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EL AMOR DENTRO DE LA OSCURIDAD

(HunHan)
by LittleQueen20

Titulo original: Dark Needs


Autor: T.M Frazier
Adaptación: El amor dentro de la oscuridad
Género: Juvenil
Capítulos: 9 + Epílogo
NOTA: Es una adaptación, se hicieron los cambios respectivos y es para fans
HunHan, sin fines de lucro, sólo por amor al arte. Ningún personaje, así como
la historia me pertenecen.

"Un asesinato por venganza es el mejor tipo de asesinato. ¿Pero un


asesinato por venganza por tu familia, con el permiso de tu esposo?
Ese es el límite de lo erótico."
-SeHun-

SeHun ha vuelto a casa para ver a Lu Han después de violentamente deshacerse


del hombre que casi destruyó a su familia. Con sangre, literalmente, todavía en
sus manos, de la única cosa que la mente de SeHun está al tanto es del hombre
que ama.

Secuela corta de "El lado oscuro del amor"

CAPÍTULO 1

SEHUN
Kris no sabía de quién estaba corriendo cuando salió de Wolmido. En su mente,
probablemente estaba escapando de la policía y su encarcelamiento inminente
por el tiroteo de mi hija.

De lo que realmente estaba huyendo era de su muerte inminente.

Había estado despierto durante tres días seguidos, pero sentía como si pudiera
haber levantado un camión y llegado al otro lado de Incheon y vuelto, y todavía
podría no haberme sentido completamente ejercitado.

Estaba jodidamente eufórico.

También estaba locamente asustado.


A través de los años, fue la falta de miedo lo que me ayudó a ser capaz de llevar
a cabo mi trabajo, y hacerlo bien.

Pero cuando me puse de pie en el porche desvencijado de la casa de la abuela


de Hannie con una mano en el pomo de la puerta, no me atreví a girarlo. Estaba
congelado con puto miedo, incapaz de enfrentarme a lo que podría pasar detrás
de esa puerta una vez que se abriera.

¿Qué pensaría de mí Lu Han cuando se encontrara cara a cara con la sangre que
estaba literalmente todavía en mis manos? Cuando la realidad de lo que había
hecho, de lo que hice, y de lo que haría de nuevo estuviera justo en frente de él.
¿Qué sucede cuando el "SeHun mata a gente" ya no sea solo una idea abstracta?

Hannie sabía que iba a encontrar y matar a Kris, me animó al mostrarme las
fotos de las secuelas del brutal ataque de Kris con él.

Sabía que mi sangre herviría, y buscaría inmediata venganza.

¿Cuándo girara ese pomo y Lu Han me viera, viera la sangrienta prueba de quién
realmente era yo mirándolo a la cara y todo se hiciera real, todavía sentiría como
si pudiera aceptar esa parte de mí? ¿Todavía me querría en su vida?
¿En la de Sam?

Lu Han me amaba, por exactamente quién era yo, sabiendo plenamente que el
diablo vivía dentro de mí. Sabía de la brutalidad que era parte del profundo
maquillaje sembrado sobre quién era realmente yo.

Era fácil vivir con una teoría, algo que casi no era real porque no era algo con
lo que tenía que tratar. Era completamente diferente de estar cara a cara con la
verdad de todo.

Mierda.

Podría haberme lavado la sangre y fingir como si no hubiera matado al hijo de


puta que casi había matado a las únicas dos personas por las que moriría mil
veces, que la evidencia de lo que había hecho no hubiera secado en mi piel.
Hubiera sido más fácil de esa manera, pero solo a corto plazo.
Mis planes para Lu Han y Sam eran a largo plazo. No quería estar limpio cuando
me viera. Quería arrancar la curita y tomar lo que viniera para que pudiéramos
seguir adelante como una familia.

Mi familia.

Una y otra vez, Hannie me dijo que me amaba, pero necesitaba que lo

viera.

Necesitaba que me viera.

No importa a quién había matado en el pasado, nunca me había sentido ni un


poco enfermo por eso, ni siquiera le había dado un segundo pensamiento, pero
solo la idea de perder a Hannie nuevamente hizo que mi jodido estómago diera
vueltas.
Nunca

debí haberlo dejado.

Pero fui un cobarde de mierda.

Nunca debí haber regresado por él.

Pero era un cobarde de mierda.

Había utilizado un débil rumor de mierda como mi excusa para dejar a Hannie
porque no era más que un hombre débil, muy débil quien se convenció a sí
mismo de todo corazón que había una posibilidad de que fuera cierto, que
después de nuestra más perfecta noche juntos, él podría haber ido y follado a
Kris, el chico de al lado, el niño rico psicópata.
Lo que estaba haciendo en realidad era alejar a Hannie antes de que se acercara
demasiado. Antes de que pudiera realmente entender lo que me hacía pegarme
y tomar la decisión de dejarme, lo dejé.

Lo he lamentado cada segundo de cada hora de cada día desde entonces.

Durante cuatro años, viví mi vida con los ojos cerrados y sin Hannie, porque
por primera vez alguien tenía la capacidad de realmente hacerme daño en lugar
de al revés. Así que usé el rumor de mierda que el amigo de Kris me contó de
Lu Han como mi manera de salir de Wolmido tan rápido como mi moto me
llevara antes de que Hannie tuviera la oportunidad de hacerme pedazos.

El problema era que Hannie estaba tan jodidamente profundo debajo de mi piel
que cada día que no estaba conmigo era una tortura en esencia.

Pero al final del día, siempre pensé que había hecho lo correcto por él, al irme,
sin importar el motivo, porque sabía que estaba mejor sin mí.
Estaba seguro de que había hecho lo correcto por una vez en mi vida.

Después de cuatro años, la necesidad de verlo, hablar con él, tocarlo, no se había
desvanecido. Se hizo más fuerte.

Tan fuerte que mi necesidad de él era más fuerte que mi necesidad de cualquier
otra cosa.

Cuando llegó el momento, no volví porque pensé que me necesitara.Volví


porque era un idiota egoísta que no podía permanecer jodidamente lejos de él.

Lo amaba.

Siempre lo había hecho. Nunca pensé que sería capaz de ese tipo de amor, pero
desde el momento en que se había quitado la sudadera con capucha de su cabeza
en ese depósito de chatarra y una hermosa y pálida cabeza rubia miró hacia mí
desde el lado equivocado del cañón de la pistola, supe que mi vida nunca sería
la misma.
Fue a causa de él.

No quería correr, no quería vivir sin él nunca más.

Así que decidí no hacerlo.

He repartido mi parte justa de tortura, pero ninguna podría haber sido más
dolorosa o cruel que el tiempo que había pasado sin Hannie. Había empacado
las alforjas de mi moto, días antes de que hubiera oído hablar de la muerte de
mi padre, y salí esa misma noche.

Me dirigí de nuevo a Wolmido.

Iba a volver a conseguir a mi chico.


Decidí dejar de ser un marica y solo abrir la maldita puerta, cuando ésta se abrió
de par en par y evité una lesión en la cabeza por unos centímetros.

-Lo siento, oí tu moto -dijo Hannie, mirándome con esos grandes ojos en los
que podría perderme todo el día de todos los días. Su camiseta blanca estaba
pegada a su torso, shorts ajustados con los que siempre dormía, los que dejaban
poco a mi imaginación.

Había pasado mucho tiempo imaginando cuando se trata de Lu Han.

Me mantuve firme en el porche, sintiendo como si esta vez

para entrar necesitara permiso de algún tipo para cruzar a su casa.

-Estás sangrando -dijo Hannie, frenéticamente, dándome palmaditas e


inspeccionándome por heridas.
-Hannie, nene, mírame -dije, tratando de llamar su atención. Siguió su camino,
siguió buscando la fuente de la sangre. Agarrando sus brazos, los sostuve hacia
abajo con fuerza a sus costados, obligándolo a mirarme-. Cariño, no es mi
sangre -le aseguré. Hannie finalmente se detuvo cuando procesó lo que estaba
tratando de decirle. Para mi gran sorpresa, suspiró con alivio, corriendo
lentamente el dorso de la mano por el costado de mi cara, acunando mi
mandíbula en su palma.

Esto fue todo. Ahí fue cuando estuve totalmente convencido de que se volvería
y cerraría de golpe la jodida puerta en mi cara. Si no me quería más, al menos
podía vivir el resto de mi vida miserable sabiendo que no tendría que tener
miedo de Kris.

Al menos le habría dado ese poco a él.

Hannie podría rechazarme.Me podría llamar un monstruo y decirme que no


quería volverme aver.
Por mucho que odiara admitirlo, incluso a mí mismo, después de cuatro años
separados no habría ido más allá de un "no".

Para ser perfecta y jodidamente honesto...No estaba seguro de que podría


aceptar un no por respuesta.

Hannie no me dio la oportunidad de imaginar en qué tipo de escenario se vería


así porque puso su mano sobre mi pecho.

-¿Está hecho? -susurró.

Tomé una respiración profunda.

-Está hecho, cariño -le aseguré.


Y luego lo hizo.

Algo que puso a descansar todo mi diálogo interno acerca

de lo que iba a hacer o cómo se sentiría.

Sonrió.

Esa sonrisa llegó de una oreja a la otra y fue la más volcadora de estómago, la
más fantástica que jamás había presenciado.

-Dime todo -dijo, la emoción brilló en sus ojos.

Parecía poseído.
Estaba hambriento.

Instantáneamente estuve duro.

Levanté a Hannie en mis brazos y aplasté mis labios a los de él. Había esperado
jodidamente demasiado por ese beso. Suave pero exigente. Enojado y
apasionado. Un pedacito de cielo y un poco de infierno. Puse todo lo que
siempre quise decirle en ese beso. Cada Te amo, todos los Lo siento, y cada te
agradezco por amarme de vuelta fue dicho sin palabras. Le di una patada a la
puerta cerrada y la llevé a su habitación. Haciendo una pausa en el pasillo, hice
un gesto hacia la puerta cerrada frente a la de Hannie.

-¿Sam? -murmuré.

-Se durmió con sus auriculares escuchando canciones de Disney-susurró,


mordiéndose el labio.
Jodidamente AMABA a mi chico.

-Viva puto Disney -murmuré.

Lo que pasó después de eso solo podría describirse como frenético.

En su habitación, desgarramos la ropa del otro como si nuestras vidas


dependieran de estar desnudos. Había pasado tanto tiempo desde que había visto
todo de él. Cuando arranqué su camiseta y la tiré al suelo, di un paso atrás para
admirar a mi chico.

Sé que soy un jodido enfermo, pero sus cicatrices me encendían más ahora de
lo que hicieron durante nuestra primera vez juntos. Eran un poco menos visibles
bajo la manga de tatuajes, pero estaban

allí, y no pude evitar dar un paso adelante y remontar mi lengua alrededor de


las profundas líneas rojas alrededor de su clavícula.
-Mi chico es tan fuerte, tan inteligente y tan jodidamente sexy. - Hablé en su
piel como si estuviera hablando directamente a sus cicatrices, besando y
lamiendo todas y cada una de ellas mientras hacía mi camino hasta su hombro
y por su brazo.

Estaba a punto de venirme en mis pantalones como un niño de doce

años.

Necesitaba a Hannie, e iba a mostrarle cuán jodidamente mucho. Me abalancé


sobre él, presionando mis labios a los suyos, nuestras bocas se abrieron y
nuestras lenguas se mezclaron entre sí como si estuvieran follando. Lo cogí y
lo llevé a la cama, lanzándolo sobre el colchón y cayendo encima de él, nuestros
labios se fundieron juntos, nuestros cuerpos hablaron el uno al otro en un idioma
que solo dos personas jodidas como nosotros podían entender.

Siempre había pertenecido a Hannie, desde aquella primera noche. Pero en ese
momento, en su pequeña habitación en la casa de su abuela, años después de
que nos conocimos por primera vez, por fin iba a ser todo mío, e iba a
asegurarme de que cada parte de su cuerpo supiera a quién pertenecía.
MÍO.

Nunca más estaríamos alguna vez separados.

Para el resto de mi vida, todos los días que respirara, me aseguraría jodidamente
de ello.

Nos desenganchamos de nuestro beso el tiempo suficiente para que Hannie


empujara mis jeans abajo sobre mis caderas, poniéndose de rodillas para
ayudarse a tirar de ellos de mis piernas.

La sangre de Kris en su mejilla.

-¿Qué? -preguntó cuando se dio cuenta de que estaba mirando. Mi esposo estaba
de rodillas frente a mí, la sangre de una vida que tomé manchaba su rostro. Tuve
una imagen apareciendo a través de mi cerebro de los labios color rosa de
Hannie envueltos alrededor de mi pene, y casi solté mi carga en ese momento.

Al menos, Kris había sido bueno para algo.

Hice un trabajo rápido en eliminar el resto de nuestra ropa.

Finalmente, no había nada entre nosotros. Piel con piel. Duro y suave. Mi pene
palpitaba contra su vientre, el suyo estaba igual de empalmado y golpeteaba con
necesidad sobre mi piel a medida que nos arañábamos el uno al otro,
necesitando estar más cerca todavía.

Cerré los ojos, envolviendo mi mano alrededor de la parte posterior de su cuello,


hundiendo los dedos en su cabello, sosteniéndolo contra mí como si en cualquier
momento fuera a darme cuenta de que todo era parte del sueño que había tenido
todas las noches desde el día que me fui.
Cuando abrí los ojos y bajé la mirada, mi corazón se agitó en mi pecho como
un niño con un flechazo, porque era lo único real. Él estaba allí en la habitación
conmigo. Quería estar conmigo.

Creo que aun jodidamente me amaba.

