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LAS MADRES DEL DESIERTO

LAS MADRES DEL DESIERTO


ÍNDICE
1- Primeras Ammas cristianas
No citadas en el Nuevo Testamento (tradiciones diversas)
Sta. Petronila, discípula de S. Pedro
Stes Felícula y Prisca, seguidoras de Petronila
Sta. Irene discípula de S. Timoteo
Stas. Ceneida y Filonia, primas de S. Pablo
Sta. Marcela, criada de Marta y María
Sta. Ifigenia, reina de Etiopía, discípula de S. Mateo
Vírgenes documentadas
Sta. Tecla, discípula de S. Pablo
Sta. Macrina la Vieja, discípula de S. Gregorio Taumaturgo
Sta. Macrina la Joven, nieta de la anterior, y hermana de los Stos. Basilio y
Gregorio de Niza

2- Las Ammas más famosas del Desierto de Egipto


Amma Synclética, la más conocida de todas (tiene 27 apotegmas o
"sentencias")
Ammas Mara, Cirina y Domnina (habla de ellas Teodoreto de Ciro)
Amma Sara (10 apotegmas)
Amma Teodora (10 apotegmas)
Amma María, hermana de S. Pacomio (3 apotegmas)
Amma Isidora (año 365)
Amma Talida abadesa

3- Ammas menores
Amma Talis (4 apotegmas)
Amma Alejandra (4 apotegmas)
Amma Bassa (va a Palestina)

4- Ammas anacoretas
Amma Domnina (4 apotegmas)
Ammes Mapana y Cira (5 Apotegmas) habla de ella Teodoreto de Ciro
Amma Eufrasia (hija de Constantinopla)

5- Amma diaconisa
Amma Olimpia, diaconisa bizantina (año 408)

6- Ammas que son pecadoras convertidas


Amma Taís (año 290) habla de ella Pafnufi
Amma Maria egípcia (va a Palestina) habla de ella S. Sofronio, obispo de
Jerusalén
Amma Maria siríaca, habla de ella S. Efrén
Amma Paísa
Amma Pelagia siríaca
Amma Eudoxia (s II) samaritana

7- Ammas que se disfrazan de monjes


Amma Eufrosina (Egipto)
Amma Teodora
Amma Anastasia (hija de Roma, que va a Egipto)
Amma Marina
Amma Apolinaria (hija de Roma va al desierto de Judá)
Amma Matrona (Constantinopla)

8- Amma profetisa y milaglera


Amma Piamun

9- Matronas romanas
Sta. Elena (272) madre de Constantino
Amma Melania la vieja (Jerusalén)
Marcela y Fabiola (Roma)
Amma Paula (Belén)
Amma Eustòquia, hija suya (Belén)
Amma Paula la joven, nieta de Paula (Belén)
Amma Melania la joven, nieta de la otra Melania (Jerusalén)

Conclusión

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1- PRIMERAS AMMAS CRISTIANAS


Primeres cristianes no citades al Nou Testament (tradicions diverses)
Se cree que la primera "virgen consagrada" fue Sta. Petronila, discípula de S.
Pedro, que ya recibe culto en el s. IV en Roma. Según las actas de los Stos. Nereo
y Aquileo, Sta. Felícula i Sta. Prisca la siguieron.
En Constantinopla se veneró muy pronto a Sta. Irene, discípula del obispo S.
Timoteo, discípulo de S. Pablo. En Cilícia (Turquía), Stas. Ceneida y Filonia, se
veneran como primas de S. Pablo.
S. Metodio de Olimpo (311dC) considera Sta. Marcela como la primera virgen
cristiana. Y la leyenda dice que fue criada de Marta y Maria. También se habla
de Sta.Ifigenia, hija del rey de Etiopía, convertida por el apóstol Mateo.
Éstas son las primeras raíces de lo que después llamaremos la "Matrologia".

Vírgenes documentadas
Sta. Tecla de Iconio (Turquía) es discípula de S. Pablo, y considerada "madre"
de las vírgenes que después se marcharon al Desierto. Según la tradición es la
primera mujer mártir a causa de la fidelidad al evangelio. Hablan de ella S.
Agustín, S. Ambrosio y muchos otros.

En Cataluña, la Asociación bíblica de Tarragona organiza viajes a Turquía,


"siguiendo las huellas de Sta. Tecla". Y en la revista de la Asociación se puede ver
la documentación arqueológica sobre los lugares de la Sta.

Sta. Macrina la Joven es considerada la primera Amma (Madre) del Desierto de


Turquía (380). Es hermana de S. Gregorio de Nisa y de S. Basilio. (S. Benito
considera a S. Basilio su Padre, por eso lo cita al final de la Regla benedictina).
Sta. Macrina, seguidora de Sta. Tecla, es nieta de Sta. Macrina la Vieja (mártir
en la época de Diocleciano s. III), y discípula de S. Gregorio Taumaturgo.
Macrina la Vieja tuvo que huir al desierto con su marido, durante la
persecución. Murió en el año 350.
Esta familia de "santos" vivía en el Ponto, cerca del Mar Negro, llevando una
vida ascética y pobre, a pesar de ser de clase acomodada. La nuera de Sta.
Macrina la Vieja, también fue santa, la veneramos con el nombre de Sta. Emelia.
Tuvo 10 hijos. La mayor era Sta. Macrina la joven.

Sta. Macrina la Joven recibió de Dios la capacidad de armonizar la actividad y


la contemplación. Ayudó a su madre, Sta. Emelia, en la educación de sus
hermanos. Tres de los hermanos también seran santos: Basilio, Gregorio de Nisa
y Pedro de Sebaste. Pedro, el menor, fue educado exclusivamente por Macrina.
Debemos la "Vida de Sta. Macrina " a la pluma de su hermano S. Gregorio de
Nisa, en agradecimiento a todo lo que ella ha hecho por él, a quién llama su
"segunda madre, fuerte, benevolente, y maestra de su vida".

La joven Macrina estaba muy compenetrada con su madre, Emelia, y cuando ya


esta era viuda, la convenció de convertir a su hogar en un monasterio, llevando
vida monástica junto con sus sirvientas, sin que hubiera ninguna distinción entre
ellas.
A diferencia de los monjes de Egipto (y de los cenobios de Pacomio), el monacato
capadocio era más culto, y las austeridades eran menos espectaculares que las de
los monjes coptos y sirios. Podía haber influido también el paisaje. La dureza del
desierto de Egipto no tenía nada a ver con la belleza de las orillas del río Iris,
donde había los monasterios turcos.
Cuando Basilio el grande inició la vida monástica (356), el monasterio de su
hermana Macrina ya era floreciente.

La última plegaria de Macrina, antes de morir fue: "Tú, Señor, me has quitado
el miedo a la muerte. Yo sé que nosotros somos de barro, y que Tú ahora lo
devuelves a la tierra. Pero después harás que este barro se revista de
inmortalidad."
Al morir todas las monjas lloraban diciendo: "se ha extinguido la lámpara de
nuestros ojos...".
Entre las monjas sabemos los nombres de la diaconisa Lampadion, que era
maestra de coro. Y de Veciana, una viuda noble que la amortajó.

El obispo Araxios, con todo el presbiterio, fueron al entierro de Macrina (380).


La iglesia oriental celebra su fiesta el 19 de julio.

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2- AMMAS FAMOSAS DEL DESIERTO DE EGIPTO


AMMA SYNCLÉTICA
Amma Synclética es la más famosa de las Madres del Desierto. Su vida se escribió
poco después de su muerte. Anterior a este escrito, sólo está la vida de Sta.
Macrina (del 380) y las actas de los Mártires.

Synclética abrazó la vida solitaria, en tiempo de S. Antonio.


Su nombre quiere decir "asamblea celestial". Hija de Macedonia, fue a vivir con
su familia (1 hermana y 2 hermanos) en Alejandría, entonces una gran ciudad
cosmopolita. Después de Roma, la mayor del Imperio.
A pesar de ser de una casa acomodada, quería vivir según las enseñanzas de Sta.
Tecla. Por eso evitaba las conversaciones, para permanecer en la profundidad
interior. A pesar de que amaba las penitencias como medio para fortalecer su
vida en Dios, obraba con tanta discreción que nadie notaba sus renuncias.

Al morir sus padres, abandonó su casa, dio sus posesiones a los pobres, y, junto
con su hermana ciega, se fue a vivir en el Desierto, cerca de un sepulcro. Como lo
hizo todo con mucha humildad, bien pronto la rodearon muchas jóvenes
discípulas. Algunas vivían en comunidad con ella, y otras solas.
Cuando las discípulas le preguntaban sobre el camino de salvación, ella
acostumbraba a responder: "si queréis instruiros, id a la Fuente, Cristo".
Su doctrina está muy centrada en el amor, de donde proviene todo, y a donde va
todo, decía. Según ella el amor es doble: dar y recibir. Y enseñaba a mantener el
alma LIBRE, en medio de las riquezas espirituales.
A los 84 años murió destrozada por la enfermedad, que soportó con gozo.

Tenemos 27 apotegmas (dichos famosos) de Amma Synclética. Copio algunos que


evidentemente me parecen muy prácticos para la vida espiritual:
1- Se puede vivir solo entre la multitud, y vivir con la multitud estando solo.
2- Al Principio del camino hacia Dios hay dificultades, pero después se llega a un
gozo inefable (S. Benito dice al final del Prólogo: "Con el progreso en la vida
monástica, se ensancha el corazón y se corre por la vía de los mandamientos de Dios
en la inefable dulzura del amor").
3- Cuando pases dificultades alégrate de qué Dios te visite, y no dejes de cantar. La
ascesis consiste en dominarse en el sufrimiento y continuar dirigiendo a Dios
acciones de gracias.
4- Si las ventanas de tu casa están abiertas, entrarán los ladrones y te lo tomarán
todo (quiere decir que no podemos vivir en la "galería", exhibiendo nuestra virtud)
5- Tu actitud delante de los enemigos depende de tus progresos en la virtud.
6- Por la medida y la discreción, conocerás si tu ascesi viene de Dios o de tu orgullo.

AMMES MARA, CIRINA I DOMNINA


Las Ammas empiezan a llenar el desierto en el año 250, pero sin hacer ruido.
Como los grandes acontecimientos que cambian la historia, aunque a menudo
pasen desapercibidos. Amar la tradición, quiere decir ser conscientes de todo lo
que hemos recibido de muchos hombres y mujeres que ni siquiera conocemos,
pero que nos han dejado el legado de sus vidas santas.

Dice S. Juan Crisótomo: "si visitas el desierto de Egipto encontrarás a una


multitud de mártires y de vírgenes que tienen aquí sus celdas.
Teodoreto de Ciro en la "Historia de los monjes" (444), junto con la vida de 23
monjes, nos explica la vida de 3 monjas: Mara, Cirina y Domnina. Entre los
Padres, dice Teodoreto, también a estas 3 Ammes se les puede aplicar el
calificativo de "renunciants", pues para seguir a Cristo hace falta "renunciar" a
otros intereses:

1- Ellas renunciaron al materialismo, a través de la virginidad


2- Renunciaron a los vicios que llevan al desorden
3- Renunciaron a las cosas sensibles, para llegar a la pureza del corazón.
Esta renuncia, dice Teodoreto, es necesaria para conseguir la plegaria contínua,
fundamentada en el amor. Y las Ammas practican, sobre todo, esta oración del
amor. Dicen: "a quien ama recordando siempre al Amado, descubre su Palabra
en la soledad y el silencio".

Según ellas: "es mejor vivir con la gente y desear la soledad, que llevar una vida
solitaria y desear constantemente la compañía."
A menudo la espiritualidad de las Ammes, contraria a la tendencia de algunos
malos monjes que buscaban con deleite la fama, se centraba en la sinceridad de la
vida.

AMMA SARA
Es contemporánea de Pafnufio (finales del sIII). Cerca de de Escete (al lado de
Alejandría)durante 60 años estuvo en una celda cerca del Nilo. Tenía costumbre
de mantener la vista baja y por este motivo el demonio la tentaba duramente,
pero viendo que no la vencía quiso hacerla caer con la vanagloria. Un día le dijo
provocativamente: "Sara, tú me has vencido". Pero ella le respondió: "Te ha
vencido Cristo que vive en mí". Así, Amma Sara permaneció siempre humilde.

Se cuenta que en una ocasión en qué 2 anacoretas de fama la visitaron para que
les diera un buen consejo, ella respondió: "yo no soy más que una mujer
esforzada y tenaz, fundamentada en Cristo que es mi Roca". De manera que ellos
quedaron profundamente admirados de su virtud. La humildad es uno de los
dones más queridos por la tradición monástica.

El deseo de Amma Sara era de ser olvidada de todo el mundo, a fin de que su
centro fuera sólo Cristo.
Llegó a ser una de las Ammas más austeras.
Igual que de los Padres, también de ella se acuerdan algunos pensamientos:

Decía: "mi naturaleza es de mujer, pero el espíritu no tiene sexo", respondiendo a


los que se admiraban de su fortaleza.
Y demostrando una gran libertad interior afirmaba: "si quisiera que todo el
mundo alabara mi conducta tendría que arrodillarme en la puerta de todas las
celdas, pero lo que yo quiero es mantener el corazón LIBRE para Dios. Tenemos
que hacer buenas obras, pero no para ser alabados por los demás, sino para
gustar a Dios".

AMMA TEODORA
Es una mujer culta y con conocimientos teológicos, de finales del sIV. Como Sara
vivió cerca de Alejandría. Tenía una gran penetración psicológica, y era muy
delicada y prudente.

Mientras los apotegmas de los Padres se centran más en la ascesis, la renuncia, y


la penitencia, Amma Teodora, igual que las otras Ammas, hacen más atención a
Dios y a vivir en Cristo a través de las Escrituras.

Amma Teodora avanzaba por el camino de la liberación interior, para descubrir


el Dios-Misericordioso que es Padre y Madre.

Las sentencias de Teodora están llenas de juicio: "como los árboles que necesitan
el paso de las estaciones para crecer, nosotros tenemos que pasar el invierno con
el fin de dar buenos frutos".I decía :"Ni la rigidez de la observancia monástica, ni
las austeridades corporales, nos salvan, sino la humildad sincera". Explicaba que
un anacoreta que sacaba demonios, un día preguntó a los espíritus malignos qué
era lo que les hacía marcharse: ¿El ayuno? ¿Las vigílies? Pero ellos respondieron
de que nada los vencía tanto como la humildad. Entonces añadía ella: "Sólo la
humildad nos da la victoria".

Un día explicó a un monje que quería marcharse del monasterio para no tener
que pasar por tentaciones, que en una ocasión un monje cogió le sandalias para
marcharse, y vio al demonio que haciendo lo mismo le decía: "No te marches por
mí, porque allí donde tú vayas yo te precederé".

Y recomendaba a los que dirigen las comunidades que tienen que renunciar tanto
a querer dominar, como a buscar adulaciones, siendo pacientes, humildes, y
rectos. Condescendientes con equilibrio, y amando sin hacer distinciones.

Ella estaba convencida que las dificultades las llevamos todos dentro y que nos
acompañarán siempre.

Se explica que un día Abba Teófilo le preguntó qué quería decir "redimir el
tiempo", y ella le respondió que era "aprovechar todo lo que te viene, para
transformarlo en virtud." Y añadió: "si te hacen una injuria, aprovechala para
ser humilde y penitente. Así el tiempo se convierte en una ganancia".

Según ella ni la ascesis, ni las vigílias, ni nada nos salva, sino la humildad sincera.
La humildad que proviene de un auténtico conocimiento de uno mismo, es, pues,
la principal herencia de Amma Teodora.

AMMA MARIA (hermana de Pacomio)


A pesar de que todo el mundo habla de Pacomio como fundador de la vida
comunitaria, en realidad cuando Pacomio organiza la vida cenobítica en la
Tebaida, las monjas pacomianas del monasterio de Panápolis, eran más de
quatrocientas. Amma Maria fue la fundadora de estos cenobios femeninos.
Paladio hace de ella grandes elogios.

Como las otras Ammas, más que en la ascesis corporal, ella se fija en la pureza
del corazón. Decía: "El propio capricho ha hecho caer palmeras bien arraigadas
en la virtud. Si nos dicen sexo débil, tenemos que poner en Cristo nuestra
fortaleza. No son los ayunos, sino la caridad encarnada en el amor fraterno, lo
que apaga la soberbia de los egoísmos".

Quería que todas las monjas aprendieran a leer y a escribir. La biblioteca era un
elemento importante en sus monasterios. Así entre las monjas también había
copistas de pergaminos. Amma Maria, sin embargo, ponía todo el acento en la
caridad fraterna. Tanto ella como Pacomio (su hermano), imponían la limpieza
del cuerpo, cosa innovadora, puesta que los monjes y monjas solían ir sucios,
considerándolo como una fuente de ascesis.

Amma Maria procuraba que las monjas sintieran una gran reverencia por la
plegaria. El fervor en la plegaria fue la característica de sus monjas, además de
una gran estima por la Bíblia. Cada día, al anochecer, reunía a las monjas
exhortándolas a cumplir las Escrituras.

Características y organización de los monasterios pacomianos


Los monasterios parecían pueblecitos, ya que las monjas vivíen en celdas
indepenedentes pero formando una sola aldea cada 3 o 4 conjuntos de celdas. Así la
iglesia tenía diferentes edificios alrededor, agrupando a 30 o 40 monjas. Ellas teníen
la costumbre de dormir en sillas bajas con la espalda muy inclinada, no en camas.
En cambio el trabajo, las comidas y la plegaria, lo hacían en común. El silencio era
riguroso, con el fin de mantener todo el día la plegaria del corazón repitiendo frases
de la Escritura.

Se levantaban a las 2 de la madrugada, para empezar la plegaria. Las comidas


consistíen en pan, quesos, hortalizas, frutas y leche. Hacían dos comidas al día.
Cada monja tenía destinada una letra del alfabeto para identificarse. La letra "yot"
(la "y") la guardaban para las más humildes.
Según las habilidades, se las destinaba a hilar, coser, hacer cestos o sandalias ... El
trabajo se hacía dentro del cercado del monasterio. Las murallas no sólo
salvaguardaban la soledad, sino los asaltos de bandas armadas, propios de los siglos
V-IX.

La clausura es propia de los monasterios pacominanos, pero algunas veces salían


para pasar días rogando en la soledad del desierto.
Sólo celebraban la Eucaristía los domingos, mientras que rezaban el Oficio por la
mañana, mediodía y atardecer, y a media noche hacían la gran "sinaxi" de las
vigílias. Recitaban los 150 salmos en un solo día.

Éste es el ideal monástico que S. Benito menciona en el cap.18 de la Regla,


recomendando que se recen al menos los 150 salmos en una semana. De lo
contrario demostraríamos una gran dejadez, ya que "leemos que nuestros padres
(nuestras madres) lo rezaban valerosamente en un sólo día".

A los monasterios pacomianos, debemos no sólo la vida cenobítica (en común),


sinó la institución de los ritos de la "vestición". Los ascetas de los siglos II-III,
hombres y mujeres, no se distinguían por su forma de vestir. El velo que hacia el
año 200, el obispo imponía a las monjas, era el mismo que llevaban las mujeres.
La única distinción era la pobreza del vestido. Decían los Padres que la
vestimenta de un monje tenía que poder estar tres días delante de la puerta, sin
que ningún pobre se lo llevara.

Dionísio Areopagita ya habla de tres momentos en la vida monástica femenina:


La renuncia al mundo.
El corte del pelo.
Y la vestición, que consistía en cambiar sus vestidos, por unos de más viejos y
ordinarios, propios de los que seguían la vida monástica.

Las monjas pacomianes llevaban una capucha (kukol) que escondía la cabeza
rapada, una túnica (kalovi), y encima una capa (mafori).
Las postulantes eran admitidas desde los 16 o 18 años. A los primeros tiempos la
profesión era aceptada por los obispos. En esta época tan floreciente del
monaquismo de Egipto (sIV), monjes y monjas tenían las mismas Reglas.

Hay autores como Rufíno de Aquileia o Paladio, que hablan de haber encontrado
en Oxirinco a unas 20.000 monjas. Lo cierto es que, en el sV, el monacato
femenino egipcio se extendió mucho.
Alejandría quedó rodeada de monasterios con miles de monjes y monjas, a veces
venidos del extranjero, atraídos por la fama de la vida monástica.

Nitria tuvo unos 5.000 anacoretas de los dos sexos. Escete 3.000 monjes y monjas,
y en las Celdas vivían uno 600 ermitaños y ermitañas. Algunos historiadores
aseguran que en el sV los monjes y monjas de Egipto llegaron a los 500.000. Es
que el alma egipcia era muy inclinada a la meditación y a pensar en el más allá.
Lo demuestran sus pirámides, y los embalsamamientos.

S. Cirilo de Alejandría fue el último escritor griego, de esta época. Después, la


ruptura con la filosofía griega empobreció mucho el monaquismo copto, a pesar
de que en nuestros días hay un cierto resurgimiento promovido por el Abbá
Matta el Meskín.

Shenute y las monjas pacomianas


Hace falta tener en cuenta la obra de Shenute entre las monjas (hacia 334-434).
Shenute tomó las riendas del monasterio de Atripe de unas mil monjas, de
inspiración pacomiana, y lo hizo independiente.

