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ANTECEDENTES GENERALES

A lo largo del proceso histórico, dos ideas fundamentales,


como base para las creaciones estético-literarias, se han
impuesto en la vida cultural de los pueblos. La primera fue
expuesta, a comienzos de la civilización occidental, por
Homero en estos términos: "Diéronse las deidades, que
decretaron la muerte de aquellos hombres para que sirviera a
los venideros de asunto para sus cantos". (Homero 1995: 190)
En contraposición a lo escrito por el griego, muchísimos
siglos después, Liev Tolstói escribió: "Todo acto humano se
halla inevitablemente sometido a determinadas condiciones
por cuanto lo rodea, incluso por el cuerpo mismo del hombre".
(Tolstói 1987: 1454)
Por último, César Vallejo, desarrollando la idea del
novelista ruso, agregó: "Todo acto o voz genial viene del
pueblo y va hacia él, de frente o transmitido..." (Vallejo 1995:
282)
Las obras respectivas de estos autores: ODISEA,
GUERRA Y PAZ y ESPAÑA, APARTE DE MI ESTE
CÁLIZ, entre otras, son consecuencia y símbolo de la
encarnizada lucha del hombre, sobre esta mezcla de paraíso y
de valle de lágrimas que es la vida, sobre la tierra. A la vez
son patrimonios que trascienden épocas y que la humanidad
nos ha legado para no olvidar el pasado, mitigar el presente y
continuar la brega por el futuro.
En medio de esta naturaleza divinizada y las deidades
humanizadas, dividido o integrado, está el hombre,
expresando, incluso con su muerte, vida. Así lo
comprendieron y comprenden los creadores que ven en el
diario vivir, la fuente primigenia y la razón última de toda
creación artístico-literaria. Vargas Llosa es uno de ellos
cuando escribe: "La raíz de todas las historias es la experiencia
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de quien las inventa, lo vivido es la fuente que irriga las
ficciones". (Vargas Llosa 1997: 21)
Lo escrito por el novelista se cumple, inclusive, en
aquellos escritores que por su estilo literario estarían,
aparentemente, alejados de la realidad. Estamos pensando, en
Latinoamérica, en Jorge Luis Borges y su "literatura
fantástica" y García Márquez en la línea del "realismo
mágico".
El autor del ALEPH es diáfano cuando declara: "La gente
suele suponer que la literatura fantástica es arbitraria. En vez,
no es arbitraria: quizás haya seis o siete historias fantásticas
esenciales que los hombres repiten, y yo sé que cada uno de
mis cuentos fantásticos corresponde a una experiencia
personal mía. A veces una experiencia muy íntima, que no he
querido declarar directamente y que ha tomado
espontáneamente la formula de una fábula fantástica".
(Campra 1987: 131)
Por su parte el autor de CIEN AÑOS DE SOLEDAD dice:
"Yo no podría escribir una historia que no sea basada
exclusivamente en experiencias personales". (Vargas Llosa
1971: 88)
Lo dicho por los tres autores citados, tiene su razón de ser
en la medida que: "...la literatura no es un pasatiempo ni una
evasión, sino una forma -quizá la más completa y profunda- de
examinar la condición humana". (Sábato 1997: 9)
Idea que tiene su complemento, en lo escrito por Alfonso
Reyes: "... la literatura, de un suceder imaginario, aunque
integrado -claro es- por los elementos de la realidad, único
material de que disponemos para nuestras creaciones". (Reyes
1974: 41)
La realidad y la experiencia que es descrita, recreada,
reinventada y hasta sublimada en diversas formas estético-
literarias tiene, de igual modo, otras formas de expresión, una
de las más conocidas es la política, no sólo la cotidiana y
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contingente, sino aquella que es analizada, ordenada,
sintetizada y, sobre todo, la actuada conscientemente.
En América Latina hay muchos ejemplos de cómo la
política ha sido, deliberadamente, la razón de excelentes obras
literarias (sólo tomaremos al género novelístico) en el siglo
XX. Concretamente en los autores vinculados al BOOM de la
novela latinoamericana, son célebres: SEÑOR PRESIDENTE
(el guatemalteco Estrada Cabrera) de Miguel Ángel Asturias,
YO EL SUPREMO (el general paraguayo de Francia) de
Augusto Roa Bastos, EL OTOÑO DEL PATRIARCA (el
general venezolano Juan Vicente Gómez) de Gabriel García
Márquez y LA FIESTA DEL CHIVO (el general dominicano
Rafael Leonidas Trujillo) de Mario Vargas Llosa.
La producción política-literaria de Vargas Llosa es
ilustrativa. No sólo sus trabajos de ensayo o periodísticos
están impregnadas de ideología y política que él trabaja
literariamente, el novelista también hace política y transmite
ideología a través de sus creaciones literarias, particularmente
en sus novelas. Vargas Llosa tiene dos formas de exteriorizar
estas expresiones humanas: directa e indirectamente.
La primera forma se expresa cuando el novelista toma,
deliberadamente, como tema de fondo para sus creaciones, un
hecho político y lo recrea literariamente; el resultado es, por
ejemplo, sus creaciones mayores: CONVERSACIÓN EN LA
CATEDRAL, LA GUERRA DEL FIN DEL MUNDO y LA
FIESTA DEL CHIVO, o las menores: HISTORIA DE
MAYTA, LITUMA EN LOS ANDES.
En CONVERSACIÓN EN LA CATEDRAL, Vargas
Llosa se propone friccionar la atmósfera político-social de la
sociedad peruana de los años 50, momento político marcado
por la acción de la dictadura encabezada por el general
Manuel Odría. En relación con esta experiencia literaria, el
escritor, dice: "No creo que mis novelas den una visión del ser
humano abstracta, metafísica, sino una visión histórica
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concreta. Acepto (además yo mismo me he encargado de
decirlo muchas veces) que una novela como Conversación en
la catedral aspira a expresar el fracaso, la frustración de una
sociedad que vive una experiencia política determinada".
(Cano 1972: 98)
En LA GUERRA DEL FIN DEL MUNDO evidencia los
extremos a los que pueden llegar los hombres cuando
predomina en su vida la fe sobre la razón, el tema central de la
novela es un hecho histórico-político-militar, la guerra de
Canudos, que ocurrió a fines del siglo XIX, en el nordeste
brasileño.
Vargas Llosa, generalizando esta experiencia a toda
América Latina, declara: "Para mí, quizá eso es lo que tiene
Canudos de ejemplar para un latinoamericano, porque eso, esa
ceguera recíproca, a partir de la visión fantástica de la
realidad, de la que participan tanto republicanos como Jungos,
es la misma ceguera para admitir la crítica que la realidad hace
a la visión teórica. Esa es la historia de América Latina. La
tragedia de América Latina es que, en distintos momentos de
nuestra historia, nosotros nos hemos visto divididos,
enfrentados en guerras civiles, en represiones, y a veces en
matanzas peores que la de Canudos, por cegueras recíprocas
parecidas. (...) Pero el fenómeno es general: es el fenómeno
del fanatismo, básicamente, de la intolerancia que pesa sobre
nuestra historia. En algunos casos, eran rebeldes mesiánicos;
en ocasiones eran rebeldes utópicos o socialistas; en otras eran
las luchas entre conservadores y liberales. Y si no era la mano
de Inglaterra, era la del imperialismo yanqui o la de los
masones o la mano del Diablo. Nuestra historia está plagada
de esa intolerancia, de esa incapacidad de aceptar
divergencias". (Setti 1989: 48)
En LA FIESTA DEL CHIVO continua con la tradición de
evidenciar a los dictadores latinoamericanas, inaugurada por
Asturias, seguida por Roa Bastos y García Márquez; describe
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con estilo magistral el mundo, poderes, conductas y actitudes
del anticomunista y pro-yanqui "Generalísimo" Rafael
Leonidas Trujillo, llamado el: "... Jefe Máximo, Benefactor y
Padre de la Patria Nueva, que desde hacía tres décadas
presidía los destinos de la República y las vidas y muertes de
los dominicanos". (Vargas Llosa 2000: 45)
Además destaca a dos figuras: en primer lugar, al senador
Henry (en español Enrique) Chirinos como prototipo de esos
políticos "inmundos y miserables" que tanto abundan en el
continente. En segundo lugar, el no menos "infeliz y perverso"
jefe del Servicio de Inteleigencia Militar, Johnny Abbes
García, personaje infaltable en la vida política Latinoamérica.
En el país de Vargas Llosa lo encarnarían Esparza Zañartu en
los tiempos de Odría, Agustín Mantilla en los de Alan García
y Vladimiro Montesinos en los de Fujimori.
La segunda forma, de la relación entre política y literatura,
la encontramos en Vargas Llosa en sus creaciones algo
extremas en el tiempo, género y temática. Recordemos el
enjuiciamiento que hace de los métodos de enseñanza
impartidos en la sociedad peruana, en ese microcosmos del
Colegio Militar Leoncio Prado, en la CIUDAD Y LOS
PERROS, o los enfrentamientos ideológicos del profesor
Brunelli, como representante de la aristocracia cultivada que
defiende el pasado cultural, concretizados en los blancos de
Lima, con el ingeniero Cánepa, quien como buen constructor
de mentalidad capitalista, sólo le interesa edificar en Lima
para acumular dinero, en el LOCO DE LOS BALCONES.
Hasta el momento hemos venido hablando de la literatura,
como una forma del arte, que tiene su fuente principal en lo
concreto; pero esto no sólo se limita a la experiencia
individual, por el contrario, como sostiene T. Adorno: "... las
obras de arte, incluso en las supuestamente individualistas, es
un Nosotros y no un Yo quien habla ...".(Zima 1973: 54)

