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Antropología y Ética.

Antropología Filosófica.
La antropología es el estudio del hombre. “antropo” significa hombre y “logía”
viene de “logos” que tiene varios significados: razón, estudio, conocimiento,
saber.
Por lo tanto la Antropología filosófica es el estudio, conocimiento o saber. La
filosofía cuestiona, critica, intenta argumentar y justificar constantemente; es
decir que tiene una pretensión de conocer y comprender pero siempre
argumentando (dando razones).
La filosofía es un modo de pensamiento, de reflexión, que tiene que ver con
argumentos, con justificaciones, con dar razones para persuadir, para conocer
a través de la palabra.
La antropología filosófica, es una pregunta acerca del hombre en su ser
íntegro.
Cuando reflexionamos acerca del ser del hombre nos encontramos con
caracteres contradictorios, por ejemplo, se afirma que el hombre muere pero,
por otro lado, se acepta la posibilidad de su inmortalidad, al menos de una
parte de su ser.
Hay dos factores que constituyen al ser humano: la conciencia y la libertad.
Los pueblos, las civilizaciones, las culturas –al igual que el individuo- pasan por
momentos de crisis y esto sucede cuando las creencias y los valores que los
sostienen son puestos en duda.
Los seres humanos, no solamente existimos sino que tenemos conciencia de
esa existencia, somos los únicos que sabemos que existimos, podemos
reflexionar acerca de ello.
Todos sabemos cuales son las características fundamentales que pueden
definir a una persona.
A lo largo de la historia se han dado diferentes concepciones de hombre:
I. Primera concepción. El hombre como parte del mundo. Se la conoce
también como la identificación del hombre con el mundo.
II. Segunda concepción. El hombre como persona.
III. Tercera concepción. El hombre como sujeto.
IV. Cuarta concepción. El hombre como objeto.
V. Quinta concepción. El hombre como existencia.

Primera concepción. El hombre como parte del mundo.

Podemos ubicarla desde el año 3000 AC aprox, hasta el año 476 DC, cuando
cae el imperio romano de Occidente.
La idea fundamental es que el hombre se piensa como parte del mundo, hecho
de la misma sustancia que el resto de la realidad.
Esta concepción antropológica, la mas larga en el tiempo, se manifiesta en dos
tipos de pensamiento: el mítico o arcaico y el filosófico o clásico.

El pensamiento mítico o arcaico.


En este pensamiento, los hombres respondían a las preguntas que los
inquietaban a través de los mitos. Ellos permitían a los hombres encontrar
ciertas huellas para darle sentido a sus vidas e incluirse en una experiencia

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significativa. Estos hombres se contaban relatos que pasaban de generación
en generación.
Los mitos para el pensamiento mítico eran absolutamente verdaderos.
Podríamos definir el mito como un relato dramático y ejemplar en el cual
participan personajes extraordinarios en un tiempo prestigioso y lejano.
Afirmar que el mito era ejemplar porque había ocurrido una vez y había
marcado el destino de la gente sobre cuestiones fundamentales que tenían que
ver con la sociedad y la cultura de aquellos tiempos. Eran dramáticos porque
sucedían cosas muy importantes, acciones que habían cambiado el curso de la
historia, el destino de esos pueblos.
Los mitos correspondían a un tiempo diferente al tiempo común de los
hombres, porque ocurrían cosas en otro plano y de una manera diferente al
modo de ser común de la gente.
Los mitos eran verdaderos porque contaban lo que sucedió en el origen.
El pensamiento mítico se extendió por mucho tiempo hasta que surgió el
pensamiento clásico.
Para la concepción mítica, los hombres, como el resto de los seres, se
originaban de la fecunda Madre Tierra. Todos eran hermanos, ligados por la
única fuente de existencia de la cual brotaba todo lo viviente. No existían cortes
netos entre las diferentes especies de seres, ya que había una continuidad de
vida y eran posibles las uniones sexuales entre distintas especies vivientes y
las metamorfosis mas extrañas.
Como no había desarrollo científico, la creencia era que los seres humanos,
como todos los otros vivientes, se formaban en fuentes de agua. Desde allí en
un estado larval, se introducían en el cuerpo de una mujer y terminaban de
crecer para ser paridos con posterioridad.
Era obvio que desde esta perspectiva el vínculo con la madre y no con el
padre, con el cual no tenían ningún lazo biológico, sino solo jurídico.
A esta idea de hombre, brotado de la Madre Tierra, corresponden ciertos
rituales mortuorios como la inhumación.
Para ejemplificar como se manifestaban concretamente las ideas acerca del
hombre propias de este pensamiento tomaremos el caso de los griegos en la
época previa al siglo VI AC.
En los relatos homéricos se muestra la mentalidad helénica y, por ende, la
concepción antropológica que tenían los griegos antes que fuera blanco de la
crítica de los filósofos. Para Homero, en el hombre, había una dualidad: Cuerpo
(Soma) y Alma (Psyche).
El alma, según Homero, es una entidad invisible pero material.
Cuando el hombre exhala el ultimo suspiro significa que el alma se va y el
hombre muere. Dice Homero: El alma es el otro que habita en nosotros
mientras vivimos.
Cuando el hombre esta en vigilia, despierto, el alma duerme, y cuando los
miembros del hombre están durmiendo, el alma despierta y vive su propia vida
en los sueños. Es por ello que hablamos de una doble existencia: la del cuerpo
es perceptible a través de los sentidos y la del alma es invisible y se manifiesta
en los sueños.
Para los griegos homéricos el “yo” del hombre es el cuerpo. El alma no tiene
nada que ver con lo vital pero es verdad que cuando el alma se va, a través del
último suspiro por la boca, el hombre muere.

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Implicaciones prácticas del pensamiento arcaico.
Cuando el hombre se siente como parte del mundo acentúa su fraternidad con
el cosmos, su compromiso y su misión de servicio en ese mundo al que se
pertenece.
Un profeta hindú aconsejaba a sus discípulos que “no cavaran la tierra, porque
es un pecado herir a nuestra madre con los trabajos agrícolas”.
A partir de esta concepción de hombre surge una idea de respeto, cuidado y
protección de la tierra de la cual “somos hijos” y, también, al ser parte de ese
orden natural, somos responsables de cómo nuestro accionar repercute
directamente sobre tal orden.
En nuestra época de despiadada destrucción de la naturaleza, recordar esta
actitud tiene el carácter de una sana advertencia.

El pensamiento filosófico o clásico.


En este pensamiento hay una reelaboración intelectual de la idea de la fecunda
Madre Tierra como fuente de la existencia humana, pero la idea sigue siendo la
misma: El hombre esta formado de la misma sustancia que toda la realidad. El
sentido de que la Tierra es la fuente universal de la que brota toda vida, sigue
siendo el mismo.
Marco Aurelio transmite esta vieja idea de pertenencia reelaborada.
Él tiene de sí mismo una imagen casi vegetal: como un árbol que, habiendo
brotado de la tierra, cae, se disuelve, se hace tierra y de su disolución brota un
nuevo árbol.
El pensamiento racional nació a comienzos del sigo VI AC, en la colonia griega
de Mileto, en el mundo helénico.
Los físicos de Jonia ignoran deliberadamente las Potencias divinas reconocidas
por el culto.
Surge entonces un modo de pensamiento que no está basado en la narración
mítica y en la verdad incuestionable que de ella se deriva, sino en el discurso
argumentativo que intenta probar lo que afirma con razones, con argumentos
que intentan persuadir.

Empédocles de Agrigento. (Siglo V AC)


Éste filósofo creía que todo lo que existe esta constituido por 4 elementos
primordiales, indestructibles y eternos: fuego, agua, aire y tierra.
Cuando las cosas nacen se trata de una suma, unión o composición de los
elementos y cuando mueren, no se trata de muerte, sino de separación de los 4
elementos primordiales. Los 4 elementos son inertes, no se mueven por sí
mismos. Existen 2 fuerzas que unen y que separan, uno es el Amor que une, el
otro es el Odio que separa, que trae disolución y la muerte.
El ojo del hombre puede conocer o ver, en este caso, la flor, porque hay una
identidad de naturaleza, hay una familiaridad entre el hombre y el resto de los
seres; porque en el ojo del hombre hay fuego y con el fuego del ojo capta lo
que es idéntico, es decir, el fuego que hay en la flor, que también esta
constituida de los 4 elementos primordiales, como todo el resto de la
naturaleza.

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Platón.
El contexto.

