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VIEJAS Y REMOZADAS FORMAS DE LA PROSTITUCIÓN EN PARAGUAY

Impúdica Asunción

En estos tiempos de calentamiento global un axioma meteorológico enuncia que en


el Planeta “las zonas frías se están calentando y las zonas calientes, enfriando”. No
es precisamente lo que ocurre en las desbocadas zonas rojas de Asunción, la
capital de la República del Paraguay. Con más de 40° C a la sombra gran parte del
año, la ciudad fundada hace casi 470 años por el adelantado Juan de Salazar, no
pierde el ardor... ni menos en horas de la noche. Sus calles y avenidas, perenne
hospicio de personajes y actores con reglas y conductas típicamente múltiples,
albergan al más gozoso negocio de la historia de la Humanidad: sexo a cualquier
hora, a cualquier precio. En este terreno, paradójicamente, Paraguay está bien lejos
de su multiplicidad en la garantía de libertades y derechos que contrastan con su
fuerte atraso sociopolítico y su dudoso rumbo económico actual. De allí proviene,
pues, su encanto... tanto para sus nativos fogosos y noctámbulos así como
aventureros extranjeros en busca de emociones fuertes.

Investigación de Walter Casco walter@hispavista.com(desde Asunción, Paraguay)

Gran parte del año con sol abrasador y un clima tórrido que pasa del bochorno más
inhóspito en el pavimento urbano a la cruda jornada de la estación invernal, que
dura apenas una quincena, la indolente y húmeda Asunción es la antesala del
Trópico de Capricornio. Entre sus encapotadas amenazas de chubascos de 1' de
duración y sus bruscos meteoros de selva tropical, en la denominada «Madre de
Ciudades» coexisten alegremente estampas preurbanas y rurales poco alteradas
desde tiempos de la Colonia. Y en medio de su poco diversificado paisaje urbano,
aún hoy mantiene la nada incómoda reputación popular de ser un próspero
escenario tanto para experimentar con la sexualidad propia como para el ejercicio
de la prostitucióni.
El oficio más viejo del mundo ha encontrado en Paraguay —concretamente en la
capital y sus alrededores (5 poblaciones autónomas que conforman el llamado Gran
Asunción: las comunas de Lambaré, Villa Elisa, Fernando de la Mora, Luque y
Mariano Roque Alonsoii)— un mercado jugoso y prometedor, aunque peligroso. En
particular, para las y los jóvenes que no están precisamente en busca de emociones
fuertes... sino de oportunidades negadas de trabajo. Y que son parte de la oferta de
sexo en la ciudad. Pretendo que este estudio aspire –si no a esclarecerlo– al menos
a exponer el fenómeno.

I - SEXO, PROHIBICIÓN, EVASIÓN


JUVENTUD, DIVINO TESORO

134 años después de la fratricida Guerra Grande o de la Triple Alianza (1870), el


Paraguay –diezmado entonces por sus hermanos vecinos de Argentina, Brasil y
Uruguay en una conflagración iniciada por jerarcas codiciosos– hoy se jacta de
poseer un país compuesto por más de un 26% de jóvenes. Con una población
estimada en poco más de 6 millones de habitantes en su territorio, la capital y el
Departamento Central aglutinan al 55.8% del total de la población que vive en
zonas urbanas. El 26.2% –aproximadamente 1.527.435 personas– de esta población
está conformada por jóvenes de 15 a 29 años, de los cuales el 58.3% reside en las
zonas urbanas y distritos del Gran Conurbano capitalino. Un poco más de la mitad
de esos jóvenes (58.2%) vive en sus hogares con la confortable condición de hijo o
hija, y aproximadamente 7 de cada 10 son solteros. El rango de jóvenes entre 15 y
19 años representa en Paraguay el 42.8%; el grupo de 20 a 24 años constituye el
32%; y el de 25 a 29, el 25.2%.
Muchos de esos jóvenes están desempleados. En 1999, la tasa de desempleo en
el país fue de 7.6%, pero las mujeres estaban más desempleadas que los hombres:
8.9% y 6.8%, respectivamente. Puesto que el sector informaliii de los trabajadores
de la capital del país absorbe a poco más del 6% de los migrantes que viene del
interior nacional, actualmente el gobierno aspira a combatir –convengamos que con
poco éxito– al sector, jóvenes en su gran mayoría. Cuando no son invisible
estadística del popularizado trabajo informal o ‘en negro’ de la economía
paraguaya, estos jóvenes se reparten entre el sector público y privado. En la
administración pública, por ejemplo, un 58.4% corresponde a mano de obra
masculina, en tanto que el 41.6% de los empleados son mujeres. En el sector
privado se observa también una considerable tasa de actividad masculina (74.4%)
frente a las mujeres, de las que apenas un 23.6% alcanza a ocupar un puesto
laboral.
En lo que hace a distribución por sexos hay también algunos datos a tener en
cuenta. Según los especialistas evolucionó de un ligero predominio femenino a un
actual equilibrio de sexos. Una pequeña cifra sigue separando dicha diferenciación
en el país: hacia 1998-99 las mujeres alcanzaban un 49.6%, los hombres, un
50.3%iv. De su población total, más del 47% eran entonces menores de 18 años.
Pero en el área urbana se encontró en el 2002 una leve hegemonía femenina
(51.1%), con ligeros cambios. Por el contrario, en las áreas rurales se cuenta con
mayoría de varones (53.1%), que se incrementa lentamente. Sin embargo, con los
resultados preliminares obtenidos en agosto de ese año por el Censo Nacional 2002
–el sexto elaborado desde la década del ’50–, la relación de géneros se alteró. Los
varones alcanzaron en todo el territorio paraguayo, formado por 17 departamentos,
el 51%; las mujeres, un 49%, con un crecimiento aproximado al 2.3, entre 1992 y
2002. La cantidad de mujeres por cada 100 varones fue en el 2002 del 102.8%.
De acuerdo a los datos del Censo, Central es el Departamento que cuenta con
más habitantes en zonas urbanas (1.174.751), mientras que Alto Paraguay se ubica
en el último lugar como el Departamento cuya zona urbana está menos poblada,
con 7.550 habitantesv. El idioma más utilizado en áreas rurales es el guaraní –un
lenguaje rico, dulce y exótico, de sonoridades lingüísticas cristalinas –, y el español
en las áreas urbanasvi.
Con pobreza estructural y alta carencia de ingresos exhibe una marcada
desigualdad social que se viene incrementando no sólo en su territorio sino en todo
el hemisferio sur. Una crisis que no es nueva en la región y ciertamente nada
desemejante a la de sus vecinos del MERCOSUR, con los que concurre en los
amplificados índices de pobreza, marginalidad, trabajo infantil e inseguridad
alimentaria. Con todo, el trabajo en las calles no es tampoco nuevo para los
paraguayos: por mera necesidad, muchos y muchas jóvenes aprenden a sacarle un
lucrativo provecho.

