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FILOSOFÍA ELEMENTAL

(PSICOLOGÍA, LÓGICA Y ÉTICA)

POR

D . « X v ia a A r ó l a s v a a í
ftiledrilico de esla asignatura
en el I n s t it u t o de S eounda E nseñ a n za de M a nh r sa

Ría* n'ett beau que le vrai;


I.e vrai teu l est aim abli.
(Bollanu: A rt Poétiquk .)

CON UCENCIA DE LA. AUTORIDAD ECLESIÁSTICA

BARCELONA

IMPRONTA O U T E N B 1 RO

Calles del N aU riid a, S, y de Fortnny, t bl«.


1896
LICENCIA ECLESIÁSTICA

«E xcmo. S eñor:

»En cumplimiento del encargo que V. E. I. se ha dignado


hacerme, he leído con atención la obra titulada Filosofía Elemental
i Psicología, Lógica y Ética), que su autor, D. Juan Arólas, cate­
drático de dicha asignatura en el Instituto de segunda Enseñanza
de Manresa, desea imprimir; y hada he hallado en ella contrario á
la fe y buenas costumbres. En mi pobre concepto, Excelentísimo
Señor, dicho autor es digno de alabanza por su noble empeño
en desenvolver y desarrollar las más puras y sanas doctrinas
filosóficas; tanto en su tratado de Psicología, donde prueba la
existencia del alma humana, su origen ó creación ex nikilo por
Dios, su espiritualidad é inmortalidad, su unión con el cuerpo
como forma sustancial del mismo, su libertad, etc., refutando los
falsos sistemas filosóficos que se oponen á las mismas; como en
la Lógica, donde sabe dar toda la importancia que se merece al
silogismo para la averiguación de la verdad, exponiendo sus
leyes, sus figuras y modos, según la clasificación de los antiguos
Escolásticos; y, sobre todo, en la Ética 6 Filosofía Moral, donde,
al tratar de las obligaciones del hombre para con Dios, demues­
tra su existencia, sus atributos, refutando de paso el Ateísmo, el
Deísmo y el Panteísmo, la necesidad de la divina revelación, los
caracteres de la misma, ó sea, todo lo que bajo el nombre de
VI

Teodicea 6 tratado de la T eología natural se halla en los antiguos


tratados filosóficos; siguiendo las huellas del insigne filósofo es­
pañol, F ray Ceferino González, del sabio catedrático de la U n i­
versidad Central, O rtí y Lara, de Donadiu y otros que, en nuestra
patria, secundando los d eseos del inm ortal P ontífice León XIII,
han difundido y siguen difundiendo las óptim as doctrinas del
Príncipe de los T eó lo g o s y F ilósofos cristianos, el Á n g el de las
E scuelas, Santo T om ás de A quino. Y todo esto es tanto más
digno de alabanza cuanto, com o es sabido, no faltan quienes,
abusando de sus facultades, y aun del m agisterio que el E stado
les confiere, ponen todo su em peño en inculcar á las tiernas in te­
ligen cias de sus alum nos los gérm enes del indiferentism o y de la
impiedad, abierta ó solapadam ente. Tal es mi parecer, salvo el
superior de V. E. I., cu y o anillo pastoral besa respetuosam ente
su más indigno súbdito y capellán: Antonio Vila, P b ro . — Sam -
pedor, 12 de Octubre de 1896. —■E xcm o. y Rdm o. Sr. D. José
M orgades y Gilí, O bispo de V ich,*

«V ich, 15 de O ctubre de 1896. — Visto el favorable juicio emi­


tido p o r e l Rdo. S r . D r . D . Antonio Vila y Sala, P b ro ., damos
N uestro perm iso y licencia p a r a que pueda im prim irse la obra titula­
da « F ilo s o fía E le m e n ta l,» d el S r. D . Juan A ró la s .— JO SÉ, O b is p o
d e V ic h . — Es copia. — May un sello que dice: D . D . Josephus
M orgades et Gilí, D ei e t A postolice Sedis G. Episcopus Viceusis.*
Á LA MUY N O B L E Y MUY L E A L C I U D A D
A X-.-A. M EM O RIA
» E MI IN C O M PA ltA H LK MAESTDO

13r. D. jVLanuel JVEilá y Fontanals


C A T E D R Á T I C O DE L I T E E A T U E A

El A utor.
ÜECC1ÓN P R E b im iH A R

Etim ología y origen histórico de la p a la b ra F i l o s o f í a .


—Procede dedos griegas: (am ante) y (sabiduría);
d e donde filósofo = am ante del saber ó de la sabiduría.
Preguntado Pitágoras, filósofo griego, por Leonte, rey
de los Filiacos, acerca de su profesión> le contestó ser
Jilóso/o.
Definiciones de esta ciencia, según Cicerón, San Agus­
tín, los padres L iberatore y Sanseverino, el. abate Prisco
y G oudin.—Scientia rertun divinarum atque humana-
runit que causar uní, quibus res continentur hai. «La cien­
cia de las cosas divinas y hum anas, y de las causas en
las cuales aquellas cosas están contenidas.» (Cicerón: De
Offitiis.)
¿Quid est Philosophia?—A m or sapientiuj. «¿Qué es Fi­
losofía?—El Amor de la sabiduría.» (San Agustín: Contra
A ccade micos.)
2

Selenita ver ¿tatú m sum m arum , p a rta lamine nata-


rali. «La ciencia de las verdades supremas, adquirida por
la luz natural.» (Padre Liberatore: Institutiones Phiioso-
phicce.)
Scientia principiorum suprem orum , seu rationum su-
prem arum , tum cognitionis, tum reruni%quee possunt
cognosci ratione humana. «La ciencia de los principios
supremos, ó de las razones supremas, ya del conoci­
miento, ya de las cosas, que pueden ser conocidas por la
razón humana.» (Padre Sanseverino: Philosophia chris-
tiana comparata cum antiqua et nova.)
Scientia rationum suprem aritm . «La ciencia4 de las
razones supremas.» (Prisco: Saggio di Philosophia speco-
latw a.)
Cognitio certa et eoiclens rerum per causas altlores,
parta lumine naturalL «El conocimiento cierto y evidente
de las cosas por sus causas más elevadas, adquirido por
la luz natural.» (Goudin: La Philosophie.J
Lugar que ocupa la Filosofía en la esfera de los cono­
cimientos hum anos.—El más preeminente; por cuanto
oficio es del sabio meditar acerca de los principios y ra
zones supremas de lo existente. (Enirn est sapientis con ­
siderare principia sublirntora rerum . Aristóteles.)
Comparación entre la Teología y la Filosofía. —La Fi­
losofía, con ser la más trascendental de las ciencias, al ftn
es humana; y por ello, inferiora laTeoIogia, ciencia divina.
Según los Escolásticos: Philosophiam esse ancillam
Theologice; es decir: que la verdadera y sana Filosofía
debe fundarse indefectiblemente en la Teología.
Im portancia y utilidad de la Filosofía. —1,° Por con­
tener en si los principios fundamentales de todas las demás
ciencias humanas;
LECCIÓN P B B U M tN A R 3

2.° Por el natural deseo de saber ( ingenium curio-


m m ) Séneca), común á todos los hombres;
3 .® Porque estudia las verdades reveladas de que po­
demos naturalm ente darnos cuenta, conocidas con la
denominación genérica de preámbulos de la f e (existencia
de Dios y sus atributos, existencia y atributos del alma
racional, etc.);
4 .* Porque desenvuelve principalmente la inteligencia,
facultad la más encum brada del hombre, aunque no la
más brillante (imaginación); y
5 ." Porque, aparte de otras potencias, desarrolla y
perfecciona poderosamente la voluntad, otra de las tres
grandes facultades psíquicas (sensibilidad> inteligencia y
voluntad).
Su división. — * Ratio triplex philosophandi ja m
accepta f a i t a Platone: una de oita et moribus; altera de
natura et rebus occultis; tertia de disserendo etjadicando
quid oerrim et quid fa lsu m , quid rectuni in oratione que
pravum , quid consentiens quid repugnans. (La razón tri­
ple de filosofar fué aceptada ya por Platón: una de la vida
y de las costumbres; otra de la naturaleza y de las cosas
ocultas; y la tercera de discutir y de juzgar qué sea v er­
dadero y qué falso, qué acertado en la oración y qué d e ­
fectuoso, qué conviene y qué resulta absurdo.) (Cicerón:
Accademia )
San Agustín (De Civitate DeiJ adopta la división anti­
gua, formulada por Platón y recordada por Cicerón, de la
Filosofía en natural, racional y moral; forma tripartita
vestigio de la Trinidad divina.
En nuestros días subsiste la citada división, recibiendo
la Filosofía natural el nombre de M etafísica, la racional
el de Lógica y la moral el de Ética.
4 LECCIÓN PRELIM INAR

La Metafísica, Filosofía natural ó real, estudio genérico


de la naturaleza de las cosas, comprende cuatro ramas:
Ontologia (tratado del ser ó ente), Teodicea ó Teología
natural (de Dios), Cosmología (del Mundo) y A ntropo­
logía (del hombre).
Y como el hombre consta de dos partes potenciales
(alma y cuerpo), de ahí la subdivisión de la Antropología
en Psicología (estudio del alm a hum ana) y Fisiología (del
cuerpo); con la advertencia de que la última es ciencia na­
tural y la prim era filosófica pura.
La Lógica, ó Filosofía racional, ciencia de la verdad,
abarca dos grandes extremos: el relativo á la investigación
de la verdad y el referente á su enunciación y demostra­
ción. El primero da lugar á la Metodología (tratado del
método) y á la Critica (del juicio, ya en sí mismo ó ya en
relación con las operaciones intelectuales); el segundo, á
la Gramática general (expresión de la verdad, una vez
hallada) y Dialéctica (demostración, con pruebas ó argu­
mentaciones).
La Ética ó Filosofía moral, también llam ada ideal, ver­
sa sobre el fin á que hay que aspirar en todos nuestros ac­
tos; fin que no ha de ser otro que la bondad ó el bien.
Consta de dos partes: Ética general ó M oral especulativa
(tratado de las ideas constitutivas de la moralidad en
tesis absoluta) y Ética particular ó M oral práctica (es­
tudio de las obligaciones especiales del hombre para con
Dios, para consigo mismo ó para con sus semejantes).
* De todos los miembros de la indicada división, tó­
canos decir algo respecto de la Lógica y de la Ética, y de
la Psicología (parte de la Metafísica); por ser las únicas
m aterias de carácter elemental.
* Ramificación integrante y en verdad importantísima
LECCIÓN PB ELIM IN A R 5

de las disquisiciones filosóficas es tam bién la H istoria de


la Filosofía, exam en del desenvolvimiento sucesivo de la
Filosofía en el tiempo y en el espacio; con la enum eración
de las distintas Escuelas, Teorías ó Sistem as filosóficos,
indicación de los filósofos y de sus obras, y juicio critico-
com parativo de éstas. N ada hay que decir acl hoc en este
program a, por cuanto sem ejante m ateria excede á los lí­
mites de lo elem ental p a ra rem ontarse á la esfera de la F i­
losofía superior.
PSICOüOGÍR

LECCIÓN II

P s i c ologí a .—Su etimología y definición.—La voz «Psi­


cología» procede de otras dos helénicas: ■jnx'h (®n sentido
n atural, m ariposa; en acepción trópica figurada, alm a)
y ( trata d o ).
De donde, Psicología es el tratado del alm a hum ana.
Sus relaciones con la E stética, la Lógica y la É tica.—
La Estética es la ciencia de la belleza, la Lógica de la
verdad y la Ética del bien. Y como estas tres excelencias,
q ue residen originariam ente en Dios* constituyen los obje­
tos formales de la sensibilidad, inteligencia y voluntad
respectivam ente, facultades aním icas estudiadas por aque
lias ciencias en relación con sus objetos; y adem ás, y bajo
un punto de vista sintético, por la Psicología, de ahí re­
sulta evidente y palpable la existencia de relaciones inti­
m as entre la Psicología y la Estética, la Lógica y la Ética.
h td id a d de la Psicología. —Si im portancia reviste el
8 PSICOLOGÍA

estudio del cuerpo humano (Fisiología), superior será to­


davía el del alma, parte la más noble y elevada de la per­
sona, que es tal persona por el hecho de tener alm a ra ­
cional. Fundaban en esta consideración los antiguos el
sabido precepto: ATosce te ipsum (jvw&t asaotiv) de la Escuela
socrática, que, según Cicerón, no se refiere al conoci­
miento del cuerpo, sino al del alma,
Y esta importancia se acrecienta al reflexionar que, en
la realidad objetiva, cada hombre viene á ser un mundo
pequeño (el microcosmos de los antiguos), como cada a n ­
ciano equivale á un mundo viviente de recuerdos.
Su división.—La comunmente adoptada es en racional
y experimental.
Psicología racional es el estudio del alma hum ana p er
se, es decir, considerada en sí misma.
Psicología experimental, llamada igualmente empírica,
es el estudio del alm a hum ana per accidens, ó sea bajo el
punto de vista de sus manifestaciones externas (fenó­
menos).
En la Psicología racional vemos el alm a en estado de
absoluta tranquilidad, pero con posibilidad de hacer fin
potentia); en la experimental, descubrimos el espíritu ac ­
tivo (in actuj.
La Psicología experimental ó empírica se subdivide en
Estesilogia, Telesilogia y Nootogía, correspondientes á
las tres principales facultades anímicas.
La Estesilogia, ó Estética trascendental, es la teoría de
la sensibilidad en relación con la belleza.
La Telesilogia ó Prasología es el tratado de la voluntad
en relación con el bien.
La Noologia consiste en el estudio de la inteligencia en
relación con la verdad.
t.ECClÓN II

Psicología bxperimbntal ó «mpíbic* {1).— Su definición.


—Es la parte de Ir Psicología que trata del alma hum ana
per accidens, ó desde el aspecto de sus fenómenos.
De los fenómenos en general.—Fenómeno es todo ser
ó todo acto capaz de impresionar nuestra alma.
División de los fenóm enos: sus caracteres. - Pueden
ser internos y externos. Los primeros se desenvuelven ex­
clusivamente en el ijo) en la realidad subjetiva; los segun­
dos se desarrollan en el no yo, en la realidad objetiva;
aquéllos tienen lugar en el tiempo, éstos en el espacio; los
internos son conocidos inmediatamente por el alma; los
externos son percibidos próxim a ó inmediatamente por
los sentidos externos y mediata ó re/notamente por nues­
tro espíritu.
Los fenómenos internos pueden ser de tres categorías:
de sentir} de pensar y de querer.
Fenómenos de sentir: son los de la sensibilidad; su ca­
rácter es la subjetividad, porque el alma se identifica con
ellos.
Fenómenos de pensar: son los de la inteligencia; su
carácter es la objetividad, pues en ellos existe relación
entre el sujeto cognoscente y el objeto conocido. Dicha
objetividad puede ser de dos maneras: total y parcial. Es
total, completa ó perfecta cuando el objeto radica en el
no yo; esto es: cuando ha existido, existe y probablemente
existirá por si misma y con absoluta independencia del yo;
y es parcial, incompleta ó imperfecta cuando el objeto es
una modificación del yo; es decir: cuando el objeto no era
anteriormente tal objeto, por hallarse identificado con la
(1) Empezamos por la Psicología experimental, en vez de hacerlo por la racio­
nal, insiguiendo las reglas del método científico en general, que aconsejan pasar de
lo más conocido y fúcil á lo más difícil y desconocido.
10 PSICOLOGÍA

esencia del yo, el cual, transformando su potencia en acto,


determinó la producción del objeto, en la actualidad exis-
tente en el no yo. En el prim er caso el objeto se califica de
objeto-obj etico; en el segundo caso, de objeto-subjetivo ó
mixto.
Fenómenos de querer: son los de la voluntad; su carác­
ter intrínseco es la actividad consciente y libre, por cuan-
to, no sólo se realizan en nosotros, sino por el ejercicio de
nuestra actividad (trabajo), y con deliberación y libertad.
Potencias del alm a hum ana: su división,—Todo fenó­
meno supone una potencia, como todo efecto requiere
causa adecuada y suficiente.
Admitida la división de los fenómenos en internos y
externos, y la subdivisión de aquéllos en de sentir, de pen­
sar y de querer, hay que admitir necesariamente poten­
cias respectivas: Potentke speciftcantur per actus. «Las
potencias se clasifican según sus operaciones.»
Las potencias del alma hum ana son naturales ó ad­
quiridas, según que existan en el hombre de un modo in­
nato ó mediante el esfuerzo de su actividad.
Las naturales se subdividen en facultades y capacida­
des. Facultades son las potencias naturales activas; capa­
cidades las potencias naturales pasivas.
Las adquiridas se subdividen también en activas y p a ­
sivas. Unas y otras reciben la denominación genérica de
hábitos, y se fundan en la costumbre.
Noción de las tres facultades anímicas.—Las faculta­
des son las potencias superiores. Todas ellas pueden re­
fundirse en las tres principales: sensibilidad, inteligencia
y voluntad.
Sensibilidad es la facultad de sentir, ó sea de experi­
mentar sensaciones y sentimientos.
LECCIÓN II 11

Inteligencia es la facultad de pensar, de conocer, y de


distinguir lo bueno de lo m alo, la verdad del error, lo ju s ­
to de lo injusto, lo útil de lo inútil, lo bello de lo feo ó de­
forme.
V oluntad es la facultad de querer ó no querer, ó sea de
hacer voliciones y noliciones.
LECCIÓN III

trascen den tal.—Etim ología y


E s t e s il o g í a ó E s t é t ic a
definición,—La p alab ra «Estesilogía» deriva de dos grie­
gas: ato(h|oLc (sensibilidad, sensación y sentimiento) y
(tratado); la voz «Estética,* del verbo griego aiaMvoiiai (sen­
tir agradablem ente).
De donde, Estesilogía ó Estética trascendental es el tra ­
tado de la sensibilidad en relación con la belleza.
* Nótese que decim os «Estética trascendental» y no
sim plem ente «Estética». Estética es el estudio de la belle­
za, considerada en la realidad objetiva, prescindiendo has­
ta cierto punto del sentim iento y juicio estéticos, relegados
en aquella ciencia á segundo térm ino (Estética subjetiva),
y fijándose en cambio con m ayor interés en la belleza en
si m ism a, ya real, ya artística (Estética objetiva real y Es­
tática objetiva artística)- En cam bio, la Estesilogía estudia
la belleza, em pero no en si propia, sino con preferencia
14 PSICOLOGÍA.

en los efectos ó consecuencias que produce en el hombre


considerado como mero espectador de la misma (senti­
miento y juicio de lo bello). Por esta razón la Estesilogía
es también Estética, pero «trascendental». Más claro: la
Estética exam ina la belleza, principalmente, en el no yo;
la Estética trascendental en el yo; aquélla se refiere ante
todo á la esencia y manifestaciones de la belleza; ésta á la
influencia que ejerce en el hombre como objeto formal de
su sensibilidad.
* De la sensibilidad: su etimología y concepto.—Ya se
ha dicho en el párrafo anterior que, etimológicamente
considerado, el vocablo sensibilidad se deriva del grie­
go awO-qoic (sensibilidad, sensación y sentimiento); de don­
de, los verbos sentire (latino é italiano) y sentir (espa­
ñol).
Queda también indicado (lección II, último párrafo)
que sensibilidad es la facultad de sentir, y, por tanto, de
experimentar sensaciones y sentimientos.
Objeto fo rm a l y objeto fo rm a l prim ario de nuestra
sensibilidad.—El objeto formal, es decir, el objeto al cual
aspira espontáneamente la sensibilidad, es la belleza.
Y como Dios es la Suprema Belleza, de ahí que sea al
propio tiempo el objeto formal primario de nuestra sen­
sibilidad.
División de los fenóm enos de sentir.—Son de dos ór­
denes: sensaciones y sentimientos.
Diferencias entre la sensación y el sentimiento.—Se
distinguen por tres puntos de vista: 1.°, por la causa; *2.°,
por la relación, y 3 .°, por la duración.
Por la causa: la sensación es debida á causa del orden
físico; el sentimiento es motivado por un hecho psico­
lógico*
LECCIÓN III 15

Por la relación: la sensación se refiere inmediatamente


al cuerpo y mediatamente al alma; el sentimiento se ron-
trae única y exclusivamente al espíritu.
Por la duración: la sensación, repitiéndose, se debilita;
el sentimiento, repitiéndose por el hábito afectivo, se aviva,
robustece y perfecciona.
D e l a s e n s a c i ó n . —Su etimología y definición.—La eti­
mología radica en el griego «io*r,otc-
Sensación es «una modificación agradable ó desagra­
dable que experimenta el alma, á consecuencia de un
fenómeno físico.» (Coll y Vehi: Retórica y Poética.)
Requisitos para la producción de la sensación.—San
tres: impresión, transmisión y recepción. La impresión se
verifica en los sentidos externos, la transmisión en los ñer­
v o s y por medio de la sustancia gris que acude al centro
del sistema nervioso, y la recepción en el cerebro.
Doble origen de la sensación.—Puede reconocer por
origen una causa intra orgánica (en el yo) 6 extra-orgá­
nica (en el no yo).
Organo inmediato de las sensaciones.—E\ órgano in­
mediato de toda sensación, esto es, el lugar donde acon­
tece la recepción de la sensación, ya queda dicho que es
el cerebro. Por ello se le denomina igualmente órgano
receptor de la misma (1).
Su doble carácter.—El carácter de toda sensación ee
á la vez afectivo é instructivo. Afectivo, porque sentir es
experimentar placer ó dolor, y ello sería imposible si el
(1) Valiéndonos de una comparación trivial, pero asequible á las tiernas inte­
ligencias de los alumnos, nos figuramos á la sensación como un viajero en marcha.
La estación de salida cslft en los órganos de los sentidos externos; el tren conduc­
tor del viajero (sensación) es la sustancia gris, que recorre el trayecto en los ríeles
de la vía férrea (nervios); y, Onalmente, la estación de llegada radica en el centro
del sistema nervioso (cerebro).
16

alm a, sujeto de la sensación, no fuese afectada. Instruc­


tivo, porque por la sensación el alma conoce la existencia
del no yo; aunque no todas las sensaciones son igual­
mente instructivas.
Clasificación de ¿as sensaciones.—Resultado de su do­
ble origen, las sensaciones pueden ser internas y externas.
Internas, las que se fundan en una causa intra-orgá­
nica.
Externas, las que se fundan en una causa extra-or­
gánica.
Las prim eras se denominan también no sensoriales,
por no intervenir en su realización los sentidos externos,
bastando por consiguiente los requisitos segundo y tercero
(no hay impresión, y si sólo transmisión, á través de los
nervios y recepción en el cerebro).
Las segundas, las más comunes, llámanse en cambio
sensoriales, porque necesitan de los sentidos externos, en
cuyos órganos adecuados debe de tener lugar el primero
de Jos requisitos generales de la sensación (impresión);
siendo también indispensables, como se comprende á sim­
ple vista, los otros dos requisitos.
Di vi dense además en afectivas é instructivas, según
que en ellas predomine uno ú otro de los dos caracteres
que les hemos asignado anteriormente.
Las no sensoriales son menos instructivas que las sen­
soriales y en compensación son mayormente afectivas. En
las sensoriales, las táctiles son más instructivas que las
visuales, éstas más que las auditivas, y éstas más que las
gústales, quedando relegadas al último grado de la escala
de instructividad las sensaciones oloriferas.
Bajo el concepto del tiempo, hay sensaciones actuales
y recordadas. Las prim eras se desarrollan en el tiempo
LECCION III 17

presente. Las segundas tuvieron efecto en el tiempo preté­


rito, y nos damos cuenta de ellas, figurándonos á veces
que se reproducen actualmente, por medio de la im agina­
ción y de la memoria.
Sentidos externos: su concepto y enumeración.—Son
potencias parciales, que sirven al hombre para el conoci­
miento de la existencia y de las propiedades de la materia.
Son cinco: vista, oído, olfa to , gusto y tacto.
* Cada uno de ellos tiene en el cuerpo humano órganos
adecuados; por esto reciben asimismo las calificaciones de
sentidos materiales ó físicos. La vista dispone del apa­
rato óptico, el oído del auditivo, el olfato reside en las fo­
sas nasales, el gusto en la boca, y señaladamente en el
paladar, y el tacto en toda la epidermis (piel externa) del
cuerpo, y en particular en las yemas de los dedos de en­
tram bas manos. Todos ellos hállanse situados en adm i­
rable posición, para el cumplimiento de sus respectivos
itnes.
Sensaciones especiales, correspondientes á cada fino
de los cinco sentidos externos.—A cada uno de los cinco
sentidos materiales les corresponden ciertas y determina­
das sensaciones, que por ello reciben las calificaciones de
visuales, auditivas, o lo rif eras, gústales y táctiles, según
que se refieran respectivamente á la vista, oído, olfato,
gusto y tacto.
Con las sensaciones visuales se relacionan dos clases
de fenómenos: primitivos y derivados. Los primitivos ó
inmediatos son tres: color, figura ó configuración y mo­
vimiento. Los derivados, corolarios de aquéllos, son otros
tres: fo rm a , magnitud y distancia.
A las sensaciones auditivas se refieren Ires fenómenos:
somdo, enlace de sonidos y movimiento. El sonido musical
2
18 PSICOLOGÍA

ofrece diferencias por sus tres cualidades: intensidad, tono


ó tonalidad y timbre ó metal de voz.
Las sensaciones oloríferas, lo mismo que las gústales,
se distinguen por su cantidad, cualidad y duración. Unas
y otras pueden presentarse simples ó compuestas.
Al sentido del tacto corresponden las sensaciones tác­
tiles, motivadas por tres especies diversas de fenómenos;
de donde la triple manifestación de dicho sentido en vital,.
cutáneo y muscular. Al primero se contraen los fenóme­
nos llamados vitales (hambre, sed y demás de la vida or^
gánica); al segundo, los resultantes de la presión y choque
de los cuerpos sobre nuestros órganos; al tercero, los pro­
ducidos por la tensión y la relajación de los músculos y.
nervios que informan nuestro aparato muscular.
Orden de excelencia entre los sentidos materiales y or­
den cronológico en que empiezan á ejercitarse.—Por su
excelencia ó superioridad, parece ocupan el primer lugar
el tacto y la vista; sigue el oído, luego el olfato y finalmen­
te el gusto.
Por el orden de su perfeccionamiento, es evidente que
el olfato, el gusto y el tacto son los sentidos primordiales;
desarróllase más tarde la vista, y últimamente et oído,
que resulta el más tardío por requerir cierta educación
semi-musical.
Sentidos estéticos.—^ los cinco sentidos externos hay.
dos de que se sirve el hombre, entre otros fines, para la
percepción de la belleza: por esta razón se les llama esté­
ticos. Tales son la vista y el oído: aquél se denomina es­
pecialmente óptico y éste acústico (1).

(i) De ahi, en Estética, la división de los objetos Tísicos eD ópticos y acústicos,


y la de las Bellas Artes en ópticas ó de la vista y acústicas ó del oído.
LJZCOIÚN 111 19

S e n t i m i e n t o . —Su etimología y definición.—La étimo lo­


gia está en el griego !;
Sentimiento es «una modificación agradable ó desr
agradable que experimenta el alma, á consecuencia de un
fenómeno psicológico.» (Coll y VehL) ,)
Cuándo recibe el calificativo de emoción ó conmoción
y cuándo el ele pasión. —Es emoción, conmoc¿ónr afecto ó
deseo, todo impulso momentáneo de amor ó de ocjiiOj de
simpatía ó de antipatía hacia los objetos.
Llámase pación cuando, en vez de momentáneo, trué-
case en predominante y permanente.
División de los sentimientos.—Ante todo, los hay estéti­
cos, intelectuales y morales.
Estéticos son los que se fundan en la contemplación de
la belleza.
Intelectuales los que tienen su origen en la adquisición
de la verdad.
Morales los que se apoyan en la libre práctica del bien.
Son también expansivos ó retroactivos. Los unos se
refieren solamente al tiempo actual y al futuro; los otros,
por exceso de intensidad ó vigor, se relacionan, nó sólo
con el momento histórico presente (1), sino también con
el tiempo pretérito y el futuro.
Finalmente, divídense los sentimientos en prim itivos y
derivados, Los primeros subsisten por sí mismos; los se­
gundos necesitan de aquéllos, délos cuales son efectos más
ó menos remotos.

( ) En rigor filosófico, no existe en la realidad el tiempo presente, y ef única­


mente ©1 pretérito 6 pasado y el venidero 6 futuro. Razón por la cual la lengua he-
raica admite solamente estos dos tiempos verbales, prescindiendo en absoluto dei
actual 6 presente.
20 psicología

Senti/nientos propios de la especie hum ana.—Entre los


muchos sentimientos, los hay comunes al hombre y á los
irracionales; otros son* en cambio, exclusivos de los seres
racionales: tales son el sentimiento estético, el intelectual
(en acepción estricta), y el m oral, que comprende el reli­
gioso.
Preeminencia del sentimiento m oral.—El sentimiento
moral, ya en sentido riguroso, ya como moral-religioso,
es el más preeminente, porque es el m ás noble y elevado.
Y se concibe que así sea, desde el punto y forma de que
nada hay más sublime que la práctica continuada del bien
(virtud) y la admiración del Autor de todo lo creado.
* La tranquilidad de conciencia es el testimonio de la
buena conducta; como el remordimiento es la acusación
de la misma conciencia contra quien no atem pera sus ac­
ciones á la ley mora).
Extremos que pueden dar lugar á la perversión, de
todo sentimiento bueno.—Un sentimiento, en si bueno,
puede pervertirse:
1.° Por exceso y por defecto. Así, por ejemplo, la pro­
digalidad ó liberalidad sobrada y la avaricia son perver­
siones del sentimiento de beneficencia, que nos impele á
socorrer con la limosna al necesitado.
Y 2 .°, cuando se tom a como fln lo que en realidad es
sólo un medio. Así, pongo por caso, pervierte el sentimien­
to de la caridad quien da limosna al prójimo, no para so­
correrle, sino por el placer y á veces por Ja vanidad que
experim enta en aquella ocasión. A este propósito, convie­
ne recordar la célebre m áxim a de San Mateo: Te fa cien -
te eleemosinam, nesciat sinistra tua quod fa c ia l dextera
tua. «Guando hagas limosna, cuida de que tu mano iz­
quierda ignore qué hace la derecha.»
I.ECCIÚN II I 21

* Y, en este mismo sentido, es aplicable la gráfica frase


de Séneca: Edo uí v¿vam} non civo ut edam. «Como p ara
vivir; no vivo p a ra comer.» En este punto concreto, es evi­
dente que la comida no es fin, sino únicam ente medio
indispensable de que necesita el hom bre p ara la satisfac­
ción de sus necesidades físicas, y, por ende, p a ra la con­
servación de la vida corporal; y el gastrónom o, es decir,
la persona que siente el inm oderado afán por las delicias
de la gula, pervierte el sentim iento, en sí bueno, favorable
al instinto de la conservación del individuo, abusando de
la comida, al considerarla, no ya sim ple instrum ento for­
zoso, sino el único, ó, cuando menos, el prim ordial de los
fines para que fué creado.
LECCIÓN IY

B e llrz a .—Concepto genérico de la m ism a.—Es la har­


m onía com binada con la vida.
Concepto objetivo.—Es una cualidad real y objetiva.
Decimos que la belleza es una cualidad real porque
«xiste en la realidad, y objetiva porque radica en el objeto
en sí mismo y no nace de nuestro modo especial de ver.
Concepto subjetivo,—Es todo lo que, sin consideración
de finalidad, causa en nuestro ánim o un placer p u ro y
desinteresado.
El placer producido por la contem plación de un o b ­
jeto bello es p u ro ó sin m ácula por ser espiritual, y por lo
m ism o no entrafia som bra alguna de interés m aterial.
Definición de la bellezaf según P latón .—«Es el res­
p la n d o r de la verdad y del bien.»
Definición, de M ilá y F ontanals.—«Es una harmonía
viviente.» Entiéndase que no es bastante una correspon-
24 PSICOLOGÍA

dencia cualquiera; se requiere que la harm onía viviente


sea plenamente perceptible.
Elementos de la belleza.—Son dos: esencia (fondo) y
forma (parte externa).
Esencias de lo bello.—Son los conceptos ó fases del
fondo de la belleza. Se reducen á cuatro: unidad, varie­
dad, carácter y expresión. La unidad y la variedad se
combinan dando lugar á la harm onía, el carácter y la
expresión se fusionan dando margen á la vida, y de la
mescolanza de la harm onía con la vida nace la harm onía
viviente, ó sea la belleza (1).
Cualidades de las fo rm a s bellas.—Pueden resum irse
en tres: grandes, ricas y esplendentes ó esplendorosas.
Grados d éla belleza.—Son dos: belleza propiamente tal
y sublimidad.
* Adviértase que, aparte de dichas calificaciones fun­
damentales, usamos á veces de algunas denominaciones
opuestas ó modificativas. Hay las cualidades opuestas á
la belleza (lo feo ó deform e, lo risible y lo ridiculo); las
cualidades análogas á la belleza (correspondencias en los
objetos.abstractos, enlace luminoso de ideas, lo agrada­
ble en sentido estético, lo bonito, lo lindo, la gracia en
general, ya cómica (gracioso), ya seria (agraciado), et
gracejo, chiste, chic ó oís cómica, la gracia en sentido
particular ó restricto y Ja elegancia); las cualidades aná­
logas á lo sublime (lo grande y lo grandioso, la majestad,
la solemnidad, la nobleza, la magnificencia y lo patético);
y las cualidades referentes á la expresión (la naturalidad

(1) Conforme puede observarse, la enumeración de laa esencias de lo bello


no es otra cosa que el análisis de la definición de la belleza, dada por Milá y Fon-
tanate.
LECCIÓN IV 25

y el cand a ré ingenuidad ( naioeté), con sus antitéticas la


afectación y el sentimentalismo) (1),
Caracteres de La belleza propiamente tal.—Son dos: ser
absoluta é indefinible.
Es absoluta, como la verdad y el bien; y, al igual que
estas excelencias, es imposible de definir con toda exacti­
tud y si sólo aproximadamente.
Diferencias entre la belleza y la agradabilidad.—En­
tre lo bello y lo agradable se advierten dos diferencias:
1." La belleza produce en nosotros un placer senti­
mental; la agradabilidad tan sólo un deleite sensitioo ó
sensacional. Lo cual significa que lo bello respira una at­
mósfera de espiritualidad superior al medio ambiente en
que se mueve lo agradable, de suyo cualidad material y
grosera,
Y 2 .a En la belleza hoy anidad de pensamiento; mas
no en la agradabilidad. Así, v. g.: el trino de un ruiseflor,
á pesar de ser éste el rey de las avecillas canoras, es sen­
cillamente agradable; sin llegar á la categoría de bello,
como las notas moduladas por la privilegiada voz de un
buen cantante (2).
Dioisión de la belleza.—Dividimos la belleza en real é
ideal.

(4) Ciertas palabras empleadas para designar los delicados y variados matices
del efecto estético tienen en cada idioma valor especial y difícil, por no decir im­
posible, de ser traducido é otra lengua: asf, son análogas en general A nuestra
palabra «belleza,» las voces: venustas, en latín; leggiadria, leggiadro ó cexzoso,
en italiano; ch a rm a n t, en francés; b e a u tifu l y Jlae, en inglés; sahon, en
alemán, etc.
(2) Agradable y no bello es también et canto de la codorniz, notable, ya que
no por los gorjeos (,/loritura en general) del ruiseñor, por su característico movi­
miento rítmico (tres sonidos, uno m&s fuerte y aislado, dos más débiles y nnidoB).
26 PSICOLOGIA

Real es la que existe en la realidad (1). Ideal la que


existe únicamente en la imaginación del artista; sirvién­
dole de estímulo y de norma en la concepción y en la rea­
lización de sus composiciones (obras de arte ó artísticas).
La belleza real es absoluta ó relativa. La absoluta ra­
dica exclusivamente en Dios, Suprema Belleza, Suma Ver­
dad y Sumo Bien. La relativa es la que reside en los obje­
tos creados que existen en la realidad.
La belleza relativa se subdivide en fís ic a y espiritual.
La física se descubre en algunos objetos físicos, m ateria­
les, corpóreos ó externos; entendiendo por tales objetos
los que pueden ser percibidos por alguno de los cinco sen­
tidos externos. La espiritual ó psicológica se nota en oca­
siones en los objetos espirituales, psicológicos, inmateria­
les, incorpóreos ó internos; es decir: en los objetos para
cuyo conocimiento no bastan los sentidos externos, ha­
ciéndose indispensable el ejercicio de la conciencia lógica
ó percepción interna.
La belleza física puede ser natural y artística. La na­
tural reside en los objetos naturales; esto es: en los objetos
del mundo físico, que tienen objetividad total. La artística
radica en los objetos artísticos; es decir: en las concepcio­
nes realizadas por el artista, que tienen por tanto objeti­
vidad parcial. Las bellezas naturales son productos de la
madre Naturaleza; las artísticas son debidas al genio crea­
dor del hombre. Ejemplo de bellezas naturales: una flor
de un vergel; ejemplo de bellezas artísticas: la misma flor,
pintada ó cincelada.

(1) Decimos «realidadu y do «naturaleza», porque por ésta se entiende hoy


día el mundo físico, prescindiendo de los órdenes moral é intelectual, y adem íis
por cuanto no todas las bellezas reales son naturales 6 productos de la naturaleza,
sino parto de la inspiración del hombre (artista).
LECCIÓN IV 27

* Las bellezas naturales son preeminentes, com para­


das con las artísticas; porque ostentan un sello de vida y
de frescura á que alcanzar no pueden las obras del Arte.
Estas serán, en casos determinados, más simétricas y más
correctas, si se quiere; pero les falta la lozanía de las na­
turales y descubren á simple vista el artificio del autor,
que, por eximio que sea, es finito, por ser hombré (1).
La belleza espiritual ó psicológica puede ser moral é
intelectual. Belleza moral es la que pertenece á los objetos
morales; entendiendo por tales los actos de nuestra vo­
luntad (voliciones en general). Belleza intelectual es la
que ofrecen los objetos intelectuales, ó sea los conceptos
de nuestra inteligencia (pensamientos en general). Ejem­
plo de belleza moral lo tenemos en un acto de caridad ó
de devoción; ejemplo de belleza intelectual nos presenta
todo pensamiento profundo y delicado (2).
Lo s u b l i m e . —Su definición, según M ilá.—«Es lo in­
comparablemente grande.»
* Nada hay comparable á lo sublime, que es lo más
grande, y, como tal, se nos ofrece á nuestros ojos irredu­
cible á medida.
Caracteres de la sublim idad.— Son dos: 1 .° el aspecto
de la lucha; 2.° el temple tranquilo y apacible.
* Estos dos caracteres de lo sublime se excluyen recí­
procamente, por regla general.

(1) S u m m i su n t, hom.in.es ta m en . «Son grandes, pero al fin son hombres,»


exclama el insigne Quintiliano, hablando de los grandes hombres.
(2) Así, son ejemplos de belleza intelectual el F iat lu x et lusc fa c ía est, y el
Ego sum q u i sum , de la Biblia, y el Sictm i ro m a n i, frase final de la H istoire des
R om aines, del ilustre Víctor Duruy. Pueden también considerarse tales las do?
siguientes frases: «La Prudencia es la sal de las virtudes" (San Bernardo); «E
Amor es la Bal de la vida» (Shakespeare: Macbeth, traducción de don Marcelino
Monóndez y Pelayo).
28

* Citaremos, v. gr., como sublimidad con el primer ca­


rácter, una tempestad, el retum bar del trueno, un form i­
dable incendio, el fragor de una batalla, el estampido del
cañón. Y, entre lo sublime con el segundo carácter, una
noche estrellada, la inmensidad del mar, de una vasta lla­
nura ó de un desierto.
* En ocasiones lo sublime es mixto, presentando á la vez
y á m anera de retruécano los dos citados caracteres, entre
sí antitéticos. Tal sucede, por ejemplo, en una inundación,
que, en apariencia, es sosegada, pues avanza y lo avasalla
todo silenciosamente; pero que, considerada en sus natu­
rales efectos, es violenta, por razón de los inmensos estra­
gos que produce. Tal acontece también en el llamado su­
blime histórico; v. g. en un árbol corpulento, que, en fecha
ya lejana, vióse tronchado por el rayo.
Diferencia entre lo bello y lo sublime.—Lo bello es
siempre harmónico; en lo sublime nótase siempre la falta
de harmonía.
Distinción entre lo sublime y lo ridiculo.—En lo subli­
me, como en lo ridículo, no hay harmonía; empero, en lo
sublime, la falta de harm onía es por exceso; por cuanto el
objeto sublime, por ser tal, rebasa los limites naturales
del género á que pertenece; al paso que, en lo ridiculo, la
ausencia de harm onía es por defecto, por cuanto resulta
evidente contraste entre la pequenez del fondo y lo d e s­
mesurado de la forma. Un soldado, en actitud bélica, dan­
do su vida en aras de la patria, es sublime; el mismo sol­
dado, en igual actitud y estado, arm ado de una escoba,
seria ridiculo.
* Nada m ás fácil que lo sublime, si es exagerado, de­
genere en lo ridículo; por esto, ya en lenguaje vulgar, suele
afirm arse que «lo sublime se toca con lo ridiculo,»
LECCIÓN IV 29

Dioisión de lo sublime.—Lo sublime se divide, en ge­


neral, en físico, m oral é intelectual, según resida en los
objetos físicos, morales ó intelectuales, respectivamente.
La sublimidad física, que es la más común, puede ser
plástica y dinámica. Plástica es la matemática ó de ex­
tensión. Dinámica es la de poder ó fuerza.
* Por punto general, lo sublime plástico ofrece el as­
pecto tranquilo; el dinámico presenta el carácter de la gue­
rra. Y á vetes, por excepción, lo sublime es á la par plás­
tico y dinámico. En los ejemplos anteriores: la tempestad,
el trueno, el incendio, la batalla, el cañonazo son dinám i­
cos; la noche estrellada, el mar, la llanura y el desierto son
plásticos. La inundación es á la vez plástico y dinámico.
En el caso del árbol corpulento, hubo sublime dinámico
cuando la calda del rayo; en la actualidad existe el subli­
me plástico, pues nuestro espíritu parece sentir veneración
hacia el mudo testimonio de generaciones que fueron y
que ya no volverán.
* La muerte de Jesús es también ejemplo de sublimi­
dad plástica y dinámica; dinámica en cuanto á los tras­
tornos simultáneos de la Naturaleza, que aparentaba su­
blevarse contra los verdugos de su Dios; plástica, por el
aspecto del Redentor Crucificado.
Lo sublime moral revela idea de sacrificio de un prin­
cipio en aras de otro superior. Así, al lanzar Guzmán el
Bueno su cuchilla á los asesinos del inocente hijo, sacrifi­
ca el sentimiento de amor paternal al de patriotismo. R a­
zón por la cual lo sublime moral supone en todos casos la
consumación de un acto heróico
Lo sublime intelectual se funda en un poderoso esfuer­
zo de la inteligencia. Por ello son de esta categoría los
grandes descubrimientos y las invenciones (Colón descu­
30 PSICOLOGÍA

briendo las Américas, la imprenta, la brújula, la pólvora,


etc.), que son otras tantas concausas que concurren al
perfeccionamiento ó progreso del hombre, y por consi­
guiente á la civilización ó cultura.
La belleza y la utilidad.—No hay que confundir la be­
lleza con la utilidad. Ni todo lo bello es útil, ni todo lo útil
es bello. La belleza es una excelencia espiritual; la utili­
dad es esencialmente cualidad material.
Entiéndese por utilidad la aptitud de un objeto para
satisfacer nuestras necesidades físicas.
* El hombre, como ser compuesto de alma y cuerpo,
tiene necesidades espirituales y materiales.
* Llámase útil un objeto cuando es capaz de satisfacer
nuestras necesidades corporales.
La belleza, la verdad y la bondad.—A la m anera que
el cuerpo humano procura la satisfacción de sus nece­
sidades por medio de la utilidad, el alma, mediante sus
tres facultades, aspira constantemente á las tres excelen­
cias absolutas, la belleza, la verdad y Ja bondad. Nuestra
sensibilidad tiende siempre á la belleza, como la inteligen­
cia á la verdad y la voluntad al bien.
* Y como Dios es la Suma Belleza, la Suma Verdad y
el Sumo Bien, de ahí que nuestras facultades aspiren es­
pontáneamente á la posesión de Dios, en la cual consiste
nuestra felicidad eterna. De donde se deduce la identidad
originaria de aquellas tres excelencias.
* Y no se diga que, en ciertos casos, nuestra sensibilidad
prefiere lo feo, como nuestra inteligencia lo erróneo y
nuestra voluntad lo malo; ello es consecuencia de ser el
hombre finito ó limitado, y, por tanto, sujeto á frecuen­
tes equivocaciones. Mas en rigor, cuando nuestra sensibi -
lidad escoge lo feo, lo cree bello; como la inteligencia toma
LECCIÓN IV 31

lo erróneo por verdadero y la voluntad lo malo por bueno.


Por modo que, en la realidad objetiva, un ser no será
bello, verdadero ni bueno porque á nosotros nos lo pa­
rezca, sino por sí mismo y en virtud de su naturaleza
intrínseca, ó sea de su esencia y de sus atributos. Y per­
manecerá siendo bello, verdadero y bueno, objetivamente
considerado, á pesar de que, desde et punto de vista sub­
jetivo, nosotros nos equivoquemos lastimosamente; como
por desgracia acontece muy á menudo (i).
Sentimiento estético.—Es el producido por la contem­
plación de un objeto bello.
Sentimientos de lo bello, de lo sublime y de lo ridiculo.
—Los objetos bellos, considerados subjetivamente, nos
causan un placer puro y desinteresado, satisfacen nuestra
inteligencia y estimulan nuestra actividad, fomentando el
deseo de contemplar y de producir nuevos objetos bellos.
Los objetos sublimes nos causan también placer puro
y desinteresado; pero acompañado de admiración, asom ­
bro, terror, y despiertan siempre en el alma la idea del
infinito y el tributo de veneración al Supremo Hacedor.
Los objetos ridiculos nos mueven á risa, por el con­
traste resultante entre lo diminuto del fondo y lo desme­
surado de las formas.
* Al contemplar un objeto bello, tiene lugar en nosotros
un sentimiento (estético) y un juicio (estético). Sentimos
desde luego el placer puro y desinteresado (sentimiento),

(1) Pe ah( que, según el poeta:


«Es el vivir un caer
Y un continuo levantarse:
A esto andar le llama el hombre;
Y ¡ay de aquel que siempre cae!...»
l'S IC O L O O ÍA

y después admiramos la belleza objetiva del ser, y deci­


mos, ó cüando menos pensamos: «¿Qué bello!...»
Juicio estético.—Será, pues, el producido por la con­
templación del objeto bello (bello ó sublime).
Dicho juicio reúne dos notas: es inmediato y es además
instintivo.
Buen gusto.—Es la aptitud nativa para apreciar Jas
bellezas y los defectos de las obras artísticas en general y
literarias en particular.
Genio.—Es la fuerza de invención y el buen gusto en
su grado máximo.
* Ya se comprende que, aun siendo el buen gusto fa­
cultad natural en ciertos hombres, es susceptible de gra­
dos, y se perfecciona con la educación artística. Una per­
sona dotada de buen oido-^como se dice vulgarmente—lo
desenvolverá mediante la educación musical (1).
Del A rte, en general; su triple división.—Arte es ¿a
realización de la belleza por el hombre. (Milá.) El hom­
bre que concibe y realiza la belleza se llama artista (2).
Nótese que en toda creación artística hay dos partes ó
momentos: ante todo la concepción, resultado principal­
mente de la inspiración del artista, y más tarde Ja reali­
zación, para la cual el hombre se vale de las reglas artís­
ticas, y, en término preferente, de los medios de ejecución.
El Arte, en síntesis, se divide en bello, útil y bello-útil,
según que su fin esencial sea la belleza, la utilidad ó en­
tram bas simultáneamente.

(1) Ya dice el preceptista Vosio: N a tu ra incip¿tt A rs d ir ig it, uaus perjlcit-


«La Naturaleza empieza, el Arte dirige, el uso perfecciona.»
(2) Importa no confundir el artista con el artífice, mero instrum ento de
aquél.
LECCIÓN IV 33

Bell as Artes; su clasificación.—Reciben el calificativo


■de Bellas Artes las manifestaciones del Arte bello.
Son ópticas ó de la vista, y acústicas ó del oído, refi­
riéndose las prim eras al sentido de la vista y las segundas
al del oído, sentidos denominados estéticos, por ser los
únicos capaces de distinguir la belleza, pues los restantes
«{olfato, gusto y tacto) son mayormente groseros ó ma­
teriales.
Las Artes ópticas son unas sólidas y otras aparentes.
Aquéllas se valen de las tres dimensiones superficiales
(longitud, latitud y profundidad); éstas solamente de las
dimensiones lineales (longitud y latitud). Son sólidas la
Arquitectura y la Escultura; es aparente la Gráfica en
general, que comprende el D ibujo, en sus varias manifes­
taciones (lineal, de figura, etc.); la Pintura, en sus distin­
tas formas (al óleo, al pastel, etc.): el Grabado y la Foto­
g ra fía (Fotografía propiamente tal, Fotograbado, Fototi­
pia. etc., etc.).
Distinguense además en imitativas y no imitativas, se­
gún que imiten ó no los objetos reales. La Arquitectura es
la única no imitativa; son imitativas la Escultura y la
Gráfica.
Las Artes acústicas son, ya fanatizadas, ya articula­
das. Las primeras sé valen de la palabra modulada ó can­
tada, entendiendo por modulación la serie de acentos ó
voces sujetas á ritmo musical; las segundas emplean la
palabra común, valiéndose al efecto del aparato de la voz
(laringe, paladar y labios). Es tonalizada la Música y ar~
ticulada la Poesía.
Son también naturales ó significativas, En aquéllas Jas
palabras están de conformidad con su naturaleza; en és­
tas las palabras representan sus ideas respectivas, no por
3
34 p sic o lo g ía

si m ism as, sino por convención ó acuerdo de los hom ­


bres. Exceptúanse entre éstas las voces llam adas ono-
m atopéyicas, que expresan sonidos naturales (mugido-
del buey, balido de la oveja, chisporrotear de la lefia, e t ­
cétera) Arte natural es la Música y significativa la Poesía.
Cada una de las Bellas A rtes necesita medios adecua­
dos de expresión, llam ados fo rm a s artísticas. La A rqui­
tectura y la Escultura se sirven, como forma artística, de
la linea; la Gráfica en general, de la linea y de los colores,:
la Música de la palabra m odulada y la Poesía de la pala­
b ra m eram ente pronunciada ó escrita.
De todo lo expuesto se deduce que las Bellas A rtes son
varias, siendo las principales cinco: A rquitectura, Escultu­
ra , Gráfica en general, Música y Poesía en particular y Li­
teratu ra en general (en sentido estricto y por sinécdoque).
Son ópticas las tres prim eras, y acústicas las dos restantes.
Definición de las principales Bellas /lr íe s .—A rquitec­
tu ra es el A rte que se cale de fo rm a s ópticas, sólidas no
im itativas. (Milá.)
Escultura ó E statuaria es el A rte que se cale de f o r ­
mas ópticas, sólidas im itativas (Id.)
Gráfica ó Pintura es el A rte que se vale de fo rm a s o/j-
ticas, aparentes im itativas (Id.)
Música es el A rte que se vale de fo rm a s acústicas to­
nauradas y de valor en gran pa rte natural (Id.)
Poesía es el A rte que se vale d e fo rm a s acústicas a r­
ticuladas y de valor en g ra n pa rte significativo (Id.)
* Hay, finalmente, otras Bellas Artes, de im portancia
secundaria: tales son, la Saltación, Danza ó Baile, el arte
de los Jardines, la Natación, la Equitación, la G im násti­
ca, etc.
LECCIÓN Y

T e l e s i l o g i a ó P r a s o l o g u 'a . S u etimología y definición.


—Procede la palabra «Telesilogia» de las voces griegas
téUst»;, que significa «voluntad,» y «tratado.» La «Pra-
sologia» se deriva, etimológicamente considerada, de los
vocablos, tam bién helénicos, que significa «obrar,»
y ko-foq, tratado.
Telesilogia ó Prasología es el tratado de la voluntad.
De la voluntad; su etimología, concepto y caracteres.
—Dimana del verbo latino «Volo,* «Volui» (sin supino),
equivalente á la dicción española «querer.»
Voluntad es la facultad de querer, ó sea de hacer voli­
ciones y noliciones.
Distínguese de las dem ás facultades psíquicas por cin­
co caracteres: una, idéntica, igual, ilim itada y libre.
* Es una en la m anera de realizar sus operaciones pro­
pias; es idéntica á sí m ism a y distinta de las restantes fa-^
3 (j p s ic o lo g ía

cultades; es igual en todas las personas; es ilimitada bajo


el punto de vista de sus aspiraciones, siempre crecientes,
y es libre porque el hombre es un ser racional y dotado de
libre albedrío.
* Conviene no confundir el querer con el poder. Ehtram
bos se asemejan en que reúnen los dos primeros caracte­
res de la voluntad (una é idéntica); empero se diferencian
por cuanto el querer es por naturaleza igual en todos los
individuos, y tío asi el poder, que depende de las cir­
cunstancias que rodean al hombre, del medio ambiente
en que éste crece y se desarrolla; el querer carece de lími­
tes, porque la v o lu n t a d jam ás se ve saciada, á la manera
que el avaro alienta siempre el inmoderado afán de las
riquezas materiales; y, por último, el querer es absoluta­
mente libre, al paso que el poder puede ser ó dejar de ser
libre, por hallarse sujeio á coacción ó violencia material
externa.
Objeto fo rm a l y objeto fo rm a l prim ario de nuesira
voluntad.—La bondad es el objeto formal de nuestra vo­
luntad, es decir, el objeto á cuya consecución aspira ó
tiende constantemente nuestra voluntad; como la belleza
lo es de la sensibilidad y la verdad de la inteligencia.
* La voluntad, per ¿>e. se inclina siempre al bien, y ex­
perimenta repugnancia invencible al mal. De aqui que,
según los Escolásticos: Voluntas fe r tu r ¿n bonum pondere
innato. (La voluntad desea el bien por modo innato.)
Mas nuestra voluntad, finita en si misma como facul­
tad de un ser finito, toma en ocasiones por bien lo que, en
la realidad objetiva, es un mal: una persona, verbigracia,
fatigada por veloz carrera, bebe con anhelo un vaso de
agua, para apagar la sed que le devora, sin parar mientes
en que dicha bebida, en tales circunstancias, puede oca­
I.KCCIÓN v 37

sionarle una enfermedad fatal. Esto significa sencillamen­


te que la voluntad padece error; pero nunca prefiere el
mal, por ser mal, y por considerarlo preferible al bien; el.
mal se ofrece ante nosotros sub ratione boni; como, otras
veces, el bien se nos presenta á simple vista sub ratiune
malí. Es innegable, por ejemplo, que la necesidad del es­
tudio, que es la única fuente de la verdadera sabiduría,
mortifica á los estudiantes; cuando, en realidad, es un bien
para ellos. Por lo cual, no hay que fiar en las apariencias.
Nuestro idioma, rico como el que más, ha formulado
este consejo en tres refranes (l ): «Mujer y tela no la mires
con candela.» «De noche los gatos son pardos.» «El há­
bito no hace al monje »
Como quiera que Dios es la Suma Belleza, la Suprema
Verdad y el Sumo Bien, de ahí que sea el objeto formal
primario ó absoluto de nuestra sensibilidad, de nuestra
inteligencia y de nuestra voluntad.
Dioisión de los fenóm enos de querer.—Son de dos cla­
ses: voliciones y noliciones.
Las voliciones (del latin Vola, Volni, querer) son los
actos de querer afirmativos ó positivos.
Las noliciones (del latin No lo, Nolui, no querer), los
actos de querer negativos.
* En el fondo de toda nolición se adivina siempre una
volición. Cuando yo no quiero leer, v. gr,, realmente quie­
ro no querer dedicarme á la lectura. Por m anera que los
actos de la voluntad ó fenómenos de querer son en todos

(1) No podemos resistir la tentación de apuntar la bellísima definición do los


refranes, dada por el eximio médico español Don José de Lelamcndi. Dice así:
«Refranes son verdaderas cristalizaciones de sabiduría formadas en el seno de los
tiempos por la razón vulgar sobresaturada de experiencia.»
38 PSICOLOGÍA

los casos voliciones, expresas (voliciones propiamente


tales) 6 tácitas (noliciones).
Motivo. —Es el antecedente del acto.
* Losi motivos pueden ser de dos categorías: afectivos
é intelectuales. Los primeros se fundan en la sensibilidad
principalmente; los segundos en la inteligencia.
A c to .—Es el hecho externo y sucesivo.
' Decimos que el acto es un hecho externo, porque
trasciende en general á la esfera objetiva, al mundo del
no yo, y. como tal, se desenvuelve en el espacio, ó sea en
la suma de lugares coexistentes. Y añadimos que es suce­
sivo, por cuanto se perfecciona simultáneamente en el
tiempo, es decir, en la sucesión de momentos, en la serie
continuada de instantes.
* Los motivos preceden á la volición; los actos ó accio­
nes son posteriores á la misma.
’ Los actos se dividen en elidios é imperados. En la
realización del acto elicito interviene exclusivamente el
alma hum ana, de modo que no se manifiesta en el no yo;
en el acto imperado toman parte el alm a y el cuerpo. Por
lo cual los actos elicitos llámanse también internos, por con­
sumarse en nuestro interior; m ientras los imperados reci­
ben además el calificativo de externos, por pasar del yot
al no yo, y el de m ixtos, como resultado de la actividad
del alma y del cuerpo Y estos últimos se denominan im­
perados porque, en realidad, el alma, parte sustancial de
la persona, ejerce sobre el cuerpo, parte accidental, su im
perio, ordenándole que, valiéndose de sus órganos ade­
cuados, lleve á la práctica lo que la voluntad libre resuel­
ve, previa deliberación de los motivos del acto. Los actos
elicitos pudieran igualmente denominarse puros, y tam ­
bién morales, por su carácter esencialmente espiritual; é
LECCION v 39

impuros y legales los imperados, por su nota material.


Cuando pienso, imagino, raciocino, recuerdo, etc., ejecuto
actos elícitos; cuando ando, escribo, etc., realizo actos
imperados.
* Ya se comprende que los actos verdaderamente hu ­
manos son los imperados, por ser efecto de la discreta
combinación de las fuerzas del espiritu y de la materia,
partes potenciales é integrantes las dos de la persona,
y por hallarse sujetos, al contrario de los elicitos, á
coacción.
’ Importa en gran manera no confundir el motivo ni el
acto con el fin y con la intención. Entiéndese por fin de un
acto el objetivo que nos proponemos al consumar el acto;
y por intención la resolución de obrar. De donde se infiere
que la intención determina necesariamente la volición,
más 110 es la volición, sino la resolución de la volición
misma; y ésta se expresa por medio del Yo quiero. Y se
deduce además que, en el orden estrictamente cronológi­
co, el motivo precede á la intención, ésta á la volición—voli­
ción propiamente tal ó nolición,—la volición al acto—ya
elícito ya imperado,—y el fin queda relegado al último
término de esta serie.
De la espontaneidad. —Es la actividad humana o b ran ­
do sin deliberación.
Actos propios de la m ism a,—Son dos: el deseo y el
instinto.
Concepto del deseo.—Es la actividad hum ana obrando
sin deliberación, para la satisfacción délas necesidades de
la vida psicológica.
* La persona, ó sea la unión sustancial del alm a con
el cuerpo, como sér compuesto de dos partes potenciales,
espíritu y materia, cada cual con necesidades propias,
40 PSICOLOGIA

tiene doble vida: la psicológica y la fisica. Llámase vida


psicológica, moral ó interna á la vida del alma, esen­
cialmente espiritual, y fisica, orgánica ó externa á la
del cuerpo, exclusivamente material. Entrambas se re­
presentan por medio de una fórmula: la fórmula de
la vida anímica ó psíquica es la conciencia lógica, per­
cepción interna ó sentido íntimo, que consiste en la
operación intelectual cognoscitiva empírica que nos sirve
para venir en conocimiento de la existencia del yo y de
nuestras modificaciones ó fenómenos, ora sean éstos de
sentir, de pensar ó de querer, y es á la vez uno de los
seis criterios de ver lad; y la de la vida corporal es el mo­
vimiento, que, con la configuración ó figura y el color,
constituye á la par uno de los tres órdenes de fenómenos
primitivos que corresponden á las sensaciones visuales.
De la admirable fusión de la vida psíquica y de la material
resulta la vida, en el sentido lato que suele darse á esta
palabra; y esta vida cesa al sobrevenir la muerte, que no
es otra cosa que la separación del alm a y del cuerpo, ani­
quilándose éste, como deleznable materia, y perpetuán­
dose aquélla, por hallarle dotada» entre otros atributos,
del sublime don de la inmortalidad, que le permite gozar
de la posesión de Dios, única fuente de la felicidad abso­
luta, reservada al varón justo en la vida futura.
Elementos que envuelve.—En todo deseo hay dos ele­
mentos: el primero es la representación del objeto deseado;
el segundo, que es disyuntivo, consiste en el placer ó en el
dolor: el placer es producido por la posesión del bién al
cual aspira nuestra voluntad; el dolor reconoce por causa
la no posesión del objeto agradable.
División de los deseos. —Los hay naturalesó artificiales.
Los naturales existen á natura, y radican en el hombre
I.KCCIÓ N V 41

por el hecho mismo de ser hombre. Los artificiales ó ad­


quiridos dependen de la actividad hum ana puesta en ejer­
cicio.
Unos y otros pueden ser lícitos ó ilícitos, según estén ó
no conformes con las leyes del orden moral.
Poder de la rolnntad.—La voluntad es poderosa para
extinguir los deseos ilícitos artificiales, por aquel princi­
pio de que Jliius esi tallere quibus est condere; empero es
impotente para borrar en absoluto las huellas de los de­
seos ilícitos naturales, los cuales podrán ser enfrenados
por una voluntad firme y enérgica, mas nunca se desva­
necerán por completo, pues forman parte de la esencia
humana, de suyo finita.
* Adviértense en nuestro interior las dos tendencias an­
titéticas hacia el bien y el mal. Y nótese que, al consignar
que el hombre tiende al mal, no pretendemos significar
que el hombre per se quiera el mal; sino que, dada su
esencia imperfecta, prefiere en ocasiones el bien aparen­
te, en realidad mal, al bien real; ya por error, ya impul­
sado por la fuerza d e ja s pasiones, que le ciegan y le con­
vierten en ser egoísta y cruel. Este fenómeno, rigurosa­
mente humano, ha existido y existe, sin excepción algu­
na, urbi et orbi. De aquí el Mazdeísmo, religión que pres­
taba culto á las dos divinidades contrapuestas, Ormuzd
y Ahrymán, genios del bien y del mal respectivamente,
principes de la luz y de las tinieblas, personificaciones de
dichas tendencias en la potente imaginación de los anti­
guos persas. Y la tendencia al mal, en apariencia un bien>
^n el hombre, se debilita ó se robustece según su educa­
ción y al compás del medio ambiente en que se agita. Ma­
teria es ésta que ha dado lugar á refiidas controversias
’entre los filósofos de las distintas escuelas. No juzgando
42 PSICOLOGÍA

adecuado á una obrita elemental enfrascarnos en tam a­


ñas disquisiciones, baste apuntar que, al contrario de
Schopenhauer, Hartmann y demás pesimistas, no cree­
mos en la eternidad del mal en la tierra; antes bien, ha­
bida consideración deque el hombre es un ser perfectible
por modo ingénito, abrigamos la plena convicción de que,
insiguiendo la santa ley del progreso, llegará día en que
se remonte al zénit de su perfeccionamiento moral y m a­
terial, en el grado mayormente posible, teniendo en cuen­
ta su esencia limitada; consumándose entonces los desig­
nios del Creador, quien, al formar al hombre del barro de
la tierra, inspirándole el hálito de la vida, le hizo á su
imagen y semejanza.
Faciamus hominem ad imaginem et siniilitiidinem rios­
tra/) i... A d imaginem qtdppe D eifactux est homo... For-
mauit igitur Dominas Deas hominem (le limo terne, et
inspiravit in fa c ie m ejtis spiraculum v i t a e t factus est
homo in animatn viventem. (Génesis.)
De la inclinación.—Es la tendencia á obrar de una
m anera determinada.
División dé las inclinaciones.—Pueden ser naturales y
adquiridas. Aquéllas son innatas; éstas son consecuencia
del hábito. Las prim eras se subdividen en generales y es­
peciales, según que sean comunes al hombre y á los irra ­
cionales ó peculiares de aquél
Indicación de las principales inclinaciones de la vo­
luntad hum ana.—Son las que se refieren á lo bello, á lo
bueno y á lo verdadero. Estas inclinaciones son especiales
del hombre, por pertenecer al orden moral, superior á la
esfera en que se mueven los brutos.
Instinto.—Eslaactividad hum ana obrando sin delibera­
ción, para la satisfacción de las necesidades déla vida física.
LECCIÓN V 43

* La palabra «instinto,» instinctus, etimológicamente


considerada, proviene del verbo latino Insünguo, que sig­
nifica «estimular,» «instigar,» «excitar,» También se toma
en el sentido de «inspiración.» Por esto dice Bal mes: S a ­
cro mens ¿nstincta fu ro re.
Caracteres diferenciales entre el instinto y el deseo.—
Son tres: i." El deseo, como espiritual, se funda en un
sentimiento, al paso que el instinto, á fuer de material,
tiene por base una sensación. 2.° El deseo se desenvuelve
en presencia del objeto agradable, m ientras que el instin­
to subsiste per se y prescindiendo de semejante presencia;
y 3 .°, el deseo se modifica y se acrecienta produciendo
nuevos deseos, y, en cambio, el instinto es incapaz dé va­
riación, por cuanto sus operaciones son limitadas.
Notas distintivas entre el instinto y la inteligencia.—
Son tres: 1 .a La inteligencia es desigual en todos los indivi­
duos, y el instinto es igual. 2 .a La inteligencia se desarrolla
gradualmente, merced á la educación en general, y el ins­
tinto se presenta con pleno desenvolvimiento ya desde los
albores de la vida; y 3.n, la inteligencia no se transmite de
padres á hijos por generación, al contrario de lo que suele
acontecer en el instinto.
Diferencia entre el instinto y la Jacuitad locomotriz.
—No es lo mismo facultad locomotriz que movimiento.
Llámase ja c u ita d ó fu e rz a locomotriz el principio inme­
diato con que el alm a mueve el cuerpo de un lugar á otro:
es la causa eficiente del movimiento; entendiéndose por
éste el cambio de posición, total ó parcial, de un objeto.
De modo que el movimiento es la fuerza locomotriz pa­
sando del estado de m era potencia al de acto, ya primo ya
secundario.
Diferenciase el instinto de la facultad locomotriz en que
44 PSICOLOGÍA

aquél es más genérico que ésta. Y se distingue el instinto


del movimiento en que, en muchos casos, el primero es
causa que produce el segundo.
División de los instintos.—El instinto puede ser egoísta
ó simpático, según que tienda á la conservación del indi­
viduo en particular ó á la conservación y propagación de
la especie en general.
Semejanzas y diferencias entre los actos voluntarios y
los instintivos en general.—Conforme ya se comprende á
simple vista, acto voluntario es el producto de la voluntad
y acto instintivo el resultado del instinto.
Unos y otros convienen, en general, en que son mani­
festaciones de la actividad de los seres orgánicos, ora sean
éstos racionales, ora animales irracionales.
Se distinguen, en general, en que los actos instintivos
son manifestaciones de la actividad fatal ó necesaria, por­
que en ellos no campea la deliberación, y, no existiendo
ésta, no hay conciencia; en cambio, los actos voluntarios
son efectos resultantes de la actividad consciente y libre,
y, en tal concepto, interviene el examen racional de los
motivos del acto, proponiéndose el agente un fin determ i­
nado. De donde la definición: Actas voluntarius est actio
procedem á principio interno, cuín cognitione finís. «Acto
voluntario es la acción dim anante del principio interno,
con conocimiento del fin.»
* Los actos instintivos son comunes al hom bre y á las
bestias; los voluntarios son peculiares al primero, único
ser de la Creación dotado de razón y de libre albedrio.
* Hay que advertir que, en el hombre, los primeros
movimientos de la actividad son todos instintivos, y se
convierten paulatinamente en voluntariosá medida que se
desenvuelve la inteligencia, poniéndose el alma en estado
[.ECC1ÓN . V

de conocer los objetos, los fines de sus actos y los medios


de realizarlos. Así, pues, el tránsito del instinto á la volun­
tad es o bra de la inteligencia, que alum bra á la voluntad,
transform ando sus determ inaciones, antes instintivas, en
voluntarias.
‘ El instinto del hom bre se diferencia del de los irra­
cionales, ante todo, en que el prim ero está reducido á
corto núm ero de actos, y se dism inuye al paso que se
acrecienta la inteligencia; m ientras el segundo es general,
puesto que influye en todos sus actos, y, lejos de extinguir­
se, se consolida y perfecciona con la edad del individuo.
Y, en segundo térm ino, por cuanto el instinto irracional
es exactam ente igual, en todos los ejem plares de una e s ­
pecie dada; asi, por1 ejemplo, las horm igas de la antigua
Grecia fabricaban sus nidos valiéndose del mismo p ro c e ­
dim iento que em pleaban en la Italia de la Edad m edia y
que usan en la E spaña contem poránea. En cambio, el
instinto hum ano es susceptible de perfeccionamiento, ya
que no en el individuo aislado, en las distintas g en eracio ­
nes, por ser el hom bre em inentem ente progresivo.
LECCION VI

Concepto de la deliberación.—Es el exam en racional


de los motivos del acto.
+ Dicese examen porque el hom bre, m ediante la deli­
beración, concentra su inteligencia en los antecedentes del
acto; y afiádeseel epíteto racional, por gozar los hum anos
del exclusivo privilegio de la razón, negado á los restantes
seres creados. Fúndase en esta consideración el califi­
cativo de Homo sapiens, dado por el gran naturalista
Linneo al «Rey de la Creación.»
* La deliberación es la antorcha que ilum ina la volun­
tad, el radiante faro que nos guia á puerto seguro. Fal­
tando aquélla, la voluntad obra realm ente con libertad,
pues pudiera escoger una resolución opuesta. Sin em bargo,
y aun cuando, en caso sem ejante, sus resoluciones sean
libres en absoluto, estím anse necesarias, por cuanto el
hom bre obra únicam ente como ser racional y responsable
de sus acciones cuando se determ ina á transform ar su
48 l ’M C O l.üO lA

potencia en actó, no á ciegas, sino á sabiendás; lo que sin


la deliberación no acontece y ni lan siquiera se concibe
en nuestra mente.
Casos en que no tiene lu g a r —Son tres: 1 .° Cuando el
deseo sorprende á la voluntad. 2 * Cuando la deliberación
no alum bra suficientemente á la misma voluntad; y 3 .°,
cuando la aconseja erróneamente.
* En el primer caso, la deliberación es posible, en tér­
minos absolutos; pero el alm a queda un instante atónita,
y no vuelve á su estado normal hasta después que, trans­
currido el primer Ímpetu, le es dable la reflexión. Tiene
lugar en algunos arranques de cólera, y, en general, en el
paroxismo de las pasiones.
* En el segundo caso, el acto es también libre, en rigor;
y, sin embargo, se considera fatal, porque Ja inteligencia in ­
cipiente—bajo el punto de vista de su desenvolvimiento—
se limita á representar á la voluntad un motivo de distrac­
ción, sin parar mientes en las consecuencias. Verifícase á
veces hasta en las personas más reflexivas, y, á menudo,
en los rudos é ignorantes, en los faltos ó escasos de meo­
llo, y, con especial, en los niños.
* En el tercer caso, la inteligencia brinda á la voluntad
motivos disparatados, dando naturalmente margen á reso­
luciones también absurdas. Obsérvase este fenómeno en
los locos y dementes en general, en los enfermos domi­
nados por un delirio, en las personas dormidas, en las que
se encuentran en estado de embriaguez, en los fanáticos,
cuya inteligencia está ofuscada por una preocupación
constante, etc.
Condiciones necesarias de La ooluntad.—Son dos: la
deliberación y la libertad. Sin estos requisitos es imposible
en absoluto que exista la voluntad.
49

De la libertad hum ana ó libre albedrío.—Es la facultad


■que tiene el hombre de elegir con deliberación el objeto
propuesto por la inteligencia.
* La libertad hum ana es doble: llámase unas veces li­
bertad de coacción (libertan á coactione), y otras libertad
de necesidad interior ( libertas d necesítate naturce). La
prim era excluye toda coacción ó violencia material ex­
terna; la segunda excluye toda fuerza, ya externa, ya in­
terna, de manera que la voluntad sea en absoluto dueña
de sus actos. Esta última, propia de la voluntad hum ana,
recibe también el calificativo de Libertad de indiferencia,
porque, con su mediación, nuestra voluntad es indiferente
para tal ó cual acto; denomínase también libertad de
albedrío,
* En antítesis con las dos citadas especies de libertades,
existen dos variedades de necesidad: externa é interna.
Aquélla, llamada asimismo coacción ó violencia, procede
de un principio exterior, y se opone á la inclinación natu­
ral del ser; ésta, la necesidad de la naturaleza, estriba en
cierta propensión que impele al agente á obrar por su pro­
pia naturaleza.
* La libertad de albedrío se funda en la exención de
necesidad natural; de donde dim ana la voluntad dueña por
entero de sus acciones, siendo por tanto la inclinación
•efecto de su elección. Por manera que el libre albedrío de
nuestra voluntad consiste sencillamente en la facultad de
elegir: Proprium liberi arbitrii est electio. (Santo Tomás
de Aquino: Surnma Theologica).
* Pasando del examen sintético de la libertad indivi­
dual al de la libertad considerada en el hombre como ser
dotado del carácter de sociabilidad, conviene Ajar la aten­
ción en los dos más grandes pueblos de la antigüedad:
4
50 PSICOLOGÍA

Grecia y Roma; espiritual, generosa y libre la primera;


material, ambiciosa y tiránica la segunda; aquélla, cuna
de la imaginación y de las Bellas Artes; ésta, reflexiva y
origen y fundamento de las modernas legislaciones; Gre­
cia, genuino estandarte de la libertad; Roma, representan­
te de la fuerza.
* Y adviértase que, al hablar de Grecia, bajo este pun­
to de vista, no tenemos en cuenta las pequeílas nacionali-
dades(Tebas, Corinto, etc.) de que se componía, ni tam po­
co nos referimos á la inculta Esparta: aludimos únicamente
á la hermosa Atenas, la verdadera patria del genio helé­
nico. Pues que, al paso que Esparta, con su legislación de
Licurgo, esencialmente guerrera, con sus ilotas, con sir
diarquía monárquica y despótica aherrojaba las inteligen­
cias en un circulo de hierro, imposibilitando en absoluto
su manifestación artistica; Atenas, con las sabias leyes de
Solón, eminentemente democráticas, con sus ciudadanos
libres, con su gobierno republicano daba expansión á los
entendimientos, fecundándolos y convirtiéndolos en es­
pléndidos manantiales de inspiración (1).
* Y esta portentosa inspiración ateniense, nacida al ca­
lor de las libertades patrias, produjo filósofos como Sócra­
tes, Platón y Aristóteles; líricos como Heslodo, Anacreon-
te, Alceo, Píndaro y la poetisa Safo; épicos como Homero;
dramáticos como Esquilo, Sófocles, Eurípides, Sussarión,,
Aristófanes y Menandro; escultores como Fidias y Praxi-

(1) «Asi, estas dos ciudades representan en la Grecia los dos elementos de todo-
Estado, el que conserva y el que perfecciona. La aristocrática Esparta representa
los gobiernos al estilo asiático, apoyados en la fe, en la inmóvil santidad de los usos
hereditarios, en el «mor y el respeto & todo lo antiguo; la popular Atenas progresa
en la senda de la libre discusión, mira hacia el porvenir y funda la libertad.» (Cé­
sar Cantú: H istoria Universal).
LECCIÓN VI «51

teles; pintores como Apeles, Zeuxisy Parrasio; historiado­


res comoHerodoto, Tucídides y Jenofonte; y oradores como
Pericles, Esquines y el gran Demóstenes.
* Y cuando, á mediados del siglo xv, sustituido en los
baluartes de Coustantinopla el símbolo de la Redención
por la enseña de los hijos del Profeta, sobrevino la emi­
gración á Italia de los más valiosos adalides de la cultura
bizantina; aquellas ideas y pensamientos que informaran
el siglo de oro de la civilización griega, latentes desde Ale­
jandro hasta Mahometo II, fueron el germen del moderno
Renacimiento, que, á la vez que despertaba el gusto por
los incomparables modelos de la antigüedad verdadera­
mente clásica, levantaba sobre las ruinas de la Edad m e­
dia los cimientos del magnifico edificio de las libertades
políticas de que hoy disfruta Europa entera.
* Reflexionando ahora sobre la Historia interna de la
antigua ciudad del Lacio, vemos allí que los jurisconsultos
romanos, consagrados al desenvolvimiento del Derecho,
de esta ciencia con justicia calificada de «razón escrita,»
definían la libertad en los siguientes términos: Libertas est
fa cu lta s naturalis ejns quod cuique fa cere libet, nisi
quoad vi a u tju rep ro h ib etu r. «Libertad es la facultad na­
tural de hacer lo que cada cual estime conveniente, á no
prohibírselo la fuerza ó el derecho.»
* Dividían esta libertad genérica en dos especies: psi­
cológica y de acción. La primera es la potestad de pensar
libremente; la segunda de obrar. Aquélla es interna, y se
refiere por consiguiente á los actos elicitos; ésta es exter-
9a, y se relaciona por tanto con los actos imperados. Con­
sagración de entram bas son los derechos, absolutos é ina­
lienables, por ser esenciales ó fundamentales, de persona
lidad, de pensamiento y de asociación, originarios del
52 l'.-MCOLOO ÍA

Derecho Natural, y conservados, con las restricciones per­


tinentes al caso, en las leyes escritas que informan el De­
recho Político de las distintas Nacionalidades.
+ La privación de la libertad, entre los Romanos, lla­
mábase esclavitud, que definían: Seroitus est constitutio
ju ris gentium , qua quis dominio alieno contra naturam
subjicttur. «La esclavitud es la constitución de Derecho
internacional, por la cual alguien cae en dominio ajeno,
contra la naturaleza.»
* De donde se deduce que, aun habida consideración
del incremento de la esclavitud en Roma, aquellos emi­
nentes legisladores reconocían perfectamente el carácter
antinatural de dicha institución, al consignar textualmen­
te que la libertad era de Derecho Natural y la esclavitud
de Derecho de gentes. Y en tanto es así, que marcaban las
causas precisas de constituirse la servidumbre, al decir
que los esclavos nacen ó se hacen, naciendo por derecho
de accesión, y haciéndose por derecho del más fuerte ó por
vía de expiación de algún delito. Y añadían los tres casos
en que, como castigo, se imponía la pena de esclavitud á
los llamados «siervos de ta pena,» y que constituían las
tres causas de la capitis diminutio rnaxima. Y, como dig­
no remate, establecían por las «XII Tablas» la mancipa­
ción; y además, andando el tiempo, y enfrenado por la
equidad el primitivo rigorismo de la ley estricta, aparecie­
ron los múltiples modos de manumisión ó dación de la li­
bertad á un esclavo, surgiendo entonces, tras los antiguos
«hombres libres» y los «siervos,» los nuevos «libertos;» y
de ahí la distinción entre los «ingenuos» y los «manumiti­
dos.» Y ios procedimientos para manumitir, ya públicos,
ya privados, introducidos por los Edictos de los Pretores,
restringidos por las leyes Elia Sentía, Furia Caninia y Ju-
LECCIÓN VI 53

nia Norbana, promulgadas en los comienzos del Imperio»


multiplicáronse extraordinariam ente merced á la s Consti­
tuciones de los siguientes Emperadores, y principalmente
de Constantino el Grande y'del inmortal Justinjano; llegan -
do por esta evolución á personas libres la inmensa m ayo­
ría de vasallos del que un tiempo fué Imperio Romano de
Occidente.
Objeciones contra la existencia de la libertad y su r e ­
futación —La existencia de la libertad hum ana se de­
muestra: l.° por la naturaleza de la voluntad; 2.° por el
testimonio de la conciencia; 3 .° por el consentimiento uni­
versal de los hombres; y 4 ." por el absurdo del fatalismo.
1.u Por la naturaleza de la voluntad hum ana.—P ara
que esta facultad psíquica venga determinada á obrar ne­
cesariamente, es indispensable un objeto proporcionado á
su inmensa capacidad, por ser ilimitada; y este objeto es
únicamente la felicidad absoluta. Los demás bienes, que
son particulares, por cuanto el espíritu no concibe en ellos
el concepto de felicidad perfecta, solicitan también la vo­
luntad; pero, como quiera que no la satisfacen en sus de­
seos, no la mueven de un modo necesario, y sí sólo con­
tingente, dejándola en su consecuencia en libertad de ad­
mitirlos, ó de rechazarlos, ó de elegir los contrarios.
2.° Por el testimonio de la conciencia. — Esta nos
atestigua que somos libres con libertad de necesidad; que
podemos querer ó no querer tal ó cual cosa, realizar ó
no realizar este ó aquel acto, empezar á ponerlo en prác­
tica y proseguirlo, ó suspenderlo, ó cambiarlo por otro
distinto y aun contradictorio; siendo siempre dueños por
entero de nuestras acciones. Y como este dominio que la
voluntad ejerce sobre sus actos no es otra cosa que la li­
bertad, de ahí se sigue que la voluntad hum ana es libre. Y
54 PSICOLOGÍA

prueba palpable de que nuestras acciones son libres, la


complacencia que experimentamos cuando son causa de
algún acontecimiento próspero para nosotros, y la tristeza
que nos producen si nos ocasioilan algún contratiempo: en
el prim er caso la conciencia está tranquila; en el segundo,
hállase acosada por el remordimiento; imposibles de com­
prender sin la existencia del libre albedrio.
3 .° Por el consentimiento universal de los hom bres.—
En todos los tiempos y en todas las naciones la mayoría
de los individuos del género humano ha creído en la li­
bertad; conforme puede observarse en sus usos y costum­
bres, en sus leyes, en sus monumentos de todas clases. Y
como quiera que, según Cicerón, el consentimiento de las
gentes en general debe reputarse por ley de la naturaleza,
hay que adm itir la existencia real del libre albedrío en
el hombre.
4 .° Demostración ad absardum .—Admitiendo en hi­
pótesis breves instantes la teoría de la negación de la li­
bertad, defendida por los fatalistas, se seguiría por modo
ineludible Ja supresión del orden moral: en su consecuen­
cia, las ideas de mérito y demérito, de premios y casti­
gos, de imputabilidad y de responsabilidad, de justicia
divina y hum ana y de injusticia, de virtud y vicio serían
un mito, sin razón de ser en la realidad objetiva ni de con­
cebirse en la realidad subjetiva; lo cual es un absurdo.
Luego hay que prestar el asentimiento á la existencia real
de la libertad en Ja especie hum ana
Algunos filósofos han sostenido en sus sistemas la ne­
gación de la libertad; empero, á decir verdad, semejante
negación es sólo de palabra, por chocar con el común pen­
sar de las gentes, y porque, aun estos mismos filósofos, se
contradicen, al sujetar á examen sus escritos y sus accio­
LECCION VI 55

nes. De ahí, esto no obstante, la diversas objeciones for­


muladas contra aquella tesis; objeciones que, en resumen,
pueden referirse á tres teorías genéricas: el Indiferentismof
el Detenninismo y la Presciencia di riña. La primera sos­
tiene que el hombre se mueve á obrar sin motivos; la se­
gunda afirma que la voluntad viene determ inada necesa­
riamente por los motivos que la solicitan; y la tercera
consiste en deducir la fatalidad de las acciones hum anas,
fundada en el previo conocimiento que tiene Dios de las
mismas.
Pasando á indicar algunas de las varias objeciones con­
tra la existencia de la libertad, aduciremos ante todo la de
Bayle, propuesta en el siguiente ejemplo: «Si á una bande­
rola se le imprimiese un movimiento perpétuo hacia un
punto determinado del horizonte, y junto con este impul­
so el de moverse con dirección al mismo punto, ella esta­
ría en la persuasión de que se mueve por sí misma y no en
virtud de una fuerza de impulsión distinta de aquélla.» Esta
idea lia sido parafraseada en otros ejemplos análogos, to­
mados de la peonza, de la aguja imantada, de la piedra
que se cae por efecto de la ley de la gravedad, etc.
A fin de rebatir este sofisma, basta observar que en el
hombre hay dos clases de movimientos: uno por medio del
cual tiende hacia el bien absoluto ó universal, y otro por
el cual elige un bien relativo y particular. Por lo que res­
pecta al primero, la conciencia nos certifica que no somos
libres, porque el deseo que nos impele al bien universal
nos fué infundido por Dios. En cuanto al segundo, la mis­
ma conciencia nos atestigua lo contrario, es decir, que es­
tamos en condiciones de elegir ó repeler tal ó cual bien
particular propuesto por la inteligencia, sin que nos vea­
mos obligados á quererlo por tendencia irresistible d é la
56 PSICOLOGÍA

voluntad. Y hecha esta distinción, baste consignar que, sr


los objetos antes citados en la objeción estuviesen dotados
de conciencia, conocerían á lo sumo que sus movimientos
nacían de ellos mismos, pero con igual necesidad que el
hombre al desear el bien universal y no con la potestad de
que dispone para elegir como mejor guste uno ú otro bien
particular.
Otra de las más notables objeciones es la expresada er>
los subsiguientes términos; «Lo que Dios sabe de las cosas
futuras debe suceder infaliblemente; y como Dios desde la
eternidad conoce todos los actos humanos, de ahí se infie­
re que estos actos son necesarios y fatales.»
La presciencia divina es una verdad deducida á p r io r i
de la infinita perfección de Dios y á posteriori de la con­
sideración de la providencia que se nota en el orden mo­
ral. Mas si bien Dios desde la eternidad ve todos los actos
que los mortales consumarán en el porvenir, tam aña vi­
sión no empece el carácter libre de tales actos; pues, á la
m anera que los hechos que hemos verificado libremente
se hacen presentes en nuestro ánimo por medio de la me­
moria, sin que por esto dejen de ser libres, Dios, para quien
no hay pasado ni futuro, en un presente sin fin ve las ac­
ciones que nosotros ejecutaremos libremente. De donde la
verdad, repetida por eminentes filósofos, al decir que «las
acciones hum anas no se verifican porque Dios las ve, sino
que Dios las ve porque han de ser realizadas por el
hombre.»
Otra objeción es la siguiente: «La voluntad hum ana obra
por motivos; luego no es libre en sus determinaciones.»
P ara refutar esta objeción, hay que tener presente que
la o b s e r v a c i ó n nos demuestra que, aunque el deseo es el
despertador de la voluntad y la inteligencia su consejero,
i.e cciú v vi 57

la voluntad puede rechazar el primero y 110 hacer caso al


segundo, pudiendo sustituir entre sí los motivos. Por lo
cual es libre. Y si se objeta nuevamente, por vía de répli­
ca, que en alguno de tales casos la voluntad obraría sin
motivo alguno, se contesta recordando que cuando el alma
quiere usar de su libre albedrío, tomando una resolución
diametralmente antitética á los motivos que le son pro­
puestos por la inteligencia, entonces puede no haber mo­
tivo alguno objetivo, pero siempre lo hay subjetivo. Esta
idea quiso expresar Ovidio en la frase: Video meliora, pro-
bogue; deteriora sequor; y también Juvenal: S¿c oolo, sic
jubeo; sil pro ratione voluntas.
Nueva objeción: «La ley prohíbe muchas acciones; lue­
go en éstas no somos libres.»
Se refuta recordando la distinción entre el querer y el
poder. La ley no quita la libertad, y en tanto es asi que
podemos infringirla. La ley no hace otra cosa que dar á
los ciudadanos la norma de conductaá la que deben atem­
perar sus acciones; y precisamente en esta libertad de se­
guir el precepto legal ó de faltar á su cumplimiento se fun­
da nuestra aptitud para merecer premios ó castigos.
Ultima objeción: «Según la Frenología, las determina­
ciones de la voluntad dependen de los órganos del cerebro:
luego aquéllas son fatales.»
Aparte de que, hoy por hoy. la llamada por algunos
ciencia de la Frenología no lo es tal en rigor, por hallarse
fundada únicamente en datos equívocos, dudosos y con­
trovertibles, impotentes para dar lugar* á una inducción,
hay que observar que, según su mismo corifeo, los supues­
tos órganos cerebrales inclinan la voluntad, mas no la
obligan. A este propósito, dice el inventor de la Frenología,
G-all, en su obra: Prodromo en contestación á sus adoer-
58 PSICOLOGÍA

sarios: «Estas tendencias son realmente atractivas; mas no


son tales, que no puedan ser vencidas y sojuzgadas... de
esta lucha contra las inclinaciones nacen la virtud y el vi­
cio y la responsabilidad de las acciones.»
* No entenderíamos terminada nuestra humildísima
tarea acerca de materia tan trascendental como la que
venimos tratando, si no apuntáramos, siquiera á grandes
rasgos, las opiniones de los principales filósofos que han
debatido esta cuestión, una de las más arduas en Filosofía.
* Así pues, y dejando aparte el Panteísmo indio, el
Dualismo iránico, el Ateísmo búdhico y sínico, el Politeís­
mo egipcio y las elucubraciones de los Hebreos, nos fijare­
mos desde luego en la Filosofía griega, en sus distintas
Escuelas.
* Dice Pitágoras, en los «Versos áureos,» que «debemos
atribuir al hado inexorable, 110 ya la muerte, sino los de­
más acontecimientos de la vida.» (Omnibus rnoríetn /ato
statutam cognosce... ex calamitatibm quas mortales /ato
patiuntur.J En la misma idea abundan los Sofistas en ge­
neral, al afirmar que «todo lo que existe es resultado del
acaso, y que las cosas humanas nada tienen que ver con
una providencia divina.»
* Sócrates, el «Padre de la Filosofía,» á pesar de su ex-
oepticismo, manifestado á menudo en el aforismo «Solo sé
que no sé nada,» asegura que «el justo debe tener co n ­
fianza ilimitada en Dios, cuya providencia no le aban­
donará en la muerte.»
* Antístenes, jefe de los Cínicos, dice: «La libertad y la
felicidad suprema del hombre consisten en su independen­
cia de todas las cosas por medio de la vida virtuosa.»
* Según Platón: «La servidumbre y la libertad inmode­
radas ó excesivas son cosas detestables, así como son co­
MICCIÓN VI 59

sas excelentes la servidumbre y Ja libertad moderadas; y


la servidumbre y la libertad serán moderadas y legítimas
cuando se hallen informadas y viviñcadas por el principio
divino, y no por la voluntad del hombre.»
* Según Aristóteles: «El hombre es capaz de moralidad,
porque está dotado de razón y de libertad. Los irraciona­
les obran propter Jtnem , de una manera instintiva é incons-
dente; el hombre conoce, delibera y obra propter finemt
de modo consciente y reflejo. El bien que el hombre se
propone conseguir por medio de su acción, es el primer
movente de esta acción, aunque su consecución real y
efectiva sea posterior á Jas otrafc causas: Primuni ¿n ¿n-
tentione, est idtinium ¿n executlone.
* Zenón, el corifeo de los Estoicos, cuyos dos preceptos
fundamentales son: Sustine et abstine, dice: «Ley univer­
sal del hombre y del Mundo es la fatalidad absoluta, sig­
nificada por el «Destino» (Faturn). Resultado de esta teo­
ría fatalista es la indiferencia, impasibilidad ó apatia ab­
soluta, mediante la cual el hombre se hace superior á todos
los placeres y dolores, á todas las pasiones, á todas las
preocupaciones individuales y sociales. Y añade: «La na­
turaleza humana se halla determinada en su naturaleza
y en sus actos por la naturaleza universal, y la razón indi­
vidual por la razón divina.» ,
* Epicuro, huyendo del fatnm universal del Estoicismo
y de la necesidad absoluta y fatalista de su maestro Demó-
crito, admite alguna contingencia causal, fundándola en
cierta declinación de los átomos (Epictirus putat vitari
neccssitateni fa ti, declinatione atoad) .
* El pueblo romano, práctico por excelencia, no sed is
tinguió ciertamente por la brillantez ni la novedad d esú s
disquisiciones filosóficas, y en ésta, como en todas las
fio ]*¿¡ICOl.O(iÍA

manifestaciones de la actividad humana, imitó á los grie­


gos, y con preferencia á los conciudadanos de Pericles.
Asi es que Cicerón, émulo de Demóstenes, adopta las teo­
rías de Platón y de Aristóteles, y algo de las de Zenón:
Lucio Anneo Séneca, Epicteto y el emperador Marco Au­
relio siguen estrictamente las de los Estoicos; y Lucrecio,
en su De Rerum Natura C r e a tr ú i se muestra discípulo de
Epicuro. De donde, al hablar de la libertad, los filósofos
romanos repiten sencillamente las ideas de sus modelos
helénicos. Y asi se cumple una vez más la ineludible ley
de la Filosofía de la Historia, por la cual el pueblo menos
culto puede acaso vencer por las armas á otro más civili­
zado; pero, paulatinamente, es aquél subyugado por éste,
merced al mágico influjo de su privilegiada inteligencia.
En virtud de esta ley, los Hispano-Romanos, sojuzgados
por los triunfantes W isigodos, trocáronse en legisladores
de éstos, mediante los celebérrimos Concilios de Toledo; y
por ello también Atenas, vencida por Esparta en Egos
Potamos, por Macedonia en Queronea, y por Roma en Es-
carfla y Leucopetra, fué sucesivamente la maestra de las
tres citadas uaciones, como lo ha sido siempre del orbe ci­
vilizado.
* Después de la Edad media, caracterizada, bajo el
punto de vista filosófico, por el predominio de la Filosofía
patrística, y, más tarde, de la escolástica, en sus cuatro pe­
riodos (1); por el tan discutido problema referente al valor
de Jos conceptos universales, entre los Realistas y los No-

(1) Son estos: l,° Filosofía escolástica incipiente (orígenes, con Carlo-M agno,
hasta m ediados del Biglo xi): 2.p época de incremento (siglo xi—principios del
siglo i n . hasta A lberto el Grande); 3/* de perfección (siglos x m y xiv, hasta Gui­
llerm o de Ockftm): y 4.u de <lecadencia (hasta la calda de C onslantinopla en poder
de los T urcos Otomanos, en H53).
minalistas; por la Filosofía aráb igay por la Kábala, llega­
mos coji Bacon d e Verulam á la Filosofía Moderna.
* Tomás Hobbes, discípulo del Canciller de Isabel de
Inglaterra, y corifeo de los Empírico-positivistas, dice,
respecto de la libertad: «Las ideas del bien y del mal son
puramente relativas, porque no hay más bien ni más mal
para el hombre que el placer y el dolor, lo agradable y lo
desagradable. El interés particular es la norma única del
bien y del mal para el hombre, y es hablar de vanas qui­
meras de la fantasía, hablar de justicia é injusticia, de ju s ­
ticia y de moral absolutas: tanto más, cuanto que el hom­
bre obra sujeto al Determinismo, aunque se forje la
ilusión deque es libre.»
* Giordano Bruno/ jefe de los Panteistas, cree en el
hado, al igual que Pitágoras.
* Renato Descartes, apellidado el «Padre de la Filoso­
fía Moderna,» corifeo de los Escépticos, cuyo sistema, sin ­
tetizado en el Cogito, ergo sum, se funda en la duda uni­
versal y en la libertad de pensamiento, nos habla en sus
Principia Philosophuv de la «dificultad de conciliar el
líbre albedrio del hombre con la Providencia divina.»
* Su discípulo Nicolás Mallebranche, en su obra laves-
tigación de la oerdad, funda el Ocasionalismo universal,
sistema de las causas ocasionales, antropológico y cosmo­
lógico. Y, hablando de la libertad humana, sostiene que
«las operaciones y movimientos que observamos en las
sustancias que componen el Universo, no proceden de fa­
cultades, fu e rza s ó cualidades residentes en las mismas,
sino de la voluntad de Dios.» (Je dois recourir á la cause
générale, qiti ext la colonté de Dieu , et non á des facaltés
oti á des qualités particuliéres.)
* Otro de los adictos al Cartesianismo, Benito Spinoza,
62

autor de una (Ethica, cree en el Fatalismo universal, en


Dios y e n el hombre. Y asegura que los actos de la volun­
tad humana están sujetos al Determinismo absoluto, y
que, lo que en el hombre se llama libre albedrio, sólo sig­
nifica libertad de coacción). (Mens ad hoc vel ¿liad oolen-
dtim determinatur á causa, qua? etiam ab alia determi-
nata esi} et hcec itera ni ab alia , et sic in infinituni. Con­
cedo nos qtdbusdam in rebus nalíatenux cogi, hocque
respecta, hábere liberuni arbitrium.)
* Leibnitz, en sus Essais de Théodicée sur la bonté de
Dieu, la liberté de Vhomme et Vorigine dtt mal, dice que,
además de la espontaneidad, la voluntad como libertad
entraña la deliberación. ( Libertas, quce consistit in eo. ut
actio voluntaria sit espontanea ac deliberata.) «Empero,
añade, esta facultad de elección no debe considerarse como
una indiferencia de perfecto equilibrio y puramente pasi­
va, porque la voluntad elige el objeto en el cual percibe
mayor bondad, y hasta la voluntad, en el instante de ele­
gir, se halla predeterminada por varias causas segundas
(pasivas, circunstancias de lugar y tiempo, etc.), y por
Dios como causa primera de todo acto, sin que por ello se
destruya la libertad, pues el acto, aun realizándose, no se
realizará de modo fatal.» De manera que es partidario de
la predestinación gratuita y de la premoción fisica.
* Locke, en El Cristianismo razonable, niega la exis­
tencia del orden moral necesario, inmutable y obligatorio
por esencia, porque «el bien y el mal, dice, la virtud y el
vicio, son ideas y palabras convencionales, que varían al
compás de las leyes y circunstancias, y que dependen en
su mayoría de la opinión pública.» Y añade: «Toda la ley
moral se resuelve inmediatamente en la prosecución de la
utilidad personal y mediatamente en evitar el dolor y
I.ECC1ÓV V!

lograr el placer. La aprobación y censura, que siguen á


ciertas acciones libres en los distintos paises, representan
la medida de la virtud y del vicio, los cuales dependen, por
tanto, directamente, de la opinión de los hombres, y re­
mota ú originariamente, de las costumbres, clima, leyes,
educación y demás circunstancias de cada nación y de
cada época,»
* Hume manifiesta paladinamente ignorar si la volun­
tad es ó no libre.
* Para Condillac, el alma humana carece de voluntad
libre, porque carece de actividad intrínseca y personal.
* Voltaire, el «Patriarca de la incredulidad,» defiende
á veces la existencia del libre albedrío, y después la niega
en los siguientes términos: Je veu<c nécessairement ce que
j e oeux; autrement j e ooudrais saris raisony sans cause;
ce qiC est impossibie.
* La Mettrie, en El Hombre-Máquina , sostiene que
la libertad es una ilusión: U homme est une machine
qu un fatalisme absolu goiwerne impérieusement. Igual
criterio defiende el barón de Holbach.
+ Manuel Kant, llamado el «Padre de la Filosofía N oví­
sima,» en su Crítica de la razón pura , y en los Princi­
pios metafísicos de la Moral, afirma que la libertad es
una mera idea, cuya realidad objetiva no puede ser de­
mostrada en modo alguno, y que no puede ser compren­
dida, ni siquiera percibida, por no estar dentro de los limi­
tes de la experiencia; de manera que, en definitiva, la
libertad es simplemente una idea de la razón, cuya reali­
dad objetiva es problemática: La liberté n'est done qu’une
idée de la raison, dont la réalité objective est do ule use en
soi.
* Entre los cuatro más fervientes adalides del Panteísmo
64 PSICOLOGÍA

idealista y trascendental, Fichte, Schelling, Hegel y Krau-


se, dice Hegel: «El carácter distintivo y el atributo esen­
cial del espíritu es la libertad: el hombre se reconoce como
espíritu cuando se conoce como ser libre. Pero, al cono­
cerse como espíritu libre, conoce también que hay otros
espíritus igualmente libres, y se inclina ante su libertad
(espíritu objetivo), y la respeta y afirma, como quiera que
la suya sea afirmada y respetada; de manera que la li­
bertad individual, la libertad del espíritu en cuanto suje­
to, se halla limitada por la libertad de la totalidad de los
individuos, por la libertad que corresponde al espíritu
objetivo. Este, penúltima evolución y determinación de la
Idea, cuyo carácter fundamental es la libertad absoluta,
de la cual participan los individuos, se manifiesta como
Derecho.»
+ Y Krause: «La libertad humana es un desarrollo y
realización de la esencia y de la vida de Dios, y por tanto
es producida en Dios y por Dios: de donde, hasta el mal
uso de aquella libertad (licencia) es causado en Dios y por
Dios.» flst hier offenbar , dass auch der Misbrattch end-
licher l'reiheit a u f endiiche Weise in Gott durch Gott
cerurmcht sei). Lo mismo indica Róder, el fundador de
la teoría correccional.
* En la esfera del Panteísmo positivista ó experimental,
encontramos en lugar más preferente á Schopenhauer,
quien, en su chef d’amvre ( E l Mundo como voluntad y
representación), habla en los siguientes términos: «La li­
bertad individual es una palabra vacía de sentido; pues
aunque la voluntad, considerada como la esencia interna,
como la cosa en sí, es libre, considerada como fenómeno,
como objetivada en la existencia del individuo, está sujeta
al Determinismo absoluto; la libertad, en una palabra,
LECCIÓN VI 65

conviene al ser, es decir, á la voluntad, como cosa en sí y


esencia única é interna del mundo, pero no á la acción que
ejecutan los individuos, productos y derivaciones de aqué­
lla.» (In esse, nicht in operari, liegh die Freiheit.)Y agre­
ga que la voluntad, como esencia, es eterna, en el sentido
de inmortal; la voluntad, como fenómeno, ó sea la perso­
nalidad individual, muere, al igual que el cuerpo humano.
Siguen las huellas de Shopenhauer, entre otros, Schleier-
macher, Herbart, y, más que todos, Hartmann, autor de
«La Filosofía de lo Inconsciente,» que sustituye siempre la
«Idea» de Hegel y la «Voluntad» de Schopenhauer por lo
«Inconsciente,»
* BQchner, caudillo del Materialismo contemporáneo,
en su «Fuerza y Materia», dice: «Lo que se llama libertad
de albedrio es pura ilusión; porque las acciones de la vo­
luntad, como todas las demás del hombre, de los animales
y de todos los seres, están sometidas á las leyes necesarias
■é inmutables que rigen la naturaleza. Las condiciones in­
ternas y externas son las que determinan inevitablemente
las acciones consideradas vulgarmente libres, pero que,
en realidad, son tan fatales como las de los animales y
las de las plantas. De aquí que la virtud y el vicio son
preocupaciones del individuo y de la sociedad.» De igual
parecer es Darwin, en su «Origen del Hombre». Y lo mis­
mo opinan la innumerable pléyade de materialistas cien­
tíficos, como HSckel, Moleschott, Vogt, Comte, Littré,
Lefévre, Broca, Marx, Bakounini, Herzen, Mantegazza,
V irkow , Tyndall, Huxley, Burmeister, Jacquot, Bois-Rey-
mond, Dflhring, U eberweg, Strauss, Feuerbach, Max
Stirner, Renán, Vacherot, W agner, Vischner, Zailer,
Draper, Lubbock, Tylor, Scheicher, Curtius, Stheinthal,
Geijer, Proudhon, Clemencia Royer, Cubí, Mata, etc., y los
66 PSICOLOGÍA

positivistas tíchopenhauer, Schleiermacher, Herbart y


Hartmann.
* Herbert Spencer, en sus «Principios de Sociología,»
afirma que «los actos que se dicen voluntarios y libres es­
tán sujetos á la ley de causalidad: sin embargo, pueden
decirse voluntarios, por cuanto proceden del yo, es decir,
del conjunto de estados de conciencia que preceden y de­
terminan la volición.» Lo propio sostienen James Mili,
Stuart Mili y los restantes afiliados á la Escuela psicológi-
co-positivista.
* La teoría positivista, en sentido lato, que cuenta de­
fensores como Bacon, Lam ark, Darwin, Herbert Spencer,
John Stuart Mili, Augusto Comte, Littré, Schopenhauer,
Frauenstádt, Herbart, Hartmann, Strauss y Ludwig Fe-
uerbach, ha dado lugar, en tiempos recientes, á la llamada
Escuela Antropológica, en Derecho Penal ó Criminal, figu­
rando en ésta, en primer término, los jurisconsultos Ferri-
y Garó falo, y el médico Lombroso.
* Ferri, autor de la «Teoría de la imputabilidad y de la
negación del libre albedrío,» de la «Sociología y Crimino­
logía,» y de «Los nuevos horizontes del Derecho y del Pro­
cedimiento Penal,» cuya tercera edición, poco há publica­
da, se intitula «Sociología Criminal,» prescinde por com­
pleto del criterio de la imputabilidad moral y no reconoce:
la responsabilidad. Para Ferri, no existe el libre albedrio
en el individuo. Según él, la existencia del libre albedrío
es un error que da lugar á grandes dificultades; pues por
más, dice, que el individuo cree ser libre, no lo es, porque
no obra libremente, sino fatalmente, impulsado por deter­
minadas causas. Sostiene Ferri que cada cual obra según
su temperamento y las condiciones en que se encuentra,
y que en esto se distingue de un simple autómata. Final­
LECCIÓN VI 67

mente, sustituye Ferri la responsabilidad individual por la


responsabilidad social.
* Garofalo, en su «Criminología,» abunda en las opinio­
nes de Ferri. Y añade que, en algunos casos, el sitio en
que se halla el hombre modifica su norma de conducta.
Cita, á este propósito, el ejemplo de que, en una recepción,
si han de ir las señoras descotadas, se juzgaría ridiculez
el caso contrario; y el mismo traje, en el paseo, sería tal
vez considerado una deshonestidad. Afirma que estamos
todos sujetos á diversidad de normas de conducta, que
existen y vienen á indicar que, dentro de la sociedad, casi
no podemos obrar libremente en nada de cuanto hacemos.
* Lombroso, autor de «El hombre delincuente» y de
«La nueva Escuela penal,» y, en colaboración con Ferri,
de la «Polémica en defensa de la Escuela positivista pe­
nal,» niega la existencia del libre albedrio. Y sostiene que
el delincuente no merece castigo alguno por que sea res­
ponsable del delito perpetrado, sino por cuanto se hace
temible para la sociedad por venir á ser un salvaje en el
medio social, es decir, un ser anómalo
* Finalmente, el ilüstre estadista Jules Simón, en su obra
Le Deaoir, afirma que el hombre es libre en cuanto á su
esencia, pero que, en el terreno de la práctica, está la li­
bertad humana restringida por causas fatales que rodean
al hombre y le obligan á obrar con frecuencia contra sus
aspiraciones. Y, para probar esta aseveración, pone el
ejemplo del novio que, helándose de frío, pierde la noche
esperando á su amada, y exclama: ¡Qué Ubre noy!... Y ,
sin embargo, en este caso, la libertad de aquella persona
está anulada por el fuego de la pasión que le avasalla.
* Y, si apartándonos ahora de la esfera de la Filosofía,
dirigimos nuestras miradas al mundo de la Literatura,
68

tendremos ocasión de apreciar la misma divergencia de


opiniones acerca de la existencia de ía libertad en el hom­
bre; divergencia que, al manifestarse en las composiciones
literarias, es corolario natural de las ideas filosóficas pre­
dominantes en la mente del autor. Asi, fijándonos, por
ejemplo, en la tendencia fatalista, adviértese ésta en lord
Byron, el corifeo de la llamada « E s c u e l a Satánica,» seguida
en Alemania por Enrique Heine, en Francia por Voltaire y
por Alfredo de Musset, en Italia por Leopardi,en Escandi-
navia por Henri Ibsen, en Rusia por el conde Tolstoi, y en
nuestra España, por los tristemente célebres D. Mariano
José de Larra (Fígaro), D. José de Espronceda, D. Joaquín
M.a Bartrina, D. Gustavo Adolfo Becquer, y, en nuestros
días, por D. Ramón de Campoamor (1).
* La misma creencia en el hado inexorable, que cons­
tituye la característica de las joyas dramáticas del clasi­
cismo griego, principalmente de Sófocles, se manifiesta en
el «Edipo Rey,» tragedia de nuestro célebre vate D. Fran­
cisco Martínez de la Rosa; y también en el capolavoro áe\
inmortal romántico D, Angel de Saavedra, Duque de Ri-
vas, el «Don Alvaro ó la Fuerza del Sino,» cuyo magnífi­
co argumento ha dado tema á la ópera La Forza del Des­
tino, una de las inimitables creaciones artístico-musicales
del primero de los compositores contemporáneos de la
Escuela italiana, del fecundo Mtro, Giuseppe Verdi.
Hábito.— Si/ definición.— Es la inclinación á ejecutar
actos de una misma clase, y la facilidad de producirlos,
resultado de la repetición de tales actos.

