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Resistencia y feminismos neoliberales: el GRL PWR es un código de descuento

Lic. Fiorella Guaglianone (UNR)

Somos el humano o el animal. El hombre o la mujer. Lo vivo o lo muerto.


Somos el colonizador o el colonizado. El organismo o la máquina. La norma
nos ha dividido. Cortado en dos. Y forzado después a elegir una de nuestras
partes. Lo que denominamos subjetividad no es sino la cicatriz que deja el
corte en la multiplicidad de lo que habríamos podido ser. Sobre esa cicatriz
se asienta la propiedad, se funda la familia y se lega la herencia.

Preciado, 2019.

Resistencia y emancipación constituyen hitos fronterizos del mapa de sentido de la


retórica crítica del anti-capitalismo que han sido puestos en cuestión por las lógicas de auto-
reflexividad y nomadismo, de apertura y multiformidad de las apuestas políticas, teóricas y
prácticas, de un(os) feminismo(s) que antagonizan con la utopía universalista del sujeto
revolucionario. Pensaremos con García Canclini ¿quiénes resistimos y a qué resistimos?
¿tiene sujeto la revolución? ¿serán publicistas lxs revolucionarixs (Canclini, 2010)?

Conceptualizaremos patriarcado más que como un resabio feudal o pre-capitalista


del modo de organización cultural de la diferencia biológica, por los efectos que Ulrick Beck
reconoce en los riesgos de la modernización:1 el patriarcalcapitalismo es también un big
business (Beck, 1999) autopoiético que cuando parece acercarse a los límites de su
autodestrucción, se eleva a un nuevo nivel de rentabilidad capitalista: un sistema
autorreferencial que aniquila cruelmente la mano de obra que debiera garantizar la
continuidad de la reproducción de la fuerza de trabajo y que, sin embargo, funciona
estropeándose (Hardt, 2005). La avanzada silenciosa, tumoral, de un poder
posdisciplinario, productor de placer=trabajo=ocio=capital (Preciado, 2010) nos vuelve a la
pregunta por la resistencia o el sujeto de la resistencia a las nuevas formas de subjetivación
neoliberal intensivas y extensas, indefinidas y eficaces. ¿Cómo se resiste a esta libertad
enajenada? ¿cómo nombrarla sin invocar el fantasma de la self-made-woman? Si el
neoliberalismo anticipa el fin del sujeto y el reino del proyecto (Han, 2014) ¿quién resiste?
¿organizar la resistencia o abandonar la categoría?

Bajo esta inquietud, teóricas y militantes feministas (Fraser, 2014, 2015, 2018;
Mohanty, 2004, 2008; Sandoval, 2004; Fraser, Arruza y Bhattacharya, 2019; Falquet, 2017)

1 a) “se sustrae por completo a la percepción humana inmediata”, b) “tiene consecuencias a corto y
largo plazo” c) “causa daños sistemáticos y a menudo irreversibles” d) “se basan en interpretaciones
causales, por lo que sólo se establecen en el saber científico o anticientífico de ellos (…) por lo que
están abiertos en una medida especial a los procesos sociales de definición (Beck, ver año).
han elaborado una serie de reflexiones que podrían resumirse en las siguientes preguntas:
¿puede el neoliberalismo, en su devenir, explotar por igual -sin jerarquías de género- a
racializadxs y precarizadxs? ¿cómo y qué feminismo puede montarse sobre las
desigualdades de clase y raza exigiendo independencia económica, libertad reproductiva y
empoderamiento para la Mujer? ¿cómo pueden combatir los feminismos la trama narrativa
que explica la realización, la felicidad y la superación como logros individuales? En ese
sentido nos parece necesario hacer una distinción: por Feminismo, con mayúscula,
queremos dar cuenta de la presencia hegemónica de las ideas liberales-pluralistas
feministas en el mercado global; de la emergencia de un feminismo para consumo cuya
imagen de futuro se asienta en la democracia formal de libre mercado/capitalista (Mohanty,
2004) y que tiene como Sujeto a la Mujer (heterosexual, con privilegios de clase y raza). En
oposición, entendemos por feminismos, un conjunto multiforme y dinámico de apuestas
cuestionando las normas patriarcales desde el reconocimiento de subjetividades múltiples,
cambiantes y/o abiertas. Hablamos de teorizaciones en torno al sujeto como identidad
abierta (Butler, 2007, 2015), devenir mujeres (Braidotti, 2005), sujeto excéntrico (de
Lauretis, 1993, 2000), sujetos postcoloniales (Spivak, 2003), etc.

