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La lechuza de Minerva UNO

¿Qué es Filosofía?

K. R. Popper P. Lorenzen P. Feyerabend

]. ]. J. Ayer
C. Smart M. H. Fisch A.
Cómo veo la filosofía 1r
S. Hook F. C. Copleston P. Ziff

St. Hampshire B. Blanshard W. V. Quine


KARL R. POPPER
A. R. White A. Schaff H. Marcuse

G. Marce! A. Watts ]. Wisdom


I

Compilación e introducción Hay un famoso e inspirado ensayo de mi difunto amigo Friedrich


Waismann que ostenta este título 1• Yo admiro mucho ese ensayo
de
de Waismann, e incluso hay en él una serie de puntos con los
Charles J. Bontempo y S. Jack Odell cuales puedo estar de acuerdo, a pesar de que mi perspectiva es to­
talmente diferente de la suya.
Fritz Waismann y muchos de sus colegas dan por sentado que
los filósofos son una clase especial de personas y que la filosofía pue­
de ser considerada como su peculiar actividad. Y lo que intenta ha­
cer en su ensayo es mostrar, con la ayuda de ejemplos, lo que cons­
tituye el carácter distintivo de un filósofo, y el carácter distintivo de
la filosofía, si se la compara con otras materias académicas tales
como la matemática o la física. Intenta, pues, especialmente, dar

11
una descripción de los intereses y actividades de los filósofos acadé­
micos contemporáneos, y del sentido en el cual puede decirse de ellos
que continúan llevando adelante lo que los filósofos hicieron en el
pasado.
EDICIONES CÁTEDRA, S. A. Madrid Los planteamientos de Waismann son del mayor interés. Pero
su ensayo delata además un grado considerable de compromiso per­
sonal en estas actividades académicas, e incluso de entusiasmo. Cla­
© Me Graw-Hill Inc, 1975 ramente, nuestro autor es un filósofo, en cuerpo y alma, en el sen­
tido del mencionado grupo especial de filósofos; y, claramente, desea
Ediciones Cátedra, S. A., 1979
transmitirnos algo del entusiasmo que es compartido por los miembros
Don Ramón de la Cruz, 67. Madrid-1
de esta un tanto exclusiva comunidad.
Depósito legal: M. 31.336 - 1979
"' Traducción de Carmen García-Trevijano.
ISBN: 84-376-0203-3 1 F. Waismann, en H. D. Lewis (ed.), Contemporary British Philosophy,
Third Series, 12.ª ed., George Allen & Unwin, Ltd., Londres, 1961, pági­
Printed in Spain nas 447-490.
Impreso en Velograf. Tracia, 17. Mad.rid-17 © C.Opyright 1972 de Karl Popper.

Papel: Torras Hostench, S. A.


