filósofos, habrían debido de hallar sus felices casualidades.
„ La civilización por los extranjeros deja el problema intactoi
Usted me muestra unos maestros que están instruyendo á sus dis­
cípulos , pero nada me dioe de los que han instruido á esos maestros:
esto es dejar una cadena suspendida en el aire. Aún hay más: los sal*
vajes rechazan la civilización cuando se les hace ofrecimientode ella.
_ Cuanto más próximo está el hombre al salvajismo, más esta-?
cionario se encuentra. Las hordas errantes que hemos hallado es­
parcidas en las extremidades del mundo conocido no han dado ni
un solo paso en el camino de la civilización. Los habitantes de las
costas que visitó Nearco son ahora todavía lo que eran haae dos
mil años: entónces, como ahora, las hordas sacaban de la mar una
subsistencia incierta: ahora como entónces sus riquezas se compo­
nen de huesos acuáticos arrojados á la ribera por las olas. La nece­
sidad no les ha abierto los ojos; la miseria no los ha iluminado, y
los viajeros modernos los han hallado tales como los observaba
hace veinte siglos el almirante de Alejandro.
„ Lo mismo sucede á los salvajes descritos en la antigüedad por
Agatárgidas, y en nuestros dias por el caballero Bruce. Rodeadas
de naciones civilizadas, vecinas á ese reino de Meroe, tan conocido
en orden á /a antigüedad de/ hombre. 715
por su sacerdocio, igual así en poder como en ciencia al sacerdooio
egipcio, estas hordas han quedado en su embrutecimiento. Unas
fijan su morada debajo de los árboles, contentándose con doblegar
aus rarnas y fijarlas en tierra; otras arman emboscadas á los rino­
cerontes y á los elefantes, cuyas carnes ponen á secar al sol; otras
persiguen el pesado vuelo de los avestruces; otras, finalmente, re­
cogen enjambres de langostas arrojadas por tos vientos á tos de­
siertos, ó los restos de cocodrilos y de caballos marinos que U
muerte les abandona. V las enfermedades que describe Diodoro,
como producidas por estos alimentos impuros, afligen todavía á los
descendientes de estas razas desgraciadas, sobre cuya cabeza han
pasado los siglos sin traer para ellas ni mejoras, ni progreso , ni des­
cubrimientos „ \
El hombre abandonado á sí mismo puede, absolutamente hablan­
do, salir del estado salvaje con sus propias Cierzas; porque no está
tan oscurecida su inteligencia que no pueda, si quiere, aplicarse á
mejorar su suerte, trabajando un poco y entregándose á las fatigas
corporales que suele llevar consigo la civilización. Pero, por lo que
toca al hecho, bien seguros podemos estar de que no saldrá nunca
de él si no es por intervención extranjera; porque las gentes de
esta clase se están muy contentas con su pobreza, y prefieren la
holgazanería propia de su vida salvaje al duro trabajo de los que
tienen con la civilización muchas más necesidades que cubrir. ¿No
vemos esto en nuestro mismo reino, en esa raza extraña que anda
siempre errante por nuestros campos y aldeas sin tener domicilio
propiamente dicho, desnuda de todo y contenta con su miseria
porque á ella va unida la vida holgazana y vagabunda, que es su
ocupación favorita ? Si en este estado hubieran sido creados nuestros
primeros padres, en él hubieran vivido perpetuamente sus hijos sin
resolverse nunca á poner en prensa su ingenio para salir de lacerta;
porque esta laceria, juntamente con las otras cosas que suele llevar
consigo en los salvajes, les hubiera sido mucho más estimada que
el trabajo de nuestros jornaleros, necesario para el progreso de las
artes y de las letras y de toda la civilización entera.
Por eso Dios Nuestro Señor, sapientísimo en todas sus obras,
crió á nuestros primeros padres en un estado perfecto, tanto en lo
moral como en lo físico, según observa Santo Tomás “, de suerte
r Benjamín ConiU nt, De i* Religión, liv. i , chap. vui; citado por Pozi) en I.n
tt Ir rícii ¿M/ytu, cap. Mi, pir. i , pdy. 402*403.
a S. Thorn., 1 p. t q. 94, *rL m .
*¡\t> E¿ Catolicismo y ¿a ciencia
que no sólo pudiesen engendrar á otros, sinó también instruirlos y
gobernarlos, enseñándoles todas aquellas cosas que son necesarias
para la conservación y progreso de una bien ordenada república.
No quiere decir esto, sin embargo, que Adán recibiera la ciencia
de nuestros matemáticos, ni de nuestros mecánicos, ni de nuestros
filósofos, ni de nuestros teólogos. Ni áun significa siquiera que
nuestro primer padre supiera por ciencia infusa la manera de bene­
ficiar los metales, 6 de cultivar las tierras, ó de domesticar los ani­
males; que todo esto bien lo podían él y sus hijos inventar, una vez
dotados por Dios del conocimiento y ciencia suficientes para ello.
Lo que significa solamente, es que todas estas cosas las recibió
de Dios de una manera implícita ó virtual, siendo criado con sufi­
ciente instrucción para que por sí mismos pudiesen hacer él y sus
hijos los inventos que llevan á cabo los ciudadanos de un pueblo
puesto ya en las vías del progreso y de la civilización. En las cosas
religiosas y morales lo instruyó si largamente, dándole de ellas
una ciencia infusa muy completa; mas en las otras bastaba que lo
instruyese al modo dicho, haciéndolo como uno de nuestros cam­
pesinos bien impuestos en las cosas de la Religión, y arm ado de
suficientes conocimientos para hacer progresos en las ciencias y en
las artes, principalmente políticas y morales
Por.esta causa, ninguna dificultad hay en pensar que los primeros
hombres, por algún breve espacio de tiempo, se sirviesen única­
mente de instrumento»de piedra, de hueso y de madera, sin re­
currir á los metales, y que ignorasen también algunas cosas de in­
dustria fáciles y caseras. La misma Sagrada Escritura nos da fun­
damento para pensar de este modo; pues nos dice en el cap. in det
Génesis, vers. 21, que Dios Nuestro Señor, antes de echar á Adán
y á Eva del Paraíso, fecit eis túnicas ptUiceas et tnduU eas, “ les
hizo unas túnicas de pieles y ios vistió. n Si tan adelantado hubiera
estado Adán en la industria como los europeos de hoy día, ¿á qué
fin había Dios de hacerles por sí mismo, ó por medio de sus ánge-

i Esta es también la idea del l'. Urucker, S .J .: el c ia l, en l >-¡ ÉtmLu de No­


viembre de 187S, escribe lo siguiente: * Leí savants se trompent fortdeCfoire qu’uoe
hunUmité ignorante de ce que &ait aajourd’ hni un simple hachelier kt scienees wit
pour ceta Décessairemeut barbare oti suivage... Un degti ¿levé de vie religieuse n a
nécessalremeat pcinr carrélative no hauc degré de culture scientllique, artistique o»
¡udustridie. U se peut done fort bien que la premiare sodété bumaine n’ aít pí* ¿té
plus avttHtre au point de víe de notre civiti&adon moderue qu’une faAiille de boe*
p aysu s de Bretsgne on de la vteille SüÍmo.
en órdtn d ¿a antigüedad de/ hombre. 717
tes, los sobredichos vestidos de píeles? Más adelante, en el cap. iv,
versículos 20, 2i y 22, se refiere que entre los nietos de Cain, dos,
llamados Jabcl y Jubal, fueron respectivamente padres, el uno de
los que habitan en tiendas, y el otro de los que cantan con citara y
órgano, y que otro tercero, de nombre Tubalcain, el Vulcano, á lo
que parece r de los gen bles, fué forjador y artífice de toda clase de
obras de cobre y de hierro. Esto parece significar que á ellos se
deben los inventos de tas tales industrias, ó que al ménos ellos
fueron los que les dieron el verdadero impulso.
Ademas, las mismas profesiones de los hijos dé Adán tienden á
probar lo mismo que vamos diciendo, porque de ellos no se lee que
fuesen grandes matemáticos, ni grandes filósofos, ni grandes mecá­
nicos, sinó que el uno, Abel, se dedicó al pastoreo de los ganados,
y el otro, Cain, al cultivo del campo. Fuit antem Abel pastor mnipn
H Cain agrícola, dice la Escritura ¿Y para qué quería Adán tal
género de conocimientos, especulativos por la mayor parte, como
son las Matemáticas, la Filosofía, la Astronomía y muchas cuestio­
nes de Teología? Sin cosa alguna de éstas podía ordenarse á sí
mismo y á sus hijos perfectísimamcnte á la consecución de la bien­
aventuranza eterna, y enseñar á los primeros hombres las cosas
más esenciales á la civilización naciente de un pueblo nuevo y pues­
to en felices vías de, progreso. Por consiguiente, lo natural era que
nada de esto le infundiese Dios sobrenaturakncntc, sinó que dejase
á la naturaleza humana desenvolverse y adquirir por sí misma esas
perfecciones accidentales.
Cain fué el primero en edificar una ciudad; pero probablemente
esta ciudad no contendría grandes prodigios de arquitectura, sinó
que, por el contrario, estaría reducida á una simple agrupación de
pobres casuchas.
Lo que acabamos de escribir es más que suficiente para probar
á los secuaces de la prehistoria que es completamente falso el su­
puesto sobre el cual edifican ellos su teoría particular del salvajismo
imaginario de los primeros hombres. Veamos ahora qué hay de
verdad en lo que afirman acerca de las edades de la piedra, del
bronce, del hierro, etc.
Por algún breve espacio de tiempo es fácil, como dejamos ob­
servado, que los primeros hombres viviesen sin hacer uso de metal
alguno, y esto mismo se podría conceder con respecto al uso del

l Genes., cap. tv , vers. 1 ,


7 E l Catolicismo y ¿a ciencia
bronce, con exclusión de] hierro ; si bien no existe ningún argumen­
to con que se pueda demostrar que el uso de todas estas cosas no
haya existido desde un principio. En este sentido no hay nin­
gún inconveniente en suponer las tres edades dichas, con tal que
sean de corta duración» en los principios del género humano. Tam­
poco se ve ninguna repugnancia en que los pueblos degradados,
asi antes como despues del diluvio, por haberse aislado de su cen­
tro civilizador, cayendo miserablemente en el salvajismo hayan vi­
vido largos años valiéndose solamente de las piedras, huesos, palos,
etcétera, para su defensa y para los necesarios usos de la vida. Esto
es lo que añrma M. Arcclin de una parte de Europa, y de algunos
otros países salvajes colocados fuera del movimiento de la civiliza­
ción del Viejo Mundo
Mas todos estos pueblos coexistían con los civilizados, y así no
podían formar una edad absoluta de la piedra, sinó relativa á otra
que han podido tener ellos mismos. En este sentido, la época de
la piedra es de todos los tiempos; pues tanto los libros sagrados
como los profanos nos hablan del uso de instrumentos de piedra,
y los historiadores griegos y romanos hacen mención de pueblos
salvajes que en su tiempo se servían de instrumentos de esta espe­
cie. Los salvajes de la Oceanla han aido hallados por nuestros na­
vegantes en plena edad de piedra; si bien no les eran desconocidos
los metales, ni ignoraban el modo de fabricar instrumentos de
hierro. Aun ahora, según me escribe de Méjico un misionero espa­
ñol de mi misma Religión, hay muchas familias y quizás pueblos
enteros en cuyas casas no se encuentra un instrumento de hierro ni
de bronce. Por consiguiente, todas estas cosas nada tienen que ver
con las supuestas edades de lo<s prehistóricos, los cuales sostienen que
todos los pueblos generalmente han pasado, en sus orígenes, por el
lento proceso de las tres edades dichas, de la piedra, del bronce y
dd hierro, empleando en cada una muchos miles de años; de suerte
que antes que nádese en el mundo la civiiizadon, el género huma*
no vivid, según ellos, una multitud innumerable de siglos envuelto
en las tinieblas del salvajismo, y luégo fué saliendo poco á poco de
ellas con sus propias fuerzas. ¿Dónde tienen los partidarios de la
prehistoria argumentos sólidos que hagan ni siquiera probable esta
aftrmaáon? L o s pueblos más antiguos de la tierra son el egipcio y

