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Introducción

Una aproximación histórica al


trabajo social individualizado

Objetivos
1. Una mirada a la historia
2. Los orígenes del trabajo social individualizado
3. El nacimiento de la Sociedad de la Organización de la Caridad (C.O.S.) en
Inglaterra
4. La Sociedad de la Organización de la Caridad (C.O.S.) en Estados Unidos
5. Mary Ellen Richmond (1861-1928)
6. Amy Gordon Hamilton (1892-1967)
7. Charlotte Towle (1896-1966)
8. Florence Hollis (1907-1987)
9. Helen Harris Perlman (1905-2004)
10. El trabajo social individualizado: definición
11. El trabajo social individualizado en Europa
12. El trabajo social individualizado en Latinoamérica
13. El trabajo social individualizado en la actualidad
Resumen
Preguntas de revisión
Soluciones a las preguntas de revisión
Lecturas recomendadas

21
UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA AL TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO 23

Objetivos

• Describir las diferentes medidas destinadas a hacer frente a las situaciones de


necesidad en épocas pasadas.
• Conocer los orígenes del trabajo social individualizado.
• Analizar el nacimiento de la Sociedad de la Organización de la Caridad en
Londres.
• Describir los puntos básicos en los que se basó la C.O.S, para orientar su ac-
ción asistencial.
• Comprender las repercusiones que tuvieron las teorías de Mary Ellen Rich-
mond, en el trabajo social individualizado.
• Valorar las aportaciones que realizó Gordon Hamilton (1946) en el proceso
del estudio del caso.
• Analizar las características principales en la que se asienta la posición psicosocial de
Hollis (1964).
• Reflexionar sobre los conceptos y definiciones del trabajo social individuali-
zado.
• Realizar una aproximación histórica a los problemas sociales europeos.
• Analizar las contradicciones en el trabajo social latinoamericano en contrapo-
sición al casework.

1. Una mirada a la historia

La historia como ciencia es un proceso en el que todo el mundo está inmerso. Las
personas construyen el mundo siguiendo distintos caminos, a veces de manera cons-
ciente, otras sin darse cuenta, pero siempre interactuando con otros seres humanos.
En este largo y apasionado recorrido, conocer la historia del trabajo social sirve
para comprender una parte del mundo, porque todos los trabajadores sociales tienen
su historia, todos hacen historia, incluso las instituciones donde trabajan tienen su
historia. Conocer la memoria de la profesión es fundamental para explicar los he-
chos del pasado, útil para la compresión del presente, e importante para plantear los
sueños del futuro.
Los trabajadores sociales siempre han tenido preguntas, dudas o problemas por
resolver, requiriendo respuestas en momentos de dificultades o de crisis. En estos
casos, ha sido sintomática la necesidad de saber las causas que han conducido a
determinadas personas a situaciones adversas, o conocer los esfuerzos que desde
la acción social se han realizado para hacer frente a las necesidades y problemas de
cada momento histórico. Se podría decir que cada generación de trabajadores socia-
les y sus instituciones ofrecen respuestas diferentes a las inquietudes propias de una
época, que es lo que se intentará describir el capítulo.
La pobreza siempre ha coexistido con medidas destinadas a hacer frente a las
situaciones de necesidad. Personas que por cualquier circunstancia o acontecimiento
imprevisto se han visto abocadas a solicitar ayuda para subsistir, pudiéndose trazar
24 TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO: METODOLOGÍA DE INTERVENCIÓN

un esquema de la evolución de las instituciones que les han ayudado, de los recepto-
res de las ayudas, o de las metodologías que se han empleado para enfrentarse a las
necesidades de cada época histórica.
En cuanto a las motivaciones de la ayuda, varios serían los grupos que habría que
analizar: los particulares que mediante limosnas directas o donaciones a determina-
dos intermediarios (normalmente religiosos) ayudaban por caridad al necesitado;
y las instituciones públicas o privadas (estatales, religiosas, o filantrópicas), cuyos
motivos teóricos se basaban en la acción social a través de la caridad (hacer el bien
por amor a Dios), o la filantropía (ayudar a los demás de forma desinteresada), o la
justicia social (compromiso del Estado para compensar las desigualdades que surgen
en el mercado). Todas estas formas de ayuda y de apoyo, han estado influenciadas
por el momento histórico, por los fines y por los miembros que han compuesto sus
organizaciones a lo largo del tiempo.
Y finalmente, quedarían los protagonistas de las sociedades desiguales, es de-
cir, los receptores de las ayudas, que serían los considerados históricamente de
forma estigmatizada pobres, mendigos, vagabundos, indigentes, desamparados,
marginados, necesitados o excluidos sociales, a los que, dependiendo de cada épo-
ca histórica, se les ha vinculado unas veces con la idea de carencia y escasez, que
no tenía por qué implicar necesariamente una visión negativa de la persona porque
podía ser sobrevenida por cualquier circunstancia adversa en su vida: enfermedad,
orfandad, viudedad…, pero otras veces, han sido atacados por los sectores privi-
legiados, vinculándolos a la depravación de las costumbres, o con la negativa a
esforzarse, o a la vagancia.
Lo mismo ocurre con las consecuencias de la situación de pobreza; unos la han
analizado desde la desigualdad, indicando la diferencia o discriminación de una per-
sona hacia otra debido a su posición social, económica, religiosa, sexo, o raza, pero
otros, los sectores más reaccionarios, la han analizado desde la oposición a cualquier
cambio o trasformación de la sociedad, impidiendo con sus decisiones que las per-
sonas de las esferas más bajas pudieran escalar en la estructura social de la sociedad.

Actividad de repaso 0.1

Reflexione sobre las siguientes cuestiones: ¿la persona excluida “nace o se hace”?,
¿la exclusión es debida a causas personales-individuales, o a problemas estructurales-
sociales?, ¿la persona excluida decide serlo por sí misma, o por el contrario, se ve
abocada a esa situación?
UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA AL TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO 25

2. Los orígenes del trabajo social individualizado

El trabajo social hunde sus raíces en el largo reinado de Victoria de Inglaterra (1837-
1901) que marca la época de apogeo de una determinada concepción política, eco-
nómica y social, en cuyo centro se situó la burguesía, grupo social que resultó ven-
cedor de la confrontación con la aristocracia y la iglesia que en las últimas décadas
del siglo XIX vio triunfar al hombre optimista y confiado en sí mismo, dominador
del mundo y la naturaleza, merced a unos conocimientos técnicos y científicos que
se sucedían con una rapidez nunca vista en periodos anteriores de la historia de la
humanidad.
Los descubrimientos de Charles Lyell, fundador de la geología moderna, y Char-
les Darwin, con su Teoría de la evolución, comenzaron a cuestionar siglos de su-
posiciones sobre el hombre y el mundo, sobre la ciencia y la historia y, finalmente,
sobre la religión y la filosofía, para llegar a la conclusión de que ninguna teoría era
verdadera sino ideas que debían ser refutadas para convertirse en ciencia. Durante la
época victoriana, la ciencia se fue convirtiendo en disciplina universitaria, aumen-
tando espectacularmente el profesionalismo.
La revolución industrial consistió esencialmente en el paso de la agricultura a
la industria y a los servicios, que condujo a un rápido crecimiento de la producción,
la población y la urbanización. La prosperidad económica experimentada durante
la época victoriana favoreció en líneas generales las condiciones de vida de la so-
ciedad británica y el asentamiento de la revolución industrial. El afianzamiento de
la hegemonía en el ámbito internacional, junto a la recuperación del prestigio de
la monarquía como símbolo de cohesión nacional, conformaron un modelo social
que hicieron del culto al dinero, de la exaltación al trabajo y del reconocimiento al
esfuerzo individual, los elementos fundamentales para alcanzar la prosperidad eco-
nómica. El orden y la estabilidad se concretaron en el ideal doméstico como centro
de la vida familiar y templo de una estricta observancia religiosa favorecedora de la
templanza y contraria a las inclinaciones desordenadas.
También se atravesaron momentos de inestabilidad social. Aunque la calidad de
vida en general se incrementó, las mejoras no alcanzaron a todos, ni lo hicieron de la
misma forma. Los nuevos modelos económicos surgidos de la revolución industrial
crearon diferencias, a veces irreconciliables entre los dos grupos sociales resultantes:
la burguesía capitalista y financiera que seguía manteniendo una función protagonis-
ta, heredera de los viejos valores sociales, y el proletariado, básicamente industrial,
armado ideológicamente por diversas corrientes de pensamiento y transformación
social, que inició una época de reivindicación y contestación que se prolongó duran-
te décadas, marcando el conjunto de las relaciones sociales, políticas y económicas
a lo largo del siglo XX.
En las clases bajas estaban los artesanos especializados que formaban un grupo
aventajado que supo mantener su protagonismo, gracias al peso de sus asociaciones
laborales, antes de que aparecieran los sindicatos.
26 TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO: METODOLOGÍA DE INTERVENCIÓN

El último peldaño lo ocupaba el proletariado, muy numeroso como consecuencia


de la industrialización. Sus condiciones de vida fueron infames. Las mujeres y los
niños eran mano de obra barata. El absentismo laboral se penalizaba con la cárcel.
En las periferias de las ciudades, cerca de las fábricas, se construyeron barrios obre-
ros que, como consecuencia del continuo crecimiento de la población, rápidamente
se quedaron pequeños. Los servicios públicos eran mediocres o inexistentes. Por
ejemplo, no existía agua corriente en los hogares, ni alcantarillado, ni servicios de
limpieza urbana. Las familias se hacinaban en húmedas y pequeñas viviendas, donde
la falta de alimentación e higiene originó graves enfermedades y epidemias, dando
lugar a un aumento significativo de la mendicidad, que dio origen a la creación de
instituciones sociales para poder paliar las grandes carencias y necesidades sin poner
en peligro el poder de la burguesía.
La atención a los pobres se había mantenido prácticamente inalterada desde
finales del siglo XVI, cuando las leyes de pobres del reinado isabelino estable-
cieron la parroquia como unidad administrativa de ayuda a los desamparados con
residencia adquirida, nutriéndose de una tasa recaudada entre los propietarios del
lugar. Fue un sistema propio de una sociedad paternalista, donde las clases altas
se sentían vinculadas por el deber moral de asistencia a los pobres a cambio de
recibir de ellos un trato deferente, pero fue a partir del siglo XVIII cuando se co-
menzaron a sentir los efectos de la industrialización en las áreas urbanas, donde
estaban instaladas las parroquias, dando lugar a importantes desajustes entre los
ingresos que recibían de los propietarios del lugar y la cantidad de personas pobres
que tenían que atender, dimensionando los graves problemas sociales, que dieron
lugar a un clima de opinión a favor de un cambio radical en el tratamiento de la
pobreza (Canales,1999) .
El cambio se produjo en el año 1834, cuando se aprobó una nueva Ley de pobres
que estableció unas condiciones de asistencia difícilmente aceptables: internamiento
de las personas más necesitadas en grandes residencias de trabajo (workhouses) con
muchas semejanzas con las cárceles, en las que a cambio de recibir la manutención,
los ingresados deberían estar sujetos a una fuerte disciplina y, si se les consideraba
físicamente aptos, se les obligaba a trabajar. Pese a la buena intención de sus men-
tores, en las áreas metropolitanas como en las rurales, la ley fue recibida como un
instrumento de opresión hacia los pobres. La nueva ley creó para su funcionamiento
una administración centralizada con un órgano supraparroquial como demarcación
básica, pero mantuvo la parroquia como unidad central en la recaudación de fondos
para asistir a los pobres.
La asistencia estatal a los más necesitados a través de la nueva Ley de pobres,
mantuvo desde su nacimiento un carácter paliativo, limitado por su capacidad selec-
tiva, que generó entre los trabajadores un sentimiento de opresión alimentado por el
trato inhumano que se dio en algunas de las residencias.
Durante esta etapa también aparecieron interesantes movimientos de investiga-
ción social, que despertaron la conciencia de los filántropos, entre los que se en-
contraba Charles Booth (citado en Fried y Ellman, 1969), que realizó una encuesta
social en la que demostraba que el verdadero problema de las personas para vivir por
UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA AL TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO 27

