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JORGE

RUBIANI
POSTALES
DE
LA
ASUNCION
DE
ANTAÑO
VOLUMEN I

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


AGRADECIMIENTO
Al Señor Charles Muller
por su cariño al Paraguay.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


DEDICATORIA
A mi madre, a mis hermanos.
A mi esposa, a mis hijos.
A mis amigos.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


PROLOGO
Una ciudad tiene sus rincones, sus memorias y sus secretos. Revelarlos es el oficio
tenaz de los juglares, de los poetas y los cronistas. Cada uno de ellos los verá con sus
propios ojos y de ese modo habrá una ciudad distinta por cada observador. La que veo
hoy no es la misma que recorrí hace diez años, ni tampoco la que veré mañana,
sumergida en la bruma o arrasada por el sol furioso del verano.
De Asunción sabemos muy poco. Sigue siendo un misterio, salvo obviedades que
prodigan los libros de lectura. Ella nos habita, pero no sabemos quién es. Son pocos
los que se entregaron a la tarea de interrogarla, o por lo menos de cavilar sobre las
preguntas que hubiésemos querido hacer. Empero, quienes asumieron ese desafío,
dejaron testimonios memorables que enaltecen a la cultura nacional.
Bastará con recordar a los clásicos, de inevitable lectura: Fulgencio R. Moreno, con
"La ciudad de la Asunción" o Carlos Zubizarreta con "Historia de mi ciudad" o
Marcial Lafuente Machaín con "La Asunción de antaño", sin olvidar otras obras de
contenido más amplio, pero que consagran capítulos enteros a la ciudad. Entre ellas,
los majestuosos álbumes de Arsenio López Decoud, Ramón Monte Domecq, Manuel
W. Chavez y Cecilio Báez que integran, con entera propiedad, la bibliografía básica
de la capital de la República.
Los iniciados dirán que para penetrar el alma escondida de Asunción son suficientes
"Paraguaype", de Manuel Ortíz Guerrero y José Asunción Flores; "Canto al
Paraguay", de Federico de los Ríos, Antonio Cardozo y Miguel Angel Altinier;
"Tardes asuncenas", de Néstor Romero Valdovinos y Teófilo Noguera; "Asunción",
de Federico Riera; "Asunción del Paraguay", de Emiliano R. Fernández y Santiago
Cortesi; "Soy de la Chacarita" , de Maneco Galeano; "Punta Karapâpe Serratondive"
, de Carlos Miguel Giménez y José Asunción Flores y "Burrerita", de Antonio Ortíz
Mayans y Félix Pérez Cardozo. El lector me perdonará esta disgresión. Pero tengo la
arraigada sospecha de que estas canciones son otras tantas maneras de acercarnos a
esta ciudad, una y múltiple, que nos habita.
A este grupo de personalidades se suma Jorge Rubiani, con una obra llamada a
perdurar por el rigor documental, por la precisión del análisis y hasta por la elección
de las materias de los capítulos. Debemos añadir la estupenda iconografía que
acompaña al texto y que enriquece notablemente su contenido. Ella nos permite
contemplar imágenes ilustrativas del itinerario ciudadano, y congelar un trozo de
ciudad en el rectángulo de una antigua y sugerente fotografía.
El itinerario que comienza en 1537, en un sitio cuya exacta ubicación se ha perdido.
Es una historia turbulenta y confusa, algunos de cuyos actores se mueven muchas
veces dentro del territorio del realismo mágico, y por eso exigen más bien de la pluma
del fabulador que la precisión del especialista. Ni siquiera sabemos, más allá de toda
duda, dónde fue fundado el fuerte primitivo, cuya poderosa empalizada protegió los
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani
delirios y las inquinas de los conquistadores.
No obstante estas lagunas, más sabemos de su gente, de sus personajes, de sus proezas
y malandanzas, como El Sardo, aquel verdugo glacial que Irala empleaba generosa-
mente para dar muerte a sus enemigos. El mismo que, cuando se le soltó dos veces
la cuerda con la que debía ahogar a Urrutia, por conspirador, prescindió de nudos y
patíbulos y, con sus propias manos, estranguló al infeliz. Digamos que con los años,
los asuncenos adquirieron una pericia rayana en el virtuosismo en este milenario
oficio de matar gente.
El autor, en un acto de justicia, nos habla también de las mujeres, quienes, pese al
papel que cumplen en la historia, son ignoradas por los estudiosos. Entre ellas,
quienes padecieron las penurias de la Guerra Grande y la humillación de la derrota y
quienes, más tarde, acometieron el esfuerzo sobrehumano de reconstruir la patria
después de Cerro Corá.
Un capítulo de gran relevancia es el que se refiere a los barrios de la ciudad. Cada uno
de ellos con su identidad, con su historia, con sus rincones, con sus sombras. Y
también con su gente, como los "cumparelos", los horticultores italianos que se
instalaron en ese lodazal que, con apropiada puntería, fue bautizado como Tuyucuá.
Los mismos que, más adelante, y gracias a los caprichos de la fonética, pasaron a ser
conocidos como los "gumarelos" o "repolleros" y, como tales, la base humana del
Club Libertad, una de las glorias más auténticas del fútbol paraguayo.
Algo más. Gracias a su condición de arquitecto, Rubiani puede dirigir su mirada más
lejos. Esto le permite apreciar estilos, escudriñar diseños urbanísticos y analizar
fachadas y estructuras que a los profanos no nos dicen nada. El libro eleva así su nivel
técnico y se convierte, además de su invalorable signo documental, en un valioso
material de consulta para los especialistas.
Falta decir que los capítulos de esta obra provienen de artículos que fueron publicados
en la revista "Correo Semanal" del diario Ultima Hora. Antes de reunirlos en este
libro, el autor, con su conocida meticulosidad, los ha sometido a un implacable
proceso de revisión. Gracias a ello, hoy pone en manos del lector un texto que honra
a la cultura paraguaya y enriquece significativamente la bibliografía sobre Asunción.
Debemos estarle agradecidos.

Helio Vera

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


ADVERTENCIA

Los temas de este libro han sido íntegramente publicados en la revista Correo Semanal del
diario Ultima Hora, desde el 12 de Abril de 1997 hasta el 15 de Mayo de 1999, todos los
sábados (a excepción de algunos), a lo largo de dos años, un mes y 104 artículos.
Algunos pocos (parte de los que aparecieron en 1997) ya formaron parte de «Paraguaype»,
libro de Jorge Rubiani, lanzado por la Editorial Artemis, en Abril de 1998. Los mismos,
retocados para aquella ocasión, conservan en este libro sus características originales.
Las fotografías y epígrafes son reproducidos exactamente como lo fueron originalmente.
En cuanto al orden del libro, se ha considerado más importante agrupar los artículos por las
referencias que contiene y no por las fechas de publicación, de forma a facilitar la lectura en
torno a un orden temático y a evitar repeticiones o reiteraciones innecesarias, forzadas estas
por la falta de una visión de conjunto del material.
Se ha tenido igualmente la oportunidad de realizar correcciones de datos y fechas, ya no tan
urgidos por el cierre de la edición o la prisa por completar las entregas.
Debe aclararse -por último- que no todos los temas están exactamente referidos a Asunción,
en cuanto a la capital como recinto físico o escenario, pero los acontecimientos mencionados
fuera de ella, como lo son los incluidos en el capítulo referido a los Jesuitas -por ejemplo-
tuvieron su origen o generosas consecuencias en la capital de la Provincia del Paraguay.

Agosto, 1999.

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CAPITULO I

LA RAZON
DE LA
MEMORIA

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


Asunción y sus sitios

Qué convierte a un sitio en especial? Qué le hace diferente a otro? Qué tiene Asun-
ción que no podamos encontrar en otras ciudades?
Para responder a estos interrogantes pienso de inmediato en la palabra identidad. Y
esto quiere decir sencillamente que Asunción, además de los espacios que certifiquen
las huellas de sus acontecimientos históricos más importantes, debe ofrecer lugares
y equipamientos para su percepción y disfrute, fuera de mecanismos que permitan la
manifestación de otras peculiaridades, ambientales y urbanas. Lo especial de su
música, de su comida. El encanto de sus recorridos y sus rincones. Algo propio que
haya quedado a salvo de los estereotipos turísticos.

La siguiente -inevitable- pregunta sería: ¿conserva Asunción algo de todo eso?. La


respuesta es un contundente NO. Al menos, en cuanto a los escenarios de la historia.
No, en cuanto al conjunto urbano que diera origen a la identificación de la ciudad con
el calificativo de "Asunción Colonial". No, en la medida de lo que se ha conservado
en Lima, Valparaíso, Quito, Cuzco, Sucre, La Habana y otras ciudades de
Latinoamérica. Nada quedó en Asunción, de los importantes conjuntos edificados de
antaño, como los conventos, cuarteles y otras instalaciones del gobierno. No sobre-
vivieron nombres de lugares, barrios, promontorios, arroyos, parajes. O queda muy
poco de ellos. La capital de la antigua Provincia del Paraguay quedó constituida, en
casi toda su geografía, por retazos sobrantes de la "liquidación" inmobiliaria que
viene padeciendo -prácticamente- desde fines de la guerra del ´70. Aparte de nuestras
costumbres y hábitos sociales, difuminados hoy en la frivolidad, sobreviven solamen-
te algunas pocas casas de fines del siglo, componentes edificados sueltos y algún
conjunto.

"Leer" la ciudad

Una ciudad registra -tal vez como ningún otro organismo- algo más que las vicisitudes
históricas de una sociedad. Puede denotar, con bastante fidelidad, el carácter de sus
habitantes y algo de su sentido de "comunidad". Sus ideas estéticas y espaciales
expresados en monumentos, esculturas, mobiliario y equipamientos.
En ese sentido, la Asunción de las décadas de los ‘30 ó ’40 tenía mucho más que ver
con nuestra realidad social, cultural y económica que la ecléctica y
desagradable silueta que ofrece hoy. Basta con observar las fotografías de la época
para verificarlo. Y no se trata de un problema de densidad poblacional o de tráfico

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Un aspecto del Café Nacional en la Plazoleta del Puerto a principios de siglo. Los asuncenos
de la época no s abían quiz á lo que era "urbanismo", pero probablemente lo sentían de muy
diversas maneras.

automotor. Es -lisa y llanamente- un problema ocasionado por el deterioro de la


conducta social, de una visible reducción de la calidad ambiental.
El asunceno de la primera mitad de este siglo no sabía -tal vez- lo que era urbanismo
pero "lo sentía" de muy diversas maneras. Lo que caminaba de su ciudad, lo que veía,
se manifestaba en códigos descifrables y reconocibles. En casas, paisajes y objetos
que recordaban sucesos, rostros. La nomenclatura de sus lugares y calles se basaba
en referencias concretas y legibles, no sólo en un simple cartelito colocado en la bo-
cacalle para justificar un anuncio publicitario. Los ciudadanos tenían una clara per-
cepción del "sitio" que habitaban.
Luego estaban los elementos que permitían la continuidad de los contactos, la comu-
nicación, la transmisión de la cultura: los bares, los cafés, el almacén de la esquina,
la escuela del barrio, el "baldío" y una serie de rituales, personajes y acontecimientos
que alimentaban las vivencias ciudadanas.
Asunción tiene una larga lista de estos "templos" de la cultura ciudadana en estado de
postración, o desaparecidos para siempre.

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El valor de la memoria

Sin embargo y aunque siempre se habla del valor de la memoria colectiva como un
factor que refuerza la identidad de una comunidad, hay voces que se elevan en contra
de la conservación.
Joaquim Guedes, arquitecto brasileño, decía en un reportaje publicado en un diario
de Asunción, que la conservación del "patrimonio arquitectónico" es un hecho " ...
que -a veces- resulta incomprensible para el pueblo, pues se valoran formas
arquitecturales que nada tienen que ver con sus vivencias espaciales y si con la de
sus "amos" del pasado. Ese "patrimonio" -objeto de veneración conservacionista-
le recuerda a ese pueblo años de opresión, de despotismo, de crueldades". Si lo de
Guedes fuera aplicable, Alemania no conservaría las huellas de las barracas que
anticiparon el "holocausto" de la última Guerra Mundial; ni los otros países europeos
mantendrían las variadas muestras arquitectónicas de su historia, muchas veces vio-
lenta y despótica.
La aplicación de un mecanismo selectivo para la conservación no pasa por lo que -
bajo un juicio igualmente subjetivo- pudo haber sido "bueno" o "malo" para el "pue-
blo". Tampoco es un nostálgico intento de revivir algo muerto por la persistencia de
objetos que lo recuerden. Nada más equivocado. La conservación traduce una actitud
de dignidad histórica. Es tratar de comprender lo que fuimos -y somos- por vía de la
memoria.
Adicionalmente, en el gesto de "seleccionar valores" va generalmente implícita una
actitud conservadora y retrógrada que, apelando a un discutible altruismo cultural,
remeda elementos formales del pasado luego de haber secundado por años, la depre-
dación a mansalva de lo auténtico. El Teatro de López (Impuestos Internos), el
Museo Godoy (Ministerio de Relaciones Exteriores), el Palacio de Benigno López
(Banco de Asunción) de nuestra capital, entre otros, son algunos de estos ejemplos.

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La réplica de ¨la victoria alada¨,fragmento escultórico hallado en la isla de Samotracia, corona
el monumento construído en homenaje a la Revolución de los Comuneros en el antiguo
promontor io de ¨Sanson cué¨. El lugar es conocido hoy como la «escalinata Antequera».

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Asunción y sus pérdidas:
los edificios de la colonia

No todo los edificios históricos de Asunción fueron destruidos en lo que va de este


siglo. Y el número de casas demolidas en los "floridos años de la abundancia" a partir
de las obras de Itaipú, fueron -apenas- los remanentes de procesos destructivos ma-
yores, verificados al inicio de este siglo o aún antes, en la posguerra del '70 y durante
el período de la colonia.
De hecho, las primeras pérdidas se produjeron ni bien fundada Asunción. Fueron
como consecuencia del incendio declarado en la madrugada del 4 de febrero de 1543,
que redujo ".... a cenizas las tres cuartas partes de la ciudad". Se salvaron entonces
sólo 60 casas al otro lado del arroyo, probablemente el Jaén, de donde se inició el
fuego. El suceso derivó en pérdidas importantes aunque las construcciones existentes
entonces no podrían haber sobrevivido mucho tiempo. Ni las que se hicieron después,
bajo las directas órdenes del Adelantado Alvar Núñez que, aunque mejor dispuestas
y organizadas, siguieron utilizando como material de cobertura, la muy combustible
paja.

En cuanto a los edificios más importantes de la época, debe consignarse -en primer
lugar- la herrería, no sólo por su gran incidencia en las construcciones sino por su
participación en la reparación y fabricación de armamentos, indispensables para la
supervivencia de la colonia; luego, el astillero "...que debía proporcionar a la con-
quista los medios de comunicación fluvial y comunicación externa" y, por último,
la Iglesia, inicialmente en la misma "casa fuerte" e igualmente destruida durante el
incendio del `43. Fue reconstruida inmediatamente y aunque "....pobre de
magnificencias materiales", cobijó bajo sus techos de "dura palma", tanto las de-
liberaciones del Cabildo como las que permitieron a los vecinos de Asunción la elec-
ción del Gobernador de la Provincia. De todos estos edificios no quedan vestigios y
sólo presunciones en cuanto al sitio original de su implantación.

El largo sueño de Asunción hasta la Independencia

Luego de la frustración que produjera en los habitantes de Asunción la noticia del


arribo de otros conquistadores al Perú, por el norte, la ciudad se redujo a un "... paraje
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«Machain Cué», edificada sobre un vasto terreno que luego cortaron las calles Buenos Aires
(El Paraguayo Independiente), Florida (B. Constant) y Montevideo, fué cuna de
Hernandarias , casa de los Gobernadores desde Bruno Mauricio de Zavala y varios de sus
sucesores, hasta 1.767.

olvidado de la conquista" y la historia de la provincia en el período colonial se diluye


en la relación de escasos acontecimientos hasta -prácticamente- los días en que se
gestó la independencia.
Salvo las obligadas referencias al gobierno de Hernando Arias de Saavedra -nues-
tro muy conocido primer gobernador criollo- Hernandarias, y la Revolución de los
Comuneros, en nuestros textos escolares no se menciona el paso de más de 60 go-
bernadores, interinos, tenientes-gobernadores, alcaldes y cabildos en el gobierno del
Paraguay, a lo largo de 274 años hasta la emancipación de España en 1811. Compa-
rativamente, fueron muchas más autoridades que los 41 presidentes que estuvieron
al frente del país, desde 1870, en la inauguración de la época constitucional, hasta el
ingeniero Wasmosy.
A tal punto llegó el largo sueño colonial de la Asunción que la ciudad, indiferente a
las Leyes de Indias que pautaban -celosas- los dispositivos urbanísticos de la corona
española, fue trepando las colinas cercanas al puerto, sorteando los raudales o vadean-
do las numerosas corrientes de agua que cruzaban la villa, "...sin orden ni concierto"
pero a cubierto de las vicisitudes que imponían las frecuentes y torrentosas lluvias así
como el inestable caudal de los arroyos y costas de la bahía.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 13
En ese entonces las casas eran construidas sobre horcones de madera, "tapiadas" de
adobe y techadas con paja o tejas de barro cocido, siendo la primera en ser dotada con
este material la de Domingo Martínez de Irala.
El acceso a estas moradas, marcado por la tradicional recova, servía también de
protección frente a los torrentes de la calle. La galería posterior, alrededor de un patio
central, brindaba cobijo y frescura a las variadas actividades de la casa: lectura, cos-
tura, comidas o, simplemente, la conversación alrededor del mate.

Edificios del gobierno y de la Iglesia

Según Ruy Díaz de Guzmán, en las primeras décadas de vida de Asunción, su po-
blación ocupaba un territorio equivalente a "... más de una legua de largo y más de
una milla de ancho". Esto es -aproximadamente 5 kilómetros y medio por 1 kilóme-
tro y medio. Sería hoy la distancia que media desde la plazoleta del puerto hasta la
actual avenida República Argentina y desde la ribera del río, al norte, hasta las
estribaciones del cerro Tacumbú, al sur. Aunque esta superficie se referiría a todo el
asentamiento de la colonia, que incluía hacienda y cultivos. De esa época sólo algunas
pocas sobrevivieron hasta fines del siglo pasado. Aún aquellas que habían sorteado
el paso del tiempo fueron -finalmente- vencidas por la ruina en la que quedaron luego
de la ocupación militar al término de la Guerra de la Triple Alianza. Otras fueron
demolidas a fines del siglo pasado e inicios del presente según se enseñoreaban en la
silueta urbana de Asunción los edificios que proclamaban las corrientes arquitectó-
nicas en boga: neoclásicas, eclécticas y más tarde, art nouveau, art deco,
"modernistas" o racionalistas.
Hasta bien entrado el siglo pasado habían quedado residencias construidas en el
período colonial, como las de los Zavala, Machaín, Iturburu, Caríssimo, Decoud,
Recalde y otras familias. "Machaín Cué", ubicada en las proximidades de las actua-
les calles Montevideo y Benjamín Constant, una de las últimas residencias de los
Gobernadores, fue demolida en 1902. La "otra" residencia de los Gobernadores hasta
la rendición de Velazco en 1811, fue demolida algunos años más tarde, en 1913; la
Iglesia de la Encarnación, en la avenida República y 15 de Agosto, fue destruida en
un incendio en 1889; la Catedral de la colonia, sobreviviente aunque no fuera más que
una "....muy antigua armazón de postes y pilares de madera" amenazando "ruina",
fue destruida y reconstruida varias veces hasta ocupar el sitio actual. Por último, a
Iglesia de San Blás, ubicada en las proximidades de la calle Caballero y el barranco
de la bahía, en el lugar denominado "Punta Carapá", cayó durante un temporal ya en
1749; la Ermita de Santa Lucía en las proximidades de la antigua Encarnación,
"iglesia de españoles", fue destruida en 1702.
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Los Cuarteles, como siempre intocables, sobr evivieron a todas las vicisitudes de la colonia.
Algunos como éste el Parque de Artillería, ubicado en 14 de Mayo y la calle República,
fueron demolidos sólo cuando quedaron en medio de la calle.

Entre otras construcciones de la época pre-independiente ya desaparecidas, puede


mencionarse también a los conventos de La Merced, en los terrenos de la hoy Escuela
Normal "Presidente Franco", Independencia Nacional y General Díaz; el de San
Francisco en las manzanas comprendidas entre las calles México, Presidente Franco,
Mariscal Estigarribia y Caballero. En materia de cuarteles estaban los del Hospital,
de la Ribera y el Arsenal. Esas venerables construcciones, que eran nuestra historia,
sucumbieron -tristemente- en distintas épocas del siglo pasado.

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Las pérdidas de la ciudad:
el período independiente

Desde la antigüedad, la arquitectura y los arquitectos han estado -casi siempre- al


servicio de los poderosos: reyes, militares o de las jerarquías de la misma Iglesia
Católica. Y éstos, en la tarea de demostrar a súbditos y adversarios su majestad y
omnipotencia, se afanaron en la construcción de palacios, fortalezas o catedrales. De
la misma manera, los procesos que los derrocaron o combatieron, también atacaron
y -muchas veces- destruyeron no sólo a aquellos poderes, sino a las construcciones
o monumentos que los simbolizaban. Esa fue una de las más comunes causas que oca-
sionó la pérdida de centenares de valiosos monumentos del pasado, en todo el mundo.
El Paraguay del período independiente no fue ajeno a este fenómeno, aunque la ex-
trema modestia de las construcciones y las condiciones precarias de su mantenimien-
to, hizo innecesario el demoler lo construido. De eso se encargaba la naturaleza que
en una labor " ... incesante y sin contrapeso" realizaba su tarea destructora. Hasta que
aparecieron los "constructores" o "reconstructores" que tocados de "sabiduría", aho-
rraron considerable trabajo a la naturaleza.

Las "reformas" de Francia

Si el Dr. Gaspar Rodríguez de Francia hubiese querido hacer algo verdaderamente


revolucionario para mantener al Paraguay fuera de las influencias urbanísticas que
imponía la corte española, habría conservado el antiguo trazado de la ciudad. Sin
embargo, lo que no consiguió la "Ley de Indias" para "ordenar" la demarcación ur-
bana de la capital lo consiguió el Dictador que en 1821, con el pretexto de la necesidad
de "alinear" las tortuosas calles asuncenas, propició una "reforma urbanística" que de-
molió "más de 500 casas en pocas semanas".
Aunque la reducida extensión de la ciudad afectada por las "reformas" hace presumir
como exagerada esa cantidad, lo cierto es que, luego de descubierto un complot contra
su vida cuando el sirviente Simón es llevado a la "cámara de la verdad", el 27 de
enero de 1821, Francia vio " .... ante sus ojos la realidad de aquel poético baluarte
de árboles frutales; comprendió que el rumoroso cortinaje de verduras podía ocul-
tar las ansias de libertad; creyó percibir entre sus claros el parpadeo incesante de
la conspiración abortada y decretó la tala general del perfumado huerto
asunceno".

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Callejón histórico, monumento cumbre de la historia del Paraguay, en la esquina de 14 de mayo
y Presidente Franco. Casa de la familia Martínez Sáenz, donde se reunían los patriotas para
deponer a Velazco.

A la destrucción de los árboles siguió la de los cercados; luego, las casas de familia
hasta que fueron demolidos también los edificios públicos y eclesiásticos, derribados
o mutilados sin piedad de manera a obtener una ciudad "cuadriculada" con calles de
12 metros de ancho y destruir " ... aquel laberinto arquitectónico de huecos sospe-
chosos y ángulos hostiles".
En la devastación, hubo familias que vieron sus instalaciones seccionadas de tal for-
ma que para ir de una dependencia a otra de la casa, tenían que cruzar la flamante calle
abierta por Francia.
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Los aportes de Carlos Antonio López

Con el gobierno de Don Carlos Antonio López, adviene la imperiosa necesidad de


superar el aislamiento impuesto por Francia y "abrirse" a las corrientes renovadoras
del mundo. Producto de esa actitud, fue la incorporación de técnicos, ingenieros y
arquitectos europeos que tuvieron la misión de otorgarle brillo al disperso y "chato
caserío" de entonces. Entre ese contingente de profesionales se encontraban Alejan-
dro Ravizza, William Whytehead , William Godwin , Augu sto Liliedat, S.
Padisson y Alonso Taylor, entre otros. Y aunque las obras de progreso eran visibles
e incontables luego del "... cuadro lúgubre que presentaba la República a la muerte
del Dictador " los europeos completaron aquel "hara kiri urbanístico" propiciado
por el Dictador, agregando al folklórico "corredor jere" las monumentales propor-
ciones de los palacios neoclásicos. Así surgieron las mansiones de los López: el
destinado a la residencia particular de Francisco, actualmente Palacio de Gobierno;
el de Benigno, actual sede de un Banco (14 de Mayo y Palma); el de Venancio, actual
Asunción Palace Hotel (Colón y Estrella), entre los todavía existentes, y el de Vicente
Barrios (cuñado de los anteriores y luego, general en la guerra del ´70), ex Ateneo
Paraguayo, Presidente Franco e Independencia Nacional, ya demolido. Las aporta-
ciones de aquellos profesionales y el gobierno de Carlos A. López, se extendieron a
la construcción del Oratorio de la Virgen de la Asunción, actual Panteón de los
Héroes, edificado en el predio de la que fuera casa de Francisco Solano, la Estación
del Ferrocarril, el Teatro de la Opera, Iturbe y Eligio Ayala, hoy mimetizado tras
"algún" producto del deplorable proceso de mestizaje estilístico a que fue sometido
en la pasada dictadura.
Ya no sobreviven algunas construcciones como el antiguo Arsenal; el Puerto, la
Aduana y la recova adyacente, la Iglesia de San Roque, demolida en 1971 así como
la Iglesia del antiguo Convento de Santo Domingo, construida bajo la advocación
de De la Encarnación, en 15 de Agosto y República, destruida en un incendio decla-
rado el 4 de Enero de 1889.

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Casa de Venancio López, obra de Alejandro Ravizza. Ex Hotel Argentino, luego Hotel
Cosmos y actualmente, ya totalmente modificado, Asunción Palace Hotel. Al pié de la
¨subida¨a la colina del Mangrullo, en Colón esquina Es trella.

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Las reformas de la post - guerra y las ansias de "modernidad"

Si la ansiedad de Carlos Antonio López por superar la postración urbanística de la


ciudad, luego del gobierno de Francia, los que retornaban a la capital después de la
caída de López en Cerro Corá, se instalan en Asunción con la actitud de "renovar" todo
lo que quedaba. Aunque la miseria era casi la misma de cuando la muerte del Dictador,
esta vez -sin embargo- la destrucción es completa y los enconos, mucho mayores. Se
impone, para los adversarios -nacionales y extranjeros- no sólo destruir los vestigios
de los López sino también los que aún hubiesen quedado de la vieja dictadura
francista. A la escasa y disgregada población asuncena que, penosamente se
reinstalaba y reconstituía, se sumaban otras familias de connacionales que retornaban
luego de largos exilios. En la misma época, se incorporaba una importante población
extranjera que hacía construir villas y nuevos "palacios" además de otros edificios
para sus empresas sobre los escombros de los que quedaron luego del saqueo y mal
uso de que fueran objeto por parte de los "aliados". Debe recordarse que el palacio de
Francisco Solano López fue el cuartel y caballeriza del ejército brasileño durante el
período de ocupación (1869-1876).
Por la suma de esos factores puede concluirse que en el período de 1870 a 1900 se
verificó en Asunción la desaparición del más importante número de edificios de la
colonia.

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La casa de Francisco Solano López completada por el italiano Alejandro Ravizza y otros
profesionales, sobre planos elaborados originalmente por el húngaro Wisner de
Morgenstern. Claro intento de los López de introducir la espectacularidad de las cortes
europeas en el «chato caserío « de Asunción.

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CAPITULO II

POSTALES
DE ANTAÑO

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


Los inicios

En los primeros años de la Colonia, la vida en Asunción distaba mucho de la pla-


cidez que la caracterizaría un siglo más tarde. Realizada la fundación de la ciudad en
1537, lo que se conoce como tal era -en realidad- apenas una "casa fuerte". Refugio
construido de troncos y barro aunque suficientemente amplia como para albergar a
los pobladores así como al depósito de los "bastimentos", el armamento y algunas he-
rramientas. Se agregarían más tarde la herrería y la iglesia "...con sus dos clérigos".
La llegada de más población, arsenal y "...un valioso surtido de mercaderías" el 2
de setiembre de 1541, como producto de la despoblación de Buenos Aires avivó la ne-
cesidad de crear el Cabildo, hecho materializado algunos pocos días después: el 16
de setiembre.
En la ocasión fueron electos los primeros alcaldes: los capitanes Juan de Salazar y
Gonzalo de Mendoza, conjuntamente con seis Regidores.
"Graduada" de ciudad, Asunción tuvo un escudo de armas que según Félix de Azara,
fue aporte de Irala y según otros, provino del mismo Carlos V.
El hecho cierto es que los colores de la bandera de la ciudad corresponden exactamen-
te a los de la Casa de Austria, cuna del monarca español.

En marzo de 1542, llegaba directamente a Asunción, ya por entonces constituida en


el único "reparo de la conquista" en esta parte del continente, el Segundo Adelantado
Alvar Nuñez Cabeza de Vaca quien, luego de una accidentada gestión, es devuelto
a España tres años más tarde, preso y engrillado a bordo de la carabela "Comuneros",
primer producto de la tecnología naviera de la incipiente colonia y "primer golpe de
estado" de nuestra valiosa colección posterior.
Un incendio iniciado en la madrugada del 4 de febrero de 1543, destruyó las tres
cuartas partes de Asunción salvándose solo unas 60 casas que, hallándose al otro lado
del arroyo (sería el Jaen), quedaron a cubierto del fuego.
Re-edificada la ciudad bajo la dirección del propio Alvar Nuñez, las casas fueron
construidas con la misma tosca indumentaria de madera, barro y paja aunque ya más
separadas unas de otras para evitar la propagación del fuego en cuanto se produjera
alguno.

Al Dr. Fulgencio R. Moreno debemos la descripción de aquella casa original


asuncena, rodeada "...de un sólido cercado de madera, formando lo que llamaban
un corral que era a la vez, huerto, gallinero y depósito de ganado porcino...Las
paredes eran de tapias y los techos de paja. Los aposentos principales, al frente; y

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Hasta hace muy poco, el rancho campesino era una exacta reproducción tecnológica de las
primeras casas de Asunción. Est ructuras de madera, tapias de madera y barro y techo de
paja.

en el fondo, la despensa y la cocina cuyo amplio cupial redondeado y en rápido


declive, caía hasta tocar el suelo sobre el patio vecino"

En cuanto al trazado, la ciudad habría partido de la misma casa-fuerte, a cuyo costado


se había establecido la Plaza Mayor. En ésta "...se enarboló el rollo público, emble-
ma de la justicia real. A ambos lados (...) se levantaron la casa del gobernador y la
Iglesia de la ciudad".

A menos de 8 años de su fundación, ya existían cuatro Iglesias en Asunción en las


que "... en todas las fiestas van los indios de la redonda a oír misa". Entretanto, en
la tosca iglesia elevada bajo la advocación de la Virgen de la Encarnación, se reunían
los miembros del Cabildo y se impartían las enseñanzas a los niños que surgían "...del
robusto y desenfrenado mestizaje hispano-guaraní".

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 24


Empieza a correr sangre

La historia muchas veces falseada, ya por falta de rigor crítico cuando no directa-
mente por la imposición de criterios racistas y despectivos hacia las culturas
autóctonas, dieron por cierto aquello que la "..amalgama hispano-guaraní" fue una
relación cuasi-idílica, producto de la buena predisposición de "hidalgos e indígenas"
o de religiosos y "salvajes" para convivir en "paz" y "armonía". Si no la historia,
ya el sentido común puede indicarnos que no hubiera poder ser así en medio de tan
opuestos propósitos, de tantas adversidades y quebrantos, en medio de la lucha per-
manente con los elementos y en medio de la permanente hostilidad, tanto entre indios
y españoles así como entre estos mismos entre si, que en más de una vez se trenzaron
en sangrientas disputas por los escasos atributos del poder.
Las dificultades eran incrementadas por la distancia de las flotas expedicionarias a
las Cortes Reales y por los poderes omnímodos que asumían entonces los Capitanes.
Como ejemplo de ésto puede mencionarse la forma en que el Primer Adelantado
Pedro de Mendoza "resolvió" una cuestión disciplinaria -que en realidad fue una
intriga- con su maestre de campo, Don Juan de Osorio, a poco de la llegada la
expedición de aquel al río de la Plata. El "conflicto" fue resuelto con el siguiente
bando: "...Que donde quiera y en cualquier parte que sea tomado el dicho Juan de
Osorio, mi maestre de campo, sea a muerto a puñalada o estocadas o de cualquier
manera que le pudiese ser, las cuales les sean dadas hasta que el alma le salga de
las carnes". Cuando los mismos capitanes que habían intrigado a Osorio, Juan de
Ayolas, Juan de Salazar y Galaz de Medrano además del licenciado Cristóbal
Pacheco y el Sargento Ternero, lo tuvieron preso, volvieron a preguntar a Don Pedro
sobre cómo actuar. Mendoza les contestó: "Hagan lo que han de hacer". Ante la
primera puñalada de Ayolas, Osorio gritó: "¡¡Confesión, confesión, confesión!!"
a lo que los demás le contestaron: "¡No traidor, aquí no hay confesión!" y termi-
naron la "faena" con " ....siete puñaladas en la quijada y el pescuezo" que dieron
cuenta del infortunado Osorio.

Alrededor de 1542, a un año de fundado el Cabildo de Asunción, la población espa-


ñola estaba constituida por unas 600 personas, las que distribuidas en 250 casas y
conjuntamente "... con sus respectivas familias y servidumbre indígena" , se encon-
traban "arracimadas" en las cercanías de la casa-fuerte original y formaban el núcleo
esencial de la ciudad. Ya para entonces Buenos Aires había sido despoblada,
Mendoza moría en el camino de retorno a España y el mismo Ayolas sucumbía en
manos de los Indios. Mientras y en el momento que Asunción sufría un azote de lan-

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 25


Cacique mataco y su
hija. De esta manera se
efectuaba la presenta-
ción «en sociedad» de
los indígenas ante los
«conquis tador es»
españoles. La «amal-
gama hispano-
guarani» resultaba
entonces, inevitable.

gostas "... tanta langosta que el sol oscurecía.." según el padre Andrada, se plan-
teaba un entredicho -uno de los tantos a lo largo de la Colonia- entre Ruiz Galán e
Irala. "Mostradme por donde debo obedeceros porque yo estoy aquí como lugar-
teniente de Ayolas", le habría dicho Irala a Ruiz. En el encuentro de ambos, pleno
de hostilidades y amenazas, cada uno de ellos al frente de sus respectivos hombres
armados, el que había jurado como teniente Gobernador de Don Pedro de Mendoza,
dijo: "No me hagáis tanto que os ahorque" , a lo que Irala replicó: "Eso haréis de
hecho pero de justicia no podéis hacer".

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 26


Encomiendas, "mitayos" y "yanaconas"

El proceso de conquista y colonización de las "nuevas tierras" por parte de la corona


española, había encontrado a los indios indefensos, no tanto porque estuvieran " ...
en una etapa de desarrollo social inferior" , o porque la tecnología europea les
superara sino porque, sencillamente, los naturales no manifestaron sentimientos de
hostilidad y resistencia. Estos aparecieron más tarde, ante las muestras de ambición,
crueldad y violencia de los conquistadores. Así los aborígenes, de aliados -cuando
los españoles necesitaron de bastimentos- pasaron a convertirse en adversarios ni
bien aquellos intentaron alguna reacción. Por los mismos motivos se unieron a las
indias. Las relaciones -en este caso- se debieron más a la ausencia de mujeres blancas
y a la desinhibición sexual de las nativas, antes que a una vinculación parecida a un
matrimonio. El mismo hecho que los españoles tuvieran varias mujeres indias sin
ninguna intención de establecer una relación del tipo "occidental y cristiano" con
ellas, hizo que la Asunción fuera conocida entonces con el nombre de "... paraíso de
Mahoma". Debe agregarse que el procedimiento de mestizaje nunca tuvo para los
españoles el mismo valor que para los indios, entre quienes el tovaja pasaba a ser un
miembro de la familia y como tal, usuario de derechos y privilegios.
Todo este proceso se verificaba de acuerdo al "proyecto conquistador": tomar tie-
rras, mujeres, y devastar tribus enteras sometiendo a los indios a un trabajo excesivo
y agobiante. Y ni bien se planteaba alguna oposición, "aleccionadoras" represalias
ensangrentaban el territorio de la Provincia, como sucediera en la Semana Santa de
1539, cuando fueron asesinados los "principales", luego de descubierto un complot
indio para matar a los españoles.

