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Para una crítica a «Para una crítica emancipatoria».

O los intelectuales forman (gozosamente) parte del poder...


y a este goce con el poder, lo llaman “emancipación”.

O montando una gran empresa de mistificación intelectual.

Martín Jouer

{{ En referencia a la alambicada solicitada progresista:


https://bit.ly/2KD5e3a }}

¿Por qué los intelectuales forman parte del “oscuro” poder del que pretenden
estar previniéndonos?

Porque al criticar las políticas tomadas por un partido específico (en este caso, el
partido reaccionario de la derecha actualmente gobernante) se nos quiere hacer creer
que allí se está criticando al Capitalismo. Y porque al colocarse del lado del partido
“opositor” se cree estar, per se, combatiendo al capitalismo, o al menos (porque esto
ya es demasiado decir) oponiéndose a él, desde una perspectiva “crítica”. Lo mismo
hay que decir de los intelectuales macristas, abiertamente yuppies. Unos y otros
desparraman la «uniformidad idólatra».

Hay que decir, además, que al lanzar jeremiadas demagógicas contra la


«insolencia» (o las “sorderas” y las “insensibilidades”) de algún político o de algún
partido, no se pone nada en cuestión; no se critica al capitalismo desde la moral y la
psicología, sino mostrando cómo funciona la lógica de producción capitalista (la
producción de «valor», de riqueza y de ganancia). Tampoco se critica a los capitalistas o
a la clase capitalista en general indicando la “falta” de corazón y de sensibilidad de
todos los patrones, banqueros, financistas, terratenientes, empresarios, dueños de
multimedios, etcéteras.

Pero, contra lo que se nos quiere hacer creer, en ningún lado de esta “solicitada”
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se pone realmente en cuestión al capitalismo; es decir, en ningún lado se ponen


abierta y radicalmente en cuestión las actuales relaciones de producción y de
reproducción (o sea, la actual lógica de relaciones de trabajo), y por lo tanto las
actuales relaciones de poder hetero-cis patriarcales, tanto estatales como capitalistas.
Como mucho, se nos insinúa demagógicamente que habría que re-distribuir la
riqueza con más ‘justeza’ e ‘igualdad’, y que es imperioso aumentar el consumo. Pero,
mal que le pese a los intelectuales y artistas, no se puede re-distribuir con ‘justeza’ e
‘igualdad’ si no se produce con justeza e igualdad: porque la distribución y el consumo
dependen a la producción. La producción es siempre primera respecto de las restantes
esferas de la economía (la distribución, el intercambio/circulación, y el consumo).
Esto es el ABC de la Economía, que los intelectuales (y sus dirigentes políticos) nos
escamotean a nosotrxs lxs productorxs sociales directxs, explotadxs, alienadxs,
fioladxs tanto por el Estado Proxeneta como por el Capital.
Así, «bajo el pretexto de ocuparse solamente de la riqueza de la Nación y de los
recursos del Estado, declaran, de hecho, los intereses de la clase capitalista (y el
enriquecimiento en general) como los fines últimos del Estado, y proclaman la
sociedad burguesa» (Marx).

En el terreno macro-social y de los grandes conjuntos estratificados, el


Patriarcado no es sólo el Capital. También es el Estado (los Estados-nación). El
Estado y el Capital son las dos cabezas del Patriarcado actual (la Hidra), sus dos
modos de existencia. Y el Estado (sea social-demócrata o totalitario, y gobierne el
partido que gobierne) realiza siempre la lógica de producción patriarcal capitalista, la
lógica del mercado mundial único, con su moneda mundial única; el Estado está para
eso, ésa es su función. El Estado no es ninguna «marioneta», como nos dicen: muy
por el contrario, es un re-productor de las relaciones actuales de poder (reproduce el
capital abierta y conscientemente).

