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UNIVERSIDAD AUTONOMA DE AGUASCALIENTES

CENTRO DE CIENCIAS DE LA SALUD

DEPARTAMENTO DE OPTOMETRÍA

LIC. EN OPTOMETRÍA

PEDIATRIA Y GERIATRIA

PROFESOR: MCB. HÉCTOR ESPARZA LEAL

¨CAMBIOS REFRACTIVOS EN EL ANCIANO”

MARÍA ALMENDRA NAVARRO REYES


CAMBIOS REFRACTIVOS EN EL ANCIANO

Cambios en Cristalino

En el proceso de formación de la imagen. El cristalino realiza dos funciones importantes refracción y


acomodación. Para la refracción, la lente requiere una estructura aproximadamente cristalina y
transparente, mientras que para la acomodación necesita ser elástica, con posibilidad de cambiar su
curvatura.

El aumento en la opacidad (densidad óptica) y la dureza (perdida de elasticidad) de la lente con la


edad, son dos de los cambios de las propiedades ópticas del ojo mejor conocidas, que interfieren
con la refracción y la acomodación respectivamente.

Un conocimiento de la estructura y desarrollo de la lente es esencial para comprender su


envejecimiento. La lente biconvexa es básicamente una estructura fibrosa y relativamente sin
células, consistiendo en un núcleo central rodeado por una capsula. En la parte anterior, las células
epiteliales capsulares forman fibras y otras proteínas de la lente. Las fibras de colágeno de la cápsula
de la lente facilitan los cambios en su forma durante la acomodación. El núcleo de la lente
empaquetado con proteínas fibrosas transparentes consiste en una zona interna nuclear rodeada
por una corteza.

La lente se forma durante el periodo embrionario y es casi esférica en el feto y en el recién nacido.
Durante el desarrollo posnatal y a lo largo de la madurez, la lente continúa creciendo por adición de
nuevas capas de proteínas fibrosas cubiertas por las células epiteliales capsulares. A medida que se
forman fibras nuevas, las fibras viejas se empujan dentro del núcleo de la lente. Esta forma de
crecimiento produce un aumento en el grosor horizontal de la lente junto a un aumento en el
compactamiento de las fibras en la zona nuclear. El grosor de la lente aumenta desde cerca de 3.5
mm en la infancia a 4.5mm en las edades medias y hasta 5.5mm.

Opacidad aumentada de las lentes

Durante el envejecimiento, la opacidad de la lente aumenta llevando a una pérdida de la


transparencia y a un aumento de la refracción. Como las fibras cristalinas en el interior de la lente no
son regeneradas durante el crecimiento y la vejez, sufren muchos cambios postranslacionales
incluyendo desamidación, aminación carbónica y glicación. Estos cambios aumentan el
entrecruzamiento general y la interdigitación entre los cristalinos, haciéndolos menos elásticos, más
densos, opacos y amarillentos.

Algunos de estos cambios por el envejecimiento en las proteínas de las lentes aparecen como
consecuencia de la lesión oxidativa de las proteínas. Antioxidantes como el glutatión y el ascorbato
disminuyen en concentración en las lentes envejecidas, mientras que los cromóforos amarillos,
particularmente los metabolitos del triptófano (β-OH-kinurenina, ácido antranílico y bitirosina),
aumentan por su síntesis y concentración. El resultado neto es un aumento de 3 veces en la
densidad óptica de las lentes (a 460nm, espectro azul) entre 20 y 60 años. Esto conduce a una
disminución en la transmisión y un aumento en la dispersión de la luz, sobre todo en el espectro azul
y amarillo pero mucho menos en el rango del rojo del espectro. El porcentaje de la transmisión de la
luz en el ojo es de cerca de un 75% a los 10 años y de un 20% a los 80 años de edad. Además de
afectarse la transparencia y la refracción de la luz, estos cambios de la vejez pueden afectar también
la percepción del color.

El exceso de la opacidad de las lentes como una consecuencia del cúmulo extenso de pigmentos
puede resultar en una condición patológica conocida como cataratas, caracterizada por una lente
opacificada ocupada por una mancha blanquecina que la nubla. Si no se opera y extirpa, esta
condición puede derivar en pérdida de visión y ceguera. En el envejecimiento normal, el cúmulo de
cromóforos amarillos y la refracción aumentada de la luz azul se cree que protege la retina del
efecto lesivo de la luz azul.