3 Adiien Arcelin, La. eiostifitútimprthiitMqut^ párrafo 2; articulo publicado eu


la Arvue dtt qutstiéw janttífatui, Abril de 1877, piff. 4».
en órden á ¿a antigüedad dei hombre. 7 19
los asiáticos; de ellos se han propagado los hombres á las demas
partes del mundo, como consta por los documentos históricos y por
laB mismas tradiciones de l&s gentes. Pues bien; esos pueblos, desde
los tiempos mis remotos, aparecen haciendo uso juntamente de
los metales y de los instrumentos de piedra. Esta verdad la ha
demostrado hasta la última evidencia el ilustre egiptólogo M. Cha*
bas, en su excelente obra intitulada: Études sur l'antiqititi histori-
que dapris les sources égyptiettnes et les monuments riputés préhisto-
rtques. En ella hace ver cómo el uso de los metalesv incluso el mis­
mo hierro, es en Egipto de todos los tiempos, sin que se pueda
hallar allí una pretendida edad de piedra, y cómo este uso no im­
pedia que al mismo tiempo fuesen empleados por los pobres de
aquella nación los instrumentos de piedra tallada. Lo mismo se debe
decir de los pueblos asiáticos, los cuales, como dice M. Adriano
Arcelin aparecen de repente en plena historia proveídos de un des­
envolvimiento completo. El abate Hamard ha demostrado esto lar­
gamente en sus interesantes artículos publicados en la Gmirwerse,
en los últimos meses del año próximo pasado 1S81.
u Cuando se reflexiona, escribe el precitado M. Chabas, que des­
de el principio del antiguo Imperio los egipcios han grabado el
basalto, la syenita y las piedras duras, no superficial mente, sinó en
algunos casos á una grande profundidad y con una delicadeza que
recuerda los procedimientos de la glyptica, se pregunta uno natu­
ralmente con qué instrumentos pudieqpn llevar á cabo estas obras
prodigiosas. Como observa M. Mariette, este trabajo tan ingrato
parece haber sido muy fácil para ellos, puesto que han multiplicado
sus productos, por decirlo así, hasta lo infinito. Un ensayo practi­
cado en el Museo de Saint-Germain con instrumentos de bronce
antiguo, ha demostrado que este metal se aplasta y achata sobre el
granito sin hacer mella en la roca. Con hachas de pedernal se ha
grabado en hueco una hacha sin mango y otra con él; pero eviden-
tisimamente ni el pedernal ni el bronce más duro de fábrica egipcia
pueden haber sido bastantes á tallar estatuas á veces colosales, in*
mensas arcas de sarcófagos, obeliscos de 40 metros cubiertos de
signos jeroglíficos, los cuales tienen á veces nada ménos que quince
centímetros de profundidad, Obras de esta naturaleza podrían aco­
bardar á los escultores de nuestros dias armados de los mejores

t AJrieu Aícello, La claisiftc&tivn prékisttriyue i artículo publicado en 1a Rcvh*


¿tt fueiíünj jfieHti/ifutr, Abril de 1877, p ig . 400.
720 E l Catolicismo y la ciencia
instrumentos que existen. Es muy dudoso, en efecto, que con todos
los recursos de la mecánica moderna se logre hoy día sacar de la
cantera, tallar, bruñir, esculpir, dorar y poner en su sitio dos obelis­
cos como los de Kamak en el espacio de 19 meses, como lo hicie>-
ron los obreros de la reina Hashepsu hace más de quince siglos an­
tes de nuestra era„
Con este y otros poderosos argumentos prueba el autorizado es-
critor que los egipcios conocieron y usaron el hierro desde el alba
de su civilización; y no es maravilla, porque el modo de beneficiar
el hierro y otra clase de metales ya fué conocido por los hombres
antes del diluvio, y este conocimiento se transmitió á los postdilu-
vianos por medio de la familia de Noe, muy rica y poderosa. Sin
embargo, en el capítulo v de la misma obra, el cual lleva por epí­
grafe; Usage et uíils de pierre ches les égyptiens, hace ver el refe­
rido autor cómo los instrumentos de piedra de todas clases fueron
siempre, desde el principio de su civilización hasta el fin, asi en
tiempo de los lágidas como en el de los romanos, de uso muy fre­
cuente. “ El Egipto, nos dice en la página 337, no ha hecho uso
solamente del pedernal bajo la forma de los instrumentos perfeccio­
nados que acabamos de describir, sinó que nos presenta ademas
esparcidos en los lugares próximos á las ciudades, á las rocas donde
hizo sus excavaciones, á las necrópolis, y algunas veces al rededor
de los mismos cofres funerarios y aun en el interior de ellos, todos
los géneros de pedernales talados, trabajados ó sin trabajar, que so
encuentran en Francia y en otras partes en las estaciones llamadas
de la edad de la piedra; hachas, cuchillos, punzones, martillos, ras­
padores, flechas, etc. Estos instrumentos, como lo ha averiguado
M . Mariette, son todavía más abundantes en la época de los lágf-
das y de ios romanos, al ménos en lo que concierne á los sepulcros,
que en las épocas antiguas; sólo que el trabajo del pedernal es cada
vez más descuidado. Los instrumentos raás perfectos son los más
antiguos, miéntras que los exploradores de las estaciones de la edad
de la piedra consideran generalmente la tosquedad del trabajo
como una señal de antigüedad.»
Esta inversión en el órden de las industrias no es cosa propia
solamente de Egipto; M. Schliemann ha hallado un fenómeno igual
en el solar de la antigua Troya, llenando de admiración á los parti­
darios de la prehistoria, lo cuales pretendieron por lo mismo falsifi­

1 d a b a * , I. ckHcliap. Ji, pdff 4S-49. Paria, 1873.


en órden á la antigüedad del hombre. } 21
car los hechos para no ver tan contrariado con ellos su bello ideal.
Al de Schliemann protestó contra esta villanía escribiendo á tos
redactores de los Materiales para servir á la historia natural y
primitiva del hombre una carta que ellos publicaron, hadándole
preceder la observación siguiente: u Es cosa generalmente admitida
hoy día que la mayor parte de ios pueblos han pasado, en el perío­
do de la infancia, por las mismas vicisitudes industriales. Los restos
de la civilización rudimentaria de la edad de la piedra están siempre
en la base de otras ruinas. : Habrá hallado M. SchKeraann una ex­
cepción á la ley general en las ruinas que él atribuye á la Troya de
Homero? Según dice, en sus excavaciones ha visto que “ las ¿señales
de la civilización aumentan con la profundidad; n es decir, lo inverso
de lo que se observa en tas otras estaciones de la antigüedad, ó,
por mejor decir, de lo que debería observarse según la prehistoria n
En esta carta decia M. Schliemann, entre otras cosas, lo siguien­
te: u Vuestra opinion sobre la edad de la piedra está refutada por
los hechos que yo he presentado á vuestra vista. Las capas de es­
combros de la edad de la piedra deberían por necesidad hallarse en
lo más profundo, sobre la tierra virgen, y debajo de todas las otras
capas de las ruinas. Pero nada de esto sucede, como he tenido la
honra de explicároslo más de una vez. Las señales de la civilización
amnentan en el solar de Troya con la profundidad, y justamente
las más hermosas vasijas están entre diez y quince metros debajo
de la superficie del suelo. Las vasijas tienen siempre allí dos tubos
á cada lado, y en la misma dirección una abertura en la boca, para
ser suspendidas por una cuerda; todas las tazas tienen Largos tubos
horizontales de suspensión. Esta vajilla, tanto por su calidad como
por sus adornos, supera con mucho á todo cuanto se encuentra en
las capas donde existen los restos de tas naciones siguientes. Entre
estos adornos, grabados y llenos de arcilla blanca para que hieran
Ja vista, se encuentra representado el swastika 1 y la cabeza de
mochuelo, lo cual es prueba de que esta primera nación era de la

1 Maiwrimuxpom jtm ir ml'histtñrt na&trúU et primita*t dt l' (temóte, 11174, P- 3&*


2 El fímmí/tin c» el íattiontác Ua Provincias Vaaeoegadas, 6 sea i u especie de crui
de San t a d r a , la ciul m»vc pintada «a lor itavfo* donde RAraa i U cooqowtm de
la» Indica y de Ceilan, «n los templa» indios, sobre las ur&flj y piedras lapídenles
«tilica», j huta en ku Catmnimhnit jr en la Cátedra de Sao Ambiento de Mfban. ¿Qué
**gvtóe*ba cata cruxt Parece s u úgao de algalia cosa rcHgtow; o t r a , «tn embargo,
Curtaitiftc (Matrriamx, tomo pég. ¿6g), no Yen-e»-aU«,*¡n<5 una cierta ea-
pccíe de romana para pesar los objeto». 1
722 E l Catolicismo y la ciencia
raza arya. Allí he hallado cincuenta botones, un cuchillo de bronce
ó de cobre dorado, una lindísima horquilla de plata» cien hermosas
tijeras, hachas y otros instrumentos de piedra. Yo os juro que los
escombros de esta capa enorme, de cuatro á seis metros de espesor»
no se hallan en lo más mínimo mezclados con los de los verdaderos
troyanos, entre diez y siete metros debajo de la tierra; porque no
he hallado jamás en estas capas el menor vestigio de la hermosa
cerámica de los primeros habitantes; ni entre éstos tampoco la
menor reliquia de vajilla troyana. Entre lps troyanos he hallado lo
mbus veinte veces más instrumentos de piedra, y sobre todo de
diorita, que en la primera nación; y quizá también otras veinte ve-
ces lo ménos más de vajilla, pero de una clase enteramente diversa.
Entre siete y cuatro metros se ve un pueblo del todo diferente. Yo
crcia haber descubierto en esta nadon la edad de piedra, porque se
me presentaban allí á miles los instrumentos de esta materia; sólo
las tijeras están excelentemente trabajadas; los demás instrumentos
son todos muy toscos. Sin embargo, entre ellos los hay de cobre,
aunque raros. Ademas, toda la vajilla muestra una inferioridad muy
grande respecto de la troyana „
La explicación natural de estos fenómenos es que la civilización
y la barbarie han coexistido en otros tiempos, lo mismo que en los
nuestros, y que en ¿pocas anteriores á nuestra era hubo irrupciones
de bárbaros, como las ha habido en la nuestra. Estos hechos, por
consiguiente, no destruyen la hipótesis fundamental, pero sí la de­
bilitan grandemente, haciendo ver que en ningún tiempo de los pa­

i Schllemana, en tos MaUriaux arriba citados. El abate Hamard ha publicado


en Lm Canfrmertt ( i.° de Octubre de 1881) an impórtame artículo sobre «tíos d e s c u ­
brimientos de M. Schliemann, donde, entre otras cosas, dice lo siguiente: 'Esta* afir­
maciones reiteradas de M. Schliemann no han podido trisnfar de las ideas precon­
cebidas. Sin embargo, no por eso queda ménos demostrado para todos cuantos miren
este apunto sin pasión: i.° Que los habitantes primitivos de Ja Tríada conocieron
desde su origen una civilización arañada. 2J0 Que durante ▼anos siglos atlH**'00
aimaltánoainoate ei bronce y la piedra, sin que ningtyn de « su s dos sustancia* frese
entre ellos de un uso exclusivo, 3.0 Que si la piedra predominó un momento, esto no
sucedírf al principio, como (o quisten la teoría, sinó después de una. civilización bri­
llante , 7 cuando nula unos ocho <5 diez siglos intes de noestra era, 4 .a Que la indus­
tria local turo una decadencia continua hasta la época griego. 5.a Finalmente,
el uso de la piedra no es en manera alguna incompatible con un calado social flore­
ciente t puesto que en la parte mayor de nuestras capas prehistóricos hemos avenga**
do la presencia de ob}etos-de esta naturaleza acodadas i los productos de una indos*
tria más avanzada. „
en orden á la antigüedad del hombre. 723
sados aparece la barbarie sola y abandonada á sí misma para sacar
de sus entrañas á la civilización, su hija.
Log secuaces de la prehistoria, sin embargo, pretenden ver en
las estaciones prehistóricas de Francia y de algunas otras partes de
Europa esta anterioridad absoluta de la barbarie. “ Porque, dicen,
la vida histórica y civilizada de Egipto y de los pueblos asiáticos,
no es nada en comparación de la alta antigüedad que requiere el
salvajismo de ciertos pueblos europeos.* Esto es lo que dicen; mas
están muy léjos de poder probar su aserto. Toda esa parte de Eu­
ropa á que apelan estuvo sumida en el salvajismo hasta la era
cristiana; y aun más tarde, durante los primeros siglos de la Iglesia,
los bárbaros la recorrían continuamente, acechando el momento
oportuno para arrojarse sobre el Imperio romano. Hasta unos dos
siglos ántes de Jesucristo, ni palabra sabian los griegos ni los ro­
manos de lo que pasaba en el interior de todas esas tierras, según
nos cuenta Polybio, y asi poco es lo que nos pudieron referir acer­
ca de sus costumbres bárbaras y salvajes. Mas por lo que nos han
dejado escrito, ya de ellos, ya de otros salvajes contemporáneos,
bien podemos asegurar que el uso de la piedra se prolongó entre
ellos, ¿ pesar de tener conocimiento de los metales, hasta la era
cristiana, y áun quizá mucho más adelante; razón por la cual es
bien claro que la sola presencia y uso de los instrumentos de piedra
en los referidos pueblos nada prueban en favor de su pretendida
antigüedad prehistórica.
Diodoro cuenta de los trogloditas ictiófagos de la Persia meridio­
nal que mataban los peces con cuernos agudos, y los partían con
piedras cortantes Según el mismo autor a, los escitas fabricaban
con costillas de buey raspadores para arrancar la piel de las cabe­
zas de sus enemigos vencidos, y convertían en copas los cráneos
aserrados. Este uso de emplear los cráneos en lugar de copas era
también común á los tracios, según refiere Amiano Marcelino 3. Sin
embargo, los escitas conocían todos los metales. Según el mismo
Diodoro, cierta clase de etiopes mataban las bestias feroces con
palos endurecidos al luego, con piedras y con flechas (ht, 24); otros,
llamados struzáfagos, ó comedores de avestruces» atacaban á sus
enemigos con cuernos de antílope muy afilados (m, 27); otros, de

