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11.

El código de Ética Profesional del emprendedor

La ética del empresario frente a sus empleados.

Toda reflexión moral sobre hechos contingentes y cambiantes presenta un margen de

relatividad por estar vinculada a las características específicas del momento histórico en el

que tienen lugar los hechos.

En el momento actual puede proponerse un razonamiento basado en una visión

antropológica: toda comunidad define sus propias modalidades de producción y de

intercambio a fin de sobrevivir y mejorar sus condiciones de vida. Este principio, poseedor

ya de por sí de un contenido ético, encontrará una realización concreta tanto más amplia

cuanto más eficiente sea la solución del problema de la producción y el intercambio. Esto

significa que el progreso humano está vinculado al desarrollo económico, aunque el solo

desarrollo económico no pueda identificarse con el progreso humano.


1. INSPIRARSE EN LOS VALORES FUNCIONALES DEL DESARROLLO: El

empresario tiene la responsabilidad moral y el papel social de individuar las combinaciones

productivas más eficientes y eficaces, es decir, aquellas que potencien al máximo la

aportación de todos los componentes de la empresa al desarrollo económico.

Al desempeñar este papel, el empresario puede ciertamente, además de producir desarrollo,

contribuir al progreso humano; pero esto dependerá de la ética que inspire sus propios

comportamientos. Quiere ello decir que existen unas referencias éticas mínimas, a las que el

empresario deberá atenerse siempre como agente del desarrollo.

En cuanto agente de desarrollo el empresario desarrolla su papel cuando en la empresa la

relación entre recursos empleados y recursos producidos es positiva, en el sentido de que lo

producido tiene un valor de intercambio superior al valor de los elementos empleados para

realizarlo. A esta diferencia se le da el nombre de beneficio, y tiene lugar en el ámbito del

mercado, es decir, como consecuencia de la cantidad de los bienes que los sujetos están

dispuestos a ceder con el fin de asegurarse aquel producto. En este sentido el beneficio es un

índice de la eficiencia y del "estado de salud" de la empresa y un medio para su expansión.

Una empresa en efecto, que no produzca beneficios está en contradicción con su objetivo,

por cuanto consume más de lo que produce. Semejante situación contraviene a las referencias

éticas mínimas de un empresario y puede considerarse inmoral, por cuanto que, sin

beneficios, la empresa no sólo está destinada a desaparecer, sino que empobrece a la


colectividad en su totalidad al sustraer recursos para inversiones más productivas que

mejoren las condiciones de vida.

Por consiguiente, todo empresario tiene el deber ético de inspirarse en los valores funcionales

del desarrollo: eficiencia, eficacia, productividad. En esto consiste también la base mínima

de su responsabilidad para con la sociedad.

Obviamente, los valores funcionales típicos del desarrollo económico son compatibles con

los valores universales (justicia, libertad, solidaridad, etc.), en los que también pueden

inspirarse los empresarios dentro de la autonomía de su función y de la libertad de su

conciencia.

Ésta del desarrollo económico (naturalmente en los países en los que se ha difundido el

"espíritu empresarial´~ constituye una de las novedades más sobresalientes de la época en

que vivimos.

A la vez que implica la superación de la economía de subsistencia y de miseria, el desarrollo

económico plantea también a la reflexión moral interrogantes inéditos a los que es urgente

hacer frente. Las dificultades críticas constituyen otros tantos problemas abiertos (tanto para

el empresario como para la sociedad), que nos limitaremos solamente a enumerar, entre otras

cosas por falta de una reflexión moral consolidada.

2. ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD. La primera gran esfera ética en la que se

manifiestan fuertes exigencias de reflexión es la de la responsabilidad. En un contexto de

desarrollo, ésta concierne principalmente a los comportamientos inherentes a la función

empresarial (a y b), a la laboral y a la de consumo (c).


a) En lo concerniente a la función empresarial. Se entiende ésta en un sentido muy amplio.

