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Leonardo Boff

Artículos semanales de Koinonía

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1. Guerra-masacre 2003-02-22
El gran peligro para la Humanidad y para la biosfera no es tanto Saddam Hussein
como George Bush. A consecuencia de los atentados del 11 de septiembre, como jefe de la
única superpotencia global, verdadero imperio no-territorial, Bush ha decidido dominar el
mundo por la fuerza. Inauguró la guerra permanente y la “justicia infinita”, pasando por
encima de convenciones y leyes internacionales. En sus pronunciamientos está clara una
escalada peligrosa.
El primer paso fue convocar al mundo para una guerra implacable contra el
terrorismo internacional. El slogan era \"quien no está con nosotros está contra
nosotros\". El segundo, fue identificar los países susceptibles de abrigar y fomentar el
terrorismo global. Contabilizó cerca de sesenta, llamados países \"parias\"
y \"bandidos\", tres de los cuales forman el “eje del mal”, Irán, Irak y Corea del Norte. Y
finalmente proyectó la “guerra preventiva”. En el discurso del 7 de octubre de 2002,
dirigiéndose a la nación, Bush dice claramente: \"En vista del evidente peligro, no
podemos esperar a tener pruebas decisivas\", haremos la guerra. Ahora bien, es premisa
del derecho público e internacional que toda decisión se base en pruebas decisivas. Los
inspectores internacionales no han encontrado hasta ahora ninguna prueba decisiva, y
tampoco fueron convincentes las expuestas por Colin Powell. Pero para Bush esto no es
impedimento para una acción unilateral. Quien amenace y desafíe militarmente al país
debe ser, inmediatamente, desarmado. Y Bush amenaza con usar todas las armas
disponibles en una acción militar preventiva.
Aquí está el peligro de Bush. El arsenal disponible de armas químicas, biológicas y
nucleares es de tal monta que un porcentaje de ellas puede destruir a toda la humanidad.
George Bush padre, bastante más comedido que su hijo, autorizó la utilización de uranio
empobrecido, en forma de revestimiento de bombas, contra la población iraquí en 1991.
Dicho material radioactivo, residuo de la fabricación de armas atómicas, permanece
activo durante 4.500 años, sus partículas penetran en el suelo, contaminan aguas y
alimentos y producen cáncer y deformaciones genéticas. Esta perversidad también se
llevó acabo en la ex-Yugoslavia, en Kosovo y en Bosnia. Se lanzaron cerca de 940 mil
proyectiles revestidos de ese material de muerte. Las víctimas son incontables. En la
guerra contra Irak murieron 150.000 niños y otros 500.00 a consecuencia del embargo.
La guerra inminente no es una guerra, es una cobardía, una masacre. No se trata de
un enfrentamiento entre ejércitos, sino de la matanza de civiles desde 16 mil metros de
altura con bombas inteligentes. Max Born, premio Nóbel de física (1954) denunció el
predominio de la matanza de civiles en la guerra moderna. En la primera guerra mundial
murieron un 5% de civiles, en la segunda, un 50%, en la guerra de Corea y Vietnam, un
85%. Y datos recientes mostraban que en la guerra contra Irak y la ex-Yugoslavia el 98%
de las víctimas eran civiles.
No basta estar a favor de la paz. Tenemos que estar contra la guerra. No hay
ninguna guerra santa, justa o humana. Todas son perversas.

2. Guerra y ética
Toda guerra es perversa porque viola el mandamiento de la ética natural: "no
matarás". Pero se presentan problemas: Cuando un país es agredido por otro, ¿qué debe
hacer? ¿Tiene derecho a usar las armas en defensa propia? ¿Cómo deben comportarse los
gobernantes de los pueblos que asisten a la limpieza étnica de minorías por parte de
dictadores sanguinarios que violan sistemáticamente los derechos humanos, eliminando a
sus opositores? ¿Es válido alegar el principio de no-intervención en asuntos internos de
los estado soberanos y asistir pasivamente a crímenes contra la humanidad? ¿Cómo
reaccionar al fenómeno difuso del terrorismo que puede utilizar armas de exterminación
masiva y ocasionar millones de víctimas inocentes? ¿Es legítima una guerra preventiva
contra esto?
Estas cuestiones éticas ocupan mentes y corazones en los días actuales. Para no
desesperarnos tenemos que pensar. En todo el mundo, dada la estrategia de los Estados
Unidos de usar la fuerza para defender sus intereses globales, se ha generado un debate
extremamente serio. Se destacan varias posiciones. Un grupo sostiene la tesis de que,
dada la capacidad devastadora de la guerra moderna que puede comprometer hasta el
futuro de la especie y de toda la biosfera, ya no hay ninguna guerra justa (ius ad bellum).
Otro grupo afirma que puede haber una guerra justa, la de "intervención humanitaria",
pero limitada a impedir el etnocidio y los crímenes de lesa humanidad. Un tercer grupo,
representando al stablisment global, reafirma: hay que recuperar la guerra justa como
autodefensa, como castigo a los países del “eje del mal” y en prevención de un ataque con
armas de destrucción masiva.
Hagamos el juicio ético de estas posiciones: en las condiciones actuales toda guerra
representa un riesgo altísimo, pues disponemos de una máquina de muerte capaz de
destruir la humanidad y la biosfera. La guerra es un medio injusto. Dentro de una política
realista, una "intervención humanitaria" limitada es teóricamente justificable si cumple
dos condiciones: que no la decida ningún país por su cuenta, sino la comunidad de las
naciones (ONU) y que respete dos principios básicos (ius in bello): la inmunidad de la
población civil y la adecuación de los medios (no pueden causar más daños que beneficios).
La fuerza empleada como autodefensa no la convierte en buena, pero se justifica dentro
de la estricta adecuación de los medios. La guerra de castigo contra Afganistán, basada
en la venganza, no es defendible. Sólo alimenta la rabia, caldo de futuros conflictos. La
guerra preventiva contra Irak, es ilegítima porque se basa sobre lo que no existe todavía
y tal vez nunca suceda. No existe ningún tipo de derecho que le conceda legitimidad por
ser subjetiva y arbitraria.
Todo esto vale teóricamente, pues es importante aclarar posiciones. Sin embargo en
la práctica se ha demostrado que todas las guerras, incluida la de “intervención
humanitaria”, no observan los dos criterios de inmunidad de la población civil y de la
adecuación de los medios. No se hace distinción entre combatientes y no-combatientes.
Para debilitar al enemigo se destruye su infraestructura, causando muchas muertes de
inocentes (98%). Las consecuencias de la guerra perduran por años y hasta por siglos,
como en el caso del uranio empobrecido.
La guerra no es solución para ningún problema. Debemos buscar un nuevo paradigma,
a la luz de Gandhi y de Luther King Jr., si no queremos destruirnos: la paz como meta y
como método. Si quieres la paz, prepara la paz.

3. Previsiones sombrías
2003-02-28
Los hechos históricos de la crónica cotidiana remiten a estructuras más profundas
donde se entrecruzan los rumbos y los sentidos, nunca unívocos, de las sociedades
humanas, hoy de la geosociedad que va surgiendo. La perspectiva sistémica y holística ha
mostrado el acierto de este tipo de lectura, inaugurada antes por la sociología crítica, por
la antropología estructural y por la física cuántica. Esa opción nos ayuda a conjeturar
acerca de los rumbos que se están anunciando, con señales claras, para la Humanidad. El
escenario es sombrío.
Hay un hecho de evidencia abrumadora: la proliferación de la violencia en todos los
ámbitos de la convivencia humana. La propia religión, de quien se podría esperar actitudes
benevolentes, se ha convertido, por el fundamentalismo, en matriz de más violencia
todavía. Los instrumentos de muerte se hacen cada vez más devastadores. Sólo un
portaaviones estadounidense equivale a toda la potencia bélica de la segunda guerra
mundial Añádanse a ello las bombas inteligentes, la nueva bomba electromagnética que va
a ser probada contra Irak y las minibombas nucleares, del tamaño de un maletín. Y el
demente Bush amenaza con utilizar todas esas armas. Lo más grave, sin embargo, es la
magnificación de la violencia hasta el ridículo de “El exterminador del futuro”, que
despierta peligrosamente los demonios que nos habitan.
Este escenario tenebroso posee una función anticipatoria. Pone al descubierto lo que
se está armando a nivel estructural y arquetípico en el inconsciente colectivo de la
Humanidad. Estamos yendo al encuentro de una violencia nunca antes vista sobre la faz de
la tierra. Ya ha sido embutida en nuestro paradigma civilizacional, que puso como eje la
voluntad del poder como dominación, la exacerbación de todas las fuerzas productivas,
incluyendo la explotación de las personas y la depredación de la naturaleza. El Planeta no
lo aguanta ya, por demasiado destructivo. Si esto continúa, “entonces llegará el fin: et
tunc erit finis”. No del mundo, sino de este tipo de mundo que, en su lógica desbocada,
está estresando a toda la biosfera y amenazando a la especie homo sapiens/demens. No
sabemos lo que vendrá después, si el fin de la especie (nos tocó la vez) o una nueva fase
de evolución, más alta, como la antropogénesis de millones de años nos sugiere. Las crisis
siempre han provocado crecimiento.
C.G.Jung, en sus Memorias, sueños y reflexiones cuenta cómo previó las dos guerras
mundiales, con visiones de sangre y de fuego que caían sobre Europa, destruyendo
ciudades y llenándolas de cadáveres. Eran sueños persistentes y enigmáticos. Cuando
estalló la gran guerra en agosto de 1914 todo quedó claro para él: “la experiencia personal
estaba ligada a la experiencia colectiva”. Lo mismo le ocurrió con la segunda guerra
mundial, con sueños que lo perseguían desde 1918. Cuando Alemania ocupó Francia el sueño
se hizo realidad: ”el año fatídico era 1940”. C.G. Jung había captado la brutalidad a partir
del inconsciente colectivo que, como es sabido, tiene una función anticipatoria.
No necesitamos sueños visionarios. Tenemos los hechos ante nuestros ojos: la
violencia campando por el mundo. Y un líder estadounidense belicista, verdadero fascismo
tecno-burocrático, que quiere a toda costa una guerra de cobardes, contra el sentir de
multitudes de la Humanidad y contra todos los preceptos de la ética mínima. Que el Cielo
nos proteja.

4. Recuerdos de un carnaval de Iglesias


Una imagen poderosa me acompaña desde hace años: la celebración de los mil años
de cristianismo en Rus, la antigua Rusia. Nos da pistas para el verdadero ecumenismo.
En 1989, el gobierno soviético y la Iglesia Ortodoxa convidaron a las celebraciones a
representantes cristianos de todas las denominaciones existentes en la faz de la Tierra.
Había más de mil denominaciones, desde la Iglesia de la Liberación en América Latina (que
Gustavo Gutiérrez y yo representábamos, para irritación de las autoridades romanas y
gozo de los marxistas) hasta la pequeñita Iglesia de Galilea, cuyos representantes se
remontan a los parientes de Jesús.
Reunidos en el Teatro Bolshoi durante todo un día, cada denominación expresaba su
fe, en pocos minutos, y formulaba buenos deseos al pueblo ortodoxo ruso. Parecía un
carnaval cristiano, tal era la profusión de indumentarias, de colores y de títulos
honoríficos. Todos durante aquella semana de celebraciones desfilaban en sus trajes con
garbo y elegancia. Yo circulaba con mi sencillo hábito de franciscano, con capucha y
cordón, representando indignamente a la Iglesia de los pobres de América Latina.
En las conversaciones de aquellos días percibí que cada iglesia se consideraba la
verdadera.
Y todos sus representantes, especialmente los venidos de Roma, caminaban
soberbios portando sobre su espalda algo que imaginan solamente ellos pueden llevar: la
verdad revelada, todos los medios de salvación y la única Iglesia de Cristo (las otras
apenas tendrían \'\'elementos eclesiales\'\'). Algunos andaban curvados bajo el peso de
tanta pretensión.
Pensaba para mí mismo: todos aciertan y todos se equivocan.
Todos aciertan porque nadie está fuera de Cristo y alejado de la verdad. Todos se
equivocan porque nadie puede contener en sus vasijas todo el agua del océano cristiano.
En un momento de la ceremonia, angustiado, lancé al cielo esta pregunta: “Señor,
¿cuál es tu Iglesia, quienes son los tuyos? ¡Revélamelo por tu inmensa bondad!\'” Y
escuché, en el cielo de mi mente, esta respuesta: “Todos son los míos, todos tienen mi
herencia y todos componen mi Iglesia”.
Efectivamente, sin las Iglesias, Cristo tal vez habría sido tragado por el olvido,
como lo fueron tantos místicos y maestros espirituales.
Pero ellas no sustituyen a Cristo, sólo lo representan. No son la Luz, sino la
lamparita.
Las personas que no perciben este matiz fundamental dicen pesarosas: entre la
Iglesia y Cristo prefiero quedarme con Cristo. Otros, más sensatos, relativizan la Iglesia
y dicen: quedémonos con Jesús y con la Iglesia, pero cada uno a su nivel. El nivel absoluto
y fundador es Cristo. El nivel relativo y fundado es la Iglesia. Cristo es el sol que irradia
por sí mismo; la Iglesia, la luna, iluminada por el sol.
Como todas las Iglesias portan la memoria de Jesús, todas deben vivir en comunión
de reciprocidad. Juntas-en-relación-recíproca forman la única Iglesia de Jesús y de Dios
en la Tierra.
Lo que en realidad importa no son tanto las Iglesias sino el fenómeno cristiano y su
función benéfica para la espiritualidad de los seres humanos. Todas las Iglesias son de
Cristo, pero Cristo es para los humanos y los humanos son para los otros humanos,
hombres y mujeres, y todos somos para Dios.

5. La alternativa: oscuridad
La crisis mundial nos hace pensar y también conjeturar. La guerra inminente está en
la lógica del imperialismo norteamericano. Puede desencadenar procesos tal vez
incontrolables y preanunciar catástrofes de dimensiones aterradoras para el futuro de
Gaia y de sus hijos e hijas. Invoco a dos respetables analistas de la política mundial, uno
liberal, Samuel P. Huntington y otro marxista, Eric J. Hobsbawm, para dar consistencia a
mis conjeturas.
En su conocida obra La era de los extremos (1994) dice Hobsbawn en la última frase
del libro: “No sabemos hacia dónde vamos. Sin embargo, algo es seguro: si la humanidad
quiere tener un futuro reconocible, no podrá ser prolongando el pasado o el presente. Si
intentamos construir el tercer milenio sobre esta base, fracasaremos. Y el precio del
fracaso, o sea, la alternativa para el cambio de sociedad, es la oscuridad” (p. 562).
Bush y aliados están prolongando la lógica del pasado y, consecuentemente, están
produciéndonos oscuridad. Oscuridad que uno de los principales científicos políticos
norteamericanos y consejero del Pentágono, Huntington, nos proyecta con tonos
dramáticos al final de su famoso libro El choque de civilizaciones (1996, págs. 398-405).
Según él, hacia el 2010 estallará una guerra intercivilizacional mundial, involucrando
estados-núcleo de civilización como los EUA y sus estados-miembros (Europa y Rusia), y la
China y sus respectivos estados-miembros (Japón, Pakistán e Irán). La devastación
general mutua, mediante armas convencionales o nucleares, será de tal magnitud que
producirá una drástica decadencia del poderío económico, demográfico y militar de los
contendientes. La hegemonía mundial que durante siglos se situaba en el Norte, se fijará
entonces en el gran Sur. Aquí en el Sur -siempre según Huntington- India e Indonesia,
libres de esa terrible devastación, tratarán de reformular el mundo según sus
paradigmas. Y yo añadiría Brasil, la principal potencia de los trópicos, con recursos
estratégicos para la humanidad, como agua potable, biomasa y biodiversidad, junto con
una razonable acumulación de masa crítica (un día consideraremos su posible función
central en la remodelación de la Tierra bajo otro paradigma no-imperial). América Latina
promoverá un plan Marshall para levantar a Estados Unidos… ¡Quién lo diría!
Este panorama tal vez no sea tan fantasmagórico como parece. El detonante de la
guerra mundial estaría en el Estado-núcleo occidental, irremediablemente
intervencionista, porque sus líderes creen que la civilización occidental es la más elevada
y la más racional de todas. Fue ella quien introdujo el cristianismo, el valor del individuo,
los derechos humanos, el imperio de la ley y la democracia. Por eso debe ser llevada, como
opción única, a todos los rincones de la tierra y moldear la mundialización. Así lo declaró
el corto de luces y escrúpulos, Silvio Berlusconi.
Ahora bien, la pretensión de universalismo de la cultura occidental conduce
irremediablemente al imperialismo, que adquirió cuerpo y fuerza con Bush. Con la
intervención en Irak pretende rediseñar toda la política del Oriente Medio de matriz
musulmana, garantizando además a Occidente el abastecimiento de petróleo que necesita.
Aquí reside la causa inmediata de la guerra actual y de la rabia contra Occidente, matriz
de futuros conflictos y de más terrorismo mundial.
6. Bush, ¿qué has hecho de tus hermanos?
Y, de repente, el Cristo del Corcovado se estremeció y cobró vida. Lo que era
cimiento y piedra se hizo cuerpo y sangre. Levantando los ojos, vio multitudes que
llenaban calles y plazas del mundo entero, llevando banderas blancas y clamando:
queremos paz, nunca más la guerra. Entonces, conmovido de ternura, abrió la boca y dijo:
«Bienaventurados todos vosotros, constructores de la paz, porque seréis llamados
hijos del Altísimo y amigos de la Tierra. Benditos vosotros, porque conservasteis la
memoria del arco iris, la alianza que sellé con toda la vida y para siempre».
Y mirando más lejos, vio ciudades milenarias destruidas, monumentos de la cultura
humana reducidos a polvo, cuerpos destrozados, niños calcinados por el fuejo, mujeres
mutiladas por la metralla de las bombas, y sangre, mucha sangre por las paredes
humeantes. Y lleno de ira sagrada, con voz cortante, habló y dijo:
«Ay de vosotros, señores de la guerra, enemigos de la vida y de la naturaleza, y
asesinos de mis hermanos y hermanas del Islam. Raza de víboras venenosas, ¿por qué no
escuchasteis el clamor de la Humanidad suplicando diálogo, negociación y paz?
Blasfemos, usáis el nombre del Dios de la vida para quitar la vida a los otros.
Hipócritas, despreciasteis las leyes que vosotros mismos creasteis para contener la
voluntad de agredir y de matar. ¿Por qué habéis despreciado las normas internacionales
que salvaguardan la justicia mínima y la más elemental humanidad? ¿Por qué con sacos de
vil dinero habéis hecho todo lo posible para comprar conciencias y conseguir con
extorsión la licencia para atacar y matar?
Cobardes, escogisteis un país sitiado, humillado y extenuado para mostrar la
capacidad de devastación que habéis conseguido, como nunca antes fue vista sobre la faz
de la Tierra.
Ay de vosotros, terroristas del miedo, que con el pretexo de desarmar a un tirano
que vosotros mismos armasteis con armas de destrucción masiva, mentisteis al pueblo,
alegando un peligro inminente de ataque. Contra el más mínimo sentido del derecho, os
adelantásteis con una guerra desproporcionada. Más aún que el petróleo, lo que queréis es
destruir a quien no se someta a vuestros intereses, extendidos ahora a todo el Planeta.
Maldita la «guerra preventiva» que os trajo el miedo preventivo. ¿No veis que habéis
hecho a vuestro pueblo rehén del miedo, del miedo a montar en un avión, miedo a recibir
cartas, miedo a los árabes, miedo a los musulmanes, miedo a vosotros mismos?
Malditas las bombas inteligentes. Más maldita aún la «madre de todas las bombas»,
cuyo poder destructivo sólo queda un paso detrás de las armas nucleares.
Ay de las inteligencias que han excogitado esa máquina de muerte contra todas las
formas de vida… Habéis abierto las puertas del infierno y habeis soltado los demonios del
terror y las masacres. ¿Qué habéis hecho de vuestros hermanos? ¿Qué habéis hecho?
Padre Santo: vuelve tu mirada hacia los humanos, mis hermanos y hermanas más
pequeños. Dales el cuidado de unos para con otros, a fin de que nazca la paz verdadera.
Que estén celosos por el bien de su Casa Común, la Tierra, que enjuguen mutuamente sus
lágrimas, que se estrechen las manos, que se besen en el rostro, que se sienten a la mesa
y sientan la generosidad del alimento suficiente para todos. Y que rían y canten y amen y
veneren, bajo el mismo arco iris de la gracia divina que se extiende sobre todos,
expresión de tu Reino –tuyo y nuestro- de benevolencia y Paz»

7. La mística de Bush
Muchas motivaciones han causado la guerra contra Irak: la económica (petróleo), la
política (hegemonía planetaria), la ideológica (plasmar la globalización en los moldes
estadounidenses), y otras. Hay una que me parece que funciona como el hilo de un collar
que sujeta a todas las cuentas. Es la visión mística del presidente Bush y de sus más
próximos colaboradores. Esta mística se apoya en dos datos de la tradición cultural
estadounidense: el «destino manifiesto» y la «religión civil».
El «destino manifiesto» (Manifest Destiny) es una expresión acuñada por el
periodista John O’Sullivan para justificar la anexión de México y el imperialismo
estadounidense. Todavía en 1900, el senador por Indiana Albert Beveridge, explicaba:
«Dios designó al pueblo estadounidense como nación elegida para dar inicio a la
regeneración del mundo». Esta ideología ha estado siempre viva en la derecha
estadounidense y ha sido evocada muchas veces por George Bush, padre e hijo. En ella se
hace referencia continua a «nuestra superioridad moral» para justificar las
intervenciones político-militares en cualquier parte del mundo.
La «religión civil» trata de dar un aura cristiana al destino manifiesto en la forma de
integrismo y fundamentalismo religioso. Los fundamentalistas interpretan la Biblia al pie
de la letra y la toman como si fuera un guión que explica la historia. Así, millones de
personas, sea que vivan en las periferias o sean trabajadores profesionales incluso de
centros de alta tecnología, creen que estamos en los últimos días de la historia. Esta
etapa final estaría marcada por el enfrentamiento entre el bien y el mal, por guerras
devastadoras y por la actuación del Anticristo. Próximamente va a tener lugar la segunda
venida de Cristo, que instaurará la era perfecta, para preparar su venida definitiva,
cuando los fieles serán arrebatados al cielo y recibirán allí un cuerpo glorioso. Emergirá
entonces un nuevo cielo y una nueva Tierra. Curiosamente, el fundamentalismo hebreo
estadounidense ve en la instauración del Estado de Israel parte del proceso de la
redención del mundo. Una vez reconstruido el Tempo, vendrá el Mesías, trayendo la
redención para todos. Margot Petterson, en el conocido semanario católico National
Catholic Reporter (11/10/2002) ha mostrado la colaboración existente entre estos dos
fundamentalismos, cada uno con sus objetivos, pero unidos en la creencia del fin de la
historia (Will Fundamentalist Christians and Jews ignite Apocalypse?).
Conocida es la religiosidad fundamentalista de Bush y de sus colaboradores, como
reveló la revista Newsweek en portada. Tienen la profunda convicción de que Dios escogió
a Estados Unidos para salvar el mundo. Se sienten instrumentos de esa misión divina.
Todos los días Bush se levanta antes para leer la Biblia y hacer sus oraciones. Antes de
tomar decisiones, el grupo reza para que Dios les haga cumplir esa misión con
determinación.
Ahora podemos amarrar las cuentas del collar: Bush se mueve por misión. No
necesita del aval del Consejo de Seguridad. Tiene el aval de Dios. Es imperativo derribar
a Saddan Hussein, pues es una de las expresiones del Anticristo. Se apropia del petróleo
de Irak porque proporciona la base material para el cumplimiento de la misión. La
mundialización debe ser configurada con los valores estadounidenses, pues sólo éstos son
queridos por Dios. Los demás no construyen el mundo nuevo.
Lo trágico es que Bush está lleno de buena voluntad sin ninguna autocrítica. Por eso,
esa buena voluntad no es buena. Sólo produce guerra, “choque y espanto”, muerte de
inocentes.
8. El imperialismo de Bush
Occidente siempre tuvo una obsesión persistente: llevar la salvación al mundo.
Intentó realizar esa pretensión, primero, mediante la misión cristiana y, después, al
secularizarse, con la política y con la guerra. Eso significó imponer, para bien o para mal,
los valores y las instituciones occidentales a todos los pueblos. Este propósito ha
fundamentado el imperialismo occidental (neologismo introducido en 1870 en Gran
Bretaña) en varias formas.
Un rasgo característico del imperialismo es no tener límites. Su lógica le lleva a
conquistar todo y a todos: el espacio físico, todas las esferas de la vida, las mentes y los
corazones de los pueblos. Y no contento con eso, invoca el mandato divino, como los
“destino manifiestos” o los “requerimientos”. En nombre de la misión se ha llevado el
terror a todos los Continentes, se ha impuesto una uniformización de la cultura, se ha
instaurado la política occidental y se ha implantado la religión cristiana («dilatar la fe y el
imperio»).
Bush encarna en la actualidad tanto esa vertiente política como la religiosa,
confiriéndoles además un carácter planetario. Religiosamente entiende a Estados Unidos
como un «segundo pueblo elegido», que tiene la misión de destruir el eje del mal. Y,
políticamente, quiere salvar al mundo configurando la mundialización con los valores
típicos de la cultura estadounidense, que, según él, es la mejor y la más racional. Imbuido
de esta convicción mesiánica, aparece en público con el pecho hinchado, pasos largos,
gestos triunfantes y aires de césar glorioso o rey-sol (de pacotilla).
Ese nuevo imperialismo no se basa ya en el territorio, sino en los intereses gloales.
En nombre de ellos, Bush se reserva el derecho de intervenir cuando quiera allá donde
piense que esos intereses están siendo amenazados, como ahora en Irak, después tal vez
en Irán, en Corea del Norte, en Colombia y –no lo descartemos- en la Amazonía
continental…
En su discurso programático a la nación del 17 de septiembre de 2002 Bush resucitó
el poder absolutista e imperial («lo que cuenta es lo que nosotros queremos») y declaró la
«guerra preventiva» como instrumento de orden en el mundo.
Tres valores quiere mundializar Bush: la libertad, la democracia y el libre comercio.
Valores preciosos, pero distorsionados por la visión capitalista. La libertad es la
independencia individual sin vinculación social. Significa ganar dinero y acumular, cuanto
más mejor, sin ningún escrúpulo. La democracia es representativa y formal, y sólo
funciona en la política, no en la economía ni en la escuela ni en la vida, como un valor
universal. El libre comercio es libre para los más fuertes, que imponen su lógica de pura
competición, sin nada de cooperación. El sueño americano al estilo Bush consiste en
transformar el Globo en un inmenso mercado común, donde todo se convierta en
mercancía, el capital material (bienes) y el capital simbólico (valores), y donde todo sea
racionalmente administrable, también el afecto, la imagen y la muerte.
El imperialismo occidental es nuestra enfermedad, porque continuamos pensando que
somos los mejores. Sin embargo, aunque con dificultad, también hemos creado un
antídoto, que es la autocrítica. Démonos cuenta del mal que hemos hecho a los pueblos y a
nosotros mismos. A fin de cuentas, somos una cultura y una religión más, una entre otras.
La curación se consigue mediante el diálogo incansable, la apertura a los otros y el
intercambio que nos enriquece y nos hace humildes.
Esta guerra se desató por el rechazo del diálogo, por la satanización del otro y por
pura arrogancia. Es una tragedia.

9. ¿Choque de civilizaciones?
Samuel T. Huntington, director de Estudios Estratégidos de la Universidad de
Harvard, en su discutido libro “El choque de las civilizaciones y la reconfiguración del
orden mundial” (1996) sostiene la hipótesis de que las guerras de la nueva era de la
historia mundial serán sobre todo guerras de civilizaciones, marcadas fundamentalmente
por las religiones. El primer enfrentamiento, según él sería entre Occidente y el Islam. La
guerra de 1991 y ésta de ahora, ambas contra Irak, parecen confirmar su hipótesis.
Poco importan las motivaciones, sean místicas, económicas o políticas. El hecho es
que Bush se propone establecer la “Pax americana” y uniformar el mundo en los moldes del
estilo de vida americano. Después del 11 de septiembre ha decidido que eso se va a hacer
utilizando la fuerza. Nadie podrá desafiar esta pretensión suya, o conocerá
inmediatamente el poder avasallador de Estados Unidos. Con ello, Bush prolonga y lleva a
sus últimas consecuencias la marca intrínseca del paradigma occidental: la voluntad de
someter a todo el mundo, o sea, de implantar un imperio universal. En concreto, la llamada
“globalización” no es otra cosa que una occidentalización o “occidentoxicación” del mundo.
¿Por qué el primer enfrentamiento se está dando, fatalmente, con el Islam? Porque
es lo único que, objetivamente, desafía a Occidente y a Bush en los dos puntos básicos de
su pretensión: en lo religioso y en lo económico.
En lo religioso, el Islam se presenta como religión superior, porque surgió después
del judaísmo y del cristianismo, sintetizándolos y mejorándolos. Tal pretensión cuestiona
la legitimidad última de Occidente, que aunque secularizado, todavía se siente portador
de la única religión verdadera y superior, el cristianismo, como recientemente reafirmó
todavía el Cardenal José Ratzinger en nombre del Vaticano, en el documento “Dominus
Iesus”. A la base de la religión islámica se ha sedimentado una cultura de reconocida
grandeza, no obstante su expresión patológica, el fundamentalismo. En esa cultura se
unifica política y religión, cosa que Occidente supo distinguir, para escándalo de los
musulmanes que lo consideran ateo.
En lo económico, el mundo islámico y árabe juega un papel decisivo, pues ahí se
encuentran los mayores yacimientos de petróleo del mundo. Occidente, y EEUU en
concreto, pueden detentar el control de la producción, del capital y del saber técnico y
científico. Pero ningún carro se mueve, ningún avión levanta el vuelo, ni una bomba
inteligente es lanzada sin petróleo árabe. De ahí la presión y la vigilancia de las potencias
occidentales sobre los países árabes, dividiéndolos y manteniéndolos bajo severo control.
Hay gran decepción e incluso rabia en los pueblos árabes y musulmanes frente a
Occidente y a EEUU. A pesar de su centralidad en el funcionamiento del sistema mundial,
sienten que no cuentan para nada en el moldeamiento de la globalización y del futuro del
mundo. Y su religión, la mejor y más alta, es vista solamente como un nido de terrorismo.
En el pasado el Islam amenazó por dos vezes a Occidente, en el cerco de Viena en
1529 y en 1683. Hoy, en la percepción de Bush, la amenaza vuelve, bajo el espectro de las
armas de destrucción en masa y del terrorismo feroz. De ahí el deber afrontarlo
militarmente. Importa captar estas estructuras ocultas para que se entiendan mejor las
razones de la guerra actual.

10. La paz posible


2003-04-18
Muchos hemos sentido un profundo abatimiento por esta guerra ilegítima y
vergonzosa, llevada a cabo contra Irak. En realidad no ha sido una guerra entre
combatientes, sino una invasión y una masacre. Dada esa violencia «inteligente», nos
preguntamos angustiados: ¿quién somos nosotros, insignificantes seres erráticos de la
Tierra, perdidos en la inmensidad del espacio, capaces de tanto odio y de tanta
devastación? Y nos avergonzamos de nosotros mismos. ¿Merecemos todavía sobrevivir
junto a los demás seres, si nos hemos convertido en el Satán de la Tierra? ¿Aparecerá en
el proceso de evolución otro ser con más benevolencia, amorosidad y voluntad de paz?
Pero, de nada sirve cavilar de esta manera, pues sería una fuga de la dura realidad.
La realidad es que el gobierno de Bush ha decidido resolver los problemas mundiales
utilizando lo que le hace imbatible: la guerra tecnológica. En esta situación, ¿todavía es
posible la paz? Nos negamos a aceptar la solución resignada de Freud cuando respondía en
1932 a una consulta de Einstein sobre la posibilidad de evitar la guerra: «hambrientos,
pensamos en el molino que muele tan lentamente que podríamos morir de hambre antes de
recibir la harina.
Creemos que la paz es posible bajo dos condiciones: primera, que nos acojamos a la
polaridad amor-odio, opresión-liberación, casos-cosmos, como perteneciente a la condición
humana, pues somos una unidad viva de contrarios; segunda, que reforcemos el polo
luminoso de esta contradicción, de forma que ese polo pueda mantener bajo control,
limitar e integrar al polo tenebroso. Este es el camino abierto por la sociedad civil
mundial, preparado hace siglos por aquel que fue tal vez el «último cristiano» y «el
primero después del Único», Francisco de Asís. Lo encontramos en la «Oración de San
Francisco por la paz», rezada siempre en los encuentros de líderes religiosos del mundo
entero, como un credo en el cual todos comulgan. Esa oración fue elaborada durante la
primera guerra mundial por un autor anónimo de Normandía, admirador de san Francisco,
de quien tomó el espíritu y las primeras palabras. Pero lo hizo en forma tan fiel y
verdadera que se transformó en la oración del propio san Francisco de Asís. El lenguaje
es religioso, pero el mensaje es universal.
A pesar de su ternura, que llama hermanos y hermanas a todas las creaturas,
Francisco de Asís no pierde el sentido de la realidad contradictoria. No se cuestiona por
qué es así. Con la sabiduría de los sencillos, intuye que el mal no está ahí para que
tratemos de comprenderlo, sino para que lo superemos con el bien; que la parte sana cura
la parte enferma y que la luz integra a las tinieblas en forma de sombra. Sólo en esta
medida el mal deja de ser totalmente absurdo y se disuelve en el código de todas las
cosas. Entonces suplica: «que donde haya odio, ponga yo amor, donde haya ofensa lleve yo
perdón, donde haya discordia suscite yo unión, donde haya duda aporte yo fe, donde haya
error traiga yo verdad, donde haya desesperación inspire yo esperanza, donde haya
tristeza comunique yo alegría, donde haya tinieblas encienda yo la luz… porque importa
más consolar que ser consolado, comprender que ser comprendido, amar que ser amado».
El efecto de esta estrategia sapiencial es la paz, posible a los seres contradictorios
que somos y a esta Tierra conturbada. Es poco, casi nada. Pero representa la fuerza que
se esconde en cada simiente, por pequeña que sea…

11. La paz y el efecto mariposa


En el mundo todo es dialéctico. No porque lo hayan dicho Hegel o Marx, y antes de
ellos el presocrático Heráclito, sino porque esa es la ley de las cosas, regida por el caos y
por el cosmos, y por lo sim-bólico (lo que une) y por lo dia-bólico (lo que desune). El efecto
dialéctico de la guerra de la vergüenza, movida por Bush contra Irak, es el triunfo del
movimiento por la paz a través del mundo entero. Los constructores de la paz no son
solamente los grupos pacifistas, lo es también la sociedad civil mundial que se convenció
(por fin) de que la guerra no es solución para ningún problema. La guerra es un problema
para la humanidad, pues si no se la controla acabará con ésta. Y esta vez no podemos
vacilar.
En los días previos a la guerra, e incluso después, continuaron por el mundo las
manifestaciones a favor de la paz. Un interlocutor escéptico del interior de la selva
amazónica me informó por correo electrónico que también allí se hicieron manifestaciones
por la paz, con indios, seringueros y ribereños, llevando cartelones y gritando consignas. Y
pedía mi opinión, pues estimaba que todo eso no servía para nada, porque el siglo XXI será
el siglo de Estados Unidos y la guerra “inteligente” es el medio insuperable para imponer
la “pax americana”. Y me preguntaba: ¿qué puede significar ese gesto realizado en el lugar
más ignoto para la paz mundial?
Le contesté más o menos en los siguientes términos. El sentido común de la
humanidad tiene la convicción de que la luz, por débil que sea, vale más que todas las
tinieblas juntas. Porque basta una cerilla para exorcizar toda la oscuridad de un cuarto y
mostrar la puerta de salida. La luz, por naturaleza, hace su curso misterioso por el
espacio y siempre será captada por los espíritus de luz. Le decía también que el bien
posee una fuerza singular, como el amor. Por eso, al final, nada resiste al bien, que acaba
triunfando. Como la fuerza de las gotas de lluvia sobre los inmensos incendios de la
Amazonía. Una gota hace muy poco, como el agua que trae el colibrí que, solidario, quiere
dar también su aporte. Pero, ¿no está la lluvia hecha de gotas? Muchas gotas, millones de
gotas, cual millones de minúsculos colibríes, apagan en pocas horas el incendio más
persistente. Es la fuerza invencible de lo pequeño.
Es importante creer en la fuerza secreta de la buena voluntad, por pequeña que sea.
El bien no se restringe a la persona que lo practica; el bien, como la luz, es una realidad
que se irradia. Como una ola, sigue su curso por el mundo, evocando el bien que está en
todos y fortaleciendo la corriente del bien. El bien es la referencia para cualquier ética
humanitaria.
Estas reflexiones obvias vienen confirmadas por la moderna teoría del caos. Ella
alude al efecto mariposa: el aleteo de una mariposa de mi jardín pude producir una
tempestad en el Pentágono. Es decir, todo es interdependiente. A veces, el eslabón
aparentemente más insignificante es el responsable de la irrupción de lo nuevo. Alguien
totalmente desconocido señala en la calle hacia arriba con el dedo y grita: “mira, ahí; mira
ahí”. Puede ser cualquier cosa, tal vez un objeto no identificado. Y en un momento grupos
de gente, multitudes comienzan a mirar en la misma dirección. El efecto mariposa se ha
dado. Lo pequeño produjo lo grande.
En esta concatenación, ¿quién podrá decir que la paz no pueda desencadenarse a
partir de esa ígnota aldea del Amazonas? Sí, de lo pequeño podrá venir la fuerza secreta
de la paz.
12. Santos de madera hueca
Hace algunos días cayó en mis manos una foto de la Agencia Reuters que mostraba a
George Bush, Collin Powell y Donald Rumsfeld (para algunos, el verdadero eje del mal ),
con los ojos cerrados y las manos entrelazadas en gesto de profunda oración. Era antes
de una reunión del Gabinete en la que se tomarían decisiones importantes en vistas a la
guerra contra el terrorismo y contra Irak.
Un editorial de Le Monde del 30 de marzo último («Dios y América») nos reveló que
Bush es un «born again christian», un renacido a la fe cristiana después de una juventud
de alcohólatra y llena de desvaríos. Convertido, se acercó a la extrema derecha
evangélica, especialmente la de los predicadores mediáticos ultraconservadores como Pat
Robertson y Jerry Farwell, haciendo después de esta derecha uno de los núcleos
inspiradores de su administración. Sus discursos están repletos de referencias bíblicas.
Ha instaurado la costumbre de iniciar las reuniones de Gabinete con una oración que
prepara por turno un ministro cada vez. Es una siniestra “comuinidad de base”, con
propósitos belicosos.
Esa piedad le ha proporcionado a Bush no sólo ese lenguaje con el que caracteriza su
guerra preventiva contra quien amenace a Estados Unidos, sino que le ha suministrado
también la mística para desarrollar una verdadera «cruzada» (palabra que él ha utilizado)
contra el derrotado Saddam Hussein y el terrorismo mundial. Él y su círculo más íntimo
creen que no está lejos la «batalla del gran día», cuando, según el Apocalipsis (16,16), los
enemigos de Cristo serán exterminados en un lugar llamado Armagedón. Entonces
comenzará un reinado de paz. Ellos se sienten instrumentos de esta estrategia. De ahí el
sentido de misión que respira su política exterior.
Aquí cabe preguntar: ¿de qué Dios estamos hablando? ¿Es el Dios Padre-Madre de la
experiencia de Jesús, de la ternura de los humildes, padre de los pobres? Pero este Dios
es un Dios vivo, y jamás ordenaría matar a otros. ¿No estará Bush manipulando el nombre
de Dios (y pecando obstinadamente contra el segundo mandamiento, el de «no usarás el
nombre de Dios en vano») para dar sello de legitimidad a una guerra exterminadora de
inocentes y de instituciones civiles?
Es importante darse cuenta de que las religiones, en general, y el cristianismo en
particular, históricamente, se han dejado manipular en función de intereses de los
poderosos, que nada tienen que ver con los intereses de Dios y del pueblo.
Concretamente, los hijos de Abraham -judíos, cristianos y musulmanes- han utilizado con
frecuencia la creencia de ser «pueblos escogidos» (un mito tribalista) para someter a los
demás por la violencia dulce del proceso civilizatorio, o por la violencia dura de las
guerras y del sometimiento.
Pero si dejamos a Dios ser Dios, y a la religión ser religión, y damos la centralidad
que corresponde al cristianismo originario (las iglesias son al fin y al cabo traducciones
culturales posteriores) entonces queda claro que la guerra y la discriminación son
contrarias a la naturaleza de estas instancias. Éstas sólo tienen que ver con la búsqueda
de la justicia que fundamenta la paz, con el servicio humilde a los desheredados, y con la
compasión hacia los caídos de la historia.
El Dios a quien reza Bush es un ídolo. Bush y sus auxiliares directos, imbuidos de
fundamentalismo religioso, son santos de madera hueca. Tanto los ídolos cuanto ese tipo
de santos, son insensibles, y necesitan sangre ajena para sentirse vivos. De ahí el riesgo
que representan, pues creen piadosamente en sus propias fabulaciones religiosas y
políticas.

13. ¿Choque o diálogo?


El mundo se está haciendo cada vez más pequeño. La especie “homo sapiens/demens”
ha ocupado y en cierto sentido ha depredado ya el 83% de todo el planeta. Las relaciones
entre las personas y las culturas se vuelven inmediatas. ¿Cómo limitar la lucha de los egos
y los intereses particulares que se sobreponen a los colectivos? ¿Cómo elaborar un
consenso básico que nos permita estar juntos? ¿Cómo convivir con un mínimo de paz?
Dos posiciones sobresalen: una, de la escuela «realista», y otra, de la escuela «ético-
idealista». La escuela «realista» está representada por Samuel P. Huntington, un
renombrado cientista político de Harvard, que ya he citado otras veces. En su famoso
libro «Choque de civilizaciones» (1996), con gran acopio de tatos y reflexiones, sostiene
la tesis de que, inexortablemente, vamos al encuentro de un choque mundial de
civilizaciones. Al final será Occidente contra todos los demás. Se dará –dice- una
fantástica devastación de la biosfera y de las riquezas de las naciones. El escenario
dramático que dibuja al final de su libro nos hace pensar en la frase de Einstein: no sé
cómo será la tercera guerra mundial, pero sé que la siguiente será a base de sólo piedras
y palos.
La posición «ético-ideal» está representada por Hans Küng, teólogo católico alemán,
compañero de tribulaciones, pues también sufrió pesadas censuras del Vaticano. En su ya
clásico «Una ética mundial para la política y la economía mundiales» (1997) sostiene la
tesis inversa: o establecemos un diálogo entre todas las religiones y culturas, buscando
puntos comunes, o vamos al encuentro de un desastre nunca antes visto. Su tesis es: «sin
paz entre las religiones, no habrá paz entre las naciones».
¿Por qué comenzar por las religiones? Por una simple constatación: en las principales
áreas actuales de conflicto subyace una cuestión religiosa. Además, el propio Huntington
en su libro reconoce que «en el mundo moderno, la religión es una fuerza central, tal vez
‘la’ fuerza central que moviliza a las personas… Lo que en último análisis cuenta no es la
ideología política ni los intereses económicos, sino las convicciones de fe, la familia, la
sangre y la doctrina. Es por estas cosas por las que las personas combaten y están
dispuestas a dar su vida. No soy yo, como teólogo, quien hago esta constatación, sino un
científico político de la envergadura de Huntington.
El camino de la paz mundial pasa, por tanto, por el diálogo entre las religiones. En
ese diálogo surgen los puntos comunes elencados todavía en 1970 en la Conferencia
Mundial de las Religiones a favor de la Paz, en Kyoto. Al pacificar las religiones –y todavía
hay mucho que hacer en ese campo- se crea la plataforma para la paz política, fundada en
una ética mínima del cuidado de la Tierra y de la biosfera, en cooperación universal, en
corresponsabilidad frente a nuestro futuro común, y en reverencia frente al misterio de
la existencia.
¿Por qué la propuesta de Huntington es inviable? Porque la máquina de muerte es de
tal orden que puede destruir todo y abortar el futuro de la especie. Ya no podemos hacer
más guerras como antiguamente. Hoy sólo pueden hacerse contra países débiles, como
vergonzosamente se ha hecho contra Irak. Pero no se podrá hacer lo mismo contra Rusia
o China, que poseen armas de destrucción masiva. Ahí vendría el fin de las civilizaciones.
Sólo nos resta dialogar y aprender unos de otros para que evitemos el choque total y
demos una oportunidad a la paz perpetua, tan soñada por el filósofo Enmanuel Kant.

14. Autolimitación: una virtud ecológica


El pavor suscitado por el lanzamiento de bombas atómicas sobre Hirosimay
Nagasaki en 1945 fue tan devastador, que cambió el estado de conciencia de la
Humanidad. Se introdujo la perspectiva de la destrucción en masa, acrecentada
posteriormente con la fabricación de armas químicas y biológicas, capaces de amenazar la
biosfera y el futuro de la especie humana. Antes, los seres humanos podían hacer guerras
convencionales, explorar los recursos naturales, deforestar, arrojar basura a los ríos y
gases a la atmósfera, y ello no producía grandes modificaciones ambientales. Una
conciencia tranquila nos aseguraba que la Tierra era inagotable e invulnerable y que la
vida continuaría siendo la misma y para siempre hacia el futuro.
Ese presupuesto ya no existe. Cada vez nos hacemos más conscientes de aquello que
la Carta de la Tierra atestigua: «Estamos ante un momento crítico en la historia de la
Tierra, una época en la que la Humanidad debe escoger su futuro: o formar una alianza
mundial para cuidar de la Tierra y cuidar unos de otros, o arriesgarnos a la destrucción
de nosotros mismos y de la biodiversidad de la vida». Este documento, ya asumido por la
UNESCO, representa la nueva perspectiva planetaria, ética y ecológica de la Humanidad.
Los hechos que sustentan la alarma son irrefutables: sólo tenemos esta única Casa Común
para habitar; sus recursos son limitados, muchos de ellos no son renovables; el agua dulce
es el bien más escaso de la naturaleza (sólo el 0’7% es susceptible de uso humano); la
energía fósil, motor del desarrollo moderno, tiene los días contados; y el crecimiento
demográfico es amenazador. Hemos sobrepasado ya en un 20% la capacidad de aguante y
de renovación de la biosfera. Querer generalizar para toda la Humanidad el tipo de
desarrollo hoy imperante, requeriría otros tres planetas iguales al nuestro. La gran
mayoría de las personas no piensa en todo esto, pues les resulta insoportable afrontar la
idea de los límites o, eventualmente, de un desastre colectivo, que es posible incluso en
nuestra generación.
Si estos problemas son graves, todavía hay uno mayor: la lógica del sistema mundial
de producción y la cultura consumista que ha creado. El sistema dice: debemos producir
más y más, sin poner límites al crecimiento, para que podamos consumir más y más, sin
poner límites a la canasta de las ofertas. La consecuencia inmediata de esta opción es una
doble injusticia: una injusticia ecológica, por la depredación de la naturaleza, y una
injusticia social, por la creación de desigualdades entre aquellos que comen hasta
hartarse, y los que comen insuficientemente y caen en la marginalidad y en la exclusión.
Si quisiéramos garantizar un futuro común, de la Tierra y de la Humanidad, se
imponen dos virtudes: la autolimitación y la justa medida, expresiones ambas de la cultura
del cuidado. Pero, ¿cómo pedir esas virtudes si todo el sistema está montado sobre su
negación? Pues, a pesar de todo, esta vez no hay otra salida: o cambiamos y nos
encaminamos hacia el cuidado, nos autolimitmos en nuestra voracidad viviendo la justa
medida en todas las cosas, o nos veremos abocados a una tragedia colectiva.
La autolimitación significa un sacrificio necesario que salvaguarda el planeta, tutela
los intereses colectivos y funda una cultura de la simplicidad voluntaria. No se trata de no
consumir, sino de consumir de forma responsable y solidaria para con los seres vivos de
hoy y los que vendrán después de nosotros. Ellos tienen también derecho a a la Tierra y a
una vida con calidad.

15. La justa medida que nos falta


2003-05-30
La cultura imperante es excesiva en todo. No tiene el sentido de la autolimitación
ni el sentido de la justa medida. Por eso está en una crisis peligrosa para su propio futuro.
El desafío es: ¿cuál es la justa medida que salvaguarde el patrimonio natural y la
sobrevivencia? La justa medida es el óptimo relativo, el equilibrio entre el más y el menos.
Por un lado, la medida es sentida negativamente como un límite a nuestras pretensiones;
de ahí viene el deseo y hasta el placer de violar el límite. Por otro lado, es sentida
positivamente como la capacidad de utilizar, de forma moderada, la capacidad disponible,
para que dure más. Ello sólo es posible cuando se encuentra la justa medida.
Las culturas de la cuenca mediteránea, de donde venimos, la egipcia, la griega, la
latina y la hebrea, postularon siempre la búsqueda de la justa medida. Ésa era y es
también la preocupación central del budismo y de la filosofía ecolóigica del Feng-Shui
chino. Para todas, el símbolo mayor era la balanza y las respectivas divinidades femeninas,
tutoras de la justa medida.
La diosa «Maat» de los egipcios cuidaba de que todo fluyese equilibradamente. Pero
los sabios egipcios pronto entendieron que la justa medida exterior sólo se alcanza a
partir de la justa meida interior. Sin la convergencia de la «Maat» interior con la exterior
perdemos la justa medida, o sea, el equilibrio, y nos hacemos destructivos.
Una de las caracaterísticas fundamentales de la cultura griega fue la búsqueda
incansable de la medida en todo («métron»). Clásica es la formulación «meden ágan»,
«nada en exceso».
La diosa «Némese», venerada por griegos y latinos, representaba la justa medida en
el orden divino y humano. Todos los que osasen sobrepasar la propia medida (llamada
hybris = auto-afirmación arrogante) eran inmediatmante fulminados por Némese. Así, los
campeones olímpicos, que, como en la actualidad, se dejaban endiosar por los aficionados,
o los filósofos y los artistas que permitían la excesiva exaltación de sus vidas y sus obras.
La Biublia hebreo-cristiana funda la medida justa en el reconocimiento del límite
infranqueable entre Creador y criatura. La criatura jamás será como Dios. Ésa fue la
pretensión de nuestros ancestros en el paraíso terrenal. Imaginaban que lo conseguirían
comiendo del fruto prohibido. Comieron de él, sobrepasaron el límite que se les había
impuesto, no se convirtieron en dioses y fueron expulsados del paraíso.
Pecado es rechazar el límite, no reconocer la condición de creatura. A pesar de la
expulsión, permaneció el imperativo de la justa medida en la forma de «cultivar y
guardar» el jardín del Edén, o sea, en vivir la ética del cuidado. Detrás del «cultivar»
resuena siempre «culto» y «cultura», que señalan el trato respetuoso con la Tierra
(culto). Y detrás de «guardar», el aprovechamiento sostenible de sus recursos para
atender necesidades humanas y no para fines de acumulación. En el lenguaje bíblico, ser
«imagen y semejanza de Dios» significa ser el representante y el lugarteniente de Dios
en medio de la creación. Como tal, debe prolongar el acto creador divino, creando también
con la misma benevolencia con que Dios creó todas las cosas («y vio Dios que todo era
bueno»). El efecto final de las intervenciones, bajo la justa medida, es la cultura, como
hominización y humanización de la naturaleza.
Aprendamos de los antiguos cómo sanar la crisis civilizacional: viviendo sin exceso,
en la justa medida y en el cuidado esencial para con todo lo que nos rodea.

16. Ética y formación de valores


La mala calidad general de la vida y la creciente violencia en todos los niveles
derivan, en gran parte, de una amplia crisis de valores que afecta a los fundamentos de la
ética. Los mapas al uso ya no sirven y la brújula ya no encuentra su Norte.
Dos fuentes de la moral han orientado a las sociedades hasta hoy: las religiones y la
razón. Las religiones siguen siendo los nichos de valor privilegiados para la mayoría de la
humanidad. La razón, desde que irrumpió en todas las culturas mundiales en el siglo VI
AC. en el llamado tiempo-eje (Jaspers) trató de establecer códigos éticos universalmente
válidos. Estos dos paradigmas no quedan invalidados por la crisis, pero necesitan ser
enriquecidos si queremos estar a la altura de las presiones provenientes de la realidad
hoy globalizada.
La crisis crea la oportunidad de ir hasta las raíces de la ética y bajar hasta aquella
instancia donde continuamente se gestan valores. La ética debe nacer de la base última
de la existencia humana. Ésta no reside en la razón como Occidente siempre ha
pretendido. La razón no es ni el primero ni el último momento de la existencia. Por eso no
explica ni abarca todo. Ella se abre hacia abajo, de donde emerge algo más elemental y
ancestral: la afectividad. Y se abre hacia arriba, hacia el espíritu que es el momento en el
que la conciencia se siente parte de un todo y que culmina en la contemplación. Por eso, la
experiencia de base no es \"pienso luego existo\", sino \"siento, luego existo\". En la raíz
de todo no está la razón (Logos), sino la pasión (Pathos). David Goleman diría que en el
fundamento de todo está la inteligencia emocional. Afecto, emoción, en una palabra,
pasión es un sentir profundo. Es entrar en comunión, sin distancia, con todo lo que nos
rodea. Por la pasión captamos el valor de las cosas, valor que es el carácter precioso de
los seres, lo que los hace dignos de ser y los hace apetecibles. Sólo cuando nos
apasionamos vivimos valores y es por valores por lo que nos movemos y somos.
Siguiendo a los griegos, llamamos a esa pasión eros, amor. El mito arcaico lo dice
todo: \"Eros, el dios del amor, se levantó para crear la tierra. Antes, todo era silencio,
desnudo e inmóvil. Ahora todo es vida, alegría, movimiento\". Ahora todo es precioso,
todo tiene valor, por causa del amor y de la pasión.
Pero la pasión está habitada por un demonio. Dejada a sí misma, puede degenerar en
formas de gozo destructor. Todos los valores valen, pero no todos valen para todas las
circunstancias. La pasión es un caudal fantástico de energía que, como las aguas de un río,
necesita márgenes, límites y la justa medida para no ser avasalladora. Y aquí es donde
entra la función insustituible de la razón. Es propio de la razón ver claro y ordenar,
disciplinar y definir la dirección de la pasión.
Ahí surge una dialéctica dramática entre pasión y razón. Si la razón reprime la
pasión, triunfa la rigidez, la tiranía del orden y la ética utilitaria. Si la pasión prescinde de
la razón, se impone el delirio de las pulsiones y la ética hedonista, del puro placer. Pero si
prevalece la justa medida y la pasión se sirve de la razón para un auto-desarrollo medido,
entonces surgen las dos fuerzas que sostienen una ética humanitaria: la ternura y el vigor.
La ternura es el cuidado con el otro, el gesto amoroso que protege. El vigor es la
contención sin la dominación, la dirección sin la intolerancia.
Aquí se funda una ética capaz de incluir a todos en la familia humana. Esa ética se
estructura alrededor de los valores fundamentales ligados a la vida, a su cuidado, al
trabajo, a las relaciones cooperativas y a la cultura de la no-violencia y de la paz.

17. Cuidando de Brasil


2003-06-13
El 5 de junio, día mundial del medio ambiente, el Presidente Lula y la Ministra
Marina Silva inauguraron en el palacio del Planalto la Conferencia Nacional del Medio
Ambiente. Invitado a hablar en la ceremonia, dije estas pocas palabras.
«Brasil es una de las provincias mas bienaventuradas del Planeta vivo, la Tierra.
Como madre generosa, ella nos ha legado una riqueza ecológica que representa para todos
nosotros una gran responsabilidad. Queremos estar a su altura.
Nos disponemos a conservar esa riqueza por el valor que posee en sí misma, por la
alegría que su belleza nos propicia y sobre todo porque ella garantiza la sostenibilidad de
nuestro pueblo y de nuestro desarrollo.
Esa riqueza es para nosotros y para toda la familia humana de la que somos
miembros, junto con otros compañeros y compañeras de la comunidad de la vida, animales
y plantas que necesitan de ella para continuar viviendo y coevolucionando, y que forman
con nosotros la gran democracia socio-cósmica.
Sólo con mantener en pie la floresta amazónica, con los beneficios que trae para el
equilibrio de la biosfera, ofrecemos gratuitamente a la humanidad 14 mil millones de
dólares anuales. Los países contaminantes deberían saberlo.
La Conferencia del Medio Ambiente surge en un momento dramático para la
Humanidad, cuando nos damos cuenta de los límites de la soportabilidad y de la
regeneración del Planeta. La combinación del calentamiento del clima con la escasez de
agua dulce puede provocar, de aquí a no mucho tiempo, una catástrofe alimentaria nunca
antes vista. Las migraciones de hambrientos y la desestabilización política podrán
derrumbar el frágil orden mundial. Queremos hacer nuestra aportación propia para la
superación de esta crisis inminente.
Con la fertilidad de nuestros suelos y la solidaridad generosa que nos caracteriza,
podemos ser la mesa puesta para el hombre del mundo entero. No queremos aprender,
después, del sufrimiento, lo que podríamos haber aprendido antes con el cuidado y la
inteligencia.
Con razón, el Gobierno puso la Conferencia Nacional del Medio Ambiente bajo la
inspiración del cuidado. Desde el inicio, el presidente entendió la política, en primer lugar,
como cuidar del pueblo brasileño en sus carencias fundamentales y no como
gerenciamiento de mercados, monedas e índices de inflación. El mismo cuidado quiere
tener hacia la Tierra, los ecosistemas y toda la cadena de la vida. El cuidado protege,
exorciza la amenaza de extinción y hace que todo viva y dure más.
No queremos que nuestros hijos e hijas, un día, se levanten y nos digan: ustedes
sabían de la gravedad de la situación. Podrían haber suscitado una nueva conciencia, haber
introducido políticas de cuidado, salvadoras de tantas especies, y no lo hicieron. Ustedes
no amaron lo invisible, no nos amaron a nosotros, que venimos después de ustedes. Vean lo
que nos han dejado en herencia. También nosotros tenemos derechos a una Tierra
saludable.
Ojalá este Gobierno sea recordado por la aparición de una nueva benevolencia para
con la vida, por una reverencia hacia la majestad de nuestra naturaleza, por la forma en
que supo conducir la política como cuidado del pueblo, por la conservación de nuestra casa
común y por la alegre celebración del misterio de nuestra existencia y la de todas las
cosas».
18. Cambiar para continuar siendo el mismo
Durante la ECO-92 en Rio de Janeiro, bajo fuerte presión de las autoridades del
Vaticano presentes en el acto, tuve que tomar, de inmediato, una decisión dolorosa, la de
dejar el ministerio sacerdotal y autopromoverme al estado de laico. No quise que un amigo
supiese de mi decisión por la prensa. Lo busqué en el hotel en que se hospedaba y le
comuniqué personalmente el hecho. Él me miró detenidamente a los ojos y me hizo esta
pregunta: pero, ¿continuarás el mismo en la opción por los pobres y por su liberación? Le
respondí: sí, porque ésa es una opción de vida. Entonces, me dijo: está bien, lo mejor del
cristianismo está a salvo. Y me hizo la siguiente observación: hay momentos en la vida en
que para continuar siendo el mismo, uno tiene que cambiar. Tú has tenido el coraje de
cambiar, para seguir siendo el mismo de siempre.
Eso me lo dijo el Comandante Fidel Castro Ruz. Y esas palabras nunca se me han ido
de la cabeza y todavía hoy me inspiran. Escribí por entonces: he cambiado de trinchera
pero no de lucha; he cambiado de camino, pero no de meta. Y, otra vez, me viene a la
mente la frase sabia de Fidel Castro, a propósito de los cambios operados en el
presidente Lula y la coherencia que le reclaman los llamados «radicales» del PT, Partido
del Trabajo.
El presidente Lula ha cambiado, como lo hay reconocido, porque la vida ha cambiado.
Antes él estaba en la oposición; ahora está en el poder cental. Y estar en el poder central
implica cuidar de todo, no sólo de una parte, inspirado en las opciones de base del partido
y de la coalición, atento siempre a la realidad concreta. Y esta realidad es compleja,
contradictoria y expuesta a los imponderables de las políticas mundiales, que no pueden
ser desatendidas, si queremos sobrevivir. Gobernar en un marco así es moverse en una
realidad cuántica, llena de incertezas y virtualidades que cobran capacidad de respuesta
a coyunturas nuevas y flexibilidad para cambios que posibiliten seguir caminando hacia la
misma meta, la de rescatar Brasil.
Todo depende de lo que entendamos por coherencia. Coherencia es la adecuación
entre teoría y práctica, entre cabeza y manos. Acontece, sin embargo, que entre cabeza y
manos no hay un paso directo. Al contrario, una y otras se encuentran sumergidas en una
realidad compleja, donde actores y factores no son controlables por mí. Estos actores
tienen su lógica y su fuerza propias. Quien no los toma en cuenta, reduce la realidad al
tamaño de su cabeza. Eso es lo que hace el fundamentalismo y todo pensamiento
autoritario.
Importa pues introducir una mediación: el juicio prudencial y práctico. Se han de
hacer cambios guardando la coherencia con la cabeza, pero considerando todas las
fuerzas que están presentes. La coherencia de los «radicales» olvida esas fuerzas y
busca la adecuación inmediata entre cabeza y manos. Son partidarios de una
confrontación que puede bloquear todo o imponer sus propósitos por la fuerza. Y ahí,
¡adiós democracia!
En el campo cultivado hay trigo y cizaña, dice el Maestro. El «radical» dice:
arranquemos la cizaña, porque la cizaña no tiene derecho. No le importa que al arrancarla
va a arrancar también el trigo. Es una coherencia directa, fría y desastrosa. La otra
coherencia, histórica y eficaz, dice: dejemos la cizaña y el trigo juntos, pues si no,
arrancaremos el trigo. Nuestro deber, pues, es distinguir la cizaña del trigo, denunciar la
cizaña y reforzar el trigo. En el momento oportuno, los separaremos, cada cual con su
destino propio. El presidente Lula ha cambiado para continuar siendo el mismo. Por eso, no
es que se pasó de bando, sino, simplemente, de trinchera, en la misma lucha.

19. Daimon y Ethos


Tal vez los lectores se extrañen por estas dos palabras griegas. Pero ellas nos
permiten acercarnos a un tema urgente: el rescate de los fundamentos de la ética, que se
contrapone al descontrol ético actual, especialmente cuando jefes de Estado utilizan la
mentira para engañar a su pueblo y ganarlo para la perversidad de la guerra.
En primer lugar, cabe decir que «daimon», en griego clásico, no es demonio, sino, al
contrario, el ángel bueno, el genio protector. Y «ethos» no es principalmente ética, sino la
morada, la casa humana. Heráclito, genial filósofo presocrático (500 a.C.), unió las dos
palabras en el aforismo 119: «el ethos es el daimon del ser humano», o sea, «la casa es el
ángel protector del ser humano». Esta formulación esconde la clave para toda una
construcción ética. Pero expliquémonos, porque eso no es inmediatamente comprensible.
Ethos/casa no son simplemente las cuatro paredes y el techo. Es el conjunto de las
relaciones que el ser humano establece: con el medio natural, separando un pedazo de él
para que sea su morada; con los que habtitan en la casa, para que sean cooperativos y
pacíficos; con un pequeño lugar sagrado, donde guardamos memorias queridas, la vela que
arde o los santos de nuestra devoción; y con los vecinos, para que haya mutua ayuda y
gentileza. Casa es todo eso; es un modo de ser de las personas y de las cosas.
La casa, para ser tal, debe tener un buen astral. Eso lo proporciona el daimon, el
genio bienhechor. El bien que él inspira hace de las cuatro pareces y del conjunto de las
relaciones, una morada humana. Ahí nos sentimos bien, amamos y morimos.
El daimon/ángel bueno, ¿qué es? Sócrates, que siempre se dejaba orientar por él, lo
llama «voz profética dentro de mí, proveniente de un poder superior», o también «señal
de Dios». Es la voz de la interioridad, aquel consejero de la conciencia que disuade o
estimula, aquel sentimiento de lo conveniente y de lo justo en las palabras y en los actos,
que se anuncia en todas las circunstancias de la vida, pequeñas o grandes. Todos poseen el
daimon interior, ese ángel protector que nos aconseja siempre, un dato tan objetivo como
la libido, la inteligencia, el amor o el poder.
Como se comprende, Heráclito, como buen filósofo, deja atrás el sentido
convencional de las palabras y capta su significación escondida: la casa (ethos) acaba
siendo la ética, y el ángel bueno (daimon), la inspiración para su vivencia.
Ser fieles a ese ángel bueno hace que moremos bien en la casa, la individual, la
ciudad, el país y el planeta Tierra, la Casa Común. Todo lo que hagamos para que se pueda
morar juntos bien (felicidad) es ético y bueno; lo contrario es antiético y malo.
Hay una especie de tragedia en nuestra historia: el daimon fue olvidado. En su lugar,
los filósofos como Platón y Aristóteles, Kant y Habermas, propusieroon sistemas éticos,
con normas tenidas por universales. La voz del ángel bueno no deja de hablar, pero es
confundida con las mil otras voces, de las religiones, de las Iglesias, de los Estados y de
otros maestros…
Si quisiéramos una revolución ética duradera debemos librar el daimon y comenzar a
escucharlo de nuevo. En definitiva, ése es el buen sentido ético. Él nos sugerirá cómo
ordenar la casa que es la ciudad, el Estado y la Casa Común planetaria. No hay otra salida.
¿Es utopía? Sí, pero es la dirección correcta que apunta al camino verdadero.
Escuchar al daimon produce paz general y hace que surja el cuidado para con todas las
cosas.
20. Ética y Moral
¿Qué es ética y que es moral? ¿Son lo mismo o hay que hacer distinciones entre
ellas? Hay mucha confusión acerca de esto.
Tratemos de aclararlo. En el lenguaje corriente e incluso culto, ética y moral son
sinónimos. Así decimos: \"aquí hay un problema ético\" o \"un problema moral\". Con eso
emitimos un juicio de valor sobre alguna práctica personal o social, si buena, mala o
dudosa.
Pero profundizando la cuestión, percibimos que ética y moral no son sinónimos. La
ética es parte de la filosofía. Considera concepciones de fondo, principios y valores que
orientan a personas y sociedades. Una persona es ética cuando se orienta por principios y
convicciones. Decimos entonces que tiene carácter y buena índole. La moral forma parte
de la vida concreta. Trata de la práctica real de las personas que se expresan por
costumbres, hábitos y valores aceptados. Una persona es moral cuando obra conforme a
las costumbres y valores establecidos que, eventualmente, pueden ser cuestionados por la
ética. Una persona puede ser moral (sigue las costumbres) pero no necesariamente ética
(obedece a principios).
Estas definiciones, aunque útiles, son abstractas porque no muestran el proceso,
cómo surgen efectivamente la ética y la moral. Y aquí los griegos pueden ayudarnos.
Ellos parten de una experiencia de base, siempre válida, la de la morada entendida
existencialmente como el conjunto de las relaciones entre el medio físico y las personas.
Y llaman a la morada, \"ethos\" (con e larga en griego). Para que la morada sea morada,
hay que organizar el espacio físico (cuartos, sala, cocina) y el espacio humano (relaciones
de los moradores entre sí y con sus vecinos) según criterios, valores y principios para que
todo fluya y esté como se desea. Eso da carácter a la casa y a las personas. Los griegos
también llaman a esto \"ethos\". Nosotros diríamos ética y carácter ético de las
personas.
Además, en la morada, los moradores tienen costumbres, maneras de organizar las
comidas, los encuentros, modos de relacionarse, tensos y competitivos o armoniosos y
cooperativos. A esto los griegos también lo llamaban \"ethos\" (con e corta). Nosotros
diríamos moral y la postura moral de una persona.
Sucede que esas costumbres (moral) forman el carácter (ética) de las personas.
Winnicot, continuando a Freud, estudió la importancia de las relaciones familiares para
establecer el carácter de las personas. Éstas serán éticas (tendrán principios y valores)
si han tenido una buena moral (relaciones armoniosas e inclusivas) en casa.
Los medievales no tenían las sutilezas de los griegos. Usaban la palabra moral (viene
de mos/moris) tanto para las costumbres como para el carácter. Distinguían la moral
teórica (filosofía moral), que estudia los principios y las actitudes que iluminan las
prácticas, y la moral práctica, que analiza los actos a la luz de las actitudes y estudia la
aplicación de los principios a la vida.
¿Cuáles son la ética y la moral vigentes hoy? Las del capitalismo. Su ética dice:
bueno es lo que permite acumular más con menos inversión y en el menor tiempo posible.
Su moral concreta reza: emplear la menor cantidad de gente posible, pagar menos salarios
e impuestos y explotar mejor la naturaleza. Imaginemos cómo sería una casa y una
sociedad (ethos) que tuviesen tales costumbres (moral/ethos) y produjesen caracteres
(ethos/moral) igualmente conflictivos. ¿Sería todavía humana y benéfica para la vida?
Aquí está la razón de la grave crisis actual.

21. El ethos que busca


2003-07-11
Fue obra de la razón crítica, articulada por los geniales filósofos Platón y
Aristóteles, realizar el salto del \"daimon\" (la percepción ética de base)
al \"ethos\"(sistema racional de principios). Con eso comenzó una gran aventura
intelectual bajo cuya vigencia, aunque en su ocaso, estamos todavía. Con más de dos
milenios de distancia, vamos a tratar de hacer una lectura de ciego, captar las
relevancias, e identificar el perfil básico del ethos de nuestra civilización.
La ética siguió el destino de la razón. La naturaleza de la razón es buscar y el ethos
será un ethos que busca. La razón no se detiene ante nada, por eso es esencialmente
desacralizadora. Su expresión completa se realiza a través de la razón instrumental-
analítica cuyo producto principal es la tecnociencia con la civilización que ha creado, hoy
mundializada. Tiene un inmenso alcance pero también tiene límites.
En primer lugar, olvidó el Ser (el todo) y se concentró en el ente (parte),
considerándolo la “realidad”, fuera de la cual nada existe. El reflejo en la ética fue que no
se atendió más la “voz interior” (degradada a superyo psicológico, a interés de clase) para
oír solamente la voz de afuera, internalizada, de la norma y el orden.
En segundo lugar, siendo ilimitados los entes, también son ilimitados los saberes,
olvidados de que son partes de un Todo. Realidad fragmentada, generó un saber
fragmentado y una ética fragmentada en incontables morales, para cada profesión
(deontología), para cada clase y para cada cultura.
En tercer lugar, separó lo que en la realidad siempre va unido: Dios y mundo, razón y
emoción, masculino y femenino, justo y legal, privado y público. La ética fue dividida en
pública y privada, de las intenciones y de los principios, de los medios y de los fines.
En cuarto lugar, el saber fue puesto al servicio del poder y el poder usado como
dominación. La ética se hace instrumento de normatización del individuo, forzado a
introyectar las leyes para insertarse en la dinámica del proceso social, leyes por las que
es fiscalizado y hasta castigado. La sociedad se funda menos en la ética y en la ley que en
la legalización de las distintas prácticas personales y sociales aceptadas socialmente.
En quinto lugar, fundada solamente en la razón crítica, la ética no consiguió
consensos mínimos, asumibles por todos. Los imperativos categóricos como los de Kant,
“trata al ser humano siempre como fin, nunca como medio” y “obra de tal manera que la
máxima de tu acción pueda servir de norma para todos”, permanecieron abstractos. Son
principios de la razón ilustrada, no de la común de las mayorías.
En sexto lugar, reservada sólo al ámbito de la razón, la ética perdió el horizonte de
trascendencia que viene del espíritu y de su obra que es la espiritualidad, esa dimensión
de la conciencia que permite al ser humano sentirse parte del Todo y abrirse a Él. Sin
espiritualidad la ética se convierte fácilmente en moralismo y la ley en legalismo.
En séptimo lugar, la ética perdió el corazón y el \"pathos\", la capacidad de sentir
en profundidad al otro. Es solipsista, centrada en sí misma. La ética surge y se renueva
cuando emerge el otro, con quien convivo. Ella no presenta instrumentos internos que nos
permitan dar respuesta a los grandes retos actuales que atañen al futuro de la vida y de
la humanidad. Necesitamos de un ethos que no sólo busque, sino que también ame y cuide.

22. El ethos que ama


2003-07-18
Cuando la razón busca hasta el final, encuentra en su propia raíz el afecto que se
expresa por el amor, y sobre ella, el espíritu que se manifiesta por la espiritualidad. Y al
término de su búsqueda encuentra el misterio. Misterio no es el límite de la razón sino lo
ilimitado de la razón. Por eso, el misterio continúa siendo misterio en todo conocimiento
que se siente desafiado a conocer siempre más. La razón científica nos ratifica este
recorrido. Ella comenzó con la materia, llegó a los átomos, descendió más, a los elementos
subatómicos, a la energía y a los campos energéticos, al campo de Higgs, origen de todos
los campos, al big-ban, hace 15 billones de años… para terminar en el vacío cuántico, que
es el estado de energía de fondo del universo, aquella fuente alimentadora de todo lo que
existe, misteriosa e innombrable, que el conocido cosmólogo Brian Swimme, identifica
como presencia de Dios.
Concretamente, el misterio es el otro. Por más que se quiera conocerlo y
encuadrarlo, siempre se retrae para más allá. Es misterio desafiador que nos obliga a salir
de nosotros mismos y a posicionarnos ante él. Cuando el otro irrumpe delante de mí, nace
la ética. Porque el otro me exige una actitud práctica, o de acogida, de indiferencia o de
rechazo. El otro significa una propuesta que pide una res-puesta con res-ponsa-bilidad.
El límite fatal del ethos que busca estriba en haberle reservado poco lugar al otro.
El paradigma occidental siempre tuvo dificultades con el otro. Por eso, lo incorporó, lo
sometió o lo destruyó. Negando al otro perdió la posibilidad de la alianza, del diálogo y de
un mutuo aprendizaje con él. Triunfó el paradigma de la identidad sin la diferencia, en la
línea del presocrático Parménides.
El otro hace sugrgir el ethos que ama. Paradigma de este etos es el cristianismo de
los orígenes, el paleocristianismo. Este se diferencia del cristianismo oficial y de sus
iglesias, porque en ética fue más influenciado por los maestros griegos que por el mensaje
y la práctica de Jesús. El paleocristianismo, al contrario, da absoluta centralidad al amor
del otro, que para Jesús es idéntico al amor a Dios. El amor es tan central que quien tiene
amor lo tiene todo. El testimonia esta sagrada convicción de que Dios es amor (1Jn 4,8), y
el amor no morirá jamás (1 Cor 13,8). Y ese amor es incondicional y universal, pues incluye
también al enemigo (Lc 6, 35). El ethos que ama se expresa en la regla de oro,
testimoniada por todas las tradiciones de la humanidad: “ama al prójimo como a ti mismo”;
“no hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti”.
El ethos que ama fundamenta un nuevo sentido de vivir. Amar al otro es darle razón
de existir. El existir es pura gratuidad. No hay razón para existir. Amar al otro es querer
que exista porque el amor hace al otro importante. “Amar a una persona es decirle: tú no
morirás jamás (G. Marcel), tú debes existir, tú no puedes morir”. Cuando alguien o alguna
causa se hacen importantes para el otro, nace un valor que moviliza todas las energías
vitales. Es por eso que cuando alguien ama rejuvenece y tiene la sensación de comenzar la
vida de nuevo. El amor es fuente perenne de valores.
Solamente ese ethos que ama está a la altura de los desafíos actuales porque incluye
a todos. Hace de los distantes, próximos, y de los próximos, hermanos y hermanas. Todo
lo que amamos, lo cuidamos. Se abre así al ethos que cuida.

23. El ethos que cuida


2003-07-26
Cuando amamos, cuidamos, y cuando cuidamos, amamos. Por eso el ethos que ama se
completa con el ethos que cuida. El «cuidado» constituye la categogía central del nuevo
paradigma de civilización que trata de emerger en todo el mundo. La falta de cuidado en
el trato dado a la naturaleza y a los recursos escasos, la ausencia de cuidado en
referencia al poder de la tecnociencia que construyó armas de destrucción en masa y de
devastación de la biosfera y de la propia sobrevivencia de la especie humana, nos está
llevando a un impase sin precedentes. O cuidamos o pereceremos. El cuidado asume una
doble función de prevención de daños futuros y de regeneración de daños pasados. El
cuidado posee ese don: refuerza la vida, atiende a las condiciones físico-químicas,
ecológicas, sociales y espirituales que permiten la reproducción de la vida, y de su ulterior
evolución. Lo correspondiente al cuidado, en términos políticos es la «sostenibilidad» que
apunta a encontrar el justo equilibrio entre el beneficio racional de las virtualidades de la
Tierra y su preservación para nosotros y las generaciones futuras. Tal vez aduciendo la
fábula del cuidado, conservada por Higino (+ 17 d.C.), bibliotecario de César Augusto,
entendamos mejor el significado del ethos que cuida.
«Cierto día, Cuidado tomó un pedazo de barro y lo moldeó con la forma del ser
humano. Apareció Júpiter y, a pedido de Cuidado, le insufló espíritu. Cuidado quiso darle
un nombre, pero Júpiter se lo prohibió, pues quería ponerle nombre él mismo. Comenzó
una discusión entre ambos. En ésas, apareció la Tierra, alegando que el barro era parte de
su cuerpo, y que por eso, tenía derecho de escoger el nombre. La discusión se complicó,
aparentemente sin solución. Encontres, todos aceptaron llamar a Saturno, el viejo Dios
ancestral, para ser el árbitro. Este decidió la siguiente sentencia, considerada justa: «Tú,
Júpiter, que le diste el espíritu, recibirás su espíritu, de vuelta, cuando esta criatura
muera. Tú, Tierra, que le has dado el cuerpo, recibirás su cuerpo, de vuelta, cuando esta
criatura muera. Y tú, Cuidado, que fuiste el primero en molderar la criatura, la
acompañarás todo el tiempo que viva. Y como no ha habido acuerdo sobre el nombre,
decido yo: se llamará «hombre», que viene de «humus», que significa tierra fértil».
Esta fábula está llena de lecciones. El cuidado es anterior al espíritu infundido por
Júpiter y anterior al cuerpo prestado por la Tierra. La concepción cuerpo-espíritu no es,
por tanto, original. Original es el cuidado «que fue el primero que moldeó al ser humano».
El Cuidado lo hizo con «cuidado», con celo y devoción, o sea, con una actitud amorosa. Él
es anterior, el «a priori» ontológico que premite que el ser humano surja. Esas
dimensiones entran en la constitución del ser humano. Sin ellas no es humano. Por eso se
dice que el «cuidado acompañará al ser humano todo el tiempo que viva». Todo lo que haga
con cuidado estará bien hecho.
El ethos que cuida y ama es terapéutico y liberador. Sana llagas, despeja el futuro y
crea esperanzas. Con razón dice el psicoanalista Rollo May: «en la actual confusión de
episodios racionalistas y técnicos, perdemos de vista al ser humano. Debemos volver
humildeente al simple cuidado. El mito del cuidado, solo él, nos permite resistir al cinismo
y a la apatía, dolencias psicológicas de nuestro tiempo».

24. El "ethos" que se responsabiliza


2003-08-01
Los límites de la Tierra para soportar la voracidad del crecimiento mundial y el
consumismo que le acompaña, se encuentran en una fase de agotamiento rápido. Para
imprimirle un cambio significativo no bastan los llamados de los organismos mundiales que
estudian el estado de la Tierra ni las directrices gubernamentales. Es urgente una
verdadera revolución molecular a partir de las conciencias de los hijos e hijas angustiados
de nuestro planeta.
El ethos que busca, dominador del mundo, no es capaz de proporcionar por sí mismo
los instrumentos para un salto cualitativo. Se ha desmoralizado porque no ha conseguido
evitar el genocidio de los indígenas latinoamericanos, el holocausto nacifascista, los gulags
soviéticos, las armas de destrucción masiva, las guerras preventivas recientes y la
devastación del modo de producción capitalista con la generación de creciente miseria y
exclusión. Logra imponerse, no por argumentos, sino por la fuerza. Una convicción surge
de las conciencias más despiertas: o la civilización planetaria deja de ser prevalentemente
occidental, o va a dejar de existir. Nos vemos obligados a desarrollar un ethos de una
responsabilidad ilimitada hacia todo lo que existe, como condición de sobrevivencia de la
humanidad y de su hábitat natural.
Responsabilidad es la capacidad de dar respuestas eficaces (responsum en latín, de
donde viene responsabilidad) a los problemas que nos llegan de la realidad compleja
actual. Y sólo lo conseguiremos con un ethos que ama, cuida y se responsabiliza. La
responsabilidad surge cuando nos damos cuenta de las consecuencias de nuestros actos
sobre otros y sobre la naturaleza. Hans Jonas, el filósofo del «principio de
responsabilidad», formuló así el imperativo categórico: «Actúa de tal manera que las
consecuencias de tus acciones no destruyan la naturaleza, ni la vida ni la Tierra». Ese
imperativo vale especialmente para la biotecnología y aquellas operaciones que intervienen
directamente en el código genético de los seres humanos, de otros seres vivos y de las
simientes transgénicas. El universo trabajó 15 billones de años, y la biogénesis 3’8 billones
para ordenar las informaciones que garantizan la vida y su equiulibrio. Nosotros, en una
generación, queremos ya controlar esos procesos complejísimos, sin medir las
consecuencias de nuestra acción. Por eso, el ethos que se responsabiliza impone la
precaución y la cautela como comportamientos éticos básicos.
Ese ethos se impone algunas tareas prioritarias. Respecto a la sociedad, hay que
desplazar el eje de la competición que usa la razón calculadora, hacia el eje de la
cooperación que usa la razón cordial. Respecto a la economía, importa pasar de la
acumulación de riqueza, a la producción de lo suficiente y digno para todos. Respecto a la
naturaleza, urge celebrar una alianza de sinergia entre el manejo racional que
necesitamos y la preservación del capital natural. Respecto a la atmósfera espiritual de
nuestras sociedades, importa pasar del individualismo y de la autoafirmación para la
construcción del bien cómún y del espíritu de cooperación.
La responsabilidad revela el carácter ético de la persona. Ella se siente
corresponsable -junto con las fuerzas que dirigen la naturaleza- respecto del futuro de la
vida y de la humanidad. Al asumir responsablemente nuestra parte, hasta los vientos
contrarios ayudan a conducir al puerto el Arca salvadora.

25. El ‘ethos’ que se solidariza


8 de agosto de 2003
Vivimos tiempos de gran barbarie porque es extremamente escasa la solidaridad
entre los humanos. 1.400 millones de personas viven con menos de un dólar al día, dos
tercios de los cuales conforman la humanidad futura: niños y jóvenes menores de 15 años,
condenados a consumir 200 veces menos energía y materias primas que sus hermanos y
hermanas norteamericanos. Pero ¿quién piensa en ellos? Los países opulentos no tienen el
mínimo sentido de solidaridad, pues destinan menos del 1% de su riqueza interna bruta a
combatir este flagelo. Para enfrentarlo, más que una revolución política se hace urgente
una revolución ética, es decir, despertar un sentimiento profundo de hermandad y de
familiaridad que haga intolerable tal deshumanización e impida a los voraces dinosaurios
del consumismo continuar con su vandalismo individualista. Necesitamos, pues, de un ethos
que se solidarice con todos estos caídos del camino.
La solidaridad está inscrita, objetivamente, en el código de todos los seres, pues
todos somos interdependientes unos de otros. Coexistimos en el mismo cosmos y en la
misma naturaleza con un origen y un destino comunes. Cosmólogos y físicos cuánticos nos
aseguran que la ley suprema del universo es la de la solidaridad y la cooperación de todos
con todos. La misma ley de la selección natural de Darwin, formulada a partir de los
organismos vivos, debe ser pensada al interior de esta ley mayor. Además los seres luchan
no sólo para sobrevivir, sino para realizar virtualidades presentes en su ser. A nivel
humano, en vez de la selección natural, debemos proponer el cuidado y el amor. Así todos
pueden ser incluidos, también los más débiles, y se evita que sean eliminados en nombre
de los intereses de grupos que se imponen por la fuerza o de un tipo de cultura que se
autoafirma rebajando a las demás.
La solidaridad se encuentra en la raíz del proceso de hominización. Cuando nuestros
antepasados homínidos salían a buscar alimento, no lo consumían de manera individual, lo
traían al grupo para repartirlo solidariamente. La solidaridad permitió el salto de la
animalidad a la humanidad y la creación de la socialidad, que se expresa por el lenguaje.
Todos debemos nuestra existencia al gesto solidario de nuestras madres que nos
acogieron en la vida y en la familia.
Estos datos objetivos deben ser asumidos subjetivamente, como proyecto de la
libertad que opta por la solidaridad como contenido de las relaciones sociales. La
solidaridad política será el eje articulador de la geosociedad mundial o no habrá futuro
para nadie. Solidaridad a ser construida a partir de abajo, de las víctimas de los procesos
sociales. El imperativo suena así: «solidarízate con todos los seres, tus compañeros y
compañeras de aventura planetaria, especialmente con los más perjudicados, para que
todos puedan ser incluidos en tu cuidado». También es importante alimentar la solidaridad
con las generaciones futuras, pues también ellas tienen derecho a una Tierra habitable.
Nuestra misión es cuidar de los seres, ser los guardianes del patrimonio natural y
cultural común, haciendo que la biosfera siga siendo un bien de toda vida y no sólo
nuestro. Gracias al ethos que se responsabiliza, veneramos cada ser y cada forma de vida.
26. El ethos que se compadece
2003-08-15
El ethos, para ser plenamente humano, necesita incorporar la compasión. Hay
mucho sufrimiento en la historia, demasiada sangre en nuestros caminos e interminable
soledad de millones y millones de personas, cargando solas, en su corazón, la cruz de la
injusticia, de la incomprensión y de la amargura. Tal es la condición humana de seres que
son la convergencia de las contradicciones. El ethos que se compadece quiere incluir a
todos esos en el \"ethos\" humano, es decir, en la casa humana, donde hay acogida y
donde las lágrimas pueden ser lloradas sin vergüenza o ser enjugadas cariñosamente.
Pero primero necesitamos hacer una terapia del lenguaje, pues compasión tiene en la
comprensión común connotaciones peyorativas. Tener compasión significa apiadarse del
otro por considerarlo desamparado, sin fuerza interior para erguirse. Supone la actitud
de alguien que mira de arriba abajo, humillándolo.
En el cristianismo de los primeros tiempos, sin embargo, com-pasión era sinónimo de
misericordia, esa actitud generosa que quiere compartir la pasión con el otro y no dejarlo
solo con su dolor. Eso no es hacer \"caridad\", criticada por el poeta y cantor argentino
Atahualpa Yupanqui: \"desprecio la caridad por la vergüenza que encierra. Soy como el
león de la sierra: vivo y muero en soledad”.
En el budismo la compasión es considerada la virtud personal de Buda. Por eso es
central y está ligada a la pregunta que dio origen al budismo como camino
espiritual: \"¿cuál es el mejor medio para liberarnos del sufrimiento?” La respuesta de
Buda fue: \"por la com-pasión, por la infinita com-pasión\". El Dalai Lama, como ya hemos
escrito en esta columna, actualiza esa respuesta ancestral así: \"ayuda a los otros
siempre que puedas y si no puedes, jamás los perjudiques\".
Dos virtudes realizan la compasión: el desapego y el cuidado. Por el desapego
renunciamos a poseer las cosas y las respetamos en su alteridad. Por el cuidado velamos
por su bienestar y las socorremos en su sufrimiento.
La compasión tal vez sea la mayor contribución ética y espiritual que Oriente ha
dado a la cultura mundial. Lo que hace penoso el sufrimiento no es tanto el sufrimiento
mismo, sino estar solo en el sufrimiento. El budismo y también el cristianismo convocan a
establecer una comunión en el sufrimiento para que nadie quede solo y desamparado en su
dolor.
Como el amor y el cuidado, la compasión tiene un campo de realización ilimitado. No
se restringe solamente a los seres humanos, sino a todos los seres vivos y al cosmos. El
ideal budista de la compasión nos enseña cómo relacionarnos adecuadamente con la
comunidad de vida: primero respetar su alteridad, después convivir con ella, cuidar de ella
y en especial regenerar a los seres que sufren o están bajo amenaza de extinción. Y sólo
entonces beneficiarnos de sus dones, en la justa medida y con responsabilidad, en función
de aquello que necesitamos para vivir de forma suficiente y decente.
27. El ethos que integra
La ética es del orden de la práctica y no de la teoría. Por eso son importantes las
figuras ejemplares que vivieron biográficamente el ethos humano. Para nosotros en
Occidente la figura de mayor transparencia es Francisco de Asís, considerado “el último
cristiano”. No orientó su vida por el modelo imperial de Iglesia vigente, sino por la
experiencia evangélica, rescatando el vigor del paleocristianismo, el cristianismo de los
orígenes. En él se integran las distintas vertientes éticas que hemos considerado durante
varias semanas.
En él descubrimos el ethos que busca. De familia rica, buscó con extrema intensidad
primero ser héroe de caballería, después monje benedictino, finalmente penitente.
Insatisfecho, escoge la “vía de la simplicidad”, pues Dios me reveló que fuese “un nuevo
loco en el mundo” (novellus pazzus). Es loco frente a los sistemas que abandona, pero no
de cara a lo nuevo que inaugura. Se hace, según su primer biógrafo, Tomás de Celano, “un
hombre de un nuevo siglo”.
Es un representante singular del ethos que ama. Salía por los bosques a llorar hasta
hinchársele los ojos: “el Amor no es amado, el Amor no es amado”. Rescató el amor
telúrico a la Tierra, a cada ser de la creación, a la mujer amada, Clara. Su lema es “Deus
meus et omnia” “mi Dios y todas las cosas”. Dios no quiere que le amemos solo a Él sino a
todos.
Vivió ejemplarmente el ethos que cuida. Cuidaba de las abejas en invierno para que
no muriesen de hambre, cuidaba de liberar a los pajarillos de las jaulas, pedía a sus
compañeros que cuidasen de las malezas en un rincón del jardín, pues también ellas a su
modo alaban a Dios.
Es un arquetipo del ethos que se compadece. Fue a vivir entre los enfermos del mal
de Hansen, los besaba y les daba de comer en la boca, repartía todo con los pobres, hasta
la ropa que llevaba puesta y se compadecía de sus propios dolores, tratándolos de
hermanos, y a la muerte, de hermana muerte.
Dio testimonio del ethos que se solidariza. Es paupérrimo, pero quiere que se dé
todo al hermano enfermo, rompe el ayuno riguroso para ser solidario con el compañero
que grita de noche “muero de hambre”; en la cruzada se solidariza con los “hermanos
mahometanos” y va al encuentro del sultán, rezando con él.
Por fin mostró, de manera concreta, el ethos que se responsabiliza. Ante las guerras
entre burgos instaura la “legatio pacis” o movimiento por la paz, reconciliando las partes.
Prohíbe a los compañeros usar armas, dinero y títulos, fuentes de conflictos. Renuncia a
todas las funciones, continuando lego, para quedar junto al pueblo y los pobres. Quiere
una fraternidad sociocósmica a partir de los últimos.
El ethos franciscano integra todo. Confraterniza con todo y hace de este mundo la
morada bienhechora del ser humano (ethos). La expresión suprema de este ethos se
encuentra en el admirable “Cántico al Hermano Sol”. En él no tratamos solamente con un
discurso poético-religioso sobre las cosas. Ellas sirven de vestimenta a un discurso más
profundo, el del Inconsciente que llegó a su Centro, al Misterio interior, de ternura, que
integra todas las cosas.
La ética se transfigura entonces en mística, experiencia abisal del Ser. Así como una
estrella no brilla sin aura, tampoco una ética adquiere vigencia sin una visión mística y
encantada del mundo, donde la Tierra y el Cielo y todos los elementos que surgen del
matrimonio entre ellos se transforman en valor, en señal de un mundo de bondad.

28. Paradigma conquista


En el conjunto de los seres de la naturaleza, el ser humano ocupa un lugar singular.
Por un lado es parte de la naturaleza por su enraizamiento cósmico y biológico. Es fruto
de la evolución que produjo la vida de la cual él es expresión consciente e inteligente. Por
el otro, se sobreeleva por encima de la naturaleza e interviene en ella creando cultura y
cosas que la evolución sin él jamás crearía, como una ciudad, un avión o un cuadro de
Portinari.
Por su naturaleza es un ser biológicamente carente (Mangelwesen), pues a
diferencia de los animales no posee ningún órgano especializado que le garantice la
subsistencia. Por eso se ve obligado a conquistar su sustento, modificando el medio,
creando así su hábitat.
Muy pronto en el proceso de hominización surgió el paradigma de la conquista. Salió
de África, de donde irrumpió como \"homo erectus\" hace 7 millones de años, y se puso a
conquistar el espacio, comenzando por Eurasia y terminando por Oceanía. Al crecer su
cráneo, evolucionó a \"homo habilis\", inventando, hace unos 2,4 millones de años, el
instrumento que le permitió ampliar todavía más su capacidad de conquista.
Por comparecer como un ser entero pero inacabado (no es defecto sino marca) y
teniendo que conquistar su vida, el paradigma de la conquista pertenece a la
autocomprensión del ser humano y de su historia. Prácticamente todo está bajo el signo
de la conquista: la Tierra entera, los océanos y los rincones más inhóspitos. Conquistar
pueblos y \"dilatar la fe y el imperio\" fue el sueño de los colonizadores. Conquistar los
espacios extraterrestres y llegar a las estrellas es la utopía de los modernos. Conquistar
el secreto de la vida y manipular los genes. Conquistar mercados y altas tasas de
crecimiento, conquistar cada vez más clientes y consumidores. Conquistar el poder de
Estado y otros poderes, como el religioso, el profético y el político. Conquistar y
controlar los ángeles y los demonios que nos habitan. Conquistar el corazón de la persona
amada, conquistar las bendiciones de Dios y conquistar la salvación eterna. Todo es
objeto de conquista. ¿Qué nos falta todavía por conquistar?
La voluntad de conquista del ser humano es insaciable. Por eso el paradigma-
conquista tiene como arquetipos referenciales a Alejandro Magno, Hernán Cortés y
Napoleón Bonaparte, los conquistadores que no conocían ni aceptaban límites.
Después de milenios, el paradigma-conquista ha entrado en nuestros días en una
grave crisis. Basta de conquistas. Si no, destruiremos todo. Ya conquistamos el 83% de la
Tierra y en ese afán la devastamos de tal forma que ha sobrepasado en un 20% su
capacidad de soporte y de regeneración. Se han abierto llagas que tal vez nunca volverán
a cerrarse.
Necesitamos conquistar aquello que nunca antes habíamos conquistado porque
pensábamos que era contradictorio: conquistar la autolimitación, la austeridad
compartida, el consumo solidario y el cuidado para con todas las cosas, para que sigan
existiendo. La supervivencia depende de estas anti-conquistas.
Al arquetipo Alejandro Magno, Hernán Cortés y Napoleón Bonaparte, de la
conquista, hay que contraponer el arquetipo de Francisco de Asís, Gandhi, Madre Teresa
e Irmã Dulce, del cuidado esencial. No hay tiempo que perder. Debemos comenzar por
nosotros, por las revoluciones moleculares. Con ellas garantizaremos las nuevas virtudes
que nos salvarán a todos.