1 Diodoro, ¿fití. Jtíst., ttb. tti, cap. 15.


2 Idem, lib. iv, 64-65.
Í Libro vil, 4.
724 E¿ Catolicismo y la ciencia
nombre trogloditas, ó habitantes de las cavernas, al Oeste del mar
Rojo, comenzaban el combate arrojándose piedras, y luégo venían
á las flechas (ni, 33); y, finalmente, otros que habitaban en la re­
gión del elefante, se servían de los colmillos de este animal para
abrir sus cisternas (m, 28).
Herodoto dice que los árabes, para solemnizar sus contratos, se
herían las palmas de las manos con piedras afiladas; que los egip­
cios, para embalsamar los cadáveres, les hadan en el costado una
abertura con una piedra de Etiopia; finalmente, que los etíopes, en
el ejérdto de Jerjes, con sus largos arcos de palmera arrojaban
piedras afiladas, y en sus venablos ponían cuernos de corzo punti­
agudos El mismo Herodoto escribe que los libios mandados por
Massagés, hijo de O ario, también en el ejército de Jerjes, no lleva­
ban sinó venablos endureddos en el fuego; siendo así que los mis­
mos libios, algunos siglos ántes, tenían armas de metal muy temi­
bles, y carros de guerra
Los germanos, en tiempo de Tádto, no vivían sinó en familias
aisladas, y construían sus casas con sola madera en bruto J. 5egun
el mismo Tádto, los éstios conodan el hierro, pero no se servían
de ét sinó raras veces, siendo sus armas habituales unos palos *, y
los fenos no llevaban otra arma que el arco flechado con puntas de
hueso V Los bárbaros del Norte, según Plinio 6, iban armados con
picas, que llevaban en la punta un cuerno de uro.
Los bretones, según Julio César 7, llamaban oppidmtt á un lugar
de mucha espesura, fortificado con un parapeto y un foso* El mismo
autor refiere de los galos que delante de Alesia hadan uso de las
piedras y de las hondas *.
Pausanias cuenta que los sárroatas situados al este del Don no
tenían hierro ni comercio alguno, sirviéndose únicamente para sus
guerras de huesos en forma de lanza A miaño Marcelino refierela
misma cosa de los hunos, diciendo que usaban agudos dardos de

1 Herodoto, H ijt,, u ir 8; li, 86; vil, 69.


2 Idem, cap. vn, l¡b. tJtxt.
j Gtrmmdat pán. 16.J
4 li c i t o , C n m t i , p&rr. 45,
5 Idem, ihid., párr. 46.
6 Plinio, Hist., líb. x 1, cap, kjexvix,
7 César, D t biila gaUic6 t Ub. v.
S Idem, ü iJ ., cap. vtn, lito, u x m ,
9 Pausanias, Ub. t , i .
en orden d la antigüedad del hombre. 725
hueso, maravillosamente entrelazados (acutis ossibtts pro ¡piadorum
ananixe arte mira coagmentatis) *. M. de Ampére , en su Histoire
liiteraire de la France m>ant le dousiéme sítele. cita un fragmento
¿pico del siglo v, donde dos héroes aparecen combatiéndose con
dos hachas de piedra. San Ouen, en el siglo vu, habla también de
hachas de piedra en ia Vida de San Eloy. Los anales de Irlanda
traen de la misma manera á colacion los proyectiles de piedra, á
propósito de una batalla dada contra los dinamarqueses cerca de
Limerick, hácia el año 920
Chabas, despues de citar algunos de estos testimonios y otros
semejantes, relativos á los pueblos salvajes que existían en tiempos
de los romanos y de los griegos, continúa en esta forma: “ Se po­
drían , analizando las relaciones de los historiadores, multiplicar estos
indicios de un estado de cosas que reproduce ciertos caractéres
particulares de la edad de la piedra, pero en una época que no está
apartada de nosotros sinó unos diez y ocho ó veinte siglos. Más re­
cientemente todavía, en el sigloiv de nuestra era, los hunos, imberbes
y disformes, semejantes á unos animales de dos piés, ó á mons­
truosas cariátides, vivían de raíces ó de carne apénas calentada
entre sus muslos; no tenían necesidad alguna de fuego, ni de casas,
ni áun de chozas de cañas, aunque llevaban espadas de hierro, pe­
leaban también con flechas armadas de huesos afilados; vivían vida
de nómadas en carros cubiertos con cortezas de árboles, y llevados
por ellos á los lugares donde les convenia acampar. Los alanos
tenían, poco más ó ménost las mismas costumbres; pero eran gran­
des y hermosos, y se vestían con más cuidado.
Asi, pues, si no nos atuviéramos á otra cosa que á las fuentes
históricas, nos hallaríamos autorizados á negar que haya existido
jamás una edad de la picdra.'Esta edad, sus subdivisiones y las otras
edades reputadas prehistóricas, son concepciones teóricas apoyadas
en descubrimientos numerosos, pero con frecuencia demasiado con­
tradictorios para que al presente se puedan hallar en ellos los ele­
mentos de una clasificación cronológica indiscutible
Bien puede ser que todos estos pueblos europeos de que vamos
hablando hubiesen vivido algún tiempo sin hacer uso alguno de

1 H uí. 1 Ub. ui, cap. 1.


3 Sonthal, Tke reemt trifm 9/ , pág. 4 » .
I C h ab u, Étwiu dt tmmHquiic khioriquis etc., cap. v n i, párrafo secundo, pá­
gina 496.
726 E l Catolicismo y la ciencia
los metales; pero también es cierto, que el uso de las armas de piedra
duró entre ellos, juntamente con el de los metales, por lo ménos
hasta la era cristiana. Así es que las mismas investigaciones arqueo­
lógicas han confirmado con la mayor evidencia esta vendad, pul­
verizando por completo la tésis de nuestros adversarios.
El abate Hamard, en el libro anteriormente citado, trae gran
multitud de hechos de esta especie, que no dejan Jugar á la menor
duda 1. La mayor parte de los lugares de las Galias donde habitaron
los romanos, como la antigua Bibracto, Gergovia, A lise -S a in te -
Reine, Alaisa, Novalaise, el monte Ganelon, el monte de Noyorív
Rhuis, la ciudad de Limes, sita á cuatro kilómetros de Dieppe, Izd,
y finalmente, todas las vias romanas han ofrecido á cuantos han
querido hacer en estos lugares observaciones diligentes T objetos de
piedra mezclados con otros de industria más avanzada, como me­
dallas, monedas, instrumentos de bronce y áun de hierro, finamente
trabajados El mismo fenómeno se ha observado en una gran mul­
titud de sepulcros antiguos, cuyos lugares nombra el citado Hamard,
refiriendo brevemente las piezas de piedra y de otras materias más
finas en ellos encontradas, y poniendo por remate de su enumera­
ción las palabras siguientes: u Es verdad que los instrumentos de
piedra han sido hasta una época muy reciente, y lo son aún hoy
día en algunas regiones, objeto de un culto supersticioso; lo cual
basta, al ménos en ciertos casos, para dar razón de su presencia
en los sepulcros... Pero no creo, sin embargo, que sea posible ex­
plicar de esta suerte todos los hechos que acabo de Bcñalar. Fre-
cuentisimamente estos utensilios de piedra se encuentran con otros
objetos de uso ordinario; es de creer que unos y otros fueran utili­
zados realmente por el difunto en las necesidades domésticas. Lo
cual es tanto ménos dudoso, cuanto que los pedernales y las hachas
de piedra se encuentran, no sólo en las sepulturas de la época galo-
romana, sinó también en las estaciones que están á cielo descu­
bierto, donde los galos, los romanos y los francos han dejado
rastros de su industria privada „ J.
A la coleccton. de sepulturas añade el mencionado autor á renglón

l Hamard , Supflémmt «v gittmtNí du OnU Doi, pág. 153 j rijruieiited de m


obra Intitulada: Éhtdts crittquu dtArchétlogier etc,, Parta, 1880.
a Para toda» estas estaciones se pueden rer las obras de Citabas, Étude* rut
V amtlpmitJ kistfrique, e tc. , páginas 539-547, J los artículos de] P. Haté cu los ÉtudtJ
rttífittuis de 1S76.
3 Hamard, L eit. , páginas 157-1 $8.
en. orden á la antigüedad del hombre. 727
seguido una lista muy larga de campamentos antiguos de tas Galias,
donde han sido recogidos en gran número objetos de la misma cla­
se, observando que usería fácil prolongar en cierta manera hasta lo
infinito el catálogo empezado, si se hicieran investigaciones en este
sentido» y sobre Codo si no se hubieran las más veces descuidado
los investigadores en indicamos la asociación de este género de
objetos,, “ Porque, dice, conviene tener en cuenta que hasta hace
unos quince años los arqueólogos no hadan caso de los trozos de
pedernal, y si encontraban alguno en sus excavaciones, rara era la
vez que hacían mención dé él. Hoy sucede lo contrario; hay una
escuela que no ve sinó los pedernales, lo demas le es indiferente.
Ahora bien; todo el mundo sabe que las cosas indiferentes fácilmen­
te se nos pasan inadvertidas. Es preciso no olvidar esto, cuando se
trata de interpretar los descubrimientos que no han sido severamen­
te examinados,, *.
Por lo que dejamos escrito, se verá cuán infundado es lo que los
enemigos de la cronología vulgar nos dicen acerca de las diversas
edades prehistóricas, dividiéndolas y subdividiéndolas conforme á
sus propios caprichos, atribuyendo á cada una de ellas la extensión
que se les antoja, y poniendo entre unas y otras un cierto vacío in­
termedio que las divida perfectamente. La piedra tallada y la puli­
mentada, y áun los mismos instrumentos de piedra y de metal, han
coexistido durante mucho tiempo generalmente entre los pueblos
europeos, donde pretenden vanamente fijar sus reales los secuaces
de la prehistoria, y esta coexistencia ha durado hasta bien entrada
la era cristiana. Aún más: es mtiy probable que Iqs franceses se sir-
vieran de estos instrumentos de piedra en una gran parte de la Edad
Media, cuando, por efecto de mil calamidades públicas, se vieron
muchas veces reducidos los pueblos á la miseria. u¿Quién nos dirá,
escribe á este propósito el citado Hamard, cuáles eran los utensi­
lios de estos pueblos rurales infortunados, cuando la barbárie iba
tomando entre ellos aquellas nuevas creces causadas con las inva­
siones de los germanos y de los normandos; con las mil y una ca­
lamidades que en diversas épocas consumieron á Francia; con las
turbulencias, los latrocinios, las guerras civiles, las hostilidades
perpétuas, que pusieron con frecuencia á los habitantes en la ne­
cesidad de buscar refugio en las montañas y abrigo en las cavernas;