UNA MENTALIDAD ‘RELAJADA’

Para quienes miran de enfrente, es la juventud «fuente de todos los males». El


fenómeno, sin embargo, nada tiene de reciente. A pesar de la aciaga noche de
dictadura y represiónvii vivida por el Paraguay bajo la mano dura del exiliado general
Alfredo Stroessnerviii, la práctica del oficio más antiguo del mundo es y ha sido
comprobadamente libre en gran parte de su territorio. Sin temor a equivocarnos
podemos afirmar que los paraguayos han sabido convivir muy naturalmente con su
autoproclamada fama de putañeros y libidinosos.
Antes, acordemos que el varón paraguayo se autorreconoce –históricamente–
como viril y machista. Está en su sangre. Suele ser normalmente bastante afecto a
los excesos sexuales y al deleite carnal... pero en su relacionamiento con las
mujeres más bien timorato. Aunque, paradójicamente, bastante complaciente con
la práctica viciosa de una sexualidad que, por su manera de desbordarse, entiende
como muy convencional. Por momentos, se manifiestan las formas de una
sexualidad adulta y tolerante con los placeres propios y ajenos; pero en otros, viene
a reflejar comportamientos inequívocamente peligrosos en tiempos donde no puede
sentirse uno seguro tanto en su casa como en la calle.
El particular vy'a guaraníix ha propiciado que pueda cohabitarse hoy, sin reserva
alguna, con prostitutas, travestis y taxiboys, por mencionar algunas variantes de la
diversificada oferta sexual actual —la aparición de los dos últimos, por ejemplo,
tiene escasamente menos de 20 años. Pero cualitativamente hablando, la capital
del país sigue recogiendo —apuntado con propiedad— la mayor oferta y demanda
de servicios sexuales en sus cuatro puntos cardinales: en el centro urbano, en los
shoppings, en los barrios metropolitanos o sobre las arterias y avenidas más
vivaces de la ciudad, entre otros sitios.
Paraguayos y paraguayas conviven, pues, con sus productivos lupanares,
prostíbulos, casas de citas o de tolerancia y quilombosx o inclusive con sus bares de
homosexuales, lesbianas y travestis, a lo largo y ancho de su territorio. Muchos de
ellos están disimulados –pero bien individualizados siempre por su clientela– como
bares o whisquerías; de hecho, desde los ’50 en adelante fueron tolerados
generosamente por la moralina stronista. Y, francamente, las cosas no cambiaron
demasiado tras la caída del régimen.

SEXO, PROHIBICIÓN, EVASIÓN

Como bien expuso, incisivo, el pensador inglés Bertrand Russell (1872-1970): «la
Humanidad posee dos morales. Una, que predica pero no practica y otra, que
practica pero no predica.» El adagio podría aplicarse sin ningún reparo al pueblo
paraguayo contemporáneo, y por extensión a los de toda la región latinoamericana.
Si bien con el tiempo las cosas se han ido transformado no se han alterado
ciertamente del todo por aquí ni más allá del río Bravo ni del Cabo de Hornos.
Especialmente en dos elementos: la práctica de la sexualidad y el ejercicio de la
prostitución.
Apuntemos en este sentido que hay una sexualidad que algunos individuos usan
o practican frecuentemente con fines recreativos. Principalmente, debido a la
viabilidad de los contactos que buscan o a la accesibilidad a los espacios en que se
ofrece o práctica. También, y a no dudarlo, por sus costos bajos dentro de un
mercado [sexual] que viene aumentando considerablemente en nuestra sociedad.
Ese uso o práctica se origina durante una búsqueda en la que gran número de
individuos –tanto los que demandan servicios sexuales como los que [se] ofertan–
no logran percibirse sumergidos «en un estado interno desenfrenado, ansioso y
desolado, en extremo extraviado o carente», según observan con autoridad
especialistas, psiquiatras y psicólogos sociales. Hablan asimismo, apropiadamente,
de una ostensible adicción al sexo.
Naturalmente podríamos preguntarnos por qué. La crisis de los perversos
modelos sociales emergentes de la moderna economía capitalista global y los
ajustes del FMI para los que menos tienen, el desempleo y la subocupación, el
desarraigo de las comunidades preurbanas y rurales, la falta de perspectivas
mediatas de realización educativa y económica para los jóvenes y hasta el hastío
de fin de siglo, podrían considerarse entre sus causas, nunca concluyentes. En
materia económica, según informes recientes, Paraguay figura entre los países con
peor distribución de la riqueza: el 20% más rico concentra el 62,4% de los ingresos
y el 10% más pobre apenas alcanza al 0,7%.
Entiendo que la práctica del sexo es para el animal humano escape, válvula,
derrame, fuga, desborde, evacuación, catarsis... A principios del siglo pasado lo
advertía a legos, moralistas y necios un eximio neurólogo, médico psiquiatra e
investigador austriaco –que hoy podríamos tildar casi de “psicosocial” para su
época– de la talla del excepcional Sigmund Freud (1856-1939), y cuyos hallazgos en
el campo de la sexualidad humana fueron luego continuados por otros no menos
lúcidos. Aunque, en la esfera de la voluptuosidad o en el mundo de las aphrodisiaxi o
de la cosa sexual no faltaban ni preocupaciones ni polémicas ya en las reflexiones
del pensamiento Antigüo helénico.

II - LA FAUNA SEXUAL

Abordemos la cuestión más de cerca señalando que en la ciudad de Asunción


existe una pasmosa variedad sexual que normalmente suele coger desprevenido
tanto a nativos como a forasteros. La diversidad suele aturdir. Esta variada oferta –
marginal– de sexo en la calle es mas bien reciente. Se vio incrementada
últimamente con la idea de rápida rentabilidad que genera el sexo pago y se
resuelve con facilidad —cómodamente— en la vía pública. En particular entre
jóvenes desempleados, sin instrucción o con una instrucción básica interrumpida,
ofertándose: adolescentes prostituidas, taxiboys y travestis jóvenes, por ejemplo.