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Me refiero a LA apología de Sócrates, de Platón, porque, de to·
das las obras de filosofía jamás escritas, es la que más me gusta. Pre­
sumo que es históricamente verdadera -que nos cuenta, más o me­
II nos, lo que Sócrates dijo ante la corte de Atenas. Me gusta porque
aquí habla un hombre, modesto y sin miedo. Y su defensa es muy
simple: insiste en que es consciente de sus limitaciones, en que no
El modo en que yo veo la filosofía es totalmente diferente. Pien­ es sabio, excepto, posiblemente, en su conciencia del hecho de que
so que todos los hombres y todas las mujeres son filósofos, aunque no es sabio; y que es un crítico, especialmente de toda jerga alti·
algunos lo son más que otros. Estoy de acuerdo en que hay una cosa sonante, y, sin embargo, un amigo de sus semejantes y un buen
tal como un grupo característico y exclusivo de personas, los filó­ ciudadano.
sofos académicos, pero estoy lejos de compartir el entusiasmo de Esto n o es solamente la apología de Sócrates, sino que desde mi
Waismann acerca de sus actividades y su perspectiva. Por el con­ punto de vista es una impresionante apología de la filosofía.
trario, creo que hay mucho que decir de aquellos sujetos (en mi
opinión, filósofos de cierta especie) que son sospechosos de filosofía
académica. En todo caso, manifiesto mi profunda oposición a una
idea (una idea filosófica) cuya influencia, no analizada y nunca men­ IV
cionada, impregna el brillante ensayo de Waismann: me refiero a
la idea de una élite intelectual y filosófica 1• Pero consideremos el caso del proceso a la filosofía. Muchos filó­
Por supuesto que admito que ha habido pocos filósofos verdade­ sofos, y entre ellos algunos de los más grandes, no lo hap hecho de­
ramente grandes, y también un exiguo número de filósofos que, aun­ masiado bien. Incluso Platón, el más grande, más profundo, mejor
que admirables por muchos conceptos, no acertaron a ser grandes. dotado de todos los filósofos, tenía una concepción de la vida hu­
Pero si bien es cierto que lo que han producido debe ser de la mana que yo encuentro repulsiva y horripilante. Con todo no sólo
mayor importancia para cualquier filósofo académico, la filosofía no fue un gran filósofo y el fundador de la más grande escuela profe­
depende de ellos en el sentido en que depende la pintura de los sional de filosofía, sino también un grande e inspirado poeta; y es­
grandes pintores o la música de los grandes compositores. Por lo de­ cribió, entre otras bellas obras, La apolo¡,ía de Sócrates.
más, la gran filosofía -por ejemplo, la de los presocráticos- ante­ Su defecto, como el de tantos otros filósofos profesionales des­
cede a todas las academias y a todos los profesionalismos. pués de él, era que, en completo contraste con Sócrates, creía en la
élite: en el Reinado de la Filosofía. Mientras Sócrates demandaba
que el hombre de estado fuese sabio, es decir, consciente de cuán
poco sabía, Platón exigía que los sabios, los filósofos ilustrados, go­
III bernasen absolutamente. Desde Platón, la megalomanía ha sido siem­
pre la más extendida enfermedad ocupacional del filósofo.
David Hume, que no era un filósofo profesional, y que fue, jun­
En mi opinión, la filosofía profesional no lo ha hecho demasiado to a Sócrates, quizá el más cándido y bien equilibrado de todos los
bien. Está urgentemente necesitada de una apologia pro vita sua -una filósofos y un hombre profundamente modesto, racional, y razona­
justificación de su existencia. blemente desapasionado, fue conducido, por una infortunada y erró­
Albergo incluso el sentimiento de que el hecho de que yo sea nea teoría del conocimiento que le Jlevó a desconfiar de sus propios
un filósofo profesional constituye un serio cargo en contra mía: lo y notabilísimos poderes de razonamiento, a la terrible doctrina, «La
siento como una acusación. Debo confesarme culpable, y presentar, razón es, y sólo debe ser, esclava de las pasiones, y no puede pre·
como Sócrates, mi apología. tender otro oficio que el de servirlas y obedecerlas»ª. Estoy dispues-

2 &ca idea destaca t:n obst:rvaciones de Waismann tales como: «Ciertamen­ 3 David Hume , A Treatise of Human Nature, ed. Selby-Bigge, Clarendon
te, un filósofo es un hombre que percibe las ocultas hendiduras que pudiera Presd, Oxford, 1888 (y muchas ediciones posteriores), libro II, parte III,
haber en el cuerpo de nuestros conceptos, mientras que los otros sólo ven sección III, pág. 415. [Trad. castellana, Tratado de la Naturaleza Humana,
ante ellos la lisa superficie de lo cotidiano.» Ibid., pág. 448. edición preparada por Félix Duque, Madrid, Editora Nacional, 19n, pág. 617.)

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to a admitir que nada grande ha sido jamás realizado sin pasión, pero Éstos son algunos de los más grandes filós?fos, los fil fos queó�o
que
creo en el argumento diametralmente opuesto al de Hume. El apa­ verdaderamente admiro. El lector comprendera por qué pienso
que
ciguamiento de nuestras pasiones por esa limitada razonabilidad de la filosofía no lo ha hecho demasiado bien, y por qué creo
la que podemos ser capaces es, en mi opinión, la única esperanza necesita una apología.
del género humano.
Spinoza, que fue el santo entre los grandes filósofos, y que al
igual que Sócrates y al igual que Hume no fue un filósofo de pro­ V
fesión, enseñó casi exactamente lo opuesto a Hume, pero de una
manera que yo, por mi parte, juzgo ser no sólo errónea, sino además
éticamente inaceptable. Era un determinista (como lo era Hume), y Nunca fui como mis amigos Fritz Waismann, Herbert Feigl,
la libertad humana consistía para él únicamente en tener un enten­ Victor Kraft, Hans Hahn, Karl- Menger, Philip Frank, Rudolf C� ­
dimiento claro, distinto y adecuado, de las verdaderas causas de nap y Franz Urbach, miembro del Círculo de Viena d�. postt.­
nuestras acciones: «Un afecto, que es una pasión, cesa de ser una vistas lógicos; de hecho, Otto Neurath me llamó «la oposici n of1·�
.