sus propios medios eran, por razones ajenas a su voluntad: trabajo inexistente, irre-
gular, mal pagado, y circunstancias familiares adversas, imputándoles a las víctimas
sólo un factor negativo: el consumo de alcohol.
En aquellos momentos ya existían trabajadoras sociales con el nombre de visita-
doras, que se ganaban la vida con la formación que habían adquirido en las Escuelas
Filantrópicas Aplicadas, que les habían proporcionado unos conocimientos que les
permitía conocer e interpretar los diferentes aspectos de la realidad, definiendo las
necesidades y los problemas de las familias, con el objetivo de introducir cambios
sociales a través de planteamientos teóricos.

3. El nacimiento de la Sociedad de la Organización


de la Caridad (C.O.S), en Inglaterra

La caridad organizada tuvo un gran protagonismo al intentar paliar las grandes ne-
cesidades de la época, a cargo de las iniciativas individuales en las que intervinieron
sentimientos religiosos, humanitarios, y de notoriedad social que, con el avance del
siglo fueron dando paso a organizaciones destinadas a coordinar y a organizar la
caridad privada.
Junto con la Ley de pobres y la filantropía ordinaria, nació la Sociedad de la
Organización de la Caridad en Londres en el año 1869. Charles Stewart Loch,
fue su primer secretario general, cuyo lema principal fue “una sociedad sin de-
pendientes”. La C.O.S, tuvo un impacto profundo en el nacimiento moderno del
trabajo social, a través de la promoción y la codificación de métodos emergentes,
además de contribuir a profesionalizar la atención social, ya que algunos de sus
miembros por su capacidad y experiencia, empezaron a cobrar honorarios por sus
servicios.
La responsabilidad de su gestión recayó en personajes relevantes de la política,
la aristocracia, la iglesia y en algunos profesionales de la ayuda social. Sus objetivos
se dirigieron en un principio a cubrir las necesidades más básicas de la personas
(alimentación y vestido) y, con el paso del tiempo, ofrecieron ayudas económicas,
vivienda, trabajo, atención a los ciegos y a los discapacitados, creándose el primer
programa para evitar la propagación de las enfermedades infecciosas a través de la
creación de un establecimiento antituberculoso.
Las C.O.S, fueron el primer intento científico de denunciar que la caridad no
erradicaba la pobreza, sino que creaba personas dependientes de las instituciones y
de la burguesía que ofrecía las limosnas. A través de la ordenación de la práctica de
la caridad, se intentó evitar que se diera dinero o comida a las personas que pedían
por la calle, pero, a cambio, se les ofrecía el apoyo necesario para recuperar el auto-
respeto y la capacidad para mantenerse por sí solos y, finalmente, con la información
recogida directamente de las visitadoras sociales, se investigaba las circunstancias
que habían llevado a cada persona a solicitar caridad (Loch, 1961).
28 TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO: METODOLOGÍA DE INTERVENCIÓN

Entre los personajes que tuvieron una influencia importante en aquella época,
está, por un lado, la fundadora de la C.O.S. en Nueva Cork; Josephine Shaw Lowel
(1843-1905), que se preocupó por el análisis de la relación existente entre los fac-
tores individuales y sociales y, por otro lado, Octavia Hill (1838-1912), que formó
parte de la junta directiva en Londres y que aportó su larga experiencia en la atención
de familias en el marco de un plan de construcción de viviendas para pobres, creando
un grupo de visitadoras de barrio que cobraban los alquileres, supervisaban el bienes-
tar de los hogares, ofrecían ayuda espiritual y disciplina para fomentar la fuerza de
voluntad. Esta nueva forma de caridad implicaba un conocimiento detallado de la
situación familiar que posteriormente Octavia Hill implantó en la C.O.S., a través de
los comités de distrito que se crearon para poder atender a la población necesitada.
Las visitadoras o trabajadoras sociales contratadas por la organización reco-
gían información de las historias de vida de las familias atendidas para analizarlas
posteriormente, ofreciendo la ayuda adecuada para cada caso concreto. Por primera
vez, se intentó establecer “relaciones con objetivos”, que tenían sentido profesional
(Bardill y Saunders, 1988) además “de ofrecer consejos empáticos para restablecer
la esperanza” (Brieland, 1987).
El enfoque científico también se manifestaba en la utilización de la investiga-
ción, registro y supervisión de los solicitantes de la caridad, además de coordinar los
recursos y las actividades de las entidades filantrópicas privadas, estableciendo “cá-
maras de compensación centralizadas”, que se dedicaban a repartir equitativamente
los recursos por distritos, dependiendo de las necesidades que hubiera en cada zona.
La C.O.S, estableció ocho puntos básicos para orientar su acción asistencial:
1. Cada caso era objeto de una encuesta escrita
2. La encuesta se presentaba a una comisión que decidía las medidas que debían
tomarse.
3. No se darían socorros temporales, sino una ayuda metódica y prolongada
hasta que el individuo o la familia volvieran a sus condiciones normales.
4. El asistido sería el agente de su propia readaptación como también sus parien-
tes, vecinos y amigos.
5. Se solicitaría ayuda a instituciones adecuadas en favor del asistido.
6. Los agentes de estas obras recibirían instrucciones generales escritas y se
formarían por medio de lecturas y prácticas.
7. Las instituciones de caridad enviarían la lista de sus asistidos para formar un
fichero central con el objeto de evitar abusos y repeticiones de encuestas.
8. Se formaría un repertorio de obras de beneficencia que permitiera organizar-
las convenientemente.
Se podría decir, que la historia del trabajo social de casos y el trabajo social co-
munitario se reflejó según Rooff (1972) en estos métodos basados en el conocimien-
to científico a través de las visitadoras que prestaron un servicio individual a cuantos
solicitaban ayuda para convertirlos en personas autosuficientes, además de intentar
promover cambios dentro del entramado social para mejorar la vida de las familias.
UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA AL TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO 29

4. La Sociedad de la Organización de la Caridad


(C.O.S.) en Estados Unidos

Para entender el contexto en el que se desarrolló la C.O.S en Estados Unidos hay


que ubicarla en la crisis económica del año 1873, desencadenada por la quiebra de
la entidad bancaria de Filadelfia, Jay Cooke and Company, junto con la caída de la
Bolsa de Viena el 9 de mayo del mismo año. Supuso el inicio de una dura depresión
económica y social de alcance global, conocida como la (Long Depresion), “Depre-
sión Larga” que perduró hasta el año 1879. Para Foner (1990), se la conoce como
la primera de las grandes depresiones o crisis sistémicas del capitalismo, debido a
las regulaciones del mercado, que trajo consigo el cierre de grandes empresas del
acero y del carbón, producida por la paralización de la construcción de los ferroca-
rriles americanos, llevando a miles de personas al paro, a quedarse sin hogar y sin
ningún medio de subsistencia. Los periódicos empezaron a denunciar los casos de
hambre y suicidios atribuidos directamente al desempleo y al desaliento. Millones
de personas se empobrecieron, vagando por los estados en busca de medios para la
supervivencia.
La primera Sociedad de Organización Caritativa se estableció en la ciudad de
Búfalo en el Estado de Nueva York, en el año 1877. Su fundador fue el reverendo S.
Humphreys, que ya era conocedor de la Organización Social de Caridad londinen-
se a través de Guilford Smith, asistente del ministro de la Iglesia Episcopal Santa
María, que viajó a Londres para observar y aprender de las respuestas que estaba
ofreciendo la sociedad inglesa a través de la C.O.S. A partir del conocimiento de la
experiencia, se convenció que el modelo podría resultar beneficioso para hacer frente
a la pobreza, extendiéndose rápidamente a otras veinticinco ciudades americanas
que siguieron su ejemplo, recibiendo el nombre de Movimiento por la Organización
de la Caridad.
En las C.O.S americanas, se brindaba asistencia directa, ofreciendo servicio de
guarderías, clubes infantiles, apoyo emocional, así como cursos para mujeres. Las
visitadoras, o trabajadoras sociales que cumplían sus labores batallaron por estable-
cer políticas sociales, lucharon activamente por los derechos civiles, se manifestaron
en contra de la discriminación racial, organizaron programas de atención para las fa-
milias, para las mujeres maltratadas, para adolescentes infractores y para inmigran-
tes, etc. Pensaban que la pobreza era producida por causas sociales y económicas,
criticando el movimiento de la caridad “por su trabajo moralista estrecho” (Brieland,
1987).