QUIÉNES Y CÓMO SON

Un número importante de estos y estas jóvenes proviene en general de estratos


rurales bajos, además de una familia y una comunidad también pobres. Para
algunos analistas, en varias de estas familias con un padre ausente comúnmente
hay un matriarcado de hecho. Suele hacer emigrar a los jóvenes la crisis de un
ambiente familiar poco instruido con una historia o vida incompatible con su
desarrollo, casos de abandono y aislamiento. Tienen problemas de aprendizaje o
tendencia errante a la vagancia, que ha venido afectando su desarrollo
adolescente, individual y psicosocial. Se rebelan ante factores típicamente
restrictivos del comportamiento tradicionalista y que se transformaron con el
tiempo, debido al peso de la herencia en el discurso familiar cotidiano. Por ejemplo,
los límites del contacto físico entre pares y amigos o la forma de
relacionarse con desconocidos impuesta por la autoridad de la madre
presente. Y los trastornos, que no suelen ser bien vistos en las comunidades
pobres y tradicionales, suelen mejor rechazarse por profilaxis. Una promesa de
realización económica y una fantasía personal urgentes los arrastra también hacia
el provechoso centralismo capitalino; buscan oportunidades postergadas de trabajo
y educación en un sistema que las negó en su lugar de origen.
LOS MODOS DEL MERCADO

Observamos que éstas son las soluciones rápidas que originan un alto índice de
desempleo en el país, acelerado aumento de la pobreza y una crisis recesiva
profunda entre el pueblo llano. A la hora de establecer relacionamiento los
individuos, sin embargo, manifiestan cierta in-formación más o menos
experimentada en lo referente a contactos sexuales en la calle. Y con las oportunas
reservas del caso, un sexo fácil y rápido en la calle suele normalmente costar más
caro de lo que se piensa.
El ingreso hoy de nuevos actores y actrices –convengamos que peligrosos– a la
escena de la sexualidad paraguaya ha transferido nuevas conductas al ambiente-
mercado de la oferta y demanda sexual, por usar vocablos economicistas. Pone
al descubierto asimismo un diversificado consumismo en esa demanda y lo
enuncia: determinada oferta sexual está dada por cierta demanda sexual.
No hace falta decir que esto es también nuevo. Particularmente en los últimos
veinte años, muchos paraguayos y paraguayas han descubierto –y expresado– lo
diferente de sus sexualidades con espontaneidad en ocasiones y no ausente de
inhibiciones comprensibles. Este fenómeno es producto y natural secuela del fin de
décadas de represión social que hoy se revelan –se ‘destapan’– asumiendo una
actitud nueva frente la vida privada, a lo sexual, ético y moral de uno. Es un rasgo
plausible en estos tiempos de amor vía Internet y exigencias de tarjetas de crédito
para ver contenidos condicionados en la web o autos caros para ligarxii esta noche...
El Paraguay tiene entonces bien granjeada su alegre reputación de país putañero
y libidinoso. Varios podrían especular –y atestiguarlo enseguida con un nuevo
desborde– que en materia sexual La tierra sin mal nada tiene que envidiar a sus
vecinos comerciales y culturales limítrofes. ¿Es que se ha recuperado el tiempo
perdido? ¿O que esto de la cosa sexual siempre fue así, aquí?
Gobernantes liberales y conservadores en este sentido declaran –lo prueban
incluso con un nuevo desborde– que como en la actualidad nunca antes ni tanto.
Pero muchos políticos son impostores. Hablan fingiendo representar un sentimiento
que no suele coincidir con la experiencia del pueblo –sí, aún pobre–, ni le conoce.
Como no están entre el pueblo hambreado, lo único que quieren gobernar
los gobernantes es el hambre de sus bolsillos. Según las épocas –
electoralistas o no, da igual– rápido exhiben cifras de indistinta reducción o
aumento de accidentes en la vía pública por el aumento de policías y militares en
las calles; o por la restricción, más o menos dura, del consumo de drogas
blanqueadas –como el alcohol y los cigarrillos– en tiempos cuando las papas
queman y los negocios escasean. Del pueblo llano que trabaja —¿prostituyéndose?
— en las calles no posee un sólo dato in situ aunque lo emplea –lo usa– siempre.
RUBRO INVISIBLE DE ACTIVIDAD

Por ello, las trabajadoras y trabajadores sexuales –entre los que me incluyo– son
[somos] los trabajadores marginales más invisibles que se conoce. En Sudamérica
no están [estamos] incluidos en ninguna estadística sanitaria diferenciada ni
aspiran [aspiramos] a alguna clase de sindicalización, porque de hecho son [somos]
percibidos como degenerados y degeneradas ante la sociedad conservadora y sus
leyes moralizadoras. Pese a la falta de datos oficiales, sin embargo, hoy sabemos
algo más sobre el ambiente de la prostitución y del sexo pago o rentado. El
siguiente análisis aspira a esclarecer algo sobre ésta su condición anómica, sin
reglas.
Cifras sobre trabajadores sexuales jóvenes y adolescentes en las calles de
Asunción nunca pueden contarse como definitivas. Pero se incrementan
notablemente por la crisis que mueve a buscar oportunidades rápidas de
rentabilidad entre mujeresxiii y varones.

MODOS DEL EJERCICIO SEXUAL [I’ve have the touch]

Resultaría útil explorar ahora ciertas observaciones y datos que podrían desvelar
el altamente sugestivo panorama de las prácticas sexuales nativas.
Propondremos una línea sutil de análisis y aproximación al fenómeno de la
prostitución y las formas de ejercicio de la sexualidad en Asunción, Paraguay.
Sostenemos también que el contexto presentado a continuación no es tan
desemejante en toda la región sur del continente. Aunque con variaciones
incompatibles en algunos casos, querámoslo o no, compartimos prácticas sexuales
–ligeramente tipificadas de modo más o menos similar entre las masas– con
nuestros vecinos más o menos pobres de la región. Pretendemos asimismo que
nuestras siguientes generalizaciones puedan ser enriquecidas por sondeos
ulteriores que en este sentido se propongan.
Finalmente, aspiramos a que sirva para dividir las aguas entre verdad, prejuicio y
ficciones de realidadxiv en la exploración del rico panorama del sexo libre, pago,
rentado, independiente y cuentapropista en la apreciada Asunción.