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Vargas Llosa, coincidiendo con el filósofo de la Escuela
de Francfort, en torno al Yo y al Nosotros, desarrolla su idea
sosteniendo que la literatura nace y se nutre de experiencias
históricas, de hechos económico-sociales y acciones político-
culturales vividas por la colectividad. Pero eso no quiere decir
que se confundan Vargas Llosa, haciendo la diferencia entre
lo artístico-literario y lo histórico-sociológico, declara: "Es
evidente que la literatura aparte de ser una creación estética es
también un testimonio de tipo histórico y social. Ahora bien,
¿cuál es la naturaleza exacta de este testimonio?, ¿qué grado
de creatividad tiene ese testimonio? ¿de qué manera debemos
aceptarlo, interpretarlo, entenderlo? En realidad, se trata del
problema de las relaciones de la literatura con la historia, de
las relaciones de la literatura con la experiencia viva. (...) Creo
que el testimonio que da la literatura es un testimonio que
refleja la experiencia histórica y social, pero no a la manera de
un documento sociológico o de un documento histórico, sino
de una manera específica, diferente, única, y que esa
naturaleza del testimonio es quizá lo que explica la perennidad
de la literatura a lo largo de la historia". (Autores varios 1984:
65 y 66)
Por otra parte, para Vargas Llosa es lícito que el escritor
en función de su estética se aproveche de todo el material
posible, y a través de y con él pueda desarrollar y materializar
su obra. Para el escritor, en función de cumplir a cabalidad con
su vocación, la ética pierde su valor, el principio maquiavélico
de que "El fin justifica los medios" encuentra su plena
realización; pero a la vez no está de acuerdo con que la
política, por ejemplo, se aproveche de la literatura o del
escritor en función de sus fines.
En este plano él encuentra una lamentable contradicción,
hasta hoy no resuelta, entre la ética y la estética, Vargas Llosa
lo expresa así: "Desde un punto de vista ético seguramente el
escritor que quiere poner la literatura al servicio de la política
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es más digno de admiración que aquel egoísta que pone la
revolución al servicio de su vocación. Pero hay que tener en
cuenta que, cuando hace eso, no es porque se lo proponga;
Tolstoi no se propuso, al escribir GUERRA Y PAZ, servirse
de las guerras napoleónicas, servirse de las miserias y glorias
de su sociedad. No se lo propuso pero tampoco pudo evitar esa
especie de enorme canibalización de la realidad, que es
justamente el precio de la creación literaria. Un hombre elige
servir a la literatura por un motivo fundamentalmente egoísta,
aunque el producto de esa elección no sea egoísta, puesto que
la literatura cumple una función en la sociedad". (Cano 1972:
26)
Que toda obra literaria tiene una carga ideológica y un
interés político es para el novelista evidente y natural; pero
con lo que él no está de acuerdo, es que la política y la
ideología se introduzcan en la literatura exprofesamente;
cuando se hace de esa forma deviene, según Vargas Llosa, en
dirigismo y, casi siempre, en pérdida de calidad estética; esta
es la razón del porqué, el escritor hispano-peruano toma
partido por el "mensaje indirecto" que transmite en su
literatura el "despectivo" novelista francés Gustave Flaubert
en contra del "mensaje impuesto" que transmite en su
literatura el "democrático" dramaturgo alemán Bertold Brecht.
Leamos: "Lo paradójico es que los productos artísticos de
ambas actitudes contrarias son también contrarios en relación
a las teorías de sus autores. El democrático Brecht escribe una
obra que, en la práctica, parece suponer el infantilismo o la
ineptitud de su público: todo debe serle explicado y subrayado
para no dar la menor oportunidad al equívoco, a la
interpretación incorrecta. La literatura adopta la forma de una
clase en la que el autor, un riguroso dómine, explica a los
alumnos una lección en la que van incluidas ciertas historias y
sus enseñanzas, unas fábulas y las verdades excluyentes que
ilustran. El ´mensaje´ es impuesto al lector o espectador (a
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menudo con genio) al mismo tiempo que una historia y unos
personajes, sin dejarle escapatoria ni elección: la literatura
resulta así, como las dictaduras, algo que no deja otra
disyuntiva que el sometimiento o el rechazo totales".(Vargas
Llosa 1995: 226)
Mientras que "El despectivo Flaubert, en cambio, realizó
una obra que en la práctica supone (en la medida que las
exige) la adultez y la libertad del lector: si hay una verdad en
la obra literaria (porque es posible que haya varias y
contradictorias), se halla escondida, disuelta en el entramado
de elementos que constituye la ficción, y le corresponde al
lector descubrirla, sacar por su cuenta y riesgo las
conclusiones éticas, sociales y filosóficas de la historia que el
autor ha puesto ante sus ojos. El arte de Flaubert respeta por
sobre todas las cosas la iniciativa del lector. La técnica de la
objetividad está encaminada a atenuar al máximo la inevitable
`imposición´ que conlleva toda obra de arte. No digo, claro
está, que las novelas de Flaubert carezcan de ideología, que no
proponen una cierta visión de la sociedad y del hombre, sino
que, en su caso, estas ideas no son causa sino más bien efecto
de la obra de arte; ...". (Vargas Llosa 1995: 267)
Para Vargas Llosa la literatura y la política teniendo una
fuente común, son diferentes en cuanto al tratamiento de los
temas y a su objetivo planeado, de ahí que no se puede poner
en un mismo nivel estas dos vivencias humanas socio-
culturales. Leamos: "... la literatura es algo más permanente
que la actividad política, que un escritor no puede poner la
política y la literatura en un pie de igualdad, porque si lo hace
va a fracasar como escritor seguramente y tal vez como
político". Pero el sostener esto no quiere decir que el novelista
se aleje del compromiso político, todo lo contrario, él nos
aclara líneas después, diciendo: "Al mismo tiempo que digo
eso, yo soy una persona que está continuamente opinando
sobre política y escribiendo sobre política y enfrascado en
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polémicas políticas. Por otra parte, creo que un escritor no
debe rehuir al compromiso político, sobre todo en países como
los nuestros, donde hay problemas tan arduos, donde la
situación social y económica tiene muchas veces contornos
tan dramáticos". (Setti 1989: 135 y 136)
En el capítulo II, en base a una síntesis hecha por
Benedetti, hemos mencionado algunos conocidos artistas los
cuales, en la mayoría de sus creaciones, están marcados por
una profunda carga ideológico-política y no han perdido en
absoluto su calidad estética. Lo dicho tiene relación con la
manera en que la vocación artístico-individual se compagina
con el interés general, no sólo estético, sino también con el
histórico-social.
En el capítulo ya mencionado hemos desarrollado de igual
modo las ideas de Vargas Llosa con respecto a la vocación del
escritor. Él novelista, hasta mediados de la década de los 90,
sostiene dos ideas fundamentales: en principio, la "voluntad" y
la "persistencia" del individuo que hacía su genio, allí donde
había, posiblemente, sólo ingenio; idea que se concatena con
la "elección" o "decisión" de ser lo que la voluntad ha
trabajado. El novelista sostiene que estas ideas fueron
producto de la influencia del existencialismo, particularmente
del filósofo francés Jean-Paul Sartre, nosotros creemos que
esta influencia viene más bien del filósofo alemán Arthur
Schopenhauer.
La idea de la "voluntad" y la "elección", a partir de la
segunda mitad de la última década del siglo XX, cederá su
lugar a lo "misterioso", a lo "irracional", a lo "innato" que
vendrían a ser los primeros resortes con los que el escritor
encuentra para desarrollar su vocación. Vargas Llosa escribe:
"No creo que los seres humanos nazcan con un destino
programado desde su gestación, por obra del azar o de una
caprichosa divinidad que distribuiría aptitudes, ineptitudes,
apetitos y desganos entre las flamantes existencias. Pero,
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tampoco creo, ahora, lo que en algún momento de mi
juventud, bajo la influencia del voluntarismo de los
existencialistas franceses -Sartre sobre todo-, llegué a creer:
que la vocación era también una elección, un movimiento libre
de la voluntad individual que decidía el futuro de la persona.
Aunque creo que la vocación literaria no es algo fatídico,
inscrito en los genes de los futuros escritores, y pese a que
estoy convencido de que la disciplina y la perseverancia
pueden en algunos casos producir el genio, he llegado al
convencimiento de que la vocación literaria no se puede
explicar sólo como una libre elección. Ésta, para mí, es
indispensable, pero sólo en una segunda fase, a partir de una
primera disposición subjetiva, innata o forjada en la infancia o
primera juventud, a la que aquella elección racional viene a
fortalecer, pero no a fabricar de pies a cabeza". (Vargas Llosa
1997: 10)
Desde sus primeros tiempos de narrador, Vargas Llosa,
siguiendo a otros, particularmente a Gustave Flaubert y
William Faulkner, ha utilizado algunas figuras metafóricas
para describir la vocación del escritor, ligado a ciertas técnicas
literarias. La mayoría de éstas, aparte de la "disidencia", los
"demonios", el "elemento añadido" y el "buitre", fueron
sintetizadas en su libro CARTAS A UN JOVEN
NOVELISTA. Por las características de este trabajo nos
limitamos sólo a mencionarlas: "Parábola de la solitaria", "El
catobeplas", "El poder de persuasión", "Las mudas y el salto
cualitativo", "La caja china", "El dato escondido" y "Los vasos
comunicantes".
Otro hecho significativo en la relación entre política y
literatura en Vargas Llosa es cuando relaciona época histórica,
crisis social, escritores y género novelístico. Nietzsche en
referencia a estas dos actividades humanas, escribió: "Todas
las épocas grandes de la cultura son épocas de decadencia

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política: lo que es grande en el sentido de la cultura ha sido
apolítico, ...". (Nietzche 1998: 86)
El escritor peruano-español, siguiendo en alguna forma
esta idea del filósofo alemán, sostiene que las épocas de
profundas crisis político-sociales son las más propicias para
que aparezcan los grandes novelistas y sus creaciones, los que
tienen el mérito no sólo de expresar estos males, sino incluso
de avizorar muchas veces lo que vendrá (1). Él cree que eso
sucedió, por ejemplo, con la mayor parte de la producción
novelística de antes de las revoluciones de 1848 y de 1871 en
Francia, experiencia que se repitió en la sociedad rusa previa a
las revoluciones de 1905 y de 1917. Vargas Llosa declara: "Lo
que ocurre en ese momento inicial del género se repite de
alguna manera en todas las épocas históricas equivalentes, en
las cuales la idea aglutinante, la clave para explicar la vida y la
muerte, el mundo y el trasmundo, entra en crisis. Es por eso
que las épocas de decadencia histórica, digamos, son las que
han sido más estimulantes para la novela. Tolstoi y
Dostoievski también surgieron cuando una sociedad entera se
hundía en el caos y la confusión. Cuando la realidad parece
estar muriendo social e históricamente es cuando surge esa
necesidad de representaciones verbales de la realidad". (Cano
1972: 15)
Esta idea general, Vargas Llosa cree que se repite de igual
modo en Latinoamérica. Interpretando la aparición del BOOM
DE LA NOVELA en este continente, escribe: "A mí esto me
parece un síntoma, el anuncio de grandes transformaciones
históricas en América Latina. Los novelistas son como los
buitres: se alimentan de carroña; es un hecho que éste es el
alimento que más les conviene. Todas las grandes épocas de la
novela han precedido, muy de cerca, algún Apocalipsis
social". (Oviedo 1977: 69)
Vargas Llosa, como escritor, en lo fundamental ha
heredado lo bueno y lo malo que caracterizó a los escritores
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europeos del siglo XIX, llamado también el "siglo de la novela
moderna"; y esto demuestra entre otras cosas, euro centrismo
aparte, que la cultura no tiene y no debe tener fronteras. De
esta misma opinión es el estudioso alemán Wolfgang Luchting
cuando escribe: "Las teorías de Mario Vargas Llosa sobre el
narrador (que narra escribiendo, se entiende) son
decimonónicas en su esencia: él hace romántica la figura del
artista, del novelista. Pero lo hace de manera relativamente
moderna si bien no muy reciente. Sus teorías se inspiran en
Freud y Jung, por un lado, y en Sartre, por el otro. Así: el
novelista está determinado por su subconsciente y el de su
sociedad; se resiste a este estado de cosas al `realizarse´
actuando. Estas acciones, estos actos, requieren decisiones. La
decisión específica y primaria del narrador es la de escribir".
(Luchting 1977: 39)
Deseamos continuar desarrollando la relación entre
política y literatura; pero ahora tomando las principales ideas
de Vargas Llosa en torno al origen, estructura y futuro de la
novela moderna. Lo haremos en contraposición a las de los
dos teóricos más conocidos del género, el húngaro György
Lukács y el rumano Lucien Goldmann.

