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Época primitiva.

En esta época, los miembros de la tribu trabajaban en actividades


de caza, pesca y recolección. Los jefes de familia ejercían la autoridad para tomar
las decisiones de mayor importancia. Existía la división primitiva del trabajo
originada por la diferente capacidad de los sexos y las edades de los individuos
integrantes de la sociedad. Al trabajar el hombre en grupo, surgió de manera
incipiente la administración, como una asociación de esfuerzos para lograr un fin
determinado que requiere de la participación de varias personas.

Periodo agrícola. Se caracterizó por la aparición de la agricultura y de la vida


sedentaria. Prevaleció la división del trabajo por edad y sexo. Se acentuó la
organización social de tipo patriarcal. La caza, pesca y recolección pasaron a tener
un lugar de importancia secundaria en la economía agrícola de subsistencia.

El crecimiento demográfico obligó a los hombres a coordinar mejor sus esfuerzos


en el grupo social y, en consecuencia, a mejorar la aplicación de la administración.

Con la aparición del Estado, que señala el inicio de la civilización, surgieron la


ciencia, la literatura, la religión, la organización política, la escritura y el urbanismo.
En Mesopotamia y Egipto, estados representativos de esta época, se manifestó el
surgimiento de clases sociales. El control del trabajo colectivo y el pago de tributos
en especie eran las bases en que se apoyaban estas civilizaciones, lo que
obviamente exigía una mayor complejidad en la administración. Los precursores de
la administración moderna fueron los funcionarios encargados de aplicar las
políticas tributarias del Estado y de manejar a numerosos grupos humanos en la
construcción de grandes obras arquitectónicas.

El código de Hamurabi ilustra el alto grado de desarrollo del comercio en Babilonia


y, consecuentemente, de algunos aspectos de la administración, tales como las
operaciones crediticias, la contabilidad de los templos y el archivo de una gran casa
de comercio. Los grandes avances de estas civilizaciones se lograron en gran parte
a través de la utilización de la administración.

Antigüedad grecolatina.

En esta época apareció el esclavismo; la administración se caracterizó por su


orientación hacia una estricta supervisión del trabajo y el castigo corporal como
forma disciplinaria. El esclavo carecía de derechos y se le ocupaba en cualquier
labor de producción. Existió un bajo rendimiento productivo ocasionado por el
descontento y el trato inhumano que sufrieron los esclavos debido a estas medidas
administrativas. Esta forma de organización fue en gran parte la causa de la caída
del Imperio Romano.

Época feudal.

Durante el feudalismo, las relaciones sociales se caracterizaron por un régimen de


servidumbre. La administración interior del feudo estaba sujeta al criterio del señor
feudal, quien ejercía un control sobre la producción del siervo.
Al finalizar esta época, un gran número de siervos se convirtieron en trabajadores
independientes, organizándose así los talleres artesanales y el sistema de oficios
con nuevas estructuras de autoridad en la administración. Los artesanos-patrones
trabajaban al lado de los oficiales y aprendices en quienes delegaban su autoridad.
El desarrollo del comercio en gran escala originó que la economía familiar se
convirtiera en economía de ciudad. Aparecieron las corporaciones o gremios que
regulaban horarios, salarios y demás condiciones de trabajo; en dichos organismos
se encuentra el origen de los actuales sindicatos.

Revolución Industrial.

Esta época se caracterizó por la aparición de diversos inventos y descubrimientos


–por ejemplo, la máquina de vapor-, mismos que propiciaron el desarrollo industrial
y, consecuentemente, grandes cambios en la organización social. Desaparecieron
los talleres artesanales y se centralizó la producción, lo que dio origen al sistema de
fábricas en donde el empresario era dueño de los medios de producción y el
trabajador vendía su fuerza de trabajo. Surgió la especialización y la producción en
serie. La administración seguía careciendo de bases científicas; se caracterizaba
por la explotación inhumana del trabajador (honorarios excesivos, ambiente de
trabajo insalubre, labores peligrosas, etc.) y por ser una administración de tipo
coercitivo, influida por el espíritu liberal de la época, que otorgaba al empresario
gran libertad de acción.