29. Paradigma del cuidado


Paradigma del cuidado Después de haber conquistado toda la Tierra, a costa del
fuerte estrés de la biosfera, es urgente y urgentísimo que cuidemos lo que quedó y que
regeneremos lo vulnerado. Esta vez o cuidamos o vamos al encuentro de lo peor. Por eso,
urge pasar del paradigma de la conquista al paradigma del cuidado.
Si reparamos bien, el cuidado es tan ancestral como el universo. Si después del Big
bang no hubiese habido cuidado por parte de las fuerzas directivas por las que el universo
se auto-crea y se auto-regula, a saber, la fuerza gravitatoria, la electromagnética, la
nuclear fuerte y la nuclear débil, todo se habría expandido demasiado impidiendo que la
materia se adensase y formase el universo que conocemos. O todo se habría retraído a
punto de colapsarse el universo sobre sí mismo en interminables explosiones.
Pero no fue así. Todo se procesó con un cuidado tan sutil, en fracciones de
milmillonésimas de segundo, que permitió que estemos aquí para hablar de todas estas
cosas. Ese cuidado se potenció cuando surgió la vida, hace 3.800 millones de años. La
bacteria originaria, con cuidado singularísimo, dialogó químicamente con el medio para
garantizar su supervivencia y evolución. El cuidado se hizo aún más complejo cuando
surgieron los mamíferos, de donde también venimos nosotros, hace 125 millones de años,
y con ellos el cerebro límbico, el órgano del cuidado, del afecto y del enternecimiento.
Y el cuidado ganó centralidad con la emergencia del ser humano, hace 7 millones de
años. La esencia humana, según una tradición filosófica que viene del esclavo Higinio,
bibliotecario de César Augusto, que nos legó la famosa fábula 220 del cuidado hasta
Martin Heidegger, el filósofo, reside exactamente en el cuidado.
El cuidado es esa condición previa que permite la eclosión de la inteligencia y de la
amorosidad. Es el orientador anticipado de todo comportamiento para que sea libre y
responsable, en fin, típicamente humano. El cuidado es un gesto amoroso con la realidad,
gesto que protege y trae serenidad y paz. Sin cuidado nada de lo que está vivo, sobrevive.
El cuidado es la fuerza mayor que se opone a la ley suprema de la entropía, el desgaste
natural de todas las cosas hasta su muerte térmica, pues todo lo que cuidamos dura
mucho más.
Hoy necesitamos rescatar esta actitud, como ética mínima y universal, si queremos
preservar la herencia que recibimos del universo y de la cultura y garantizar nuestro
futuro. El cuidado surge en la conciencia colectiva siempre en momentos críticos.
Florence Nightingale (1820-1910) es el arquetipo de la enfermera moderna. En 1854
partió de Londres con 38 colegas con destino a un hospital militar en Turquía, donde se
trababa la guerra de Crimea. Imbuida de la idea de cuidado, en dos meses consiguió
reducir la mortalidad del 42% al 2%. La primera Gran Guerra destruyó las certezas y
produjo profundo desamparo metafísico. Fue cuando Martin Heidegger escribió su genial
Ser y Tiempo (1927), cuyos párrafos centrales (§ 39-44) están dedicados al cuidado
como ontología del ser humano.
En 1972 el Club de Roma lanza la alarma ecológica sobre el grave estado de salud de
la Tierra. En el 2001 termina en la Unesco la redacción de la Carta de la Tierra, texto de
la nueva conciencia ecológica y ética de la humanidad. Los muchos documentos producidos
se centran en el cuidado (care), como la actitud obligatoria para con la naturaleza. Seres
de cuidado entre nosotros son doña Zilda Arns con los niños y dom Helder Câmara con los
pobres. Son arquetipos que inspiran el cuidado y el salvamento de toda vida.

30. ¿Dónde nos equivocamos?


2003-09-12
Conquistamos de más y cuidamos de menos. ¿Adónde nos llevará esto? Analistas
venidos de las ciencias de la Tierra nos advierten que el tiempo actual se parece mucho a
épocas de ruptura en el proceso evolutivo, épocas de extinciones en masa. No porque pese
sobre nosotros alguna amenaza cósmica, sino por causa de la actividad humana altamente
depredadora de la naturaleza. Hemos llegado a un punto en el que la biosfera está a
merced de nuestra decisión. Si queremos seguir viviendo tenemos que quererlo y
garantizar las condiciones adecuadas para ello. Estimaciones optimistas establecen como
fecha-límite el año 203O. A partir de ahí, la sostenibilidad del sistema-Tierra dejaría de
estar garantizada y nos encontraríamos con una crisis general cuyo desenlace es
imponderable.
¿Por qué hemos llegado a esto? La respuesta más inmediata se remonta a las
revoluciones iniciadas en el neolítico hace diez mil años: la agrícola, la industrial y la del
conocimiento/comunicación. Estas revoluciones han modificado la faz de la Tierra para
bien y para mal. Por un lado, trajeron inmensas comodidades y prolongaron
considerablemente la expectativa de vida. Por el otro, depredaron el sistema-Tierra por
la monocultura tecnológica y material y por la deshumanización de las relaciones.
Una segunda respuesta, más elaborada, procura saber qué sueño perseguía el ser
humano con ese inmenso proceso científico-técnico y cultural. Era el sueño de la
prosperidad material que se consigue por el poder-dominación sobre la natureza, sobre
las riquezas de los pueblos, sobre la mujer y sobre la explotación de la fuerza de trabajo.
Esa prosperidad nos trajo satisfacción pero no felicidad, pues fue más material que
espiritual. Destruyó el sentido cordial de las cosas y nos legó un devastador vacío
existencial. Ese sueño ocupa la agenda central de cualquier gobierno, también del nuestro.
Y si el ritmo actual continúa, vamos al encuentro de un impasse.
Pero estas respuestas, aunque objetivas, no van suficientemente a la raíz de la
cuestión. Hay una causa más profunda: la auto-afirmación excesiva sin la integración
necesaria en un todo mayor. Autoafirmación e integración deben venir siempre juntas.
Pero predominó la primera y produjo la ruptura de la re-ligación con todo y con todos.
Perdimos el sentido de la corriente única de la vida y de su inmensa diversidad. Olvidamos
la trama de las interdependencias y la comunión de todos con la Fuente originaria de todo.
Nos colocamos en un pedestal solitario desde donde pretendemos dominar la Tierra y los
cielos. En esto erramos, esta es la dolencia de nuestro modo de ser: la centración
exclusiva en el ser humano, en el hombre sin la mujer y sin la integración en el Todo.
Urge rehacer el camino de vuelta, como hijos pródigos, rumbo a la comunidad de
vida, y hermanarnos con todos los seres. Tenemos que restaurar la re-ligación con el
Todo, unir autoafirmación con integración, en una visión co-evolutiva.
El viejo sueño de la humanidad es vivir sin miedo y en paz. La paz es la plenitud que
resulta de las relaciones adecuadas con todo, consigo mismo y con la Fuente. Para eso
necesitamos reencantarnos con el misterio y con la naturaleza. Ese reencantamiento nace
de un nuevo sentido de ser, de una nueva experiencia espiritual. Su elaboración se da en
el ámbito de lo femenino en los hombres y en las mujeres. Lo femenino es lo que nos hace
sensibles, espirituales, abiertos a la cooperación y al Todo. Nos enseña a cuidar de todo
con celo y amor.

31. ¿Transgénicos? No
Los transgénicos u organismos genéticamente modificados resultan de la alteración
y transferencia de genes de un ser vivo (vegetal, animal, ser humano, microorganismo) a
otro con el propósito de hacerlo más sano, más productivo y más inmune a plagas y
bacterias.
El tema es altamente polémico e involucra a varias instancias: los productores, el
mercado, los consumidores, la investigación, el poder público y la ética.
Los productores quieren transgénicos, alegando disminución de costos y aumento de
la productividad, con la ventaja de crear semillas más resistentes a plagas. La creciente
demanda mundial de alimentos reforzaría ese propósito.
El mercado busca ganancias. Algunas empresas mundiales (cinco en total) producen
semillas transgénicas que van sustituyendo lentamente a las naturales (erosión genética) y
acaban monopolizando el mercado de semillas (una de ellas controla el 90%), haciendo
económica y tecnológicamente dependientes a los productores.
Los consumidores son reacios a consumir alimentos genéticamente modificados
porque temen que tengan consecuencias sobre la salud en el presente o en el futuro.
Encuestas realizadas muestran que más del 60% de la población europea está en contra
del consumo de transgénicos.
La investigación, celosa de su libertad, sigue penetrando en el secreto de la vida,
desvelando posibilidades nuevas para la salud y la longevidad, provenientes de la
biotecnología.
El poder público está indeciso, ya sea por la presión de los grandes capitales y del
mercado, ya por las afirmaciones contradictorias de científicos, unos que afirman la
bioseguridad alimentaria y ecológica de los transgénicos, y otros que insisten en que no
disponemos de investigaciones conclusivas sobre sus riesgos para la salud y el medio
ambiente. ¿Qué decisión tomar? Su misión es cuidar del bien común y resistir las
presiones.
En su decisión, el poder público, instancia delegada del poder popular, debe
orientarse por la ética. Se evocan dos principios: el de la responsabilidad y el de la
precaución. El producto a ser introducido debe garantizar que ningún perjuicio directo ni
indirecto, global, acumulativo ni de largo plazo va a afectar al ser humano o a la cadena de
la vida. La ciencia en el estado actual todavía no puede emitir tal parecer.
Lo que sabemos es que la naturaleza trabajó miles y miles de millones de años para
organizar el código de la vida a través de inter-retro-relaciones que involucran a la física
y la química del universo. Una célula epidérmica de nuestra mano contiene, en una
fantástica nanotecnología, toda la información necesaria para constituir la vida. Pregunta:
¿no será que el científico sólo con muhca reverencia y precaución podría atreverse a
intervenir en ese juego complejísimo, ya que sabe que cada gen tiene que ver con todos
los demás? En cuanto al fenómeno de la vida, el paradigma científico newtoniano que
reduce y compartimenta ¿no es insuficiente para captar las implicaciones de todos los
genes entre sí? ¿Quién nos garantiza que la bacteria resistente de la soja Roundup Ready
no va a perturbar el equilibrio de los miles y miles de millones de bacterias que hay en
nosotros?
Por precaución y respeto a la vida, se impone poner en cuarentena a los transgénicos.
Por ahora,¡no!

32. Lula y Bush: dos visiones


2003-09-26
Quien haya acompañado en vivo los discursos del Presidente Lula y del Presidente
Bush, uno después del otro, no habrá podido evitar la comparación: eran dos universos
diferentes y contradictorios. Dos lecturas de la presente historia de la humanidad en su
fase planetaria. Uno, simbolizando la creación y la esperanza; el otro, la seguridad y el
miedo.
Lula representa la concepción de un orden mundial abierto, caracterizado por la
“confianza en la capacidad humana de evolucionar hacia formas superiores de convivencia”
y que acoge “el reto mayor y más bello, el de humanizarse”. Esa utopía posible se
construye entre todos, mediante el diálogo permanente, la solidaridad a partir de abajo y
la ética de la com-pasión con los millones y millones de víctimas que padecen con la miseria
y el hambre. Lula predicó la única revolución posible en tiempos de mundialización, la
anclada no en ideologías o en las políticas convencionales, sino en una coalición de fuerzas
éticas y morales, coalición fundada en la sensibilidad humanitaria y en la inteligencia
emocional, es decir, en aquellas dimensiones que movilizan a las personas y las lleva a
cambios efectivos.
En razón de esta nueva forma de hacer política, sugirió la reestructuración de la
ONU para conferirle plena autoridad a fin de resolver conflictos e instaurar políticas de
paz. Propuso la creación de un Comité Mundial de Lucha contra el Hambre, porque “el
verdadero camino de la paz es la lucha, sin tregua, contra el hambre”, “en la única guerra
de la que todos saldremos vencedores”. Y a medida que los problemas sociales globales se
solucionen, se invalidarán las razones que sustentan el terrorismo mundial. Es un equívoco
palmario, combatir el terrorismo político con el terrorismo de Estado. Sólo la justicia
social mundial es respuesta al terrorismo.
Bush se hace portavoz de un sistema cerrado sobre sí mismo, amenazado por el
terrorismo y, por eso mismo, dominado por el miedo. Partió de escenarios propios de la
lógica fundamentalista, al establecer la polarización entre orden o caos, civilización o
barbarie. Para él no hay alternativa posible. Estados Unidos, representando el orden y la
civilización, declaran (unilateralmente) guerra ilimitada al terrorismo y a los que lo
apoyaban, como el Afganistán de los talibanes y el Irak de Saddam Hussein. Sus
invectivas, sin embargo, pierden credibilidad cuando sabemos que fue Estados Unidos
quien adiestró a Bin Laden en el terrorismo (contra los rusos) y que cedió a Saddam
Hussein las armas de destrucción masiva. La denuncia del crimen organizado mundial y de
los abusos sexuales de niños, por abominables que sean, no superó la actitud moralista,
ateniéndose solamente a los castigos que debían ser impuestos sin identificar las causas a
combatir. Éstas se encuentran en la cultura dominante, hegemonizada por Estados
Unidos, que, en su afán de inducir al consumo, mercantiliza todo, desde el sexo al Espíritu
Santo, exacerba todos los instintos y erotiza todos los productos. Con este caldo de
cultivo, ¿cómo admirarse de estos crímenes?
En su discurso no hubo lugar para el multilateralismo, el diálogo ni la coperación, a no
ser aquella que consolida o rehace el orden vigente.
¿Cuál de los dos inspira un futuro más beneficioso para la Humanidad, Bush o Lula?
La historia ha demostrado que el futuro está del lado de los sueños, no de cualquier
sueño, sino del sueño que se traduce en historia, como en el caso de Lula.

33. Civilización de la re-ligación


2003-10-03
Mueren las ideologías. Pasan las filosofías. Pero los sueños permanecen. Son ellos
los que mantienen siempre abierto el horizonte de la esperanza. Crean el humus necesario
que permite continuamente proyectar nuevas formas de convivencia social y de relación
con la naturaleza. Bien entendió la importancia de los sueños el cacique de los Duwamish,
Seattle, cuando en 1856 escribió al gobernador del Estado de Washington, Isaac
Stevens, que le presionaba a vender las tierras a los colonizadores europeos. Perplejo, se
preguntaba sin entender: ¿se puede comprar o vender la brisa, el verde de las plantas, la
limpidez del agua o el esplendor del paisaje, como quieren los blancos? Y concluía: los
pieles rojas entenderían «si conociesen los sueños del hombre blanco, si supiesen qué
esperanzas transmite a sus hijos e hijas y qué visiones de futuro ofrece para el día de
mañana».
¿Cuál es nuestro sueño? ¿Cuál es el sueño de la sociedad civil mundial, que adquirió
visibilidad en los pueblos reunidos en Porto Alegre, en Seattle, en Cancún? Es el sueño de
la inclusión de todos en la familia humana, morando juntos en la misma y única Casa Común,
la Tierra; el sueño de la gran integración de todas las culturas, etnias, tradicioones y
caminos religiosos y espirituales en el patrimonio común de la humanidad; el sueño de una
nueva alianza con los demás seres vivos de la naturaleza, sintiéndolos, verdaderaemtne,
como hermanos y hermanas en la inmensa cadena de la vida; el sueño de una economía
política de lo suficiente y de lo decente para todos, también para los demás organismos
vivos; el sueño de un cuidado de unos para con los otros para exorcizar definitivamente el
miedo; el sueño de un diálogo de todos con su propia Profundidad, de donde nos vienen los
impulsos de benevolencia, de cooperación y amorosidad; el sueño de una re-ligación de
todos con la Fuente originaria, en la que manan los seres, dándonos el sentimiento de
acogida un Útero final, cuando un día caigamos todos en los brazos del Dios Padre-Madre
de infinita bondad y vivamos para siempre, sin ningún desgaste.
Como se puede ver, se trata del sueño de una civiliazación de la re-ligación universal
que a todos nos incluya. Continuaremos siendo una unión de los contrarios, pero la luz
tendrá en nosotros mucho más epacio que las tinieblas. Este anhelo ancestral de la
humanidad fue exilado por el tipo de cultura que predominó en los últimos siglos. Venimos
de un ensayo civilizatorio, hoy mundializado, que realizó cosas extraordinarias, pero que
es materialista y mecánico, lineal y determinístico, dualista y reduccionista, atomizado y
compartimentado. Ha separado la materia y el espíritu, la ciencia y la vida, la economía y
la política, la técnica y la poesía, Dios y el mundo. Hizo algo así como una lobotomía en
nuestra mente, pues nos dejó desencantados, obtusos a las maravillas de la naturaleza e
insensibles a la reverencia que el universo suscita en nosotros. Esta civilización de la re-
ligación de todo con todo dará centralidad a la religión, no tanto como institución cuanto
como dimensión de lo humano, como fuerza que se propone religar todas las cosas entre
si, con el ser humano y con el Ser esencial. Entonces surgirá la civilización de la etapa
planetaria, de la sociedad terrenal, la primera divilización de la humanidad como
humanidad, reconciliada finalmente con todas las cosas.
34. ¿Qué mundialización?
2003-10-10
Los pueblos de Porto Alegre y los pueblos de Davos-Nueva York luchan por la
globalización. ¿Cuál globalización? Los poderosos, que por eso son poderosos, se
apropiaron de la palabra globalización y le impusieron un significado que sirve a sus
intereses. Es el proceso mundial de homogenización del modo de producción capitalista,
de mundialización de los mercados y de las transacciones financieras, de entrelazamiento
de las redes de comunicación y del control mundial de las imágenes y de las informaciones.
La lógica que lo preside es la de la competición de todos contra todos. Aquí reside el
drama formulado por el genetista francés Albert Jaquard: “El fin de una sociedad es el
intercambio. Una sociedad cuyo motor es la competición es una sociedad que me propone
el suicidio. Si me pongo a competir con otro no puedo intercambiar con él, debo eliminarlo,
destruirlo.”
Eso es exactamente lo que está ocurriendo con la mundialización propuesta por el
pueblo de Davos-Nueva York. O usted está en el mercado competitivo, vence y existe, o
usted es derrotado, desiste y no existe. Entre las víctimas de esta lógica se encuentra
casi la mitad de la humanidad, condenada a la exclusión despiadada y desprovista de
cualquier sostenibilidad. ¿Puede ser humano un proyecto global que elimina a los humanos
o los convierte en mero carbón –recordando al añorado Darcy Ribeiro- de la máquina
productiva?
Frente a esta crueldad, adquiere dignidad ética la alternativa propuesta por el
pueblo de Porto Alegre. Niega ese tipo de mundialización tiranosáurica. Propone otra
globalización que pasa por la solidaridad a partir de abajo, por la mundialización de los
derechos humanos, por la socialización de la democracia como valor universal, por el
control social de los capitales especulativos; pasa, igualmente, por la aplicación en todas
las economías de la tasa Tobin, por la creación de instancias de gobierno mundial, por la
universalización del cuidado para con la Tierra y con los ecosistemas y por la valoración de
la dimensión espiritual del ser humano y del universo. El pueblo de Porto Alegre se
convierte así en guardián de la humanidad mínima. Afirma la posibilidad real de vivir
juntos como humanos y nos muestra cómo debemos pasar de la conciencia de nación y de
clase a la conciencia de especie y de planeta Tierra. Solamente este tipo de
mundialización construye la Tierra como Casa Común de los humanos y de toda la
comunidad de vida.
Esta propuesta de mundialización se adecua al pensamiento más contemporáneo que
se orienta por el nuevo paradigma científico, pues ve la mundialización como una nueva
etapa de la Tierra y de la Humanidad. Los pueblos estaban en diáspora por los
continentes, enraizados en sus Estados-naciones. Ahora han comenzado a moverse y a
encontrarse en un único lugar, la Tierra Casa Común. Y no tenemos otra.
Ya en 1933 escribía proféticamente Teilhard de Chardin: “La edad de las naciones
ha pasado. Si no queremos morir, es hora de sacudir los viejos prejuicios y construir la
Tierra.” Queremos construir la Tierra prolongando el dinamismo que la ha venido
formando desde hace miles de millones de años. En efecto, somos fruto de un proceso
evolutivo de 15.000 millones de años, proceso único, complejo, contradictorio (caótico y
armónico) y complementario, que entrelaza a todos los seres en redes de relaciones,
fuera de las cuales nada existe. La flecha irreversible del tiempo va mostrando una
dirección: la emergencia de órdenes cada vez más complejos, auto-organizados,
interiorizados y convergentes de vida y de creatividad. Tierra y Humanidad forman una
única entidad, exactamente como los astronautas testimonian cuando ven la Tierra desde
fuera de la Tierra. El ser humano es la Tierra que en un momento de su evolución comenzó
a sentir, a pensar, a amar y a venerar. Por eso hombre viene de humus, tierra fecunda.
Ahora estamos elaborando esta conciencia terrenal y planetaria.
Esta comprensión nos proporciona la base experimental y científica para entender la
presente mundialización en curso. Es un momento avanzado de un proceso anterior y
mayor de convergencia de energías, dinamismos e intencionalidades que están actuando
desde el comienzo de la cosmogénesis y de la biogénesis. La mundialización crea las
condiciones para un salto cualitativo de la antropogénesis: la irrupción de lo que Teilhard
de Chardin llamaba noosfera: la creación de una nueva armonía entre los humanos, en la
que técnica y poesía, producción y espiritualidad, corazón y pensamiento encuentran una
nueva sintonía más alta y más sinfónica.
El mérito del pueblo de Davos-Nueva York fue haber creado las condiciones
materiales para ese salto. Pero no saltó. El mérito del pueblo de Porto Alegre fue haber
mostrado su posibilidad y haber iniciado los primeros movimientos de ese salto. Y el salto
finalmente llegará porque es lo que debe ser. Y lo que debe ser tiene fuerza.
35. Fin del mundo (I)
2003-10-17
Hoy sabemos cuándo comenzó el universo: hace 13-15 millones de años. ¿Podemos
saber también cuándo acabará, si es que acaso va a acabar? La respuesta depende de la
opción de fondo que tomemos. Dos tendencias son hoy predominantes en las ciencias de la
Tierra: la visión cuantitativa lineal y la visión cualitativa compleja.
La primera da centralidad a la materia visible (5%) y oscura (95%), a los átomos, a
los genes, a los tiempos, a los espacios y al ritmo de desgaste de las energías. Entiende el
universo como la suma global de los seres realmente existentes.
La segunda, la cualitativa, considera las relaciones entre los elementos, la forma
como se estructuran los átomos, los genes y las energías. No basta decir: este aparato de
televisión está compuesto por tales y tales elementos. Lo que constituye un aparato de
televisión es la organización de esos elementos, ligados a una fuente de energía y de
captación de imágenes. En esta segunda comprensión, el universo está formado por el
conjunto de las relaciones.
Cada una de estas dos opciones se funda en algo real no imaginario, y proyecta su
visión del futuro del universo.
La visión cuantitativa dice: estamos en un universo cerrado, aunque en expansión
continua, y equilibrado por las cuatro fuerzas: la gravedad, la electromagnética, la nuclear
débil y la nuclear fuerte. No sabemos si eluniverso se expande más y más hasta diluirse
totalmente, o si llega a un punto crítico y comienza entonces a retraerse sobre sí mismo,
hasta el punto inicial, densísimo de energía y de partículas concentradas. Al big ban inicial
(gran explosión) se opondría el big crunsh terminal (el gran aplastamiento).
Nada impide pensar que nuestro universo actual sea la expansión de otro universo
anterior que se contrajo. Sería algo así como un péndulo, oscilando indefinidamente entre
expansión y contracción. Otros lanzan la hipótesis de que el universo no conoce ni
expansión total ni retracción completas. Simplemente, estaría latiendo como un inmenso
conrazón. Pasaría por ciclos: cuando la materia alcanzase cierto grado de densificación, se
expandería; cuando, por el contrario, alcanzase cierto grado de refinamiento, se
contraería en un movimiento perpetuo de ida y vuelta sin fin.
De todas formas, dice esta comprensión, fundada en la cantidad, el universo tiene un
fin inevitable, por fuerza de la ley universal de la entropía. Según esta ley, las cosas se
van desgastando inevitablemente: nuestras ropas se deshilachan, y nosotros vamos
gastando nuestro capital energético hasta que nos morimos. Las galaxias se deshacen en
inmensas nebulosas. Nuestro sol, dentro de cinco mil millones de años habrá quemado
todo su hidrógeno, y cuatro mil millones de años después, habrá quemado todo su helio. En
ese ocaso siniestro habrá calcinado a todos los planetas a su alrededor, incluso a la
Tierra, y terminará siendo una enana blanca. En otras palabras: todos -el universo, la
Tierra y cada uno de nosotros- caminamos impostergablemente hacia la muerte térmica,
hacia una situación de oscuridad, en un espacio prácticamente vacío, atravesado por unos
fotones y neutrinos perdidos. Un colapso total de toda la materia y de toda energía. Un
infausto ocaso de todas las cosas.
Pero, ¿será ésta la última palabra, aterradora y sin ninguna esperanza? ¿No habrá
alguna otra lectura posible de la evolución del universo que venga al encuentro de nuestro
deseo de vivir y vivir eternamente?
36. Fin del mundo (II)
2003-10-24
Terminamos las reflexiones de la semana pasada llenos de angustia por el fin
probablemente siniestro del universo, de la Tierra y de cada uno de nosotros. E
indagábamos ansiosos: ¿no habrá otra lectura posible que esté de acuerdo con nuestro
corazón? Sí, existe esa lectura, fundada no en las cantidades, sino en las cualidades del
universo, puestas a la luz por los avances de la ciencia más contemporánea. Ésta propició
tres cambios que modificaron nuestra visión de la realidad y de su futuro.
La primera fue la teoría de la relatividad de Einstein, conjugada con la mecánica
cuántica de Heisenberg y Bohr. Estas teorías nos obligaron a entender el universo como
energía, estructurada siempre en campos, siendo la propia materia una forma condensada
de energía. El universo es un juego incesante de energías, que irrumpe del vacío cuántico y
está en permanente interacción, dando origen a todos los seres.
La segunda, derivada de la primera, fue el descubrimiento del carácter
probabilístico de todos los fenómenos. Cada ser representa la concretización de una
probabilidad. Pero incluso siendo eso, sigue conteniendo dentro de sí otras infinitas
probabilidades que pueden surgir. Y cuando surgen, lo hacen dentro de la siguiente
dinámica: orden-desorden-nuevo orden. Así la vida surgió en un momento de alta
complejidad de la materia en desorden que se autoordenó inaugurando un nuevo orden que
consiguió sostenibilidad y capacidad de autorreproducirse.
La tercera, la ecología integral, aprehende y articula los más distintos niveles de
realidad viéndolos como momentos del único e inmenso proceso evolutivo del universo, que
posee carácter sistémico, panrelacional y abierto hacia formas cada vez más complejas,
ordenadas y aptas a realizar sentidos cada vez más altos y conscientes. Esta sería la
flecha del tiempo, y el propósito del universo: no dar simplemente la victoria al más
fuerte (Darwin) sino realizar también virtualidades de los más débiles (Swimme).
Estas tres dimensiones nos ofrecen otra visión del futuro de la vida y del universo.
Éste está todavía en génesis pues no ha acabado de nacer. Es abierto, autoorganizativo,
creativo, tiene futuro y, por eso, está cargado de propósito.
Si en el sistema que privilegia la cantidad y en el sistema cerrado predominaba la
entropía, aquí en el sistema abierto, que enfatiza la cualidad, funciona la sintropía, es
decir, la capacidad de sumar, de transformar el desorden en un nuevo orden, la basura en
una nueva fuente de energía y de vida.
Esta visión es más coherente con la propia dinámica interna del universo. El universo
avanza creando futuro. La vida busca por todos los medios autoincrementarse y
perpetuarse. Nuestros más permanentes anhelos son vivir siempre, más y mejor. La misma
muerte sería una invención inteligente de la propia vida para liberarse de los límites
espaciotemporales y poder continuar el juego de relaciones de todo con todo y con el
Futuro absoluto. Por eso ella hace la travesía del tiempo a la eternidad, para continuar allí
su trayectoria de futuro y de expansión. Caeremos en los brazos de Dios-Padre-y-Madre
y viviremos una vida que no conoce más entropía, sólo futuro sin fin.
Y entonces será el puro Ser en el riente esplendor de su gloria.
37. La realidad como futuro
2003-10-31
Hay amplio consenso en la comunidad científica de que el universo y todos los seres
se originaron de un proceso evolutivo, iniciado hace unos 15.000 millones de años a partir
del vacío cuántico y de la primera singularidad, el Big bang, de millones de grados de
calor. Después comenzó a enfriarse y a expandirse, haciendo surgir campos energéticos,
topquarks, átomos, galaxias, estrellas y planetas como el nuestro. Hace 3.800 millones de
años irrumpieron en los pantanos primordiales de la Tierra formas primitivas de vida.
Éstas fueron haciéndose complejas a modo de plantas, reptiles, pájaros y mamíferos. Uno
de ellos, los humanos, se dotó en los últimos 4-5 millones de años de autoconciencia y de
subjetividad. El proceso global no tuvo prisa ni fue progresivamente lineal. Conoció
rupturas, devastaciones y mucho desperdicio. A pesar de esto, desde una perspectiva
global se puede identificar en el proceso cosmogénico una línea ascendente que va de lo
simple a lo complejo, de la materia a la vida y de la vida a la conciencia. Hace tiempo que la
astrofísica viene afirmando que para que la vida apareciese fueron necesarias condiciones
previas a los primeros micromovimientos de la materia y de la energía primordiales. Sin
ellas no habría habido suficiente densificación y, por eso, no se habría formado la
materia, las estrellas, la vida, la conciencia, ni nosotros mismos, que estamos aquí.
De este relato se infiere que el universo tenía y tiene un futuro por delante. Todavía
está naciendo y está grávido de promesas. En esta visión (llamamos a esto metafísica) el
futuro es más importante y decisivo que el pasado y el presente. El pasado y el presente
fueron un día futuro. Pero, ¿cómo hay que entender este futuro?
En la visión estática, el futuro como producción de lo nuevo no existe. Lo que existe
es el pasado que contiene seminalmente todo. Presente y futuro son un despliegue del
pasado. La filosofía clásica de Occidente y la teología oficial de la Iglesia piensa en el
marco de esta metafísica del pasado. Curiosamente también modernos neodarvinistas, del
materialismo evolucionista, como el influyente zoólogo inglés, Richard Dawkins (El río del
Edén, Debate 2000) y el filósofo estadounidense Daniel Dennett (La peligrosa idea de
Darwin: evolución y significados de la vida, Galaxia Gutenberg 2000) niegan un futuro
portador de lo nuevo. Lo que realmente se da, según ellos, es un determinismo
estrictamente físico que reorganiza la materia inanimada que siempre ha existido. Esta
materia contiene desde el principio de manera latente lo que se va desplegando después.
El proceso evolutivo sólo necesitó un largo tiempo para permitir que surgiesen la vida y la
materia. Y todavía hay en reserva otras posibilidades.
Esta visión reduce todo a la física y a la química de la materia y prescinde de cosas
que no pueden faltar, como la forma por la cual se dan las combinaciones. Para que una
cosa sea real necesita información, es decir, de algún grado de forma, de orden y de
estructuración, como la cadena ADN. Ese orden no es algo físico, sino un modo de ser.
Irrumpe como imprevisible y novedad. Viene del futuro por hacer y no del pasado ya
hecho. El futuro es un repositorio ilimitado de posibilidades. Por eso es imprevisible. Pero
mirando al pasado percibimos que aunque imprevisible todo está dirigido hacia el futuro,
hacia arriba y hacia delante. El universo llama a la vida y la vida a más vida. ¿No es éste el
designio del Creador, el Futuro absoluto?
38. ¿Qué es el ser humano?
2003-11-07
¿Qué somos nosotros? Cada cultura, cada saber y cada persona trata de encontrar
una respuesta. La mayoría de las comprensiones son insulares, rehenes de cierto tipo de
visión. Sin embargo, las contribuciones de las ciencias de la Tierra, englobadas por la
teoría de la evolución ampliada, nos han aportado visiones complejas y totalizadoras,
insertándonos como un momento del proceso global, físico, biológico y cultural. Pero no
acallaron la pregunta; al contrario, la radicalizaron.
Pues, ¿qué somos? El ser humano es una manifestación del estado de energía de
fondo, de donde todo proviene (vacío cuántico), un ser cósmico, parte de un universo
entre otros paralelos, articulado en nueve dimensiones (teoría de las cuerdas), formado
por los mismos elementos físicoquímicos y por las mismas energías que componen todos
los seres. Es habitante de una galaxia, una entre doscientos mil millones, que depende del
Sol, estrella de quinta categoría, una entre otras trescientos mil millones, situada a 27
mil años luz del centro de la Vía Láctea, cerca del brazo interior de la espiral de Orión.
Mora en un planeta minúsculo, la Tierra. Somos un eslabón de la corriente única de la vida,
un animal de la rama de los vertebrados, sexuado, de la clase de los mamíferos, del orden
de los primates, de la familia de los homínidos, del género homo, de la especie
sapiens/demens, dotado de un cuerpo con 30.000 millones células, continuamente
renovado por un sistema genético formado a lo largo de 3.800 millones de años, portador
de tres niveles de cerebro con diez a cien mil millones de neuronas: el cerebro reptiliano,
surgido hace 200 millones de años, alrededor del cual se formó el cerebro límbico, hace
125 millones de años, completado finalmente por el cerebro neocortical, surgido hace
cerca de 3 millones de años, con el cual organizamos conceptualmente el mundo. Es
portador de una psiqué de la misma antigüedad que su cuerpo, que le permite ser sujeto,
una psiqué estructurada alrededor del deseo, de arquetipos ancestrales y de todo tipo de
emociones, coronada por el espíritu -aquel momento de la conciencia por el cual se siente
parte de un todo-, que lo hace siempre abierto al otro y al infinito, capaz de crear y
captar significados y valores, y capaz de preguntarse sobre el sentido último del Todo,
hoy en su fase planetaria, rumbo a la noosfera por la que mentes y corazones convergirán
en una humanidad unificada.
Nadie mejor que Pascal (+1662) para expresar el ser complejo que somos: \"¿Qué es
el ser humano en la natureza? Nada comparado con el infinito y todo comparado con la
nada, un eslabón entre la nada y el todo, pero incapaz de ver la nada de donde es sacado
ni el infinito hacia el que es atraído”. En él se cruzan los tres infinitos: lo infinitamente
pequeño, lo infinitamente grande y lo infinitamente complejo (Chardin). Siendo todo eso,
nos sentimos incompletos, y naciendo todavía. Estamos siempre en la prehistoria de
nosotros mismos. Y a pesar de eso experimentamos que somos un proyecto infinito que
reclama su objeto adecuado, también infinito, llamado Dios.
Y somos mortales. Nos cuesta acoger la muerte dentro de la vida y el drama del
destino humano. Por el amor, por el arte y por la fe presentimos que hay algo que va más
allá de la muerte. Y sospechamos que en el balance final de todas las cosas, un pequeño
gesto de amor verdadero que hayamos hecho vale más que toda la materia y la energía del
universo juntas. Por eso, sólo tiene sentido hablar, creer y esperar en Dios si Él es
sentido como prolongación del amor, en forma infinito.
39. ¿Qué es el espíritu?
2003-11-14
Para entender lo que es espíritu debemos superar la comprensión clásica y la
moderna y valorizar la contemporánea. La clásica dice: el espíritu es un principio
sustancial, al lado de otro principio material, el cuerpo. Espíritu sería la parte inmortal,
inteligente, con capacidad de trascendencia. Convive un determinado tiempo con la otra
parte, mortal, opaca y pesada. La muerte separa una parte de la otra, con destinos
diferentes: el espíritu para el más allá, la eternidad, y el cuerpo para el más acá, el polvo
cósmico. Esta visión es dualista y no explica la experiencia de unidad que vivimos. Somos
un todo complejo y no la suma de partes.
La concepción moderna dice: el espíritu no es una sustancia, sino el modo de ser
propio del ser humano, cuya esencia es la libertad. Seguramente somos seres de libertad
porque plasmamos la vida y el mundo, pero el espíritu no es exclusivo del ser humano ni
puede ser desconectado del proceso evolutivo. Pertenece al cuadro cosmológico. Es la
expresión más alta de la vida, sustentada a su vez por el resto del universo.
La concepción contemporánea, fruto de la nueva cosmología, dice: el espíritu posee
la misma antigüedad que el universo. Antes de estar en nosotros está en el cosmos.
Espíritu es la capacidad de inter-relación que todas las cosas guardan entre sí. Forma
urdimbres relacionales cada vez más complejas, generando unidades siempre más altas.
Cuando los dos primeros topquarks comenzaron a relacionarse y a formar un campo
relacional, allí estaba naciendo el espíritu. El universo está lleno de espíritu porque es
reactivo, panrelacional y auto-organizativo. En cierto grado, todos los seres participan del
espíritu. La diferencia entre el espíritu de la montaña y el del ser humano no es de
principio sino de grado. El principio funciona en ambos, pero de forma diferente.
La singularidad del espíritu humano es ser reflexivo y autoconsciente. Por el espíritu
nos sentimos insertados en el Todo a partir de una parte que es el cuerpo animado y, por
eso, portador de la mente. En el nivel reflejo, espíritu significa subjetividad que se abre
al otro, se comunica y así se autotrasciende, gestando una comunión abierta, hasta con la
suprema Alteridad. Definiendo: vida consciente, abierta al Todo, libre, creativa, marcada
por la amorosidad y el cuidado, eso es concretamente el espíritu humano.
Si espíritu es relación y vida, su opuesto no es materia y cuerpo, sino muerte y
ausencia de relación. Pertenece también al espíritu el deseo de encapsularse y rechazar la
comunicación con el otro. Pero nunca lo consigue totalmente porque vivir es forzosamente
con-vivir. Aun negándose, no puede dejar de estar conectado y de conectarse.
Esta comprensión nos hace conscientes del vínculo que liga y religa todas las cosas.
Todo está envuelto en el inmenso proceso complejísimo de la evolución, atravesado en
todas las etapas por el espíritu que emerge, cada vez, bajo formas diferentes,
inconsciente en unas y consciente en otras.
En esta acepción, espiritualidad es toda actitud y actividad que favorece la relación,
la vida, la comunión, la subjetividad y la trascendencia rumbo a horizontes cada vez más
abiertos. Al final, espiritualidad no es pensar en Dios sino sentir a Dios como el Vínculo
que pasa a través de todos los seres, interconectándolos y constituyéndonos, a nosotros y
al cosmos.
40. Espíritu creador
2003-11-21
Entender la realidad como un tejido intrincado de relaciones, como hemos visto en
nuestro artículo anterior, significa situarse en el seno de aquella experiencia que permitió
a la moderna cosmología hablar de espíritu. En esto ella coincide con las tradiciones
transculturales de la Humanidad. Spiritus para los latinos, pneuma para los griegos, ruah
para los hebreos, mana para los melanesios, axé para los nagô y los iorubá de África y sus
descendientes en las Américas, wakan para los indígenas dacotas, kipara los pueblos de
Asia nororiental, shi para los chinos... poco importan los nombres: en todos los casos
estamos ante una energía originaria que lo atraviesa todo, que hace del universo un
inconmensurable organismo y se manifiesta como una realidad que está en emergencia, en
fluctuación y en apertura hacia lo nuevo, en una palabra: como vida y espíritu.
Fue el animismo (animus = espíritu) quien captó esa dimensión de la realidad. Como
han señalado notables antropólogos como E.B. Taylor, el animismo no configura una visión
mágica, sino una manera coherente de leer el universo, y de interpretar cada cosa a partir
del principio de interacción, de la vida y del espíritu. Nosotros, modernos, somos también,
a nuestra manera, animistas, en la medida en que vivenciamos el mundo afectivamente y
no sólo como objeto neutro. Todo tiene valor y transmite un mensaje: los animales, los
árboles, los vientos, las casas y las personas. Todos poseen, por su presencia, un
dinamismo que nos afecta y nos hace interactuar. Son portadores de ‘espíritu’ porque
hablan y están cargados de simbolismo. Por eso es posible la poesía, el arte, la inspiración
en cada orden de conocimiento, hasta en la ciencia física más formalizada.
El chamanismo surge de esta lectura de la realidad. El chamán no es simplemente
una persona entusiasta; es alguien que tiene acceso a las energías cósmicas, y a través de
sueños, ritos y danzas, logra que sean bienhechoras para los seres humanos. Cada uno
tenemos nuestra dimensión chamánica, que, si la despertamos, nos ayuda a sintonizar con
el equilibrio dinámico de todas las cosas. Cuando hablamos del espíritu humano, no nos
referimos a una parte sino a todo el ser humano, a su modo de ser autoconsciente, capaz
de percibir totalidades y de ser un nudo de relaciones, abierto a todas las direcciones.
La Fuente originaria de todo ser fue llamada con frecuencia Espíritu. Decir «Dios es
Espíritu» es expresar a Dios en el conjunto de la vida, de la comunicación, de la
creatividad, de la pasión y del amor. O sea, aquella Energía que subyace a todas las demás
energías, llena todos los espacios y tiempos y continuamente crea y recrea: el «Spiritus
Creator». Los cristianos profesan en su credo: «creemos en el Espíritu Santo, Señor y
Dador de vida». Ese artículo expresa la conexión del Espíritu con la vida y el «espíritu» en
la creación. En nosotros ese Espíritu se revela como «entusiasmo» (en griego, «tener un
Dios dentro»). El Espíritu está en todas las cosas y todas ellas están en el Espíritu. He
ahí el pan-en-espiritualismo, similar al pan-en-teísmo (no «panteísmo»).
Del Oriente nos vino este pequeño poema que traduce bien la presencia mutua: «El
Espíritu duerme en la piedra, sueña en la flor, despierta en el animal y sabe que está
despierto en el ser humano». Tal visión nos da una fecunda mística cósmico-ecológica.
Estamos sumergidos en un campo de absoluta energía que alimenta tanto las energías del
universo como nuestra propia energía vital y espiritual.
41. El cuidado de los grandes para con los pequeños
2003-11-28
Andando por mi calle, por donde casi nadie pasa, en apenas 50 metros contabilicé
58 escarabajos muertos. Como no nos fijamos en esos hermanos nuestros más pequeños,
los pisamos y nuestros automóviles los masacran. Si San Francisco los viese muertos,
lloraría de compasión. Me acordé entonces de un bello mito de los indios Maué, del área
cultural del Tapajós-Madeira, que tiene mucho que enseñarnos. Relato el mito y que cada
cual saque sus lecciones, que pueden ser ecológicas y hasta de política internacional.
Reza el mito: Cuando el mundo fue creado no existía la noche. Había únicamente día
y la luz penetraba en todos los espacios. Solamente no llegaba a las aguas profundas del
río. Los Maué, por más que quisieran, no conseguían dormir. Vivían cansados y con los ojos
irritados por el exceso de luz. Cierto día, uno de ellos se llenó de valor y fue a hablar con
la Cobra Grande, la sucuriju, toda oscura, considerada la señora absoluta de la noche. Era
ella quien mantenía a la noche presa en el fondo más hondo de las aguas.
La Cobra Grande oyó las lamentaciones del indio y viendo su piel, amorenada por el
sol escaldante y los ojos enrojecidos por el exceso de luz, le dio pena de él. Resistiéndose
mucho, a causa de los riesgos, le propuso un pacto: "Yo soy grande y fuerte. Sé
defenderme. No necesito de nadie. Pero muchos de mis parientes son pequeños e
indefensos. Nadie cuida de ellos. Especialmente vosotros andáis por ahí si mirar dónde
pisáis y los matáis sin piedad. ¿Cómo van a defenderse? Hagamos un trato: tú me
consigues veneno y yo me encargo de distribuirlo entre mis pequeños parientes
indefensos. Los grandes no lo necesitan porque pueden defenderse solos. Así, cuando
vosotros, Maué, caminéis por ahí, mirad bien dónde ponéis los pies para no pisar los
bichitos pequeños. Ellos ahora tendrán cómo defenderse. A cambio te daré un coco lleno
de noche."
El Maué aceptó el trato. Corrió a la selva y pronto volvió con el veneno para la Cobra
Grande. Ella le entregó a cambio un coco lleno de noche. En el momento del trueque,
todavía le recomendó: "no se te ocurra abrir el coco fuera de la aldea". El indio prometió
mantener el pacto, pero los demás indios estaban locos de curiosidad. Querían conocer en
aquel mismo momento la tan ansiada noche. Abrieron juntos el coco, en pleno campo. Y
entonces sobrevino la desgracia: las tinieblas cubrieron el mundo. No se podía ver nada. Y
una angustia imprevista y terrible invadió el ánimo de los Maué.
Hubo una correría general. Y en el corre-corre precipitado, nadie pensó en los
bichitos pequeños que ya habían recibido veneno de la Cobra Grande. Los primeros en
recibirlo fueron las arañas, las culebras pequeñas y los escorpiones, que se defendieron
de las pisadas de los indios mordiéndoles las piernas y los pies. ¡Qué calamidad!
Los pocos que sobrevivieron a las mordeduras venenosas, ahora saben cómo
comportarse. Y a partir de entonces todos empezaron a tener cuidado con los bichitos
pequeños para no pisarlos y no ser mordidos, conviviendo pacíficamente y en el mayor
respeto mutuo. ¿Por qué será que nuestros grandes no cuidan de nuestros pequeños?
42. El «punto Dios» en el cerebro
2003-11-05
Un frente avanzado de las ciencias está constituido hoy por el estudio del cerebro
y de sus múltiples inteligencias. Se ha llegado a resultados significativos, también para la
religión y la espiritualidad. Se destacan tres tipos de inteligencia. La primera es la
inteligencia intelectual, el famoso CI (cociente de inteligencia), al que se dio tanta
importancia durante todo el siglo XX. Es la inteligencia analítica, por la que elaboramos
conceptos y hacemos ciencia. Con ella organizamos el mundo y solucionamos problemas
objetivos.
La segunda es la inteligencia emocional, popularizada por el psicólogo y
neurocienftífico de Harvard, David Goleman, con su conocido libro La inteligencia
emocional (CE = cociente emocional). Él ha mostrado empíricamente lo que ya era una
convicción de toda la tradición de pensadores, desde Platón, pasando por San Agustín,
hasta culminar en Freud: la estructura de base del ser humano no es razón (logos) sino
emoción (pathos). Somos, primariamente, seres de pasión, de empatía, de compasión, y
sólo después, seres de razón. Cuando combinamos CI con CE conseguimos movilizarnos a
nosotros mismos y a los demás.
La tercera es la inteligencia espiritual. La prueba empírica de su existencia deriva
de investigaciones muy recientes, de los últimos diez años, realizadas por neurólogos,
neuropsicólogos, neurolingüístas y técnicos en magnotoencefalografía (que estudian los
campos magnéticos y eléctricos del cerebro). Según estos científicos, hay en nosotros
otro tipo de inteligencia, científicamente verificable, por la cual no captamos datos, ideas
o emociones, sino que percibimos los contextos mayores de nuestra vida, totalidades
significativas, y que nos hace sentir nuestra vinculación al Todo. Nos hace sensibles a los
valores, a cuestiones relacionadas con Dios, y a la transcendencia. Es la llamada
inteligencia espiritual (CEs = cociente espiritual), porque es propio de la espiritualidad
captar totalidades y orientarse por visiones transcentales.
Su base empírica reside en la biología de las neuronas. Se ha comprobado
científicamente que la experiencia unificadora se origina en las oscilaciones neurales a 40
herzios, especialmente localizada en los lóbulos temporales. Se desencadena entonces una
experiencia de exaltación y de intensa alegría como si estuviésemos ante una Presencia
viva.
Inversamente, siempre que se abordan temas religiosos, como Dios, o valores que
conciernen al sentido profundo de las cosas, no de una manera superficial sino con un
involucramiento sincero ante ellos, se produce la misma excitación de 40 herzios.
Por esta razón, neurobiólogos como Persinger, Ramachandran y la física cuántica
Danah Zohar han llamado a esa región de los lóbulos temporales como el «punto Dios».
Si esto es así, podemos decir en términos de proceso evolutivo: el universo ha
evolucionado, durante miles de millones de años, hasta producir en el cerebro el
instrumento que capacita al ser humano para percibir la Presencia de Dios, que siempre
estaba allí, aunque de un modo no perceptible conscientemente. La existencia de este
«punto Dios» representa una ventaja evolutiva de nuestra especie homo. Es una
referencia de sentido para nuestra vida. La espiritualidad pertenece a lo humano y no es
monopolio de las religiones. Antes bien, las religiones son una de las expresiones de ese
«punto Dios».
43. La colilla de cigarro
Era el once de agosto de 1965, en Munich, Alemania. Allá afuera las flores
explotaban en los parques y se asomaban sonrientes por las ventanas. Son las dos de la
tarde. El cartero me trae la primera carta de mi patria. Con el corazón en un puño, la
abro. Me escribe toda la familia. Presiento un misterio: «Querido: ya estarás en Munich
cuando leas esta carta. A diferencia de otras, ésta te trae una noticia alborozada. Dios
nos ha pedido, pocos días después de tu partida, un tributo de fe y de amor. Nos ha
mirado uno a uno, y ha escogido para sí al más preparado, a nuestro querido padre.
Querido: Dios no se lo ha llevado de entre nosotros, sino que lo ha puesto más entre
nosotros. Papá no se ha marchado, sino que llegó. Ha dejado el espacio, para entrar,
definitivamente, en nuestro espacio, para poder estar presente contigo en Alemania, con
Waldemar en EEUU y con Ruy y Clodovis en Bélgica». La muerte era saludada como
hermana y como forma de comunión para unir a la familia, dispersa en cuatro países. En la
avalancha de lágrimas, no dejaba de haber una serenidad profunda: morimos para
resucitar, para expandir nuestra comunicación.
Al día siguiente me di cuenta de que en el sobre de la carta que anunciaba la muerte
había una señal de vida: una colilla amarillenta de cigarro. Era el último que había fumado
mi padre, omentos antes de que un infarto fulminante lo liberada de esta cansada
existencia.
A partir de entonces, esa colilla de cigarro ya no es una colilla de cigarro. Es un
símbolo. Guardada en un frasquito, su color típico y su olor fuerte hacen que todavía esté
encendido en mi vida. Hace presente la figura del padre, que ahora ya es un arquetipo
familiar de valores que apreciamos. En su tumba escribimos: «De su boca lo escuchamos,
de su vida lo aprendemos: quien no vive para servir, no sirve para vivir».
¿Por qué cuento todo esto? Para rescatar la dimensión simbólica que cada día se
está perdiendo más y más. ´Si perdemos la visión simbólica, se cierran las ventanas del
alma y se pierde la magia de las cosas. Si nos damos cuenta, a los símbolos los cristianos
los llaman sacramentos. Nacen de la vida diaria, del juego que se establece entre el ser
humano y el mundo. Ante las cosas, primero sentimos extrañeza, después las
domesticamos y por fin nos habituamos a ellas. En ese juego, las cosas y nosotros
cambiamos, porque nuestra mirada ha cambiado. La colilla de cigarro puede ser mirada
desde fuera, como un objeto neutro. Es el mirar de la ciencia. Ésta analiza el tabaco, el
humo, el nivel de nicotina y concluye que, como colilla, no tiene ningún valor. Pero podemos
mirarla desde dentro, desde lo que significa para mí por causa de mi padre. Entonces se
convierte en un sujeto, pues me recuerda y me habla. ¡Adquiere un valor incalculable! Se
convirtió en un símbolo. Siempre que una realidad del mundo, sin dejar de ser lo que es
(colilla de cigarro), evoca otra realidad diferente de ella (mi padre), asume la función de
símbolo. Todo puede convertirse en símbolo. Depende de nuestra mirada. Si insertáramos
las cosas en nuestras experiencias, ellas no dejan de ser cosas, pero se convierten en
símbolos que hablan.
Esa actitud hoy es urgente si queremos conservar los árboles, los animales, los
paisajes, y así salvar la Tierra. Importa no sólo utilizar las cosas, sino sentirlas y amarlas.
Entonces ellas se hacen únicas. Y cuidaremos de ellas. Son sacramentales.
Nuestras casas están llenas de símbolos: las lentes de la abuela, una flor seca de un
antiguo amor, una nota de la persona amada. Si encantamos todas las cosas a nuestra vez,
nuestro mundo quedará encantado y también bien cuidado.
44. Para Heloïse Helène
Pocas músicas hay más apaciguadoras que el “Para Elisa” de Beethoven. Sin
presunción, desearía que mis reflexiones produjesen ese mismo efecto. La senadora
Heloisa Helena es para mí, hermana y compañera de sueños, de camino recorrido y de
luchas. Como la mayoría de los teólogos de la liberación, ella y nosotros somos hijos de la
pobreza y hemos hecho en nuestras vidas la opción por los pobres, contra la pobreza y a
favor de la vida y de la liberación. Como ella, nos llenamos de iracundia sagrada ante las
injusticias del mundo y la humillación de nuestro pueblo. Quien no se indigne ante estos
cuadros dramáticos es enemigo de su propia humanidad. Y hay muchos en nuestro país y
en el mundo, pero entre ellos nunca ha estado Heloisa Helena. Ella mantiene la llama viva
de la herencia de los profetas y del mayor de ellos, Jesús de Nazaret. No acepta
negociar y entrar en alianzas que impliquen olvidar el sufrimiento de las grandes mayorías
empobrecidas. Especialmente, cuando sólo aumentan el dolor.
El PT se caracterizó como el partido que se propuso escuchar el clamor de la Tierra
y hacer una política de cambios que eliminase las razones para seguir gritando. Ése es su
compromiso sagrado, sellado con el sudor y la sangre de muchos militantes y de tantos
otros en la sociedad que, no siendo del partido, como Frei Betto y yo, apostamos que
ahora se daría la ruptura instauradora y se inauguraría un Brasil diferente del que
heredamos hace 500 años. Todos lo sabemos: el PT en el gobierno heredó un diluvio. En
lugar de un Arca de Noé, encontró un Titanic naufragando y ha tenido que hacer de todo
para transformarlo en un trasantlántico salvador. Y ahora, redireccionado, debería
enrumbarse hacia los cambios en nombre de los cuales fue salvado y existe: más
centralidad a los pobres y excluidos, desarrollo social más que puro crecimiento
económico, y más oídos a los de la Planicie -al pueblo llano- que a los de Planalto -la casa
de Gobierno-.
Tal orientación es esencial a la identidad política del PT. Disminuirla, postergarla, o
acomodarla por razones de gobernabilidad es desnaturalizar el PT, defraudar la
«esperanza que venció al miedo» y perder la oportunidad -tal vez única en nuestra
generación- de hacer transformaciones estructurales con democracia. Para esto
necesitamos señales concretas en lugar de discursos. Éstos no han logrado aún claridad
suficiente como para convencernos.
Este es el telón de fondo del inconformismo y del dedo en ristre de la senadora
Heloisa Helena. Su palabra cortante toca el nervio de la cuestión y moviliza a todos. Su
causa es verdadera, su móvil es el amor a los pobres mediado por la militancia en el PT, su
objetivo es puro como el de los profetas bíblicos: convocar al gobierno a realizar la
alianza de sus orígenes y el sueño que no puede morir. Ningún profeta tiene que tener
gran amor a su pellejo, pues ninguno de ellos murió en la cama. Pero ay del poder que se
oriente solamente por su lógica lineal y se olvide de que la salud de todo poder es convivir
con el antipoder que le impide ser autoritario y absolutista. Y silenciar, marginalizar y
expulsar a Heloisa Helena sería mostrarse débil e incapaz de aprender de la
contradicción.
Por favor, no imiten a la Iglesia Jerárquica Católica que siempre suprime el
pensamiento divergente (fui una de las víctimas) y que al expulsar a Lutero de su seno
expulsó la masa crítica y se mediocrizó hasta el día de hoy. Queremos un PT que resista
las tentaciones del poder central que todo uniformiza. Queremos a Heloisa Helena en el
PT así como es, profética, airada y llena de enternecimiento.

45. 2003: esperanza y ansiedad


2004-01-02
Todo balance es una lectura de ciego que sólo capta las relevancias. Qué sea
relevante o no, depende de cada uno. Por eso, todo balance es irremediablemente
subjetivo. Bajo mi óptica, ¿qué fue relevante en el mundo y en Brasil?
En el mundo, lo relevante fue el establecimiento de una nueva forma de guerra
mundial: la guerra contra el terror. En ella vale todo. No se respeta ningún derecho
humano ni los acuerdos internacionales. Fundamentalmente es una guerra preventiva e
inmoral. Con armas sofisticadísimas se planifica y se ejecuta la destrucción de cualquier
supuesto nicho terrorista en cualquier parte del mundo y el asesinato de líderes. Para eso
se reconfiguró el Pentágono, con tropas de élite para reaccionar rápidamente a escala
mundial, capaces de infiltrarse en países considerados hostiles y de liquidar blancos
seleccionados, aparte del trabajo del ejército estadounidense. Es la estrategia de Donald
Rumsfeld, cuya mente sobresale en perversidad. Con ello regresamos al Estado Leviatán
de Hobbes y renunciamos a los principios que, un día, nos sacaron de la barbarie. A partir
de ahora viviremos bajo el terror: el del Estado barbarizado y el de los terroristas.
En cuanto a Brasil: el sueño acariciado por generaciones, de romper con el Brasil de
quinientos años y de inaugurar un Brasil diferente, parecía encontrar en el PT y en la
dirección carismática de Lula el conducto de su viabilización. Al principio lo urgente era
salvar el Titanic, medio hundido. Se consiguió. Pero el entusiasmo que produjo ese éxito
hizo olvidar la transición y y se pensó: vamos a blindar mejor el Titanic con los mismos
instrumentos, especialmente a través del superávit primario del depredador 4’25% de las
políticas sociales (12 mil millones de reales de intereses mensuales, pagados a la deuda
pública), si es posible, por más de diez años. El instrumento que llevó al desastre, ¿puede
llevar a la salvación? Esa es la cuestión que no se puede ocultar, que es el origen de la
crisis interna del PT y de las expulsiones que han tenido lugar. El PT nos ha convencido de
que el capitalismo es bueno sólo para los capitalistas pero no para las mayorías que viven
del trabajo. Es ilusorio pensar que optando por el capitalismo neoliberal y sus
instituciones se va a construir un Brasil diferente. Pero siendo el carisma una fuerza de
creación de lo nuevo, todavía esperamos que Lula rompa con el otro Brasil e inaugure el
comienzo del nuevo. Sin eso, la falta de osadía y el exceso de prudencia habrán vencido a
la esperanza y al sueño.
Hagamos un balance de las esperanzas para 2004. En cuanto al mundo: nuestra
esperanza es que George W. Bush sea derrotado por el buen sentido de los electores
estadounidenses, exorcizando así el demonio de la prepotencia y de la guerra que se
posesionó de él. Que crezca la conciencia de los pueblos de que sólo tenemos una única
Casa Común, la Tierra, casa que importa cuidar. Que se forme progresivamente, la
sociedad planetaria, una y diversa, en la que finalmente, triunfe la economía política de lo
suficiente y de lo decente para todos con la socialización de la tierra para morar y
trabajar, del alimento, la salud, la educación, la comunión y la libertad.
En cuanto a Brasil: que haya señales inequívocas que apunten a la centralidad de lo
social y que se tomen decisiones y se hagan negociaciones con los organismos mundiales
para anclar la esperanza de que otro Brasil es posible y viable. En caso contrario,
habremos despreciado una oportunidad histórica única. Ahora la esperanza se llama
osadía. Si es gande el riesgo, mayor será la realización.
46. Fundamentalismo mundial
Tres tipos de fundamentalismo dominan la escena mundial: el del pensamiento único,
representado por la globalización imperante, el del fundamentalismo suicida de los
musulmanes, cuyo principal representante es Bin Laden, y el del Estado terrorista de la
guerra preventiva, encarnado por Bush y por Sharon.
Como es sabido, el fundamentalismo no es una doctrina sino una manera excluyente
de ver la doctrina. El fundamentalista está absolutamente convencido de que su doctrina
es la única verdadera y de que todas las demás, son falsas. Por eso, éstas no tienen
derechos, pueden y deben ser combatidas. El fundamentalismo del pensamiento único
presenta el modo de producción capitalista con su mercado globalizado y la ideología
política del neoliberalismo con su democracia electoral y representativa como la única
forma razonable de organizar el mundo. Lo que Bush quiere imponer por su propia cuenta
al Irak destrozado, traduce ese fundamentalismo.
El fundamentalismo suicida musulmán parte de la convicción de que Occidente, su
enemigo histórico desde los tiempos de las cruzadas, es el gran Satán, porque en la
práctica es ateo, materialista, imperialista y sexista. Por eso, debe ser combatido en
todos los frentes, y debe causársele el mayor número de víctimas posible, con la
bendición del Altísimo. Son los únicos tan convencidos que aceptan jovialmente ser
hombres-bomba.
El fundamentalismo del Estado terrorista al estilo Sharon es movido por la
convicción de que los judíos tienen el derecho, por encima de cualquier otro derecho de
los palestinos, de construir un Israel del tamaño que tenía en los tiempos del rey David.
Por eso Sharon continúa con las colonizaciones, y mientras no alcance ese propósito
boicoteará cualquier proyecto de paz.
El fundamentalismo del Estado terrorista al estilo Bush tiene fuertes raíces
religiosas, ligadas a su biografía. Durante veinte años fue dependiente del alcohol, hasta
que en 1984, invitado por un amigo, Don Evans, actual secretario de comercio, comenzó a
asistir al círculo bíblico de los evangélicos fundamentalistas. Dos años después ya no
estaba ebrio de alcohol sino de la ideología salvacionista de estos fundamentalistas, que
se difundía intensamente dentro del partido republicano. Según ella, hoy, «el destino
manifiesto» de EE.UU. es mejorar el mundo impregnándolo con los valores de la cultura
estadounidense: con libertad, democracia y libremercado. Bush hijo hacía la campaña por
la reelección de su padre presentándose como «un hombre que tiene a Jesús en su
corazón».
El brasilenista Ralph della Cava y el teólogo J. Stam cuentan que más tarde, al
postularse como candidato, Bush reunió a los pastores de la zona y les comunicó: «he sido
llamado [por Dios]». Y enseguida se hizo el ritual «de la imposición de manos»,
consagrándolo Presidente preventivo. Esta prehistoria es importante para que se
entienda la furia fundamentalista que se posesionó de Bush después de los atentados del
11 de septiembre de 2001. Optó por combatir el mal con el mal, amenazando con la guerra
preventiva a todos los países del «eje del mal». Dejó claro: «Quien no está con nosotros,
está contra nosotros», es terrorista. Antes del ultimátum a Saddan Hussein, pidió a los
asesores que «lo dejasen a solas diez minutos». Como Moisés, fue a consultar con Dios. Y
en una entrevista al New York Times del 26/04/03, declaró: «Tengo una misión que
realizar, y con las rodillas dobladas pido al buen Dios que me ayude a cumplirla con
sabiduría». ¡Pobre Dios! ¿Cómo salvaremos la humanidad de estos locos?

47. El filósofo de los pobres


El fallecimiento del filósofo Norberto Bobbio ha renovado en mí el recuerdo feliz
de dos encuentros que tuve con él en Turín, y al mismo tiempo me ha venido un fuerte
sentimiento de gratitud por aquello que nos ayudó a entender de la democracia. En medio
del conflicto que en los años 80 y 90 envolvió a la teología de la liberación, fue Bobbio uno
de los pocos pensadores europeos que, de inmediato, comprendió la relevancia de esta
teología para una democracia, como valor universal para ser vivido a partir de la base y de
los últimos. Captó la relevancia política de las comunidades eclesiales de base y de la
lectura popular de la Biblia, porque no sólo generan cristianos militantes, sino agentes de
transformación social.
En razón de estos valores, quiso honrar esta significación política, haciendo que la
Universidad degli Studi de Turín, donde él era un eminente profesor, me concediese, en
nombre tantos, el título de doctor honoris causa en política, lo que tuvo lugar el día 27 de
noviembre de 1991. Me acuerdo de que el Vaticano y el Cardenal de Turín presionaron a
las autoridades de la Universidad para que no concediesen ese título a un teólogo
«maldito» como yo. El profesor Bobbio protestó con vehemencia e hizo valer la autonomía
de la universidad.
Fue en esta ocasión cuando conversamos largamente, el día anterior a la ceremonia,
y el día siguiente, cuando participé en un debate público en una de las salas de la ciudad.
Penetrante, fue al centro de la cuestión que le interesaba a él y a mí: el sentido singular
que nosotros, teólogos de la liberación, dábamos a los pobres. Muchos tienen dificultad
de entender esta cuestión y él la había captado en su peculiaridad específica.
Tres comprensiones de «pobre» circulan todavía hoy en el debate. La primera, la
tradicional, entiende al pobre como aquel que no tiene. La estrategia entonces es
movilizar a quien tiene para ayudar a quien no tiene. En nombre de ello se organizó,
durante siglos, una gran labor de asistencia. Y una política de beneficencia pero no
participativa. No descubrió todavía el potencial de los pobres.
La segunda, moderna, descubrió ese potencial de los pobres y percibió que no es
utilizado. Por la educación y profesionalización es utilizado y potenciado, y así es
insertado en el proceso productivo. La tarea del Estado es crear puestos de trabajo para
esos pobres sociales.
La lectura tradicional ve al pobre, pero no percibe su carácter colectivo. La
moderna, descubre su carácter colectivo, pero no aprende su carácter conflictivo. El
pobre es resultado de mecanismos de explotación que lo hacen un empobrecido,
generando así un grave conflicto social. Previamente a su integración en el proceso
productivo vigente, se debería hacer una crítica del tipo de sociedad que siempre
produce y reproduce pobres y excluidos.
La tercera posición, la de la teología de la liberación, dice: los pobres tienen
potencialidades, sí. Pero no sólo para engrosar la fuerza de trabajo, sino principalmente
para transformar el sistema social. Los pobres, concientizados, organizados por sí mismos
y articulados con otros aliados, pueden ser constructores de una democracia
participativa, económica y social. Esta perspectiva no es ni asistencialista ni progresista.
Es liberadora.
Al converger en las ideas, los ojos cansados del maestro brillaban como los de un
niño. Y yo me sentía feliz: el “papa” de la política me quitaba el exorcismo de «maldito».
48. ¿Tragedia o drama?
Brasil y el mundo globalizado se encuentran sumergidos en una profunda crisis. No
es sólo estructural sino coyuntural, pues destruye nuestro sentido de vivir juntos. Puede
representar una tragedia cuyo desenlace podría ser devastador, como en el teatro
griego, o un drama cuyo final podría ser bienaventurado, como en la liturgia cristiana.
Que sea una cosa o la otra depende de nosotros y de nuestra capacidad de decidir. Pero
crece la conciencia de que nos acercamos al momento en que tendremos que decidir, de lo
contrario la crisis ya no podrá ser drama, para convertirse en tragedia colectiva.
Desde el advenimiento del existencialismo, especialmente con Sören Kierkegaard, la
vida es entendida como proceso permanente de crisis y de superación de crisis. Ortega y
Gasset mostró, en un famoso ensayo de 1942, que la historia, a causa de sus rupturas y
recuperaciones, posee la estructura de crisis. Ésta obedece a la siguiente lógica: (1) el
orden dominante deja de realizar un sentido evidente; (2) comienzan la crítica y la
percepción de que estamos ante un muro, y por eso reina la duda y el escepticismo; (3)
urge una decisión que cree nuevas certezas y un sentido distinto, pero ¿cómo decidir si
no se ve claro?, pero sin decisión no habrá salida para la crisis; (4) tomada la decisión, aun
con riesgo, se abre entonces un nuevo camino y otro espacio para la libertad. Se superó la
crisis. Comienza un nuevo orden.
La crisis representa purificación y oportunidad de crecimiento. No necesitamos
recurrir a la palabra china de crisis para saber sobre su significado. Basta recordar el
sánscrito, matriz de nuestra lengua. En sánscrito, crisis viene de kir o kri que significa
purificar y limpiar. De kri viene crisol, elemento químico con el cual limpiamos el oro de la
ganga, y acrisolar quiere decir depurar. Así pues, la crisis representa un proceso crítico,
de depuración de lo esencial: sólo lo verdadero y sustancial queda, lo accidental y
agregado desaparece. A partir de lo esencial se construye otro orden.
Pero todo proceso de purificación no se hace sin cortes ni rupturas. De ahí la
necesidad de una decisión. La decisión produce un rompimiento con lo anterior e inaugura
lo nuevo. Aquí puede ayudarnos el sentido griego de crisis. En griego, krisis, crisis,
significa la decisión tomada por un juez o por un médico. El juez pesa y sopesa los pros y
los contras y el médico conjuga los varios síntomas, y entonces uno y otro se deciden por
un tipo de sentencia o por un tipo de dolencia. Este proceso decisorio se llama crisis. En
el evangelio de san Juan aparece 30 veces la palabra crisis con el sentido de decisión.
Jesús se presenta como 'la crisis del mundo', pues obliga a las personas a decidirse.
Brasil vive postergando sus crisis por faltarle a sus líderes -también bajo el PT-
osadía histórica para tomar decisiones que corten con el pasado perverso. Se hacen
siempre conciliaciones con el pretexto de la gobernabilidad, preservando así los
privilegios de las élites. El PT se proponía realizar esa misión histórica. ¿Lo hará? La
crisis del capitalismo es notoria, pero nunca hay cortes estructurales para inaugurar un
tiempo nuevo. Siempre se hacen ajustes que preservan la lógica explotadora de base,
permitiendo apenas políticas pobres para los pobres. Bien decía Platón en medio de la
crisis de la cultura griega: \'\'Las cosas grandes suceden sólo en torbellino”. Con la
decisión, el torbellino y la crisis desaparecen y nace una nueva esperanza. ¿Podemos
esperar eso para nuestra generación todavía bajo el gobierno Lula?
49. Sobre el poder
Las discusiones sobre el poder son interminables. El poder coincide con el ser, pero
ambos son indefinibles, porque necesitamos primero ser y poder, para poder después
definir el ser y el poder. No obstante este límite intrínseco, después de treinta años de
estudio y meditación que culminaron en mi libro prohibido Iglesia: carisma y poder, veo
tres puntos axiales.
1. El poder no es una cosa sino una relación. Poder no es en primer lugar el Estado ni
la policía ni el sistema económico. Es una relación entre las personas y las cosas. Todos
somos portadores de poder en la medida en que todos nos encontramos envueltos en
relaciones, que se influencian mutuamente. Poder es entonces sinónimo de participación.
Como tal, se encuentra difuso en el cuerpo social y en las instituciones. La sociedad,
entendida como el conjunto de las relaciones, es la portadora originaria del poder. Éste
no está sobre ella ni fuera de ella, está siempre dentro de la sociedad, y existe en razón
de ella.
2. El poder es una instancia de dirección. En la sociedad hay muchos poderes, que se
articulan, se oponen o hacen alianzas entre sí. Es el juego de los intereses y de los
poderes. Para asegurar una unidad mínima de la sociedad de cara a propósitos comunes,
se necesita una instancia de coordinación y de dirección. El poder difuso se concretiza
aquí en un foco determinado llamado gobierno o grupo directivo. Cada grupo, a medida que
se institucionaliza y adquiere cohesión interna, necesita un polo de animación y
coordinación. El poder adquiere así visibilidad. No deja de ser una relación, pero es una
relación formalizada y estabilizada. El poder viene siempre de abajo y existe en función
de la sociedad y no por sí mismo. El nivel de cristalización del poder es directamente
proporcional a la complejidad de la sociedad. Cuanto más simple sea ésta, menos polo de
poder necesita. Cuanto más compleja y contradictoria sea, como una central sindical o una
nación, más fuerte se vuelve el centro de poder.
3. El poder histórico está habitado por un demonio. Aunque haya surgido como
función de coordinación de la sociedad, el poder posee un irrefrenable dinamismo de
expansión y de autoaseguración. El poder quiere siempre más poder. De lo contrario,
pierde poder hasta dejar de ser poder. Debido a esta lógica, el poder tiende a aliarse a
otros poderes o a absorberlos. Se distancia así de su fuente, la sociedad,
superponiéndose a ella. Hobbes, teórico del poder del Estado, constató en su famoso
Leviatán: “Como tendencia general de todos los hombres, destaco un perpetuo e
impaciente deseo de poder y de más poder, que solamente cesa con la muerte. Y esto no
se debe al mayor placer que se espera sino al hecho de que el poder no puede
garantizarse sino buscando aún más poder.”
Recordemos que Adler rompió con Freud por considerar el poder, y no el placer, la
pulsión central de la psiqué.
¿Por qué el poder es rehén de un demonio insaciable? Las respuestas conocidas me
parecen insuficientes. Tal vez la pregunta remita a un discurso que hable de la
decadencia de la vida humana, de la quiebra de la solidaridad básica entre todos, del
olvido de la naturaleza creada y, por eso, limitada en su poder. El discurso de la teología
es el que puede -quién sabe- arrojar alguna luz sobre este campo dramático -cargado de
tanta prepotencia, sangre y muertes- que es el poder como dominación.
Como el poder es ante todo una práctica, es importante analizarla con detalle.
Próximamente lo veremos.

50. Sobre el ejercicio del poder


El poder no se define, se ejerce. Con una visión realista podemos distinguir tres
formas de ejercicio del poder.
1. El poder del puño. Es el poder autoritario, concentrado en una sola mano, cerrada,
y por eso mismo, no participativo y excluyente. Pone bajo censura las opiniones
divergentes, castiga las contestaciones, desconfía de los ciudadanos, gobierna
infundiendo miedo. La única relación que admite es la adhesión acrítica y el servilismo.
Los regímenes dictatoriales y los empresarios-coroneles corporifican el poder del puño.
2. El poder de manos abiertas. Es el poder paternalista. Quien posee el poder lo
delega a otros con la condición de mantener el control y la hegemonía. La mano abierta es
para dar palmaditas en la espalda facilitando así la adhesión. Las organizaciones populares
y los sindicatos son hasta incentivados con tal que no tengan proyecto propio y acepten
engancharse al proyecto de los grupos dominantes o del estado centralizador. Es el poder
que ha predominado en Brasil a lo largo de nuestra historia política.
3. El poder de manos entrelazadas. Es el poder participativo y solidario,
representado por las manos que se entrelazan para reforzarse entre sí y asumir juntas la
corresponsabilidad social. El proyecto, su implementación y sus resultados son asumidos
por todos. Las organizaciones son autónomas, pero se relacionan libremente con otras, en
red, para alcanzar objetivos comunes. Es un poder que sirve a la sociedad en lugar de
servirse de la sociedad para otros fines. Es el poder pretendido por la democracia.
Solamente este poder posee tenor ético, y sólo a él puede llamársele autoridad. El poder
se usa para potenciar el poder de todos. Es el poder-servicio, instrumento de las
transformaciones necesarias.
Para imponer límites al demonio que habita el poder (que siempre quiere más poder)
se hacen imprescindibles algunas medidas sanadoras. Destaco las principales.
Todo poder debe estar sujeto a un control, normalmente regido por el ordenamiento
jurídico, con vistas al bien común. Debe venir por delegación, es decir, debe pasar por
procedimientos de elección de los dirigentes que representan a la sociedad. Debe haber
división de poderes, para que uno limite al otro. Debe haber rotación en los puestos de
poder para evitar el nepotismo y el mandarinismo. El poder debe aceptar la crítica
externa, someterse a un rendimiento de cuentas y a la evaluación del desempeño de
quienes lo ejercen. El poder vigente debe reconocer y convivir con un contrapoder que le
obliga a ser transparente o a verse sustituido por él. El poder tiene sus símbolos, pero
deben evitarse títulos que oculten su carácter de delegación y de servicio. El poder debe
ser magnánimo, por eso no hay que ensañarse sobre quien fue derrotado, sino valorar
cada señal positiva de poder emergente. El poder verdadero es el que refuerza el poder
de la sociedad y así propicia la participación de todos. Los portadores de poder nunca
deben olvidar el carácter simbólico de su cargo. Los ciudadanos depositan en él sus
ideales de justicia, equidad e integridad ética. Por eso deben vivir privada y públicamente
los valores que representan para todos. Cuando no existe esa coherencia, la sociedad se
siente traicionada y engañada.
Quien ambiciona excesivamente el poder es el menos indicado para ejercerlo. Bien
decía san Gregorio Magno, papa y alcalde de Roma: «Usa sabiamente el poder quien sabe
gestionarlo y al mismo tiempo sabe resistírsele».
51. Gente buena
Si nos atenemos preferentemente a los escenarios globales de la macroeconomía,
de la situación política del mundo y de Brasil y del estado ecológico de la Tierra,
podríamos caer en la tentación de deprimirnos y hasta de desesperarnos. No es fácil para
un ciudadano común, que aún se orienta por la verdad y por la justicia, tener que tragar
día tras día la cara del presidente Bush, mediocre, corrupto y mentiroso o ver durante un
montón de años, en las televisiones y en los periódicos, la cara de algunos políticos
reconocidamente corruptos o de animadores de programas de imbecilización colectiva que
pasan a los espectadores la idea de que lo que en verdad cuenta no es la vida sino el
espectáculo. Hay personas capaces de vender su alma al diablo por un minuto de
celebridad. Cuántos viendo eso no piensan: el mundo no tiene arreglo, es de los vivales y
de los arribistas. Y viven amargados.
Sólo nos curamos de este mal volviéndonos hacia el microescenario de la vida
cotidiana en la que viven los ciudadanos comunes. A éstos nada les dice el “riesgo Brasil”,
ni la bolsa ni la cotización del dólar, porque no se meten en esas cosas. Viven de salarios
pagados en moneda local al precio de duro trabajo. En este universo de las grandes
mayorías encontramos algo precioso, lo que en lenguaje corriente se conoce como gente
buena. Esa gente buena nos devuelve la confianza de vivir.
¿Quién es la gente buena? No es fácil definirla pero la encontramos en todo
momento a nuestro alrededor. Es la gente honesta, recta, trabajadora, que lleva bien su
familia, que está siempre dispuesta a ayudar a los otros, honrada en su diario vivir. Se
reconoce pronto: es acogedora, con una mirada risueña y parece como si tuviese la
bondad escrita en su cara. Es gente en la que podemos confiar. Se encuentra no sólo
entre los sencillos sino también en los estratos más sofisticados que a pesar de todo
mantuvieron su humanidad esencial inmune a los simulacros de la sociedad de la
representación. Por eso, la gente buena es más un estado del alma que una clase social, es
una cualidad del corazón, que va más allá del plano económico, social e intelectual. Es
aquel que en el trabajo cubre al que faltó, porque las cosas tienen que ser así y deben
funcionar, independientemente del sacrificio que implica. O la cocinera que se queda
fuera de horario, sin poner mala cara, porque la fiesta familiar se prolongó. Es el
negociante, comprometido con la comunidad, que no le importa dejar de ganar algún
dinero para estar presente en una actividad importante. La gente buena no necesita ser
religiosa, pero cuando lo es no hace alarde y reza discretamente sus oraciones y se confía
por la mañana y por la noche al buen Dios. La gente buena es la gente humilde de la
canción inigualable de Chico Buarque, aquellos que van delante solos sin tener a nadie con
quien contar y son honestos y trabajadores.
Yo diría que el valor de un pueblo se mide por la cantidad de gente buena que es
capaz de producir. Brasil funciona gracias a esta gente buena, a pesar de los corruptos y
de los políticos que, por lo general, mienten sobre la situación real del país. Norberto
Bobbio nos dejó esta sabia lección: el valor de una sociedad no se mide por su buen
ordenamiento jurídico sino por las virtudes que los ciudadanos viven. La gente buena vive
de virtudes, por eso no nos deja desesperarnos y nos da buenas razones para seguir
confiando. Ella es, gracias a Dios, la inmensa mayoría del país.
52. Agua: ¿vida o mercancía?
Desde el Miércoles de Ceniza hasta Pascua millones de católicos en todo el país van
a reflexionar sobre el tema de la Campaña de la Fraternidad de este año: “agua, fuente
de vida”. Más allá de su misión evangelizadora, la Iglesia quiere así reforzar la ciudadanía,
enseñando a sus fieles a responsabilizarse colectivamente por un bien vital que es el agua.
El librito, distribuido por millares, además de proporcionar datos sobre la cuestión,
ofrece subsidios espirituales y éticos bien fundados y da indicaciones prácticas sobre
cómo cuidar del agua. Cita a nuestros mejores especialistas, como Aldo da Cunha. Veamos
los datos principales y el conflicto de base sobre el agua.
Hace quinientos millones de años que la cantidad de agua es prácticamente
constante. El 70% de la superficie de la Tierra está cubierta de agua: el 97.6% es salada
y sólo el 2.4% es agua dulce. De este pequeño porcentaje, el 70% se destina a la
irrigación, el 20% a la industria y únicamente un 10% al consumo humano. Pero sólo el
0.7% de este 10% es accesible de manera inmediata, el resto se encuentra en los
acuíferos profundos, en los casquetes polares o en el interior de las selvas. La renovación
de las aguas es del orden de 43.000 km3 anuales descargados en los ríos mientras que el
consumo total se estima en 6.000 km3 por año. Hay mucha agua, pero está distribuida de
manera desigual: el 60% se encuentra en 9 países mientras otros 80 sufren escasez. Poco
menos de mil millones de personas consume el 86% del agua existente, mientras que para
1.400 millones de personas es insuficiente y para otros 2.000 millones no está tratada, lo
que genera el 85% de sus enfermedades.
Brasil es la potencia mundial de agua, totalizando el 13% de toda el agua dulce del
planeta. Pero está desigualmente repartida: 70% en la región amazónica, 15% en el
Centro-Oeste, 6% en el Sur y el Sureste y 3% en el Nordeste. A pesar de la abundancia,
no sabemos usar el agua pues desperdiciamos el 46% de ella, que sería suficiente para
abastecer a Francia, Bélgica, Suiza y el norte de Italia. Es urgente por lo tanto un nuevo
modelo cultural.
Dos problemas han creado el actual “estrés mundial del agua”: su contaminación
sistemática asociada a la destrucción de la biomasa que garantiza la perpetuidad de las
aguas corrientes y la falta de cuidado en el uso de la gota disponible. Aldo Rebouças nos
enseña: es más importante saber usar la gota de agua disponible que ostentar su
abundancia. Por ser un bien escaso, se nota una carrera desenfrenada por la posesión del
agua. Quien controla el agua, controla la vida. Quien controla la vida, tiene el poder.
Surge entonces el dilema: el agua ¿es fuente vida o fuente de lucro? ¿es un bien
natural, vital e insustituible o es un bien económico y una mercancía? Los que sólo buscan
el lucro, la tratan como mercancía. Los que piensan en la vida, la ven como un bien esencial
para todos los organismos vivos y para el equilibrio ecológico de la Tierra. Tener derecho
a la vida implica tener derecho a agua potable gratuita. Pero al haber costes de
captación, tratamiento, distribución, uso, reuso y conservación existe una dimensión
económica innegable, que no debe prevalecer sobre el derecho, antes bien, debe hacerlo
real y garantizado para todos.
El agua dulce es más que un recurso hídrico. Es vida con todas sus resonancias
simbólicas de fecundidad, renacimiento y purificación. Esto tiene inmenso valor pero no
tiene precio. Si hay cuidado, será abundante para todos.
53. Deuda ecológica
Entre las muchas deudas que tiene Brasil, la ecológica es una de las más pesadas por
las consecuencias futuras que acarrea. La ecología es más que una técnica para gerenciar
recursos escasos, es más bien un arte y una nueva forma de relacionarse con la
naturaleza haciendo que atendamos de manera suficiente a nuestras necesidades sin
sacrificar el sistema-Tierra y también en consideración a las generaciones futuras. En el
sistema-Tierra se encuentran todos los ecosistemas con sus correspondientes
representantes. Más que ocuparse de cada uno de ellos tomado aisladamente, la ecología
se preocupa de las relaciones existentes entre ellos y con todos sus respectivos medio
ambientes buscando mantener su equilibrio dinámico, su preservación y regeneración. Las
deudas que tenemos inciden, como veremos, sobre cuatro vertientes principales.
Tenemos una deuda ecológico-ambiental creada por la insuficiente calidad de vida de
nuestra sociedad. Hemos liquidado cerca de 2/3 de la selva atlántica y cada día se abaten
100 campos de fútbol de la selva amazónica, quimicalizamos gran parte de los alimentos,
el 53% de la población no tiene saneamiento básico, desperdiciamos casi la mitad del agua
que usamos y la atmósfera de nuestras metrópolis esta fuertemente contaminada. Sólo
saldaremos esta deuda con la moneda del respeto y del cuidado con la naturaleza.
Tenemos una deuda ecológico-social creada por la injusticia social. Estamos
cansados de medio ambiente. Queremos el ambiente entero. Es decir, queremos al ser
humano insertado en él creando relaciones con la naturaleza y con los demás seres
humanos de forma que pueda comer con decencia, trabajar para vivir con calidad, morar
sin riesgo. Muchos administradores embellecen las ciudades con plazas, monumentos y
parques pero mantienen un sistema de seguridad pésimo, abandonan los hospitales,
descuidan la enseñanza de calidad y no montan una estructura adecuada de agua y
alcantarillado. Aumentan la deuda en vez de saldarla.
Tenemos una deuda ecológico-mental formada por el excesivo antropocentrismo que
ha ha penetrado en nuestra mente. Antropocentrismo es esa actitud que sitúa al ser
humano en el centro de todo, que imagina que las cosas sólo tienen razón de ser en la
medida en que están orientadas a él y que puede disponer de ellas a su antojo. Pero
resulta que el ser humano solamente entró en escena cuando el 99.98% de la historia del
universo y de la Tierra estaba concluida. Él es un eslabón, aunque singular, de la corriente
de la vida.
Hay una deuda a pagar por el sistema escolar que no ha sabido educar para la
alteridad de razas, culturas y religiones. Deuda a pagar también por las iglesias que no
han sabido crear conciencia de reverencia, de solidaridad cósmica y de responsabilidad
por el futuro común.
Tenemos una deuda ecológico-integral creada por la fragmentación de nuestros
saberes. Cortamos la túnica inconsútil de la realidad en mil pedacitos y los estudiamos
olvidando que eran partes del todo. Desaprendimos re-ligar todas las cosas y ver el
universo en un grano de arena. Sólo pagaremos esta deuda si aprendemos a ver el todo y a
reencantarnos.
Al pagar no estamos perdiendo sino ganando en vida.
54 Resonancia Schumann
No sólo las personas mayores, también jóvenes hacen la experiencia de que todo se está
acelerando excesivamente. Ayer fue carnaval, dentro de poco será Pascua, un poco más y
Navidad. ¿Este sentimiento es ilusorio o tiene una base real? La “resonancia Schumann" trata
de explicarlo.
El físico alemán W.O. Schumann constató en 1952 que la Tierra esta rodeada de un
campo electromagnético poderoso que se forma entre el suelo y la parte inferior de la
ionosfera situada a unos 100 km por encima de nosotros. Ese campo posee una resonancia (de
ahí el nombre de resonancia Schumann) más o menos constante del orden de 7,83 pulsaciones
por segundo. Funciona como si fuera un marcapasos, responsable del equilibrio de la biosfera,
condición común de todas las formas de vida. También se ha comprobado que todos los
vertebrados y nuestro cerebro están dotados de esa misma frecuencia de 7,83 hercios.
Empíricamente se ha constatado que no podemos ser saludables fuera de esta frecuencia
biológica natural. Siempre que los astronautas, en razón de los viajes espaciales, quedaban
fuera de la resonancia Schumann, se enfermaban. Pero sometidos a la acción de un "simulador
Schumann" recuperaban el equilibrio y la salud.
Por miles de años el palpitar del corazón de la Tierra ha tenido esta frecuencia de
pulsaciones y la vida se ha desarrollado en un relativo equilibrio ecológico. Sucede, sin
embargo, que a partir de los años 80, y de forma más acentuada a partir de los años 90, la
frecuencia se elevó de 7,83 a 11 y a 13 herzios. El corazón de la Tierra se disparó y de
manera coincidente se hicieron sentir desequilibrios ecológicos: perturbaciones climáticas,
mayor actividad de los volcanes, crecimiento de tensiones y conflictos en el mundo y aumento
general de comportamientos desviantes en las personas, entre otros. Debido a la aceleración
general, la jornada de 24 horas es, en realidad, solamente de 16 horas. Por lo tanto, la
percepción de que todo está pasando demasiado rápido no es ilusoria, tendría una base real en
este trastorno de la resonancia Schumann.
Gaia, ese superorganismo vivo que es nuestra Madre Tierra, debe de estar buscando
formas de recuperar su equilibrio natural. Y lo conseguirá, pero no sabemos a qué precio,
precio que será pagado por la biosfera y por los seres humanos. Aquí se abre un espacio para
que grupos esotéricos y otros futuristas proyecten escenarios, ya dramáticos, con
catástrofes terribles, ya esperanzadores, como la irrupción de la cuarta dimensión mediante
la cual todos seremos más intuitivos, más espirituales y más sintonizados con el biorritmo de
la Tierra...
No pretendo reforzar este tipo de interpretación. Solamente enfatizo la tesis -recurrente
entre grandes cosmólogos y biólogos- de que la Tierra es, efectivamente, un superorganismo
vivo, de que Tierra y Humanidad formamos una única entidad, como los astronautas declaran
desde sus naves espaciales. Nosotros, los seres humanos, somos Tierra que siente, piensa,
ama y venera. Y por serlo, poseemos la misma naturaleza bioeléctrica y estamos envueltos por
las mismas ondas resonantes Schumann. Si queremos que la Tierra reencuentre su equilibrio
debemos comenzar por nosotros mismos: hacer todo sin estrés, con más serenidad, con más
amor -que es una energía esencialmente armonizadora-. Para eso hemos de tener el valor de
enfrentarnos a la cultura dominante, que nos obliga a ser cada vez más competitivos y
eficientes. Necesitamos respirar juntos con la Tierra para conspirar con ella para la Paz.
55. Corazón leve
La “gente buena” tiene un corazón leve. ¿Qué es tener un corazón leve? Tal vez a través
de su contrario, el corazón pesado, podamos explicarlo mejor. Tener el corazón pesado es
vivir preocupado y hasta neurótico por el empleo, el salario, las cuentas que hay que pagar, la
escuela de los niños, la droga, la violencia en la calle, la bala perdida. Y si se tiene negocio
propio, ¿cómo hacer frente a la competencia, cómo incorporar tecnología nueva, cómo ser más
eficiente en la administración? El corazón pesado no nos deja dormir tranquilos. ¿Por qué?
Para responder a esta pregunta necesitamos cavar hondo en el tipo de civilización que
hemos creado y mundializado. Nuestra civilización es extremamente compleja, pero un motor
escondido mueve todas sus ruedas y bielas: la voluntad de poder y ejercerla como dominación.
Queremos dominar la naturaleza, llegar hasta sus últimos confines, dominar las fuerzas de la
sociedad, dominar las energías psíquicas, dominar el código de la vida. Y sacar provecho de
todo aunque sea con costes ecológicos funestos. Esta civilización ha producido en nosotros
dos sentimientos: uno de exaltación y otro de miedo. Exaltación, por la tecnociencia que
tantas facilidades ha traído a nuestra vida, haciendo que los niños mueran menos y los viejos
vivan más, y que nos ha llevado hasta la Luna. Miedo, por la capacidad de destrucción masiva
que nos proporciona. El fin de la historia humana ya no es asunto de Dios, sino cosa de los
seres humanos, pues hemos construido el principio de nuestra propia destrucción.
Para limitar esta capacidad de demencia, hemos inventado los derechos humanos, los de
los animales, los de la naturaleza, y el concepto de la dignidad de la Tierra. Aun así, ¿cual es
el resultado final y existencial de este proceso civilizatorio? Un corazón pesado. Hemos
perdido la confianza en la vida y en el placer inocente de vivir. Nos exilamos de la Tierra y
rompimos los lazos de fraternidad que nos unían a la naturaleza. Lo que más teme el ser
humano es a otro ser humano. Está solo con su poder-dominación. Y cuanto más poder acumula
más tensa se va poniendo su cara, más profundas se hacen las arrugas, más insegura parece
su mirada. No sabemos hacia dónde vamos. Y nuestro corazón se vuelve cada vez más pesado.
¿Cómo conseguir un corazón leve? Empezando a vivir ya desde ahora dos valores que
fundan otro principio civilizatorio: la sencillez y la humildad voluntarias. La sencillez no es la
espontaneidad natural del inocente. Es fruto de la madurez humana. Surge cuando alejamos lo
que separa al yo respecto del otro y de la naturaleza, o sea, la voluntad de poseer y dominar.
Eliminado ese obstáculo, descubrimos que todos somos hermanos y hermanas, de la estrella y
de cada ser vivo. San Francisco de Asís es el arquetipo de este modo de ser. Humildad es
colocarse en el mismo suelo donde están todos los seres y percibir el mismo humus del que
todos vivimos. Chuang-Tzu es el arquetipo de este valor (véase la Vía de Chuang-Tzu). Él
conseguía ver el Tao tanto en el estiércol como en el príncipe. El efecto de esta visión, para
estos maestros de Occidente y de Oriente, era la conquista de un corazón leve.
Tendrás un corazón leve si descubres el verde en los jardines de las calles y la flor que
allí sonríe. Si al mirar hacia arriba ves, más allá de los edificios, la nube que pasa. Si al
encontrar al pobre consigues llenar tus ojos con su presencia y verlo como a un hermano. Si
haces todo esto, sabrás lo que es vivir con un corazón leve. No serás amargo ni interesado.
Contigo comienza otro tipo de civilización. Y podrás dormir sin el peso de una piedra en el
pecho. Por tener un corazón leve.
56. Terror de Madrid: terror de fin de imperio

¿El terror en Madrid a dónde nos llevará? Nos obliga a pensar. Nos remite casi
espontáneamente a E. Gibbon y T. Mommsen, los dos mayores historiadores de la caída del
Imperio romano, que dejaron claro que dicha caída se debió principalmente al
desmantelamiento del orden jurídico-religioso-militar romano a lo largo de trescientos años.
La consecuencia fue un terrorismo generalizado: en el mar la piratería, y en tierra los asaltos
de bandoleros organizados que dificultaban el comercio y acabaron con la seguridad de las
comunicaciones. Sólo los cristianos, por vía pacífica y a otro nivel, salvaron el Imperio.
Nuestros piratas y bandoleros hoy son los terroristas. Ellos revelan la crisis del imperio
occidental que se autodenominó «globalización». El imperio está marcado por tantas
contradicciones que no consigue imponer su orden, a no ser por la violencia militar y por el
terror económico. Pero ha suscitado mucha rabia, demasiada rabia en el mundo.
Especialmente en el mundo musulmán. Éste sabe que posee la sangre del sistema (el petróleo),
pero no cuenta nada en su configuración. Además, se siente discriminado y tratado con
injusticia, especialmente en el conflicto palestino-israelí, ante el cual Estados Unidos y
Occidente representan una posición unilateral. En la Unión Europea viven un 12% de
musulmanes, muchos ilegales. Son explotados socialmente (ausencia de garantías sociales),
discriminados culturalmente (el velo en Francia) y despreciados religiosamente (en la Italia
de Berlusconi). Buscan apoyo en los líderes religiosos, la mayoría fundamentalistas, y están
expuestos a los grupos extremistas que los reclutan para sus estrategias criminales.
Del mismo modo que se ha dado una mundialización en el sistema de seguridad, en
primer lugar financiera y luego militar, se está dando también una mundialización de los que
se le oponen. Hemos defendido la tesis de que la única guerra que pueden ganar los pequeños
es ésta, la del terror. Los pequeños son imbatibles cuando aceptan morir y se hacen personas-
bomba. Contra un hombre/mujer-bomba no hay defensa posible.
Con Bush, el imperio definió una estrategia comprensible pero equivocada: pagar mal con
mal y hacer guerra contra guerrilla. Los principales analistas ya lo han dicho: ninguna medida,
después del 11 de septiembre, ha conseguido eliminar la amenaza, ni siquiera disminuirla.
Además, la guerra moderna de destrucción es un cañón tan grande que no puede ser usado
nunca. Por ahí no hay camino eficaz. No existe solución inmediata. Si el problema del terror
es mundial, la solución pasa por el único organismo político mundial que es la ONU. En ella
deben centralizarse las estrategias globales.
A los países les corresponde dar a sus ciudadanos la seguridad que es posible y reforzar
las estrategias mundiales. Todos debemos trabajar con un pie en un campo y con otro pie en
el otro. Por una parte, el campo del presente: la sociedad y el Estado, creando mecanismos de
seguridad aunque sea con eficacia limitada. Por otra parte, el campo del futuro: colocando
todos juntos los elementos de un nuevo orden político mundial en el que pueda caber todo el
mundo, sin potencias hegemónicas, garantizando a todos un mínimo de equidad en la
participación de los recursos escasos y en los bienes de la cultura humana.
Es difícil para el actual orden mundial (que es desorden para la mayoría de la
humanidad) entender que el terrorismo es primeramente consecuencia y sólo después causa
de la inseguridad actual. De continuar arrogante y ciego, Occidente no va a tener solución, y
cada vez más Occidente será un accidente.
57. Terror y solidaridad
La matanza de Madrid puede ser leída como una página de antropología concreta,
dramática y trágica. Revela quiénes somos. Somos seres capaces de salvajismo y barbarie,
demostradas antes en los atentados del 11 de septiembre de 2002 en EEUU, y ahora en
Madrid. Y, simultáneamente, somos seres de solidaridad, manifestada maravillosamente en el
mismo momento del atentado en Madrid, pues España entera se solidarizó con las víctimas y
se movilizó a socorrerlas.
Quienes mataban y quienes socorrían eran seres humanos. Somos la coexistencia de una
y otra cosa. La sabiduría cristiana siempre afirmó que la contradicción pasa por dentro del
corazón de cada uno. Por eso, «somos simultáneamente Adán y Cristo», ángeles y demonios,
sim-bólicos y dia-bólicos.
Ésa es la condición humana, dramática y trágica. Dramática, porque no logramos
mantener el equilibrio entre los dos polos. Trágica, cuando permitimos la irrupción de lo
demoníaco. ¿Quién vence, Adán o Cristo, el drama o la tragedia?
Dos opciones son posibles, y ambas profundamente humanas. La primera dice: la historia
nos ha mostrado que la fraternidad nunca fue duradera y que las sociedades siempre se
organizaron en relaciones de fuerza y de dominación. Levantamos la mirada para el cielo en
busca de un poco de esperanza, pero la vista de los cadáveres destrozados y los lamentos de
las víctimas nos impiden oír y ver una respuesta que nos ilumine. La indiferencia, el cinismo y
el sentido de la tragedia universal son reacciones humanas comprensibles, pues la base es
real. Por eso, merecen respeto.
La segunda dice: en medio de la tragedia siempre hay una mano que se extiende, un
gesto que salva y una caricia que devuelve la confianza. Lo que conmovió al mundo fue la
solidaridad del pueblo español, solidaridad que superó la comprensible rabia y dominó el deseo
de venganza. Hacer justicia y castigar sí, pero no pagar el odio con otro odio mayor, al estilo
de Bush.
Hay quienes procuran transformar la tragedia en un drama humano, las relaciones de
destrucción en tensión fraterna constructiva. O sea, creen que es posible una cualidad nueva
de relación para con el otro, para con la naturaleza y para con el futuro. El Adán decadente
estará siempre ahí, pero el Cristo libertador que también somos, va ganando hegemonía y va
asegurando que el futuro está en esta dirección y no en la otra.
¿Quién va a ganar? Humildemente, y con temblor, confiamos en que la solidaridad tiene
más futuro que las matanzas. Sin esta solidaridad tal vez no hubiésemos dado el salto de la
animalidad hacia la humanidad, y no hubiéramos llegado a los días de hoy.
El remedio para nuestra demencia sólo puede venir de una mirada nueva hacia el otro.
Ese otro tiene su existencia propia y merece una mirada de respeto y de acogida. Envez de
dominarlo, subordinarlo o discriminarlo, podemos establecer con él una verdadera comunión
fraterna. Podemos sentirnos sobre el mismo suelo que él, livres de la voluntad de dominación,
viviendo una humildad original, con la conciencia de que el mismo humus (de donde viene
‘humildad’) que está en él está también en nosotros. Y que a todos nos habita un fondo de
bondad.
Las religiones pusieron el cielo en el más allá. Importa colocarlo en el más acá, pues aquí
comienza como proceso de construcción tenaz del esfuerzo humano, secundado por la fuerza
divina. Sólo se completará al término de la historia. Y entonces Dios y nosotros podremos
mirar atrás y proclamar: «todo era bueno».