Él fue un monje enérgico, pero con poco tacto. Introdujo una promesa de
obediencia, pero debida a él, no a Dios, con el fin de obligar a las monjas a
permanecer bajo su dirección. Éste fue el primer paso hacia la Profesión
Monástica en la historia del monaquismo. Hizo muy rigurosas las normas de la
clausura y del silencio, igual que las otras observancias monásticas. Eso hizo que
los monasterios de Shenute no prosperaran a lo largo de los siglos, a pesar de
haber dado un fuerte impulso al monacato femenino.

Shenute y la bilioteca de Nag Hammadi


En la obra de R. Kuntzmann y J.D. Dubois (ed. Verbo Divino 1998), se ve la
importancia que tiene para la historia de los primeros siglos del cristianismo la
descubierta de la biblioteca de Nag Hammadi, que sería la del monje Shenute.
En más de 1.100 papiros, escritos en copto que es la lengua del Egipto cristiano,
encontramos la teología cristiana de los siglos II al IV.

Los primeros códices fueron descubiertos en 1946 en la ciudad de Nag Hammadi,


en el Djebel el Tarif, a unos 100 Kms de Luxor. Y las traducciones a las lenguas
occidentales son de los años 1958-1980.

La biblioteca recoge papiros de hasta los años 340-350. Son escritos de tendencia
gnóstica, con secretismos, y presentando la salvación por medio del conocimiento de
los misterios divinos. Es sabida la influencia del gnosticismo en el Egipto monástico.
Contiene una 60ª de títulos. Entre los evangelios el más conocido es el de Tomás. Se
han encontrado también 6 Apocalipsis, algunas plegarias y varios tratados sobre el
Bautismo y la Eucaristía. Incluso obras paganas, como un fragmento de la
"República" de Platón.
Algunos textos son traducciones coptas de escritos de épocas anteriores. Muchos del
sII.
El evangelio de Tomàs ya se conocía en griego, y Nag Hammadi nos lo da en una
versión copta, posterior.

Por el interés que tiene este conjunto de códices, y para hacernos cargo de la
teología que presenta, cito 4 palabras del Tratado de la Resurrección.
El libro dice que "como la resurrección pertenece a la FE, no quieras persuadir los
otros a creer, ya que la Fe no es fruto de la persuasión. Andando hacia la unidad de
ti mismo, y evitando las divisiones, poseerás ya la resurrección. La resurrección no
es una ilusión, sino que la ilusión está en el mundo que ves, mientras que la
Resurrección es la Novedad".
Teología típica del gnosticismo, que no deja de tener intuiciones interesantes.

Este monje inteligente y dominador, es recordado no tanto por sus buenas obras,
como por el legado de doctrina, de tendencia gnóstica, igual que muchos otros
monjes de Egipto, que recogió y guardó cuidadosamente en su gran biblioteca, hoy
tan admirada por los historiadores cristianos. Se ha llegado a decir que la
importancia de Nag Hammadi para el cristianismo primitivo, es semejante a la de
Qumram de cara al judaísmo.

Figura de Shanute Restos de los monasterios de Shenute


AMMA ISIDORA
Vivió al 365 entre las monjas pacomianas. Su fiesta es el día 1 de mayo. Su vida es
muy particular. Deseosa de humillaciones fingió estar loca (el tema de los "locos
de Cristo" es muy corriente entre el monaquismo antiguo), y sus hermanas se lo
creyeron. Iba siempre descalza, con la cabeza tapada, y se alimentaba de las
sobras de la comida que daban a las otras.
Nunca tuvo un gesto de impaciencia, ni hirió a nadie, ni murmuró, a pesar de ser
muy incomprendida y maltratada, incluso con golpes. Decían las monjas que "era
como un cordero llevado continuament al matadero".

Se dice que un día, mientras el venerable Pitero (un anacoreta que vivía en
Porfiles cerca del Mar Rojo) estaba en oración, se le apareció un ángel que le
dijo: ¿por qué tienes vanidad de tu virtud? Ve al monasterio de Tabennesis y
verás a una mujer, con un trapo a la cabeza, que es más virtuosa que tú. Pitero
fue al monasterio, y todas las monjas salieron para ver a aquel monje que tenía
tanta fama de santidad. Al notar que faltaba ella, Pitero la pidió, pero las monjas
dijeron que estaba loca, a pesar de eso, ante la insistencia de Pitero, la fueron a
buscar.

La tuvieron que forzar mucho, porque ella se negaba. Al verla, el anciano le pidió
la bendición. Entonces ella se arrodilló para que fuera él quien la bendijera. Las
monjas le avisaron que estaba loca, pero él les contestó: "vosotras y yo sí que
somos locos, pero ella es una verdadera Amma, y yo pido a Dios que el día del
juicio sea encontrado tan digno como ella". Entonces a las monjas se les abrieron
los ojos del corazón, y le pidieron perdón por como lo habían tratado.

Después Isidora, no pudiendo soportar las alabanzas, una noche se escapó hacia
el desierto, sin que nunca nadie supiera nada más de ella.

AMMA TALIDA
Fue abadesa del célebre monasterio de Antinol, donde acogió a muchas chicas de
la nobleza egipcia. Decía: "la mejor plegaria es la comunión con Cristo, y querer
hacer en todo su voluntad".

Para Pacomio, Basilio, Jeronimo y muchos otros, lo normal del monacato es la


vida cenobítica, y cuando los monjes demuestran ya una virtud probada, pueden
pasar a la vida anacorética, mucho más fácil de ser engañosa. De hecho S. Juan
Clímaco fue a la soledad después de 19 años de vida cenobítica.

El cenobitismo era llamado "compromiso" y la reclusión anacorètica, dentro o


fuera del monasterio, era el "matrimonio". Los dos estados tenían dos
profesiones. La primera con el "pequeño hábito" y la segunda con el "gran
hábito" (sXV-XVI). Dice el antiguo ritual: "que este día TRANSFIGURE tu vida
a fin de que te acerques a Dios purificado".

S. Juan Damasceno compuso varios himnos para la profesión.

Ambiente monástico del Nilo.

Según Póstumo, amigo de Sulpicio Severo, la ciudad de Cánope dentro de una isla
del Nilo, era un lugar famoso de idolatría que Teodosio destruyó haciendo allí un
centro monástico.
En general entre los Abbas y las Ammes no había ningún tipo de segregación, sino
mucho respeto. Paladio dice en la historia Lausíaca que "el recuerdo de las Ammas,
posseídas por el espíritu de Dios y luchando con esfuerzo, era un ejemplo para
todos."

También la Tebaida, a unos 70 Kms del Cairo actual, era un gran centro monástico
de atracción de peregrinos.

En el 320 Pacomio fue el principal impulsor del movimiento monástico. En vida de


él se fundaron 9 monasterios cenobíticos. Uno de ellos tenía 600 monjes. Y para
celebrar la Pascua se reunían 2.000 monjes.

Dicen el Padres armenios que las mujeres, con su sentido del deber y su sabiduría,
han sido beneficiosas para los monjes. La intuición y delicadeza femenina, les
ayudó a avanzar por el camino de la bondad.

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3- AMMAS MENORES
Se dicen "menores" porque de muchas de ellas nos ha llegado poca información.
A pesar de todo, sabemos que algunas fueron "didáscalos" o guías espirituales, y
también diaconisas. Al principio algunas vivían la consagración en su casa. Con
todo Paladio habla de 12 monasterios femeninos en la Tebaida.

Fuera de Egipto, entre las mujeres que llevaban una vida retirada en su casa,
encontramos la venerable y distinguida Hosia, además de Basianilla, mujer de
un comandante del ejército de Siria. Y en Antioquía, la diaconisa Sabiniana tía
de Juan Crisósotomo.

Paladio también habla de Juliana de Cesarea, que hospedó Orígenes durante 2


años.

AMMA TALIS
Se dice de Amma Talis que había conseguido "la apatheia", o sea la paz
inalterable del espíritu. Cuándo ya llevaba 80 años de ascetismo, vivían con ella
casi un centenar de jóvenes. Tuvo una discípula de nombre Taor, que
permaneció durante 30 años recluida en el monasterio.

Acostumbraba a decir Amma Talis:


"Todo lo que pasa de la medida justa es malo.
La perfección se encuentra en la humildad y el silencio.
No quieras adquirir la paciencia abusando de la virtud de otro.
La severidad, la intransigencia y la dureza no cambian el prójimo, ya que no es
con el demonio que se sacan los demonios".

AMMA ALEJANDRA
Nacida el 350, es una antigua sirvienta de una familia rica. Según Dídimo "el
ciego", ella abandonó Alejandría a causa de su belleza, y se fue a vivir cerca de
unos sepulcros que había al desierto.

Melània a la vieja la visitó al 370. Fue una verdadera Amma, dando consejos a
todos los que la visitaban. Pasados 10 años, al irla a visitar Dídimo, junto con
unos discípulos, la encontraron muerta.

Decía Amma Alejandra:


"Sólo Dios sabe lo que es bueno.
Para mantener la alegría, hay que vivir esperando la muerte, con confianza".

AMMA BASA de Palestina


Habla de ella Cirilo de Escitópolis en la vida de Eutimio, el maestro más
venerado de las lauras palestinas. Bassa fue una abadesa muy pía de un
monasterio de monjas que fundó cerca de Jerusalén. También fundó un
monasterio de monjes.

La emperatriz Pulquèria, hermana de Teodosio, procuró la instrucción de estos


monasterios, a fin de que no cayeran en el arrianismo, o el nestorianismo. La
emperatriz actuaba aconsejada por S. Cirilo de Jerusalén.

La sabiduría y santidad de la abadesa Basa era comparada a la de Eutimio.

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4- AMMAS ANACORETAS
Mientras los hombres anacoretas fueron dados a los extremismos ascéticos, las
mujeres se mantuvieron más prudentes.

Hoy, acostumbrados a unas comodidades bastante sofisticadas, propias de la


sociedad del consumo, nos resulta casi incomprensible la forma de vivir de estos
hombres y mujeres, pero en el ambiente de los anacoretas de Egipto, ellas
resultan más juiciosas que ellos.

AMMA DOMNINA de Siria


Era hija de Antioquía (Síria), de una familia rica. En el jardín de casa suya se
hizo una pequeña cabaña, donde vivió dedicada a la penitencia y a la
contemplación. Teodoreto de Ciro la visitaba a menudo. Iba vestida con una
túnica de piel de cabra que la cubría totalmente, de manera que nadie le veía la
cara. Era severa con ella misma, pero muy comprensiva con los demás. Se
celebra su fiesta el 5 de enero.

En sus exhortaciones decía: "En la plegaria tenemos que hacer como Moisés que
entra en la nube para hablar sólo con Dios y después sale y habla al pueblo de
parte de Dios".
Decía también Amma Domnina con una confianza ilimitada: "Cuando cerremos
los ojos a las cosas creadas, los abriremos para contemplar las maravillas de
Dios".

AMMES MAPANA I CIRA de Berea


Hablando de Mapana, Teodoreto dice que hubo mujeres que no sólo igualaron a
los grandes personajes masculinos, sinó que los sobrepasaron.

Mapana y Cira nacieron en Berea, donde había una de las iglesias fundadas por
San Pablo, y eran de familia ilustre.

Al hacerse mayores, se amurallaron totalmente en una pequeña habitació sin


tejado, dejando sólo una ventana para recibir el alimento. Así, a la intemperie, a
merced del sol o la lluvia, vivieron como las plantas silvestres. Cubrían su
cuerpo con una túnica. Teodoreto las conoció cuando ya hacía 42 años que
vivían allí, y aseguró que su virtud rebasaba la de los hombres. Sólo salieron una
sola vez de su cercado, para ir a pie en peregrinación hasta Jerusalén, pasando
también por Seleucia para venerar la tumba de Sta. Tecla.

Murieron hacia el 440. La iglesia oriental celebra la fiesta de las dos, el día 3 de
agosto.

Nos han dejado una gran estima por la austeridad, unida a la dulzura del
espíritu.

Decían:
"Guarda silencio y oirás la voz de Dios.
Si dices lo que conviene y cuándo conviene, no tendrás que sentir lo que no
conviene".

Ellas llevaban unas cadenas de hierro enrollando su cuerpo, y las consideraban


el signo con que fácilmente nos atamos al orgullo. Y decían: "Jesús las romperá
en nuestro último día".

AMMA EUFRASIA de Constantinopla


Nació en Constantinopla, en el sIV. Era hija del gobernador de Lícia.
Cuando tenía 7 años, murió su padre. Entonces fue con su madre a Egipto para
visitar los monasterios, y la niña se quiso quedar. Pasados 5 años, murió su
madre. Entonces ella dio todo lo que le correspondía a los pobres.

Pronto la gente acudió a ella para pedirle consejo, a pesar de su juventud, y Dios
le concedió el don de hacer milagros. Murió cuando tenía 30 años.

Decía: "Todo tiene remedio menos rechazar el amor".

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5- LAS AMMAS DIACONISAS


Aunque el monacato y el diaconato femenino son fenómenos diferentes, en
tiempos antiguos, antes de que el diaconato femenino quedara abolido, la
mayoría de diaconisas eran monjas.

Hasta el final del sXII, la superiora de un monasterio, dentro de la tradición


siríaca, era diaconisa y podía presidir el Oficio litúrgico comunitario. Para hacer
este servicio recibía la bendición del obispo, igual que hoy la reciben las
abadesas el día de su "bendición abacial".

En el sínodo del Líbano de 1888, finalmente los obispos dan por acabada la
tradición antioquena de las diaconisas, que desde tiempo había caído en desuso.

Los armenios gregorianos han mantenido a las diaconisas hasta 1915. En el


archivo fotográfico del Patriarcado Armenio de Jerusalén hay fotografías de
diaconisas, de 1898, vestidas con dalmática, estola, y con un largo velo blanco.

Entre los bizantinos las diaconisas duraron hasta el sXIV.

LA DIACONISA OLÍMPIA de Constantinopla


Poco después de la muerte de San Basilio (384) el monaquismo floreció en
Bizanzio con el abad Isaac, de manera que en la capital hubo 80 monasterios
donde se educaban los príncipes del imperio. Al lado de los monasterios de
monjes, también abundan los de monjas que se unieron a los círculos de
diaconisas, muy floreixents en la capital.

Luego de fundados los primeros monasterios por el abad Isaac, hubo en la


capital una boda ostentosa. La novia se llamaba Olímpia, y tenía 16 años.
Huérfana de padres, fue educada por su tío Procopio, amigo íntimo de San
Gregorio Nazianceno. El novio era Nebridio, prefecto de Constantinopla, que
murió un año después. Entonces ella dió libertad a los esclavos de su casa y
repartí sus innumerables bienes entre los pobres, aconsejada por S. Juan
Crisóstomo.
La generosidad de Sta. Olímpia ha sido considerada uno de las más
excepcionales entre las comunidades ecclesials de Siria, Turquía y Grecia. Dio su
casa, que era una de las más bonitas de Constantinopla, para hacer una basílica
cerca de la de Sta. Sofía, que todavía hoy se llama "la casa de Olímpia".

Necratio, patriarca de Constantinopla (381-397) consagró a Olímpia como


diaconisa de esta iglesia, a los 25 años. Necratio seguía fielmente los consejos de
Olímpia. Ésta estima todavía aumentó con el siguiente patriarca: S. Juan
Crisóstomo, que la hizo administradora de la beneficencia de la iglesia. Olímpia
era para él una hija espiritual, una hermana confidente, y una madre que
cuidaba con ternura.

En 404, junto con otras diaconisas, recibió de él la última bendición, antes que él
marchase al destierro, dónde murió. Desde allí, y para su consuelo, le escribió 14
cartas que son un verdadero tratado sobre cómo se debe aceptar el dolor.
Después también ella fue difamada y desterrada. Murió a los 40 años en
Nicomedia.

Sabemos que ella fundó un gran monasterio del que fue abadesa, y que llegó a
tener 250 monjas, además de 4 diaconisas. Después de su muerte, Olímpia fue
considerada entre los "confesores", ya que sufrió muchas persecuciones con una
caridad sin límites.
Además de S. Juan Crisóstomo, fue consejera de muchos otros obispos, entre
ellos de su primo S. Gregorio Nacianceno, y de los hermanos: Basilio, Macrina y
Gregorio de Nisa.

La sucedió como abadesa la diaconesa Marina.

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6- LAS PECADORAS ARREPENTIDAS


AMMA TAÍS
Nace en el 290, en Alejandría, y se vuelve una prostituta de oficio. En aquel
momento esta profesión era muy divulgada, sobre todo en las grandes capitales
como Roma, Corinto, Alejandría, Bizancio, Antioquía o Cartago. Taís era tan
bonita que muchos para tenerla vendían su fortuna, y entre sus amantes a
menudo se tiraba sangre.
Cuando Pafnufio lo supo, la fue a encontrar, y le dio una moneda de oro. Ella lo
hizo entrar en su casa. Pafnufio le pidió si no tenía una cámara más interior, y
ella le respondió que sí, que tenía una más oculta. Entonces él le advirtió que no
había nadie que nos pudiera esconder a los ojos de Dios. Y le dijo que pensara
que ella sería castigada por el hecho de saber que por causa suya tantos otros
serían condenados.
Entonces ella salió a la plaza pública donde quemó todo el fruto de sus pecados
y siguió Pafnufio que la cerró en una celda, en el interior de un monasterio de
vírgenes, recomendándole que, de cara al oriente, rogara a Dios diciendo: "Tú
que me has creado, ten piedad de mí".
Al cabo de tres años Pafnufio fue a encontrar a Antonio para que le dijera si
creía que Taís ya había sido perdonada. San Antonio reunió a todos los
ermitaños para discernirlo. Mientras rogaban, Abbà Pablo vio una estancia
preciosa, guardada por tres vírgenes, y creyó que era la recompensa que tendría
Abbà Antonio, pero oyó una voz que le decía que aquella estancia estaba
preparada para Taís, la prostituta. Entonces Pafnufio sacó Taís de la reclusión,
pero ella sólo vivió 15 días fuera, y murió.

AMMA MARÍA EGIPCIA


A menudo se confunde con María Magdalena. Sofronio, obispo de Jerusalén,
escribió la vida de María Egípcia, que fue traducida por Pablo, diácono de
Niàpolis.
Zózimo era un monje bueno que vivía en Palestina. Un día, mientras estaba
rogando, Dios le dijo que fuese al río Jordán, que había una comunidad muy
perfecta. Y él se juntó a ellos. Durante una cuaresma, Zòzimo, como los otros
monjes, se adentró en el desierto para hacer penitencia, donde encontró a una
mujer desnuda que se escondía. Ella le pidió que la cubriera con su manto, y
entonces se pidieron mutuamente la bendición. Después que ella bendijera
Zózimo, él le pidió insistentemente que le explicara su vida. Y ella accedió.

Egipcia de nacimiento, a los 12 años se dio a la prostitución en Alejandría.


Durante 17 años vivió desenfrenadamente. Pero un día se encontró con un
grupo que iba hacia Jerusalén, y se añadió a ellos. Al llegar el día de la
Exaltación de la Sta. Cruz, mientras hacía la visita al Sto. Sepulcro con los otros
peregrinos, oyó que ella era expulsada. Después de rogar a la Madre de Dios, y
prometer no volver a pecar, pudo entrar. Habiéndo besado el suelo, pidió a la
Madre de Dios que la guiara y Ella le dijo: "atraviesa al Jordán y encontrarás
paz". Ahora hacía 47 años que estaba en el desierto. Durante 17 años soportó
muchas tentaciones. Luego, al haberse hecho viejo su vestido, continuó desnuda
y sola, su vida de penitente, soportando a la vez que las inclemencias del tiempo.
Antes de separarse, Maria prometió a Zòzimo que volverían a verse al cabo de
un año. Al volver Zòzimo el año siguiente, la encontró muerta, y él la enterró.

Al retornar al monasterio, Zòzimo lo explicó todo a su comunidad. Así la


historia de Sta. María la Egipcia corrió de voz en voz, hasta el día en que
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7- LAS MONJAS DISFRAZADAS DE MONJES


La mayoría de historias han sido escritas en griego, pero encontramos paralelos
en versiones siríacas, coptas y bizantinas. La época de estas mujeres abraza de
los sIV al VII.
El motivo del disfraz era para evitar el peligro de la violación, o también el
incógnito, además está el miedo hacia los hombres, a causa de todo lo que rodea
el "femenino".

AMMA EUFROSINA
Nace en Alejandría en el sV. Huérfana de madre a los 12 años, para evitar
casarse con el chico que su padre le había escogido, se disfrazó de monje y,
marchando de su casa, se presentó en el monasterio del gran Teodosio donde
había 350 monjes. El abbà la admitió pensando que era una adolescente.
Cuando tenía 18 años un día su padre fue al monasterio pidiendo a alguien que
lo consolara, y ella lo atendió, a pesar de que él no la reconoció. Habiéndose
puesto ella muy enferma, su padre fue al monasterio, doliéndose por la salud de
su consejero espiritual. Entonces ella le dijo la verdad, y le pidió que fuera él
quien la amortajara después de la muerte. Entonces su padre ocupó su celda
durante 10 años.

AMMA TEODORA
Nace en Alejandría el 480, el mismo año de S. Benito. De familia noble, se casó,
pero habiéndose enamorado después de otro hombre, pecó con él. Presa de
remordimiento, al cabo de un tiempo se marchó vestida de hombre. Vivió
durante 8 años en un monasterio de monjes, haciendo los trabajos más
desagradables. Un día se encontró en la calle con su marido, que estaba
buscándola desesperado, pero no se reconocieron. Ella era ejemplo de virtud
para los monjes.

