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Ver algo por primera vez es maravilloso:

Construcciones de las poéticas del yo

El silencio es un cuerpo que cae (Agustina Comedi, 2018) narra la vida

de Jaime, el protagonista, a través de una voz en off que estructura la historia y

que se identifica con la de la directora, Agustina, hija de Jaime. El relato toma

forma en materiales que arman una unidad en su heterogeneidad: la directora

utiliza material de archivo, entrevistas, videos super 8, archivo familiar, entre

otros.

Este trabajo propone recorrer la heterogeneidad material que construye

un paisaje de Jaime: su activismo político, su homosexualidad y, sobre todo, lo

que su mirada capta a través del lente de la cámara para analizar lo que nos

revelan las imágenes. Con ese propósito, el trabajo hace un diálogo especular

de retratos producidos a través de las miradas superpuestas a lo largo de la

historia. Así, la película se presenta en clave ensayística y analiza las maneras

en que un retrato puede ser también un autorretrato, una forma de enumerar

las posibles maneras de construir un yo en imágenes.

Se propone aquí un recorrido a través de la película en relación con la


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descripción de la identidad ciborg que propone Haraway. Haraway describe el

ciborg como un organismo cibernético, un híbrido de máquina y organismo, una

criatura de realidad social y también de ficción. Haraway propone pensar la

realidad social como nuestras relaciones sociales vividas y como una

1
Haraway, D. Manifiesto Ciborg. El sueño irónico de un lenguaje común para las mujeres en el
circuito integrado, 1984.
construcción política. Es decir, la propuesta es pensar la realidad como una

ficción, pensar la realidad construida. Dentro de esa ficción, el ciborg sirve para

analizar la identidad como un híbrido formado por sus contradicciones. La clave

del ciborg es que no combate sus diferencias, al contrario, son ellas las que lo

constituyen como tal.

Para entender el funcionamiento del ciborg dentro de la construcción del

retrato-autorretrato de la película, es interesante pensar en el mito de Narciso,

a través del cual se pueden rastrear y analizar distintos temas que abordan la

problemática de la construcción del yo: la mirada del otro sobre uno y la forma

en que esa mirada impacta en la propia construcción; el doble contradictorio

dentro uno mismo; la necesidad de los otros para construirse a uno mismo; la

imposibilidad de alcanzarse a uno mismo y a cualquier otro por completo; la

intimidad expuesta para la construcción de uno en similitudes y diferencias con

otros; la fascinación por uno mismo y por el otro; la necesidad de llenar las

ausencias de otros en la intimidad.

Para comenzar este recorrido, hay que detenerse a pensar en la función

de la intimidad en el arte, tema especialmente importante hoy en día dado el

uso central y cotidiano de las redes sociales en nuestras vidas

contemporáneas. ¿Es necesaria la exposición de la intimidad para la

construcción del individuo tanto en el ámbito artístico como en el social? Esa

exposición, ¿es negativa o por el contrario un paso necesario para la

construcción del yo? ¿Se puede construir un yo sin ninguna intimidad? Lo

cierto es que, para existir, hay una necesidad de ser observado: la identidad
contemporánea se construye no frente a uno mismo sino frente a quienes nos

observan y por lo tanto, la sociedad exige al individuo que se muestre para que,

así, su identidad se vuelva identificable.

Además del concepto de ciborg, que abre todos los interrogantes

anteriores, se aplica en este trabajo la idea de realidad como montaje, tal cual
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la plantea Nicolás Bourriaud. Para Bourriaud , en los artistas contemporáneos,

hay una intención constante de deconstruir el sistema de representación y así

develar los sistemas ideológicos que conforman la realidad. Pensar la realidad

como un montaje es pensarla como una construcción y, a partir de eso, intentar

una codificación de relaciones.

El montaje es la base de la producción cinematográfica. En ​el silencio es

un cuerpo que cae, el montaje se hace cargo de sí mismo y se presenta como

tal, develando constantemente el dispositivo cinematográfico en cada uno de

sus cortes abruptos, imágenes repetidas en loop o puestas en pausa. El final

de la película se presenta como el sumun de la idea de constructo: Agustina

aparece en cámara grabada por su hijo, como pasando la posta a la próxima

generación que tendrá la posibilidad de construir su propia identidad. Ella es el

dispositivo principal que pone en marcha la película y, a partir del montaje,

construye la identidad oculta de su padre (retrato) y la suya (autorretrato).

La idea de montaje de Bourriaud nos presenta la posibilidad de armar

diferentes versiones de la realidad y, por lo tanto, de nuestra propia identidad.

