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Comentario de 1 Crónicas 24

Hoy nos toca analizar el capítulo 24 del Primer Libro de Crónicas. En


comentarios anteriores, estuvimos viendo cómo David estaba
haciendo los preparativos para la edificación del templo. Analizamos
que lo que estaba llevando a cabo David era algo bien organizado. Él,
no solamente estaba reuniendo los materiales necesarios, sino que
expuso cómo debían realizarse las actividades. Ahora, cuando vemos
que él compró la propiedad donde debía ser edificado el templo y
organizó a los sacerdotes que debían servir allí, uno se pregunta,
¿qué fue en realidad lo que hizo Salomón? Es por eso que, aunque
hoy llamamos a aquel santuario el templo de Salomón, creemos que
Dios indicó con toda claridad que aquella obra era en realidad el
templo de David. Fue idea suya, fue su pensamiento, fue su obra; hizo
conseguir el material necesario, reunió a los trabajadores para
edificarlo; organizó el servicio de los sacerdotes que oficiarían en él, y
todo fue puesto en su lugar. Eso es lo que vemos aquí.

Primera lección: Todo aquello que organices, o realices no lo hagas


para ser visto o para tomar renombre, simplemente hazlo para agradar
a Dios y no a los hombres.

En este capítulo David organiza a los sacerdotes que oficiarían en el


templo
Los deberes de los sacerdotes eran básicamente 2: ejecutar los ritos
religiosos y comunicarse con Dios
Dios escogió a la familia de Aron para que fuesen los sacerdotes. El
mantenimiento de ellos dependía de los diezmos, ofrendas y primicias
que el pueblo llevase al santuario.

Irónicamente fueron los sacerdotes en los tiempos de Jesús quienes


maquinaron contra Él para matarle, aunque al final también algunos de
ellos lo aceptaron como su salvador.
El servicio del templo estaba altamente estructurado, pero esto no
obstaculizaba al Espíritu de Dios. Más bien, proporcionaba un contexto
ordenado para la adoración.
Segunda lección: Algunas veces sentimos que el planear y estructurar
no son actividades espirituales y que pueden obstaculizar la
espontaneidad en la adoración. No obstante, el orden y la estructura
pueden liberarnos para responder a Dios. El orden trae gloria a Dios
cuando experimentamos el gozo, la libertad y la calma que provienen
de haber preparado sabiamente con antelación todo lo necesario.

David organizó el servicio religioso por grupos. Y en total, había 24


grupos.

Leamos ahora el versículo 5:"Los repartieron, pues, por suerte a unos


y otros; porque tanto entre los hijos de Eleazar como entre los hijos de
Itamar hubo príncipes del santuario y príncipes de la casa de Dios".

Según el versículo 4, hubo 24 grupos. Un grupo vendría, realizaría su


trabajo bajo la dirección de uno de los descendientes de Aarón.
Después, vendría otro grupo para reemplazarles, bajo la dirección de
otro de los descendientes de Aarón. Esta operación de cambio de
turnos, debe haber sido una operación muy ordenada e interesante
para observar.

Las familias de los Levitas habían aumentado tanto en número que


habrá resultado imposible que todos ellos ejercieran su servicio al
mismo tiempo. Como vimos anteriormente, desde la época de Moisés
hasta los días de David, los Levitas habían crecido numéricamente de
aproximadamente ocho mil hasta llegar a un total de treinta y ocho mil.
Por este motivo, el rey David tuvo que dividirlos en grupos que
trabajaron en turnos. Vemos, pues, que habían sido organizados para
obrar de esa manera.

Recordemos que, según el versículo 4, como los varones


descendientes de Eleazar eran más numerosos que los de Itamar,
fueron repartidos los turnos de manera que quedaran dieciséis jefes
de los descendientes de Eleazar y ocho de los descendientes de
Itamar. Y según el versículo 6, los turnos se sacaron por suerte, dos
turnos para los descendientes de Eleazar y uno para los de Itamar.
Los versículos 7 al 18 nos detallan el orden de como quedaron los
turnos, después de sacar las suertes, desde el primero hasta el
vigésimo cuarto.

El versículo 19, concluye diciendo: "Éstos fueron distribuidos para su


ministerio, para que entraran en la casa del Señor, según les fue
ordenado por Aarón, su padre, de la manera que le había mandado el
Señor, el Dios de Israel".

En el resto de este capítulo, vemos la división de los hijos de Coat y, a


continuación, la de los hijos de Merari. David planeó las actividades de
tal forma que cada familia pudiera oficiar en el servicio religioso del
templo.

Tercera lección: El orden es la primera ley del cielo. Cuando todo está
debidamente ordenado, prácticamente no tendremos conflictos, y esto
nos ayuda también en la adoración a nuestro creador.

Feliz miércoles