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Rayo de Luz

15 de enero 2018

El tema del ayuno les encanta a los fariseos. Mientras los discípulos de Juan y los
fariseos practicaban el ayuno, Jesús y los suyos no lo hacían. Al ver que Jesús come
en la casa de uno de los pecadores públicos de la ciudad, le hacen la pregunta: ¿Por
qué tus discípulos no ayunan? Jesús responde utilizando una comparación: los
invitados a la boda no ayunan mientras el novio está con ellos. Emplea esta imagen del
novio y de las bodas para referirse a sí mismo. En su época era muy común usar esta
comparación del novio para referirse al Mesías y a los tiempos mesiánicos. Jesús es el
novio, es el Mesías esperado. Mientras dure su tiempo en la tierra no hay lugar para el
llanto, las lamentaciones y el ayuno. Es un tiempo de alegría, como ocurre en las
bodas.
Jesús añade dos comparaciones más para dejar clara su respuesta sobre el ayuno. Las
dos están tomadas de la vida cotidiana. No se toma un pedazo de tela nueva, sin lavar,
para remendar un vestido viejo. No se pone vino nuevo sin fermentar en odres viejos,
gastados. Los odres son unos recipientes de cuero, casi siempre de piel de chivo o de
oveja, en los que se guarda el vino que se elabora en las mismas casas. Con el uso y el
tiempo se van desgastando y pierden consistencia. Si alguien, por ignorancia o
imprudencia, echara vino nuevo en unos odres viejos dañaría tanto el odre como el
vino.
¿Qué nos está diciendo el Señor en este día? Que Jesús es lo “totalmente nuevo”, la
Buena y Nueva Noticia, el vino nuevo de la fiesta de la Alianza definitiva. El evangelio
de Jesús no es un añadido al tejido viejo de las tradiciones judías, respetables en
verdad, pero viejas y con fecha de caducidad. Jesús, su vida y su palabra, es el vestido
nuevo del todo, el novio prometido desde siempre y para siempre que ya llegó. Él es la
única Verdad, la única Vida y el único Camino.
No se puede tomar la novedad del Evangelio para pretender expresarlo y vivirlo a
través de instituciones antiguas como el ayuno. Las prácticas religiosas y piadosas
judías no son capaces de expresar la vida del Evangelio. Serán sustituidas por otras.
El Evangelio de Jesús no se puede “meter” en las antiguas observancias de la ley.
Guardar ayuno estando el novio presente sería echar a perder las observancias y el
Evangelio.
Muchos de los que oyeron el mensaje de Jesús prefirieron seguir con sus prácticas
religiosas, con la ley de Moisés, con sus costumbres y tradiciones. Una opción
respetable y digna. De nada se les puede culpar, porque no sabían lo que hacían. ¿Y
nosotros? Nosotros sí lo sabemos. ¿En verdad lo vivimos? ¿Qué hay dentro de
nosotros que todavía no está suficientemente evangelizado? ¿A qué cosas estamos
apegados que nos impiden seguir más de cerca a Jesús? Muchas veces, sin darnos
cuenta quizás, acomodamos el Evangelio a nuestra vida en vez de acomodar nuestra
vida al Evangelio. Vamos al Evangelio en busca de recetas para ciertos momentos – y
eso está bien -, pero olvidamos leer y meditar todo su contenido, en toda su extensión
y radicalidad, para conocer mejor la persona de Jesús, su vida, su mensaje, su misión, y
revestirnos totalmente de él.
Oración: Señor, te ruego que me des la gracia de convertirme de verdad, de dejar de
ser odre viejo y cambiar de vida, confiar en tu misericordia y caminar por siempre el
camino de Jesús. Que sea capaz de recibir, acoger tu gracia y saberla compartir con el
que la necesita. Amén.
Propósito del día: Permitir que Jesús renueve hoy mi corazón, reconociendo esos
aspectos de mi vida que agujeran mi alma y no permiten que su gracia se mantenga
fresca, buena y en abundancia.