(1) En nuestro hum ilde concepto, en la España de hoy dia existen únicam ente
dos verdaderos poetas: Cam poam or y Ntlñez de Arce; feliz cultivador aquél de la
poesía filosófica y date de la Urica sublim e.
L E C C I'iN VJ (>9

Su diferencia de la costumbre.— La costumbre, ó sea


la repetición de actos uniformes, es la condictio sine qua
non del hábito; esto es, el fundamento del hábito. Se dis­
tinguen, pues, en que la costumbre es la madre del hábito.
Influencia de los hábitos ,sobre nuestras facultades
Los hábitos, en general, influyen en gran manera en nues­
tras facultades, modificándolas en grado sumo.
Las hábitos afectivos debilitan la sensación y en ca m ­
bio robustecen el sentimiento.
Los hábitos intelectuales dan lugar á las opiniones
(sociales, políticas, literarias, etc.) y á las creencias (reli­
giosas).
Los hábitos morales originan las virtudes (hábitos pro­
ducidos por la repetición de actos buenos) y los vicios
(hábitos consecuencia de la repetición de actos malos).
Su división.— Los hábitos, conforme puede inferirse de
lo anteriormente expuesto, se dividen en afectivos, inte­
lectuales y morales.
Hábitos afectivos son los de la sensibilidad.
Hábitos intelectuales son los de la inteligencia.
Hábitos morales son los de la voluntad.
Su importancia.— Los, hábitos vienen á formar una se­
gunda naturaleza y se convierten en verdaderas necesi­
dades del hombre. Por esta causa, los hábitos contraídos
en la juventud se robustecen con los años, determinando
el carácter del individuo. En este sentido se dice, en el
lenguaje vulgar, que «cada cual es hijo de sus obras.»
Norma de conducta para la formación de buenos há­
bitos.— El procedimiento para contraer hábitos buenos
consiste pura y simplemente en la práctica del bien, de
cuya continuación nace la virtud.
Del bien.— Carácter de este concepto.— El carácter del
70 PSICOLOGÍA

bien es ser indefinible, es decir, no ser susceptible de defi­


nición rigurosamente exacta, por cuanto es un concepto
primordial de nuestra alma, incapaz de sufrir el análisis
indispensable en una buena definición. Acontece con el
bien lo que con la verdad y la belleza.
Calificaciones ética, estética y lógica de los objetos.—
Bajo el aspecto ético, los objetos .son buenos ó malos, se­
gún estén ó no conformes con el bien.
Desde el punto de vista estético, los objetos son bellos,
y feos, ó deformes, según que en ellos resida ó no la be­
lleza.
Y, bajo el punto de vista lógico, son verdaderos, y erró­
neosr ó falsos (1), según ostenten ó no la verdad.
Idea del bien.—'EÁ bien se puede considerar como el
orden realizado, esto es, como el cumplimiento de la vo­
luntad de Dios en la formación del Universo.
El bien es el objeto formal de la voluntad humana, es
decir, es la aspiración espontánea y constante de nuestra
facultad de querer.
Su división.— El bien puede ser absoluto ó relativo, El
primero es Dios, objeto formal primario de nuestra vo­
luntad. El segundo es el que existe á veces en los seres
creados.
El relativo se divide en universal y particular. Aquél
es el que dice relación á la ley de harmonía general del
Universo. Éste es el que se refiere al individuo aislado. Y
como el individuo (persona) consta de alma y cuerpo, de
ahi que el bien particular pueda ser fisiológico ó psicoló­
gico, según se refiera al cuerpo ó al alma respectivamente.

(1) ('II cnliñcalivo más adecuado es «erróneos:» por cuanto el e rro r en general
Com prende el e rro r propiam ente considerado, la falsedad y la m entira (errores
m eta fínico, lógico y moral).
LECCIÓN VI 71

Según los moralistas, puede ser también honesto, útil


y deleitable. Bien honesto es el ser, como término y com­
plemento del agente, con independencia del placer y de la
utilidad que pueda reportar. Util es el ser, considerado
como medio adecuado para lograr un fin. Y deleitable ó
placentero es el ser, con relación al placer ó deleite que
nos produce su posesión. Así, por ejemplo, en una com i­
d a , el bien deleitable está en el sabor del manjar; el útil
estriba en que la comida es la satisfacción de nuestras pri­
marias necesidades orgánicas, y el honesto radica en las
buenas condiciones objetivas del plato que se come.
De la felicidad. — Los moralistas la definen como si­
gue: Felicitas est status perfectus, agregatione omnium
bonorum. (Felicidad es el estado perfecto, con la agrega­
ción de todos los bienes.)
La felicidad es objetiva ó subjetiva, según que se es­
tudie en sí misma ó con relación al sujeto que puede ser
feliz. La objetiva es Dios en si mismo. La subjetiva, ó
relativa al hombre, único sujeto posible de la felicidad,
como único ser moral, libre y responsable de sus actos,
puede ser hamana} relatioa ó temporal, y suprema, abso­
luta ó eterna. La primera consiste, no en las riquezas, no
en los honores ni en los placeres, sino en la tranquilidad
de conciencia, en la paz del alma, consecuencia de la
virtud de la persona; de donde, el varón justo es el único
que puede juzgarse feliz realmente acá en la tierra. La se­
gunda estriba en la posesión de la objetiva, ó sea en la po­
sesión de Dios. Y es evidente que, en esta vida perdurable,
el hombre puede alcanzar tan sólo la felicidad relativa,
quedando la eterna reservada á los bienaventurados, en
la vida futura.
LECCIÓN ¥11

N oolooía.—Su etimología y definición.—La. voz «Noo-


logía,» etimológicamente considerada, procede de dos pa­
labras griegas: vóo;, que significa «inteligencia,» y Mfoc,
«tratado.»
Noología es el tratado de la inteligencia.
De la inteligencia, entendimiento ó ra jó n ; su etim olo­
gía, acepciones y definición.—La palabra «inteligencia» se
deriva de las dos dicciones latinas intus} «dentro,» y lege-
re (Lego, is, ere, i, ctum j, leer; de donde, «inteligencia»
equivale á «leer interiormente» ó con los ojos del alm a.
El vocablo «entendimiento» procede del verbo italiano
intendere; de donde el español «entender,* de idéntico
significado, y análogo de «comprender» ó «darse cuenta y
razón.»
El térm ino «razón» dim ana del sustantivo latino ratio,
castellanizado.
74 PSICOLOGÍA

Las palabras «inteligencia,» «entendimiento» y «razón»


son sinónimas, aunque la más adecuada y aun la m ayor­
mente usual es la primera. Tres son las acepciones en que
se toma la inteligencia: en primer lugar, significa el ser
inteligente; en segundo término, el conjunto de conoci­
mientos que aquél posee; y, por último, la facultad psíqui­
ca. Y, para nuestro propósito, al hablar de la inteligencia
en general, aludimos á la tercera de las indicadas acep­
ciones.
Inteligencia es la facultad de pensar, de conocer y de
distinguir.
Objeto fo rm a l (1) y objeto form al primario de nues­
tra razón.— El objeto formal de nuestro entendimiento, es
decir, la aspiración constante de nuestra inteligencia, es la
verdad. Y el objeto formal primario de la misma inteligen­
cia es Dios, por ser la Suprema Verdad.
Fenómenos de pensar.— Son los fenómenos de la inteli­
gencia, y se dividen en pensamientos, conocimientos y dis­
tinciones.
Pensamientos son los actos de pensar, es decir, de apli­
car nuestra inteligente actividad á los objetos.
Conocimientos son los actos de conocer, esto es, de des­
cubrir las diferentes relaciones que los objetos tienen entre
si y con la razón.
Distinciones son los actos de separar convenientemen­
te los objetos unos de otros.
En el orden cronológico, ante todo hay que pensar, si­
gue el conocer, y, á veces, la distinción. El conocimiento es

(1) Los escolásticos dividen el objeto de la facultad en m aterial y form al. Defi­
nen el m aterial: Res ipaa, qu.ce á potentia respicttur ; y el formal: Ratio in re,
penes quam, cel propter quam á potentia res ipsa respicitur.
L E CC I Ó N VII 75

el resultado del pensamiento, y la distinción es un conoci­


miento especial. Por manera que, en rigor, los fenómenos
de pensar pudieran reducirse simplemente á los actos de
pensar y de conocer.
Podemos pensar sin llegar al conocimiento: un estu­
diante, v. gr., puede estudiarse una lección sin llegar á
sabérsela. Mas es imposible conocer sin pensar, como
también distinguir sin conocer. De donde se infiere que,
bajo el punto de vista de su importancia, se sigue exacta­
mente el mismo orden cronológico de los fenómenos de la
inteligencia.
Ya queda dicho en una de las lecciones anteriores que
el carácter sintético de los fenómenos de pensar es la obje­
tividad, que puede ser total ó parcial. Es total cuando el
objeto cognoscible ha vivido, vive y probablemente vivirá
en lo sucesivo en el no yo} con absoluta independencia del
yo ó sujeto cognoscente. Es parcial cuando el objeto cog­
noscible reside actualmente en el no yo con entera inde­
pendencia del yo, pero debió su existencia á una modifi­
cación de la actividad del sujeto cognoscente.
Sujeto cognoscente y objeto cognoscible.— Sujeto c o g ­
noscente es el que conoce; objeto cognoscible es el que
está en posibilidad de ser conocido, el que es capaz de ser
percibido por nuestra razón. El conocimiento supone for­
zosamente la existencia de una relación establecida entre
el sujeto cognoscente y el objeto cognoscible; el cual, des­
pués del acto de conocer, se convierte en objeto conocido.
bnidad de la potencia intelectiva.— La inteligencia,
como facultad anímica, es decir, considerada en la acep­
ción de potencia natural activa del espíritu humano, es
una en sí misma. Perb su manifestación es múltiple, dan­
do asi lugar á varias funciones ú operaciones intelectuales,
76 PSICOLOGÍA

esto es, á gran núm ero de m atices ó fases parciales de la


m ism a. Asi se da cum plim iento á la ley fundam ental de
la unidad en la variedad, unidad en el fondo y variedad
en la forma; cuyo producto es la harm onía.
Clasificación genérica de las funciones intelectuales.—
Las operaciones intelectuales son de tres clases: represen­
tativas, regulativas y cognoscitivas.
Las representativas conservan y reproducen los cono­
cim ientos adquiridos. Son tres: M em oria, Asociación de
¿deas é Im aginación 6 Fantasía.
Las regulativas modifican la individualidad de los co -
nocim ientos em píricos ya adquiridos y los reducen á la
unidad sistem ática de las ciencias. Son cuatro: A bstrac­
ción, Generalización, A nálisis y Síntesis.
Las cognoscitivas son las fuentes de conocim iento, en
general. Se subdividen en em píricas y racionales, según
que la fuente de conocimiento sea la conciencia lógica ó la
razón respectivam ente. Las em píricas son dos: Percep­
ción interna y Percepción ex tern a . L as racionales son
tam bién dos: Intuición y Raciocinio. Este puede ser de
dos especies: Raciocinio inductivo, ó sim plem ente Induc­
ción, y Raciocinio deductivo ó Deducción. Finalm ente, la
inducción ofrece dos variedades: la Inducción pro p ia ­
mente tal y la Analogía.
LECCIÓN YIII

De l a s p u n c i o n e s i n t e l e c t u a l e s r e p r e s e n t a t i v a s . —Su
noción y enumeración.—Funciones ú operaciones intelec­
tuales representativas son las que conservan y reproducen
los conocim ientos adquiridos. Son tres: la Memoria, la
Asociación de ideas y la Imaginación ó Fantasía.
Memoria: su concepto.—Es la función intelectual repre­
sentativa en virtud de la cual el alm a recuerda, es decir,
conserva y reproduce los conocim ientos ya adquiridos.
Recuerdo y reminiscencia. —El recuerdo es el producto
de la m em oria; y consiste en la reproducción de nuestros
pensam ientos, im ágenes y modificaciones.
Distínguese el recuerdo de la rem iniscencia en que
aquél viene acom pañado de la noción del tiempo pretérito,
y en ésta la imagen se ofrece sin la indicada relación, pre­
sentándose m ás tarde; por m anera que, en el recuerdo, la
noción del pasado es sim ultánea con la im agen, y, en la
78 PSICOLOGÍA

reminiscencia, es posterior. De donde se infiere que el pri­


mero es total y espontáneo; la segunda es parcial ó imper­
fecta y supone siempre la reflexión. Los hechos de memo­
ria que constituyen un recuerdo se denominan patentes,
por presentarse á simple vista y sin esfuerzo alguno y aun
á veces sin deliberación; los que integran una mera remi­
niscencia Uámanse latentes, por permanecer ocultos en
mayor ó menor parte y porque exigen el esfuerzo de nues­
tra actividad consciente. En el recuerdo tenemos concien­
cia clara del hecho; en la reminiscencia hay tan sólo con­
ciencia oscura.
Ley de atención.— Se formula en los siguientes térmi­
nos: «La exactitud y duración de los recuerdos está en
razón directa de la atención prestada á los objetos recor­
dados.» Esta ley, con ser evidente, está reconocida y rati­
ficada por la experiencia pública.
Dotes de la memoria.— Las cualidades indispensables
para que haya una buena memoria, son tres: facilidad ó
prontitud, fidelidad ó exactitud, y tenacidad ó dura­
ción.
Facilidad ó prontitud es la celeridad en los recuerdos.
Fidelidad ó exactitud es !a perfección en los mismos.
La tenacidad ó duración consiste en que un recuerdo
se haga duradero largo tiempo.
* Existen en la humanidad admirables ejemplos de una
memoria excelente, siendo de notar que las dotes de ésta
no siempre se muestran hermanadas en la misma inteli­
gencia. En tesis general, la facilidad es propia de imagi­
naciones vivas, y, en cambio, la fidelidad y la tenacidad
coinciden con los talentos profundos. Por esta razón, en
los pueblos de raza latina (italianos, franceses, españoles,
portugueses y rumanos) predomina la prontitud, y, por
le cc ió n vm 79

antitesis, en los individuos de las razas germánica y


eslava, son preponderantes las dotes segunda y ter­
cera,
* Cada una de las citadas cualidades no se extiende en
todos los casos y de igual m odoá los mismos objetos. Asi
hay quien tiene memoria prodigiosa para las palabras,
otro para los elementos de las lenguas, otro para las
plantas, otro para los lugares, otro para las fechas y los
números en general, y otro, en fin, para las fisonomías.
Este último recibe el calificativo especial de fisonomista; y,
en este sentido, se dice: memoria pronta, tardía, local, his­
tórica, numérica, fisonómica, etc.
* Además de la circunstancia de lugar, existen varias
concausas modificativas de la memoria, aumentándola ó
disminuyéndola; tales son, entre otras, el sexo y la edad.
Por regla general, las mujeres están dotadas de más ó
menos memoria, pero de escaso talento; en los hombres
acostumbra á predominar el talento, acompañado de m e­
moria más ó menos poderosa. Y también, en términos ge­
nerales, el niflo tiene mucha memoria, la cual va men­
guando paulatinamente en el transcurso de los afios, con­
virtiéndose en mayor suma de talento en el hombre joven
y principalmente en el adulto; desapareciendo á veces,
casi en su totalidad, en el anciano.
Mnemónica.— Es el arte de facilitar los recuerdos; lláma­
se también Mnemotecnia. Para ello son recomendables en
gran manera los memorialines, los cuadros sinópticos, etc.
Asociación de ideas.— Es el lazo que une las ideas entre
sí. Las ideas enlazadas por la asociación se llaman aso­
ciadas.
El lazo que une recíprocamente los juicios y tos racio­
cinios toma el nombre de transición.
80 PS lC O l. O G í A

La asociación de ideas es la base y fundamento de la


conservación y excitación de los recuerdos.
* La experiencia atestigua que al producirse en el alma
una idea, recuerda aquélla al mismo tiempo las ideas re­
lacionadas con la principal. Al hablar de Aníbal, recuerdo
á Sagunto; como, al tratar de Escipión, me acuerdo de Nu-
mancia. Aun las personas más ignorantes suelen hacer un
nudo en el pañuelo, colocar un papel en un libro, etc., á
fln de evocar los recuerdos.
* Las ideas asociadas tienen un principio idéntico, que
puede ser intrínseco ó extrínseco. En el primer caso, son
semejantes en sí mismas; en el segundo, no son semejantes
en si, pero guardan entre ellas relación exterior, ya sea de
causa y efecto, de lugar, de tiempo, de continuidad, de
coexistencia, etc. Al ver un caballo, recuerdo otro caballo.
Al contemplar el camello, viene á mi memoria una palme­
ra, un desierto arenoso, un oasis, etc. Nótese que, cuando
el principio es idéntico, á veces la semejanza se trueca en
contraste, el cual excita vivamente la asociación de ideas,
insiguiendo la regla: Raíio contrariorum est eadem. Así,
en los grandes quebrantos de la vida, lloramos amarga­
mente los días felices que pasaron y que ya no volverán.
* En ocasiones dadas, una idea única provoca una se­
rie de percepciones, cada una de éstas otra serie, y asi
consecutivamente, según sea la fogosidad de Ja imagina­
ción de la persona sujeto de este fenómeno. De donde pro*
cede la rapidez sorprendente con que la inteligencia se
lanza de unos pensamientos á otros muy distintos, y las
variaciones incesantes de temas que, á menudo, se advier­
ten en las conversaciones más ó menos familiares, máxi­
me si éstas se prolongan y si en ellas intervienen nume­
rosos interlocutores. Una liebre muerta, v. gr., me recuer­
LECCIÓN V IH 81

da una cacería, ésta, los peligros á que están expuestos los


cazadores; esto, la muerte de Juan I el Cazador; este falle­
cimiento, á su esposa Dofia Violante; esta dama, una de
las composiciones catalanas de la obra Lo Gaylé del Lio -
brecjat, y esta obra al poeta D. Joaquín Rubió y Ors, etc.
* Si enlazamos confusamente nuestras ideas, resulta
entonces la falsedad, la incoherencia y la extravagancia
ridicula. Al truncar las ideas de una mujer, de un caballo,
■de un ave y de un pez, y al suponer enlazados sus restos,
nos forjaremos en nuestra mente la idea del mónstruo
descrito por el inmortal Horacio al principio de su Epístola
ad Pisones. Igual fundamento tienen las ideas de la Mito­
logía clásica acerca de la terrible esfinge de Tebas, muerta
por Edipo, y de las fatales sirenas que, con sus harmonio-
sos acentos, arrastraban al abismo á los incautos nave­
gantes entre el Scyla y el Caribdis (estrecho de Sicilia). Las
extravagancias del sueflo, del delirio, de la neurosis y de
la locura consisten precisamente en que, en aquellos esta­
dos, por entorpecimiento, indisposición ó enfermedad
mental, las ¡deas se enlazan sin claridad, y sus series se
relacionan sin orden ni concierto, dando asi pábulo á
juicios erróneos. Pero, al analizar el sueflo más inverosí­
mil, reconoceremos que tuvo su causa ocasional en ideas
adquiridas de antemano. De ahí la locución, sobrado vul­
gar: «sofiar despierto.»
* Y si, apartándonos del terreno vulgar, prestamos
atención á la esfera literaria, echaremos de ver la incom­
parable importancia y trascendencia de la asociación de
ideas, base y piedra angular nada menos que del lenguaje
figurado ó trópico, y, por consiguiente, de los tropos, ya
de dicción, ya de sentencia. No es éste lugar adecuado para
exponer, siquiera á grandes rasgos, la teoría de los tro-
6
82 PSICOLOGÍA

pos. Baste consignar, Ajándonos en los tres más notables


y mayormente en uso, que la Metáfora se funda en la se­
mejanza de dos ideas, llamándose Antífrasis cuando la
semejanza ó igualdad relativa es sustituida por el con­
traste; que la Sinécdoque se funda en la coexistencia ó-
existencia simultánea de dos ideas, y que la Metonimia
tiene su origen en la sucesión, ó sea la subordinación que-
existe entre las distintas ideas (1).
La conservación de los recuerdos es para nosotros un
misterio. L a reproducción se explica por medio de las
leyes de atención (ya formulada anteriormente) y de aso­
ciación de ideas.
Ley de asociación.— Se formula del modo siguiente:
«Los pensamientos se sugieren mútuamente, en virtud de
la relación que los enlaza.»
Ley de recuerdo directo.— «Los actos cognoscitivos
idénticos en carácter, pero diferentes en el tiempo» se su­
gieren mútuamente.»
Ley de recuerdo indirecto.— «Los pensamientos diver­
sos en carácter, pero adquiridos en un mismo tiempo, se
sugieren por el orden de su adquisición .»
Coadyacentes.— Son:
1.° Las partes de un todo divisible universal;
2.° Las partes de un todo divisible integral;
3.° Las partes de un todo divisible potencial;
4.° El signo y la cosa significada;

(!) Los Tropos se dividen «n Tropos de dicción y de sentencia. Los de d ic ­


ción son tres, eo prim er térm ino: Metáfora, Sinécdoque y M etonim ia ; y, en se­
gundo térm ino, dos: Silepsis y Catacresis. Los de sentencia se subdividen en Tro­
pos por semejanza (Alegoría y Personificación),por oposición (Preterición,
Asteísmo, Perm isión , Ironía y Sarcasmo), y por rejleaión ( Hipérbole, Litotey
A lusión, Reticencia, Asociación, Metalepsis y Paradoja').
LECCIÓN V IH 83

5 .° Los distintos signos de una misma cosa;


6.° Las diversas cosas significadas por un mismo
signo;
7." Los varios efectos de u n a m ism a cau sa, y
8.° Las múltiples causas de un mismo efecto.
De la imaginación ó fantasía. — Su definic¿ón. — Es la
operación intelectual representativa por medio de la cual
conservamos y reproducimos los objetos y los conoci­
mientos ya adquiridos; y reunimos en un tipo ideal, com­
binándolos, elementos dispersos de objetos que existen en
la Naturaleza.
Formas de esta operación.— Son dos: la reproductora
ó reproductiva y la creadora. La primera sirve para la
conservación y la reproducción de los objetos y de los co­
nocimientos, y la segunda para combinar las partes de ob­
jetos reales, dando así lugar á la creación en sentido rela­
tivo (no e x nihilo)s que es la peculiar únicamente al hom­
bre. La una se refiere al tiempo pasado; la otra, al
venidero.
Imágenes.— En acepción traslaticia y figurada, son las
representaciones de los objetos sensibles, es decir, de los
objetos perceptibles por los cinco sentidos externos.
Divídense las imágenes (retratos) en internas y exter­
nas, según digan relación al mundo interno (yo) ó al ex­
terno (no yo). Aquéllas tienen determinaciones de tiempo;
éstas de espacio.
Las imágenes, varias por sus distintos grados de vi­
veza, se diferencian de los objetos por ellas represen­
tados:
1.° Por la incompatibilidad entre unas y otros;
2.° Por la fugacidad de las imágenes, que contrasta
con la nota de permanencia de los objetos físicos;
81 I-SICOLOGÍA

3.° Por el carácter incompleto de las imágenes, antité­


tico al completo de los objetos; y
4.° Por el poderoso influjo que la voluntad humana
ejerce sobre las imágenes, influjo que no subsiste en las
relaciones entre aquélla y los objetos materiales.
Necesidad de la imaginación, y su influjo en el Arte.
— La imaginación es sumamente útil, por cuanto alegra el
alma, poetiza la aridez de los raciocinios, nos procura
distracción en nuestra soledad, alienta la esperanza y en­
dulza nuestras amarguras. Tiene portentosa influencia en
las restantes funciones de nuestras facultades.
Es también un medio poderoso de hallar la verdad y de
transmitirla con éxito. La imaginación, revistiendo la
verdad de formas materiales, la pone al alcance de las
inteligencias menos perspicaces; presentándola con apa­
riencias seductoras, la hace simpática á cuantos la re­
chazan.
Es la fuente del Arle, en su triple manifestación, y se­
ñaladamente de las Bellas Artes. Por manera que las
ventajas de la Poesía y de la Música, como de sus restantes
hermanas, son debidas á la imaginación.
H ijas de la im aginación son las p asio n es. Un h o m b re
sin aq u élla ni éstas se ria u n a estatu a.
Pero esta imaginación ha de estar bien dirigida y sujeta
siempre al freno de la razón. De otro modo, fácilmente
puede convertirse en la «loca de la casa», como la califica
con gráfica frase Fray Luis de León. Y así como un hombre
falto de imaginación es una escultura, cuando la imagina­
ción ofusca su mente y las pasiones le avasallan, se con­
vierte en un caballo desbocado.
Precepto ad hoc de Horacio .— El artista debe evitar
siempre el idealismo exagerado y al propio tiempo el rea­
LECCIÓN VIH 85

lismo m ás grosero. De no ser asi, en las Bellas Artes las


concepciones son m onstruosas, y en las útiles pasan á ser
irrealizables. El artista, incapaz de crear, en sentido a b so ­
luto, no puede hacer otra cosa que com binar, valiéndose
de la fantasía, en su forma creadora. P ara ello hay nece­
sidad de recurrir á la naturaleza, verdadero arsenal que le
proporciona cuantos elem entos le son necesarios; y, sin
copiar servilm ente la realidad, pero sí im itándola, y p ro ­
curando en todas ocasiones la verosimilitud, concibe y
luego realiza sus com binaciones artísticas. En la n aturale­
za no existen relojes, palacios, etc.; pero sí existen todos
sus elem entos constitutivos. La imaginación los separa de
sus respectivos todos divisibles integrales, los ag ru p a,
com binándolos de variados modos, y, por este procedi­
m iento, inventa seres artificiales ó artísticos.
Em pero, insistimos, es indispensable la verosim ilitud ó
verdad poética. De otro modo, cual dice Horacio, pintaría­
mos tigres en los m ares y peces en los bosques; lo cual
resultaría altam ente ridículo.
De aquí que, relacionado con esta absoluta necesidad,
form ulara el m entado Horacio, en su ya citada Epístola,
el siguiente precepto: Ficta causa voluptatis sint próxim a
veris. «Las cosas que finge la fantasía deben aproxim arse
á la verdad;» es decir, que las ficciones del artista, con
ser fabulosas, no pueden ser falsas; antes bien, hay im­
prescindible necesidad de que sean, y a que no verdade­
ras, sem ejantes á la verdad (1).

(1) De aqui el ponocido adagio italiano: S i non ó cero, é ben trovato.


LECCIÓN IX

D b l a s f u n c i o n e s i n t e l e c t u a l e s r e g u l a t i v a s . — Modifi­
can la individualidad de los conocimientos em píricos ya
adquiridos, y los reducen á la unidad sistem ática de las
ciencias.
Son cuatro: A bstracción, Generalización, Análisis y
Síntesis.
A bstracción.—Es la operación intelectual regulativa
por la cual separam os mentalmente de un objeto las pro­
piedades que le están inviolablemente unidas.
En virtud de esta operación, separam os, v .’g r., la pro­
piedad blancura del objeto nieoe, y hablam os de la blan­
cura de la nieoe, cuando, en la realidad objetiva, la nieve
es blanca p er se. Lo m ismo acontece al h ab lar de la f r i a l ­
d a d del m árm ol, de la redondez de una esfera, de la ne­
g r u r a del carbónj del talento del hombre, etc.
Su enlace íntimo con la generalización, y su diferencia
88 PSICOLOGÍA

clel análisis.— La abstracción está estrechamente enlazada


con la generalización, por cuanto la primera es la base y
fundamento de esta última; la abstracción es la piedra an­
gular de la generalización, á la manera que Jesucristo lo
es de su Iglesia; la abstracción viene á ser la verdadera
madre de la generalización, la cual, naturalmente, se en­
cuentra subordinada para con aquélla. Y en tanto es así,
que la abstracción es la condictio sine qtta non de la ge­
neralización, y, como tal, el primero de los cuatro actos
realmente integrantes de toda generalización.
No hay que confundir la abstracción en el análisis. Este
separa partes reales de un todo divisible integral; aquélla
separa mentalmente propiedades indivisibles realmente
del objeto. El análisis es, por consiguiente, esencialmente
material; la abstracción, rigurosamente ideal. En el aná­
lisis predomina el raciocinio; en la abstracción influye pre­
ferentemente la imaginación; por ello se dice que entram­
bas operaciones convienen en la idea fundamental, cual es
la separación, y se diferencian en que la una (análisis) es
la separación real, y la otra (abstracción), es separación
mental ó ideal. Cuando descompongo un reloj, v. gr., en
sus partes ó elementos constitutivos, que serán materiales
por ser el todo un objeto material, se dirá que analizo;
cuando medito, por ejemplo, acerca de la inmortalidad
del alma humana, deberá decirse que abstraigo, porque,
mediante un esfuerzo de la imaginación, supongo el atri­
buto inmortalidad separado del ser alma humana, siendo
así que, en la realidad, no puede concebirse el alma ra­
cional desprovista de semejante propiedad esencial.
Abstracción espontánea y voluntaria, — La abstracción
puede considerarse como espontánea y como voluntaria: la
primera, conforme ya lo indica la palabra, es resultado de
i .k c c i ó n ix 89

la espontaneidad, y, por tanto, se realiza sin conciencia; la


segunda es producto de la voluntad, y, en su consecuen­
cia, envuelve una intención marcada por parte del agente.
Esta última recibe también la denominación d e científica,
por ser la usada en las investigaciones teoréticas, á ñn de
lograr la adquisición de un conocimiento adecuado del
objeto al cual se aplica el esfuerzo de nuestra actividad in­
telectual.
Producto de La abstracción.— El producto ó resultado
de la abstracción llámase idea abstracta.
Generalización.— Es la operación intelectual regulativa
por la cual comparamos los elementos abstraídos, en lo
que tienen de común ó semejante, y los reunimos en un
tipo ideal, expresándolo con un nombre apelativo.
De esta definición se deduce que, en rigor, en toda ge­
neralización, aparecen envueltos cuatro actos, por el si-
guiento orden cronológico: abstracción, comparación, reu­
nión en un solo tipo ideal y manifestación por medio de un
nombre apelativo.
En virtud de esta operación, vemos un álamo, un ro­
blet un pino, un sauce, una encinay etc-, abstraemos las
propiedades comunes á todos ellos, dejando de lado las
peculiares á cada uno de ellos, reunimos aquéllos en un
solo tipo, y los expresamos, valiéndonos de la palabra
genérica árbol; y esta dicción es la expresión adecuada
de todos los árboles, pudiendo aplicarse á todos y á
cada uno de los mismos, sin que por esto represente algu­
no de ellos individualmente considerado.
Producto de esta operación.— El producto de la gene­
ralización es el concepto.
Diferencias entre el concepto y la intuición.— Son dos:
1.a, la intuición puede ser obra de la imaginación, al paso
90

que el concepto no puede serlo, pues tiene el carácter in­


trínseco de la realidad; y 2.a, el concepto ha menester de]
lenguaje para grabarse en el alma, mientras la intuición
subsiste sin el lenguaje, por venir representada por la
imagen.
Carácter formal de los conceptos.— El carácter formal
del concepto en general, es decir, la apariencia externa
del mismo, es la cantidad.
Qué se entiende por comprensión y qué por extensión
de un concepto.— La cantidad, como carácter formal del
concepto, se divide en extensiva y comprensiva; de mane­
ra que, en la cantidad, signo representativo del concepto,
hay que distinguir la comprensión de la extensión. Lla­
mase comprensión de un concepto el número de notas ó
cualidades que abarca el concepto en cuestión. Recibe el
nombre de extensión de un concepto el número de indivi­
duos de los cuales es predicable el concepto de que se trata.
* Como todo comprensivo, están sus partes contenidas
en él necesaria y actualmente, toda vez que, faltando la
coexistencia de alguna de ellas, el concepto se transfor­
maría en otro. Como todo extensivo, sus partes se en­
cuentran contenidas potencial ó eventualmente debajo de
él, en orden de subordinación, porque es imposible apli­
carse, en un momenio dado, á más de un individuo.
* La citadas cantidades se hallan siempre en razón in­
versa, respectivamente.
* La comprensión da lugar á la definición; la exten­
sión origina la división; conforme podrá verse en la Me~
todología.
Valor de los conceptos universales é importancia de
los mismos.— Entiéndese por conceptos universales los
productos de la operación que actualmente nos ocupa.
LECCIÓN IX 91

El valor de estos conceptos es pura y simplemente el


de una representación ideológica, pues admitiendo, como
es necesario admitir, que las palabras sean expresión del
pensamiento, y que éste suponga algo que exista en nues­
tra mente, resulta imprescindible atribuirles semejante
carácter.
* La distinta manera de apreciar tamaño valor de los
conceptos por parte de los filósofos universales, dió mar­
gen, durante la Edad media, á una muy empeñada con­
troversia entre las llamadas Escuelas nominalista y rea­
lista. Sostenían los adictos al Realismo que los tales con­
ceptos universales gozan de existencia real y, por tanto,
independiente de las cosas, ó, por lo menos, inherente á
ellas; y afirmaban los partidarios del Nominalismo que
dichos conceptos son meros nombres vacíos de sentido, y,
por consiguiente, sin razón alguna de ser, en la realidad
objetiva.
* La síntesis de los principios sustentados por los no­
minalistas se descubre, en el fondo, en el aforismo del filó­
sofo inglés Tomás Hobbes, que se formula en los siguien­
tes términos: Veritas non consistit in rey sed in verbo.
(La verdad no consiste en la cosa, sino en la palabra.)
* El Nominalismo, ya iniciado en Grecia por Epicuro,
fué formalizado, en los tiempos medioevales, por Roscellin,
y defendido posteriormente por Guillermo de Ockam, por
el mencionado Hobbes, Locke y Condillac, y por los Sen­
sualistas modernos. El Realismo, contenido ya en germen
en las teorías de Platón, adquirió forma propia con San
Anselmo; imitado á su vez por Guillermo de Champeaux,
Duns Scoto, San Bernardo, Scot-Erígenes y David Dinant,
y seguido, en tiempos más recientes, por los Panteístas y
Ontólogos en general.
92 PSICOLOGIA

* Transiciones, más ó menos acertadas, entre el Nomi


nalísmo y el Realismo puros, fueron las Escuelas denomi­
nadas del Conceptualismo, del Conceptualismo atenuado,
y del Realismo, también atenuado ó escolástico. El Con­
ceptualismo, inaugurado ya en la antigua Grecia por
Zenón y por sus discípulos los Estóicos, fuá sostenido
contra San Anselmo por el famoso Abelardo, y patrocina -
do, en época novísima, por Kant y sus secuaces los Racio­
nalistas. El Conceptualismo atenuado, ideado ya por el
egregio Aristóteles, encontró imitadores, entre otros, en
Alejandro de Hales y, principalmente, en Alberto el Magno.
Y , por último, el Realismo escolástico esparto del insigne
Santo Tomás de Aquino y ha sido perpetuado por sus su -
ceso res los Escolásticos.
Acerca de la importancia de los repetidos conceptos
universales, basta examinar el lenguaje y la ciencia en
general, toda vez que, sin aquéllos, no subsistirían la cien­
cia ni el lenguaje; pues, para éstos, serian de todo punto
insuficientes los conocimientos adquiridos por medio de
percepciones.
Utilidad de la abstracción y de la generalización.— Ya
se ha dicho anteriormente que la abstracción es la base de
la generalización. Y, considerando ahora que sin generali­
zación no hay ciencia posible, se echará de ver con evi­
dencia perfecta la importancia, y, por consiguiente, la uti­
lidad de entrambas operaciones intelectuales.
* En efecto: toda ciencia se funda en principios, y todo
principio envuelve una generalidad, por ser aplicable á
indefinidos casos aislados.
* Además, la generalización, al reducir todas las ideas
de una misma clase á una idea general, viene á ser pode­
roso auxiliar de la memoria, sin la cual tampoco resulta
1
I .E C C ÓN JX 93

posible ciencia alguna. Si procedemos á la eliminación del


corto número de nombres propios comprendidos en un
Diccionario general de un idioma cualquiera, todos los
restantes términos expresan ideas generales.
Ventajas del análisis y de la síntesis,— Las palabras
«análisis» y «síntesis» gozan de gran predicamento en Jas
ciencias en general.
La voz «análisis* es griega, y significa «descomposi­
ción.» La dicción «síntesis» es también helénica, y equiva­
le al vocablo castellano «recomposición.» De donde, el
análisis, como operación intelectual regulativa, consiste
en la descomposición de un todo divisible integral en sus
partes reales ó materiales; y, la síntesis, en la recomposi­
ción de tales partes reales en su todo primitivo. Cuando un
relojero separa entre sí los distintos elementos integrantes
de un reloj, analiza; cuando, ya examinado el reloj en de­
talle, vuelve á colocar cada uno de aquellos elementos en
su lugar adecuado, de manera que resulte el reloj total,
sintetiza.
El análisis y la síntesis pueden ser intelectuales ó f í s i ­
cos, según que su objeto sea respectivamente psicológico
ó material. Cuando observamos, analizamos y sintetiza­
mos simultáneamente.
Y así como la generalización sigue indefectiblemente á
la abstracción, el análisis y la síntesis van siempre juntas.
Y , finalmente, con respecto á las ventajas del análisis y
de la síntesis, sabido ya el mucho uso que de estas opera­
ciones suele hacerse en las investigaciones científicas,
sólo nos resta afirmar que son evidentes, y, por tanto, no
dan lugar á duda alguna, ni, por otra parte, hacen nece­
saria la demostración. Aparte de esta consideración, con­
viene tener presente que estas dos operaciones revisten
94 PSICOLOGÍA

p a ra nosotros m ayor interés, si cabe, por cuanto el análi­


sis da lugar al método analítico, tam bién llam ado de in­
ducción ó de invención, em pleado principalm ente en las
ciencias físicas y naturales; y la síntesis es el fundamento
del otro método científico, el sintético, de deducción, de
exposición, de doctrina ó de enseñanza, usado con prefe­
rencia en las ciencias exactas y adem ás en la Didáctica.
LECCIÓN X

F u n c i o n e s c o g n o s c i t i v a s e m p í r i c a s . —Son las fuentes de


conocimiento, fundadas en la conciencia.
Se reducen á dos: Percepción interna y Percepción ex ­
terna.
Percepción interna ó Conciencia.—Es la operación in­
telectual cognoscitiva em pírica que nos sirve p ara el cono­
cimiento de la existencia del yo y de sus modificaciones
(fenómenos internos: de sentir, de pensar y de querer.)
Llám ase tam bién Sentido interior ó intimo. Es uno de los
seis criterios de la verdad. Y adviértase que, al h ab lar
aquí de la conciencia, entendem os la lógicat no la m oral.
* La conciencia (de Cognoscere sibi, conocerse á sí
mismo) viene á ser el testigo, y á la vez el juez, de los
secretos del alm a. Agobiados por la am argura, podrem os
ap aren tar regocijo; si somos culpables, acaso tendrem os
recursos p a ra fingirnos inocentes; pero el yo ja m á s podrá
m entirse á sí m ism o .
PSICOLOGÍA

* Es imposible poner en duda la existencia real de


esta operación, pues la observación certifica que acompaña
sin interrupción nuestros actos psíquicos. Son también
evidentes su utilidad y su necesidad. Si el alma estuviese
huérfana de este ojo interior, sería ciega; sin él, el yo se
ignoraría á si mismo.
División de la misma.— La conciencia es un acto sim­
ple, ofreciendo empero diferencias de intensidad. De ahí
la división de la conciencia lógica en clara y oscura: en
aquélla tenemos conocimiento total ó completo del yo; en
ésta el conocimiento es parcial ó completo.
Condiciones que supone. —Son seis: 1.a, existencia de un
sujeto (el yo); 2.a, existencia de una modificación (fenóme­
no interno, en general); 3.a, atención interna (reflexión);
4 .*, relación entre el sujeto y la modificación; 5.a, repre­
sentación del momento próximo pasado, para compararlo
con el actual, y (3.a, conocimiento actual (presente) é inme­
diato (rápido).
La reflexión, considerada como la verdadera función
instrumental de la percepción interna.— La reflexión es
medio adecuado que utiliza la percepción interna para la
realización de sus fines; por esto se dice que la primera es
función instrumental de la segunda. Por la reflexión se
esfuerza el yo en conocer clara y distintamente lo que
pasa en sí mismo.
* Y , con efecto, si toda la actividad intelectual tuviese
una dirección fija é invariable hacia el exterior (no yoJ, y
no nos fuese dado concentrarnos en nosotros mismos,
meditando, el yo sería el actor de la escena en que
acontece la representación y el conocimiento del mundo
externo; mas la tal escena carecería de espectadores, y,
reconociéndonos aptos para conocer las cosas que no
i.uccióx x 97

son nosotros, nos confesaríamos impotentes con relación


á nosotros mismos, lo cual sería altamente ridículo. De
modo que sucedería que todas las modificaciones del alma
pasarían desapercibidas para el yo humano, á no ser por la
facultacj que aquélla posee de inclinar al interior la aten­
ción que se difunde en la dirección délos objetos externos.
Los actos de la reflexión constituyen un retorno del yo so­
bre sí propio; lo cual supone, ante todo, un primer movi­
miento en línea recta de dentro afuera, y, después, un se­
gundo esfuerzo, en virtud del cual, al apartar el alma su
mirada, hasta entonces consagrada á los objetos exter­
nos, la fija en los fenómenos internos.
Efectos de la reflexión de la conciencia.— Son tres:
1.°, la reflexión aviva el hecho de conciencia; 2.°, facilita su
análisis, y 3.°, favorece la facilidad del recuerdo.
* Y es evidente que así sea. Los fenómenos internos, ya
de sentir, ya de pensar ó ya de querer, aunque mirados á
una luz refleja, son tan reales y objetivos para el alma
como los del mundo externo. Verdad que semejante mira­
da oblicua es más difícil; pero, alcanzado su objeto, lo fija,
lo ilumina, lo descompone, lo penetra y lo graba profun­
damente en la memoria. Imporfa notar la diferencia entre
la atención y la reflexión, por cuanto aquélla opera siem­
pre en el espacio, mientras ésta gira por necesidad en
el tiempo, escogiendo en su prolongada serie los puntos
que más le interesan, parándose allá y provocando la luz
que sirve de guía á la conciencia ló g ica .,
Requisitos de la reflexión.— Son cuatro: una, directa,
enérgica y sostenida.
* Conviene que sea una, porque la vida íntima del alma
es ilimitada en el número de sus fases, y los hechos inter­
nos que en ella se desenvuelven sucesivamente son tan
98 PSICOLOGÍA

innumerables como los momentos del tiempo. Ha de ser


directa, por cuanto es preciso sorprender los hechos en el
instante mismo de su aparición; de no ser asi, dado su ca ­
rácter esencialmente fugaz, se disiparían antes de que
pudiésemos observarlos. Debe ser enérgica, porque, si
fuera superficial, nada sería posible deslindar entre la s i­
multánea complexidad de la vida psicológica. Y. por últi*
mo, interesa que sea sostenida, es decir, duradera ó cons­
tante, y muy paciente, porque la atención que se fija en
los hechos de conciencia los desnaturaliza y aun los des­
truye en su totalidad: y por ello hay que esperarlos preve­
nidos para examinar los, en cuanto sea factible, al paso, ó
estudiarlos en sus recuerdos, ó provocar la aparición de
oíros hechos análogos, á fin de completar en cuanto nos
st^a dable el conocimiento que poseemos.
Procedimientos para familiarizarnos con el ejercicio
de la reflexión .— El mayormente adecuado consiste en
disminuir en lo posible los motivos de distracción que á
menudo nos asedian, por afuera, y evitar que se susciten
obstáculos por adentro. Las condiciones más favorables
para la reflexión son el silencio y el retiro, en el exterior,
y, en el fuero interno, la calma y la tranquilidad de las pa­
siones.
Percepción externa.— Es la operación intelectual co g­
noscitiva empirica que utilizamos para la adquisición del
conocimiento de los objetos ( la materia) y sus modifica­
ciones ó cualidades (fenómenos externos).
* Asi como el alma, valiéndose de la percepción inter­
na, conoce el yo, mediante la percepción externa conoce
el no yo.
* Los objetos materiales ó corpóreos conocidos por la
percepción externa no existen, naturalmente, en el alma,
I .K CC lÓ N X 90

sino fuera de ella: Jo que si existe en el alma es el conoci­


miento (idea) de aquéllos. Guando pienso en un árbol
(real, no ficticio), v. gr., este árbol no existe en mi espíri­
tu; lo que hay en éste es una modificación del yo represen­
tativa de dicho objeto.
Condicionen orgánicas que requiere.— Son tres: impre­
sión, transmisión y recepción.
* A simple vista se comprende que son los mismos re­
quisitos para la producción de las sensaciones externas, de
los cuales ya se habló anteriormente (Lección III).
* También se recordará lo que allí se expuso respecto
del doble carácter (afectivo é instructivo) de la sensación en
general. Añadiremos ahora que las impresiones materiales
sobre los sentidos externos excitan á la vez la sensibilidad
y la inteligencia anímicas, Excitan la sensibilidad, produ­
ciendo una sensación agradable (placer), ó desagradable
(dolor); y la inteligencia, dando lugar á una percepción
externa (conocimiento de un objeto material). De donde, la
etimología de la Percepción (interna ó externa): Capere
/je/^adquirir por medio de (los sentidos).
Diferencias entre la percepción y la sensación.— Aun­
que toda sensación (externa) es siempre coexislente con
una percepción (igualmente externa), importa notar cier­
tas diferencias capitales entre sus fenómenos.
Estas diferencias son tres: 1.a, la sensación tiene carác­
ter subjetivo, por ser fenómeno de la sensibilidad; la per­
cepción tiene carácter objetivo, por cuanto es producto de
la inteligencia; 2 .\ la sensación se refiere al yo, la percep­
ción al no yo; y 3.a, la sensación produce el sentir, al paso
que la percepción origina el conocer.
Las relaciones generales entre la sensación y la percep­
ción (entrambas externas) se fundan en la siguiente ley:
100 1*S1COLOOÍA

«La sensación coexiste siempre con la percepción; pero la


intensidad de la primera está en razón inversa de la clari­
dad de la segunda.»
Objeto de los sentidos externos.— Y a se sabe (Lección III)
que los cinco sentidos externos (vista, oido, olfato, gusto
y tacto) nos sirven, no para venir en conocimiento de las
sustancias, sino únicamente de la existencia y de las cua­
lidades ó propiedades materiales de los cuerpos.
Cualidades de los cuerpos.— Las cualidades materiales
de los objetos son de tres clases: primarias, secundo-
primarias y secundarias.
Llámanse primarias las concebidas sin relación al yo;
secundo-primarias las consideradas en relación con nues­
tra fuerza muscular; secundarias las que no son necesarias
para imaginar la existencia de los cuerpos. Las primarias
y las secundo-primarias, condiciones necesarias de toda
existencia material son claras y distintas, y por esto se ex­
presan con términos unívocos; las secundarias son ocultas
ó desconocidas per se oel simpliciier7 y conocidas tan sólo
per accidens vel secundum quid, examinando sus naturales
efectos; y por ello se manifiestan con términos equívocos.
Las primarias son dos: la extensión y la impenetrabi­
lidad; Jas secundo-primarias son otras dos: la dureza y el
peso; entre las secundarias, unas pueden ser percibidas
directa é inmediatamente por cada uno de los cinco sen­
tidos externos, y otras requieren la comparación y el ra­
ciocinio. Las secundarias que pueden ser conocidas por
ia simple percepción externa son: por medio de la vista,
el. color y su adherente la extensión; por el oido, los soni­
dos (harmónicos) y los ruidos (inharmónicos), por el olfa­
to, los olores; por el gusto, el sabor; y, por el tacto, la re­
sistencia y la temperatura. Las restantes cualidades
secundarias de los cuerpos se conocen indirecta y media­
tamente, valiéndonos de la comparación y dei raciocinio,
fundados en los datos suministrados por las meras per­
cepciones externas. Así, por ejemplo, para adquirir la idea
del movimiento, es indispensable que la inteligencia com ­
pare .el cuerpo .con el punto de donde ha salido, con el lu­
gar en donde se halle en aquel entonces, y con el sitio h a ­
cia el cual se dirige, y, conociendo que el objeto en cu e s­
tión ha pasado de un punto á otro en distintos instantes
sucesivos, sabe que el cuerpo se ha movido y concibe la
idea del movimiento.
* Los sentidos no pueden sustituirse recíprocamente,
en las percepciones directas de las cualidades secundarias
de los objetos. De modo que, sin haber percibido una de
tales cualidades por el sentido propio, no hay posibilidad
de formar la idea de la misma por los díalos aportados por
otro de los sentidos. Por esta causa, el ciego de nacimiento
nunca podrá formarse idea del color, ni el sordo perfecto
la del sonido.
* Sin embargo, una vez adquirida ya la idea, los d a ­
tos procurados por otro sentido son capaces de proporcio­
nar al espíritu motivos para inferir alguna cualidad, que
se percibe directamente- por el sentido propio. Asi, perci­
bida la temperatura por el tacto, la deduzco luego con la
vista, sumergiendo el termómetro en un líquido en estado
de calefacción.
* Por lo que respecta á las cualidades inferidas, ó d e ­
ducidas de las primarias, mediante las percepciones indi­
rectas, auxiliadas de la comparación y del raciocinio, es
factible adquirir su conocimiento por los de varios senti­
dos simultáneamente. Así, nos es dable la adquisición de
la idea de la gravedad, viendo que los cuerpos tienden na­
102 PSICOLOGÍA

turalmente hacia el centro de la Tierra. Y así también,


fijándonos en el color y la extensión de un cuerpo dado,
podemos remotamente, por medio del raciocinio, venir en
conocimiento de la forma, tamaño, movimiento, distan­
cia, inercia, porosidad, elasticidad, divisibilidad, grave­
dad, afinidad y resistencia del objeto observado.
La atención, considerada como el preliminar indis­
pensable y la verdadera función instrumental de la per­
cepción externa.— La atención es el esfuerzo del alm a
para dar permanencia y lucidez á las infinitas y oscuras
percepciones que recibe á cada instante.
Y, á la verdad, sin Ja atención, apenas habría lugar á
la percepción completa de los objetos externos; porque,
aun recibiendo á menudo innumerables impresiones por
parte de éstos, pasarían aquéllas desapercibidas, como
oscuras y confusas. Y esta consideración se hará mayor­
mente comprensible, teniendo en cuenta lo que ocurre al
presentar ante nuestra vista un objeto de desmesuradas
dimensiones: v. gr , una pradera. Aunque abram os de par
en par los ojos, y aunque haya luz bastante, de manera
que todas y cada una de las partes del todo estético vayan
á dibujarse en la retina, nada ó casi nada percibimos has­
ta que el órgano de la visión se tiende en una dirección
concreta, y nos fijamos en una cualquiera de las partes
del objeto: entonces se atiende.
Concepto de la atención.— Atención (de tendere ad =
tender hacia..... ) es la aplicación de la inteligencia á un
objeto dado.
Paralelo de la atención con {a reflexión, la observa­
ción y la comparación — La atención en general puede
ser interna ó externa , según se refiera al yo ó al no yo,
respectivamente. La interna, también denominada psico­
LECCIÓN X 103

lógica, llámase comunmente Reflexión; la externa es la


Atención propiamente tal.
Observación es la aplicación sostenida de la inteligen­
cia á un objeto dado. Es la atención continuada ó dura­
dera ( 1),
Comparación es Ya aplicación simultánea de Ja inteli­
gencia á dos ó más objetos, para conocer sus semejanzas y
sus diferencias. Es la atención simultánea.
Diferencia entre la atención, la distracción y la recon­
centración.— ha. distracción es la falta de atención.
Reconcentración es el exceso de atención.
Tanto la distracción como la reconcentración son anti­
téticas á la atención, con la distinción de que la primera
lo es por defecto y la segunda por exceso ó superabun­
dancia.
Relación estrecha de la atención con la memoria.— La
atención es la. base de la memoria. En esto se funda la ley
de atención, ya formulada (Lección VIII). Según dicha
ley, la memoria de los objetos recordados aumenta ó d is ­
minuye al compás del aumento ó de la disminución de la
atención que se presta á dichos objetos. Razón por la cual,
la atención recibe metafóricamente la denominación de
buril de la memoria. Luego, cuando no atendemos, no co­
nocemos el objeto, y, cuando la atención es floja ó débil,
fácilmente se borra el recuerdo. Así tiene explicación ra­
cional el fenómeno de que con frecuencia no sepamos
haber visto cosas que realmente vimos.
Atención voluntaria é involuntaria.— La atención pro­
piamente tal puede ser voluntaria é involuntaria: la pri-

' (1) Li reflexión d u ra d era se llama Meditación.


104 PSICOLOGÍA

mera está regulada por la voluntad, la segunda por el


sentimiento de curiosidad.
Atención simple y parcial. —La atención, como aten­
ción externa ó en sentido estricto, puede también presen­
tarse como simple ó como parcial: aquélla se refiere al
objeto, considerado en su totalidad; ésta al objeto, disgre­
gado en cada una de sus partes integrantes.
Efectos generales de la atención.—Son tres: 1.°, acre­
cien ta la en erg ía de la percepción; 2.°, facilita el conoci­
m iento de todas las p ro p ied ad es del objeto, y 3.°, favorece
la fidelidad y la tenacid ad del recuerdo.
* El efecto primero es evidente, habida consideración
de que la fuerza intelectual es como la luz del Sol, que,
acumulada en el foco de un lente ustorio, alumbra con
vigor aquel punto, relegando casi á la oscuridad á los pun­
tos más cercanos; y que, la atención, viene á ser el lente
ustorio que condensa los rayos solares.
* En lo que concierne al segundo, puede perfectamente
compararse la atención áun microscopio, que, aumentan­
do á maravilla la magnitud de los objetos, encuentra en
ellos los más delicados matices y las minucias impercep­
tibles á simple vista.
* Y, por lo que atarte al tercero, basta Ajarnos en que,
cuando los objetos han dejado en el alm a una impresión
profunda, resisten á la acción del tiempo, cual si estuvie­
ran grabados en mármol ó en bronce.
Condiciones esenciales de esta operación,— Son cuatro,
las mismas que para la atención interna ó reflexión: una,
directa , enérgica y sostenida.
* La unidad de la atención no se refiere á sus actos,
sino á su dirección. Si no fuese una, se convertiría en ver­
dadera distracción.
LECCION X 105

* Dícese que la atención ha de ser directa, en el sentido


de que tiene que fijarse desde luego en su objeto, sin dete­
nerse en digresiones ni circunloquios; puesto que, si andu­
viera erran te y vagabunda, llegarla desfallecida y sin
alientos a su término. '
* H a de ser enérgica, esto es¡ profunda, no superficial,
en la m edida indispensable para la adquisición de un co­
nocimiento. Y decim os en la m edida indispensable, toda
vez que la atención innecesaria a u n objeto nos im pedirla
el conocim iento de otros, m algastando inútilm ente el tiem ­
po y el trabajo, y pudiendo quizás ser causa ocasional de
la m onom anía y de gravísim os trastornos mentales.
* Finalm ente, la atención ha de sostenerse, h asta con­
seguir la posesión del conocimiento am bicionado. Y h a
de sostenerse sin intervalos. De otro modo, no se lo­
g raría otra cosa que desandar lo andado, cual tela de Pe-
nélope.
Ley de lim itación.—La atención está sujeta á la ley de
limitación, que se formula como sigue: «La claridad é in ­
tensidad del conocimiento está en razón inversa d é la ex­
tensión del mismo.»
* Esta m ism a idea expresa el dicho, vulgar éntre los
Romanos: Pluribus intentas, m inor est a d .úngula sensus ;
que tiene traducción adecuada en nuestro refrán: «El que
m ucho abarca, poco aprieta.»
LECCIÓN XI

F u n c i o n e s c o g n o s c i t i v a s r a c i o n a l e s . —Son
i las fuentes de
conocim iento, basadas en Ja razón en general.—Son dos:
Intuición y Raciocinio.
De la Razón,) en general.—Es la facultad de relacionar
entre si los diversos conocim ientos ya existentes en nues­
tra inteligencia.
* La razón es una consecuencia natural del carácter de
racionalidad, integrante de la esencia hum ana (la anim a­
lidad m ás la racionalidad), y que constituye la diferencia
específica entre las dos especies ( racional é irracional)
del mismo género (anim al).
* La observación de Jos hechos externos y , Sm ás que
todo, cierto instinto que nos revela nnestra superioridad,
nos inducen á creer que, si bien los racionales conocen las
cosas, no conocen en cambio las relaciones. Los brutos no
ven relaciones entre los elem entos aislados, que el uso li-
108 PSICOLOGÍA

mitado de sus sentidos externos procura á su capacidad


individual, también limitada.
* El hombre percibe elementos inteligibles y los rela­
ciona entre si, enlazándolos, sistematizándolos y convir­
tiéndolos en un todo científico. Por la razón se multiplican
ante los ojoiB humanos los aspectos posibles de las cosas
objeto de su inteligencia. Por la razón es posible la unidad,
en medio de la inmensa variedad que á cada instante per­
cibimos por los sentidos externos y por la conciencia ló ­
gica. Por esta unidad en la variedad, origen y fundamen­
to de la harmonía, es factible la ciencia para los seres
racionales. Merced á la razón, ábrese ante la facultad de
pensar, en el hombre, un mundo de entes ideales, en el
cual se interna y dentro del que discurre con agilidad ver­
tiginosa. Gracias á la razón, asciende á veces en el orden
de las ideas, remontándose hasta las más culminantes y
absolutas, lugar concéntrico y trascendental á donde van á
parar todas las direcciones, todas las aspiraciones y todas
las iniciativas científicas del espíritu humano, y desciende
en ocasiones desde aquella altura hasta la realidad misma
de los seres, para constituir asi los conocimientos más de­
terminados y mayormente individuales. Semejante proce­
so de la razón al través de las vastas relaciones existentes
entre las concepciones de la inteligencia, llámase especula­
ción. De donde, tales conocimientos se califican de especu­
lativos. Y la razón que especula acerca de ideas que son
trascendentales, es decir, que se alejan de la esfera de la
experiencia, se denomina razón pura.
Diferencia entre la Intuición y el Raciocinio.— La ra­
zón humana, como constitutiva de relaciones, puede consi
derarse bajo dos aspectos, que vienen á ser dos momentos
de su ejercicio: ya constituye ciertos principios, relacio-
U iC C IÓ N XI 100

liando directa y necesariamente ciertas ideas fundamenta­


les, y en este caso se llama Intuición, ó ya discurre, ora
ascendiendo, ora descendiendo, y en este caso recibe el
nombre de Raciocinio
Distínguese la intuición del raciocinio en que aquélla
es espontánea y éste es reflejo ó producto de la delibe­
ración.
Juicio: su etimología, definición y análisis.— El juicio
es la función propia de la razón, en general.
La palabra «Juicio» (de Juzgar) procede del latín Judi-
tiam , dimanante á su vez del verbo Judico , as, are , aoi,
atum; siendo equivalentes entrambas dicciones á las dos
griegas Kpíc-.s y Kp:v«v, respectivamente.
Se define: La operación intelectual por la cual percibi­
mos y afirmamos una relación entre dos términos repre­
sentativos de dos ideas.
En todo juicio, sintéticamente examinado, se descubren
á simple vista dos actos: la percepción y la afirmación. La
percepción de la relación entre las dos ¡deas nos da el co­
nocimiento; la afirmación de tamaña relación por medio
de los dos términos, signos representativos de las dos
ideas, significa nuestro asentimiento á la verdad descu­
bierta. La percepción es parto de la inteligencia; la afir­
mación' (positiva ó negativa), es producto de la voluntad.
Por manera que, e n . toflo juicio, intervienen ineludible­
mente estas dos facultades psíquicas. Guando digo, v. gr.,
que «Dioses justo,» ante todo mi inteligencia descubre la
conformidad entre las dos ideas de Dios y de justicia, y,
después, mi voluntad se decide á proclamar resueltamente
semejante conformidad, procediendo, por tanto, á la enun­
ciación de dicho juicio.
Tres son los aspectos bajo los cuales puede hacerse el
110 PSICOLOGÍA

análisis de dicho juicio: el psicológico, el gramatical y el


lógico.
Bajo el punto de vista psicológico, hay en el juicio en
general dos elementos, uno objetivo y otro subjetivo, refe­
rentes respectivamente al objeto cognoscible (juzgado) y
al sujeto cognoscente (que percibe y afirma el juicio). Así,
en el ejemplo anterior, el elemento objetivo es«Dios es ju s­
to,* y el subjetivo soy yo.
Desde el punto de vista gramatical, consta el juicio de
tres palabras: sujeto, verbo y atributo ó predicado (á ve­
ces, complemento directo). El sujeto es el signo del ob­
jeto al cual algo se atribuye, el verbo indica la relación
entre el objeto y la propiedad ó acto que se le imputa, y el
atributo ó predicado la propiedad que se afirma del obje­
to, llamándose complemento directo cuando no indica
existencia ni cualidad, sino acción (activa ó pasiva). En el
mismo ejemplo, Dios es el sujeto (puro, no agente ni pa­
ciente, porque la oración es sustantiva), es el verbo (sus­
tantivo) y justo el atributo. Dios es justo es oración sus­
tantiva completa. El sujeto Dios concierta con el verbo es
en número (singular) y persona (tercera). Eliminando el
verbo, quedaría una simple concordancia del sustantivo
Dios con el adjetivo justo, en género (masculino), número
(singular) y caso (nominativo). Las tres palabras del ju i­
cio, gramaticalmente analizado,'pueden perfectamente
refundirse en las dos principales (nombre y verbo), y aun
en una sola (verbo), por ser ésta la voz por excelencia
fverbumj.
Bajo el aspecto lógico, todo juicio comprende tres par­
tes integrantes: sujeto, qópula y predicado. El sujeto es
el mismo, en Lógica y en Gramática. Lo que en ésta se
llama verbo, en aquélla recibe la denominación de cópula,
LECCIÓN XI 111

porque es el signo de unión (cópula significa unión, de


donde las conjunciones copulativas ó ilativas) entre los
dos términos. Y, finalmente, el atributo ó complemento
gramatical, se llama pura y simplemente predicado, en
Lógica. Y nótese que, lo que en Gramática es oración
gramatical) en Psicología y en Crítica se convierte en
juicio, y en proposición, eri Dialéctica. Así, por consi­
guiente, el repetido ejemplo: Dios es justo , es á la vez
oración, juicio y proposición.
Materia y form a del juicio.— Conviene distinguir
en el juicio dos elementos necesarios: la materia y Ja
Jorma.
Materia de un juicio es la suma de los dos términos del
juicio (sujeto y predicado).
Forma del juicio es la relación establecida entre los
dos términos que constituyen la materia cjel mismo juicio
(cópula).
En el supradicho ejemplo: Dios es justo , la materia
será Dios y justo; la forma será es, cópula ó signo externo
de unión entre el sujeto Dios y el predicadoy«^o.
Aspectos de la fo rm a . — La forma del juicio puede pre­
sentarse de cuatro maneras ó aspectos: cantidad, cuati-
dad} relación y modalidad.
Cantidad de un juicio es la mayor ó menor extensión
del sujeto y del predicado. Entendiendo por extensión del
sujeto y del predicado el mayor ó menor número de indi­
viduos á los cuales pueden referirse uno y otro.
Cualidad de un juicio es la conveniencia ó discrepancia
entre el sujeto y el predicado.
Relación del juicio es la dependencia existente entre el
sujeto y el predicado.
Y, por último, modalidad de la forma de un juicio es
112 p s ic o l o g ía

el gradp de energía en la relación entre el sujeto y el pre­


dicado.
* Fundada en esios cuatro aspectos de la forma del
juicio (reflejo, no directo), se verá en la Critica la cuá­
druple clasificación de los juicios (V. Lección XXIV.)
Raciocinio.— Es la operación intelectual que practi­
camos para encontrar una relación entre dos ideas que
no aparecen directamente relacionadas.
En esta operación racional nuestra inteligencia discu­
rre por una serie de términos intermedios, para relacio­
nar entre sí dos extremos distantes. De ahí que el racio­
cinio se llame también Discurso.
Su definición y dotes.— Raciocinio es una cadena de
juicios, es decir, una serie de juicios íntimamente enlaza­
dos entre sí.
Reúne dos d.otes ó caracteres: 1.% ser un acto instan­
táneo, y 2 .°, ser un acto de comparación mediata.
* Es instantáneo, y no sucesivo, por cuanto su esencia
consiste en la relación entre dos términos, acerca de los
cuales poseemos coneiencia simultánea.
* Es acto de comparación mediata, ó remota, porque
tiene lugar cuando, no descubriendo relación inmediata ó
próxima entre dos términos, apelamos á un tercero con el
cual cada uno de ios anteriores sostenga afinidad ó relación.
Antecedente, consiguiente y consecuencia.— Asi como
todo juicio envuelve forzosamente dos ideas, todo racio­
cinio abarca necesariamente tres juicios, llamados el pri­
mero antecedente, el segundo consiguiente y el tercero
consecuencia. Por ejemplo:
«Todo hombve es mortal;
Juan es hombre;
L uego J u an es m o rtal.»
L E C C I Ó N XI 113

Y, á la manera que todo juicio es á la vez oración


gramatical y proposición dialéctica, todo raciocinio es al
propio tiempo un silogismo (t).
División del raciocinio.— El raciocinio se divide en
inductivo y deductivo.— El primero es ascendente) porque
se remonta de lo singular á lo universal; el segundo es
descendente, por cuanto retrocede de lo universal á lo
singular. Aquél se denomina simplemente Inducción;
éste, Deducción.
* Mediante la observación de que la tierra, los meta­
les, las rocas, los vegetales, los animales en general, son
graves, formo, induciendo, el principio: «Todo cuerpo es
grave,» aplicando á todos sin excepción lo que he com­
probado en varios; y si, más tarde, veo una piedra cual­
quiera, no examinada previamente, deduzco que también
es grave, aplicando la mencionada conclusión á aquel
caso aislado.
* La inducción y la deducción son útiles y aun nece­
sarias- En primer lugar, porque nos ahorran el examen
de cada caso individual: sin aquellas operaciones, cada
vez que tengo sueño, v. gr., me veria obligado á estudiar
el remedio para la satisfacción de dicha necesidad orgá­
nica. En segundo término, nos permiten abrigar certi­
dumbre de ciertas verdades que se resisten á la experi­
mentación, y que, por ende, no podríamos conocer de
modo alguno: por ello, v. gr., afirmamos que «el lumínico

(1) Conforme se v e ri en Dialéctica (Lección XXXV), el a ntecedente del racio­


cinio tom a en el silogismo la denom inación de premisa m ayort eKconsiguiento
la de premisa menor , y la consecuencia la de conclusión. Y, en el silogismo» la
consecuencia—<\\ib no hay que confundir con la consecuencia, en el raciocinio—
no es sino la relación existente entre las tres proposiciones (juicios, en el racio­
cinio) del propio silogismo.
114 ps ic o l o g ía

es grave.» Y , además, porque nos revelan algo del por­


venir, si está sujeto á las leyes naturales: asi, v. gr., tengo
certeza de que mañana saldrá el Sol.
La inducción en general ofrece dos variedades: la
Inducción, propiamente tai y la Analogía. La inducción
en sentido estricto se funda en la identidad absoluta, es
decir, en la igualdad completa de naturaleza; la induc­
ción analógica descansa en la identidad relativa ó imper­
fecta, esto es, en la igualdad parcial ó aproximada (seme­
ja n za ó equivalencia).
Principios intuitivos de la inducción.— Los principios
intuitivos, es decir, los fundamentos de la inducción,
son dos: \
1.° «Iguales causas, en iguales circunstancias subje­
tivas y objetivas, producen los mismos efectos (1).»
2.° «Las leyes de la Naturaleza son constantes y gene­
rales.»
Principios intuitivos de la deducción.— Son tres:
1.# «Dos cosas iguales á una tercera, son iguales en­
tre si;»
2.° «Dos cosas desiguales á una tercera, pueden ser
iguales ó desiguales entre si;*
3." «Dos cosas, de las cuales una es igual y la otra es
desigual á una tercera, son desiguales entre si.»
De la facultad noética.^Su definición.— Llámase fa­
cultad noética, intuición ó razón pura al acto y el resulta­
do de ver la razón ciertas relaciones con claridad vivísima.
Esta puede compararse con la luz que, al iluminar los ob­
jetos materiales, penetra por los ojos en la visión sensible.

(1) Este principio f^é form ulado por Newion en Ibs siguiente» palabras:
E jftctu tim naturalium ejusdem yeneris eveilem sunt carnuz.
l e c c ió n ' XI 115

* La palabra «intuición,» tan en uso en Filosofía, pro­


cede de la Teología. Su origen etimológico radica en el
latín Tueri i.n} «ver dentro,» es decir, ver profundamente
alguna cosa, penetrando hasta lo más recóndito de su
esencia. Empléase con preferencia para designar toda
suerte de percepciones, internas y externas, y para signi­
ficar las relaciones del tiempo y del espacio, formas sub­
jetivas indispensables de toda percepción. En el primer
caso se llama empírica; en el segundo, pura. No obstan­
te, como la claridad con que la razón distingue ciertas
relaciones puede compararse, en cuanto á su viveza, con
laqu e alumbra el*conocimiento directo de los sentidos y
de la conciencia, es adecuado llamar intuición á semejan­
tes actos de visión evidente, realizados por la razón; y, re­
sultado de esta intuición racional, los principios que la
razón constituye con tal claridad, que, por dicha causa, se
califican de intuitivos.
* Los sinónimos de la intuición, es decir, la «facultad
noética» y la «razón pura® (1), son alusiones á la inteligen­
cia en relación con las cuatro principales ideas racionales
(causa, sustancia, espacio y tiempo) y con las tres excelen­
cias absolutas (verdad, bien y belleza).
De tos principios intuitivos de la razón: sus caracteres.
— Son las relaciones necesarias que la razón establece y
formula con evidencia inmediata y perfecta.
Reúnen cuatro caracteres: 1 .% evidencia inmediata en
la claridad; 2.°. espontaneidad en su formación; 3.°, necesi­
dad en su modo de ser, y 4 .°, universalidad en su apli­
cación.
* JLa evidencia de semejantes principios es inmediata,

(1) Kanl.
lltí PSICOLOGÍA

porque, aun cuando aquéllos no puedan ser demostrados


por otras verdades superiores, por cuanto, de ser asi, de­
jarían de ser tales principios, Jas vemos, sin embargo, con
claridad perfecta, que no es resultante de nuestra activi­
dad intelectual voluntaria, ni deja lugar á la más leve
sombra de duda. Dicense espontáneos, porque, para po­
seerlos, no hay necesidad de que hagamos observaciones,
ni los experimentemos, ni reflexionemos; se formulan en
la inteligencia por si mismos, aun á despecho de nosotros
mismos. Son necesarios, pues los concebimos como ha­
biendo sido siempre lo que son, y e n la imposibilidad de
que dejen de ser 3o que son y la forma en que subsisten.
Y , por último, son universales, toda vez que, aparte de
ser patrimonio de todas las inteligencias, aun las más
descuidadas, son aplicables á sus objetos propios con am­
plitud absoluta y perfecta, que comprende, no sólo los
objetos existentes, sino también los probables, y hasta los
meramente posibles. Y además, son leyes de la razón y
base de todas las ciencias.
* Los citados caracteres han sido reconocidos por to­
dos los filósofos, sin excepción. Empero, la diversidad de
criterio, en este particular, se ha puesto de manifiesto al
plantear el problema relativo á cuál sea el verdadero ori­
gen de tales principios intuitivos, marcándose, entre los
sabios, rumbos totalmente antitéticos.
* No es éste lugar á propósito para enfrascarnos en
esta cuestión, que entra de lleno en el campo de la Meta­
física superior. Baste apuntar únicamente que, para los
adictos al Empirismo, todos los conocimientos son dima­
nantes de la experiencia, interna y externa, auxiliada por
la reflexión, pero prescindiendo en absoluto de la razón;
para los partidarios del Sensualismo, los conocimientos
t.KCCÍON XI

son m eras sensaciones transform adas, siendo, por consi­


guiente, los sentidos fuente única de la sabiduría; p ara
los defensores del Cartesianismo, los principios intuitivos
no pueden resultar de la experiencia, sino que nacen con
nosotros, siendo, por tanto, innatos; para los que siguen
el Eclecticismo, tales principios son generados por la in­
ducción espontánea, llam ada por otros generalización
inm ediata; p ara los que defienden el Racionalism o puro
ó trascendental, la razón es el m anantial exclusivo del
conocimiento hum ano; y, finalm ente, p ara los que sostie­
nen el Racionalismo natural ó atenuado, el conocim iento
es debido al concurso de la fa c u lta d noética y de los sen­
tidos externos (1).

(1) Origo a mente; e&Ordium a sensibus.