Declive en la acomodación y presbiopía

La elasticidad de las lentes es importante para la operación del reflejo de acomodación de los ojos.
Durante la acomodación, las lentes se hacen más esféricas para enfocar la imagen de los objetos
cercanos a la retina. La contracción de los músculos ciliares relaja los ligamentos suspensorios de las
lentes y las lentes en sí mismas, permitiendo que tengan una curvatura mayor. Este aumento de
poder refractario de las lentes y la disminución de los puntos focales produce un enfoque más
ajustado.

Con el envejecimiento, el aumento del entrecruzamiento y la interdigitación y el apelotonamiento


de las fibras de colágeno en la cápsula y en los cristalinos, en el núcleo de las lentes produce una
rigidez aumentada y una elasticidad reducida de la cápsula en su interior; estos cambios hacen que
las lentes sean gradualmente menos capaces para acomodarse en la visión de cerca.

La perdida de acomodación con el envejecimiento puede también determinarse por el estudio de los
cambios en el poder de refracción de los ojos, medida en dioptrías. El poder de acomodación de las
lentes humanas disminuye hasta cerca de 14 dioptrías a la edad de 10 años; de 5 a los 40 años, y
alcanza un mínimo de 1 dioptría hacia la sexta década. A esta edad, las lentes se hacen duras e
inelásticas e incapaces, esencialmente para acomodarse por los trabajos de visión cercana. Esta
condición conocida como presbiopía es de una significación clínica importante, ya que
prácticamente todos los mayores de 55 años necesitan lentes correctoras convexas o gafas para leer
y para otros trabajos de visión cercana.

Cambios en Cornea

La cornea es la porción anterior del ojo, y su superficie curvada junto a la capa acuosa de las lagrimas
es la responsable de casi toda la refracción de los rayos de luz. Durante el envejecimiento, la cornea
se hace mas gruesa y menos curva, debido principalmente a un aumento en el diámetro horizontal
del ojo. Estos cambios alteran las propiedades de refracción de la cornea llevando “contra todas las
reglas” al astigmatismo, una condición que se caracteriza por curvatura defectuosa de la cornea y
difusión de los rayos de luz. La cornea es también muy sensible a estímulos irritables, una función
protectora para el ojo. La sensibilidad corneal disminuye hasta cerca de la mitad entre la juventud y
la vejez.

En la cornea otras condiciones asociadas al envejecimiento son el arco senil o arco lipidico, la línea
de Hudson –Stahli y la degeneración esferoidea.
El arco senil aumenta en frecuencia y densidad con el envejecimiento sobre todo después de los 60
años. Se trata de un anillo blanco-amarillento alrededor del anillo exterior de la córnea, formado por
depósitos de ésteres de colesterol derivados de lipoproteínas plasmáticas (arco lipídico). En la pupila
dilatada, este anillo interferiría con el paso de los rayos de luz; sin embargo, como en la vejez hay
una constricción pupilar parcial, este arco senil no produce déficit en la función visual.

La línea de Hudson-Stahli es una línea horizontal de color marrón formada por depósitos de hierro
en las células basales de la córnea. Su frecuencia aumenta del 2% a los 10 años de edad hasta el 14%
a los 30 años, y el 40% a los 60 años, pero no posee ningún efecto negativo sobre la visión. La
degeneración esferoidal aparece en la capa de Bowman de la córnea. Se observa frecuentemente en
poblaciones de ancianos expuestos a altos niveles de radiación ultravioleta o en ambientes en los
que la luz es reflejada por la nieve o la arena.

Las células endoteliales también secretan la membrana basal de la córnea. Con el envejecimiento,
aparecen verrugas (cornea destruida) es esta membrana, sobre todo en la periferia de la córnea y se
produce un aumento marcado de su permeabilidad. Se observa que las verrugas aumentan en
frecuencia durante el envejecimiento: desde el 20% en la juventud, hasta el 60% en la sexta década
de la vida, y casi el 100% en edades muy avanzadas.

Bibliografía:

Bases fisiológicas del envejecimiento y geriatría. Paola S. Timiras. Editorial Masson