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CONCEPCIÓN DE PERSONA DESDE EL PUNTO DE VISTA SOCIOLÓGICO Y

JURÍDICO
La Persona desde el punto de vista sociológico , se entiende todos aquellos
individuos de la especie humana que necesita socializarse con otros individuos, nos
podemos remontar al nacimiento del hombre , es posible identificar su naturaleza
social, la cual motiva indudablemente la aparición de vínculos grupales, no solo con
el objeto de coordinar esfuerzos en la búsqueda de satisfacciones primarias, sino ,
también en la intima necesidad de establecer relaciones constantes, asi pues, el
hombre acepta su naturaleza social y deja de vivir en soledad para sumarse a
pequeños grupos que le permitan realizar funciones especificas .
La diaria convivencia humana determina una serie de laos y contactos de muy
variada naturaleza, que validan y justifican la existencia de reglas, cayendo en la
esfera del más rudimentario esbozo del derecho como instrumento regulador de la
sociedad. Actualmente tales vínculos son definidos, como relaciones jurídicas, a las
cuales se le otorga la función principal de coordinar y regular a los hombre dentro
de su entorno social.
CONCEPCIÓN DESDE EL PUNTO DE VISTA SOCIOLÓGICO Y JURÍDICO DE LA
PERSONALIDAD
Definimos persona como un” ente apto para ser titulares de derechos y deberes
jurídicos.” Asi mismo decimos que la personalidad viene a ser la cualidad de ser
persona, es decir, la aptitud para ser titular de derechos o deberes jurídicos. De allí
que en el lenguaje ordinario se diga que se .es persona y que se tiene personalidad.
Entonces podemos decir que la personalidad desde el punto de vista de la
convivencia social son todas aquellos derechos y obligaciones que tienen los
individuos dentro de una sociedad, dicho de otra manera la aptitud que posee para
ejercer sus derechos y obligaciones, mientra que desde el punto de vista jurídico,
esta reconoce la personalidad jurídica a todos los individuos de la especie humana,
independientemente de su edad, sexo, salud, situación familiar y otras
circunstancias.
Pero también se les reconoció personalidad a otros entes distintos de la especie
humana, pero que persiguen fines humanos, por ejemplo (el Estado, las sociedades
mercantiles, entre otras). Estas son las llamadas personas jurídicas, “stricto sensu”
o también personas colectivas, esta idea de reconocer la personalidad jurídica a
entes que no fueran individuos de la especie humana, apareció en forma clara y
precisa en la etapa bizantina del Derecho Romano, bajo Teodosio II, posteriormente
se desarrollo en el derecho germánico y canónico.
TIPOS DE PERSONAS
Las personas en derecho, o sea , las personas jurídicas se clasifican en :
1.-) las personas naturales, que están representado por los individuos, las personas
físicas, simples; es decir, los individuos de la especie humana y nadie más.
2.-) las personas jurídicas, que son las llamadas colectivas, complejas o abstractas,
o sea son todos los entes aptos para ser titulares de derecho o deberes y que no
son individuos de la especie humana y estas se dividen a su ve en:
2.1.-) personas de derecho público, el articulo 19, ordinales 1° y 2° las establecen
como la Nación, las entidades que la componen, las Iglesias de cualquier credo, las
Universidades y los demás seres o cuerpos morales de carácter público.
2.2.-) personas de derecho privado, estas se subdividen en personas de tipo
funcional (las fundaciones), y de tipo asociativo (asociaciones en sentido amplio).
REGISTRO CIVIL
Es denominado también Registro del Estado Civil el cual tiene por finalidad servir
de fuente de información sobre el estado de las personas y suministrar medios
probatorios de fácil obtención y señalada eficacia para demostrar el estado de las
mismas. Conocidos los numerosos e importantes efectos del estado civil se
comprenderá la enorme importancia de contar con una fuente de información y con
unos medios probatorios que permitan al estado, a los terceros y al propio sujeto
conocer el estado civil de las personas y probarlos sin tener que recurrir a pesquisas
y pruebas de dudoso valor.
En Venezuela se introdujo el registro secularizado del modelo francés en 1873 por
Decreto de Antonio Guzmán Blanco. El artículo 463 del código civil establece que
las partidas eclesiásticas que sirven de probatorio para los hechos ocurridos antes
de 1873, deben ser conservadas en las iglesias, con la salvedad de que las
certificaciones deben ser expedidas por un juez Parroquial o Municipal para que
produzcan efectos civiles y además estos tienen valor de presunción en los juicios
dirigidos a obtener pruebas supletorias de la partida (estatal) de derecho civil. El
artículo 63 de la Ley de Registro Público y del Notariado, corresponde al Registro
Civil los actos siguientes:
1.-) Las partidas de nacimiento, matrimonio y defunción.
2.-) las sentencias de divorcios.
3.-) la separación de cuerpo y bienes
4.-) la nulidad del matrimonio.
5.-) los reconocimientos de filiación.
6.-) las adopciones.
7.-) las emancipaciones.
8.-) las interdicciones e inhabilitaciones civiles.
9.-) los actos relativos a la adquisición, modificación o revocatoria de la
nacionalidad.
10.-) la designación de tutores, curadores o consejeros de tutela.
11.-) la sentencia que declare la ausencia o presunción de muerte.
12.-) los títulos académicos, científicos y eclesiástico y los despachos militares.
13.-) los demás previstos en la ley.
CAPACIDAD:
La capacidad es un concepto moderno, sinónimo de personalidad, expresivos de la
aptitud para ser titular de derecho y obligaciones, o lo que es igual para ser sujeto
activo y pasivo de relaciones jurídicas. La capacidad se distingue en capacidad
jurídica y capacidad de obrar. En virtud de una figura del lenguaje, hoy socializada,
la palabra capacidad paso a tener un significado fuera del campo de los fenómenos
físicos y en particular en el mundo jurídico. Asi capacidad en derecho es la medida
de aptitud de las personas en relación con los deberes y derechos jurídicos.
La principal clasificación de la capacidad es la que distingue entre capacidad
jurídica, legal o de gose, que es la medida de la aptitud para ser titular de derechos
y deberes, y capacidad de obrar, que es la medida de la aptitud para producir plenos
efectos jurídicos mediante actos de la propia voluntad. A su vez, la capacidad de
obrar se subdivide, entre otras, en: capacidad negocial o de ejercicio, que es la
medida de la aptitud para realizar en nombre propio negocios jurídicos validos;
capacidad delictual o de imputación, que es la aptitud para quedar obligado por los
propios hechos ilícitos y capacidad procesal, que es la medida de la aptitud para
realizar actos procesales validos.
En nuestro Código Civil se coloca la capacidad como elemento, requisito o condición
indispensable a todo tipo de contrato, y dentro de esa clasificación de la capacidad
como elemento común el contrato constituye también un elemento esencial a la
validez del contrato.
PERSONA Y PERSONALIDAD JURÍDICA.
CAPACIDAD JURÍDICA Y CAPACIDAD DE OBRAR

1. Persona y personalidad jurídica


En el ámbito jurídico el término “persona jurídica” hace referencia al sujeto de
derecho, pero hay que tener en cuenta que el concepto de persona jurídicamente
considerado es una creación del Derecho y alude al “individuo o entidad que ostenta
derechos y obligaciones”. Cada ordenamiento jurídico establece quiénes son los
destinatarios de las normas y, en consecuencia, quiénes pueden ser titulares de los
derechos y deberes que esas normas establecen. Las normas que establecen quiénes
pueden actuar jurídicamente pueden ser consideradas como un tipo de normas
ónticas, pues aunque no siempre utilicen el verbo “ser” siempre pueden ser
reducidas a expresiones de ese tipo.

No siempre ha bastado el hecho de ser hombre para ser considerado sujeto de


derechos y obligaciones como pone de manifiesto la existencia en diferentes épocas
y en diferentes países de la esclavitud. Además, también se ha considerado en
ocasiones como personas a entidades formadas por un grupo de individuos o un
conjunto de bienes.

El ordenamiento jurídico español regula la atribución de la condición de persona a


los individuos en los artículos 29 a 34 del Código civil y a los conjuntos de
individuos o bienes en los artículos 35 a 39 del mismo cuerpo legal.

La personalidad es también una creación del Derecho y se manifiesta en la


capacidad para ser titular del conjunto de derechos y deberes atribuidos a un mismo
ente y determina la capacidad para relacionarse jurídicamente, es decir, dentro de la
personalidad jurídica podemos diferenciar entre la “capacidad jurídica” y la
“capacidad de obrar”.

2. Clases de personas jurídicas: Persona física o natural y persona jurídica.


Tradicionalmente se vienen utilizando los términos persona física o natural y
persona jurídica para designar, respectivamente, a la persona individual y a la
colectiva, pero estrictamente hablando todas las personas son “personas jurídicas”.
La persona física o natural es el sujeto individual que es titular de derechos y
obligaciones, porque así lo establece el ordenamiento jurídico, mientras que la
persona jurídica es la agrupación de personas o bienes, que son también, como las
personas físicas, titulares de derechos y obligaciones, porque así lo establece el
ordenamiento jurídico. Ésta es una concepción de la persona natural y jurídica de
carácter formal, porque su fundamento es normativo, pero no constituye la única
posible formulación teórica posible, ya que existen diferentes “teorías” sobre la
naturaleza de la persona jurídica.

Además de la concepción establecida anteriormente, la teoría normativista de


Kelsen es una teoría formalista, que considera que las personas jurídicas, tanto
individuales como colectivas, son un conjunto de obligaciones jurídicas y derechos
subjetivos, cuya unidad se expresa metafóricamente en el concepto de persona.
Como las obligaciones y los derechos se remiten siempre a las normas jurídicas que
las establecen, en realidad, toda persona, sea física o colectiva, no es sino la unidad
de un conjunto de normas. Frente a la concepción anterior, que considera que la
persona, en sentido jurídico, es una creación del Derecho, para Kelsen la persona es
una “creación de la ciencia del Derecho” para facilitar la descripción de la realidad
jurídica.

Las concepciones no formalistas sobre la naturaleza de la persona jurídica


consideran que existe algún tipo de substrato previo a las normas jurídicas y que el
orden jurídico debe tener en cuenta. En el caso de la persona física o natural estas
teorías admiten el fundamento ético de la dignidad y libertad del hombre, por lo que
todo hombre debe ser considerado persona jurídica. En el caso de las personas
jurídicas de lo que se trata es de comprender cómo una entidad que no es un hombre
puede ser titular de derechos y obligaciones y actuar jurídicamente. Algunas teorías
sólo reconocen la cualidad de sujeto de derecho a la persona física o natural y
consideran que cuando una colectividad actúa jurídicamente no es ese conjunto sino
los individuos que la componen o representan los que actúan jurídicamente como
sujeto de derecho.

Por el contrario, desde otros puntos de vista se reconoce la condición de sujeto de


derecho a las personas jurídicas, aunque desde justificaciones diferentes. Según la
teoría de la ficción jurídica (que se remonta al Derecho romano, pero fue
reelaborada por la ciencia jurídica del siglo XIX y, especialmente, por Savgny), el
hombre es el único sujeto de derecho, por lo que la persona jurídica no tiene
existencia real, sino que se trata de una ficción creada y utilizada por el Derecho
para resolver la necesidad práctica de que las colectividades actúen en el tráfico
jurídico. La teoría de la voluntad, defendida por O. von Gierke o G. del Vecchio
sostiene que esa colectividad posee una voluntad independiente de sus miembros y
que el substrato de esas personas jurídicas es la voluntad social, que preexiste a la
atribución por el Derecho de esa condición de persona jurídica. La teoría del interés,
formulada por R. von Ihering, considera que la persona jurídica es una construcción
jurídica con fines prácticos, ya que un colectivo puede también tener intereses que
el Derecho debe reconocer y proteger. La teoría de la institución de M. Hauriou
mantiene que la persona jurídica es una institución que constituye una unidad de
fines o actividades en torno a la cual se reúnen un grupo de hombres interesados en
su concreción.
Por último, Hart establece que la expresión persona jurídica no hace referencia a
hechos, como consideran las teorías anteriores, sino a una “construcción lógica”,
por lo que se trata más bien de una “técnica del lenguaje jurídico” que facilita el
trabajo de los operadores jurídicos.