LECCION XII

Son las posiciones particulares en


E s ta d o s d e l ju ic io .—
que podemos concebir á la inteligencia, influida por los
motivos que la impelen á ju z g a r.
* Motioos de ju zg a r son las razones suficientes, ya in­
ternas, ya externas, en que- se funda el asentimiento de
nuestra voluntad.
Tres son las antedichas posiciones: 1. , cuando todos
los motivos de ju zg ar coinciden en una m ism a dirección;
2.a, cuando los motivos, obrando en sentidos opuestos,
se destruyen parcialm ente; y 3.*, cuando los motivos se
destruyen por completo. En el prim er caso, tenem os la'
certeza ó certidumbre; en el segundo, la p roba b ilid a d , en
general; y, en el tercero, la incertidum bre ó d u da.
* De aquí que los juicios, considerados bajo el punto
de vista de sus estados, se dividan en ciertos, probables y
dudosos.
120 P S IC O L O G ÍA

Certeza: $i¿ noción. —Es la adhesión viva, p le n a y p r o ­


f u n d a del entendim iento á la verdad.
* La certeza es un estado de inmovilidad y de fijeza,
resultante de la anulación perfecta de toda negación posi­
ble. Cuando estam os ciertos, somos pacíficos poseedores
de la verdad. Y sem ejante estado se verifica, por punto
general, cuando los motivos que nos inducen á juzgar,
siendo varios, han coincidido en el mismo sentido; y a d e ­
m ás, algunas veces, cuando tenem os evidencia de ciertas
y determ inadas verdades.
* Divídese la certidum bre en m eta física , fis ic a y m o ­
ra l, conforme podrá verse m ás adelante. (Lección XXV.)
P ro b a b ilid a d , —Es el estado del juicio en el cual la
afirm ación no es absoluta, sino que encierra algún recelo
de equivocación.
* Los juicios probables llám anse tam bién opiniones.
* Hállase un juicio en el estado de probabilidad cuando,
por parte del sujeto pensante, se realiza una destrucción
parcial y reciproca de los motivos en pro y en contra, y
cuando el objeto juzgado no se ofrece con la plenitud de luz
que lleva aparejada la evidencia, sino con una vislum bre
m ayor ó menor, pero que no es suficiente p ara cautivar
nuestra voluntad y recabar su asentim iento firme y re ­
suelto. En este caso, el juicio no puede ser absoluto, y la
afirm ación aparece desvirtuada por una negación.
* La probabilidad es susceptible de aum ento ó de di­
m inución, ó, en otros térm inos, es capaz de grados. Mu­
chos son éstos, m ás ó m enos perceptibles; em pero, pue­
den reducirse á dos: \b.^ p ro b a b ilid a d p ro p ia m e n te tal, ó
sim plem ente opinión , y la vero sim ilitu d , m ás ra y a n a á la
certeza. De ellos se hab lará en su lugar adecuado. (V. Lec­
ción XXV.)
U5CCIÓN Xll 121

D a d a .— Es el estado del juicio en que la inteligencia


queda en equilibrio, ora porque los motivos en pro y en
contra sean iguales, ora porque no haya motivo alguno
favorable ó adverso á la afirm ación.
* La duda, en sus dos form as generales, produce
idéntico resultado p ara el alm a, á saber, la inm ovilidad,
la indecisión, y, como e \'n ir v a n a búdhico, en el sentido
de la afirmación ó de la negación. Para sem ejante estado,
es de todo punto indispensable la absoluta indiferencia
entre una y otra; ya por defecto de motivos, ya por igual­
dad y oposición de los mismos. Si resultan m ás enérgi­
cos los motivos, afirm alivos ó negativos, desaparece 1 la
duda y se pierde el equilibrio, iniciándose entonces la pro­
babilidad.
* De lo anteriorm ente expuesto se infiere la división de
la duda en positiva, y negativa. Tam bién se divide en u n i­
versal y p a r tic u la r , dando lugar al sistem a filosófico ca­
lificado de Escepticismo, en general. De entram bas divi­
siones se dirá algo al tra ta r del juicio en la Critica g e ­
neral.
C aracteres de la certeza , de la p ro b a b ilid a d y de la
d a d a .— E\ de la certeza es la in o a rla b ilid a d , el de la p ro ­
babilidad la va ria b ilid a d , y el de la duda la in v a ria b ili­
d a d in d iferen te. ' ’
* La invariabilidad de la certidum bre significa que
este estado del juicio no adm ite grados: una verdad es ó
no cierta, pero no es m ás ó menos cierta. La variabilidad
de la probabilidad supone, al contrario, la existencia de
grados, según aquélla se acerque m ayorm ente á la certeza
ó á la duda; y dicha nota característica es el fundam ento
remoto del cálculo de las .probabilidades. Por último, el
carácter de la duda es doble: la invariabilidad m ás la in­
122 P SI C O LO G ÍA

diferencia. Como invariables, se asem ejan la certeza y la


duda, distinguiéndose ésta por la apatía ó indiferencia. Y
la duda, sin la invariabilidad, truécase en probabilidad;
como, sin la indiferencia, se convierte en certidum bre.
V e rd ad .—La verdad, en su concepto m ás genérico, es
in definible, como, en rigor, son indefinibles el bien y la
belleza; pero puede considerarse como una relación de
c o n fo r m id a d .'
Es el objeto formal de nuestra potencia intelectiva; es
decir, es la aspiración espontánea y constante de nuestra
facultad de pensar.
* Es innegable que, en lo m ás recóndito de nuestro
ánim o, experim entam os una tendencia natural é irresis­
tible hacia la verdad. Aun las gentes m ás indoctas, los ig ­
norantes, los despreocupados se sienten movidos por este
im pulso, y merced á él, se m anifiestan anhelantes de e n ­
san c h a r la esfera de sus conocimientos. Al descubrir una
verdad, gozamos todos de un placer intelectual, cuya in­
tensidad y pureza aum entan en razón directa del trabajo
que nos ha costado su adquisición y de la im portancia
y trascendencia objetiva de la m ism a verdad descu­
bierta.
+ Y esta tendencia ó inclinación natural, adem ás de es­
pontánea y constante, es tam bién in d e fin id a . La inteli­
gencia, al igual que la voluntad, es ilim itada, y, por co n ­
siguiente, jam ás se ve saciada en sus aspiraciones, pues
que, a la m anera que el infeliz hidrópico cobra m ayor sed
de agua cuanto m ás bebe, la inteligencia experim enta m a­
yor sed de verdades á m edida que las va descubriendo
una tras otra. De donde se deduce que las verdades lim i­
tadas podrán d ar pábulo á la inteligencia, pero no-son
bastantes á saciarla. Luego, su objeto formal prim ario
I.ECCIÓN XII 123

será Dios, piélago de verdad, inagotable por su esencia in ­


finita.
S u s definiciones, según S a n A g u s tín y S a n to Tom ás
San Agustín define la verdad en Jos siguientes térm inos:
V eru m est id q u o d est (la verdad es lo que es).
* E sta definición, profundam ente filosófica, se ad ap ta
con preferencia á la llam ada verdad metafísica.
Santo Tom ás de Aquino define la excelencia que nos
ocupa del modo siguiente: V erita s est adceqaaiío ¿ntellec-
tus et re í (la verdad es la conform idad entre el entendi­
miento y la cosa).
* Esta últim a definición está m ayorm ente conforme con
la idea sintética de lo verdadero.
V erd a d m e ta fís ic a , lógica y m o ra l — La verdad se di*
vide, en prim er lugar, en m e ta fís ic a , lógica y m oral:
V erdad metafísica es la conform idad del ser con su
esencia. De m anera que dicha verdad es la m ism a reali­
dad de las cosas; de lo contrario, un ser no sería tal ser,
sino otro distinto. Es imposible, v. g r., que un circulo deje
de ser redondo.
Verdad lógica es la conform idad entre nuestras ideas
y su objeto. Es la posesión (subjetiva) de la verdad m eta­
física (objetiva). Al creer, por ejemplo, que la tierra es un
esferoide, creo lo que es realm ente; estoy en posesión de
la verdad m etafísica, y, por tanto, hay verdad lógica en
mi juicio afirmativo.
V erdad m oral es la conform idad entre lo que deci­
mos y lo que pensam os. El hipócrita falta siem pre á e^jta
verdad.
* Como puede verse, la verdad metafísica es esencial­
m ente objetiva, y subjetivas la lógica y la m oral. De d o n ­
de se infiere que la prim era es en absoluto independiente
1’24 P S IC O L O G ÍA

de nuestra inteligencia. Las cosas son lo que son, en v ir­


tud de su esencia; no por el juicio, acertado ó erróneo,
que form em os con respecto á ellas.
* En contraposición á las verdades m etafísica, lógica
y m oral, existen las tres variedades del error, en general,
tam bién denom inadas errores m eta fí s i c o , lóc/ico y vnoral.
El prim ero se llam a im p o sib le , el segundo fa ls e d a d y el
tercero m en tira . Insistirem os acerca de ellos m ás ad elan ­
te. (V. Lección XXV.)
V erd a d o bjetiva ó m a teria l y su b jetiva ó f o r m a l .—
Divídese tam bién la verdad en objetiva y subjetiva; aqué­
lla llámase igualm ente m aterial y ésta formal.
Santo Tom ás define asi la verdad objetiva: V ertías est
c o n fo rm ita s no(ionis cu m objecto. (Verdad es la relación
de conform idad entre el conocim iento y su objeto.) *
Verdad subjetiva, según Aristóteles y Santo Tom ás, es:
A íU rq a a tio intellectus et rei} g u ia d icit esse id q u o d est et
non esse q u o d non est. (Verdad es la conform idad entre el
entendim iento y la cosa, que m anifiesta ser lo que es real­
m ente y 110 ser lo que no es en la realidad objetiva.)
* De entram bas verdades, llám ase la una subjetiva
porque se refiere principalm ente al sujeto cognoscente, y
la otra objetiva por cuanto atañe con predilección al obje­
to cognoscible. La objetiva se denom ina tam bién m ate­
rial, por estar relacionada en prim er térm ino con el fondo ó
m ateria del conocimiento; y la subjetiva se califica asim is­
mo de formal*, por contraerse con preferencia á la for­
m a ó apariencia externa del propio conocim iento al cual
se aplica nuestra inteligencia.
* A parte de las dos divisiones indicadas, la verdad
puede ser in tu itiva y d e d u ctiva , según que sea hija del
procedim iento espontáneo (intuición) ó del raciocinio de­
LKCCIÓN X II 125

ductivo. Distínguese también en necesaria y contingente,


según que las relaciones afirm adas sean absolutas ó m e­
ram ente eventuales. Y, finalmente, hay verdades raciona­
les ó puras y empíricas ó experim entales, nacidas de la
razón ó de la conciencia lógica, respectivamente.
* Infiérese de lo que antecede que la verdad se ofrece
á nuestra vista con el carácter de la m ultiplicidad, al
igual que la belleza y el bien; cuando, en la realidad obje­
tiva, la verdad es una en su esencia, lo mismo que las
otras dos excelencias absolutas de los objetos. Y esta uni­
dad, en la verdad, estriba precisam ente en la ya citada
relación de conform idad; como, en el bien, radica en el
orden realisado, y, en la belleza, en la harmonía vi­
viente.
LECCIÓN X III

L b n g u a j e . —Su noción.—Bajo el punto de vista psico­


lógico, lenguaje es sencillam ente la facultad de la palabra,
es decir, la facultad que tiene el alm a de form ar signos ex­
presivos de las modificaciones del yo, atestiguadas por la
conciencia lógica. En otros térm inos, es la facultad de que
nos servim os para la expresión de nuestros pensam ientos
y de nuestros afectos en general.
* El lenguaje, en sentido lato, es la exteriorización de
toda nuestra vida interior, y por esta causa, sostiene rela­
ción estrecha con el pensam iento. Razón por la cual, se­
gún Platón, el pensam iento es un diálogo interno que se
realiza por el alm a hablando consigo mismo. El lenguaje
no es, por tanto, sino la palabra exterior, signo represen­
tativo de la palabra interna ó pensam iento.
Elementos constitutivos del m ism o.—P ara que exista el
lenguaje, son indispensables cuatro elementos: 1.°, sujeto;
Í^ICOLOÜÍA

2.”, signo; 3.°, cosa sig n ifica d a ; y 4.°, relación entre el


signo y la cosa significada.
* Es necesario, ante todo, un sujeto del pensam iento
(palabra interna) y del lenguaje (palabra externa); luego,
el pensam iento, ó cosa significada .por el lenguaje ó signo;
y t por fin, relación íntim a entre pensam iento y lenguaje.
Esta relación es, por punto general, de carácter convencio-
'nal, es decir, depende, no de la naturaleza, sino de la con­
vención ó acuerdo entre ]o(s hom bres; á excepción de algu­
nas voces, cortas en núm ero, llam adas onom atopéyicas,
que sirven p ara la expresión de sonidos naturales. Por este
motivo, al hablar de las Bellas Artes (Lección IV), se ap u n ­
tó que la Poesía es significativa, y no natural, porque se
vale como forma artística de la palabra articulada (oral ó
escrita), y ésta representa la idea respectiva por convenio
hum ano.
C lasificación genérica de ios sig n o s .—Entiéndese, en
tesis general, por signo una cosa cualquiera, considerada
como medio adecuado p ara lograr el conocimiento de otra.
* En todo signo entran necesariam ente los cuatro ele­
m entos m encionados anteriorm ente como constitutivos
del lenguaje. Y esto se com prende fácilmente, con sólo
tener en cuenta que el lenguaje no es sino una serie de
signos.
* Todas las cosas pueden ser signos; asi, pueden y de­
ben reputarse tales:
4 .• Las ideas con respecto á sus objetos;
2 .w Las ideas respecto de otras ideas;
3.° Los objetos externos respecto de otros objetos
igualm ente externos; y
4.° Los hechos externos (del no y o ) con referencia á
los hechos internos (del yo ).
Z-ECC1ÓN X I I I 1 2 í)

Atendida la relación existente entre la cosa significan­


te, 6 signo, y la cosa significada, divídense los signos en
n a tu ra le s y a rtificía les ó a rb itra rio s. En aquéllos, la re­
lació n es obra de la m ism a naturaleza; asi, v. gr., el a s ­
censo del mercurio en un term óm etro es signo natural del
aum ento de tem peratura. En éstos, la indicada relación es
producto exclusivo del arbitrio de los hom bres: por ejem ­
plo, los signos heráldicos, las insignias m ilitares, etc.
* Los signos naturales, en general absolutos y necesa­
rio s, no requieren aprendizaje p ara su r§cta interpreta­
ción, independiente de las circunstancias generales de
lugar y tiempo. El humo es p ara todos signo natural del
fuego, como el llanto del dolor y el aliento de la vida orgá­
nica. El olor supone indefectiblemente la presencia, ó,
cuando menos, la proxim idad de una sustancia arom ática
que lo exhala.
* Al consignar poco há que los signos naturales son,
en general, absolutos y necesarios, fué nuestro propósito
afirm ar que, en su m ayoría, reúnen aquellas dos notas ca­
racterísticas; m as im porta advertir que no todos los signos
naturales son necesarios, porque la naturalidad no se opo­
ne ciertam ente á la contingencia. Así, v. gr., las lágrim as
son, casi siem pre, signo natural de am argura; y, con todo,
en ocasiones dadas, son hijas de la alegría, de la ternura,
y hasta de la hipocresía,
* Los signos artificiales son todos r elativos y contin­
gentes, ó eventuales; en su consecuencia, dependen del
gusto y del capricho, acom odaticios al com pás de los tiem ­
pos y de los lugares. El luto, que, entre nosotros, se viste
de negro, usa entre los chinos el color encarnado; quien
ignore la Heráldica* se verá im potente para descifrar las
figuras de un escudo de arm as; y nada representan el te ­
PSICOLOGÍA

légrafo óptico ni los jeroglíficos para el que 110 posee las


claves de su misterioso lenguaje. Y lo m ismo decimos d<í
las notas del pentagram a, y aun de cualquier idioma.
Considerando ah o ra que el signo es la forma externa
de la sensibilidad, dividiremos los signos en fonéticos,
ideográficos y mimicos, tom ados respectivam ente del
tiempo, del espacio y del movimiento, form as generales
de nuestra facultad de sentir y de nuestra imaginación. En
los fonéticos predom ina la producción rítmica del sonido
sucesivo (en el tiempo); en los ideográficos, la figura en el
espacio; en los mímicos, el movimiento. Los signos foné­
ticos originan la m úsica y la palabra; los ideográficos, la
pintura, el símbolo y algunos relieves; los mímicos, la e x ­
presión de la vida corporal.
* Mucho pudiéram os decir acerca de las variedades del
lenguaje, de la existencia del mismo, ya interior ó ya e x ­
terior, como función intelectual, y de la utilidad y necesi -
dad de entram bos. E m pero, considerando esta lección
como mero apéndice al tratado de la inteligencia, nos li -
mi tarem os, de m om ento, á las brevísim as nociones preli­
m inares anteriorm ente expuestas, pasando desde luego á
dedicar dos palabras á la teoría de las ideas, m ateria que
constituye la lección siguiente y que viene á s e r á la vez la
term inación definitiva de la Noologia y la transición entre
la Psicología em pírica y la racional; dejando la ampliación
del estudio del lenguaje p ara la G ram ática general. (Véase
Lección X X IX ,)
LECCIÓN XIY

—Su definición.—Esta palabra procede de


Id e o lo g ía »
dos griegas: que tiene en castellano idéntico significa­
do, y M70C, tratado.
» De donde, Ideología es el tratado de las ideas.
Idea: su etimología y acepciones\ su natu raleza.—La
etim ología del vocablo «idea» acaba de consignarse en el
párrafo anterior; advirtiendo que el sustantivo helénico
¿3e« deriva á su vez del verbo, del propio idioma, etSw, ver
ó saber.
Tiene la voz «idea» innum erables acepciones: así, se
tom a como sinónim o de ju icio , p rin c ip io , o p in ió n ,
creencia, etc.
Em pero, psicológicamente hablando, tiene la p alabra
idea dos acepciones ó sentidos: el uno, es el ejem plar ó
tipo de alguna cosa, y, en este sentido, hace referencia al
entendim iento práctico, que nos representa lo que h a de
132 P S IC O I.O U ÍA

ser, como una pintura, ele.; el otro es la especie in telig ib le


de los Escolásticos, tam bién denom inada la sim p le a p re­
hensión, es decir, la m era noción ó concepto intelectual*
médiante la cual conocemos intelectualm ente las cosas.
En toda idea, considerada en este último sentido, hay
que distinguir dos elementos: su entidad intrínseca, como
fenómeno anímico, y su condición de medio representativo
de alguna cosa, toda vez que, valiéndonos de las ideas,
venimos en conocimiento de los objetos inteligibles que
aquéllas representan por vía de sem ejanza. De aquí que se
h aya com parado la idea á un espejo, que, sin ser1 el mis­
mo objeto percibido, representa fielmente las cosas refle­
jadas; y será el espejo tanto m ás perfecto cuanto m ás p e r­
fecta produzca la ilusión (I).
Infiérese de lo expuesto, ante todo, que la idea es al
propio tiempo su b jetiva y objetiva: subjetiva, en cuanto es
inherente al sujeto, como, por ejemplo, la pintura al lien­
zo; y objetiva, porque, merced á ella, conoce el alm a el
objeto con el cual guarda relación la idea; y así, por medio
de un retrato^ conocemos el original. En su calidad de
subjetivas, nuestras ideas son contingentes y sin g t/la res ,
al igual que el sujeto; dado su carácter objetivo, son las
ideas necesarias y universa les t porque el objeto adecuado
de nuestra inteligencia está constituido por las esencias de
los objetos m ateriales, exentos de toda som bra de deter­
minación.
Y, en segundo lugar, se deduce que la idea no es el
objeto inm ediato y directo de la inteligencia, sino el medio
en virtud del cual la razón se determ ina en su objeto, esto

(1) ltalmes: F ilo s o fía f u n d a m e n t a I.


es, en algo distinto de sí mismo: Id ea non est id q u o d ¿n-
te llig itu r ; sed id quo in teilig itn r.
* Relacionada intim am ente con la m ateria de la n atu ­
raleza de las ideas, se nos presenta la cuestión relativa al
origen de las mismas.
* Muchos son los sistem as ideológicos inventados por
los filósofos de las diversas Escuelas p ara la explicación
de este punto concreto, en grado sumo trascendental.
* Las m ás notables, sin em bargo, son cinco: 1 .*, el Em­
pirism o, como M aterialismo ó como Sensualismo; 2 .\ el
Idealismo; 3.“, el Racionalismo trascendental; 4.a, el Onto-
logismo, y 5.a, el Escolasticismo.
* Los adictos al Empirismo son de dos clases: em p iri-
cos-m aterialistas ó positivistas y em píricos-sensualistas.
El Em pirism o, en su tendencia m aterialista, iniciada y a en
en Grecia por Demócrito y Epicuro, ha sido defendido en
tiempos recientes por Cabanis, por Broussais y por los lla­
m ados positivistas; el Em pirism o, en su fase sensualista,
patrocinado entre los antiguos por Aristóteles y Protágo-
ras, ha sido seguido, entre los m odernos, por Locke y
Condillac.
* Para. Demócrito y Epicuro las cosas son conocidas
por medio de átom os ó partículas sutilísim as desprendidas
de los cuerpos, las cuales, agitándose en el aire, llegan al
alm a al través de los órganos de los cinco sentidos ex­
ternos.
* Locke distingue en el alm a dos facultades, la sen sa ­
ción y la reflexió n ; entendiendo por sensación la percep­
ción de los fenómenos del no yo y de los del yo, y por re­
flexión la fuerza que aplica el espíritu á los objetos perci­
bidos m ediante la sensación.
* No confundió Locke Ja sensación con las facultades
134 PSIC O L O G ÍA

psíquicas, pero las atribuyó papel muy secundario, con­


centrando su acción en los datos sensibles. Y como era
ésje el camino para confundirlas con la sensibilidad, de ahí
que la teoría de Locke envuelva el germ en de la de la sen­
sación considerada como principio único de todas las ope­
raciones aním icas. De donde, la doctrina de Condillac, que
reduce la sensación y la reflexión á la sola sensación
tr a n s fo r m a d a , no reconociendo en el alm a otra facultad
que la de sentir, y añadiendo que las restantes facultades
son m eras form as ó aspectos distintos de la sensibilidad, y
que sus fuhciones son derivadas de la prim itiva y fu n d a­
mental sensación. Por m anera que, según ^Condillac, la
sensación es la fuente única y el exclusivo origen de todo
conocim iento ( 1 ).
* El Idealismo, ó hipótesis de las ideas in n a ta s, es de­
cir, de las ideas que, al decir de algunos filósofos, existen
ingénitas en nuestra alm a, es parto de Platón, imitado,
entre otros, por Descartes y su discípulo M allebranche,
por Berkeley y Hume, y por Leibnitz y Rosmini.
* Según Platón, las ideas no son en rigor congénitas á
nuestro espíritu; pero éste las conoció al contem plarlas, en
D iosó en sí m ism as, antes de su unión con el euerpo en
que está encarnado, cual preso en cárcel lóbrega, por via
de expiación de algún crim en; de donde, el olvido de las
ideas adquiridas en otra vida anterior á la presente.
* Descartes divide las ideas en in n a ta s , a d ven ticia s y
facticias;, llam ando in n a ta s á las inspiradas por Dios é in­
génitas en nuestra mente, y, por tanto, previas á todo acto
de conocimiento; a d ven ticia s, á la sq u e vienen al alm a con

(1) Víctor C.ousin: HiMoire de la P hilosophie d u diw -ku itiém e S i M e i y De


(¡erando: H istoire t:omparée des tyetém ea.
L E C C IÓ N X IV 135

ocasión de los movimientos resultantes de las im presiones


de los objetos externos en nuestros órganos corporales; y
fa c tic ia s , á las que forma el espíritu por medio de la unión
de dos ó m ás ideas. La idea del m ismo Dios es innata; la
de una m ujer, adventicia; la de la esfinge, facticia.
11 Leibnitz supone que la facultad de conocer forma
parte de la esencia del alm a hum ana y no puede existir
como n u d a facultad, esto es, sin conocimientos; y por ello,
adm ite cierto acto prim ordial de conocer, que viene á ser
á m anera de croquis ó esqueleto de todas las ideas, que,
con el ejercicio de nuestra actividad intelectual, se acla­
ran , distinguen y com pletan. De m anera que la esencia
psíquica consiste en un schenia ó representación confusa
de todo el Universo.
* Rosmini adm ite como única idea innata la universal
de ente; m as como esta idea es el su m m u m de la inde­
term inación, de aquí que tuviera que acudir á las rep re­
sentaciones sensibles, y, aplicando á c a d a jm a de ellas el
concepto innato de ser, dedujo la generación de los con­
ceptos particulares de la razón.
* El .Racionalism o trascendental, método p ara la ex­
plicación del origen de Jas ideas con elem entos á p r io r i.
ó superiores á toda experiencia, partiendo del análisis del
pensam iento y de la hegem onía de la ra zó n hum ana como
fuente de conocimiento, fué fundado por Kant, y seguido
por los alem anes Fichte, Schelling, Hegel y Krause.
* Kant. (!) habla de la m ateria y de la forma del cono­
cim iento, del espacio y del tiempo, de las categorías y
subcategorias del entendim iento, de los juicios sintéticos

(1) Kant: «Critica de la razón pura.»


P SIC O L O G ÍA

ñ p r io rl y de los fe n ó m e n o s y noúm enos (m undos a p aren -


tos ó reales, respectivamente). Además, y al lado de la
sen sib ilid a d y del enten d im ien to , adm ite Kant o tra facul­
tad, la ra z ó n , que nos sirve p ara conocer, 110 sólo los ob^
jetos condicionados ó relatioos de la experiencia, sino-
tam bién lo incondicio n a l ó absoluto, síntesis de los con-
ceptos intelectuales. A esta síntesis concurren tres ideas
racionales: la psicológica (del y o ), que representa un su­
jeto idéntico de los fenómenos sucesivos; la cosm ológica
(del mundo), con la cual se im prim e unidad absoluta á los
fenómenos externos; y la teológica (de Dios), por la cual
asciende el sujeto pensante al conocimiento del Ser Su­
prem o.
* Fichte suprim e el segundo de los dos térm inos deí
conocimiento, según la teoría kantiana (el objeto), ad m i­
tiendo exclusivam ente la actividad consciente y libre del
prim er térm ino (el sujeto). Mediante el ejercicio de la
a b stra cció n , separó del sujeto (y o ) toda representación, ya
interna, ya externa, y lo redujo al yo p u r o , infinito é indi­
visible; y, valiéndose luego de la re fle x ió n , se distingue el
yo p u r o en sujeto y objeto de aquella operación in te le c ­
tual (yo sujeto y yo objeto). Y, como quiera que el yo su jeto
y el y o objeto son contradictorios, de allí que el p rim ere e s
el yo, y el segundo, en relación con aquél, el no y o , es de­
cir, todo lo que está fuera del yo. Finalm ente, p ara Fichte,
el Yo p u r o , sin referencia alguna con sujeto ni objeto, es
únicam ente Dios; el y o no p u ro ,ó em p írico , con concien­
cia de sí mismo, es el espíritu hum ano, y el no y o es el
m undo.
* Schelling adm ite un principio único de conocimiento,
la Id en tid a d absoluta (Dios), síntesis del sujeto cognoscen­
te y del objeto conocido , del espíritu y la m a teria , de lo
LECCIÓN XIV 137

ideal y lo real, form as distintas entre si fe n o m e n a ltn e n te >


esto es, en apariencia; pero que en realidad existen en dicha
Id en tid a d . De modo que esta identidad no es rela tiva cual
el yo', antes bien, es a b so lu ta , es decir, principio del s u je ­
to y del objeto del conocimiento. Y, p ara Schelling, el
alm a hum ana es la forma m anifestativa de la su p rad íc h a
Id en tid a d absoluta, y, realm ente, es una m ism a cosa con
ella; de donde, el espíritu racional vé en si propio las e vo ­
luciones de lo A bsoluto .
* Hegel adm ite igualm ente un principio exclusivo de
conocimiento; pero, distanciándose de Schelling, afirm a
que sem ejante principio es la Id e a considerada en térm i­
nos absolutos, es decir, el pensam iento puro, ó sea sin re­
lación al sujeto ni tam poco al objeto, y resultado, no de la
intuición in te le c tu a l sino de la a b stra cció n . Esta Id e a ó
I d e a -S e r se desenvuelve en tres momentos: en el prim ero,
la Id ea se pone y es en .s/, ó sea p u r a ó indeterm inada: en
el segundo, pone al m u n d o , y es la Id e a f u e r a de si; en el
tercero, vuelve en sí con conciencia de sí mism a, poríe al
esp íritu y es Id e a p a r a si. Y, al decir de Hegel, el alm a hu­
m ana es .el mismo S e r-Id e a que se conoce á sí propio.
4 La teoría de K rause sobre el particular es una mix­
tión de las de Schelling y Hegel.
+ El Ontologismo, ideado por M allebranche y susten­
tado por Gioberti, supone que nuestra razóli conoce en
esta vida á Dios directam ente ó por in tu ició n , viendo en
Dios todas las cosas inteligibles. Esta teoría es sum am ente
parecida á la de la secta herética de los Bogardos, que
aseguraba que el alm a hum ana no necesita del lu m en
glorice para la visión de Dios, y que fué condenada por
Clemente V en el Concilio ecuménico de Viena (aflo 1313).
. * El Escolasticismo, por algunos llam ado Psicologismo
138 P SIC O L O G ÍA

racional (1 ), afirm a que el conocimiento se inicia en los


.sentidos extern o s y se perfecciona en el entendim iento:
C ognitio nostra p r o g re d itu r koc o rd in e} u t p rim o in cip ia t
in sensn , p e r fic ia tu r in intellectti. Y sienta el siguiente
apotegm a: N ih il est in intellectu q u o d p r iu s non f u e r i t in
sensu (2).
* El sistem a escolástico, fundado por Aristóteles, ha
sido perfeccionado por Santo Tom ás de Aquino, y cuenta,
entre otros, con adalides tan famosos como San Buena­
ventura, Leibnitz, y, en tiempos recientes, Jaim e Balmes,
quien, al tra ta r este punto, dice textualm ente: «Lo que
hay de innato en nuestro espíritu es la actividad sensitiva
é intelectual; pero am bas, p a ra ponerse en movimiento,
necesitan objetos que las afecten: el desarrollo de esta
actividad principia por las afecciones orgánicas; y, aun­
que va m ucho m ás allá de la esfera sensible, perm anece
siem pre m ás ó menos sujeto á las condiciones que le im ­
ponen la unión del espíritu con el cuerpo (3).»
D icisión de las ideas: p o r la causa que las p ro d u c e ,
p o r su origen, p o r el su jeto y p o r el ob jeto .—Resultado de

(1) «F.l ilustre Sanseverino, y lo mismo su egregio discípulo Josa Prisco, han
dado ¿ la d o ctrina de los filósofos escolásticos sobre el origen de las ideas el nom­
bre de Psicologismo racional} pero los sabios escritores de la gran revista rom a­
na La Cieiltá Caholica no han aprobado esta novedad, porque la palabra Psivo-
Inyismo viene aplicándose generalm ente, sobre todo desde la crítica hecha por
(¡ioberti del Subjetivism o^cartesiano y couslniano, á los sistem as que fundan la
Filosofía en el yo.* (OrtI Lar»: Psicología.)
(4) Leibpítz modificó la m encionada fórmula aristotélica, en la siguiente
Turma: Nih.il est in intellectu q u in p riu a fu erin t in aenau, nisi intellectu» ipw¡
análoga, en et fondo, el aforismo de Santo Toarás de Aquino: Specie* aliorum
inw lltfjibiU um n o n zu n t ei innatos, sed easentia sua ttibi innata est. Acerca de
esta m ateria, consúltese al V. Libe rato re, en su obra: Della cvnpscensa intellet-
tuale.
(3) Balones: «Filosofía fundam ental,* tomo III, pég. 163.
LECCION XIV 139

la explicación anteriorm ente dada acerca de cuál sea su


verdadera naturaleza, podemos definir la idea en g en era l
diciendo que es el sentim iento de distinción de los obje­
tos.
* A la formación de la idea concurren necesariam enle
cuatro elementos: alm a inteligente, objeto, impresión y
sensibilidad. Y estos cuatro elem entos encuén transe en
la citada definición: hay objetos é im presiones, porque
sin éstas y aquéllos no puede haber sentim ientos; hay
sensibilidad, porque el sentim iento se funda en ella; y ,
por fin, hay tam bién alm a inteligente, pues es im posible
sin ella la distinción de los objetos.
C onsiderada la ¿dea como base y fundam ento del jui-
ciOj es el térm ino de éste.
* Ya se dijo con antelación (Lección XI) que el juicio
envuelve forzosam ente dos térm inos, cada uno de los cua­
les es la representación fenomenal de una idea.
Corolario de la doctrina sentada respecto de la n a tu ­
raleza de las ideas, en su aspecto sintético ó en sentido
lato, preséntase á nuestra vista la distinción entre la ca u ­
sa, el origen , el sujeto y el objeto de las m ism as ideas.
La causa que produce las ideas es la inteligencia con
sus operaciones, el origen es la sensibilidad con sus sen­
tim ientos, el sujeto, el alm a inteligente, y el objeto, todo
lo que existe realm ente ó cuando menos puede concebirse
por la im aginación ( ente en general).
* Conforme puede observarse, esta teoría es ecléctica,
pues acepta el justo medio, rechazando las aberraciones
m aterialistas y á la par los delirios espiritualistas, é insi­
guiendo la tan preconizada m áxim a: In m edio consistit
o ír tus.
Fúndase en lo anteriorm ente expuesto la cuádruple
140 1•S IC O L O G ÍA

clasificación de las ideas, por la causa, por el origen, por


el sujeto y por el objeto.
Por la causa se dividen las ideas en absoluta#, rela ti­
vas y deducidas.
Ideas absolutas son las producidas por la atención.
Relativas, las resultantes de la com paración.
Deducidas, las hijas del raciocinio.
* De modo que, bajo este punto de vista, las causas
exclusivas de la idea en general so,n tres: atención, com ­
paración y raciocinio, que ya conocemos por lo m anifes­
tado previam ente (Lecciones X y XI).
Por- el origen, divídense las ideas en sensibles ó estéti­
cas, m orales é intelectuales.
Ideas sensibles ó estéticas son las que dependen de los
senlim iem os estéticos.
Morales, las que se fundan en los sentim ientos mo­
rales.
Intelectuales, las resultantes de los sentim ientos inte -
lectuales.
' De m anera que, bajo este aspecto, las ideas son tales
según sean los sentim ientos en que se apoyan. Y estos
sentim ientos ya se recordará que se dividen, ante todo, en
estéticos, intelectuales y morales. (Véase Lección III.)
Por el sujeto, pueden ser las ideas cla ra s y oscuras,
d istin ta s y c o n fu sa s , co m p leta s é incom pletas.
Idea clara es la percepción lum inosa del objeto (la idea
lum inosa de una mesa).
Idea oscura es la percepción en que falta luz y claridad
sobre la naturaleza y las cualidades del objeto (la idea de
la m ism a mesa, con desconocimiento de todas ó algunas
de sus propiedades).
Idea distinta es la percepción de un objeto con sep ara­
I . KÍ J CI ÓN - X I V 141

ción de los dem ás (la idea de un perro, considerándolo


aislado de los restantes anim ales, aun de los de su m ism a
especie)*
Idea confusa es la percepción de un objeto, confundién­
dolo (.-olí los dem ás (la idea de un tigre, sin distinguirlo del
leopardo).
Idea com pleta es la percepción de un objeto, con todas
sus notas ó cualidades (la idea, ya citada, de la mesa).
Idea incom pleta es la percepción de un objeto, desco­
nociendo alguna ó algunas de sus propiedades (la propia
idea, en sentido contrario).
* Ya se com prende fácilmente que la idea será mayor-
ine.nte clara, distinta y com pleta, en razón directa de la
exactitud de la percepción form ada acerca de la cosa ob­
jeto del conocimiento Tam bién se advierte con evidencia
que las ideas oscuras, confusas é incom pletas son antité­
ticas ó contradictorias á las claras, distintas y com pletas,
respectivam ente.
Por el objeto, son las ideas sim p les ó co m p u esta s , sin ­
g u la res ó colectiva*, oerdaderas.6 fa ls a s , reales ó q u im é ­
rica s, absolutas ó re la tiv a s , concretas ó a b stra cta sy in d i-
viduales ó generales.
Idea simple es la percepción de un ente indivisible, ó
de una sola nota de un objeto divisible (las ideas de
nuestra alm a y de una sola parte de un reloj, respectiva­
mente).
Idea com puesta es la percepción de un ser com puesto,
considerado en su apariencia ó forma total (la idea del re­
loj, en síntesis).
Idea singular, tam bién llam ada in d ivid u a l, es la per­
cepción de un individuo aislado de los dem ás (la idea de
Pedro, lu de una m ontana).
P S IC O L O G ÍA

' De aqui se infiere que las ideas singulares no se refie­


ren precisam ente á personas; pueden igualm ente decir
relación á los irracionales, á los vegetales y aun á los seres
inorgánicos ó m ateriales.
Idea colectiva es la percepción de una colectividad, es
decir, de un conjunto de objetos unidos de tal,m anera que
cualquiera de ellos, lejos de los restantes, no pueda ser el
objeto de la idea en cuestión (un ejército, un colegio, un
rebaño son objetos de ideas colectivas; m as no merecen
sem ejante calificativo un soldado, un colegial, una oveja).
Idea verdadera es la que está conforme con su objeto
(tendré idea verdadera si se me figura ver un incendio y es
asi realm ente).
Idea falsa es la que no conviene con la realidad del ob­
jeto (si me parece ver el incendio y padezco equivoca­
ción).
Idea real es la que corresponde á un ser existente en la
realidad objetiva (la idea de una torre).
Idea quim érica es la que se refiere á una entidad que
únicam ente nos forjamos en nuestra imaginación creadora
(la idea del vellocino de oro, que fué causa ocasional de
la expedición de los A rgonautas al Asia Menor, según la
tradición griega).
Idea absoluta es la que representa un objeto por sí
solo, sin relación alguna con los dem ás (la idea de una
roca).
Idea relativa es la que, m ediante la representación de
un objeto, provoca en nosotros la idea de otro (la idea del
hom bre, que evoca la de su om nipotente Creador).
Idea concreta es la percepción de un objeto con su
forma característica (la idea de un estudiante aplicado).
Idea abstracta es la percepción de una forma caracte-
LECCIÓN X IV 143

ristica, considerada independiente de todo objeto (la idea


de la blancura, prescindiendo de todo objeto blanco).
* Ya sabem os (Lección IX) que la idea abstracta es
sencillam ente el producto de la abstracción.
Las ideas abstractas son de dos clases: individuales y
generales.
Las ideas individuales representan una propiedad a is­
lada del objeto de que se trata (la idea de blancura, aisla­
da de la idea del objeto nieve, en el cual reside aquella
cualidad).
Las generales son la expresión de las sem ejanzas exis­
tentes en los objetos, descubiertas por el ejercicio de la
com paración (la idea de árbol, sintética de todos los ejem ­
plares que, dada su sem ejanza, constituyen una m ism a
%clase).
* Las ideas generales son hijas de la generalización.
(Véase Lección IX.)
* Las ideas generales se form an de las abstracciones,
que, en un principio, fueron individuales; proceso n atu ra -
lisimo, habida consideración de que la abstracción es la
m adre de la generalización. Asi, la idea de altura, v. gr.,
ab straíd a de la m ontaña, es individual; pero observando
' que aquella cualidad conviene tam bién á un árbol, á un
gigante, á una torre, á un m onum ento escultórico, la idea
ab stracta individual se convierte en idea abstracta general
ó genérica.
* Hay diversas categorías de ideas generales: o ra re­
presentan individuos de una m ism a clase (hom bre, árbol),
ora se refieren á propiedades com unes á varios individuos
(gravedad, inercia), ora sean alusión á la s relaciones exis­
tentes entre distintas entidades (igualdad, inferioridad);
ora, en fin, envuelven una representación plástica de cier­
144 PSICOLOGÍA

tos actos de idéntica significación y naturaleza (la virtud,


el vicio, etc.).
* Por último^ acerca de la im portancia y necesidad de
las ideas generales, recuérdese lo que se dijo al tra ta r d e :
los conceptos universales. (Véase Lección IX.)
LECCIÓN XY

P s i c o l o g í a r a c i o n a l . —Es
la parte de la Psicología que
tra ta del alm a hum ana p e r se, ó sea considerada en sí
mism a.
* El punto de partida, esto es, la fuente de conocim ien­
to p ara la Psicología racional, es la razón, á la m anera
que la conciencia lógica lo es para la Psicología ex p eri­
m ental ó em pírica.
* H asta ahora hem os estudiado el alm a hum ana fe n o ­
menalmente, es decir, bajo el punto de vista de sus m ani­
festaciones externas ( fenómenos en general); en adelante,
la analizarem os nouménicamente, ó sea tal cual es en la
realidad subjetiva (yo racional), prescindiendo por com ­
pleto de su apariencia exterior (yo empírico) (1).

(1) Sin que esto im plique la adm isión de sus sistem as filosóficos, ni m ucho me­
nos, usam os en este pArrelo de la term inología de K ant y de Fichle, por creerla
10
146 P S IC O L O G ÍA

* Em pero, antes de em pezar la breve exposición sin té­


tica de la Psicología racional, es útil, por no decir indis­
pensable, ap u n tar un ligerísimo bosquejo de ciertas m ate­
rias ontológicas y cosmológicas, es decir, referentes al ser
y al m undo en general, que sirvan de prelim inar necesario
p a ra la mejor inteligencia de las nociones psicológicas,
O n t o l o g ía y C o s m o l o g ía : breve s in o p s is p r e l im in a r de

ALGUNAS MATERIAS A PLICA BLES Á LA PSIC O L O G ÍA .— S e r Ó e n t e :


su concepto genérico y cla sifica ció n .— E n s est id q u o d h a -
bet a u t p o test habere esse. Ser ó ente es lo que tiene ó pue­
de tener ser. O, en otros térm inos análogos: Ser ó ente
es todo lo que ha existido, existe ó puede existir, ó, á lo
m enos, puedeser concebido por la inteligencia hum ana (2).
De la precedente definición del ente (3), en general, se
desprende su prim era división en rea l é ideal.
Ente real es el que existió en él tiempo pretérito, existe
actualm ente, ó existirá en el porvenir.
Ente ideal, el que puede ser concebido por nuestra in­
teligencia, valiéndose de la imaginación creadora ó crea-
triz; llám ase tam bién fic tic io , fin g id o } ra cio n a l 6 m en ta l.
* El ente real tiene existencia real y positiva, vive en la
realidad subjetiva ú objetiva; el ideal germ ina y alienta tan

concisa, y, p á rta n lo , clara. Y, en el últim o sistem a, distinguim os, para m ayor cla­
rid ad , el yo empírico 6 no puro , que es el espirita hum ano, según Fichte, en ¡¡o
empírico propiamente tal (zlfenómeno, de Kant) y yo racional (noúmeno), sien­
do el prim ero la m ateria de estudio propia de la Psicología em pírica, y el segundo
¡a m ateria de la Psicología racional. Y1 p o r otra p arte, seguim os diferenciando el
yo r a c io n a l del yo puro, sin relación alguna & sujeto ni objeto, y q u e, al d e cir del
re p etid o Fichte, es únicam ente Dios.
(2) Sinónim os de ser ó ente son las voces entidad, objeto y coda, q u e, p o r
punto general, se tom an en acepción m ayorm ente estricta.
(3) I<a palabra ente es derivación del latín ens, entis (el que es ó 'existe), p a r­
ticipio de presente, no usado, del verbo S u m ú Esse (ser), y dim anante, k bu vez,
d e l sustantivo griego Sytoi;, genitivo singular neutro de 5v.
1.EC O IÓ N X V 147

sólo en la fantasía, de la cual es producto. Una m ontafla


es un ente real; un monte de oro, ideal.
* El ente ideal, no sólo no vive en ia realidad, sino que
no tiene n i p u ed e tener existen cia en la n a tu r a le za rea l y
objetiva, y si únicam ente en la im aginación. Em pero, si,
objetivam ente considerado, es ideal; en relación con el
alm a inteligente es rea l, es algo ( a liq u id )t por ser la idea
una verdadera modificación del y o .
* Ei mismo ente ideal, profundizando su naturaleza in­
trínseca, es en ocasiones ficticio y otras es v irtu a l fc u m
fu n d a m e n to in re). Sucede lo prim ero, cuando la inteli­
gencia lo forma con un poderoso esfuerzo de la fantasía,
sin que experim ente necesidad alguna de concebir cosas
reales; y lo segundo, cuando la propia realidad mueve á la
inteligencia á la concepción de la entidad ideal. Asi, por
ejemplo, el concepto de las mitológicas sirenas, de la fabu­
losa esfinge, del mítico vellocino de oro, del Centauro, del
m ónstruo descrito por Horacio en los comienzos de su in­
m ortal E p ísto la , etc., son entes ideales ficticios; y, en
cam bio, los conceptos abstractos, y a individuales, y a uni­
versales, productos de las operaciones intelectuales deno­
m inadas abstracción y generalización, son entes ideales
virtuales; y éstos constituyen la transición entre los entes
ideales y los reales, pues, en cierto modo, son tam bién
reales toda vez que vienen á ser la representación de una
realidad, no existente p e r se vel sin ip liciter , pero si p e r
accidens vel secu n d u m . q u id y dadas las leyes de la razón
p ara concebir dichos entes.
* Conviene advertir, no obstante, que, tanto los entes
reales como los ideales, pueden ser conocidos ó concebi­
dos por nuestra mefite. Y, por este motivo, los Escolásti­
cos definen el ente, tom ado en toda su abstracción ó uni­
148 l'S IC & L O O ÍA

versalidad, en los siguientes términos: E n s est id q u o d est


in telligibile (ente es todo lo inteligible) {1 ).
El ente real, en relación con el tiempo, se subdivide en
p a s a d o , a c tu a l y fu tu r o .
Ente pasado ó p re té rito es el que ha existido a p a r te
ante.
Ente actual ó p resén te es el que existe en la actualidad.
Enie futuro ó venidero es el que existirá a p a r te post.
El ente real, considerado en sí mismo, se divide tam ­
bién en su sta n tivo y c o p u la tiv o , sim p le y com puesto, m u ­
d a b le é in m u ta b le , condicional é inco n d icio n a l , co n tin ­
g en te y necesario, su sta n cia l y a ccid en ta l , fin ito é in fin ito ,
po sible é im posible.
Ente sustantivo es el'que existe por sí mismo, aislada­
m ente estudiado.
Ente copulativo, el que tiene por fin la unión (cópula)
■de los entes sustantivos.
* En todo juicio, hay dos entes sustantivos (sujeto y
predicado) y uno copulativo. Recuérdese a d hoc lo m ani­
festado al tra ta r del análisis del juicio, en general. (Lec­
ción XI.)
Ente simple es el que carece de partes.
* La sim p lic id a d puede ser de tres m aneras: fí s i c a ,
m e ta físic a y lógica. La prim era supone la ausencia de
partes separables de un ser; la segunda, la de propieda­
des; la tercera, la de atributos.
Ente compuesto es el que tiene partes que lo integran.

(1) Con esto dice relación la frase omni re scibili et postibili, usada por el
príncipe de los oradores rom anos al definir la Filosofía; y esta consideración y
esta frase pudieron, acaso, m over al m alogrado liar trina at intitular: De omni re
xnibili la m ás sobresaliente de sus com posiciones poéticas insertas en la colección
Algo.
L E C C IÓ N XV 149

+ La com posición , opuesta á la sim plicidad, puede


tam bién ser de tres modos: fiá ic a , m eta física y lógica. La
prim era estriba en la existencia de partes separables de un
ser; la segunda, en la de propiedades; la tercera, en la de
atributos.
* Hay que notar que no es posible medio alguno entre
la sim plicidad y la composición del propio género, pero si
es posible la coexistencia de simplicidad y composición en
un mismo ser, siendo aquéllas de distinto género; así,
v. gr., el alm a racional es sim ple físicamente y com puesta
metafísica y lógicam ente.
* Lós partes del com puesto físico pueden existir ju n tas
ó contiguas, m as no en el mismo lugar.
* El com puesto físico puede perder la existencia de dos
m aneras: por a n iq u ila ció n ó a n iq u ila m ien to y por d es­
trucción. Por el prim er modo, vuelve el objeto del ser al
no ser primitivo, reduciéndose, por tanto, á la n a d a , á la
negación m ás absoluta y trascendental (n ik ilj; este modo
es privativo de la om nipotencia divina. Mediante el segun-^
do procedimiento, sobreviene la separación de las partes
del todo, aun cuando pasen éstas á form ar un nuevo ser
com puesto.
* Lo simple físico sólo puede dejar de existir por ani­
quilación.
* Es conveniente recordar, en esta m ateria, los siguien­
tes axiom as: 4.°, «todo compuesto es posterior, á lo m enos
con posterioridad de naturaleza, á sus partes com ponen­
tes;» 2 .% ven todo com puesto hay, cuando menos, potencia
y acto;» 3.% «ningún com puesto puede ser prim er ente;»
y, 4.ft, «ningún compuesto puede ser perfecto absoluta­
mente.»
Ente m udable es el que puede pasar de un estado á otro.
150 PSICOLOGÍA

+ Es útil distinguir la m u ta ció n de la m u ta b ilid a d . Mu­


tación es el tránsito del ente de uno á otro estado: m utabi­
lidad, la aptitud del ente á m anifestarse de mpdo distinto
de lo que es en sí.
* En toda m utación son indispensables tres requisitos:
1 .°, un estado anterior, del cual proceda el sujeto m udable
{te rm in a s o qtto); 2.a, un nuevo estado, adoptado por el
sujeto del movimiento ( te rm in u s a d q tiem j; y 3*°, el sujeto
del acto, pasando del térm ino a qtto al térm ino a d qtcem.
* L a m utación puede ser, ante todo, su sta n cia l y a c c i­
d ental. Mutación sustancial es el tránsito que realiza el
sujeto al convertirse en otra sustancia; accidental, el trá n ­
sito que lleva á cabo el sujeto m ediante la recepción ó la
pérdida de algún accidente, perm aneciendo incólume la
form a sustancial. La mutación del m anjar digerido en qui­
lo es sustancial, la de una persona enferm a que recobra la
salud perdida es accidental.
* Puede tam bién ser ab so lu ta ó in trín seca y rela tiva ó
e xtrín seca . Aquélla es la que afecta al sujeto mismo, su s­
ceptible de m odiñcación; ésta, no dice p a ra nada relación
al sujeto, sino á otra entidad. Un objeto cualquiera, perdien­
do un color y adquiriendo otro; el acto por el cual alguien
hace p asar un objeto de mi m ano derecha á la izquierda,
son ejemplos respectivos de cada una de dichas dos varie­
dades de m utaciones.
* Recuérdense, en esta m ateria, los siguientes axio­
m as: 1.a: «En toda m utación, el sujeto es siem pre el m is­
mo, aunque modificado después de aquélla.» 2.°: «Todo
sujeto m udable adquiere en la m utación algo, positivo ó
negativo.» 3.°: «El ente m udable es compuesto.» 4.°: «Es
tam bién imperfecto;» y 5.°: «Es, finalm ente, ente in p o -
teniia.»
L E C C IÓ N XV 151

Ente inm utable es el que no puede p asar de un estado


á otro.
* Puede ser de dos m aneras: absoluto ó sim p lic ite r y
relatioo ó secundum qu id . En el prim er caso, hay exclu­
sión de toda potencialidad, en sí mismo y fuera de sí; en
el segundo, hay tan sólo exclusión de potencialidad de
mutación, intrínseca ó extrínseca.
Enle condicional ó hipotético es el que depende del
cum plim iento de una condición ó de la realización de una
hipótesis.
Ente incondicional, el que no depende de condición ni
hipótesis de especie alguna.
* Entiéndese por condición, en general, todo suceso
eventual y futuro. Y por hipótesis, toda suposición, en ge­
neral. '
Ente contingente ó eventual es el que está sujeto á cam ­
bio, es decir, el que puede ser y dejar de ser.
Ente necesario es el invariable, esto es, el que es y no
puede dejar de ser.
* Todo lo limitado es contingente.
* El ente contingente necesita, p ara su existencia, la de
un ente necesario; pues si bien es cierto que, en determ i­
nados casos, y en virtud de un principio extrínseco, el ente
eventual nace, de modo inm ediato, de otra entidad tam ­
bién eventual; precisa reconocer que, aun en estos m ism os
casos, aquel ser contingéntese deriva m ediatam ente de un
ente necesario.
* Hay cuatro clases de entes necesarios: i . ‘, necesario
en cuanto á la existen cia (necessariitm in essendo), ó sea,
ente absolutam ente necesario (Dios); 2 .% necesario en
cuanto á la esencia , esto es, la relación de conform idad
entre un ser y su esencia (verdad metafísica); 3,a, necesa­
152 P S IC O L O G ÍA

rio de necesidad de m edio , p ara la consecución del fir>


(v, g r,, la observancia de la ley divina, p ara alcanzar Ja
g loria eterna); 4.a, necesidad de disposición (y. g r., el talen­
to p a ra progresar en la ciencia). De estas cuatro varieda­
des, la única que, en rigor, ab arca los entes estrictam ente
necesarios, es la prim era; las restantes com prenden seres
contingentes p er se y necesarios p e r accidens (cuando son
existentes).
* De lo anterior se deduce que el ente necesario in
essendo reúne las siguientes condiciones: 1 .a, h a de ser
eterno; 2.% h a de ser a se; 3.% ha de ser in fin ito ; 4.“, ha de
ser p e r fe o tísim o ; 5.a, h a de ser sim ple; 6.“ ha de ser in m u ­
table, y 7.a, ha de ser único. De donde resulta que sólo se
concibe un ente necesario, en sentido riguroso, que e s
Dios, sujeto en quien residen, entre otros, los precedentes
atributos. (Véase Lección XLV.)
Ente sustancial es la sustancia.
* Bajo el punto de vista etimológico, la palab ra sustan ■
cía ( sa b -sta n tia , de sab-sto, a s , a rc ,= e s ta r debajo) se defi­
ne: S a b sta n tia est id q u o d a liis sa b sta t (aquello sobre lo
cual están otras entidades); y tam bién: S a b sta n tia est id
q a o d sa b sta t accidentibus (lo que subsiste debajo de los
accidentes).
Considerada en sí m ism a, se define: S a b sta n tia est ens
p e r se extstens (el ser que existe por si mismo); advirtien­
do que el p e r se no excluye la dependencia causal, y sí
sólo la subjetiva. De donde, p ara distinguir á Dios de Jas
dem ás sustancias, se dice de Él que es E n s a se existen * ,
quedando así la sustancia infinita separada por com pleto
de todas las sustancias finitas.
Fundándonos en el párrafo anterior, y separando la s
sustancias creadas del accidente y de la Sustancia increada
L E C C IÓ N XV 153

ó eterna, definirem os la sustancia en general diciendo que


es todo lo que, una vez creado, existe por si mismo y sin
necesidad de otro; al paso que accidente es lo que no pue­
de existir sin hallarse- inherente ó agregado á la sustan­
cia. Asi, v. gr., en una esfera de cera, la cera es la su stan ­
cia y la esfera el accidente. En la persona, la sustancia es
el alm a y el accidente el cuerpo, que no puede existir sin
ir agregado á aquélla; y en tanto es así que, separado el
cuerpo del alm a, viene la m uerte, que lleva consigo la des­
trucción del cuerpo hum ano.
* Otros definen la sustancia en los siguientes térm inos:
S u b sta n tia est ens qu o d non indiget subjecto cid inhce-
reat a d e x iste n d u m (el ser que no necesita de otro p ara
existir) ( 1 ).
' La idea de sustancia ab raza dos elementos: uno p o ­
sitivo , que es la entidad real que perm anece en la m ism a
bajo los accidentes que recibe, y otro n eg a tivo , que se re ­
fiere á la m anera con que la concebim os y denom inam os;
de donde resulta que la sustancia se llame el fu n d a m e n to
de todo accidente y, por ende, de toda ca tegoría (2).
* Hay varias clases de sustancias: co m p leta é in c o m ­
p le ta , sim p le y co m p u esta , m a te r ia l ó corpórea y esp iri­
tu a l ó in m a te ria l.
* La sustancia puede ser com pleta ó incom pleta, esp e­
cífica ó g enéricam ente. Completa especifica es la que no
requiere otro ser que le sirva de sujeto para constituir su

(1) D escartes, Spinoza y Krause definen la sustancia: Substantia et>t re* qw e


ita eacistitf ut nulla alia re indigeat ad eaeittendum. (sustancia es una coml que
existe de tal m anera que no necesita de o tra a lguna para su existencia). Y Cousin:
«El ser que no supone ninguna otra cosa fuera de si para e x is ti r .E s t a s dos defini­
ciones son pantetstas, y p o r tanto, inadm isibles.
(í) Acerca de la» categorías ó predicamentos, véase la Lección XXXIF.
154 PSIC O LO G ÍA .

naturaleza (el ángel); incom pleta especifica, al contrario


(el alm a hum ana, que necesita del auxilio del cuerpo).
Completa genérica es la que puede ejercer, y de hecho
ejerce por si m ism a, sus operacion-es con independencia
de otro sujeto (el alm a racional, cuyas operaciones, las
intelectivas y las volitivas, son independientes del cuerpo).
Incom pleta genérica, al contrario (el alm a de los brutos).
+ Sustancia sim ple es la que carece de partes; com ­
puesta, la que tiene partes.
* Sustancia m aterial ó corpórea (1) es la que está do­
ta d a de cantidad ó de extensión (el oro, la plata, etc.). In ­
m aterial ó espiritual, la simple que ño depende por entero
de la m ateria, o ra sea sustancia com pleta genérica y espe­
cíficam ente (Dios, los ángeles), ora sea sustancia incom ­
pleta específicam ente (alm a del hombre).
Ente accidental es el accidente.
Como ya se h a dicho antes, el accidente no puede ex is­
tir sin la sustancia, necesita estar en o tro fea se in aleo), y
este otro ostenta por carácter (2) el e sse p e rse (3). Esta no­
ción del accidente fúndase en la definición que del mismo
nos da Santo Tomás: R es c id d eb etn r esse in alio (4).
* Divídese el accidente en fís ic o ó p red ica b le y lógico
ó p red ica r n en ta l, y en absoluto y m o d a l .

(1) Conviene distioguir e n tre estos dos sinónim os, en cuanto lo m aterial se re ­
fiere á la sustancia incom pleta que, en su ser y o b ra r, depende específicam ente de
la m ateria ó cuerpo (principio vital de los irracionales). De m anera que todo lo
corpóreo es m aterial, pero no todo lo m ate ria le s corpóreo.
(i) C arácter es el sello del género q u e el C reador ha estam pado en cada ob­
jeto.
(3) P udiera tam bién llam arse in se, tal vez con m ay o r propiedad.
(4) Klulgen lo define: Un. etre dépendant, un etre q u i n'e&iaie pas en luí­
rteme, mais seulement dans un autre. (La Philosophie scolastique.)
L E C C IÓ N XV 155

Accidente físico es aquel cuya inherencia al sujeto se


concibe como contingente (la virtud respecto del aJma).
Accidente lógico es aquel que, sin referirse á la esencia
de la cosa, se deriva de ella (las tres facultades psíquicas
p a ra con el alm a racional).
Accidente absoluto es la realidad m uy notable que se
adhiere á la sustancia (el movimiento).
* Accidente m odal es la realidad que determ ina en la
sustancia un nuevo aspecto (la velocidad en el m ovim ien­
to) ( 1 ).
Ente finito es el que tiene limites.
Ente infinito es el que no tiene limites, ó, en otros té r­
minos, el ser que contiene todas las perfecciones posibles
y toda la realidad que puede ser concebida y puede existir.
* El ente infinito se divide en p o te n cia l ó sin ca teg o re-
tnático y a c tu a l ó categoreniático. Aquél es el ser que es
infinito actualm ente, pero que es susceptible de acrecen ta­
miento, sin llegar ja m á s á un límite actual y definitivo;
llám ase tam bién indefinido. Este, el ser que contiene en el
tiempo presente la m ayor sum a de perfecciones posibles,
* El ente infinito actual se subdivide en a b so lu to ,p e r se
vel sim p lic ite r, y rela tivo , p e r accidens vel secu n d u m q u id .
El prim ero se concibe en sí mismo y sin aditam ento algu­
no; el segundo, encierra toda la perfección posible en uu
orden determ inado, aunque sin incluir otras perfecciones.

■(•!) A c c id e n ta in a b s o l u t a . et m o u a l i a . distinpuuntur, nemque ipm acci-


dentia, quce substantia ni a ffh iu n t, absoluta appellantur¡ modi autem secan-
dum quos accidentiasubstantiam ojftciunt, accidentia m odalia dicuntur. (San*
severino; Ontologla.) Y, según el c to d o Klutgen, en L a PhUosophie scolaatique:
Les accidenta absolus, quoique dépendant daña leur etre de la aubatance, ort¿
cependant un etre distinct de l'etre de la aubatance; lea modalea ne aont que
des modee de la subatance ou de quelqaes autres accidenta.
156 P S IC O L O G ÍA

+ Conviene distinguir lo infinito de lo ilim ita d o . Lo in­


finito no tiene limites; lo ilimitado no tiene limites conoci­
dos, pero si los tiene en la realidad objetiva. Y se com­
prende la posibilidad de que lo ilimitado no tenga límites
conocidos, teniendo en cuenta el carácter esencialm ente
finito de la criatura hum ana. Em pero, adviértase que se ­
m ejante desconocimiento es sólo para nosotros, no para
Dios, á quien nada puede perm anecer oculto.
* De lo expuesto se infiere que Dios es el único ente in­
finito; la extensión es ilimitada; la línea puede ser, cuando
m ás, indefinida, pero nunca infinita en absoluto (1).
* Tam bién se deducen las siguientes consecuencias:
1.*, la idea de Dios como Ser Suprem o es distinta de la
idea de Dios como Ser infinito; 2.a, la idea del ente infinito
actual absoluto es distinta de la del ente infinito por a b s ­
tracción; 3.ft, el ente infinito actual es sim p liciier sine a d d i -
/o, en acepción distinta de la del ente universal por abs­
tracción; 4.a, la idea de infinito actual (Dios) no es en nos­
otros tan perfecta como el ente Aquél, considerado en sí
mismo.
Ente posible es el que no existe actualm ente, pero pue­
de. existir.
De donde, la p o sib ilid a d será la aptitud de una esencia
p a ra existir con existencia propia y finita.
* P ara que exista la p o sib ilid a d co m p leta y a d e c u a d a ,
son precisas dos condiciones: 1 .a, que no haya contradic­
ción entre los predicados que constituyen su esencia; 2 .a,
que haya alguna causa con virtud bastante p ara realizar
el tránsito de la nada al ser.

(1) Hacem os aquí alusión & las lineas llam adas infinitos, de que se valen lo»
geóm etras en sus hipótesis y dem ostraciones.
LE C C IÓ N ' XV 157

* De aquí resulta que se conciben dos clases de posibi­


lidad: la in te rn a , a b so lu ta ó fo r m a l, y la e x te r n a t re la ti­
va ó causal; según que funden su capacidad p ara la ex is­
tencia en la prim era ó en la segunda respectivam ente de
las dos condiciones antes citadas. De m anera que la posi­
bilidad com pleta y adecuada es un corolario del concurso
de las dos m entadas posibilidades, la interna y la externa.
* La posibilidad externa puede ser m e ta jisíca , fí s i c a y
m oral, fundadas en las tres especies de causas eficientes,
que veremos luego. De las tres, la prim era pudiera califi­
carse de ab soluta ó incondicional, las otras dos de hip o té­
ticas ó condicionales.
Enté im posible es el que no puede existir.
De donde, la im p o sib ilid a d será la ausencia de capaci­
dad de una esencia p ara existir con existencia propia y
finita, por repugnar á sus m ism os elementos constitutivos
(circulo cuadrado).
* Al igual que la posibilidad, si bien que en sentido
contrario, la im posibilidad se divide en in tern a y e x te r n a ,
y ésta se subdivide en m e ta fís ic a , fis ic a y m o ra l.
* El fundam ento de la posibilidad interna ó absoluta
no depende de nuestro entendim iento, ni de los seres fini­
tos que existen ó han existido, ni tampoco de la om nipo­
tencia divina, ni de la libre voluntad de Dios, sino del en­
tendim iento de Dios y su esencia (1 ).

(1) «La divina Essenza 6 il principio ultim o, o l'esem plare rim ólo del lo racione
inteliigibili tullo q u a n le , m entre che ad un 'o ra U niel lee lo divino con le arch etip e
sue idee no c di necessitá l'esem plare o principio prossirao cd inm ediato, in quanto
che, per dirlo con le auree parole del Lessio ( De Per/ectionibus mor ¿busque d i -
pinis, lib. V. cap. II), le an zidette essenze o ragioni inlelli^ibili delle cose contí-
nentur in ensentia divina tanquam in exem plari virtuale et radicali ; in sa-
pientici tam quam in e-vemplari fo rm a li, in quo etiam em stunt objectiee modo
perfectas i mo et illustrissimo¡ niagis enim ibi fu ltje n t , quam in suis naturia
158 P S IC O L O G ÍA

* Corolarios de lo m anifestado: 1.°, desaparece eJ a n ta ­


gonism o entre el mundo y Dios, entre lo real y lo ideal;
2 .°, la posibilidad interna ó absoluta es in m u ta b le , eterna
y n e c e sa ria ; 3.?, la realidad objetiva de los entes posibles
es el origen y la ra zó n sa ñ cien te de la verdad necesaria é
inm utable de los axiom as; 4.°, la inteligibilidad, in m ed ia ta
é im p e rfe c ta de la posibilidad se origina en los seres ex is­
tentes; 5.°, la in telig ib ilid a d a d ecu a d a y ú ltim a de la po­
sibilidad depende de Dios; 6.°, de ser verdadero el Ateísmo
( 1 ), no h abría posibles ni im posibles a b so lu to s .
Id ea de c a u s a .— Causa (2), en general, es el principio
que contiene en si m ism o la razón suficiente del tránsito
de un ente del no ser al ser.
Distínguese la causa del principio en que ésta es todo
aquello de lo cual procede algo, y la causa supone, ade­
m ás del principio, una influencia real y positiva en la exis­
tencia del objeto en cuestión.
* P a ra que haya verdadera causa, son indispensables
dos requisitos: \ s } que la cosa causada pase realm ente de
la nada ( e x nihilo) al ser; y 2 ,% que se advierta dependen­
cia y distinción real entre el efecto y la causa.
Divídese la causa en m a te ria l, f o r m a l , fi n a l y efl-
d e n te .
Causa m aterial es la m ateria en la que se introduce
nueva form a (M a teria e x qu(t a liq a id f i t ) \ v. g r., el m ár­
mol convertido en una estatua.
Causa formal es la form a que se introduce en la m ateria

creat'é.» Alfonso M.* V espignanl: Dell’ Esemplarismo divino. Saggio teoretico


secondo ip rin c ip ii acient>Jlci dell A quinate.
(1) Véase Lección XLV.
(2) Del latín nauta, en griego a iría.
L E C C IÓ N X V

( F o rm a e x q u a a l ¿quid J it); v. g r., en el ejemplo an te­


rior, la apariencia externa de la estatua.
Causa eficiente es el agente que, por medio de su ac­
ción, produce en la m ateria la nueva form a (A g e rn a qxio
'aliquid J tt); v. gr., en el mismo ejemplo, el escultor que
cincela la estatua.
* Causa final es el fin que se propone el agente al o brar
sobre la m ateria, dando origen á la nueva forma ( F in is
p r o p te r q u cm a liq u id J it) ; v. gr-, la famosa estatua de la
Venus de Milo.
" La causa eficiente se subdivide en p r im e r a y seg u n ­
d a , y éstas en absolu ta s y rela tiva s; p r in c ip a l é in stru ­
m e n ta l , y ésta á su vez en a r tific ia l , n a tu r a l y s o b re n a tu ­
r a l; y adem ás en u n id a y sep a ra d a , p e r se y p e r accidens,
y entram bas en espontáneas y deliberadas; Ubre y nece­
s a r ia ; total ó com pleta y p a r c ia l ó in c o m p le ta ; u n iversa l
ó equivoca y p a r tic u la r ó u n ivo ca ; y, por fin, en fi s i c a y
m oral.
* Causa eficiente prim era es la que no reconoce otra
anterior; segunda, la que supone otra precedente. E n ­
tram b as pueden ser absolutas y relativas, según que dejen
de suponer otra causa precedente en sentido lato ó en
acepción estricta. Dios es la única causa prim era y absolu­
ta; Adán es causa prim era relativa respecto de los dem ás
hom bres. Un hom bre cualquiera puede ser estim ado cau­
sa segunda absoluta, con relación á Adán, y causa segun­
da relativa con referencia á sus progenitores-
* Causa principales la que-produce un efecto por virtud
natural y perm anente; instrum ental, la que influye en el
efecto por la virtud pasajera recibida de la p rin c ip a l/E l
pintor es la causa principal de un cuadro; el pincel, la ins­
trum ental.
160 P S IC O L O G ÍA

* La causa instrum ental se subdivide en artificial, n a ­


tural y sobrenatural, siendo producto del hom bre, de la
naturaleza ó de Dios respectivam ente. Subdividese ta m ­
bién en unida y separada, según que 110 pueda existir ó
exista con separación de la principal.
‘ Causa p e r se es la que origina el efecto que se propu­
so realizar; p e r accidens, la que provoca un efecto ajeno á
la intención del agente. E ntram bas pueden ser espontá­
neas y deliberadas, según sean producto de la espontanei­
dad ó de la deliberación,
* Causa libre es la que obra por elección y previo cono­
cimiento del efecto; necesaria, la que obra con determ ina­
ción fatal de la naturaleza y del agente, de m anera que no
hay en ella elección.
* Causa totalj com pleta ó a d ecu a d a es la que no ha
m enester del concurso de otra causa eficiente; parcial, in­
com pleta ó in a d e cu a d a , la que necesita del concurso de
o tra causa. En sentido riguroso, sólo Dios puede ser causa
total.
* Causa universal ó equivoca es la que reviste tanto
poder ó fuerza que influye en la producción de diferentes
efectos; particular ó univoca, la que dispone únicam ente
de virtud suficiente p a ra la producción de efectos sem e­
jan tes á la causa en cuestión.
* Causa física es la que influye y determ ina la existen­
cia del efecto m ediante una acción física ó m aterial; m oral,
la que origina el efecto valiéndose de una acción del
orden intelectual.
* Adviértase que no deben reputarse verdaderas cau­
sas: 1 la llam ada cutisci rem oveos p ro h íb eo s (la cuerda
que sostiene la lám para, v. gr.); 2 .°, el m ed io , no el ins­
trum ento (el tubo'' que sirve p ara el regadlo de los terre­
L E C C IÓ N XV 161

nos); y 3.°, la condición sine q u a non (la proxim idad de la


estopa y el fuego, respecto de la combustión).
* Fundados en la existencia de la causa eficiente, hay
que consignar los siguientes axiom as: l . 5: N u llu s rjfectu s
{1) sine causa (no hay efecto sin causa), fórm ula principio
de causalidad (2). 2.°: Causa continet in se q u id q u id p e r -
fe c tio n is est in effecta (la causa contiene en si m ism a toda
Ja perfección que reside en el efecto); y 3.e: Causa causa*
est causa ca u sa ti (la causa de la causa lo es igualm ente
del efecto causado).
* La causa m aterial puede ser seg u n d a (secunda) ó p r i ­
m a ria (p rim a ).
* Causa m aterial segunda (m ateria segunda) es la sus­
tancia m aterial considerada en su naturaleza determ inada
(el m árm ol, el cuerpo humano).
* Causa m aterial prim aria (m ateria prim era) es un ele­
m ento de la sustancia m aterial, «una realidad sustancial é
incom pleta que no tiene por sí ni en si ninguna actualidad
ó forma, pero que es capaz de recibir todas las form as ó
determ inaciones sustanciales.» (Donadlu: Curso de M e ta ­
fís ic a .)
* La m a te ria p r im a es la base y fundam ento de las
m utaciones prim arias, sustanciales y trascendentales; la
m a te r ia secunda es la de los cam bios secundarios y acci­
dentales, y el algo que infunde en la m ateria prim a el ser
sustancial, determ inándola en especie é inform ándola co­
mo ser completo é independiente de los restantes, tom a la
denom inación de f o r m a su sta n cia l ( fo r m a su b sta n tia lis);

(1) Efecto (ejf'aotus), de Efficio, pJJScÍ, ejTectum (llegar & ser), es lo que do
la nada pasa bI ser.
(2) Véase Lección XXII.
11
162 P S IC O L O G ÍA

según la teoría aristotélíco-escolástica. Así, por éjemplo1,


p a ra que la hierba com ida por el anim al se transform e en
carne, hay algo que pasó del ser sustancial hierb a al ser
sustancial ca rn e (1).
* La forma, en general, es de dos especies: la subsis­
tente y la insubsistente ó in fo rm a n te . Aquélla puede exis­
tir p e r se, sin necesidad de sujeto alguno (el ángel); ésta,
sirve p ara perfeccionar un sujeto, constituyendo con él un
ser determ inado (el alm a de los brutos). Y la forma infor­
m ante es, á su vez, de dos m aneras: su sta n cia l y a ccid en ­
tal. La form a accidental no determ ina al ente sim pLiciter,
sino secundani q u id , haciéndolo tal ó cual; la form a sus­
tancial no se adhiere á una entidad preexistente in a cta ,
sino á un ser existente tan sólo in p o ten tia .
* Definen los filósofos el fin, genéricam ente considera­
do, diciendo ser aquello por lo cual se hace algo (F in is est
id c v ju s g r a tia a liq u id f i t ) , ó, en otros térm inos, el obje­
tivo que nos proponem os al realizar un acto (2).

(1) In generatione, est subjectum quod rvooum principium essendi, aeu no-
vam fo rm a m substancíalem sortitur generatione ¿psa. A t subjectum ipsumx
ante generationem, aliquam naturam habebat, seu aliquam subsiantialem
fo rm a ra , quam a m ittit oum per generationem nooam a cquirit : non enim ttib-
jectu m duas fo rm a s subatantiales sim al et sub eadem ratione habere polest,
siout sim al ei sub eadem ratione non potest habere duas naturas. Aiutatio
qua subjectum fo rm a m substaritialem a m ittit, dicitur, corruptio substantia-
lis, et etiam simpUciter corruptio..... Subjectum illu d quod per corruptionem
fo rm a m a m ittit, et per generationem fo rm a m acquirit , dicitu r m ateria p r i­
ma, et fo rm a ipsa dicitur fo rm a substantialis. Compbsitum igitursubstantia.
le in tellig itu r ut quid resultans e¿c fo rm a substantiali et materia p rim a ; et
oonsequenter in composito habetur unam esse utrique commune , n u lli autem
separatim proprium ,sicut unum est essekominis cornpositi ex anim a el ¿arpa­
re, ñeque anim a sota, ñeque corpus solum est homo. A ttam en non eodem
modo m ateria etj'orm ase habent ad esse ipsius cornpositi: nam esse illud con-
eenit form a ut principio specijlcatico cornpositi, conoenit materite u t subjecto
in quo form a ipsae&ietit. (Cardenal Zigllara: Sum m a Philosophia, Cosmología.)
(í) V éanse Lección V y XLII.
LKCC1ÓN XV 163

* El fin puede ser d ed istin to s modos: deseado y consc-


(/n id o , ú ltim o é in term ed io , absoluto y relativo, p r in c ip a l
y secu n d a rio , de la obra y del operante, objetivo y f o r ­
m a l , n a tu r a l y sobren a tu ra l.
* El fin deseado es el objeto aprehendido por la inteli­
gencia y apetecido por la sensibilidad y la voluntad (el
deseo inm oderado de com er, alim entado por el gastróno­
mo); conseguido, el mismo objeto ya logrado por el agen­
te- (las riquezas, atesoradas por el avaro).
* Fin último es el que anhelam os p ro p te r ae y sim p lic i _
ter{e\ am or al arte por el arte); intermedio, el que an sia­
m os, estim ándolo medio favorable p ara la consecución
del fin último (la escuela del arte trascendental).
* El fin último se subdivide en absoluto y relativo. Es
relativo cuando se refiere á algún determ inado género de
seres (la victoria, p ara los combatientes); absoluto, cuando
la voluntad lo desea con apasionam iento (Dios).
* Fin principal es el objeto que se propone conseguir el
agente de una m anera prim aria y directa (la defensa de la
patria, p ara los soldados); secundario, el objeto que intenta
lograr el agenta de modo secundario ó accidental (las con­
decoraciones, p ara los militares).
* Fin de la obra es aquel al cual tiende a n a tw 'a la obra
realizada por el agente (la limosna, p a ra socorro del nece­
sitado); fin del operante, el que de antem ano se propuso el
autor de la obra, ya se confunda con el de la obra, ya deje
de coincidir con él (la m ism a limosna, p ara alivio del po­
bre ó p ara vanagloria del donante).
* Fin objetivo es !a cosa m ism a á la cual aspira el agen­
te (Dios, p ara los justos); formal, el que lleva consigo ap a­
rejada la consecución y posesión del objeto (la posesión de
Dios, p a ra los bienaventurados).
164 P S IC O L O G ÍA

* Fin natural es el que puede ser conseguido por el


agente por medio de sus iniciativas individuales (el conoci­
m iento d é la s ciencias hum anas); sobrenatural el que úni­
cam ente puede ser alcanzado contando con la cooperación
de los auxilios sobrenaturales ó divinos (Dios, p ara cuyo
conocim iento esencial se hace indispensable el concurso
de la divina gracia).
* En la naturaleza intrínseca de las causas finales fún­
danse los dos siguientes axiom as: 1 /: El que quiere el fin,
quiere tam bién los medios; y 2.a: Los medios deben ser
proporcionados al fin.
* P ara algunos hay, finalm ente, otras dos causas, á
saber, la in stru m e n ta l y la ejem p la r ó ideal. Aquélla se re­
funde en la eficiente, y ésta puede reducirse á la formal y
a la final.
* Bajo el punto de vista de su nobleza ó im portancia,
ocupa el prim er lugar entre las causas la llam ada final»
seguida por la eficiente, ésta por la formal y, en último
térm ino, la m aterial.
* Por el orden cronológico de su causalidad, la prim era
es la m aterial (1), la segunda la final, tercera la eficiente y
c u arta y últim a la formal.
* Y, por su mútuo enlace, la causa m aterial se corres­
ponde con la final y la final con la eficiente.
Id ea de su sta n c ia .—Acerca de la segunda de las cuatro
ideas llam adas racionales (causa, sustancia, espacio y
tiempo), perceptibles tan sólo por medio de la facultad
noética, al igual que las tres excelencias absolutas (verdad,

(1) En tanto es asi, que suele decirse: E x nihilo n ih il jlt (de la nada nada se
hace). aludiendo á que el hom bre es iRcapaz de la creación absoluta,
L E C C IÓ N X V

bien y belleza), véase lo que se dijo en esta m ism a lección


al h ab lar del ente sustancial.
Id e a de espacio .—El espacio, como idea prim ordial y
absoluta, es, en rigor, indefinible.
Sin em bargo, dando del mismo una noción genérica,
podemos considerarlo en el concepto real y objetivo ó bien
bajo el punto de vista ideal y subjetivo. Real y objetiva­
m ente, el espacio es la distancia relativa de las partes de
los cuerpos, ó sea las dim ensiones ó extensión de los m is­
mos cuerpos (1); ideal ó subjetivam ente, es una idea ab s­
tracta genera], y, por ello, producto de la abstracción y de
la generalización in a cta secu n d o *
* M uchas y muy variadas son las opiniones de los tr a ­
tadistas respecto de lo qué sea verdaderam ente el e s ­
pacio.
* Leucipo, Demócrito y Epicuro consideran el espacio
como una capacidad vacía, in p o te n tia de ser llenada por
los cuerpos; H o b b esy otros m aterialistas aseguran que es
una sustancia distinta y separada de los cuerpos que en
aquél residen; Gassendi afirm a que se tra ta de un ser in­
corpóreo diferente de los espíritus y de sus accidentes;
para Littré, Taine y dem ás positivistas, el espacio es un
vacio puro, infinito y necesario.
* Según algunos escolásticos, Lessio entre ellos, la in ­
m ensidad divina es el intervalo prim itivo é íntim o, es d e­
cir, el origen de todo intervalo; y, al decir de N ewton, de
Clarke y de Fenelón, es un atributo de Dios.
* Descartes identifica el espacio con la extensión c o r­
pórea; Condillac y Locke, Stuart-M ill y H erbert Spencer

(1) Noción análoga & la del espacio, según Leibnilz "El orden de la coexistencia
de laB cosas.»
366 P S IC O L O G ÍA

confunden el espacio con la sensación; K ant juzga el e s­


pacio como una forma subjetiva preexistente, esto es, que
radica a p r io r i en el sujeto, careciendo de realidad objeti­
va y sin que dependa de modo alguno de la experiencia.
* Según San Agustín, el espacio es E x te n s u m nih il, es
la extensión ilim itada (no infinita); p ara otros, es una de
Jas propiedades generales de los cuerpos, por medio de la
cual venimos en conocim iento de la distancia relativa de
las partes Jde los mismos.
* De la noción general del espacio, anteriorm ente dada,
se deducen dos variedades de espacio: uno p a r tic u la r y
otro universal. El prim ero está constituido por la exten­
sión respectiva de uno ó m ás cuerpos; el segundo hállase
informado por las dim ensiones de todos los cuerpos que
componen el Universo Mundo.
* Concíbese, adem ás, por nuestra fantasía, otro espa­
cio, m ás allá de los térm inos reales del Mundo; este espa­
cio, pura ilusión nuestra, desprovisto en absoluto de la rea­
lidad objetiv^, llám ase im a g in a rio , y tam bién in d efin id o .
* Relacionado estrecham ente con la idea de espacio,
preséntase á nuestra vista el concepto de lu g a r.
* P ara algunos filósofos, como Tongiorgi, es el lugar
(de locas , i) la parte de espacio que ocupa un cuerpo; p ara
otros, como Aristóteles y Goudin, es la superficie que
rodea inm ediatam ente á un cuerpo.
* Otros, como el señor Donadíu, definen el lugar di­
ciendo que es ida superficie real con la cual el cuerpo se
cierra, y en la cual se circunscribe;* com prendiendo en tal
definición dos elem entos integrantes, á saber, un espacio
intrínseco y una superficie externa.
* Todo cuerpo se halla en un lugar ccrcu m scrip ü ü e, y
el espíritu o irtu a lite r, es decir, p e r co n ta ctu m o irtu íis.
LE C C IO N ' X V 167

* Referentes, tam bién, á esta m ateria, son las dos


cuestiones de la com penetración y de la m u ltilocación.
* Según Santo Tomás, seguido en esto por todos los
filósofos, á excepción de Locke y otros pocos, dos cuerpos
no pueden hallarse n a tu ra lm e n te á la vez (s im a l) en un
m ismo lugar, por virtud de la im penetrabilidad de los se ­
res corpóreos.
* Y, en cuanto respecta á la otra cuestión, afirm a el
propio Santo Tom ás que un m ism o cuerpo no puede e n ­
co n trarse localiter et circu m scrip tice á la vez en varios
lugares; m as no repugna á la om nipotencia divina que un
cuerpo se hálle sim ultáneam ente en diversos lugares, joer
m o d u m sabstanticc, como acontece en las apariciones de
los santos y en el sacram ento de la Eucaristía.
Id e a de tiempo.'.—* A la m anera que de la m a teria p r i ­
m a son resultante próxim o la extensión y remoto el espa­
cio, de la f o r m a su sta n cia l se originan como resultancia
próxim a ó inm ediata el m o vim ien to y rem ota ó m ediata
el tiem po. De aquí, que la teoría del tiempo observe cierto
paralelism o con la del espacio.
* Cicerón, entre los antiguos, y Gassendi, entre los m o­
dernos, sostienen que el tiempo es una verdadera su stan ­
cia, cuyas condiciones reúne; N ew ton, Clarke y Cousin
afirm an que es un atributo divino.
* El tiempo no tiene realidad objetiva fuera de los
cuerpos, y no puede existir sin sucesión, m u ta ció n y d u -
ra ció n , siendo en sí una de las propiedades generales de
los cuerpos, al igual que el espacio. La sucesión (existen­
cia del antes y el después) im plica necesariam ente la m u ­
tación ó m udanza (un ente que era y es), y ésta á su vez
supone la duración del ser m udable (duración es la p e r ­
m a n e n c ia de un ente en el ser ó existencia). De donde, la
1Ü8 P S IC O L O G ÍA

duración no es una realidad distinta de la existencia de la


cosa (1).
* Existen tres clases de seres con duración ó perm a­
nencia en el ser: 1.a, Dios, ser absolutam ente inm utable
en cuanto á su esencia, en cuanto á su existencia y en
cuanto á perfecciones y operaciones; 2.s, los ángeles y el
a lm a h u m a n a separada del cuerpo, seres con cierto grado-
de inm utabilidad en su esencia y en su existencia; y 3.a,
las su sta n cia s m a teria lest seres sujetos á m utación de
esencia, á mutación de existencia y á m utaciones de ac­
cidentes y de operaciones del orden sensible.
* De ahí se infiere la existencia de tres especies de
duración: 1.a, la etern id a d ; 2.a, la etern id a d p a r tic ip a d a ó
á p a r te p o st ( in m o rta lid a d ); y 3.a, el tiem po.
U na vez conocida Ja duración y sus variedades, es ya
factible determ inar cuál sea la noción adecuada y comple­
ta del tiempo.
P a ra ello, conviene considerar al tiempo bajo el aspecto
re a l y objetivo, y bajo el punto de vista ideal y subjetivo.
En el prim ero, significa las m utaciones reales de las co­
sas, cuya duración es capaz de ser m edida por el m ism a
tiempo. De aquí que Aristóteles y los Escolásticos Jo defi­
nan: N u m e r a s et m en su ra m o tu s sectm d u m p ritis et p o s -
terius (núm ero y m edida del movimiento, según que las
p artes de éste se encuentren separadas y relacionadas
entre sí intim am ente por nuestra razón). De ahí tam bién
que otros tratadistas lo definan: «Una duración sucesiva,»

(1) Dicendum aero est, durationem etenistentiam non distinguí ew natura


rei,8ed ta n tu m ratione. (Suárez: M etapkisica .) Y, según Tongtor#!: D jiratio
realis ab entis existe ni ia non distin g u itu r re; distinguiiur tam en ratione,
quaienue dicit per mane ntiam e&wtentia ( Cosmología).
L E C C IÓ N X V 169

ó sea la m ism a perm anencia en el ser, es decir, la existen­


cia en cuanto perm anece y puede ser m edida (i). Y, en el
segundo aspecto, el tiempo es la m edida del m ovimiento
distinta del movimiento mismo, ó como duración a b strac ­
ta y común de las cosas.
* Ya se ha dicho antes que K ant considera el espacio
como una form a subjetiva preexistente, es decir, puesta
en el sujeto a p r ío r i , prescindiendo en absoluto de la ex­
periencia. Y lo mismo sostiene con respecto al tiempo.
P o ten cia . — Los elem entos prim ordiales del ente, es
decir, los principios de la composición metafísica del ente,
son seis: la p o te n c ia , el a cto, la esencia, la existencia, la
n a tu ra le za ó esencia su sta n cia l y la subsistencia.
Potencia es la aptitud ó capacidad p a ra tener alguna
realidad. Diremos, por tanto, que un ser está in p o te n tia
cuando se halle en posibilidad de obrar, m as no operando
ó realizando acto alguno.
* La potencia puede ser o b je tiva ó lógica y su b jetiva ó
real. La primer a es la no repugnancia de una cosa, co­
incidiendo, por consiguiente, con la posibilidad absoluta
interna; y el objeto dotado de potencia lógica se denom ina
p o sib le , lógico, objetivo ú ontolóyico. La segunda es la
aptitud de una cosa real y positiva p ara recibir algo, dada
su naturaleza intrínseca; subdividiéndose en a c tiv a ó n a ­
tu r a l y p a s iv a ú obediencial, según que sea el principio de
ob rar m ediante las fuerzas de la naturaleza ó bien el p rin ­
cipio en virtud del cual una c ó sa se mueve por otra dotada
de fuerza sobrenatural. Son ejem plos respectivos el agua,

(1) Análoga es igual m entó la noción del tiem po, según Leibnilz: «El orden de
sucesión.»
170 PSIC O LO G ÍA

que está en potencia de ser calentada, y el alm a racional,


en aptitud de recibir el don de la gracia.
A c to p r im o y secundario —Ya sabem os qué es acto,
que viene á ser el perfeccionamiento de la potencia. Así,
v. gr., dice Aristóteles que, en un m árm ol ó en ú n a te la
está in p o te n tia la imagen de cierta persona, y esta im agen
se h allará in acia si se esculpe en el m árm ol ó se pinta en
el lienzo por el artista (escultor ó p in to r, respectiva­
mente).
* El acto puede ser esencial, existen cia ó ser y p r o p ie ­
d a d ó accidentet según que el sujeto operante se determ ine
y constituya en su especie determ inada, exista en la rea­
lidad objetiva ó se perfeccione en algún modo.
Según Goudin, el acto puede ser tam bién p u ro é im p u ­
ro. Aquél es la realidad exenta de toda im pureza (Dios es
el único); éste, la realidad que incluye rastro de imperfec­
ción (el de las criaturas).
El acto im puro se subdivide en p r im a r io y secu n d a rio ,
según que sea instantáneo ó duradero. Se dirá, por ende,
que un ente se halla in a ctu p r im o cuando obra m o­
m entáneam ente (atender), y está in a ctu secundo cuando
la acción es continuada, sin interrupción alguna (ob­
servar).
* El acto im puro se subdivide, adem ás, en subsistente
y no subsistente . Subsistente es la realidad que existe ó
puede existir sin unión con la m ateria (Dios, los ángeles
y nuestro espíritu); no subsistente, la realidad que, p ara
su existencia, ha m enester de su comunicación con la
m ateria, á la cual perfecciona (el alm a de los irracionales
y el principio vital de los vegetales).
* El acto subsistente puede ser com pleto é incom pleto.
El prim ero se halla determ inado en sí mismo (los ángeles);
L E C C IÓ N XV 171

el segundo tiende por naturaleza á unirse con la m ateria


{el alm a del hom bre).
* El acto no subsistente se subdivide en su sta n cia l y
a ccid en ta l. Aquél com unica el ser sim /jliciter á su poten­
cia (el alm a, form a sustancial del cuerpo hum ano); éste,
sec u n d u m q u id } anaciendo tan sólo alguna perfección
modal á un sujeto preexistente (la velocidad, con relación
al movimiento de un ente),
* La esencia se define: I d quo res est id q u o d est et
non a liu d (aquello por lo cual una cosa es lo que es y no
es otra cosa), y tam bién: I d quo res c o n stitu itu r in d eter-
m in a to genere entis (aquello por lo cual una cosa se cons­
tituye en determ inado género de entes); ó, en otros térm i­
nos: L a cualidad ó sum a de cualidades en virtud de las
cuales un ser es tal ser y no otro. Asi, v. gr., la esencia
del hom bre es la anim alidad m ás la racionalidad; la de los
brutos, la anim alidad (1).
* Divídese la esencia en m e ta físic a y fis ic a , según que
se conciba en sí m ism a y con abstracción de su existencia
actual ó como existente. Y aquélla se subdivide en re a l é
id ea l 6 n o m in a l, siendo la prim era la esencia v erd ad era
de las cosas, y la segunda la que es producto de nuestra
im aginación.
* La existencia implica la determ inación del ser en el
cual radica.
* La naturaleza ó esencia sustancial es la esencia en
cuanto envuelve cierta fuerza p a ra existir y ob rar sin de*
pendencia ni unión con otra.

(1) Tam bién se define, por algunos: Id síne quo res iníelligi nequit; «5 bien:
Id quo respondetur ad quonsíionem, quid estf; ó, en fin: Id quod est, aut con-
•cipiturprim um in re, et eat radia: coeterorum quae reí conceniunt.
172 PSICOLOGÍA

* La subsistencia es la actualidad sustancial.


* La esencia sustancial y la subsistencia son los dos
elem entos prim ordiales del ente sustancial; la potencia y
el acto, la esencia y la existencia son los elem entos co rres­
pondientes al ente en general.
LECCIÓN ZYI

A l m a d e l h o m b r e . —E xistencia del n o y o y del y o . — En


el Universo Mundo existen cuatro categorías de seres: los
cuerpos inorgánicos, los vegetales, los anim ales irraciona­
les y el hom bre.
Los cuerpos inorgánicos, llam ados así por carecer de
órganos adecuados, y, por consiguiente, de organización,
son p er se inertes y están sujetos á leyes constantes, gené­
ricas y fatales. Su vida es exclusivam ente m aterial.
Los vegetales nacen, crecen, se reproducen y m ueren
ó se destruyen, careciendo de movimiento propio (1), de
inteligencia, de voluntad y de sensibilidad (2). Tienen vida
Jlam ada vegetativa.

(1) El m ovim iento d e las plantas, v. gr., el del polen, es im pulsado por agen­
tes ex te rio re s (en el ejem plo citado, el viento).
(2> No participam os del p a rec er de algunos natu ralistas, que a trib u y en A los
vegetales la facultad de se n tir, ni siquiera sensaciones; toda vez que el argum ento
174 P S IC O L O G ÍA

Los irracionales nacen, crecen, se mueven por sí mis­


mos y se reproducen, y m ueren como las plantas; tienen
a lm a , dotada de sensibilidad y de voluntad, y disponen
del lenguaje inarticulado; em pero, carecen de inteligencia
(que suplen, en parte, por el instinto), d e lib re a lb e d rio y d e
lenguaje articulado ó perfecto. Su vida es a n ím ic a , m as no
m o r a l , como la de los anim ales racionales.
Finalm ente, el hom bre, el m ás noble de los seres crea­
dos, se distingue de Jos restantes por las sublim es prerro ­
gativas de la razón y de la libertad; es un ser racional, li­
bre y responsable de sus actos, y em inentem ente m oral y
social.
En el conjunto de los seres creados por el Todopode­
roso, hay que distinguir el no yo del y o f conceptos que
pueden considerarse en dos acepciones, lata la una y es­
tricta la otra.
En sentido lato, entiéndese por no yo la sum a de seres
inorgánicos, de vegetales y de anim ales irracionales. Asi,
bajo este concepto, el y o es la sum a de los individuos de
la especie hum ana, la Humanidad»
En sentido estricto, es el no yo la sum a de seres inor­
gánicos, de plantas, de brutos y de hom bres, á excepción
del individuo de que se trata, el yo. Así, en esta acepción,

que aducen, relativo á la planta llam ada «sensitiva,» es fútil y de ningún valor, por
cuan to los fenóm enos que e n ella se a d v ie rte n son a p a re n Iob y sin fundam ento en
la realidad objetiva.
A dem ás, y au n prescindiendo del profundo exam en de sem ejantes fenómenos,
(amafia hipótesis resulta del todo a b su rd a, desde el punto y form a en que, de su­
poner en las plantas la existencia real de la sensibilidad, dejarla Dios de ser el pro­
totipo de la bondad y hasta de la ju stic ia, al exponer aquellos seres ó toda suerte
de inclem encias, por p arte de los agentes atm osféricos, de los irracionales y del
ho m b re m ism o, sin concederles m edios de defensa, ni tam poco la posibilidad de la
fuga; lo cual es en absoluto inadm isible.
L E C C IÓ N X V I 175

y p ara cada persona, es el y o su. persona m ism a, y el no yo


todo lo que está fuera de la realidad subjetiva de aquél y
existe en la realidad objetiva.
E l supuesto, el sujeto 6 la p erso n a ; sus dos p a rte s p o ­
tenciales .—Conviene distinguir tam bién sem ejantes con­
ceptos, en sentido lato y estricto.
En el prim ero, pueden definirse: S u b sta n tia co m p leta ,
s u iju r e s et a lte r i inco m m u tü ca b ilis (la sustancia comple­
ta, sin dependencia ni com unicación con otra).
En el segundo: S u b sta n tia ra tio n a lis, co m p leta , s u ija -
ris, et a lte r i inco m m u n ica b ilis (la sustancia racional y
com pleta, sin dependencia ni comunicación con otra).
De las precedentes definiciones se desprende que, aun­
que las voces su p u esto , su jeto y p erso n a se em plean co­
m unm ente como sinónim as, no lo son realm ente, por
cuanto toda persona es supuesto ó sujeto, m as no todo su­
puesto es persona, toda vez que esta se distingue por la ra ­
cionalidad.
En este último sentido, definimos la p erso n a p r o p ia ­
m ente ta l} diciendo que es la unión sustancial de cuerpo y
alm a (hum ana).
De esta definición se deduce que, en la persona, en tran
dos elem entos constitutivos: alm a y cuerpo. El alm a es el
elemento sustancial y el cuerpo el accidente. Y estos ele­
m entos Ilám anse p a r te s p o ten cia les , como m iem bros re­
sultantes de la división metafísica del todo divisible poten­
cial. (Véase Lección X X III.)
A lm a : su concepto .—El alm a hum ana es una su sta n ­
cia esp iritu a l , que siente, p ie n sa y q u iere (1).