La filosofía occidental moderna y los fundamentos de la ciencia moderna tienen


su origen en el siglo VI AC. Los primeros filosos buscan la realidad en que
vivimos, y afirman que todo es agua, o aire, o fuego, o quizás una combinación
de ellos. No se conforman con las apariencias. Aceptan que la naturaleza
humana puede explicarse del mismo modo que el mundo físico.
Todas las cosas, aun la vida humana, se han producido por una serie de
causas mecánicas.
A medida que avanza la especulación filosófica se va viendo con mas claridad
que no podemos confiar en que nuestros sentidos nos digan la verdad sobre el
mundo. Los atomistas (Demócrito), para quienes todo esta compuesto de
átomos indivisibles y del vacío que hay entre ellos, enseñan que solo los
átomos y el vacío son reales.
Ésta desconfianza en los sentidos lleva a la gente a preguntarse si pueden
estar seguros de algo. Y se sienten atraídos por el nihilismo, la creencia de que
nada es verdad. A lo largo del siglo V AC se va estableciendo progresivamente
una distinción entre lo que es verdadero por naturaleza y lo que es producto de
las costumbres humanas.
Conocer tanta diversidad cultural suele ser inquietante. Los sofistas abandonan
la especulación general y se centran en la enseñanza de conocimientos
prácticos, como la retórica. El relativismo se convierte en la doctrina de moda.
En su versión dice que lo que una persona juzga verdadero es verdadero para
ella. Pero lo que está bien para alguien, no lo está para otro. La manera
apropiada de vivir se deriva únicamente de acuerdos políticos concretos, sin
base aluna en el orden natural del mundo. La vida no tiene un fin último, y
muchas de las cosas que se dan por seguras no son más que ilusiones.
Platón cree que los demagogos llevan a la gente por el camino equivocado
porque ellos mismo carecen de sabiduría verdadera.
Sócrates era celebre por preguntar la definición de las palabras.
Platón desarrolla esta técnica de tratar de definir los términos generales, y
considera que todos ellos son nombres de cosas como la excelencia o la
bondad. Y a partir de allí construye todo su sistema metafísico.

El hombre en el mundo.
Para Platón y Aristóteles el hombre es un microcosmos, pequeño universo que
contiene en sí todos los modos de la realidad, al mismo tiempo que ocupa un
punto físico y definido en el cosmos.
Platón sostenía que lo real estaba constituido por dos instancias contrapuestas,
dos mundos que se superponen: el mundo material accesible a nuestros
sentidos y un mundo de naturaleza inmaterial que sólo nuestra inteligencia nos
permite alcanzar. El hombre se encuentra a mitad de camino entre los dos
mundos. Por el alma se vincula al mundo espiritual, divino y eterno. Por el
cuerpo se inserta en el mundo material, imperfecto y caduco.
Platón incorpora una idea completamente distinta. Cuando se refiere al mundo
afirma que son dos:
• El mundo sensible o visible, el que podemos percibir con nuestros
sentidos. Es un mundo material que está en permanente cambio, donde
las cosas son perecederas, nacen y mueren. Es un mundo imperfecto,

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en el cual no encontramos el verdadero conocimiento, porque lo que
conocemos hoy mañana es distinto.
• El mundo de las ideas, invisible o inteligible, el cual solo con la
inteligencia o la razón se puede alcanzar. En este mundo las realidades
son absolutamente inmateriales. Estas realidades (ideas) tienen otras
características: No son cambiantes, son inmutables. Son inmortales en
el sentido que no están sujetas a la temporalidad, es decir son
atemporales. Son únicas. Son modelos: las cosas del mundo sensible
copian, se quieren parecer, imitan a los modelos. Estas ideas,
posteriormente, se transformaran en los conceptos.
Este es el dualismo platónico, que afirma la existencia de dos realidades, dos
mundos.
Platón busca la estabilidad y la permanencia siguiendo el ejemplo de los
filósofos presocráticos. Abandonan el materialismo implícito y en su lugar dirige
la mirada a otro mundo que nos ofrece los criterios para todos nuestros juicios.
Según Platón, lo que vemos no es más que una igualdad aproximada. Nuestras
ideas morales provienen de otro mundo que está mas allá de las cosas que
vemos y oímos a nuestro alrededor.
El “bien en sí mismo” no depende de la naturaleza de nuestro mundo cotidiano,
y su validez es completamente independiente de los juicios humanos. Es, como
otras ideas, objetivamente real, y no se ve afectada por las opiniones humanas
sobre ella.
Al postular un mundo de la Ideas como normas absolutas, Platón puede
establecer una importante distinción entre conocimiento y opinión o creencia.
Las Ideas pueden ser objeto del conocimiento. La mayoría de la gente tiene
opiniones que son por sí mismas inestables. Cambiamos de opinión y a
menudo nos equivocamos. Sin embargo, Platón piensa que el verdadero
conocimiento ha de estar sujeto a la naturaleza real de las cosas y ligado de
algún modo a ella. Por definición, todo el que posea el conocimiento actuará
correctamente, y a partir de ahí Platón hace de la metafísica la base de su
filosofía moral y política. Para Platón, todo gobernante debe poseer el
conocimiento de la realidad, y en la República propone un programa educativo
mediante el que se podrá producir una elite de “reyes filosofos”. Éstos
gobernarán en el interés común porque sólo ellos saben lo que es la justicia y
pueden juzgar sobre todas las cosas con el criterio adecuado.
Platón compara el alma con la mirada, y la verdad con la luz: Cuando el alma
fija su atención sobre un objeto iluminado por la verdad y el ser, entonces lo
comprende y conoce y demuestra tener inteligencia; pero, cuando la fija en
algo que está envuelto en penumbras, entonces, como no ve bien, el alma no
hace mas que concebir opiniones siempre cambiantes y parece hallarse
privada de toda inteligencia.
Platón compara la idea del Bien con el sol, y en la Republica, compara la
condición humana con la situación de unos hombres que han sido encerrados
en una caverna bajo tierra. Solamente pueden mirar hacia el fondo de la
caverna. Tras ellos arde una hoguera, por detrás pasan hombres que llevan
distintas cosas, y proyectan sombras en el fondo. Lo importante es que p/ellos
la realidad esta formada por sombras y ecos. En consecuencia solo pueden
tener una vaga idea de cómo son las distintas cosas.
Platón nos habla de la difícil situación en que se encontraría un prisionero que
fuera liberado. Si se diera la vuelta y mirara el fuego, el fulgor le molestaría. Si

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saliera de la caverna, a la luz del sol, estaría aún más deslumbrado. Al
principio, no podría aguantar la mirada sobre las cosas, al final seria capaz de
mirar directamente al sol como fuente de luz. Para Platón, este es el
equivalente en el mundo cotidiano de lo que es la idea del Bien en el mundo
inteligible. Después señala que si el prisionero volviera a la caverna seria
objeto de burla, porque sus ojos tardarían un tiempo en acostumbrarse de
nuevo a la oscuridad. Rodos dirían que sus ojos ya no sirven, y que por ello es
mejor no pensar en subir a la superficie.
La iluminación se alcanza mediante el conocimiento de las Ideas eternas. La
visión de las Ideas es la máxima aspiración humana, y toda la educación debe
estar orientada a conseguirla. Toda doctrina que postule otro mundo
trascendente debe explicar como se puede entrar en contacto con el. La
solución platónica a este problema es que recordamos un conocimiento que ya
poseíamos. Es su teoría de la reminiscencia, según la cual todo aprendizaje
consiste en recuperar la conciencia de un conocimiento innato.
Sócrates concluye que “si siempre la verdad de las cosas esta en nuestra alma,
ella habrá de ser inmortal”. El alma debe haber estado en contacto con las
ideas antes de entrar en esta vida.
La distinción entre conocimiento inmediato y conocimiento latente (el que
poseemos sin darnos cuenta) apunta tmb a la importancia de los aspectos
inconcientes de la mente humana.
Platón es tan estricto en cuanto al carácter no permanente de este mundo que
en la Republica se niega a aceptar que este exista realmente. Solo las Ideas
son verdaderamente reales y pueden ser propiamente objeto del conocimiento.
La mayor parte de la gente solo puede tener opiniones cambiantes.
Aunque no llega a negar por completo la realidad del mundo cotidiano, Platón
sí mantiene que éste tiene un valor considerablemente menor que el mundo
eterno e inmutable de las Ideas. De aquí se sigue que el alma humana es más
valiosa que el cuerpo. El filósofo se caracterizara por despreciar el cuerpo,
pues el alma, una vez libre de las sensaciones y los deseos corporales, podrá
entonces aspirar al conocimiento de la verdad.

¿Qué es el ser humano?


El hombre es un microcosmos que reproduce la realidad del macrocosmos.
Siendo éste, en realidad, dos mundos, el hombre reproduce en sí esas dos
entidades:
• El cuerpo, por el cual el hombre tiende al mundo sensible
• El alma, por la cual tiende al mundo inteligible
El alma es una entidad no material, que ha vivido antes de encarnarse en el
cuerpo y vivirá después de la muerte del cuerpo, es decir, es inmortal.
Platón se da cuenta de que la razón humana suele estar en conflicto con otras
partes de nuestra personalidad. La búsqueda de la virtud nos resulta difícil, y
para explicar esa dificultad de Platón divide el alma en 3 partes, cada una con
sus deseos propios: la razón debe gobernar toda el alma y controlar los
elementos emocionales, que divide en dos. Junto a los deseos de la razón,
existen los deseos corporales de comer, beber y tener relaciones sexuales, y
también el llamado elemento irascible que incluye pasiones como la ira y la
ambición.

