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Connor McCreaddie

Es un niño de 8 años, pesa 89 kilos y posee un apetito desmesurado. Come 4


bolsas de patata al día, una de snacks cada 20 minutos, y ha roto 4 camas y
cinco bicicletas que no han aguantado el increíble peso del niño.

Usa ropa para adultos y no puede usar el uniforme de su escuela y suele


perderse las clases por tener problemas para ir a ellas a pesar de estas a tan
solo 7 minutos de su casa y se cansa fácilmente. En la escuela es objeto de
burlas y bromas de sus compañeros.
Por todo lo anterior una comisión de enfermeras expertas en nutrición,
pediatras, policías y directora de su colegio decidieron si el niño seguiría bajo
cuidados de su madre.
La madre del niño argumenta que no tiene la culpa de que el niño tenga un
hambre inmensurable, cuando era un bebe se tomaba un biberón cada hora.
“Siempre estaba con hambre y lloraba y lloraba” cuenta Nicola, desolada.
Cuando tenía un año usaba ropa de un niño de 5 años y cuando llego a los 5
años, la báscula marcaba los 57 kilogramos. Según los médicos, la vida de
Connor está en peligro, y aunque adelgace, las enfermedades coronarias y la
diabetes estarán al acecho toda su vida.
Se puso a dieta y una cadena de televisión, la ITV le dio seguimiento a la dieta
que llevo el niño. No bajo tanto peso como se esperaba. La razón es que
prefiere comer comida procesada antes que comer frutas y verduras.
La madre cree que es un problema fisiológico, algo más que un problema
alimenticio que se puede resolver con la ingesta de medicamentos. No tiene
que mucho la ingesta de papas fritas, hamburguesas, refrescos y demás cosas.
La comida chatarra le vuelve loco y más si la come delante de la computadora.
Aun así, los médicos no encuentran nada que señale problemas con su cuerpo.
Se le han reducido las porciones, hace más ejercicio, aunque no ha surtido
mucho efecto. Su madre cuenta que ha intentado ponerle freno a su gran
apetito, pero no lo ha conseguido. “Trato de ser estricta con él y reducir lo que
come, pero hay días en los que pienso: ‘Dios mío, has vuelto a comer
demasiado”.
Ella, depresiva y desempleada, se defiende. Le cierra el camino hacia la
comida, pero él la consigue. Otros en la calle le dan aperitivos y él se busca la
vida para conseguir patatas. Ha llegado a comer incluso hasta que se ha
sentido descompuesto
"Lo quiere, pero en realidad lo está matando. En la manera en que lo trata, en
la que lo alimenta, lo está matando muy lentamente”, afirma el experto en
obesidad infantil Michael Markiewicz
Enlaces de los casos:
http://www.elmundo.es/elmundo/2007/02/27/internacional/1172539843.html
https://elpais.com/sociedad/2007/02/27/actualidad/1172530804_850215.html
https://www.youtube.com/watch?v=KjfAOoawWz8
https://www.youtube.com/watch?v=drpRYhfRr_o