La última etapa de la dominación española, ya luego de 1550 y consolidado el pro-


ceso de conquista, consistió en el sometimiento y el vasallaje de sus antiguos
auxiliadores, primero, luego aliados y parientes. Para el efecto se procedió al reparto
de indios, mecanismo predecesor del sistema de encomiendas. Los repartimientos,
como su nombre lo indica, " ... consistían en repartir indios, en forma compulsiva,
para servir al conquistador". El sistema de encomiendas - sin embargo -aunque
parecido a los repartimientos, se basaba en la labor de los indios -de sexo masculino,
entre 18 y 50 años- que vivían con sus familias y respectivos caciques, dentro de la
propiedad adjudicada al encomendero español. Este mantenía derechos feudales
sobre sus vasallos quienes le pagaban impuestos con productos a cambio de la pro-
tección temporal y espiritual que recibían de "su señor".

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 27


La misma dócil y desinhibida disposición para esta fotogr afía expusieron los indios a la
feroz tecnología guerrera de los conquistadores españoles .

El mecanismo de trabajo obligatorio se llamaba mita y mitayos a los habitantes de


los pueblos de indios, sujetos de aquel oprobioso sistema de semi-esclavitud. Los
yanaconas fueron algo parecido aunque con ese nombre eran identificados los in-
dios y descendientes participantes en las guerras con los españoles, que tomados pri-
sioneros, eran destinados a una perpétua servidumbre en la casa del encomendero.
En este caso, además de los indios masculinos, yanaconas eran sus mujeres y sus
hijos. Y eran - también - conocidos con el nombre de originarios.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 28
La razón de la piedra

Al realizar el "reparto de los solares" luego de la llegada de los sobrevivientes de


la desdichada Buenos Aires, en setiembre de 1541, Domingo Martínez de Irala de-
terminó el perfil urbano que caracterizaría a Asunción durante los más de 270 años
de la Colonia. En aquel momento y alrededor de los promontorios, accidentes natu-
rales, arroyos, lagunas y costas, se definieron los sitios para los edificios religiosos,
los del gobierno - incluyendo los cuarteles - las casas y corrales, los "caminos rea-
les" . Y se habrán definido también las normas urbanísticas y constructivas que
regirían el desarrollo de la Asunción de antaño aunque la premura y la precariedad
de las instalaciones no habrían generado -entonces- mayores reparos de la autoridad.
La falta de aquellas recién se lamentaría cuando al alba del 4 de febrero de 1543, una
india poco cuidadosa iniciaba las actividades hogareñas intentando avivar el fuego
con unas chalas de maíz. El recio viento norte hizo que el fuego saltara del bracero
a una hamaca "...tibia aún de sueño" y de ésta, a la paja del techo. Después, bastaron
sólo unas pocas horas para que más de media ciudad ardiera durante cuatro días
enteros.

Pero "... el espíritu de aquellos hombres desmesurados, capaces de ganar mundos,


no se arredraba por tan poco. De inmediato, con apresurado afán.." se dedicarían
a la tarea de reconstruir la ciudad, ya sin la prisa de los primeros años de instalación.
No obstante, se siguió utilizando la madera y la paja pero las edificaciones ya ganaron
en envergadura y seguridad. La fragilidad de estas construcciones era -sin embargo-
incontrastable frente a las de piedra. Y, contrariamente al argumento ".. que no
existían piedras en Asunción", las razones de su desestimación para la obra colonial
debe buscarse en los siguientes hechos: a. que el indio guaraní, habitualmente nóma-
da y silvícola, no elaboró una cultura constructiva basado en un material tan lleno de
exigencias, cuidado y tiempo como la piedra; b. que la falta de medios para arrancar,
labrar y transportar la piedra, dificultaron su utilización; c. el clima benigno y -sobre
todo- el escaso y poco riguroso invierno, hizo que el bosque circundante, los fron-
dosos árboles o las enramadas fueran -muchas veces- suficiente abrigo para las tribus
de indios primero, o familias de mestizos, después. El desamparo de la naturaleza
que, en muchas partes, significó la aplicación de mayores agudezas tecnológicas para
conseguir abrigo y seguridad, no significó en el Paraguay más inconvenientes que los
habituales vaivenes del río o algún álgido "viento sur".

Pero la razón definitiva que fundamenta la modestia de las casas coloniales en el

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 29


Hasta hace muy poco tiempo la construcción rural - y aún la urbana - era idéntica a las
construcciones de los primeros colonos de ¡450 años atrás!.

Paraguay puede deberse a que, entre los mismos españoles hubo desde marineros ,
clérigos, herreros, carpinteros, panaderos, pastores e industriales de toda clase
hasta cronistas y verdugos, pero no se sabe de algún español o europeo que, como
los jesuitas más tarde, labraran y enseñaran a labrar la piedra, o trabajar en el arte de
la construcción en mampostería de ladrillos. Pero la ciudad progresó igual. Aunque
sus habitantes vivieran siempre con las armas a su alcance, Asunción tuvo su Cabildo
desde 1541, sus autoridades con el capitán Juan de Ortega como Justicia y Aguacil
mayor (alcalde); un capellán, el presbítero Francisco de Andrada y hasta un médico,
el genovés Pedro Blasio de Testanova.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 30


Trescientos ochenta habitantes

La Armada del Primer Adelantado Pedro de Mendoza al Río de Solís (de la Plata),
fue la raíz de la que emergió Asunción. No sólo porque de esa expedición salió el
grupo originario de la población paraguaya sino porque, al disponerse el desalojo
definitivo de Santa María del Buen Aire, aquel sufrido contingente pasó a engrosar
el de Nuestra Señora de la Asunción. Aunque mucho se discute la pertinencia de
aquella medida tomada por Irala, a 5 años de fundado aquel pueblo.
Los testimonios de los primeros pobladores del "país del hambre" como llamara
Julio César Chávez a la primera Buenos Aires, dan cuenta de penurias que ".... ni las
de Jerusalén se la podían comparar". Resultaba increíble que aquella fantástica
expedición de oficiales expertos en todas las especialidades, con "...14 navíos, 1500
españoles, 150 alemanes y sajones (....) 100 caballos y yeguas, bastimento, armas,
artillería" así como religiosos y algunos hombres casados con sus mujeres, haya
fracasado tan ruinosamente.

Pero independiente de las estrategias de colonización y de los juicios que éstas


merezcan, lo cierto es que la falta de alimentos, la hostilidad de los indios y de las
fieras que esperaban más allá de las empalizadas, sin tiempo para sembrar ni cosechar
nada, hizo que se dispusiera el abandono de aquel paraje. La heroica y debilitada
población remanente, fue llevada a Asunción donde arribó el 2 de setiembre de 1541
a bordo de tres bergantines. Cuatro décadas más tarde, la Provincia del Paraguay de-
volvería con creces aquella inyección a la casa-fuerte asuncena, con la re-fundación
de Buenos Aires.
Asunción, súbitamente multiplicada, ya podía convertirse en ciudad. El hecho se
concretó sólo unos días después: el 16 de setiembre, con la creación del Cabildo.
Los recién llegados, sumados a los que estaban, incrementaron el nuevo "padrón" a
380 habitantes. Entre ellos había ".. un griego -Candia- algunos flamencos, y unos
pocos ingleses (...) una docena de portugueses y varios italianos". Dos de estos
últimos, se encargaron de dar la vida y la muerte en la novel ciudad: maese Pedro
fue el primer cirujano y Mollano, (Mogliano, o Moggiano) de Cerdeña, oficiaría de
verdugo. En impartir justicia, el "sardo", como era comúnmente conocido, fue bas-
tante versátil: le era indiferente la horca, el degüello o el garrote vil.

Entre la nueva población de españoles, los más numerosos eran vascongados, anda-
luces o castellanos, cuyos apellidos hoy, son los más comunes en el Paraguay.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 31


Al repartir los solares, Irala destinó para cementerio la actual plaza ubicada entre las
calles de la República, 14 de Mayo y 15 de Agosto, detrás del Cuartel de la fotografía. Fue
el primer camposanto de la Colonia.

Gracias a los también incorporados cronistas, Ulrico Schmidl, Francisco Villalta


y Pero Hernández se conoce que, de inmediato, se procedió al reparto de solares y
tierras, ".. se labraron y se entabló el chacareo y se cercó la población". Este cer-
cado no habrá sido otro que uno de madera o "de palos" que sustituía al
amurallamiento de la ciudad, medida previsora común adoptada en ciudades de
vecindarios más hostiles que el de Asunción. Dado el emparentamiento con los in-
dígenas y la cooperación de éstos en surtir la menguada despensa española, la medida
no habrá pasado de ser aquí, más simbólica que de estricta necesidad. No obstante,
en estas disposiciones quedarían grabados algunos de los caracteres urbanos más
destacados de la Capital de la Provincia del Paraguay.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 32
Leales y tumultuarios

Lejos de la quietud social y perfecta armonía entre españoles -y de éstos con los
indios- con las que se ha pretendido caracterizar desde siempre la vida en Asunción
durante la Colonia, la crónica de los hechos revela que la misma no tuvo sin embargo,
nada parecido a la tranquilidad. En cambio, fue permanentemente alterada por la
intolerancia y la rebelión.
Como siempre sucede en la historia, basta que algo quede mal planteado o mal re-
suelto para que se originen reacciones, interpretaciones encontradas o soluciones
parciales, que sólo permiten instalar la inseguridad y enseñorearse la violencia. La
Cédula Real del 12 de Setiembre de 1537 fue -en este caso- el germen nutricio para
que se desate la ambición política en estos parajes. A partir de su promulgación "..
el monarca autorizaba a olvidados conquistadores sin fortuna a elegir gobernado-
res cuando no los hubiera". Como la "cuestión previa" era dilucidar si había gober-
nadores, la situación daba lugar a irreconciliables enconos y frecuentes disputas por
el poder.

El primer problema se presentó con las muertes -casi simultáneas- de Pedro de


Mendoza y su heredero, Juan de Ayolas. La emergencia favoreció a un ".... oscuro
capitán de Vergara" llamado Domingo Martínez de Irala, teniente de aquel último.
Pero lo peor estaría por venir ... y vino, con el nuevo Adelantado Alvar Núñez Cabeza
de Vaca. Irala había ya consolidado su liderazgo y sus partidarios, a la vista de la
famosa Cédula Real, hicieron todo lo posible por hacer la vida del Adelantado, más
dura de lo que era. El incendio de Asunción, habrá soliviantado las cosas de tal
manera que, un año más tarde, el 11 de Marzo de 1544, durante "... la noche de San
Marcos" y al grito de "..¡libertad!, ¡libertad!..." y otras "..feas palabras", era apre-
sado Alvar Núñez.
Se daba inicio a la confrontación entre "tumultuarios" y "leales", conflicto que no
terminaría sino al inicio de la década siguiente, con la aniquilación de la remanente
fuerza de estos últimos. Los tumultuarios eran aliados de Irala mientras los leales lo
eran del Adelantado.
El propio Alvar Núñez refería que mientras estuvo preso, "...hubo grandes escán-
dalos" entre ambas fuerzas. Ulrich Schmidl, cronista de aquellos tiempos, escribía
por su parte que, durante aquel período de enconos afilados era ".... como si el mismo
diablo, metido entre nosotros, nos mandara y nadie se creía seguro..". Los "Co-
mentarios" del propio defenestrado Adelantado delatan que" Francisco de Mansilla
mató a Cristóbal Simón; Juan Riquel mató a García Villalobos; Juan Richarte

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 33


La «cristianidad»
era en la época de
la colonización,
casi un acto
reflejo, ritual, que
no se condolió
nunca de las
extremas cruelda-
des aplicadas no
sólo a indígenas
sino también a
«peninsulares».

cortó una mano a un calafate que se dice Nicolás Symon; Méndez dio una lanzada
a Diego Becino; Luís Basco mancó de dos dedos de la mano a García Villamayor;
... el capitán Camargo mancó de la mano derecha a Roque Caraballo.." .
La saga de aquellos hechos policiales que desencadenaron en la colonia leales y
tumultuarios, tuvo un aditamento más cuando dos de los últimos leales, Juan de
Camargo y Miguel de Urrutia fueron apresados a raíz de una conspiración para matar
a Irala. Condenados a muerte por éste y llevados en presencia del verdugo Moggiano
el Sardo, Camargo admitió su culpa. Urrutia -en cambio- protestó inocencia y "... por
dos veces se soltó la cuerda que debía ahorcarlo porque era hombre corpulento.
Entonces el Sardo, impaciente, lo estranguló con sus manos".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 34
Poblar la tierra

Las primeras mujeres europeas en llegar a Asunción lo hicieron como consecuen-


cia del abandono de Buenos Aires, en setiembre de 1541. No existen informaciones
de otras anteriores que estuvieran en expediciones hacia estos parajes. De esta forma
Buenos Aires nutría de población al Paraguay tanto como lo haría Asunción con
aquella, luego de algo más de 40 años. El segundo núcleo femenino llegaría a me-
diados de 1556 como resultado de la accidentada expedición de Doña Mencia
Calderón, viuda de Juan de Sanabria, designado éste como tercer Adelantado pero
fallecido durante los preparativos de la partida. Aunque el sucesor de la "capitula-
ción del adelantazgo" era su hijo, el apocado Diego de Sanabria, la que asumió
realmente el mando fue Doña Mencia. Afirmando la política de algunos
expansionistas, quienes ya desde unos años atrás abogaban por dar prioridad al po-
blar antes que el conquistar, con aquella matrona vinieron las primeras 50 doncellas
para el fin antedicho. Ya para entonces y transcurridos 29 años de la fundación de la
casa-fuerte de Asunción, las hijas mestizas de los primeros conquistadores, daban
a éstos sus primeros nietos.
Fueron estas mujeres españolas, junto con mestizas, indias y criollas, las que alimen-
taron el granero de la Colonia y las que concretaron desde siempre el calificativo de
"pequeño enclave industrial casero" a las casas del Paraguay de antes. Teniendo
en una mano el mosquete o el sable ante el alerta permanente de posibles -y de hecho,
frecuentes- conflictos y convocatorias guerreras, los varones no encontrarían sufi-
ciente tiempo para las labores agrícolas, mas aun luego de la distribución de las
encomiendas.
En efecto, ayudadas por sus "parientes indígenas", fueron casi siempre las mujeres
las que trabajaban los feraces rozados y aunque no los cuidaran o sembraran, fueron
ellas las que encurtían, procesaban, cocinaban y envasaban los alimentos resultantes.
Contaban entonces con productos vernáculos como batata, mandioca, maíz, poroto,
maní, "... el zapallo andaí y el curapepé, el algodón y poco más tarde, la caña de
azúcar traída de las costas brasileñas". A estos se agregaban los importados como
el trigo, la cebada, la calabaza, el arroz, "...las vides, las coles y otras hortícolas".
No figuraba -curiosamente- el olivo debido a que una expresa prohibición agregada
a las Leyes de Indias inhibía su cultivo en las chacras de los peninsulares. Aunque
la disposición alcanzaba también a los viñedos, el cultivo de éstos siguió "gozando
de buena salud" ya fuera porque el producto era esencial a la industria del vino y otros
aguardientes, o porque estuviera sometido al famoso procedimiento de: "se acata,
pero no se cumple", lo cierto es que el vino siguió siendo uno de los principales

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 35


La fotografía no puede ser más elocuente. Luego de atender la capuera y la casa, traer el
agua del manantial y «servir» a los hombr es de la casa, las mujeres se reunían para coser,
bordar. Para ellas no había nada que no fuera trabajo.

renglones de consumo y exportación del Paraguay durante casi toda la Colonia.

Al mismo tiempo de la introducción de las especies mencionadas, tan bien aclima-


tados a estas regiones, se plantaban granadas, higos,"... todo género de frutas agua
y verduras" . Y los primeros cítricos, a excepción del limón ceutí (proveniente de
Ceuta) o sutí como le llamaron desde el principio los paraguayos. El mismo Cabeza
de Vaca consigna en sus Comentarios que en las regiones del Alto Paraguay encon-
traron unos limones "... no más grandes que huevos de paloma, que en sabor y olor
no difieren del limón ceutí de España".

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 36


La vida dura

Después de las expectativas abiertas en España con los viajes de Colón, la dura
realidad de la colonia asuncena devastaba cualquier otra posibilidad que no fuera -
apenas- la supervivencia. Luego de la expedición de Mendoza y del desastre de
Buenos Aires, la aislada Asunción entreveía un incierto porvenir. Los duros costos
de afincar la "civilización" en estas tierras habrá desmantelado entonces mas de al-
guna pretensión de grandeza o aristocracia. Las agudas necesidades no habrán dejado
en aquellos infelices ni la mínima muestra de algún refinamiento. Es que el impacto
de las cuantiosas dificultades del camino así como los peligros que acechaban en la
verde fronda con la visión de aquellos nativos desprovistos de inhibiciones y ropas,
habrá alineado más de un hidalgo orgullo. Por más pretensiones de linaje que se tra-
jeran, la misma temperatura, el calcinante sol, habrán impuesto hábitos completa-
mente distintos que los que acostumbraban aquellos "señores". Del mismo modo, la
precariedad de las construcciones, la escasez de tejidos y otros productos, forzaría
igualmente modos distintos de relación, otros usos y diferentes maneras de expresión
social. Según se adecuaban los europeos a las circunstancias de la colonización se
iban modificando también las viejas costumbres mientras otras nuevas se afirmaban.
Hasta el carácter de la gente iría cambiando según el duro ritmo que imponían las
peripecias de la conquista.

En Asunción, la vida con los indios no se planteaba solamente como una relación
entre dos grupos distintos o distantes y, ocasionalmente en guerra. Tampoco estuvo
llena de recelos y animadversión como lo fue en otras partes de América. Aquí la
convivencia aunque a veces hostil, fue gestándose plena de derechos y obligaciones.
No sólo porque en aquel "paraíso de Mahoma" los españoles compartieran con las
indias la cama, la casa y la crianza de los hijos, sino porque los nativos -aparte de pa-
rientes- fueron también soldados y labradores y desde los primeros años,
abastecedores de "bastimentos" a las menguadas despensas conquistadoras.
Aquello fue conveniencia... y seguridad. La permanencia de la comunidad hispana
se aseguraba cautelosamente, en la medida que se afirmaban las relaciones, se
diversificaba la producción, se perfeccionaba el control de los dominios conquista-
dos, se desarrollaba la capacidad armamentista, se consolidaban las alianzas.
Por eso tampoco hubo mujeres desde el principio. Ellas vinieron después, como parte
de la estrategia de supervivencia. Carlos Zubizarreta lo expresa en estos términos:
"...No se soñaba en casas para vivir y morir, para ver crecer hijos. El poblado
donde residían aquellos hombres no era un hogar sino apenas una posada para

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 37


La visión del indígena
impactó a los euro-
peos y la extrema
pobreza de la Colonia,
le obligó a la convi-
vencia con él. Aparte
de los nuevos hábitos,
usos y costumbres, la
vida con el indio
impuso hasta «una
nueva moral».

reposar una etapa del viaje que los llevaría a la fortuna".


Sin interés -de parte de la corona española- de fortalecer estos dominios que no "re-
tornaban las inversiones" realizadas, en forma puntual y adecuada, cesó "... la co-
rriente colonizadora a la ingrata provincia sin minas". Los viejos "peninsulares",
"... sobrevivientes de las guerras, penurias y enfermedades, que no migraron a las
nuevas fundaciones, morían unos tras otros de puro viejos". Sólo les quedaba lo
que habían sembrado en abundancia: hijos, hijos mestizos. Paraguayos que "iban
viniendo" con los vicios y virtudes de ambas razas.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 38


Conventos y Ermitas

Si la impresión actual es que la actividad religiosa se halla proscripta del


microcentro asunceno, en los tiempos de la colonia, sin embargo y desde siempre, los
hábitos sociales de la comunidad y los actos oficiales del gobierno se hallaban estre-
chamente ligados a la Iglesia Católica. En algunos casos, los propios Gobernadores
de la Provincia del Paraguay fueron religiosos y el mismo Cabildo sesionaba en la
Iglesia.
No es de extrañar -entonces- que las torres de las iglesias, conventos y ermitas pre-
sidieran el paisaje asunceno.

Las Ermitas

Aunque se conoce de la existencia de una importante ermita y cofradía, la de San


Sebastián, cuya ubicación exacta se pierde en el borroso pasado de la colonia, hubo
otras dos, de cuyas actividades y proyecciones se tienen más datos: la Ermita de
Santa Lucía y la de San Roque.
De la de Santa Lucía se sabe que era una de las "cuatro Iglesias" ya construidas
hacia 1545. Aunque no se ha precisado su ubicación exacta se presume que se encon-
traba en los aledaños de las actuales calles Palma y 15 de Agosto. Fue destruida en
1702.
La Ermita de San Roque se hallaba ubicada en lo que -más tarde- fueron terrenos
del Convento de San Francisco, entre las calles Eligio Ayala (ex - Pdte. Wilson),
Iturbe, México y 25 de Mayo. En ese lugar, la actual Mcal. Estigarribia, todavía no
estaba delineada. Eran cuatro manzanas que por entonces, constituían el límite de la
ciudad.

Los Conventos

Los más importantes fueron los de Santo Domingo, el de la Merced además del ya
mencionado de San Francisco.
La Iglesia Conventual de Santo Domingo, fundada en 1621 con la cesión de La En-
carnación a los religiosos Dominicos, terminó de constituir su perímetro con otros
terrenos cedidos por los vecinos y que fueron agregados al mencionado templo.
Aunque la historia del Convento se halla jalonada de innumerables peripecias, se
sabe que estuvo ubicado en la Loma "Cabará", avenida República y 15 de Agosto,
sitio del antiguo Estadio "Comuneros".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 39
El Convento de la
Merced, se
hallaba ubicado
en terrenos que
coinciden -
aproximadamente-
con la ubicación
del Hotel Guar ani
y el Colegio
«Pdte. Franco»
cuyo origen, como
Escuela Normal
de Maestros se
observa en la
nota.

La Ermita de San Roque se hallaba ubicada en lo que -más tarde- fueron terrenos del
Convento de San Francisco, entre las calles Eligio Ayala, Iturbe, México y 25 de Mayo,
cuando todavía la calle De la Fábrica de Balas (actual Mcal. Estigar ribia) no estaba
delineada.

El Convento de la Merced , ubicado en terrenos que coinciden -aproximadamente-


con el actual Hotel Guarani y el Colegio Normal "Presidente Franco", fue otra im-
portante instalación religiosa de la Colonia. Su particularidad era el nombre de su
advocación, la Virgen de la Merced, venerada por la población negra y patrona -y
esperanza- de los presidiarios.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 40
CAPITULO III

LA GENTE

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


Los "extranjeros" en la propia tierra

La discriminación racial parece estar hoy ausente de la vida asuncena pero, desde
los inicios de la Colonia, la hostilidad fue el ingrediente común de las relaciones entre
los grupos que habitaron la ciudad. Al principio, los conflictos se derivaron sólo de
los contactos entre españoles e indios pero a medida que Asunción se extendía y la
sociedad se diversificaba, se fueron agregando otros inconvenientes a la convivencia.
En la actualidad y a la luz de una visión más crítica del proceso de colonización, son
más conocidos los graves enfrentamientos entre indios y conquistadores, hechos que
hasta hace poco tiempo se idealizaban como un fantástico romance entre colonos y
colonizadas. La aparición de los "mestizos", producto de la unión entre españoles
e indias (nunca entre indios y españolas) -debe reconocerse- fue más instinto de
supervivencia que política de expansión y democratización de la Colonia. Prueba de
ello es que mientras las mestizas llegaron hasta a esposas de otros españoles, los
mestizos nunca fueron más allá de algún cargo dentro de las fuerzas militares de la
conquista. Los "criollos" sin embargo aunque iguales a los originarios de la penín-
sula y con mayores reconocimientos políticos y sociales que los mestizos, fueron
igualmente discriminados. Estos criollos o "creoles", eran hijos de españoles naci-
dos en el Paraguay y alguno, como Hernando Arias de Saavedra o Hernandarias,
llegó a Gobernador de la Provincia.
Peninsulares era la denominación dada a los colonos nacidos en España. En los
primeros tiempos y dado el grado de belicosidad existente entre los grupos, se los
llamaba también -despectivamente- "gachupines". Entre mestizos y criollos se
incubó, durante todo el período de la Colonia, un hondo resentimiento hacia los "pe-
ninsulares" debido a la discriminación de que fueran objeto los primeros por parte
de éstos últimos.

Ya en un escalón posterior de la conquista y cuando en la segunda mitad del Siglo


XVIII se produjeran las primeras fugas de esclavos provenientes, especialmente del
Brasil, aparecieron los "pardos", nominación dada a los negros en el Paraguay. Su
importancia numérica puede reflejarse en los datos conocidos en 1782, cuando se
mencionaba que una tercera parte de la población de Asunción estaba constituida por
pardos.
Con el tiempo, así como sucediera con los mestizos, la población negra fue integrán-
dose a la cultura local. Tanto que durante la Guerra del ’70, el ejército paraguayo tuvo
un batallón de pardos constituido con los descendientes de los soldados que acom-
pañaron al prócer uruguayo José Gervasio Artigas, cuando éste viniera a refugiarse

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 42


El «trompa» Cándido
Silva, un «pardo» par a-
guayo que anunciara con
su históri ca clarinada, la
victoria de Curupayty, el
22 de Setiembre de 1866.

en el Paraguay, en 1821. Este Batallón denominado "Nambi’i" tuvo un protagónico


desempeño cuando la batalla de Riachuelo, la mayor acción naval de la guerra de la
Triple Alianza, verificada el 11 de Junio de 1865.

Como suele suceder, las leyes que se sancionaban en el Congreso no tenían en cuenta
estos antecedentes. La Ley de Inmigración de 1903, que sustituía a la primera de esta
materia, promulgada el 7 de junio de 1881, prohibía la entrada de asiáticos y negros
al país.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 43
Los "mancebos de garrote"

Si se realizara un cálculo de cuántas generaciones pasaron desde la primera "amal-


gama racial" hispano-guarani hasta hoy, considerando un promedio de 25 años de
edad para cada una de ellas, llegaríamos a contabilizar -aproximadamente- 18 gene-
raciones .
Desde Irala hasta nosotros. Diez y ocho veces españoles, indios, pardos, mulatos,
zambos o mestizos. O la mezcla de todos ellos juntos y de otras incorporaciones que
vinieron después.

¿Somos tan diferentes -humanamente hablando- a aquellos orígenes?. Aún a pesar


de las -a veces- interesadas opiniones actuales, extranjeras y locales, que nos
endilgan un montón de defectos, los juicios de jesuitas o cronistas de la colonia sobre
nuestros antepasados mestizos no eran tan diferentes a las que, más de doscientos
años después nos adjudicaba cuanto veleidoso europeo pasara por aquí. Y, desde los
hermanos Robertson a esta parte, pareciera que cambiaron muchas cosas pero según
lo que observamos a nuestro alrededor y en las páginas de los diarios, cada vez nos
parecemos más al primer nieto de Irala.
De los primeros mestizos, ya "veinteañeros", elogiaba el Fray Juan de Rivadeneyra
en 1563, sus habilidades y destrezas en montar a caballo y en manejar el "garrote".
Y es que como no había suficiente hierro para forjar espadas en la herrería de la
colonia, estos mozalbetes manejaban ".. unos varapalos terribles" por lo que les
llamaban "mancebos de garrote". En la guerra -decía el fraile- eran "... lindos
arcabuceros, ingeniosos, curiosos y osados (...) En la paz no son muy hombres y
aplicados".
Unas décadas después, en 1609, el Fray Reginaldo de Lizarraga discrepaba
drásticamente con las opiniones de Rivadeneyra cuando escribía al rey: "... los que
llamamos mestizos (son) gente mentirosa como sus aguelos de parte de sus madres,
holgazanes, bebedores y de otros vicios".
Exageraciones aparte, lo cierto es que estos "chicos" eran enteramente criados y
educados por sus madres indígenas, lejos de las convenciones sociales europeas
aunque de ese lado, salvo algunas contadas excepciones, los buenos ejemplos tam-
poco abundaban.
Otra caracterización poco enaltecedora de los mestizos brindaba un bando del gober-
nador Felipe de Cáceres el que consideraba "... que los mancebos de la tierra están
contra lo mandado, (...) asaltando los corrales, las casas y rompen hasta las puer-
tas, por lo que, a fin de atajar tanto mal y deservicio de Dios, ordeno en adelante

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 44


Un tipo paraguayo pintado
por un europeo, d’Hastrel
del Ferdinand, alrededor
de 1860.

no salgan de noche, desde la hora de la queda, tocada la campana..".


Pero los encargados de realizar las rondas nocturnas para tomar las medidas punitivas
"... ponían más cuidado en evitar sus acechanzas que en perseguirlos", según
Carlos Zubizarreta, debido a que según el mismo historiador, mientras llegaba la
hora de los frenos morales "... los ‘mancebos de garrote’ jugaban, bebían y corrían
las callejas del poblado buscando lances de amor y de fortuna".

Doscientos años después prevalecían "en el pueblo llano" estas características esen-
ciales aunque una " ...clase selecta y reducida" todavía traslucía, entre la pobreza
de sus lienzos y sus pies descalzos, "...la nobleza de sus prosapias".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 45
Extranjeros e inmigrantes

En el Paraguay, a excepción de las comunidades indígenas, todos contamos con


alguna ascendencia extranjera. Podría ser esa la razón, entre otras, de tanta hospita-
lidad o de regocijo con los visitantes. Otra podría ser el hecho que a partir de 1750,
consagrada la mediterraneidad de la Provincia ante la última desmembración, era tan
difícil llegar a estas tierras que, de producirse, se desataba la fiesta en homenaje a los
que lo lograban.
No toda la procedencia sin embargo, fue española. En "La ciudad de la Asunción",
tal vez el libro más importante sobre la historia de nuestra capital, Fulgencio R.
Moreno ya consignaba que entre los colonizadores también figuraron, en orden de
cantidad, portugueses, italianos, flamencos, griegos y anglosajones . Y esto en
cuanto a europeos, ya que regionalmente y desde siempre, hubo un gran dinamismo
dentro de las migraciones -de una a otra parte- entre las provincias y países compo-
nentes de la cuenca del Río de la Plata.

Pero es después de consumada la ocupación de Asunción por el Ejército Aliado, en


Enero de 1869, cuando se produce la inmigración extranjera -propiamente dicha- al
Paraguay. Los primeros en instalarse fueron los proveedores de los ejércitos de la
Alianza, luego las familias paraguayas que retornaban al país tras años de extraña-
miento. Con ellos venían parientes y allegados hasta que, finalmente y sin menospre-
ciar a un importante número de aventureros y curiosos, asomaron los auténticos
inmigrantes. Asunción es repoblada entonces de nuevos habitantes, son sonidos y
lenguas extrañas. Aparecen diarios y revistas en idiomas extranjeros como Saudade,
Le Français, Le Revue Commerciale, Rivista Italiana y Cosme, entre otros; así
como también era frecuente encontrar en los diarios que se editaban en español,
avisos comerciales, mensajes, artículos o poemas en portugués, francés e italiano.
De acuerdo a datos extractados de informes de la entonces Dirección General de
Inmigración y Colonización, desde 1882 -año de la creación de aquella institución-
hasta 1908, llegaron al país como inmigrantes, 12.241 personas, entre las cuales
predominaban los italianos, seguidos por alemanes, franceses y españoles. La
estadística -aparentemente- no registra la inmigración que se estableció por fuera de
los mecanismos de la oficina, ya que en ella figuran sólo 13 árabes cuando es cono-
cido que importantes contingentes de ciudadanos de esa procedencia se afincaron en
Asunción, a fines del siglo pasado y principios del presente. Tampoco se verifica que,
desde 1869 a 1881, en 12 años ya habrían ingresado al país, por distintos medios, una
cantidad igual o superior de colonos.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 46


Palma entre 15 de Agosto y 14 de Mayo. A la derecha, donde las verjas, estaba la Societá
Italiana. En la cuadr a siguiente, el Centro Español .

Si bien había mucho que hacer y poco que disfrutar en aquellos duros años, la hete-
rogeneidad de aquella población, sumada a las irritaciones y miserias causada por la
guerra, fueron constante fuente de conflictos. No obstante y en contrapartida, surgían
como un reclamo de la solidaridad y la nostalgia por el lejano país, las sociedades de
extranjeros. La primera fue "Don Fernando VII", sociedad de portugueses, funda-
da en 1869; luego la Societá Italiana di Mutuo Soccorso, fundada en 1871 y su
homóloga la Societá Femminile Italiana di Beneficenza "Margherita Di Savoia".
Tambien el Centro Español, el Club Alemán y, ya en este siglo, el Centre Catalá,
el Club Libanés y el Javerim.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 47


Asunción cosmopolita

La Guerra contra la Triple Alianza había suscitado la curiosidad del mundo entero
sobre el Paraguay. Grandes personalidades de la intelectualidad y la política de
América y Europa dedicaron a la gesta guerrera, reflexiones, libros, poemas y estu-
dios. La atención sobre la "Guerra del Paraguay" como se le conoció desde las
trincheras de la divulgación aliada, fue generada también por algunos detalles que
avivaron los comentarios internacionales sobre el conflicto y nuestro país. Puede
mencionarse entre aquellos acontecimientos singulares el primer transporte de tropa
realizado en ferrocarril, procedimiento ejecutado por las tropas paraguayas para la
reorganización del ejército en Azcurra así como el primer combate utilizando el tren
como parte de la contienda, hecho ocurrido cerca de Cerro León en 1869. También
debe mencionarse la primera observación aérea de posiciones enemigas en el sur
americano, acción realizada por los aliados mediante la elevación de un globo
aerostático el 6 de Julio de 1866. El artefacto, propiedad de los hermanos Allen -de
nacionalidad norteamericana- se elevó hasta 130 metros de altura sobre los campos
de Estero Bellaco con la ayuda del capitán de ingenieros -polaco de origen y al
servicio del ejército argentino- Roberto A. Chodaziewicz. Para esta misión, el globo
llevó como tripulantes al citado ingeniero y al capitán de la Legión Paraguaya, Ig-
nacio Céspedes.
Finalmente, la noticia de las portentosas batallas de la Guerra del Paraguay, donde
en ocasiones, se movilizaron más de 68.000 combatientes entre paraguayos y alia-
dos, como fue el caso de la batalla de Tuyuti, en Mayo de 1866, fueron determinantes
para capturar la imaginación de aventureros y hombres de negocio de todo el mundo
que se radicaron en nuestro país, al término de aquella singular confrontación gue-
rrera.

Los acontecimientos mencionados, fueron -tal vez- algunos de los que permitan
explicar la rápida repoblación del Paraguay y principalmente de Asunción que des-
pués de 1870, llegó a contar con residentes extranjeros en una proporción cercana al
30 % de su población total. La fiebre migratoria de la época era igualmente coin-
cidente con la dispersión poblacional de Europa como consecuencia de diversos
conflictos armados y de otros factores asociados e iniciados a mediados del siglo
pasado. Entre estos puede mencionarse la revolución industrial o maquinista y la
unificación de Italia, fenómenos que desplazaron una gran población hacia los nue-
vos países de América.
Así estaban en Asunción, luego de la guerra, una constelación de ciudadanías que

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 48


Los primeros tranvías en las primeras calles abiertas en Villa Morra. Los italianos en
Asunción pasaban de las cantinas y almacenes a las grandes inversiones.

iban desde boeros a dinamarqueses hasta australianos e irlandeses, pasando por


algunas de las americanas como estadounidenses, uruguayos, cubanos, chilenos,
argentinos, bolivianos, brasileños, colombianos, peruanos y paraguayos
"reimpatriados". Entre las colectividades extranjeras, los italianos fueron los más
numerosos, los que luego de una rápida "aclimatación", pasaron de la atención de al-
gunos modestos comercios o servicios esenciales, a la ganadería, la industria, las in-
versiones en la banca y en los servicios de transporte: tranvías, ferrocarriles, marina
y astilleros.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 49
Sociedades de beneficencia

".....La aristocracia del dinero triunfa y prevalece en Asunción a la par que en


todas las capitales americanas, y los nombres gloriosos de la vieja sociabilidad
paraguaya, o desaparecen por completo bajo la vorágine de los importados por la
inmigración, o se mezclan con éstos en un connubio de la distinción con el dine-
ro.... ". El texto, que corresponde a un párrafo del libro "El Paraguay en Marcha"
escrito por José Rodríguez Alcalá y editado por Manuel W. Chávez en 1907, de-
muestra con qué vigor se había consagrado la sociedad paraguaya a la búsqueda del
"status".