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Platón piensa que la razón debe ejercer su dominio, aunque cada parte de la
personalidad humana es igualmente esencial. El objetivota de ser la armonía y
la integración.
Platón al exaltar la razón y colocar la verdad en un ámbito diferente surge la
tentación de rechazar este mundo y sus deseos.
La parte racional del alma no solo es la guía de las otras partes, sino que
realmente es el alma. La parte que compartimos con los animales puede
parecer prescindible si el alma debe separarse del cuerpo.
Según Platón, en esta vida el alma no se corresponde con su verdadera
naturaleza, porque la corrompe su asociación con el cuerpo, cuyas
necesidades la alcanzan.
Una imagen recurrente que se deriva de Platón es la del cuerpo como prisión
del alma. Ciertamente, el dualismo platónico opone lo inmaterial a lo material, y
parece natural relacionar lo segundo con todo lo que es malo. Aunque el alma
sea indestructible, no por esa razón tiene que ser naturalmente buena. La
división que hace Platón apunta al conflicto interno que tantas veces se
produce. Nuestras decisiones no tienen por qué ser necesariamente correcta
desde el punto de vista moral, y todo lo que dice Platón es que, sin una
educación apropiada que nos permita ver lo que realmente es bueno y justo,
sólo actuaremos bien por accidente. El alma humana puede ser fuente de mal
si no posee conocimiento. El mero hecho de que creamos que algo es bueno o
correcto no significa que lo sea.
Nuestra verdadera naturaleza reside en la vida de la razón, derivada del
conocimiento de la realidad última. Las Ideas son “universales”, en el sentido
de que muchos objetos diferentes pueden participar de ellas. Todos podemos
ser buenos, lo cual quiere decir que c/u de nosotros participa de esa Idea.
Cuando más podamos aspirar a un conocimiento personal de las Ideas, tanto
mas realizaremos nuestra verdadera naturaleza. La realidad está en los
universales, no en los particulares que los reflejan. Esto plantea la cuestión de
la naturaleza de nuestra individualidad. Platón esta influido por la creencia en la
transmigración de las almas.

Aristóteles.
El contexto.
El mundo de Platón es tmb el mundo de Aristóteles. Alumno de Platón.
Enfrentado al problema de un mundo cambiante, Aristóteles distingue
cuidadosamente entre el sujeto del cambio y la forma en que puede cambiar
sin dejar de ser la misma cosa. Algo puede cambiar de color, por ejemplo, pero
no por eso deja de existir. La sustancia permanece.
Los planteamientos de Aristóteles son más realistas y menos místicos que los
de Platón. Niega que las Ideas puedan estar separadas en una esfera
ontológica superior, y las coloca dentro del mundo, en vez de paralelas a él.
Una Idea sigue siendo universal en el sentido de que puede haber diferentes
ejemplos de ella. La Idea hace que la estatua sea lo que es, y sin ella sea una
masa amorfa. Aristóteles admite que las ideas pueden suponerse unas a otras.
Todo lo que vemos es una combinación de materia y forma. Y cada sustancia
es el producto de las dos cosas.
La teoría de la causalidad de Aristóteles, se refiere a la razón de la naturaleza
de una cosa, a las condiciones necesarias para que algo sea lo que es. Y la
causa más significativa es la finalidad: el motivo por el cual se hace algo. Pese

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a rechazar el dualismo platónico, el espíritu y la finalidad son para el tan
importantes como para Platón.
Frente a la platónica, la visión de Aristóteles esta mucho mas apegada a este
mundo que él concibe sin principio ni fin. Tampoco es creado, ni avanza hacia
algún estado perfecto, aunque acepta la noción del Motor Inmóvil, una causa
final última que es eterna e inmóvil, y separada de las cosas sensibles. Se
opone explícitamente a la idea de bien, en concreto porque es irrelevante para
los aspectos prácticos de esta vida. Platón había asociado lo valioso a lo que
perdura. Aristóteles rechaza esta idea y dice que el bien no lo será más por ser
eterno. Lo que dura mucho tiempo no es más puro que lo que desaparece en
un día.
El consiguiente y doloroso de que todo es efímero, pues todo se extingue con
la muerte, ha sido insoportable para muchas personas. El conocimiento de
nuestra muerte futura y la idea resultante de que nada tiene sentido es una
experiencia humana básica. Y a este respecto, a pesar de que ambos insisten
en la importancia de la finalidad, Platón y Aristóteles se separan Éste se
enfrenta al problema del cambio en este mundo sin sentir la necesidad de
señalar unos modelos eternos como fuente de significado y valor. Para él, la
verdad no exige permanencia.

El hombre en el mundo.
La importancia de Aristóteles, como la de Platón, consiste, en que estos
pensadores constituyen los modelos de dos actitudes contrapuestas frete a la
realidad. Platón representa al modelo idealista, al hombre que tiene su
pensamiento dirigido a otro mundo, un mundo perfecto, de idealidades eternas,
excelentes y bellas. Aristóteles representa al realismo, porque para él el
verdadero ser no se halla en aquel trasmundo de las Ideas platónicas, sino en
este mundo concreto en que vivimos y nos movemos todos los días.
Aristóteles sustituye el rígido dualismo de Platón por la idea de jerarquía.
Encontramos en el mundo diferentes niveles de realidad: minerales, vegetales,
animales y lo divino, inmóvil y perfecto, que esta más allá de este mundo
visible. Estos niveles se dan tmb en el hombre que tiene los elementos
minerales y la vida vegetativa y sensitiva propias de las plantas y animales,
pero además esta dotado de la vida racional y la facultad del lenguaje.

¿Qué es el ser humano?


P/Aristóteles lo que distingue al hombre de los animales es el poder de la
razón, que es una facultad tanto moral como intelectual, y lo que hace posible
la civilización. La razón puede mantener a raya a las más bajas pasiones y el
resultado será entonces el equilibrio y la armonía. Para Aristóteles la
moderación lo es todo. Toda su filosofía le lleva a creer que los seres humanos,
si siguen a su naturaleza, deben comportarse de manera racional. Para ser
propiamente humanos, hemos de usar las facultades que son distintivas de los
humanos. Sólo nosotros tenemos razón. La conclusión es que la “función del
hombre es la actividad del alma conforme a la razón”. En concreto, el bien
humano es la actividad del alma de acuerdo con la virtud. Propiamente, la
razón y el bien moral nunca pueden separarse.

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Aristóteles relaciona las distintas facultades de las distintas criaturas con la
naturaleza del alma. Las plantas poseen un alma que tiene que ver con la
nutrición. En el alma de los animales se suman los apetitos y los deseos. El
alma humana, incluye la naturaleza del alma de la plata y el animal y posee
además la facultad racional y el habla. En todos los seres vivos plenamente
desarrollados, el acto mas natural es la producción de otro como él. Esa seria
una función del alma vegetativa, mientras q la percepción corresponde a la
facultad sensible, propia de los animales. El pensamiento y la previsión, le esta
reservados a los hombres, porque poseen razón. Por lo tanto, hablar del alma
es referirse a alguna capacidad de un organismo, y no algo que esta escondido
en el cuerpo. El alma es la causa final del cuerpo en tanto que le proporciona
su finalidad, que lo convierte, entonces, s lo que es. Y establece una analogía
con el ojo: si un ojo fuera un animal, su alma será su mirada.
Aristóteles establece tmb una unión indisoluble entre el alma y el cuerpo, pues
la primera es para él la forma del cuerpo. Todas las facultades del alma, están
asociadas al conjunto del cuerpo y alma. La ira, el valor, la alegría, el amor y el
odio, así como todas las demás afecciones del alma, tienen que expresarse por
medio del cuerpo.
Aristóteles aunque no es materialista, en lo que más insiste es en la
encarnación. Para él, una persona es un alma encarnada en un cuerpo.
A pesar de su insistencia en el mundo de la experiencia y su rechazo de la
metafísica trascendental, y a pesar de subrayar que los sectores humanos
encuentran su existencia apropiada en la civilización de una ciudad e insistir,
por tanto, en el papel de la sabiduría práctica y la virtud, sigue habiendo una
cierta tensión en la obra de Aristóteles.
Aquello que es propio de c/u, es, para c/u, por naturaleza, lo mejor y lo mas
placentero.
Para Aristóteles, es importante tratar de alcanzar el nivel de la razón divina. No
se conforma con pensar simplemente en las cosas humanas, sino que
debemos hacernos inmortales y esforzarnos al máximo por vivir de acuerdo
con lo mejor que hay en nosotros. El único objeto posible del pensamiento
divino es él mismo, y el propio Aristóteles aspira a comprender esa divinidad.
Salir del ámbito humano e intentar aprender lo divino tiene algo de
contradictorio. O el Bien es independiente de la condición del hombre y
podemos compartirlo con Dios, o es simplemente el resultado de la naturaleza
humana. En ese caso, el bien para nosotros no podría ser el mismo que el bien
para Dios.
Es verdad que la chispa de la razón que hay en nosotros, es claramente
impersonal. La absorción en la vida de la razón que es propia de Dios deja
poco espacio para el yo. El alma aristotélica es muy impersonal. Su doctrina del
alma no explica qué es lo que me convierte a mi en la persona que soy. Parece
que es el cuerpo el que debe proporcionar los medios de la individualización.
Pero una parte importante del ser humano es ser un individuo único y distinto.
Ser yo y ser humano son dos cosas que no pueden separarse totalmente una
de otra. La naturaleza de la personalidad humana es parte del problema de la
naturaleza humana.