No nos proponemos realizar una cronología de las tradiciones de discurso


feministas sino una genealogía crítica, en el sentido nietzscheano y foucaultiano del
término: seleccionar problemáticas, coyunturas específicas, núcleos de debates,
rastreando las huellas de la influencia de las relaciones de poder y de saber, entendiendo
que al problematizar las condiciones de producción de la subjetividad y exponer la voluntad
de poder inscrita en el Sujeto de la Modernidad, Foucault nos provee importantes
herramientas para la desnaturalización y/o deconstrucción del sujeto Mujer y para evitar la
colonización discursiva (Mohanty 2008, Alexander y Mohanty, 2004) o la violencia
epistémica (Spivak, 2009). Nuestro trabajo pretende inscribirse en esos esfuerzos reflexivos
sobre los principios mismos del Feminismo y los feminismos, en su vinculación con un
momento específico del desarrollo capitalista: el neoliberalismo. Entendido menos desde
sus dimensiones macrosociales y macroeconómicas y más desde los aspectos de la
autogestión, la autovigilancia y la autoempresarialidad (Foucault, 2001; Lazzarato, 2013;
Dardot y Laval, 2013) propios de los modelos de subjetivación y del modo de acumulación
neoliberales. Con Wendy Brown, analizaremos al neoliberalismo como “un orden normativo
de la razón que, a lo largo de tres décadas, se convirtió en una racionalidad rectora amplia
y profundamente diseminada” que “transforma cada dominio humano y cada empresa -junto
con los seres humanos mismos- de acuerdo con una imagen específica de lo económico”
(Brown, 2017: 18). Pensaremos, complementariamente, al capital como “una nueva
trascendencia, una nueva forma de subjetivización” (Han, 2014: 19).

Nos aproximaremos a este problema entrecruzando dos dimensiones de análisis: el


modo de acumulación que (re)produce un conjunto de saberes tecnologías y prácticas y los
modelos de subjetivación que (re)producen objetivos de intervención neoliberales. Con
objetivos de intervención en el modo de acumulación neoliberal nos referimos a áreas
sensibles y elementos centrales de la producción de valor en una economía financiarizada
ligados a mecanismos de extracción de valor, formas de explotación, que pesan
desigualmente sobre las feminizadas y que son, desde hace ya algunos años, denunciados
en las huelgas feministas internacionales: trabajos domésticos no-remunerados o mal
remunerados, precarios, reproductivos, comunitarios, etc. en los que los dispositivos
financieros funcionan como mecanismos de colonización de la reproducción de la vida
(Gago y Cavallero, 2019)