Un día una mujer pervertida que quería dormir con ella, creyendo que era un
monje, como ella no cedió, la acusó de haber tenido un hijo con ella. Entonces el
abad la sacó del monasterio. Ella estuvo cuidando a este chico en una cueva, que
había cerca. Al cabo de 7 años el abad la volvió a admitir, haciéndola cerrar en
una celda con el niño.
Antes de morir, ella pidió al niño que se hiciera monje, recomendándole que
aguantara las calumnias por amor a Cristo.
Al morir se dieron cuenta de que era una mujer. Entonces su marido se hizo
monje, viviendo en la celda de ella.

AMMA ANASTASIA
Vivió en la corte del emperador Justiniano, el 510. Justiniano admiraba sus
cualidades, pero su esposa Teodora no la quería. Al saberlo, Anastàsia se alejó
de la envidia de Teodora diciéndose: "tú has nacido para ser princesa celestial".
Entró en un monasterio de monjas cerca de Alejandría, y llegó a tener tanta
fama de santidad, que le decían "Patrícia". Se quedó allí hasta la muerte de
Teodora. Entonces, como Justiniano la buscaba para que fuera emperatriz,
huyó en el desierto de Escete, donde el abad Daniel le concedió un hábito de
monje, a fin de que viviera en una cueva retirada, donde estuvo 25 años. Murió
y fue enterrada en la misma cueva.

AMMA MARINA
Al morir su madre, su padre se retiró a un monasterio y se llevó a su hija,
vestida de niño. Cuando Marina tenía 17 años murió su padre, y ella continuó
en el monasterio en uno celda retirada.

AMMA APOLONIA
Hija del tutor de Teodosio el joven, deseaba la vida monástica. Abandonó
Constantinopla disfrazada de chico. Vivió unos años en el desierto de Judá, pero
después se fue a encontrar a Macario de Alejandría, que, aun sabiendo que era
una mujer, la dejó vivir en Escete. Murió a finales del sIV.

AMMA MATRONA
Vivía en Constantinopla, estaba casada, y después de tener una niña aburrió el
mundo y, con permiso de su marido, se retiró a un monasterio de monjes. Al
cabo de un tiempo, decidió decir la verdad y fue a un monasterio de monjas
donde atrajo muchas vocaciones.

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8- AMMA PROFETISA Y MILAGLERA


AMMA PIAMUN
La virgen Piamun fue profetisa y vivió su consagración cerca de su madre. En
un momento de violencia por falta de agua, Piamun puso paz entre los suyos, y
ellos le pidieron que condujera a su ejército. Con su plegaria, consiguió que el
ejército enemigo quedara inmovilizado.

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9- LAS MATRONAS ROMANAS


Debido a la influencia del occidente latino, Palestina es un punto de
convergencia de la vida eremítica y cenobítica. A mediados del siglo III ya
empieza a haber monjes: S. Hilarión es el 1º. En el sIV Egeria dice que ha visto
muchos monjes y monjas, sobre todo en torno a Jerusalén y Belén.
Encontramos, sobre todo, grandes matronas romanas.

SANTA ELENA
En el 272 Diocleciano envió a Constantí Cloro (famoso militar romano) a las
islas Británicas. Él se casó con Elena, la hija del rey. Pero después de nacer
Constantino, por política, Constantino Cloro dejó a Elena y se casó con
Teodora, con la cual tuvo 6 hijos.
Elena, que era todavía pagana, educó rectamente a su hijo, de manera que en el
306, Constantino fue escogido emperador. Santa Elena, que ya se había hecho
cristiana, convencida que la victoria sobre Majencio fue bajo el signo de la
Cruz, pidió a su hijo ir a Tierra Santa, con el fin de encontrar la Cruz de Jesús.
Después del Concilio de Nicea (314) fue, pues, a Jerusalén, haciendo construir 4
grandes templos: el del Calvario en el lugar de la muerte de Jesús, el de la
Anástasis en el lugar de la Resurrección, el de Belén en el lugar del Pesebre, y el
de la Eleona en el sitio de la Ascensión.
Llevó vida de monja, y murió en Roma a los 80 años.
Cuando las otras damas romanas fueron a Tierra Santa, el recuerdo de Sta.
Elena todavía estaba vivo.

MELANIA LA VIEJA en el Monte de los Olivos


Las 3 fundaciones monásticas de época precalcedoniana en el Tierra Santa, son
obra de 3 matronas romanas que participan con su patrimonio: las dos
Melanias y Paula.

Melania la vieja (341), después de la muerte prematura de su marido que era


prefecto romano (361), y de 2 hijos, cuando ella tenía tan sólo 22 años, dejando a
otro hijo bajo tutela, se fue hacia Alejandría con otras damas. Habiendo
repartido la fortuna, vivió un año en Egipto, visitando los monasterios de Nítria.
En Alejandría conoció Rufíno, que era un monje erudito y fervoroso.
Rufíno, que era compañero de estudios de Jerónimo en Roma, cuando Jerónimo
fue a Belén, él se fue hacia Egipto, donde permaneció 6 años bajo la dirección de
Dídimo el Ciego.
Además de Rufíno, Melania visitó los Abbas Pambo, Arseni, Sisoes y Poimen,
famosos por sus dichos.

A causa de la herejía arriana dominante en Egipto, varios obispos y presbíteros


que no seguían a Arrio, fueron desterrados a Palestina, y Melania se fue con
ellos. Cuando los exiliados pudieron volver a Egipto, Melania y Rufíno se
quedaron en Palestina, fundando 2 monasterios, uno de hombres y otro de
mujeres, en la Montaña de los Olivos donde había muchos anacoretas (373). El
cenobio de Melania reunió a 60 monjas.
Ella no impuso las austeridades de Jerónimo, sino que prefirió dar cultura a sus
monjas. Adosada al monasterio, hizo una hospedería para indigentes y
peregrinos. Según Paladio, durante 37 años acogieron "a todo el mundo que
pasaba". Melania era prima de S. Paulíno de Nola, que le dio muchos bienes
para que ella los repartiera.

La espiritualidad de Amma Melania es la de ser una gran MADRE para todo el


mundo. Lo ejerció al máximo con Rufíno, y sobre todo con Evagrio Póntico, a
quien enderezó del mal camino consiguiendo que se hiciera monje.
Sabiendo las herejías que asolaban Roma, Melania volvió para ayudar a su
familia. Allí atrajo a su nieta, Melània la Joven, junto con en su marido, y otros
miembros de la familia. Con todo el grupo, fue a visitar Paulino y S. Agustín, en
el Norte de África, y pasando después por Egipto, volvieron a la Montaña de los
Olivos. Poco después, ella murió.

MARCELA
En la montaña del Aventíno de Roma, Albina tenía un palacio donde vivía con
su hija Marcela. A su casa acudió S. Atanasio de Alejandría, en uno de sus
destierros, y él les habló del monaquismo Egipcio.
A los 7 meses de casada, Marcela quedó viuda, y empezó a vestir la austera
túnica monástica. Entorno a ella no sólo tuvo a su madre Albina, sino otras
damas como Sofronia y Felícias (de las que sólo sabemos el nombre), y
Marcelina, hermana de Ambrosio, el Sto. obispo de Milán. El Papa Liberio
impuso el velo a Marcelina la noche de Navidad del 352. A ella S. Ambrosio le
dedica el "De virgínibus" que sirvió de lectura espiritual en el Aventíno.

S. Jerónimo, hijo de Dalmacia, que entonces vivía en Roma, dio cohesión a este
primer grupo de mujeres estudiosas de la Bíblia. Él tenía la experiencia de su
hermana, de vida ligera, que al ser acogida por el grupo de "mujeres
consagradas" que formó a Juliano, diácono de Aquileia, cambió de vida. En este
grupo también había la Santa madre de Cromacio, y sus hermanas. Aquileia fue
la segunda patria de Jerónimo.
En Roma, el dálmata tuvo una gran admiración por Marcela que, "en las
estrecheces de la celda, disfrutaba del Paraíso". Ella convirtió su casa en un
Monasterio "soli Deo placere desiderans" ("deseosa de complacer sólo a Dios",
como se dice también de S. Benito).

S. Jerónimo fortalece el grupo de palabra y con sus cartas, que son leídas en
"clase" de Bíblia. En una de las letras habla de Asela (quizás hermana de
Marcela) que se consagró a Dios a los 12 años y ahora tiene 73, dice: "su hablar
es silencio, y su silencio elocuente. En una ciudad como Roma, donde la
humildad es vista como ridiculez, ella ha conseguido que todo el mundo la
admire". De Marcela Jerónimo dice: "el ardor de Marcela por las Escrituras es
increíble, ella canta ininterrumpidamente, Señor llevo tus palabras en el fondo
del corazón".

De hecho, con su discreción, ella templaba a S. Jeronimo, cuándo se ponía a


hablar mordazmente de las costumbres depravadas de los clérigos romanos. Al
final de su vida, Marcela dejó el Aventíno, y fundó un monasterio a las afueras
de Roma, donde murió.
La gloria de Marcela, muerta en Roma a principios del sV, es la de haber roto
con el ambiente de la nobleza romana, sin avergonzarse de Cristo.
Marcela era prima de Pammaquio, el yerno de Paula, y también estaba
emparentada con Melania la joven.

FABIOLA
De la noble raigambre de los Fabios, Fabiola fue también muy amada por
Jerónimo, por lo mucho que sufrío a causa de la vida disoluta de su marido. Ella
se había separado del primer marido, y contrajo nuevas bodas, pero al quedar
viuda de éste segundo, hizo penitencia pública por su pecado. Con ella lloraron
el obispo, los presbíteros y todo el pueblo, viéndola demacrada y penitente, al
lado de los pecadores públicos, antes de Pascua.
Entonces el cambio de su vida fue radical, convirtiéndose en una verdadera
apóstol de la caridad. Dando sus bienes a los pobres, fundó el primer
"Cottolengo" de la historia, acogiendo los más enfermos y marginados de la
ciudad.

PAULA
Amma Paula nació en el 347, durante el reinado de los hijos de Constantíno. Su
madre Blesila, era de la influyente familia de los Escipiones. El nombre de Paula
le viene del antiguo cónsul Paulo Emilio el macedonio (181aC). Era, pues, de la
más elevada condición social. Su padre griego y su madre romana, la educaron
cristianamente.
A los 16 años se casó con Julio Toxoqui (griego), descendiente de Julio Cèsar. De
la raigambre de los Julios. A pesar de que el padre era pagano, Paula educó
cristianamente a sus 5 hijos:

- A la primera hija le pusieron Blesila, como la abuela. La niña tenía 15 años


cuando murió su padre Toxoqui, y ella murió a los 20 años, cuando ya era
viuda. Después de haber llevado una vida ligera, entró a formar parte del grupo
del Aventíno. Para que comprendiera la vanidad de las cosas de este mundo, S.
Jeronimo le dedicó un comentario al libro del Cohèlet ("Vanidad de vanidades y
todo es vanidad, dice el Cohèlet").

- A la segunda hija le pusieron el nombre de Paulina. Era dulce y pacífica,


aunque no tan viva y ardiente como Blesila (la abuela). A los 16 años la casaron
con Pammaquio, primo de Marcela y compañero de estudios de Jeronimo, que
tenía 40 años. Un hombre inmensamente rico que luchó contra los donatistas, y
a quien S. Agustín dedica la Carta 58. Ella murió también joven.

- La tercera hija fue Eustòquia, fué heredera espiritual de su madre. Era dulce,
reservada y tímida. Según los autores es "la perla de las hijas de Paula", y muy
amada por ella. Tenía una inteligencia privilegiada y un aguante de acero.
Durante una temporada vivió en el Aventíno, con las vírgenes que tenía
Marcela. A los 16 años hizo voto de virginidad con el Papa Damaso. S. Jeronimo
le dedicó la carta 22, que es un tratado sobre la virginidad. Esta carta fue tan
mal considerada en Roma que, muerto el Papa, llevó Jeronimo al destierro. Los
mismos clérigos que vivían una vida disoluta, acusaban a Jeronimo de induir
con engaño a las matronas romanas, hacia una vida de virginidad.

- La cuarta hija es Rufina, que murió muy pronto.

-Toxoqui es el quinto hijo, a quiénes pusieron el nombre del padre. Se casó con
Leta, hija de Albíno, que era también primo de Marcela. Tuvieron una hija (año
400) que llevará el nombre de Paula, como la abuela, a quien seguirá en Belén.

Proyecto monástico de Paula


Después de la muerte de Blesila, Paula se dio a un proyecto monástico. Con
Eustòquia y algunas compañeras, se fue hacia Palestina. Dejó su hija Paulina
dedicada a los pobres, al lado de Fabiola.
Pasaron por el Ponto, donde visitaron las celdas donde había estado Cesarea
Flavia Domitila, desterrada por ser cristiana. En Salamina (Chipre), se unieron
a Jerónimo, con quien llegaron a Palestina. Pero antes de instalarse, quisieron ir
a Egipto. En Alejandría escucharon a Dídimo el ciego, y atravesaron Nítria, que
estaba llena de anacoretas. Recurrieron Escete, visitando Macario y los grupos
de monjes y monjas Pacomianos. Al lado de Serapión, Paula fue tentada de
pedir ser admitida en un monasterio de vírgenes, pero la tierra de Jesús la
atrajo más fuertemente.

Finalmente, en el 386, construyó los monasterios de Belén. Uno para Jerónimo y


sus monjes, en las afueras, y uno para las monjas en el valle, al lado de la
Basílica de la Natividad. Después construyó una hospedería para peregrinos.
Cuando Fabiola la visitó, la imitó en Roma, ayudada por Pammaquio, víudo de
Paulina, la segunda hija de Paula.

Los monasterios femeninos de Amma Paula


Dice Paladio que: "hay" que citar a algunas grandes mujeres a quienes Dios ha
concedido una gran fortaleza, entre ellas Paula, la Romana".

Ella fundó tres monasterios de monjas, separados, pero unidos por una tapia,
con el fin de defenderse de los árabes. En cada monasterio había un grupo de 50
monjas. Tres Ammas, o Abadesas iban al frente de las comunidades, todas
dirigidas por Paula. Las tres comunidades se reunían para la plegaria en la
iglesia, dedicada a Sta. Caterina de Alejandría, que tenían en común. Los
domingos iban a misa a la Sta. Cueva del Nacimiento. Recitaban todo el salterio
en un día. Cada salmo era recitado por una virgen que se ponía en pié mientras
las otras permanecían sentadas, tal como era costumbre en los monasterios
egipcios. Todas se sabían los salmos de memoria. S. Jeronimo les enseñaba la
Bíblia, y Paula recibía clases de hebreo de un judío.

Paula era muy dulce para los otros, y muy severa para ella misma. Amaba
mucho al obispo Epifanio. A su lado, las comunidades de Paula y Jeronimo
firmaron la condena de las controversias origenistas, y eso les turbó la paz.
Rufíno, en cambio, y el obispo Juan, defendían Orígenes. Así los monasterios de
Belén que estaban bajo el obispo Juan se opusieron a él, y él los excomulgó. Los
monjes y monjas de Belén serían privados de los sacramentos y la sepultura
eclesiástica. Por fin reencontraron la paz por mediación de Teòfilo de
Alejandría, y celebraron la Eucaristía de la reconciliación en la basílica de la
Resurrección. Pero la relación con Rufíno y los monasterios de los olivos
quedaron estropeadas.

Melania y Paula sufrieron en silencio esta ruptura. Paula murió sin ver
acabados los afrontamientos entre Rufíno y Jeronimo. En el 404 fue enterrada
en la cripta de la Iglesia de Belén, al lado de la Cueva. Era el 26 de enero y tenía
56 años. Había pasado 20 en Belén. En sus exequias fueron recitados los salmos
en griego, latín y siríaco. Quizás lo que le había hecho sufrir más a la vida, fue la
ruptura con Melania i Rufíno. Pero tal vez debemos al fruto de este sufrimiento,
las buenas relaciones que hubo, años más tarde, entre Melania la joven y Paula
a la joven.

A raíz de la muerte de Paula escribe Jeronimo: "Adiós, Paula, ayuda con tus
plegarias la vejez del que te ha venerado toda la vida. Tu fe y tus obras te unen
a Cristo, y Él te dará todo el que le pidas. Yo te he levantado un monumento
más fuerte que el bronce, que nadie conseguirá destruir". Y el mismo Jeronimo
dejó escrito en su epitafio: "Santa y digna madre, primera en la gran Roma,
siguió a Cristo en la pobreza, construyendo una casa en la pequeña Belén".

Después de ella Eustaquia continuó durante 15 años su obra, y finalmente su


neta Paula la joven que llegó a Belén en el 415, convirtiéndose en la fiel discípula
de S. Jeronimo.

EUSTOQUIA I PAULA LA JOVEN


Paula la mayor, dejó una gran tradición bíblica, ya que ella corregía los escritos
de Jeronimo y pagaba todos los gastos. Por eso Jeronimo quiere que esté el
nombre de Paula en sus escritos. También Eustòquia dominó el hebreo. S.
Jeronimo le dirige éstos consejo: "que el sueño te coja leyendo la Bíblia,
mientras descansas con la cabeza sobre estas páginas".
Al morir Eustòquia, es elegida abadesa Paula la joven, que tiene 15 años.
Jeronimo muere en sus manos, cuando ella tenía 20 años. Entonces Jeronimo,
Paula y Eustòquia fueron enterrados juntos.

MELANIA LA JOVEN
De familia hispana, nace en el 382, y hace posible el 3º monasterio latino en
Jerusalén.
A los 14 años se había casado con Pimiano, y la fortuna del matrimonio era una
de las mayores del imperio. Después de 7 años de matrimonio fueron a Tagaste
donde abrazaron la vida monástica cerca de Agustín. Dieron libertad a 8.000
esclavos de su propiedad. En el 417 fueron a Jerusalén. Después de 11 años de
vida anacorética, levantaron de planta un monasterio de monjes para el marido,
a fin que tuvieran cuida la basílica de la Ascensión, y uno para ella y las monjas.

Ella era muy amante de los ayunos y las velas, durmiendo tan sólo unas 2 o 3
horas, apoyada bajo una manta. Murió a los 57 años. Sus monasterios más tarde
pasaron a la iglesia griega ortodoxa. Todavía hoy se pueden visitar los restos de
los mosaicos de estos monasterios, dentro de la iglesia ortodoxa de la Ascensión,
en la cima del Monte de los Olivos.
Melania cultivaba la amistad con todo el mundo. Incluso con la emperatriz
Eudòxia de Constantinopla. Paula la joven fué a sus funerales.

Con esta zaga de mujeres santas, la vida monástica recibió una gran huella de
frescor y equilibrio, evitando los excesos que tan a menudo se daban.

volver

CONCLUSIÓN
Hasta aquí el resumen ordenado y completado en algunos casos, del libro sobre
LAS MADRES DEL DESIERTO, de M. Sira Carrasquer y Araceli de la Red.

En algunos momentos lo que se explica puede parecer exagerado a nuestra


mentalidad occidental. Cierto que las costumbres y maneras de hacer del siglo
XXI, son diversos, y también la espiritualidad, pero todos sabemos el espíritu
con que hay que leer estas historias antiguas, tanto de los monjes como de las
monjas. Pues a menudo la historia, deja paso al mito y a la leyenda.

Sin embargo, por extraño que sea, no siempre es imposible. Como ejemplo real
y curioso, quiero hacer constar una experiencia vivida en el sXX, que yo
recuerdo perfectamente. Aunque no sea recomendable, ni mucho menos
imitable, el caso evidencía que hay decisiones, que, a pesar de la extravagancia,
merecen respeto.

Una conocida artista de cine norteamericana, queriendo reprobar su vida


anterior disoluta, quiso "emparedar se" dentro de la iglesia de un monasterio de
Roma, y las monjas se avinieron. Le hicieron una pequeña celda sin puerta,
donde por una ventana veía el altar. Las hermanas le llevaban la comida, y ella
vivió recluida más de 20 años. Un velo cubría siempre su rostro, que ella sólo
levantaba un poco a la hora de comulgar, pero sin que nunca jamás los ojos
humanos contemplaran aquella cara que durante años había atraído tanta
pasión. Y recuerdo que algún joven monje nos había explicado que, cuando la
vida monástica le costaba, pensaba en la radicalidad de vida de aquella
pecadora convertida.

Cierto que a veces son estilos de vida muy particulares, pero lo inédito del
Espíritu que habla al corazón de cada uno, toma formas diversas según la
propia manera de ser y de pensar.
Y creo que vale la pena descubrir la existencia de tantas Ammas desconocidas,
de entre el testimonio de tantos y tantos Abbas que la historia ha tenido siempre
mucho más interés de recoger y transmitir.
Y sobre todo, todos i todas podemos admirar, la grandeza y el juicio de estas
grandes atletas del espíritu.

Estas pequeñas historias a menudo desconocidas, quieren ser, pues, un impulso


a trabajar para recuperar el pasado, con los otros ojos que el mundo femenino
es capaz de transmitir, y así tener una visión más universal de la TRADICIÓN
MONÁSTICA.

AMMA MARIA (s. IV) - MADRES DEL DESIERTO.


AMMA MARIA (s. IV) - MADRES DEL DESIERTO.