3. Manifestaciones de la personalidad jurídica. 3.1 Capacidad pasiva


(capacidad jurídica); 3.2 Capacidad jurídica activa (capacidad de obrar).
Como la persona, en el ámbito jurídico, la personalidad es también una creación del
Derecho y se manifiesta en la capacidad para ser titular del conjunto de derechos y
obligaciones atribuidos a un mismo ente y determina su capacidad para relacionarse
jurídicamente. De ahí que dentro de la personalidad podamos diferenciar dos tipos
de capacidades, la capacidad jurídica y la capacidad de obrar.

La capacidad jurídica consiste en una atribución genérica que el ordenamiento


jurídico hace a las personas físicas o naturales y jurídicas de la condición de sujeto
de derecho, ya que atribuye la titularidad de derechos y obligaciones.

Sin embargo, la capacidad de obrar supone la atribución por el ordenamiento a las


personas físicas o naturales y jurídicas de la capacidad de actuar jurídicamente,
cuáles son las acciones jurídicas que los sujetos pueden realizar.

En consecuencia, la capacidad jurídica se refiere a la titularidad, mientras que la


capacidad de obrar se refiere al “ejercicio” de derechos y deberes, por lo que puede
producirse la situación de que una persona sea titular de un derecho, pero sea
incapaz para ejercitarlo, tanto en el caso de las personas físicas como en el caso de
las personas jurídicas.

En el caso de las personas físicas hay que distinguir entre la falta de capacidad (que
tiene su fundamento en la inmadurez psíquica del sujeto, por lo que los
ordenamientos establecen una determinada edad a partir de la cual el sujeto adquiere
la plena autonomía para actuar jurídicamente) y las causas de incapacidad (que
tienen su fundamento en circunstancias subjetivas que afectan a la razón o voluntad
del sujeto). Para suplir la imposibilidad del sujeto de actuar jurídicamente por sí
mismo, el derecho ha previsto la institución de la representación.

En el caso de las personas jurídicas, la imposibilidad para obrar deriva de su propia


naturaleza como colectividades de personas o de bienes, que impide que se
manifieste ninguna voluntad a no ser por medio de una persona física. Según
algunos autores, las personas jurídicas son consideradas como sujetos incapaces y
por eso su voluntad debe ser suplida por medio de la institución de la
representación. Según una teoría más reciente, las personas físicas que suplen la
voluntad de las personas jurídicas no lo hacen en virtud de la institución de la
representación, sino en virtud de la relación orgánica que se establece entre las
distintas partes de una organización, se convierten en “órganos” de la persona
jurídica y actúan como tales.

Para designar la capacidad de obrar de la Administración pública y de sus órganos


se utiliza el término competencia.

También se utiliza el término para designar la capacidad de obrar de los órganos de


las personas jurídicas.
En el ámbito del Derecho penal la capacidad se designa con el término
imputabilidad o responsabilidad penal y en este sentido sólo se considera imputable
o penalmente responsable al sujeto capaz y sólo a éste se le pueden aplicar las penas
previstas para la comisión de delitos.

Sujeto del derecho


A) en general, los términos persona, sujeto del derecho y titular del derecho, se consideran
sinónimos. Pero en la practica, se emplean de la siguiente manera:

1) persona, para referirse al ente sustantivo del orden jurídico considerado en si mismo,
aisladamente; en cambio, se habla de 2) sujeto del derecho, al referirse a la persona
actuando en una relación jurídica. Así, se dice persona por nacer y no sujeto por nacer;
sujeto activo y no persona activa; sujeto pasivo y no persona pasiva, etcétera.

La relación jurídica sólo puede establecerse entre dos personas y, por eso, corresponde
distinguir el sujeto activo y el pasivo: sujeto activo o pretensor, o derechohabiente, es el
titular de la facultad jurídica, y sujeto pasivo u obligado es el titular del deber, es decir, al
que incumbe la obligación de cumplir o respetar el derecho del sujeto activo.

B) denominación de las personas colectivas. Conviene aclarar desde ya, que esos grupos
humanos, a los que el derecho confiere en ciertos casos capacidad, reciben diversas
denominaciones.

En efecto, se los llama personas morales, ficticias, ideales, incorporales, de existencia ideal,
jurídicas, etcétera.

Con respecto a esta última denominación, cabe decir-estrictamente hablando- que tanto las
personas físicas como las "jurídicas" interesan al derecho y, por lo tanto, ambas son
jurídicas.

Por eso, hoy se prefiere denominar a las físicas, personas jurídicas individuales, y personas
jurídicas colectivas, a las tradicionalmente llamadas personas jurídicas. En síntesis, se habla
de personas individuales y colectivas, denominaciones que emplearemos de aquí en
adelante.
C) etimología de la palabra persona.

En un principio se llamó persona la máscara (en latín, persona) que usaban los actores
romanos para amplificar la voz. Suele explicarse que "la etimología tiene razón, porque la
persona hace más ruido en el mundo que los torbellinos, las cataratas y las tempestades".

D) definición clásica y su crítica. Es muy común que se defina al sujeto del derecho, o en
otras palabras, a la persona -empleada esta expresión en sentido jurídico- diciendo que es
"todo ente que pueda ser titular de derechos o deberes jurídicos". El código civil argentino
con palabras parecidas, dice en el artículo 30: "son personas todos los entes susceptibles de
adquirir derechos o contraer obligaciones".

Pues bien, las definiciones antedichas, aunque puedan parecer acertadas a primera vista,
acusan varias inexactitudes en cuanto se las analiza criticamente.

Tales son, la inclusión de la palabra ente y la referencia a los deberes jurídicos.

Teniendo en cuenta las criticas formuladas a la definición clásica, cabría decir que persona
o sujeto del derecho es el ser humano, o grupo de seres humanos, en tanto que apto para ser
titular de derechos.

Con la referencia directa a ser humano, queda aclarado que no sólo en el caso de las
personas individuales, el sujeto del derecho es el ser humano, sino también en el caso de las
personas colectivas,
que son grupos de seres humanos, a los que el derecho confiere personalidad jurídica.

Estas palabras, sin una aclaración complementaria, pueden hacer caer en el error de
identificar al sujeto del derecho, con el ser humano, en su plenaria realidad. Por tal motivo,
agregaremos que, desde el punto de vista logicojuridico, no interesa el hombre en su
realidad plenaria (así, por ejemplo, no interesa su estatura, o el color de su piel), sino el
hombre desde un punto de vista, el de su conducta; pero como no es ontológicamente
posible separar la
conducta, del hombre que la realiza, tampoco podemos referirnos al sujeto jurídico,
desvinculandolo totalmente del ser humano.
Aclarado ésto, se comprenderá por que se dice, con acierto, que el concepto jurídico de
persona no coincide con el concepto antropologico, lo que equivale a decir que persona, en
sentido jurídico, no es lo mismo que ser humano en su realidad plenaria.

Solo distinguiendo estos conceptos, se comprende como es posible que un mismo hombre
pueda pertenecer a la vez a varias comunidades jurídicas, diversas entre si, y que su
conducta pueda ser regulada por diferentes órdenes jurídicos.

Dijimos, entonces, que el sujeto jurídico es el ser humano desde un punto de vista.
Aclarando estas palabras, agregaremos que para conocer plenamente la personalidad de un
ser humano, es necesario conocer los derechos y deberes que le son atribuidos por el
ordenamiento jurídico; y es por ello que a el debemos recurrir, pues son las normas las que
contienen esa atribución o imputación de derechos y deberes jurídicos.

Ahora bien, en el caso de las personas individuales, esa imputación normativa -según lo ha
aclarado Kelsen- se realiza no sólo de manera centralizada, sino también inmediata.

Relación jurídica
Es el vínculo jurídico entre dos o mas sujetos, en virtud del cual,
uno de ellos tiene la facultad de exigir algo que el otro debe cumplir.

La relación jurídica, según se expresa en la definición, se establece siempre entre los


sujetos del derecho (activo y pasivo) y no entre el sujeto y la cosa, como sostiene
erróneamente la doctrina
tradicional. Entre los sujetos y las cosas, existen relaciones de hecho, pero no vínculos
jurídicos.

Con lo dicho se comprende que en virtud de una relación jurídica, una persona tiene la
facultad de exigir algo (derecho subjetivo), que otra debe cumplir (deber jurídico a cargo
del sujeto pasivo de la relación).

Según una opinión muy corriente, la relación jurídica no es otra


cosa que el derecho en sentido subjetivo, es decir, la realidad de las consecuencias
jurídicas(derechos y deberes) para los sujetos activo y pasivo, consecuencias que surgen
una vez realizado el supuesto normativo.

Según legaz y Lacambra, "el concepto de relación jurídica es uno de aquellos conceptos
jurídicos puros que son dados con la idea misma del derecho, así como la existencia de
relaciones jurídicas

concretas es una simple implicancia de la realidad de un orden jurídico dado".

No consisten en un simple estar (situación), sino en un estar con respecto a otro, bajo la
sujeción de alguien o en la expectativa de la prestación que alguien debe satisfacer. Es lo
que denota la terminología relación jurídica que resulta especialmente apropiada para
revelar la esencia de la obligación.

Por lo demás la locución situación jurídica tiene un significado de diferenciación de la mera


relación jurídica, en materia de efectos de la ley con relación al tiempo.

Clasificación de las relaciones jurídicas.

Las relaciones jurídicas, así llamadas cuando se las considera objetivamente, reciben el
nombre de derechos subjetivos cuando se las encara desde el punto de vista del titular o
sujeto, o sea como facultades o poderes suyos.

Los derechos subjetivos se dividen en políticos y civiles.


Los derechos políticos son los que cuadran al titular en razón de su calidad de ciudadano o
miembro de una cierta comunidad política.

Los derechos civiles son los que pertenecen al titular en razón de ser simplemente
habitante, Ver Gr., El derecho de entrar, permanecer y transitar libremente en el país, de
usar y disponer de la propiedad, de asociarse con fines útiles, etcétera.

Subdivisión de los derechos civiles.

Suelen dividirse los derechos civiles en tres categorías diferentes:

a) los derechos de la personalidad son lo que s refieren a la


persona en si misma, tales como el derecho al nombre, las acciones de estado, etcétera.

B) los derechos de familia son los que se confieren al titular en razón de su carácter de
miembro de la familia.

Tales son los derechos conyugales, los referentes a la patria potestad, los derechos
alimentarios entre parientes, etcétera.

C) los derechos patrimoniales son los que tienen un valor pecuniario y, como tales, integran
el patrimonio de las personas. Pueden todavía subdividirse en tres subcategorias: 1) los
derechos reales, como el dominio, el usufructo o la hipoteca; 2) los derechos personales,
también denominados derechos de crédito u obligaciones, como la obligación de pagar una
suma de dinero:

la persona a quien se debe la suma de dinero se llama acreedor y la persona constreñida a


satisfacer el pago de dicha suma se denomina deudor; 3) los derechos intelectuales.

De modo poco claro, para De Castro, la "situación jurídica en que se encuentran las
personas, organizadas unitariamente dentro del orden jurídico total por un especial
principio jurídico".

La persona o sujeto de derecho


Enviado por sadiasept

1.
2. Nociones introductorias
3. La persona o sujeto de derecho
4. Personas juridicas
5. Conclusión
6. Bibliografía

INTRODUCCIÓN

Desde tiempos pasados el hombre en su afán de conquistar el mundo a buscado clasificar


los entes que le rodean. Es así, como en la antigua Roma se perfilaban ciertas instituciones
que conformaron el derecho romano. Para los romanos la palabra persona y el concepto
expresado por este vocablo, tuvo su sede principal en el derecho. Etimológicamente
significa ¨personar¨, sonar fuerte, resonar y se identifica con las máscaras que en la
escena teatral clásica, utilizaban los actores para cubrir su rostro y también para dar
asonancia especial a la voz. Persona en Roma, lo mismo que hoy, es todo ente susceptible
de adquirir derechos y contraer obligaciones.

Los romanos clasificaban a las personas en personas físicas, las que presentan signos
característicos de humanidad y personas morales, que son creaciones ideales y a las cuales
la ley les reconoce capacidad de derecho, ya que no poseen capacidad de hecho y, por
tanto, actúan jurídicamente por medio de representantes

En Roma son sujetos de derecho todas aquellas personas que pueden tener derechos y
ejercerlos, o sea, los dotados de capacidad jurídica.