VARGAS LLOSA Y SU POLÉMICA


CON LUKÁCS Y GOLDMANN

En las primeras décadas del siglo XX aparece el más


conocido teórico de la novela moderna en Europa, nos
referimos al filósofo György Lukács, y posteriormente, en la
década de los 60, su continuador, Lucien Goldmann.
Por estos años se conocerán, también, los trabajos teóricos
de los que el profesor Raymond Williams denomina "el grupo
de Vitebsk", estamos hablando de los soviéticos P. N
Medvedev, V. N Volshinov y M. M Bajtin; de los tres destaca,
en los estudios específicos de la novela, Mijaíl Bajtin.
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Vargas Llosa en su polémica sobre el tema alude
directamente a Lukács y Goldmann, razón por la cual nos
limitaremos a desarrollar los principales puntos de vista en
torno al origen, contenido y futuro de la novela moderna de
los autores de SOCIOLOGÍA DE LA LITERATURA y
PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA NOVELA
respectivamente, y a la vez contraponerlos a los del autor de
GARCÍA MÁRQUEZ: HISTORIA DE UN DEICIDIO, y así
ver en qué puntos coinciden y en qué difieren.
György Lukács, siguiendo y desarrollando los estudios
estéticos de los teóricos alemanes, particularmente Goethe,
Schiller y Hegel, sostiene que la novela moderna, en el plano
histórico-social, está ligada al capitalismo como sistema
económico, a la burguesía como clase social y a la quiebra de
la cultura religiosa (la muerte de dios), en el nivel espiritual.
Siendo esto el marco general, en el plano específico de la
novela-novelista será Goethe quien más ha influenciado en
Lukács con esta idea rectora: "La novela es una epopeya
subjetiva en la cual el autor pide permiso para representar el
mundo a su manera. Falta por saber si efectivamente tiene una
manera de representárselo. El resto viene dado a partir de
aquí". (Zima 1973: 115)
Según el filósofo húngaro, la novela en particular y el arte
en general, no son meros reflejos de la sociedad en la cual se
desarrollan y recrean. Lukács vio este problema con mucha
claridad desde los inicios de sus estudios estéticos, de ahí que
en 1909 en DAS MODERNE DRAMA (El drama moderno)
criticando esta corriente mecanicista, escribió: "El defecto
mayor de la crítica sociológica del arte consiste en que busca y
analiza los contenidos de las creaciones artísticas, queriendo
establecer una relación directa entre ellas y determinadas
condiciones económicas. Pero lo verdaderamente social de la
literatura es la forma. Sólo la forma consigue que la vivencia
del artista con los otros, con el público, se convierta en
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comunicación, y gracias a esta comunicación establecida,
gracias a la posibilidad del efecto y la aparición verdadera del
efecto el arte llega a ser -en primer lugar- social". (Lukács
1973: 67)
Luego relacionando forma, vida y hecho social, escribe:
"Decíamos que la forma es una realidad anímica que participa
activamente en la vida del alma, y como tal no sólo
desempeña un papel como factor que actúa sobre la vida y
transforma las vivencias, sino también como factor
estructurado por la vida. Los esquemas de las condiciones del
destino corresponden a las formas de la literatura; pero el
marco de aquello que calificamos como destino, cómo lo
calificamos y con qué intensidad lo observamos, cómo lo
valoramos, todo esto ha de ser determinado por lo menos por
la vida. En épocas determinadas sólo son posibles
determinadas concepciones de la vida, y a pesar de que la
Sociología de la Literatura no se puede ocupar buscando la
causa que origina esta concepción de la vida, estas intuiciones
del mundo constatan en cambio el hecho de que determinadas
instituciones del mundo aportan unas formas determinadas, las
posibilitan, y del mismo modo excluyen otras a priori. Aquí
actuarían las conexiones internas. El factor determinante
externo de la Literatura es el efecto tanto más general, amplio
y profundo, cuanto más social es la causa". (Lukács 1973: 68
y 69)
Entre 1914 y 1915 Lukács desarrolla sus ideas en torno a
otro elemento fundamental del arte, el papel del artista en
torno a él, en DIE THEORIE DES ROMANS (La teoría de la
novela), sostiene: "El artista transplanta un trozo de la vida a
un ambiente destacado de la totalidad de la vida en el que
pone su acento; y tanto la selección como la delimitación
llevan en la obra misma el sello de su origen, siguiendo el
deseo y el conocimiento del sujeto; su naturaleza es lírica en
mayor o menor grado. La relatividad de independencia y
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unión de los seres vivos y de sus relaciones igualmente vivas -
establecidas orgánicamente sobre ellas-, puede ser elevada a
forma cuando una colocación consciente del sujeto creador de
la obra descubre un sentido inmanente y lúcido en la
existencia aislada de esta parte de la vida. La acción creadora
del sujeto, que da forma y límites, su soberanía en la creación
dominante del objeto, es la lírica de las formas épicas sin
totalidad. Esta lírica es la última unidad épica; no se trata de
ningún regalarse de un Yo solitario en la contemplación
inmaterial de su propio Yo, de ninguna disolución del objeto
en sensaciones y efectos, sino que lleva la existencia de toda la
estructura, nacida de la norma y creando formas". (Lukács
1973: 92)
Del arte y de la literatura en general, pasa al estudio de la
novela en particular; el filósofo, afirma: "La novela es la
forma de la virilidad madurada; su autor ha perdido la
luminosa fe juvenil de toda poesía, `de que el destino y el alma
sean nombres de un concepto´; y cuanto más dolorosa y
profunda está arraigada en él la necesidad de oponer a la vida
este credo esencialísimo de toda obra literaria como una
exigencia, tanto más dolorosa y profundamente ha de aprender
que sólo se trata de una exigencia y que no es una verdadera
realidad. Y este conocimiento, su ironía, se dirige tanto contra
sus héroes que parecen en la realización de esta fe, como
contra la propia sabiduría que fue obligada a reconocer la
inutilidad de esta lucha y la victoria definitiva de la realidad".
(Lukács 1973: 98)
Para Lukács, el dejar de ser joven y transformarse en
adulto, tiene sus consecuencias en este mundo de la creación
estética, en la medida que: "Los dioses guían a los héroes de
juventud en sus caminos. Al final de su itinerario les espera el
resplandor de la caída o la felicidad del éxito, o ambas cosas a
la vez. Pero nunca caminan solos, sino siempre guiados. Así se
explica la profunda seguridad de su paso; tanto si abandonados
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por todos, lloren amargamente en islas desiertas, tanto si en la
más profunda aberración de la ceguera tambaleen hasta el
pórtico del infierno, siempre los rodea la atmósfera de la
seguridad. Siempre les asiste el dios que designa los caminos
del héroe y que precede al héroe por los caminos". (Lukács
1973: 98)
Posteriormente, sostiene que: "Los dioses ahuyentados y
aquellos que aún no han alcanzado el poder se convierten en
demonios: su poder es efectivo y vivo, pero ya no -o aún no-
atraviesa el mundo: el mundo ha recibido una conexión de
sentidos o una unión causal, incomprensible para el poder de
vivos efectos del dios transformado en demonio, desde cuyo
punto de vista aparece como puro absurdo su actuación. Pero
el poder de su efectividad es inamovible, porque el ser del
nuevo dios se asienta en la muerte del antiguo. Por ese motivo,
uno de ellos -en la esfera del único ser esencial, del ser
metafísico- tiene la misma valencia de realidad que el otro".
(Lukács 1973: 99)
En otro párrafo, sintetizando, es concluyente en torno a
este género: "La novela es la epopeya del mundo dejado de la
mano de dios; la psicología del héroe novelístico es lo
demoníaco; la objetividad de la novela es el conocimiento
virilmente maduro de que el sentido no podrá penetrar nunca
en la realidad, pero que sin él ésta se desharía en la nada de la
inesencialidad: todo significa lo mismo. Designa los límites
productivos y trazados desde dentro de las posibilidades de la
estructuración de la novela y al mismo tiempo alude
inequívocamente al instante filosófico-histórico donde son
posibles las grandes novelas, donde se transforman en el
símbolo de lo esencial, en el símbolo de lo que debe decirse.
El carácter de la novela es la virilidad madura y la estructura
característica de su tema es su manera discreta, la profunda
separación entre interioridad y aventura (...) La novela es la
forma de la aventura correspondiente al valor propio de la
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interioridad. Su contenido es la historia del alma que sale para
conocer, que va en busca de las aventuras para ser examinado
por ellas, para hallar su propia esencialidad, acreditándose en
ellas". (Lukács 1973: 100)
En otro párrafo, en torno al mundo interior del personaje
novelístico, continúa: "La psicología del héroe novelístico es
el campo de eficacia de lo demoníaco: La vida biológica y
sociológica tiene una profunda inclinación a mantenerse en su
propia inmanencia: los hombres sólo quieren vivir y las
estructuras quieren permanecer intactas: La lejanía y la
ausencia del dios actuante daría el absolutismo a la desidia y a
la modestia de esta vida que se corrompe en silencio, si no
fuese por los hombres que capturados por el poder del
demonio llegan más allá de ellos mismos de manera
infundada, para anular todas las bases psicológicas y
sociológicas de su existencia". (Lukács 1973: 101)
Relacionando ironía, libertad, ausencia de dios, totalidad y
novela moderna, escribe: "Para la novela, la ironía es esta
libertad del autor frente a dios, la relatividad trascendental de
la objetividad estructuradora: La ironía que puede divisar en
una duplicidad intuitiva la acción de dios, del mundo dejado
de la mano de dios; que ve el perdido hogar utópico de la idea
convertida en ideal, y al mismo tiempo capta esto en su
condicionamiento subjetivo psicológico, en su única forma
existencial posible. La ironía que -aunque de manera
demoníaca- entiende al demonio contenido en el sujeto como
una esencialidad meta-subjetiva, y que debido a ello siempre
que habla de aventuras de almas extraviadas en una realidad
vacía y sin esencia, habla -presintiéndolo y sin expresarlo- de
dioses pasados y por venir (...) La ironía como supresión de la
subjetividad acabada es la libertad más alta que es posible en
un mundo sin dios. Debido a ello, no sólo es la única
condición apriorística posible de una objetividad creadora de
totalidad, sino que eleva también esta totalidad, la novela, a la
283
categoría de forma representativa de la era, apareciendo las
categorías estructuradoras de la novela de forma constitutiva
en la situación del mundo". (Lukács 1973: 102)
Años después en su trabajo SCHILLERS THEORIE DER
MODERNEN LITERATUR (La teoría de Schiller sobre la
literatura moderna) sostiene que: "El gran período de la teoría
burguesa de la literatura se cierra con el enorme resumen
histórico-universal de la Historia por la Literatura y el Arte en
la estética de Hegel". Y luego agrega: "En sus problemas
inmediatamente formales y de contenido, la incipiente
literatura burguesa comienza más bien de la herencia medieval
que no de la antigüedad. Es comprensible: Porque la moderna
clase burguesa se formó económicamente a partir de la
burguesía urbana de la edad media, para convertirse más tarde
en la fuerza que hundiría el sistema feudal. También allí donde
los primeros grandes representantes de la literatura burguesa
se hallan enzarzados en la más dura lucha ideológica contra el
declinante sistema feudal, donde a partir de esta lucha
desarrollan unas formas totalmente nuevas de la configuración
artística, esta nueva Literatura parte de manera natural de
aquellas formas y contenidos (Ariosto, Rabelais, Cervantes),
aunque a veces de forma satírico-irónico, destruyendo las
viejas ideologías y sus modos de configuración artística. La
moderna novela corta, la novela moderna, el drama moderno
del tipo Shakespeareano, la forma lírica moderna (rima, etc.)
conservan una inmensurable herencia del mundo formal