La cultura de las Ammas de Egipto


A pesar de que todo el mundo habla de Pacomio como
fundador de la vida comunitaria, en realidad cuando Pacomio
organiza la vida cenobítica en la Tebaida en el año 320, las
monjas del monasterio de Panápolis, eran más de
cuatrocientas. Amma María (hermana de Pacomio) fue la
fundadora de estos cenobios femeninos.

Amma María
Como las otras Ammas, también Amma María (hermana de
san Pacomio) más que en la ascesis corporal, se fija en la
pureza del corazón. Decía: "Si nos dicen sexo débil, tenemos
que poner en Cristo nuestra fortaleza. No son los ayunos, sino
la caridad encarnada en el amor fraterno, lo que apaga la
soberbia de los egoísmos".
Quería que todas las monjas aprendieran a leer y a escribir.
La biblioteca era un elemento importante en sus monasterios.
Así entre las ammas también había copistas de pergaminos.
Amma María, sin embargo, ponía todo el acento en la caridad
fraterna. Tanto ella como Pacomio, imponían la limpieza del
cuerpo, cosa innovadora, puesto que los monjes y monjas
solían ir sucios, considerándolo como una fuente de ascesis.
Amma María procuraba que sus hermanas sintieran una gran
reverencia por la plegaria. El fervor en la oración y por la
Biblia, fue la característica de estas ammas. Cada día, al
anochecer, las ammas se reunían para meditar la Biblia.
Los monasterios parecían pueblitos, ya que las ammas vivían
en celdas independientes pero formando una sola aldea. La
Capilla tenía diferentes edificios alrededor, agrupando a 30 o
40 ammas. Ellas tenían la costumbre de dormir en sillas bajas
con la espalda muy inclinada, no en camas. El trabajo, las
comidas y la plegaria, lo hacían en común. El silencio era
riguroso, con el fin de mantener todo el día la plegaria del
corazón repitiendo frases de la Escritura.
Se levantaban a las 2 de la madrugada, para empezar la
oración. Las comidas consistían en pan, quesos, hortalizas,
frutas y leche. Hacían dos comidas al día. Cada amma tenía
destinada una letra del alfabeto para identificarse. La letra
"yot" (la "y") la guardaban para las más humildes.
Según sus capacidades, se las destinaba a hilar, coser, hacer
cestos o sandalias... El trabajo se hacía dentro del cercado del
monasterio, pero algunas veces salían para pasar días orando
en la soledad del desierto.
Sólo celebraban la Eucaristía los domingos, mientras que
rezaban el Oficio por la mañana, mediodía y atardecer, y de
noche hacían la gran "sinaxis" (= asamblea) de las vigilias.
Recitaban los 150 salmos en un solo día. Dionisio Areopagita
habla de tres símbolos en la vida monástica femenina: la
renuncia al mundo, el corte del pelo y la "vestición", con un
vestido más ordinario y pobre, constituido por una capucha
(kukol) que escondía la cabeza rapada, una túnica (kalovi), y
encima una capa (mafori).
En el siglo V, el monacato femenino egipcio se extendió
mucho (se habla de unas 20.000 monjas).
Alejandría quedó rodeada de monasterios con miles de
monjes y monjas.

El monje Shenute
y las ammas pacomianas
Hace falta tener en cuenta la obra de Shenute entre las
monjas (entre los años 334-434).
El monje Shenute tomó las riendas del Monasterio Blanco, de
Atripe (de unas mil monjas) y lo alejó de la orientación
pacomiana. Él fue un monje enérgico, pero con poco tacto:
introdujo rigurosas normas de clausura. Sin embargo, es
conocido y apreciado por su espléndida biblioteca, con más
de 1.100 papiros, escritos en copto (la lengua del Egipto
cristiano).
Los primeros códices fueron descubiertos en 1946 en la
ciudad de Nag Hammadi, a unos 100 km. de Luxor (Egipto). La
biblioteca recoge papiros de los años 340-350. Son escritos
de tendencia gnóstica, con secretismos, y presentando la
salvación por medio del conocimiento. Es conocida la
influencia del gnosticismo en el Egipto monástico. Entre los
evangelios, el más conocido es el de Tomás. Se han
encontrado también 6 Apocalipsis, algunas plegarias y varios
tratados sobre el Bautismo y la Eucaristía. Incluso obras
paganas, como un fragmento de "La República" de Platón.
Algunos textos son traducciones coptas de escritos de épocas
anteriores. La importancia de Nag Hammadi para el
cristianismo primitivo, es semejante a la de Qumram de cara
al judaísmo.

Amma Isidora
El tema de los "locos de Cristo" es muy corriente entre el
monaquismo antiguo, y Amma Isidora, amante de la
humildad, fingió estar loca, y sus hermanas se lo creyeron.
Iba siempre descalza, con la cabeza tapada, y se alimentaba
de las sobras de la comida de las otras. Nunca tuvo un gesto
de impaciencia, ni hirió a nadie, ni murmuró, a pesar de ser
muy incomprendida y maltratada, incluso con violencia.
Decían las ammas que "era como un cordero llevado al
matadero".
Un día, mientras el venerable Pitero, un anacoreta que vivía
en Porfiles, cerca del Mar Rojo, estaba en oración, se le
apareció un ángel que le dijo: "¿Por qué tienes vanidad de tu
virtud? Ve al monasterio de Tabennesis y verás a una mujer,
con un trapo en la cabeza, que es más virtuosa que tú". Pitero
fue al monasterio, y todas las monjas salieron para ver a
aquel monje que tenía tanta fama de santidad. Al notar que
faltaba ella, Pitero pidió verla, pero las monjas dijeron que
estaba loca; a pesar de eso, ante la insistencia de Pitero, la
fueron a buscar y la tuvieron que traer a la fuerza, porque
ella se negaba. Al verla, el anciano le pidió la bendición.
Entonces ella se arrodilló para que fuera él quien la bendijera.
Las monjas le reiteraron que estaba loca, pero él les contestó:
"Ustedes y yo sí que somos locos, pero ella es una verdadera
Amma, y yo pido a Dios que el día del juicio sea encontrado
tan digno como ella". Entonces a las monjas se les abrieron
los ojos del corazón, y le pidieron perdón por cómo la habían
tratado. Después Isidora, no pudiendo soportar las alabanzas,
una noche se escapó hacia el desierto, sin que nunca nadie
supiera nada más de ella.
Amma Alejandra, nació en 350, era sirvienta de una familia
rica, pero abandonó Alejandría a causa de su belleza, y se fue
a vivir cerca de unos sepulcros que había en el desierto. Fue
una verdadera Amma, dando consejos a todos los que la
visitaban. Decía Amma Alejandra: "Sólo Dios sabe lo que es
bueno. Para mantener la alegría, hay que vivir esperando la
muerte, con confianza". Amma Talida fue abadesa del célebre
monasterio de Antinol, donde acogió a muchas muchachas de
la nobleza egipcia. Decía: "La mejor plegaria es la unión con
Cristo, y querer hacer en todo su voluntad".

Ammas fuera de Egipto


Dicen los Padres armenios que las mujeres, con su sentido del
deber y su sabiduría, han sido beneficiosas para los monjes.
La intuición y delicadeza femenina, les ayudó a avanzar por el
camino de la bondad. De muchas Ammas nos ha llegado poca
información. Sabemos que algunas fueron "didáscalas" o
guías espirituales, y también diaconisas.
En Siria encontramos a Basianilla, mujer de un comandante
de aquella región, y en Antioquía, a la diaconisa Sabiniana,
tía de Juan Crisóstomo, mientras que en Cesarea vivía la
Amma Juliana, que hospedó a Orígenes durante 2 años.
De Amma Talis se dice que había conseguido la "apatheia", o
sea la paz inalterable del espíritu. Cuando ya llevaba 80 años
de ascetismo, vivían con ella casi un centenar de jóvenes.
Acostumbraba a decir: "Todo lo que pasa de la medida justa
es malo. La perfección se encuentra en la humildad y el
silencio. No quieras adquirir la paciencia abusando de la
virtud de otro. La severidad, la intransigencia y la dureza no
cambian al prójimo, ya que no es con el demonio que se sacan
los demonios". De Amma Basa de Palestina, habla Cirilo de
Escitópolis, en la biografía de Eutimio, el maestro más
estimado por las ammas palestinas. Basa fue una abadesa
muy piadosa de un monasterio que fundó cerca de Jerusalén.
También fundó un monasterio de monjes. La emperatriz
Pulqueria, hermana de Teodosio, aconsejada por san Cirilo de
Jerusalén, procuró que estos monasterios no cayeran en la
herejía del arrianismo. La sabiduría y santidad de la abadesa
Basa era comparada a la de Eutimio.
( Quinto Regazzoni ).
FUENTE : www.chasque.net/umbrales
ENVIÓ : PATRICIO GALLARDO V.

Las mujeres en el misticismo cristiano: las


renunciantes
Algunos santos las consideraron un ejemplo a seguir y, en no pocas ocasiones,
sus verdades maestras
Mujeres - 11/10/2006 10:19 - Autor: María Toscano y Germán Ancochea - Fuente: Revista
Sufi de la Orden Nematollahí

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Etiquetas: mujer, misticismo, cristianismo, renunciantes,
diaconisas, desierto

Renunciantes.

Tras la muerte de Jesús las mujeres adquirieron en el cristianismo primitivo un papel


relevante, especialmente si se compara con el que desempeñaban en las religiones de su
entorno, y en este contexto deben entenderse las palabras de san Pablo exhortando a las
mujeres a una cierta “moderación” en su comportamiento público en las asambleas de
las nuevas comunidades, para evitar equívocos con la presencia de las mujeres en los
ritos orgiásticos. De hecho fueron especialmente mujeres del entorno de Pablo las
primeras de cuya presencia y función en las comunidades vamos a tener recuerdo.

Durante 700 años las mujeres cumplieron un papel fundamental en la consolidación de


la comunidad cristiana. De ellas no conservamos escritos, pero si abundantes recuerdos
de su comportamiento, que es el que, en última instancia, da fe del estado por ellas
alcanzado, y recuerdos de sus dichos incorporados a los escritos de destacados santos
que las consideraron un ejemplo a seguir y, en no pocas ocasiones, sus verdades
maestras.

Diaconisas, viudas y mártires

Las primeras mujeres de las que tenemos noticia se dan a conocer como respuesta a las
necesidades de servicio que se van planteando en las primeras comunidades cristianas.
Están ante todo las diaconisas [1].

Algunas mujeres se pusieron espontáneamente al servicio de la comunidad y servían


comida, ropa, acogían en su casa y se dedicaban a atender a los pobres -los pobres
formaban una parte grande en el pueblo de Israel, los anawin o pobres de Yhvh, eran
aquellos que no tenían nada-. La función de atender a las necesidades de la comunidad
fueron pronto tan importantes que junto con la función sacerdotal -los presbíteros- se
creó, ya desde los primeros momentos, el orden de los diáconos con este fin. Al
diaconado se accedía por elección de los apóstoles o de las comunidades y mediante un
rito de imposición de manos y numerosas mujeres fueron ordenadas como diáconos. Las
diaconisas tenían que estar al servicio de la comunidad y tenían que estar disponibles,
por lo tanto, para moverse, ir y venir, viajar, aceptar cualquier tipo de servicio. Las
diaconisas no sólo servían, sino que también enseñaban, cosa que, dadas las costumbres
de la época, nos puede parecer extraño. Nada menos que Pablo, que ha sido acusado de
misógino manda a dos diaconisas enseñar. Aunque, como corresponde al auténtico
servicio, la mayoría de ellas pasaron por el mundo haciendo el bien de forma anónima,
conservamos el nombre y algunos datos biográficos de algunas que pueden ilustrarnos
sobre el talante de estas mujeres-diaconisas.

Lidia fue una mujer de origen griego, comerciante de púrpura, rica, que vivía en Tiro.
Esta mujer tenía una aspiración mística desde siempre, pero es cuando conoce a Pablo
de Tarso en uno de sus viajes cuando se da cuenta que esa aspiración y esa necesidad
mística tienen una concreción y, con todas sus esclavas, se convierte al cristianismo.
Pone a disposición de la comunidad cristiana su casa; una casa que fue una primera
iglesia de una comunidad humana, religiosa, de oración. Lidia dirigió hasta que murió,
de muy viejecita, una larga comunidad de oración en la ciudad de Tiro, en medio de la
pompa y del dinero, poniendo su riqueza y su casa al servicio de la comunidad. Lidia
aparece por dos veces citada por san Lucas en los Hechos de los Apóstoles:

Y escuchaba una mujer llamada Lidia [...] temerosa de Dios. El Señor abrió su corazón
para que hiciese caso de las cosas que Pablo decía... [2].

Para un judío la expresión “temerosa de Dios” significa ser fiel cumplidora de la Ley y
sincera adoradora del Dios único. Dice la Sabiduría en el libro de los Proverbios:

Hijo mío si das acogida a mis palabras, y guardas en tu memoria mis mandatos [...]
inclinando tu corazón a la prudencia [...] entonces entenderás el temor de Yhvh y
encontrarás la ciencia de Dios. [3]

El auténtico temor de Dios -que no debe confundirse con el “miedo a Dios”- nace
precisamente de la contemplación de la teofanía de su Majestad [4], por lo tanto el
auténtico temeroso de Dios es aquel que ha alcanzado un grado espiritual que le hace
capaz de percibir esta teofanía. El maestro sufí Bash r Hafi decía: “El temor de Dios es
un ángel que mora en el corazón del virtuoso” [5], y es precisamente este corazón el que
se abre cuando Lidia se con-vierte, es decir vuelve su corazón hacia el rostro de Dios
que Jesús había manifestado y que san Pablo le hace conocer. Y las consecuencias
visibles de esta apertura del corazón fueron las únicas posibles: la auténtica pobreza y el
servicio a los demás. El resto permanece en el secreto del corazón de Lidia, que es
donde Dios habita.

Febe, fue otra gran diaconisa, que no debía ser de origen judío pues su nombre era el de
una divinidad griega. Había nacido en Corinto y había seguido a Pablo de Tarso desde
el principio. Pablo no tiene ningún inconveniente en mandar directamente hasta Roma a
una mujer, portadora de lo que luego se llamará la Epístola a los Romanos. Fue Febe
quien la llevó en su mano desde Corinto hasta Roma protegida por un solo criado. En
las palabras de despedida de la carta Pablo la presenta a la comunidad: Os recomiendo a
Febe, nuestra hermana, diaconisa de la iglesia de Cencreas [el puerto de Corinto], para
que le tributéis en el Señor una acogida digna de los santos y la asistáis en cualquier
cosa en que tenga necesidad de vosotros, ya que ella ha sido protectora de muchos y de
mi mismo[6]. Se ha dicho, incluso, que Febe estaba encargada de recaudar fondos para
el previsto viaje de Pablo a España.

En la misma despedida de la Epístola a los Romanos Pablo cita a otra de las mujeres
que le ayudaron:

Saludad a Prisca y Aquila, colaboradores míos en Cristo Jesús. Ellos expusieron sus
cabezas para salvarme. Y no soy solo en agradecédselo, sino también todas las Iglesias
de la gentilidad; saludad también a la Iglesia[7] que se reúne en su casa [8].

Se trata de un matrimonio que aparece en seis ocasiones en el Nuevo Testamento, y la


mayor parte de las veces la mujer, Prisca o Priscila, citada en primer lugar, algo
absolutamente poco frecuente en aquella época y que pone de manifiesto que la
verdadera colaboradora de Pablo era ella. Prisca y Aquila (fabricante de tiendas) eran un
matrimonio judío que vivían en Roma cuando se convirtieron al cristianismo. Los dos
hablaron de Jesús en las sinagogas, y la polémica que se desató, entre los judíos
convertidos al cristianismo y el resto de la comunidad judía, fue tan grande que hacia el
49 d.C. el emperador Claudio expulsó a todos los judíos de Roma, entre ellos a Prisca y
Aquila. Se trasladaron a Corinto y allí conocieron a Pablo (que también era fabricante
de tiendas y que vivía de ello, para no ser gravoso a nadie, según sus propias palabras)
quien se alojó en su casa. Un año y medio más tarde, los tres viajaron a Efeso y el
matrimonio ofreció su casa como lugar de reunión a la comunidad cristiana local. Allí
conocieron a Apolo hombre culto y de gran formación, que se puso a hablar con
entusiasmo de Jesús en la sinagoga, aunque sólo conocía el bautismo de Juan el
Bautista. Prisca y Aquila lo tomaron aparte y le expusieron con mayor precisión el
Camino de Dios[9] Este hombre, Apolo, formado por Priscila se convertirá después en
un famoso difusor de la Buena Noticia de Jesús, y como tal aparece numerosas veces en
los escritos del Nuevo Testamento. Tras la muerte de Claudio en el 55 d.C. Prisca y su
marido regresaron a Roma y su casa continuó siendo un centro de reunión y
predicación. Conviene resaltar una vez más que según todos los indicios y tradiciones la
verdadera protagonista de esta labor era, en todas las ocasiones, la mujer.

Mención especial por la importancia que se le concedió durante siglos merece otra
mujer, compañera también de Pablo, rodeada de leyenda: santa Tecla, un personaje que,
a pesar de la escasez de datos históricos sobre su persona, ha representado durante
siglos un ideal de mujer consagrada a Dios. Los apócrifos Hechos de san Pablo nos
dicen que Tecla, prometida a un joven rico de Iconio (Cilicia), oyó a Pablo predicar el
Evangelio y decidió consagrarse enteramente al Señor, abandonando su casa e
incorporándose a los discípulos de Pablo. Denunciada por su prometido y por su madre
fue condenada a morir en la hoguera pero salió indemne del fuego. Huyó con Pablo a
Antioquía donde otro hombre que se enamoró de ella, al ser rechazado la denunció al
juez y fue condenada de nuevo a morir devorada por las fieras: osos, leones, cocodrilos
y toros se negaron uno tras otro a atacarla. Siguió acompañando a Pablo en sus viajes y
a la muerte de su prometido y de su madre regresó a Iconio, donde fundó una
comunidad de mujeres dedicadas a la vida contemplativa. Su leyenda se extendió
rápidamente por la comunidades cristianas y se convirtió en el arquetipo de la mujer,
virgen y mártir, que consagra toda su vida al Amado.

Junto a las diaconisas, aparecen las viudas que, también en el pueblo de Israel,
representaban un problema grande. Una mujer que se quedaba viuda, quedaba
absolutamente desprotegida ante la sociedad, no tenía nada ni ningún derecho. Las
viudas fueron acogidas en esta pequeña comunidad y tuvieron una doble función. Por
una parte eran protegidas, pero, por otra, cuando se vio el potencial de amor y entrega
que tenían estas mujeres, se les encargó la misión de orar, rezar y aceptar y acoger en
sus casas. Formaron grupos de oración y de servicio a la comunidad. Constituían una
orden porque se consideraban elegidas por Dios y porque tenían un rito de
consagración, después de haber sido sometidas a una serie de pruebas. Estas mujeres se
sometían a un proceso de formación hasta que les eran impuestas las manos. La
imposición de manos, que es un rito antiquísimo en la humanidad, implicaba, a partir de
entonces, en función de la influencia espiritual transmitida por Jesús a sus discípulos, la
venida del Espíritu Santo sobre aquellas mujeres que habían aceptado dignamente un
servicio.

¿Qué nos indican estos ejemplos de una presencia tan destacada de las mujeres en la
vivencia y transmisión del rostro de Dios que Jesús había mostrado? Quiere decir que
en aquellas comunidades nacientes, en que la nueva religión, es decir, en la nueva forma
de entender la relación del hombre con Dios, se ponía en primer plano el amor, tanto el
amor entre Dios y los hombres, como el de éstos entre sí -que no es más que otra cara
del anterior y único- y, en el terreno del amor y de la entrega a los demás, las mujeres
tuvieron un papel clave y fundamental. Cuando aproximadamente dos siglos después
estos grupos de mujeres desaparecen, la vida espiritual de las comunidades cristianas
sufre un importante retroceso, pero el soplo del Espíritu no dejó de suscitar nuevas
formas en que las mujeres pudieron hacer aflorar la savia que mantiene viva la Iglesia,
porque -dijo Jesús-:

El viento sopla donde quiere y oyes su voz y no sabes de donde viene y adonde va. Así
es todo el que nace del Espíritu. [10]

Pronto las mujeres -como el resto de los cristianos- tuvieron otra dolorosa oportunidad
de mostrar, de dar testimonio de su unión con Dios: ante la persecución y el martirio.
Todo hombre que tiene una experiencia profunda de la Realidad y de su especial
relación con la Divinidad se vuelve libre y relativizador de todo aquello que no es Dios,
y esta actitud resulta molesta y provocadora, tanto frente al resto de la sociedad, como,
en ocasiones, en el seno de la propia comunidad, lo cual acaba desembocando en
esfuerzos más o menos violentos para librarse del “cuerpo extraño” [11].

A partir de mediados del siglo II, los cristianos que morían como consecuencia de las
persecuciones fueron llamados “mártires”, palabra griega que significa “testigos”, pues
el martirio fue ocasión de que aquellos hombres diesen testimonio público de su fe y, de
hecho, las oleadas de ejecuciones públicas fueron seguidas de oleadas de conversiones.

Las mujeres sufrieron la misma suerte que el resto de los miembros de la comunidad,
pero con frecuencia a las torturas generales se añadían las vejaciones específicas por el
hecho de ser mujeres. Su testimonio daba fe de la profundidad de su experiencia, tanto
por su valor, que admiraba a los varones que las consideraban el “sexo débil”, como por
la profundidad de los diálogos mantenidos con sus verdugos, haciendo buena la
promesa de Jesús a sus seguidores:

Cuando os lleven ... ante los magistrados y las autoridades no os preocupéis de cómo o
qué habéis de responder o decir, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquella hora
lo que habéis de decir [12].