La personalidad jurídica conlleva la existencia en el sujeto de dos requisitos: una capacidad


de derecho y una capacidad de hecho. La capacidad de derecho es el conjunto de
condiciones requeridas por la ley para ser titular de un derecho y necesariamente debe
poseer tres elementos: El ¨Status Libertatis¨, el ¨Status Civitatis¨y el ¨Status familiae¨, es
decir, ser libre y no esclavo, ser ciudadano romano y no latino o peregrino y ser ¨Sui juris¨,
único que puede adquirir derechos y ejercerlos, todos los demás, con excepción de los
esclavos; que son cosa; serán personas, pero no sujetos de Derecho.

La capacidad de hecho, es el conjunto de condiciones requeridas por la ley para poder


ejercitar los derechos de que se es

titular. La capacidad de hecho se determina por vía de excepción, son incapaces de hecho,
aquellos que la ley señala como tales.

Es notorio que ya en Roma existían acepciones acerca de las personas o sujetos de derecho
y que aún hoy en día se han conservado.

CAPITULO I. NOCIONES INTRODUCTORIAS

I.1 Justificación

El presente trabajo tiene la finalidad de dar a conocer a todas las personas sujetas a derecho,
lo que son las fundaciones, las asociaciones, las corporaciones y las sociedades.

I.2 Descripción de la asignación


LA PERSONA O SUJETO DE DERECHO. Concepto: clases de personas. La Persona
Jurídica: concepto, principios existenciales y clasificación de las personas jurídicas.

I.3 Objetivos

- Lograr que se aprenda a distinguir, entre las personas naturales y las personas jurídicas.

- Diferenciar los distintos tipos de personas jurídicas y aprender sus características


esenciales.

CAPITULO II. LA PERSONA O SUJETO DE DERECHO

II.1 Concepto de persona en Derecho.

II.2 Etimología de ¨persona¨.

Los actores del teatro antiguo usaban unas máscaras que les servían, tanto para representar
la fisonomía del personaje que encarnaban, como para aumentar el volumen de sus voces.
Precisamente por esta última función, la mascara se llamaba ¨persona-ae¨, o sea, cosa que
suena mucho, ya que la palabra deriva del verbo ¨personare¨, que significa sonar mucho (de
¨sonare, sonar y ¨per¨, partícula que refuerza el significado).

Por una figura del lenguaje se pasó a llamar persona a los actores que usaban esas máscaras
y luego el derecho tomó la palabra para designar a quienes actúan en el mundo jurídico.

II.3 Definición de persona en ¨Derecho¨.

Entre las innumerables definiciones de persona en Derecho, podemos citar tres, todas
equivalentes: 1º Persona es todo ente susceptible de tener derechos o deberes jurídicos; 2º
Persona es todo ente susceptible de figurar como término subjetivo en una relación jurídica;
y 3º Persona es todo ente susceptible de ser sujeto activo o pasivo –pretensor u obligado—
en una relación jurídica.

II.4 Relación entre el concepto de persona y otros conceptos.

Conviene distinguir y señalar las relaciones entre el concepto de persona y los conceptos de
personalidad, capacidad jurídica o de goce, sujeto de derecho y cosa.

II.4.1 Persona, personalidad y capacidad jurídica o de goce.

Persona es el ente apto para ser titular de derechos o deberes jurídicos; personalidad es la
cualidad de ser persona, o sea, la aptitud para ser titular de derechos o deberes jurídicos. De
allí que en el lenguaje ordinario se diga que se es persona y que se tiene personalidad.

Muchos autores consideran como sinónimas las expresiones personalidad y capacidad


jurídica o de goce; pero, en sentido estricto, personalidad es la aptitud dicha, y capacidad
jurídica o de goce es la medida de esa aptitud. De allí que pueda decirse que la personalidad
no admite grado (simplemente se tiene o no se tiene), mientras que la capacidad sí (puede
ser mayor en una persona que otra).

II.4.2 Persona y sujeto de derecho.

Si se entiende por sujeto de derecho aquel que actualmente tiene un derecho o deber, el
concepto de persona es más amplio porque comprende también a quien puede llegar a tener
un derecho o un deber, aunque actualmente no lo tenga. Pero tomada la expresión, ¨sujeto
de derecho¨ en abstracto, o sea, sin referirla a ningún derecho o deber concreto, viene a ser
sinónimo de persona.

II.4.3 Persona y cosa.

A las personas, o sea, a los posibles sujetos de derecho, se contraponen las cosas, las cuales
sólo pueden llegar a ser objetos de derechos. Entre esas cosas no se incluyen en la
actualidad a los seres humanos. En cambio, la expresión comprende tanto las llamadas
cosas corporales, como las incorporales.

II.5 Determinación de las personas.

En esta materia el derecho vigente se opone a los anteriores.

1º Por una parte, el derecho vigente reconoce la personalidad jurídica a todos los individuos
de la especie humana, independientemente de su edad, sexo, salud, situación familiar y
otras circunstancias. Pero no siempre fue así:

A) El derecho romano no consideraba la personalidad y la capacidad jurídica como un


atributo de la naturaleza humana, sino como una consecuencia del ¨estado¨, el cual tenía los
caracteres de un privilegio o concesión de la ley. Así en el Derecho Romano carecía
totalmente de personalidad el esclavo, porque no tenía el estado de libertad; carecía de
personalidad, a los efectos del ¨ius civile¨ ,el extranjero, porque no tenía el estado de
ciudadano, y tenían limitada la capacidad jurídica los sujetos a la potestad de otro ¨alieni
juris¨ porque carecían del estado familiar.

B) El derecho medieval, moderno incluso contemporáneo conoció la llamada muerte civil,


institución mediante la cual el individuo, como consecuencia de ciertos votos religiosos o
de ciertas condenas penales, perdía su personalidad jurídica, por lo menos en el campo del
Derecho Privado.

2º Por otra parte, el Derecho vigente reconoce personalidad jurídica a entes distintos de los
individuos de la especie humana, pero que persiguen fines humanos (p.Ej.: Estado,
sociedades mercantiles, etc.). Son las llamadas personas jurídicas ¨stricto sensu¨ o también
personas complejas, morales, abstractas o colectivas (esas expresiones son sinónimas).
La idea de reconocer personalidad jurídica a entes que no fueran individuos de la especie
humana, sólo apareció en forma clara y distinta en la etapa bizantina del Derecho Romano,
bajo Teodosio II. El desarrollo de la institución de las personas jurídicas fue obra laboriosa
de la jurisprudencia medieval, que con elementos de los derechos romano, germánico y
canónico acertó a encontrar soluciones prácticas adecuadas, aunque no pudo crear una
doctrina coherente en la materia. La Revolución Francesa extendió su animadversión hacia
los gremios y corporaciones a todas las personas jurídicas ¨stricto sensu¨, lo que explica que
el Código Napoleónico no las regule.

La reglamentación legislativa expresa que las personas jurídicas tienen su origen en el siglo
pasado. Fue el Código Civil chileno de 1855 el primer código importante que reglamentó
dichas personas. Le siguieron el viejo Código Civil portugués, algunos Códigos Civiles
americanos, y el Código Civil español. Pero fue el B.G.B. el primero que incluyó una
reglamentación completa en la materia, que luego inspiró a los Códigos Civiles japonés,
suizo, peruano de 1936 y venezolano de 1942. En la actualidad existe una rica y valiosa
bibliografía sobre las personas jurídicas; pero aún se discute vivamente acerca de la
naturaleza de las mismas.

3º En cambio, el derecho vigente ha corregida las desviaciones antiguas y medioevales de


reconocer personalidad jurídica a ciertos entes. En especial no se la reconoce a los
animales, a los cuales los emperadores romanos llegaron a conceder honores y los juristas
medioevales a exigir responsabilidades penales, llegando incluso a ser sometidos a
condenas penales.

Las disposiciones protectoras de los animales que existen en el Derecho vigente no


implican concesión de derechos a tales seres, sino que son normas dictadas en protección
de intereses humanos que tienen por objeto a los animales y que pueden ser utilitarios (p.
ej.: evitar la extinción de una especie), o de otro orden.

Menos aun puede considerarse que el Derecho vigente sujete a los animales al
cumplimiento de deberes civiles o penales, aun cuando sus dueños puedan llegar a incurrir
en responsabilidad con motivo de hechos de sus animales.

Las disposiciones protectoras de los vegetales tienen el mismo carácter que las protectoras
de los animales; en realidad protegen intereses humanos que tienen por objeto tales entes.

Desde otro punto de vista vale la pena destacar que desde hace mucho tiempo se discute si
el Derecho Positivo se limita a reconocer la personalidad jurídica de los entes que la tienen
o si la personalidad de los mismos es creada por el Derecho Positivo. En otras palabras, se
discute si la personalidad jurídica es anterior al Derecho Positivo, que solo la declara, o si
es una consecuencia de dicho Derecho, que la constituye o crea. Sin examinar las teorías
propuestas, podemos presentar las siguientes conclusiones:

1º) El Derecho Positivo debe atribuir personalidad jurídica a los individuos de la especie
humana y a determinadas personas jurídicas (¨stricto sensu¨), porque así lo exige la
consideración racional de la naturaleza humana, mientras que, queda en libertad para
atribuirla o no a otros entes.
2º) el Derecho Positivo puede desconocer y de hecho a desconocido ese deber, de modo
que la determinación de cuáles son los entes que gozan de personalidad jurídica en un
ordenamiento dado, la hace el Derecho Positivo.

II.6 Clasificación de las personas.

Las personas en Derecho, o sea, las personas jurídicas en sentido lato, se clasifican en:

 Personas Naturales
 Personas Jurídicas

II.7 Personas Naturales

Llamadas también individuales, físicas, simples o concretas, son los individuos de la


especie humana y solo ellos.

II.8 Personas Jurídicas

En sentido estricto, colectivas, morales, complejas o abstractas, son todos los entes aptos
para ser titulares de derechos o deberes y que no son individuos de la especie humana.

CAPITULO III. PERSONAS JURIDICAS

III.1 Concepto

Jurídicamente es persona todo ser al que el Derecho considera como miembro de la


comunidad, atribuyéndole aptitud para ser titular de relaciones jurídicas (capacidad
jurídica). Y como quiera que esta capacidad no solo le es reconocida al hombre, sino
también atribuida a determinadas organizaciones humanas, que se crean para conseguir los
fines mas variados, junto a aquel –persona física—están también, como personas, dichas
organizaciones que, por no ser hombres, se denominan personas jurídicas.

En consecuencia, la persona jurídica puede ser definida como ¨organización humana


encaminada a la consecución de un fin, a la que el Derecho reconoce como miembro de la
comunidad, otorgándole capacidad jurídica¨.

III.2 Razón de ser

Como quiera que para una consideración puramente natural (y a los efectos extrajurídicos
que aquí importan) sólo el hombre es persona, cabría preguntarse: ¿Es que el derecho, junto
a la persona física, crea unos seres irreales—las personas jurídicas—que equipara—al
menos en ciertos aspectos—a aquellos?, ¿Por qué y para qué considera el Derecho persona
a un ente—la organización—que desde un punto de vista natural no lo es?.

Creemos que puede responderse: El derecho no crea seres de la nada, sino que aprehende
del campo social ciertos entes que sin tener una realidad corporal y espiritual como el
hombre, sin embargo, tienen realidad social, una individualidad propia, y toman parte en la
vida de la comunidad, como unidades distintas e independientes (así, un municipio, un club
deportivo, una sociedad anónima) de los singulares elementos que en cada momento
concreto los componen (los vecinos, los socios, los accionistas), para alcanzar determinados
fines que interesan, no a un solo hombre, sino a una pluralidad de ellos, o que
prácticamente solo son conseguíbles, o , al menos lo son más fácilmente, por
organizaciones humanas, que por el hombre aislado. Y lo mismo que por razones de justicia
el Derecho reconoce a éste aptitud para ser titular de relaciones jurídicas, por razones de
conveniencia u oportunidad (verdaderas o pensadas como tales), atribuye tal aptitud a
ciertas de aquéllas organizaciones, pues si bien muchas veces podrían alcanzarse los fines
simplemente a través de una organización sin personalidad, otras es preferible—o, por lo
menos, se ha estimado serlo—que aquélla, una vez creada, tenga ella misma, derechos y
obligaciones suyos (sea propietaria, acreedora, deudora); en definitiva, tenga una esfera
jurídica y un patrimonio propios; y no que tales derechos y obligaciones pertenezcan en
común o por cuotas a sus componentes (como ocurriría sí, por ejemplo, a cada uno de los
miembros de una sociedad le perteneciese una porción de los bienes sociales; y para ello ha
de conferírsele personalidad, ya que conferir ésta es conferir aptitud `para ser titular de
relaciones jurídicas.