surgido de la edad media. Como es natural existe una serie de
formas de importancia (el drama clasicista, la renovación de la
Epopeya, sátira, poesía didáctica, oda, etc.), que se formaron
de una recepción más o menos directa de modelos antiguos. Y
es muy característico para los primeros periodos de la
moderna teoría burguesa de la Literatura, que en sus análisis
utiliza casi exclusivamente estas formas, despreciando a las
otras como una bárbara falta de forma. (...) Las nuevas formas
284
especialmente características de la literatura burguesa, y en
especial la novela, se desarrollan casi por completo al margen
de la teoría de la literatura, desatendidas por ella". (Lukács
1973: 155)
Terminamos con Lukács recogiendo su opinión
relacionada con el escritor moderno. De este personaje que "ha
hecho de su intimidad una industria", dice: "Pero debe tenerse
en cuenta que la exageración de la propiedad personal,
técnico-artística, y de la novedad individual y técnica de los
medios de expresión y de la elección del tema, presenta al
escritor con una necesidad interna. Debido a ello, la
personalidad propia, su particularidad individual, los rasgos
subjetivos del proceso de creación, sus conquistas y
dificultades subjetivas, la particularidad individual de finezas
estilísticas, reciben un peso que no poseen objetivamente, ni
desde el lado de la sociedad ni del de la evolución del arte; un
peso, que tampoco poseyeron los escritores de tiempos
artísticamente más felices". (Lukács 1973: 195)
Por su lado Lucien Goldmann en PARA UNA
SOCIOLOGÍA DE LA NOVELA, siguiendo las principales
ideas de Lukács, y compaginando novela y sociedad, sostiene:
"Siendo la novela la búsqueda degradada de valores auténticos
en un mundo inauténtico, ha de ser, necesariamente y a la vez,
una biografía y una crónica social". (Goldmann 1975: 20)
En otra página: "En nuestra opinión, la forma novelesca
es, en efecto, la transposición al plano literario de la vida
cotidiana en la sociedad individualista nacida de la producción
para el mercado. Existe una homología rigurosa entre la forma
literaria de la novela, (...) y la relación cotidiana de los
hombres con los bienes en general y, por extensión, de los
hombres entre sí, en una sociedad que produce para el
mercado". (Goldmann 1975: 24)
Más aún Goldmann, relacionando un estilo de novela con
la burguesía como clase social, escribe: "La novela de héroe
285
problemático se revela así, contrariamente a la opinión
tradicional, como una forma literaria vinculada sin duda a la
historia y al desarrollo de la burguesía, pero que no es la
expresión de la conciencia real o posible de esta clase".
(Goldmann 1975: 33)
Luego, insistiendo en su vinculación entre novela y clase
social, y más especificando con las clases medias, continúa:
"... es probable que el género novelesco no haya podido
aparecer y desarrollarse más que en la medida en que un
estado de descontento afectivo no conceptualizado y una
aspiración afectiva directamente orientada hacia valores
cualitativos se hayan desarrollado en el conjunto de la
sociedad o, quizá, únicamente entre las capas medias, en cuyo
interior se reclutan la gran mayoría de los novelistas".
(Goldmann 1975: 31)
Lucien Goldmann, emparentando en el plano psico-
sociológico, una vez más, novela con clase media termina
sosteniendo: "Estudio que sería tanto más importante cuanto
que, además de su objeto propio, podría significar una
aportación nada desdeñable al estudio de las estructuras
síquicas de ciertos grupos sociales y, especialmente, de las
capas medias de la sociedad". (Goldmann 1975: 36)
Vargas Llosa, así como en su trayectoria ideo-política es
un espíritu inseguro, emotivo y contradictorio, de igual modo
lo es en su valoración estético-literaria. Hasta fines de la
década de los 60, él coincidía con las ideas esenciales de
Lukács y Goldmann en torno al origen, desarrollo y posible
futuro de la novela moderna.
En 1970, haciendo la diferencia entre la novela de
caballería y la novela moderna, y a la vez comprobando la
crisis de esta última, dice: "Las novelas de caballería dan
soberbias representaciones de su tiempo. Abarcan la realidad
en su nivel mítico, en su nivel religioso, en su nivel histórico,
en su nivel social, en su nivel instintivo. Ha habido una
286
especie de decadencia de la novela en los últimos tiempos, una
especie de repliegue. La tentativas modernas de la novela
quieren dar una visión de un solo canal, de un solo nivel de
realidad. Yo estoy, al contrario, por la novela totalizadora, que
ambiciona abrazar una realidad en todas sus fases, en todas sus
manifestaciones". (Oviedo 1977: 67)
En este mismo año vinculando espacio-tiempo con el
nacimiento de la novela moderna, escribe: "La novela es el
más histórico de los géneros en el sentido de que, a diferencia
de la poesía o el teatro, cuyo origen se confunde con el origen
de todas las civilizaciones, ella tiene fecha y lugar de
nacimiento. Esta representación verbal desinteresada de la
realidad humana que expresa el mundo en la medida que lo
niega, que rehace deshaciendo, este deicidio sutil que
entendemos por novela y que es perpetrado por un hombre que
hace las veces de suplantador de Dios, nació en Occidente, en
la alta Edad Media, cuando moría la fe y la razón humana iba
a reemplazar a Dios como instrumento de comprensión de la
vida y como principio rector para el gobierno de la sociedad.
Occidente es la única civilización que ha matado a sus dioses
sin sustituirlos por otros, ha escrito Malraux: la aparición de la
novela, ese deicidio, y del novelista, ese suplantador de Dios,
es, en cierto sentido, el resultado de ese crimen ...". (Oviedo
1977: 70)
En 1971 Vargas Llosa publicó su tesis doctoral GARCÍA
MÁRQUEZ: HISTORIA DE UN DEICIDIO. Desde el título,
hace alusión a la muerte de Dios y luego destaca el papel del
novelista como el suplantador de la deidad. Además de estas
dos ideas principales Vargas Llosa centró su análisis, del
punto que nos incumbe, en el capítulo titulado EL
NOVELISTA Y SUS DEMONIOS, donde afirma: "Escribir
novelas es un acto de rebelión contra la realidad, contra Dios,
contra la creación de Dios que es la realidad. Es una tentativa
de corrección, cambio o abolición de la realidad real, de su
287
sustitución por la realidad ficticia que el novelista crea. Éste es
un disidente: crea vida ilusoria, crea mundos verbales porque
no acepta la vida y el mundo tal como son (o como cree que
son). La raíz de su vocación es un sentimiento de
insatisfacción contra la vida; cada novela es un deicidio
secreto, un asesinato simbólico de la realidad". (Vargas Llosa
1971: 85)
Relacionando los demonios con los temas, Vargas Llosa
sostiene: "El porqué escribe un novelista está visceralmente
mezclado con el sobre qué escribe: los demonios de su vida
son los temas de su obra. Los demonios: hechos, personas,
sueños, mitos, cuya presencia o cuya ausencia, cuya vida o
cuya muerte lo enemistaron con la realidad, se grabaron con
fuego en su memoria y atormentaron su espíritu, se
convirtieron en los materiales de su empresa de reedificación
de la realidad, y a la que tratará simultáneamente de recuperar
y exorcizar, con las palabras y la fantasía, en el ejercicio de
esa vocación que nació y se nutre de ellos, (...) El proceso de
la creación narrativa es la transformación del demonio en
tema, el proceso mediante el cual unos contenidos subjetivos
se convierten, gracias al lenguaje, en elementos objetivos, la
mudanza de una experiencia individual en experiencia
universal". (Vargas Llosa 1971: 87)
El novelista y el escritor en general, para Vargas Llosa, es
uno de los seres más libres que existen sobre la tierra, pero
ante sus demonios, devenidos en temas, es un auténtico
esclavo, que gracias al ejercicio de su vocación recupera su
plena libertad, leamos: "Si un novelista no elige sus temas,
sino, más bien, es elegido por éstos como novelista, la
conclusión es, en cierto modo, deprimente: el novelista no es
libre. Efectivamente, no lo es, pero en el mismo sentido que
ningún hombre es libre de elegir sus sueños o pesadillas. En el
dominio específico de sus fuentes, el suplantador de Dios es
un esclavo de determinadas experiencias negativas de la
288
realidad, de las que ha extraído la voluntad de escribir y de las
que esta voluntad se nutre incansablemente al traducirse en
una praxis. Pero en el ejercicio de su vocación, en la operación
concreta de convertir sus obsesiones en historias, el
suplantador de Dios recupera su libertad y puede ejercerla sin
límites. El esclavo es un ser absolutamente libre en el dominio
de la forma, y es precisamente en este dominio -el del lenguaje
y el orden de una ficción- en el que se decide su victoria o su
fracaso como suplantador de Dios". (Vargas Llosa 1971: 101)
Finalmente: "... el suplantador de Dios no sólo es un
asesino simbólico de la realidad, sino, además, su ladrón. Para
suprimirla, debe saquearla; decidido a acabar con ella, no tiene
más remedio que servirse de ella siempre. (...) Los demonios
que deciden y alimentan la vocación pueden ser experiencias
que afectaron específicamente a la persona del suplantador de
Dios, o patrimonio de su sociedad y de su tiempo, o
experiencias indirectas de la realidad real, reflejadas en la
mitología, en el arte o la literatura". (Vargas Llosa 1971: 102 y
103)
Con algunas divergencias menores, como podemos ver,
Vargas Llosa, en esencia coincide con Lukács y Goldmann,
sobre todo en torno al papel de la novela y del novelista en el
proceso de creación, recreación y transformación de la
"realidad real" hacia la "realidad ficticia".
Un año después Vargas Llosa regresa sobre el tema; pero
esta vez cuestionando algunas tesis de los estudiosos líneas
antes nombrados, en cuanto al origen, crisis o, eventualmente,
muerte de la novela moderna; leamos lo que declaró: "La
hipótesis que lanzó Lukács hace unos treinta años late en todas
estas predicciones sobre la muerte del género. Me refiero a la
hipótesis según la cual el destino de la novela está ligado al
destino de una clase social determinada: la burguesía. Que la
novela nació con la burguesía, que su apogeo coincidió con el
de la burguesía -el siglo XIX- y que, en consecuencia, su
289
desaparición está condicionada a la de la clase que la hizo
nacer y desarrollarse. Esta teoría que lanzó Lukács ha sido
propagada por Goldmann y en América Latina hay muchos
papagayos que la repiten. Me parece que es una teoría errónea.
Lukács no pudo probar la existencia de un vínculo
determinista y mecánico entre la novela y una determinada
clase social, y aún menos vincular el origen del género con el
de la burguesía. Lo máximo que se puede demostrar en este
terreno es que la novela surge en el momento en que la
civilización deja de tener un carácter predominante rural y
pasa a tener un carácter predominantemente urbano, en el
momento en que la ciudad comienza a predominar sobre el
campo. Pero más importante todavía que esta coincidencia me
parece el hecho de que la novela haya surgido en el momento
en que la cultura religiosa, en que la cultura teológica, entraba
en crisis". (Cano 1972: 13)
Párrafos después Vargas Llosa insistiendo en la quiebra de
la "cultura religiosa", continúa: "Cuando esta totalización se
rompe, cuando la clave para explicar la vida y la muerte, es
decir, la fe en Dios, es reemplazada por la razón, por la
inteligencia -momento en que el Renacimiento comienza a
tomar cuerpo en Europa- los problemas ya no están tan
cómodamente resueltos para la mente humana, hay algo que
falla, surgen las dudas. Es el final de la Edad Media: Dios es
reemplazado por la razón, y ésta no llega a colmar el vacío
dejado por aquél: el resultado de ese deicidio es la aparición
de la novela. Fielding, Cervantes, Martorell son de alguna
manera consecuencia de la Muerte de Dios. En el momento en
que el orden respaldado por la fe comienza a flaquear, en que
la realidad comienza a ser sentida como caos y la vida como
confusión, surge la necesidad de órdenes sustitutivos (...) Es
justamente cuando entra en acción la novela, como un nuevo
orden y un nuevo sentido de la vida". (Cano 1972: 14 y 15)