“La realidad está estructurada como un lenguaje y arte permite articular ese

2
Bourriaud, N. Postproducción, Adriana Hidalgo, 2004.
lenguaje”, dice Bourriaud. Las imágenes de la película se nos revelan como un

engranaje híbrido de la vida de Jaime solo para habilitar a Agustina a que

construya su propio autorretrato y al mismo tiempo a nosotros a que

repensemos la historia de nuestra época/generación. Bourriaud también

considera que para denunciar algo o protestar contra algo, hay que asumir la

forma de lo que se quiere denunciar. En ese sentido, Comedi se inmiscuye en

la mirada de su padre para denunciar la realidad de una época pasada en la

que la realidad nunca revela su dispositivo, se presenta como dada y no como

construida o montada, pero al hacerlo denuncia los casos en que sucede esto

también en el presente.

En la película, Comedi intenta revertir esa exigencia. Hay un juego de

roles voyeristas en el que se incluye a los espectadores. La directora se

sumerge a buscar su propia imagen como Narciso en la laguna pero lo hace a

partir del reflejo de otros (su padre) y acompañada por otros, nosotros, los

espectadores. Ese juego comienza a partir de sombras: Agustina presenta a su

padre y la única imagen de él aparece a contraluz, en una imagen que no es

clara ni completa, como una anticipación de los secretos de la intimidad

familiar. Más adelante, el espectador se entera de que esa fue la manera de

vivir la homosexualidad del padre, en lo no dicho.

Al mismo tiempo, también Agustina está permanentemente entre

sombras, detrás de la cámara, e invita a todos a mirar con ella desde esa

perspectiva. A todos nos da miedo mirarnos a nosotros mismos en soledad.

Comedi busca la compañía del público para descubrir quién es su padre y


también para descubrir quién es ella y obligar a los espectadores a preguntarse

por sus propias sombras. El fuera de campo en las imágenes de archivo está

compuesto por Jaime y Agustina: Jaime, que graba las imágenes; Agustina,

que mira esas imágenes y las pone a danzar frente en la pantalla. Así, la

construcción es colectiva: se necesita de todos para entender quién se es. Y

Agustina logra revertir la exigencia social de exponer la intimidad de una

manera en la que también se nos manifiesta su construcción. Eso convierte la

exigencia en potencia.

En “El silencio es un cuerpo que cae”, hay un juego de espejos en las

miradas. La directora mira cómo la mira su padre. Esa forma de presentación

vuelve sobre el pasado para hacer una crítica o filtrar de él lo que se necesita

para pensar el presente personal. De esa manera, cada uno, cada una se

aproxima al pasado como algo vivo y no estanco. El medio, los dos (la directora

y su padre), es la cámara. Con la cámara, ella construye las preguntas acerca

de su propia intimidad mientras fragmenta la identidad de su padre. Y al mismo

tiempo, a través de las pistas que dan las imágenes, Jaime se presenta como

una persona que no suelta la cámara y se nos presenta no tanto a través de su

imagen en sí, ​sino a través de su mirada:​ como si la cámara fuera parte de él, a

lo ciborg.

A la vez, Agustina monta esas imágenes y arma, a partir de los

fragmentos de su padre, un nuevo retrato. Haraway presenta el mito del ciborg

como el lugar donde conviven las fronteras transgredidas. El ciborg no es ni

humano ni máquina ni animal y, en esas múltiples fronteras, propone una


potencia para transitar toda esa heterogeneidad como parte de una tarea

política. Presenta un cuerpo que se revela como un condensador tanto de las

dominaciones sobre los cuerpos como de las posibilidades inimaginables para

abandonar la mirada única sobre nuestro contexto. Eso es lo que propone la

directora en la película: presenta a su padre como un ciborg para incluirse

primero a ella y luego a los espectadores en las fronteras y contradicciones de

nuestras identidades, que a su vez son identidades construidas en los

intersticios.

Al mismo tiempo, Comedi amplifica el terreno y empieza a tejer un

puente entre la intimidad de su familia y un posible retrato de una época. En

ese sentido, también se puede pensar la época y a partir de eso las épocas

involucradas (son más que una) como ciborgs en los que se condensan

contradicciones y se construye una realidad en base a ocultar esas

contradicciones. En la década del 90, el neoliberalismo se abre en todo su

esplendor en la Argentina y repite el ocultamiento con el cual se lo vivía en

años de la dictadura militar. Es decir, que la vuelta a la democracia sigue

siendo una dictadura para ciertos cuerpos e identidades disidentes que se

mantienen en las sombras.