1. Quien quiere tener sexo, habitualmente en la calle debe pagarlo.


Ignoramos si se practicaba así ya desde tiempos antiguos, pero desde la llegada de
la modernidad hasta la actualidadxv se sabe que gran parte de la dinámica de las
prácticas sexuales vigentes deriva de esta premisa mercantil matemática e
irrefutable. Aparte de los numerosos riesgos que suponen los contactos casuales en
la callexvi, cualquier actividad sexual posee reglas inconfundibles en un mercado
distintivo para sobrevivir con cierto desahogo. Con todo, reconocidos noctámbulos y
la bohemia gay local recuerdan mejores épocas allá por los 60-70, cuando con
mucha asiduidad el sexo en las calles de Asunción «daba más gusto por ser
gratuito».
2. Cuando hablamos de oferta sexual nos referimos a personas de uno y
otro sexo que ofrecen servicios sexuales pagos o rentado por tiempo a
clientes que demandan esos servicios. El pay-per-sex norteamericano o
«pague para el sexo» ya no es mala palabra para nadie. Puede indignar aún a los
entusiastas militantes del Amor Libre sesentista o sonrojar a moralistas
rudimentarios, pero así son las cosas y las cartas así han sido echadas. La variedad
de prácticas sexuales ofertadas posee mercado y tarifario propios. Como bien lo
determinó un agudo economista del siglo XVII, «la oferta está dada por la
demanda» también en este rubro.
3. Existe una diversificada oferta sexual que tradicionalmente se
resuelve en dos ejes: se busca sexo en rol activo (penetración a mujeres y
hombres) o sexo en rol pasivo (siendo penetrado/a por vía vaginal o anal).
Ya sean estas prácticas ejercidas en la vía pública, en prostíbulos, night clubs, apart
hotels o moteles, las mismas tienen precios y actores bien definidos. Algunas/os
ofrecen un valor agregado: cobran por servicios que incluyen el uso de
complementos, aparatos (vibradores personales e instrumentos para prácticas
sadomasoquistas, etc.) y utensilios para exacerbar la disolución del placer. Van
incluso más allá: se cobra y se paga un monto mayor por no usar preservativos.
Pero ya se sabe que el cliente –más en este ambiente– “siempre tiene la razón”,
aunque pueda costarle caro.
4. La variedad/diversidad de la oferta sexual en la vía pública refleja y
es indicador de las sexualidades diferentes de los individuos. En la calle
normalmente se puede encontrar sexo del tipo heterosexual, homosexual, también
en su variante lésbica, y bisexual. En algunos sitios como whiskerías, casas de
masajes (precisamente no del tipo terapéutico usual), en discotecas o bares de los
otros –vulgarmente, para los contactos más viables o el levante– se puede
encontrar sexo del tipo lésbico y homosexual, grupal y compartido... En ciertos
sitios –de índole muy privada, como clubs no precisamente sociales ni deportivos–
hallar variantes reasimiladas de sitios pro de Europa y Norteamérica restauradas
localmente en Paraguay. Incluimos aquí al sexo orgiástico, al menàge-á-trois (tres
individuos indistintamente de uno y otro sexo), swinging couples (intercambio de
parejas) o swingers, que últimamente se ofrecen en avisos publicados en la prensa.
No olvidemos tampoco las variantes de sexo con flagelación morbosa: masoquista,
sadomasoquista, de sometimiento físico, sádico y de sodomización con elementos
no convencionales, episodios de flagelación voluntaria por horas con intercambio de
pareja...xvii son habituales.
5. Las variantes sexuales continúan siendo todavía muy definidas –
clásicas–; si bien la calle con sus reglas propias puede deparar sorpresas.
No duden que las calles de Asunción (y la región) poseen una ‘fauna’ sexual varias
veces atrayente. Al punto que hallamos: hombres que buscan prostitutas, mujeres
que buscan hombres o que buscan sexo ocasional con taxiboys. Hombres que
buscan hombres o sexo ocasional con homosexuales o buscan taxiboys de sexo por
hora con roles poco precisos como activo o pasivo. Mujeres heterosexuales que
buscan a lesbianas generalmente en compañía de una pareja sexual o civil de uno y
otro sexo. Hombres que buscan a travestis, parejas heterosexuales y bisexuales
que buscan travestis para practicar, experimentar y satisfacer conductas,
comportamientos ocasionales o tendencias homosexuales y de sexo compartido. O
quienes buscan un sexo duro y aumentado como el sexo grupal u orgiástico.
Aquellos quienes buscan travestis pueden disfrutar además de dos variantes: sexo
en rol activo o como pasivo. En fin, en todos los casos puede haber sorpresas.
6. Existen servicios determinados por el mercado sexual y cuyos ejes
pueden también simplificarse genéricamente en: buscas sexo oral
(fellatios y cunnilingus), o buscas penetración (ser penetrado y penetrar).
Quien busca variantes en la materia encontrará: con penetración por vagina o por
vía anal con y sin condones; sólo masturbación entre compañeros sexuales,
masturbación compartida sin penetración ni intercambio de fluidos entre dos o más
compañeros –le dicen sofácama porque se practica uno junto al otro, allí– y hasta
«con besos ya es otro precio». Hay prestaciones rentadas telefónicamente como
“SERVICIOS DE COMPAÑÍA” o “ACOMPAÑANTES DE AMBOS SEXOS”, STRIPPERS PARA REUNIONES,

indistintamente de hombres, mujeres, gays y parejas hétero y bisexuales. Las


fiestas ‘negras’ o partys en privado tienen precios ajustados y clientela muy selecta.
Habitualmente, su oferta está mejor dirigida a las clases y profesionales más
pudientes, a diplomáticos y extranjeros, no tanto a los depravados ricos que
frecuentan morbosamente la calle.
7. En ciertos casos como el de la prostitución femenina, para acceder a
servicios especiales (por ejemplo, grupales) los contactos deben hacerse
primero con los patrones y proxenetas. Comúnmente llamados de cafishios,
tipificado y penado por el Código Procesal paraguayo como delito y punible también
en todo el mundo, el negocio proxeneta sigue gozando de muy buena salud –para el
chulo, el tratante o encargado de las mujeres sometidas a su vigilancia y explotadas
sexualmente–. Tiene un desarrollo muy especial en las calles asunceñas y suelen
trabajar en participación con dueños de moteles, arrendatarios de habitaciones por
hora, whisquerías, bares y lupanares. El boom del negocio para estos sujetos —
frecuentemente mujeres y madamas— sigue siendo la ‘trata de blancas’, el
comercio y la explotación sexual a niñas y adolescentes for export a los países
limítrofes del Mercosur.
8. Recordar que algunas prostitutas están sindicalizadas y otras en vías
de sindicalización en Paraguay y la región. El ejercicio de la prostitución
femenina marcha en vías de reclamar sus derechos para proceder a la defensa y
protección de la mujer trabajadora de la calle, aspirando a evitar el abuso sexista y
masculino. Comporta –especialmente con las mujeres maltratadas y explotadas por
el trabajo proxeneta– el consecuente reconocimiento de su autonomía jurídica plena
e irrevocable, tal como se viene obrando en materia procesal y penal en otros sitios
del mundo y el hemisferio.