Pero el entorno de miseria que aún perduraba, a treinta años de la finalización de la


Guerra del ’70, así como las penurias que casi todos habían sufrido como consecuen-
cia de ella, no hacía posible aislarse completamente del resto de la comunidad. Una
de las formas con que habitualmente se "hacía sociedad" era a través de la militancia
en las entidades de beneficencia y caridad. Las primeras instituciones amparadas por
estas entidades fueron los asilos de Mendigos, de Alienados y el de Huérfanos, que
ocupaban el mismo terreno aunque en distintos edificios o pabellones. Estas insta-
laciones se encontraban localizadas sobre la antigua calle Luna, hoy Venezuela, bas-
tante retiradas del centro de la capital, en las fotografías nos muestran una disposición
mucho más eficiente -en cuanto a la asistencia y el confort- que instituciones, priva-
das o del estado, puedan ofrecer hoy.
Las sociedades de beneficencia que trabajaban con estas entidades y con otras, cons-
tituidas casi inevitablemente con las familias de mayor prestigio social y alcurnia
económica del país, eran la Sociedad "El Asilo del Mendigo" que, alrededor de
1910, estaba presidido por la señora Mercedes M. de Fernández; la Sociedad Pro-
tectora de la Infancia que, en la misma época, estaba presidida por la señora Luisa
Bello de Talavera y la Comisión Directiva del Hospital de Caridad , presidida por
la señora Regina Corti de Gaona, ciudadana argentina y esposa del ex-presidente
de la República, Juan B. Gaona.
El Hospital de Caridad como se conocía entonces al actual Hospital de Clínicas,
ya en el predio que ocupa actualmente, en las fotografías de la época también se ve
mucho mejor atendido y provisto que en la actualidad. Aparte de la menor cantidad
de población y de la mayor visibilidad de los problemas sociales o, por lo menos, de
las carencias existentes entonces, la mejor atención a los pacientes se debía también
al hecho que aquellas sociedades estaban amparadas por la Lotería Nacional, cuya
Ley de Concesión del 18 de Agosto de 1910, establecía en su artículo 8º, que el 6%

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 50


Un grupo de niñas en el comedor del Asilo de Huérfanos.

de cada billete, y de cada jugada, puestos o no en circulación, fuera entregado


mensualmente al P oder Ejecutivo para s u distribución a la caridad pública,
regenteada por aquellos grupos.
La Ley del 14 de Enero de 1915, creando la Asistencia Pública Nacional, consolidó
aún más el servicio público de salud. Las oficinas de esta entidad se encontraban en
la esquina de 25 de Noviembre, actual Nuestra Señora de la Asunción, y Gral. Díaz.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 51


Clubes sociales y deportivos

Aparte de los clubes y sociedades de beneficencia constituidas por extranjeros,


alrededor del 1900, como un tributo a las extremas necesidades de la población,
Asunción no pudo sustraerse al auge de los deportes en el mundo. Con los albores del
nuevo siglo se sumaron a los prestigiosos clubes sociales, los nuevos clubes para la
práctica de los más diversos deportes, desde el remo hasta el automovilismo, pasan-
do por la esgrima, el fútbol y el tenis. En estas actividades, los extranjeros tuvieron
también un singular protagonismo y como en ninguna otro renglón del comercio, la
banca o la industria, los deportes no comenzaron precisamente en Asunción sino que
antes -o simultáneamente- prosperaron en otras ciudades del interior.
Así el Lawn Tennis Club de Yegros, lejana comunidad del Departamento de
Caazapá, a 232 km. de Asunción sobre la vía férrea, tuvo la primera cancha de césped
(y tal vez la única que tuvo el Paraguay), iluminada, en las primeras décadas de este
siglo. El Club 14 de Mayo de la misma localidad, ofrecía a sus asociados, junto al
ya popular fútbol, "...juegos de salón, tiro al blanco y lawn tennis", según expresa
un primoroso folleto, impreso ya antes de 1920. También suele comentarse que los
funcionarios ingleses del ferrocarril ya jugaban al fútbol en el interior, probablemen-
te en Sapucai, donde se encontraba el mayor contingente de británicos.Dichos en-
cuentros habrían sido antes que el primero registrado en Asunción,frente al "Cabil-
do", como se nombraba antes al edificio que ocupa el Parlamento
Nacional.
El "fóbal" -como se le conocía en la jerga de entonces- se popularizó rápidamente
ya que, a diferencia de los otros deportes y salvo la pelota, no se necesitaban de
especiales habilidades ni de la construcción de pistas específicas para jugarlo. Y
como los baldíos y espacios abiertos sobraban en Asunción...

Los otros, no tan populares, como el remo, la esgrima, las bochas, se consagraron -
igualmente- de la mano de extranjeros. El Club de Regatas "El Mbiguá", por ejem-
plo, es aún más antiguo que el Olimpia, el club decano de nuestro fútbol.
Alrededor de 1910, aquel club náutico contaba con una casa flotante -que, aún hoy,
sería un lujo para cualquier entidad deportiva- construida en los astilleros del Sr.
Isidro Mayor. En el desarrollo del remo así como en el del fútbol, tuvo activa par-
ticipación el Sr. William Paats, quien aparte de ser capitán de botes del Mbiguá,
había sido partícipe en la fundación del Club Olimpia, de la Liga Paraguaya de
Football y el Deportivo Sajonia, club para el cual eligió el color naranja de la casa
real de su amada y lejana Holanda.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 52


Instalaciones del Club Mbiguá, en el banco San Miguel, desmantelada en la década de los
’60. Antes de esta instalación el Club contaba con una casa flotante.

La esgrima -sin embargo- representó en aquella época, lo que las artes marciales en
la actualidad, más que distensión del físico y el espíritu, un medio de defensa perso-
nal. En una sociedad convulsionada por los avatares políticos de la pos-guerra del ’70
y en ambientes donde el sentido del honor imperante era tan -o más- importante que
la misma vida, los duelos eran comunes y la habilidad en el manejo de sables, floretes
y espadas, muy necesario. Entonces más que club, el espléndido local del Club de
Gimnasia y Esgrima, era casi una "academia" de caballeros para cualquier contingen-
cia.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 53
Fútbol y bochas

Aparte del impulso foráneo que tuvieron las sociedades deportivas, la juventud
estudiosa local hizo que los deportes se consolidaran en nuestro país. Algunos de los
clubes fundados por estos núcleos juveniles se constituyeron inicialmente sólo como
asociaciones deportivas, pero la mayoría realizaba -aparte de la práctica de los depor-
tes- una importante actividad social. Más tarde, la continuidad de las competencias
determinaron la realización de torneos y éstos ya tuvieron el respaldo de las "ligas"
o de "asociaciones" de clubes.

Cerca de los años ’20, figuraban en los registros de la Liga Paraguaya de Football,
los clubes Olimpia, Nacional, Guaraní, River Plate, Sol de América, Cerro Por-
teño y Mariscal López, éste ya desaparecido. Ya para entonces, eran legendarios los
encuentros entre algunas de estas divisas.
Sin embargo, existía también una Asociación Nacional de Football que tenía entre
sus registros a los siguientes clubes: Libertad , Atlántida, Asunceno, El Triunfo,
14 de Mayo y Unión Paraguaya. Algunos de éstos tampoco pudieron mantenerse
hasta que -desaparecidos- dieron lugar a otros clubes nuevos los que, finalmente
consolidadas las instituciones y actividades futbolísticas, se nuclearon bajo la única
tutela de la Liga Paraguaya de Football.
Otra institución deportiva, el Auto Club estaba ubicado a corta distancia de la capital,
"en un ribazo pintoresco del río Negro" según "El Paraguay Ilustrado" editado
por el ya mencionado Manuel W. Chávez en 1918. Sin embargo, en algunas postales
antiguas de Asunción, se consigna la presencia del Auto Club, al lado del puerto de
Asunción, sobre la bahía.

Las colectividades extranjeras permitieron asimismo el auge de otras modalidades


deportivas como las bochas. Practicado especialmente por los italianos, este juego
se desarrollaba en los nuevos barrios del sur, en canchas adjuntas a almacenes, bares
y hasta de tambos, como los que existieron en las cercanías de las calles Independen-
cia Nacional y Simón Bolívar, antigua 1a. Proyectada. Entre estos locales, el más
concurrido, tal vez por ser atendido por mujeres, era el de "Los cuatro vientos", del
Sr. José Ferrer.
También el patinaje tuvo su pista en los jardines del "Belvedere" de Don José
Ceriani. Su famoso "skate ring", primer proveedor de pacientes a los noveles
traumatólogos de entonces, convocaba a la juventud asuncena a la excitación de esa
novedad deportiva.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 54


Integrantes del equipo del Mcal. López, club ya desaparecido, alrededor de los años ’20.

Mientras tanto, en los exclusivos y elegantes salones de los clubes sociales del centro,
el Club Paraguayo, la Societá Italiana, el Centro Asunceno, Centro Español, el
Club Alemán, el Unión Club o el Centre Catalá, se jugaba al ajedrez, al póker, al
tute o a los dados, matizando el "ejercicio" con la conversación de negocios, de
política o de mujeres, única forma posible de la presencia femenina en esas tertulias.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 55


CAPITULO IV

EL PROTAGONISMO
DE LAS MUJERES

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


Mujeres

El estudio de la evolución histórica del Paraguay no puede omitir el importante


papel que tuvieron las mujeres a lo largo de la misma. Ya indias o "criadas", espa-
ñolas o "doncellas para poblar", criollas, mestizas, mulatas o la variedad racial que
se impusiera en aquel "paraíso de Mahoma" , las mujeres fueron protagonistas
esenciales de la conquista y "poblamiento" de la Asunción de los comienzos. Y más
tarde, con el proceso de colonización en marcha, ya no sólo dieron lugar a la pasiva
misión de poblar la tierra sino que pasaron a participar -directamente- en las gestas
de conquista.
El 13 de marzo de 1556, Domingo Martínez de Irala inscribe los primeros nombres
femeninos en la Historia del Paraguay al otorgar testamento y "...postrimera volun-
tad". En él, declaraba a sus hijos como "..legítimos y universales herederos". Estos,
junto a Marina, Ysabel, Ginebra y Ursula, que ya estaban casadas y habían reci-
bido dote, eran hijos del conquistador con las indias María, Juana, Agueda, Esco-
lástica, Marina y Beatriz a quienes alude en el documento como sus "criadas", a
excepción de la última a quien menciona como "criada de Diego de Villalpando" .

El ejemplo de Irala, imitado por casi todos los conquistadores, debía interpretarse
como un gesto de sobrevivencia más que el interés de formar familia con las indíge-
nas. La unión estaba dirigida también a concretar la posibilidad de contar con mano
de obra confiable en el manejo de los cultivos, el cuidado del ganado y la atención
de la casa. Aún así, fue con estas mujeres que Asunción comienza la tarea reparadora
de la conquista fundando ciudades y repartiendo en ellas la población habida de la
unión de españoles e indias. Surgen así: Santa Cruz de la Sierra, Nueva Asunción,
Concepción del Bermejo, Santa Fe, Buenos Aires, Corrientes, Jerez de la Fron-
tera, Ciudad Real y Villa Rica, entre otras, fundadas con criollos y mancebos pro-
venientes de Asunción. En la expedición con la que Juan de Garay fundara Buenos
Aires, entre los 80 "mancebos de la tierra" -es decir mestizos paraguayos- se en-
contraba la legendaria Ana Díaz, asuncena, presumiblemente también mestiza, hija
del conquistador Mateo Díaz. El rancho asignado a Ana en la delineación de la nueva
ciudad, estaría entre "... las calles Corrientes, Florida,Sarmiento y Maipú" de la
actual Buenos Aires.
La permanente actividad guerrera de los hombres así como la prescindencia
de estos en las rutinas de la casa, ambiente donde dominaban las mujeres, hizo que
la educación quedara en manos de éstas. Este hecho hizo posible -tal vez como nin-
gún otro- la difusión de la cultura aborigen, en especial de la lengua guaraní, a los

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 57


Mujeres lavanderas. Prematur amente madres, envejecidas en plena juventud. Solitarias y
viudas por vocación e históricas condicionantes.

mestizos emergentes de estas uniones. La Provincia del Paraguay empezaba a adqui-


rir un rasgo de identidad que en escasas oportunidades se dio en otros sitios de la
conquista y mucho menos en los localizaciones españolas de las costas marítimas.
El jesuita José Cardiel revela que luego del aplastamiento del levantamiento comu-
nero en Asunción en 1735, 200 años después de la fundación de la ciudad, la única
lengua hablada por los paraguayos era el guaraní. El conocimiento del español era
casi nulo y el mismo se derivaba del escaso aprendizaje que se obtenía en las escuelas,
donde -por otra parte- sólo acudían los varones.
Las mujeres en el Paraguay .. sólo hablaban el guaraní.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 58


Las mujeres en la memoria colectiva

La "memoria colectiva" es la manifestación de determinadas pautas de conducta


social que se sustentan en acontecimientos o hechos del pasado. Estos, por su reite-
ración, importancia o trascendencia, marcan costumbres, códigos morales, actitudes
y forman parte de los valores de una sociedad. En la mayoría de las veces, la "me-
moria colectiva", enaltecida, contribuye a enfatizar la personalidad de un pueblo
pero, en las menos -de alguna manera- perturba las relaciones y debiera ser superada
para la asimilación de conceptos de mayor valor para la convivencia.
Si aceptamos que la "... tendencia no es destino ..." , aún a pesar del ejercicio de la
memoria colectiva, hoy debemos propugnar la reconsideración del papel de la mujer
en la historia del Paraguay, confinado -desde el inicio de los tiempos- a la misión de
complementar la actividad de los hombres.

Ya se ha mencionado que, desde las primeras expediciones españolas a América, las


naves venían sin mujeres. Recién con la despoblación de Buenos Aires en 1542 y -
desde España- en 1550, se incorporan algunos contingentes femeninos en aquellas
travesías. Los mismos, de cualquier manera, nunca fueron suficientes para opacar el
extraordinario papel que cumplieron las mestizas -o "mancebas de la tierra" - y cuan-
ta amalgama racial se diera fuera del concurso de la mujer española. Para ese
protagonismo, la mujer y la cultura indígena ofrecían otro componente fundamental
para aligerar el compromiso de las relaciones: la naturalidad con que se presentaba
la desnudez y la actividad sexual fuera de todo sentimiento de represión o "pecado",
situación inexistente en la actitud de los europeos que, exasperados por represiones
de todo tipo y años de abstinencia sexual, se aprovecharon con desenfreno de aque-
llas "franquicias culturales" que otorgaban los nativos.

He ahí el primer determinismo histórico pautado por la "memoria colectiva" . El


poderío masculino que hacía de la mujer objeto de conquista y posesión como el
poder militar lo hacía de la tierra, de los hombres, de los productos de labranza, de
la caza y de la pesca. Y si de aquella supremacía pudieron obtener tierras y riqueza
...¿ porqué no tener tantas mujeres como se pudiera -o no- alimentar?
Pero, si la conquista española ha permitido a los hombres cebarse de las "debilidades
culturales" de los pueblos indígenas, el cristianismo practicado por los jesuitas en sus
reducciones habría sido, según algún autor "...para las mujeres indias una religión
progresista" pues había desterrado la poligamia, obligando a los indios a casarse con
una de las varias concubinas que tenían y además respetarla. También, decían "..han

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 59


Mujeres trabajador as. Estas fabricaban sombr eros en Luque. También serían madres, o
maestras . Podrían haber desarrollado muchos talentos pero ninguna de sus habil idades era
suficiente. Eran mujeres.

enviado a los hombres al campo, no sólo para desbrozar, como antaño, sino tam-
bién para arar, sembrar, escardar, cosechar".
Luego de alguna relevancia del rol femenino durante la época independiente, el
determinismo social que condenaba a las mujeres a la dependencia del humor mas-
culino, renació con fuerza luego de la guerra del ’70. En esa época desdichada para
nuestro país, recayó en las mujeres la responsabilidad de la redención de la sociedad
paraguaya. Sin embargo, aquellas esposas y hermanas, huérfanas y solitarias, fueron
sometidas -como nunca- al papel de triste complemento de la vida de los hombres.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 60
Mujeres por la patria

A pesar de los atropellos a su dignidad, a pesar de los abusos, postergaciones,


olvidos, ignorancia de sus atributos y roles, las mujeres del Paraguay tuvieron al-
guna participación -más visible que el estoico sufrimiento- en los acontecimientos
del proceso colonizador y aún de la joven república, luego de la independencia. Si
bien fue importante esa participación por el hecho que fueran solitarias y esporádicas
manifestaciones del poder femenino, el protagonismo -sin embargo- no siempre se
debió a que fueran mujeres o que dieron paso a un sentido reivindicador de su papel,
sino porque tuvieron hermanos, novios o esposos protagonistas de la historia patria.
O también porque fueron madres de jóvenes martirizados o asesinados, o hijas de
padres muertos en las constantes luchas armadas y políticas del Paraguay.
Así Lorenza de Mena de las LLanas, comprometida con la lucha de los Comuneros
por ser esposa de Ramón de las Llanas e hija de Juan de Mena, compañeros de José
de Antequera y Castro, al conocer la muerte de su padre y Antequera en Lima, en
1731, engalanada de blanco recorrió las calles de Asunción diciendo:" ....No debe
llorarse una muerte tan gloriosamente sufrida por la patria".
Juana María de Lara de Bedoya ya tenía 51 años cuando los sucesos de la Inde-
pendencia Nacional. Al tanto de la conspiración de los patriotas se dice que fue ella
la que trasmitió el "santo y seña" para que los conjurados derrocaran a Velazco, en
1811.
En la misma época - aunque más joven - Josefa Facunda Speratti de Yegros no
pudo estar ajena a los avatares de los primeros tiempos de la vida independiente de
nuestro país. Cuando se integró una expedición de patriotas para defender las fron-
teras del norte contra la arremetida de los portugueses, ofrecía una contribución de
13 pesos fuertes mensuales en una nota dirigida a la Junta Gubernativa en tanto se
consiguiera el objetivo de recuperar el Fuerte de Borbón.
Ya durante la Guerra contra la Triple Alianza, la abnegación de las mujeres rayó a
la misma altura que el sacrificio de los combatientes. Y aquí no importa de qué lado
las colocó el conflicto; fueran "patriotas", "traidoras", "residentas" o "destina-
das", todas las mujeres la padecieron de algún modo. "...En fin, la lucha fue tanta/
que no hay pedazo de tierra/donde la sangrienta guerra/no haya posado su planta"
dicen -con precisión de poesía- los versos de Victorino Abente y Lago.
Ramona Martínez sólo tenía 15 años cuando en Ita Ybate, con la espada que per-
teneciera al mayor Ozuna, se abrió paso entre el enemigo. Sobrevivió -peleando de
batalla en batalla- hasta llegar a Cerro Corá, donde presenció el asesinato de sus
compatriotas.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 61


Profesoras normales de principios de siglo. Uno de los pocos reconocimientos a la capaci-
dad de la mujer. Casi todas llevaban a cuestas los rastr os de la guerra del ’70.

Juliana Insfrán de Martínez, fue martirizada y ejecutada cerca de Cerro León como
consecuencia de la capitulación de su esposo, el Coronel Francisco Martínez, en
Humaitá, y negarse a despreciar su nombre.
La cabeza cercenada del Coronel Pedro Pablo Caballero rodó hasta los pies de su
esposa, María Ysabel Martínez de Caballero, luego de la defensa de Piribebuy.
Sobreponiéndose a la tragedia, María Ysabel recogió aquellos restos y les dio sepul-
tura.
Pero si las que murieron en aquel penoso calvario sufrieron igual suerte que los
hombres, las que sobrevivieron sufrieron mucho más.
Para ellas empezaba otra guerra.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 62
Mujeres por la vida

El estoicismo es uno de los componentes del carácter de la mujer paraguaya que


mejor ilumina la memoria colectiva. A pesar de que - frecuentemente - la unión de
españoles e indias durante la conquista pretende parangonarse a un "matrimonio
formal" sobre la base del amor o consentimiento mutuos, el Dr. Ignacio A. Pane,
en su estudio sobre la mujer guaraní, menciona que muchas de las nativas " ... rap-
tadas por Irala (Domingo Martínez de) y sus compañeros" comían tierra para
enfermarse o -directamente- se ahorcaban por añoranza a sus hijos y maridos y "
....por repugnancia a las exigencias sexuales excesivas del europeo". Luego de
constituido el mestizaje en un proceso que fue más parecido a un harem que una
familia, apareció otra característica nacional determinada por la memoria: la singular
devoción que el paraguayo profesa a su madre. Motivado tal vez por el hecho que
criaran a sus hijos solas y lejos de sus padres, no tan lejos porque éstos estuvieran
constantemente fuera de la casa sino porque aquellos extraños "núcleos" -confor-
mados con un español, varias mujeres y parientes indios- hacía que los niños perte-
necieran más al ambiente indio de las madres que al europeo de los padres.
Si bien esta situación puede considerarse válida sólo para el período de la Colonia,
otras épocas igualmente difíciles hicieron que los niños pasaron un tiempo extraor-
dinariamente mayor y de mayor calidad con sus madres que con sus padres.
La "militancia" de la mujer en la educación, en la defensa o en la alimentación de su
prole y aún, en la sustitución del hombre cuando éste faltaba, fue afianzándose a lo
largo de la vida de la Colonia y siguió manifestándose recurrentemente, a lo largo de
la historia. Sólo queda resaltar algunos ejemplos relativos a las consecuencias de la
Guerra del ’70 que demuestran que sus secuelas afectaron aún mas gravemente a las
mujeres.
En el volumen II del libro "Guerra del Paraguay", del historiador argentino Ra-
món J. Cárcano, se recoge la desoladora impresión del ambiente de Asunción luego
de la ocupación militar de los aliados, a principios de 1869. En aquel momento se
gestan algunos "arreglos" matrimoniales entre la alta oficialidad del Imperio del
Brasil y la igualmente "alta" sociedad paraguaya ... pero con un ingrediente adicio-
nal: el historiador argentino menciona que aquella "..sociedad extenuada por la
muerte y el dolor" tuvo que aceptar relaciones "más convenientes" con el invasor
ya que"... al lado de la presión dura e implacable de la fuerza, el Imperio aprovecha
la penetración cariñosa e íntima de las vinculaciones de familia para consolidar
su dominio sobre el vencido". Después de resistir todo el hambre y la fatiga del largo
recorrido tras los rastros de un ejército en derrota, luego de cargar sobre sus cansados

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 63


Mujeres-niñas,
trabajadoras,
prematuramente
madr es, prematu-
ramente envejeci-
das pero nunca
tanto para dejar de
trabajar. Mujeres
campesinas,
mujeres paragua-
yas.

hombros el rótulo de "residentas", "traidoras" o "destinadas", habrá sido penoso


para aquellas mujeres llegar a Asunción para sucumbir ante el hambre y la soledad.
¡Qué de agravios y tristezas se habrán tenido que imponer a si mismas para atarse al
destino de quienes mataron a sus padres, hermanos, novios o amigos! ¡Qué mayor
tragedia que pretender olvidar la reciente guerra y llevársela todas las noches a la
penumbra de la habitación conyugal para poder alimentar a sus pequeños hermanas
o hermanos, a su ancianas madres o, simplemente sobrevivir ...a pesar de todo.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 64


Mujeres pioneras

Fuera por la incorporación de las corrientes migratorias europeas o porque la ne-


cesidad de la recuperación del país debía apelar a todos los recursos disponibles, o
ya porque se reconocía el potencial femenino más allá del ejercicio de las "virtudes
del hogar", luego de las angustias y vicisitudes posteriores a la Guerra del ’70 se
iniciaba la incursión femenina en alguno de los campos en los que los hombres rei-
naban sin discusión: el del ámbito profesional, el cultivo del intelecto, el conocimien-
to de las ciencias y como lógica resultante, en el del campo laboral. En esto -sin
embargo- el protagonismo femenino estaría todavía por mucho tiempo bastante de-
valuado y subvalorado. Muchas más de las pocas mujeres que llegaron a maestras,
a bachilleres , a peritas mercantiles o a abogadas, iniciaron la marcha con un in-
calculable número de interferencias y oposiciones. ¡Cuánto menosprecio habrán
tenido que soportar en sus propios hogares, de sus compañeros, de sus profesores!
Si hasta hace muy poco la mujer debía ser esposa, madre, lavandera o cocinera, in-
dependientemente de su valer como médica, abogada o literata ... ¡como sería a fines
del siglo pasado o en los inicios del presente! En aquellos tiempos, si alguien de la
sociedad o del parentesco cercanos a una mujer consideraba que sus estudios (ocu-
rrencias, como le dirían entonces) interferían en su papel de "esposa o madre", la
misma tenía que abandonar lo que fuera para conservar intacta "las virtudes del
hogar", el "respeto a su marido" o poner fuera de peligro la "alimentación de sus
hijos".
Además de aquellas funciones y profesiones en las que las mujeres descollaban
naturalmente porque los hombres no la consideraban actividades "masculinas",
como la obstetricia o el magisterio por ejemplo, pronto las mujeres empezaron a
trabajar de telegrafistas en el correo, de funcionarias públicas o de dependientes
de comercio en algunos negocios de la capital. También de contadoras o en activi-
dades en las que el talento femenino se manifestaba con naturalidad: la pintura y la
música. En el álbum "La República del Paraguay-Un Siglo de Vida Nacional"
de Arsenio López Decoud, aparecen en la "estudiantina" del Instituto Paraguayo, las
primeras mujeres músicas, ejecutantes de mandolina, viola y violín. Las mujeres -por
entonces- integraban también la Sociedad Mixta de Sport en Asunción y no sólo
incursionaban en la organización o difusión de los deportes sino que aparecían en las
prácticas y en las competencias. En los inicios tiempos del Club Mbiguá era frecuen-
te observar regatas de mujeres. Lo mismo sucedía en el tenis o en los primeros
inicios del baloncesto.
En cuanto a las actividades intelectuales, las primeras mujeres que sentaron plaza en

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 65


Las primeras mujeres-músicas del Paraguay integraron la «estudiantina» del Instituto
Paraguayo, tal cual se observa en esta fotografía.

el Colegio Nacional fueron las hermanas Argentina y América Montes, Enriqueta


Gómez Sánchez, Lidia Mendoza, Virginia Corvalán y Serafina Dávalos, la pri-
mera egresada de la Universidad Nacional, primera abogada del Foro Paraguayo,
primera profesora en el Colegio Nacional de la Capital y fundadora de la Escuela
Mercantil de Señoritas, de donde egresaron -en 1909- las primeras 12 peritas mer-
cantiles del Paraguay.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 66
CAPITULO V

USOS Y
COSTUMBRES

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


" ... Apéese caballero"

Conseguir alojamiento en tiempos de la Colonia al llegar a una ciudad desconocida,


suponía grandes dificultades. Sobre todo si el visitante era extranjero, eso es decir no
español ya que habría sido probable que los súbditos de la corona que llegaban al
Paraguay tuvieran en Asunción, lo mismo que en España, la posibilidad de alojarse
en las "casas del Rey", propiedades particulares cuyos dueños tenían la obligación
de ceder alguna parte de sus instalaciones como alojamiento de instituciones, espe-
cialmente cuarteles, o personalidades del gobierno. Consideraciones aparte, las pe-
nurias para llegar al Paraguay eran tantas que al mérito del arribo se agregaban las
muestras de alegría y hospitalidad de los residentes, hacia los visitantes.

Ya cuando la Colonia se hubo consolidado y la expansión de Asunción obligó a


mayores intercambios, tanto sociales como comerciales, el contar con un pariente en
la capital resolvía todos los problemas de alojamiento. No tanto porque se tuviera
mayores comodidades, ya que la hospitalidad se limitaba a un catre o una hamaca
tendidas bajo las enramadas, sino porque se podría pernoctar al abrigo de una casa.
Por lo demás, era común que la gente durmiera donde le sorprendiera la noche o
incluso ya llegados, al Mercado por ejemplo, debajo de las carretas o dentro de ellas.
La solidaridad de los ciudadanos hacia el viajero era enarbolado en aquel tiempo,
como un valor de caridad humana y de gentileza señorial. Así, con la expresión "...
apéese caballero", cualquiera alojaba a un "recién llegado" conociéndose -desde
luego- las grandes distancias que tenían que recorrerse entonces. El "arribeño" era
invitado a tomar asiento y a beber agua antes de ser conminado a "asearse" para la
cena.

Ya luego de la Independencia Nacional y, en especial durante el gobierno del Dr.


Gaspar R. de Francia, la escasez de hoteles en Asunción hizo que los extranjeros
que llegaban -muy eventualmente- se alojaran en casas de familia, como sucediera
con los comerciantes ingleses, los hermanos Robertson y los naturalistas suizos
Rengger y Longchamp. El caso del Gral. José Gervasio Artigas fue distinto ya que
se presentó a solicitar asilo en las fronteras de Itapúa, en 1821.
Admitido por el Dictador, su presencia en la capital se derivó en una corta estadía en
el Convento de la Merced donde fue alojado transitoriamente para ser confinado,
finalmente, a la remota localidad de San Isidro del Curuguaty.
Aunque el Dr. Francia raramente admitía la presencia de otros visitantes extranjeros,
unos años más tarde, Don Carlos Antonio López tuvo sus apuros por admitir una

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 68


Los primeros edificios destinados a hoteles fueron sencillamente casas de familia con
muchas habitaciones. La de la fotografía, es el antiguo palacio de Benigno López, que
cambiando de nombre, fue hotel varias veces.

entrevista en Asunción con el Gral. Justo José de Urquiza. Transcurrían los prime-
ros años de 1859 y el general "unitarista" argentino se presentó en el Puerto de la
Capital a bordo de la nave paraguaya "Salto del Guairá". López llamó entonces a
Don Carlos Saguier, un acaudalado comerciante de Asunción y le pidió su casa para
alojar al ilustre visitante. Saguier le dijo que eso era imposible porque la tal casa
estaba llena de mercaderías. "La vaciaremos esta noche" le respondió López tajante
para destacar, seguidamente, un batallón de soldados para el procedimiento de dejar
las habitaciones libres de "... mercaderías, mostradores y cuanto trasto comercial
había". Al amanecer del día siguiente, Urquiza ocupaba la casa.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 69
La vestimenta

Es fácil imaginar la sorpresa de los españoles ante la vista de los primeros pobla-
dores de América. Aunque los que llegaron al río de la Plata con el Adelantado Pedro
de Mendoza, más de 40 años después del primer viaje de Colón, ya tendrían infor-
maciones sobre los pobladores de estas tierras por los datos aportados por otras ex-
pediciones o por haber participado directamente en ellas, lo cierto es que más que la
exuberante vegetación o los caudalosos ríos, más que la abundancia de peces o la
variedad de animales que vagaban por los bosques ofreciéndose a la cacería, habrá
impactado a los españoles la visión de hombres y mujeres que, como único atuendo,
exhibían aros, collares, vinchas o pinturas en el cuerpo.
"...Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, andan desnudos como su madre los trajo
al mundo", escribía el alemán Ulrich Schmidl, cronista de la expedición del primer
Adelantado, para agregar: "....los hombres van pintados de azul desde arriba hasta
las rodillas, como si de pantalones dibujados se tratase. Las mujeres van pintadas
de otra manera, también de azul, desde los pechos hasta sus partes, y con mucho
primor. Andan desnudas y son hermosas a su manera...... Y acaso también pecan
en la oscuridad". Lo último delataba el pensamiento íntimo de los conquistadores.
Reprimidos, sin mujeres (españolas) con abstinencia sexual de meses -y no sólo por
la larga travesía- obnubilados por un catolicismo arcaico que veía el diablo detrás de
cada cuerpo femenino, de inmediato asociaban la desnudez al sexo, o a la necesidad
de relaciones sexuales. Además se equivocaban, porque los indígenas no necesitaban
de la obscuridad para "pecar". Era otra asociación que manifestaba la represión eu-
ropea: el sexo como algo ilícito que había que esconder o "hacerlo" en la oscuridad.
Pero todo acto de dominación supone también la adopción de los valores de los gru-
pos dominantes. De ahí que la aparición de la ropa debe coincidir con los hábitos de
los indios "catequizados" (la desnudez era tentación y, por lo tanto, pecado), o ya en
vigencia uno de las factores más importantes para la determinación del status: la ropa.
Esta, también era un símbolo del poder. Los jesuitas de las reducciones comentaban
que aquellos indios que ostentaban algún rango o autoridad sobre los demás, debían
contar con algún distintivo para ese efecto.
El "typoi", típica vestimenta femenina del Paraguay es mencionada por primera vez
por Hans Staden, otro cronista alemán que había integrado la expedición de Doña
Mencia de Sanabria en 1550, cuando en relación a los carios, mencionaba: "... se
cubren de piel de animales salvajes (..) Las mujeres fabrican con el hilo de algodón
una especie de sacos abiertos en ambos extremos, ellas lo llaman, en su lengua,
typoi" .

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 70


India caduveo
(mbayá) según una
postal editada por
R.Rosauer. Aunque
el concepto de
pudor occidental
les impuso la ropa,
la rica pintura del
cuerpo así como los
collares, aretes y
pulseras, son
originales.

Mas de dos siglos después, Félix de Azara hablaría de lo mismo al describir la ropa
de los pajaguás, ya por entonces los únicos indios que andaban a la usanza original
" .... se envuelven del estómago al tobillo y a veces desde los hombros, pero llevan
además un trapo de un pie cuadrado, atado con una cuerda y fijo a la cintura, de
manera que cuelga de las partes sexuales....
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 71
Bandos y Proclamas

La aparición de los medios de prensa en Asunción dio inicio a la retirada -lenta pero
definitiva- de avisos, manifiestos, bandosy proclamas, instrumentos de los que se
valía el Gobierno -especialmente- para dar a conocer sus decretos o novedades. Unos
años antes, estos mismos impresos, habían proscripto -a su vez- a los pregoneros del
paisaje humano de la ciudad.

Independientemente del valor de lo comunicado y su fácil distribución, estos docu-


mentos tenían una sintaxis elocuente, de exaltación patriótica y evocaciones sagra-
das, que elevaba la comunicación a niveles de obligación suprema. Como ejemplo
de esta "literatura oficial" se puede leer en la Proclama lanzada por Francisco S.
López a los soldados y marinos de los "Cuerpos Expedicionarios del Norte" , al
inicio de la guerra del ’65/70: "... el Imperio del Brasil, poco conocedor de vuestro
valor y entusiasmo, os provoca á la guerra. La honra, la dignidad nacional y la
conservación de los mas caros derechos, nos manda aceptarla".
Diez años antes, el 21 de Febrero de 1855, una Proclama de Carlos Antonio López
ya auguraba que la inestable relación con el Brasil tendría un desenlace violento: "....
Con todo, ya no es posible la duda; las fuerzas brasileras han penetrado en el río,
no se nos ha dirijido una sola palabra de cortesía: somos invadidos y obligados a
defender nuestro suelo, nuestra independencia, honor y existencia".
Y aún antes, en una Proclama lanzada en el "Cuartel General de Paso de la Patria" ,
el 17 de noviembre de 1847, Carlos Antonio López llamaba a las armas con la
consigna: "¡Viva la República del Paraguay! ¡Independencia o Muerte!", aunque
la redacción expresara que "... nos hemos armado para nuestra defensa, no para
inquietar a nuestros enemigos". Y ya entonces se hablaba de bloqueo: "Soldados:
el comercio de la República está cortado: tenemos un verdadero bloqueo...".

La constante hostilidad de los vecinos, la Confederación Argentina y el Imperio del


Brasil, desde la misma Independencia, hizo que los Gobiernos del Paraguay, desde
el Dr. Francia hasta el segundo de los López, impregnaranen toda documentación
oficial la voluntad de conservar la "sagrada independencia". La actitud -generali-
zada en la sociedad- se trasladó también a las transacciones privadas y hasta los
recibos eran redactados con las consignas mencionadas: "Viva la República del
Paraguay" o, "Independencia o Muerte".

En cuanto a los medios de prensa, "El Semanario", que fue el medio distribuido en

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 72


Grabado editado en una postal, en 1881. En él se observa la Catedral, la casa del Pdte.
Carlos A. López y los habituales ejercicios guerreros de la época.

tiempos de relativa paz, desde 1848 hasta 1864 completaba su nombre con el texto:
"de Avisos y Conocimientos Utiles" y se limitaba efectivamente a eso. Mencionaba
por ejemplo las frecuencias y horarios de los buques y ya en su "Cuarta Epoca" ,
luego de la habilitación de los primeros tramos del ferrocarril, los horarios de trenes
y los costos de los pasajes. Su "Sección de Anuncios" contenía frecuentemente
avisos como el siguiente: "Caballo perdido. Un petiso saino, requemado, tres albos,
criollo con esta única marca G, de la propiedad del Sr. Cura de la Catedral, Pres-
bítero Ciudadano José Gaspar Téllez .... Asimismo se le había perdido ahora como
dos meses un hobero entrepelado, andador suelto, y también de franco..".

