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SERIE 3: EL PODER DE LA CONFESION

LECCION 1 “BENEFICIOS DE HABITAR EN LA CASA DE DIOS”

“El que habita al abrigo del Altísimo, Morará bajo la sombra del Omnipotente”.

Salmos 91:1

ALGO EN QUE PENSAR El Salmo 91 se le atribuye a Moisés, y en él revela el secreto de su


fuerza y su valentía. Al estudiar la vida de este tremendo hombre de Dios, podemos concluir que
él vivió como si nunca hubiera tenido miedo a nada ni a nadie. No necesitó ningún ejército para
enfrentar al gobernante más poderoso del planeta en aquel entonces; era él quien ponía las
condiciones y no Faraón; era él quien determinaba lo que acontecería y así sucedía. Era como si
un ejército invisible estuviera respaldándole en todo. Cada palabra que salía de sus labios era un
decreto.

¿Qué tenía aquel hombre que humilló al rey más soberbio, doblegó al ejército mejor entrenado,
separó las impetuosas aguas del Mar Rojo y guió a tres millones de hebreos por el desierto? Solo
hay una respuesta posible: Moisés moraba al abrigo del Altísimo.

Podemos decir que cuando habitamos bajo Sus alas, bajo Su sombra y bajo la cobertura que solo
nos puede ofrecer el estar en Su casa, es ahí donde encontramos seguridad y protección de toda
artimaña del enemigo.

1. SOMOS REDIMIDOS DEL PODER DEL ENEMIGO

Debemos entender que la palabra “redención” significa “rescate” o ser liberado de cadenas de
esclavitud.

Es importante entender cómo opera el adversario: siempre que quiere tomar control de una
persona, lo hace por medio del pecado, o maldiciones generacionales, o vicios, o puertas que el
ser humano determina abrir en determinado momento en su propia vida.

Pero también debemos recordar que hay un arma espiritual más poderosa que cualquier arma
física, y ésta es la Sangre de Jesús, que nos libera de toda opresión del enemigo.

¿Has sentido que el enemigo ha estado persiguiendo tu vida como ese león rugiente que está
buscando destruir todo a su paso? ¿O tal vez has sentido que el enemigo se ha presentado a tus
pensamientos y corazón como esa serpiente astuta que ha venido a sembrar silenciosamente
temor, duda, fracaso, desánimo, etc? Debes aprender a usar esta poderosa arma, y la manera
correcta de hacerlo es cuando tu confiesas y declaras: “Por la Sangre de Jesús soy redimido del
poder del enemigo. Ninguno de Sus dardos me alcanzará porque habito en la casa de mi Dios”.

2. SOMOS PARTE DE UNA FAMILIA

No solamente tenemos una familia biológica a la cual pertenecemos, sino que al entender que
somos hijos de Dios, y que como hijos legítimos del Padre Celestial podemos vivir confiados en Su
morada, es quitado de nosotros el espíritu de orfandad, y comenzamos a vivir una vida de libertad
rodeados de la mejor familia, la familia de Dios.

La iglesia donde Dios te estableció trae una cobertura espiritual para tu vida, donde
constantemente estás recibiendo de Su Palabra, estás en espacios de formación donde puedes
crecer en tu relación con Él y estás rodeado de un ejército de intercesores que constantemente
están orando por protección sobre cada miembro de la iglesia.

La familia de Dios es particularmente especial, porque el Padre, el Hijo (Jesucristo) y el Espíritu


Santo juegan un papel fundamental en la construcción de nuestra vida y nuestro futuro, así que
uno de los beneficios más grandes de ser parte de esta hermosa familia es poder crecer en
comunión y en intimidad con la Trinidad.

3. DIOS CON NOSOTROS

Recordemos que este es uno de los nombres de Dios: “Emanuel”, que significa “Dios con
nosotros”.

Hay una promesa que está en el libro de Isaías, en el capítulo 43 versos 1 y 2, donde dice: “Ahora,
así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te
redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los
ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.”