(1) Sinónimo do «alma» es la voz «espíritu*: aunque, en rigor, llámase espíri­


tu, considerada en sí m ism a, por c arecer de m ateria, y alm a, anim ando ó infor­
m ando al cuerpo, que le sirve de instrum ento.
176 P S IC O L O G ÍA

D em ostración ele su e x iste n c ia . — La existencia del


alm a hum ana, considerada como perfectam ente distinta
del cuerpo, se dem uestra por medio del testimonio de to­
dos los idiomas, de la razón y de la conciencia.
Dejando aparte el sustantivo griego el latino a n i­
m a , el francés a m ey y otros que podríam os sacar á cola­
ción, tom ándolos de lenguas afines, basta consignar que
en la raíz de dicho vocablo ya se indica y m anifiesta la
naturaleza intrínseca del alm a, y esta m ism a idea ha sido
expresada en todos los idiom as; según así lo ponen de
relieve concienzudas investigaciones filológicas.
La razón nos enseña que todos tenem os conciencia ín­
tim a de la existencia de nuestro yo, y nos hallam os en
estrecha relación con el no yo; todos pensam os, sentimos
y querem os: tales fenómenos, no perceptibles por los sen­
tidos externos, y descubiertos únicam ente por la percep­
ción interna, son efectos de una m ism a causa, que se co­
noce á si propia, y conoce adem ás que ella es la causa de
sem ejantes efectos, siendo su causante antes de realizar­
los, en el m omento de llevarlos á la práctica y después
de haber obrado: y esta causa, con conciencia inm ediata
de sí m ism a, y que, sim ultáneam ente, conoce por necesi­
dad cuanto piensa, siente y quiere, sin esperar á o b rar
p a ra conocerlo, no puede ser otra que el alm a consciente.
La conciencia lógica y la simple observación nos p a ­
tentizan los fenómenos de sentir, de pensar y de querer, y,
como quiera que la m ateria no puede ejecutarlos, resulta
que forzosam ente han de ser obra ó producto de la activi­
dad dePespíritu. Y se dem uestra que la m ateria no puede
sentir, pensar ni querer, porque, constando de partes, ó
hab ía de sentir, pensar y querer cada una de ellas, con
independencia completa y absoluta de las dem ás, ó senti-
L E C C IÓ N XVI 177

ria cada molécula por ser parte del todo; en el prim er


caso, resultarían tantas sensaciones y sentim ientos> pen­
sam ientos y voliciones en general como partes tuviese la
m ateria en cuestión, lo que es absurdo y contrario á lo que
se nota en la realidad; en el segundo, se originarían varias
partículas de una sensación, de un sentim iento, de un pen­
sam iento y de una volición, pero nunca una sensación, un
sentim iento, un pensam iento ó una volición com pletos, lo
que es igualm ente absurdo y antitético á lo que venimos
observando sin interrupción: luego, existe una sustancia
espiritual, distinta por entero de la m ateria, ó sea el alm a.
Fundada en la observación, nos viene á la m em oria
una brillante dem ostración de la existencia del alm a hu­
m ana (1), dada por el mismo seflor Pí y Margall, quien, á
pesar de sus doctrinas heterodoxas, rindiendo culto á la
verdad, pone en boca de uno de los interlocutores de sus
diálogos (£) los siguientes razonam ientos:
« ...,Y en verdad, en verdad que, cuanto m ás me es­
tudio, tanto m ás me convenzo de que hay en mi algo m ás
que un cuerpo som etido á las leyes generales de la n atu ­
raleza. Hay en mí, á no dudarlo, algo que ve por mis ojos,
oye por mis oídos, toca por mis m anos, gusta por mi pa­
ladar y huele por mi olfato. La prueba la tengo en que, á
veces, estando despierto, pasan los objetos por mis ojos sin
que yo los vea, y suenan sin que yo los oiga, y están bajo
mis dedos sin que yo los palpe, y tocan mi paladar sin que
yo los guste, y excitan mi olfato sin que yo los huela. Su-

(1) E ntre los filósofos alem anes, pocos afirm an la existencia real del e sp íritu ,
pero no todos la niegan. L im itansa algunos á so sten er que n u estra capacidad d e ­
pende del cerebro.
(2) Las Luchas de nuestros días, Diálogo II.
178 P S IC O L O G ÍA

cede esto siem pre que estoy fuertem ente abstraído por
una idea ó por un sentim iento; de lo cual deduzco, á mi
parecer, con lógica, que nada percibiría yo del mundo ex­
terior como algo no estuviese á la puerta de mis sentidos
p ara recoger las im presiones que reciben. Estas m ism as
im presiones y las subsiguientes sensaciones observo yo
que no pasarían de tales, si algo dentro de mi no las ela­
borase, poniendo de lo suyo, y no las convirtiese en im á­
genes é ideas que puedo reproducir á mi antojo, aun h a ­
biendo desaparecido quizá p ara siem pre los seres que les
dieron origen.
»Me afirm o en mi opinión, señor don Rodrigo, cuando me
estudio en m is actos de reflexión, de razón, de im agina­
ción y de m em oria. Yo puedo, sobre un conocimiento, ad­
quirir otro y otros, y forjar todo un sistem a. Yo puedo ele­
varm e de lo particular á lo general y com prender en una
sola idea todo el Universo. Yo puedo crear nuevos seres y
nuevos m undos, y h asta darles cierta realidad por el arte
y la poesía. Yo puedo recordar, no sólo hechos y cosas
aisladas, sino tam bién series de fenóm enos, enlazando
aun los que m ás separados estén por el tiempo y el esp a­
cio. Tanto puedo, me digo; pero, no ejercitando los sen ­
tidos, sino reduciéndolos, por lo contrario, á la inacción,
y aun acallando la sensibilidad de mis nervios, ¿Necesito
m ás p ara saber que hay en mi algo que independiente­
m ente del cuerpo entra en acción? El suefio viene á cerrar­
me el paso á toda duda. ¿Qué es esto, me pregunto, que
en mí ve, y oye, y palpa, y gusta, y huele, é im agina, y
piensa, y juzga, precisam ente cuando todos mis sentidos
están cerrados al m undo exterior y nada del m undo exte­
rior logra afectarlos? ¿Qué es esto que oye sonidos que no
son ni quizá nunca fueron, y no oye los que realm ente h a ­
L E C C IÓ N X V I 179

cen vibrar el aire y hieren indudablem ente el tím pano de


m is oídos?
»Creo, adem ás, en la existencia de ese algo por la si­
m ultaneidad de afecciones contrarias que á veces experi­
m ento en mí mismo. D urante la guerra, en uno de los úl­
tim os encuentros que tuvim os con los partidarios de la
Reina, m uertos los capitanes de dos com pañías que cons­
tituían una de las alas de nuestro reducido ejército, y pró­
xim a y casi inevitable nuestra derrota, me dió la corazo­
nada de ponerm e al frente de toda el ala, cargar impetuo­
sam ente al enemigo y no dejar que se disparase un arm a
h asta que le tuvimos casi al alcance de las bayonetas. De­
cidí con esto la victoria en nuestro favor; pero á costa de
mi propia sangre, pues fuf herido de dos balazos y una cu­
chillada que me pusieron en trance de m uerte. Sobre el
mismo cam po de batalla recibí el empleo de capitán y me­
recí el unánim e aplauso de m is cam aradas. Mis sufrim ien­
tos eran entonces indecibles, y sentía, con todo, cierta sa­
tisfacción, que me hizo com prender cómo podían los a n ti­
guos m ártires, despedazados por las Aeras, m orir rad ian ­
tes de júbilo. ¡Cuán á menudo no sentí, en cambio, que, si
el cuerpo gozaba, algo dentro de mi padecía!
♦ Robustécese aún mi opinión cuando me fijo en las
condiciones de mi cuerpo. Está circunscrito por el tiempo
y el espacio, sujeto á continua m udanza, puesto bajo la ley
de una necesidad inflexible. Form a evidentem ente parte
de la naturaleza, y es como ella capaz de sufrir todo géne­
ro de coacciones. Y yo, me digo, siento en mi algo ,que,
lejos de participar de estas cualidades, se presenta de todo
punto incoercible, goza de libertad, es siem pre igual y no
se deja lim itar por el espacio ni el tiempo. ¿Cómo no he de
reconocer en mí un verdadero dualismo?...»
180 PSICOLOGÍA

P a ra dar cim a á esta m ateria: suponiendo por un ins­


tante la no existencia real del alm a hum ana, ¿cómo expli­
car satisfactoriam ente los sentim ientos m oral y estético,
cómo la libertad, cómo la im putabilidad y la responsabili­
dad, el m érito y dem érito, la virtud y el vicio? ¿Cómo d a r­
nos cuenta del tiempo, del espacio, de las ideas de causa
y de sustancia, de la verdad, del bien y de la belleza?
¿Cómo, en fin, concebir á Dios?..*
Su fó rm u la .—La fórmula, es decir, la representación
externa y, como si dijéram os, el símbolo de la vida psí­
quica ó m oral, es la conciencia lógica, como el movimienit>
lo es de la vida m aterial ú orgánica.
LECCIÓN XYII

Definición del atributo .—'Es todo concepto predicable


del ente.
Su división.—E\ atributo puede ser de dos m aneras:
esencial y accidental.
A tributo esencial es el que atañe á la esencia del ente,
no pudiendo variar ni desaparecer sin que se altere su na­
turaleza intrínseca; v. gr., la eternidad, en Dios.
A tributo accidental es el que no se refiere á la esencia,
sino al accidente del ente, pudiendo variar ó desaparecer
sin que sufra alteración alguna la naturaleza íntim a del
ente; v. g r., el color, en el hom bre.
A tributos del alm a humana.—Los atributos del alm a
del hom bre son nueve: la unidad, la sustancialidad, la es­
piritualidad., la identidad, la actioidadt la sim plicidad, la
indivisibilidad, la inm aterialidad y la inm ortalidad.
Estos nueve atributos pueden dividirse, en rigor, en
182

atributos verdaderam ente tales y $ub-atributos, corolarios


de aquéllos. Los prim eros son siete, á saber: unidad, sus-
tancialidad, espiritualidad, identidad, actividad, simplici­
dad é inm ortalidad; los segundos, dos: indivisibilidad é
inm aterialidad.
Prueba de la unidad aním ica.—La conciencia nos
dicta que, en cada hom bre, es uno el yo, que se siente co­
nocer, que se siente querer, que se siente sentir; que no
hay en ningún hom bre dos ó m ás yoest sino que el yo, ó
sea el alm a dotada de la conciencia de sí m ism a, es una
sola p ara cada hom bre; luego, el alm a hum ana es una.
Aparte de esto, la razón nos dem uestra que, caso de
existir en el hom bre alguna alm a, sensitiva ó vegetativa,
adem ás de la racional y distinta realm ente de ésta, el
hom bre dejaría de ser una naturaleza especifica y una
persona, y, como quiera que esta hipótesis repugna al
sentido común y á la recta razón, de ahí que en el hom bre
no exista m ás que una sola alm a.
A m ayor abundam iento, y adem ás de los teólogos, filó­
sofos y n aturalistas que han venido constantem ente soste­
niendo esta teoría del anim ismo, precisa hacer notar que,
según Santo Tomás, el alm a hum ana es principio sufi­
ciente de las operaciones vitales, de m anera que ninguna
otra form a sustancial existe en el hom bre fuera del alm a
intelectiva, la cual, así como virtualm ente contiene el alm a
sensitiva y la vegetativa, así tam bién contiene en sí todas
las formas inferiores y hace, por sí sola, todo lo que las
form as m ás imperfectas hacen en las otras, dando al cuer­
po hum ano lo que á los brutos da el alm a sensitiva, y á las
plantas la vegetativa; por lo cual la m ism a alm a es, en el
hom bre, vegetativa, sensitiva y racional.
En un Breve dirigido en 1860 por el Romano Pontífice,
LECCIÓN XVII 183

Pió IX, al obispo de Breslau, contra Baltzer y otros, se


dice textualm ente: «Esta doctrina, que pone en el hom bre
un solo principio vital, á saber, el alm a racional, de la
cual el cuerpo recibe tam bién, ya el movimiento, ya tam ­
bién la vida toda y el sentido, es muy seguida en la. Iglesia
y sus Doctores; y de tal m anera parece unida al dogm a
católico, que es la legitima y la sola verdadera in terp reta­
ción de la Iglesia, en térm inos que, sine errore in F ide, no
puede ser negada.»
* Entre los filósofos antiguos, m uchos, como Platón,
sostuvieron que los principios vitales eran tres: el intelec­
tivo, el sensitivo y el vegetativo. Según otros, H ipócrates
entre ellos, había tan sólo dos alm as, racional la una, y
sensitiva y vegetativa la otra. Los m ás, no obstante, como
Aristóteles, los Estoicos, los Neoplatónicos, los Padres de
la Iglesia, griegos y latinos, y los Escolásticos, en su in­
m ensa m ayoría, con no pocos naturalistas, defendieron la
unidad aním ica.
* Entre los filósofos y los fisiólogos m odernos y co n ­
tem poráneos, han surgido tres grandes ram as: el Organi-
cismo, el Vitalicismo y el Animismo.
* El Organicismo hace depender los fenómenos de la
oída , al menos vegetativa, de la disposición adecuada de
los órganos corporales; el Vitalismo admite, adem ás del
alm a y del cuerpo, un principio vital, productor de las
funciones de la vida sensitiva y vegetativa; y el Animismo,
que es la teoría explicada anteriorm ente, por ser la cierta
y verdadera, reconoce un principio vital único, suficiente
para la explicación de todos los fenómenos y las m anifes­
taciones de la vida. El Organismo se llam a tam bién Soli-
dism o; el Vitalismo, Duodinamismo; y el Animismo, Mo-
nodinamisnio.
184 PSICOLOGÍA

* Los adictos al O rganism o so n d e cuatro especies:


M aterialistas, Sociólogos ó P ositivistas, Concesionistas y
Organicistas propiam ente tales.
* Los M aterialistas sostienen que el alm a hum ana no
es distinta de la m ateria, y atribuyen todos los fenómenos
vitales á la m era sensibilidad m aterial y orgánica. Sobre­
salen entre ellos La-Mettrie, Cabanís y Broussais.
* Los Positivistas ó Sociólogos dicen que no puede
existir en el hom bre ningún principio vital intrínseco, y
afirm an que la evolución de la actividad, ora en el anim al,
ora en el hom bre, depende de las circunstancias de lugar,
de sociedad y de familia. Puede citarse entre ellos á Comp-
te, Littré, Maillet, Robinet, H erbert-Spencer, Robín y
L am ark.
* Los Concesionistas, á cuya clase pertenecen m uchos
de los médicos de nuestros días, no rechazan la existencia
del alm a racional, atribuyendo á ésta los actos de la vida
intelectiva y sensitiva; em pero, aseguran que varios de los
fenómenos de la vida vegetativa proceden de la disposi­
ción adecuada de los órganos corporales, y, en consecuen­
cia, pretenden que en el hom bre no radica un principio
único, sino m uchos principios de actividad.
* Los O rganistas propiam ente dichos se subdividen en
tres variedades, partidarios respectivam ente de Descartes,
de Haller y de Bichat
* Descartes cree en la existencia de una alm a sim ple,
pero afiadeque todos los movimientos no pendientes de la
voluntad se efectúan según las leyes m ecánicas.
* H aller, adem ás de la disposición orgánica, de Des­
cartes, adm ite la fu e r z a orgánica, ó fu e r z a irritable, in ­
dependiente del alm a y de la voluntad.
* Bichat concede al organism o físico fuerza irritable y r
I.HCC1ÓN Wll 185

adem ás, una fa c u lta d sensible; entendiendo que las ope­


raciones vitales proceden de entram bas fuerzas. De ahí
que, p ara algunos fisiólogos, existan tantos principios v i­
tales cuantos sean los órganos ó visceras del cuerpo h u ­
m ano’.
* Sostiene el Vitalismo la tesis de que los fenómenos
vitales no proceden de las fuerzas físicas y quím icas, ni
tam poco de un principio vital único, ó sea del alm a racio­
nal, sino que es indispensable que en el hom bre existan
sim ultáneam ente dos ó m ás principios, fuentes de las ope­
raciones de la vida vegetativa, de la sensitiva y de la inte­
lectiva.
* Al decir de Cicerón, entre los antiguos, Platón, Filón,
Plutarco y Galeno opinaron que en el hom bre existen tres
alm as. Siguieron esta opinión, en el siglo xm , Guillermo
de Lam arre y no pocos ingleses, y, en el xvu, el filósofo
Glisson.
* Durante los albores del Cristianismo, los M aniqueos
y los A polinaristas, y, más tarde, Scoto, M ayron, Ockam,
Bricot, Veneto y otros, adm itieron dos principios vitales, á
saber, el alm a y el de corporeidad.
* Ya en la Edad m oderna, Bacón, Gassendi, Buffón,
Jouffroy, Ahrens, B arlhélem y-Saint-H ilaire, Lévéque, Mai-
ne de Biran, Ubagbs* Peissé, Gunther, Baltzer, y, sobre
todo, Lordat y Barthez, siguiendo á Hipócrates, han de­
fendido la teoría según la cual, adem ás del alm a, existe en
el hom bre cierto principio vital distinto de ésta y al propio
tiempo de la m ateria, con cuyo principio se producen las
operaciones de la vida sensitiva y de la vegetativa.
* En cam bio, nuestra teoría, ó sea el Animismo, fué
profesada antiguam ente por Aristóteles, por m uchos de
Jos Estoicos, Plotino y lus Neoplatónicos, Porfirio y Proclo
186 PSICOLOGÍA

y por los Padres de la Iglesia, griegos y latinos, en p arti­


cular San Justino, San Ireneo, San Atanasio, San Grego­
rio Niceno, San Ambrosio, San Agustín y San Juan Cri-
sóstom o; en los tiem pos medioevales, por los Escolásticos
en general, especialm ente San Anselmo, Alberto el Grande
y Santo Tom ás de Aquino; y, en nuestros dias, por Suá-
rez, Sthal, Jourdain, Frédault, Recamier, Tissot, Buillier,
Ravaisson, Raulica, Sanseverino, Liberatore, Tongiorgi,
Zigliara, Bataglini, Ceferino González, Orti y Lara, etc
Carácter de esta unidad.—La unidad del alm a h u m a­
na no es sim plem ente nominal ó abstracta, sino real, es
decir, sustancial, esto es, que subsiste per se, toda vez que
se conoce sentir, pensar y querer; cuyos fenómenos son
todos reales en cada uno de los hom bres, por cuanto tie­
nen existencia real como la m ism a existencia del yo ; son
observables, por hallarse sujetos á la deliberación, y son
tam bién analizables, como un efecto cualquiera dim anan­
te de las causas naturales.
l)e la sustancialidad del alm a humana —Su dem ostra­
ción.—Entiéndese por sustancia un ser que* una vez crea­
do, subsiste independiente de otro ser, ó un ente p erm a­
nente, no inherente á otro El alm a hum ana tiene estas
propiedades; luego es sustancia. '
La prueba de que tiene dichas propiedades es sencillí­
sim a: el alm a tiene conciencia de sus afecciones, pensa­
m ientos y voliciones; se percibe á sí m ism a, y percibe
cuanto en ella pasa; percibe, adem ás, el estrecho vínculo
ó relación existente entre todos los referidos fenómenos:
todo esto no sucedería si ella no fuese un sujeto ó ser p e r­
m anente, en el que se verificasen todos los dichos fenó­
menos: luego es sustancia.
El alm a, tam bién, recuerda los hechos que desapare­
I.KCCIÓN X V II 187

cieron de la escena de la vida, como nos consta por la ob­


servación: esto no podría explicarse si el alm a no fuese
m ás que una serie de fenómenos que no residiesen en un
mismo sujeto: porque, en tal caso, los fenómenos no po
drfan dejar ninguna huella por defecto de un ser perm a­
nente; no habría, pues, mem oria si el alm a no fuese una
sustancia.
Por último, el alm a reflexiona sobre sus actos internos;
y claro es que, no habiendo en nosotros nada perm anen­
te, nuestros pensam ientos serán una serie de hechos, sin
vinculo de ninguna especie, que desaparecerían al mo­
mento; por lo que la reflexión sobre ellos seria imposible,
contra lo cual está el testimonio de nuestra conciencia:
luego, ó no hem os de adm itir en el alm a del hom bre pen­
sam ientos, voliciones, recuerdos ni reflexiones, ó tenem os
que conceder que no es una sim ple serie de fenómenos,
sino un ser perm anente, una sustancia.
Prueba de la espiritualidad del alm a del hombre.—Se
entiende por espiritual una sustancia com pletam ente dis­
tinta é independiente de la m ateria, dotada de sensibili­
dad, inteligencia y voluntad, y que ejerce sus actos sin
necesitar p ara ello de la m ateria: luego, si el alm a hum ana
reúne todo esto, es espiritual.
Que el alm a hum ana es sustancia distinta de la m ate­
ria, lo hem os dem ostrado anteriorm ente.
Probem os ah o ra que los actos de la sensibilidad, de la
inteligencia y de la voluntad los ejercita independiente­
mente de la m ateria.
En prim er lugar: el alm a tiene el sentim iento de lo
bello, de lo justo, de lo m oral, de lo honesto, de lo malo,
etcétera, cuyos sentim ientos, puram ente espirituales, se
elevan sobre la m ateria, sin que á ésta sea dado intervenir
188 PSICOLOGÍA

en su formación: luego, el alm a ejerce la sensibilidad con


independencia de la m ateria.
En segundo lugar: el alm a ejercita su inteligencia sobre
m uchos objetos que nada tienen de m aterial ni sensible,
y cuyo conocimiento no depende en m anera alguna de los
órganos de ios sentidos; por ejemplo, Dios, la eternidad,
la virtud y otras; la facultad con que el alm a estudia y co­
noce todos estos objetos no puede ser m aterial y orgánica
como los sentidos, porque, en tal caso, sólo conocería las
cosas m ateriales que obrasen sobre ella, como acontece á
los sentidos, que sólo aprenden lo qu& obra sobre el cu er­
po: luego, es espiritual, y espiritual deberá sér tam bién la
sustancia donde reside dicha facultad, que es el alm a.
Finalm ente: la voluntad tam bién se ejerce con indepen­
dencia de la m ateria, lo cual se dem uestra de la m anera
siguiente:
Cada ser se mueve naturalm ente á querer y ii com pla­
cerse en las cosas que pertenecen á la m ism a clase y cate­
goría, y se disgusta con las cosas que son de diferente n a ­
turaleza; el alm a hum ana quiere y se goza en la posesión
y contem plación de las verdades espirituales, de las que
jam ás se sacia, y que ninguna relación tienen con las m a­
teriales, que la fastidian muy pronto: luego, la naturaleza
de la voluntad, y, por consiguiente, del alm a donde reside,
es espiritual.
Y no nos detenem os á dem ostrar eí libre albedrío del
alm a hum ana, porque creemos haberlo dejado suficiente­
mente probado en la lección en que tratam os de la liber­
tad (véase Lección VI). A hora bien: si eí alm a hum ana es
realm ente libre, será espiritual; porque la libertnd no pue­
de estar ligada á objeto alguno corpóreo, de suyo em inen­
tem ente fatal ó necesar io.
LECCIÓN XVII 1 8 í)

Todos los Padres de la Iglesia están contestes en la doc­


trin a de la espiritualidad del alm a del hom bre; y los de­
cretos de los Concilios ecuménicos, IV de San Juan de Le-
trán (t) y Vaticano (á), al condenar los errores de los
M aterialistas, confirm an de m anera explícita y term inante
la espiritualidad del alm a hum ana.
* El exam en detenido de la H istoria Universal nos en­
seña que creyeron en la espiritualidad del alm a h um ana
los Hebreos, Egipcios, Indios, Chinos, Persas, Griegos,
Rom anos, Escitas, Germanos, Galos, y, en fin, todos los
pueblos, así de la antigüedad como de las restantes épo­
cas (3).
* Entre los antiguos filósofos, Pitágoras, Platón, A ris­
tóteles, Plutarco, Jenócrates, Longino, Plotino, Porfirio,
Cicerón, V arrón, Catón y otros m uchos, proclam aron la
espiritualidad del alm a del hom bre. Esta doctrina fué
igualm ente sustentada por la inm ensa m ayoría de los filó­
sofos de la Edad m edia, como lo viene siendo por m uchos
de la Edad m oderna, entre ellos Descartes.

(1) « F irm iter credim u» e te im p lic ite r c o n flte m u r quod u nus est aolus oerus
ü e u s,c r e a to r o m n iu m ¿noisibilium et p ieibilium , sp irilu á liu m et c o fp o ra -
liu m , q u i sua om nipotente e irtu te zim u l ab ¿nitio tem poris, u tra m q u e de ni-
hilo co n d id it crea tu ra m , sp iritu a le m et corporalem , angelicarn oidelicet et
m u n d u n a m , ac deinceps k u m a n a m q u a si comrriunent, e x s p i r i t u et C O R PO ítE
nonzliiutatn.v (Conc. Lat. IV, cán. I: 1415.)
(í) aSi qui» prceter m ateriam n ik il ease afjlrm are non erubuerit, a nate­
ma sil.» fConc. V at., De Deo Creatore, cán. 1, n. 3: 8 Diciem bre 1869 y 20 O ctubre
1870.)
(3) Según Bergier, en su Eatamen du M aterialism e: «TI a u ra itété pluv court
de citer une natío n q u i eút pro/essé une croyance contraire\jusq u‘á présent,
l‘onn*a en connu aucune.... A eant qu'il y eñt des philosopkes, aucun peuple,
aucun élre raisonnable ne #‘était persuadé que la matiére pút penser.* Coso,
ciertam ente, no estupenda,' sabido que, al d e c ir de Cicerón, no hay verdad pro­
funda ni, p or otra parte, dislate m ayúsculo que no hay an salido de labioB de un
filósofo.
190 PSICOLOGIA.

* No obstante, y á la m an era que, en todas ocasiones;


ha tenido la Iglesia que luchar contra las herejías, la ver­
dadera y sana Filosofía h a sido com batida, en todas las
épocas, por las falsas teorías. Y así, enfrente de la razona­
da teoría de la espiritualidad del alm a hum ana, ofrécense
á nuestra consideración las absurdas y funestas doctrinas
del Escepticismo, del Sensualismo y del M aterialism o.
* Los Escépticos, no atreviéndose á negar clara y te r ­
m inantem ente la existencia real del alm a del hom bre, e s-
fuérzanse en destruir los argum entos que la dem ues­
tran (1). Al efecto, sostienen que la espiritualidad del alm a
racional es una m era hipótesis, no apoyada en datos cien­
tíficos; un problem a que, hoy por hoy, está sin resolver y
que perm anecerá en tal estado hasta el completo perfec­
cionam iento de la ciencia psicológica. Distínguense entre
ellos Jouffroy, Stew art, Stuart-M ill y Taine.
* Los Sensualistas y Em piristas consideran que el alm a
hum ana, aunque separada del cuerpo, no lo está igual­
mente de los sentidos externos. Todos ellos rechazan la
sustancialidad del alm a, acercándose, por tanto, al Mate­
rialismo; llegando Locke á la afirmación de que no repug­
na á la divina om nipotencia conceder á la m ateria la fa­
cultad de pensar (*¿). Entre los antiguos, hay que hacer
mención de los Protágoras, y, entre los m odernos, de
Locke, Gondillac y el conde de Volney.

(1) «Nous ríatona pos plus l'idée de l'espril que de la moliere; nous ne
poueons ríen dire de plus aur luí que sur la matiére.» (Taine: Le Positioisme.)
(2) «Peut-Ure ne seronr-nous ja m a is capables de connaitre si un étre pit-
rerneni m alériel pe m e ou non, par la raigón gu'it nou* evt im ponible de dé-
cQv.crir par la contenxplation de nos propres idéetf, sans réoélation , si Dieu n\i
point donné áquelq u e amas de matiére dieposée comme il le trouce á propon,
la puissance d'aperceooir eí de pender.» (Locke: #ur Ventendcm ent
kum ain.)
LECCIÓN X V II 191

* Los M aterialistas en general niegan la espiritualidad


del alma hum ana, presentando diversidad de teorías.
* Asi, para Thales, el alm a es un compuesto acuoso;
p a ra A naxim andro, un compuesto de aire; p ara Heráclito,
una centella ígnea; según Leucipo y Demócrito, es un
conjunto de átom os; al decir de Epicuro, un principio in ­
anim ado, combinación de fuego, agua y aire; y, en opinión
de m uchos Estoico?, es una partícula sutilísim a del fuego
primitivo.
* Bacón y Hobbes sostienen que la observación no les
da conocim iento sino del mundo corpóreo.
* Algunos fisiólogos, como Galeno y Aristóxeno; en la
antigüedad, y Helvecio,' el barón de Holbach, Cabanís y
Broussais en los tiem pos m odernos, afirm an que los he­
chos psicológicos, al igual que nuestras facultades, d im a­
nan de la sensación, la cual depende á su vez del organis­
mo físico; de donde, este sistem a se denom ina fisiológico
ó mecánico, P ara ellos, el alm a no es una sustancia dis­
tinta del cuerpo, y los conocim ientos y las afecciones se
derivan de la excitación de los nervios ó de la secreción
natural de ciertas visceras del cuerpo: en virtud de esto,
según ellos, el pensam iento es una secreción del cerebro,
como la digestión lo es del estóm ago y la bilis del hígado.
* Por último, Haeckel, Büchner, Moleschott, Tyndall,
Compte, Littré, M antegazza, H erbert Spencer y otros Ma­
terialistas alem anes é italianos y Positivistas ingleses y
franceses, achacan todos los fenómenos vitales á cierta
actividad y fuerzas físicas deque se encuentran dotados los
cuerpos (1). Por tal motivo, esta teoría llám ase dinánicia.

(1) al.'am e est Ve use rabie de* fo n ctio n * m orales et intellentueU es déroilés
a u ceroeau... L ’am e est une f o n r t i o n d a t y atóme nereeute.» (Littré: D ictionnai-
re dea Sciences m édícalee.)
192 PSICOLOGÍA

Demuéstrese la identidad psíquica —La identidad es la


relación que hay entre una cosa, que existe ciertam ente
en un tiem po, y una cosa que ha existido ciertam ente en
otro tiempo: es la relación contraria á la diversidad; es la
perseverancia de la unidad, ó la unidad continua; es el
carácter distintivo entre la sustancia y los fenómenos, en­
tre el sujeto y los accidentes; sin ella no podrían concebir­
se las variaciones en las cosas, porque éstas no varían
sino con la relación ó lo que persiste idéntico.
Esto supuesto, se prueba la identidad del alm a hu ­
m ana:
Prim ero: Porque, en el hom bre, el alm a, dotada de la
conciencia de sí m ism a, ó el yo, nó cesa de ser él, aunque
varíen, como sucede, incesantem ente sus modificaciones ó
fenómenos: á todos nos consta por la conciencia que, ya
gocemos ó padezcam os, ya entendam os ó no entendam os,
y a pensem os en una cosa, ya pensem os en otra, á pesar de
la adm irable variedad de las modificaciones que experi­
m entem os, de las diversas m anifestaciones de nuestras
facultades, de la rápida sucesión de los fenóm enos de
nuestra existencia, y en medio de la perpétua movilidad
de las ideas y modos de ser y estar, el yo perm anece el
mismo: así es que yo, que ah o ra pienso, me conozco el
mismo que ayer pensaba; yo, que ahora hablo y quiero,
me conozco el mismo que en mi juventud hablaba y abo­
rrecía; luego, el alm a es idéntica.
Segundo: Porque, sin la identidad del alm a, no p u e­
den explicarse la m em oria ni otras funcione^ de la inteli­
gencia.
Tercero y último razonam iento: Porque, sin la identi­
dad, la sociedad, de la que es base, no podría subsistir ni
concebirse la m oralidad: sin ella, inútiles serian los conse­
LECCIÓN X V II 193

jos, las reflexiones y las leyes, é injustos los castigos; pues


la persona á quien se aconseja ó castiga podría no ser la
m ism a que cometió la falta ó el delito: de todo esto se in­
fiere con evidencia que nu estra alm a es idéntica.
Esta identidad real, tan atestiguada por la conciencia
y reconocida por la razón, es lo que constituye la perso­
nalidad; asi es que, nadie que se halle en perfecto uso de
razón, se considerará en lo presente una persona distinta
que en lo pasado.
Pruebas de la actividad.—Actividad del alm a es la
fu e r z a que ésta tiene p ara obrar sobre si misma y sobre
los seres que Ja rodean.
P ara la perfecta com prensión de la definición que ante­
cede, hay que tener presente que existe una fuerza sin
conciencia de su energía, que se llam a inconsciente; tal es
la fuerza vital ú orgánica, que, por lo tanto, es involunta­
ria é irresponsable, y otra, que se conoce como fuerza, y
que, por consiguiente, tiene conciencia de su energía; la
cual se UamaL consciente: y en este sentido se tom a en dicha
definición.
N uestra tesis se dem uestra:
Prim ero: Por la conciencia, que nos dicta que, tan p ro n ­
to llega al alm a cualquiera im presión, ya sea ésta tra n s ­
m itida por los sentidos externos, ya ocasionada por el in ­
terior del cuerpo, el alm a se rehace por su propia virtud y
obra sobre sí m ism a, ejercitando sus facultades intelectual
y m oral, y obra tam bién, por medio de los órganos co rp o ­
rales, sobre los objetos causantes de la im presión, ora
atrayéndolos, ora alejándolos, según la agradeii ó la des­
agraden: esto no puede llevarse á cabo sin fuerza p ara
obVar; luego el alm a hum ana es activa.
Segundo: La observación nos enseña que todos y cada
13
194 ’ p sic o lo g ía

uno obram os sin cesar, ya sobre nosotros m ismos, ya so­


bre los objetos que nos rodean; la m ateria por si no puede
ejecutar estas operaciones, porque es inerte; luego las eje*
cuta el alm a; y, como no es posible obrar sin actividad, sí­
guese que el alm a racional es activa.
Tercero: El alm a h um ana es espiritual, según acab a­
mos de probar; y, como un espíritu inactivo no se conci­
be, de ahí que el alm a tenga actividad.
P or qué razones el alm a del hombre es sim ple.—Sim ­
ple es lo que carece de partes; el alm a hum ana no las
tiene; luego es simple.
Que el alm a no tiene partes se dem uestra:
Prim ero: Porque el alm a hum ana piensa, según la con­
ciencia lo atestigua; y el pensam iento no se concibe en un
ser dividido en partes. Suponiendo el alm a dividida en las
tres partes A, B y C, como el pensam iento es indivisible,
pues dividido no sería tal pensam iento, si piensa la parte
A , resultan inútiles las partes B y C, y, en consecuencia,
el sujeto simple A , será el alm a, y, si el pensam iento resi­
diera sim ultáneam ente en A , B y C, quedaría dividido: lo
cual es absurdo.
Segundo: La unidad de conciencia se opone á la divi­
sión del alm a, puesto que, cuando pensam os, hay en nues­
tro interior un sujeto que sabe todo lo que piensa; y, de
atribuirle partes, seria aquello imposible, porque del pen­
sam iento que resida en la parte A, nada sabrán B y C> y
reciprocam ente; luego no habrá una conciencia de todo el
pensam iento, si no que cada parte tendrá su conciencia
especial, y, dentro de nosotros, se originarán tantos seres
pensantes cuantas fuesen las partes: esto pugna con la
conciencia y con la razón; luego el alm a h um ana es
simple.
LECCION X V II 195

Además, las partes deJ alm a serán sim ples ó com pues­
tas: si lo prim ero, llegamos á los seres pensantes simples,
ó alm as, con la diferencia que, en vez de una, h ab ría que
adm itir m uchas: si lo segundo, volveríamos al argum ento
anterior, y llegaríam os á los seres simples; ó bien adm i­
tiendo nuevas subdivisiones h asta lo infinito, acabaríam os
necesariam ente por reconocer que el alm a h u m an a es
sim ple.
La indivisibilidad y la in m aterialidad.—Estos dos
sub-atributos son una consecuencia necesaria del atributo
d e sim plicidad, por cuanto lo sim ple no es susceptible de
división, luego es indivisible; ni consta de partes m ateria­
les, luego es inm aterial; luego el alm a hum ana es indivisi­
ble é inm aterial.
De la inm ortalidad del alm a hum ana.—La dem ostra­
ción de este atributo abarca tres extrem os: 1.°, el alm a no
m uere con el cuerpo, sino que le sobrevive; 2.°, el alm a,
sin el cuerpo, puede vivir y gozar de una vida futura; y
■3.°, Dios no aniquilará el alm a hum ana.
P rim ero.—U na cosa puede m orir por sí m ism a, m e­
diante la disolución ó descomposición de las partes que la
integran, ó porque perezca otra cosa de la cual aquélla
depende; el alm a no puede m orir del prim er m o do,'por­
que, conforme está ya probado, es espiritual y sim ple; ni
tam poco del segundo, porque lo espiritual, en cuanto á su
existencia, tiene independencia intrínseca de la m ateria,
por p erten ecerá un orden superior á ella; luego el alm a hu-
jn an a no puede m orir con el cuerpo y al igual que el cuerpo.
Segundo.—La vida esencial del alm a hum ana consiste
en pensar y en conocer, y en querer; esto lo puede ejercer
el alm a prescindiendo del cuerpo; luego puede vivir y g o ­
zar, sin él, de una vida futura.
196 PSICOLOGÍA

El entendim iento ejercita sus operaciones propias de


pensar, conocer y distinguir, sin dependencia alguna in­
trínseca del organism o, según asi nos lo te stifíc ala con­
ciencia lógica; y conoce m uchas ideas puram ente inteligi­
bles, p ara cuya representación es por completo innecesa-
saria su unión con el cuerpo: los actos de la reflexión
psicológica, con preferencia, son la prueba m ás palpable
de la independencia del entendim iento con respecto al o r­
ganism o.
La voluntad ejercita, con igual independencia intrínseca
de los órganos corpóreos, sus actos de querer y no querer,
de a m ar y de aborrecer, como tam bién nos lo avisa la
conciencia; de donde se deduce que el alm a tiene virtud
propia, intrínseca y esencial p ara querer, de la cual no se
verá despojada, aun separada del cuerpo, á menos de
perder su esencia; al contrario, es de suponer que, libre
y a de los obstáculos ó ligaduras del cuerpo, ejercerá con
m ás vigor y facilidad las facultades de conocer y de que­
rer, en lo que consistirán sus placeres de la vida futura;
luego el alm a hum ana puede vivir y gozar, sin el cuerpo,
de una vida futura.
T ercero.—Dios es conservador y no destructor de las
cosas que ha creado y gobierna con infinita providencia,
según sean la naturaleza y condición de cada una deellas;
y como quiera que la naturaleza y condición del alm a ra ­
cional estriban en ser simple y espiritual, propiedades in ­
com patibles en absoluto con todo principio interior de
corrupción y de aniquilam iento, infiérese de lo m anifes­
tado que Dios conservará nuestraalm a, tras su separación
del cuerpo, en el ser que le ha dado, el cual lleva consigo
duración sem piterna.
Además: El alm a hum ana, como es de sentido com ún.
LECCIÓN* XVII 197

no se satisface con existir dentro de los reducidos límites


de la vida presente, tan breve como azarosa y llena de pe­
nalidades; antes bien, con vehem encia sum a, desea otra
vida futura, perm anente, ilim itada y llena de todas las
satisfacciones im aginables; aspira, por consiguiente, á la
sum a felicidad ó felicidad absoluta, que dejarla de serlo
desde el punto y forma en que el alm a fuese perecedera:
este deseo, esta aspiración vivísima es constante y univer­
sal, y, por lo tanto, natural al hom bre; luego le fué im bui­
do por Dios.
A hora bien: O el alm a hum ana ha de ser inm ortal, para
que así pueda ver realizadas sus m ás preciadas a sp ira d o
nes y sus naturales deseos, ó Dios, su creador, dejaría de
ser infinitam ente sabio, creando una naturaleza sim ple y
espiritual p ara luego reducirla á la nada; y dejaría tam ­
bién de ser infinitam ente bueno, im buyéndole deseos y
aspiraciones que, al trocarse con el tiempo en vanas ilu­
siones, ja m á s debió de ver realizadas en la práctica; en­
tram b as hipótesis son absurdas; luego Dios no aniquilará
el alm a hum ana.
Y, por último: Dios es infinitam ente justo; ha dotado al
alm a h um ana de inteligencia y de libre albedrío, á fin de
que sus acciones le fueran im putables y, por ende, tuvie­
ra responsabilidad de las m ism as, y ha grabado en el es­
píritu el orden m oral, que le enseña que hay actos buenos
y dignos de recom pensa y premio, y otros malos y m ere­
cedores de castigo y de censura; y como, de ordinario, no
se da en esta vida la m ás ju sta recom pensa á las buenas
acciones, ni, por otra parte, suele aplicarse el condigno
castigo á los culpables de la consum ación de m alas obras,
es fuerza que haya otra vida, en la que Dios, piélago de
justicia, recom pense la práctica del bien y castigue la del
198 PSICOLOGÍA

m al; triunfando así, en definitiva, la justicia sobre la in ju s­


ticia, la verdad sobre el error, la virtud sobre el vicio-
Luego Dios no aniquilará el alm a hum ana y ésta será in­
m ortal (1).
Según los Santos Padres, el alm a es inm ortal; porque
carece de cuerpo, según San Agustín; porque es al m ism o
tiem po sustancia incorpórea, al decir de San Juan Cri-
sóstomo; y porque es la obra herm osísim a de Dios, á su
imagen y sem ejanza, y, por lo mismo, es incorruptible7
eri opinión de San Cirilo de Jerusalén,
Uno de los decretos ó cánones prom ulgados en la se­
sión VIH del Concilio V Lateranense, convocado y p resi­
dido por el gran León X , declara explícitam ente que el
alm a intelectiva es inm ortal y, adem ás, que, no sólo p o r
la divina gracia, sino tam bién por su naturaleza intrínse­
ca, es verdadera y esencialm ente inm ortal (2).
* Todos los pueblos, antiguos y modernos, los m ás
im placables adversarios del Cristianismo, como Voltaire
y Bolingbroke, y la m ayoría de los filósofos, coinciden al
afirm ar y dem ostrar la inm ortalidad del alm a hum ana.
Ya, en la antigüedad, Sócrates, Platón y Aristóteles en
Grecia, Cicerón y Séneca en Rom a, defendieron que el
alm a del hom bre es incorruptible, inm ortal y eterna. Y
gran parte de los pensadores m odernos sostienen idéntica

(1) La inm ortalidad p udiera decirse que es la eternidad relativa 6 á p a rte


poat, al paso que la etern id ad es la inm ortalidad absoluta, esto es, á parte ante
(de la creación) y á parte post.
(i) Quum diebua nostris nonnulii atisiaunt dicere de n a t u r a , animoe ra~
tionalis, quoil m o b ta liS sit, et aliqui temere philosophante s, aecundum sal-
tem pkilosopkiam nerum esse asseoerent . Scucro approbante Concilio, darn-
namus ac reprobamus omnes a fe re n te s anim am intellectieam m ortalem
etsequum illa non solurn vere, per se, et essentialiier hurnani corporis fo rm a
eaptífaí, cerum etiam immortalis. (Conc. I,at. V: 1513.)
I.ECCIi'iN x v il 190

verdad. Citaremos, entre ellos, á Juan Jacobo Rousseau,


que dice: «He sufrido dem asiado en esta vida, p ara no
a g u ard ar otra. Todas las sutilezas de los metafísicos no
me harán dudar un instante de la inm ortalidad del alma.»
* Sin em bargo, y asi como se oponen á la espirituali­
dad psíquica et Escepticismo, el Sensualismo y el M ate­
rialism o, opónense igualm ente á la inm ortalidad la P a ­
lingenesia y la Metempsicosis.
* Palingenesia es la teoría de los filósofos panteistas
que hacen consistir la inm ortalidad aním ica en perder el
espiritu su personalidad, confundiéndose en absoluto con
la sustancia divina, para vivir la m ism a vida de Dios.
. * Esta teoría, inaugurada en Oriente é im portada des­
pués en Grecia, fué sucesivam ente profesada por los Or-fi-
cos, los Pitagóricos y los Neo-Platónicos, y, m ás tarde
(siglos xu y xm), pasó á los Arabes. En nuestros días, ha
resucitado con el Panteísm o y es sustentada por la es­
cuela de Hegel.
* Entiéndese por Metempsícosis la serie de tra n sm i­
graciones á que se somete el alm a, haciéndola p asar de
unos cuerpos á otros por vía de expiación y purificación,
previam ente de su total absorción ó aniquilam iento en el
mismo seno de Dios.
¥ Esta doctrina, común á todos los sistem as panteísti­
cos de los filósofos orientales, fué profesada form alm ente
por Pitágoras y por Platón. Decian éstos que, en un prin­
cipio, las alm as residían en los astros y que, consum ado
cierto crim en, vinieron á expiarlo en los cuerpos donde
habitan, como en cárceles angostas y som brías, en que
se hallan confinadas tem poralm ente; de donde tra n sm i­
gran sucesivam ente á otros cuerpos, ya mejores, ya p e o ­
res, v. gr., los de los brutos y aun Jos de las plantas.
200 rSIC O L O G ÍA

* Los Panteístas contem poráneos no dan crédito á se­


m ejante fábula; empero, es indudable que m uchos de ellos
profesan, siquiera en el fondo, la Metempsicosis. Y aun
hay quienes, invirtiendo los términos, establecen en los
astros la residencia definitiva de las alm as: tales son, en­
tre otros, Reynaud y Camilo Flam m arrón (1). L aurent ha
renovado la opinión pitagórica (2), adm itiendo la exis­
tencia de una vida anterior á la presente. Y, finalm ente,
•£n otros filósofos m odernos descubrim os huellas de la
iSletempsícosis, en particular en A hrens, discípulo de
"lírause.

(1) En 6U obra «De la P luralidad de las Mundos habitados.»


(4) En sus E tudessur 1‘ Histoire de l ‘ hum anité.
LECCION XYIII

Del origen del alm a hum ana.—Varios son los siste­


m as, ideados por los filósofos, p ara la explicación de cuál
sea el verdadero origen del alm a del hom bre.
Sistema de P itágoras y los Estoicos.—P ara Pitágoras
y los Estoicos, ej alm a hum ana es una partícula de la di­
vinidad. De donde, evidentemente, se desprende que el e s ­
píritu hum ano tendrá la m ism a naturaleza divina, y, por
consiguiente, será eterno, necesario, inm utable y absolu­
tam ente perfecto; de suerte que vendrá á ser incapaz de
nuevas perfecciones, por contener en si todas las perfec­
ciones sobrenaturales.
Doctrina de los Em anantistas.—Sem ejante al anterior
sistem a es el error de los Em anantistas, que suponen que
el alm a se deriva de la sustancia m ism a de Dios por via
de em anación. De aquí el absurdo de considerar á la sus-
202 p s ic o l o g ía

tancia d ivina'com puesta de partes, cual si fuera uno de


los objetos m ateriales.
Esta teoría fué profesada por los antiguos M aniqueos y
sigue siéndolo por los Panteístas en general.
El Tradncianism o.—Coincidiendo en parte cotí los dos
sistem as precedentes, los Traducianistas, en su m ayoría
K rausistasj afirm an que el alm a racional es una m era li­
mitación ó determ inación individual de la sustancia inde­
term inada que llam an Dios.
EL Generacionismo.—Mayor im portancia actual que
los ya brevem ente expuestos, tiene el sistem a genérico
denom inado Generacionismo t que consiste, en síntesis, en
suponer que el alm a del hom bre es producida por g en e­
ración ó reproducción.
Esta generación puede ser de dos m aneras: espontá­
nea y humana.
La generación espontánea consiste en la transform ación
ciega, accidental y progresiva de la m ateria inerie en m a­
teria viva, que llega gradualm ente á la vida racional hu­
m an a sin influencia de padres de la m ism a especie. Bajo
este concepto, dice la Mettrie que la tierra fué el prim er
útero de la hum anidad; y Robinet, que las especies todas
no son sino tanteos de la naturaleza, p a ra la formación
dél hom bre.
* De lo que acabam os de m anifestar se deduce que la
generación espontánea, sostenida hoy dia por los M ateria­
listas, Positivistas y D arw inistas, aunque es distinta en la
apariencia, viene á ser, en el fondo, una rem iniscencia de
los dos sistem as atómico y dinám ico, patrocinados por los
antiguos filósofos Demócrito y Empédocles.
La transform ación que envuelve la esencia ó substra-
tuni de la generación espontánea, ha sido explicada de
i,e c c i c j n xvm 20H

dos modos, dando esto lugar á las dos teorías d en o m in a ­


das del Sociologistno la una y la otra de la Selección na­
tural.
L am ark, fundador de la teoría del Sociologismo ó de
tan circunstancias, y sus adictos La Mettrie, Robinet, De
Mailletj/Comte, Cabanís, Broussais y otros, al partir de la
hipótesis de que la m ateria informe es el principio origi­
nario de todos los seres vivientes, aseguran que éstos tie­
nen siem pre la m ism a estructura fundam ental é igual o r­
ganism o, por lo m ism o que todas y cada una de las espe­
cies vivientes son derivaciones de un solo tipo prim itivo,
cuya transform ación se ha llevado á cabo por medio de
las diversas circunstancias á que se hallan sujetos todos
los seres dotados de vida.
Y, según sean éstas, añaden, provocan diferentes de­
seos, los cuales á su vez engendran operaciones y éstas
exigen organism o adecuado.
Darwin sustituye las circunstancias por la selección
natural, entendiendo por ésta la aptitud nativa que reside
en el ser viviente p ara acum ular las cualidades y perfec­
ciones especiales del organism o, transm itidas por g en era­
ción, y p ara perfeccionarlas de tal suerte que, andando el
tiempo, constituyen á veces nuevas especies de seres vi­
vientes (l).
La teoría de la generación hum ana establece que el
hom bre engendra á otro hom bre por entero, es decir, en
cuanto al cuerpo y en cuanto al alm a, en virtud del poder
que Dios concedió al prim er hom bre de m ultiplicarse.
E sta teoría reviste dos aspectos, el de la generación
corpórea y el de la.generación espiritu al.
(1) Para xbAs dclalics acerca de la teoría de D a n v i n (Darto inism o), véase la
Lección XX.
204 PSICOLOGÍA

La generación corpórea considera el alm a hum ana


com o un desarrollo germ inal del alm a y del cuerpo de los
padres, á la m anera que la planta ó el irracional son p ro ­
ducidos por la acción sim ultánea y compleja del cuerpo y
de la forma ó del alm a que constituyen la planta ó el ani­
mal- respectivam ente. Siguieron esta opinión Tertuliano
y los herejes A polinaristas y Luciferianos, y, en la actua­
lidad, la defienden todavía algunos Semi-M aterialistas.
La generación espiritual difiere de la corpórea en que
no considera al hom bre entero como sujeto y causa efi­
ciente del alm a hum ana, al igual que un grano de trigo es
la causa eficiente del vegetal, sino que establece que el
alm a h u m ana es producida por el alm a del padre, la cual
utiliza el cuerpo como simple instrum ento p ara engendrar
el alm a del hijo.
En esta teoría se dibujan clara y distintam ente dos ten­
dencias: la de los que dicen cjue esto se verifica á la m a ­
n era que una vela se enciende en otra vela, sin dim inu­
ción de la luz de esta última; y la de los que sostienen que
las alm as racionales se hallan precontenidas en la poten­
cia sem inal de los padres, desde Adán, sujeto de todas las
alm as racionales, incluidas en ciertos corpúsculos o rg á­
nicos. L a p rim era es sustentada por Klée, Oischinger,
Frohscham m er y otros Católicos; la segunda, por Platón
y Orígenes, antiguam ente, y por Leibnitz, en época r e ­
ciente.
El alm a racional es creada p o r Dios, e x n i h i l o . — La
teoría llam ada del Creacionismo, que es la verdadera, sos­
tiene que el alm a hum ana es cr eada inm ediatam ente por
Dios.
* Que el alm a hum ana es creada por Dios se dem ues­
tra directa é indirectamente. Indirectam ente, al observar
L iic c iÓ N x v i i i 205

que no es originaria de la generación espontánea, ni de


la generación hum ana, ni es parte de la sustancia divina,
ni, en fin, es nacida en conform idad con los sistem as a n ­
teriorm ente explicados. Directam ente, porque siendo el
alm a del hom bre una form a que subsiste per se, á ella'
corresponde o b rar por sí m ism a, como tam bién le incum ­
be la existencia. Mas como no puede dim anar de un su ­
jeto preexistente, sea éste m aterial ó espiritual, ni tam p o ­
co puede ser em anación de la sustancia divina, resulta que
debió salir de la hada (e x nihilo)} del no ser; y como
quiera que el tránsito del no ser al ser significa la crea­
ción, en sentido absoluto, la cual supone necesariam ente
un agente ó causa, tam bién absoluto, y el único ente ver­
daderam ente absoluto es Dios, de ahí se infiere con evi­
dencia que el alm a del hom bre es creada por Dios.
* Y tam aña creación es inm ediata; puesto que el acto
de crear corresponde única y exclusivam ente á Dios, no
pudiendo en modo alguno ser transm itido á la criatura.
* E sta doctrina está confirm ada en la S agrada Escri­
tu ra, donde se leen las siguientes palabras:
* F orm avit igitur Dominus Deus hominem de lim o
terree, et inspirctüit in fa ciem ejus spiraculum tutee, et
fd c ttis est homo in animani (1) oicentem (2).
* Esta teoría lleva consigo el apoyo del testim onio de
la autoridad de la Iglesia Católica.
* En efecto, durante los prim eros siglos del C ristia­
nismo, todos los Santos P adres y Doctores de la Iglesia

(1) Las voces latinas anim a y spiritti s, equivalentes ¿ las griegas y ¿ve^ioi;
y ó los sinónim os españoles alm a y espíritu, envuelven respectivam ente las ideas
de soplo y de ciento ó hálito. Vid. la Lección V, al tra ta r del poder de la volun­
tad , pág. 42 del texto.
(2) Moisés: Génesis, cap. 1!, vers. Vil.
206 PSICOLOGÍA

aceptaban como doctrina corriente que el alm a hum ana


procede de Dios por creación absoluta. Al aparecer en el
siglo v la herejía de los Pelagianos, inícianse las dudas y
las controversias acerca del origen del alm a del hom bre,
principalm ente con motivo de la transm isión del pecado
original. No obstante, repetimos, la teoría del Creacionis­
mo es la única verdadera y la rigurosam ente ortodoxa,
según así se desprende de la opinión del papa León IX
(siglo xi), de los argum entos aducidos por los Escolásticos,
en la Edad media, de la epístola rem itida por el Sumo
Pontífice Benito XII á León, Rey de A rm enia (siglo xiv),
en la que se condenaba el error de que «el alm a h um ana
del hijo se propaga por el alm a del padre como el cuerpo
por el cuerpo,» y, en nuestros días, del decreto de la Sa~
g rad a Congregación del Indice (1857), condenando la teo­
ría de Fi'ohscham m er, favorable al Generación ismo, y la
declaración del cardenal Patrizzi (1866), por m andato de
Pío IX, en sus cartas al arzobispo de Malinas, refutando
el Generacionismo de U baghs (1).
Momento de la creación del alm a del hombre.— * Re­
chazando desde luego la descabellada opinión de Platón y
O rígenes, reproducida en el fondo por varios Espiritistas
de hoy día, p ara quienes el alm a hum ana es creada
desde el principio del m undo, por cuanto sem ejante doc­
trin a está en m anifiesta contradicción con la conciencia
lógica y con la observación psicológica, toda vez que es
incom patible con la unidad sustancial de naturaleza y de
p ersona en el hom bre; no hay necesidad de p ro b ar que la
creación del alm a intelectiva tiene lugar en el m om en­
to de su unión-con el cuerpo
(1) Defendido por éste en su obra titulada Anthropolofjia, publicada en
Lovjijnu en 1848.
lec c ió n x v in 207

Qué momento sea éste, no puede afirm arse con absolu­


ta certeza, por ser m ateria controvertible: p a ra unos, se
verifica en el principio mismo de la generación, en el acto
de la fecundación y de la concepción; p ara otros, en el
punto y form a en que el feto com ienza su vida; y, p ara
otros, Santo Tom ás entre ellos, en el fin de la generación,
ó sea cuando el cuerpo alcanza un organism o propiam en­
te hum ano, hallándose ya perfeccionada su configura­
ción, lo cual no acontece hasta los treinta á cuarenta días
de la fecundación del germ en y de la concepción del feto.
* De m anera que, según esta teoría, no está anim ado
é rfe to por un espíritu intelectivo, hasta tanto que ha r e ­
corrido los grados de vida inferiores á la vida propiam ente
hum ana, esto es, la m eram ente orgánica y la sensitiva*
* Y la razón está en que, conforme nos lo testifican la
conciencia y la observación, y como nos lo enseña la cien­
cia, el sujeto que h a de recibir una forma la va adquirien­
do, no p e r saltu/n, sino por grados, y no se hace capaz de
poseerla en toda su integridad m ientras el cuerpo no esté
convenientem ente organizado, en cuyo instante logra la
aptitud p a ra recibir en su seno el alm a intelectiva y libre.
* Sem ejante teoría, seguida por los Escolásticos y ad­
m itida por no pocos Fisiólogos (1), se nos figura la m ás
plausible, por ser la m ayorm ente verosímil.

( 1; V. A Brentazzoli, en su obra intitulada: Ra cvoglitore Medico d i Fano


<1859).
LECCIÓN XIX

De la unión del alm a con el cuerpo.—Sistemas p a ra


ex p lica rla .—Á fln de explicar satisfactoriam ente el co­
mercio entre el alm a y el cuerpo, se han ideado desde
Descartes varios sistem as, entre los cuales son dignos de
especial mención el Ocasionalismo, el de la H arm onía
preestablecidaf el del Influjo físico p o r concomitancia y
el del M ediador plástico.
El de ¿as cam as ocasionales, de Descartes y M alle-
branche.—Este sistem a fué inventado por Descartes y sos­
tenido por M allebranche. Según él, el alm a nada recibe
del cuerpo, ni éste del alm a; sino que entram bos son oca­
sión de que Dios cause en uno y otro el efecto correspon­
diente; de m anera que no es el alm a la que, por ejemplo,
mueve el brazo, sino que, al querer ésta moverlo, Dios le
mueve; al im presionar los objetos nuestros sentidos y, tra s
la transm isión por medio de la sustancia gris de los ner-
14
210 p s ic o lo g ía .

vios, realizarse la recepción en el cerebro, Dios causa en


el alm a Ja sensación oportuna.
El de La harmonía preeslabLec¿da, de Leibnitz y W o lf .
—Según este sistem a, Invención de Leibnitz y seguido por
W olf, tam poco m edia acción alguna entre el alm a y el
cuerpo, cada uno de los cuales verifica una serie de accio­
nes que m útuam ente se corresponden, á pesar de su inde­
pendencia recíproca; consum ándose asi una concordancia
y harm onía, no casual, sino prevista y establecida por
Dios, al unir en un solo compuesto dos sustancias cuyos
actos se realizan siem pre con m útua y perfecta conformi­
dad; de modo que el alm a y el cuerpo vienen á ser como
dos relojes, que, sin hallarse en comunicación de especie
alguna, fueron construidos con tal exactitud y precisión
que el uno m arca en todos casos lo mismo que el otro, sin
que jam ás surja la m enor discrepancia. Por consiguiente,
así el alm a como el cuerpo son á m anera de dos au tó m a­
tas, cuyos movimientos están ordenados de tal suerte que
los que anteceden contienen la razón suficiente y son cau­
sa necesaria de los posteriores.
E l del influjo fís ic o , de Eulero y Locke.—Este siste­
m a, debido á ciertos filósofos de la escuela aristotélica,
durante la Edad media, y principalm ente defendido por
Eulero y Locke, consiste en suponer que cada una de las
dos sustancias, cuerpo y alm a, obra sobre la otra, y de-
term ina en ella los actos, que corresponden á los que la
p rim era verifica, resultando e n tre 'la s dos una influencia
reciproca, real y física. Sin em bargo, este influjo físico
debe entenderse, no por acción y reacción, como aconte­
ce entre dos agentes distintos, completos é independien­
tes, pues en este caso sería inadm isiblé, por hallarse en
pugna con la unidad de naturaleza y de persona en el hom ­
LECCIÓN XIX 211

bre; sino por concomitancia, esto es, por concurrir en ­


tram b as del mismo modo á la formación de la naturaleza
específica del hom bre y á la producción de sus fenómenos
y operaciones.
E l del m ediador plástico, de C udw orth.—Consiste este
sistem a, patrocinado por Cudworth, en suponer que, e n ­
tre el alm a y el cuerpo, m edia una sustancia im aginaria,
llam ada m ediador plástico (ó de extensión), principio vi­
viente inm aterial y m aterial sim ultáneam ente que, á pesar
d e carecer de conocimiento, por lo menos reflejo, por su
lado m aterial com unica al cuerpo las operaciones y afec­
ciones del alm a, y por su aspecto inm aterial se cqm unica
con el espíritu.
* Sem ejante m ediador plástico guarda notable a n a lo ­
gía con los espíritus anim ales, adm itidos por algunos filó­
sofos y fisiólogos del siglo xvn, y con el famoso médium
de los m odernos Espiritistas.
D octrina escolástica.— * Dejando de lado los cuatro
sistem as que anteceden, todos ellos absurdos é inadm isi­
bles, y propicios al Idealism o exagerado y al m ás grosero
M aterialism o, indicarem os som eram ente la teoría esco­
lástica, referente al problem a de la unión y com unicación
del alm a con el cuerpo.
La doctrina escolástica ad hoc se resum e en tres tesis:
1.a La unión del alm a con el cuerpo es sustancial; 2.a Es
tam bién personal y natural; y 3.R El alm a racional es
fo r m a sustancial del cuerpo.
Prim era: La unión del alm a con el cuerpo es su stan ­
cial.—La unión del alm a con el cuerpo no es accidental,
como la del hom bre con el caballo que le lleva, ó la del
piloto con su nave, según la doctrina de Platón;'sino que
es una unión sustancial, en cuya virtud el cuerpo y el
212 PSICOLOGÍA

alm a com ponen un solo principio de acción y de pasión.


Y como el térm ino ó resultado de esta unión, al cual lla­
m am os hom bre, es sustancial, es evidente que la unión
m ism a del alm a con el cuerpo h a de ser igualm ente su s­
tancial, y nó accidental. El modo cómo ocurre este hecho
es un misterio (1).
* Hay que advertir que la unión sustancial del alm a
con el cuerpo no destruye la distinción esencial que m edia
entre am bos; porque la unidad resultante, no es la unidad
propia de las sustancias simples, sino la unidad de una
sustancia com puesta, una de cuyas partes, ó sea el cuer­
po, recibe de la otra, el alm a, la vida y la subsistencia d e
que, sin ella, carece; como se observa tan pronto el cu er­
po es desam parado por el alm a, en cual ocasión sobre­
viene la m uerte, quedando desde luego el cuerpo sujeto
en absoluto á las leyes físicas y quím icas que rigen la
m ateria.
Segunda: Es tam bién personal y n a tu ra l.—# A dem ás
de sustancial, la unión del alm a con el cuerpo es personal
y n a tu ra l.
Es persona], porque de la unión de entram bas p a rte s
resulta una sola persona (unión sustancial del alm a y el
cuerpo), un solo yo; como lo atestigua la conciencia ló­
gica.
Es natural, porque de ella nace la esencia del hom bre
(la anim alidad m ás la racionalidad), denom inada con el
nom bre abstracto de hum anidad; y toda esencia, consi­
derad a como principio de acción, se llam a natu raleza.
T ercera: El alm a racional es form a sustancial del

(1) Modas, quo corporibu# a d f u e re n t s p i r i t u s e t a n i m a l i a j l u n t , o m n in o


m ír u s est. nec v o m p r e h e n d i ab h o m i n e p o te s t . (Sao Agustín: De C ioitate De't).
LECCIÓN X IX 213

cuerpo.—* De tres m aneras puede explicarse esta unión


sustancial del alm a y el cuerpo hum anos: 1.a, considerando
al alm a vere, p er se ac essentialiter form a sustancial
del cuerpo; 2.a, entendiendo que el alm a del hom bre es
la form a del cuerpo, á modo de principio cognoscitivo,
sensitivo y vital, es decir, como inform ando el ser cognos­
citivo, sensitivo y vital, m as no corpóreo; y 3.a, juzgando
el alm a form a sustancial del cuerpo, pero adm itiendo en
éste cierta corporeidad, esto es, una forma im perfecta y
vaga ó indeterm inada. La segunda teoría h a sido susten­
tad a por los PP. Botaglia, Palm ieri y Tongiorgi; la tercera
por E nrique de Gante y Duns Scott. La prim era es la ge­
neralm ente seguida por los Escolásticos.
Decimos que el alm a intelectiva es sim pliciter, vere,
p e r se ac essentialiter form a sustancial del cuerpo hum a­
no, porque, siendo el alm a el único principio vital que
hay en el hom bre, es tam bién la raíz ,de la vida que el
alm a m ism a com unica al cuerpo. El cuerpo, sin el alm a,
es un cadáver inerte, una m era potencia m aterial, incapaz
de lograr por si m ism a la perfección de que participa en
el cuerpo anim ado; em pero, inform ado por el alm a, es
cuerpo vivo, que se mueve, se nutre y tiene sensaciones y
apetitos; luego el alm a es el principio que com unica al
cuerpo, uniéndose con él, su propio ser susiancial, dando
in acta á la m ateria de que consta el cuerpo la perfección
de que es susceptible: luego el alm a es la forma sustancial
del cuerpo hum ano.
* Adviértase que, al consignar que el alm a está unida
con el cuerpo como su form a sustancial, entiéndese el
alm a, no sólo en cuanto es principio de la vida orgánica,
sino en cuanto es sustancia racional, porque, siendo in­
divisible, su esencia es incapaz de poder unirse parcial­
214 PSICOLOGÍA.

m ente ó por partes; m as, al consum arse la unión del alm a


con el cuerpo, no le com unica aquélla á éste la vida pro­
cedente de su virtud intelectiva y volitiva (1).
* De esta opinión participan, con Santo Tom ás de Aqui-
no, la inm ensa m ayoría de los teólogos, canonistas y filó­
sofos escolásticos. Lo mismo decretaron los Concilios ecu­
ménicos IV de Viena, presidido por Clemente V, y V de
San Juan de Letrán, celebrado en tiempos del R om ana
Pontífice León X (2). Y lo m ism o proclam ó M onseñor
Czacki, al dirigirse al Dr. Travaglini, durante el reinado
de Pío IX; y es defendido, en nuestros días, por La Civiltá
Cattolica, de Rom a, por La Sciensa e la Fede, de Nápo-
les, por La Sciensa Italiana, de Bolofnia, y por todas las
Academ ias tom istas, apoyadas por los grandes dignata­
rios de la Iglesia, y, en fin, por los breves y decisiones de
Pió IX y de León XIII.
Lugar en que reside el alm a humana.—V arias son las

(1) Esto quiere indicar Santo Tomás, al decir: Licet anim a u n itu r corpori
secu.ndu.rn essentiam animce intellectiece, non lamen secundum operationem
¿ntelleotualem,
(2) En el Concilio de Viena se prom ulgó el siguiente decreto ó canon: Doctri­
nara omnem aeu propositionem iemere asserentem aut oertentem in dubium
quod sabstantia animce ratíonalts, seu intellectiece, cere ac per se hum ani
corporis non sit form a, oelut erroneam ac eeritati catkolicce inim icam Fidei,
m ero approbante Concilio, reprobamus; definientes , ut cunctis nota sit Jldei
sincera oeritas, ac prcecludatur un i cer$ ¿s erro ribus aditus ne subinirent, quod
quisquí» deínceps asserere, defende re, seu. tenere pertinaciter pnesum pserit,
quod an im a rationalis , seu intellectiva non sit fo rm a corporis hum ani per se
et essentialiter, tanquam haereticus sit censendus. El mismo Concilio decretó:
Unigenitum Dei flliu m corpus hum anum passibile et anim am intellecticam
seu rationalem. ipsum corpm itere, per se et essentialiter inform antem as-
sumpsixse eat tempore in oirginali thalamo ad unitatem suee personen, Y dicha
definición dogm ática ha sido reproducida por el Concilio V de Lelrfin, al d ecir que
el alm a hum ana es vere, per se et essentialiter hum ani corporis form a. Por úl­
tim o, Pío IX la co n firrtó , al co n d en ar los e rro re s de G iinter, m aestro del citado
Baltzer. en las Litterce apostolicce ad Cardinalem Geissel, Archie.pisr.opus, d a -
tce anno 1857.
LECCIÓN X I 3
t 215

opiniones concernientes á esta m ateria: asi, Herófilo la


coloca en una de las m em branas que cubren el cerebro,
Demócrito en toda la cabeza, Strato en el entrecejo, P ar-
ménides y Epicuro en todo el pecho, Empédocles en la
sangre y en el vientre, Diógenes y los Estóicos en el co ra­
zón, etc.
Doctrina de Descartes y de Buffon.—Descartes opina
que el lugar asiento del alm a hum ana es la glándula pi­
neal; y Buffon, abundando en el parecer de Herófllo, en
una de las tres m em branas que envuelven el cerebro,
llam ada p ia m ater { 1).
Teoría aristotélico-escolástica,—Para Aristóteles, S an­
to Tom ás de Aquino y los Escolásticos, el alm a hum ana
está toda en todo el cuerpo y toda en cada una de las
partes del mismo cuerpo, (A n im a humana est to ta in toto
corpore et tota in qualibet p a rte.)
* E sta doctrina es corolario de ser el alm a h um ana
form a sustancial del cuerpo, y de la naturaleza intrínseca
de las sensaciones.
Se dem uestra: 1.° P o rq u e, siendo el alm a la forma
sustancial del cuerpo, hay que adm itir de toda necesidad

(1) La masa cerebral ó encefálica (vulgarm ente sesos) com prende dos partes,
el cerebro (a n te rio r y su p erio r) y el cerebelo (posterior)» en loa que se ad v ierten
ciertos surcos, de m ayor ó m enor profundidad, denom inados anfractuosidades.
Lo masa de la cabeza, en general, se divide en dos hem isferios, el lateral derecho
y el lateral izquierdo, gubdivididos en tres lóbulos, a n terior, posterior y m edio,
separados por el cu erp o calloso ó mesolobo; entre los tres lóbulos se advierten los
cuatro tubérculos quadrigém inos, en cuyo cen tro está situada la apellidada silla
turca, que es el fin ó rem ate del esfenoidAs, al lado del etm oides; y, en la citada
silla, la q u e antes se conocía con el nom bre de glándula pineal, hoy llam ada c u e r­
po pineal, que ofrece uno configuración a rredondeada. Y, en cuanto & las tres
m em branas que recu b ren el cerebro, colocadas de fuera adentro, ll&manse en
general m eninges, y son la d u ra m ater (la m&s externa y lindante con el cráneo),
la aracnoides ó aracnoidea (central) y la pia m ater (la mAs interna y lindante in m e­
d iata m e n te con el c ere b ro ).
216 PSICOLOGÍA

que resida en todo él, dándole la vida que tiene. Más cla­
ro: ninguna parte del cuerpo estarla vioa, á no hallarse
inform ada por el alm a; y el alm a no podría inform ar las
distintas partes del cuerpo, si no residiera en todas ellas,
penetrándolas y vivificándolas.
2.° Porque, las sensaciones son actos vitales ejercita­
dos por el alm a en los órganos respectivos de cada senti­
do; y como ningún agente puede o b ra r en donde no está,
claro, que el alm a tiene su residencia en todas las partes
de nuestro cuerpo, que participan, por consiguiente, de su
virtud sensitiva.
* Además de estas dos dem ostraciones directas de
n uestra tesis, puede probarse tam bién por algunos proce­
dim ientos indirectos, que tiendan á la refutación de la
cuestión contraria. Tales pruebas son:
* d.“ Porque sería indigno de la excelencia y de la
nobleza del alm a hallarse encerrada, cual en fúnebre se­
pulcro, en un solo punto del cuerpo.
* 2 / Porque, los que suponen el alm a en el cerebro,
desconocen la verdadera doctrina, que la considera como
forma sustancial del cuerpo, sustituyéndola con el e rro r
de Platón, que m iraba al alm a, no como form a, sino cual
m otor del cuerpo hum ano. Y, aun suponiéndole m otor, no
podría influir en el organism o, si no residiese en todo él
anim ándolo.
* 3.a Porque la conciencia lógica nos atestigua que
las sensaciones se perfeccionan en todas las partes de
nuestro cuerpo; luego es absurdo encerrar el alm a-en un
solo punto.
* 4.ft El alm a, en la hipótesis de que se tpata, ocupa
un lugar indivisible del cerebro ó se extiende á varias p a r­
tes del mismo: si lo prim ero, todas las sensaciones se con­
I.ECCLÓN XIX 217

fundirían entre sí; si lo segundo, hay que reconocer en el


alm a la facultad de residir en varios lugares sim ultánea­
mente: aquél caso sería absurdo; luego hay que d escartar­
lo, y, en el otro extrem o del dilem a, se reconoce y confiesa
nuestra cuestión.
* Por consiguiente, y en virtud de todo lo m anifestado,
queda suficientem ente probada la verdad de la teoría es­
colástica,
* Los Cartesianos oponen dos objeciones á la teoría
aristotélico-escolástica acerca de la m ateria que venim os
tratando* Según la prim era, Jas sensaciones se perfeccio­
nan en el cerebro; la segunda se funda en la dificultad que
experim entam os para com prender de qué m anera un ser
sim ple y finito pueda residir en varias partes sim ultánea­
mente.
* Expondrem os á continuación dos brevísimos razo­
nam ientos, á fin de refutar tales objeciones,
* P rim era.—Afirman los discípulos de D escartes que
las sensaciones se verifican en el cerebro; añadiendo que,
una vez com prim ida ó disuelta la ro é d u la cerebral, ó cor­
tados los nervios que la ponen en comunicación con los
órganos de los sentidos, quedan éstos paralizados.
* Conviene fijar la atención en que, si la sensación
aconteciese realm ente en el cerebro, allí nos señalaría la
conciencia lógica, y no en los órganos de los sentidos don­
de la experim entam os todos. Además, del hecho de cesar
todo acto sensitivo al com prim ir ó disolver el cerebro, ó al
q u ed ar truncada la Comunicación con los órganos de los
sentidos externos, no se deduce ciertam ente que la sensa­
ción se realice en el cerebro, sino única y exclusivam ente
que el cerebro es el instrum ento del cual dependen v ir­
tualm ente los restantes órganos corporales, sin cuya in­
218 PSICOLOGÍA

tervención perm anece inactiva la sensibilidad. Y, final­


m ente, im porta saber que, en el cerebro, se desarrolla la
formación de la llam ada sustancia gris, fluido que se d i­
funde por los nervios, que viene á ser el vehículo de la
sensación y que prepara y predispone á los dem ás ó rg a­
nos p ara la m ism a sensación; razón por la cual, disuelto
ó com prim ido el cerebro, es obvio qué sem ejantes órga­
nos carezcan de la disposición conveniente y favorable
p a ra que en ellos tenga lugar la repetida sensación.
* Y, con respecto á ta segunda objeción, hay que obser­
var que Dios es tam bién Ente simple, y esto no empece
que se halle presente en todas partes y al m ismo tiempo;
luego lo propio puede decirse del alm a, con relación al
cuerpo hum ano. Por m anera que Dios, Ser infinito, ex­
tiende su presencia á todas partes, penetrando h asta lo
m ás íntimo de cada cosa; m ientras el alm a intelectiva,
dada su esencia finita y lim itada, se halla tan sólo presen­
te en el cuerpo hum ano, á que perm anece unida, en esta
vida; siendo aquél igualm ente finito y limitado (1).

(1) A dviértase, esto no obstante, que, aun cuando el alm a racional esté por
esencia toda en lodo el cuerpo y toda en cada una de sus partes, reside principal­
m ente en el c ere b ro y en el corazón, órganos respectivos de la vida sensitiva y de
la vegetativa.
LECCIÓN XX

E l a l m a d e l o s b r u t o s . — Demostración de su existen­
c ia .—Los brutos tienen alm a, como lo indican los movi­
m ientos de su cuerpo, que.revelan en ellos la existencia
de un principio que siente, piensa y quiere.
Sus atributos.—El alm a de los irracionales reúne cinco
atributos: unidad, sustancialidad, espiritualidad, identi­
da d y actividad.
* Com parando el alm a del hom bre con la de los b ru ­
tos (1), observam os que esta últim a reúne los cinco pri­
m eros atributos de la prim era, faltándole la sim plicidad,
con sus corolarios (indivisibilidad é inm aterialidad), y la
inm ortalidad.
Decimos que el alm a de los brutos tiene unidad, es de­
cir, que es tínica.
(1) Por este m otivo, albucos autores dan al estudio de esta m ateria el titulo
de Psicología comparada.
220 PSICOLOGÍA

Reúne el atributo de la sustancialidad, porque existe


p e r se y sinipliciter.
Es espiritual, por cuanto goza de independencia ab so ­
luta de la m ateria.
Es idéntica, esto es, persevera en si misma.
Es, por fin, activa, por no estar sujeta á la inercia;
siendo, al contrario, causa eficiente de movimiento.
' Teorías cartesiana é i n m a t e r i a l i s t a * A cabam os de
consignar que el alm a de las bestias es espiritual, y se
com prende que así sea, por cuanto sentir, pensar y que­
rer son fenómenos que repugnan á la m ateria.
* Esto no obstante, precisa notar que no todos los es­
píritus son iguales, es decir, que no todos los entes reúnen
el atributo de la espiritualidad en el mismo grado. No
será, por consiguiente, la m ism a, la espiritualidad de Dios
y de los ángeles que la del hom bre y la del anim al irra ­
cional, por tratarse de seres absolutam ente distintos bajo
el punto de vista de su perfección. De aquí que San A gus­
tín, en sus obras De Im m ortqlitate y De Vera Religione,
form ulara una escala gradual de perfección, la cual, por
orden ascendente, em pieza en el cuerpo, en general, sigue
con las alm as de los brutos, las alm as de los hom bres y
los ángeles, y term ina en Dios, cúspide de todo perfeccio­
nam iento. De donde se infiere que el alm a irracional es
inferior á la hum ana, pero muy superior al cuerpo; como
tam bién se deduce que el alm a de una mosca, v. g r., es
superior al mismo Sol, por cuanto éste, con ser tan nece­
sario p ara la vida orgánica (anim al y vegetal), es, al fin y
al cabo, m aterial, é inferior, por consiguiente á Ja espiri-
túalidad, siquiera ésta sea m ínim a, cbmo la del alm a del
bruto.
Según la teoría de Descartes, la bestia es una m áquina,
LECCIÓN XX 2*21

que consta sólo de cuerpo y que carece de alm a. P ara


Descartes, el alm a irracional no siente, ni conoce, ni quie­
re, ni tiene instintos, etc. Es un mero títere, en el cual pro­
duce Dios los m ism os m ovim ientos que produciría en él
su propia alm a, si la tuviese. Hipótesis que, á sim p|e vis­
ta, se com prende que es com pletam ente a bsurda y co n tra­
ria á lo que nos testifican la observación y la experiencia.
Los inm aterialistas sostienen que el alm a de los brutos
no es m aterial, pero tampoco espiritual, y, adoptando, se­
gún ellos, el térm ino medio, le atribuyen la condición de
Inm aterial.
Inventada la teoría inm aterialista á fines del siglo xvm ,
por el padre Odoardo de Giudice, h a sido robustecida, en
tiempos recientes, por el inmortal filósofo catalán, el pres­
bítero don Jaim e Balmes.
Sin em bargo, precisa observar que los inm aterialistas
incurren en error. Y, p a ra dem ostrarlo, bastará in terro ­
garles acerca del verdadero significado intrínseco de la
cualidad de inm aterial.
La inm aterialidad ha de ser forzosam ente la sustancia
que en sí reúne, no todas, pero sí algunas de las propieda­
des de la m ateria, ó bien la sustancia, despojada en ab so ­
luto de las propiedades de la m ateria: lo prim ero se niega,
porque las operaciones del alm a bestial repugnan todas al
modo de ser de la m ateria; l'o segundo es tam bién imposi­
ble, como no se reconozca que, en efecto, sea espiritual.
Luego no es inm aterial, sino espiritual.
¿Reúne el almct de las bestias la condición de inm orta-
lédady—Lsi inm ortalidad del alm a hum ana se funda p rin ­
cipalm ente en su fin m oral superior (la vida futura, con
prem ios y castigos). Y como las bestias carecen de este fin
m oral superior, parece que no les está reservada la vida
222 f ic o l o g ía

eterna. Por esta razón, lo probable, según San A gustín, en


su obra De Ecclessia Domini, es que, al m orir la bestia,
Dios aniquila su alm a, ya cum plido su destino de anim ar
al cuerpo en esta vida, único fin, al parecer, p a ra el cual
Dios la creó.
Según Balmes, acaso Dios conserva el alm a de los bru­
tos p ara fines que á nosotros nos son desconocidos, dada
n uestra esencia, de suyo finita y lim itada.
P ara nosotros, im itando á Tanzini, lo m ás acertado es
confesar que, acerca de este punto concreto, nada sabe­
mos, ni, por otra parte, nos im porta gran cosa averi­
guarlo.
¿Tiene raciocinio/—¿Es Libreé—En qué consiste el ins­
tinto de los animales irracionales—Condillac y otros sos­
tienen que el alm a brutal tiene razón, aunque inferior al
hom bre.
Nosotros opinam os que, al contrario, carece de razón
y de libertad:
\ P o r q u e las bestias, antes de toda experiencia, po­
seen varios conocimientos, y asi adoptan ciertas precau­
ciones para la conservación de la salud, tom an rem edios
p a ra la curación de sus dolencias, saben ciertas m anio­
bras p ara atacar, defenderse ó escapar de sus enemigos,
conocen el modo de form ar sus nidos (aves) ó m ad rig u e­
ras, la estación propicia p ara em igrar á países m ás fríos ó
m ás cálidos (golondrinas), su derrotero, etc.; conocim ien­
tos todos que el hom bre no posee, si se halla desprovisto
de experiencia, y que, por tanto, hay que atrib u ir al in s­
tinto;
2.° Porque en el instinto de los anim ales irracionales
no se advierten variedad ni progreso. Por esto exclam a
Galluppi, con tanta profundidad de fondo como gráfica
LECCIÓN x .v 223

frase, que el asno alem án se expresa de la m ism a m an era


que el francés y que el italiano, y que el asno del siglo xix
es un todo igual al asno del tiem po de A braham . Y lo que
afirm a Galluppi del asno, puede en verdad extenderse á
todos los irracionales.
Operaciones del alm a de los brutos.—Consecuencia del
atributo de actividad, que compete al alm a de los brutos,
tiene ésta facultades y>operaciones propias.
Las facultades, como se desprende de lo que dejam os
apuntado, son tres: la sensibilidad, en prim er lugar; la
voluntad, no libre, cual la del hom bre, sino fatal y nece­
saria, y el instinto, que viene á ser, en las bestias, una in ­
teligencia rudim entaria ó m ínim a, algo así como una ten­
tativa de razón, supliendo en parte el defecto de la
racionalidad, don esencial y exclusivo dél «rey de la crea­
ción.»
En cuanto respecta á las funciones ú operaciones del
alm a irracional, pueden, en general, refundirse en nueve.
Tales son:
' Ante todo, los anim ales-irracionales experim entan sen­
saciones, es decir, fenómenos de la sensibilidad producid
dos por un agente del orden físico. Huelga dem ostración
alguna de este hecho, por ser este palpable y evidente, en
todos los tiem pos y en cualesquiera lugares.
En segundo lugar, los brutos experim entan tam bién
sentimiento^, fenómenos de sentir provocados por una
causa eficiente de índole espiritual. A sem ejanza de los
hum anos, pueden ser tales sentim ientos de placer, de do­
lor, de alegría, de tristeza, de cólera, etc.
En tercer térm ino, las bestias gozan de un conocim ien­
to, m ás ó m enos imperfecto, de su estado interno (el yo )
y del m undo exterior (el no yo). Es fuerza concederles,
224 PSICOLOGÍA

por consiguiente, la posesión de las dos operaciones inte­


lectuales cognoscitivas em píricas denom inadas respecti­
vam ente la percepción interna y la percepción externa.
Cierto que, en especial aquélla, es en tales seres parcial y
como en esbozo; m as esta circunstancia no empece la
existencia real de la m encionada operación.
En cuarto lugar, los irracionales aplicaji su instinto á
los objetos, al igual que el hom bre concentra en éstos su
inteligencia. Fenómeno sem ejante se com prueba con la
m ayor facilidad, dándonos cuenta de los m ovimientos y
adem anes del anim al. Hay, pues, que concederles la exis­
tencia de la atención, que no puede convertirse, en ellos,
en observación, p o r cuanto, desde el punto y form a en que
carecen de entendim iento, les resulta imposible la perse­
verancia de su m ente en un objeto dado.
Además, recuerdan; de otro modo, no volverían las
aves al nido donde m oran sus tiernos pequeñuelos; ni re­
conocería el am igo del hom bre á su verdadero dueño. Tie­
nen, por tanto, m em oria.
Poseen, á m ayor abundam iento, las funciones del a n á ­
lisis y de la síntesis, aunque en grado relativo. Lo m ism o
puede decirse de la imaginación ó fantasía, la cual, si bien
de orden inferior y dirigida por el instinto, se m anifiesta á
todas luces en la formación de los nidos, en los sueños, en
el delirio, á veces en la locura, etc., fenómenos todos ob­
servables á cada m om ento en cualquiera de los irracio­
nales.
Tienen tam bién su lenguaje, del cual se valen p ara la
expresión de sus instintos y de sus apetitos. Así, por ejem­
plo, el perro, con sus ladridos, avis,a al amo el riesgo in­
m inente que le am aga; el lagarto, introduciendo su cola
en la oreja del labrador rendido por el sueño, le despierta
LKCC 1ÓN XX 225

p a ra anunciarle la proxim idad de la astuta serpiente; los


loros, las cotorras y los papagayos, y los cuervos una vez
am aestrados, pronuncian ciertas y determ inadas p alab ras
por efecto de la asociación de ideas, etc. Los trinos y los
gorjeos de las parleras y pintadas avecillas, en particular
cuando el orto, son otros tantos him nos al Sol y á su Divi­
no Creador, y dulcísimos epitalam ios en loor de los m ás
castos am ores. Claro está que tam añas m anifestaciones
son signo externo de un lenguaje imperfecto; m as, por no
s e r éste racional, no por ello deja de ser lenguaje.
Los irracionales poseen, como queda dicho, voluntad,
la cual se halla dotada de instintos y de apetitos n u m ero­
sísim os (1), que suplen su defecto de entendim iento. Tie­
nen tam bién, como el hom bre, sus peculiares deseos ó
afectos, que, en ocasiones, se convierten en intensas p a ­
siones, predom inando sobre todas ellas la pasión del
am or.
Finalm ente, adoptan los brutos sus resoluciones pro-
pias, y, por consiguiente, hacen voliciones y noliciones.
Así, v. g r., si un perro da m uestras de querer seguirm e
y le am enazo, se retira, tom ando en este caso una deter­
minación contraria á la prim era.
* Todas las operaciones del alm a de los brutos^ tienen
fácil explicación por los instintos com unes á todos ellos,
por los instintos especiales ó propios de cada especie, ó
de cada grupo en particular; por la educación, en los a n i­
m ales dom ésticos y am aestrados; por la asociación de
ideas, y, en fln, por la casualidad.
* Entiéndase que hechos casuales no son los que no
reconocen causa alguna, porque «no hay efecto sin causa»

(1) Appetitum anim i aui (San Agustín).


15
226 PSICOLOGÍA

(principio de causalidad). Mas, como esta causa puede


ser conocida por nosotros ó desconocida, fácilmente se
desprende que los hechos vulgarm ente denom inados ca­
suales, son, no los productos de la casualidad, sino los
actos que reconocen causas im previstas ó desconocidas
p ara los m ortales. Fenóm eno que ciertam ente n ada tiene
de particular ni de extraordinario, toda vez que el hom ­
bre, finito y limitado pqr esencia, es p e r se incapaz de
conocer todas las verdades, y, por lo mismo, de ad q u irir
noticia exacta de todas las causas eficientes de los suce­
sos que se desenvuelven en la naturaleza.
P aralelo entre el alm a del hombre y la de la bestia.—
.Distínguense, en síntesis:
4.° Porque el alm a del hom bre tiene razón, y el irra ­
cional carece de la m ism a;
2.° Porque el hom bre es libre, y el irracional produce
acciones fatales ó instintivas, no concibiéndose en él la
existencia de la deliberación;
3.° Porque el hom bre tiene lenguaje perfecto (articu­
lado), á diferencia del irracional, cuyo lenguaje es ru d i­
m entario;
4.° Porque el hom bre, por su naturaleza intrínseca y
por los medios que Dios le dió, al crearle del barro de la
tierra, está llam ado al cumplimiento de un fin m oral s u ­
perior, cual es la posesión de Dios en la vida eterna, úni­
ca fuente de la felicidad objetiva y suprem a; fin m oral que
no está reservado á los irracionales;
5.° Porque el hom bre es inm ortal, en cuanto al alm ar
aunque no en cuanto al cuerpo; al p aso q u e los irracio n a­
les carecen en absoluto de sem ejante atributo;
ü.B Porque el hom bre, como ser dotado de libre alb e­
drío y de inteligencia, es tam bién moral y responsable d e
LECCIÓN XX 227

sus acciones, que le son im putables, haciéndole acreedor


de plácem es ó de censuras; y el irracional carece de tales
condiciones.
E l IJarioinismo.—Entiéndese por D arwinism o el siste­
m a filosófico -social inventado y patrocinado por D arw in.
Carlos Darwin, famoso filósofo y, m ás que todo, céle­
bre naturalista inglés, es autor de las siguientes obras: On
the orir/in ofspecies (Del origen de las especies); Varia-
tion o f animaIs and plantes tender domestication (V aria­
ciones de los anim ales y de las plantas bajo el influjo de
la domesticidad), y The descent o f man (Descendencia del
hom bre).
En las citadas obras, desarrollo y explicación de su ge­
nial sistem a, afirm a, ante todo, que los seres vivientes, en
general, proceden de la evolución transform ativa y p r o ­
gresiva de un prototipo prim itivo dotado de vida.
Añade, á continuación, que cada especie tiende á mul­
tiplicarse en progresión geom étrica. Principio que está
contenido en la fam osísim a ley económico-social de M al-
thus (1789), la cual está redactada en los siguientes térm i­
nos: «Prim era proposición: L a población, si 110 se le opu­
siere ningún obstáculo, se desarrollaría incesantem ente,
siguiendo una progresión geom étrica y sin limites asigna­
bles,—Segunda proposición: Los medios de subsistencia,
por el contrario, nunca pueden desarrollarse sino siguien­
do una progresión aritm ética.»
Según D arw in, la existencia y naturaleza de los diver­
sos seres que existen en el Universo, están sujetas á dos
leyes fundam entales: 1.“, la llam ada ley de la lucha p o r la
existencia, por otros denom inada ley de la concurrencia
vital, en virtud de la cual los seres inferiores sucum ­
ben en la proporción necesaria p a ra la conservación de
228 f ic o l o g ía

los géneros superiores y de los individuos m ás robustos


dentro de la m ism a especie; y 2.a, la ley de la selección
natural ó inconsciente, por la cual la naturaleza acum ula
sucesivam ente en los individuos, m ediante la transm isión
hereditaria, las cualidades y perfecciones particulares del
organism o poseídas por los padres, siem pre que ofrezcan
ventajas p ara la concurrencia vital.
Conviene advertir que la prim era de las dos leyes ante­
dichas del sistem a darw iniano, la de la lucha p o r la exis­
tencia ó la concurrencia vital, tiene ya su prem isa na­
tural é inevitable en el omnium contra omnes, de Tom ás
Hobbes.
Corolarios de estas dos leyes son, de la prim era, que la
hum anidad está necesariam ente en g u erra á m uerte, por­
que no es posible que existan medios de subsistencia bas­
tantes á subvenir las necesidades de todos ellos, ni siquie­
ra espacio m aterial p ara los mismos; y, de la segunda, que
el hom bre procede, próxim am ente, del mono, y, rem ota­
m ente, del infusorio. P a ra ello, señala D arwin las corres­
pondientes escalas graduales*
Sienta, por último, otras leyes, como la de la selección
sexu al, la del crecimiento, etc.
* El D arw inism o no es m ás que el desarrollo de las
doctrinas de Epicuro y de Empédocles, de L am arck, de
N audin, de Bory Saint-V incent y de otros Positivistas ó
M aterialistas, m ás ó menos puros, y guarda cierta afini­
dad con las teorías de Maillet, las de R obinet y las de otros
adictos á la Enciclopedia francesa de fines del pasado si­
glo. Fúndase, principalm ente, en las dos obras de L am arck
intituladas: La Pkilosopkie Zoologique y la Histoire natu-
relle des anim aux sans vertebres.
* E sta teoría darw inista, llam ada tam bién del Trans­
LECCIÓN XX

fo rm ism o , es anti-filosófica, a n tiso c ia l y a n ti-cris­


tiana,
* Se dem uestra, ante todo, que es anti-filosófica, m e­
diante el exam en de su método, de su panto de p a rtid a y
de sus leyes.
* El método em pleado para m otivar las sucesivas tran s­
formaciones evolutivas es enteram ente ilógico, por acudir
con sobrada frecuencia á lo desconocido, á lo im previsto1,
á la hipótesis, y por confundir á m enudo lo m eram ente
posible con lo real y existente.
* En cuanto al punto de partida, es absolutam ente g ra­
tuita la hipótesis de que todos los seres proceden de un
prototipo dotado de vida, p ara todos ignoto,
* L am arck, por lo menos, al h ab lar del proiorgan is-
mo y de las leyes á que obedece su desarrollo, nos concede
que éstas son la expresión de la Voluntad suprema; distin­
guiendo, por tanto, entre la N aturaleza y su Autor,
* Y, en lo tocante á las leyes generales que presiden
al -desenvolvimiento transform ativo de aquel germ en pri­
m ordial, precisa consignar que, lejos de hallarse de acuer­
do con la observación y la experiencia, m anifiestan abierta
contradicción con éstas.
* Supongam os por un m om ento que realm ente existe
la ley de la lucha p o r la existencia entre los distintos seres
naturales, aniquilándose el m ás débil. En tal caso, se hace
im posible la explicación de la existencia de tantos m illo­
nes de esos representantes ínfimos de la vida, como infuso­
rios, pólipos, zoófitos, gusanillos, etc. Y con m ayor razón
no pueden ser explicadas dichas existencias, toda vez que,
según D arw in, viene transform ándose el prototipo prim i­
tivo en el transcurso de millones y millones de siglos. De
aquí que, metido en este callejón sin salida, no le queda al
230 PSICOLOGÍA

naturalista británico otro recurso que la generación es­


pontánea (1); procedimiento fácil y m uy socorrido, si no
fuera inexacto y absurdo.
* La ley de la selección natural queda tam bién des­
m entida en m ultitud de casos, testim onios elocuentísim os
en favor de la existencia de los individuos neutros. P o r­
que, si en virtud de esta ley, los padres deben transm itir
á sus hijos todas las cualidades y perfecciones especiales
é individuales que tienen, no hay explicación posible de
que existan en la naturaleza especies de anim ales que en­
gendren hijos estériles é infecundos, como se nota en las
horm igas y en las abejas, ni hay modo factible dé darnos
cuenta y razón de los fenómenos referentes á la h ib rid a ­
ción y á la reproducción de mestizos.
* La existencia sucesiva de una serie muy numerosa
de especies intermedias, queda igualm ente desm entida:
1.% por las exploraciones llevadas á cabo por los geólo­
gos en los diferentes terrenos, en los cuales se advierte
ausencia casi com pleta de tipos de transición y de varie­
dades interm edias, en lugar de la enorm e m ultitud que
debiera existir, según la teoría darw iniana; 2.°, por la ob­
servación y el concienzudo exam en de los m onum entos
históricos, en particular algunas pinturas de plantas y es­
queletos de anim ales que se descubren en los tem plos y
en los hipogeos del antiguo Egipto, los cuales, á p esar de
rem ontarse á la cuarta dinastía, representan las m ism as
razas y variedades contem poráneas; y 3.°, por los experi­
m entos anatóm icos verificados por V icq-D 'Azyr, Duver-
noy, *Bianconi y otros, conformes todos en que el tipo
anatóm ico del hom bre, como anim al andador, se distin­

(1) El Deus ex machina, de Lam arck.


LECCIÓN XX 231

gue esencia] y prim itivam ente del mono antropoide, tre­


pador, y añadiendo el último que se divisan diferencias
radicales entre el cráneo del hom bre y el del orangután,
y entre las anfractuosidades de sus respectivos cerebros:
asi, según resulta de los experim entos practicados por
Bianconi, el cráneo del mono adulto pesa 944 gram os m ás
q u e el cráneo del mismo á la edad de tres anos, al paso
qu e el hum ano presenta únicam ente la diferencia de 431
gram os, com parando el del adulto con el de igual edad
q u e la antes citada; notándose, adem ás, que el cráneo del
hom bre aum enta de una m anera prodigiosa en capacidad
con el transcurso de los años, m ientras que el del m ono
crece en proporción punto m enos que insignificante, y,
por fin, que las circunvoluciones frontales aparecen y se
desenvuelven en el hom bre antes que los pliegues tém poro-
esferoidales, a] contrario de lo que ocurre en los monos.
* Hemos dicho anteriorm ente que la teoría de D arw in
es antisocial. Y la dem ostración estriba en tener presente
que, p a ra el D arwinism o, la ley m oral es una sim ple
transform ación de los instintos sociales de los anim ales,
llevada á la práctica valiéndose de la selección natural é
inconsciente.
* Según esta teoría, los sentim ientos m orales son los
hábitos é instintos de los irracionales, robustecidos y p e r­
feccionados por la selección natural.
* Y, por lo que concierne á la libertad hum ana, es
negada en esta teoría, ya sea con toda franqueza ó ya con
reservas y reticencias.
* Finalm ente, la negación m ás ó m enos explícita de
la existencia de Dios y el origen mediato del hom bre, con
su s naturales deducciones de abandonar al enfermo y al
desvalido, negar ]a caridad y hasta la m era beneficencia,
232 PSICOLOGÍA

y hacer la apoteosis del egoísmo y de la fuerza física, 110


son ciertam ente creencias ni acciones que en modo algu­
no se com padezcan con el espíritu y las prácticas del
Cristianism o. Y es tan imposible, en absoluto, conciliar la
teoría de D arwin con el sentim iento religioso, y muy espe­
cialm ente con la Iglesia de Jesucristo, que, si alguien lo
intentase, d a ría visibles m uestras de no conocer á fondo
una ni otra, La m ism a Clemencia Royer, entusiasta del
naturalista de la nebulosa Albión, se expresa en las si­
guientes frases: «La doctrina de Darwin es la revelación
racional del progreso, fundándose en su antagonism o
lógico con la revelación irracional de la caída del hom bre.
Son dos principios, dos religiones en lucha, una tesis y
una antítesis, y yo desafio al alem án m ás experto en evo­
luciones lógicas á que encuentre la síntesis de las m ism as.
Son un sí y un no m uy categóricos entre los cuales es
preciso elegir, y el que se declare á favor del uno, está
contra el otro.» Conceptos que, al fin y á la postre, no son
sino paráfrasis de las palabras de la Iglesia verdadera:
Qui non est mecum, contra me est.
* A pesar de que, conform e queda ya suficientem ente
dem ostrado, la teoría de Carlos Darwin es falsa y a b su r­
d a en si m ism a, y adem ás funesta en sus m últiples conse­
cuencias del orden social, político, m oral y religioso (1), h a
tenido, y cuenta todavía, en nuestros días, num erosísim os
y entusiastas adm iradores, siendo, entre todos ellos, dig­
nos de especial m ención, principalm ente, en F rancia: E r­
nesto R enán, About, Joly, Alfredo de Musset, y, en lu g ar
m ás preferente, Clemencia Royer; en Italia, M antegazza;
en Inglaterra, Huxley, Tyndall, W allace y Helhvald; en

(1) Razón por la cual nos bem os detenido un tanto en su refutación.


LECCIÓN XX 233

A lem ania, K arns, Tiedm ann, Bremser, Burdach, y, princi­


palm ente, Haeckel, en sus obras: Generelle M orphologie
der Organismen (Morfología sintética de los organism os);
Biologische Studien (Estudios de Biología), y Anthropolo-
gie (Antropología). En 1874 vió la luz pública, en Barcelo­
na, la obra del doctor A bendrath, titulada Origen del
Hombre.
* El Congreso Católico Nacional, de M adrid, reciente­
m ente celebrado, redactó la siguiente conclusión: «El
transform ism o darw iniano es inadm isible, por ser insu­
ficientes las bases en que se apoya esta hipótesis (1).»

(1) Congreso Católico Nacional, sección 11, conclusión VI; M adrid, 1689.
DE

PSICOLOGÍA

L E C C IÓ N P R E L IM IN A R

Etimología y origen histórico de la palabra Filosofía .— Defini­


ciones de esta ciencia, según Cicerón, San Agustín, los Padres
y
Liberatore Sanseverino, el abate Prisco y Goudin.— Lugar que
ocupa la Filosofía en la esfera de los conocimientos hum anos.—
Comparación entre la Teología y la Filosofía.— Importancia y uti­
lidad de la Filosofía.—Su división.
II

P S IC O L O G IA .—Su etimología y definición.—Sus relaciones


con la Estética3 la Lógica y la Etica.— Utilidad de la Psicología.—
Su división.— Psicolooía. experimental ó empírica.—Su definición.
— De los fenómenos, en general.— División de los fenómenos: sus
caracteres.— Potencias del alma humana: su división.—Noción de
las tres facultades anímicas. ,
III

Estbsilooía ó e s t é t i c a t r a s c e n d e n t a l . —Etimología y defini­


ción.— De la sensibilidad: su etimología y concepto.—Objeto for­
mal y objeto formal primario de nuestra sensibilidad.— División de
los fenómenos de sentir.— Diferencias entre la sensación y el sen­
timiento. — De lasensación.—Su etimología y definición.— Requisitos
para la producción de la sensación.—Doble origen de la sensación.
— Organo inmediato de Jas sensaciones,—Su doble carácter.— C la­
sificación de las sensaciones.—Sentidos externos: su concepto y
236 PSICOLOGÍA

e n u m e r a c ió n ,— Sensaciones especiales, correspondientes á cada


u n o de los cinco sentidos externos.— O rd en de excelencia entre los
se ntidos materiales y orden cronológico en que empiezan á ejerci­
tarse.— Sentidos esréticos.— Sentimiento.— Su etim ología y defini­
c ió n .— C u á n d o recibe el calificativo de emoción ó conm oción y
c uándo el de pasión.— División de los sentim ientos.— Sentim ientos
propios de la especie h u m a n a .— P reem inencia del sentim iento m o ­
ral.— E x trem os que pueden d a r lugar á la perversión de iodo sen­
tim iento bueno.