1 Hamard, ibid.¡ pág. 163.


-i Idem, /Wrf.
728 E¿ Catolicismo y ¿a ciencia,
con aquellas epidemias y carestías, en fin, que obligaron más de una
vez á los miserables hambrientos á alimentarse con la yerba de los
campos, con las cortejas de los árboles, y lo que apénas se puede
decir, con trozos de carne humana sacados de los sepulcros? „
Para muchas cosas los instrumentos de piedra valen tanto como
los de metal, y cuando la dificultad de procurarse estos segundos es
muy grande, ya por razoo de la suma pobreza de los pueblos, ya por
el subido precio á que deben comprarse habiendo de ser traídos de
fuera, es muy natural que los pobres apelen á los primeros, y sólo
los ricos se sirvan de los metales. Así pues, La suma miseria de los
franceses en los tiempos mencionados por Hamard, y el alto precio
de los utensilios metálicos en la época galo-romana, y más todavía
en las épocas anteriores, harían qtíe los pueblos europeos usasen
juntamente los instrumentos de piedra y los de metal, y esto mismo
debió acaecer con el uso de la piedra tallada y el de la pulimentada.
Los que tenían más ocio y más vagar que otros pueblosvecinos puli­
rían sus instrumentos» y si eran ricos» los harían labrar ó los traerían
bien trabajados de lejanas tierras. Por el contrario, losque vivían muy
ocupados con los trabajos de la guerra, ó no teniati dinero ni tiempo
para procurarse utensilios más elegantes, se servirían de otros más
toscos, que el suelo donde vivían les proporcionaba sin gran dispen­
dio. Sabemos que la civilización fué importada de Asia y de Egipto
á los pueblos europeos por el Mediterráneo; las costas de este mar
interior fueron las primeras en ponerse en comunicación con los fe­
nicios y con los egipcios; despues esta comunicación fué extendién­
dose más y más hácia el Norte mediante los grandes ríos que ve­
nían á desaguar en el Mediterráneo, y que ofrecían libre paso á ios
que en pequeñas piraguas qmsiesen navegar por ellos en toda la
longitud de su corriente. Así» los salvajes de Europa podían procu­
rarse varios objetos de su gusto, elaborados en los puntos civiliza­
dos del Asia y del Egipto, dando en cambio á los que con ánimo
mercantil se acercaban á sus tierras otras cosas que ellos miraban
con poco aprecio. Esto mismo es la que sucede boy día con los di­
ferentes salvajes del globo, de lo cual pueden dar buen testim onio
los ingleses. Por eso se encuentran entre los instrumentos de piedra
usados por los antiguos europeos algunos cuya materia está indican­
do claramente su procedencia oriental, no hallándose sinó en el Asia
piedras de aquella especie. El jade, por ejemplo, no se encuentra en

i Himartí, I. cii>, pág. 167.


en orden á la antigüedad del kómbre. 729
el antiguo continente sinó en las tierras de Asia; y sin embargo, ha
sido hallado entre otros instrumentos de piedra usados por los pue­
blos septentrionales de Europa. Las mismas flechas aladas de peder­
nal, ¿qué otra cosa son sinó un remedo de las metálicas, fabricadas
en esta forma? Los salvajes veian estas flechas metálicas, y sabían
muy b¡en por su triste experiencia su mortífera actividad; siéndoles á
ellos difícil el procurarse otras de la misma materia, daban a las su­
yas de piedra una forma semejante para obtener el mismo efecto.
Los etruscos, cuyos navios llevaron la guerra a Egipto bajo el
reinado de los Ramsés, fueron también uno de los pueblos que im­
portaron á los países habitados por estas gentes los objetos de la
industria usada en otros lugares más civilizados, “ Un descubrimien­
to reciente de una sepultura etrusca, escribe á este propósito el
egiptólogo y naturalista M. Chabas, verificado en Eygibilsen, cerca
de Tongres, á la ribera izquierda del Mosa, prueba que los etruscos
habían atravesado la Europa ó dado la vuelta al rededor de ella con
sus navios ántes que hubiese tomado vuelo el poder romano. De
aqui la pregunta de cómo este pueblo, que conocía el hierro, no ha­
bía de comunicarlo jamás á sus correspondientes septentrionales, y
la respuesta ha sido poner en cuestión la série de las edades prehis­
tóricas con que ha sido embarazada la ciencia*
Asi, los salvajes de Europa, puestos en comunicación con estas
gentes más civilizadas, y con otras de Asia y de Egipto que se lle­
gaban á comerciar con ellos, no podian ménos de participar algo
de los adelantamientos industriales llevados por ellas á cabo; si bien,
como es regular, tos objetos de industria traídos de fuera tendrían
entre ellos un precio muy subido, y por lo mismo serían usados de
pocos, los cuales tendrían gran cuidado en conservarlos. Ésto ex­
plica cómo en ciertas estaciones llamadas prehistóricas no se encuen­
tra hierro ni otros metales; el sumo precio de tos utensilios metáli­
cos importados de fuera por los traficantes extranjeros, hacia que
estas cosas fuesen guardadas por aquellos hombres antiguos con la
misma diligencia que ahora se emplea para no perder el oro y la
plata. Fuera de que las piezas de hierro tenian ademas otro incon­
veniente para podo: llegar hasta nosotros: el hierro se gasta fácil­
mente con la roña, convirtiéndose en óxido terroso; de aqui el que
en tas capas de la época romana se encuentren objetos de este me-

i Cha.hu , Éftuftt sur fmntiquift histor 'uju*^ etc., cap. vrn . párrafo tercera,
P*«* 5 a4 »
7 3° E¿ Catolicismo y ia ciencia
tal casi del todo destruidos con no poca frecuencia, los cuales hu­
bieran desaparecido por completo á haber mediado circunstancias
más favorables para la oxidacion, ó si hubiera transcurrido un
tiempo más largo.
Entre estos mismos salvajes, los unos se hallarían en continuo
contacto con los habitantes de las colonias extranjeras, que se in­
ternaban poco á poco en sus tierras siguiendo el curso de los ríos; pero
miéntras tanto los otros vivirían retirados en las montañas vecinas,
ya por odio á los nuevos usos y costumbres importados de fuera y
enteramente contrarios á los suyos, ya por el deseo de verse libres
de las persecuciones que contra ellos moverían tos reden llegados.
De donde resultaría que en una misma comarca habría dos dviliza-
ciones yuxtapuestas, y áun mezcladas la una con la otra. Esto es lo
que sucedía en los tiempos de Tádto entre los romanos y los ger­
manos» pues de estos últimos sólo los que vivían más próximos á
las provincias romanas apreciaban el oro y ia plata. Los demas,
metidos en lo interior de sus bosques, no tenían en mayor estima
estos metales que la arcilla de su país, por más que viesen con sus
propios ojos los presentes de oro y plata regalados por los roma­
nos á los grandes de su tierra, y se servían muy poco de la espada,
de la coraza y del casco para los usos de la guerra
Los partidarios de la prehistoria se levantan contra tal género de
razonamientos, que les arrancan de las manos la série interminable
de siglos reclamada por el hombre-mono, y arguyen diriendo que
de tan reciente uso de la piedra entre los referidos países no hacen
mención tos historiadores clásicos. Pero es vana por completo se­
mejante reclamación; ya porque es falso que no hagan la mención
indicada, como lo dejamos probado ¡ ya también porque, ¿un cuan-
do así fuera, ninguna fuerza tendría este silencio contra los hechos
positivos que prueban manifiestamente la verdad de nuestra tésis,
según lo hemos evidenciado más arriba.
Dice muy bien Chabas á este propósito: “ El silencio de la histo­
ria no tiene sinó muy poca iraportanda en esta cuestión. Ningún
historiador ha sabido reparar en los monumentos megalfticos que
nos consta haberse hallado esparcidos en todo el mundo antiguo»
y que recientemente han sido descubiertos, así en el nuevo continen­
te como en riertas islas del Padfico. Las personas que han visto las
alineaciones de Camac ó el Stonehenge de Salisbury, ó que han

i Tácito, Grrmamü, pdrr. 5 7 6 .


en órden d la antigüedad de/ hambre. 73i
leído las descripciones de estos monumentos extraños, podrían fá­
cilmente dejarse convencer de que en tiempo de César no había
allí dólmenes ni menhires, pues este historiador-no se ha dignado
consagrarles ni áun una ligera mención. Todos los otros historiado*
res han guardado la misma reserva. Los geógrafos han hecho lo mis­
mo, no diciendo de ellos palabra. w
"El otro género de monumentos que debieran haber llamado vi»
vamentc la atención de los antiguos * continúa el mismo escritor,
son las habitaciones lacustres. Herodoto ha hablado de oídas sobre
las del lago Prasias (Ub. v, ló;. Mas desde la época del padre de la
historia los palafitos de los lagos de Suiza, de Italia, de Saboya y
del Delfinado han durado cerca de diez siglos, sin atraer sobre s( los-
ojos de tos geógrafos ni la atención de los historiadores. Algunas
de estas ciudades extrañas estaban todavía ocupadas en los tiempos
merovingios y áun en la época carlovingia.
«No nos extrañemos, pues, de que sean tan poco conocidos en
la historia los utensilios de piedra y de otras materias duras, que
durante largo tiempo han debido ser el recurso ordinario de los
pueblos que, conociendo muy bien los metales, no tenían bienes
suficientes para procurarse instrumentos de esta clase ya labrados,
ni habilidad para fabricárselos. „ *.
A propósito de monumentos niegaUticos y de palafitos, sabido
es que los secuaces de la prehistoria dan á unos y otros una anti­
güedad extrema. En favor de la suma antigüedad de los primeros
han aducido la tosquedad de los sobredichos monumentos y la na­
turaleza de los objetos hallados en ellos, y una cosa pareada han
venido á decir acerca de los segundos. Pero nada más fútil que se­
mejantes razonamientos. La tosquedad de una cosa nada prueba en
favor de su antigüedad: al lado de un artífice muy excelente puede
muy bien hallarse otro que haga obras de poco ó ningún mérito
artístico, acomodándose á las condiciones de las personas que las
desean. En todos tiempos ha habido pobres y ricos, y el pobre no
puede ménos de obrar en todas partes conforme á los recursos de
su pobreza. La vajilla fina de los ricas y los grandes p a ia d o s'e n que
habitan, 4suprimen acaso en nuestros tiempos los toscos cacharros,
ni las miserables chozas de los pobres? Esto mismo ha sucedido
siempre en los tiempos anteriores.

1 Cbftba&, t. ck^ págv 497.


i Idem, JíjV., pág. 498.
732 jEl Catolicismo y la ciencia
Pues de la naturaleza de los objetos mencionados nada digamos.
En los dólmenes se encuentran casi en la misma proporcion los
instrumentos de piedra tallada y bruñida, y los metales se hallan
también en ellos con frecuencia. Sobre un total de excavaciones
tomadas al acaso por Hamard en los Materiaux, y practicadas en
los dólmenes, menhires y caminos cubiertos, que son otros tantos
monumentos megalfticos, ha observado este ilustre arqueólogo que
se hallaban S3 veces objetos pertenecientes á la edad neolítica ó de
la piedra pulimentada, y 74 relativos á la paleolítica ó edad de la pie­
dra tallada l. El mismo autor asegura que “ sobre un total de 192
excavaciones hechas en los dólmenes descubiertos ó soterrados, y
cuyos resultados han sido publicados con conocimiento suyo, 82
han dado bronce y 33 hierro ;„ y añade que la proporcion sería aún
mucho mayor, si se tomara en cuenta todo el conjunto de monu­
mentos megalíticoSj cuales son los dólmenes» menhires, cromleches
y túmulos; porque d entónces en 320 excavaciones se presentan 141
veces el bronce ó el cobre, y 63 el hierro n
Todos estos hechos demuestran con plena evidencia que los tales
monumentos entran en el terreno de la historia, siquiera se llamen
prehistóricos con respecto á los lugares donde han sido hallados.
Añádase ¿ esto que entre los utensilios de piedra mencionados hay
algunos de jadeita y clorométanita importados del Asia por medio
del aomercio, y cuyo destino, asi como el de otros muchos de pie­
dra bruñida, llamados por los latinos ceraunias, y piedras del rayo
por la gente vulgar de nuestros tiempos, ha sido servir como obje­
tos de mero lujo ó adorno, y no como instrumentos de acdon al­
guna, pues muchos de ellos son muy pequeños y ménos aptos pára
este oñcio que los pedernales en bruto. Fuera de que ninguna señal
muestran de haber sido empleados jamás para cortar cosa alguna,
y así bien dan á entender que el fin de sus posesores no fué el que
les señalan los amigos de la prehistoria. Todo esto indica que los
pueblos de los sobredichos monumentos se hallaban en un grado
de civilización bastante avanzada, pues el comercio y el lujo no son
cosas diñó de gente que va ya entrando en vías de civilización y de
progreso.
Todavía hay otro argumento gravísimo que pone en manifiesta
evidencia esta verdad, porque en estos monumentos se han encon­

