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La situación de la mujer en el Renacimiento: Analizando el texto de Jacob Burckhardt

Ana Belén Puntriano Díaz

Facultad de Letras y Ciencias Humanas

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


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La situación de la mujer en el Renacimiento: Analizando el texto de Jacob Burckhardt

En el libro de Burckhardt se habla en cierta medida sobre la mujer de la alta sociedad.

Empieza su relato diciendo que la mujer “gozó de la misma consideración que el hombre”

(Burckhardt, 1996) pero hay quienes contradicen esta afirmación:

En el campo de los estudios feministas de la Historia del Renacimiento, se sitúa como indispensable

desplazar las fuentes documentales masculinas y optar por las narraciones escritas por las propias

mujeres. Tal y como señaló Christine de Pizan, la primera mujer que hizo una defensa feminista de sus

contemporáneas, “si las mujeres hubieran escrito libros, tengo por seguro que la cosa habría sido muy

distinta pues saben bien que las acusan injustamente” […] Un buen ejemplo de la necesidad de

estudiar la historia de las mujeres desde sus propios testimonios viene de la mano de J. Burckhardt en

su obra La cultura del Renacimiento en Italia, donde señala que “para la comprensión de la vida de la

alta sociedad del Renacimiento resulta, por último, esencial saber que la mujer gozó de la misma

consideración que el hombre”. A esta afirmación, los autores contraponen las palabras de la monja

veneciana Arcangela Tarabotti quien describe en sus obras “los enormes obstáculos que las mujeres

encontraron al tratar de, tal y como lo hicieron los humanistas, dar forma escrita a sus ideas

públicas”. (García, 2004)

Sobre el libro de Burckhardt

Después de la Edad Media y de épocas anteriores, por fin se habla de una

consideración similar entre el hombre y la mujer; esto debido a que se vuelve a la idea del

“patrimonio supremo de la vida”1. En temas educativos, la mujer se instruía de igual manera

que el hombre lo que dio paso a su desarrollo cultural y su individualidad, o al menos eso es

lo que escribe Burckhardt en su libro.

Pero se puede considerar que esto no es totalmente cierto pues lo que dice el autor es

algo muy superficial y hasta soso porque no cuenta en realidad lo que vivían las mujeres de la

época. Cayendo en un punto de vista muy externo, hace omisión de que las mujeres por lo

general se dividían en dos grupos: las que estaban destinadas al matrimonio y las que no.

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Ver en Burckhardt, La cultura del Renacimiento en Italia, pág 319

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El primer grupo era educado solo para desempeñar un buen papel una vez se hayan

casado. Se les enseñaba a administrar los bienes del esposo, a ser recatadas y sumisas; estas

mujeres daban a luz cada veinticuatro a treinta meses. Al segundo grupo se le destinaba a los

conventos, pues se les desposaba con el Señor lo que le daba un rango mayor al de la mujer

casada.

Hubo un tercer grupo que tomó fuerza en el Renacimiento, la mujer cortesana. Es

aquella prostituta relacionada con la aristocracia, como su fin era satisfacer a los hombres que

acompañaba no solo debía ser bella sino también debía contar con conocimientos para

impresionar a los hombres importantes. Estas mujeres causaban cierta envidia por parte de

sus congéneres más decentes por tener cierta “libertad” aunque eran excluidas de todas las

actividades públicas.

Burckhardt solo habla de las mujeres de las clases superiores, como las reinas o las

amantes de los príncipes pero deja de lado a las de clase media o baja, a las monjas y a las

pocas que emplearon las artes plásticas. Aunque resalta a mujeres que hacían poesía italiana

como Cassandra Fedele o Vittoria Colonna y a cortesanas como Imperia.

Cassandra Fedele

Nació en Venecia en 1465; su padre, Angelo Fedele, se interesó mucho en su aprendizaje de

modo que cuando tenía doce años ya hablaba con fluidez en griego y en latín. Más tarde sería

instruida por el monje Gasparino Borro en literatura clásica, filosofía, ciencias y dialéctica.

Considerada la erudita más reconocida de Italia durante las últimas décadas del Quattrocento,

alcanzó su fama gracias a sus escritos y discursos. Publicó 123 cartas, participó en debates

sobre filosofía y teología, hizo poesía latina e incluso habló frente a Agostio Barbarigo2 y al

Senado veneciano sobre la educación superior para las mujeres. Pero toda esa actividad cesó

una vez que se casó a sus treinta y cuatro años pues se dedicó a las labores domésticas como

se le demandaba a toda mujer casada.