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El hombre y la sociedad.
El hombre no solo vive en un mundo sino tmb entre otros hombres en el seno
de una sociedad. Las relaciones interhumanas aparecen entonces, al igual que
la relación con el mundo, como constituyentes del ser hombre.

La visión clásica del mundo social.


El pensamiento clásico comprende al hombre a partir de la naturaleza, como
parte del cosmos. Las relaciones interhumanas son, vistas desde afuera, como
relacionas en 3ra persona, entre “ellos”, los miembros de la sociedad.
Según Platón, la polis tiene su origen en que ningún hombre se basta a sí
mismo para satisfacer todas sus necesidades. Se vinculará con los demás
intercambiando los productos de su trabajo.
Pero la polis no se agota en la actividad económica.
Ajustándose al orden natural, la polis se habrá de dividir en 3 grandes grupos
que conforme a su naturaleza ejercerán la función que les sea propia. Aquellos
que estén dotados de una naturaleza valerosa tendrán como función la guerra
y la defensa de los ciudadanos; los que tengan una naturaleza sapiente y
reflexiva, ejercerán el gobierno, y los que tengan naturaleza laboriosa serán los
labradores, artesanos y comerciantes, que deberán proveer el sustento de los
miembros de la polis.
La justicia, virtud suprema, es una virtud arquitectónica, ya que, poniendo a c/u
en el lugar que le corresponde y asignándole la función que le compete,
establece la coordinación de las tareas y el orden de la polis, convirtiéndola en
un cosmos armonioso y completo.
Encontramos así aquel principio al que ya habíamos hecho referencia: vivir
bien es vivir conforme a la naturaleza, cumpliendo la función que nos
corresponde en el seno del todo.
Cuando c/u realiza la función que le corresponde a su naturaleza, surge un
orden social justo y bueno, porque se adecua al orden natural, el del cosmos.

La visión platónica de la sociedad.


Los intereses de Platón no son exclusivamente trascendentales, puesto que la
Republica quiere ser un esbozo del Estado perfecto. El objetivo es educar, en
la ciudad ideal, a toda una clase que gobierne sabiamente en beneficio del
conjunto de la sociedad Ellos sabrán lo que es justo simplemente porque en su
alma habrán comprendido la verdadera naturaleza de la justicia.
Una objeción a la visión platónica aparece en las Sátiras de Juvenal: ¿Quién
vigila a los que vigilan?; es decir, qué garantía hay de que el poder no
corromperá a la elite de “reyes-filósofos”, si los seres humanos nunca pueden
ser perfectos. Platón cree que, con la educación adecuada, puede producirse
una clase de dirigentes que se rijan por la razón. Para Platón, es más
importante producir el tipo adecuado de personas que establecer reglas
detalladas que gobiernen la vida del Estado. Un Estado bueno será producto
de unos hombres buenos.
Platón cree que hay 3 clases en un Estado, correspondientes a las 3 partes del
alma: los guardianes, los auxiliares y los comerciantes. La justicia en una
ciudad implica la desaparición de la discordia entre las clases. Platón sostiene
que las distintas clases derivan su carácter de los tipos de personas que las
forman.

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Pero Platón no cree que con la educación pueda conseguirse todo. Las
personas no son infinitamente maleables, y su rígida estructura de clases no
pretende crear diferencias entre ellas, sino reflejar las que ya existen. Como a
su juicio hay distintas capacidades e inclinaciones naturales, eso debe reflejar
en la naturaleza de la sociedad.
El problema es asegurar que las distintas clases vivan juntas en armonía y
eviten los enfrentamientos. Así se alcanzará la justicia mediante el dominio de
una clase. Platón piensa que solo una minoría puede alcanzar el conocimiento
del Bien. , y propone que a ella se le confíe la autoridad. Para asegurar además
su identificación con el Estado, no deben tener propiedades privadas, y ni
siquiera sentir la tentación de leales a su familia antes que al Estado. Las
esposas y los hijos serán comunes. Sostiene, incluso, que los gobernantes
pueden hacer amplio su uso de la mentira y el engaño “en beneficio de la
comunidad”.
Platón, a pesar de defender un sistema de clases bastante rígido, no piensa
que lo más importante de un hombre sea pertenecer a una clase u otra, sino
que, por el contrario, se pertenece a una clase por el tipo de persona que se
es. En definitiva, todo debe remontarse al estado del alma individual.
Toda la concepción platónica de la justicia se deriva de la gran importancia que
concede a la moralidad. Como Sócrates, Platón cree que la virtud de las
personas surge de su propio interior y no ha de depender de contingencias
externas.
Solo si vivimos de acuerdo con la verdadera naturaleza de las cosas seremos
como individuos, y el Estado lo será en su conjunto, capaces de progresar.

La visión aristotélica de la sociedad.


El individuo no puede existir por sí solo, y por eso la naturaleza ha creado
organizaciones políticas en las que hay una división del trabajo, y en
consecuencia, de clases. El que no puede vivir en sociedad es, dice Aristóteles,
un dios o u animal. Poseemos el instinto de vivir en comunidad, pero eso no
significa que vayamos a asociarnos siempre. Los hombres, necesitan las
condiciones apropiadas para prosperar en sociedad. El Estado proporciona el
entorno adecuado para que las personas desarrollen su naturaleza.
Su insistencia en los instintos sociales que poseemos demuestra que no acepta
que las leyes o costumbres sean arbitrarias. Hay 3 cosas que hacen al hombre
bueno y virtuoso: la naturaleza, la costumbre y la razón. Para Aristóteles una
ciudad será virtuosa solo si sus ciudadanos son virtuosos.
Aristóteles reconoce la necesidad de que nos agrupemos en comunidades
mayores que la familia para satisfacer necesidades y tener una vida buena. El
Estado esta formado por familias. Convencido de que el afecto familiar es
importante para el Estado, se opone a la idea platónica de tener las esposas e
hijos en común.
Aristóteles esta a favor de la propiedad privada, aunque insiste en que
deberíamos compartir nuestros bienes con los demás.
Aristóteles admite que es natural tenerse amor a sí mismo, pero distingue esto
con el egoísmo que simplemente anhela la satisfacción del deseo.
Para Aristóteles, es la razón y no el deseo, la que elige los fines que
perseguiremos. Lo que queremos no es lo mismo que lo que necesitamos.
Para él la función de la sociedad es ayudarnos a actuar de acuerdo a nuestra
naturaleza, y por esa razón, la del Estado debe ser una finalidad moral.

11
Segunda concepción. El hombre como persona.

En la historia del pensamiento occidental se va operando un progresivo


alejamiento del hombre respecto del mundo, al que acompañara después una
actitud de dominio sobre la naturaleza. Tal distanciamiento se insinua ya en la
idea del hombre como persona.

La originalidad del cristianismo


La filosofía griega, es una “cosmología”, mientras que la cristiana es una
“antropo-teología”. Para la primera, el problema fundamental es el del “ser”
como mundo físico. Para el cristianismo, el problema es el del “ser” como
humanidad, como vida del alma que quiere “salvarse”, y su salvación solo
puede encontrarla en dios.
La filosofía griega es “intelectualista”, lo que importa sobre todo es el
conocimiento del mundo, y lo que para el hombre constituye su dignidad es el
pensamiento, la racionalidad como capacidad de conocer al mundo en lo que
tiene de inteligible.
La filosofía cristiana es “voluntarista” o “moralista”, y establece su ideal de
perfección en el amor como energía creadora de realidad espiritual y como
relación activa entre las voluntades. Para el cristianismo, dios es PADRE, lo
que implica una activa relación de amor con los hombres; dios es eterno amor
que no desprecia descender hasta la miseria del hombre para socorrerlo y
rescatarlo; mas aun, llega hasta asumir en la persona del HIJO la misma forma
humana para que, a través de su sacrificio, todos los hombres puedan elevarse
a la dignidad de hijos de dios.
En lo que respecta al hombres, su valor consiste en la renovación interior, en la
satisfacción del querer mediante la fe en Jesús, en la esperanza del
advenimiento del reino de dios a todos los hombres de buena voluntad; y
sobretodo, en la charitas, es decir, la fuerza constructiva de un nuevo mundo
espiritual que es amor de dios y al mismo tiempo amor del prójimo, entrega de
si mismo hasta el sacrificio por los demás y del sufrimiento como estimulo para
la acción en la que se acrecienta el valor espiritual de la vida.
La concepción cristiana es definitivamente personalista porque atribuye la mas
alta importancia a la persona, sujetos de actividad espiritual que se manifiesta
en la creación de valores.
Para la mentalidad griega, el hombre, como centro de vida personal, no es mas
que el espejo del orden impersonal del universo; el cristianismo habla de dios:
dios persona. El helenismo habla de “lo divino” como ordenamiento racional de
la realidad.