BREVE MAPA SEXUAL DE LAS ZONAS ROJAS DE ASUNCIÓN

En un rápido tour de force por la demanda y el consumo de sexo en Asunción


puede advertirse que las respectivas zonas de oferta de servicios sexuales parecen
estar demarcadas por y para cada uno de sus trabajadores sexuales. Igualmente las
leyes —marginales y anómicas— del negocio sexual parecen estar bien definidas
para gran parte de estos actores. La calle es usualmente el medio más directo e
instrumental para obtener sexo de la clase que se busca. Frecuentemente e sexo
callejero es el menos oneroso, pero también el más expuesto por sus características
de marginación.
Por otra parte, existen sitios y locales nocturnos en los que hay algunas garantías
para los clientes y usualmente cierta protección para sus trabajadoras y
trabajadores. Mientras los contactos se realicen en locales privados o cerrados para
practicar libremente la sexualidad o la prostitución, pueden encontrarse garantías
mínimas principalmente para los bienes y la integridad física. Actualmente las
fuerzas policiales manifiestan no intervenir ni proceder más que lo necesario en
estos sitios, a excepción que se registren denuncias de delitos para con los clientes
o incidentes con la vecindad, se comprueben pistas de tráfico de estupefacientes en
el local, se produzcan riñas o quebranto de la paz pública o se atente contra «la
moral y las buenas costumbres» en la vía públicaxviii.
La actividad sexual asuncena –incluso la del interior del país– se desarrolla
hábilmente durante las 24 horas del día. No obstante la noche sigue concitando
tradicionalmente gran parte de la oferta y demanda de sexo. Concretamente, en el
productivo horario nocturno –no podría definirse éste con exactitud– las zonas más
reconocidas de la ciudad para el ‘ligue’ o el ‘levante’ suelen serxix:
• ZONA DE PROSTITUTAS: Terminal (Avda. Fernando de la Mora, Avda. República
Argentina), Plaza Uruguaya; calles Palma, Oliva, Estrella Esq. Chile, Hernandarias,
Avda. Mme. Lynch, Avda. Colón, 5ª Avenida, Avda. Tte. Fariña Esq. Iturbe, Avda.
Mcal. López en cercanías del cementerio de La Recoleta... zonas de Ruta camino a
San Lorenzo, Calle'i (San Lorenzo)... en fin, últimamente cada vez haya más
prostitutas en la calle. Algunas trabajan por horas también en discotecas de música
tropical, bares bailables vulgares del centro y sus cercanías. No suele ser
aconsejable alzarlas, aunque hay algunas especialmente muy bonitas sobre calle
Estrella esquina Ayolas que harían sucumbir a cualquier hombre que se precie. Pero
si el coqueteo termina en un motel cercano y no en casa ni en el hotel, uno
seguramente podrá contar más tarde el cuento: ‘Francos higiénicos los tiene todo el
mundo’. Mejor contratarlas en bares por seguridad, previa conversación con el
chulo o el encargado de la cantina.
• ZONA DE TRAVESTIS: Calles Paí Pérez, Eligio Ayala, Antequera, Herrera,
Constitución... y últimamente en sitios que nos son bastante corrientes durante el
día, como las cercanías de ministerios, edificios públicos, juzgados... Algunas
trabajan en cercanías de discotecas y clubes populares de clase media baja de la
Avda. Eusebio Ayala; en lugares de acceso algo restringido a la circulación incluso
vehicular y que suele mover a asaltos en la vía pública, como a la altura del Km 5
Ruta Mcal. Estigarribia; también en inmediaciones de Avda. Eusebio Ayala y Avda.
Choferes del Chaco; otras, trabajan en discos y pubs gays, ,más o menos
controladas, pero la gran mayoría se prostituye claramente en la vía pública. Tienen
prohibido por cafishios, bajo una rutinaria amenaza que suele terminar en hechos
de sangre violentos y armas de fuego, ingresar en la zona de trabajo de las
prostitutas. De todos modos, siempre se trata de andarse con cuidado: la mayoría
de ellas suele ser ladrones rasos vestidos de mujer, cuando no matones calzados
con cuchillo si no llevan un chumbo encima. Al igual que las prostitutas, son
generalmente somnileras. Hay que andarse con cuidado y evitarlas: suelen poseer
un entorno marginal de amigotes íntimos no precisamente recomendables...
• ZONA DE TAXI-BOYS: Aún son una rareza, especialmente los honestos. Calle
Humaitá, Haedo, Herrera y las esquinas de Nuestra Sra. de la Asunción, Chile,
Independencia Nacional, Alberdi, Yegros, 14 de Mayo, 15 de Agosto y su
intersección con Azara, Gral. Díaz. La gran mayoría de ellos son también asaltantes
y ladrones de dinero, joyas y teléfonos celulares. Aunque su look predominante es
el activo varonil para los clientes, muchos de ellos asumen también el rol pasivo sin
reparos sólo por la plata. Se desaconseja levantarlos en la calle, a solas en
automóvil y alojarlos en la casa propia, mas con extremo cuidado, en una noche
completa de hotel. Suele ser más aconsejable usarlos como ‘prostitutos’ por horas o
minutos y arreglar bien de antemano la tarifa para no tener sorpresas luego.
Algunos trabajan por vía telefónica (ofrecen servicios rentados para ejecutivos,
“mujeres insatisfechas”, gays... y lo hacen a través de publicaciones en diarios de
tirada nacional), en exhibiciones o fiestas privadas o en discotecas. Hay un servicio
algo más diferenciado: se ofrece en distintos shoppings del centro y locales
nocturnos de clase acomodada.
•ZONA DE GAYS Y BISEXUALES: Debemos señalar que la libertad sexual que se ha
ido conquistando desde el retorno de Paraguay a la democracia en 1989 ha
promovido hoy día que gays y lesbianas puedan (exponerse y) exponer mejor sus
deseos y necesidades que antes; o que aquellos/as con asiduas conductas
bisexuales puedan verse menos inhibidos y reprimidos a relacionarse en la calle,
por lo que se hace difícil caracterizar(los) o tipificar su comportamiento o actividad
para todos los casos. Siguen siendo los sitios más corrientes: la Plaza de la
Democracia y alrededores, proximidad de calle Oliva, 14 de Mayo y 15 de Agosto,
plazas y arterias céntricas, inmediaciones de calle Cerro Corá y cercanías de
centros comerciales de la zona. Hay discos y night-clubs (como Malizia, Trauma,
Heaven, Stop, Punto G... entre otros no menos reconocidos) que reúnen también la
demanda de consumidoras lesbianas, taxi-boys, bisexuales y travestis. Algunos
locales funcionan diariamente, a excepción de los lunes, desde las 22, como pubs y
bares.
• ZONAS DECIDIDAMENTE DESACONSEJABLES: Siempre con ciertas reservas que pueden
extremarse según la voluntad individual, creemos que en todas deben tomarse
mínimas precauciones si es la primera vez que uno va a aventurarse en ellas. Las
más inconvenientes siguen siendo las tradicionales: 4 Mojones, Calle Última, zonas
próximas a discotecas de clase media baja de Eusebio Ayala y Stma. Trinidad,
algunos de los sitios de rutas nacionales e internacionales, y todas las adyacentes a
la Terminal de Ómnibus asuncena, particularmente a partir de las 21-22 horas en
que disminuye considerablemente el flujo de transeúntes y viajeros. No hay que
olvidar que la marginalidad imperante en la zona (y el creciente número de
vagabundos) ha agravado la falta de garantías.