Lo puse de nuevo contra las almohadas y empujé sus rodillas separadas,


abriendo sus piernas para que pudiera ver lo que era mío. Su pene brillaba por
el presemen y su entrada estaba, esperando a que lo dilatara y llenara con mí
pene.

Necesitaba saborearlo.

Me zambullí rápido, lamiendo su erección para levantarme y regresar, trazando


con la lengua

su longitid para obtener la mayor cantidad de su humedad en mi boca como


fuera posible. Hannie chilló de sorpresa, pero rápidamente se recostó contra las
almohadas, agarrando las sábanas en los puños. Su gemido vibró contra mi
lengua.
Ya que era seguro como la mierda que me iba al infierno y esta era la única
probada del cielo que alguna vez iba a experimentar, iba a jodidamente tomarlo.

Una y otra vez. Durante el tiempo que él me dejara.

Lo que esperaba fuera para siempre.

Hannie gimió de nuevo y empuñó mi cabello, tirando de él mientras yo lamía


su punta una y otra vez. Sus muslos se agitaban a ambos lados de mi rostro.
Cuanto más duro jalaba, más encendido me ponía. Froté mi pene contra el
colchón, en un esfuerzo para encontrar algún tipo de alivio del dolor de mi
excitación. Señalé mi lengua y la guié a su entrada. Arqueó la espalda y se
mordió el labio, ahogando un grito.

Decidí en ese mismo momento que si alguna vez era condenado a muerte por
cualquiera de los muchos asesinatos que había cometido, la
última comida que pediría sería la semilla de Hannie.

Extendí la mano y la puse sobre sus labios para ayudar a calmarlo, pero en lugar
de luchar contra mí chupó dos de mis dedos dentro de su boca, rodando su
lengua alrededor de ellos mientras yo gemía en su entrada, las vibraciones
causándole que tirara la cabeza atrás y cerrara los ojos.

Bombeé en ella con dos dedos de la otra mano, gimiendo por la estrechez de su
entrada y estuve perdido en el pensamiento de él ordeñando mi pene como
estaba ordeñando mis dedos hasta que su pequeña

entrada se apretara alrededor de ellos. Hannie, de repente levantó su culo fuera


del colchón y arqueó la espalda mientras gritaba a través del mayor y más
hermoso orgasmo que jamás había sido testigo, su entrada lentamente
palpitando su camino de regreso a la tierra, su semilla resbalando por sus
costados.

-MI jodido esposo -gruñí-. MÍO.

Hannie y yo no hicimos esto la primera vez. No tuve la oportunidad de probarlo


en ese entonces, pero pasé gran cantidad del tiempo mientras estábamos
separados pensando en ello. Nada en mi imaginación podía ni siquiera entender
cómo sabría su orgasmo en mi lengua en la realidad.

La entrada de Hannie sabía a sexo envuelto en luz del sol, y cubierto de azúcar
en polvo.

Hace cuatro años, cuando tomé la virginidad de Hannie, fue egoísta por mi
parte. Estaba mal. Solo tenía diecisiete años y estaba tan vulnerable.

Lo haría todo de nuevo, todos los días por el resto de mi puta vida.

En ese entonces, pensé que tendríamos todo el tiempo del mundo. Pensé que
tendríamos la oportunidad de explorarnos el uno al otro, experimentar qué se
sentía bien, y en general follar la mierda del otro hasta que estuviéramos
demasiado cansados para movernos, o hasta que jodidamente muriéramos.

Porque, francamente, me encantaría ir al infierno con mi pene enterrado


profundo dentro de Hannie.
Hannie apenas tuvo la oportunidad de encontrar su camino de regreso a la
conciencia antes de

que estuviera entre sus piernas, una de mis manos sobre sus rodillas, abriéndolo
delante de mí, mi pene listo para empujar y mi otra mano lista para darle el
placer suficiente para hacerlo explotar.

Agarré mi eje para guiarlo a casa cuando Hannie dijo algo que me hizo pensar.

-¿Dolerá esta vez? -preguntó, jadeando. Sus pequeños pezones se pusieron


firmes con el rápido ascenso y la caída de su pecho.

-¿Qué? -pregunté. Demasiada sangre estaba en mi pene, y era incapaz de


concentrarme en la conversación.

-La última vez, no me dolió, pero pellizcó. Me preguntaba si dolería de nuevo.


-¿Hannie? -pregunté, momentáneamente aturdido, mi mano todavía en mi pene.

-¿Sí?

-¿Cuándo fue la última vez que hiciste esto? -La pregunta me dio ganas de
vomitar. Sabía lo que Kris le hizo, y pagó el último jodido precio. Pero no había
pensado realmente en lo que él había hecho en mi ausencia.

Imaginar a alguien tocándolo era suficiente para hacer que mi pene se convierta
en un centro cóncavo, pero no podía culparlo. Fue mi culpa. Lo había dejado
solo. Por supuesto que habría salido, apoyado en otra persona por consuelo.

Iba a jodidamente vomitar.


-Hace cuatro años, en el apartamento de tu tienda.

No sabía exactamente qué decir, pero cuando abrí mi boca lo único que salió
fue:

-¿Por qué, nene?

-Ya te había encontrado. No estaba buscando ninguna otra persona. Tu toque


puede quemarme como el de nadie más. -Parecía como si lo que estaba diciendo
le doliera-. Pero solo el pensamiento de alguien

más tocándome todavía es suficiente para poner mi piel a quemar. -Los ojos de
Hannie se hicieron acuosos y mi corazón se constriñó en mi pecho.

Este chico.

Este chico me iba a matar con putas emociones.


-¿Solo yo? -Mi orgullo masculino se hinchó junto con mi pene.

-Solo tú. Siempre has sido tú -dijo Hannie, ahuecando mi rostro entre sus
manos.

Lo perdí. Abriendo mi boca a la suya, nuestras lenguas danzaron y se


fusionaron. Sus labios eran suaves y perfectos. No dejaba de imaginar cómo se
verían mientras lamían mi pene, pero habría tiempo para eso. En ese momento,
tenía que hacerlo mío de nuevo. Con muy poco o ningún control sobrando, me
las arreglé para regenerarlo y asegurarle a Hannie que estaría bien. Retirándome
de nuestro beso, le susurré:

-Voy a ir lento. Seré amable -le aseguré mientras estaba completamente


inseguro de si podía cumplir con esa promesa.

Amable no era lo mío.


Mi pene dolía, y todo lo que podía pensar era en hundirme en su apretado calor.

-No -dijo Hannie.

-¿No? -pregunté.

-No, no seas amable. Sólo se mío.

No esperé por más de una confirmación después de eso, sin querer darle tiempo
para cambiar de opinión. Alineé mi pene con su entrada, frotando la cabeza a
través de su húmedad un par de veces antes de mirar a los ojos vidriosos del
hombre que amaba y hundir mi pene dentro de él con un largo empuje
demorado.

Cálido.
Húmedo.

Suave.

Apretado.

Hogar.

Casi me vine en ese mismo momento.

Por los sonidos que Hannie estaba haciendo, sabía que él estaba allí conmigo.
Me senté en la cama y agarré la nuca de Hannie, arrastrándola arriba conmigo.
Cuando empujé en su entrada, lo miré a los ojos fuertemente cerrados, lamí su
garganta, y tomé puñados de su culo. Su pene rozaba entre nuestros.
Acariciándolo de arriba hacia abajo lo llevé al orgasmo, por segunda vez,
agarrando su barbilla para evitar que su cabeza cayera hacia atrás. Necesitaba
mirar a los ojos del hombre que amaba cuando se viniera por mí, su humedad
goteando en mis bolas mientras su entrada se apretaba alrededor de mi eje.

Jodidamente hermoso.

Este hombre, con cicatrices por dentro y por fuera, me había elegido a mí para
estar. Mierda, aun no mereciendo algo como yo.

Lo enfermo era que sabía exactamente quién era yo.

Todavía me quería.
Me AMABA.

¿Qué carajo le pasaba?

No podía esperar más para venirme. Apreté con fuerza a Hannie hacia abajo en
el colchón, golpeando su entrada con mi pene y viendo el suyo comenzar a
empalmarse nuevamente. Sus labios rosados se separaron, con la cabeza echada
hacia atrás en éxtasis. Estaba totalmente

fascinado por la mirada en su rostro cuando mi orgasmo me golpeó con una


fuerza demoledora que podría acabar con un maldito edificio. Mis bolas se
apretaron hasta un punto doloroso, mi pene arrojando esperma caliente en la
entrada de mi chico.

Santa. Mierda.

Caí de nuevo en las almohadas y maniobré a Hannie para que yaciera en la parte
superior de mi pecho. Cuando pude enfocar de nuevo, poco a poco pasé la mano
por su hermoso cabello rubio. Fue lo primero que me llamó la atención de él.
Seguí el intrincado tatuaje en su hombro con los dedos, lentamente haciendo mi
camino alrededor de las cicatrices que decoraban su espalda y brazo derecho.

Esas cicatrices le impidieron conectar con la gente durante tanto tiempo, pero
cuando llegó a mí, había derribado todas las barreras que había construido para
dejarme entrar.

En su vida.

En su corazón.

En su cuerpo.

Mi jodido chico. El orgullo en mi corazón era casi demasiado. Apreté a Hannie


y besé la parte superior de su cabeza.
-Te amo jodidamente, Hannie.

-También te amo jodidamente, SeHun.

CAPÍTULO 2

-¿Ahora es un mal momento para decirte que deberíamos haber usado un


condón?

-¿Por qué? ¿Tienes gonorrea? -bromeé. La risita de Lu Han iluminó mi alma


oscura.

-No, pero no estoy en nada -dijo. Por extraño que parezca, esta vez la idea,
nunca se me ocurrió usar protección. Este era mi chico. No tenía planes de
alguna vez envolverme de nuevo. Teníamos que estar lo más cerca posible, piel
con piel, y pase lo que pase. Sam fue de lejos el mejor regalo del mundo. Una
niña increíble que un hijo de puta como yo no se merecía. No me importaría
otra igual a ella, sobre todo porque esta vez me gustaría ser capaz de ver a
Hannie con un gran vientre de bebé.
Me estaba poniendo duro otra vez.

-Me imagino que me gustaría tenerte descalzo y embarazado tan pronto como
sea posible de todos modos. No lo entenderías. Es una cosa mia-bromeé.

-¿Ah, sí? ¿Así que ese es tu nuevo objetivo? ¿Embarazarme, otra vez? -
preguntó.

-No, si eso sucede, sucede. Eso sería genial, pero mi nueva meta es en realidad
otra cosa. -Mi estómago tenía putas mariposas en el mientras me preparaba para
decir lo que había querido decir hace jodidamente tanto tiempo.

Soy un puto marica.

-¿Oh, sí? -Bostezó, estirando su brazo sobre mi pecho-. ¿Qué es eso?


Nunca esperé sentir lo que sentía por Hannie. Nunca esperé a amar a nadie tan
completamente. Él me hizo sentir que al menos una parte de mí era capaz de ser
normal, y ya que era capaz de experimentar un amor tan grande, tal vez no era
un monstruo, después de todo.

Tal vez.

Probablemente no.

-Cásate conmigo -le susurré.

Hannie se congeló. No sabía si se había desvanecido en un profundo sueño


repentino o estaba conteniendo la respiración.
Tenía aproximadamente un segundo más para responder antes de que lo
despertaro y pidiera una respuesta. Parecía una eternidad antes de que levantara
la cabeza de mi pecho. El más asombroso par de ojos claros, los ojos de los que
me enamoré hace cuatro años, me miraron como si me hubiera colgado de la
puta luna.

-Bien -dijo simplemente. Una lágrima rodó por su mejilla. Sus perfectos labios
rosados formaron una enorme sonrisa destinada solo a mí.

Me encantaba la mierda de este chico.

Me agaché y la levanté sobre mí hasta que estuvimos cara a cara.

-Bien -le dije, empujando su pelo detrás de la oreja y luego cubriendo su boca
con la mía en un beso profundo abarcando todo.

La necesidad de estar dentro de él de nuevo se apoderó de mí, mi pene más duro


que la primera vez. Rodando encima de él, abrió las piernas para mí. Entré en
él fácilmente y completamente, revistiéndome hasta la empuñadura. Tomó todo
de mí, pero me dio aún más.

Siempre lo había hecho.

Tengo planeado recuperar el tiempo perdido toda la noche.

Y luego siempre.

CAPÍTULO 3

UN AÑO DESPUÉS

DongHae y yo estábamos en la tienda trabajando en nuestro nuevo proyecto


favorito, la restauración de un antiguo Shelby Mustang que un chico había
blasfemado y lo había convertido en un puto asno.
Un sistema hidráulico se enganchaba a la suspensión para que el coche saltara
arriba y abajo en los neumáticos, el cuerpo estaba pintado de un color negro
mate de una maldita lata de aerosol, y cuando DongHae tiró de él en el lote de
mi tienda y lo puso en el parque, las llantas de oro de veinte pulgadas seguían
girando. Cuesta arriba tenía seis pulgadas, casi tan alto como mi camioneta.

Me imagino que cuando muriera algún día, el infierno que me esperaba se


parecería mucho a la ridiculez de terciopelo púrpura que cubría todo el interior.

Mi estómago se revolvía cuando pensaba en volverlo al estado en que había


estado la primera vez que lo vi. DongHae sentía lo mismo, porque cuando el
chico que lo conducía se detuvo en el estacionamiento del bar de HeeChul una
noche, le había marchado y le ofreció mucho más de lo que valía.

Gracias dios de mierda que el estúpido niño aceptó su oferta, entregando sus
llaves en cuanto le entregué en el dinero en efectivo.

Ni siquiera enloquecí porque DongHae hizo el trato sin preguntarme primero.