pasión tan pronto como formamos una idea clara y distinta de él»'. cial». Nunca fui invitado a ninguna de las reumones del Circulo,
Mientras es una pasión, estamos en sus garras y no somos libres; �
supongo que debido a mi bien conoci a ?Pº� ición al � ositivismo. (Me
una vez que tenemos una idea clara y distinta del mismo, estamos hubiera agradado poder aceptar una mv1tac16n, no solo porque al� ­
aún determinados por él, pero lo hemos transformado en parte de nos de los miembros del Círculo eran amigos personales míos, smo
nuestra razón. Y sólo esto es libertad. también porque sentía la mayor admiración por algun� s de l� s otros
Considero esta doctrina como una forma insostenible y peligrosa _
miembros.) Bajo la influencia del Tractatus Lngzco-Phtlosop k
tcus, d�
de racionalismo, aun a pesar de tenerme a mí mismo, de algún modo, �
Ludwig Wittgenstein, el Cí:� ulo abía lle�ado a � er no so o ant ­
! �
por racionalista. En primer lugar, no creo en el determinismo; y no metafísico ' sino también anuf1los6f1co. Schhck, el hder del Circulo ,
creo que Spinoza ni ningún otro hayan generado sólidos argumentos formulaba esto anunciando a modo de profecía «que la filosofía,
que lo apoyen, o que apoyen una reconciliación del determinismo !
que nunca habla con sentido s no sólo de ins�sateces carentes de sig­
con la libertad humana (y por tanto con el sentido común). Me pa­ nificado», pronto desaparecera, porque los filosofas en� ontrarán que
rece que el determinismo de Spinoza es un típico error de filósofo, su público, cansado de vacuas invectivas ha des� parec1do.
incluso aunque, sin duda, sea verdad que mucho de lo que estamos ! _
Waismann estuvo de acuerdo con Wmgenstem y Schhck duran­
haciendo (aunque no todo) esté determinado y hasta sea predecible. te muchos años. Creo poder detectar en su entusiasmo por la fi­
En segundo lugar, aunque puede ser verdad en algún sentido que un losofía ' el entusiasmo del converso.
exceso de lo que Spinoza entiende por pasión nos deja faltos de li­ Yo siempre defendí a la filosofía, e incluso a la metafísica, con­
bertad, su fórmula no nos haría responsables de nuestras acciones tra el Círculo, aun a pesar de tener que admitir que los filósofos no
mientras no pudiésemos formar una idea racional clara, distinta y lo habían hecho demasiado bien. Porque creía que muchas personas,
adecuada de los motivos de las mismas. Pero yo sostengo que nunca y yo entre ellas, tenían genuinos problemas filosóficos de diversos
podemos; y aun cuando ser razonables en nuestras acciones y en grados de seriedad y dificultad, y que de esos problemas no todos
nuestros comportamientos con nuestros semejantes es, pienso, un fin eran insolubles. ,
de la mayor importancia (y Spinoza ciertamente pensaba también Ciertamente la existencia de problemas filosóficos urgentes Y se-
así), no creo que esto sea un fin del cual podamos decir jamás que rios, y la necesidad de discutirlos críticamente es, en �i opinió�, la
lo hemos alcanzado. _
única justificación de lo que puede ser llamado f1losofia profesional
Kant, uno de los pocos admirables y altamente originales pensa­ o académica.
dores entre los filósofos profesionales, intentó resolver el problema Wittgenstein y el Círculo de Viena negaron la existencia de pro-
del rechazo de la razón por Hume, y el problema del determinismo blemas filosóficos serios.
de Spinoza; sin embargo, fracasó en ambos intentos. De acuerdo con el final del Tractatus, los aparentes problemas

' Benito de Spinoza, P.tc


i a, li b ro V, proposici6n III. Trad. de Osear C.Oban,
}
s El Círculo de Viena fue, �e hecho, el seminaro. privado de Schlick, Y sus
_
México, Fondo de Cultura Económica, 1977. miembros eran personalmente mv1tados por este ultimo.