58. ¿Hay todavía esperanza?

Norberto Bobbio, aunque melancólico por temperamento, tenía fe en las posibilidades


de las dos grandes revoluciones de Occidente: la de los derechos humanos y la de la
democracia. Ambas servían de base para su propuesta de un pacifismo jurídico y político,
capaz de equilibrar el problema de la violencia, como lógica del antagonismo entre los Estados.
Pero los acontecimientos del terrorismo globalizado han echado por tierra las convicciones
del maestro. En una de sus últimas entrevistas declaró: «No sabría decir cómo será el tercer
milenio. Mis certezas caen y solamente un enorme interrogante se agita en mi cabeza: ¿será
el milenio de la guerra de exterminio, o el de la concordia entre los seres humanos? No soy
capaz de responder a esta inquietud.
Al final de su vida, el gran historiador Arnold Toynbee (+ 1975), después de escribir
doce tomos sobre las grandes civilizaciones históricas, dejó consignada esta opinión sombría
en su ensayo autobiográfico Experiencias de 1969: «He vivido para ver cómo el final de la
historia se transformaba en una posibilidad intrahistórica capaz de convertirse en realidad,
por un acto no de Dios, sino del ser humano...».
Y para agravar mi inquietud, cito al nada sospechoso Samuel P. Huntington, antiguo
asesor del Pentágono, analista perspicaz del proceso de globalización. Al final de su El choque
de civilizaciones, dice: «La ley y el orden son el primer pre-requisito de la civilización; en
buena parte del mundo parece que ellas se están evaporando; desde una perspectiva mundial,
en muchos aspectos, la civilización parece estar cediendo ante la barbarie, generando la
imagen de un fenómeno sin precedentes, una ‘Edad de las tinieblas’ mundial que se está
abatiendo sobre la Humanidad». Y podríamos citar otros nombres...
Estas visiones, de un realismo severo, se agravan con el terrorismo generalizado, el de
los terroristas de Al-Qaeda, el de Sharon en Israel y el de Bush en los EEUU, que nos
sugieren escenarios dramáticos para un futuro próximo. Tal vez no hayamos asistido todavía a
lo peor que nos puede acontecer...
Esta situación suscita una indagación filosófica: ¿hay condiciones suficientes para
continuar teniendo esperanza en el ser humano? ¿Puede éste ir a mejor bajo el punto de vista
de las relaciones sociales, de la moralidad y de la humanidad? ¿O estamos condenados a vivir
nuestra tragedia histórica hasta el final, hasta nuestra autodestrucción?
Probablemente no hay respuesta cabal para interrogantes de esta radicalidad. Sin
embargo, veo dos puntos que dejan abierto el camino: siempre es posible mejorar, aunque la
Humanidad solamente mejorará si gran parte de sus miembros mejoran de hecho. Si eso no
ocurre, estaremos perdidos. Aumentaremos nuestra capacidad destructiva hasta que la
tragedia sea inevitable. Para que eso no ocurra, importa asumir decididamente un segundo
punto: una filosofía de la esperanza. Ésta tiene una base objetiva: el carácter virtual de la
realidad. El dato objetivo no es todo lo real. A lo real pertenece también lo potencial, lo
utópico, aquello que todavía no es y puede ser. El dato actual nos dice que somos lobos unos
para otros. Pero ese dato no lo es todo, ni estamos condenados a perpetuarlo
inevitablemente. Dentro de nosotros está también lo potencial, la capacidad de ser hermanos
y hermanas. Ese potencial pertenece también a nuestra realidad. Y si está potencialmente
ahí, puede ser activado, puede ser hecho proyecto personal y político, y puede inspirar
prácticas que darán un sentido mejor a la historia. La esperanza nos salva de la
desesperación. Siempre merece la pena tener esperanza.

59. La Pasión de Cristo


La película La Pasión de Cristo de Mel Gibson no es la Pasión de Cristo. Es la Pasion de
Mel Gibson por la sangre, el látigo, la tortura y la cruz, a propósito de la crucifixión de Jesús.
La forma de dramatizar escogida tiene que ver menos con los relatos evangélicos de la Pasión,
que con el espectáculo y el simulacro, tan al gusto de la cultura de comunicación de masas. El
film es tan excesivo y aturdidor que el efecto final es : «eso no puede ser; sencillamente, es
demasiado».
El problema ni siquiera es la secuencia ininterrumpida de violencia, sino en la capadidad
misma de Jesús de soportar todo aquello sin morir, por lo menos en algunos momentos. Todo
sufrimiento posee una innegable dignidad, pero, cuando es artificialmente provocado resulta
grotesco y repugnante. Es el dolor por el dolor, la sangre por la sangre, la cruz por la cruz. En
una palabra, es dolorismo y sadismo. Eso no es humano... ni divino. Nos negamos a creer en un
Dios que exija tal precio para redimir a la humanidad.
Pero ése no es el Dios de Jesús: es el Dios de Mel Gibson, un Dios que no se hace
merecedor de respeto ni de adoración. Aquí está el talón de Aquiles de la película: su imagen
de Dios, cruel y sanguinario.
La obsesión por el dolor y por la sangre contamina a todos los personajes y al propio
Cristo. En ningún momento se despega de la cruz. No es Simón Cireneo quien ayuda a Jesús a
cargar la cruz: es Jesús quien ayuda a Simón Cireneo. El clímax de esta obsesión se da cuando
Jesús se arrastra él mismo hacia la cruz para ser clavado en ella... Las dos caídas de la cruz
con él ya clavado son inverosímiles y de una crueldad insoportable.
Todo lo sano puede enfermar. Aquí nos confrontamos con una versión enfermiza de la
Pasión de Cristo, lejos de la versión contenida y digna de los cuatro evangelistas. Éstos dicen,
sí, que fue abofeteado, escarnecido, desnudado, flagelado y coronado de espinas. Pero no hay
en ellos nada de excesivamente cruel y sin piedad como en Mel Gibson. Los cuatro
evangelistas, con extrema objetividad, atestiguan: «después de haberse divertido y de
haberlo escarnedido... lo llevron fuera para crucificarlo».
El film se encuadra en una de las varias interpretaciones de la Pasión de Cristo, la del
sacrificio cruento, prevaleciente en la liturgia de las Iglesias, elaborada después
teológicamente por san Anselmo (+1109). En su famoso libro Por qué Dios se hizo hombre,
afirma: se hizo ser humano para poder sufrir y derramar su sangre y así expiar la ofensa
cometida por la humanidad contra Dios. Siniestramente, dice que Dios, incluso, encontrará
bella la muerte de cruz porque así aplaca su sed de justicia. Esta visión gibsoniana es errónea
pues destruye la imagen que Jesús nos legó de Dios, como un Padre de infinita ternura. El
Padre no quiso la muerte de Jesús. Quiso, sí, su fidelidad hasta el fin, aunque implicase la
muerte. Sólo es diga la cruz y la muerte que son consecuencia de la lucha contra la cruz y la
muerte impuesta a las personas, y cuando expresan solidaridad con los crucificados.
Seguramente, muchos querrán profundizar las cuestiones que suscita el film de Mel
Gibson. Recomiendo mi propio libro «Pasión de Cristo, pasión del mundo. Los hechos, las
interpretaciones y el significado, ayer y hoy». No debe ser malo el libro, pues una vez
traducido ganó en Estados Unidos el premio al «libro religioso del año» (1978) y la
Congregación de la Doctrina de la Fe, la ex-Inquisición, lo analizó y me obligó a un largo
proceso de explicación. Importa no aislar la Pasión de Jesús de su vida y de su compromiso.
Es ahí donde alcanza su sentido, y en comunión con la Pasión dolorosa del mundo.
(Nota del traductor: El libro ha sido publicado en castellano por Sal Terrae de España,
por Indoamerican Press de Bogotá, y otras varias editoriales. Un capítulo del mismo, «Cómo
anunciar hoy la Cruz de nuestro Señor Jesucristo», se encuentra disponible en línea en
http://servicioskoinonia.org/relat/217.htm).

60. Pasión del mundo


El film de Mel Gibson La Pasión de Cristo no debe dejar la impresión de que sólo Jesús
cargó la cruz y fue sometido a los peores tormentos. Su pasión se inscribe en el interior de la
pasión dolorosa del mundo y su sentido más profundo está en su solidaridad para con todos
los crucificados de la historia.
Existe una misteriosa pasión del mundo, un verdadero desafío para cualquier esfuerzo
de comprensión. El proceso evolutivo, especialmente en el ámbito de la vida, está
estigmatizado por un sufrimiento inenarrable. En el campo humano puede llegar a expresiones
de barbarie. En todo, el sufrimiento nos acompaña, incluso cuando tenemos éxito. Los
antiguos nos transmitieron esta sentencia: «la vida no ha dado nada a los mortales sino al
precio de mucho trabajo». Lo cual implica -es claro- imponderables sacrificios.
En verdad, todos cargamos alguna cruz, a las espaldas o en el corazón. A veces la cruz
del corazón hace sangrar más que la de las espaldas. Fue también ésa la cruz que sintió Jesús
cuando, en el paroxismo del dolor, desde lo alto del madero, dio aquel grito desesperado:
«Padre, ¿por qué me has abandonado?». San Juan de la Cruz, autor de la Noche oscura, llama
a esta cruz Noche del espíritu terrible y temible. Lo es, porque ataca la última reserva
humana: la esperanza.
Nos conmovemos con la pasión sangrienta de Jesús. Pero no con la pasión dolorosísima
de los crucificados de la historia. Hay pueblos crucificados como los negros y los indígenas,
que hace siglos que están cargando su cruz, tal vez con más estaciones que aquellas del Hijo
del Hombre. Millones y millones de trabajadores continúan siendo crucificados con salarios
de hambre y en condiciones higiénicas que producen la muerte de cuarenta millones de ellos
anualmente. Incontables son los que penan bajo al cruz de la discriminación por el hecho de
ser mujeres, pobres, enfermos, homosexuales, portadores de sida y/o otras formas de
crucifixión social. Abogados valientes, jueces sin temor, periodistas intrépidos... son
difamados, perseguidos, secuestrados, y tienen que cargar pesadas cruces sobre sí y sus
familias, y hasta son muertos bárbaramente, por comprometerse en la lucha contra las mafias
de la corrupción, de las drogas, de la prostitución infantil, del tráfico de armas. Esta cruz es
digna, y sufrir con ella es honroso.
Jesús, en su predicación y en su práctica, privilegió a todos estos llamándolos
bienaventurados. Su proyecto religioso y social era el de aliviar las cruces de la vida y crear
un mundo donde nadie tuviese que poner cruces sobre las espaldas de los otros. Entendió que
este es el proyecto de Dios, llamado Reino de los cielos. Pero conoció el destino de tantos
otros antes que él: la incomprensión, la difamación y la liquidación física en la forma más cruel
de su tiempo, que era la crucifixión. La muerte de Jesús es consecuencia de su vida y de su
práctica. No es un drama suprahistórico, una apuesta entre Dios y el demonio, que dispensa
las responsabilidades humanas. Si quería ser fiel a sí mismo, al Dios cuyo reino anunciaba y a
las personas en las que suscitó esperanzas radicales, Jesús, en condiciones de rechazo, no
tenía otra alternativa que ir hasta el fin y contar con la muerte. Las palabras «tenía que
morir», era «necesario que padeciese»... son expresión de su fidelidad radical.
Hay momentos para nosotros y para Jesús en los que solamente la aceptación del
sacrificio de la vida hace justicia a la vida. Más vale la gloria de una muerte violenta que el
gozo de una libertad maldita.

61. Críticos, creativos cuidadores


Se ha dicho acertadamente que educar no es llenar una vasija vacía sino encender una
luz. En otras palabras, educar es enseñar a pensar y no sólo enseñar a tener conocimientos.
Éstos nacen del hábito de pensar con profundidad. Hoy en día conocemos mucho pero
pensamos poco lo que conocemos. Aprender a pensar es decisivo para situarnos
autonómamente en el interior de la sociedad del conocimiento y de la información. En caso
contrario, seremos simplemente sus lacayos, condenados a repetir modelos y fórmulas que se
superan rápidamente. Para pensar, de verdad, necesitamos ser críticos, creativos y
cuidadores.
Somos críticos cuando situamos cada texto o evento en su contexto biográfico, social e
histórico. Todo conocimiento implica también intereses, que crean ideologías, que son formas
de justificación y a veces de encubrimiento. Ser crítico es quitar la máscara de los intereses
escondidos y sacar a la superficie las conexiones ocultas. La buena crítica también es siempre
autocrítica. Sólo así se abre espacio para un conocimiento que corresponde mejor a lo real,
siempre cambiante. Pensar críticamente es dar buenas razones de aquello que queremos e
implica también situar al ser humano y al mundo en el marco general de las cosas y del
universo en evolución.
Somos creativos cuando vamos más allá de las fórmulas convencionales e inventamos
maneras sorprendentes de expresarnos a nosotros mismos y de pronunciar el mundo; cuando
establecemos relaciones nuevas, introducimos diferencias sutiles, identificamos
potencialidades de la realidad y proponemos innovaciones y alternativas consistentes. Ser
creativo es dar alas a la imaginación, "la loca de la casa", que sueña con cosas aún no
ensayadas, pero sin olvidar la razón que nos pone los pies en la tierra y nos garantiza el
sentido de las mediaciones.
Somos cuidadores cuando prestamos atención a los valores que están en juego, atentos
a lo que realmente interesa, y preocupados por el impacto que nuestras ideas y acciones
pueden causar en los demás. Somos cuidadores cuando no nos contentamos solamente con
clasificar y analizar datos, sino cuando sabemos distinguir a personas, destinos y valores que
están detrás de ellos. Por eso, somos cuidadores cuando discernimos lo que es urgente y lo
que no lo es, cuando establecemos prioridades y aceptamos los procesos. En otras palabras,
ser cuidador es ser ético, persona que pone el bien común por encima del bien particular, que
se hace corresponsable de la calidad de vida social y ecológica, y que da valor a la dimensión
espiritual, importante para el sentido de la vida y de la muerte.
La tradición ilustrada de educación ha enfatizado mucho la dimensión crítica y la
creativa, pero menos la cuidadora. Ésta es urgente hoy. Si no somos colectivamente
cuidadores vaciaremos la crítica y la creatividad, y podemos echar todo a perder; o bien
viviremos en una sociedad con una justicia mínima y una paz amenazada y unas frágines
condiciones de la biosfera, sin las que no hay vida...
Albert Einstein despertó a la dimensión cuidadora de todo saber cuando Krishnamurti le
interpeló: ¿En qué medida, Sr. Einstein, su teoría de la relatividad ayuda a disminuir el
sufrimiento humano? Einstein, perplejo, guardó discreto silencio. Pero cambió. A partir de ahí
se comprometió por la paz y contra las armas nucleares.
En todos los ámbitos de la vida, necesitamos personas críticas, creativas y cuidadoras.
Es condición para una ciudadanía plena y para una sociedad que no cesa de renovarse. Tarea
de la educación hoy es crear tal tipo de personas.

62. Espíritu de gentileza


Blaise Pascal (1623-1662), genio de las matemáticas, inventor de la máquina de calcular,
filósofo y místico, percibió de golpe la gran contradicción de los tiempos modernos que
acababan de consolidarse: la desarticulación entre dos principios que él llamó esprit de
géométrie y esprit de finesse. Espíritu de geometría es la razón calculadora, instrumental-
analítica, que se ocupa de las cosas, en una palabra, la ciencia moderna, que con su poder
cambió la faz de la Tierra. Espíritu de finura, que nosotros traducimos por espíritu de
gentileza es la razón cordial – logique du coeur (la lógica del corazón) según Pascal - que tiene
que ver con las personas y las relaciones sociales, en una palabra, con otro tipo de ciencia que
cuida de la subjetividad, del sentido de la vida, de la espiritualidad y de la calidad de las
relaciones humanas.
Ambas razones son necesarias para realizar la existencia. ¿Qué haríamos hoy sin la
ciencia? ¿Qué seríamos sin ética, sin caminos espirituales y sin psicología? El drama de la
modernidad consiste en haber desarticulado estas dos razones imprescindibles. Inicialmente
se combatieron mutuamente; después, marcharon paralelas y hoy buscan convergencias en la
diversidad, en el esfuerzo, aunque tardío, de salvar al ser humano y la integridad de la
naturaleza. El hecho es que hubo inflación del espíritu de geometría; con él creamos el mundo
de los artefactos, buenos y perversos, desde la nevera a la bomba atómica. El espíritu de
gentileza nunca adquirió centralidad, por eso somos tan vacíos y violentos. Hoy es urgente.
Seremos gentiles y cuidantes o nos entredevoraremos.
¿Por qué escribo todo esto? Por causa de la violencia de Rio de Janeiro. Esta ciudad fue
una de las más rientes ciudades de la Tierra. El esplendor de la naturaleza se había casado
felizmente con la cordialidad de la gente. Perdimos la cordialidad y la naturaleza ya no es la
misma. Sigue ahí pero ya no nos alegra porque el cuadro de violencia turba nuestros ojos y
nuestro corazón se dispara de miedo y desconfianza. Tenemos que oír el llamamiento de quien
conoce la ciudad desaparecida, el maestro Zuenir Ventura: necesitamos el espíritu de
gentileza.
Hubo un hombre enviado a Rio por Dios. Su nombre era José da Trino, llamado el
Profeta Gentileza (1917-1996). Durante más de veinte años circuló por la ciudad con su bata
blanca llena de colgajos y con su estandarte, predicaba en las plazas y se subía en las barcas
que hacen el recorrido entre entre Rio y Niterói anunciando sin cansar:\"Gentileza genera
Gentileza\". Sólo con Gentileza –decía– superamos la violencia que se deriva del \"diablo-
capital\". Inscribió sus enseñanzas ligadas a la gentileza en 55 pilastras del viaducto de Caju,
a la entrada de la ciudad, recuperadas bajo la orientación del profesor Leonardo Guelman que
le dedicó un riguroso trabajo académico, acompañado de un vídeo y de un bellísimo CD-ROM
con el título Universo Gentileza: la génesis de un mito contemporáneo.
Durante la Eco-92, el Profeta Gentileza se situaba estratégicamente en el sitio por
donde iban a pasar los representantes de los pueblos y les invitaba a vivir la Gentileza y poner
Gentileza en toda la Tierra.
Su mensaje es de extrema urgencia en el Rio de estos días. No bastan los patronos que
tenemos, san Sebastián y san Jorge. Ellos incluso llevan símbolos de violencia, la flecha en el
cuerpo y la lanza contra el dragón. Necesitamos un símbolo puro como el Profeta Gentileza.
Volveremos a él.

63. El profeta Gentileza


Seguramente muchos en Rio se acuerdan de aquella figura singular de largos cabellos,
barba blanca, vestido con una bata albísima con apliques llenos de mensajes y un estandarte
en la mano con muchos dichos en rojo, que desde principios de 1970 hasta su muerte en 1996
recorría toda la ciudad, viajaba en las barcas Rio-Niterói y entraba en los trenes y autobuses
para hacer su predicación. A partir de 1980 llenó las 55 pilastras del viaducto de Caju, cerca
de la estación de autobuses, con inscripciones en verde-amarillo proponiendo su crítica del
mundo y su alternativa al malestar de nuestra civilización. No era loco como parecía, sino un
profeta del temple de los profetas bíblicos como Amós u Oseas.
Como todo profeta, también él sintió un llamamiento divino que vino a través de un
acontecimiento de gran densidad trágica: el incendio del circo norteamericano en Niterói el
día 17 de diciembre de 1961 en el que quedaron calcinadas cerca de 400 personas. Era
entonces un empresario del transporte de carga en Guadalupe y se sintió llamado a consolar a
las familias de las víctimas. Dejó todo, tomó uno de sus camiones, puso en él dos pipas de cien
litros de vino y allí en Niterói junto a las barcas lo distribuía en pequeños vasos de plástico
diciendo «quien quiera tomar vino no tiene que pagar nada, basta pedirlo por gentileza y decir
agradecido». De José da Trino, ése era su nombre, empezó a llamarse José Agradecido o
Profeta Gentileza. Interpretó el incendio del circo como una metáfora del incendio del mundo
tal como está organizado, como un circo, por el «diablo-capital», que vende todo, destruye
todo, destruyendo la propia humanidad. Según él, debemos construir otro mundo a partir de
la Gentileza, cosa que él hizo en miniatura transformando el local en un bellísimo jardín,
llamado «Paraíso Gentileza».
El cuarto aplique de su bata decía: “Gentileza es el remedio de todos los males, amor y
libertad”. Y lo fundamentaba así: «Dios-Padre es Gentileza que genera al Hijo por Gentileza.
Por eso, Gentileza genera Gentileza». Enseñaba con insistencia: en lugar de «obrigado» [como
se dice «gracias» en portugués], debemos decir «agradecido», y en vez de «por favor»
debemos decir «por gentileza», porque nadie está obligado a nada y debemos ser gentiles
unos con otros y relacionarnos por amor y no por favor. ¿No es exactamente esto lo que está
necesitando Rio de Janeiro?
Ya hemos dicho en esta columna semanal que, junto con el principio de Geometría, la
Gentileza funda un principio civilizatorio, principio despreciado por la modernidad y hoy de
extrema importancia si queremos humanizar las relaciones excesivamente funcionales y
marcadas por la violencia.
La crítica de la modernidad no es monopolio de los maestros del pensamiento académico,
como Freud con «El malestar en la civilización», la Escuela de Frankfurt con Horkheimer con
«El eclipse de la razón» y Habermas con su «Conocimiento e interés» o incluso toda la
producción filosófica del Heidegger tardío. El Profeta Gentileza, representante del
pensamiento popular y cordial, llegó a la misma conclusión que estos maestros. Pero fue más
certero que ellos al proponer la alternativa: la Gentileza como irradiación del cuidado y de la
ternura esencial. Este paradigma tiene más posibilidad de humanizarnos que el que ardió en el
circo de Niterói: el espíritu de geometría, el saber como poder y el poder como dominación
sobre los otros y la naturaleza.

64. Lamento de esclavitud


La Pasión de Cristo continúa a lo largo de los siglos en el cuerpo de los crucificados.
Jesús agonizará hasta el fin del mundo, mientras uno solo de sus hermanos esté todavía
pendiendo de una cruz. Con esta convicción, la Iglesia Católica, en la Liturgia del Viernes
Santo, pone en boca de Cristo estas palabras lacerantes:
"Pueblo mío elegido, ¿qué te he hecho? ¡Dime, ¿en qué te he ofendido! ¿Qué más podía
haberte hecho, en qué te falté? Yo te saqué de Egipto, te alimenté con maná, te preparé una
hermosa tierra. Tú, preparaste una cruz para tu Salvador”.
Al celebrar la abolición de la esclavitud, hoy 13 de mayo, nos damos cuenta de que aún
no se ha completado. Todavía se oye el eco de los lamentos de la esclavitud y de la liberación.
"Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío, ¿qué te he hecho?, ¿en qué te he
ofendido? ¡Respóndeme!"
Yo te inspiré la música cargada de nostalgia y de ritmo contagiante. Te enseñé cómo
usar el bombo, la cuica y el atabal. Fui yo quien te dio el rock y la cadencia de la samba. Y tú
tomaste lo que era mío, hiciste nombre y renombre, acumulaste dinero con tus composiciones
y nada me devolviste.
Yo bajé de los cerros, te mostré un mundo de sueños, de una fraternidad sin barreras.
Creé mil fantasias multicolores y te preparé la mayor fiesta del mundo: dancé el carnaval
para ti. Y tú te alegraste y me aplaudiste puesto en pie. Pero pronto, muy pronto, me
olvidaste, reenviándome al cerro, a las favelas.
"Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío, ¿qué te he hecho?, ¿en qué te
entristecí? ¡Respóndeme!"
Yo te di en herencia el plato de cada día: el frijol y el arroz. De las sobras que me dabas
hice la feijoada, el vatapá, el efó y el acarajá: la cocina típica de Brasil. Tú me haces pasar
hambre. Y permites que mis niños mueran de hambre, y que sus cerebros se afecten
irremediablemente, infantilizándolos para siempre.
Yo fui arrancado violentamente de mi patria africana. Conocí el barco-fantasma de los
negreros. Fui hecho cosa, «pieza», esclavo. Fui la madre-negra para tus hijos. Cultivé los
campos, planté el tabaco y la caña. Hice todos los trabajos. Y tu me llamas perezoso y me
detienes acusándome de vagabundo. Me discriminas por el color de mi piel y me tratas todavía
como a un esclavo.
"Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío, ¿qué te he hecho?, ¿en qué te he
ofendido? ¡Respóndeme!"
Yo supe resistir, conseguí huir y fundar «palenques»: sociedades fraternales, de gente
pobre pero libre. A pesar del látigo en mi espalda, trasmití cordialidad y dulzura al alma
brasileña. Y tú me cazaste como si fuera un animal, arrasaste mis palenques, y todavía hoy
impides que la abolición de la miseria que esclaviza, sea para siempre verdad cotidiana y
efectiva.
Yo te mostré lo que significa ser templo vivo de Dios. Y, por eso, cómo sentir a Dios en
el cuerpo lleno de axé* y celebrarlo en el ritmo, en la danza y en las comidas. Y tú reprimiste
mis religiones llamándolas ritos afro-brasileros o simple folclore. No pocas veces hiciste de la
macumba caso de policía.
Y cuando se buscaron políticas que reparasen la perversidad histórica, permitiéndome lo
que siempre me negaste, estudiar y formarme en las universidades, la mayoría de los tuyos
grita: ¡va contra la Constitución, es una injusticia social!
"Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío, ¿qué te he hecho?, ¿en qué te he
ofendido? ¡Respóndeme!"

[*Axé: en la tradición de las religiones nagô y del candomblé es la fuerza espiritual


básica del universo, la vitalidad que atraviesa todos los seres y se condensa en determinadas
personas y objetos. Viene de la divinidad suprema Olorum y es comunicada por los Orixás.
Llenarse de axé es el propósito de la actitud verdaderamente religiosa. El águila y la gallina:
una metáfora de la experiencia humana. Trotta, Madrid 32003, p.106].
65. Respeto a todo ser

La humanidad ya existe hace algunos miles de años. Pero la guerra, sólo hace unos cinco
mil. El gran historiador Arnold Toynbee atribuye a los sumerios la invención de la guerra, pues
fueron ellos quienes por primera vez desarrollaron disciplina y organización, y consiguieron,
en el valle fértil del Tigris y del Eúfrates, el excedente en recursos materiales necesario
para poder hacer la guerra. Eliminar esta perversa institución que en los días de hoy se volvió
suicida -dada su destructividad- consta en la agenda de todos los humanismos y movimientos
pacifistas. La Carta de la Tierra postula que «se eliminen las armas nucleares, biológicas,
químicas y otras, de destrucción masiva, y que se conviertan los recursos militares en
propósitos pacíficos como la regeneración ecológica.
La democracia, los derechos humanos y la cultura de la paz son los antídotos más
eficaces contra la guerra. Son formas civilizadas que permiten que los seres humanos se
abracen fraternalmente. Pero hasta hoy, tales valores no consiguieron impedir el recurso
continuo a la guerra y al terrorismo, como forma de imponerse a los demás. ¿Por qué este
fracaso?
Prescindiendo de muchas explicaciones, podemos decir que el impase reside, de entrada,
en la persistencia del patriarcado. Instaurado en los últimos diez mil años, su característica
fundamental consiste en poner el poder, en la forma de violencia, como el eje organizador de
todo. Marginó y volvió invisible a la mujer y a los valores ligados a lo femenino como la visión
del todo, la gentileza y el cuidado. Creó el Estado, sus aparatos y la guerra. Proyectó un tipo
de ciencia asentada sobre la violencia contra la naturaleza. Dio origen a una cultura marcada
por la competición y no por la cooperación.
La Declaración universal de los derechos humanos sirve como baluarte contra la tiranía
del poder autoritario. Es un avance civilizatorio significativo. Pero siempre que se instaura un
conflicto con los intereses del poder patriarcal, los derechos son dejados de lado. Y se dan
razones para no respetar al otro: la mujer, porque tiene más sentimiento que razón, el indio
porque es salvaje, el negro por causa de su piel, el musulmán porque es un terrorista virtual.
Se hace entonces la distinción entre lo humano y pseudo-humano para poder oprimir sin mala
conciencia. Los serbios cortaban el pene de los prisioneros musulmanes para mostrar que
éstos no son humanos como nosotros, son pseudo-humanos contra los cuales se puede hacer
limpieza étnica sin herir los sentimientos humanos.
¿Cómo salir de esta maraña perversa? Seguramente, uno de los puntos es la integración
dinámica de los principios masculino/femenino, superando históricamente el patriarcado. Pero
fundamentalmente, mediante el respeto a todo ser y a cada forma de vida. La razón de este
respeto es el hecho de que somos un eslabón de la cadena de la vida, que somos todos
interdependientes y que todo lo que existe y vive merece existir y vivir. El respeto por los
derechos humanos debe comenzar pues por el respeto de cada ser, por la naturaleza y por la
vida. No respetaremos la vida de nuestros semejantes si no respetamos la vida en toda su
diversidad y cada ser. Si ejercemos violencia contra ellos, tarde o temprano ella se vuelve
contra nosotros. Estamos enraizados en el ser y en la naturaleza. Respetar a todos los seres
es respetarnos a nosotros mismos. Ésa es la base real que sustenta el respeto a los derechos
humanos. Sin este respeto fundamental, no hay cómo esperar resultados efectivos de nuestro
empeño por los derechos humanos.
66. Sabiduría china

Ha sido ampliamente divulgado que las relaciones China-Brasil tienen un significado


estratégico que va mucho más allá de los imprescindibles intercambios comerciales. Ojalá
supongan también el intercambio de valores culturales. Tenemos mucho que aprender de la
ancestral sabiduría china. Se caracteriza por la búsqueda insaciable de integración de los
opuestos y de la armonización de las fuerzas cósmicas y psíquicas. Nosotros, los occidentales,
somos herederos de un pensamiento lineal que trabaja constantemente con el principio de
identidad y de contradicción, enriquecido tardíamente por la dialéctica. Nuestra postura
antropológica nos ha hecho imperialistas y dominadores de todas las diferencias. O son
incorporadas en la mismidad occidental o son subalternizadas e incluso destruidas.
La sabiduría china busca siempre incluir los opuestos. Tal postura viene expresada por
el famoso tai-ki, el círculo dentro del cual se entrelazan como dos cabezas de peces. Es la
presencia de las dos fuerzas universales, yin y yang (cielo y tierra, luz y sombra, masculino y
femenino) que entran en la composición de todos los seres. El yin y el yang concretizan el qi,
la energía primordial y misteriosa que sustenta todo, llamada también Tao. Tao es más que el
camino, es la energía por la cual hacemos el camino y que hace posible cualquier realidad. El
Tao se encuentra en todas las cosas, desde el estiércol del campo a la cabeza del Emperador.
La religion es una de las respuestas a la percepción del Tao, así como la culinaria, el arte, la
política y la ética. Por diversos que sean los seres, todos se unifican en el Tao.
Esta visión holística penetró en el pueblo e impregna la vida cotidiana haciendo que el
chino común sea simultáneamente pragmático, laborioso y detallista, como en las pinturas, y
contemplativo, grave y sereno, como en la figura de los maestros. Introdujo una cultura del
cuidado, fundamental en el ethos chino. El cuidado resulta de una actitud de respeto, casi
sagrado, por cada ser, pues es portador de la energía del Tao. La medicina china de los tés,
de la acupuntura y de los masajes representa la activación de esta energía. Salud es estar
sintonizado con las energías y con el Tao.
El valor más importante en la tradición china, y también en la política, reside en la
amistad. No es tanto un sentimiento subjetivo como la acogida de la diferencia en forma
reverente. La amistad se muestra en la solidaridad y en el compartir. “Compartir es justo”
dice una máxima de la ética china. Para nosotros compartir pertenece al orden de la
gratuidad, de aquello que puede ser o no ser. Para los chinos, compartir pertenece al orden
objetivo del ser. Compartir y solidarizarse es hacer que el yin conviva con el yang. Así se
respeta el derecho de cada uno y hay justicia.
Otro valor importante es el consenso, a diferencia de nosotros que buscamos la
hegemonía. El consenso no implica la reducción de todas las diferencias a una única posición.
Es la coexistencia de la riqueza de ellas que, juntas, constituyen una convergencia más alta, y
buena para todas las partes.
Por fin, la patria constituye un concepto altísimo. Ella es la representación arquetípica
del cielo y de la tierra, es la tienda del Tao, la realización social del yin y del yang. Patria son
los antepasados cuyas cenizas acompañan a las familias durante siglos. Los gobiernos pueden
estar divididos y pasar, pero China es una, se dice siempre.
Finalmente es grandioso el lema de la proclamación de la república en 1911, que se
encuentra en las insignias: “El amor es universal y el cielo (nombre para el imperio) pertenece
a todos”.
67. La era de la ética
Las imágenes de torturas a prisioneros irakíes, por lo demás cotidianas en las prisiones
norteamericanas -según el New York Times del 31 de mayo-, son reveladoras del descalabro
ético al que hemos llegado. Tales imágenes tienen que ver con la crisis de nuestro paradigma
de civilización.
En efecto. La era que está terminando se fundó en la voluntad de conquista y de
dominación de los otros y de la naturaleza, casi siempre con el recurso a la violencia directa.
El capital, la acumulación privada de bienes materiales, el consumismo, la competición, la
exaltación del individuo y la expoliación de los recursos naturales, caracterizan esta era.
Junto a valores irrenunciables, no se puede desconocer un legado perverso: una humanidad
barbarizada y dividida entre incluidos y excluidos, una Casa Común depredada y una máquina
de muerte montada, capaz de destruir el proyecto planetario humano, y capaz de afectar
profundamente a nuestro sistema de vida. Todo indica que ya ha realizado sus virtualidades
históricas. Sin capacidad de persuasión, necesita utilizar la violencia para mantenerse, lo que
agrava su situación. Si quisiéramos garantizar nuestra presencia en el proceso evolutivo,
necesitamos de otro arreglo civilizatorio que tenga condiciones de futuro y de sostenibilidad.
En otras palabras, necesitamos una revolución en el sentido clásico de la palabra, o sea,
el establecimiento de una nueva utopía, un nuevo rumbo con otras estrellas-guía que orienten
nuestros pasos, que esta vez serán pasos de la humanidad como un todo. Aunque con
pretensiones universalistas, todas las revoluciones anteriores fueron regionales. Lo que ahora
importa es que la revolución sea mundial, porque mundiales son los problemas que exigen un
equilibrio mundial. Y es una revolución urgente, porque el tiempo del reloj corre en contra
nuestra. O la hacemos dentro del tiempo limitado (la ONU establece que hasta el año 2030,
Johannesburg que hasta 2050), o será demasiado tarde. El sistema-Tierra-Humanidad será
insostenible. Lo impensable puede resultar probable.
¿Sobre qué base se hará esa revolución? Cristovam Buarque, nuestro político-pensador
brasileño, nos sugirió la pista verdadera. Refiriéndose a la segunda abolición, la de la pobreza,
escribió: necesitamos «una coalición de fuerzas que habrá de hacerse por razones éticas,
mucho más que por razones políticas».
Pensando en la situación mundial, ello equivale a decir: necesitamos urgentemente una
ética planetaria para garantizar nuestro futuro común. ¿Cómo se hará eso? No será en pocas
líneas como diseñaremos su perfil, cosa que hemos intentado en nuestro ensayo, fruto de
muchos intercambios, Ethos mundial, um consenso mínimo entre os humanos (Sextante 2004).
Pero necesitamos antes que nada una utopía: mantener la humanidad re-unida en la
misma Casa Común contra aquellos que quieren bifurcarla haciendo de los diferentes
desiguales, y de los desiguales desemejantes. A continuación, necesitamos potenciar el nicho
de donde irrumpe la ética: la inteligencia emocional, el afecto profundo (pathos) de donde
emergen los valores. Sin sentir al otro en su dignidad, como semejante y como próximo, jamás
surgirá una ética humanitaria. Además, importa vivir -en el día a día, y más allá de las
diferencias culturales- tres principios comprensibles para todos: el cuidado que protege la
Vida y la Tierra, la cooperación que hace que dos más dos sean cinco, y la responsabilidad que
se preocupa de que las consecuencias de todas nuestras prácticas sean benéficas. Y, por fin,
alimentar un aura espiritual que dará sentido al todo. La nueva era, será de la ética o no será.
68. Pan y belleza

A principios de mayo comenzó en el Centro de Defensa de los Derechos humanos de


Petrópolis, entidad que existe hace más de 20 años, el proyecto «Pan y belleza». Muchos son
los frentes de trabajo del Centro, como el «Pro Vita», de protección a los testigos
amenazados de muerte, mujeres que sufren violencia y que haciendo y comercializando
comida mejoran sus ingresos, un proyecto de arte y educación para jóvenes en riesgo, que
confeccionan bellísimas tarjetas ecológicas, asistencia jurídica en los suburbios y la
cooperativa de construcción de casas populares (ya fueron construidas más de 300). Pero el
proyecto «Pan y belleza» concreta la visión de ser humano subyacente a todos los proyectos,
una visión que ve el ser humano con muchas dimensiones que deben ser atendidas de modo
integrado. El ser humano tiene hambre de pan y por eso necesita comer y cuidar de su salud.
Pero también tiene hambre de belleza, o sea, de reconocimiento, de instrucción, de
participación en bienes culturales como escuchar música, ver algún video, producir alguna cosa
y concientizar sus propios derechos. Pues ése es el propósito que el proyecto «Pan y belleza»
trata de realizar.
Se trata de ofrecer diariamente a cerca de trescientas personas que viven en la calle, y
solamente a ellas, un almuerzo abundante y de calidad, por un peso, un real. Y
simultaneamente, la posibilidad de satisfacer la dimensión de belleza: transitar por varios
espacios, deternerse y participar de actividades como ser alfabetizado, conversar sobre sus
problemas, escuchar historias, ver y discutir un video juntos, escuchar música... y otras.
Incluso dormir, pues dormir en la calzada (ellos no quieren que se diga que duermen en la
calle, sino en la calzada, pues en la calle duermen los mendigos embriagados) es siempre muy
peligroso. Y todo se hace en una atmósfera de acogida, con educadores preparados que se
orientan por la pedagogía del cuidado.
Con sólo un mes de funcionamiento, ya se observa una irradiación bienhechora que
envuelve a los propios usuarios, que se descubren como personas y que comienzan a cambiar.
Lógicamente, se dan fenómenos curiosos: algunos comen montañas de comida (pueden repetir)
como si quisiesen comer por ayer, por hoy y por mañana... Algunos, llegan hasta desmayarse.
Otro, después de tres días, se levanta en medio del refectorio y dice a los compañeros: ahora
sé que también soy persona, pues he entrado aquí y me estrecharon la mano; hacía 15 años
que nadie me había estrechado la mano. Otro vio en la mesa de al lado a un compañero que lo
había asaltado tres días antes y le había quitado un capote. Llamó a la coordinadora y le dijo:
voy a llamar a la policía para agarrar a ese ladrón. La coordinadora le explicó que no, que allí
es diferente, pues allí creemos que el ser humano es capaz de corregirse. La coordinadora
fue al que había robado el capote y le preguntó si estaría dispuesto a devolvérselo al otro,
pues la pieza robada estaba allí, a la vista. Él aceptó. La coordinadora los presentó uno a otro.
Fue devuelto el capote. En ese momento, el que había sido robado comentó: has debido tener
frío, porque no has vendido el capote. El otro respondió: sí, estoy pasando mucho frío.
Entonces el robado le dijo: bueno, yo tengo otro capote, puedes quedarte con ése. Y se
abrazaron.
Se supo que uno de ellos estaba de cumpleaños aquel día. Se improvisó un pastel y todos
cantaron la felicitación. Él se levantó y dijo: yo estaba solo en el mundo; ahora sé que tengo
hermanos y hermanas y que aquí está mi familia. Soy pobre, pero puedo ser feliz.
Una convicción crece en nosotros: nada está perdido; todo puede ser rescatado si hay
bondad amorosa y cuidado.
69. Ser disponible

Hizo de todo en la vida. Fue ateo, marxista, mercenario de la Legión Extranjera. En las
guerras mató a mucha gente. De repente se convirtió. Se hizo monje sin salir del mundo. Se
puso a trabajar como estibador y dedicaba todo el tiempo libre a la oración y a la meditación.
Durante el día recitaba mantras.
Curiosamente tenía una manera personal de rezar. Pensaba \"si Dios se hizo hombre en
Jesús, entonces fue como nosotros: hacía pis, lloriqueaba pidiendo mamar, hacía pucheros
cuando algo le molestaba, como el pañal mojado\". Jesús primero habría querido más a María,
luego más a José, cosas que explica Freud. Y fue creciendo como nuestros niños, jugando con
las hormigas, encorriendo a los perros y, travieso, levantando el vestido a las niñas para
verlas furiosas como imaginó Fernando Pessoa.
Rezaba también a Nuestra Señora imaginando cómo ella acunaba a Jesús, cómo lavaba
los pañales en el tanque, cómo cocinaba la papilla para el Niño y los guisos fuertes para el
buen José. Y se alegraba interiormente con tales ideas porque las sentía y vivía como
conmoción del corazón. Y lloraba con frecuencia de alegría espiritual.
Después decidió hacerse religioso, de la orden de los Hermanitos de Foucauld, de esos
que viven pobres en medio de los más pobres. Continuó en el mundo. De tarde en tarde se
reunía con su fraternidad. Creó una pequeña comunidad en la peor favela de la ciudad. Tenía
pocos discípulos, apenas tres, que acabaron marchándose.
Solo, se agregó entonces a una parroquia que hacía trabajo popular. Trabajaba con los
sin-tierra y con los sin-techo. Valiente, organizaba manifestaciones públicas frente a la
Alcaldía y promovía ocupaciones de terrenos baldíos. Y cuando los sin-tierra y los sin-techo
conseguían establecerse, hacía hermosas celebraciones ecuménicas con muchos símbolos.
Y todos los días, hacia las 10 de la noche, entraba en la iglesia oscura. Solamente la
lamparina lanzaba destellos titubeantes de luz, transformando las estatuas muertas en
fantasmas vivos y las columnas erectas en extrañas brujas. Y se quedaba allí hasta las 11,
todas las noches, impasible, fijos los ojos en el tabernáculo.
Un día fui a la iglesia a buscarlo. Le pregunté de sopetón: Hermanito (no voy a revelar su
nombre para no que no sea identificado), ¿tú sientes a Dios cuando después del trabajo te
metes en la iglesia a escucharlo? ¿Él te dice algo?
Con toda tranquilidad, como quien despierta de un sueño profundo, me contestó: Yo no
siento nada. Hace mucho tiempo que no escucho su voz. La sentí un día. Era fascinante.
Llenaba mis días de música. Hoy ya no escucho nada. Tal vez Dios no me hablará nunca más. Y
entonces, repliqué, ¿por qué sigues, todas las noches, ahí en la oscuridad sagrada de la
iglesia? Sigo ahí, respondió, porque quiero estar disponible. Si Él quiere manifestarse, salir
de Su silencio y hablar, aquí estoy yo para escuchar. ¿¡Y si Él quiere hablar y yo no estoy
aquí!? Porque, cada vez, él viene únicamente una sola vez, como en otros tiempos...
Lo dejé en su plena disponibilidad. Me fui maravillado y meditativo. Es por estas
personas por las que el mundo no es destruido y Dios sigue manteniendo su misericordia a
pesar de la perversidad humana: porque ellos vigilan y esperan -contra toda esperanza- el
adviento de Dios que tal vez nunca ocurrirá.
70. Paradigma planetario

La globalización conlleva un fenómeno más profundo que el económico-financiero.


Implica la inauguración de una nueva fase de la historia de la Tierra y de la Humanidad. Para
entenderlo, el filósofo de las Ciencias Thomas Kuhn y el físico cuántico Fritjof Capra
introdujeron en el debate la cuestión del cambio de paradigma. Sí, estamos cambiando de
paradigma civilizacional. Con esto queremos decir que está naciendo otro tipo de percepción
de la realidad, con nuevos valores, nuevos sueños, nueva forma de organizar los
conocimientos, nuevo tipo de relación social, nueva forma de dialogar con la naturaleza, nuevo
modo de experimentar la Última Realidad y nueva manera de entender al ser humano en el
conjunto de los seres.
Este paradigma naciente nos obliga a realizar travesías progresivas: tenemos que pasar
de la parte al todo, de lo simple a lo complejo, de lo local a lo global, de lo nacional a lo
planetario, de lo planetario a lo cósmico, de lo cósmico al misterio y del misterio a Dios. La
Tierra no es simplemente la adición de lo físico, lo vital, lo mental y lo espiritual. Ella contiene
todas estas dimensiones articuladas entre sí, formando un sistema complejo. Esto nos
permite entender que somos todos inter-dependientes. El destino común se ha globalizado.
Ahora, o cuidamos de la Humanidad y del Planeta Tierra, o no tendremos ningún futuro. Hasta
ahora podíamos consumir sin preocuparnos por el agotamiento de los recursos naturales,
podíamos usar el agua como queríamos sin conciencia de su extrema escasez, podíamos tener
cuantos hijos deseábamos sin temer la superpoblación, podíamos hacer guerras sin miedo a
una catástrofe total para la biosfera y para el futuro de la especie humana. Hoy ya no nos
está permitido pensar y vivir como antes. Si queremos sobrevivir en la biosfera tenemos que
cambiar.
Para consolidar este nuevo paradigma es importante superar el fundamentalismo de la
cultura occidental, hoy mundializada, que pretende tener la única visión de las cosas, válida
para todos. La realidad, sin embargo, desborda de todas las representaciones, pues está llena
de infinitas virtualidades que pueden realizarse bajo otras formas no-occidentales.
Por otra parte, el peligro que corremos nos da la oportunidad de reorganizar la
Humanidad y toda la cadena de la vida de manera más justa y creativa. Esta creatividad está
inscrita en nuestro código genético y cultural, pues sólo nosotros fuimos creados creadores y
co-pilotos del proceso evolutivo.
El efecto final será una Tierra multicivilizacional, coloreada por todo tipo de culturas,
de modos de producción, de símbolos y de caminos espirituales, acogidos todos ellos como
legítima expresión de lo humano, con derecho de ciudadanía en la gran confederación de las
tribus y de los pueblos de la Tierra.
Por eso hay que mirar hacia delante, recoger todas las señales que apuntan hacia un
desenlace feliz de nuestra peligrosa travesía y gestar una atmósfera de buena voluntad y de
hermandad que nos permita vivir mínimamente felices en este pequeño Planeta, escondido en
un rincón de una galaxia media, en el interior de un sistema solar de quinta categoría, pero
bajo el arco iris de la bondad humana y de la benevolencia divina.
Las palabras iluminadas de Vaclav Havel, ex-presidente de la República Checa, nos
retan: “la tarea política central en los próximos años será la creación de un nuevo modelo de
coexistencia entre las distintas culturas, pueblos, etnias y religiones, formando una única
civilización interconectada”.
71. Crisis de las identidades nacionales

El proceso de globalización produce crisis en las identidades culturales. Éstas, por una
parte intentan defenderse de la homogeneización excesiva ocasionada por la globalización
dominante de cuño occidental, y por otra se obligan inevitablemente a confrontarse con
identidades desconocidas, sufriendo por ello una extrañeza siempre dolorosa que produce
miedos comprensibles.
De cara a este desafío se trazan dos estrategias: la de la cerrazón y la del diálogo. Hay
identidades que para afirmarse recurren a las tradiciones, religiones y glorias de su cultura,
rechazando al máximo las consecuencias de la globalización. Por lo general, definen
claramente quiénes son los enemigos y quiénes los amigos, según afirmó uno de los teóricos
modernos de la filosofía política, Carl Smitt (1888-1985): «la esencia de la existencia política
de un pueblo es su capacidad de definir al amigo y al enemigo». En esta misma línea, el
conocido teórico de la filosofía política contemporánea, Samuel P. Huntington, en su «Choque
de civilizaciones» dice: «los enemigos son esenciales para los pueblos que están buscando su
identidad y reinventando su etnia, pues sólo sabemos quién somos cuando sabemos quiénes no
somos y, muchas veces, cuando sabemos contra quién estamos».
Esta perspectiva, aunque comprensible, en las condiciones alteradas de la historia
globalizada es impracticable. ¿Cómo vamos a considerar a los otros como enemigos estando
obligados a convivir con ellos en un pequeño espacio común que es el planeta Tierra? Por ahí
ya no hay camino. Además, se está formando lentamente una identidad colectiva y planetaria
como fruto de la convivencia de todos con todos.
Sin embargo, Estados Unidos, la potencia hegemónica, propone una identidad afirmada a
partir de la oposición al otro, al imponer a todos los países esta alternativa siniestra: o están
a favor de Estados Unidos y por lo tanto de la civilización o a favor de los terroristas y,
consecuentemente, de la barbarie. Es la vida de la arrogancia.
La otra estrategia, la del diálogo, es la única verdaderamente eficaz. La globalización
ofrece la oportunidad de dialogar a todos con todos a todos los niveles. Permite un
intercambio y, con él, un enriquecimiento colectivo como nunca antes lo ha habido en la
historia de la humanidad. El diálogo requiere un mutuo reconocimiento de los interlocutores,
la renuncia a querer dominar al otro y la garantía de que todos puedan participar. El diálogo
busca construir puntos en común a partir de los cuales surge el consenso mínimo y el dejar en
segundo plano los puntos que nos separan. Y, principalmente, el diálogo supone tener
conciencia de las ganancias y las pérdidas que se dan siempre. La identidad no es una
estructura inmutable, dada de una vez por todas, sino un conjunto de relaciones, a partir de
una experiencia de base, siempre en acción y en construcción, que incorpora elementos nuevos
sin desvirtuarse.
Mediante el diálogo, el más inclusivo posible, se va gestando lentamente la identidad
colectiva de la humanidad como humanidad y no ya como estados-naciones. Ahora no
conocemos su perfil, pero seguramente será una humanidad que se entenderá a sí misma como
un momento del proceso de evolutivo del universo, de la Tierra y de la vida, con la
responsabilidad ética de cuidar y de hacer co-evolucionar esta herencia y de celebrar el
Misterio de nuestra existencia.
72. ¿Competencia o cooperación?

Hay un hecho que hace pensar: la creciente violencia en todos los ámbitos del mundo y
de la sociedad. Pero hay otro que es perturbador: la exaltación abierta de la violencia, sin
respetar siquiera el universo del entretenimiento infantil.
Llegamos a un punto culminante con la construcción del principio de autodestrucción.
¿Por qué llegamos a esto? Seguramente son múltiples las causalidades estructurales y no
podemos ser simplistas en este campo. Pero hay una estructura, erigida en principio, que
explica en gran parte la atmósfera general de violencia: la competitividad o la competencia sin
límites.
La competitividad robustece primariamente el campo de la economía capitalista de
mercado. Se presenta como el motor secreto de todo el sistema de producción y consumo.
Quien es más apto (fuerte) en la competencia en cuanto a los precios, las facilidades de pago,
la variedad y la calidad, vence. En la competitividad opera implacable el darwinismo social:
selecciona a los más fuertes. Estos, se dice, merecen sobrevivir, pues dinamizan la economía.
Los más débiles son peso muerto, por eso son incorporados o eliminados. Esa es la lógica
feroz.
La competitividad invadió prácticamente todos los espacios: las naciones, las regiones,
las escuelas, los deportes, las iglesias y las familias. Para ser eficaz, la competitividad debe
ser agresiva. ¿Quién logra atraer más y dar más ventajas? No es de admirarse que todo pase
a ser oportunidad de ganancia y se transforme en mercancía, desde los electrodomésticos
hasta la religión. Los espacios personales y sociales, que tienen valor pero que no tienen
precio, como la gratitud, la cooperación, la amistad, el amor, la compasión y la devoción, se
encuentran cada vez más arrinconados. Sin embargo, estos son los lugares donde respiramos
humanamente, lejos del juego de los intereses. Su debilitamiento nos hace anémicos y nos
deshumaniza.
En la medida en que prevalece sobre otros valores, la competitividad provoca cada vez
más tensiones, conflictos y violencias. Nadie acepta perder ni ser devorado por otro. Lucha
defendiéndose y atacando. Ocurre que luego del derrocamiento del socialismo real, con la
homogeneización del espacio económico de cuño capitalista, acompañada por la cultura política
neoliberal, privatista e individualista, los dinamismos de la competencia fueron llevados el
extremo. En consecuencia, los conflictos recrudecieron y la voluntad de hacer la guerra no
fue refrenada. La potencia hegemónica, EE.UU., es campeón en la competitividad; emplea
todos los medios, incluyendo las armas, para siempre triunfar sobre los demás.
¿Cómo romper esta lógica férrea? Rescatando y dando centralidad a aquello que otrora
nos hizo dar el salto de la animalidad a la humanidad. Lo que nos hizo dejar atrás la animalidad
fue el principio de cooperación y de cuidado. Nuestros ancestros antropoides salían en busca
de alimento. En lugar de que cada cual coma solito como los animales, traían al grupo y
repartían solidariamente entre sí. De ahí nació la cooperación, la sociabilidad y el lenguaje.
Por este gesto inauguramos la especie humana. Ante los más débiles, en lugar de entregarlos
a la selección natural, inventamos el cuidado y la compasión para mantenerlos vivos entre
nosotros.
Hoy como otrora, son los valores ligados a la cooperación, al cuidado y a la compasión los
que limitarán la voracidad de la competencia, desarmarán los mecanismos del odio y darán
rostro humano y civilizado a la fase planetaria de la humanidad. Importa comenzar ya ahora
para que no sea demasiado tarde.
73. Verdades secularizadas

Las religiones, especialmente las universalistas, como el budismo, el judeocristianismo y


el islamismo han sido caminos de descubrimiento de verdades profundas. No eran sólo
verdades religiosas. Eran, antes, verdades humanas bajo lenguaje religioso. Hoy estas mismas
verdades se visten con el ropaje secular de la política y de las ciencias. Poco importa el
vestido. Si las verdades son verdaderas, su autor en último término es el Espíritu Santo,
enseña Tomás de Aquino.
Esto vale también para la famosa trinidad que subyace a la sociedad moderna y en cuyo
nombre se hicieron la Revolución Francesa y la Revolución Socialista: libertad, igualdad y
fraternidad. Pero esta trinidad sólo estará garantizada si le añadimos hoy una condición
previa: el cuidado de la naturaleza.
Libertad, igualdad, fraternidad y cuidado son valores continuamente negados. No por
eso podemos renunciar a ellos. Si lo hiciéramos, perderíamos el mapa del camino. Ellos
representan lo que debe ser. Funcionan como utopías. Nunca se realizarán plenamente, pero
nos hacen caminar. Se ha dicho que son como estrellas-guía. Jamás las alcanzaremos, pero
ellas son las que iluminan la noche y orientan a los viajeros.
Si reparamos bien, el nicho de estos valores fueron las religiones y para nosotros, en
occidente, el judeocristianismo. La afirmación de que somos todos imagen y semejanza de
Dios, mas aún, de que somos sus hijos e hijas está en la raíz de la dignidad y de la
inviolabilidad de la persona, fuente de los derechos humanos. La convicción de que somos
hermanos y hermanas está en la base de la igualdad y de la democracia. El hecho de haber
sido insuflados de espíritu creador nos dio la conciencia de la libertad. Y, finalmente, la
constatación de que todos los seres, y también nosotros humanos, venimos del mismo barro
de la Tierra nos inspira la idea de la comunidad terrenal y biótica y de una democracia
ampliada, socio-cósmica.
Lógicamente a esta cuaternidad solemos agregarle la justicia y la equidad, que
pertenecen al discurso político actual y en tiempos pasados a las tradiciones religiosas y
espirituales de la humanidad. La justicia confiere a cada uno ese mínimo de respeto y de
medios de vida, por debajo de los cuales nuestra relación para con él no sería humana. La
equidad cela para que haya una relativa proporción entre la contribución que cada cual da a la
sociedad y los beneficios que recibe de ella.
El proceso de globalización suscita la conciencia creciente de que estamos todos
formando una comunidad de destino planetario. Esta comunidad de destino incluye a la Tierra,
condición de toda vida. Los valores seminales de libertad, igualdad, fraternidad, justicia,
equidad y cuidado de la Tierra forman el capital básico y común a toda la humanidad, capaz de
inspirar prácticas humanitarias, políticas de integración, formas de producción más
benevolentes, comportamientos de respeto y de reverencia ante la grandeza y la complejidad
de la naturaleza.
Tales valores convocan a cada uno a hacer su revolución molecular allí donde se
encuentre, o sea, comenzar consigo mismo a cambiar el estado de conciencia, a inaugurar otro
patrón de consumo y de relación con la naturaleza.
Si no podemos cambiar el mundo, podemos cambiar nuestro mundo personal. El camino
nuevo empieza siempre con un primer paso, condición para que otros lo sigan.
74. Metáfora del posmoderno
En Brasil, en esta época del año -pleno invierno-, se abren en flor los ipês -el árbol
nacional del país-, los cerezos japoneses y los melocotoneros. En ciudades del sur
principalmente, estos árboles adornan calles, avenidas y parques. No es que siempre se los
cultive con un sentido ecológico, o sea, junto con otras plantas de su género y en ambientes
adecuados.
Tiempo atrás, en una visita a mi familia en Curitiba, en el Estado de Paraná, encontré un
melocotonero gravemente agredido en el famoso Ensanche del Rosário. Solitario, en un
rincón, se veía que sufría de descuido y abandono. Mientras mis hermanas tomaban un helado
de fruta, yo, movido de compasión budista, asumí los dolores del melocotonero. Y vi en él una
metáfora. En una servilleta escribí estos versos que titulé:
Y respondió sonriendo,
¿Melocotonero? Sí, el melocotonero.
Lo condenamos a la soledad
sin ningún compañero.
Rodeado de cemento y piedra,
y un poco de tierra como alimento.
Pusimos vigilantes para que no vea ni hable:
edificios rutilantes que impiden que irradie
sonrisas a los que pasan.
Y ahora respira el bochorno de la ciudad sin su encanto.
Los perros marcan espacio en él;
la savia, amordazada
y él, sin hojas, con sólo un brazo.
Lleno de penas, todo exprimido,
su vida es un duro martirio.
Pero sufre sin gemir
cual Cristo vivo y crucificado.
¿Quién dará al absurdo un sentido?
¿El viento? La pared se lo tragó.
¿El sol? La sombra se lo robó.
¿La lluvia? La nube se la llevó.
¿El cuidado? Nunca se vio.
¿La poda? Casi lo mató.
Y él, el melocotonero,¿el prisionero?,
concentró la poca fuerza que tenía
y rehizo todo su cuerpo.
Miró alrededor, escudriñó el cielo,
y entonces: floreció, floreció altanero.
Al odio, dio la flor.
A la mano que le hería, el vigor.
Al bochorno, el cielo de añil.
A los que pasan, su suave olor.
A la ciudad maldita, la floración primaveral.
¿No es una metáfora de la condición humana en la posmodernidad? ¿No es semejante al
melocotonero, solitario y cortado de toda relación cordial? Aun así, el posmoderno, como el
melocotonero, también es desafiado a ser humano, en la medida en que consigue sacar
sonrisas de sus penas y flores de sus infortunios: simplemente florecer y florecer.
75. Buena voluntad y política

Enmanuel Kant (1724-1804), el pensador más riguroso de la ética en el Occidente


moderno, hizo, en su Fundamentación para un metafísica de las costumbres (1785) una
afirmación de grandes consecuencias: «No es posible pensar algo que, en cualquier lugar del
mundo e incluso fuera de él pueda ser tenido irrestrictamente por bueno, sino la buena
voluntad (del gute Wille)». Traduciéndolo a nuestro lenguaje: la buena voluntad es el único
bien que es solamente bueno y al cual no cabe hacer ninguna restricción. La buena voluntad es
sólo buena o no es.
Hay aquí una verdad con graves consecuencias: si la buena voluntad no resulta ser la
actitud previa a todo lo que pensamos y hacemos, será imposible crear una base común para
todos. Si lo malicio todo, si todo lo pongo bajo sospecha y no confío en nadie, entonces, será
imposible construir algo que nos congregue a todos. O dicho positivamente: sólo contando con
la buena voluntad de todos puedo construir algo bueno para todos. En momentos de crisis es
la buena voluntad el factor principal de unión de todos de cara a una respuesta que supere la
crisis.
Estas reflexiones valen tanto para el mundo globalizado cuanto para el Brasil actual. Si
no se llega a dar la buena voluntad en la gran mayoría de la humanidad, no vamos a encontrar
una salida para la desesperante crisis social que dilacera a las sociedades periféricas, ni una
solución para la alarma ecológica que pone en riesgo el sistema-Tierra. Y respecto a Brasil: si
no llegamos a contar con la buena voluntad de la gran mayoría de los ciudadanos, no habrá
nada -ni el gobierno ni el liderazgo carismático del Presidente Lula- que sea capaz de forjar
una alternativa esperanzadora para el problema-Brasil.
La buena voluntad es la última tabla de salvación que nos queda. La situación mundial es
una calamidad. Vivimos en permanente estado de guerra mundial. No hay nada ni nadie -ni las
dos Santidades (el Papa o el Dalai Lama), ni las élictes intelectuales mundiales, ni la
tecnociencia- que nos pueda servir de llave para una salida mundial. Si descontamos la opinión
de los esotéricos, que esperan soluciones extraterrestres, en realidad dependemos
únicamente de nosotros mismos.
Brasil reproduce, en miniatura, la situación dramática mundial. La llaga social producida
en quinientos años de desatención a las necesidades del pueblo significa una sangría
incontenida. Nuestras élites nuncan han pensado una solución para Brasil como conjunto, sino
solamente para ellas. Están más empeñadas en defender privilegios para ellas que en
garantizar derechos para todos. Por eso, mal disimulan el esfuerzo por hacer que el
presidente Lula asuma la agenda que les interesa, y por desmoralizar la política social del
gobierno. Al contrario que el pueblo brasileño, que siempre mostró una inmensa buena
voluntad, las élites se niegan a saldar la hipoteca de buena voluntad que deben al país.
El presidente Lula ha repetido -y en eso lo apoyamos-: si no ponemos buena voluntad y
colaboramos todos, no será su gobierno -ni siquiera aunque sea reelegido- quien solucione el
problema-Brasil. La autoestima es un llamado a la buena voluntad.
Entonces, si la buena voluntad resulta tan decisiva, entonces urge suscitarla en todos.
En un momento de riesgo, cuando se estando hundiéndose el Titánic, todos, hasta los
explotadores, pueden ayudar con su buen avoluntad. En el caso de Brasil: los ciudadanos no
deben ser mirados sólo desde el punto de vista de los intereses en conflicto, sino en su
capacidad de mostrar buena voluntad. Todos ellos disponen de este capital inestimable. Si
cada uno quisiéramos, de verdad, que Brasil saliera adelante, con la buena voluntad de todos
Brasil efectivamente saldría adelante.
76. Mística y religión
Todas las cosas tienen su otro lado. Y captar el otro lado de las cosas es darse cuenta
de que lo visible es parte de lo invisible: eso es lo que hace la mística.
¿Qué es mística? Mística viene de misterio. Misterio no es el límite del conocimiento.
Es lo ilimitado del conocimiento. Conocer más y más, entrar en comunión cada vez más
profunda con la realidad que nos envuelve, ir más allá de cualquier horizonte y hacer la
experiencia del misterio. Todo es misterio: las cosas, cada persona, su corazón... el universo
entero.
El misterio no se presenta como aterrador, como un abismo sin fondo. Irrumpe como
voz que invita a escuchar más y más el mensaje que viene de todas partes, como un llamado
seductor a moverse más y más en la dirección del corazón de cada cosa. El misterio nos tiene
siempre admirados y hasta fascinados, sorprendidos y hasta exultantes.
¿Qué hay más misterioso que la persona amada? ¿Qué hay más profundo que el mirar
inocente de un recién nacido? ¿Qué hay más majestuoso que el cielo estrellado en las noches
oscuras de invierno?
Mística significa entonces la capacidad de conmoverse ante el misterio de todas las
cosas. No es pensar las cosas, sino sentir las cosas tan profundamente, que llegamos a
percibir el misterio fascinante que las habita.
Pero la mística revela la profundidad de su significación, cuando captamos el hilo
misterioso que las une y reúne, liga y religa todas las cosas haciendo que sean un Todo
ordenado y dinámico. Es la Fuente originaria de la cual todo dimana y que los cosmólogos
llaman con el infeliz nombre de «vacío cuántico».
Las religiones osaron llamar Dios a esta realidad fontal. No importan sus mil nombres:
Yavé, Padre, Tao, Olorum... Lo que importa es sentir su atención y celebrar su presencia.
Mística no es por tanto pensar «sobre» Dios, sino sentir a Dios con todo el ser. Mística
no es hablar «sobre» Dios, sino hablar a Dios y entrar en comunicon con Dios. Cuando
rezamos, hablamos con Dios. Cuando meditamos, Dios habla con nosotros. Vivir esta
dimensión en lo cotidiano es cultivar la mística.
Al traducir esa experiencia incomunicable, elaboramos doctrinas, intentamos ritos,
prescribimos actitudes éticas. Nacen entonces las muchas religiones. Detrás de ellas y de sus
fundamentos se da siempre la misma experiencia mística, el punto común de todas las
religiones. Todas ellas se refieren a ese misterio inefable que no puede ser expresado
adecuadamente por ninguna palabra que esté en los diccionarios humanos.
Cada religión posee su identidad y su forma propia de decir y celebrar la expriencia
mística. Pero como Dios no cabe en ninguna cabeza, ya que es mayor que todas ellas, siempre
podemos añadir algo a fin de mejor captarlo y traducirlo para la comunicación humana. Por
eso, las religiones no pueden ser dogmáticas ni sistemas cerrados. Cuando eso ocurre, surge
el fundamentalismo, enfermedad frecuente de las religiones, tanto en el cristianismo como
en el islam.
La mística nos permite vivir lo que escribió el poeta inglés William Blake (+1827): «ver
un mundo en un grano de arena, un cielo estrellado en una flor silvestre, tener el infinito en la
palma de su mano y la eternidad en una hora». He ahí la gloria: sumergirse en aquella Energía
bienhechora que nos llena de sentido y alegría.
77. Familia: utopía y realidad
Por más valores irrenunciables que reúna, la familia no deja de inscribirse dentro de la
condición humana, que es siempre convivencia de contrarios. Por eso, hay en ella,
simultáneamente, dimensiones de luz y de sombra. En las culturas reviste muchas formas de
concretización. En la nuestra, junto a las familias-matrimonio, se dan las familias-pareja
(cohabitación de uniones libres), que dan origen a la familia consensual no conyugal. La
introducción del divorcio ha dado lugar a familias uniparentales (la madre o el padre con los
hijos/as) o multiparentales (con hijos/as provenienes de matrimonios anteriores) y también
uniones entre homosexuales (hombres o mujeres).
¿Hasta qué punto estas formas son realizaciones concretas de la sustancia de lo que
llamamos familia? Antes de cualquier respuesta, la actitud cristiana más adecuada y no
moralizante es: si en todas estas formas existe amor -y no hay por qué dudar de ello-,
entonces estamos ante algo que tiene que ver con Dios, que es amor y bondad. En ese campo,
lo que debe regir es el respeto y no los prejuicios.
Pero la respuesta a la pregunta deriva de la concepción que tengamos de lo que es la
familia. En esa concepción debe estar siempre presente lo utópico y lo concreto, pues ambas
dimensioones constituyen juntas la realidad, también la realidad de la familia. Lo concreto
son las cosas tal como están ahí. Lo utópico es lo que es virtual y posible en lo concreto, su
referencia de valor, por cierto: nunca totalmente alcanzable, pero que tiene como función
mantener a la familia siempre abierta y perfectible y jamás cerrada, ni estancada en alguna
forma considerada como la única posible, por muy buena que fuere.
Un especialista brasileño, Marco Antônio Fetter, creador de la primera Universidad de
la Familia en Brasil (en Rio Grande do Sul), define así la familia: «un conjunto de personas con
objetivos comunes y con lazos y vínculos afectivos fuertes, cada una de ellas con un papel
definido, donde aparecen naturalmente los roles de padre, de madre, de hijos y de
hermanos». Juan Pablo II en la Carta Apostólica Familiaris Consortio (1981) y en la Carta a
las familias (1994) enseña que la familia es «una comunidad de personas fundada sobre el
amor y animada por el amor... un conjunto de relaciones interpersonales -relación conyugal,
paternidad/maternidad, filiación, fraternidad- mediante las cuales cada persona humana es
introducida en la familia humana».
El núcleo utópico e inmutable de la familia es el amor, el afecto, el cuidado de uno para
con otro y la voluntad de estar juntos, estando la pareja abierta a la procreación, cuando es
posible, o, al menos, abierta al cuidado de todas las formas de vida, que es un modo también
de realizar la fecundidad. Este núcleo debe poder realizarse en varias formas concretas de
convivencia.
¿Qué sería de la familia y de sus miembros si no ardiese en ellos la llama de la utopía?
Todos viven de la voluntad de encontrar y vivir el amor; sueñan poder realizarse a dúo y ser
mínimamente felices. Sin ese motor, la vida humana sería menos humana y perdería sentido, a
pesar de todas las dificultades, deformaciones y frustraciones.
Análisis transculturales han demostrado que cuando ese núcleo de amor existe, hay
menos violencia, hay más sensibilidad para la cooperación social, disminuyen los conflictos
familiares y disminuye el número de divorcios o separaciones desgarradoras.
Para los cristianos, la familia es el lugar donde la Familia divina del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo se revela y donde también se realiza la Iglesia en su expresión doméstica.
Todas estas perspectivas formarán parte del debate de la Semana Nacional de la Familia que
se realizará del 9 al 15 de agosto en todo Brasil.
78. Conozco un hombre
El ser humano es siempre la convergencia de los opuestos. A él cabe casar el cielo con
la tierra, la ternura con la firmeza, la poesía con el trabajo. Cuantos más opuestos uno
consigue articular en su personalidad, tanto más fecundo y humano se revela.
Conozco un hombre que realiza ampliamente este propósito inscrito en nuestra
humanidad. Por eso irradia y nos inspira a ser, nosotros también, más humanos.
Es hermano y amigo de los pobres y al mismo tiempo circula sin cohibirse entre jefes de
estado.
Nunca renunció a la idea de la revolución social sino que la unió a la revolución absoluta
hecha por la mística.
Se comprometió con la liberación concreta de los humillados y ofendidos y soportó, en
el espíritu de las bienaventuranzas evangélicas, persecuciones y prisiones.
Posee clara percepción política, pero entiende la política como mediación del reino, la
utopía del Nazareno.
Es de una radicalidad cortante y al mismo tiempo se muestra dialogante y flexible.
Es disciplinado en todo lo que hace, pero guarda creatividad y levedad en los gestos y
en las palabras.
Posee un elevado sentido práctico, pero sabe conjugarlo con una visión espiritual de las
cosas.
Es profundamente generoso, pero celoso de sus derechos y de los derechos de los
pobres.
Es un hombre de pensamiento, pero vive inmerso en los movimientos sociales y
populares.
Es escritor eximio y de altos vuelos pero nunca levanta los pies de la tierra a partir de
donde su cabeza piensa.
Sabe cocinar como pocos, pues aprendió de su madre, pero aprecia cada comida que le
ofrecen.
Se hizo íntimo de Dios hasta el punto de tener celos de Él, pero eso no le impide sentir
amor y compasión por las personas.
Es un simple y pobre fraile dominico que vive en una pequeñísima celda, pero su
convento es el vasto mundo.
Abrazó en cuerpo y alma el proyecto Hambre Cero, pero entiende su trabajo como
forma de realizar evangélicamente la multiplicación de los panes y de los peces.
Es un hombre de evangelio que asumió el cuidado de su hermano enfermo no como quien
carga una cruz sino como quien anticipa la resurrección.
Es el compañero, el amigo y el hermano que Dios nos dió para que la caminada en esta
vida no sea sólo lucha y resistencia sino también celebración de alegría y de liberación.
El día 25 de agosto completará 60 años. Lo celebramos jubilosamente, junto con tantos
y tantas, como compañero en las tribulaciones y coheredero de la esperanza.
Conozco un hombre. Se llama Carlos Alberto Libânio Christo o simplemente Frei Betto.
Él reunió en sí los opuestos en una síntesis tan feliz que los defectos que tiene no nos
molestan. Su nombre suscita en nosotros admiración y cariño. Es una de esas personas de las
que la humanidad y el cristianismo pueden siempre enorgullecerse.
79. El eclipse del padre
La compleja división social del trabajo, la participación de las mujeres en la vida
pública y su dura crítica al patriarcalismo y al machismo vigentes, produjeron una crisis en la
figura del padre. En cierta forma surgió una sociedad sin padre o con padre ausente.
El eclipse de la figura del padre, sin embargo, desestabilizó la familia tradicional. El
aumento de los divorcios, hay que reconocerlo, acarreó consecuencias a veces dramáticas.
Recientes estatísticas oficiales en Estados Unidos refieren que el 90% de los hijos huidos de
casa o sin residencia fija pertenecía a familias sin padre, el 70% de la criminalidad juvenil
provenía de familias en las que el padre estaba ausente, el 85% de los jóvenes encarcelados
crecieron en familias sin padre y el 63% de suicidas jóvenes tenían padres ausentes.
La ausencia de la figura paterna desestructura hijos/as, los deja sin rumbo en la vida y
les debilita el deseo de asumir un proyecto consistente de vida. Necesitamos hacer volver al
padre.
Para recuperar la relevancia de la figura del padre es importante distinguir entre los
modelos de padre y el principio antropológico de padre. Los modelos varían con los tiempos y
las culturas: el padre patriarcal, tiránico, participante, compañero, amigo. El principio
antropológico de padre es una estructura permanente, imprescindible para el complejo
proceso de individuación humana. En todos los modelos actúa el principio antropológico de
padre, pero sin agotarse en ninguno de ellos. La crisis de los modelos libera el principio
paterno para otras expresiones.
La tradición psicoanalítica dejó claro la importancia insustituible del padre como
principio antropológico. La figura del padre es responsable de la primera y necesaria ruptura
de la intimidad madre-hijo/a y de la introducción del hijo/a en el mundo transpersonal, de los
hermanos/as, de los parientes y de la sociedad.
En ese otro mundo existe orden, disciplina, autoridad y límites. Las personas tienen que
que trabajar, realizar proyectos e inventar lo nuevo. En función de eso tienen que tener
coraje, mostrar seguridad y disposición para hacer sacrificios.
Ahora bien, el padre es la personificación simbólica de estas actitudes. Es el puente
hacia el mundo transpersonal y social. En esa travesía, el niño se orienta por el padre-héroe
arquetípico que sabe, puede y hace. Si le falta esa referencia, se siente inseguro, perdido y
sin iniciativa. Es propio de la figura del padre hacer comprender la diferencia entre el mundo
de la familia y el mundo social, donde no sólo hay amparo, también hay trabajo; no sólo hay
bondad, también hay conflicto; no sólo ganancias, también pérdidas. Si los programas
televisivos de entretenimento exacerban el deseo haciendo creer que el único límite es el
cielo, cabe al padre mostrar que en todo hay límite, que todos somos incompletos y mortales.
Realizar esta verdadera pedagogía, incómoda pero vital, es atender la llamada del principio
antropológico de padre, sin la cual estaría perjudicando a su hijo/a tal vez de forma
permanente.
A partir de una figura de padre bien realizada, el niño puede elaborar la imagen positiva
de Dios-Padre. A pesar de las dificultades, nunca faltan figuras concretas de padres que
conocemos, que se vieron libres de la impregnación patriarcal y dentro de la compleja
sociedad moderna viven dignamente, trabajan duro, cumplen sus deberes de padres,
muestran responsabilidad y determinación. De esta forma cumplen la función arquetípica y
simbólica con sus hijos/as, función indispensable para que ellos maduren su yo y, sin
desconciertos ni traumatismos, ingresen en la vida autónoma, hasta ser padres y madres de
sí mismos.
80. La vuelta del padre
Si es cierto que se da un eclipse de la figura del padre en la sociedad moderna,
también lo es que hay una nostalgia por su vuelta, testimoniada ya hace siglos por Telémaco,
hijo de Ulises, en la Odisea de Homero: «Si aquello que los mortales más desean pudiese ser
conseguido en un abrir y cerrar de ojos, la primera cosa que yo querría sería la vuelta del
padre». Curiosamente, esta vuelta es augurada por el Cristianismo, en una página memorable
de San Lucas al hablar de la vuelta del padre hacia el hijo pródigo.
Para comprender esta vuelta del padre, importa situar la parábola en el contexto de la
práctica y de la propuesta de Jesús. Es un dato históricamente segurado que Jesús andaba
entre personas de mala compañía y que comía con ellas, lo cual, en aquella época, era señal de
amistad. Naturalmente ello provocaba escándalo entre las personas piadosas, que lo
criticaban.
¿Por qué Jesús asumió de esta manera un comportamiento ambiguo? Parea responder a
ello implica identificar su experiencia espiritual y su forma de entender a Dios. Jesús
experimenta a un Dios que es Padre de infinita bondad y que, por ello, tiene características
de madre: acoge a todos, buenos y malos, y manifiesta una misericordia ilimitada. La forma
como Jesús expresa la misericordia de Dios es ser él mismo misericordioso, coherente con lo
que aconsejaba a los otros: ³sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso». Por
eso es por lo que se mezclaba con las personas de mala fama para que, en contacto con él,
pudieran sentir la misericordia divina. Hace falta ser duros de corazón y faltos de
espiritualidad para no apreciar esa experiencia de Dios como Padre de misericordia. Como el
amor es incondicional, incondicional es también la misericordia. En eso la parábola del hijo
pródigo es explícita. La novedad no reside en el hecho de que el hijo vuelva al padre, después
de haber dilapidado todo y después de llenarse de remordimientos y de nostalgias. La
novedad está en el hecho de que el padre se vuelva al hijo: al verlo en la curva del camino, el
padre corre a su encuentro, se le echa al cuello y lo cubre de besos. No le reclama nada. Al
contrario, le prepara una fiesta.
Con eso Jesús quiso dejar claro: Dios es un Padre materno o una Madre paterna que
siempre se vuelve hacia sus hijos e hijas, por malévolos que sean, porque nunca se le salen del
corazón. Las Iglesias, diferentes de Jesús, rara vez se vuelven hacia las personas para que
hagan una experiencia de misericordia. Más bien continúan aterrorizando las conciencias con
las llamas del infierno. Escogen el camino del moralismo, reforzando el miedo que mantiene
cautiva la libertad y triste la vida.
Jesús denuncia la actitud del hijo bueno que quedó en casa, a la sombra del padre. Se
niega a volver hacia su hermano. Prefiere la observancia de la norma y la aplicación del
castigo. Este hijo bueno es al único al que critica Jesús. Para Jesús no basta que seamos
buenos. Hace falta volverse siempre hacia el otro con amor y misericordia.
Padre e hijo se vuelven uno hacia el otro: se cierra el círculo y surge entonces la
irradiación de la humanidad.
81. En la silla de Galileo Galilei
El día 7 de septiembre se cumplirán 20 años de que me senté en la pequeña silla en la
que se sentó también Galileo Galilei y Giordano Bruno, en el Palacio del Santo Oficio (ex-
Inquisición), en Roma, para defender opiniones de mi libro «Igreja: carisma y poder». Ser
convocado a comparecer ante la presencia de la más alta instancia doctrinal de la Iglesia no
es un hecho corriente en la biografía de un teólogo. Remitiéndome al poeta chileno Pablo
Neruda, es ciertamente memorable -y al mismo tiempo desgarrador- encarnar siquiera por un
momento, la razón y el destino de todo un camino de pensamiento y de práctica eclesial con
los pobres.
Subjetivamente es muy costoso sentir el peso de la institución milenaria de la Iglesia
cayendo sobre tu cabeza. Más penoso todavía es sentir los límites de esta institución, pues
percibe uno que, no raras veces, está más interesada por la seguridad que por la verdad, más
por su propia imagen que por servir a la Causa de los humillados y condenados de la Tierra.
Pasados veinte años, hoy veo en aquel episodio algo providencial. El hecho fue
publicitado y comentado en los principales medios de comunicación de todo el mundo. Por ahí,
la opinión pública pudo entrar en contacto con otro tipo de Iglesia, despojada de poder,
sencilla y profética, que hace cuerpo con los pobres y que, por eso, participa también de la
maledicencia y de la persecución que ellos padecen. Pudo conocer también una teología que
pone la vida en el centro, una teología que es elaborada con la mira puesta en la liberación
histórico-social de los oprimidos, y no sólo en la edificación interna de la galaxia eclesial. La
teología de la liberación se convirtió en tema de conversaciones en las calles, en los bares y
en los círculos de intelectuales.
La opinión pública captó la dimensión ética de la liberación, una liberación que concierne
a las grandes mayorías dolientes de la humanidad. Entendió la argumentación básica: los
cristianos, por el hecho de ser seguidores del Nazareno, torturado y muerto en la cruz, están
obligados a ser agentes de liberación. Es posible una teología que nazca de este compromiso,
fiel a la gran Tradición, articulada contra la injusticia social y a favor de cambios
estructurales. La imagen de Dios que de ahí surge es comprensible por todos: Dios está más
interesado por la justicia que por el rito, más ligado al grito del oprimido que a las alabanzas
de los piadosos. Son las prácticas y no las prédicas lo que cuenta.
Finalmente, por más que las autoridades se consideren «Eminencias Reverendísimas», no
dejan de tener las limitaciones de la condición humana. Bien lo dijo el teólogo francés Yves
Congar que me defendió en «La Croix» (8 sept 1984): «El carisma del poder central del
Vaticano es el de no tener nunca ninguna duda. Ahora bien, no tener ninguna duda es, a la vez,
magnífico y terrible. Es magnífico porque el carisma del centro consiste precisamente en
permanecer firme cuando todo vacila alrededor. Y es terrible porque en Roma están hombres
que tienen límites de todo tipo, en su inteligencia, en su vocabulario, en sus referencias y en
su ángulo de visión. Y cayeron contra Boff». Pero me niego a mirarlos con la óptica del Gran
Inquisidor. A su manera, pretenden también ellos servir a la verdad. En definitiva, es a ella y
no a ellos a quien compete la última palabra.
A Roma fui y volví como teólogo católico. Ninguna doctrina fue condenada, sólo
«opciones que ponen en peligro la fe cristiana». Pero las opciones pertenecen a la ética, no a
la doctrina.
Soy consciente de que en todo este asunto fui un mero servidor. Hice simplemente lo
que debía hacer, como corresponde a un servidor.
82. Tiempos del Anticristo
Cuando nos enfrentamos a la suprema iniquidad, cuando se sobrepasa ese punto de
perversidad ante el cual cesa hasta la razón y el sentido de humanidad desaparece
totalmente, los cristianos recurren a dos expresiones bíblicas: la «abominación de la
desolación» y la «parusía del Anticristo». Es lo que sentimos ante la masacre de los inocentes
de Beslan.
«Abominación de la desolación» traduce una situación donde el mal irrumpe con tal
virulencia que se nos desorbitan los ojos, se secan las lágrimas y las palabras se ahogan en la
garganta. Así ocurrió con la gente de Beslan. Después, cuando enterraban a las víctimas,
parecía oír las palabras de san Mateo cuando la matanza de los inocentes ordenada por
Herodes: «En Ramá (Beslan) se oyó una voz, mucho llanto y grandes gemidos: son las madres
que lloran a sus hijos y a sus hijas y no quieren ser consoladas por que los perdieron y nunca
más volverán». Es el dolor infinito y el luto sin fin.
El «Anticristo» configura otra situación de extrema maldad, situación que puede tomar
cuerpo en personas y movimientos. Él es el reverso del Cristo. Cristo no es originalmente una
persona, en nuestro caso Jesús de Nazaret. Cristo es una dimensión, un modo de ser y un
título para designar la historia del amor, de la bondad, de la donación, de la compasión y del
perdón en el mundo desde el justo Abel hasta el último elegido. Esta dimensión-Cristo se
encuentra presente en cada ser humano. En figuras seminales como Buda, Krishna, Miriam de
Nazaret, Gandhi, Hélder Câmara o la Hermana Dulce se densificó de manera especial. Para
los cristianos alcanzó su máxima expresión en Jesús de Nazaret. Por eso Jesús comenzó a
ser llamado el Cristo. Pero bien entendido él no detenta el monopolio del "Cristo", que se
realiza también en otras figuras históricas.
La dimensión-Anticristo se opone a la dimensión-Cristo. Ella representa la historia del
odio, de la perversidad, de la inhumanidad, de la destructividad en el grado máximo. Puede
expresarse en estructuras de gran injusticia, en ideologías que se proponen eliminar etnias y
en políticas que optan por la truculencia como única forma de resolver problemas. Y también
puede tomar cuerpo en figuras perversas, de las que el siglo XX nos proporcionó ejemplares
aterradores.
El Anticristo hace uso de dos armas: la política y la religión. Por la política arrogante,
bestial y tiránica, se impone a todos y sacrifica a los opositores. Por la religión, utiliza los
símbolos sagrados y el nombre de Dios para seducir a su causa y conferir legitimidad última a
su política perversa. Su mayor blasfemia reside, según san Pablo, en el hecho de «erguirse
por encima de todo lo que se llama Dios».
La dimensión-Cristo y la dimensión-Anticristo se hacen presentes en nuestra vida,
envolviéndonos a todos en enfrentamientos dramáticos. Hay momentos, como ahora, en que la
dimensión-Anticristo parece triunfar. Irrumpe de forma tan aterradora que nos paraliza y
casi roba la esperanza de los justos. En circunstancias así, el Maestro nos consuela: «Cristo
aniquilará al Anticristo con un simple soplo de su boca». Pero ¿cuándo, Señor, cuándo?
La categoría Anticristo se ha esgrimido en la historia para que alguien satanice a otro.
Debemos precavernos contra identificaciones fáciles, pero hay momentos como el actual en
que la perversidad es tanta que debemos usarla como denuncia y profecía. El Anticristo está
entre nosotros actuando en ambos lados. Los dos tienen en común el desprecio por la vida y la
falta de piedad para con los inocentes. Y son asesinos fríos.
83. En la sala de la Ex-Inquisición
Los hechos objetivos siempre vienen revestidos de los sentimientos de quienes los
viven. ¿Cómo sentí yo mi proceso en la ex-Inquisición de Roma en 1984?
Puntualmente, a las 9.00, hora oficial del Vaticano, vinieron a buscarme. Antes de poder
despedirme de mi Superior, me agarraron y me metieron dentro del coche, que salió
disparado hacia el Vaticano, cerca de allí. Me sentí como alguien secuestrado por
las \"brigatte rosse\".
Una escolta de guardias suizos me condujo al ascensor. En el piso de arriba, me
esperaban otros dos guardias con el Cardenal Inquisidor, Joseph Ratzinger vestido con sus
ropas de cardenal y yo con mi simple hábito. Le saludé en bávaro para aligerar la tension.
Inmediatamente me condujeron a través de un salón de unos cien metros de largo,
completamente alfombrado, con paredes repletas de cuadros renacentistas. Al final, una
pequeñísima puerta, mal podía pasar por ella, y una sala rodeada de libros con un minúsculo
podio donde se sientan inquisidor e inquirido. Abajo, el notario anota todo. Sin dilaciones, se
comienza el trabajo. Yo corto al cardenal y le digo: Sr. Cardenal, en mi país somos aún
cristianos; en cosas serias invocamos a Dios. Ante lo cual el cardenal, sorprendido, inicia
ritualmente la recitación del Veni Sancte Spiritus. Para una visión jurídica de la Iglesia, Dios
realmente sobra.
Empecé a leer lo que había preparado. El cardenal hizo sólo dos interrupciones. Una
para saber lo que era una Comunidad Eclesial de Base, que él imaginaba una célula comunista
donde se preparaban los militantes porque en ella se habla siempre de lucha, y otra en la que
estoy en descauerdo con él hasta el día de hoy. Afirma él: sólo en la Iglesia Católica se
encuentra la Iglesia de Cristo. En las otras hay únicamente elementos, como puertas y
paredes pero sin llegar a formar una casa. Por eso no son llamadas iglesias ni deben, en
derecho, ser llamadas así. Cosa que considero ofensiva, arrogante y simplemente errónea
según la Tradición.
Se hizo una pausa para el café en el gran salón. De todos lados salían funcionarios con
su ejemplar del libro condenado, «Iglesia: carisma y poder», pidiendo autógrafos, cosa que
irritó mucho al cardenal. En todos escribí lo mismo: «Conserve la herencia de Jesús, la
libertad, conquistada no con palabras sino con su propia sangre». A solas, el cardenal y yo
mirábamos los tapices, hasta que nos paramos ante uno enorme con un San Francisco, todo
laceerado, pero transfigurado en lo alto. En tierra, de rodillas, el Papa con la triple corona en
su cabeza. Dije al Cardenal: he aqui el símbolo de la Iglesia que defendemos, la de los pobres,
representada por San Francisco y el Papa de rodillas a su servicio. Y el Cardenal: tú, teólogo
de la liberación, politizas todo; aquí tenemos una obra de arte y no una pieza de teología. A lo
cual le respondí señalando las grandes ventanas cuadriculadas de hierro: usted no tiene ojos
para la teología de la liberación porque ve el mundo de los pobres por esas ventanas
cuadradas por donde no llega su grito.
Tuvimos otra hora de trabajo. Al final, un encuentro con los dos cardenales brasileros
Arns y Lorscheider que vinieron a apoyarme. Dom Arns fue directo al punto: Sr. Cardenal
Ratzinger, no nos ha gustado su documento sobre la teología de la liberación. Pedimos otro
que haga justicia a las iglesias que toman en serio la opción por los pobres y por su liberación.
Al construir un puente usted no llamó a un ingeniero sino a un gramático. Invite a nuestros
constructores y ellos le ayudarán a hacer una buena teología de la liberación, útil a toda la
Iglesia.
84. Roma locuta