290
Por último esgrime otro argumento en contra de la teoría
de Lukács y Goldmann, en estos términos: "Podría aún añadir
que si esa tesis es falsa respecto al origen de la novela también
lo es -y quizá por los mismos motivos- respecto al ocaso.
Tenemos el caso flagrante de la Unión Soviética. Allí la
burguesía desapareció hace muchos años, lo suficiente como
para que, si esa tesis fuera válida, la novela como género
hubiese comenzado por lo menos a declinar, lo que está muy
lejos de suceder. No sólo esto no ha ocurrido sino que Rusia es
probablemente el único país del mundo donde se siguen
escribiendo las novelas más formalmente burguesas que se
escriben en la actualidad, incluso por muy buenos escritores".
(Cano 1972: 16)
Vamos por partes. En primer lugar, cuando Vargas Llosa
sostiene que "es el fin de la edad media", "cuando la ciudad
reemplaza al campo" y la "cultura religiosa" entra en crisis, y
que como consecuencia de ello ocurre la "muerte de Dios" y
por consiguiente aparece el "suplantador de Dios", utiliza los
mismos argumentos que sostienen, con otras palabras, Lukács
y Goldmann, sobre el contexto y el origen del género
novelístico, en especial de la novela moderna.
En segundo lugar, cuando Vargas Llosa habla de que en
"América Latina hay muchos papagayos que repiten" la tesis
de los estudiosos europeos en torno a la crisis o muerte de la
novela, como consecuencia de la crisis de la burguesía como
clase social, se refiere, deducimos, a Jorge Luis Borges, Alejo
Carpentier, Ernesto Sábato y Carlos Fuentes. Citemos a los
aquí nombrados. Borges, escribió: "Chesterton, apenas ayer,
escribía: `la novela bien puede morir con nosotros´. El instinto
de Flaubert presintió esa muerte, que ya está aconteciendo -¿
no es el ULISES, con sus planos y horarios y precisiones, la
espléndida agonía de un género?-, y en el quinto capítulo de la
obra condenó las novelas estadísticas o etnográficas de
Balzac y, por extensión, las de Zola". (Borges 1997: 179).
291
Para Carpentier: "Periódicamente se produce, en la historia
literaria del mundo, algo que -usándose una expresión de hoy-
suele calificarse de crisis de la novela, pero no sería propio
hablar de crisis de novela, sino de crisis de una determinada
novelística". (Carpentier 1981: 192)
Por su parte Sábato, sostiene: "Muchas de las bizantinas
discusiones sobre la crisis de la novela se deben a que se
plantea el problema de modo intrínsecamente literario. No
creo que se logre ninguna claridad ni se llegue a una
conclusión neta y valedera si no se plantea el fenómeno de la
novela como epifenómeno de un drama infinitamente más
vasto, exterior a la literatura misma: el drama de la
civilización que dio origen a esa curiosa actividad del espíritu
occidental que es la ficción novelesca. El nacimiento,
desarrollo y crisis de esa civilización es también el desarrollo
y crisis de la novela". (Sábato 1997: 21)
Carlos Fuentes escribe: "Cabría preguntarse, en primer
lugar, si se puede identificar totalmente el género novelesco
con la burguesía (por más que el apogeo de la forma narrativa
moderna coincida con el de esa clase social). Longo y
Apuleyo, Las mil y una noches, Boccacio, Firenzuola, la
narrativa china e hindú, la novela de caballería demuestra que
existe una amplitud mayor. Lo que ha muerto no es la novela,
sino precisamente la forma burguesa de la novela y su término
de referencia, el realismo, que supone un estilo descriptivo y
psicológico de observar a individuos en relaciones personales
y sociales. Pero si el realismo burgués ha muerto, secuestrado
por los espectáculos de masas, la psicología y la sociología,
¿quiere ello decir que la realidad novelesca ha muerto con él?
Inmersos en esta crisis, pero indicando ya el camino para salir
de ella, varios grandes novelistas han mostrado que la muerte
del realismo burgués sólo anuncia el advenimiento de una
realidad literaria mucho más poderosa". (Fuentes 1969: 17)

292
Por último, un nuevo "papagayo que repite" a Lukács y
Goldmann, sería el peruano Miguel Gutiérrez, quién además
de considerar a Lukács y Bajtin, si bien con argumentos
distintos los dos mayores teóricos del género, va mucho más
allá al exponer dos hipótesis dignas de ser tomadas en cuenta.
Para comenzar, en torno al llamado "realismo socialista"
en el arte, Gutiérrez afirma: "A lo largo de numerosos años he
pensado mucho en este problema (...), llegué a la conclusión
de que el problema esencial del realismo socialista es que no
era realismo sino idealismo, en la medida en que presenta a los
sujetos, los acontecimientos y las cosas no como son sino
como debieran ser. Se trata, pues, de una estética del deber ser
y supeditada a criterios morales y de utilidad revolucionaria de
la obra artística". (Gutiérrez 1996: 14)
Y en cuanto a la novela y el socialismo, de igual modo: "
... la novela, por naturaleza, resulta incompatible con el
socialismo. Señalaré dos de estas razones de incompatibilidad
por considerarlas esenciales. Más allá de los modelos seguidos
en la construcción de las sociedades socialistas, por principio
al socialismo le resulta ajena a su sistema de valores una
forma literaria fundada en la exploración de los modos de
existencia individuales dentro de un mundo social que impide
o se opone al desarrollo de las potencialidades humanas. En el
socialismo (por lo menos en teoría) prima la colectividad, lo
comunal, lo solidario, y único camino correcto que le queda al
individuo es integrarse en el todo social, de modo que la
perfección humana verdaderamente sublime consistiría en la
anulación misma del yo, del ego. En segundo lugar, aunque el
socialismo es todavía una etapa hacia el comunismo, dentro de
la concepción marxista significa ya `un salto cualitativo´ en
relación a los modelos anteriores de organización social y
anuncia, según la hermosa propuesta del Manifiesto
comunista, el fin de la prehistoria de la humanidad y el
comienzo de la historia propiamente humana. Revelar de
293
manera artística esta perspectiva implica un acuerdo con el
ser, una visión optimista y positiva del hombre y la historia
que garantiza el triunfo final y confiere sentido y plenitud a
todas las acciones encaminadas a alcanzar la meta, aunque en
la marcha por ese objetivo el Partido y las masas sufran los
más duros reveses". (Gutiérrez 1996: 12 y 13)
Regresando a Vargas Llosa, cuando él argumenta " ...
tenemos el caso flagrante de la Unión Soviética, allí la
burguesía desapareció hace años ... " y a pesar de ello la
novela no sólo no ha muerto, tampoco está en crisis, y más
aún se sigue escribiendo, en ese país, novelas de mucha
calidad. La verdad es que con este argumento, Vargas Llosa
demuestra desconocer los principios elementales de la ciencia
política, concretamente la teoría sobre el sistema de Estado,
sobre el sistema de gobierno y de las clases sociales. Ningún
teórico marxista ni no marxista serio, sostenía en la década de
los 70 del siglo pasado dicho planteamiento; por el contrario, a
principios de la década de los 60, Mao Tse Tung y el Che
Guevara, entre otros, plantearon que en Rusia se había
restaurado el capitalismo, que una nueva burguesía se había
apoderado del poder del Estado, que Rusia se ha transformado
de país socialista en social imperialista.
Además es conocido que cuando una clase entra en crisis o
eventualmente desaparece, esto no implica que la cultura por
ella creada, automáticamente, entra en crisis o muera. La
cultura, como parte de la ideología, de una clase que muere,
no sólo perdura por años sino hasta por siglos; esto es de
conocimiento general, y para no extendernos, recordemos lo
que un compatriota de Vargas Llosa, allá por los años veinte,
escribió, sobre el punto: "El capital es expropiable
violentamente. La cultura, no. Y, en manos de la burguesía, la
cultura es un arma eminentemente política, un arma
reaccionaria, un arma contrarrevolucionaria. La cultura es el
mayor gendarme del viejo régimen". (Mariátegui 1975: 29)
294
En 1987 Vargas Llosa retoma el tema en discusión, y en
gran medida repitiendo los argumentos de Lukács y Goldmann
escribe: "Un misterioso vínculo une la novela con la urbe, un
parentesco que no existe en los casos del teatro y de la poesía.
A diferencia de éstos, que florecen en todas las culturas y
civilizaciones agrarias, antes de la preeminencia de las
ciudades, la novela es una planta urbana a la que parecen serle
imprescindibles para germinar y propagarse las calles y los
barrios, el comercio y los oficios y esa muchedumbre apiñada,
variopinta, diversa de la ciudad. Lukács y Goldmann atribuyen
este vínculo a la burguesía, clase social en la que la novela
habría encontrado no sólo su audiencia natural, sino, también,
su fuente de inspiración, su materia prima, su mitología y sus
valores: ¿no es el siglo burgués por excelencia el siglo de la
novela? Sin embargo, esta interpretación clasista del género no
tiene en cuenta los ilustres precedentes de la novelística
medieval y renacentista (...) y, en algunas de sus ramas,
también palaciega y aristocrática. En verdad, la novela es
urbana en un sentido comprensivo, totalizador: abraza y
expresa por igual a ese conglomerado policlasista que es la
sociedad urbana. La palabra clave es, tal vez, sociedad. El
universo de la novela no es el del individuo sino el del
individuo inmerso en un tejido humano de relaciones
múltiples, el de un hombre cuya soberanía y cuyas aventuras
están condicionadas por las de otros como él. (...) Y no hay
nada que simbolice y encarne mejor la idea de sociedad que la
urbe, espacio de muchos, mundo compartido, realidad gregaria
por definición. Que ella sea, pues, la tierra de elección de la
novela parece coherente con su predisposición más íntima:
representar la vida del hombre en medio de los hombres, fingir
la condición del individuo en su contexto social". (Vargas
Llosa 1992: 198 y 199)
En lo transcrito, Vargas Llosa ya no cuestiona a Lukács y
Goldmann en cuanto al futuro de la novela, los cuestiona en
295
relación a sus antecedentes. Según él: "...esta interpretación
clasista del género no tiene en cuenta los ilustres precedentes
...". En primer lugar los estudiosos no hablan de la novela en
general, hablan de la "novela moderna" en particular. Es
sabido, con Alfonso Reyes, que antes de la novela moderna
existió la: " ... novela bizantina, novela pastoral, novela
celestinesca, novela picaresca, novela naturalista (...) La
novela comprende la epopeya antigua y la moderna: la Iliada,
el Orlando, la Araucana y lo que hoy se llama novela:
Dickens, Balzac y Proust". (Reyes 1974: 47)
El problema en el novelista hispano-peruano es que parte
de hipótesis falsas, como sostener que en Rusia ya
"desaparecieron las clases sociales" y hablar de la "novela en
general" donde debería hablar de la "novela moderna en
particular" como consecuencia, sus conclusiones son de igual
manera falsas. Para la investigación científica, todo hecho o
fenómeno dado tiene sus antecedentes y sus consecuentes, el
presente viene a ser el resultado de la lucha-unidad de lo viejo
que se resiste a perecer y de lo nuevo que pugna por nacer, lo
realmente nuevo es consecuencia de ese enfrentamiento, es lo
particular que caracteriza una época histórica-política o una
expresión artístico-cultural.
Deseamos terminar esta polémica manifestando que
discrepo con Vargas Llosa por los cambios frecuentes de
opinión y por la inconsecuencia en su argumentación en torno
al origen, desarrollo y futuro de la novela, en general, y de la
moderna, en particular, y asimismo dar la razón a Lukács y
Goldmann, y a los "papagayos" latinoamericanos. Lo hacemos
cediendo la palabra a quien desde nuestro punto de vista ha
sintetizado mejor en América Latina las ideas en torno al
origen, desarrollo y futuro de la novela moderna.
Ernesto Sábato escribe: "El surgimiento de la novela
occidental coincide con la profunda crisis que se produce al
finalizar la época medieval, era religiosa en que los valores
296
son nítidos y firmes, para entrar en una era profana en que
todo será puesto en tela de juicio y en que la angustia y la
soledad serán cada día más los atributos del hombre
enajenado. Si hemos de buscar una fecha más o menos
definida, creo que podemos fijarla en el siglo XIII, cuando
comienza la desintegración del Sacro Imperio y cuando el
Papado como el Imperio empiezan a derrumbarse desde su
universalidad. Entre ambos poderes en declinación, cínicas y
poderosas, las comunas italianas inician la nueva era del
hombre profano, y todo el Viejo Mundo comenzará a ser
derruido. Pronto el hombre estará listo para el surgimiento de
la novela: no hay una fe sólida, la burla y el descreimiento han
reemplazado a la religión, el hombre está de nuevo a la
intemperie metafísica. Y así nacerá ese género curioso que
hará el escrutinio de la condición humana en un mundo donde
Dios está ausente, o no existe, o está cuestionado. De
Cervantes a Kafka, éste será el gran tema de la novela y por
eso será una creación estrictamente moderna y europea; pues
se necesitaba la conjunción de tres grandes acontecimientos
que no se dieron ni antes ni en ninguna otra parte del mundo:
el cristianismo, la ciencia y el capitalismo con su revolución
industrial. (...) La novela se situaría de este modo entre el
comienzo de los Tiempos Modernos y su declinación, ahora;
corriendo paralelamente a esta creciente profanación (...) de la
criatura humana, a este pavoroso proceso de desmitificación
del mundo. Entre estas dos grandes crisis de forma, desarrolla
y culmina la novela occidental. Y por eso es inútil y ocioso
estudiarla sin referencia a este formidable período, que no hay
más remedio que llamar `Los tiempos Modernos´. Sin el
cristianismo que los precede, no habría existido la conciencia
intranquila y problemática; sin la técnica que los tipifica no
habría habido ni desmitificación, ni inseguridad cósmica, ni
alienación, ni soledad urbana. De ese modo, Europa inyecta en
viejo relato legendario o en la simple aventura épica esa
297
inquietud social y metafísica para producir un género literario
que describirá un territorio infinitamente más fantástico que el
de los países de leyenda: la conciencia del hombre. Y lo
llevará a sumergirse cada día más, a medida que el fin de la
era se acerca, en ese universo oscuro y enigmático que tanto
tiene que ver con la realidad de los sueños". (Sábato 1997:
208, 209 y 210)
Como escritor-novelista Vargas Llosa, sin lugar a dudas,
es una de las más altas expresiones que ha producido la lengua
castellana. Sobre este punto y por trascender los objetivos de
esta investigación, sólo nos limitaremos a transcribir la
opinión del escritor peruano Miguel Gutiérrez, quien dice: " ...
por ejemplo, la maestría de su construcción, en verdad
deslumbrante", y continúa: "Creo que la novelística de VLl es
el resultado de dos factores principales y uno secundario. Un
talento de primer orden y una excepcional capacidad de
trabajo: he aquí las cualidades y virtudes sin las cuales VLl no
habría podido mantener una producción sostenida que incluye
novelas de la importancia y magnitud de Conversación en la
catedral y La guerra del fin del mundo. El tercer factor es su
no menos extraordinaria capacidad empresarial que apunta a la
circulación internacional de sus obras y a mantener una
imagen casi permanente en los medios de comunicación de
masas ...". (Gutiérrez 1988: 149)
Para terminar con el tema de Vargas Llosa y la novela,
mencionemos que con la aparición de este escritor se ha
podido comprobar, también en América Latina, que la novela
es un ejercicio de largo aliento, de madurez espiritual, donde,
a la par de la inspiración y el talento, juegan un papel
determinante la constancia y la persistencia, y como
consecuencia de ello, hay que comprender una vez más que no
hay novelistas precoces; la precocidad parece ser el "don",
principalmente, de los poetas, como los casos de Darío y
Neruda en el continente americano, quienes, antes de los
298
veinte años de edad ya fueron célebres, mientras que en el
género novelístico sencillamente es imposible encontrar una
gran novela escrita por un autor antes de los veinticinco años
de edad. El caso de Vargas Llosa es que siendo el autor más
precoz del BOOM DE LA NOVELA LATINOAMERICANA,
publicó su novela LA CIUDAD Y LOS PERROS sólo
después de haber cumplido los 27 años de edad.