Esta promesa Dios se la dio al profeta Isaías en su tiempo, pero es una palabra para cada uno de
nosotros y para este día, donde el mismo Dios Emanuel dice: “Yo soy tu Creador, tu Formador, y
aunque pases por momentos de gran prueba, nada te pasará porque Yo soy tu Dios y tu
Salvador” (paráfrasis de los versos 1 al 3).

Cuando estés atravesando momentos de dificultad que traten de desalentarte, o robarte la fe,
solamente entra en oración, declara la Palabra y espera en el Señor, porque Él hará y obrará a tu
favor. La protección divina está muy ligada a nuestra obediencia a Su Palabra.

De esta manera nos librará del mal, nos cubrirá con Su amor, nos dará seguridad; además Sus
ángeles tienen la responsabilidad de protegernos en todo tiempo.

ORACIÓN Y MINISTRACIÓN

Lleva a cada integrante de tu célula a que pueda expresar palabras de gratitud al Señor por Su
misericordia, porque nuevas son Sus misericordias cada mañana. Con esa misma actitud, dar
gracias al Señor por la obra de la Cruz y por Su Sangre derramada por nuestra redención.
Declaren juntamente en voz alta la primera confesión de la Sangre de Jesús: “Por la Sangre de
Jesús, soy redimido del poder del enemigo. Ninguno de Sus dardos me alcanzarán porque habito
en la casa de Dios”. Identifiquen cuáles han sido esos dardos o ataques que han venido a atar sus
vidas, y visualicen como la cruz absorbe cada uno de esos dardos incorrectos. Por último,
declaren cada uno de los beneficios de habitar en la casa de Dios. Amén.
SERIE 3: EL PODER DE LA CONFESION

LECCION 2: LIBRES POR SU AMOR

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para
que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”.

1 Pedro 2:9

ALGO EN QUE PENSAR Recordemos que cuando Jesús vino a este mundo, éste se encontraba
en completa oscuridad, mas Su venida vino a ser el Sol de Justicia que llegó a resplandecer en
nuestros corazones. “El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de
sombra de muerte, Luz les resplandeció” (Mateo 4:16).

Debemos entender que Jesús no es cualquier luz, Él es la única luz de este mundo y que por
medio de Él todas las cosas fueron hechas. La fe en Jesús nos sacó de la oscuridad del pecado,
nos integró como parte de Su cuerpo, y esto hace que la Sangre de Jesús nos limpie de una
manera permanente de todo pecado y maldad. Por eso, debemos aprender a confesar lo que la
Sangre de Jesús hace por nosotros al declarar: “Por cuanto ando en la luz y en la comunión, la
Sangre de Jesucristo me limpia ahora y para siempre de todo pecado”.

Gracias a Su sacrificio en la cruz del Calvario, fuimos hechos sacerdotes con una naturaleza santa
y fuimos llamados a conocer esa Luz Admirable que es Jesús.

Cuando entendemos que Jesús es la Luz de este mundo y que Él vino para rescatarnos por medio
de Su Sangre, podemos entender con claridad lo que nos enseña la Palabra en 1 Juan 1:7 “Pero
si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de
Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”.

Veamos algunos aspectos que debemos tener en cuenta y poner en práctica en nuestra vida para
ver el poder de la Sangre de Jesús actuando a nuestro favor:

1. SER LUZ

Cuando hablamos de ser luz, estamos haciendo referencia a ser testimonio ante los demás.

Vivimos en un mundo donde la inmundicia del pecado y la maldad aumentan a diario y quieren
salpicar nuestra vida, pero al andar en luz así como Jesús está en la luz, viene santificación y
purificación, y somos protegidos de toda contaminación del mundo.

“Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve.” (Salmos 51:7). En
la antigüedad, las ramas de hisopo servían para que los hombres pintaran las puertas y los
dinteles de las casas con la sangre del cordero que sacrificaban para que la sombra de muerte no
los tocara. En nuestros días, ese hisopo representa claramente el poder que hay en la confesión
de la Sangre de Jesús sobre nuestras vidas; el salmista David lo entendía y tenía claro que la
única manera de ser purificado y de vivir una vida en santidad era por medio de la confesión.
Es necesario confesar nuestros pecados y todo argumento que pueda haber en el mundo
espiritual en nuestra contra, pero también debemos confesar el poder que tiene la Sangre de
Jesús para limpiarnos de toda maldad.