Por otra parte, la complejidad del trabajo hizo necesaria la aparición de


especialistas, incipientes administradores, que manejaban directamente todos los
problemas de la fábrica.
Todos estos factores provocaron la aparición de diversas corrientes del
pensamiento social en defensa de los intereses de los trabajadores y el inicio de
investigaciones que posteriormente originarían la administración científica y la
madurez de las disciplinas administrativas.

Siglo XX.

Se caracteriza por un gran desarrollo tecnológico e industrial y, consecuentemente,


por la consolidación de la administración. A principios de este siglo surge la
administración científica, siendo Frederick Winslow Taylor su iniciador; de ahí en
adelante, multitud de autores se dedican al estudio de esta disciplina. La
administración se torna indispensable en el manejo de cualquier tipo de empresa,
ya que a través de aquélla se logra la obtención de eficiencia, la optimización de los
recursos y la simplificación del trabajo.

En la actualidad, la administración se aplica en cualquier actividad organizada:


desde la realización de un evento deportivo hasta el lanzamiento de un cohete
interespacial, siendo imprescindible para el buen funcionamiento de cualquier
organismo social.
a administración, como actividad social, constituye un ejercicio de aplicación en el
mundo práctico de las organizaciones, especialmente de las empresas; pero su
formación en el siglo XX le ha permitido construirse como una disciplina científica
que se ha formado absorbiendo las contribuciones de la psicología, la economía, la
ciencia política, la matemática y la estadística, la sociología y la antropología, así
como el derecho y la filosofía. Por tanto, la administración, sin ser probablemente
una ciencia constituida, deviene científica por su constitución y por sus métodos de
aplicación en las organizaciones.

- Sócrates.

Nació en el año 470 a. C., y murió en 399 a. C.


Sostenía que “el grado sumo del saber consiste en contemplar el porqué de las
cosas”, y quizá por este tipo de pensamientos Sócrates ganó fama de analítico y
reflexivo, ya que a base de preguntar todo y de todo buscaba obtener la causa última
de las cosas. Por esta razón su método fue llamado “la mayéutica”, esto es, la madre
de las ideas, y que consistía en preguntar a su interlocutor acerca de algo y luego
procedía a debatir la respuesta dada para poder así establecer conceptos
generales. Su método de análisis crítico le llevó a decir que la ciencia humana
consiste más en destruir errores que en descubrir verdades.

Además decía que “los reyes o gobernantes no son los que llevan el cetro, sino los
que saben mandar”. Distingue en esta frase una de las características esenciales
en la actividad de los administradores: la impersonalidad del mando. No es jefe
quien lleva el nombre de tal –sea gerente, supervisor o el presidente de una
compañía-, sino aquel que por sus competencias sabe ejercer el mando sobre otros,
sus subordinados.

Para Sócrates, la administración es una habilidad personal separada del


conocimiento técnico y de la experiencia del administrador. Por tanto, Sócrates
parece anunciar que no es administrador quien “sabe” administración, sino quien en
efecto administra, obteniendo resultados no solo eficaces, sino además eficientes.

- Platón.

Fue maestro de Aristóteles y de sus opiniones, acerca de la administración,


sabemos lo que se reporta en Vida de Platón, según Diógenes Laertios. En este
libro se expone el pensamiento platónico clásico respecto de la administración en
los siguientes términos:

Hay tres clases de buena administración; decimos que una administración es buena,
1º Cuando las leyes son buenas; 2º, cuando los ciudadanos las obedecen; y 3º,
cuando a falta de leyes los ciudadanos administran sabiamente según sus
costumbres y sus inclinaciones. Por lo tanto, las tres clases de buena administración
son si las leyes son buenas, si los ciudadanos las obedecen y si se gobierna de
acuerdo con las sanas costumbres.
Expone su punto de vista sobre el estilo democrático de gobierno y sobre la
administración de los negocios públicos. En su obra pretendió formular un modelo
de organización pública gobernada por una aristocracia de filósofos y sabios, a los
que les prohibía acumular riqueza, por ser ésta contraria a la naturaleza de la
bondad y la virtud.

- Aristóteles.

Discípulo de Platón, discrepó de su maestro en asuntos relacionados con el origen


de las ideas. Esta discrepancia en la historia de la filosofía marcó a Platón como
idealista y a Aristóteles como realista. En su libro Política (que tuvo influencia en las
ideas que formaron las bases de la administración, especialmente en la
administración pública), Aristóteles estudia la organización del Estado y distingue
tres formas de administración pública, a saber:

A. Monarquía, o gobierno de una persona. Este modelo puede redundar en una tiranía,
a juicio del autor.
B. Aristocracia, o gobierno de los mejores (la élite), el cual puede degenerar en una
oligarquía.
C. Democracia, o gobierno del pueblo y que puede decaer en anarquía.

