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HOMILÍA CON OCASIÓN DE LOS 100 AÑOS

DE FUNDACION DE LA FACULTAD DE DERECHO DE LA PUCP.


(29 de abril de 2019)

Estimados hermanos y hermanas en el Señor.

1. La celebración jubilar por el centenario de nuestra prestigiosa Facultad de Derecho de la


Pontificia Universidad Católica del Perú, nos permite dar gracias a Dios por el rico tesoro del
saber que se ha acumulado en esta Facultad a lo largo de estos años, fruto del encomiable
y permanente esfuerzo de lúcidas autoridades, egregios docentes y generosos alumnos
que han permitido colocarla como referente necesario en el desarrollo de las ciencias
jurídicas de nuestra patria y en la formación de hombres y mujeres del derecho con sólidos
principios éticos y cristianos.

2. Sus investigaciones y brillantes aportes han marcado el desarrollo del pensamiento jurídico
y de la correcta aplicación del derecho en nuestra patria; allí están sus innegables y
decididas contribuciones para alcanzar una correcta administración de la justicia y de la
defensa de los derechos fundamentales de la persona, sobresaliendo su constante
preocupación por salir en defensa principalmente de los más necesitados, desprotegidos y
marginados de nuestra sociedad.

3. Pero la satisfacción de la tarea realizada hasta hoy nos permite dar una mirada al presente y
futuro de nuestra sociedad y al quehacer jurídico de nuestra patria, para que conscientes de
nuestra compleja y hasta dura realidad, renovemos nuestro compromiso por conseguir
desde esta Facultad los mejores ideales institucionales, ser “luz en medio de las tinieblas”,
y nos impongamos el nivel de exigencia que se requiere para estar a la altura de lo que de
ella se espera en la mejor formación de sus alumnos y en el aporte que le exige no solo su
fructífera historia, sino las urgentes soluciones que el Perú requiere para hacer de nuestra
sociedad un verdadero espacio al servicio del hombre y del bien común.

4. Con el Papa Francisco, tenemos que afirmar que todavía hoy persisten numerosas formas
de injusticia, alimentadas por visiones antropológicas reductivas y por modelos
económicos que sustentados únicamente en las ganancias, no dudan en explotar, descartar
e incluso matar al hombre 1 (Evangelii Gaudium n° 53). En nuestra patria, a pesar de los
indudables logros en el respeto y promoción de los derechos individuales y sociales, las
contradicciones nos siguen afectando y se acentúan; el crecimiento macroeconómico no
ha detenido el aumento de la pobreza, la injusticia, la corrupción, la imposición del bien
individual o de grupos sobre el bien común y sobre las decisiones institucionales, sociales y
de gobierno.

5. Esto nos sigue golpeando y dañando duramente, sobre todo a los más pobres, a los del campo,
de la sierra y de nuestra selva. Esto hace tropezar cualquier esfuerzo por vencer la pobreza y no
permite que caminemos a un auténtico desarrollo sostenible y, como dice el Papa Francisco,
“Mientras una parte de la humanidad vive en opulencia, otra parte ve su propia dignidad
desconocida, despreciada o pisoteada y sus derechos fundamentales ignorados o violados”.
2("Los derechos humanos en el mundo contemporáneo: conquistas, omisiones,
negaciones". Papa Francisco, Roma, 10-11 de Diciembre de 2018.)
1 Cfr. Evangelii Gaudium n°53
2 "Los derechos humanos en el mundo contemporáneo: conquistas, omisiones, negaciones". Papa Francisco, Roma, 10-11 de
Diciembre de 2018.
6. ¿Cómo conjugar lo alcanzado hasta hoy con los enormes desafíos que nos sigue
planteando la urgencia social?, ¿cómo iluminar desde la justicia y el derecho para lograr
una sociedad que respete verdaderamente la dignidad de la persona?, ¿cómo lograr que
en nuestro Perú se aplique la auténtica justicia y se garantice el absoluto e irrestricto
respeto a nuestros derechos fundamentales?

7. “En el primer Libro de los Reyes, se dice que Dios concedió al joven rey Salomón, con
ocasión de su entronización, formular una petición. ¿Qué pidió el joven soberano en este
momento tan importante? ¿Éxito, riqueza, una larga vida, la eliminación de los enemigos?
No pide nada de todo esto. En cambio, suplica: “Concede a tu siervo un corazón dócil,
para que sepa juzgar a tu pueblo y distinguir entre el bien y mal” (1 R 3,9)”.