Actividad de repaso 0.2

Enumere las principales contribuciones de la Sociedad de la Organización de la Caridad


(C.O.S) en Inglaterra y Estados Unidos para la configuración de la profesión de trabajo
social.
30 TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO: METODOLOGÍA DE INTERVENCIÓN

5. Mary Ellen Richmond (1861-1928)

Por las importantes repercusiones que tuvo su contribución al trabajo social indi-
vidualizado, merece una especial atención su precursora; Mary Ellen Richmond,
que nació en Belleville, Illinois (Estados Unidos). En 1889 ingresó como tesorera
asistente en la C.O.S, de Baltimore, y en 1899 pasó a ocupar el cargo de secretaria
general y, finalmente, en el año 1909 se convirtió en directora del departamento de
la Organización de la Caridad de la Fundación Russell Sage, en Nueva York. En el
año 1918 ocupó la cátedra de trabajo social individualizado cuando la Escuela de
Filantropía pasó a llamarse Escuela de Trabajo Social.
Sin tener ninguna titulación académica, pero siendo desde pequeña una gran
lectora, tuvo múltiples influencias procedentes de las ciencias sociales y de las hu-
manidades (sociología, pedagogía, psicología aplicada, y teología), pero, sobre todo,
la ciencia que más le influyó fue la medicina porque le sirvió para construir poste-
riormente su método de trabajo social individualizado.
El contexto en el que desarrolló su obra se caracterizó por la preocupación de
sentar las bases del conocimiento científico, frente al denominado conocimiento vul-
gar, planteando que a cada problema social le correspondía una causa que debería ser
tratada sin ceñirse exclusivamente en los efectos de los problemas individuales, sino
abordándolos desde las causas que los generaban.
A lo largo de su trayectoria profesional publicó varios libros con una importante
base científica, que fueron y siguen siendo, una referencia en el mundo del trabajo
social sobre la metodología en la atención a las personas más necesitadas. En el año
1907, publicó El buen vecino en la ciudad moderna, destacando las contribuciones
de los voluntarios. En 1917, publicó Diagnóstico Social una obra emblemática ba-
sada en sus amplios conocimientos sobre diversos aspectos sociales, estableciendo
una teoría y un método, el “casework” o “trabajo social con casos”, que durante
muchos años fue el principal punto de referencia de la profesión, que se apoyó en
más de 17 años de investigación y de experiencia directa de campo.
En el año 1922 publicó ¿Qué es el trabajo social de casos? Su método se basaba
en la atención individual con el objetivo de desarrollar en el usuario su personalidad
como medio para alcanzar la autosuficiencia y una participación más activa en los
esfuerzos encaminados al logro de las metas fijadas por la propia persona, admitien-
do la interdependencia de la familia y la influencia que ejercía el entorno social como
factor importante del estado en el que se encontraba la persona.
Las ideas de Mary Richmond sobre el trabajo social de casos se basaron en la
teoría social, pero con un gran componente psicológico. Creía que los problemas so-
ciales debían ser considerados en un orden continuo. En primer lugar, analizando a la
persona y, a continuación, a los más cercanos a sus vínculos sociales: la familia más
próxima, la escuela, la iglesia y el trabajo y, por último la comunidad y el gobierno
que dictaba las normas para que la persona / familia hicieran los ajustes necesarios
para mejorar su situación.
UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA AL TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO 31

Su modelo se basaba en el análisis detallado de los hechos, como la búsqueda de


la causalidad de los problemas. Si no se encontraba la causa no era posible establecer
procesos de ayuda con resultados eficaces. El modelo era la consecuencia de la apli-
cación de la física matemática, en la que el universo se consideraba que era dirigido
por leyes matemáticas, influyendo en las ideas científicas del siglo XIX. Todo efecto
estaba relacionado con una causa, toda enfermedad tenía una causa, todo problema
social, o toda enfermedad social, tenía un causa y, a través de un rigurosa recogida
de datos, se podía descubrir el origen de los diferentes problemas sociales y en con-
secuencia, proponer remedios o medidas preventivas (Germain, 1970).
En su metodología, la relación del trabajador social con la persona era una rela-
ción de ayuda que requería tiempo, dedicación, e implicación para conocer las cau-
sas de sus dificultades y el conocimiento de su entramado social, dando importancia
a sus capacidades y a los aspectos positivos que contribuirían a la solución de sus
problemas, sin olvidar la dimensión investigadora y de denuncia.
Seleccionando y aplicando algunos sistemas operativos en las leyes de la me-
dicina, elaboró un esquema de resolución de problemas: estudio de los hechos de
la situación de la persona, diagnóstico de la naturaleza del problema y, siguiendo la
dirección indicada por el diagnóstico, planificación y ejecución del tratamiento.
En el diagnóstico de la situación de la persona, debería evitarse centrarse úni-
camente en las carencias económicas, recabando de forma global información de
distintas fuentes y, posteriormente, tratar de interpretar los datos obtenidos, estable-
ciendo un plan de intervención dentro del tejido social en el que estaba inmersa la
persona.
El “casework”, necesita reconocer que las personas son interdependientes y dife-
rentes, por ello sería necesario crear un vínculo que desembocara en una información
profunda del caso, facilitando una relación individualizada que permitiera conocer a
la persona en su contexto y reconocer que el trabajo social no solo produce cambios
en una dirección, sino que afecta también al propio profesional (Vázquez, 2011).
Las primeras consecuencias que entrañaron estas teorías, fueron la exigencia de
que los trabajadores sociales obtuvieran una información más detallada de los usua-
rios con el fin de comprender la personalidad, las motivaciones y sus necesidades
emocionales, requiriendo la adquisición de más conocimientos y destrezas de los
que poseían hasta aquellos momentos. Por esta razón, a partir de la primera guerra
mundial las agencias sociales dedicadas a la familia y a los niños huérfanos empeza-
ron a contratar trabajadores sociales preparados profesionalmente para ayudar a las
personas con desajustes sociales (Cormack, 1945).

6. Amy Gordon Hamilton (1892-1967)

Fue profesora de la Escuela de Trabajo Social de Nueva York, recibiendo en su for-


mación una importante influencia de Mary Richmond, con la que colaboró en la
C.O.S, pero su formación estaba cercana a la corriente psicoanalítica de Sigmund
32 TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO: METODOLOGÍA DE INTERVENCIÓN

Freud (1856-1939), que consideraba que los conflictos personales afectaban al desa-
rrollo de la personalidad. Entre sus obras más importantes destacan “Teoría y prácti-
ca del trabajo social de casos”, que publicó en el año 1940, donde identificaba como
objeto del trabajo social “los estados de dependencia, ansiedades y privaciones de
la persona, tanto en sus aspectos prácticos como íntimos”. Para Hamilton (1946),
todos los casos sociales incluyen a una persona, la situación que sufre, una realidad
objetiva y el significado que esa realidad tiene para la persona que la experimenta.
De ahí que se hable por primera vez del caso psicosocial.
El caso social, según Hamilton (1946), se compone de factores internos del su-
jeto (personalidad, emociones, pensamientos, etc.) y externos (los relativos al medio
ambiente), estudiándolo en su relación con sus experiencias sociales, así como con
sus sentimientos sobre esas experiencias. Definió el trabajo de casos, como la
búsqueda de las capacidades individuales que pueden ofrecer a la persona una vida
confortable, llena de satisfacciones, desde el punto de vista económico y personal.
La metodología para el caso social individual la describe a través de los siguien-
tes pasos: estudio, diagnóstico o valoración y, finalmente, tratamiento. Sustituyó el
término “investigación”, por “estudio”, constituyéndose como un proceso psicoso-
cial, en el que el usuario debería ser el primer informante, pero se deberían conside-
rar también otras fuentes fidedignas como la familia, vecinos, maestros...
Entre los instrumentos y técnicas que describe en el proceso del estudio se podría
destacar la recogida de datos, que habría que obtenerse de la persona necesitada para
la comprensión de su situación, por ejemplo, saber qué ha hecho la persona y qué ne-
cesita para resolver su problema; conocer el origen y los factores que influyeron en la
dificultad, el modo en cómo el usuario manejó su pasado para conocer su capacidad
de hacer frente a la situación; y, finalmente, conocer a las personas que intervienen
directa o indirectamente en el problema.
El factor esencial en el estudio de caso, según Hamilton (1946), es el conoci-
miento de la afectación de la persona por su medio y la repercusión que tiene tam-
bién el problema en su medio cultural, analizando asimismo los factores socioeconó-
micos y psico-culturales en relación con la persona y su familia.
Para llegar a una buena compresión del estudio, resalta la importancia de la téc-
nica de la entrevista, porque se convierte en uno de los mejores medios para observar
el comportamiento y las reacciones de la persona. El diagnóstico es el pensamiento
dirigido a la naturaleza del problema y sus causas.
Según Hamilton (1946), existen tres niveles en el diagnóstico social:
• Diagnóstico descriptivo, en el que se hace una síntesis descriptiva de la situa-
ción psicosocial del sistema y del problema que representa.
• Diagnóstico causal, en el que se intenta establecer una posible relación causa-
efecto que tiene o ha tenido incidencias en el problema actual.
• Diagnóstico evaluativo, en el que se ponderan los elementos y recursos per-
sonales, familiares y sociales, que pueden utilizarse para introducir mejoras,
como aquellos que podrían influir negativamente para descartarlos.
UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA AL TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO 33

A lo largo de su carrera académica, mostró una constante evolución de su pensa-


miento (desde la práctica a la teoría, para volver a reconvertirla en teoría). Se podría
decir que “la persona, su situación y el conocimiento de sus problemas”, son los
puntos básicos de su teoría, además de entender que la integración del conocimiento
científico y los valores sociales eran fundamentales para la práctica profesional.

7. Charlotte Towle (1896-1966)

Dirigió el Departamento de Ayuda a Menores en Philadelphia, para pasar poste-


riormente a hacerse cargo de la Dirección del Menor en la ciudad de Nueva York.
Posteriormente fue profesora en la Facultad de Servicios Sociales en la Universidad
de Chicago, hasta su retiro. Aunque sus aportaciones metodológicas al trabajo social
individualizado fueron limitadas, su esfuerzo se concentró en el desarrollo de un
plan de estudios para que los trabajadores sociales contaran con más conocimientos
sobre el comportamiento, estudiando las secuencias humanas del crecimiento y evo-
lución de la persona.
A través del uso de sus libros, la Asociación Americana de Escuelas de Trabajo
Social y la Asociación Americana de Psiquiatría, definió un plan de estudios sobre
el trabajo social de casos que se implantó en la mayoría de las Facultades de Traba-
jo Social. Su convicción y liderazgo en la integración del uso de la psicología y la
psiquiatría en todos los ámbitos del plan de estudios de asistencia social individual
revolucionaron la disciplina.
A lo largo de su vida académica, escribió numerosos artículos y libros; “Registro
de casos sociales clínicos: notas para el debate” (1941), “Necesidades humanas co-
munes” (1941), pero el libro más importante y controvertido fue “El trabajo social y
las necesidades humanas básicas”, publicado en el año 1945, siendo una fuente de
controversia después de su publicación, porque los sectores más críticos la acusaron
de tener “contenidos socialistas”, destruyéndose las planchas de impresión y, solo a
través de la intervención de la Asociación Americana de Trabajadores Sociales, se
volvió a publicar en el año 1952, convirtiéndose desde entonces en una obra clásica.
Según Towle (1945), el trabajo social de casos nace del vínculo que se produce
entre el comportamiento humano y la administración de los programas de bienestar
social. En el análisis de la situación, los trabajadores sociales deberían tener en cuen-
ta las necesidades psicológicas, las fuerzas sociales, la experiencia de la práctica,
además de la relación del interior del hombre y su entorno social como uno de los
requisitos básicos en el estudio del caso. El trabajo social de casos lo definió como
“el propósito de hacer posible que un individuo obtuviera una vida más productiva
de acuerdo con sus potencialidades”.
Pensaba “que en las desigualdades, había que ser desigual”, reconociendo con
esta frase que las múltiples carencias de la pobreza había que buscarlas en la socie-
dad, en los problemas psiquiátricos y en las enfermedades del cuerpo. “En socieda-
des signadas por intereses antagónicos de grupo, etnia o clase, los grupos familia-
34 TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO: METODOLOGÍA DE INTERVENCIÓN