Las distintas Actas de los Mártires están llenas de relatos que dan testimonio de la
fuerza del amor y la fe de estas mujeres, en tal número que se hace difícil escoger algún
ejemplo por encima de los demás, y si en ocasiones el género literario puede hacer que
sus palabras nos parezcan excesivamente grandilocuentes ello es una muestra más de
que su actitud no resultaba en absoluto extraña para los lectores de los relatos, que con
frecuencia eran contemporáneos de los hechos narrados.

Las primeras maestras

En el siglo IV, encontramos en Roma una serie de mujeres muy interesantes,


intelectuales, que supieron aunar su experiencia interior con la profundización en el
estudio de las Escrituras y que fueron reconocidas como maestras por sus comunidades.
Huelga recordar que en aquellos tiempos el estudio de la Escritura, la teología en
general, no era una actividad puramente intelectual, sino que por el contrario se entendía
que sólo la experiencia interior podía abrir el corazón al recto entendimiento de los
misterios de Dios.

Marcela vivió a finales del siglo IV y principios del V pertenecía a una de las familias
nobles de Roma. Huérfana de padre desde pequeña se quedó viuda a los seis meses de
su matrimonio y declinó con elegancia las propuestas de un nuevo matrimonio por parte
de un cónsul romano. Repartió a los pobres la mayor parte de sus riquezas y vivió en su
casa del Aventino junto con su madre y un grupo de nobles romanas, convirtiéndola en
un lugar de oración donde se reunían con una triple finalidad: orar, leer los salmos y
comentar las Escrituras. Como el comentario de las Escrituras exigía una interpretación,
ellas iban anotando los problemas que surgían para luego poder consultar. Se cuenta que
san Jerónimo, el que escribe luego la Vulgata, la traducción al latín de los escritos
griegos de la Biblia, llega a Roma y se queda totalmente fascinado por la cantidad de
grupos inteligentes, cultos, de mujeres que se reunían únicamente para rezar y comentar
la Escritura. Marcela lo toma como maestro y cuando éste abandona Roma, Marcela se
convierte en la autoridad de referencia para la interpretación de las escrituras; es más el
propio san Jerónimo llega a atribuir a la influencia de Marcela el haber decantado a
favor de sus tesis algunas disputas teológicas. Cuando los godos de Alarico saquearon
Roma, Marcela fue capturada y torturada, entre otras cosas porque los invasores no
creyeron que su pobreza fuese real y pensaban que escondía sus riquezas, y, como
consecuencia de sus heridas, murió pocos días después junto a la tumba de san Pablo.

Estamos hablando de mujeres laicas, mujeres que no han abandonado el mundo,


mujeres que viven en el mundo, mujeres que tienen una intención espiritual profunda;
viven en el mundo para servir y aprender, haciendo buena la petición de Jesús al Padre:
no te pido que los quites del mundo, sino que los preserves del mal[13], actitud común a
todos los auténticos gnósticos que, de acuerdo con el dicho sufí: retiran del mundo su
corazón, no su mano.

Melania (llamada Melania la Mayor) fue otra noble romana, de la misma época, casada
muy joven con el prefecto de Roma, con el que tuvo tres hijos de los que sólo
sobrevivió uno. Ella sola había empezado una vida de oración, pequeños ratos de
oración en soledad, pequeños ratos de vivencia interior que empieza a compartir con un
grupo de amigas, cuando pronto se queda viuda. Juntas se trasladan a Jerusalén y
compran un terreno en el Monte de los Olivos -donde Jesús había pasado la última
noche en oración- y fundan una comunidad de oración y acogida. Cualquier persona que
fuera a Jerusalén podía dormir, vivir en casa de Melania, siempre que su vida fuera
digna. A los treinta años volvió a Italia y se unió al grupo que se había formado
alrededor de su nieta, hija de su único hijo superviviente, Melania la Joven.

Melania la Joven (383-439), recibió una esmerada educación, hablaba latín y griego, y
pronto se distinguió por su gran cultura. Hubiese deseado dedicarse a la vida monástica,
pero por imposición de su familia se casó con Valerio Piniano, una de las mayores
fortunas de Roma, con bienes por todo el imperio. Tuvieron dos hijos que muriendo
muy niños y de común acuerdo decidieron dedicarse a la vida de oración y empezaron a
vender y repartir sus bienes. Esta decisión resultó escandalosa tanto para el resto de la
nobleza romana como para su hermanos y para su propios esclavos, que intentaron
impedírselo y Melania y Piniano tuvieron que dirigirse a la emperatriz para que
ratificase su derecho a disponer libremente de sus bienes. Recibida la autorización
imperial empezaron a emancipar a los esclavos y a vender los bienes de Italia y
repartirlos a los pobres. Mientras tanto un grupo de amigos, la madre de Melania y su
abuela, se habían unido a ellos y juntos llevaban una vida de oración y estudio en una
villa próxima a Roma. El prefecto de la ciudad intentó confiscarles los bienes que
quedaban, pero la llegada de los bárbaros de Alarico, a la que ya hemos hecho
referencia, destruyó toda la estructura administrativa romana. Melania, Piniano y sus
amigos huyeron a Sicilia, de allí a sus propiedades en Africa, donde vivieron siete años
y entraron en contacto con san Agustín. Vendieron sus posesiones en Africa y fundaron
con ellas dos monasterios, en los que se quedaron algunos de sus antiguos esclavos,
emancipados, que les había acompañado y que ya eran ancianos. Vendieron también sus
posesiones en España y con el dinero recogido se dirigieron primero a Egipto, donde
estuvieron en contacto con los anacoretas y ermitaños que poblaban el desierto egipcio,
y que hicieron surgir en el matrimonio el deseo de una vida más austera y solitaria
dedicada sólo a la oración. Con esta intención se trasladaron a Jerusalén donde
intentaron repetir las experiencia de los anacoretas egipcios pero diversos
inconvenientes les llevaron a fundar, con los bienes que todavía le quedaban dos
monasterios uno masculino y otro femenino, del que Melania se niega a ser superiora. A
la muerte de su esposo Melania se instala en una celda al lado de la tumba de su marido
y se retira a una vida de absoluta austeridad y silencio sólo interrumpida cuando debía
atender a las muchas personas que le pedían consejo, entre ellos miembros de la familia
imperial que llegaban de Constantinopla para verla. Muere en Jerusalén al regreso de un
viaje a Constantinopla para intervenir en la conversión de un tío suyo que era miembro
de la corte. El centro de la espiritualidad de Melania era un profundo y absoluto amor a
Dios, indisociable, para ella de la pureza de alma y cuerpo, de la humildad y la pobreza.
Su vida diaria fue, especialmente en los últimos años, marcadamente austera, sin
embargo en sus consejos a las monjas y quienes la visitaban incitaban a moderar la
austeridad y a rechazar las privaciones extraordinarias.[14] Su vida espiritual se basaba
en la práctica de la oración continua, sólo interrumpida por la lectura de las Sagradas
Escrituras, de acuerdo con el consejo de san Pablo: Estad siempre alegres, orad
ininterrumpidamente, dad gracias en todo al Señor[15], que más tarde será la base de la
Oración de Jesús de la Iglesia Griega.

Estos no son más que algunos ejemplos del papel inmenso, escondido, que estas
mujeres iban cumpliendo en la comunidad, unas veces adoptando caminos ya existentes,
otras como estas últimas que nos han ocupado, como Marcela y la dos Melanias, y sus
amigas, intentando ensayar nuevas vías de oración y servicio, de dedicación a Dios, en
definitiva. Hay que resaltar que estas mujeres llegaban a este servicio de la comunidad
porque habían sentido en su interior una llamada profunda a la conversión del amor. No
hay otra conversión que no sea esa. Convertirse no es cambiar de religión.
CON-VERTIRSE es cambiar la mirada de dirección, de uno mismo hacia Dios, es
volver a mirar hacia el Amor, que es el único punto de la vida espiritual y de la vida
mística que interesa.

Las reinas santas

Más tarde, cuando los pueblos bárbaros que habían ocupado el imperio romano
comenzaron a convertirse al cristianismo, aparecen nuevos ejemplos de mujeres fieles a
la llamada de Dios. De hecho fueron en muchas ocasiones las mujeres de los reyes las
que influyeron en la conversión de sus esposos al cristianismo, y de acuerdo con la
tradición germánica, en la consiguiente conversión de todo el pueblo, ayudando a
mitigar y humanizar sus bárbaras costumbres.

Tal es el caso de Clotilde (470-545) princesa burgundia, cristiana, que se casó con el rey
de los francos Clodoveo, e influyó decisivamente en su bautismo y en la conversión de
los francos al cristianismo, lo que fue determinante para el futuro de Europa y de
Francia. Fue consejera de su esposo, que admiraba su santidad y austeridad, pero no
pudo evitar las luchas entre los francos y burgundios, ni los crímenes de sus hijos, uno
de los cuales será uno de los tristes protagonistas de la siguiente historia. Muerto su
marido, cuando ella era todavía joven, Clotilde se retiró a hacer vida de oración con un
grupo de sirvientes y amigos y durante 37 años, vivió una vida escondida. De reina pasó
a ser una mujer escondida y oculta.

Radegunda (+ 587) es una santa turingia[16]. Era una niña cuando su hermano mata a
su padre, rey de Turingia, poco después los francos derrotan a su pueblo y esta niña de
10 años es raptada por el rey Clotario (hijo de Clodoveo y de Clotilde) y llevada como
botín-rehen a Francia. Clotario, que iba ya por su tercera mujer, planea hacerla su
esposa y la envía a un monasterio para que la eduquen como a una futura reina.
Mientras recibía la educación pertinente se desarrolla en ella un profunda vida de
oración y silencio y se dedica a lavar y dar de comer a los niños más pobres del entorno.

Clotario se queda viudo y vuelve a raptar por segunda vez a Radegunda que tiene ya 19
años, y la convierte en su mujer. Radegunda acepta su posición, pero que a cambio
continúa con su vida de oración y austeridad, silencio y servicio personal a los más
pobres. Radegunda tiene, por lo tanto, que saber compaginar la vida de la corte y la vida
de la intimidad, la vida de la oscura vida del silencio interior y la vida de una reina. El
rey, que no era precisamente un dechado de sensibilidad y humildad, lo acepta de mala
gana, porque además la gente comentaba con cierta sorna que se había casado más con
una monja que con una reina.

Años después el rey Clotario mata al hermano de Radegunda y entonces ella lo


abandona, consigue que el obispo la acoja y que, a pesar de las presiones de los nobles,
acepte su consagración como religiosa, cortánsdose ante él las trenzas como signo de su
renuncia al mundo, y la ordene diaconisa, para continuar su servicio a los más
necesitados. Se instala cerca de Poitiers en una casa pequeñita con una amiga y una
sierva, dedicándose a atender a enfermos y leprosos. Poco a poco mas mujeres se le van
uniendo y su casa se fue convirtiendo en un monasterio cuya comunidad se distinguió
por su celo y por los altos niveles espirituales alcanzados. El rey Clotario, tras varios
intentos de recuperarla, acabó yendo en peregrinación a pedirle perdón, tal era la fama
de santa que había adquirido aún en vida. Durante 35 años vivió Radegunda allí,
“dormía poco” -se dice de ella- y pasaba largas oras de soledad y ayuno; era visitada por
personas de todas clases sociales y niveles espirituales que acudían a pedir su consejo,
negándose siempre a ser nombrada superiora de la comunidad.

La maestra de una familia de santos

Mientras tanto, en Oriente, donde el cristianismo había conseguido una rápida


expansión, había familias enteras que daban testimonio de la presencia de Dios. En ese
mundo se desarrollaron algunos de los más importantes santos de la Iglesia y a ellas
pertenece nuestra próxima protagonista.

Entre las mujeres que siguieron la llamada del Amado desde los primeros momentos en
que fueron tomando conciencia de sí mismas y que optaron desde un principio por la
vida monástica encontramos, en un lugar destacado a santa Macrina (327-380). Su
interés reside, además de en el nivel se santidad por ella alcanzado -que la ha convertido
en uno de los modelos permanentes de la vida monástica cristiana- en que perteneció a
una amplia familia de santos y en que disponemos de su vida, la primera de una Madre
espiritual, escrita por uno de los más grandes místicos y teólogos del cristianismo: su
hermano Gregorio de Nisa [17].

Como en caso de Melania, la abuela de Macrina, a la que debió su nombre, también


destacó por su santidad. Macrina la mayor y su marido vivían en la región de Cesarea,
en Capadocia (la actual Turquía), tuvieron que huir al bosque como consecuencia de la
última de las diez grandes persecuciones sufridas por los cristianos en el imperio
romano. Durante siete años vivieron en el desierto alimentados sólo por lo que ofrecía la
naturaleza, a su regreso a la ciudad el marido de Macrina fue martirizado y muerto.
Su hijo Basilio, funcionario del estado y hombre de profunda formación filosófica tuvo
diez hijos, de los cuales vivieron nueve, de ellos la Iglesia considera santos a Macrina,
la mayor de todos, a Basilio[18], obispo de Cesarea; Pedro, obispo de Sebaste y
Gregorio[19], mucho más Joven.

La vida de Macrina estuvo marcada desde su concepción, pues antes de darla a luz su
madre tuvo la visión de un ángel que le reveló el nombre secreto que correspondía a la
niña -nótese que entonces no se podía conocer el sexo de los fetos- que era el de una
antigua santa, santa Tecla, de la que ya hemos hablado.

Macrina, junto con sus hermanos mayores, fue educada bajo la influencia de su abuela y
a los doce años, siendo una joven de renombrada belleza, fue prometida a un joven de
familia noble, que murió antes de contraer matrimonio. Macrina, en la cual la idea del
matrimonio no había despertado excesivo entusiasmo, toma la decisión de consagrase a
Dios. Tras la muerte de su prometido, Macrina se dedicó a educar a sus hermanos
pequeños, en especial al propio Gregorio y otro que también fue ermitaño y murió joven
. Macrina se convierte también en guía de sus hermanos mayores, y de hecho es la
causante de la re-conversión de su hermano Basilio, que había regresado de estudiar en
Atenas, henchido de orgullo intelectual, y en maestra espiritual de su propia madre.
Muerto el padre deciden repartir sus bienes, Macrina, y varios de sus hermanos,
entregan su parte a los pobres y con una parte de la familia, su madre incluida, se retira
a una hermosa posesión familiar en Annesi a orillas del mar Negro, donde alrededor de
Macrina acabará fundándose una comunidad monástica.

Macrina es definida por su hermano como una mujer “que se elevó a lo más alto de la
virtud humana por medio de la filosofía”[20], en el bien entendido que entonces, y
especialmente en el pensamiento de los Padres de la Iglesia, la filosofía, al modo del
ideal del sabio griego y de los filósofos neoplatónicos, como Proclo y Plotino, era
considerada un ideal de vida basada en la contemplación de lo divino y en la sabiduría
-gnosis- adquirida a partir de esta contemplación. La altura espiritual por ella alcanzada
le hace decir a Gregorio: “una mujer [...] si se le puede llamar mujer, pues no se si es
conveniente designar con una cualidad perteneciente a la naturaleza a quien llegó a estar
sobre la misma naturaleza”[21], lo que nos pone de manifiesto que -en opinión de san
Gregorio- su hermana se había despojado de cualquier atributo propio.

En una carta Gregorio hace un bello resumen de lo que fue la vida de esta mujer:

Teníamos una hermana, que era para nosotros maestra de vida, una madre después de
nuestra madre [...] Vivía en el confín del Ponto, pues se había exiliado de la vida de los
hombres. En torno a ella, un coro de vírgenes que ella había engendrado con dolores
espirituales; ella ponía todo su cuidado en llevarlas a la perfección imitando en el
cuerpo humano la vida de los ángeles. Para ella no había diferencia entre la noche y el
día, pues la noche era activa en las obras de la luz y el día imitaba el reposo nocturno
por la serenidad de la vida. Su vida era siempre ardiente, pues resonaba de día y de
noche el canto de los salmos [...]

Después de muchos años de viajes y vida pastoral Gregorio volvió a tiempo para asistir
a la muerte de su hermana, nada es necesario añadir a su descripción:
Había transcurrido la mayor parte del día y el sol declinaba hacia el ocaso. Su fervor,
en cambio, no decaía, sino que cuanto mas se aproximaba a su partida, como si
contemplase ya la belleza del esposo, se lanzaba con un deseo más vehemente hacia su
bien deseado. Ella ya no se dirigía a los que estábamos allí presentes, sino a aquel en
quien tenía intensamente fija la mirada. En efecto, se había puesto su lecho mirando
hacia el Oriente. Ella había cesado de hablar con nosotros para no hablar más que con
Dios, en oración, con las manos suplicantes, hablando bajo, con voz tan débil que a
duras penas escuchábamos lo que decía. Esta fue su oración. No se podía dudar de que
estaba cerca de Dios y de que era escuchada por El [22].

Después de su muerte, y aún en vida, se atribuyeron a Macrina multitud de milagros,


pero Gregorio, aunque cita algunos, no cree necesario detenerse en ellos, tanto para que
a los que no tienen fe no les parezca increíble el resto de la narración, como porque los
que tienen fe no los necesitan pues saben que hechos semejantes no son más que una
consecuencia natural de la santidad alcanzada por cualquier hombre.

La llamada del desierto: soledad y silencio

Mientras tanto otras mujeres se retiraban, solas, o en compañía, a los desiertos, para allí
encontrarse con el Amado y con frecuencia, y a pesar de su deseo de pasar inadvertidas
a los ojos de los hombres, convertirse en faros que alumbraban la vida de los otros
buscadores.

El desierto (eremos en griego, de donde viene la palabra ermitaño, el que vive en el


desierto) aparece en la mayoría de las tradiciones místicas como manifestación del
deseo de soledad. Todo hombre espiritual, en un momento dado, experimenta la
necesidad de apartarse, temporal o definitivamente, del mundo en busca de profundizar
en la relación consigo mismo y de alcanzar la comun-unión con lo Absoluto[23]. Los
Padres hablaban de buscar el aquietarse y estar en silencio, para dirigir el animo a la
presencia de Dios, para estar solos con el Solo, que es la vocación del monje, del
monachos, que, como su nombre indica, aspira a recuperar la unidad primordial. Las
tres religiones abrahámicas, de una manera u otra, han comenzado en el desierto. El
desierto implica dos sentidos simbólicos esenciales: es la indiferenciación primordial, o
es la extensión superficial estéril, bajo la cual debe ser buscada la Realidad.[24] El
paisaje del desierto evoca simultáneamente la absoluta desnudez y ausencia de
estímulos exteriores, la total sequedad, la presencia cegadora del sol, y el frío de la
soledad de la noche. El desierto es el lugar, donde según la tradición, habitan los
demonios y se manifiesta Dios. Y a ese doble encuentro se encamina el solitario, sus
demonios interiores, las pasiones de su ego, se manifestarán con especial fuerza en la
soledad del desierto y el solitario es consciente de la lucha que debe mantener[25] pero
cree que así llegará antes a ser despojado de toda “humedad”, a la absoluta pureza y
muerte de sí mismo, que le debe permitir lo único importante: el encuentro con Dios. En
el fondo es el propio Dios el que atrae a su amada al desierto, como Él mismo dice por
boca del profeta Oseas: Por eso yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su
corazón[26].

Y siguiendo esta llamada, siguiendo el consejo de Jesús que recoge la tradición sufí: La
devoción posee diez grados nueve de ellos se resumen en el silencio y el décimo en
apartarse de la gente[27], desde las tierras áridas de España a las de Persia, con especial
presencia en los desiertos de Egipto, Siria, Palestina y Capadocia, legiones de mujeres
de todas clases se internaron en el desierto, para, solas o en compañía, dedicarse, en el
silencio, a la espera del Amado, pues como dice el maestro sufí Shams-e-Trabrizi:
“Mantén silencio, para que el Señor que te dio la lengua pueda hablar”[28]. Entre ellas
las hubo ricas y pobres, vírgenes y pecadoras, solteras, casadas y viudas, jóvenes y
mayores, todas ellas, parafraseando los versos que siglos más tarde pronunciará san
Juan de la Cruz, “en una noche oscura, con ansias en amores inflamadas... salieron sin
ser notadas, estando ya su casa sosegada”.[29] Recordemos a algunas de ellas.

La más famosa de las Madres del desierto fue Amma (madre) Synclética (320-400)[30].
Oriunda de Macedonia su familia, de origen noble y rica, se trasladó a Alejandría,
atraída tanto por la fama de su vida cultural y filosófica como por la fama de santidad de
la comunidad cristiana y los numerosos ermitaños que poblaban el desierto circundante.
Synclética se sintió atraída por el Amor, desde niña, se negó a contraer matrimonio, a
pesar de la presión de sus padres, y vivió en su casa una vida de austeridad, oración y
silencio, repitiendo, ante cualquier intento de distraerla de su actitud, la frase de la
esposa del Cantar de los Cantares (II, 16): Mi Amado es para mí y yo para mi Amado.
Tras la muerte de sus padres y, con una hermana ciega, se retira a vivir a la tumba[31]
de sus padres. Se cortó las trenzas, como signo de su renuncia al mundo y consagración
a Dios, vendió todos sus bienes y los repartió a los pobres y se retiró a la soledad. Se
conservan sus palabras con motivo de la renuncia a sus bienes: “He sido recompensada
con la estima de muchos ¿qué devolveré a mi vez a Aquél que me ha concedido esta
gracia? No lo sé. Si en el mundo los hombres entregan todos sus bienes con el fin de
conseguir una dignidad caduca, conforme a su ambición, con mayor razón, yo,
favorecida con tal don ¿no debería entregar junto con estos bienes mi mismo cuerpo?
Pero, ¿qué digo? ¿Dar riquezas o el cuerpo a Aquél que es dueño de todo, darle algo que
ya le pertenece? Del Señor es la tierra y cuanto la llena.”