2. TENER COMUNIÓN CON OTROS

Cuando haces parte de una célula, de un equipo de 12, de un ministerio, estás en comunión con
las personas correctas.

Es importante contar con personas conforme al corazón de Dios, ya que ellos serán quienes te
edifiquen y siempre te motivarán a seguir el camino de la fe. Es importante cuidar del círculo
íntimo que te rodea, porque muchas veces el adversario interpone personas con un corazón
incorrecto que lo único que hacen es apartarte del camino del propósito de Dios.

“El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; Y amigo hay más unido que un
hermano.” (Proverbios 18:24)

Es importante valorar las amistades en Dios, porque ellas edifican, motivan y consuelan y Dios las
usará para guiar tu vida a través de los consejos correctos. También es necesario evaluar si hay
algún argumento de división o contienda entre hermanos, identificarlo y llevarlo a la cruz del
Calvario para que venga libertad.

Ser luz es estar en paz con nuestra familia, las personas cercanas, amigos, consiervos, discípulos,
y siempre dejar la mejor huella en ellos.

3. REFLEJAR LA LUZ

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni
se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los
que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras
buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” Mateo 5:14-16

Es tiempo de ponernos en evidencia y de anunciar a los demás acerca del amor de Jesús y de Su
salvación. Cuando hemos sido limpiados de todo pecado, podemos con libertad correr la carrera y
hacer que muchos puedan llegar a los pies de Cristo. Que seamos como esa voz en medio del
desierto, que lleve el mensaje de fe y esperanza a todos aquellos que lo necesiten.

ORACIÓN Y MINISTRACIÓN
Guiar a cada integrante de la célula a orar por Arrepentimiento basados en el Salmo 51.Llevar
todo argumento a la cruz del Calvario que no les ha permitido ser testimonio ni luz. Renunciar a
toda amistad incorrecta que está haciendo que la fe se debilite o que les está haciendo desviarse
del propósito. Hacer un compromiso delante de Dios de brillar por medio de la predicación de la
Palabra y de pasar de las tinieblas a la luz admirable, confesando lo que la Sangre de Jesús hace
por ellos: “Por cuanto ando en la luz y en la comunión, la Sangre de Jesucristo me limpia ahora y
para siempre de todo pecado”. Amén.
SERIE 3: EL PODER DE LA CONFESION

LECCION 3: DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ ADMIRABLE

“Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por
Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz
admirable”.

1 Pedro 2:9

ALGO EN QUE PENSAR Recordemos que cuando Jesús vino a este mundo, éste se encontraba
en completa oscuridad, mas Su venida vino a ser el Sol de Justicia que llegó a resplandecer en
nuestros corazones. “El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de
sombra de muerte, Luz les resplandeció” (Mateo 4:16).

Debemos entender que Jesús no es cualquier luz, Él es la única luz de este mundo y que por
medio de Él todas las cosas fueron hechas. La fe en Jesús nos sacó de la oscuridad del pecado,
nos integró como parte de Su cuerpo, y esto hace que la Sangre de Jesús nos limpie de una
manera permanente de todo pecado y maldad. Por eso, debemos aprender a confesar lo que la
Sangre de Jesús hace por nosotros al declarar: “Por cuanto ando en la luz y en la comunión, la
Sangre de Jesucristo me limpia ahora y para siempre de todo pecado”.

Gracias a Su sacrificio en la cruz del Calvario, fuimos hechos sacerdotes con una naturaleza santa
y fuimos llamados a conocer esa Luz Admirable que es Jesús.

Cuando entendemos que Jesús es la Luz de este mundo y que Él vino para rescatarnos por medio
de Su Sangre, podemos entender con claridad lo que nos enseña la Palabra en 1 Juan 1:7 “Pero
si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de
Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”.

Veamos algunos aspectos que debemos tener en cuenta y poner en práctica en nuestra vida para
ver el poder de la Sangre de Jesús actuando a nuestro favor:

1. SER LUZ

Cuando hablamos de ser luz, estamos haciendo referencia a ser testimonio ante los demás.