res en desventaja siempre se ven enfrentados a un ambiente hostil, de condiciones


adversas y amenazas a su integridad al no tener acceso a los bienes y servicios
necesarios para su bienestar”. Así, el bienestar de la organización familiar está su-
bordinado a la participación de sus miembros en la estructura económica social, “si
las necesidades básicas del adulto hubieran sido adecuadamente satisfechas en su
infancia, niñez y adolescencia, tendría ambiciones que sobrepasarían la sobreviven-
cia, desearía conseguir sus aspiraciones, participaría activamente en la vida de su
grupo social y contribuiría al bienestar de los demás. Si las circunstancias limitan
sus relaciones y aspiraciones, experimentará una privación psicosocial semejante a
la física” (Towle, 1945: 62-63).
Siguiendo esta línea, en el libro se analiza la tipología de las personas en función
de su origen y características de sus necesidades. Así, la infancia con desventajas,
adolescentes mal socializados con tensiones familiares, adultos en crisis, familias
problemáticas, ancianos, discapacitados..., deberían tenerse en cuenta en el momen-
to de formular programas y acciones públicas dirigidas al bienestar social, porque
ellos serían los principales actores al conocer sus dificultades y sus debilidades.
En su filosofía, no hay promoción de la persona sin su participación activa, ra-
cional y responsable en la vida individual y social, porque, según Towle, (1945) es
la base donde radican sus cambios. Sin embargo, se producen procesos regresivos
cuando el cambio ha sido impuesto y desaparece quien lo impuso. La participación
debería ser la expresión organizada de las necesidades socialmente determinadas
por la comunidad, y resueltas a través de los programas sociales. Su organización
representativa debería ser el vehículo de la reivindicación, concretándose su partici-
pación democrática en el ejercicio de su poder colectivo y en la toma de decisiones
individuales. Por ello, el trabajador social con casos debería influir en las cualidades
y en las posibilidades de la persona a través de un proceso educativo en el que la per-
sona pudiera sentirse participe de su propio cambio, con el apoyo de los programas
sociales. El profesional debería impulsarle en su lucha encaminada para alcanzar su
verdadero lugar en la sociedad (Towle, 1945: 85-86).
La hipótesis que manejó la autora en sus escritos, “es que no puede existir desa-
rrollo personal, sin desarrollo social”, por lo que habría que impulsar las medidas
políticas y económico-sociales necesarias para ampliar las perspectivas de supera-
ción y perfeccionamiento de la persona como ser individual.

8. Florence Hollis (1907- 1987)

Fue profesora de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Columbia. Ocu-


pó el puesto de secretaria general en el Instituto de Familia en Cleveland. Tuvo un
gran interés por la enseñanza y la investigación sobre los factores sociales y psi-
cológicos que inciden en las dificultades maritales. Logró trasladar su experiencia
práctica a sus teorías psicosociales, poniendo el énfasis en el apoyo a los patrones
sanos de crecimiento y desarrollo, como en su aplicación al trabajo social de casos.
UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA AL TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO 35

A lo largo de su vida profesional realizó grandes aportaciones a través de nu-


merosos artículos y libros, entre los que se podrían destacar: “Casos sociales en la
práctica” (1939), donde recogía seis casos, describiendo la situación de las perso-
nas afectadas por una serie de circunstancias personales: separación, divorcio, pro-
blemas familiares o discapacidades “La mujer en el matrimonio” (1949), o “Caso
social: Una terapia psicosocial” (1969), donde muestra la estructura teórica, los
procedimientos, el diagnóstico y la programación del trabajo social de casos.
En su filosofía sobre el trabajo social con casos existen dos formas significativas
de enfrentarse a los problemas; la primera a través del sostén económico, emocional
o moral de la persona, para mejorar su funcionamiento personal y, en segundo lugar,
a través del desarrollo de la percepción propia, tratando de mejorar la dirección de
su conducta mediante una mejor y más completa comprensión de sus maneras de
reaccionar. Ambas formas establecen una relación entre el “yo”, y sus funciones que
intentan dirigir la energía vital de la persona hacia la satisfacción de sus necesidades,
el logro de sus metas, a conocerse a sí misma en relación con los demás, y a defen-
derse o protegerse para mantener el equilibrio emocional que deberían determinar el
progreso o el cambio para conseguir la adaptación a su medio ambiente.
La capacidad de adaptación de una persona mediante el “yo”, le permite armo-
nizar sus deseos con las realidades de su situación, cambiar su conducta cuando sea
necesaria, o alterar sus circunstancias sociales. Mediante el proceso de adaptación
del “yo”, madura y desarrolla destrezas resultantes de las experiencias de aprendiza-
je a través del proceso de solucionar sus problemas.
Siguiendo su línea de pensamiento, para entender y ayudar eficazmente a la per-
sona, hay que visualizarla en el contexto de sus interrelaciones con el medio. Casi to-
dos los casos tienen características internas y externas, donde se incluye una persona
o una familia y su situación. También se analiza la realidad objetiva y el significado
que tiene para quien la experimenta. Por lo tanto, el trabajador social debe reconocer
y entender el “mundo externo”, que puede ser la familia, el grupo social, el laboral,
el del estudio, o cualquier otro contexto donde la persona forme parte.
El tratamiento dependía de la comprensión que tuviera la persona sobre sí mis-
ma, de sus factores sociales y de las personas significativas en su situación social.
La intervención del trabajador social debería ir dirigida a que el usuario entendiera e
interiorizará estos tres elementos, con el fin de producir cambios de funcionamiento
significativo en su comportamiento. La técnica más importante para lograr estos ob-
jetivos debería ser la relación casework, basada en la aceptación y el respeto por el
otro, llevándose a cabo la relación en un ambiente de tranquilidad y sosiego (Hollis,
y Woods, 1981)
Sus teorías se desarrollaron a través de dos métodos fundamentales: El método
directo cuando se dirige a la persona. El trabajador social considera como herramien-
ta fundamental para el tratamiento la relación de ayuda, estableciendo relaciones
personales a través del interés mostrado por sus problemas, la aceptación, el compro-
miso y la influencia indirecta. El profesional solo debería hacer uso de su autoridad
cuando la persona tuviera limitaciones personales para elegir el camino más directo,
36 TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO: METODOLOGÍA DE INTERVENCIÓN

estableciendo como la vía más importante en la toma de conciencia de su problemá-


tica la discusión reflexiva de su situación.
El método indirecto incluye actividades con las personas allegadas, los grupos
significativos y las realidades del asistido para contribuir a la solución de sus proble-
mas, que podría realizarse a través de ayudas materiales que no deberían menoscabar
la dignidad de la persona, además de realizar actividades en su medio ambiente con
el propósito de promover cambios favorables en la situación.
En su enfoque, Hollis (1969) quería demostrar que los trabajadores sociales te-
nían un rol autónomo, que la terapia psicosocial era más importante que la psicotera-
pia, utilizando el concepto de Hamilton (1946) persona – situación, donde la persona
tratada debía ser analizada en el contexto de sus interacciones con el medio.
Las características principales en la que se asienta su posición, serían las siguien-
tes:
– El tratamiento parte de las necesidades del usuario.
– Utiliza el concepto de dilema social para describir lo que considera que es
una necesidad.
– Existe una discrepancia o una des-adaptación en la relación entre el individuo
y quienes lo rodean o entre él, la familia y los recursos comunitarios.
– Los problemas que surgen pueden depender del mal funcionamiento del indi-
viduo, de factores del medio o de ambas cosas.
– El diagnóstico y tratamiento deben orientarse a los dos campos y, sobre todo,
a la relación entre ellos.
– Su posición se basa en la perspectiva del funcionamiento social y en la teoría
de la personalidad de Freud.
Entre los aspectos fundamentales de su teoría se podrían destacar:
– La importancia del contenido y del proceso de estudio psicosocial.
– La trascendencia del diagnóstico.
– La valoración de la personalidad como dato central.
– Encontrar en la persona los recursos que le permitan salir de la situación.
– Reciprocidad: la persona es un sujeto activo dentro del proceso de compren-
sión y solución del problema.
– El análisis del pasado no representa un aspecto relevante, solo se usa para
cuestiones específicas.

9. Helen Harris Perlman (1905- 2004)

Fue profesora de trabajo social en la Universidad de Chicago. Por su importante


contribución académica, en al año 1966, se creó una cátedra con su nombre en la
Escuela de Administración de Servicios Sociales. Sus aportaciones intelectuales pro-
vienen de su experiencia como instructora clínica en la Universidad de Columbia
y en la Oficina de Orientación Infantil. Sus prácticas de trabajo y su orientación
UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA AL TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO 37

psicoanalítica le facilitaron una gran variedad de perspectivas sobre el trabajo social