El proceso doctrinal contra el libro «Iglesia: carisma y poder» (en castellano: Sal
Terrae, séptima edición, Santander; en portugués: Récord, São Paulo, con las actas del
proceso incluidas) no concluyó con el «diálogo» con el Cardenal Inquisidor. Faltaba todavía la
palabra final del colegio cardenalicio y del Papa. Y llegó en mayo de 1985 cuando súbitamente
apareció, en la portería del convento de Petrópolis donde yo enseñaba, un representante del
Nuncio Apostólico de Brasilia. Me entregó un pequeño libro impreso en la Políglota Vaticana:
«Notificación sobre el libro ‘Iglesia: carisma y poder, ensayos de eclesiología militante’». Me
dijo: «lea el texto mientras rezo en la iglesia de aquí al lado. Después hablamos». Leí
despacio. Me pareció un pastiche de frases, sacadas de aquí y allí, formando un sentido que
no correspondía a mi pensamiento. Volvió el representante del Nuncio y me preguntó: ¿acepta
o no acepta el texto? Le dije, sereno: acepto, porque el que está ahí dentro no soy yo. Hace
afirmaciones que yo también condeno. Pero ¿acepta?, insistió. Condenando, acepto, respondí.
Gracias a Dios, suspiró. Y le pregunté: «¿por qué tantas gracias a Dios?». «Porque si no
hubiera acogido el texto -confesó- tendríamos un grave problema eclesial y hubiera debido
imponerle las penas canónicas contenidas en este sobre».
Esperaba que con esto hubiera terminado todo, pero cuál no sería mi sorpresa cuando
días después un alto funcionario del Vaticano me dictaba, por teléfono, las penas: destituido
de la cátedra de teología, destituido como director de la revista Vozes, como redactor de la
Revista Eclesiástica Brasileira, e imposición de silencio obsequioso por tiempo indeterminado,
durante el cual no podría hablar en público ni publicar nada. Apoyándome en el derecho
canónico respondí: solamente acataré las penas cuando el documento oficial llegue a mis
manos. Tardó 20 días.
Obispos importantes me hicieron comprender que el problema era más politico que
doctrinal. Se trataba de refrenar el ímpetu liberador de la Conferencia Nacional de Obispos
de Brasil (CNBB) y yo era sólo el pretexto. Por eso, después de pensarlo bien, declaré:
«Prefiero caminar con la Iglesia que solo con mi teología». Apartaba el golpe contra la CNBB
y protegía a las CEBs y a la teología de la liberación.
Once meses después, debido a las numerosas presiones sobre el Papa, en la noche de
Pascua de 1986 fui liberado del silencio obsequioso y de las otras restricciones. Libre,
continué con mis múltiples actividades hasta que durante la Eco-92 de Río de Janeiro, el
Cardenal Baggio y el General de la Orden Franciscana me comunicaron que debía someterme
nuevamente al silencio obsequioso y renunciar a la enseñanza de la teología. Debería salir del
país y del continente. Me sugirieron conventos en Filipinas y Corea. También allí debería
guardar silencio obsequioso y las demás penas.
Pensé para mí mismo: los derechos humanos y el derecho inalienable de la libertad de
expresión también deben aplicarse a un teólogo. Y en razón de eso, con dolor, dije: cambio de
trinchera pero no de combate. No dejaré la Iglesia, sino una función dentro de ella. Seguiré
siendo teólogo y escritor, con un pie en la enseñanza y otro en los medios pobres y populares.
Asumí la cátedra de Ética, Filosofía de la Religión y cuestiones contemporáneas en la
Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ). En seguida pasé a enseñar como profesor
visitante en algunas universidades extranjeras, pero siempre con los pies aquí, mi campo de
acción.
Pasados veinte años, confieso que me esforcé mucho para que mi alma mantuviera la
grandeza de miras, tal como cantó el poeta: «Todo vale la pena si el alma no es pequeña».
85. El mundo no es redondo
Quien sigue día a día la crónica del mundo globalizado se llena frecuentemente de
abatimiento y tristeza. El panorama es dramático. Las tragedias se suceden sin cesar. Hay
demasiados calvarios, y la sangre de los inocentes se derrama por doquier. Lo que más duele
es constatar que existen los amantes de la guerra, henchidos de arrogancia, dispuestos a
usar la violencia sistemática para hacer valer sus intereses a lo ancho del mundo. Sobre esta
base pueden ganar elecciones, y dejan claro que no aceptan ser afrontados o desafiados por
nadie, en ninguna plano político, económico o militar. Están ahí marcando el carácter inédito
de la fase planetaria de la humanidad: o negociamos las diferencias que provocan conflictos
para garantizar la supervivencia de todos o aceptamos la eventual autodestrucción de la
especie humana. Están tan centrados en sí mismos, que ni se dan cuenta del dramatismo de
esta situación.
Esta tragedia nos hace pensar: ¿por qué tanto mal en las cosas y en las personas? En
definitiva, ¿a dónde vamos dentro de esta nave espacial pequeña, azul y blanca, la Tierra, que
gira por el espacio intersolar?
Para no desesperarnos tenemos que pensar. Lo primero que hay que hacer es asumir que
la dimensión de tragedia existe. Queramos o no, nos vemos confrontados con el mal concreto
y brutal. Y el mal es el límite de nuestra razón. Es sencillamente incomprensible y, al mismo
tiempo, inaceptable. Lo segundo es rechazar el mal y definirse como combatiente contra el
mal. El mal no está ahí para ser comprendido sino para ser combatido. Entendemos que el
grado más alto de humanidad consiste en empeñar la vida, y donarla si es preciso, contra los
poderes del mal. Nos negamos a aceptar que él tenga la última palabra. Si así fuera, entonces,
definitivamente, nada ya valdría la pena. Lo tercero es aceptar que el mundo no es redondo,
sino inacabado. Está naciendo, todavía no ha acabado de nacer. Nos toca a nosotros, luchando
contra el mal, hacerlo nacer acabado y mejor.
La figura histórica de Jesús de Nazaret, independientemente de la fe que tengamos,
tal vez pueda inspirarnos. Él se negó a explicar la tragedia humana y la presencia del mal. Eso
lo habría envuelto en discusiones sin fin, como se enredaron Sócrates y sus discípulos en el
ágora de Atenas. Pero no por eso Jesús dejó de luchar. Pasó su vida desenmascarando la
mentira, denunciando las ilusiones de la riqueza y combatiendo las injusticias. Y lleno de
compasión por los que sufrían, curaba y multiplicaba panes y peces. El evangelista Marcos
conserva lo mejor que se ha dicho de él: "pasó la vida haciendo el bien".
¿Qué lección debemos sacar de todo esto? Que la síntesis armoniosa nos es negada en
la historia. Los grandes relatos totales, los sistemas filosóficos cerrados, todos los caminos
espirituales que prometen la armonía completa son engañosos e ilusorios. Prometen lo que no
pueden dar. Lo que podemos y debemos hacer es tomar posición en este conflicto que
históricamente no encuentra su ecuación adecuada. Debemos estar decididamente contra el
mal. Esto implica estar contra nosotros mismos, pues notamos que él también nos habita.
Por eso somos seres ambiguos, cristos y anticristos, ángeles y demonios, pero podemos
y debemos optar por el cristo y por los ángeles buenos. Así entramos en la lucha y
reforzamos ese lado que, al final, creemos es el único que da sentido a la historia.
86. Placer sexual e Iglesia
Suele decirse que la Iglesia Católica tiene fobia sexual y que trata los temas de la
moral familiar y de la sexualidad con excesivo rigor. No falta razón al decirlo, pues la palabra
«placer» suscita en ella preocupaciones y si se trata de «placer sexual», sospechas. En
realidad ha educado más para la renuncia que para la alegre celebración de la vida.
Pero no siempre fue así. Dentro de la misma Iglesia hay tradiciones y doctrinas que ven
en el placer y en la sexualidad una manifestación de la creación buena de Dios, una chispa de
lo Divino, una participación en el propio ser de Dios. Esta línea se liga más bien a la tradición
bíblica que ve con naturalidad y hasta con entusiasmo el amor entre un hombre y una mujer,
con toda su carga erótica, como plásticamente lo describe el Cantar de los Cantares, con
senos, labios, vulvas y besos.
Esta línea, sin embargo, no prosperó en la cristiandad. Al contrario, predominó la
negativa por causa de la poderosa influencia que el genio de San Agustín (354-430) ejerció
sobre toda la Iglesia Romana. No cabe aquí identificar la base material y sociocultural que
permitió esta incorporación, pero hay que reconocer el carácter fuertemente negativo de su
visión, aunque de joven haya sido muy activo sexualmente, hasta el punto de haber tenido un
hijo, Deodato. En sus Soliloquios dice: «En cuanto a mí, pienso que las relaciones sexuales
deben ser radicalmente evitadas. Estimo que nada envilece tanto el espíritu de un hombre
como las caricias sensuales de una mujer y las relaciones corporales que forman parte del
matrimonio». ¿Puede una Iglesia que afirma el amor humano asumir tal doctrina?
Pero no debemos absolutizar la posición rigorista de la Iglesia oficial. Al lado de ella
también ha estado siempre presente la otra, positiva y animosa. En efecto, una ideología, por
más incisiva que sea, como la de San Agustín, no tiene fuerza suficiente para reprimir el
placer sexual, ya que éste se enraiza en propio misterio de la creación de Dios y, quiera la
Iglesia o no, siempre hará valer aquí y allí sus reclamaciones.
Para ilustrar la tradición positiva de la sexualidad cabe citar aquí una manifestación que
perduró en la Iglesia por más de mil años conocida con el nombre de "risus paschalis", de
"risa pascual". Representa la presencia del placer sexual en el espacio de lo sagrado, en la
celebración de la mayor fiesta cristiana, la Pascua. Se trata del siguiente hecho, estudiado
con gran erudición por una teóloga italiana, Maria Caterina Jacobelli (Il risus paschalis e il
fondamento teologico del piacere sessuale, Brescia 2004): para resaltar la explosión de
alegría de la Pascua en contraposición a la tristeza de la Cuaresma, el sacerdote en la misa de
la mañana de Pascua debía suscitar la risa en el pueblo. Y lo hacía por todos los medios, pero
sobre todo recurriendo al imaginario sexual. Contaba chistes picantes, usaba expresiones
eróticas y simulaba gestos obscenos, remedando relaciones sexuales. Y el pueblo reía y reía.
Esta costumbre se encuentra ya en 852 en Reims, Francia, y fue extendiéndose por todo el
Norte de Europa, Italia y España, hasta 1911 en Alemania. El celebrante asumía la cultura de
los fieles en su forma más popular, plebeya y obscena. Para expresar la vida nueva inaugurada
por la Resurrección, decía esta tradición, nada mejor que apelar a la fuente de donde nace la
vida humana: la sexualidad con el placer que la acompaña.
Se puede discutir la conveniencia de este método, pero no deja de revelar la existencia
en la Iglesia de otra postura, positiva y alegre, frente a la sexualidad.
87. Paradigma de la paz mundial
Son pocos los amantes de la paz, mientras que abundan los obsesionados por la guerra.
Necesitamos fuentes inspiradoras de paz. Una de las más consistentes fue la formulada por
Immanuel Kant (+1804). Vale la pena volver a ella en su escrito de 1795, que lleva el sugestivo
título de «La paz perpetua» (Zum ewigen Frieden). Kant propone una república mundial
(Weltrepublik) fundada en la ciudadanía mundial (Weltbürgerrecht). Esta ciudadanía mundial
tiene como primera característica la «hospitalidad general», porque, dice el filósofo, porque
todos los humanos están sobre el planeta Tierra y todos sin excepción tienen derecho a estar
en ella y a visitar sus lugares y los pueblos que la habitan. La Tierra pertenece
comunitariamente a todos.
Esta ciudadanía se rige por el derecho, nunca por la violencia. Kant postula la supresión
de todos los ejércitos, pues, mientras existan, continuarán las amenazas de los fuertes
contra los débiles y las tensiones entre los Estados, lo que destruye las bases de una paz
duradera.
El imperio del derecho y la difusión de la hospitalidad deben crear una cultura de los
derechos que dé lugar de hecho a la «comunidad de los pueblos». Esta comunidad de los
pueblos, dice Kant, puede crecer en su conciencia tanto, que la violación de un derecho en un
punto de la Tierra se sienta en todos los demás, cosa que más tarde repetirá por su cuenta
Ernesto Che Guevara.
Frente a los pragmáticos de la política -generalmente faltos de sentido ético en las
relaciones sociales- subraya: «La ciudadanía mundial no es una visión fantasiosa, sino una
necesidad exigida por la paz duradera». Si queremos una paz perenne y no sólo una tregua o
una pacificación momentánea, debemos vivir la hospitalidad y respetar los derechos.
Esta visión ético-política de Kant fundó un paradigma de globalización y de paz. La paz
resulta de la vigencia del derecho y de la cooperación jurídicamente ordenada e
institucionalizada entre todos los estados y pueblos. Los derechos son para Kant «la niña de
los ojos de Dios» o «lo más sagrado que Dios puso en la tierra». Respetarlos hace nacer una
comunidad de paz y de seguridad que pone un fin definitivo «al infame hacer la guerra».
Diferente es la visión de otro teórico del estado y de la globalización, Thomas Hobbes
(+1679), para quien la paz es un concepto negativo. Significa, simplemente, ausencia de guerra
y equilibrio de la intimidación mutua entre los Estados y pueblos. Esta visión funda otro
paradigma de paz y de globalización. Ha predominado durante siglos y hoy vuelve
poderosamente tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Estados Unidos ha decidido
combatir el terrorismo con la guerra, despreciando la perspectiva de la paz. Ha instaurado un
régimen de seguridad nacional e internacional con la lógica perversa que le subyace:
sospechar de todos. Un árabe o un musulmán ya es un eventual terrorista.
En nombre de la seguridad se suprimen derechos constitucionales, timbre de honor de
la democracia estadounidense. Los acusados de terrorismo son encarcelados y mantenidos en
lugares secretos, a veces fuera del propio país, incomunicados, sin posibilidad de acceso a sus
familias, ni a sus abogados, ni siquiera a la Cruz Roja internacional. Y se da la tortura. Aún
más: propone medidas militares preventivas, coopera con los organismos internacionales sólo
en la medida en que ello sirva para reforzar su posición, tratando de instrumentalizarlos
como ha hecho con la ONU y su Consejo de Seguridad.
Es la vuelta amenazadora del Estado-Leviatán, enemigo visceral de cualquier estrategia
de paz. Dentro de esta lógica no hay futuro para la Paz ni para la Humanidad.
88. Violencia del imperio
Todos los días asistimos, horrorizados, a la violencia en Irak y a las declaraciones del
espíritu belicoso del Presidente G. Bush, y también de su contrincante J. Kerry con pequeños
matices. Tal violencia está inscrita en el espíritu imperial arraigado en la cultura occidental.
Ésta siempre fue imperialista, imponiéndose sobre todos los diferentes. En el siglo XVI tuvo
lugar en América Latina el mayor genocidio de la historia, el de los colonizadores europeos.
Bastaron 70 años de enfrentamientos militares, enfermedades y trabajos forzados para
reducir la población de México de casi 22 millones de personas a sólo 1 millón 700 mil.
¿Por qué esta indescriptible violencia en personas de la vieja cristiandad? Porque
interpretaron al indio como no-persona, ser inferior y semi-racional que puede ser
esclavizado. Según Aristóteles que formó la inteligencia europea, es un «esclavo natural» al
servicio de los hombres libres. Es paradigmática la famosa «Disputa de Valladolid» en 1550,
en presencia del Emperador español Carlos V, entre Juan Ginés de Sepúlveda, renacentista y
consejero de la Corte, y Bartolomé de las Casas, misionero y tenaz defensor de los indios.
La cuestión central era: ¿se puede hacer «guerra justa» contra los indios, por el hecho
de que se resisten a la fe cristiana y son reacios a someterse al rey, que ha sido puesto por
Dios como señor del mundo?
Sepúlveda sostiene que los indios son seres brutales y «esclavos naturales». Por su
propio bien deben ser incorporados a la comunidad cristiana, a la fuerza. Si se resisten es
lícito hacerles la guerra justa y, si llegara el caso, eliminarlos. Esto no es homicidio ni falta
de amor, pues son ellos con su resistencia quienes se hacen culpables de su propia
destrucción.
Las Casas, que se distinguió por el respeto, la convivencia y el diálogo, se oponía a toda
violencia, pues, decía, son seres racionales, con cultura, y son hijos de Dios.
El primer documento que un Papa, Paulo III, escribió para América Latina, la bula
Sublimis Deus, de 1537, fue para reafirmar que los indios son «verdaderos seres humanos,
que no deben ser privados de su libertad, ni de la propiedad de sus pertenencias, ni deben
ser reducidos a la esclavitud».
Pero esa bula nunca fue hecha pública en la colonia, pues deslegitimaba la expropiación
de las riquezas en oro y plata llevadas por toneladas a Europa, donde sirvieron de base
material para el surgimiento del capitalismo como primera expresión de un proyecto mundial,
con sus perversos efectos.
Esta voluntad de exterminio del otro también estaba presente en los comienzos de la
colonización italiana y alemana en el sur de Brasil. Las empresas de colonización y los colonos
«limpiaban el terreno». Organizaban los fines de semana grupos de exterminio de los
llamados «bugres», que eran los indígenas Kaigang y los Xokleng. Los abatían a tiros o los
degollaban con machete sin el menor escrúpulo, como relatan en sus investigaciones Piero
Brunello (Pioneri. Gli italiani in Brasile e il mito della frontiera, Donzelli, Roma 1994) y Sílvio
Coelho dos Santos (Os indios Xokleng, memória visual, UFSC, Florianópolis 1997). Es el mismo
gesto asesino de nuestro antepasado el homo sapiens, que hace 30 000 años exterminó al
hombre de Neanderthal.
Siempre se buscan razones para la violencia. Ayer los indios, hoy los terroristas.
Mañana... ¿no podrían ser los brasileros, incapaces de defender la Amazonia, que tiene una
importancia estratégica para el Planeta? Lamentablemente, entra dentro de la lógica de la
violencia imperial el que, algún día, sea «internacionalizada». ¿Sabremos oponernos
eficazmente?
89. Peligros del centro
Cada elección hace pensar. Por mi parte pensé sobre los
peligros del centro. Partidos de izquierda, como el PT, cuando
asumen el poder de Estado se vuelven forzosamente centro, con las
ventajas y los peligros que todo centro encierra. Ventajas, porque al
centro le corresponde gobernar, definir la agenda del país, retener el
derecho de la decisión final, si fuera el caso, hasta usar
legítimamente la fuerza y obligar día tras día a los medios de
comunicación a ocuparse de él. Pero también existen peligros, tan
grandes como las ventajas: peligro de autosuficiencia, de no
escuchar otras voces, de pasar por encima de minorías internas, de
atropellar el papel de la oposición, de ver solamente lo que le
interesa, de proclamar únicamente sus hechos y victorias.
Pero el talón de Aquiles del centro, su mayor peligro es tener
poca autocrítica y ninguna duda sobre sí mismo. Ahora bien, no
tener ninguna duda es al mismo tiempo fascinante y amenazador.
Fascinante, pues es de la esencia del centro mostrar convicciones
firmes cuando casi todo a su alrededor es cuestionable. No tener
dudas hace obrar de forma cohesionada y determinada, encuadrando
problemas y personas. Es también amenazador, porque las personas
que ocupan el centro no son omniscientes, omnipotentes ni
infalibles, aunque muchas veces se lo crean. También están
sometidas a los límites de la condición humana. Límites en su poder
porque simplemente no lo pueden todo y encuentran resistencias por
todas partes, especialmente por parte de la burocracia estatal;
límites en su inteligencia, porque no pueden ver todo bajo todos los
ángulos, pues también vale para ellas el hecho de que todo punto de
vista es siempre la vista desde un punto, por más central que sea;
límites en su vocabulario, porque no pueden dar a las palabras el
sentido que les interesa violentando a veces el diccionario; límites en
sus referencias, porque no están en condiciones de controlar todos
los factores y prever la imponderabilidad de la historia que
Maquiavelo llama «fortuna»; y límites en su visión, porque también
para ellos vale la constatación de que la cabeza piensa a partir de
donde pisan los pies, a partir del centro, con una irresistible
tendencia a ser conservador y contrario a cambios.
¿Cómo disminuir las limitaciones del centro para que no sea
perjudicial para la sociedad, la democracia y los ciudadanos? La
mejor forma es garantizar instancias de contrapoder y, en casos
extremos, hasta de antipoder. Su función es mantener el centro bajo
permanente crítica y control. La democracia es la forma
estructurada de esta práctica terapéutica, cosa que la Iglesia
Católica, por ejemplo, nunca consiguió aplicar en sus relaciones
internas porque su centro acumula todo en pocas manos y excluye a
la mayoría que son mujeres y laicos.
Estas instancias obligan al centro a entenderse correctamente,
como si fuera una encrucijada. Si es solamente centro, sucumbe a
sus límites y se vuelve autoritario. Si acepta ser encrucijada, no
renuncia a ser centro, pero sabe que a partir de él convergen y salen
otras tantas vías con direcciones propias. Son formas diferentes de
poder, aliadas o de oposición, pero todas al servicio de la buena
circulación de la ciudadanía que da vida a la sociedad. Ésta nunca
está acabada, es siempre perfectible, cosa que al centro no le gusta
admitir. Por eso tiene tantos problemas. Es una bicicleta con la
"rueda" de delante cuadrada. Razón por la cual le es difícil andar.
90. El Dios de Bush y de Bin Laden
A pesar de la crítica devastadora que los maestros de la
sospecha Marx, Freud, Nietzsche y Popper hicieron de la religión,
ella resistió y está volviendo poderosamente en todas partes del
mundo. Pero vuelve, en gran parte, haciendo de Dios el legitimador
de la guerra, del terrorismo o del conservadurismo político y
religioso. Bin Laden comenta los actos de terror, con rostro crístico,
agregando: "Alá sea alabado". Bush antes de dar el ultimátum a
Saddan Hussein, se recoge, consulta a Dios en oración y comunica a
sus asesores: "Tengo una misión que cumplir y pido al buen Dios de
rodillas que me ayude a cumplirla con sabiduría". Bajo el pontificado
de Juan Pablo II ha adquirido fuerza una religiosidad carismática y
fundamentalista que danza y canta el "Padre Nuestro" sin articularlo
con el "Pan Nuestro". El Dios de Bin Laden y de Bush es un ídolo
porque no es posible que el Dios vivo y verdadero quiera lo que ellos
quieren: la guerra preventiva y el terror que victiman inocentes o
que quiera un tipo de fe que no articula la pasión por Dios con la
pasión por los que sufren.
El ateísmo ético tiene razón al negar este tipo de religión con el
Dios que la acompaña, que justificó otrora las cruzadas, la caza de
brujas, la inquisición y el colonialismo y hoy la guerra en Irak, el
terrorismo islámico y la moral sin misericordia. Es más digno ser
ateo de buena voluntad, amante de la justicia y de la paz, que un
religioso fundamentalista insensible a la ética de la vida.
¿Es posible todavía creer en Dios en un mundo que manipula a
Dios para atender a intereses perversos del poder? Sí, es posible, a
condición de ser ateos de muchas imágenes de Dios que entran en
conflicto con el Dios de la experiencia de los místicos y de la piedad
de los puros de corazón.
Entonces, hoy la pregunta es: ¿Cómo hablar de Dios sin pasar
por la religión? Porque hablar religiosamente como Bin Laden y Bush
hablan es blasfemar de Dios. Pero podemos hablar secularmente de
Dios sin mencionar su nombre. Como bien decía mons. Casaldáliga,
si un opresor dice Dios, yo le digo justicia, paz y amor, pues éstos son
los verdaderos nombres de Dios que él niega. Si el opresor dice
justicia, paz y amor, yo le digo Dios, pues su justicia, su paz y su
amor son falsos.
Podemos hablar secularmente de un fenómeno humano que,
analizado, remite a la experiencia de aquello que Dios significa.
Pienso en el entusiasmo. En griego, de donde esta palabra deriva,
entusiasmo es enthusiasmós. Se compone de tres partes: en (en) thu
(abreviación de theós=Dios) y mos (terminación de sustantivos).
Entusiasmo significa, pues, tener un Dios dentro, ser tomado por
Dios. ¿No es una intuición fantástica?
¿No es justamente eso el entusiasmo?, ¿esa energía que nos
hace vivir, canturrear, caminar saltando, bailar e irradiar vitalidad?
Es una fuerza misteriosa que está en nosotros pero que también es
mayor que nosotros. Nosotros no la poseemos, es ella quien nos
posee. Estamos a merced de ella. Entusiasmo es esto, el Dios
interior. Viviendo el entusiasmo en este sentido radical estamos
vivenciando la realidad de eso que llamamos Dios.
Esta imagen es aceptable porque Dios está próximo y dentro de
nosotros, pero también distante y más allá de nosotros. Bien decía
Rumi, el mayor místico del Islam: "Quien ama a Dios no tiene
ninguna religión, a no ser Dios mismo". En estos tiempos de idolatría
oficial hay que rescatar este sentido originario y existencial de Dios.
Sin pronunciar su nombre, lo acogemos reverentemente como
entusiasmo que nos hace vivir y nos permite la alegre celebración de
la vida.

91. ¿Dónde encontrar esperanza?


Seguramente, la victoria del Presidente Bush y el
nombramiento de C. Rice como Secretaria de Estado habrá
producido un gran abatimiento en millones de personas en todo el
mundo. ¿Cómo es posible que la mayoría de los electores ratificase
la línea política de Bush/Cheney, que prevé afrontar la violencia con
más violencia y promete intervenir en cualquier parte del mundo
donde los intereses estadounidenses estén en juego? Es la suprema
arrogancia del imperio que por primera vez ha adquirido
dimensiones realmente planetarias.
Pero hemos aprendido de la historia que no hay imperio que
dure mil años -eso es cosa de nazis- ni imperio de un siglo -eso es
cosa de los ultraconservadores, tanto más ávidos de poder cuanto
más cortos de visión. Todo imperio es derribado, no por otro imperio
más fuerte, sino por el ansia de libertad de los ciudadanos y por el
sentido de dignidad de los pueblos, que es más fuerte que la
dominación.
Y no nos olvidemos de Brasil... Algunas derrotas electorales
trajeron decepciones para muchos, derrotas que representan una
respuesta del pueblo a la tasa de iniquidad social que la
macroeconomía del equipo económico produjo. Es verdad que las
exportaciones crecieron, pero en parte crecieron también a causa
del superávit primario, el desempleo y el empobrecimiento del
pueblo a niveles peores que los de Etiopía, según los que conocen
Brasil y Etiopía.
Honestamente, y angustiados, nos preguntamos: ¿qué hacer con
este mundo de dentro y de fuera? ¿Dónde encontrar esperanza?
Tengo para mí que esta esperanza no puede venir de aquellas
instancias que están produciendo la destrucción de la esperanza.
Depositamos demasiadas expectativas en ciertos partidos de
extracción popular y en sus líderes carismáticos llegados al poder.
En vez de coraje para lo nuevo, como habían prometido, se volvieron
rehenes de la lógica del sistema, con el argumento de que en todo
caso debían evitar el caos del sistema. Pero lo que realmente ocurre
es que el caos social ya se instalado, y se agrava cada día. O la
economía es para superar el caos social, o es una forma perversa de
continuada victimación de los pobres en el altar del dios Mammón.
Una sociedad mínimamente ética no puede aceptar esta perversidad.
Que no se espere nada de esta política de los mercados.
¿Vamos a beber esperanza en las religiones, en las Iglesias...
como Ernst Bloch con razón decía: «donde hay religión hay
esperanza»? De hecho, para los realmente pobres, las iglesias se
convirtieron en su refugio, el lugar donde beben alguna esperanza,
aunque milagrera, apartada de los procesos históricos y de los
compromisos de cambio social. Pero al menos encuentran alguna
razón para vivir. Lamentablemente, para muchas de estas iglesias
vale aquel dicho español: «entre Dios y el dinero, el segundo es
primero».
La fuente de la esperanza se encuentra en las víctimas mismas.
La esperanza es la única cosa que les sobra, esperanza de que, por
adversa que sea la realidad, algo bueno va a salir de ella. Son
portadoras de la utopía mínima de que, un día, todos van a poder
comer, vivir en una casa, ir al médico cuando estén enfermos,
mandar a sus hijos a la escuela y tomar su cervecita con los amigos
el viernes por la tarde y, quién sabe... tener una jubilación que les
deje tranquilos. Y, por fin, eso piensan los pobres sí, no Bush, ni Blair
ni nuestras élites, que es posible a la humanidad entirse una familia,
habitando todos juntos en el planeta Tierra, como hermanos y
hermanas. ¿No son ellos quienes nos recuerdan que la «esperanza es
la última que muere»?
92. El otro lo es todo
Occidente siempre ha tenido una dificultad para acoger al otro.
Su estrategia predominante ha sido negarlo, ya sea mediante la
incorporación, el sometimiento o la pura y simple destrucción. El
carácter imperial de Occidente se funda en su presunción de ser el
mejor en todo, la punta más avanzada del espíritu en el mundo, como
escribió Hegel.
Pero en Occidente encontramos también otra vertiente que lo
cura de esta arrogancia: la tradición judeocristiana. En esta
tradición el otro es todo porque a través de él se da el amor y en él
se esconde Dios, que también se hizo otro. En dicha tradición se
dice: «Haz justicia al huérfano y a la viuda... Amad también al
extranjero pues fuisteis extranjeros en Egipto» Todos estos son el
otro, el otro más otro, por oprimido.
Incluso para quien no tiene fe, esta tradición posee una
relevante función humanizadora, pues establece con el otro una
relación constructiva e inclusiva. En el fondo, todo pasa por el otro,
pues sin el diálogo con el tú no nace el verdadero yo, ni surge el
nosotros que crea el espacio de la convivencia y de la comunión. La
exclusión del otro está en la base del terror moderno, ya sea
económico o político-militar.
La relación con el otro suscita la responsabilidad. Es la eterna
pregunta de Caín, el asesino de Abel: «¿Acaso soy yo el responsable
de mi hermano?» Sí, situados ante el otro, ante su rostro y sus
manos suplicantes, no podemos evadirnos: tenemos que responder.
Eso es lo que significa la palabra responsabilidad, dar una respuesta
al otro.
El otro hace surgir en nosotros la ética. Nos obliga a una actitud
de acogida o de rechazo. La ética es la filosofía primera, al decir de
Emmanuel Lévinas.
La mayoría de las filosofías de Occidente se centran en la
identidad, dejando poco espacio para la alteridad. Por eso la ética
está siempre de más. Esta carencia tomó una forma trágica, por
ejemplo en el filósofo Martin Heidegger, en quien se notó un
lastimoso vacío de la dimensión ética. Para él, el ser humano es el
«pastor del ser», no el «guardián de su hermano». Habiéndose
adherido al nazismo cuando era rector de la universidad de
Friburgo, y confrontado más tarde al hecho, sólo supo decir: «antes
vestí camisa marrón [la de los nazis], pero fue un error». ¿Sólo un
error?
Para todos los que hemos aprendido tanto de su pensamiento
genial, tal frase suena desprovista de sentimiento de responsabilidad
y, por eso, de densidad ética. Lo que hubo, en realidad, fue más que
un error; fue falta de ética, principalmente al tolerar que profesores
judíos -o sospechosos de serlo- fuesen destituidos de sus cátedras, y
por haber hecho poco o nada para salvar a su maestro y orientador
Edmund Husserl.
El mundo no está formado solamente por personas que yerran y
se equivocan. Lamentablemente, también está formado por personas
culpables y anti-éticas, que no saben dar al otro una respuesta
responsable. Por eso hay tragedias en la historia.
Este legado occidental de la tradición judeocristiana, centrada
en el otro, nos ofrece una de las bases para la convivencia posible y
necesaria en el mundo globalizado. La base debe ser ética más que
política. Una coalición de valores que se funde en la hospitalidad y
en la acogida incondicional del otro en cuanto otro, en el respeto a
su cultura y la disposición a hacer una alianza duradera con él. O
hacemos esto o perderemos las razones para vivir juntos en la misma
Casa Común. Y, en ese caso, sí podríamos ir fatalmente al encuentro
de lo peor.
93. Alianza Tierra-Agua
La cuestión agraria en Brasil nunca se resolvió, porque la
dominación del latifundio, articulada con la política y los medios de
comunicación, siempre consiguió debilitar, aislar y fragmentar a las
clases populares en el campo, a excepción del MST. Toleró sólo
luchas reivindicativas, o aceptó políticas públicas meramente
compensatorias, pero nada verdaderamente transformador. Las
clases populares nunca consiguieron formar un frente amplio para
presionar al Estado a aplicar lo que prescribe la Constitución en su
artículo 184: «Compete a la Unión expropiar por interés social para
fines de reforma agraria, el inmueble rural que no esté cumpliendo
su función social».
La Unión, incluso bajo la administración del PT, nunca dio la
urgencia necesaria a la reforma agraria. No haría falta tomar tierra
de nadie, bastaría utilizar los 250 millones de hectáreas de tierras
desocupadas o los 285 millones de hectáreas de latifundios
improductivos, según datos del Incra. Hay tierra para muchas
reformas agrarias, si el Estado realmente quisiera, como quiso la
reforma de la Seguridad social y la Reforma tributaria. No sólo no se
hace la Reforma agraria, sino que ha crecido el latifundio más de dos
mil hectáreas: entre 1992 y 1998 se amplió en 56 millones de
hectáreas, lo que representa tres veces más que los 18 millones de
hectáreas que el gobierno de Fernando Henrique Cardoso expropió
en 8 años de administración. El consorcio madera - ganado bovino -
producción de granos, avanza Amazonia adentro, provocando talas y
quemas nunca antes vistas. Sólo entre agosto de 2002 y agosto de
2003 han sido talados y quemados 23.750 km cuadrados. Como
resultado de esto -junto a otros factores- Brasil emite anualmente
200 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, tanto
como el primer mundo se ha dispuesto a disminuir.
Frente a esta perversidad social y ecológica cobra importancia la
«Conferencia Nacional Tierra y Agua: Reforma agraria, democracia y
desarrollo sostenible», que ha reunido a diez mil campesinos de todo
el país, en Brasilia, los días 22 a 25 de noviembre. Por primera vez se
ha logrado un frente amplio con 45 entidades que se comprometen
con la reforma agraria y la justicia en el campo, intentando modificar
la correlación de fuerzas con el latifundio y el agronegocio. Estas
entidades se han dado cuenta de que manteniendo el actual modelo
macroeconómico se hace imposible la reforma agraria y la garantía
de soberanía alimentaria. Como tema de reflexión han escogido
perspicazmente la Tierra y el Agua, dos bienes fundamentales que
desenmascaran la lógica perversa del sistema imperante entre
nosotros y en la globalización. Este sistema todo lo convierte en
mercancía y oportunidad de lucro. Ahora bien, tierra y agua son
bienes singulares. De ellos depende la supervivencia de la naturaleza
y de la humanidad. Más que recursos, son bienes naturales, vitales e
insustituibles. No pueden convertirse en mercancía en manos de
unos pocos. Es preciso que conserven su destino universal. El
agronegocio, volcado a la exportación, lo que más necesita es tierra
y agua. Los dólares que gana ayudan al gobierno en su estrategia de
estabilidad, que no es otra que la de alcanzar un endeudamiento
sostenido. Pagaremos la deuda e(x)terna a condición de seguir
matando y talando, no haciendo la reforma agraria y manteniendo la
exclusión social de millones de personas.
Estas entidades no aceptan este destino trágico para el Pueblo.
Ellas son las portadoras del sueño de un Brasil diferente, no el
gobierno. La esperanza ha abandonado el Planalto [donde está la
Casa de Gobierno de Brasil] y ha vuelto al llano.
94. Macroeconomía y macrosociedad
Hay un malestar innegable dentro y fuera del gobierno
brasileño en referencia a la apuesta macroeconómica asumida por el
Presidente Lula. Están en conflicto dos perspectivas, cada una con
su lógica y su discurso correspondiente.
Una mirada se fija en la economía, y aduce los siguientes
hechos: tras la severa política fiscal, se está dando un innegable
crecimiento económico, un control sobre la inflación y el dólar, una
baja en la relación del PIB con la deuda, un pago sostenido de la
misma, una buena balanza comercial y aumento de empleos.
La otra perspectiva se fija en la sociedad y pone de relieve los
datos del Informe de 2002 sobre los derechos humanos en Brasil ,
que son para asustarse. Casi todos los items negativos se han
mantenido o han empeorado: degradación del valor real de los
salarios, violencia en el campo y en la ciudad, trabajo esclavo,
retraso en la demarcación de las áreas indígenas, morosidad en la
reforma agraria y desmovilización política de los movimientos.
El análisis crítico muestra que la crisis social es, en parte, el
precio que se paga por el éxito económico. Pero entonces, ¿para qué
sirve un crecimiento económico sin desarrollo social? Lo que
ganamos en la economía no repercute en forma de beneficios
sociales para las grandes mayorías empobrecidas y excluidas. Quien
ganaba, gana ahora mucho más.
No se ha dado el cambio necesario y prometido. ¡Cuántos
esperábamos que un hijo del caos social, sobreviviente de la
tribulación histórica de los humillados y ofendidos de nuestro
pueblo, pusiese por fin en marcha el cambio liberador! Con esa
bandera consiguió ser elegido. Y al llegar allá, cambió de programa.
Las élites nacionales y mundiales ha logrado arrastrarlo a su lógica,
hacia el modelo neoliberal dominante. Pero quien acepta entrar por
esa puerta, está perdido. En su fachada bien se podría poner la frase
que Dante puso en la entrada del infierno: «Dejen toda esperanza los
que aquí entren». Allí sólo cuentan los intereses del capital. Y él que
representaba a los trabajadores...
Sinceramente, ¿qué esperábamos? Esperábamos que él, con la
baza que tenía por la historia de su vida y por la novedad del Partido
de los Trabajadores, pudiera dar inicio a la superación del
neoliberalismo mediante una renegociación con el FMI sobre las
formas de pagar la Deuda externa. Esperábamos sometiese a las
élites multimillonarias dominantes a la lógica de las políticas
sociales, para que comenzasen a pagar la deuda social secular que
ellas tienen para con el pueblo. De todo eso, poco se ha realizado. Ha
sido víctima de la política rancia de las élites que el querido
historiador José Honório Rodrigues describió bien: «Tratan siempre
de reconciliarse entre ellas mismas, antes que conceder nada al
pueblo».
Estamos tristes por nosotros mismos: o porque fuimos ingenuos,
o porque no llegamos a acumular fuerza suficiente como para
imponer nuevos rumbos al país, o porque todavía no hemos
conseguido crear un líder que tenga coraje para este cambio
innovador.
Confío todavía en la persona de Lula. Él es honesto, y jamás
traicionaría sus sueños. Infelizmente, ha escogido personas y medios
inadecuados para realizar aquellos sueños. Pero es carismático, y
puede cambiar, siempre que entienda aquello que siempre predicó:
el capitalismo sólo es bueno para el capitalista, nunca para el
trabajador. Éste necesita otro tipo de economía, en la que no sea sólo
beneficiario, sino actor.
95. Dificultades para el crecimiento con
inclusión
El Gobierno brasileño escogió para 2005 el lema «crecimiento
económico e inclusión social con democracia». El propósito es
sincero y honesto. ¡Cómo desearíamos que así sea! Pero analizando
la agenda se nota la falta de una perspectiva crítica de fondo sobre
las dificultades que se esconden tras del crecimiento económico. La
visión que se tiene del problema es anticuada, no ha incorporado la
crítica de los últimos 30 años.
Hay que tener en cuenta que hace cuatro siglos que el
«crecimiento» representa la ideología dominante en todas las
sociedades llamadas modernas. Dicha ideología se construyó sobre
un supuesto: que los recursos de la naturaleza y el crecimiento hacia
adelante serían ilimitados. Pero ese supuesto es ilusorio: los recursos
son limitados, pues escasean cada vez más, y el crecimiento hacia
delante también es limitado, porque si lo extendiésemos a toda la
humanidad, necesitaríamos tres Tierras semejantes a la nuestra, lo
que es evidentemente absurdo. La historia de estos cuatro siglos ha
mostrado que, dejado a su lógica interna, el crecimiento implica
explotar a las clases, crear perversas desigualdades sociales,
someter países, devastar la naturaleza y, hoy, poner en riesgo la
sostenibilidad de la Tierra.
Pongamos el ejemplo del agronegocio más agresivo. Avanza
matando y talando, destruyendo la biodiversidad, obstruyendo
manantiales y riachuelos, envenenando suelos, contaminando aguas,
expulsando del campo y del bosque a los pueblos. Da empleo a poca
gente, pues utiliza técnicas avanzadas controladas incluso por
satélite, y benefica a pocas empresas nacionales y transnacionales,
que destinan sus productos a la exportación. En 2004 absorbió el
crédito de 39 mil millones de dólares, mientras la agricultura
familiar, responsable del 60% de lo que comemos, recibió sólo 7 mil
millones. Y lo que es más grave: bloquea el desarrollo social. Márcio
Pochman, uno de los investigadores que más entiende de
ccrecimiento y empleo en Brasil, nos ha proporcionado los datos:
entre 1980 y 2000 las familias ricas en Brasil pasaron de 1’8% a
2’4%. El ingreso medio de las familias ricas comparado con la media
del total de las familias pasó de 10 a 14 veces mayor. Por la lógica de
las cosas, esta proporción actualmente se habrá mantenido, incluso
agravado. El empleo ha aumentado, pero el 54% de los nuevos
empleados reciben como máximo 1’5 salarios mínimos, salarios de
pobreza. Quiere ello decir: el crecimiento económico por sí solo
beneficia a aquellos que ya tienen, a costa de aquellos que no tienen.
Por ese camino no hay posibilidad de inclusión social. Necesitamos
signos que apunten a rumbos nuevos de una economía que
realmente sea capaz de incluir.
Para ello tenemos que partir de otro pensamiento. No podemos
ya tratar la naturaleza y la Tierra como un baúl de recursos, pues
esa actitud puede destruir las condiciones mismas de la vida.
Tenemos que asumir estratégicamente la ecología (que no es el
«medio ambiente», sino el «ambiente entero»), que nos enseña que
todos somos interdependientes, que la relación para con la Tierra no
puede ser sólo de explotación sino de respeto y cooperación, que la
persona humana es el primer destinatario del desarrollo. Siempre la
Tierra cuido de nosotros, dándonos todo lo que necesitábamos. Pero
la herimos tanto que ahora nos toca a nosotros cuiidar de ella para
que pueda continuar cuidándonos. Concretamente: el ministro de
Hacienda Palocci necesita incorporar la perspectiva de la ministra
del Medio Ambiente, Marina Silva. Sólo entonces será psosible un
crecimiento verdadero, que pueda servir de base para un desarrollo
con inclusión, ecológico y democrático.

96. Espíritu de Navidad


Un joven de unos 20 a 22 años, de nombre José (viejo sólo para
los apócrifos, escritos 300 años después de los evangelios), que vivía
en Nazaret, en el norte de Palestina, tuvo que desplazarse al Sur, a
Belén, a fin de registrarse en un censo. Llevaba a su esposa María,
ya embarazada de nueve meses. Llegando al lugar, María entró en
dolores de parto. José buscó en las posadas de los alrededores y
explicó su urgencia. Pero todos decían: «no hay sitio». No tuvo otra
alternativa que buscar un rincón que fuera mínimamente seguro.
Encontró una gruta en la que los animales se protegían contra el frío
de aquella época del año. Allí, en una gruta. María dio a luz a un
niño, llamado primero Enmanuel y más tarde Jesús. Y he ahí que
ocurrió algo sorprendente, algo realmente lleno de magia, un factor
que siempre da encanto a la historia, que no se rige por los cánones
fríos de la racionalidad, sino por lo imprevisto y lo imponderable. Por
eso la historia tiene sabor...
He aquí que irrumpió una claridad inmensa, algo así como una
estrella que planeó sobre aquella gruta. La vaquita que mugía bajito
y el asno que rebuznaba se quedaron inmóviles. Fuera, las hojas que
arrastraba el viento, se paralizaron. Las aguas del río, que corrían,
se estancaron. Las ovejas que bebían, quedaron inertes. El pastor
que había levantado el cayado hacia lo alto, quedó como petrificado.
Un profundo silencio y una paz serenísima se apoderó de toda la
naturaleza. Fue en ese exacto momento en que vino a este mundo el
divino Niño. Inmediatamente después, se oyeron voces del cielo,
captadas por los que estaban atentos: «Gloria a Dios en las alturas, y
paz en la tierra a todas las personas de buena voluntad».
El impacto de este acontecimiento fue tan grande que nunca
más ha podido ser olvidado. Dos mil años después todavía es
recordado y celebrado, de una u otra forma, en todo el mundo. Es la
magia de la Navidad. Ha sido secularizada por el Papá Noel, y ha
entrado en el mercado con los regalos de Santa Claus. Pero nadie ha
conseguido todavía destruir el espíritu de la Navidad. Se trata un
aura bienhechora que es preciso conservar, pues nos hace más
humanos. ¿Cuál es ese espíritu?
Primero, que Dios es principalmente una Criatura, y no sobre
todo Creador y Juez severo. Una Criatura no amenaza a nadie. Es
sólo vida, inocencia y ternura. Más que ayudar a otros, necesita ser
ayudada y acogida. Si imagináramos a Dios así, no tendríamos que
temer. Llenémonos de confianza.
Segundo: el ser humano, por malo que sea, debe esconder un
valor muy grande, si Dios ha querido ser uno de ellos. Bien me dijo
un día un esquizoide: «Cada vez que nace una criatura, es la prueba
de que Dios todavía cree en la humanidad». Dios creyó tanto, que
quiso nacer criatura frágil, con los brazitos enfajados, para no
amenazar a nadie.
Finalmente, la Criatura divina nos recuerda lo que somos en la
profundidad de nuestro ser: una eterna criatura. Crecemos y
envejecemos. Pero guardamos allá dentro la criatura que nunca
dejamos de ser. La criatura representa la creencia de que es posible
un mundo diferente, de inocencia, de mirada sin malicia y de pura
alegría de vivir. ¿Podríamos vivir sin ese sueño?
Divino Infante: ¡realiza en nosotros este destino!
¡No dejes que muera en nosotros la esperanza!
¡No olvides que fuiste, como nosotros, un niño!
¡Nace de nuevo en nosotros como una Criatura!
97. Rejuvenecer como águilas
Más que hacer un balance de 2004 es importante mirar hacia
dentro de nosotros mismos e identificar las energías que
necesitamos para enfrentar los desafíos de 2005. Pensando en esto,
me acordé de un mito de la antigua cultura mediterránea sobre el
rejuvenecimiento de las águilas. De tiempo en tiempo, reza el mito,
el águila, como la fénix egipcia, se renueva totalmente. Vuela cada
vez más alto hasta llegar cerca del sol. Entonces las plumas se
incendian y toda ella comienza a arder. Cuando llega a este punto, se
precipita desde el cielo y se lanza cual flecha en las aguas frías del
lago. A través de esta experiencia de fuego y agua, la vieja águila
rejuvenece totalmente. Vuelve a tener plumas nuevas, garras
afiladas, ojos penetrantes y el vigor de la juventud. Seguramente
este mito constituye el sustrato del salmo 103 cuando dice: «El
Señor me rejuvenece como un águila».
Fuego y agua son opuestos, pero cuando se unen se convierten
en poderosos símbolos de transformación. El fuego simboliza el
cielo, la conciencia y las dimensiones masculinas en el hombre y en
la mujer. El agua, por el contrario, la tierra, el inconsciente y las
dimensiones femeninas en el hombre y en la mujer. Pasar por el
fuego y por el agua significa por lo tanto integrar en sí los opuestos y
crecer en identidad personal. Nadie que pasa por el fuego o por el
agua permanece intocado. O sucumbe o se transfigura, porque el
agua, lava y el fuego, purifica.
El agua también nos hace pensar en las grandes crecidas que
con su fuerza se llevan todo, especialmente lo que no tiene
consistencia y solidez. Son los infortunios de la vida. Y el fuego nos
hace imaginar los hornos que queman y acrisolan todo lo que no es
esencial. Son las conocidas crisis existenciales. Cuando hacemos esa
travesía por la «noche oscura y temible», como dicen los maestros
espirituales, dejamos aflorar nuestro yo profundo. Entonces
maduramos para lo que es auténticamente humano. Quien recibe el
bautismo de fuego y agua rejuvenece como el águila del mito
antiguo.
Pero, dejando aparte las metáforas, ¿qué significa
concretamente rejuvenecer como águila? Significa hacer morir todo
lo viejo que hay en nosotros para que lo nuevo pueda irrumpir y ser
integrado. Lo viejo en nosotros son los hábitos y las actitudes que no
nos engrandecen, como la falta de solidaridad con los pobres, el
desinterés por el bien común, el deseo de tener razón y ventaja en
todo, el descuido de la basura, el desperdicio del agua y la falta de
respeto hacia la naturaleza. Todo esto debe morir para que podamos
inaugurar una forma sostenible de convivencia entre los seres
humanos y con todos los otros seres de la creación. En una palabra,
significa morir y resucitar.
Rejuvenecer como águila significa también desprenderse de
cosas que en su día fueron buenas y de ideas que fueron luminosas
pero que lentamente fueron quedando superadas e incapaces de
inspirar el camino de la vida.
Rejuvenecer como águila significa tener coraje para volver a
empezar y estar siempre abierto a escuchar, a aprender y a revisar.
¿No es eso lo que nos proponemos cada nuevo año? Que el año que
mañana se inaugura sea la oportunidad de preguntarnos cuánto de
gallina -que no quiere otra cosa que escarbar la tierra- existe en
nosotros, y cuánto de águila tenemos todavía, dispuesta a
rejuvenecer y a enfrentarse valientemente a los tropiezos y a las
crisis de la vida.
¡Que el Spiritus Creator nunca nos falte!
98. ¿Y Dios en todo esto...?
2005-01-07

Ante la convulsión elemental de la naturaleza en el sudeste


asiático con millones de víctimas, especialmente de inocentes, no
son pocos los que, angustiados, se preguntan: ¿Y Dios en todo
esto...? ¿No es Dios bueno y omnipotente como anuncian las
religiones? Si es omnipotente, todo lo puede. Si todo lo puede, ¿por
qué no evitó el maremoto? Si no lo evitó es señal de que o no es
omnipotente o no es bueno. Como dijo un poeta-cantor: si era para
deshacerlo, ¿por qué hacerlo?
Desde que el ser humano descubrió la presencia de Dios en el
universo y en su vida, esta contradicción representa una llaga
abierta. Los teólogos cristianos inventaron la teodicea, es decir, la
argumentación que procura eximir a Dios de las desgracias del
mundo y explicar el sufrimiento. Y fracasaron rotundamente, porque
explicar el sufrimiento no acaba con él, así como leer recetas
culinarias no quita el hambre. Por eso entendemos la contundencia
de Job, el eterno protestante, contra todos sus «amigos» (y ahí me
incluyo a mí mismo como teólogo y a todas las religiones) que
querían explicarle el sentido del dolor:«Vosotros no sois más que
charlatanes y médicos de mentira. Si al menos callaseis, la gente os
tomaría por sabios». Y seguimos sin callarnos...
Ante esta situación desgarradora podemos alimentar, pienso yo,
tres actitudes: de rebeldía, de resignación o de esperanza contra
todo absurdo.
La revuelta se expresa por la negación. Muchos dicen: Dios no
existe y si existiera sería inaceptable, pues tendríamos más
preguntas que hacerle nosotros a Él que Él a nosotros. Me negaré
eternamente a aceptar una creación de Dios en la cual los niños
tengan que sufrir inocentemente. Este cuestionamiento es
comprensible y lógico, pero no elimina el mal, pues el mal continúa.
Críticos como somos, preguntamos: ¿la razón lo es todo? Dios puede
ser aquello que no podemos entender.
Si la rebeldía no da respuesta, ¿tal vez la resignación? Ésta, de
manera realista, constata: la realidad está hecha de bien y mal. Es
ilusorio buscar la superación del mal, pues bien y mal van siempre
juntos como la luz y la sombra. Sabiduría es buscar el equilibrio y
aprender a vivir sin una esperanza final. Freud y los sabios del
Primer Testamento aconsejan: «acepta el principio de realidad,
modera el principio del deseo; acoge lo que te suceda, muestra
grandeza en el dolor». Esta actitud es noble, modifica a la persona,
pero no cambia la realidad brutal.
La tercera actitud es la de esperar a pesar de todo. Parte
claramente del reconocimiento de que el mal es un misterio
indescifrable. Está ahí no para ser comprendido sino para ser
combatido. Por eso no será una teoría la que le dé sentido, sino una
práctica. De ella nace la esperanza de que en todo debe haber un
sentido secreto que va más allá del escándalo de la razón. Se
manifiesta, por ejemplo, en el milagro de una criatura de tres meses
que se salva sobre un colchón que flota sobre las aguas agitadas o en
la solidaridad del mundo entero para con las víctimas. La solidaridad
no elimina el dolor, y crea la hermandad de los sufrientes, que
impide la soledad y la desesperanza. Los cristianos y los budistas
dicen: Dios no es indiferente al sufrimiento; Él sufre con el que sufre.
En el exilio de la encarnación, gritó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has abandonado?» La pasión de Dios en la pasión del mundo nos
lleva a creer que la esperanza tiene más futuro que la brutalidad de
los hechos. Él prometió que «no habrá más llanto, ni luto, ni muerte
porque todo eso habrá pasado». Mientras tanto, el misterio continúa
siendo misterio, ¡y cómo duele!
99. Naturaleza despiadada
El cataclismo del sudeste asiático revela lo que la naturaleza es
en sí misma: puede ser madre generosa como también madrastra
despiadada. Es lo que todo el universo y nosotros individualmente
somos: la coexistencia de lo simbólico con lo diabólico, de la armonía
con la devastación. El maremoto y las olas gigantes no consultaron a
nadie, ni a Bush ni al Papa. Arrasaron todo a su paso, indiferentes a
la muerte de millares y al sufrimiento de millones de víctimas. ¿Por
qué tiene que ser así? Ya lo hemos escrito aquí: es un misterio
aterrador. Abatidos, mantenemos la esperanza, quejosos con el
Creador.
Intentemos por lo menos tratar entender. Nos dicen los geólogos
que la Tierra surgió en el período arqueano hace 4 440 millones de
años. Todavía estaban sin formar los continentes, sólo inmensas islas
volcánicas emergían de las aguas que cubrían todo el globo. Hace
unos 3 800 millones de años emergieron vastas extensiones de
tierra, dispersas aquí y allá y siempre en movimiento. Fueron
juntándose, con grandes fricciones, de suerte que mil millones de
años después formaron los continentes. Flotando sobre una capa de
basalto fueron moviéndose hasta agruparse en un único gran
continente llamado Pangea. Durante unos 50 millones de años este
supercontinente circuló por el globo. Millones de años después
Pangea se fracturó, y lentamente se originaron los continentes que
conocemos hoy. Debajo de ellos están, siempre activas, las placas
tectónicas, presionándose (es entonces cuando se producen las
montañas), chocando unas con otras, o superponiéndose, o
alejándose... diríamos que a la deriva continental. Cada vez que
chocan se producen inimaginables cataclismos.
La Tierra ha conocido 15 grandes extinciones masivas de
especies de vida. Dos de ellas se mencionan siempre porque tuvieron
como consecuencia una reorganización completa de los ecosistemas,
tanto en la tierra como en el mar.
Una ocurrió hace 245 millones de años, con ocasión del
resquebrajamiento de Pangea. Fue tan devastadora que
desaparecieron entre el 75 y el 95% de las especies de vida entonces
existentes. La otra ocurrió hace 65 millones de años, causada por
alteraciones climáticas y cambios en el nivel del mar, que culminaron
con el impacto de un asteroide de 9,6 km que cayó en América
Central y produjo incendios infernales, maremotos gigantescos,
grandes cantidades de gases venenosos y un prolongado
oscurecimiento del sol. Las plantas y los animales que no podían
vivir sin él, murieron. Los dinosaurios, que durante 130 millones de
años dominaron soberanos sobre la Tierra, desaparecieron
totalmente, así como el 50% de todas las especies de vida. La Tierra
necesitó 10 millones de años para rehacer su incontable diversidad.
Geólogos y biólogos sostienen que una tercera gran devastación
está en curso. Se inició hace 2 millones 500 mil años cuando
extensos glaciares comenzaron a cubrir parte del planeta, alterando
los climas y los niveles del mar. Coincidentemente surgió en esta
época el homo habilis que inventó herramientas para dominar mejor
la naturaleza. Él viene a ser un meteoro rasante mortífero. Su
conducta irresponsable está acelerando hoy el proceso de extinción.
Estamos, pues, a merced de fuerzas incontrolables que pueden
destruir nuestra especie como destruyeron tantas otras en el pasado.
La vida, sin embargo, nunca fue exterminada. Después de cada
extinción ha habido una nueva génesis. Dado que la inteligencia y la
conciencia están primero en el universo y después en nosotros, ellas
continuarán en otros seres. Ojalá éstos demuestren un
comportamiento mejor que el nuestro y permitan que la vida se
irradie.
100. ¿Tiene arreglo el ser humano?
El cataclismo del sudeste asiático suscita en muchas personas
los fantasmas del fin del mundo o por lo menos del posible fin de la
especie humana. Y con razón, pues no son fantasmas sino señales
perturbadoras. El premio Nóbel de Biología 1974, Christian de Duve
en su fascinante libro Polvo Vital, origen y evolución de la vida en la
Tierra (Grupo Editorial, Buenos Aires 1995 y Norma, Bogotá 1999),
afirma que en la actualidad «la evolución biológica marcha
aceleradamente hacia una grave inestabilidad. En cierta forma,
nuestro tiempo recuerda a una de aquellas importantes rupturas en
la evolución, marcadas por extinciones masivas». La causa de esta
inestabilidad proviene de un asteroide terrible: la especie humana.
Desde que surgió como homo habilis hace más de dos millones de
años viene desequilibrando su relación con la naturaleza. Hasta hace
cuarenta mil años los daños ecológicos eran insignificantes, pero a
partir de esta fecha comenzó el asalto sistemático a la biosfera, al
haber desarrollado instrumentos capaces de dominar la naturaleza.
En pocos miles de años, los cazadores acabaron con los mamuts, los
perezosos gigantes y otros mamíferos prehistóricos. En los días
actuales, este proceso se ha agravado hasta el punto de que
anualmente se ven abocados a la extinción millares de seres vivos
por causa de la acción humana.
Existe una tasa de extinción de fondo considerada normal, que
es de cerca de doscientas especies por año. E.O.Wilson, el gran
nombre de la biodiversidad, estima el número de las especies entre
diez y cien millones, aunque las catalogadas lleguen sólo a 1.4
millones. De éstas, desaparece una cada 13 minutos, debido a la
agresión sistemática de nuestro estilo de vida depredador y
consumista. El científico Norman Myers calculó que en los últimos
35 años solamente en Brasil se están extinguiendo cuatro especies
por día.
Hace ya 2 millones de años que estamos dentro de la Edad del
Hielo. La actual fase interglacial caliente comenzó hace 18 mil años
y prosigue. Según los patrones del pasado, deberíamos ingresar en
un nuevo periodo de enfriamiento. Sin embargo, nuestra especie ha
alterado la naturaleza de la atmófera y dos gases importantes están
produciendo desequilibrios: el ozono y el dióxido de carbono. Éste
que realiza la fotosíntesis de las plantas y libera oxígeno para la
atmósfera se ha elevado excesivamente debido a las industrias y a
las quemas. Produce el calentamiento global, el efecto invernadero,
los deshielos y los huracanes. Si en los próximos decenios la
temperatura aumentase 10 grados, los océanos se elevarían 73
metros y ocurriría una catástrofe inaudita. El otro es el ozono. Los
agujeros de su capa dejan de bloquear la radiación ultravioleta que
produce cáncer de piel, afecta el código genético y extingue
especies.
A estos problemas hay que añadir la carencia de agua potable y
la superpoblación de la especie humana que ha ocupado ya el 83%
del planeta saqueándolo. ¿Podremos los seres humanos vivir juntos
en una única Casa Común? No somos seres pacíficos, sino
extremamente agresivos, faltos de cooperación y de cuidado. El
astrónomo real Martin Rees, de Inglaterra, en su reciente libro
Nuestra hora final (Drakontos, Madrid 2004) estima que, si todo
sigue como hasta hora, podríamos liquidarnos en este siglo.
Catástrofes como la del sudeste asiático nos hacen pensar y nos
estimulan a tener otro comportamiento, de más cuidado y
responsabilidad. Si no encontramos una solución colectiva y
racional, la selección natural lo hará irracionalmente contra
nosotros. Es la lección que nos ofrece la historia de la vida.
101. La guerra del agua
El agua, objetivamente, es un bien natural común, vital e
insustituible. Sucede que vivimos en una época histórica en la que el
modo de producción dominante hoy globalizado transforma en
mercancía literalmente todo, hasta las cosas más sagradas y vitales.
Los derechos humanos inalienables son rebajados a necesidades
humanas. Para satisfacerlas hay que obedecer a las leyes de la oferta
y la demanda, propias del mercado. Sólo tiene derechos quien pueda
pagar y sea consumidor, y no quien es persona, independientemente
de su condición económico-social. Es una traición a los ideales de la
modernidad.
El agua dulce, por ser un bien cada vez más escaso -solamente el
0,7% es accesible al consumo humano- cada vez se cotiza más y se
transforma en objeto de la codicia mundial. Hoy existe una carrera
frenética entre grandes multinacionales para privatizar el agua,
transformarla en recurso hídrico y en mercancía con la que se puede
ganar mucho dinero. Se ha cuidado de deshacer la comprensión
humanística y ética de que el acceso al agua es un derecho humano
fundamental. Se ha conseguido reducirla a una necesidad como
qualquier otra, cuya satisfacción debe ser encontrada en el mercado.
Fue lo que efectivamente declaró el Segundo Foro Mundial del Agua
en el año 2000: el agua ya no es un derecho inalienable sino una
simple necesidad humana.
Ahora ha comenzado una guerra encarnizada por el control del
acceso al agua potable. Quien lo controle tendrá poder poder de vida
o muerte sobre millones y millones de personas. Hoy 1.600 millones
de personas tienen grave insuficiencia de agua y en el año 2020
serán ya 3.000 millones de una humanidad con 8.000 millones de
personas. Éstas podrán ver negado el acceso al agua porque no
tendrán cómo adquirirla y estarán en peligro de muerte.
Hace tiempo el vicepresidente del Banco Mundial, Ismali
Serageldin, decía con razón: «si las guerras del siglo XX fueron por
el petróleo, las del siglo XXI serán por el agua potable». En efecto,
existen actualmente 50 conflictos en el mundo por causa de la falta
de agua, ya que el 40% de la población mundial vive junto a 250
cuencas fluviales. La cuenca del Trigris y del Éufrates es el centro de
un contencioso entre Turquía, Siria e Irak; la cuenca del río Jordán,
entre Siria, Palestina, Israel, Jordania y Líbano; la cuenca del Ganges
y del Indo entre Bangladesh, India y Paquistán, y lo mismo sucede
con las cuencas del Nilo y del Zambeze.
¿Cómo enfrentar las hidromafias y evitar las guerras por agua?
En primer lugar, demoliendo la comprensión materialista que
subyace a la lógica de las privatizaciones del agua. Ésta, al
considerar todo mercancía, destruye cualquier sentimiento ético,
ecológico y espiritual ligado directamente al agua. En segundo lugar,
rescatando el sentido originario del agua como matriz de todas las
formas de vida sobre la Terra. El agua, igual que la vida, jamás debe
ser convertida en mercancía. En tercer lugar, creando -como muchos
ya están proponiendo- la conciencia de que hay que hacer un
necesario pacto mundial sobre el tema del agua ya que todo el
mundo la necesita para vivir. Finalmente, en nombre de esta
conciencia planetaria no hay que conceder ningún derecho a
privatizar el agua. Ella debe ser excluida de las negociaciones
comerciales a nivel mundial.
El agua es un don que la naturaleza ofreció a la vida y a cada
uno de nosotros. El 70% de nuestro cuerpo está compuesto de agua.
Por ser todo esto, el agua constituye una de las metáforas más
significativas de lo Divino que está en nosotros y en el universo y de
la sacralidad de toda la vida. ¿Cómo cuidarla y no luchar por ella?
102. Ricos epulones y pobres lázaros
El Foro Económico Mundial de Davos y el Foro Social Mundial
de Porto Alegre actualizan, en cierta forma, la parábola evangélica
del rico epulón y del pobre lázaro. En Davos predomina lo
económico, los bienes materiales y el dinero. Hasta fecha reciente
allí se reunían los epulones del mundo para discutir monedas,
intereses, mercados, inflación y principalmente ganancias. Eran
ciegos y sordos al clamor que subía de la Tierra por causa del
destino trágico de los pobres y de la devastación de la naturaleza.
En Porto Alegre predomina lo social, los bienes no-materiales y
la apuesta de que otro mundo es posible. Ahí se reúnen los
representantes de los pobres lázaros del mundo entero. En su
agenda están bienes espirituales y humanitarios como la solidaridad,
el respeto a la diversidad, la compasión, el cuidado con la
naturaleza, el rechazo a todo tipo de violencia y a la guerra, el
empeño en la paz duradera, el ecumenismo entre las religiones, la
democracia social sin fin.
Davos y Porto Alegre muestran una humanidad bajo amenaza de
bifurcación: por un lado, ese tercio que tiene acceso a todos los
medios de vida, soñando vivir hasta 130 años, que es la edad de las
células, y por el otro, esos dos tercios de la humanidad que
sobreviven como pueden, con los parcos recursos que les sobran,
alcanzando quizá los sesenta años.
¿Cómo mantener la humanidad unida, como especie y como
familia, morando en la misma Casa Común, ya que no tenemos otra
para habitar? Es un desafío ético y humanístico para todo poder
político, para las religiones y las Iglesias, para los intelectuales, para
los militantes por un mundo mejor y para todos los humanos que se
han concienciado de esta tragedia que puede abatirse sobre la
humanidad.
La razón principal del Presidente Lula al participar de los dos
Foros reside en este significado transcendente: establecer puentes,
crear las condiciones para un diálogo necesario sobre el futuro de la
Tierra y de la Humanidad, partiendo de las demandas del Foro Social
Mundial, para impedir así la bifurcación. Él introdujo en Davos el
escándalo del hambre y de la exclusión. La puerta de entrada no
puede ser la economía capitalista, orientada por la acumulación sin
límites dentro de la lógica de la competición. En ésta lógica sólo
gana el más fuerte al precio de una altísima iniquidad social y
ambiental. Si entramos por ahí legitimamos a los ricos epulones,
sensibles únicamente a las cifras y al brillo del vil metal. Debemos
entrar por la puerta de lo social porque ahí encontramos de
inmediato los millones de otros con sus rostros marcados y la
naturaleza depredada. Y ante el otro surge la pregunta ética: ¿cómo
tratar a los humanos humanamente y cómo tratar a la naturaleza con
cuidado? Al responder estas preguntas que nos queman por dentro,
nos urge jerarquizar las instancias: la economía debe servir a la
política que, a su vez, debe someterse a la ética que, por su parte,
debe inspirarse en una comprensión integradora y espiritual del ser
humano. Es decir, los medios de vida económicos sirven para
garantizar una buena convivencia social y política regida por valores
éticos de justicia, equidad, participación y respeto a los derechos, en
el contexto de un aura espiritual que proporciona las motivaciones
importantes que dan sentido a la vida.
Davos y Porto Alegre se exigen mutuamente. ¿Llegará el día en
que se abracen? Basta con que seamos razonables. Entonces no
habrá ya ricos epulones y pobres lázaros, sino ciudadanos que
habrán descubierto la alegría de convivir fraternalmente y en paz
también con la naturaleza.
103. Violencia sin fin
Seguramente, la violencia en Brasil responde a muchas causas
ya analizadas minuciosamente por muchos. En realidad no
deberíamos decir siquiera que aquí se dan actos violentos: la
violencia es estructural, configura la sociedad. Hemos sido
construidos sobre un fundamento de violencia, que fue el proceso de
colonización. Los cimientos fueron hechos a base de violencia: las
vidas dos esclavos, transformadas em carbón para el proceso
productivo, como acostumbraba a decir el indignado Darcy Ribeiro.
Y violenta es la forma como el pueblo es tratado generalmente,
siempre considerado como un cualquiera, un don nadie, hacia quien
la primera palabra es siempre el grito o la porra.
Pero hay una violencia que nace del corazón: la rebeldía frente a
la contradicción existente entre las grandes mayorías que viven en
una miseria desoladora, y las minorías que disfrutan de una
opulencia indecente. Quien circula por las inmensas periferias y
favelas de nuestras ciudades y llega luego al centro o a los barrios
llamados residenciales, constata esta situación dilacerante, anterior
a cualquier juicio ético o político.
El primer pensamiento que nos asalta es: ¿cómo pueden vivir
estas poblaciones toda una vida en condiciones tan infra-humanas?
¿Merecen esto? ¿Cómo pueden ir por ahí los niños semidesnudos,
barrigudos, o los muchachos de 15-17 años empinando sus pipas al
cielo, o los hombres de media edad sentados en la calle sin hacer
absolutamente nada porque están desempleados hace mucho
tiempo? Lo que más duele es ver niñas de 12 y 13 años abordando a
los que pasan: \"Oye, tú, ¿hacemos el amor? Es sólo un real… Yo sé
hacer todo lo que le gusta a un hombre\".
Por otro lado, ¿cómo pueden vivir las personas de buena vida,
bien alimentados, en buenas casas, bien estudiados y bien provistos
de cuentas en los bancos? ¿Cómo pueden vivir humana y éticamente
en medio de tanta contradicción?
En este momento intuimos, entre rabia y desaliento, que la
desigualdad es peor que la pobreza. Es simplemente inaceptable, por
demasiado irracional. Si estas clases favorecidas y el Estado detrás
del cual se esconden, en vez de gastar millones cada año en
seguridad policial, en muros, circuitos internos de tv, vigilantes
privados, vehículos blindados... los gastasem en proyectos de
educación, profesionalización, creación de centros comunitarios,
cooperativas de construcción de viviendas, lugares de ocio y arte...
tendríamos resuelto en gran parte el problema social. Y todos
gozaríamos de paz, podríamos andar de noche por ahí, sin miedo de
ser asaltados o hasta muertos.
Pensemos em términos mundiales. Si las potencias militaristas,
con EEUU a la cabeza, dejasen de gastar anualmente miles y miles
de millones de dólares en la fabricación de armas de muerte y
decidiesen tener un poco de corazón y ser un poco más racionales, e
invirtiesen a favor de los seres humanos, podrían garantizar
alimentación, salud, vivienda y ocupación a cada habitante de este
planeta. Habríamos creado las condiciones necesarias para una paz
duradera entre todos los pueblos.
Ocurre que más y más personas de las favelas despiertan y
pasan a no aceptar ya esa contradicción. Pasan a la violencia como
forma de venganza y de solución individual para el problema social.
Si los gobiernos sólo estabilizan la macroeconomía neoliberal y no
hacen hacer transformacioes sociales para disminuir las
desigualdades, habrá más violencia todavía. En vez de democracia
sin fin tendremos violencia sin fin, que nos llevará a la barbarie y
que no perdonará nuestros hijos y nietos.
104. Castigo para quien piensa
Me permito asumir el artículo del entrañable amigo Marcelo
Barros, monje que une mística y política, celebración y apoyo al MST
(Movimiento de los trabajadores Sin Tierra). Fino teólogo, es uno de
los que mejor dialoga con las religiones afrobrasileñas, siendo él
mismo uno de sus descendientes. Pero sobre todo es un hombre libre
y amante de la verdad, que ha sufrido persecuciones por eso. Aquí
sigue su artículo, con pequeños cortes para que quepa en mi
columna.
La opinión pública mundial se conmueve con la fragilidad del
papa que a causa de una fuerte gripe se vio obligado a permanecer
varios días en el hospital. Mientras, anciano y enfermo, parece
cargar en sus hombros el peso de la cristiandad, la Congregación
Romana para la Doctrina de la Fe, presidida por el cardenal
Ratzinger, «el que silenció a Leonardo Boff» hace pública, en nombre
del papa, una nueva condenación de teólogos. Se trata de la
condenación de teólogos que hace el número 140 del actual
pontificado. Esta vez es víctima el jesuita estadounidense Roger
Haight, profesor de teología histórica y sistemática de la Weston
Jesuit School of Theology (Cambridge, Massachusetts) y
expresidente de la Sociedad Teológica Católica de América. El
motivo de la condenación es su libro «Jesús, símbolo de Dios»
(original en inglés de 1999).
En esta obra, a partir de los datos de la gran tradición y de los
resultados más seguros de los estudios bíblicos actuales, el padre
Haight desarrolla una teología sobre Jesucristo que orienta hacia la
profundización de una Cristología ecuménica y en diálogo con otras
religiones de este principio de siglo. No niega la tradición más
profunda del cristianismo sobre Jesús, pero va más allá de las
formulaciones de siempre. A mí este libro me ha parecido
extremadamente equilibrado y cuidadoso. Por ser un libro de
teología, destinado a un público más especializado, la condenación
de la Congregación Romana alcanza a la misma búsqueda teológica.
El resultado es que intimida a los teólogos y teólogas para que no
digan claramente lo que están investigando, pues bajo el actual
pontificado continúa estando prohibido pensar y expresar el propio
pensamiento.
En la década de los 80, un obispo brasileño acusó a Fray Carlos
Mesters, nuestro mejor biblista, de hacer una lectura bíblica que él
juzgaba tendenciosa y carente de equilibrio. Como yo también hacía
el mismo tipo de trabajo bíblico, me sentí en conciencia obligado a
publicar un artículo titulado «Yo me acuso». Allí dejaba claro que
todo lo que decían de Fray Carlos podían también decirlo de mí y
que no me parecía honesto dejar que él sufriese solo las
consecuencias de su compromiso de devolver la Biblia a las
comunidades más pobres. Ahora me encuentro con la condenación
de un libro que me ayudó mucho en el diálogo respetuoso con otros
caminos espirituales y también me siento obligado a sentirme
condenado con él.
Febrero es un mes provechoso en la historia de las
condenaciones. El 17 de febrero de 1600, el papa Clemente VIII
mandó quemar en la hoguera al fraile dominico y filósofo Giordano
Bruno. Este fue un hombre libre que contestaba todo dogmatismo.
Por eso le apresaron y durante seis años tuvo que responder como
reo en un proceso en el que no faltaron las torturas. Con el cuerpo
colgado cabeza abajo durante horas y bajo la amenaza de perforarle
los ojos aceptó renunciar a algunas de sus doctrinas y retractarse
oralmente y por escrito. Pero como no abjuró de todo su
pensamiento y no se plegó a la prepotencia del tribunal fue quemado
vivo. Antes de morir, Giordano Bruno declaró a sus jueces: «Tenéis
más miedo vosotros de la sentencia que habéis proferido, que yo que
por ella seré llevado al suplicio». El inquisidor jefe que condenó a
Giordano Bruno fue el cardenal Roberto Belarmino, a quien el papa
Pío XI proclamó santo y «doctor de la Iglesia».
105. El águila y la macroeconomía
Hace años, cuando escribí el libro «El águila y la gallina. Una
metáfora de la condición humana», estudié a fondo el
comportamiento de las águilas, y me di cuenta de que hay en él
grandes lecciones que podemos aplicar a situaciones actuales. Hoy
me propongo retomar una de ellas que no pude utilizar en dicho
libro: la forma como las águilas enseñan a sus aguiluchos a ser
autónomos y a volar por sus propias fuerzas.
Como sabemos, las águilas hacen sus nidos en lo alto de las
montañas, o en la copa de grandes árboles. El tamaño del nido es
considerable: un metro de alto, tres de largo y dos de ancho.
Después de nacidos, los aguiluchos permanecen en él dos meses,
alimentados por su madre, hasta que están listos para volar.
Pasado un tiempo, la madre les escatima la comida. En cambio,
comienza a dar vueltas en el aire largo rato sobre el nido, a fin de
mostrar a sus polluelos la fuerza de sus alas y su capacidad de volar.
Luego desciende hasta el nido y comienza a empujar al aguilucho
hacia el borde, hasta que lo hace caer. Y cuando cae, se apresura a
recogerlo sobre sus alas extendidas. Y lo devuelve al nido. Repite
varias veces la escena, volando y volando sobre el nido, haciendo
círculos, para desafiar a sus crías a superar el miedo, a confiar en
sus jóvenes alas, y a querer volar. Y repite todo eso hasta que los
aguiluchos se liberan. Curiosamente, el libro del Deuteronomio
atestigua este hecho: «Dios es semejante al águila, que excita a su
nidada, volando sobre sus aguiluchos, extendiendo las alas para
sostenerlos y llevarlos sobre sus plumas» (32,11).
La madre-águila somete a su aguilucho a esta prueba de riesgo y
coraje para que adquiera confianza en sus propias fuerzas y
comience a volar autónomamente. A fin de impedir que vuelva al
nido, remueve las hojas y las ramas para hacerlo no habitable ya.
Finalmente, el aguilucho empieza a volar y busca por sí mismo su
alimento. Ahora es ya águila adulta.
La lección es cristalina: no podemos quedarnos eternamente en
la cuna y bajo las alas de los padres. Hay que enfrentarse a la vida
con sus desafíos, que muchas veces nos hacen decir: «Dios mío,
¿estaré a la altura?» Nos damos cuenta del peligro y de la
posibilidad de fracasar. Pero aunque fracasemos, siempre podemos
aprender. Por otra parte, nunca faltará un ala que nos ampare y
algún hombro amigo en el que poder apoyarnos. Resumiendo: vamos
adquiriendo coraje para volar por nosotros mismos y seguir el rumbo
que nosotros mismos trazamos.
Otra lección: las tareas que nos proponemos deben contener
exigencias que parecen estar un poco más allá de nuestras fuerzas.
De lo contrario, no descubrimos nuestro poder, ni conocemos
nuestras energías escondidas y no crecemos.
Esta lección la aplico a la actual política económica del gobierno
brasileño. Es bien sabido que se ha mantenido la macroeconomía
neoliberal, aceptando el recetario del FMI y del Banco Mundial, lo
que obliga a sacrificar las políticas sociales castigando a los pobres.
Es la opción perezosa de los que prefieren ser gallinas a ser águilas.
Rechazan la difícil alternativa de discutir, negociar y presionar hasta
abrir un camino nuevo que haga de la economía un instrumento de la
política social dirigido hacia las mayorías. Esta actitud haría que
fuesen águilas y no gallinas. Ésos son los que garantizan las
transformaciones sociales imprescindibles para superar las
desigualdades gritantes. El destino de un pueblo es ser águila y volar
autónomamente. Misión de los políticos es hacer lo que hacen las
águilas con sus aguiluchos: estimular al pueblo a vivir libremente y a
plasmar el destino de su país.
106. Aprender del vuelo de las águilas
Hay una tradición transcultural que presenta el
comportamiento de ciertos animales o aves como ejemplar para los
comportamientos humanos. Hay en ella intuición antigua que la
ciencia de los comportamientos ha comprobado: existen en nosotros
rasgos heredados de animales o aves, pues, aunque diferentes,
formamos con ellos una única comunidad de vida.
Observemos cómo vuelan las águilas. Vuelan de una manera que
les es propia. Usan su fuerza solamente para iniciar el vuelo. Baten
sus alas y se esfuerzan hasta ganar cierta altura. Una vez alcanzada,
aprovechan la fuerza de los vientos y se dejan llevar por ellos.
Poseen un instinto muy fino para captar corrientes de aire, y saben
aprovecharlas. Si sólo hay brisa leve, planean suavemente. Si
irrumpen vientos fuertes, usan la fuerza de esos vientos para volar
bien alto y desplazarse a gran velocidad, inclinando a la izquierda y a
la derecha sus enormes alas, que pueden llegar a tener más de dos
metros de envergadura.
Bien diferentes son las gallinas. Cuando están nerviosas o se
echan a correr, agitan mucho las alas, con gran alboroto, pero
apenas vuelan unos metros.
Apliquemos la sabiduría de las águilas a nuestros
comportamientos. Nosotros no sabemos entrar en sintonía con la
naturaleza. Para empezar, rompemos con ella con nuestro afán de
dominarla con violencia y ponerla a nuestro servicio. No nos
armonizamos con sus ritmos; al contrario, es ella quien tiene que
seguir los ritmos que le imponemos. Este paradigma está en la base
de nuestra civilización hoy globalizada. Nos ha traído incontables
beneficios, pero nos ha exilado de la Tierra y nos ha hecho enemigos
de la naturaleza. Este proyecto de dominación, por otro lado sin
límites internos, puede volverse altamente peligroso. Ha destrozado
la infraestructura de la vida al punto de poner en peligro el futuro de
la biosfera y de la especie humana.
Por eso, más y más personas buscan hoy una nueva alianza con
la naturaleza. Así nació la agroecología, que implica producir
interactuando respetuosamente con ella. Un crecimiento económico
a lo «agronegocio», que mata y tala es ilusorio. Hay que conocer los
ritmos de la selva amazónica y utilizar tecnologías adecuadas a esos
ritmos. Sólo así se conserva la naturaleza y se colabora con ella para
que continúe dándonos sus buenos frutos. Dicho de otro modo: es
necesario moderar la lógica de nuestra voluntad y combinarla con la
lógica objetiva de la naturaleza, tal como hace el águila en su vuelo.
Nuestro comportamiento es constructivo cuando nace del
equilibrio entre nuestro deseo y el deseo inscrito en la naturaleza.
Sabia es la persona que capta las dos lógicas, la de las cosas y la del
yo, se armoniza con ellas y las hace converger. Inmadura es la
persona y es inconsiderado su comportamiento cuando sólo escucha
el propio yo y no deja de decir: \"yo sé, yo quiero, yo decido, yo
hago\", sin escuchar la voz de la naturaleza, como si ésta no
existiese. La tradición del Tao enseña que la persona únicamente se
siente plena y realizada cuando su obra imita el vuelo de las águilas:
trabaja junto con la naturaleza y jamás contra ella. De lo contrario,
siempre queda un poso de vacío y un sabor amargo de falta de
plenitud.
Necesitamos desinflar el yo y enraizarlo en la naturaleza.
Nuestro yo y la naturaleza forman un todo dinámico siempre en
busca de un difícil equilibrio. Ambos, cada cual con su singularidad,
deben actuar permanentemente juntos como garantía de una vida
equilibrada y discretamente feliz.

107. PT: ¿Unción de enfermos, o


extremaunción?
La Iglesia Católica trata a los enfermos con el sacramento de la
unción de los enfermos para para enfermedades leves y con la
extremaunción para enfermedades mortales. Es evidente que el PT,
Partido de los Trabajadores brasileño, está enfermo. ¿Es una
enfermedad para unción de los enfermos o paraextremaunción?
Estimo que la enfermedad está pidiendo la extremaunción. A no ser
que decida cambiar de médico y tomar los remedios adecuados.
Curiosamente quien está a su cabecera es un médico, el ministro de
Hacienda, que le está administrando medicinas equivocadas que
probablemente lo llevarán a la muerte.

¿Qué es lo que está matando al PT para tener que darle la


extremaunción? La forma como trata la llaga mortal que afecta a la
gran mayoría del pueblo brasilero desde hace siglos: el flagelo de la
miseria y de la exclusión. Por lo menos 1/3 de la población vive
condiciones inhumanas, al lado de un grupo razonable de gente que
dispone de lo necesario para vivir, y de un pequeño porcentaje de
muy ricos que acumulan en uno de los niveles más altos del mundo.
Hace ya 25 años que el PT se propuso conquistar el poder para
hacer el cambio necesario. Su candidato era el más representativo:
hijo del caos social y sobreviviente del hambre, carismático, cordial,
“buena gente”, como tantas personas del medio popular. Y llegó. Una
victoria de ese mismo pueblo que esperó tanto y luchó todavía más.

¿Hizo entonces los cambios prometidos? ¡Qué cambios!


Consiguió una proeza: transformar el Partido de los Trabajadores en
el único Partido neoliberal de los Trabajadores del mundo. No sólo
asumió la macroeconomía neoliberal sino que la radicalizó con una
preocupante tasa de iniquidad social y ambiental. Ahora se mata y se
desforesta temerariamente con tal de traer dólares. No para pagar la
deuda social sino la deuda monetaria. El Gobierno, más que cuidar
del pueblo, gerencia las monedas, pues en este tipo de
macroeconomía lo que realmente cuenta no son las personas sino los
números y las monedas.

Admitámoslo: se ha hecho mucha cosa buena. En este Gobierno


hay más ética y transparencia que en cualquiera de los anteriores.
Nunca se había visto tantas camarillas de corruptos desmanteladas.
Los 26 millones de beneficiarios de Bolsa Familia han pasado del
infierno al purgatorio y se sienten como si estuvieran en el cielo. No
son pocos los que también dicen con cierta vergüenza: me gustaría
recibir un trabajo y no una limosna. En verdad, la asistencia social
significa apenas el 5,5% del total de los gastos sociales, mientras la
mayor tajada del PIB va para los Bancos, cuyas arcas están
reventando de dinero.

El error de esta política social reside en que es solamente


distributiva y nada redistributiva, es decir, no quita a los ricos y lo
pasa los pobres. Los ricos pueden seguir acumulando sin tener que
cambiar en nada su voracidad. Y aplauden felices.

El cambio que esperábamos y merecíamos era un plan Marshall


para el pueblo. Sí, la devastación que la miseria produce en el
pueblo desatendido durante siglos solamente podría acometerse con
un valiente plan Marshall económico, social y cultural. El Gobierno
prefirió ser superortodoxo, escuchar con devota atención las
lecciones de los faraones del FMI y del Banco Mundial, a tener
compasión del clamor de los oprimidos de nuestro Egipto.

El PT está dejando de ser el instrumento del cambio. Prolonga


los dominadores de antes, pero de peor forma, porque usa los
símbolos y el lenguaje de los Moisés libertadores. Todavía tiene
tiempo para cambiar. Si no, pediremos que venga el cura con el óleo
santo de la extremaunción. Y le cantaremos el «Dies irae, dies illa»…
de la vieja liturgia de la antigua Iglesia.
108. San José, patrono de la gente anónima
Durante más de veinte años investigué sobre San José en las
mejores bibliotecas del mundo. De esa búsqueda resultó un libro de
tamaño considerable, «San José, la personificación del Padre», que
personalmente considero, por la edad que tengo, mi "nunc dimitis"
(mi despedida) de una reflexión dogmático-sistemática sobre la fé
cristiana.

Como todas las cosas, así también José, además de su lado


visible de artesano, esposo, padre, educador, posee otro invisible,
ligado al Misterio que adquirió una expresión singular en el camino
de María, en el de Jesús y en su propio camino. En el libro intento
mostrar que él significa la personificación del Padre, así como Jesús
lo es del Hijo y María, del Espíritu Santo. Este discurso vale
únicamente para los cristianos y no voy a abordar ahora esa
espinosa cuestión. Me limitaré a lo que todos pueden comprender
independientemente de la fe que profesen.

San José es una figura de sombra. No dejó ninguna palabra, sólo


tuvo sueños que, no sin dificultad, acató y siguió. No sabemos
cuando nació ni cuando murió. Sólo sabemos que, valiente y
decidido, llevó a su casa a una muchacha embarazada y asumió al
hijo poniéndole el nombre de Jesús. Luego tuvo que hacer frente con
su familia a la persecución de un monarca sanguinario, huyó al exilio
y, al volver, se escondió en un pueblecito del norte, en Nazaret. Inició
al hijo en las tradiciones religiosas de su pueblo y le transmitió la
profesión de artesano-carpintero. Se dice de él que era un hombre
justo. Después, desapareció sin dejar rastro. Únicamente los
apócrifos (libros tardíos no aceptados por la Iglesia oficial) saben
mucho de José pero de manera fantasiosa y, a veces, ridícula. Llegan
a decir que, viudo con seis hijos, se casó con María a los 93 años,
estuvo con ella 18 años y murió a los 111.

San José nunca tuvo centralidad en la Iglesia. Solamente


después de 800 años aparecieron los primeros sermones sobre él.
Sólo en 1870 fue proclamado patrono de la Iglesia Universal, no por
el propio Papa, sino por un decreto de la Congregación de Ritos. En
los años 60 el Papa Juan XXIII incluyó su nombre en el canon de la
misa.

Esta invisibilidad de San José tiene su sentido. Es la base de una


espiritualidad bastante olvidada por el cristianismo oficial. En éste
son los papas, los obispos y los curas quienes ocupan la escena,
hablan y tienen visibilidad. Pero existe un poderoso cristianismo
popular, cotidiano y anónimo del que nadie toma nota. En él viven la
gran mayoría de los cristianos, nuestros padres, abuelos y parientes
que toman en serio el evangelio y el seguimiento de Jesús. Más que
patrono de la Iglesia universal, es el patrono de la Iglesia doméstica,
de los hermanos y hermanas más pequeños de Jesús. Es un
representante de la "buena gente", de la "gente humilde", sepultada
en su día-a-día gris, que se gana la vida con mucho trabajo y lleva
honradamente a sus familias por los caminos de la honestidad. Se
orientan más por el sentimiento profundo de Dios que por doctrinas
teológicas sobre Dios. Para ellos, como para José, Dios no es un
problema sino una luz poderosa para solucionarlos.