IV SEXO CASUAL, A CUALQUIER COSTO

...Y a cualquier costa. La experiencia –policial y sanitaria– testimonia que gran


parte de los encuentros o relacionamientos callejeros con sexo pago, rentado o
gratis, habrán de culminar (o, efectivamente, culminan) en algún hecho luctuoso.
Muchos contactos sexuales acarrean serios problemas y dificultades a sus clientes
ya que frecuentemente no satisfacen: 1) la magra o excesiva erogación que se ha
hecho; y 2) en otros, porque quien ofrece el servicio cree no haber sido
recompensado tal como lo exigió o como se convino previamentexx. De ahí al delito
común –o al mero crimen– hay apenas un desagradable paso. Sabemos también
que muchos de los actos simples se agravan debido a que gran parte de los
consumidores y ofertantes de sexo en la calle acceden a tales contactos en estado
de ebriedad o después de haber usado drogas blandas o duras.
Por ello, la mayoría de los consumidores y demandantes prefiere los encuentros
sexuales en locales y sitios privados donde existe alguna seguridad para la
diversión, el cachondeo o las folladas. Aunque, repetidamente, muchos de éstos
tampoco ofrecen garantías muy notorias, tales como los prostíbulos de calle Cerro
Corá, Avda. Colón, calle Montevideo y proximidades. Así, la Policía Nacional
reconoce la existencia de más de 100 prostíbulos legales en la capital, y no
contabiliza los sitios de ejercicio clandestino de la actividad como los tradicionales
lupanares y quilombos de clase baja y trabajadora; las whiskerías, bares, night-
clubs, discotecas y “casa de masajes” que laboran al margen de la ley. Según
estimaciones de organismos de Salud Pública su número rondaría entre unos 30-50
más, sólo en Asunción, de la cifra provista originalmente por la fuerza policial. Éstos
se reparten la oferta, de prostitutas y jóvenes adolescentes especialmente, no
poseen registro habilitante alguno ni pagan impuesto siquiera por el expendio de
alcohol públicamente. Tales sitios, son además fácil caldo de cultivo para la
explotación sexual, la trata de blancas (adolescentes que son iniciadas
coercitivamente en el ejercicio de la prostitución) y la violencia (o abusos) contra la
mujer trabajadora del sexo.
• TRABAJADORAS SEXUALES O PROSTITUTAS: Una hora mínimo con ellas cuesta unos
50.000 guaraníes. Los precios varían con la edad de la mujer (son mejor cotizadas
las jóvenes y adolescentes) y con la forma de contacto que se ha establecido, sea
éste callejero o en lugares privados. Si se trata de sexo oral, su costo va desde los
15.000 guaraníes; algo más completo, cuesta entre unos 25.000 a 30.000
guaraníesxxi. Hay que añadir a ello, el precio tipo por una hora en hotel alojamiento
o moteles: entre 15.000 a 20.000 Gs; pueden conseguirse algunos lugares
(humildes) por 10.000 guaraníes, próximos a la Plaza Uruguaya asuncena. Por
supuesto, hay también prostitutas de clase alta: se cotizan en dólares, algunas
trabajan en pesos (cerca de los 20$ argentinos) y trabajan en shoppings, bares y
discos del centro.
• TRAVESTIS: Sus precios van desde 15.000, 30.000 a 50.000 guaraníes. El servicio
sale más barato si se realiza en la vía pública, aunque los moteles del centro (con
precios entre 15 y 20.000) guaraníes son siempre una alternativa a los desmanes y
a los infortunados incidentes que provocan en la calle con sus clientes.
Frecuentemente, el precio varía si hay algún servicio extra, como el sexo en rol
pasivo demandado por el cliente.
• TAXI-BOYS Y GIGOLÓS: Debemos conceder que gran parte de ellos son meros
marginales y vagabundos movidos al negocio por la necesidad económica. Sin
embargo, su servicio –especialmente para gays y parejas en swinging couple o
intercambio de parejas– se mide comprensiblemente “en centímetros”. Algunos
sólo buscan un paliativo temporal al hambre, al alcoholismo y al uso de drogas;
otros, sin duda, intuyen en su cliente la posibilidad cierta de un robo. Sus precios
oscilan entre los 15 a 50.000 guaraníes, dependiendo que el cliente especifique su
deseo de sexo en rol activo o pasivo con el ofertante. Los que trabajan en
shoppings del centro –comparativamente mejor educados que los de la calle– se
cotizan en dólares: desde aproximadamente unos U$S 5.