A lo que hay que agregar todas las relaciones y las prácticas micro-sociales y
micro-políticas, sexuales, familiares, amatorias y libidinales (inconscientes) que
fortalecen cotidianamente al Patriarcado, y que son transversales a todo el cuerpo social
y a todas las clases (no sólo a la clase capitalista), y que por lo tanto se viralizan
también entre nosotrxs lxs explotadxs. De esto, tampoco se dice nada. Y estas
prácticas micro-políticas se replican en la Universidad, la Academia, el Cine, el
Teatro, el Hospital, la Prisión, el diván psicoanalítico, el Congreso, la Casa Rosada, y
en todas las profesiones e instituciones.

Con su lenguaje alambicado y barroco, los intelectuales del poder, en lugar de


plantearnos a nosotrxs lxs productorxs sociales directxs que tenemos que resistir,
luchar y combatir contra estos dos poderes de la Hidra, nos invitan a renunciar a la
lucha radical. Nos invitan a votar por un Partido. Nos invitan a demandar brillantes
objetos de deseo individuales (la persona individual y el rostro de tal o cual
gobernante o aspirante a gobernante). Nos invitan a demandar pura y
exclusivamente un mejor y más abultado consumo (reducen toda lucha a una lucha
por el consumo y las mercancías). Nos invitan a luchar por una “movilidad social
ascendente” (que aspiremos a subir de clase). No pasan de allí. Y así, nos mistifican la
opresión, la normalización, la sujeción, el control, la explotación y la alienación en la
que estamos metidxs. Página 2
Y esto, sin entrar a considerar que todos los líderes (jetones, rosqueros,
palanqueros, aparateadores, burócratas, tecnócratas, lobbistas, etcétera) de dicho
partido han declarado, abiertamente, y por lo menos desde 2003 hasta hoy, que no
están ni a palos en contra del capitalismo, sino que muy por el contrario, ellos creen que
es posible tomar políticas “progresistas” y “populares” desde el capitalismo. A
confesión de partes relevo de pruebas:

(1) Escuchemos las palabras pronunciadas en el “honorable” Congreso de la


Nación un patriótico 25 de mayo de 2003 por Néstor Kirchner: «En nuestro proyecto
ubicamos en un lugar central la idea de reconstruir un CAPITALISMO nacional que
genere las alternativas que permitan reinstalar la ‘movilidad social ascendente’. […]
Queremos ser la generación de argentinos que reinstale la movilidad social
ascendente, pero que también promueva el cambio cultural y moral que implica el
RESPETO A LAS NORMAS Y LAS LEYES».

(2) Escuchemos las palabras pronunciadas en en el 79º Aniversario de la Cámara


Argentina de Comercio el 11 de diciembre de 2003 por Néstor Kirchner: «Si
queremos construir un CAPITALISMO MODERNO, que genere las alternativas que
permitan instalar la ‘movilidad social ascendente’, tenemos que enfrentar el desafío
de crear los nuevos paradigmas, mirar con ojos nuevos los viejos problemas y
dotarnos de esperanzas nuevas, aún cuando debamos usar el material de hierros
viejos que tengamos a nuestras manos»

(3) Ahora escuchemos al actual candidato Alberto Fernández hace unos días, en
distintos medios de comunicación: «El único capitalismo que sirve es el capitalismo
donde la gente consume. Si no, no sirve, porque si no se consume, el capitalismo se
muere por inanición». Más: «Yo soy un hombre que reivindica el capitalismo, soy un
productivista y me gustaría tener un ministro de esas características». Más: «el
capitalismo en su mejor concepción, la que invierte, produce y da trabajo».

NB: A los intelectuales del poder:

(a) Guattari & Deleuze: «No hay un solo Estado democrático que no esté
comprometido hasta la saciedad en esta fabricación de miseria humana. […] ¿Cabe
decir que la filosofía se reterritorializa en el Estado democrático moderno y en los
‘Derechos del Hombre’? […] ¿Qué socialdemocracia no ha dado la orden de disparar
cuando la miseria sale de su territorio o ghetto? Los «derechos» no salvan a los
hombres, ni una filosofía que se reterritorializa en el Estado democrático. [Y] cuando la
filosofía se reterritorializa en el “Estado de derecho”, el «Filósofo» se vuelve
«Profesor» de filosofía...»