I Hamard, Éiudti rritiftui d'Arckteiegit, pág. 132.


a U n a, Oíd., pág. 193,
en órden á la antigüedad del hombre. 733
trado monedas y vasijas de la época galo-romana, las cuales indi­
can lo reciente de su data. Hamard 1 cita un gran número de luga­
res de esta clase donde han sido hallados tal género de objetos; y
añade con mucha razón que tendríamos noticia de muchas más á
no haber sido violados por los antiguos, que se debieron llevar
cuantas medallas se les presentaron en sus excavaciones, y á no ha­
ber procedido los exploradores modernos con la idea preconcebida
de que los tales monumentos son excesivamente antiguos; pues
esto ha hecho que cuantas veces han venido á sus manos los obje­
tos galo-romanos, los han despreciado teniéndolos por' cosas de
una época muy posterior, y así no los han dado á conocer al públi­
co. Uno de ellos, sin embargo, ha procedido con más exactitud y
ha escrito las palabras siguientes: “ En ciertos dólmenes de Loctna-
riaquer, sin hablar de objetos más modernos, han sido hallados,
áun á una notable profundidad, ladrillos con rebordes, monedas im­
periales, fíbulas de bronce, vasijas y estatuas de tierra blanca que
no van más allá de la época galo-romana*
V para que no se diga que estos objetos han sido depositados
allí en épocas posteriores á la que vio levantar los tales monumen­
tos, basta saber que M. Miln ha hallado hace algunos años debajo
de algunos menhires de Carnac numerosos fragmentos de tejas con
rebordes, y de vasijas rojas llamadas samias, las cuales estaban
“ entre las piedras que servían de base á estos monumentos „ \ y
por consiguiente, por fuerza han debido ser colocadas allí ántes de
su fabricación. Ademas, bajo las ruinas de una villa ó quinta galo-
romana próxima á las alineaciones de Carnac ha descubierto el ci­
tado M. Miln el mismo mueblaje de los dólmenes, á saber: lanzas
y pedazos de pedernal quebrado, ceraunias de diversas clases, va­
sijas toscas hechas á mano, gargantillas de ámbar 6 de otras mate*
rías, y junto á todas estas cosas ha hallado objetos de mármol, de
bronce y de hierro, medallas y vasijas romanas, señal manifiesta de
que todos estos utensilios formaban el ajuar del señor de la quinta,
siendo los primeros usados por los criados y los segundos por los
de la familia „
{No indica esto claramente que los mencionados dólmenes per-

■ Hamard t Étudej critiques d'Arekéoíagit, pig- 195.


* Idem, ióid,, póg, 19;.
3 Miln, Fsntillít fa ittt * Cartuu, 1877.
4 Hamard r l. tit. , pág. 201.
734 -£/ Catolicismo y la cünciá
tenecen á la misma época que la sobredicha quinta, y que por lo
mismo no tienen la antigüedad extrema que vanamente les atribuyen
los secuaces de la prehistoria? La mayor parte de las monedas ha­
lladas en los monumentos megalfticos do Camac son de tos últimos
tiempos del Imperio romano; y asi, es muy probable que no han
sido erigidos sinó despues de haber sido ocupados aquellos lugares
por los romanos. San Gregorio de Tours 1 refiere que eri el siglo vi
los bretones todavía conservaban la costumbre de erigir túmulos;
los cuales en su mayor parte, por estar compuestos de criptas for­
madas con piedras brutas eran verdaderos dólmenes, sólo que no
estaban soterrados como éstos, sinó dispuestos al aire libre. Los
túmulos de Dinamarca, como los sepulcros de Gorm y de la reina
Thyra sobre la costa oriental de Jútlandia t y el de Harald en la isla
de Seeland, son también monumentos m egaliticos en toda la fuerza
de la palabra, y sin embargo pertenecen al siglo x de la era cristiana
En Irlanda todavía se erigían dólmenes en el siglo v de nuestra era.
Lo mismo se diga de los kttmt‘6éddeni ó sepulcros de los hunos
de Holanda, los cuales consisten en cámaras formadas con piedras
brutas de grandes dimensiones, recubiertas con un gran monton de
tierra en forma de montículo. Los proclamadores de la extrema
antigüedad del género humano habían afirmado que estos monte-
cilios , atendida su construcción sumamente tosca, y considerada la
naturaleza de los objetos en ellos sepultados, debían contar una
multitud muy grande de siglos; pero los estudios practicados sobre
estos lugares han inducido á los sabios á juzgar que la mayor parte
de estos monumentos no son anteriores á la época romana, y
M. Pleyte, uno de los observadores que con más diligencia los ha
examinado, hace descender algunos de ellos hasta el siglo v de la
era cristianaA ntes de la llegada de los romanos casi todo el país
de Holanda era anualmente inundado; despues se fué levantando
con los depósitos abandonados por los bancos de hielo venidos de
Noruega, y con los que acarreaban á aquellos lugares el Rin, el
Mosa, el Escalda, el Ems y el Issel, y comenzó á ser habitado por
los que construyeron los referidos monumentos, g en te bárbara y
fe r o z , como los llama Julio César 4. A estos prim eros habitantes su-

t Histor. Fratir., i v , 4.
2 Fcrgftuaon, Les wmutmaii» migntüAiftut dt M u Ut pay¡, 7 311*
3 C tw b u , Étudtr sur Temtxpdiíkiitsriqut, etc., p<gí. 53* y rigulntes»
4 César, U» M h gaffln, lib. tv.
en orden d la antigüedad del hombre. 735
cedieron más tarde los bátavos, sin arrojarlos empero del territo­
rio; pues Los vencidos vivieron mezclados con los vencedores, como
consta de los túmulos fabricados por aquéllos en los primeros siglos
del Cristianismo. Los objetos que se encuentran en estos túmulos
son pedernales, ya casi del todo brutos, ya elegantemente pulimen­
tados, y vasijas toscas y groseras en unión con otros objetos de
una civilización mucho más avanzada, y comprendida, según escribe
M. Pleyte, entre el primero y sexto siglo de la era cristiana *.
La Sagrada Escritura nos ofrece también en el pueblo hebreo
otra prueba de que este género de monumentos no lleva coqsigo
la antigüedad que á su antojo han querido señalarles los partidarios
de la prehistoria. Basta examinar algunos lugares de la Biblia para
convencerse de esta verdad. Vea quien guste los siguientes: Ge­
nes., xxvin, 18, xxxi, 45*52; Deuteron., xxvii, 2-5; Josué, v i l , 26;
vm, 29; xxiv, 26; H Reg., xvni, 17, doude hallará casi todos los
monumentos de esta especie. El primero de estos lugares, nos ofre­
ce un menhir levantado por Jacob en honor de Dios Nuestro Señor.
Cuando los hebreos pasaron el Jordán, tomaron dd álveo del rio
doce piedras, que despues fueron puestas en un lugar vecino como
testimonio de aquel acontecimiento por órden del Señor, formando
asi un verdadero cromlech. Y como recuerdo de este mismo hecho,
Josué mandó poner otras doce en aquella parte del rio donde los
sacerdotes habían estado sustentando en hombros el arca santa
Aún más: hoy mismo se usa este linaje de monumentos entre los
in d i o s Y esto nada tiene de extraño, porque es muy natura] que
hayan sido construidos en todos tiempos. Como observa muy bien
el abate Hamard, Mla idea de acumular piedras para perpetuar el
recuerdo de un suceso, y sobre todo para fijar el lugar preciso don»
de descansan los restos venerandos de un pariente ó de un amigo,
es la cosa más óbvia del mundo, y en todos los tiempos ha debido
ocurrir á los hombres n *.
Finalmente, para concluir esta cuestión de los monumentos me-
galíticos, basta nombrar el pueblo que los ha construido en Europa,
y con esto solo se conocerá que no pueden datar de una ¿poca muy
antigua. Este pueblo es sin género de duda el de los celtas, como

1 Chabas, lugar citad*,


t Jocoé, it, 5-20. V. Chiba», l. fü .t pigfi, 4S4-4&9-
3 V. MaierÍAuicyaño de 1876, pág. 185.
4 Hamard, ÉfvJes crittfuif, etc., pág. 85.
736 E¿ CaloMitsmo y ¿a ciencia
con argumentos irrefragables lo ha demostrado el abate Hamard \
confirmando con ellos lo que ya se venia creyendo desde tiempo
inmemorial entre los hombres. Nosotros no nos extenderemos en estas
consideraciones por no hacemos excesivamente prolijos: véalas quien
guste en el lugar que dejamos apuntado.
Por lo que mira á los palafitos, ninguna necesidad tenemos de
añadir nada á lo dicho sobre los monumentos de que acabamos de
tratar, siendo poco más ó ménos ¡déntiaos los objetos arqueológi­
cos que en ellos han sido hallados. Basta notar que entre estos
objetos tampoco han faltado las monedas romanas del tiempo de
los Emperadores; que la fauna y la flora de estas estaciones, falsa­
mente llamadas prehistóricas, son las mismas de hoy dia, señal ma­
nifiesta de que no ha debido transcurrir gran número de siglos entre
ellas y nosotros.
Allí tambiep, asi como en los dólmenes, se han visto aparecer
varias sustancias preciosas, como el jade, la jadeita, la calíais y el
ámbar, llevadas á aquellos lugares por los comerciantes del Asia; y
en los palafitos también, como cu los monumentos megaliticos, se
ha observado la data sumamente reciente de algunos de ellos, pues
en el lago Paladrú (Isére) duró el gusto de morar en habitaciones
lacustres hasta la época de los Carlovingios, y Abulfeda menciona
los palafitos de los cristianos en Siria en el siglo xuiJ.
Pues bien, se dirá: todo esto no prueba sinó que la edad neolítica
se extendió en los pueblos septentrionales de Europa hasta la era
cristiana» y que además, juntamente con la piedra bruñida, se usó
entre ellos durante algunos siglos el pedernal sin pulimento alguno.
Pero ántes de esto, ¿cuántos años no debieron transcurrir con sólo
la piedra tallada? Los cuatro tipos que ha designado Mortillet requie­
ren un tiempo inmenso para que lentamente se fuesen sucediendo
entre Jos salvajes de Francia; porque los pueblos de esta especie no
abandonan como quiera los usos y costumbres en orden á la forma
de sus instrumentos, tanto bélicos como domésticos. ¿Y de dónde
consta que los tales tipos se hayan sucedido el uno al otro? Todo
eso no existe ainó en la fecunda imaginación d e nuestros adversarios,

