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El problema del Cambio Climático

En las últimas décadas el planeta está experimentando una serie de


cambios en su clima (temperatura, precipitaciones, vientos, etc). Muchos
han sido los debates al respecto y más concretamente sobre si existía o no
el llamado “cambio climático” y si el mismo se debía a causas
antropogénicas (provocado por el hombre). En la actualidad los científicos
agrupados en el IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático) de
Naciones Unidas no tienen dudas de que dicho cambio existe ni de que la
principal causa del mismo es la liberación masiva de CO2 y otros gases de
efecto invernadero por parte del ser humano en los últimos 100 años.

Básicamente el llamado “efecto invernadero” tiene un funcionamiento


sencillo. La Tierra cuenta con una atmósfera que la recubre y que le sirve
como filtro ante las radiaciones solares y también, gracias a la capa de
gases de efecto invernadero, para atrapar parte del calor del sol y de esta
forma mantenerse a una temperatura dada. Planetas como Marte que no
tienen atmósfera tienen una temperatura mucho más baja pues dejan
escapar el calor del Sol que les llega y otros con una gran cantidad tienen
una temperatura mucho más alta ya que no liberan parte del calor recibido.
En el caso de la Tierra esa capa no atrapa todas las radiaciones en forma de
rayos infrarrojos que salen rebotados, sino solamente una parte.

El problema surge cuando esa capa de la atmósfera a raíz de la emisión


masiva de gases como el CO2 crece haciéndose menos permeable a los
rayos infrarrojos y atrapando en su interior una mayor cantidad de calor.
Esto es, de forma esquemática, lo que se viene llamando como efecto
invernadero y punto clave que provoca el cambio climático.

La era industrial ha disparado la quema de combustibles fósiles como el


petróleo, el carbón y el gas natural. Éstos contienen una gran cantidad de
CO2 fósil que fue atrapado hace 160 millones de años cuando los árboles y
plantas que lo contenían en su estructura quedaron enterrados. El CO2 es
un gas que normalmente forma parte del ciclo de las plantas y los seres
vivos que lo absorben al respirar y lo fijan en su estructura. Cuando estos
seres mueren y se pudren, el CO2 vuelve de nuevo a la atmósfera y así una
y otra vez. Este ciclo guarda un equilibrio que ha permitido que al menos en
el último millón de años, la concentración de CO2 libre en la atmósfera no
haya superado nunca las 320 partes por millón (ppm). En los últimos 50
años esta concentración ha aumentado de forma rápida y preocupante
llegando en la actualidad a casi 390 ppm con una gran tendencia al alza.
Actualmente la temperatura ha aumentado ya, de media, casi un grado en
los últimos 100 años. No obstante los científicos predicen que, de seguir así
las cosas, el aumento podría llegar a ser de hasta 6 grados más en este
siglo. Un aumento semejante provocaría múltiples alteraciones en el clima
del planeta.

De esta forma, al haber una mayor temperatura en las aguas oceánicas su


evaporación también se incrementaría con lo que las tormentas y huracanes
serían más potentes y frecuentes ya que su virulencia depende en gran
medida de la cantidad de agua que contengan y esta a su vez de la
temperatura del agua y de su evaporación. Fenómenos como el Ike o el
Katrina que asolaron el Caribe en 2008 y 2005 respectivamente pueden
devenir algo demasiado frecuente.

Por otro lado ese incremento medio de la temperatura planetaria está


haciendo también que las masas de hielo existentes se fundan con más
rapidez. De esta forma, se está observando una desaparición progresiva de
los glaciares en todo el planeta siendo este efecto muy preocupante desde
el punto de vista humano ya que, por poner sólo un ejemplo, el 40% de la
población mundial se abastece del agua dulce que proviene de los glaciares
del Himalaya y si estos desaparecen o se reducen drásticamente se
generaría un problema de magnas proporciones en lugares como India o
China.

Otras masas de agua helada que están sufriendo los efectos del
calentamiento son los polos. El Polo Norte, entendido como la gran masa de
hielo que flota en el Océano Ártico, está disminuyendo rápidamente tanto
en extensión como en grosor. Este efecto, además de amenazar
gravemente la supervivencia de especies como el oso polar, implican que
gran parte de los rayos solares que actualmente son devueltos a la
atmósfera al actuar la capa blanca como un espejo, si el Polo Norte se
derrite, sean absorbidos por el mar. Como dato, diremos que el hielo refleja
el 90% de la radiación solar recibida mientras que el agua de mar sólo
refleja el 10% absorbiendo el resto. La desaparición de esta masa de agua
desequilibraría todo el sistema de corrientes que recorre el globo. En verano
de 2008, por primera vez en los últimos millones de años, se abrió un canal
entre el Océano Atlántico y el Pacífico a través del Polo Norte. Este verano
de 2009 ha tenido ya lugar la primera expedición comercial entre estos dos
océanos por el nuevo paso del norte. Esto no hará sino acelerar aun más las
cosas.

