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Cuando el sueño se transforma en sentencia: Verdugos del Arte

Parte I
Por: Patricia Díaz Terés
“El arte es la forma más intensa de individualismo que el mundo ha conocido”.
Oscar Wilde
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Cuando las hijas de Zeus y Mnemósine se sientan a llorar es el momento en que los hombres en
la tierra se echan a temblar irremisiblemente, ya que cuando las artes son reprimidas o perseguidas los
pobres mortales pueden prepararse para contemplar las más terribles atrocidades.
Y es que si contraponemos las palabras del poeta y novelista español, Antonio Gala, “al poder le
ocurre como al nogal, no deja crecer nada bajo su sombra” a las del escritor francés Hipólito Taine “el arte
es como un naranjo, que precisa un suelo y un clima adecuado para florecer y dar fruto”, hemos dado
entonces con una imagen que nos muestra la manera como actúan los regímenes totalitarios y represivos
en cuanto al desarrollo de las obras artísticas.
Para tratar tan delicado tema, hemos de tomar la opinión de Rosa Olivares de la revista EXIT,
Imagen & Cultura, quien menciona que “la censura es simplemente negar el acceso a alguien a la libre
expresión y comunicación de ideas, imágenes, críticas o formas diferentes de ser, de ver y contar el mundo
en el que vivimos”; y efectivamente en los hechos que trataremos a continuación podremos observar cómo
los gobiernos en cuestión minaron paulatinamente la capacidad intelectual y creativa de sus pueblos, en un
monstruoso e infructuoso esfuerzo por construir sociedades carentes de iniciativa e identidad individual.
Sin embargo, para analizar algunos de los casos más representativos de tales situaciones,
debemos avanzar en la historia y llegar al siglo XX cuando, en la Alemania de los años 30’s, llegó al poder
Adolph Hitler quien ayudado por su inseparable compañero Joseph Goebbels creó una nueva concepción
sobre el arte, debido a la cual se destruyeron las obras y carreras de cientos de artistas.
De este modo, en primer lugar el que fuera Ministro de Propaganda en el Tercer Reich tenía la
idea de que el arte no podía ser criticado, sino meramente observado; con ello el sociólogo intentaba privar
a los “creadores de arte” –manera en como denominaba a actores, escultores, compositores, pintores y
escritores- de la retroalimentación positiva que puede obtenerse de la crítica constructiva.
Ahora bien, esta limitante en la emisión de juicios era únicamente válida para el pueblo y los
intelectuales, ya que era realmente el partido Nazi el que tenía la voz cantante sobre aquello que era o no
permitido –en cualquier ámbito- dentro del territorio alemán.
Así en marzo de 1933 -y por mencionar tan sólo uno de los centenares de ejemplos que pueden
encontrarse- regresaba de una exitosa gira por los Estados Unidos el famoso director de orquesta Bruno
Walter, quien a su retorno había sido invitado para dirigir un concierto en la ciudad de Leipzig; pero cuál no
sería la sorpresa del músico cuando se le sugirió a la administración del teatro “amablemente” que se
suspendiera la presentación, los responsables decidieron continuar con el espectáculo según lo planeado
tan sólo para cancelarlo un par de horas antes de su inicio.
Poco después Walter tenía programado un concierto en la Berlin’s Philharmonic Hall, mismo que
también fue cancelado para “evitar situaciones desagradables”, según se dijo. No obstante, la verdad es
que junto con Bruno Walter, habían sido exiliados de las salas de concierto otros artistas como Solomon
Sulzer, Jaques Offenbach, Erich Korngold, Gustav Mahler o Arnold Schönberg, quienes al igual que
Felix Mendelssohn –cuya estatua ubicada en Leipzig fue destruida el 15 de noviembre de 1936-, tenían
ascendencia judía, condición que entre 1933 y 1939 llevó al Reich a destituir de sus cátedras y puestos en
orquestas a más de dos mil solistas, cantantes, músicos, directores y musicólogos, mismos que huyeron en
su mayoría hacia los Estados Unidos.
También en 1933 tuvo lugar un hecho indignante para todos aquellos que respetan siquiera la
cultura, la quema pública de libros en la Plaza de la Ópera –hoy Plaza de Babel- de Berlín el 10 de mayo,
cuando se eliminaron obras de 300 autores como Heinrich Mann, Ernst Glaeser y Erich Kästner, entre
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otros muchos escritores judíos, comunistas, socialistas, o considerados “degenerados” .
Pero para Goebbels muchas de las facetas del arte representaban un verdadero peligro y por
consecuencia decidió armar una aberrante y ultrajante exposición a la que tituló “Entartete Kunst” –Arte
Degenerado-, en donde reunió todas las piezas de arte que desde su punto de vista se manifestaban como
contrarias a la verdadera identidad alemana.
“Degenerado” es un calificativo que se dio por primera vez a una pieza artística en la obra titulada
Olympia de Édouard Manet, expuesta en el Salon des Refusés –sitio donde se exhibían las piezas
rechazadas por las grandes galerías parisinas-, y descrita como tal por un periodista de nombre Max
Nordau –quien a su vez había catalogado a los prerrafaelistas y simbolistas como “perturbados mentales”-.
Así pues al Ministro de Propaganda nazi le pareció oportuna la inclusión de tal apelativo para la exhibición
de 650 –una selección de las más de 16 mil obras confiscadas- pinturas, esculturas, impresiones, dibujos y
libros que habían sido decomisados a museos alemanes en unas pocas semanas, y entre las cuales se
localizaban piezas de Ernst Barlach, Max Beckmann, Marc Chagall, Otto Dix, Oskar Schlemmer, Milly
Steeger y Wassily Kandinsky, entre otros.
En este sentido, el hombre que en cierto momento declaró que cada vez que escuchaba la palabra
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cultura “agarraba instintivamente la cacha de su pistola” , utilizó 9 salas del Archäologisches Institut en
Munich para colocar la exitosa muestra –se sabe que antes de terminar su gira por 13 ciudades alemanas y
austriacas, concluida en 1941, ya había sido visitada por 3 millones de personas-, en las cuales se hizo el
intento de catalogar las obras de acuerdo a su tema o procedencia, teniéndose así las piezas religiosas, las
correspondientes a autores judíos, el arte abstracto y obras que mostraban influencia africana o primitiva; la
“decoración” de las habitaciones estaba completada por frases pintadas en los muros, en las cuales se
calificaba a los artistas como “charlatanes e incompetentes”, mientras se mostraba en cada elemento una
etiqueta con el precio que “se había pagado con los impuestos pagados por la clase trabajadora alemana”.
Sin embargo, en curiosa contradicción cayeron los nazis, ya que a la vez que persiguieron de
manera inclemente a muchos artistas hasta que lograron encerrarlos en campos de concentración, en estos
horribles lugares los oficiales ordenaban la integración de orquestas teniendo como ejemplo Auschwitz,
donde había seis de estas agrupaciones musicales, en las cuales participaron personajes como la violinista
Alma María Rosé, sobrina de Gustav Mahler; mientras que otros a pesar de las espeluznantes condiciones
en que vivían, continuaron con sus creaciones artísticas como el checo Peter Kien –dibujante, escritor y
poeta-, confinado en el campo de Theresienstadt, quien escondiéndose de sus verdugos y corriendo grave
peligro plasmó en rudimentarios lienzos escenas de la vida cotidiana en la prisión, hasta el momento en que
a sus escasos 25 años se le perdió el rastro cuando él y su familia fueron enviados al temible Auschwitz.
Casos como los aquí descritos demuestran cómo por más esfuerzos que se hagan para eliminar la
expresión del individuo, un régimen totalitario no puede aniquilar por completo ese factor que determina al
ser humano: su libertad de pensamiento; en la siguiente entrega de esta columna continuaremos revisando
esta lucha de los artistas contra sus diversos opresores.