Es por eso que nos parece necesario hablar antes que, de crisis del capital, como
dijimos más arriba, de crisis de reproducción, como apuesta por la visibilización de la esfera
de la reproducción y como forma de volver a poner la vida en el centro de la teoría política,
para decir que, en estos mundos de muerte (Mbembe, 2011), un Feminismo hegemónico y
encantador, joven e individualista (Mc Robbie, 2009), neoliberal (Fraser, 2014, Fraser,
Arruza, Bhattacharya, 2019) y de mercado (Mohanty, 2008) puja por abandonar las
categorías de la vieja política y afianzarse en una deriva terapéutica e individualista que
pone a funcionar tecnologías de género (De Lauretis, 2000) del empowerment, la
psicologización y el activismo new age para las ¿nuevas? mujeres del ¿nuevo? mercado
global. Al ensamblarse con el ethos massmediático, hace accesible al gran público algunas
categorías de filo propias de la segunda y tercera ola: violencias de género, igualdad
salarial, autoconciencia feminista, libertad sexual y reproductiva. Las jóvenes -blancas o
exóticas, ricas o emprendedoras, liberadas y liberales- son llamadas a ser el nuevo sujeto
de un feminismo hipermediatizado y de consumo. Los organismos de crédito, las
instituciones estatales, las organizaciones no gubernamentales destinan fondos para la
participación y la capacitación de mujeres, tomadoras de decisiones y liderezas entusiastas,
intuitivas y resilientes que adelanten la llegada del nuevo tiempo y de la Mujer Nueva. El
Feminismo de mercado pareciera responder con merchandising al imperativo neoliberal de
la optimización personal (Han, 2014) y complacerse interrogándose por la relación entre
empoderamiento femenino y desarrollo económico; equidad de género y crecimiento
individual, paridad de género y productividad económica. Pinkwashing y homonacionalismo
(Puar, 2017).

Trazaremos algunas claves exploratorias entretejiendo dos dimensiones de análisis:


emocionalidad/racionalidad neoliberal y feminismo(s). Empezaremos por establecer un
diálogo entre dos nociones: sociedad de la indignación (Han, 2014) y política cultural de las
emociones (Ahmed, 2010) para retornar luego a la pregunta por la resistencia. Han sostiene
que la emoción, componente central de la psicopolítica neoliberal, anuda al sujeto al estar
sometido (Han, 2014: 117) y nos arroja a unas paradojas de difícil resolución: concentración
sin congregación, multitud sin interioridad, explotación sin dominación (Han, 2014). La
sociedad de la indignación es, para Han, la emergencia de un tiempo no-político, una
fenomenología del megusta que clausura la negatividad de lo otro y que atrofia el futuro
volviéndolo presente optimado: los estados afectivos imposibilitan la conformación de un
nosotrxs y la acción política en un sentido arendtiano. Es el fin del tiempo de la(s)
resistencia(s): cada unx, proyecto de sí mismx, se autoproduce ilimitadamente; lxs
fracasadxs del capitalismo neoliberales, seremos depresivxs antes que revolucionarixs
(Han, 2014).

Si, con Han, hemos pasado del capitalismo que analizaba Weber -un capitalismo
ascético de la acumulación- a un capitalismo de consumo que convierte las emociones en
medios de producción, Ahmed nos recuerda que las emociones implican siempre una
comunicación fallida, una economía afectiva productora de subjetividades dinámicas,
móviles, en las que se enmaraña pasado-presente-futuro. Al explorar la política cultural de
las emociones en los aspectos que la vinculan con la actualización capitalista de las
jerarquías de raza, clase y sexo, ladea la tensión subjetivismo-objetivismo y sugiere que el
sujeto es un punto nodal en la economía afectiva: la intensificación de la interioridad y la
exterioridad, necesaria para la conformación del nosotrxs, es producida en una economía
de las emociones que vincula sólo temporalmente un signo con un cuerpo. Es sobre el
binomio razón-emoción, socio de la falacia opositiva varón-mujer, que Han puede reeditar
la tesis del fin de la historia (Fukuyama, 1992), el crimen perfecto del asesinx de sí. Algo
huele a la frase atribuida tanto a Jameson como Žižek: es más fácil imaginar el fin del mundo
que el fin del capitalismo.

Entre el “No hay futuro” y el “No al Futuro”: futuridades feministas

El Proyecto Humano da esta gran cena con todos los científicos y sabios del
mundo. planteando teorías sobre el misterio definitivo. ¿Por qué las mujeres
son infértiles? ¿Por qué no podemos tener más hijos? Algunos dicen que
fueron experimentos genéticos. Rayos Gamma, contaminación, lo de
siempre, lo de siempre. Como fuera. En una esquina, un hombre inglés
estaba sentado. No había dicho una palabra. Sólo comía de su cena. Así
que decidieron preguntarle. Y le dijeron ¿qué opina usted sobre que no
podamos engendrar más niños? Y les mira, mordiendo una gran ala y dijo...
no tengo la más remota idea, dijo, pero esta cigüeña sabe bien, ¿verdad?
Estaba comiendo una maldita cigüeña.