Vivimos en un mundo donde la inmundicia del pecado y la maldad aumentan a diario y quieren
salpicar nuestra vida, pero al andar en luz así como Jesús está en la luz, viene santificación y
purificación, y somos protegidos de toda contaminación del mundo.

“Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve.” (Salmos 51:7). En
la antigüedad, las ramas de hisopo servían para que los hombres pintaran las puertas y los
dinteles de las casas con la sangre del cordero que sacrificaban para que la sombra de muerte no
los tocara. En nuestros días, ese hisopo representa claramente el poder que hay en la confesión
de la Sangre de Jesús sobre nuestras vidas; el salmista David lo entendía y tenía claro que la
única manera de ser purificado y de vivir una vida en santidad era por medio de la confesión.
Es necesario confesar nuestros pecados y todo argumento que pueda haber en el mundo
espiritual en nuestra contra, pero también debemos confesar el poder que tiene la Sangre de
Jesús para limpiarnos de toda maldad.

2. TENER COMUNIÓN CON OTROS

Cuando haces parte de una célula, de un equipo de 12, de un ministerio, estás en comunión con
las personas correctas.

Es importante contar con personas conforme al corazón de Dios, ya que ellos serán quienes te
edifiquen y siempre te motivarán a seguir el camino de la fe. Es importante cuidar del círculo
íntimo que te rodea, porque muchas veces el adversario interpone personas con un corazón
incorrecto que lo único que hacen es apartarte del camino del propósito de Dios.

“El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; Y amigo hay más unido que un
hermano.” (Proverbios 18:24)

Es importante valorar las amistades en Dios, porque ellas edifican, motivan y consuelan y Dios las
usará para guiar tu vida a través de los consejos correctos. También es necesario evaluar si hay
algún argumento de división o contienda entre hermanos, identificarlo y llevarlo a la cruz del
Calvario para que venga libertad.

Ser luz es estar en paz con nuestra familia, las personas cercanas, amigos, consiervos, discípulos,
y siempre dejar la mejor huella en ellos.

3. REFLEJAR LA LUZ

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni
se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los
que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras
buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” Mateo 5:14-16

Es tiempo de ponernos en evidencia y de anunciar a los demás acerca del amor de Jesús y de Su
salvación.

Cuando hemos sido limpiados de todo pecado, podemos con libertad correr la carrera y hacer que
muchos puedan llegar a los pies de Cristo. Que seamos como esa voz en medio del desierto, que
lleve el mensaje de fe y esperanza a todos aquellos que lo necesiten.

ORACIÓN Y MINISTRACIÓN Guiar a cada integrante de la célula a orar por arrepentimiento


basados en el Salmo 51. Llevar todo argumento a la cruz del Calvario que no les ha permitido ser
testimonio ni luz. Renunciar a toda amistad incorrecta que está haciendo que la fe se debilite o
que les está haciendo desviarse del propósito. Hacer un compromiso delante de Dios de brillar por
medio de la predicación de la Palabra y de pasar de las tinieblas a la luz admirable, confesando lo
que la Sangre de Jesús hace por ellos: “Por cuanto ando en la luz y en la comunión, la Sangre de
Jesucristo me limpia ahora y para siempre de todo pecado”. Amen.
SERIE 3: EL PODER DE LA CONFESION

LECCION 4: UN INTERCAMBIO DIVINO

“Pues Dios hizo que Cristo, quien nunca pecó, fuera la ofrenda por nuestro pecado, para que
nosotros pudiéramos estar en una relación correcta con Dios por medio de Cristo”.

2 Corintios 5:21

ALGO EN QUE PENSAR No hay duda que cuando recibimos a Jesús como nuestro Salvador y
Señor de nuestras vidas, a través de nuestra fe en Él y en Su obra redentora en la Cruz del
Calvario, sucede un intercambio divino. Dios tomó a su hijo Jesús, que no conoció pecado y lo
entregó para recibir el castigo que nosotros merecíamos, no tenía ninguna culpa pero cargó con la
nuestra para que fuésemos hechos justicia de Dios en Él ¿Qué quiere decir esto? Jesús tomó todo
lo malo que éramos nosotros y a cambio nos dio todo lo bueno que es Él. Al hacerlo así, Dios ya
no nos ve como lo que éramos en nuestra condición pecaminosa, sino que ve a Su hijo, sin
mancha ni pecado.