Teoría del universo del cristianismo


Consideremos la tesis básica del cristianismo sobre la naturaleza del universo:
dios existe. Ciertamente, no se supone que el dios cristiano sea un objeto entre
otros en el universo, no ocupa una posición en el espacio ni dura una cierta
cantidad de tiempo. Tampoco debe ser identificado con la totalidad del
universo. El dios cristiano es trascendente y además inmanente ya que esta
presente en todo lugar y en todo tiempo.
Una parte vital de la doctrina cristiana de dios es que él creo el mundo. Esto
presupone su trascendencia, porque el mundo difícilmente pudo ser creado por

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una parte o por la totalidad de si mismo. Ahora se acepta muy generalmente
que el relato de la creación del hombre en el génesis es una alegoría en vez de
una historia. El cristiano que mantiene todavía la existencia historica de Adán y
Eva esta insistiendo en una interpretación literal de las palabras de la escritura.
Pero continua en pie la cuestión de saber qué es precisamente lo que se
significa al decir que dios es el creador del mundo y del hombre. Parece
implicar que si dios no existiese, el mundo no existiría; que no hay nada que
exista si no es por su designio o al menos por su permiso.

Teoría del hombre


La doctrina cristiana del hombre lo ve principalmente en relación a dios, que lo
ha creado para ocupar una posición especial en el universo. El hombre esta
hecho a la imagen de dios, para tener dominio sobre el resto de la creación; es
decir de sustancia material. Es una común, repetida y errónea interpretación de
la doctrina cristiana el entender que afirma un dualismo entre el cuerpo material
y un alma o mente inmaterial. Tal dualismo es una idea griega y no se
encuentra ni en el antiguo ni en el nuevo testamento. El cristianismo esta
comprometido con la idea de la vida como supervivencia del alma inmaterial
después de la muerte del cuerpo material. Los credos manifiestan
explícitamente la creencia de resurrección del cuerpo.
El humanista puede unirse con el cristiano para intentar una regeneración del
hombre tal y como lo conocemos, un escape del egoísmo y la soberbia; es la
esperanza de una supervivencia de la persona individual dentro de la
dimensión eterna la que es distintivamente cristiana. Así parece que a lo que
tenemos que tratar de darle sentido es a la idea de que hay un espacio en el
que existen los cuerpos resucitados, que no tienen relaciones espaciales con
nuestro espacio.
Otra mala interpretación de la doctrina cristiana del hombre consiste en
identificar la distinción entre el bien y el mal con la distinción entre espíritu y
cuerpo, o mente y materia. Esta idea de que toda materia es básicamente
mala, no es cristiana.
El punto más crucial en la concepción cristiana de la naturaleza humana es la
noción de libertad, la capacidad de amar, que es la imagen del dios mismo. El
cristianismo no pone énfasis sobre la moralidad o la vida virtuosa, sino sobre
las bases del carácter y la personalidad desde la cual procede tal vida. La
consecución del fin verdadero de la vida humana (el amor de dios y la vida
según su voluntad) esta abierta a todos, cualquiera que sea la capacidad
intelectual de cada un. Este amor es divino por naturaleza y puede ser
otorgado solamente por dios.

La elaboración filosófica del cristianismo


El cristianismo es esencialmente religión, una forma de vida. Es una fe, no una
ciencia.
Pero, no hay vida religiosa profunda que no contenga en si, implícita, una
doctrina; la cual necesita razones que aclaren, fijen, ordenen las verdades que
contiene. Ese es el momento en que se inicia la elaboración filosófica de la fe
religiosa.

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La noción de persona
Se denomina “persona” a la unidad esencial humana de cuerpo y espíritu como
ser individual autónomo que se realiza en la posesión conciente y en la libre
disposición de si mismo.
El personalismo tiene raíz bíblica. El judeocristianismo presento al mundo
antiguo el escándalo de la singularidad y de la multiplicidad, de la individualidad
y de la personalidad; de un dios que “pone” lo numéricamente distinto como
“termino” de su conocimiento y de su amor.
Para la mentalidad antigua el escándalo de la creación residía en la positiva
valoración de la multiplicidad y de la individualidad. En el centro valorativo de
esta multiplicidad había puesto dios a un ser que tenia la peculiar capacidad de
distanciarse de todo lo que no era el (mundo y dios), y afirmarse en si mismo
frente e incluso contra dios. De ahí que dios no podía regir a este ser como
regia a las demás cosas del mundo. Debía dialogar con el. Le dio incluso una
compañera igual a el y le encomendó la tarea de multiplicarse. Las obras del
dios cristiano eran ciertamente incomprensibles, el mismo era incomprensible,
ya que su ser y su vivir mas profundos se actualizaban en la unidad de lo
divino, en la trinidad de una vida interpersonal. Solo en el caso del hombre se
reservo para sí la creación inmediata de cada una de las almas, de modo que
el hombre-individuo existe por haber sido llamado personalmente por dios.
Con este hombre individual quiere dios establecer relaciones estrictamente
personales. Tendrá una providencia individual sobre el. Dios nunca despojara
al hombre de su libertad de decisión personal.
El primer teólogo que se expreso en latín, tertuliano, forjo algunos términos de
gran importancia en la teología cristiana, entre ellos: substancia y persona. El
termino persona designa lo que hay de interiormente diferenciado o numeroso
(3) en el dios uno. Estamos convencidos de que hay tres realidades
subsistentes: el padre el hijo y el espíritu santo.
El concilio de Nicea afirmo la identidad de naturaleza del padre y del hijo. Sino
existe el hijo sin el padre, tampoco el padre sin el hijo. Y el espíritu santo es el
espíritu del padre y del hijo. Esta interdependencia es comunión compartida. La
divinidad de Jesús no le quita nada a la del padre. Al contrario, revela la
verdadera naturaleza de la divinidad, que es amar y compartir.
Entre los dogmas de la iglesia católica se encuentra la afirmación de que dios
es uno y “trino” al mismo tiempo, y que cristo es hombre y dios al mismo
tiempo. Padre, hijo y espíritu santo son “uno” en cuanto a su naturaleza divina
pero son tres “persona”, en tanto que Cristo es una persona con dos
naturalezas: divina y humana.
Para elaborar su concepto de persona, san Agustín recurrió a la noción de
relación tal como lo había pensado Aristóteles, y este modelo le sirvió para
pensar la vinculación entre las tres personas divinas, que son sustancias
íntimas, concretas y reales. Las tres personas son para él casi tres momentos
del proceso de la vida interior de dios: expresan las relaciones intrínsecas en
que se diferencia y se desenvuelve la realidad del ser divino.
La vocación y concesión de dones al individuo por parte de dios, su libertad y
responsabilidad, su decisión salvifica y destino eterno suponen al hombre como
persona en sentido pleno.
La primera definición de persona en un sentido filosófico-teológico procede de
Boecio que la entiende como una sustancia individual de naturaleza racional.

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Santo tomas afirma que persona significa aquello que es perfectísimo en toda
la naturaleza, y que la manera propia de existir de la persona es la mas
excelente de todas.
Mas tarde la teología escolástica definió generalmente a la persona como
sustancia completa espiritual que posee en si misma la subsistencia ultima. Su
dignidad y perfección ontológica esta en existir por sí con entera
independencia, y su dignidad y perfección dinámica esta en poseer naturaleza
intelectual, lo que conlleva el dominio de sus propios actos, ser libre y
responsable. De ahí fluye su condición de persona moral y social, de ser sujeto
de derechos.
Esta perfección y excelencia residen en que la autonomía y unidad que
caracterizan de modo analógico a toda sustancia, se realizan en su forma mas
alta en la persona, porque es capaz de reflexión total sobre si misma. Más que
algo la persona es alguien. Cada hombre como persona, es único, irrepetible,
dotado así de un valor absoluto y en relación personal con dios que también es
alguien que habla en primera persona.
Esta especial dignidad del hombre se ve reforzada por un dogma formulado por
el concilio de Toledo y que permanece vigente como contenido de la doctrina
cristiana. Dice lo siguiente: yo he recibido de mis progenitores por generación
las almas vegetativa y sensitiva, pero el alma intelectual por la cual un hombre
es un ser humano, es una especial creación de dios en cada caso.
Este dogma contiene una consecuencia: un día dios decidió crear el universo y
si decidió crearlo es porque concibió al universo como algo bueno y que
merecía existir. Pero otro día decidió crearme a mi (no a la especie humana
sino a cada individuo en particular). Objeto de una especial creación de dios,
cada uno de nosotros, cada yo, aparece revestido de un valor absoluto, en
tanto querido por dios como algo bueno y que debía existir. El dogma apunta a
exaltar la unicidad del ser humano, su carácter único e irrepetible.
El hombre adquiere una dignidad especial. El cosmos fue hecho para el. A
pesar de que el hombre adquiere un status único que lo distingue de la
naturaleza, todavía no se contrapone a ella. La idea de creación sustenta una
solidaridad entre todos los seres, ya no hijos de la madre tierra, pero aun
hermanos en cuanto hijos del padre que esta en los cielos.
En la filosofía moderna y hasta el presente, el concepto de persona se carga
con connotaciones éticas y psicológicas que acentúan fuertemente la libertad
de la persona.