IV

Belleza.— Concepto genérico de la m ism a.— C oncepto objetivo.


— C o n c e p to s u b je tiv o — Definición de la belleza, según P la t ó n .—
Definición, de Milá y F o n ta n a ls.— Elem entos de la belleza.—
E sencias de lo bello.— Cualidades de las formas bellas.— G rados de
la belleza.— Caracteres de la belleza p ropiam ente tal.— Diferencias
entre la belleza y la agradabilidad .— División de la belleza.— Lo
sublime.— Su definición, según Milá.— C aracteres de la sublim idad.
— Diferencia entre lo bello y lo su b lim e .— D istinción entre lo s u ­
blim e y lo rid ícu lo .— División de lo su b lim e .— La belleza y la uti­
lidad.— La belleza, la verdad y la b o n d a d .—Sen tim ien to estético.—
S entim ientos de lo bello, de lo sublim e y de io rid íc u lo .— Ju ic io
estético.— Buen gusto.— G enio.— Del Arte, en general; su triple di­
visión.— Bellas Artes; su clasificación.— Definición de tas prin cipa­
les Bellas Artes.

T e l e s i l o g í a . ó P r a s o l o g í a . — Su etimología y definición.— De la
voluntad: su etimología, concepto y caracteres.— O bjeto formal y
objeto form al prim a rio de nuestra voluntad*— División de los fenó ­
m enos de q u e rer.— M otivo.— Acto.— De la espontaneidad.— Actos
propios de la m ism a.— C oncepto del deseo.— Elem entos que e n ­
vuelve.— División de los deseos.— Po der de la voluntad.— De la in
clinación.— División de las inclinaciones.— Indicación dp las p r i n ­
cipales inclinaciones de la v oluntad h u m a n a .— In stinto.— Su n o ­
c ió n .—C a r a c te r e s diferenciales entre el instinto y el deseo.— N otas
distintivas entre el instinto y la inteligencia.— Diferencia entre el
instinto y la facultad lo com otriz.— División de los in stintos.— S e ­
mejanzas y diferencias entre los actos voluntarios y los instintivos,
en general.
VI

C on cep to de la delib eración.— Casos en que no tiene lu gar.—


C o n d ic io n e s necesarias de la v o lu n ta d .— De la libertad h u m a n a ó
PHOORAMA 237

libre alb e d río .— O bjeciones contra la existencia de la libertad y su


refutación.— H á b ito .— Su d efinición.— Su diferencia de la c o s tu m ­
b re .— Influencia de los hábitos sobre nuestras facultades.— Su d i­
visión,—Su im p o rta n c ia .— N o rm a de conducta para la form ación
de buenos h á b ito s .— Del bien.— C ará c te r de este c oncepto.— Califi­
caciones ética, estética y lógica de los objetos.— Idea del bien.— Su
división.— De la felicidad.

VII

N ooloqía.—S u etim ología y definición.— De la inteligencia, e n ­


te n d im ie n to ó razón: su etim ología, acepciones y definición.— O b ­
jeto formal y objeto form al prim a rio de nuestra ra z ó n .— F e n ó m e ­
nos de pensar.— Sujeto cognoscente y objeto cognoscible.— U nida d
de le potencia intelectiva.— Clasificación genérica de las funciones
intelectuales.

VÍII
De las funciones intelectuales representativas.— Su noción y e n u m e ­
ració n.— M em oria: su c oncepto.— Recuerdo y rem iniscencia.— Ley
de atención.— Dotes de la m e m o ria .— M nem ónica.— Asociación de
ideas.— Ley de .asociación.— Ley de recuerdo directo.— Ley de re ­
cuerdo indirecto.— Coadyacentes.— De la im aginación ó fantasía.—
Su definición.—F o rm a s de esta o peración .— Im ágenes.— N ecesidad
de la im aginación, y su influjo en el A rte.— Precepto ad hoc, de H o ­
racio.
IX

De las funciones intelectuales regulativas.— A bstracción.— Su enlace


íntim o con la generalización, y su diferencia del análisis,— A b s ­
tracción espontánea y v o lu ntaria.— P ro d u c to de la abstracción .—
G eneralización.— P ro d u c to de esta operación.— Diferencias entre
el concepto y la intuición .— C arácter formal de los conceptos.—
Q u é se entiende p o r c om p re n sión y q u é p or extensión de u n c o n ­
cepto.—Valor de los conceptos universales é im portancia de los
m ism os.— U tilidad de la abstracción y de la generalización.—V e n ­
tajas del análisis y de la síntesis.

X
Funciones cognoscitivas empíricas.— Percepción interna ó co n c ie n ­
cia.— División de la m ism a .—C ondiciones cjue su p o n e ,— La refle­
xión, considerada com o la verd adera función instru m ental de la
percepción in terna.— Efectos de la reflexión en la conciencia.— R e ­
quisitos de Ja reflexión.— Procedim ientos para familiarizarnos con
238 PSICOLOGÍA

el ejercicio de la reflexión.— Percepción externa.— C ondiciones o r ­


gánicas qu e requiere.— Diferencias entre la percepción y la sensa­
c ión ,— O bjeto ae los sentidos externos-— Cualidades d é lo s cuerpos.
— La atención, considerada com o el pre lim ina r indispensable y la
verdadera función instrum ental d é la percepción externa.— C o n c e p ­
to de la ate n c ió n ,— Paralelo de la atención con la reflexión, la o b ­
servación y la c o m p aración .— Diferencia entre la atención, la dis­
tracción y la reconcentración.— Relación estrecha de la atención
con la m e m o r ia .—Atención volu ntaria é inv oluntaria.— Atención
sim ple y p arcial.—Efectos generales de la atención.— Condiciones
esenciales de esta operación.— Ley de limitación.

XI
Fundones cogno$citims racionales.— De la razón, en general.— Dife­
rencia en tre la intuición y el raciocinio.—Juicio: su etim ología,
definición y análisis.— Materia y forma del juicio.— Aspectos de la
form a .— Raciocinio.—Su definición y d otes.—Antecedente, c o n si­
guiente y consecuencia.— División del raciocinio,— Princip io s in ­
tuitivos de la in ducción.— P rinc ipios intuitivos de la d e du cción .—
De la facultad noética.— Su definición.— De los prin cipios in tu iti­
vos de la razón: sus caracteres.

XII

Estados del juicio.— Certeza: su n o c ió n .— P ro bab ilidad .— Duda.


— Caracteres de la certeza, de la p robabilidad y de la d u d a .— Ver-
dad.— Sus definiciones, según San Agustín y Santo T o m á s .— Ver­
dad metafísica, lógica y m o ra l.— Verdad objetiva ó material y s u b ­
jetiva ó formal.

X III

Lenguaje.— Su noción.— E lem entos constitutivos del m is m o .—


Clasificación genérica de los signos.

XIV

Ideología.— Su definición.— Idea: su etimología y acepciones; su


n aturaleza.— División de las ideas: p or la causa que las produce,
p or su origen, p o r el sujeto y p o r el o b jeto,

XV

P s i c o l o g í a r a c i o n a l . — Ontología y Cosmología: brete sinopsis preli­


minar de algunas materias aplicables á la Psicología.— Sér ó ente: su c o n ­
PROGUAMA 239

cepto genérico y clasificación.—Idea de causa.—Idea de sustancia.


—Idea de espacio.—Idea de tiempo.—Potencia.—Actos primo y
secundario.
XVI
Alma del hombre,—Existencia del no yo y del yo ,—El supuesto,
el sujeto ó la persona; sus dos partes potenciales.—Alma: su con­
cepto.—Demostración de su existencia.—Su fórmula.
XVII

Definición del atributo.—Su división.—Atributos del alma hu­


mana.—Prueba de la unidad anímica.—Carácter de esta unidad.—
De la sustancialidad del alma humana.—Su demostración.—Prue­
bas de la espiritualidad del alma del hombre*—Demuéstrese la
identidad psíquica.—Pruebas de la actividad.—Por qué razones el
alma del hombre es simple,—La indivisibilidad y la inmateriali­
dad.—De la inmortalidad del alma humana.
XVIII

Del origen del alma humana.—Sistema de Pitágoras y los Es­


toicos-—Doctrina de los Emanantistas,—El Traducianismo.— El
Generacionismo.—El alma racional es creada por Dios, e&niMlo,—
Momento de la creación del alma del hombre.
XIX

De la unión del alma con el cuerpo.—Sistemas para explicarla.—


El de Jas causas ocasionales, de Descartes y Mallebranche.—El de
la harmonía preestablecida, de Leibnitz y "Wolf.—El del influjo fí­
sico, de Eulero y Locke.—El del mediador plástico, de Cudworth.
—Doctrina escolástica.—Lugar en que reside el alma humana.—
Doctrina de Descartes y de Buffón.—Teoría aristotélico-escolás-
tica.
XX

E l alma de los brutos.—Demostración de su existencia.—Sus atri­


butos.—Teorías cartesiana é inmaterialista.—¿Reúne el alma délas
bestias la condición de inmortalidad?—¿Tiene raciocinio?—¿Es li­
bre?—En qué consiste el instinto de los animales irracionales.—
Operaciones del alma de los brutos.— Paralelo entre el alma del
hombre y la de la bestia.—El Darwinismo.
Li O G I C A
---- - -----

LECCIÓN XXI

L ógica . —Sit
etimología y definición.—La palab ra «Ló­
gica» procede de la voz griega que significa rosón,
p a la b ra , tratado ó discurso.
Lógica, ó Filosofía racional, es la ciencia de la verdad.
Enseña las leyes de la inteligencia y dicta reglas p a ra la
investigación y enunciación de la verdad.
* Leyes de la inteligencia son las m aneras naturales y
constantes de funcionar, características de esta facultad
psíquica.
* Reglas lógicas son las m áxim as de dirección p rá c ti­
ca, deducidas del conocimiento de las leyes intelectuales.
E stas reglas no se refieren á la inteligencia, considerada
en sí m ism a, sino á la voluntad, única facultad aním ica
verdaderam ente regulable, por ser la única dotada de li­
bertad.
242 LÓGICA.

* De lo dicho se infiere que, al paso que el carácter de


la Psicología en general es esencialm ente teórico, el de la
Lógica es principalm ente práctico.
Sil objeto y Jln.—E l objeto de la Lógica es el estudio
de las leyes de la inteligencia en relación con la verdad,
que es su objeto formal, y la enum eración de las reglas á
que debe atem perarse la voluntad, en la investigación y
enunciación de sem ejante verdad.
El fin es la m ism a investigación y enunciación de la
v erd ad .
¡,Es ciencia ó es a r te i—La Lógica es al m ismo tiempo
ciencia y arte: ciencia, porque es una serie de principios
ciertos y evidentes; arte, porque dicta reglas.
Relaciones con las restantes ciencias.—En prim er lu­
g ar, tiene relaciones íntim as con la Psicologia, que es su
fundam ento y punto de partida. En segundo lugar, con la
Ética, y, en general, con todas las dem ás ram as de la Fi­
losofía.
Además, todas las ciencias que constituyen el árbol del
sab er hum ano retoben de la Lógica poderoso auxilio p ara
su constitución y organización, y p ara su exposición a d e ­
cuada. Las ciencias experim entales ó de observación (físi­
co-quím icas y naturales) deben á la Lógica los preceptos
p a ra analizar y observar debidam ente, para generalizar
con m esura, p a ra clasificar con acierto y para inferir in­
ducciones legítimas. Las racionales ó especulativas, de
puro raciocinio (exactas y metafísicas) reciben de la Lógi­
ca el método de riguroso encadenam iento y de legítima
consecuencia que necesitan p ara su desenvolvimiento.
U tilidad.—Siempre ha sido reputada la Lógica como el
arte por excelencia, y, desde los tiem pos m ás antiguos, m e­
reció de Aristóteles el calificativo de Organon (órgano), es
LECCIÓN XX I 243

decir, instrumento, porque la Lógica es la preparación


p ara las restantes ciencias.
Al propio tiempo, siendo la Lógica una verdadera gim ­
nasia de la inteligencia, á la cual acostum bra á discurrir,
extienfle^su saludable influencia al régimen de las costum ­
b res y de la vida, al gobierno doméstico, al trato de los
hom bres considerados en sociedad, al manejo de los nego­
cios y & la pública adm inistración. Y de aquí que merecie­
ra el título de Propedéutica, que significa preparación de
la juventud; que Sócrates la llam ara Donum Deonim (don
de los dioses); y que Cicerón la calificara de A ré artium
et Scientia scisntiarum (Arte de las Artes y Ciencia de las
Ciencias), es decir, el Arte y la Ciencia por excelencia.
División de la Lógica.—Comprende cuatro tratados:
M etodología, C ritica, G ram ática general y D ialéctica.
L a Metodología sirve para investigar la verdad, la Crí­
tica para ju zg a rla y distinguirla del error, la G ram ática
p a ra expresarla ó enunciarla y la Dialéctiva p ara dem os­
tra rla con pruebas ó argum entaciones.
* La Metodología es sintética, y, por tanto, p rin c ip a l­
mente teórica; la Crítica es analítica, y por tanto, p rá c ti­
ca; la G ram ática general es analítica y p ráctica, y la Dia­
léctica es sintético-teórica.
* Estas cuatro partes d é la Lógica se pueden reunir en
dos grupos: en uno la Metodología y la Crítica, y, en otro,
la G ram ática y la Dialéctica. L as dos del prim er grupo
sirven, en general, para hallar la verdad; las dos re stan ­
tes p ara dem ostrarla. Y como en toda dem ostración se
requieren dos elementos, el enunciado y la dem ostración,
de ahí la distinción entre la G ram ática (enunciado de la
verdad) y la Dialéctica (probanza de la m ism a verdad).
LECCIÓN XXII

etimología y definición.—La p alabra


M e to d o lo g ía .— S u
«Metodología» procede de tres voces griegas: que sig­
nifica en, 53°;, camino, y trata d o .
De donde, Metodología es el tratado del cam ino ó p ro -
cedimiento para hallar ó investigar la verdad.
Método.—Su noción.—La voz «método» se deriva d é la s
dos griegas antes indicadas, en, y camino.
Método, en general, es el cam ino que seguim os p a ra
hacer algo.
Método, en Lógica, será el procedim iento adecuado p a­
ra la investigación de la verdad.
División del método científico.—El método, en general,
es voluntario ó científico y espontáneo ó instintivoy según
que sea causado por la voluntad ó p o r el instinto.
El método voluntario, llam ado tam bién científico por
tener aplicación á las ciencias, es el m ás im portante, y
se divide en dos: analítico y sintético.
246 LÓGICA.

El método analítico procede de lo particular á lo uni­


versal y de lo simple á lo compuesto; el sintético, al con­
trario, de lo universal á lo particular y de lo compuesto á
lo simple.
El prim ero llám ase tam bién de inducción, por valerse
del raciocinio inductivo, y de invención, por ser el em plea­
do en las invenciones y en los descubrim ientos, en gene­
ral. Y, el segundo, de deducción, por valerse del raciocinio
deductivo; de exposición, por ser el m ás á propósito p ara
exponer una ciencia, y de doctrina y de enseñanza, por
cuánto es el usado con predilección en Didáctica. Aquél
se em plea principalm ente en las ciencias físico-químicas
y en las naturales; éste, en las exactas. Los dos se comple­
tan, representando el proceso progresivo y regresivo d é la
inteligencia.
D o b l e e s c a l a , de Bacon.—Lord Bacon, Canciller de In­

glaterra durante el reinado de Isabel, figuró los dos méto­


dos en cuestión, con su escala. Es ésta doble, ascendente y
descendente, en forma de ángulo recto, en cuyo vértice es­
tán representados los principios; en los extrem os de los
lados, los hechos y las consecuencias, y, en tales lados, el
análisis y la síntesis. El lado ascendente, que es el derecho,
procede de los hechos particulares á los principios genera­
les (análisis), y, el descendente, izquierdo, de los principios
generales á las consecuencias particulares.
* Ya se com prende que el método analítico se llam a
así por fundarse en el análisis (descomposición), y el sin­
tético porque se funda en la síntesis (recomposición).
Leyes generales.—Las leyes ó reglas generales ó co­
m unes á entram bos métodos cientifleos son tres:
1.a Debe precederse de lo m ás fácil y conocido á lo
m ás desconocido y m ayorm ente difícil;
LECCIÓN X X II 247

2.ft Hay que proceder gradualm ente, de m an era que


cada una de las conclusiones se derive inm ediatam ente de
sus principios próxim os;
3.a Es necesaria la conexión ó relación intim a entre
todos los grados de la ^erie progresiva de verdades.
Leyes especiales del método an alítico.—Son dos:
1.a Es indispensable la descomposición, es decir, la
separación ó división del objeto compuesto en sus partes
ó elem entos constitutivos; y,
2.a Es m enester que se observen orden y claridad.
Leyes del método sintético.—Son dos:
1.a Hay necesidad de com enzar por los axiom as; y,
2.a T ras los axiom as, seguirán las definiciones y los
conceptos m ás genéricos.
Métodos especíales.—Son tres: el histórico, el m atem á­
tico y el de discusión.
Métodos históricos.—El método histórico es, como ya
lo indica el nom bre, el em pleado en las investigaciones de
la Historia. Puede ser de cuatro modos: geográfico^ ero-
nológíco, etnográfico y sincrónico ; según que estudie con
preferencia los lugares, las fech a sen que acontecieron los
hechos históricos, las rasas á que pertenecen los pueblos,
sujetos de la Historia, ó, finalmente, estudie esta ciencia
por ciclos (1).
Método m atem ático.—Es el usado en las ciencias exac­
tas, principalm ente en Geometría, la m ás exacta de todas.
Método de discusión: sus fo r m a s .—Sirve p a ra discutir
(disputar con mesura). Es de tres especies: com ún, dialo-

(1) Son ciclos los lapsos de tiem po, varios en extensión, caracterizados p or u n
hecho de gran trascendencia, y en cuyo espacio se estudia sinauUáneainoQto la his-
i loria de varías nacionalidades.
248 LÓGICA.

gado ó socrático y silogístico ó escolástico. El prim ero es


u n a sim ple conversación entre dos personas; el segundo,
se caracteriza por el diálogo (1), y se llam a tam bién so­
crático por ser invención de Sócrates; el tercero se funda
en el silogismo y en las dem ás form as de la argum entación
dialéctica, y se denom ina igualm ente escolástico porque
fué inventado por los Escolásticos ó discípulos de Santo
Tom ás.
Fin del método.—El fln del método científico es eviden­
te que será la ciencia.
Ciencia} en general: su definición.—Es una serie de
verdades ciertas y evidentes, encadenadas entre sí in tim a­
m ente, fundadas en un m ismo principio y encam inadas á
idéntico f in.
Distinción entre la Ciencia y el A rte .—Arte, en gene­
ral, es la realización de la belleza por el'hom bre (’2).
Arte, en contraposición á la Ciencia, es una colección
de reglas de aplicación práctica.
Principios científicos.—Llám ase principio la verdad
últim a que sirve de base y fundam ento á las dem ás ver­
dades .
Principios fundam entales y form ales: sets caracteres
respectivos.—Los principios científicos pueden ser de dos
clases: fundam entales ó referentes al fondo y fo rm a les ó
relativos á la forma de la ciencia de que se trata: aquéllos
son la base propiam ente tal d e tla constitución científica;
éstos contribuyen al desenvolvimiento sistem ático de la
ciencia.

(1) C onversación entre varías personas, que hablan a lte rn a tiv a m en te y que se
d en o m in an interlocutores.
(2) Véase Lección IV.
i
LEC CIÓN X X II 249

Distínguense los principios fundam entales de los for­


m ales por tres causas: í.% por su carácter intrínseco; 2.*,
por su relación, y 3.a, por su o rig en .'
Por su carácter intrínseco: los principios fundam enta­
les son fecundos y especiales p a ra cada ciencia; los for­
m ales son estériles y generales ó com unes á todas las
ciencias.
Por su relación: los fundam entales se reñeren á la m a­
teria ó fondo de la ciencia; los formales, á la form a ó a p a ­
riencia externa de aquélla.
Por su origen: los fundam entales son reflejos y los for­
m ales son espontáneos. Y aquéllos son reflejos ó delibera­
dos porque proceden de la deliberación, com binada con
tres causas: el raciocinio inductivo, el raciocinio deductivo
y la im aginación; la inducción se em plea en las ciencias
físico-quím icas y 'naturales; la deducción, en las exactas;
la im aginación, en las llam adas ciencias sociales, filosófi­
cas, m orales y políticas (antes H um anidades, hoy Letras).
* Los principios fundam entales son los axiom as: á con­
tinuación enum eram os los m ás notables.
Principio de contradicción.—Se formula: «Una cosa
no puede ser y no ser al mismo tiempo» (Idem nequit si-
mul esse et non esse).
* K ant lo enuncia: «En un ser no pueden coexistir p ro ­
piedades que m utuam ente se destruyan.»
* El principio de contradicción es el m ás im portante de
todos, por ser la piedra angular de los dem ás.
Principio de identidad.—«Todo ser es lo que es.»
P rincipio de causalidad.—¿Todo efecto reconoce una
causa;» ó «No hay efecto sin causa» ( Nullus effectus sine
causa).
* Este principio es im portantísim o, porque es de sen -
250 LÓGICA

tido común que, según los antiguos: F élix qui potuit re-
rum cognoscere causas.
Principio de sustancialidad.—nNo puede existir m odi­
ficación sin sustancia modificada;» ó «No hay accidente
sin sustancia ni cualidad sin sujeto.»
Principio de razón suficiente.—«No hay cosa alguna
sin razón suficiente.»
Principios de inducción.—Son dos:
1.° «Iguales causas, en iguales circunstancias subjeti­
vas y objetivas, producen los m ismos efectos.»
Newton lo enuncia: Ejfectm ipi nataraliuni ejusde/n
generis eccdem sunt causce.
2.° «En la naturaleza, todos los fenómenos son efectos
de leyes constantes y generales,» ó «Las leyes de la natu­
raleza son constantes y generales.»
Principios de deducción (1).—Son tres:
1.? «Dos cosas iguales á una tercera son iguales entre
sí;*
2.a «Dos cosas desiguales á una tercera pueden ser
iguales ó desiguales entre si;»
Y 3.* «Dos cosas, de las cuales la una es igual y la otra
desigual á una tercera, son forzosam ente desiguales entre
sí.»
D atos.—Son los principios formales secundarios, que*
coadyuvan á los formales prim arios ó propiam ente tales
en el desarrollo ó exposición de las ciencias.
Constitución y exposición de una ciencia.—Entiéndese
por constitución de una ciencia el modo cómo ésta se des-

(1) Para ios principios de inducción y deducción, véanse las Lecciones XI y


XXVIII.
LECC1ÓX X X II 251

envuelve y perfecciona, y por exposición la m anera cómo


se m anifiesta ó exterioriza.
* En la constitución de las ciencias se sigue el método
analítico ó sintético, según que la ciencia sea de observa­
ción ó de puro raciocinio; en la exposición, el sintético,
sin excepción, aun en las ciencias construidas por análisis.
Cuestión y dem ostración.—En toda verdad h ay que
distinguir dos elementos: la cuestión y la demostración.
Cuestión es sim plem ente el enunciado de la verdad d e ­
m ostrable; llám ase tam bién tesis.
Demostración es la prueba ó el razonam iento de que
nos valem os p ara convencer á los dem ás. Defínese ta m ­
bién: La deducción de una verdad, de principios ciertos y
evidentes.
Especies de ésta.—Puede ser la dem ostración inm edia­
ta 6 p ró x im a y m ediata ó remota, sim ple y compuesta,
directa é indirecta, ad absurdum vel ab ¿nconvenienti, a
p rio ri y a posteriori} regresiva ó a d hominem, etc.
Demostración inm ediata es la que se funda en una ver­
dad evidente por sí m ism a.
Demostración m ediata es la que se apoya en un p rin ­
cipio secundario.
Demostración simple es la que consta de un solo arg u ­
mento.
Compuesta, la que contiene dos ó m ás pruebas.
Directa, la relacionada con alguna verdad funda­
m ental, '
Indirecta, la que pone de manifiesto el absurdo ó ridí­
culo que se seguiría, caso de adoptar la tésis contradicto­
ria á la verdad dem ostrable objeto de la discusión-
A p r io r i, la que procede de las causas á los efectos,
siguiendo un orden progresivo.
252 LÓGICA

A posteriori, la que retrocede de los efectos á las cau ­


sas, en orden regresivo.
* La dem ostración a p r io ri envuelve idea de acción; la
a posterior i, de pasión, reacción, retroceso ó retroacti-
viciad.
Finalm ente, la dem ostración regresiva ó ad hominem
consiste en valerse de las arm as del adversario, p a ra he­
rirle con sus m ism os filos; es decir: aprovecharse de
las pruebas y de las objeciones que opone el rival, refu­
tándolas victoriosam ente (1).
Formas de las demostraciones m atem áticas.—Son sie­
te: A xiom a, P ostulado, Teorema, Problema, Lem a, Co­
rolario y Escolio.
Axioma es una verdad teorética evidente, y, por tanto,
indem ostrable.
Postulado es una verdad práctica evidente.
Teorem a es una verdad teórica que necesita dem ostra­
ción. Comprende dos partes esenciales: el enunciado y la
demostración; entendiendo por enunciado la m era expre­
sión de la verdad dem ostrable y por dem ostración el razo­
nam iento adecuado. En el enunciado conviene distinguir
otros dos elementos: la hipótesis y la tesis; siendo aquella
una suposición referente á lo que ya se sabe y ésta la v e r­
dad cuestionable.
Problem a es una verdad práctica que há m enester d e ­
m ostración. Comprende tam bién, á sem ejanza del teo re­
m a, dos partes: el planteam iento, análogo al enunciado de
aquél, y la demostración; siendo de notar, igualm ente,
en el planteam iento ó enunciado, la propuesta y la sola-

(1) La dem ostración ad hom inem acom paña, p or punto general, ¿ una figura
retorica, de pensam iento y lógica, d enom inada Concesión.
LECCIÓN X X II 253

ción, correspondientes á la hipótesis y á la tésis del teore­


m a, respectivam ente.
Lem a es una consecuencia deducida de otra ciencia.
Corolario es una consecuencia inferida de las verdades
m atem áticas.
Escolio es una simple nota, observación, aclaración ó
advertencia.
* De lo expuesto se desprende con la m ayor evidencia
que las form as principales son el axiom a, el postulado, el
teorem a y el problem a. Y tam bién, que el axiom a y el teo­
rem a se asem ejan en que entram bos son teoréticos, pero
aquél evidente y éste dem ostrable; que el postulado y el
problem a se avienen en ser los dos prácticos, pero aquél
evidente y éste dem ostrable; que el axiom a y el postulado
convienen en s e rlo s dos evidentes, pero aquél teórico y
éste práctico; que el teorem a y el problem a son los dos d e ­
m ostrables, diferenciándose en que aquél es teórico y éste
práctico; y, por último, que el lem a y el corolario son en­
tram bos m eras consecuencias, m as ésta es indígena y
aquélla exótica.
Form as de las demostraciones silogísticas.—Son va­
rias, siendo las principales y m ayorm ente en uso las si­
guientes: Silogismo, Prosilogisniot Entimema, Epique-
rem a, D ilem a, Sorites, Inducción y Ejem plo.
* L as definiciones se darán en su lugar adecuado (1).
Ciencias empíricas, racionales y em pírico-racionales.
—Llám anse em píricas las ciencias que se fundan en la
observación, racionales las que descansan en la razón, y
em pírico-racionales las que se apoyan en la observación

(l) V éanse las Lecciones XXXV y siguientes, hasta la XXXIX.


254 LÓGICA
S_

y en la razón á la vez; éstas últim as pudieran tam bién de­


nom inarse m ixtas.
* Las em píricas proceden de lo compuesto á lo simple
y de lo determ inado á Jo general, las racionales procedan
de lo sim ple y ¿enérico á lo com puesto y determ inado; las
em piricas m uestran lo que es de m anera contingente ó
eventual, las racionales lo que ha de ser por modo absolu­
to y necesario; las em píricas se sirven con preferencia de
la inducción y las racionales de la deducción (1).
Ciencias especulativas y prá ctica s.—Las prim eras son
teóricas, las segundas son técnicas: aquéllas dictan úni­
cam ente principios; éstas, á la par que principios, dictan
reglas (2).
Método adecuado.—En las ciencias em piricas, el an a­
lítico; en las racionales» el sintético; en las empírico-racio­
nales, el analítico ó el sintético, según los casos; en las
especulativas, el sintético, y, en las prácticas, el analítico.
* No term inarem os estas ligerisim as nociones de Me­
todología sin decir siquiera dos palabras acerca de los
sistem as de los filósofos respecto del método.
* Asi, pues, y bajo el punto de partida de cada sistem a,
divídese el método en Ontoloyismo, Psicologismo carte­
siano y panteístico, Idealismo, E m pirism o, Eclecticismo y
Tradicionalismo.
* Según el método ontológico, el principio de todo sa­
b er hum ano radica en el conocimiento intuitivo é inm e­
diato de Dios.

(1) Ejem plos de ciencias em píricas, racionales y em pírico-racionales, respecti­


vam ente: ]a Psicología em pírica, la Psicología racional y la Lógica.
(2) Ejem plo de ciencia especulativa: la Geometría; de ciencia práctica, la Me­
dicina.
LECCIÓN x x n 255

* El Psicologismo cartesiano es el método que funda


toda la ciencia hum ana en el conocimiento inm ediato que
el sujeto pensante tiene de su existencia y de sus actos.
* El Psicologismo panteístico, de Amadeo Fichte, su­
pone que el yo hum ano es, no sólo origen y principio de
toda ciencia, sino tam bién de toda realidad.
* El Idealism o estriba en Ja creencia en las ideas in­
natas.
* El Em pirism o funda toda la ciencia del hom bre en la
experiencia de los hechos, internos y externos, generaliza­
dos por la inducción.
* El Eclecticismo, de Cousin, es la elección de verdades
de tal ó cual sistem a; llám anle algunos Sincretismo, esto
es, cúmulo de errores contradictorios, sacados de acá y
de acullá.
* El Tradicionalism o es el método que reconoce la e x ­
trao rd in aria im portancia de los principios de la razón, sin
desdeñar por esto la observación de los hechos conocidos
por la experiencia, así interna (conciencia lógica) como
externa (sentidos externos). Es el método verdadero (1).

(1) Consúltese lo expuesto en la Lección XIV, al tralp r de los sistem as filosófi­


cos relativos si origen de las ideas.
LECCIÓN xxm

De l o s p r o c e d i m i e n t o s m e t ó d i c o s . —Su noción ¡j clasifi­


cación.—Procedimientos metódicos son las funciones inte­
grales del método, es decir, las operaciones que, com bi­
nadas, dan lugar al método científico.
Son de dos clases: de la invención analítica ó sim ple­
mente analíticos y de la exposición sintética ó sintéticos.
Aquéllos se em plean en el método analítico y éstos en el
sintético.
Los analíticos son tres: Observación, Experim entación
é Hipótesis.
Los sintéticos, cinco: Definición, Dicisión, Clasifica­
ción, Teoría y Sistema.
Procedimientos de la invención analítica.—De la obser~
oación.—Es la aplicación sostenida de la inteligencia á un
objeto aislado.
Su diferencia de la atención.—Distínguense en que
258 LÓGICA

ésta es pasajera y aquélla es sostenida, es decir, es per­


m anente, d uradera ó constante durante largo tiempo (1).
L a observación es, pues, la atención continuada.
Sus reglas.—Son cuatro:
1.a Atención de la inteligencia al objeto dado;
2.a Distinción de los dem ás;
3.a Análisis de sus propiedades, y
4.a Síntesis.
Distinción entre la observación y la experim entación,
y ventajas de ésta.—Experim entación es la aplicación
sostenida de la inteligencia á un objeto, en cuya produ c­
ción ó modificación tom am os parte.
Diferencian se la observación y la experim entación en
que, en ésta, intervenim os en la producción total, ó, por
lo m enos, en la modificación ó alteración del objeto, y, en
aquélla, somos m eros espectadores del mismo objeto,
independiente por completo de nosotros.
De donde se deduce que la experim entación es m ás
ventajosa que la observación, por cuanto, en aquélla, so­
m os libres de originar el objeto en su totalidad, ó, cuando
menos, de modificarlo, siem pre que nos convenga; m ien­
tra s que, en ésta, hay necesidad de esperar ocasión pro­
picia p ara aplicar nuestra inteligencia al objeto, de ordi­
nario fuera de nuestra esfera de acción. Por esto dice
Bacon que «los secretos de la naturaleza se m anifiestan
m ejor bajo el fuego y el hierro de la experiencia que en
el curso tranquilo de sus operaciones ordinarias.»
R eglas.—Son tres:
1.a Repetición del experim ento;

(i) V. Lección X.
LECCIÓN X X ltl 250

2.* Extensión á objetos análogos y opuestos, y


3.a Variación del experim ento, ó acto de experi­
m entar.
Hipótesis: su carácter.—La hipótesis es una suposi­
ción (1), m ás ó menos probable, p ara explicar algo*
Su carácter intrínseco es la interinidad.
Leyes —Son cuatro:
i .* No debe ser absurda;
2.» No debe ser contraria á las verdades existentes
(religiosas, m orales, sociales, políticas, etc.);
3." No debe ser hija del capricho, sino de la necesi­
d a d , y producto del genio, y
4.a No debe ser desechada hasta que h a y a producido
la falsedad ó la certeza.
Procedim ientos de la exposición sintética.—Definición:
su noción y representación.—Es el desarrollo verbal de la
comprensión de una idea, es decir, del núm ero d e n o ta s
ó cualidades de que es predicable el concepto de que se
tra ta (2).
Se representa m ediante la fórm ula siguiente: E = G
-j-D: la especie es igual á la sum a del género p ró x im o y
la últim a diferencia (3). Ejemplo: «El hom bre es el ani­
m al ra c io n al»
Definición nominal ó verbal y real.—La. definición,
genéricam ente considerada, puede ser de dos clases: no­
m inal ó verbal y real: aquélla es la explicación del sen­
tido de una palabra; ésta, la de la naturaleza de una cosa.
Definición esencial, descripción y filiación.—La defi-

(1) La palabra «hipótesis* es griega, y signiQca suposición.


( i) V. Lección ÍX.
(3) V. Lección XXVi!.
260 LÓGICA

nición real, que es la m ás im portante, se subdivide en


esencial, descriptiva ó descripción y filiación.
Definición esencial es la explicación de las cualidades
esenciales de la cosa, esto es, de las cualidades que atañen
á la esencia del ser (1).
Definición descriptiva es la explicación genérica de
todas las cualidades m ás salientes del objeto, asi esen­
ciales como accidentales (2).
Definición Jiliatioa (3) ó filiación es la explicación de
las cualidades accidentales, del ente (4).
Definición causal ó genética.—Es la explicación de las
causas ú orígenes de la cosa.
R eglas.—Son cuatro:
1.a Ha de ser clara;
2.* Ha de ser breve (concisa), y, por tanto, el definido
no debe en trar en la definición (Definitum non debet in~
g red i in d e jin itio n e m de otro modo, se incurre en el cir­
culo vicioso (circulan in definiendo);
3.a Ha de ser reciproca, esto es, h a de convenir á todo
el definido y á sólo el definido (Definiüo conveniat omni
et solí deflnito), y
4.a Ha de constar forzosam ente de género p ró x im o y
últim a diferencia 6 diferencia especifica, porque, sin es­
tos dos factores esenciales, es imposible una definición (5)
exacta.

(1) V. Lección XV.


(i) Conviene no confundir la descripción filosófica, árida y Tria, parto del
raciocinio, coa la Descripción literaria, enérgica y anim ada, producto de la fan­
tasía.
(3) Em pleam os esta palabra, au n q u e neologism o, para m ayor claridad.
(í) V. Lección XV.
(3) Sinónim os de ''definición» se usan vulgarm ente las voces «noción,» «con­
cepto,^ «idea,’' etc.; pero la definición envuelve en fif m ayor exactitud y precisión.
LECCION X X III 261

División.—Es el desarrollo verbal de la extensión de


una idea, es decir, del núm ero de individuos á los cuales
se refiere el concepto en cuestión (1).
Especies de todo divisible.—Todo divisible, en gene­
ral, es el com puesto susceptible de ser dividido en partes.
Puede ser.d e tres especies: universal, integral y p o ­
tencial.
Todo divisible universal es el divisible en partes, ya
ideales, ya reales: es el todo divisible, en sentido Jato.
Todo divisible integral es el todo divisible en partes
reales ó m ateriales (una narfimja).
Todo divisible potencial es el todo divisible en partes
ideales ó m entales, no reales (el alm a hum ana).
* El todo divisible integral y el potencial están tom a­
dos en acepción estricta; aquél, es resultado del análisis, y
éste, de la abstracción.
Divisiones lógica, real y m etafísica.—Correspondientes
á aquéllas tres variedades de todos divisibles, se nos p re­
sentan las tres divisiones lógica%real y m etafísica.
División lógica es la división en sentido lato, la del todo
universal.
División real es la división del todo divisible integral,
en sus partes reales*
División metafísica es la división del todo divisible po­
tencial, en sus partes ideales.
¥ Las divisiónes real y metafísica están tom adas en
sentido estricto, como la lógica en acepción lata.
* Los productos de la división de un todo divisible en
sus partes, ora reales, ora m entales, IlámanseVmem¿>/'o.s ó
extrem os de la división.

(1) Véase Lección iX.


262

* Según sea el núm ero de tales m iem bros, la división


es bimembre ó d/cotómica y polim em bre 'ó politóm ica:
aquélla consta de dos m iem bros; ésta, de m ás de dos ( tr¿~
membre si de tres, cuatrim em bre si de cuatro, etc.)
Subdivisiones y codivisiones: su fu ndam ento.—La sub­
división es la segunda, tercera, cuarta, etc-, división: es la
división de la división.
La codioisión es la división paralela ó colateral.
La subdivisión se funda e n -la subordinación ó depen­
dencia; la codivisión, en la coordinación, ú orden coexis-
tente ó con existencia sim ultánea.
Leyes de la división.—Son cuatro:
i Ha de ser clara y breve;
2.a Ha de ser íntegra, esto es, debe a b a rc a r todos los
extrem os resultantes;
3.a Ha de ser adecuada, es decir, ha de ab razar á to­
dos los m iem bros y no m ás que los m iem bros, y
4.* Ha de ser opuesta, de m anera que uno de los ex­
trem os no esté contenido en el otro (1).
Clasificación: su concepto y utilidad. — Consiste en
a g ru p ar ideas y objetos de la m ism a naturaleza.
Es útil porque auxilia la m em oria, contribuye á la cla­
ridad y ah o rra tiem po y trabajo.
Clasificación espontánea y voluntaria ó científica.—La.
clasificación puede ser producto del instinto ó de la delibe­
ración: en el prim er.caso, se llam a espontánea; en el se­
gundo, voluntaria, y tam bién científica, por ser em pleada
en las ciencias.
Clasificación natural y artificial. —La clasificación

(1) Las reglas de la división están randadas en el axiom a: «El todo es igual 6 ,1a
sum a-de siis partes.»
LECCIÓN X.XI1I 263

voluntaria puede ser á su vez natural y artificial: en la


p rim era se atiende á todos los caracteres de los objetos
clasificables; en la segunda, únicam ente al m ás saliente.
R eglas de la a r tif ic ia l.S o n dos:
1.a Debe escogerse el carácter más saliente del objeto
y que sea m ayorm ente perceptible por nuestra inteligencia,
y 2.a Hay que ordenar las verdades clasificadas con
perfecta sim etría.
Teoría (i).—* La palab ra teoría puede tom arse en dos
sentidos: lato y estricto.
♦ En sentido lato, significa oposición á p rá ctica ó téc­
nica.
En sentido estricto, ó como procedim iento metódico
sintético, consiste en una serie de verdades homogéneas
(de la m ism a naturaleza).
Sistema (2),—Es una serie de verdades heterogéneas
(de diferente naturaleza).
Diferencias entre la teoría y el sis tem a.—Son tres:
1.* L a teoría consta de verdades hom ogéneas y el sis­
tem a de verdades heterogéneas;
2.a La teoría, si es verdadera, es incom patible con
o tra teoria; al paso que el sistem a, verdadero ó falso, en
todo ó en parte, es com patible con otro sistem a;
3.* La teoría es toda cierta ó toda errónea; el sistem a
puede ser semicierto y semifalso.

(1) Voz griega, que significa «especulación,» "discusión,» «contem plación.»


(1) Yoz griega: significa «composición,,» com binación,* construcción.»
LECCION X X IY

C r í t i c a . —Su etimología y definición.—La palab ra «Cri­


tica» procede de la voz griega Kpwc, equivalente á la latina
ju d itiu n i y á la espartóla ju icio (acto de juzgar).
De donde, Critica es la parte de la Lógica que sirve
p a ra distinguir entre la verdad y el error.
Su división en Critica general y especia!. —La Critica
com prende dos secciones: 1.a, Critica general, estudio del
ju ic io , considerado en sí m ism o, y de los criterios de la
verdad; 2.*, Critica especial, tratado del ju icio, en sus re­
laciones con las operaciones del entendimiento.
C r í t i c a g e n e r a l . —Del juicio: su noción y análisis.—Ya
sabem os (1) que juicio es una operación intelectual por la
cual percibim os y afirm am os una relación entre dos tér­
m inos representativos de dos ideas.

/I ) Véase Lección XI.


266 LÓGICA.

Acerca del.análisis del juicio, recuérdese lo ya m ani­


festado en Ja Psicología (i).
Juicios directos y reflejos. — Los juicios, en general,
pueden ser directos y reflejos: en los prim eros, los térm i­
nos relacionados son la inteligencia y el objeto conocido;
en los reflejos, dos conocim ientos preexistentes de nues­
tra razón, á los cuales se aplica nuestra actividad intelec­
tual. Aquéllos son sintéticos y éstos analíticos; ios directos
pueden expresarse con una sola p a lab ra; los reflejos
necesitan, cuando m enos, dos palabras (A m o, Dios es
ju sto ).
En qué consisten la m ateria y la fo rm a de un ju icio .—
Sabem os tam bién que m ateria de un juicio es la sum a de
sus dos térm inos (sujeto y predicado) y form a es la unión
entre los mismos, representada por la cópula. Y entiénda­
se que nos referimos á los juicios reflejos, no á los direc­
tos, por cuanto aquéllos son los únicos regulables, por
ofrecer la distinción m anifiesta entre sus elem entos cons­
titutivos.
Aspectos de la fo r m a .—Son cuatro: cantidad, cualidad,
relación y m odalidad.
Cantidad de un juicio es la m ayor ó m enor extensión
del sujeto y del predicado.
Cualidad de un juicio es la conveniencia ó discrepancia
entre el sujeto y el predicado.
Relación de un juicio es la dependencia ó subordina­
ción existente entre el sujeto y el predicado.
Modalidad de un juicio es ef grado de vigor en la rela­
ción que m edia entre el sujeto y el predicado.

(1) Véase Lección XI.


LECCIÓN XXIV 267

Clasificación de los juicios: por la cantidad, p o r la


cualidad, p o r la relación y p o r la m odalidad.—E jem ­
plos.—Por la cantidad, se'dividen los juicios en universa­
lesf p articu lares y singulares; por la cualidad, en a fir m a ­
tivos ó positivos, negativos y ¿imitativos; por la relación,
en categóricos, enunciativos ó predicativos, hipotéticos
ó condicionales y disyuntivos; y, por la m odalidad, en
problem áticos ó posibles, asertóricosr aseverativos ó cier­
tos y apodicticos ó necesarios.
Juicio universal es aquél cuyo su jetó se tom a en toda
su extensión: «Todos los hom bres son mortales.»
Juicio particular es aquél cuyo sujeto se tom a en parte
de su extensión: «Algunos hom bres son m alos.>
Juicio singular es aquél cuyo sujeto se tom a en su ex­
tensión mínima: «Cicerón fué orador eximio.»
Juicio afirm ativo es aquél que indica conveniencia en­
tre el sujeto y el predicado: «Las pasiones son refrenadas
por la virtud.»
Juicio negativo es el que revela disconveniencia entre
el sujeto y el predicado: «Dios no aniquilará el alm a h u ­
mana,»
Juicicv limitativo es aquél cuyo sujeto vive en una esfera
fuera de la esfera del predicado: «Pedro es no bello.»
Juicio categórico es el que afirm a rotundam ente:. «El
hom bre es un ser libre y responsable de sus actos.»
Juicio hipotético es el que envuelve una hipótesis ó
una condición, expresa ó tácita: «Si estudias, sab rás la lec­
ción.»
Juicio disyuntivo es el condicional, cuya condición afec­
ta al predicado: «El alm a de los brutos es m ortal ó in -
' m ortal.»
Juicio problem ático es el que encierra relación m era­
268 LÓGICA

m ente posible entre el sujeto y el predicado: «El hom bre


puede ser bueno.»
Juicio asertórico es el que m arca relación real y exis­
tente entre el sujeto y el predicado: «El hom bre es bueno.»
Juicio apodíctico es el que indica que la relación entre
el sujeto y el predicado es necesaria: «El hom bre ha de
ser bueno.»
LECCION XXV

E s ta d o s Son tres: certeza, probabilidad y


d e l ju ic io .—
duda; conforme ya se dijo (1).
Clasificación de los juicios, considerados bajo el punto
de vista de sus estados.—Divídense en ciertos, probables y
dudosos, según que revelen cada uno de aquellos tres es­
tados del juicio.
Los juicios probables se llam an tam bién opiniones.
Certera: su carácter.—Ya sabem os que certeza es la
adhesión viva, plena y profunda del entendim iento á la
verdad. Su carácter es la invarlabilidad.
Certidumbre m etafísica, fís ic a y m oral.—La certeza ó
certidum bre es de tres m aneras: metafísica, física y m oral.
Certeza m etafísica es la que tenem os de las verdades
necesarias.

(1) V. Lección XII.


270 LÓGICA

Certeza fisica es la que habernos de las verdades con­


tingentes.
Certeza moral es la relativa á las verdades que depen­
den de la constitución psíquica de los hom bres.
Probabilidad: su nota característica.—La probabili­
dad es el estado del juicio en el cual la afirm ación no es
absoluta, porque envuelve recelo de error. Su carácter es
la variabilidad.
Gradan de pro b a b ilid a d .—Son dos: la opinión y la ve­
rosim ilitud. Aquélla es la probabilidad ínfim a y ésta la
m áxim a.
Duda: su car ácter.—Es el estado de nuestro juicio en
que éste queda como suspenso y en equilibrio, por caren ­
cia absoluta de razones positivas y negativas, ó porque
haya razones m anifiestas en pro y en contra, que se des­
tru y an reciprocam ente. Su carácter es la inoctrlabilidad
indiJer ente.
D uda positiva y negativa, universal y p a r tic u la r .—
Duda positiva es la que envuelve razones en pro y en con­
tra , que se equilibran y destruyen.
Duda negativa es la absoluta ausencia de m otivos de
juzgar.
Duda universal es la que se extiende á todas las ver­
dades.
Duda particular es la referente á determ inadas ver­
dades.
* El sistem a filosófico que se funda en la duda, univer­
sal ó particular, es el Escepticismo, del cual hablarem os
en breve (1).
Distinción entre la duda y la ignorancia.—En la duda

(1) V éase Lección XXVI.


LECCIÓN XXV 271

negativa, que es la duda m áxim a, puede haber defecto de


razones, pero hay siem pre conocimiento, total ó parcial,
del objeto; en la ignorancia no hay ni motivos de juzgar,
ni tan siquiera conocim iento erróneo del objeto en cues­
tión: el que duda sabe, el que ignora nada sabe.
Evidencia: su distinción de la verdad y de la certeza.—
Es la claridad pura y penetrante con que la verdad se p re ­
senta á los ojos del alm a intelectiva.
No son lo mismo verdad y evidencia: la verdad depende
de la relación de conformidad entre el objeto y la idea (1);
la evidencia es propia de la idea en si misma.
Ni tampoco deben confundirse la certeza y la eviden­
cia: aquélla es propia del juicio y ésta es exclusiva de la
idea, aquélla es subjetiva y ésta es objetiva.
División de la evidencia,—Puede ser inm ediata y me­
diata, contingente y necesaria, intrínseca y extrínseca,
intuitiva, inducida y deducida.
Evidencia intuitiva es la conocida por el alm a, sin ne­
cesidad del raciocinio (los axiom as).
Evidencia inducida es la que se alcanza por medio de
la inducción (todo cuerpo es grave).
Evidencia deducida es la que se obtiene por la deduc­
ción (la sum a de los tres ángulos de un triángulo equiláte­
ro equivale á dos ángulos rectos).
Evidencia inm ediata es la que solo necesita la percep­
ción de sus térm inos (una cosa no puede ser y no ser al
m ism o tiempo).
Evidencia m ediata es la que requiere dem ostración (el
cuadrado de la hipotenusa es igual á la sum a de los cua­
drados de los dos catetos).

(1) Véase Lección XII.


272 LÓGICA

Evidencia contingente es la relativa á verdades even­


tuales (todo cuerpo es elástico).
Evidencia necesaria es la referente á las verdades a b ­
solutas (todo circulo es redondo).
Evidencia intrínseca es la inherente á la m ism a idea (la
existencia del Sol).
Evidencia extrínseca es la que no se nos ofrece eviden­
te por sí m ism a, sino que h a m enester de testigos fide­
dignos (la existencia de los satélites de Urano).
F e .—Es el asentim iento que copcedemos á. las verda­
des evidentes extrínsecam ente. El que prestam os á las
verdades evidentes intrínsecam ente es la ciencia.
Fe teológica, histórica y filo só fic a ,—Fe teológica ó di­
vina es el asentim iento á las verdades m anifestadas por
Dios, y se funda en la infalibilidad del mismo Dios.
Fe histórica es la persuasión de que es verdad lo que
otros hom bres dicen, y se funda en el testimonio de la au­
toridad hum ana.
Fe filosófica es la confianza ciega é irresistible en los
medios de conocer propios de todos los hom bres, y se fun­
da en la seguridad que ofrecen las leyes de nuestra inteli­
gencia.
E rr o r .—Su noción, según Descartes y los Escolásticos.
—El error, según los Cartesianos, es una verdad p a rcia l,
esto es, una mezcla de verdad y de error; lo que resulta
absurdo. Según los Escolásticos, es un ju icio fa lso .
E rro r m etafísica, lógico y m oral.—Como ya se observó
al tra ta r de la verdad (1), h a^ tres clases de errores, anti­
téticos á las tres especies de verdades: metáfísico, lógico y
m oral.
v
(1) V. Lección XII.
LECCIÓN XXV 273

E rro r metafisico es la disconform idad entre el ser y su


esencia.
E rro r lógico es la disconform idad entre la idea y su
objeto.
E rro r moral es la disconform idad entre lo que decimos
y lo que pensamos.
El prim ero se llam a imposible, el segundo fa lse d a d 6
e rro r propiam ente tal y el tercero mentira.
* Nótese que el error, en general, es siem pre la rela­
ción de disconform idad, m ientras la verdad lo es de con­
fo rm id a d ; aquél envuelve desem ejanza ó discrepancia,
ésta conveniencia.
Fuentes de error.—Pueden reducirse á cuatro:
1.* La precipitación en el juzgar;
2.a Las preocupaciones de la inteligencia;
3." La autoridad excesiva de ciertos autores;
4.* Las pasiones desenfrenadas (1).
Todas ellas se pueden refundir en una: la m ala direc­
ción de nuestra actividad intelectual.
M anera de corregir nuestros errores.—El único rem e­
dio es la rigurosa y exacta aplicación de las leyes lógicas.
Ignorancia.—Es la privación de la posesión de la ver­
dad.
Diferencia entre el error y la ignorancia.—La ignoran­
cia es un estado negatico de nuestra inteligencia, el erro r
es positivo; en aquélla hay desconocimiento com pleto de
la verdad, en éste hay juicios contrarios á ella.
Ignorancia universal y p a rticu la r, de hecho y de dere-

(*) Aquí tieno aplicación el conocido aforismo: vQuod eolumua, fa c ile cre~
'dimus.»
18
274 LÓGICA.

choy vencible é invencible.—Ignorancia universal es la de


todas las verdades.
P articular, la de algunas verdades.
De hecho, la que dice relación á algún suceso.
De derecho, la de la ley. Y aquí debe consignarse que
la ignorancia de la ley no aprovecha. (Ignorantici ju r is
non prodest.)
Vencible, la que se puede vencer por el hom bre.
Invencible^ al contrario.
Causas de la ignorancia.—Son, en general, tres:
1.a La pereza intelectual ó indolencia;
2.* El método desordenado;
3.“ La carencia de medios m ateriales.
LECCIÓN XXYI

E x i s t e n c i a d e l a v e r d a d . —La verdad, en su concepto


m ás genérico, es indefinible, como son en rigor indefini­
bles la belleza y el bien; pero es, indudablem ente, una re­
lación de acuerdo y de conform idad. E l error es, al co n tra­
rio, una relación de disconformidad.
Escepticism o.—Llám anse Escépticos los filósofos que
niegan la existencia de la verdad.
* L a voz «escéptico» procede del verbo griego d^nTojia:,
equivalente al latin Circumspicio ( Spicere c írc tu n j= e x a -
m inar alrededor, suspender el juicio por prudencia y exa­
m in ar el asunto despacio, m editar. Más tarde h a significa­
do «dudar siem pre,» dudar por sistem a y por convicción.
* Todos los Escépticos afirm an que nuestros juicios son
indiferentes (ni verdaderos ni erróneos).
El Escepticism o puede ser absoluto y relativo.
El absoluto ó un¿oersal} defendido por el francés D es-
27C LÓGICA

cartes y el inglés Hume, niega ía posibilidad de toda cer­


teza.
El relativo ó pa rcia l concede certidum bre á algunos de
nuestros medios de conocer y se la niega A los dem ás.
* El absoluto es uno é indivisible (sin sectas).
* El relativo es incompleto é inconsecuente, hallándo­
se fraccionado en grado sumo: así, hay las fracciones de
Fichte, de Condillac y Locke, de La M ennais, de Vico, Reid
y D ugald-Stew art, etc. No obstante, las tendencias m ás
notables del Escepticismo relativo son las de Fichte, de
Locke y Condillac y de La Mennais; dejando ap arte el
Escepticismo absoluto, de Descartes y Hume.
* Fichte duda del testim onio de los sentidos externos,
de la razón y de la m em oria, y no reconoce otra autoridad
que la conciencia, pretendiendo qne toda certeza procede
de la idea del yo. Degenera en el Idealismo.
* Condillac y Locke establecen la sensación debida á
los sentidos externos como principio único de verdad, de­
clarando ilusorias todas las nociones que no pueden redu­
cirse á elementos sensibles. Degenera en el M aterialismo.
* La Mennais cree que el fundam ento de todo conoci­
m iento se halla, no en la razón del individuo, sino en el
acuerdo y harm onía de las opiniones ( sentido común).
Degenera en el Panteísm o.
Db l o s c h i t e m o s . — Su noción y enumeración.—La p a ­
lab ra «criterio» se deriva del sustantivo griego Kpíctc, ju icio ,
del verbo Kf’.visv, ju zg a r.
Criterios de la verdad son los fundam entos en que se
apoya la certeza de nuestros juicios.
Cicerón los define: Juditium veri, regula ceri et f a l s i
(Juicio de la verdad, reglas de lo verdadero y de lo falso).
Los criterios de verdad pueden reducirse á seis: Sentí-
LECCIÓN XXVI 277

do intimo, Evidencia de la razón, Sentidos externos, Sen­


tido común, Testimonio de la autoridad humana y Tes­
timonio de la autoridad divina. ,
División délos criterios de la verd a d .—Pueden ser de
dos clases: prim itivos y derivados.
Los prim itivos abrazan las verdades de evidencia in­
trínseca, ya necesarias, y a contingentes.
Los derivados se refieren á las verdades de evidencia
extrínseca, en general.
Son primitivos: el sentido íntim o, la evidencia de la r a ­
zón y los sentidos externos; y derivados: el sentido común,
y los testim onios de autoridad divina y hum ana.
Sentido intimo 6 conciencia lógica.—Ya sabem os (1)
que el sentido íntimo, llam ado tam bién conciencia lógica
y percepción interna, es el medio por el cual conocemos
inm ediatam ente cuanto pasa en nuestro interior (yo).
P ara que pueda servirnos este criterio de verdad,
conviene que se atem pere á las siguientes reglas:
1.* Debe ceñirse á su objeto propio, que es el estudio
del yo;
2.a Debe sostenerse por medio de la atención, secun­
dada por la m em oria;
3.“ Conviene g u ard ar m ucho método de vida, p ara
evitar las pasiones exageradas;
4.a Hay que m antener el espíritu libre de preocupa­
ciones, que nos im pidan deslindar lo verdadero de lo fal­
so, coartando así nuestra libertad de acción;
y 5.a Es indispensable el estudio concienzudo y d e te ­
nido de nosotros mism os (el Nosce te ipsum).
Evidencia de la razón .—Este criterio, que ya sabem os

(1) V. Lección X.
278 LÓGICA.

igualm ente en qué consiste (1), es del todo seguro p ara las
verdades necesarias, ya intuitivas, ya deducidas; pues en
ellas la conveniencia entre el sujeto y el predicado se nos
p resenta con tal evidencia y necesidad que es im posible
que la inteligencia deje de percibirla y de afirm arla (el
circulo es redondo; el cuadrado de la hipótenusa es igual á
la sum a de los cuadrados de los dos catetos). .
Es tam bién criterio p ara las verdades contingentes in­
ducidas, evidentes intrínsecam ente, ya-físicas ó ya psico­
lógicas; fundándose en los dos principios intuitivos d é la
inducción (el agua extingue la sed; no hay fenómeno sin
causa).
Distinción entre la conciencia y la evidencia.—Diferén-
cianse en que la conciencia nos m uestra la existencia y la
evidencia la necesidad; la conciencia dice loque es, la evi­
dencia lo que debe s e r ; la conciencia es criterio de hechos,
la evidencia lo es de relaciones; por la conciencia experi­
mentamos y por la evidencia conocemos.
Valor lógico de las m ism as.—Los dos criterios mencio-
nados gozan de valor lógico absoluto.
Sentidos externos.—Conforme ya se dijo en otro lugar
(2), son los medios que tiene el alm a p ara ponerse en rela­
ción con el m undo m aterial, y p ara conocer, por tanto, la
existencia, propiedades y relaciones de los cuerpos. Sirven
p a ra conocer y distinguir los cuerpos.
Reglas p a r a que puedan servir de criterios de verdad.
—Son las siguientes:
1.a No deben confundirse las im presiones, causadas

(1) V. Lección an terio r.


(i ) Véase Lección 111.
LECCIÓN XXV! 279

por los objetos m ateriales en nuestros órganos, con las


sensaciones, que se experim entan en el alm a;
2.a No debe extenderse un sentido á los objetos p ro ­
pios de otro sentido;
3.a Los sentidos deben auxiliarse m útuam ente en
cuanto sea posible;
4.a Deben estar sanos y bien conform ados;
5.a Los objetos han de estar en posición conveniente,
es decir, dentro de la esfera de aplicación de los sentidos;
6.* H ay que atender á la relación entre el órgano del
sentido y los objetos sobre que se ocupa, que debe ser cual
corresponde á las leyes de cada uno;
y 7.* El testimonio de los sentidos debe lim itarse á las
relaciones de los objetos con nuestra sensibilidad, sin ex­
tenderse á la naturaleza intim a de las cosas, cuya n atu ra­
leza y leyes están sujetas á la inteligencia; si no querem os
ser inducidos á error.
Sentido común ó instinto intelectual,—Es la llam ada fe
filosófica (1).
Reviste extraordinaria im portancia. Cicerón decía de
él: V ox hominum, vox natura*(La voz del hofn b re« s la de
la naturaleza). P ara otros: Vox popu li, vox De i (La. voz
del pueblo es la voz de Dios). Llám ase tam bién opinión
pú blica y consenso ó consentimiento de las gentes; algu­
nos lo califican de sexto sentido, considerándolo digno re­
m ate de los externos. El no tenerlo es m onstruoso, y de
aquí las frases: «Ir contra el seniido común,» «Este h o m ­
bre carece de sentido común.»
Caracteres de la cerdad de sentido común.—Son tres:
oscuridad, necesidad y universalidad.

(1) V íase Lección anterior.


280 LÓGICA

L a oscuridad se refiere á los motivos y á los fundam en­


tos de la creencia.
La necesidad h a de ser reconocida.
L a universalidad h a de ser en la creencia, p ara que
pueda ser objeto de un asentim iento general.
Ley p a r a distinguir tales verdades de las preocupacio­
nes vulgares.—Las verdades de sentido común son uni­
versales (dilatadas en el espacio), constantes (dilatadas en
tiempo), é incencibles (de poder irresistible); caracteres de
que carecen las sim ples preocupaciones del vulgo.
Testimonio de la autoridad hum ana.—Es el criterio
p a ra las verdades de fe histórica (1).
Dicho testim onio reúne tres dotes: natural, legitimo y
necesario.
Es natural, atendida la Índole social y com unicativa del
hom bre.
Es legitimo, por ser, en ciertos casos, forzoso suponer
un trastorno completo en la constitución m oral de la hu­
m anidad, p a ra que fuera falso tal testimonio.
Es necesario, porque, sin él, sería imposible toda edu­
cación, y la ciencia no podría existir, ni mucho m enos
pro g resar un paso.
Concepto de la ciencia histórico..—Historia es la n a rra ­
ción verídica de los hechos realizados por el hom bre.
Es «la m aestra de la vida, el testigo de los tiempos y
la luz de la verdad.» ( M agister üitce, testis temporum et
lumen veritatis. Cicerón).
Condiciones que debe reunir el testigo.— El testigo
(historiador, en general), reunirá, dos clases de requisitos:
m orales é intelectuales.

(1) Véase Lección a n terior.


LECCIÓN XXVI 281

Los m orales son dos: m oralidad y fidelidad.


La m oralidad histórica significa el juicio y sentim iento
de lo bueno.
La fidelidad es la base y fundam ento de la exactitud
histórica. Comprende: la veracidad (á la cual pueden opo­
nerse el espíritu de exageración y ciertas tendencias es­
téticas ó sistem áticas); la im parcialidad (que no debe
confundirse con la indiferencia ó carencia de conviccio­
nes, pero que distingue entre los principios y los hom bres
y nada ocultá en la exposición de los hechos); la inde­
pendencia (ausencia de todo interés y personal), y la a p re ­
ciación sana ó recto ju icio , ni entusiasta ni denigrativo.
L as condiciones intelectuales son dos: el espirita de
investigación (que supone am or al trabajo) y el talento
especial del género (observación de los caracteres, saga­
cidad política, coordinación apropiada de los hechos).
E ntram bas pueden refundirse en una sola: la,capacidad.
Clases de testigos.—Son afirm ativos ó positivos cuando
aseguran un hecho, y negativos si lo callan, debiendo
relatarlo.
Hay tam bién testigos de vista ó presenciales (inm edia­
tos) y de oídas ó tradicionales (mediatos).
Fuentes históricas.—Son los m anantiales de la verdad
histórica; llám anse tam bién testimonios históricos (1)*
Se reducen á tres: narraciones escritas, monurtientos,
tradiciones.
N ota indispensable en los monumentos.—Lo. autenti­
cidad, es decir, que reúnan en la realidad los caracte­
res que se les atribuyen.

(1) No es lo m ism o testigo y testim onio: aquél es el historiador, éste la auma


de los d&tos históricos.
282 LÓGICA

Pueden ser naturales (asi las lavas y los cráteres de


Olot revelan ciertos volcanes, hoy extinctos) y artificiales
ó debidos al hom bre (las pirám ides de Egipto, m edallas,
etcétera) -
Tradición: sus requisitos.—Es la transm isión oral de
generación en generación.
P ara que sea fuente histórica, ha de ser universal y
constante (extendida en el espacio y en el tiem po, urbi et
orbi).
A u xiliares de la H istoria.—V arias son las ciencias
auxiliares de la Historia: en prim er lugar, las dos llam adas
ojos de la H istoria, la G eografiay la Cronología (estudio de
los lugares y de las fechas de los sucesos, respectivam en­
te); adem ás, la Etnografía (estudio de las razas hum anas),
la Arqueología (de las antigüedades), la Lingüística (idio­
mas), Ja Literatura histórica ó H istoria literaria (desenvol­
vimiento progresivo de las letras), la H istoria de la Filo­
sofía (sistem as filosóficos), la Legislación (leyes y costum ­
b res de los pueblos), la Política (teorías p ara la sabia
gobernación de las diversas nacionalidades), etcétera.
■* Nótese que laGeograf<a y la Cronología auxilian á la
H istoria en su aspecto externo (aparente); Jas restantes
ciencias citadas contribuyen poderosam ente al perfeccio­
nam iento de la llam ada H istoria interna (real), parte ver­
daderam ente im portantísim a en la labor intelectual de los
pueblos, aunque, precisa confesarlo, sum am ente descui­
dada en nuestra patria.
Hermenéutica y Critica histórica.—H erm enéutica es
la aplicación especial de la Crítica á la interpretación de
la m ente del que habla ó escribe.
* Las reglas de H erm enéutica, que conviene tener
presentes, son nueve:
LECCIÓN XXVI 283

1.a A tiéndase al sentido literal ordinario de'las p a la ­


bras con que el testigo se expresa;
2.a Atiéndase, en segundo térm ino, al sentido p articu ­
lar que podía, tal vez, convenirle;
3 / Al grado de inteligencia del testigo ó del escritor;
4.a A su educación;
5.a A sus opiniones de secta (religiosa) ó de partido
(político);
6 / Al sentim iento que le im pulsa;
7.a Al ñn que se propone;
8.° A las ideas que acom pañan, preceden y siguen al
testim onio;.y
9.“ Al modo con que el testigo enuncia sus ideas h a b i­
tualm ente.
Critica histórica es el análisis de los hechos históri­
cos (1).
* Es útil recordar las siguientes reglas de Crítica histó­
rica:
1.a La posibilidad de que un historiador se engañe no
es p rueba fehaciente de que realm ente se haya equivo­
cado;
2.a Téngase por cierto lo que todos ó casi todos los
historiadores refieren como testigos oculares, si no hay
contradicción: caso de haberla, cotéjense las cualidades
de los historiadores yjúzguese según el resultado;
3.a Téngase por m uy cierta la historia en la cual se
consignan causas que produjeron hechos reales y p e rm a ­
nentes en m ucho tiempo;

(1) Nótese que la Crítica, en general, envuelve siem pre la idea fundam ental de
análisis. Así, en Estética, se entiende por Critica literaria el análisis de las com -
posiciones verbales, para juzgar con acierto sus bellezas y sus defectos.
284 LÓGICA

4.a Son muy probables los hechos que refiere uno que
otro escritor, como testigo ocular, y sin que nadie le con­
tradiga, si es buen historiador;
' 5.a E l que calla, n¿ otorga ni niega (1): asi, no h a de
ponerse en duda lo que refieren acreditados historiado­
res, porque guardó silencio uno que otro historiador con­
tem poráneo;
6.a Debe tenerse por m uy poco probable un hecho re­
ferido por testigos, no oculares ni contem poráneos, y ca­
llado por los contem poráneos;
7.a A falta de testigos oculares y contem poráneos,
téngase por probable la narración de historiadores poste­
riores, si no hay razón que desvirtúe su testimonio;
8.a Téngase por f a ls a la historia que repugne al claro
y evidente dictam en de la razón, porque refiera aconteci­
m ientos imposibles;
9.11 No debe considerarse contraria á la razón una his­
toria, sólo porque no se acom ode á las costum bres y á las
opiniones actuales;
y 10.a Tam poco debe desecharse una historia, porque
n arre sucesos cuya m anera de acontecer ó cuyas causas
no nos sea dabte alcanzar.
De la autoridad divina: su fu ndam ento y medios p a ­
ra lograr la certidum bre.—Es el criterio p ara las verda­
des de fe divina (2).
Esta autoridad es absoluta, porque Dios es la Sum a
Inteligencia. Por tanto, tendrá el m áxim um de capacidad
y de veracidad: la in falibilidad.
* De sem ejante infalibilidad participa el Romano

(1) Corrección acertada del refrán: Quien, calla, otorga.


(2) Véase la Lección an terio r.
LECCIÓN XXVI 285

Pontífice, cuando habla ex cathedra y sobre asuntos del


dogma católico.
* Al tra ta r esta m ateria, ocurren á simple vista dos
preguntas: 1.a ¿Es cierto lo que dice Dios? 2.a ¿Es cierto
que lo dijera Dios?...
* La sola enunciación de la prim era, constituye un
nefando sacrilegio; por tanto, hay que desecharla,
* Con respecto á la segunda, conviene advertir que
Dios, p ara com unicarse con los hom bres, se vale de la re­
velación. La religión revelada es única y la verdadera. Y
los signos p ara distinguir la religión verdadera de las fal­
sas son dos: la p ro fecía (predicción de acontecim ientos
eventuales y futuros) y el m ilagro (suspensión de las leyes
de la naturaleza, en los órdenes fisico y m oral) (t).

(1) Esta m ateria tendrá bu debida am pliación en su lugar ad hor: Lección XLV.
LECCIÓN XXYII

C r í t i c a e s p e c i a l . —Es el exam en de las funciones inte­


lectuales, en sus relaciones con él ju icio.
De l a s f u n c i o n e s i n t e l e c t u a l e s e n s u s r e l a c i o n e s c o n e l
j u i c i o . —Su clasificación.—Las operaciones de la inteli­
gencia sabem os ya (1) que se dividen en representativas,
regulativas y cognoscitivas.
R epresentativas son las que reproducen los conoci­
m ientos adquiridos. No los constituyen, y sí sólo vuelven
á presentarlos ante el espíritu.
Regulativas son las que se lim ita r á m odificarla indi­
vidualidad de los conocim ientos em píricos y á regularlos,
som etiéndolos á la unidad sistem ática de la ciencia. Tam ­
poco constituyen conocimientos, y sí sólo modifican los
y a adquiridos y producidos.
Cognoscitivas son las fuentes propias de conocimiento.

(1) V. Lección VII.


288 LÓGICA

Se subdividen en em píricas y racionales.


Las em piricas nos sum inistran la prim era m ateria del
conocim iento, y son como las fuentes de la experiencia
en particular.
Las racionales son las varias form as de la razón (intui­
tiva, inductiva y deductiva), fuente especial de los cono­
cim ientos universales y necesarios.
F u n c i o n e s i n t e l e c t u a l e s r e p r e s e n t a t i v a s . —Son tres: la
memoria* la asociación de ideas y la im aginación ó fan­
tasía (1).
M em oria: su noción.—Es la función intelectual rep re­
sentativa por la cual el alm a recuerda.
E xistencia de un juicio en todo recuerdo.—"En todo
recuerdo hay un juicio, de cuya exacta regularización
dependen la fidelidad de la recordación y el provechoso
ejercicio de la m em oria.
* P ara que el fenómeno del recuerdo sea completo, es
necesario que haya, no sólo un hecho de conciencia ante­
rior y una aparición actual del hecho de que es objeto el
recuerdo, sino tam bién un reconocim iento de este objeto
como anteriorm ente conocido, como ya aparecido con
antelación á los ojos del alm a. No hay m em oria sin la
superposición intelectual de lo pasado sobre lo presente,
sin un juicio en el cual se afirm e, aunque sea im plícita­
m ente, que el objeto aparecido en el recuerdo no es nuevo
p a ra nosotros.
E stados de que dicho ju icio es susceptible.—Este juicio
es susceptible de todos los estados: certidum bre ó certeza,
probabilidad y duda.
* Es cierto cuando la serie de actos interm edios entre

(1) V. Lección VIII.


LECCIÓN X X V II 289

el hecho prim ero y su reproducción es muy corta, ó la


viveza de la aparición de entram bos hechos es tan ta que
ilum ina toda la distancia que los sep ara en el tiempo, ó el
hábito de reproducir un hecho prim ero enlaza de un modo
-casi mecánico los dos hechos extrem os.
* Es probable cuando el hecho y su reproducción es­
tán separados por una distancia m ayor ó m enor, no tienen
bastante viveza las apariciones pasada y actual, ó no h e ­
m os contraído todavía el hábito de esta reproducción*
* Es dudoso cuando desaparece toda filiación entre las
ideas pasadas y actual, ó por su m ucha distancia, ó por su
extrem ada oscuridad, ó por lo inusitado de su reproduc­
ción.
Reglas p a ra el buen uso de la m em oria.—Se reducen
á dos: 1.a, prestar atención enérgica y sostenida á la p e r­
cepción p rim aria del objeto, repitiéndola con frecuencia y
esforzándose p ara que la sensibilidad tome parte activa en
sem ejante percepción; y 2.% asociar las ideas reciproca­
m ente, aprovechándonos con astucia de sus relaciones
n atu rales (espacio, tiempo, causa, efecto, sustancia, acci­
dente, etc.).
Asociación de ideas.—Es el enlace de las ideas. Cons­
tituye un auxiliar indispensable de la m em oria. Conviene
tener presentes las siguientes reglas:
1.“ Al asociar entre si las ideas hay que estudiar sus
relaciones naturales, y en ellas debem os fundam entar su
agrupación, sin d ar im portancia alguna á las infinitas co­
nexiones arb itrarias é inútiles que el capricho nos pueda
sugerir;
2." Debe tenerse en cuenta que una de las relaciones
m ás naturales entre los objetos es su coexistencia en el
espacio;
19
290 LÓGICA

3.» Tam bién lo es la sucesión en el tiempo;


4.a Igualm ente lo es la relación entre la causa y el
efecto;
o.® Los modos se refieren naturalm ente á las su stan ­
cias; asociándolos intim am ente si son aquéllos esenciales,
pero no si son accidentales, sino h asta el punto que per­
m ita la observación de los objetos;
6.“ Los principios se relacionan con sus consecuencias
y derivaciones, distinguiéndose las deducciones absolutas
de las condicionales;
y 7.* N uestras ideas se asocian por las afinidades que
entre ellas establece la clasificación: toda idea coordinada
conduce á su congénere, y la subordinada lleva á la clase
superior á que se subordina ó de la cual depende.
Im aginación.—Es la operación intelectual rep resen ta­
tiva por la cual conservam os y reproducim os los objetos
y los conocim ientos ya adquiridos; y reunim os en un
tipo ideal, com binándolos, elem entos dispersos de objetos
naturales.
* Conforme ya se vió en Psicología, la im aginación,
tam bién llam ada fantasía, tiene dos formas: la reproduc­
tora ó reproductiva y la creadora ó creatriz. Aquélla sirve
p ara la conservación y la reproducción de los objetos y de
los conocimientos, y ésta p ara la com binación de los ele­
m entos constitutivos de los objetos reales. La prim era se
denom ina por algunos (1) M emoria im aginativa, por stí
m arcada analogía con la m em oria propiam ente tal; de la
cual se distingue, em pero, por su m ayor extensión, toda
vez que la m em oria se refiere únicam ente, á la conserva-

(I) E ntre ellos el era i □en le filósofo español, recién fallecido, cardenal Zeferi-
no González.
LECCIÓN X X V I I 29]

ción y reproducción de los conocim ientos, y la im agina­


ción, ó m em oria im aginativa, se relaciona, no sólo con
tales conocim ientos, una vez ya adquiridos por nuestra
inteligencia, sino tam bién con los objetos, que sensibiliza
y figura ante los ojos del alm a intelectiva cual si estuvie­
sen presentes en la realidad objetiva. La segunda, la m ás
im portante, llám ase, aplicada á Jas Bellas Artes, Inspira­
ción, y, entre los poetas, N um en.
* El producto de la fantasía es la im agen, ó represen­
tación plástica del objeto sensible. Sem ejante imagen
puede ser interna y externa, referente al yo ó al no yo}
respectivam ente.
Influencia de la m ism a en nuestros ju icio s.—Ya sabe­
mos que la imaginación es sum am ente útil (1) y aun ne­
cesaria al hom bre; su influjo en las restantes funciones de
nuestras facultades es verdaderam ente extraordinario.
Pudiéram os asim ism o calificarla de m adre de las Bellas
Artes.
Mas conviene que esté bien dirigida. Un hom bre sin
im aginación, y, por consiguiente, sin pasiones, sería una
locom otora sin vapor; el m ism o, con las pasiones desen­
frenadas, resultaría locom otora sin frenos y en alas de
vertiginosa carrera.
Regla p a ra precaver sus extravíos.—Es indispensable
que la razón im pere, no ya en Jas especulaciones p u ra­
m ente intelectuales, sino tam bién en las creaciones cuyo
tono es esencialm ente artístico.
F u n c i o n e s i n t e l e c t u a l e s r e g u l a t i v a s . — Son cu atro : la
abstracción, la generalización, el análisis y la síntesis (2).

(1) V. Lecciún VIH.


(2) V. Lección JX.
292 ló g ic a

Abstracción.^*Es la operación intelectual regulativa


m ediante la cual separam os m entalm ente de un objeto las
propiedades que le están inviolablem ente unidas.
Su carácter intrínseco.—Es mental ó iclcal>por cuanto,
m erced á la abstracción, se consum a la división metafí­
sica, ó sea la de un todo divisible potencial en sus partes
ideales.
Regía critica de la m ism a.—Entre los diversos ele­
m entos que son susceptibles de abstracción, hay que aten­
der con preferencia á los que, una vez generalizados, tie­
nen aplicación inm ediata ó próxim a al conocim iento cien­
tífico del objeto en cuestión.
Generalización.—Es Ja operación intelectual regulativa
por medio de la cual com param os los elementos abstraí­
dos, en lo que tienen de com ún ó sem ejante, y los reuni­
mos en un tipo ideal, expresándolo con un nom bre ape­
lativo.
Concepto: su carácter fo r m a l.—Asi como el producto
de la abstracción es la idea abstracta, el de la generaliza­
ción, corolario de aquélla, es el concepto, cuyo carácter
form al ya queda dicho es la cantidad (1).
Qué se entiende p o r comprensión y qué por extensión
de un concepto.—La cantidad, considerada como carácter
formal del concepto, se divide en extensiva y com pren­
siva, según que se refiera al núm ero de individuos ó al de
notas ó cualidades predicables del concepto de que se tra­
ta (2).
Del género y de la especie en general.—Género es toda
idea sintética que en sí encierra otras menos sintéticas.

(1) V. Lección IX.


(2) V, Lección IX.
LECCIÓN X X v n 293

Especie es la idea contenida en o tra m ayorm ente sin ­


tética.
Género generalísimo ó rem oto, género subalterno y
especie especia!isima. — Género generalísim o es el que
a b arca todos los restantes géneros, y, por tanto, todas las
especies.
Género subalterno es el que á la vez es género para
determ inadas especies y especie p a ra ciertos géneros.
Especie especialísim a es la contenida en todos los g é ­
neros, es decir, es el último térm ino de la serie de géneros
y especies.
* Dejando aparte el Ser Suprem o y los ángeles, los úni­
cos géneros y las únicas especies verdaderam ente lógicas
son los siguientes: el Ser (E nte), género generalísim o, que
puede ser Sustancial (sustancias) y A ccidental ( acciden­
tes); el sustancial com prende los Seres vivientes (cuerpos
orgánicos) y los N o vivientes (inorgánicos); aquéllos, los
A nim ados (animales) y los Inanim ados (vegetales ó p la n ­
tas); y, los prim eros, los Racionales (hom bres) y los Irr a ­
cionales (brutos).
* Aunque, como acabam os de m anifestar, la serie que
antecede es, en rigor, la única de géneros y especies lógi­
cas, cad a ciencia form a otras series especiales y m enos
generales: así, la Geometría, las de figura, figura regular,
ángulo, triángulo, triángulo rectángulo, oblicuángulo y
obtusángulo, etc. Aun la H istoria Natural ha llam ado gé­
neros y especies á ideas que en realidad no lo son, y, con­
secuencia de ello, se h a visto forzada á faltar á las leyes
lógicas, fijando sus géneros y sus especies de modo inalte­
rable y absoluto, para evitar la confusión en sus V astísi­
m as clasificaciones, y, adem ás, fundando las especies en
diferencias com pletam ente transitorias y accidentales.
294 LÓGICA

Género próxim o y últim a diferencia.—Género próxi­


mo es el que contiene inm ediatam ente á las especies de
que se trata. Última diferencia ó diferencia especifica es
la propiedad ó propiedades que distinguen las especies
contenidas en un m ism o género próxim o.
Así, v. gr., anim al es género próxim o de racional é
irracional, especies que se distinguen entre sí por la po­
sesión ó la no posesión del carácter de la racion alidad.
Reglas de la generalización.—Son tres:
1.a Observación profunda é im parcial de los objetos;
2.a Experimentación variada de los m ismos; y,
3.a Comparación exacta de sus m ás salientes circuns­
tancias.
A nálisis y síntesis.—Análisis es la operación intelectual
regulativa por la cual descom ponem os un todo divisible
integral en sus partes reales ó m ateriales, dando así lugar
á la llam ada división real. A diferencia de la abstracción,
el análisis es esencialm ente real.
Síntesis es la operación intelectual regulativa que sirve
p ara proceder á la recomposición de las partes analizadas
en el todo m aterial primitivo. Sigue en todos los casos al
análisis (1).

(1) V. Lección ]X.


LECCIÓN X X Y ni

F u n c i o n e s c o g n o s c i t i v a s e m p í r i c a s . — Son dos: la percep­


ción interna y la externa (1).
Percepción interna, sentido íntimo ó conciencia Lógica.
—Es la operación intelectual cognoscitiva em pírica que
nos sirve p a ra el conocim iento de la existencia del yo y de
sus fenómenos.
División de los actos de conciencia.—Pueden ser paten­
tes y latentes: en el prim er caso, hay conciencia clara; en
el segundo, oscura.
Elementos de todo acto de conciencia.—Son seis: 1.°,
existencia de un sujeto (el yo); 2.°, existencia de una m o­
dificación (fenómeno interno de sentir, de pensar ó de que­
rer); 3.°, atención interna (reflexión); 4.°, relación entre el
sujeto y la modificación; 5.% representación del m om ento

(l) V Lección X.
296 LÓGICA

próxim o pasado y su com paración con el actual; y 6.°, co­


nocim iento actual ó presente é inm ediato ó rápido.
E stado del ju icio de interioridad.—El juicio que acom ­
p añ a siem pre á todo acto de conciencia, se llam a de inte­
rioridad. Su estado es, sin excepción, el de certeza, y por
tanto, es siem pre absoluto; es tam bién espontáneo.
Valor lógico de las percepciones internas.—A cabam os
de m anifestar que el juicio interno es absoluto, porque el
carácter de la certidum bre es la invariabilidad, ó sea la
im posibilidad de aum ento ó de dim inución, la no existen­
cia de grados, conform e ya se indicó en Psicología.
Percepción externa.—Es la operación intelectual cog­
noscitiva em pírica que sirve p a ra el conocim iento de la
existencia y cualidades del no yo.
Elementos de los hechos de percepción extern a .—Son
tres: im presión, transm isión y recepción.
Estados del ju icio de exterioridad.—El juicio que coin­
cide con el acto propio de la percepción externa, se llam a
de exterioridad. Es susceptible de los tres estados (c e r­
teza, probabilidad y duda); asem éjase al interno por ser
asim ism o espontáneo.
Valor lógico de las percepciones externas.—Conse­
cuencia de ser capaz de los tres estados generales del jui­
cio, el de exterioridad es, en ocasiones, absoluto, y otras
veces, contingente; será absoluto cuando haya certeza, y r
cuando no, contingente (1).
F u n c i o n e s c o g n o s c i t i v a s r a c i o n a l e s . — Son dos: la intui­
ción y el raciocinio (2).

(1) Para más detalles acerca de estas dos operaciones intelectuales, consúltese
la lección X.
(2) Véase la lección XI.
LECCIÓN X X V III V í)7

R azón.—Es la facultad de relacionar los conocim ientos


ya existentes en nuestra inteligencia.
Raciocinio.—Es una cadena de juicios, esto es3 una se ­
rie de juicios estrecham ente eslabonados entre sf.
Su división.—Puede ser inductivo y deductivo, según
que proceda de lo sim ple á lo com puesto ó viceversa.
Raciocinio inductivo,—Llam ado tam bién inducción, es
el ascendente; em plea el método analítico.
D iferencia entre la inducción propiam ente tal y la
analogía.—El raciocinio inductivo puede ser de dos mo­
dos: inducción propia y analogía. Aquélla se funda en la
identidad absoluta ó igualdad perfecta de naturaleza; ésta,
en la identidad relativa ó igualdad imperfecta.
De las conjeturas.—Son los juicios dim anantes de la
analogía.
Principios intuitivos de la inducción en general.—Son
dos:
1.° «Iguales causas, en iguales circunstancias subjeti­
vas y objetivas, producen los m ism os efectos;»
2.° «Las leyes de la N aturaleza son constantes y g e ­
nerales.»
Juicios existentes en la inducción.—En toda inducción
hay tres juicios: 1.°, un juicio singular, contingente y re ­
sultado de la experiencia; 2.°, un juicio inductivo t gene­
ral!, hipotéticamente necesario, y adquirido por medio del
raciocinio inductivo; y 3.°, un juicio, verdad ó principio
intuitivo, universal, y absolutamente necesario, existente
á p rio ri en nuestra inteligencia.
Reglas criticas.—Son tres:
1.a No contentarse con corto núm ero de observaciones;
2.a Proceder en todos casos de lo idéntico á lo idén­
tico; y
298

3.“ Considerar los objetos bajo un misino punto de


vista.
Raciocinio deductivo.—Llam ado tam bién deducción,
es el descendente; usa del método sintético.
Principios intuitivos de la deducción.—Son tres:
1.” «Dos cosas iguales á una tercera, son iguales en ­
tre sí;»
2." «Dos cosas desiguales á una tercera, pueden ser
iguales ó desiguales entre sí;»
3.4 «Dos cosas, de las cuales una es igual y la otra es
desigual á una tercera, son desiguales entre si.»
Juicios que enmielce la deducción y sus reglas criti­
cas.—Los juicios son tres: 1.*, un juicio singular, contin­
gente y y&rto de la experiencia; 2.°, un juicio deductivo,
general, hipotéticamente necesario y logrado m ediante el
raciocinio deductivo; y 3.°, un juicio, verdad ó principio
intuitivo, universal y absolutamente necesario, existente
a p r io r i en nuestra mente.
L as reglas son dos:
1.a Hay necesidad de que las verdades generales sean
bien inducidas, y de que estén bien determ inados su valor
y su extensión;
2.a Es conveniente que la verdad singular sea perfec­
tam ente conocida.
De la fa c u lta d noética, intuición ó razón p u r a .—Es el
acto y el resultado de ver la razón ciertas relaciones con
claridad vivísima. L lam ábanla los antiguos «luz de la ra ­
zón» ó «luz natural» ( lumen rationis, lu¿c naturalis).
Diferénciase del raciocinio en general, por cuanto éste
e s reflejo y la intuición es espontánea*
Sirve p ara el conocimiento de las verdades suprem as,
absolutas necesariam ente y universalisim as, cuales son
LECCIÓN X .X Y I1 I 299

las cuatro cardinales ideas racionales (la de causa, la de


sustancia, la de tiempo y la de espacio), y las tres excelen­
cias absolutas ó cualidades prim ordiales y fundam entales
de los seres (la verdad, el bien y la belleza).
Principios intuitivos: sus caracteres.—Son las relacio­
nes necesarias que la ra^ón establece y form ula con evi­
dencia inm ediata y perfecta.
Sus caracteres son cuatro: 1.°, evidencia inm ediata;
2.°, espontaneidad; 3.°, necesidad; y ‘4.°, universalidad (1).

(1) Para m&s detalles acerca del raciocinio en general y de la intuición, con­
sú ltese la Lección XI.
LECCIÓH XXIX

G r a m á t i c a g e n e r a l . —Su
etimología y definición.—La
palab ra «Gramática» procede, etim ológicam ente conside­
rad a, de la voz griega que significa «letra,» y que
resulta, por consiguiente, de análogo significado á la 'la ti­
n a littera (1).
G ram ática general es la parte de la Lógica que sirve
p a ra la explicación de los principios filosóficos del len­
guaje, considerado como expresión del pensam iento. Su
fin es la expresión de la verdad.
* Sem ejantes principios son el fundamento de todos
los idiomas, y han de deducirse de las leyes del pensa­
miento, reflejadas y traducidas en leyes de la palabra.

(1) Dada etim ología, Gram ática y L iteratura son una m ism a ciencia, p o r
derivarse resp ectiv am en te d e las dicciones YPa mj-a y littera, «letra.» E m pero,
en su esencia, la G ram ática es et estudio de los idiomas (lenguaje en general), y
la L iteratura, el de las o bras escritas en tal ó cual idioma (com posiciones a rttstico -
1iterarías, poéticas y prosaicas).
302 LÓGICA

La gram ática general recibe asim ism o las denom ina­


ciones de razonada, filosófica y com parada.
Es razonada, porque, valiéndonos de la com paración
y del raciocinio, buscam os la razón de los hechos cons­
tantes en todos los idiomas.
Es filosófica, porque tal razón debe investigarse á la
luz del estudio profundo de la inteligencia hum ana.
E s com parada, porque presta atención sim ultánea á
todos, ó, por lo m enos, á los m ás principales idiom as, a n ­
tiguos y m odernos.
* Se relaciona con la Psicología, por cuanto el lengua­
je representa y expresa los pensam ientos ó ideas. La P si­
cología ha m enester de la Gram ática, pues las ideas des­
aparecen fugaces si no las unimos á los signos, elem entos
constitutivos del lenguaje.
* De ahí se deduce que el pensam iento y la p alab ra
están entre sí en una dependencia recíproca. A m ejores
conceptos, m ejor palabra; por esto los pueblos m ás cul­
tos son los que hablan en superior estilo, y, los que usan
jinal lenguaje, desconocen las ciencias, y viven tan a tra sa ­
dos en civilización y cultura como lo están en orden al
lenguaje.
* El estudio de la G ram ática general es im portantísi­
mo, por la relación íntim a entre el pensam iento y el len­
guaje, y por su exacta aplicación á todos los idiomas. La
G ram ática general viene á ser, digám oslo así, la Filosofía
aplicada al estudio de las lenguas, y su excepcional utili­
dad y transcendencia se refiere, no sólo al punto de vista
teórico-especulativo y de m era curiosidad, sino tam bién á
sus relaciones con la enseñanza clásica ó de los modelos.
¿Es ciencia ó arteí—Conviene distinguir entre la G ra­
m ática general y las G ram áticas particulares. Aquélla es
LECCIÓN XXIX 303

ciencia, porque estudia los principios fundam entales del


lenguaje, com unes á todos los idiomas; éstas son a rtes,
porque son colecciones de reglas para h ab lar y escribir
correctam ente cualquier lengua. Y en este sentido, deci­
mos G ram ática latina, griega, francesa, espafiola, italia­
na, inglesa, alem ana, etc., etc.
* De donde se infiere que la G ram ática general es unat
form ando á m anera de arm azón, ó esqueleto, de las Gra­
m áticas particulares, que, en rigor, son tantas según sea
el núm ero de los idiom as existentes en el Mundo.
Secciones que com prende.—Son cuatro: 1.a, teoría del
signo; 2.a, estudio del lenguaje¡ sintéticam ente considera­
do; 3.“, exam en de los diversos medios de transmisión d el
lenguaje oral, y, singularm ente, de la escritura, que es el
m ás perfecto; y 4.“, desarrollo de los tratados que com­
prende toda Gram ática p a rticu la r, ó sea, estudio, de la
oración gram atical bajo todos sus aspectos.
* La G ram ática sigue el método m ixto, ó analitico-sin-
tético, aunque, generalm ente, es analítico y de c arác te r
práctico.
T e o r í a d e l s i g n o . — Signo, en síntesis, es toda cosa ca­
paz p a ra el conocimiento adecuado de o tra (1).
Elementos constitutivos del signo.—En todo signo son
indispensables cuatro elem entos: 1.% cosa signijlcáda;
2 °, signo ó cosa significante; 3.% relación entre el signo y
la cosa significada por aquél; y 4.°, sujeto, en que reside
una inteligencia apta p ara percibir relación sem ejante.
Cosas que pueden ser consideradas como signos.—To­
das, sin excepción.
Signos naturales y artificiales.—En la Psicología (2),
(1) Véase la lección XIII,
(2) Véase la lección XIII.
304 LÓGICA

quedó apuntada la clasificación genérica de los signos en


naturales y arbitrarios ó artificiales, según procedan de la
m ism a naturaleza ó de la convención de los hom bres. Así,
v. g r., la respiración y el hum o son signos naturales de la
vida orgánica y del fuego, respectivam ente; como el cetro
y el trono, el altar, el báculo y el anillo, lo son artificiales
de la dignidad real y de la autoridad pontificia.
* Los signos naturales no necesitan ser aprendidos de
antem ano: cualquiera entiende que, cuando hay hum o, no
e sta rá lejos el fuego que lo produzca. Al contrario sucede
<¡on los artificiales: una gasa negra en un som brero, pongo
por caso, es señal de luto; pero, para quien ignore esta
costum bre, poco ó nada significa.
* De abi el que se ha dado en llam ar simbolismo de
los colores: así, el blanco, indica pureza; el negro, entre
nosotros, duelo; el rojo, ard o r bélico; y lo propio decimos
de los colores distintivos de ciertas insignias eclesiásticas,
civiles y m ilitares, y aun del pretendido lenguaje de las
flores, con otros análogos. En todos ellos, el valor intrín­
seco del signo no tiene base alguna en la realidad objeti­
va, fundándose pura y exclusivam ente en nuestras cos­
tum bres, m ás ó menos inveteradas, en nuestros usos, y,
en sum a, en el pacto entre los individuos de cuya ag ru p a­
ción es resultante la sociedad hum ana.
* Por esto ya se dijo en Psicología que los signos n a­
turales, por punto general, son absolutos y necesarios,
salvo ra ra s excepciones; m ientras los artificiales, al con­
trario, son, siem pre y en todos los casos, relativos y even­
tuales, acom odaticios según los tiempos y los lugares, y,
en general, según la moda.
* Considerados los signos como form as ó apariencias
externas de la sensibilidad, se consignó á la par la otra
LECCIÓN X X IX 305

división en fonéticos, ideográficos y mímicos, fundados


respectivam ente en el tiem po, en el espacio y en el movi­
miento.
* Dividense tam bién los signos en instrumentales y
fo rm a le s. Signo instrum ental es el que da á conocer la
cosa significada por m era conexión (el hum o, con rela­
ción á la combustión; la au ro ra, respecto de la proxim i­
dad de la aparición del Sol en el horizonte sensible). Signo
formal es el que representa una cosa por vía de im agen ó
sem ejanza (el retrato, con relación á la figura del hom bre,
irracional ú objeto en general fotografiado).
* Considerados los signos en relación con el juicio,
dividense adem ás en materiales y form ales. Signo m ate­
rial es sencillam ente la m ateria del juicio. Signo form ales
la form a del m ism o juicio. Asi, en el ejemplo: «Dios es
justo;» «Dios» y «justo,* m ateria del juicio, son al propio
tiempo sus dos signos m ateriales; «es,* form a de aquel
juicio y, al par, su signo formal.
* Y aun los signos formales del juicio y del pensam ien­
to en general pueden subdividirse en naturales ó p rim i­
tivos y traslaticios ó trópicos, y éstos, á su vez, en exten­
sivos y figurados; según que los térm inos del juicio, que
integran la m ateria de éste (sujeto y predicado), se-usen en
el prim er sentido que originariam ente tuvieron, ó en un
sentido posterior, ya por necesidad, ya por m era elegan­
cia del lenguaje trópico, tan frecuente en las composicio­
nes literarias.
L e n g u a j e . — *Su noción y variedades.—Ya. sabem os ( 1)
que, bajo el punto de vista psicológico, lenguaje es senci­
llam ente la fa cu lta d de la palabra , esto es, la facultad

(1) Véase la lección XIII.


