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Américo Martín no cree que la revolución se sostenga sin Fidel

Hay generales que se sienten


por encima de Raúl Castro

Ex guerrillero, líder de la izquierda venezolana y amigo de Fidel en los 60,


Américo Martín afirma: “por primera vez, se plantea una lucha posible por el
poder” y advierte que los poderosos militares que dirigen los tres ejércitos de la
isla pueden desempeñar un rol fundamental en el juego de la transición.
Dedicado al análisis del día después, presentó esta semana el libro La sucesión
de Castro, una herida abierta

Cristina Marcano

Cuando se dispuso a escribir, luego de un año de investigación, Américo Martín


no imaginaba que su libro vería la luz en un momento tan propicio. El miércoles
pasado cuando presentó La sucesión de Castro, una herida abierta, el joven
barburdo al que conoció de cerca en los sesenta, al que admiró tanto y del que se
distanció pronto, estaba aún convaleciente y alejado del poder. En su análisis,
Martín se centra oportunamente en la dinámica del régimen fósil del continente
y los factores que podrían decidir el destino de una Cuba huérfana del
comandante.
Autor de América y Fidel Castro (2001) y La pesada planta del paquidermo
(2005), el ex dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), no
sólo se ocupa de los herederos políticos más visibles -Raúl Castro, Carlos Lage,
Felipe Pérez Roque y Ricardo Alarcón- sino también de aquellos que no suelen
figurar en la primera línea de sucesión: un reducido grupo de poderosos jefes
militares, que controlan los ejércitos y los negocios de la isla.

En su libro usted se pasea por los escenarios de la Cuba


postfidelista…

Es difícil hacer pronósticos pero es fácil ver tendencias. Por lo menos, desde
1989 ha ocurrido en el Partido Comunista de Cuba un proceso progresivo de
des-ideologización. Es un partido formalmente marxista-leninista, pero en
realidad eso ha ido desapareciendo de la atmósfera interna. Desde la muerte del
general Arnaldo Ochoa, cada dirigente está allí no por razones ideológicas sino
para tratar de evitar que le ocurra lo que le ocurrió a Ochoa y en la lucha por
parcelas. En el Comité Central hay fuertes contradicciones cuyo árbitro es
siempre Fidel. Ahora, no es posible que después de la muerte de Fidel Castro
continúe el proceso. En Cuba la única salida es intentar algo como la perestroika
o como el socialismo chino, basado en un control despótico. Eso ha sido posible
en China debido a que no hay tradiciones democráticas: Pero en el caso de Cuba
no es creíble que el partido pueda mantener durante mucho tiempo el
monopolio del poder si prospera el capitalismo. Y no lo es porque está ubicada
en un continente donde predominan los gobiernos democráticos, no tiene
mayores recursos y hubo una tradición democrática entre 1902 y 1948. Es muy
difícil que se mantenga un régimen dictatorial una vez que se inicie el camino de
apertura económica.

¿Por qué sostiene que el poder de Raúl va a ser transitorio?

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Raúl es el único dirigente fuera de Fidel que tiene poder propio en las instancias
fundamentales: en el Comité Central, en el Consejo de Estado, en el aparato
militar, en el ministerio de Relaciones Exteriores, a través de su fiel seguidor, el
general Abelardo Colomé Ibarra, y en el ministerio de las Fuerzas Armadas, que
él dirige. Él garantiza a la burocracia política y militar la continuidad, la
preservación de sus privilegios y sus posiciones de poder. Pero su problema es
que no tiene popularidad y ha optado por apoyarse en generales y altos oficiales.
Muchos de ellos se han convertido en empresarios que se han enriquecido y
ganado privilegios manejando empresas militares que se reúnen bajo la
coordinación de Gaesa (Grupo de Administración Empresarial, S.A.), dirigida
por el general Julio Casas Regueiro, un raulista extremo, y por un yerno de Raúl
Castro. Ellos son quienes controlan este emporio de movimientos legales e
ilegales de la economía, que no pasan por la tesorería y que tienen vinculación
directa con el extranjero en el cambio de divisas. Eso ha irritado a los oficiales
de rangos inferiores y también al pueblo.

¿Es sólo un problema de popularidad?

