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En la búsqueda de la igualdad esquiva.

Marisol Cabrera Sosa

En la búsqueda de la igualdad esquiva.


puerta del ser: abre tu ser, despierta,
aprende a ser también, labra tu cara,
trabaja tus facciones, ten un rostro
para mirar mi rostro y que te mire,
para mirar la vida hasta la muerte,
rostro de mar, de pan, de roca y fuente,
manantial que disuelve nuestros rostros
en el rostro sin nombre, el ser sin rostro,
indecible presencia de presencias…
Octavio Paz.

“La igualdad no se da ni se reivindica, se practica, se verifica” (Rancière: 2003:176)


Estamos en una época en que la búsqueda de la igualdad se halla atravesada por una
contradicción permanente de ideas, tendencias y corrientes que pujan en espacios de
disputa, no asumido por todos. Se nos vuelve difícil ver al otro como alguien que es
nuestro “homioi” (igual) aunque nuestro lenguaje incluya palabras como
“participativo”, “inclusor”, “proceso” que poco a poco se van quedando despojadas de
contenido, porque el hacer cotidiano es incoherente con el decir.
Se nos vuelve casi una lucha titánica hacer carne de que lo nuestro es más importante
que lo mío, de que son “(…) nuestros ideales, nuestras luchas y causas comunes y no
“mi” trinchera, “mi” rol, “mi” posición, o “mi” prestigio egoísta y soberbio. No se trata
de renunciar a nada fundamental, [sino] de asumir con verdadera tolerancia, la
pluralidad y la diferencia como ingredientes indispensables de una sociedad
verdaderamente democrática, que escucha e integra, en vez de reprimir” (Núñez:
1993:59).
Y es en actitudes como la escucha atenta, la integración y la persistencia de la voz del
otro, al que no lo vemos como un homioi, lo que nuestra sociedad occidental hace una
demostración permanente y peligrosa.
Criticamos al pasado por su dogmatismo y cerramiento pero hacemos carne en nosotros
lo que tanto criticamos. Y se nos pasa por alto, la importancia del otro en tanto ser
humano. Y dentro de nuestra fabricación imaginaria creemos que el otro- en cualquier
manifestación política (de la polis)- es alguien al que debo adoctrinar, ser desprovisto de
conocimiento, de certezas, que yo sí poseo.
Y en esa imaginería considero al otro, ya desde una pedagogía malsana, no como el
homioi, al que en mi discurso lo exorcizo con las palabras, “participativo”, “inclusor”,
“proceso”, como sin el solo hecho de pronunciar la acción se produjera. Y aparecen
palabras como “gestión” y “un horizonte discursivo en el que el modelo se impone al
acontecimiento, las preguntas son predecidas por sus respuestas y hasta el misterio se
considera pasible de decodificación” (Rattero: 2009163).
La imposición sobre el otro, que debe “trasmitir” la línea correcta de pensamiento, la
única válida, inerte, muerta, sobre el “otro” que no puede pensar por sí, porque es
inferior.
Es francamente, un intento de colonizar permanente, arrastre brutal de prácticas
obsoletas que no deberían ser actuales pero que reviven las de antaño practicadas sobre
los indígenas… con cadenas que aún nos aprisionan.
Y como escribía Marx en la Ideología Alemana: “la primera premisa de toda historia
humana es, naturalmente, la existencia de individuos humanos vivientes” algo que hizo
carne en su propia vida, cuando su hija Eleanor, que lo recuerda como un hombre de
bondad y paciencia infinita, “(…) su facultad para “atraer” gente, para hacerles sentir
que estaba interesados en ellos, era maravillosa (…) ninguna pregunta le parecía
demasiado trivial y ningún argumento demasiado infantil para una discusión seria. Su
tiempo y sus vastos conocimientos estaban siempre al servicio de cualquier hombre y
mujer que se mostrara ansioso de aprender” (Fromm: 1970:258).
Es el reconocimiento al otro en tanto ser humano, la comprensión, y algo que está en
pleno desuso en nuestro tiempo, que es la compasión- relacionado etimológicamente
con la palabra sentimiento- es decir, sentir con el otro, sentir todo eso que nos hace
seres humanos vivientes, en la escucha atenta de que Marx había hecho carne y que en
definitiva promueve la libertad de ser, sentir y escuchar al otro. Solo ahí la libertad no
nos será tan esquiva.

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