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de la filosofía (incluyendo los del propio Tractatus) son pseudopro­ una historia de edificios intelectuales en los que se han ensayado
blemas que surgen al hablar sin haber dado significado a todas las todas las ideas posibles y en los que la verdad puede quizá salir a
palabras que uno emplea. Esta teoría puede considerarse como ins­ la luz como un producto secundario. Creo que estamos haciendo una
pirada por la solución que da Russell a las paradojas lógicas como injusticia a los filósofos verdaderamente grandes del pasado si duda­
pseudoproposiciones que no son ni verdaderas ni falsas sino carentes mos por un momento que cualquiera de ellos hubiera descartado su
de significado. Y esto condujo a la moderna técnica filosófica de ca­ sistema (y tal habría hecho) si hubiera llegado a convencerse de que,
lificar de «carente de significado» a todo género de proposiciones o aunque tal vez brillante, no constituía un paso en el camino de la
problemas molestos. El úlúmo Wittgenstein solía hablar de «embro­ verdad. (Ésta es, incidentalmente, la razón por la que no considero
llos», causados por el abuso filosófico del lenguaje. Sólo puedo de­ a Fichte o a Hegel como filósofos reales: desconfío de su devoción
cir que si no tuviera serios problemas filosóficos y ninguna espe­ a la verdad.)
ranza de resolverlos, no tendría excusa para ser filósofo: en mi opi­ 4. No veo a la filosofía como un intento ni de clarificar ni de
nión, no habría justificación para la filosofía. analizar ni de «explicar» conceptos, o palabras, o lenguajes.
Los conceptos o las palabras son meras herramientas para formu­
lar proposiciones, conjeturas y teorías. Los conceptos o las palabras
no pueden ser verdaderos en sí mismos; solamente sirven para el
lenguaje descriptivo y argumentativo humano. Nuestro propósito no
VI
debiera ser analizar significados, sino buscar verdades interesantes e
importantes; esto es, teorías verdaderas.
5. No veo a la filosofía como una manera de ser inteligente.
En esta sección enumeraré ciertas concepciones de la filosofía v
6. No veo a la filosofía como una especie de terapia intelectual
ciertas actividades que a menudo se consideran características de ell�,
(Wittgenstein), una actividad para ayudar a salir a la gente de sus
y que yo, por mi parte, encuentro insatisfactorias. La sección podría
perplejidades filosóficas. A mi modo de ver, Wittgenstein (en su
titularse «Cómo No Veo a la Filosofía».
última obra) no mostró a la mosca el camino para salir de la botella.
1. No veo a la filosofía como resolución de embrollos lin­
Más bien veo en la mosca incapaz de escapar de la botella un sor­
güísticos.
prendente autorretrato de Wittgenstein. Wittgenstein era un caso
2. No veo a la filosofía como una serie de obras de arte, como
wittgensteiniano --como Freud era un caso freudiano.
pinturas sorprendentes y originales del universo, o como inteligentes
7. No veo a la filosofía como un estudio de cómo expresar co­
e inusuales formas de describir el mundo. Pienso que si considera­
sas más precisa o exactamente. La precisión y la exactitud no son va­
mos a la filosofía de esta manera, cometemos una gran injusticia con­
lores intelectuales en sí mismos, y nunca debiéramos tratar de ser
tra los grandes filósofos. Los grandes filósofos no estaban compro­
más precisos o exactos de lo que requiera el problema que tengamos
metidos en una empresa estética. No pretendían ser arquitectos de
entre manos.
inteligentes sistemas; sino que eran, antes que nada, y al igual
8. De acuerdo con ello, no veo a la filosofía como un intento
que los grandes científicos, perseguidores de la verdad -de solu­
ciones verdaderas de problemas genuinos. No, yo veo la historia de para proporcionar los fundamentos o el entramado conceptual para
resolver problemas que puedan presentarse en el más cercano o más
l a filosofía esencialmente como una historia de la búsqueda de 1a
verdad y rechazo la concepción puramente estética de ella, incluso distante futuro. John Locke, hizo eso; quiso escribir un ensayo sobre
aunque la belleza sea importante en la filosofía, como también en ética y consideró necesario suministrar primero los preliminares con­
la ciencia. ceptuales.
Estoy absolutamente en favor de la audacia intelectual. No po­ Su Ensayo consiste en esos preliminares, y la filosofía británica
demos ser cobardes intelectuales y al mismo tiempo buscadores de ha quedado desde entonces (con muy pocas excepciones tales como
la verdad. Un investigador de l a verdad precisa atreverse a ser sabio algunos de los ensayos políúcos de Hume) embarrancada en los pre­
-. precisa atreverse a ser un revolucionario en el campo del pensa­ liminares.
miento. 9. Ni veo a Ja filosofía como una expresión. del espmtu del
3. No veo a la dilatada historia de los sistemas filosóficos como tiempo. Ésta es una idea hegeliana que no se tiene en pie ante la