En una sociedad plural y tendente al desarrollo, el afianzamiento de los intereses espirituales

y materiales y de las libertades civiles está confiado a la iniciativa individual y de grupo. La

creación de empresas y de asociaciones con el objetivo de satisfacer esos intereses

(necesidades) constituye una clara responsabilidad social; de que se asuman medidas en esta

dirección depende, en efecto, la solución de la mayor parte de los problemas individuales y

sociales que se presentan en una realidad abierta y compleja. Tales iniciativas, sin embargo,

configuran también una responsabilidad económica, ya que el logro de sus objetivos implica

encontrar recursos y hacer el mejor uso posible de los mismos.

Existe, pues, una doble vertiente de lo empresarial y de la responsabilidad unidas en su

ejercicio: la económica y la social.

Lo empresarial en sentido amplio se puede considerar una función social, puesto que tiene

por finalidad la satisfacción de necesidades propias de una pluralidad de personas. Existe,

pues, una esfera específica de responsabilidad en la individuación de las necesidades

(mercado) a las que dirigir la propia iniciativa (producción). Y es totalmente evidente a este

respecto que existen innumerables posibilidades de elección en las iniciativas empresariales

(desde la construcción de un hospital privado a la industria del cine pornográfico), y no todas

obviamente son compatibles con un planteamiento ético, en el sentido de que no es

moralmente lícita la producción de cualquier cosa (a este respecto se está prestando atención

cada vez mayor al impacto medioambiental de las iniciativas empresariales y a los problemas

relacionados con la contaminación; [l Ecología].


Por otro lado, a la hora de juzgar la calidad del desarrollo promovido por la iniciativa

empresarial, parece un deber ético atender a indicadores de desarrollo económico (PIL,

productividad del trabajo, etc.), indicadores de bienestar social (ocupación, nivel de los

precios, etc.) e indicadores de calidad de la vida (seguridad social, instrucción, sanidad, etc.).

La responsabilidad social del empresario resulta evidente en este campo, como resulta

evidente la escasez de normas éticas consolidadas en estos temas.

b) En lo concerniente a las relaciones del empresario con los colaboradores. Esta esfera de

responsabilidad concierne tanto a la incidencia que tienen en la vida de los trabajadores las

grandes opciones estratégicas y de gestión como las condiciones de organización del trabajo.

Desde este último punto de vista la situación actual ofrece perspectivas muy estimulantes y

características, profundamente diferentes de las del pasado.

La gran flexibilidad de organización y el ahorro de trabajo reiterativo y fatigoso que permiten

las nuevas tecnologías aumentan enormemente el grado de libertad en la organización del

trabajo y hacen más accesible el objetivo de la plena valoración de las cualidades personales

de cada uno. Las opciones de organización se presentan así al empresario con una gama

mucho más amplia y, consiguientemente, con una carga de responsabilidad para con los

demás verdaderamente sin precedentes.

En una sociedad cambiante y en una empresa que cambia con ella, esta responsabilidad es

continua, cotidiana. Por ello mismo engloba también, al menos en el ámbito profesional, la
responsabilidad de enseñar a los colaboradores a cambiar y cómo cambiar en una verdadera

relación de tipo pedagógico.

En definitiva, en una sociedad avanzada y compleja existe un espacio muy amplio de

discrecionalidad en la concepción, organización y gestión de cualquier iniciativa. Dentro de

ese espacio, el ejercicio de las opciones comporta responsabilidades crecientes en cantidad y

calidad; pero dicho ejercicio no está asistido por un magisterio ético de igual articulación y

sofisticación. Y,sin émbargo, la particular importancia del papel del empresario como

persona que asume iniciativas en orden a la solución de problemas colectivos estaría

demandando la elaboración de unos principios en cierta medida colindantes con la utopía.