1 Hanurd, Eludís eriiujws , etc., págs. Sr-8^.. ( Véase el párrafo segundo de la


dinrtadon preliminar pitera por el mismo Autor i la traducción fruteen de la abra
de Fergusaon, intitulada: Afi'tmmmij migetkhifutt)
2 Véase en la Jltvtu dtt fttestíoru seitMttfqmu d# Abril d« ifi77, p á f. 4 ' 7? *1 *r"
líenlo de M. A tedio L * tituiíftcaiioft prtkui*rifw t,
en orden á ¿a antigüedad de¿ hombre. 737
que se forjan á placer sucesiones de formas paleolíticas para dar más
extensión á su pretendido hombre prehistórico. Que en alguna lo—
calidad hayan venido, una en pos de otra, algunas de las formas
indicadas por Mortillet, bien se puede conceder, que en esto cabe
también la moda, como en otras muchas cosas indiferentes; pero
que esta sucesión se haya verificado en una extensión considerable
como la Francia, y por el motivo que alegan nuestros nuevos histo­
riadores, fundando todos sus cálculos en la ineptitud de los salvajes
mencionados para dar á sus instrumentos las tales formas en un
hreve espacio de tiempo, esto es lo que de ninguna manera es ad­
misible, Por consiguiente Tsiendo por una parte muy nuevo el uso
de la piedra pulimentada unido al de los pedernales sin labrar, y
constando, por otra, que las formas de estos segundos han coexis­
tido todas juntas en los lugares aludidos, es cosa manifiesta que no
puede distar mucho de nuestra era la época de la piedra tallada per­
teneciente á los pueblos europeos, porque entre esta época y la si­
guiente no hay interrupción alguna.
El hombre no tiene la procedencia monesca que una gran parte
de estos autores aseguran, y asi no carece de inteligencia para dar
á las cosas de su uso la forma que más le agrade: basta que le ven­
ga en voluntad el hacerlo, teniendo tiempo para ello. Por tanto,
dará esta forma ú otra á sus utensilios, según le acomode, y ¿un
buscará en algunos de ellos la elegancia, puliéndolos si tiene tiempo
suficiente para ello. Asi es que los hechos arqueológicos, como he­
mos visto, demuestran la coexistencia durante mucho tiempo de
los simples pedazos de perdenal con las piedras pulimentadas, y áun
con el bronce y el hierro. La de las múltiples formas de la edad pa­
leolítica se ve por los datos siguientes, reunidos con este objeto por
el abate Hamard: “ En diversas localidades de las Landas, escribe
el ilustre arqueólogo, han sido hallados m site, y en los mismos
yacimientos, los tipos de Saint-Acheul, de Moustier y de la Magda*
lena (Rrvue Antropologique, 1875, II.6 livr.) En la gruta de Germo-
lles, perteneciente á la común de Mellecey (Saona y Loira) las ha
chas de Saint-Acheul, los raspadores de Moustier y los huesos ta­
llados, característicos de la Magdalena, han aparecido todos juntos;
lo que hace creer ¿ Mortillet que ha habido allí alguna nueva re­
composición del terreno; tal es la manera ordinaria empleada por
su escuela para explicar los hechos de esta naturaleza 1875;
1.** livr.) En Thorigué-en-Chamie (Mayenne), el abate Maillard ha
hallado reunidos los raspadores de Moustier y los cuchillos de la
73$ E l Catolicismo y la ciencia
Magdalena ( Afafériaux, 1876, pág. 287). En el mismo Saint-Acheul*
localidad cuyo estudio ha sido el punto de partida para la clasifica­
ción de M. Mortillet, la forma mousteriana coexiste con la forma de
almendra (ibid., 1875, pág. 281). A orillas del Vezére, en Dordoña,
las mismas grutas que se traen como características de las diversas
épocas paleolíticas han presentado á M. Reverdit una frecuente
mezcla de los diferentes tipos „
Así continúa el referido escritor designando la reunión de las so­
bredichas formas paleolíticas en Belcayre-Haut y Belcayre-Bas , en
Balutie, en Arcy-sur-Cure, en Coincourt, en Sauvigny-Ies-Bois,
en el mismo Museo de Saint-Germatn, á pesar de las ideas precon­
cebidas con que ha sido dispuesto; en las estaciones cuaternarias
de Pontlevoy, de Thenay y Sauvígny; en la gruta llamada de Ex-
ddeuil (Dordoña), y finalmente en Solutré; donde dice que han
sido hallados, juntamente con los objetos característicos de esta es­
tación, varios huesos tallados , hojas, raspadores, y hasta un silba­
to de falange de reno, absolutamente como en Laugerie-Basse y en
Bruniquel, que son dos estaciones pertenecientes á la época mag-
dalénica.
Añade más el mismo autor: “ El orden de sucesión, dice, cuando
existe, parece ser á veces lo inverso del propuesto por Mortillet.
Asi en Qichy, si hemos de creer á M, Reboux, las de la Magdale­
na se encuentran debajo del tipo de Saint-Acheul „ a. Despues de
esto, concluye Hamard diciendo que u sería inútil insistir más en
este punto de la clasificación prehistórica, porque los numerosos
contradictores que ha encontrado en el seno mismo de la escuela
muestran bastante su inanidad „
En los mismos términos se expresa M, Chabas, diciendo: *Se
encuentran en Solutré, esjadon de la época del reno y del mam-
muth, cuchillos de pedernal, lanzas y raspadores, cuya perfección
no ha sido superada en ninguna parte. La generalidad de los pe-
demales tallados, recogidos en el campo de Catenoy por M. Pon-
thieux, no presentan trazas de un trabajo más delicado .que los de
las grutas-abrigos de Rully y de Germolles, los cuales se hallan ca­
racterizados por los restos del mammuth y del osq de las cavernas,
y sin embargo, la estación de Catenoy abunda en hachas pullmen-

I llunard, Études eri/iqutí, «te., piga. 125-126.


1 Idem, ibid^ pig£> ib6- 117.
3 Idem, /¡Va1., pág, 127,
en órden d ¿a antigüedad del hombre. 739
tadas. Los vastos talleres de Charbonniéres, en el Maconnats, no­
tados por M. de Ferry, y atribuidos á la época pal eolítica, propor­
cionan en abundancia las hachas dé piedra tallada del tipo cuater­
nario de Abbeville, y Una multitud de objetos de este género, de
un trabajo generalmente más tosco que el de los depósitos del
Soma y del diluvio parisiénse; pero al mismo tiémpo se encuentran
en la misma localidad, repartidos sobre la vasta superficie hoy día
desmontada, cochillos, puntas, lanzas, Aechas, y, sobre todo, ras­
padores de un trabajo perfecto „ 1.
Estos hechos hacen ver hasta la última evidencia la falsedad de
la teoría ideada por M, de Mortillet. Asi es que M. Arcctín, que en
Abril de 1877 habia manifestado alguna adhesión á la clasificación
arqueológica de este naturalista", tres años más tarde, vistos los
trabajos de M. Acy, dirigidos ú refutar las ideas del fundador de las
edades paleolíticas, ya se expresa en otra forma. “ Las explicacio­
nes de M. Acy, escribe en Abril de 18S0, deapues de insertar una
larga carta que este sabio le había dirigido refutando las ideas de
Mortillet, rae parecen decisivas en lo concerniente al valle del
Sorna „ J. Por lo demas, M. Arcelin, tanto en uno como en otro
articulo, dice que uel argumento arqueológico por sí solo es abso­
lutamente insuficiente,, ♦, y que “ la sucesión entre las diversas eda­
des prehistóricas no puede ser probada si no es por la stratigra-
fta„ *. Va hemos visto cuál es el valor de la stratigrafía en la cues­
tión que al presente nos ocupa.
Con lo que dejamos escrito acerca del argumento arqueológico,
bien podemos asegurar que, léjos de prestar apoyo alguno á los
partidarios de la prehistoria, nos ofrece, por el contrario, motivos
poderosos para afirmar que el uso de la piedra tallada en Europa
por sí solo no nos autoriza para atribuir al género humano más
que unos dos ó tres mil anos anteriores á nuestra era. En efecto;
si el empleo de los instrumentos de piedra bruñida y sin bruñir se
extiende casi generalmente por todo el milenario anterior á la ve­
nida de Jesucristo, como de lo dicho se infiere, y con argumentos

1 Chnlxu, l. ciV., págs. 548-549.»


2 /.a tJtusi/krttim ptch'tíarvpte par M. Adrien Arcelin; artículo publicado en la
Jffwe des q ttttth n s sdtniifiquts, Abril 1877» 4° 3 -
Í Lo classificition ereké#ügfyu¿ apptiquét a i ‘ (f»qiu fuattnuurt, par M. Adrieti
Areclin, en la citada Htvut de AbriJ de 1880, pág. 624.
4 La clasjificativn archialogujutr etc., pág\ 627,
5 El mismo, en el articulo de Abril de 1877, Revttc dtt qmit, tehul., pdg. 404.
74° & Catolicismo y ¿a ciencia, etc.
irrefragables prueba M. Chabas harto tiempo ciertamente deja­
mos á los referidos pueblos para que durante el milenario anterior,
ó algunos siglos de él, usasen solamente la piedra tallada, si es que
ha tenido jamás lugar en época alguna. Porque el uso de pulir los
instrumentos es muy natural, y asf no puede suceder que exista
largo tiempo pueblo alguno sin pulirlos en alguna manera, siquiera
sea imperfectamente. Pero ya es tiempo de que pasemos á exami­
nar el tercer argumento de nuestros adversarios, fundado en los
datos de la Paleontología.

i Clubas, Étuétt tur Jkuiartqme, ctc.: cap. vm , pífjs. 158 y si­


guientes.
c a p í t u l o x x x iu

PROSIGUE LA MISMA MATERIA. D1SCÚTENSE LOS ARGUMENTOS


PALEONTOLÓGICOS DE LOS PREHISTÓRICOS.

' l argumento paleontológico expuesto en toda su forma


es el siguiente: El hombre ha sido contemporáneo de los
grandes carniceros y paquidermos que constituyen la fau­
na cuaternaria de Europa, y que actualmente, ó no existen, ó se
hallan confinados en climas muy diversos. Bien se atienda ai tiempo
transcurrido en adquirir la fauna pleistocena ó cuaternaria todo el
desarrollo que nos revelan sus restos; bien al tiempo necesario para
verificarse la emigración y extinción de tantas especies; bien, final­
mente, al inmenso espacio qne nos separa de la extinción definitiva
de muchos tipos, no puede ponerse en duda que el hombre cuenta
innumerables siglos de existencia* La coexistencia del hombre con
los mamíferos emigrados; el espacio que suponen la evolucion, ex­
tinción y emigración de muchas especies; el tiempo pasado desde
la extinción completa de otras, son los tres argumentos generales
sacados de la Paleontología para probar la remotísima edad del gé­
nero humano sobre la tierra. Veamos cuál es su pretendida fuerza,
examinando una por una las cuestiones que en sí encierran.
La coexistencia del hombre con las espedes extinguidas ó emi­
gradas comprende tres cuestiones: 1 * ¿El hombre ha sido acaso
contemporáneo de estas especies? 2.a La evolucion, emigración y
extinción de los referidos tipos,; exigen los vastísimos períodos que
se suponen? 3* ¿Cuál es el espacio transcurrido desde la extinción
completa de muchas especies hasta nuestros dias ? La respuesta á
estas tres preguntas nos dará la solución del argumento que del
campo de la Paleontología nos traen los amantes de la prehistoria.
Procuraremos darla con la mayor claridad posible.
742 E l Catolicismo y la ciencia
Tres puntos se pueden considerar en la primera de las tres cues­
tiones propuestas. £1 primero es como sigue: La simultaneidad de
yacimiento en tos depósitos cuaternarios ¿prueba la coexistencia de
las especies en el tiempo y en el espacio? Claro está que no: los
fenómenos extraordinarios que se llevaron á cabo en el período
cuaternario» y el modo especial de obrar ^ue por precisión debieron
tener las corrientes diluviales, removiendo los terrenos por donde
pasaban, arrastrando los. restos en ellos contenidos, alterando y
mezclando cosas que pertenecían á muy distantes edades y regio­
nes» prueban hasta la última evidencia que la simultaneidad en el
yacimiento cuaternario no lleva consigo la coexistencia dicha. Los
aluviones no sólo barren los objetos que encuentran en la superfi­
cie, sinó que ademas abren grandes surcos en los lugares por donde
pasan, y ejecutan un grande trabajo de erosion en las riberas de los
arroyos y en Jas. partes salientes que ponen obstáculos á su preci­
pitada carrera. Con esto se ponen bien pronto al descubierto los
terrenos de diferentes edades, y son arrebatados por las aguas tor­
renciales, que los dejan mezclados y confundidos en otros lugares
muy distantes, como si todos ellos hubieran pertenecido á una mis­
ma época y se hubieran hallado en una misma localidad antes de
ser trasladados. Ademas, muchas veces sucede que por la acción
de los vanos agentes de la Naturaleza se corren las tierras superfi­
ciales depositadas en las vertientes de las montañas, y entónces
aparecen otras de muy distintas épocas, las cuales son arrastradas
con gran furia con los aluviones que de nuevo sobrevienen. Lo que
hacen los corrimientos, ejecutan también los terremotos, los levan­
tamientos y hundimientos, y otras rail causas existentes en la Natu­
raleza» y señaladas por los geólogos. Véanse sobre el particular,
entre otros, á Cuvier Paul de Gervais * y Philips \ quienes tratan
con más detención esta materia.
£1 segundo punto se reduce á saber si el hombre ha coexistido
ó no con todas las especies cuyos restos aparecen en los depósitos
cuaternarios. En el estado presente de la ciencia, difícil es probar
con argumentos convincentes ni una ni otra cosa. Los datos con
que se cuenta para resolver esta cuestión no parecen del todo sufi­
cientes ó seguros. Es verdad que los huesos de estos animales han

