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Efecto Pigmalión y Efecto Galatea: el

poder de las palabras


2 OCTUBRE, 2016 ~ MARTA PÉREZ

Si eres de los que dicen “eso ya lo sabía yo”, “lo veía venir” o “te lo
dije” cuando algo sucede, este post te interesa pues, quizás, sin saberlo estés
bajo el efecto Pigmalión o el efecto Galatea.
Todos conocemos el cuento de Pinocho, la historia de una marioneta de
madera que cobra vida gracias al fuerte deseo de un hijo que tenía Gepetto, el
carpintero que la talló. Pero no es la única historia en la que la fuerte creencia
en algo, hace que ese algo se vuelva realidad. Según cuenta la mitología,
Pigmalión buscaba a su mujer ideal. Ante sus dificultades para encontrarla,
optó por esculpir a una mujer que reflejara todo cuanto él deseaba: belleza,
nobleza, sensibilidad, ternura… cuando terminó, era tan perfecta que se
enamoró perdidamente de ella. Viendo el profundo amor que Pigmalión sentía
por aquella estatua, Afrodita, la diosa del Amor, dio vida a la escultura. Así
nació Galatea.”

Y es justo esta última historia la que inspiró el nombre del efecto Galatea y el
efecto Pigmalión, (o de la profecía autocumplida). Dos conceptos
popularizados a partir de los estudios del el psicólogo americano Robert
Rosenthal realizados en 1968, en los que demostró el gran efecto e influencia
que pueden tener las creencias para que sucedan las cosas.

El estudio de Rosenthal consistió en decirle a los profesores de una escuela el


nombre de unos alumnos que supuestamente tenían una capacidad superior al
resto. La realidad era que esos nombres habían sido elegidos al azar. Sin
embargo, al final el curso, los alumnos supuestamente más inteligentes,
realmente habían avanzado más que el resto. La explicación fue sencilla: El
profesorado esperaba mejores resultados y por ello inconscientemente se
volcaron más con ellos. La profecía se había cumplido.

El efecto Pigmalión o profecía autocumplida, implica tener una creencia


sobre alguien y por el solo hecho de tener esa creencia, acaba sucediendo
justamente eso que se cree.
No es cuestión de magia o milagro, más bien se debe al poder que tienen las
expectativas respecto a los demás. Veámoslo con un ejemplo:
Si vamos a una entrevista de trabajo y alguien importante para nosotros nos
dice previamente que no lo vamos a conseguir y que es muy difícil que nos
contraten, es muy posible que inconscientemente nuestra conducta en la
entrevista se modifique para que eso sea lo que termine pasando. Del mismo
modo, si antes de la entrevista, esa misma persona nos anima y muestra
confianza en nosotros, nuestra actitud proyectará más seguridad, lo que puede
influir positivamente en la decisión del entrevistador. No es que suceda algo
porque fulanito lo ha dicho, sino porque al nosotros creernos que eso va a
pasar, nuestro comportamiento, inconscientemente, se dirige a que eso termine
pasando.

Veamos otro ejemplo. nuestro hijo está jugando con el patinete y vemos que
se tira por una rampa a más velocidad de la que nos gustaría. Si a media
rampa le gritamos “frena, frena, que te vas a caer”, lo más probable es que el
niño empiece a sentirse inseguro y se acabe cayendo. De alguna manera, con
nuestras palabras estamos contribuyendo a aumentar aun más las posibilidades
de que se produzca una caída. Seguramente sería más efectivo no desviar su
concentración en medio de la bajada y cuando acabase de bajar, entonces
hablar con él y decirle lo que creamos conveniente.
El efecto Galatea tiene que ver con las convicciones que tenemos
sobre nuestro propio éxito o fracaso. Cuanto más convencidos estamos de
ser capaces de hacer algo, mayor es la probabilidad de lograrlo.
Si yo me siento insegura y vulnerable fácilmente será así como me vean los
demás porque esa será la imagen que proyectaré, aun no queriendo hacerlo.
Por contra, si me siento segura y decidida, inconscientemente mi
comportamiento y actitud será distinto, lo que hará a su vez que los demás
también me vean de un modo diferente.

EL PESO DELEFECTO PIGMALIÓN Y EL EFECTO GALATEA EN


LOS NIÑOS
En el caso de los niños, las creencias y expectativas de los padres,
profesores y mayores de su alrededor son determinantes para el desarrollo de
su autoestima. En muchas ocasiones, la imagen que tiene el niño de sí mismo
y su comportamiento están directamente ligados a nuestras expectativas y
creencias como padres.
Justo por ello, debemos ser muy cuidadosos con las palabras que utilizamos y
con las proyecciones que hacemos en su persona, pues por todos es sabido que
los niños absorben cuanto reciben, especialmente los mensajes que provienen
del núcleo familiar. Usar etiquetas con los más peques de la casa, ni que sea
en sentido cariñoso, puede acabar condicionándoles el resto de su vida.

Como ya podrás imaginar, el efecto Pigmalión y el efecto Galatea nos pueden


apoderar o nos pueden limitar, según sea la creencia en la que se basen. Así,
estos efectos se consideran positivos cuando la creencia nos motiva y apodera
para alcanzar nuestras metas . Estos mismos efectos se consideran negativos,
cuando nos limitan y nos alejan de nuestros objetivos.

Aquí comparto algunas herramientas que te pueden ser útiles para desligarte
de los aspectos negativos y beneficiarte de los positivos de estos dos efectos:

 Toma conciencia de las palabras que usas: Muchas veces nos


boicoteamos con mensajes negativos del tipo “no creo que lo consiga, es
imposible para mi, no soy capaz”… Las palabras penetran en nuestra
psique modificando la percepción que tenemos y, por lo tanto, la
realidad en la que vivimos. Cuidar las palabras es clave para crear nuestra
percepción de la realidad.
 Analiza tus creencias limitantes. ¿Por qué crees que no puedes, que algo
es imposible para ti o que no eres capaz?, ante tu respuesta vuélvete a
preguntar el por qué de ella. Repite esta pregunta hasta que llegues a la
raíz de tu creencia, normalmente esto sucede a la cuarta o quinta vez.
 Visualiza aquello que deseas, no lo que no deseas. Es más fácil que
acabes una carrera si te visualizas cruzando la meta que si continuamente
estás pensando que no lo vas a a conseguir. Si te encuentras en situaciones
cuyo final puedes predecir de manera negativa, intenta pensar que nada
está determinado, que podría salir bien y que tienes el potencial para
resolverlo.
 Busca y atesora experiencias positivas que te ayuden a darte cuenta de
todo tu potencial y de la capacidad que tienes para hacer las cosas que
quieres.
 Si tienes hijos evita proyectar tus expectativas sobre ellos y utiliza
siempre mensajes positivos: No es lo mismo decir “como sigas sin
estudiar vas a suspender” que decir “para aprobar el examen tienes que
estudiar”.
 Cuando alguien te lance un mensaje
negativo, neutralízalo pensando “esa es solo su opinión”. De esta
manera evitarás que condicione tu comportamiento.
Recuerda la frase de Henry Ford:
“Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, estás en lo cierto”
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