individualizado, desarrollando un interesante marco conceptual.
Entre los numerosos artículos y libros que escribió a lo largo de su vida, se po-
drían destacar: El proceso de resolución de problemas (1957), ¿Qué es un trabajador
social? (1971), o el libro que más influencia ha tenido en la profesión; Trabajo social
individualizado (1965), donde los trabajadores sociales, a partir de esta publicación,
pudieron contar con un marco de referencia que no se quedaba solamente en las
teorías de Mary Richmond, que se centraban solo en el problema, y no en el usuario,
quedándose desprovisto el trabajador social de medios para inducir a la persona a la
solución de sus dificultades.
Harris, fue más allá al entender que el trabajo social individualizado consiste en
una transacción progresiva entre el trabajador social y la persona objeto de interven-
ción, con el objetivo de influir sobre el sujeto, fomentando su eficacia para afrontar
sus problemas; definiendo el trabajo social individualizado como, un proceso em-
pleado por algunas instituciones consagradas a fomentar el bienestar público para
ayudar al individuo a afrontar con mayor eficacia su ajuste social al medio. Por ello,
el profesional del casework, debería captar la naturaleza de la persona, la naturaleza
del problema que plantea y la naturaleza del lugar (centro de servicios sociales),
donde encontraría los medios para resolverlo.
Implementó un método de resolución de problemas integrando el modelo psi-
cosocial y el funcional, profundizando en su estudio sobre la psicología del yo
como una vía para que la persona se encontrara consigo misma, pudiera resolver
sus dificultades y lograra adaptarse de manera equilibrada a la sociedad que le
rodeaba.
Las personas no deberían ser consideradas como enfermas sociales, sino como
personas que necesitan ayuda por falta de motivación, de capacidades, o por fal-
ta de posibilidades para enfrentarse a sus problemas, donde la labor del trabajador
social debería centrarse en estimular sus motivaciones y sus capacidades afectivas,
cognitivas y activas, con el objetivo de que pudieran superar las dificultades que se
encontraran en su vida cotidiana.
En su visión psicosocial, supo potenciar el yo, además de desarrollar por medio
del ego las habilidades para mejorar la adaptación al medio, conociendo que el con-
texto cambia continuamente y que la persona forma parte del mismo, debiendo estar
dispuesta a analizar y comprender su contexto con el apoyo del trabajador social,
como medio de aprendizaje recíproco, que ayudara al avance del proceso de resolu-
ción de los problemas.
Para Harris, (1970), la estructura metodológica para llevar adelante su teoría está
definida por los siguientes pasos:
1. Estudio: (encuesta, investigación). Es la recolección de datos referidos a la
conducta personal del usuario.
2. Diagnóstico: Es la interpretación del estudio experimental, lográndose desde
su visión el conocimiento de las características personales, la comprensión de
38 TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO: METODOLOGÍA DE INTERVENCIÓN

la individualidad, los peligros de las influencias del medio social, así como
los recursos necesarios para su intervención.
3. Tratamiento: Identificación de los pasos a seguir para solucionar el problema
individual.

10. El trabajo social individualizado: Su definición

Dentro de los métodos clásicos del trabajo social, quizás sea el caso social indi-
vidual el que más haya sufrido las influencias de diversas corrientes doctrinales y
de los modelos teóricos basados en la compresión de la persona y sus problemas,
configurándose a partir de dos ejes fundamentales, sus valores y sus principios
éticos. Su objeto de análisis combina los aspectos psicológicos y sociales de la
persona, convirtiéndole por su naturaleza en un método psicosocial Aun así, no
existe unanimidad entre los numerosos autores a la hora de definir el concepto
de trabajo social individualizado. Aunque se han realizado muchas definiciones
a lo largo de la historia, como se ha comprobado a través de las aportaciones de
sus precursoras, es importante tener en cuenta otras muchas que han aportado
otros teóricos para acercarse una mejor comprensión del trabajo social indivi-
dualizado:
Uno de los primeros intentos lo realizó Porter (1911) al describirlo, “como el
método para la compresión de las necesidades, los recursos y las necesidades de las
personas”.
En su libro “Responsabilidades de un trabajador social”, Bowers (1956) lo de-
fine como “un arte en el que se usan los conocimientos de las ciencias sobre las
relaciones humanas, sobre la destreza en el manejo de relaciones para movilizar
capacidades en el individuo y, además, para descubrir en la sociedad fuentes de
ayuda apropiadas para lograr una mejor adaptación del cliente a la totalidad o a
una parte del mundo circundante”
A juicio de Biestek (1957) “es un método para fomentar la autodeterminación
de los individuos, frente a sus problemas, a través del uso de los servicios sociales.
En el análisis que realiza sobre las causas del pobreza y el modo de resolverlas,
Friedlander (1968) sostuvo que “es la ayuda que se le brinda al individuo para que
mejore sus relaciones sociales y efectué una adaptación social que le permita llevar
una vida más útil y satisfactoria”.
El profesor Pérez (1966), al referirse a la asistencia a los más necesitados lo
refleja “como una técnica del trabajo social basada en las relaciones humanas indi-
viduales, que por parte del cliente consiste en confiar en el trabajador social y, por
parte de este, en la comprensión del cliente”.
Para la profesora Davison (1968) “es un servicio personal profesional propor-
cionado por el trabajador social a los individuos que requieren de ayuda especiali-
zada para resolver sus problemas familiares”.
UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA AL TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO 39

11. El trabajo social individualizado en Europa

Las influencias del trabajo social individualizado que vinieron de Estados Unidos a
Europa pusieron su énfasis en los modelos psicosociales, fundamentados en que la
conducta es producto de una serie de interacciones que se producen en la mente, e
influyéndose recíprocamente con el ambiente social, y este influyendo a su vez en la
propia conducta (p.ej., en un entorno familiar agresivo, la conducta que se adquirirá
será también agresiva, pero puede ocurrir que se reproduzca todo lo contrario, que se
responda con métodos pacíficos).
En la Europa Occidental, hasta los años sesenta la labor de los trabajadores so-
ciales estuvo muy dispersa por la cantidad de modalidades que se establecieron en
su intervención, pero las influencias de los modelos psicosociales en algunos de los
países fueron importantes: Alemania estuvo bajo el dominio de las concepciones
pedagógicas del trabajo social, orientado hacia la educación laboral para reducir la
desigualdad. En Bélgica, con una renta per-cápita media alta por encima de otros
países, la intervención se dirigió de forma asistencial hacia los colectivos de inmi-
grantes. Irlanda tuvo que hacer frente a las secuelas psicológicas y sociales del en-
frentamiento entre católicos y protestantes, centrando su intervención en las formas
de pensar y sentir de la población afectada, a través de influencias psicosociales. En
los países mediterráneos como España, Portugal, o Grecia, que sufrieron durante
muchos años un sistema dictatorial de gobierno, los trabajadores sociales tuvieron
que asumir una función eminentemente asistencial. En Francia, las funciones estu-
vieron muy fragmentadas al no estar clara la identidad profesional. Y en Inglaterra,
tuvieron una influencia importante los distintos modelos psicosociales a través de la
Charity Organization Society (C.O.S).
A partir de los años sesenta, en Europa se produjeron relevantes cambios
ideológicos y conceptuales que plantearon la importancia de los factores sociales
en la explicación de los problemas individuales, coincidiendo con una revolu-
ción silenciosa que tocó las esencias de la heredada ética del trabajo en la moral
del consumo masivo, donde determinados bienes que en estadios anteriores se
reputaban como privativos de una minoría, se abarataron, apareciendo la noción
de cultura de masas.
Fueron años de creación en muchos aspectos del mundo de la cultura y de la edu-
cación, y un revulsivo en las costumbres. También aparecieron muchos movimientos
locales que intentaron cambiar las cosas, donde el feminismo, el pacifismo y los nue-
vos derechos sociales se convirtieron en los emblemas de las reivindicaciones. Los
tres movimientos tuvieron su base en el difuso movimiento estudiantil, en las reivin-
dicaciones de los trabajadores del sector industrial y en el histórico consenso político
que desarrollo el modelo del Estado de bienestar bajo la inspiración del pensamiento
keynesiano. La universidad dejó de ser una institución clasista para convertirse en un
ámbito social donde todos los ciudadanos empezaron a tener cabida, produciéndose
un fuerte impulso de la investigación científica.
40 TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO: METODOLOGÍA DE INTERVENCIÓN

Durante los años sesenta también se crearon las condiciones para que se produje-
ran los movimientos migratorios internacionales en gran escala dentro del continente
europeo; durante el decenio 1960-70, el flujo entre los países mediterráneos y los
países industriales de Europa del noroeste fueron espectaculares. El gran factor que
explica estos movimientos fueron las razones económicas, especialmente la bús-
queda de empleo, tanto por parte de los emigrantes rurales que se dirigieron a las
ciudades, como de los emigrantes internacionales.
Posteriormente, con la crisis económica de los años setenta, un nuevo término
monopolizó las discusiones sobre los sectores más desfavorecidos de la sociedad,
reformulando la palabra pobre o marginado por “persona excluida”, entendiéndose
su definición como “una negación en el ejercicio de los derechos sociales de los
ciudadanos”.
Los importantes cambios políticos, económicos y sociales que se produjeron en
Europa en los años setenta, facilitaron que los trabajadores sociales se cuestionaran
sus métodos, basados en los aspectos más psicológicos de la persona, dando más
relevancia a los factores sociales, porque según las teorías dominantes de la época
eran los que generaban las necesidades y los problemas. Así, el casework, recibió
numerosas críticas desde posiciones ideológicas y conceptuales.
Mientras que en otros países europeos como Inglaterra, Francia, Bélgica o Ir-
landa, la formación de los trabajadores sociales se había desarrollado a través de las
múltiples influencias que habían recibido de las ciencias sociales y de los distintos
modelos psicosociales, la España de la dictadura se mantuvo aislada internacional
y políticamente durante cuarenta años, reflejándose en una formación vinculada a
la iglesia católica, que se centró exclusivamente en las personas que sufrían graves
carencias económicas y sociales, sin contar con una organización seria de protección
social, lo que generó en su conjunto un sistema benéfico y asistencial desordenado
y carente prácticamente de base jurídica, con actitudes paternalistas de los trabaja-
dores sociales.
Solo cuando España comenzó su proceso de democratización en la década de
los años setenta, es cuando el trabajo social inició un camino de replanteamientos
doctrinales, de interrogantes y búsqueda de su identidad, como de acercamiento a
la problemática social del país, “pasando en pocos años de la caridad a la reivin-
dicación de los derechos sociales, y del ajuste individual a exigir un cambio en la
estructuras sociales injustas” (Romero, 2009). En el II Congreso Nacional Nacio-
nal de Asistente Sociales celebrado en Madrid en el año 1972, se reconocía que
“el trabajador social, entre otras muchas cosas, debería impulsar la planificación y
organización en materia de servicios sociales y, para ello, se exigía la necesidad de
actualizarse académicamente y formarse permanentemente” (Gil, 2004: 33). Como
consecuencia de estos procesos, por Real Decreto 1850/1981 de 20 de agosto, se
incorporaron los estudios de trabajo social a la universidad. El desfío consistió
en garantizar una formación técnica y científica de calidad ofreciendo un soporte
fundamental para la docencia y la investigación.
UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA AL TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO 41