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crítica. Modas hay en filosofía, como las hay en la ciencia. Pero un bles capitalistas lo que impide el advenimiento del socialismo y el
auténtico investigador de la verdad no seguirá la moda; desconfiará establecimiento del paraíso en la tierra.
de las modas e incluso las combatirá. La teoría que ve la guerra, la pobreza, y el desempleo como el
resultado de alguna perversa intención, de algún siniestro designio,
es parte del sentido común, pero es acrítica. He llamado a esta teo­
ría acrítica del sentido común, la teoría conspiratoria de la sociedad.
VII Podríamos incluso llamarla la teoría conspiratoria del mundo. Está
ampliamente difundida y, en la forma de una búsqueda de víctimas
propiciatorias, ha inspirado muchas contiendas políticas y ha dado
Todos los hombres y todas las mujeres son fi1ósofos; o, permíta­ lugar a muchos sufrimientos evitables.
senos decir, si ellos no son conscientes de tener problemas filosóficos, Un aspecto de la teoría conspiratoria de la sociedad es que ella
tienen, en cualquier caso, prejuicios filosóficos. La mayor parte de misma incita conspiraciones reales. Pero una investigación crítica
estos prejuicios son teorías que inconscientemente dan por sentadas, muestra que las conspiraciones difícilmente alguna vez logran sus ob­
o que han absorbido de su ambiente intelectual o de la tradición. jetivos. Lenín, que sostuvo la teoría de la conspiración, era un cons­
Puesto que pocas de estas teorías son conscientemente sostenidas, pirador, y también lo fueron Mussolini y Hitler. Pero los propósitos
constituyen prejuicios en el sentido de que son sostenidas sin exa­ de Lenin no se realizaron en Rusia, ni los de Mussolini o Hitler se
men crítico, incluso a pesar de que puedan ser de gran importancia realizaron en Italia o Alemania. Todos estos conspiradores llegaron
para las acciones prácticas de la gente y para su vida entera. a serlo porque creían en una acrítica teoría conspiratoria de la so­
Una justificación de la existencia de la filosofía profesional reside ciedad.
en el hecho de que los hombres necesitan que haya quien examine Tal vez pueda ser una modesta, aunque no tan insignificante,
críticamente estas extendidas e influyentes teorías. contribución a la filosofía el llamar la atención sobre los errores
Éste es el inseguro punto de partida de toda ciencia y de toda de la teoría de la conspiración en la sociedad. Por lo demás, esta
filosofía. Toda filosofía debe partir de las dudosas y a menudo perni­ contribución conduce a formular nuevas aportaciones tales como el
ciosas concepciones del sentido común acrítico. Su objetivo es el descubrimiento del significado que tienen para la sociedad las conse­
sentido común crítico e ilustrado: una concepción más próxima a la cuencias no intencionadas de las acciones humanas, y la sugerencia
verdad, y con una influencia menos perniciosa sobre la vida humana. de considerar como objetivo de las ciencias sociales teóricas el des­
cubrimiento de aquellas relaciones sociales que producen las conse­
cuencias no intencionadas de nuestras acciones.
Considérese el problema de la guerra. Incluso un filósofo crítico
VIII de la talla de Bertrand Russell cree que tenemos que explicar las
guerras por motivos psicológicos -por la agresividad humana-. Yo
no niego la existencia de la agresividad, pero me sorprende que Rus­
Permítaseme presentar algunos ejemplos de prejuicios filosóficos sell no viese que la mayor parte de las guerras en los tiempos mo­
muy extendidos. dernos han sido inspiradas por el miedo a la agresión más que por
Hay una muy influyente concepción filosófica de la vida que la agresividad personal. Han sido o bien guerras ideológicas inspira­
consiste en dar por sentado que cuando en este mundo sucede algo das por el miedo al poder de alguna conspiración, o bien guerras que
que es realmente malo (o que detestamos), entonces tiene que ha­ nadie deseaba, pero que acontecieron como resultado del miedo ins­
ber alguien intencionalmente responsable de ello; alguien que lo ha pirado por alguna situación objetiva. Un ejemplo es el mutuo temor
hecho. Esta concepción es muy antigua. En Homero la envidia y la de agresión que induce a la carrera de armamentos y de ahí a la gue­
cólera de los dioses eran responsables de la mayor parte de las cala­ rra; quizá a una guerra preventiva como la que incluso Russell, que
midades que sucedieron en el campo ante Troya, y a la misma Tro­ era enemigo de la guerra y de la agresión, recomendó alguna vez,
ya; y era Poseidón el responsable de las desventuras de Ulises. Más temiendo (correctamente) que Rusia tendría pronto la bomba de hi­
tarde, en el pensamiento cristiano es el Demonio quien es responsa­ drógeno. (Nadie deseaba la bomba; fue el miedo de que Hitler la
ble del mal; en el marxismo vulgar es la conspiración de los insacia- monopolizase lo que indujo a .su construcción.)

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O considérese un ejemplo diferente de prejuicio