Universalidad de la administración.
La universalidad del quehacer administrativo radica, en la universalidad del trabajo,
pues tanto trabaja un general del ejército, como el director de un coro o de una
ciudad, un cocinero con su personal o un juez con sus magistrados, y por tanto,
podrán realizarse en todos los casos las funciones de la administración, pues en
todos los casos la sustancia es el trabajo.

La idea de Aristóteles ronda en torno a saber proveer lo que los demás necesitan y
si un hombre sabe cómo proveerlo puede decirse entonces que está en la actividad
de la administración.

Las organizaciones privadas – sostiene Aristóteles- no son dirigidas por una especie
de hombres y las públicas por otra clase de personas, pues quienes conducen los
negocios públicos no utilizan hombres de naturaleza diferente a la de aquellos
empleados que dirigen los negocios privados; y quienes saben emplearlos,
conducen tanto los negocios públicos como los privados juiciosamente, mientras
que aquellos que no saben se equivocan en la administración de ambos.

Aristóteles en el pensamiento medieval.

Aristóteles tuvo gran influencia en el pensamiento medieval y sus concepciones


normaron las actividades administrativas de la época y de varios siglos después.
Las concepciones aristotélicas reglaron las actividades administrativas,
básicamente las mercantiles. Y todavía en nuestros tiempos hay fuertes influencias
de la ética aristotélica en diversas corrientes de pensamiento y en diferentes
disciplinas. Santo Tomás de Aquino es uno de los pensadores que retomaron el
aristotelismo como la fuente de su pensamiento.

- Santo Tomás de Aquino.

Es también el más importante teólogo de la Iglesia católica romana, y si bien es


cierto que sus asuntos de reflexión fueron de naturaleza moral y teológica, no menos
cierto es que Aquino se ocupó también de tópicos administrativos, sociales y
económicos, los que abordó desde una perspectiva ética.

Los temas medievales, anteriores a Tomás fueron, por ejemplo, si prestar o no con
interés y si esto era o no éticamente valioso; o bien si la ganancia es justa o si la
existencia de la propiedad privada eran o no aceptables desde el punto de vista
moral. En su célebre obra en catorce tomos, La Summa Teológica, Santo Tomás
aborda temas escabrosos, como los recién mencionados y que tendrían, años más
tarde, una fuerte influencia en el pensamiento social, económico, político y
administrativo. Hay que advertir que los temas ocupación de Santo Tomás de
Aquino son cruciales para la definición posterior de las ideas capitalistas y liberales.

Santo Tomás rescata lo dicho por Aristóteles cuando señala que los bienes privados
son más productivos que cuando son colectivos, ya que las personas cuidan más lo
que es propio que lo que es común. Este planteamiento tomista es fundamental
para la existencia de la empresa y, por ende, para el funcionamiento de los
mercados.

- Juan Jacobo Rousseau.

En El Contrato Social, Rousseau pugna por una transformación social que sea
capaz de retornar al “hombre natural” –en el estado de naturaleza, viviendo como
un buen salvaje- a una forma especial de asociación mediante la cual cada uno, al
unirse a todos los demás, no obedezca sin embargo más que así mismo, y quede
tan libre como antes. Es la libertad como eje del liberalismo económico o social la
que habría de dominar la filosofía social de la Ilustración europea y que animó, en
su momento, la esencia misma de las economías de mercado, es decir, del
capitalismo. Cada uno de los asociados se une a todos los demás y a ninguno en
particular; cada uno detiene para sí su propia individualidad, la cual es considerada
la esencia del liberalismo.

En el Libro Primero de El Contrato Social, Juan Jacobo Rousseau pretende indagar


si puede existir alguna regla de administración que sea legítima, y además segura,
partiendo de la consideración de que los hombres son como son y las leyes como
pueden ser. Lo que Juan Jacobo pretende es unir el interés con el derecho, porque
dice que la utilidad no puede estar separada de la justicia.
Juan Jacobo no se ocupó ni de la empresa ni de los mercados, lo que si debemos
advertir es que sus ideas ajustan con el modelo básico de organización de la libre
empresa de nuestros días.