Una vez aceptada la figura de la persona jurídica, en casos en los que la Sociedad no ofrece
espontáneamente Organismos a los que se pueda conceder personalidad, sé el propio
Estado el que los crea (cuando lo estime conveniente para sus fines), y, por el derecho que
él mismo dicta, les atribuye aquélla.

III.3 La naturaleza de la persona jurídica.

Brevemente se ha expuesto que es una persona jurídica y las razones por las que el Derecho
la admite junto a la física (hombre).

Con ello hemos pasado en silencio una polémica larga y extensamente mantenida por los
juristas, sobre cuál sea la verdadera naturaleza de la persona jurídica. Polémica de nula
trascendencia para el Derecho, pues las distintas cuestiones jurídicas que plantea la figura
en estudio, cabe resolverlas con total independencia de la teoría que—de entre las muchas
mantenidas sobre distinta naturaleza—se acoja.

No obstante, conviene que señalemos con insistencia lo siguiente:

1º Que la personalidad es una categoría jurídica. La persona, en sentido de persona humana


es un ser sustancial—sustancia individual de naturaleza racional--. Y, ciertamente, la
persona jurídica ni es persona en ese sentido ni el Derecho lo pretende ni finge que lo sea,
sino que para éste persona no significa persona humana, sino un ser al es atribuible la
titularidad de relaciones jurídicas. Atribuibilidad que: 1º De por sí ni implica ni requiere
que el ser de que se trate tenga una naturaleza determinada. 2º Con la que pueden ser
investidos lo mismo los hombres (personas, en el sentido natural; y por aquélla
atribuibilidad, en el jurídico; no siendo, en caso contrario, personas en este sentido
(esclavos)) que las entidades sociales, como una sociedad (personas en sentido jurídico
solamente), que existen para la realización de intereses humanos.
2º Que yerran quienes niegan toda realidad a la persona jurídica, como verdadera persona,
por partir de la base de que tal sólo lo es el hombre. Pensando que cuando el Derecho acoge
como personas a entes no humanos, establece una ficción de persona.

III.4 Órganos de la persona jurídica

La persona jurídica es una entidad cuya estructura interna—como veremos—varía según el


tipo de que se trate, pero en la que siempre deben de existir los órganos adecuados para el
desarrollo de la actividad que está llamada a desempeñar, y de la que pueda requerir la
titularidad de las relaciones jurídicas de que es capaz.

Los órganos están compuestos o encarnados por personas físicas.

Se precisan órganos para la formación de lo que podemos llamar voluntad de la entidad,


para la exteriorización de ésta y ejecución de las decisiones, y para ponerla en relaciones
con terceros; órganos que dirijan la vida del ente y a través de los que éste obre.

Tales órganos pueden variar de persona a persona, y ser unipersonales (así, presidente) o
colegiados (así, junta de miembros).

Salvo el caso de que se forme parte de un órgano por el hecho de formar parte de la entidad
(así, el socio en cuanto a la junta general), las personas físicas que encarnan aquél son
designadas según determinen las reglas internas de dicha entidad (los estatutos señalan, por
ejemplo, que por votación en junta general) o por la ley.

Cada órgano tiene sus atribuciones, su campo de acción. Lo que, como tal órgano, realice
dentro de ellas se considera acto de la persona jurídica; ésta obra mediante aquél.

La ley, la jurisprudencia y la doctrina hablan frecuentemente de ¨representantes¨ para


referirse a aquéllos órganos de la persona jurídica que la ponen en relación con terceros; y,
según una opinión, es que realmente ésta, careciendo de ser psíquico-físico no puede obrar
por sí, sino que es como una persona física incapaz, que necesita un representante que lo
haga por ella. Más a tenor de una concepción que consideramos preferible se trata de
órganos y no de verdaderos representantes.

La posición del órgano con respecto a la persona jurídica es monista; y hay un acto de ésta
cuando aquél obra, porque no obra como persona (física) aparte, como ser distinto e
independiente (lo mismo que el hombre actúa a través de sus brazos, por ejemplo, y no
éstos con vida propia). La posición del representante frente al representado es dualista; y
cuando obra hay un acto de éste, aunque sea un acto para aquél, porque obra como persona
(física) aparte, aunque por cuenta y en nombre de otra.

Naturalmente que, además de tener órganos; una persona jurídica también puede tener
(como la física) un representante, y que éste obre para ella. Por ejemplo, el presidente de
una Sociedad en vez de desplazarse a otra ciudad para celebrar como órgano de aquélla un
contrato con un tercero, nombra—obrando por la misma—un representante que lo
concluya.

III.5 Clases de personas jurídicas

Debe atenderse, en su clasificación, a su origen (públicas y privadas), a su procedencia


(nacionales y extranjeras), a su estructura (corporaciones y fundaciones) y a su finalidad
(sociedades y asociaciones).

III.6 Públicas y Privadas.

Por su origen y función. De derecho público y de derecho privado.

1. Las de derecho público tienen por finalidad la prestación de los servicios públicos
administrativos, emanan del mismo estado y pueden ser políticas (nación,
departamentos, municipios) o entidades descentralizadas que, como lo anota el
tratadista Alvaro Tafur Galvis ¨ solo los establecimientos públicos y las empresas
comerciales e industriales del Estado pueden catalogarse acertadamente como
entidades descentralizadas pues solo ellas son adecuados medios de
descentralización administrativa y están efectivamente encuadradas en la
administración del Estado. La sociedad en economía mixta, por su parte, no se halla
encuadrada en la organización administrativa del Estado; la relación que existe entre
ella y éste, puede afirmarse, es la de un accionista en cuanto la sociedad de
economía mixta se integra por participación económica estatal y de particulares¨.

La creación de estos organismos de derecho público compete al Congreso Nacional, a


iniciativa del gobierno, o sea, que, la ley reconoce personería jurídica a estos sujetos de
derecho por el mismo estatuto que los crea.

2)De derecho privado: la que nace de la iniciativa privada, con fondos privados y con fines
distintos y ajenos a las de las colectivas públicas. Algunas de ellas son las asociaciones y
las fundaciones.

Entre estas dos clases de personas hay diferencias fundamentales, a saber:

La iniciativa de su creación parte de la autoridad pública, en las públicas, al paso que en las
de derecho privado emana de los particulares.

Los recursos provienen de fondos públicos, en las primeras, de los particulares, en las
segundas.

El régimen de funcionamiento es de derecho público en las primeras; en las privadas, su


régimen pertenece al derecho privado.
La actividad, en las públicas, es la prestación de un servicio público con ejercicio de
funciones administrativas; en las privadas, esa actividad, aunque sea de interés común o
social, no implica el ejercicio de funciones administrativas.

La administración, en las de derecho público, está en manos de funcionarios públicos; en


las privadas, en las de personas independientes de la administración pública.

Por su procedencia.(Se refiere exclusivamente a las de derecho privado).

Son nacionales, si se han formado en el país venezolano.

Son extranjeras, si proceden de un Estado distinto al venezolano, pero deben sujetarse en su


constitución y en su regulación a la ley venezolana.

III.7 Asociaciones y Fundaciones.

Según la estructura interna de la organización de que se trate, la persona jurídica puede ser:

1º De tipo asociación, cuando está constituida por una pluralidad de personas (miembros)
agrupadas. Rigiéndose normalmente la vida del grupo según la voluntad general de sus
componentes, y tendiéndose a satisfacer corrientemente un interés común a los mismos, o
bien un interés supraindividual. Por ejemplo, una sociedad anónima, un circulo de recreo,
una asociación religiosa o científica, etc.

2º De tipo fundación, cuando el ente no está constituido por una unión de personas, sino por
una organización de bienes creada por una persona (que en adelante queda fuera de
aquél)—fundador—para perseguir el fin que, dentro de los que la ley admite, éste le
marque, según las directrices que le fije.

A las asociaciones también se les denomina, por ser unas uniones de personas, universitates
personarum, y a las fundaciones universitates bonorum (o bien establecimientos: así
establecimientos de instrucción o de beneficencia), porque, al menos, según una extendida
opinión, el ente al que se concede personalidad es un conjunto de bienes organizados según
ciertas reglas y destinados a un fin determinado.

Ciertas asociaciones suelen designarse, a veces, no con este nombre, sino con el de
corporaciones. Cosa que ocurre particularmente cuando se trata de asociaciones de Derecho
público. No son, pues, las corporaciones un tercer tipo de persona jurídica, aunque la ley,
en ocasiones se exprese dé forma que parece darlo a entender.

De la bipartición asociación—fundación se dará solo una idea básica, que permita


comprender la exposición de la materia en los puntos en que entre en juego la distinción
entre ambas, punto éste que posteriormente ahondaremos.

III.8 De interés público y de interés privado.


Según persigan un fin de utilidad general a sólo particular, las personas jurídicas pueden
dividirse en de interés público o de interés privado. Por ejemplo para atender enfermos o
una asociación cultural, científica o de recreo (el casino de una localidad), en el primer
caso, y una sociedad encaminada a obtener lucro o ganancias que repartir entre sus socios,
en el segundo.

De cualquier manera, tal clasificación chocará con todos los inconvenientes que tenga que
delimitar en la práctica donde acaba la utilidad puramente particular y donde comienza la
general.

Aunque sólo sea porque una persona jurídica puede perseguir más de un fin (por ejemplo,
entidad organizada para obtener ganancias y socorrer en sus instalaciones a personas
menesterosas, con la mitad de ellas, repartiéndose la otra mitad entre los socios), hay que
admitir la posibilidad de que la misma sea una parte de interés público y otra de privado;
persona mixta, a la que, en cuanto la diversidad de sus fines lo requiriera, serían aplicables
bien las disposiciones válidas para un tipo, bien las dictadas para el otro.

La doctrina divide a las personas jurídicas, según el fin que persigan, en de interés público
y de interés privado.

Ante todo, conviene advertir que en nuestra opinión no se encamina a establecer tal
división, sino que presuponiendo que hay entes de ambas clases, lo que se pretende es
sentar que unos y otros son—cuando proceda—personas jurídicas (para evitar problemas
sobre sí tienen o no personalidad distinta y aparte de la de sus componentes).

Advertido eso, hay que señalar ahora que un sector de dicha doctrina, en vez de estimar que
el criterio en que se basa la mencionada división es el que hemos acogido, cree,
diferentemente, que son personas jurídicas de interés privado solamente aquellas que
persiguen un fin de lucro o ganancia ( por tanto, beneficio positivo, y no seria ni siquiera
persona de interés privado aquella que persiguiese el fin de reportar un beneficio
económico a sus miembros—un grupo de familiares, por ejemplo, que no admita extraños--
, pero mediante él reducirles gastos o proporcionarles productos a precios más económicos
que los normales) para repartirla entre sus miembros; siendo las demás de interés público.
Tesis que consideramos inaceptable en cuanto son muchos los fines que sin ser el de ganar
para repartir entre sus miembros, no pueden, sin embargo, considerarse sino de puro interés
privado. Por ejemplo: como acabamos de ver, el de beneficiarse económicamente un grupo
de familiares no mediante ganancia, pero sí mediante una disminución de gastos; el de
obtener ganancia para darla a un tercero o repartirla a extraños, no como obra de carácter
social o benéfico, sino puramente de utilidad egoísta para la persona (o personas ) concreta
beneficiaria (A transfiere todos sus bienes a B y C, a cambio de que éstos constituyan una
sociedad cuyas ganancias percibirá A mientras viva); y, en general, el de satisfacer
necesidades económicas no lucrativas, o bien puramente ideales (así de recreo), pero
atinentes sólo a los componentes (miembros) de la entidad, y no útiles para la comunidad
(por ejemplo, una docena de amigos forman una asociación cerrada al ingreso de nuevos
miembros, a la que aportan bienes, con el exclusivo objeto de divertirse y viajar).

III.9 Nacimiento de la persona jurídica


La persona física existe desde que el hombre nace; la jurídica desde que se atribuye
personalidad al ente de que se trate, cosa que puede ocurrir, bien cuando se constituye
(nace) la organización, bien después, porque así como para nuestro Derecho no hay
hombres sin personalidad jurídica, sí hay organizaciones que carecen de ella.