En este ambiente creció Jesús. Su relación con José a quien


llamaba padre debe haber sido tan íntima que sirvió de base para
sentir a Dios como “Papá” (Abba) y trasmitirnos esa experiencia
liberadora. Esto ya es suficiente para estarle eternamente
agradecidos.
109. La gran tentación
Jesús fue juzgado y condenado. Pendía entre el cielo y la tierra.
Durante tres horas agonizó en la cruz.

El rechazo pudo decretar la crucifixión del profeta de Nazaret,


pero no definir el sentido que él confirió a su crucifixión. Él la definió
como el precio a pagar por su fidelidad a Dios y como expresión de
solidaridad con todos los crucificados de la historia que, como él,
también son víctimas de estructuras y de personas que prefieren
excluir y matar en vez de cambiarse a sí mismas y cambiar sus
relaciones para que sean más humanas. Sólo así impidió que la
injusticia y la frustración tuvieran la última palabra; la tuvo el amor
incondicional y el perdón. Esto ya es grande y digno.

No obstante esta generosidad, Jesús no fue eximido de una


última y terrible tentación: la tentación de la desesperanza. El gran
conflicto en lo alto de la cruz es entre Jesús y su Padre. El Padre que
él experimentara en profunda intimidad filial, llamándolo con el
término típico del lenguaje infantil: Abba, ese Padre con rasgos de
madre de infinita bondad, ese Padre cuyo proyecto de un mundo de
justicia, fraternidad y perdón proclamó y anticipó con su praxis
libertadora, ese Padre parecía abandonarlo en el momento supremo
de su vida. Jesús pasó por el infierno de la ausencia de Dios.

No soy yo quien lo dice. El mismo Jesús lo declara. Hacia las tres


de la tarde, minutos antes del desenlace fatal, Jesús clama al cielo.
Su grito se conserva en arameo como prueba de que fue realmente
histórico: «Elói, Elói, lamá sabachtani: Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has abandonado?». Es la expresión de quien está al borde de la
desesperación. Desde el vacío más abisal de su espíritu irrumpen
terribles interrogantes que configuran la más temible tentación que
alguien pueda sufrir, y que más tarde también sufrió al final de la
vida su seguidor más fiel, Francisco de Asís: la tentación de que
nada valió la pena, de que todo fue sin sentido, de que ya no hay
ninguna esperanza.

«¿Fue absurda mi fidelidad? ¿Fue sin sentido la lucha sostenida


por la causa del Dios de la vida, de los pobres y de la libertad?
¿Fueron inútiles los peligros que corrí, las persecuciones que tuve
que soportar, el humillante proceso difamatorio, la condena judicial y
esta indecible crucifixión que ahora estoy sufriendo?». ¿Todo fue en
vano?

Jesús se encontraba desnudo, impotente y totalmente vacío ante


el Padre, que callaba, y callando se revelaba en todo su misterio. No
tenía a qué agarrarse. Su propia seguridad interior, desapareció.
A pesar de este sufrimiento, devastador como un tsunami, Jesús
hizo una opción radical: continuó confiando en su Padre. Por eso
gritó con voz fuerte: «Padre mío, Padre mío». En el auge de la
angustia se entregó al Misterio verdaderamente sin nombre. Fue su
última seguridad y esperanza. Sin ningún apoyo en sí mismo se
apoyó totalmente en el Otro. Tal esperanza absoluta sólo es
comprensible a partir de la desesperanza absoluta.

La grandeza de Jesús, en aquel viernes tremendo, fue poder


soportar y vencer esa temible tentación por la que pasan tantas
personas en la vida. Sólo así la muerte será completa. Su superación
reside en estas palabras: «Padre, en tus manos entrego mi espíritu».
«Todo está consumado». La resurrección vino a confirmar que esta
esperanza no es una esperanza vana sino invencible.
110. Severino Cavalcanti y los severinos
Estamos contemplando, horrorizados, los pecados públicos de
naturaleza política y religiosa que el presidente de la Cámara,
Severino Cavalcanti, viene cometiendo sin ningún pudor.

Chantajea al presidente de la República, faltando al respeto al


supremo cargo de la Nación. Pausadamente, con toda seriedad y con
el dedo en ristre. Después, miente públicamente diciendo que era
broma. No contento con eso, hace la apología de los vicios del
nepotismo, fisiologismo y corporativismo. Confiesa con descaro: «Si
tuviese más hijos, también los colocaría allí». Todos los corruptos
que emplean parientes en el servicio público se sienten perdonados,
justificados y estimulados. Prometió elevar el salario de los
diputados diciendo que el pueblo brasilero así lo quería, lo cual es
pura falsedad. La presión popular lo impidió, pero en compensación
elevó los fondos para gastos privados de los diputados, hasta un
nivel que insulta a quien vive de trabajo y sudor.

Todos estamos avergonzados, pero más deberían estarlo los


diputados que lo eligieron. No tienen disculpa. Sabían a quién
estaban eligiendo. Votaron por él para dar una lección al PT, dividido
y confuso en su articulación política. Pensaron más en sus propios
intereses corporativos que en los intereses de la nación. Hicieron
como la mayor parte de las élites, que tratan habitualmente la
República no como «res pública» sino como «res privata», de la cual
se sirven para garantizar privilegios, prestigio y dineros.
Ciertamente, la nación brasilera no merecía ser castigada con la
elección indecorosa de alguien que incentiva alegremente vicios
públicos.

Pero el pecado mayor de Severino es contra el Nazareno. Es


bueno que sepa -ya que se confiesa cristiano conservador y hasta
reaccionario- que cuando el Nuevo Testamento dice que Jesús es
«nazareno», no lo hace sólo para indicar que era ciudadano de
Nazaret, sino para mostrar su solidaridad con los pobres y los de
mala fama, sobrentendidos en la palabra «nazareno». Nos lo
recuerda el evangelista san Juan: «¿de Nazaret puede salir algo
bueno»? En Nazaret vive «los don nadies que no conocen la ley, que
se mezclan con paganos». Decir que Jesús es nazareno es lo mismo
que decir que se hizo «severino» y despreciado; bíblicamente
significa decir que se hizo «carne» asumida por el Hijo de Dios.
Existe incluso un libro de un teólogo alemán que vivió entre nosotros
titulado: «Jesús que se llama Severino: una cristología brasileña».
Ahora bien, Severino Cavalcanti, con su comportamiento, ofendió a
Jesús, el Nazareno, el severino divino. Y a la vez ofendió también a
todos los severinos de nuestro Brasil, que son gente buena, que
viven en la miseria pero enfrentan con fe y dignidad las duras
condiciones de la sequía del Nordeste brasileño.

Además, Severino tiene una historia de mal cristiano. Se opuso


como pudo a Dom Helder Câmara y fue quien instigó el proceso de
expulsión del Padre Vito Miracapillo, y lo consiguió. Quien combate
al mayor profeta del Tercer Mundo, a quien el Papa llamó «mi
hermano», y pide la expulsión de un cura comprometido con los
pobres no está haciendo nada bueno.

Ahora se reveló por completo: pésimo político, mal presidente de


la Cámara y mal cristiano. Sus pecados públicos no pueden ser
perdonados en el confesionario, donde se confiesan los pecados
privados. Este pecado es público y sólo puede ser perdonado
públicamente. Que pida humildemente perdón, no a Dios (pues en su
misericordia reúne en su rebaño hasta a las ovejas perdidas), sino a
la nación brasilera y a los cristianos, por el torpe escándalo político y
religioso que ha dado.

*[NdT: Severino Calvacanti es originario del nordeste de Brasil.


«Severinos» se refiere al pueblo pobre de esa misma región,
inmortalizado con este nombre en la obra de João Cabral de Melo
Neto (1920 - 1999) «Muerte y Vida Severina», Madrid, Primer Acto
1966 y Buenos Aires, Legasa 1988.]
111. El legado del Papa
2005-04-08

Juan Pablo II fue un hombre de profunda fe. Creyó en todo


aquello que compone la galaxia eclesial, desde el agua bendita, las
reliquias, los santos, los lugares sagrados... hasta la Santísima
Trinidad. La metafísica católica (la forma como los católicos
entienden y organizan el mundo) fue asumida en su totalidad sin
ninguna reserva. Creyó y asumió todo aquello que la Iglesia dice que
era su función como Papa, descrita en la primera página del Anuario
Pontificio: «obispo de Roma, vicario de Jesucristo, sucesor del
príncipe de los Apóstoles, sumo pontífice de la Iglesia universal,
patriarca de Occidente, primado de Italia, arzobispo metropolitano
de la Provincia romana, soberano del Estado de la Ciudad del
Vaticano y siervo de los siervos de Dios».
El Papa subjetivamente asumió este su munus, su servicio. Y lo
hizo con absoluta rectitud y convicción. Le ayudó el carisma que
recibió de Dios: la seducción de su figura imponente, atlética e
irradiante. Le ayudó también el hecho de haber sido actor, y que, con
naturalidad y «gracia», sabía producir una irresistible dramatización
mediática, con el gesto impactante y la palabra exacta. Y todo ello al
servicio de la causa de la religión. Hay en él una condensación muy
fuerte de lo religioso, de lo espiritual y de lo místico que se
transparenta en su rostro, que en un momento se transfigura, en
otro se cierra en contemplación, o se retuerce de dolor. Empuñaba la
cruz con solemnidad y fuerza como quien empuña una lanza de
caballero conquistador.
Lo importante no es la avalancha de documentos de todo tipo
que ha dejado, que sobrepasa las cien mil páginas. El gran discurso
es su figura. Lo que permanecerá en la historia es su imagen
carismática y al mismo tiempo vigorosa y tierna y profundamente
religiosa. ¿Cuál es su legado? Él mismo. ¿Cuál el contenido de ese
legado? La religión.
El legado: él mismo como una figura carismática que vino a
llenar un vacío sentido en todo el mundo. Hay una orfandad de
líderes carismáticos. Los que existen, o son belicosos, o son
burócratas del poder. No existe un Gandhi, un Luther King, un Che
Guevara o una Madre Teresa. Las masas sienten la carencia de un
Edipo bienhechor, de un padre con características de madre, del cual
obtener inspiración y dirección para el futuro. Juan Pablo II apuntó
un camino.
El contenido: rescatar la religión para la publicidad mundial,
como fuerza que galvaniza masas y como poder político, decisivo en
el derrocamiento del régimen soviético. Contra la tendencia
secularizante de la modernidad que volvió la religión políticamente
invisible, Juan Pablo II mostró que ella es parte esencial de la
realidad y que puede producir paz o guerras.
Podemos discutir la orientación que dio a la religión, en una
línea conservadora, doctrinariamente fixista y moralmente rígida,
pero no podemos negar la relevancia del elemento religioso y místico
en la configuración de la nueva humanidad.
No obstante todos estos valores positivos, un cristiano crítico no
deja de angustiarse: ¿nos ha llevado este pontificado a la esencia del
legado de Jesús, que nos dijo: «todos ustedes son hermanos y
hermanas, no llamen a nadie en la Tierra padre, porque uno sólo es
el Padre de ustedes, aquel que está en los cielos, ni se hagan llamar
maestros, porque sólo uno es su Maestro, Cristo»? Los verdaderos
adoradores, ¿se encuentran en el gran espectáculo mediático o
cuando «adoran al Padre en espíritu y verdad»? Aquí otros son los
criterios de evaluación.
112. Los suyos no lo recibieron
De todas partes del mundo venían Cardenales de la Iglesia
Católica, cargando cada cual las angustias y las esperanzas de sus
pueblos, unos martirizados por el sida y otros atormentados por el
hambre y por la guerra. Llegaban a la sede de Pedro para elegir a un
nuevo Papa. Siguiendo el rito, se reunieron en cónclave para juntos
rezar y discutir el estado de la Tierra y de la Iglesia y considerar, a la
luz del Espíritu de Dios, cuál de ellos sería más apto para cumplir la
difícil misión de «confirmar a los hermanos y hermanas en la fe»,
mandato que el Señor había dado a Pedro y a sus sucesores.
Mientras estaban allí, encerrados y aislados del resto del mundo,
he aquí que aparece un señor que por el modo de vestir y el color de
su piel parecía ser semita. Llegó a la puerta de la Capilla Sixtina y
dijo a uno de los cardenales retardatarios: «puedo entrar con Usted,
pues todos los Cardenales son mis representantes y necesito
urgentemente hablar con ellos». El Cardenal, pensando que se
trataba de un loco, hizo un gesto de irritación y benévolamente le
dijo: «resuelva su problema con la guardia suiza». Y entró.
Entonces, este extraño señor, se dirigió calmadamente al
guardia suizo y le preguntó: ¿puedo entrar para hablar con los
cardenales, mis representantes? El guardia lo miró de arriba abajo,
no dando crédito a lo que oía y, perplejo, le pidió que repitiese lo que
había dicho. Y él lo repitió. El guardia, con cierto desdén, le dijo:
«aquí entran solamente los cardenales, y nadie más». Pero aquella
enigmática figura insistió: «pero yo acabo de hablar con un cardenal
y todos ellos son mis representantes, por eso tengo derecho a estar
con ellos».
El guardia, con razón, pensó que estaba ante uno de esos
paranoicos que se presentan como César o Napoleón. Llamó al jefe
de la guardia que había oído todo. Éste lo agarró por los hombros y
le dijo con voz alterada: «Esto no es un hospital psiquiátrico. Sólo un
loco imagina que los cardenales son sus representantes». Mandó que
lo llevasen al jefe de policía de Roma. Allí se oyó el mismo pedido:
«necesito hablar urgentemente con mis representantes, los
cardenales». El jefe de policía ni siquiera se tomó la molestia de
escucharle. Con un simple gesto ordenó que lo retirasen. Dos
policías robustos lo metieron en una celda oscura.
Allá dentro continuaba gritando. Como nadie conseguía hacerle
callar, le dieron puñetazos en la boca y muchos golpes. Pero él,
sangrando, seguía gritando: «necesito hablar con mis
representantes, los cardenales». Hasta que un soldado enorme
irrumpió celda adentro y comenzó a golpearlo sin parar hasta que
cayó desmayado. Después le amarró los brazos con un trapo y lo
colgó de dos ganchos que había en la pared. Parecía un crucificado.
Ya no se oyó más gritar: «necesito hablar con mis representantes, los
cardenales».
Sucede que este misterioso personaje no era cardenal, ni
patriarca, ni metropolita, ni arzobispo, ni obispo, ni cura, ni
bautizado, ni cristiano, ni católico. Por eso jamás podría entrar en la
Capilla Sixtina. Era un hombre, un judío. Tenía un mensaje que podía
salvar a la Iglesia y a toda la humanidad. Pero nadie quiso
escucharlo. Su nombre es Jeshua.
Cualquier semejanza con Jesús de Nazaret, de quien los
cardenales se dicen representantes, no es mera coincidencia sino la
pura verdad. «Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron», observó
tristemente un evangelista suyo.
113. Preocupaciones sobre el nuevo papa
2005-04-22
La elevación del cardenal José Ratzinger a Papa de la Iglesia
católica ha traído satisfacción para unos y preocupaciones para
otros. Las preocupaciones se relacionan con dos factores: el estilo de
gobernar la Iglesia, y la actitud de base frente al mundo plural de
hoy.
Como Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe
durante más de 20 años, y en su homilía a los cardenales antes de
entrar al cónclave, Benedicto XVI ha dejado claro que va a continuar
la línea de su predecesor.
Si el estilo de gobernar fuese centralizador como el anterior,
existe el riesgo de que la Iglesia sea identificada con el Papa. Si
frente al mundo plural la actitud fundamental fuese pura y
simplemente la afirmación de la ortodoxia en oposición frontal a las
tendencias del pluralismo cultural, la Iglesia corre el riesgo de
identificar Roma con el mundo, y de transformarse así en un reducto
de conservadurismo y de mediocrización de la inteligencia cristiana.
Si de hecho prevalece la centralización, resultará restringida la
creatividad de las Iglesias locales, que necesitan libertad para
articular, ante la masa sufrida de los fieles, fe con justicia, misión
social con liberación, sin lo cual la evangelización se convierte en
alienación. Se va a agravar la emigración de los fieles hacia otras
Iglesias. Esta situación marca todo el Tercer Mundo, donde se
encuentra más de la mitad de todos los católicos.
Si prevalece la actitud de confrontación con la modernidad y la
posmodernidad, preveo consecuencias funestas para el futuro de la
Iglesia. Tradicionalista como es, Benedicto XVI debe saber que esta
estrategia es profundamente desgastante para la Iglesia. En el
pasado privó a los movimientos libertarios de los oprimidos de la
colaboración de los cristianos, que habrían podido imprimir valores
cristianos en las relaciones sociales emergentes, en vez de alienarlos
e infantilizarlos. La Iglesia misma llegó siempre tarde a todo, hasta a
la firma de la Carta de los derechos humanos. Una Iglesia que se
propone volver a los modelos del pasado, se inmoviliza como un fósil.
Acomodaticia, no cumple su misión religiosa de educar a los
cristianos para los nuevos tiempos; más bien los clericaliza,
haciéndolos inmaduros en la fe, cuando no papistas infantiles y
aduladores, de los que tantos hay hoy.
Una vez que han sido suscitadas, las cuestiones no se callarán
hasta que se haga un cierre de cuentas. Fue hecho en el Concilio
Vaticano II, pero Juan Pablo II y el cardenal Ratzinger lo
interpretaron de tal forma que lo que se produjo fue un vaciamiento
del mismo. El enfrentamiento que se entabló -en vez de un diálogo-
implica, además de un equívoco, un error teológico. El Concilio
enseñó que en el diálogo con las filosofías y corrientes ideológicas se
debe ante todo identificar en ellas los elementos positivos de luz,
pues, aunque vengan de Marx, de Freud o de Lyotard, si son
verdaderos, en último término vienen de Dios. Es ser exterminador
del futuro afirmar, como afirma el documento Dominus Iesus del
cardenal Ratzinger, que sólo la Iglesia Católica es Iglesia de Cristo y
que las otras Iglesias no son siquiera iglesias, sino que simplemente
«tienen elementos eclesiales», o decir, respecto a las religiones, que
éstas «tienen elementos valiosos», pero que sus seguidores corren
grave riesgo de perdición porque están fuera de la Iglesia católica,
única religión verdadera. Eso no es dialogar, sino insultar. Es
engañoso e indigno. La cordialidad debe facilitar la conversión.
Yo creo en los milagros. Ojalá Benedicto XVI vuelva a ser el
teólogo que aprecié, que suscitaba esperanza, y no miedo.

114. A los huérfanos de la Iglesia


El largo pontificado de Juan Pablo II y los 23 años del entonces
cardenal Joseph Ratzinger, al frente de la Congregación para la
Doctrina de la Fe, han impuesto en la Iglesia un curso claramente
restaurador. Se han desarrollado estrategias de contención de la
Reforma Católica con medidas duras y algunas de ellas hasta
altamente represivas, como fue el desmantelamiento de la Iglesia de
la liberación en Recife, por un despiadado canonista que vino a
sustituir al mayor Profeta del Tercer Mundo, Dom Hélder Câmara.
De éste y de otros muchos procesos han surgido heridas,
decepciones, amarguras, críticas e incontables exilios interiores de
cristianos, que se han replegado a su fe personal, cuando no han
abandonado, con tristeza, la Iglesia.
El sentido de fraternidad dentro de la Iglesia se ha roto, y se ha
creado un ambiente de desconfianza generalizado. Lo más lastimoso
ha sido el escándalo y el sufrimiento de los pobres, que no podían
entender que el Papa y muchos obispos trabajasen del mismo lado
que sus opresores y asistiesen impasibles a la difamación y
persecución de aquellos que los animaban a vivir el evangelio de
forma liberadora, comprometidos en los cambios sociales en favor de
la dignidad y la justicia, sin dejar de rezar, bautizar, celebrar misa,
dar catequesis, bendecir matrimonios y enterrar a sus muertos.
¿Algún marxista hace eso?
La iglesia puede enemistarse con los poderosos, pero no puede
escandalizar y hacer sufrir a los pobres, porque entonces estará
traicionando directamente la herencia de Jesús. Y quien haga eso
-poco importa su pretendida aura de santidad– tendrá que rendir
cuentas ante el juicio de Dios.
Pero, no obstante el sufrimiento y la tristeza, la gran mayoría ha
permanecido en la Iglesia. Sin embargo, no la vivían ya como hogar
espiritual. La Iglesia se vive como un hogar espiritual cuando el
cristiano goza al frecuentar la comunidad, vive una experiencia de
encuentro con Dios (espiritualidad), siente los llamados del evangelio
en favor de los más necesitados, se da cuenta de que los líderes de la
comunidad le aman más que controlarlo, incitan al valor y combaten
el miedo, y cuando ve que en Roma gobierna un Papa que lo llena de
orgullo por lo que enseña y declara a los ojos del mundo entero. Por
razones conocidas, todo esto se deterioró.
¿Cómo consolar a los huérfanos de la Iglesia y pedir que
regresen a su seno? Creo que la primera tarea del actual Papa es
realizar este gesto de magnanimidad. Y yo, por mi parte, diría: lo
primero que hay que hacer es «relativizar» las cosas –por más que
Benedicto XVI tenga horror a esa palabra–, comenzando por la
Iglesia. Más importante que ella es la humanidad y el Reino de Dios.
El Reino es la utopía de Jesús, utopía de un mundo que tiene un
fin bueno, en el que se concretarán los ideales de todos los
revolucionarios: la justicia y el derecho para todos, y la vida sin fin,
el verdadero hogar y la patria de la identidad humana, con Dios.
Dentro del Reino están, en primer lugar los pobres y sus aliados,
todos los que son sensibles a los que padecen hambre, sed, están
desnudos o encarcelados. Después viene la fe, la esperanza y el
amor, virtudes que todo ser humano puede cultivar y que son lo que
en verdad lo salva. Y sólo después viene la comunidad de los que
creen en Jesús, eso que llamamos Iglesia. Ésta se institucionaliza,
pero no consigue contener al Resucitado y al Espíritu, que ahora
tienen dimensiones cósmicas y alcanzan a todos respetando sus
propios caminos. Aquí no hay huérfanos. Todos somos de la Casa de
Dios. Sabiendo esto, no tenemos por qué sentirnos tristes, exiliados
ni huérfanos.

115. Viernes, día de resurrección


Dejemos los asuntos de la Iglesia y ocupémonos de lo cotidiano.
Los cristianos celebran la resurrección el domingo de pascua, una
sola vez al año. En Brasil, curiosamente, la resurrección sucede
todos los viernes.
Es la hora en que peones y obreros terminan el trabajo agotador
de la semana, y se reúnen alegremente en grupos en bares y
restaurantes populares para tomarse su cerveza. Todo es sonrisa y
amabilidad. ¡Y qué manera de hablar! En las mesas las botellas de
cerveza se suceden una tras otra. Y se come algo barato pero
sabroso: alas de pollo con farofa y salsa vinagreta, churrasquito de
carne con papitas fritas. Y para terminar medio vaso de cachaça. La
última copa tarda en llegar.
Suelen ser varias porque siempre hay alguien que paga la ronda
siguiente. Los rostros se transfiguran. Se nota que son personas
explotadas, por sus cuerpos trabajados, sus caras cansadas, sus
ropas usadas. Durante toda una semana fueron sometidas a la dura
faena de la humillante producción capitalista. Ésta no valora la
creatividad del trabajador. El capitalismo no ama a la persona,
apenas su fuerza de trabajo, sus músculos, su cabeza, su habilidad y
especialmente su productividad.
Pero el viernes es el día que la vida cambia. Tiene lugar la
resurrección. Los seres humanos recuperan su humanidad perdida,
redimidos de las cadenas que los sujetan a cuatro paredes, a las
máquinas melancólicas, a las higiénicas oficinas con sus
computadores fríos.
Se habla de fútbol. Cada uno es maestro en ese arte, entrenador
y al mismo tiempo crítico de los entrenadores y de los jugadores
estrella. Después se pasa a las mujeres. Se cuentan casos reales e
inventados, chistes, distensión para la libido reprimida. Y las
«despampanantes» y las «apetecibles» merecen muchos
comentarios. A veces se habla de política, para insultar a los
gobiernos o para denigrar de Lula, aunque luego acaben votando por
él.
Pero lo mejor de todo es la conversación suelta, despreocupada,
la libertad de hablar y reír, beber cerveza, tomar algo. Algunos más
entusiasmados y ya bajo el efecto de la cachaça hablan más alto.
Otros abrazan al amigo que está al lado como si fuera su novia. Sólo
les falta besarlo.
Yo me detengo en las figuras: aquel negro con un corte en la
cara revela una bondad dulce e irradiante, y sonríe con tanta dulzura
que es ya primicia de la verdadera redención en el paraíso del
proletariado; a ése me gustaría tenerlo como hermano. Aquella otra
mujer gorda, bebe, picotea las alitas de pollo, habla alto, tiene una
mirada penetrante, reparte el vino barato –sangre de toro– con su
compañera de enfrente; me gustaría tenerla de amiga. Todo es
espontaneidad, alegría propia de la resurrección.
Se dice que en Occidente sólo entró la sonrisa después de la fe
en la resurrección, o sea, con la victoria de la vida.
Yo también, en un rincón, pido mi ración de alas de pollo con
farofa, bebo mi cerveza y sigo observando. Y me elevo. La opresión
no consigue matar la vitalidad de la vida.
Cuando voy a pagar, después de repetir plato, veo que vale muy
poco. Dejo casi el doble de propina. Y salgo emocionado en dirección
al carro, llorando de alegría por asistir a la resurrección que está
aconteciendo, siendo testigo de la vida invencible e indestructible de
los pobres y de los oprimidos, nuestro pueblo, los preferidos de Dios.
La resurrección sucede de nuevo cada viernes, en la esperanza
de que un día se vuelva un eterno domingo de pascua. Y esta fe vale
para mí más que todas las discusiones sobre el nuevo papa.

116. Los milagros existen


La evolución tuvo que caminar algunos miles de millones de
años hasta producir los sentidos corporales. En realidad, a través de
estos sentidos el universo comenzó a mirarse, a sentirse, a tocarse, a
oírse a sí mismo. Y cuando surgió el ser humano, esos sentidos se
hicieron conscientes y por eso espirituales. A través de ellos el
universo se mira, canta y se extasía.
Tanto para los sentidos corporales como para los espirituales
puede ocurrir aquello que parece imposible. Tales cosas surgen de
ese fondo abisal y misterioso de energía del cual todo procede y al
cual todo retorna. Lo llaman vacío cuántico o, en una expresión más
feliz, «Fuente alimentadora de todo ser», otro nombre para Dios.
Porque así es: sucede lo imposible, como comentó
acertadamente en una reciente crónica Carlos Heitor Cony, o sucede
el milagro, como prefieren decir los cristianos. Les contaré un
milagro conmovedor.
En 2003 visité por primera vez la isla Fernando de Noronha,
prueba de que algo del paraíso terrenal todavía perdura. Su
población cumple, en gran parte, el precepto divino dado a nuestros
primeros padres, de ser jardineros y cuidadores de aquella herencia
sagrada. Encontré a Ana, una profesora de primaria, esposa de un
pescador, que vendía bollitos justo debajo de la iglesia, para
completar el ingreso familiar. Conversamos de cómo es importante
cuidar las bellezas de Noronha, educar a los jóvenes para esa misión
y obligar a los turistas a ocuparse de la basura. Se estableció de
inmediato una relación de gran cordialidad. Ella tenía la voz suave
como la brisa que venía del mar y la mirada tierna como la arena
fina de la playa que estaba a nuestros pies. Yo me animé y hablé de
cómo fue surgiendo la Tierra, los mares, las islas como Noronha. Ella
escuchaba con brillo en los ojos como si recibiera un mensaje
esperado.
De repente dijo: «Nosotros somos pequeños y humildes. Ustedes
son doctores y saben muchas cosas que nosotros podemos aprender
y llenarnos de admiración». Mi compañera Marcia, educadora
popular, respondió diciendo: «Ana, usted también sabe cosas que nos
hacen aprender y nos maravillan». Entonces ella se confió y dijo:
«¿Puedo contar un milagro?». «Claro, nosotros creemos en
milagros».
Y entonces contó: «Fue el que Dios nos concedió hace unos años
en semana santa. En casa no teníamos pescado ni agua. El barco que
debía traer provisiones no vino. Mi marido que es pescador hacía
días que no pescaba nada. ¿Qué íbamos a comer en semana santa?
Sólo teníamos un poco de espagueti. Entonces mi marido y yo,
preocupados, fuimos a ver el mar. Nos mirábamos el uno al otro,
tristes, pidiendo a Dios que cuidase de nosotros, pequeños y
humildes. El mar estaba en calma. Y de repente se levantó una gran
ola, chocó contra las piedras y, al retirarse, miles de sardinitas
quedaron presas en ellas. Me quité la enagua y la llené de peces. Fui
corriendo a llamar a mis cuatro vecinos, también pescadores.
Cuando llegaban, vino otra ola, trayendo todavía más peces. Todos
llenaron sus cestos y aún sobraron peces en las piedras. Dios
escuchó la súplica de los pequeños y humildes».
Y es que todavía hay gente que no cree en milagros porque no
ha activado sus sentidos espirituales. Si los activan, van a descubrir
muchos, muchos milagros en sus vidas. Pero hay una condición:
hacerse pequeño y humilde como Ana y su marido.
Me fui rezando al Dios de Ana, pidiéndole que me hiciese
pequeño y humilde. Grande era Ana, pequeño era yo.

117. El MST y la otra Humanidad posible


2005-05-20
Que el Movimiento de los Sin Tierra (MST) lucha por la reforma
agraria todos lo sabemos. Que para el Movimiento, la Tierra no es
sólo -como quiere la cultura capitalista- un medio de producción,
sino que es mucho más, es nuestra Casa Común, está viva, con una
comunidad de vida única y nosotros somos sus hijos e hijas con la
misión de cuidar de ella y de liberarla de un sistema social
consumista que la devasta, esto es lo sorprendente. Este es su mayor
sueño, expresión del nuevo paradigma civilizatorio emergente.
El Movimiento deja atrás el discurso académico que se orienta
exclusivamente por la razón instrumental-analítica, funcional al
modo de producción actual que está amenazando el futuro común de
la Tierra y de la Humanidad. Captar esta novedad del MST y de Vía
Campesina es captar su fuerza de convocatoria para Brasil y para
toda la sociedad mundial.
Están a la cabeza de la visión alternativa de que otra humanidad
es posible. Con sus prácticas, a pesar de que aquí y allá se den las
contradicciones inherentes a todo proceso histórico, está mostrando
su viabilidad. Basta observar, con ojo atento, lo que dicen, cómo se
organizan y lo que hacen. Las víctimas del orden vigente dan cuerpo
a un sueño nuevo.
Hace días, yo y mi compañera Marcia, que apoya al MST desde su
fundación en el campamento Ronda Alta (Rio Grande do Sul),
pudimos participar en la marcha de Goiania a Brasilia. Fueron dos
días de convivencia y de marcha con los 12.272 caminantes. Se
necesita mucha acumulación de conciencia solidaria, de disciplina y
de sentido de bien común para hacer funcionar ese proceso popular
multitudinario con más perfección que una escuela de samba
carioca.
No hablemos de la comida, puntualísima, del montaje y
desmontaje de las carpas, del agua potable abundante y del servicio
sanitario. La preocupación ecológica era casi obsesiva. Si alguien, al
día siguiente, quisiese saber dónde acamparon aquellas miles de
personas, no lo sabría, porque la limpieza era tan minuciosa que ni
siquiera un trozo de papel quedaba atrás.
Entre los objetivos explícitos de la caminata, más allá de la
reforma agraria y de la discusión de un proyecto popular para Brasil,
estaba el de «desarrollar actividades de solidaridad para fortalecer
la lucha y los sueños del pueblo». En función de eso, por más de dos
horas, a la tarde, se promovían exposiciones transmitidas por la
radio interna, seguidas de grupos de discusión.
A mí se me solicitó hablar sobre la nueva visión de la Tierra y
cómo cuidar de ella, a la luz de las sugerencias de la Carta de la
Tierra. Pasando por los grupos vi la seriedad con la que se discutía.
Pero no sólo eso. La marcha se propuso «rescatar y promover la
cultura brasileña a través de canciones, poemas, teatro y otras
manifestaciones típicas del pueblo». Acogidos en su carpa por el
grupo de Paraná (más de 800 personas), escuchamos canciones y
poemas de una belleza llamativa. Una estrofa decía: «oigan la
armonía de igualdad del hombre pobre». Si el sistema nos aturde,
por todos los medios, con palabras como «acumulación, consumo,
riqueza, placer», aquí, lo que más se oía era «solidaridad,
cooperación, justicia, hombre y mujer nuevos, nueva Tierra». ¿Quién
está en el mejor camino?
Yo reflexionaba conmigo mismo: seguramente Marx, Lenín y Mao
jamás pensaron en un tipo de revolución que hiciera esta síntesis tan
lograda entre lucha y estudio, caminata y fiesta. Un movimiento que
incorpora poesía y música será invencible. El MST nos da señales de
que otra Humanidad está a punto de emerger.
118. Religiosas en la marcha del MST
2005-05-27
La marcha del MST sobre Brasilia ha suscitado mucha
solidaridad por todo Brasil. Cabe destacar un grupo, el grupo de
solidaridad de la CRB, Conferencia de los Religiosos de Brasil: 50
religiosas que caminaron más de doscientos kilómetros desde
Goiânia en representación de la Conferencia. Era impresionante
verlas con sus hábitos grises en medio de la multitud, algunas ya
ancianas, marchando en fila, compenetradas y joviales.
Este grupo es relevante por dos razones. En primer lugar muestra
que la Iglesia de la Liberación está viva, a pesar de todo el esfuerzo
que se hace para desmantelarla o volverla invisible. Son muchas las
centenas de religiosas que se insertan en los medios pobres y
populares, especialmente en el interior del país y en las periferias de
las ciudades, convirtiéndose en las verdaderas parteras de la Iglesia
de base. Ellas entienden que el voto de pobreza que profesan implica
más que no tener, exige más que una dimensión espiritual de
disponibilidad y apertura a Dios.
Ser pobre en nuestro contexto de opresión es hacerse pobre, por
amor y por solidaridad con los pobres, para, junto con ellos,
comprometerse contra la pobreza y en favor de la vida y de la
justicia para todos. La presencia de ellas en el MST, cuyos miembros
son en su mayoría cristianos, asegura que esta lucha por la Tierra
representa también, además de su aspecto social y político, uno de
los bienes del Reino, y que esa Causa está anclada en el corazón de
Dios. Esto confiere grandeza al compromiso.
En segundo lugar, estas religiosas marcan el contrapunto con
tantas críticas difundidas por los medios de comunicación,
provenientes de los estratos intelectuales de la sociedad. Dejemos de
lado aquellos para quienes «el MST no pasa de ser una horda de
impostores» y sus líderes «una partida de bandoleros». Quienes así
piensan se descalifican a sí mismos y no merecen siquiera atención.
Más sutil es la crítica de intelectuales que en un tiempo estaban
por la transformación de la sociedad, pero que hoy, ante el
desencanto general, han asumido una postura fatalista y
dimisionaria de la historia. Hay quien considera, por ejemplo, al MST
sin autonomía, «poblaciones retardatarias de la historia» que
presentan «demandas atrasadas y fuera de época», pues sus valores
procederían «del acerbo de ideas conservadoras: propiedad de la
tierra, trabajo comunitario, religión, familia, comunidad...». Mal sabe
–quien así piensa- que tales valores, en la actual crisis ecológica, son
precisamente los que posibilitan el futuro de la Tierra.
Afirmaciones como ésas no sorprenden. Son típicas de la élite
ilustrada, muy funcional al sistema de privilegios brasileño, élite que
según el gran historiador José Honório Rodrigues «nunca se
reconcilió con el pueblo, le negó sus derechos, destruyó su vida y,
cuando vió que se crecía, le denegó poco a poco su aprobación,
conspirando para desplazarlo de nuevo a la periferia, lugar que sigue
pensando le pertenece». («Conciliação e reforma», p. 16). Por esta
razón, niega al MST «una comprensión objetiva de su lugar en la
historia».
Aquí, a la ignorancia se suma la arrogancia. ¿Qué saben tales
intelectuales del trabajo civilizatorio realizado por el MST, que da
conciencia de ciudadanía activa a sus millares de miembros, que ha
fundado 1300 escuelas por las que han pasado 160 mil niños y
adolescentes, que involucra a casi 3000 educadores y ha
alfabetizado ya a 30 mil adultos? Incluso ha fundado en Gararema
(São Paulo) la primera Universidad Popular de Brasil.
El MST desafía a la sociedad organizada a ponerse también en
marcha, en proceso de cambio, porque el Brasil que hemos heredado
no nos dignifica. Merecemos un destino mejor, que ha de ser
construido.

119. Devastación de la Amazonia


2005-06-03

Los 26.130 kilómetros cuadrados de la Amazonia deforestados


en 2005 representan una verdadera devastación. No sin razón se han
hecho oír protestas en Brasil y en la prensa internacional. ¿Por qué
ocurre esto justamente bajo el Gobierno Lula, en el cual la ministra
de Medio Ambiente, Marina Silva es una profunda conocedora de las
cuestiones amazónicas y posee una conciencia ecológica como nadie
antes la ha tenido en la administración pública?
La razón principal reside en la contradicción entre dos opciones
de gobierno: la del crecimiento económico y la de la preservación
ambiental. Urgido a pagar la deuda interna y externa, el gobierno
optó por el crecimiento económico, especialmente por aquellos
frentes de producción que exportan granos y carnes y que traen
dólares. La soya y el ganado exigen grandes extensiones de tierra,
conquistadas mediante la deforestación de las selvas, principalmente
en el Mato Grosso cuyo gobernador es presentando como el «rey
mundial de la soya». El crecimiento es preferencial, aunque la
retórica gubernamental lo quiera con justicia y distribución del
ingreso. Los datos, sin embargo, desmienten tal objetivo: la
concentración del ingreso está aumentando, generando desigualdad
social que es el verdadero nombre de la injusticia.
La otra opción es a favor de políticas de preservación del medio-
ambiente y de la biodiversidad con medidas inteligentes pero cuyos
efectos tardan en producirse. Sucede que la falta de una cultura
ecológica en la sociedad y en la política no ofrece apoyo para esta
opción preservacionista. Por eso no tiene hegemonía y se restringe al
Ministerio del Medio Ambiente. La transversalidad de la Ministra
Marina Silva tiene un curso corto.
El principal responsable de la deforestación no es el gobierno
brasileño, sino el paradigma mundial de producción de bienes
materiales, que se impone a todos como modelo único. Acosado por
la alta deuda externa, Brasil se ve forzado a asumir este paradigma,
cuando podría ser uno de los pocos países del mundo en presentar y
realizar una alternativa. Lamentablemente no hay en este gobierno
masa crítica para atreverse con otra vía. Por su parte, los más
importantes analistas mundiales llevan años advirtiéndonos que el
modelo actual es un camino sin salida. A medio plazo será
simplemente insostenible, especialmente ahora que China e India se
han convertido en verdaderas bombas de succión de recursos
naturales escasos en todo el mundo.
En cuanto a la Amazonia, necesitamos cuidar de ella; si no, el
mundo usará contra nosotros el argumento válido sobre toda
propriedad privada: sólo se legitima si cumple su función social; en
caso contrario, puede ser expropiada. Las políticas de gobierno
deben garantizar que la propiedad privada brasilera sobre la
Amazonia tenga una clara función social mundial.
Esperamos no ir, irresponsablemente, en dirección a lo peor. Si
no, nuestros hijos y nietos dentro de poco dirán contra nosotros:
ustedes sabían del posible desastre y no quisieron oír a la ministra
Marina Silva ni a tanta otra gente. Vean qué Tierra nos han legado,
devastada, sin mancha verde, sin agua suficiente, sin biodiversidad y
sin integridad. Tal vez no podamos regenerarla nunca más. ¿Y
entonces? Et erat videre miseriam…
120. Dramatización mediática: ¿a quién sirve?
2005-06-10

La embriaguez mediática provocada por la muerte de un Papa y


la entronización de otro o por la fiesta del Corpus Christi, que
moviliza millones de personas, puede inducirnos a error en cuanto al
verdadero significado de las expresiones religiosas. Éstas manejan
símbolos que, por su naturaleza, son inevitablemente ambiguos.
Todo símbolo posee dos direcciones. Una apunta hacia fuera, a lo
Sagrado –para eso existe–, la otra apunta hacia él mismo, con el
riesgo de olvidar lo Divino y lo Sagrado y considerarse a sí mismo
como un fin. Es lo que sucede con más frecuencia. Entonces se
produce una inflación en la profusión de imágenes religiosas,
hábilmente construidas por los maestros de la dramatización, a fin
de producir emociones y más emociones, poco importa si éstas
evocan o no lo Sagrado. Cambios de vida no se dan, ni es lo que se
pretende. Los files se electrizan, irrumpen en lágrimas, gritan
pidiendo milagros y canonizan inmediatamente a su líder
religioso: \"Santo súbito\", \"santo, ahora mismo\". Muchos
cardenales, obispos y sacerdotes se llenan de satisfacción, pues ven
en ello el triunfo de la religión contra las críticas y las sospechas
levantadas por la modernidad.
Pero, atención: aquí puede haber una trampa. No basta la
emoción, se necesita la reflexión (teología) para poner en claro el
problema. La práctica originaria de Jesús y de la Iglesia de los
apóstoles va en dirección contraria a la escenificación pública. Jesús
ante tales multitudes usaría un discurso que ningún medio de
comunicación reproduciría, pues seguramente sería como un ruido
insoportable: «Conviértanse, cambien de vida, cuiden del
hambriento, hagan justicia al oprimido y no disocien el amor a Dios
del amor al prójimo, pues ambos son una sola cosa».
Como en tiempo de Jesús, ante tal discurso, las multitudes se
marcharían, o menguarían. Y los que tomasen el mensaje en serio
pondrían en marcha una verdadera revolución molecular y
construirían una humanidad más sana. ¿Imaginan la revolución
social que habría en Brasil si los millares de escuelas cristianas y las
muchas universidades católicas sólo enseñasen y llevasen a sus
alumnos a vivir este precepto de Jesús: «amen a los otros como a
ustedes mismos y cuiden de los pobres»? ¿Por qué no ocurre?
Porque aquí se confrontan dos tipos de cristianismo: el
devocionista y el liberador. El devocionismo vino con la colonización
y es hegemónico. No pone el acento en el cambio sino en aceptar la
doctrina propuesta por la Iglesia. Sin la sana doctrina, se dice, nadie
se salva. Pero debido a la ignorancia generalizada, pocos la conocen.
El recurso, entonces, es la devoción a los santos fuertes, de ahí el
devocionismo. El criminal Escadinha antes de realizar un asalto,
hacía la señal de la cruz y se agarraba al escapulario de Nuestra
Señora Aparecida, pues, según él, la Santa le ayudaba. He ahí el
devocionismo, desligado de la ética y del cambio de vida. Ese tipo de
fe no es cristiana, es fetichista. Pero es lo que se practica
comúnmente.
El cristianismo liberador siempre ha estado presente, pero sólo
adquirió relevancia a partir de los años 50 del pasado siglo. Lo que
salva no son las prédicas sino las prácticas. La doctrina desvinculada
de la práctica de la justicia, según Jesús, es letra que mata, es
ausencia del espíritu que vivifica, es hacer al ser humano para el
sábado y no al sábado para el ser humano. Si no rescatarmos esta
visión estamos haciendo el juego al mercado mediático. Éste, usando
la religión, busca sólo entretener, lucrar, nunca cambiar a las
personas y al mundo, pero eso es lo que importa.
121. Corrupción y poder 2005-06-17
«El poder tiene tendencia a corromperse y el poder absoluto a
corromperse absolutamente». Esta es la famosa frase de Lord John
Emerich Edward Dalberg-Acton (1843-1902), citada siempre en
contextos de corrupción. De familia aristocrática anglo-ítalo-
alemana, fue profesor de historia en Cambridge. Católico y adepto
del liberalismo, se oponía duramente al reaccionarismo del Papa Pío
IX. El 5 de abril de 1887 escribió una carta a su colega Mandell
Creighton, que había publicado cinco tomos sobre la historia de los
papas del tiempo de la Reforma protestante. En esta obra mostraba
cómo ellos, contrariamente a los principios cristianos, abusaban de
su posición de poder y justificaban sus acciones inmorales apelando
a su función religiosa, pues, en palabras de Dalberg-Acton «la
función santifica a su portador». Este hecho lo llevó a afirmar que el
poder absoluto corrompe absolutamente.
No sé si por pesimismo o por realismo también afirmaba: «Mi
dogma es la general maldad de los hombres de autoridad».
Como católico, el Lord veía en la corrupción la presencia del
«pecado original». Esta expresión, no la realidad, fue creada por San
Agustín en 416. Con ella quería expresar la visión bíblica según la
cual «la tendencia del corazón es mala desde la infancia» (Gén 8,21).
Por esta razón, en lugar de pecado original, la tradición cristiana
usaba la expresión corrupción en su sentido etimológico: tener un
corazón (cor) roto (ruptus), o simplemente ser «homo corruptus». No
otra cosa pensaba Kant cuando decía metafóricamente: «somos un
leño torcido del que no se pueden sacar tablas rectas». En otras
palabras, en el ser humano hay una corrupción básica que se
manifiesta en sumo grado en los portadores de poder. ¿Por qué
precisamente en ellos? Nadie mejor que Thomas Hobbes para
respondernos en su «Leviatán» (1651): «destaco, como tendencia
general de todos los seres humanos, un perpetuo e inquieto deseo de
poder y más poder, que sólo termina con la muerte. La razón de esto
reside en el hecho de que sólo es posible mantener el poder
buscando todavía más poder».
Existe, por lo tanto, una relación estrecha entre poder y
corrupción. Corrupción es el uso del poder en beneficio propio. El
beneficio puede ser dinero, influencia, proyección, tratamiento
especial. Es fundamental el secreto en las transacciones, porque son
inmorales o ilegales. Pasiva o activamente, se echa mano de regalos,
presiones, fraudes, sobornos y nepotismo. Corrupto es quien soborna
o acepta ser sobornado, para garantizar beneficios para sí, para un
partido o para el gobierno. El punto clave es el abuso de la posición
de poder.
¿Cómo superar la corrupción? Para empezar, confiar-desconfiando
siempre del ser humano, porque nunca es inmune al abuso del poder.
Nada de dar cheques en blanco. Después, evitar la concentración de
poder. La división de poderes fue pensada para evitar la posible
corrupción. Luego, control por parte de la sociedad, utilizando
principalmente los medios de comunicación. Exigir siempre
transparencia en todos los procedimientos. Por último, castigar a los
políticos corruptos con fuertes penas por haber cometido un delito
especialmente grave: hacer daño a la colectividad.
122. Ekklesia-democracia radical
2005-06-24

Siempre que hablamos de democracia, nos referimos a la


experiencia fundadora de los griegos, en cuyas ciudades los
ciudadanos ejercían el poder de decisión de forma directa de
acuerdo al principio del predominio de la mayoría. Por más que la
idealicemos, especialmente después de las teorizaciones de Platón y
Aristóteles, la democracia era en realidad muy restringida. Las
ciudades-estado eran pequeñas y solamente 1/6 de su población
ejercía la democracia, concretamente, los ciudadanos libres. Las
mujeres, los esclavos, los artesanos, los extranjeros y los inmigrantes
estaban excluidos. Pero la experiencia griega se convirtió en
referencia para toda la reflexión política posterior.
Sin embargo, hay otra experiencia de democracia, mucho más
radical que la griega, que fue vivida por las dos primeras
generaciones de cristianos. Ésta es paradigmática para todo
pensamiento utópico posterior, aunque haya sido abandonada por el
cristianismo vigente, que se organizó de forma opuesta. No se
convirtió en referencia para el discurso político actual por haber sido
realizada en el marco de una experiencia religiosa, poco o nada
valorada por el pensamiento laico y laicista. Hoy, a pesar de su nicho
religioso, vemos que la democracia cristiana, como cualquier otro
fenómeno social, merece consideración especialmente cuando se
busca una democracia radical, llevada a todos los campos de la
convivencia humana, a los movimientos sociales y también a la
economía, es decir, una democracia total.
La experiencia generadora de la democracia radical cristiana fue
la práctica de Jesús: absolutamente anti-discriminatoria, anti-
jerárquica y de fraternidad universal. San Pablo resume todo
diciendo: «Ahora ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni
hombre ni mujer, pues todos son uno en Cristo Jesús» (Gál 3,28). El
resultado fue que esclavos, libres, portuarios, mercaderes, abogados,
soldados... independientemente de su situación social y de su
género, formaban comunidades fraternales que vivían la «koinonía»
(comunión), palabra que expresa el comunismo radical de «poner
todo en común», repartiendo los bienes materiales «según las
necesidades de cada uno». Y como elogio se dice que «no había
pobres entre ellos» (Hechos 2 y 3). Esa democracia era
verdaderamente radical pues toda la comunidad participaba en la
toma de decisiones. La ley básica era: «lo que concierne a todos,
debe ser decidido por todos». Eso valía también para el
nombramiento de los obispos y de los presbíteros.
Dicha comunidad se llamó «ekklesia» en griego, «ecclesia» en
latín e «iglesia» en castellano. El sentido original de «ekklesia» no
era religioso, sino político: la asamblea popular. Se escogió ese
nombre profano para distinguir la democracia cristiana de otras
expresiones religiosas de la época.
Esta memoria se ha perdido en la Iglesia Católica. En cierta
ocasión, preguntaron a Juan Pablo II si la Iglesia era una
democracia. Respondió: no, es una «koinonia». Ahora bien,
«koinonia» es sinónimo de democracia radical, cosa que
seguramente el papa no pensó. En efecto, tal como se estructura hoy,
no es «koinonia». Es una monarquía absoluta espiritual organizada
bajo la herencia de las monarquías del pasado. Como tal, cierra las
puertas a la democracia cristiana de los primeros tiempos. O sólo la
acepta bajo la forma inocua de la espiritualización. Es importante
que rescatemos la memoria revolucionaria escondida en la palabra
«Iglesia». ¿No inspira tal vez otra manera de ser cristiano y de ser
ciudadano?
123. Salvar el capital de la esperanza
2005-07-01

Independientemente de su desenlace, la actual crisis política


está provocando aquello que es propio de toda crisis: un proceso de
acrisolamiento y de purificación. La crisis purifica nuestra visión de
la realidad social brasileña, trayendo a la superficie lo que se
esconde por debajo de la política vigente: un profundo vacío de
legitimidad y de representatividad.
No se ha creado aquí una sociedad con autores autónomos y
activos. Dentro del país hay otro país de masas desheredadas y
anónimas. Desde su fundación el Estado ha sido excluyente y
antipopular; ciertas élites se apropiaron de él y lo usan para
garantizar sus privilegios y llevar a cabo sus intereses. Ellas no
tienen un proyecto Brasil que incluya a todos, sino un proyecto para
sí, excluyendo o subordinando a los demás. Un Estado sólo es
verdaderamente soberano y una clase política representativa,
cuando están asentados sobre una sociedad con actores autónomos y
activos, que en realidad nunca ha existido consistentemente. Sin una
sociedad organizada por ciudadanos participantes se vacía la
democracia y se liquida la representatividad.
En un escenario como éste, el negocio, el tráfico de influencias, el
reparto de prebendas y el asalto al bien público hacen que la
corrupción sea sistémica. Es una moneda corriente que compra y
vende todo. Casi todos participan, casi todos son cómplices, casi
todos llegan a acuerdos y casi todos se cubren mutuamente. No
pueden ser sorprendidos porque entonces comienzan a funcionar las
leyes y los procesos que, debido a las muchas maniobras,
normalmente terminan en nada. Esta ha sido la lógica dominante,
con honrosas excepciones de figuras íntegras e incorruptibles, pero
que no consiguieron modificar el rumbo.
La llegada del PT al gobierno central fue el primer gran ensayo de
otra clase política, de otro sentido de Estado y de otra ética pública.
El Presidente Lula encarna en su biografía este giro en la historia
política brasilera. Fue elegido por la convocatoria de las banderas de
la ética y de los cambios.
Ha tenido que enfrentarse al peso de toda una historia de siglos y
una coyuntura extremadamente vulnerable. No teniendo mayoría en
el Parlamento tuvo que hacer composiciones para garantizar la
gobernabilidad. ¿Hasta qué punto estratos de su gobierno no fueron
contaminados por la lógica corrupta de las cosas? ¿Hasta qué punto
faltó prudencia política en las alianzas con partidos poco confiables?
No nos cabe anticipar desenlaces.
Independientemente de los juicios que podamos hacer sobre la
actuación del gobierno Lula, consideramos de fundamental
importancia, en una perspectiva de futuro, continuar sustentando las
dos banderas, la de la ética y la de los cambios.
Sin cambios sustantivos jamás vamos a fundar una sociedad de
ciudadanos participativos y recrear un Estado con sentido social,
abierto a la fase globalizada de la historia humana. Sin una ética de
la transparencia, del valor del servicio público y sin control sobre los
posibles desvíos, faltará el aceite que haga funcionar todo. Urge
salvar el capital de la esperanza.
Estoy convencido de que el PT y el Presidente Lula todavía viven
de este sueño. La crisis los purificará y madurará. Junto con la base
parlamentaria importa alimentar la base popular, ya ofrecida por
decenas de entidades que escribieron la Carta a los Brasileros,
apoyando y reclamando al Gobierno, conscientes de su autonomía
pero también de su responsabilidad. Entonces será verdad lo que
escribió Platón: «todas las cosas grandes suceden en la crisis».

124. Límites de la tolerancia


2005-07-08

Todo tiene límites, también la tolerancia, pues no todo vale en


este mundo. Los profetas de ayer y de hoy sacrificaron sus vidas
porque alzaron su voz y tuvieron el valor de decir: «no te está
permitido hacer lo que haces». Hay situaciones en que la tolerancia
significa complicidad con el crimen, omisión culposa, insensibilidad
ética o comodismo.
No debemos tener tolerancia con aquellos que tienen el poder de
erradicar la vida humana del Planeta y de destruir gran parte de la
biosfera. Hay que someterlos a controles severos.
No debemos ser tolerantes con los que asesinan inocentes, abusan
sexualmente de los niños, trafican con órganos humanos. Cabe
aplicarles duramente las leyes.
No debemos ser tolerantes con quienes esclavizan a menores para
producir más barato y lucrarse en el mercado mundial. Hay que
aplicarles la legislación mundial.
No debemos ser tolerantes con los terroristas que en nombre de
su religión o de su proyecto político cometen crímenes y matanzas.
Hay que detenerlos y llevarlos a juicio ante los tribunales.
No debemos ser tolerantes con quienes falsifican medicamentos
que producen la muerte de personas o instauran políticas corruptas
que dilapidan los bienes públicos. Contra estos debemos ser
especialmente duros pues dilapidan el bien común.
No debemos ser tolerantes con las mafias del tráfico de armas, de
las drogas y de la prostitución que incluyen secuestros, tortura y
eliminación física de personas. Hay castigos claros.
No debemos ser tolerantes con prácticas que, en nombre de la
cultura, cortan las manos de los ladrones y someten a las mujeres a
mutilaciones genitales. Contra tales prácticas prevalecen los
derechos humanos.
En estos niveles no hay que ser tolerantes, sino decididamente
firmes, rigurosos y severos. Esto es virtud de la justicia y no vicio de
la intolerancia. De no hacerlo así, no tendremos principios y seremos
cómplices del mal.
La tolerancia ilimitada acaba con la tolerancia, así como la
libertad sin límites conduce a la tiranía del más fuerte. Tanto la
libertad como la tolerancia necesitan, por lo tanto, la protección de
la ley. Si no, presenciaremos la dictadura de una única visión de
mundo que niega todas las otras. El resultado es rabia y deseo de
venganza, fermento del terrorismo.
¿Dónde están entonces los límites de la tolerancia? En el
sufrimiento, en los derechos humanos y en los derechos de la
naturaleza. Donde se deshumaniza a las personas termina la
tolerancia. Nadie tiene el derecho de imponer un sufrimiento injusto
a otro.
Los derechos están expresados en la Carta de los Derechos
Humanos de la ONU, firmada por todos los países. Todas las
tradiciones deben atenerse a dichos preceptos. Las prácticas que
impliquen la violación de sus enunciados no pueden justificarse. La
Carta de la Tierra vela por los derechos de la naturaleza. Aquel que
los viola pierde legitimidad.
Finalmente, ¿hay que ser tolerantes con los intolerantes? La
historia ha comprobado que combatir la intolerancia con otra
intolerancia conduce a la espiral de la intolerancia. La actitud
pragmática busca establecer límites. Si la intolerancia implica
crimen y perjuicio evidente a otros, prima el rigor de la ley y la
intolerancia debe ser limitada. Fuera de esta restricción legal, vale
la libertad. Se debe confrontar al intolerante con la realidad que
todos comparten como espacio vital, llevarlo al diálogo incansable y
hacerle pensar en las contradicciones de su posición. El mejor
camino es la democracia sin fin que se propone incluir a todos y
respetar un pacto social común.

125. ¿Emparedar a Lula?


2005-07-15

Luis Gonzaga de Souza Lima, brillante politólogo de la


Universidad del Estado de Rio de Janeiro, trabaja desde hace años la
hipótesis interpretativa según la cual Brasil sería mejor entendido
históricamente si partiésemos de la constatación de que, desde sus
orígenes, fue y sigue siendo una empresa privada multinacional de
las más exitosas de las que se tenga noticia en Occidente. Ha habido
épocas en que su moneda era con mucho la de mayor valor del
mundo. Por ser empresa privada nunca pudo construir realmente
una sociedad organizada ni crear un Estado que realizase un
proyecto colectivo.
Élites portuguesas, españolas e inglesas, articuladas con élites
criollas, se hicieron cargo del simulacro de Estado en beneficio
propio, manteniendo entre un 50 y un 60% de la población
esclavizada o empobrecida. El espíritu privatizador de las capitanías
hereditarias, del esclavismo, de la posesión de tierras compradas por
dinero, el asalto organizado a los bienes de ese simulacro de Estado,
la confusión de lo público con lo privado, el patrimonialismo, los
compadreos, la falsificación de documentos y la corrupción más
descarada, son propios de la lógica de esta empresa. Cada
generación le dio su molde, pero su estructura de base permaneció
idéntica hasta hoy. Se ha formado una clase política con este tipo de
ethos de salteadores. Consideran la república cosa suya. Una vez
arriba se sienten con el derecho de depredarla para sí. Para no
cometer un error de valoración, digamos que ha habido sus
excepciones.
¿Cuál es el escándalo actual? Que un metalúrgico, un
superviviente del hambre, asentado en un vasto movimiento social
que siempre se opuso a ese descalabro, consiguió romper el blindaje
institucional y ser elegido Presidente. Las clases adineradas nunca lo
han aceptado, pero han tenido que tragarlo política y
económicamente. Con una estrategia sutil, avalada por los
organismos del orden económico mundial, consiguieron mantener el
proyecto de la macroeconomía con el pretexto de evitar el caos
generalizado y de garantizar la gobernabilidad. Pero esta estrategia
no ha tranquilizado a las élites. Sospechan que los movimientos
sociales podrían, en un momento crítico, presionar al Gobierno y
cambiar las reglas del juego económico dando centralidad a lo social.
Hay que emparedar a Lula, proclaman. Es un obstáculo para que las
élites vuelvan al poder. Un estorbo para su enriquecimiento
perverso. Hay que alejarlo.
El lugar del obrero es la fábrica, la cadena de producción, no el
gobierno o la gestión de la cosa pública. Se trata de una cuestión de
cultura de clase. La existencia de la corrupción, que debe ser
investigada y condenada, ha presentado ahora la ocasión para
resucitar el viejo sueño traicionero de las élites.
¿Cómo realizarlo? Políticos del PFL (Partido del Frente Liberal) y
del PSDB (Partido de la Social Democracia Brasilera), por lo general
personas sin mayor sentido de responsabilidad por el país, han
puesto en marcha ya un proceso de destitución. La otra estrategia ha
sido anunciada por una figura de la vieja política carcomida y
corrupta, cuando ha dicho con todas las letras: «No queremos la
destitución de Lula, queremos desmoralizarlo, desangrarlo y
liquidarlo, para que sea avergonzado públicamente y derrotado en
las elecciones, y desaparezca para siempre del escenario político».
Estoy convencido de que esos políticos manejan viejos esquemas.
Pero ahora no les va a valer. El pueblo sabrá, por millones, defender
su conquista histórica. Van a correr a esos vendedores como lo hizo
Jesús en el templo de Jerusalén: «Que se vayan, que se vayan todos».
126. Corruptio optimi péssima
2005-07-22

Esta expresión latina dice en forma breve una gran verdad: «la
corrupción de los mejores es la peor de todas». Ha habido
corrupción en políticos del PT y en otros, no puntual ni episódica
sino intencionada y planeada. Este tipo de corrupción, como muchos
pueden atestiguar, viene siendo practicada desde hace mucho por la
política convencional de forma sistemática: la creación de la caja dos
para financiar campañas electorales y comprar eventualmente votos.
Aunque todos hicieran eso (queda siempre el derecho a la duda), el
PT jamás podría hacer lo mismo. Él surgió en el escenario histórico
con la bandera de la moralidad pública, de los cambios, de la
centralidad de lo social y de la democratización de la democracia. Y
he aquí que ahora sectores importantes del PT resbalaron hacia la
fosa común, deshonraron una historia gloriosa, traicionaron a los
que vivían de esperanza y dan una sacudida formidable en la
evolución política de Brasil. La corrupción de estos mejores es la
peor cosa que pueda existir. Aunque nadie tenga su monopolio,
¿quién será ahora el portador colectivo de la ética? No se puede
reanimar un cadáver. Hay que enterrarlo.
Gracias a Dios existen personas en el PT que siempre resistieron
la tentación de beneficiarse del poder, que no negociaron con «malas
compañías», que alimentaron una relación orgánica con los
movimientos populares y que mantuvieron siempre un alto nivel
ético-místico en su práctica política. Éstos forman la reserva ética,
ganaron credibilidad en esta crisis y sobresalen como punto
luminosos de referencia. Si no fueran escuchados, si no ocuparan
posiciones intrapartidarias importantes en la reconstrucción de la
figura del partido, será señal de que éste no está dispuesto a
aprender nada de la crisis y persiste en su arrogancia y en su
fariseísmo.
Esta crisis ética nos hace pensar. No es suficiente una ética social,
expresión de un proyecto colectivo representado, por ejemplo, por la
generosa tradición marxista/socialista. En función de un bien
colectivo y por causa del dinamismo propio de la dialéctica, hay en la
práctica marxista la tendencia a justificar deslices éticos como pasos
tolerables para conseguir ciertos avances en la lucha de clases. Se
sacrifica la ética personal en nombre de un fin más alto.
Esta posición no es aceptable para los cristianos, de cuyas filas
viene mucha gente del PT. Si hay un aporte perenne que el
cristianismo ha traído al discurso ético es ciertamente éste: el
carácter innegociable de la ética personal. La razón estriba en
entender la conciencia como norma interiorizada de la moralidad.
Esta interiorización es un hecho irreductible. No es fruto de algún
superyo social, ni es eco de la voz del dominador externo. Hay ahí
dentro, en lo íntimo de cada persona, una voz que no se calla,
siempre vigilante, aprobando y prohibiendo, advirtiendo,
aconsejando y diciendo: «no hagas eso, haz esto otro». Por más que
psicoanalistas, marxistas y otros maestros de la sospecha hayan
intentado deconstruir esa voz, ella perdura soberana. Sócrates y
Kant la llamaron la «voz de Dios en nosotros». Nunca se calla.
Los corruptos del PT y otros no escucharon esa intimidación de su
conciencia. Ningún proyecto de poder, ninguna victoria electoral
justifica la desobediencia a la conciencia. Y así, serán castigados por
las leyes y mucho más por su propia conciencia. De nada sirve huir,
ésta siempre los perseguirá.
127. Preservar el legado de Lula
2005-07-29

Se dice que, en política, se piensa casi siempre con una sola


intención, es decir, con la segunda. Raramente el discurso es en
primera intención y por eso transparente. Quien lo hace, corre el
riesgo de pasar por ingenuo o de hacer el juego al adversario. De ahí
cierta connotación de farsa que la retórica política asume. Pero lo
que generalmente importa más es el subdiscurso, lo no dicho en lo
dicho. En lo no dicho se esconden los intereses que los partidos y sus
representantes políticos representan. Muchos de estos intereses ni
siquiera pueden ser explicitados pues revelarían a las claras su
carácter clasista, antidemocrático y hasta antiético.
Digo todo esto a propósito de la crisis política provocada por las
denuncias de corrupción, que todavía deben ser comprobadas
cabalmente, por parte de sectores del PT que rozan de algún modo
zonas próximas al Gobierno. Lógicamente, la corrupción debe ser
combatida, eliminada y castigada. La mayor dificultad reside en el
hecho de que es una adherencia al tipo de clase política que se fue
desarrollando a lo largo de la historia brasileña, infiltrando las
instituciones públicas, contaminando las prácticas de gobierno y
contando todavía con la impunidad generalizada de los corruptos y
de los corruptores.
En una tal atmósfera generalizada es aún más difícil identificar,
denunciar y castigar un hecho concreto de corrupción, como el que
se presume en sectores del PT y de algunos partidos aliados.
En primer lugar, hay profunda decepción en grupos sociales
importantes, especialmente populares, que depositaron gran
confianza en el PT con la certeza de que con él tales desvíos éticos
jamás se repetirían. Y se repitieron. Un grupo del PT cayó en la
tentación del poder y de la ambición de dinero, porque sucumbió a
su lógica intrínseca, que es: no se puede garantizar poder y dinero
sino buscando más poder y más dinero. Fue la perdición, para estos
sectores del PT. Sin control, transparencia y una sólida ética
personal, muchos lamentablemente sucumben, como han sucumbido.
En segundo lugar, lo que duele es ver a políticos corruptos que
claramente se han beneficiado de la máquina oficial y del poder de
Estado, comportándose como vestales mientras acusan duramente a
los otros de corrupción. No es que no deban acusarlos, pues los
hechos están ahí, pero no lo hacen con esa humildad y esa dignidad
que aleja el espíritu de venganza y de innegable satisfacción al ver a
los «puros» en la misma fosa común en la que ellos se encuentran.
Seguramente habrá muchos efectos colaterales con el riesgo de
desestabilizar políticamente al Gobierno. Ojalá no se llegue a la
destitución del Presidente, pues independientemente de su eventual
conocimiento de los hechos, podría crear una convulsión social.
Sospecho que, dada la articulación de los movimientos sociales
liderados por el MST, saldrían multitudes a las calles, no como en los
tiempos de Collor para pedir la destitución, sino al contrario, para
garantizar el mandato del Presidente y cuestionar la legitimidad de
un Parlamento acusado también de corrupción y, por eso, viciado.
Más que los hechos, cuentan aquí los símbolos poderosos del
imaginario popular. Lula es visto como arquetipo colectivo, resultado
de una acumulación de decenas de años de luchas, la realización de
un sueño secular de resistencia, de contestación del orden presente
y del deseo de otro tipo de sociedad que haga justicia a los millones
de destituidos. Esta herencia que pesa sobre los hombros de Lula y
que él no puede traicionar, merece ser preservada celosamente.

128. ¿Liquidar al PT y tolerar a Lula?


2005-08-05

Hay un proverbio alemán que se aplica a la actual situación


brasileña, leída en profundidad: «se golpea en el saco pensando en el
animal que está dentro del saco». En otras palabras: se golpea al
Presidente, especialmente a la cúpula del PT (saco), pero lo que se
quiere es golpear al PT como un todo, especialmente a su cuadro
principal, José Dirceu (animal). ¿Por qué?
Para entenderlo es necesario conocer la lógica de las élites,
minuciosamente analizadas por José Honorio Rodrigues, en
«Conciliación y reforma en Brasil», y por Raymundo Faoro, en «Los
dueños del poder». Este factor no puede ser descartado como hacen
algunos analistas.
¿Quiénes son esas élites? Son los «dueños del poder», políticos
profesionales e intelectuales conservadores, grandes empresarios y
rentistas. Es ese estamento que controla el poder real y orienta la
economía en beneficio suyo. El Estado, durante la mayor parte de su
historia, ha sido dirigido por este estamento que, mediante la fusión
de los intereses públicos con los privados, creó el llamado
patrimonialismo. Su propósito es aumentar el patrimonio personal o
empresarial, cosa que según Faoro ha durado hasta el tiempo de
Fernando Henrique Cardoso.
¿Cuál es la estrategia de estas élites? Según José Honorio
Rodrigues se resume en estos dos puntos: primero, retrasar
indefinidamente la solución de los problemas, ganar tiempo
inventando fórmulas sutiles para engañarse y engañar a la opinión
pública, y terminar abortando la solución de los problemas. En caso
de que se vean obligados a hacer reformas, éstas no pasan de ser
remiendos que no ponen en peligro sus intereses. Segundo, hacer la
conciliación –hoy se llamaría el «acuerdazo»–, que no es un
compromiso de concesiones mutuas para un avance colectivo, sino
una política mañosa dirigida a agudizar las diferencias entre los
grupos y a ocultar la corrupción, de forma que los beneficios queden
sólo entre ellos, excluyendo al pueblo.
¿Por qué no debemos subestimar a estos «dueños del poder» en la
crisis actual? Por dos razones principales: primero, porque se
sienten mal fuera del poder central, no están acostumbrados a eso, y
consideran que son privados de sus derechos cuando pierden
privilegios. Segundo, porque Lula nunca fue su candidato. Sería
hasta una contradicción de clase: Lula no los representa, ni ellos lo
quieren; lo toleran con dificultad, porque ganó las elecciones, y
ahora se sienten beneficiados por la opción macroeconómica de
corte neoliberal que el Gobierno ha tomado. Pero no se sienten
seguros con esta opción, porque Lula puede cambiar. Bajo la presión
de los movimientos sociales o de su propio partido, en coherencia
con su base social, puede optar por otro modelo de economía
sometida a imperativos de la política social. Si así fuera, ellos
perderían sus privilegios. Por eso la política actual no los deja
tranquilos.
Su objetivo principal, sin embargo, no es quitar a Lula, sino
impedir su vuelta al poder. Bien que les gustaría apartar a Lula, pero
saben que sería dificil, debido a la aceptación popular de que goza
todavía y a la movilización multitudinaria que organizarían los
movimientos sociales. Su propósito principal es liquidar al PT como
el partido de los cambios, desmoralizarlo, desangrarlo, poner al
pueblo en su contra. Es más que hacerle perder unas elecciones. Es
descalificarlo como el partido de un proyecto alternativo de Brasil.
Sólo entonces esas élites se sentirían tranquilas para poder seguir
por muchos años dominando desde el Estado, haciendo
eventualmente algún pequeño cambio para que no hubiera ninguna
transformación que beneficie realmente al pueblo, como la reforma
agraria.
129. PT, religión y ética
2005-08-12
Entre las muchas fuerzas que se combinaron para fundar el PT
está, sin duda, la Iglesia de la Liberación. Por tal se entiende aquel
sector de Iglesias (la católica y otras evangélicas) que compredió que
no se puede predicar el evangelio sin articularlo con la justicia
social, pues en caso contrario la religión se convierte en alienación.
Por eso la Iglesia de la liberación consubstanció su identidad en una
clara opción por los pobres, contra la pobreza, y a favor de la
liberación.
Este sector, significativo pero no mayoritario, propició cien mil
comunidades de base, centenas de millares de círculos bíblicos,
decenas de centros de defensa de los derechos humanos, y animó la
llamada «pastoral social», creada por la Conferencia Episcopal
brasileña, llegando así a millones de personas.
Los integrantes de este tipo de Iglesia en redes de comunidades,
se entienden a sí mismos como parte del movimiento social mayor
con el que siempre están articulados. Por eso, no cayeron en la
tentación de elaborar un proyecto propio, sino que asumieron el
proyecto del movimiento social popular. Éste es conocido: refundar
Brasil de abajo para arriba y de dentro hacia fuera, asentado en la
soberanía, la ciudadanía, la democracia participativa... con un tipo
de desarrollo social que produzca justicia y disminución de las
desigualdades, que realice la segunda abolición de la pobeza y de la
miseria (C. Buarque), que respete la ecología... O sea: crear una
sociedad en la que todos quepan, incluida la naturaleza.
La utopía de la fe muestra una profunda connaturalidad con el
proyecto del movimiento social y con el proyecto del PT. En otra
palabras, el evangelio no es sólo bueno para prometernos la vida
eterna; también es bueno para ayudarnos a construir una vida
terrena más justa, fraterna y espiritual.
Este tipo nuevo de cristianos no es que entraron al PT, sino que
ayudaron a fundarlo, porque vieron en él un instrumento –no el
único- para realizar el proyecto popular y para acercarse al sueño
cristiano. El PT era el espacio en el cual los ausentes de la historia se
hacían presentes, los injustamente enmudecidos comenzaban a
hablar y a discutir qué Brasil queremos, después de 500 años. Ellos
hicieron al PT dos aportaciones notables: la mística y la ética. La
mística, en el sentido de una visión poderosa que anima a
mantenerse en la lucha a pesar de las dificultades y fracasos, y la
ética, como una actitud básica de transparencia y corrección que
pone el bien común siempre por encima del bien particular, y que
jamás practica la tan tradicional corrupción.
Estas dos aportaciones son fundamentales en este momento
crítico en que, frente a la corrupción de varios de sus dirigentes, se
piensa en refundar el PT. Los «iglesieros» -como se llamaba
popularmente a los miembros del PT que provenían de ambientes
cristianos, a los que muchos, soberbiamente, consideraban al
margen-, constituyen hoy una fuente de la que un PT renovado podrá
y deberá beber. La religión, cuando es vivida en su forma espiritual,
tiene esa virtud: la de reforzar la salud de la política y la de combatir
toda corrupción.
Lo veo claro en la figura del Senador Delcídio Amaral, que preside
la comisión CPMI de la corrupción. Es un hombre de oración. Ésta
implica un diálogo con el yo profundo, cuyo efecto es una irradiación
de serenidad y de infinita paciencia. Cuando en «Roda Viva» -aquel
programa de la televisión brasileña que consistía en una entrevista
personal en profundidad- confesó que «Dios nunca lo había
abandonado», se conmovió. Y con razón, pues creer en Dios, como
dijo Pascal, no es pensar en Dios, sino sentir a Dios a partir de todo
lo que existe. Con una persona así, podemos estar seguros de la
honradez de su trabajo y de que la corrupción será debidamente
desenmascarada.
130. ¿Fracaso de la utopía?
2005-08-19
La gente de la Casa Grande (la casa del amo de los esclavos)
nunca aceptó en política a alguien que viniese de la Senzala (el
galpón donde vivían hacinados los esclavos). Por cuenta de las
corrupciones de la cúpula del PT y de los equívocos del Gobierno de
Lula en la alianzas partidarias, a aquella gente le vino de regalo una
oportunidad para la que no necesitó conspirar: la posibilidad de
deponer legalmente al Presidente y de liquidar políticamente al PT.
Corifeos de la oposición, aunque lo disimulen, adelantan claramente
esa hipótesis. Lógicamente, una deposición no es algo meramente
jurídico: es una bomba que puede derrumbar todo el edificio político
de un país. Pero los dueños del poder sólo pueden ganar, con tal
desenlace trágico. La vuelta al poder central les quedaría abierta.
¿Qué pasaría si eso llega a ocurrir?
La primera reacción, como ya apareció en la prensa, vendría de la
Comisión de los Movimientos Sociales (CMS) liderada por el MST,
CUT y UNE, que engloba cerca de 50 entidades populares. A pesar
de la crítica que hacen a la macroeconomía del Gobierno, colocarían
millares de personas en las calles para defender el mandato del
Presidente. El argumento básico es éste: la conquista de la
Presidencia no es un asunto personal de Lula, sino expresión
simbólica del poder popular que después de siglos de exclusión logró
articularse y llegar ahí. El «Lula-lá”, «Lula ahí» -grito popular en la
pasada campaña electoral-, volverá a ser bandera política. ¿Qué
legitimidad política y ética tiene un Congreso, invadido por una
corrupción sistémica reconocida, para juzgar a un Presidente, por
corrupción? Temo que los movimientos sociales cerquen el Congreso
con el grito «Que se vayan todos». Colocarían a los parlamentarios
bajo una fuerte presión, más todavía teniendo en cuenta que la
mayoría de ellos necesita un pueblo tranquilizado para reelegirse,
que es lo que más desean. ¿Quieren juzgar? Entonces, que juzguen a
todos en todas las instancias y que acaben con la hipocresía.
Cuando hay crisis de poder se necesita volver a la fuente del
poder, como dice la Constitución: «todo poder emana del pueblo y en
su nombre será ejercido». Todos los cargos públicos, desde el del
Presidente al del último servidor, son instancias delegadas de este
poder popular. Son servidores del pueblo no portadores originarios
del poder. Importa pues radicalizar la democracia. Una crisis de
democracia se cura con más democracia, y no con golpes
autoritairos o conciliaciones falaces sin el pueblo.
En segundo lugar, defender a Lula sería la forma mejor de impedir
el fracaso de la utopía. Las izquierdas de Brasil y del mundo
acompañan al Presidente Lula, no como mesías, sino como un
formulador de una nueva mirada sobre la globalización y la inserción
de los países en ese proceso. Su misión es hacer llegar a los oídos de
los dueños del poder del mundo el grito desesperado de los miles de
millones que pasan hambre y sed, y dar centralidad a la vida, a la
justicia mínima, sin lo que la globalización continúa siendo una
barbarie. Hundiendo a Lula y al PT se vuelve oscuro el horizonte de
la esperanza humana de que otro mundo sea posible y de que los
pobres puedan llegar un día a tener unas mejores condiciones.
Por otra parte, hay que despreciar a los líderes del PT que se
corrompieron y que no supieron estar a la altura del desafío histórico
brasileño y mundial. Repitieron las políticas patrimonialistas
tradicionales. En eso son indisculplables.
Finalmente, lo que venga después de Lula será lo peor: la
continuación de las privatizaciones y la vinculación de Brasil a ese
proyecto-mundo para el cual el pueblo y los pobres son un estorbo y
un peso muerto. Ellos no merecen esta maldición. Lucharemos para
que haya todavía un mínimo de compasión y de humanidad.

131. El degüello del chivo expiatorio


2005-08-26
La actual crisis es más política que moral. Es crisis de
representatividad. El pueblo no se siente representado por aquellos
a quienes eligió. La prueba es que, aparte de la corrupción, en dos
años, 210 de los 513 diputados han cambiado de partido.
Ante todo importa reconocer el carácter precario de nuestra
democracia. Parece una farsa, pues no puede haber democracia
digna de este nombre en la que un tercio de la población es excluida,
mientras ocho mil familias controlan cerca de 700 mil millones de
reales (290 mil millones de dólares), ocho mil familias que son esos
conocidos rentistas que financian mensualmente al gobierno a
cambio de elevadísimos intereses. Si elencáramos los valores de la
democracia tal como son pregonados por la retórica política –
libertad, igualdad, justicia social, participación, desarrollo social con
distribución de renta y seguridad ciudadana- nuestra democracia
sería su caricatura, por no decir su directa negación.
Y no hablemos de los políticos. Que lo diga por mí Pedro Demo,
sociólogo de Brasilia, a quien considero como una de las cabezas
mejor montadas en este país: «La mayoría es gente que se
caracateriza por ganar mucho, trabajar poco, hacer grandes
negocios, emplear a parientes y apadrinados, enriquecerse a costa
del tesoro público y entrar en el mercado por la puerta de arriba.
Hay excepciones, pero que confirman la regla. No tienen otra
vocación que la de permanecer en el poder. Inmoral para ellos es
sólo el perder las elecciones. Vale todo». («Introducción a la
sociología», 330). Descripción realista, nada de caricatura.
Ese «ethos» político es sistémico e histórico. Mucho antes que por
el PT, fue practicado por los partidos conservadores y liberales, por
el PSDB elitista, por el oligárquico PFL, por el negociante PTB, y
otros. Las investigaciones han dejado claro que ya en 1998, con
ocasión de la reelección del candidato del PSDB a gobernador de
Minas Gerais, el esquema de Marcos Valério ya funcionaba. Por ser
sistémico de nuestra democracia «de baja intensidad» y de mezcla
de intereses públicos y privados, la contabilidad clandestina
contaminó prácticamente todos los procesos electorales.
¿Cuál fue el error de la cúpula dirigente del PT? El no haber sido
una alternativa, el haberse adaptado a estos hábitos
antirrepublicanos. Con indignación vemos a los «bandidos» de ayer,
con el dedo en ristre ahora, acusando al PT como si esta corrupción
sistémica hubiese comenzado con él. Si se hiciese una investigación
seria de cara a una profunda reforma política, difícilmente los
partidos hoy «puristas» y los figurones «impolutos» escaparían a la
execración. El problema de los dirigentes del PT fue su falta de
profesionalidad. Dejaron huellas, y se convirtieron así en el chivo
expiatorio sobre el que ahora, hipócritamente, todos colocan sus
propios pecados para sentirse redimidos. Y como mostró René
Girard, el más famoso estudioso mundial del asunto («Le bouc
émissaire»), esa redención sólo se da si se lleva a cabo el degüello de
la víctima. Es lo que debe sobrevenir al Presidente; si no, la
expiación colectiva no tendría valor purgador. De esta forma, los
«dueños del poder» pueden regresar libremente al poder del Estado
y continuar allá la farra de los privilegios consagrados
estatutariamente como derechos. Si esto llega a ocurrir, habrá una
profunda división de la sociedad, pues millones de personas
defenderán el mandato del Presidente, considerado como un
mandato popular, mientras otros, en menor número, intentarán su
destitución.
Una nación solamente madura –enseñaba Celso Furtado- cuando
pasa por pruebas cruciales. Estamos pasando por una de ellas. O
hacemos los cambios necesarios, o condenaremos nuestra
democracia a ser de bajísima intensidad, y antipopular.
Vale ya de desperdiciar oportunidades.

132. La prueba crucial para Lula


2005-09-02

En muchos lugares de su vasta obra, pero principalmente en su


libro «Brasil, la construcción interrumpida» (1993), decía el maestro
Celso Furtado: «Somos un pueblo de extraordinaria polivalencia
cultural... Pero nos falta la experiencia de pruebas cruciales, como
las que conocieron otros pueblos cuya sobrevivencia llegó a estar
amenazada» (p. 35). Afrontar pruebas cruciales define el destino de
un país y le refuerza en su identidad básica.
Creo que la actual crisis política y moral representa una prueba
crucial para el futuro de Brasil. Pero significa también una prueba
crucial para el Gobierno del presidente Lula. Quien lo muestra con
especial agudeza es Juarez Guimarães, profesor de ciencia política
de la Universidad Federal de Minas Gerais y miembro de la
Fundación Perseu Abramo, en su libro «Esperanza equilibrista: el
gobierno Lula en tiempos de transición» (2004). Su libro trata de
situar al gobierno Lula en el contexto de la historia política
brasileña, y con datos del pensamiento político, sociológico y cultural
que aquí no es posible referir, muestra los desafíos que afronta y qué
estrategia utiliza para resolverlos. Para hacer justicia al gobierno
utiliza una categoría interpretativa fecunda, la de la «transcición de
paradigma».
¿De dónde a dónde es esa transición? De un Estado neoliberal
privatizante, inserto como socio menor de un proyecto-mundo, hacia
un Estado republicano que coloca lo social como objetivo central,
intentiva microcréditos para consumidores y pequeños inversores, y
especialmente organiza programas como «Hambre Cero» y «Bolsa
de familia», junto con otras iniciativas sociales que los acompañan.
Este proyecto afronta dos problemas estructurales que dificultan
la transicición: una democracia de clientela y una economía con
escasa sostenibilidad y con altísimas tasas de interés. Considerando
este cuadro complejo e incluso dramático, ¿cómo proceder a una
transición que tenga éxito? Hay que tener en cuenta la naturaleza de
toda transición, que tiene un lado de continuidad y otro de novedad.
El gobierno Lula ha optado por esta estrategia: la continuidad
será el mantenimiento del proyecto macroeconómico con las
contradicciones neoliberales que encierra, para ganar así la
confianza del sistema financiero internacional y garantizar la
estabilidad económica. La novedad es la introducción de políticas
sociales sustantivas, como la «Bolsa de familia», los intentivos a la
pequeña y mediana empresa, a la agricultura familiar y otros
proyectos en esta línea. Pero ocurre que a deuda pública heredada
es de tal magnitud que exige un superavit primario que roza el 5%.
Ese hecho obliga a una drástica restricción de los gastos del Estado,
pues en caso contrario la deuda no dejaría de crecer.
Aquí se da el impase: el proyecto económico no está adecualdo al
proyecto social. Es tan voraz que inviabiliza la transición hacia lo
social. Sólo produce una «transición bloqueada». Las bases
populares sienten la discontinuidad y se decepcionan por la falta de
cambios. Por eso piden el cambio de macroeconomía. Tal vez la crisis
política actual obligue a Lula a acercarse más y más a los
movimientos sociales. Para pactar con ellos contra una eventual
destitución, necesita aliviar el carácter neoliberal de la economía y
buscar una transición económica que sea el soporte para una política
social que atienda los reclamos de cambio de los movimientos y al
mismo tiempo le permita mantenerse en el poder.
133. El PT y la metafísica de las costumbres
2005-09-09

Dando seguimiento a la crisis política y moral interna del PT, son


muchos los que, perplejos, se preguntan: ¿cómo se pudo llegar a eso,
a que la cúpula del partido traicionase los principios ético-políticos
que el PT como conjunto siempre predicó y que al llegar al gobierno
central negó rotundamente?
No quiero recurrir a la sabiduría cristiana que en su realismo
histórico siempre afirmó la profunda ambigüedad del ser humano,
demens y sapiens, justo y pedador. Si no se somete a una
autovigilancia permanente y a un control social, tiende a caer en el
error, la injusticia y la corrupción. Como el discurso teológico no es
moneda corriente, prefiero remitirme a Enmanuel Kant (+1804), uno
de los pensadores mayores de la ética. Él tal vez nos ayude a
entender la presente tragedia.
En su «Crítica de la razón práctica» (1788) y en su «Metafísica de
las costumbres» (1797) propone un «principio moral» (Moralprinzip)
y una «ley de costumbres» (Sittengesetz) que considero
permanentemente válidos. No prescribe ningún contenido concreto,
que podría ser relativizado por la historia o por la diferencia de
culturas, sino una actitud básica a ser vivida en todo momento por
los seres humanos: «Obra de tal manera que la máxima de tu
voluntad pueda siempre y al mismo tiempo valer como principio de
una legislación universal». En otras palabras: vive una ética personal
con tal excelencia, que pueda valer siempre para todos.
El sentido profundo de la intuición kantiana es articular lo
personal con lo universal. Concretamente, no hay una ética personal
que va por un camino, y una ética social que va por otro. Lo que vale
para una debe valer para la otra. Más todavía, el principio kantiano
establece por dónde debe comenzar la ética: por la propia persona.
Sin ésta, la ética social no se sostiene.
¿Qué ha ocurrido con los dirigentes del PT? Se concentraron en la
ética social descuidando la ética personal. Aun siendo indulgentes
con ellos, podemos suponer el siguiente argumento que sabe a
Maquiavelo o a marxismo vulgar: si el fin es bueno, y si conseguimos
inaugurar un tipo de política que libera a los oprimidos, no importan
los deslices éticos.
Aquí está el equívoco que abre el camino a la corrupción. Es una
corrupción diferente de la corrupción tradicional, que es
patrimonialista, o sea, que intenta el enriquecimiento del patrimonio
personal. En este caso, se ha dado un patrimonialismo partidario:
beneficiar al partido para perpetuarse por muchos años (¿tal vez
20?) en el poder, a fin de llevar a cabo el proyecto liberador.
El fin colectivo puede parecer bueno. Pero el sujeto que realiza la
consecución de este fin bueno no se muestra bueno. La ética social
ha pervertido a la ética personal. Este comportamiento, según Kant,
no es universalizable.
Conclusión: no hay ética social que dispense la ética personal. La
revolución ética debe comenzar con la persona. Ésta nunca es un
individuo en su espléndido aislamiento, sino que como persona es un
nudo de relaciones dirigidas hacia todas las direcciones, por tanto
siempre social. Quedarse sólo en lo personal sin darse cuenta de lo
social ahí escondido, limita los cambios. Quedarse sólo en lo social
sin darse cuenta lo personal ahí presente, aborta las
transformaciones. Hay que articular siempre lo personal con lo
social y ser éticos de punta a punta. En caso contrario, se termina
siempre en tragedias como ésa de la cúpula herodiana del PT. Y ahí
vienen las decepciones, y todo se retrasa en el proceso de liberación.

134. ¿Interrumpir el proceso?


2005-09-16

Ante una crisis como la actual, el analista no debe contentarse


con análisis meramente coyunturales, sino que debe mirar lejos y
hasta el fondo. En realidad, Brasil es una periferia de centros que
desde el siglo XVI nos mantienen atados a ellos: fuimos colonizados,
neocolonizados y hoy globocolonizados. Siendo sinceros hemos de
decir que Brasil no se sostiene autónomamente en pie. Yace
«eternamente echado en una espléndida cuna». La mayor parte de
su población está constituida por sobrevivientes de una interminable
tribulación. Sorprendentemente, ha sabido conservar el buen humor,
el sentido lúdico y una invencible capacidad de festejar y esperar.
Antes de la llegada de Lula al poder, nunca hubo una ruptura que
permitiese la emergencia de un nuevo sujeto de poder, capaz de
ocupar efectivamente la escena histórica y de comenzar a moldear la
sociedad brasileña de modo que todos pudieran caber en ella. Pero,
vergonzosamente, errores y traiciones de sectores dirigentes del PT
desperdiciaron esta oportunidad histórica, volviéndose execrables
frente al pueblo sufriente y a todos los que se alaron con él, durante
toda una vida. Eso explica la iracundia sagrada que se ha apoderado
de sectores de la sociedad comprometidos con las transformaciones
y con la ética, crucificadas por el hambre desenfrenada de poder.
Por lo demás, el comportamiento de las élites es conocido. En su
camaleonismo, han quedado y quedan siempre de parte del poder,
sea el que sea, para mantener sus privilegios. Si no, conspiran. Ello
hace que el juego nunca cambie; simplemente se vuelven a barajar
las cartas de la misma y única baraja, como bien lo mostró Marcel
Bursztyn en «El país de las alianzas. Élites y continuismo en Brasil»
(1990).
Esta situación viene de lejos, del tiempo de la fundación de Brasil,
como mostraron maestros como Sergio Buarque de Holanda con su
«Raíces de Brasil» (1936), como Caio Prado Júnior con su
«Formación del Brasil contemporáneo» (1945), como Simon
Schwartzmann con su «Bases del autoritarismo brasileño» (1982) y
como Darcy Ribeiro con su «El pueblo brasileño» (1995). Marilena
Chaui, con su notoria contundencia, en una conferencia en Portugal
ya en 1993, resumió este legado perverso: «La sociedad brasileña es
una sociedad autoritaria, violenta, que posee una economía
depredadora de recursos humanos y naturales, y convive con
naturalidad con la injusticia, la desigualdad, la ausencia de libertad y
los espantosos índices de las varias formas institucionalizadas –
formales e informales- de exterminio físico y psíquico y de exclusión
política y cultural».
Gobernar un país así y pretender todavía revolucionarlo es un
desafío para gigantes y para héroes. Por eso, entendemos las
dificultades del Gobierno Lula. La cisis actual representa para la
sociedad y los movimientos organizados, pero especialmente para el
Gobierno, una prueba crucial rumbo a un salto de cualidad política
que nos redima del pasado y pase el país a limpio. El gran obstáculo
es la miopía y el reaccionarismo de algunos líderes políticos,
acantonados especialmente en el PFL, ávidos de hechos que les
justifiquen una eventual destitución del Presidente Lula. Una cosa
así significaría interrumpir el proceso de lo nuevo, volviendo a abrir
el camino para la antigua dominación y para que continúen
mamando de las ubres del Estado.
Esas personas son más execrables incluso que los corruptos del
PT; por ejemplo el reaccionario senador Bornhausen, que dijo:
«finalmente nos vamos a librar de esta raza por lo menos para
treinta años».
135. Por qué quedarse en el PT
2005-09-23

Todo lo que está sano puede ponerse enfermo. La parte sana


puede curar a la parte enferma. Salud –bien lo saben quienes
trabajan con ella- no es ausencia de daños, inherentes a la condición
humana. Salud es fuerza para vivir con esos daños y sin embargo
crecer humanamente con ellos. Esta perspectiva vale para la crisis
que alcanzó al PT y a toda la clase política. La enfermedad de la
corrupción es ocasión para mejorar la democracia política en todos
los partidos.
Esta forma de mirar las cosas no disculpa los errores cometidos,
pero denuncia el moralismo que considera esos errores como si
fueran una enfermedad terminal. Muchos tienden a abandonar el
partido como una forma de protesta que, en el fondo, oculta el
moralismo. Con eso agravan la dispersión de las fuerzas de
izquierda, que quedan debilitadas como alternativa a las fuerzas
conservadoras que construyeron el país desigual e injusto que hemos
heredado. Éstas aprovechan la actual crisis, que tiene su origen en el
PT, para poder volver y continuar haciendo lo que siempre hicieron.
Quiero presentar algunos argumentos a favor de la permanencia en
el PT.
Es aconsejable quedarse en el PT porque a través de él un hijo del
caos social y representante de los movimientos sociales populares
llegó a la Presidencia después de siglos de exclusión y marginación
de las clases populares. Lula tiene rostro de pueblo y se hizo
depositario de sus esperanzas.
Es aconsejable quedarse en el PT porque él representa la ruptura
del poder político que siempre dominó la historia brasileña,
organizando el Estado y gerenciando el Gobierno en beneficio de las
élites econímicas, sociales e intelectuales.
Es aconsejable quedarse en el PT porque hizo avanzar la
democracia con calidad social y emancipatoria. La «Bolsa Familia»,
el microcrédito, el crédito consignado, el apoyo a la agricultura
familiar y otras iniciativas sociales benefician a millones de
personas. Eso va más allá de las políticas meramente
compensatorias, lo que marca la diferencia con la macroeconomía
del gobierno anterior. Con el PT en el gobierno serán ampliadas.
Es aconsejable quedarse en el PT porque representa el espacio en
el que los ausentes de la historia se hacen presentes, y los
injustamente enmudecidos aprenden a discutir los problemas de
Brasil y del mundo. Bajo el Gobierno Lula hay diálogo con los
movimientos sociales y no son criminalizados.
Es aconsejable quedarse en el PT porque el partido es más que
instrumento de un proyecto alternativo de Brasil, pues encarna una
historia de resistencia y de lucha construida durante 25 años, que
genera un sentimiento de pertenencia colectivo y una verdadera
comunidad de destino, con valores políticos nuevos y amplia
participación de estratos antes excluidos.
Es aconsejable quedarse enel PT en fidelidad y lealtad a los
millones de simpatizantes y millares de militantes que, a pesar de los
errores cometidos por el gurpo dirigente, continúan creyendo en los
ideales generosos del PT y alimentando la esperanza de que todo es
rescatable y es ocasión para aprender. El PT es una construcción del
pueblo concientizado.
Es aconsejable quedarse en el PT para ayudarle a curar sus
heridas, refundarlo si es preciso, para que realice la segunda
abolición, de la pobreza y de la miseria, con políticas más inclusivas,
y para conferir un carácter más social y ético a la democracia.
Es aconsejable quedarse en el PT para reforzar las izquierdas
mundiales, dispersas y confundidas frente a las artimañas siempre
flexibles de los dueños del poder mundial, para que puedan resistir y
mantener la esperanza de que otro mundo es posible.