8. Recordemos que Dios ha puesto al hombre en el centro de su obra creadora para que se
sirva de ella, la cuide y se perfeccione. Por ello el hombre debe respetar, como Dios lo
hace, todo lo creado, en su contexto individual y total, obrando con rectitud y justicia.

9. La justicia es un don de Dios, va unida al recto pensamiento y profundo sentimiento sobre


Dios y a la búsqueda de la verdad. Por el contrario, según el libro de La Sabiduría 14, 27, el
culto a los ídolos es principio, causa y fin de todo mal en la sociedad. Por eso, toda la
comunidad o sociedad debe reconocer a Dios para poseer la sabiduría y practicar la
justicia.

10. Todos somos conscientes que no es posible llenar la medida total de la Justicia en este
mundo. Todo hombre vive y muere con cierta sensación de insaciabilidad de Justicia,
porque el mundo no es capaz de satisfacer hasta el fondo a un ser creado a imagen de
Dios. Y así a través de este hambre de Justicia, el hombre se abre a Dios, que es la Justicia
misma. Jesús, en el Sermón de la Montaña, lo dijo clara y concisamente:
«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la Justicia, porque ellos serán
saciados» (Mt.5,6). Sólo en Él alcanzaremos la plena Justicia.

11. El consejo del suegro de Moisés que está en el libro del Éxodo 18.20-22. sigue teniendo
validez y vigencia universal, especialmente para los que tienen función jurisdiccional:
«Enséñales los preceptos y las leyes, dales a conocer el camino que deben seguir y las
obras que han de practicar. Pero elige de entre el pueblo hombres capaces, temerosos
de Dios, hombres fieles e incorruptibles, y ponlos al frente del pueblo como jefes de
mil, jefes de ciento, jefes de cincuenta y jefes de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo
momento; te presentarán a ti los asuntos más graves, pero en los asuntos de menor
importancia, juzgarán ellos. Así se aliviará tu carga, pues ellos te ayudarán a llevarla».

12. En la Biblia hay un término hebreo que se suele traducir por «Justicia»: sedaqah. Este
término está cargado de dos significados fundamentales. Por un lado designa una
relación no primariamente con la norma ética o jurídica, sino con la comunidad: indica
una actitud fiel, leal y constructiva respecto a la comunidad, y no tanto obediencia a unas
normas. Por otro lado, la justicia bíblica indica también una condición óptima de la
comunidad, un estado de salud comunitario, por el que el individuo se encuentra
viviendo dentro de una red de relaciones públicas armoniosas y saludables.
13. Por consiguiente, creemos que el término bíblico sedaqah puede traducirse por
«fidelidad / lealtad a la comunidad». Se trata, pues, de un término/concepto vinculado
siempre a la idea de relaciones sociales armoniosas que dan origen a un bienestar, a un
«orden» comunitario. En relación con la afirmación de Ulpiano (S. II d.c.) podríamos decir
que no interesa tanto el lado subjetivo de la «voluntas» cuanto más bien el lado objetivo
del «unicuique», puesto que indica la comunidad. El ser-justo no se mide por una norma
abstracta y absoluta, sino por las exigencias concretas de relaciones de comunión con
Dios y con los hombres. 3

14. En un intento de recoger sintéticamente el mensaje bíblico, ¿podemos encontrar una


fórmula breve para describir el contenido y el sentido de Justicia? Para la Biblia la
Justicia es la garantía de un espacio de relaciones que edifican y conservan la
comunión-comunidad de los hombres con Dios y entre sí. Por tanto, la Justicia de Dios
coincide con su acción salvífica, mediante la cual Dios crea su familia y la sociedad nueva
de los que creen en Él, haciéndolos justos, es decir, capaces de comunión, y liberándolos
del pecado, que es egoísmo y violencia, impedimento para la comunión con Dios y con
los hombres. 4

15. En el antiguo derecho romano Ulpiano, formula una noción de Justicia: «Justitia est
constans et perpetua voluntas suum unicuique tribuendi» («Justicia es la constante y
perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo») (Digesto 1,1,10). Este «suum» que
corresponde a cada uno, es un conjunto de derechos humanos. Hacer valer la «Justicia»
significa reconocer y defender los derechos de cada persona. En la Biblia «Juzgar es el
acto esencial de Gobierno».

16. En la mitología griega, Themis era la diosa de la Justicia. Una mujer con los ojos vendados
y manteniendo en sus manos, en perfecto equilibrio, una balanza. Tenía los ojos
vendados porque sólo buscaba lo justo, sin que nada ni nadie pudiera alterar el peso
de la Justicia.