En cuanto al rol del pasado en esta construcción compleja de la

identidad (o identidades), hay que decir que el pasado ayuda a entender

quiénes son los espectadores y quiénes no. El pasado aparece como un

pasado vivo que sigue cambiando en el presente de cada uno, un pasado que

nunca quedó clausurado. La mirada de Agustina (que es la de los


espectadores) se reconfigura a partir de la observación de la mirada de su

padre. Por lo tanto, el grito de lo personal es político, aparece ya reflejado en

estas imágenes del pasado, cuando esa frase aún no estaba pronunciada.

Jaime, militante de izquierda, ocultaba su sexualidad para mantener su vida

lejos de las contradicciones y, ahora, años después de su muerte, Comedi hija

se embarca en la misión de exponer el secreto oculto por una vida.

Es interesante ver que la película muestra que, en el pasado, lo íntimo

también se construía para un sector de lo público. Al igual que miles de padres

de familia, al grabar, Jaime relata. Habría que preguntarse: ¿a quién le habla?,

¿al presente, pensando ya en el futuro que le tocaría a su hija?; ¿a la sociedad

de su propio momento?, ¿a nosotros? ¿A quién le habla de su intimidad?, o en

otras palabras: ¿Para quién construye Jaime su intimidad?

Agustina tuerce las imágenes para entenderlas. Las repite. Las detiene.

Subtitula las partes de las entrevistas que le importan. Así, elige duplicar la

violencia: por eso, se repiten los leones. La repetición es aquí una forma no

lingüística de reflexión, una forma de pensar que le escapa al lenguaje y a las

palabras.

En la película, las identidades están fragmentadas. Ser padre. Ser puto.

Ser varón. Tal vez esa fragmentación explica que haya personas que eligen no

aparecer o no pronunciarse, y que la película se haga cargo de eso. Porque la

identificación de la fragmentación propia es problemática, sobre todo cuando

está relacionada con identidades de género que no aceptan la heteronorma,

que se ha metido en la identidad de los occidentales y los argentinos a través


de la colonización cultural: por eso es importante que se muestren imagenes de

Disney, de la Sirenita, de las cosas que compran y consumen constantemente

los hijos de la década de 1990. La película de Agustina viene a hacer justicia y

a gestar la posibilidad de la creación de una nueva cultura, independiente. Se

trata de una película de resistencia contra la presión de la heteronorma.

El silencio es un cuerpo que cae despierta nuevos, urgentes y

necesarios análisis en cada una de sus secuencias que sirven para pensar

nuestra identidad en el presente. A los fines de esta investigación y a modo de

conclusión, se puede ubicar a ​El silencio es un cuerpo que cae c​ omo una

película que habilita pensar nuestras identidades dentro políticas de

des-identidad de las que escribe Mark Fisher en ​Los fantasmas de mi vida.​

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Fisher describe la articulación del programa liberal a partir de la noción de

identidad y se puede combatir al ver la red de causas y efectos en la que

estamos encadenados. Es decir, des-identificarnos implica la afirmación de la

eliminación de toda identificación previa y así también, buscar la disolución del

mismo aparato clasificatorio. La película de Comedi nos presenta el aparato y

nos despliega los propios elementos ficcionales. De esa manera, “pone en

evidencia el modo en que las ficciones estructuran la realidad” como dice

Fisher. Así, ​El silencio es un cuerpo que cae ​nos desafía a repensar nuestras

identidades desde el develamiento de su propia ontología como constructo

ficticio. Y nos propone pensar nuestras identidades como identidades o

des-identidades de la resistencia y si nuestra generación no es capaz de hacer

3
Fisher, Mark, Los Fantasmas de mi vida, Escritos sobre depresión, hauntología y futuros
perdidos. Caja Negra, 2018
un movimiento hacia lo ciborg, la que sigue tiene la posibilidad de hacerlo de

manera colectiva. “Las obras demandan no una reaceptación por parte de la

comunidad que ejerce el rechazo ni tampoco un ascenso completo a la elite,

sino un modo de colectividad diferente que está por venir” (Fischer). Si hay algo

frente a lo que nos para la película es que para armar identidad se necesita de

un otro, un agenciamiento con los otros, un modo colectivo de hacer identidad

e intimidad.

FILMOGRAFÍA

- El silencio es un cuerpo que cae. Agustina Comedi, 2018.

BIBLIOGRAFÍA

- Fisher, Mark, Los Fantasmas de mi vida, Escritos sobre depresión,


hauntología y futuros perdidos. Caja Negra, 2018

- Bourriaud, N. Postproducción, Adriana Hidalgo, 2004.

- Haraway, D. Manifiesto Ciborg. El sueño irónico de un lenguaje común


para las mujeres en el circuito integrado, 1984.