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Minuta

Nombre: Laura​ ​C.​ ​Leiva​ ​Moreira


Texto: Johan Galtung. Tras la violencia, 3R: reconstrucción, reconciliación,
resolución. Afrontando los efectos visibles e invisibles de la guerra y la
violencia.​ ​Capítulo​ ​I.
Curso: Convivencia​ ​y​ ​Violencia​ ​Escolar
Profesores: Pablo​ ​Valdivieso​ ​(coordinador),​ ​Ignacio​ ​Leyton,​ ​Paola​ ​González.

En el primer capítulo de este libro de Galtung, el autor introduce un marco teórico que
permite comprender cómo se da la paz y la violencia. Para comprender la noción de violencia
en su complejidad, como fenómeno potencialmente realizable, se acude a la sincronización de
los triángulos ABC (​Attitude​, ​Behavior​, ​Contradiction​) y CDE (Cultural, Directa,
Estructural), donde el punto B, que se refiere a las conductas, se identifica en sincronía con la
violencia directa (visible), el punto A, que se refiere a las actitudes o supuestos, se identifica
en sincronía con la violencia cultural, y el punto C, que se refiere a la contradicción o choque
mismo entre las partes, se identifica en sincronía con la violencia estructural (estas dos
últimas​ ​invisibles)​ ​de​ ​la​ ​violencia.

El objetivo de este traslape de triángulos es “trazar un mapa de la formación de la violencia”,


y de hecho, a partir de ello, Galtung nos indica la problemática de la violencia, en cuanto a
que con su desarrollo se inserta a las partes involucradas en un círculo vicioso-destructivo: En
primer lugar, vale decir que las conductas violentas y las actitudes/los supuestos violentos
componen el metaconflicto propio del fenómeno, pues se alimentan a partir de la
contradicción, el origen del conflicto. Luego, vale decir que las violencias directas, vistas
como acciones, se enraizan en una cultura y estructura (violentas), y se potencian las unas a
las otras, siempre y cuando se mantenga la premisa de que “la estructura (opresora,
explotadora)​ ​sólo​ ​puede​ ​cambiarse​ ​mediante​ ​la​ ​violencia”.

En cada punto, entonces, Galtung propone cómo convertir el círculo en virtuoso-constructivo:


reconciliándose las partes en conflicto, reconstruyendo lo destruido por las acciones y
resolviendo la raíz del conflicto. Sólo en simultaneidad de estas “tres erres” se articularía
efectivamente la construcción de la paz, pues ya con una faltante las restantes no son
alcanzables.

Siguiendo un análisis enfocado en la investigación social, llama la atención que, aunque en el


texto se identifica literalmente cada punto del triángulo como «violencias con apellido»
(“violencia directa”, “violencia cultural”, “violencia estructural”), el argumento del autor, al
indagar en la comprensión explicativa de la violencia, da pie para considerar cada “punto” de
los triángulos más bien como una dimensión de un mismo constructo, más que como
tipologías​ ​del​ ​fenómeno​ ​en​ ​cuestión.

Ya que cada “ámbito” está vinculado y puede nutrir a los otros “ámbitos” (y no son
distinciones independientes entre sí), y ya que a partir de allí se podría identificar
determinada «forma» de la propiedad relacional en la realidad social, se podría decir que se
está hablando de dimensiones de un fenómeno de estudio. En términos simples, en el
triángulo ABC el constructo sería el conflicto, en el triángulo RRR el constructo sería la paz,
y​ ​en​ ​el​ ​triángulo​ ​CDE,​ ​el​ ​constructo​ ​sería​ ​la​ ​violencia…​ ​¿o​ ​no?

Por una parte, las actitudes, las conductas y las contradicciones son cuestiones «observables»
dentro de una relación, mas el nivel de contradicciones afectará la cualidad de las actitudes y
de las conductas, permitiendo observar el fenómeno “conflicto” en cada punto/dimensión.
Por otra parte, el trato directo, la cultura y la estructura, no son cuestiones “propias” de la
violencia, sino más bien parecen ser propiedades sociales (relacionales), en cualquiera de sus
niveles. No obstante, cada una de estas dimensiones de las relaciones sociales ―ahora
siguiendo a Castorina y Kaplan (2006)― podría articularse de forma tal que las partes le den
sentido a una relación (directa, simbólica-colectiva, organizacional) violenta, y por lo tanto,
observar​ ​el​ ​fenómeno​ ​“violencia”​ ​en​ ​cada​ ​punto/dimensión.

En conclusión, se podría decir que, efectivamente, la violencia es una propiedad de una


relación social en cuanto los involucrados le dan un sentido a la asimetría y la imposición de
una parte (o su representación) por sobre otra, o dicho desde otro punto, puede ser una
propiedad de una relación social en la medida en que una contradicción no es resuelta, y los
consiguientes supuestos-actitudes de las partes no son reconciliadas, y sus consiguientes
acciones no son reconstruidas. En este sentido, la violencia como propiedad relacional, puede
darse (construirse) tanto a un nivel micro-directo, como a un nivel macro-cultural-estructural,
sin un orden necesario debido a que la validación de las imposiciones reproducen la lógica de
las​ ​imposiciones.