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Ambiente de aprendizaje desde el paradigma Ignaciano

Por: Ricardo Adrián Trujillo-Docente Música

En esta corta reflexión, asocio algunos aspectos de la pedagogía Ignaciana que considero
primordiales vistos desde el concepto de ambiente de aprendizaje. Inicio tomando del texto la
siguiente pregunta: ¿Será posible la actividad del escolar, la concentración de sus esfuerzos y la
armonía o equilibrio de su ser, sin interés por la tarea escolar? Tal como lo afirma San Ignacio la
gran ley de la enseñanza es el interés. No solo por la tarea escolar, el interés en torno a una
propuesta de enseñanza-aprendizaje. Ese, que debe ser expuesto de primera mano por el
maestro al entrar en su aula o espacio educativo; a partir de la primera emoción que demuestre
este hacia los estudiantes, se logrará despertar o no, el interés y la motivación de estos hacia la
asignatura o lección que se quiera impartir.

Este es el primer paso para empezar la construcción de un ambiente de aprendizaje sano y


propicio en la escuela. Ahora bien, San Ignacio habla de la acción de la emulación y la cita con las
siguientes palabras: “para que más se ayuden los estudiantes sería bien poner algunos iguales, que
con santa emulación se inciten”. Este pensamiento de San Ignacio nos acerca a la pedagogía
colectiva, cooperativista y colaborativa con el objetivo de lograr las transformaciones tanto
espirituales como cognitivas en aquellos estudiantes que no poseen las mismas cualidades,
aptitudes y recursos que otros. La pedagogía Ignaciana reconoce la individualidad de cada ser y
plantea desde su filosofía, que el hombre no debe adaptarse a la Escuela, sino lo contrario, es el
educador y maestro el que debe adaptarse a la capacidad del individuo. Esta característica del
modelo Ignaciano tal como se propone en el texto, se puede asociar con el concepto de Educación
Flexible, que a su vez y a pesar de tener más de cuatro siglos sigue vigente como una propuesta
contra-hegemónica a pedagogías tradicionales donde el objeto vital es el conocimiento y no el
individuo. A partir de acá, el ambiente de aprendizaje se formula desde estas características de la
pedagogía jesuítica, es decir como lo mencionado anteriormente, colectiva, colaborativa, activa e
inclusiva, despertando el interés y amor de los estudiantes por el estudio.

En este mismo sentido, este ambiente de aprendizaje desde la mirada ignaciana no es exclusivo de
la escuela, por el contrario, el modelo Ignaciano plantea que la sociedad en cabeza de la familia
debe cumplir de igual forma el papel educativo y formativo del hombre. De igual forma, el
ambiente de aprendizaje ya no se remite solo a un espacio donde se realice una práctica
pedagógica o una instrucción. Es la sociedad con sus constantes cambios y aportes los que
contribuyen de igual o menor forma a la educación del hombre.

Como conclusión puedo decir que, lo que San Ignacio formuló hace más de cuatro siglos sigue
vigente hoy en nuestros días. De igual forma, se demuestra como otras pedagogías o modelos
educativos han tomado de la Ignacianidad elementos para sus prácticas; y, por último, como estos
elementos primordiales de la Pedagogía Ignaciana logran visualizar un ambiente de aprendizaje
donde el ser humano desde su espiritualidad necesita ser acompañado para potencializar sus
virtudes y cualidades al servicio de dios y de la sociedad.