1 Cuvier, Les rcveluti&ns de t* m r fa e t du globt, pág. 131.


2 Paul de Gervais, Rtckerchti ntr tattci&uuié dt la péritxU queiemiirt, p. 36.
3 V . Philips, Addrtttt tmug. ¿ t Jmttif, Crii., 1868.
en orden á la antigüedad del hombre. 743
sido hallados en los mencionados depósitos juntamente con ele­
mentos paleontológicos ó arqueológicos humanos; pero ya hemos
visto en el punto anterior que esta, simultaneidad no lleva necesa­
riamente consigo la coexistencia de que vamos tratando.
En opinion de M. Mortillet % “ la simultaneidad del hombre y de
las últimas especies extinguidas está ámplia, sólida é irrevocable­
mente probada con el descubrimiento de los productos industriales
del hombre, mezclados en grande abundancia con los restos de los
animales extinguidos ó emigrados en capas cuaternarias intactas y
en los depósitos de cavernas nunca removidos por nadie. „ Pero,
como observa sabiamente Moignoa, ora hayan quedado intactos,
ora no los tales depósitos, todos ellos son terrenos de transporte,
acarreados las más de las veces por las aguas; donde por lo mismo
la coexistencia en el yacimiento no es señal infalible de la simulta­
neidad en el tiempo ó en el espacio. Los materiales amontonados
por los ríos sumamente crecidos por fuerza deben pertenecer á di­
ferentes épocas geológicas, ordinariamente hablando; porque las
aguas en tales casos con su elevada altura se encuentran en el ca­
mino con capas de edades muy diversas. Esta es la causa por qué
se suelen hallar en los tales terrenos dientes de estos animales, y no
sus esqueletos. Dice muy bien á este propósito M. Barth, Gastakü,
citado por Mortillet en los Matrriaux (t. iu, p. 384), que haciendo
abstracción de los pedernales tallados con que á veces se encuen­
tran mezclados los dientes del elefante primitivo, y considerando á
estos últimos bajo el aspecto puramente paleontológico, se llega á
la conclusión de que los tales dientes deben estar fuera de su lugar,
y en un yacimiento que no es el suyo propio. wPorque si no, escri­
be, ¿cómo es que se encuentran solamente molares, y no esqueletos
ó miembros enteros? En estas condiciones de esqueletos ó de miem­
bros enteros es como se presentan por regla general los vertebrados,
y más particularmente los mastodontes, los rinocerontes, los hipo­
pótamos del valle del Amo en terrenos verdaderamente geológicos
y depositados en su asiento con regularidad, los baleanópteros y
los sirenoides de las capas pliocénicas en las lignitas de Lcífé, los
antracocerios de las miocénicas, los paleocenos del gipso, los saurios
de los terrenos secundarios „ 3.

■ Matrriaux, tomo v, pág. 429.


3 Ltt spUndturt dt la Fot, tomo 11, pág. «74.
3 Moigno, l. dt .
744 E¿ Catolicismo y la ciencia
Los que están por la simultaneidad mencionada dicen q¡ue ade­
mas de esa coexistencia de yacimiento, hay otro argumento muy
poderoso, cual es el haberse encontrado en algunos terrenos cua­
ternarios dibujos de mammuths y de otros animales coetáneos; lo-
cual, añaden , no ha podido hacerse sinó teniendo á la vista el ani­
mal delineado. Este argumento sería, en verdad, decisivo si pudie­
ra probarse que los tales dibujos pertenecen realmente á la época
que se les atribuye, y que no han sido trazados por algún falsario
de nuestros tiempos. La perfección, empero, y valentía con que
están hechos dan grandes motivos para sospechar esto segundo;
no son una obra maestra en su género ciertamente, pero revelan
no poco aprovechamiento en el arte de dibujar. ¿Cómo puede com­
paginarse esto con tos toscos pedernales y demas instrumentos de
piedra meramente cascada, ó simplemente tallada, propios de aque­
llos tiempos, según el mismo parecer de estos antropólogos? Tanto-
más que en otros varios casos consta con toda certeza haberse co­
metido fraudes de esta especie, así en el presente como en los pa­
sados siglos r.
Pero, en fin, demos á nuestros adversarios, aunque sea sin prue­
bas irrefragables, lo que con tanta firmeza nos aseguran. Entre los
mismos católicos no faltan autores verdaderamente graves y respe­
tables que dan esta simultaneidad por un hecho cierto y a v e r ig u a d o .
Oigamos al sabio egiptólogo y naturalista M. Chabas explicarse
sobre este asunto: uLas dudas, escribe, que podia dejar eft pié la
presencia de huesos humanos ó de objetos industriales del hombre
en los terrenos movibles del cuaternario antiguo, han desaparecido
por completo con los descubrimientos, hoy dia tan numerosos, de
estaciones donde los restos de la primera fauna cuaternaria se ha­
llan asociados á huesos labrados, ¿ pedernales tallados y á otros
productos en que es imposible desconocer el trabajo del hombre.
En la mayor parte de estas estaciones, principalmente en la9 gru­
tas, no se puede atribuir esta asociación á fenómeno geológico al­
guno posterior. Es preciso, por consiguiente, reconocer como cierto,
y nosotros ya lo hemos reconocido, que el hombre ha sido c o n te n í'
poráneo del mastodonte, del mammuth, del oso y de la hiena gi­
gantescos, y de otras clases de animales ahora extinguidas. No esta
menos comprobado que otros animales todavia existentes han ha­
bitado, al mismo tiempo que el hombre, en países d o n d e a l presente

i V* Moigno, en el lugar d u d o .
en órden d la antigüedad del hambre, 745
qo aparecen; tales son el reno, el hámster, el antílope, el león, el
eanis lagopus, etc.
La comprobacion de estos hechos no modifica en nada los
datos de la cuestión relativa á la antigüedad del hombre sobre
la tierra; todavía nos queda que investigar si la desaparición de
ciertas razas animales implica necesariamente ó no una larga série
de siglos w r.
Hasta aqui el citado autor; sus últimas palabras nos indican el
punto capital de la cuestión. Ántes de entrar en é l, sin embargo, es
preciso que digamos dos palabras sobre el tercer punto, que, según
tengo dicho, se contiene en la que venimos tratando. El punto es
el siguiente: dado que el hombre haya coexistido con las especie*
sobredichas, la contemporaneidad del hombre con estas especies ya
extinguidas, ¿se extiende á todo el período de las mismas, ó sólo á
su última época? Razones ciertas tampoco aqui las tenemos para
afirmar lo uno ni lo otro. Pero si atendemos por una parte á los po­
cos hechos bien é imparcialmente observados que se presentan para
probar la contemporaneidad de nuestra especie con los tipos extin­
guidos, y por otra ¿ la falta completa de huesos humanos en los
aluviones antiguos, parece bastante probable que el hombre no
coexistió con los referidos animales en los tiempos primeros de las
mencionadas especies, Aunque á decir verdad, este argumento, fun­
dado en la ausencia de los tales huesos, tampoco lo tenemos por
concluyente. También los restos del mammuth y de los demás ani­
males cuaternarios hallados en los susodichos terrenos son de un
valor insignificante, por no presentar miembros enteros y por ha­
ber sido conducidos á aquellos lugares por las corrientes impetuo­
sas de las aguas; y así, bien pudo suceder que el hombre coexistie­
ra con las tales especies en toda la duración de las mismas, sin que
á los terrenos de aluvión antiguo hayan llegado huesos de hombre,
como no han llegado tampoco esqueletos ni miembros enteros del
mammuth ó de los otros animales. Aunque todas estas especies ex­
tinguidas hayan coexistido con el hombre desde su primera existencia
en el mundo, ó cuando ménos desde el principio del periodo cuater­
nario, producido probablemente por d diluvio mosaico, según deja­
mos observado en otra parte 3, no por eso deberán hallarse nece-

t Chahas, Étudts tur t ’aniiquiti, ele., cap. v iu , par. 5, páfp. 566-567.


2 Véaselo que dejamos escrito sobre este particular en el cap. xvi al hablar del
diluvio.
746 E l Catolicismo y la ciencia
sanamente los huesos humanos en los aluviones más profundos.
Estos, naturalmente, deben contener en su seno á los objetos más
pesados, cuales spn sin duda los instrumentos de piedra usados á la
sazón por el hombre, y loa molares del mammuth; y sólo más arri-
bar encima de los referidos objetos, pueden aparecer los huesos hu­
manos, los cuales so d relativamente mucho más ligeros, y por lo
mismo, al ser arrastrados por las aguas juntamente con los mola­
res y los pedernales en cuestión, han debido quedar sobrepuestos
¿ entrambos en el término de su carrera.
A esto podríamos añadir que no es del todo absoluta, según al­
gunos, la ausencia de huesos humanos en estos lugares; pero nos
abstendremos de aducir este argumento, porque la mandíbula de
Moulin Quignon, hallada por M. de Perthes cerca de Abbeville, en
Francia, y otros objetos semejantes que se alegan á este propósito,
tienen múy poco valor científico; ya por ser considerados entre los
sabios como supositicios y fraudulentos \ ya también porque proba-
biltsimamente han sido introducidos en ellos más tarde por la mano
del hombre, ó por los agentes d e la naturaleza, que han r e m o v id o
d e nuevo los terrenos y los han dejado en un órden enteramente
invertido.
En resumen; de todo'lo visto en esta primera cuestión se infiere
que, habida consideración de los fenómenos pertenecientes al solo
periodo cuaternario, nos es imposible saber con certeza si el hom­
bre y los animales susodichos han coexistido ó no durante el men­
cionado periodo li otro cualquiera, y que esta nuestra ignorancia
se extiende hasta no poder determinar á punto fijo si los restos de
las especies ya extinguidas y los elementos arqueológicos humanos
se refieren á animales y á hombres del referido período ó de una
época más antigua. La razón de ello es porque los aluviones juntan
en uno objetos de lugares y tiempos muy diversos; y así ha podido
suceder muy bien que los animales sobredichos estén separados en
el tiempo délos hombres llamados cuaternarios por medio de una

i La Auudu mandíbula de Moulin Quignonr qnc tunta materia dld á las discu­
siones de los sabio» ios ufeos pasados, puede ser ya considero da como una mosedn
dr mala ley fraudulentamente introducida en el campo de la ciencia por quien, ó de­
seaba adquirir can ella moneda verdadera, ó se quiso divertir i costa de tos que an­
daban ea basca de hallflcpos de esta especie. El doctor Evans, en su obra intitulado:
j IndtHt itame póg. 617, decía el año de (£72: “Yo ya he pronunciado sobre
ella mi refmlescmt im pace en el Aihenaotm de 4 de Julio de 1869. No hay que tratar
ya de este objeto. . V . Moigno L a jfiltmuurs de ¡a / V , tomo ti, p íg. 764-76$.
en órden á la antigüedad del hombre, 747
gran Berie de siglos, ó que unos y otras hayan vivido juntos asi
ántes como despues del diluvio.
Pero para que no digno nuestros adversarios que andamos oon
ellos por extremo rigurosos, démosles muestras de verdadera gene*
rosídad concediéndoles cuanto sin pruebas suficientes tienen por
cierto, á saber: que el hombre ha existido con las especies ya ex­
tinguidas del periodo cuaternario desde el principio de dicho perio­
do. Con esto empero no habrán adelantado nada todavía en el
asunto de que vamos tratando, si no nos prueban al mismo tiempo
que este período ha sido de muy larga duración; lo cual no podrán
conseguir jamás, porque consta precisamente lo contrario, según se
infiere de lo que dejamos escrito. Máp arriba, en efecto, hemos
traído pruebas irrefragables sobre este asunto, y hemos citado ade­
mas en nuestro favor los nombres de respetabilísimos geólogos,
cuyas conclusiones científicas concuerdan perfectamente con núes-»
tras ideas. Uno de ellos, el ingeniero Belgrand, resume asi sus
completos y concienzudos estudios sobre el Sena: “ El relieve ac­
tual del álveo del Sena es debido á unas grandes corrientes de agua,
probablemente de muy corta duración, que han surcado el valle de
arriba abajo, despues de haber sido depositados los terrenos pnioce»
nos. „ Chabas también resume los suyos sobre el Saona, diciendo
que Mestos yacimientos no pueden remontarse más allá del año moo
ántes de nuestra era „
Pero aún tenemos otra razón poderosa que tiende á confirmar
esto mismo, la cual se halla contenida en la enunciación de la se­
gunda cuestión que nos hemos propuesto tratar acerca del argu­
mento paleontológico. En efecto, esta proposicion es la siguiente:
Ni la evolucion numérica, ni la emigración y extinción de las espe­
cies cuaternarias, exigen un espacio de tiempo muy extenso; ántes
bien las especies domésticas, cuyos restos se hallan confundidos
con los de las otras llamadas cuaternarias, prueban la corta duración
del mismo. Comencemos por la primera parte de esta proposicion.
La evolucion numérica de una especie no es proporciona! al tiempo
en que se la quiera hacer existir, sinó á las condiciones de existen­
cia en que se halla colocada. Si estas condiciones son favorables, en
breve tiempo puede adquirir un grande desarrollo. Buen ejemplo
tenemos de esto, entre otros muchos que se pudieran aducir, en las
especies domésticas importadas en América por los europeos. Los

■ Chab*s, Étudu tur t atUÍquité éútariqiu, etc., píff*. 51^*519.