Una organización privada –una empresa, en el mejor caso- es también un Contrato


Social en el que cada socio se une para lograr objetivos que, en lo individual, sería
imposible lograr. La asociación que dispone el Contrato Social de Rousseau, para
el caso de una empresa privada, no tiene otro propósito que el colaboracionismo
bien convenido y negociado, en el cual cada parte que interviene pone lo mejor de
sí misma –incluyendo recursos, talentos, competencias y capital- para lograr fines
comunes. De eso trata la empresa moderna en los mercados y economías liberales.

- Karl Marx (Carlos Marx).

Es considerado como el fundador del socialismo científico, ya que pretendió


sustentarlo en las leyes objetivas que explican y guían los procesos sociales. Por
esta razón llamó irónicamente a sus antecesores socialistas utópicos, ya que
consideraba que ellos no sustentaban sus explicaciones en las leyes sociales y
dialécticas hegelianas propuestas por Marx.

Marx suma a la dialéctica de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, el materialismo de


Ludwig Feuerbach, creando así lo que se conoce como el materialismo dialéctico,
según el cual la historia se mueve y cambia debido a su motor implícito, que no es
otro que la forma como las personas satisfacen sus necesidades materiales.

La empresa de la que Marx habló es la que surge de la Revolución Industrial inglesa;


esto es, el industrialismo que impulsó, por su parte, las nuevas formas de la
administración científica desarrollada en los Estados Unidos por Frederick W.
Taylor.

La sociedad capitalista, conformada por empresas privadas, está condenada según


Marx a su decadencia.

- Adam Smith.

Autor de La Riqueza de las Naciones, expone en esta obra la única fuente moral y
legítima de toda riqueza es el trabajo. En su libro, Smith expone de modo científico
las bases del capitalismo moderno y su justificación teórica en una forma que dejaría
profunda huella en el pensamiento de los economistas de todo el siglo XIX.

Para la administración, Adam Smith viene a aportar su noción de la división del


trabajo, la que, siendo incluso prehistórica, proporciona a las sociedades
industriales un sentido de especialización en aras de la productividad, la eficiencia
y las mayores ganancias de los empresarios e inversionistas.
La división del trabajo, en la perspectiva no sólo de los autores clásicos de la
administración, sino sobre todo tal y como lo describe Adam Smith, tiene beneficios
como los siguientes:
A. Ahorro de capital. Cada obrero no tiene que disponer de todas las herramientas
que necesitaría para las distintas funciones, pues se dedica especializadamente a
la función que le ha sido asignada.
B. Ahorro de tiempo. El operario no tiene que cambiar constantemente de
herramienta, pues sólo está dedicado a una función estándar.
C. Los trabajos a realizar por cada operario son más sencillos, con lo que el error
disminuye y la rapidez y eficiencia se incrementan.
D. La simplicidad de las funciones a realizar admite personal con menos experiencia
que puede incorporarse al mercado laboral, pues pronto aprende un trabajo que
tiene por naturaleza la rutina.
E. Invención de nuevas máquinas.

Sin embargo, la extrema división del trabajo condujo a los operarios de las fábricas
de la Revolución Industrial a la fatiga psicológica, pues pasar jornadas enteras y
durante muchos años haciendo la misma función –por ejemplo, pegar la cabeza de
los alfileres, según el caso descrito por Adam Smith-, significaba un cansancio
mental y emocional que producía desánimo y desaliento laboral.

En las empresas industriales, la división del trabajo adquiere las siguientes


modalidades:

A. División industrial. Se trata de la división de funciones y tareas dentro de una


misma industria o empresa.
B. División vertical: Es generada por la división funcional del trabajo, la cual genera
por necesidad una jerarquía que viene a ser eje nodal de la estructura de
organización. El mejor ejemplo de la división vertical del trabajo es la organización
funcional de Taylor.
C. División colateral. Es la división por la cual se separan distintas funciones,
actividades y tareas dando lugar a los crecimientos horizontales de las estructuras
de organización.

Sin embargo, la división del trabajo no es un fenómeno meramente industrial, pues


también se aplica –como principio y como proceso- en las organizaciones
comerciales y de servicios, incluso en las del Estado, esto es, las organizaciones
públicas.