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 73


Avisos y remates

Entre 1848 y 1864, tanto "El Semanario" como "El Paraguayo Independien-
te", se limitaban -en la mayoría de sus ediciones y páginas- a la publicación de
informaciones de interés general, noticias sobre buques que llegaban o salían,
hechos policiales, a acusar temporales o bajantes del río, las frecuencias del
novedoso tren o noticias de curas milagrosas ... y algún cuento. "El Semanario"
-en su breve "Sección Oficial"- daba cuenta también de los "Decretos Supre-
mos" del Gobierno que, los que generalmente referían las inestables relaciones
con las naciones vecinas.
Los avisos comerciales de estos diarios también informaban -de manera escueta
y precisa- sobre existencias de mercaderías en las tiendas de Asunción, con su
correspondiente lista de "precios corrientes al por mayor" , evitando toda exal-
tación al consumo o la búsqueda del impacto en la novedad publicitada.

"El Semanario" anunciaba en una edición del 25 de noviembre de 1863, una


lista que sería hoy las delicias de cualquiera: ".... Champaigne Canasto, 14 a 16
pesos. Cerveza inglesa, superior marca Tenent a 18 pesos. Coñac en botellas,
Fideos frescos de Génova, Aceite de oliva en botijuela, Vino tinto catalán ..."
además de otras exquisiteces, "bebibles" y "comestibles".
Para vestidos y adornos se anunciaban "...Paño negro alemán a 37 reales. Bra-
mante fino 1a. clase. Sarazas percales de 24 a 26 yardas - pieza de 8 pesos.
Muselinas pintadas, Pañuelos de mano floreados, Bayetas sajón y rosa ..." .
Ya después de la finalización de la Guerra, la oferta comercial -según los nume-
rosos diarios de la época- aunque abundante y variada, ya se extendían a los
servicios, como las "Lecciones Particulares de Francés del Sr. Manó, en la
calle Libertad (Eligio Ayala) Nº 11"; los servicios de "Teodoro Jhon, relojero
y joyero alemán" en la calle 25 de Diciembre (Ntra. Sra. de la Asunción) Nº 13,
al lado de la librería Lalane" y a las lecciones de música y la afinación de pianos
del Profesor Arthur Loreau, ".... premiado en los Conservatorios de Marselle
y París".
Las nutridas y coloridas páginas sociales de hoy tenían en aquellos medios su
fundamento histórico ya que las novedades sociales eran debidamente resalta-
das; además, claro está, de los "calzados frescos", el "Café de Moca" y la ex-
citante novedad del hielo. Entonces, los avisos por servicios profesionales comen-
zaban sus primeros pasos, no sólo en cuanto a los de los sastres, modistas, boticarios,
músicos y técnicos como los mencionados, sino también los de médicos, abogados

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 74


La «galería comercial» de Pal ma, fue realmente una larga galería de techos bajos y
generosos aleros y «recovas». En ese lugar estaban instalados - generalmente - médicos,
abogados, boticar ios y los negocios de «ramos generales».

y constructores, que iniciaban la disputa por la escasa clientela de Asunción.

Pero en la confusión y desarreglo social e institucional emergente en la posguerra,


los avisos de Remates puestos por escribanos eran las publicaciones más frecuentes
en las páginas comerciales. La oferta en este renglón era abundante. Debe recordarse
que todo el Paraguay se ofrecía a colonos o especuladores inmobiliarios, tanto en el
Río de la Plata como en Europa. Los "rematadores" explotaban entonces un terri-
torio comercial "virgen" y de grandes posibilidades.
Los más notorios y frecuentes, eran los avisos de Pablo Ramella, Andel D. Peña y
Ca., Soler y Miltos, Cecilio Rodríguez y Ca., Juan E. O’Leary y Augusto Bastos,
entre otros.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 75
Edictos

"La Junta Económica Administrativa, avisa á aquellos que sean pobres de solem-
nidad para que ocurran á la oficina de esta Corporación á fin de ser inscriptos en
el catálogo de los que deben estar exentos de impuestos públicos...". Avisos como
éste, aparecido en "El Pueblo" el 23 de abril de 1872, se encuentran en casi todos
los órganos periodísticos de la época. La utilidad que representaban los medios de
prensa para la comunicación entre el pueblo y las autoridades o, entre la misma gente,
se denotaba por la frecuencia y variedad con que se leían estos llamados. "Avisos al
Pueblo", Edictos Judiciales, de la Policía o de la Junta Económica Administra-
tiva. Estos eran un recurso habitual de comunicación para cualquier novedad del
ámbito gubernamental, de la justicia o, incluso, de la esfera privada.
La credibilidad de la letra impresa no sólo pautaba entonces lo que resultaba de
novedoso en el comercio sino que -hasta a veces- el uso de avisos establecía el fin de
una relación profesional, la salida de una persona del país o la pérdida de un caballo.
En este último caso, se lo planteaba casi como una explicación personal, como si
suplantaran a la misma conversación que -de tenerse- serviría para comunicar la
pérdida. En los casos anteriores, el aviso era suficiente advertencia para que la po-
blación se diera por notificada: había "salido" en el diario.
Es que en aquellos tiempos hasta los mismos avisos comerciales carecían de la exal-
tación con que hoy se les rodea. Salvo la aparición del hielo o alguna novedad me-
dicinal anunciada por alguna "botica", el aviso comunicaba simplemente las bon-
dades del producto sin aderezos que alteraran la comunicación. Si hablar en voz alta
era signo de mal gusto, los avisos debían ser comedidos y discretos.

La profusión de edictos gubernamentales se debía también al hecho que luego de la


finalización de la Guerra del 64/70, el escuálido Gobierno Nacional tenía muchas
nuevas disposiciones que comunicar. Un edicto de la Policía publicado en "La
Patria", el 19 de Agosto de 1875, expresaba -por ejemplo- que "Todo habitante de
esta ciudad que mantenga en su casa animales de la raza canina, está obligado a
munirse de la Policía de una chapa o placa que cada perro llevará pendiente del
cuello" . Otro edicto informaba "Queda completamente prohibido el cargar armas
ofensivas". La Comisión de Crédito Nacional, entretanto, advertía al público "...
que ninguna persona que viaje al esterior podrá llevar para sus gastos particulares
más de doscientos cigarros, debiendo éstos ser comprados en las oficinas del Es-
tanco". Y en un mensaje dirigido al ámbito laboral, el mencionado "La Patria" con-
vocaba el concurso de "quinteros" o "chacareros" que desearan trabajar en una quinta

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 76


El poder de la prensa se
resumía gr áficamente en
esta postal de homenaje.
En él se observa un
facsímil de «El Diario»,
de 1902, encerrando la
imagen del Palacio de
Gobi erno.

".. situada en el parage denominado ‘Pinoza’, sobre la calle Bermejo esquina


Olimpo".
Muchas veces, el aviso hablaba de algo que -por lo visto- la gente ya sabía... a juzgar
por este recuadro colocado en "El Pueblo" por el Secretario de la Junta Económica
Administrativa, Victorino Abente. En él se leía: ".... en conocimiento del público
que todos aquellos que quieran vacunarse gratis, ocurrar á la Asociación Centro-
Médica, en la calle de Palma nº 72".
En el mismo lugar informarían -tal vez- contra qué males se aplicaría la tal vacuna.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 77


El inicio del "status"

Una de las primeras consecuencias señaladas a la Revolución Industrial iniciada


en Inglaterra a mediados del siglo pasado, fue la emigración del campo a las ciudades.
En el Paraguay despoblado de la pos-guerra del ’70, esa circunstancia estaba
proscripta. En la Europa -en vías de industrialización acelerada- el hacinamiento en
las grandes concentraciones urbanas y la dura lucha por la subsistencia, hicieron
desaparecer de los núcleos humanos los lazos de afecto, por parentesco o amistad,
valores, creencias, costumbres y tradiciones. El anonimato consagró una nueva for-
ma de comparación entre los grupos sociales: el "status".
Por notorias carencias e indiscutibles dificultades, la Asunción de fines del siglo
pasado pasó por alto todos los fenómenos anteriores, pero consagró la novedad del
"status"; mecanismo que se medía -y se mide todavía- por el origen o el apellido,
el color de la piel, las posesiones y las formas de exteriorizar el linaje: el lenguaje,
las vestimentas, los carruajes, el número de sirvientes y por último, el lugar -o la zona-
de habitación.
Sin embargo, algunos de los valores de esta forma de comparación social consagra-
dos por las sociedades de aquel tiempo, como el recurso del conocimiento, el buen
gusto y la degustación "de lo culto" y lo bello, lamentablemente quedaron sin vigen-
cia. Pero el "status" carecía de valor si no se lo exponía a la consideración de los
otros. Si no se confrontaba con las "acciones sociales" de los demás.
Así, una de las peculiaridades surgidas de la efervescencia social y comercial del país
y ante la falta de "linaje" de algunas familias de Asunción, sobre todo extranjeras,
era la necesidad de exponerse a la consideración -y si fuera posible- al respeto y la
admiración pública, al mismo tiempo que las novedades que ellas traían desde el
"mundo civilizado y moderno".
Se editaban entonces, tanto en la capital como en algunos pueblos del interior, todo
tipo de publicaciones, en español, en italiano o en alemán, que mostraban el poderío
de la pujante clase empresarial emergente de la posguerra y de la consolidación social
e institucional del país. Y con ellos aparecían también sus casas, sus estancias, sus
establecimientos industriales y comerciales, sus familias, sus ropas y sus joyas.
Especialmente en este siglo, diversas revistas, álbumes y libros "contaban" los logros
empresariales de aquellas familias. Si bien algunos apellidos aparecidos entre los
prósperos comerciantes de la "nueva era" denotaban una antigua militancia en los
padrones sociales de la Colonia, su renaciente poderío económico devenía del
emparentamiento con la nueva clase rica foránea ya que, al contrario de lo que había
sucedido con algunas personas, las fortunas atesoradas de antaño no sobrevivieron

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 78


Los primeros médicos egresados de la Facultad de Medicina. Ser médico entonces era
encaramar se al punto más alto del status social. Ellos compensaban ese privilegio con una
gran capacidad y devoción profesional.

a la guerra del ’70.


De aquellas publicaciones, dos fueron las más connotadas por el brillante trabajo de
edición y por la calidad intelectual de sus autores: los "álbumes" de Arsenio López
Decoud, "La República del Paraguay. Un siglo de vida nacional" y el de Ramón
Monte Domeq, "La República del Paraguay en su Primer Centenario". Aunque
ambos aparecieron en 1913, los dos datan de 1911, año en que no pudieron ser dis-
tribuidas por la inestabilidad social y militar imperante entonces.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 79
CAPITULO VI

BARRIOS

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


Los barrios

Cuando Asunción empezó a extenderse más allá del casco original, abandonando
su unidad social y funcional, aparecieron los barrios. Al principio con el nombre de
"distritos", como una necesidad de organización política y administrativa y, desde
siempre, como la expresión propia de un paraje o un lugar de la ciudad que se define
por la identificación de sus componentes humanos o paisajísticos más esenciales. Es
por eso que el barrio es, sin ninguna duda, la disposición urbana más reconocible, la
propia ciudad en miniatura, con su más genuino espíritu y lo más auténtico del pa-
trimonio social y cultural de sus habitantes.
Hasta la mitad de este siglo y a través de la organización barrial, Asunción pudo
conservar las características peculiares que venían desde la Colonia, con las expre-
siones populares de la comunidad, las tradiciones y hasta las formas de la arquitectura
y el paisaje de los primeros tiempos.

El mantenimiento del "sabor barrial" de algunos enclaves de Asunción ha sido


posible gracias a la estrecha relación entre la gente y "su lugar" aunque -muchas
veces- éste no fuera definido por límites propios. De hecho y aún antes de la existen-
cia de las divisiones barriales específicas, la gente se identificaba con sitios caracte-
rísticos, algún curso de agua, con un árbol, un promontorio o un accidente geográfico
cualquiera. Otras veces, el lugar debía su nombre a una parroquia u oratorio como son
los casos de San Blás, antigua parroquia y barrio de indios, cerca de Punta Karapa;
San Gerónimo, bastión de la defensa asuncena desde lejanos tiempos; o, la Encar-
nación, dominando el antiguo promontorio denominado "Volo Cué". Algunos lu-
gares deben su nombre al dueño original de los terrenos como Villa Egusquiza,
territorio que se extendía desde la actual calle Perú hacia este, entornado por las
avenidas Mariscal López y España hasta la calle Venezuela, entonces con el nombre
de Luna.
También estaban el Barrio Jara, enclave territorial de Don Antonio Jara, dueño de
una casa que todavía existe, en la esquina de España y Ayala Velázquez; la Quinta
Stewart, ubicado sobre Perú y la antigua "Samuhu Pere", hoy Juan de Salazar,
barrio que correspondería a los límites actuales de Las Mercedes. Este barrio hoy
poblado de hermosas residencias y edificios era anteriormente conocido como
Tuyucuá debido a que, en su parte más baja -hacia la avenida Artigas- tenía una napa
casi superficial que convertía a los terrenos en verdaderos lodazales. Allí se asentaron
las floridas huertas de los "cumparelos" italianos, que -adaptación local mediante-
habrían dado el nombre a los "gumarelos" o "repolleros" del Club Libertad de las

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 81


El perfil de Asunción desde la Loma San Gerónimo, uno de los barrios más antiguos de
Asunción. Aunque hoy tiene otro nombre, por las extrañas paradojas de la nomenclatura
asuncena, sigue siendo San Gerónimo.

inmediaciones.
El "casco" de aquella quinta, de amplios corredores, había pertenecido al Dr.
Guillermo Stewart, inglés, jefe de la Sanidad paraguaya durante la Guerra del ’70.

En el extremo opuesto de la ciudad, hacia el sur, donde se iniciaba el "camino a


Lambaré" -calle Honduras entre Pa’i Pérez y Capitán Figari- se encuentra la zona
que entorna a la antigua "quinta Escobar". El solar había pertenecido al Gral. Pa-
tricio Escobar, ex Presidente de la República entre 1886 y 1890, así como casi toda
la zona de Tacumbú pertenecía al ex-Presidente Higinio Uriarte quien ocupara la
Presidencia de la República desde 1877 a 1878, luego del asesinato del Presidente
Juan B. Gill, acaecido el 12 de Abril de 1877.
El Dr. Rafael Oddone comentaba que en el siglo pasado, en la calle Colón a la altura
de su intersección con Humaitá, existía una tranquera por donde se ingresaba a aquel
vasto territorio de los Uriarte.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 82
Barrios del Este
Apareció con el nombre de Barrios (2)

Al terminar la Guerra del ‘70, Asunción no era más que una aldea extendida desde
los barrancos de la bahía hasta la calle Pilcomayo (luego Cnel. Martínez, hoy Haedo)
y desde la calle de la Aduana (hoy Colón), hasta Loreto (actual México), calle fron-
tera entre el Cuartel de San Francisco y la plaza del mismo nombre.
Fuera de este perímetro estaban los arrabales, los parajes, las quintas, con caminos
abiertos entre la floresta y las chacras. En aquel tiempo, la accesibilidad era un factor
preponderante para localizar los enclaves residenciales, por lo que las cuestas pro-
nunciadas, ubicadas hacia el oeste o el sur del casco histórico de Asunción, volvían
prácticamente inaccesibles lugares paisajísticamente atractivos como Tacumbú,
Sajonia y Varadero. La destructora acción de los raudales en dichos lugares, hizo
que la tendencia para el crecimiento del casco urbano de Asunción se basara,
marcadamente, en la expansión hacia el este.

Un relevamiento urbano realizado por el ingeniero Roberto Chodasiewiez , por


encargo de las fuerzas de ocupación aliadas de Asunción, en 1869, verificaba el casco
original mencionado y proyectaba una expansión que alcanzaba la avenida Ygatimi
(Gaspar Rodríguez de Francia) hacia el sur, la calle del Hospital (Estados Unidos),
al este; y, hacia el oeste, llegaba hasta la calle de la Academia Literaria (Montevi-
deo). Si bien esta disposición regularizaba el égido urbano de la capital, no hacía más
que cuadricular espacios que ya contaban con alguna población y tradicionalmente
consagrados como territorios de los barrios de la Encarnación y San Roque.

Otro plano del 26 de setiembre de 1899, con una firma que parece graficar el nombre
de "G. Philiph", muestra a Asunción con una expansión ya mucho más pronunciada
hacia el este. En el documento se denota el casco de la ciudad totalmente consolidado
hasta la calle Brasil, abarcando la calle Ygatimi al sur y, al oeste, la calle Don Bosco,
conocida entonces como Sargento Duré. En el mismo plano, se indica la futura
ampliación del casco de Asunción hasta la calle San Miguel, actual General Santos,
expansión que incluía los barrios de Ciudad Nueva, Vista Alegre y parte del actual
barrio Las Mercedes . También se ampliaba hacia el sur, en una pequeña superficie
de loteo que correspondía al lugar conocido como "Cancha Osorio" y se extendía
desde Yegros a Alberdi, hasta la Fábrica de Fósforos, sobre la antigua 7a. Proyec-
tada. La ampliación hacia el oeste se concretaba en una pequeña franja que, desde el
arroyo "Jardín", rompía la línea norte-sur iniciada con la reforma del Dr. Francia,
en 1821. Esta trama inclinada obedecía -aparentemente- a la idea de "alinear" las

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 83


Varadero. A pesar de su belleza paisajística y su proximidad al centro, no fueron terrenos
cotizados en el mercado inmobiliario, debido a los zanjones y la proximidad de «progr a-
mas» no muy atractivos para la convivencia residencial.

calles del nuevo loteo, a la construcción del antiguo "Leprocomio", luego Hospital
de la Caridad, hoy Hospital de Clínicas.

De acuerdo a estos documentos, estaba ya claro que el derrotero de la ciudad se iría


afirmando alrededor de los antiguos caminos que, desde la época de la Colonia, se
internaban hacia el este. Esta tendencia se iría afirmando con el trazado de las vías
del tren o los tranvías que relacionaban aquellos nuevos barrios de Asunción con el
Puerto, el Mercado Guazú o la Plaza Uruguaya. En aquellos planos, ya estaban
marcados entonces el "camino a Ysaty", el "camino a San Lorenzo", y el "camino
a Lambaré", junto a los recorridos del tranvía "a la Trinidad" , "a la Fábrica de
Fósforos", "a la Cancha Sociedad" y otros lugares emblemáticos de la Asunción
de antaño.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 84
Barrios viejos
Apareció con el nombre de Barrios (3)

Aunque en las dos primeras décadas de este siglo quedaron marcados los nuevos
rumbos de la ciudad hacia San Lorenzo del "Campo Grande", Trinidad , Luque
y Lambaré (este último, distrito o barrio de Asunción, hasta la década del ’60),
quedaban "pegados" al centro los antiguos sitios cuyos nombres y nombradía como
enclaves tradicionales de la capital, venían desde los lejanos tiempos de la Colonia.
Loma Cabará, Campanero, Punta Carapá, Loma Tarumá, Ycua Sati, Loma Clavel
y Loma Cachinga además de los ya mencionados Loma San Gerónimo y Volo Cué,
eran lugares del mismo centro, o muy próximos a él, cuyos nombres representan el
verdadero "linaje" de la tradición barrial asuncena.
Loma Cabará es el sitio, o está próximo al sitio, en el que se presume fue asentada
la "casa fuerte" que dio origen a Asunción. Se trataba del asiento del Convento de
Santo Domingo, fundado en 1621 y cuya iglesia, construida bajo la advocación de
la Virgen de la Encarnación, estaba en la esquina formada por las calles de Santo
Domingo, actualmente De la República y, de la Encarnación, hoy 15 de Agosto. A
sus espaldas, en la dirección de la calle Paso de la Patria, luego Convención, hoy
Juan E. O’Leary, se encontraba el "puerto" de Paso de la Patria, "el de la calle de
este nombre"; y enfrente, el "puerto" del Colegio, "en memoria del antiguo Colegio
de los Jesuitas".
Según datos de lugareños, Campanero es un legendario enclave próximo a las calles
Paraguarí y Comuneros, dentro de la no menos legendaria Chacarita. Hasta hoy se
encuentra allí el pequeño "oratorio" de La Mercé-mi cuyo campanario diera -
presumiblemente- el nombre al lugar.
Punta Carapá, cerca de Campanero, es más conocido. Como su nombre lo define,
es una "península" que permite la continuidad de la calle Caballero, como una especie
de terraza sobre el "bajo". El lugar con su caserío dio albergue a conocidos músicos
y poetas entre los que se encontraba -antes- José Asunción Flores y hasta hace unos
pocos años, Arturo Pereira, violinista de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de
Asunción.
Loma Tarumá es la cuesta que se encuentra -aproximadamente- entre las calles
México, Caballero, República de Colombia y Gaspar R. de Francia y que albergara
la alegría de los enclaves negros de la zona cuando las fiestas de homenaje a la Virgen
de la Merced. O cuando las "lascivas y ruidosas" gombas, danza colectiva que
convocaba a los negros de la zona con tambores de diferentes tamaños, "algunos de
grandes dimensiones y sonido profundo que era audible a varios kilómetros"
según el "Diccionario" del maestro Luis Szarán.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 85


La Loma Cabará en su día más luctuoso. El incendio de la Iglesia de la Encarnación, el 4
de Enero de 1889.

Ycua Sati se encontraba en la misma depresión existente hoy a la altura de las calles
Manuel Domínguez y Parapití. Y era el lugar donde, entre espesos arenales, se ini-
ciaba el arroyo del mismo nombre siguiendo -aproximadamente- el curso de la actual
calle Antequera. Aquel lugar era famoso por sus "bailongos" y en los que se asoma-
ban "ranchos y casuchas" donde vivían, según era fama en la época, años próximos
al ‘900, muchos liberales acaudillados por un fornido moreno de nombre Cantalicio
Esquivel.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 86
Barrios, negocios, historia
Apareció con el nombre de Barrios (4)

Asunción se continuó en otros lugares, favorecidos éstos al igual que los mencio-
nados en entregas anteriores, por una rica historia. Fueron ellos Puerto Sajonia,
Barrio Hospital, Ciudad Nueva, Pinozá, y Tembetary, entre otros.
Puerto Sajonia debe su nombre al hábito del Sr. Christian Heisecke, cónsul de la casa
de Holanda y del imperio Austro-Húngaro en el Paraguay, durante los últimos años
del siglo pasado, de poner el nombre de Sajonia, región de Europa de donde era
oriundo, a todas sus pertenencias. Dueño -con Juan Berthé- de aquellos territorios
ribereños, el barrio que surgió a ambos lados de la avenida 15 de Mayo, luego Carlos
Antonio López, se llamó -naturalmente- Sajonia. Y así se llamó también la fábrica
de cerveza que el yerno del señor Heisecke, Eduardo Schaerer (que luego sería Pre-
sidente de la República) junto a otros socios, vendió a los hermanos Bosio para cons-
tituir la Cervecería Nacional.
Sajonia se llamó asimismo el buque que en 1904 condujo a los revolucionarios desde
Buenos Aires, para el derrocamiento del entonces Presidente del Paraguay, Coronel
Juan A. Escurra. La embarcación, anteriormente llamada "Iniciativa" , había sido
comprada por el Banco Agrícola del Paraguay al mismo Christian Heisecke, en
Agosto de 1904. Luego del cambio de bandera en el Río de la Plata y tomada por los
revolucionarios bajo el mando del Comandante Manuel J. Duarte, Elías Ayala,
Elías García y otros adherentes al Partido Liberal, fue rebautizada con el nombre de
"Libertad", con el que llegó a Asunción con la revolución prácticamente victoriosa.
A propósito del señor Juan Berthé, el mismo era dueño de Berthé-cué, actual sitio
de la oficina del Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas.
Y en cuanto a la fábrica de cerveza, la misma fue fundada por los hermanos Bosio
a partir de la adquisición, entre 1906 y 1907, de tres instalaciones que dieron fama
a otros tantos lugares de la ciudad: la de Arsenal Cué, la de Tuyucuá y la ya men-
cionada de Puerto Sajonia. La primera debía su nombre al enclave metalúrgico y ela-
boración de armamentos construido por los ingleses contratados durante el gobierno
de Don Carlos A. López.

El Barrio del Hospital que figura en los primeros mapas de Asunción, debe -proba-
blemente- su nombre a las antiguas construcciones hospitalarias dela zona. Ya en la
época del Dr. José G. Rodríguez de Francia se mencionaba el Cuartel del Hospital
que, lógicamente, referenciaba un hospital próximo. En los mapas de 1869, del ya
recordado Roberto Chodasiewiez, figura alrededor de los mismos sitios, el
"Leprocomio". Y en el álbum de Manuel W. Chávez, editado en 1918, se habla del

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 87


El antiguo Cuartel del Hospital, una de las residencias del Dr. Francia, según un grabado
antiguo.

Hospital de la Caridad que, más tarde, sería el Hospital de Clínicas. El lugar está
hoy coronado por la loma del San Luis y entornado por la loma Cachinga y un poco
más alejada, la loma San Antonio.

Ciudad Nueva empezaba desde la calle Brasil, en donde el "Mercado Guerrero",


Brasil y Mcal. Estigarribia era el nexo entre la ciudad "urbanizada" y los arrabales de
la nueva expansión.
Trasponiendo la calle Salinares, hoy Perú, los "conventillos" esa extraña simbiosis
de cultura urbana con toldería indígena, eran la forma de sobrevivencia en las cerca-
nías del centro. Y entre los "conventillos" famosos, en la esquina de lo que hoy son
las calles República Francesa y Luis Alberto de Herrera, hubo uno que hizo historia:
se llamaba "Tey’in".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 88
El legendario barrio "Pinozá"

Pinozá prolongaba Asunción más allá de Ciudad Nueva. Según algunos moradores
de la zona, el barrio debe su nombre a la "guaranización" de Espinoza, apellido de
familias tradicionales, una de las cuales era propietaria de aquellos territorios. La
"espina dorsal" de este nuevo enclave era la avenida Eusebio Ayala. Esta ruta -más
que avenida- iniciaba el barrio y la incursión de la capital hacia el interior a partir de
la "garita" policial de Dos Bocas, donde actualmente -entre toldos y puestos de venta-
todavía debería encontrarse el monolito que marca el kilómetro "cero".
Alrededor de aquella avenida, conocida de antiguo con el nombre de "..camino a San
Lorenzo" , se fue contornando el barrio que reunía, como casi todos los barrios tra-
dicionales de Asunción, "algo" de las antiguas costumbres de la ciudad. Además de
los contenidos esenciales de estas agrupaciones urbanas, en ésta, algunas "institucio-
nes" marcaron las diferencias con los otros: la laguna "Pyta", el Club Guaraní y
... los bares.

Por los años de los comienzos, sólo la mencionada Eusebio Ayala y la calle General
Santos estaban pavimentadas, ésta con un irregular empedrado. El resto era "un
pardo" arenal, yuyales y zanjones. Precisamente sobre la calle que recuerda al pre-
sidente uruguayo que nos devolvió los trofeos de la "guerra grande" en 1885, donde
hoy se levanta el nunca terminado Hospital Militar, estaba la laguna Pytá, balneario
del suburbio, recreo de chiquilines y fuente de tundas y reprimendas hogareñas. Se
comenta que el tartamudeo que caracterizó a Luis Alberto del Paraná lo adquirió -de
muchacho- en un accidentado chapuzón en la laguna.
Cerca de allí, sobre la calle 12 de Octubre, pernoctaban los carreteros que traían los
frutas y frutos desde el interior los que, luego de clasificados, fraccionados, se ven-
dían en el ya vigoroso Mercado 4. Este repetía con su concierto de voces, aromas y
sabores, el espectáculo del viejo "Mercado Guazú" , ya entonces desaparecido.

El Club Guaraní, que fue uno de los cantones defensivos durante la Revolución del
’47. Era el centro de la vida social y destino de los paseos de la muchachada del barrio.
No había tarde en la que en el "Club" no hubiera música, equipos en entrenamiento
de basket, fútbol, atletismo, gente patinando o, sencillamente, sentada en amena
plática. Ya para entonces la zona empezó a llenarse de bares. Enfrente, entre plantas
de mangos y pisos de ladrillo, donde hoy está la heladería "Guaraní" estaba el bar y
almacén de Doña Florencia, asiento del vino "garnaccia", el queso "parmesano" y
la novedad del hielo en barras. Hacia el este, en la esquina de la calle Centenario se

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 89


La laguna Pytá, Gral. Santos y Teodoro S. Mongelós, balneario del suburbio, recreo de los
chiquilines del barrio.

encontraba la pista "El Mango" propiedad de un señor argentino de nombre Cedano


Acosta, lugar de baile con orquestas y bailarines de traje. Ya en la esquina de la
avenida Eusebio Ayala con la calle Gral. Santos, estaba el "Bar Pujol", que también
era teatro y -algunas veces- ring de boxeo. El mismo sitio fue ocupado más tarde por
el "Bar Chino". Casi enfrente, otra hospitalaria pista de ladrillos y lugar de funda-
ción del Club Pinozá, el "Bar Guaraní" , de don Luis Scholl (se llamaba realmente
Ulises). Siguiendo más al este, en la esquina de Eusebio Ayala y 12 de Octubre, estaba
el "Bar Juasy’y", lugar de encuentros bajo la espesa fronda de una gigantesca en-
redadera de juasy’y.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 90
Sitios que no llegaron a barrios

No todos los barrios de Asunción tomaron sus nombres de los dueños de los terri-
torios loteados, ni todos los lugares tradicionales de la ciudad llegaron a conformarse
-oficialmente- en barrios. Aunque se merecían que perduraran en el registro oficial
o, por lo menos, en la memoria de la comunidad que la había habitado, la nomencla-
tura de Asunción ya se había desvirtuado con otros procedimientos, distintos a la
"naturaleza" de la ciudad. Estos parajes no fueron más que un conjunto de casas al-
rededor de alguna peculiaridad del terreno, del uso que le diera la misma comunidad
o por alguna instalación o industria enclavada en el lugar.
Entre los primeros casos podemos mencionar a la Salamanca, Zanja Soró, Ita Pyta
Punta, Ybycuiti.
Entre los últimos se encontraban: Estación San Miguel, Estación Botánico, Fábri-
ca de Fósforos, Belvedere, Cancha Sociedad, Varadero, Fábrica de Azul o Viñas
Cué.
Agregados a estos, quedan otros barrios -muy pocos- e igualmente tradicionales
como Trinidad, Pinozá, Manorá, Zabala Cué, Tacumbú, Loma Pyta, Ita Enra-
mada, Zeballos Cué, Tembetary, entre los que no encontraremos nombres de per-
sonas -civiles ni militares- así como tampoco referencias a santos o vírgenes que, de
hecho nada tienen que hacer en la nomenclatura de la ciudad.

La Salamanca era una antigua depresión con un curso de agua en el fondo que se-
guramente siguió a los primeros procesos de deforestación de la ciudad. El enorme
desfiladero empezaba un poco más allá de la 12a. Proyectada y siguiendo la dirección
de la calle Yegros desembocaba en la laguna Yrupe, en el Bañado Tacumbú. Aparte
de la rareza topográfica, la Salamanca se constituyó en un lugar de atracción y de
"picnics familiares de nuestros abuelos en las frescas y arboladas barrancas" de
sus contornos.
Zanja Soró e Itá Pyta Punta, son enclaves ribereños al oeste de Asunción, depresión
la primera y prominencia la segunda, próximos o coincidentes a una referencia con-
creta en los planos de Félix de Azara: las "piedras de Santa Catalina". En sus proxi-
midades también se asentaron baterías para la defensa de la ciudad.
Ybycuiti es un antiguo paraje próximo a la vía férrea, a la altura del "kilómetro 9",
equidistante de Trinidad y Loma Pyta.
Entre las instalaciones urbanas que congregaron a populosos barrios en su entorno,
se pueden contar a la Estación San Miguel, en el extremo este de la Cancha Sociedad,
"cabecera" del sistema ferroviario urbano. Al salir a la actual avenida Mariscal

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 91


El tranvía llegando desde San Lorenzo del Campo Grande, Zavala Cué, Villa Morra y presto
para continuar hasta el centro de Asunción.

López, en la curva del mismo nombre, estaba la primera "parada", popularizada


después con el nombre de "Para 1".
Estación Botánico era la tercera estación del tren al salir de Asunción, luego de la
de "Cambio Grande" y Trinidad, a un costado del Jardín organizado por el botánico
alemán Carlos Fiebrig. Hacia el río y luego del Puerto Botánico, todavía se encuen-
tra Viñas Cué.
La Fábrica de Fósforos, destino final de la expansión de la Asunción hacia el sur,
coronaba la ascensión del tranvía hacia Barrio Obrero.
En el otro extremo, Belvedere, lugar de recreo sobre la avenida España era "... al
mismo tiempo café, cine, teatro (Edén Teatro, donde se agasajó -con un almuerzo
de 300 cubiertos- al Presidente Roosevelt, en 1914) y, más tarde, pista de patinaje..".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 92
El Barrio Palestina

Entre los primeros contingentes de italianos , españoles (aunque ellos fueran "due-
ños y señores" durante casi 274 años) y "turcos" como se llamaba a los miembros
de las distintas comunidades árabes que empezaron a recalar en Asunción desde
principios de este siglo, prevaleció siempre un cierto sentido de clan. Los inmigrantes
de estas nacionalidades, que constituían los grupos extranjeros mayoritarios de la
capital, finalmente se integraron a los nativos y sirvieron de punto de partida para la
constitución de numerosas y conocidas familias de Asunción y del Paraguay.
Desde aproximadamente la primera década de este siglo empezaron a llegar a Asun-
ción, algunos miembros de la comunidad judía dispersa por el mundo, especialmente
los de origen "latino", serfarditas o sefardíes como se conoce a los originarios de
España (en la tradición judía, Sefarad designa a la península Ibérica) y, por exten-
sión, a los judíos que por negarse a convertirse al catolicismo, fueron expulsados del
imperio español en 1492, instalándose en el norte de Africa, Turquía, Italia y Países
Bajos, para emigrar posteriormente a América. Otros grupos de judíos llegados a
Asunción estaban constituidos por rusos, alemanes así como otros procedentes de
países de origen eslavo o germano.

Con el mismo criterio que las comunidades extranjeras de más antigua localización
en la capital, los judíos se agruparon no sólo en "barrios" o sectores específicos, sino
alrededor de sus templos o de "clubes". Uno de estos fue el "Javerim" (en hebreo,
"compañero"), situado en la calle Iturbe entre Teniente Fariña y Manuel Domínguez,
frente a la casa De Gásperi, luego sede del Partido Liberal Radical. En este club
funcionó la primera escuela de enseñanza del hebreo y por las tardes se desarrollaba
una actividad más acorde con su nombre pues se jugaba ping pong, se preparaban
paseos o se hacían las reuniones sociales de la colectividad.
La Unión Hebraica fue anterior al "Javerim" . Esta entidad comenzó sus activida-
des en la mitad de la segunda década de este siglo. Ambos locales, así como las re-
sidencias de los miembros de la colectividad judía se localizaron cerca de sus templos
dado que las prácticas religiosas de entonces no permitían el uso de medios de loco-
moción.
El templo Latino de los judíos-sefardíes, se hallaba ubicado en el Nº 430 de la Iturbe,
entre Fulgencio R. Moreno y Manuel Domínguez y el otro, estaba en la Unión
Hebraica. Este templo contaba con un salón pequeño para los rezos semanales y otro
más grande para las festividades de Pascua (PASAJ), Año Nuevo (Rosh Hashana)
y el Día del Perdón (Yom Kipur).

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 93


En la mis ma época en que se construyó la escalinata Antequera en este lugar, en 1928,
empezó a constituir se el Barrio Palestina, desde el monumento hacia el oeste.

El Barrio Palestina así como otros, consagrados por el uso y las características del
lugar, pero jamás oficializado en la nomenclatura de la ciudad, estuvo justificado por
la reunión de los judíos en torno a sus templos y clubes. Se extendía dentro del pe-
rímetro de las calles Teniente Fariña, Gaspar Rodríguez de Francia hasta Simón
Bolívar (1a.), Abay (2a.) o Lomas Valentinas (3a.), desde la Caballero hasta
Antequera.
El enclave donde aún moran importantes miembros de la comunidad Judía, estuvo
definido por estos límites, aproximadamente desde los años ‘40.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 94
Los barrios "extranjeros"

Así como el reclamo de la solidaridad y la nostalgia o, hasta las conveniencias,


motivaban la emergencia de las sociedades de extranjeros, hubo otros mecanismos
de asociación utilizados para el mismo efecto, especialmente en Asunción. Fueron
las agrupaciones empresariales, las deportivas y cuando aún hubo que reforzar la
colectividad de "paisanos", surgieron también los barrios de extranjeros. Estos
posibilitaban -no sólo la cercanía entre sus miembros- sino también y de acuerdo a
las pautas de las sociedades pre-industriales, el mantenimiento de algunas costum-
bres, de ciertas tradiciones así como los valores sociales y culturales del país de
origen.
Los primeros inmigrantes que llegaron a Asunción, aún antes del período indepen-
diente, se concentraron -por instinto de supervivencia y funcionalidad urbana- en
torno al estrecho espacio del casco histórico de la capital. Pero ya luego de la Guerra
del ´70, la nutrida presencia de extranjeros, la ampliación de la ciudad hacia nuevos
barrios y la mayor diversidad de las especialidades laborales y de servicios, permi-
tieron la localización de estos grupos en lugares específicos.