FUENTES:
“La cultura nazi”. Aut. George L. Mosse. Ed. Grijalbo. Barcelona, 1973.
“Degenerate Art: The Fate of the Avant-Garde in Nazi Germany”. The Art Institute of Chicago . 1991.
“Esto no se mira, esto no se toca, esto no se dice”. Aut. Rosa Olivares. Revista Exit, Imagen & Cultura No.
8. Noviembre 2002.
“La Degeneración del Arte”. Aut. Renato Sandoval. Periódico El Dominical. Lima, Perú. 11 septiembre 2005.
“Music and musicians persecuted during the Holocaust”. Aut. Dinah L. Shelton and Gale Cengage, 2005.
eNotes.com 2008.
“Alemania recuerda a uno de los artistas perseguidos por el nazismo”. Aut. Cornelia Rabitz www.dw-
world.de 8 de mayo 2008.
“Recuerdan en Alemania la quema de libros realizada por los nazis en 1933”. Aut. Eva Usi. La Jornada, 11
de mayo 2008.
“Muerte a los libros ¡Abajo la cultura!”. Aut. Antonio Sánchez García. www.noticierodigital.com 16 feb. 2011.

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Mnemósine, diosa de la memoria, era la madre de las Musas, según el poeta griego Hesíodo.
2
Algunos estudiosos como el politólogo español Ignacio Sotelo, sostienen que este hecho fue sugerido al gobierno nazi
por profesores universitarios llenos de envidia hacia los escritores sacrificados.
3
Palabras atribuidas a Joseph Goebbels.