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Fue duque de Venecia hasta 1501

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La Donna angelicata Simonetta Vespucci (1453-1476)

A pesar de ser un tópico medieval, el concepto de la mujer angelical permanece hasta

el Renacimiento pues se adecúa a los cánones que rigen en la época, resaltando la pureza de

la mujer como algo divino. Debe tener piel blanca, cabello rubio y rizado, ojos grandes y

azules, delgada y virgen. Aquella que junte todas esas características sería la mujer más bella,

como por ejemplo: Simonetta Vespucci.

Simonetta Cattaneo de Candia fue musa inspiradora de varios artistas, entre ellos Sandro

Botticelli, quien la retrata en más de un cuadro, el más destacado es El nacimiento de Venus

(Ilustración 1). Se casó a los quince años con Marco Vespucci y se mudan a Florencia donde

fue aceptada en la corte y atrajo la atención de muchos, en especial de los hermanos Lorenzo

y Giuliano Medici.

Lamentablemente Simonetta no viviría mucho pues en 1476 murió de tuberculosis, tenía 23

años. Botticelli repitió el rostro de Simonetta hasta la obsesión; otro ejemplo de ello, además

de El nacimiento de Venus, es La Primavera de 1478 (Ilustración 2), cuadro póstumo a

manera de homenaje a la memoria de la señora Vespucci. Para cuando Botticelli muriera

pediría que se le enterrase a los pies de la tumba de Simonetta.

Mujeres en el Arte

No son muchas las mujeres que destaquen intelectualmente en esta época, y de las que

sí, no todas se dedican a las artes plásticas. Pero hubo algunas que al entrar en ese campo

alcanzaron renombre y fueron solicitadas en las cortes de los reyes; aunque muchas de sus

obras no fueron reconocidas como suyas-ya sea por subestimación o por falta de documentos

que avalen su autoría-eso no impidió que puedan desarrollarse en un campo imperante por

hombres.

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Sofonisba Anguissola (1535 - 1625).

Nació en Cremona, en el seno de una familia acomodada. Educada primero por

Bernardino Campi desde que tenía 15 años y cuatro años más tarde pasaría a la tutela de

Bernardino Gatti.

Destacó en la producción de retratos en los que algunos de sus modelos realizaban tareas

aparentemente domésticas u otras actividades a las que estaban sujetas las personas según sus

rangos; es por eso que en sus autorretratos (Ilustración 3) aparece leyendo, tocando algún

instrumento o pintando.

Sofonisba insiste en el estudio psicológico de los modelos, muestra de ellos es cuando coloca

objetos en los retratos que más se asemejan o hacen juego con la personalidad del retratado.

Inicialmente, obras como Felipe II (Ilustración 4) e Isabel de Valois sosteniendo un retrato de

Felipe II (Ilustración 5) fueron atribuidas a Juan Pantoja de la Cruz pero más adelante serían

investigadas y al descubrir el parecido con otras obras de Sofonisba, le darían el crédito.

Levina Teerline (1520 - 1576 aprox.).

Fue una pintora miniaturista seleccionada en 1545 por Enrique VIII para trabajar en la corte.

Cumplió dicha labor incluso después de la muerte del monarca y por los tres reinados

siguientes. Inicialmente sus miniaturas eran en marco cuadrado hasta 1569 que se decidió por

el marco ovalado y escrito en los bordes, su obra más conocida es el retrato de Lady

Katherine Grey de 1555 (Ilustración 6) pero también tiene miniaturas que representa grupos

de personas (Ilustración 7) y no solo retratos como la mayoría de sus obras.

Finalmente podemos decir que el texto de Burckhardt carece de profundidad al plasmar la

realidad de las mujeres del Renacimiento, mostrando una igualdad falaz que obvia partes

importantes. Probablemente porque el libro en general se centra en la cultura y al ser un tema

tan amplio solo podía abarcar un poco de cada aspecto.

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Referencias

Burckhardt, J. (1996). La cultura del Renacimiento en Italia. Madrid: Editorial Iberia.

Portal web del Museo del Prado, recuperado de:

https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/anguissola-sofonisba/949e390c-

13b0-429d-99c9-2b98f2e89a32

GARCÍA, N. (2004). La Mujer en el Renacimiento y la promoción artística: Estado de la

cuestión. IMAFRONTE, pp. 81 - 90.

Ilustraciones

Ilustración 1. El nacimiento de Venus, Boticcelli

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Ilustración 2: La primavera, 1478

Ilustración 3: Autorretrato

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Ilustración 4: Felipe II, óleo sobre lienzo, 206 x 123 cm, 1561- 1565

Ilustración 5: Isabel de Valois sosteniendo un retrato de Felipe II, 1561 - 1565. Óleo sobre

lienzo, 206 x 123 cm.

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Ilustración 6: Retrato de Lady Katherine Grey (1555)

Ilustración 7: A Royal Maundy (1560)