Hacia fines del siglo pasado y principios del presente, italianos, españoles, árabes
y judíos empezaron a formar -si no barrios exclusivos- algunos enclaves donde se
concentraba la mayoría de los miembros de dichas colectividades.
Los de origen árabe -por ejemplo- y por la predominante actividad comercial que
desplegaron, se limitaron a ocupar -con sus negocios y viviendas- los alrededores del
centro. Aún así, puede decirse que la mayoría de las casas de los miembros de dicha
colectividad se localizó próxima -o entre- las calles 25 de Mayo, Independencia
Nacional y Luis Alberto de Herrera, hasta las proximidades de la Plaza Uruguaya.
Los españoles tuvieron una ubicación mas difusa pero -en general- próxima al cen-
tro. O entre el centro y la avenida Gaspar Rodríguez de Francia, que entonces era
de una sola vía y se llamaba calle Amambay. Dicha localización puede justificarse
con la misma argumentación que indujo a los árabes a concentrarse en el centro y sus
aledaños. Los españoles -además- le agregaron algo propio a "su" barrio: el "cemen-
terio español", que se encontraba entre las calles Milano (ex Segunda), Chile y
Alberdi.
Los italianos, mas numerosos, también se dispersaron más. Especialmente los de
buena posición económica. Los de condición mas modesta, especialmente obreros,
se ubicaron cerca de la cancha del Club Libertad y sus huertas motivaron el nombre
de "repolleros" con el que se conoce a los simpatizantes del club . El sentido de clan

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 95


Fotografía de un grupo de árabes y desciendentes, tomada el 12 de Julio de 1931 en la
fiesta de los Salesianos . A cargo del primer coche se observa al señor Abraham Dumot y a
cargo del segundo, al Sr. Francisco David.

de aquel grupo originó también el nombre de "gumarelo" para los aficionados al Li-
bertad, término que derivaría del italiano "cumparello", compadre.
Otros, pequeños empresarios o constructores, se localizaron al sur de la calle
Amambay, hacia el Barrio Obrero. En esta zona, los italianos estuvieron mas distan-
ciados entre si pero con mas opciones en cuanto a clubes deportivos para distribuir
afectos y broncas.
Y si los españoles tuvieron su propio cementerio cerca, los italianos se quedaron con
una plaza. La misma fué producto de la sustitución del nombre de la antigua plaza
"Santo Domingo" por el de Plaza Italia, cambio debido a la solicitud de la gran can-
tidad de familias italianas residentes en el barrio. Los "tanos" tuvieron además otras
distracciones: las bochas y las cantinas. En ellas, especialmente los domingos, las
pastas, el vino y las tarantelas cantadas en alegres grupos, contribuían a apagar la
nostalgia.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 96
CAPITULO VII

CALLES

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


Asunción y sus calles

La nomenclatura de la ciudad en tiempos de la colonia no era otra cosa que la iden-


tificación de un sitio, calle, arroyo o promontorio, por su asociación con los elemen-
tos visibles del paisaje, natural o construido. Tenía que ver también, con la referencia
a acontecimientos ocurridos o con nombres de las personas que residían en el entorno.
Era la forma usual de identificar o indicar direcciones, hecho del que Asunción no
estuvo ajeno.
Pasado el estado de gracia original, los habitantes de la ciudad empezaron a prostituir
el mecanismo para "homenajear" a los infatuados de turno, costumbre que derivó en
alabanzas para cualquiera y en una de las formas más usuales de la depredación de
nuestro patrimonio histórico y sobre todo, cultural.
En Asunción hemos borrado todos los rastros que nos ligaban a nuestros ancestros,
ñande ypykuéra, como escribiera Narciso Ramón Colmán, el inolvidable
"Rosicrán". Aún a pesar de que la Ley Orgánica Municipal estableció -ya tardíamen-
te- la obligatoriedad de mantener " .... los nombres tradicionales y toponímicos", la
expansión de nuestra capital no respetó paisajes ni peculiaridades topográficas y,
mucho menos, la nomenclatura tradicional. A golpes de hachas, palas y teodolito,
desaparecieron barrancos, promontorios, cursos de agua, bosques y con ellos, los
sonoros nombres de nuestros lugares originales.

El cambio de la nomenclatura "folklórica" empezó ya con el gobierno de Don Carlos


A. López, quien ya en el consulado compartido con Mariano R. Alonso, empezó a
"ordenar" las denominaciones oficializando la sustitución del procedimiento tradi-
cional de analogías y referencias por el de los símbolos y homenajes. La ciudad fue
dividida de este a oeste por la calle De la Independencia Nacional y, a partir de ella,
hacia el oeste, salían las de Las Palmas, de La Estrella y de La Oliva, los símbolos
del escudo nacional. Hacia el este y en el mismo sentido que aquellas, se encontraban
las de La Paz, de La Justicia y de La Igualdad, textos del mismo escudo, hoy Cerro
Corá, 25 de Mayo y Mariscal Estigarribia, respectivamente.
Hasta fines del siglo pasado sin embargo, quedaban todavía algunos nombres tradi-
cionales. Y más que ellos, la costumbre de señalar el sitio de alguna casa con el
sencillo procedimiento: "al lado del reñidero de gallos" o, "enfrente del Mercado
Central", lo que constituía una forma de relacionar el lugar a un nombre, de manera
precisa, clara e inconfundible.
Trasladado ese mecanismo a la nomenclatura, teníamos en Asunción la calle de la
Academia Literaria (actual Montevideo), calle de la Ribera (Benjamín Constant),

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 98


Calle de Las Palmas. Una visión de fines del siglo pasado, desde la esquina de 14 de Mayo,
hacia el este.

calle de la Aduana (Colón), calle del Atajo (Alberdi), de la Asunción (Mcal. López,
indicando uno de los accesos de la ciudad), la ya mencionada Samuhú Peré y lugares
como Las barcas, Campanero, Tuyucuá, Varadero, Playa Casola, Ycuá Sati,
Loma Cabará, Volo Cué (sitio de la actual Iglesia de La Encarnación), Villa
Egusquiza, Cancha Sociedad, entre otros.

A fines del siglo pasado, el Dr. Francisco Morra con su "Villa Morra", restauró el
procedimiento de nombrar calles de acuerdo a sus características. Pero los asuncenos
habíamos decidido que debían tener nombres, apellidos y galones.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 99
La calle Palma

La calle Palma es Asunción. Estuvo -desde siempre- en la dimensión exacta de lo


que se necesitaba para ser importante. Cerca, pero a suficiente distancia del río que,
cuando entonces, no era propiamente una bahía. Relativamente plana en una ciudad
atravesada por correntadas y barrancos. Calle residencial cuando los primeros co-
mercios aparecieron en los alrededores del Puerto y del Mercado Guazú. Prolongó
-más tarde- su actividad para dar lugar a los jolgorios de la noche, así como también
y en su momento, fue sede de importantes instituciones de la república.

Su "linaje" residencial era tal que uno de los hermanos del Gral. Francisco S. López,
Benigno, decidió la construcción de su "palacio" sobre Palma, en la esquina con 14
de Mayo, mientras que Venancio, lo hacía muy cerca, sobre la calle Estrella, en la
esquina con la De la Aduana, hoy Colón. Entretanto el futuro mariscal esperaba la ter-
minación de su propio palacio, vivía ya sobre la calle Palma, en esquina con la de 25
de Noviembre, hoy Nuestra Señora de la Asunción. Luego de la caída de Asunción
en poder de los aliados en 1869, esta casa fue ocupada por uno de los oficiales de
Pedro II, el general brasileño Manoel Luis Osorio, Vizconde de Herval . Al término
de aquella "misión" militar, en 1876, la casa pasó a pertenecer al General Bernardino
Caballero quien la cedió al ciudadano alemán Otto Zinert, en 1906, para la apertura
de la Armería Alemana.
Los hermanos López no fueron los únicos dignatarios que vivieron sobre la calle
Palma. En la continuación hacia el este, sobre la calle Igualdad, hoy Mariscal
Estigarribia y a corta distancia de la calle Independencia Nacional, vivió el Presidente
Cándido Bareiro. En esa casa recibió al ex-presidente Cirilo Antonio Rivarola,
poco antes de que éste fuera asesinado en los corredores del Mercado Guazú, el 31
de Diciembre de 1879.
En la esquina con Montevideo, en un piso alto, vivió el General Dr. Benigno
Ferreira, presidente entre 1906 y 1908. En la misma esquina pero cruzando la cal-
zada, en la que fuera sede del Banco Do Brasil, vivió otro presidente, el señor Eduar-
do Schaerer quien, sin embargo, alquiló para las demandas del protocolo social
durante su presidencia otra residencia: la del Sr. Jorge Patiño, en la esquina de
Estrella y Ayolas. También el Dr. Natalicio González, antes de ser Presidente de la
República, vivió en un piso alto del edificio aún existente en la esquina de 14 de Mayo
y Palma.
Ya cuando las oficinas públicas empezaban a desprenderse del entorno de la Plaza
de Armas y el camino entre el Puerto y el bullicioso Mercado Guazú convertía a la

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 100


Palma en la década del ’20. El «petit boulevard» muestra sus adoquines de madera frente al
Bazar Inglés de Mr. Haywood y el selecto Centro Español.

calle Palma en un portento comercial en ciernes, los hoteles y clubes dieron conti-
nuidad -por la noche- a las febriles actividades del día. El Club Nacional construido
en el predio que hoy alberga al Banco de la Nación Argentina, había iniciado el fuego.
Luego del doloroso silencio que impuso la guerra de la Triple Alianza, renace la
diversión, especialmente en los hoteles, bares y en los clubes de extranjeros que, por
entonces, constituí an un importante porcentaje de la población asuncena. El Hotel
Hispano Americano, edificado sobre los muñones de la residencia de Benigno
López, la Sociedad Italiana y el Centro Español, selecto club de la "belle epoque"
asuncena, se disputaban la supremacía.
La calle Palma anunciaba el Siglo XX con el infernal tren "Renard" y los estruendos
del automóvil de Jorge Barzi.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 101
El "petit boulevard"
Originalmente publicado como "La calle Palma (2)"

T odos los experimentos urbaní sticos de Asunción pasaron por la calle Palma.
Desde su carácter residencial-familiar hasta más tarde, cuando albergó otra forma de
residencia: la de los hoteles. Estuvieron el Gran Hotel Americano, que luego sería
el Hispano Americano y hoy Banco de Asunción; el De la Paz, frente a la Plaza del
Mercado Guazú. En ellos y de la mano de la numerosa colectividad extranjera, se
desataba la escasa alegría de la pos-guerra.
El diario "Nación Paraguaya" promocionando las fiestas de carnaval, en su edición
del 22 de febrero de 1873, anunciaba que:" ...Tres días de Carnaval estará abierto
el Gran Hotel Americano. Se ofrecen cenas a la minut, fiambres de todas clases y
vinos esquisitos. Los mozos servirán vestidos de frac y corbata blanca. El narigón
Carlos vestirá un traje de la época de Carlos IV y llevará una nariz artificial imi-
tando al pico del carancho macho".
A medida que las familias ponían distancia entre el bullicio del centro y sus hogares,
en el sosiego de barrios más alejados como Quinta Stewart, Villa Egusquiza y Villa
Morra, la calle Palma se iba llenando de consultorios, hoteles y negocios de toda
clase.
Si antes hubo residencias, ahora había bancos como el De la República, en la esquina
con 15 de Agosto, tradición que fue seguida por el Banco de la Nación Argentina,
Banco de Londres, el Banco del Brasil. Si ahora florecen las farmacias al lado de
sanatorios y hospitales, en Palma hubo consultorios como el del "médico-chirurgo
Andreuzi, adyacentes a "boticas y droguerí as", las que contaban con novedades
"científicas" tales como las auténticas "sanguijuelas de Hamburgo".
Si los salvajes torrentes de los raudales hacían imposible conservar las rasantes de las
calles, próximo a la década del ’20 se inauguraba en un tramo de Palma, entre Alberdi
y 14 de Mayo, el moderno e inédito adoquinado de madera, bautizado con el nombre
de "Petit Boulevard".
Otra novedad fue la incursión del tren "Renard", una especie de vagón de pasajeros
con ruedas metálicas que rodaban sin rieles, directamente sobre el reciente empedra-
do, llenando el aire de un estrépito infernal. En la calle Palma, circularon también
tranvías y trenes. El "trencito" de San Lorenzo tuvo su parada sobre 25 de Noviembre,
actual Nuestra Señora de la Asunción, al costado del Oratorio y Panteón, luego de
describir una amplia curva desde Palma para retornar por Estrella por frente al
Mercado.
Y , finalmente, los edificios del Gobierno también estuvieron, están en la calle Palma.
En dos lugares y en distintas épocas, el Superior Tribunal de Justicia, primeramen-

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 102


Palma y la elegancia masculina predominando en la calle.

te en el local del antiguo Club Nacional y luego, entre Montevideo y Ayolas, en el


local que ocupara la Municipalidad. La comuna tuvo su primera sede propia en el
local que fuera de APAL, en la esquina de Palma con Garibaldi, durante la intenden-
cia de Eduardo Schaerer. Más tarde vinieron el Ministerio de Hacienda, la Direc-
ción de Turismo y en la continuación de Palma hacia Mcal. Estigarribia, la Facultad
de Química, la de Derecho, el Colegio Nacional de Niñas, el Museo de Bellas
Artes y el Archivo Nacional.
El local de la Facultad de Derecho fue originalmente residencia de Madame Lynch.
Debido al "detalle" se cuenta que el Dr. Cecilio Báez, decano de la casa de estudios
y ya anciano, exasperado por el bajo nivel académico de los alumnos en unos exá-
menes finales, habría exclamado: "... Por donde antes entraban los caballos de la
Lynch, hoy salen los burros de Derecho!!".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 103
La calle Estrella

Perteneciente a la "tetralogía" original de calles que llevan el nombre de los sím-


bolos del escudo nacional (la calle Del León se cambió por el de Azara), de acuerdo
a un Decreto de Don Carlos Antonio López del 1º de abril de 1849, la calle "...De la
Estrella, la que sigue a la de Igualdad...", se mantuvo relativamente ajena al fragor
comercial que tuvieron otras calles de Asunción, más hacia la ribera.
Aunque algunos comentaristas, le atribuían una función residencial casi exclusiva,
el abarrotamiento comercial de Florida (hoy Benjamín Constant) y Del Sol
(Villarrica, Presidente Franco) y Palma posteriormente, hizo que la calle Estrella
finalmente sucumbiera a los excesos de la actividad comercial asuncena de principios
de este siglo para empezar a desalojar familias y llenarse de oficinas y comercios, tal
como sucedió con las otras, al término de la Guerra del ‘70.
En la función de alojar residencias, Estrella adquirió -al igual que Palma- algún
abolengo, ya que el Presidente de la República, Eduardo Schaerer vivió durante su
mandato de 1912/16, en una casa alquilada. La casa, todavía existente, se encuentra
en la esquina nor-oeste con Ayolas. El mismo Schaerer vivió, luego del término de
su mandato, en una casa ya demolida en Estrella casi 15 de Agosto, acera sur.

Antes de la expansión de Asunción hacia los nuevos barrios del este y del sur, la
ciudad tuvo tiempo de trepar las cuestas, hacia Volo Cué, Cachinga y el "cerrito"
Antequera, consolidando un casco céntrico mucho más vasto que el estrecho circui-
to comprendido entre la calle Loreto (hoy México), De la Aduana (Colón), la ribera
de la bahía hasta la calle Pilcomayo (Haedo).
Así la calle Estrella pasó a convertirse, con Palma, en el auténtico eje céntrico-co-
mercial de la ciudad al punto que, cuando el Puerto de Asunción fue perdiendo im-
portancia debido a la aparición de otros medios de transporte, el "trencito" a San
Lorenzo y los "camiones de pasajeros" incluían inevitablemente en el itinerario a
las mencionadas arterias.

Otras instalaciones de gran fama en Asunción, localizadas sobre la calle Estrella,


fueron: "El Rey de los Quesos", en la esquina con 25 de Noviembre (Ntra. Sra. de
la Asunción); el Banco Mercantil, fundado en 1891, por el Presidente Juan B.
Gaona (1904-06) con otros empresarios y financistas, en la esquina con 25 de Di-
ciembre (Chile). En la acera norte de dicha esquina, frente al Banco, estaba la Botica
Alemana de Ernesto Gruhn, hoy Hotel Renacimiento, cuya sede todavía es preciado
adorno de la ciudad.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 104


La calle Estrella cruzando frente al Mercado Guazú y la Plaza de los Héroes. En la esquina
con 25 de Diciembre (Chile) se observa el Banco Mercantil y la Botica Alemana.

Y en la esquina siguiente, en la intersección con la calle del Atajo (hoy Alberdi) se


encontraba la legendaria casa Urrutia Ugarte & Cía., que también tuvo al mencio-
nado Gaona como directivo, aunque la fundación de la razón comercial fuera obra de
un español, Miguel Elorduy, que llegó desde Vizcaya, mucho antes: en 1811.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 105
Desde el Convento a la loma
Originalmente publicado como "La calle Estrella (2)"

Antes de la "reforma urbana" encarada por el Dr. Francia en 1821, Asunción crecía
según la errática dirección de los raudales o de los numerosos arroyos que cruzaban
la ciudad. Los nombres de calles y lugares eran los consagrados por el uso popular.
El decreto de Don Carlos A. López, en 1849, sólo oficializó algunos de aquellos pero
la Guerra contra la Alianza y la situación política subsecuente, generó otros referen-
tes simbólicos que tuvieron su impacto en la nomenclatura de la ciudad.
A pesar de todo y, hasta hace muy poco, (1963) el casco histórico fue consagrado para
el homenaje a los símbolos, a los héroes y a las gestas nacionales.

En cuanto a la calle "De la Estrella", una de las más tradicionales de Asunción, se


puede observar en los planos elaborados por Chodasiewiez que la misma se diluía
en la Plaza del Mercado, sin delimitación definida. A partir de la calle "De la In-
dependencia Nacional" hacia el este, la vía continuaba con el nombre de Igualdad
hasta los arrabales de la ciudad, más allá del Convento de San Francisco y la plaza
contigua del mismo nombre, hoy Uruguaya, hasta el arroyo que bajaba del Ykua
Sati. Hacia el oeste de la calle Colón, el mismo contorno impreciso de la calle Es-
trella trepaba la loma San Gerónimo, luego del sitio conocido como "Arsenal cué".

Ya en este siglo, "De la Estrella" no fue ajena a la diversión y a los grandes acon-
tecimientos culturales, como el advenimiento de la guarania, por ejemplo. En efecto
y aunque los primeros acordes de la música de José Asunción Flores ya se escucha-
ban dentro del selecto grupo de músicos y profesores de la Banda de Policía, la
primera audición pública del género, fue en la terraza del "Hotel Cosmos", Estrella
esquina Colón, ex palacio de Venancio López. La pieza era "Jejui" ejecutada por
el trío europeo compuesto por Brand, Kamprad y Piensunka en presencia del pro-
pio Presidente de la República, Dr. Eligio Ayala, en 1928.

Junto al mencionado hotel, la Confitería y Bar "La Bolsa", fundada por el señor
Francisco Blasco en 1910, en la esquina con Alberdi, y otros locales sobre Palma,
eran frecuentes escenarios de las fiestas más lucidas de la época, aunque la calle
Estrella también alojó otras formas de diversión, como el cine, concretado con la
iniciativa de la Empresa Teatral y Cinematográfica De Angelis & Cía, propietaria
ya del Cine Roma, al arrendar -también- el Cine Granados en la esquina con 14 de
Mayo.
Entretanto, el Splendid, de la mano de la familia Holmer se ponía en actividad, entre

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 106


En la esquina de Estrella y 14 de Mayo un edificio todavía existente ostenta orgulloso, en el
enrejado superior, el año de su construcción: 1873. Más atrás, la Cámar a y Bolsa de
Comercio y en primer plano, a la izquierda, la «terraza» del Granados.

el Banco Mercantil y el ya mencionado negocio de Blasco, hoy conocido como "El


Bolsi".
La diversión popular por excelencia, el fútbol así como los demás deportes, tuvieron
un soporte fundamental en la legendaria "Casa Ferro", aún existente, en Estrella
y Garibaldi. Y hablando del prócer italiano, si en Palma estaba la Societá Italiana
di Mutuo Soccorso, sobre Estrella estaba la filial de la misma, la Societá Femminile
Italiana di Beneficenza "Margherita Di Savoia".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 107
CAPITULO VIII

LUGARES

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


El Puerto y su entorno

Aunque el río fuera la fuente originaria de la fundación y el único medio para los
abastecimientos y la comunicación, también fue -muchas veces- causa de intranqui-
lidad y disturbios para la laboriosa comunidad de antaño. Desde los inicios, no sólo
la naturaleza y sus elementos acuáticos sino hasta los indios que habitaban las costas,
Payaguáes y Guaycurúes, fueron los más hostiles a las intenciones de dominio es-
pañol. Innumerables son los incidentes entre aquellos y los españoles, especialmente
mencionados en las crónicas de Blás Garay, Fulgencio R. Moreno y otros historia-
dores. Como parte de las dificultades que el río nos deparara, estaban también las in-
terferencias que las "Provincias del sur" impusieron -desde siempre- a la libre na-
vegación, al sur del Paraguay. En cuanto a los aprestos bélicos de las costas, en la
"loma San Gerónimo", que cubre el acceso a la bahía, existían algunas piezas de
artillería defendiendo la capital hasta bien entrado este siglo.

Y es que el dominio la principal vía acuática del Paraguay era tan incidente en el curso
de las acciones guerreras que, cuando a fines del 1868, durante la "guerra grande",
la defensa de Humaitá fue rebasada, la caída de Asunción en poder de los aliados se
planteaba como irreversible, hecho que -finalmente- se produjo en los primeros días
de Enero de 1869. Y hasta nuestras "revoluciones" internas tuvieron -casi siempre-
al río como recurso estratégico. Las bélicas cabriolas de nuestra "democracia" como
las revueltas de 1904, 1908, 1922 y 1947 y en otras, no tan sangrientas como esas,
el dominio del río fue factor importante de éxitos o fracasos.
Lamentablemente, aquellos luctuosos acontecimientos han servido como excusa a
gobiernos más recientes, para amurallar las costas de cuarteles, sustrayéndolos al uso
y disfrute del resto de la población.

El puerto

El puerto de Asunción, muy próximo al lugar donde -se presume- fue fundada la
ciudad, concitó muy pronto la atención y el interés de la escasa población y de los -
aún más - escasos viajeros. La plazoleta y los portales y recovas cercanos a la Aduana,
concentraban un abigarrado enjambre de carruajes de todas las especies, además de
barriles, fardos, rollos de madera, jaulas con animales silvestres y una heterogénea
población compuesta de viajeros, damas y caballeros- militares y civiles, mezclados
con vendedores, maleteros, estibadores y gran número de curiosos que nunca falta-
ban a la hora de partida, o arribo, de los "paquetes" de pasajeros o chatas del interior.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 109


Las recovas de la Aduana, «semejantes a los portales de Chester» según la descripción del
Cap. Burton, concentraban un abigarr ado enjambre de carruajes de todas las especies,
además de barriles, fardos, rollos de madera, jaulas con animales silvestres y una
heterogénea población compuesta de viajeros.

En los embarcaderos cercanos de las playas "Casola" o "Montevideo" se vendían


desde "yerba virgen" y frutos del país, hasta el legítimo "yate-í ca-á" , "raspadura",
miel o el carbón que venía desde Arroyos y Esteros , bajando por el río Manduvirá.
El mismo puerto fue también durante algún tiempo, hidropuerto ya que los
"hidros" de "Aerolíneas" acuatizaban en la boca de la bahía y desembarcaba a sus
pasajeros en el mismo puerto, a pocas cuadras de los hoteles del microcentro.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 110


El entorno

Si el puerto concitaba semejante interés, en el entorno se materializaba todo tipo de


ofertas, tanto a los que llegaban, o salían como a los que frecuentaban la zona. La
actividad comercial era intensa.
No existía medio de transporte en Asunción que no terminara su recorrido en el lugar.
Desde los tranvías "a mulita" hasta los destartalados "Fords" y "Chevrolets" de
la línea 4 de la reciente época pasada, tenían su cartelito de "Villa Morra - Puerto"
o, "San Vicente - Puerto". El puerto era siempre partida o destino.
Una de las tantas "carrerías" existentes en Asunción e inevitable componente del
sistema "a mulitas", debía estar próxima a la parada portuaria: calle Villarrica, hoy
Presidente Franco, y Colón. También el Arsenal así como numerosos bares, almace-
nes de ramos generales, pensiones u hoteles.

Finalmente, el ferrocarril derivaba sus rieles desde la estación al puerto y, como si


todo esto fuera poco, la larga cuesta que proponía la calle Colón desde la Plazoleta,
nos llevaba de la gloria al cielo (o al infierno). O, lo que es lo mismo, del puerto al
"Mangrullo", famoso cementerio, hoy convertido en Parque Carlos Antonio López.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 111


Los muelles y el Auto Club.

El puerto desde la boca de la bahía. Al fondo se divisa la «recova», aún existente.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 112


La Plazoleta y su entorno

Si el puerto concitaba el interés de la gente debido al "registro" de todo aquel que


llegaba o salía del Paraguay, el entorno era la fiesta de la diversidad social. Aparte
de los paseos y jolgorios que motivaba, allí se concentraban curiosos y mercaderes,
marineros y "pitucos", gente del arrabal y "de la sociedad". El lugar era propicio
entonces para la materialización de todo tipo de "ofertas".
Saliendo de los corredores del Puerto y a partir de la Plazoleta, hoy "Ysabel la Ca-
tólica", la actividad comercial era intensa. Bares, almacenes de ramos generales,
depósitos, industrias, pensiones u hoteles, se disputaban las cercanías de las calles
más transitadas: Colón, Buenos Aires (El Paraguayo Independiente), Villarrica (la
antigua calle Del Sol, hoy Presidente Franco), Palma y Estrella. En esa zona estaban
las afamadas Lapierre & Cia., La Industrial Paraguaya, Lorenzo Manzoni S.A.,
La Industrial de Palermo & Cía., Berthomier & Cía., esta última, contigua a la
"carrería del puerto", una de las tantas existentes en Asunción e inevitable compo-
nente del sistema "a mulita" del transporte público. Esta, se encontraba próxima a
la parada portuaria: calle Villarrica (Pdte. Franco) y Colón.

Al oeste de esta última calle, hacia el Arsenal y la Loma San Gerónimo, sin embar-
go, el panorama era muy diferente. En las dos márgenes del "Arroyo Jardín", hoy
moribundo en un torrente de basuras, estaba el "barrio reo". Comunidad de senderos
tortuosos, francachelas, cuchilleros y conventillos. En uno de ellos, sobre la calle
Estero Bellaco, vivía el afamado Coronel Albino Jara.
En Garibaldi y Estrella, se podía encontrar una extraña instalación: el "Bar y Baños",
refugio de transnochadores y marineros, y en donde" ..aparte del chorro fresco,
jabón de olor y toalla limpia, se podía beber un buen chopp o un amargo
´Mandarín´", al decir de Isaac Kostianovski, en sus memorables columnas de Ulti-
ma Hora.

En todo este dispendio de peculiaridades, no podía haber medio de transporte en


Asunción que no terminara su recorrido en el lugar. Los cartelitos: "Villa Morra -
Puerto" o, "Cancha Sociedad - Puerto", desde los tranvías "a mulita" hasta los
destartalados "Fords" y "Chevrolets" de la línea 4 de la reciente época pasada, hacían
de ese entorno, partida o destino casi obligatorios.
El mismo ferrocarril, cruzando la ciudad con sus rieles y chirridos, desde la "Plaza
del Uruguay" a la estación portuaria, completaba la colección de medios con que los
productos que venían desde el interior llegaban a destino para su embarque final.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 113


Berthomier & Cía., al lado de la «carrería del puerto», una de las tantas existentes en
Asunción e inevitable componente del sistema «a mulita». Villarrica (Pdte. Franco) y
Colón.

La Plaz oleta del Puerto. Aparte de los paseos y jolgorios que motivaba, allí se concentra-
ban curiosos y mercaderes, marineros y «pitucos», gente del arrabal y «de la sociedad».

Y, como si todo esto fuera poco, la larga cuesta que proponía la calle Colón desde la
Plazoleta, nos llevaba de la gloria al cielo (o al infierno); es decir del puerto al cemen-
terio: el famoso "Mangrullo", campo santo de los brasileños que ocuparon la ciudad
en la pos-guerra del `70, hoy parque Carlos Antonio López.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 114
La Plaza Independencia

El conjunto conocido como Plaza Independencia, estaba inicialmente compuesto


de tres plazas: la Plaza de Armas , frente al ex Colegio Militar, en la calle República
y el Paraguayo Independiente; la Plaza del Congreso, ubicada frente al edificio que
alberga al actual Congreso Nacional, entre las calles Alberdi y Chile; y, la Plaza
Constitución, localizada entre el atrio de la Catedral y la calle Chile frente al Cuartel
de la Policía Nacional.
A pesar de su amplitud de hoy, los orígenes de la plaza se remontan a pequeños
espacios sueltos que se escamoteaban a los edificios del lugar. Entre ellos, el Cuartel
de la Ribera ocupaba un lugar prominente. Estructura colonial dispuesta en "ele",
una de sus alas terminaba muy próxima a las arcadas del proyectado "Palacio de
Gobierno" de los López, finalmente edificio parlamentario. El otro bloque, casi
desde el centro de la plaza enfilaba hacia la Catedral. Desde ese cuartel salieron los
conjurados de mayo a intimar a Velazco en 1811.
Frente a la galería oeste de este edificio fue levantado el monumento que conmemora
la Jura de la Constitución, el 25 de Noviembre de 1870, documento y acontecimiento
hoy olvidados, así como olvidado está el monumento, mimetizado entre árboles y
vehículos estacionados.
A oeste y en la proyección de la calle Del Atajo, hoy Alberdi, estaba la Casa de los
Gobernadores, lugar de la mencionada intimación de mayo. Como se puede apre-
ciar, la distancia recorrida por los patriotas fue muy corta. Este caserón colonial fué
también sede de los gobiernos que sobrevinieron a la gesta de la Independencia y ya
a fines del siglo pasado, fué local del Correo y residencia de su Director, por lo que
se la conocía como "Correo Cué" hasta su demolición en 1913.
Más atrás, ya hacia la bahía y siguiendo la proyección de la calle 14 de Mayo, estaba
el Cuartel de la Maestranza de Artillería. Local de larga "cuadra" de galerías a
ambos lados del bloque que, empezando desde frente a la actual Casa de la Cultura,
terminaba casi en el borde del barranco.
Entre los edificios que estaban sobre la calle propiamente dicha, es decir sobre la que
fuera calle Buenos Aires, hoy El Paraguayo Independiente, estaban: la casa particular
de Don Carlos Antonio López, extraña edificación que ocupaba toda la cuadra entre
Independencia Nacional y 25 de Noviembre, hoy Nuestra Señora de la Asunción.
Galerías, gruesas columnas de mampostería y una doble altura aparentemente dis-
puesta para amortiguar los rayos del sol caracterizaban a este singular edificio. Ya
reconvertido, fue más tarde- sede del Club Alemán y hoy, ya desaparecida la cons-
trucción, alberga a la Policía Motorizada.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 115


Más atrás, ya hacia la bahía y siguiendo la proyección de la calle 14 de Mayo, estaba el
Cuartel de la Maestranza de Artillería.

Festejos frente al Cuartel de Policía y el Monumento a la Cons titución del ´70. El local de
la Policía Nacional fué, originalmente, una residencia particular. Pertenecía al Sr.
Cantalicio Guerrero.

El local de la Policía Nacional fué, originalmente, una residencia particular aunque


ya los registros gráficos del presente siglo lo señalan como Cuartel de Policía.
En la cuadra siguiente, el Teatro Nacional abría sus puertas hacia la plaza. En la parte
posterior, sobre la calle Villarrica, antigua Del Sol, hoy Pdte. Franco, se encontraba
la Plaza Libertad, aunque algunos historiadores la recuerdan como "placita Unión".
En ese lugar y mediante una concesión que apelaba a la suscripción anticipada de lo-
calidades, el catalán Baudilio Alió (o Alliot) construyó el Teatro Municipal pero
ya con el acceso principal orientado hacia la calle Presidente Franco.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 116
La Plaza Independencia,
sus edificios y entornos

El conjunto de la Plaza Independencia, olvidado y descuidado, está lejos de los


fastos históricos que lo llenaron de reverente respeto hasta hace muy poco. Depósito
de automóviles estacionados y muro de los lamentos ciudadanos, sin ningún muro
aunque con demasiados lamentos, las demoliciones de principios de siglo primero,
la Policía después, y ya en "tiempos democráticos", los permanentes conflictos en su
entorno, la convirtieron en un paraje devaluado en importancia, función y carácter.

Como se mencionaba en una de las entregas anteriores del Correo Semanal, la Plaza
Independencia, tuvo entre sus límites y en otros tiempos, al histórico Cuartel de la
Ribera, a la Casa de los Gobernadores y la Maestranza de Artillería, hoy ya
demolidos. Dentro del espacio subsiste, sin embargo, el monumento que conmemora
la Jura de la Constitución de 1870.

En el mismo sector y, desde aproximadamente 1906, se encuentra la Dirección de


Correos, ex Palacio Patri, que llevaba el nombre de su constructor y propietario, el
empresario italiano Juan Patri. El edificio fué adquirido por el estado paraguayo
durante el breve gobierno del Presidente Liberato Marcial Rojas, en 1912.
Cerrando el flanco oeste de la plaza, se encuentra la hoy denominada Casa de la
Cultura, tal vez el edificio de mayor alcurnia histórica en todo el Paraguay.
Allí funcionó desde los primeros tiempos de la colonia, La casa de recogidas y
niñas huérfanas de Asunción, " ..... la primera en todo el Río de la Plata (...) origen
y cuna de la educación de la mujer paraguaya". Los restos de su primera institutriz,
Doña Francisca Jesusa de Bocanegra, fueron sepultados en el cementerio del lugar,
en lo que queda de lo que fuera ladera de la "Loma Cabará", a la sombra del antiguo
Convento de Santo Domingo.

En el edificio funcionó también La Real Factoría de Tabacos, que tenía en su parte


posterior, sobre la laguna "De los patos", un pequeño embarcadero.
El Gobernador Fernando de Pinedo convirtió la singular construcción en sede del
Real Colegio Seminario de San Carlos, que luego de más de un siglo de interrum-
pida actividad (fue clausurado en dos ocasiones) dejó de funcionar definitivamente
poco antes de la Guerra del ‘70.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 117


Sobre la avenida República, detrás de la actual Casa de la Cultura, la casa del Ex-Presi-
dente Cnel. Juan A. Escurra y sede del Estado.

Después de la contienda, fué Cuartel de Caballería y Artillería y desde 1915, Escuela


Militar. En las vísperas de la Guerra con Bolivia fué sede de la Escuela de Aspirantes
a Oficiales de Reserva y fungió de Hospital durante la contienda, para convertirse
finalmente y, desde 1940, algunos meses antes del fallecimiento del Gral. José Félix
Estigarribia, en el Colegio Militar "Mcal. Francisco Solano López" .
En la parte posterior del edificio, hacia la calle República y 15 de Agosto, se encon-
traban otras valiosas construcciones, hoy desaparecidas. Entre ellas, la casa del Ex-
Presidente Cnel. Juan A. Escurra, la que, en algún momento de las primeras déca-
das de este siglo, también fue sede del Estado Mayor General .
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 118
CAPITULO IX

ACCESORIOS

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


Cúpulas, almenas,
pináculos y torreones...