Tercera concepción. El hombre como sujeto

Esta figura se constituye a partir del renacimiento, momento en el que hombre


comienza a afirmarse como subjetividad libre y poderosa frente a un mundo
concebido como mero objeto.

La filosofía de la desconfianza: René Descartes


Durante el renacimiento, se profundizan una multiplicidad de cambios iniciados
en la edad media, lo cual trae como consecuencia que los conocimientos que
habían sido considerados verdaderos durante mucho tiempo, comienzan a ser
cuestionados, motivo por el cual el saber humano entra en una profunda crisis.
En medio de esta crisis debemos ubicar al pensador francés que representa la
concepción antropológica subjetivista: descartes.

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Lo que descartes no puede soportar es lo dudoso, lo simplemente verosímil. El
conocimiento, o ha de ser absolutamente seguro, o ha de ser abandonado
como insuficiente. Entonces se propone dar termino definitivamente a tal
estado de cosas y fundar el saber sobre bases cuya firmeza este mas allá de
toda sospecha.

La duda metódica
Esta actitud crítica frente al pasado no significa que descartes olvide el pasado.
Por el contrario, ese pasado encierra al menos una enseñanza, implícita en sus
fracasos: la que debemos cuidarnos de no caer en el error, que debemos
también ser críticos respecto a nosotros mismos y no solo del pasado. De este
modo, el radicalismo cartesiano se manifiesta ante todo como preocupación por
evitar el error. Ello le lleva a la duda metódica.
Se trata para el filósofo hacer de la duda un método. Descartes no se conforma
con conocimientos más o menos probables, ni aun con los que parezcan
ciertos. En efecto, para evitar los errores, quiere alcanzar un saber
absolutamente cierto, cuya verdad sea tan firme que este mas allá de toda
posible duda. Como descartes no puede aceptar lo dudoso, dudar de todo es la
manera más segura de concretar algo absolutamente seguro.
Considerando que el numero de conocimientos es prácticamente infinito, se
lograra el propósito de introducir la duda en ellos si se la dirige a los principios
o fundamentos sobre las cuales se apoyan, es decir, a las facultades de
conocimiento gracias a las cuales se los ha adquirido que son los sentidos y la
razón: se deberá hacer primero la critica del saber sensible y luego la del saber
racional.
Acerca del conocimiento sensible, descartes apunta a dos argumentos para
probar que debe ser puesto en duda: el primero se funda en las ilusiones de los
sentidos; el segundo en los sueños.
a) debemos dudar del conocimiento sensible. Porque hemos descubierto
que a veces los sentidos yerran, y es propio de la prudencia no confiar
jamás en aquello que nos engañaron alguna vez.
b) Sin embargo hay muchas cosas de la que no se puede dudar, aunque
las conozcamos por medio de los sentidos; por ejemplo: que estoy aquí.
En sueños me he imaginado estar como ahora despierto, cuando en realidad
estaba dormido y acostado. En efecto no tenemos ningún indicio cierto que nos
permita establecer cuando estamos dormidos y cuando estamos despiertos.
Con respecto al conocimiento racional, descartes enuncia dos argumentos:
1) en la matemática, la más racional de las ciencias, cabe la posibilidad del
error. Por lo tanto, cabe también la posibilidad de que todo conocimiento
racional sea falso.
2) El famoso argumento del genio maligno: supondré que cierto genio
maligno a puesto su industria toda en engañarme, que nos haya hecho
de forma tal que siempre nos equivoquemos, que haya construido de tal
manera al espíritu humano que siempre, por mas seguros que estemos
de dar en la verdad, caigamos en el error.
Descartes no dice que efectivamente haya tal genio maligno. Pero lo que
importa notar es que por ahora no tenemos ninguna razon para suponer que no
lo haya. Esta hipótesis debe ser tomada en cuenta porque representa el punto
máximo de la duda.

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Sucede entonces que también el saber racional se vuelve dudoso. Una de sus
tareas será justamente la de tratar de fundamentar la razón, el saber racional.
Llegados a este punto, nuestro espíritu se encuentra tan cargado de dudas que
en realidad parece como que ya no puede hacer ni pensar nada mas.

El cogito
En el preciso instante en que la duda llega al extremo se convierte en
conocimiento absolutamente cierto.
Yo mismo tengo que existir o ser, porque de otro modo no podría ni siquiera ser
engañado. De manera que esta afirmación famosa: pienso, luego soy, no
puede ya ser puesta en duda. Nos encontramos aquí con una verdad absoluta,
que es lo que nos habíamos propuesto buscar. El cogito, constituye el primer
conocimiento seguro, que soy yo mismo en tanto pienso.

La “cosa” pensante
Hemos dicho que podemos dudar de todo, menos de que, en tanto pienso, soy.
Pero, que soy yo? Según descartes yo soy una sustancia o cosa pensante (res-
cogitans). Para el filosofo pensar incluye la meditación intelectual, la volición, la
emoción, el dolor, el placer, las imágenes mentales y las sensaciones.
Además afirma que este yo, cosa pensante, o alma, es independiente del
cuerpo, y mas fácil de conocer que éste, ya que, en efecto, no se si aun tengo
cuerpo o no, pero en cambio la existencia de mi alma o yo (el cogito) es
absolutamente indubitable. De mi cuerpo tengo conocimiento indirecto, a través
de mis vivencias, sensaciones, dolores, etc, que son los estados o
manifestaciones de la sustancia pensante.
Podría ocurrir que el genio maligno nos hubiese hecho con una razón incapaz
de conocer nada. Entonces, para no quedarnos detenidos en este punto, es
preciso buscar la forma de eliminar por completo la hipótesis del genio maligno.
Esto lo va a lograr descartes mediante la demostración de la existencia de dios.
La existencia de dios es un paso esencial para que descartes pueda establecer
la existencia del mundo externo. Solo porque dios es veraz queda excluido que
las apariencias de los cuerpos independientes de nuestra mente sean
completamente engañosas.
Tiene un cuerpo que le esta íntimamente unido pero su motivo para creer esto
es que sabe que hay un dios y que dios no puede engañar. Dios le ha dado
una naturaleza que le enseña que tiene un cuerpo que se daña cuando siente
dolor, que necesita alimento y bebida cuando tiene hambre y sed. La
naturaleza le enseña también que se haya firmemente ligado a él hasta el
punto de formar con el una misma unidad. Descartes concluye, que los seres
humanos están compuestos de cuerpo y alma.

La idea de sujeto
Descartes ha cambiado el punto de partida de la filosofía: ya no será el mundo
sino el pensar. Ha cambiado el sentido de la verdad: ya no será lo que se
muestra como mundo, sino la evidencia que pertenece al sujeto que piensa.
A partir de descartes comienza a plantearse: a) el hombre como sujeto; b) el
mundo como objeto.
La traducción del término sujeto en griego es “estar de bajo” o “servir de base”.
Nos remontaremos a la ontología de Aristóteles. Al preguntarse Aristóteles por

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el ser, responde ante todo que “el ser se dice de muchas maneras”. Estas
maneras o modos de ser se reducen a dos fundamentales:
• lo que es en otro, lo que sobreviene y es fugaz y transitorio
• lo que reposa en si mismo y permanece como presencia relativamente
permanente.
A este último modo de ser Aristóteles lo llama ousií y su carácter fundamental
consiste en ser “soporte” de lo que es en otro.
La traducción literal de “hypokéimenon”, decíamos es subiectum.
En síntesis, son subiecta las cosas del mundo, incluido el hombre como parte
de este mundo. Subiectum será sinónimo de sustancia, sentido que se ha
conservado en la gramática y por eso el sujeto se expresa regularmente con un
sustantivo.
Obiectum (puesto delante) es cualquier ente, pero en cuanto se lo piensa en
relación con una potencia del alma: objeto de mi conocimiento, de mi
imaginación o mi deseo. No es algo real.
Lo primeramente verdadero es aquello que se muestra.
Lo verdadero es aquello de lo que estoy absolutamente seguro porque ha
superado la prueba de la crítica. La verdad toma ahora el carácter de certeza
acompañada de la desconfianza ante lo dado.
En su marcha critica, el pensamiento cartesiano distinguirá entre aquellos
subiecta a cuyo conjunto llamamos “mundo” y aquel subiectum llamado alma,
espíritu, pensamiento. Solo este ultimo me es dado con absoluta evidencia,
solo de él puedo, afirmar con certeza q sea real. Por lo tanto, el subiectum
anima (alma) es el único que reposa en sí mismo; lo demás depende de él.