Con mucho gusto hubiera pagado dos veces esa cantidad por la oportunidad de
volverlo a lo que se habían propuesto tanto Dios como Ford.
Tal vez no necesariamente en ese orden.

Me alegré de que Lu Han y Sam no estuvieran allí cuando el agente se presentó


ese día, su coche patrulla cola-de-pez estacionado en mi estacionamiento de
grava como si fuera un conductor especialista de mierda de los Duques de
Hazard, saliendo polvo y suciedad de debajo de sus ondulantes neumáticos
mientras patinaba hasta detenerse, las luces y sirenas a todo volumen en el puto
medio día.

El único ayudante del agente siguiéndolo de cerca detrás con el único otro coche
patrulla en Wolmido.

El agente Wu y el ayudante Kim bajaron de sus coches y sacaron sus armas,


escudándose detrás de las puertas abiertas de sus vehículos.
-¡Pon tus putas manos arriba! -ordenó el agente a través de un pequeño altavoz
portátil que amortiguó su voz como si estuviera repitiendo nuestro pedido de
nuevo a través de la antigua unidad en Dairy Queen.

Las manos de DongHae se dispararon en el aire.

-¡Arroja las llaves! -gritó el ayudante Kim.

DongHae levantó la vista a sus manos y dejó caer las llaves tan pronto como se
dio cuenta de que todavía las estaba sosteniendo. Rebotaron en el hormigón y
cayeron abajo en la bahía de aceite.

Levanté la cabeza de debajo del capó del Shelby y me limpié las manos con el
trapo y lo puse encima de mi hombro. Observé la escena delante de mí mientras
encendía un cigarrillo y me pregunté cuál de mis delitos de arresto podría haber
justificado tal teatralidad.
-¿A qué debo el placer? -pregunté sarcásticamente. Apoyado en una de las altas
cajas de herramientas que se alineaban en la parte exterior del compartimiento
de trabajo, cruzando las piernas en

los tobillos. Tomé una larga calada del cigarrillo y soplé el humo por la nariz.

El agente Wu era tan torcido como por donde habían venido. Después de que
me enteré de que había ayudado a Kris cuando había violado y casi matado a
Lu Han, el hijo de puta era afortunado de que todavía podía respirar.

No podía matar a todos.

Al menos, eso es lo que Lu Han me decía.

-¿SeHun Oh? -preguntó el ayudante, acercándose lentamente a la mesa de


trabajo. El agente Wu se mantuvo firme junto a su coche, arma en ristre.
Cobarde de mierda.

-MinSeok, baja esa cosa -le dije, haciendo un gesto con mi cigarrillo a la pistola
que había dirigido a mí pecho-. Me conoces. No pretendas que no lo haces -
apagué el cigarrillo en el talón de la bota-. Me conoces desde el noveno grado
cuando toqueteé a tu novia en la parte posterior de la sala durante Literatura
mientras que dabas esa presentación de Jane Austen. -MinSeok dejó caer su
rostro-. Pero no te preocupes. Solo la hice venirse una vez.

-No es exactamente lo que hay que decir a alguien con una pistola a la cabeza -
escupió MinSeok, su cara se puso roja de irritación-. Y era Shakespeare,
imbécil.

-Así que recuerdas. Fue hace tanto tiempo, hombre. ¿Recuerdas el nombre de
esa puta que usaste hasta la fecha? -Lo estimulaba. Ya sabía la respuesta.

-Yenni, su nombre fue y es Yenni. Y si dices una palabra más sobre mi puta
esposa voy a apretar el gatillo desde aquí -advirtió-. Ahora pon tus putas manos
en alto. -Redirigió su arma de mi pecho

a mi cabeza.
-¿Todo bien por ahí? -llamó el agente Wu, todavía escondiéndose detrás de la
puerta del coche.

-Lo tengo jefe -volvió a llamar MinSeok sin quitarme los ojos de encima.

-¿Qué es exactamente lo que quieren hijos de puta? -pregunté, irritado porque


me habían interrumpido mientras estaba resucitando el Shelby. Acababa de
empezar un Mustang RCP cuando me habían sacado de eso.

-SeHun Oh, tenemos una orden para su arresto. Vinimos a llevarte -dijo
MinSeok, con orgullo.

-¿Tú vas a arrestarme? -pregunté-. ¿Por qué coño?


MinSeok alcanzó su espalda con la mano que no tenía un dedo en el gatillo y
sacó un par de esposas de su bolsillo trasero. Casi entonces me di cuenta de que
el buen agente ya no estaba escondido junto a su coche patrulla. Entonces, me
estrellé de costado, y mi pecho se estrelló contra el capó del Shelby. Esposas de
metal frío se golpeaban con fuerza alrededor de mis muñecas.

-¿De qué se me acusa? -pregunté de nuevo, ya que ambos me levantaron,


empujándome hacia los coches. El agente Wu plantó su mano firmemente en la
cadena de conexión de los puños.

-Usted está bajo arresto por el asesinato de Kris Wu - respondió finalmente,


antes de inclinarse en mi oído y susurrar por lo que solo yo podía oír-: Te metiste
con la maldita familia equivocada, muchacho. -Su aliento era caliente en mi
cuello, y luchaba por contener mi reflejo nauseabundo. No había manera de que
dejara que ese hijo de puta supiera que me había conseguido, y me encogería
debido a la respiración

de la basura caliente.

En ese momento, Hannie tiró de su camión en el aparcamiento. Cuando vio lo


que estaba pasando, saltó del asiento del conductor, dejando la puerta abierta,
el motor todavía en marcha.
-¡SeHun! -gritó, sus pequeñas piernas desenfocadas juntas mientras corría a
través del aparcamiento.

Planté los pies en la tierra y bloqueé mis rodillas en un intento de mantenerme


en tierra para poder hablar con mi esposo, pero el agente empujó en los puños
y tuve que volver a moverme hacia adelante, para no terminar de cara a la tierra.

-Cariño, llama a un abogado -le dije a Hannie cuando llegó corriendo, los idiotas
representantes de la ley me empujaron pasándola.

-¡SeHun! ¡No! -gritó Lu Han. Me metí en el asiento trasero pegajoso del coche
patrulla.

-Vas a necesitar más de un abogado, muchacho -dijo el agente Wu, cerrando la


puerta detrás de mí. Luego se dejó caer en el asiento del conductor-. Jesucristo
mismo no va a sacarte de esto.
-El abogado -le murmuré a Lu Han, que estaba con su boca abierta al lado del
coche patrulla.

Asintió con la cabeza, cruzando los brazos protectoramente sobre su pecho. En


lo que fue solo el lapso de tiempo de unos pocos segundos, la expresión del
rostro de Hannie cambió de una expresión de preocupación que uno esperaría
ver en el esposo de un hombre que está siendo arrastrado lejos en puños, a una
completamente ilegible.

Sus ojos vidriosos.

Su boca formó una línea recta.

Hannie se fue aislando.

Joder no.
No. No. No.

Me quedo con mi chico enojado. De hecho, me ha gustado conseguir

su quicio de vez en cuando. La forma en que sus cejas se arrugan cuando está
tratando de gritarme para lanzar mis camisas de pesca malolientes con la ropa
regular es jodidamente adorable, y ha dado lugar a que lo inclinara sobre la
lavadora en más de una ocasión.

Me quedo con mi chico triste. Soy un tipo jodido, y por razones que nunca
entenderé, el sabor de sus lágrimas me hizo impulsarme duro. Además, cuando
Hannie estaba triste, no lo estaba a menudo, siempre podía romper unas cuantas
bromas inapropiadas y hacerlo reír y ponerlo de nuevo feliz.

Voy a tomar todo lo que mi esposo estaba dispuesto a darme mierda, porque la
última cosa que quería era que Hannie rastreara de nuevo en esa maldita cabeza
de ella otra vez y se perdiera entre toda la mierda que mantuvo enterrada allí.
En ese mismo momento se estaba desvaneciendo ante mis ojos, pero necesitaba
que estuviera presente, para ser fuerte.

Para Sam.

Para nuestra familia.

Me mató no poder ir a verlo, tenerlo en mis brazos y arrastrar a mi Lu Han de


nuevo a la superficie, y, si es necesario, no estaba totalmente en contra de agitar
la mierda fuera de él hasta que se reorientara y saliera de la niebla que había
retirado cuando no podía hacerle frente.

Dos tontos muy tontos de mierda salían de la misma manera que habían llegado.
Uno a la vez, los neumáticos giraron dramáticamente en la tierra, lanzándolo a
la calle, sus sirenas invadiendo todos los rincones del vecindario usualmente
tranquilo. La pared de los manglares que bordean el camino brillaba azul y roja
a nuestro paso.
Lu Han se quedó en el camino y vio como nosotros conducimos fuera, con el
rostro inexpresivo volviéndose más y más pequeño en el espejo retrovisor hasta
que desapareció por completo de la vista.

Podía sentir mi corazón retorciéndose en mi pecho, y me hice una promesa en


ese mismo momento que no importa lo que ocurra como resultado de estos
cargos, iba a encontrar mi camino de regreso a Hannie y Sam tan pronto como
pudiera.

Salir de la cárcel no podía ser tan difícil.

Giramos hacia la carretera que conectaba a Incheon, el único puente que


conectaba el resto del mundo. Una vez que estuvimos en el puente, el agente
habló a mi reflejo en el espejo retrovisor.

-¿Por qué, SeHun, no pareces sorprendido por estar siendo acusado del
asesinato de mi sobrino?
Me encogí de hombros.

-Bueno, ha sido un tiempo desde que crucé en rojo.

El agente sacudió la cabeza.

-Touché, Sr. Oh. Demasiada mierda para uno solo -dijo, haciendo rodar la
ventana abajo con un chasquido. Encendió un conjunto que había recuperado
de la consola central-. Todo lo que digo, hijo, es que estoy esperando freír bien
tu culo real, con la esperanza de un poco más de piel con el rubio que hace de
tu nuevo novio. -Sostuvo el humo en sus pulmones, sin siquiera molestarse en
apagarlo sobre la ventana abierta mientras terminaba su pequeño discurso
villano.

¿O era el bueno, y era yo el que era el villano?

Las líneas entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad, eran siempre borrosas
cuando se trataba de las idas y venidas de los residentes de Wolmido.
Nunca se sabía quién iba a salvarte.

O quién iba a matarte.

¡Lo descubrieron!

CAPÍTULO 4

En el fondo de mi mente siempre supe que no importa qué tan cuidadoso fuera,
algún día existía la posibilidad de que la mierda que había hecho se pondría al
día conmigo en una manera muy grande.

Supe que había llegado el día cuando me encontré siendo guiado por un pasillo
de concreto mal iluminado, usando un mono azul rey, cargando una manta
incluso más rasgada y una almohada, hacia una celda mucho más pequeña que
el nuevo baño de visitas que acababa de terminar de remodelar para Hannie.
Los presos gritaban uno sobre otro, sus voces rebotando en las paredes de
bloques de cemento de mi celda, ninguna persona discernible de las ecos
mezclados de las masas. Mis ojos se humedecieron por el hedor ineludible y el
abrumador hedor de los aseos y el olor corporal.

Aunque mi padre había muerto hacía más de un año casi podía oír su "Te lo
dije" desde la tumba.

Vete a la mierda, ChanYeol.

Mi madre, la eterna optimista cuando se trataba de mí, solía decirme que el


mundo esperaba grandes cosas de mí, que mi futuro contenía algo estupendo en
él, y que algún día me daría cuenta de mi verdadero potencial. Usualmente me
daba ese discurso mientras me estaba llevando a casa desde la oficina del agente
o de una temporada en el reformatorio.

Ella como que tuvo razón todo el tiempo. Me había dado cuenta de mi verdadero
potencial hace mucho. Simplemente no había nada estupendo en ello.
Horrible tal vez. No estupendo.

No estoy contento de que esté muerta, pero me alegro de que nunca me viera
enjaulado como el monstruo que era.

Mi padre, ChanYeol, nunca viajó en la misma longitud de onda de pensamiento


en que lo hizo mi madre. Siempre me dijo que mi futuro no guardaba nada más
que una vida detrás de las barras frías de una celda de prisión. Era ridículo,
porque ese borracho de mierda podría haber tenido realmente razón por una vez.

La puerta de la celda se cerró detrás de mí. Puse la manta en la litera de arriba


sin hacer. El guardia bloqueó mi jaula con una de las muchas claves sobre su
llavero retráctil adjunto a su cinturón.

-Bienvenido a casa, preso -dijo con aire de suficiencia, inclinando la visera de


su gorra de béisbol en saludo burlón, la visera leía ENMIENDAS en grandes
letras de oro en negrita en la parte delantera. El guardia, cuya tarjeta de
identificación de latón leía Nam, chupó los dientes superiores con la lengua
como si acabara de terminar una gran buena comida.

Quería jodidamente ACABAR con él.

Salté de nuevo a la puerta de la celda y tomé agarre de las barras. Nam se quedó
sin aliento por la sorpresa y cayó sobre su culo huesudo.

-Se enerva fácil, ¿no, oficial? -Gruñí, de cuclillas para que estuviéramos cara a
cara. Sus pequeños ojos se volvieron negros, el miedo había causado que sus
pupilas se dilataran.

Estaba muy familiarizado con esa mirada.

Era una mirada que yo disfrutaba bastante.


Quería hacer un infierno mucho más que asustar al pequeño hijo de puta.

-Es tan fácil ser

un pequeño mierda petulante desde el otro lado de las rejas -dije con frialdad-.
¿Por qué no vienes aquí conmigo, y me dices esa mierda sarcástica de nuevo?