Aunque las prominencias de la ciudad hoy son -muchas veces- producto de la es-
peculación por obtener el mayor rendimiento posible del suelo, todavía quedan al-
gunas -muy pocas- que sugieren el perfil de la Asunción Colonial. Escamoteadas de
nuestra vista por una maraña de edificaciones, son cúpulas, torreones y pináculos,
que caracterizaban el paisaje urbano y con los que los dueños de esas construcciones,
expresaban ideas de elevación y poder.
Independientemente de ellas, debe considerarse que en esa época, la visión directa
del entorno podía garantizar la seguridad de la población o, por lo menos, anticipar
algunos peligros.
Las torres y torreones son, además, los elementos simbólicos más antiguos del
paisaje asunceno ya que constituían el ornato habitual de las iglesias, conventos y
ermitas desde la primera época de la colonia. Entonces, los templos podían prescindir
de ciertas comodidades, pero de campanario, torre o algo que se le pareciera, jamás.

Ya con la población urbana más consolidada, el uso de estos detalles se extendió a


la construcción doméstica, con un sentido más práctico y conveniente: apropiación
del paisaje, demostración de poder o exhibición del status y visión lejana. Así tene-
mos la torre de la casa Milleres , Chile y Haedo (actual Ogarapé); la de Bestard, sobre
la calle Alberdi, detrás de La Encarnación; la de Luces, Oliva entre 15 de Agosto y
O’Leary, curiosa construcción cuyo propietario la destinó para divisar la llegada de
los barcos.

Sin ser torres, pero con las mismas ideas de manifestación de la jerarquía y linaje de
la construcción y de sus moradores, aparecieron también los pináculos. De éstos y
aquellas, aunque más recientes pueden observarse en algunas "villas" de las avenidas
España o Mcal. López.
Las almenas se sustentaron en un criterio de defensa; criterio fundamental teniendo
en cuenta las numerosas y sangrientas batallas de nuestras "vivencias democráticas".
Quedan las de la actual Casa de la Cultura, que les son totalmente propias ya que
-en nuestro país- las batallas por la cultura se cobraron tanta sangre como las otras.
Como ejemplo de esta tipología, aunque no como almena propiamente dicha, pode-
mos citar a la Iglesia de la Encarnación, que si bien no es un bastión militar, se la
ha usado como tal en casi todas las "revoluciones".

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 120


Las cúpulas sobre el perfil de la ciudad. La del Oratorio, el Palacio Alegre y, a lo lejos, la
de La Encarnación.

Las cúpulas aparecieron en Asunción de la mano de los arquitectos europeos con-


tratados por Don Carlos A. López, en la mitad del siglo pasado. Se puede decir que
la cúpula del Oratorio de la Virgen de la Asunción fue de las primeras construidas
en esta ciudad. Como en los casos anteriores, la modalidad de su uso se extendió a
la construcción doméstica y así la tenemos en algunas de las casas de las avenidas ya
mencionadas.
Si bien la visión de estos elementos nos acercaba a Asunción, ".. la ciudad siempre
estaba lejos .... ".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 121
Arcos, recovas y galerías ...

Aunque la "gran arquitectura" fué casi siempre la expresión del poder de los reyes
y las jerarquías religiosas, la arquitectura "popular" tenía la enorme virtud de denotar
con calidad y practicismo, los hábitos sociales y apetencias estéticas del pueblo llano
e incluso, sus expresiones de homenaje. Para éstas últimas se consagró en Asunción
la costumbre de engalanar la ciudad, desde los primeros tiempos de la Colonia. Los
festejos de grandes acontecimientos como el Paseo del Real Estandarte en los días
de San Blás, o los que motivaron ilustres visitantes, como los hermanos
Hernandarias y Fray Hernando de Trejo y Sanabria, que retornaban al Paraguay
el 19 de julio de 1598, tuvieron fastos de aquel tipo.
Aunque no sabemos si en estos acontecimientos se usaron los "arcos de triunfo"
como muestras de homenaje, si los hubo para Francisco Solano López cuando algún
festejo por su onomástico. Arcos de triunfo recibieron también al Mcal. josé Félix
Estigarribia y los combatientes del Chaco en el Desfile de la Victoria, realizado en
Asunción, en 1935.

En la construcción doméstica los arcos se usaron bastante y la casa que los tuviera
adquiría con ellos mayor jerarquía y consideración. Quedan todavía en Asunción
algunos de ellos, muy antiguos, en galerías, frontis y, en especial, en los pórticos de
acceso de algunas residencias. En Azara casi Chile está el arco que introducía a la casa
de la familia Zubizarreta y existen otros dispersos en el resto de la ciudad.
Aunque el diccionario refiere que la recova es " .... un lugar público en el que se
vendían las gallinas y demás aves domésticas", en el léxico sur-americano y espe-
cialmente "paraguayo", no es otra cosa que una galería o corredor elevado del nivel
de la calle. Al contrario de los arcos, las recovas ya surgieron ante exigencias más
concretas de la vida cotidiana y en respuesta a la explosiva demostración de poder de
los raudales. Con la recova se buscaba alejar la construcción del ímpetu destructor
de las correntadas, al mismo tiempo de permitir una mejor visión del entorno. Pro-
piciaba el deleite de sentarse a la sombra de los techos para "mirar pasar la vida" frente
a la casa.
Aunque la mayoría de las recovas antiguas de Asunción han desaparecido quedan
algunas como la de la calle Colón y Plazoleta del Puerto. Otras famosas fueron las
que entornaban el Mercado "Guazú", que propiciaban el encuentro pero también las
emboscadas como la que terminó con la existencia del ex-presidente de Cirilo
Antonio Rivarola, el 31 de diciembre de 1879.
Si las recovas no tienen casi diferencias con las galerías, nos referimos éstas -con más

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 122


Recova de Palma e Independencia Nacional. En estos profundos corredores fué apuñal ado
el ex-presidente Cirilo A. Rivarola, el 31 de Diciembre de 1879.

propiedad- cuando se orientan hacia el interior de las casas. La galería vino a sustituir
a la sombra de los árboles, a brindar una transición entre el exterior y el interior, entre
la intemperie y alguna cobertura. Casi todas las casas de Asunción la tuvieron y aún
cuando las fachadas "se modernizaron" con el aporte de los constructores europeos,
a fines del siglo pasado, hacia el interior de las residencias, alrededor de los patios,
la actividad de las familias se refugiaba en las galerías.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 123
El adiós de las recovas
Originalmente publicado como "Arcos, recovas y galerías (2)"

Sólo podemos presumir los motivos por los que las recovas iniciaron su lenta reti-
rada de Asunción. Uno de ellos pudo ser la progresiva pavimentación de las calles
ya que a partir de ese hecho, los torrentes -aunque igualmente peligrosos- empezaron
a seguir un "itinerario" más o menos previsible, pero lejos de los cimientos de las
casas. Igualmente, la irrupción de los automóviles empezó a erradicar la costumbre
de caminar por "cualquier parte".
Apelando el amparo de las veredas los peatones se encontraron que las recovas, más
que refugio, se había convertido en escaparate de sus dueños, los comerciantes. Fi-
nalmente, un detalle que pudo constituir el detonante mayor para la proscripción de
las recovas fué la venida de un importante contingente de ingenieros, arquitectos y
constructores extranjeros; o, de paraguayos que habían estudiado o practicado dichas
profesiones fuera del país.

El bagaje técnico de estos profesionales que -de lejos- excedía a la modestia de los
instrumentos estéticos y tecnológicos disponibles en Asunción a fines del siglo pa-
sado, hizo que la nueva burguesía local, emergente de la prosperidad de la posguerra
del ’70, se plegara con entusiasmo a los nuevos aires formales.

Así, empezaron a eliminarse aleros y galerías en beneficio de los detalles ornamen-


tales de la arquitectura neoclásica y otras corrientes estéticas vigentes en la época:
frontis , cornisas, bajorrelieves, molduras, accesorios metálicos, aparejos decorati-
vos, símbolos heráldicos. Más que al cobijo y la solidaridad con los de la calle, las
nuevas construcciones de la "nueva" Asunción enfatizaron el status, el linaje, el
poderío de la nueva clase rica. Cuanto más lejos, inalcanzables e inaccesibles las
casas, mejor.

No obstante y debido a su raíz comunitaria, las recovas están en nuestra memoria y,


a pesar de todo, siguen figurando en el "mapa" de la normativa municipal asuncena.
Aunque, por el momento, sólo han quedado a salvo en los edificios públicos: Policía
Central, Casa de la Cultura, Prefectura (recova del Puerto), entre otras pocas.
Aunque en algunas ciudades del interior todavía "cuentan" para la protec-ción, el
contacto y el tránsito a cubierto de la lluvia o el sol, la falta de control urbano y los
malos ejemplos de la capital, van radiando -lentamente- a las recovas del paisaje
arquitectónico paraguayo.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 124


Las galerías eran una «forma de vida». Tanto que ni el «señorial» Hotel del Paraguay
podía prescindir de ellas.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 125


Pasajes, puentes y callejones

Asunción fué hasta 1821, fiel reflejo de si misma. La ciudad en su estado de gracia
natural. "Ordenadamente" anárquica. La que refería, en su más elemental y genuina
expresión física, la relación del hombre con la naturaleza, la respetuosa reacción de
los ciudadanos ante las imposiciones y dificultades del medio. Casas donde tenían
que estar; pasajes donde se tenía que pasar y puentes donde no se podía, ante un
arroyo, un barranco. Una cuesta pronunciada o una depresión motivaba el sinuoso
sendero para sortearlas. Casas construidas para "filtrar" el ambiente decantándolo de
sus aspectos más agresivos. Para la lluvia, generosos aleros y galerías; para el fuerte
sol, enredaderas y techos ajardinados; la indiscreta mirada de la calle salvada con
frontones verdes, floridos, perfumados.
La casa, la calle, la ciudad, convertidos en un refugio total. Un racimo de blancas
paredes y "pardos tejados" a caballo de las lomas o los barrancos, con la selva pro-
longada hasta los patios; reproducida -en menor escala- en la semi-sombra de las
enredaderas, cerca de las galerías. Lo agreste de lo rural dentro de lo urbano. Si
Asunción hubiera crecido de esa manera, menos "ordenada" pero natural, podría
haber sido como tantas ciudades coloniales latinoamericanas o, tal vez, quien sabe,
como algunas intrincadas ciudades europeas, hoy no menos ordenadas que otras,
pero mucho más vitales y pintorescas.

Luego de la Independencia, sin embargo, aquella Asunción olvidada, que ni siquiera


había sucumbido a las indicaciones de las "Leyes de Indias" en cuanto a la trama y
el ornato reglamentario de la colonia, fué sometida por el Dr. José Gaspar R. de
Francia a una feroz "reforma urbana" cuando él mismo y teodolito en mano, re-
solvió destruir "....aquel laberinto arquitectónico de huecos sospechosos y ángulos
hostiles .. " , luego de un abortado complot contra su vida, en 1821. En esa ocasión,
no sólo se abrieron y enderezaron calles y se perdieron casas, sino todo aquel casco
original que creció "alineado" a salvo de los torrentes y alrededor de algunos edificios
esenciales.

La "reforma" originó la nueva trama de la ciudad. La que -en adelante- buscaría


prescindir de pasajes, atajos y puentes. La que cubrió los cauces de los arroyos con
la urbanización "planificada" y que desafió la naturaleza con grandes obras y grandes
pérdidas, en despliegues innecesarios, en vidas.
Que es -exactamente- lo que sucede cuando pretendemos abandonar la convivencia
con la naturaleza para intentar dominarla.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 126


Asunción desde la Loma «San Gerónimo», en donde todavía existe una trama de senderos y
pasajes pintorescos.

Hoy en Asunción, todavía pasamos por algunos puentes pero no los vemos porque
no vemos los arroyos. En las avenidas España, Mcal. López, en la calle Casanello y
en otras de la ciudad. Todavía tenemos muy cerca del centro o estamos muy cerca de
lugares que no queremos ver, pasajes y callejones que se asemejan a los que existie-
ron en Asunción, allá lejos, en tiempos de la colonia.....
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 127
Arroyos y atajos
Publicado originalmente como "Pasajes, puentes y callejones (2)"

El abigarrado casco urbano de Asunción sufrió la primera embestida depredatoria


-aunque accidental- en los inicios mismos de la colonia, cuando la ciudad sufrió un
gran incendio en 1543, apenas seis años después de su fundación. La aldea, que ya
contaba entonces con "cerca de 260 casas", perdió las dos terceras partes de ese
componente, además de edificios públicos y archivos.
Reedificada, aunque con más distancia entre las casas, la pequeña ciudad no pudo
evitar la natural tendencia de delinear calles y casas a cubierto de las torrentosas aguas
de raudales y arroyos. Finalmente, las lluvias eran mucho más frecuentes que los
incendios. En cualquiera de los casos y ante la ausencia de otro medio de transporte
que no fuera el caballo y tal vez, alguno que otro carromato, la circulación no requería
entonces de mayores instalaciones. La que existía era salvada por un sistema de ca-
llejones, pasajes, puentes y pasadizos que convertían a la ciudad en una intrincada
trama de estilo medieval, pero sin murallas.
Aun después de la "reforma urbanística" realizada por el Dr. Francia en 1821, e in-
dependientemente de las "razones" esgrimidas por el Dictador, muchos de estos
pasajes se mantuvieron, o reaparecieron más tarde, ante las mismas necesidades que
las habían originado. Pero aun a costa del derribo de casas, desmontes de árboles y
otros desmanes, aquellos simples "atajos" o "pasajes" adquirieron el status de calles
a partir de aquella "reforma".
La calle Alberdi, por ejemplo, terminaba (o empezaba) en la calle de La Ribera, luego
Florida y actualmente Benjamín Constant. La calle se metía como cuña entre los
terrenos del Teatro Municipal y el Correo, hecho que le dio su nombre original: calle
del Atajo. Cuando las cuestas se hacían más empinadas y cuanto mas arroyos sur-
caran la comarca asuncena mayor cantidad de puentes y pasajes se creaban para
facilitar el acceso a esos lugares.
Es mas que seguro que, a lo largo del curso de los arroyos "Ycuá Satí" que tenía su
naciente en los bajos al este del "cerrito Antequera", hoy escalinatas, y seguía el
curso que hoy lleva la calle del mismo nombre hacia la bahía, existieran puentes de
todos los tipos, tamaños y tecnologías. Lo mismo habría sido en las márgenes del
"Pozo Colorado", que desde la hoy calle Tte. Fariña seguía el curso de la calle
Nuestra Señora de la Asunción y que luego se unía al arroyo "De los Patos", detrás
del ex Colegio Militar, para desembocar también en la bahía. Y en nuestros viejos
conocidos el "Jaen" o el "Jardín" que hasta hace poco, estaban hilvanados de puen-
tes y pasajes. Como los que existen ahora mismo en Asunción sobre los arroyos,
mimetizados de pavimentos y escondidos entre la basura y los muros de contención.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 128


El 17 de noviembre de 1876, un ejemplar de «Los Debates» anunciaba que « .... mañana
pone en licitación la Junta E. Administrativa, la compostura del puente de la Recoleta....
». Se trataría del mismo puente de la fotografía.

Puentes que se cubrieron de olvido sobre el arroyo "Ferreira", el "Mburicaó", el


arroyo "Moroti" o el "Leandro".
De los pasajes, remanentes de los antiguos atajos, quedan algunos en los barrios de
los bañados norte y sur, en Loma Pytá, Loma San Gerónimo, Zeballos Cué, Nuestra
Señora de la Asunción y, en el centro, los conocidos Pasaje Yegros, Pasaje Jaén,
La Encarnación y el Callejón Histórico. Casi nada .....
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 129
Lomas y Promontorios

Cuando en una entrega anterior mencionaba que en la Asunción colonial " ...la visión
directa del entorno podía garantizar la seguridad dela población o, por lo menos, anticipar
algunos peligros .." me refería a las casas que, aparte de la ventaja de sus torres y torreones,
manifestaban las " ... ideas de elevación y poder ..." de las familias que las poseían.
Sin embargo, ya cuando la extensión y existencia misma de la ciudad motivaran estrategias
de protección mejor "planeadas", las lomas y promontorios naturales de Asunción se con-
virtieron en enclaves de defensa, de uso militar exclusivo. Sobre todo en períodos críticos lo
que en nuestro país era decir, a menudo ... y hasta hace muy poco.
Entonces, " .. Las colinas de Asunción se llenaban de cantones para la defensa. Eran
famosos los de Berthe-cué (hoy Comando en Jefe), Sanson-cue (hoy Monumento a
Antequera), Carreras (en la esquina de Cerro Corá y Curupayty), la Iglesia de la Encar-
nación y el Mangrullo (hoy Parque Carlos A. López) " de acuerdo a la versión del Dr.
Hipólito Sánchez Quell.
La primera mención se refiere a la sede militar ubicada en Mcal. López y Vice Presidente
Sánchez donde se construyera la "Villa Rosalba", mansión de la familia Pérez-Ferraro,
luego Hotel Rassmussen; y, la segunda, a la de la escalinata construida en 1928, en homenaje
a Los Comuneros, en el sitio conocido como "cerrito Antequera". En cuanto a la de Cerro
Corá y Curupayty, la misma fué ocupada por una residencia y reconvertida a "templo de la
noche asuncena"; pero su entorno sigue brindando unade las visuales más bellas de la ciudad,
el del río lejano y del cercano Ciudad Nueva.
En cuanto a las otras, el promontorio que sirvió de asiento a la Iglesia de La Encarnación se
llamaba "Volo-cue" y el del "Mangrullo", término pampeano, probablemente debido a su
antiguo uso de vigilancia, cementerio hasta 1918, fue sede del "Hospital de Brasileños" más
antes y hoy, parque. Fue uno de los sitios -potencialmente- más bellos de Asunción.

Debe agregarse a las mencionadas, la loma de "San Gerónimo" en donde -según constan-
cias todavía visibles en el mismo sitio- existieran baterías de defensa desde los tiempos de
la colonia. Muy cerca, la Loma Cachinga, hacia el Hospital de Clínicas; más allá Loma
Clavel. Lugares de arrabal, conventillos y serenatas. Otros lugares de la misma estirpe son
la Loma Cabará, presumido asiento original de la Casa Fuerte que diera origen a Asunción,
sede territorial del Convento de Santo Domingo y hasta hace muy poco, del Estadio Comu-
neros; Punta Carapá en el otro extremo de la bahía, "península" sobre el bajo chacariteño,
de gratas resonancias folklóricas. En la loma más cercana al puerto -Montevideo y Benjamín
Constant- y en donde estuviera hasta 1902, una de las últimas casas de Gobernadores, se en-
contraba Machain Cué. La Loma Tarumá o loma Campamento donde se desataba el "

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 130


El «cerrito Antequera», conocido también como «Sanson Cué», con el monumento erigido
en honor a los Comuneros de Asunción, coronado con una réplica a la «Victoria Alada de
Samotracia».

.... impetuoso ritmo negro.. " del 24 de setiembre se encuentra entre las calles
México, Caballero, Rca. de Colombia y la avenida Gaspar Rodríguez de Francia.
Lugares "altos" de Asunción, llenas de encanto e historia. Y allá lejos, hacia el sur,
faros de piedra y destellos de lapacho anunciando la llegada a "la Asunción": los
cerros de Tacumbú y Lambaré.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 131
Los patios coloniales

Las antiguas construcciones de Asunción no podían prescindir de los patios. Ellos


eran -desde el principio- la continuación de la floresta alrededor de las casas al mismo
tiempo que la sombra, el jardín, la huerta, los árboles frutales que nunca faltaron, la
ropa tendida sobre los pastos. Fueron también albergue de los juegos infantiles y
hasta de los gallineros cuando hubo necesidad de tenerlos. Tan importantes y útiles
fueron los patios en la historia de la edificación urbana de Asunción que casi todas
las actividades de la casa tenían lugar dentro de sus límites, materializados éstos en
"cercados": de palmas, postes, tacuaras, setos vivos o tupidas enredaderas, dejando
como función de las construcciones sólo el de guardar el muy cuidado pudor de las
familias, recinto para la privacidad, refugio para los días de lluvia o para aquellos de
intenso frío. Podría decirse que -en las casas- el uso de los habitaciones era una in-
corporación europea a los hábitos de la Colonia mientras que el patio, al mismo tiem-
po que la convivencia con el paisaje y la naturaleza, indicaba la procedencia de lo
autóctono, los usos criollos del aire libre.
El espacio exterior, el patio, significaba la utilidad y el trabajo; el jardín -posterior in-
corporación a las viviendas de fines del siglo pasado- era la decoración y el deleite.
Una vertiente que combinaba ambas funciones fué sin embargo la aparecida en las
construcciones más elaboradas de los siglos XVIII y XIX con las galerías entornan-
do un patio que era a la vez huerta -o arboleda- y jardín.
Las fotografías de Asunción tomadas a principios de este siglo desde las torres de la
Encarnación, de la casa Quell o del Palacio de Gobierno, nos muestran una ciudad
llena de patios donde los árboles compiten con los techos por la supremacía en el
paisaje.
Pero si en la actualidad, desde lo alto de los edificios, recorremos la vista por esos
mismos lugares, sólo veremos muñones de patios que ya no son, árboles raquíticos
comprimidos entre las medianeras, asfixiados por los aleros de los techos o simple-
mente acogotados sus tallos por el suelo embaldosado. Jorge Luis Borges gráfica el
panorama en un artículo publicado en el Correo Semanal de hace unos días "... no
soy un desamorado del centro, con su alumbrada noche, con sus algunos antiguos
patios que ahora se han quedado sin cielo.."
Luego del paso de la guerra del ’70, Asunción se fué extendiendo hacia el este de la
Plaza San Francisco pero con terrenos mucho más pequeños donde los viejos patios
iniciaron su lenta retirada. Quedaron en el recuerdo el patio de los Iturburu partido
en dos por las reformas del Dr. Francia en 1821, dejando de un lado de la calle la casa
de los señores y del otro, el patio y la habitación de los sirvientes; o, el de Felipa

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 132


El Barr io de la Encarnación próximo al fin de la década del ’20. Competencia entre patios
y «pardos tejados».

Dolores Caballero Mayor, hija de Pedro Juan Caballero y madre del Presidente
Cándido Bareiro, que crió a su familia haciendo y vendiendo dulces de guayaba con
frutas recogidas del patio de su casa, ubicada en la esquina de las actuales calles
Caballero y Eligio Ayala.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 133
Las murallas

El 15 de Agosto de 1537, más que ciudad, en la "Loma Cabará" se fundó una Casa-
Fuerte y alrededor de ella, la primera gran muralla de Asunción. La originaria defi-
nición material de un territorio español en el Paraguay, la primera delimitación física
de las diferencias entre colonos e indios. La vida en la capital de la Provincia se inicia
entonces con una muralla como protección total y desde el principio. Más que una
delimitación de territorios o predios, el muro, empalizada o cerco de troncos, empe-
zaba a constituirse en un elemento fundamental de la seguridad de la Colonia.

Con el transcurrir de los años y la progresiva consolidación del dominio español


permitió la extensión de la ciudad más allá de las murallas. La quietud de la Colonia
la volvió innecesaria. Por otro lado, la abundancia de la tierra disponible para los
colonos encomenderos no hacía de los límites una cuestión primordial. La partición
de las propiedades se efectuaba -más bien- por criterios de funcionalidad. La división
de los solares, por ejemplo, se hacía en piquetes para la cada vez más numerosa
ganadería o en corrales para el ganado menor y las aves domésticas o domesticadas.
También habría cercos para proteger los sembradíos.
La muralla propiamente dicha aparece en la Asunción, cuando los límites naturales
que imponían arroyos y barrancos fueron abandonados en beneficio del artificial
procedimiento de la alineación de las calles en el mismo sentido que los edificios más
importantes del poblado o según la dirección de la "rosa de los vientos". En los
"pueblos de españoles" el mecanismo estaba indicado por las Leyes de Indias; en
Asunción, se hizo posible "gracias" a las "reformas urbanísticas" emprendidas por el
Dr. Francia en 1821.
La cuadriculación de las manzanas y calles no eliminó -sin embargo- el intrincado
tendido de los cercos en el interior de las manzanas pero a partir de la época, salvo
en los terrenos baldíos, que por entonces eran numerosos, las casas fueron condena-
das a la utilización de aquellos cercos con la cuota de línea recta que la geometría
necesita para que las ciudades parezcan "ordenadas".
A partir de entonces las murallas se hicieron imprescindibles para separar calles de
patios o para identificar donde terminaba un terreno y se iniciaba otro. Y como los
muros perimetrales llegaron a constituirse en elementos aún más visibles que las
mismas casas, muchas veces fueron más decoradas e importantes que aquellas.
Al igual que en los cementerios, en las murallas se llegó a denotar el verdadero gusto
de los propietarios en materia de construcciones. Era en las murallas donde aparecían
las veleidades estéticas de los propietarios e incluso la manifestación del linaje, el

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 134


Murallas de Asunción, alrededor del «Palacio de López». Foto tomada en 1929, por el
explorador suizo Luís de Boccard.

gusto por las plantas, la bienvenida o el rechazo a los visitantes.


Muchas veces el florido decorado de una muralla no estaba a tono con la modesta
construcción del interior, o la pobre indumentaria del muro no se correspondía con
el soberbio equipaje de la casa. Pero desde siempre, los cornisamentos, las molduras,
los frontis decorados en los accesos hasta con alguna simbología heráldica y más
tarde, verjas y herrajes; o, murallas vestidas de flores, de enredaderas, de jazmines,
decían mucho más que todo.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 135
Monumentos

El monumento es un instrumento para el recuerdo, para la veneración. Y fuera


porque no queremos recordar o pensemos que no tenemos nada para venerar espe-
cialmente, Asunción carece de monumentos o no los tiene en la medida de su rica e
importante historia. Los que están, muy pocos, no son sitios convocativos, queridos,
respetados.
En nuestra capital, no existe nada que recuerde a nuestros ancestros indígenas ni los
duros años de la Colonia. Salvo una estatua al fundador de la ciudad, el Cap. Juan
de Salazar de Espinoza, no hay otros símbolos que enaltezcan la memoria de los
conquistadores ni monumentos que recuerden a los gobernadores de la antigua Pro-
vincia del Paraguay. Ningún monolito perpetúa la memoria de los Próceres de
nuestra Independencia ni los constructivos años de gobierno de Don Carlos A.
López. Tampoco se ha erigido conjunto escultórico alguno que memore la heroica
resistencia de Humaitá ni la victoria de Curupayty en la Guerra del ´70. O que
recuer-den las victorias de la Guerra del Chaco o a sus conductores, oficiales y sol-
dados.

La época de la colonia fué pobre de monumentos pero hubo pompas, festejos, fiestas
que apelaban al engalanamiento de la ciudad. Ya en época de los López, hubo arcos
de triunfos para los homenajes (bienvenidas o cumpleaños) de los mandatarios. En
1873, durante la presidencia de Salvador Jovellanos, Juan Colombo, un construc-
tor italiano que siguió a López hasta Cerro Corá, erigió el primer monumento, el que
conmemora la Constitución sancionada el 25 de Noviembre de 1870. El monolito,
imponente y olvidado, subsiste frente a las dependencias de la Policía Nacional, en
la plaza frontera.
Recién en setiembre de 1893, se disponía un reconocimiento a los artífices de nuestra
independencia. En esa fecha, una disposición de ley sancionaba la indicación para
construir un monumento " ... en el centro de la Pla-za Uruguaya", en homenaje a
los próceres Fulgencio Yegros, Pedro J. Caballero y Manuel A. Cabañas, vence-
dor de Manuel Belgrano en Paraguarí y Tacuarí. Aunque esa ley nunca fué cumplida,
si nos alineamos con fervor a las "formas clásicas" adornando las plazas de los
Héroes, de la Independencia y Uruguaya con réplicas de figuras mitológicas, ani-
males o alegorías diversas. Pero aunque tuvimos de éstas, no siempre gozaron del
favor del público. Hacia 1913, durante la Intendencia de Don Belisario Rivarola,
"Belisaurio" según sus adversarios políticos, en la Plaza Uruguaya, se instalaron
algunas estatuas que tenían como motivos a deidades griegas muy "ligeras de ropas".

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 136


El monumento que conme-
mora la Jura de la Consti-
tución del 25 de Noviembre
de 1870. Fué construido
por el italiano Juan
Colombo. Atrás al fondo,
la Casa de los Gobernado-
res.

Las mismas fueron consideradas "indecentes" por las religiosas que dirigían -en
aquel entonces- el colegio De la Providencia por lo que prohibieron a sus alumnas
cruzar el lugar, para evitar la vista de semejantes "obscenidades".

La generosidad extranjera y nuestra gran vocación para retacear méritos a nuestros


héroes permitió también que tuviéramos monumentos a Artigas pero ninguno de
Fulgencio Yegros o Fernando de la Mora, de San Martín pero nada que recuerde
a Don Carlos Antonio López. Bustos de héroes americanos y hasta de Chian Kai Sek
y Somoza pero ninguno de Blás Garay, Ignacio A. Pane, Eligio Ayala, Manuel
Franco, Manuel Domínguez o Fulgencio R. Moreno.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 137
CAPITULO X

VILLAS Y
EDIFICIOS

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


Los "palacios" y las "villas"

En marzo de 1844, asume el Gobierno del Paraguay, Don Carlos Antonio López.
Se hacía imperiosa la necesidad de superar el aislamiento y el retraimiento impuestos
por el Dr. Francia y acoplarse a las ideas renovadoras del mundo que ya empezaban
a golpear las puertas del Río de la Plata.
Una vez re-electo en 1854, López decide la contratación de una importante cantidad
de técnicos extranjeros así como el envío de estudiantes paraguayos al viejo mundo.
Desde aquella fecha hasta el inicio de la Guerra de la Triple Alianza, llegaron a
Asunción especialistas en arsenales, ferrocarriles, sanidad, armada y navegación, el
arquitecto italiano Alejandro Ravizza, el escultor de la misma nacionalidad Andrés
Antonini, y los ingleses Alonso Taylor, constructor y John Owen Moyniham, "pi-
capedrero", entre otros profesionales quienes se dedicaron a diseñar y construir una
serie de edificios destinados a cambiar la silueta urbana de Asunción.

Se había mencionado ya en una entrega anterior, las obras de estos constructores-


artistas: la Aduana, la Estación del Ferrocarril, el Palacio de Gobierno (hoy sede
del Parlamento Nacional), el Palacio de Francisco Solano López (hoy Palacio de
Gobierno), el Teatro (sede de Impuestos Internos), el Oratorio de la Virgen de la
Asunción (Panteón de los Héroes), el palacio Barrios , el de Elisa Lynch y los res-
pectivos palacios de los hermanos del mariscal, Benigno y Venancio.

Pero si la ansiedad de Carlos Antonio López por superar la postración urbanística


luego del gobierno de Francia, los que retornaban a la capital después de la caída del
Mariscal Francisco Solano López en Cerro Corá, en Marzo de 1870, se instalaban en
Asunción con la misma actitud. Aunque la miseria es casi la misma, la devastación
y los enconos son esta vez, mucho mayores. Se impone para los adversarios del sis-
tema derrotado -nacionales y extranjeros- destruir, no sólo los vestigios de los López
sino también los que aún quedaban de la vieja dictadura francista. Y aquellos vesti-
gios pasaban por las pocas materializaciones físicas que aún quedaban en pie.
Se agregaba a esta cuestión -si se quiere política- que desde la terminación misma de
la guerra y hasta fines del siglo XIX -especialmente- las construcciones de Asunción
empezaron a denotar la masiva presencia extranjera. Tanto por los diseños como por
la aparición de un importante contingente de constructores italianos, franceses y
españoles que engalanaron las calles de Asunción con el aporte de las corrientes
estéticas en boga. La nueva clase política, los comerciantes, estancieros y profesio-
nales, demandaban edificios acordes a los nuevos tiempos. De ecléctico estilo, más

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 139


Entre las piezas ar quitectónicos de fines del siglo pasado apar ecen, en la esquina de
Estrella y Chile el Banco Mercantil y la Botica Alemana de Ernesto Gruhn.

que denotar el variado conocimiento de sus constructores, las edificaciones debían


mostrar el actualizado gusto de la nueva burguesía local.

Asunción se desperezaba hacia la "Villa Egusquiza", hacia los caminos a la


"Recoleta" y el "pueblito" del Dr. Francisco Morra, con "castillos", quintas, villas
y palacios, como para olvidar pasadas penurias. Ya vendrían otras ......
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 140
Palacios del centro
Originalmente publicado como "Palacios y villas (2)"

Antes que Asunción orientara su expansión hacia la "Villa Egusquiza" y otros


nuevos barrios ubicados hacia el este, algunas villas residenciales se instalaron en
el mismo centro de la ciudad.
Uno de los ejemplos más notables, por su ubicación y volumen, fue el "Palacio
Patri" de Don Luis Patri Bello, acaudalado empresario italiano. El edificio, fue
diseñado y construido por el arquitecto Carl Gustav Rehnfeldt en las barbas del
poder local, sobre la Plaza de la Independencia, frente a la antigua Casa de los Go-
bernadores, a calle de por medio con el elegante Teatro Municipal, frente a la Plaza
de la Independencia y a 100 metros del antiguo Cabildo y de la Catedral.
La mansión fue adquirida por el Presidente de la República, Liberato Marcial
Rojas, para sede del Gobierno en 1912. Derrocado Rojas, a escasos tres meses del
inicio de su gestión, la inmensa casona fue destinada -finalmente- a la Dirección de
Correos, institución que aún funciona en el lugar gracias a innumerables intervencio-
nes mal hechas y absolutamente depredatorias para la integridad del edificio.

En la esquina de la calle Presidente Franco y Juan E. O’Leary estaba la casa del señor
Pedro Duarte, una de las muestras de "art nouveau" desarrollado en Asunción y
cuya silueta se encuentra hoy, lamentablemente reformada. El departamento de la
planta alta sirvió de residencia al Presidente de la República, Coronel Albino Jara
hasta su derrocamiento y exilio. Enfrente, en lo que hoy es sede del Ministerio de
Relaciones Exteriores, se encontraba la casa del señor Pacífico de Vargas, posterior-
mente residencia del intelectual Don Juan Silvano Godoy quien la donara -con su
pinacoteca incluida- para convertirse en un museo, origen del Museo Nacional de
Bellas Artes.
En la misma esquina, pero en la acera nor-oeste, se encontraba la residencia del señor
Miguel Palacios, convencional del ’70 y hermano del Obispo Palacios. La casa sir-
vió de sede a las deliberaciones de la Convención de 1870, hecho que motivara el
nombre para la calle, hoy conocida con el de Juan E. O’Leary.

Hubo otros palacios instalados en el microcentro. Uno de ellos fue del también Pre-
sidente de la República Emilio Aceval, edificio todavía sobreviviente en la esquina
de Benjamín Constant y 15 de Agosto y actual sede de una financiera. En la esquina
de Cnel. Francisco Martínez (nombre injustamente radiado de la nomenclatura del
centro), hoy Haedo con Chile, se enfrentaban la residencia de la familia Milleres y
su torre-mirador y la de la familia Zubizarreta. La mansión de Milleres fue trans-

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 141


El «Pal acio Patri», hoy Dirección de Correos. Fue compr ada para Palacio de Gobierno en
1912.

formada en una casa financiera y la de Zubizarreta, con grandes pérdidas de su in-


tegridad, en una serie de locales comerciales.
Dos cuadras más arriba, en la esquina de Haedo e Independencia Nacional, la casa
"nueva" de otro ex-Presidente de la República, el Gral. Patricio Escobar, hoy ABN
AMRO Bank. El general vivía anteriormente en la esquina de Nuestra Señora de la
Asunción y Gral. Díaz. Y subiendo la cuesta hacia la "loma Campamento" , Iturbe
esquina Fulgencio R. Moreno, se encontraba la residencia del Sr. Manuel Espinoza.
La casa alojó en algún momento al legendario Liceo de San Carlos, luego a la Escuela
de Bellas Artes y aunque ahora vacío, fue recientemente reciclado.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 142
Palacios de las afueras
Originalmente publicado como "Los Palacios y las villas (3)"

A finales del siglo pasado, ya re-compuesta la ciudad y agotado el modelo de los


"palacios" localizados alrededor del casco antiguo, Asunción continuó su camino
por los barrios cercanos hasta extenderse finalmente hacia la Quinta Stewart, Villa
Egusquiza, Recoleta, y Villa Morra. No significa esto que otras zonas de la ciudad
como Puerto Sajonia, Tacumbú, Lambaré y las lomas próximas a Ita Pytá Punta,
no fueran aptas para residencias. Pero se dieron varias y variadas contingencias para
que la expansión más valorada fuera hacia el este, en dirección a los sitios antes men-
cionados.
Aún así, cerca de Varadero, sobre el río, estuvo el Palacio del Sr. Diego Martínez,
actualmente sede de un astillero. Todavía está en Sajonia, sobre la avenida 15 de
Mayo, hoy Carlos Antonio López, la que fuera residencia del Sr. William Paats y
en Tacumbú, la que fuera propiedad del ex-Presidente Uriarte (1877-78) cuyos
descendientes vendieron a la Municipalidad los terrenos donde hoy se asienta el Ce-
menterio del Sur.
En la mayoría de los casos, las propuestas formales, exteriormente rigurosas en el
estilo, con las fachadas decoradas de molduras y relieves, estaban dispuestas hacia
el interior, con los tradicionales patios y corredores. Esto se debía -en parte- a los
rigores de la temperatura y también a los hábitos sociales de la nueva clase emergente
de la guerra, que aunque extranjera o mezclada con la población nacional, se había
aclimatado perfectamente a las tradiciones locales en cuanto al uso de los espacios.