Implicaciones practicas de la concepción subjetivista cartesiana


El hombre es sujeto, en si algo real. El mundo es objeto quiere decir que solo
es en su relación con el hombre. Como mero objeto pasa a hacer algo
dependiente y derivado.
El hombre moderno se autoafirma como sujeto seguro de si y al mismo tiempo
establece una distancia respecto del mundo. La nueva actitud será de
hostilidad y explotación de la naturaleza.
El principio de la ética antigua fue “vivir conforme a la naturaleza”. Ahora es el
principio contrario el que orienta a la vida: se trata de hacer a la naturaleza
conforme a nosotros.
El sujeto es, un yo quiero. La realidad aparece cada vez mas como su propia
obra.
Este proyecto de una libertad incondicionada aparece por primera vez soñado
por un pensador: el conde Giovanni Pico Della Mirandola.
Parte de un supuesto para él indubitable: El hombre es la más extraordinaria de
las criaturas. Sólo le interesa aclarar por qué es así.
Dios ha decidido crear el mundo.
Pero cuando llega el momento de crear al hombre, encuentra el Supremo
Arquitecto que ya ha empleado todas las ideas de las que disponía, decide
igualmente crearlo, sólo que con una naturaleza indefinida.
El hombre no tiene entonces naturaleza sino libertad. Su ser habrá de consistir
en su propia obra. Apoyado en este principio nos exhorta Pico Della Mirandola
a tratar de obtener siempre las cosas más altas porque “con quererlo,
podremos”.

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El hombre moderno hace así la experiencia del poder y la libertad, pero
también de la distancia y la soledad, ante todo respecto del mundo, pero
también respecto del prójimo. Este hombre da nacimiento al individualismo
competitivo.
El hombre moderno surge como sujeto libre, distante, solitario.

La visión moderna del mundo social.


La polis es anterior al individuo, y por eso el hombre es ciudadano, miembro de
la polis. Su vida esta signada por el servicio a la comunidad a la que pertenece.
Pero ahora los individuos, no pertenecen mas a la sociedad, sino que, es la
sociedad la que les pertenece a cada uno de ellos.

Descartes y la existencia de los otros.


Podríamos formular este problema con dos preguntas.
1. Hay otros?
2. Supuesto que haya otros, como puedo llegar a conocerlos?
Primero, el otro es así un ser extraño, distante, no aquel con quien convivo.
En segundo lugar, la existencia del otro es un resultado de un juicio.
Los otros me son dados, como maquinas dentro del mundo de las cosas
extensas. Que estas máquinas sean portadoras de un espíritu pensante será
resultado de:
a. la observación de la conducta. La posibilidad de responder con sentido a
las mas variadas situaciones me induce a pensar que lo que tengo ante
mi es un espíritu pensante y no una maquina.
b. Un racionamiento por analogía. Los gestos que veo y las palabras que
escucho deben ser, igualmente, la manifestación de un espíritu
pensante.
Ahora que sé que los otros existen, puedo llegar a conocerlos, es decir,
penetrar en la subjetividad, y llegar así a saber qué sienten, qué quieren, qué
piensan.
Destaquemos algunas consecuencias del planteo cartesiano:
a. mi existencia es segura, la del otro presuntiva, ya que la firmo sobre la
base de cierta observación de la conducta y de un razonamiento por
analogía que sólo pueden fundar una probabilidad.
b. Mi propia subjetividad se me da de forma directa e inmediata; la del otro
mediatizada por su cuerpo e inferida a partir de su conducta, gestos y
palabras.
c. Tengo una certidumbre total sobre mis vivencias, pero jamás tendré
certeza acerca de las certezas del otro. Ahora bien, el hombre sensato
sólo confía en aquel a quien conoce, y éste es sólo él mismo. Por tanto,
mantiene a los otros s prudente distancia ya que, en tanto desconocidos
y potencialmente peligrosos, no puede en ellos confiar.
d. El otro es un objeto conocido por mí, la relación se establece entre “yo” y
“ellos”.
Descartes nos ha conducido a una visión de la vida social como interacción
entre subjetividades aisladas y autosuficientes que sólo mantienen entre sí
relaciones de exterioridad. De aquí surgen importantes consecuencias: los
individuos no pertenecen a la sociedad. Ésta, nacida de un contrato entre
individualidades autónomas, no puede ser mas que un instrumento al servicio
de los fines de esas individualidades.

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En síntesis, los hombres no pertenecen a la sociedad, sino la sociedad a los
individuos, como instrumento de sus fines.

Locke: La función de la sociedad civil.


Comienza por afirmar un estado de naturaleza diferente del estado civil.
Este estado de naturaleza que se encuentran los hombres; estado siempre
presente, inherente al ser del hombre, y que nos permite comprender y valorar
la sociedad civil que lo tiene por supuesto.
El estado de naturaleza no hace mas que definir al hombre pensado como
subjetividad autónoma y caracterizado por la libertad, la igual y el derecho de
gozar de aquella propiedad que sea el fruto de su trabajo. Este hombre
sometiéndose a la ley no hace mas que obedecerse a sí mismo.
Se pregunta, entonces, Locke:
Si el hombre es tan libre en el estado de naturaleza, ¿por qué razón va a
renunciar a esa libertad, a ese poder supremo para someterse al gobierno y a
la autoridad de otro poder? La respuesta evidente es que, a pesar de disponer
de tales derechos en el estado de naturaleza, es muy inseguro el disfrute de los
mismos.
En el estado civil, la ley garantiza mi propiedad. Por lo tanto, ésta “comunidad
está destinada a permitirles una vida cómoda, segura y pacifica con los otros,
en el disfrute tranquilo de sus bienes propios”.

Rousseau: estado de naturaleza y educación.


El hombre salvaje vive en él mismo, el hombre sociable, siempre fuera de sí, no
sabe vivir más que en la opinión de los demás.
Pero esta corrupción trae aparejada la renuncia a la dignidad humana:
despojarse de la libertad es despojarse de la moralidad.
Esta autonomía de la subjetividad autosuficiente es la que debe recuperar la
nueva educación y luego preservar la nueva sociedad nacida del contrato.
La tarea de la educación es formar al hombre, dice Rousseau. Pero, en qué
modelo de hombre estamos pensando? Un hombre que vea con sus ojos,
sienta con su corazón y tenga la guía de su conducta en su propia razón, no
necesita de nadie mas para ser. Seguro de sí, autosuficiente, es un sujeto
plenamente humano que, celoso de su autonomía, vivirá siempre a distancia de
los demás.

Kant: Ser y deber ser en las relaciones interhumanas.


La relación interhumana, partiendo de las subjetividades aisladas, es objeto en
Kant de dos consideraciones diferentes:
a. el ser humano tal como es: así nos aparece en “idea de una historia
universal desde el punto de vista cosmopolita”
Cada hombre, movido por una “insociable sociabilidad”, se vincula a los
demás con el único objetivo de servirse de ellos para su provecho,
procurando evitar, al mismo tiempo, ser usado en provecho de los otros.
Esta tendencia natural engendra un clima de conflicto y competencia.
El egoísmo natural es así la fuente de donde brota toda la cultura
humana y, la sociedad civil. La inclinación al ejercicio de una libertad
ilimitada y al abuso de los demás, requiere la aparición del derecho, que
poniendo límites a la libertad de cada uno garantiza el ejercicio de la
libertad de los otros.

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Así la insociable sociabilidad, motor del progreso, genera el paso de la
naturaleza a la cultura y a la sociedad civil, el orden legal destinado a
garantizar la libertad.
b. El ser humano tal como debe ser. Esta es la visión ética que describe el
ideal de una vida regida por el imperativo emanado de la razón.
el imperativo ordena el respeto a la persona del otro, el reconocimiento
de su autonomía, paralela a la mía, como sujetos morales en un reino de
fines.
sigue vigente el ideal humano de la personalidad autónoma.

En síntesis, siguiendo la tradición cartesiana encontramos, en los 3 autores


idéntica concepción: la sociedad humana debe ser pensada como la
interacción distante de subjetividades libres y autosuficientes que, celosas de
su autonomía, sólo mantienen entre sí relaciones de exterioridad.

Thomas Hobbes.
El hombre es materia, caracterizado por la potencia y nada de lo que desea le
estas prohibido. El hombre es un ser que puede, es un cuerpo viviente.
Hobbes se opone a la idea de un alma incorpórea, que puede vivir separada
del cuerpo (= que Aristóteles).
Describe al hombre en su estadote naturaleza, previo al ingreso a la sociedad.
Este estado de naturaleza, es el estado en el que se encuentra el hombre
antes de la organización de la vida social. Para Hobbes es un estado
contradictorio, donde existe un riesgo inminente de muerte.
Los hombres son egoístas, primero yo y después yo. Cada hombre tratara de
buscar su propia conservación, obtener sus propios beneficios, el hombre es
malo por naturaleza “el hombre es un lobo para el hombre”, son mas o menos
iguales y no están limitados por las leyes de una sociedad determinada.
Existe competencia, desconfianza y un miedo continuo, Es un estado
permanente de guerra de todos contra todos.
La vida del hombre es solitaria, bruta, corta, pobre y desagradable. Las
pasiones son un elemento negativo de la conducta humana. Hay un
individualismo agresivo.
Existen 3 motivos de guerra: recursos escasos, defensa de bienes adquiridos y
sentimiento de superioridad sobre los otros.
Estado civil: Para resolver el problema, Hobbes postula la existencia de un
estado civil absoluto que permita el cumplimiento de las condiciones del
contrato social.
Así todos y c/u de los hombres delegan voluntariamente el poder a una
asamblea o persona. Hobbes prefiere la monarquía
Así se crea el gran Leviatán, el estado (que debe mantener la paz y seguridad).
Para que exista tal poder absoluto, los hombres deben aceptar una
transformación de sus derechos, renunciando a ellos.
El contrato social trata de mostrar la forma de construir una sociedad donde se
beneficien todos, aunque a nadie le preocupe el bien del resto. El hombre no es
sociable pero sale del estado de naturaleza para sobrevivir.
La teoría política de Hobbes, pretende fundamentar: el origen de la sociedad
civil (= que Aristóteles); la legitimación del poder y su racionalidad como forma
para controlar el individualismo, el cual considera inútil y nocivo.