A pesar de su deseo de estar sola pronto se vio rodeada de gente que fue a vivir a los
alrededores fundando pequeñas comunidades que acudían a ella en busca de consejo,
que sólo obtenían después de mucha insistencia, pues ella no se consideraba digna de
dar consejos y menos aún de ser maestra de nadie.

Se conservan, en su Vida, escrita por autor desconocido a finales del s. IV, muchas
frases atribuidas a ella, escogemos algunas. Hablando de la humildad propia del que
quiere progresar en la vida espiritual decía:

Nosotras aún no teniendo nada de lo que se nos exige, nada deseamos alcanzar; privadas
de todo nos proclamamos ricas. Es conveniente que quien obre el bien no lo proclame a
nadie, pues de lo contrario se perjudicará... Debemos ocultar nuestros progresos en la
vida espiritual. Los que quieran hacer ostentación de sus virtudes, descubran sus
debilidades. Seamos prudentes, conozcámonos bien. Un tesoro descubierto prontamente
es derrochado.

Y, en el mismo sentido, comentaba en otra ocasión: “La humildad es una virtud tan
singular, que al demonio, que puede imitar todas las virtudes, le es imposible imitar la
humildad o aparecer humilde”.

Para animar a sus hermanas, en medio de las dificultades del camino, les recordaba: “Al
principio aquellos que avanzan hacia Dios tropiezan con muchas dificultades y
sufrimientos, pero luego encuentran un gozo inefable, tal como ocurre con los que
desean encender un fuego y que, antes de lograrlo, deben llorar en medio del humo. se
ha dicho: Nuestro Dios es un fuego devorador, por ello es necesario que encendamos el
fuego divino con lágrimas y sufrimientos”.

Amma Synclética murió a los 80 años después de tres meses de una dolorosa
enfermedad, para la que se negó a admitir ningún alivio, queriendo, con su dolor, seguir
e imitar a Jesús en su agonía. Sólo admitió ser ungida con algunos aceites, que
impidiesen que el mal olor de su carne podrida molestase a las hermanas que la
acompañaron en sus últimas horas.

En el desierto también vivió a finales del s. IV y principios del V santa María Egipcíaca,
cuya vida[32] fue muy distinta de la de nuestras anteriores protagonistas.

Zósimo era un anciano monje que había entrado de niño en un monasterio y había
llevado siempre una vida santa; a los 53 años le entró la tentación de creerse perfecto y
de que no había nadie que pudiese enseñarle nada nuevo en la vida monástica, cuando
estaba entretenido en estos pensamientos se le apareció un personaje que le recordó que
a pesar de sus años de lucha espiritual ahora empezaba la parte más difícil y le aconsejó
se dirigiese al desierto de Palestina donde encontraría un monasterio en el que debía
vivir. Así lo hizo y entró en un monasterio donde “vio ancianos que resplandecían por
sus obras, comunicando su esplendor a sus rostros”. Tenían por costumbre en aquel
monasterio, como preparación para determinadas festividades litúrgicas, que los monjes
pasasen sólo en el desierto unos días de ayuno y meditación. Así lo hizo Zósimo y se
internó en el desierto que rodeaba el río Jordán. Allí, en el desierto, se hizo buena para
él la reflexión de san Pablo: Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para
confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo
fuerte[33], y encontró a alguien que en su aparente fragilidad y humildad le recordó
quien era el primero a los ojos de Dios.

Llevaba Zósimo ya 20 días en el desierto cuando un día vio una figura humana,
desnuda, cubierta por una larga cabellera con la piel quemada por el sol. Intentó
acercarse a ella y ésta huyó. Zósimo le gritó y le suplicó, entre llantos, que le permitiese
acercarse para recibir su bendición y consejo, a lo que la figura contestó que era una
mujer y estaba desnuda, que le arrojase su manto para cubrirse, y, hecho esto, se acercó
a él. La mujer lo llamó por su nombre y ante ello Zósimo se postró ante ella implorando
su bendición; la mujer insistía en que era ella la que debía ser bendecida y durante un
tiempo, de rodillas, uno frente a otro, se pedían mutuamente la bendición. En un
momento dado la mujer argumentó que la prioridad le correspondía a Zósimo por ser
sacerdote, y éste asombrado por los conocimientos que de él tenía, que sólo podían
haberle sido inspirados por Dios, insistió en recibir su bendición. La mujer después de
orar largamente con las manos elevadas al cielo lo bendijo y a continuación le impartió
una serie de consejos sobre su vida espiritual y la del monasterio en que vivía.
Terminada su oración y a instancias de Zósimo le contó su vida. Había nacido en
Alejandría y durante largos años había llevado una vida lujuriosa como prostituta.
Movida por su inclinación a la prostitución se embarcó en una nave que llevaba a un
grupo de peregrinos a Jerusalén, pagando el pasaje con sus servicios; una vez allí,
cuando, movida por la curiosidad, intentó entrar en la basílica donde se veneraban las
reliquias de la cruz de Jesús, sintió que una extraña fuerza le impedía una y otra vez
franquear la puerta. Se dio cuenta que era a causa de sus pecados, pero dejémosle a ella
la descripción de su conversión:
La palabra de salvación tocó el ojo de mi corazón, y me mostró que la impureza de mi
vida impedía y obstruía mi entrada a la iglesia. Comencé entonces a llorar y a
lamentarme, golpeando mi pecho, y a gemir desde lo hondo de mi corazón. Me puse en
pie y llorando vi encima de mí la imagen de la santísima Madre de Dios que se hallaba
allí de pie: vuelta a ella y mirándola sin cesar, le dije: Virgen Señora, que diste a luz a la
Palabra de Dios hecha carne, ya sé, ya sé que no es digno de mí, sucia de tantas
inmundicias y corrompida hasta no más, mirar y adorar tu imagen, tú siempre Virgen, tú
siempre purísima, tú que conservas tu cuerpo y tu alma pura y sin mancha. Corrompida
como estoy, sólo sería propio de mí, llenar tu pureza de aborrecimiento y repugnancia.
Pero si como he oído, Dios se hizo hombre nacido de ti para llamar a los pecadores al
arrepentimiento, ayúdame en mi desamparo, acoge mi confesión y concédeme el
permiso de entrar por la puerta abierta de la iglesia, y que no quede excluida de la santa
adoración de la Cruz. Y te suplico que seas mi fiadora de esperanza ante Dios, tu Hijo,
de que nunca más mancharé este cuerpo con la fornicación vergonzosa sino que tan
pronto vea el árbol de la Cruz de tu Hijo, en seguida renunciaré al mundo y a todo lo
que hay en el mundo, e iré adonde tú, ¡oh garantía de salvación! me ordenes y
conduzcas.

Tras esta oración pudo entrar en el templo, el recién abierto “ojo de su corazón” le
permitió darse cuenta de que Dios aceptaba su arrepentimiento y se internó en el
desierto con un único vestido y tres panes y con ello vivió allí durante 17 años y hasta
entonces no había visto ningún ser humano. Después de este relato se despidió de
Zósimo y se citó con él para la misma fecha del año siguiente. Se volvieron a encontrar,
milagrosamente, a orillas del Jordán, Zósimo le administró los santos sacramentos y ella
volvió a maravillarlo con la sabiduría de sus palabras y sus consejos. Tras la reunión,
una nueva cita para el próximo año, en el que Zósimo llegó a tiempo de recoger su
cadáver y darle sepultura en el desierto.

María se convirtió inmediatamente en ejemplo del poder del arrepentimiento y de la


fuerza transformadora del amor. Pronto se escribieron varias biografías suyas que
obtuvieron notable éxito. Su vida se volvió leyenda y circuló, durante siglos, entre los
monjes de Palestina. En la Edad Media la piedad popular mezcló su vida y la de María
Magdalena y juntas se incorporaron a la literatura y a la iconografía populares.

También en Alejandría nació hacia el año 480 Teodora. De familia noble y cristiana se
casó joven y todo fue bien hasta que otro hombre se enamoró de ella y consiguió que
engañase a su marido. Presa del remordimiento se vistió de hombre y se dirigió a un
monasterio masculino donde solicitó su ingreso. Después de someter al “joven” a duras
pruebas fue “admitido” en el monasterio donde se le encomendaron los trabajos más
duros, ignorando su condición femenina. Su marido mientras tanto la buscaba
inútilmente.

Pasaron los años y Teodora iba aumentando en virtud y era admirada por su santidad
que trasmitía gran paz a todo el que se cruzaba con ella, incluso a los animales feroces
que merodeaban el monasterio. En una ocasión en que tuvo que salir a buscar trigo con
unos camellos se le hizo de noche y tuvo que pernoctar en una cuadra con los camellos.
Una prostituta que ofrecía por allí sus servicios intento seducir al bello monje, y ante su
rechazo juró vengarse. Meses más tarde se presentó en el convento con un niño que
decía era hijo suyo y del monje. Teodora no se defendió y el abad, aunque sorprendido,
la expulsó del monasterio. Ella se quedó en una choza al lado del mismo y, manteniendo
su vida monástica, se dedicó a criar al niño. Pasados siete años y, a la vista de su
comportamiento y de los milagros que seguía haciendo, el abad la mandó llamar y le
permitió vivir en el monasterio con su hijo con la condición de no salir nunca de su
celda. Dos años después viendo que le llegaba la hora de la muerte se despidió de su
hijo diciendo:

Hijo mío, ya llega el fin de mi vida, yo te encomiendo a Aquél que estando en el cielo,
es Padre de todos los huérfanos, y en la tierra, te doy de padre al que lo es de este
monasterio. Tendrás por hermanos a lo monjes de él. No procures ser honrado por los
hombres, sino sólo de Dios; y para serlo, el mejor medio es ser deshonrado por el
mundo, y padecer afrentas y falsos testimonios. Si quieres ser honrado, honra tú.
Aborrece el demasiado dormir, abraza la aspereza en el comer y en el vestir y huye de
todo regalo. No te descuides de la oración, ni dejes de asistir con los monjes a las horas
canónicas, así de noche como de día. No acuses a tus prójimos. Cuando te pregunten,
responde con modestia, puestos los ojos en el suelo. No hagas burla de la caída ajena.
Llora para que seas consolado. Haz oración por los que viven mal. Visita a los
enfermos, y sirve a los monjes como a tus señores. En las tentaciones, acude a la
oración y pide al Señor que no seas vencido.

y al terminar expiró. El abad, que no dejaba de vigilar su conducta, y que por una
moción del Espíritu había intuido quien era, lo comunicó a los monjes y mandó avisar a
su marido, quien ingresó en el monasterio y vivió en la celda de la que había sido su
esposa.

La enseñanza de todas estas mujeres no fue fundamentalmente su palabra, sino su vida.


Una vida en que la humildad y el silencio les permitió alcanzar ya aquí la cercanía del
Amado y que el perfume de su santidad llegase y diese fruto en muchos a los que
probablemente sus palabras no hubiesen llegado.

El santo obispo Basilio, hermano de Macrina, contaba esta historia[34], que puede
servirnos como ejemplo final de una vida de amor, escondida, con Dios, en el silencio :

Había, en un monasterio de monjas, una hermana que simulaba estar loca y poseída. Tal
error estaba tan arraigado en todas sus compañeras que ninguna quería ya ni siquiera
comer con ella. No salía nunca de la cocina y se encargaba de todo el servicio: tal era la
vida que se había escogido. Según el antiguo dicho, era el estropajo de la casa, y
mostraba claramente haber realizado lo que se lee en los libros santos: «Si uno de
vosotros piensa que es sabio en este mundo, hágase loco con el fin de llegar a ser
sabio». Se había envuelto la cabeza con una corona de trapos blancos, y con este arnés
realizaba su servicio (las demás hermanas ocultaban la tonsura con una capucha). jamás
pudo ni una sola de las cuatrocientas monjas verla comer, pues nunca en su vida se
sentó a la mesa. No aceptaba ni el más pequeño trocito de pan, pero vivía contenta sólo
de las migajas que recogía limpiando las mesas y lavando las legumbres. No hizo nunca
agravio a nadie, y nadie la oyó nunca quejarse: no hablaba nunca, ni para decir sí, ni
para decir no. Golpeada y detestada por todas las hermanas, sufría sin despegar los
labios las persecuciones de la comunidad.

Fue entonces cuando un ángel se presentó a un santo de nombre Pioterio, monje


excelente, que había vivido siempre en el desierto y se encontraba entonces en Porfiris:
«¿Piensas acaso ser algo, por la santidad de la vida que llevas en estos parajes? ¿Quieres
ver a una mujer más santa que tú con mucho? Ve a Tabenne, al monasterio de las
vírgenes; allí encontrarás a una hermana que lleva corona en la cabeza; sábete que vale
mucho más que tú: sola, ha luchado noche y día contra todo un pueblo, y su corazón no
se ha alejado nunca de Dios. Pero tú, que vives en la soledad y no ves alma viviente,
¿acaso no dejas a tu corazón ir a todas las ciudades?». Al instante se puso él en camino
hacia aquel monasterio. Rogó al superior de los monjes que lo introdujera en el cenobio
femenino. Obtuvo inmediatamente el permiso -¿acaso no era célebre, y además de edad
avanzada?-. Entró, pues, y manifestó su deseo de ver a todas las monjas; pero no vio a
la única por la que había venido. Insistió: «Traédmelas a todas; me parece que falta
alguna». «Hay una hermana en las cocinas, pero está loca». «Mostrádmela, quiero verla
a ella también». La llamaron inmediatamente. Puesto que ella no quería saber nada
-creo que barruntaba algo, o quizás había tenido una revelación- las hermanas le dijeron:
«Pioterio el Santo quiere verte». Era, como he dicho, hombre de gran fama. En cuanto
le pusieron delante a la religiosa, y él hubo visto la corona de trapos que le ceñía la
cabeza, se echó a sus pies: «Dame tu bendición». Pero ella se echó a su vez a los pies
del santo: «Te corresponde a ti bendecirme, señor». Todas las hermanas se quedaron
estupefactas; dijeron al abad: «No te sometas a semejante humillación, abba: tienes
delante a una loca». Pero san Pioterio respondió a las hermanas: «Locas sois vosotras,
que esta hermana es mi madre y la vuestra». Éste es el nombre que se da allí abajo las
grandes espirituales. «Dios me conceda la gracia -añadió- de ser encontrado digno de
ella en el día del juicio». Ante tales palabras, todas se precipitaron a los pies de la
hermana, y cada una confesaba las culpas que tenía respecto a ella. Una, lavando un
plato, le había echado a la cara la enjuagadura. Otra recordaba haberla abofeteado a
menudo, Una tercera confesaba llorando haberle metido la nariz en la mostaza, y todas
las demás contaban las ofensas de todo tipo que le habían infligido. El santo se fue,
después de haber orado por todas. Pasaron algunos días, y la hermana no soportó su
propia fama: ser colmada de honores por las religiosas le resultaba intolerable. Y sus
excusas le pesaban sobre la conciencia. Dejó, pues, secretamente el monasterio.
¿Adónde fue? ¿Hacía qué región dirigió sus pasos? ¿Cómo murió? Nadie lo supo nunca.

Todas estas mujeres no son más que pequeñas muestras de una vida espiritual oculta,
escondida. La vida del Espíritu se manifiesta, brota, como quiere y donde quiere; el
Espíritu llamó a estas mujeres, desde esclavas a reinas, desde mujeres innominadas
hasta mujeres con nombre conocido, para que mantuviesen vivo un espíritu de Vida,
valga la redundancia. Y en este papel de conservar, de mantener la vida, lo femenino
tiene una función especial. Lo femenino, en sentido amplio, es la cueva que recoge; la
copa símbolo tan universal en toda religión, la oquedad que acoge, que conserva, que
guarda. Por eso, quizás, la función femenina de la mística sea acoger, guardar y
transmitir, que en el fondo es lo que hace la feminidad, guardar, acoger y transmitir y
estas mujeres entendieron perfectamente cual era su papel.

La expansión del mundo musulmán, desde Persia al norte de España, hizo que, excepto
en el reino bizantino, y aun con notables excepciones, las comunidades cristianas de
esta tierras fueran languideciendo, por múltiples causas. Los seguidores del Amado
fueron recibiendo otros nombres en estas tierras. En Europa, el Amor ensayó nuevos
bailes y mostró nuevos rostros. En nuestro próximo artículo nos ocuparemos, si a Dios
place, de otras viajeras enamoradas, menos conocidas que las grandes santas, que, en su
búsqueda del Esposo, escribieron, con sus vidas, maravillosas historias de amor.

Notas:
[1] Cf. Lang J. Ministros de la Gracia: Las mujeres en la Iglesia primitiva. Ed. Paulinas Madrid 1991 y Bernardino
Angelo (director) Diccionario Patrístico(2 vol.). Ed. Sígueme Salamanca 1991
[2] Cf. Hechos XVI, 14-15 y XVI, 40
[3] Proverbios II, 1-5
[4] ver por ejemplo el temor de Moisés ante la zarza ardiendo (Exodo III,6) o la teofanía del Sinaí (Exodo XX, 18 y
ss.)
[5] citado por Nurbakshs J. en La Gnosis Sufí (Tomo I) pág. 104. Ed. Nur, Madrid 1998
[6] Romanos XVI,1-2
[7] conviene recordar que en aquellos tiempo las palabra griega ekklesía, que hoy se traduce como “Iglesia”,
significaba asamblea, reunión de la comunidad, y por extensión, en los escritos cristianos, la propia comunidad
[8] Romanos XVI, 3-4
[9] Hechos de los Apóstoles XVIII, 24 y ss.
[10] Juan III, 8
[11] Los cristianos fueron especialmente perseguidos, torturados y asesinados en el imperio romano a lo largo de los
tres primeros siglos por un motivo fundamental: sus creencias desestabilizaban el imperio. El imperio romano
aceptaba todas las religiones mientras respetasen el carácter divino del emperador y lo incluyesen entre los dioses de
su panteón, la negativa de los cristianos a adorar a alguien más que al Dios único, y por lo tanto a ofrecer sacrificios
al dios-emperador, representaba un elemento absolutamente inaceptable y llevó a que la religión cristiana fuese
declarada religio illicita. Por otra parte el reconocimiento de la igualdad entre los hombres, varones y mujeres, libres
y esclavos, ricos y pobres, que además de una afirmación teórica era una realidad práctica entre los cristianos de los
primeros siglos, era socialmente perturbador y, con frecuencia concitaba las iras del resto de los ciudadanos. Hasta
que punto el cristianismo era considerado como algo que atacaba las raíces del imperio lo confirma el hecho que las
sucesivas oleadas de percusiones fueron impulsadas por los emperadores considerados como mejores gobernantes, si
exceptuamos a Nerón.
[12] Lucas XII, 11-12
[13] Juan XVII, 15
[14] cf. VV.AA. Dictionarie de Spiritualitè (17 vol.) Ed. Beauchesne, París, 1936-1995
[15] 1 Tesalonicenses V, 16-18
[16] Tribu germana originaria de Alemania central
[17] La mayor parte de los datos referentes a la vida de Macrina están tomados de esta biografía: Gregorio de Nisa,
Vida de Macrina y Elogio de Basilio. Ed. Ciudad Nueva, Madrid 1995
[18] Basilio de Cesarea (330-379) fue uno de los grandes doctores de la Iglesia, definió los criterios de una moral
nueva fundada en el amor de Dios, fue uno de los grandes maestros del monacato, de hecho el monacato de la Iglesia
griega sigue basándose en su regla y en su liturgia. Aceptó a regañadientes ser nombrado obispo y fundo numerosos
monasterios, hospitales y hospicios.
[19] Gregorio de Nisa (335-394) fue uno de los grandes teólogos y místicos capadocios que definieron la importancia
de la Trinidad y del papel del Espíritu Santo. Además describió un itinerario espiritual que en la Edad Media fue,
junto con los escritos de Dionisio, la base de la mística especulativa. En la Vida de Moisés, el ascenso de Moisés al
Sinaí es presentado como arquetipo del proceso interno de todo hombre que se acerca a Dios: pasa por el Exodo, el
Desierto, el Sinaí, el encuentro, la nube, la oscuridad. Todo ese proceso es el mismo encuentro que todo hombre
espiritual realiza en sí mismo.
[20] Vida ... 1, 3
[21] Vida ... 1,1
[22] Vida.... 23,1
[23] cf. Diccionario Patrístico o.c.
[24] cf. Chevalier J. Diccionario de los símbolos. Ed. Herder. Barcelona 1986
[25] de hecho los peligros de esta vida solitaria hicieron enloquecer a muchos y la mayoría de los maestros
espirituales no se la permitían a sus discípulos sino era bajo su directa vigilancia
[26] Oseas II,16
[27] cf. Nurbakhsh J. Jesús a los ojos de los sufíes, Ed. Darek-Nyumba, Madrid 1996
[28] Diwan XLVII
[29] Juan de la Cruz, Noche oscura
[30] para ésta y otras Madres citadas, cf. la obra de Carrasqués M.S. y De la Red A. Madres del Desierto. Ed. Monte
Carmelo, Madrid2 2000 y el ya mencionado Dictionaire de Spiritualitè
[31] téngase presente que en aquella época las tumbas de las familias ricas eran muy amplias y podían servir de
vivienda
[32] resumimos la vida de María Egipcíaca a patir de la biografía escrita por el obispo Sofronio de Jerusalén (cf.
Madres del Desierto o.c.) y la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine. Ed. Alianza, Madrid 1982
[33] I Corintios I,27
[34] historia recogida por Zolla E. Los Místicos de Occidente (Tomo I) Ed Paidós, Barcelona 2000
EL DESIERTO

La Cuaresma nos trae la vieja imagen del desierto. Generaciones de cristianos,


siguiendo al Pueblo de Dios y acompañando a Cristo, han sentido su llamada
en su camino de búsqueda de Dios hasta convertirlo en elemento básico de
sabiduría cristiana.