CONCLUSIÓN:
LOS RIESGOS DEL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL SIDA (SIEMPRE SE CORREN)

1. Gran parte de los negocios y contactos sexuales en Asunción y


Paraguay se desarrollan en la MARGINALIDAD, y ello no es una excepción. Por lo
tanto, debido a la variedad y tipo de actores que importan, algunos
relacionamientos derivan en meros delitos comunes –como la violación, los robos,
maltratos y decesos– ocasionados por y originados en los propios ambientes
considerablemente promiscuos y criminales en su gran mayoría. Muchos contactos
casuales terminan proliferando en crónicas amarillas y recurrentes partes policiales.
Clientes desprevenidos pueden toparse con las ‘exigencias’ tácitas del negocio y el
mercado sexual –concedamos, no todas propiamente de tipo delictivo–,
exponiéndose a incidentales amenazas a la integridad física derivadas del
escabroso ambiente social en que se manifiestan.
2. Vivimos tiempos peligrosos: a veces puedes equivocarte en lo que
‘compras, rentas o alquilas’ en la calle, no obteniendo ese tipo de
satisfacción que andabas buscando tan precisamente. Generalizando
burdamente, a veces se sale a la calle en busca de algo perfectamente tipificado
por nuestra libido... y se retorna con algo bien distinto a lo que se buscaba
inicialmente. De hecho, tercian en la búsqueda y ‘rescate’ distintas presiones de la
circunstancia, las exigencias más o menos urgentes de la naturaleza genital propia
o del deseo contenido por un tiempo variable (no posible de determinarse ni
clasificarse para cada individuo, ciertamente); o por influencia de la crisis
económica (la falta de efectivo, por ejemplo, lo cual no es nuevo); también quizá
por el decadente (y, por ello, para muchos incitante) ritmo nocturno céntrico o el
nada fructífero levante o yiro semanal (como vulgarmente se conoce a la febril
actividad callejera capitalina). A veces sólo se busca una hora acompañado en la
cama... y se encuentra el robo o hasta la misma muerte, quizá porque se equivocó
la puerta.
3. En Asunción, como en cualquier parte del mundo, si buscas
problemas... los encontrarás. Gran parte de los ambientes en los que se
efectúan actividades sexuales rentadas o pagadas, son básicamente peligrosos;
especialmente, los sitios clandestinos de ejercicio de la prostitución femenina –
como 4 Mojones, Calle Última, algunas plazas céntricas, zonas aledañas a la
Terminal de Ómnibus de Asunción y otras de Avda. Eusebio Ayala– son
efectivamente inseguros. Quien se atreve a ellos queda, sin más, a merced de las
leyes del mercado sexual asunceno, muy variable en su condición y caracterología:
a veces, es sólo cuestión de buena o mala suerte.