306 LÓGICA

de que goza el alm a, m ediante la cual puede form ar sig­


nos expresivos de los fenómenos del y o , atestiguados y
certificados por la percepción interna, operación intelec­
tual cognoscitiva em pírica y, sim ultáneam ente, uno de los
tres criterios prim itivos de la verdad.
* La locucÁóriy ó ejercicio del lenguaje, es interior y
exterior. Tiene lugar la interior ó interna cuando el alm a,
hablando consigo m ism a, forma y enlaza racionalm ente
los signos representativos de sus ideas. Se verifica la ex­
terior ó externa cuando el alm a expresa su locución inte­
rior (discurso) por medio de los órganos corporales. De
donde se infiere que la locución exterior es un fenóm eno
m ixto, porque radica en el alm a y se realiza en el cuerpo
(acto imperado); m ientras la locución interior se inicia y
se perfecciona en el alm a, prescindiendo del cuerpo (acto
elícito).
* La locución exterior es m uda ó vocal. Aquélla se di­
vide en lenguaje de acción y lenguaje escrito: el prim ero
se m anifiesta valiéndose del gesto, de los adem anes, de la
Mímica en general; el segundo se exterioriza m ediante la
escritura. El lenguaje de acción es el fundam ento de la
pantom im a; todos lo usam os, en determ inadas ocasiones,,
y, p a ra los mudos, viene á ser su locución usual y ordi­
naria.
* La locución vocal se vale de sonidos, y se divide en
articulada é inarticulada. La prim era se expresa por
medio de voces articuladas (palabras); la segunda, p o r
voces inarticuladas, como los gritos, los gem idos, los sus­
piros, las im precaciones, etc.
* Por lo que respecta á la existencia del lenguaje inte­
rio r, tan sólo consignarem os que el alm a, conform e lo-
atestigua la conciencia lógica, se form a ideas de todos los-
LECCIÓN X X tx 307

objetos que conoce, porque es imposible conocer sin la


idea del objeto conocido. Y como quiera que m uchas, ya
que no todas, de las ideas son signos (í), y no imágenes
(2), de sus objetos, resulta evidente que el alm a se forma
signos representativos de los objetos de sus ideas; es de­
cir: tiene lenguaje especial (interno).
* De ahí se deduce su necesidad. Sin él, la inteligencia
sería un mero arsenal de ideas singulares y concretas, ca­
reciendo de los conceptos universales y abstractos, bases
de los principios cien ti fleos.
* Y, en cuanto á la utilidad y necesidad del lenguaje
exterior, prescindiendo de la dem ostración de su existen­
cia, por ser ésta axiom ática, b astará tener presente que,
falto de tal lenguaje, no podría el hom bre m anifestar sus
necesidades, y no recibirla auxilio, de clase alguna, de sus
sem ejantes; no serían posibles la educación ni la instruc­
ción, pues el hom bre carecería del instinto natural que le
im pele á la sociabilidad; m orirían en germ en las ciencias,
las letras y las artes, patrim onio, no de una generación ni
m ucho m enos de una personalidad, sino precioso legado
de las generaciones que fueron, arca santa de las iniciati­
vas de nuestros antepasados.
Lenguaje n a tu ra l. E s la sum a ó com pendio del de
acción y del inarticulado. Es común á los racionales y á
los irracionales.
Lenguaje oral y escrito.—Especiales y privativos los
dos del hom bre, el oral es el articulado, y, el escrito, es el
que se vale de la escritura. E ntram bos se sirven de la p a ­
labra; pero, aquél, utiliza la p alab ra pronunciada (casi

(I) Véase la lección XIII.


(í) Véase Ja lección VIH.
308 LÓGICA

siem pre articulada, á veces tonalizada ó m odulada); éste,


em plea la palabra escrita.
Origen de las lenguas.—El problem a referente á esta
m ateria com prende dos aspectos: el origen del lenguaje,
como facultad de h ab lar (fa ctd ta s loqaendi, potentia lo-
qttendi), y el origen histórico del lenguaje (actas lo-
quendi).
Respecto del prim ero, podem os afirm ar rotundam ente
que Dios dotó al hombre de la fa c u lta d de hablar, dán­
dole los órganos corporales a d hoc.
Acerca del ejercicio de tam añ a facultad, ofrécese dis­
paridad de criterios, m antenidos por las escuelas teológica,
t^adicionalista, racionalista y evolucionista.
La escuela teológica sostiene el origen divino del len ­
g uaje, considerado como facultad y á la p a r como sis­
tema.
La escuela tradicionalista conviene con la tesis susten­
tad a en la anterior teoría, añadiendo la explicación del ori­
gen del lenguaje m ediante la revelación directa de Dios.
La escuela racionalista adm ite tam bién el origen di­
vino del lenguaje, como facultad de hablar; em pero de­
fiende que el lenguaje, como sistem a, es resultado de la
natural y espontánea iniciativa de las facultades del alm a
inteligente.
La escuela evolucionista supone que el lenguaje, como
facultad y como sistem a, es producto de la gradual y pro­
gresiva evolución de los seres. Es la aplicación de la teoría
d arw inista á este punto concreto, respecto del cual, á
nuestro m enguado juicio, hay que distinguir entre lo que
podría suceder y lo que en realidad sucedió.
En cuanto á lo que podría suceder, es nuestra opinión
que, en efecto, el hom bre, dotado ya por Dios de la facul­
LECCIÓN X X IX 309

tad de hablar, adem ás de las restantes facultades psíqui­


cas y de su naturaleza em inentem ente social, acab aría
form ando por si solo signos exteriores de sus ideas.
Y en tanto es asi que, según acredita la experiencia,
si un tem poral arrojase á una isla desierta á v arias perso­
nas de nacionalidad distinta, es indudable que a rb itra ­
rían signos p a ra com unicarse y entenderse; como, reuni­
dos algunos niños, que no sepan h ab lar todavía, se com ­
prenderán m útuam ente.
No obstante; suponiendo que Dios no hubiese imbuido
el lenguaje al hom bre, hubieran transcurrido m uchos si­
glos h asta tener reunido el conjunto innum erable de sig­
nos que integran un idiom a cualquiera. Y, durante tales
siglos, el hom bre, pese á su racionalidad, apenas se h ab ría
distinguido de los irracionales. Porque los náufragos y los
niños citados hallarían muy contado núm ero de signos
p a ra com unicarse únicam ente las ideas que m ayorm ente
les afectaran; como, hoy día, son incompletísimas, tras
tantos siglos, las lenguas habladas por los salvajes; como
lo es tam bién la llam ada lengua universal, tendencia muy
laudable, pero á la p ar muy utópica hacia un idioma uni­
versal, imposible, á pesar de los esfuerzos de hom bres de
g ran valer de diversas naciones, todos ellos peritísim os en
los principales idiomas.
Luego el hecho es que Dios infundió al prim er hombre
el don inmediato de la palabra; y en tanto es así que los
escritos geneslacos nos dem uestran que Adán y Eva h a­
blaron poco después de su reciente creación.
Destruida repentinamente la prim itiva identidad del
lenguaje hum ano (1) y disem inados los hom bres por la

(1) Según Morder, N iebuhr, Rem usat, W issem aan, Poli y Gilly.
310 1 .0 0 IC A

tierra, después de la Torre de Babel, m ultiplicáronse las


lenguas h asta ofrecer, en apariencia, variedad infinita.
Sin em bargo, los filólogos, salvo ra ra s excepciones, aun
atendiendo al estado actual de las lenguas y al lam entable
atraso de la ciencia filológica, opinan que conviene a dm i­
tir , cuando menos, la posibilidad del origen único de todos
loa idiom as; como se adm ite igualm ente la unidad prim i­
tiva del género hum ano, no obstante las razas y dem ás
variedades del mismo tipo fundam ental.
* Acerca de la com paración entre los caracteres del
lenguaje prim itivo y del actual, sólo nos es dable a p u n tar
algunas ligerísim as hipótesis.
* Según el cálculo de las probabilidades, el lenguaje
prim itivo debió ser esencialm ente natural, es decir, mo­
nosilábico y onomatopéyico ó im itativo. Aún hoy, existen
en todas las lenguas m ultitud de onom atopeyas, que im i­
tan sonidos naturales (l): así, las m anifestativas de las vo­
ces de los anim ales (el maullido del gato, el relin ch ar del
caballo, el rebuzno del asno, etc.), y varias otras (trueno,
rayo, rom per, silbar, cóncavo, retum bar, etc.) Otras ex­
presan cualidades análogas al sonido empleado (gracia,
dulce, suave, fuerte, terror, mustio, eleganoia, m agnificen­
cia, etc.) Háse observado que las partes del cuerpo hum a­
no que integran el aparato de la voz, son designadas por
vocablos, en que predom inan las letras allá pronunciadas:
así, «boca,» «labio,» (la B es labial); «diente,» «odontálgi-
co,* (la D es dental); «nariz,» «narigudo,» (la N es nasal).
Consérvanse ciertas raíces prim ordiales, adecuadas al con­
cepto expresado por la dicción que en aquéllas se funda:
así, la ST, signo de perseverancia ó perm anencia, en Est,

(1) Véase la lección IV,


T.ECC1ÓN XXIX 311

Stare y sus derivados; la FL, símbolo de expansión desde


dentro á fuera, en Flor, Flamen. Otras dependen del a s ­
pecto con que se considera el objeto imitado: «asi, se h a
observado, que el griego expresa la rapidez del relám p a­
go (fijóme), el hebreo y el latin su resplandor {fulgor),
el alem án su movimiento serpentino (B lits), el árbol llam a
la atención por su dureza (arbor), por su crecim iento
( BaurnJt etc. (1).» Además, el lenguaje espontáneo de los
niños ofrece m arcados indicios de la tendencia natural al
monosilabism o (raíces de una sola sílaba) y á la onom ato-
peya (harm onía imitativa).
* En cam bio, el lenguaje oral, en su estado actual, es
principalm ente significativo, y no natural, ni siquiera
simbólico; toda vez que dam os á las palabras el valor que
acostum bram os darles desde la infancia, por tácita é in­
veterada convención (2). Es tam bién m ás espiritual que el
prim itivo, por el acrecentam iento del pintoresco lenguaje

Clasificación de las m ism as.—La confusa m ultiplici­


dad de lenguas h a podido ser reducida, por ahora, á dos
unidades ó grupos: el semítico, y el ja fético , a ryo ó indo­
europeo. Esfuérzanse los filólogos p ara encontrar entre
■estos grupos puntos de contacto (ya se han notado algu­
nos), á fin de lograr la tan suspirada unificación (3).

(1) Da los «Principios de L iteratura general y españole,» de nuestro venerable


m aestro Dr. D. Manuel Mllft y FontanaJs, nunca bastan te llorado por los sinceros
am antes d e las letras patries.
(2) Véase la lección IV.
(3) «...No se pensaba, sin em bargo, en form ar del estudio de las lenguas una
-ciencia. Supónese que el prim ero que concibió esta idea fué nuestro Arias Monta­
no (así como al «Brócense» se a trib u y e el origen de la Gram&tica general), pero el
p a d re reconocido de la ciencia {—alude i la Filología—) es el ilustre filósofo y polí­
grafo Leibnilz. Este propuso.la com paración de palabras de todos Jos idiom as c o -
312 LÓGICA

Por su estructura y forma m aterial, divídense las len­


guas en tres agrupaciones: monosilábicas ó aisladoras,
aglutinadoras ó aglutinantes y flexibles.
Las prim eras carecen de form as gram aticales. En ellas
no tienen las palabras valor absoluto, sino tan sólo rela­
tivo, según el lugar que ocupen en la oración grám atical.
Al propio tiem po, los vocablos son ralees m onosilábicas,
de expresión genérica y sum am ente vaga. La G ram ática
de tales lenguas se reduce, de hecho, á la Sintaxis y la
Prosodia.
Las segundas agrupan dos palabras p ara form ar una
tercera; la nueva palabra, agregada á la prim itiva por
m era superposición (yuxtaposición), modifica el signifi­
cado peculiar de la m ás antigua, que conserva, no obs­
tante, la expresión de la raíz fundam ental invariable. Tie­
nen form as gram aticales, siquiera imperfectas.

nocidos, em presa que siguieron m uchos, y , e n tre ellos, Catalina II de RuBia.


N uestro Hervás fué luego uno de los prim eros en Btender ¿ la e stru ctu ra gram ati­
cal (—alusión á la incom parable obra de aquel insigne abate, titulada: Catalogo
delle lingtte, escrita en el idioma del Dante—). A efecto del conocim iento que las
m isionas y luego los colonos ingleses ad q u iriero n de los idiom as de la India, se es­
tudió el sanskrito y se reconocieron sus añnidades con el griego. (—Antes los o rien ­
talistas habían ya reconocido el parentesco e n tre la lengua' sagrada y los reblantes
idiom as sem íticos, y algunos italianos, con nuestro Aid rete, advirtieron la filiación
de las lenguas neo-latinas.—) Por fin, Federico Schlegel fijó ta nueva ciencia (1808),
proclam ando la herm andad de las lenguas que Llamó indo-germ ánicas (índo-euro-
peas, aryanas, jafétices: sanskrito, zend, griego, latín, germ ano, eslavo, é que se
han añadido después el lético y el celta), lenguas qua han sido objeto de estudio
m&s especial y fecundo en resultados. Luego Guillerm o Scblegel llamó sobre todo
la atención hacia las form as gram aticales, con preferencia á la parte lexicográfica ,
M umboldt estudió lenguas poco conocidas (entre ellas el vascuence) y exam inó el
enlace e n tre el pensam iento y la palabra, Bobb com puso una « G ra n ític a de las
lenguas indo-europea8,n Grimm de las germ ánicas, Diez de las neo-latinas, e tc .
Adera&s del estudio de la Morfología (de (as form as gram aticales) y de la Lexico­
grafía (el del vocabulario), se ha a te n d id o tam bién especialm ente 6 la Fonología (el
de los sonidos)...» (Mili y Fonlanats: «Principios de L iteratura general y española.*
«Anotaciones.»)
LECCION X X IX 313

Las terceras presentan verdaderas modificaciones g ra ­


m aticales (flexiones); por esto se llam an tam bién lenguas
de flexión. Las palabras se form an por medio de la ad ap ­
tación, con cam bios fonéticos y morfológicos, de la raiz
principal, y los prefijos y sufijos ó afijos.
P a ra algunos filólogos, las flexiones son debidas al
genio de ciertos pueblos; otros, la m ayoría, opinan que ha
tenido lugar una transform ación gradual y sucesiva del
sistem a de aislam iento al de aglutinación y de éste á su
ve¿ al de las flexiones gram aticales, procedim iento el m ás
m oderno y el m ayorm ente perfecto.
Núm ero de idiomas y de dialectos.—Entendem os p or
idiom a todo lenguaje completo y perfectam ente culto.
Dialecto es todo lenguaje incompleto é inculto.
* Distinguense, en general, los idiomas de los dialec­
tos, por cuanto aquéllos poseen Diccionarios y G ram áti­
cas oficiales y una serie notable de composiciones artis-
tico-literarias de todos géneros; circunstancias que no
concurren en los dialectos, los cuales, en determ inadas
ocasiones, ostentan un núm ero m ayor ó m enor de obras,
poéticas ó prosáicas, y hasta, á veces, gram áticas y Dic­
cionarios, pero imperfectos y en general rudim entarios y
sin valor alguno de carácter oficial y obligatorio.
Según uno de los m ás m odernos lingüistas (1), háblan-
se en el globo terráqueo unos 860 idiomas, de los cuales
53 en E uropa, 153 en Asia, 415 en Africa, 422 en A m érica
y 117 en Oceanía, ap arte los restantes, sin clasificar; con
unos 5,000 dialectos, com prendiendo en éstos las varieda­
des provinciales y locales de las lenguas.
De L a t r a n s m i s i ó n d e l l e n g u a j e o r a l . —Tres son los m e­

cí) Ualbi, en su «Atlas E tnográfico .a


LÓGICA.

dios p ara la transm isión del lenguaje oral, y, por ende, de


las composiciones literarias: 1.°, el canto; 2.°, la viva voz
ordinaria y y 3.°, la escritura.
El canto —La prim itiva Poesía i ba acom pañada del can ­
to. U na recitación cantada fué largo tiem po el m edio usa­
do p a ra la transm isión de la Poesía épica, lírica y didác­
tica. Más tardé, el frecuente empleo de los instrum entos
m usicales, la unión con el baile y la invención de nuevas
com binaciones m étricas produjeron m elodías m ás fijas y
m ayorm ente variadas.
L a ütva voz o rdin aria.—Fué, por lo m enos en ciertos
pueblos, medio m ás reciente de transm isión de la o b ra li­
teraria (tom ando ésta en sentido lato). Tal aconteció en la
Poesía dram ática y en la Oratoria.
L a escritura^—Es la traducción óptica y perm anente
de la palabra. Sirve p a ra la conservación de esta últim a.
División de ésta.—Es ideográfica ó fonográfica. La
p rim era representa ideas, y, la segunda, sonidos.
La ideográfica com prende la figurativa^ la simbólica y
la conoencional, según que represente directam ente obje­
tos visibles, ó se valga del símbolo en general ó sé funde
en una convención cualquiera adoptada entre los hom bres.
La fonográfica se subdivide en oerbalt silábica y a lfa ­
bética, fundadas respectivam ente en las palabras, en las
sílabas ó en las letras del alfabeto.(vocales y consonantes)*
* Ejemplo de escritura ideográflco-flgurativa, las re­
presentaciones esculturales y pictóricas; de sim bólica, la de
los pueblos de la A m érica septentrional, que, v. g r., usan
de la figura de una canoa p a ra indicar una expedición flu­
vial; de convencional, la escritura que utilizan la A ritm é­
tica y el Algebra.
* Ejemplo de escritura fonográfico-verbal y silábica,
la de las lenguas m onosilábicas ó aisladoras; de alfabéti­
ca, la que se usa por los m odernos pueblos de Europa.
La escritura de los antiguos E gipcios.—E ra sem ifigu-
rativa y sim bólica (al igual que la de los Mejicanos), con
signos silábicos y alfabéticos. Dividíase en hieroglifica,
hierática y demrítica, em pleadas respectivam ente en los
m onum entos, particularm ente en los jeroglíficos, ó por la
casta de los sacerdotes ó por el pueblo en general.
L a escritura de los Hebreos y la de los Chinos.—La de
los H ebreos es flgurativo-silábica; la de los Chinos, sim -
.bólica (l) originariam ente, y, en la actualidad, silábica.
Aquélla es de derecha á izquierda (al revés de la nuestra);
ésta, de izquierda á derecha y en forma de líneas perp en -
dicularesien dirección de a rrib a abajo.
La cuneiform e.—Llam ada así porque sus signos p ro ­
pios ap arentan la figura de cufias ó clavos, fué, en sus o rí­
genes, flgurativo-simbólica, y, posteriormente,' silábica, al
igual que la escritura m ás reciente de los Abisinios y de
los Etíopes, y que la de los pueblos semíticos que, gene­
ralm ente, acostum braban escribir las consonantes sin no­
ta r la m ayoría de las vocales. Fué usada por los Asirios y
Babilonios y por otros pueblos com arcanos (2).
Origen de la escritura fon ográfica,—Hay quien co n ­
sidera la escritura fonográfica como prim itiva y, por
tanto, antiquísim a. Y alega en su favor la de los Indos, de
época rem otísim a, y la de los antiguos Egipcios y de los
Hebreos, entram bas de carácter híbrido.
Em pero, la m ayoría de los filólogos convienen en la

(1) Asi, representaban la discordia por dos m ujeres. T


(2) Acerca de la escritura de los antiguos Egipcios y la^ iin e ifo rm c, véase ft
fran cisco L enorm ant, en ju H is to i r e a n c ieu n e de V Orietit.
316 LÓGICA

probable sucesión evolutiva de la escritura figurativa al


símbolo, y de éste á la ideografía a rb itraria, llegándose
finalm ente, con la fonográfica, á la fijación óptica de los
elem entos acústicos de las palabras correspondientes á las
ideas fundam entales.
* Así, es de suponer que la escritura prim itiva, que
sucedió inm ediatam ente á los cantos populares y á los
m onum entos m ás rem otos, fué la pictórica y escultórica.
Mas sem ejante escritura era muy difícil porque, aparte de
que sería necesario que todos fuésemos pintores y escul­
tores, p ara escribir un corto núm ero de pensamientos,,
fuera m enester que pintáram os otros tantos cuadros ó que
cinceláram os otras tantas estatuas, y, á m ayor ab unda­
m iento, por medio de este lenguaje, tan sólo nos resultaría
factible la expresión de los objetos m ateriales y concretos.
Luego precisa confesar que la hum anidad dió un rápido
paso de avánce en la senda del progreso al inventar la
escritura sim bólica, toda vez que, consistiendo ésta en
una serie de m etáforas, se hizo ya posible la expresión de
algunas ideas ab stractas y genéricas: asi, v. gr., un perro
representa la fidelidad; un gato, la astucia; una balanza,
la justicia; un círculo, la eternidad; un león, el valor no­
ble, etc. Y, sin em bargo, reunía tam bién, aunque no ta n ­
tos ni tan graves, no pocos inconvenientes. En prim er lu ­
gar, la vaguedad y la incertidum bre: así, por ejemplo, la
liebre significa á la vez la fecundidad, la tim idez y la lige­
reza, y, por lo m ism o, no era tan probable adivinar la
idea con sólo darse cuenta de la figura de aquel anim al.
A demás, resultaba im potente, lo propio que la figurativa,
p a ra la designación de nom bres propios. Y, por último,
resultaba en extrem o difusa, pues m ientras á la escritura
alfabética le basta un reducidísimo núm ero de caracteres,
LECCIÓN X X IX 317

ó signos, la simbólica de los Chinos, pongo por caso, aun


grandem ente simplificada, sum a unos ochenta mil.
* De ahí que se reconociera la necesidad de trocar la
escritura ideográfica por la fonográfica, m ás perfecta,
pero tam bién m ayorm ente compleja. P a ra ella se requie­
re n : la ¿dea, signo interior del objeto; la p a la b ra , signo
exterior de la idea, y los caracteres silábicos ó alfabéti­
cos, signos de la palabra.
* Ante todo, fué predom inante la escritura verbal. Mas
luego se procedió al análisis de los vocablos, notándose la
existencia de las silabas que componen aquéllos; inventó­
se, por consiguiente, la escritura silábica, que estriba en
un signo p a ra cada una de las silabas. Y, finalm ente, al
analizar la sílaba y hacerse cargo de la descomposición de
aquélla en letras, en corto num ero, vino á constituirse la
escritura alfabética.
* En lo que concierne á los alfabetos, es de opinión
unánim e de los doctos que la m ayoría, ya que acaso no
todos, proceden de uno solo, inventado por los Fenicios,
tal vez por Cadmo, aprovechando algunos de los signos
de los antiguos Egipcios y dándoles valor fonético inde­
term inado. Sem ejante abecedario escribíase en forma
bustrófeda (á la m anera que aran los bueyes), esto es, de
derecha á izquierda y viceversa (1).
* Los alfabetos m ás im portantes s o n : entre los sem í­
ticos, el fenicio, antes citado, el egipcio, el hebráico, el

(1) Ninguna do los n a c ió o s am ericanas conocía la escritura, al tiem po de su


descubrim iento por los españolea. Tenían los m ejicanos y los m ayas una pin tu ra
jeroglifica, p arte figurativa, p a rte sim bólica, p arte fonética, p or modio de la cual
podían re p re se n ta r algunos hechos y aun tra d u c ir algunos pensam ientos; los pe~
ruanos ni aun esto tenían, y st tan sólo unos cordones que llam aban quipus, que
les servían principalm ente para la Estadística.
318

caldeo, el aram eo, el siriaco, el árabe, el kúfico, el hi-


miarítico', e tc .; y, entre los indo germ ánicos, el sanskrit,
el zend, el griego, el latino, el etrusco, el gótico, el escan­
dinavo, el eslavo y el alem án.
La últim a forma de escritura fonográfico-alfabética es
la Im prenta, poderosísim o medio de propaganda p ara
la Ciencia y el Arte.
Laudables tentativas p a r a inventar una lengua y una
escritura universales.—Muchos son los esfuerzos que,
desde hace ya tiempo-, vienen haciéndose p a ra la inven­
ción de un idioma y una escritura universales, pensa­
miento debido al célebre filósofo m allorquín Ram ón Lull.
H ánse distinguido, entre otros, en sus inútiles tentativas,
p a ra llevar á la práctica ésta tan suspirada utopia, el Pa­
dre M atraglia, fraile franciscano de Rimini, y los españo­
les D. Sinibaldo de Mas y Sr. Sotos Ochando.
Pocos años há, estuvo en boga, durante algún tiempo,
la verdadera m onom anía p a ra el estudio del Volapuk,
idiom a muy parecido al alem án contem poráneo, que, en el
transcurso de aquel corto lapso de tiem po, pretendía la
hegem onía universal sobre los restantes idiomas.
Pero el tal Volapuk cayó á no ta rd a r en el olvido, re­
chazado por la indiferencia de los m ás y la oposición de
no pocos. Hoy conserva todavía algunos adeptos ( Vola-
pükistas), contados en núm ero y aun en inteligencias.
* Y se com prende que sea tal proyecto un imposible
práctico, habida consideración de que, aparte de las inm en­
sas dificultades con que h ab ría que luchar p ara d ar con
un idiom a que fuera, por decirlo así, el tesoro de las belle­
zas de todos los dem ás, cada nacionalidad vería, n atu ral­
m ente, con recelo la imposición m ás ó m enos hipotética
de una lengua, m ayorm ente siendo ésta afín con la de
LECCIÓN XXIX 319

otro estado (como en el caso del Volapuk, m uy sem ejante


al tudesco); haciéndose, por consiguiente, irrealizable toda
avenencia.
* Sucede con la utopia de que venimos tratando lo que
con la aspiración, unánim e urbi et orbi, favorable á la paz
perpetua y á la creación de un T ribunal internacional,
p a ra dirim ir los litigios que se suscitan entre los diversos
Estados; las lam entables querellas que dan lugar á las
gu erras son resultados de las incesantes rivalidades que
separan á las distintas N acionalidades, y tales rivalidades
no son, en el fondo, sino naturales m anifestaciones de la
h u m an a condición.
LECCIÓN XXX

T r a t a d o s q u e c o m p r e n d e l a G r a m á t i c a . —Son cuatro:
A nalogía, Sintaxis, Prosodia y O rtografía,
La Analogía, tam bién llam ada Lexicología ó E tim olo­
gía, es el estadio de los elementos aislados de la oración
gram atical.
L a Sintaxis es el estudio de la oración g ra m a tica l en
síntesis.
Prosodia es el estudio de las reglas de pronunciación
de un idioma en general y especialm ente de la cantidad
de las sílabas.
Ortografía es el estudio de las reglas de escritura y de
los signos de puntuación, en particular el acento.
A n a l o g í a . — Su división.—Divídese en Fonética y M or­
fo lo g ía .
Fonética.—L lam ada tam bién Fonología, es el estudio
de los sonidos de las form as gram aticales.
322 LÓGICA.

A lfabeto (i) —Es el conjunto de las letras de un idioma.


Letras son los signos representativos de sonidos, como
las p alabras son signos representativos de ideas.
Clasificación de las letras.—Dividense en cocales y con­
sonantes.
La vocal (vox) es la que tiene sonido propio.
La consonante (cum sonans) carece de sonido propio,
necesitando de la cooperación de una ó m ás vocales.
* La voz es la resultante de la emisión de un sonido
producido por el aire atm osférico, al ser expirado de los
pulm ones, chocando con el aparato bucal ó de la voz (2).
División de las cocales y de las consonantes.—Las co­
cales son de dos categorías: p rim itivas y derivadas. Aqué­
llas, pronunciadas respectivam ente en cada uno de los
vértices del triángulo bucal, son tres: a, i> tt. Las segun­
das, pronunciadas en los interm edios de los tales vértices
(los lados del triángulo), son otras tres: la e, la o, y la a
francesa y alem ana, de idéntico sonido.
Según Don Francisco de Orehell, célebre orientalista va­
lenciano de principios de este siglo, la a se pronuncia en la
g arg an ta, la i en el paladar y la u en los labios y dientes.
E ntre la a y la i se pronuncia la e (3), entre la a y la a
se pronuncia la o (4), y, entre la i y la tty tiene Jugar la
pronunciación del sonido interm edio, la i oscura, la ipsi-
t° n (y) griega y la u francesa y la u alem ana (aef ñ).

(1) Lié mase alefato en hebreo, alfabeto en griego, y abecedario en latín y en


español.
(i) Viene á afectar éste la form a d e un triángulo, cuyos vértice* coinciden con
la g arganta, ei p alad ar y los labioB.
(3) Razón p or la cual, en francés, el diptongo ai se contrae en el sonido único
•te e.
(4) Por ello, en francés, aa se pronuncia o, com o o u y eau se pronuncian re s ­
pectivam ente u, o.
LECCIÓN XXX 323

De dondé, la a es vocal gutural; Ja i, p a la d ia ly la u, la ­


bial ó dental; la e, gutur-paladial; la o, gutu r-labial, y,
la u helénica, francesa y germ ánica, paladial-labial.
^ a s vocales se dividen, adem ás, en Juertes ó suaves,
según el modo de su pronunciación. Son fuertes la a } la e
y la o, y suaves ó débiles, la la u y la ü (l).
Finalm ente, por su cantidad, se dividen las vocales en
breves, largas y comunes.
Al concurso de dos vocales se le denom ina diptongo,
el cual viene á ser, por tanto, la coexistencia de dos voca­
les form ando un sonido único.
*Los diptongos pueden ser propios é im propios. Los
orim eros están formados m ediante la agrupación de una
vocal fuerte y una suave; los segundos, por dos fuertes ó
Jos débiles.
La coexistencia de tres vocales formando sonido único
llám ase triptongo (2).
Las consonantes se dividen en pu ras y sem ivocales.
Aquéllas representan la m ayor independencia de las vo­
cales, puesto que sólo van acom pañadas de una vocal; és­
tas, en la pronunciación, se acom pañan con dos vocales
(aunque la tendencia general, en la pronunciación con­
tem poránea, es favorable á la unificación: así, se dice me,
en lugar de eme, p ara indicar la letra m).
Las consonantes puras se subdividen en guturales, la­
biales y dentales, pronunciadas principalm ente en la g a r­
g anta, en los labios y en los dientes. Son guturales: la k,
la g, la j , la q y la x \ labiales, la p , la b y la f ; dentales,
la ty la d } la *, la c, la o y la ir.

(1) Con este sigao querem os aquí in d icar la u griega, francesa y alem ana.
(2) V. gr., en francés, l'eau. En castellano son raros los triptongos, excepto
en algunas form as verbales (acerigüáis, acariciáis, amortiguáis, etc.)
I.ÓG1CA.

Las consonantes semivocales se subdividen, á su vez,


en nasales, liquidas y sibilante ó silbante. Son nasales:
la m y la n; liquidas, la /, la 11 y la r\ sibilante, la s (I).
Cambios fonéticos.—Son ciertas alteraciones en las le­
tra s, p a ra dar al lenguaje m ayor eufonía. H állanse sujetos
á ciertas leyes, com unes á todos los idiom as, en general.
Sem ejantes leyes son unas com unes á vocales y á con­
sonantes, y las otras especiales.
Las leyes com unes á vocales y consonantes son siete:
Atenuación, Refuerzo (fónico, cuantitativo y de adición) ,
Asim ilación (orgánica y de grado), Disimilación, A d i­
ción ¡Prótesis, Epéntesis y Paragoge), Supresión (A fé­
resis, Sincopa, A pócope) y M etátesis ó Trasposición. Las
de adición y las de supresión se em plean principalm ente
por los poetas, á m anera de licencia.
Las leyes especiales son dos: la Contracción, particu­
lar de tas vocales, y el Rotacismo, exclusiva de las conso­
nantes f ü y r) (2).
* Atenuación es la reducción de sonidos fuertes á otros
m ás tenues, siguiendo la siguiente escala gradual, em pe­
zando por la vocal m ás grave: a, o, e, u, i. Ejemplos: de

(1) La consonante k se elim ina, por carecer de sonido peculiar. Equivale ai


antiguo espíritu Aspero del griego. Muchas veces es la traducción castellana de
la / 'l a t i n a y catalana (Jllius, Jill, hijo). La y es u n a adulteración de la i, por
cu an to en griego, las vocales son siete: n, e, n, i, o, w y v. Y, en cuanto ¿ la « , llá­
mase sibilante porque, con erecto, al pronunciarla, dam os cierto silbido. Y este
sonido es puro en ia 3 inicial de palabra de las lenguas anglo-sajonas (inglés y ale­
m án principalm ente), m ientras que, en latin y lenguas neo-latinas (italiano, fran­
cés, español, portugués y rum ano), la s inicial de dicción se pronuncia com o si
tuviera antepuesta una e.
(2) No es i4sle lugar adecuado para indicar sino generalidades acerca de esta
m ateria. Puede consultarse con fruto, en este punto concreto, la luminosa "Gra­
m ática Latina» de nuestro estim ado amigo y distinguido com pañero D. Mateo
(i arre la.
LKCC1ÓN XXX 325

fa c e ré , perficere; de dicere, dignum; de pequeño, peque-


ñito; de paire, padre.
* Refuerzo, en general, es la reducción de sonidos
suaves á otros m ás ásperos. Puede ser fónico, cuantitati­
vo y de adición (1).
* Consiste el refuerzo de sonido en cam biar la i bre­
ve final, abierta ó cerrada, en e, ó en o, si hay pérdida de
nasal interm edia. Ejemplos: de m ilis/m iles; de homins,
homo; de scribere, scriptum ; de suavi, suave. Por excep­
ción, á veces se trueca la i en u: de c apit, capul.
* P o r el refuerzo cuantitativo se pierde la letra poste­
rior á la vocal breve, la cual se com pensa prolongándose
en larga: de aniaebam, am abam .
* El refuerzo de adición es el trueque de las vocales
sim ples en com puestas: de urere, aurum; de pelra., p ie ­
dra; de bono, bueno (2).
* M ediante la asim ilación, se cam bia un sonido por
otro igual ó análogo: en el prim er caso, es orgánica; en el
segundo, de grado: v. gr.: de j)iier-la, paella; de con-rec-
to, correcto; de nubere, nuptum; de en-pero} empero.
* La disimilación convierte en desiguales dos sonidos
idénticos: de pu loiris, puloeris; de carcere, cárcel.
* La adición de sonidos se llam a prótesis, epéntesis y
paragoge, según sea inicial, medial ó final.
* La prótesis es rarísim a, en general (3): am ostazarse,
por m ostazarse.

(1) Et prim ero es com ún á vocales y consonantes; el segundo y el tercero son


especiales de las vocales,
(2) En castellano, la e y la o (tóniuaD) se convierten p a r lo com ún en ¿e, ue,
respectivamente.
(3) Las \ w e s latinas qu e em piezan con ¡fp. rí y sch, al pasar al español, tom an
li n a e p rolé tica antes de J<t s: de vvhola, esvuela.
326 1.Ó GICA

* La epéntesis es la intercalación de una ó m ás letras


en medio de la palabra. Las letras intercaladas llám anse
epentéticas, y son: las vocales conjuntivas i, «, y, á veces,
la e; la p , entre m y s ó t ; la /iTen las raíces prolongadas,
y la s, entre n y t. Ejemplos: de lib -r, liber; de ta-go} tan­
go; de cronista, coronista.
* La paragoge está en uso apenas, como no sea por
licencia poética. Las letras agregadas se llam an paragó-
gicas: de veloz, oeloce; de infeliz, infelice.
* La supresión de sonidos puede ser aféresis, síncopa
y apócope, según sea inicial, medial ó final.
* La aféresis se em plea raram ente: de clamentum,
lamentum; de enhoram ala, noram ala.
* La sincopa es de m ayor im portancia. La letra supri­
m ida recibe la denom inación de sincopada: de pateris,
p a tris; de N atividad, N a vid a d .
* La apócope se usa tam bién á m enudo. La letra eli­
dida se denom ina apocopada (1): de sorors, soror; de
uno, un; de Santo, San.
* La m etátesis ó trasposición de sonidos es la m era in­
versión de letras; pudiéram os calificarla de hipérbaton f o ­
nético: v. gr.: de cervi, creoi; de capul, ca u p e= co p e= cu p e.
* La contracción es la reducción de dos ó m ás vocales
á una larga ó á un diptongo. Es m uy usual, sobre todo en
la pronunciación francesa (2). Ejemplos: de amao, amo;
de tauro, toro (3).

(1) La apócope reviste singular im portancia en la lengua heb rea, en la cual


figuran los llam ados verbos apocopadoa.
(2) Eo el idiom a griego se hace especial m ención de los llam ados verbos con­
tractos.
(3) En latín hay los siguientes casos d e contracción: aa = 5; ae = «; ai = ae,
á, é; ao = o: ee = £; ei = i , eu = ¿ ; ie = 7 ; oi = o, í ; ou = i ¡ : ue y u¡ = 8. En
francés: ai — e: au = o; ou — k: eau = o: etc.
I.ECCK j N XXX

* El rotacism o es el cam bio en una r de la s interm e­


d ia entre vocales (1): de flo s,flo rem por fo s e m .
M orfología.—Es el estudio de \as fo rm a s g ra m a tica ­
les, consideradas en si m ism as.
Silaba, p a la b ra y oración g ra m a tic a l.—Silaba es la
agrupación de dos ó m ás letras en un.solo sonido, es de­
cir, en una sola emisión de voz.
P alab ra es la expresión de una idea.
Oración gram atical, oración ó proposición es la ex p re­
sión de un pensam iento completo.
* De la reunión de letras se form an las sílabas, de la
agrupación de éstas las palabras, del concurso de éstas
las oraciones, de la coexistencia de éstas las cláusulas, y
■de la sum a de éstas nace, por último, el periodo. Tal acon­
tece en la forma de las composiciones literarias; al paso
que, en el fondo, de la reunión de ideas se forma el juicio
pensam iento perfecto y de la serie encadenada de juicios
se produce el raciocinio, yendo á p a ra r en el discurso,
ilación de raciocinios; enlazándose entre si las ideas m e­
d ian te la asociación de las m ism as y entre sí los juicios y
los raciocinios por medio de las transiciones form ales (prin­
cipalm ente Ja reyección y la revocación) (2); uniéndose á
su vez Jas form as del lenguaje valiéndose de los oportunos
signos ortográficos.
Elementos de ésta: su clasificación.—La oración g ra ­
m atical consta de varios elem entos constitutivos, que se
dividen en esenciales y accidentales, según sean ó no in­

(1) El rotacism o es m uy usado en sanskrik. En. griego, la s e n tre vocales se


su p rim e.
(2) Consiste la reyeccióü 6 remisión en su sp en d e r el sentido de lo que se iba
diciendo, aplazándolo para m ás adelante. Y la revocación, en re a n u d a r la ilación
<le La frase interrum pida.
328 LÓGICA

dispensables para la subsistencia de aquélla, Son esencia­


les el Nom bre sustantivo y el Verbo, y accidentales los
restantes.
Los elem entos accidentales se subdividen en descripti­
vos, conectivos y afectivo, según sirvan p a ra p in ta r los
objetos, p a ra u n i r l o s dem ás elem entos de la oración
ó p a ra la expresión espontánea de los afectos del alm a.
Son descriptivos el A rticu lo, el N om bre adjetivo, el P a r­
ticipio, el Pronom bre y el A dverbio; conectivos, la Prepo­
sición y la Conjunción, y afectivo, la Interjección (1).
* N om bre sustantivo (2) es la parte de la oración que
sirve p ara significar los objetos; es el. signo m aterial del
pensam iento.
* Divídese en propio y apelativo3 prim itivo y d eriva -
do, sim ple y compuesto, gentilicio y patroním ico, aumen­
tativo y diminutivo.
* N om bre propio es el que conviene á una sola enti­
dad ( M adrid)<
* Apelativo, el que conviene á m uchas cosas de igual
clase (ciudad),
* Prim itivo, el que no nace de otro (piedra).
* Derivado, al contrario (celeste, de cielo).
* Gentilicio ó nacional, el que envuelve la idea de p a ­
tria (español).
* Patroním ico, el que envuelve la idea de linaje ó fa­
m ilia (Sánchez).

(1) Seguimos la clasificación de n u e stro sabio m aestro el Dr. I). Ramón Ma­
nuel G arriga, en su ad m irable «G ram ática Griega.»
(2) Mejor debiera llam ársele subjetivo, porque expresa el sujeto de la oración,
no la sustancia. La m ayoría de los llam ados no m b res su stan tiv o s no significan u u
s e r sustancial, y si tan sólo una cualidad ó propiedad.
LECCIÓN XXX 329

* Aum entativo, el que acrecienta la significación del


prim itivo ( hambrón).
* Diminutivo, el que la dism inuye ó rebaja ('hombreci­
llo).
* Los accidentes gram aticales del nom bre sustantivo
son tres: génerot número y cano.
* Género es la relación de sexo de las personas y de
los anim ales, y el que se atribuye, por traslación, á las
cosas. Es triple: masculino, fem enino y neutro, según que
com prenda los varones, las hem bras, y los am biguos ó
indeterm inados.
* N úm ero es la relación de unidad ó de pluralidad.
De ahí que, en genera], sea doble: singular y p lu ra l, refe­
rentes respectivam ente á uno ó á varios individuos y o b ­
jetos (i).
* Caso es la variación de la form a de la palab ra, p ara
ex p resar diversas relaciones. En las lenguas latina y e s ­
pañola, son seis: N om inativo, genitivo, dativo, acusati­
vo, vocativo y ablativo. Son directos ó principales el no­
minativo, el acusativo y el vocativo, é indirectos ó secun­
darios el genitivo, el dativo y el ablativo (2). El nominativo
es el sujeto ó el predicado de la proposición. El vocativo
indica la persona ó cosa á la cual dirigim os la palabra* El
acusativo es el caso del com plem ento directo, y, por ex ­
tensión, expresa, en ocasiones dadas, las relaciones cir­
cunstanciales de lugar, tiempo, espacio, etc. El genitivo

(1) El sanskrito y el griego clásico ad m iten , com o transición del singular al


plural, un te rc e r n úm ero, el dual, del cual se observan algunas huellas en latín.
(a) En sa n sk rlt y en griego hBy, adem ás, el locatioo y el intcrttm eníal, cu y as
relaciones se expresan p o r el ablativo; de entram bos se notan rem iniscencias en
latía. En francés no se conocen m ás casos que el nom inativo, genitivo, dativo yacu*
sativo. En inglús no hay casoá, en rigor, ni flexión. En italiano y en alem án la d e ­
clinación es perfecta y variada.
330 LÓ G ICA

envuelve la idea de posesión ó propiedad. El dativo es el


caso del complemento indirecto, y significa el fin, la utili­
dad ó el perjuicio. El ablativo simboliza las ideas de origen
y de separación, y las relaciones accidentales de instru­
m ento, causa, com paración, m ateria, etc.
* La unión de las desinencias de caso á la radical ó
tema (R + D) llám ase Flexión nominal ó Declinación.
* La radical es el elem ento invariable de las palabras;
á veces es p u r a , siendo la m ism a ra is ó estirpe; otras es
im pura, com prendiendo, aparte de la raiz fundam ental,
los incrementos.
* La desinencia ó exponente es el elem ento variable de
la palabra, modificativo de la idea trascendental represen­
tad a por la radical. Im porta no confundir la desinencia
con la terminación, que viene á ser, sencillam ente, la letra
ó letras finales de la dicción.
* Las lenguas sanskrita, griega, latina y alem ana ofre­
cen el sistem a de flexión nom inal m ás perfecto. Los idio­
m as español, francés é italiano suplen la carencia de de­
sinencias nom inales por medio del uso de los artículos.
* El verbo ( oerbum, la voz por excelencia) es el ele­
mento cardinal de la oración. Signo formal del pensam ien­
to, sirve p ara expresar las ideas de existencia, de acción
y de pasión.
* De ahí su fundam ental división en sustantivo y adje­
tivo ó atributivo: aquél expresa la idea de existencia (1);
éste, la de acción ó la de pasión.
* El verbo atributivo se subdivide en activo, pasivo y

(1) El verbo sustantivo, único en el fondo, se m anifiesta vario: asi, en latín no


• h a y otro que E**e 6 Sum: em pero, en español, tenem os dos (Ser ó Estar y Ha­
ber 6 Tener): dos en Italiano (Estere y Acere ); dos en francés (Etre y Acoir);
dos en inglés (7*0 be y To hace), etc.
LEC CIO N XXX

neutro, según que exprese acción, pasión, ó una circuns­


tancia m eram ente accidental é independiente de aquéllas
(propiedad, lugar, tiem po, espacio, etc.)- Así, a m a r, ser
a m ado, llover, son respectivam ente activo, pasivo y n eu ­
tro. El verbo activo puede ser transitivo é intransitivo, se­
gún que la acción atribuida necesite pasar á otro térm ino
ó se consum e en el objeto m ism o (am ar, dorm ir).
* Asi el verbo activo en general, como el pasivo y el
neutro, pueden ser regulares ó irr egulares: aquéllos siguen
las reglas generales de Ja conjugación; éstos se ap artan ,
m ás ó menos, cifiéndose á veces á otras reglas especiales
( am ar, caber). ,
* Finalm ente, por excepción, el verbo es, en ciertos
casos, reflexivo, defectivo ó unipersonal: en aquél, la ac­
ción recae en el pronom bre personal, que hace el oficio de
com plem ento directo; en el defectivo, se observa la caren­
cia de alguna de las form as verbales, que se suple m edian­
te la fo r m a p e rifrá stic a ; en el unipersonal, la flexión es
rudim entaria, pues sólo se usa, generalm ente, en las te r­
ceras personas de cada uno de los tiempos.
* Los accidentes gram aticales del verbo son cinco:
voces, /nodos, tiempos, números y personas.
* Son voces las inflexiones que denotan si el sujeto de ,
la oración es origen ó es térm ino de la acción significada
por el verbo. Son dos: activa y p a siva ; indicando aquélla
que el sujeto de la oración es origen ó causa de la acción,
y ésa, que el sujeto es e) térm ino (1).

(1) La lengua española no conoce, propiam ente hablando, o tra voz q u e la ac­
tiva, supliendo el defecto de la pasiva v aliéndole del verbo sustantivo en general
y del participio pasado del verbo que se conjuga; lo m ism o sucede en francés, ita­
liano, inglés y alem án. El idiom a del Lacio ofrece las dos voces perfectas, al igual
que el griego m oderno. El griego clásico adm itía, adem ás, u n a te rc e ra voz, la voz
332 ' LÓGICA

* Son modos las alteraciones que recibe la estructura


del verbo, p ara significar la m anera con que se hace la
atribución. Son cinco: indicativo, subjuntivo, im perati­
vo, infinitivo y participio. Los tres prim eros son modos
personales; los dos restantes, nominales, por ser v e rd a ­
deros nom bres verbales, transiciones del nom bre al ver­
bo. El indicativo expresa la atribución hecha de un modo
absoluto, categórico é independiente. El subjuntivo la in­
dica como relativa, subordinada y dependiente. El im pe­
rativo representa la súplica ó el m andato; carece, en ri­
gor, de prim era persona singular, por ser impropio supli­
carse ó m andarse á si mismo* El infinitivo es la significa­
ción verbal en abstracto, y el participio la m ism a en con­
creto (1).
* Tiempos son los accidentes m ediante los cuales se
expresa el punto de la duración á que se refiere la atrib u ­
ción que el verbo significa; son la expresión de la época
de la acción en general. Los hay absolutos y relativos: los
prim eros, fundam entales, son tres: el presente, el jjrelérito
y el /a tu r o , representaciones respectivas del tiem po a c-

media, en la cual el sujeto es térm ino, directo 6 indirecto, de su propia acción,


ó de una acción realizada por o tro , pero por m andato propio. El verbo hebreo, el
mfts perfecto de todos, posee nada m enos que siete voces, representaciones de los
m ás delicados m atices del pensam iento: Kal, N ¡phalt Hiph.il, Hopkal, P i fiel,
P u hal, Hitphahel-, la prim ara es la base de todas las restantes.
(1) Con tícense adem ás, en alguD as lenguas, otros m o d o s: el co n dicion a l, el
opiático y el potencial. El condicional envuelve una condición; el optativo ó
dezideratioo, un d eseo , una optación; el potencial ó concesivo, un perm iso, una
tolerancia. La lengua griega clásica tiene indicativo, im perativo, subjuntivo, opta­
tivo, infinitivo y participio. La latina ofrece los cinco m odos ordinarios. Lo propio
sucede ea la española, la cual co n sid era á la vez al participio com o una de las
pa rte s variables d e la oración. Ei verbo re g u la r vascongado adm ite un m odo espe­
cial llam ado consuetudinario, para significar que la atrib u ció n del verbo es cosa
de co stu m b re. El francés, italiano, inglés y alem án a ce p ta n , adem ás de los cinco
m o d o s com unes, el optativo-condicional.
LECCIÓN XXX 333

tual, del tiempo pasado y del venidero; los segundos, m o­


dificaciones de los dos absolutos históricos (pretérito y fu­
turo), son seis, tres p a ra cada uno de estos: pretéritos im ­
perfecto, perfecto y pluscuam perfecto; fu tu ro s im perfec­
to (simple 6 prim ero), perfecto (compuesto ó segundo) y
pluscuam perfecto (anterior ó tercero) (1).
* Núm ero verbal, como el nom inal, es el accidentesig-
niflcativo de las relaciones de unidad y de multiplicidad.
Como en el nom bre, es doble: singular y p lu ra l, con idén­
tico significado (2).
* El accidente personal de los verbos sirve p a ra ex­
p re sar si el sujeto de la oración gram atical es el que h a­
bla, el que escucha ó la persona ó cosa asunto del diálogo,
conversación ó coloquio. De ahi que las personas, en el
verbo, sean tres: p rim era , segunda y tercera, p a ra cada
uno de los dos núm eros, con el cometido que les asigna­
mos anteriormente* 3u modo de manifestación radica en
los pronom bres personales y, si éstos están tácitos, en las
desinencias verbales.
* Finalm ente, lo que, al tra ta r del nom bre, llam áb a­
mos Declinación, llám ase, en el verbo, Conjugación. De
m anera que la flexión en general es doble: flexión nom i­
nal ó declinación, peculiar al nom bre, y flex ió n verbal ó
conjugación, exclusiva del verbo.

(1) Kl presente e9 indivisible; el pretérito y tí futuro son divisibles, es decir,


Busrppliblps d e grados, de aproxim ación al presente (a n t e p r e té r i t o , c o p r e té r ito y
poH preié riio: a m e j u t u r o , c o fu tu r o y p o stfu tu ro). El ah ora (n u n c )e s la unidad
fundam ental para la m edida del tiem po. La lengua hebráica pdm ite solam ente do»
tiem pos, el pretérito y el futuro; rechazando el p resente, al te n e r en cuenta la
fugacidad del m i s m o presente, q u e, eo rigor estrictam ente filosófico, no existe.
(3) El sanskril y el griego clásico, ad m iten , adem ás, el d u a l , para dos indivi­
duos ó dos objetos. Kl idioma inglés no da plurales A sus verbos, concen tran d o la
idea de pluralidad en los pronom bres personales, sujetos de aquéllos en la o ra ­
ción.
334 LÓGICA.

* El artículo (i) sirve p a ra expresar la determinación.


ó indeterminación de los nom bres apelativos,
* Divídese en especificativo é indiüiduatw o: aquél
conserva el nom bre apelativo en toda su extensión; éste
restringe la extensión total del nom bre apelativo (todo
hom bre siente, algún hom bre es sabio).
* El articulo individuativo se subdivide en indetermi­
nado ó indefinido y determ inado ó definido: el prim ero
no señala el núm ero de individuos que se tom an de la es­
pecie y los enuncia en conjunto; el segundo los indica in­
dividualm ente ( muchos hom bres, el hom bre) (2).
* El nom bre adjetivo expresa una cualidad ó una e x ­
tensión atribuida á una sustancia (blancura; todos, algu­
no). El nom bre sustantivo indica el sujeto, y el adjetivo,
el predicado ó atributo (3). Su carácter es calificativo-
determinatiüo.
* Divídese, por sü cualidad, en positivo, com parativo
y superlativo: el prim ero indica sencillam ente la cualidad
del sustantivo; el segundo, la dualidad com parada; el ter­
cero, la cualidad en su grado m áxim o (bueno, m ejor, óp­
timo)* Los com parativos y superlativos pueden ser regu­
lares é irregulares, según se atem peren á leyes fijas, en
su formación, ó prescindan de ellas, por vía de excepción.

(1) De articulus, m iem bro pequeño; da artu *, m iem bro.


(2) En latín no existe el articulo, q u e se suple por m edio d é la s desinencias de
los nom bres; en cam bio, existió en el griego clásico, y se conserva en el griego
m oderno y en la generalidad de los dem ás idiom as contem poráneos (español, ita­
liano, francés, inglés y alem án). En griego, las desinencias de los nom bres son
ecos de las de los artículos; tal acontece tam bién en alem án , t a s lenguas m oder­
nas, q u e, en general, no declinan sus nom bres, tam poco declinan el articulo; pues
□o es, propiam ente hablando, v erd ad era declinación el cam bio accidental q u e re­
ciben, p or la elipsis que en ellos se hace de la preposición q u e les precede: este
fenóm eno se observa, por ejem plo, en el idioma de C ervantes.
(9) El adjetivo es, pues, aliquid adjectum subjecto.
LECCIÓN XXX 335

* Bajo el punto de vista de su extensión, el adjetivo es


numeral, porque envuelve la idea de núm ero, y se divide
en cardin al, ordinal, p a rtitiv o y distributivo: el cardinal
ó absoluto, cuenta naturalm ente; el ordinal, por orden; el
partitivo indica parte de una cantidad; el distributivo, can­
tidades fijas, en que se encierran varios núm eros (uno,
prim ero, el tercio, una docena).
* Hay, adem ás, los llam ados nombres verbales, verbos
revestidos de la form a nom inal, participando de la signi­
ficación de los verbos y de la estructura de los nom bres;
son cuatro: el Infinitivo, el P articipio, el Gerundio y el
Supino. Los dos prim eros son á la vez modos verbales no­
m inales, expresando el prim ero la significación del verbo
en absoluto, y el segundo, la m ism a, en concreto. El g e­
rundio (i) es el nom bre sustantivo-verbal, á modo de in­
finitivo cuando pierde la afirm ación; se distingue por su
carácter em inentem ente activo. El supino es un nom bre
verbal que carece de género y núm ero, de la m ism a m a ­
nera que el gerundio (2).
* El participio es la parte de la oración que es semi-
nominal y semiverbal. Es activo, ó pasivo, según que la
cualidad atribuida sea acción ó pasión. E ntram bos pue­
den ser de presente, de pretérito y de fu tu ro , refiriéndose
la atribución de esa cualidad á cada uno de los m om entos
generales del tiempo, respectivam ente (3).

(1) De C ero , is, ere, asi, ftuin, -hacer.*


(i) Los gerundios son, en los idiom as an tig ao s, nom bres declinables; en lo»
m odernos, indeclinables. En castellano term inan en ando, endo. y expresan la
idea general de la acción del verbo, com o ejecutándose actualm ente. El sup in o es
forma verbal originaria del latín, term inando en um y en u ; no existió en griego,
ni existe tam poco eo ninguno de los idiom as m odernos.
(3) En griego hay participios activos y pasivos de presente, de pretérito y de
futuro. En latín los hay activos de presente ( am an .»/, pasivos de pretérito (a/natus),
336 LÓGICA

* Pronom bre es la palab ra que sustituye al nom bre


sustantivo, p ara no repetirlo, y significa cierta y d eterm i­
nada persona ó cosa.
* Divídese en personal, dem ostrativo, posesivo y rela­
tivo: el prim ero se pone en lugar de las personas ó cosas;
el segundo señala las tales personas ó cosas; el tercero en ­
vuelve idea de pertenencia; el cuarto, de relación (yo, é$(et
mío, que) {i).
* El adverbio (2) sirve p ara m odificar la significación
del verbo, ó la de cualquiera otra palabra de carácter atri­
butivo (adjetivos y participios). Es una forma elíptica, que
expresa una relación juntam ente con su térm ino. Un idio­
m a será m ás rico cuanto m ás adverbios tenga, y el espa­
ñol los posee en gran núm ero.
* Las principales circunstancias susceptibles de expre­
sión por el adverbio, son ocho: lugar, tiempo, modo, can­
tidad, interrogación, afirm ación, negación y duda.
* Carecen de accidentes, pues son invariables, como
las preposiciones, las conjunciones y las interjecciones.
Em pero, aunque invariables en su estructura, reciben a l-

y activos y pasivos de futuro ( am aturus, am andus). En español, pasivos de p re ­


térito (am ado), y pasivos de presente, que no denotan actualidad, sino hábito, ocu­
pación ú oficio, careciendo del régim en del verbo y siendo sim ples adjetivos con
form as participiales (estudiante, escribiente).
(1) Tiene el pronom bre, com o sustituto del nom bre sustantivo, los mismos
accidentes gram aticales que éste (géneros, núm eros y casos). O bserva con acierto
la Filología que, respecto de la declinación del pronom bre, en m uchos Idiomas so
d esc u b re n vestigios de casos: asft en español, go, me, me, conmigo ; en francés,
je . moi, me: tu, toi, te. il , luí, le (?). Esto ha podido consistir en que fué m uy d i­
fícil que las leopuaa m odernas, al “n a ce r de las antiguas, desconociesen y a bando­
nasen del todo la declinación de palabras con tanta frecuencia usadas y designifi-
cación tan em inentem ente fundam ental. Los pronom bres dem ostrativos y los po­
sesivos son. en rigor, form as elípticas de adjetivos; por m anera qa6, en tesis ab­
soluta, sólo son verdaderos pronom bres los personales y los relativos.
(a) De ad zerbum, ju n to al verbo.
l e c c ió n xxx 337

g unos v aria term inación p a ra expresar grados de signifi­


cación, al igual que los adjetivos; por m anera que h ay a d ­
verbios positivos, com parativos y superlativos.
* La intim a conexión entre el adjetivo y el adverbio és
causa de que m uchas veces hagan el papel de adverbios
verdaderos adjetivos, ó frases enteras que se utilizan p ara
rep resen tar una circunstancia modificativa: estos adjetivos
y estas frases han recibido la denom inación especial de
fr a se s ó locuciones adverbiales.
* La preposición (1) sirve p a ra expresar las relaciones
que existen entre las ideas que concurren á la formación
de un pensam iento. Comunica al lenguaje m ayor clari­
dad y harm onía. Se em plea p ara evitar los accidentes
gram aticales. Se suple por la declinación (en latín) y por
la aposición ó yuxtaposición (en inglés). Probablem ente,
las preposiciones son fragm entos de nom bres que desig­
naron prim itivam ente situaciones ó posiciones físicas de
los seres m ateriales- E xpresa las relaciones de lugar, tiem ­
po, orden, unión. separación, exclusión, oposición, f in ,
causa, medio, origen, dependencia, etc.
* Las preposiciones pueden ser separables é insepa­
rables: las prim eras, m ás com unes, se presentan sueltas;
las segundas entran en composición con los nom bres y
con los verbos, modificando su peculiar significación; tal
sucede en griego, en latin, en español, y en alem án, p rin ­
cipal mente.
* La conjunción (2) expresa las relaciones que m edian
entre las oraciones y sirve para abreviar el discurso; por
esto es m ás bien parte del discurso que de la oración. S u -

(1) De pro? y Poneo, es, ere, «poner antes».


(2) De Conjungo, ist ere, n xi, cíum, o u n lr con."
22
338 I.ÓGICA

pone siem pre pluralidad de proposiciones. Indica en to­


das ocasiones elipsis, muy natural en oraciones que tienen
com unes algunos de sus elem entos. Se suple por medio-
de la conjugación. Prim itivam ente fueron las conjuncio­
nes nom bres sustantivos. Su im portancia capital estriba
en que, conocida la conjunción, sábese y a el carácter d e
las oraciones unidas por aquélla.
* Distínguense, la preposición y la conjunción, por
cuanto aquélla enlaza palabras y ésta une oraciones; ade­
m ás, la preposición indica relación de objetos y la con­
junción expresa relación de acciones ó de partes sem ejan­
tes de una acción.
* Hay conjunciones copulativas, disyuntivas, condi­
cionales, causales, finales, adversativas, ilativas ó conti­
nuativas, exclusivas, exceptivas, restrictiva-s, redapt¿cati­
vas, etc,
* Llám anse fra se s, locuciones ó expresiones prepositi­
vas y conjuntivas ciertas frases que, sin ser verd ad eras
preposiciones ni conjunciones, desem peñan el cometido-
de éstas,
* La interjección es la expresión espontánea de un*
sentim iento. Sirve p ara la manifestación d é lo s afectos del-
alm a. En rigor, no es parte de la oración, sino grito in a r­
ticulado, que apenas tiene estructura gram atical; care­
ciendo, por tanto, de accidentes morfológicos. Participa
del lenguaje de acción, del inarticulado y del articulado.
Muy sem ejantes en todos los idiomas, son las interjeccio­
nes ononiatopéyicas, correspondiendo generalm ente á los
m ovim ientos del ánim o excitado por la pasión; sintéticas
y conceptuosas, equivaliendo á oraciones com pletas é in­
dependientes; rá p id a s, m anifestando con celeridad y elo­
cuencia nuestro espíritu é im presionando el ajeno; pasio­
LECCIÓN XXX 339

nales, por cuanto son la exteriorización abreviada de los


fenómenos de la sensibilidad, hablando más al corazón
que á la cabeza, y sirviendo, más que para enseñar, para
conmover.
* Las hay de deseo, de alegría, dolor, sorpresa, te­
rror, desprecio, cólera, indignación; para imponer silen­
cio, para llam ar á alguien, etc. Existen, además, ciertas
locuciones que, sin ser interjecciones, desempeñan el pa­
pel de tales: Ilám anse/rases interjectivas.
Sintaxis.—La unión de palabras en la oración grama­
tical es procedente de cuatro causas: ^Aposición ó y u x ta ­
posición, concordancia, régimen y construcción.
Aposición.—Es la unión de una ó más palabras al su­
jeto ó al complemento, á los cuales aclaran ó comunican
más nervio, aunque son innecesarias en la oración (amo
la sabiduría, Jru to del estudio).
Concordancia: sus clases.—Es el paralelism o de acci­
dentes gramaticales.
Hay concordancia de sustantivo y adjetivo, de sujeto y
verbo y de relativo y ántecedente. El sustantivo concierta
con el adjetivo en género, número y caso; el sujeto, con el
verbo, en número y persona; el relativo, con su anteceden­
te, en género y número (1): hombre bueno, Juan estudia,
el niño que sabe la lección.
Régimen: sus especies.—Es la dependencia ó subordi­
nación de las palabras. Estas se dividen en regentes y re ­
gidas; independientes y subordinadas, respectivamente.

(1) P eto do en caso. Si, por excepción, la concordancia de relativo y antece­


d e n te es eo género, núm ero y caso, se verifica la a tra c c ió n , que puede ser direc­
ta ó inoeraa, según que el relativo se ponga en el caso de su a ntecedente, q u e es
lo m és usual, ó que sea el an tecedente el que cam bie de caso adoptando el del r e ­
lativo.
LÓGICA

Hay régimen entre sustantivos y entre sustantivo y ver­


bo: en el prim er caso, un sustantivo rige al otro; en el se­
gundo, un verbo á un sustantivo (amo á mis padres, libro
de Pedro).
Construcción: sus variedades. —Es la especial coloca­
ción de las palabras en la oración gram atical.
Puede ser directa ó lógica y fig u ra d a ó inversa: la pri­
m era consiste en colocar las palabras de modo natural,
en harm onía con la fisonomía peculiar de la lengua; la
segunda, en darles el lugar exigido por ciertas causas
excepcionales.
Términos esenciales de la oración.—Son tres: sujeto,
verbo y complemento.
El sujeto es el térm ino del cual se afirm a una acción.
Según el papel que desem peña, se llam a agente y pacien­
te ó recipiente: agente es el que ejecuta la acción; pacien­
te, el que recibe la influencia de la m ism a acción.
El cerbo es la cópula, es decir, la fórm ula de unión en­
tre el sujeto y el com plem ento.
Complemento es todo aquéllo q'ue perfecciona la ac­
ción. Puede ser directo, indirecto y circunstancial: el pri­
m ero representa el objeto de la acción; el segundo, la per­
sona ó cosa en quien refluye la acción; el tercero, las re ­
laciones accidentales de lugar, tiem po, espacio, etc., que
determ inan la acción. Cuando el complemento lo es de ora­
ción de verbo sustantivo se denom ina atributo ó predicado.
* Dichos tres térm inos pueden refundirse en dos (ver­
bo y complemento), y aun en uno solo (el verbo).
* El sujeto es, siem pre, nom bre sustantivo. El sustan­
tivo agente puede ser sustituido por el pronom bre, por el
artículo usado pronom inalm ente, por el adjetivo, y por el
infinitivo y el participio sustantivados.
LECCIÓN XXX 341

* El sujeto agente se pone siem pre en nom inativo sin


preposición; el sujeto recipiente, en ablativo (1). El com ­
plem ento directo, en acusativo sin preposición; el indirec­
to, en dativo sin preposición; el circunstancial, en ablativo
con preposición, y, algunas veces, en acusativo, tam bién
con preposición. El atributo, en nominativo.
* Ejemplo: Ego do Ubenter eleemosinam pauperibus
( Yo doy con gasto limosna á los pobres) — Yo: sujeto
agente (nominativo); doy: verbo atributivo activo y tran si­
tivo, que concierta con aquél en núm ero (singular) y per­
sona (prim era); con gusto: com plem ento circunstancial
(modal); limosna: com plem ento directo (acusativo); á los
pobres: com plem ento indirecto (dativo). Es una oración
com pleta de activa, cuyos térm inos esenciales son: Yo doy
limosna (Ego do eleemosinam).
Clasificación de las oraciones.—Di vidense las oracio­
nes en elementales y superiores, según su m enor ó m ayor
im portancia. Las elem entales pueden ser simples y com­
puestas , constando, respectivam ente, de uno, ó de dos ó
m ás verbos.
Las oraciones sim ples son de cinco clases: sustanti­
vas, activas, p a stea s} reflexivas é impersonales. Son su s­
tantivas aquéllas cuyo verbo es sustantivo; activas, las
que tienen por verbo uno atributivo en voz activa; pasivas,
si el verbo es atributivo y está en voz pasiva; reflexivas,
las que llevan pronom bre reflexivo (2); im personales, las
que carecen de sujeto determ inado; todas ellas pueden ser

(1) Ed castellano, en ablativo, regido siem pre de la preposición por. En latín,


en ablativo, con a, ab, e, w ó de. En griego, en genitivo, coo la preposición ¿«4.
(2) Al tra ta r del pronom bre en general nada s e dijo del pronom bre reflexivo,
por se r éste una m era forma especial del pronom bre personal.
342

prim eras y segundas, completas é incompletas, según lle­


ven ó no todos los térm inos esenciales de la oración.
Las oraciones elem entales com puestas son dos: de in *
finitivo y de relativo. Las de infinitivo se llam an así por­
que la oración subordinada á la principal se halla en modo
infinitivo. Tienen dos verbos, Como todas las oraciones
com puestas: el prim ero se llam a determinante porque
determ ina á ponerse en infinitivo al verbo de la oración
subordinada y al sujeto en acusativo, construyéndose ge­
neralm ente en modo p e rso n a l; el segundo se llam a deter­
m inado, y lo es por aquél. Dividense, á su vez, en sustanti­
vas, activas, pasivas é impersonales, segúp que el infinitivo
sea del verbo sustantivo, de verbo atributivo en voz activa,
de atributivo pasivo, ó carezca de sujeto determ inado (I).
Conócense, adem ás, ciertas oraciones especiales de in­
finitivo, que, á diferencia de las anteriores, tienen un su ­
jeto único en nom inativo p ara los dos verbos (determ inante
y determ inado): estas oraciones reciben la denom inación
de concertadas, y, las prim eras, de regulares. Pueden ser
de activa y de p a siva , y en tram b as prim eras y segundas.
Hay verbos (2) que perm iten doble fo r m a (regular y con­
certada): 1lám anse de entendimiento ó lengua (pensar).
Las oraciones á que dan lugar pueden tam bién ser acti­
vas y pasioasj p rim eras y segundas.
Son oraciones de relativo las subordinadas que se unen
á su principal, llam ada de antecedente, por medio de un
pronom bre relativo; la oración de relativo llám ase asim is­
mo incidental. En ocasiones, conviértese ésta en oración
de p a rticipio, suprim iendo el relativo y cam biando la

(1) ’ Las hay tam bién rejlexioa», au n q u e m uy raras.


(S) Tilicam ente en las lenguas clásicas.
LECCIÓN x x x 343

form a de su verb.o en participio. Hay cuatro clases de o ra­


ciones participiales: de presente, de pretérito y de /a tu r o ,
activas y pasivas.
L as oraciones superiores, bases de la cláusula g ram a­
tical, se dividen en principales y dependientes: las unas son
independientes de las dem ás de la cláusula y las otras de­
penden de otra llam ada principal.
Las principales se subdividen en coordinadas y y u x ta ­
puestas: aquéllas van unidas por medio de conjunciones,
au n q u e sin perder su m útua independencia; éstas, ta m ­
bién independientes entre si, se unen por m era sucesión,
sin uso de conjunción alguna.
L as dependientes pueden ser incorporadas y subordi­
nadas: las prim eras, se ofrecen intim am ente unidas á la
principal; las segundas dependen de la principal, á la que
com pletan á modo de condición ó circunstancia, aunque
■sin perder su form a propia. Son incorporadas las de infi­
nitivo y las de p a rticipio; las subordinadas se subdividen,
á su vez, en relaüvast condicionales, fin ales, temporales y
com pletivas (1).
Reglas generales de construcción directa.—Son siete:
1.* Deben colocarse en prim er térm intí las conjuncio­
n es y los adverbios tem porales, porque sirven de lazo de
unión entre la oración actual y la anterior. Las conjuncio­
n es pospositivas se colocan en segundo térm ino (expleti­
vas, eninij vero, etc.). Otras conjunciones pueden an tep o ­
nerse ó posponerse á la prim era palabra, según lo exija la
h arm o n ía de la frase.
2.* Si en la oración hay algún vocativo, debe colocar-

(1) Para m ás detalles acerca de e«ta interesante m aterja, pueda verse n u e stra
« L iteratura Elem ental» (Retórica y Poética), próxim a a publicarse.
344 LÓGICA

ss donde parezca d ar m ás harm onía á la expresión; pero


siem pre delante de las prim eras voces de la cláusula.
3.a Sigue el sujeto agente, con todos sus determ inati­
vos, calificativos y palabras determ inantes (adjetivos, ad­
verbios y genitivos dependientes).
4.a Viene luego el verbo, y, tras éste, el com plem ento
directo (acusativo sin preposición), el indirecto (dativo sin
preposición) y el circunstancial (todos los casos, excepto
el nom inativo y el vocativo, con preposición, expresa 6
tácita).
5.B La oración de relativo va inm ediatam ente después
del antecedente, aunque p ara ello haya de cortarse ó inte­
rru m p irse la oración principal: esto acontece cuando el
antecedente sea sujeto, no si es complemento.
6.a El adjetivo sigue al sustantivo, excepto si es nega­
tivo y si es adjetivo interrogativo, en cuales casos se an ­
teponen aquéllos al sujeto.
7.a Los adverbios se colocan después de las p alab ras
que modifican, y a verbos, ya adjetivos; exceptuando si
éstos son negativos, en cuya circunstancia se antepo­
nen (1).
* La construcción figurada reconoce tres causas:
1.a, el énfasis, que, generalm ente, exige la colocación de
la p alab ra capital al principio de la frase, singularm ente
en la Poesía; 2."; la sim etría, entre dos oraciones ó entre
los m iem bros de una oración; y 3.a, el ritm o, que, en los
versos clásicos, regula la sucesión de las sílabas largas y
breves*
Cuadro sinóptico de las fig u ra s sintácticas.—Son éstas

(1) Se ba form ulado, para re te n e r las reglas generales d e construcción direc­


ta, el siguiente m em orialln: con-coca-au-a-ne-oer-ad-direc-in-circum.
LECCIÓN XXX 345

form as especiales de la oración, que se refieren al uso de


las p alabras, á los giros y al orden; sirven p a ra com uni­
c a r al lenguaje m ayor harm onía, vigor y elegancia. Se re­
ducen á cinco, en general: Enálage7 silepsis, hipérbaton,
elipsis y pleonasm o.
EnáJage es el cambio de una p a la b ra ó de una Jornia
gram atical por otra, hasta cierto punto equivalente. El
tru eq u e de una palab ra por otra puede ser por su catego­
ría ó por su significación: lo prim ero se denom ina A n ti-
m eria (artículo por pronom bre); lo segundo, Tropo ( tras-
lación)t que puede ser tropo-m etáfora, tropo-sinécdoque
y tropo-m etonim ia, fundados respectivam ente en la se­
m ejanza, y á veces en el contraste ( an tífrasis), en la co­
existencia ó en la sucesión de dos ideas (un león, p ara in­
dicar el poder de un pueblo; un árbol, por un bosque; una
centella, como símbolo em blem ático de la destrucción).
El trueque de una form a por otra puede tam bién ser de
dos modos: por A tracción y por Anacolutho. La prim era
se verifica cuando una palab ra es sacada de su fo r m a pe­
culiar, por influencia de otra palabra que la atrae hacia
sí: tal sucede, en ocasiones, entre el relativo y su antece­
dente; pudiendo ser, en este caso, directa ó inversa (1)
( Qua da la p o rta ). La segunda es la inconsecuencia de la
frase, p or dejar una palab ra aislada y sin la debida con­
cordancia ( Urbem, quam statuof est ceslra).
L a silepsis, m uy usada por los clásicos y transm itida á
nuestro lenguaje, es la discordancia aparen te, la discor­
dancia de forma, la concordancia de sentido y no de for­
ma: com étese en el género, en el núm ero ó en entram bos

(1) Véase lo m anifestado anterio rm en te en esta m isma lección, al tra ta r de la


c oncordancia del relativo con su a n teced en te.
346 ló g ic a .

accidentes ( M axim a p a rs catum decipim ur specie red i,


etcétera).
H ipérbaton (trasposición) es la inversión de las pala­
b ras en la oración. Según sea su causa eficiente, recibe
las denom inaciones de anástrofe, proleps¿s} paréntesis,
histerología y tmesis. El anástrofe es la inversión p ro ­
piam ente tal, por eufonía ó por ritm o poético-musical
( . . . s i oolet asusy — qttem penes arbitriüm est, et ju s , et
norma loquendi) (1). La prolepsis tiene lugar cuando se
coloca la p a labra enfática antes del orden regular (P á r -
vitm ego te...) El paréntesis es la inserción de una o ra­
ción dentro de otra con la cual no hay conexión gram ati­
cal (Dum redeOf brevis est viat pasee capellas). La histero­
logía consiste en colocar antes la p a la b ra posterior en el
orden natural ( M oriam ur, et in inedia arm a m am úa). La
tm esis, propia de la Poesía, divide una palabra com puesta
intercalando otra entre las sim ples prim itivas ( Quo me
cumque oertam nescio).
Elipsis (supresión) es la omisión de palabras que, sin
ser absolutam ente indispensables, son convenientes para
la m ás exacta expresión del pensam iento. Es triple: asín­
deton ó disjunción, aposiopesis ó reticencia y zeugma.
L a prim era es la supresión de conjunciones (Veni, cidi,
vici). La segunda es la supresión del final de una oración
(In R o m a m cogito...) (2). La tercera es la supresión de
una p alab ra com prendida en otra oración, anterior ó pos­
terior (Ego viventem rure, tu dicis beatum in urbe).
Pleonasm o (superabundancia) es la redundancia de
p alabras (H ausi vocem his auribus).

(1) Todos estos ejem plos están copiados de los m odelos de la antigüedad ro -
m ana, aBl éste como el a n te rio r b o u de la Epístola ad Pisones, de Horacio.
(9) Supleo: projlcisci.
LECCIÓN XXX. 347

Las figuras sintácticas m ás en uso son las tres últim as


(hipérbaton, elipsis y pleonasm o).
Defectos sintácticos.—Son vicios del lenguaje, contra­
puestos á las figuras de Sintaxis. Se reducen á cinco: so­
lecismo, arcaísm o, neologismo, bcirbarismo é idiotismo.
El solecismo es el uso de giros no castizos (V ir bona). El
arcaísm o es el uso de palabras y de giros anticuados ó
caldos en desuso por los modelos (m aguer) (i). El neolo­
gismo es el uso de p alabras y giros nuevos, no autoriza­
dos por el uso de los buenos escritores y hablistas ( inter-
viewar) (2). El barbarism o es el uso de palabras y locucio­
nes extranjeras, no adm itidas por los verdaderos literatos
(spieen) (3). El idiotismo es el abuso de los modismos (gi­
ros exclusivos de una lengua); tom an, según la nacionali­
dad, las denom inaciones especiales de kebraism ot helenis­
mo} latinism o, galicism o,germ anism o, anglicanism o, etc.,
al igual que los barbarism os (4).

(1) (Castellano antiguo: sigDifica aunque.


(2) Significa conferenciar, c eleb rar una entrevista (en inglés, interoieio).
(3) Voz inglesa: significa tedio, fastidio. Los ábusos de la m oda han so b resa-
turado nuestro riquísim o idiom a de inútiles é irritan les barbarism os.
(4) Como am pliación referente á las Aburas sintácticas y á los vicios del len ­
guaje, puede consultarse nuestra ya citada i.itera tu ra Elemental.
LECCIÓN XXXI

D i a l é c t i c a . —Su etimología y definición,—La p alab ra


D ialéctica procede del verbo griego ataXsf^jiai, equivalente
á los dos verbos latinos dissero, colloquor, «discutir;» de
ahí que los antiguos la definieran A rs disserendi (arte de
discutir).
D ialéctica es la parte de la Lógica que sirve p a ra la de­
mostración de la verdad.
Sus notas características.—Es sintética (usa del m éto­
do sintético), teórica (especulativa), fo r m a l (por el rigu­
roso encadenam iento de sus procedimientos) y agresiva
(pues se utiliza p ara a tac a r al adversario h asta conven­
cerle).
Sus diferencias de la Critica} de la Gram ática y de la.
R etórica.—Distínguese la D ialéctica de la Crítica en que
ésta asegura el valor lógico de los juicios que integran el
raciocinio, ó cadena de juicios; m ientras ,que 'aquélla d a
350 LÓGICA

form a rigurosa á tales juicios, disponiéndolos con aqierto


p a ra sacar de ellos resultados concluyentes. Diferénciase
tam bién de la Gram ática, por cuanto ésta presenta formas
verbales, dando lugar á las oraciones, á fin de enunciar
p u ra y sim plem ente el pensam iento; al paso que la Dia­
léctica estudia lo que en G ram ática es oración y en Psico- '
logia y en Critica es ju icio , como proposición encam ina­
da á la probanza de la verdad. Y se distingue, finalm ente,
de la R etórica, en que ésta am plifica en v ariad as palabras
y frases el nervio de la oración gram atical; y, al c o n tra -'
rio, la Dialéctica, las concentra y encierra en sus breves
térm inos, resultando así expresivo el razonam iento, y,
por tanto, apto p ara vencer toda resistencia; por esta ra ­
zón se h a com parado la Retórica á la m ano ab ierta y la
Dialéctica á la m ano cerrada ó puflo.
N oticia histórica de la D ialéctica.—Zenón de Elea,
filósofo griego, pasa por el inventor de la Dialéctica, que
aplicó á la a u m e n ta c ió n del m étodo dialogado ó so­
crático.
P latón, en sus Diálogos, decia que toda investigación
científica exige el diálogo, y, al igual que su m aestro Só­
crates, vió en la Dialéctica una verdadera «obstetricia del
espíritu» ( maiéutica).
Aristóteles, en su Organon, la considera como el arte
de discutir, ó sea de hallar razones y palabras adecuadas
p a ra com batir una tesis ó p a ra defenderla. T rata d^ este
particu lar en los «Tópicos» y en las «Refutaciones de los
Sofistas,» libros entram bos contenidos en el ya m encio­
nado Organon.
Y, ai igual que Sócrates, Platón y Aristóteles, todos los
sabios de la antigüedad distinguieron con preferencia el
estudio de* la Ijialéctica.
L1ÍCC1ÓN X XXI 351

A ceptada ésta por San Agustín (siglo iv), corifeo de la


Filosofía patrística, y, posteriorm ente, por Santo Tom ás
de Áquino (1225 ó 1227-4274), cam peón de la Filosofía es­
colástica, adquirió la Dialéctica nuevos y m ás perfectos
moldes con los escolásticos, discípulos de Santo Tom ás,
llegando en aquel entonces al m áxim um de su preponde­
rancia (i). A contar desde Santo Tom ás, h a pasado la
Dialéctica las m ism as vicisitudes por que h a venido a tra ­
vesando la Filosofía tom ista.
En los comienzos de la Edad m oderna, dos filósofos
ingleses, lord Bacon y Locke, al pretender la suprem acía
om nilateral del método de inducción, rebajaron hasfa.el
cieno la utilidad de las dem ostraciones silogísticas.
Felizm ente, la reacción escolástica h a llevado a p are ­
ja d a la restauración, ya que no de la hegem onia, cuando
m enos del reconocim iento de la evidente trascendencia de

(1) Según el exim io filósofo español, cardenal Ceferino González, poco há per­
dido para las tetras nacionales, los caracteres generales de la Filosofía escolástica
son dos: «Prim ero y principal, la unión ó conciliación entre la razón hum ana y la
revelación divina, en tre la Filosofli racional y la Teología cristiana; 2 °, la incorpo­
ración progresiva do la Filosofía de Aristóteles 6 la Filosofía cristiana,incorporación
en v irtu d de la cual la Filosofía escolástica vino A se r y c o n stitu ir com o un toda
orgánico, vivificado por el pensam iento teológico del Cristianism o é inform ado por
la Lógica y la Metafísica del fundador del U ceo.» (Historia de la Filosofía, tomo II.)
Según el m ism o, dicha Filosofía escolástica tuvo, históricam ente considerada, cua­
tro períodos; de los cuales, siquiera A grandes rasgos, hicimos ya m ención en la
Lección VI, pág. 60. Los últim os Escolásticos de m ediados del siglo xv fueron Juan
fíeraon, Nicolás de Cuaa, Ju a n de T orquem ada y Alfonso de Madrigal. Desde
aquella sazón, data el predom inio del R enacim iento pagano, con sus hijos, el Ra­
cionalism o religioso (Protestantism o) y el Racionalismo científico (Filosofías m o­
d erna y novísim a). En el siglo xv r, y po r obra del célebre cardenal G aelano, ini­
cióse la restauración escolástica, y, p o r ende, dialéctica. P o r ultim o, el Concilio
ecum énico de Trenlo elevó la «rSumma Theologica», de Santo Tom ás de Aquino, al
nivel de la «Biblia.» Y, desde entonces, se ha acentuado riiásy m ás progresivam ente
el m ovim iento de reacción favorable A la Filosofía escolástica y á la argum entación
dialéctica.
352 LÓGICA

las pruebas em pleadas en el método de discusión llam ado


silogístico ó escolástico (1).
U tilidad de esta ciencia.—Es axiom ática, teniendo en
cuenta su fin, la dem ostración de la verdad, objeto al que
naturalm ente aspira sin cesar la hum ana inteligencia.
Y esta utilidad é im portancia sube de punto, si cabe, h a­
bida consideración de que la argum entación dialéctica es
una verdadera Gim nástica intelectual, contribuyendo, por
consiguiente, no poco, al feliz y rápido desenvolvimiento
de nuestra facultad de pensar.
M aterias que comprende su estudio.—Son tres: 1.a, es­
tudio de la proposición; 2.a, teoría de la argumentación;
y 3.a, enum eración de los principales sofismas ó argu­
m entaciones falsas.

0) Véaae la lección XXII.


LECCIÓH xxxn

P ro p o s ic ió n .— S u c o n c e p to .— Es la e n u n c ia c ió n oral de
un juicio.
M ateria y fo r m a de una proposición.—Aquélla es la
su m a de los dos térm inos (sujeto y predicado), que equi­
valen á los dos térm inos representativos d e las dos ideas
del juicio; ésta es la relación entre los dos térm inos, figu­
ra d a por la cópula (verbo).
Elementos de las proposiciones.—Son tres: 1.°, térmi­
nos; 2.°, predicables, y 3.°, categorías ó predicam entos.
Términos.—Son el nom bre sustantivo y el verbo, con­
siderados como partes de la proposición dialéctica.
* Dividense en positivos, negativos é infinitos; simples
y complejos; expresivos y vacíos; vagos y precisos; unívo­
cos, equívocos y análogos; de atribución y de proporción;
absolutos y connotatioos; categoremáticos y sincategorc-
354 LÓGICA

máticos; universales y singulares; colectivos y distributi­


vos; abstractos y concretos).
* Térm inos positivos son los que expresan una entidad
real (luz).
* Negativos, los que indican carencia de entidad real
(tinieblas).
* Infinitos, los que llevan una negación antepuesta (no
sabio).
* Simples, los que constan de un solo vocablo (hom bre).
* Complejos, de dos ó m ás (hom bre bueno).
* Expresivos, los que significan entidad real y no q u i­
m érica ó fantástica (cielo)^
* Vacíos, los que expresan entidades im posibles (círcu­
lo cuadrado).
* Vagos, los que pueden ser susceptibles de cam bios
de significación (revolucionario).
* Precisos, los que significan siem pre la m ism a idea
(hom bre).
* Unívocos, los que se atribuyen com unm ente á m u­
chas cosas según una m ism a significación (animal, que
conviene á racional é irracional).
* Equívocos, los que se enuncian de m uchas cosas en
diferente sentido (gallas, en latín, que así se aplica ai
gallo, anim al, cómo á los naturales de la antigua Galia,
hoy Francia.)
* Análogos, los que se dan idénticam ente á m uchas
cosas, por haber entre ellas cierta razón p a ra recibir d e ­
nom inación común (pie, parte del cuerpo y m edida del
verso). Los análogos pueden ser de atribución y de pro­
porción: de atribución, cuando uno de ellos significa ur>
concepto principal, de donde se deriva cierta denom ina­
ción á otras cosas relacionadas con aquel concepto (sano,>
LECCIÓN X X X II ‘ 355

significa la salud del anim al; pero tam bién se d iced e los
alim entos, del clim a, etc,); de proporción, cuando se enun­
cia de m uchas cosas, por cierta conveniencia que tienen
respecto de un m ism o efecto, ó respecto del modo (risu e ­
ño, del prado y del hom bre).
* Absolutos, los que significan algo que existe p e r sey
(hombre).
* Connotativos, los que significan algo inherente á
otro y que, por tanto, existe p e r accidens (sabio).
(* Catego rem é ticos, los significativos por si m ism os
(blanco).
* Sincategorem áticos, los que, p ara tener sentido, han
m enester de otros térm inos (el relativo que, el adverbio
velozmente ).
* U niversales, los que indican idea genérica (verdad).
* Singulares, los que expresan idea individual (Juan).
* Colectivos, los que aluden á una colectividad, ó ag ru ­
pación de cosas hom ogéneas (rebaño).
* Distributivos, los que se refieren á partes del todo
numérico (el quinto).
* A bstractos, los que expresan una idea ab stracta
(blancura).
* Concretos, los que m anifiestan una idea concreta
(tintero).
Acepciones m aterial y fo r m a l, p ro p ia y traslaticia de
los tórm inos.^K n acepción m aterial, se tom a el térm ino
por el sonido que enuncia ó por su oficio en la oración
fpie es m onosílabo, árbol es apelativo). En acepción f o r ­
m al, se tom a por el objeto ó fondo que significa ( hombre,
el m ás noble de todos los seres creados). Esta acepción
puede ser p ro p ia ó traslaticia (Filipo fué p a d re de Alejan­
dro, Sócrates es el p a d re de la Filosofía). Y la traslaticia
356 LÓGICA

es, á su vez, figurada ó extensiva (Pedro cuenta quince


p rim a veras, la mano del crim en) (1).
P redicables.—Son las nociones universales, que ense­
nan los m odos com unes con que alguna cosa puede ser
atribuida á otra. Se deducen á cinco: género, especie, d i­
feren cia , propiedad y accidente.
Género es la noción universal que se predica de varias
especies, pero sólo según su esencia incom pleta (animal).
Puede ser remoto ó suprem o, intermedio ó subalterno y
próxim o (2).
Especie es !a noción universal de varios individuos, en
razón de constituir la esencia íntegra de todos ellos (hom­
bre). Puede ser suprem a, intermedia é ínfima. La prim e­
ra está subordinada inm ediatam ente al género generalísi­
mo (sustancia inm aterial). La segunda está subordinada
á otras especies que, á su vez, com prende otras especies
inferiól es (anim al). La tercera es la especialisim a (3).
Diferencia es la últim a diferencia ó diferencia especi­
fica (4). Puede ser suprema, interm edia é ínfima. L a pri­
m era, unida al género, form a la especie suprem a (inm a­
terial -|- sustancia = sustancia inm aterial). JL& segunda,
unida al género, da lugar á la especie interm edia (vida -f-
ser viviente = anim al). La tercera, unida al género co­
rrespondiente, produce la especie ínfim a (racionalidad +
anim al = hom bre.
Propiedad es la noción universal que se enuncia de
m uchas cosas singulares, denotando alguna cualidad que

(1) Como puede observarse, estas distinciones se fundan en los sentidos que
pueden darse á las palabras.
(2) V éanse las lecciones IX y XXVII.
(3) Véase la lección XXVJI.
( í) V íase la lección XXVII.
LECCIÓN X X X II 357

se sigue necesariam ente de la esencia, aunque sin form ar


parte de ella (la facultad del lenguaje, en el hom bre).
Accidente es la noción universal que se atribuye á
m uchas entidades singulares, y que denota alguna cuali­
dad que, no sólo no pertenece á la esencia de la cosa, si­
no que tam poco se sigue de ella por modo necesario, a n ­
tes bien, de una m anera eventual ó contingente (la
profesión de médico).
Cateyorias ó predicam entos.—Son las nociones su­
prem as, á que pueden reducirse las ideas de todas las de­
m ás cosas.
Su noción y enumeración, según A ristóteles y Santo
Tomás.—Según’ estos filósofos, las categorías son diez:
sabstan tia, quantitas, qu alitas, relat¿of actio, passio, ubi,
quando, sitas, habitus.
Sustancia es todo lo que, una vez creado, existe p e r se
(i). Puede ser p rim a (el individuo) ó secunda* (los g éne­
ros y las especies).
L a cantidad consiste en la divisibilidad de un ser. Di­
vídese en continua y discreta: en la prim era, las partes
del todo se m antienen unidas por algún térm ino común;
en la segunda, cada una de las partes está separada de
las dem ás, por no haber entre ellas térm inos com unes
que las unan.
La cualidad es el accidente que lleva por si á la su s­
tancia algún modo especial de ser (la ciencia, la virtud,
el color, etc.) Se dice accidente, p a ra distinguirla de la di­
ferencia específica, que, si bien determ ina cuál sea la su s­
tancia, no es accidente, sino parte de su esencia; y se a ñ a ­
de p o r si, p ara distinguirlo de otros accidentes que, no ya

(l) Véase la lección XV.


358 LÓGICA.

por sí mismos, sino por lo que ellos suponen, inducen


modos especiales de ser en las sustancias: asi, la cantidad
modifica las cosas m ateriales; pero no por si m ism a, sino
en razón de extender en ellas las partes de que constan.
La relación denota aquello en virtud del cual una cosa
tiene p ara con otra cierto orden. En toda relación hay que
distinguir tres elementos: sujeto, término y fu ndam ento.
El sujeto es la cosa que dice orden á otra. El térm ino es la
segunda cosa. El fundam ento ó principio es aquél con­
cepto en el cual en tram b as cosas se com paran. El sujeto
y el térm ino se llam an extrem os de la com paración, cuyo
medio es el fundam ento. Asi, por ejemplo, si com paro un
circulo con otro circulo de igual radio, el prim er círculo es
el sujeto, el segundo es el térm ino, la igualdad de radios
es el fundam ento, y la igualdad de círculos en definitiva
es la relación resultante. La relación puede ser real y lógi­
ca. La p rim era existe entre las cosas, con independencia
de nuestro entendim iento (la relación entre los m iem bros
de la familia). La segunda procede del orden que el enten­
dim iento establece sus conceptos (la relación entre una
especie dada, el género y la diferencia: D + G = E).
La acción se atribuye á toda causa, en cuanto ejercita
su virtud eficiente: es el accidente por el cual la sustancia
produce el efecto.
Pasión es el accidente por el cual la sustancia recibe
el efecto.
L u gar es la superficie real con la cual el cuerpo se
cierra y en la cual se circunscribe.
Tiempo es la m edida del m ovim iento y de la sucesión,
en las cosas físicas (1).

(1) M ensura motus secundum prius et posterius (Peripatéticos).


LECCIÓN X X X II 359

Situación es el accidente por el cual se orden an en d e­


term inado punto las partes de un objeto (1).
Hábito es el accidente de ornato unido á cosa corpó­
re a (2).
De las diez categorías enum eradas, las tres prim eras
(sustancia, cantidad y cualidad) llám anse absolutas ó a d
se, porque no son producto de la relación de dos ó m ás
sustancias; y las siete restantes (relación, acción, pasión,
lugar, tiem po, situación y hábito), relativas ó ad aliu dt
p or ser procedentes de las distintas relaciones de las di­
versas sustancias entre sí (3).
Las categorías y subcategorias del entendimiento, se­
gún K a n t.—Manuel K ant, autor de la celebrada «Critica
de la razón pura» y fundador en Alemania del sistem a fi­
losófico llam ado «Racionalismo trascendental,» seguido
luego por Fichte, Schelling, Hegel y K rause, quiere expli-
c á r el origen de las ideas con elem entos superiores á to d a
experiencia, es decir, á p r io ri, partiendo del análisis del
pensam iento.
Llam a K ant categorías del entendim iento á ciertas for-
m as innatas y subjetivas, aplicadas por el entendim iento
á los elem entos sensibles, ya reunidos por las intuiciones
del tiem po y del espacio.

(1) Poeitio est ordo seuordinatio partium in loco (Santo Tomás).


(3) Habitúa est corporum et eorum quce circa corpuseuní adjacentia (San­
to Tomás de Aquino).
(3) Omnia alia accidentia m ediante quantitate in substantia fu n d a n tu r ,
€t quantitas est prior ei& naturaliter, es decir: la extensión es la condición aine
<¡ua non de todos los dem ás accidentes corpóreos. E ntiéndese p o r extensión la
propiedad de los cuerpos por m edio de la cual éstos tienen unas partes Tuera de
o tras. La sustancia está dolada de extensión, gracias 6 la cantidad p ropiam ente tal
0 continua, accidente que dim ana de la m ateria.
360 L Ó G IC A

P a ra él, hay cuatro únicas categorías: can tidad, cuali­


d a d y relación y m odalidad (3).
L a cantidad tiene tres categorías dependientes ó sub~
categorías: la unidad, la p lu ra lid a d y la totalidad.
La cualidad, otras tres: la afirm ación, la negación y la
lim itación.
L a relación, otras tres: la sustancia y el accidente, la
causa y el ejecto , y la acción y pasión.
Y, finalm ente, la m odalidad, otras tres: la existencia y
la no existencia, la posibilidad é im posibilidad, y la rtece-
sid a d y contingencia ó eventualidad.
Por m an era que, según K ant, hay cuatro categorías y
doce subcategorías intelectuales (4).