filos fico. Exis­ regiones de la filosofía es el conflicto entre el optimismo «epistemo­
un h mbre están siempre de­ lógico» y el pesimismo «epistemológico». ¿Podemos conocer? ¿Cuán­
te el prejuicio de que las opiniones de �
doctn n (que pued e ser des­ to podemos conocer? Mientras el optimista epistemológico cree en la
terminadas por su propio interés. Esta �
ina de Hum e de que posibilidad del conocimiento humano, el pesimista cree que el ver­
crita como una forma degenerada de la doctr
la razón es, y debe ser, la esclava de las pasio
nes) no es p�r lo ge­ dadero conocimiento está más allá de los humanos poderes.
, que ensen o la mo­ Soy un admirador del sentido común, aunque no de todo lo que
neral aplicada a uno mismo (como hizo Hume
poder es de razona­ le es propio; mantengo que el sentido común es nuestro único punto
destia y el escepticismo con respecto a nuestros
es por lo general de partida posible. Pero no debiéramos aprestarnos a erigir un edi­
miento incluidos los suyos personales), sino que
nes difier en ficio de conocimiento seguro sobre él, sino más bien criticarlo y per­
aplicad� solamente a nuestros semejantes -cu,yas
opinio
temente y tomar en feccionarlo. Soy, pues, un realista de sentido común; creo en la rea­
de las nuestras. Ello nos impide escuchar paaen
las ex�lic �os
a lidad de la materia (que pienso es el verdadero paradigma de lo que
serio opiniones que se oponen a las nuestras, porqu�
os ble la discusión se entiende que denota la palabra «real»); y por esta razón me ad­
por los intereses de los otros. Pero esto hace im� �
idad natural, de judicaría el nombre 'materialista', si no fuese por el hecho de que
racional. Conduce a un deterioro de nuestra curios
la verdad sobre las cosas. En lugar de este término denota también un credo que (a) toma a la materia
nuestro interés en descubrir
la importante pregunta «¿Cuá l es ia verdad sobre este �sunto?», como esencialmente irreductible, y (b) niega la realidad de los cam­
«¿Cua ,les son tus intereses, pos de fuerza inmaterial y, por supuesto, también de la mente, o la
plantea la menos importante pregu nta
der de las personas conciencia; y de cualquier otra cosa que no sea materia.
cuáles son tus motivos?» Esto nos impide apren
as y condu ce a una disolución Sigo al sentido común al sostener que hay al mismo tiempo ma­
cuyas opiniones difieren de las nuestr
que se basa en nuestra teria ('mundo 1') y mente ('mundo 2') y otras cosas para aprovechar,
de la unidad del género humano, una unidad
común racionalidad. tales como los productos de la mente humana que incluyen nuestras
te inmensa- conjeturas científicas, teorías, y problemas ('mundo 3'); en otras pa­
Un prejuicio filosófico similar es la tesis, en el presen .
es posibl e e�tre labras soy un pluralista de sentido común. Estoy bien dispuesto a
mente influyente, de que la discusión racional sólo .
Esta perruc 1osa aceptar que esta postura sea criticada y reemplazada por otra más
personas que están de acuerdo en lo fundamental.
o crítica so­ correcta, pero todos los argumentos críticos contra ella son, en mi
doctrina implica que es imposible la discusión racional
como las opinión, inválidos (Incidentalmente, considero que el pluralismo aquí
bre lo fundamental, y lleva a consecuencias tan indeseables
descrito es necesario para la ética.)
·

de la doctrina anteriormente discutida.


pero perte·
Estas doctrinas son sostenidas por muchas personas, Todos los argumentos que se han aducido en contra de un rea­
principales lismo pluralista se basan, en última instancia, en una aceptación acrí­
necen a un campo de la filosofía que ha sido una de las
del conoci- tica de la teoría del conocimiento del sentido común.
ocupaciones de muchos filósofos profesionales: la teoría
miento. La teoría del conocimiento del sentido común es altamente opti­
mista, por cuanto equipara conocimiento con conocimiento cierto;
todo lo que es conjetural, sos tiene, no es realmente 'conocimiento'.
Descarto este argumento por ser meramente verbal; yo estaría dis­
IX puesto a admitir que el término 'conocimiento' lleva consig__ o en todos
los idiomas conocidos por mí la connotación de certeza; sin embargo,
el programa del sentido común consistente en partir de lo que pa­
iento
Tal como yo lo veo, los problemas de la teoría del conocim rece ser el conocimiento básico más cierto o de que pueda dispo­
9e la filosofí a, tanto de la filosofí a nerse (conocimiento observacional) para erigir sobre estos funda­
constituyen el verdadero corazón
como de la filosofía académ ica. mentos un edificio del conocimiento, no se sostiene ante la crítica.
acrítica o popular del sentido común
nos
Son decisivos incluso para la teoría ética (como Jacques Monod Ello conduce, incidentalmente, a dos concepciones de la realidad,
6
que no son de sentido común y que están en mutua y directa contra­

ha recordado recientemente) .
en otras dicción.
Dicho sencillamente, el problema principal aquí como
l. Inmaterialismo (Berkeley, Hume, Mach).
1971. ./ 2. Materialismo conductista (Watson, Skinner).