12. El trabajo social individualizado


en Latinoamérica

En los años sesenta el trabajo social latinoamericano estuvo influenciado por las
grandes desigualdades que arrastraba América Latina desde hacia siglos: La desi-
gualdad social según la CEPAL, era considera la más importante del mundo, donde
200 millones de personas vivían por debajo del umbral de la pobreza. El 50% de la
población infantil no estaba escolarizada, la corrupción política estaba muy gene-
ralizada, las grandes diferencias entre ricos y pobres en el acceso a la propiedad de
la tierra estaban por encima de la media del resto del mundo, la alta proporción de
la población que trabajaba en el campo, y que dependía de los ingresos por la ven-
ta de los productos agrícolas, superaba el 50%. Por otra parte, las migraciones del
campo hacia la ciudad, que habían comenzado años atrás, fueron creciendo, provo-
cando cinturones de miseria alrededor de las grandes ciudades. Los altos índices de
analfabetismo en los jóvenes y adultos, ejercían un impacto negativo en el nivel de
ingresos de las familias, o el protagonismo histórico de las estructuras corporativas y
de los oligopolios en el reparto desigual de la riqueza se convertía en un importante
factor de influencia en el incremento de la inequidad social.
Durante esta década, también aparecieron importantes movimientos ideológicos
marcados en gran medida por el influjo de la revolución cubana, que había creado
enormes expectativas y simpatía en relevantes sectores sociales, facilitando el as-
censo de algunos movimientos populares que intentaron construir sociedades más
educativas y culturales. El trabajo se desarrollo a través de dos vías fundamentales:
la primera, intentaba que la alfabetización tuviera como objetivo incorporar a la
población al sistema capitalista para hacer funcionar correctamente la maquinaria.
Y la segunda se llamó la alfabetización conscientizadora (término inventado por el
brasileño Paulo Freire), que permitía a los miembros de las capas populares no sólo
aprender a leer y escribir, sino analizar su situación y la de su país, para integrarse
como sujetos activos de transformación social, económica y política.
En el campo académico nació el método de Investigación-Acción (creado por el
sociólogo colombiano Orlando Falls Borda) que hacía del investigador un mediador
para que las colectividades populares se conocieran, se reconocieran y fueran actores
de su propio desarrollo. Todas estas experiencias duraron muy pocos años porque los
sangrientos golpes de estado realizados por los militares (Brasil, Argentina, Chile,
Uruguay…) acabaron con las esperanzas de terminar con las grandes injusticias que
históricamente se habían instalado en América Latina (Bansart, 1997).
Los trabajadores sociales latinoamericanos en el contexto del subdesarrollo,
opresión, dominación y marginación de los años sesenta, comenzaron a denunciar la
inoperancia del trabajo social tradicional, criticando que estaba fundamentado en la
acomodación y ajuste de la persona a su entorno debido a las influencias que había
tenido del casework en la profesión, que proponía teóricamente un marco referencial
psicologista y un estilo tecnicista aséptico, sin compromiso personal y sin pretensio-
nes ideológicas, sirviendo para mantener las desigualdades económicas y sociales.
42 TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO: METODOLOGÍA DE INTERVENCIÓN

La evolución de las ciencias sociales en América Latina, que se venía gestando


desde hacia años, influyó en el proceso de cambio porque buscaba integrar la profe-
sión con la problemática del hombre y de la sociedad para superar los efectos cultu-
rales y políticos de la colonización pedagógica, fruto de las limitaciones espaciales
e históricas, y de las técnicas sociales importadas, que se habían estado aplicando.
En la búsqueda por desprenderse del tutelaje cultural e intelectual externo, y de
los manuales importados de trabajo social, despertaron en el interior de una parte
de la profesión una postura crítica radical donde se empezaron a buscar las causas
de los problemas, tomando conciencia de que la acción social, para que fuera váli-
da, debería superar directa o indirectamente la realidad de ajuste de la persona a su
entorno, buscando nuevos caminos, donde un sector de profesionales, docentes y
estudiantes, presentaron una nueva alternativa a través del llamado movimiento de
reconceptualización, que proponía una forma diferente de entender a las personas y
su objeto de intervención.
A partir del movimiento de reconceptualización, el universo teórico, metodoló-
gico, e ideológico y cultural del trabajo social latinoamericano se empezó a cuestio-
nar, donde los términos de revolución, ideología, transformación radical, alineación,
praxis o lucha de clases, empezaron a formar parte del lenguaje común de una parte
de la profesión… Es más, el trabajo social, según sus planteamientos, debería tener
una postura revolucionaria de transformación de las estructuras, donde el hombre
oprimido debía convertirse en objeto y sujeto de intervención a través de un proceso
de concientización para resolver sus problemas y, de esta compresión, se articularían
los procesos para que las estructuras políticas, económicas y sociales se transforma-
ran a favor de la liberación de la sociedad.
En sus reflexiones sobre el movimiento, Lima (1979) apunta que la profesión no
pudo plasmar los objetivos planteados por la reconceptualización, no sólo porque la
coyuntura no fuera favorable, sino porque los objetivos se escaparon de las posibi-
lidades reales de la profesión. Por un lado, el ánimo, el impulso, el empuje hacia el
cambio social no fue suficiente para lograr una vinculación de la práctica profesional
a los intereses sociales e ideológicos. Por otro, aunque existían ciertas condiciones
objetivas de pobreza, el ánimo de ruptura de los trabajadores sociales tuvo una obje-
tividad en sus planteamientos que no pudo ser negada por quienes querían dirigirlos
ideológicamente.
Para Parra (2004), la mayoría de los autores que han estudiado el proceso, des-
tacan la importancia que tuvo la reconceptualización en el cuestionamiento teórico,
metodológico e ideológico de la profesión, señalando tanto la ruptura y crítica con
el trabajo social tradicional, como la ubicación de la profesión en el contexto de los
distintos países. En este sentido, algunos consideran que este movimiento permitió
la apertura a nuevos interrogantes, un mayor protagonismo de la profesión y la in-
novación metodológica con un fuerte contenido científico, si bien destacan que la
reconceptualización se desarrolló fundamentalmente vinculada a los centros de for-
mación, con poca incidencia en los profesionales insertos en las instituciones
UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA AL TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO 43

13. El trabajo social individualizado


en la actualidad

Aunque en algunos períodos de la historia el trabajo social individualizado haya


atravesado por momentos de incertidumbre, no significa que haya desaparecido, por
el contrario, ha evolucionado en consonancia con las condiciones históricas de cada
época, apareciendo según Hill (1979) durante estos años, numerosos modelos de
intervención individual: modelo de socialización, clínico, conductista, de crisis, de
análisis transaccional, o de resolución de problemas, entre otros, que han ofrecido
respuestas desde diferentes concepciones teóricas a los problemas que atraviesan las
personas a lo largo de su vida.
El paradigma de la profesión se constituye por el objeto del trabajo social, por
sus objetivos, funciones, dimensiones y su metodología de acción, respondiendo a
una base filosófica que le da contenido teórico, donde el progreso de las ciencias so-
ciales en el último siglo ha mejorado el estudio sistemático de los casos individuales.
Lo más característico y digno de ser mencionado es el hecho de que las necesi-
dades de la persona concreta sean ahora tomadas en consideración, y no únicamente
esa idea mucho más abstracta que se refiere al estudio de las necesidades en general y
que hasta ahora venía siendo el objeto principal de respuesta (De Bray y Tuerlinckx,
1973), por ello, el trabajo social individualizado sigue considerándose un instrumen-
to fundamental, porque se ha fortalecido por su larga experiencia científica y prác-
tica, asentándose en sus valores y principios éticos, diseñados por sus precursores,
pero, en los últimos treinta años han alcanzado un alto nivel de perfeccionamiento en
sus desarrollos teóricos, metodológicos y técnicos, inspirados en nuevas corrientes
epistemológicas más acordes con los tiempos actuales.
Por ello, en el contexto actual de crisis: de desempleo, de problemas econó-
micos, de migraciones, de envejecimiento de la población, de desigualdades entre
hombres y mujeres, de falta de autonomía de los hijos, de negatividad para enfren-
tarse a los nuevos desafíos, de tristezas, depresiones y soledades, la respuesta a estas
necesidades se ha ido difuminando a través de resoluciones institucionales asépticas
y con una marcada intervención burocrática de los trabajadores sociales, dejando a
un lado el contacto individual más cercano que permite estudiar los graves proble-
mas e incertidumbres en las que vive una parte importante de la población, siendo
necesario una vez más, como lo ha sido a lo largo de la historia, la aplicación del
trabajo social individualizado como un método de intervención imprescindible en
los centros de servicios sociales, porque convierte a la persona en protagonista de su
propio cambio frente al aislamiento social de las actuales sociedades.
44 TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO: METODOLOGÍA DE INTERVENCIÓN

Resumen

Las personas construyen el mundo siguiendo distintos caminos, a veces de manera


consciente, otras sin darse cuenta, siempre interactuando con otros seres humanos,
o con las instituciones que contribuyen a crear y mantener, ofreciendo distintas mo-
dalidades de ayuda a los considerados estigmatizadamente pobres, mendigos, vaga-
bundos, indigentes, desamparados, marginados, necesitados, o excluidos sociales,
donde la Sociedad de la Organización de la Caridad (C.O.S), que se implantó en
Inglaterra, y posteriormente en EE.UU, fue el primer intento científico al denunciar
que la caridad no erradicaba la pobreza, sino que creaba personas dependientes de
las instituciones y de la burguesía que ofrecía las limosnas. Los precursores del tra-
bajo social de casos como Mary Richmond, Gordon Hamilton, Charlotte Towle, o
Helen Harris, entre otros, ofrecieron modelos de intervención basados en la atención
individual a las personas, con el objeto de desarrollar su personalidad, y como un
medio para alcanzar su autosuficiencia y su participación en el logro los objetivos
fijados. El método de trabajo se expandió al resto del mundo occidental, entrando
en cuestionamiento en los años sesenta por los cambios políticos y sociales que se
produjeron en Europa, que hicieron que los trabajadores sociales se cuestionaran sus
métodos, basados en los aspectos más psicológicos de la persona, dando más rele-
vancia a los factores sociales, porque según las teorías dominantes de la época, eran
los que generaban las necesidades y los problemas. En la actualidad, el trabajo social
individual se ha vuelto a convertir en un instrumento fundamental de respuesta a
los graves problemas por los que atraviesan las personas, porque se ha fortalecido
a través de su larga experiencia científica y práctica, que se asienta en sus valores y
principios éticos.