Hay algo más delicado: el ejército cubano ha sido conformado por Fidel de
forma que difícilmente otro pueda controlar. Diseñado para defenderse de una
invasión norteamericana, no es un ejército sino tres ejércitos, cada uno
autosuficiente: el del centro, el de occidente y el de oriente. Son autónomos del
ministerio de las Fuerzas Armadas y reciben órdenes directas de Fidel. Sus jefes
son el general Leopoldo Cintra Frías (centro), Joquín Quinta Solá (Oriente), y
Ramón Espinoza Martínez (Occidente), un general que tiene fama de ser muy
desenfadado y de los menos serviles. Hay otro oficial cuya estrella va en
ascenso: el general Arturo López Miera. Todos, menos Espinoza, se destacaron
en las guerras de Angola y Guinea. Cuando estos hombres vuelven a Cuba han
hecho carrera como generales con ejércitos de verdad y, por supuesto, se sienten
militarmente por encima de Raúl Castro, quien durante la guerra de guerrilla en
Sierra Cristal, al mando del segundo frente Frank País, no combatía sino que
organizaba. Al frente de poderosos ejércitos, estos generales vienen con una
trayectoria de combate que, desaparecido Fidel, uno no sabe qué camino
podrían tomar. Cualquiera de ellos podría pensar: mejor lo hago yo. Por primera
vez se plantea en Cuba una lucha posible por el poder, cosa que era impensable.
A eso se suma el hecho de que al partido le ocurre lo mismo que al ejército.
Arriba es pura formalidad, la fuerza está en las provincias, con la particularidad
de que estos dirigentes de las provincias se han relacionado con los ejércitos y
han creado una dinámica propia que puede actuar con mucha autonomía. Todo
eso me hace pensar, que Raúl pudiera ser un personaje transitorio y relegable
para abrir paso a una situación que pudiera ser similar a cualquiera de las
ocurridas en Europa oriental. O, por el contrario, Raúl pudiera montarse en la
ola de la apertura y llegar más lejos de lo que la gente supone.

¿Cuál es el principal reto de Raúl para mantenerse en el poder?

El de hacer viable un proceso de recuperación económica que no dependa de las


acciones aventureras exteriores. Raúl, junto con un creciente número de líderes
políticos y militares de Cuba, está pensando en el modelo chino. En China más
de 90% de los bienes y servicios que se producen provienen del sector privado.

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Ese modelo le gusta porque es una opción para salir del agobio y recibir masivas
inversiones de capital. Tratar de hacer ese viraje y al mismo tiempo ponerle
orden a la manzana envenenada, desde el punto de vista administrativo, que le
ha dejado Fidel son retos formidables para Raúl, sin tener carisma ni un
prestigio grande. Es muy posible que la tarea le quede grande, a menos que se
produzca una fuerte alianza de factores de poder que impulse el asunto en la
dirección de una apertura económica. Si asume esta política, Raúl tiene un
obstáculo muy grande: la ley Helms-Burton, que contempla el desembargo, si
desaparece Fidel, con paquetes de ayuda muy grande, pero establece que no se
aplicarán los beneficios si su hermano hereda el poder.

¿Y qué salida podría prosperar?

La de burlar la ley con la aquiescencia de Estados Unidos, una potencia que


como todas no tiene alma sino intereses. Esa salida pudiera ser colocar al frente
de Cuba a cualquiera de los delfines importantes -Carlos Lage (vicepresidente
del Consejo de Estado y cerebro de la economía), Felipe Pérez Roque (canciller),
Ricardo Alarcón (presidente de la Asamblea Nacional) o cualquier otro-
conservando Raúl el poder real.

¿No se impondrá la obligación moral de mantener la Cuba fidelista


sobre la tentación de la apertura?

Eso no fue ningún problema en China. Allá todo se sigue haciendo en nombre de
Mao Tse Tung aun cuando todo el mundo sepa que Mao ha sido aniquilado. La
posibilidad de una apertura tiene sus dificultades, pero Raúl siempre fue
proclive a esto: no fue de los que más alentó la lucha guerrillera en América, no
figuró en los esfuerzos militares en el extranjero ni ha estado vinculado con el
presidente Hugo Chávez. También fue el músculo financiero de la apertura
económica con la creación de los mercados campesinos y la libre circulación del
dólar. Gente muy cercana a él asegura que ya ha enviado misiones a China para
estudiar esa realidad.

¿Qué lectura le dio a la manera cómo se anunció la enfermedad de


Fidel?

Nunca se produjo una cesión expresa del poder como ha ocurrido ahora. Es
inusitado. Por primera vez, aparece un documento expreso delegando el poder.
Se trata de un hito en la historia de la revolución cubana, sobreviva o no Fidel,
vuelva o no al poder. En segundo lugar, hay unas referencias extrañas. Por
ejemplo, uno de los cesionarios del poder es José Ramón Machado Ventura y no
figura para nada Ricardo Alarcón. Machado es un hombre tradicionalmente
ligado a Raúl, que estuvo con él en Sierra Cristal. Pero no goza de prestigio
dentro del partido. Que aparezca ahora en las supremas instancias del poder
sólo puede explicarse porque lo colocó allí Raúl.

Debido a su edad, Raúl no gobernará mucho tiempo, ¿a quiénes ve


en primera fila?

Si hacemos un ejercicio especulativo, no veo a nadie que tenga fuerza fuera de


los militares. Veo a López Miera, Cintra Frías, Quinta Solá y Espinoza Martínez.

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Son los que, teniendo poder propio, si se unieran representarían una formidable
fuerza político militar. Naturalmente, creo que tienen que entender que no
pueden gobernar como lo ha hecho Fidel. Tendrían que buscar alianzas
políticas.

FOTOLEYENDA:

No es posible que después de la muerte de Fidel Castro continúe el proceso.


Foto: Sandra Bracho

EPÍGRAFE:

Hay generales que vienen con una trayectoria de combate que, desaparecido
Fidel, uno no sabe qué camino podrían tomar

Raúl, junto con un creciente número de líderes políticos y militares de Cuba,


está pensando en el modelo chino