VARGAS LLOSA COMO PORTAVOZ DE LA


GRAN BURGUESÍA LATINOAMERICANA

En los años 50, como consecuencia del desarrollo


económico-social y político-cultural, la configuración de
América Latina se había transformado significativamente. Esta
experiencia se repite, de manera más evidente y profunda, en
las dos últimas décadas del siglo XX. A partir de la década de
los 80, a nivel externo, el carácter semi-colonial
latinoamericano se ha acentuado significativamente; esta
tendencia se concretizó en la aplicación de políticas
económicas diseñadas por los organismos económicos y
financieros internacionales (FMI, BM, etc) y más
concretamente en la denominada deuda externa.
Este fenómeno se ha convertido en uno de los mayores
problemas del subcontinente. F. Fukuyama relacionando
estabilidad democrática, crisis económica y deuda externa, en
1992 escribió: "En América latina la democracia ha ido y
venido muchas veces y todas las nuevas democracias se hallan
en un estado de angustiosa situación económica, cuya
manifestación más aguda es la crisis de la deuda. Países como
Perú y Colombia, además, debían hacer frente a graves
desafíos internos, como la guerrilla y las drogas". (Fukuyama
1992: 43)
Vargas Llosa, a mediados de la década del 90 del siglo
pasado, en LA UTOPÍA ARCAICA... tomando como modelo
299
de análisis su país de origen, sostiene que la "modernización"
en América Latina se ha impuesto como consecuencia de tres
hechos ocurridos allí en las tres últimas décadas del siglo XX.
En primer lugar las reformas, principalmente la agraria,
materializadas en la década de los 70 y los 80. En segundo
lugar las acciones político-militares de las organizaciones
guerrilleras en contra del poder local-regional y el sistema
semi-feudal subsistente, que ha generado el desplazamiento
masivo de poblaciones que estuvieron sujetas a formas
precapitalistas de producción, particularmente en México,
Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Colombia y Perú, con el
consiguiente crecimiento de las grandes metrópolis y el
incremento del desempleo respectivo. En tercer lugar las
reformas neo-liberales llevadas a cabo por los distintos
regímenes en Latinoamérica, en las últimas décadas del siglo
que acaba de fenecer.
Coincidiendo en lo fundamental con la argumentación del
escritor, agregamos dos hechos. Primero, la dinámica interna
propia de estas sociedades en transición, en la medida que en
el campo, en las pequeñas y hasta en las medianas ciudades:
"Los trabajadores no pueden estar atados para siempre a un
empleo, una localidad o una serie de relaciones sociales
particulares, sino que han de tener libertad de moverse,
aprender nuevas tareas y tecnologías y vender su trabajo a
quien más ofrezca por él. Esto tiene un poderoso efecto en
minar grupos sociales tradicionales, como tribus, clanes,
familias extensas, sectas religiosas y demás. Vivir en estos
grupos puede resultar humanamente más satisfactorio, pero
como no están organizados de acuerdo con los principios
racionales de la eficiencia económica, tienden a dejar el
campo a los que sí lo están." (Fukuyama 1992: 125)
En segundo lugar, el rol desempeñado por la "industria del
narcotráfico" en el proceso de acumulación, capitalización,
generación y ampliación del mercado interno en
300
Latinoamérica; actividad que ha implicado, en alguna medida,
la desaparición por un lado y la emergencia por otro de
sectores sociales, con el consiguiente predominio de los
"nuevos ricos", los que con su poder económico y recurriendo
a algunos métodos violentos en algunos casos desplazaron y
en otros, en pugna, comparten el poder en provincias,
departamentos e incluso países con las antiguas clases
dominantes ya evolucionadas.
Así los grandes y medianos terratenientes y su poder local-
regional o gamonalismo, si bien es cierto no han desaparecido
totalmente, su capacidad de maniobra y control económico-
político-social se ha reducido a su mínima expresión; ese
espacio ha sido copado por la gran burguesía, en sus diferentes
facciones, en alianza con el capital imperialista transnacional y
juntos controlan el poder en el continente. Esta es la razón del
porqué disentimos con Fukuyama, en la medida que en la
década de los 90 continúa sosteniendo una tesis que fue válida,
en el nivel económico-político, hasta la década de los 80.
Leamos lo que escribe el estudioso norteamericano: "Pero para
sociedades altamente polarizadas en cuestiones de clase social,
nacionalidad o religión, la democracia puede ser una fórmula
para el estancamiento en un punto muerto. La forma más
típica de polarización es la del conflicto de clases, en países
con una estructura de clases muy estratificada y desigual,
remanente de un orden social feudal. Ésta era la situación en
Francia en la época de la Revolución, y ésta continúa siendo la
situación en países del Tercer Mundo, como Filipinas y Perú.
La sociedad está dominada por una élite social,
frecuentemente de grandes terratenientes que no se muestran
ni tolerantes con otras clases ni empresarios eficientes."
(Fukuyama 1992: 177 y 178)
Investigando la etapa de consolidación del modo de
producción capitalista en Europa occidental, Max Weber
sostiene que una de las características fundamentales de este
301
sistema es: "... la organización racional-capitalista del trabajo
formalmente libre". (Weber 1998: 12)
Esta "racionalización" tiene en la burguesía nacional, en
un primer momento y en la forma, su fuerza realizadora.
Examinemos hasta qué punto la gran burguesía
latinoamericana, en sus diversas facciones ha llegado,
comenzando el nuevo milenio, a un nivel de "racionalización-
capitalista" ya no sólo en la producción-trabajo-reproducción,
sino también en otras esferas de la vida social. De qué manera
estas clases dominantes han pensado y repensado sus
sociedades como totalidades, para luego intentar dar cauce
coherente, no sólo a las fuerzas económico-sociales en
transformación sino también a las inquietudes político-
culturales.
García Canclini, especialista en el tema, en alguna forma
da respuesta a nuestra inquietud. El sociólogo, centrando su
análisis en un aspecto del problema, el cultural, no encuentra
una salida posible, en la medida que a pesar del predominio de
esa forma especial de capitalismo y tal vez por ello no ha
generado una fuerza-idea hegemónica, menos de consenso, en
base y alrededor de la cual se podría organizar y ordenar
democráticamente la vida de estas sociedades: "Los países
latinoamericanos, escribe, son actualmente resultado de la
sedimentación, yuxtaposición y entrecruzamiento de
tradiciones indígenas (sobre todo en las áreas mezo América y
andina), del hispanismo colonial católico y de las acciones
políticas, educativas y comunicacionales modernas. Pese a los
intentos de dar a las cultura de élite un perfil moderno,
recluyendo lo indígena y lo colonial en sectores populares, un
mestizaje interclasista ha generado formaciones híbridas en
todos los estratos sociales. Los impulsos secularizadores y
renovadores de la modernidad fueron más eficaces en los
grupos `cultos´, pero ciertas élites preservan su arraigo en las
tradiciones hispánico-católicas, y en zonas agrarias también en
302
tradiciones indígenas, como recursos para justificar privilegios
del orden antiguo desafiados por la expansión de la cultura
masiva".
A renglón seguido agrega: "En casas de la burguesía y de
sectores medios con alto nivel educativo en Santiago de Chile,
Lima, Bogotá, México y muchas otras ciudades coexisten
bibliotecas multilingües y artesanías indígenas, cablevisión y
antenas parabólicas con mobiliario colonial, las revistas que
informan cómo realizar mejor especulación financiera esta
semana con ritos familiares y religiosos centenarios". (García
Canclini 1990: 71)
A esta amalgama político-cultural, como consecuencia de
las condiciones histórico-económicas y sociales, algunos
teóricos de diferentes tendencias políticas e influencias
ideológicas le han planteado posibles vías de solución Aquí
nos interesa desarrollar las principales ideas, de un sector de la
gran burguesía latinoamericana, la que se le denomina, a partir
de las dos últimas décadas del siglo XX, como "nueva
derecha", la misma que se orienta en el plano ideo-político por
el neo-liberalismo; teniendo en cuenta que Vargas Llosa,
como objetivo central de nuestra investigación, a partir de
estas últimas décadas, adhiere a esta corriente de ideas.
Al interior de esta clase en América Latina hay algunas
discrepancias secundarias en cuanto al diagnóstico, y en
alguna forma también en relación a la solución de los
problemas mencionados. Esto podemos deducir leyendo la
producción intelectual de algunos de sus principales teóricos.
Una de estas corrientes está representada por Octavio Paz,
quien recordando los proyectos modernizadores en América
Latina, en 1990, escribe: "Durante el siglo XIX y el XX el
continente latinoamericano ha adoptado sucesivos proyectos
de modernización, todos ellos inspirados en los ejemplos
norteamericano y europeo, sin que hasta la fecha ninguno de
nuestros países pueda llamarse con entera propiedad moderno.
303
Esto es cierto no sólo para naciones donde el pasado indio
todavía está vivo -México, Guatemala, Perú, Ecuador, Bolivia-
sino para aquellas que son casi enteramente de origen europeo,
como Argentina, Uruguay y Chile. (...) En nuestros países
coexisten el burro y el avión, los analfabetos y los poetas de
vanguardia, las chozas y las fábricas de acero. Todas estas
contradicciones culminan en una: nuestras constituciones son
democráticas pero la realidad real y ubicua es la dictadura.
Nuestra realidad política resume la contradictoria modernidad
latinoamericana. Nuestros pueblos escogieron la democracia
porque les pareció que era la vía hacia la modernidad. La
verdad es lo contrario: la democracia es el resultado de la
modernidad, no el camino hacia ella". (Paz 1990: 119)
En otra parte, centrando en el análisis de las clases
sociales, dice: "Durante más de un siglo América Latina ha
vivido entre el desorden y la tiranía, la violencia anárquica y el
despotismo. Se ha querido explicar la persistencia de estos
males por la ausencia de las clases sociales y de las estructuras
económicas que hicieron posible la democracia en Europa y en
los Estados Unidos. Es cierto: hemos carecido de burguesías
realmente modernas, la clase media ha sido débil y poco
numerosa, el proletariado es reciente". (Paz 1990: 170)
Sobre el tema de los intelectuales, el escritor mexicano
continúa: "En América Latina no existía la tradición
intelectual que, desde la Reforma y la Ilustración, había
formado las conciencias y las mentes de las élites francesas y
norteamericanas; tampoco existían las clases sociales que
correspondían, históricamente, a la nueva ideología liberal y
democrática. Apenas si había clase media y nuestra burguesía
no había rebasado la etapa mercantilista. Entre los grupos
revolucionarios de Francia y sus ideas había una relación
orgánica y lo mismo puede decirse de la revolución
norteamericana; entre otros, las ideas no correspondían a las
clases. Las ideas tuvieron una función de máscara; así se
304
convirtieron en una ideología, en el sentido negativo de esta
palabra, es decir, en velos que interceptan y desfiguran la
percepción de la realidad". (Paz 1990: 168).
Paz es uno de los pocos neo-liberales que insistió, hasta el
final de sus días, en un hecho que la mayoría de los que
adhieren a esta ideología ignoran; nos referimos al papel del
imperialismo norteamericano en América Latina. Leamos:
"Esta rápida descripción sería incompleta si no mencionase a
un elemento extraño que, simultáneamente, precipitó la
desintegración y fortificó a las tiranías: el imperialismo
norteamericano. Cierto, la fragmentación de nuestros países,
las guerras civiles, el militarismo y las dictaduras no han sido
una invención de los Estados Unidos. Pero ellos tienen una
responsabilidad primordial porque se han aprovechado de este
estado de cosas para lucrar, medrar y dominar. Han fomentado
las divisiones entre los países, los partidos y los dirigentes;
han amenazado con el uso de la fuerza, y no han vacilado en
utilizarla, cada vez que han visto en peligro sus intereses;
según su conveniencia, han ayudado a las rebeliones o han
fortificado a las tiranías. Su imperialismo no ha sido
ideológico y sus intervenciones han obedecido a
consideraciones de orden económico y de supremacía política.
Por todo esto, los Estados Unidos, han sido uno de los
mayores obstáculos con que hemos tropezado en nuestro
empeño por modernizarnos. (...) Némesis histórica: los
Estados Unidos han sido, en América Latina, los protectores
de los tiranos y los aliados de los enemigos de la democracia".
(Paz 1990: 171)
La otra corriente neo-liberal está representada,
principalmente, por Francis Fukuyama y el peruano Hernando
de Soto. El filósofo argumenta que uno de los problemas
básicos de las economías en América Latina, coincidiendo en
parte con Paz, es el predominio en la base económica del
"capitalismo mercantilista" y la actividad intervencionista del
305
Estado: " ... la mayoría de las economías latinoamericanas
ostensiblemente capitalista están gravemente afectadas por la
tradición mercantilista local y por los sectores estatales
establecidos en nombre de la justicia económica y que
penetran es todas partes". (Fukuyama 1992: 158)
Páginas después, examinando los problemas a nivel de la
democracia representativa y las contradicciones de la gran
burguesía gobernante y los bloques de poder, continúa: " ... en
América Latina la democracia es poco más que un
compromiso entre la derecha autoritaria y la izquierda
autoritaria, o entre poderosos grupos de la derecha, cada uno
de los cuales tiene su visión predilecta de la sociedad que
impondrá cuando esté en condiciones de conseguir el poder.
Esto puede ser un modelo fiel de describir el proceso que
conduce a la democracia en ciertos países concretos, pero si la
democracia no es el primer sistema preferido de nadie,
difícilmente será estable". (Fukuyama 1992: 182)
Y finalmente sostiene que: "La oposición a la democracia
liberal en América Latina nunca ha sido poderosa, en el
terreno teórico, excepto durante breves desafíos por parte del
fascismo o el comunismo, y pese a esto los demócratas
liberales han tenido que andar muy cuesta arriba para
conseguir el poder y mantenerse en el". (Fukuyama 1992: 290)
Por su parte el economista peruano de Soto, tomando su
país como modelo de análisis y a la vez haciendo extensivo su
diagnóstico a América Latina y al Tercer Mundo, escribe: "...
el Perú de hoy vive dentro de un sistema predominantemente
mercantilista que poco tiene que ver con uno de economía de
mercado moderna. Sin embargo, los portavoces de la derecha
tradicional confunden continuamente un sistema con otro, en
su intento de darle sustento racional a las actividades
comerciales y empresariales de sus representados y de
granjearse también las simpatías de los abanderados del sector
privado en Occidente. Estos últimos rara vez se dan cuenta de
306
que sus contrapartes latinoamericanos no funcionan en
economías regidas por el mercado sino por la política". (de
Soto 1987: 259)
En el plano político-social sostiene que: "... tanto la
derecha como la izquierda tradicionales han logrado, por
distintos motivos, desacreditar la causa del desarrollo por vía
de un sector privado formal, simplemente porque al aludir a él,
en realidad ambas se están refiriendo a un sistema
mercantilista anacrónico. Ni una ni otra cosa se han puesto a
pensar que tanto los particulares como el Estado producen
resultados distintos según cómo sean las instituciones legales
dentro de las cuales operan, y que los incentivos dentro de una
economía de mercado o dentro de un sistema mercantilista
tienen consecuencias radicalmente diferentes". (de Soto 1987:
260)
Finalmente concluye: "Hay un país mercantilista al que
hasta el día de hoy se le trata de reanimar con distintas
fórmulas y técnicas políticas, pero que ya tiene todos los
síntomas del cuerpo que no da más; hay también un segundo
país, el de quienes se angustian buscando salidas, pero que se
pierde entre los objetivos de destrucción de la violencia
terrorista y las exhortaciones carentes de soluciones prácticas
de muchos progresistas; y finalmente, existe un tercer país,
que constituye lo que nosotros llamamos `el otro sendero´: el
país que trabaja duro, es innovador y ferozmente competitivo,
y cuya provincia más resaltante es, por supuesto, la
informalidad. Este último país es la alternativa directa a
cualquier violencia subversiva o criminal, porque constituye la
energía desperdiciada en el resentimiento y la destrucción, por
la energía bien invertida en el progreso económico y social.
(...) El verdadero remedio contra la violencia y la pobreza es
reconocer la propiedad y el trabajo a quienes la formalidad
hoy excluye, de tal manera que donde existía rebelión nazca el
sentido de pertenencia y de responsabilidad. Así, donde ya
307
surgió el gusto por la independencia y la fe en las fuerzas
propias, se difundirá una esperanza justificada en el pueblo y
la libertad". (de Soto 1987: 313 y 314)
Los tres autores neo-liberales aquí citados coinciden en
caracterizar al capitalismo que se ha desarrollado en los países
latinoamericanos como "capitalismo mercantilista" y que el
camino correcto para dar solución a los problemas de atraso de
estas sociedades pasa por liquidar el "capitalismo
mercantilista", el "estado interventor" y sus consecuencias, y a
la vez desarrollar el "capitalismo moderno" que tiene su base
determinante en la libertad individual, en lo filosófico, en el
libre mercado, en lo económico, y su natural correlato en la
democracia representativa, en lo político. En otras palabras,
empresa privada contra empresa estatal, gran burguesía
neoliberal contra gran burguesía burocrática. Conclusión, para
el neo-liberalismo en su conjunto, América Latina necesita
más capitalismo y más burguesía.
Sus diferencias se concretizan en dos puntos. Paz no
incluye a la izquierda como co-responsable del atraso del
continente latinoamericano; Fukuyama y de Soto, por el
contrario, sí. Para el mexicano, en la estructuración de este
"capitalismo mercantilista" y su consecuencia, el estado
interventor y los gobiernos burocratizados en el continente, el
imperialista ha desempeñado y desempeña un rol de primer
orden en función de mantener estas estructuras y a la vez
cuidar sus intereses. Este imperialismo está representado,
según Paz, principalmente por los Estado Unidos de Norte
América.
Para los otros dos autores, el papel del imperialismo en el
continente es un falacia creada por la "izquierda marxista" y
por la "derecha mercantilista", o en el mejor de los casos,
cuando se refieren a los socios de Occidente, creen que han
sido sorprendidos o víctimas de sus pares latinoamericanos
quienes han usufructuado los beneficios, préstamos y el
308
prestigio de estas sociedades desarrolladas y modernas en
función de intereses particulares.
De los tres citados, es el norteamericano Francis
Fukuyama quien va mucho más allá, en la medida que, la
economía de mercado y la democracia representativa, según
él, en su forma más desarrollada y perfecta las encarnan los
EE. UU de Norteamérica, y que sobre estas bases ha llegado a
construir ese estado social ideado por Hegel, Marx y Kojéve,
con el cual la humanidad ha llegado al fin de la historia.
En esta polémica al interior del neo-liberalismo teórico,
Vargas Llosa se ubica, en lo fundamental, de lado de Francis
Fukuyama y de Hernando de Soto. El novelista cuestiona
algunas expresiones del sistema (las dictaduras); pero no al
sistema en sí. La única excepción es cuando Vargas Llosa
critica a sus ideólogos por no haber logrado sistematizar un
cuerpo teórico y menos haber dado, hasta hoy, una correcta
orientación práctica al problema del arte (particularmente la
pintura), actividad humana que se encontraría dominada, en la
mayoría de los casos y de una u otra manera, según el
novelista, por las "mafias de galerías".
Pero Vargas Llosa, como producto de su pasado histórico,
social y familiar es una personalidad contradictoria y
extremista, no se siente cómodo en el centro, este lugar lo
angustia y se siente, como él declaró, en el "limbo político". Él
es una personalidad de facción antes que de conciliación, de
lucha antes que de unidad, es por ello que, a partir de
mediados de la década de los 80, condicionado por la falta de
alternativas de la Social-democracia, el "fracaso del
comunismo", la propagación de las ideas de los teóricos neo-
liberales y los triunfos de la "nueva derecha" política en los
principales países capitalistas del mundo, Vargas Llosa
involución al otro extremo del espectro ideo-político.
Es así como a partir de la segunda mitad de esta década, lo
encontramos defendiendo las posiciones más extremas del
309
neo-liberalismo latinoamericano. Su radicalismo es tal, ya lo
dijimos, que muchas veces va más allá de las tesis de uno de
los mayores representantes del liberalismo clásico, Adam
Smith, y de la figura más destacada del neo-liberalismo en el
siglo XX, según Vargas Llosa, Karl Popper; quienes serían
ubicados, según la lógica del escritor, en esa variante que él
llama los liberales "acomplejados", en la medida que tanto
Smith como Popper sostenían la necesidad de cierta
participación y control, por parte del gobierno y del estado, en
la vida económica, social y cultural de la sociedad.
Sus tesis de la libertad individual en abstracto, de la moral
ahistórica, del voluntarismo, de la lucha en contra del culto a
la personalidad, del libre mercado, de la democracia sin
apellido, frecuentemente lo hacen vincularse, consciente o no,
como sostenía Popper, con las posiciones conservadoras y
autoritarias que él en otros momentos combate. Si esto se da
en este nivel teórico, en el práctico su conservadurismo es
mucho más evidente. Donde mejor se puede observar al
conservador Vargas Llosa es cuando en 1988 se alió con un
sector de los "mercantilistas" en contra de los "jacobinos" al
interior del Movimiento Libertad, primero, y después con los
mayores representantes económico-políticos e ideológicos del
"mercantilismo" o conservadores peruanos, para dar origen al
FREDEMO en función de las elecciones generales en Perú en
1990. Unido a ello están su nacionalismo, su racismo, su
irracionalismo y su misticismo que se evidenciaron en dicha
campaña electoral y en especial en contra del candidato de
CAMBIO 90, Alberto Fujimori.
Un elemento importante para comprender a los
intelectuales es, sin duda, su extracción de clase, y el sector
más proclive a los cambios y mutaciones es precisamente la
clase media o pequeña burguesía de la cual proviene Vargas
Llosa. La clase media tiene también sus sectores; Vargas
Llosa, según propia confesión, proviene de la capa
310
"empobrecida" y provinciana. Este sector social por su
ubicación en la producción, su relación con los demás grupos
sociales, su vinculación con el Estado y la cultura, es un
segmento inestable por antonomasia, se ve compelida a
moverse en medio de los dos grandes bloques sociales: las
clases dominantes y las dominadas. Ante esta realidad y como
individuos, comúnmente ven una salida a sus principales
problemas a través de la educación y la cultura; de ahí que sea
históricamente la clase media el sector social de donde
provienen la mayoría de los intelectuales y artistas.
En América Latina, en el último siglo, la mayoría de los
escritores e intelectuales, han comenzado su vida política
pública identificándose con el progresismo y la izquierda;
algunos, Octavio Paz y Vargas Llosa, se alinearon con las
posiciones más radicales. Pero al correr del tiempo, de igual
modo la mayoría de ellos o volvieron a defender las
posiciones de la clase de la cual provienen, o adoptaron las
posiciones de la clase que durante su paso por la izquierda más
combatieron. Paz y Vargas Llosa son paradigmáticos.
Tomando en cuenta que las clases dominantes se
preocupan esencialmente por la producción y el control
económico, secundariamente por la política y, eventualmente,
por la producción cultural -mientras que las dominadas se
dedican a producir para sobrevivir en su condición de
explotados y oprimidos-, con algunos casos excepcionales,
como para que se cumpla la regla, las clases medias son en
gran medida las dueñas del escenario cultural. Los
intelectuales provenientes de este sector tienen la oportunidad
de adoptar conscientemente por un determinado lugar en la
sociedad y sobre todo adoptar una determinada ideología;
comúnmente, por facilidad o comodidad, personalismo y
arribismo, a la larga (exceptuando su etapa de juventud) la
mayoría de ellos se identifica con las de las clases dominantes,