Preguntas de revisión
1. El trabajo social hunde sus raíces en el largo reinado de Victoria de Inglaterra (1837-
1901). V F
2. Las C.O.S, fue el primer intento científico de denunciar que la caridad erradicaba la po-
breza. V F
3. El contexto donde se desarrolló la obra de Mary Richmond se caracterizó por la preocu-
pación de sentar las bases del conocimiento vulgar, frente al denominado conocimiento
de clases. V F
4. El “casework”, necesita reconocer que las personas son interdependientes y diferentes.
V F
5. El caso social según Hamilton (1946), se compone de factores internos del sujeto (perso-
nalidad, emociones, pensamientos, etc.) y externos; los relativos al medio ambiente. V
F
UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA AL TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO 45

6. Según Towle (1945), el trabajo social de casos nace del vínculo que se produce entre el
comportamiento humano y la interrelación con la familia. V F
7. A juicio de Porter (1911), el trabajo social individualizado “es un método que no fomen-
ta la autodeterminación de los individuos, frente a sus problemas, a través del uso de los
servicios”. V F
8. A partir de los años sesenta, en Europa se producen relevantes cambios ideológicos y
conceptuales que plantean la importancia de los factores psicológicos en la explicación
de los problemas comunes. V F
9. Con la crisis económica de los años setenta, un nuevo término monopolizó las discusio-
nes sobre los sectores más desfavorecidos de la sociedad, reformulando la palabra ex-
cluidos, por marginados. V F
10. Los trabajadores sociales latinoamericanos en el contexto del subdesarrollo, opre-
sión, dominación y marginación de los años sesenta, comenzaron a denunciar la
inoperancia de las ciencias sociales. V F

Soluciones preguntas de revisión


Las respuestas correctas son: 1 V, 2 F, 3 F, 4 V, 5 V, 6 F, 7 F, 8 F, 9 F, 10 F

Lecturas recomendadas

Banda, T. (2009). El nacimiento de una nueva profesión: el Trabajo Social. En T.


Fernández (Coord.), Fundamentos de Trabajo social (pp. 15-101). Madrid:
Alianza Editorial.
Vázquez, O. (2005). Teorías de las principales figuras del Trabajo Social: en T. Fer-
nández (Coord.), Introducción al Trabajo social (pp. 110-129). Madrid: Alianza
Editorial.
Hamilton, G. (1974). Teoría y práctica del Trabajo Social de Casos. Méjico: Prensa
Médica Mexicana.
Harris, F. (1970). El trabajo social individualizado. Madrid: Ediciones Rialp.
Richmond, M. (2008). Diagnóstico Social. Madrid: Siglo XXI.
Capítulo 1
La persona: sus necesidades
y problemas

Objetivos
Introducción
1. La persona como objeto de la intervención
2. Personalidad y comportamiento
3.La teoría del apego
4. Las emociones
4.1. Las seis emociones más importantes de la persona
4.2. Otras funciones de las emociones
5. Los pensamientos
5.1. Trastornos del contenido del pensamiento
5.1.1. Las preocupaciones
5.2. Ideas obsesivas
5.3. Ideas fóbicas
5.3.1. Fobias específicas
6. Los delirios
6.1. Tipos de delirios
7. Trastornos del estado de ánimo
7.1. Depresión
7.2. Trastorno bipolar o maníaco-depresivo
7.3. Trastorno ciclotímico
7.4. El suicidio
8. Trastornos de la personalidad
8.1. Trastornos de la personalidad extraña/excéntrica
8.2. Trastornos de la personalidad dramática/errática
8.3. Trastornos de la personalidad ansiosa/inhibida
9. Autoconcepto
10. Autoestima
11. Motivación
12. Afrontamiento

47
13. La persona y sus problemas
14. Una aproximación a la intervención del trabajador social con casos
15. Los centros de servicios sociales
Resumen
Preguntas de revisión
Soluciones a las preguntas de revisión
Lecturas recomendadas
LA PERSONA: SUS NECESIDADES Y PROBLEMAS 49

Objetivos

• Definir el trabajo social individualizado.


• Describir las diferentes circunstancias y tensiones que hacen que la persona
pueda llegar a una situación de vulnerabilidad social.
• Analizar las distintas tipologías del apego.
• Entender y comprender las emociones como preparación para la acción.
• Comprender la importancia de los pensamientos.
• Valorar las preocupaciones como dificultad en los problemas psicosomáticos
de las personas.
• Describir las ideas obsesivas y fóbicas como una perturbación del pensa-
miento.
• Enumerar los trastornos de la personalidad.
• Realizar una aproximación a la intervención del trabajador social con casos.
• Analizar la importancia de los centros de servicios sociales en la atención de
los problemas.

Introducción

A lo largo de sus vidas, todas las personas pueden atravesar por diferentes circunstan-
cias y tensiones que les hagan caer en situaciones de vulnerabilidad y riesgo social:
desempleo, desorganización económica, déficit educativo, falta de planificación, au-
sencia de reflexión, depresión, separaciones, divorcios, accidentes, discapacidades,
soledad, etc. Necesidades y problemas que se presentan en la vida cotidiana restando
eficacia al desempeño de las funciones individuales y sociales, convirtiendo el pro-
blema en objeto de estudio e intervención social por la incapacidad de la persona
para reunir los medios necesarios para conseguir o mantener una situación de ajuste
emocional y bienestar social.
La persona objeto de intervención suele considerar sus problemas como algo
referido a las relaciones de interacción existentes entre él y los demás, o entre él y su
circunstancia. Por lo general, solicita apoyo para reajustar su propio yo en relación
con las exigencias y expectativas de la función social que desempeña en cada mo-
mento de su vida: esposo/a, padre, madre, estudiante, trabajador/a…, o para reajustar
algunos aspectos de su situación social, con el fin de mantener el equilibrio necesario
para conseguir sus objetivos cotidianos. Cuando la persona descubre, como sucede
en algunos casos, que no puede dominar sus problemas por sí sola, ni con la ayuda
de las personas más cercanas, suele solicitar el apoyo de una institución social para
superar los obstáculos que entorpecen la buena marcha de su vida personal, familiar
o social.
Las instituciones sociales que atienden a las personas con dificultades, normal-
mente suelen estar dotadas de equipos técnicos multiprofesionales para realizar su
intervención que, por las técnicas y metodologías que emplea el trabajador social,
así como por su formación académica, están capacitados para comprender la natu-
50 TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO: METODOLOGÍA DE INTERVENCIÓN

raleza de los problemas individuales y sociales, en una interacción recíproca de tres


elementos fundamentales y sustanciales que son necesarios para la intervención del
trabajo social individualizado: persona, trabajador social e institución social Su ob-
jetivo conjunto es conseguir que la persona vuelva a la situación de normalización
que tenía anteriormente, después de que el profesional haya influido positivamente
para que pueda afrontar autónomamente sus necesidades y problemas, desarrollando
su capacidad analítica y práctica para resolverlos.
Aunque a lo largo de la corta historia del trabajo social profesionalizado se
han aportado diferentes definiciones al denominado trabajo social de casos o “ca-
sework”, recogidas en la introducción del libro, se podría definir como «el proceso
educativo y social que realiza el profesional con la persona objeto de intervención
para que pueda superar las necesidades o problemas sobrevenidos con el objeto de
desarrollar habilidades y destrezas que le permitan proseguir de forma autónoma
con su proyecto de vida en la dirección marcada por su propia existencia». En otras
palabras, lo que debe intentar el profesional es que el usuario modifique o vuelva a
trazar un nuevo plan que le facilite conseguir sus objetivos, definiendo consciente-
mente y libremente las opciones para alcanzar el destino que se haya propuesto. El
proyecto de vida le ofrece el porqué y el para qué de su existencia, otorgando sentido
al presente, pero sin perder de vista que el futuro lo construye diariamente con las
decisiones que toma en cada instante.

1. La persona como objeto de intervención

Comprender el lenguaje de la mente como un fenómeno integrador de diversas fa-


cultades del cerebro que reúne información, razona y extrae conclusiones, es una
labor compleja; por eso es necesario que el trabajador social con casos tenga unos
conocimientos básicos de algunos aspectos de la psicología; como el apego, la per-
sonalidad, las emociones, los sentimientos, los pensamientos, las obsesiones, fobias,
la autoestima o el afrontamiento. Su interiorización intelectual le permitirá entender
y comprender a la persona objeto de intervención, porque en su trabajo se encontrará
con múltiples necesidades y problemas a los que tendrá que enfrentarse desde su
labor educativa, social y de intervención, para que los usuarios puedan resolver sus
conflictos de forma autónoma y puedan volver a encontrar de nuevo un proyecto de
vida, que les ofrezca más seguridad, bienestar y felicidad.
En el lenguaje cotidiano la palabra “persona”, hace referencia a un ser con poder
de raciocinio que posee conciencia sobre sí mismo, que cuenta con su propia identi-
dad, que es capaz de vivir en sociedad, además de contar con inteligencia y voluntad.
Es alguien específico (el concepto abarca los aspectos físicos y psíquicos del sujeto
que lo definen en función de su condición singular y única). La persona no puede ser
considerada como un ser aislado, vive, crece y se desarrolla dentro de un contexto
interactivo; de ahí que la familia, la escuela, los amigos, el grupo de iguales o la co-
munidad en la que participa deban tenerse en cuenta como unidades que conforman
el proceso de socialización, desarrollando con el paso de los años una personalidad
LA PERSONA: SUS NECESIDADES Y PROBLEMAS 51

que se irá definiendo a través de los pensamientos, sentimientos, actitudes, hábitos y


conducta que, de manera muy particular, le harán diferente de los demás.
La manera como cada persona actúa sobre las diversas situaciones que se encuen-
tra a lo largo de su vida refleja una parte importante de su personalidad, que sería el
modo cotidiano por el cual cada ser individual piensa, habla, siente y lleva a cabo
alguna acción para satisfacer sus necesidades en su medio físico y social. La persona,
su ambiente y su conducta se interaccionan en un proceso de influencia recíproca;
por ello, los factores individuales, ambientales y sociales deben ser considerados al
analizar la persona si se quiere mejorar la habilidad para predecir su conducta.