- David Ricardo.

Autor de Los principios de economía política y tributación, publicada en 1817.


Ocupado, como Marx, en la tendencia a la baja de los beneficios de las empresas,
pensaba que ésa era una característica de la economía inglesa que bien podía
contrarrestarse con el desarrollo del comercio exterior. La teoría del valor y la de la
ventaja comparativa, en materia de comercio internacional, son aportaciones
cruciales de David Ricardo.

Para la empresa contemporánea, en el marco de la globalización, los criterios de


David Ricardo no son del todo extraños. La ventaja comparativa indica que los
países tienden a especializarse en la producción y exportación de aquellos bienes
que fabrican con un costo relativamente más bajo respecto de los costos incurridos
en el resto del mundo; bienes en los que son comparativamente más eficientes que
los demás países y que tenderán a importar en los que son más ineficaces y que,
por tanto, producen con unos costos comparativamente más altos que el resto del
mundo. Estos procesos de complementariedad explican el éxito del comercio
exterior, tanto para los países como las empresas.

La moderna administración empresarial debe reconocer las virtudes del comercio


exterior, y corresponde a las técnicas administrativas incrementar la eficacia y la
eficiencia de las empresas para que sean más competitivas y puedan así lograr las
mejores posiciones en los mercados internacionales.

- James Mill

Fue también un economista de línea liberal que en su libro Elementos de economía


política, publicado en 1826, expone una serie de medidas relacionadas con los
estudios de tiempos y movimientos como medio para obtener el incremento de la
producción en las industrias de la época. La influencia de este economista es crucial
para la formación de la teoría administrativa, ya que hacia principios del siglo XX
Frederick W. Taylos retoma su idea con ímpetu, desarrollando su sistema de
Administración Científica, también conocida como Organización Racional del
Trabajo.

- John Locke.

En ciencia política, Locke está considerado como el padre del liberalismo moderno.
Propone que la soberanía emana del pueblo y que la propiedad, la libertad, la vida,
el derecho a la felicidad y a la libertad de creencias son consustanciales de la
naturaleza humana y anteriores a la constitución de la sociedad. Para Locke, el
Estado no tiene otra misión que proteger tales derechos, así como las libertades
individuales de los ciudadanos. Junto al poder del soberano, es esencial un
parlamento en el que se exprese la soberanía popular y donde se elaboren las
mejores leyes que deben cumplir tanto el rey como el pueblo.

En el marco de las ideas de Jonhn Locke, la economía de libre mercado encuentra


su mejor acomodo y desarrollo, pues las ideas liberales políticas son
complementarias de las económicas. No puede sostenerse un liberalismo político
como algo ajeno al económico; ambos son una y la misma cosa, cada uno en sus
respectivos ámbitos. Sólo en este contexto de libertad individual, social, económica
y política es posible concebir el origen y desarrollo de la empresa como unidad de
producción, distribución y consumo.

Sin empresa no hay mercado y sin mercado no hay economía liberal. Por otro lado,
no es posible concebir el origen y desarrollo de la administración –como disciplina
y como actividad gerencial- sin su contexto natural: la empresa. Si bien el Estado
fue el objeto de reflexión de los filósofos en materia de administración, lo cierto es
que las técnicas modernas de la administración surgen en el ámbito empresarial.

En las sociedades liberales, protegidas por un Estado de derecho y sustentadas en


una democracia igualmente liberal, el hombre es libre para asociarse en diversas
formas y con numerosos fines; sólo con la asociación puede garantizarse el logro
de fines colectivos y grupales, los cuales de otro modo sería difícil o quizá imposible
conseguir.
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Antes de Copérnico : el sitema ptolemaico


