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Introducción general

1 Origen de la filosofía.

- Literario: Sócrates decía que la filosofía no se hallaba en los libros, si no en el


interior de nosotros (supuesto origen en las obras de Homero).
- Psicológico: se podría decir que maravillarse es el despertar de la conciencia.
Esa es la conciencia de la propia ignorancia, es para aquél un deseo de saber.
Aristóteles decía “la ignorancia a llevado a los hombres a filosofar”. Admitir la
ignorancia es el primer paso para hacerlo.
- Histórico: localización geográfica y temporal: Grecia, Oriente, Babilonia…
▪ La tesis Pambabilonista: mantiene que la filosofía tiene un origen oriental y en
los pueblos del Nilo. Ya había textos que así lo demuestran (matemáticos como
los Pitagóricos). Se extiende hacia Europa por Turquía.
▪ La tesis del genio griego: afirma que el origen de la filosofía es puramente
griego y que surge como un proceso liberador alejado de lo religioso y lo místico
(actitud hacia la religión) entendiendo el origen oriental como una influencia de
los griegos.
▪ La tesis de vía intermedia: afirma que la filosofía tiene un origen griego pero
que también hay una conexión con el mundo oriental, sobretodo en aspectos de
tipo constructivo, experimental, arquitectónico…

2 Definiciones y nociones de filosofía.

Concepto genérico: la filosofía tiene dos definiciones: nominal y real.

2.1 Definición nominal.


Entre las definiciones nominales de filosofía veremos su definición etimológica y
analítica. La definición etimológica es creada por Pitágoras aunque otros piensan que
fue creada por Heráclito, quien utilizó el término:

“Es necesario que los hombres filósofos sean


buenos investigadores de muchas cosas.”

La definición analítica es una filosofía que deriva y se compone de las palabras griegas
“filia” y “sofia”, que significan amor y sabiduría. Pero su sentido es muy amplio. Por
ejemplo, Homero la empleaba para designar en general toda habilidad o destreza,
incluso como técnica, tal como las que poseen los artesanos, poetas o músicos. Otros
como Herodoto llaman “sofos” a todo lo que sobresale de los demás, por la perfección
y calidad de sus obras. Con este término “sofoi” fueron designados los siete sabios de la
antigüedad. En cuanto a “filia”, sinónimo de “eros”, de esta raíz surge la antología del
amor con nuestra palabra filosofía. El amor está en la filosofía como “filia”, como
amistad, afecto y cariño. El filósofo se encuentra entre la sabiduría y la ignorancia. No
es un ignorante porque desea y ama la sabiduría. Tampoco es un sabio pues no la pose.
El filósofo vive de este amor, de esta sed de saber que quiere superar alcanzándola en el
sabio, aunque nunca la consiga del todo (mito platónico del nacimiento de Eros).
Concluyendo sobre lo dicho y respondiendo a la explicación nominal analítica, la
filosofía tratara de evadir los límites de la ignorancia con el anhelo y la esperanza de
alcanzar un saber total. Y finalmente el mismo eros o amor será filosofía, pues si el
amor ama a las cosas bellas, y la sabiduría es una de ellas (quizás la más bella),
entonces amar a la filosofía será filosofar.

2.2 Definición real.

Intentaremos mediante un recorrido histórico ver lo que no es filosofía, rechazando


distintas opiniones; y en segundo lugar terminaremos dando distintas definiciones reales
teniendo en cuenta lo que los filósofos y las distintas escuelas que representan han dicho
a los largo del desarrollo del pensamiento occidental.

a) Los modos de filosofar griegos:

Los presocráticos ven la filosofía como una pregunta sobre el origen y la razón del
orden. Las distintas escuelas consideran que la filosofía es una reflexión que pretende
racionalizar la totalidad de lo que se puede experimentar. A esta totalidad la llamaron
“phisis” (naturaleza), y abarcaba todo cuanto podía el griego experimentar o pensar. Su
pregunta podría ser: “¿existe algo que sea la razón de ser de la phisis?”.
Estos pensadores van a dar respuestas físicas, materiales, mediante una explicación
científica fuera de lo religioso, mítico e irracional. Por esto hay un avance positivo, ya
que hay un alejamiento de lo religioso a lo experimental. Podría decirse que la ciencia
surge en este instante.
El presocrático busca razones que expliquen y den sentido y unidad a lo que pasa en la
naturaleza, queriendo encontrarlo en virtud de la reflexión de su razón acompañada de
la visión científica, en el seno mismo de cada cosa, con independencia de la acción de
los dioses. De ahí que la filosofía surja como el esfuerzo por encontrar en las cosas
mismas la razón de su propio ser.
Debe haber un elemento planificador de la unidad presente en todas las cosas como
aquello que las origina, que las hace cambiar y al mismo tiempo permanecer en su ser;
es lo que garantiza el orden y la finalidad. Es lo que llaman los presocráticos el
“Logos”.
El “Logos” es:
- una realidad que la razón postula o pide como exigencia de lo que experimentan los
sentidos.
- un principio “Arjé”, porque él es lo más íntimo en las cosas y de donde ellas toman su
origen.
- el que posibilita la compresión de la phisis como cosmos, osea, como totalidad
sometida a razones.
Los presocráticos dieron a la pregunta por ese “Logos” respuestas diferentes. Pero en
todo caso el problema consistía en diferenciar que es lo que hace que las cosas sean
como son, tanto en su estructura como en sus funciones. Su investigación no es por
tanto ni científica ni teogónica.

b) La filosofía como búsqueda de la razón ética y política:

El desarrollo científico, técnico, comercial, artístico y sobre todo político en el siglo IV


y V a.C, llevaron a los filósofos a reflexionar sobre nuevas realidades. Así lo hacen los
sofistas Sócrates y Platón. La preocupación de todos ellos es recorrida por una inquietud
ético-social (época de Pericles).
En este ambiente los Sofistas representan la respuesta a una demanda cultural
esencialmente preocupada por lo útil, tanto social como económicamente. El Sofista
enseña lo socialmente rentable (instrucción cívica), alejándose de las grandes preguntas
sobre el sentido de la naturaleza. Lo cierto, lo verdadero es lo que interesa, el éxito. Con
tales objetivos el sofista es sobre todo un maestro de retórica que quiere convencer a
través de sus palabras. La verdad no es por tanto patrimonio de las cosas, de las
acciones de la naturaleza, sino que ella será lo que convencionalmente acuerde la
mayoría en el seno de la ciudad. En este sentido el sofista no enseña nada como
definitivo, sino que solo puntualmente establece lo correcto y lo incorrecto, a que las
palabras por si mismas pueden tener significados distintos.
El hombre, según la sentencia de Protágoras, se convierte en “la medida de todas las
cosas”. Frente al convencionalismo utilitarista sofista, Sócrates representaba una triple
preocupación: para él no es la utilidad la que debe condicionar la definición de las
cosas, si no la exigencia de ser fieles a ellas. A su vez la verdad será una continua
búsqueda inacabada; por último la acción debe guiarse por la fidelidad a la propia
conciencia.
Fue Platón quien idealizó este ideal filosófico socrático diseñando la figura del filósofo
como aquel que ama la búsqueda de lo verdadero, en el convencimiento sincero de que
nunca conseguirá la verdad, la filosofía será la intermediaria entre la sabiduría y la
ignorancia. Fiel a esta búsqueda, Sócrates introdujo en la filosofía, según nos cuenta
Platón, un método de indiscutible actualidad. Para Sócrates, ante todo lo que se presenta
como cierto debe ejercer primero una actitud crítica y analítica (ironía), para proponer a
continuación el sentido verdadero de aquello que critica. La actitud filosófica por tanto
es constructiva en cuanto a que no puede concentrarse sólo con criticar si no que debe
ofrecer un sentido y proponer una verdad.
Platón continúa el ideal socrático y tendrá como inquietud buscar esa garantía de
objetividad para nuestro lenguaje, que a su vez es garantía de objetividad moral. La
filosofía obedece a la única y profunda intención (planteamiento idealista) de ser la
verdadera sabiduría, no de las particularidades, si no la que dice que lo bello sea bello,
lo justo sea justo, el árbol sea árbol… La definición de filósofo es:

“Los filósofos son los que pueden alcanzar lo que siempre se mantiene igual a sí mismo,
y no lo son los que duden errando por multitud de cosas diferentes.”