A esa atribución de personalidad se la llama también reconocimiento, dándose, pues, igual


sentido a las expresiones atribuir que reconocer la personalidad.

A tenor de lo dicho, queda claro que, rigurosamente hablando, es inexacta la afirmación


(muy frecuente) de que la persona jurídica se compone de dos elementos: 1º, una
organización o substrato; 2º, el reconocimiento. Pues no se trata de que se den dos
elementos que unidos formen un ser—la persona jurídica--, sino de que al único ser simple
que existe, al único elemento—la organización o substrato—se le concede—reconoce—
personalidad. Pensar otra cosa, sería como pensar—pues habría iguales razones—que la
persona física se compone de dos elementos: el hombre y el reconocimiento, por el
Derecho de su personalidad.

III.10 El llamado reconocimiento y clases del mismo

En nuestro Derecho, la atribución de personalidad de reconocimiento de las personas físicas


tiene lugar por el mero hecho de la existencia del ser humano, pero para otorgarlo a las
organizaciones, que por él se convierten en personas jurídicas, caben dos sistemas (lo que
no quiere decir que cada Derecho positivo haya de acogerse a uno solo, pues puede adoptar
uno para una clase de personas jurídicas, y otro para otras):

1º Que el Derecho establezca que, dándose determinadas circunstancias, adquiere


automáticamente ipso iure ipsoque facto—personalidad jurídica, la entidad que las reúna.
Se puede hablar entonces de reconocimiento genérico hecho por el Derecho.

2º Que el Derecho establezca que para atribuir la personalidad jurídica se requiere una
decisión de los poderes públicos, que la confieren singular y específicamente en cada caso a
la entidad de que se trate. Se puede hablar, entonces, de reconocimiento específico o de
concesión—caso por caso del reconocimiento, hecha por el Estado.

La concesión puede verificarse de diversas formas, que varían no sólo de Derecho a


Derecho, sino incluso dentro de uno mismo, según la importancia, clase, etc., de la entidad
de que se trate: así concesión mediante ley, decreto administrativo, etc.

En nuestro Derecho privado la personalidad jurídica se atribuye de la primera manera.

Se podría entender que se adopta el segundo sistema en el Derecho público (y en algunos


casos de entidades privadas que pueden ser creadas por el acto estatal); por ejemplo, leyes
(o decretos o cualquier otra disposición) que la confieren al Patrimonio forestal del Estado,
a cualquiera de las llamadas Entidades estatales autónomas, a ciertos Montepíos y
Mutualidades, etc.
Más, realmente, en estos casos, la concesión específica de la personalidad tiene lugar, no
porque cada una de esas entidades, de haber sido creadas por particulares (en los casos en
que ello fuera posible), no hubiese adquirido su personalidad automáticamente, sin
necesidad de concesión (pues, por el contrario, sí que la habrían adquirido
automáticamente, salvo que en algún caso especial el Ordenamiento exija necesariamente la
concesión singular, y en tal caso, solamente, se podría decir que es precisa para dicha
adquisición), sino porque para crearlas el Estado ha de hacerlo mediante ley (o decreto,
etc.), en la que, a la vez se dice conceder personalidad al ente que se crea.

III.11 Reconocimiento genérico y sus clases.

Dentro del reconocimiento genérico, se distinguen dos subclases: 1º Reconocimiento por


libre constitución. 2º Reconocimiento por determinaciones normativas. Se da éste cuando la
personalidad se otorga en el momento en el que, llenando la entidad de que se trate los
requisitos determinados en la ley, ello es atestiguado por un acto de autoridad
(generalmente, mediante la inscripción en un registro oficial, previo examen de si aquellos
se cumplieron). Existe reconocimiento por libre constitución cuando la personalidad se
otorga por el simple hecho de constituirse el ente, de nacer, como si dijéramos.

Conviene que queden bien claras dos cosas:

Una, que el sistema de atribución de la personalidad por determinaciones normativas es


perfectamente distinto teórica y prácticamente del de atribución por concesión, pues en éste
la personalidad la confiere el acto (concesivo) de poder público, y, en aquel, la intervención
de la autoridad u organismo no es para conceder nada, sino que es el último hecho que
unido a los demás que la ley requiera, forma con ellos un supuesto de hecho complejo, que,
realizándose, tiene como efecto automático la atribución de la personalidad.

Otra, que el sistema de atribución de la personalidad por libre constitución no quiere decir
ni que ésta se otorgue a organizaciones de puro hecho (es decir, que vivan al margen o de
espaldas al Derecho) ni que en tal constitución no hayan de haberse cumplido todos los
requisitos que la ley establezca ( por ejemplo: además de tener un fin ilícito, constituirse en
escritura pública, si es preciso, etc.), sino sólo que la personalidad se atribuye por tal
constitución, sin necesidad de que para obtenerla sea, además, preciso que todo ello, y el
cumplimiento de cualesquiera otros requisitos, quede constatado por acto de autoridad o en
forma oficial.

Y dentro del sistema de reconocimiento genérico, ¿qué subtipo de él adopta nuestro


Derecho privado? Creemos que, como regla, el de libre constitución, aunque con
excepciones tan amplias (en las que se acoge el de disposiciones normativas) que en la
práctica no tiene menos importancia que el otro.

En efecto: tal sistema de libre constitución es doctrina común que se adopta para la
atribución de personalidad a las fundaciones y a las asociaciones.

III.12 Reconocimientos admitidos en nuestro Derecho


En conclusión, en nuestro Derecho caben los tres sistemas, según las entidades de que se
trate: como regla, el de libre constitución; como excepción, de gran importancia en la
práctica, el de disposiciones normativas, y el de concesión, en casos de creación de la
entidad por el Estado, que al crearla le otorga personalidad, a ella en concreto, en el acto
(decreto, ley, etc.) creador.

III.13 Personalidad de las entidades regidas por otros Derechos.

Además de atribuir nuestro Derecho positivo la personalidad jurídica, según los criterios
que acoge, acepta, también, que la tengan (prescindiendo de la forma de atribución) los
entes que, regidos por otro Derecho, la disfruten conforma a éste (así Derechos extranjeros,
Derecho canónico, etc.).

III.14 El sustrato de la persona jurídica en general.

Según lo dicho, la personalidad jurídica se reconoce a ciertas organizaciones o entidades,


que son el sustrato o ser al que se confiere aquella. Tales organizaciones son de dos tipos,
asociaciones y fundaciones. Ambas distintas en su estructura interna; siendo también
diferentes los actos por los que se crean y las reglas que regulan su funcionamiento.

Por todo ello conviene estudiar por separado estos puntos respecto de cada una.
Previamente trataremos en conjunto el fin, ya que, en cuanto a éste, sí es útil hacer unas
consideraciones comunes a asociaciones y fundaciones.

III.15 El fin de la persona jurídica.

El fin perseguido por la persona jurídica ha de ser posible, lícito y determinado.

Caracteres cuya existencia queda asegurada en los casos en que la personalidad no se


adquiere, sino previa una intervención del poder público. Entonces, a falta de ellos, no es
posible llenar los trámites previos a la atribución de la personalidad.

Si se trata de personas jurídicas que se constituyen libremente, la falta de los mismos—por


ejemplo, es ilícito el fin perseguido--, creemos que es obstáculo para la adquisición de la
personalidad (pues como sabemos, la libertad de constitución no significa que el sustrato al
que la personalidad se otorga no tenga que reunir los requisitos debidos).

En cualquier caso, si llega a crearse una situación de aparente existencia de persona


jurídica, a ciertos efectos ( por ejemplo, para evitar perjuicios a terceros), procederá aplicar
las reglas que regirían si existiese verdaderamente. Más, una vez comprobada la falta del
requisito (por ejemplo, se constata que es ilícito el fin perseguido), no sólo se pone de
relieve la inexistencia de personalidad, sino que procede la disolución de la organización
(sustrato) de que se trate.

Aunque en la práctica preponderan las personas jurídicas que se constituyen para la


consecución de fines duraderos; sin embargo, no es preciso que se trate de fines perpetuos,
ni aún de cierta permanencia; pudiendo consistir en algo cuyo proceso de consecución no
sea siquiera largo. Ahora bien, sin duda no debe tratarse de un objetivo tan fugaz que vaya
contra el mínimo de estabilidad que, por pura lógica, presupone la creación del ser jurídico
que es la persona.

Reuniendo los caracteres antedichos, el fin puede ser de cualquier índole: cultural,
religioso, artístico, científico, de lucro, etc. Y puede ser, también, uno o plural.

Las fundaciones requieren, como después veremos, un fin de interés público.

El fin es importante a diversos efectos, que ya se han señalado o que se indicarán; así para
determinar ciertas reglas especiales a que queda sometida la persona o la formación de su
sustrato.

III.16 Fundaciones

III.16.1 Fundaciones y personas de tipo asociativo

La fundación presupone, como sabemos, la atribución permanente y exclusiva de un


conjunto de bienes (substrato real) a una finalidad, sin que exista un conjunto de personas
que integren el ente (aunque siempre habrá una o más personas que lo creen), razón por la
cual se la llama ¨universitas rerum¨ o ¨universitas bonorum¨. En cambio, la persona de tipo
asociativo, presupone, como también sabemos, una pluralidad—al menos inicial—de
personas (substrato personal), interesadas en la obtención de un fin común, y la afectación
permanente y exclusiva por parte de ellas de un conjunto de bienes (substrato real) a la
consecución de dicho fin. Para oponerla a la fundación, se suele llamar a la asociación
¨universitas personarum¨.

Por lo tanto, las principales diferencias entre las fundaciones y las personas de tipo
asociativo son las siguientes:

1º Las asociaciones requieren un elemento constitutivo personal, mientras que las


fundaciones carecen de él. En efecto, mientras éstas sólo están compuestas de bienes, toda
asociación presupone la existencia de personas que sean integrantes de ella y, en particular,
presupone en el momento de su constitución una pluralidad de personas integrantes.

2º Las asociaciones, precisamente por poseer un elemento humano interno, actúan (aunque
no siempre exclusivamente) en interés de sus componentes, de modo que su finalidad es
(aunque no siempre exclusivamente) una finalidad interna. En cambio, las fundaciones, al
carecer de elemento personal interno, actúan siempre en interés de seres humanos que no
forman parte de ellas, de modo que su finalidad es necesariamente externa.

3º Puede hablarse (aunque en sentido analógico) de una voluntad de la asociación, que , en


realidad es la resultante de la voluntad de sus miembros; pero en la fundación sólo puede
hablarse de voluntad del fundador o de los fundadores.
4º Las asociaciones son autónomas en el sentido de que son gobernadas por sus miembros,
mientras que las fundaciones son heterónomas en el sentido de que son gobernadas por la
voluntad de personas que no la integran.

5º En las asociaciones el aporte inicial de bienes es interno, o sea, que proviene de sus
componentes, mientras que en las fundaciones es externo, ya que proviene del fundador o
de los fundadores (quienes crean la fundación, pero no forman parte de ella).

6º En nuestro Derecho, las fundaciones deben tener finalidad de utilidad general (C.C. art.
20), mientras que algunas personas de tipo asociativo son de mero interés privado.

7º Conceptualmente sería posible la existencia de asociaciones sin patrimonio original—


aunque de hecho la ley no les reconoce personalidad jurídica—mientras que una fundación
sin patrimonio original seria un contrasentido.

III.16.2 Fundaciones y otras instituciones jurídicas semejantes

Para aclarar aún más lo que son las fundaciones conviene distinguirlas de otras
instituciones jurídicas semejantes a ellas.

1º No existe fundación cuando una o más personas destinan bienes a un fin de tal manera
que dichas personas conservan libertad absoluta para mantener o hacer cesar la destinación
que han dado a dichos bienes. En efecto, en tal caso, los bienes no han sido atribuidos
permanentemente a un fin como es necesario para que exista fundación. Así, por ejemplo,
no constituye una fundación quien presta una casa a una institución religiosa para que allí
se instale un colegio, aún cuando el préstamo sea por tiempo determinado, puesto que
transcurrido el plazo, el dueño es libre de disponer de su casa en la forma deseada. Es más
para que haya fundación es necesario que el fundador se desprenda de la propiedad u otro
derecho y lo afecte al fin perseguido.