17. La Justicia por ser la virtud que inclina al hombre a dar a cada uno lo que le corresponde,
tiene como notas características:
1ro. La alteridad, que instaura una relación entre dos términos realmente distintos;
2do. La igualdad, que evita la acepción de personas e impide la arbitrariedad; y
3ro. La deuda pagable, por la cual la Justicia da exactamente a cada quien lo que le es
debido.

18. Lo justo es una de las más altas categorías axiológicas y morales. No sólo el juez, sino el
fiscal, los abogados y todos los operadores en la administración de Justicia deben ser
justos, y para ser justos requiere, en primer lugar, ser verdaderos hombres, vale decir,
hombres libres, dotados de plena libertad en el ejercicio de sus funciones; sin las ataduras
de las presiones, de los halagos, de los temores, de las amistades, de las influencias o de
las animadversiones; libres de todo lo que, aun en lo más mínimo, sea capaz de torcer el
veredicto de su propia conciencia.

3 BONORA, A., “Justicia” , en ROSSANO, P., RAVASSI, G., GIRLANDA, A., Nuevo diccionario de teología bíblica.
4 Ibid
19. Instrumento de la Justicia es el derecho, así como instrumento del derecho es la ley,
en ese orden gradual y secuencial, jerárquico y prelaticio, por lo que la ley no es
substituto del derecho, ni el derecho puede substituir a la Justicia. La ley sirve al
derecho, y el derecho sirve a la Justicia.

20. El derecho no es unívoco, es multívoco. En su aspecto normativo, Recasens Siches (1903 –


1977) nos legó una buena definición al decir que el Derecho «Es la regulación de la vida
social del hombre para alcanzar la Justicia».

21. El derecho positivo humano, que como decía el Papa Pío XII, «es la más noble de las
ciencias humanas», tiene en la base a la persona. Toda persona, por hondo que haya
caído, tiene zonas intactas en su alma, a donde no ha llegado el mal. Está la imagen, un
tanto obscurecida, de su Creador, por lo que debe ser respetada en su personal e
inviolable dignidad.

22. El derecho, así como la economía y la política, se desprenden de la filosofía, y


precisamente de la Ética, que trata de los deberes morales del hombre, por lo que, al igual
que la economía y la política, el derecho debe enraizarse en lo moral y tender a lo ético
para alcanzar su perfección.

23. La ley humana positiva, que según santo Tomás de Aquino «Es la ordenación de la razón
al bien común, promulgada por el que tiene el cuidado de la sociedad», se basa en la
ley natural que no es sino la participación de la ley eterna en la naturaleza racional del
hombre.

24. El desconocimiento de la Ética como fuente del derecho, y de la ley natural como
fundamento de la ley humana, ha generado el positivismo jurídico que ha viciado la
concepción de la persona y del derecho, ocasionando actitudes proclives a la figura del
soborno, de la corrupción y del cohecho.

25. Por tanto, la Justicia entre los hombres no es sólo cuestión del hombre económico o
político, sino producto de la gracia misericordiosa y liberadora de Dios. Los cristianos se
comprometen en la actuación de la Justicia, dispuestos a ser para el mundo signo de
Justicia en la medida en que edifican de verdad la Iglesia como lugar y signo para el
mundo de la presencia en la historia del Dios Justo, que quiere la liberación integral de los
hombres. Todo el hombre, tanto en su interioridad como en su corporeidad (relación con
los demás y con el mundo), es decir, el hombre como «espíritu en el mundo», es el
destinatario de la Justicia Divina. El libro de la Sabiduría 1,1 dice: «Amad la justicia, los
que juzgáis la tierra».

26. Hermanos y hermanas, se hace Justicia y se aporta al bien común no sólo con la correcta
aplicación de las leyes, sino también con el ejemplo de vida que se traduce en una lealtad
inquebrantable, en una disciplina tenaz, en el culto al honor y en el amor y la búsqueda de
la Verdad.
27. Finalmente, permítanme en este tan importante día, invitar a todos los integrantes de
esta prestigiosa Facultad, a elevar sus mentes y corazones a Aquél que es la fuente de la
justicia y de la sabiduría, para que juntos le pidamos nos siga bendiciendo, siga
impulsando nuestro buen propósito de iluminar con nuestro esfuerzo académico y de
investigación, para que nos conceda todo lo que necesitemos en orden a seguir haciendo
de esta casa de estudios, un manantial desde donde surja límpida, el agua de la justicia y
del derecho, desde donde se garantice el respeto de la dignidad de la persona y se trabaje
sin descanso por el bien común.

Lima, 29 de Abril del 2019.

+ MIGUEL CABREJOS VIDARTE, O.F.M.


Arzobispo Metropolitano de Trujillo
Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana
Vice Gran Canciller de la PUCP