136. El PT y la esperanza
2005-09-30

El vejamen ocasionado por la cúpula del PT envuelta en actos de


corrupción ha producido gran decepción y un sentimiento de traición
histórica indisculpable. La victoria de Lula y del partido simbolizaba
la ruptura del estilo de poder con el que las clases dominantes
mantuvieron su dominación e hicieron de Brasil uno de los países
más injustos del mundo, o, dicho teológicamente, un país en el que
campa más libremente el pecado social que grava pesadamente
sobre los pobres y ofende a Dios.
Un tipo de sueño fue destruido, pero no se destruyó la capacidad
de soñar. Esta capacidad es intrínseca al ser humano, pues
percibimos que lo dado no es todo lo real. También pertenece a lo
real lo potencial, lo que todavía no es y puede ser. Por eso la utopía
no se antagoniza con la realidad. Revela la dimensión potencial e
ideal de la realidad. Bien decía el viejo E. Durkheim: «la sociedad
ideal no está fuera de la sociedad real: es parte de ella». De este
transfondo potencial nacen siempre las utopías. Su función –ya ha
sido dicho bellamente- es hacernos caminar a medida en que vamos
transformando las posibilidades en nueva realidad. Ése es el desafío
del nuevo PT: rehacerse a partir de sus posibilidades internas.
Podemos perder la fe, y eso es grave, pues desaparece un sentido
que va más allá de esta vida. Pero sobrevivimos. Lo que no podemos
es perder la esperanza, pues eso es trágico, ya que nos quita las
razones de existir y de luchar. En esa situación vivimos simplemente
porque no morimos, en una vida sin sentido.
Una de las expresiones más significativas que he encontrado de la
esperanza fue en la Tate Gallery de Londres, de un pintor de la
escuela simbolista, Georg Frederik Watts (1817-1904). El cuadro
mostraba a la Tierra en forma de esfera, toda conturbada por ondas
avasalladoras y cubierta de nubes negras. Sobre ella estaba sentada
una mujer con una larga saya blanca totalmente mojada, como quien
hubiera sobrevivido a un gran naufragio. Extrañamente, tenía los
ojos vendados, pero sujetaba en la mano un arpa, con todas las
cuertas reventadas, menos una. Tocaba esa única cuerda, con el oído
pegado a ella como si estuviese escuchando una melodía casi
imperceptible. Era la melodía de la esperanza. Todo había
naufragado menos esa melodía escondida en la cuerda única.
Mientras haya todavía una cuerda, se puede rehacer la melodía de la
Tierra, se puede consolar a una alma afligida, y se puede rescatar el
suelo de un partido como el PT.
El PT se propuso cumplir una misión histórica: mejorar la
democracia incorporando a los millones de excluidos a base de un
nuevo estilo de hacer política a partir de las víctimas, miradas como
sujeto histórico, consciente y organizado, con la ética de la
transparencia, con propuestas de cambios y de distribución de la
renta, fruto de un desarrollo socialmente justo y ecológicamente
sostenible. Ese sueño no puede morir. Representa un legado: la
revolución posible dentro de la democracia, la revolución de las
grandes mayorías que ya no puden esperar más.
La crisis actual ha abierto una llaga que cicatrizará. Las recientes
elecciones internas han mostrado la vitalidad de las bases. Hay
virtualidades todavía no ensayadas que configurarán el perfil
renovado del PT. Ese desafío es de los militantes, pero también de los
ciudadanos interesados por una política sometida a la ética, la ética
que se articula con el cuidado, con la responsabilidad y con la
compasión para con todos, para con los que sufren, incluida la
Tierra. Como escribió Pedro Casaldáliga, «pueden quitarnos todo,
menos la esperanza fiel». Todavía queda camino.

137. PT: ensanchar la plataforma


2005-10-07

No estoy afiliado al PT porque estimo que un intelectual debe


intentar pensar el todo, no una parte, de donde se deriva la palabra
«partido»... Pero como ciudadano, estoy interesado por el rescatar
del PT como patrimonio que el pueblo organizado, los movimientos
sociales, las izquierdas y la Iglesia de la Libración han ayudado a
construir. Después de haber pasado por la clínica que lo ha
depurado, veo seis puntos fundamentales que pueden consolidarlo.
En primer lugar, ha de ser reasumida la bandera de los cambios.
La desigualdad social es absolutamente irracional e inaceptable. Por
razones políticas, éticas y humanitarias, alguien debe sumir esa
causa, y es el PT el que, en este caso, más experiencias puede
presentar.
En segundo lugar, estos cambios deben ser realizados a partir de
los de abajo, de las víctimas del proceso social perverso que
estigmatiza nuestra sociedad. Por eso el PT tiene que volver a las
bases, articularse con los movimientos sociales (no duplicar) y tener
ahí su principal base de apoyo. El pueblo debe ser el principal
destinatario y beneficiario de los cambios. La política no puede ser
sólo distributiva sino redistributiva, o sea, debe tomar de los ricos y
volverlo a pasar a los pobres.
En tercer lugar, todo debe ser realizado dentro del marco de la
democracia sin fin. Nada de golpismos o de violencia insurgente.
Sino radicalización de la democracia como valor universal a ser
realizado en todas las instancias hasta llegar a la economía.
Democracia sin fin e integral, es sinónimo de socialismo, en el
sentido de colocar lo social como eje estructurador de todo.
En cuarto lugar, la política debe ser orientada por la ética de la
transparencia. Eso exige control de los procesos y rotación en el
poder. Por tanto, nada de «dictaduras» de un grupo como el «sector
mayoritario». Quien viola la ética política debe ser excluido del
partido. Aquí el PT debe ser intransigente y ejercer «tolerancia
cero».
En quinto lugar, el PT debe ser un partido contemporáneo que
deja atrás el viejo paradigma antropocéntrico y que asume la fase
planetaria de la humanidad. En el nuevo paradigma, la Tierra es
entendida como viva, y como la única Casa Común que tenemos para
morar, con superpoblación, recursos escasos y bajo amenaza de la
máquina de muerte que nuestra civilización demente ha creado,
hasta el punto de poder exterminar la especie humana y herir
gravemente la biosfera. Hay poca masa crítica en el PT sobre esos
temas. El PT del Estado de Acre es el que más ha avanzado en esta
área, y puede inspirar a los demás. Los estrategas del partido deben
insertar este horizonte en su política local y mundial, para alcanzar
el nivel de conciencia exigido por el desafío actual. Además, el futuro
de la humanidad y de la vida depende en gran parte de lo que
hagamos con la Amazonia, con los recursos hídricos, con la
biodiversidad y la abundancia de fuentes alternativas de energía.
En sexto lugar, el PT debe estar abierto a la dimensión espiritual
de la existencia. Primero, porque el pueblo posee claramente esa
marca. Después porque el pensamiento científico de punta,
especialmente las ciencias de la vida y la nueva cosmología, se abren
a lo espiritual como una dimensión de lo humano. Ser espiritual es
liberarse del materialismo práctico y hacerse sensible a la gratuidad,
al intercambio de subjetividades y al encantamiento frente al
misterio de las cosas. Ese dato pre-político ayuda a dar cualidad a la
política y a lo político.
La crisis actual es una oportunidad para que el PT enriquezca su
plataforma. En caso contrario, no hará sino poner remiendos en ropa
vieja.
138. Elogio de la locura de Dom Luis
2005-10-14

Monseñor Fray Luiz Flávio Cappio fue alumno mío de teología


en Petrópolis en los años 1970 y 1971. Se destacaba de los
compañeros por un compromiso radical con los pobres y por el aura
de simplicidad y santidad que irradiaba. Quedó debiéndome el
trabajo de final de curso: una tesina de por lo menos treinta páginas.
El último día, antes de ser transferido para São Paulo, metió por
debajo de la puerta de mi celda una página en la que se leía:
«Después de cinco años de estudio, reflexión y oración, esto es lo
que ha quedado de mi teología». Y transcribía en griego, latín y
portugués el padrenuestro, la oración del Señor.
Siempre que lo encontraba le reclamaba yo aquel trabajo. En
1975, el jueves santo, desapareció del convento de São Paulo. Tres
días después, en un altar lateral de la iglesia, encontraron una carta
suya donde explicaba su decisión de ir a los más pobres de entre los
pobres y servirlos en nombre del evangelio. Salió sólo con el hábito y
el evangelio. Hizo auto-stop con camioneros. Dos meses después
llegó a Barra, en Bahia. Con su hábito de fraile, sandalias
franciscanas y el evangelio en la mano, predicaba por los pueblecitos
de la ribera.
Cuando lo localizaron, el superior provincial me telefoneó y me
dijo: «Fray Luis se ha vuelto loco, tenemos que ir a buscarlo». Yo le
respondí: «Padre provincial, abra el evangelio de San Marcos y lea el
capítulo 3 versículo 21: «Cuando los familiares supieron que Jesús
predicaba por allí, salieron a por él, pues decían: está loco». Algo
semejante ocurrió con San Pablo, que predicaba la cruz de Cristo,
escándalo para los judíos, locura para los paganos y salvación para
los cristianos. Lo mismo ocurrió con San Francisco de Asís cuando le
sugirieron seguir las reglas monásticas ya existentes en vez de la
radical identificación con los pobres. Respondió al enviado del Papa:
«Dios me llamó a seguir la vía de la simplicidad; no quiero que me
hablen de otras reglas; el Señor me reveló su voluntad de que fuese
un nuevo loco en el mundo». Dom Luis Flávio Cappio, al decidir
entrar en huelga de hambre, dijo: «Cuando la razón se acaba, la
locura es el camino».
Esa locura no es locura: es otra lógica, la del amor, de la
creatividad, de algo que es trans-sistémico. Si hay alguien que
conoce el valle del Río São Francisco es el obispo Dom Fray Luis. De
1992 a 1993 recorrió con un pequeño grupo todo el valle, visitando a
los ribereños, anotando los problemas y sugiriendo medidas
ecológicas. Lula, en la caravana del São Francisco en la que
participé, recibió de las manos de Fray Luis todo ese material, que
los técnicos valoran enormemente.
Como es un hombre espiritual y de gran santidad personal, Dom
Fray Luis ha desarrollado una especial intuición para los asuntos que
tienen que ver con los pobres y la degradación del «Viejo Chico»
-como le llaman cariñosamente al río-. El Gobierno habla de
soluciones técnicas. Fray Luis habla de soluciones sociales. No está
en contra del trasvase. Está contra ese tipo de trasvase que no ha
sido adecuadamente discutido con los afectados y que no garantiza
la solución social. En un mundo donde todo se convierte en
mercancía y ocasión de lucro, las aguas trasvasadas servirán en un
70% al agronegocio de exportación. Los Estados deben distribuir el
resto al pueblo sediento. ¿Lo irán a hacer sin cobrar? Dom Fray Luis,
en treinta años de identificación con los pobres del valle ha
entendido dónde está la dificultad. Se hizo «loco de Dios», portador
de una sabiduría más alta.

139. Votar «sí» es un avance


2005-10-21

En Brasil mueren por arma de fuego cerca de 100 personas por


día, y otras tantas quedan parapléjicas. Eso representa una
devastación diaria mayor que la de las dos guerras de Irak y de
Afganistán juntas. ¿Cómo afrontar este verdadero «estado de guerra
civil» cuyas víctimas son, en un 40%, jóvenes con edad comprendida
entre los 14 y os 25 años? El Estatuto de Desarme ya aprobado, y el
actual referemdum que estamos realizando en Brasil sobre la
comercialización de armas, tratan de dar una respuesta. Aunque sea
insuficiente, ya que no podemos eliminar totalmente el problema,
intentemos por lo menos minimizarlo. Es lo que quieren los que
votarán en favor de la prohibición de la comercialización de armas.
En realidad, detrás de cada arma hay un asesino potencial.
Aunque sea por legítima defensa, el arma ha sido construida para
matar o herir. Votar la prohibición de la comercialización de las
armas significa un paso más en la búsqueda urgente de una cultura
de la paz. De fuentes seguras nos viene la alarma: tenemos tantas
armas almacenadas –atómicas, químicas y biológicas- que podemos
erradicar totalmente la especie humana y dañar profundamente la
biosfera. Y está además la violencia contra la naturaleza. El modo de
producción imperante desde la revolución industrial implica una
voluntad ilimitada de explotación/agresión del planeta. En
consecuencia, la Tierra está dando señales de que no aguanta más.
Podemos experimentar el mismo destino que el de los dinosaurios.
Es importante recordar que, subyaciendo bajo esta violencia
sistémica, está el patriarcado, de diez mil años atrás. Fue él el que
inventó la guerra, los ejércitos, las armas y el Estado, detentador del
uso legítimo de la violencia. Defender las armas es alimentar el
patriarcalismo y el machismo. Es ser culturalmente atrasado.
Brasil fue construido a partir de la violencia que, desde la
fundación, se organizó como sistémica. Violenta fue la colonización,
violenta la esclavitud, violento el Imperio -sobre todo contra los
indígenas-, y violenta fue la República, que hasta los días de hoy
mantiene a cerca de 50 millones de personas en la pobreza y en la
exclusión. El arma se convirtió en símbolo del machismo todavía
vigente en la cultura, que paradójicamente, convive con la
cordialidad, en el sentido lúdico místico del pueblo brasileño.
Permitir el comercio de armas significa perpetuar este atraso. Es
situarse fuera del movimiento mundial y de ese nuevo humanismo
que está emergiendo por todas partes, que pide el rescate de la
razón sensíble, de la inteligencia emocional y espiritual, de la ética
del cuidado, de la nueva alianza entre lo masculino y lo femenino...
valores todos ellos capaces de hacernos más tolerantes, compasivos
y pacíficos para con todos, también para con los demás miembros de
la comunidad de vida.
O reforzamos este nuevo paredigma salvador o corremos el
riesgo de que lo peor se haga posible, y lo posible, probable. Votar la
prohibición de armas es avanzar en la constitución de un paradigma
nuevo, centrado en la vida, en la no-violencia activa y en la paz. El
derecho de los individuos no puede ser pensado fuera de -o contra-
el derecho más originario de la Tierra como Gaia, y el derecho de la
humanidad como sujeto colectivo. A nadie es dado el derecho ni la
libertad de poseer un instrumento capaz de quitar la vida a un hijo o
hija de Dios. Fue esa convicción la que permitió a Gandhi liberar la
India sin el recurso a la violencia de las armas.
140. Noche de Dios
2005-10-28

C.G. Jung, uno de los maestros fundadores del discurso


psicoanalítico junto con S. Freud, se refiere en sus obras a los
grandes sueños que pueden visitar a las personas. En ellos emergen
los arquetipos ancestrales, cargados de mensajes que pueden
cambiar el estado de conciencia y hasta el destino de las personas.
Yo tuve uno de esos grandes sueños el día 23 de octubre, a eso
de las cuatro de la madrugada, en plena crisis de una artrosis que
me dejó preso en casa. La noche, de repente, se volvió día. Era la
noche sin armas, la noche de la paz perpetua. En el contexto del
referendum que hemos celebrado en Brasil sobre la prohibición de la
comercialización de las armas, vale la pena contar ese sueño.
Soñé que estaba en China, reminiscencia de un viaje que hice
con un grupo de teólogos brasileños y canadienses en los años 80.
En el sueño vi que de una ladera descendía una multitud de chinos.
En China todo es multitudinario. Nuestro pequeño grupo se
atemorizó. «Vienen a matarnos». Pero a medida en que se
acercaban, se escuchaban voces cada vez más fuertes: «ahora es la
paz, ahora es la paz perpetua». Pensé: «es un truco para matarnos a
todos». Pero, al contrario, cuando se aproximaban, nos rodeaban,
danzando, abrazándonos efusivamente y llenándonos de obsequios.
Algunos se tumbaban tranquilos sobre la hierba, y nos invitaban a
hacer lo mismo, para estar juntos un rato a gusto.
Comenzamos a tomar confianza y también nosotros
proclamamos: «ahora es la paz, la paz perpetua». Sin embargo, un
sentimiento de extrañeza me invadió. No conseguía acostumbrarme
a la idea de la paz perpetua ni sabía cómo me debía comportar. La
realidad era demasiado grande, una mezcla de alegría y de temor. De
repente pensé: «ahora vendrán las bombas atómicas chinas y nos
liquidarán». Pero el temor pronto desapareció, cuando alguien
encendió la televisión, y allí no se veían ya violencias ni tonterías,
sino un mismo mensaje en todos los canales: «ahora es la paz». De
repente un chino se levantó y dijo: «necesito pagar mis cuentas».
Pero enseguida se acordó: «ahora, con la paz perpetua, nadie
necesita pagar nada a nadie, porque todos tendrán todo lo que
precisan».
De golpe, vi una rueda de personas sujetando a alguien que
parecía desmayado. Enseguida me di cuenta de que se trataba del
Presidente de EEUU. De la ladera descendían, graves y solemnes, las
autoridades chinas. Entraron en una sala junto con el Presidente
estadounidense, ya repuesto.
Poco después, se abrieron las puertas y los jefes de las dos
naciones proclamaron: «Llegó el tiempo de la paz perpetua, de la
paz eterna». En ese momento escuché al Presidente estadounidense
replicar: «Tendremos paz, pero eso sólo vale por dos semanas».
Quedé profundamente irritado, y pensé: «El capitalismo desaparece
con la paz. Necesita de la guerra para existir». Pero la certeza de la
paz era tan fuerte que todos se sentían a gusto y no paraban de
sonreir y de abrazarse.
Era la primera noche de la era de Dios. Noche serenísima e
iluminada, realización del sueño más ancestral de la humanidad.
En eso, me desperté, lleno de la gracia divina. Sólo los dolores
de las rodillas me recordaban la diferencia entre el sueño y la
realidad. Pero en el sentimiento, el sueño era inconmensurablemente
más real que la realidad. Fue entonces cuando me acordé de los
versos místicos de Sãn Juan de la Cruz: «Oh noche más amable que
la alborada. Oh noche que juntaste al Amado con la amada, amada
ya en Amado transformada».

141. La Carta de la Tierra: una promesa


2005-11-04

Los días 6-7 de noviembre se realizará en Amsterdam un


balance de los 5 años de la aprobación de la Carta de la Tierra. Este
documento nació como respuesta a las amenazas que pesan sobre el
planeta, y como forma de pensar articuladamente los muchos
problemas ecológico-sociales, con la Tierra como referencia central.
En 1992, con ocasión de la Cumbre de la Tierra en Rio de Janeiro,
fue propuesto tal documento que, por razones que no cabe referir
aquí, no fue aceptado. En su lugar se adoptó la Declaración de Rio
sobre Medio Ambiente y Desarrollo. De esta forma, la Agenda 21, el
documento más importante de la ECO-92, quedó privado de
fundamentación y de una visión integradora. Insatisfechos, los
organizadores, especialmente Maurice Strong, de la ONU, y Mikhail
Gorbachev, director de la Cruz Verde Internacional, lanzaron la idea
de que se creara un movimiento mundial para formular una Carta de
la Tierra que naciese desde abajo hacia arriba. Debería recoger lo
que la humanidad desea y quiere para su Casa Común, la Tierra.
Después de reuniones previas y muchas discusiones, se formó en
1997 la Comisión de la Carta de la Tierra, compuesta por 23
personalidades de los varios continentes (yo entré por Brasil), para
dar seguimiento a una consulta mundial y redactar el texto de la
Carta de la Tierra. Efectivamente, durante dos años, tuvieron lugar
reuniones que involucraron a 46 países y más de cien mil personas,
desde favelas, comunidades indígenas, universidades y centros de
investigación, hasta que a inicios de marzo de 2000 en el espacio de
la UNESCO en París, fue aprobado el texto final de la Carta de la
Tierra.
Es uno de los textos más completos que se han escrito
últimamente, digno de inaugurar un nuevo milenio. Recoge lo mejor
que el discurso ecológico ha producido, los resultados más seguros
de las ciencias de la vida y del universo, con una gran densidad ética
y espiritual. Todo está estructurado en cuatro principios
fundamentales, detallados en 16 proposiciones de apoyo. Los cuatro
principios son: 1) respetar y cuidar la comunidad de la vida; 2)
integridad ecológica; 3) justicia social y económica; 4) democracia,
no-violencia y paz.
El sueño colectivo propuesto no es el «desarrollo sostenible»,
fruto de la visión intrasistémica de la economía política dominante,
sino «un modo de vida sostenible» fruto del cuidado para con todo
ser, especialmente para con todas las formas de vida y de
responsabilidad colectiva frente al destino común de la Tierra y de la
Humanidad. Este sueño bienaventurado supone entender «la
humanidad como parte de un vasto universo en evolución» y la
«Tierra como nuestro hogar, y viva»; implica también «vivir el
espíritu de parentesco con toda vida», «con reverencia, el misterio
de la existencia, con gratitud, el don de la vida que utiliza
racionalmente los bienes escasos para no perjudicar al capital
natural a las generaciones futuras; ellas también tienen derecho a un
Planeta sostenible y con buena calidad de vida.
Las cuatro grandes tendencias de la ecología –ambiental, social,
mental e integral- están ahí bien articuladas, con gran fuerza y
belleza. Si es aprobada por la ONU, la Carta de la Tierra será
agregada a la Carta de los Derechos Humanos. Así tendremos una
visión holística de la Tierra y de la Humanidad, formando un todo
orgánico, sujeto de dignidad y de derechos.
142. Pensar hacia adelante
2005-11-11

El PT ha introducido algunas novedades en la política


brasileña, como la democracia interna (que no ha conseguido evitar
que el grupo dirigente se desviara), el presupuesto participativo, la
manera nueva de organizar el mandado de los elegidos en relación
orgánica con las bases. E, innegablemente, aunque todavía de forma
insuficiente, el acento en los temas sociales desde una perspectiva
emancipatoria.
Retomar tales opciones es una forma de salir de la crisis y es
ocasión para que la «inteligencia» del pertido repiense una agenda
volcada hacia el futuro. Sería un aspecto de su renovación interna y
un avance hacia adentro de la nueva conciencia que está emergiendo
por todas partes. Cada vez más se percibe el carácter mundial de los
problemas humanos y la interdependencia entre humanidad y medio
ambiente. El paradigma que ha predominado en los últimos siglos,
de intervención sistemática sobre la naturaleza para utilizar todos
sus recursos, se está revelando demasiado destructivo,
especialmente en la Amazonía. El calentamiento del planeta y la
escasez de agua potable anuncian desastres estremecedores. De una
sociedad de producción industrial va a haber que pasar a una
sociedad que haga sostenible la vida, toda la vida. De una economía
de acumulación mundial ilimitada, habrá que pasar a una economía
suficiente para todos. Dice la Carta de la Tierra: «o hacemos una
alianza mundial para cuidar de la Tierra y para cuidar unos de los
otros, o corremos el riesgo de la devastación de la diversidad de la
vida y de nuestra propia destrucción.
Este panorama está bien fundado, no es alarmista. Sin embargo,
no hay conciencia en los políticos de la gravedad de la situación, que
exige políticas mundiales que den centralidad a la Tierra.
En este cuadro, Brasil ocupa un lugar singular: somos la mayor
potencia de las aguas, poseemos la mayor biodiversidad del planeta,
disponemos de las mayores selvas tropicales del mundo, abundamos
en biomasa, fuente de energías alternativas, junto con ricas reservas
de materiales raros, importantes para las nuevas tecnologías. Aparte
de eso, ofrecemos un ensayo civilizatorio interesante, con una
población creativa y abierta al encuentro con todas las demás
culturas y sin fundamentalismos.
Concretamente eso significa que un Gobierno que piensa hacia
delante no debe quedar prisionero del actual paradigma dominante
que empuja a todos a reproducirlo. Debe crear estrategias de
desarrollo que aprovechen estas ventajas comparativas, pues pueden
beneficiar altamente tanto a nosotros como a la humanidad entera.
Cada día más, percibimos que, dentro de unos pocos años, lo
realmente decisivo no va a ser una economía humana con su PIB de
15 billones de dólares/año, sino una economía natural, que si
fuésesmos a pagar lo que aporta gratuitamente deberíamos
desembolsar 33 billones de dólares/año.
Tales temas deberían entrar en la nueva política pensada por el
PT. Lógicamente con un pie estará dentro del sistema, pues no hay
forma de evadirse de él, pero con el otro debe pisar en tierra nueva.
Aquí se deberá intentar formas nuevas de «producción con la
naturaleza», nunca a costa de ella, una economía solidaria y
cooperativa, modos de producción diversificados que rompan la
dictadura del modo de producción capitalista.
Si en Brasil se verifica, en miniatura, toda aquella tragedia de la
humanidad sufriente, también es verdad que en Brasil se presenta
toda una oportunidad de construcción de un nuevo modo de vivir
sostenible. El Gobierno petista del Acre (Brasil), con su concepto de
«florestanía», está mostrando la viabilidad de esta nueva forma de
mirar. He ahí por qué en la reconstrucción del PT, todo eso debe ser
tenido en cuenta.

143. ¿Una crisis permanente?


2005-11-18

Las CPIs y la avalancha de denuncias transformadas en


espectáculo mediático están cansando. El ritual es tedioso, sus
excelencias y sus señorías hacen reir y el cúmulo de mentiras y
negaciones de los convocados transforman las sesiones, en gran
parte, en una opera bufa. El resultado final es hasta ahora
decepcionante, porque, si los corruptos han sido ya identificados, la
mayor parte de sus corruptores permanecen ocultos.
En todo eso hay un riesgo: el de la perennización de la crisis. En
ella se realiza aquello que Antonio Gramsci denunciaba respecto de
las crisis mal digeridas: «lo viejo se resiste a morir y lo nuevo no
consigue nacer». Traduciendo para nuestro contexto: la oposición no
consigue la destitución del Presidente, y el Presidente no tiene ya
fuerza moral para nuevas iniciativas. Usando una expresión de
Tocqueville, «el pasado [del PT y de Lula] no ilumina ya el futuro, y
el espíritu camina en tinieblas».
Esto, políticamente, es una pena, porque comienza a prevalecer
la resignación y la desesperanza. Nadie espera ya nada, y la
conclusión que queda en la cabeza del pueblo, comprobada en las
calles y en los bares, es ésta: los políticos, también los del PT, son
todos iguales; sólo piensan en sí mismos, y el pueblo que se fastidie.
Nadie hace como Gandhi o como dom Frei Luiz Flávio Cappio, que
tomaron posiciones claras y fueron hasta el fin, ofreciendo el
sacrificio de sus propias vidas.
En momentos así, tiene sentido evocar la utopía de que no todo
termina con el actual fracaso histórico. La acumulación de fuerzas
continúa, las protestas y las ansias de cambios mantienen viva
resistencia. Pero se necesita ir más allá, buscar la liberación, fruto
de la acción organizada de los oprimidos. Esta perspectiva abre el
futuro. Si no, ¿por qué tanto sufrimiento? Me niego a aceptar que el
sufrimiento de tantos y tantos siglos haya sido en vano. La memoria
de los vencidos es siempre peligrosa, capaz de provocar gandes
cambios. Éstos, se darán a pesar de todo, porque representan lo que
debe ser.
Como enseñaba el filósofo Ernst Bloch, eminente estudioso de
las utopías y del principio esperanza: las utopías son apenas
verdades prematuras o verdades de mañana. Si rebajamos ese
horizonte, nos condenamos al inmovilismo y aceptamos la muerte
antes de morir.
Por eso, por nuestra parte, continuamos sosteniendo con
tenacidad que la política es el campo donde más virtudes y valores
se condensan y que por eso mismo también puede concentrar el
mayor conjunto de vicios y villanías que se pueda imaginar. Pero, en
su naturaleza genuina, no es otra cosa sino la búsqueda común del
bien común. Más que una profesión, es misión de servicio a la cosa
pública (de ahí su esencial dimensión republicana), es cuidado para
con la vida del pueblo, es el arte de realizar para el mayor número
posible de personas las condiciones para una discreta alegría de
convivir y de disfrutar -a pesar de todas las limitaciones- el corto
tiempo que nos toca pasar por este pequeño planeta Tierra.
Si tal sueño es abandonado, la política se vuelve negocio, e
instalamos la república de los buhoneros, de los corruptos, de los
narcisistas que buscan siempre estar en el candelero, y que
desprecian la democracia y la moralidad que proclaman
constantemente.
El pueblo brasileño tiene un compromiso con la esperanza y con
el futuro. Es señal clara de que la historia puede tomar otro rumbo,
mejor que el seguido hasta ahora. Nada puede resistir a una
esperanza tenaz. Un día, ella triunfará.

144. La deuda mayor del PT


2005-11-25

La gran deuda del PT no es financiera: es política y ética. Los


acontecimientos ocurridos en los últimos meses, que involucraban
una sofisticada corrupción en el grupo de dirección del paritdo, han
tenido un efecto devastador en la población, especialmente en
aquellos que alimentaban un sueño histórico de cambios de rumbo.
Estaba en vigor la gran despolitización, como en el resto del mundo.
Pero con el advenimiento del PT y con la irrupción carismática de
Lula, se encendió la llama de la liberación tan ansiada. El eslogan de
campaña «ahora le toca a Lula», quería decir: ahora ya no hay
marcha atrás, ahora es la hora de otro sujeto histórico en el poder, la
hora de otra política, de otro proyecto de Brasil, de otra vía para la
inclusión y la sostenibilidad del desarrollo nacional. Todo se haría
bajo la hégida de la ética, de la tansparencia y de una articulación
orgánica y dinámica del Gobierno con las bases de la sociedad. Toda
una generación se movilizaría.
Después de dos años y medio no ha sido eso lo que ha ocurrido.
No cabe aquí analizar las presiones sistémicas, las fragilidades
personales de los actores políticos, la falta de osadía, aquello que
Maquiavelo llamaba con razón «virtud»: la capacidad de captar el
sentido profundo de la historia e intervenir en ella para inaugurar un
nuevo rumbo. Ha faltado todo eso, infelizmente.
Pero lo que duele más es la repetición simplista de la caída
original. Estratos importantes del partido sucumbieron a las ilusorias
cantinelas del gran tentador: el poder como ventaja personal y
partidaria a contramano de la ética del interés gneral y del bien
común. Cambiaron la perla más preciosa que poseían, la ética, por
baratijas. La decepción provocada es, en términos políticos,
irremisible. Exige reparación. En caso contrario, los dirigentges
recibirán la maldición del pueblo y el desprecio de los militantes.
¿Por qué esta defección grave? Porque en el actual contexto
brasileño y mundial la vuelta de la ética era la forma de llenar el
vacío de la utopía. Ésta se encuentra en baja en el mundo entero. La
ética rasgaba un horizonte de esperanza de que un pacto alrededor
de valores podría suplir las deficiencias de la práctica política,
viciada por intereses clasistas y por ideologías de baja intensidad. La
ética en la política movilizó los actores más generosos y
comprometidos como Betinho y el Lula de las luchas sindicales y de
la nueva democracia participativa.
La traición de la ética hizo que la política volviese a ser vista
nuevamente como mundo de lo sucio, de los propósitos
inconfesables, de las negociaciones y de la corrupción. Esta lectura
es injusta para con los políticos serios dentro del PT y dentro de
otros partidos. Ella induce a tomar la política por su parte mala, por
su lado patológico, lo que es erróneo, porque la política en sí misma
no es eso. Lo patológico siempre remite a lo sano, que es la
referencia de base.
Corresponde al PT rescatar su opción originaria. El PT nació y se
estructuró durante más de dos décadas con esta intención: la de ser
el conducto de las transformaciones necesarias. Un pecado no puede
hacerle perder toda la gracia acumulada. La gracia tiene más
derecho directo que el pecado. El partido puede volver al primer
amor madurado por la humillación.
El PT debe pagar la deuda ética con la moneda de la humildad y
de la coherencia. Los valores que propone debe también vivirlos y
testimoniarlos en todos los niveles. Por ahí comienza el rescate y se
renueva la esperanza. Ahora lo que hace falta es mirar al frente y
caminar.

145. Audacia, prudencia, templanza


2005-12-02

Una sociedad es sostenible cuando consigue articular la


ciudadanía activa con buenas leyes e instituciones sólidas. Son los
ciudadanos movilizados quienes fundan y refundan continuamente la
sociedad y la hacen funcionar dentro de padrones éticos.
El presente momento de la política brasileña y la situación actual
del mundo estigmatizado por varias crisis nos invitan a considerar
tres virtudes urgentes: la audacia, la prudencia y la templanza.
La audacia es exigida por los que toman decisiones frente a la
situación social brasileña, que, vista a partir de las grandes
mayorías, es desoladora. Mucho se ha hecho en el actual Gobierno,
pero es poco frente a la llaga histórica que extenúa a los pobres.
Nunca se hizo una revolución en la educación y en la salud, apoyos
imprescindibles para transformaciones estructurales. Un pueblo
ignorante y enfermo jamás dará un salto hacia delante.
Algo semejante ocurre con la política mundial frente a la escasez
de agua potable y al calentamiento mundial del planeta. Audacia es
el coraje de tomar decisiones y poner en práctica iniciativas que
respondan efectivamente a los problemas en cuestión. Lo que vemos,
especialmente en el ámbito del G-8, del FMI, del BM y de la OMC
ante los problemas referidos, son medidas tímidas que mal van a
evitar catástrofes anunciadas. En Brasil, la búsqueda de la
estabilidad macroeconómica inhibe la audacia que los problemas
sociales exigen. En la audacia se debería ir hasta allí donde un paso
más fuese una insensatez. Sólo así se evitaría que las crisis, nacional
y mundial, se transformasen en drama colectivo de grandes
proporciones.
La segunda virtud es la prudencia. Ella contrapesa a la audacia.
La prudencia es aquella capacidad de escoger el camino que mejor
soluciona los problemas y que a más personas favorece. Por eso, la
prudencia es el arte de congregar más y más agentes y de movilizar
más voluntades colectivas para garantizar un objetivo bueno para el
mayor número de ciudadanos. Como en todas las virtudes, tanto la
audacia cuanto la prudencia pueden conocer excesos. El exceso de
audacia es la insensatez. La persona va tan lejos que acaba
aislándose de los otros, quedando sola como don Quijote. El exceso
de la prudencia es el inmovilismo. La persona es tan prudente que
acaba muriendo de exceso de juicio. Ralentiza los procedimientos o
llega demasiado tarde a la comprensión y solución de las cuestiones.
Hay una virtud que es el médio-término entre la audacia y la
prudencia: la templanza. En condiciones normales significa la justa
medida, lo óptimo relativo, el equilibrio entre el más y el menos. Es
la lógica del universo que asegura el equilibrio entre el desorden
originario del big bang (caos) y el orden producido por la
expansión/evolución (cosmos). Pero en situaciones de alto caos
social, como es nuestro caso, la templanza asume la fomra de
sabiduría política. La sabiduría implica llevar a la audacia hasta
aquel punto tan lejano más allá del cual ya no se podría ir sin
provocar una gran inestabilidad. El efecto es una solución sabia que
resuelve las cuestiones de las personas más injusticiadas, quero
decir, le da sabor a la existencia (de donde viene la palabra
«sabiduría»).
Nadie ha expresado mejor ese equilibrio sutil entre audacia llena
de coraje y prudencia sabia que dom Pedro Casaldáliga, al escribir:
«Saber esperar, / sabiendo al mismo tiempo forzar / las horas de
aquella urgencia / que no permite esperar».

146. Amor por la condición humana


2005-12-09

Siempre que veo personas trabajando en proyectos humanitarios


atendiendo a pobres, drogadictos o a portadores de problemas
mentales, como en el Centro de Defensa de los Derechos Humanos
de Petrópolis en el que participo, me vienen a la mente dos
interpelaciones: ¿por qué tanto sufrimiento en el mundo visible e
invisible? Y la segunda: las personas que conviven con ellos, ¿de
dónde sacan energías para asistirlas como simones-cirineos,
tratando de hacer más suave su sufrimiento?
En primer lugar hay que reconocer que tales personas hacen
mucha falta, pues el sentimiento humanitario no es precisamente lo
que más abunda en el mundo. La cultura dominante es materialista,
exalta el individualismo y el placer, favoreciendo la indiferencia
frente al dolor de los otros. Así, aumenta el desamparo humano, pues
lo terrible no es tanto el sufrimiento en sí, sino la soledad en el
sufrimiento, el hecho de que nadie se muestre buen samaritano y se
incline sobre el caído en tantos caminos de la vida.
Las personas que, al contrario que la tendencia dominante,
optan por la com-pasión y por servir a los otros necesitados,
necesitan continuamente beber de alguna fuente secreta y alimentar
una visión espiritual de la vida. En caso contrario, podrían sucumbir
frente a la dureza de aquella opción, en sí tan generosa.
Antes de nada, importa tener una visión yo diría que filosófica,
de la condición humana. Ésta está compuesta de alegría y de dolor,
de realización y de frustración, de sueño y de realidad. Somos seres
de sabiduría (sapiens), de racionalidad y de propósito, y al mismo
tiempo seres de demencia (demens), de agresividad y de violencia.
El desafío de la vida es hacer que el polo positivo prevalezca
sobre el negativo, aunque ambos coexistan siempre. Constatamos sin
embargo que en muchos domina el polo negativo: gente que se
extravió por ahí y que no resultó. Necesitamos creer que en ellos
también se esconde el otro polo, el positivo, que deberá ser activado
y alimentado.
Supuesta esta perspectiva de base, ha de vivirse una actitud de
com-pasión. Tener compasión no significa tener dolor. Es la capacidd
de salir de sí, de transferirse al lugar del otro y compartir su
sufrimiento. Pertenece a la compasión acoger al otro como es, no
querer interferir, sabiendo que cada cual tiene su camino. Es
importante estar junto a él, a pesar del sentimiento de impotencia,
pero siempre con respeto frente al destino de su vida, a veces
trágica.
Finalmente, ha de verse en los «caídos en el camino» a hijos e
hijas crucificados de Dios. Ellos gritan clamando por resurrección.
Cada pequeño gesto de acogida y de comprensión puede significar
para ellos una señal de resurrección. ¿Cómo negarles esta
esperanza?
Para mantenerse en este tipo de humanismo es importante
alimentarlo con la conversación sobre los problemas humanos. Así
entendemos mejor la condición humana y cómo podemos suavizar
sus contradicciones. Sobre todo la oración y la meditación son
fuentes alimentadoras de una visión espiritual de la vida. Es beber
de la fuente inagotable del Ser.
Cuántas veces no nos sentimos obligados a suplicar fuerzas para
continuar, pues la situación de los pobres no pocas veces es infernal
y sin solución... Otras veces tenemos ganas de gritar: «Oh Padre, no
olvides que todos estos son también tus hijos e hijas. No los dejes así
desgarrados. Cuida, por favor, de ellos, pues son tantos, y nosotros
tan pocos...».
Carta de la Tierra: ¿nuevo reencantamiento?
2005-12-16
De todos es conocido que la sociedad mundial vive en el centro
de una inconmensuarable crisis de sentido y de falta de rumbo
histórico. No sabemos hacia dónde vamos. Los sueños y las utopías
han muerto, lo que ha dejado a las sociedades y a las personas sin
suelo en el que hacer pie. Estamos siendo entregados al sistema
económico dominante, que todo lo convierte en mercancía y sólo se
rige por la competición feroz, y no por lazos de cooperación.
Hay dos pensadores que nos ayudan a entender esta crisis: Max
Weber y Friedrich Nietzsche. Para Weber la sociedad moderna se
caracteriza por el proceso de secularización por el desencantamiento
del mundo. No es que hayan desaparecido, que están ahí, e incluso
retornan con un renovado fervor. Pero ya no son el lo que produce la
cohesión social. Ahora predominan la producción y la función, y no
tanto el valor y el sentido. El mundo ha perdido su encanto.
Nietzsche, por su parte, anunció la muerte de Dios. Pero hay que
entender bien a Nietzsche, que no dice Dios murió, sino que nosotros
lo hemos matado. O sea: Dios está socialmente muerto. Ya no se hace
comunidad ni se fundamenta la cohesión en su nombre.
Por miles de años la religión ha sido la que re-ligaba a las
personas y creaba el nexo social. Ahora ya no. Eso no significa que
ahora impere el ateísmo. Lo opuesto a la religión no es el ateísmo,
sino la ruptura y la quiebra de la relación. Hoy vivimos
colectivamente rotos por dentro y desamparados. Prácticamente
nada nos invita a vivir juntos y a construir un sueño común. Sin
embargo, la humanidad necesita algo que le confiera un sentido para
vivir y que le proporcione una imagen coherente de sí misma y una
esperanza para el futuro.
Es en este contexto de ideas en el que debe ser mirada la Carta
de la Tierra, documento nacido de las bases de la humanidad. Ya ha
sido asumida por la UNESCO en el año 2000, y la idea es que sea
incorporada por la ONU a la Declaración de los Derechos Humanos.
La Carta de la Tierra reúne un conjunto de visiones, valores y
principios que pueden reencatar la sociedad mundial. Pone en el
centro a la comunidad de vida a la que pertenecen la Tierra y la
Humanidad, que son momentos del universo en evolución. Todos los
problemas son vistos como interdependientes: los ambientales, los
sociales, los económicos, los culturales y los espirituales,
obligándonos a forjar soluciones incluyentes.
El desafío que la situación actual del mundo nos impone es éste,
según la Carta: o formar una alianza mundial para cuidar de la
Tierra y unos de los otros, o correr el riesgo de nuestra destrucción y
de la devastación de la diversidad de la vida.
Dos principios apuntan a viabilizar esta alianza: la sostenibilidad
y el cuidado. La primera se alcanza cuando usamos con respeto y
racionalidad los recursos naturales, pensando también en las futuras
generaciones. E el cuidado es un comportamiento benévolo,
respetuoso y no agresivo hacia la naturaleza, que permite regenerar
lo devastado y cuidar celosamente de aquello que todavía queda de
la naturaleza, de la cual somos parte y con la que compartimos un
destino común.
Estos dos principios fundan, como dice la Carta de la Tierra, un
modo de vida sostenible. Hacen posible un desarrollo que tenga en
cuenta las necesidades de todos los seres vivos y al mismo tiempo
garantice la integridad y la capacidad de regeneración de la
naturaleza. Debemos vivir con un sentido de responsabilidad
universal. El futuro de la Tierra y de la Humanidad está ahora en
nuestras manos.

148. El Divino Niño


2005-12-23
En el sótano del Museo Nacional de Munich, en Alemania, está
una de las mayores y más bellas colecciones de pesebres del mundo.
Como estudiante, muchas veces visitaba esos pesebres,
especialmente cuando necesitaba alimentar mis ángeles interiores...
Al salir, tenía la impresión de haber pasado por un pedazo
preservado del paraíso: tal era la armonía y la integración que
irradiaban aquellos pesebres.
Los más impresionantes eran los grandes pesebres de Nápoles.
En ellos se representaba toda la realidad tal como es: agricultores
segando el trigo, carniceros cortando carne, puestos de venta, niños
lanzando cometas al viento, comadres riñendo, soldados limpiando
armas, un sacerdote bendiciendo, payasos luciendo sus habilidades,
y debajo del puente un ahorcado.
En el centro de ese mundo contradictorio yacía entre pajas el
divino Niño. Jesús, José, María, la estrella en el cielo, los ángeles, los
pastores, los reyes magos, el sanguinario rey Herodes, los escribas
maliciosos... son más que figuras concretas. Son símbolos y energías
que viven y agitan nuestro mundo interior. Revelan dimensiones de
nuestra psicqué, marcada por búsquedas, por contradicciones y por
un inmenso deseo de integración.
Partiendo de esta visión más amplia se revela la importancia del
divino Niño. Alrededor de él se crea un orden mágico, un centro
luminoso que irradia sobre todas las cosas, constituyendo un todo
coherente y significativo. La vida con sus contradicciones,
incluyendo los niños asesinados por Herodes, o el ahorcado del
pesebre de Nápoles, no escapan a la luz que irradia del Pesebre. A
partir de la presencia del divino Niño surge la esperanza de que todo
puede ser modificado, de que lo Nuevo puede irrumpir. He ahí el
significado mayor de la Navidad, que no puede ser echado a perder
por las visiones convencionales y por su utilización cultural y
comercial.
¿Qué significa, en una experiencia interior, el divino Niño?
Representa la vida nueva que quiere nacer en nosotros. Más
concretamente simboliza la vida que puede siempre recomenzar
desde su inicio. Es posible nacer de nuevo.
En el día de Navidad, por causa del divino Niño, nos es
permitido olvidar las amarras y los errores cometidos, para sentirnos
libres para comenzar de nuevo. Los deseos escondidos y nunca
realizados pueden salir a flote y ser de nuevo alimentados. Podemos
hoy olvidar un poco el paso del propio pasado y formular un buen
propósito.
¿No decimos tantas veces: «Ah, si pudiese comenzar todo de
nuevo...»? En el día de Navidad, inspirados por el divino Niño que
está dentro de nosotros, podemos arriesgarnos a dar el primer paso
de un nuevo camino, o inaugurar otra forma de mirar sobre el
camino ya andado, para descubrir en él nuevas significaciones
existenciales.
La fiesta de Navidad, tan íntima y familiar, nos invita a superar,
al menos en esta noche mágica, el uso de la razón calculadora,
siempre al servicio de los intereses. Hoy es día de olvidar los
intereses, de hacer sitio a la razón emocional, que no quiere comprar
ni vender nada, sino solamente sentir al otro y convivir con él en la
alegría de estar juntos, en familia, intercambiando presentes y
amabilidades. Entonces emergen valores que siempre estamos
buscando, sueños de vida transparente, sencilla y libre, sueños que
tanto agitan nuestro imaginario.
Si logramos despertar en nosotros al divino Niño habremos
descubierto el espíritu de la Navidad y el alegre advenimiento de
Dios.

149. Está oscuro, pero yo canto


2005-12-30
Comenzamos el año 2005 con el impacto del tsunami que tuvo
lugar en Asia después de la Navidad de 2004, que segó millares de
vidas. Continuó con el tifón Katrina en el Sur de Estados Unidos, que
destruyó Nueva Orleáns. Y culminó con el aterrador terremoto en
Cachemira y Pakistán, que hizo llorar a la humanidad por la inmensa
cantidad de víctimas inocentes.
En Brasil hemos asistido al vendaval de las Comisiones
Parlamentarias de Investigación que han devastado el PT, Partido de
los Trabajadores, y han devorado a sus principales dirigentes,
envueltos en prácticas presumiblemente de corrupción política. La
frustración y rabia han alcanzado a millones de personas,
especialmente de entre los más pobres.
Va mal el mundo, va mal Brasil, va mal gran parte de la
humanidad sufriente. ¿Qué podemos esperar todavía? ¿Cómo seguir
adelante? ¿De qué fuente beber el sentido para el próximo año?
Nos atrevemos a decir, como el poeta Thiago de Mello, que en
tiempos de represión tuvo el coraje inaudito de proclamar: «Está
oscuro, pero yo canto».
¿Qué cantamos nosotros? No cantamos una sonriente realidad,
ni un horizonte nuevo de esperanza. Cantamos en voz baja pequeñas
señales de bondad que nos permiten todavía esperar y que no nos
dejan sucumbir. Señales que según la Biblia impiden que Dios nos
destruya totalmente.
Esas señales son la onda de solidaridad que irrumpió para
ayudar a los millares de víctimas. Son aquellos centenares de
«médicos sin fronteras» que se arriesgaron por los lugares más
inhóspitos, para salvar vidas destrozadas. Y tantas otras señales.
Pero hay una señal que ocurrió tiempos atrás, y que, para mí, mostró
que todavía es posible otro tipo de humanidad generadora de
familiaridad y de paz. Veamos.
Mazen Julani era un farmacéutico palestino, de 32 años, padre
de tres hijos, que vivía en la parte árabe de Jerusalén. Cierto día,
cuando estaba en un bar con los amigos, fue víctima de un disparo
fatal venido de un colono judía. Era la expresión de venganza de un
israelita a causa de un atentado de un grupo palestino ocurrido en
aquel día, atentado que causó decenas de víctimas. El proyectil entró
por el cuello y le dañó el cerebro. Llevado al hospital israelí, llegó ya
muerto. El clan de los Julani, decidió allí mismo, en los pasillos del
hospital, entregar todos los órganos del fallecido para trasplantes a
enfermos que lo necesitaran. El jefe del clan aclaró que este gesto no
tenía ninguna connotación política. Era un gesto estrictamente
humanitario. Según la religión musulmana, decía, todos formamos
una única familia y somos todos iguales, israelitas y palestinos. Poco
importa a quién le sean trasplantados los órganos, que quedarán
bien en alguno de nuestros hermanos israelitas. En efecto, en el
israelita Ygal Cohen late ahora un corazón palestino.
La esposa de Mazen Julani no sabía cómo explicar a su hija de
cuatro años la muerte del papá. Ella le dijo que su padre se fue de
viaje y que a la vuelta le traerá un hermoso regalo. A los que estaban
cerca les susurró entre lágrimas: de aquí a un tiempo yo y mis hijos
vamos a visitar a Ygal Cohen en la parte israelita de Jerusalén
porque él vive con el corazón de mi marido y del padre de mis hijos.
Y auscultaremos los latidos de su corazón. Y eso será para nosotros
un gran consuelo.
Son tales señales las que nos permiten mirar hacia 2006 con
alguna esperanza. El canto iluminará todo la oscuridad por venir.

150. ¿Desintegración creativa?


2006-01-06
No soy profeta ni hijo de profeta. Soy hijo de profesor de
primaria y de madre analfabeta. Pero como teólogo, fui educado para
considerar continuamente la historia «sub specie aeternitatis», o
sea, desde la perspectiva de la eternidad, manifestada en las
Escrituras que narran la historia de un pueblo de referencia, el
judeo-cristiano; y también bajo criterios éticos, que ayudan o
dificultan la construcción de la ciudad humana.
Al considerar el estado de la Tierra y la escena política mundial,
me lleno de temores. Podemos estar yendo al encuentro de una gran
desintegración. Ésta reside en el hecho apuntado por varios
analistas, comenzando por Marx, por el economista estadounidense
de ascendencia húngara Karl Polanyi, y entre nosotros por el
brasileño Michael Löwy: la economía se ha divorciado de la
sociedad. Separada y desvinculada de todo control social, estatal y
humano, está desbocada. Funciona obedeciendo a su propia lógica,
que consiste en maximizar los lucros, minimizar las inversiones y
acortar al máximo los plazos. Y eso, a escala mundial, y sin ninguna
precaución ecológica. Todo se convierte en un gran «Big Mac», todo
es metido en el saco del mercado: salud, cultura, órganos, religión...
Es un signo de la «corrupción general y de la venalidad universal»,
como decía Marx en 1847 («Miseria de la filosofía»). Es «La gran
transformación» -como la caracteriza Polanyi- nunca antes vista.
El efecto más desastroso de esta transformación consiste en
reducir al ser humano a un mero productor y a un simple
consumidor. Lo demás son ceros económicos despreciables:
personas, clases sociales, regiones y naciones enteras. El trabajo
muerto (máquinas, aparatos, robots) suplanta al trabajo vivo (los
trabajadores). Todo se reduce a mercados que hay que conquistar
para poder acumular de forma ilimitada. El motor que preside esta
lógica es la competencia, lo más feroz posible. Sólo sobrevive el
fuerte; el débil no resiste: desiste e «in-existe».
Ocurre que esta ferocidad topa con un límite: la naturaleza,
cuyos recursos son limitados y su capacidad de resistencia no es
infinita. Y la naturaleza no es respetada. Si lo fuese, la economía se
estaría destruyendo a sí misma... Por eso, tiene que talar la selva
amazónica, para continuar lucrando. La Tierra, últimamente, está
mostrando su venganza: el supercalentamiento, los huracanes, las
sequías, las inundaciones... y, en el nivel humano, una creciente
violencia en las relaciones sociales. El estudio sobre el clima
realizado por el Pentágono advierte: en las próximas tres décadas, el
cambio climático será mucho más peligroso que el terrorismo. La
humanidad puede entrar en una anarquía generalizada. Tiene que
cambiar de rumbo. Pero, ¿va a querer hacerlo?
Veo mucha sabiduría en esta afirmación: el ser humano aprende
de la historia que no aprende nada de la historia, sino que lo aprende
del sufrimiento. Es el sufrimiento lo que le hace cambiar. Cuando el
agua le llega al cuello, el ser humano da una sacudida y hace lo que
sea para cambiar, o muere.
Tal como van las cosas, se nos está preparando un gran
sufrimiento, ya sea de orden ecológico, o económico-social. Si
fuésemos racionales, podríamos evitarlo. Pero como nos mostramos
irracionales e insensatos, no queremos cambiar de camino, y
continuamos acercándonos a una posible desintegración. Pero,
consolémonos: la desintegración es siempre creativa, y el caos
resulta generador, como testimonian los cosmólogos
contemporáneos. Se abren posibilidades de otros órdenes.
¿Qué alternativas hay a la desintegración? En la próxima
reflexión volveremos a este tema tan preocupante y siniestro.
151. ¿Alternativas a la desintegración?
2006-01-13

El funcionamiento autónomo de la economía capitalista llevada


a nivel mundial tiende a realizar la profecía de Marx: destruir sus
dos fuentes de riqueza, que son la naturaleza y los seres humanos.
Para universalizar su proyecto necesitaría otras tres Tierras iguales
a ésta. Como eso es imposible, sigue acumulando sólo para sí,
creando desigualdades crecientes y devastando la naturaleza. ¿Qué
alternativas se presentan? En la reflexión mundial circulan algunas
visiones que vamos a referir.
La primera es intrasistémica, el social-liberalismo o
neokeynesianismo. Éste acepta la lógica del mercado como motor de
la economía, pero procura regularlo, para disminuir sus efectos
perversos. Es una solución contradictoria, pues la esencia del
mercado es no tolerar ningún límite. Sería como pedir al lobo que
dejara de devorar a las ovejas.
La segunda es el ecosocialismo. Tiene amplias posibilidades a
condición de incorporar en su análisis no sólo la consideración de lo
social, de las clases y de los conflictos, sino también la base biológica
de los problemas. Es importante abrirse al nuevo paradigma,
derivado de la nueva cosmología, que muestra el proceso evolutivo
universal dentro del cual surge la vida, y al ser humano como
cuidador y guardián de la Casa Común. Purificado de sus desvíos
históricos, está renaciendo como nueva promesa mundial, que era su
vocación original.
La tercera alternativa es el poscapitalismo. Éste procura
redefinir el sentido de la economía, ya no como actividad destinada a
la acumulación ilimitada, sino como producción de los bienes
necesarios a la vida. Su función sería crear las bases materiales para
el bienestar físico, cultural y espiritual del conjunto de los seres
humanos. En realidad se trata de un intento de rescatar el sentido
clásico y etimológico de la economía. La cuestión es cómo llegar a
eso, pues implicaría negar la dinámica de la economía vigente, que
en modo alguno acepta autonegarse. Es una utopía necesaria, pero
en el actual cuadro político y social resulta prácticamente
irrealizable, por ilusoria.
La cuarta alternativa es la de la Carta de la Tierra. Ésta parte de
una opción radical por la vida y por la Tierra. La nuestra es una
Sociedad de Crecimiento Industrial exponencial que hace de la
Tierra un cajón de suministros y contenedor de basura al mismo
tiempo, poniendo en peligro el futuro de la especie humana. Si
queremos sobrevivir, tenemos que inaugurar la Sociedad de
Sustentación de toda la Vida. Ésta se mueve dentro de la capacidad
de apoyo de la vida regional y planetaria, tanto en los recursos que
consume como en los residuos que produce. Su propuesta es «por un
modo de vida sostenible» en todos los niveles. Esta alternativa
representa la utopía real necesaria, es decir, la visión que mejor
sintetiza las aspiraciones colectivas. Su concretización apenas ha
comenzado, pero está cargada de promesas.
En todas partes del mundo hay grupos, iniciativas y formas de
producción que, conscientemente, colocan la vida y la Tierra en el
centro de sus preocupaciones. Si el desastre que prevemos
ocurriera, serán éstos los que tendrán la ciencia necesaria y la
experiencia acumulada para continuar el proyecto civilizatorio
humano sobre otras bases más esperanzadoras para la vida y para la
humanidad. De ahí la importancia de que su número crezca.
La vida humana durante el proceso evolutivo pasó por terribles
crisis que casi exterminaron la especie, principalmente en las
grandes glaciaciones, pero siempre sobrevivió. Ojalá esta vez no sea
diferente.

152. ¿Quién manda en el mundo?


2006-01-20
Con la autonomización de la economía y el debilitamiento de
los Estados-nación es ilusorio pensar que los presidentes elegidos
sean quienes tienen el mando del país. Quien decide los destinos
reales del pueblo no es el Presidente. Él es rehén del Ministro de
Hacienda y del Presidente del Banco Central que, a su vez, son
rehenes del sistema económico-financiero mundial, a cuya lógica se
someten. Cuando el Presidente Bush habla a la nación, seguramente
mucha gente lo escucha. Cuando habla el presidente de la Reserva
Federal (FED) toda la nación se para. Lo que él tenga que decir
significa la vida o la muerte de muchos empleos y el destino de
empresas.
Los dueños del mundo están a la sombra de los bancos. Son los
que controlan los mercados financieros, las tasas de interés, las
infovías de comunicación, las tecnologías biogenéticas y las
industrias de la información.
Inmensos consorcios privados actúan a nivel planetario. Sin
preguntar a nadie y sin ningún tipo de control dilapidan el
patrimonio común de la humanidad en beneficio propio. En pocos
años deforestaron 800.000 hectáreas de las islas de Borneo, Java,
Sumatra y Sulawesi (Célebes). Los incendios proyectaron una
humareda del tamaño de medio continente. Esos mismos grupos
mancomunados con los nuestros actúan ahora en la selva amazónica.
Las leyes de protección ambiental son inoperantes frente al ansia de
conseguir dólares, vía exportación, para que el país haga frente a los
compromisos de la deuda externa e interna. El agronegocio implica
deforestar, liquidar la biodiversidad, homogeneizar la producción en
escala.
Esta lógica funciona en el sistema globalizado mundial, creando
desigualdades y devastaciones ecológicas allí donde se implanta.
Para el 2010 se prevé que las selvas hayan disminuido un 40%. En el
2040 el aumento de los gases de efecto invernadero puede provocar
un calentamiento de 1ºC a 2ºC elevando el nivel de las aguas
oceánicas de 0,5 a 1,5 metros, afectando a millares de ciudades
costeras. Seis millones de hectáreas de tierras fértiles desaparecen
al año bajo el efecto de la desertización.
Enfermedades infecciosas de todo tipo viajan a la velocidad de
los mercados. El sida en África es una pandemia. La esperanza de
vida del África subsahariana ha disminuido 7 años, y en otros países
como Uganda, Zimbabwe y Zambia ha retrocedido diez años. El año
pasado la producción económica de Kenia por causa del sida cayó un
14,5%. África es un continente abandonado a su propia desgracia,
que ni siquiera merece ser explotado. El Papa hace discursos
irresponsables.
Si hubiera un poco de humanidad y compasión entre los
humanos bastaría con retirar apenas un 4% de las 225 mayores
fortunas del mundo para dar comida, agua, salud y educación a toda
la humanidad. Estos son datos de la ONU del 2004. En cuanto a esto,
todavía mueren de hambre 30 millones de personas y dos mil
millones están anémicas.
¿Tendremos tiempo para que la desintegración se muestre
creativa? Una leve esperanza se anuncia un poco en todas partes del
mundo, en Seattle, en Génova, en Porto Alegre y en los Foros
Sociales Mundiales. Ahí surge un anti-poder que pide una nueva
justicia planetaria, una tasación significativa de los capitales
especulativos, la introducción de una renta de existencia para todos
los habitantes de la Tierra (no para que subsistan sino simplemente
porque existen), la aplicación rigurosa de la ética de la precaución y
del cuidado en las cuestiones ambientales. Esperanzas. Que tengan
la fuerza de la semilla.

153. Sociedad de Sustentación de la Vida


2006-01-27

En muchos grupos de reflexión ecológica la Sociedad de


Sustentación de la Vida se presenta como alternativa a la Sociedad
de Producción Industrial vigente. Ahora queremos mostrar que esta
propuesta es la que mejor armoniza con la ciencia nueva y con los
conocimientos alcanzados en las últimas décadas por las distintas
ciencias, especialmente ligadas a la vida, a la astrofísica y a la nueva
cosmología.
El presupuesto teórico de la alternativa de la Sociedad de
Sustentación de la Vida es la visión moderna según la cual todo, lo
energético, lo físico, lo psíquico, lo económico, lo social y lo
espiritual no son instancias yuxtapuestas sino que todas son
interdependientes formando un complejo y gran sistema. Niels Bohr,
uno de los creadores de la mecánica cuántica, bien decía que todo
está relacionado con todo y que no existe nada fuera de la relación.
El universo no está compuesto por la suma de los seres existentes,
sino por la trama de relaciones entre todos ellos. De acuerdo con
esta perspectiva, la vida para sustentarse necesita encontrar aquel
equilibrio dinámico de todos los factores interconectados que
garantizan reproducción y coevolución. Subjetivamente significa que
nosotros seres humanos tenemos una relación íntima con todo lo que
existe en el universo. Como decía el Jefe indígena Seattle: \"el
hombre no tejió la trama de la vida, sólo es un hilo de ella; cualquier
cosa que haga a esa trama, se lo estará haciendo a sí mismo.\"
Las siguientes constataciones científicas dan consistencia a lo
que estamos diciendo. La primera es que la naturaleza se organiza
por si misma. Es un sistema abierto en continua interacción de
energía, materia e información. La segunda es que la naturaleza se
auto-estabiliza, es decir, se autorregula para compensar condiciones
mutantes de su ambiente. Dialoga continuamente con el medio, se
adapta, muda, integra elementos nuevos buscando un nuevo
equilibrio. La tercera es la desintegración generativa. Cuando la
naturaleza no consigue responder a los desafíos ambientales, surgen
anomalías, desdoblamientos que ya no son funcionales y finalmente
ocurre la desintegración. Significa que aquella organización
ecológica desaparece para dar lugar a otra con más posibilidades de
interacción y de nueva síntesis. Por eso se trata de una
desintegración generativa. Es la lógica de la semilla que tiene que
morir para que nazca la planta. Es la poda de las ramas para
permitir nuevo vigor y mejores frutos.
El ser humano y la cultura no están fuera de esta lógica. Han
entrado en un proceso de desintegración pues ya no son capaces de
resolver los problemas mundiales, si no que los agravan. Temen
cambiar y por eso se vuelven represivos. Pero van a tener que
cambiar, pues esta es la lógica que permite la continuidad de la vida
y del proyecto humano bajo otra forma.
En esta transformación tendrá que ponerse en jaque la premisa
básica de la Sociedad de Crecimiento Industrial: la convicción de que
los humanos son la corona de la creación y la referencia última de
valor. La ecología integral y profunda nos libera de esta arrogancia
mostrándonos que somos un eslabón de la comunidad de vida,
insertados en un todo mayor del que somos guardianes. No
queremos desaparecer sino continuar en la red.
La Sociedad de Crecimiento Industrial nos exiló de la Tierra e
hizo que rompiésemos los lazos con la vida. Precisamos volver a
nuestro nicho natural. Esta conciencia es la base de la Sociedad de
Sustentación de la Vida, la que hará que nuestra desintegración sea
creativa y todavía nos garantice futuro.

154. Hay un agujero en el barco


2006-02-03
Estaban dos rabinos sentados en el mismo barco, cada cual con
sus preocupaciones acerca del futuro de la Tierra. De repente uno de
ellos notó que en un lado había un agujero y entraba mucha agua. El
rabino alarmado dijo: «Hermano, hay un agujero en su lado y está
entrando mucha agua». Y el otro le respondió: «no se preocupe, es
sólo en mi lado». No sabía que el agujero de su lado iba a hundir
todo el barco. Nos lo contó el rabino Awraham Soetendorp, uno de
los principales miembros de la comisión de la Carta de la Tierra, en
una reunión de la Carta de la Tierra+5 celebrada en Ámsterdam a
principios de noviembre de 2005, al concluir un trabajo en grupo
sobre el futuro del Planeta.
Así piensan gran parte de los que producen gases de efecto
invernadero: el agujero está sólo en nuestro lado. Sin embargo
nuestro Titánic se hunde todo entero. La alarma procede nada
menos que de James Lovelock, médico, biofísico y químico, el
formulador de la hipótesis Gaia, la Tierra como un superorganismo
vivo. El siempre fue un optimista convencido de la capacidad de
regeneración de Gaia. Pero ha cambiado, como revela su último libro
La venganza de Gaia. Hoy es uno de los profetas más vehementes
acerca de los peligros que Gaia está sufriendo. El 18 de enero de
este año publicó en The Independent de Londres un artículo
“Nuestra única Casa”, en el que dice que se ha vuelto médico
planetario y que como médico tiene noticias que darnos.
Los centros de observación del clima de la Tierra -afirma-
funcionan como los laboratorios de patología de un hospital. Los
médicos especialistas confirman que la Tierra está muy enferma. En
un plazo muy breve podría ser víctima de una fiebre morbosa que
podría durar hasta cien mil años. «Debo decirles, como miembro de
la familia Tierra y como parte íntima de ella, que ustedes, y sobre
todo su civilización, corren gran peligro». Esta fiebre puede
trasformarse en coma, pues los indicadores del calentamiento -dice
Lovelock- superan con mucho las cifras del protocolo de Kyoto, dan
miedo. A medida que vaya avanzando el siglo, la temperatura subirá
ocho grados en las zonas templadas y cinco grados en los trópicos.
Las zonas tropicales ahora desertizadas y las selvas diezmadas
perderán su función reguladora. La Tierra entrará en un período de
graves perturbaciones.
¿Por qué llegamos a esto? Por haber interferido de manera
excesiva e irresponsable en los ritmos de la naturaleza. Ella, sin
nosotros, regulaba por sí misma sus climas, pero nosotros hicimos de
Darwin nuestro guía. Darwin no tenía conciencia de la química de la
atmósfera y de los océanos, ni de la estrecha relación entre la vida y
su base físico-química y ambiental, y restringió la evolución
solamente a los organismos vivos. Si hubiese percibido que la
evolución es de toda la superficie terrestre, otro habría sido el
destino de la ciencia y de nuestra conciencia sobre la Tierra, y
cuidaríamos de ella como algo vivo.
Pero no somos sólo la enfermedad de la Tierra. Por nuestra
inteligencia somos también su sistema nervioso central. A través de
nosotros la Tierra se vio a sí misma desde el espacio y empezó a
comprender su lugar en el Todo. Debemos ser la mente y el corazón
de Gaia. Después de haberla explotado, debemos protegerla, amarla
y sellar una paz perenne con Ella. No pensemos únicamente en
nuestras necesidades sino en las de todo el sistema Gaia, como
nuestra única y gran Casa Común.
155. Cultivando agua buena
2006-02-10

Quien haya seguido los artículos anteriores tal vez haya tenido
la impresión de pesimismo, de que estamos llegando demasiado
tarde y de que vamos al encuentro de lo peor. En verdad somos
realistas. Toda situación de crisis, como la nuestra, posee un
componente de disolución como condición para que surja lo nuevo.
Esto nuevo, sin embargo, no surge directamente del vacío cuántico,
es decir, de las ilimitadas virtualidades presentes en el proceso de la
evolución cósmica y social. Conoce anticipaciones y va siendo
preparado seminalmente hasta alcanzar la hegemonía del proceso
como un todo. De ahí la importancia de que estemos atentos a las
innovaciones que todavía se dan dentro del viejo sistema de la
Sociedad de Crecimiento Industrial, pero que ya no obedecen a su
lógica.
Quien haya participado en los Foros Sociales Mundiales como el
de Porto Alegre, seguramente ha constatado que allí lo más
importante no son tanto las ideas y los sueños colectivamente
compartidos, sino el intercambio intensísimo de experiencias y de
conocimientos alternativos entre los que ya se proponen construir la
Sociedad de Sustentación de toda la Vida.
Dentro de este espectro de experiencias vale la pena referirnos
al proyecto «Cultivando agua buena» de la Itaipu Binacional Brasil-
Paraguay en Foz de Iguaçu. Como es sabido es la mayor
hidroeléctrica que existe en el mundo, tiene un reservorio de 17.000
millones de metros cúbicos de agua represada del río Paraná y
mueve 18 unidades generadoras de 12.600 megavatios.
Antes sólo veíamos el agua como un medio de producción de
energia eléctrica, sin preocuparnos de sus otros usos. Bajo el
gobierno Lula, la nueva dirección, particularmente Jorge Miguel
Samek y Nelton Miguel Friedrich entre otros, introdujo a partir de
2003 una clara preocupación ecológica, dentro de una perspectiva
integral, incorporando a 29 municipios ribereños y las regiones de
influencia del reservorio. Comenzaron por lo más certero, una
amplia concienciación sobre la cuestión mundial del agua,
considerada no principalmente como un recurso hídrico sino como
un bien natural, vital e insustituible que debe ser cuidado lo mismo
que la vida, los suelos y las selvas. El 20 de junio de 2003 lanzaron el
"Pacto de las aguas", comprometiendo a los representantes de todas
as regiones bajo el arco del proyecto "Cultivando agua buena".
Formaron una conciencia colectiva fundada en los valores de la
Carta de la Tierra, de la Ética del Cuidado, de la Agenda 21 y de las
Metas del Milenio de las Naciones Unidas.
En los municipios se implantaron proyectos de control de
polución hídrica, de recuperación de la vegetación ribereña, de
puesta en marcha de programas socioambientales generadores de
renta como el Pescador-Agricultor, Agricultura Orgánica, Agricultura
Familiar, Culturas Alternativas, Plantas Medicinales, Cosecha
Solidaria, Comunidades Indígenas y el Joven Jardinero.
Son en total 18 programas y 108 actividades. Cada cierto tiempo
se hacen encuentros multitudinarios para revisión y profundización,
con la participación de personajes notables en el campo de la
ecologia, como recientemente, con la presencia de Fritjof Capra.
Fue para mi un orgullo asistir el 8 de noviembre de 2005 a la
entrega del premio otorgado por la Comisión de la Carta da Terra +
5 en Amsterdam al proyecto «Cultivando agua buena». Fue
considerado como una de las cuatro mejores experiencias a nivel
mundial en la línea de una ecología integral que incorpora el
ambiente, la sociedad, las mentes y la visión holística con la
perspectiva de crear una Sociedad de Sustentación de toda la Vida.
He ahí señales que ya anuncian lo nuevo.
156. La fe del Islam nos cuestiona
2006-02-17
Muchas son las lecturas que se están haciendo acerca de las
reacciones musulmanas por causa de las caricaturas de la figura de
Mahoma. Ninguna de las que he leído hasta ahora llega, a mi modo
de ver, al meollo de la cuestión. Quien más se acercó fue Mauro
Santayana, aquí en el Jornal do Brasil. Necesitamos profundizar más
en el análisis pues en él se esconde la espoleta de una probable
guerra de civilizaciones, preconizada por Samuel P. Huntington en su
discutido libro El choque de las civilizaciones (1996).
Se equivocan quienes piensan que se trata de fundamentalismo.
Para el islam por detrás de las caricaturas está la cultura moderna
de Occidente hoy globalizada. Es considerada como una cultura sin
fe, inmoral, explotadora, belicosa, arrogante y violadora de tratados
del orden mundial. Se juzga universal y por eso digna de ser
impuesta a todo el mundo: un pretendido universalismo que se
transforma en imperialismo, como se ve explícitamente en la política
exterior de Bush y en las declaraciones de Berlusconi. Hay que
reconocer que la mayor fuente de inestabilidad y de posible conflicto
en un mundo pluricivilizacional es precisamente Occidente. Su
arrogancia, incrustada también en las iglesias cristianas, puede
hacernos daño a todos.
Para Occidente, por detrás de las reacciones a las caricaturas,
está el radicalismo islámico fundado en el orgullo de su cultura y en
el sentimiento de superioridad por mantener viva la fe pública en
Dios. Está también el rencor por el hecho de estar sus territorios
militarmente ocupados por causa del petróleo y de ser considerados
antimodernos, fundamentalistas y nichos del terrorismo mundial.
Nos encontramos aquí con prejuicios mutuos que, resucitados en
un contexto globalizado, pueden generar una violencia incontrolable.
Pero la verdadera manzana de la discordia reside en la fe y en el
lugar que debe ocupar en la vida personal y social. Las sociedades
modernas occidentales son hijas de la razón ilustrada. Sólo se
legitima aquella realidad que pasa por la criba de la razón crítica, y
por esa criba no ha pasado la fe tradicional. La fe no es un factor
determinante en la sociedad. Ha sido relegada al mundo privado.
Mirándolo desde afuera, el Occidente socialmente no tiene fe. Se
vive etsi Deus non daretur («como si Dios no existiese»), según la
famosa formulación del teólogo-mártir del nazismo D. Bonhoeffer
que antevió ese oscurecimiento social de la fe.
Tal punto de vista es inaceptable para el islam. Para él es
impensable una sociedad sin una dimensión institucional de fe. Es no
ver sentido en el universo sustentado por el Creador del cielo y de la
tierra, es desconocer a los seres humanos como hermanos y
hermanas. Esto no conduce necesariamente a un estado teocrático,
como podemos comprobar hoy en Indonesia, el mayor país
musulmán del mundo: el Estado reconoce explícitamente en su
organización la fe en Dios, sin identificar ese Dios con el del islam, ni
con el del cristianismo o el de otras religiones; es un Estado no
confesional, con fuerte identidad nacional y fe ecuménica.
La herencia irrenunciable de Mahoma es esta proclamación
pública de Dios y de la hermandad de todos los seres humanos,
valores tenidos en Occidente por pre-modernos. Hacer caricaturas
del Profeta es hacer irrisión de esta fe que orienta la vida de
millones de personas. De ahí la reacción comprensible de los
musulmanes del mundo entero. La fe es central en el islam pero es
irrelevante en Occidente. Las caricaturas buscan ridiculizar esta
diferencia. El irrespeto de lo sagrado es una muestra de la
irrefrenable decadencia espiritual de Occidente.
157. El tren de la vida
2006-02-24

Dejemos los escenarios sombríos sobre el futuro del Planeta y


pasemos a historias que hablan del destino final de la vida.
Un tren corre veloz hacia su destino. Corta los campos como una
flecha. Atraviesa las montañas. Pasa los ríos. Se desliza como un hilo
en movimiento.
Dentro de él se despliega todo el drama humano. Gente de todo
tipo. Gente que conversa. Gente que calla. Gente que trabaja en su
ordenador. Gente de negocios, preocupada. Gente que contempla
serenamente el paisaje. Gente que ha cometido crímenes. Gente que
es buena gente. Gente que piensa mal de todo el mundo. Gente solar
que se alegra con el mínimo de luz que encuentra en cada persona.
Gente a la que le encanta viajar en tren. Gente que por razones
ecológicas está contra el tren. Gente que se equivocó de tren. Gente
que no se cuestiona; sabe que está en su rumbo y a qué hora llega a
su ciudad. Gente ansiosa que corre a los primeros vagones con el
afán de llegar antes que los demás. Gente estresada que quiere
retrasar la llegada todo lo posible y se va a los últimos vagones. Y,
absurdamente, gente que pretende huir del tren andando en
dirección opuesta a la que lleva el tren.
Y el tren impasible sigue hacia su destino, trazado por los raíles.
Lleva a todos despreocupadaamente. No rechaza a nadie. Sirve a
todos y a todos proporciona un viaje que puede ser espléndido y
feliz, garantizando dejar a cada cual en el punto de destino
establecido en su ruta.
En este tren, como en la vida, todos viajamos gratuitamente.
Una vez en movimiento, no hay como escapar, bajar o salir. Uno
puede enfurecerse o alegrarse; no por ello el tren deja de correr
hacia el destino prefijado y llevar a todos cortesmente.
La gracia de Dios —su misericordia, su bondad y su amor— es
así, como un tren. El destino del viaje es Dios. El camino también es
Dios, porque el camino no es otra cosa que el destino realizándose
paso a paso, metro a metro.
La gracia carga a todos, a los que están a favor y a los están en
contra. Negándolo, el tren no se modifica. Tampoco la gracia de
Dios. Sólo el ser humano se modifica. Puede estropear su viaje, pero
no puede dejar de estar dentro del tren.
Acoger el tren, hacerse amigo y compartir con los compañeros
de destino es ya anticipar la fiesta de llegada. Viajar ya es estar
llegando a casa. La gracia es «la gloria en el exilio, la gloria es la
gracia en la propia tierra» como decían los antiguos teólogos.
Rechazar el tren, correr ilusoriamente en dirección contraria, no
sirve para nada. El tren carga y lleva también a estos rebeldes con
toda paciencia, porque Dios se da indistintamente a buenos y a
malos, a justos y a injustos.
La vida, como la gracia, es generosa para con todos. De vez en
cuando nos hace darnos cuenta de la realidad. En ese momento —y
existe siempre el momento propicio para cada persona humana— el
recalcitrante se da cuenta de que es llevado gentil y gratuitamente.
De nada sirve su resistencia y su rechazo. Lo más razonable es
escuchar la llamada de su naturaleza y dejarse seducir por la
oportunidad de un viaje feliz.
Entonces se deshace el infierno interior e irrumpe gloriosamente
el cielo, el rostro humanitario de Dios. Descubre la gratuidad del
tren, de todas las cosas y la presencia de Dios. Hay un destino bueno
para todos; para cada cual a su medida.
Y tú, lector y lectora, ¿cómo viajas?
158. Sólo creo en lo que veo
2006-03-03

Cuando estudiaba en Alemania leí una historia de un escritor


infantil, Peter Bichsel, que me dio mucho que pensar. Ya no tengo
ese libro pero guardé su contenido. Decía así:
«Conocí a un hombre que sólo creía en lo que podía ver y
experimentar personalmente. Aprendió en la escuela que la Tierra
era redonda y todos lo repetían. Pero él decía: «sólo lo creeré si
puedo hacer la experiencia: salgo de mi casa por la puerta de
delante, voy siempre en línea recta y una vez hecho todo el recorrido
llego a la puerta de atrás. Sólo así se comprueba de hecho que la
Tierra es redonda.
Quiso poner en práctica su propósito enseguida. Compró ropa
para las distintas estaciones, ropa de abrigo, zapatos y botas. Y dijo:
«necesito un carro para meter esto dentro». Vió también que al otro
lado de la calle había una casa. Para pasar por encima de la casa
necesitaría una escalera. Recordó que más adelante había un río.
Para atravesarlo necesitaría un bote. Para transportar el bote
necesitaría otro carro más grande. Y una persona para conducirlo.
Esta persona necesitaría también ropas y otros enseres. Recordó que
después había una montaña con bosque frondoso. ¿Cómo subir los
dos carros, la escalera y el barco montaña arriba? Necesitaría por lo
menos cinco hombres. Para esos hombres necesitaría por lo menos
otros dos carros, porque todos tendrían que llevar sus pertenencias.
Y para pasar todo esto por encima de la casa sería necesaria una
grúa. Y un camión para transportar la grúa. Y un hombre que
manejase la grúa. Éste también tendría que llevar sus cosas. Y
necesitaría otro barco todavía mayor para llevar la grúa. Y un carro
mayor todavía...
Aquí se detuvo. Tomó una hoja de papel e hizo los primeros
cálculos: necesitaría pertrechos para ocho personas, incluyéndose él,
cuatro carros, un camión, dos barcos, una grúa y una escalera. No
debería olvidarse del sueldo de los contratados. Se acordó de que
más adelante tendría que enfrentarse al océano y debería que tener
un barco para cargar todas las cosas y hacer la travesía. Hizo los
cálculos y vió que necesitaría una gran fortuna.
Al darse cuenta del lío en que se había metido se puso muy
triste. Más pesaroso quedó cuando cayó en la cuenta de que ya tenía
65 años. Debía darse prisa si quería regresar antes de morir.
Pero no desistió. No compró nada de aquella larga lista. Sólo una
escalera grande. Se la echó al hombro y lentamente se dirigió a la
casa de enfrente. Colocó la escalera y comenzó a subir con calma.
Las personas que sabían lo que pretendía le gritaban desde la
calle: ‘Hombre, déjalo. No necesitas probar que la Tierra es redonda.
Todo el mundo lo sabe’. Pero él les hizo oídos sordos. Subió hasta lo
alto del tejado y alzando consigo la escalera desapareció por el otro
lado.
Nunca más volví a ver a ese hombre. Tal vez ha cambiado de
idea, tal vez habrá muerto ya, pero de vez en cuando me gusta ir a la
ventana y mirar hacia occidente. Qué feliz sería si lo viera venir un
día hacia mí diciendo: ‘Ahora lo sé por experiencia: la Tierra es
redonda’».
Que los muy prácticos saquen de ahí sus conclusiones.
159. Brasileñas, guerreras de la paz
2006-03-10

En todo el mundo las mujeres todavía sufren los efectos del


sistema patriarcal. Éste no sólo las ha marginado, sino que también
ha creado un tipo de sociedad y de cultura en el que ellas son
subalternizadas, o hechas invisibles. Aún se sigue abortando a las
niñas, concretamente en China, India, Bangladesh y Taiwán, hasta el
punto de desequilibrar la proporción entre hombres y mujeres. El
indio Amartya Sen, premio Nóbel de economía, ya en los años 90
denunciaba la falta de cien millones de mujeres víctimas de esta
práctica asesina.
A pesar de todo, hace ya casi cuatro siglos que las mujeres
tomaron conciencia de esta situación inhumana y se organizaron
para gestar otro tipo de relación de género, creando los
fundamentos de un nuevo paradigma civilizatorio, no ligado ya a la
subordinación sino a la reciprocidad y al compañerismo.
Para reforzar esta lucha de liberación de las mujeres, se creó en
Suiza la Asociación 1000 mujeres para el Premio Nóbel de la Paz
2005. La tarea era identificar 1000 mujeres en 153 países del
mundo, que, en las grandes ciudades o en lo más profundo de sus
países, estuviesen luchando por la seguridad humana y por la
liberación. En Brasil cupo a Clara Charf, compañera de Carlos
Marighella, asesinado en 1969 por los órganos de represión, crear
una comisión para identificar los nombres de estas mujeres
guerreras. Entre otras muchas se anotaron 262 nombres, de los
cuales había que seleccionar 52, que era la cuota que correspondía a
Brasil. Fue un trabajo arduo. El premio, sin embargo, le fue
concedido a Mohamed El Baradei, presidente de la Agencia
Internacional de Energía Atómica.
Ahora la Editora Contexto acaba de presentar el libro Brasileñas
guerreras de la paz. Narra la historia de estas 52 mujeres brasileras.
Hay nombres conocidos de las distintas áreas del saber y de las
artes, pero la gran mayoría son anónimas, y todas son guerreras.
Leyendo sus biografías apenas conseguimos contener la emoción. A
mí me vino a la mente esa escena del Apocalipsis cuando uno de los
ancianos hace esta pregunta al ángel: «¿Éstas y éstos, quiénes son y
de dónde han venido?» Y el ángel le responde: «Tú debes saberlo». Y
entonces el anciano revela: «Éstas y éstos son los que vienen de la
gran tribulación». Sí, la gran mayoría lleva en sus cuerpos las
señales de la gran tribulación histórica de Brasil marcada por la
pobreza y la exclusión. Pero son mujeres que no se resignaron.
Rompieron el cerco de la opresión, no para subir de nivel social, sino
para capacitarse mejor para luchar al lado de sus compañeras de
sufrimientos.
Cito casi al azar algunos nombres, sin querer hacer injusticia a
las demás. Concita Maia, del Estado de Acre, hija de padre indio y de
madre blanca, educadora popular, feminista y ambientalista, que
subía y bajaba los ríos para concientizar en sus derechos a los
trabajadores extractivistas y a las parteras. La indígena Eliane
Potiguara que creó la Red de Escritores Indígenas. Joênia Batista de
Carvalho, india wapichana de Roraima, la primera mujer indígena de
Brasil que se hizo abogada para defender a su pueblo, y hoy atiende
a cerca de 280 comunidades.
Este artículo se lo dedico a las mujeres anónimas que se cruzan
diariamente en nuestro camino, guerreras que llevan adelante la
vida con valentía. Soy de la misma opinión que la FAO: si no damos
más poder de decisión a las mujeres, difícilmente salvaremos
nuestro Planeta.
160. ¿Qué es la vida?
2006-03-17

La convención organizada por la ONU sobre la biodiversidad


biológica, que se está celebrando estos días de marzo en Curitiba,
desde cierto punto de vista es tan importante o más que la de Rio de
Janeiro de 1992. Entonces se trataba de ver la relación entre
desarrollo y medio ambiente. Se oficializó la expresión desarrollo
sostenible. Pasados más de diez años se ha constatado que el
desarrollo habido se ha mostrado absolutamente insostenible porque
prácticamente todos los indicadores ambientales empeoraron. Se ha
comprobado que la lógica de este tipo de desarrollo lleva consigo la
devastación ecológica y la creación de desigualdades sociales. Ahora
la humanidad está dándose cuenta lentamente de que ese desarrollo
puede amenazar la vida de Gaia y el futuro de la humanidad. Por eso
el tema más urgente y fundamental es: ¿cómo garantizar y salvar la
vida?
En este contexto conviene que reflexionemos brevemente sobre
lo que es la vida. Las respuestas consagradas dicen que proviene de
Dios o que está habitada por algo misterioso o mágico. Pero nuestra
visión cambió radicalmente cuando en 1953 Crick y Watson
descifraron la estructura de una molécula de ácido
desoxirribonucleico (ADN) que contiene el manual de instrucciones
de la creación humana. La molécula de ADN consiste en múltiples
copias de una única unidad básica, el nucleótido, que se presenta
bajo cuatro formas: adenina (A), timina (T), guanina (G) y
citosina(C). Este alfabeto de cuatro letras se desdobla en otro
alfabeto de veinte letras que son las proteínas, formando el código
genético que se presenta en una estructura de doble hélice o de dos
cadenas moleculares. El código genético es igual en todos los seres
vivos. Watson y Crick concluyeron: «La vida no es más que una vasta
gama de reacciones químicas coordinadas; el \"secreto\" de esta
coordinación es un complejo y arrebatador conjunto de instrucciones
inscritas químicamente en nuestro ADN». (Cf. DNA, Companhia das
Letras 2005, p. 424).
Con este descubrimiento la vida fue introducida en el proceso
evolutivo global. Después de la gran explosión del Big bang hace
quince mil millones de años, la energía y la materia liberadas se
fueron expandiendo, densificando, haciéndose más complejas y
formando nuevos órdenes a medida que el proceso avanzaba.
Después que se alcanzó un nivel alto de complejidad de la materia
irrumpió la vida como un imperativo cósmico. La vida representa,
pues, una posibilidad presente en las energías originarias y en la
materia primordial. La materia no es «material» sino un campo
altamente interactivo de energías. Este evento maravilloso ocurrió
en un minúsculo planeta del sistema solar, la Tierra, hace 3.800
millones de años. Pero la Tierra no tiene, según el premio Nóbel de
medicina Christian de Duve (1974), la exclusividad de la vida. En su
libro Polvo Vital escribe: «El universo no es el cosmos inerte de los
físicos con una pizca extra de vida por precaución. El universo es
vida con la necesaria estructura a su alrededor. Consiste en billones
de biosferas generadas y sostenidas por el resto del universo».
(Objetiva 1997, p.383).
No necesitamos recurrir a un principio trascendente y externo
para explicar el surgimiento de la vida. Basta que el principio de
complejidad y de auto-organización de todo, el principio
cosmogénico, haya estado presente en aquel puntito primordial -que
primero se inflacionó y luego explotó-, creado, sí, por una
Inteligencia suprema, un infinito Amor y una eterna Pasión. La vida,
la mayor floración del proceso evolutivo, hoy está amenazada; de ahí
la urgencia de cuidarla.
161. Biodiversidad y futuro de la vida
2006-03-24

Entre el 20 y el 31 de marzo se está llevando a cabo en


Curitiba, Brasil, una importante reunión mundial de las Naciones
Unidas sobre biodiversidad, que profundiza puntos de la Convención
sobre Diversidad Biológica de 1993 adoptada por 188 países. Este
encuentro es el más importante de todos los organizados por la
ONU, pues se trata, en el fondo, de discutir las estrategias para
salvaguardar la vida contra las amenazas que pesan sobre ella. A
partir de la Cumbre de la Tierra o Eco-92 de Río de Janeiro, el tema
ha ido adquiriendo centralidad y ha sido objeto de innumerables
documentos oficiales, especialmente del Protocolo de Cartagena
sobre bioseguridad de los años 2000 y 2003.
El documento preparatorio de Curitiba, organizado por
especialistas de la ONU y del Ministerio brasileño del Medio
Ambiente para lo que se refiere a Brasil, define así la biodiversidad:
«el conjunto de toda la vida del planeta Tierra, incluyendo todas las
diferentes especies de plantas, animales y microorganismos
(estimadas en más de 10 millones de especies), toda la variabilidad
genética dentro de las especies (estimada en 10 a 100 genes por
especie) y toda la diversidad de ecosistemas formados por diferentes
combinaciones de especies. La biodiversidad incluye los servicios
ambientales responsables del mantenimiento de la vida en la Tierra,
de la interacción entre los seres vivos y de la oferta de los bienes y
servicios que sustentan las sociedades humanas y sus economías».
Estudiando los distintos documentos quedamos sorprendidos por
la minuciosidad de las iniciativas en favor de la vida. Incluso se ha
asumido un tratamiento sistémico y holístico con la conciencia de
que todos los ecosistemas son interdependientes y el propio ser
humano con su diversidad cultural es reconocido como parte
integrante de ellos. Solamente con esta perspectiva integral se
preserva la naturaleza y se garantizan beneficios para los seres
humanos de forma justa y equitativa.
¿Por qué este cuidado con la preservación de la biodiversidad?
Porque los estudios de los últimos años sobre el estado de la Tierra
nos han dado las dimensiones reales de las amenazas que se ciernen
sobre el sistema de la vida. El tipo de civilización que se ha impuesto
en los últimos trescientos años, hoy mundializada, implica una
explotación ilimitada de todos los recursos del Planeta, una extinción
aterradora de especies (más de tres mil al año), un modo de
producción que pone en tensión todos los ecosistemas, pues
poluciona el aire, envenena los suelos, contamina las aguas y
acentúa los componentes químicos de los alimentos. Nuestro patrón
de vida es expoliador y consumista, utilitarista y antropocéntrico. Ve
la Tierra como un mero baúl de donde sacamos los recursos que nos
son útiles, sin respetar el valor intrínseco de los seres y sin
conciencia de que formamos con ellos una comunidad cósmica y
biótica.
Lamentablemente, casi todas las iniciativas propuestas por la
Convención han dejado sin tocar este sistema intrínsecamente
destructivo. Abandonado a su propia lógica puede destruirnos a
todos. Pero se ha hecho una excepción: el texto-base de la II
Conferencia Nacional del Medio Ambiente de diciembre de 2005
asume claramente la crítica de este paradigma. De manera realista,
todavía dentro del sistema, se empeña en reducir su destructividad
ecológica, apoyando las tendencias de ruptura con él y promoviendo
formas alternativas de producción y consumo.
Esta visión, en el país de mayor biodiversidad del Planeta,
representa una significativa esperanza de un futuro prometedor.
162. Biodiversidad y nuevo paradigma
2006-03-31