2º Tampoco se crea una fundación, aunque se afecten permanentemente bienes a un fin


determinado, cuando se trata de obtener el resultado valiéndose de una persona preexistente
en quien se apoya la obra. Tal sería, por ejemplo, el caso de quien en el deseo de destinar
ciertos bienes a crear y mantener una biblioteca de Derecho, donara o legara esos bienes a
la Nación con la estipulación de que ésta les dé el destino indicado. Como se observa, en
este caso no se crea una nueva persona jurídica para tratar de obtener el fin deseado como
ocurre con la fundación propiamente dicha, sino que se trata de alcanzar ese fin mediante el
concurso de una persona ya existente. Sin embargo, las fundaciones se originaron
históricamente en ese tipo de disposiciones y todavía hoy en día se habla—
impropiamente—de que en tales casos existe una fundación ¨fiduciaria¨.

3º Tampoco crea una fundación la persona natural o jurídica que organice colectas o reciba
donaciones aisladas (incluso coincidentes), para un fin determinado, puesto que tampoco
aquí se constituye una nueva persona para perseguir el fin de que se trata.
4º Tampoco constituyen una fundación quienes donan bienes en una oblación colectiva,
caso en el cual donantes públicos reúnen un conjunto de bienes en favor de personas
determinadas (p. ej.: un artista retirado) o de ciertas categorías de personas (p. ej.: los
damnificados por una catástrofe), o para realizar una obra determinada (p. ej.: unos festejos,
la erección de un monumento, etc.). Las relaciones existentes entre las personas que
establecen la finalidad que se perseguirá, calculan los medios de alcanzarla, elaboran el
programa y recaudan las contribuciones (¨comité¨) por una parte, y los donantes por la otra,
son difíciles de calificar jurídicamente. Por lo demás en Venezuela donde la materia no está
regulada por la ley, el único control efectivo de la actividad de tales ¨comités¨ es el ejercido
por la opinión pública.

III.16.3 Constitución de las fundaciones

III.16.3.1 Generalidades

Para constituir una fundación es necesario separar un conjunto de bienes del patrimonio de
una o más personas (naturales o jurídicas), llamadas fundadores, y constituir un patrimonio
distinto afectado a un fin que, además de ser posible, determinado o determinable y lícito,
sea de utilidad general: ¨ artístico, científico, literario, benéfico o social ¨ (C.C. art. 20 ).
Este fin es lo que se llama ¨ objeto de la fundación ¨.

Para lograr esa separación de bienes de un patrimonio y la constitución de un nuevo


patrimonio afectado a un objeto de utilidad general, es necesario un acto o negocio jurídico
del fundador (o fundadores), que es siempre un acto o negocio unilateral, ya que sólo exige
el asentimiento de una parte (el fundador o fundadores); pero que puede ser tanto un acto
entre vivos como un acto ¨ mortis causa ¨.

De acuerdo con una doctrina que cuenta con muchos adeptos, la constitución de la
fundación implica dos actos o negocios jurídicos: el acto o negocio de fundación, que
consiste en la manifestación de voluntad de querer la constitución de la fundación y el acto
o negocio de dotación, que consiste en atribuirle bienes a título gratuito y que, por ende, es,
en principio, un acto de disposición (lo que debe tenerse en cuenta al juzgar sobre la
capacidad o poder requeridos para celebrarlo).

Nuestro legislador no ha distinguido expresamente los dos actos ( de fundación y de


dotación), sino que ha regulado la constitución de la fundación por acto entre vivos y por
testamento.

III.16.3.2 Constitución por acto entre vivos

Para constituir las fundaciones por acto entre vivos es necesario:

1º Levantar un acta constitutiva que exprese el nombre, domicilio, objeto y forma en que
será administrada y dirigida la fundación (C.C. art. 19, ordinal 3º, 1er aparte.).

2º Elaborar los respectivos estatutos.


3º Protocolizar el acta constitutiva en la Oficina Subalterna de Registro del Departamento o
Distrito en que ha sido creada la fundación, y archivar en la misma Oficina un ejemplar
auténtico de los Estatutos de la fundación (C.C. art. 19, encab. Del ord. 3º).

III.16.3.3 Constitución por testamento

Para constituir la fundación por testamento, deberán cumplirse las normas legales sobre
testamentos, con la particularidad de que en tal caso la ley considera que la fundación tiene
existencia jurídica no sólo desde la muerte des testador sino desde el otorgamiento del
testamento, siempre que después de la apertura de la sucesión se cumpla con el requisito de
la respectiva protocolización.

III.16.4 Identidad de las Fundaciones

La fundación es una persona jurídica determinada, distinta del fundador o fundadores, y


conserva su identidad aún cuando cambien los bienes que la integran o se modifiques sus
Estatutos (caso en el cual la modificación o reforma debe archivarse en la Oficina
Subalterna de Registro dentro de los quince días siguientes).

Como consecuencia de su identidad, las fundaciones tienen un nombre que debe


atribuírsele en el acta constitutiva o testamento respectivo. Usualmente el nombre incluye
la palabra ¨fundación¨ seguida de una mención referente a su objeto, o a su fundador, o a
ambas cosas; pero no existen normas legales al respecto.

III.16.5 Domicilio de las fundaciones

La fundación tiene domicilio general propio, distinto del domicilio del fundador o
fundadores. Ese domicilio es el que libremente se señale en su acta constitutiva o en el
respectivo testamento, o a falta de tal señalamiento, el lugar donde están situada su
dirección o administración ( C.C. art. 19 ord, 3º, y art. 28, 1º disp.), independientemente del
objeto de la fundación y del lugar donde tenga en realidad el asiento principal de sus
negocios e intereses.

Consideramos aplicable a las fundaciones la previsión de que cuando tengan agentes o


sucursales establecidas en lugares distintos de su domicilio, se tendrá también como
domicilio suyo el lugar de la agencia o sucursal respecto de los hechos, actos y contratos
que ejecuten o celebren por medio del agente o sucursal (C.C. art. 28, 2º disp.). Esta regla,
como se advierte, constituye por lo menos una atenuación del principio de la unidad del
domicilio general.

Nada impide que las fundaciones, además de su domicilio general, tengan domicilios
especiales y, en particular, domicilios de elección para ciertos asuntos o actos.

III.16.6 Capacidad de las fundaciones


En este aspecto, basta remitirnos a lo expuesto con anterioridad al tratar a las personas
jurídicas en general. Obsérvese, sin embargo, que las donaciones no manuales, ni
remuneratorias, ajenas al fin de algunas personas jurídicas, son frecuentemente la actividad
fundamental de algunas fundaciones.

III.16.7 Dirección y administración de las fundaciones

Todo lo concerniente a la dirección y administración de las fundaciones, en principio,


puede y debe ser determinado en el acto de su constitución o en sus Estatutos; pero como
las fundaciones carecen de sustrato personal y persiguen un objeto de utilidad general, la
ley ha previsto cierta intervención del Estado en la dirección y administración de aquéllas.
Las respectivas normas que, dados sus fundamentos, son evidentemente de orden público,
prevén que:

1º Las fundaciones quedaran sometidas a supervigilancia del Estado, quien la ejercerá por
intermedio de los respectivos Jueces de Primera Instancia, ante los cuales rendirán cuenta
los administradores ( C.C. art. 21 ).

2º En todo caso en que por ausencia, incapacidad o muerte del fundador, o por cualquier
otra circunstancia no pudiera ser administrada la fundación de acuerdo con sus Estatutos, el
respectivo Juez de Primera Instancia organizará la administración o suplirá las deficiencias
que en ella ocurran, siempre con el propósito de mantener en lo posible el objeto de la
fundación ( C.C. art. 22).

¨Infra¨ se señalará también una intervención del Estado en la disolución de las fundaciones.

III.16.8 Extinción de las fundaciones

III.16.8.1 Causas de extinción

Las fundaciones se extinguen por las causas de extinción establecidas en su acto de


constitución o en sus estatutos; pero, además, se extinguen por la imposibilidad
sobrevenida de alcanzar su objeto, sea que se trate de una imposibilidad de hecho o de una
imposibilidad legal derivada de haberse hecho ilícito tal objeto. En orden a esa hipótesis
prevé la ley que el respectivo Juez de Primera Instancia, oída la administración de la
fundación, si fuere posible, podrá disponer la disolución de ésta y pasar sus bienes a otra
fundación o institución ) C.C. art. 23). Al respecto debe aclararse que el Juez puede
también, según parece, hacer uso de la facultad que le confiere el artículo 22 del Código
Civil, caso en el cual, en vez de disolver la fundación, se limitaría a modificar su objeto.

III.16.8.2 Suerte de los bienes.

Extinguida la fundación, la suerte de los bienes que le pertenecían se regula dé acuerdo con
lo dispuesto en su acto de constitución o en sus estatutos. Si nada se ha dispuesto, los
bienes revierten al fundador o fundadores, o, en su caso, a los herederos del fundador o
fundadores.
Sin embargo, en el caso previsto en el artículo 23 del Código Civil, los bienes pasan a otra
fundación o institución, transmisión que se asemeja a la sucesión de las personas naturales
aunque exista la diferencia de que la fundación o institución beneficiaria recibe el
patrimonio neto de la fundación disuelta, o sea, lo que resta después de pagar el pasivo
correspondiente, mientras que el heredero recibe, en principio, tanto el activo como el
pasivo del ¨de cujus¨. En nuestro concepto, la atribución judicial del patrimonio de una
fundación disuelta a otra fundación o institución no puede decretarse si el acto constitutivo
o los estatutos disponen lo contrario.

III.17 Personas de tipo asociativo

III.17.1 Clasificación

Nuestro Código Civil clasifica las personas de tipo asociativo en corporaciones,


asociaciones propiamente dichas y sociedades.

III.17.1.1 Corporaciones

El legislador menciona a las corporaciones, pero no las define. La doctrina las caracteriza
porque en ellas predomina el interés público sobre el interés privado y porque son creadas o
reconocidas por una ley que regula su funcionamiento. Pero, como nuestro Código Civil
dispone que las corporaciones adquieren la personalidad jurídica con la protocolización de
su acta constitutiva, no debería decirse que son creadas o reconocidas por la ley, sino que la
ley ordena crearlas o las reconoce (si ya existen). Como ya se aclaró, no todo lo que se
llama corporación en lenguaje ordinario es una corporación en sentido jurídico.

III.17.1.2 Asociaciones propiamente dichas.

Las asociaciones propiamente dichas son las personas de tipo asociativo que no tienen por
objeto un fin de lucro para sus miembros, lo que no excluye que el ente pueda realizar
actividades lucrativas como medio para alcanzar sus fines propios (p. ej.: científicos,
deportivos, culturales, etc.).

III.17.1.3 Sociedades

Las sociedades son las personas de tipo asociativo que tienen por objeto una actividad que
constituye un medio de lucro para sus miembros.

Las sociedades pueden ser civiles o mercantiles.

1º Son sociedades mercantiles:

A. Las que tienen por objeto uno o más actos de comercio (C. Com., art. 300, encab.),
que son los actos que la propia ley califica como tales (C. Com., art. 2º).
B. Las sociedades anónimas y las de responsabilidad limitada, cualquiera que sea su
objeto, salvo que disponga lo contrario una ley especial o que se dediquen
exclusivamente a la explotación agrícola o pecuaria (C.Com., art. 200, ap. 1º).

2º Son sociedades civiles:

Todas las demás. Entre ellas forman categoría especial las sociedades civiles que revisten
forma mercantil (p. ej.: una sociedad anónima dedicada exclusivamente a la explotación
agrícola ).

III.17.2 Constitución

III.17.2.1 Acto o negocio constitutivo

La constitución de las personas de tipo asociativo presupone la celebración de un acto o


negocio jurídico, por el cual dos o más personas declaran su voluntad de constituir la
persona jurídica correspondiente. A este acto o negocio constitutivo pueden preceder actos
jurídicos preparatorios por parte de los promotores, de modo que la formación del ente
puede ser sucesiva o instantánea.

La doctrina tradicional califica el acto constitutivo como un contrato. Para explicar las
peculiaridades de dicho negocio jurídico, algunos autores han elaborado teorías novedosas.
Unos, lo engloban dentro de la categoría de los contratos plurilaterales, que se
caracterizarían por permitir la intervención de mas de dos partes distintas. Según otros, se
trata de uno de los llamados contratos de organización que se caracterizarían por la
pluralidad de partes, por no implicar intercambio de prestaciones entre ellas y por el hecho
de que si bien las partes tienen intereses opuestos, éstos son de satisfacción coordinada. No
pocos autores modernos señalan, en cambio, que en la constitución de personas jurídicas no
hay la oposición de intereses entre las partes que caracteriza a los contratos, razón por la
cual califican el acto constitutivo como simple acto colectivo y no como contrato; pero es
muy discutible la afirmación de que en la constitución de personas jurídicas asociativas no
exista oposición de intereses.