"Más allá de la calle Brasil -cuenta Arturo Bray en sus Memorias- comenzaba la
ciudad de las ‘quintas’, con estatuítas baratas en el jardín, flecos de pasto inglés
en los canteros de albahacas y pensamientos, rejas trenzadas con santarritas,
árboles frondosos de sombra acogedora, patio enladrillado con el colonial aljibe
y glorietas paras los coloquios íntimos a media tarde". Entre las quintas de estas
características se encontraban sobre la avenida Artigas casi la calle Salinares (Perú),
la "Choza Adelina" de los esposos Decoud-López, actualmente ocupada por una
firma representante de vehículos. Con el frente sobre la calle Salinares estaba la ya
mencionada "Quinta Stewart", que se extendía desde la calle España hasta la vía
férrea. Sobre ésta última avenida, pasando la calle Brasil, estaba el "chalet" de los
esposos Legal-Decoud, ya demolido, con el predio actualmente ocupado por un
supermercado.
En el espacio correspondiente al Colegio San José se encontraba la quinta del ex-
Presidente de la República Juan Gualberto González (1890-94). La calle abierta al

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 143


La ex-sede de la Facultad de Arquitectura, hoy demolida. Era la casa del Dr. Pedro P.
Peña aunque anteriormente habría pertenecido al Sr. Kemerich.

costado lleva el nombre de su esposa: Rosa Peña de González. Sobre la calle España
y pasando la calle Perú, también se encontraba la quinta del Sr. Eduardo Kemerich ,
luego residencia del ex-Presidente Pedro P. Peña (1912), más tarde ocupada por la
Facultad de Arquitectura. Después de demolida la construcción y parafraseando al
cantante catalán Joan Manuel Serrat, el lugar sólo es "pasado fugaz, baldío y tur-
bio".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 144
Villa Egusquiza
Originalmente publicado como "Los Palacios y las villas (4)"

La "Villa Egusquiza" constituía un vasto territorio situado en las afueras de Asun-


ción. Se extendía desde la calle España hasta la avenida Mcal. López y desde la calle
Perú hasta la actual avenida Kubitschek, la antigua calle Olimpo"... la que se dirige
a la calle de los Arroyos, hacia la Iglesia de Lambaré.." .
El casco de la "Villa", cuyo nombre se debe a que sus propietarios fueron -desde los
tiempos de la Colonia- miembros de la familia Egusquiza, de origen vasco, coincide
con el predio que ocupa actualmente el Hotel del Paraguay. Uno de los exponentes
más conspicuos de aquel tronco familiar fue el General Juan B. Egusquiza, Presi-
dente de la República entre 1894 y 1898. La propiedad alojaba una serie de como-
didades, tales como salones de baile, teatro y una "cancha" para las carreras de ca-
ballos. Dicho espacio es el que corresponde al actual campo de deportes del Colegio
Internacional y que dio origen al nombre de "Cancha Sociedad", de histórica im-
portancia en el inicio de los deportes en el Paraguay.
Ya en lo que fueran dominios de la "Villa" , en la esquina formadas por las calles
España y Presbítero Juan Pucheu, antigua calle Triunvirato, se construyó el "chalet"
del señor Gregorio Urrutia, hasta hoy existente. La casa alojó, en la década de los
años ’20 de este siglo, un "internado" del Colegio Internacional y hoy se ha conver-
tido en el campamento de uno de los movimientos internos del Partido "Colorado".

Siguiendo por la calle España, a la altura de Washington y Padre Egidio Cardozo se


encontraba el Palacio del señor Nicolás Angulo, próspero comerciante español y, en
un tiempo, Cónsul General de su país en el Paraguay. Más tarde, el edificio fue sede
de la residencia del Embajador de los Estados Unidos de Norte América cumpliendo
actualmente la misión de alojar al Rectorado de la Universidad Nacional de Asun-
ción.
En la esquina con Gral. Santos se encontraba la residencia de la familia Guggiari,
la que -aun con el predio bastante reducido- se conserva casi intacta. En la esquina
siguiente, España y Ayala Velázquez, ex calle Jara, todavía sobrevive la casa que
perteneciera a Don Juan Antonio Jara, dueño de vastas extensiones de terreno en
la zona y cuyo loteamiento posterior diera nombre al barrio. Alguna parte de esos
lugares, con gran cantidad de plantaciones de naranjos hizo que también recibiera el
nombre de "Barrio Azahar".
En la vereda del frente, hacia el sur-este, se encontraba una de las residencias del Dr.
Natalicio González, Presidente de la República entre el 15 de Agosto de 1948 hasta
el 13 de Enero de 1949.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 145


El «casco» de lo que fuera la «Villa Egusquiza» hoy es parte del Hotel del Paraguay .

Antes de trasponer la calle".. del Sacramento de la Recoleta...", en la quinta que per-


teneciera al Dr. Alvarez Bruguez, actual sede de la Cooperativa Mennonita, se
encontraba "El Tropezón", lugar de amores y encuentros furtivos.
"Manora", que se encuentra más adelante, sería la "guaranización" del apellido
Maldonado y que indicaría que el nombre del barrio recuerda a los antiguos dueños
del lugar. La calle España continúa hacia el este buscando el camino a Luque, bor-
deada siempre de grandes y silenciosas quintas y con el agua -y el verde-, surgiendo
permanentemente entre el desigual empedrado.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 146
Villas de la avenida Asunción
Originalmente publicado como "Villas y palacios (5)"

La avenida Mcal. López, era conocida en sus inicios como ".....calle De la Asun-
ción, la que sigue a la Del Paraguayo Independiente.." según el conocido Decreto
de Carlos A. López de 1849, aunque entonces, la vía llegaba solamente hasta la calle
Salinares, actual Perú. El 16 de Agosto de 1915, se le asignó el nombre de Avenida
Colombia, cuando la revisión de los juicios sobre López y la guerra del ’70, valo-
raron seguramente la actitud solidaria de los colombianos hacia el Paraguay, al tér-
mino de la contienda. Dicha denominación la conservó hasta 1941 cuando un Decre-
to Municipal la cambió a Mcal. López desde "....la calle Brasil hasta la Recoleta" .
Finalmente, la Ordenanza del 31 de Octubre de 1962, le asignó el nombre de López
en toda su extensión.

Era sin duda, la avenida más presentable de la ciudad. El paseo de las embajadas, la
de las quintas, donde se hacían las paradas militares y en un tiempo, hasta los corsos
del carnaval. Pero también cumplía, escrupulosamente, la teoría urbanística en rela-
ción a la emergencia de este tipo de enclaves urbanos: que el centro de la ciudad y
las zonas cercanas a él, son -casi siempre- abandonadas por la necesidad de la "dis-
tancia social" que algunos grupos, clases adineradas de la sociedad o miembros de
la "burguesía local", imponen -o pretenden imponer- al resto de la sociedad.
Así, cuando el casco histórico de Asunción con las antiguas casas de las familias tra-
dicionales fuera inficionado con programas distintos al residencial y "mezclado" con
otras actividades, hubo que buscar "nuevos aires" para restablecer las diferencias
"con el resto". La avenida Mcal. López y sus grandes quintas se constituyeron en la
posibilidad de propiciar ese alejamiento. Cada una de ellas podía contar, entonces,
con su propio parque, contener sus propias instalaciones. Mansiones autosuficientes,
sin que sus moradores tuvieran que compartir nada con sus vecinos ni con el resto de
la comunidad. Prescindentes del entorno, de todo.

En ese contexto urbano, aparece la mansión de Venancio Pino, todavía en pie, con
su imponente cúpula, en Mcal. López casi Constitución. En la esquina de Perú y
Mcal. López, recientemente reformado y con el agregado de nuevas instalaciones, se
encuentra el Centro Cultural de la Embajada Brasileña, antigua mansión de la
familia Heyn . En la vereda de enfrente se encontraba la "Villa Marcelina" del Dr.
Cecilio Báez, Presidente de la República (1905-1906) y Ministro de Relaciones
Exteriores en los gobiernos de los Presidentes Gaona, Ferreira, Jara y Paiva. La
villa que llevaba el nombre de la esposa del Dr. Báez, la Sra. Marcelina Allende,

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 147


Mas allá de la calle Brasil empezaban las grandes quintas de la avenida Mcal. López.

aunque ya sin el nombre, todavía se encuentra en pie.


Desde la esquina de Perú, existió una entrada oblicua hacia el nor-este, hasta una
construcción -todavía existente- que hoy sirve a una de las secciones de la escuela
primaria del Colegio Internacional, sobre la calle Río de Janeiro. Se sabe que el
edificio fue construido para que sirviera de residencia de descanso de la Sra. Elisa
Lynch, por su proximidad a la "Villa Egusquiza" y la Cancha Sociedad, centros
de distracción y deleite de la sociedad de entonces. La versión confirma que la casa
fue obra del inglés Alonso Taylor, el mismo constructor del edificio de la estación
del ferrocarril, información que se solventa en el hecho que los trabajos de ornamen-
tación y tratamiento de la madera tienen las mismas características que las del edi-
ficio de la antigua Estación "San Francisco".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 148
Un palacio "de novela"
Originalmente publicado como "Villas y palacios (6)"

En la esquina de la avenida Mcal. López con la calle Mayor Fleitas, se encuentra


el "Palacio Peris", construido por el arquitecto español José Peris. El "palacio"
estaba destinado a ser sede de la Embajada Argentina, pero un brusco cambio de
gobierno en dicho país truncó la venta del inmueble quedando arruinados los nego-
cios del señor Peris y la casa, en manos del Banco de la República.
Luego de los trámites jurídicos correspondientes, la mansión quedó en poder del Dr.
Gualberto Cardús. Actualmente, es sede de un banco. Con una venia especial de sus
anteriores propietarios, el escritor inglés Graham Green la utilizó para ambientar
la novela "Cartas a mi tío" una de sus últimas creaciones literarias.

Berthè Cué coronaba la cima de la prolongada cuesta que imponía la calle Mcal.
López hacia el este, desde la calle Perú hasta la actual Vice Presidente Francisco
Sánchez. Al costado de la vieja torre de la casa de Juan Berthè, hacia la avenida, fue
construida la residencia de la familia Pérez Ferraro, posteriormente Hotel
Rasmussen y actualmente, Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas.
En la misma loma y en la acera norte, se encontraba otro palacio prominente: el del
ingeniero Albino Mernes, Intendente Municipal de Asunción desde 1917 hasta
1920. Luego de diversas funciones y usos, la casa quedó convertida en una galería
comercial. Al lado, hacia el centro de la ciudad, se encontraba "Villa Lidia", deno-
minación dada en homenaje a la propietaria de la casa, la Sra. Lidia de Bogarín. En
esa residencia, ya demolida, vivió durante la Guerra del Chaco, el "Presidente de la
Victoria", Dr. Eusebio Ayala y en la misma, recibió -de parte del presidente bolivia-
no Salamanca- la propuesta para terminar la guerra, en 1933. El portador de esta
secreta misión fue un joven intelectual cruceño, el Dr. Dionisio Foianini Bánzer ,
que consigna el incidente en su libro "Misión cumplida".

Cruzando la calle Gral. Santos y sobre la curva que, desde la Estación San Miguel
conducía a "Para 1", ya sobre Mcal. López, todavía se encuentra la villa que per-
teneciera a la familia Jacquet. Al llegar a la calle "... Olimpo, la que se dirige a la
calle de los Arroyos, hacia la Iglesia de Lambaré.." actual avenida Kubitschek, se
encuentra la residencia presidencial, "Mburuvicha róga". La quinta en donde se
asienta dicha mansión,había pertenecido al Dr. Benjamín Aceval, fundador del
Colegio Nacional en 1877 y que, como Ministro de Relaciones Exteriores, represen-
tó al Paraguay ante la Comisión Arbitral sobre los dominios del Chaco, presidida por
el presidente norteamericano Rutherford B. Hayes. Muerto Aceval, sus descen-

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 149


La «Villa Lidia», donde viviera el Dr . Eusebio Ayala durante la Guerra del Chaco. En la
misma casa recibió la propuesta de una «mi sión secreta» boliviana para terminar la
contienda, en 1933.

dientes vendieron la residencia al Sr. Elías García, policía profesional, egresado en


Buenos Aires merced a una beca que le otorgara el gobierno del Presidente Juan
Gualberto González. García se desempeñó como Jefe de Policía durante la presi-
dencia de Emilio Aceval, hermano de Benjamín. Al término de este mandato, volvió
a la Argentina para ocupar el cargo de Sub-jefe de la Policía de Buenos Aires. Cuando
la firma del Pacto del Pilcomayo firmado entre colorados y liberales, en 1904, una
de las cláusulas ya establecía que Elías García retomara el cargo de Jefe de Policía.
Lo fue en los gobiernos de Juan B. Gaona, Cecilio Báez y Benigno Ferreira desde
1904 hasta 1908, cuando derrocado este último, retornó a Buenos Aires.
Desde allí, gestionó la adquisición de la quinta que, cuando el gobierno del Gral.
Higinio Morínigo pasó a manos del estado para servir como residencia presidencial.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 150
La mansión de Mr. Flagg
Originalmente publicado como "Villas y palacios (7)"

La "calle de la Asunción" hoy Mcal. López, no era más que un espacio abierto
alrededor de las vías del "trencito a San Lorenzo". Pero con la fundación de Villa
Morra, en Febrero de 1888, se fue concretando en una alternativa de salida hacia ese
y otros nuevos barrios de la ciudad.
Siguiendo el recorrido propuesto en entregas anteriores, llegamos a la residencia pre-
sidencial "Mburuvicha Róga". Enfrente, todavía se encuentra la quinta que perte-
neciera al Sr. Francisco Guanes, todo un territorio que se extendía hasta la actual
avenida Artigas, a través del enclave conocido como Barrio Jara. En una de las
"postas" de esta enorme propiedad, ya en las proximidades de la vía férrea, se encon-
traba el "...Caserón de añejos tiempos, el de sólidos sillares...", al que cantara el
poeta Alejandro Guanes.
Siguiendo por Mcal. López, después de la calle Luna, hoy Venezuela, se encontraba
la quinta de la familia Heyn, que además de ésta y otras residencias ya mencionadas,
tenían una más, la mansión que hoy forma parte de una planta para la elaboración de
productos medicinales, en España y San Martín.

Un sector del actual Club Centenario había pertenecido al Sr. Guillermo Weyer.
Hacia la década de los ’20, la quinta fue arrendada al Sr. Shotaro Fukuoka, dueño
del "Jardín Japonés" instalado en el inconcluso Oratorio de Palma y Chile. En la
quinta, Fukuoka mantenía los cultivos que le servían de soporte a aquel negocio. Con
la propiedad vendida al club, el ciudadano oriental adquirió un nuevo terreno detrás
de las actuales instalaciones de la firma Toyotoshi, sobre el arroyo Mburicao mi ,
donde reorganizó su huerta de flores y plantas decorativas. Para entonces, las ventas
del "Jardín Japonés" se trasladaron a Convención (O’Leary) esquina Estrella.

Llegamos a la Recoleta, Cementerio General de Asunción, desde el Decreto de los


cónsules López y Alonso, del 30 de Mayo de 1842. El territorio perteneció original-
mente a Don José Roxas y Aranda quien donó a los Dominicos el sitio en el que éstos
fundarían -más tarde- el Convento de la Recolección de San Francisco. Bajando
la calle "...De los Sacramentos de la Recoleta", ya próximo a Trinidad, se llegaba
a "la mansión de Mr. Flagg", construcción ya demolida y que perteneciera a Don
José del Rosario Miranda, convencional del ’70 y miembro del Gabinete de Sal-
vador Jovellanos.
De vuelta a Mcal. López y pasando la Recoleta, empezaba el "pueblito" del Dr.
Francisco Morra. Allí nos encontrábamos con las primeras quintas de los "pobla-

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 151


La mansión de Mr. Flagg, cerca de Trinidad, sobre la avenida del «Sacramento de la
Recoleta», que perteneciera a José del Rosario Miranda, convencional del ’70 y Ministro
del Gabinete del Presidente Salvador Jovellanos.

dores históricos". Entre ellas la casa todavía existente del Sr. Haakom Pettersen, y
que luego fuera ocupada por el Dr. Gustavo González. Más al este, estaba la quinta
de la familia Pereira González, una larga construcción baja, de galerías, hoy ya de-
molida, que se encontraba frente a la plaza y parada del "..tranvía de Villa Morra" .
La que hoy sirve de "Casa-Cuna" es parte de la propiedad que perteneciera a los
Gadín. Gastón Gadín, hijo del matrimonio, dio luctuosa fama al apellido y al barrio
con el sonado caso del "parricidio de Villa Morra". Mediante Cipriano León, un
sirviente de la familia, Gastón había hecho matar a sus padres porque se oponían a
su casamiento.
Más allá de la avenida Rca. Argentina, antes conocida como "... la calle del
Tembetary, la que gira hacia el partido de su nombre.. " terminaba la ciudad y se
instalaba el "hipódromo de los Salomoni".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 152
CAPITULO XI

CULTURA
Y PRENSA

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


Imprentas y prensa

El conocimiento de los hechos del pasado hubiera sido imposible si aquellos pio-
neros que se aventuraban en el mar-océano para la conquista de tierras inexploradas
o con la pretensión de dominar otros pueblos, no tuvieran la plena conciencia que
hacían algo nuevo, que protagonizaban gestas que debían registrarse para el cono-
cimiento de generaciones que "habrían de venir". Solamente la convicción -o tal
vez- el presentimiento que "estaban escribiendo la historia" pudo permitirnos ac-
ceder a lo hecho entonces, especialmente en lo que atañe al período de colonización
en América.
Era "la prensa" de aquellos tiempos. Un "periodismo" para lectores de siglos
después. Documentos elaborados para nuestra información y basados en la tarea de
escribidores, cronistas y pregoneros ; pioneros de la comunicación y de la historia.
Junto a ellos, cartógrafos , navegantes y artistas, como si fueran fotógrafos, com-
plementaban aquella información elemental con dibujos, mapas y planos, "expresan-
do" lo no podía ser descripto con palabras.

Entre los cronistas de los primeros años de la colonización del Río de la Plata figu-
raban Ulrich Schmidl, quien vino con la expedición del Primer Adelantado Pedro
de Mendoza; Hans Staden, quien estuvo en la expedición de Doña Mencia de Cal-
derón y -más tarde- los religiosos Diego de Torres Bollo, Florián Paucke -o
Baucke- y Antonio Ruiz de Montoya, entre otros. Pero era tal el impacto que cau-
saba en aquellos hombres todo lo que veían y experimentaban, que casi cualquiera
que supiera escribir agregó a aquella historia fantástica, sus propias memorias, dia-
rios de viaje y relatos, hoy fuente de información dispersa por archivos de toda
América y España. Una profusa documentación informativa de los acaeceres de
aquellos tiempos se generó también, una vez constituida la Provincia Gigante de las
Indias y cuando ya la "burocracia real" empezó a producir órdenes, indicaciones
o procedimientos específicos para algunas acciones de gobierno. Las que venían del
Rey -desde España- se elaboraban tan lejos de la realidad local y de las posibilidades
de ponerlas en práctica que en muchos casos, los gobernadores no tenían otra opción
que poner aquellos pesados folios sobre sus cabezas diciendo: "Se acata ... pero no
se cumple" . Y a otra cosa....
Dentro del cerco urbanizado de Asunción, la comunicación de órdenes, avisos y
novedades apelaba a los "bandos" que, a falta de diarios para hacerlos hacerlos
públicos, eran leídos por el "pregonero", junto al "poyo" o "rollo", madero grueso
y alto colocado en la Plaza Mayor para aquel efecto. Con los redobles del tambor, la

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 154


Natalicio de María
Talavera, el poeta
guaireño quien con
Saturio Ríos y Juan
Crisóstomo Centurión, y
otros, redactaran «El
Cabichui».

población era convocada junto al mencionado madero real, donde el pregonero leía
el bando con la solemnidad y el énfasis que la ocasión requería. Algunas veces la
gravedad del acontecimiento a comunicar cambiaba a los actores y el escenario,
como ocurriera en la tarde del 26 de abril de 1544, cuando frente a la casa de
"Chomin" Martínez de Irala -presumiblemente "Machain Cué"- en las cercanías
de la actual Plazoleta del Puerto, fue " .... llevado preso Alvar Núñez junto a los
oficiales reales, los escribanos Orué y González" y numerosa gente. Una vez co-
municado al pueblo las causas acumuladas contra el Segundo Adelantado, lo man-
daron preso. Luego de 11 meses, le sacaron del calabozo, le remacharon nuevos
grillos y lo enviaron a España.
Imprentas de madera

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 155


Hasta la aparición de la imprenta, no existía otro medio de difusión de documentos
más que las "copias" que se hacía -a mano- de los libros o textos originales. La pri-
mera imprenta conocida en Paraguay no fue una de las de metal fabricadas en Europa
en aquel tiempo, sino una imprenta rudimentaria de " ... planchas de maderas del
país, en las que con admirable paciencia y destreza los indios guaraníes burilaron
en relieve las letras". Su construcción se debió a un jesuita austríaco, el Padre Juan
Bautista Neumann y cada una de las planchas del mecanismo formaba una página
entera. La primera impresión se realizó en 1700 y se trataba de una traducción al
guaraní del "Martirologio Romano".
El primer periódico nacional no apareció sino hasta el gobierno de Don Carlos An-
tonio López. Se trataba de "El Paraguayo Independiente" uno de cuyos redactores
era el propio presidente y el hecho se produjo el 26 de Abril de 1845. El Nº 118 -y
último- se imprimió el 18 de setiembre de 1852. La misión del periódico, fue el de
afirmar el sentimiento nacional ante la nunca menguada intención hegemónica de la
Argentina. Su lema "Independencia o Muerte" indicaba a las claras sus objetivos.
Una vez reconocida la Independencia Nacional por el país del Plata, el 15 de Julio de
1852, "El Paraguayo Independiente" dejaba su lugar a "El Semanario, de avisos
y conocimientos útiles" cuyo primer número databa del año 1868 y su desaparición
con el Nº 753, se produce con el traslado de la capital a Luque.

"El Cabichuí", "El Cacique Lambaré" y "El Centinela" ya se imprimen con tinta
de Guerra. El primero de ellos fue elaborado en la imprenta militar del Campamento
de Paso Pucú y apareció hasta San Fernando. Sus redactores fueron Natalicio de
María Talavera, el Coronel Juan Crisóstomo Centurión y los P resbíteros
Espinoza, Bogado y Maíz. Del "Lambaré" sólo se conocieron 13 números y del
"Centinela" 40, el último de ellos, salido a la luz el 23 de enero de 1868.
Recordando el lema inicial de "Independencia o Muerte", después de vibrantes
años de independencia, al Paraguay le llegaba -lentamente- la muerte ....

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 156


Grabado aparecido en «El Centinela», el 5 de Setiembre de 1867. La mayor ía de estos
dibujos eran obra del arquitecto italiano Alejandro Ravizza, llevados al grabado por
Manuel L. Colunga.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 157


Música y fiestas

Según puede leerse en cuanta historia refiera el proceso de colonización en el Paraguay, la


música fue un factor siempre preponderante en las expresiones del pueblo y hasta un meca-
nismo de relacionamiento con los extranjeros que visitaban la comarca. Casi todos los cro-
nistas e historiadores coinciden en señalar el carácter festivo y hospitalario de la gente del
Paraguay así como su afición a la música y la danza. Hasta las festividades patronales, llenas
de religiosa unción, terminaban en la más estruendosa jarana, ni bien entraba el sol.

Eran famosas "las despiertas" de San Antonio y las fiestas de San Blás, en especial ésta,
que se desarrollaba alrededor de la iglesia del mismo nombre -"iglesia de indios"- según
la caracterización del plano de Félix de Azara, lugar hoy muy próximo al sitio conocido
como "Punta Carapá". A estas celebraciones acudía el mismo Presidente de la República
acompañado de algunos miembros de su gabinete y numeroso séquito. Se recuerda especial-
mente al Gral. Patricio Escobar en estos menesteres. Otro Presidente que adhería con su
presencia los festejos patronales de la ciudad, era el Dr. José P. Guggiari. El mandatario
concurría a la fiesta consagrada a la Virgen de la Merced. La festividad, teñida de profanas
como lujuriosas características, era realizada -cada 24 de Setiembre- en la "loma Tarumá",
entre las calles México, Gaspar R. de Francia y Rca. de Colombia, cercana a la casa del Dr.
Guguiari. En aquellos días, en esa legendaria loma de Asunción, el "...impetuoso ritmo
negro..." se adueñaba "...del suburbio..." al decir de los versos del Dr. Hipólito Sánchez
Quell.

Probablemente en ese mismo vecindario se habrían iniciado las "Gombas", fiesta de los
negros quienes, al son de tambores de todos los tamaños, danzaban frenéticamente durante
días enteros. Estas "cuasi-bacanales" de la población parda de Asunción fueron prohibidas
por la jerarquía católica, aproximadamente en 1878, se dice que debido a sus características
francamente ofensivas "a las buenas costumbres". El malevaje de la zona portuaria tenía su
"base de operaciones" para el bullicio, en los mullidos patios de tierra y enredaderas de la
"loma San Gerónimo". En ese lugar hubo fiestas desde tiempos coloniales y a cualquier
hora. Las jaranas de "la loma" se hacían de mañana, de tarde, noche y madrugada, sin la
excusa de ninguna virgen o santo patrono que honrar.

Casi con las mismas características, Ycuá Satí tenía fama de barrio "fiestero" y "liberal".
Cerca del "cerrito Antequera", bajo la fronda de los árboles que entornaban el fresco
arroyito que llegaba hasta las proximidades de la Estación del Ferrocarril y entre las actuales
calles Tte. Fariña, Manuel Domínguez, Parapiti y Estados Unidos, había bailes frecuente-

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 158


Los paraguayos no necesitábamos excusas para organiz ar fiestas. Aunque el escenario
fuera un salón, un patio cubierto de enredaderas o, simplemente al aire libre.

mente. Se cuenta de uno de ellos, en el patio de la casa de Don Cantalicio Esquivel


donde una bailarina del lugar, bella y morena, "María Ycua-Satí", hizo morder el
polvo del desaire al mismísimo Albino Jara en los tiempos en que éste era
"policiano" del Gobierno, en 1897.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 159
Músicos

Investigaciones de historiadores así como las crónicas de "pasajeros" por Asunción


en la época colonial han testimoniado la capacidad de asimilación de los indígenas
de las Reducciones Jesuíticas y de los criollos en general, de las técnicas musicales
extranjeras, no sólo en cuanto a la ejecución de los instrumentos sino en la misma
fabricación de cualquiera de ellos, semejantes a los incorporados a la Colonia. Una
de las historias conocidas a través del trabajo del Dr. Juan Max Boettner, es la de
Cristóbal Pirioby, indígena paraguayo que había hecho su aprendizaje musical con
alumnos de los acólitos remanentes de la reducción de los jesuitas, tras la expulsión
de éstos en 1767.
Pirioby nació en San Carlos en 1764; a los 16 años, según recomendaban los jesuitas,
se casó con María Moño y ya músico y luthier, se dirigió a Buenos Aires donde se
instaló. Adoptó el nombre de José Antonio Ortíz, vistió a la moda con calzones de
raso "turquí", sombreros de copa alta y capas de "anafalla". Hasta se dio el lujo de
tener un criado: el negro Roque. En la capital del Virreinato, Pirioby enseñó canto,
clave, violón, espineta y guitarra, hasta el año de su fallecimiento, que se produjo en
1794.

Sin los mismos detalles pintorescos de la vida de Pirioby, hubo -por la misma época,
entre criollos e indígenas- otros músicos y luthiers destacados. Una prueba de la
afinidad de los paraguayos para la música es que un buen porcentaje de presidentes
de la república, ministros del gabinete, magistrados, o fueron músicos o, formaron
parte de las primeras sociedades culturales que fomentaron la difusión de la música
en nuestro país. Entre los Jefes de Estado que -se sabe- ejecutaban la guitarra, estaban
el Dr. Francia, el Mariscal López, el Coronel Albino Jara y el Mariscal
Estigarribia. Casi todos los descendientes de Don Antonio Taboada, fundador del
Partido Liberal, fueron músicos y, hasta hace poco, le sobrevivían sus nietas, profe-
soras de música en cuanto colegio hubiera en Asunción. El hijo del Coronel Juan
C. Centurión, Fernando Centurión fue violinista; el hijo del Presidente Cecilio
Báez, Quirino Báez Allende fué un destacado guitarrista y ofreció conciertos en la
corte de los Zares de Rusia y -se dice- en toda Europa. Otro personaje de la misma
prosapia, "Nonón" Domínguez, hijo del Dr. Manuel Domínguez, era concertista
de piano y obligado protagonista de la vida musical asuncena.
De la formación de la Sociedad del Cuarteto en 1889, tomaron parte Bernardino
Caballero, el ya mencionado Juan C. Centurión, Juan B. Gaona, Christian
Heisecke y Pedro Saguier, Presidentes, Vicepresidentes o Ministros de Gabinete,

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 160


Fernando Centurión,
hijo del Cnel. Juan C.
Centurión, eximio
ejecutante y profesor
de violín, laureado en
el Real Conservatorio
de Lieja, Bélgica.

desde 1874 en adelante.


Ya en ese siglo y merced a la labor de profesores extranjeros y sociedades culturales,
en especial, de la Sección Musical del Instituto Paraguayo, se multiplicó la dota-
ción musical paraguaya y hasta hubo casas construidas para dar lugar a pequeños
conciertos o veladas musicales como la del Dr. Di Martino, que aún ostenta el gran
diseño de Esmagailoff, constructor ruso, en Eligio Ayala esquina Constitución.
Ya entonces se sucedían en Asunción conciertos de Agustín Barrios, Gustavo Sosa
Escalada y Dionisio Basualdo.
En 1926 se estrenaba la Guarania de José Asunción Flores y se inauguraba el período
de bares con música, incluso desde el mediodía.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 161
Escuelas en la Colonia

Los primeros tiempos de la Colonia fueron dominados por el duro batallar entre
españoles e indios. Para los "peninsulares", esta guerra se extendía a la lucha contra
los elementos, aun más hostiles si consideramos la falta de recursos y materiales, las
que determinaron -finalmente- las precarias instalaciones de aquellos tiempos. Era
-entonces- muy poco lo que podía esperarse del sistema escolar. No había mujeres,
no había tiempo para los devaneos amorosos y aunque los niños nacidos de la unión
de españoles con indígenas llegaban a millares en las primeras décadas posteriores
a la fundación, la enseñanza en el hogar, prácticamente la única posible en aquellas
difíciles circunstancias, tuvieron a aquellas madres "iletradas" como sustento. Para
completar el panorama, tampoco había libros ni instrumentos para el aprendizaje. De
cualquier manera, el constante guerrear con los indios, exigía -más que conocimien-
tos académicos- entrenamiento con las armas o la práctica de ejercicios militares para
el supremo objetivo de la supervivencia.
Debe recordarse también que los conquistadores no traían niños y las mujeres espa-
ñolas de aquellos contingentes expedicionarios, eran muy pocas. Algunas se incor-
poraron luego de la despoblación de Buenos Aires y recién en 1550, de la expedición
de Doña Mencia Calderón de Sanabria, formaron parte 50 "doncellas", con la
expresa misión de "poblar" los nuevos territorios. Estas "pioneras" llegaron a
Asunción, años después y luego de múltiples dificultades y penurias encontradas
durante la larga travesía.

Cuando ya instalados los primeros misioneros y construidas las iglesias, la enseñan-


za se trasladó a los enclaves religiosos. En ellos, los sacerdotes enseñaban catecismo
o historia sagrada al mismo tiempo que el alfabeto, la escritura o los primeros cálculos
aritméticos aunque esta enseñanza era impartida -generalmente- sólo a los varones.
Este hecho es señalado por el Padre José Cardiel en su libro "Compendio de la
Historia del Paraguay", cuando afirma que en la Colonia (la Provincia del Paraguay)
hasta la lengua española se había perdido " ...y se han tomado (los españoles) la de
los indios y esta es la que se usa en sus casas en la ciudad y en las casas de campo".
Cardiel acotaba que las mujeres no conocían la lengua española debido a que "...las
niñas no van a la escuela" . Los varones -sin embargo- lo aprendían " ...con castigo
(..) pero lo saben mal y después no lo usan, sino el guaraní".
La Independencia del Paraguay, supuso incursionar en la enseñanza más metódica
y profesional de los niños aunque como en el caso religioso, también el "conocimien-
to" fué postergado en aras de objetivos políticos de afirmación nacional, dadas las

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 162


La imagen referencia partes importantes de la historia de la educación en nuestro país.
Desde el fondo a la derecha, la casa de Don Carlos A. López, la de Cantalicio Guerrero,
sede de la Sociedad del Cuarteto y de la primera Or questa Nacional y, en primer plano, el
Teatro Nacional, también escenario de los primeros exámenes de matemáticas .

pretensiones hegemónicas de los vecinos y de las difíciles condiciones geopolíticas


del cono sur americano. Pasados estos períodos y ya en el gobierno de Don Carlos
Antonio López, este daba cuenta en uno de sus primeros mensajes, que en el Paraguay
existían " .... 408 escuelas y 16.755 alumnos".

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 163


Escuelas para la libertad

Después de la Independencia del Paraguay, el "... cambiar de amo" -como re-


zaba la carta de los patriotas a Buenos Aires- no solamente significaba la ruptura de
los lazos con la corona española sino también, la modificación de todo un sistema de
vida, la incorporación de nuevos valores en la sociedad y una nueva concepción del
estado, los que se proyectaban hacia profundos cambios en los sistemas de la ense-
ñanza.
La efervescencia patriótica de aquellos momentos dominaba el espíritu de los edu-
cadores. La patria, concepto ya vigente en la Colonia, se convertía -al fin- en una
entidad cuyo destino dependía de los mismos criollos y, por la patria, se compro-
metían los mayores esfuerzos y se asumían los más grandes sacrificios.

El histórico Bando del 6 de Enero de 1812, firmado por Yegros, Caballero, De la


Mora y Galván establecía en primer lugar -entre otros varios propósitos- la necesi-
dad de la instrucción pública. "Esta es la base de y el manantial de las virtudes
morales. Todo pende en el hombre de la instrucción: poder, valor, heroísmo y
cuanto puede elevarlo en esta vida sobre el común de los demás mortales", expre-
saba el documento. En aquel momento, el Paraguay se proponía -al decir de Efrain
Cardozo- cumplir "...al fin, la divisa de Hernandarias: sin saber no hay gobierno".

Varias instituciones de enseñanza fueron creados al conjuro de aquellos pensamien-


tos, lo mismo que "...una Academia Militar (..) bajo la dirección de un oficial
veterano". Dos días después de la difusión del Bando, a invitación de la Junta gober-
nante, se celebraba una reunión para constituir la Sociedad Patriótica Literaria. La
misma se encargaría del estudio del "...plan de la instrucción y de la enseñanza
pública". La integraron el Dr. José Baltazar de Casajús, Provisor y Vicario Gene-
ral; el Dr. Luis de Zavala, en representación de la Junta Gubernativa; José Mariano
Valdovinos, por el Cabildo; Fray Eduardo Torres y Fray Fernando Caballero y
el joven Juan Andrés Gelly, recientemente llegado de Buenos Aires y propulsor de
la idea, a semejanza de la Fundación Patriótica creada en aquella ciudad después del
25 de Mayo de 1810.
Una de las primeras obligaciones que se impuso la Sociedad fué la de erradicar los
vicios de la enseñanza que, frecuentemente apelaba a los azotes, las bofetadas, las
palmetas y otras violencias contra los niños que las nuevas autoridades no estaban
dispuestas a excusar. Para ello aprobaron -a menos de un mes de su creación- las
"Instrucciones para Maestros de Escuelas" que constaban de 73 artículos además

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 164


La «Casa de la Independencia», de la familia Martínez-Sáenz, en un contexto urbano ya
desaparecido. La emancipación fue fuente de ideas educativas revolucionarias, rápidamente
abortadas.

de las indicaciones para la enseñanza, máximas, modelos y láminas diversas.


De la Mora y Zavala, personas instruidas y cultas, pretendían sustituir el terror en
las aulas con la persuasión, adhiriendo a las teorías de Montaigne quien decía que
"...toda alma tierna se forma para la libertad y el honor" .