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Cuarta concepción. El ser humano como objeto.

Descartes sigue dependiendo de la ontología tradicional. Cuando a la certeza


del “yo soy” le sigue la pregunta ¿Qué soy yo?, la respuesta: “yo soy una cosa
que piensa (res cogitans)”.
La distinción cartesiana entre el hombre y el mundo pasa a ser una distinción
entre dos especies de cosas: la res cogitans (cosa pensante, el hombre) y la
res extensa (cosa que tiene extensión, el mundo). Como ambas son res, el
hombre vuelve a ser integrado en la realidad.
Ya que la ciencia moderna, con su concepción matemática, mecanicista y
atomista de la realidad, con sus principios de casualidad, inercia y gravitación,
ha permitido un conocimiento satisfactorio de la res extensa, se intentara
trasladar estos métodos y conceptos a la comprensión del sujeto humano.
Llamaremos objetivistas a las concepciones del hombre que lo definen como
una cosa más del mundo y presentaremos los ejemplos de esta visión
objetivista desde la clasificación de las ciencias realizada por Comte. Este, al
disponerlas en un orden de complejidad creciente establecía una jerarquía que
comenzaba con la Matemática, después la astronomía, física, química, biología
y sociología. Uno esperaría encontrar entre biología y sociología a la psicología
como aquella disciplina que se ocupa de la subjetividad. Pero no hay
psicología, porque no hay tal subjetividad en la visión de Comte.
La subjetividad se disuelve en la objetividad de la vida o de la sociedad. De otro
modo, el hombre aparece:
a. como algo que formando parte del mundo animal es moldeado y
orientado en su vida por su realidad biológica, o
b. como algo que formando parte del mundo social, es configurado por la
sociedad a la que pertenece.
Tendríamos entonces, una concepción biológica o sociológica del hombre, en
ambas, el sujeto carece de autonomía, es meramente un resultado.

La concepción biologista del hombre.


La teología.
Los etólogos intentan describir aquellos aspectos del comportamiento que el
hombre no debe a la cultura (sociedad) sino que tienen base biológica,
hereditaria.
Los etólogos comprueban lo siguiente:
a. en su relación con el medio ambiente natural (el campo de la tecnología)
el hombre da muestras de una gran variabilidad y plasticidad. Aquí, las
diversas conductas.
b. En cambio, en la relación de los seres humanos entre sí (conductas
intraespecíficas) los comportamientos humanos muestran una gran
fijeza y universalidad. Aquí el hombre aparece como un ser
preprogramado por su base biológica.
Los etólogos vuelven a defender la teoría de los instintos y del innatismo.
Conductas intraespecificas a las que los etólogos atribuyen una base
hereditaria:
a. el saludo

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b. el abrazo y el beso, como ritualizacion de la alimentación boca a boca.
c. La negación.
d. El saludo de contacto en la forma de dar la mano
e. Patear el suelo, golpear, como forma de amenaza.
f. Manifestación de agresividad tratando de parecer mas grande.
g. Inversamente, conductas de apaciguamiento para parecer mas
pequeño.
h. La defensa del territorio.

El reduccionismo biológico. Desmond Morris.


El reduccionismo: el hombre no es más que un animal en “El mono desnudo”.
Un mono desnudo que se ha puesto el nombre de homo sapiens. Se muestra
orgulloso de poseer el mayor cerebro de todos los primates. Es un mono
parlanchín, sumamente curioso y multitudinario.
El hombre, por ese mecanismo biológico llamado neotenia conserva hasta su
vida adulta muchos rasgos infantiles. De allí que, mantiene despierta la
inquietud exploratoria infantil y su resultado es el desarrollo, mas allá de las
necesidades vitales primarias, de la investigación científica y tecnológica.
Por muy grandiosas que sean nuestras ideas y por muy orgullosos que nos
sintamos de ellas, seguimos siendo humildes animales sometidos a todas las
leyes básicas del comportamiento animal.
El hombre es algo inmerso en el mundo de la vida, tiene en ella su esencia, la
base y la medida de su ser-

La concepción sociológica del hombre.


Emile Durkehim.
Concepción sociológica: recordamos que el hombre es algo que formando
parte del mundo social, es configurado por la sociedad a la que pertenece.
Positivismo: Durkheim fue discípulo de Comte (del positivismo: conjunto de
doctrinas que afirman que el único objeto de conocimiento valido es el obtenido
a través de la experiencia, de los sentidos (lo concreto, el resto es fantasía)).
Tesis: la primera tesis de Durkheim” fue afirmar “la realidad de lo social”. Solo
bajo esta condición, se puede construir el fundamento de la humanidad del
hombre.
Educación: la tarea d la educación consiste en la plasmación de los individuos
según las normas vigentes en una sociedad determinada, incorporándonos a
ella y convirtiéndonos en seres humanos, pensantes y dotados de conciencia
moral. Privado de lo que la sociedad le aporte, el hombre descendería a la
animalidad.
Origen de las categorías más racionalistas vs. Empiristas: Durkheim explica el
origen social de las categorías, es decir, los conceptos fundamentales (espacio,
tiempo, causalidad y sustancia) mediante los cuales pensamos las cosas.
• tradición racionalista: estas categorías son a priori. Se limitan a afirmar
que son inherentes al espíritu humano, sin explicar el origen.
• Empiristas: estas categorías derivan de la experiencia, sin explicar su
necesidad y universalidad.
Hombre: el hombre, a medida que se incorpora al mundo social, se convierte
en un ser moral y pensante (deja de ser animal y se humaniza).
Subjetividad: si la subjetividad (estructura de pensamiento, conciencia moral,
emociones básicas) es la interiorización de la objetividad cultural, entonces tmb

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los desordenes mentales tiene su fuente en la sociedad y en un carácter
histórico cultural. La subjetividad no es originaria sino, resonancia interior de la
exterioridad social.

Margaret Mead.
En lugar de estudiar la cultura como un todo se detiene en la consideración de
los temperamentos masculino y femenino, a los que encuentra dependientes
de la plasmación cultural. Pueden diferir en forma muy marcada de lo que se
tiene Si la subjetividad (estructura de pensamiento, conciencia moral,
emociones básicas) es una interiorización de la objetividad cultura, tmb los
desordenes mentales tendrán su fuente en la sociedad y un carácter histórico-
cultural.
Por tanto, el hombre es algo configurado por la sociedad a la que pertenece. La
subjetividad no es originaria sino resonancia interior de la exterioridad social.

Konrad Lorenz.
Fue uno de los padres fundadores de la Etología, niega la idea de que toda
conducta esta condicionada por el ambiente, sino que estudia las pautas de
conducta instintivas.
Pautas de conducta animal: hay muchas pautas de la conducta animal que son
“coordinaciones hereditarias” o “movimientos instintivos”, sin innatas mas que
aprendidas, y c/u tiene un “impulso” que hace que tal conducta aparezca
espontáneamente. Hay 4 impulsos:
1. alimentación
2. reproducción
3. huida
4. agresión: es instintiva. Para preservar la especie, la agresión tiene
ciertas funciones.
a. distribuir equitativamente a los individuos de una especie sobre el
territorio disponible, para q haya suficiente alimento para c/u.
b. entre los machos rivales de una especie puede ser beneficiosa ya que
los individuos mas fuertes dejan descendencia y son aprovechables para
la defensa de la flia.
c. permite establecer una graduación o jerarquía en una especie de
modo que los animales más viejos dirijan al grupo y transmitan todo lo
que ellos saben, ya que, tienen más experiencia.
La “teoría de la evolución” ha producido la ritualizacion de la lucha.

Hombre
- es un animal que ha evolucionado a partir de otros animales. Al igual
que otros animales, tiene un impulso instintivo de conducta agresiva.
- “entusiasmo militante”: cuando una multitud humana tiene una conducta
agresiva y pierde su racionalidad y la inhibición moral.
Conflicto y solución: lorenz considera que existe un conflicto entre:
- los instintos implantados en nosotros por la evolución y;
- las restricciones morales necesaria p/una sociedad civilizada.
Los pasos para la salvación son:
- el auto-conocimiento.
- la sublimación: es el reorientación de la agresión hacia objetos sustitutivos
para que ésta sea inofensiva.

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