III.17.2.2 Adquisición de la personalidad jurídica

Si bien en necesario un negocio constitutivo de las personas de tipo asociativo, ese acto
solo no basta para que el ente adquiera personalidad jurídica.

1º Cuando se trata de corporaciones o asociaciones, éstas adquieren personalidad jurídica


con la protocolización del acta constitutiva en la Oficina Subalterna del Registro del
Distrito o Departamento en que fueron creadas, donde se archivará un ejemplar auténtico de
los Estatutos (C.C. art. 19, encab. Del ord.3º ). El acta deberá expresar el nombre,
domicilio, objeto y forma en que será administrada y dirigida la asociación o corporación
(C.C. art. 19, ap. 1º del ord. 3º).
2º Las sociedades civiles, en principio, adquieren personalidad jurídica desde que se
protocoliza el correspondiente contrato en la Oficina Subalterna de Registro Público de su
domicilio (C.C. art. 1351, encab.); pero si revisten forma mercantil, adquieren personalidad
jurídica cumpliendo las formalidades del Código de Comercio (C.C. art. 1651, ap. 1º ). La
adquisición de la personalidad jurídica de las sociedades o compañías de comercio se rige
por el Código de Comercio.

III.17.3 Identidad, domicilio y capacidad.

A. Identidad.

Las personas de tipo asociativo tienen su propia identidad y la conservan


independientemente de las modificaciones que pueda sufrir su sustrato personal (sin
perjuicio de que ciertos hechos relativos a sus miembros puedan extinguir determinadas
categorías de personas de tipo asociativo).

Reflejo de la identidad de estas personas es su nombre que en Derecho Mercantil se llama


razón social cuando se trata de sociedades en nombre colectivo o comandita, y
denominación social cuando se trata de sociedades anónimas o de responsabilidad limitada.
El nombre debe ser determinado en el acto constitutivo de la persona jurídica; pero en el
caso de las corporaciones puede estar fijado por la ley que ordene su creación.

B. Domicilio

El domicilio general de las corporaciones, asociaciones y sociedades, cualesquiera que sea


su objeto, se halla en el lugar donde esté situada su dirección o administración, salvo lo
dispuesto en sus Estatutos o por leyes especiales (C.C. art. 28, 1º disp.). Pero debe tenerse
en cuenta que cuando las personas asociativas tengan agentes o sucursales establecidos en
lugares distintos de aquel de donde se halla su dirección o administración, se tendrá
también como su domicilio el lugar de la agencia o sucursal, respecto de los hechos, actos y
contratos que ejecuten o celebren por medio del agente o sucursal (C.C. art. 28 2º disp.). El
Código de Comercio, a su vez, establece que el domicilio de las sociedades o compañías de
comercio, salvo disposición contraria del contrato constitutivo de la sociedad, se encuentra
en el lugar donde tengan su establecimiento principal ( C. Com. art. 203 ).

C. Capacidad.

En cuanto a la capacidad de las personas de tipo asociativo nos remitimos a lo expuesto


anteriormente sobre las personas jurídicas en general.

III.17.4 Dirección y administración

En principio, la dirección y administración de las corporaciones está regulada en la


respectiva ley especial, mientras que la dirección y administración de asociaciones y
sociedades se deja a la autonomía de la voluntad. Sin embargo, la ley dicta numerosas
reglas supletorias e interpretativas respecto de la dirección y administración de las
sociedades sin que falten normas imperativas en la materia, especialmente en Derecho
Mercantil.

A diferencia de las fundaciones, las personas de tipo asociativo en principio, no están


sometidas a la inspección y vigilancia especiales del Estado. Sin embargo, existen
excepciones respecto de algunas categorías de personas asociativas, en razón de su objeto (
p. ej.: las cooperativas, empresas aseguradoras, bancos y otras instituciones de crédito,
etc.). Además, el Código de Comercio prevé que el Estado, por medio de los organismos
administrativos competentes, vigilará el cumplimiento de los requisitos establecidos para la
constitución y funcionamiento de las sociedades anónimas y de responsabilidad limitada (
C. Com. art. 200, parágrafo único).

III.17.5 Extinción

III.17.5.1 Causas de extinción

Como todas las personas jurídicas, las de tipo asociativo se disuelven por la imposibilidad
sobrevenida de alcanzar su objeto o por haberlo alcanzado.

Por otra parte, todas las personas de tipo asociativo se disuelven, en principio, por decisión
de sus miembros o por desaparición de su substrato personal. Sin embargo, por una parte,
existen corporaciones que no pueden ser disueltas por voluntad de sus miembros y, por
otra, las sociedades anónimas y de responsabilidad limitada no se disuelven por el hecho de
haber adquirido uno de los socios la totalidad de las acciones o cuotas sociales ( C. Com.
,art. 342, últ. Ap. ).

Además, las personas de tipo asociativo se disuelven por las causas de disolución
establecidas para ellas por la ley y por sus Estatutos.

III.17.5.2 Suerte de los bienes

Extinguida la persona de tipo asociativo, la suerte de los bienes que resten después de haber
satisfecho las obligaciones de aquella, se rige por lo establecido en la ley y sus Estatutos.

III.17.6 Asociaciones sin personalidad jurídica

Dado que el acto constitutivo por sí solo no otorga personalidad jurídica a las asociaciones
(¨lato sensu), se comprende la posibilidad de que existan asociaciones sin personalidad
jurídica, por no haberse cumplido las formalidades legales del caso. Ello ocurre a veces por
negligencia; pero en muchas oportunidades es consecuencia de una decisión de los
miembros motivada por el carácter transitorio o accidental de la asociación (Ej. : en el caso
de Comités Pro - Damnificados); por no requerirse la personalidad en orden a conseguir los
fines perseguidos o por el deseo de mantener en secreto una negociación. Es obvio que el
régimen de las asociaciones sin personalidad difiere del establecido para las personas de
tipo asociativo en todo cuanto es consecuencia de la personalidad jurídica (identidad,
nombre, domicilio, autonomía patrimonial, capacidad, dirección y administración, etc.). En
particular debe señalarse que en este caso los bienes no pertenecen a la asociación, sino que
están en comunidad entre sus miembros, de modo que la administración de los mismos se
rige por las normas dictadas para la comunidad ordinaria.

Por lo demás, nuestro legislador no dictó normas expresas para reglamentar las
asociaciones sin personalidad, ni tampoco estableció, como hizo el B.G.B., la aplicación a
las mismas, de las normas que regulan las sociedades en cuanto les sean aplicables. Pero, la
procedencia de esta aplicación analógica es evidente ( C.C. art. 4º, ap. único).

CONCLUSIÓN

Entre las innumerables definiciones de persona en Derecho, podemos citar tres, todas
equivalentes: 1º Persona es todo ente susceptible de tener derechos o deberes jurídicos; 2º
Persona es todo ente susceptible de figurar como término subjetivo en una relación jurídica;
y 3º Persona es todo ente susceptible de ser sujeto activo o pasivo –pretensor u obligado—
en una relación jurídica.

Persona es el ente apto para ser titular de derechos o deberes jurídicos; personalidad es la
cualidad de ser persona, o sea, la aptitud para ser titular de derechos o deberes jurídicos.

Si se entiende por sujeto de derecho aquel que actualmente tiene un derecho o deber, el
concepto de persona es más amplio porque comprende también a quien puede llegar a tener
un derecho o un deber, aunque actualmente no lo tenga. Pero tomada la expresión, ¨sujeto
de derecho¨ en abstracto, o sea, sin referirla a ningún derecho o deber concreto, viene a ser
sinónimo de persona.

A las personas, o sea, a los posibles sujetos de derecho, se contraponen las cosas, las cuales
sólo pueden llegar a ser objetos de derechos. Entre esas cosas no se incluyen en la
actualidad a los seres humanos. En cambio, la expresión comprende tanto las llamadas
cosas corporales, como las incorporales.

El derecho vigente ha corregido las desviaciones antiguas y medioevales de reconocer


personalidad jurídica a ciertos entes. En especial no se la reconoce a los animales, a los
cuales los emperadores romanos llegaron a conceder honores y los juristas medioevales a
exigir responsabilidades penales, llegando incluso a ser sometidos a condenas penales.

Las personas en Derecho, o sea, las personas jurídicas en sentido lato, se clasifican en:
Personas Naturales y Personas Jurídicas

Las personas naturales llamadas también individuales, físicas, simples o concretas, son los
individuos de la especie humana y solo ellos.

Las personas jurídicas en sentido estricto, colectivas, morales, complejas o abstractas, son
todos los entes aptos para ser titulares de derechos o deberes y que no son individuos de la
especie humana.
Jurídicamente es persona todo ser al que el Derecho considera como miembro de la
comunidad, atribuyéndole aptitud para ser titular de relaciones jurídicas (capacidad
jurídica). Y como quiera que esta capacidad no solo le es reconocida al hombre, sino
también atribuida a determinadas organizaciones humanas, que se crean para conseguir los
fines mas variados, junto a aquel –persona física—están también, como personas, dichas
organizaciones que, por no ser hombres, se denominan personas jurídicas.

En consecuencia, la persona jurídica puede ser definida como ¨organización humana


encaminada a la consecución de un fin, a la que el Derecho reconoce como miembro de la
comunidad, otorgándole capacidad jurídica¨.

El derecho no crea seres de la nada, sino que aprehende del campo social ciertos entes que
sin tener una realidad corporal y espiritual como el hombre, sin embargo, tienen realidad
social, una individualidad propia, y toman parte en la vida de la comunidad, como unidades
distintas e independientes (así, un municipio, un club deportivo, una sociedad anónima) de
los singulares elementos que en cada momento concreto los componen (los vecinos, los
socios, los accionistas), para alcanzar determinados fines que interesan, no a un solo
hombre, sino a una pluralidad de ellos, o que prácticamente solo son conseguíbles, o , al
menos lo son más fácilmente, por organizaciones humanas, que por el hombre aislado. Y lo
mismo que por razones de justicia el Derecho reconoce a éste aptitud para ser titular de
relaciones jurídicas, por razones de conveniencia u oportunidad (verdaderas o pensadas
como tales), atribuye tal aptitud a ciertas de aquéllas organizaciones, pues si bien muchas
veces podrían alcanzarse los fines simplemente a través de una organización sin
personalidad, otras es preferible—o, por lo menos, se ha estimado serlo—que aquélla, una
vez creada, tenga ella misma, derechos y obligaciones suyos (sea propietaria, acreedora,
deudora); en definitiva, tenga una esfera jurídica y un patrimonio propios; y no que tales
derechos y obligaciones pertenezcan en común o por cuotas a sus componentes (como
ocurriría sí, por ejemplo, a cada uno de los miembros de una sociedad le perteneciese una
porción de los bienes sociales; y para ello ha de conferírsele personalidad, ya que conferir
ésta es conferir aptitud `para ser titular de relaciones jurídicas.

La personalidad es una categoría jurídica. La persona, en sentido de persona humana es un


ser sustancial—sustancia individual de naturaleza racional--. Y, ciertamente, la persona
jurídica ni es persona en ese sentido ni el Derecho lo pretende ni finge que lo sea, sino que
para éste persona no significa persona humana, sino un ser al es atribuible la titularidad de
relaciones jurídicas. Atribuibilidad que: 1º De por sí ni implica ni requiere que el ser de que
se trate tenga una naturaleza determinada. 2º Con la que pueden ser investidos lo mismo los
hombres (personas, en el sentido natural; y por aquélla atribuibilidad, en el jurídico; no
siendo, en caso contrario, personas en este sentido (esclavos)) que las entidades sociales,
como una sociedad (personas en sentido jurídico solamente), que existen para la realización
de intereses humanos.

Que yerran quienes niegan toda realidad a la persona jurídica, como verdadera persona, por
partir de la base de que tal sólo lo es el hombre. Pensando que cuando el Derecho acoge
como personas a entes no humanos, establece una ficción de persona.
Los órganos están compuestos o encarnados por personas físicas. Se precisan órganos para
la formación de lo que podemos llamar voluntad de la entidad, para la exteriorización de
ésta y ejecución de las decisiones, y para ponerla en relaciones con terceros; órganos que
dirijan la vida del ente y a través de los que éste obre.