Sin embargo, aunque recibimos salvación, también es verdad que el permitir el pecado y la
desobediencia a Dios vienen consecuencias, se levanta un acta de decretos en nuestra contra,
nuestra relación con el Padre celestial se deteriora y somos presa de los sentimientos de culpa y
condenación, más a través de esta enseñanza nos enfocaremos en la única y poderosa solución:
la preciosa sangre de Jesús.

1. LO QUE NOS SEPARA DE DIOS

La creencia de muchos es que por cuanto no han cometido un crimen o un gran delito, se pueden
considerar personas buenas, sin nada de qué arrepentirse y consideran que unos pecados son
más graves que otros. Más la Palabra nos enseña que cualquier acción, sentimiento o
pensamiento que vaya en contra de las normas de Dios, hace que se levante un muro que nos
separa de Él y nos impide disfrutar de Su presencia. Isaías 59:2

¿De qué manera podemos recuperarnos de esta separación? La solución no está en esperar a
que las cosas mejoren por sí solas, ni de prometernos comportarnos mejor. Hay algo que se
requiere de nosotros y es que debemos confesar a Dios nuestros pecados ¡debemos correr a los
brazos de nuestro Salvador! 1 Juan 1:8-9

Recuerda que el objetivo no es si sentimos o no que somos perdonados, tan solo si confesamos a
Dios ¡es un hecho que somos limpios! Esto quiere decir que no es por nuestras obras, sino que la
Sangre de Jesús es suficiente para quitar la separación que hay entre Él y nosotros. 2 Corintios
5:21.

2. RENUNCIA A TODO SENTIMIENTO DE CULPA

Con frecuencia sucede que aunque sabemos que la Sangre de Jesús fue esa ofrenda como pago
por nuestro pecado, en nuestra mente se encuentran las marcas de los errores que cometimos
tiempo atrás, luchamos con esa acusación interna que poco a poco va distorsionando la imagen
correcta de Dios en nuestras vidas.
Debemos entender que el sentirnos culpables es una estrategia que proviene de satanás, quien
tiene el propósito de acusarnos ante Dios día y noche para debilitarnos, paralizarnos y robarnos el
gozo.

La misma Sangre que borra nuestro pasado, es la misma Sangre que tiene el poder para purificar
nuestra conciencia de la mancha del pecado. Hebreos 9:13-14

3. USA LAS ARMAS CORRECTAS

“Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos,
y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.” Apocalipsis 12:11

Aquello que nos separaba de Dios, los sentimientos de culpa en nuestra conciencia y las
acusaciones de Satanás son quebrantados con tan solo una gota de la Sangre de Jesús.

No podemos aceptar ningún tipo de acusación ni caer en la trampa del enemigo de sentirnos
culpables, es nuestro deber usar las armas correctas, aquellas que el Señor ya puso a nuestra
disposición para vencerlo completamente: ¡La confesión de lo que la Sangre de Jesús ya hizo por
nosotros y llevar una vida totalmente rendida ante el Señor!

“Por la Sangre de Jesús soy justificado, hecho recto, y Dios me ve como si nunca hubiese
pecado”.

ORACIÓN Y MINISTRACIÓN

Guía a tus discípulos a tener un tiempo de examinar sus vidas. Es el momento para pedir al
Espíritu Santo que traiga revelación de todo aquello que deba confesarse a Dios. Tengan un
tiempo de clamar juntos para tener la experiencia de la cruz, donde puedan despojarse de todo
pecado, toda maldad y puedan recibir todos los beneficios que Jesús conquistó a través de su
obra redentora. Renuncien a toda vida de pecado, a toda maldición generacional y a toda
acusación del enemigo Apocalipsis 12:11. Con autoridad declaren la cuarta confesión de lo que la
Sangre de Jesús hace por nosotros: “Por la Sangre de Jesús soy justificado, hecho recto, y Dios
me ve como si nunca hubiese pecado”