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LA AUTORIDAD DE LOS PADRES EN LA ACTUALIDAD.

Te has preguntado ¿que tanta autoridad tenemos actualmente los padres sobre nuestros
hijos? El diccionario define autoridad como: derecho o poder de mandar, de hacerse
obedecer y autoritarismo es: sistema fundado en la sumisión incondicional a la autoridad.
Hay que educar con autoridad no con autoritarismo.
Nuestros padres y abuelos consideraron que educando con firmeza y siendo estrictos
ayudaban a sus hijos a ser buenas personas, pues para ellos una disciplina rígida era lo
mejor para lograr ese objetivo. Al final de los setentas, el niño adquirió valor en si mismo:
se consideró que se le debía tomar en cuenta como persona, que debía ser respetada su
individualidad, se rechazó el castigo físico como medio de disciplina y surgieron los
derechos de los niños, por consecuencia, se rechazó el autoritarismo y la imposición como
medios de disciplina hacia los hijos. Esto conllevó a que algunos padres, buscando lo mejor
para sus hijos, tuvieran una conducta permisiva como respuesta a los comportamientos de
sus hijos.
La necesidad de autoridad está más que comprobada, se reconoció que el aumento de la
delincuencia en EU se debió a falta de ejercicio de la autoridad por parte de los padres.
La pobre supervisión de los adultos, los modelos inadecuados de conducta moral, el
desvanecimiento del espíritu religioso de las vidas y la inestabilidad e inadecuada
formación de padres son algunos de los motivos de la decadencia de la actual generación de
padres e hijos.
Existe una gran presión social y familiar para educar a los hijos en un mundo de
consumismo, complacencias, mediocridades y flojera. Necesitamos padres valerosos que
confronten y desafíen a otras familias en la formación de sus hijos, que puedan enfrentarlos
sin temor y convencidos de que sus prácticas familiares son las mejores para formar hijos
íntegros, libres, felices y más comprensivos. Es importante el uso de la inteligencia
emocional que nos ayuda a reconocer las necesidades de los hijos, a evitar deseos de
crueldad, a controlar la impulsividad, a escuchar abiertamente sus puntos de vista antes de
juzgar, a rechazar ofertas no éticas, a empatizar, a luchar contra la injusticia y a tratarlos
con respeto y compasión.
La familia debe favorecer la creación de actos habituales que todos conozcan y cumplan,
como comer juntos en la mesa, poner los platos en el fregadero al terminar, visitar a los
abuelos los domingos, no ver televisión hasta terminar la tarea, poner la ropa sucia en el
cesto indicado, etc. Estas rutinas ayudan a la adquisición de hábitos y éstos facilitan la
realización de actividades cotidianas como estudiar, comer y dormir. Hay que recordar que
los niños aprenden mejor si nosotros como adultos damos el ejemplo. La consistencia,
promoverá la formación de un carácter firme, que se adquiere mediante el ejercicio
continuo y a través del tiempo.
Es importante que el niño conozca los límites a los que puede llegar porque eso le dará
seguridad. Los niños necesitan predecibilidad, es decir, conocer de antemano lo que les va a
pasar si cumplen o no con las reglas. Si los padres se van a los extremos, ya sea que se
muestren demasiado permisivos o, por el contrario, muy estrictos, sólo provocarán que el
niño se angustie tratando de adivinar cuáles serán las consecuencias de su conducta ya que
no sabe que se espera de él.
La función de un padre deber ser similar a la de un centinela que vigila y observa, desde
un punto, el campo de batalla. La investigación sugiere que el control familiar, el monitoreo
y la supervisión ayudan a prevenir adicciones en los hijos. Recordemos que la presión
social y, sobre todo, la influencia que ejercen los amigos puede determinar la elección de
participar en actos que la familia ha tratado que su hijo evite, brindándole su comprensión y
confianza.
No dejemos de amar a nuestros hijos, no dejemos de confiar en ellos, pero por ningún
motivo los dejemos sin supervisión y control. Dejemos que nuestros hijos vuelen solos,
pero siempre vigilándolos a distancia, como en centinela que ampara y cuida lo que es
suyo, aunque, a su vez, da libertad. El hijo necesita tener sus amistades y relaciones
sociales, no obstante, el padre debe conocer las respuestas de las siguientes preguntas:
• ¿En dónde está?
• ¿Con quien está?
• ¿Cómo está?
• ¿Cuándo regresará?
• ¿Cómo regresará?
Estas preguntas son fáciles de contestar cuando los hijos son pequeños, pero cuando
crecen se vuelven más difíciles, e incluso, en ese momento se convierten en cruciales. El
adolescente se cree adulto más pronto de lo real y exige ciertos derechos a sus padres,
creando conflictos y roces. En este momento es cuando los padres necesitan ser más
centinelas, porque en esta etapa, la adolescencia, es más factible que ocurra la adquisición
de adicciones y el desvío de los valores. El padre realiza una doble función: de amigo que
deposita su confianza y proporciona un apoyo incondicional en su toma de decisiones, pero
a la vez vigila y cuida como un centinela, manteniéndose informado acerca de lo más
apreciado, sus hijos.
Aprender a llegar a buenas negociaciones donde todos ganemos.
Los padres como líderes deben tener autoridad moral sobre los hijos, guiar, conducir y
ejercer la autoridad, velar por la protección, cuidado y dirección de todos los miembros, ser
ejemplo de todo lo que se promueve.
Educar con autoridad no con autoritarismo.