Aunque el Oficial Nam estaba obviamente asustado hasta la mierda, la verdad


del asunto era que tenía la sartén por el mango. Estaba encerrado de forma
segura en una jaula sin ventanas, y aunque él pudiera haber estado sobre su culo,
estaba sobre su culo en el lado libre de las barras.

-Quizá lo haga, preso. -Nam se puso de pie y se sacudió el polvo.

La arrogancia de su tono vaciló. Señalándome con su porra, miró a su alrededor


para asegurarse de que nadie hubiera sido testigo de él casi meándose a sí mismo
en el suelo-. Te estoy vigilando, preso. -Advirtió-. Aquí dentro no eres nada más
que un puto número. Ni siquiera eres digno del nombre que tu mamá te dio, por
lo que si decides actuar como un puto animal, vas a ser tratado como un puto
animal.

Con una burla final a diente saliente, se alejó, arrastrando su porra de noche a
través de los barrotes de mi celda, y luego a través de todas las otras celdas en
el pasillo, mientras se abría camino hacia la única puerta al final del bloque de
celdas. Los presos gritaron obscenidades mientras

pasó, sin ningún tipo de reacción por parte del guardia. Hizo una señal a otro
guardia que estaba sentado en el otro lado de una mampara de cristal.

La luz roja parpadeante encima de la puerta se volvió temporalmente verde


mientras zumbó a través, desapareciendo de sitio, la puerta siendo cerrada con
un fuerte chasquido, la luz por encima de

la puerta una vez más parpadeó en rojo.

-Hijo de puta -murmuré, tomando una larga y dura mirada de mis nuevos
alojamientos. Sabía que al hacer lo que había hecho durante el tiempo que lo
había hecho, estaba posiblemente pavimentando un camino para dirigirme
directo a una celda justo como en la que me encontraba.
En honor a la verdad, es un camino por el que nunca realmente pensé que
viajaría alguna vez.

Si tuviera que apostar dinero en cómo mi vida terminaría, ya sea con mi muerte
temprana, mucho antes de que la vejez se afianzara, o una vida detrás de las
rejas, habría puesto mi dinero en la muerte cada puta vez.

El fiscal, algún imbécil llamado MyungSoo, estaba buscando la pena de muerte,


así que supongo que todavía había tiempo para ganar la apuesta después de todo.

Podría morir mañana, y no significaría una mierda para mí. La muerte era una
de las únicas certezas en esta vida. Siempre ha sido un consuelo para mí, saber
que desde el momento en que todos venimos por primera vez a este mundo
pateando y gritando, todos no estábamos dirigiendo hacia el mismo fin.

Aunque una vez muerto, algunas personas irían en una dirección, mientras que
otros, como yo, irán en otra.
Algunos de nosotros todavía estábamos pateando y gritando.

La única cosa que me molestaba de la posibilidad de morir, era que no iba a


estar para proteger a las que prometí proveer y mantener a salvo. Que el tiempo
que había pasado con las dos únicas personas de las que no me sentía indiferente
fue totalmente demasiado corto.

Lu Han. Sam. Mi esposo. Mi hija.

El equipo honey como Sam nos llamaba.

Mi familia.

Durante el año pasado, mi vida pareció un sueño. Un sueño que alguien como
yo no era digno de ni siquiera tener. Todos los días de mi vida fue un regalo que
sabía que no merecía, pero egoístamente acepté de todos modos.
Ser arrojado a una celda fue un duro recordatorio de que la vida podría ser tanto
una pesadilla horrible como un sueño fantástico. Pero ambos tenían algo en
común.

Con el tiempo, no importa el sueño, siempre te despertabas.

CAPÍTULO 5

Había estado en mi celda por menos de un día, mirando la pared de mierda


cuando otro oficial correccional llamó a los barrotes de mi celda con su bastón
de noche.

-¡Vamos, vamos! -gritó con impaciencia.

-¿Qué pasa con ustedes y esa mierda? -pregunté, frotándome las sienes. La
cárcel se había colado en mi cabeza y comenzó a darme una migraña.
No me hizo caso.

-Vamos, preso. -Abrió mi celda y produjo un par de esposas-.

Date la vuelta. Tienes una visita.

El guardia me esposó, empujándome a una gran sala brillante, llena de mesas


circulares. Me dejó en la puerta, y fui dejado para encontrar a mi visitante por
mi cuenta.

Los presos, vestidos con el mismo atuendo de prisión color azul rey que yo
estaba usando, sentados al lado o al otro lado de los visitantes y personas que
eran muy obviamente abogados. En una mesa en la esquina había una mujer
sentada llorando, sosteniendo la mano de un preso con un tatuaje de tela de
araña en la parte posterior de su cuello, mientras que un niño pequeño
emocionado con rizos oscuros corría alrededor de la mesa gritando como si
estuviera en Disney en lugar de una prisión.
Una pareja en otra mesa discutía, la mujer señalando al hombre acusadoramente
con una uña larga y curvada, el preso al que estaba visitando parecía
desinteresado por lo que ella le estaba castigando.

Sabía dónde estaría Hannie antes de que lo viera. Me moví entre las mesas y me
dirigí a un rincón tranquilo en el fondo de la habitación, el más sombreado por
los árboles fuera de la ventana

alta. Estaba sentado en uno de los taburetes redondos unidos a la mesa, con la
espalda contra la pared, abrazándose las rodillas contra el pecho, mordiéndose
la uña del pulgar, mirando hacia el espacio.

Siempre era un poco torpe cuando se sentía incómodo, en una adorable manera
donde no sabía qué hacer con sus manos.

No era lo que estaba haciendo lo que me sorprendió.

Era lo que llevaba puesto.


Una jodida sudadera con capucha negra.

La cremallera todo el camino hasta su jodida garganta.

Solo mirarlo usando esa cosa traía buenos recuerdos de cuando nos conocimos,
y rompió mi maldito corazón al mismo tiempo.

Se retiraba internamente, y yo ya estaba formando una idea sobre cómo sacarlo.

Solo tenía que salir de esta prisión de mierda primero.

El pelo rubio de Hannie cubría sus ojos y a diferencia de los adorables rizos
todavía revoltosos de Sam, su cabello era naturalmente liso. Todavía no llevaba
ningún tipo de maquillaje, sus ojos marrón claro increíblemente grandes eran
más que suficientes para vestir a su piel pálida ya perfecta y labios llenos de
color rosa natural.

Un año había pasado tan rápido, solo un pequeño punto en el radar de la cantidad
de tiempo que realmente quería pasar con Hannie y Sam. Solo estábamos
empezando el para siempre que les había prometido.

No podía perderlo todo ahora.

No podía perderlo.

Jamás.

Hannie merecía algo mejor que yo, pero me sentía atraído a su inocencia, y él
se sentía atraído
por mi oscuridad. Juntos, hacíamos un montón de sin sentido, y así era como a
mí me gustaba.

Un golpe de suerte es demasiado cliché para el momento en que Lu Han


apareció de la nada y, literalmente, cayó en mi vida. Se sentía más como si me
tuviera de rodillas con un cuchillo en la garganta y me tuviera rogándome por
mi vida, pero un nuevo tipo de vida. Uno con él en la misma.

Una vida digna de ser vivida.

Una persona digna por la que vivir.

Cada día que pasaba con Hannie era otro día que rompía mi puto corazón y lo
reparaba todo de nuevo. Estar con él hacía que los vellos

minúsculos en mi brazo se erizaran y mi corazón cayera a mi estómago cada


vez que entraba en la puta habitación.
Lo AMABA. Estaba OBSESIONADO con él.

Si alguien hubiera tratado de contarme una historia que involucrara amor a


primera vista, habría sacudido la cabeza y llamado a ello un montón de mierda.
El amor en general, era un concepto dudoso. El amor instantáneo era
jodidamente ridículo.

Hasta él.

Lo único con un tirón más fuerte que la necesidad monstruosa para tomar la
vida de otra persona era la atracción hacia Lu Han.

Él no me mostró que yo era capaz de amar. Fue el que me hizo capaz de amar.

De amarlo.
De amar a Sam.

La necesidad de Lu Han era más fuerte que mi necesidad de cualquier otra cosa.

Lo amaba.

Todavía lo amo.

Jodidamente

siempre lo amaré.

-Oye -dijo-. ¿Estás bien?


No pude evitar reír.

-¿Si estoy bien? -Allí estaba yo, preocupado por él y Sam, y cómo iba a
protegerlos desde el interior de una celda de la cárcel, y mi chico, que tenía la
libertad de estar en el mundo, me estaba preguntando, a su marido desquiciado
de seis pies una pulgada con una inclinación para bailar con el diablo, si estaba
bien.

-Sí -dijo, respondiendo a mi pregunta, pero no reaccionando ante mi arrebato.


Normalmente, Hannie habría cruzado los brazos sobre el pecho y me habría
preguntado qué carajo me parecía tan jodidamente divertido.

-Cariño. -Me arrodillé frente a él, tomé sus manos en las mías, descansando
ambas en su regazo-. Me estoy riendo porque es una pregunta jodidamente
ridícula y porque jamás necesitas preocuparte por mí. -Empujé un mechón
perdido fuera de su frente y lo metí detrás de su oreja. La barbilla de Hannie
cayó a su pecho, respiró hondo-. Estoy muy bien, cariño -le aseguré. Lo atraje
hacia mí y apreté mis labios a los de él. Me hubiera gustado que de alguna
manera ese beso detuviera cualquier pensamiento que estuviera haciéndolo
retraerse y sacudirlo del lugar al que iba cuando no todo estaba bien en su
mundo.
Era una mentira a toda máquina, no estaba bien, de ninguna manera, pero no
necesitaba que Hannie se preocupara por mí. Cuanto más le preocupara, más se
alejaría de mí y más difícil sería hacer las cosas bien de nuevo. Lo que quería
decirle es que sin él, sin Sam, aunque solo sea por unas pocas horas, estaba lo
más lejano a bien.

Pero no había jodida manera en que iba a decirle eso,

sobre todo cuando estaba usando esa sudadera con capucha. El equivalente de
Hannie de una manta de seguridad. El mensaje que me enviaba era alto y claro.

Estaba volviéndose jodidamente loco. Tenía miedo de perderme.

Yo no tenía miedo de eso. Nunca me iba a perder.

Iba a arreglar esto.


Arreglarlo.

¿Necesitaba que lo hiciera?

Probablemente no, Hannie siempre salía de todo por su cuenta, con un poco de
tiempo, y siempre salía más fuerte de ello. Pero esta vez, esta vez iba a ser más
que su vigilante. Esta vez, siempre y cuando saliera de la cárcel, iba a ser su
héroe.

-¡No contacto prolongado! -advirtió una voz aguda.

Un guardia flaco estaba junto a la pared del fondo y mirando hacia nosotros.
Por mucho que me doliera, me alejé de Hannie y me senté al lado de él, con las
manos dobladas juntas encima de la mesa, rodillas tocándose debajo. Era lo más
cerca que podía llegar a estar físicamente, e iba a saborear cada minuto de
contacto de guía paternal que pudiera.
-Tu abogado debe estar aquí mañana por la mañana -dijo Lu Han, recordándome
por qué estábamos en esa habitación en primer lugar-. ¿Te han dicho lo que
tienen contra ti? ¿Cuál es la evidencia?

Le dije a Lu Han lo que sabía. Que no era mucho. El fiscal me había puesto en
una de esas habitaciones sin ventanas destinadas a intimidar, y había hecho todo
lo posible para hacerme confesar, hasta que se dio cuenta de que la única
respuesta que tenía a cualquiera de las preguntas que había hecho, incluyendo
si quería un poco de café, era "No voy a hablar sin mi puto abogado."

Por

último, había echado los brazos en alto con frustración, cogido su chaqueta del
respaldo de la silla, golpeándolo en el proceso, y salió de la habitación, cerrando
la puerta detrás de él y les dijo que me procesaran. Lo siguiente que supe, estaba
en una camioneta y me dirigía hacia el norte hasta la cárcel en Seúl.

Lo que aprendí durante el interrogatorio fue que la evidencia que tenían contra
mí era suficiente para acusarme de asesinato en primer grado.

Lo suficiente como para pedir la pena de muerte.


No mencioné eso a Lu Han.

-¿Por qué llevas eso de nuevo? -le pregunté, señalando a la sudadera con
capucha.

-Hacía frío -dijo humildemente, mirando a todas partes menos a mí.

-Oye -dije, volviendo su barbilla hacia mí, obligándolo a mirarme a los ojos-.
Está bien que necesites ser consolado en este momento. Es normal sentirse
mierda acerca de toda esta situación, ya que es una situación de mierda. -Froté
la yema del pulgar por su mejilla-. Pero no está bien pagar tu cuota e irte, Lu
Han. No me puedes dejar. Nunca.

-Yo no... -comenzó.


Interrumpí:

-La única cosa que me gusta de esa sudadera con capucha es la forma en que
me recuerda a cómo nos conocimos. ¿Te acuerdas de aquella noche, Hannie?

-Sí -susurró.

-Te amaba entonces.

-No, no lo hacías. -Sus ojos se volvieron vidriosos. Estaba llegando a él, así que
seguí adelante.

-Sí, lo hacía. Te amé esa misma noche, y te he amado cada noche desde aquella,
cariño. -Limpié la lágrima que cayó desde el borde de su ojo, se inclinó hacia
mi toque.
No era mucho, pero recordarle cómo obtuvimos nuestro comienzo era lo único
que podía hacer para ayudarlo a permanecer presente mientras estaba encerrado.

Estaba haciendo una lista de toda la mierda que iba a hacer una vez que estuviera
libre, porque mi prioridad número uno iba a ser asegurarme de que mi esposo
supiera que estaba allí para llevar sus cargas por él y asegurarme de que la vida
que le di era una que nunca sintiera que no podía manejar.