Si la capacidad de innovación, la eficiencia y la profesionalidad con las que el empresario se

mueve en el propio espacio discrecional están animadas por el valor cívico y por la referencia

a los principios y valores de la persona, y orientadas a su vez a objetivos coherentes con todo

esto, pueden dar vida a una forma de uno inteligente, es decir, al desarrollo concreto de

proyectos que representen un paso adelante, por pequeño que sea, en el progreso de la

humanidad.

c) En lo concerniente al trabajo y al consumo. Paralela a la problemática ética del empresario,

en cuanto suscitada por los efectos concretos de su iniciativa, existe una problemática

escasamente explorada, concerniente al trabajo y al consumo.

La reflexión ética ha resaltado con toda justicia los problemas relacionados con el carácter

subjetivo y personal del trabajo y con la dignidad del trabajador, mientras que ha dejado en

la sombra los problemas vinculados a la relación existente entre trabajo humano y

producción. Se trata de explorar las dimensiones nuevas que asume el tema de la dignidad
humana del trabajador en orden a su responsabilidad como productor. Al hacer esto hay que

tener presente que esta responsabilidad va mucho más allá del respeto a los derechos y

deberes, para adquirir un significado social mediante la aportación de la productividad del

trabajador al desarrollo no sólo de la empresa, sino de la sociedad también.

Responsabilidades y problemas éticos análogos se encuentran en la esfera de los

comportamientos de con sumo. Junto a las conocidas distorsiones (consumismo) hay que

profundizar en el significado moral de la libertad de definir la propia "ficha de los consumos"

(derecho de escoger el producto, respeto a los gustos del consumidor, esfuerzo por

satisfacerlos).

3. ÉTICA DE LA /SOLIDARIDAD. La segunda esfera importante en el comportamiento

empresarial es la de la solidaridad. Guarda relación con los problemas implicados en los

mecanismos de producción y de distribución. También aquí la reflexión debería encaminarse

a recoger los aspectos positivos implicados en el desarrollo económico creado por la

capacidad empresarial.

Disponemos, en efecto, de una amplia contribución del magisterio en los aspectos

distributivos (solidaridad es distribuir equitativamente los recursos producidos); pero quedan

aún numerosos problemas por afrontar en lo concerniente a la ética de la producción

(solidaridad es ante todo producir riqueza para después poder distribuirla).


En las sociedades plurales con economía de mercado la organización social prevé que el

sujeto que tiene la responsabilidad del problema productivo sea la empresa, y que el sujeto

que tiene la responsabilidad de la distribución sea el Estado, al menos tocante a hacer

efectivas unas condiciones mínimas de solidaridad (los niveles ulteriores de solidaridad

quedan confiados a las asociaciones voluntarias).

En este campo el empresario tiene al menos dos funciones, y por consiguiente dos

obligaciones de responsabilidad diferentes. 0 En cuanto gestor de la empresa tiene la

responsabilidad y el deber moral de no malgastar los recursos que utiliza y, por consiguiente,

de perseguir la máxima eficiencia y rentabilidad, enseñando a sus colaboradores (que no son

empresarios) todo lo necesario para conseguir estos objetivos. 0 En cuanto ciudadano tiene

la responsabilidad de pagar los impuestos, es decir, de contribuir a financiar las transferencias

necesarias para hacer efectiva la solidaridad social y de expresar a través de la participación

y del voto sus propias opciones acerca de los sistemas mejores para llevar esto a cabo.

A la inversa, es necesario señalar las problemáticas éticas relacionadas con el gasto social

del Estado. En este campo se impone la difusión de la convicción de que la solidaridad se

mide también en términos de eficiencia; o, en otras palabras, que todo derroche sustrae

recursos a alguien que tiene necesidad de solidaridades primarias.

En este sentido otro tema fundamental de reflexión lo constituye la definición de los umbrales

mínimos de solidaridad que debe garantizar el Estado y, a la inversa, de los gastos en los que

moverse inspirándose en el principio de subsidiaridad.


La ética del empresario frente a sus clientes.