2. Personalidad y comportamiento

Cada persona empieza a tener su propia personalidad al nacer. Desde bebé, los pa-
dres ya suelen manifestar que «el niño es muy revoltoso, o muy tranquilo», aunque
no se nace con una personalidad determinada, sí se nace con ciertas características
propias, donde uno de los factores determinantes es el del origen ambiental. La per-
sonalidad se irá estructurando y cambiando con el paso de los años, aunque la in-
fluencia de figuras que significaron algo en la niñez suele ser en parte determinante
(p. ej., padres, abuelos, hermanos mayores, cuidadores…), de manera que el niño
va adquiriendo una personalidad pre-establecida por esas figuras, aunque no se sea
consciente de ello. La personalidad puede sintetizarse como el conjunto de caracte-
rísticas de sentimientos, emociones, actitudes y hábitos ligados a la conducta de cada
persona que persiste a lo largo del tiempo, distinguiendo a un individuo de cualquier
otro, haciéndolo diferente a los demás. La personalidad será fundamental para el
desarrollo del resto de las habilidades de la persona y de su inclusión en el resto de
los grupos sociales.
El comportamiento es la forma de proceder de las personas frente a los estímu-
los y en relación con el entorno en el que se desarrollan, teniendo una tendencia a
repetirse a través del tiempo de una forma determinada, sin que quiera decir que
esa persona se comporte de igual manera en todos los casos. La diferencia con la
personalidad es que esta sería la forma en la que se piensa, se siente, se comporta e
interpreta la realidad, mostrando una tendencia de ese comportamiento a través del
tiempo que le permite afrontar la vida y mostrar el modo en que se ve a sí mismo y
al mundo que le rodea.
Los comportamientos tienen un propósito y significado: obtener satisfacciones,
evitar o anular la frustración y mantener el equilibrio en movimiento. Desde el ini-
cio de la vida, la persona actúa para gratificar las necesidades que experimenta. Al
principio, cuando es niño, el instinto más importante es el de conservación, y por eso
está dotado del reflejo de succión y de funciones como la digestión, la respiración o
la circulación, pero desde los primeros días de su nacimiento hasta que cumple su
primer año experimenta la necesidad de apego a sus papás, a los demás miembros
de la familia y a otras personas que lo atienden; aprenden que pueden confiar en los
que le cuidan, les proporcionan sustento, protección y afecto, pero si sus necesidades
52 TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO: METODOLOGÍA DE INTERVENCIÓN

no son satisfechas puede desarrollar desconfianza y empezar a reprimir el amor y el


afecto. Es una etapa en la que también aprende a expresar sentimientos y emociones
básicas, desarrollando cierta independencia y sentido de sí mismo. En el inicio son
necesidades elementales, necesidades de seguridad física y afectiva: «busca el ali-
mento que ha de satisfacer no solo su hambre física, sino también emocional y cuan-
do tiene hambre, y no recibe la atención que necesita, llora para que le hagan caso; y
cuando recibe una regañina muestra sus primeros síntomas de malestar».

Actividad de repaso 1.1

Analice qué diferencia existe entre personalidad y comportamiento. También piense en


alguien cercano que durante su infancia haya sido una figura determinante para el desa-
rrollo de su personalidad, p.ej. padre, madre, hermanos, tíos, amigos… Analice cómo ha
afectado esa figura de referencia al desarrollo de su propia personalidad y sus compor-
tamientos.

3. La teoría del apego

El desarrollo emocional de los niños tiene que ver con la evolución y la expresión
de sus sentimientos en relación con ellos mismos, con sus padres, sus compañeros
y con otras personas. Es importante porque desempeña una función adaptativa para
asegurar la supervivencia. Las emociones influyen como factores de comunicación,
relaciones sociales y motivadores de la conducta; por ello, hay que resaltar la im-
portancia que ha tenido la “Teoría del apego”, desarrollada por Bowlby (1951), que
consideró este conjunto de conductas como la base de las posteriores relaciones so-
ciales. Lo describió como el sentimiento que une a los padres a su hijo a través del
vínculo emocional que se crea entre ellos. Es el deseo de mantenerse en contacto por
medio de la cercanía física, de tocarse, de mirarse, sonreír, escucharse o hablarse.
«Los niños que han desarrollado un apego cercano hacia sus padres corren hacia
ellos cuando se sienten asustados; cuando se sienten molestos buscan el consuelo de
sus brazos, obteniendo placer y seguridad con el solo hecho de estar cerca de ellos,
verlos o comunicarse» (Pipp y Harmon, 1987).
Sin embargo, algunos niños que han sido rechazados por tener unos padres dis-
tantes ni siquiera se dan cuenta de que los tienen cerca físicamente (p.ej. cuando el
papá se preocupa más por él mismo que por las demandas de afecto del niño o de la
niña). Los niños que no tienen un apego seguro posiblemente no realicen una distin-
ción entre los padres y otros miembros del hogar o sus cuidadores. No lloran cuando
los padres los han dejado solos, ni intentan seguirlos cuando se marchan.
En el otro extremo se encuentran los niños con un apego inseguro, que son de-
pendientes de sus padres, que lloran cuando los padres se marchan de casa, cuando
creen que no les hacen caso, cuando no sienten el contacto físico, cuando los pierden
de vista, cuando no los ven físicamente. Turner (1991) encontró algunas diferencias
en la conducta de apego con niños preescolares inseguros: conducta más agresiva,
LA PERSONA: SUS NECESIDADES Y PROBLEMAS 53

asertiva, controladora, y además buscaban más atención que los niños seguros. Si los
padres son personas ansiosas, nerviosas o neuróticas esta ansiedad es percibida por
los hijos que, como resultado, buscan la confirmación repetida de seguridad.
Desde los primeros años de vida empiezan a manifestar los primeros signos de
ansiedad o de frialdad ante las separaciones. La separación más común en los prime-
ros momentos se da cuando los padres dejan al niño solo en una habitación y cierran
la puerta. El niño puede llorar o, si es suficientemente mayor, puede gatear con el
objetivo de seguirlo. Sin embargo, la ansiedad se reduce si el padre sale del cuarto
pero el niño puede observarlo (Rice, 1997).
Si una separación se repite, o si se prolonga por días o semanas, los síntomas
son más serios. La fase inicial de protesta y búsqueda es seguida por un período
de desesperación, durante el cual el niño se muestra inquieto, apático, indiferente,
desdichado y no responde a sonrisas o cariños. Por último, si la separación continúa
el niño entra en un período de desapego y alejamiento en el que busca cortar los
vínculos emocionales con la figura de apego.
Los niños que han sufrido esta experiencia suelen describirse cuando se hacen
mayores como emocionalmente alejados, aislados, fríos e incapaces de mostrar cali-
dez o de hacer amigos afectuosos. Lo que resulta significativo es que algunos niños
pueden permanecer con los padres y, aún así, sufrir una privación similar si estos no
son capaces de satisfacer sus necesidades de afecto, cariño, compresión o protección
contra el peligro. Los padres que tienen bebés que no desean, que rechazan o que
no pueden cuidar de forma adecuada están exponiendo a sus hijos a una privación
materna o paterna casi de abandono (Rice, 1997).
Los padres y las madres también suelen necesitar ayuda para llevar a cabo sus
obligaciones o tareas con el niño, sobre todo cuando sienten que les falta capacidad
de ejercerlas por falta de experiencia, habilidades o por otras razones adversas, y, por
lo tanto, solicitan apoyo de la familia, de los amigos o de la comunidad donde resi-
den para resolver sus problemas o limitaciones. El apoyo de las personas cercanas,
y de las instituciones sociales como último recurso, modera el impacto negativo de
fuentes de estrés como la falta de privación emocional o la falta de otros recursos por
parte de los padres o de los cuidadores.
Para los profesionales que trabajan en los centros de servicios sociales es impor-
tante conocer la teoría del apego, porque en el área de las relaciones interpersonales
de índole amistosa o vinculativa ha adquirido un protagonismo especial en el estudio
de los factores que inciden en el proceso emocional de la felicidad e, incluso, algu-
nos autores han definido esta interacción social basada en la confianza, la afectividad
y el apoyo como una necesidad básica imprescindible para alcanzar el bienestar sub-
jetivo, o el grado en que una persona juzga su vida en términos positivos (Baumeister
y Leary, 1995).
Para Martín, Domínguez y Fernández (2010), «existen numerosos estudios que
sugieren que esta clase de relación interpersonal es uno de los principales factores
que influyen en la felicidad», destacando además dos aspectos de la interacción que
54 TRABAJO SOCIAL INDIVIDUALIZADO: METODOLOGÍA DE INTERVENCIÓN

resultan relevantes: el estilo de apego y el grado de familiaridad o intimidad de la


relación (Reis y Patrick, 1996).
Recientemente, la Teoría del apego se ha aplicado al estudio de las relaciones
entre adultos, considerándose que la tendencia de afiliación está regulada por los mo-
delos de apego como esquemas cognitivo-afectivo-motivacionales que construyen la
persona en base a su experiencia pasada y actual, y como relaciones interpersonales
(Berman y Sperling, 1994). Estos esquemas actuarían como filtro de experiencias,
determinando el grado de seguridad-inseguridad de la persona en el establecimiento
de relaciones estrechas de apego con otras personas.
Diversos trabajos han confirmado la relación directa entre el estilo de apego
seguro y un alto nivel de bienestar subjetivo (Park y Vandenberg, 1994, Webster,
1998). Según LaGuardia, Ryan, Couchman y Deci (2000), este tipo de apego fo-
menta la felicidad, porque facilita las relaciones donde la persona puede satisfacer
necesidades de autonomía, competencia y afiliación.
Por otra parte, siguiendo a Martín, Domínguez y Fernández (2010), parece evi-
dente que lo determinante para la felicidad no es tanto la cantidad de relaciones
sociales que mantiene la persona como el grado de confianza o intimidad que se
alcanza en ellas. Es decir, según Nezlek (2000), el bienestar subjetivo no está deter-
minado por el número de relaciones sociales que se mantienen, sino por la calidad de
los lazos íntimos o de apegos que se establecen.
Todo el mundo necesita de apegos seguros, porque orientan la capacidad de amar,
se soportan mejor los problemas de la vida cotidiana, se regulan mejor las emociones
y hasta se reflexiona mejor cuando se está rodeado de allegados a los que se está
apegado, porque con ellos se pueden compartir las emociones y relatarles las expe-
riencias, para así comprender mejor la vida y darle sentido. Se necesita intercambiar
emociones con otras personas en las que se confía. De esta forma, se desarrollan las
aptitudes empáticas y la capacidad para preocuparse por las personas que uno quiere.
Como conclusión, se podría decir que el apego es un vínculo afectivo tranqui-
lizador que una persona de cualquier edad establece, construye y mantiene con los
que le rodean, experimentando bienestar y seguridad emocional. Sin embargo, de-
trás de los apegos inseguros o desorganizados existen personas que sufren pérdidas
afectivas no resueltas y sentimientos dolorosos de soledad que, si no se han podido
compartir ni superar, necesitarán el apoyo de profesionales adecuados para abordar
y modificar el impacto de las experiencias problemáticas pasadas.
Aunque resulte en ocasiones difícil delimitar las múltiples conexiones que la
esfera afectiva tiene con los restantes procesos físicos y psíquicos, su conocimiento y
análisis ayuda a conocer el crecimiento psicológico temprano, y a entender las caren-
cias de apego y las satisfacciones o emociones de la persona adulta en el presente y
en el futuro. De estas necesidades y expectativas nace la importancia que adquieren
los servicios sociales y la intervención de los trabajadores sociales con casos, para
intentar solucionar problemas que terminan afectando al conjunto de la familia y de
la sociedad.