Cuando saliera, Lu Han y yo íbamos a ir a sesión de terapia de parejas.

Al jodido estilo de SeHun Oh.

CAPÍTULO 6

Estar encerrado te da solo una cosa: tiempo para pensar.


Y desde la visita de Lu Han, la única cosa en mi mente era como recordar la
noche en la que nos conocimos lo hizo llorar. Una gran victoria cuando se
trataba del frágil estado emocional de mi esposo.

Era el más vulnerable y fuerte persona que conocía. Mi propia contradicción


que vive y respira.

Sabía que lograría hacerlo reaccionar cuando mencionara la noche en que nos
conocimos porque mi propia reacción siempre era fuerte cuando pensaba acerca
de esa noche.

La noche en la que casi pongo una bala en su cabeza.

Más grave que un cuento de hadas.

Pero seguía haciéndome sonreír cada vez que recordaba el primer momento en
que mis ojos aterrizaron en la pequeña bola de actitud quien eventualmente se
convertiría en mi esposo.
Mi mundo.

Mi pene estaba siendo mamado por alguna chica con la que asistí a la escuela
secundaria cuyo nombre apenas recordaba entonces y ahora.

No la quise llevar a mi pequeño apartamento junto a la tienda porque no quería


que tuviera una errónea idea y pensara que lo que estábamos haciendo
involucraba quedarse a dormir.

O una cama.

O más de diez minutos.


Después de recoger a la chica en el Bar Chul, conduje a la tienda de mi papá y
la guíe hacía la parte de atrás al vertedero de autos. Antes de que pudiera bajar
el cierre completamente, ya había tirado su bolso en el asfalto para usarlo como
un improvisado cojín y se dejó caer sobre sus rodillas.

Mi espalda estaba contra

una vieja y polvorienta camioneta, y la chica con mi pene en su garganta iba


hacía mi como si fuera su última

maldita comida. Escuché un crujido, pero no fue suficiente para distraerme de


la chica trabajándome con su boca como si fuera su jodido trabajo.

Entonces, hubo un estornudo. Nunca olvidaré ese estornudo mientras viva.


Pareció venir de ningún lado.

La chica a la que estaba cogiéndole la cara pareció no notarlo.

Sonó realmente cerca.


Demasiado malditamente cerca.

La chica empujó mi pene en su garganta llevándome más lejos de lo que creí


posible. Antes de que pudiera formar otro pensamiento coherente, me estaba
viniendo, y ella estaba golpeando mis muslos con los puños cerrados y
escupiendo en el pavimento, gritándome por no avisarle que estaba a punto de
llegar.

Me reí porque crecí en Wolmido y no había un chico allí que conociera que no
hubiera disparado su carga en su garganta antes del décimo grado.

Pisoteó hacía la valla, y la seguí para dejarla salir, deslizando la puerta cerrando
tras ella. Se fue murmurando para sí misma, pero estaba preocupado con el
estornudo para dar una mierda sobre lo que estaba quejándose.

Me quité la chaqueta y la dejé en una bicicleta sin asiento. Despacio, me moví


lentamente de regreso a la vieja camioneta y saqué mi arma de la cintura de mis
pantalones. Fue cuando rodeé la camioneta que primero vi una bola de sudadera
con capucha negra sobre sus rodillas. Quien quiera que fuera había vomitado
sobre el pavimento.

Apunté mi arma a su cabeza y la ladeé. La sudadera se congeló.

-¿Quién te envió, hijo de puta? -pregunté. Dando un paso al frente, presioné el


cañón de mi pistola tras su cabeza.

No hubo respuesta.

-¿Así que quieres jugar de esa manera, eh? -pregunté enojado.

Agarré la sudadera tirando hacía atrás la cara del intruso. Estaba contento de
que iba a poder dictar mi propia marca de justicia perversa en este tipo.
Ya estaba planeando su eliminación cuando de repente me distraje por algo
suave en mi mano. Era un mechón de cabello, brillante cabello rubio.

¿Qué mierda?

Miré de mi mano a la pequeña figura acurrucada en frente de mí. Lo empujé en


la parte de atrás de la cabeza con el cañón de mi pistola.

Finalmente volteó y levantó la mirada.

ÉL miró hacia arriba.

Enormes inocentes ojos marrón claro enmascarados en pálida piel me miraron


fijamente. No era un hombre. Un chico, no más grande de diecisiete o dieciocho.
Un hermoso chico.

El más hermoso chico.

Mi chico.

Yo tenía veintidós. No era un viejo de cualquier manera, pero si demasiado viejo


para un chico tan joven como él. Estaba mal para mí sentirme atraído hacía él
de la forma en que lo estaba. Pero mi cerebro, mi pene, y mi corazón
descongelado parecían no dar una mierda de decencia.

Suena tan jodidamente cliché, pero fue cuando nuestros ojos se encontraron por
primera vez cuando mi vida cambió irrevocablemente.

No diría que creo en ninguna clase de destino, pero si algo como eso existiera,
estaba trabajando esa noche.
Nunca había mirado atrás.

Aunque no sería un camino fácil de recorrer de ninguna manera, el chico


asustado de rodillas delante de mí, con el tiempo me recibiría en su vida, en su
cuerpo.

Daría a luz a mi hija.

Se convertiría en mi esposo.

Ese chico delgado con la sudadera de gran tamaño había sufrido bastante en su
vida y poco sabíamos cualquiera de los dos entonces que sufriría mucho más.
Maldito KRIS.

La sola mención de su nombre fue suficiente para enviarme dentro de una rabia
justo ahí en el área de visita.

No fue hasta que Lu Han finalmente me dijo lo que Kris le hizo, cuando me
mostró las fotografías, la evidencia de un crimen que hace mi estómago revolver
cada jodida vez que lo pienso, cuando me enteré que las verdaderas
profundidades de mi enfermedad y depravación no tenían limites cuando se
trataba de proteger a Lu Han y a Sam.

Venganza fue la droga que me inyecté la noche que localicé a ese bastardo. La
venganza fue lo alto que monté cuando lo eliminé de esta jodida tierra.

El amor es lo que hace que todo tenga sentido. Cuando llego a mis amores
cualquier regla que tenía sobre cómo y por qué hago las cosas que hago fueron
tiradas por la ventana.
Nuestro amor no tenía reglas.

Lo que le hice a Kris me hizo darme cuenta que había una razón por la que fui
puesto en este planeta exactamente como era, como soy.

Para proteger a mi familia.

CAPÍTULO 7

La reunión con mi abogado fue tan bien como se podía esperar para alguien
siendo acusado de asesinato en primer grado.

JaeJoong Kim, uno de los únicos abogados competentes dentro de diez


kilómetros de Seúl, me había informado que había un testigo del crimen.

Algo por el estilo.


Un caimán.

Un maldito caimán.

Todos estos años haciendo dios sabe qué, para dios sabe quién y estaba cayendo
parcialmente porque un maldito lagarto tenía que ir y ser atrapado antes de que
tuviera la oportunidad de digerir apropiadamente su refrigerio nocturno de las
partes de Kris Wu.

El tipo que lo había atrapado estaba sorprendido de encontrar una mano sin
algunos dedos en el vientre de la bestia que estaba destripando.

Impresionante hazaña para el caimán.

Incriminatorio para mí.


El video de vigilancia de las cámaras del puerto cruzando la calle de la caseta
para botes donde me había cargado a Kris, lo mostró entrando al edificio, luego
a mí siguiéndolo un poco después.

Pero esta no era la peor parte.

La peor parte fui yo saliendo horas después.

Dos bolsas de basura negras colgando de mi espalda.

La cámara nunca captó la salida de Kris, pero lo que si captó fue la matrícula
de mi moto.
Después de que la policia identificó a Kris por sus registros dentales y
averiguaron que había disparado a mi hija solo unos días antes de su "presunta"
(palabras suyas, no mías) muerte,

tenían un claro motivo con suficiente evidencia, sin embargo circunstancial,


para acusarme.

Tenían a medio Wolmido alineados como testigos listos para testificar que Kris
y yo tuvimos nuestra participación en altercados públicos en el pasado.

El caso fue concluido limpio y atado en un maldito lazo, me tenían por las
pelotas.

El juez denegó la fianza.

La cuestión era, si ellos tenían toda esta evidencia durante un año, ¿por qué les
tomó tanto arrestarme? ¿Por qué estuvieron en esto tanto tiempo antes de hacer
su movimiento?
Este no era el Departamento del agente de Wolmido tropezando su camino por
una investigación. Era la maldita Policia de Seúl. No había ninguna razón para
retrasar mi arresto que tuviera algún tipo de sentido para mí y este no era el
único pensamiento manteniéndome despierto toda la noche.

No podía dormir en la cárcel. No había dormido una sola noche sin Hannie por
más de un año y estaba empezando a preguntarme si alguna vez iba a ser capaz
de dormir de nuevo.

Solo unas noches antes, estaba profundamente dormido en la cama de


matrimonio que compartía con mi esposo. Mis brazos envueltos firmemente
alrededor de él, ni una pulgada entre nosotros mientras lo sostenía fuertemente
en mi pecho. Su respiración regular era un recordatorio constante de que estaba
ahí conmigo y no iba a ninguna parte.

Un movimiento en el colchón me despertó, e instantáneamente me senté en


alerta, solo para encontrar a mi hija gateando lentamente desde el pie de la cama.

-¿Cuál es el problema, nena?


-había preguntado, haciendo espacio, así Sam podía acurrucarse entre Lu Han
y yo. Lu Han se giró sobre su lado, pero no despertó.

-Tuve pesadillas, papi -dijo Sam, frotando sus ojos, su conejo de peluche en el
recodo de su brazo. Puse la manta sobre nosotros y descansó su cabeza en mi
pecho.

-Son solo sueños, Sammie. Papi nunca dejaría que nada ni nadie te hiciera daño
-dije, quitando los rizos de sus ojos.

-¿Promesa de meñique? -susurró, extendiendo su meñique hacia

mí.

-Promesa de meñique -repetí, enganchando mi meñique con el suyo. Y lo decía


en serio. No había manera en que alguna vez dejara que algo le pasara a mi
pequeña. Mi luchadora. Mi superviviente.
Cuando Hannie y yo tuvimos sexo por primera vez, había usado un condón,
pero estaba tan envuelto en Hannie que me había quedado dormido dentro de
él, asustado de salir como si pudiera desaparecer si lo hacía, dejando ese
pequeño pedazo de goma prácticamente inútil.

Es la única vez en mi vida que puedo mirar atrás y estar agradecido por mi
estupidez.

Sam estaba en sus primeros momentos de su creación cuando Lu Han fue


maltratado brutalmente por Kris, pero de alguna manera, a través de toda esa
violencia, nuestra hija se había agarrado fuerte y no se soltó.

Creció grande y fuerte dentro de mi esposo.

Lu Han dice que Sam nació con un par de pulmones que podrían asustar al
diablo.
Que apropiado.

A pesar de que no la conocí hasta

que tenía tres años, por segunda vez en mi vida, fue amor a primera vista.

Había pensado que Sam era la hija de Kris al principio, el producto de una
relación entre él y Hannie, pero aún la amaba, quería que fuera mía.

Quería que me amara también.

Podría caminar hasta el final del mundo por Lu Han.

Podría quemar el maldito lugar por Sam.


En prisión, si el colchón se hundía en medio de la noche, definitivamente no era
porque tu dulce hijita estuviera queriendo acurrucarse contigo. Pero no estaba
asustado de otros reclusos tratando de venir por mí. El único apuñalamiento que
tenía miedo de recibir podía venir de manos de los resortes sueltos del colchón
manchado en el que intentaba dormir.

Cada hora en punto los guardias hacían sus rondas, alumbrando sus linternas en
las caras de los reclusos dormidos, asegurándose que cada uno estaba contado.
El rechinar de las botas de los guardias en el suelo de cemento por enésima vez
durante la noche no era una sorpresa.

La puerta de mi celda siendo desbloqueada y abierta lo fue.

Pretendí estar dormido, preparándome para defender mi honor de cualquier


maldito que tuviera un fetiche por los rubios con tatuajes.

-Sé quién eres -dijo una voz. Un encendedor se encendió, de la esquina de mi


ojo medio cerrado, vi el final rojo de un cigarrillo encendido a unos pocos pasos
de mi cama.
Quienquiera que fuera se sentó en el suelo con su espalda contra la pared de
cemento.

-¿Y quién exactamente piensas que soy? -pregunté, calculando cómo eliminarlo
si hacía un movimiento.

-Un amigo

en común nuestro te llamó El Moordenaar.

El maldito holandés, el hombre que me dio mi primer trabajo y el primer y único


de mis jefes que conocía mi verdadera identidad.

El Moordenaar, una palabra holandesa para "asesino," es lo que él me llamó.


Debería cortar el cuello del holandés por no ser capaz de mantener su maldita
boca cerrada. Maldita sea. Agregaría esto a mi lista de mierdas por hacer cuando
saliera.

-Hombre equivocado -dije, girándome para mirar al tipo que invadía mi espacio
personal. Las pequeñas luces amarillas fuera de mi celda y la luz de la media
luna por la ventana alta en el otro extremo del bloque de celdas eran toda la luz
que necesité para notar que el tipo de mi celda era enorme.

Una pared de músculos, sentado en el suelo a unos pocos pasos de mi cama, un


cigarrillo colgaba de sus labios, tatuajes en blanco y negro cubrían el dorso de
sus manos y un lado de su cuello, su cabello oscuro recortado cerca de su
cabeza.

Sus ojos eran negros y en la luz de la media luna lucía como un hombre poseído.