(b) Karl Marx: «Todos estos caballeros filosóficos se contentan con simples frases,
[y] se abstienen sabiamente de entrar en la 'división del trabajo', en la producción
material y en el intercambio material, que son precisamente los que encuadran a los
individuos en determinadas «relaciones» y «actividades». Para ellos sólo se trata, en
términos generales, de inventar nuevas ‘frases’ en torno a la interpretación del
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mundo existente, frases que se convierten tanto más en grotescas fanfarronadas
cuanto más creen colocarse “por encima” de este mundo y ponerse en
“contraposición” con él».

(c) Friedrich Nietzsche: «Si hay pensadores peligrosos está, pues, claro por qué no
lo son nuestros pensadores «académicos», porque sus ideas se desarrollan
pacíficamente en la rutina y en lo convencional, como nunca un árbol sostuvo sus
frutos. No dan miedo, no ponen nada en cuestión, y de todo su ir y venir cabría decir lo
que Diógenes, por su parte, objetó cuando se alababa, ante él, a un filósofo: “¿Qué
puede invocar de grande a su favor, cuando tras tanta dedicación a la filosofía aún no
ha fastidiado a nadie?”. En efecto, éste es el epitafio que cabría poner en la tumba de
la filosofía universitaria: “No ha fastidiado a nadie”. [...] Yo concibo al filósofo como
una terrible materia explosiva, ante la cual todo se encuentra en peligro...; yo separo
con miles de millas mi concepto de "filósofo", de los rumiantes académicos y otros
catedráticos de filosofía»

(d) Michel Foucault: «Me niego a tomar una posición profética que consista en
decir a la gente: “Esto es lo que tienen que hacer”, e incluso, “Esto está bien, aquello
no”. Les digo: “Así es como, grosso modo, me parece que suceden las cosas” (pero las
describo de tal manera que queden trazadas las vías de ataque posibles). Con ello, sin
embargo, no fuerzo ni obligo a nadie a atacar. [...] Querría producir efectos de verdad
que sean tales que puedan utilizarse para una batalla posible, conducida por quienes lo
deseen, en formas por inventar y organizaciones por definir. [...] La intervención del
intelectual como quien da “lecciones” u “opiniones” con respecto a decisiones
políticas es un papel al que confieso no adherir; no me sienta. Si uno dijera: “Soy un
intelectual y voto por el señor Fulano, y en consecuencia, es preciso que ustedes
también voten por él”, daría muestras de una actitud que es a mi juicio bastante
sorprendente, una especie de jactancia del intelectual. [...] La acción política
pertenece a un tipo de intervención totalmente diferente de esas intervenciones
escritas y librescas: es un problema de grupos, de compromiso personal y físico. [...]
Uno no es radical par haber pronunciado algunas fórmulas: no, el radicalismo es físico, el
radicalismo concierne a la existencia [a la praxis]».

(e) Paul Mattick: «Ni deseoso ni capaz de terminar con el sistema de explotación
del trabajo, el sistema de ‘capitalismo de Estado’ también prefiere el trabajo
asalariado al trabajo forzado, y por esta razón adopta el mecanismo de la economía
de mercado siempre que ello es posible. [...] El sistema de ‘capitalismo de Estado’ se
niega a reconocerse tal como es, es decir, un sistema de explotación basado en el control
directo de una minoría dirigente sobre una mayoría dirigida. [...] Para los partidarios del
sistema, por supuesto, no es el sistema en sí mismo sino sus “desequilibrios
temporales” lo que hay que “arreglar”; bien sea evitando cualquier interferencia en el
mecanismo de mercado (como en la teoría del laissez-faire [neo-liberalismo]), o
mediante intervenciones gubernamentales en el mecanismo, como en la doctrina
keynesiana. Pero como quiera que sea [...] los problemas de comercio y de pagos
continúan agitando el mundo capitalista y seguirán haciéndolo, en tanto que la
producción siga siendo producción de capital».

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