Tales órganos pueden variar de persona a persona, y ser unipersonales (así, presidente) o
colegiados (así, junta de miembros).

Debe atenderse, en su clasificación, a su origen (públicas y privadas), a su procedencia


(nacionales y extranjeras), a su estructura (corporaciones y fundaciones) y a su finalidad
(sociedades y asociaciones).

Las de derecho público tienen por finalidad la prestación de los servicios públicos
administrativos, emanan del mismo estado y pueden ser políticas (nación, departamentos,
municipios) o entidades descentralizadas que ¨solo los establecimientos públicos y las
empresas comerciales e industriales del Estado pueden catalogarse acertadamente como
entidades descentralizadas pues solo ellas son adecuados medios de descentralización
administrativa y están efectivamente encuadradas en la administración del Estado. La
sociedad en economía mixta, por su parte, no se halla encuadrada en la organización
administrativa del Estado; la relación que existe entre ella y éste, puede afirmarse, es la de
un accionista en cuanto la sociedad de economía mixta se integra por participación
económica estatal y de particulares¨.

La creación de estos organismos de derecho público compete al Congreso Nacional, a


iniciativa del gobierno, o sea, que, la ley reconoce personería jurídica a estos sujetos de
derecho por el mismo estatuto que los crea.

De derecho privado: la que nace de la iniciativa privada, con fondos privados y con fines
distintos y ajenos a las de las colectivas públicas. Algunas de ellas son las asociaciones y
las fundaciones.

Entre estas dos clases de personas hay diferencias fundamentales, a saber:

La iniciativa de su creación parte de la autoridad pública, en las públicas, al paso que en las
de derecho privado emana de los particulares.

Los recursos provienen de fondos públicos, en las primeras, de los particulares, en las
segundas.

El régimen de funcionamiento es de derecho público en las primeras; en las privadas, su


régimen pertenece al derecho privado.

La actividad, en las públicas, es la prestación de un servicio público con ejercicio de


funciones administrativas; en las privadas, esa actividad, aunque sea de interés común o
social, no implica el ejercicio de funciones administrativas.
La administración, en las de derecho público, está en manos de funcionarios públicos; en
las privadas, en las de personas independientes de la administración pública.

Por su procedencia.(Se refiere exclusivamente a las de derecho privado).

Son nacionales, si se han formado en el país venezolano.

Son extranjeras, si proceden de un Estado distinto al venezolano, pero deben sujetarse en su


constitución y en su regulación a la ley venezolana.

Según la estructura interna de la organización de que se trate, la persona jurídica puede ser:

De tipo asociación, cuando está constituida por una pluralidad de personas (miembros)
agrupadas. Rigiéndose normalmente la vida del grupo según la voluntad general de sus
componentes, y tendiéndose a satisfacer corrientemente un interés común a los mismos, o
bien un interés supraindividual. Por ejemplo, una sociedad anónima, un circulo de recreo,
una asociación religiosa o científica, etc.

De tipo fundación, cuando el ente no está constituido por una unión de personas, sino por
una organización de bienes creada por una persona (que en adelante queda fuera de
aquél)—fundador—para perseguir el fin que, dentro de los que la ley admite, éste le
marque, según las directrices que le fije.

Según persigan un fin de utilidad general a sólo particular, las personas jurídicas pueden
dividirse en de interés público o de interés privado. Por ejemplo para atender enfermos o
una asociación cultural, científica o de recreo (el casino de una localidad), en el primer
caso, y una sociedad encaminada a obtener lucro o ganancias que repartir entre sus socios,
en el segundo.

De cualquier manera, tal clasificación chocará con todos los inconvenientes que tenga que
delimitar en la práctica donde acaba la utilidad puramente particular y donde comienza la
general.

La persona física existe desde que el hombre nace; la jurídica desde que se atribuye
personalidad al ente de que se trate, cosa que puede ocurrir, bien cuando se constituye
(nace) la organización, bien después, porque así como para nuestro Derecho no hay
hombres sin personalidad jurídica, sí hay organizaciones que carecen de ella.

En conclusión, en nuestro Derecho caben los tres sistemas, según las entidades de que se
trate: como regla, el de libre constitución; como excepción, de gran importancia en la
práctica, el de disposiciones normativas, y el de concesión, en casos de creación de la
entidad por el Estado, que al crearla le otorga personalidad, a ella en concreto, en el acto
(decreto, ley, etc.) creador.

Además de atribuir nuestro Derecho positivo la personalidad jurídica, según los criterios
que acoge, acepta, también, que la tengan (prescindiendo de la forma de atribución) los
entes que, regidos por otro Derecho, la disfruten conforma a éste (así Derechos extranjeros,
Derecho canónico, etc.).

El fin perseguido por la persona jurídica ha de ser posible, lícito y determinado.

La fundación presupone, como sabemos, la atribución permanente y exclusiva de un


conjunto de bienes (substrato real) a una finalidad, sin que exista un conjunto de personas
que integren el ente (aunque siempre habrá una o más personas que lo creen), razón por la
cual se la llama ¨universitas rerum¨ o ¨universitas bonorum¨. En cambio, la persona de tipo
asociativo, presupone, como también sabemos, una pluralidad—al menos inicial—de
personas (substrato personal), interesadas en la obtención de un fin común, y la afectación
permanente y exclusiva por parte de ellas de un conjunto de bienes (substrato real) a la
consecución de dicho fin. Para oponerla a la fundación, se suele llamar a la asociación
¨universitas personarum¨.

Por lo tanto, las principales diferencias entre las fundaciones y las personas de tipo
asociativo son las siguientes:

1º Las asociaciones requieren un elemento constitutivo personal, mientras que las


fundaciones carecen de él. En efecto, mientras éstas sólo están compuestas de bienes, toda
asociación presupone la existencia de personas que sean integrantes de ella y, en particular,
presupone en el momento de su constitución una pluralidad de personas integrantes.

2º Las asociaciones, precisamente por poseer un elemento humano interno, actúan (aunque
no siempre exclusivamente) en interés de sus componentes, de modo que su finalidad es
(aunque no siempre exclusivamente) una finalidad interna. En cambio, las fundaciones, al
carecer de elemento personal interno, actúan siempre en interés de seres humanos que no
forman parte de ellas, de modo que su finalidad es necesariamente externa.

3º Puede hablarse (aunque en sentido analógico) de una voluntad de la asociación, que , en


realidad es la resultante de la voluntad de sus miembros; pero en la fundación sólo puede
hablarse de voluntad del fundador o de los fundadores.

4º Las asociaciones son autónomas en el sentido de que son gobernadas por sus miembros,
mientras que las fundaciones son heterónomas en el sentido de que son gobernadas por la
voluntad de personas que no la integran.

5º En las asociaciones el aporte inicial de bienes es interno, o sea, que proviene de sus
componentes, mientras que en las fundaciones es externo, ya que proviene del fundador o
de los fundadores (quienes crean la fundación, pero no forman parte de ella).

6º En nuestro Derecho, las fundaciones deben tener finalidad de utilidad general (C.C. art.
20), mientras que algunas personas de tipo asociativo son de mero interés privado.
7º Conceptualmente sería posible la existencia de asociaciones sin patrimonio original—
aunque de hecho la ley no les reconoce personalidad jurídica—mientras que una fundación
sin patrimonio original seria un contrasentido.

Para constituir una fundación es necesario separar un conjunto de bienes del patrimonio de
una o más personas (naturales o jurídicas), llamadas fundadores, y constituir un patrimonio
distinto afectado a un fin que, además de ser posible, determinado o determinable y lícito,
sea de utilidad general: ¨ artístico, científico, literario, benéfico o social ¨ (C.C. art. 20 ).
Este fin es lo que se llama ¨ objeto de la fundación ¨.

Para lograr esa separación de bienes de un patrimonio y la constitución de un nuevo


patrimonio afectado a un objeto de utilidad general, es necesario un acto o negocio jurídico
del fundador (o fundadores), que es siempre un acto o negocio unilateral, ya que sólo exige
el asentimiento de una parte (el fundador o fundadores); pero que puede ser tanto un acto
entre vivos como un acto ¨ mortis causa ¨.

Para constituir las fundaciones por acto entre vivos es necesario:

1º Levantar un acta constitutiva que exprese el nombre, domicilio, objeto y forma en que
será administrada y dirigida la fundación (C.C. art. 19, ordinal 3º, 1er aparte.).

2º Elaborar los respectivos estatutos.

3º Protocolizar el acta constitutiva en la Oficina Subalterna de Registro del Departamento o


Distrito en que ha sido creada la fundación, y archivar en la misma Oficina un ejemplar
auténtico de los Estatutos de la fundación (C.C. art. 19, encab. Del ord. 3º).

Para constituir la fundación por testamento, deberán cumplirse las normas legales sobre
testamentos, con la particularidad de que en tal caso la ley considera que la fundación tiene
existencia jurídica no sólo desde la muerte des testador sino desde el otorgamiento del
testamento, siempre que después de la apertura de la sucesión se cumpla con el requisito de
la respectiva protocolización.

Las fundaciones se extinguen por las causas de extinción establecidas en su acto de


constitución o en sus estatutos; pero, además, se extinguen por la imposibilidad
sobrevenida de alcanzar su objeto, sea que se trate de una imposibilidad de hecho o de una
imposibilidad legal derivada de haberse hecho ilícito tal objeto. En orden a esa hipótesis
prevé la ley que el respectivo Juez de Primera Instancia, oída la administración de la
fundación, si fuere posible, podrá disponer la disolución de ésta y pasar sus bienes a otra
fundación o institución ) C.C. art. 23). Al respecto debe aclararse que el Juez puede
también, según parece, hacer uso de la facultad que le confiere el artículo 22 del Código
Civil, caso en el cual, en vez de disolver la fundación, se limitaría a modificar su objeto.

Nuestro Código Civil clasifica las personas de tipo asociativo en corporaciones,


asociaciones propiamente dichas y sociedades.
El legislador menciona a las corporaciones, pero no las define. La doctrina las caracteriza
porque en ellas predomina el interés público sobre el interés privado y porque son creadas o
reconocidas por una ley que regula su funcionamiento. Pero, como nuestro Código Civil
dispone que las corporaciones adquieren la personalidad jurídica con la protocolización de
su acta constitutiva, no debería decirse que son creadas o reconocidas por la ley, sino que la
ley ordena crearlas o las reconoce (si ya existen). Como ya se aclaró, no todo lo que se
llama corporación en lenguaje ordinario es una corporación en sentido jurídico.

Las asociaciones propiamente dichas son las personas de tipo asociativo que no tienen por
objeto un fin de lucro para sus miembros, lo que no excluye que el ente pueda realizar
actividades lucrativas como medio para alcanzar sus fines propios (p. ej.: científicos,
deportivos, culturales, etc.).

Las sociedades son las personas de tipo asociativo que tienen por objeto una actividad que
constituye un medio de lucro para sus miembros.

Las sociedades pueden ser civiles o mercantiles.

1º Son sociedades mercantiles:

A. Las que tienen por objeto uno o más actos de comercio (C. Com., art. 300, encab.),
que son los actos que la propia ley califica como tales (C. Com., art. 2º).
B. Las sociedades anónimas y las de responsabilidad limitada, cualquiera que sea su
objeto, salvo que disponga lo contrario una ley especial o que se dediquen
exclusivamente a la explotación agrícola o pecuaria (C.Com., art. 200, ap. 1º).

2º Son sociedades civiles:

Todas las demás. Entre ellas forman categoría especial las sociedades civiles que revisten
forma mercantil (p. ej.: una sociedad anónima dedicada exclusivamente a la explotación
agrícola ).

Como todas las personas jurídicas, las de tipo asociativo se disuelven por la imposibilidad
sobrevenida de alcanzar su objeto o por haberlo alcanzado.

Por otra parte, todas las personas de tipo asociativo se disuelven, en principio, por decisión
de sus miembros o por desaparición de su substrato personal. Sin embargo, por una parte,
existen corporaciones que no pueden ser disueltas por voluntad de sus miembros y, por
otra, las sociedades anónimas y de responsabilidad limitada no se disuelven por el hecho de
haber adquirido uno de los socios la totalidad de las acciones o cuotas sociales ( C. Com.
,art. 342, últ. Ap. ).

Además, las personas de tipo asociativo se disuelven por las causas de disolución
establecidas para ellas por la ley y por sus Estatutos