311
y así piensan, sienten y trabajan como ellas, sin ser en esencia
tales.
Sartre, siguiendo a otros (2), escribe: "En realidad, uno se
hace burgués al optar, de una vez para siempre, por cierta
visión del mundo analítica que se intenta imponer a todos los
hombres y que excluye la percepción de las realidades
colectivas. De este modo, la defensa burguesa es permanente
en cierto sentido y se identifica con la misma burguesía. Pero
no se manifiesta por cálculos; en el interior del mundo que la
burguesía se construye, hay sitio para las virtudes de la
despreocupación, el altruismo e incluso la generosidad".
(Sartre 1990: 15)
Doscientos años antes de lo afirmado por el filósofo
francés, el economista escocés Adam Smith, sobre el mismo
punto escribió: "En especial los ricos están necesariamente
interesados en conservar un estado de cosas que pueda
asegurarles la posesión de sus propias ventajas. Las personas
menos ricas se combinan para defender a las más ricas en la
posición de su propiedad con objeto de que las más ricas se
combinen para defenderlas a ellas en sus posesiones". (Smith
1999: 680)
Por su parte el sociólogo James Petras, especialista en esta
problemática, tomando como centro y eje a la pequeña
burguesía, escribe: "La ambigüedad de los intelectuales
progresistas dominantes se encuentra en los diversos
componentes que conforman su equipaje ideológico y en
aquellos elementos que están excluidos de él. Las dos caras de
los intelectuales progresistas son reflejo de su situación de
clase -preponderantemente de clase media- particularmente el
estrato profesional. Los progresistas combinaron las
posiciones dictatoriales anti-oligárquicas, nacionalistas y anti-
imperialistas de los radicales y las posiciones revolucionarias
elitistas, anti-igualitarias, anti-social de los liberales del siglo
XIX". (Autores varios 1991: 101).
312
Vargas Llosa en su larga trayectoria política se ha
adherido a casi todas las corrientes ideológicas en boga y las
ha defendido, como es su característica, con pasión.
Acercándose a los 70 años y oscilando entre el neo-liberalismo
y el conservadurismo ideológico-político latinoamericano, es
un caso especial al interior de los intelectuales del continente.
Sin lugar a dudas, es el más controvertido y polémico de su
generación y acaso de todos aquellos escritores del siglo que
acaba de fenecer.
Así como las críticas al liberalismo clásico, tanto
económico, político y filosófico fueron hechas,
principalmente, por los teóricos marxistas y libertarios, de
igual modo, después de un corto paréntesis intelectual, las
críticas al neo-liberalismo con su tesis de la libertad en
abstracto en lo filosófico, del mercado libre en lo económico y
la democracia representativa en lo político, son hechas,
básicamente, por la izquierda intelectual del continente. Son
conocidas la de los disidentes norteamericanos Noam
Chomsky y James Petras, de los uruguayos Eduardo Galeano
y Mario Benedetti, del ecuatoriano Agustín Cueva, entre otros.
Nosotros deseamos transcribir las de los sociólogos Henry
Pease, Heinz Dieterich y Jorge Castañeda.
El peruano Pease, en un libro colectivo escrito algunos
años atrás, precisamente cuando se reiniciaba una nueva etapa
de los gobiernos demo-liberales en Latinoamérica, afirmó:
"Para las clases dominantes la democracia se restringe sólo a
los niveles formales de decisión política, pues defienden en
primer término su situación de privilegio, manteniendo las
diferencias sociales y económicas existentes. Al no ser
hombres iguales los que la ley define como tales, el postulado
de la igualdad llega a la caricatura. Al definirse la libertad
como principio genérico, fue libertad sólo para algunos, y
devino en libertad formal y sometimiento real para las
mayorías. El desarrollo mismo de estas contradicciones llevó a
313
restringir el concepto de democracia: de idea de un gobierno
`del pueblo, por el pueblo y para el pueblo´ se involucionó
hacia la `democracia representativa´, en la cual el pueblo se
limita a elegir cada cierto tiempo a quienes gobiernan en su
nombre, aunque actúen al margen de sus intereses reales. De
esta forma, lo que es democracia para unos pocos -para las
clases dominantes- no lo es necesariamente para las grandes
mayorías". (Autores varios 1978: 18 y 19)
Por su parte H. Dieterich, en alusión al autor de EL FIN
DE LA HISTORIA Y EL ÚLTIMO HOMBRE, escribe: "En
su pensamiento metafísico (en el sentido hegeliano) separa el
proceso contradictorio de desarrollo de la historia, pese a que
los grandes problemas de la convivencia política humana no
han sido resueltos y que, por ende, la fuerza de cambio
inherente a la contradicción y su desenvolvimiento hacia
principios superiores, se mantiene vigente. Esa fuerza
dinámica de cambio, que emana de la contradicción inherente
a la democracia liberal se revela inmediatamente si
contemplamos algunas de sus deficiencias estructurales, tales
como: 1. que representa una democracia restringida a lo
formal, es decir, su esencia democrática consiste en la
protección formal del ciudadano, por medio de la ley, frente al
Estado y los más poderosos; 2. que no constituye una
democracia material o participativa, sino excluyente, porque
margina a las mayorías de las determinaciones estratégicas de
la nación, p.e., las decisiones sobre paz y guerra, el sistema
político y productivo, las inversiones, etcétera. 3. que no sólo
es una forma de organización política elitista y excluyente
dentro de la nación, sino también a nivel de la especie".
(Autores varios 1994: 10 y 11)
En tercer lugar, Jorge Castañeda, haciendo ver las
contradicciones de la gran burguesía latinoamericana,
sostiene: "Pero las economías de América Latina nunca fueron
estructuras socialistas de mando. Todas han tenido mercados,
314
precios, propiedad privada, desempleo, escalas móviles de
salarios, intermediarios financieros, monedas más o menos
convertibles. Estaban protegidas, subsidiadas, y en algunos
casos eran ineficientes, pero no socialistas. Por lo tanto, la
transición no es del socialismo al mercado, sino de un tipo de
economía de mercado a otro: a la economía de mercado
individualista y anglosajona, o a la economía social de
mercado al estilo europeo, o a una versión japonesa. Ello no
quiere decir que se trate de una transición incruenta; muy al
contrario: implica cesiones sumamente dolorosas de soberanía,
además de transferencias internas de poder y de riqueza. Pero
la diferencia es importante: por difíciles que sean, tales
transiciones permiten soluciones a medias; las otras no".
(Castañeda 1995: 516)
Finalmente menciona el papel del Estado en cuanto a la
represión en el continente, leamos: "Las atrocidades
autoritarias, tan frecuentes en la política latinoamericana, las
cometían gobiernos de derecha, no de izquierda: la clausura de
parlamentos, las desapariciones y tortura de disidentes, el
cierre de periódicos y la persecución de dirigentes obreros,
organizadores campesinos e intelectuales, tuvieron lugar en
Brasil, Argentina, México, Chile, Uruguay y gran parte de
Centroamérica. La razón era obvia: la derecha era la que
estaba en el poder, no la izquierda". (Castañeda 1995: 295)
Terminamos este capítulo y de este modo así mismo la
investigación, mencionando sucintamente los motivos de
carácter histórico-social y filosófico-cultural que han
determinado la contradictoria personalidad y trayectoria ideo-
política del conocido escritor hispano-peruano.