(1) Son loa cuairo aspectos de la Tormo del juicio. Véanse las lecciones XI
y XXIV.
(2) Para Pitágoraa, filósofo griego» hay las siguientes categorías del entendi­
m iento: l . 1, lojlnito y lo infinito ó indefinido: 2.a, lo im par y lo par; 3.a, lo ano
y lo múltiple,’ 4.a, la derecha y la izquierda; 6.a, lo masculino y lo fem enino?
6.a, lo que esté en reposo y lo q u e está en movimiento ; 7.*, la lu* y las tinieblas;
8.a, lo bueno y lo malo; 9.a, lo cuadrado y lo que no e« cuadrado perfecto ó re­
galar. Fúndase tal escuela en el siguiente principio: cLos núm eros son los princi­
pios y la esencia de las cosas.»—Según Gotama, filósofo sanakrito, h ay siete cate­
gorías fundam entales del entendim iento: sustancia, cualidad, relación, generalh
efpecijlco, acción propia y pasión.
LECCIÓN XXXIII

De la proposición considerada en si m ism a.—Puede


clasificarse bajo el punto de vista de su m ateria ó el de su
forma.
Clasificación de las proposiciones, bajo el p a n to de
vista de su m ateria.—Divídense, bajo este aspecto, en sim ­
ples y compuestas.
Sim ples son las que constan de un solo sujeto y de un
solo predicado: «Dios es justo.»
Compuestas, las que constan de m ás de un sujeto, 6 de
m ás de un predicado, ó de m ás de un sujeto y de un pre­
dicado sim ultáneam ente: «La P intura y la Escultura son
artes im itativas;» «César fué historiador y guerrero;* «La
sensación y el sentim iento son hechos pasivos y subje­
tivos.»
* Toda proposición com puesta, por razón del sujeto ó
del predicado únicam ente, equivale á tantas simples cuan­
tos sean los sujetos ó los predicados.
362 LÓGICA.

* Toda proposición com puesta, por razón del sujeto y


del predicado á la vez, equivale á cierto núm ero de p ro -
posiciones igual al producto de la multiplicación de los su­
jetos por los predicados.
Clasificación de las proposiciones con respecto á su
f o r m a .—Clasifícanse, en cuanto á los cuatro aspectos de
la form a del juicio (cantidad, cualidad, relación y m odali­
dad) (1): por la cantidad, en universales y particu lares;
por la cualidad, en afirm ativas y negativas; por la rela­
ción, en categóricas, hipotéticas y disyu ntivas, y, por la
m odalidad, en posibles, contingentes y necesarias.
Proposición universal es aquella cuyo sujeto se tom a
en toda su extensión. Distínguese porque, generalm ente,
acom páñase con las palabras: «todo» = omnis, y «nin­
guno* = nullus: «Todo cuerpo es inerte;» «Ningún cuerpo
es simple.»
P articular es aquella cuyo sujeto se tom a en parte in­
determ inada de su extensión; acom páñase, casi siem pre,
con los vocablos: «algunos» = aliquis, y «ciertos» — q u í­
dam , nonnullus: «Algunos cuerpos son flúidos;» «Ciertos
flúidos no son respirables.»
A firm ativa ó positiva, aquella en la cual el predicado
conviene al sujeto: «La rosa es bella.»
Negativa, aquélla en la cual el predicado no conviene
al sujeto. «La dalia no es odorífera» (2).
Categórica, enunciativa ó predicativa, la que expresa
una afirm ación ó una negación independiente y ro tu n ­
da: «La m ateria es incapaz de pensar.»

(1) Yb sabem os que los c u atro aspectos do la forma del juicio son las m ism as
c u atro categorías generales del e n te n d im ien to , según Kant.
( i) La partícula negativa debe ir an te p u esta A la cópula ó verbo.
le c c ió n xxxni 363

Hipotética ó condicional, la que expresa un juicio de­


pendiente de algún antecedente que supone: «Si la m a te ­
ria es incapaz de pensar, el alm a es espiritual.»
Disyuntiva, la expresión de la incom patibilidad entre
dos ó m ás predicados en un m ism o sujeto: «El alm a es
m aterial ó inm aterial.»
Posible, la enunciación de un juicio problem ático: «El
hom bre puede ser m ortal.»
Contingente ó eventual, la enunciación de un juicio
asertórico: «El hom bre es mortal.»
N ecesaria, la enunciación de un juicio apodíctico: «El
h om bre ha de ser mortal.»
Reglas p a r a la clasificación general de las proposicio­
nes, bajo el aspecto de la cantidad y de la cualidad com­
binadas (A y Ey I, O).—Son cuatro, contenidas en los si­
guientes dos versos latinos:

A sserit A, negat E , verúm u n iversa liter ambo,'


A sserit I, negat Ot sed p a r tic u la r ite r ambo (2).

Suposición del predicado.—Significa la m ayor ó m enor


extensión y com prensión con que se afirm a ó niega del
sujeto.
Conviene recordar las siguientes reglas:
1.a En toda proposición afirm ativa, el predicado se

(1) Traducción: «Afirma la A, niega la E, pero en tra m b a s de m odo universal;


afirm a la I, niega la O» m as, las dos, de una m anera pa rt¡c u la r.» = L as proposicio­
nes A y E son universales; Ib s proposiciones I , O , son particulares; la A, 1, son
afirm ativas; la E, 0, negativas. P or me ñera q u e A significa u n a proposición u n iv er­
sal afirm ativa (Todo hom bre es m ortal); E, universal negativa (N ingún hom bre es
inm ortal); 1, p articu lar afirm ativa ( A lg ún hom bre es malo); O, p a rticu la r negativa
(Algún hom bre no es tonto).
364 LÓGICA.

tom a en elm áx im o de su com prensión y en parte de su


extensión: «La planta es ser viviente;* y 2.% El predicado
de la proposición negativa se tom a en toda su exten­
sión y en parte de su com prensión: «Ningún espíritu es
inerte.»
LECCIÓN XXXIV

De la comparación de las proposiciones.—Relaciones


á que da la g a r.—La com paración de las proposiciones
entre sí d a lugar á tres relaciones: la conversión, la opo-
sición y la equivalencia de las m ism as.
Conversión.—Stis especies.—Es la trasposición de los
térm inos de una proposición, colocando el sujeto en lugar
del atributo y éste en vez de aquél, no cam biando la m a ­
teria de la proposición y perm aneciendo siem pre la m is­
m a cualidad, aunque alterándose algunas veces la canti­
dad de la forma. Es de tres especies: sim pliciterf p e r ac-
cidens y p e r contrapositionem.
Conversión sim ple es el cam bio de lugar de los térm i­
nos, que no alteran su cantidad.
Conversión por accidente es la trasposición de los tér­
m inos, cam biando su cantidad.
Conversión por contraposición es la trasposición de los
366 LÓGICA.

térm inos, que reciben, delante de si, una negación que los
hace infinitos.
Reglan.— Son seis, contenidas en los dos versos si­
guientes:
E , I sim p liciter conver titu r ; E , A p e r accidens;
O, A p e r contra: sic fit conversio to ta (1).

Ejemplos:
E , sim p lic ite r.....................— «N ingún m e ta l es v iv ien te;»
«N ingún v iv ie n te es m etal.»
I , s i m p l i c i t e r ............... ... .— «A lgún v iv ien te es an im al;»
«A lgún a n im a l es v iv ien te.»
E , p e r acciden s................. — «N ingún europeo es am ericano;»
«A lgún am erican o no es europeo.»
A, p e r acciden s................. — «Todo p la n e ta es cuerpo;»
«A lgún cuerpo es p la n e ta .»
O, p e r contrapos itionem .— «A lgún cuerpo no es p la n eta ;»
«A lgún no p la n e ta no es no cuerpo»™
«{...es cuerpo).»
A, p e r c o n tra ..................... — «Todo hom bre es an im al;»
«Todo no an im al es no hom bre.»

De la oposición de las proposiciones.—Es la relación


que existe entre las proposiciones que tienen un m ismo
sujeto y un mismo predicado; pero se diferencian en la
cantidad, ó en la cualidad, ó en entram bas cosas á la vez.
L a oposición no es la incom patibilidad; pues, en ocasio­
nes, la oposición subsiste entre proposiciones que expre­
san juicios á un tiempo verdaderos.

(1) T raducción: «1.a E y la 1 se convierten sim plem ente; la E y la A, po r ac­


cidente; la O y la A, por contraposición.»—De m odo que, la A, se puede c onvertir
per accidens y.per contra; la E, sim pliciter y per accidens, la I, aimpliaiter,
y la O, per co /tirapos itionem.-
367

Casos de oposición.— Son cuatro: 1.°, diferencia de


cantidad; 2.°, diferencia de cualidad entre proposiciones
universales; 3.% diferencia de cualidad entre proposicio­
nes p articulares, y 4.°, diferencia de cantidad y de cuali­
dad, al m ism o tiempo.
Clasificación de las proposiciones opuestas.—Son c u a ­
tro : subalternas, contrarias, subconirarias y contradic­
tor ¿as.
Las subalternas tienen la m ism a cualidad, diferencián­
dose solam ente en la cantidad (A, I; E, O).
Las contrarias sQn proposiciones universales que se
distinguen entre si por la cualidad (A, E).
Las subcontrarias son proposiciones particulares que
se diferencian por la cualidad (I, O).
Las contradictorias se distinguen por la cantidad y por
la cualidad á la vez (A, O; E, I) (1).
R eglas.—Son cuatro:
1.a En las proposiciones subalternas, si la universal
es verdadera, lo es tam bién la particular, porque está con­
tenida en aquélla; y , si la prim era es falsa, lo es igual­
m ente la segunda.
2.a Las proposiciones contrarias pueden am bas ser
falsas, pero no pueden ser juntam ente verdaderas (2)*

(1) La sub altern a que com prende ¿ la o tra (la A é la I, la E 6 la O) se llama


subalternante, y la com prendida, en orden de subordinación, subalternada
Nótese que las proposiciones contradictorias son las únicas verdaderam ente
opuestas; las dem ás lo son en sentido lato; y , las subalternas, m ejor que opues­
tas, d ebieran llam arse subordinadas.
(2) Que pueden ser las dos falsas, es evidente. X ojjueden, en cam bio, ser en­
tram bas verdaderas; porque, si lo fuesen, la universal afirm ativa verdadera baria
verdadera la p a rticu la r afirm ativa, y la universal negativa verdadera haría tam ­
bién v e rd ad era la p a rticu la r negativa, p o r se r su balternas; resultando v erd ad eras
dos contradictorias; lo que es im posible, se(¡ún se verá en la regla 4.a
368 LÓGICA.

3.a Las proposiciones subcontrarias pueden ser am ­


bas verdaderas, pero no entram bas ju n tam en te falsas (1).
4.* Las proposiciones contradictorias no pueden ser
entram bas verdaderas ni falsas: si una proposición es
verdadera, su contradictoria (2) tiene que ser falsa; y, si la
prim era es falsa, la segunda tiene que ser verdadera (3).
Ejemplos:

Subalternas. «Todos los sabios han sido estudiosos.»


(A. I) «Algún sabio ha sido estudioso.»
Subalternas. «Ningún vicioso es apreciado.»
(E, O) «Algún vicioso no es apreciado.»
Contrarias. . . . «Todos los africanos son negros,*
(A, É) «Ningún africano es negro.»
Subcontrarias. . «Algún viviente es sensitivo.»
(I, O) «Algún viviente no es sensitivo.»
Contradictorias. «Todo metal es cuerpo.»
(A, O) «Algún metal no es cuerpo.»
Contradictorias. «Ningún planeta es cometa.»
(E, I) «Algún planeta es cometa.»

E quivalencia de las proposiciones (4).—Es la igualdad


de significación, no de sonido, á que pueden reducirse dos

(1) Que pueden s e r las dos v erd ad eras, es evidente. No pueden ser falsas;
porque la falsedad de la p a rtic u la r afirm ativa harta, p o r antítesis, verdadera 6 su
contradictoria la universal negativa, y la falsedad de la p a rticu la r negativa haría
tam bién v erd ad era á su contradictoria la universal afirm ativa; resultando entonces
dos contrarias v e rd ad e ras, lo que es im posible, p o r la regla 2.a
(2) O antitética, p o r fundarse en la antítesis.
(3) P orque es im posible que una cosa sea y no sea al m ism o tiem po: principio
de contradicción. (Véase la lección XXII.)
(4) Es la Equipollentia pariatio 6 Isodj/namia de los escolásticos.
LECCIÓN XXXIV 369

proposiciones opuestas, m ediante la variada colocación de


la p artícula negativa (1).
Proposiciones equivalentes.—Son las subalternas, las
co n trarias y las contradictorias (2).
R eglas.—Son tres, contenidas en el siguiente verso:
Prce contradic.; po&t contra.; prmpostque subalter,

Lo cual, vertido al rom ance, significa:


i . B Las contradictorias (A y O, E y I) se hacen equi­
valentes con anteponer al sujeto de una de ellas la nega­
ción (3):
A ................ I «Todo hom breas mortal.
O ................ ) «Algún hombre no es mortal.»

Equivalencia
A ................ ( * No todo hombre es mortal .¿
O ............... ( **Alsrún hombre no es mortal.»

O bien:
A ................ ( «Todo hombre es mortal.»
O ................ ( *No algún hombre no es mortal.»

2 / L as contrarias se hacen equivalentes posponiendo


la negación al sujeto de cualquiera de ellas (4):

(1) La conversión de las proposiciones sirve para la dem ostración d irec ta , la


oposición, p ara la indirecta, y , la equivalencia, para la disputa dialogada ó socráti­
ca. La conversión y la'oposición son m ás apropiadas para el silogismo; la equiva­
lencia. para el diálogo.
(2) Las aubconlrarias jam ás pueden ser equivalentes.
(3) P orque la negación (m alignantis natura;t de los Escolásticos) cam bia la
Indole de todo lo que viene tras ella; pro d u cien d o aquí un cam bio mixto de canti­
dad y de cualidad.
(4) La negación deja igual aquí la cantidad de las proposiciones, pero cam hia
la cualidad.
24
370 LÓGICA

A ................ í «Toda materia es extensa.»


E ................ { «Ninguna materia es extensa.»

Equivalencia:
A ................j «Toda materia no es extensa.»
E ................ I «Ninguna materia es extensa.»

O bien:
A................ j «Toda materia es extensa.»
E ................ ( «Ninguna materia no es extensa.»

3.a Las subalternas (A, I; E, O) se hacen equivalentes


anteponiendo y posponiendo á la vez la negación al sujeta
de cualquiera de ellas:
A ................ í «Todo espíritu es activo.»
I................. ( <rAlgún espíritu es activo.»

Equivalencia:
A ................ j «No todo espíritu no es activo.»
1..................| «Algún espíritu es a-ctivo.»

O bien:
A ................j «Todo espíritu es activo.»
I..................| «No algún espíritu no es activo.» (1).
i

(1) K ant llama raciocinio del entendim iento 6 la posibilidad de pasar inm e­
d iata m e n te de u n a proposición á la otra, p o r u n raciocinio natu ral é inm ediato, en
el ca&l no bay com paraciones Interm edias. Sem ejante idea es consecuencia de la
teoría de las proposiciones controvertible», opuestas y equivalentes.
LECCIÓN XXXY

A r g u m e n t a c ió n .— S u concepto.—Es la enunciación oral


de un raciocinio.
* Asi como el raciocinio es la deducción de juicios
unos de otros, la argum entación es la deducción de p ro ­
posiciones unas de otras. La argum entación es al racioci­
nio lo que la proposición al juicio; y, como quiera que el
raciocinio se compone de juicios, así tam bién la argum en­
tación es un sistem a de proposiciones.
* Todo el secreto de una buena argum entación radica
en que la palab ra vaya siguiendo á la razón du ran te el
cam ino por donde ésta discurre.
Su dioisión.—En toda argum entación hay un antece­
dente, un consiguiente y una conclusión.
El antecedente es la proposición de la cual se infiere
otra; es el punto de p artid a del cual se deriva toda la fuer­
za del argum ento, dem ostración, probanza ó prueba.
372 l ó g ic a

El consiguiente, ó cuestión, es la proposición inferida


del antecedente.
La conclusión es la ilación ó derivación del consiguien­
te, que procede del antecedente.
La cuestión se presenta en una proposición cuyo sujeto
se llam a término menor, porque tiene m enos extensión
que el atributo ó predicado, el cual, por tener m ayor ex­
tensión, se denom ina término m ayor.
Propuesta Ja cuestión, deben com pararse sus dos tér­
m inos con otro, que sirve de medio aclaratorio, y que, por
esta razón, y por colocarse entre los dos de la cuestión,
recibe el calificativo de término medio; llam ándose e x tre ­
mos los dos restantes (el m ayor y el menor).
Dados los tres térm inos (m ayor, m enor y medio), se
com paran por separado, prim ero el m ayor con el medio,
y, después, el m enor con el medio, quedando resuelta la
cuestión; porque, si en la com paración han convenido los
dos extrem os con el medio, debem os inferir que aquéllos
convienen entre si; y, si el uno ha convenido y el otro no,
h a b rá que deducir que entram bos no convienen m u tu a­
mente.
Si al com parar los extrem os con el medio se dudase ó
negase éste, h ab ría que dem ostrarlo; p ara lo cual, la p ro ­
posición negada volvería á hacer de cuestión; repitiéndo­
se el mismo procedim iento, hasta la dem ostración en de­
finitiva (1),
Fundamentos de la argum entación,—Han venido si-

( 1 ) ' lisan, por regla general, Los dialécticos, ciertas voces técnicas, en la argu­
m entación. La proposición m ayor acostum bra 6 ir precedida de las palabras:
»todo.» «toda,» etc.; la m enor, d e la frase: «Es asi que» (A i qui); la conclusión, de
la dicción: «Inego» (Ergo). ísa n se , adem ás, los verbos Concedo, Nef/o, Distinguo,
en las réplicas.
LECCIÓN' X XXV 373

guiéndose, acerca de este particular, dos sistem as: el an­


tiguo y el moderno.
El sistem a antiguo, patrocinado en lugar preferente por
Aristóteles, adm ite en la argum entación dos principios
fundam entales:
1.° «Lo que se afirm a universalm ente de una idea,
debe afirm arse de las ideas contenidas en aquélla;»
2.° «Lo que se niega universalm ente de alguna idea,
niégase asim ism o de todos los conceptos que aquélla con­
tiene (1).»
El sistem a m oderno (2) se funda en los tres sabidos
principios de deducción (3).
* P a ra arg ü ir con fundam ento, son necesarias dos co
diciones: 1.a, poseer principios generales, á los cuales sea
referible una cuestión, propuesta que sea, y 2.ft, saber m a­
nifestar esta relación en una serie de proposiciones (4).

(1) Resum ían estos doa principios lo» antiguos, con las dos adm irables fórm u­
las: dictum de omne y dictum de nullo.
(2) Núlese que, paralelam ente á dos sistem as de versificación, clásico el u n o y
m oderno el otro , conócense los dos sistem as de argum entación.
(3) V éanse las Lecciones XI, XXII y XXVIII.—Los Escolásticos ios reducen á
dos fórm ulas: 1.a Quob sunt eadein uní tertio, aunt eadem ínter se; 2.a Quorum
alterum congruit uni tertio, cero alterum non, ea non ronceniunt ínter se
(relativas á las fundam entales conoeniencia ó repugnancia).
(4) A ntiguam ente, en Grecia y en Roma, los lógicos hicieron, gran m isterio del
a rte de hallar estos principios generales de los a rgum entos, á los cuales llam aron
lugares comuñen de argumentación (loci argum entorum ). Aristóteles trató de
la invención, retórica y dialéctica, en la obra de los «Tópicos;» echando los ci­
m ientos de las profundas elucubraciones de Cicerón y de Quinliliauo, referentes á
la invención retórica. La Tópica retó rica-d ialéctica consiste e n la consideración
aten ta de la naturaleza del objeto, investigando la m ayor sum a posible de conoci­
m ientos concernientes al mismo. Son éstos intrínseco» ó eíctrinsecos^ es decir, re ­
lativos al fo n d o ó á la fo rm a de la cosa en cnestión. Son intrínsecos, por tanto, la
sum a de térm inos, predicables y categorías ó predicam entos, enum erados en la
Lección XXXH, N aturalm ente, éstos son los m ás im portantes y bases de los ex­
trínsecos. Sin em bargo, au n q u e principalm ente para éstos, hay que a te n d e r al p ro ­
fundo estudio de las m aterias objeto de la discusión, única fuente de donde m an a -
374 LÓGICA

V ariedad de fo r m a s de la argumentación dialéctica.—


Los argum entos dialécticos ofrecen variedad considerable
de formas; las principales y m ayorm ente usadas son ocho:
silogismo, entimema, prosilogism o, epiquerenia, dilem ar
sorites, inducción y ejem plo. De ellas se hizo ya mención
en la Metodología (Lección XXII).
Todas pueden refundirse en una solaf el silogismo, v e r­
dadero rey de las argum entaciones dialécticas.
Del silogismo.—Su definición, carácter é im portancia.
—Consiste el silogismo (4) en una argum entación dialécti­
ca, en la cual se com paran dos térm inos extrem os con un
tercero, que sirve de medio p a ra descubrir la relación que
aquéllos g u ard an entre si. Consta de tres proposiciones,
enlazadas de tal suerte, que, de las dos prim eras, se infie­
re ó resulta la tercera.
Es la form a m ás sencilla de argum entar, porque, con
menos de tres proposiciones, expresas ó tácitas, es im po­
sible expresar los tres juicios, dos preparatorios y uno d e­
finitivo, que intervienen en el raciocinio m ás sencillo. Es,
al propio tiempo, sintético; viniendo á ser, en Dialéctica,
lo que el triángulo en Geometría: v. gr.

«Todo cuerpo e9 pesado;


Es así que el aire es cuerpo;
L uego el aire es pesadp.»

Su im portancia depende, naturalm ente, de ser la prin-

rá la profu n d id ad de conceptos, m adre A su vez de la verd ad era sabiduría, no de


la de oropel ó 6 la violeta. Porque, com o dijo Horacio, en su ^Epístola ad Pisones:»
Scribendt reaté ¿apere est et principium e lfo n s .
(1) Por su etim ología, procede de dos voces griegas, que significan uniAn 6
combinación de palabras.
LECCIÓN XXXV 375

cipal de todas las argum entaciones dialécticas y la síntesis


de todas las restantes.
M ateria p r ó jim a , m ateria rem ota y fo r m a del silo­
gism o.—En todo silogismo conviene distinguir dos ele­
m entos: la m ateria y la fo r m a .
M ateria es la sum a de los tres térm inos y de las tres
proposiciones que constituyen ó informan el silogismo.
Puede dividirse en p ró x im a y remota: la prim era es la
su m a de las tres proposiciones; la segunda, la sum a de
los tres térm inos.
F orm a del silogismo es la disposición que debe tener
la m ateria del silogismo p a ra concluir: consiste en el rigu­
roso enlace entre las prem isas y Ja conclusión (1).
Proposiciones.—Son tres: las dos prim eras se llam an
prem isas, y, la tercera, conclusión. En las dos prem isas
se contiene el térm ino m edio, entrando adem ás en una de
ellas el térm ino m ayor, y, en otra, el menor; por lo cual,
llám anse respectivam ente prem isa m ayor y prem isa me­
nor. De donde se deduce que sem ejantes denom inaciones
se derivan del térm ino extrem o que cada proposición con­
tiene, adem ás del térm ino medio, y no del lugar que ocu­
pan en el silogismo. Por punto general, suele ser éste el
prim ero p a ra la prem isa m ayor y el segundo p a ra la m e­
nor; aunque tal orden es susceptible de alteración, sin v a­
ria r en un ápice la estructura del silogismo ni el valor de
las prem isas (2).

( i) P ara ello son necesarias la Crítica y la Dialéctica: aquélla, para exam inar la
verd ad de las proposiciones, en cuanto al fondo ó m ateria; ésta, en cuanto & la
form a.
(í) «Prem isas,» del latín Prce (Antes) y Mítto, is, ere, ss it ssum , (E n v ia r);
do donde, Prcemiito = «Antcponeru ó «Poner antes;» porque van d e la n te.—«Con­
clusión,n de Concludo, ist ere, ssi, ssum , — «Concluir* (com puesto, aqudl, de c u m
= con, y Claudo, ssi, ssum = C errar).
376 LÓGICA

Consecuencia.—Ya se dijo, al tra ta r del raciocinio (1),


que, en el silogismo, la consecuencia no es sino la relación
que existe entre las tres proposiciones (las prem isas m ayor
y m enor y la conclusión) del propio silogismo. Es, p ro p ia­
m ente hablando, la fo r m a del silogismo.
Términos.—Son tres: los dos extrem os (m ayor y me­
nor) y el medio. El térm ino m ayor es siem pre el atributo
de la conclusión- El térm ino m enor es, en todos casos, el
sujeto de la conclusión. El térm ino medio es el tercero con
el cual se com paran los dos prim itivos, m ayor y m enor (2),
Ejem plos:

«Todo hombre es racional;


Es así que Pedro es hombre;
Luego Pedro es racional.»

«Todo cuerpo es grave;


Es así que el plomo es cuerpo;
Luego el plomo es grave.»

«Todo lo que es incorruptible ea inmortal;


Es asi que el alma hum ana es incorruptible;
Erg o (3) el alm a humana es inmortal.»

(1) V éate la Lección XI, nota de la pág. 119.


(2) De donde se deduce q ae, e a la conclusión, no en tra el térm ino m edio, y sr
sólo el m ay o r y el m enor.
(3) L lám ase ergotistaa. del ergo (luego) á los que a b u sa n d e la arg u m e n ta ­
ción silogística; em pleándola, por via de chacota, para la dem ostración de asu n to s
fútiles, c uando no extravagantes y ridículos, ó de m ala fe.
LECCIÓN XXXV 377

«Toda virtud es laudable;


A t qui la prudencia es virtud;
Ergo la prudencia es laudable.» (1).

(1) Es curioso on extrem o el silogismo inventado p o r el célebre Gotama, e l


nAristóteles^ d e la India,» fundador d e ta Escuela filosófica sanscrita llam ada
N y a y a ó lógica, esencialm ente espiritualista y pan teísta. El tal silogism o
(Altmapada)) consta de cinco proposiciones y cuatro térm inos, en la sig u ien te
disposición:
Proposición ó tesis: i.*—«Este anim al está vivo;
Razón: 2.a—P orqne respira;
Ejemplo: 3.a—Todo anim al q u e respira está vivo, com o lo vem os en los
anim ales sanos;
Aplicación; 4.a—Es así qu e este anim al respira;
Conclusión: 5.a—Luego este anim al está sano.»
Análogo, h asta cierto punto, é n uestro prosilogiamo. (Véase la Lección-
XXXIX.)
LECCIÓN XXXVI

Leyes del silogismo.—Son ocho; cuatro relativas á los


térm inos y cuatro referentes á las proposiciones. E stán
contenidas en los siguientes versos:

I *— T erm in us esto trip lex : m edius, m ajorque, minoi'que.


II .— L a tiv s hos quam prevnissai conclusio non v u lt.
III.—A u t semel a u t ite ru m , m edius g en era liter esto.
I V .— N equaquam médium, c a p ia t conclusio fa s est.
V .— Ambos a ffirm a n te s nequeunt generare negantem .
'V l.—P ejorem sem per sequ itu r conclusio p a rte m .
VII.— Utraque si prccm issa neget, n ik il in de sequetur.
V III.—N thil sequ itu r gem in is ex p a rtic u la rib u s u n quam.

Fundamentos de cada una de ellas. I.—«Todo silo­


gismo debe constar de tres térm inos: m ayor, m enor y m e­
dio.»—Tal es la estructura adecuada al silogismo. De o tra
suerte, el silogismo, en vez de ser com parable á un trián ­
gulo, lo sería, por ejemplo, á un cuadrilátero.
380 LÓGICA

P a ra conservar esta trilogía de térm inos, debe cuidarse


m ucho de no darles distintas determ inaciones en cada una
de las proposiciones, y que, así su acepción gram atical
como su valor dialéctico, se conserven siem pre los m is­
mos; pues, de otro modo, sonarían tres los térm inos, sien­
do en realidad, en m ayor núm ero.
Puede deslizarse ocultam ente en el silogismo un cuarto
térm ino, de cuatro m aneras: 1.a, cuando un térm ino equí­
voco se tom a en distintos sentidos: v. gr.

«Todo león es animal irracional;


A t qui Pedro es un león,'
Ergo: Pedro ea animal irracional (l).»

2.a Cuando un m ismo térm ino se tom a prim ero en


acepción m aterial, y, después, en sentido formal, ó vice­
versa:
«Todo p ez es una sílaba;
A t qui el p ez nada^
Ergo: una silaba nada (2).»

3,a Cuando un m ism o térm ino se tom a dos veces en


parte de su extensión:

«Todo hombre es anim al ;


A t qui el caballo es anim al ;
Ergo: el caballo es hombre (3 ).*

(1) La palabra *leónr» en sentido propio, significa cierto «anim a], a y, en acep­
ción traslaticia figurada, «valiente.»
(2) Aquí, la voz «pezn está lom ada, antes, en sentido m ateria), y, luego, en
acepción form al.
(3j «Animal,» en ta prem isa m ayor, significa solam ente «racional, d y , en la
m enor, ((irracional.»
LECCIÓN XXXVI 381

4.a Cuando del orden lógico se pasa inadvertidam ente


al orden real:
«La hum anidad es una;
A t qui todos los hombres forman la humanidad;
Ergo: todos loa hombrea son uno (1).»

II.—«Los térm inos ja m á s deben tom arse m ás univer­


salm ente en la conclusión que en las prem isas.»—A no ser
asi, el silogismo tendría cuatro térm inos, en vez de tres;
lo cual es imposible, por la regla anterior: v. gr.
«Todo ladrón es hombre;
A t qui todo ladrón debe ser perseguido por la justicia;
Ergo: todo hombre debe ser perseguido por la justicia» (2).

III.—«El térm ino medio h a de ser universal, cuando


m enos, en una de las dos prem isas.»—De otro modo, re­
sultarían cuatro térm inos; lo cual es absurdo: v f gr.
«Todos los españoles son hombres;
At qui los turcos son hombres;
Ergo: los españoles son turcos» (3 ),

IV .“ «El térm ino medio nunca debe e n tra r en la con­


clusión. »—Porque toda la fuerza del silogismo estrib a en
deducir en la conclusión que dos extrem os, com parados
con un tercero (el medio), convienen ó repugnan entre si;
por m an era que el oficio del térm ino medio no es otro

(1) En la m ayor, «hum anidad > se tom a en orden lógico a b strac to , y, en la m e­


nor, en orden real, sum a real de seres concretos.
(2) Kn la m ayor, «hom bre» csl6 particularm ente, y, en la conclusión, utoirer-
selm ente.
(3) Kn las dos prem isas, d térm ino m edio, «hom bres,» se tom a p articu lar­
m ente.
382 LÓGICA

que servir de punto de com paración entre los dos ex tre­


m os (m ayor y menor). Suponiendo lo contrario, se falta­
ría inconscientem ente á las reglas tercera y cuarta: v. gr.
«Alejandro fué capitán;
A t qui Alejandro fué pequeño;
JErgo: A lejandro fué capitán pequeño.»

V .—«De dos prem isas afirm ativas, no puede deducirse


una conclusión negativa.*—Porque, de que dos térm inos
convengan con un tercero, no puede racionalm ente infe­
rirse que aquéllos sean distintos, sino lo contrario; y esto
no puede expresarse con una conclusión- negativa, sino
únicam ente con una afirm ativa. Lo cual, ap arte de ser
evidente ó axiom ático, se funda en el prim ero de Jos p rin ­
cipios intuitivos de la deducción (1).
V I.—«La conclusión sigue siem pre la parte m ás débil
(negativa ó particular).»—De modo que, si una de las p re­
m isas es afirm ativa y la otra es negativa, la conclusión
será negativa; y, si la una es universal y la otra es p a rti­
cular, la conclusión será p articu lar. Porque, de no ser
así, los térm inos se tom arían en la conclusión con m ayor
extensión que en las prem isas, faltándose á la regla se­
g u n d a del silogismo, y, adem ás, porque, aparte de ser
evidente, se funda en el segundo principio de deduc­
ción (2).
VIL—«De dos prem isas negativas no puede deducirse
conclusión alguna.»—Por cuanto, de que dos térm inos no
convengan con un tercero,—que esto es lo que enuncian las

(1) Quce su n t eaclem uní tertio, sunt eadem ínter se.


(i) Quorum alterum congru.it uni tertio, oerí) alterum non, ea non con-
ceniunt ínter se,
LECCIÓN XXXVI 383

prem isas negativás,—es imposible inferir su m útua con­


veniencia ó discrepancia. Lo cual, á m ás de ser evidente á
todas luces, se funda, como la ley anterior, en el segundo
de los principios de deducción.
V III.—«De dos prem isas particulares nada se concluye.»
—Pueden darse tres casos: 1.°, que entram bas prem isas
sean afirm ativas; 2.°, que las dos sean negativas, y 3,°,
que sea afirm ativa la una y negativa la otra. En el p rim er
caso, el térm ino medio tiene que ser particular en las dos:
lo que es imposible, por la ley tercera; en el segundo caso,
n ad a se sigue, por la regla séptim a; y, en el tercero, la
conclusión tendrá que ser negativa, por la ley sexta, resul­
tando el predicado universal, contra lo que supone esta
m ism a regla.
Resumen de las m ism as.—La ley única del silogismo,
en la cual pueden virtuatm ente refundirse las ocho enu­
m eradas y dem ostradas, se form ula en los siguientes té r­
minos: «La proposición m ayor debe contener á la conclu­
sión y la m enor h a de indicarlo asi* (1). Por ejemplo: si
sabem os el principio general inductivo: «Todos los cuer­
pos son pesados,» y por otra parte, nos consta que: «El
aire es cuerpo,* habrem os de atribuirle al aire, en últim o
resultado, la cualidad de pesadez, y form ularem os la con­
clusión: «Luego el aire es pesado;» quedando asi form ado
el silogismo.

(1) C abalm ente en eato consiste la intim a conexión que debe h a b e r e n tre la»
dos prem isas y la conclusión y que es la condivíio sine qua non de la eficacia d el
silogismo.
LECCIÓN XXXVII

Figuras del silogismo.—Su enumeración y representa­


ción.—Son figuras las varias m aneras que los silogismos
tiene de concluir, según el lugar que pueda ocupar el té r­
m ino medio en las prem isas. Y como quiera que tales po­
siciones no puedan ser m ás de cuatro, de ahí que cuatro
sea, por ende, el núm ero de las figuras silogísticas, que se ■
representan m ediante la siguiente fórm ula, en verso:
Subprce; tum prez pros; tum sub sub; denique pra¡ sub (1).

En la prim era figura (sub prcc)y el térm ino medio es su­


jeto en la prem isa m ayor y predicado en la m enor; en la
segunda (prce prce), es predicado en entram bas prem isas;

( i) Sub es la abrev iatu ra de subjecíum (sujeto). Prm es la de prcedicatum


(predicado 6 atributo). T um , expletiva, significa «entonces,» y denique , «final­
m ente.»
386 LÓGICA

en la tercera (sub sub), sujeto en las dos, y, en la cu arta


(prce sub), predicado en la m ayor y sujeto en la m enor (1).
R eglas.—Conviene tener en cuenta las siguientes:

I.— Omne genus claudit problem atis alpha figura .


II.—Fitque negativa conclusio quceque secunda.
III.— Tertia concludit tantummodo particulares (2).

* A p esar de que sólo es, en rigor, natural la prim era


figura (sub prce), y de la extrem ada raridad de la cuarta,
que se h alla en desuso, los dialécticos dan, adem ás de las
anteriores reglas generales, relativas á las tres prim eras
figuras únicam ente, otras reglas especiales, p ara las cua­
tro. Tales son:
1.a En la prim era figura, la prem isa m ayor debe ser
universal, y, la m enor, afirm ativa;
2 * En la segunda, la m ayor debe ser universal, y, una
de las prem isas, negativa;
3.a En la tercera, la m enor debe ser afirm ativa, y, la
conclusión, particular, y
4.a En la cuarta, si la m ayor es afirm ativa, la m enor
será universal, y, si la m enor es afirm ativa, la conclusión
es particular.
Ejemplos:
«E1 prójimo debo ser amado;

(4)
! At qui los enemigos son prójimos;

JErgo: los enemigos deben ser amados.» >

Aristóteles no hizo m ención d e la c u arta figura, y s1 sólo de las tres restan­


tes. La c u arta llámase galénica (y aquélla» aristotélicas), de su in v en to r el
célebre m édico y filósofo griego Galeno, qde defendió con gran calor la legitim idad
de aquélla, fuertem ente discutida por los dialécticos sus contem poráneo».
(2) Traducción .- 1.a, la prim era figura,—alpha es la prim era letra del alfabeto
griego,—puede dar lugar & todo género de conclusiones (universales 6 particulares,
LECCIÓN' XXXVJ1 387

í «La m ateria no puede pensar;


P t& p ra . ' A t qui el alma hum ana piensa;
I Ergo: el alm a humana no es materia.»

í «Todos los impíos son miserables;


Sub sub. { A t qui algunos impíos son poderosos;
f Ergo: algunos poderosos son miserables.»

Modos del silogism o.—Son las varias m an eras en que


pueden e sta r dispuestas las proposiciones de un silogis­
m o, por razón de su cantidad y de su cualidad.
* Las figuras del silogism o atienden á la colocación de
sus térm inos; los modos, á la naturaleza de sus proposi­
ciones.
Combinando y perm utando de tres en tres (i) las voca­
les A, E, I, O, que indican la cantidad y la cualidad com ­
binadas de toda proposición, resultarían 64 m odos ó fór­
m ulas diferentes para hacer un silogismo; pero, elim ina­
dos 54, q u e d a n conclusiones irregulares, quedan reducidos
á 10 los modos legítimos del silogismo. De éstos hay algu­
nos que pueden concluir bien en m ás de una figura, y, h a ­
bida en cuenta esta circunstancia, el núm ero se hace llegar
á 19, representados por 19 palabras, distribuidas en los
4 m isteriosos y célebres versos que siguen á continuación:

« B a r b a r a , C e l a r e x t , D a r i i , F e r i o ; (Baralipton,
Celantes, Dabitis, FapeBino, Frisesomoruni);
Cesare , Camestres, Festina, B ar oca; Darapti,,
Felapton1 Disamis, Datiei, Bocardo, Ferison.»

afirm ativas 6 negativas); S.1, en la segunda, las conclusiones legitim as son siem pre
negativas; 3.*, en la terc era , las conclusiones aceptables son siem pre p articulares.
—La c u arta figura es irracional, por lo rara; la m ás n atural es la prim era.
(1) P or se r Ires las ligaras m ás usadas del silogismo.
388 LÓGICA

Cada una de estas 19 palabras, con sus tres prim eras


vocales, designa la cantidad y la cualidad de las proposi­
ciones del silogismo. Las 4 prim eras indican los 4 m odos
directos de la prim era Jigura (sub prce); las 5 siguientes,
dentro del paréntesis, denotan los 5 modos que Teofrasto
llamó indirectos de la prim era, y, con los cuales, Galeno
formó la figura cuarta ó galénica (prce sub); las 4 subsi­
guientes son la representación de otros tantos modos le­
gítim os de segunda figura (prce prce), y, por último, las
6 restantes, la fórmula de equivalentes modos posibles de
la figura tercera (sub sub).
Ejemplos:
F ig u ra I .— Modo B a rb a ra .
«Todo m etal es cuerpo;
A t qui todo plomo os m etal;
Ergo: todo plomo es cuerpo.»

C elaren t.—-«Ningún p la n e ta brilla con luz propia-,


A t qui todos los com etas son plan etas;
Ergo: ningún com eta brilla con luz propia.»

D a r ii.— «Todo lo que p e rv ie rte el corazón m erece vituperio;


A t qui algunos libros p e rv ie rte n el corazón;
Ergo: algunos libros m erecen vituperio.»

F erio .— «Ningún testigo interesado es digno de entero crédito;


A i qui algunos historiadores son testigos interesados;
Ergo: algunos historiadores no merecen entero crédito.*

F igu ra I I .—F estin o .


«Ningún vegetal es m eta l;
A t qui algún cuerpo es metal;
Ergo: algún cuerpo no es vegetal.»
LECCIÓN XX X V II 389

F ig u ra I I I .—D a ra p ti.
«Todo m etal es m ineral;
A t qui todo m etal es cuerpo;
E rgo: algún cuerpo es mineral.»

F ig u ra I V .—F apesm o.
«Todo metal es cuerpo;
A t qui ningún cuerpo es viviente;
E rgo: algún vivien te no es m etal.»

R eglas p a r a su reducción á los cuatro prim eros m o­


dos.—Los 15 modos restantes pueden reducirse á los 4 pri­
m eros m odos (B arbara, Celarent, Darii, Ferio) del silo­
gism o, por la conversión, sim pliciter ó p er accidensy de
una de las dos prem isas, ó por la m era trasposición de su
lugar, ó, en fin, por la reducción á lo imposible. L as con­
sonantes de las fórmulas-indican qué hay que hacer p a ra
tal reducción.
La consonante inicial revela cuál sea el modo directo
de la prim era figura, al que conviene encam inar la reduc­
ción, de cualquiera m anera que ésta se realice (1). La con­
so n an te que sigue á cada vocal característica (a, e, it o)
significa la clase de operación que se hace necesaria en
c ad a proposición p ara reducirla; tamaflo significado re­
cuérdase con los siguientes versos:
«s v u lt sim p liciter verti; p verd p e r accid.;
m v u lt tra m p o n i; o p e r im possibile duci.»

Entiéndese, en general, por conversión ó reducción de


los modos del silogismo la transform ación de los 15 re s-

(1) Asi, son reducibles & B arbara: Baralipton, Baroco y Bocardo; A C elarent:
Celantes, Cesare y Camestres; A D a r ii: Dabitis, Daraptt, Dísamís y Datisi; á Ferio:
Fapesmo, Frisesomorum, Festino, Felapton, Ferison.
390

tantes m odos de aquél en los 4 prim eros. Puede ser con­


versión propiam ente tal, trasposición y redacción al im­
posible.
La conversión propiam ente tal es el cam bio de lugar
de sujeto y del predicado, de cierta proposición, perm ane­
ciendo siem pre la m ism a cualidad y alterándose á veces
la cantidad. Se subdivide en simple (.sim pliciter) y por ac­
cidente (per accidens). La prim era es el cam bio de lugar
de los térm inos, sin alteración de la cantidad: «Todo hom ­
bre es mortal;» «Todo m ortal es hombre.» La segunda es
la inversión de Jos térm inos, acom pañada de alteración de
la cantidad: «Todo hom bre es mortal;» «Algún m ortal es
hombre.»
La trasposición es el cam bio de lugar de las prem isas;
viene á ser la conversión sim ple de las prem isas; ponien­
do la prim era en vez de la segunda y al contrario- La re­
ducción al imposible consiste en tom ar la contradictoria
de la conclusión de un silogismo imperfecto, y, com binán­
dola con una de las prem isas concedidas, inferir la contra­
dictoria de la otra prem isa otorgada. La trasposición es
de poco uso y la reducción al imposible es sum am ente
rara.
Ejemplo:
«Todo hombre es racional;
A t qui ningún bruto es racional;
Ergo: ningún hombre es bruto.»

El silogismo anterior es perfecto y está en la segunda


figura y en el modo Camestres: está en la segunda figura
(prce prce) porque el térm ino medio (racional) ejerce las
veces de predicado en entram bas prem isas y en el m odo
Cam estres por cuanto las tres vocales (a, e, e) así lo ad­
391

vierten. L a C inicial indica que hay que reducirlo al m odo


directo de la prim era figura (sub prce) llam ado Celarent; y
las otras consonantes m, s y s (1), posteriores á las voca­
les a7 e y e, revelan que la reducción ha de hacerse por la
trasposición de las dos prem isas (m ) y por la conversión
sim ple de la prem isa m enor y de la conclusión (s} s); re­
sultando un nuevo silogismo, equivalente al primitivo, en
la siguiente forma:

«Ningún racional es bruto;


At qui todo hombre es racional;
Ergo: ningún bruto es hombre.»

0 ) Excepto la S, la P ,la M y la C, con la B, la D y la F t las consonantes de las


fórm ulas de lo» m odos son m eram ente eufónicas.
LECCION XXXVIII

División de los silogismos en simples y compuestos.—


Pueden ser los silogismos simples y compuestos, según
que consten de prem isas sim ples ó contengan alguna p ro ­
posición com puesta.
Ejemplo de silogismo sim ple (i):
«Toda virtud es laudable;
Al qui la prudencia eB virtud;
Ergo: la prudencia es laudable.»

Subdivisión de los compuestos en hipotéticos, disyun­


tivos y copulativos.—Los silogismos sim ples se subdivi-
den, por razón de su form a, en hipotéticos, disyuntivos
y copulativos.
Los silogismos hipotéticos ó condicionales tienen por
prem isa m ayor una proposición hipotética, constando

(1) Es el más v u lg ar, y el explicado hasta ahora.


394

adem ás de m enor sim ple y conclusión: la m enor se llam a


antecedente y la m ayor consiguiente.
Pueden concluir de dos m aneras legítimas:
1.a Afirm ando el antecedente ó condición en la m e­
nor, y afirm ando el consiguiente ó condicional en la con­
clusión (rnodusponens): v. gr.:
«Si llu ev e, el aire estará húmedo;
A t q u i llueve;
Ergo: el aire estará húmedo.»

2.* Negando el consiguiente ó condicional en la m e­


nor, y negando el antecedente ó condición en la conclu­
sión (modus tollensj: v. gr.:
. «Si llu eve, el aire estará húmedo;
A t qui el aire no está húmedo;
E rgo: no llueve.»

Los silogismos disyuntivos tienen por prem isa m ayor


una proposición disyuntiva, seguida de otra simple, que
afirm a ó niega uno de los extrem os de la disyunción, y de
la conclusión.
Concluye de dos m odos legítimos:
1.° A firm ando en la m enor un m iem bro cualquiera
de la disyunción, y negando los dem ás en la conclusión
(m odus ponendo tollensj: v. gr.:
«Antonio es francés, alem án ó inglés;
A t q u i Antonio es francés;
Ergo: no es alem án ni inglés.»

2.° Negando en la m enor todos los m iem bros de la


disyunción, menos uno, y afirm ando éste en la conclusión
(m odus tollendoponens): v. gr.:
LECCIÓN XXXV11I 395

«Antonio es francés, alemán ó inglés,


At qui no es alemán ni francés;
Ergo: es inglés.»

Los silogismos copulativos tienen como prem isa m ayor


una proposición copulativa negativa, cuyo predicado cons­
ta de dos cualidades, incom patibles á la vez en un m ism o
sujeto.
Puede concluir bien de un solo modo: afirm ando en la
m enor uno de los m iem bros incom patibles, y negando el
otro en la conclusión; pero no viceversa (m odas ponendo
tollens), v. gr.:

' «El hombre no puede, A un tiempo, ser virtuoso y vicioso;


At qui es vicioso;
Ergo: no es virtuoso,»
ó bien:

A t qui es virtuoso;
Ergo: no ea vicioso.» (1).

(1) Como puede observarse, el silogismo copulativo es, en el fondo, un caso


especial del silogismo disyuntivo.
LECCIÓN XXXIX

Otras argumentaciones dialécticas,—Su noción y enu­


m eración.— * Además del silogismo, conócense en Dia­
léctica otras form as de argum entación, llam adas no silo­
gísticas porque no se presentan bajo la form a del silogis­
mo, por cuanto no llevan igual núm ero de proposiciones
ni se hallan éstas dispuestas en el m ism o orden;A unque,
en el fondo, se reducen fácilmente á aquella forma; á la
m an era que todas las figuras geom étricas se fundan, como
elem ento integrante, en el triángulo.
* La argum entación m eram ente silogística seria inso­
portable por su aridez y m onotonía, si no se adm itiesen
estas otras formas de dem ostración que, ó abrevian el s i­
logismo, ó lo am plían y robustecen en cada una de su s
partes, ó lo encadenan en forma de serie, ó lo producen
m ezclando elem entos de las distintas especies. El uso co­
m ún, que no aspira á la exactitud dialéctica, sino á la g r a -
398 LÓGICA

cia y soltura del discurso, y el uso retórico, que tiene por


ley suprem a el convencer sin dejar que se vean las arm as
que esgrim e, em plean estos modos de arg u m en tar que,
sin que carezcan dél nervio del silogismo, no aburren en
cam bio con su m onótona cadencia.
Tales form as de dem ostración, como ya dejam os ap u n ­
tado (1), son, aparte del Silogismo, forma la m ás tra n s­
cendental, el E ntim em a, el Prosilogism o, el Epiquerem a,
el Dilema, el Sorites, la Inducción y el Ejemplo; dejando
de lado otras m aneras, m enos en boga, por ser Infima su
categoría.
E ntim em a.—Es un silogismo en el cual se om ite una
de las dos prem isas, porque, sin expresarla, se sobreen­
tiende ya clara y m anifiesta. Es un silogismo perfecto en
la mente del que lo formula, é imperfecto en la enuncia­
ción.
La prem isa que se expresa se llam a antecedente y la
conclusión consiguiente. Consta, por tanto, de dos propo­
siciones: la prem isa única y la conclusión. Generalm ente
se suprim e la prem isa m enor. Viene á ser, en consecuen­
cia, un silogismo abreviado.
* Supresión sem ejante es punto m enos que indispen­
sable cuando el que nos escucha va con su pensam iento
delante de nuestra palabra; en tal caso, las verdades m uy
obvias y evidentes le ocupan, y, sin enseñarle nada nue­
vo, le fastidian y le cansan, aparte de que siem pre es con­
veniente dejar algo á la discreción del que nos atiende y
no suponer que nada sabe. Además, el silogismo, con sus
prem isas tan claras disem ina su fuerza en m ultitud de p a­
labras; m ientras el entim em a, al contrario, concentra su

(1) V íase la Lección XXII. pá&. 253.


LECCIÓN XXXLX 399

vigor en pocas frases, con lo cual se robustece la energía


de la dem ostración.
* De ahí que el entim em a, por su vivacidad y conci­
sión, se use m ucho en el lenguaje com ún, y constituya un
excelente recurso de argum entación en la oratoria. R a­
zón por la cual le llam a Aristóteles el «silogismo del ora­
dor.*
Ejemplos:
«Todo m etal es m ineral;
Ergo: el plomo es mineral.»
(Se suprim e: A t qui el plomo es metal).

«El aire es cuerpo;


E rgo: el aire es grave.»
(Se sobreentiende: A t qui todo cuerpo es grave).

«Pedro es hombre;
Ergo: es racional.»
(Tácita: A t qui todo hom bre es racional).

«¿No os arrepentís?...
Pues tem ed la ju sticia divina.»
(Tacet: El que no se arrepiente incurre en la cólera de
Dios).

«¿Empalióles no sois?...
¡Pues sois valientes!*

Modelo de concisión y energía. Compárese con la


frialdad del silogismo equivalente:
¿Los españoles son valientes,
A t qui vosotros sois españoles;
Ergo: vosotros sois valientes.»
400 LÓGICA

Prosilogism o y ep¿silogismo.—Es un silogismo doble,


cuya proposición m ayor es todo un silogismo. La conclu­
sión del prim ero sirve de prem isa m enor del segundo si­
logismo. Consta de cinco proposiciones: tres que constitu­
yen un silogismo, y las dos restantes que form an un
entim em a. De suerte que el prosilogism o es la sum a del
silogismo y del entim em a. L a cuarta proposición se deno-
vúiina minor subsumpta.
' Prosilogism o y episilogismo son dos calificativos corre­
lativos, que denotan la correspondencia que hay entre va­
rios silogismos consecutivos producidos en una argum en­
tación dialéctica. Todo silogismo que tiende á sacar por
conclusión la verdad de una prem isa negada en un silo­
gism o anterior, se llam a prosilogism o de éste, y éste á su
vez se dice episilogismo de aquél.
* La discusión escolástica principia presentando un si­
logismo capital, cuya conclusión es la contradictoria de la
tesis defendida. El que sustenta esta tesis califica cada una
de las prem isas de aquel silogismo; cuando esta calificación
consiste en la negación de alguna de ellas, el argum en­
tante produce otro segundo silogismo, para la probanza
del primitivo; una negación nueva es motivo de otro silo­
gismo, y el progreso prosilogístico continúa h asta lle­
g ar á un silogismo apodictico, es decir, á un silo­
gismo cuyas proposiciones sean por su m odalidad
necesarias, y, como tales, expresión de juicios apodlcti-
cos. Entonces nada puede negarse, sin contradicción de
los principios axiom áticos. Ya en aquella situación, si ini­
cia un retroceso episilogístico, una m archa en sentido
contrario, que consiste en hacer de cada conclusión que
se va sacando la prem isa de un nuevo silogismo de los ya
antes formulados, hasta volver al prim ero, concluyendo
LECCIÓN X X X IX 401

así victoriosam ente la contradictoria de la tesis sustentada


por el adversario.
Ejemplos:
«Todo Lo bueno es am able;
A i q u i la virtud es buena;
E rgo: la virtud es amable;
Todo lo que es am able debe ser apetecido;
E rgo: la virtud debe ser apetecida.»

«Todo espíritu es espiritual;


A i qui el alm a hum ana es espíritu;
E rgo: el alm a hum ana es espiritual;
Todo lo espiritual es incorruptible;
E rgo: el alm a hum ana es incorruptible.»

«Todo lo que es extenso, sólido, d ivisib le, etc., es cuerpo;


A t qui el oro es exten so, sólido, divisible, etc.;
Ergo: el oro es cuerpo;
Todo cuerpo es grave;
Ergo: el oro es grave.»

E piquerem a.—Es un silogismo cuyas prem isas van


acom pañadas de prueba. Por esto llám ase tam bién P r o ­
banza} voz equivalente á la latina Agre&sio.
No es el epiquerem a una argum entación d istinta del
silogismo; lo que hace es am pliarlo, fundando las propo­
siciones que pudieran parecer dudosas; al contrario del
entim em a, que restringe las que pudieran presentarse de­
m asiado claras.
* Las prem isas dudosas dejan suspenso el ánim o del
que escucha un razonam iento, y esta suspensión perjudica
á la adhesión que debe a rra n c a r la conclusión definitiva.
Antes de llegar á ella, hay que satisfacer la im paciencia
402

del que quiere conocer la verdad en el antecedente, p re­


viam ente de su asentim iento á ella en el consiguiente.
* Gomo prueba de cada prem isa podria presentarse un
silogismo entero, una vez term inado el razonam iento p ri­
mitivo, ó sea el silogismo capital ó fundam ental. Esto es lo
que se practica en las escuelas, cuando el argum entante
p ru eb a una m ayor ó una m enor negadas por el ad v ersa­
rio; em pero, este método, sobre ser largo y sobrado arti­
ficioso, hállase sujeto á interm inables repeticiones.
' * E n los discursos ordinarios del lenguaje vulgar ó co­
rrien te es preferible fundar cada prem isa sobre la m arch a
del silogismo, sin m ás digresiones ni aplazam ientos. De
aquí que la oratoria saque gran partido del epiquerem a,
como tam bién del entim em a (1).
Ejemplos:
«Todo hombre tiene alm a, porque siente;
A t qui al que tiene alm a se le imputan las acciones,
porque tiene libertad;
Ergo: al hombre se le im putan las acciones.»

Lo sim ple es incorruptible, porque no tiene partes en


que descomponerse;
A t q u i el alm a hum ana es sim ple, atendida la abso­
luta incapacidad de pensar por parte de los obje­
tos m ateriales;
Ergo: el alm a hum ana es incorruptible.»

«El oro es cuerpo, porque es extenso, sólido y divisible;


A t qui todo cuerpo es grave, porque tiende naturalm ente
al centro de la tierra;
E rg o : el oro es grave.*

(1) Vid., en corroboración de nuestro aserto, la célebre oración «Pro Milone,»


de Cicerón.
LEC CIÓ N XX X IX 403

Dilema: sus requisitos. — Es un silogismo hipotético


disyuntivo, cuyas m ateria y form a son las siguientes: una
prem isa m ayor disyuntiva, que com prende dos ó m ás
m iem bros, que sirven de antecedentes p a ra igual núm ero
de prem isas m enores, las cuales son proposiciones condi­
cionales ó hipotéticas, y dos ó m ás conclusiones, según
sean los m iem bros de la disyunción, que acosan al a d v er­
sario por todos los extrem os.
* Este argum ento principia enum erando los yarios ca­
m inos que pueden em prenderse, pone en seguida en cada
sendero un obstáculo insuperable, y concluye por estre­
c h a r y coger al enemigo, que no halla salvación en lado
alguno. Llam ábanle los antiguos argumento bicornuto,
porque siem pre es, cuando m enos, doble; pudiendo ser
tam bién triple, cuádruple, etc., (trim em a, cuadrilema,
quintilem a, etc.) Aunque lo común es que sea doble ó tri­
ple. Puede com parársele á una espada de dos filos, que
corta por entram bos lados.
* El dilem a es m ás propio p a ra refutar una opinión
recibida, es decir, p ara rechazar las verdades sustentadas
por el contrario, que p ara plantear directam ente una v er­
dad cualquiera. Es muy difícil hacer un buen dilem a, y
aún no todas las m aterias se prestan á una enum eración
disyuntiva, que presente contradicciones en todos sus
miembros*
P a ra que este procedim iento de arg u m en tar alcance
todo su efecto confutativo ó refutativo, hay que atender á
los siguientes requisitos:
i . 9 No debe darse medio alguno entre los m iem bros
de la disyunción; porque, si le hay, el dilem a no es y a
concluyente.
2." La proposición disyuntiva ha de ser verdadera;
404 LÓGICA

porque, si así no fuese, no estarían tom ados todos los ca­


minos que debe recorrer el adversario, el cual podría fu­
garse por un térm ino medio, sin cuidarse de las co n tra­
dicciones que nosotros sacáram os de los térm inos ex ­
trem os.
3.° Los consiguientes de las m enores condicionales
deben ser necesarios; de otro modo, son pequeños obstá­
culos, incapaces de detener al contrario, en su m a rc h a
por una ú otra senda.
Qué ae entiende p o r r e t o r s i ó n d i l e m á t j c a . — Consiste en
que el sustentante se aproveche de la prem isa m ayor dis­
yuntiva y de las m enores condicionales, deduciendo de
ellas conclusiones contradictorias á las del argum entante.
Viene á ser un argum ento regresivo ó a d hominem, en el
cual el enemigo se apodera de las arm as con que el p er­
seguidor tratab a de herirle y las vuelve contra su dueño.
Llám ase tam bién Antistrephon y R etorquere argum en-
tum. (Retorcer el argum ento ó el dilema).
Ejemplos:
«El mundo se convirtió al Cristianismo, con m ilagros ó sin m i­
lagros;
Si con m ilagros, el Cristianismo es verdadero, porque tien e
m ilagros en su favor;
Si sin m ilagros, el m ayor m ilagro es convertir el mundo sin
ellos, y, en este caso, es por tanto igualm ente verdadero;
E rgo, de todos modos, el Cristianismo es verdadero.» (1).

(1) Conocido es el dilem a de T ertuliano, en defensa de los Cristianos, nacidos,


según aquél, de «la sangre de los Mártires:» C h ristia n i surtí oel nocentes, cel in ­
n o c e n t e s i nocentes, cu r prohíbes in q u ir it S i innocentes, c u r irrogas pee na m
d e la tis ..J No m enos famoso es el otro dilem a de San Agustín, contra los E scépti­
cos: A u t seis, te nescire, a u t nescit, si seis, ergo a liq u id seis', si nescis, eryo
tem ere a sserisie nescire.
LECCIÓN X X X IX 405

Ejemplo de dilem a y retorsión dilemática:


«Si aceptas el cargo de la república, lo desempeñarás bien
<5 mal;
Si lo primero, desagradarás A los hombres;
Si lo segundo, desagradarás A Dios.»

«Si acepto el cargo de la república, lo desem peñaré bien


ó mal.
Si lo primero, agradaré á. Dios;
Si lo segundo, agradaré á los hombres.»

Sor ¿íes: sus clase s.—Es una argum entación, que consta
4 e m ás de tres proposiciones, enlazadas con tal arte, que
el atributo de la prim era sea el sujeto de la segunda, el
atributo de la segunda sea sujeto de la tercera, y asi suce­
sivam ente, hasta la conclusión, en la cual el sujeto de la
p rim era proposición enlaza con el predicado de la penúl ­
tim a. Comprende varios silogismos, pudiendo resolverse
en tantos silogismos cuantas sean las prem isas, m enos
una.
* Puede com pararse el sorites á una serie de ecua­
ciones en la que concluim os la igualdad de dos térm inos
extrem os por ser iguales á varios térm inos medios, con
los cuales sucesivam ente vam os comparando* y a el té r­
mino m ayor, ó ya el m enor. Es una serie polisilogística,
en la cual se om ite la conclusión que podría irse estable­
ciendo á cada paso del argum ento; no consignándose sino
la conclusión últim a, en la que se relacionan las dos ex­
trem idades.
* La organización especial del sorites estriba en que
el predicado de cada proposición venga á ser sujeto de la
proposición siguiente, menos la últim a, que lleva por su -
406

je*o el de la prim era proposición y por atributo el de la


penúltim a. La legitim idad de esta forma de dem ostración
depende de que sea exacto el encadenam iento de todas
sus proposiciones; de donde, si una de ellas fuese falsa,
aun siendo evidentes las dem ás, la conclusión resultaría
igualm ente falsa.
* Es una argum entación idónea p ara la dem ostración
de aquellas m aterias en que el cálculo se dirige por la
com paración sucesiva de varias m agnitudes. Entonces el
núm ero de térm inos medios está señalado por el de las
cantidades que se refieren, como m ayores, m enores ó
iguales, á alguno de los extrem os com parables. Por esto
tiene el sorites muy oportuna aplicación en las ciencias
exactas, y es adm irable cómo, en ocasiones, relaciona­
mos m agnitudes sum am ente ap artad as é incoherentes,
m archando paulatinam ente por una serie de com paracio­
nes que nos sirven como de puente p ara relacionar aqué­
llas entre si. Es m ás rápido que una serie continuada d e
silogismos enteros.
Puede ser de dos clases: directo y regresivo ti gocle-
niano. Es directo aquel en el cual se com para siem pre con
los térm inos medios el térm ino m enor; es el m ayorm ente
usado. Es regresivo ó gocleniano (de su inventor Goclén)
aquel en el cual se com para siem pre con los térm inos
medios el térm ino m ayor; se em plea raram ente. Sus res­
pectivas fórm ulas son las siguientes:
Directo. . . — *A = B;
B= C;
C= D;
D = E;
E = F\
E rg o: A = F.»
407

R egresivo.— *E = F\
D = E;
C = D;
B= C;
A = B;
Ergo: A = F. *

Cuándo el sorites recibe la denominación de a c e r v a l i s .


—El sorites puede fácilmente degenerar en sofism a, ó a r­
gum entación falsa, ya porque en la cadena de proposicio­
nes pueda usarse de p alab ras de doble sentido (equívocos)
y que se pronuncien y escriban de la m ism a m an era (ho­
mónim os), ó ya porque la diferencia á simple vista im per­
ceptible de dos ideas pueda hacerse muy notable en una
larg a serie polisilogística. Tal sorites sofistico recibe la de­
nom inación irónica de acervalis (sin cabeza).
Ejemplos:
«Todo triángulo tiene tres ángulos;
Tres ángulos del triángulo rectilíneo equivalen á dos
án g u lo s rectos;
Dos ángulos rectos m iden 180°;
E rgo: todo triángulo rectilíneo m ide 180o» (1).

«Los tres ángulos de un triángulo rectilíneo equiva­


len á ciertos ángulos que da la sección de dos pa­
ralelas por una secante;
Estos ángulos equivalen á dos ángulos rectos;
Dos ángulos rectos tienen por m edida la m itad de la
circunferencia;
La m itad de la circunferencia m ide todos I ob ángu­
los que pueden hacerse sobre un a recta en un
punto de su extensión;

(1) Este sorites y el siguiente son e n tra m b o s directos.


408 LÓGICA

E rgo : los tres ángulos de un triángulo rectilíneo equi-


v a len & todos los ángulos que pueden hacerse so­
bre una recta en un punto de su extensión.» (1)

Ejemplo de sorites directo descom puesto en silogismos:


«La m isericordia es virtud;
L a virtud es agradable á Dios;
Lo que es agradable á Dios alcanza premio;
Ergo: la m isericordia alcanza premio.»

***
/ . — «La m isericordia es virtud;
A t qu i la virtud es agradable á Dios;
Ergo: la m isericordia es agradable á Dios.»

I I .— «La m isericordia es agradable á Dios,


A t q u i lo que es agradable á Dios alcanza premio;
E rgo: la m isericordia alcanza premio.»

Ejemplo de sorites acervalis directo:


aJoaquin es hombre;
El hombre es anim al;
El a n im a l es bruto;
El bruto tiene instinto, pero carece de in teligencia;
E rgo: Joaquín carece de inteligen cia.

Ejemplo de sorites acervalis regresivo:


«Pedro no es calvo, porque no le falta más que un cabello;

(1) Célebre es el sorites, también directo, de San Agustín: «M aría u n d et—


Eae A d a m .— A d a m ttn.de?— Dp ierra .—S i M arta de A d a m , et A d a m de térra „
ergo et A /aria de térra. S i a u te m M arta de ierra, agnoacam usquod ca n ta tu r,
V b RITAS OBTA EST DE TERRA.»
LE C CIÓ N X X X IX 409

Pablo tampoco es ca lv o , porque tiene solam ente un cabello


menos que Pedro;
Antonio tampoco es c a ito , porque tiene solam ente un cabello
menos que Pablo;

E rgo: Daniel tampoco será calvo, porque tiene solam ente un


cabello menos que Francisco.»

Inducción: sus especies.—Es la argum entación en la


cual se procede de la parte al todo, ó sea de los individuos
á las especies y de las especies á los géneros. P or medio
de ella se enum eran las partes del todo, y, al ver que á
cada una de aquéllas le conviene un m ism o predicado,
se infiere que conviene éste al todo genérico.
* La inducción, como procedim iento dialéctico; es
muy distinta de la inducción, como variedad del racioci­
nio (1). La inducción dialéctica es el verdadero método
socrático ó dialogado (2) en la discusión. Consiste en h a­
cer una serie de preguntas dispuestas con cierto artificio,
p a ra ir llevando al contrario, sin que él se aperciba, á un
resultado inesperado, ó cuya aceptación le repugnaba.
* Suele em plearse esta form a de argum entación cuan­
do querem os concluir una verdad colectiva de la enum e­
ración previa de varias verdades particulares, presenta­
das sucesivam ente, que se nos van concediendo sin gran
dificultad por el contrincante.
¥ L a única regla que hay que tener presente en la in­
ducción dialéctica es que se enum eren bien las partes del
todo, no procediendo frívolam ente de una ó de pocas v er­
dades parciales á la verdad genérica.

(1) V éanse las Lecciones XI y XXVIII.


(2) V éase la Lección XXII.
410 LÓGICA

Puede ser de dos especies: com pleta é incompleta.


Consiste la prim era en la enum eración total, ó sea de to­
das las verdades particulares contenidas en la verdad fun­
dam ental. La segunda es la enum eración parcial, es de­
cir, de algunas de las verdades particulares.
* Tiene lugar la inducción com pleta cuando pueden ser
enum erados todos los objetos com prendidos en la verdad
capital. En cambio, procede la inducción incompleta
cuando son tan num erosas las cosas com prendidas en la
verdad general que no cabe en modo alguno la en u m era­
ción total. P a ra la legitim idad de esta especie de induc­
ción, conviene observar con presteza todos los hechos in­
dividuales cuyo conocim iento se repute necesario; repi­
tiendo las observaciones hasta obtener la seguridad de
que lo que hem os visto en un sujeto no dim ana de una
propiedad puram ente individual, ni de alguna circunstan­
cia fortuita, sino de una propiedad esencial, común á toda
la especie, y radicada, por consiguiente, en todos los in­
dividuos de la m ism a. U na vez logrado este resultado, po­
dem os afirm ar, sin riesgo alguno de error, de la especie
en general, lo que hayam os percibido en los objetos sin­
gulares que integran aquélla, y considerar el hecho obser­
vado como una ley com ún á todos los ejem plares de la
m ism a especie, aun cuando no los conozcamos en su pro­
pio ser individual; según los principios intuitivos de la in­
ducción (i). De ahí que esta forma de argum en tar, en ge­
neral, sea de gran-uso en las ciencias naturales.
* La inducción, ya com pleta, ya incom pleta, puede re ­
ducirse á un sencillo silogismo, con solo anteponer .la
prem isa m ayor.

* (I) Véanse las Lecciones XI, XXII y XXVIII.


LECCIÓN XXXIX 411

Ejem plos de inducción completa:


«Si se hace convenir al sustentante en la vanidad de cada una
de las cosas reales que se aprecian como grandes bienes m ateria­
les, concluirem os que todas las cosas m undanas son v a n id a d .» (1).

«Si hubo una revolución en F rancia, otra en Italia, otra en


Inglaterra, otra en España, y asi en cada una de las restantes na­
ciones del continente europeo, inducirem os que Europa entera ha
sufrido tina revolución.#

* Según Bacon, la inducción incom pleta se reduce, en


todos los casos, á, la siguiente fórmula:
«El fenóm eno B. procede, según nos consta por la experiencia,
de una le y natural ó de una propiedad específica;
Es así que las le y e s de la naturaleza son constantes y genera­
les, y que las m ism as causas, en igu ales circunstancias subjetivas
y objetivas, producen idénticos efectos;
E rgo: todos los individuos de la m isma especie, ó en los que
estén dotados de igual propiedad, ocurrirá necesariam ente idén­
tico fenómeno.»

De donde, aplicando dicha fórm ula á un ejem plo, di­


rem os, v. gr.:
«Es un hecho perfectam ente observado que el Sol repite las
vueltas de su m ovim iento aparente de un modo uniforme» y ea otro
hecho que las piedras descienden al centro de la tierra;
Es asi que las le y e s de la naturaleza son constantes y gen era­
les, y que igu ales causas, en idénticas circunstancias objetivas y
subjetivas, producen siempre los mismos efectos;
E rgo: puede afirmarse, con absoluta certeza, que el Sol prose*

(1) Lo cual es una m era paráfrasis de la célebre máxima: Vanitaa ca n ita tu m ,


et omriia carlita.*; versión literal del griego: noraióni; nanotétüv, rá súvra yuTaíotni;.
412 LÓGICA

gu irá saliendo y poniéndose (orto y ocaso) como hasta aquí, y que


todas las piedras, incluso las que no hemos visto, tienen tendencia
al descenso hacia el centro de la tierra.»

E jem plo: sus fo r m a s .—Es una argum entación cuyo


fundam ento es la inducción analógica (1). De índole esen­
cialm ente inductiva, se basa en la sem ejanza ó en la opo­
sición, y sus conclusiones son m eras conjeturas, ó juicios
probables, pues ya sabem os que la analogía no puede ser
ja m á s fuente de certeza.
* Concluye rectam ente este argum ento siem pre y
cuando m edia una verdadera sem ejanza ó una razón
idéntica,—lo cual hay que m irarlo detenidam ente, pues
ra ra s veces sucede,— entre los térm inos de que se predica
el mismo atributo.
* Se reduce al silogismo, con sólo suplir, á m anera de
prem isa m enor, el subsiguiente principio: «Dónde existe
la m ism a ó parecida razón, debe afirm arse ó negarse lo
mismo.»
P resenta tres form as: a par¿} a fo r tio r i y a contrario.
El prim ero se funda en una razón de sem ejanza ó de
igualdad entre el hecho propuesto como ejem plar y el que
de ahí se concluya. El segundo, en estar m ás estrech a­
m ente relacionado con una ley com ún el hecho alegado
que el que utilizamos por vía de ejem plar. El tercero, en
p a rtir de la oposición entre dos hechos p a ra inferir del
uno lo contrario de lo que y a es sabido del otro.
Ejemplos:
A p a r i.—I .— «Si el movim iento de rotación de la Tierra
es causa de los dias y de las noches;

(1) Véanse las Lecciones XI y XXVlll.


LECCIÓN XXX IX

A p a r i, la rotación de la L ona producirá, el mismo fenó­


meno.

n . — «Dios perdonó á D avid, porque hizo penitencia;


A p a r i , D ios perdonará sus pecados á cuantos hagan pe*
nitencia,»

A fo r tio r i.—I .— «Si los placeres que da la ciencia son in ­


feriores á los de la virtud;
A fo rtio ri, serán m ayorm ente inferiores los placeres que
dim anan de los sentidos corporales.»

II. — «El conocim iento y amor de Dios que podemos a l­


canzar en esta vida causan en el alm a una fruición su ­
perior á todos los dem ás d eleites de la misma vida;
A fo rtio ri, será superior á toda felicidad terrestre el m ás
perfecto conocim iento y el más ardiente amor de Dios,
que alcanzan los bienaventurados en la gloria eternal.»

A co n tra rio .— I.— «Si m erece estim ación el que sacrifica


sus intereses en aras de la patria;
A contrario, m erecerá el más profundo desprecio el que
sacrifica el bien del p a íst traicionándolo, en holocausto
á su interés egoista.»

II.— «Si la ociosidad es m adre de todos los vicios;


A con trario, e l trabajo ea un preservativo de aquéllos y el
m anantial de todas las virtudes.»

Ligera idea de otras argumentaciones dialécticas, de


im portancia secundaria.—A parte de las form as de arg u ­
m entar ya expresadas, existen otras m uchas de poca ó
ninguna im portancia. Merecen especial mención, entre
ellas, y por vía de som ero apéndice á esta m etería, los a r­
gum entos llam ados a sim ilit a verosimili, a sensu contra­
rio, ab oppositis, a m ajori a d m i ñus f ad hominem, ad te-
414 LÓGICA

rrorem , ad verecundiani, a d ignoranüam , ad pusillum


am m um i etc.
El argum ento a sim ili se funda en la sem ejanza de dos
verdades. Es análogo al ejem plo a p a rí.
El argum ento a verosimili, en la verosimilitud (el g ra ­
do superior de la probabilidad). Es el m ism o ejemplo a
fo rtio ri.
El argum ento a sensu contrarío, en la oposición de
dos verdades contrarias. Es el ejemplo a contrario.
El argum ento ab oppositis, en la oposición de dos ver­
dades contradictorias.
El argum ento a m ajori ad minas procede descen­
diendo de la prem isa m ayor á la m enor, tom ando ésta
como m ero corolario de aquélla.
El argum ento a d hominem, contraproducentem ó re ­
gresivo, que ya se indicó (1), consiste en valerse de las
pruebas del adversario para atacarle con sus propias a r­
m as (retorcer el argum ento, en el sorites).
El argum ento ad terrorem sirve p a ra provocar el te­
rro r en el ánim o de nuestro enemigo. Es un recurso o ra ­
torio encam inado m ás bien á afectar la sensibilidad que
á llevar el convencim iento á la inteligencia.
El argum ento ad verecundiam excita en el adversario
la pasión de la venganza; causa á m enudo de actos los
m ás enérgicos.
El argum ento ad ignorantiam es la reprensión de la
ignorancia ó defecto de saber del adversario.
Finalm ente, el argum ento ad pusillum animum en­
vuelve una reprensión de la debilidad de ánim o ó falta de
energía en el carácter de nuestro rival.

(1) Vid. Lección XX1L


LECCIÓN XL

F a l a c i a . —Es toda argum entación falsa, es decir, todo


razonam iento falso, en cuanto al fondo, pero cuya false­
dad real se encubre bajo cierta apariencia de verdad (1).
Puede ser de dos modos: paralogism o y sofisma.
Paralogism o y sofism a.—Llám ase la falacia p aralo ­
gism o si procede de erro r ó de ignorancia, y está, por ta n ­
to, em pleado de buena fe.
Recibe, en cam bio, la denom inación de sofism a cuan­
do procede de malicia ó m ala fe, de sutileza y de intención
aviesa de engaño ó dolo.
División de las fa la c ia s .—En general, tanto los p a ra ­
logismos como los sofismas, son de dos clases: de pensa­
miento y de dicción. En éstas el defecto está en las p ala­
bras que se usan en la argum entación; en aquéllas, en las

(1) Según A ristóteles ( Elenchorum ) y Santo Tomás (De F allatiis).


416 LÓGICA

cosas, ó sea en los pensam ientos base de la d e m o stra ­


ción.
Falacias gram aticales.—L lám anse tam bién de d ic ­
ción. Son seis: homonimia, anfibología, composición, di­
visión, fig u ra de dicción y acento..
Hom onim ia ó equivocación es el abuso de una p alab ra
equivalente y hom ónim a, es decir, de varios significados
y que se pronuncia y escribe de la m ism a m anera; p u -
diendo, por consiguiente, ser tom ada en varias acepciones.
Tal sucede, verbigracia, en el sorites acervalis (1).
Ejemplos:
«El clim a es dulce;
Ergo: es grato al paladar. »

«La existen cia de M arte es fabulosa;


Ergo: no ex iste el planeta Marte» (2).

Anfibología es el sentido am bigüo de las voces, resul­


tado, las m ás veces, del abuso de los signos ortográficos,
en p articular de la puntuación, v. g,:
«El qne expone sus caudales en una em presa, com ete una locu­
r a ; E rg o , es necesario recluirle en un manicomio» (3).
k

La composición ( transitus a sensu diviso a d com posi-


tu m j consiste en afirm ar de varios pensam ientos reu n i­
dos; siendo así que aquéllos son verdaderos, pero sola­
m ente por separado.

(1) V é asela Lección an terio r.


(2) Sancho Panza creía que la constelación de Cabrillas era un re b añ o de
cabras. Véase el Quijote, de C ervantes.
(3) Sabidas son las palabras del oráculo de Deltas á A lejandro M agoo, al partir
éste ó la guerra contra Darlo: Redíbis non morieris in bello, qne varían radical­
m ente según se ponga la com a antes ó d etrás de la partícula negativa.
LKCCIÓN X I, 417

Ejemplos:
«El m'imero 5 consta del 2 y el 3;
A t qui el 2 y el 3 son números par é impar;
Ergo: el número 5 es número par é impar.»

«El que está sentado puede estar de pie;


Et'go: puede estar á un tiempo de pie y sentado.»

La división ( transitas a sensu composito a d divisum )


consiste en afirm ar por separado de varios pensam ientos
lo que no es exacto sino reuniéndolos. Es el sofism a a n ­
terior, al revés.
Ejemplos:
«¡Lo blanco no puede ser encarnado;
E rgo: el papel no puede teñirse de encarnado.»

«Es imposible que vele el que duerme;


A t qui Pedro vela;
Ergo: Pedro no puede dormir.»

. La figura de dicción es el cam bio de algun a letra ó de


alguna sílaba, verbigracia: «Los rom anos le llam aban
«Biberio» al em perador Tiberio, por ser éste dado al vicio
de la embriaguez.»
El acento es el abuso del acento ortográfico, que altera
el significado de una palabra, según se varié aquél de lu­
g ar, ó se ponga ó no: asi, verbigracia: «Si es justo» es to­
talm ente distinto de: «Sí; es justo.»
* Las seis falacias de dicción tienden al abuso de la
am bigüedad de los vocablos, y aunque harto fáciles de re ­
conocer cuando se les presenta aislados, no lo son tanto
cuándo se refieren á los térm inos de un raciocinio, en el
418

cual todo el valor de las deducciones depende de la fuerza


extensiva y com prensiva, y de la puntual, exenta y u n i­
forme acepción de las voces en todas las proposiciones
em pleadas.
Falacias de pensam iento,—Llám anse tam biéu dialéc-
ticas, por ser las m ás im portantes, y de la cosa (rei). Se
reducen á siete: /a lia d a accidentis, transitas a dicto se-
Gundum quid ad dictum sinipliciter, ignoratio elenchi, p e *
litio p rin c ip a , non causa p ro causa, ja lla tia conquentisf
pluriu m interrogutio.
F allatia accidentis.—Se comete cuando de una verdad
p e r accidens, sacam os otra verdad p e r se, es decir, c u a n ­
do de una verdad particular, contingente y restringida in­
ferimos otra verdad universal, necesaria y absoluta. Esta
falacia es m uy común, y son gravísim os los errores qué
puede engendrar. Asi, juzgam os de la bondad ó m alicia
de las cosas sólo por sus apariencias y por sus circunstan­
cias transitorias y accidentales; condenam os ciertas insti­
tuciones por los abusos y vicios inherentes á todas ellas,
como obra del hom bre, y argüim os contra la bondad
esencial de tales ó cuales instituciones por algún m al ac-'
cidental á que hayan podido dar Jugar, ya en si m ism as, ó
ya principalm ente por los encargados de velar por ellas.
Ejemplos:
«•A lgunos sabios son viciosos;
Ergo: la cienci^ es dañosa.»

«El hombre á los treinta años goza plenam ente de su


razón;
A t qui tales individuos del m anicom io son hombres y han
cum plido y a dicha edad;
Ergo: estos hombres se hallan en el pleno goce de su
razón.*
LECCIÓN XL 419

«Comes lo que has comprado,


A t qui has comprado carne cruda;
Ergo: com es carne cruda.*

«Él etiope es negro;


E rgo: tiene los dientes negros.*

Transitus a dicto secundmn quid a d diclani sim plici-


te r.—Consiste en pasar de un sentido limitado y restrin ­
gido á un sentido absoluto. Se realiza siem pre que se in­
fiere la verdad de una proposición incondícionada ó ab so ­
luta de la de otra proposición condicionada ó hipotética;
cuando se asciende de lo particular y concreto á lo
universal y abstracto, sin razón alguna, y cuando se de­
duce una verdad teórica ó especulativa de una m era o b ­
servación práctica.
Ejemplos:
«Es licito defendernos basta el punto de matar al agresor
injusto;
Ergo: es lícito m atar.»

«No conocemos la causa del calor de la tierra;


Ei'go: no sabemos que exista.»

«El hombre muere;


A t qui el hombre consta de alm a y cuerpo;
Ergo: el alm a y el cuerpo dpi hombre mueren.»

«La Ig lesia ha prohibido la lectura de la Biblia en lengua


vulgar y sin las aclaraciones» com entarios ó notas ne­
cesarias.»
E rgo: la Iglesia ha prohibido A loa católicos la lectura de
las Sagradas Escrituras. ¿
420 LÓOlCA

Transitas a dicto sinipliciter ad dicium secundum


quid: pasa del sentido absoluto al restringido, sin causa
ni motivo alguno que lo abone* Es la falacia anterior,
al revés: verbigracia: «Engaña; Ergo miente.»
Ignoratio elenchi (ignorancia de la tesis cuestionada,
ó de la cuestión): consiste en sacar la cuestión de su terre^
no adecuado, en desentendem os del asunto sobre que
versa la discusión entablada, en p robar lo que no es ob­
jeto de disputa (1). Esta causa lo es de que m uchos se en­
tretengan en dem ostrar lo que nadie les h a negado. En
este sofism a se comete Con frecuencia un verdadero quid
p ro quo, es decir, se truecan los térm inos, y los conten­
dientes (sustentante y argum entante) disputan á veces por
no estar bien planteado el problem a, ó sea la cuestión ó
tesis, y por no entenderse. Efecto de esta viciosa inteli­
gencia de la tesis cuestionada es la pretensión de p ro b ar
ryiás de lo que se necesita, y el argum ento innecesario no
destruye la objeción y resulta en vano: Arguruentum pro-
bans nimis, nihil p robat. Tam bién incurrim os en este so­
fism a siem pre que, al hacer la exposición y crítica de las
doctrinas de los antiguos filósofos, caem os en el defecto
de atribuirles, pensam ientos que ja m á s tuvieron; entonces
nada m ás fácil que entretenernos á nuestro sab o r en re ­
futaciones im pertinentes, que se sacan á colación, sin v e ­
nir al caso, y que á buen seguro moverían á risa á tales
hom bres, si les fuera dable oír nuestros dislates. O tras
veces este cam bio de la tesis cuestionada se hace con m a ­
licia, efecto de la sagacidad ó astucia; como sucede á los
que, en sus escritos ó en sus discursos, presentan desfigu­
rad as las verdaderas opiniones de sus adversarios, ó ate-

(1) V ulgarm ente hablando, estrib a en «sacar los piés del plato.
421

n ú an la fuerza de las objeciones de éstos. Y es porque,


como entonces cream os in mente á nuestros fantásticos
enem igos, Ies dam os el tam año que nos acom oda, y les
concedemos las energías que nos conviene que posean;
pero siem pre inferiores á las nuestras. Esto se llam a
p ru eb a sim ulada (probatio sim ulata). M oralm ente, p ro ­
cede tam bién este sofism a de precipitación y de orgullo,
y, por razón de su m ateria, de térm inos m al definidos.
Así, m uchos abusan hoy de las p alab ras libertad, honor,
despotismo, superstición,preocupaciones, etc. Y nótese que,
-á m ayor ignorancia, m ás terquedad y calor en la disputa.
Ejemplo:
«El hombre no puede pensar sin sangre;
Ergo: la sangre piensa.»

Petitio principii: consiste en repetir en vez de probar,


«ó en d a r por razón de lo que aseguram os el mismo aserto
é aseveración en palabras diferentes, suponiendo y a s a b i­
do lo mismo que es objeto de controversia. Guando incu­
rrim os en la petición de principio, en lugar*de inventar un
ascenso progresivo en pos de un principio general que nos
sirva de prueba, nos ponem os á dar vueltas en un círculo,
de donde nunca salimos; por ésto recibe tam bién esta fa­
lacia la denom inación de circulo cicioso (circulus in p r o -
b a n d o j. Es muy fácil caer en pruebas circulares, aun sin
intención alguna de engailar al adversario. En sem ejante
circulo vicioso se prueba una proposición por medio de
o tra, y luego se quiere dem ostrar la segundar por medio
de la prim era; de modo que el que discurre viene á p a ra r
en lo mismo que procura evitar; verbigracia: «El hum o
su b e hacia arriba, porque no tiene gravedad, pues es de
la clase de los cuerpos leves.»
422

Aristóteles incurrió en la dem ostración circular c u a n ­


do, p ara p robar que la T ierra ocupa el centro del sistem a
planetario, se valió del siguiente silogismo:

«Las cosas pesadas tienden por so naturaleza al centro


del Mundo;
A t qui la exp erien cia nos dice que tienden al centro de la
Tierra;
Ergo: la Tierra esta en el centro del Mundo.»

Los Cartesianos aseguraban que no existe el vacío,-


porque la substancia etérea todo lo llena; y probaban la
existencia del éter alegando que no existe el vacio. Los
m ism os Cartesianos explicaban, ó, m ejor, pretendían e x ­
plicar casi todos los fenómenos naturales m ediante los
torbellinos, cuya existencia suponían ya de antem ano evi­
dente, y, por ende, incuestionable.
Non causa p ro causa: Se comete cuando se tom a p o r
causa lo que realm ente no lo es. En esta falacia se consi­
dera real ó verdadera la causa aparente, verificándose lo
que llam an los Escolásticos Illussio cansa.j non causai.
La pereza y la vanidad suelen ser ocasión del erro r so h s-
mático non causa pro causa. En él incurren los que a tri­
buyen pestes, ham bres y guerras á las apariciones de los
com etas; los que creen en sueños y en adivinaciones; los
que tienen por nefastos ciertos días del año, ó los m artes
y los viernes, el núm ero 13, etc. El que una cosa anteceda
ó acom pañe á otra no es prueba de que sea su causa: d e
ahí que el Post hoc, vel cum hoc} erg o p ro p ter hoc, sea un
principio falso y origen fecundo de errores sin cuento. Se
contesta: E x hoc, non est p ropter hoc.
LECCIÓN* \ L 423

Ejemplo:
«El enfermo se encuentra peor;
E rgo: la m edicina le ha dallado.»

F allatia consequentis: consiste en m irar como recíp ro ­


ca la consecuencia de dos proposiciones, de suerte que,
por ser legítima la derivación de un consiguiente de su
antecedente, arguyam os que el antecedente se deriva á su
vez deí consiguiente. Tiene lugar en los silogism os hipo­
téticos, que se convierten en sofismáticos cuando, a f ir ­
m ada Ja tesis en la m enor, afirm am os la hipótesis en
la conclusión; por cuanto de la hipótesis depende la tesis,
m ás no de la tesis la hipótesis: asi, si decimos: «Llueve,
E rgo se m ojará la tierra,» no hay sofisma; pero si lo hay
diciendo: «La tie rra está m ojada. Luego ha llovido.» Lo
mismo, si, en vez de decir; «Si es sabio, es laborioso,» di­
jéram os: «Si es laborioso, es sabio;» porque, si no cabe la
sabiduría sin la laboriosidad, en cam bio, hay hom bres en
extrem o laboriosos que no por esto son sabios, ni aun por
asom o.
P lurium interrogado (preguntas sim ultáneas): es la
reunión de pluralidad de preguntas en una sola vez; de
donde resulta que, cualquiera que sea la contestación, j a ­
m ás puede ser adecuada á interrogación tan compleja.
Es un buen procedim iento para engañar al contrincante;
porque una sola respuesta, afirm ativa ó negativa, jam ás
puede ser conveniente p ara tantas preguntas hechas con
apariencia de una sola, y, por tanto, fácilmente puede ser
redargüida por falsa. Se introduce con la m ayor facili­
dad en la argum entación dialogada del m étodo socrá­
tico.
LÓGICA

Ejemplos:
«Los m ejicanos, los indios, los españoles, los franceses, ¿son
europeos?
— Sí.
— Ergo: los m ejicanos son europeos.
— No.
—Ergo: los franceses no son europeos.»

«¿Conservas en tu poder lo que no has perdido?


— Sí.
— A t qui no has perdido los cuernos;
— Ergo: tienes cuernos.
— No.
—A t qui no has perdido los ojos^
—Ergo: no tienes ojos.»

(En cuales ejemplos se ve,que siem pre se concluye fal­


sam ente).
* No incluimos en esta clasificación las falacias tom a­
das de las m aterias propias de cada ciencia, porque su
estudio y resolución corresponden por completo á la cien­
cia p articular respectiva. Tales falacias se cometen cuan­
do, á un principio científico, y, por tanto, verdadero, se le
da m ayor latitud que la que en justicia le toca. Asi, si,
fijándonos en el aforismo: E x nilülo nihU J it, negára­
mos la posibilidad de la creación, por Dios.
Causas del paralogism o y del sofisma y procedim ien­
to p a r a su corrección.—Las causas del paralogism o son
las del e rro r y de la ignorancia (1).
Los sofism as proceden de la vanidad, del orgullo, del
deseo exagerado de satisfacción del am or propio desm e-

(I) Véase la Lección XXV.


LECCIÓN X L 425

dido, y del pueril intento de reducir al silencio á un ad ­


versario ignorante ó inexperto.
E1 paralogism o es disculpable, cuando las causas de
nuestro erro r fueron inevitables. El sofisma, por su m a­
licia, debe ser en todos casos refutado. E ntram bos son re­
probados por la Moral y por la Lógica, por incluir, res­
pectivamente, una m entira ó una falsedad.
P a ra evitar los paralogism os, hay que recom endar la
m ás estricta observancia de las reglas de la Dialéctica y
de la Crítica, evitando raciocinar sobre m aterias que no
se entiendan ó no se conozcan; adem ás, es indispensable
contraer el hábito de reflexionar con m adurez antes de
em itir un juicio cualquiera.
P ara com batir los sofismas, es m enester hacerse cargo
meditado de las palabras del adversario, fijándose en el
valor preciso de aquéllas y cuidando de que nunca se
altere d u ran te el decurso de la argum entación.
Finalm ente, así el paralogism o como el sofism a pue­
den, en ocasiones, usarse en sentido irónico; p ara im pri­
m ir m ayor robustez á la energía de la sátira y p ara com u­
nicar m ayor realce á la belleza de los pensam ientos.
Idea de los Sofistas de la antigüedad greco-rom ana.
—En su origen, el nom bre de Sofista no llevaba consigo,
en Grecia, la idea desfavorable que hoy le atribuim os,
pues solía aplicarse sem ejante denom inación á cuantos
h a d a n profesión de enseñar la sabiduría ó la Elocuencia.
Solo, á contar desde la época de Sócrates y de Platón,
el sofista se convirtió en hom bre que hace, alarde y pro­
fesión de engañar á los dem ás, por medio de argucias y
sofism as; que considera y practica la elocuencia como
medio de lucro; que hace gala de defender todas las cau­
sas, aun las contradictorias, y que procede en sus discur­
426 LÓGICA

sos y en sus actos como si la verdad y el error, el bien y


el mal, la virtud y el vicio fueran cosas inasequibles, ó
convencionales, ó cuando m ás indiferentes.
La ciudad de Minerva vino á ser el punto de reunión y
la patria adoptiva de los Sofistas, á contar desde la época
de Platón.
Im placables enemigos de Sócrates y de Platón, llega­
ron aquéllos á dom inar en Atenas; vióseles durante largo
tiempo paseando la ciudad cuna de Solón y de Pericles, se­
guidos de num erosa y brillante juventud, ávida de escu­
c h a r sus pomposos discursos, y m ás aún, de aplaudir sus
m áxim as m orales, muy en harm onía con los gustos y las
aficiones de la sociedad ateniense de aquella sazón.
Y este fenómeno repitióse en Rom a, en vida de Ci­
cerón.
Distinguiéronse en Grecia, como Sofistas, entre otros,
Protágoras de A bdera, contem poráneo de Sócrates, el
m ás filosófico de todos los Sofistas, y Gorgias de L eon-
tium , precursores de Fichte y de K ant, respectivam ente.
Hubo adem ás otros m uchos, como H ipias de Elis, Pródico
de Ceos, Polo, Critias, Trasím aco, Pirro, Entidemo, etc.
En Rom a, fueron los m ás notables Sexto Em pírico y Ene-
sidem o.
En cierto sentido, algunos de los Escolásticos fue­
ron, en la Edad media, los sucesores de los Sofistas (1).
Pero no, cual éstos, por m ala fe ni por espíritu de
lucro; sino por exageración de la im portancia de la Dia­
léctica, que, á decir verdad, con ser muy interesante, y,

(1) Aristóteles habla de éstos en sus libros: Elenchorum, Organon , Tó­


picos y Refutaciones de los Sofistas. Santo Tornas, en su ya citado libro: De
Fallatiis.
LECCIÓN XL 4 ‘¿ 7

por tanto, de ra ra utilidad, no es, ni mucho m enos, esen­


cial, como ellos pretendían.
De ahi, cuando el R enacim iento, la reacción operada
por algunos filósofos m odernos, acaudillados por Lord
Bacon de V erulam , el inventor de la inducción, y por Lo-
ckeT cuyas exageraciones han provocado, á su vez, una
contrarreacción en sentido escolástico, en fecha m oderní­
sim a, ó, por m ejor decir, contem poránea.
P ara nosotros, atentos siem pre al conocido aforism o
latino, In medio consista virtus, repetim os, la Dialéctica
es una ram a im portantísim a de los hum anos conocim ien­
tos, y, sin que sean esenciales é indispensables, son
muy útiles sus preceptos; ap arte de que, como afirm a el
gran Quintiliano, por pequeñas ó débiles que se nos figuren
tales cosas, es conveniente que el filósofo las sepa; y no á
tontas y á locas, sino profundam ente y con perfecto cono­
cimiento de causa, por cuanto, al decir de aquel principe
de los preceptistas: Non guia possint /a c e r e M am sa~
pientem , sed guia oporieat ne guidem f a l t i in minimis.
PROGRAM A
BE

LÓGICA

XXI

LÓGICA,—Su etimología y definición.— Su objeto y fin.—¿Es


ciencia o e s arte?— Relaciones con las restantes ciencias.—Utilidad.
— División de la Lógica.
XXII

M e t o d o l o g í a . — Su etimología y definición.—Método.—Su no­


ción.—División del método científico.—Doble escala, de Bacon.—
Leyes generales.— Leyes especiales del método analítico.— Leyes
del método sintético.—Métodos especiales.—Métodos históricos.—
Método matemático.— Método de discusión: sus formas.— Fin del
método.— Ciencia en general: su definición.— Distinción entre la
Ciencia y el Arte.—Principios científicos.— Principios fundamen­
tales y formales: sus caracteres respectivos.— Principio de contra­
dicción.'—Principio de identidad.—Principio de causalidad.— Prin­
cipio de sustancialidad.— Principio de razón suficiente.—Principios
de inducción.—Principios de deducción.—Datos.—Constitución y
exposición de una ciencia.—Cuestión y demostración.—Especies
de ésta.—Formas de las demostraciones matemáticas.— Formas de
las demostraciones silogísticas.— Ciencias empíricas, racionales y
empírico-racionales.—Ciencias especulativas y prácticas.— Método
adecuado.
X XIII

De los procedimientos metódicos.— Su noción y clasificación.— Pro­


cedimientos de la invención analítica.—Déla observación.— S u di-
430 LÓGICA

ferencia de la atención.— Sus reglas.— D istinción entre la observa­


ción y la experim entación, y ventaias de ésta.— R eglas.— Hipóte*
sis: su carácter.— Leyes.— Procedim ientos d é la exposición sin té ­
tica.— D efinición: su noción y representación.— Definición nom inal
ó verbal y real.— Definición esencial, descripción y filiación.— D e­
finición causal ó genética,— R eglas.— D ivisión .— Especies de todo
d ivisib le.— D ivisiones lógica, real y m etafísica.— Subdivisiones y
codivisiones: su funda m entó.— Leyes de la d ivisión .— Clasificación:
su concepto y utilidad.— C lasificación espontánea y voluntaria ó
científica.— Clasificación natural y artificial.— Reglas de la artifi­
cial.— T eoría.— Sistem a.— Diferencias entre la teoría y el sistema.