Yo podría haber sido el diablo, pero con mi cabello rubio y ojos marrones sé
que no encajaba en ese papel. Este tipo lucía como si el suelo se hubiera abierto
y él solo hubiera atravesado las puertas del infierno y en mi celda.
-¿Qué quieres? -pregunté.

-Necesito tu ayuda. -Nunca quitó sus ojos de mí.

-No te conozco. ¿Por qué debería ayudarte? -Balanceé mis piernas por el lado
de la cama y me senté.

-Mataste al tipo que lastimó a tu familia, ¿estoy en lo cierto? - preguntó.

-Presuntamente -le recordé. No iba a admitir nada a este tipo. Por todo lo que
sabía, podría estar trabajando para el fiscal del distrito y usando un micrófono.

Se rió y sacudió su cabeza.


-Entiendo por qué dices eso, pero estoy viniendo a ti porque estoy sin opciones.

-Estoy semi-retirado -admití.

-Bien, SeHun, te necesito semi-activo, porque mis chicas están en problemas y


hay personas que necesitan ser asesinadas.

Este tipo no andaba con malditos rodeos.

-Aún si quisiera ayudarte, no puedo hacer ni mierda desde aquí y no voy a salir
pronto -le dije.

-Estarás fuera. -Se levantó, luego golpeó las barras ligeramente.


Unos segundos después, un guardia apareció y abrió mi celda para dejarlo salir-
. Y estaré en contacto.

Cuando estuvo fuera de la vista, me di cuenta que ni siquiera había conseguido


su nombre.

¿Qué demonios acaba de pasar?

CAPÍTULO 8

Cuando el guardia vino a buscarme a mi celda, me di cuenta de que estaba en


camino para reunirme con mi abogado para llegar a algún tipo de estrategia de
defensa.

Cuando pasamos por Visitación y entramos en una habitación donde me


entregaron la ropa que llevaba cuando me procesaron, estaba totalmente
confundido. No dije nada por si acaso eso los hiciera darse cuenta de su error y
llevarme de vuelta a mi celda.
Cuando di mi primer paso a la libertad fuera de las puertas de la cárcel, la
brillante luz del día me cegó después de pasar tanto tiempo en una oscura celda.

La primera persona que vi fue a Tae Hee, quien tocó el cláxon de su coche y me
saludó con la mano.

-Entra -ordenó, inclinándose para abrir el asiento del pasajero de su camioneta.

Entré y esperé hasta que estuvimos en la carretera principal antes de decir algo.

-¿Por qué estoy fuera? -pregunté-. ¿Dónde está Lu Han? -Debería haber sido
feliz, pero mis frustraciones sacaron lo mejor de mí-. Tae Hee ¿qué carajo está
pasando?
-El fiscal retiró los cargos, y Lu Han está en casa con Sam -dijo casualmente,
encogiéndose de hombros, y luego ajustando las salidas de aire acondicionado.

-¿Por qué harían eso? ¿Cómo pueden pasar de no fijar la fianza a liberarme en
menos de setenta y dos horas? -Era libre, pero estaba al borde. Algo no estaba
bien.

-Digamos que sus testigos no eran tan fiables, como inicialmente se pensó. En
un caso que es circunstancial, en el mejor de los casos, son los testigos los que
lo hacen o lo rompen. -Miró al frente

en el camino delante de nosotros. No hizo ningún tipo de contacto visual


conmigo, pero ajustó el retrovisor por tercera vez.

-¿Qué hiciste? -le pregunté. No había manera de que no tuviera una mano en mi
liberación.

Una pequeña y astuta esquina de su boca sonrió. Un pequeño vistazo al sagaz


abogado que Tae Hee solía ser antes de transformarse a sí misma en la figura
de abuela de Sam. La mujer que movería cielo e infierno para ganar un caso y
haría cualquier cosa que se necesitara para ganarlo.
CUALQUIER COSA.

No había ninguna duda en mi mente de que hizo algo para causar que esos
testigos se volvieran "poco fiables".

-Fue la cosa más extraña, la verdad -dijo Tae Hee-. Todos los testigos que iban
a declarar que tú y Kris eran enemigos mortales, de pronto recordaron cuán
grandes amigos eran ustedes, cuánto tiempo pasaban juntos, cuánto se querían
y respetaban entre sí. Y luego estaba el pequeño asunto de su boda. -La sonrisa
de Tae Hee era ahora una sonrisa de dientes completa.

-¿Nuestra boda?

-Sí, su boda. Es extraño que se hubiera deslizado de sus mentes que asistieron
a la recepción de tu boda y que Kris era tu padrino de bodas.
-¿Mi padrino de bodas?

-Sí, ya ves que Kris fue el padrino de tu boda, que tuvo lugar en Bar Chul
semanas después de su supuesta muerte, no había manera de que pudiera estar
muerto, ¿no? También estaba el hecho de que firmó tu licencia de matrimonio
como un testigo, la cual fue presentada al tribunal y hecha un asunto de interés
público...

-Tae Hee... -comencé, sin saber exactamente qué preguntarle después.

-Y por supuesto, como la madre de Kris le dije a la policia que a menudo


desaparecía, a veces durante meses y que había oído hablar de él recientemente.

-¿Dijiste qué?

-Sí, les dije que había oído de él hace poco, y que me dijo acerca de un accidente
que había tenido con su mano mientras cazaba cocodrilos. Todavía estaba
angustiado por herir accidentalmente a Sam cuando estuvo jugando con su
escopeta vieja, por lo que no tenía ningún plan para volver a la ciudad por el
momento.

Y allí estaba ella, Tae Hee, la abuela más despiadada en Wolmido.

-¿Por qué esperaron tanto tiempo para acusarme si tenían todas estas cosas en
su lugar hace un año?

-El padre de Kris. No estaba comprando la historia que Kris solo despegó, sobre
todo porque Kris había dejado de usar sus tarjetas de crédito la noche en que
desapareció, así que cuando descubrieron la mano y el video de vigilancia,
utilizó toda su influencia con la fiscalía para empujar todo hacia adelante a pesar
de que el caso era sombrío en el mejor de los casos. Le tomó un tiempo, pero
ese hijo de puta persistente no aceptaría un no por respuesta.

-¿Cómo sabes que ya no va a seguir tratando de derribarme de alguna manera?


-No podía relajarme hasta que supiera que estaba fuera para siempre. Que podía
sostener a mi familia y no estar preocupado por ser arrestado de nuevo.
-Porque, SeHun, puede haber sido un marido pésimo, pero es un hombre muy
inteligente. Le dije que si seguía por ese camino, me haría arrestarlo por el
asesinato de Kris, y puesto que el hijo de puta ni siquiera firmará los papeles de
divorcio porque tiene miedo de cómo se vería, no iba a dejarme caer por el
asesinato de nuestro hijo.

-¿Cómo, cómo conseguiste que los testigos cambiaran sus historias? -No era lo
suficientemente cercano con nadie como para hacer que mintiera por mí porque
yo les agradara.

Tae Hee pensó por un momento.

-Ya ves, SeHun, los secretos de Wolmido son profundos. Al igual que las raíces
de un árbol viejo, crecen y crecen. Durante años, se extienden bajo la superficie
hasta que las raíces son demasiado grandes, y la superficie comienza a
agrietarse.

-¿Qué tiene eso que ver con los testigos?


-Porque, SeHun, he estado en Wolmido el tiempo suficiente para saber cuándo
es el momento de hacer un poco de investigación bajo la superficie.

-Así que, básicamente, ¿los chantajeaste usando mierda que tenías contra ellos?

-El chantaje es una palabra bastante fea. -Tae Hee dio unas palmaditas en mi
rodilla-. Solo saqué algunas raíces.

CAPÍTULO 9

LU HAN

La última cosa en este mundo que alguna vez quise fue que mi hija sufriera
como yo lo había hecho. Pasé cada día desde el momento que la traje a este
mundo asegurándome de que su infancia no se pareciera en nada al vívido
infierno mío.
Eso es por lo que en la noche esperaba hasta que la ayudaba a cambiarse a sus
pijamas, después le leía una historia para dormir, después la metía en la cama y
besaba su frente, después lentamente cerraba su puerta y bajaba al pasillo, y
después salía al patio, para sollozar incontrolablemente en mis manos.

Sam tenía cicatrices. Muchas cicatrices. Algunas más profundas que las mías.
Cicatrices del roce de la bala, cicatrices de las múltiples cirugías para remover
lo que podían. Cicatrices que parecían manchas blancas y rojas de pintura a
través de su caja torácica, desde su axila hasta el lado izquierdo de su cintura.

Le había fallado, le había fallado a mi niña, y ahora iba a tener que vivir
exactamente con el destino que nunca había querido para ella.

Todo esto, además de que SeHun había sido arrestado por el asesinato de Kris,
y yo estaba otra vez buscando consuelo en mi vieja sudadera con capucha.

Traté de recurrir al entumecimiento, pero no podía alcanzar el lugar donde no


podía existir más. Sam y SeHun me habían hecho imposible retirarme
completamente, pero estaba intentándolo, porque pensar en SeHun siendo
encerrado de por vida o condenado a muerte por el asesinato de un bastardo
hizo a mi estómago retorcerse. Porque le había animado a hacerlo.
Tendría que haber sido mi

culpa.

-Bebé, otra vez no -dijo SeHun, viniendo detrás de mí, su mano en mi hombro.

Sabía mi reacción cada vez que veía sus cicatrices y cuando escondía mi
reacción de ellas. Había notado el cambio en mí. Lo vi en la manera en que era
más cuidadoso a mí alrededor, prácticamente caminando sobre cáscaras de
huevo, eligiendo sus palabras más cuidadosamente. Lo odiaba. Pero no sabía
cómo volver a lo que era, y con todo que estaba dentro de mí, no sabía si quería
hacerlo.

-No puedo evitarlo. -Sequé mis lágrimas bajo mis ojos y sorbí-. Le fallé, SeHun.
Se va a mirar al espejo cada día y recordar ese horrible momento por el resto de
su vida. Recordará lo asustada que estaba. Recordará cómo su mamá no pudo
evitar que le pasara eso a ella.
-Hannie, es muy joven, y ve al psiquiatra. Él dice que estará bien. Apenas
recuerda algo en absoluto, y piensa que incluso con un desastre como yo de
padre va a estar bien -me aseguró, tratando de hacerme reír, como siempre.

-Sí, pero, ¿y luego? ¿Y si un día realmente recuerda todo? ¿Qué pasará


entonces? No quiero que reviva ese dolor cada día de su vida.

-Entonces tendremos que lidiar con eso, Hannie. Nos aseguraremos de que sepa
cuán amada es y si se asusta alguna vez, le recordaremos otra vez cuán amada
es, y si empeora, la amaremos jodidamente más fuerte. Lo único malo que
podría sucederle a Sam de nuevo es que podría asfixiarse bajo todo nuestro
amor. -SeHun rodeó mi silla y se acuclilló en frente de mí-. Es todo lo que
podemos hacer -dijo suavemente, sus manos en mis rodillas. Inclinó mi

barbilla hacia arriba así estaríamos frente a frente-. ¿Sobre qué es esto
realmente, Hannie?

Suspiré.
-Merece algo mejor que yo como su madre.

-Esa es una evasión de mierda, y lo sabes. Todos los padres están jodidos.
Nosotros solo estamos jodidos de diferente manera. Ahora, suéltalo, hombre -
demandó-. Dime qué está pasando en esa hermosa cabeza rubia tuya.

-Todavía las veo -solté.

-¿Ves qué?

-Todavía veo mis cicatrices. Cada día. Incluso bajo todos los tatuajes, aún veo
más allá de los colores y directo a las marcas. Cada jodido día de mi vida,
recuerdo lo que sucedió, lo que esa perra hizo, e incluso si es solo por un minuto,
recuerdo cómo se sintió. -Mis ojos comenzaron a inundarse, nublando mi
visión-. Recuerdo el dolor. Lo siento todo de nuevo. No quiero sentirlo más. -
SeHun suavemente corrió las yemas de sus dedos a través de la cicatriz más
larga, que comenzaba en mi hombro, y lentamente la trazó hacia abajo a mi
codo, y de vuelta. Su recorrido a modo de consolarme.
-No puedo imaginar cuánto dolió, Hannie.

-No allí -dije.

-¿No? -Tomé su mano y la coloqué sobre mi corazón.

-Aquí. Duele aquí. -SeHun me alzó como si no pesara nada y se sentó en la silla,
arrastrándome en su regazo como un niño, acunándome en sus brazos y
sosteniéndome fuerte a su pecho.

-No quiero que tu corazón sufra. Dime qué puedo hacer para hacerlo mejorar -
dijo, su voz tensa.

-Me duele que Sam pudiera sentirse así algún día.


-Sus cicatrices todavía están

sanando, bebé. Haremos lo que sea para que no sufra. Pero no puedes estar
preocupado de lo que va a sentir o no. Tenemos que tomar esto día a día, o vas
a enloquecer.

-Lo sé. -Sorbí mi nariz.

-¿Qué puedo hacer para hacerlo mejor? -Besó la parte superior de mi cabeza.

-No hay nada que puedas hacer. No puedes borrar mis recuerdos. No puedes
hacerme pensar en algo más cuando veo las marcas. Fue mucho mejor por un
tiempo. Mucho más fácil de lo que solía ser. Entonces le hicieron daño a Sam,
y ahora es como si estoy de vuelta a donde comencé.

-Estamos, bebé. Estamos -dijo-. No tienes que pasar por esto solo. Somos una
familia, y lo arreglaremos como una familia.
-Pero no puedes arreglarlo.

-No, pero puedo ayudarte.

-¿Cómo? -susurré.

-¿Confías en mí?

-Sí. -Ni siquiera lo dudé. SeHun es la única persona en el mundo en quien


confiaba. Era el padre de Sam.