Tres son los principales enemigos de la biodiversidad: el


modelo de producción y consumo imperante, el monocultivo y la
especie humana.
El modelo imperante —es imperioso repetirlo—- es devastador
de los recursos naturales y es consumista. La Tierra no aguanta más
esta agresión sistemática y da claras señales de estrés. Ella ya está
devolviendo el daño como lo ha demostrado James Lovelock en su
reciente y alarmante llamamiento La venganza de Gaia. A la vista
están el calentamiento del Planeta, las perturbaciones climáticas y la
escasez de agua potable.
El monocultivo es contrario a la lógica de la naturaleza que
siempre asocia todo tipo de formas de vida, permitiendo que una
especie ayude a otra a sobrevivir y, al mismo tiempo, se mantenga el
equilibrio dinámico de todo el proceso natural.
El mundo está dominado por el monocultivo del arroz, del trigo,
de la soja, del maíz, del eucalipto, de los cítricos, del ganado, de los
pollos y otros. La implantación de cada monocultivo significa un
verdadero asesinato de especies vivas, de insectos y de
microorganismos. Y con el monocultivo vienen los agrotóxicos para
garantizar y aumentar la productividad.
El tercer enemigo es la especie humana. Es una especie entre
millares de otras especies, pero su triunfo fue diseminarse por todo
el Planeta, como una verdadera plaga, adaptándose a todos los
ecosistemas y sometiendo todas las demás especies a sus intereses.
Ha ocupado el 83% del Planeta pero de forma destructora. Ha hecho
del Jardín del Edén un matadero, como dijo el maestro de la
biodiversidad Edward Wilson. Las religiones, los tabúes, los
preceptos éticos y la ciencia han sido insuficientes hasta hoy para
impedir y limitar la violencia humana contra la naturaleza. El
meteorito rasante hoy se llama ser humano.
«Las actividades antrópicas están transformando
fundamentalmente -y, en muchos casos, de forma irreversible- la
diversidad de la vida en el planeta Tierra. Todo indica que ese
proceso va a continuar o aun acelerarse más en el futuro». Es lo que
constata el informe de la «Evaluación de los Ecosistemas del
Milenio», elaborado bajo los auspicios de la ONU y divulgado en
2005.
Es preocupante que los centenares de medidas sugeridas por la
Convención sobre Diversidad Biológica, seguramente necesarias,
todavía se sitúan dentro del paradigma antrópico de dominación de
la naturaleza. Ellas no resuelven la cuestión básica de la
devastación. ¡Cómo si al limar los dientes al lobo le quitáramos la
ferocidad! Necesitamos de otro paradigma civilizatorio que tenga
una relación no destructiva con la naturaleza, que atienda nuestras
necesidades, y que por lo tanto sea sostenible. En caso contrario nos
vamos a quedar sin futuro.
Y en este contexto vuelve a ser importante la Carta de la Tierra
del año 2000. Ella parte de esta posible tragedia. Pero confía en que
podamos evitarla. Para esto necesitamos otra óptica, que fundará
una nueva ética. La óptica es que somos parte de un vasto universo
en evolución, hijos e hijas de la Tierra, que está viva, y nosotros
somos uno de los miembros de esa gran comunidad de vida. El
sentido de interdependencia y de parentesco nos convierte en
cuidadores naturales de todas las formas de vida. Hay que satisfacer
nuestras necesidades de forma justa y equitativa, con un manejo
respetuoso de la generosidad de la Tierra, pero sin devastarla, y
procurando siempre reponer lo que sacamos de ella. Esto exige
nuevos valores, y diferentes instituciones y modos de vida. Este es el
«modo sostenible de vida» que nos salvará.
163. La venganza de las gallinas
2006-04-07

La gallina ha sido tal vez la primera ave en ser domesticada


hace cerca de 12 mil años cuando el ser humano comenzó a volverse
sedentario. Desde entonces las gallinas tienen un destino siniestro:
raramente mueren de muerte natural. Se las mata para el consumo
humano. En la perspectiva de ellas, la vida es simplemente una
tragedia. Normalmente las gallinas eran y son criadas al aire libre,
sueltas, correteando alrededor de las casas. Todavía hoy se prefiere
a las «gallinas de campo» por ser mucho más saludables.
Modernamente, con la sociedad de producción industrial, han
sido transformadas en máquinas para producir carne y huevos.
Encerradas por millares en granjas avícolas en donde se crían de 10
a 12 por metro cuadrado, engañadas con la iluminación que les quita
la percepción de la noche, alimentadas con estimuladores del
crecimiento y antibióticos para que crezcan hasta un punto
comercialmente ideal, cuarenta días, son sometidas a grandes
padecimientos. Si Gandhi o el Dalai Lama o cualquier persona
sensible al sufrimiento visitasen una granja avícola de ésas,
seguramente se indignarían y hasta llorarían de compasión. Pero
nuestra especie se ha especializado en someter sin piedad a todas
las demás especies para sacar provecho de ellas, aunque eso
produzca un gran sufrimiento.
Sabemos hoy que todos los seres vivos formamos una única
comunidad de vida, pues somos portadores de un mismo alfabeto
genético con cuatro bases fosfatadas y 20 aminoácidos. Entonces,
¿por qué imponer este padecimiento en forma de crueldad a
nuestros parientes naturales?
Después de siglos de violencia, las gallinas nos devuelven ahora
el daño. Es la venganza de las gallinas. Viene bajo la forma de la
gripe aviar, que está afectando a otros seres vivos y podría alcanzar
también a los humanos. Es el famoso virus H5N1. Virus aviarios
siempre han existido en formas no letales. Ahora este H5N1 se ha
revelado como una cepa patógena. Si sufre mutaciones que lo hagan
transmisible a los seres humanos, puede replicarse locamente y
matar de 150 millones a 1.000 millones de personas, según las
previsiones científicas. Surgido por primera vez en Hong Kong, ha
alcanzado ya casi la mitad del mudo. No existe un antídoto que lo
elimine, sólo se le puede limitar. El Tamiflú, que no actúa
profilácticamente, sino 18 horas después de la infección, ha sido
desarrollado a partir de un ácido extraído de vainas de anís
estrellado encontradas en algunas provincias de China. La compañía
farmacéutica estadounidense Gilead Sciences, de la que el actual
Secretario de Defensa del Gobierno Bush, D. Rumsfeld ha sido
presidente y socio, desarrolló el antivirus Tamiflú. Concedió la
licencia exclusiva de producción a la compañía suiza Roche, que está
ganando millones de dólares y es reticente a conceder licencias de
producción por no contar con la aprobación de sus accionistas.
Hoy se sabe que la causa de la gripe aviar no proviene de las
gallinas criadas al aire libre, sino de las prácticas avícolas
industriales y por el uso de «subproductos» de la cría avícola como
ración industrial. La Fundación BirdLife ha demostrado que la
expansión de focos de la gripe sigue las rutas de las carreteras y de
las vías férreas, no las de los vuelos de las aves migratorias. La gripe
es consecuencia del manejo cruel que nosotros, los seres humanos,
damos a las gallinas confinadas. Ahí esta el nicho de reproducción
del virus. Es una enfermedad sistémica. Está pidiéndonos una forma
de relación con los seres vivos que no implique crueldad, sino
racionalidad y compasión.
164. La gran metáfora
2006-04-13

Para los cristianos la Semana Santa es la gran semana en la


que se celebra la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Estos
tres hechos son momentos de un único proceso, llamado «misterio
pascual», misterio del paso (pascua en el lenguaje bíblico) de la vida
a la muerte y de la muerte a la resurrección. O, también, del paso de
la cautividad egipcia a liberación del pueblo en el desierto y a la
conquista de la tierra prometida.
Hegel cuando era un joven estudiante de teología en Tübingen
(fue primero teólogo, igual que Heidegger) en su Stift (seminario),
un viernes santo tuvo una iluminación que modificó toda su vida y
que está en la raíz de su filosofía. Lo llamó «viernes santo teórico».
Vió la unidad del proceso de la naturaleza y de la historia que pasa
por la vida, por la muerte y por la transfiguración, como en el
misterio pascual cristiano. Llamó a esto dialéctica.
Si reparamos bien, la semana santa, más allá de de su carácter
religioso, representa una gran metáfora. Todo en el universo, en los
procesos biológicos, humanos y biográficos se estructura en forma
de dialéctica. El primer momento es la tranquila serenidad y paz
infinita de aquel puntito casi infinito de donde venimos. De repente,
sin que sepamos por qué, explota. Produce un caos
inconmensurable. La evolución del universo es el proceso de crear
orden en el caos. Cada ser vivo nace, se desarrolla, muere y se
transfigura en el Todo. Las sociedades pasan por crisis. Las estrellas-
guía ya no responden a los nuevos desafíos. Se produce un proceso
de disolución. Cuando se define otra forma de organización social
emerge un nuevo orden con otro sentido de ser. El ser humano vive
su compromiso existencial sereno y tranquilo. Y he aquí que irrumpe
la crisis y todo se hunde. Se purifica, madura y crea otro orden vital.
Éste a su vez, lentamente, también se desestabiliza y solamente
recupera la serenidad cuando elabora otro sentido de vida o pasa
para otra dimensión más allá de la muerte. En todo este proceso
dialéctico hay una experiencia de vida, de muerte y de
transfiguración; de orden, desorden y nuevo orden; de tesis, antítesis
y síntesis. La complejidad, según E. Morin, se estructura en esta
dialéctica.
Según esta visión dialéctica, la persona no fue creada para
conocer un final en la muerte, sino para transfigurarse a través de la
muerte. Pasa, como dirían los alquimistas medievales, por un
proceso químico y entra en un orden más alto. Los cristianos llaman
a esto resurrección, que no significa la reanimación de un cadáver,
sino la transfiguración completa del ser humano en comunión con el
Ser. Es la dialéctica de la semilla: «si el grano de trigo cae en la
tierra y no muere, se queda solo, pero si muere, dará mucho fruto»,
como dijo el Maestro.
Hoy la naturaleza y la humanidad viven bajo un continuo viernes
santo. Hay devastación y sufrimiento en demasía. El vía crucis tiene
estaciones sin fin. Nuestra esperanza es que este padecimiento se
ordene a una radiante transformación, a un nuevo paradigma de
convivencia en el que no sea tan difícil que tratemos a los seres de la
naturaleza con compasión y a nuestros próximos con humanidad y
con cuidado.
Después que Cristo resucitó, tras un clamoroso fracaso personal,
ya no tenemos derecho a estar tristes ni a perder la esperanza. Del
caos puede venir siempre vida nueva. La historia y la saga de Jesús
nos ofrecen una señal creíble.
165. Judas sigue siendo Judas
2006-04-21

Judas Iscariote era un apóstol de Jesús, por lo tanto, alguien de


su intimidad. Pero según san Juan «era ladrón, sacaba dinero de la
bolsa común» (12,5). Por treinta monedas de plata, informó a las
autoridades dónde estaba escondido Jesús, y con un beso en la
mejilla lo identificó a los soldados; así lo traicionó. Después,
arrepentido, quiso devolver el dinero, pero ya no se lo aceptaron.
Desesperado, se ahorcó, según el evangelio de Mateo (27,3-5). En
palabras de san Pedro en los Hechos de los Apóstoles, sufrió un
accidente, «reventó por medio derramándose todas sus vísceras»
(1,18). Según Papías, un discípulo del evangelista Juan que vivió en
torno al año 100, Judas «se habría hinchado de forma monstruosa,
pudriéndose vivo». Como se ve, nadie sabe a ciencia cierta su fin
trágico. Pero todos lo consideran «el traidor».
Para la Iglesia antigua siempre fue un enigma por qué Judas
traicionó al amigo. Las teorías son muchas. A mí me convence una
bastante aceptada en la exégesis ecuménica, pues guarda una cierta
coherencia interna. Dice así: predominaba en el tiempo de Jesús una
visión del mundo llamada apocalíptica. Según ella, el final del mundo
iba a ser inminente. El Reino irrumpiría poniendo fin a esta
desgraciada existencia. Pero antes habría un gran combate con el
anti-Reino y sus partidarios. El Mesías sería sometido «a la gran
tentación». Casi moriría. Pero en la hora suprema, Dios intervendría,
salvaría al Mesías e inauguraría el Reino. Junto con otros estudiosos,
comulgo con la idea expuesta en mis libros «Pasión de Cristo, pasión
del Mundo» y «Padrenuestro» de que Jesús comulgaba con esta
visión. Él habla del fin inminente y del Reino que ya está dentro de
nosotros. Son expresiones técnicas las que utiliza cuando se refiere a
la «tentación», a la «hora» y a «beber el cáliz», cosa que le produce
angustia mortal hasta el punto de sudar sangre y rezar: «Padre,
aparta de mi este cáliz».
Los apóstoles participaban también de esta interpretación del
mundo. Judas, en esta misma lógica, con el afán de acelerar la
venida del Reino, entregó a Jesús para ponerlo en un gran aprieto y
así obligar a Dios a intervenir. En esta comprensión, Jesús mismo en
lo alto de la cruz, en la cercanía de la muerte, se da cuenta de que
Dios no interviene como esperaba. Grita estas terribles palabras:
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Marcos 15,34).
Pero su última palabra fue: «Padre, en tus manos entrego mi
espíritu» (Lucas 23,46). La traición de Judas sería por tanto un acto
teológicamente motivado, para acelerar la venida del Reino.
Algo muy distinto dice el Evangelio de Judas, manuscrito de 13
páginas en papiro, originalmente escrito en griego antiguo y después
traducido al copto hacia finales del siglo III y principios del IV, es
decir cerca de 150 a 170 años después de la muerte de Judas.
Descubierto en la pasada década de los 70 en Egipto, sólo en los
últimos años ha sido descifrado y publicado. En el texto Jesús le dice
a Judas: «Tu sobrepasarás a todos los otros (apóstoles) y te enseñaré
los misterios del Reino; pero, por eso, tú sufrirás mucho». El
contexto es el del gnosticismo, corriente filosófico-existencial que
negaba valor al cuerpo y a la carne. Jesús aquí debería liberarse de
esa envoltura carnal para revelar su divinidad. Esa sería la misión de
Judas. Tal doctrina está lejos del espíritu de los evangelios, que
afirman la carne que Dios hizo suya.
San Ireneo, obispo de Lyon en el año 180, conocía ese evangelio
de Judas, y lo denunció como ficción. Pero después el manuscrito
desapareció. Por buenas que hubieran sido las razones de Judas, fue
el traidor, y sigue siendo Judas.
166. Desafíos al PT
2006-04-28

Soy ideológicamente del PT aunque nunca me haya inscrito en


el partido. Siempre lo respaldé en el ámbito de mi actuación. Por
eso, como observador participante, me permito reflexionar sobre
algunos desafíos que serán seguramente suscitados en el 13º
Encuentro Nacional para definir la estrategia de la reelección del
Presidente Lula y los marcos del programa de Gobierno.
En primer lugar es importante demostrar humildad, y reconocer:
«caímos en la tentación de la política tradicional que incluye en su
práctica una alianza inequívoca con el poder económico. Por eso no
es transparente. Nos equivocamos. Pero todo error tiene corrección.
Pecamos. Pero todo pecado tiene perdón. Caímos porque nos
despegamos del pueblo y de los movimientos sociales que día a día
nos guían hacia las prácticas correctas. Sólo nos redimiremos si
volvemos a ese primer amor y rehacemos la alianza con los
movimientos sociales».
¿Qué quieren los movimientos sociales y el pueblo? Cambios
profundos que den otro rumbo a Brasil, un rumbo que mire el interés
de las mayorías siempre marginadas y excluidas. Pero ese mismo
pueblo entiende que no hacemos lo que queremos, sino lo que
podemos o lo que nos dejan hacer. El terreno está ocupado y minado,
pero tampoco todo son minas: hay espacio para innovaciones. El PT
innovó en la política externa, creando alianzas que se oponen a la
lógica unilineal del neoliberalismo. Innovó en las políticas sociales,
creando una red integrada que beneficia a cerca de 8 millones de
familias. Pero podría innovar más, especialmente en la gestión
macroeconómica, que debería ser adecuada al proyecto social. Faltó
la \"virtu\", la osadía necesaria para abrir brechas en la rigidez
monetarista imperante en Hacienda. Faltó ampararse más en la
verdad de las cosas: que el funcionamiento desorbitadamente
financiero del capital es un cebo del capitalismo mundial, que no se
sustenta por sí mismo y que un día va a explotar para desgracia de
todos; faltó escuchar más el grito de los movimientos sociales y las
buenas razones de la «inteligentzia» crítica. Importa retomar esta
cuestión, pues sin ella no se puede dar el paso al posliberalismo.
La rectificación de esta política volverá a dar base a la
esperanza de que otro Brasil es posible, como gritan los pueblos de
Porto Alegre desde hace ya años. Están mostrando la viabilidad de
otro mundo posible y de una globalización de rostro humano.
Es fundamental consolidar la derrota que el PT infligió a la
coalición liberal-conservadora que siempre ocupó el poder central y
que, en la perspectiva popular, fue la desgracia de Brasil. Ella lo
convirtió en uno de los países más desiguales y, por eso, más injustos
del mundo. Este grupo no acepta que alguien del pueblo, que se
expresa en el lenguaje de la cultura popular, tan legítima como
cualquier otra, defina los destinos políticos de Brasil. Esta coalición
se está articulando y haciendo todo tipo de alianzas para volver al
poder. No tiene ninguna ética a presentar. Su proyecto político es
intrínsecamente antiético por antisocial, ya que no busca el Estado
de Bienestar Social, sino el Estado mínimo que privatiza. De esta
forma pasa de nuevo el bien público, que es de todos, a propiedad
privada de algunos. Da prioridad a la competición en vez de a la
cooperación, base de la convivencia y de la democracia.
El PT y sus aliados necesitan enorgullecerse de la ruptura que
introdujeron en la historia de Brasil: de que alguien del pueblo,
oriundo de «la miseria de la vida», consiguió llegar allí y orientar las
políticas del Estado hacia lo social y los pobres. Este legado debe ser
cuidadosamente conservado. Y sólo lo conseguiremos reeligiendo
este año al Presidente Lula.
167. Los años perdidos del cristianismo
2006-05-05

La publicación del Evangelio de Judas, escrito apócrifo tardío


de naturaleza gnóstica, suscitó un interés general sobre el
cristianismo de los primeros tiempos. Últimamente este tema ha
ocupado la investigación científica, especialmente en Estados
Unidos, con minuciosas investigaciones acerca de los llamados «años
perdidos del cristianismo», que son los años 30 y 40 del siglo I,
aquellas oscuras décadas posteriores a la ejecución de Jesús. A
partir del inicio de los años 50, con las cartas de san Pablo y después
con los cuatro evangelios, disponemos de abundante documentación.
Pero, ¿qué ocurrió en los años anteriores?
Las fuentes son exiguas, como el evangelio de Tomé, la Didajé y
la Quelle («fuente» en alemán, sub-texto común a los evangelios de
san Lucas y de san Mateo), todos anteriores al año 50. Varios son los
investigadores católicos y evangélicos que se han destacado en este
área como H. Köster, J. Kloppenborg, D. Kyrtatas y P. Brown entre
otros. Pero el más perspicaz y erudito de todos es el católico
irlandés-estadounidense J. D. Crossan, presidente de la sección sobre
el Jesús histórico de la «Society of Biblical Literature» y coordinador
del «Jesus Seminar». Entre sus distintas obras se destacan
principalmente dos: «El Jesús histórico: la vida de un campesino
judío mediterráneo» (1991) y «El nacimiento del cristianismo: lo que
sucedió en los años inmediatamente posteriores a la ejecución de
Jesús» (1998). Este último, con más de 600 páginas, representa una
combinación interdisciplinaria de enfoques antropológicos,
históricos, literarios y arqueológicos en un intento por reconstruir
los contextos que permitieron el nacimiento del cristianismo como
interacción de Jesús con sus compañeros y con el mundo que les
rodeaba.
Así, hemos venido a saber que muchos artesanos y campesinos,
como Jesús y su grupo, vivían en la resistencia radical pero no
violenta contra el desarrollo urbano de Herodes Antipas y el
comercialismo rural de Roma en la Baja Galilea de finales de los
años 20. El contexto más general era la oposición cerrada por parte
de la patria judaica al internacionalismo cultural griego y al
imperialismo militar romano.
El cristianismo histórico, según Crossan, es fruto de tres
tradiciones que se fueron entrelazando. La primera es la Tradición
de la Vida, que enfatiza los dichos de Jesús y propone un modo de
vida inspirado en sus comportamientos libertarios. Tiene un cuño
campesino, pues medró en la Galilea rural. La segunda es la
Tradición de la Muerte y de la Resurrección, que procuraba
entender por qué Jesús fue asesinado si después fue resucitado. La
resurrección era entendida en el cuadro de la apocalíptica, que
afirmaba el carácter cósmico del fenómeno: el comienzo de la
renovación del mundo y de la transfiguración del ser humano. Ésta
es más urbana, pues fue elaborada a partir de Jerusalén. La tercera
es la Tradición de la comida común. Eran tanto comidas reales como
comidas compartidas comunitariamente que simbolizaban la justicia
equitativa de Dios. Lo importante no era el «pan», sino «repartir» el
pan. En este contexto se situaba la celebración de la eucaristía. La
Tradición de la comida unía las dos tradiciones referidas.
Para la Iglesia en estado naciente no eran suficientes los dichos,
la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Todo debía desembocar
en la mesa común, en la comensalidad, pues es la que permite abrir
los ojos a personas como los jóvenes de Emaús, y reconocer la
presencia divina en este mundo. Estos datos son relevantes para
entender el cristianismo en sus orígenes, más práctico que
dogmático.
168. Madre: palabra de afecto
2006-05-12
En el día de las madres no habla la inteligencia analítica sino la
inteligencia emocional. Lógicamente, el comercio explota ese día,
pero el significado de la figura de la madre es tan poderoso que
nunca se deja desvirtuar totalmente. No es necesario subrayar la
importancia de la madre en la orientación futura de la vida de un
niño. Basta referirse a las aportaciones inestimables de Jean Piaget
con su psicología y pedagogía evolutiva, y principalmente a las de
Donald Winnicot, con su pediatría combinada con psicoanálisis
infantil. Ellos nos detallaron los complejos vericuetos de la psiqué
infantil en esos momentos iniciales y decisivos de la vida.
Hoy no cabe ese tipo de reflexión por importante que sea. Ocupa
su lugar el afecto, cuyas raíces se remontan a hace más de
doscientos millones de años, cuando en el proceso de evolución
surgieron los mamíferos, de los que descendemos nosotros. Con ellos
nos llegó el afecto y el cuidado, guardados como informaciones por
el cerebro límbico hasta los días actuales. Entreguémonos
brevemente a la tierna fuerza del afecto.
Hay muchos textos conocidos que exaltan la figura de la madre,
como el bellíssimo del obispo chileno Ramón Jara. Pero hay otro de
gran belleza y verdad que nos viene de África, de una noble abisinia,
recogido como prefacio del libro «Introducción a la esencia de la
mitología» (1941), escrito por dos grandes maestros en este área,
Charles Kerény y Karl Gustav Jung. Así habla una mujer en nombre
de todas las madres:
«¿Cómo puede saber un hombre lo que es una mujer? La vida de
la mujer es totalmente diferente de la de los hombres. Dios la hizo
así. El hombre permanece el mismo desde su circuncisión hasta su
declive. Él es el mismo antes y después de haber encontrado por
primera vez a una mujer. Sin embargo, el día en que la mujer conoce
a su primer amor, su vida se divide en dos. Ese día ella se vuelve
otra. Después del primer amor, el hombre es igual a lo que era antes.
La mujer a partir de su primer amor es otra. Y así permanecerá toda
la vida. El hombre pasa una noche con una mujer y después se va. Su
vida y su cuerpo son siempre los mismos. La mujer, sin embargo,
concibe. Como madre, ella es diferente de la mujer que no es madre,
pues ella carga en su cuerpo durante nueve meses las consecuencias
de una noche. Algo crece en su vida y de su vida jamás
desaparecerá, pues es madre. Y seguirá siendo madre aun cuando el
hijo o todos los hijos tengan que morir. Porque ella llevó a la criatura
en su corazón. Y aun después de nacida, la sigue llevando en su
corazón. Y de su corazón no saldrá jamás, aunque el hijo o la hija
mueran».
«Todo esto no lo conoce el hombre. No sabe nada de esto. No
conoce la diferencia entre el «antes del amor» y el «después del
amor», entre antes de la maternidad y después de la maternidad. No
puede saberlo. Sólo una mujer puede saber y hablar sobre eso. Por
eso las madres nunca nos dejamos persuadir por nuestros maridos.
La mujer puede solamente una cosa: cuidar de sí misma. Puede
conservarse decente. Debe ser lo que su naturaleza es. Debe ser
siempre niña y madre. Antes de cada amor es niña. Después de cada
amor es madre. En eso podrá saberse si es o no una buena mujer».
Estas reflexiones están dedicadas a las madres vivas o fallecidas,
como mi madre Regina. Hoy las recordamos con cariño. Ellas están
en nuestros corazones y de ahí nunca se irán.
169. El desafío de la violencia
2006-05-19
La violencia ocurrida a mediados de mayo en São Paulo nos
obliga a pensar. ¿Por qué es tan recurrente? Para vislumbrar alguna
luz tenemos que partir sin autoengaños de esta ambigüedad
fundamental: por una parte, la realidad está cargada de conflictos,
pero en otro sentido, es un tejido de orden y paz. Ninguno de estos
dos aspectos consigue erradicar al otro. Se mezclan, y se mantienen
en un equilibrio difícil y dinámico.
El arte consiste en mantener esa tensión, buscando aquella
convergencia de energías que permite el surgimiento de la paz, fruto
de instituciones mínimamente justas e incluyentes, y de
ordenamientos sociales sanos, custodiados por un Estado que vela
por el equilibrio de las tensiones, usando legítimamente la coerción
cuando es necesario. Si no se diese esta búsqueda de equilibrio, tal
vez la sociabilidad sería imposible, y los seres humanos se
exterminarían unos a otros.
La paz resulta de la administración de los conflictos usando
medios no conflictivos. En la construcción de la paz, los intereses
colectivos deben sobreponerse a los individuales, la
multiculturalidad ha de prevalecer sobre el etnocentrismo, la
perspectiva global orientará la local.
Tenemos que ser realistas y sinceros. Hay violencia en el mundo
porque yo llevo violencia dentro de mí en forma de rabia, envidia y
odio, que deben ser siempre contenidos.
La explicación de la agresividad ha desafiado a los más agudos
pensadores. Sigmund Freud parte de la constatación de que existen
dos pulsiones básicas: una que afirma y exalta la vida (Eros) y otra
que tiende hacia la muerte (Thánatos) y sus derivados psicológicos,
como los odios y las exclusiones.
Para Freud la agresividad surge cuando el instinto de muerte se
activa por alguna amenaza que viene de fuera. Alguien puede
amenazar a otro y querer quitarle la vida. Entonces el amenazado se
anticipa y pasa a agredir y eventualmente a eliminar a quien le
amenaza.
Otro pensador contemporáneo, René Girard, afirma que la
agresividad proviene de la permanente rivalidad existente entre los
seres humanos (a la que él llama «deseo mimético»). Esta rivalidad
crea permanentes tensiones y elabora siniestras complicidades. Al
concentrar en alguien toda la maldad y toda la amenaza, la sociedad
lo convierte en un chivo expiatorio. Todos se unen contra él para
apartarlo. Esta unión instaura una paz momentánea entre todos los
contendientes. Deshecha la paz, se inventa un nuevo chivo expiatorio
(los terroristas, los traficantes, etc.) y nuevamente se crea la unión
de todos contra él y se rehace la paz perdida.
Los antropólogos también nos han ayudado a entender la
agresividad. Nos aseguran que somos simultáneamente sapiens y
demens, no por degeneración, sino por constitución evolutiva. Somos
portadores de inteligencia y de energías interiores orientadas hacia
la generosidad, la colaboración y la benevolencia. Y al mismo tiempo
somos portadores de demencia, de exceso, de pulsiones de muerte.
Somos seres trágicos porque surgimos como coexistencia de los
opuestos.
Dada esta contradicción, ¿como construir la paz? La paz sólo
triunfará en la medida en que las personas y las colectividades se
dispongan a cultivar, como proyecto de vida, la cooperación, la
solidaridad y el amor. La cultura de la paz depende del predominio
de estas positividades y de la vigilancia que las personas y las
instituciones mantengan sobre la otra dimensión, siempre presente,
de rivalidad, de egoísmo y de exclusión.
170. Política externa y nuevo paradigma
2006-05-26
La crisis en las relaciones entre Brasil y Bolivia a propósito del
gas, permitió que saliesen a la luz dos posturas fundamentales con
referencia a las relaciones internacionales. Representan dos
paradigmas de política externa: uno enfocado hacia el pasado, regido
por la relación amigo-enemigo y por la confrontación; otro orientado
hacia el futuro, guiado por la relación del aliado y de la convivencia.
Estas posturas aparecieron nítidas en los debates internos y están
presentes en la política mundial dentro del proceso de globalización.
Ante todo necesitamos tomar conciencia de la singularidad del
momento histórico que estamos viviendo. Nuestra percepción de
fondo ha cambiado: nos descubrimos como especie humana, reunida
en un espacio limitado que es el planeta Tierra. Todos somos
interdependientes. Nuestro destino común se ha globalizado: o
cuidamos de la humanidad y del planeta Tierra como un todo o,
simplemente, no tendremos ningún futuro.
Los peligros reales pueden significar una oportunidad única para
la sociedad mundial, oportunidad de reinvención de un nuevo
paradigma de civilización, asentado sobre la hospitalidad general, la
convivencia, el respeto, la tolerancia, la responsabilidad universal y
la comensalidad. Aprendemos mucho del pasado, pero no nos es
permitido repetirlo.
Sin embargo, hay una clase de políticos que, ante los problemas
mundiales o regionales, apuestan por soluciones del pasado, que
usan la fuerza y el enfrentamiento. El presupuesto teórico formulado
por Carl Schmitt (+1985) y repetido por Samuel P. Huntington en «El
choque de civilizaciones» dice: «la esencia de la existencia política
de un pueblo reside en su capacidad de definir quién es amigo y
quién es enemigo». Definido el enemigo, entra a funcionar la política
del garrote y la satanización del otro. Es lo que ha sucedido en Brasil
con respecto a Bolivia, por causa de la nacionalización del gas hecha
por el presidente Evo Morales. La clase política conservadora y
miope no vislumbró una política de mediano y largo alcance,
adecuada a la nueva fase de la historia de bloques regionales y de
constitución de la globalización de la política, que exige diálogo,
negociación y conciliación de intereses con vistas a la convivencia
pacífica.
Otro grupo de políticos, bien representados por el Presidente
Lula y por el Ministerio de Relaciones Exteriores, se mueve dentro
de un paradigma de futuro y de largo alcance, exigido por la nueva
situación de la humanidad. Al enemigo y a la confrontación se
contrapone el aliado y la convivencia. Se reconocen las diferencias,
pero se buscan puntos en común, capaces de crear el bloque
latinoamericano, con fuerza para dialogar en pie de igualdad con
otros bloques y con otros intereses.
Solamente esta actitud sabia responde a la inquietud de cómo
construir un futuro común, cómo habitar poética y prosaicamente el
mismo mundo, cuál es la base común que nos permitirá el
entendimiento recíproco y la construcción de convergencias en las
diversidades regionales y globales... Estamos convencidos de que
surgirá una Tierra multicultural, coloreada por todo tipo de valores
étnicos, éticos y espirituales con una economía multidimensional y
una política del bien general. El propósito mayor es un nuevo modelo
de coexistencia, que forme una civilización planetaria
interconectada.
171. ¿Tiene Dios un cubo de la basura?
2006-06-02
Hoy día está de moda el interés por los apócrifos, evangelios no
oficiales que tienen más que ver con la fantasía que con la historia.
Pero, la fantasía también tiene sus derechos. Por eso son
significativos, porque muestran la vida cotidiana de Jesús y de sus
compañeros.
Vamos a transcribir un trecho de un apócrifo del siglo IX, muy
popular en la piedad rusa, llamado «El apocalipsis de la Madre del
Señor». Es conmovedor. Muestra el triunfo de la misericorida divina
sobre la justicia. Y relativiza la eternidad del infierno. Helo aquí:
La santa y gloriosísima Señora, madre de Dios y madre de
Cristo, se levantó. Quiso saber todo sobre las penas y preguntó por
los condenados. Dijo al arcángel Miguel: «¿Cuántas penas existen
ahí donde es castigado el género humano?». El arcángel respondió:
«Las penas no tienen número». Y abrió el infierno por el lado de
Occidente. La santísima Madre de Cristo vio las muchas penas de los
humanos, llantos de mucho tormento. Desde el lugar de las penas los
condenados exclamaron a voz en grito: «Hace siglos que no vemos la
luz. Pero ahora te vemos a ti, que diste a luz al Señor». Los ángeles,
a su vez, clamaron: «Alégrate, Virgen, luz que nunca se apaga.
Alégrate también tú, arcángel Miguel, justo intercesor de las almas
de todos». Los ángeles vieron a los condenados, y lloraron. La
honorabilísima Madre del Señor vio el lamento de los ángeles por
causa de los condenados. Y también lloró.
Nuevamente los condenados gritaron: «Bendita tú eres entre
nosotros los que estamos en las tinieblas por toda la eternidad». La
santísima Madre dijo al arcángel Miguel: «Di a los ángeles que me
lleven ante el Padre Invisible». Vinieron entonces los querubines y
los serafines y la llevaron ante el Padre Invisible. Ella extendió sus
manos ante el trono terrible y dirigió los ojos hacia su Hijo, Señor del
Cielo y de la tierra. Y suplicó: «¡Ten piedad, oh Señor, de los
cristianos! He visto tormentos imposibles de soportar. Quiero sufrir
con ellos».
Cristo respondió: «¿Cómo podría tener piedad de ellos, cuando
ellos no tuvieron piedad de mis hermanos y hermanas menores, los
pobres?». A pesar de ello, suplicó la honorabilísima: «Aun así,
ayúdame, oh Señor». Y el Hijo le respondió: «No hay en la tierra un
solo ser humano que me invoque y que no sea escuchado por mí.
Pero éstos no quisieron invocar mi nombre». La Virgen María se
volvió hacia los ángeles y santos y justos del Reino, hacia todos los
que tienen la audacia de pedir por los condenados. El arcángel
Miguel invitó a todos a arrodillarse y él mismo lo hizo, seguido de los
ángeles y de toda la corte de santos y santas, con gran caridad.
Y dijo la radiante Madre a su Hijo: «Hijo mío amadísimo,
desciende de tu trono y mira la oración por los condenados». El Hijo
del Padre, Cristo Señor, descendió de su trono. Viéndolo, gritaron los
atormentados en alta voz: «Ten piedad de nosotros, Hijo de Dios». Y
el Señor les dijo entonces: «Escuchen todos. Por causa de la piedad
de mi Madre, y por causa de la oración de los ángeles y santos, a
partir de mi resurrección en el día de pascua hasta el domingo de
todos los santos, habitaréis en el paraíso. Después, volveréis al
tormento». Y todos los santos y santas glorificaron a Dios, quedando
a la expectativa de la fiesta de la resurrección del Señor.
Esta narración insinúa la victoria, por lo menos parcial, de la
misericordia (religión de la madre) sobre la justicia (religión del
padre). Dios-madre no tendría un cubo de la basura eterno, a donde
arrojar a los que se malograron. Sería una derrota para Él.
Corresponde a su propia naturaleza perdonar y reconducir a todos a
su seno bienaventurado.
172. ¿Podemos vivir sin convenciones?
2006-06-09
El filósofo Ludwig Wittgestein enseñaba que nuestra
comunicación no pasa de ser un gran juego de palabras. No hay
relación directa entre palabras y cosas. Las palabras son inventadas
arbitrariamente. Su sentido es fruto de una convención, todo
depende del uso que hacemos de ellas. Y las convenciones se
establecen a partir de algo arbitrario.
En un aula de Munich escuché, hace años, la siguiente historia,
que da que pensar. Había un profesor que, tras su jubilación, se
aburría mucho porque todo le parecía vulgar y sin gracia. La mesa
era siempre la mesa; las sillas, las sillas; la cama, cama; el cuadro,
cuadro. ¿Por qué no podría ser diferente? Los brasileños a la casa la
llaman casa; los franceses la llaman maison, los alemanes Haus y los
ingleses home. Y decidió dar otros nombres a las cosas, ya que en
ese campo todo es realmente arbitrario.
Así, a la cama la llamó cuadro; a la mesa, alfombra; a la silla,
despertador; al periódico, cama; al espejo, silla; al despertador,
álbum de fotografías; al armario, periódico; a la alfombra, armario;
al cuadro, mesa, y álbum de fotografías, espejo. De esa manera, el
hombre se quedaba bastante tiempo en el cuadro, a las nueve tocaba
el álbum de fotografías, se levantaba y se ponía encima del armario
para no enfriarse los pies, luego sacaba la ropa del periódico, se
vestía, miraba hacia silla en la pared, se sentaba en el despertador
junto a la alfombra y hojeaba la silla hasta encontrar la mesa de la
hija.
Aquel hombre encontraba todo aquello muy gracioso. Las cosas
comenzaron de hecho a cambiar. Se entrenaba todo el día para
recordar las significaciones nuevas que daba a las palabras. Todo se
llamaba de otra manera. Ya no era un hombre más en pie, y el pie
era una mañana y la mañana era un hombre. Y continuó dando
significaciones diferentes a las palabras: tocar la campanilla se diría
poner, tener frío se diría mirar, estar acostado se diría tocar, estar de
pie se diría tener frío, y poner se diría hojear.
La cosa quedó entonces así: para nuestro hombre, el pie siguió
bastante tiempo tocando el cuadro, a las nueve puso el álbum de
fotografías, el pie tuvo frío y hojeó el armario para no mirar hacia la
mañana. Y el jubilado se divertía con las nuevas designaciones que
atribuía a las palabras. Hizo tanto que acabó realmente olvidando el
lenguaje normal con el que las personas se comunican entre sí.
Cuando conversaba con los otros, tenía que hacer mucho
esfuerzo, porque solamente le venían a la mente los sentidos que
había dado a las palabras. A su cuadro, los otros lo llamaban cama; a
la alfombra, mesa; al despertador, silla; a la cama, periódico, a la
mesa, cuadro y al espejo álbum de fotografías.
Se reía mucho cuando oía que las personas decían: «Hoy voy a
asistir al juego de apertura de la copa mundial de fútbol», o «qué frío
hace hoy»... Se reía porque ya no entendía nada.
Pero lo triste de la historia es que nadie lo entendía, y él
tampoco entendía ya a nadie.
Por esa razón, decidió no decir nada más. Se retiró a su casa, y
ya sólo hablaba consigo mismo, y se entendía.
Pregunta: ¿Se puede vivir juntos y comunicarnos sin crear
convenciones? ¿Hasta qué punto podemos inventar sentidos a
nuestro propio capricho?
173. Elogio del pie
2006-06-16
Si algún extraterrestre viniese a la Tierra y se fijase en cómo
los humanos tratan sus pies, sospecho que quedaría escandalizado.
Parece que los consideran la parte menos noble del cuerpo, pues los
esconden. Peor, intentan sofocarlos con un pedazo de tela llamado
calcetín. Después, los estrangulan con algo más duro, de cuero, los
zapatos. No contentos con eso, los atan con finas cuerdas, los
cordones o lazos, para estar seguros de que no van a soltarse. Y por
último, colocan todo el peso del cuerpo encima de sus pies,
obligándolos a respirar el polvo de los caminos, a sufrir la dureza de
las piedras, a sentir la suciedad de los charcos y el mal olor del
fango.
Pero esa interpretación de los alienígenas es externa, y
equivocada. Lo que se hace a los pies es para cuidarlos, pues
constituyen nuestro medio natural de transporte. Mas aún, los pies
son la señal más convincente de nuestra hominización. Dejamos
atrás el reino animal cuando nuestros antepasados antropoides se
irguieron sobre sus pies y comenzaron a andar erguidos, a ver lejos,
permitiendo el desarrollo del cerebro. Anatómicamente son un
milagro, con el dorso blando para suavizar los roces y planta
consistente para defenderse de las asperezas del suelo. Una red de
pequeños tendones garantiza las articulaciones, que dan equilibrio a
los movimientos. ¿¡Qué no hacen los bailarines con los pies!?
El pie es tan importante que fue escogido por muchos pueblos
antiguos y modernos, como los anglosajones, como unidad de
medida. Un pie equivale a 12 pulgadas que corresponden a 30,48
cm. La poesía, la forma más noble de la literatura, debe tener pies
medidos para ser armoniosa.
Sin los pies no tendríamos el fútbol, para el que los pies lo son
todo. Es el deporte más creativo, diverso y movilizador que existe. Es
una metáfora de lo mejor que podemos presentar: la combinación
feliz del esfuerzo del individuo con la cooperación del grupo. Puede
ser una verdadera escuela de virtudes: autodominio, tranquilidad,
amabilidad y capacidad de perdón, de no devolver puntapié por
puntapié, patada por patada... Porque somos humanos, a veces tal
cosa puede suceder. Pero no está permitida. Al jugador se le
amonesta, se le castiga con tarjeta amarilla o roja y hasta puede ser
expulsado.
Si consultamos el diccionario «Aurelio» de la lengua portuguesa,
encontramos más de una decena de significados vinculados a «pie»,
en su gran mayoría positivos. Entrando con buen pie en alguno de
estos significados, vamos a hacer el elogio del pie; pie que sostiene
la pasión por la Copa Mundial. En un mundo políticamente sin pies
ni cabeza, con jefes de Estado metiendo la pata en los conflictos de
Irak, de Afganistán y de Palestina y siempre en pie de guerra contra
el terrorismo, hacemos pie en el fútbol para pensar en una sociedad
mundial que dé pie a formas de convivencia amigable y hasta
fraterna, que encuentren un pie de apoyo en el entusiasmo de las
aficiones de todos los países.
Por un lado, debemos andar con pies de plomo ante los
utopismos; por el otro, debemos mantenernos firmes en la búsqueda
de formas civilizadas de convivencia mundial. Lógicamente este
mundo no le llega ni a los pies al sueño de Jesús, pero tiene un pie en
la esperanza humana. Podemos comenzar con el pie derecho, ya
ahora, permaneciendo al pie de las víctimas, aunque tengamos que
resistir a las presiones de los poderosos. Pero vamos a insistir en esa
causa sagrada, sabiendo que no se alcanza con los ojos cerrados. Y
nunca vamos a dejar de hacer pie.
Ojalá nuestros jugadores –algunos de los cuales son verdaderos
pies de oro- no nos dejen plantados, de pie, para no tener que sufrir
innecesariamente.
174. El hombre que todo lo podía...
2006-06-23
Había un hombre que lo podía todo. No sé si era alguien del
tiempo en que las magias eran verdaderas, o alguien que había
llegado al punto culminante del proceso evolutivo. Se llamaba
simplemente el hombre-que-todo-lo-podía. Tenía una obsesión: la
tranquilidad. No soportaba el torbellino de las cosas cotidianas y
decidió huir de ellas.
Un buen día abandonó todo y buscó lugares solitarios para poder
gozar de la tranquilidad de estar quieto. Después de algunos días,
empezó a pensar y con la reflexión le vino la preocupación. Se dio
cuenta de que estaba girando a una velocidad de 1.700 Km por hora,
pues ésa es la velocidad de la Tierra alrededor de su propio eje. Se
aburrió de la Tierra que lo arrastraba irresistiblemente consigo.
Como era el hombre-que-todo-lo-podía resolvió abandonar el
suelo terrestre y se fue con su satélite, allá arriba, mucho más allá
de la estratosfera. Corría mucho, pero por lo menos esa velocidad
era menor que la de la Tierra alrededor su eje. Pronto perdió la
tranquilidad porque se dio cuenta de que giraba junto con la Tierra a
107.000 Km. por hora alrededor del sol. Enfurecido, ideó una salida
que le asegurase la tranquilidad. Decidió trasladarse fuera de la
órbita terrestre. Se fue cerca de Júpiter. Ahí estaría, por fin, libre de
la escalofriante velocidad de la Tierra. No tardo mucho, sin embargo,
en inquietarse sobremanera. Por más que huyese de la Tierra no
podía huir del Sol. Y juntamente con el Sol y los otros planetas se
encontraba girando a 250 Km. por segundo alrededor del centro de
nuestra galaxia, la Vía-Láctea.
Como era el hombre-que-todo-lo-podía resolvió abandonar el
sistema solar. Buscó otros parajes cósmicos. Se fue tan lejos, que
poco le importaba saber en qué sistema estelar se encontraba. Así
por lo menos estaba tranquilo.
Cierto día, sin embargo, descubrió un dato que le robó
totalmente la tranquilidad. Estaba efectivamente girando a una
velocidad de 1.500 km por segundo, acompañando a nuestra galaxia
en un viaje alrededor del centro de un conglomerado de otras 2.500
galaxias vecinas. Se puso furioso. Empezó a andar en sentido
contrario al de la galaxia, seguro de que así anularía la velocidad y
podría sentirse prácticamente en reposo.
Pero cierto día enmudeció de terror e impotencia. Se dio cuenta
de que, integrado en el conjunto de todos los cuerpos celestes,
conglomerados de galaxias y sistema solar estaba corriendo, no,
huyendo a una velocidad de 5.790 Km. por segundo, de un punto
imaginario del espacio donde presumiblemente todos tuvieron su
origen, el big-bang, ocurrido hace 15.000 millones de años. Aunque
nadie sabe en dirección hacia dónde huía.
Finalmente, el hombre-que-todo-lo podía intuyó que, por más
que huyese, no podía huir lo suficiente. Era llevado por algo mayor
que lo envolvía todo.
Y el hombre-que-todo-lo-podía renunció a su nombre y a sus
pretensiones. Regresó humildemente a la Tierra y a su casa. Se
sentó en el balcón y se puso a contemplar la tranquilidad de todas
las cosas. A pesar de la velocidad, ellas estaban como paradas en la
tranquila serenidad de una naturaleza muerta. Aceptar la velocidad
era encontrar la tan ansiada tranquilidad.
¿Tendrá todo esto que ver con el grande e ignoto Atractor, con el
Tao y con Dios?
175. n la piel de los jugadores
2006-06-30
Sólo quien ha pasado por situaciones semejantes a las de
nuestros jugadores de fútbol, puede hacerse una idea de la terrible
presión sicológica a la que se ven sometidos. De repente son el foco
de todas las atenciones nacionales e internacionales, perseguidos
por los periodistas y por los fotógrafos. Corren siempre el riesgo de
internalizar la notoriedad como una forma de exigencia: los
jugadores se sienten en la obligación de mostrar que la imagen que
el público se ha hecho de ellos corresponde a la realidad.
El filósofo Nietzsche se preguntó si podría haber algún burro
trágico, y respondió: sí, trágico es el burro que cayó bajo el peso de
su carga y que ya no consiguió levantarse más, por el peso de esa
carga. Lejos de mí considerar a nuestros jugadores como unos
burros (el burro lo sería yo), pero me parece que su situación es
semejante al burro de Nietzsche. A partir de ahí se comprenden los
temores y las indisposiciones sin causa aparente, que funcionan
como verdaderos super egos castradores de su espontaneidad y de
su creatividad.
Pero lo peor que puede ocurrir es la identificación entre la
persona y la imagen. Una cosa es la persona, con la conciencia de
sus límites y, en el fondo, con la percepción de su fragilidad humana
o incluso de su carácter miserable, como se ha visto en algunas
celebridades futbolísticas, y otra es la imagen del «rey del fútbol»,
del «fenómeno» o del «mayor jugador del mundo». ¿Quien puede
garantizar la verdad de estas afirmaciones? Sólo Dios mismo, pues
nuestras apreciaciones son humanas y, por eso, subjetivas y muchas
veces discutibles.
Sabio es el entrenador que les recuerda estas verdades para
garantizar la salud psicológica de sus jugadores. Infeliz el jugador
que cree y se identifica con tales títulos. Ese está condenado a tener
que actuar continuamente de cara a la galería. Sabemos que persona
e imagen nunca se recubren totalmente. Si el jugador no es
autocrítico, se entabla dentro de él una lucha entre la imagen
personal interior y la imagen exaltada que hacen de él. La imagen
interior, por ser verdadera, habla más fuerte y quiere hacerse oír. Y
si no es escuchada, el jugador acabará siendo castigado al sentirse
inseguro y temeroso.
Aquí vienen a cuento los reclamos internalizados que pueden
desestructurarlo: ¡Ay de Ronaldo si no consigue ser en cada partido
el mejor del mundo...! Enseguida se inventan mil explicaciones. ¡Ay
de Ronaldiño Gaúcho si no muestra su juego alegre y endiablado!
¡Infeliz de Robinho si no consigue dar los famosos dribles y no se
muestra como un pequeño fantasma incontrolable en el campo! Y así
con cada uno de ellos...
¿Cómo salir de este impase? No lo sé. Pero pienso en una salida:
el coraje del jugador para ser él mismo, y para asumirse tal como es.
Para eso tiene que tener autonomía interior y un diálogo intenso con
su yo profundo. Esa actitud libera las energías que lo hacen un
jugador excelente, o incluso genial.
Hay todavía una llave secreta que escuché de una joven y
excepcional actriz de TV y de cine, sensible al mundo espiritual.
Decía: estudio mi papel y me preparo todo lo que puedo; pero
cuando entro en escena, voy como quien va a representar para Dios
mismo, y lo hago por amor a Él. Me olvido de las expectativas
humanas. A cambio, gano una indescriptible libertad interior. Tal vez
los jugadores no tengan semejante intimidad con Dios, aunque se
santigüen tan frecuentemente. Pero dedican lo mejor de lo que
hacen a los representantes simbólicos de Dios, como son la esposa,
la madre, el padre, los hermanos.
La Iglesia antigua llamaba a Dios «ludens», un gran jugador que
creó el universo para su propia diversión y nos creó para participar
de ella. ¿No sería el fútbol una de las formas?
176. Copa del mundo y noosfera
2006-07-07
El próximo domingo cuando se juegue la final de la Copa del
Mundo de fútbol, seguramente de dos a tres mil millones de
personas estarán viendo el juego en las pantallas de sus televisores.
Este hecho puede ser considerado uno entre tantos espectáculos
multitudinarios, como las exequias de la princesa Diana o los
funerales solemnes del Papa Juan Pablo II. Sin embargo, esa visión
es meramente empírica y no capta su sentido profundo y nuevo. En
la historia del planeta Tierra, entendido como un superorganismo
vivo, Gaia, y en el fenómeno humano como un todo, está ocurriendo
una singularidad que debe ser concienciada y profundizada. Se trata
de la emergencia de una nueva fase del proceso evolutivo que pasó
por la cosmogénesis, irrumpió en la biogénesis, se desplegó en la
antropogénesis y ahora está dando otro salto hacia delante y hacia
arriba con la noogénesis.
Esta expresión, noogénesis, creada en el siglo XIX por Suess, y
asumida posteriormente por el conocido biólogo ruso Vernadsky, uno
de los primeros formuladores de la teoría de Gaia, fue difundida por
el geólogo, paleontólogo y teólogo francés Pierre Teilhard de
Chardin (+1955). Teilhard, profundo conocedor del proceso
evolutivo y atento observador de los fenómenos históricos, había
observado que la red de comunicación mundial por la vía de la
economía, de los medios de información, de los intercambios
culturales y del encuentro entre los pueblos y las personas estaba
creando la base material para un salto nuevo en el proceso evolutivo.
No sólo se intercambian cosas, bienes materiales y espirituales, sino
que principalmente se va acumulando una nueva energía espiritual y
generándose un nuevo estado de conciencia, cada vez más complejo
e interiorizado en las mentes de las personas y de las instituciones.
Este fenómeno fue calificado por Teilhard como «planetización»,
siendo uno de los primeros que utilizó esta expresión.
Lo que hoy se realiza —observaba— es la prolongación de algo
muy ancestral que representa la progresiva complejización de la
realidad, que comporta simultáneamente un proceso de
interiorización y de crecimiento de niveles de conciencia refleja.
Después del ser humano, la humanidad. Es la fase actual en que
emerge persistentemente la conciencia de que formamos una
especie, la humana, una gran comunidad colectiva, la variada familia
humana. Durante el tiempo en que miles de millones de personas
estén viendo la final, se realizarán billones de conexiones neuronales
en los cerebros de esas personas, unificadas alrededor del
movimiento de una pelota. Esa sintonía genera una onda energética
de extraordinaria potencia que modifica el estado de la Tierra y de la
humanidad. La noosfera constituye exactamente ese fenómeno, en el
que cuerpo, mente y espíritu forman una síntesis superior.
La noosfera conoce dos fases: la planetización, que forma la
infraestructura de la comunicación global, y la unanimización
convergente, que surge cuando las personas se dan cuenta y viven
de hecho ese estadio nuevo de su historia. Pero no es suficiente esta
síntesis, fruto de las fuerzas directivas del universo. La síntesis debe
de ser querida. Las mentes y los corazones necesitan unirse en una
gran pasión y en un inconmensurable amor por la humanidad y por
la Tierra creando una especie de cerebro de cerebros.
En esta perspectiva, la crisis mundial no es una crisis de
desagregación sino de reajuste dentro de la nueva fase de la
humanidad. La historia de la vida nos enseña a tener confianza en el
futuro, a pesar de todas las tribulaciones del tiempo presente. Tal
vez la Copa nos ayude a pensar en cosas así de graves.
177. El fútbol como gran metáfora
2006-07-14
Hay un sentido evidente y auto-explicativo del fenómeno del
Mundial de fútbol con las multitudes que ha movilizado y con el rico
mundo simbólico que ha producido. Quien ha visto la recepción que
Roma hizo a «la Azurra», el equipo ganador, reuniendo a casi un
millón de personas en el Circo Máximo, agitando impetuosamente la
bandera italiana, no deja de preguntarse si a través de estas
manifestaciones no se revelan sentidos ocultos o reprimidos que
valdría la pena tratar de hacer conscientes. Es el momento
filosofante de todo análisis de la realidad. ¿Qué revela toda esta
euforia futbolística en prácticamente todo el mundo? Intentemos ir
más allá de los significados corrientes.
En primer lugar diría lo que ya escribí la semana pasada: se
trata de una manifestación de la noosfera, es decir, de la nueva fase
planetaria de la humanidad, en la cual más y más mentes y
corazones interactúan y crean incontables inter-retro-conexiones
que modifican el estado de la conciencia colectiva. Por un momento,
Italia, los italianos y los jugadores formaron una única y compleja
realidad.
En segundo lugar, tenemos que ver con una especie de desquite
de la exuberancia de la vida contra la monotonía y el extremo
reduccionismo que la cultura dominante globalizada está imponiendo
a todos. Lo que cuenta para ella es la producción y el consumo. No
admite otro cambio que no sea más producción y más consumo. Y
aquí, en estas manifestaciones, se muestra que la vida puede ser
otra cosa, que festejar juntos y celebrar sueños no puede ser anulado
por la voracidad consumista.
En tercer lugar, estas celebraciones rescatan el horizonte
utópico que ha disminuido sensiblemente en los últimos años. La
caída del imperio soviético y la globalización económico-financiera
no han satisfecho las promesas que suscitaron. Al contrario, no sólo
no se han resuelto los problemas dejados por el socialismo real, sino
que sus propias contradicciones se han agravado. Especialmente
después del 11 de septiembre de 2001, se vive bajo el miedo al
terror. Las expectativas positivas, y lo que es peor, la esperanza, han
desaparecido. La impresión que tiene la mayoría es que en el mundo
todo está empeorando: el mercado de trabajo, el cuidado de la
naturaleza, el modelo de desarrollo cada vez más insostenible, la
destrucción de la biodiversidad y el calentamiento creciente del
planeta. Ahora con el fútbol se celebra lo inesperado siempre
ansiado y se muestra que es posible otro tipo de mundo menos
amenazado.
En cuarto lugar, cada pueblo necesita un espejo en el que
mirarse y apreciarse. En una sociedad desencantada como la
nuestra, que ha destruido sus héroes y mediocrizado sus figuras
referenciales, el equipo vencedor asume esta función: devuelve al
pueblo el sentimiento de pertenencia y de autoestima. Él ha
demostrado que es posible producir una saga heroica y que el país
puede ser el primero, por lo menos en ese espacio de la realidad. La
vida no sólo es dura y, a veces, trágica; también puede ser alegre, y
por un momento, épica. La eliminación de Brasil fue fatal. En pocas
cosas podemos mostrar al mundo lo que valemos, pero en carnaval y
en fútbol somos los primeros. Con la derrota parece confirmarse que
somos un país atrasado en el que casi nada sale bien. Nuestros
jugadores han dejado esa deuda pendiente con el pueblo brasilero.
Finalmente, el fútbol representa la gran metáfora presente en
todas las culturas y mitologías: el futuro de la humanidad es una
fiesta sin fin y una confraternización sin barreras. Es la fiesta de
Dios, el teatro inmenso de su gloria, donde todos indistintamente
estamos invitados a participar.
178. ¿Termina mi libertad donde empieza la
tuya?
2006-07-21
Muchas veces escuchamos esta frase, considerada casi como
un principio. Nunca vi a nadie cuestionarla. Pero pensando en los
presupuestos subyacentes y en las posibles consecuencias debemos
ponerla en cuestión seriamente. Es la típica libertad propugnada por
el liberalismo como filosofía política.
Con el derrocamiento del socialismo realmente existente se
perdieron algunas virtudes que, bien o mal, él había desarrollado,
como el sentido del internacionalismo, la importancia de la
solidaridad y la prevalencia de lo social sobre lo individual. Con la
ascensión al poder de Thatcher y de Reagan volvieron furiosamente
los ideales liberales y la cultura capitalista con la exaltación del
individuo, la supremacía de la propiedad privada, la democracia
delegaticia y la libertad de los mercados. Como consecuencia cabe
constatar que actualmente hay mucha menos solidaridad
internacional y preocupación por los cambios en favor de los pobres
del mundo que antes.
Este es el telón de fondo sobre el cual debe entenderse la frase
«mi libertad termina donde empieza la tuya». Se trata de una
comprensión individualista, del yo solo, separado de la sociedad. Es
la libertad «del» otro y no «con» el otro. Para que tu libertad
empiece, la mía tiene que acabar. O para que tu empieces a ser libre,
yo tengo que dejar de serlo. Consecuentemente, si la libertad del
otro no comienza, por la razón que sea, entonces mi libertad no tiene
límites y puede expandirse como quiera porque no encuentra la
libertad del otro. Ocupa todos los espacios e inaugura el imperio del
egoísmo. La libertad «del» otro se transforma entonces en libertad
«contra» el otro.
Esta comprensión subyace al concepto vigente de soberanía
territorial de los estados nacionales. Hasta los límites de otro estado
es absoluta. Más allá de esos límites es nula. La consecuencia es que
ya no hay lugar para la solidaridad. No se promueve el diálogo ni la
negociación, buscando convergencias y el bien común supranacional.
En la crisis del gas entre Brasil y Bolivia hemos visto la vigencia de
este concepto de libertad neoliberal y de soberanía individualista,
exigida por muchos. Normalmente cuando este paradigma entra en
funcionamiento se instaura un conflicto que se resuelve por la
fuerza. La soberanía de uno aplasta a la soberanía del otro,
sacrificando la libertad. Ha sido sabiduría del Presidente Lula no
guiarse por esta lógica y no haber desistido —para irritación de la
gente del viejo paradigma de la fuerza y del trueque—, de dialogar
incansablemente y de buscar convergencias con el presidente Evo
Morales. Lo que dio, efectivamente, buenos resultados.
Por eso, la frase correcta debe ser ésta: mi libertad solamente
comienza cuando empieza también la tuya. Es la perenne lección
dejada por Paulo Freire: jamás seremos libres solos; sólo seremos
libres juntos. Mi libertad crece en la medida en que crece también la
tuya y gestamos conjuntamente una sociedad de ciudadanos libres y
solidarios.
Por detrás de esta comprensión de libertad solidaria se
encuentra el principio humanista: «haz a los demás lo que quieres
que te hagan a ti». Nadie es una isla. Somos seres de convivencia.
Todos somos puentes que se unen unos a otros. Por eso nadie es sin
los otros y libre «de los» otros. Todos estamos llamados a ser libres
«para» los otros y «con» los otros. Como dejó escrito el Che Guevara
en su Diario: «solamente seré verdaderamente libre cuando el último
hombre haya conquistado también su libertad».
179. El nuevo paradigma: la guerra infinita
2006-07-28
El sociólogo francés Alain Touraine que ama mucho a Brasil y
que ha adoptado a América Latina como la patria de su corazón,
sostiene en su reciente libro, Un nuevo paradigma: para entender el
mundo de hoy (Paidós 2005), una tesis intrigante que en cierta forma
nos permite entender la violencia, en realidad la guerra terrorista
entre palestinos e israelíes que se está llevando a cabo en el Líbano.
La tesis que él propone es que después de la caída del muro de
Berlín y de los atentados del 11 de septiembre de 2001 empezó
rápidamente una desintegración de las sociedades, dominadas por el
miedo e impotentes ante el terrorismo.
Estaríamos asistiendo al paso de la lógica de la sociedad a la
lógica de la guerra. La potencia hegemónica, Estados Unidos, ha
decidido no resolver más los problemas por la vía diplomática y por
el diálogo sino por la intervención y por la guerra, llevada, si fuera
preciso, a cualquier parte del mundo.
Esta estrategia posee su lógica. Se enmarca dentro de la actual
dinámica de la globalización económico-financiera, que no quiere
saber de ningún control o regulación social y política. Exige campo
abierto para hacer la guerra de los mercados. Ha separado
totalmente la economía de la sociedad, ve los estados-naciones como
trabas, procura reducir el estado, difamar a la clase política y pasar
por encima de los organismos de representación mundial como la
ONU. Esta disolución de las fronteras ha acarreado la fragmentación
de lo que constituye la sociedad. Peor aún, ha invalidado la base
política y ética del sueño de una sociedad mundial, tan querida de
los altermundialistas, que cuidase de los intereses colectivos de la
humanidad como un todo y que tuviese un mínimo de poder central
para intervenir en los conflictos y dinamizar los mecanismos de la
convivencia, de la paz y de la preservación de la vida.
Esta desocialización es consecuencia de la globalización
económico-financiera que encarna el capitalismo más extremo con la
cultura que lo acompaña. Ésta implica la segmentación de la
realidad, con la pérdida de la visión del todo, la exacerbación de la
competitividad en detrimento de la cooperación necesaria, el imperio
de las grandes corporaciones privadas con poquísimo sentido de
responsabilidad socioambiental y la exaltación del individuo ajeno al
bien común.
El mundo está en franco retroceso. La sociedad actual no se
explica ya, como quería la sociología clásica, por factores sociales,
sino por fuerzas impersonales y no sociales como el miedo colectivo,
el fundamentalismo, el terrorismo, la balcanización de vastas
regiones de la Tierra y las guerras cada vez más terroristas, por
convertir en víctimas a poblaciones civiles.
Este escenario mundial dramático explica por qué ninguna
instancia política mundial tiene capacidad reconocida ni fuerza
moral suficiente para poner fin al conflicto palestino-israelí que está
convirtiendo el Líbano en una ruina. Asistimos impotentes a la
tribulación de la desolación de un sinnúmero de víctimas inocentes,
de millares de refugiados y a la irracional destrucción de toda la
infraestructura de un país que acababa de reconstruirse de la guerra
anterior. Eso es terrorismo.
Si, impotentes, no sabemos qué hacer, procuremos por lo menos
entender la lógica de esta violencia. Ella es fruto del tipo de mundo
que hemos decidido construir en las últimas décadas basado en la
pura explotación de los recursos de la Tierra, en la producción y el
consumo ilimitados, en la falta de diálogo, tolerancia y respeto por
las diferencias. Un mundo así sólo puede llevarnos a la
desocialización y a la guerra sin fin.
180. ¿Creer a pesar de las masacres
en el Líbano?
2006-08-04
Las absurdas masacres de inocentes que estamos presenciando
por parte de la máquina de guerra de Israel contra el pueblo del
Líbano, sin piedad ante los niños inocentes, suscitan en nosotros la
pregunta del sentido de la vida y de la historia. Por más perplejos
que estemos ante la crueldad, esta pregunta no podemos borrarla de
nuestra conciencia. Pertenece a la metafísica de lo cotidiano, como
reconoció Kant en su «Prolegómenos a toda metafísica futura»: «Que
el espíritu humano abandone definitivamente las cuestiones
metafísicas es tan inverosímil como esperar que nosotros, para no
inspirar aire contaminado, dejemos de respirar de una vez para
siempre».
No son pocos los pensadores que ante los absurdos de la
realidad afirman el sinsentido de la historia. Jacques Monod en su
conocido «El azar y la necesidad» dice taxativamente: «Es superfluo
buscar un sentido objetivo de la existencia. Simplemente no existe.
El ser humano es producto del más ciego y absoluto azar que pueda
imaginarse. Los dioses están muertos y el hombre está solo en el
mundo».
Claude Lévi-Strauss, tan vinculado a Brasil, escribió en su
admirable «Tristes Trópicos» estas palabras descorazonadoras: «El
mundo comenzó sin el sin el ser humano y terminará sin él. Sus
instituciones y sus costumbres, que durante toda mi vida he tratado
de inventariar y de comprender, son simplemente una eflorescencia
pasajera, que tal vez no tiene otro sentido que permitir a la
humanidad desempeñar su papel».
Hay mucho de verdad en estas afirmaciones porque los absurdos
son innegables. Pero, ¿será esto toda la verdad? ¿No se anuncian
también señales inquietantes que nos hablan de un sentido latente
en las cosas? Por más que vengamos del caos originario de la gran
explosión («big bang»), no podemos negar que en la evolución se
manifestó una línea ascendente que nos llevó de la cosmogénesis a
la biogénesis, a la antropogénesis y hoy a la noogénesis. No se puede
negar que ahí hay un sentido manifiesto.
Vamos a lo cotidiano. Cada mañana nos levantamos, vamos al
trabajo, luchamos por la vida y por un mundo en el que sea menos
difícil amar. Hay incluso situaciones en las que llegamos a dar la vida
para salvar otras vidas. ¿Qué se esconde detrás de estos gestos
cotidianos? Se esconde la confianza fundamental en la bondad de la
vida, que ella vale la pena de ser vivida.
El conocido sociólogo austriaco-norteamericano Peter Berger
escribió en su libro «Rumor de ángeles: la sociedad moderna y el
redescubrimiento de lo sobrenatural» que el ser humano tiene una
tendencia innata al orden. Él sólo vive y sobrevive si consigue
organizar un orden existencial que proporcione un sentido. Esta
tendencia al orden se muestra en escenas bien familiares como la de
la madre que tranquiliza a su niño cuando despierta sobresaltado en
la noche. Grita llamando a su madre porque el estruendo de las
bombas le causa pesadillas terribles. La madre se levanta, toma al
niño en sus brazos y con gesto primordial de «magna mater» le
susurra palabras dulces. «No temas, hijo mío, todo va a acabar y va a
quedar en orden». El niño solloza, reconquista la confianza y al cabo
de un rato se duerme. No todo está bien ni en orden, pero sentimos
que la madre no está engañando a su hijito. En el fondo ella
testimonia que incluso en el desorden hay un orden subyacente que
preside todo. Tener confianza en la bondad fundamental de la vida y
decirle Sí y Amén es el sentido primordial de la fe que no nos deja
desesperar frente al horror de la guerra.

181. Los 80 años de Fidel: confidencias


2006-08-11
Lo que voy a publicar aquí va a irritar o a escandalizar a aquellos
a quienes no les gusta Cuba o Fidel Castro. Eso no me preocupa. Si
no ves el brillo de la estrella en la noche oscura, la culpa no es de la
estrella sino tuya.
En 1985 el entonces cardenal Joseph Ratzinger me sometió, por
causa del libro Iglesia: carisma y poder, a un «silencio obsequioso».
Acogí la sentencia, dejé de enseñar, de escribir y de hablar en
público. Meses después fui sorprendido con una invitación del
Comandante Fidel Castro, pidiéndome pasar 15 días con él en la Isla,
durante sus vacaciones. Acepté inmediatamente pues veía la
oportunidad de retomar diálogos críticos que junto con fray Betto
habíamos entablado varias veces anteriormente.
Puse rumbo a Cuba. Me presenté al Comandante. Él, delante de
mí, telefoneó inmediatamente al Nuncio Apostólico con el que
mantenía relaciones cordiales y le dijo: «Eminencia, está aquí fray
Boff; va ser mi huésped durante 15 días. Como soy disciplinado, no
permitiré que hable con nadie ni dé entrevistas, así observará lo que
el Vaticano quiere de él: silencio obsequioso. Velaré para que se
respete. Y así fue.
Durante 15 días, ya fuera en carro, en avión o en barco me
mostró toda la Isla. Simultáneamente al viaje corría la conversación,
con la mayor libertad, sobre mil asuntos de política, de religión, de
ciencia, de marxismo, de revolución y también críticas sobre el
déficit de democracia.
Las noches se dedicaban a una larga cena, seguida de conversas
serias que solían llegar hasta bien entrada la madrugada. A veces
hasta las 6 de la mañana. Entonces se levantaba, se estiraba un
poco, y decía: «ahora voy a nadar unos 40 minutos y después voy a
trabajar». Yo iba a anotar lo conversado y después, a dormir.
Algunos puntos de aquella convivencia me parecen relevantes.
Primero, la persona de Fidel. Es más grande que la Isla. Su
marxismo es ético más que político: ¿cómo hacer justicia a los
pobres? Después, su buen conocimiento de la teología de la
liberación. Había leído una montaña de libros, todos anotados con
listas de términos y de dudas que aclaraba conmigo. Llegué a
decirle: «si el Cardenal Ratzinger entendiese la mitad de lo que
entiende usted sobre teología de la liberación, bien diferente sería
mi destino personal y el futuro de esta teología». Y en ese contexto
confesó: «Cada vez me convenzo más de que ninguna revolución
latinoamericana será verdadera, popular y triunfante si no incorpora
el elemento religioso». Tal vez por causa de esta convicción
prácticamente nos obligó, a fray Betto y a mí, a dar cursos sucesivos
de religión y de cristianismo a todo el segundo escalón del Gobierno
y, en algunos momentos, con todos los ministros presentes. Esos
verdaderos cursos fueron decisivos para que el Gobierno llegase a
un diálogo y a una cierta «reconciliación» con la Iglesia Católica y
demás religiones en Cuba.
Para terminar, una confesión suya: «Estuve interno en los
jesuitas varios años; me dieron disciplina pero no me enseñaron a
pensar. En la cárcel, leyendo a Marx, aprendí a pensar. Por causa de
la presión estadounidense tuve que acercarme a la Unión Soviética,
pero si hubiese tenido en aquel tiempo una teología de la liberación,
seguramente la habría abrazado y aplicado en Cuba». Y remató: «Si
un día vuelvo a la fe de mi infancia, volveré de la mano de fray Betto
y de fray Boff». Llegamos a momentos de tanta sintonía que sólo nos
faltaba rezar juntos el Padrenuestro.
Yo había escrito 4 gruesos cuadernos sobre nuestros diálogos,
pero en Río asaltaron mi carro y se llevaron todo. El libro imaginado
jamás podrá ser escrito, pero guardo en mi memoria una experiencia
inolvidable de un Jefe de Estado preocupado por la dignidad y el
futuro de los pobres.
182. Los últimos y peligrosos apocalípticos
2006-08-18

Los inquietantes días actuales están provocando una oleada de


apocalípticos que van desde los simples cristianos de la Iglesia de los
Santos de los Últimos días hasta el Presidente Bush de Estados
Unidos. No es para menos. Algunos textos apocalípticos del Nuevo
Testamento parecen describir la actualidad: «Oiréis hablar de
guerras y rumores de guerras, no os perturbéis porque es necesario
que eso suceda; pero todavía no será el fin. Una nación se levantará
contra otra y un reino contra otro, y habrá hambre, y epidemias, y
terremotos en diferentes lugares, y esto será el principio de los
sufrimientos… Después de la tribulación de aquellos días, el sol se
oscurecerá, la luna no dará su luz, las estrellas caerán del
firmamento y las potencias del cielo se tambalearán» (Mateo 24,4-
8.29).
La situación actual parece coincidir con esa situación. Nuestra
generación ha creado, por primera vez en la historia humana, los
medios para su completa destrucción, por medio de armas químicas,
biológicas y nucleares. Los efectos de las bombas atómicas sobre
Hiroshima y Nagasaki y el accidente de la central nuclear de
Tschernobyl nos mostraron los signos terribles de una Tierra
completamente devastada e inhabitable para los seres humanos.
Lógicamente gran parte del sistema-vida (el 95% es invisible),
compuesto de microorganismos, bacterias, hongos y virus,
continuaría, casi indiferente a nuestro trágico destino. Nosotros, por
el contrario, seríamos eliminados del escenario de la evolución.
Es importante, sin embargo, anotar una diferencia entre los
apocalípticos bíblicos y los apocalípticos actuales. Apocalipsis
significa «revelación» acerca de los últimos días. La exégesis crítica
y ecuménica dejó claro que los textos apocalípticos del Nuevo
Testamento no son un reportaje anticipado del fin. Es un género
literario y una manera de ver para mostrar que, en el enfrentamiento
ineludible entre el bien y el mal, el bien triunfará. Podrán caer
estrellas del cielo y convulsionarse las energías cósmicas, que Dios
garantizará el buen fin de la historia.
Los apocalípticos actuales se basan en datos empíricos. No se
trata, pues, de un modo de decir o de una metáfora, sino de la
identificación de factores destructivos capaces de poner fin al ensayo
planetario humano. Por eso necesitamos estar atentos, desarrollar
mucha sabiduría y amor a la vida y a la Tierra para escapar de esta
eventual catástrofe. ¿Tendremos que admitir lo que escribió el
economista ecólogo rumano-estadounidense Nicolás Georgescu-
Roegen? «Posiblemente el destino humano -dice- sea llevar mas bien
una vida corta, fogosa, nerviosa y extravagante que una existencia
larga, sin historia y vegetativa. Dejemos que otras especies, como las
amebas, que no poseen ninguna ambición espiritual, hereden esta
Tierra y continúen bañándose en la plenitud de la luz solar». Nos
cuesta aceptar este destino trágico. Preferimos entender el sentido
del ser humano como un momento del proceso global a través de
cual éste alcanzó la conciencia y la amorización. El ser humano está
en transición y no ante una tragedia.
Los apocalípticos fundamentalistas actuales combinan los relatos
bíblicos metafóricos con los empíricos y sacan sus conclusiones.
Como Reagan, Clinton y Bush, creen en el Armagedón, aquel lugar
mítico del enfrentamiento final entre el bien y el mal. Según ellos,
Estados Unidos sería el emisario de Dios para representar al bien y
hacer la guerra infinita al mal. Los que así piensan pueden poner a la
humanidad ante un peligro terrible. ¿Qué nos queda sino rezar?
183. Informe de la CIA:
la idiotización del poder
2006-09-01

Hace pocas semanas me ocupé de tres libros aterradores. El


primero, del astrónomo inglés Martin Rees, Hora final, el desastre
ambiental amenaza el futuro de la Humanidad. El segundo, La
venganza de Gaia, del astrofísico y médico James Lovelock,
formulador de la teoría de la Tierra como superorganismo vivo: Gaia.
Y el tercero, El informe de la CIA: cómo será el mundo en el 2020.
Los dos primeros asustan porque nos llaman la atención por la
sistemática violencia que nuestra cultura hoy mundializada, con su
nivel de producción y consumo, está llevando a cabo contra la Tierra,
los ecosistemas, en fin, contra la vida. Podemos no estar de acuerdo
con su pesimismo de base, como si estuviéramos en la «última hora»
(Rees) o «en estado de coma» (Lovelock), pero los datos que
presentan son objetivos y merecen ser tomados en serio para que no
lleguemos demasiado tarde a buscar las salidas. En ambos se nota
amor a la vida, preocupación por la Tierra y cuidado para el ser
humano.

Totalmente distinto es el tercer libro «Informe de la CIA», fruto


de los análisis de los considerados los «25 mayores especialistas de
una variada gama de disciplinas» y de los tres mayores «futuristas»,
además de otras fuentes de información. En ellos se ve lo que es la
ceguera del pensamiento único, lo que implica la creencia de que no
hay alternativa al sistema imperante y al materialismo más craso de
la decadente cultura occidentaloide estadounidense. Aquí estamos
ante la completa idiotización del poder. Como dirían los alemanes,
tales especialistas son unos completos «Fachidioten», idiotas
especializados. Sólo saben de poder. No saben nada de Tierra, de
ecología, de ecosistemas, de límites de sostenibilidad de la
naturaleza. Estas palabras no aparecen en todo el libro.
Parecen verdaderos ETs: imposible imaginar en qué planeta
viven, pues no dicen nada de lo que es importante e indispensable
para vivir: tener un poco de comida garantizada para todos, un poco
de agua potable, un aire sufriblemente respirable y una solidaridad
mínima para salvar nuestro sentido de humanidad. En ese libro, todo
esto no existe. Y si por casualidad aparece, es únicamente por su
importancia económica. No existen, sobre todo, las poblaciones
humanas, los miles de millones de hambrientos y sedientos, los
sindicatos, los movimientos sociales, los grupos de resistencia
mundial, los altermundistas y los que luchan por otro tipo de
humanidad.
Entonces, ¿qué es lo que existe? Voluntad de poder, de más
poder, y solamente de poder, económico, militar, político y
tecnológico. Se trata fundamentalmente de enumerar los peligros y
desafíos a los que la potencia imperial, Estados Unidos, deberá
enfrentarse hasta los años 2020 y qué posibles panoramas se pueden
adivinar. Los temas casi obsesivos, que vuelven una y otra vez, son la
emergencia de China y de India como potencias mundiales que
darán un rostro asiático a la globalización, el terrorismo islámico, las
armas nucleares, biológicas y químicas accesibles a pequeños
grupos, las pandemias como el sida y el envejecimiento creciente de
los países centrales, y la caída de su población. Al final, a pesar de
todas las amenazas, permanecerá la hegemonía estadounidense.
Estos futurólogos dan miedo y necesitamos estar atentos a las
estrategias que trazan porque pueden llevarnos, irresistiblemente, al
peor panorama para el planeta Tierra. Me acordé del salmo 2: «los
señores de la Tierra conspiran, unidos. Pero Aquel que habita en los
cielos se ríe», pues sabe cuán frágil es su poder de plasmar y
conducir la historia».
184. Una economía de pura ilusión
2006-09-08

Ahora que han comenzado realmente las campañas electorales,


en los discursos se oye, como un estribillo, recitado ritualmente por
cada candidato, no sólo aquí sino en cualquier parte del mundo:
«prometo crecimiento económico, distribución del ingreso e
inclusión social». El acento recae siempre sobre el crecimiento
económico, pues es el que hace posibles las otras promesas.

Nunca se pregunta cuántos bienes naturales podemos usar,


cómo distribuirlos equitativamente y cómo crecer con y no contra la
naturaleza, pues éste es el contenido real de la sostenibilidad. Esta
visión, sin embargo, raramente aparece en la retórica oficial. A lo
más, se proclama la propuesta del Informe Brundland de la ONU y
de la Eco-92 de Rio de Janeiro, de «un desarrollo sostenible». Sólo
que hoy es de sobra conocido que el desarrollo imperante llevado a
efecto en los moldes capitalistas es todo menos sostenible. Está
creando una economía de ilusión, pues está lanzando a millones y
millones de personas al desempleo y la miseria, devastando la
biodiversidad y amenazando gravemente las condiciones físico-
químicas y ecológicas que aseguran el sistema de la vida.

Un documento libre de sospecha como el «Informe de la


evaluación Ecosistémica del Milenio», en la que participaron miles
de científicos, publicado por la ONU en el 2005, reconoce: «Las
actividades antrópicas (humanas) están cambiando
fundamentalmente -y en muchos casos de forma irreversible- la
diversidad de la vida en el planeta Tierra… Las proyecciones y
escenarios indican que estas tasas van a continuar o a acelerarse en
el futuro… Es improbable que los actuales niveles de biodiversidad
puedan mantenerse planetariamente en base solamente a
consideraciones utilitarias». Y termina con estas inquietantes
preguntas: ¿Hasta cuándo los sistemas del planeta podrán soportar
la acción predatoria del ser humano? ¿Es posible revertir este
proceso de degradación ambiental y social? ¿Cuál será nuestro
futuro si seguimos manteniendo los modelos de producción y
consumo actuales?

Científicos que hacen ciencia con conciencia, están


reaccionando ante el clamor ecológico. Así el brillante físico Stephen
Hawking, en su conocido libro «El universo en una cáscara de nuez»,
asevera: «El actual crecimiento exponencial no puede durar para
siempre. ¿Qué va a pasar entonces? Una posibilidad es que nos
exterminemos completamente por algún desastre como una guerra
nuclear. Cuando una civilización alcanza nuestro estadio de
desarrollo, se vuelve inestable y se autodestruye».

¿Por qué los políticos no toman en serio tales advertencias?


Porque, en mi opinión, todos son rehenes ingenuos del paradigma
cultural dominante que segmenta, opone y reduce la realidad,
perdiendo completamente la visión del todo del Planeta y de la
Humanidad. Cada uno ve sólo su pedazo, y lo explota a más no
poder, sin darse cuenta de que ese pedazo es parte de la Tierra,
nuestra Casa Común, totalmente olvidada.