LUGAR PARA EL ENCUENTRO CON DIOS

El desierto es uno de los conceptos bíblicos de más hondo significado.


Pertenece a la sabiduría básica del hombre espiritual. Se hizo camino obligado
para el pueblo de Dios hasta la tierra prometida y lugar del encuentro con Dios.
Moisés, Elias, Juan el Bautista y el mismo Jesús, fueron hombres del desierto.
El desierto es ese espacio hostil, que obliga a la lucha tanto como a la
confianza, y se convierte en pedagogía de Dios para avanzar, agudizando la
mirada vigilante e interiorizada de la fe, a fin de reconocer la presencia de Dios
y denunciar toda idolatría.

En la mentalidad del pueblo de Dios, el desierto era el


ámbito reservado a los malditos y a los desheredados.

Sin embargo, en su paso errante y obligado por él, es


donde experimentará las más grandes manifestaciones
de amor por parte de Dios. Allí es don-de Dios estableció
su Alianza con su pueblo y donde éste la pondrá a
prueba una y otra vez hasta que que-de sobradamente
confirmada.

La misericordia de Dios brillará deslumbrante sobre la


ingratitud del pueblo. Y el desierto será testigo
privilegiado de esa acción salvífica, misericordiosa, de
Dios. A los prodigios iniciales de la liberación y de la
alianza se va sumando la superación de las pruebas y
de las tentaciones, a través de las cuales el pueblo
experimenta cómo el amor de Dios se expresa en
términos entrañables de noviazgo y de bodas místicas:
"En el desierto me mostré bondadoso con el pueblo. ..
Cuando Israel buscaba un descanso, me aparecí a él de lejos.

Yo te he amado con un amor eterno; por eso te sigo tratando con bondad'' (Jer
31, 2-3). Los profetas recordarán al pueblo aquella experiencia como un
momento añorado: "¡Yo ¡a voy a enamorar, la llevaré al desierto y le hablaré al
corazón!" (Oseas, 2, 14).

Juan el Bautista es el hombre del desierto por excelencia; cuerpo endurecido,


ojo escrutador, voz que clama la conversión: su existencia se hace camino para
el Señor. Jesús, después del bautismo, vivirá en el desierto una experiencia de
prueba que le llevará a la plena aceptación de su propia identidad y de la
misión encomendada. La misma Iglesia tendrá su experiencia de desierto.
Aparece en el Apocalipsis. La mujer-iglesia es llevada al desierto, lugar que
Dios le ha preparado como refugio, purificación, prueba y superación de la
persecución: toda una experiencia de salvación que la iglesia ha de vivir en
fidelidad.

FLORECERÁ EL DESIERTO

En la historia de la espiritualidad, el desierto ha protagonizado diferentes, e


incluso contrapuestas, experiencias. A destacar, la de los esenios, comunidad
judía de ascetas, que vivieron junto al mar Muerto en el s. II antes de Cristo.

El historiador Plinio dejó constancia de su estilo de vida. Los escritos que nos
han dejado en Qumrán han servido para mejorar nuestra comprensión de la
Biblia. Ascesis y soledad buscaron también en el desierto muchos cristianos,
que, a partir del siglo II y IV, huyendo del mundo, soñaban con la profecía de
Isaías: "florecerá el desierto" (Is 41,17-20).

Poco a poco, esta experiencia se llenará de un nuevo sentido, cuando muchos


empezaron a buscar en la soledad un lugar para la intimidad con Dios. San
Bernardo invitaba a ello: "El que desee oír la voz de Dios que se retire hacia ¡a
soledad. Esta voz no se deja oír en las plazas". Y San Bruno: "¡qué delicia
ofrece la soledad y el silencio del ermitaño...

Aquí, el ojo adquiere esa mirada sencilla que hiere de amor al Esposo!" El
movimiento eremítico, los Padres y Madres del desierto egipcio, y en general el
monacato cristiano, que se fue extendiendo de Oriente a Occidente, responden
a este nuevo sentido: el modelo cristiano del mártir se continúa en el nuevo
modelo del monje, el hombre del desierto.

NUESTROS DESIERTOS

Para la sabiduría cristiana, el desierto se ha convertido en símbolo y


paradigma, Cada cual tiene ante sí un desierto que cruzar, que puede adoptar
muchas formas.
La sabiduría estará en cruzarlo, superando cuanto tiene de tentación y
amenaza. Surge, por ejemplo, ante la experiencia de envejecer, de caer
enfermo, de padecer las consecuencias de un accidente. Cruzar este tipo de
desierto se hace largo y penoso: olvidamos la claridad del cielo; la fatiga y el
dolor ejercen un pesado lastre.

Aceptar ese hecho, sin embargo, puede despertar en nosotros un oasis. Otras
veces, es el desierto de la falta de amor, la soledad: la distancia que nos
separa de otros seres humanos se nos hace infranqueable. Aunque estén
cerca, falta comunión; hay una ruptura dura y dolo-rosa. Los otros piensan,
viven y aman "de otra forma".

Todo ello, en sentido positivo, puede dar lugar al oportuno desapego del otro, a
renunciar a poseerlo, y que en esa renuncia se nos dé la alegría de "ser con
él". Hay quien, en el crepúsculo de las ideas y de los sueños, llega a
experimentar una especie de ausencia de Dios, el sin sentido de muchas
cosas, la aridez de la fe, que alguien llamaría "Noche oscura".

Parece que Dios se retira, se oculta, que nos abandona. Pe-ro no es así. Lo
que nos abandonan son nuestras ilusiones y fantasías; la fe no se pierde, por el
contrario se comienza a profundizar en ella al perder nuestras "creencias".

RESUMIENDO

Resumiendo los rasgos característicos de esa sabiduría espiritual del desierto,


diríamos:

Llamada a buscar un marco de silencio y soledad


para recorrer nuestro camino interior.

Vivir el sentido de paso, de purificación y de


provisionalidad.

Aprendizaje de la propia pobreza, apoyados en el


Absoluto.

Confianza para caminar a ciegas y en austeridad,


siempre abiertos a la solidaridad.

Cambio de corazón para, en libertad, ser capaz de


ofrecer vida.

Padre Anastacio Canto.

" El P.Anastasio Canto, misionero claretiano, director de la revista IRIS DE


PAZ, falleció en Madrid el pasado día 4 de Marzo, a los 71 años de edad, como
consecuencia del cáncer contra el que luchaba hacía algunos años. Que el
Dios de la Vida en quien siempre creyó como su salvador le conduzca a la
morada de la luz y de la vida.
www.cafaalfonso.com.ar

ORAR CON LAS MADRES DEL DESIERTO

Autores: FORMAN, MARY


EAN: 9788427129078
Precio: 12,00 €
Editorial: MENSAJERO
Colección: ORACION
Temática: RELIGION CRISTIANA
Traductor: LOZANO-GOTOR, JOSE MANUEL
Encuadernación: RUSTICA
Lugar de publicación: BILBAO
Idioma: ESPAÑOL
Novedad
Reseña
Sugerencias para orar y meditar en la actualidad, inspiradas en la sabiduría de las Madres del
Desierto de los siglos IV y V en la región Mediterránea. Consejos e ideas de estas notables
"ancianas", a las que se daba el nombre de ammas, es decir, mujeres avezadas en el
discernimiento y la dirección espiritual.
La espiritualidad del desierto y el encuentro
con Dios
Por Juan Rubio, director de 'Imágenes de la fe'

Queremos adentrarnos en el conocimiento del desierto, en sus


diversas facetas, que quieren llevarnos al encuentro con Dios. La espiritualidad del desierto es un tema
relacionado con la ascética cristiana. Tiene su fundamento en la Biblia, partiendo de los 40 años que el
pueblo escogido por Dios pasó en el desierto hasta conquistar la tierra prometida. Figuras como Moisés y
Elías fueron hombres del desierto, pero también Juan el Bautista y el mismo Jesús, que pasó 40 días
ayunando y orando antes de emprender su misión. En ellos se inspiran los padres y las madres del
desierto. Dicha espiritualidad tiene una gran tradición en la Iglesia, ya sea en forma eremítica o
cenobítica. Es más, en la actualidad, el hombre de nuestra sociedad también necesita espacios de
desierto, de soledad y silencio, para encontrarse consigo mismo y con Dios.
Edmond Jabès nos ilumina con sus palabras esta cuestión: “Para mí la experiencia del desierto ha sido
decisiva. Entre el cielo y la arena, entre el Todo y la Nada, la pregunta resulta acuciante. Como la zarza
ardiente, que arde sin consumirse. Arde por sí misma, en el vacío. La experiencia del desierto es también
la escucha, la escucha total”.

Cuando nos referimos al desierto, como entorno natural, más que los grandes arenales con camellos que
hacen su travesía, nos referimos a parajes inhóspitos, lugares deshabitados, donde resalta la aridez.
Espacio donde el hombre se retira para encontrarse consigo mismo y con Dios, pero también espacio
para luchar contra el Maligno, como hizo Jesús en el desierto. El desierto bíblico es el creado por la
erosión del viento y el agua de las escasas pero violentas lluvias, cuya principal característica son los
bruscos cambios térmicos entre el día y la noche.

Pero además podemos referirnos al desierto humano, es decir, el desierto en que los hombres viven y el
cual, sin ellos darse cuenta, se va convirtiendo en su hábitat normal. El hombre deja de ser hombre y se
convierte en otra cosa que no es propia de él.
También podemos hacer referencia al desierto espiritual, es aquel donde la vida espiritual adolece de
sequedad, parece que Dios está ausente, no se perciben los frutos espirituales y aunque parezca una
tierra estéril puede ser una época muy fecunda, donde más se madura.

El desierto nos remite a tres grandes ámbitos simbólicos: el espacio, el tiempo, el camino.

• El espacio. Es un espacio hostil, que hay que atravesar para llegar a la tierra prometida. El espacio del
desierto es árido, monótono, silencioso y se refleja en el paso interior del creyente como prueba, como
tentación: “Acuérdate de todo el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer en estos 40 años por el
desierto, para humillarte y ponerte a prueba, para saber lo que tenías en el corazón” (Dt 8,2).
El desierto se convierte en pedagogía de Dios para el conocimiento de sí. El desierto aparece también
como el lugar de las rebeliones contra Dios, de las murmuraciones, de las contestaciones (Ex 14,11-12;
15,24; 16,2-3. 20. 27; 17,3.7; Núm 12,1-2; 14,2-4; 16,3-4; 20,2-5; 21,4-5). También Jesús vivirá el
desierto como noviciado esencial antes de su ministerio, allí será fortalecido en su lucha contra las
tentaciones.

• El tiempo intermedio. Nadie se instala en el desierto, es espacio para atravesar. 40 años, 40 días, es
el tiempo del desierto para todo Israel, pero también para Moisés, para Elías, para Jesús. Es un tiempo
purificador que se vive aprendiendo la paciencia, la espera, la perseverancia, asumiendo el alto precio de
la esperanza.

• El camino. En el desierto hay que avanzar. La tentación es volver atrás a causa del miedo, preferir la
seguridad de la esclavitud en Egipto al riesgo de la aventura de la libertad. Para recorrerlo hay que ir
ligero de equipaje, hay que atenerse a lo esencial, es aprendizaje de despojamiento y privaciones. El
desierto cultiva la fe, agudiza la mirada interior y convierte al hombre en vigilante. El hombre del desierto
es capaz de reconocer la presencia de Dios y denunciar la idolatría.

Quizás tenga razón Henri le Saux cuando escribe que “Dios no está en el
desierto. Más bien el desierto es el misterio mismo de Dios”.
Merece la pena hacer un itinerario sobre esta espiritualidad del desierto que
tiene sus raíces en la Sagrada Biblia, para luego destacar algunos aspectos
históricos, a veces llevados al extremo, según una manera de pensar muy
anclada en la ascética. Y lo que más nos interesa, ¿cómo podemos vivir
hoy esta espiritualidad del desierto, quizás en medio de la ciudad, para
mantener un encuentro continuo con Dios?

El autor de este número de Imágenes de la fe, Lázaro Albar Marín, doctor


en teología con especialidad en Teología Espiritual en el Instituto Pontificio
“Teresianum” de Roma, es autor de una docena de libros sobre
espiritualidad y oración. Sacerdote de la diócesis de Cádiz-Ceuta, ejerce su
ministerio como párroco en La Inmaculada de Campamento en San Roque
y forma parte del Secretariado para el Clero. También es director del Apostolado de la Oración, formador
del Secretariado Diocesano de Grupos de Oración, profesor de Teología Espiritual en esta diócesis y en
la de Jerez. Lleva 25 años impartiendo diversos cursos de oración por lo que es un profundo conocedor
de la vida interior y del mundo de la oración, y cuya tesis doctoral representa un buen estudio sobre la
Pastoral de la oración.
VIDA MONÁSTICA
ÍNDICE
Texto de la Regla de San Benito Temas anteriores
Explicación de la medalla de S. Benito Un monasterio por dentro
Las Madres y Padres del desierto La vida monástica en el 2005
¿Como se mantienen los monasterios? Monjes mártires
Silencio y plegaria Libro "El Padre San Benito"
La Fuerza de voluntad Respuestas
Comprender la expresión vida eterna Dialogo
Monasterios de España Tu preguntas

LAS MADRES DEL DESIERTO


En el hipervínculo de abajo encontraréis el
resumen, bastante extenso e interesante,
sobre esta página desconocida de la historia
monástica.

Extracto del libro "Madres del Desierto"


de M. Sira Carrasquer i Araceli de la Red.
Ed. Monte Carmelo 2.000. (500 páginas)

LES MADRES DEL DESIERTO


(Ver resumen)
MAPAS DE LOS ORÍGENES DE LOS MONASTERIOS DE EGIPTO
PENSAMIENTOS
DE LOS PADRES
DEL DESIERTO

¿QUIENES SON LOS PADRES DEL DESIERTO?


Hablar de los Padres de Desierto es como ir en las raíces más próximas al
EVANGELIO.

Llamamos Padres del Desierto, a los que empezaron la vida monástica en


Egipto entre los años 350-450, que es la edad de oro de este movimiento.
El fundador fue S. Antonio Abat. Nace en 252, se hace monje el 271, y muere el
año 300. De él dice su biógrafo (S. Atanasio), "hizo del evangelio su vida,
practicando la justicia, la fortaleza, el amor a los pobres, la mansedumbre y la
hospitalidad". Crea un estilo de vida donde las personas "respiran Cristo".

De entre los muchos apotegmas (anécdotas) que se explican de él, escojo uno.
Una vez fueron unos universitarios a preguntarle qué libro de la Bíblia
consideraba más importante. Señalando el horizonte, con los brazos
extendidos de levante hasta poniente, los respondió: "si no sabéis leer el libro
de la naturaleza, no seréis capaces de entender ningún otro libro". Porque
quién no encuentra Dios en las cosas que Él ha creado, tampoco lo encontrará
en la Palabra que de Él se ha escrito.

Sus seguidores ocuparon tres Desiertos del Egipto:


- El de NÍTRIA (cerca del delta del Nilo) fundado por abbà Ammón. Se dice
que después de vivir 18 años con su mujer, decidieron abrazar los dos la vida
ascética. Ella convirtió su casa en un Monasterio, y él se fue a Nítria donde se
le unieron muchos otros monjes.
- El desierto de ESCETE, 18 Kms al sur de Nítria, tiene como monje más
famoso Macario el grande (390). A pesar de ser un riguroso asceta (haciendo
muchos ayunos y penitencias), siempre practicó una gran comprensión hacia
los demás. Se dice de él que una vez fue un chico con el deseo de unírsele, pero
a la hora de trabajar, el joven dijo que era un escándalo que los monjes
trabajaran, que lo propio de los monjes era rogar. Macario le respetó la
decisión, pero al ser la hora de comer dijo que lo dejaran rogando. Al darse
cuenta de que ya era noche, el joven preguntó cómo es que no lo habían
avisado para la comida. Entonces Macario le respondió que él era un monje
demasiado perfecto para ir a comer...
Discípulos de Macario son el abba Sisoes, el abba Moisès, el abba Poimén, y
muchos otros.
- Y el de Las CELDAS o de la Tebaida a 60 Kms de Escete. El monje más
célebre es Evagryo. De él hemos sacado una de las mejores definiciones de la
vida Monástica: "son los que viven separados de todos, pero unidos a TODO".

Y lo más sorprendente de estos hombres de Dios es el espíritu con que aplican


el evangelio a la vida. Tienen una abertura desconcertante, propia de aquéllos
que viven guiados por el ESPÍRITU de AMOR.
Hay que distinguir entre los "Padres del Desierto" (monjes) y los Padres de la
Iglesia (pensadores, a menudo obispos, que van del sIII al XII). También muy
amados por nosotros.

Papel de los monasterios en el siglo XXI

En el siglo XXI, la vida monástica, como cualquier opción en


general, creo que debe ser AUTÉNTICA. Ya no sirven las
apariencias vacías.

En un mundo donde todo es provisional, usar y tirar, lo quiero


mientras me sirve... la ESTABILIDAD del corazón es un reto. La
estabilidad, en el monasterio, está centrada en Jesús y en mi
Comunidad, que ciertamente no es ni mejor ni peor que las otras.
La estabilidad del corazón profundiza el gusto de vivir diariamente
lo mismo. Puesto que para sacar provecho de las situaciones que
te presenta la vida, nada mejor que ir transformándolas desde
dentro. Se trata, pues, de una estabilidad que te trae a amar
verdaderamente las personas que tienes al lado, en las horas
buenas y en las malas. La NOVEDAD está dentro, no viene del
exterior.
En un mundo lleno de comodidades, te lo juegas todo, en un
compromiso hasta el final. Por fortuna también muchos de los
hermanos, tanto cristianos como no, lo arriesgan todo enrolándose
en Organizaciones Humanitarias. Si ellos lo hacen con tanta
radicalitat, nosotros no queremos hacer menos, puesto que
llevamos una vida que quiere ser de compromiso total. "No
anteposar nada al amor de Cristo" se el eslogan de S. Benito,
aunque todos sabemos que el ideal siempre queda lejos de la
práctica. Y siempre nos queda, al menos, ser conscientes del no
querer engañar-nos a nosotros mismos. Una buena manera de
saber qué es lo que realmente te interesa a la vida, es examinar el
primer pensamiento que tienes al despertarte por la mañana. Y,
evidentemente, lo mejor es procurar que éste sea para Dios. O por
ejemplo, para el evangeli del día.
En un mundo de servilismo a las modas, a los "fans", a la
apariencia... la vida monàstica tiene que conducir a la Libertad:
hacer las cosas porque quiero, no porque lo mandan. La
obediencia tiene que ser LIBRE. Es indispensable que aportemos
libremente nuestra colaboración personal dentro de la Comunidad.
Lo que yo pienso, desde mi libertad, es importante no solamente
para mis hermanos, sino para la Iglesia y para el mundo. Dice
Martín Luter King: "donde hay una persona que piensa mejor que
las otras, aunque esté en pleno desierto, el mundo se abrirá un
camino hasta su puerta". También viviendo en el claustro, te piden
reflexiones y puntos de vista complementarios a los de la
sociedad. Si yo dejo vacío mi lugar, nadie lo ocupará, porque todos
somos "pieza única", y es del conjunto de donde sacamos la
plenitud de todos en Cristo.

Cuando te llena el conocimiento de Dios, está claro que tus


problemas pierden importancia. Por otro lado, comprender la
PERSONA HUMANA es indispensable para amar a los otros y a ti
mismo. Se trata de ser muy sincero contigo y con los demás. Para
ello creo que la donación evangèlica puede darte una psicología
"intuïtiva" muy válida. Puea para dialogar con el mundo tenemos
que conocerlo más de lo que él se conoce. Y nuestra vida, un poco
retirada, quizás nos da una mejor perspectiva para valorar más
justamente las realidades que nos rodean.