Decíamos antes que, a veces quien busca una hora acompañado en la cama,
puede encontrar finalmente un problema. Los ambientes sexuales suelen ser
positivamente peligrosos. POR EJEMPLO, LAS PROSTITUTAS EN ASUNCIÓN –especialmente las de
clase baja o las que trabajan en la calle y sitios clandestinos marginales– tienen una
bien ganada reputación de ladronas: endulzan a clientes con besos y alcohol hasta
hacerles perder el control consciente de sus actos y así caen dormidos... entonces
pierden billeteras o hasta su ropa y zapatos. Y esto es lo de menos: buena parte de
los clientes ni siquiera logra follar, y si además se ha terciado en un enfrentamiento
con cafishios y contrarios, puede que se lleven un buen par de tajos por cuchillada o
se tenga que salir rumbo a Emergencias Médicas con alguna maldita bala encima.
ALGO MUY SIMILAR OCURRE CON EL AMBIENTE DE LOS TRAVESTIS: en los últimos años, desde su
aparición en la escena pública de la democracia, los travestis se han granjeado una
nada insignificante fama de peleadores, buscapleitos y ladrones: frecuentemente
actúan con sus clientes tal como lo hacen las prostitutas (o peor). Algunos atribuyen
comprensiblemente este comportamiento agresivo a que han sido y son presa fácil
de la intolerancia de la gente. Y, por otra parte, muchas asociaciones de defensa de
los derechos homosexuales con militancia activa hoy en Paraguay reclaman una
justificada penalización a los crímenes por intolerancia y discriminación.
EN LO QUE TOCA A LOS TAXI-BOYS, las reservas podrían ser las mismas: aquí, los actores
suelen ser más experimentados, fuertes y agresivos. Se trata pues de extremar
cuidados en moteles y tanto más en los hogares: el robo, la violencia... siempre son
una posibilidad desesperada. Es aconsejable el sexo en apart-hoteles por horas y, al
igual que con prostitutas y travestis, contactar con los hombres en sitios privados y
bares reconocidos del ambiente, en los cuales sus propietarios puedan asegurar
garantías o proveer datos confiables sobre ellos. No hace falta reiterar que los
contactos en la calle siguen siendo desaconsejables.
En fin, la calle es una jungla. El sexo que más se disfruta sigue siendo el más
seguro, sea del tipo preferido de contacto tanto para unos como para otras. Pero
entre todos y en cada uno de los ambientes sexuales, un siniestro fantasma recorre
el mundo: el Sida. Pero el Planeta, la Humanidad, aún no ha logrado desprenderse
de otros embates igualmente nocivos como las enfermedades virósicas transmitidas
sexualmente, léase: la sífilis, la gonorrea y el herpes. Los especialistas médico-
clínicos de la sexualidad (y hasta los propios actores RESPONSABLES del sexo) acotan
recomendaciones inagotables ante un siglo que despierta: usar condones y
preservativos, mantener un sexo seguro y no promiscuo; no intercambiar fluidos
corporales o semen en las relaciones y contactos, no compartir jeringas si se usan
drogas inyectables por vía sanguínea. O no buscar problemas si no quiere uno
encontrarlos dentro de la variada materia sexual humana. No recuerdo
exactamente si fue el actor Al Pacino el que lo expresó, en un filme policial más o
menos reciente, pero la frase puede servirle hoy a cualquiera si está pensando salir
a la calle: “Hagas lo que hagas, siempre debiste saber que no tenías porqué llevarte
los problemas a casa”. Olvidando los academicismos, vulgarmente hablando,
© Walter H. Casco Oliveira Salles –
abril, 2000/2001
iNotas
Genéricamente solemos llamar prostitución a toda actividad no formal, encubierta,
enmascarada o también claramente notoria, por la cual se ofrece satisfacción sexual, de
cualquier preferencia, a quien eventualmente lo demande, sea éste de uno u otro sexo y a
cambio de dinero o favores materiales. Habitualmente suele ser rentada por hora y consiste en
prostitución callejera, reservada a sitios o locales determinados o controlada en bares, algunos
cómodamente clandestinos. Los sitios en los que se ejerce la prostitución [libre] en Paraguay
son muy variados. Comúnmente, en las áreas preurbanas del país o el campo y también en la
ciudad consisten apenas en una señal de luz roja al frente de una fachada de vivienda
corriente sobre la vía pública o junto a la carretera, en su interior un salón con pulpería y varias
mujeres maduras y jóvenes; más adentro, en un sector algo más íntimo, una habitación con
cama y lavabo –cuando lo hay–, separados por un pulcro cortinado del resto de la clientela que
aguarda su turno o se emborracha.
ii No hace falta decir que día a día se populariza más en los otros 14 distritos que constituyen
el XI Departamento de Central (Areguá, Capiatá, Guarambaré, Itá, Itauguá, Limpio, Nueva
Italia, Ñemby, San Antonio, San Lorenzo, Villeta, Ypacarai, Ypané y J. Augusto Saldívar).
iii Sector informal es el conjunto de trabajadores cuentapropistas, trabajadores familiares no
remunerados, patrones o empleadores, empleados y obreros en empresas o unidades
productivas de tamaño de 5 o menos personas. Los trabajadores ocupados en el sector
informal de los mercados laborales urbanos paraguayos supera el medio millón de personas
(548.170). 25 de cada 100 personas pertenecientes al sector se encuentran subocupadas
(10.9% son subocupados visibles; 14.8%, invisibles). Según la DGEEC, subocupados invisibles
son las personas ocupadas que trabajan un total de 30 horas por semana en una ocupación
principal y en sus otras ocupaciones (si las tienen); su ingreso mensual es inferior a un mínimo
legal establecido por Ley, llamado “sueldo mínimo”. Por su parte, el término subocupado
visible se refiere a las personas ocupadas que trabajan menos de un total de 30 horas por
semana en alguna ocupación principal. Fuente: Dirección General de Estadística, Encuestas y
Censos (DGEEC), Censo Nacional de Población y Vivienda, Paraguay, 2003.
iv Según datos de 1998-99 del Fondo de Naciones Unidas Para la Infancia (UNICEF) También
datos del último censo 2002.
v Fuente: Paraguay Urbano-Resultados Preliminares Censo 2002. DGEEC, Paraguay
vi El 55.8% de la población ocupada del país (2.413.644 habitantes) tiene nivel de instrucción
Primaria, el 28.7%, Secundaria y un 11% posee formación Terciaria. El resto de los ocupados
no tiene instrucción. En Paraguay, 8 de cada 10 personas de 10 a 35 años de edad asisten a
instituciones públicas, mientras que el resto lo hace en establecimientos privados. La población
de 20 a 24 años que reside en áreas urbanas tiene en promedio 10 años de educación,
mientras el grupo de 35 años o más presenta en promedio 7 años. Fuente: Dirección General
de Estadística, Encuestas y Censos (DGEEC), Censo Nacional de Población y Vivienda,
Paraguay, 2003.
vii Según un reciente cable de la agencia AFP (abril, 2004), Paraguay «muestra una fuerte
desafección por la democracia, con 60% de los encuestados que dice apoyar el autoritarismo,
según una encuesta realizada por Latinobarómetro. Ésta indica que los regímenes autoritarios
no tienen apoyo, excepto en Paraguay, país que junto con Rusia y Taiwán integra la categoría
de los países más autoritarios, según el Barómetro Global (67 países)». Fuente: diarios Noticias
y La Nación, Paraguay.
viii Stroessner ejerció el gobierno de la República, junto a distintos sicarios militares y civiles,
desde el año 1954 hasta la llegada de la democracia en 1989. La prostitución era por entonces
perennemente tolerada.
ix Una simpática expresión en lengua guaraní —vy'a = alegría, felicidad— derivada de la
particular disposición del hombre paraguayo a la tranquilidad de su reposada –y disipada–
existencia en un país de naturaleza feraz con +40º C.
x Los diversos nombres de estos sitios varían según la región. Citamos aquí sólo los más
usuales.
xi Véase, entre otros, la obra del francés Michel Foucalt, Historia de la Sexualidad II - El uso de
los placeres, PAIDÓS, Buenos Aires, 1979.
xii El término es mejor empleado por los españoles pero en América Latina, especialmente
Argentina y Paraguay, le hemos encontrado otros equivalentes...
xiii Una investigación de UNICEF da cuenta que de 210 mujeres “trabajadoras del sexo”
encuestadas en Asunción, 136 son menores de edad. Es decir, que el 65% de la muestra son
niñas explotadas sexualmente, siendo el 38% de ellas menores de 16 años y procedentes del
interior del país. Datos de 1999.
xiv Siguiendo parte de la investigación inconclusa de la periodista brasileña Márcia Pinheiro Da
Silva fechada en 1993 para la Prensa de Manaos, Brasil: Prostitutas para hombres: Estrategias
para quebrar la dominación machista en los ‘80. La obra fue abruptamente suspendida con el
reciente encarcelamiento de la comunicadora.
xv15 Podríamos remontarnos aún más allá: desde la Conquista Española en América...
xvi La transmisión de enfermedades sexuales, ETS, o los peligros que puede correr la
integridad física propia en un ámbito efectivamente inseguro como la vía pública, se cuentan
entre ellos.
xvii Y desgraciadamente, cobrando auge en Sudamérica por ósmosis virósica del Primer y Viejo
Mundo, últimamente el sexo pederasta con niños, niñas y adolescentes. Condenado
enérgicamente por los gobiernos y la sociedad: ilegal, es punible, criminal, ofensivo y violatorio
de los Derechos Humanos, particularmente los Derechos de la Infancia.
xviii18 Según informes de Policía Nacional, los edictos de la fuerza durante la época stronista,
eran casi “palabra de Dios”.
xix Todas las zonas aquí auscultadas corresponden a un registro del año 2000, y que el autor
no tuvo valor de actualizar ni voluntad para continuar en años posteriores.
xx19 Reservadamente, las fuerzas policiales -normalmente, con mayor contacto en estas
circunstancias- refieren que, al menos, 6 de cada 10 personas que usan servicios sexuales con
prostitutas y/o desconocidos/as en la vía pública sufren alguna clase de desmán pre o
posteriormente al acto o relacionamiento sexual. Confr.
xxi20 En dólares, al cambio de abril de 2001, unos 10 dólares aproximadamente.