De ahí la tendencia de muchos hoy en día a hablar menos de


desarrollo sostenible y más de Tierra, ecosistemas y sociedades
sostenibles. Es esto lo que finalmente cuenta. El desarrollo
dominante tiende a hacer de la Tierra un Titanic a punto de
hundirse.
185. ¿Desarrollo sostenible o sociedad
sostenible?
2006-09-15

La reflexión crítica ha creado un amplio convencimiento de que


el tan propalado «desarrollo sostenible» en el sistema capitalista
(puede ser válido en un sistema localizado) es una trampa que cabe
denunciar. La lógica del desarrollo en este sistema imperante
contradice la lógica de la sostenibilidad. Es entendido como lineal,
ilimitado y se da por supuesto que los recursos de la naturaleza son
infinitos. La sostenibilidad nos avisa de que vivimos en un pequeño
planeta, superhabitado, con recursos limitados, algunos renovables y
otros no. Si no elaboramos un desarrollo (que necesitamos) bien
dosificado y equitativo del cual puedan beneficiarse todos, inclusive
los demás miembros de la comunidad de vida a la que pertenecemos,
podemos ir al desastre.
Analistas como el premio Nóbel de química Christian de Duve
comienza su conocido libro Polvo vital: la vida como imperativo
cósmico afirmando que estamos asistiendo a síntomas mundiales
que, en epocas anteriores del proceso evolutivo, anunciaron grandes
devastaciones que afectaron a la Tierra. Pero con una diferencia,
dice: en otros tiempos fueron meteoritos rasantes o cataclismos
naturales que devastaron la biosfera. Hoy el meteorito rasante más
peligroso se llama ser humano. Tenemos que cuidar y vigilar este
«meteorito» amenazador e imprevisible.
La mejor forma de hacerlo es desplazar el eje del desarrollo
hacia el eje de la sostenibilidad. Lo importante es que tengamos una
sociedad sostenible, que encuentre el desarrollo necesario que
garantice la base material de su reproducción haciendo que, de esa
forma, el desarrollo participe de esa sostenibilidad. ¿Cómo es la
sostenibilidad?
Una sociedad es sostenible cuando se organiza y se comporta de
tal forma que, a través de las generaciones, consigue garantizar la
vida de sus ciudadanos y de los ecosistemas en los que está inserta.
Cuanto más fundada está una sociedad sobre recursos renovables y
reciclables, más sostenibilidad manifiesta. Esto no significa que no
pueda usar recursos no renovables, pero, al hacerlo, debe hacerlo
racionalmente, especialmente por amor a la única Tierra que
tenemos, y en solidaridad con las generaciones futuras. Hay recursos
que son abundantes como el carbón, el aluminio y el hierro, con la
ventaja de que pueden ser reciclados.
Una sociedad sólo puede ser considerada sostenible si ella
misma, por su trabajo y producción va haciéndose más y más
autónoma. Si hubiera superado niveles agudos de pobreza, o tuviera
condiciones para ir disminuyéndola de manera creciente. Si sus
ciudadanos estuvieran ocupados en trabajos significativos. Si
hubiera seguridad social garantizada para aquellos que son
demasiado jóvenes o ancianos o enfermos y que no pueden ingresar
en el mercado de trabajo. Si la igualdad social y política, así como la
de género, fuera buscada continuamente. Si la desigualdad
económica se redujera a niveles aceptables. Y, finalmente, si sus
ciudadanos fueran socialmente participativos y de este modo
pudieran hacer concreta y continuamente perfectible la democracia.
Según estos criterios, Brasil está lejos todavía de ser una sociedad
sostenible.
Tal sociedad sostenible debe plantearse continuamente la
pregunta: ¿cuánto bienestar puede ofrecer al mayor número de
personas posible con el capital natural y cultural de que dispone?
Obviamente esta pregunta supone la sostenibilidad previa del
Planeta sin la cual todos los demás proyectos perderían su base y
serían inútiles.
186. El mal ejemplo del Papa
2006-09-22

La actitud del Papa Benedicto XVI está provocando justificadas


iras entre las comunidades islámicas por causa de la desafortunada
cita de un emperador bizantino del siglo XIV, según el cual «Mahoma
defendía cosas malas e inhumanas, como su orden de difundir la fe
por la espada». También ha causado escándalo y vergüenza entre los
cristianos. La cita es totalmente inoportuna. El Papa conoce muy bien
el enfrentamiento que existe ahora entre el Islam y el Occidente, que
hace la guerra a Afganistán e Irak y que apoya abiertamente la causa
israelí contra los palestinos, de mayoría islámica. En este contexto, la
cita alinea al papa con las estrategias bélicas de Occidente. ¿Cómo no
irritarse contra esa actitud?
A nosotros, cristianos, la actitud del Papa nos deja perplejos,
pues pertenece a la esencia cristiana perdonar y rezar como el
pobrecito de Asís: «donde haya ofensa, que yo lleve perdón». No
queriendo perdonar, el Papa legitima a todos los que no quieren pedir
perdón ni en la vida cotidiana, ni a los negros que esclavizamos por
siglos, ni a los sobrevivientes de los pueblos indígenas que
diezmamos. Si el papa no hace oficialmente un acto de disculpa, nos
da un mal ejemplo. No cumple el mandato del Señor de «confirmar a
los hermanos y hermanas en la fe».
Pero este gesto suyo no es aislado. Como cardenal se opuso a la
entrada de Turquía en la Comunidad Europea por el simple hecho de
ser de mayoría musulmana. Hace poco tiempo suprimió en el
Vaticano la instancia que promovía el diálogo Cristianismo-Islam. En
el documento Dominus Jesus, de su autoría, del 15 septiembre de
2000, uno de los textos más fundamentalistas de los últimos siglos,
afirma que «la única religión verdadera es la Iglesia Romana
Católica» y que «los seguidores de otras religiones, en lo que refiere
a la salvación, objetivamente se encuentran en una situación
gravemente deficitaria». Los encuentros con otras religiones no
tienen sentido porque «es contrario a la fe católica considerar a la
Iglesia como una vía de salvación al lado de otras». Sobre este
trasfondo, no causa extrañeza su discurso en la Universidad de
Ratisbona. Aun así, ¿no sería más digno que el Papa pidiera
claramente perdón por las incomprensiones que provocó aunque
fuera involuntariamente? ¿Por qué no lo hace?
Para entenderlo, se necesita comprender la ideología infalibilista
que rige en el Vaticano y en general en la Iglesia. Según ella, el papa
no puede equivocarse, aunque el dogma de la infabilidad sea muy
restringido. Éste afirma que el papa solamente es infalible en
situaciones bien delimitadas, gozando en tal caso, personalmente, de
la infalibilidad de toda la Iglesia. Pero la ideología infalibilista, de
manera ilegítima, atribuye infalibilidad a todas las palabras del Papa.
Si él pide perdón, confiesa que se equivocó, lo cual no está permitido
por el infalibilismo.
En la cabeza del papa Benedicto XVI funciona el despotismo
papal, formulado ya en 1302 por Bonifacio VIII que rezaba: «a toda
criatura humana le es absolutamente necesario para su salvación
estar sometida al Papa de Roma». Esto ni siquiera fue abolido por el
Concilio Vaticano II en 1964. Se introdujo en los textos una «Nota
explicativa previa» donde se reafirma que el Papa puede actuar
siempre «según su parecer personal» tal como para el nombramiento
de obispos, para establecer normas y para establecer políticas
eclesiásticas. En otras palabras: Un papa puede autónomamente
decidir todo; mil millones de católicos juntos no pueden decidir nada.
Este absolutismo nos hace entender las razones del Papa para no
pedir perdón.
187 - Reelección de Lula. ¿Y ahora qué?
2006-09-29

La victoria del Presidente Lula, ya en la primera vuelta, viene


cargada de interrogantes e inseguridades. ¿Cómo continuar? ¿Qué
tipo de gobernabilidad será posible? Gran parte de la duda se debe a
la estupidez política y a la irracionalidad estratégica de dirigentes del
propio PT. Ciertamente contando con la impunidad de sus
compañeros, acusados anteriormente de corrupción, llevaron
adelante la misma estrategia inmoral. Este escándalo ocasiona que el
nuevo gobierno comience carente de credibilidad y debilitado
éticamente. Peor aún, que anime a la elite dominante —conservadora
o neoliberal— a rearticularse en torno a sus intereses privados,
económicos y sociales, de espaldas al interés colectivo.
Tal hecho representa un retroceso en nuestra democracia que
estaba dando pasos largos en la línea republicana, es decir, en
dirección a políticas públicas y de inclusión social de nuevos sujetos
históricos antes mantenidos ausentes. Es notorio que nuestras élites
políticas y económicas se sienten incómodas con un obrero en la
presidencia. Ellas hicieron la Independencia y proclamaron la
República sin el pueblo y hasta contra el pueblo. Nunca cultivaron
una relación orgánica con él. Al contrario, nunca lo reconocieron ni lo
admiraron, excepto en su carnaval y su música popular. En lo demás,
lo trataron con desprecio, como a un don nadie, alguien inepto,
pueblo ignorante de las cavernas, manipulable políticamente... Que
ahora alguien venido de este «no-mundo» llegue al poder central,
equivale a la usurpación de un derecho de los dueños del poder.
Harán de todo para inviabilizar su gobierno y, si pudieran, para
bajarlo de él. Lo que dijo el presidente del PFL -«no vamos a dejar al
gobierno gobernar»- revela una mentalidad anti-pueblo; fue el pueblo
fue quien escogió a Lula para gobernar, pero el pueblo para él el
pueblo es un detalle sin importancia, no cuenta.
A pesar de todas estas contrariedades, merece la pena subrayar
algunos puntos.
En primer lugar es imperioso que el gobierno estreche los lazos
con su base real de apoyo, que son los movimientos sociales
organizados y las grandes mayorías, de las que ciento cuarenta
millones de personas han sido directamente beneficiados por las
políticas públicas. Esos millones de personas son conscientes de que
Lula pertenece a esas mayorías. Votando por Lula hicieron un acto de
confianza en sí mismas. No lo entregarán a la saña de los que quieren
perjudicarlo. Dicen: Lula es nuestro, y de los nuestros.
En segundo lugar, importa profundizar las políticas sociales y
oponerse a la voluntad del proyecto macroeconómico de colonizar
toda la política. Aquí cabe una revisión de la política económica para
que sea realmente el soporte de las políticas públicas. Por lo menos,
que la discrepancia entre la macroeconomía y el proyecto político-
social, en el marco del neoliberalismo imperante global, disminuya de
forma real.
En tercer lugar, se necesitan gestos simbólicos fundamentales
que confieran una marca histórica al gobierno Lula. Para mí son
urgentes estos dos: una profunda reforma política que dificulte lo
más posible la corrupción, consolide los partidos ideológicos,
posibilite el control social y ligue esencialmente democracia con
justicia social. El segundo sería una reforma agraria en paquete
cerrado, amplia e integral, que cree condiciones sociales y
económicas de tal envergadura que retengan a las personas en el
campo y estimulen a las de la periferia de las ciudades a regresar a la
tierra y a producir en ella.
Finalmente, el gobierno debe despertar a la importancia
estratégica de la cuestión ambiental, pues el país tiene mucho que
colaborar en la conservación del sistema-vida y del Planeta.
188 - Lo que está en juego en la reelección
presidencial
2006-10-06

Quien impidió la victoria de Lula no fue Geraldo Alckmin sino el


propio partido del presidente, el PT. El atrevimiento malsano de altos
dirigentes petistas echó a perder la victoria que Lula tenía
garantizada ya en la primera vuelta. Lo que pesó realmente no fue
tanto el escándalo del dossier contra el candidato Serra, pues
siempre han existido dossieres fabricados por políticos afectos a la
intimidación y al manejo de la mentira como arma política. La
ausencia de Lula en el debate final contó negativamente pero
tampoco fue lo decisivo. Lo que destrozó al PT y obstruyó el camino
de la victoria fue mostrar por todos los medios de comunicación la
montaña de dinero utilizada para comprar el dossier. Más del 30% de
los trabajadores gana solamente un salario mínimo. Cuando ve todo
ese dineral se llena de autovergüenza y piensa: mi trabajo en verdad
no vale nada; ni aunque viviese dos vidas acumularía tanto dinero
como el que muestran ahí. ¿De dónde sacaron esos corruptos todo
ese dinero? La indignación es inimaginable. Los políticos que usan
tales expedientes merecerían la excomunión política y religiosa, tan
grande es su pecado contra el pueblo, su dignidad y la economía
popular.
Puede darse un impasse jurídico, policial e institucional en las
investigaciones del dossier, especialmente si se revela su contenido,
cosa que aún no se ha dado, y que podría eventualmente incriminar
la gestión del PSDB cuando comenzó la corrupción de las
ambulancias. Aun así, la segunda vuelta tiene también sus ventajas:
por fin habrá una oportunidad de confrontar dos proyectos de Brasil.
Geraldo Alckmin representa el viejo proyecto de las clases
dominantes. No sin razón lo apoyaron los banqueros y los grandes
industriales, pues sienten afinidad de clase y comunión de propósitos:
garantizar políticas ricas para los ricos y pobres para los pobres. Es
claro que no posee carisma y no presenta nada realmente innovador,
nada que pueda suscitar una nueva esperanza. La retórica que usa
desorienta, pero al análisis debe sacar a la luz los intereses de clase
ocultos. La macroeconomia que enfeudó la política, seguirá su curso
neoliberal dejando fatalmente anémica la política social. Su victoria
representará el retorno de aquellos que siempre construyeron un
Brasil para sí, sin el pueblo o contra el pueblo.
Lula da cuerpo a un proyecto de cambio. A pesar de los
impedimentos encontrados en un ambiente hegemónicamente
neoliberal, trató con relativo éxito de hacer la transición de un estado
elitista y privatista a un estado republicano y social. Ahora Lula se ve
obligado a definir claramente su proyecto: dar la centralidad al
pueblo destituido, garantizar sus medios de vida y su inclusión
ciudadana. Para eso necesita aproximarse otra vez a su base real de
apoyo: los movimientos sociales organizados y la inmensidad de los
excluidos. Ellos podrán inviabilizar cualquier amenaza de destitución.
Quitar a Lula es perder nuestro poder, dirán, es anular nuestra
victoria, abortar nuestra esperanza.
Para diferenciarse claramente de Alckmin, Lula deberá modificar
puntos importantes de la macroeconomía para que ella sea de hecho
el apoyo de una política social sólida. Deberá tener el valor de hacer
un gesto fundador de un nuevo Brasil: retomar el proyecto de Plínio
Arruda Sampaio, uno de los que mejor entienden de reforma agraria
y realizarlo íntegramente a fin de fijar al campesino en su campo y
descongestionar las ciudades favelizadas. Ahí sí se consolidará su
gobierno, inaugurando la transformación social posible para Brasil.
189 - ¿Qué ética va a prevalecer?
2006-10-13

En la campaña electoral por la presidencia, la ética constituye


uno de los temas principales. Y ahí no cabe el fariseísmo, en el
sentido de sentirse por un lado el portador de la ética y por el otro, su
violador. Ambos candidatos necesitan entonar su mea culpa y
reconocer graves desvíos éticos en sus respectivos partidos. Existe el
peligro de que se privatice la ética, es decir, que se discuta solamente
la ética en la política y no la ética de la política. En otras palabras, no
basta que haya políticos éticos, con virtudes personales reconocidas
(ética en la política); lo importante es que prevalezca la discusión
acerca de la ética de la política. Ésta trata del marco institucional que
obliga a los ciudadanos a vivir ciertos valores fundamentales para la
sociedad. Sobre todo importa discutir el carácter ético del proyecto
político del candidato; en qué medida rompe con la tradición de
privilegios que han caracterizado a la política brasileña y qué
mediaciones usará para promover la justicia y la inclusión de los
millones desposeídos. Éste es el nudo de la cuestión. Los ciudadanos
tienen derecho a conocer los proyectos políticos de cada candidato y
las formas de llevarlos a cabo. Ahí podrán ver su carácter ético o no
ético.
Con la intención de animar este debate quisiera referir una
discusión reciente entre dos paradigmas de la ética: entre el núcleo
de la moralidad clásica, la ética de la justicia, y el núcleo de la nueva
moralidad, la ética del cuidado. He participado en esta reflexión,
suscitada por primera vez por filósofas y educadoras feministas
estadounidenses, especialmente Carol Gilligan y Nel Noddings. Ellas
nos han hecho tomar conciencia del hecho de que la reflexión ética
de Occidente, heredada de los griegos, pasando por Tomás de
Aquino, Kant y culminando en Habermas, es marcadamente
masculina. Se centra en la autonomía del individuo, portador de
derechos y deberes, teniendo como eje estructurador, la
imparcialidad de la justicia.
Esta ética ha alcanzado dimensiones irrenunciables, tanto en el
aspecto interpersonal como en lo social, pero en ella hay un
empobrecimiento de la experiencia humana, ya que no incluye la
contribución de las mujeres. Ellas están más próximas al misterio de
la vida, son por naturaleza más cooperativas, tejen más
adecuadamente redes de relaciones afectivas, familiares y
comunitarias, alimentan la preocupación por los otros y toman en
consideración las debilidades humanas y los procesos de desarrollo,
poco contemplados por la ética de la justicia. Para que la vida
humana funcione no basta que haya igualdad de derechos y deberes y
que unos y otros sean observados. Se necesita también el cuidado,
pues todo ser vivo desea y necesita ser cuidado, y nosotros sentimos
naturalmente el impulso de cuidar. De ahí la solidaridad, la
corresponsabilidad y la compasión, como irradiaciones del cuidado.
La base antropológica de esta ética de lo femenino es otra. Para
ella no existe el individuo aislado que precisa un contrato social para
vivir junto con los otros, sino que ese individuo está siempre
conectado con el otro y con la naturaleza. La motivación para vivir
valores, y con ello una vida ética, no viene de la razón y de los
principios, sino de la emoción del afecto y de la autoimplicación. El
deseo natural de ser cuidados, aceptados y amados, cosa que ha sido
ignorada por la ética vigente, es lo que mueve profundamente
nuestras vidas.
Hacer política es cuidar del pueblo y atender sus necesidades,
repitió muchas veces el presidente Lula. Realizar esto es poner en
práctica la justicia. Éste es el criterio para juzgar éticamente los
proyectos de los dos candidatos.
190 - Cómo no perder el buen rumbo
2006-10-20

Estamos ya casi llegando al final de la segunda vuelta para la


elección de presidente de Brasil. Los debates han mostrado que las
élites, apeadas del poder a partir de un contrapoder popular
cristalizado en el PT, no aceptan esta derrota histórica. Hacen
cualquier cosa para volver al antiguo nido y continuar la hegemonía
que impide cualquier cambio sustancial a favor de las mayorías que
ponga en jaque sus privilegios. Por eso la pregunta central fue y sigue
siendo: en definitiva, ¿qué Brasil queremos?, ¿cómo mantener el
rumbo que consideramos bueno?
Más que una cuestión político-partidista, esta pregunta es
eminentemente ética en el sentido clásico de la palabra. Sabemos que
para Platón y Aristóteles el punto más alto de la filosofía no era la
metafísica ni la teología, sino la política. Toda la ardua construcción
teórica que elaboraron culmina en la reflexión sobre el bien vivir
juntos. En el interior de ese espacio es donde se sitúan todos los
saberes que deben servir a la felicidad personal, comunitaria y social.
Esto sigue siendo válido hasta nuestros días.
Discutir qué Brasil queremos implica discutir el conjunto de
valores y el tipo de instituciones que van a dar cuerpo a la
convivencia social y a construir el bienestar colectivo. El primer valor
político es el cuidado. Es función del Estado cuidar de la vida y de los
medios de vida de los ciudadanos, lo cual implica ir más allá de la
economía. El segundo es la usticia. Por ella se atiende al deseo de
participación y a las necesidades de los ciudadanos en las diferentes
instancias en las que se realiza su vida personal, comunitaria y social.
No se puede construir ninguna sociedad mínimanente humana sobre
la falta de cuidado, de justicia y de igualdad.
Y éste es el caso de Brasil. La justicia y el cuidado son los bienes
más escasos de nuestra historia política. Lo que se construyó aquí fue
una sociedad profundamente injusta, fundamentada en privilegios, en
el trabajo esclavo y en el desprecio a todo lo que significa «pueblo».
La desigualdad es el sustrato de la violencia sistémica que impera en
las grandes ciudades. Aumentar el aparato policial y los mecanismos
de control es autoengañarse si esta cuestión del cuidado y de la
justicia no es afrontada en su raíz. Una sociedad no cuidada e injusta
será siempre violenta: produce violencia y sufre violencia.
Pero los maestros griegos eran suficientemente sabios para
alertarnos sobre el hecho de que una sociedad no vive sólo de
justicia. Platón llega a afirmar que tal sociedad generaría el horror y
el terror. Una sociedad necesita generosidad, cooperación y diálogo,
comunicación libre, en una palabra, aquellos valores que construyen
la felicidad social.
En este campo, nosotros, en Brasil, también tenemos un gran
déficit. Lo que impera es el modo de producción capitalista y su
expresión política, el neoliberalismo, que no favorecen tales valores,
pues acentúan más la competición que la cooperación, más el bien
individual que el bien común, más el Estado mínimo que el Estado de
bienestar social.
Pero hay una esperanza: en los movimientos sociales se intenta
vivir lo social solidario y cooperativo. Es en ellos donde se plantea
permanentemente la pregunta: ¿qué Brasil, finalmente, queremos
construir? Ellos consiguieron elegir al presidente Lula, que asumió la
bandera de los cambios y de la ética pública, no obstante los desvíos
que han cometido sectores del PT. Él personalmente encarna esa
voluntad de transformación, motivo suficiente para que sea reelegido
y complete la obra aún en construcción. Lo que no podemos es
retroceder. Ahora hay que reafirmar el buen rumbo.
191 - Lula y la derrota de la Casa Grande
2006-10-27

Casa-Grande y Senzala (1933) de Gilberto Freyre es más que


uno de los textos fundadores de la moderna interpretación de Brasil.
Estos dos términos, la Casa Grande —donde vivían los señores de
esclavos que cultivaban el azúcar— y la Senzala de los esclavos
negros —donde dormían con grilletes en los pies—, dan cuerpo a un
paradigma y a una forma de habitar el mundo. Vivir como en la Casa-
Grande significa establecer una relación patriarcal de dominación
social, de creación de privilegios y jerarquías. Vivir como en la
Senzala es ser expoliado como ser humano, sea como esclavo negro,
convertido en «pieza» que se vende y se compra en el mercado, sea
como trabajador, usado como «carbón a ser consumido» (Darcy
Ribeiro) por la máquina productiva. Estas dos figuras sociales,
históricamente superadas, todavía perduran introyectadas en las
mentes y en los hábitos, especialmente en nuestras oligarquías y
élites dominantes. Ellas aún se consideran las dueñas de Brasil, con
exigua sensibilidad por el drama de los pobres. La Casa-Grande se
transformó en una poderosa realidad virtual que se manifiesta en la
forma como actúa el gran capital nacional, como se hacen las
alianzas entre los dueños de la prensa comercial, como se manejan
los hechos y se crea el imaginario por la televisión para que la
Senzala continúe Senzala, su lugar en la sub-historia.
Ocurre que los de la Senzala resistieron siempre, se rebelaron,
crearon millares de palenques donde vivir libres, se fundieron con los
demás pobres y marginados, y consiguieron, especialmente a partir
de 1950, organizarse en innumerables movimientos sociales
populares. Conquistaron aliados de otras clases, intelectuales y
sectores importantes de las Iglesias. Crearon el poder social popular
que, en un momento dado, se definió como poder político y, junto con
otras fuerzas, dieron origen al Partido de los Trabajadores (PT). De
dentro de ese pueblo irrumpió Lula como legítimo representante de
estos destituidos de la Casa Grande, con carisma e inteligencia no
común. Voy a dar mi testimonio personal: he recorrido casi todo el
planeta, me he encontrado con hombres notables de la política, de las
ciencias, del pensamiento y de las artes. Entre las personas más
inteligentes que he encontrado está Luis Ignacio Lula da Silva, ahora
nuestro presidente. Solamente los ignorantes pueden llamarlo
ignorante. Su inteligencia forma parte de su carisma: despierta,
aguda, que va rápidamente al núcleo de los problemas y sabe
formularlos de manera propia, sin pasar por la jerga científica.
Su victoria es de una magnitud histórica, pues por dos veces la
Senzala ha vencido a la Casa Grande. Los continuadores de la Casa
Grande han hecho todo e intentarán todavía todo para entorpecer
esta victoria. Como no tienen tradición democrática y es muy escaso
su sentido ético, acostumbran usar todas las armas y hacer
«chanchullos», como los han hecho en elecciones anteriores. Sólo
esperamos que no lleguen a pensar en el recurso al asesinato.
El desafío ahora es consolidar la victoria de la Senzala y dar
sostenibilidad a un proyecto que supere históricamente esta división
perversa de Casa-Grande y Senzala, para que se inaugure un nuevo
tiempo de una «democracia sin fin» (Boaventura de Sousa Santos), de
cuño popular y participativo.
Este proyecto sólo podrá seguir su curso si Lula realimenta
continuamente sus raíces en articulación con las bases de donde
viene. Ellas son las portadoras del sueño de otro Brasil e infundirán
fuerza al Presidente. Las heridas que la Casa Grande abrió en el
tejido social y ecológico de nuestro país son sanables. Una política
que tenga como centro al pueblo hará bien incluso a esas élites.
Ahora no es el momento de la revancha sino de la magnanimidad, del
país unido alrededor de un proyecto integrador.
192 - Actualidad de la «apuesta» de Pascal
2006-11-03

Blaise Pascal (1623-1662) fue uno de los grandes genios de


Occidente como matemático, físico y filósofo. Después de una
profunda experiencia espiritual, en pleno debate con la razón
moderna naciente, escribió una Apología de la Religión Cristiana, que
debería responder a las objeciones de la época de forma cabal e
irrefutable. No consiguió su intento, pues, enfermo de gravedad,
murió con tan sólo 39 años, en 1662, en París. Dejó únicamente
anotaciones y pensamientos dispersos que se encuentran bajo el
título Pensées, Pensamientos, apreciados hasta nuestros días.
Después de ensayar todo tipo de argumentos a favor de la fe, se
dio cuenta, muy honestamente, de que ninguno de ellos era
cabalmente convincente. Entonces forjó el famoso argumento de la
«apuesta», válido hasta el día de hoy.
En el párrafo 233 de sus Pensées, Pascal plantea la siguiente
cuestión: «Dieu est, ou il n’est pas»: «Dios existe o no existe».
Sostiene que la razón puede aducir tanto argumentos a favor como en
contra de la existencia de Dios, por lo cual no consigue llegar a una
respuesta convincente. ¿Cómo salir de este camino sin salida?
Entonces Pascal dice: «il faut parier», «es necesario apostar». No hay
escapatoria, porque una vez que se planteó la pregunta uno se
encuentra embarcado en ella, dice. La razón no se humilla por tener
que apostar, y la apuesta te conviene: «tienes mucho que ganar y
nada que perder». Por lo tanto, la apuesta es racional.
Si afirmas «Dios existe», y en efecto existe, lo ganas todo: la vida
y la eternidad. Si afirmas «Dios no existe», y realmente no existe, no
tienes nada que perder: el sentido de la vida y la eternidad eran
meros devaneos. Entonces es racional, aconsejable y justo afirmar
que «Dios existe» y así ganas mucho.
¿Cuál es la actualidad de la apuesta pascaliana para nuestros
días? Culturalmente la cuestión no se propone ahora en términos de
«si existe o no existe Dios» sino en estos otros términos: ¿qué futuro
tiene el planeta Tierra y la vida si tomamos en serio los avisos de
alarma dados recientemente por renombrados científicos? Existen
galaxias que se tragan a otras galaxias. ¿Qué sentido tiene el
universo que, debido a la ley de la entropía, camina
irrenunciablemente hacia la muerte térmica? ¿Tiene sentido la vida
humana después de la experiencia de los campos de exterminio nazis
y del tsunami del suroeste de Asia? ¿Tiene sentido el destino de las
grandes mayorías sometidas al hambre, a todo tipo de explotación,
como el estupro de niñas y niños, y la esclavitud sexual de mujeres?
Nos vemos desafiados a apostar: apostamos que, a pesar de todas
las contradicciones, en el universo trabaja un sentido secreto. Un día
se manifestará y será la suprema felicidad de la creación. Así, lo
ganamos todo. La luz tiene más derecho que las tinieblas. La
alternativa es que todo no es más que un absurdo, que la felicidad es
ilusoria y todos acabaremos en polvo cósmico. Así, no perdemos nada
cuando dejamos de creer.
Vale la pena entonces apostar con una actitud de confianza y de
entrega radical (éste es el sentido bíblico de la fe) por que el mundo
es salvable y el ser humano rescatable hasta el punto de descubrir la
hermandad universal hasta con las hormigas del camino. Apostando
así, tenemos todo que ganar aquí y en la eternidad.
193 - Ecologizar la política y la economía
2006-11-10

El día 31 de octubre, ante los medios de comunicación de todo


el país, el presidente reelecto Luiz Inácio Lula da Silva, hizo un
pronunciamiento de gran relevancia. Estableció claramente las
metas de su segundo mandato: desarrollo, distribución de la renta y
educación de calidad. Dejó claro que va a gobernar para todos, pero
preferencialmente para los pobres y excluidos. Para quien viene de
la teología de la liberación, esto es colirio en los ojos irritados, pues
la marca registrada de este tipo de teología es la opción preferencial
por los pobres contra la pobreza y a favor del desarrollo integral, de
la redistribución de la renta y de la educación para el cuidado. Estos
tres ejes podrán redireccionar la historia de nuestro país, con menos
diferencias y más inclusión social. No podemos menos que apoyar tal
propósito.
Pero en este programa hay una ausencia que ya se hizo notar
durante la campaña. Ninguno de los candidatos se refirió a la
cuestión ecológico-ambiental. Tenemos que reintroducirla, porque,
sin ella, las tres metas del gobierno, dentro de pocos años, podrán
ser totalmente inviables. El presidente debe tener una visión
estratégica de futuro del país y de la humanidad, pues su ausencia
puede ser irremediable.
En primer lugar es importante ecologizar la política y la
economía. Me explico: hay que entender sistémicamente todos los
problemas. Las cuestiones económicas, políticas, sociales, éticas y
espirituales son interdependientes. Hay que superar el paradigma
-superado ya en la teoría- que separaba y atomizaba las distintas
instancias. Porque están inter-retro-conectadas, las soluciones deben
ser incluyentes. La transversalidad -tesis de la ministra Marina da
Silva- debe dar la tónica en la implementación de los tres ejes del
gobierno.
En segundo lugar, hay que tomar en serio lo que grandes
nombres de la ciencia y los informes oficiales de organismos que
estudian el estado de la Tierra nos están advirtiendo desde hace
tiempo: El tipo de desarrollo y de educación dominantes están
destruyendo el planeta Tierra. En nombre del desarrollo se explotan
en forma ilimitada todos los recursos para que haya más y más
consumo, sin el cual el sistema económico-financiero se hunde. Si la
voracidad de este sistema sigue, antes del 2050 necesitaremos dos
Tierras para atender a la demanda de la humanidad, nos dice el
informe «Planeta vivo 2006» del Fondo Mundial para la Naturaleza.
James Lovelock, formulador de la «Teoría Gaia», la Tierra como
superorganismo vivo, advirtió en la revista Veja del 25 de octubre de
este año: «hasta finales del siglo es posible que desaparezca el 80%
de la población humana» a consecuencia del sobrecalentamiento de
la Tierra. Y añade: «prácticamente todo el territorio brasilero será
demasiado caliente y seco para ser habitado».
De ser esto probable, o incluso verdadero, ¿qué tipo de
desarrollo y de educación debería proponer Lula? Tenemos que
cualificarlos ecológicamente para que nuestros hijos y nietos no se
vuelvan contra nosotros y nos maldigan, porque fuimos advertidos
del desastre y poco o nada hicimos.
No basta decir: tenemos a la ministra Marina Silva, responsable
del proyecto «Vamos a cuidar de Brasil». Todos tenemos que
participar. A ella el presidente Lula le debería agregar al ex-
gobernador Jorge Viana de Acre como Ministro de Estado, porque él
tiene conciencia lúcida de estas cuestiones y representaría a toda la
región amazónica, llave para el equilibrio futuro de la vida y de la
Tierra. Apoyemos las metas del presidente enriqueciéndolas con esta
mirada ecológica integradora.
194 - El principio antrópico
2006-11-17

La vida y la conciencia pertenecen al universo, más


concretamente a nuestra galaxia, la Vía Láctea, al sistema solar y al
planeta Tierra. Para que surgieran fue preciso un ajuste refinadísimo
de todos los elementos, especialmente de las llamadas constantes de
la naturaleza (velocidad de la luz, las cuatro energías fundamentales,
la carga de los electrones, las radiaciones atómicas, la curvatura del
espacio-tiempo, entre otras). Si no hubiera sido así, no estaríamos
aquí escribiendo sobre esto. Voy a mencionar solamente un dato del
último libro del astrofísico Stephen Hawing, Una nueva historia del
tiempo (2005): «Si la carga eléctrica del electrón hubiera sido
ligeramente diferente habría roto el equilibrio de la fuerza
electromagnética y gravitacional de las estrellas, y éstas, o no
habrían sido capaces de quemar el hidrógeno y el helio, o no habrían
explotado. De una manera u otra la vida no hubiera podido existir»
(p. 120). La vida pertenece, pues, al conjunto.
Para dar una comprensión a esta refinada combinación de
factores se creó la expresión «principio antrópico» (que tiene que
ver con el ser humano). Por él se procura responder a esta pregunta
que hacemos naturalmente: ¿por qué las cosas son como son? La
respuesta sólo puede ser: si hubiesen sido de otra manera, nosotros
no estaríamos aquí. Pero respondiendo así, ¿no caeremos en el
famoso antropocentrismo que afirma que las cosas sólo tienen
sentido cuando se ordenan al ser humano, el centro de todo, el rey
del universo?
Ese riesgo existe, y por eso los cosmólogos distinguen el
principio antrópico fuerte y el principio antrópico débil. El fuerte
dice que las condiciones iniciales y las constantes cosmológicas se
organizaron de tal forma que, en un momento dado de la evolución,
la vida y la inteligencia deberían surgir, necesariamente. Esta
comprensión favorecería la centralidad del ser humano. El principio
antrópico débil es más cauteloso y afirma que las precondiciones
iniciales y cosmológicas se articularon de forma tal que la vida y la
inteligencia podrían surgir. Esta formulación deja abierto el camino
de la evolución que, por lo demás, está regida por el principio de la
indeterminación de Heisenberg y por la autopoiesis de Maturana-
Varela. Mirando miles de millones de años atrás, constatamos que,
de hecho, así ocurrió: hace 3 800 millones de años surgió la vida, y
hace unos cuatro millones de años la inteligencia. Esto no implica la
defensa del «diseño inteligente», o de la mano de la Providencia
divina. Simplemente, el universo no es absurdo. Está cargado de
finalidad. Hay una flecha del tiempo apuntando hacia delante.
También cabe considerar que el cosmos está en génesis,
autoconstruyéndose. Cada ser muestra una propensión innata a
irrumpir, crecer e irradiar. El ser humano también. Apareció en
escena cuando el 99,96% del todo ya estaba listo. Él es expresión del
impuso cósmico hacia formas más complejas y altas de existencia.
Hay quienes lanzan esta idea: ¿no será todo puro azar? El azar, como
mostró Jacques Monod, existe, pero no explica todo. Los bioquímicos
han comprobado que para que los aminoácidos y las dos mil enzimas
subyacentes a la vida pudieran aproximarse, organizarse en una
cadena ordenada y formar una célula viva habrían sido necesarios
billones y billones de años, más tiempo del que tienen el universo y
la Tierra. Tal vez el recurso al azar muestre solamente nuestra
incapacidad de entender órdenes superiores y extremadamente
complejos, como la conciencia, la inteligencia, el afecto y el amor.
¿No sería mejor callarnos, con respeto y con reverencia?
195 - PT: ¿volverá el país de las alianzas?
2006-11-24
Marcel Bursztyn, investigador, con un currículo académico y
una producción intelectual envidiables, escribió un libro clarificador:
El país de las alianzas: élites y continuismo en Brasil (Vozes 1990).
En él muestra convincentemente cómo las élites son eximias en
mimetismo político, es decir, su estrategia es ser siempre gobierno,
importando poco las contradicciones internas e ideológicas. Llegan
incluso a argumentar: «es mejor no ser gobierno durante un
pequeño período que verse forzado a ser oposición en el gobierno
siguiente» (p. 118).
Estamos asistiendo a la construcción de alianzas por parte del
gobierno Lula con la justa intención de garantizar la gobernabilidad,
cosa que, en el fondo, nadie sabe a ciencia cierta lo que significa,
dada la ausencia de un proyecto político claro de nación y de tipo de
desarrollo. Pero las alianzas son necesarias en una democracia, y es
correcto tratar de hacerlas.
Lo que importa, sin embargo, es mantener una estricta vigilancia
sobre ellas, pues sabemos que únicamente han sido buenas para las
élites y nunca para el pueblo. La baraja siempre es la misma, sólo
cambian las formas de barajar. O sea, la naturaleza del poder no
cambia, sólo varían los estilos y las posiciones. Ésta es la razón
principal por la cual no se hace la reforma agraria y se prefieren los
asentamientos; la reforma agraria supone la transformación
institucionalizada de la estructura de producción, mientras que el
asentamiento la mantiene intocable.
A las élites y oligarquías que se esconden detrás de los
principales partidos, sobre todo las que se esconden detrás de las
grandes empresas de los medios de comunicación, no les gusta Lula.
No es de su clase, ocupa un puesto que nunca ha pertenecido a
gente de las clases populares. Además no es totalmente de fiar:
puede cambiar de repente, porque las raíces de su origen social
comienzan a hacerse sentir y a pedir otra baraja... Pero, como ha
ganado, las élites, por instinto mimético, se acercan a él e intentan
digerirlo, con no pocos dolores de barriga. Tienen a su favor la lógica
del sistema imperante, que marca la pauta de la política a partir de
la economía, disponen de lobbys poderosos y presionan directamente
al presidente, e incluso intentan de muchas maneras cooptarlo.
¿Qué es lo que garantiza un mínimo de salud política a estas
alianzas para que sean buenas para el conjunto del país? La
agregación de un tercero ausente: los movimientos sociales
organizados y la sociedad civil en general. Fuera del populismo
nunca hubo una relación directa Estado-sociedad civil. Ahora se hace
urgente. Lula tiene que convocar y mantener una relación orgánica y
permanente con los movimientos sociales, de donde vino, y que, a
decir verdad, le han garantizado la reelección. Ellos no pueden
esperar la invitación. Tienen que exigirla. No pueden quedarse
aguardando las políticas públicas hechas mediante alianzas con los
partidos. Son ellos quienes tienen que marcarles la pauta,
presionando fuertemente, a favor de las grandes mayorías. Sin esto
el gobierno perderá su carácter popular y emancipatorio, y será
rehén de la lógica de las alianzas que siempre manejaron el Estado
en su beneficio.
Los movimientos sociales elevaron las masas -cuyo potencial
humano siempre fue despreciado- a la condición de ciudadanos
conscientes que luchan por otro tipo de Brasil. El pueblo, y no las
élites, es el depositario de las esperanzas y de la posibilidad de otro
futuro para Brasil.
Si Lula no entiende esto, su segundo mandato será un
desperdicio histórico imperdonable. Lo que nos interesa no es el PT
ni Lula, sino el pueblo brasilero que, a través de ellos, podrá dar un
salto cualitativo rumbo a mejores días.
196 - Urgencia de una nueva moralidad
2006-12-01

Los informes sombríos sobre el estado de la Tierra y sobre el


futuro desalentador de la especie humana nos sugieren la urgencia
de una nueva moralidad. Más y más nos damos cuenta de que esta
situación dramática se vincula a la forma insensata y hasta inmoral
con la que nos relacionamos con la naturaleza, depredándola sin
remordimiento a través de un modo de producción que hace del
lucro su única ley y religión. Solamente ahora, cuando la alarma
ecológica ha llegado a las páginas de la economía, empiezan los
gobiernos y las grandes instituciones internacionales a tomarla en
serio. La crisis no viene: ya estamos dentro de ella, y alcanza a
millones de personas. Al Gore, en su documental «Una verdad
incómoda», nos proporciona los datos. O invertimos ya ahora en la
disminución de los gases de efecto invernadero, o en los próximos
años tendremos que aplicar más de mil millones de dólares anuales
para estabilizar el calentamiento dos grados por encima del actual
nivel. O nos vamos a encontrar catástrofes nunca vistas.
Bien analizadas, estas medidas son apenas paliativas. Parten de
un presupuesto equivocado: piesan que limando los dientes del lobo
disminuimos su ferocidad... O sea, podríamos continuar con el mismo
modelo de producción y consumo, disminuyendo simplemente la
dosis. Ese modelo nos condenará a todos, porque se basa en una
metafísica falsa, la de que podemos disponer de los recursos como
nos venga en gana, y que nuestra relación con la naturleza es sólo de
orden utilitario. Pensamos que estamos por encima de la naturaleza,
y contra la naturaleza. Ella se vengará, tal vez expulsándonos
definitivamente de su seno, como se expulsa a una célula
cancerígena.
Por eso, de poco valen las soluciones técnico-científicas fundadas
en aquella metafísica. Necesitamos una ecuación moral que cambie
los fines y no sólo los medios de nuestra civilización. He aquí algunos
puntos para la nueva moralidad.
En primer lugar, debemos tomar en serio el principio de
precaución y de cuidado. O cuidamos de lo que queda de la
naturaleza y regeneramos lo que hemos devastado, o nuestro tipo de
sociedad tiene los días contados. Además, filosóficamente, el cuidado
es la precondición para que surja cualquier ser, y el criterio anterior
a toda acción.
En segundo lugar, importa dar centralidad al afecto, a la
compasión, al corazón y a la piedad, como principios morales. Eso
nos enseñan el budismo en Oriente y Schopenhauer en Occidete.
Ambos afirman: «no hagas mal a ningún ser, más bien esfuérzate por
ayudar a todos lo más que puedas».
En tercer lugar, urge rescatar el respeto y la veneración ante
cada ser, porque representa un valor por sí mismo. Como lo formuló
Albert Schweitzer: «ética es la ilimitada veneración ante la vida y el
respeto ante cada ser».
En cuarto lugar, se hace necesario asumir la responsabilidad del
futuro del planeta y de la vida. Somos los guardianos del ser. Hans
Jonas espresó así el principio de responsabilidad: «actúa de tal
manera que tus actos no sean destructivos para la vida».
En quinto lugar, en vez de la competición hay que reforzar el
principio de cooperación, porque es la ley suprema del universo:
todos los seres son interdependientes y se ayudan unos a otros para
evolucionar, sin excluir a los más débiles.
Si viviéramos esa nueva-vieja moralidad, cambiaremos los
comportamienos de los estados y de las personas para con la
naturaleza, y así nos salvaremos. Vale la frase de 1968 en los muros
de París: «seamos realistas, exijamos lo imposible».
197 - ¿Qué había antes del antes?
2006-12-08

Gran parte de la comunidad científica considera como dato


seguro que el universo y nosotros mismos venimos de una
inconmensurable explosión -big bang- ocurrida hace cerca de 13.700
millones de años. Existe un último fósil de ese evento, verificado por
la ciencia. En 1965 dos técnicos estadounidenses de la Bell
Telephone Laboratories de New Jersey, Arno Penzias y Robert Wilson
construyeron un aparato de microondas ultrasensible. Al probar el
aparato, constataron que en él había un ruido que no podían limpiar.
Venía uniformemente de todas las partes del universo, una onda
bajísima de tres grados Kelvin.
¿Cuál era el origen de este ruido cósmico de fondo? Ellos y otros
astrofísicos constataron que era el último eco de la gran explosión y
el resto final que quedaba de la irradiación inicial. Tomando como
referencia las galaxias más distantes que se alejan de nosotros a
gran velocidad y cuya radiación roja nos está llegando ahora,
concluyeron que tal hecho había ocurrido cerca de 13.700 millones
de años atrás. Por este descubrimiento, Penzias y Wilson ganaron el
premio Nóbel de física en 1978.
Es decir, nuestra edad no es la de nuestro nacimiento sino la del
nacimiento del universo hace todos esos miles de millones de años,
cuando estábamos potencialmente todos juntos allí con los demás
seres del universo. Este dato sería, según algunos, el mayor
descubrimiento realizado por la ciencia.
¿Qué había antes del big bang? Los cosmólogos sugieren que lo
que había era el vacío cuántico, el estado de energía de fondo del
universo, origen de todo lo que existe. Otros lo llaman abismo
alimentador de todo ser. Condensación de él sería aquel puntito que
primero se hinchó como un balón y después explotó dando origen tal
vez, según la teoría de las cuerdas, a otros eventuales mundos
paralelos. Pero el vacío cuántico, última realidad alcanzada por la
microfísica, es todavía una realidad discernible. Es el antes. Pero
¿qué había antes de ese antes discernible?
En un programa de radio le preguntaron a Penzias qué había
antes del big bang y del vacío cuántico. Él respondió: “No lo
sabemos, pero razonablemente podemos decir que no había nada”.
Inmediatamente llamó una oyente, irritada, acusando a Penzias de
ateo. Él sabiamente respondió: “Señora, creo que usted no se ha
dado cuenta de las implicaciones de lo que acabo de decir. Antes del
big bang no había nada de lo que hoy existe. Si lo hubiera cabría
preguntar: ¿de dónde vino?”. Sigue comentando que si había la nada
y de repente empezaron a aparecer cosas era señal de que Alguien
las había sacado de la nada, y concluye diciendo que su
descubrimiento podrá llevar a la superación de la histórica
enemistad entre ciencia y religión.
Lo que podemos decir honradamente es que antes del antes
había lo Incognoscible, lo Impenetrable, el Misterio. Pues bien, los
nombres que las religiones atribuyen a aquello que llaman Dios o
Tao, Yavé, Olorum o cualquier otra Entidad, quieren expresar
exactamente lo Incognoscible y el Misterio al que se refería Penzias.
Por lo tanto “había Dios”. Él no creó el mundo en el tiempo y en el
espacio sino con el tiempo y con el espacio.
¿Qué había antes del antes? Ahora podemos balbucear: había la
«Realidad» fuera del espacio-tiempo, en el equilibrio absoluto de su
movimiento, la Totalidad de simetría perfecta, la Energía infinita y el
Amor desbordante. Ni siquiera deberíamos usar tales nombres, pues
los nombres surgieron después, cuando ya todo había sido traído a la
existencia. Verdaderamente deberíamos callar. Pero como somos
seres hablantes, usamos palabras, aunque no dicen nada. Sólo son
flechas que apuntan hacia un Misterio.
198 - El universo es una inmensa oscuridad
2006-12-15
Cuando leermos a grandes cosmólogos y astrofísicos como
Stephan Hawking, S. Weinberg, M. Rees y B. Swimme, entre otros,
nos damos cuenta de que están siempre dando vueltas a tres
grandes cuestiones: ¿cuáles fueron las condiciones iniciales del
universo, que le han permitido llegar hasta aquí? ¿Hay vida en otros
planetas? ¿Es posible una «Teoría del Todo», que explique en una
fórmula sencilla todo lo que existe, y permita captar la mente de
Dios?
En estos campos, hasta ahora, poco se ha avanzado. Sin
embargo, en un punto sí se ha llegado a conclusiones que para una
visión global y filosófica de las cosas reviste una gran relevancia, a
saber: ¿cuáles serían las condiciones iniciales que dieron origen al
universo? Un consejo: evite hacer a los científicos la siguiente
pregunta, para no irritarlos: ¿quién colocó ahí aquel puntito
infinitamente pequeño y quién lo hizo explotar? Es que son
conscientes de los límites de su saber científico, lo que en cierta
forma los invita a permanecer en silencio.
La famosa sonda WMAP (Wilkinson Microwave Anisotropy
Probe) lanzada en 2001, que escaneó todo el universo visible,
permitió la siguiente constatación: sólo el 4% del universo es visible,
y, por eso, cognoscible. El 96% es de una oscuridad total, e invisible.
De ese 96%, el 23% es materia oscura, cuya gravedad tendría la
función de impedir que las galaxias escapen una de otra, y el otro
73% es de energía oscura, que aceleraría la expansión del universo.
Se sabe también que en los primerísimos momentos siguientes a la
gran explosión, ocurrió un choque formidable entre materia y
antimateria. Casi se aniquilaron una a otra, quedando apenas una
pequeñísima sobra de protones del orden de 1,000.000.001 del cual
se originó el actual universo. Originalmente había un 75% de
hidrógeno y un 25% de helio; el resto se formó dentro de las grandes
estrellas rojas. El astrofísico Steven Weinberg calculó lo que habría
ocurrido en los tres primeros minutos (su libro Los tres primeros
minutos, el origen del universo) y sus consecuencias hasta los días
de hoy. Dice: «si fuese demasiado ligera, la masa se habría
expandido excesivamente y no habría condensación suficiente para
formar las estrellas y con ello permitir la vida. Si fuese demasiado
densa, el universo se retiraría en sucesivas explosiones y los cuerpos
no podrían surgir».
Si las energías nucleares hubiesen sido demasiado débiles, no
habrían ocasionado la formación de los elementos pesados como el
carbono, el oxígeno y otros, necesarios para la formación de la vida.
El universo estaría compuesto sólo de hidrógeno.
Si estas energías hubiesen sido demasiado fuertes, habría sólo
átomos pesados, y no habría hidrógeno para alimentar las estrellas.
Si la fuerza gravitacional fuese un poco más fuerte, las estrellas
habrían consumido rápidamente su energía nuclear interna, habrían
tenido una vida más corta, no habrían formado dentro de ellas los
elementos pesados, y la vida sería imposible.
¿Qué concluimos de estas constataciones? Que el universo
combinó refinadísimamente todos estos factores para que pudiese
surgir la vida y los seres inteligentes. En caso contrario, no
estaríamos aquí para hablar y escuchar de todo ello. Por más que
muchos científicos se consideren agnósticos y quieran evitar alguna
teoleología (algún fin, algún propósito), no pueden escapar de esta
lógica de las cosas. Parece como que el universo, instintivamente,
hubiera intuido que íbamos a surgir, y nos preparó las condiciones, y
nos regaló esta esplendorosa cuna que es la Tierra.
Incluso sin apelar demasiado pronto a Dios, ¿cómo no
maravillarse y llenarse de gratitud por este sutil camino ya
recorrido?
199 ¿Papá Noel o Niño Jesús?
2006-12-24

Como tengo barba larga y cabello blanco, muchos niños me ven


y me llaman Papá Noel. Yo les explico, sin convencerlos, que sólo soy
hermano de Papá Noel. Y que mi función es mirar por los niños,
observar si estudian bien, si tratan bien a sus compañeritos y si
escuchan los buenos consejos de sus padres. Les digo que, después,
se lo cuento todo a Papá Noel, y que él en Navidad va a traerles
lindos regalos. Uno de esos días, uno me siguió curioso y cuando me
vio entrar en el automóvil corrió hacia su padre y le dijo: «Papá,
Papá Noel no vino en trineo; vino en carro».
Este es un tipo de Navidad con su correspondiente imaginario.
Papá Noel es una figura del mercado. Es el viejito bueno que trata de
seducir a los niños para que sus padres les compren regalos. El
recuerdo de que él representa a san Nicolás, que también traía
regalos, desapareció, para dar paso a la figura infantilizada del
vejete bonachón que saca sorpresas del saco, que antes fueron
compradas y puestas allí dentro.
Como en todas las casas hay televisión ―puede faltar el pan
pero nunca la televisión―, los niños pobres ven a Papá Noel y
sueñan con el mundo encantado que él les muestra, lleno de regalos,
carritos, muñecas y juguetes electrónicos, a los que ellos difícilmente
tendrán acceso. Y sufren por eso, a pesar del brillo embelesado de
sus ojitos infantiles. El mercado es el nuevo dios que exige el
sometimiento de todos. Por eso los niños presionan a sus padres para
que Papá Noel pase por allá, por «casa». Entonces son los padres los
que sufren por no poder atender las demandas de sus hijos
seducidos por tantos objetos-fetiche mostrados por Papá Noel.
El mercado es una de las mayores creaciones sociales. Pero ha
habido y hay muchos tipos de mercado. El nuestro, de corte
capitalista, es terriblemente excluyente y, por eso, victimario de
personas y de empresas. Es sólo competitivo y nada solidario.
Solamente cuenta quien produce y consume. Quien es pobre debe
contentarse con migajas o malvivir en la marginalidad. En Navidad,
Papá Noel es una figura central del consumo para quien está dentro
del sistema y puede pagar.
La navidad del Niño Jesús es diferente. Él nació en una familia
pobre y honrada. En el momento de su nacimiento en una cueva,
entre animales, cantaron los ángeles en el cielo, los pastores se
quedaron inmóviles, por la emoción, y hasta unos sabios vinieron de
lejos para saludarle. Cuando fue mayor, se convirtió en un magnífico
contador de historias y predicador ambulante con un mensaje de
total inclusión de todos, comenzando por los pobres, a los que llamó
bienaventurados. Las personas que guardan su memoria sagrada,
escuchan en la Nochebuena la historia de cómo nació y celebran la
presencia humanitaria de Dios, que asumió la forma de un niño. Y lo
festejan cenando con la familia y los amigos. Aquí no hay mercado ni
excluidos, sino luz, alegría y confraternización. El intercambio de
regalos simboliza el mayor presente que Dios nos dio: Él mismo en
forma de niño. Él nos alimenta la esperanza de que podemos vivir sin
el Papá Noel que nos vende ilusiones.
Dom Pedro Casaldáliga ante un indito recién nacido escribió:
«No he visto la tal estrella, pero he visto a un Dios muy pobre. María
estaba despierta, despierta estaba la noche. Y estaba sobresaltado
para siempre el rey Herodes». El rey Herodes no es ya una persona,
sino un sistema que continúa devorando personas en el altar del
consumo solitario.
200 - La construcción de la paz
2006-12-29

Inauguramos el nuevo año en Brasil con la esperanza de un


recomienzo del Gobierno Lula, más experimentado ahora, y con
sentido de responsabilidad socio-ambiental en el proyecto
macroeconómico. Pero también bajo un escenario mundial, sombrío
de guerra y de amenazas contra el ambiente, debido al
calentamiento planetario. ¿Cómo construir la paz en un contexto tan
adverso? Seguramente necesitamos superar el viejo paradigma
todavía dominante, cuyas raíces se encuentran en la cultura
patriarcal. Su eje estructurador es la voluntad de poder-dominación.
Ese poder tiene como paradigma la conquista, bien representado
por Alejandro Magno. Se trata de un proyecto ambicioso y
prometeico de conquistar el mundo entero, someter a pueblos y
dominar la naturaleza. Este proyecto no reconoce límites: ha
penetrado en el corazón de la materia y ha invadido el espacio
sagrado de la vida. Y es radicalmente antropocéntrico. Sólo cuenta el
ser humano en guerra contra la naturaleza.
No es de admirar que, en su desenfreno conquistador, haya
provocado el principio de la autodestrucción: ha construido una
máquina de muerte, capaz de destruirse a sí mismo de muy
diferentes formas –ése es su carácter suicida- y de dañar gran parte
de la biosfera.
Ha sido la voluntad de poder-dominación lo que ha dado origen
al ejército, a la guerra, a la actual forma del Estado, a la modernidad
técnico-científica y a la mundialización. Sin frenos, ¿a dónde nos
llevará? Seguramente, no al reino de la libertad, de los derechos, de
la cooperación y del respeto. ¿Qué paz podemos esperar?
La paz sólo es posible como obra de la justicia. Ninguna
sociedad tendrá futuro si se asienta sobre una injusticia estructural e
histórica, como la nuestra. Lo básico de la idea de la justicia es esta
afirmación, «verdadera declaración de amor a la humanidad»: para
cada uno, según sus necesidades (físicas, psicológicas, culturales y
espirituales), y de cada uno, según sus capacidades (físicas,
intelectuales y morales). En ese sentido la justicia presupone la igual
dignidad de todos y la búsqueda del bien común definido por el papa
Juan XXIII en su encíclica Pacem in Terris (1963) como «el conjunto
de las condiciones de vida que permitan y favorezcan el desarrollo
integral de la persona humana».
Si no se da una reconstrucción de las relaciones, para que sean
más justas, igualitarias e incluyentes, nos veremos obligados a
convivir con los conflictos y las guerras. La paz exige reparaciones
históricas, y políticas compensatorias que los dominadores históricos
se niegan a introducir.
Esta paz tiene su fundamento en la naturaleza misma del ser
humano. Si por un lado se da en él la voluntad de poder, también le
habita la voluntad de convivir. Al lado del paradigma Alejandro
Magno, existe el paradigma Francisco de Asís y Gandhi, el del
ciudado y del espíritu de hermandad universal con todos los seres
del universo. El ser humano puede ser cooperativo con sus
semejantes haciéndolos aliados, amigos, hermanos y hermanas. Hay
culturas todavía hoy existentes para las cuales es posible un trato
humano y fraterno entre las personas y los ciudadanos. Las
tensiones y los conflictos naturales son resueltos por el diálogo, por
la negociación y por la capacidad de cada uno para asumir
compromisos que lo responsabilizan y comprometen con todos los
demás.
Dar primacía al paradigma del cuidado y mantener bajo severa
vigilancia el de la conquista hará posible la paz y la concordia entre
las personas y en la sociedad mundial.
201 - Los reyes magos, ayer y hoy
2007-01-05

En el Segundo Testamento hay dos versiones del nacimiento de


Jesús. Una, del evangelio de Lucas, culmina con la adoración de los
pastores. Otra, del evangelio de Mateo, se concentra en la adoración
de los tres reyes magos. La lección es: judíos y paganos, cada uno a
su modo, encuentran a Jesús.
Las Escrituras judeocristianas dejan claro que Dios no se reveló
sólo a los judíos. Antes de que surgiera el pueblo de Israel con
Abraham, se reveló a Henoc, a Noé, a Melquisedec, después a
Balaán, y al rey Ciro. Los reyes magos pertenecen a este grupo.
¿Quiénes eran?
Eran astrólogos venidos probablemente de Babilonia. En aquel
tiempo, astronomía y astrología caminaban juntas. Cierto día estos
sabios descubrieron una extraña conjunción de Júpiter con Saturno,
que los aproximaba de tal forma que parecían una única gran
estrella, sobre la constelación de Piscis. Desde el tiempo de Kepler
(+1630) los cálculos astronómicos han mostrado que, efectivamente,
en el año 6 antes de Cristo (fecha del nacimiento de Cristo según el
calendario corregido) tuvo lugar tal conjunción. Para los sabios de la
época, este hecho tuvo una gran significación. Júpiter, en la lectura
astronómica de aquel tiempo, era el símbolo del Señor del mundo.
Saturno era la estrella del pueblo judío. Y la constelación de Piscis
era el símbolo del final de los tiempos. Los sabios babilónicos lo
interpretaron así: en el pueblo judío (Saturno) nacerá el Señor del
mundo (Júpiter) inaugurando el final de los tiempos (Piscis). Por eso
se pusieron en camino para rendirle homenaje. Siempre hubo en la
historia de los pueblos personas simples o sabios que se pusieron en
camino a la búsqueda de salvación, o sea, de una totalidad
integradora. Dios salió a su encuentro en sus modos de ser y de
pensar.
Pero, ¿por qué se pusieron en camino para buscar a Jesús?
Porque, según la comprensión de los cristianos, Jesús es un principio
de orden y de creación de una gran síntesis humana, divina y
cósmica. Cuando dan el título de “Cristo” a Jesús, quieren expresar
esta convicción. Esta síntesis se encuentra también en otras
religiones bajo otros nombres: Sabiduría, Logos, Iluminación, Buda,
Tao… Éstos son los “ungidos y consagrados” (significado de la
palabra “Cristo”) para ser un centro de atracción y unificador de
todo lo que hay en el cielo y en la tierra. Cambian los nombres, pero
el sentido es siempre el mismo.
Nuestra realidad, por su parte, es contradictoria. Contiene
elementos simbólicos y elementos diabólicos, verdad y falsedad,
bondad y maldad. ¿Cómo podemos distinguir un aspecto del otro?
¿Cómo crear un orden superior que sobrepase estas
contradicciones? Necesitamos un Centro ordenador y animador de
una síntesis personal, social y también cósmica.
Los evangelistas usaron el fenómeno astronómico para presentar
a Jesús como aquel Señor del Universo que viene bajo la forma de un
niño para unificar todo. Esa Energía es divina, pero no exclusiva. Se
expresa bajo muchas formas históricas. En Jesús, el Cristo, adquirió
una concretización que movilizó a otras culturas con sus sabios
venidos de Oriente.
Todos los caminos llevan a Dios y Dios visita los suyos en sus
propias historias. Todos están en busca de aquella Energía que se
esconde en el significado de la palabra Cristo. Ese encuentro con la
Estrella produce hoy, como produjo ayer, alegría y sentimiento de
integración. Habrá siempre una estrella en el camino de quien
busca. Por eso, lo importante es buscar con la mente siempre
despierta a los símbolos, como los reyes magos.
202 - ¿Maldición sobre nuestra generación?
2007-01-12

Hay una contradicción que afecta a todos los países del mundo y
que, si persiste, puede llevarnos a un desastre civilizatorio
generalizado. La contradicción reside en esto: todos los países
necesitan crecer anualmente. El crecimiento es fundamentalmente
económico y se expresa en el Producto Interno Bruto (PIB). Este
crecimiento se cobra una alta tasa de iniquidad social (desempleo y
contención de los salarios) y una perversa devastación ambiental
(agotamiento de los ecosistemas).
Hace bastante tiempo que se rompió el equilibrio entre
crecimiento y conservación del ambiente, a favor del crecimiento. El
consumo ya supera en un 25% la capacidad de recuperación del
planeta. Según el PNUD, si quisiésemos universalizar el bienestar de
los países industrializados necesitaríamos disponer de otros tres
planetas como la Tierra, lo que es absurdo. Sabemos hoy que la
Tierra es un sistema vivo autorregulador en el cual, lo físico, lo
químico, lo biológico y lo humano se entrelazan (teoría de Gaia).
Pero ella está fallando en su autorregulación. De ahí los cambios
climáticos y el calentamiento mundial, que nos atestiguan que
estamos ya profundamente dentro de la crisis.
La Tierra podrá buscar un equilibrio nuevo subiendo su
temperatura entre 1’4 y 5’8 grados Celsius. Comenzaría entonces la
era de las grandes devastaciones, con la subida del nivel de los
océanos, que podría afectar a más de la mitad de la humanidad, que
vive en sus costas, y millares de organismos vivos no tendrían tiempo
suficiente para adaptarse y morirían. Gran parte de la propia
humanidad, hasta un 80% de la misma según algunos, no podría
sobrevivir.
Con acierto afirmaba Washington Novaes, uno de los periodistas
que en Brasil mejor da seguimiento a las cuestiones ecológicas:
«ahora no se trata ya de cuidar del medio ambiente, sino de no
sobrepasar los límites que podrán poner en riesgo la vida». Muchos
científicos sostienen que nos acercamos ya al punto de no retorno.
Podemos disminuir la velocidad del proceso, pero no detenerla. Esta
cuestión debería preocupar a los gobiernos, en especial al brasileño,
que propone el crecimiento como meta central. En su discurso, el
Presidente Lula no dijo siquiera una palabra sobre la cuestión
ambiental. Si no toma en cuenta todos estos datos, las tasas
alcanzadas podrán perderse totalmente en dos o tres generaciones.
Nuestros hijos y nietos maldecirán nuestra generación, que sabía de
las amenazas y nada o poco hizo para escapar de la tragedia
anunciada.
El error de todos fue seguir al pie de la letra el consejo de Lord
Keynes para salir de la gran depresión de los años treinta: «Durante
por lo menos cien años debemos simular ante todos y ante cada uno
de nosotros, que lo bello es sucio y lo sucio es bello, porque lo sucio
es útil y lo bello no lo es. La avaricia, la usura, la desconfianza...
deben ser nuestros «dioses», porque son ellos quienes nos podrán
guiar para salir del túnel de la necesidad económica rumbo a la
claridad del día... Después vendrá el retorno a algunos de los
principios más seguros y ciertos de la religión y de la virtud
tradicional: que la avaricia es un vicio, que la exacción de la usura es
un crimen y que el amor al dinero es detestable» (Economic
Posibilities of our Grand-Children). Sólo que ese retorno no se está
dando, sino que más bien se está distanciando.
Porque escogemos medios malos para fines buenos, hemos
llegado a donde hemos llegado. O redefinimos unos fines más altos
que el simple producir y consumir, o deberemos aceptar un destino
trágico. Los remiendos no son remedios.
2003 - Parlamentarios desvergonzados
2007-01-19

Hay momentos en que la única reacción digna frente a las


barbaridades éticas es la indignación. Muchos estamos indignados
con la decisión de los líderes del Congreso tomada el día 14 de
diciembre, de reajustar prácticamente en 100% sus propios sueldos.
De 12.847,00 reales se elevaron a 24.500,00 reales que es el techo
de la función judicial. Debido al efecto cascada, en los estados y en
los municipios el gasto anual, robado de las arcas públicas, será de
1,66 mil millones de reales. Los nombres de los que se opusieron por
respeto a la ética merecen ser citados: del PSOL la senadora Heloisa
Helena (Senado), Chico Alencar (Cámara) y del PT Henrique
Fontana. Todos los demás o se callaron consintiendo o se
regocijaron. Hubo personas sin pudor como el diputado Inocêncio de
Oliveira (PFL-PE) que proclamó en pésimo latín "habemus aumento".
Ciro Nogueira (PP-PI) estuvo sencillamente desvergonzado: "voté a
favor, sí; no tengo ninguna vergüenza".
Lo que nos aterroriza no es sólo el hecho despreciable de votar
para sí mismos, sino es la realidad que este hecho señala: la total
falta de ética de los "representantes" del pueblo. Ya Aristóteles nos
había enseñado que tener vergüenza es uno de los indicadores más
inequívocos de que todavía no perdemos de todo el sentido ético; el
ruborizarse muestra que nos damos cuenta de los actos malos que
practicamos. Los congresistas ni tuvieron vergüenza ni se
ruborizaron frente a su deshonestidad. Dieron muestra de total falta
de ética.
Pero lo que es peor es que ellos confirman lo que la
historiografía política brasileña siempre está repitiendo, en especial
el nostálgico José Honório Rodrigues: ellos no aman el pueblo, tiene
vergüenza de las bases populares empobrecidas, pues las ven
conformadas por cholos, insignificantes, pueblerinos paupérrimos.
Sólo los ven en tiempos de elección para engañarlos y arrancarles el
voto invocando muchas y falsas promesas. Una vez instalados en el
Parlamento hacen sus maniobras de falsos amigos, de espaldas al
pueblo y en su contra. Decidieron el vergonzoso aumento
exactamente en el momento en que los movimientos sociales y los
sindicatos estaban discutiendo miserables tasas de aumentos
salariales.
¿Quién no se indigna y siente vergüenza de tener representantes
de esta ralea? No resisto la tentación de citar las palabras del
profeta Amós, el vaquero, que, valiente, entró corte adentro
denunciando las sinvergüencerías de los poderosos. Denunció en
nombre de Dios: "odio y desprecio vuestras fiestas y no me gustan
vuestras reuniones; vosotros transformáis el derecho en veneno y el
fruto de la justicia en ajenjo"(capítulo 2 y 6).
Senadores y diputados perdieron el sentido de la realidad. El
mundo virtual de Brasilia corrompió sus mentes, divorciadas de la
penosa lucha del pueblo por su supervivencia.
El Parlamento no es sólo instancia delegada del poder popular, ni
gerencia técnica de los asuntos relativos al bien común. Es, sobre
todo, instancia ética. Representa los valores de la ciudadanía, de la
transparencia en el cuidado de la cosa pública. Nosotros,
ciudadanos, tenemos el derecho de esperar que nuestros
representantes vivan esos valores y no los nieguen con sus prácticas
"sinvergüenzas". Gracias a Dios, que existen todavía parlamentarios
del más alto nivel ético que confieren dignidad a su función y que no
pierden la esperanza.
204 - Rumí, el místico del amor
2007-01-26

En este año 2007 se cumplen 800 años del nacimiento de Jalal


ud-Din Rumi (1207-1273), el mayor de los místicos islámicos, un
extraordinario poeta del amor. Nació en Afganistán, pasó por Irán y
vivió y murió en Konia, Turquía. Era un erudito profesor de teología,
celoso en sus ejercicios espirituales. Todo cambió en su vida cuando
se encontró con la figura misteriosa y fascinante del monje errante
Shams de Tabriz. Como se dice en la tradición sufí, fue «un
encuentro entre dos océanos». Ese maestro misterioso inició a Rumí
en la experiencia mística del amor. Su agradecimiento fue tan
grande que le dedicó todo un libro de 3.239 versos, el Divan de
Shams de Tabriz. «Divan» significa colección de poemas.
La efusión del amor en Rumí es tan avasalladora que lo abraza
todo: el universo, la naturaleza, las personas y sobre todo a Dios. En
el fondo se trata del único movimiento de amor, que no conoce
divisiones, sino que enlaza todas las cosas en una unidad última y
radical tan bien expresada en el poema Yo soy Tú: «Tú, que conoces
a Jalar ud-Din (nombre de Rumí), Tú , el Uno en todo, di quién soy.
Di: soy Tú». O aquel otro: «De mí no queda sino el nombre; todo el
resto es Él».
Esa experiencia de unión amorosa fue tan inspiradora que hizo
que Rumí produjese una obra de 40 mil versos. Famosos son el
Masnavi (poemas de cuño reflexivo-teológico), el Rubal-yat (canción
de amor a Dios) y el ya citado Divan de Tabriz.
Propio de la experiencia místico-amorosa es la embriaguez del
amor que hace del místico un «loco por Dios», como lo fue san
Francisco de Asís, Santa Teresa de Ávila, Santa Xênia de Rusia y
también Rumí. En un poema del Rubai’yat dice: «Hoy no estoy ebrio:
soy los millares de ebrios de la tierra. Estoy loco y amo a todos los
locos, hoy».
Como expresión de esta locura divina inventó la sama, la danza
extática. Consiste en danzar girando sobre sí mismo y alrededor de
un eje que representa al sol. Cada dzerviche –así se llaman los
danzantes- se siente como un planeta girando alrededor del sol que
es Dios.
Difícilmente en la historia de la mística universal encontramos
poemas de amor con la inmediatez, la sensibilidad y la pasión de los
poemas escritos por el musulmán Rumí. Es como una fuga de mil
motivos que va y viene sin cesar. En un poema del Rubai’yat canta:
«Tú, único sol, ¡ven! Sin Ti las flores se marchitan, ¡ven! Sin Ti el
mundo no es sino polvo y ceniza. Este banquete y esta alegría, sin Ti
quedan totalmente vacíos, ¡ven!
Uno de los más bellos poemas, por su densidad amorosa, me
parece que es éste, tomado del Rubai’yat: «Tu amor vino hasta mi
corazón, y se marchó feliz. Después volvió, se puso los vestidos del
amor, pero, una vez más, se fue. Tímidamente le supliqué que se
quedase conmigo al menos por unos días. Él se sentó junto a mí y ya
se olvidó de partir»...
La mística desafía la razón analítica. La sobrepasa, porque
expresa la dimensión del espíritu, aquel momento en el que el ser
humano se descubre a sí mismo como parte de un Todo, como
proyecto infinito y misterio abismal, inexpresable. Bien notaba el
filósofo y matemático Ludwig Wittgenstein en la proposición VI de su
Tractatus logico-pilosophicus: «lo inexpresable se muestra, es el
místico». Y termina en la proposición VII con esta frase lapidaria:
«Sobre lo que no podemos hablar, debemos callar». Es lo que hacen
los místicos. Guardan un noble silencio, o cantan, como hizo Rumi,
pero de un modo tal que la palabra nos conduce al silencio
reverente.
205 - Somos todos africanos
2007-02-02

Siempre que entran en crisis, las civilizaciones comienzan a


mirar hacia su pasado, buscando inspiración para el futuro. Hoy
estamos en el corazón de una fenomenal crisis planetaria que afecta
a todas las civilizaciones. La crisis puede significar un salto hacia un
estado superior de la hominización, o bien una tragedia
amenazadora para toda nuestra especie. En un momento tan radical,
es de mucho interés sondear nuestras raíces más antiguas y aquel
comienzo seminal en que dejamos de ser primates y pasamos a ser
humanos. Aquí debe haber lecciones que nos pueden ser muy útiles.
Hoy hay consenso entre los paleontólogos y antropólogos en que
la aventura de la hominización se inició en África, hace cerca de
siete millones de años. Se aceleró pasando por el Homo hábilis,
erectus, neandertalense, hasta llegar al homo sapiens, hace cerca de
cien mil años. De África, éste se propagó hacia Asia, hace sesenta
mil años, hacia Europa, hace cuarenta mil años, y para las Américas,
hace treinta mil años.
África no es sólo el lugar de los orígenes. Es el arquetipo
primordial, el conjunto de las marcas, impresas en el alma del ser
humano, presentes todavía hoy como informaciones indelebles a
semejanza de aquellas inscritas en nuestro código genético. Fue en
África donde el ser humano elaboró sus primeras sensaciones, donde
se articularon las crecientes conexiones neuronales
(cerebralización), brillaron los primeros pensamientos, se fortaleció
la juvenilización (proceso semejante al de un joven que muestra
plasticidad y capacidad de aprendizaje) y emergió la complejidad
social que permitió el surgimiento del lenguaje y de la cultura. Hay
un espíritu de África, presente en cada uno de los seres humanos.
Veo tres ejes principales del espíritu de África que pueden
significar una verdadera terapia para nuestra crisis mundial.
El primero es la Madre Tierra. Dispersándose por los vastos
espacios africanos, nuestros ancestros entraron en profunda
comunión con la Tierra, sintiendo la interconexión que todas las
cosas guardan entre sí. Siendo incluso víctimas de la explotación
colonialista, los actuales africanos no han perdido el sentido materno
de la Tierra, tan bien representado por la keniana Wangari, Mathai,
ganadora el premio Nóbel de la Paz por plantar millones de árboles y
devolver así vitalidad a la Tierra. Necesitamos reapropiarnos de este
espíritu de la Tierra para salvar a Gaia, Madre nuestra y única Casa
común.
El segundo eje es la matriz relacional (relational matrix al decir
de los antropólogos). Los africanos usan la palabra ubuntu, que
significa la fuerza que conecta a todos y forma la comunidad de los
humanos. Quiero decir, yo me hago humano a través del conjunto de
las conexiones con la vida, la naturaleza, los otros y lo Divino. Lo que
la física cuántica y la nueva cosmología enseñan acerca de la
interdependencia de todos con todos es una evidencia para el
espíritu africano. A esa comunidad pertenecen los muertos. Ellos no
van al cielo. Se quedan en medio del pueblo como consejeros y
guardianes de las tradiciones sagradas.
El tercer eje son los rituales. Experiencias importantes de la vida
personal, social y estacional son celebrados con ritos, danzas,
músicas y presentaciones de máscaras, portadoras de energía
cósmica. Es en los rituales donde las fuerzas negativas y positivas se
equilibran y se profundiza el sentido de la vida.
Si reincorporamos el espíritu de África, la crisis no necesitará
pasar a ser una tragedia.
2006 - Las izquierdas necesitan biología
2007-02-09

En general, son las izquierdas las que utilizan la categoría de


clase social para entender la sociedad, principalmente sus conflictos
y los mecanismos de explotación de unos sobre otros, a partir del
lugar que cada uno ocupa en el proceso de producción. Esta
categoría ha ayudado a mostrar la deshumanización que las
multitudes sufren, y las formas de afrontarla, para que no se
perpetúe, y para que se pueda construir relaciones que permitan que
el ser humano trate humanamente a sus semejantes. Pero la clase,
por imprescindible que sea, es insuficiente para dar cuenta de la
complejidad de la sociedad. Es necesario insertarla dentro de una
realidad mayor, subyacente a todos los fenómenos sociales: su base
biológica. Sin la garantía de la base biofísica y ecológica de la vida,
los problemas quedan colgados en el vacío. Importa mucho entender
que la sociedad y el medio ambiente son interdependientes, partes
inseparables de un único proceso evolutivo y planetario. La actividad
biológica representa una propiedad de Gaia, que incluye a los seres
vivos, especialmente a los humanos, y su infraestructura físico-
química-informacional, expresiones de un todo vivo y sistémico. De
ahí que el pacto social debe ser articulado con el pacto natural.
No se puede tampoco olvidar la segunda ley de la
termodinámica, la entropía, el desgaste lento e imparable del uso de
energía hasta su agotamiento total por la muerte térmica. Cuanto
más aceleramos el proceso productivo y cuanto más consumimos,
más energía gastamos, y así, hacemos aumentar la entropía. El ser
humano no puede detener la entropía, pero puede desacelerarla,
favoreciendo formaciones sociales con menos uso y menos
desperdicio de energía, prolongando así el tiempo de sobrevivencia
personal y colectiva.
De la conciencia de clase debemos pasar a la conciencia de
especie, de la clase social a la biología social. La conciencia de
especie es fundamental en la relación ser humano - naturaleza. De
nuestro comportamiento colectivo frente a las cuestiones ligadas a la
biología, como biodiversidad amenazada, la escasez de los recursos,
el creciente calentamiento planetario, atestiguado ahora por el IPCC,
el problema demográfico angustiante y las cuestiones de las armas
de destrucción masiva, depende la sobrevivencia de nuestra especie
homo. Esta cuestión sobrepasa la clase social, pues la amenaza
alcanza indistintamente a todos. Sin embargo, hay que reconocer
con los marxistas que la disminución de la desigualdad, y la justicia
social, son precondiciones para el equilibrio socio-ecológico que
retarda los efectos de la entropía.
Jean-Paul Sartre, en una entrevista concedida poco antes de
morir al periódico italiano La Reppublica del 14 de abril de 1980, tal
vez nos ayude a entender la cuestión. Habla del origen biológico
común y del fin de la especie humana. Dice: «No somos seres
humanos completos. Somos seres que se debaten para establecer
relaciones humanas y para llegar a una definición del ser humano.
Es una lucha larga, que consiste en tratar de vivir juntos
humanamente. Es pues, mediante esta búsqueda –que no tiene nada
que ver con el humanismo- como podemos considerar nuestro fin. En
otras palabras: nuestro fin es alcanzar un cuerpo constituido en el
cual cada uno se sienta ser humano y una colectividad que se sienta
también humana».
En un lenguaje de la cultura humanística, dice lo mismo que
hemos dicho más arriba en lenguaje biológico. Nos falta mucho
todavía para sentirnos parte de la naturaleza y tratarnos
humanamente los humanos. En caso contrario, correremos el riesgo
de conocer el camino ya recorrido por los dinosaurios.
207 - La mujer colibrí
2007-02-16

Es carnaval, tiempo de contar historias.


Casi todas las culturas creen en un cielo, pero no se llega allí de
cualquier manera. Hay siempre un proceso de purificación y una
travesía peligrosa. En varias tribus amazónicas se cree que los
muertos renacen como mariposas, unas más oscuras y pesadas, si
esas personas tienen más cosas que pagar; otras más claras y leves,
si están casi purificadas. Vuelan de flor en flor chupando el néctar a
fin de fortalecerse para la travesía.
En cierta ocasión, estando yo por aquellos parajes amazónicos,
un cacique me contó el siguiente mito, que es una historia verdadera
porque habla de una verdad real.
Una joven india, esbelta y hermosa, llamada Coaciaba, acababa
de perder a su marido, un valiente guerrero, muerto por la flecha
enemiga. Con su hijita Guanambi paseaba triste por la orilla del río,
observando las mariposas, sabiendo que en alguna de ellas estaba su
marido. Pero su saudade era tanta que acabó muriendo. Guanambi,
la hijita, quedó totalmente sola. Inconsolable, lloraba mucho,
especialmente a la hora en que su madre solía llevarla a pasear.
Todos los días visitaba el túmulo de su madre. Ya no quería vivir.
Pedía a los espíritus buenos que viniesen a buscarla y la llevasen a
donde estuviera su madre. De tanta tristeza, fue enflaqueciendo,
hasta que al final murió también. Los miembros de la tribu se
entristecieron mucho.
Como quería estar junto a su madre, los espíritus no dejaron que
se volviera mariposa; hicieron que se quedase dentro de una flor lila,
cerca del túmulo de su madre. La madre renació en una hermosa y
suave mariposa, y revoloteaba por allí de flor en flor, acumulando
néctar para la gran travesía rumbo al cielo.
Cierto día al atardecer, mariposeando de flor en flor, se acabó
posando sobre una linda flor lila. Al chupar el néctar oyó un gemido
triste. Su corazón se estremeció. Reconoció dentro de la flor la voz
de su hijita querida. ¿Cómo podía estar aprisionada allí dentro? Se
rehizo de la emoción y susurró: «Hijita querida, mamá está aquí
contigo. Tranquilízate, voy a liberarte para que volemos juntas al
cielo».
Pero ¿cómo abrir los pétalos si era una mariposa levísima? Se
recogió en una hoja y suplicó entre lágrimas: «Espíritus
bienhechores y queridos ancianos, os imploro, por amor a mi marido,
valiente guerrero que murió luchando por los parientes, y por
compasión para con mi hijita, transfórmenme en un pajarillo veloz
dotado de un pico puntiagudo para romper la flor lila y liberar a mi
querida hijita, Guanambi».
Tanta fue la compasión despertada que el Espíritu creador y los
ancianos atendieron sin tardanza su súplica. La transformaron en un
colibrí que inmediatamente se suspendió en vuelo sobre la flor lila.
Con voz llena de ternura susurró: «Hijita, soy yo, tu madre. No te
asustes. Fui transformada en un colibrí para liberarte».
Con el pico puntiagudo fue quitando con sumo cuidado pétalo
por pétalo hasta liberar el corazón de la flor. Allí estaba su hijita
sonriente, tendiendo los bracitos hacia su madre. Abrazadas y
levísimas, volaron alto, cada vez más alto, hasta llegar juntas al cielo.
Desde entonces, en la tribu, siempre que muere un niño
huérfano, cubren su cuerpecito con flores lila, como si estuviese
dentro de una gran flor, con la seguridad de que su madre, en forma
de colibrí, vendrá a liberarlo para llevarlo al cielo.
208 - El desafío amazónico
2007-02-23

El tema de la «Campaña de la Fraternidad» de la Iglesia


Católica de Brasil de esta cuaresma es sobre la Amazonia. Millones
de fieles, durante estas cuatro semanas, reflexionarán sobre su
importancia para nosotros y para el futuro de la Tierra.
La Amazonia cobija el mayor patrimonio hídrico y genético del
Planeta. De uno de nuestros mejores estudiosos, Eneas Salati,
sabemos: «En unas pocas hectáreas de la floresta amazónica se da
un número de especies de plantas y de insectos mayor que en toda la
flora y la fauna de Europa». Pero esta floresta lujuriante es
extremadamente frágil, pues se yergue sobre uno de los suelos más
pobres de la tierra. Si no controlamos la deforestación, en decenas
de años la Amazonia puede transformarse en una inmensa sabana.
La Amazonia no es tierra virgen e intocada. En miles de años,
decenas de pueblos indígenas que allí han vivido y viven, han
actuado como verdaderos ecologistas. Gran parte de toda la selva
amazónica ha sido manejada por los indios, promoviendo «islas de
recursos», creando condiciones favorables para el desarrollo de
especies vegetales útiles como el babaçu, la palma, el bambú, los
bosques de castaños y frutas de toda especie, plantados o cuidados
para ellos y para quienes por ventura pasaran por allí. Las famosas
«tierras negras de indios» hablan de ese manejo.
La idea de que el indio es genuinamente natural es una
ecologización errónea del mismo, fruto del imaginario urbano,
fatigado por a artificialización de la vida. El indio es un ser cultural.
Como atestigua el antropólogo Viveiros de Castro, «la Amazonia que
vemos hoy es la que ha resultado de siglos de intervención social, así
como las sociedades que viven en ella son el resultado de siglos de
convivencia con la Amazonia». Lo mismo dice E. E. Moraes en su
instructivo libro: «Cuando el Amazonas desembocaba en el Pacífico»
(Vozes, Petrópolis 2007): «Queda poca naturaleza intocada y no
alterada por los humanos en la Amazonia». Por 1.100 años, los tupí-
guaraníes dominaron un amplísimo territorio que iba desde los
contrafuertes andinos del río Amazonas a las cuentas del Paraguay y
del Paraná.
Indio y selva, por tanto, se condicionan mutuamente. Sus
relaciones no son naturales, sino culturales, en un complicado tejido
de reciprocidades. Los indios sienten y ven la naturaleza como parte
de su sociedad y de su cultura, como prolongación de su cuerpo
personal y social. Para ellos la naturaleza es un sujeto vivo, cargado
de intencionalidades. No es, como para nosotros los modernos, algo
simplemente objetual, mudo y sin espíritu. La naturaleza habla y el
indígena entiende su voz y su mensaje. Por eso, está siempre
auscultando la naturaleza y adecuándose a ella en un juego complejo
de inter-retro-relaciones. Encontraron un sutil equilibrio socio-
cósmico y una integración dinámica, aunque tuviesen también
guerras y verdaderos exterminios, como aquellos de los
sambaqueiros y de otras tribus.
Hay sin embargo sabias lecciones que necesitamos aprender de
ellos frente a las actuales amenazas ambientales. Es importante
entender la Tierra, no como algo inerte, con recursos ilimitados,
disponibles a nuestro antojo, sino como algo vivo, la Madre del indio
que ha de ser respetada en su integridad. Si un árbol es derribado,
se hace un rito de disculpa para restaurar la alianza de la amistad.
Necesitamos una relación sinfónica con la comunidad de la vida,
pues como se ha comprobado, Gaia ya ha sobrepasdo su límite de
sostenibilidad. Si dejamos que todo siga como va y no hacemos nada,
las amenazas se van a convertir en una realidad devastadora.
209 - Opción Tierra
2007-03-02

La marca registrada de la Iglesia de la liberación, y de su


correspondiente reflexión, consiste en la opción preferencial por los
pobres, contra la pobreza y en favor de la vida. En los últimos años
empezó a percibirse que la misma lógica que explota a las personas,
a otros países y a la naturaleza, explota también a la Tierra como un
todo, a causa del consumo y de la acumulación a nivel planetario. De
ahí la urgencia de incluir en la opción por los pobres al gran pobre
que es la Tierra. Hoy lo más importante no es la opción por el
desarrollo –ni aunque fuera sostenible-, ni por los ecosistemas en sí,
sino por la Tierra. Ella es la condición previa para cualquier otra
realidad. Hay que salvar la Tierra.
El informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el
Cambio Climático (IPCC) que involucró a 2500 científicos de 130
países, reveló dos datos aterradores. Primero, que el calentamiento
planetario es irreversible y que ya estamos dentro de él; la Tierra
está buscando un nuevo equilibrio. Segundo, que el calentamiento es
un fenómeno natural, pero que se aceleró enormemente después de
la revolución industrial debido a las actividades humanas, hasta el
punto de que la Tierra ya no consigue autorregularse.
Según James Lovelock, en La venganza de Gaia (2007),
anualmente se lanzan a la atmósfera cerca de 27 mil millones de
toneladas de dióxido de carbono, que, condensadas, equivaldrían a
una montaña de un kilómetro y medio de altura con una base de 19
kilómetros de extensión. Es la causa del efecto invernadero que,
según el Grupo, puede elevar todavía la temperatura planetaria en
este siglo entre 1,8 y 6,4 grados centígrados. Con las medidas que
tal vez se lleguen a tomar, es posible que el aumento se quede en 3
grados, pero no menos de eso. Las consecuencias serán
incontrolables: los océanos subirán de 18 a 59 cm., inundando
ciudades costeras, como Rio de Janeiro; habrá una devastación
fantástica de la biodiversidad y millones de personas correrán
peligro de desaparecer.
Jacques Chirac, presidente de Francia, a la vista de estos datos
ha dicho con acierto: «Ha llegado la hora de una revolución en el
verdadero sentido de la palabra: una revolución de las conciencias,
de la economía y de la acción política». Efectivamente, como no
podemos detener la marcha del calentamiento, podemos por lo
menos desacelerarlo mediante dos estrategias básicas: adaptarnos a
los cambios -quien no lo haga, correrá el peligro de morir-; disminuir
las consecuencias letales, permitiendo la supervivencia para Gaia,
para los organismos vivos, y, especialmente, para los humanos.
A las tres famosas erres (reducir, reutilizar y reciclar) hay que
añadir una cuarta: rearborizar todo el planeta, ya que son las plantas
quienes capturan el dióxido de carbono y reducen
considerablemente el calentamiento global.
Esta cuarta erre es fundamental para la conservación de la
Amazonia. Sus selvas húmedas son las grandes reguladoras del
clima terrestre. El desafío es cómo combinar el desarrollo con el
mantenimiento de la selva en pie. No podemos deforestar al nivel en
que lo estábamos haciendo. Pero no somos ni de lejos los campeones
de la deforestación, como recientemente ha revelado E.E. Moraes en
su libro Cuando el Amazonas desembocaba en el Pacífico (2007):
África mantiene sólo el 7,8% de su cobertura forestal, Asia, el 5,6%,
América Central el 9,7%, y Europa, que es la que más nos acusa,
apenas el 0,3%. Brasil aún conserva el 69,4% de sus selvas
primitivas y el 80% de la selva amazónica.
Esto no disculpa nuestros niveles de deforestación ni es motivo
de orgullo, es un desafío a nuestra responsabilidad mundial para el
bien del clima en todo el Planeta.
210 - El trasvase de la maldición
2007-03-09
São Franscisco es uno de los ríos mas grandes de Brasil. El
Gobierno quiere su trasvase, contra la voluntad del pueblo de la
cuenca, a pesar de la huelga de hambre hasta la muerte de un
obispo muy popular. Aquí están las razones en contra el trasvase.
El Gobierno brasileño, a través del Ministerio de Integración
Nacional, ha declarado que «va a salir del campo de la retórica» y va
a proceder ya a la licitación de las obras de trasvase del río San
Francisco, presupuestadas para esta etapa en 100 millones de reales
(48 millones de dólares estadounidenses). Eliminados los obstáculos
legales, disuadido el obispo que hizo huelga de hambre, Dom Luiz
Flávio Cappio, y con el discutible aval del Instituto Brasilero de
Agricultura y Medio Ambiente (IBAMA), el Gobierno pretende
realizar ahora el trasvase. El argumento de base es emocional: «no
se puede negar un jarro de agua a 12 millones de víctimas de la
sequía».
Exactamente con la intención de dar agua al triple de víctimas se
debe cuestionar este proyecto. Baso mis datos en un artículo
publicado el día 23 de febrero en O Estado de São Paulo del
respetable periodista Washington Novaes «Un nuevo desfile y la
misma fantasía», y en otras fuentes.
El apoyo principal al proyecto fue dado por el Consejo Nacional
de Recursos Hídricos, donde el gobierno federal, él solo, tiene la
mayoría de los votos. Por el contrario grandes especialistas en el
área como los profesores Aziz Ab’Saber y Aldo Rebouças de la
Universidad de São Paulo, Abner Curado de la Universidad Federal
de Rio Grande do Norte, João Suassuna de la Fundación Joaquim
Nabuco... demostraron que el problema del Semiárido es más de
gestión que de escasez.
La Agencia Nacional de Aguas (ANA) mostró que se puede
abastecer a los municipios sin tener que transvasar las aguas del río.
El IBAMA, que dio el aval, proporcionó, sin querer, argumentos
contra el proyecto. Reconoce que el 70% del agua sería para riego y
el 26% para el abastecimiento de ciudades; que la mayor parte del
agua transvasada iría a embalses donde se pierde hasta el 75% por
evaporación; que el 20% de los suelos que se pretende regar «tienen
limitaciones para el uso agrícola» y «el 62% de los suelos necesitan
control, por causa de su fuerte tendencia a la erosión».
El Tribunal de Cuentas de la Unión dice que el proyecto no
beneficiará al número de personas pretendido. Efectivamente, las
comparaciones entre los proyectos del Gobierno y de la ANA, hechas
por Roberto Malvezzi, buen conocedor de la cuenca del San
Francisco, demostró que el del Gobierno costaría 6.600 millones de
reales, atendería solamente a cuatro Estados (Pernambuco, Paraíba,
Río Grande del Norte y Ceará) y beneficiaría a 12 millones de
personas de 391 municipios, mientras que el proyecto de la ANA
costaría 3.300 millones, alcanzando a nueve estados (Bahía, Sergipe,
Piauí, Alagoas, Pernambuco, Rio Grande do Norte, Paraíba, Ceará y
Norte de Minas), beneficiando a 34 millones de personas de 1356
municipios. El propio Comité de Gestión de la Cuenca, que conoce
bien la situación del río, estuvo en contra del trasvase por 44 votos
contra 2; dice además que éste atendería a menos del 20% del
Semiárido y que el 44% de la población del medio rural continuaría
sin agua. Son razones de mucho peso.
Si el Gobierno quiere efectivamente llevar agua a los sedientos
del Nordeste debe reabrir la discusión pública, o si no, asumir el
proyecto de la ANA. De no ser así, podemos contar con una nueva
huelga de hambre del obispo. Entre el pueblo, que no quiere el
trasvase, y las presiones de autoridades civiles y eclesiásticas, él
permanecerá al lado del pueblo. E irá hasta el final. Entonces el
trasvase será el de la maldición, hecho a costa de la vida de un
obispo santo y evangélico. ¿Estará el Gobierno dispuesto a cargar
con esa mancha a lo largo de todo su futuro?
211. Nanotecnología: ¿el «pequeño
Hermano»?
2007-03-16

En los últimos años se está produciendo, de forma


extremadamente acelerada, no una nueva onda tecnológica, sino un
verdadero tsunami tecnológico. Es la nanotecnología. Se trata de
una tecnología que produce elementos y cosas no presentes en la
naturaleza a partir de lo más pequeño, como átomos y células
colocados en lugares deseados. Un nanómetro es la milmillonésima
parte de un metro. La Wikipedia en portugués de internet nos
informa: «para captar lo que esto significa, imagine una playa de
1000 km de largo y un grano de arena de 1mm; ese grano de arena
está en relación a esa playa como un nanómetro está al metro». Se
trata, pues, de una tecnología de lo micro, tan revolucionaria que, en
breve, podrá volver obsoletas a la mayoría de las tecnologías,
especialmente aquellas aplicadas a la agricultura, a la industria
farmacéutica, a la informática, a la microelectrónica y a los
ordenadores.
Ya existen actualmente cerca de 720 productos a nanoescala,
desde camisas y pantalones a prueba de arrugas y manchas (de
venta en algunos grandes centros comerciales), protectores solares y
alimentos, hasta nanotubos de carbono para sustituir al cobre, que
son diez veces más eficientes en la conducción de la electricidad.
En la nanotecnología convergen la física, la química y la
biología, produciendo organismos o partículas invisibles con una
altísima movilidad. Por obedecer a las leyes de la física cuántica son
imprevisibles. La nanobiotecnología sobre todo, comienza a conocer
avances insospechados. Se crean, por ejemplo, nanodispositivos que
circulan en la sangre y que pueden detectar enfermedades o hacer
reparaciones en órganos afectados. Todo el contenido de la
Biblioteca Nacional, con sus millones de libros, puede caber en un
nanoaparato del tamaño de un caramelo.
Hay grandes incertidumbres y peligros asociados a este tipo de
tecnología. Nanosensores que hoy controlan todo el proceso de la
llamada «agricultura inteligente» pueden ser usados para controlar
poblaciones y personas. Sería la entronización del «pequeño
Hermano» que realizaría las funciones del «gran Hermano» de G.
Orwell. Como son aparatos invisibles y microscópicos no hay cómo
defenderse de ellos. De ahí la urgencia de observar el principio de
precaución y exigir del poder público códigos reguladores.
Si para todos los problemas siempre hay una solución adecuada,
quién sabe si por el camino de la nanotecnología podremos
responder a las tres grandes cuestiones que nos preocupan: la
escasez de recursos naturales, los cambios climáticos y el
calentamiento planetario. Con la nanotecnología podría producirse
abundantísimos alimentos, y podría conseguirse la recuperación de
los suelos y de la naturaleza. Se podrían colocar nanopartículas en la
superficie de los océanos, o en la estratosfera, para enfriar la Tierra
y equilibrar los climas. En el mar entre Nueva Zelanda y la Antártida
se esparcieron partículas de hierro de 20 nanómetros con el fin de
producir plancton que, a su vez, secuestraría el dióxido de carbono,
reduciendo así la temperatura. El efecto fue tan sorprendente y
aterrador que uno de los científicos dijo: «si tuviese medio petrolero
de nanopartículas podría causar una nueva era glacial en el
planeta».
Estas reflexiones tienen un carácter meramente de introducción,
y fragmentario. Su objetivo es despertarnos ante los peligros y las
posibilidades que nos ofrece la nanotecnología y su probable
capacidad de respuesta al clamor ecológico
212. Espíritu, Materia y Vida:
eras de lo humano
2007-03-23
Las síntesis históricas a menudo son arbitrarias. La nuestra
también lo es. Pero responden a la exigencia que tenemos de marcos
orientadores que nos ayuden a entendernos a nosotros mismos y a
entender nuestra propia historia. Hagamos entonces una especie de
lectura de ciego captando solamente los puntos relevantes. Veo tres
grandes etapas, verdaderas eras, que marcan las relaciones del ser
humano con la naturaleza.
La primera es la era del espíritu. Es la era que plasmó las
culturas originarias y ancestrales. Los seres humanos se sentían
movidos por fuerzas que actuaban en el cosmos y en ellos mismos,
realidades numinosas y omnienglobantes que les proporcionaban
protección y seguridad. Era la experiencia chamánica del espíritu
que atravesaba todas las cosas, creaba una union mystique con todos
los seres y hacía que el ser humano se sintiera perteneciente a un
todo mayor. Grandes símbolos, ritos y mitos daban cuerpo a esa
experiencia fontal. Fue entonces cuando se proyectaron imágenes de
lo Divino. Esas imágenes, a la vez que seguían siendo imágenes, eran
también centros energéticos de la vida y de la naturaleza con los
cuales el ser humano debía confrontarse y escuchar sus llamadas.
No dejaban de estar presentes también todos los demás avatares de
la condición humana, pero era lo espiritual lo que daba sentido a
todas las demás instancias. Esta era marcó nuestro inconsciente
colectivo hasta los días actuales.
La segunda es la era de la materia. Los seres humanos
descubrieron la fuerza física de la materia y de la naturaleza.
Pasaron a no ver ya en ellas una imagen de lo Divino, sino un objeto
para su uso. La agricultura del neolítico hace diez mil años revela la
presencia de esta era. Los padres fundadores del método científico le
dieron un marco teórico, diciendo que la naturaleza no tiene
conciencia, por lo tanto podemos tratarla como queramos.
Profundizaron, hasta llegar al mundo atómico y al subatómico, poder
que el hombre puede utilizar para destruir y construir. Las fuerzas
espirituales y psíquicas de la era anterior fueron consideradas magia
y superstición, y como tales fueron combatidas. La concentración en
esta experiencia introdujo la profanidad. Dios es pensado sin el
mundo, lo cual hizo surgir un mundo sin Dios. Mediante las energías
arrancadas a la materia, se logró la dominación de la naturaleza y la
explotación ilimitada de sus riquezas. Ya hemos sobrepasado los
límites de tolerancia de la Tierra, y disponemos de medios para
destruirnos totalmente. Pero también ha surgido un nuevo sentido de
la responsabilidad y la exigencia de una ética del cuidado.
Estamos entrando ahora en la era de la vida. La vida une materia
y espíritu. Representa una posibilidad de la materia cuando se
distancia del equilibrio en un contexto de alta complejidad. Entonces
irrumpe la vida. Para hacer eclosión, la vida requiere una urdimbre
de interdependencias de lo físico con lo químico, de la biosfera con
la hidrosfera, con la atmósfera y con la geosfera. Todo está ligado a
la vida, sea como condición previa sea como ambiente. Por lo tanto,
ella ocupa el lugar central. En el conjunto de los seres, el ser
humano tiene la misión de ser el jardinero y el cuidador de la vida. A
él le corresponde proteger la vida de Gaia, conservar la
biodiversidad y garantizar el futuro para él mismo y para todos. Es el
desafío en el actual momento de calentamiento planetario.
La era de la vida está amenazada. Es urgente mantener las
condiciones de su continuidad y coevolución. La vida, y no el
crecimiento, debería ser el gran proyecto planetario y nacional. No
percibir este desplazamiento es autoengañarse. Oportunamente nos
convoca la sabiduría bíblica: «te propongo la vida o la muerte.
Escoge la vida, para que tú y tu descendencia puedan vivir» (Dt
30,19).
213 - Jon Sobrino: compañero de tribulación
2007-03-30

Jon, amigo y hermano: La «notificación» de la Congregación


para la Doctrina de la Fe (ex-Santo Oficio) condenando opiniones
tuyas sobre Cristo porque no se ajustarían a la fe cristiana, me llenó
de profunda tristeza. Vi funcionar contra ti el mismo método y la
misma forma de argumentación usados contra mí con referencia a la
doctrina sobre la Iglesia. El método es el del pastiche, que consiste
en pinzar partes de frases y combinarlas con otras, creando así un
sentido que ya no corresponde a lo que el autor ha escrito. O si no,
distorsionan los textos de forma que el autor no se siente
representado en ellos. Entiendo y apoyo tu decisión valiente: «no me
siento en absoluto representado en el juicio global de la notificación;
por eso no me parece honrado suscribirla. Además sería una falta de
respeto a los teólogos que han leído mi obra y no han encontrado en
ella errores doctrinales ni afirmaciones peligrosas».
De hecho, eminentes especialistas en el área analizaron, a
petición tuya, tus obras: Sesboué de Francia, González Faus de
España, Carlos Palacio de Brasil, entre otros. Todos fueron unánimes
en reafirmar su ortodoxia. ¿Por qué no han contado esas opiniones?
Esto nos hace sospechar que tu condenación ha sido solamente un
pretexto para golpear una vez más a la teología de la liberación,
comprometida con el pueblo crucificado, cosa que no agrada al
Vaticano.
Pero lo que más me duele es que te escogieran precisamente a ti
para este intento espureo. Tú eres un superviviente del martirio,
cuando en noviembre de 1989 en El Salvador toda tu comunidad de
seis jesuitas, junto con la empleada y su hija, fueron asesinados por
elementos de las fuerzas armadas.
Habías ido a Tailandia a sustituirme en un curso que yo no podía
atender, y así escapaste de ser también asesinado. Tu testimonio
«Los seis jesuitas mártires de El Salvador» es una de las más bellas
páginas de espiritualidad y de conmoción escritas en la Iglesia de
América Latina. Te escogieron a ti, a quien considero el más
profundo teólogo latinoamericano, el que mejor articula
espiritualidad y teología, inserción en el pueblo crucificado y
reflexión, el que (lo digo sinceramente) presenta en mayor grado las
virtudes insignes que caracterizan la santidad. Separaron tu obra de
tu vida doliente y amenazada, como si pudiesen separar el cuerpo
del alma. Sólo autoridades «carnales» que perdieron todo sentido del
Espíritu, como diría san Pablo, podrían perpetrar tamaña agresión.
Pero hay una razón más profunda. Tu teología incomoda a las
autoridades religiosas que se asentaron sobre el poder sagrado y se
han fosilizado en él. Tú siempre has insistido en que la Iglesia debe
decir la verdad sobre la realidad, que en nuestro Continente es
brutal para con los pobres porque los mata de hambre y de
exclusión. Por eso la Iglesia aquí tiene que ser liberadora. Articular
fe y justicia, teoría y praxis, y hacerse fundamentalmente Iglesia de
los pobres y de los pueblos crucificados.
Bien dijo Don Oscar Romero, también asesinado en El Salvador,
a quien tú tanto asesoraste: «Se mata a quien estorba». Tú
participas en cierta forma de este destino. Sé que seguirás
trabajando y escribiendo para que los crucificados puedan resucitar.
En el fondo sé que te alegras en el Espíritu de poder participar un
poco de la pasión del pueblo sufriente.
Compañeros de tribulación, entendemos que el servicio último
no es a la Iglesia, sino en la Iglesia a Dios, a las personas,
especialmente a los pobres, que un día juzgarán si nuestra teología
fue únicamente ortodoxa y no ortopráctica, que es la que realmente
sirve a la liberación.
214 - Pascua: las muchas travesías
2007-04-06

La Pascua es la fiesta central de judíos y cristianos. Para los


judíos, celebra -y celebrar es actualizar- el paso de la esclavitud en
Egipto a la tierra prometida, el paso a través del Mar Rojo, y el paso
de masa anónima a pueblo organizado. La figura de referencia es
Moisés, libertador y legislador, que nació cerca de 1250 años antes
de nuestra era. Él condujo la masa hacia la libertad y la hizo pueblo
de Dios.
Para los cristianos, la pascua es también paso. Tiene como figura
central a Jesús de Nazaret. Celebra el paso de su muerte a la vida,
de su pasión a la resurrección, del viejo Adán al nuevo Adán, de este
mundo cansado al mundo nuevo en Dios.
Como en todos los pasos hay ritos, los famosos ritos de paso tan
minuciosamente estudiados por los antropólogos. En todo paso
existe un antes y un después. Hay una ruptura. Los que realizan el
paso se transforman. El rito de paso del nacimiento, por ejemplo,
celebra la ruptura de la pertenencia al mundo natural, para pasar a
pertenecer al mundo cultural, representado por la imposición del
nombre. El bautismo celebra el paso del mundo cultural al mundo
sobrenatural, es decir, de hijo e hija de los padres a hijo e hija de
Dios. El matrimonio es otro importante rito de paso: de soltero o
soltera con las disponibilidades que caben a esta fase de la vida, a
casado y casada, con las responsabilidades que este estado
comporta. La muerte es otro gran rito de paso: se pasa del tiempo a
la eternidad, de la estrechez espaciotemporal a la total apertura de
lo infinito, de este mundo a Dios.
Si nos fijamos bien, toda la vida humana posee una estructura
pascual. Toda ella está hecha de crisis que significan pasos y
procesos de acrisolamiento y madurez. Tomando como referencia el
tiempo, se verifica un paso de la infancia a la juventud, de la
juventud a la edad adulta, de la edad adulta a la vejez (hoy se
preferimos decir tercera edad), de la vejez a la muerte, de la muerte
a la resurrección y de la resurrección a la zambullida inefable en el
reino de la Trinidad, según la creencia de los cristianos.
Son verdaderas travesías con los riesgos y peligros que este
fenómeno existencial implica. Hay travesías que nos llevan al
abismo; otras nos llevan a la culminación. La pascua trae además
una novedad, tan bien intuida por el filósofo Hegel, un viernes santo
en el Konvikt de Tübingen (un seminario protestante) donde
estudiaba. La pascua nos revela la dialéctica objetiva de lo real: la
tesis, la antítesis y la síntesis. Vivir es la tesi