La Biblia es lo más importante que tenemos. A nosotras nos toca


VIVIRLA. Si no lo hacemos, ¿quién lo hará? Una forma práctica es
intentar vivir los textos diarios del Eucaristia, o de I' Oficio Divino.
Mirar, en cualquier comentario exegético, como se tiene que
interpretar cada texto y así ponerlo en el contexto adecuado.
Entonces resulta fácil sacarle fruto para la vida; también es
provechoso dialogarlo con Jesús en la oración. Dios acostumbra a
hablar muy claro. Es que, especialmente, nuestra vida
se tendría que centrar en los Evangelis y los Salmos, puesto que
son unos textos que nos acompañan constantemente.
Una religiosa vasca que trabajó mucho tiempo en la Unión
Europea, nos explicó que, entre los religiosos/sas de Suecia, ha
proliferado el eslogan: "ya basta". Si tenemos dos zapatos "ya
basta", si tenemos dos vestidos "ya basta", si tenemos lo
necesario para comer "ya basta"... etc. En una sociedad consu-
mista, donde se acumula mucho más de lo necesario, tenemos que
poner austeritat en lugar de hedonismo. Dios nos ama así, con
nuestra pobreza exterior e interior. La experiencia de Dios siempre
pasa por la pobreza.

RELACIÓN: MONASTERIO-IGLESIA-MUNDO

Podemos dar lo "que somos" sin palabras. No damos lo "que


decimos", sino lo que vivimos. Lo transparentamos incluso sin
darnos cuenta. En realidad nuestras palabras nos traicionan.
Puesto que cuando hablamos mucho de un tema, no es que lo
practicamos, sino que justamente es lo que a nosotros nos falta. En
nuestra condición de pecadors, Dios nos espera para ser
perdonados.

Hace falta estar atentos a lo que nos piden. No podemos negar-nos


a ciertas colaboraciones: un artículo, una charla, un simple
coloquio. Salir alguna vez en la Televisión aunque nos cueste, y
sobre todo atender los que vienen al Monasterio. Ellos son el
mismo Cristo que nos visita. Dice S. Benito que: "el huésped es
Cristo". No puede haber rutinas, ni discriminaciones, en el trato con
la gente. La carta de S. Jaime lo dice muy claramente: "No puedes
decir a un rico, siéntate aquí... y al pobre quédate allá"... Para los
cristianos si tiene que haber preferencias, éstas tienen que ser por
los pobres. Tanto de fuera como de dentro del monasterio.

Compartir lo que tan gratuitamente recibimos. Si vivimos lo que


somos, sentiremos la alegría de comunicarlo. Es verdaderamente
un gozo poder hablar de Dios a los hombres y a las mujeres que se
nos acercan. También una manera buena de compartir, puede ser
escribir algún libro. Un campo que para nosotras hoy resulta fácil
es el de Internet. Sin salir de casa puedes comunicarte con la gente.
Nuestra experiencia sobre la página web ha sido inmejorable. Si
consideramos que el mundo es NUESTRO, esta claro que le
tenemos que comunicar lo que creemos que es importante. La
sociedad necesita nuestra sed de un mundo mejor. No podemos
descartar el extender puentes en el interior de la Iglesia y del
mundo. Nosotros/as no nos separamos del mundo, sino que
vivimos en un mundo que queremos diferente, y por el cual damos
la vida.

En nuestras vidas "sólo Dios basta". Las otras cosas son


importantes sólo en relación a Él. Dios, que ve el secreto, es
nuestra recompensa. Los demás lo intuyen, pero sólo Dios ve
nuestro secreto más interior. "Que sea para Él todo lo que
hacemos" , dice una colecta litúrgica. Todo tiene que salir de
nuestra "complicidad" con Dios. Si estamos convencidos/as que
somos importantes para Él, y nos sentimos a gusto a su lado, es
porque Él es el CENTRO. Entonces todo lo demás sale de este eje
que tenemos dentro.

Lo pide Jesús en el Sermón de la Montaña: "que viendo vuestras


buenas obras, todos glorifiquin al Padre del cielo". Y el salmo 113
después de la gran obra del Éxodo exclama: "No a nosotros, Señor,
sino que sea para Ti la gloria ". Si esperamos recompensas
humanas, reconocimientos o regalos, ya no podremos esperarlas
de Dios, que se el ÚNICO que llena verdaderamente las vidas.
Quiero concluir con el resumen de un artículo que me llegó a través
del correo electrónico.

ECLESALIA informativo. 19 enero 2005. Juan Luis Herrero, teólogo


"Hoy el mundo no soporta una espiritualidad vacía y artificiosa. No
soportan nuestras Eucaristías rutinarias. Tenemos que buscar
creativament, "signos" concordantes con el evangelio y nuestra
sociedad, puesto que cuando descubrimos verdaderamente la perla
del evangelio, nada es igual que antes. Tenemos que unir silencio
contemplativo con compromiso radical hacia los demás. La
experiencia de vida evangèlica, es "refundante" para la Iglesia. Si
conseguimos recrear una nueva forma de ser Comunidad.
demostraremos que "otro mundo es posible". Aunque lo realmente
arduo es hacer de la opción solidaria el centro de nuestro vivir: El
que sufre, o el marginado, son los más importantes en la vida"

Sólo como comentario añadiría lo que dice K. Barth sobre la vida


monàstica: "Tu vida, monje, si es sincera, nos dice a mí y al mundo,
que tu perla es auténtica”. Y sobre este dar tanta importancia al
amor al hermano, dice St. Agustí que: "El primer mandamiento con
respecto a la importancia, es estimar a Dios, pero el primero con
respecto a las obras, es amar al prójimo".

Hermana Regina Goberna


LA SOLEDAD HABITADA DE NUESTROS
MONASTERIOS

Era un momento de silencio, después de


la primera plegaria de la mañana.
Habíamos cantado el salmo 94 "VENID
ADORAMOS" invitando a la Humanidad
entera.
La lucecita del cirio pascual, hacía sentir
la PRESENCIA del Eternamente Invisible
de carne.
La mente se llenó de viejas palabras,
conocidas, pero nunca públicamente
expresadas.
Muchos hombres y mujeres se preguntan qué hacemos, con tanta
soledad, los monjes y monjas. Pero es que en los monasterios de
soledad no hay en absoluto. Antes de ser una revelación del cielo,
estas montañas nos son revelación de la tierra, en comunión con todo
aquello que tiene de más profundo.

La tradición monástica mantenida durante siglos, tanto de ermitaños,


como de monjes y recientemente también de monjas, en la montaña,
evoca todas estas generaciones de hombres y mujeres que han orado
a la vista de estas cimas.

Y la carrera ininterrumpida de peregrinos, nos habla constantemente


de nuestros hermanos, no solamente catalanes, sino de todo el
mundo. Sólo los que viven llenos de ruido en su interior, son
incapaces de oír las múltiples llamadas de la realidad profunda de la
vida que aquí se sienten.

En el monasterio se vive la presencia del Invisible, que es el principal.


Porque el monasterio se lo hace cada monje, cada monja, en su
corazón, donde adora a Dios silenciosamente. Eso se puede hacer y se
debe hacer por todas partes, pero aquí tiene un ámbito especialmente
adecuado. Nosotros, nosotras, no huymos a la soledad, sino que
venimos a disfrutar de una compañía más personal y próxima, que los
numerosos contactos humanos vividos sin ninguna relación, en las
grandes ciudades. Somos llamados a disfrutar de la compañía de Dios,
de la cual hay que saber escuchar tanto la Palabra, como el rumor del
silencio. Y es justamente en la iglesia donde permanecemos menos
solas.
Ya en Maitines, aún de noche, el Dios Trinidad es el auditorio de
nuestra alabanza, y al canto del invitatorio: "Venid, celebremos al
Señor con gritos de fiesta" empieza a llegar la humanidad entera de
todos los continentes, de manera que juntos damos "gloria al Padre",
que decimos con la multitud de los redimidos que sentimos cerca.
Hasta las paredes de la iglesia desaparecen, y cielo y tierra forman un
solo canto.

Para alabar a Dios, tenemos muy cerca la Madre de Dios, los ángeles,
"el coro glorioso de los apóstoles, el ejército de los mártires, las
vírgenes innumerables" y todos los santos y santas de todos los
tiempos, países, estamentos, edades y categorías. Todos estos
elegidos, con la comunidad y los hombres de la tierra, aclamamos a
Dios, formando un solo corazón. Todos presididos por la Madre santa,
celebramos la gran fiesta de expresar a Dios nuestra alegría, nuestro
entusiasmo y nuestro agradecimiento.

Soledad, pues, en el monasterio no hay ninguna, por eso, ya desde


antiguo, se han edificado estos espacios para vivir, realmente,
acompañados. Y nosotras hemos escogido estas cimas
impresionantes que nos muestran que el templo está bajo este cielo
tan vasto, que "nos habla de la gloria de Dios".
Para quien lo sabe entender, el monasterio y la montaña estan llenos
de voces, y el tiempo se detiene de una manera diferente de cómo pasa
escurridizo en la ciudad. Aquí el silencio es una gran PRESENCIA. Por
eso mientras haya ciudades frenéticas que destrozan los nervios, y
donde el tiempo desaparece entre el ruido y la agitación que lleva al
vivir en la soledad, tendran que haber monasterios donde estos pobres
solitarios de las grandes ciudades, puedan encontrar acogida, aunque
sea sólo un rato, dentro de estas dimensiones solidarias y espirituales.

(Adaptado de un texto del P. Agustín Altisent, monje de Poblet)

CONSEJOS PARA LA VIDA COMUNITARIA


Convivir dialogando
Las dificultades son normales en la convivencia, pero éstas nos
tienen que unir, ya que hace falta la aportación de todos para
superarlas.
Para que haya una buena comunión fraterna, se tienen que hacer
diálogos a nivel profundo, aunque dialogar es una virtud difícil.
Si no se pueden decir las cosas que hacen sufrir, las personas se
deterioran y cogen miedo de hablar. Entonces cerrarnos nos hace
daño.
A menudo no se habla de lo que se quiere, sino del que se puede.
La flexibilidad es muy importante en el diálogo.
La actitud del cristiano no es la del maestro, sino del discípulo que
de todo el mundo sabe aprender.
Escuchando el otro nos damos cuenta de sus valores.
La polémica es agresiva, porque se quiere imponer, mientras que el
diálogo es pacífico, propone las cosas con espíritu de discípulo.
Del silencio sale la palabra adecuada. Y de la verdadera soledad, la
capacidad de relacionarse.

Complementariedad
Todos somos diferentes y complementarios. Si hubiera otra persona
como yo, yo no tendría razón de existir.
La comunión no se hace con la homogeneidad (el ser iguales) sino
con la heterogeneidad (el ser diferentes), añadida a la
compatibilitat(no ser incompatibles).
No miremos a quien tiene razón, porque las razones dividen,
hagamos la comunión amándonos. Y cuando una persona se siente
amada, caen todos los prejuicios.
Si tengo aversión a una persona, siempre encuentro razones para
justificarlo, dándole la culpa.
Para ser nosotros mismos, hay que ser espontáneos, pero la
espontaneidad tiene que salir de la propia autenticidad, no puede
ser el fruto de nuestro ser defectuoso.
Tu espontaneidad te dirá cuál es tu autenticidad, lo que tú llevas a
dentro: estimación o rencor.

Confrontaciones
Es bueno ser sensible, pero no ser "susceptible" (hacer problema de
la actitud del otro).
Es normal que haya golpes de codo, pero lo importante es como los
vivimos.
Conscientes de que somos cristianos en proceso de cristianización,
no nos tienen que asustar los topetazos. Sabemos que el ideal
evangélico es la cima a la cual nos encaminamos. No la meta
alcanzada.
La profesión es un punto de partida, no un punto de llegada.
Tenemos que resignarnos a ser pecadores y a vivir entre pecadores,
sin excusar mis pecados y acusar a los de los otros.

Comunidad cristiana hoy


CRISTIANDAT, es ser cristiano porque lo es todo el mundo.
¿COMO SE MANTIENEN LOS MONASTERIOS?

Si antes muchos monasterios tenían como Regla, el vivir de limosnas, para


nosotras San Benito dice en el cap. 48 de su Regla, que tenemos que estar
contentas "si vivimos del trabajo de nuestras manos". Y creo que hoy día no
encontraríamos ningún monasterio que todavía subsistiera sólo con limosnas.
Si nuestra vida, como la de Jesús, queremos que sea un "servicio" a la
sociedad ("no hemos venido para ser servidas..."), sería una contradicción
vivir a costa de los demás.

Recuerdo que un día, atendiendo la puerta de nuestro monasterio, se dejó


caer uno curioso que, después de asegurar que él no creía en "nada de eso",
afirmó sin muchos miramientos, que era imposible que subsistiésemos sin
subvenciones. Y no se quería creer que en buena parte de los monasterios se
vive, sobre todo, de la seguridad social y del trabajo.
Por contra, un monje que conocía bien los monasterios benedictinos
femeninos de España, estaba admirado de cómo las monjas nos habíamos
espabilado con trabajos remunerativos para ganarnos la vida.

Las formas de trabajo, han ido cambiando con el tiempo. A menudo se han
dejado las escuelas, para volver a trabajos que permitan unos ritmos menos
competitivos y acelerados, y quizás más propios de una vida de plegaria.

Nosotras, concretamente, hace más de 40 años que nos dedicamos a la


cerámica. Un trabajo que amamos sobre todo por dos motivos: porque nos
ayuda a compartir el mensaje religioso que procuramos vivir, y porque, por el
hecho de ser creativa, nos permite traducir en belleza aquello que
constantemente recibimos de Dios.
Vale decir que en este momento estamos estudiando como ampliar la oferta,
que debido a circunstancias diferentes, a veces proporciona unos ingresos
insuficientes.
Con todo creemos que podemos dar gracias a Dios por el hecho de tener un
trabajo que no sólo nos ayuda a la subsistencia, sino que nos hace solidarias
con la sociedad en la que vivimos. Incluso ayudando a los que más
desfavorecidos, en la medida que podemos.

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¿EL SILENCIO LLEVA A LA PLEGARIA?


Es evidente que si vivimos agitados y nerviosos durante todo el día, no
podremos pretender que en 10 minutos de silencio ya entremos en contacto
con Dios a través de una plegaria silenciosa y reposada.
El clima de silencio tiene que coger toda la vida, no por el mutismo, sino a
través de una paz interior que es fruto de procurar unir tu voluntad con la de
Dios.

Podríamos hablar de un estilo de vivir que no se queda a flor de piel, donde


sólo estás pendiente de los gustos, y donde las pasiones nos traicionan
constantemente. Sino de acostumbrarte a buscar las motivaciones más
profundas de tus actuaciones, y donde te encuentras con Dios, que es el
verdadero motor de nuestra existencia.

Podríamos decir que se entra en un clima de silencio, cuando procuras actuar


dentro del ámbito del AMOR, propio de Dios.
Sólo hay que pensar en la definición del amor de 1Cor 13: "el amor es
paciente, es benigno, no se irrita, no tiene envidia ... todo lo cree, todo lo
espera, todo lo soporta".
Y este amor sólo puede ser vivido en una atmósfera de SILENCIO, de
dominio de uno mismo, que hace posible ESCUCHAR el otro... sea una
persona o sea Dios.

El silencio, pues, no tendría tanto que ver con el ruido exterior, como con las
"voces" interiores. Podemos estar en "silencio" en medio de una multitud, y
podemos "hablar alocadamente" estando solos en una habitación.

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LA FUERZA DE VOLUNTAD
Me gusta empezar explicando un cuento del libro: "Sí, vale la pena vivir". Un
libro antiguo, pero muy recomendable.
En una habitación donde había unos gatos, de pronto apareció una rata. El
gato más joven empezó a perseguirla, pero tuvo que claudicar agotado,
porque la rata se le hacía siempre escurridiza. Después tomó el relevo un gato
astuto, que se dedicó a poner trampas a la rata, pero ella nunca se cogió, de
manera que también tuvo que darse por vencido. Finalmente un gato viejo, se
plantó en medio de la estancia y se puso a dormir tranquilamente. Después de
pasar tres días durmiendo, la rata, se acercó pensando que aquel gato no
hacía nada. Entonces él, de una zarpada se la comió.

Es que el éxito de la fuerza de voluntad no está tanto en esforzarse para hacer


lo que crees que tienes que hacer, hasta el agotamiento, como ponerte
tranquilo. Y si puede ser, "más que hacer lo que nos gusta, hacer que nos
guste aquello que debemos hacer".
Todas las circunstancias, por buenas o adversas que sean, pueden ser vividas
a gusto o con oposición. Porque en todo podemos buscar la parte positiva, en
lugar de "victimitzarnos" anclados en lo negativo.
Dice Martín Luter King que las grandes personas han sabido hacer de las
circunstancias adversas que les ha tocado vivir, el punto de partida para el
éxito personal.

Entonces la fuerza de voluntad no es tanto ir contra corriente de aquello que


nos parece agradable, como esforzarnos para ver la parte BUENA de la vida,
lanzándote con todo el corazón.

San Benito dice que al principio el camino es estrecho, pero que después se
corre con espíritu dilatado. Después de 50 años de vivir bajo su Regla, estoy
convencida que tiene toda la razón.
Por eso esta respuesta va acompañada de la imagen CONFIADA de un
gorrión que se siente seguro en la palma de una mano.
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COMPRENDER LA EXPRESIÓN "VIDA ETERNA"


A partir del Pentecostés, todos sabemos que la vida eterna ya ha empezado
en este mundo.
Jesús lo dice claramente al evangelio de S. Juan "la vida eterna es que Te
conozcan a Ti (Padre), y a Aquél que Tu has enviado (Jesús)". Conocer,
pues, aunque sólo sea en la Fe, el Dios de Nuestro Señor Jesucristo, es
empezar a poseer, ya ahora, la vida eterna. Y el camino para conocer a Dios,
no pasa por hacer muchos estudios y reflexiones, sino para AMAR MUCHO.

Dice Jesús: "si amáis incluso a los que no os aman o os odian, seréis hijos del
Padre celestial que hace salir el sol sobre buenos y malos".

Aunque la vida eterna empiece en este mundo, sabemos que ahora sólo es un
pregustar lo que nos espera, y que llegará a plenitud cuando, después de la
muerte, "veamos a Dios tal como es".

Según S. Agustín: "Es mucho mayor lo que a Dios nos ha dado que lo que
nos espera. Un día, realmente, conviviremos con Dios, pero ya ahora Dios
convive con nosotros. Dios ha establecido ya ahora con nosotros un
intercambio admirable. Él ha tomado de nosotros la fuente de la muerte, y
nos ha dado de Él la fuente de la VIDA"

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TEMAS ANTERIORES

ESPIRITUALIDAD BENEDICTINA
HISTORIA MONÁSTICA
VIDA COMUNITARIA
EL ÚLTIMO LUGAR (anécdota)
DICHOS DE LOS PADRES DEL DESIERTO
SEGUIR UN PROYECTO DE VIDA
VIDA DE SAN BENITO
ORACIÓN MONÁSTICA
REFORMA DE LOS SIGLOS X-XI
STA. ESCOLÁSTICA Y EL MONAQUISMO
VIDA DE S. BENITO (Origen del monaquismo)
EVANGELIO DE LOS BENEDICTINOS
MONASTERIOS BENEDICTINOS de ESPAÑA
LA MÚSICA EN LA PLEGARIA
SEMEJANZAS CON LA EDAD MEDIA
¿POR QUÉ LOS MONJES VIVEN AISLADOS?
COMO ROGAR EN UN MUNDO INDIFERENTE
LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL

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UN MONASTERIO POR DENTRO
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Por el hecho de tener diversos temas
pedidos sobre la vida
de un Monasterio, con el título
de "UN MONASTERIO POR
DENTRO" encontraréis un escrito
que quiere dar respuesta a todas las
peticiones.

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LA VIDA MONÁSTICA EN LA IGLESIA DEL 2005


por Mª Regina Goberna Julià

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ALGUNOS MONASTERIOS DE ESPANYA


Vistas de los
MONASTERIOS

en pps (clic)

LA BIBLIA DE RIPOLL Y EL ABAD OLIBA

HISTORIA DE LA BIBLIA
LAS ILUSTRACIONES
y DEL ABAD OLIBA
BÍBLICAS
(clic)
en Power Point
LOS SIETE MONJES MÁRTIRES
DEL MONESTERIO DE ATLAS EN ARGELIA Clic
Algunas monjas de nuestra Comunidad tuvimos la suerte de conocer al
Prior, Padre Christian, en una reunión MONÁSTICA. Era un año antes de su
muerte atroz, y realmente nos conmovió oírle decir serenamente:
"ahora estamos esperando, que cualquier
día vuelvan para matarnos".
VIDEOS de Thiberine:

El ultimo monje de Thiberine Clic

Podéis ver un power Point de los monjes de Thiberine

MONJES DE THIBERINE
en Power Point

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Libro "El Padre San Benito" (3ª edición)


"El
SILENCIO
"
Para S.
Benito el
SILENCIO
sirve para
ensenyarte a
ESCUCHAR.
Por esto
empieza la
Regla
diciendo
"escucha,
hijo"...

La vida
monástica te
hace
descubrir
que "las
muchas
parabras" no
son más que
habladuría.
Mientras que
hay una
PALABRA,
la de Dios,
que resuena
constanteme
nte en el
HOY del
tiempo (He.)
a la cual
debes estar
atento.
Si haciendo
el sordo, la
dejas passar
de largo, el
corazón se
te irá
volviendo
insensible a
ti y a todo.
Diariamente,
pues,
inclinando el
oïdo interior
debes decir:
"Habla,
Señor".

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RESPUESTAS

La Lectio Divina, un modo de orar


Autonomía en los Monasterios
Voto de estabilidad
El horario en las comidas
El tiempo de oración
Vida solitaria
Vocación sacerdotal
Amar al prójimo como a ti mismo