Hijos de los hombres, 2006.

Suspirábamos por el futuro. ¿De dónde sacábamos aquel talento para la


insaciabilidad?

Margaret Atwood, 2017.

Si el poder consiste también en las selecciones y exclusiones implícitas en la


estructura del presente (prescriptivo y heteronormado) que niega u oculta otros contenidos
inscriptos en la actual conformación del mundo ¿qué podemos pensar ahora que el pueblo
se retiró de la representación (Steyerl, 2018)? El horizonte emancipatorio de las
revoluciones del siglo XX, pensando con Edelman, está preñado de Futuro: un futuro
reproductivista, heterosexual que invoca omnipresentemente al Niño como emblema del
valor incuestionable de la futuridad. Resistencias difusas y desorganizadas, incalculables,
no predatorias, feministas, anti-capitalistas, anti-racistas, comunitaristas, populares,
delinean formas de agenciamiento lúdico-crítico, se (des)agrupan en un proyecto imposible
que se desmarca de las determinantes estructurales de la política, se “opone a la lógica de
la oposición” (Edelman, 2001). Pensar un feminismo para el 99% sugiere más una pregunta
por la politización de la heterogeneidad que por la organización de la resistencia, supone
“abjurar de la fidelidad a un futurismo que siempre pagamos a nuestras expensas (aunque
como sujetos simbólicos destinados a figurar la ruina de lo Simbólico estemos sujetos a la
necesaria contradicción de intentar volver su inteligibilidad contra él mismo), podríamos de
forma figurada dar nuestro voto a ninguno de los anteriores, dando la primacía a un no
constante en respuesta a la ley de lo Simbólico, lo que evocaría el acto fundacional de esa
ley, su negación auto-constituyente” (Edelman, 2001: 22).

Hacer política no reproductivista implica identificar colectivamente aquellas


consignas que nos seducen y entrampan cuando “aparentando valorizar la libertad
individual, el liberalismo sexual deja sin respuesta las condiciones estructurales que
alimentan la homofobia y la transfobia, incluido el papel de la familia en la reproducción
social”. Negarse a jugar el juego del homonacionalismo y el pinkwashing requiere advertir
cómo las nuevas culturas heterosexuales presuponen la normalidad capitalista, con la
aparición de una clase media LGTBIQ feminista definida por sus modos de consumo y su
deseo de respetabilidad, basada en invocación de un signo de tolerancia occidental
ilustrada que legitima proyectos neocoloniales. A tono con las estrategias capitalistas de
pinkwashing, soslaya la violación sistemática de las feminizadas, el terrorismo sexual y el
disciplinamiento laboral de la fuerza de trabajo racializada y no-heterosexual.

Entre la utopía democratizadora de las nuevas tecnologías y el totalitarismo


psicopolítico sin fisuras del Big Brother, los feminismos populares apuestan a la expansión
no jerárquica de lo que cuenta como asuntos feministas, disputando saber y poder con
aquellos feminismos hegemónicos académicos –poscoloniales, posmodernos,
subalternistas- que encausan las energías contestatarias en dispositivos de sentido que
operan como mediadores entre el capital trasnacional y lxs ciudadanxs (Terranova como se
encuentra en Yúdice, 2001). Las alianzas móviles y espasmódicas de lxs trabajadorxs no
remuneradxs, feminizadas, migrantes, trans, se desmarcan de la obediencia masculinista y
de la ejecución vertical y acumulativa del poder estatal. Persisten y resisten como el otro
lado del espejo de la forma de ejercicio de poder del mercado neoliberal, funcionan
estropeándose.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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