Por ello, filosofía es el conocimiento de realidades ideales que dan sentido a las cosas
particulares; para eso hay que superar lo que individualmente nos interesa en cada
momento, lo que es fugaz en cada cosa poniendo en ejercicio la capacidad de
admiración para poder intuir lo que las cosas pudieran ser, y no son. Admirarse ante los
múltiples sentidos posibles de todo lo real y sobrepasándolos, ir a la fuente de todos
ellos: a su IDEA.
Con esta admiración, la filosofía dejará de ocuparse de cosas particulares de este o aquel
hombre, de esta o aquella felicidad, de este o aquel fenómeno natural…, para abordar la
búsqueda del conocimiento de lo absoluto, y es la ciencia verdadera, la ciencia de las
ideas dejadas y despreciadas por los sabios de este mundo, y socialmente desacreditada
por su sentido no práctico. Pero eso sí, por una parte el filósofo debería gobernar la
República, por otra, la filosofía debería ser ejercicio para la muerte, momento en el que
la limitación se acaba y se hace posible el conocimiento de lo esencial.

c) La filosofía como saber de la esencia: Aristóteles:


El objeto propio de la filosofía según Aristóteles es: ella busca los principios y las
causas de los seres. La filosofía es sabiduría. El problema no es averiguar quién o qué
produce las cosas si no saber qué son esos quienes las producen.
La filosofía implica por tanto el conocimiento de la razón de ser y el conocimiento de
cuál es el ser de esa razón. Por tanto la filosofía es la búsqueda de la razón o de la
condición última de toda realidad. Es decir, la búsqueda de aquellos que tanto en el
orden de las cosas completas como en el orden de la realidad entendida como totalidad,
son los elementos que pueden indicar la condición primera de lo que existe.

d) La filosofía como forma de vida:

Es el periodo de expansión de la cultura ateniense iniciada por Alejandro Magno y que


tras su muerte en el 323 a C. continuará por obra de los griegos que se asientan en las
nuevas sedes culturales de Alejandría, Pérgamo, Rodas y más tarde Roma.
Durante todo este periodo (aproximadamente 500 años), la filosofía dejará de ser
especulación teórica y metafísica para reducirse fundamentalmente a temas
antropológicos y morales. La filosofía se va a convertir en Preocupación Ética, y tiene
como objetivo ofrecer un modelo de vida basado en la tranquilidad exterior y la paz
interior.
Además de las llamadas escuelas socráticas menores como los cínicos, megáricos,
cirenaicos, escépticos… caracterizados por una defensa de la vida natural y un marcado
carácter antisocial, las dos escuelas más importantes en este periodo son el epicureismo
y el estoicismo.

▪ Epicureismo: la filosofía es para el epicúreo un “TETRAFÁRMACON” porque ella


debe ser un cuádruple remedio contra los cuatro males o temores de la vida: debe librar
el temor a los dioses, a la muerte, al no alcanzar el bien; y del temor a los males y
peligros. En realidad, Epicuro propone una actitud de espíritu vigilante para que nada
turbe la felicidad. Se trata más de propiciar una actitud de serenidad intelectual que de
placer sensual. Tales objetivos no impiden decir a Epicuro:

“El placer es el principio y el fin de la vida feliz. Sabemos que él es el bien primero y
natural, y de él toma comienzo todo acto de nuestra elección.”

La filosofía será en consecuencia la sabiduría vital que sepa mantener la vida feliz con
un adecuado valor de vigilancia, para que proclamando el placer como principio, haga
consciente al hombre de que éste puede residir perfectamente en la continencia y en la
vida.

▪ Estoicismo: su filosofía a través de los fragmentos dispuestos que se conservan


podría dividirse en la lógica física y ética. Siendo importantes la física y la lógica es, sin
embargo, la ética la que caracteriza la escuela de la “estoa”. Frente al principio epicúreo
del placer, la ética estoica aceptará como norma el vivir según la naturaleza, pero
insistiendo en el desarrollo mesurado de las inclinaciones naturales a las que debe
acceder el hombre, guiado por una razón madura. Fundamentalmente hay que prescindir
de lo que en primer lugar se presenta como placentero y aceptar las inclinaciones más
profundas del ser humano que residen, según ellos, en imponer la razón a las cosas y no
las cosas a la razón. Se afirma la existencia en el hombre de un principio racional hacia
lo natural que tiene la obligación de ser cumplido. Guiado por dicho principio, el
hombre debe afrontar la relación con los bienes externos desde la autarquía (dominio de
sí); a las pasiones debe oponer la apatía, y cuando la razón dicta como valor neutro debe
aceptarse con ataraxia (indiferencia). De acuerdo con estos presupuestos, Séneca hace
de la filosofía “el amor y la investigación de la sabiduría”, siendo ésta el zenit de la
perfección del alma humana, de donde la filosofía es el estudio de la virtud. Filosofía y
virtud se co-implican, por eso podemos concluir que la filosofía se identifica con el
ejercicio de la vida virtuoso.