CAUSAS DE SUS CONTRADICCIONES

Vargas Llosa es un espíritu problemático, contradictorio y


en constante búsqueda. En los capítulos anteriores hemos
315
evidenciado sus cambios radicales y hasta repentinos en el
nivel ideológico y político, y como resultado su
inconsecuencia entre el discurso teórico y la actividad
práctica. Antes de profundizar en las razones teóricas de estas
contradicciones, deseamos ilustrar con dos ejemplos
concretos, de tiempos relativamente recientes, lo aquí
afirmado.
En primer lugar, Vargas Llosa escribe en abril de 1991
sobre el bloqueo a Cuba lo siguiente: "Ésta es la cuarta o
quinta vez que estoy en Praga, pero la primera en que vengo
de verdad. Todas las otras, en los años sesenta, fueron meras
escalas, viniendo de, o yendo a Cuba, pues, debido al bloqueo,
el camino más corto hacia La Habana para un latinoamericano
pasaba por aquí". (Vargas Llosa 1994: 44)
Dos años y meses después, con la rotundidad que le
caracteriza, afirma: "El `bloqueo´ es un mito -una ficción- de
estirpe soreliana, amañado con su inagotable capacidad
manipulatoria de la opinión pública internacional, por ese
maestro supremo de la hechicería y el cinismo político que es
Fidel Castro (...) En efecto, con la excepción de unos cuantos
días de noviembre de 1962 (...), cuando Kennedy ordenó a la
Marina impedir el desembarco de armas atómicas soviéticas
en la isla, Cuba no ha estado jamás bloqueada". (Vargas Llosa
1994: 242)
En cuanto al embargo, en enero de 1993, el novelista
sostiene: "¿Cuál es la razón de ser, pues, de esa farsa
recurrente, el embargo económico, con la que se llenan la boca
por igual el régimen castrista y los Estados Unidos? La
política. A ambos gobiernos le sirve, para consumo interno: a
Washington le permite mantener las apariencias de una lucha
sin tregua contra uno de los últimos vestigios estalinistas y al
gobierno de La Habana, esgrimir una excusa de buena marca
ideológica para su calamitosa incapacidad". (Vargas Llosa
1994: 191)
316
Seis meses más tarde vuelve sobre el embargo; para ese
entonces ya no es una "farsa". Vargas Llosa, escribe: "Por
estas razones pedí que la comunidad internacional penalizara
al gobierno de Pinochet y a la dictadura castrense argentina,
apoyé el embargo comercial contra África del Sur y Haití, el
bloqueo de Iraq y de la ex Yugoslavia y he pedido sanciones
contra quien destruyó el Estado de Derecho en Perú. Y por eso
apoyo el embargo estadounidense contra la satrapía de Cuba".
(Vargas Llosa 1994: 246)
En segundo lugar, el caso de México y la "dictadura
perfecta" del PRI. En mayo de 1992, Vargas Llosa, sostiene:
"Durante mucho tiempo, el PRI fabricaba y subsidiaba a sus
partidos de oposición, de manera que estos extraordinarios
happenings de la vida del país -elecciones- tuvieran cierto
semblante democrático. Ahora ni siquiera necesita el esfuerzo
de ese dispendio, pues, como Eva de una costilla de Adán, ha
generado una excreción rival, el PRD, de Cuauhtémoc
Cárdenas, partido que, con prodigiosa ceguera, ha hecho suyas
todas las lacras y las taras ideológicas -populismo, estatismo,
socialismo, nacionalismo económico- de las que el
camaleónico PRI necesitaba desprenderse a fin de mostrarse
renovado -democrático, internacionalista, pro-mercado y
liberal-, y permeable a los vientos que corren. Si ésta es la
alternativa que se le presenta al pueblo mexicano -el viejo PRI
camuflado bajo el nombre de PRD o de la cara modernizada
que encarna Salinas de Gortari-, no es de extrañar que el
partido en el poder no haya necesitado amañar las últimas
elecciones para ganarlas". (Vargas Llosa 1994: 121 y 122)
Un año más tarde, en abril de 1993, sobre el jefe del PRD
dice: "De las intervenciones sobre este asunto, la que me
pareció más convincente fue la de Cuauhtémoc Cárdenas. Él
no es un político que quiere hacerse simpático; tiene un aire
adusto, una manera parca y una puntillosa cortesía poco
electorales (...) Sin embargo, cuando pormenorizó las
317
consecuencias que el monolitismo político ha traído a su país,
los abusos, negociados, injusticias, crímenes, resultantes de la
falta de una democracia que permitiera el pluralismo, la
alternancia en el gobierno, y afirmó que no hay desarrollo ni
justicia sin libertad -sin prensa independiente, elecciones
limpias e instituciones representativas- impresionó a todos
como alguien que dice lo que piensa, un demócrata a carta
cabal". (Vargas Llosa 1994: 224)
Dos meses después, en relación a las dictaduras,
argumenta: "Para quienes como el autor de este artículo,
consideran que cualquier dictadura -comunista, fascista o
integrista- es el mal absoluto para un pueblo, la fuente
principal de todas las desgracias, la mejor manera de mostrar
solidaridad y compasión por éste es ayudándolo, por todos los
medios posibles, a acabar cuanto antes con ella". (Vargas
Llosa 1994: 245)
Finalmente (sólo a seis meses de tiempo transcurrido),
cuando los zapatistas, utilizando "todos los medios posibles"
se levantan en contra de la "dictadura perfecta" del PRI,
Vargas Llosa, escribe: " ... creo que la insurrección zapatista
de Chiapas debe ser condenada sin eufemismos, como un
movimiento reaccionario y anacrónico, de índole todavía más
autoritario y obsoleto que la representa el PRI". Párrafos
después, dando a entender que el PRI ya no representa la
"dictadura perfecta" continúa: "Ése no es el caso de México,
donde, pese a sus sutiles y múltiples tentáculos de control de
la sociedad y a sus fraudes electorales, el PRI ya no ha podido
impedir a la oposición de izquierda representada por el
cardenismo, o a la derecha, del PAN, ganar espacios
importantes en la estructura del Estado y reclutar en sus filas a
considerables sectores de la opinión pública". (Vargas Llosa
1994: 308 y 309)
Nosotros no pretendemos discutir con Vargas Llosa si
existe o no bloqueo y embargo a Cuba, ni su condena a los
318
zapatistas, ni tampoco si el PRI es una "dictadura perfecta", o
si el PRD y Cárdenas son, en un primer momento, lo peor que
ha producido el PRI, para luego transformarse, no sabemos
porqué razones en la valoración del novelista, en la "oposición
de izquierda" y su jefe en " ... un demócrata a carta cabal". El
interés que tenemos, con este material empírico, es evidenciar
las contradicciones en el discurrir mental del novelista;
incoherencias manifiestas, no de una década a otra, sino sólo
en lapsos de dos años en el primer caso y de meses en el
tercero.
En primer lugar, en América Latina y como consecuencia
de la dominación colonial y su secuela se ha sufrido y se sigue
sufriendo las consecuencias del trauma de la conquista, el que
ha generado, entre otros, ese sujeto complejo y contradictorio:
el mestizo. Vale la pena decirlo una vez más, con el sociólogo
Agustín Cueva: " ... el mestizo se manifiesta esencialmente
como el punto de cristalización subjetiva de todas las
contradicciones sociales. Atrapado entre dos razas, dos
culturas, dos instancias estructurales y hasta dos edades
históricas, configura un lugar de desgarramiento y desarraigo
antes que un espacio privilegiado de función". (Cueva 1978:
416)
García Canclini siendo más amplio y en su deseo de
comprender el hecho como totalidad, recurre a la categoría de
hibridez para designar, tanto al mestizaje como al sincretismo:
"Prefiero este último, escribe, porque abarca diversas mezclas
interculturales -no sólo las raciales a las que suele limitarse
mestizaje- y porque permite incluir las formas modernas de
hibridación mejor que sincretismo, fórmula referida casi
siempre a fusiones religiosas o de movimientos simbólicos
tradicionales". (García Canclini 1990: 15)
Las sociedades mestizas-híbridas latinoamericanas han
formado su personalidad histórico-político-cultural sobre la
base de este "agravio colectivo" y así se han ido desarrollando
319
lastradas por este "trauma histórico"; el resultado-símbolo de
este hecho son los mestizos-híbridos (el ochenta por ciento de
los habitantes del subcontinente), tanto en el plano étnico-
racial como en el ideológico-cultural. Este hecho, que implica
en gran medida haber perdido la memoria histórica, despreciar
lo nativo, asociándolo, frecuentemente con la madre,
identificarse con el padre-forastero y agresor, vivir en el
"limbo", sin planes y metas, guiarse por emociones antes que
por razones, vivir en la duda, con cambios frecuentes y
repentinos tanto en los sentimientos como en las ideas. Lo
mencionado son algunas actitudes que caracterizan y marcan,
hasta nuestros días, a los descendientes del "golpe de agravio"
que significó la conquista del continente americano. Vargas
Llosa es uno de los más conocidos depositarios de estos males,
que por siglos, en esta parte del mundo, se han venido
acumulando.
En segundo lugar, América Latina y el Perú, además de
los problemas antes mencionados, son sociedades cruzadas
por problemas económico-sociales, los que han determinado la
aparición de las clases y sus consecuentes enfrentamientos.
Las clases sociales en Latinoamérica, sin haber llegado al
mismo nivel de estructuración que en las sociedades
capitalistas desarrolladas, están lo suficientemente
diferenciadas; lo que nos permite tomar esta categoría como
eje fundamental de análisis de estas formaciones histórico-
sociales, y a la vez nos ayuda a comprender los movimientos,
intereses, conductas, aspiraciones e ideologías de los distintos
sectores agrupados en los diversos segmentos sociales en este
continente. Estos principios sociológicos fueron y son
compartidos por Vargas Llosa, concretamente cuando hace
historia de su clase, familia y persona. Refiriéndose a su padre
y al enfrentamiento social con la familia de su madre, escribe:
"De algún modo y por alguna complicada razón, la familia de
mi madre llegó a representar para él lo que nunca tuvo o lo
320
que su familia perdió -la estabilidad de un hogar burgués, el
firme tramado de relaciones con otras familias semejantes, el
referente de una tradición y un cierto distintivo social- ...".
(Vargas Llosa 1993: 13)
A continuación, explica: "La verdad, estos sentimientos
tenían muy poco sustento ya que en aquella época -mediados
de los años treinta-, pues la familia Llosa, que había sido,
desde que llegó a Arequipa el primero de la estirpe -el maese
de campo don Juan de la Llosa y Llaguno-, acomodada y con
ínfulas aristocráticas, había venido decayendo hasta ser, en la
generación de mi abuelo, una familia arequipeña de clase
media de modestos recursos. Eso sí, bien relacionada y
firmemente establecida en el mundillo de la sociedad".
(Vargas Llosa 1993: 14)
Finalmente, dos páginas después, recordando su estancia
en Arequipa, escribe: "Ese primer año de vida, el único que he
pasado en la ciudad donde nací y del que nada recuerdo, fue
un año infernal para mi madre así como para los abuelos y el
resto de la familia -una familia prototípica de la burguesía
arequipeña, en todo lo que la expresión tiene de conservadora-
...". (Vargas Llosa 1993: 16)
Es menester hacer algunas precisiones. Vargas Llosa
habla, en los párrafos citados, que la familia de su madre
representaba en el imaginario de su padre un "hogar burgués",
luego que en la generación de su abuelo era "una familia
arequipeña de clase media de modestos recursos", finalmente
"una familia prototípica de la burguesía arequipeña".
Se puede observar que Vargas Llosa no tiene claro las
diferencias entre lo que es la burguesía y lo que es la pequeña
o mediana burguesía; utiliza estas categorías indistintamente,
como si fueran sinónimos. A juzgar por los datos que Vargas
Llosa esgrime, su familia materna, en el momento en que él
nace, es clase media de modestos recursos y provinciana; pero
con pasado aristocrático-terrateniente en su provincia (el
321
abuelo Pedro había trabajado como agricultor sembrando
algodón en el valle de Camaná, no se sabe si como propietario
o empleado), de ahí algunas costumbres refinadas, ciertos
contactos importantes y variados complejos heredados.
La familia veía en los cargos públicos, en el estudio y
futura profesión de los hijos, la posibilidad de no seguir
descendiendo en la escala social y si es posible no sólo
conservar su estatus, sino hasta ascender en la misma. El
sociólogo F. Bourricaud, describe este sector social así: "La
expresión clase media no es muy clara. El único modo de
conferirle un sentido un tanto preciso consiste en comprender
que las palabras clase media se refieren a una concepción
jerárquica de la sociedad. (...) El calificativo de media
significa que los grupos que se lo atribuyen -o a los que se les
atribuye- están ante todo preocupados por su posición frente a
sus vecinos de abajo y de arriba. No se sitúan ni
completamente abajo ni completamente arriba, y se definen
negativamente: no pertenecen a la clase dirigente y, sin
embargo, se distinguen de la masa". (Bourricaud 1967: 54)
Esta situación de ser producto de en medio y vivir en
medio, y como consecuencia sin ubicación precisa, implica,
frecuentemente, ser oprimidos y despreciados por los de arriba
y la consiguiente desconfianza-envidia de los de abajo; es uno
de los rasgos que caracterizan a esta clase social, que dicho
sea de paso, comúnmente, hace lo posible por imitar lo que la
burguesía hace y piensa y a la vez pugna por alejarse de los
sectores populares. Uno de sus sueños es devenir en
burgueses, si no en esencia, por lo menos en la forma. Gustave
Flaubert fue cáustico con las clases medias, se refería a ellas
diciéndoles: " ... pequeños burgueses imbéciles, mediocridad
de la existencia ... ". (Flaubert 1995: 59)
El individualismo, el arribismo, los complejos, los
cambios e incoherencias de este sector sin ideología y sin
proyecto histórico propio, es correctamente descrito por
322
Álvaro Vargas y sus amigos en MANUAL DEL PERFECTO
LATINOAMERICANO, leamos: "Si a este personaje
pudiéramos tenderlo en el diván de un psicoanalista,
descubriríamos en los pliegues más íntimos de su memoria las
úlceras de algunos complejos y resentimientos sociales. Como
la mayor parte del mundo político e intelectual
latinoamericano, el perfecto idiota proviene de modestas
clases medias, muy frecuentemente de origen provinciano y de
alguna manera venidos a menos. Tal vez tuvo un abuelo
próspero que se arruinó, una madre que enviudó temprano, un
padre profesional, comerciante o funcionario estrujado por las
dificultades cotidianas y añorando mejores tiempos de la
familia. El medio de donde proviene está casi siempre
marcado por fracturas sociales, propias de un mundo rural
desaparecido y mal asentado en las nuevas realidades
urbanas". (Autores varios 1988: 22)
A continuación, tomando algunos hechos que caracterizan
a la generación del 50, a la cual pertenece Vargas Llosa,
continúa: "Debieron ser compañeros de su infancia la
Emulsión de Scott, el jarabe yodotánico, las novelas
radiofónicas, los mambos de Pérez Prado, los tangos y
rancheras vengativas, los apuros de fin de mes y parientes
siempre temiendo perder su empleo con un cambio de
gobierno".
Por último, termina "Y encima, siempre arrogantes, los
ricos con sus clubes, sus grandes mansiones, sus muchachas
de sociedad y sus fiestas exclusivas, viendo con desdén desde
la altura de sus buenos apellidos a las gentes de clase media,
llamados, según el país, huachafos, lobos, siúticos, o cualquier
otro término despectivo". (Autores varios 1998: 23)
Si intentáremos identificar al fluctuante Vargas Llosa, por
su extracción de clase, con alguno de los personajes mestizos,
provincianos, pequeños burgueses e intelectuales que aparecen
en sus obras de creación, quien mejor sintetiza ese mundo
323
interno y externo, complejo, contradictorio, desgarrado y en
eterna búsqueda es, naturalmente, Santiago Zavala en
CONVERSACIÓN EN LA CATEDRAL. Si Gustave Flaubert
dijo "Madame Bovary soy yo", Vargas Llosa podría decir,
parafraseando a su maestro, "Santiago Zavala soy yo".
En tercer lugar, en el plano de su concepción filosófica,
cuando la libertad ha logrado independizarse de la necesidad,
Vargas Llosa se ha reclamado, en un corto tiempo, como
materialista; luego, a partir de los años setenta hasta
comienzos del nuevo milenio, se autodefine, indistintamente,
como escéptico, ecléctico y agnóstico. Nunca ha definido qué
entiende por estos términos, pareciera que para el novelista
son sinónimos. Esta base gnoseológica puede ser muy fecunda
para un "aventurero" de la imaginación que busca nuevos
espacios en el mundo, para un "hablador" que cuenta y
recuenta historias, o para un "inventor" de mundos y
realidades fantásticas, en la medida que le permite hacer los
juegos y extrapolaciones mentales sin límites y sin
responsabilidad ante nadie, incluso hasta convertirse, como él
sostiene, en un auténtico "deicida".
Si el eclecticismo o el agnosticismo, como base del
conocimiento, son fecundos para el desarrollo de una de las
pasiones en la vida del novelista, la literatura, este hecho no se
repite en la otra pasión de su vida, la política, donde la moral,
por un lado, tiene que ser histórica y socialmente
comprendida, y por otro lado, las pasiones, los sentimientos,
los odios y los rencores deben no sólo ser controlados, sino
hasta reprimidos, en la medida que la política exige, sobre
todo, seriedad y responsabilidad. En otras palabras, la
actividad política se hace con la cabeza y no con otras partes
del cuerpo o del alma, como escribió hace más de un siglo
Max Weber.
Vargas Llosa es la síntesis, en negativo y en positivo, de
todos estos males acumulados, que dicho sea de paso, hay que
324
repetirlo una vez más, es un problema de la gran mayoría de
latinoamericanos que nacieron de "pura casualidad" en este
continente, que aprendieron el idioma y se nutrieron de la
cultura, en su conjunto, inconscientemente. Simplemente es un
hecho que se dio al margen de la voluntad, hegelianamente
hablando, es la necesidad; pero a la par, como reconocimiento
de la necesidad, está la libertad. Es decir, llegado un momento
dado los hombres comunes, con mayor razón intelectuales con
el nivel cultural y los conocimientos teóricos que Vargas Llosa
adquirió, tienen la capacidad, como individuos o como parte
de un colectivo, de reconocer su pasado con todos sus
encantos y desencantos; la libertad de decidir, hasta cierto
punto, a través de un proceso de cuestionamientos, de
afirmaciones y negaciones, de análisis y síntesis, qué
orientación dar a su vida y a su intelecto en esta agonía eterna
que es el presente, y así proyectarse, como ser individual o
como parte de un todo, hacia el futuro. Esto es lo que uno de
los más famosos novelistas de habla castellana ha logrado, en
gran medida, en el plano individual-literario; pero en el nivel
político-colectivo, a pesar de sus esfuerzos, sea desde la
izquierda, hasta 1971, desde el centro, hasta 1986, o desde la
derecha, hasta comienzos del nuevo milenio, de ver
transformada América Latina. Ya sea como socialismo, como
una social-democracia o como una democracia liberal al estilo
europeo, hasta hoy ha quedado ello en deseos.
Si algo tendríamos que criticar a Vargas Llosa, entre otras
cosas, es no haber podido dar cauce consciente y coherente a
su vida política, desde el punto de vista histórico-social. Sin
lugar a dudas él no es un caso único en el continente. En el
novelista pesó más su historia, su clase, su familia, sus
problemas personales y el sistema al que Vargas Llosa
combatió, con su verbo y su pluma, hasta comienzos de la
década del 70 del siglo XX.

325
Vargas Llosa ha devenido en "una especie de mito" para
un determinado sector social de habla hispana y ésta es una de
las razones de porqué, en un momento dado, el novelista cree
que su capacidad como tal no tiene límite y a la vez piensa que
sus posibilidades son absolutas. Sus posibilidades ilimitadas
parecen ser verdad en una de las pasiones de su vida: la
literatura; pero en la otra: la política, sus posibilidades tienen
sus límites y ellos se imponen objetivamente en contra de su
voluntad.
Como queda demostrado a lo largo de su trayectoria ideo-
política, gran parte de la cual hemos reconstruido en esta
investigación, y más concretamente en el año 1990 cuando el
gobierno estuvo maduro para él, pero él no estuvo maduro
para el gobierno, y así perdió la oportunidad de convertirse en
el primer y único presidente escritor del continente americano,
en la segunda mitad del siglo XX.

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