En cuanto a las masas de hielo que se encuentran sobre tierra firme, la


Antártida y Groenlandia principalmente, su derretimiento acelerado puede
tener consecuencias muy graves para las zonas de costa ya que solamente
el hielo de Groenlandia equivale a la subida de 6m del nivel del mar en todo
el planeta y por tanto a la inundación de gran parte de las ciudades costeras
existentes actualmente. Esto implicaría una migración masiva de cientos de
millones de personas con el consiguiente problema que supondría gestionar
esta gran cantidad de refugiados climáticos. Actualmente ya se están
empezando a dar señales de este derretimiento y, de hecho, Groenlandia ha
incrementado la cantidad de tierra que “emerge” del hielo en verano de
manera muy pronunciada.

Como hemos dicho la existencia de una mayor cantidad de agua en al


atmósfera está generalizando los fenómenos de lluvias torrenciales e
inundaciones en muchas partes del planeta. No obstante, estos cambios
están provocando que en otras regiones las sequías se radicalicen y
disminuya la cantidad de precipitaciones de forma drástica. El aumento de
la temperatura unido a la falta de agua provoca que todo el ambiente esté
más seco y sea más propenso a los incendios. Ejemplos como los de Grecia
o California serán cada vez más frecuentes. Es importante hacer en este
punto hincapié en al grave problema que esta situación, unida a la
deforestación provocada por el hombre, puede suponer en zonas como la
Selva Amazónica. De continuar ambos factores como hasta el momento
(sequías y explotación indiscriminada) se teme que antes de 2050 la
Amazonia pueda convertirse en una sabana con las graves consecuencias
que ello tendría para la biodiversidad del planeta.

Otro efecto poco conocido del cambio climático es que los hábitats de los
animales y las estaciones se modifican. Se dan casos de especies que tienen
a sus crías cuando las plantas de las que deberían alimentarse ya han dado
hace tiempo sus frutos debido al adelantamiento de la estación cálida. Esta
descoordinación estacional está teniendo consecuencias catastróficas para
muchas especies animales. La desaparición de los humedales como el Coto
Doñana, las Tablas de Daimiel o las Lagunas de Ruidera debido a la
sobreexplotación de acuíferos por parte del hombre, a la más escasa
pluviometría y a la prolongación de la estación cálida forma parte de uno de
los peligros más inminentes que, de no cambiar la situación,
presenciaremos en los próximos 10 a 20 años.

Pero los cambios en el clima no son perjudiciales para todas las especies
animales. Existen algunas que ven ampliado su campo de acción. Por
desgracia se trata de especies de mosquitos, escarabajos o garrapatas
portadores de enfermedades hasta latitudes donde no habían llegado nunca
y donde no tienen ni depredadores ni defensas. Así, especies típicas del
África Subsahariana son cada vez más frecuentes en el Sur de Europa
(mosquito tigre, mosca tse-tse, etc). Además uno de los efectos de la
subida de las temperaturas es que el número de heladas nocturnas en
invierno desciende drásticamente. El problema es que uno de los efectos
que estas heladas tenían era que mataban a gran parte de las larvas de
este tipo de especies con lo que su población quedaba controlada. Al
disminuir o desaparecer las heladas la población de estas especies al llegar
la primavera y el verano se ve multiplicada.

En el mar, si bien una subida de las temperaturas está arrasando los


arrecifes de coral, son en cambio un hábitat ideal para las medusas cuyas
plagas son cada vez más frecuentes en nuestras costas.

Este es sólo un breve resumen de los problemas que los científicos están
observando en el planeta debido al incremento de los gases de efecto
invernadero en la atmósfera. Desde hace ya varios años son cada vez más
las naciones del planeta que se están planteando soluciones para atajar o al
menos frenar este cambio climático. El llamado Protocolo de Kioto que
estableció a los países firmantes el compromiso de reducir sus emisiones de
CO2 tomando como referente las de 1990 fue un primer gran paso. Este
Protocolo finaliza su período de aplicación en 2012 y probablemente será
sustituido por los compromisos que se alcancen en Copenhague en
diciembre de 2009. Todo parece indicar que de forma generalizada se
tratará de reducir (siempre con respecto a 1990) las emisiones de gases de
efecto invernadero (principalmente CO2) al menos en un 20% para el año
2020.