Me ayudó a sentir otra vez cuando pensé que iba a vivir mi vida sin saber alguna
vez lo que era ser cercano a alguien. No había razón para no confiar en él.
-He estado pensando acerca de algo. Algo que podría ayudar.

Quédate aquí un minuto -pidió, empujándome ligeramente fuera de él. Se puso


de pie y sacó su celular de su bolsillo presionando uno de los botones de
marcación rápida.

Después de unos segundos, escuché a alguien atender.

-Tae Hee -dijo SeHun estoicamente. ¿Por qué llamaba a Tae Hee? Usualmente,
era el mediador entre TaeHee y SeHun. Ellos raramente hablaban,

y no los culpaba.

Tae Hee engendró a Kris y trató de protegerlo cuando sabía lo que había hecho,
pero eso ya me parecía pasado.
Cada vez que siento la rabia o el resentimiento hacia ella como el que una vez
sentí, recuerdo cómo se sintió prender su casa en fuego, y rápidamente vuelvo
al sentimiento de que todo está bien entre nosotros.

La nueva Tae Hee apenas se parecía a la vieja, y su amor por Sam, la nieta que
nunca había tenido, había sido una gran parte de arreglar las cosas, a mis ojos.
Tae Hee había pasado el último año demostrándole a nuestra familia que era
bastante digna de formar parte de ella.

-Sí. Sí. Todo está bien. Sam está genial. Sí -dijo, más bien groseramente-.
¿Puedes venir y quedarte con Sam un poco? Está dormida, pero necesito sacar
el barco a dar una vuelta para asegurarme de que esté navegando por la mañana,
y necesito que Hannie venga y sea mis segundos ojos y oídos. -Hubo una corta
pausa, y entonces SeHun finalizó la llamada sin decir adiós.

-Sabes, para alguien que puede ser tan encantador, realmente puedes ser un
idiota total a veces -dije.

-¿Me acabas de llamar encantador? -SeHun rió. Por supuesto, eso sería lo que
llamaría su atención, no ser llamado idiota. Incluso en la tenue luz del porche
trasero, la sonrisa de SeHun era brillante. Ser capaz de verlo sonreír a diario o
reír de vez en cuando valía la pena cada segundo de tiempo que habíamos
pasado separados. Ignoré su pregunta.

-Si necesitas ayuda con el barco, ¿por qué no solo lo hicimos antes? -pregunté.

Habíamos tenido un gran día familiar.

SeHun trabajó un poco en el barco. Sam corrió a través de los rociadores del
patio trasero, y yo me senté en mi silla favorita, leyendo un libro, echando un
vistazo a menudo sobre las páginas para asegurarme de que mi familia aún
estaba allí, y que todo era real. Y lo era. Se hacía tarde, y ya estaba oscureciendo.
Sería difícil examinar el barco en absoluto bajo estas condiciones.

-Shhhh, bebé. Ya verás. Dijiste que no podría hacerlo mejor para ti. Creo que
hay una manera en que puedo -dijo SeHun, presionando un dedo en mi boca
parcialmente abierta. Lo fulminé con la mirada y mordí la punta de su dedo.
Alejó su mano, y su mandíbula cayó abierta.

-Oh, Hannie -dijo, su voz llena de advertencia, ¿o era promesa?-. Vas a pagar
por esto. -Chupó brevemente la punta del dedo que yo había mordido.
Tae Hee llegó unos minutos después de la llamada de SeHun.

Al segundo en que abrió la puerta, ella se escabulló de él pasando hacia la casa.

-Pasa adelante -dijo SeHun sarcásticamente, cerrando la puerta detrás de ella.

Tae Hee ya se había acomodado en el sofá y estaba hojeando el contenido de su


bolso de mano.

-Deberían ir a dónde necesitan estar. Estoy bien aquí -dijo, sacando dos agujas
de tejer y algún hilo rosa. Cualquier trabajo unido a las agujas lucía bastante
desigual.
-¿Tejer? -le pregunté, haciendo un gesto hacia sus manos, y comenzó a tejer
distraídamente.

Tae Hee, una vez aguda como una tachuela, la abogada más poderosa cuyas
garras eran tan agudas como su lengua estaba sentada en mi sofá, en mi sala de
estar, tejiendo. Estaba desconcertantemente fuera

de su naturaleza. Cruzaba las agujas sobre la otra, su lengua fuera a un lado de


su boca cuando se concentró. Su pie moviéndose con su ritmo de tejido. Apenas
hizo una pausa para respirar cuando habló.

-Bueno, sí, desde que no tengo ya un trabajo para mantenerme ocupada,


necesitaba algo que tomara mi tiempo así no moriría de aburrimiento. Mi
psiquiatra sugirió que consiguiera un pasatiempo así que fui al iPad, y vi
algunos de esos vídeos de YouTube, o como sea que sean llamados, ya sabes,
donde un adolescente con una video cámara básicamente te enseña todo lo que
necesitas saber y te hace sentir tan viejo como la tierra al mismo tiempo. Así
que aquí estamos, a medio camino de un suéter para Sam.

Tae Hee había dejado su trabajo como fiscal del distrito poco después de que
Sam había sido lastimada. En sus palabras, su 'correcto-y-equivocado' radar
necesitaba un descanso, y no podía hacer eso y aún ser la sagaz abogada sin
consciencia que le pagaban para ser.
Sostuvo el pequeño trozo de algo relacionado con las agujas, y podía ver la
desilusión en su cara a través de los dos grandes agujeros en el medio del parche.

-Es un trabajo en progreso -dijo, comenzando su tejido otra vez-. Sobre, debajo
y alrededor -murmuró mientras fruncía sus cejas y miraba hacia abajo a su
trabajo.

-Estaremos de vuelta pronto -le aseguré. No completamente seguro de cuánto


tomaría lo que sea que SeHun había planeado-. Gracias por venir en tan poco
tiempo. -Antes de girarme, Tae Hee alzó la

vista de su proyecto, sus ojos acuosos. Gracias. Murmuró hacia mí, y en un


segundo, estaba tejiendo otra vez-. Tómense su tiempo. Estaré en esta maldita
cosa toda la noche, de cualquier manera. -El cortante tono impaciente de vuelta
en su voz.

SeHun no dijo adiós a Tae Hee. No dijo nada en realidad. Abrió las puertas
corredizas de vidrio y me llevó a través de ellas, seguidamente cerrándolas
detrás de mí. Tomó mi mano y me guió bajando el patio trasero hacia el muelle,
y cuando estuvimos allí, me sentó en un banco de plástico que hacía las veces
de caja de almacenamiento para todas las cosas rosas de pesca de Sam. Recogí
un pequeño gorro rosa con las palabras "la pequeña niña de la pesca de papá"
bordadas a través del frente que había caído detrás del banco. Corrí mis dedos
sobre la levantada escritura y suspiré para mí mismo.

Habíamos llegado muy lejos en un corto período de tiempo. Sam y SeHun


actuaban como si siempre hubiesen sido parte de la vida del otro. Por supuesto,
yo podría haberla traído al mundo y alimentado y vestido por mí mismo por
años, pero entonces apareció SeHun y ¡BOOM!

La niña de papá en su esencia misma.

No lo cambiaría de ninguna manera.

En mi vida, nunca había experimentado el tipo de amor que existe entre padre
e hija. La cosa más cerca que alguna vez había tenido a un padre era el papá de
SeHun, ChanYeol, y aunque siempre tendría un lugar especial en mi corazón
por todo lo que él hizo por mí y Sam, raramente estaba sobrio para mostrar

el lado paternal de sí mismo.


No sabía nada del amor entre padre e hijo hasta que Sam llegó, y ella se
convirtió en mi mundo entero.

Ver a SeHun con Sam era siempre una nueva experiencia para mí. Llevaban su
amor el uno por el otro a todas partes. No había duda que cuando cualquiera
mirara hacia ambos vería que estaban enamorados el uno del otro.

Sabía que SeHun me amaba, y ese amor era ilimitado. Pero sabía que el amor
que sentía por Sam estaba totalmente en otro nivel.

El bote de pesca de SeHun, un fueraborda de veinte pies que solía pertenecer a


su hermano, estaba instalado en un ascensor que había construido para evitar
que percebes crecieran en el casco y el agua salada se comiera la pintura. Solo
puso un nuevo motor en él.

SeHun estaba sacando a Sam temprano la mañana siguiente de su viaje de pesca


inaugural en el recientemente arreglado bote. Mientras tanto yo me dirigiría
mientras aún estaba oscuro a fotografiar la salida del sol sobre la playa para mi
reciente colección de postales.
Es gracioso en realidad, porque Sam había tenido que ser literalmente arrastrada
fuera de la cama en la mayoría de las mañanas cuando el sol ya estaba alto en
el cielo, pero cuando SeHun la estaba llevando a pescar, sus ojos saltaban
abiertos antes de que el sol siquiera comenzara a asomarse sobre el horizonte y
era usualmente la que rebotaba en nuestra cama para despertar a SeHun primero.

SeHun recogió algún tipo de red que estaba esparcida fuera en el césped sobre
el rompeolas. La envolvió alrededor de su brazo un par de veces y la dejó en un
balde.

-¿Qué es eso? -le

pregunté mientras ponía el balde abajo junto al banco de almacenamiento.

-Voy a enseñarle a Sammie como arrojar la red fija mañana. Ya que le gusta
tanto pescar, ya es tiempo de que aprenda como atrapar su propio anzuelo -dijo,
su acento sureño había crecido más denso desde que vino a casa a Wolmido. A
veces olvido que con toda la confusión interior de SeHun, y todas las cosas que
era capaz de hacer, que en alguna parte era solo un chico sureño a quién le
gustaba pescar y juguetear con camionetas.
-Esa cosa de red es más grande de lo que ella es. ¿Cuánto pesa? - pregunté,
notando que los músculos muy tonificados del bíceps de SeHun se tensaban
cuando levantó la cubeta.

-Oh, es bastante pesada, pero esa no es de ella -dijo-. Esta lo es. -SeHun se estiró
detrás del banco en el que estaba sentado y tomó una cubeta más pequeña. La
abrió y la inclinó hacia mi así podría ver la red notablemente más pequeña
dentro.

Por supuesto, era rosa.

Mi corazón se rompió en el mejor de los sentidos.

-En la tienda de anzuelos está comenzando a cuestionar mi sexualidad con toda


esta mierda rosa de pesca -dijo SeHun con una sonrisa-. Tendré que comenzar
a ir a la gran cadena de tiendas en Incheon para evitar el molino de chisme.
-Que le den al molino de chisme -dije, y quería decirlo. Cualquiera que viniera
entre SeHun y Sam haciendo algo que ellos amaban juntos tendría que
responder ante mí.

-Sip, que les den, bebé

-dijo SeHun, añadiendo el balde más pequeño al barco. Levantó la cubierta del
panel para la electricidad hacia el ascensor y golpeó el interruptor para bajar el
bote al agua.

Chirrió y crujió, el sonido de metal sobre metal hizo que los pelos en mi brazo
se levantaran en punta mientras los pesados cables que sostenían el bote
lentamente se desenroscaban de la rueda giratoria en la cima del ascensor.

-¿Qué estamos haciendo exactamente? -pregunté.

SeHun me ignoró y señaló a la parte trasera del barco una vez que este estuvo
completamente flotando en la superficie del agua.
-¿Crees que le gustará?

-Por supuesto, sabes que ama el bote. Pusiste un montón de trabajo duro en el
y... -Me detuve de decir cualquier otra cosa por qué me di cuenta de que no era
del bote de lo que él estaba hablando. Era de lo que estaba escrito en la parte
trasera del bote. En letras negritas y cursivas a un lado del motor simplemente
se leía "Sam". Mi garganta se sentía como si algo estuviera atascado en ella-.
No SeHun, a ella no le gustará. Lo amará y enloquecerá y no será capaz de dejar
de hablar sobre ello por días.

SeHun encendió un cigarrillo. Lucía complacido con mi reacción y con él


mismo.

-Eso es lo que estaba buscando. Sabes que estaba entre nosotros eso y comprarle
un pony. No voy a limpiar mierda de caballo.

SeHun sonrió y bajó hacia el bote, estirando su mano para ayudarme a abordar.
Lo encendió, y tomé el asiento junto al suyo. Prendió el faro y nos echó atrás
fuera del muelle. Pasamos el rato
por el canal.

Las aguas abiertas del mar brilló naranja con el resplandor de la luna llena.
SeHun presionó el acelerador, y se sintió como si estuviéramos patinando en la
superficie de las aguas tranquilas, el caliente aire salado saltando sobre el
parabrisas frontal, enredándose en mi cabello.

Con toda la fealdad que yo había experimentado aquí, era fácil de pasar por alto
cuán hermoso el lugar era realmente.

Estuvimos solo en el agua abierta por unos pocos minutos antes de que SeHun
redujera la velocidad del bote en medio de mar. Jaló hacia el lado de un
marcador, matando el motor cuando estuvimos ocultos entre los manglares y
una pequeña cala. Lanzó el ancla.

-¿Por qué estamos aquí fuera, SeHun? -pregunté, estaba tan silencioso que mi
tono regular de voz sonó como un grito.
-Te dije por qué, bebé. Encontré una manera de ayudarte. - Encendió otro
cigarrillo, apoyó sus codos en sus rodillas y se inclinó hacia mí-. Y aquí es
donde pienso que debería hacerlo -dijo tan bajo que fue casi un susurro.

-¿Hacer qué? -susurré de vuelta. Mi corazón ahora firmemente en mi estómago.

-Confías en mí, ¿No?

-¿Por qué sigues preguntándome eso? -Sí, por supuesto que confiaba en él.
Confiaría en él con mi vida y en Sam, pero era la segunda vez que me hacía la
misma pregunta, y eso estaba poniéndome nervioso.