748 E l Catolicismo y la ciencia
bueyes adquirieron en aquellos países tan prodigiosas proporciones
en la propagación de su especie, que en pocos años &e vieron inun­
dadas de ellos las campiñas. Lo mismo sucedió con los caballos, los
cuales, recobrado el estado de su primera libertad, se multiplicaron
en breve de una manera portentosa. Pero no tenemos necesidad de
recurrir á estos fenómenos para explicar la evolucion que tuvieron las
mencionadas especies en los tiempos cuaternarios. Los restos de ellos
hallados en los terrenos pertenecientes á aquella época, no indican
que fuese á la sazón muy grande el número de sus individuos. Por
consiguiente, bien podemos pasar á la segunda parte de nuestro aser­
to , relativa ¿ la extinción y emigración de las especies sobredichas.
Mas ¿qué pueden probar ni una ni otra en favor de la suma anti­
güedad del hombre, cuando sabemos que en brevísimo espacio de
tiempo han desaparecido del globo faunas enteras, ó emigrado á
otro paJs puesto en mejores condiciones para la conservación de
su existencia? Dos solos siglos han bastado para que la fauna del
África, perfectamente semejante ¿ la cuaternaria del Norte de Eu­
ropa, desapareciese merced á la influencia del hombre civilizado.
Cuando los colonos ingleses llegaron al Cabo de Buena Esperanza,
habitaban todavía en aquellos países el león, el elefante, el rinoce­
ronte, el anta y otros mamíferos que ahora ya han desaparecido.
Aunque los salvajes del Norte hayan empleado en la destrucción de
las especies mencionadas, no dos siglos, ni doce, sino veinte, ó sea
dos mil años, que harto concederles es para obtener el mismo ob­
jeto, no teniendo en todo ese tiempo otro oficio que el de la caza,
ni hallando en otro género de vida medios de subsistencia; no ha­
llaremos ser necesario un grande espacio de tiempo para la expli­
cación del fenómeno que vamos examinando.
En ménos de dos siglos, como lo ha demostrado Mr. Milne
Edward en una memoria intitulada: Redurckes sur ¡a fautu <m-
ciemu de tile Rodriguest y presentada por el célebre naturalista á
la Academia de Ciencias, una muy grande multitud de especies vi­
vientes, así animales como vegetales, ha quedado extinguida, y casi
en el estado de fósil Ocho ó diez siglos han bastado para hacer
desaparecer completamente al elefante de la Mesopotamia, acan­
tonándolo en la región de la India ® , En la isla Mauricio, próxima á

1 Véase sobre esto la obra de Hamard: Étudti eritüftui. Suppiímtrü, ele., pi­
p i » 66 .
2 Chibas, Ééndtt stt? F etc. Siations frekirtvriquet, 57^-
eit orden á ¿a antigüedad dei hombre. 74-9
la isla Rodríguez, de que acabamos de hablar, y situada como ella
en el Océano índico, desapareció el dronte en el siglo xvn, y en
una. época enteramente reciente ha quedado extinguido el moa en
Nueva-Zelandia, Aún más: el león, tan abundante en tiempo de los
romanos, que reunían centenares de estos animales para los juegos
del circo, ahora ha desaparecido conpletamente de Europa; y en
los lugares donde habita va mermando cada día su número, merced
á la acción destructora del hombre; de suerte que no tardará mucho
en desaparecer por completo, si no se pone especial cuidado en
conservarlo. Esto mismo sucederá bien pronto á la ballena, que en
tiempo de San Alberto Magno se veia perseguida por los pescado­
res en el estrecho de la Mancha, y ahora se halla arrinconada en los
helados mares del Norte, próxima á perecer por completo. Desde
ahora mismo se puede prever la época, dice Mr. Alfonso Mílnc
Edward, en que tanto una gran multitud de aves apteras y de gran­
des cetáceos, como ciertas especies de focas y de otarias ó leones
marinos, serán del todo aniquiladas por el hombre. Ni puede ser
ménos, porque un solo navio americano capturó unas 20.000 otarias
en las costas de la Patagonia en dos meses el año de 1821.
La rhytina, perteneciente á la familia de los sirenidos, y descu­
bierta en ios mares del Norte en 174.1, ha desaparecido en veintisiete
años 1. Si el reno permanece hoy todavía en las regiones boreales
de Europa, esto se debe á que el hombre ha juzgado más conve­
niente conservarle la vida que aniquilarlo; de otra suerte, ya hace
muchos siglos que hubiera pertenecido á las especies extinguidas.
Estos hechos sirven para probar la suma brevedad de tiempo en
que ha podido ser llevado á cabo, con la mano mortífera del hom­
bre, así el exterminio completo de las especies mencionadas, como
el pardal, resultando de aquí que ó no existiesen ya en parte algu­
na animales de esta clase, ó quedasen acantonados en alguna deter­
minada región, donde, no sufriendo una persecución tan viva por
parte del hombre, se propagasen libremente por espacio de varios
siglos con una constitución orgánica acomodada tan sólo á aquel
determinado pais. Esto es lo que ha sucedido con el reno y con
Otros linajes de animales que en los tiempos pasados ocupaban una
área de habitación mucho más dilatada que la presente, y que ahora
se hallan contenidos en lugares más limitados, siendo esta la causa
de que algunos digan que han emigrado* Si el reno no hubiera sufrí-

I Véage la Ñttnu Je Dtttx Mutdtx, 1866, to n o i x i v , pág. aal.


750 E l Catolicismo y la ciencia
do en Francia y Alemania la persecución que alU le acarreó la muer­
te, hubiera vivido ahora en estas regiones como vivía en tiempo de
Julio César '. Si el que vive hoy dia no puede pasar en Rusia dd
paralelo 63, esto no se debe sinó á que sus progenitores siempre
vivieron en las heladas regiones del Norte1 no sólo en tiempo de
Julio César, sinó también mucho ántes. Buena prueba de ello es el
que en las Tongusas baja hasta el paralelo 50, y aún más al Sur
todavía, y en América Hasta el 4$, ó sea á la misma latitud que
ocupaba en la Selva Negra al llegar á ella con sus legiones el so­
bredicho Emperador romano,
* En vista de esto, escribe Chabas, no será necesario hacer hipó*
tests muy atrevidas sobre las variaciones climatológicas de Europa,
ni sobre los cambios de la espede animal, para admitir que el reno
ha vivido hace unos dos mil años á 49 y áun 44 grados de latitud
en el Mediodía de Francia. Su emigmdon háda el Norte en veinte
siglos no lo ha llevado más léjos que la suya al hipopótamo en
siete hacia el Ecuador. Aclimatado en las regiones tropicales el hi­
popótam o , no viviría hoy ya en las embocaduras del Nilo sinó me­
diante nuevos períodos de aclimatación, los cuales serian también
indispensables para traer á nuestras regiones el reno polar „ s.
En efecto, el hipopótamo, que no pasa hoy dia del grado 19 de
latitud, era ca2ado por los antiguos egipcios eh las lagunas del bajo
Egipto; yentáempo de Abd-el-Latif, vivía todavía en el brazo de
Damicta. Otro tanto sucede al cocodrilo; hoy no pasa del 27 para­
lelo, míéntras que hace unos trdnta siglos habitaba en las bocas
del Nilo.
Aún más: en tiempos históricos abundaba la Macedonia en leones,
aurochs y osos, así como también en boas la Calabria; y ahora es-
tos-animalfa se hallan confinados á otras regiones. Y para citar un
ejemplo todavía más reciente, apónas se han pasado dos siglos des­
de que los habitantes de Aulas obtenían de su señor permiso para
cazar en los Cevennes (Franda) el ciervo, el jabalí, el oso, el lobo,
etcétera3. Por lo cual se ve cuán infundadamente exigen los partida-
nos de la prehistoria una inmensa multitud de años para la extinción
universa] ó local de las espedes llamadas cuaternarias. Basta que el

I César, Dtbtüo gallito, 11b, vi, «,p. xxvi.


3 Chatas, L d i . StatimsprihisíortqHti, pág. 57o*
3 Cuatis. d« Fondouoe, Dtntxtn lanps de Pttgc dt la pitrrt polis datu PAvtyfitn
pág. 7a (Citado-por Chabas, /. dt,, pdg. $70).
en orden d ¿a antigüedad del hombre. 751
hombre se empeñe en ello, y se empeña siempre que de su acción
destructora reporta alguna utilidad notable, para que en breve tiem­
po acabe con las fieras que habitan en la comarca donde ¿1 ha que­
rido fijar su residencia. Por eso se dice con razón que á medida que
en un lugar van aumentando las especies domésticas, disminuyen
las salvajes; porque el hombre no halla interés, sin<5 por el contrario
muchos inconvenientes en que sigan viviendo, y áun procura darles
caza hasta que liega á extirparlas por completo. Y esto cabalmente
es lo que nos cuentan las historias de los pueblos, envueltas ¿ veces
en las ficciones de la fábula. De Hércules y otros héroes antiguos se
escribe que limpiaron la tierra de monstruos, y lo mismo se dice de
otros personajes históricos. Estos mónstruos no eran sinó las fieras
alimañas que infestaban las comarcas, y que por consiguiente, al
entrar en ellas el hombre, debían desaparecer bajo el influjo de su
mortífera acción como séres dañinos que estaban continuamente po­
niendo en grave peligro su vida.
Pero hemos dicho ademas que las especies domésticas, con las
cuales se hallan mezcladas en los depósitos cuaternarios antiguos»
son una señal inequívoca de la data reciente de estos animales. Efec-
tivamente, las especies domésticas indican un estado social bastante
avanzado en el hombre que las propaga, por confesion de nuestrqs
mismos adversarios; y siendo las mismas que ahora poseemos, reve­
lan una época separada de la nuestra por un espacio de tiempo tan
breve, que no puede contar sinó, cuando más, algunos cuantos mi­
les de años. Ahora bien; juntamente con las especies llamadas cua­
ternarias han aparecido en los yacimientos más antiguos gran mul­
titud de nuestras especies domésticas. £1 buey, el carnero, el puerco,
la cabra, la oveja, etc., h^n sido h allados en estos depósitos al lado
de Las otras especies en cuya extinción ó emigración pretenden fun­
dar nuestros filósofos flamantes la remotísima antigüedad del hom­
bre. Oigamos á los señores Steenstrup y Dupont discurrir sobre esta
materia; uEntre los huesos, objetaba el primero de ellos al segun­
do en el Congreso de Bruselas de íS/2 ( Covtpte- rendu, pág. 2it),
entre los huesos que, juntamente con los de los antiguos paqui­
dermos, han sido extraídos de las capas pertenecientes á las edades
dd mammuth y del reno, á las de los restos de cocina y de la pie­
dra pulimentada, se encuentra un número bastante considerable de
los que caracterizan á los animales domésticos, como el buey, la ca­
bra, la oveja, el puerco. Yo, por mi parte, no he podido hallar dis­
tinción alguna entre estos huesos y los de las especies actuales, ni
752 E¿ Catolicismo y ¿a ciencia
cuando los examiné durante mi permanencia en Bélgica, ni cuando
más tarde comparé mis notas con las colecciones de Copenhague.
En presencia de estos hallazgos, que para mí son hechos zoológicos,
y e