66 67
La primera de estas concepciones niega la realidad de la materia,
porque la única base cierta y segura de nuestro conocimiento está
constituida por nuestras propias experiencias perceptuales¡ y éstas si­
guen siendo, por siempre, inmateriales. X
La segunda concepción niega la existencia de la mente (e inci­
dentalmente, de la libertad humana), porque todo lo que nosotros
podemos realmente observar es la conducta humana que es en todo Tal como yo la veo, la filosofía nunca debe estar, y ciertamente
igual a la conducta animal (excepto en que incorpora un amplio e nunca puede estarlo, divorciada de la ciencia. Históricamente, toda
importante campo, la 'conducta lingüística'). la ciencia occidental es un vástago de la especulación filosófica grie­
Ambas teorías están basadas en la inválida teoría del conoci­ ga acerca del cosmos, el orden del mundo; los antepasados comunes
miento del sentido común que lleva a la tradicional, pero inválida, de todos los científicos y de todos los filósofos son Homero, He­
crítica de la teoría de la realidad del sentido común. Estas dos teo­ síodo y los presocráticos. Para ellos era central la indagación de la
rías no son éticamente neutrales, sino perniciosas: si yo deseo con­ estructura de nuestro mundo, y de nuestro lugar en este, incluido el
solar a un niño que llora, no pretendo hacer cesar algunas percep­ problema de nuestro conocimiento del mundo (un problema que, se­
ciones irritantes (mías o del lector); ni deseo cambiar la conducta del gún yo veo, sigue siendo decisivo para toda la filosofía). Y es la in­
niño; o lograr que dejen de correr gotas de agua por sus mejillas. dagación crítica en las ciencias, sus hallazgos, y sus métodos lo que
No, mis motivos son diferentes -indemostrables, inderivables, pero queda como una característica de la investigación filosófica, aun des­
humanos. pués de que las ciencias se separaran de ella. Los Principios Matemá­
El inmaterialismo (que debe sus orígenes a la insistencia de Des­ ticos de Filosofía Natural de Newton marcan, en mi opinión, el más
cartes -quien por supuesto no era inmaterialista- en que hemos grande acontecimiento, la más grande revolución intelectual en l a his­
de partir de una base indubitable tal como el conocimiento de nues­ toria de la humanidad. Marcan el cumplimiento de un sueño que te­
tra propia existencia) alcanzó su culminación al filo del pasado si­ nía dos mil años de antigüedad; marcan la maduración de la ciencia,
glo con Ernst Mach. Pero ahora ya no está en boga. y su ruptura con respecto a la filosofía. Pero el mismo Newton,
El con duc t is mo -la negación de la existencia de la m e nt e­ como todo gran hombre de ciencia, siguió siendo filósofo; y a
está muy de moda en el presente. Aunque alabe a la observación, no pesar del pedeccionismo que satura su obra, continuó siendo un pen­
sólo insulta a toda la experiencia humana, siho que intenta derivar sador crítico, un investigador y un escéptico de sus propias teorías.
de sus teorías una teoría éticamente horrible -la teoría del condi­ Así escribió en s u carta a Bentley (25 de febrero de 1693) de su
cionamiento 7- aunque de hecho ninguna teoría ética derivable de propia teoría, que implicaba la acción a distancia (el subrayado es
la naturaleza humana (como Jacques Monod ha subrayado con razón 8; mío):
ver también mi obra La sociedad abierta y sus enemigos 9) Es de
esperar que esta moda, basada en una aceptación acrítica de la teoría Que la gravedad fuese innata, inherente y esencial a la materia,
del conocimiento del sentido común cuya insostenibilidad he inten­ de modo que un cuerpo pudiese actuar sobre otro a distancia.. .

es para m.í tan gran absurdo que creo que ningún hombre que ten·
tado establecer 10, perderá algún día su influencia.
ga en asuntos filos6ficos una competente facultad de pensamiento
7 El sueño de omnipotencia del condicionador puede ser hallado en el li­ pueda jamás caer en ello.
bro de Watson, Behaviorism, como también en la obra de Skinner (por ejemplo,
Más allá de la libertad y la dignidad, Barcelona, Fontanella, 1972). En palabras
de Watson: «Dadme una docena de niños sanos ... y me comprometo a tomar Es su propia teoría de la acción a distancia lo que le condujo ne­
al azar cualquiera de ellos y adiestrarlo para hacer de él el tipo de especialista cesariamente tanto al escepticismo como al misticismo. Pensaba que
que yo elija -médico, abogado, artista ... (o] ladr6n.» J. B. Watson, El con­ si todas las regiones del espacio inmensamente distantes podían inter­
ductismo, Buenos Aires, Paidos, 1955, págs. 110-11. Así, pues, todo depen­
actuar instantáneamente unas con otras, ello tenía que deberse a la
derá de la moral del omnipotente condicionador. (Pero según los condicionado­
res, la moral no es sino el producto del condicionamiento.) omnipresencia al mismo tiempo de uno y el mismo ser en todas las
8 Véase nota 6. regiones -a la omnipresencia de Dios. Fue, pues, el intento de
9 K. R. Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, Buenos Aires, Pai­
dos, 1950, traducci6n de E. Loedel. evolucionista, traducci6n de Carlos Solís, Madrid, Tecnos, 1974 {especialmente
10 Véase, por ejemplo, K. R. Popper, Conocimiento obietivo: un enfoque el capítulo 2).