SeHun apagó su cigarrillo en una vieja lata de soda y se puso de pie, estirando
sus manos hacia mí.

-Ven aquí -dijo. Suplicando con sus ojos.


Me puse de pie y tomé sus manos. Me

jaló hacia él y presionó sus labios calientes en los míos. Estaba tan atrapado en
el beso que no había notado el pequeño cuchillo en su mano. Se apartó de
nuestro beso y sostuvo el cuchillo entre nosotros.

-¿Para qué es eso? -Tragué. Mi corazón latiendo suficientemente fuerte para que
un pez escuchara.

SeHun besó el punto mágico detrás de mi oreja y susurró contra mi cuello.

-Quiero cortarte.

-¿Qué? -Aspiré. Sus palabras aterradoras, su toque tentador. No sabía en qué


dirección estaba. No creí haberlo escuchado bien, por qué no podría haber dicho
que quería cortarme.
-Dijiste que ves tus cicatrices cada día, y recuerdas lo que pasó. Sientes el dolor
de nuevo, y tanto como yo quisiera, no puedo alejar eso de ti, pero puedo hacer
algo más. -SeHun tomó una respiración profunda-. Puedo darte una nueva
marca, una nueva cicatriz asociada con un buen recuerdo así cuando veas tus
cicatrices, habrá una pequeña pizca de bien mezclada con todo el mal.

Había una razón por la que amaba a SeHun, por la cual había sido atraído a él
desde el principio.

Jodidamente me tenía.

Ningún loquero, ni meditación, ningún método estándar ortodoxo de reparación


mental iba a arreglarme, y SeHun lo sabía. Así que me ofreció lo que pudo.

-Hazlo. -Aspiré. Odiaba la idea de ser cortado, pero amaba lo que estaba
ofreciéndome. Las cicatrices me tenían atrapado en mi propia mente. Estaba
ofreciéndome libertad-. Hazlo.
SeHun no

me respondió. Solo me jaló hacia él y me besó, su lengua buscando entrada.

Con una mano en la parte de atrás de mi cabeza, enredó sus dedos en mi cabello
y jaló hasta que mi cabeza se inclinó hacia atrás y abrí mi boca. Olía a sudor y
al agua salada. Sabía a menta y cigarrillos. No podía acercarme lo suficiente.
Me empujó atrás hasta que la parte de atrás de mis rodillas golpeó la pequeña
banca de asiento en la parte trasera del bote, se alejó de mí y desabotonó mis
shorts, alcé mis caderas para que así pudiera deslizarlos por mis muslos. Los
lanzó a la silla del capitán y enganchó sus dedos en la pretina de mi boxer y los
deslizó bajándolos. Pasó su lengua desde mi ombligo hacia abajo hasta mi pene
suavemente succionando mi sensible punta mientras arrojaba mi boxer por la
borda.

-¡Oye! -Traté de discutir con él sobre desechar mi ropa interior, pero solo rodó
su lengua sobre mi glande, subiendo mis piernas a sus hombros mientras se
arrodillaba delante de mí. Rápidamente olvidé lo que estaba por decir.
Lamió mi miembro como si de un dulce se tratara. Era tan íntimo, suave, además
de sexy y apasionado. Estaba diciéndome que me quería con su lengua, y mi
pene estaba respondiendo de vuelta pulsando alrededor de su lengua mientras
lamía y succionaba.

Vagamente lo recordaba diciendo algo sobre cortarme, sobre no reemplazar los


malos recuerdos, si no dominar sobre ellos. No podía concentrarme. El bote
estaba balanceándose de lado a lado mientras

trataba de corcovear mis caderas. Me sostuvo en mi lugar con sus fuertes manos,
jalándome hacia él y devorándome con su lengua como si yo fuera su última
comida.

Abrí mis ojos mientras mi orgasmo golpeaba. Viendo hacia el cielo nocturno,
apreté mis piernas alrededor de la cabeza de SeHun mientras era bombardeado
por ola tras ola de puro jodido placer, cortesía del sexy SeHun jodido Oh.

Mi ESPOSO.

SeHun no esperó a que me viniera. Se levantó, quitó su cinturón, jaló abajo sus
pantalones y en un rápido movimiento me giró sobre mi estómago, sujeté el
borde del bote para prepararme. Sentí sus rodillas contra mi trasero y luego
estaba buscando entrada, frotándose a sí mismo en mi humedad antes de
empujar su camino adentro.

Mi cuerpo se estiró a medidas extremas para acomodar su tamaño y cuando


estuvo totalmente instalado dentro de mi cuerpo, me sentí tan lleno que pensé
que iba estallar en las uniones.

Empujó dentro de mí una vez. Duro. Chillé sorprendido, y mi interior se apretó


a su alrededor. Se inclinó sobre mí con su pecho sobre mi espalda y besó la base
de mi cuello mientras salía para empujar dentro de mi otra vez. Duro. Mi
miembro estaba por explotar.

El ritmo fue lento primero, pero mientras SeHun continuaba su asalto en mi


trasero y su mano torturaba mi sexo, continuó creciendo y creciendo hasta que
estaba empujando mi trasero hacia él y silenciosamente suplicaba por algún tipo
de liberación. Escuché un sonido chasqueante y no me di cuenta de lo que estaba
pasando hasta que mi orgasmo golpeó dentro de mí. Estaba vagamente al tanto
de una filosa sensación

de arañazo corriendo por mi brazo pero estaba atento en la liberación de la


presión más asombrosa.
Todo dentro de mí estaba vivo y contento. SeHun sujetó mis caderas y con cada
profundo empuje me atrajo fuerte contra él. Más rápido y más rápido hasta que
empujó dentro tanto como pudo, luego salió. Líquido caliente chorreó hasta mi
trasero.

Un diferente tipo de líquido goteó por mi brazo.

-Ven aquí, bebé -dijo SeHun, levantándome por mí brazo, poniéndome sobre su
regazo. Sacó un estuche de primeros auxilios y comenzó a limpiar la sangre de
mi brazo con un hisopo de alcohol-. ¿Te lastimé?

Preocupación escrita por todo su rostro.

-No -dije honestamente.


-Bien. Por qué pensé que esto haría el truco. -Bajé la mirada a mi brazo. Junto
a la profunda cicatriz SeHun había seguido las líneas de mis tatuajes y talló una
línea alrededor de seis pulgadas de longitud en mi piel.

No lo suficiente profunda para causar daño permanente, pero suficiente


profunda para dejar una marca.

Una cicatriz visible.

Ahora, cuando viera mi brazo, vería mis cicatrices y recordaría que una de ellas
sostenía un gran recuerdo.

SeHun me había dado eso a mí.

Sacó una aguja e hilo, para mi sorpresa, comenzó a coserme.


-¿Cómo sabes como hacer eso? -pregunté.

-Tuve que hacerlo en mí mismo un par de veces.

-¿Quiero saber más? -pregunté.

-Nope.

-Bien entonces. -Ahuequé su rostro en mis manos y traje su boca hacia la mía.
Presioné mis labios contra los suyos, tratando de expresarle mi gratitud con ese
beso-. Gracias.

-No necesitas agradecerme. Habrías hecho lo mismo.


-Sí, lo habría hecho. Así que por favor, cuando necesites ser rebanado, házmelo
saber. Soy tu chico. -Me reí ante lo absurdo de todo ello.

-Sí, eres mi chico -dijo SeHun suavemente, ignorando mi sarcasmo.

Cerrando el estuche de primeros auxilios y dejándolo a un lado, devolvió mi


beso. Succionando mi labio inferior en su boca, pasó su lengua por mis labios
lentamente. La pasión de antes satisfecha, su beso no era sexual, era sensual.

Bajé la mirada al torcido trabajo de costura en la nueva herida de mi brazo luego


de vuelta a SeHun.

-Te amo jodidamente -dije

-También te amo jodidamente, Hannie.


EPÍLOGO

LU HAN

Toc-toc-toc-toc-toc-toc-toc.

-¡Espere un minuto! -grité a quienquiera que estaba a la puerta.

Más golpeteos frenéticos.

-¡Espere un maldito minuto! -grité de nuevo, poniendo mi libro abierto sobre la


mesa de café, esperando que no se cerrara así podría volver a donde lo había
dejado. Tenía una cosa con mis libros, y doblar la página estaba malditamente
fuera de cuestión. El reloj sobre el televisor marcaba pasada las diez. Sam había
estado durmiendo hace mucho y SeHun estaba camino a casa, se había quedado
en la tienda hasta tarde haciendo arreglos a mi camioneta que no funcionaba DE
NUEVO.
Me negué a dejar que me compre una nueva no importa lo mucho que forzara
el asunto. La camioneta era todo lo que me quedaba de Dara y no estaba a punto
de dejarlo ir cuando supe que SeHun podría poner su magia en ella. Aunque la
pobre tal vez había estado tratando de decirme que era tiempo de dejarla ir
porque era la tercera vez en un mes que tuvo que repararla o reemplazar algo
para conseguir que funcionara de nuevo.

Maldita camioneta suicida.

Abrí la puerta y tenía la mano en la manija de la puerta mosquitera, apunto de


decirle a la señora Choi por enésima vez que no importaba cuantas veces se
detuviera las noches del sábado SeHun y yo no asistiríamos a la iglesia este
domingo o cualquier otro domingo después, cuando la puerta se abrió de golpe
y me encontré con una enorme pared de hombre.

Oscuro y aterrador como la mierda.

SeHun era fácilmente seis pies de altura pero este chico tenía al menos unos
pies más que él. Su cabello oscuro estaba cortado cerca de su cabeza, sus ojos
eran negro brillante. Donde SeHun tenía tatuajes arriba y abajo de su brazo, este
tipo estaba cubierto en ambos brazos y manos e incluso un lado de su cuello. El
cabello claro y ojos brillantes de Jake lo hacían lucir como el chico de al lado,
casi angelical de algún modo.
Este tipo parecía el mismo jodido diablo.

Hice un movimiento para cerrar la puerta pero su bota en la entrada impidió que
lo hiciera, ni siquiera se encogió de dolor cuando rebotó en su pie.

-Necesito a SeHun -exigió. Su voz profunda y rasposa.

Alcancé tras la puerta y tomé la pistola del cajón superior del escritorio del
vestíbulo, ocultándola detrás de mi espalda.

-No está aquí -dije. Hice otro movimiento para cerrar la puerta pero esta vez usó
la palma de su mano para evitar que se cerrara.

-Jodidamente no estás escuchando, necesito a SeHun -dijo enfadado, sus fosas


nasales ensanchándose.
-Eres el que jodidamente no está escuchando -dije, sacando la pistola de detrás
de mi espalda y apuntando entre sus ojos-. No está aquí, mierda.

Sorpresivamente el hombre me sonrió. Y si no me hubiera enojado conmigo


mismo me hubiera tomado más tiempo para admirar sus tan blancos y muy
derechos dientes rodeados por unos muy gruesos labios. Pero fue la forma en la
que sonrió con sus ojos,

una mirada malvada radiante desde su iris que incluso hizo su sonrisa
aterradora.

-Hazlo cuando quieras y dispara -dijo, agarrando el cañón del arma


presionándola en su frente-. No tienes las bolas, chico -se burló, sin dejar de
sonreír.

Imité su sarcástica sonrisa y estaba a punto de apretar el gatillo cuando la voz


de SeHun me detuvo.
-Sus bolas son más grandes que las tuyas, hombre. -SeHun esquivó al extraño
y se unió a mí en la entrada.

-Lo veo ahora -respondió el hombre, sonando más molesto que asustado.

-¿Quién coño es este tipo? -le pregunté a SeHun. Él tomó el arma de mi mano
y la regresó al cajón.

-Este es Lu Han, mi esposo. Lu Han, este es...

El hombre interrumpió.

-Me llaman, King.


SEHUN

MinHo King tenía un problema de policías corruptos.

No es que el notorio traficante de armas tuviera nada moral en contra de los


policías corruptos, simplemente ellos no estaban en su lado de corrupción. De
hecho unos pocos cabrones cometieron el error de ir en contra de él. O no tenían
bolas más grandes que toronjas o eran de verdad los más estúpidos hijos de puta
en el planeta.

No me importaba ninguna.

Tenía un trabajo que hacer.


No es que fuera a volver al trabajo sucio de tiempo completo, pero solo esta
pequeña muestra debería tenerme controlado por un tiempo y mantenerme en
casa en la cama con Hannie en la noche.

Y no había lugar en la tierra en donde jodido prefería estar, que en la cama con
ese chico.

Seúl solo era un viaje al norte de dos horas así que no me tomó mucho antes de
estar enterrando a uno de los problemas de King en el bosque.

Bueno, partes de su problema.

Se sintió tan bien darle la bienvenida de nuevo al diablo, aunque solo sea por
un corto tiempo. Me sentí tan malditamente bien que de hecho me encontré a
mí mismo tarareando mientras terminaba de cubrir el último hoyo, aplanando
la tierra con el lado plano de una pala antes de cubrirlo con maleza y ramas.

Encendí un cigarrillo.
Satisfacción pura corría por mis venas.

Mi celular sonó.

-Sí.

-Hermano, ¿sigues por aquí? - soltó King por el teléfono-. Tengo una situación
en la cual me vendría bien tu ayuda.

-Sí hombre, ¿qué necesitas?

-Tengo que poner el miedo de Dios en algún pedazo de mierda.


-Hecho -dije, girando mi teléfono cerrado. Di una profunda calada y soplé el
humo a la noche.

Coloqué la última maleza que había reunido en la parte superior de la tierra


compacta. Cuando me alejé no pude evitar sonreír.

La vida es buena.

Fin