XXIV

C r ític a .— Su etim ología y definición.— Su división en Crítica


general y especial.— Crítica general.— Del juicio: su noción y análi­
s is .— Juicios directos y reflejos.— En que consisten la materia y la
forma de un juicio.— Aspectos de la form a.— C lasificación de los
juicios: por ia cantidad, por la cualidad, por la relación y por la
m odalidad.— Ejem plos.
XXV

Estados del juicio.— Clasificación de los juicios, considerados


ba¡o el punto de vista de sus estados.— Certeza: su carácter.— C er­
tidumbre metafísica, física y m oral.— Probabilidad: su nota carac­
terística.— Grados de probabilidad.— Duda: su carácter.— Duda
positiva y negativa, universal y particular.— D istinción entre la
duda y la ignorancia.— Evidencia: su.distinción de la verdad y de
la certeza.— División d¿ la evidencia.— Fe.— Fe teológica, histórica
y filosófica.— Error.— Su noción, según Descartes y los E scolásti­
c o s .— Error m etafísico, lógico y m oral.— Fuentes de error.— Ma­
nera de corregir nuestros errores.— Ignorancia.— Diferencia entre
el error y la ignorancia.— Ignorancia universal y particular, de he­
cho y de derecho, vencible é in ven cible.— Causas de la ig n o ­
rancia.
XXVI

Existencia de la verdad.— E scepticism o.—De los criterios.— Su n o ­


ción y enum eración.— D ivisión de los criterios de la verdadf—Sen*
tido intim o ó ctonciencia lógica.— Evidencia de la razón.— D istin­
ción entre la conciencia y Ja evidencia.— Valor lógico de las m is­
m as.— Sentidos externos.— R eglas para que puedan servir de crite­
rios de verdad.— Sentido com ún é instinto intelectual.—Caracteres
de la verdad de sentido' com ú n.— Ley para distinguir tales verdades
de las preocupaciones vulgares.— T estim onio de la autoridad hu­
m ana.—Concepto de la ciencia histórica.— C ondiciones que debe
431

reunir el testigo.— Clases de testigos.—Fuentes históricas.—Nota


indispensable en Jos m onum entos.—Tradición: sus requisitos.—
Auxiliares de la Historia.— Hermenéutica y Crítica histórica.—De
la autoridad divina: su fundamento y medios para lograr la cer­
tidumbre.
XXV II

Crílica especial.—Be las funciones intelectuales en sus relaciones con el


juicio ,— Su clasificación.— Funciones intelectuales representativas.—
Memoria: su noción.'—Existencia de un juicio en todo recuerda.—
Estados de que dicho juicio es susceptible.—Reglas para el buen
uso de la memoria.—Asociación de ideas.— Imaginación.—Influen­
cia de la misma en nuestros juicios.— Regia para precaver sus ex*
travíos.— Funciones intelectuales regulativas.—Abstracción.—Su carác­
ter intrínseco.— Regla crílica de la misma.— Generalización.—
Concepto: su carácter formal.— Que se entiende por comprensión
y qué por extensión de un concepto.— Del genero y de la especie
en general.—Género generalísimo ó remoto, género subalterno y
especie especialísima.—Género próximo y última diferencia.— Re­
glas de la generalización.— Análisis y síntesis.
XXVIII
*

Funciones cognoscitivas empíricas — Percepción interna, sentido ín-.


timo ó conciencia lógica.—División de los actos de conciencia.—
Elementos de todo acto de conciencia.— Estado del juicio de inte­
rioridad.—Valor lógico de las percepciones internas.— Percepción
externa.— Elementos de los hechos de percepción externa.— Esta­
dos del juicio de exterioridad.— Valor lógico de las percepciones
externas.— Funciones cognoscitivas racicnales— Razón.— Raciocinio.—
Su división.—Raciocinio inductivo.—Diferencia entre la inducción
propiamente tal y la analogía.— De las conjeturas.— Principios in ­
tuitivos de la inducción, en general.—Juicios existentes en la in ­
ducción.— Reglas críticas.— Raciocinio deductivo.— Principios in­
tuitivos de la deducción.—Juicios que envuelve la deducción y sus
reglas criticas.— De la facultad noéiica, intuición ó razón pura.—
Principios intuitivos: sus caracteres.

XXIX

Gramática g en e ral,—Su etimología y definición.—¿Es ciencia


y arte?— Secciones que comprende.— Teoría del signo.—Elementos
constitutivos del mismo.—Cosas que pueden ser consideradas co­
mo signos.—Signos naturales y artificiales.— Ejemplos.— Lenguaje.
— Su noción y variedades.— Lenguaje natural.—Lenguaje oral y
escrito.—Origen de las Lenguas.—Clasificación de las mismas.—
432

N um ero de idiomas y de dialectos.—De la transmisión del lenguaje


oral.—El canto.—La viva voz ordinaria. — La escritura.— División de
ésta.—La escritura de los antiguos egipcios.— La escritura de los
hebreos y la de los chinos.— La cuneiforme.—Origen de la escritu­
ra fonográfica.— Laudables tentativas para inventar una lengua y
una escritura universales.— E l Folapük.

XXX

Tratados que comprende la Gramática.—Analogía.—Su división.—


.ÍWdj'ca.—-Alfabeto.—Clasificación de las letras.—División de las
vocales y de las consonantes.— Triángulo, de Orchell.— Diptongos.
—Cambios fonéticos.— Morfología.— Sílaba, palabra y oración gra­
matical,—Elementos de ésta: su clasificación.— Sintaxis,—Aposi­
ción.—Concordancia: sus clases.— Régimen: sus especies.— Cons-
trucción; sus variedades.—T érm inos esenciales de la oración.—
Sujeto: sus formas.—Cópula.— Predicado.—Complementos.— Cla­
sificación de Jas oraciones.—Reglas generales de Construcción di­
recta,—C uadro sinóptico de las tiguras sintácticas.— Defectos sin­
tácticos.—Prosodia.— Ortografía.

XXX I

D i a l é c t i c a . —Su etimología y definición.— Sus notas caracterís­


ticas.—Sus diferencias de la Crítica, de la Gramática y de la Retó­
rica.—Noticia histórica de la Dialéctica.— Utilidad de esta ciencia.
— Materias que comprende su estudio.

X X X II

Proposición.—Su concepto.—-Materia y forma de una proposi­


ción.— Elementos de las proposiciones.—T érm inos.— Acepciones
material y formal, propia y traslaticia de los mismos.— Predica­
bles.— Categorías ó predicamentos.— Su noción y enumeración,
según Aristóteles y Santo Tom ás.— Las categorías y subcategorías
del entendimiento, según Kant.
XXXIII

De la proposición considerada en sí misma.— Clasificación de


las proposiciones, bajo el punto de vista de su materia.—Clasifica­
ción de las proposiciones, con respecto á su forma, por la cantidad,
la cualidad, la relación y la modalidad.— Reglas para la clasifica­
ción general de las proposiciones, bajo el aspecto de la cantidad y
de la cualidad combinadas (A, E, I, O].— Suposición del predica­
do.—Ejemplos.
PROGRAMA 433

XXXIV
De la comparación de las proposiciones.—Relaciones á <jue da
lugar.—C onversión.—Sus especies.—Reglas,—De la oposición de
Jas proposiciones.—Casos de oposición.—Clasificación de las pro­
posiciones opuestas.— Reglas.— Equivalencia de las proposiciones.
— Proposiciones equivalentes.— Reglas.—Ejemplos.
XXXV
Argumentación.— Su concepto.— Su división.—Antecedente y
consiguiente.—Fundamentos de ía argumentación.—Variedad de
formas en la argumentación dialéctica.— Del silogismo.— Su defi­
nición, carácter é importancia.— Materia próxima, materia remota
y forma de silogismo.— Proposiciones.—Consecuencias,—T é rm i­
nos.— Ejemplos.
XXXVI
Leyes del silogismo.— Enum eración de las relativas á los tér­
minos.— Indicación de las referentes á las proposiciones.—F u n ­
damentos de cada una de ellas.—Resumen de las mismas.
XXXVII
Figuras del silogismo.—Su enumeración y representación.—
Reglas.—Modos del silogismo.—División de los mismos en direc­
tos é indirectos.— Representación de los modos.—Reglas para su
reducción á los cuatro primeros.—Ejemplos.
XXXVIII
División de los silogismos en simples y compuestos.—Subdivi­
sión de los compuestos en hipotéticos, disyuntivos y copulativos.—-
Reglas y ejemplos.
XXXIX
Otras argumentaciones dialécticas.— Su noción y enumeración.
—Entim em a.— Prosilogismo y episilogismo.—Epiquerem a.—Di­
lema: sus requisitos.— Qué se entiende por retwsión dilemáiica.—
Sorites: sus clases.—Cuándo el sorites recibe la denominación de
acersali*.— Inducción: sus especies.—Ejemplo: sus formas.— Ligera
idea de otras argumentaciones dialécticas de importancia secunda­
ria.— Ejemplos de aplicación práctica.
XL
Falacia .— Paralogismo y sofisma.— División de las falacias.—
Falacias gramaticales.— Falacias de pensamiento.—Causas del pa­
ralogismo y del sofisma y procedimiento para su corrección.—Idea
de los Sofistas de la antigüedad greco-romana.
28
ÉTICA Ó FILOSOFÍA m O R flli

LECCIÓN XLI

É t i c a ó F i l o s o f í a M o r a l . — Sí/ etimología y definición.


—La p alab ra «Ética» procede de voz griega que sig­
nifica «costumbre.» Es, por su etimología, idéntica á «Mo­
ral;» del latín mos, morís, tam bién «costumbre.»
De ahí se infiere que Ética es Ja ciencia de las costum*
bres. Y como éstas han de inspirarse en el bien, objeto
form al de la voluntad, de aquí que, científicam ente, pue­
da definirse la Ética diciendo que es la ciencia que expo­
ne las leyes de la noluntad, y las reglas á que ha de atem ­
p erarse ésta p ara la consecución del bien.
Su objeto y Jin .—El objeto de la Ética es la voluntad
humana.
El fin es el bien, es decir, guiar la voluntad al bien uni­
versal ó absoluto, Y la voluntad no puede querer sino lo
436

que el entendim iento conoce y le propone (i); y el bien,


como todo objeto intelectual, es universal y absoluto.
iE s ciencia ó es arte?—La Ética es á la p ar ciencia y
arte. Es ciencia porque consta de una serie de principios
ciertos y evidentes, encadenados entre si rigurosam ente
y tendiendo todos á un fin único, cual es la bondad; es
arte, por ser tam bién una colección de reglas, p ara la in­
vestigación del bien. De aquí que sea al propio tiem po
teórica y práctica.
* La conducta sabia y virtuosa que la Ética recom ien­
da, como norm a de conducta que es, necesita de reglasr
y que éstas sean generales, es decir, que tengan su funda­
mento en la ciencia. La conducta, p ara ser sabia, ha m e­
nester de las luces de la razón, y, p ara que sea virtuosa,,
necesita que tales reglas se practiquen habitualm ente.
Únicam ente cuando se reúnen entram bas condiciones hay
verdaderas costumbres, en el sentido ético ó m oral.
Fuentes de la É tica.—Son dos: la. observación de la^
naturaleza hum ana y la razón.
La observación interna fm editaciónj nos enseña: qué
es el hombre; qué hay en él para que sus actos sean bue­
nos ó malos; en qué se distinguen los actos hum anos de
los apetitos de los irracionales, de las funciones vegetati­
vas de una planta y de los m ovimientos de un ser inorgá­
nico; qué facultades radican en lo m ás íntim o de la esen­
cia hum ana; en qué consiste la noción de la m oralidad;
cuál es el destino superior del hom bre y con cuáles m edios
cuenta éste para realizar sem ejante aspiración.
La razón nos indica los conceptos fundam entales del
bien, orden, obligación, ley, etc.
(1) N ih il ooUtum quin prcecognitum-, Ignoti nulla c u p id Q := < íL o quo no se-
coüoce, no se desea.»
LECCIÓN XLI 437

Sus relaciones con las dem ás ciencias.—Tiene la Ética


estrech a conexión con la Psicología, porque sirve p a ra en­
cau zar á su fin una de las tres facultades psíquicas; distin­
guiéndose en que ésta, en la Telesilogía, estudia la volun­
tad en si m ism a, al paso que la Moral la considera en sus
relaciones con el sum o bien, que es Dios.
G uarda tam bién intimo enlace con la Lógica y con la
E stética, por referirse las tres ciencias á las tres excelen­
c ias suprem as, objetos formales de las tres facultades del
Alma, que residen originariam ente en Dios.
Por último, está estrecham ente relacionada con la R e­
ligión (ciencia de) ó Teodicea, por ser las dos herm anas.
No hay, ni se concibe siquiera que haya, Religión sin Mo­
ra l ni Moral sin Religión. P or im perfecta y grosera que sea
una creencia religiosa, siem pre tiene un modelo que p ro ­
po n er á la voluntad, p ara que ésta ajuste á aquélla su con­
ducta. Y, en com pensación, una Moral que prescindiese
de la idea de Dios, carecería de autoridad en sus precep­
tos. Y, en tanto es asi, que las reglas de sabiduría práctica
no llegaron á ser objeto de la especulación filosófica hasta
después que la Religión las proclam ó leyes dim anantes
•del cielo.
Prueba palpable de sem ejante relación está en que las
m aterias de una de las secciones de la Ética Particular, la
que tra ta de las obligaciones del hom bre p ara con Dios,
form an parte integrante de los estudios de Teodicea, ó
Teología natural, transición entre la Filosofía y la Teo­
logía.
N oticia histórica del desencolo i miento de la M o ra l.—
En la antigua Grecia, Demócrito, Em pédocles y Pitágoras
intentaron em ancipar la Moral de la Religión; em pero, en
cam b io , lá esclavizaron á sus cosm ogonías, ó la ahogaron
438 ÉTICA

entre las com binaciones de sus elem entos y de sus n ú ­


m eros.
Los Sofistas, en especial Protágoras de A bdera y Gor-
gías de Leontium, desacreditaron la Moral con sus a rg u ­
cias, sofism as y frivolidades.
Sócrates la rem ontó á la altu ra y dignidad de una cien­
cia práctica, que ab razab a todo el cam po de la Filosofía,
al fijar en el Nosce te ¿psuni la base de la virtud y la es­
peranza de una reform a en las costum bres de sus conciu­
dadanos.
Platón agrandó m ás y m ás los dom inios de la Moral, al
incluir en ella la Política, la Legislación, la Educación en
general, y aun la Elocuencia y las Bellas Artes.
Aristóteles restringió los exagerados fueros de la Mo­
ral, dándole nom bre propio y concediéndole lugar prefe­
rente en su Filosofía práctica.
Epicuro, al negar á la Divinidad el gobierno m oral del
Universo, humilló la Ética h asta convertirla en arte de los
placeres sensuales,
Zenón de Chipre (1) y los Estoicos, que, en Grecia y en
Rom a, tuvieron acerca de Dios las m ejores ideas, en su
época, daban gran valor á la Moral, al fundar el im perio
de la virtud, siquiera á veces exagerada, entre los hom ­
bres.
Finalm ente, viene el Cristianismo á ennoblecer la Mo­
ral, ilustrándola con las verdaderas nociones de la Divi­
nidad y de la naturaleza y destino del hom bre; y, por este
m edio, al p a r que ab re nuevos horizontes á la Filosofía,
rinde culto á la civilización y al progreso.

(1) Conviene do confundir á este Zenón con el de Elea, q u e pasa por h a b e r


sido el in v en to r de la Dialéctica.
LECCIÓN' XLI 439

Su im portancia,—Siendo innato en el hom bre el deseo


de la felicidad, como así nos consta por la conciencia ló­
gica, la ciencia que nos enseña las leyes con cuya aplica­
ción se consiga aquélla será la m ás interesante y digna de
nosotros; y, como quiera que éste sea precisam ente el fin
de la Ética, de ahí se concluye la utilidad y trascendencia
de esta ciencia.
División de la É tica.—Comprende dos tratados: É tica
General ó M oral E speculativa, y É tica P a rticu la r ó Mo­
r a l P ráctica. Aquélla trata de los fu ndam entos ó p rin c i­
pios constitutivos de la m oralidad; ésta, de las reglas de
aplicación de aquéllos principios, en las relaciones del
h om bre p a ra con Dios, p a ra consigo m ismo y p a ra con
sus sem ejantes; sirve la prim era p a ra tener un concepto
exacto de la m oralidad, y, la segunda, p ara aplicarlo á
determ inados casos particu lares; la una es ciencia y la
o tra es arte.
LECCIÓN XLII

É t ic a G ó M o r a l E s p e c u l a t i v a . — Sh definición.—
eneral

Es el tratado de los principios constitutivos de la m orali­


dad de las acciones hum anas.
* Estudia, en consecuencia, los actos m orales y las fa­
cultades que los producen, las ideas constitutivas de la
m oralidad, tales como el bien, la felicidad, la existencia y
origen del orden m oral, la obligación, la ley, la concien­
cia m oral, la im putabilidad y la responsabilidad, el m é­
rito y dem érito, la virtud y el vicio, etc.
Concepto de acto en general.—Ya sabem os que es el
hecho externo y sucesivo (1). Puede tam bién definirse: Es
el resultado de una fa c u lta d puesta en ejercicio.
A ctos del hom bre.—Serán, como es evidente, los re ­
sultados de las facultades del hom bre puestas en ejercicio,
es decir, operando.

(l) Véase La Lecciún V,


442

Su división.—Pueden ser m eram ente naturales ú o r ­


gánicos, como la respiración; indeliberados, de hombre ó
p r im o p r im i, sin deliberación, como la risa, y propiam en ­
te humanos, ejecutados con deliberación y libertad, úni­
cos que son susceptibles de bondad ó malicia.
Divídense tam bién en buenos ó malos, bajo el punto de
vista estrictam ente ético; según sean conformes ó dis­
conform es respectivam ente con los principios del orden
m oral.
* A la m anera que un magnifico puente queda inutili­
zado con la destrucción de uno de sus arcos, por sólida
que sea su estructura; la acción buena se convierte en
m oralm ente m ala con solo un elem ento malo. De donde,
el sabido aforismo: Bonum ex integra causa: maltinx ex
quocumque defectu.
* En toda acción hum ana intervienen necesariam ente
ciertas circunstancias, accidentes accesorios que la m o­
difican. Los m oralistas las expresan con los ocho si­
guientes vocablos latinos: quis, quid, cur, quibus a u x i-
liis, ubi, quomodo, quando. Y, en efecto, en todo hecho,
ante todo hay que averiguar quién es el autor (quis); lue­
go, en qué consiste en detalle el hecho en cuestión (quid);
la causa ó motivo (cu r);si hubo personas au xiliares, como
coautores, cómplices ó encubridores, que tuvieran p arti­
cipación directa ó indirecta en el hecho de que se tra ta
(quibus auxiliis); el lugar del suceso (ubi); el procedi­
miento ó modo de consum ar el acto (quom odo), y, final­
m ente, la fecha ó momento del hecho (qu ando) (1)
Por últim o, conforme ya quedó apuntado en Psicolo-

(1) Los Estoicos rechazaban, hasta cierto punto, tales circunstancias m odifica­
tivas de la m oralidad d e las acciones hum anas, al a firm ar que todas las culpas son
igualm ente graves; lo que es altam ente Ilógico y absurdo.
LEC CIÓN XL1I

togia (1), los hay elícitos ó internos é im perados ó mixtos:


así, verbigracia, cuando Caín meditó el fratricidio de
Abel, realizó un acto elícito, que se convirtió en im pe­
rado al consum ar aquél su nefando crim en.
Elementos constitutivos y condiciones indispensables
de las acciones hum anas.—Los elem entos constitutivos de
toda acción hum ana son tres: el motivo, e lf/m y la inten­
ción.
Las condiciones necesarias p ara la realización de
cualquier acto hum ano son dos: la deliberación y la li­
bertad.
Diferencia entre eí m otivo, el fin y la intención.—
Como y a está consignado (2), motivo es el antecedente del
acto, id est, la causa ó móvil* que impele á la voluntad á
ob rar.
Fin es el objetivo que nos proponem os al consum ar el
acto, esto es, el objeto hacia el cual tiende la voluntad.
Intención es la resolución de obrar, es decir, la deter­
minación á obrar, la prestación de nuestro consenti­
miento.
Im portancia de la deliberación y de la libertad.—La
deliberación (3), ó exam en racional de los motivos del
acto, es la antorcha que alum bra á la voluntad y supone
un conocimiento previo.
L a libertad ó libre albedrio (4), poder de la voluntad
p ara adherirse ó no á lo propuesto por la inteligencia,
exige la independencia om ním oda de la voluntad.

(1) Véase la Lección V.


(2) Véase la Lección V.
(3) Véase la Lección VI.
(4) Véase la Lección Vi.
444 ÉT IC A

E n tram bas son im portantísim as, porque, sin ellas, no


cabe acto hum ano.
La ignorancia y La necesidad.—Son los dos vicios an­
titéticos á la deliberación y á la libertad, respectivam ente.
L a ignorancia (1) es el desconocimiento de la verdad.
Ya sea universal ó p a rticu la r, de hecho ó de derecho, r e ­
viste el carácter de vencible ó invencible, según la posibi­
lidad ó im posibilidad de librarnos de ella.
La ignorancia invencible se opone á la voluntad y la
destruye, al prescindir del conocimiento y, por ende, de
la deliberación; la vencible no se le opone, porque, el que
la tiene, puede y debe deponerla, y deliberar antes de lle­
var á la práctica la acción, como ser racional y m oral
que es.
La necesidad (2) es una fuerza que nos im pulsa á
o brar; p ara que su rta sus naturales efectos, h a de ser irre­
sistible.
La ignorancia nos priva del libre ejercicio de la razón;
la necesidad, de la voluntad. De donde se infiere que la
inteligencia (3) y la voluntad (4) son las dos facultades psí­
quicas que principalm ente concurren á la formación de
actos m orales.
Clasificación de las acciones humanas.—Bajo el punto
de vista-de la necesidad y del Ubre albedrio (5), las accio­
nes del hom bre se dividen, adem ás, en libres, volunta­
rias, coartadas y fatales.

(1) Véase la Lección XXV.


{*) Véase la Lección VI.
(3) Véase la Lección VII.
(4) Véase la Lección V.
(5) El abuso de éste se llama licencia.
LEC CIÓN *'X LII 445

Son libres las que el alm a puede realizar ó dejar de


realizar, m o tu proprio y con previa deliberación.
V oluntarias, ó espontáneas, las que la voluntad realiza
á gusto, aunque sin previa deliberación.
Coartadas, ó violentadas, las que ejecutam os obligados
por una fuerza externa, que nos a rra stra á consum ar la
acción á despecho de nuestra voluntad.
Fatales, ó necesarias, las que proceden de la voluntad;
pero obrando ciegamente, sin prem editación.
Las acciones libres, las únicas verdaderam ente h u m a­
nas, son las aludidas en Psicología (1), con la denom ina­
ción de acciones voluntarias, en contraposición á las ins­
tintivas, en general.
Las acciones espontáneas (2) pueden ser ó dejar de ser
libres, por darse el caso de faltarles la deliberación: tal
sucede, en ocasiones, en ciertos actos infantiles.
Las acciones coartadas pueden serlo por violencia ó
coacción y por miedo (3); en todas ellas hay carencia de
libertad del agente.
Por último, en las fatales, llevadas á cabo en el p aro ­
xism o de las pasiones, ó en los estados de em briaguez,
sonam bulism o, delirio, dem encia, etc., se nota ostensi­
blem ente el defecto de la deliberación, y, por consiguien­
te, de la inteligencia (4).

(1) V éase la Lección V, p&g. 44.


(2) Tam bién llam adas voluntarias, por el uso; aunque con notoria im p ro ­
piedad.
(3) Consúltese la Lección XLIV.
(4) Acerca del Fatalismo en general, en sus m últiples m anifestaciones, re ­
cuérdese la citada Lección Vi,
LECCIÓN XLIII

D é l a s id e a .s c o n s t i t u t i v a s d e l a m o r a l i d a d . — C onstitu­
yen el elemento objetivo de la m oralidad, cuyo elem ento
subjetivo es el hom bre. Son las enum eradas en los co­
mienzos de la lección anterior.
* La prim era que se ofrece á nuestra contem plación es
la idea del bien (1), el orden rea lisa d o . Puede ser, como
ya quedó consignado, absoluto ó supremo y relatioo; sub-
dividiéndose éste en universal ó cosmológico y p a rtic u la r,
y éste, á su vez, en fisiológico y psicológico, el cual pue­
de tam bién considerarse como intelectual y como m oral,
según diga relación á los conceptos intelectuales ó bien
consista en el ordenado movimiento de la voluntad libre
hacia su fln último, que es el Sumo Bien,
* Vióse igualm ente la otra división del bien en ho­
nesto, útil y deleitable.

(1) Véase la Lección VI, púginas 69 y siguientes.


448 ÉTICA

* M ientras subsiste la unión del alm a con el cuerpo, se


prolonga la vida de la persona. Entonces, el bien hum ano
ha de consistir en la sum a de todos los bienes parciales,
porque el destino del hom bre reclam a el desenvolvim iento
harm ónico y el perfeccionamiento gradual de en tram b as
vidas, la espiritual y la corpórea.
* En cuanto al bien m oral ( bonum cequum, honestum)}
debe ser un bien aparte, un bien propio y exclusivo de
seres racionales y libres. En relación con este bien, las
acciones hum anas, np sólo son buenas porque realizan el
fln de la hum anidad, sino moralmente buenas, porque lo
realizan con razón y libertad; y, si se ap artan de él ó lo
contrarían, conviértense entonces en moralmente m alas.
De la felicid a d : su noción.—Es otra de las ideas cons­
titutivas de la m oralidad. De ella se habló ya a n terio r­
m ente (1).
Puede considerarse bajo su aspecto objetivo ó subjeti­
vo, y, bajo este punto de vista, se distingue en relativa y
absoluta.
De la conciencia moral: su definición g carácter.—Es
la luz interior que nos ilum ina acerca de nuestros debe­
res y declara nuestros actos buenos ó m alos en el orden
m oral.
* Im porta no confundir la conciencia m oral con la
conciencia lógica; ésta percibe interiorm ente cuanto acon­
tece en nuestra alm a, y exam ina todos los órdenes de fe­
nóm enos, sin distinción; aquélla se lim ita á la clasifica­
ción de los actos en buenos ó malos, bajo el concepto
ético.
* Dícese de la conciencia m oral que es un guia seguro,

(1) Véase !a Lección Vi, página 71.


LECCIÓN XLI1I

que nos seílala el cam ino en los diversos trances de la vi­


da; que es un lentigo, y un ju e s im parcial é incorrup­
tible, que falla siem pre con arreglo á derecho; que es un
fo r o interno, á m anera de T ribunal, ante el cual se discu­
ten y por el cual se sentencian sin apelación las causas y
los litigios concernientes á la bondad ó m alicia de nues­
tros actos; y, cuando se alude á sus sentencias condenato­
rias, se dice que, en pena del pecado, la conciencia nos
rem uerde y m artiriza, royéndonos á m anera de im placa­
ble gusano.
* Según sea el grado de escrupulosidad y de laxitud
de la. conciencia m oral, sus resoluciones pueden v a ria r ra ­
dicalm ente. Y, como quiera que aquélla se mezcla h asta
en las m ás triviales acciones de la vida, de ahí que haya
m erecido el gráfico calificativo de «ciencia del corazón.»
(Conscientia, quasi scientia coráis.)
El carácter de ésta consiste en que causa s atisfacción
en las obras buenas y rem ordim iento en las m alas; jam ás
el justo se cree culpable, ni éste inocente.
Conciencia recta y errónea.—La conciencia es falible,
como hum ana; puede equivocarse, de buena fe; de ahí su
división en recta ó verdadera y errónea ó fa ls a . La p ri­
m era es el juicio acertado y justo de la m oralidad de nues­
tras acciones, como el considerar ilícito el perjurio; la s e ­
gunda envuelve un juicio injusto, como ciertas costum ­
bres de los salvajes.
Conciencia vencible é invencible.—La errónea puede
ser vencible ó invencible, según que el agente pueda ó no
deponer el erro r de que está poseído.
Conciencia cierta, probable y dudosa.—Es cierta cuan­
do estam os convencidos de la exactitud del juicio formado
acerca de la m oralidad de nuestras acciones; es probable

20
450 KTICA

cuando, á pesar de no poder juzgar con exactitud sobre la


m oralidad de nuestros actos, nos asiste alguna razón m ayor
p a ra inclinar nuestro ánim o hacia una ú otra parte; y es
dudosa cuando vacilamos, y a por defecto de razones fa­
vorables ó adversas, ya por tenerlas iguales y contrarias.
Estam os obligados á seguir el dictamen de la concien­
cia cierta, ó, en su ausencia, el de la probable; m as no el
de la dudosa, porque, el que no está seguro de la honesti­
dad de su acción, corre inm inente riesgo de pecar.
Doble aspecto bajo que se manifiesta la conciencia m o­
r a l.—En la conciencia moral hay que distinguir dos m o­
mentos: uno especulativo y el otro práctico. El prim ero
es la concepción de nuestros deberes en general; tom a la
denom inación de sindéresis. El segundo es el juicio acerca
de si una acción determ inada és buena ó m ala, teniendo
en cuenta todas las circunstancias del agente: ésta es la
conciencia moral propiam ente dicha.
D esarrollo de la m ism a. —La conciencia m oral se des­
arrolla progresivam ente, al com pás de las edades de la
vida hum ana. Pueden distinguirse en ella tres fases: la de
la infancia, la de la ju ven tu d y la de la m adures; en la
prim era, el hom bre no reconoce otro bien que el sensible;
en la segunda, el útil; en la tercera, el absoluto y divino.
Elementos que im plica.—Son seis: i * t discernimiento
del bien y del m al; 2.°, libre albedrío; 3.°, deber; 4.°, m éri­
to y demérito; 5.°, posibilidad de oposición entre el poder
y el deber, y 6.°, ley moral.
Elementos morales que la razón contiene: sa origen.
—La razón es, aparte de la conciencia, fuente de conoci­
m ientos referentes á la vida del hom bre, considerado como
ser m oral.
Tales conocim ientos son, entre otros, las ideas de bon­
i .k c c i ú n x i, ni 451

d a d y m alicia} mérito y dem érito, virtud y viciof deber ú


obligación, ¿er/, im putabilidad y responsabilidad, etc. To­
das ellas son universales, absolutas y necesarias; todos los
idiom as las expresan, y no son dim anantes de la ed u ca­
ción, ni de la observación sensible (interna ó externa),
sino de la revelación perm anente de Dios á la inteligencia
hum ana.
Del mérito y demérito de las acciones humanas.—Mé­
rito es la relación de igualdad que concebimos debe existir
entre un acto conforme con la ley y un bien que le sirve
de premio.
Demérito es la relación de igualdad entre un acto con­
trario á la ley y un mal, que es su pena.
* Las ideas de mérito y dem érito de las acciones del
hom bre son consecuencias necesarias de la im putabilidad,
de la responsabilidad y de la ley m oral obligatoria. Son
nociones universales y constantes, porque han existido en
todos los países y en todas las épocas, según asi lo atesti­
g u a n la observación y la historia.
Condiciones indispensables del m érito,—Son cuatro:
4.a, que la acción sea honesta; 2.a, que el autor de la ac­
ción esté dotado de libertad; 3.*, que á la acción m erito­
ria no preceda obligación alguna, y 4.a, que el au to r no
h a y a percibido fa v o r ó merced alguna de la persona á
quien se ordena ó dirige la acción.
* De m anera que, p ara que las acciones h u m an as
sean m eritorias, tienen que ser morales y espontáneas,
* En todo rigor, el hom bre nada puede m erecer de
Dios, porque de El ha recibido cuanto tiene. Así que, al
cum plir con Ja ley que el Creador le impuso, no hace m ás
que saldar una deuda pendiente.
* Pero, en sentido lato, y atendiendo á la bondad y la
452 é t ic a

providencia divinas, todas las acciones buenas son m eri­


torias ante Dios; porque el hom bre, al practicar el bien,
se conform a en cuanto le es dable con la bondad del Su­
prem o Hacedor, com placiéndole con el cum plim iento de
su voluntad y contribuyendo al perfeccionamiento de la
sociedad, fundada por el m ismo Dios.
De la virtud y el vicio.— * Son tam bién corolarios de
la existencia de la ley m oral obligatoria, y de la im puta -
bilidad y responsabilidad m orales.
V irtud (I) es el hábito de o b ra r bien.
Vicio, el de o b ra r m al.
* La virtud es el m ás alto grado posible de perfección
m oral del individuo; constituye la felicidad objetiva re la ­
tiva, en esta vida, y es medio seguro para la consecución
de la felicidad objetiva absoluta, en la vida eterna.
* En el concepto m ás elevado, es la virtud un ideal de
bondad y de m érito indefinidos, irrealizables en absoluta
en la tierra, donde únicam ente nos es dada la posibilidad
de la perfección relativa. Considerada así la virtud, es el
cum plimiento de la ley m oral en toda su extensión y ple­
nitud. De donde la definición de la virtud, según los Pita­
góricos: Ssovtoc,, «hábito de todo lo honesto y conve­
niente.» Y, en opinión de Santo Tom ás de Aquino: « V ir-
tu$ est qualitas mentís nostrw, qua opercunur bona.»
«Virtud es la cualidad de nuestro entendim iento por la
cual obram os el bien.»
C arácter de la o irtad.—Es doble: en prim er lugar,
constituye un hábito, y, por tanto, se funda en la repeti­
ción de actos uniformes (2). Una obra buena, por m ás que

(1) Del lalín erVíus, de cir (varón) y Spcrn, de Apn? (M arte, el dios de lá g u e­
rra, en !a mitología greco-rom ana).
(2) Véase la Lección VI.
LECCIÓN XL1II 453

sea heróica, no hace al hom bre virtuoso, ni una sola falta


hace al hom bre esclavo del vicio (1).
En segundo térm ino, la virtud, como todos los hábitos,
se inicia con trabajosos esfuerzos y tiene su aprendizaje;
em pero, á m edida que nos vamos acercando á su pose­
sión, el esfuerzo dism inuye y es sustituido por la facilidad
y la prontitud; por m anera que, al decir de Aristóteles:
«No hay virtud donde no hay sacrificio» (2).
Clasificación de las virtudes.—La virtud es una, en su
esencia, al igual que la m oralidad, m as tiene variedad de
m odos de aplicación, según los aspectos de la idea del
bien que por la virtud se realiza.
Los antiguos m oralistas conocieron el celebrado «ár­
bol de Porfirio,» genealogía de todas las virtudes.
Sócrates las clasifica en cardinales é inferiores, en ten ­
diendo por cardinales aquéllas que en sí contienen y a lre ­
dedor de las cuales giran las dem ás virtudes, las inferio­
res ó subordinadas; á la m anera que los astros recorren
sus órbitas dando vueltas en torno del Sol. Son cardinales
cuatro: prudencia, justicia, fo rta le za y tem planza.
Platón (3) subordina la clasificación de las virtudes á
sus ideales acerca de los elem entos constitutivos de la n a ­
turaleza del hom bre. Así, p a ra el régim en de los sentidos,
adm ite la tem planza; p ara alentar el corazón, la fo r ta le ­
za; p ara ilustrar el espíritu, la prudencia; y, en una esfera
suprem a, A ju sticia , desarrollo harm ónico de las faculta­
des de la persona y de las energías de la sociedad,

(t) Por esto, en catalán vulgar, suele decirse que: « Una Jló no f a est fu ni
dua» primavera.»
(2 ). Se ha com parado el vicio 6 un cam ino, ancho al principio y estrecho des­
pués, y, la virtu d , & un sendero, q u e, en sus com ienzos, es sum am ente angostó y
.está sem brado de abrojos, para trocarse luego en vasto y risueño.
(3) En su obra De República, libro IV.
454 ÉTICA

Enumeración y concepto de las cardinales.—De lo que


antecede se desprende que las virtudes cardinales, base y
fundam ento de las restantes, son las cuatro ya en u m era­
das en el párrafo anterior.
Definían los antiguos la prudencia: Recta raüo agivi-
lium (la razón recta de obrar). De donde se infiere que
es la virtud que nos enseña el modo de o b ra r bien, el h á ­
bito de juzgar bien las acciones, propias y ajenas; perfec­
ciona la inteligencia.
Ulpiano, uno de los m ás famosos jurisconsultos ro m a­
nos, define la justicia: Constans et perpetua voluntas, ju s
suum cuiqtte tribuere (1), «la voluntad constante y per­
petua de d ar á cada cual lo suyo;» perfecciona la vo­
luntad.
Fortaleza es el hábito de acom eter con valor cuanto
exija el cum plim iento del bien moral, y de rechazar con
energía el mal; es la virtud que nos procura fuerzas p ara
ob rar como debem os y para soportar con resignación las
contradicciones.
Tem planza es la virtud que sirve p ara refrenar nues­
tra s pasiones, el hábito de m oderar los apetitos en sus
justos límites.
La fortaleza y la tem planza perfeccionan la sensibili­
dad; la tem planza las pasiones del apetito concupiscible y
la fortaleza las pasiones del apetito irascible (2).
* Además de las virtudes cardinales, hay tam bién las
llam adas inferiores, dependientes de aquéllas: así, de la
tem planza se derivan la abstinencia en general, que com ­
prende la sobriedad} la fru g a lid a d y la continencia, en

(1) Definición aceptada por Santo Tomás, que cam bió únicam ente el trib u ere
en tribuendi (la potencia en acto). Véase la Lección XLVII.
(2) Véase Ja Lección siguiente.
LKCCIÚN XI.11I 455

sus dos grados de pu reza y castidad: de la fortaleza, la


paciencia, la m agnanim idad y la ecuanim idad; de la p ru ­
dencia, la confianza y la perseverancia; de la justicia, la
buena fe ,, la im parcialidad, la moderación, la m odestia,
la g ra titu d , la fila n tro p ía , la veracidad ó fra n q u eza , la
hum anidad, la m isericordia, la lenidad, la blandura de
corazón, la dulzura, la am abilidad, la urbanidad, la c o r­
tesanía, etc., etc. (1).
Virtudes teologales.—La religión del Crucificado h a
engrandecido el bello cuadro de las virtudes con otras tres
bajadas del cielo, como dones divinos: tales son las tres
denom inadas teologales, sobrenaturales ó divinas: Fe, E s­
p era n za y C aridad.
Fe es la virtud que nos inclina á creer cuanto Dios h a
revelado y la Iglesia nos propone como de fe.
Esperanza es la virtud que nos inclina á esperar la
gloria del cielo, m ediante los auxilios de Dios, los m éritos
de Jesucristo y nuestras buenas obras.
Caridad es la virtud que ríos inclina á am ar á Dios so­
bre todas las cosas, y al prójim o como á nosotros mis­
mos, por am or á Dios.
Vicios opuestos á estas virtudes —A la virtud de la
tem planza, en general, se opone el vicio sintético de la
incontinencia, que abarca la gula, la ebriosidctd y la lu­
ju r ia ; á la fortaleza, la tim idez, con la temeridad; á la
prudencia, la im prudencia y la astucia; y, á la justicia, la
injusticia en general, que en si encierra el desprecio, la
emulación, la envidia, la parcialidad, el insulto ó u ltra ­
j e , la afrenta, la vanidad, el orgullo, la soberbia, la in­
g ra titu d , la m isantropía, la falsedad ó mentira, etc., etc.

(I) V éanse las Lecciones XLV1 6 XLV1II inclusive.


456 ÉTIC A

El vicio antitético de la fe es la im piedad; el de la espe­


ranza, la desesperación; y, los de la caridad, la a varicia,
y la p ro d igalidad.
* Adem ás de los vicios opuestos á las siete virtudes
principales (las cuatro cardinales, m ás las tres teologa­
les), la Iglesia Católica adm ite otras virtudes im portantí­
sim as, contradictorias de los siete vicios ó pecados llam a­
dos capitales; tales son: contra el vicio de la soberbia, la
virtud de la humildad; contra avaricia, liberalidad; con­
tra lujuria, castidad; contra ira, paciencia; contra gula,
abstinencia; contra envidia, caridad, y contra pereza,
diligencia (1).

(1) Como se re , está por h a ce r todavía una clasificación rigurosam ente exacta
d e las virtu d es y de las vicios.
LECCION XLIY

Del deber á obligación en general.—La idea de obliga­


ción, com plem ento indispensable de las de bien y de o r­
den m oral, revela cierta necesidad especial y sui géneris
que, lejos de estar en pugna con la libertad h um ana, la
supone y es inconcebible sin ella. P ara ser sujeto capaz de
obligación, hay que ser h o m b re libre.
Su definición.—Obligación (1) m oral, es la necesidad
m oral que tienen los seres libres de conform ar sus accio­
nes con el orden m oral y el dictam en de la razón. Su idea
correlativa es el derecho; no hay deber sin derecho, ni al
contrario.
Sus caracteres.—Lo. obligación no es una necesidad
meíafinica, ni tam poco fís ic a , sino m oral; porque no e s ­
claviza, antes bien perfecciona la libertad hum ana, pres­
tando harm onia á dos elem entos al parecer tan antitéti-

(1) Ue ligare ob, «estar ligado par.»


458 é t ic a

eos como el orden m oral y el libre afbedrio. Es también


universal, por haber existido en todos los tiem pos y paí­
ses; é inmutable, por cuanto, como la razón, jam ás cam ­
bia, subsistiendo siem pre cual linea de conducta, ó regla
eficaz, de criterio inflexible, de método de vida en medio
de la variabilidad de fines. Es, por último, de origen d i­
vino; una m oral atea no concibe la idea de obligación.
De la im putabilidad y responsabilidad m oral.—Cons­
tituyen otras dos de las ideas integrantes del concepto sin­
tético de la m oralidad.
Definición de la im pu tabilidad.—Es la capacidad que
tienen los actos libres y m orales de ser atribuidos á un
sujeto agente, considerado como principio y causa de los
mismos.
Sólo los actos hum anos son im putables, porque el
hom bre es el único anim al dotado de inteligencia y de vo­
luntad libre.
Im putación.—Es el hecho de atribuir el acto im putable
aF sujeto que lo causa ó produce.
* La im putabilidad se refiere á la capacidad, existente
tan sólo en los actos libres y m orales, de ser atribuidos á
su autor; la im putación se contrae al derecho que asiste
al legislador sobre los individuos, obligados al cum pli­
m iento de la ley.
Fundamentos de la im putabilidad.—Son dos: inteli­
gencia y voluntad libre.
Definición de ta responsabilidad.—Es la sujeción á la
im putabilidad, con todas sus consecuencias. Son dos ideas
correlativas, como las de deber y derecho.
Condiciones de ésta.—Son dos: el conocimiento, obra
de la inteligencia, y la posesión d e sí mismo, producto de
ia voluntad libre.
LECCIÓN XL1V 459

Vicios que salvan la resp o n sa b ilid a d —Salvan la im -


putabilidad, y, por consiguiente, eluden la responsabili­
dad: 1.°, la ignorancia invencible; 2.°, las pasiones no ha­
bituales\\ 3 % la violencia, en los actos im perados, y 4.°, el
miedo g ra ve . El prim ero se opone al conocim iento, y los
tres restantes dificultan la posesión de si m ism o, im pi­
diendo que el hom bre sea realm ente dueño de sus actos.
Ignorancia vencible é invencible (1).—La ignorancia
vencible no salva la responsabilidad m oral, porque la a c ­
ción resulta voluntaria, y, por tanto, im putable.
La ignorancia invencible, ya sea de derecho (ignoran-
iia ju ris), ya de hecho fignorantia fa c tij, nos exime de
toda responsabilidad moral en los actos que de aquélla se
derivan. Si es de hecho, porque no hay conocimiento del
objeto, ni, por consiguiente, hay idea de motivo ni de fi­
nalidad, dos de los elem entos constitutivos de las acciones
hum anas (2); y, no habiendo conocimiento, no h ab rá ta m ­
poco deliberación (3). Y, si es de derecho, porque, á pesar
de que, en general, Ignoranüa ju r is non prodest (4), las
leyes ignoradas invenciblem ente se consideran no h ab er
sido lo suficiente prom ulgadas (5).
Instintos.—Instinto, en latín instinctus, de Instinguo,
estim ular, de donde sttm ulus, estimulo interior, es la c a u ­
sa desconocida que produce y dirige los movimientos de
los irracionales (6). Por analogía, se llam a instinto, en el
hom bre, á la actividad hum ana obrando sin deliberación,

(1) Véase la Lección XXV.


(i) Véase ta Lección XLIL
(3) Véase la Lección VI.
(i) Véase la Lección XXV.
(5) Consúltese la teoría de la ley, al final de esta m ism a lección.
(6) Véase las Lecciones V y XX.
4f30 ÉTICA

y, por tanto, sin conciencia, p a ra satisfacer las necesida­


des de la vida corporal; es decir, al principio de aquellos
actos á que se determ ina la voluntad sin previo conoci­
miento del fin á donde los dirige ni de los medios de re a ­
lizarlo.
* Los caracteres del instinto, en general, son dos: 1.°,
referirse á cosas m ateriales; y 2.% actuarse necesariam en­
te, esto es, p asar forzosam ente de la potencia al acto.
* Los irracionales hacen sólo actos instintivos; los hom ­
bres, p e r se vel sim pliciter, voluntarios, y per acc/dens
vel secundum quid, instintivos
A petitos.—En sentido trópico figurado, es la ex cita­
ción de la inteligencia (i) y moción de la voluntad hacia
las cosas sensibles, prom ovida por la sensibilidad, p ara
lograr algún bien (2).
Noción del apetito concupiscible y del irascible.—El
apetito puede ser concupiscible é irascible: aquél es el
movimiento que nos impele al bien y nos aleja del mal
sensible; éste es el movimiento que nos induce á resistir
todo lo que se opone al fin del concupiscible. El prim ero
es apacible; el segundo, violento; el uno está m oderado
por la virtud de la tem planza, y el otro por la de la forta­
leza.

(1) En los irracionales, del instinto. Véase la Lección XX.


(2) «Esta inclinación al bien, en que consiste el apetito, no es on realidad un
principio diverso de la Tuga del tnlal, porque, siendo el m al lo contrarío del bien, es
claro que la propensión bacía este últim o supone la aversión al prim ero. El m al nu
es coaa alguna positiva, siuo privación de bien. «Aí a l u m ,—dice San A gustfn,—nu-
lia, natura est; sed amínsio boni, m alí nomen accepit.» De donde se infiere que
el m al no puede se r apetecido por b 1 m ism o, porque, en este coso, el objeto del ape­
tito serta la nada, sino únicam ente p e r accidens, ó sed en cuanto se halla unido
con algún bien. Así, el león que m ata é uo ciervo, tiende d irec ta m en te á su bien,
q u e está en alim entarse del ciervo, é in d irectam ente, 6 p e r accidens, ¿ la m uerte
d e este anim al.» (Orti Lara: Psicología.)
LECCIÓN XL1V 461

Deseos. —Sabem os ya (1) que son los impulsos de


am or ó de odio hacia los objetos.
Pasiones: su concepto y u tilidad.—Son los deseos pre­
dom inantes y perm anentes. Hijas de la fantasía, son útilí­
sim as al hom bre (2).
Pasiones del apetito concupiscible y del irascible; o rí-
yen y f undamento.—Hay pasiones del apetito concupisci­
ble y otras del irascible.
Pertenecen al concupiscible las seis siguientes: am or,
odio, deseot ace/'sión, deleite y tristeza; y, al irascible,
cinco: esperanza, desesperación, audacia, temor, ira ó có­
lera (3).
Con el am or, nos complacemos en un objeto sensible;
con el odio, lo repugnam osj'con el deseo, nos inclinam os
á algún bien ausente; con la aversión, huim os del objeto;
con el deleite, experim entam os fruición por la posesión
del objeto; y, con la tristeza, sufrim os la afección des­
agradable que causa en nosotros la presencia del objeto
antipático.
La esperanza es el movimiento que nos inclina á con­
fiar en la victoria sobre las dificultades, que constituyen
otros tantos obstáculos á la posesión del objeto a g ra d a ­
ble, que el apetito concupiscible nos presenta como bue­
no; la desesperación es la afección que nace en el alm a al
juzgar insuperable la dificultad de lograr el objeto desea­
do; la audacia es la afección con que el ánim o se mueve á
ejecutar una acción ardua é indispensable para vencer al­
gún mal inm inente; §1 tem or es la afección que oprim e al
espíritu, por la consideración de que Ja dificultad de su b -

(1) Véase la Lección 111.


(2) V éanse las Lecciones III, VIH y XXViL
(3) La esperanza es á Iü vez pasión y virtud, y la ira, pasión y vicio.
462

sa n a r el obstáculo es m uy grave; y, finalm ente, la ira ó


cólera es un movimiento de indignación y venganza con­
tra quien nos infirió algún mal.
El origen y fundam ento de todas las pasiones es el
am or.
A m or de benevolencia y de concupiscencia.—Puede
s e r el am or de benevolencia ó de concupiscencia: m edian­
te aquél, querem os el bien por sí mismo; m ediante éste,
por y p ara nosotros, egoístam enté.
No nos es im putable tener pasiones; pero éstas nos
son im putables si se transform an en verdaderos hábitos,
toda vez que éstos, como nacidos de la repetición de ac­
tos, son m ás ó menos voluntarios (1).
Violencia ó coacción.—Es la fuerza m aterial externa
que se hace á nuestros órganos corporales, ya p ara a rra n ­
car de nosotros voliciones internas, y a p ara producir en
aquéllos determ inados movimientos.
Las pasiones son fuerzas interiores que* alborotadas,
nos desposeen del dominio de nosotros mismos; la violen­
cia es fuerza externa. De donde se infiere que los actos
elicitos no pueden ser causados por la coacción, pudiendo
se r únicam ente coartados los actos im perados: pueden
encadenarnos los piés, con grillos y esposas, de tal modo
que no podam os valernos; pueden obligarnos m aterial­
m ente á blandir un puñal, y aun á clavarlo en el pecho
de una persona querida, etc. Seremos, pues, responsables
del querer, m as no del poder (2).
M iedo.—Es la emoción que perturba el alm a cuando
am enaza inm inente un mal de cierta gravedad.

(1) Véase la Lección VI.


(2) V éanse las Lecciones V y XU1.
M ÍCCIÓN XI.IV 463

Como la violencia, es causa de las acciones c o arta ­


das (1).
D iferencia entre la coacción y el miedo.—La coacción,
que^ como queda apuntado, se distingue de las pasiones
en que éstas son fuerzas internas y aquélla lo es externa,
se diferencia del miedo en que éste es el tem or de un mal
futuro y eventual, al paso que la violencia es un mal p r e ­
sente y real.
Del miedo grave y del menos g ra ve.—Según los ju ris­
consultos rom anos, miedo graoe es «el que cae en varón
constante,» es decir, el que hace mella en hom bre fuerte
y enérgico; y miedo menos grave, lene 6 leve, es el de
poca m onta. El grave es inoencible; el menos grave, ven­
cible.
La gravedad del miedo se acrecienta ó decrece según
sean la m agnitud del mal que se tem e, el grado de p ro b a ­
bilidad, inm inencia, peligro ó riesgo, y las circunstancias
de la persona am enazada; y, si hay ataque personal, de
Ja am enazante (situación, edad, sexo, carácter, te m p era­
m ento, ocasión m ás ó m enos propicia, etc.).
El miedo grave puede, a4 igual que las pasiones y la
coacción, privar al hom bre de la posesión de sí m ism o,
llevándole á la producción de actos involuntarios, y sien*
do, por consiguiente, circunstancia exim ente de respon­
sabilidad (2); el menos grave influye exclusivam ente en
las personas de tal cobardía que merecen el calificativo de
pusilánim es (3).

(1) Véase la Lección XLIK


(3) De ahí, en el Código Penal, la existencia de las llam adas circunstancias exi­
m entes, que, con las atenuantes y las agravantes, son m odificativas do la resp o n ­
sabilidad crim inal.
(3) De aquí el argum ento ad anim um , del cual se habló en la Lec­
ción XXXIX.
464 ÉTICA

De la ley.—V arias son las opiniones de los eruditos


acerca de cuál sea la verdadera etim ología de esta pala­
bra: p a ra San Agustín, procede la voz latina lex del ver­
bo Eligere (1)T porque el hom bre puede elegir lo bueno y
lo malo, por ser libre, y necesita, por tanto, de una regla
que le guie (2); p a ra San Isidoro (3), de Leyendo (4), por­
que la ley debe ser escrita, á fin de que se la tenga por le­
gislada y fuente de Derecho positivo (5); y, p ara Santo
Tom ás de Aquino, de Ligando (G), porque la ley debe li­
g ar ú obligar á su cum plim iento (7).
Su definición, según Santo Tomás.—L ex est rationis
ordinatio, ad bonum commune, ab eo qui curam commu-
nitatis habet, prom úlgala. «La ordenación de la.razó n al
bien com ún, prom ulgada por el que rige la sociedad.»
(Santo Tom ás.)
Su división en eterna, natural y po sitiva ,—La ley, en
general, se divide en eterna, natural ó moral, y positiva 6
escrita.
San Agustín dice: L ex interna est ratio vel voluntas
Del, ordinem naturalem conservari Jubens, pertu rb a ri
vetans. «Ley eterna es la razón ó la voluntad de Dios,
que nos ordena conservar el orden natural y nos veda
perturbarlo.»

(1) Elegir.
(2) Alusión 6 la norm a agendi (linea de conducta), que, con la fa cu lto s agen-
d i (facultad de obrar), constituyen los dos aspectos bajo los cuales se m anifiesta el
Derecho, cuyo único sujeto es el h om bre, por ser el único libre y responsable de
sus acciones.
(3) Insigne a u to r de las «Etimologías,» arce de los conocim ientos de su época.
(4) De Lego, is, ere, i, ctum, «leer.»
(&) Las fuentes del Derecho positivo, ó escrito, en contraposición al n atural,
son cuatro: la ley, la costum bre, la ju risp ru d en cia y ta equidad.
(6) De Ligo, as, are, aoi, atum, «atar.»
(7) Para ello la necesidad do la sanción de las leyes.
LECCIÓN XL1V 465

Cicerón define la Jey natural: E st quidem vera lex,


recta ratio, naturce congruens, diff'usa per omnes, cons­
tan*, sempiterna, quce oocet a d offctium jttbendo, vetando
a fr a u d e deterreat. «Es la verdadera ley, la recta razón,
de acuerdo con la naturaleza, extendida p a ra todos, cons­
tante, sem piterna, que, al m andar, indica el deber, y, al
prohibir, ap arta del fraude» (1).
Justiniano dice de la ley escrita: L ex late accepta est:
coto mi me prceceptu/n stunmi im perantis omnes ei subjec-
tos, ipsorum bono ad parendum obstringens. «La ley,
aceptada desde larga fecha, es el precepto com ún del su­
mo gobernante p ara todos los súbditos, constriñéndoles á
la práctica del bien» (2).
Según Alfonso X el Sabio: «Ley tanto quiere decir
como leyenda en que yace ensennam iento ó castigo es-
cripto; que liga é aprem ia la vida del orne qué non faga
mal, é m uestra, é ensenna el bien que el orne debe facer é
usar: é otrosí es dicha ley, porque todos los m an d am ien ­
tos della deben ser leales é derechos, é com piídos según
Dios é según justicia» (3)*
* La im portancia de la ley dim ana de su necesidad, y
ésta se funda en la existencia del orden m oral, con su ca­
rácter im perativo y obligatorio. La ley'sirve p a ra intim ar
y notificar á la conciencia de los seres libres la obligación

(1) In siitu tion es dioince.


<2) Del Drqesto (Derecho civil) ó las P a n d e c ta s que, con el Codear (Código de
constituciones im periales), la In stitu ía (com pilación del D erecho Rom ano) y las
Novelice (Novelas ó leyes p articulares), c o n stitu y e n el famoso Corpus ju r is cici-
lis , cuerpo del Derecho Itom ano novísim o ó ju stin ia ae o , o rdenado p or aquel em ­
perador, con )a cooperación de los m ás ilu stre s ju risco n su lto s de a q u el entonces,
dirigidos p o r el gran T riboniano.
(3) De la s& ie té P a rtid a s, Part. 1, Tit. i. Libro IV. ■
30
466 ÉTICA

de dicho orden m oral, como norm a invariable de sus a c ­


ciones (1).
A u tor de la ley m oral y sus caracteres.—El au to r de
la ley m oral es Dios, por cuanto el hom bre es im potente
p a ra ello; como lo dem uestra la disconform idad entre la
voluntad hum ana y el juicio categórico, m ediante el cual
todo hom bre reflexivo distingue entre nuestra voluntad,
de suyo imperfecta, y la voluntad perfecta que en la ley
m oral se nos revela y pone de manifiesto.
Sus caracteres son seis: i es intrínsecamente jasta;
2.°, universal; 3.°, necesaria; 4,°t obligatoria; 5.% prom u l­
gada; y 6.°, sancionada (2).
* Es intrínsecam ente ju sta, por ser procedente del Ser
Suprem o, que es la esencia de la santidad y de la ju s­
ticia.
* Es universal, porque ha sido conocida arb i et orbi,
conform e lo atestigua el testimonio de todas las lenguas.
* Es necesaria, porque es la expresión de las relacio­
nes perm anentes entre Dios y el hom bre.
* Es obligatoria, por no ser m ás que la obligación, pro­
m ulgada y sancionada.
¥ Ha de ser prom ulgada, es decir, h a de ser legalm en­
te publicada, p ara que sea conocida del ser inteligente; de
no ser asi, éste no podría darla cumplimiento.
* Finalm ente, ha de ser sancionada, esto es, debe
acom pañarse de prem ios y castigos, para los fieles cum ­
plidores y p ara los infractores de la ley, respectivam en-
(I) M andalum lucerna est, eí lew lu x ( Proeerbios), cap. VI. vers. XXIII).
(i) Carecen de los tres prim eros c aracteres y, por tanto, son inad m isib les los
sistem as que fundan la m oralidud de n u e stras acciones en ol goce se n s u a l (Kpicu-
rio, Tomás Hobbes, lienito Spinoza), 6 en ta u t i l i d a d ayaUta (Jerem ías Henlham ),
(i en el mzntimicnto (Adam S m illij,ó, en fin, en la v o lu n ta d o m n ip o te n te de Día*
(Sam uel I’ufendorf).
LECCIÓN' XLIV 467

te (1). La sanción (3) representa la fuerza coercitiva, sin


la cual, en m uchos casos, sobrevendría por modo ineludi­
ble la inobservancia de las leyes, las cuales, al caer en
desuso, quedarían tácitam ente derogadas.
* El prem io es un bien sensible que está en el fin, pero
que no es el fln de las acciones virtuosas y perfectam ente
m orales.
* La pena es un mal aflictivo aplicado al culpable,
crim inal ó delincuente-pecador, en Moral estricta,—por vía
de expiación de la culpa, falta, delito ó crim en-pecado,
m oralm ente habland o.—La reparación del mal causado
enla sociedad y la enmienda del culpable son los dos fi­
nes prim ordiales de la pena, otro de cuyos fines es el
ejem plo.
* La ley natural ha de tener su sanción, porque la
justicia y la santidad divinas no pueden perm itir que ten­
gan un mismo destino el hom bre virtuoso y el vicioso; de
donde, la necesidad de recom pensas p ara aquél y castigos
p a ra éste. A parte de que tam bién la naturaleza m ism a
del hom bre reclam a la sanción de la ley moral.
* Sanción sem ejante no puede llevarse á efecto en la
tierra: 1.°, porque las acciones hum anas no encuentran
todo su condigno castigo ó su m erecida recom pensa en
las consecuencias naturales que, en esta vida, resultan, en
daño ó en provecho del que las realiza; 2.°, porque ni las
penas con que las leyes hum anas flagelan el vicio, ni los
m enguados prem ios que reservan á la virtud son bastante
sanción p ara los preceptos de la ley natural; 3.°, porque,
lo que no hacen las leyes positivas, m enos harán la opi-

(1) Li obligación, la prom ulgación y ta sanció» de la ley se dirigen respetuo


saín en te oI hom bre dotado de voluntad, de inteligencia y de sensibilidad.
(2) l>n S a n r t i o i 1ro. U 6 i c i , Tíu m. «custiiMr.-*
468

nión ni los juicios hum anos; y 4 °, porque ni el tranquilo


testim onio de la conciencia m oral ni las angustias del re­
m ordim iento son tam poco suficiente premio del bien ó
bastante castigo de las m alas obras.
* De donde se infiere que la sanción de la ley m oral
únicam ente se concibe en otra vida perdurable, y que las
penas de aquella sanción han de ser eternas, porque, si
tales penas fuesen m eram ente tem porales, llegaría el día
en que tan feliz y dichoso con Ja posesión del Sumo Bien
seria el que en esta vida le despreció y le ultrajó con sus
crím enes, como el que le respetó, le am ó y le glorificó,
cum pliendo y observando escrupulosam ente su san ta ley;
lo cual no puede adm itirse, por ser altam ente injusto y
absurdo. E rgo, las tales penas son eternas, es decir, sin
límite, h asta la consum ación de los siglos (per semper et
in secuta seculorumj.
* Y, por último, acerca de la existencia de la vida fu­
tura, y a dem ostrada en su lugar ad hoc (1), añadirem os
tan sólo que las facultades del alm a hum ana no siem pre
son harm ónicas; en ocasiones, la inteligencia aspira á la
verdad y la voluntad se em peña en seguir el rum bo con­
trario; vemos, á veces, las cosas m ejores, y las a p ro b a ­
mos, m ás difícilmente nos adherim os á ellas, etc. Lo cual
significa que esta vida es una lucha perpetua, de la cual
hablábam os ya con antelación (2), lucha que no cesa sino
al sobrevenir la m uerte del cuerpo. Entonces los justos,
los bienaventurados, alcanzan la paz y la felicidad e te rn a s ,,
con la posesión de Dios y el conocimiento Jacie ad j a -
ciem (3).

(1) Véase la Lección XVII, al h a b la r de la inm ortalidad del alm a hum ana,
(¿) Véanse las lecciones V y V], páginas 41, 56 y 57.
(3) La pie'est un combat, clcni la palme e&t att¿a cieua: (Delavi^ne).
LECCIÓN XLY

E t i c a P a r t i c u l a r ó M o r a l P r á c t i c a . —Su definición.—
E s eJ tratado de las obligaciones del hom bre.
Secciones que com prende.—Son tres, correspondientes
á las obligaciones hum anas.
Clasificación de las obligaciones del hombre y fu n d a ­
mento de todas ellas.—El hom bre tiene, en la vida p re ­
sente, tres clases de obligaciones: p a ra con Dios, p a r a
consigo y p a r a el prójim o.
El fundam ento común á todas ellas radica en los S an­
tos Evangelios: «Amarás á Dios sobre todas las cosas y al
prójim o como á ti mismo.»
• D e las o b l ig a c io n e s del hom bre para con D io s (1 ).—

(1) Damos de estas obligaciones idea sum am ente Bomera, dejando su am plia­
ción para la asignatura de «Religión y M oral,■ vigente p o r el actual Plan de e stu ­
d io s del Bachilléralo.
470 ÉTICA

Concepto de la R eligión.—Llám ase Religión (1) al con­


junto de relaciones y obligaciones del hom bre para con
Dios.
* Es n atu ral y necesaria al hom bre, porque natural y
necesaria es la relación entre Dios y el hom bre, causa y
efecto, y porque, únicam ente con la Religión, son posi­
bles la existencia y el perfeccionam iento de las socieda­
des; y, en tanto es asi que, al abrirse de p ar en p ar an te
nosotros el venerando libro de la H istoria, no vemos p u e­
blo alguno, grande ni pequeño, culto ó bárbaro, que haya
vivido sin religión, verdadera ó falsa.
División de la m ism a.—Divídese la Religión, en gene­
ral, en dos grandes ram as: la m aterial y la sobrenatural
6 revelada. Religión natural es la que está fundada en la
razón, y, revelada, la fundada en la reoelación.
La natural se subdivide en teórica y práctica: aquélla
trata del conocimiento verdadero de Dios y de su existen­
cia y atributos; ésta, de nuestras obligaciones p a ra con
Dios.
Religión natural teórica —Estudia la idea y la existen­
cia de Dios y los atributos divinos; llám ase tam bién Teo­
logía N a tu ral (2) y Teodicea (3).
Idea de Dios.—Deus est ens a se, cu/n existeniia a b -
soltité siecessaria, a quo dependunt om nia.—«Dios es el
Ser que existe p o r si mismo} con existencia absolutam ente

(1) Del latín religio , del verbo Religo, ae, áre, áci, Sturn, «Atar fu ertem en te
la cria tu ra al Creador.»
(Sf) Por ser la transición e n tre la Filosofía y la Teología; procede la voz «Teo­
logía» de las griegas «Dios,» y • «tratado.»
(3) De Be¿í, «Dios.» y &i*n, •'justicia;» la palabra «Teodicea» débese á L eib-
nitz.
LECCIÓN XI.V . 471

necesaria, del cual dependen todos los dem ás seres.» (San­


to Tom ás de Aquino: Sumnia TheologicaJ (1).
Demostración de la existencia de Dios*—La existencia
de Dios es susceptible de ser dem ostrada a p rio ri y a po s­
terioraTy, bajo este concepto, pueden aducirse pruebas
m etafísicas, fís ic a s y morales.
1.° A rgum ento metaflsico ó cosmológico —Es eviden­
te la existencia de seres contingentes; luego es fuerza su­
poner la preexistencia de algún ser necesario (Dios).
En efecto: todo ser contingente ha debido com enzar,
ya mota proprio, ya e x nihilo, ya, en fin, por derivación
de una causa distinta de aquel ser. No puede existir nin­
gún ser contingente por acción propia, porque el o b ra r
presupone indefectiblemente el ser, y, en tal caso, resul­
tarla el absurdo de que un ser com ienza á ser antes de
existir. Igualm ente no es posible que proceda de la nada,
por cuanto E x nihilo, nihil fít. Luego dim ana de una cau­
sa eficiente y distinta, la cual será contingente ó necesa­
ria. Si es contingente, necesita á su vez de otra que le pro­
cure la existencia; y esta otra causa será tam bién contin­
gente, y así sucesivam ente hasta el infinito. Mas como
una serie infinita de causas es inadm isible, puesto que,
aun adm itiéndola en hipótesis, no podríam os explicar por
ella la existencia y producción de un efecto, porque, para
llegar hasta él, hab ría que p asar por una serie in te rm in a ­
ble de pausas; de ahí se desprende que hay que reconocer
una causa que no sea eventual ó contingente, esto es,
□na causa necesaria ó absoluta, que exista a se y con om ­
ním oda independencia de todas las dem ás causas.

(1) San Ju a n , en su «Apocalipsis , » dice que Dios es el a lfa y el omega (el


principio y 01,/lrt) de todas las cosas.
472 ÉT IC A

2.Q A rgum ento físico ó teleológico.—El orden sorpren­


dente que se nota en los seres creados, Jas leyes que regulan
su conservación y m ovimientos, la relación entre las causas
y los efectos y la presencia del hom bre inteligente y libre
llevan á nuestro ánim o el pleno convencimiento de que la
causa suprem a del Mundo es una razón om nipotente y
m uy superior á la hum ana (J).
3.& A rgum ento m oral.—La existencia de Dios es un
concepto primitivo entre los hom bres y una verdad ates­
tiguada por la conciencia hum ana, m oral y religiosa.
Con efecto, dicha noción se fundam enta en el consenso
universal, constante y necesario de todos los pueblos,
en cualesquiera ocasiones. La H istoria y sus ciencias a u ­
xiliares confirm an á porfía la profunda verdad de las p a­
labras del m ás eximio de los oradores rom anos (2).
Y, en cuanto respecta á la conciencia moral y religiosa
en particular, observam os que ésta se halla constituida
por dos elem entos, la conoicción de nuestra dependencia,
de donde la oración, y la conciencia ¿le la obligación njo­
r a /, de la cual nacen los llam ados actos expiatorios. Y,
así en la oración como en la expiación de nuestros peca­
dos, sentimos á Dios en lo m ás recóndito de nuestros co­
razones (3).

(1) "L'expérience ne me rnontre abnolurneitt que reci: dea eorps mu* par
l'ínjtni, Or, si
i^ a u tres rorptt, miu* eiuc^ntfmet1par' d 'atitre»' corpa, e t ce la ti
e/i dehor# de cetle chaíne il n ‘f¡a f a.-* una cause m atrite, Je d¡t> qué cle.*t lt'<
une íérie de invucemenz.* m tu cuu¿e el ¿ana raison » (Juncl: Le Matdrialrame
fon ten ip ora iri.}
(2) «£a» to t yeneribus nullum ext a n im a l pratter hainínem quod habeat
notitiarn aliqu^rn Den iptfbque ttC honiinibua nulla yen# e*t ñeque tarn írn-
rnan^ueln ñeque lam / e r a , qum etiarns! irjnoret qualem Deurn habere debeat,
non tarn en habendum srtai. o (í’.icerón: De Lepibus.)
(3) I)e donde, las herm osas palabras ele SéneÓa: M entiuntu r qui dicunt «?
non aentire em?(J Deum.
LECCIÓN XLY 473

4.® A rgum ento ontológico, ó a prior/ (1). —Según San


Anselmo: «La idea de Dios es la idea del Ser m ayor y m ás
perfecto que cabe pensar; pues bien, un Ser que no puede
m enos de ser concebido con estos caracteres, necesaria­
m ente tiene que ser pensado como subsistente en reali­
dad, porque si al concepto m ental de ese Ser no corres­
pondiese alguna subsistencia real, sería un mero ente de
razón.»
Dice Descartes: «Todo cuanto se halla contenido en la
idea clara y distinta de una cosa puede afirm arse con cer­
teza; es así que en la idea clara y distinta de Dios se halla
contenida la de su existencia, pues que la idea de Dios e x ­
presa un Ser dotado de perfecciones infinitas, de las cua­
les la p rim era no puede menos de ser la existencia; luego
de la m era idea de Dios procede inferir la de su realidad
objetiva.»
Y aflade Leibnitz: «De la idea de Dios no se puede con­
cluir su realidad, m ientras á esta idea de la realidad no se
le dé un verdadero fundam ento, que es el p robar su p o si­
bilidad; de otra m anera seria imposible, pues lo que no es
posible envuelve contradicción, y lo contradictorio ni si­
q u iera es pensable. U na vez pensado que Dios es posible,
hay que pensarle como ser real; y hay que pensarle así,
porque el concepto de la posibilidad de Dios envuelve el
del Ser absoluto, es decir, el del Ser en quien la esencia
pensada como posible se identifica con su existencia.
Pero el concepto de la esencia pensada como posible y
como idéntica á la existencia no puede m enos de envolver

(1) Propuesto por San Anselmo, en su ProsloQion; reproducido por Descar­


tes, en sus Principes pkilosoph.iqu.e9, y am pliado por Leibnitz, en su M onado-
logie.
474

la realidad objetiva de la esencia m ism a, porque de lo


contrario el concepto respectivo no rep resen taría la iden­
tidad de la esencia y de la existencia; luego el concepto
de la posibilidad de Dios basta p a ra p ro b ar que Dios
existe.»
A tributos divinos.—Son de dos clases: absolutos ó
esenciales y relativos ó accidentales, según que guarden
relación con la esencia de Dios ó se refieran á los seres
creados.
Los absolutos son trece: ase ¿dad, infinidad, unicidad,
sim plicidad, inm utabilidad, eternidad, inmensidad, inte­
ligencia, voluntad, libertad, bondad, omnipotencia y om ­
nisciencia; los relativos, cuatro: acción creatris, acción
conservadora, concurso y providencia.
La aseidad ó necesidad significa la existencia absoluta
ó subsistente por si m ism a (1); es el atributo prim ario que
se concibe en Dios, y viene á ser el m anantial de los re s­
tantes atributos.
La infinidad divina supone que el Ser infinito reúne to­
das las perfecciones posibles ó toda la realidad existente
y capaz de existencia, actual y potencial, con exclusión
total de cualesquiera imperfección ó limitación; constituye
el com plem ento lógico de la aseidad, que es la m ism a
esencia m etafísica de Dios (2).
La unicidad divina no consiste en la unidad afirm ati­
va ó trascendental, que sep ara los objetos de o tras exis­

t í) A fe. según los Escolásticos, V, pftgs. 151 y 152.


(3) T ienen noción e rró n ea de la infinidad divina: 1.°, los que reducen lo infi­
nito 6 la extensión d é la m ateria: 2.°,-loa q u e afirm an que Dios es infinito, no sitn-
pliciter, sino vecundum quid; 3.°. ios q u e niegan 6 Dios la bondad, la om niscien-
cía y la p rovidencia, y 4.a, tos qu e defienden la tesis según la cual Dios no es p er
se se r algnno real y personal, sino tan solo ¿cleal y categórico ó producto de la
abstracció n .
LKCC1ÓN X1.V 475

tencias individuales, sino la unidad exclusiva ó negatioa,


que excluye la multiplicidad num érica de la esencia; es
una consecuencia de la aseidad y de la infinidad de
Dios (1). La creencia en la unicidad de Dios se llam a M o ­
noteísmo (2), el cual existió antes que el Politeísmo, se­
gún lo certifica la Historia (3).
Corolario de la aseidad y de la infinidad es tam bién la
sim plicidad, que excluye toda composición; sem ejante
sim plicidad es, adem ás de física, metafísica y lógica (4).
De la aseidad, de la infinidad y de la sim plicidad se

(1) Opónense á la unicidad d e Dios dos erro re s, denom inados Dualismo 6


M aniquettmo el uno y PoliteUmo el otro. El Dualismo adm ite dos dioses, el
del bien y el del m al; llam óse M aideiim o, en tre los antiguos Persas (véase la pá­
gina VI del texto). El Politeísm o (de soAúq, am achos,» y «Dios*») co m p ren d e
v&riaB m anifestaciones, tales como la Idolatría, la principal de todas, que consiste
en el culto y adoración de las im ágenes y estatuas, considerándolas en 9i m ism a»
verdaderas divinidades; la Demonolatrla, adoración de los dem onios ó genios
malos; la A ni ropo latría, adoración y culto de !os hom bres; la Zoolatría, culto de
los irracionales; el Sabetsmo, de los astros; el Fetichismo, de los objetos inanim a­
dos, etc. De ahí la Mitología pagana, relato de los orígenes y de las biografías de
las divinidades, sistem a histórico-alegórico d e las vidas de ciertos varones famo-
809, adu lterad as con sím bolos, principalm ente religiosos.
(2) Las religionés, en general, Be clasifican en monoteístas y politeístas, se­
gún adoren uno ó m ás dioses. Son todas politeístas, excepto las tres principales: el
Cristianismo, el Judaismo y el Mahometismo. El Cristianism o tiene tres ram as:
el Catolicismo ,—la v e rd ad e ra,—el Protestantismo y la Religión cismática g rie­
ga. El Catolicismo es u no, porque no tiene sectas (véase el final d e esta lección);
en cam bio, bay secta» protestantes, cism áticas, judáicas y m uslím icas; siendo las
m ás notables, lus m usulm anas (de O rn a r y d e A lí), y las disidentes ( luterana ,
calcinista, evangélica, presbiteriana, etc.)
(3) A popar de lo cual, sostienen los Sansim onianos q u e el hom bre com enzó
por a d o ra r la m ateria, para pasar m ás tarde al culto de seres dotados de fuerza y
de inteligencia y superiores á los racionales, y, por últim o, á la adoración d e un
único Dios.
(4) Quum enim in Deo non sit metaphysica, ñeque q uantitatiparum pctr-
tiu m , quia non est corpus; ñeque compositio material etformce-, ñeque in eo
s ita liu d natura etauppoaitum; ñeque aliud essentia et esse ; ñeque in eo sit
compositiogeneris et differentice, ñeque subjecti et accidentis; m ani/estum est
quod Deua nullo modo compositus est, sed est omnino sim plex. (Santo Tom ás
de Aquino: Sum m a Theologica.)
476 ÉTICA.

desprende con toda evidencia la inm utabilidad; contra la


falsa hipótesis de los discípulos de Saint-Simon, defenso­
res de la teoría de la perfectib ilid a d indefinida (1).
La eternidad de Dios es una deducción de la aseidad y
de la inm utabilidad; significa que en Él no hay realmen ■
te pasado ni futuro, y si sólo presente (2).
Dios es tam bién inm enso, entendiendo por inm ensidad
el atributo en virtud del cual está Dios presente en todas
las cosas, así actuales como m eram ente posibles, sin h a ­
llarse contenido ni encerrado en ninguna de ellas, y sin
identificarse esencialm ente con ellas aunque estén conte­
nidas en su esencia.
* «Es notorio igualm ente que la inm ensidad recibe el
nom bre de ubicuidad cuando incluye únicam ente la pre­
sencia actual de Dios en las cosas existentes. También lo
es que una cosa puede estar en otra de tres m aneras: p o r
potencia, según que su poder y virtud la dom inan com ­
pletam ente; p o r presencia, en cuanto ve y conoce todo lo
que hay en ella; y p o r esencia, en cuanto obra en ella con­
servando y produciendo su ser y operaciones; es no me­
nos notorio que Dios no puede estar en un lugar circum s-
crip tw e, esto es, por contacto y conm ensuración de canti­
dad, por ser esto propio de las sustancias m ateriales; y

(1) Según Aristóteles: «Etm n S ov kiyqÚhevov *mtí, úi&iov, xal oíiota. Mal £v¿pfcía
oüaa.» «Erisie algo que, d o siendo m ovido, m ueve; que es eterno, snslancia y
acto.» (Metafísica.) Y, según Sanio Tomás: P rim us ens oportet essepurum ar-
tum absqu$ permiastione alicujus potentias , eo quod poientía fim p liciter est
posterior actu. Omne autem quod quoctimque modo m u ta tu r , est aliquo modo
¿n potentia. Eso quo patet , quod impossibite est Deum aliquo modo m utari.
(Sum m a Theologina).
(2) *J'£ te m tta s oere et proprie in solo Deo est: guia eternitas immutabili-
t ate ni con$equitur ; solus autem Deus est omnino rmmutabilis.n (Santo Toin&s:
S u m m a TKeologica.) Locke confunde la etern idad con el tiem po indefinido, y ,
Clarke, con el abstracto.
LECCIÓN XLV 477

finalmente, que sólo está en algún lugar y en alguna cosa


p o r contacto de virtud, en cuanto obra ó produce algún
efecto real en el lugar ó cosa.» (1)
Existe en Dios una inteligencia absoluta, suprem a é
infinita, consecuencia legítima y natural de los atributos
antes m entados.
La voluntad es otro de los atributos de la divinidad,
por hallarse aquélla intim am ente vinculada con la inteli­
gencia (2).
La libertad es igualm ente atributo de Dios, de quien la
recibió el hom bre, y Nemo dat quod non habet, nec plus
quam habet.
Dios es tam bién la sum a bondad, por cuanto es el Ser
por esencia, per se santo (3).
Dios es om nipotente, porque nadie puede lim itar su
poder, infinito por esencia.
Es, adem ás, omnisciente; de otro modo, sería im per­
fecto. La presciencia divina no empece poco ni m ucho el
libre albedrío hum ano, toda vez que Dios sabe las cosas
porque sucederán, sin que acontezcan éstas porque Aquél
las sepa.
Compete á Dios la acción creadora de las cosas, es de­
cir, la capacidad de transform ar la nada en el ser; p a ra lo
cual es indispensable una potencia omnímoda, infinita,
que únicam ente en Dios reside.
(1) Del Curvo ile M etafísica , de nuestro ilustrado m aestro el doctor don Del-
Tin Donadiu. C onsúltense las Lecciones XV y XIX, páginas 165, 166, 1C7 y 218 del
texto.
(2) a VúluFitat ¿ntellectuin connequitur ...... Unde in quolibet kabente inte-
llectum est voluntas, eicut in quolibet kabente sensum, est appetitus anim alis.
Et sic oportel in Oeo esse ooluntatem, quum sin in eo intcllectus; et suitit
Ejus i n t e i x i g e r e est Ejus e s s e , ita et Ejus e s s e est Ejus v e l l e . » (Santo To­
más: Sum m a Theologica.)
(3) HAm or Del infunden* et creaos bonitaleni in rebtis.» (Sanio Tomés.)
478

Asimismo es privativa de Dios la acción conservadora


de los seres creados; advirtiendo que sem ejante conserva­
ción es directa y positiva, es decir, que estriba en un acto
real de la voluntad divina, que determ ina la perm anen­
cia de la cosa en el ser, de tal modo que la m era suspen­
sión de aquel acto producirla la aniquilación de la cosa
creada*
Hay que adm itir á la vez la necesidad y existencia del
inm ediato concurso de Dios en todas y cada una de las
acciones de las causas segundas. Y tam año influjo divino
es, á lo que parece, por concurso simultáneo, esto es, de
m an era que la acción de Djos acom pañe la acción hum a­
na, obrando las dos al m ism o tiempo sobre el efecto, que,
«n consecuencia, es térm ino directo é inm ediato de la ac­
ción divina y de la del hombre*
Finalm ente, Dios rige y gobierna todas las cosas crea­
das, y en esto consiste su Providencia; doctrina confirm a­
da por la razón, la experiencia y el sentido com ún, y con­
teste con el testimonio de la autoridad Divina y hum a­
na (t). En igual criterio coinciden los Santos P adres d é la
Iglesia y las Sagradas Escrituras, y lo m ism o decretó el
Concilio Vaticano (2).
A teísm o.—E\ sistem a que proclam a la existencia de
Dios, que es el explicado, se llam a Teísmo.
Existen tres sistem as absurdos, contrarios al anterior:
el Ateísm o, el Deísmo y el Panteísmo (3).

(1) Consúltese, entre otros, & Sa(i Maleo» San Gregorio Magno, San Dionisio,
San Agustín y Santo Tomás, A Cicerón y d Uoasuet.
(2) Universa, qutx condidii, Den* pracidentia sua tuetur atcjue guberrtai,
attingcns a jin e cid fin em fo rtile r, et diuponens omnici suaeiter. (Codc. Valica-
cano, do^m atiae>cAn. I).
(3) Los partidarios de cada uno de estos cu atro sistem as reciben respectiva­
m ente las calilicaciones «le Teístas, A teístas, Delatas y Pantei*ta¿¡.
LECCIÓN* XLV 479

Consiste el Ateísmo (1) en la negación de la existencia


de Dios.
* Divídese el Ateísmo en positivo ó negativo, según que
niegue ó sim plem ente ignore Ja existencia de Dios.
* El positivo se subdivide en especulativo, tam bién de­
nom inado dogmático ó teórico, práctico é indirecto: el p ri­
mero niega explícitam ente la m entada existencia de Dios,
el segundo hace de ella caso omiso, y, el tercero, reco n o ­
ce á Dios, bien que im perfectam ente.
* El Ateísmo positivo se exterioriza de diversos mo -
dos: o ra valiéndose de la blasfem ia, o ra de la hipocresía,
ora, por punto general, del Escepticismo (2), utilizado por
los M aterialistas, Positivistas é incrédulos contem porá­
neos.
* En el terreno de la realidad, existen apenas ateos ne­
gativos, puesto que es casi imposible que la ignorancia de
Dios sea duradera; siquiera sea, en parte, com prensible,
dado un estado excepcional de defecto de educación y de
luces.
* Más difícil es todavía encontrar ateos teóricos, que
realm ente lo sean, por la infinita evidencia con que res­
plandece la existencia de Dios (3); si hay en efecto alguno,
puede reputársele como verdadero m ónstruo (4).
* En cambio, es, por desgracia, cierta la existencia de
Ateos prácticos é indirectos; conforme lo certifican la e x ­
periencia y la H istoria de la Filosofía.

( h De acó?, «Dios,» precedido do la a privativa, equivalente al in latino y cas­


tellano.
(9) Vóaso la Lecaión XXVI.
(3) Do ellos podem os <iecir, con San A gustín, que no conocen á Dios, non q uia
non notcant. sed quia nollent,
(4) A éstos puede aplicárseles la sabida máxim a: Quo* DeU$ cult. perderé,
p riú s (it'incntat.
480

* El desmedido orgullo de la razón hum ana, la d ep ra ­


vación de la voluntad, m ovida á impulsos del interés (1),
y la lam entable anarquía reinante en la esfera filosófica,
son las tres causas generadoras del Ateísmo*
* Con Lord Bacon, p atriarca del E m pirism o, del M a­
terialism o, del Positivismo y del N aturalism o, y con D es­
cartes, corifeo del E scepticism o, del Criticismo y del
P anteísm o, surgió el A teísm o, cuyos partidarios contem ­
poráneos m ás notables son, entre otros: Cabanís, Comte,
Littré, Broussais, V iardot, Rouget, N aquet, Robin, Michelet,
Bacherot, Chérer, Renán y Taine, en Francia; Stuart Mili,
H erbert Spencer y Tyndall, en Inglaterra; y Hegel, Strauss,
Schopenhauer, Feuerbach, V ogt, Büchner, Hackel y Mo-
leschott (2), en Alemania. En cuanto á K ant, hay que
advertir que él en si no es ateo, por cuanto, si bien afirm a
que carecem os de medios p a ra probar científicam ente la
objetividad real de la idea de Dios, de m anera que en nos­
otros existe solam ente la idea m eram ente subjetiva del
mismo, la adm ite como postulado de la razón p rá ctica ;
em pero, su doctrina lleva insensiblem ente al Ateísmo,
toda vez que, al dejar sentada la im posibilidad de la per­
suasión y el convencim iento exacto de la existencia de
Dios, abandona sem ejante creencia al libre arbitrio indi­
vidual, no considerándola sino como m áxim a que nos
sirva de norm a de conducta ó principio necesario en el
cam ino de la vida terrenal.
El Deísmo adm ite la existencia de Dios, cuyo concepto
desnaturaliza, al negarle los atributos de concurso sim ul­

(1) Dice San Aguaita: Nemo Deum negat, niai cui esepedit Deum non
esse. Y eo análogos térm inos se expresa La líru y ¿ re .
(2) Estos tres form an la q u e pudiéram os lla m ar «Trinidad» de la Escuela Ma­
terialista.
LECCIÓN XI.V 481

táneo y providencia, y la religión sobrenatural, con las


profecías y los m ilagros.
El Panteísm o (l) envuelve la confusión entre el Mundo
y Dios, al sostener que los seres creados constituyen en
realidad un único ser sustancial, del cual los seres finitos
son m eras evoluciones parciales y fases distintas (2).
¥ Distínguense en el Panteísm o dos form as fundam en­
tales: el transeúnte ó emanunlista, que atribuye la form a­
ción del Mundo á una extensa y necesaria em anación de
Dios, y el inmanente, que la explica por una evolución
tam bién fatal, pero interna, del mismo Dios.
* En la prim era form a pueden distinguirse dos teorías:
la de la remanación, que supone que el Mundo es una
porción de la sustancia divina, que sale de Dios por e m a ­
nación y á El vuelve á. e n tra r m ediante la rem anación, y
la de la emanación propiam ente tal, que rechaza el reg re­
so de los seres á la sustancia divina.
* En la segunda forma pueden considerarse otras dos
teorías: la de la evolución real ó realista, de modificacio­
nes inm anentes, y la de la variedad aparente ó idealista,
de m eros fenómenos.
* En el Panteísm o em anantista, en en tram b as varie­
dades (rem anantista y emanantisia puro), el Mundo es
una p a rte de la sustancia de Dios; en el inmanente realis­
ta, un modo de aquélla sustancia; en el inmanente idealis­
ta , una sim ple ilusión (3).

(1) De n&aa, ndr, «todo,» y Oeó$, trD¡oa;o significa «todo Dios.» De donde,
«Paateo.n que, en tre los paganos, era cierta divinidad que asum ía los atrib u to s de
m uchos otros dioses. La voz ^Panteísm o* fué usada prim itivam ente p o r Jo h n To­
la nd , filósofo inglés (1700).
(i) nOmnia sunt Detis, Deu* etl omrtia; creaíor et natura idem sunt»
(Spinoza): principio fundam ental del Panteísm o.
(S) «Estas m últiples y variadas form as del e rro r panteístico proceden: ó de
31
482

* Cada una de las citadas variedades presenta varias


doctrinas: así, el Panteísm o emanantista fué patrocinado
p or distintas sectas de la Filosofía india, por los antiguos
Gnósticos, y, principalm ente, por los Estoicos (1) y los
N eoplatónicos (2), en tiem pos inveterados, y, en los re ­
cientes, por Cousin, el «Padre del Eclecticismo contem po­
ráneo» (3); el Panteísm o realista (4), por* Spinoza (5), el
citado Cousin (6), K rause (7) y Schopenhauer (8), con sus
adictos (9); y, el Panteísm o idealista (10), por algunas Es­
cuelas de la Filosofía india (11), y por Plotino, uno de los

fijar el origen del M undo 011 una generación 6 expansión necesaria d e la su stan ­
cia única de Dios, resultando asi el M undo com o emanado de la sustancia de Dios,
á la m anera, p or ejem plo, q u e una telaraña ó capullo de seda eraana del cuerpo
m ism o d e la araña ó del gusanillo d e soda; ó bien de una producción por acción
in terna 6 inm anente de Dios m ism o, ya sea ésta real, com o el oleaje de diferente
m agnitud y figura producido en el Océano, ya sea ideal 6 aparente, como los
colores vario» que aparecen en las plum as del pájaro m osca m iradas en diferentes
situaciones y grados de luz.» (Delfín Donadíu: «Curso de Metafísica.») Consultóse
al Abate Prisco: Saggio di Philosophia *pecolatina .
(1) Asi los Gnósticos com o los Estoicos eran rem ananiistas ; á diferencia de
los Neoplatónicos y Cousin, em anantistas en sentido estricto.
(2) Según éstos, las em anaciones fundam entales son la inteligencia y el alm a,
las cuales, con la unidad prim itiva, inform an la Trinidad de la Escuela alejan­
drina, la Tríada de PJotino, que, al decir de algunos Racionalistas, es el origen
del augusto m isterio de la T rinidad. Los Neoplatónicos son, adem ás de em anan-
tistas, idealistas.
(3) Cousin es emanantista-realiata.
(4) Tam bién llam ado experim ental ó positivista.
(5) En su jE tkica.
(6) En sus Fragm ents philQ9ophiqu.es.
(7) Transición en tre el Panteísm o realista y el idealista , puesto que participa
del Ontologismo de Schelling y del Psicologismo Fichte, con rem iniscencias
del Determinismo de Spinoza, la doctrin a do K rause, m uy generalizada en Espa­
ña, llém ase por sus adeptos Panentetsmo, Harmonismo y Sintetism v.
(8) S chopenhauer es ateísta y pantelsta 6 la vez.
(9) Schleiorm acber, H erbart, y, en lugar preferente, H artm ann.
(10) O trascendental. Véase la Lección VI, pñgs. 63 y siguientes.
(11) Según Tholuck, sostenían éstas que sólo llrahm a existe en realidad; siendo,
por tanto, pura apariencia, sin realidad alguna objetiva, el M undo y los seres
creados. La religión de B rahm a, ó el B rakm anism o, adm ite la "Trim urti» in d ia -
LECCIÓN XLV 483

m ás entusiastas adalides del N eoplatism o, antiguam ente,


y, en época contem poránea, por Fichte, Schelling y He-
gel (i).
Religión natural p rá ctica .—Estudia nuestras obliga­
ciones p ara con Dios, ó sea, el culto divino.
Del culto: su definición: su división.—Culto es el ho­
m enaje que el hom bre tributa á su Creador.
Divídese en interno ó sim ple y externo ó miscto, según
que lo realicem os con actos elícitos ó im perados.
El externo puede ser público y privado; aquél lo tribu­
tam os en unión de otros individuos, acom pañándolo de
ciertos ritos, prácticas y ceremonias, y valiéndonos de
m inistros, templosf altares y sacrificios; éste, en la fami­
lia, ó en la soledad.
El hom bre viene obligado á rendir á su Dios las tres
clases antedichas de cultos*
Actos que constituyen el culto internó.—Son ocho: f e ,
adoración, am or, esperanza, oración, g ra titu d , obedien­
cia y temor.
Fe en Dios es el voluntario asenso que concedemos á
las verdades m anifestadas por Aquél; llám ase, en gene­
ral, teológica ó d ivin a; y se funda en la infalibilidad de
Dios (2).

iui, com puesta de Brahtna, Dios creador, Vichnú . Dios conservador, y (¿iva,
Dios d e stru c to r (estos dos análogos, hasta cierto punto. 6 Orinuitd y A h rym á n );
m ás tarde, (.lackiumuni perfeccionó el Brahm onism o, dando origen al Budhismo,
religión de Hudha.
(1) Fichte se distingue por el Pnicolorjismo 6 SubjelÍDt*moy Schelling por
«I Ontologixmo ú Objetivismo, y Hegel por su Idealismo puro; dando asi tugar &
las tres forma» m odernas del l’dntaism o idealista; lo subjetiva, la objetiva y la
l ó y ic a . Cbnvíene n o tar que Hegel. com o S chopenhauor y los restan tes pantelstas,
e s, siquiera indirectam ente. atei*ta.
(i) véanse lis Lecciones XXV y XXVI.
484 ÉT IC A

Puede ser natural ó filosófica y sobrenatural ó reve­


lada: la prim era es el asentim iento á las verdades que
Dios nos pone de m