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resolver este problema del movimiento a distancia lo que condujo a
Newton a su teoría mística según la cual el espacio es el sensorio de
Dios; una teoría por la que trascendió a la ciencia, y en la que com­
binó la filosofía crítica y especulativa con la religión especulativa. XII
Sabemos que Einstein estuvo similarmente motivado.

Tal vez pudiera terminar con un fragmento de filosofía decidi­


damente no académica.
XI A uno de los astronautas qtJe hicieron la primera visita a la Luna
le debemos esta simple, sabia y bella observación que hizo al regresar.
Viene a ser como sigue (la cito de memoria): «He visto algunos pla­
Admito que hay algunos problemas muy sutiles en filosofía que netas en un día, pero me quedo la tierra.» Pienso que esto no es
tienen su lugar natural, y ciertamente único, en la filosofía acadé­ solamente sabiduría, sino sabiduría filosófica. No sabemos cómo
mica; por ejemplo, los problemas de la lógica matemática, y más es que estamos vivos en este maravilloso y pequeño planeta
generalmente, la filosofía de la matemática; . y estoy gratamente im­ -o por qué habría de ser algo como la vida lo que haga tan bello
presionado por el asombroso progreso realizado en nuestro siglo en a nuestro planeta. Pero aquí estamos, y tenemos toda razón para ad­
estos campos. mirarlo, y para sentirnos agradecidos por ello. Es algo cercano a un
Pero en cuanto concierne a la filosofía académica, me preocupa milagro. A pesar de todo lo que la ciencia pueda decimos, el uni­
la influencia de lo que Berkeley solía llamar los «filósofos diminu­ verso está casi vacío de materia; y donde hay materia, ésta está, casi
tos». Estoy persuadido de que la crítica es la sangre que da vida a por doquier, en estado caótico e inhabitable. Puede haber muchos
la filosofía; pero una crítica diminuta de puntos diminutos sin una otros planetas con vida. Sin embargo, si eligiéramos al azar un lugar
comprensión de los grandes problemas de la cosmología, del conoci­ en el universo, entonces la probabilidad (calculada sobre las bases de
miento humano, de la ética y de la filosofía política, y sin un serio nuestra un tanto dudosa cosmología actual) de hallar un cuerpo por­
y fervoroso intento de resolverlos, me parece fatal. Casi parece como tador de vida en ese lugar sería cero, o casi cero. Así pues, la vida
si todo pasaje impreso que pudiera con algún esfuerzo ser mal en­ tiene en todo caso, el valor de algo raro; es preciosa. Pero nosotros
tendido, o mal interpretado, es justificación suficiente para escribir propendemos a olvidarlo y a tratar a la vida como algo barato, acaso
un nuevo artículo de crítica filosófica. El escolasticismo, en el peor por descuido, o quizá porque esta bella tierra nuestra, está, sin duda,
sentido del término, abunda; todas las grandes ideas son sepultadas un tanto superpoblada.
por un diluvio de palabras. Al mismo tiempo una cierta arrogancia Todos los hombres son filósofos porque, de un modo u otro,
y rudeza -lo que en otro tiempo era raro en la literatura filosófica­ todos adoptan una actitud ante la vida y la muerte. Hay quienes
parece que es aceptada por los directores de muchas revistas como piensan que la vida carece de valor porque tiene un final. No pien­
una prueba de audacia de pensamiento y originalidad. san que también cabe proponer el argumento opuesto: que si la vida
Creo que es obligación de todo intelectual ser consciente de la no tuviera final no tendría valor, que es, en parte, el peligro, siem­
privilegiada posición en que se encuentra. Tiene el deber de escribir pre presente, de perderla lo que nos ayuda a darnos cuenta del valor
tan simple y claramente como pueda, y también de la manera más de la vida.
civilizada que pueda; y no olvidar nunca los grandes problemas que
persigue la humanidad y que demandan nuevos y audaces, pero pa­
cientes pensamientos, o la modestia socrática del hombre que sabe
lo poco que sabe. Contrariamente a los diminutos filósofos con sus
diminutos problemas, pienso que la principal tarea de la filosofía es
especular críticamente sobre el universo y sobre nuestro lugar en él,
incluyendo nuestros poderes de conocimiento y nuestros poderes para
el bien y para el mal.

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