En el siglo II después de J.C., Ptolomeo (100-170) suponía que la Tierra estaba
en el centro del sistema solar (y con ello en el centro del Universo, según se
concebía en esa época). Reproducía el movimiento de los planetas mediante una
sucesión de movimientos circulares encajados. Sus ideas contribuyeron durante
más de catorce siglos a la admisión del hecho de que la Tierra estaba inmóvil en
el centro del Universo.
Los trabajos astronómicos de Ptolomeo están agrupados en una obra mayor,
la gran sintaxis matemática, más conocida por el nombre árabe de Almagesto. El
Almagesto retoma a grandes líneas la visión aristotélica del mundo físico, con los
mismos dogmas y principios: dicotomía Tierra/Universo, inmobilidad de la Tierra,
etc.
Ptolomeo relanzó la idea de las esferas encajadas y perfeccionó enormemente los
modelos griegos. Introdujo la noción de punto ecuante, un punto ficticio simétrico
de la Tierra con respecto al centro excéntrico de la órbita de un planeta. El sistema
resultante es extremadamente complejo, pero de una precisión matemática notable
(de esta manera el modelo ptolemaico permite predecir eclipses de Sol). La
perfección de este modelo hará que globalmente no sea puesto en entredicho hasta
el siglo XVI.
la reforma copernicana
Nicolás Copérnico (1473-1543), astrónomo polaco, sustituyó el sistema de
Ptolomeo por otro más ordenado y coherente basado en el movimiento de los
planetas alrededor del Sol, y protagonizó la revolución astronómica con la que
se inicia la ciencia moderna. Su descripción de la estructura del universo tiene
tres objetivos:
 Explicar el movimiento planetario respetando el principio de la
uniformidad del movimiento circular con respecto a su centro.
 Ofrecer unos modelos geométricos capaces de reproducir las posiciones de
los planetas.
 Superar la separación histórica entre la astronomía matemática y la
filosofía natural.
Para ello, Copérnico parte de dos principios nuevos:
 Heliocentrismo: la Tierra, que antes ocupaba el centro del universo, ahora
es considerada como un astro que gira como el resto alrededor de un Sol
inmóvil.
 Movimiento de la Tierra: todo movimiento que hay en el universo tiene
como causa el movimiento de la Tierra. La Tierra tiene tres movimientos: el
diario (en torno a su eje), el anual (en torno al Sol) y el de declinación
(movimiento del eje terrestre).
La explicación geométrica del movimiento de la Tierra y los planetas está
recogida en su libro De revolutionibus (1530) en el que quedaba sistematizado,
en términos de racionalidad geométrica, el orden con que Dios había dispuesto
el universo.
Copérnico tuvo que enfrentarse a dos objeciones:
 La objeción teológica
 La objeción física.
Para responder a la primera recurre a la teoría de la acomodación (Dios se
acomoda a todo aquello ajeno a la salvación del hombre), y con relación a la
segunda sostuvo que el movimiento circular de la Tierra era natural y basado en
el principio geométrico de que toda esfera se mueve espontáneamente en
círculo.

El universo para Giordano Bruno


El universo está formado por una reiteración de infinitos sistemas (synodus
ex mundis) solares o planetarios separados por un espacio lleno de éter. Las
estrellas o soles se necesitan mutuamente y forman una estructura en equilibrio.
Los planetas precisan de la luz y el calor del Sol para moverse en rotación y
traslación en torno a él. Las estrellas o soles necesitan, para regenerar su fuego,
la humedad que despiden los planetas. Esta representación del funcionamiento
del sistema planetario tiene un carácter vitalista al convertir los astros y
cuerpos en movimiento en seres vivos con un principio interno de movimiento.
El universo para Bruno es infinito, homogéneo y necesario:
 Infinito: porque no existe un límite extremo del mismo.
 Necesario: debido a la inmutabilidad, bondad y potencia divina.
 Homogéneo: la materia de todo el universo es la misma aunque
diversificada. En las estrellas como el Sol predomina el fuego, en los
planetas el agua y la tierra.

Leyes de Kepler
Gracias a su capacidad matemática, Kepler completa la revolución astronómica
de Copérnico liberando a la astronomía de los residuos geocéntricos. La
promulgación de sus tres leyes marca un hito en la historia del pensamiento
científico y se pueden considerar modernas en sentido estricto. Son precisas,
verificables, están expresadas en lenguaje matemático y dan cuenta de las
relaciones universales que gobiernan los fenómenos individuales. Las leyes de
Kepler son:
 Primera ley: las trayectorias de los planetas en torno al Sol son elípticas,
con el Sol en uno de los focos de la elipse.
 Segunda ley: el radio vector del planeta barre áreas iguales en tiempos
iguales.
 Tercera ley: los cuadrados de los periodos de revolución de dos planetas
cualesquiera son proporcionales a los cubos de sus distancias medias al Sol.