El tiempo y sus mismos compatriotas -sin embargo- les demostrarían que las revo-
luciones no siempre son populares y que los cambios no se asimilan con facilidad
poniendo en vigencia aquello de: " ...Si te dieran enseguida la verdad no la reco-
nocerías porque tu corazón no estaría purificado por una larga interrogación".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 165
"Civilización y barbarie....."

La ocupación del Paraguay por argentinos y brasileños, desde 1869 a 1876, des-
encadenaría -inevitablemente- la revisión del sistema educativo nacional pues cuan-
do conocidos los postulados del "Tratado de la Triple Alianza" consagrando la
necesidad de la "liberación" o "civilización del Paraguay" podía vislumbrarse ya
que la derrota no se consumaría sólo en el campo militar sino que se extendería al
dominio de lo político, lo social y lo cultural. Lo primero significó el impúdico
manejo -por parte de los aliados- de los hilos de la conducción del estado paraguayo
a través de la selección de los interlocutores locales, adecuados a sus intereses.
Para definir lo segundo, bien valen las expresiones del historiador argentino Ramón
J. Cárcano quien, en relación a estas influencias, expresaba:"...al lado de la presión
dura e implacable de la fuerza, el imperio aprovecha la penetración cariñosa e
íntima de las vinculaciones de familia para consolidar su dominio sobre el venci-
do", aludiendo a las uniones de militares y empresarios brasileños con señoritas de
la"... más alta sociedad paraguaya". Para lo mismo debe decirse que la "ayuda hu-
manitaria" al vencido no desatendía los "altos intereses" de los vencedores, hecho
fácilmente verificable en el tratado de límites firmado antes de la desocupación del
territorio paraguayo y que supuso la enésima desmembración de la antigua "Provin-
cia Gigante de las Indias".

En el campo cultural, las pérdidas no fueron menores aunque no pueda desdeñarse


la enorme inversión de los gobiernos paraguayos -posteriores a 1870- en la formación
académica de la escasa juventud sobreviviente de la guerra. En este proceso se ape-
laron a todos los recursos y a la voluntad de las mentes capaces de colaborar en la
enseñanza. Uno de los ejemplos más recordados de este gran empeño, fué el de Blás
Garay quien en Pirayú y a la edad de 11 años, accedía a su primer cargo y sueldo (de
4 pesos mensuales) como maestro de escuela.
En la misma época sin embargo, y tal vez debido al desmedido afán de acceder a "la
civilización" y despojarnos de "nuestras excrecencias culturales", se perdió el
rastro de algunos de nuestros valores tradicionales y de nuestras riquezas culturales
más antiguas. En el afanoso bregar para "olvidar el pasado", se fueron olvidando
también nuestros saberes populares, nuestra artesanía, nuestras tecnologías e incluso,
los hábitos sociales y religiosos consolidados a lo largo del Paraguay colonial e in-
dependiente. Ya en este siglo, algunos estudiosos del guaraní, llegaron a afirmar -no
sin alguna razón- que el proyecto de "asistencia al Paraguay" elaborado por el
Gral. Bartolomé Mitre pasaba por la erradicación de los sentimientos nacionales

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 166


Estudiantes «internos» del Colegio Nacional con su clásico uniforme. Entre ellos se encon-
trarían Manuel Gondra, Blás Gar ay, Manuel Domínguez, Liberato Rojas, Emeterio
Gonz ález y Fulgencio R. Moreno. La foto fue tomada en 1889 y el uso del uniforme desapa-
reció en 1892.

paraguayos, con la proscripción moral de sus héroes además de la persecución y


eliminación del idioma guaraní, verdadero monumento cultural de la identidad na-
cional. De esa época, según estos lingüistas, deviene la aparición del vocablo "gua-
rango", que distingue al guaraní-parlante y que de acuerdo a diccionarios de la
lengua española -aún vigentes, sin ninguna protesta de ningún gobierno paraguayo-
significa "incivil, maleducado, descarado".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 167
El cultivo del intelecto

El cultivo del intelecto, el manejo de las expresiones estéticas o el acceso a los co-
nocimientos científicos, si no fueron valores reconocidos en la Provincia del Para-
guay de antaño, es porque estuvieron -al menos, en los primeros años de la colonia-
bastante lejos de las posibilidades de la gente. Razones políticas primero y económi-
cas o geopolíticas después, impidieron que la Provincia pudiera contar con institu-
ciones de enseñanza de alguna calidad y -por ende- con una vida intelectual relati-
vamente dinámica. Ni siquiera el muy reconocido servicio de sacerdotes o misione-
ros pudo inducir a la creación de seminarios o instituciones de formación religiosa.
La historia sólo recoge el coraje de los hombres como una de las virtudes principales
en el proceso de la conquista. En realidad no había tiempo para otra cosa. Los inte-
lectuales de la "madre patria" no se aventuraban en menesteres tan azarosos y tan
poco productivos.
Cerca de fines del Siglo XVIII, en el Paraguay, incluso el castellano se había perdido
como lengua. Lo certifica el Padre José Cardiel, comentando que en ese tiempo ya
sólo la hablaban los españoles. Los criollos varones -explicaba el historiador- acce-
dían a algún conocimiento del idioma a través de la escuela, estamento vedado a las
mujeres que entonces, sólo hablaban guaraní.

En ejercicio del curioso "marketing político" de la época, el Gral. Manuel Belgrano


escribe cartas en guaraní a los patriotas paraguayos antes de los "encuentros" de
Cerro Porteño y Tacuarí, en los albores de 1811. Tal vez pensara que era la única
forma que lo entenderían. Entendieran o no las cartas, los patriotas corrieron a
Belgrano en ambas batallas.
Pero debido a que, tal vez, el conocimiento científico y la expresión de las artes en
las sociedades antiguas, sólo eran patrimonio de las clases privilegiadas, el acceso de
los estamentos inferiores a dichos conocimientos conducían inevitablemente a la
"...subversión del orden natural de las cosas".

Así sucedió en los grandes acontecimientos de la humanidad lo mismo que en los mo-
vimientos emancipadores de América. La ya ausente fuerza espiritual de los últimos
remanentes de los españoles en el continente y una adecuada combinación de libros
fundamentales con las noticias de lo sucedido en Norteamérica y -sobre todo- en
Francia, produjo en los patriotas la explosión libertaria. Habían prendido también
otros sentimientos y se planteaban otras necesidades. Se hablaba de "patria", de
"heredad", de "territorio". Ya se iniciaba el discernimiento de la "historia" y se

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 168


La vida en Asunción era
muy sencilla y las apeten-
cias intelectuales sólo se
limitaban a sobr evivir
dignamente. Aquí un
grupo de vendedores
ambulantes de miel en
típicos trajes.

buscaba el conocimiento. El Dr. Francia estudiaba en Córdoba y -a su vuelta-rige


los destinos del Paraguay durante casi 30 años. Don Carlos Antonio López accede
a conocimientos de Teología, Filosofía y Leyes y lo gobierna por otros 20 años. Su
hijo, el futuro Mariscal, aunque prematuramente aureolado con el poder supremo,
adquiere una esmerada educación. Habla -aparte del castellano- el inglés y el francés,
toca la guitarra, danza razonablemente bien y es un experto nadador. Con él viajan
a Europa algunos jóvenes y otros 141 son enviados a conocer la tecnología, los pro-
cedimientos administrativos y los conocimientos que regían entonces, el progreso de
los pueblos y con los que se pretendía el surgimiento del Paraguay.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 169
Los intelectuales

Ni siquiera el envío de jóvenes paraguayos a Europa durante el gobierno de Don


Carlos Antonio López hizo más, en los primeros años de la "apertura social e inte-
lectual" del Paraguay, que la presencia de una numerosa colonia extranjera contra-
tada por el Gobierno Nacional, durante las décadas de ’50 y ’60 del siglo pasado. La
Guerra y sus penosas consecuencias, pusieron un lamentable fin a aquel singular
esfuerzo paraguayo.
Pero con la contienda aún en desarrollo en las serranías de Caacupé y Barrero Grande
y en el mismo día en que "...se escuchaba en Asunción, discursos, brindis, tintineos
de copas de champagne...", el Ejército Aliado ocupante de Asunción, saludaba con
la instalación de un Triunvirato, el advenimiento del "...primer gobierno libre del
Paraguay". Era el 15 de Agosto de 1869, fecha que, curiosamente, sirve aún hoy
para el cambio de mando en la Presidencia del Paraguay.

La Convención Nacional Constituyente convocada y reunida bajo los auspicios de


las fuerzas de ocupación, estaba constituida por 56 convencionales de toda la repú-
blica dentro de las cuales estaba la reducida "elite" intelectual con la que podía contar
el Paraguay en aquellos difíciles momentos: José del Rosario Miranda, convencio-
nal por Caraguatay y Presidente de la Convención, Juan Silvano Godoy, Cirilo
Solalinde, Miguel Palacios, uno de los estudiantes enviados por Don Carlos a Eu-
ropa, Cayo Miltos, los hermanos Juan Bautista y Emilio Gill, este último estudian-
te de la Academia Militar de Saint-Cyr, Francia, Agustín Cañete, nieto del Dictador
Francia, José Segundo Decoud y Jaime Sosa. Otros jóvenes iban llegando a medida
que se difundía la noticia del final de la contienda y otros más, retornaban desde los
rescoldos mismos de la guerra.
Paralelamente se sumaban los residentes extranjeros -que operaron con aquellos- el
inicio del primer movimiento genuinamente cultural de nuestro país. Este hecho se
produce el 28 de Julio de 1883 con la fundación de un "Centro Literario" que
desembocaría más tarde, en la creación del legendario Ateneo Paraguayo. Esta
fundación se produce bajo la inspiración y aliento de un intelectual argentino, el Dr.
Adolfo P. Carranza y el hecho se produce en la residencia del Dr. José Segundo
Decoud, ex-convencional y a la sazón, Ministro de Relaciones Exteriores.
Componían aquel núcleo original, entre otros, los señores: Cecilio Báez, primer
secretario, Benjamín Aceval, Alejandro Audibert, Emilio Aceval, José de la
Cruz Ayala, Pedro Pablo Caballero, Cirilo Solalinde, Cleto Romero, los herma-
nos Adolfo Héctor, Francisco y José Segundo Decoud, Guillermo De los Ríos,

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 170


El Ateneo Paraguayo funcionó en alguna época -antes de 1900- en el edificio ubicado a la
derecha de la imagen. El lugar corresponde a la esquina de Independencia Nacional y
Presidente Franco y la casa habí a pertenecido al General Vicente Barrios. Cuando la
ocupación de Asunción por las tropas aliadas fué utilizado como Cuartel General del
Ejército Brasileño. El edificio fue demolido en la década del ´70.

Manuel Domínguez, Juan Bautista Gaona, Remigio Mazó, Cantalicio Guerre-


ro, Pbro. Fidel Maíz, Mateo Collar, José Zacarías Caminos, Andrés Héctor
Carvallo y Pedro Saguier, junto a numerosos extranjeros, miembros por entonces,
de la calificada colonia de residentes en el Paraguay.
La preponderancia de este movimiento y de este núcleo intelectual puede notarse en
el hecho que cuatro de ellos fueron Presidentes de la República y casi todos, miem-
bros de Gabinetes del Ejecutivo o de los otros poderes del estado, en los últimos años
del siglo pasado o en los primeros de éste.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 171
Estudiantes en el extranjero

Tanto la procedencia extranjera de las familias más prósperas de Asunción así


como la carencia de centros de formación cultural o universitaria, hizo que muchos
estudiantes fueran a estudiar lejos del Paraguay.
Alrededor de 1911 el álbum "La República del Paraguay en su Primer Centena-
rio", editado por Ramón Monte Domeq, consignaba la presencia de estudiantes
paraguayos en Buenos Aires, Montevideo, Londres, Barcelona, París. También
en Bélgica, Alemania, Suiza y Norte-américa. También hubo artistas formados
lejos de la patria como el caso de Fernando Centurión, egresado con honores como
profesor de violín en el Real Conservatorio de Lieja así como el de los pintores
Héctor D’Aponte y Pablo Alborno, comisionados a Europa por el Gobierno Na-
cional, en los primeros años de este siglo. A Alborno se le debe los retratos de los
próceres de la independencia debido a que durante su estadía en España realizó un
estudio genealógico de todos ellos. El resultado de sus investigaciones y los factores
faciales dominantes de aquella descendencia familiar común a los patriotas
paraguayos, le permitió delinear -con la pintura- aquellos venerados rostros.

En 1918, otro álbum, "El Paraguay Ilustrado", editado en 1918 por Manuel W.
Chávez, daba cuenta de la presencia de otros estudiantes paraguayos en el extranjero.
Entre ellos se contaban: Nicolás Sarubi, Teodoro Decoud, Cándido Vasconsellos,
Ramón Goretta, José Gómez (hijo), Fernando Abente y Haedo, Alejandro
Dávalos, Gerardo Laguardia y B. Ciancio. Ya para entonces, una nutrida dotación
de profesionales egresados en el exterior desarrollaba su tarea docente o profesional
en Asunción. Los nunca resueltos problemas de límites con los países vecinos así
como los rescoldos de la pasada guerra hicieron que la juventud militar de los cuar-
teles accediera a mejores niveles de educación, tanto en el mismo país como fuera de
sus fronteras. Durante el gobierno de Juan B. Egusquiza (1894-1898) fueron envia-
dos a Buenos Aires algunos policías como Martín Ruperto Báez, Luis Báez y Elías
García, quien llegó a sub-jefe de la Policía de Buenos Aires y -ya en los primeros
gobiernos liberales de este siglo- Jefe de la Policía en Asunción. En la misma época
y a la misma ciudad fueron los marinos Manuel J. Duarte y Elías Ayala. A Chile
fueron Adolfo Chirife (que también fué a Alemania), Albino Jara, Eugenio A.
Garay, Manlio Schenone, entre otros, mientras que el futuro victorioso conductor
del Ejército en el Chaco, José Félix Estigarribia, iba a Francia.

Mientras tanto, en Asunción, los cadetes militares aprendían francés, etiqueta social

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 172


Jefes y oficiales del Ejército en 1903. Entre ellos, los oficiales graduados en Chile,
Schenone, Jara, Garay, Goyburú y otros.

o tomaban lecciones de bailes de salón, en un refinamiento pocas veces conocido en


ese estamento. Las Escuelas Normales y el Colegio Nacional daba los primeros frutos
intelectuales que enfrentarían a los de "verde olivo", o lucharían con ellos, en los
azarosos -y muchas veces cruentos- acontecimientos políticos del país.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 173
El periódico "La Regeneración"

Los aliados que entraban a "la Asunción" el 5 de Enero de 1869, luego de bom-
bardearla hasta las últimas horas del 31 de Diciembre anterior, se encontraron con la
ciudad abandonada y enteramente "disponible". No los recibía la población "agrade-
cida", aún ante el presupuesto que venían a "...liberar al Paraguay". Solo extranje-
ros, aún temerosos, y ancianos desahuciados fueron testigos de aquella triunfal rapi-
ña. El "ausentismo" de los asuncenos -no obstante- se explicaba en el hecho que a lo
largo de su recorrido hasta Asunción, los soldados del ejército aliado habían demos-
trado que no eran de fiar. Considerando que la soldadesca imperial brasileña estaba
conformada mayoritariamente por esclavos y que el ejército de Mitre tenía en su
primera línea a asesinos y ladrones, "... hombres de mala fama", generoso califica-
tivo con que el historiador argentino Miguel Angel de Marco matizaba "el detalle",
ya justificaba la aprensión de los asuncenos ante la presencia de aquel malón.
Adicionalmente y ya antes de estos sucesos, un Bando publicado por el Vice-presi-
dente Francisco Sánchez con la rúbrica de Vicente Valle, el 22 de febrero de 1868,
disponía la evacuación total de la ciudad y el fusilamiento de toda persona que se
encontrara robando en las calles o las casas de la plaza abandonada. Concluía
advirtiendo el mencionado Bando que "...cualquier persona que se encuentre en
comunicación con el enemigo, sufrirá la pena capital".
Eran razones más que suficientes para que la ciudad esperara solitaria la llegada de
aquellas fuerzas. Detrás de ellas venían "vivaqueros", proveedores, cronistas, fami-
liares de soldados y oficiales, los propios paraguayos que retornaban desde el exilio
o desde los caminos de la guerra. También venían malandrines, tahures y aventureros
de toda especie, otorgando a la ciudad una excitación desacostumbrada, contrastante
con su proverbial quietud.
El "ambiente social" de Asunción se tornaba así, pródigo en acontecimientos como
para sorprenderse de la aparición del primer órgano de prensa: "La Regeneración",
bajo la dirección de José Segundo Decoud. El periódico, que salía los miércoles,
viernes y domingos, tenía su taller en la calle Palma entre 15 de Agosto y 14 de Mayo
y ya en los primeros meses de su aparición, se vio envuelto por los enrarecidos gases
sociales del ambiente. En efecto, en su edición número 145 del 18 de setiembre de
1869, "La Regeneración" daba cuenta del asesinato de una mujer en manos de un
ciudadano italiano. Ante aquella errónea información (en los días siguientes se aclaró
que el autor del asesinato habría sido argentino) la comunidad italiana reaccionó
enérgicamente reclamando una rectificación del medio, a lo que sus directivos acce-
dieron pero negándose a transcribir el texto propuesto y exigido por los italianos.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 174


Los hermanos Decoud, calificados pr otagonistas y testigos de la vida intelectual, social,
política y cultural de la pos-guerra del ’70.

El día 23 de setiembre, éstos reunieron en los alrededores del puerto, a un número


próximo a 300 connacionales armados y atacaron el periódico. Allí mataron a todos
los empleados que se negaron a gritar ¡viva Italia! además de otras tropelías come-
tidas en contra de las maquinarias y útiles del taller.
La tardía intervención de los "policianos" terminó con la luctuosa jornada que dejó
como saldo, 16 muertos, 13 heridos y cerca de 150 italianos presos.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 175
"Cri-cri" y "Don Pucho"

Al término de la Guerra del ‘70, Asunción mostraba curiosas combinaciones. Los


aliados la consideraban un bastión militar ocupado .. y en consecuencia actuaban.
Algunos de los extranjeros llegados con ellos buscaban integrarse, convivir, quedar-
se. Otros, los más, sólo querían concretar negocios y ganar dinero. Los unos y los
otros habían venidos tras la épica Asunción, en busca de las fantásticas historias
contadas sobre estos lugares y sus moradores desde lejanos tiempos. O por las evo-
caciones de las épicas jornadas vividas hasta apenas algunos meses atrás. Los
paraguayos, sin embargo "...extranjeros en su propia tierra" se ocupaban de buscar
a tientas los caminos para materializar la recuperación del país.
La mayoría de ellos, el pueblo llano, estaba constituido por mujeres. Mujeres solas,
tristes, envueltas con harapos y el infaltable "akahoja" de lienzo. Buscaban entre lo
que había quedado de aquella ciudad, algo de sus bienes, de sus recuerdos, en el vano
intento de recomponer -aun con sus hijos, padres, esposos o hermanos ausentes- lo
que quedaba de sus familias. Por una parte, las esperanzas de pocos por recomenzar
una vida nueva, lejos de los horrores de la guerra. Por la otra, la certidumbre de
muchos, que estaban por terminar con un infierno. Que nada peor podría superar a
lo ya vivido y sufrido.
Por un lado, un país derrotado y ocupado, desmoralizado y pobre. Por el otro, la
obstinación, la fe "...que centuplica las fuerzas y acrecienta la energía moral" ,
como diría el Dr. Manuel Domínguez. En medio de aquella mezcla de sentimientos,
se dio inicio a la Convención que consagró la Constitución jurada el 25 de Noviem-
bre de 1870.

Con la misma ya vigente y los poderes del Gobierno constituidos, apareció un im-
portante número de medios de prensa que, ya como diarios o como semanarios y
revistas, en Asunción, o en los pueblos, Areguá, Pilar, Encarnación , Concepción,
Villarrica y Colonia Cosme dieron inicio a la prensa de opinión. Como tal, sufrieron
también, las primeras agresiones de la incomprensión y la intolerancia que,
premonitoriamente, marcaron la vida política y cultural de nuestro país a partir de
entonces.
Desde 1869 hasta los últimos años del siglo pasado vieron la luz -aproximadamente-
60 periódicos, cerca de 77 semanarios y 33 revistas. Algunas de ellas en guaraní,
otras en castellano, inglés, francés o en alemán . Algunos de ellos representando a
un grupo o una línea política determinada. Otros, como expresiones de las colecti-
vidades extranjeras y de sus culturas, o de instituciones militares, policiales, de gre-

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 176


La calle Independencia Nacional, frente al «Mercado Guazú». Mujeres de akahoja, solas ,
trabajando. Panorama habitual de la Asunción de fines del siglo pasado.

mios médicos, de la Iglesia, de intelectuales y artistas. Desde el punto de vista temá-


tico, las publicaciones cubrían todo lo imaginable, desde filosofía hasta artículos de
ciencia, pasando por el humor, la enseñanza religiosa, novedades, política, arte, his-
toria y moda. Para nuestros días, los nombres de algunos podrían resultar increíbles:
"Cri-cri", "El Mosquito" , "El Burro", "Don Pucho", "Don Viruta", "Maestro
Ciruela", así como increíble pudiera parecer que "La Gaceta Policial" era un
modelo de redacción y cultura.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 177


Muertos por la prensa

L a "era constitucional" inaugurada en 1870 anticipaba la tragicomedia que


signarían en adelante los avatares "democráticos" de la política paraguaya. Se inicia
con el "golpe palaciego" que defenestró al Presidente Provisorio Facundo
Machain, electo en forma casi unánime por la Convención instalada un año antes.
Las "gestiones" para el golpe fueron auspiciadas por el sector "bareirista" y el apoyo
desembozado del General Julio de Vedia, Jefe de las fuerzas argentinas en Asun-
ción. No transcurrieron dos años de aquel hecho cuando la presidencia de Cirilo
Antonio Rivarola tenía ya dos sangrientas revueltas en su haber y el Parlamento
disuelto, como consecuencia de la segunda de ellas. Las "controversias" -entonces-
eran instigadas o resueltas por brasileños o argentinos como la manera habitual de
dirimir supremacías en el manejo de la política paraguaya.

Conseguida la pacificación y la constitución de una nueva Cámara Legislativa, le


llega a Rivarola el turno de probar la medicina que él había dado a Machain. El
mandato quedaba en manos de Salvador Jovellanos. Aquella "década infame" del
Paraguay, se completaría con otras "perlas" que incluyeron asesinatos, persecucio-
nes, destierros y latrocinios de variado monto pero siempre onerosos para el mengua-
do caudal del estado paraguayo.

La prensa tenía mucho que hacer y mucho que perder en aquel tiempo sin escrúpulos.
Los señores de la política -que no hesitaban en traicionar a compañeros o asesinar
adversarios- no dudarían tampoco en eliminar a quienes, en nombre de la opinión
pública, pudieran señalarles faltas o se opusieran a sus intenciones. La destrucción
de los talleres de "La Regeneración", el 24 de setiembre de 1869, dejaba en claro
la fragilidad del ambiente en el que tenían que desenvolverse aquellos pioneros del
periodismo nacional. Y se supo también -poco después- que no importaba cuan
cautamente se manifestara una opinión que cuando los bárbaros sienten lastimados
sus "reales fueros", la reacción es desproporcionada y brutal.

En la madrugada del 25 de Abril de 1874, en medio de una de las cíclicas revueltas


contra cualquiera que estuviera en el gobierno, fué tomado prisionero el periodista
de "La Libertad", Francisco Martínez. Un Sargento Mayor de las tropas "revolu-
cionarias" -de apellido Avalos- le atravesó el cuerpo con una lanza. Aún vivo, trató
de cortarle la mano y como no daba con la coyuntura, Martínez gritó a su victimario:
"...Pégueme cuatro balazos y no me haga penar tanto!". Desatendiendo sus clamo-

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 178


Desde 1870, las «movilizaciones de tropa» en Asunción eran frecuentes y generaban una
gran inquietud en la población. En esta fotogr afía se ve el desplazami ento de fuerzas de
caballería frente a la «Estación San Francisco».

res, Avalos le contestó: "Te he de cortar la mano para que no escriba después de
muerto" (sic). Finalmente le asestaron otro golpe de lanza y " ... mil golpes de sable
lo ultimaron".

Exactamente diez años después, la ofendida fué la Cámara de Representantes y el


ofensor, el diario "El Heraldo" . Pero esta vez, en vez de lanzas actuó la Justicia
absolviendo de culpa y pena al Director, Héctor Francisco Decoud. En medio de la
interpelación a Decoud en la Cámara, José de la Cruz Ayala, joven redactor del
diario, gritó desde la barra su histórica expresión de identidad: "...Ese es inocente.
Yo soy Alón!!"
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 179
Siguen las muertes ....

Francisco Martínez no fué el único periodista muerto en aquella "década infa-


me" que siguió a la terminación de la Guerra del ’70. Durante el alzamiento del 8
de Diciembre de 1875, iniciada por el General Germán Serrano contra el Presiden-
te Juan B. Gill -al año siguiente del asesinato del infortunado Martínez- fué asesi-
nado Eugenio Danós. Este periodista, que -a la sazón- oficiaba de secretario del jefe
sublevado, fué muerto en un arroyo de la cordillera por un "...hombre de confianza
del Gral. Caballero" de nombre Luís Benítez quién, ya de vuelta a Asunción, se
complacía en contar que había atravesado el cuerpo del infortunado "...de parte a
parte con su espada" . Peor fué la suerte del propio Serrano quien perseguido y
apresado fue finalmente degollado en Caazapá "...sin haber siquiera combatido" .
A la capital volvió su cuero cabelludo y ".. su hermosa barba" como trofeo de guerra
del gobierno y escarmiento de los alzados.
Aparte de estos y otros varios incidentes que tuvieron de víctimas a periódicos y
periodistas, ganaron notoriedad algunos que pretendieron acallar la voz de jóvenes
y admirados luchadores de la prensa: José de la Cruz Ayala, más conocido por el
fulgurante seudónimo de ALON, Blás Garay y Carlos García. En los últimos
meses del gobierno del Gral. Caballero, ALON fué enviado al Chaco donde recorrió
"...100 leguas a pies como guardia de seguridad del mensurador (..) señor Codas".
Indignado porque un Juez, había "...declinado jurisdicción" enviando su expedien-
te de reclamación a dormir el "sueño polvoriento de los Tribunales", ALON escapó
y fué a la Argentina donde moriría algunos años más tarde.
A escasos 13 días de la finalización del siglo XIX, moría el Dr. Blás Garay. Había
recibido un disparo de Néstor Collar, joven de 17 años, hijo de Mateo Collar, ex
Ministro de Instrucción Pública a quien Garay había criticado ásperamente desde las
columnas de "La Prensa". El hecho ocurrió durante una fiesta realizada en Villa
Hayes el 16 de diciembre de 1899. Trasladado precipitadamente a la capital, el estado
de salud de Garay empeoró visiblemente. A las 16 horas del 18 de Diciembre, el in-
fortunado tomó las manos de su cuñado y amigo Gabriel Valdovinos y mirándole
fijamente, le susurró "...¡¡Sálvame!!". Fue su despedida.

En los albores del siglo XX, las "desinteligencias" entre "cívicos" y "radicales"
enfrentaba a dos medios de prensa: "El Liberal", dirigido por Gómes Freire
Estéves, Eladio Velázquez, Juan J. Soler y Marciano Castelví; y el "Alón"
manejado por Carlos García y otros componentes de la juventud radical. En uno de
los intercambios de polémica prosa periodística, el joven García se consideró agra-

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 180


Es inaugurado un tramo del ferrocarril y dos de los jóvenes del «orden liberal» comparten
el agasajo de las damas: Adolfo Riquelme, Ministro del Interior y el Coronel Albino Jara,
Ministro de Guerra. Unos años después el primero sería víctima y el otro victimario.

viado por los "cívicos" y retó a duelo a Gómes Freire Estéves. Sin que nada apa-
ciguara la indignación de uno y la resolución del otro, el lance se realizó en las faldas
del cerro Tacumbú al abrigo de la madrugada. Aquel día, la ciudad despertó con la
noticia de la muerte del "...periodista, orador, soñador, enamorado y valiente,
Carlos García".
Igualmente joven y periodista, en otras circunstancias, pero por los mismos "delitos
y culpas" que los mencionados: la vehemencia en la defensa de la verdad, de los
ideales y sueños en pos de un país mejor, fué muerto Adolfo Riquelme, co-fundador
de "El Diario". El hecho fué conocido como la tragedia de Rosario pues sucedió en
"Bonete", puerto de aquel pueblo del norte, el 17 de marzo de 1911.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 181
Libros y libreros

Puede decirse que una de las novedades más importantes que trajo la pos-guerra del
’70, fueron los libros. Ellos motivaron la lectura y la ilustración. No sólo la lectura
en cuanto al ejercicio escolar de instrucción sino el hábito que permitía el acceso a
la información, la asimilación de las ideas de los grandes autores y las grandes co-
rrientes del pensamiento universal sino - muy especialmente - el cultivo del propio
intelecto, por el prestigio que alcanzaba entonces al que ostentaba el recurso del saber
y la sabiduría.
Así -muchas veces- las librerías se disputaban los espacios de publicidad, en frecuen-
cia y centímetros de propaganda, con los anuncios de sedas o licores europeos. La
difusión del conocimiento y la variedad de la oferta editorial dio origen a la discusión
de las ideas y el debate. El ejercicio de estos nuevos hábitos sociales se concedían en
las tertulias de intelectuales -literatos y políticos- donde no pocas iniciativas cultu-
rales y hasta algunas conspiraciones tuvieron lugar. En aquel tiempo, los políticos al-
ternaban las discusiones parlamentarias con aquellas reuniones plenas de chispa y
sabiduría y más de un Presidente de la República aparece "militando" la literatura en
el "Indice de la Poesía Paraguaya" publicado por Sinforiano Buzó Gómez.
Tales fueron los casos de Cecilio Báez, Manuel Gondra y Liberato Rojas, además
de otros mencionados en dicho "Indice" que llegaron a altos puestos del Gabinete o
el Parlamento, como los hermanos Decoud -especialmente José Segundo- Facundo
Machain, Juan Silvano Godoy, Miguel Palacios, Cayo Miltos y algunos años más
tarde, Juan E. O’Leary, Arsenio López Decoud, Enrique Solano López, Manuel
Domínguez, Fulgencio R. Moreno y Blás Garay, entre otros.

El Centro Español, la Sociedad de Beneficencia Portuguesa, la Societa Italiana


y cualquier otro lugar de Asunción donde se comiera y -sobre todo- se bebiera bien,
albergaban a una nutrida concurrencia de intelectuales, nacionales y extranjeros,
para -entre otras cosas- conversar sobre libros y autores.
Los libreros se disputaban esta privilegiada clientela. Don Enrique Mangels anun-
ciaba en "Los Debates", en 1876, la llegada de las siguientes ediciones: "Manual
de Práctica Forense", de Florentino González; "Naturaleza y Tendencia de las
Instituciones Libres", "Manual del Jardinero y Arborista", novelas en castellano,
inglés y francés, además de "...gran surtido de globos y planetarios (...) planos de
la Asunción, Albums del Paraguay, etc.".
No faltaban las traducciones locales como la que el mismo Mangels anunciaba en una
edición de Agosto de 1875, en "La Patria". Se trataba del libro de Stuart Mill, "La

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 182


La Librería y Papelería Nacional, en Palma esq. Alberdi, en los inicios de este siglo. Más
atrás, el Centro Español. Dos bas tiones de la cultura paraguaya.

Dependencia de la Mujer", traducido del inglés por José Segundo Decoud.


La librería de Mangels había iniciado sus actividades en la calle "Del Atajo"
(Alberdi) casi Palma para trasladarse luego frente al Mercado Guazú sobre la calle
Palma. Más tarde aparecieron la Librería y Papelería Nacional de Quell y Carrón,
en Alberdi esquina Palma; El Siglo Ilustrado de Luís Trasfí en Independencia
Nacional y Estrella; y, la Librería y Papelería Alemana de Luís Simón, al lado de
la Botica Alemana, sobre la calle Estrella casi Chile.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 183
Centros Culturales

La fundación del "Centro Literario" dio lugar a una inusitada actividad artística
e intelectual en Asunción, con frecuentes reuniones y veladas realizadas en el Club
del Progreso. En ellas se abordaban temas literarios e históricos. Aunque el "Cen-
tro" sólo subsistió hasta 1889, su corta vigencia pudo dar lugar a la fundación de
otros núcleos culturales entre los que pueden contarse al Ateneo Paraguayo y la
Sociedad del Cuarteto además del Instituto Paraguayo, ya en 1895.
La Sociedad del Cuarteto no requiere aclarar que su objetivo era la difusión de la
música. Nació en el mismo año 1889 y fué producto de la entusiasta tarea de algunos
precursores como el músico italiano Luís Cavedagni, autor de una instrumentación
del Himno Nacional, en 1874. La obra cumbre de este maestro fué sin embargo, la
compilación y arreglos orquestales de un gran número de músicas populares
paraguayas. Esta tarea de investigación y rescate fué posteriormente integrada en un
Album con 400 composiciones y enviadas a la Exposición Universal de París, tam-
bién en 1889. Los originales de este singular trabajo habrían quedado en poder del
pianista italiano Emilio Malinverni.

Un selecto grupo de personas estuvo en la firma del acta de fundación de la Sociedad


del Cuarteto. Entre ellos figuraban algunos que fueron, o serían, Presidentes de la
República como Emilio Aceval, Bernardino Caballero y Juan B. Gaona. De aquel
numeroso grupo, sólo eran músicos los señores Narciso Acuña, Ismael Billordo,
que fue el primer presidente de la entidad, Guido Boggiani, Arturo Cabib, Antonio
Cristoffanini, Juan C. Lombardi, Nicolás Parducci y Federico Scarpa.
A principios de la década del ’90 se formaba la Orquesta Nacional. Aunque en 1891
contó con una subvención del Gobierno, el grupo tuvo una corta duración. Mentor
y director de la misma fué el Sr. Cantalicio Guerrero, antiguo dueño de la casa que
hoy ocupa la Policía Nacional, sobre la Plaza Independencia. Como puede
sospecharse, en esa casa se realizaban los ensayos y hasta algunas presentaciones de
la orquesta. Una de las razones de su disolución habría sido la desavenencia entre
Cavedagni y Guerrero, ante la pretensión de éste de montar una ópera, a lo que el
músico italiano se oponía debido -decía- a la escasa formación y preparación de los
músicos.
Además de la actuación de grupos musicales locales o de los internacionales que
recalaban, de tanto en tanto en Asunción, el ambiente artístico seguía creciendo en
animación hasta que, en 1900, en un homenaje a Verdi, cantó el mismo Cavedagni
con acompañamiento de una gran orquesta.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 184


El Círculo Coral Filodramático italiano, una de las primeras formaciones musicales de la
posguerra del ’70.

Los músicos extranjeros venían y se iban. Algunos, entusiasmados con la apertura


musical de Asunción traían instrumentos y otros bártulos y para volver, desalentados
y empobrecidos, tenían que venderlo todo. Esto sucedió con el pianista Modesto
Borrel quién al tiempo de anunciar su concierto, ponía en venta su piano marca
"Boiselot".
El Concierto se realizó el 20 de Setiembre de 1891, el piano fué vendido en 30 libras
ya unos días antes y Borrel partió el 22.
Vino, cantó, vendió su piano .... y se fué.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 185
CAPITULO XII

SERVICIOS

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


El Mercado "guazú" y su entorno

El mercado "era una fiesta". Aglomeración espontánea dentro de las aglomeracio-


nes humanas, encuentro de vendedores y compradores y, tras ellos, "gentes de cien
mil raleas", como dice la canción de Serrat, el "Mercado Guazú" de Asunción no
era ajeno al fenómeno universal de los mercados populares.
Inicialmente instalado en la manzana conformada por Palma, Estrella, 25 de No-
viembre (Ntra. Sra. de la Asunción) e Independencia Nacional, lentamente radiado
hacia el espacio abierto conocido como "Plaza del Mercado", fue finalmente conso-
lidado en dicho lugar, dentro de un recinto cerrado por altas murallas y pórticos de
acceso en las bocacalles.
Como siempre ocurre, luego de su abarrotamiento la feria fue ganando -otra vez-
espacios hacia el exterior, especialmente sobre la calle Independencia Nacional.
Los protagonistas del mercado -casi siempre del género femenino y campesinas- que,
además de la oferta de productos tradicionales: jety, abatiky, mandi’o y frutas, pre-
gonaban a gritos la invitación para la degustación de mazamorra, camby-rorá, andaí
camby o, la existencia de dulces, encurtidos, quesos, sombreros, hamacas y toda
clase de productos.
La actividad femenina y la industria casera, sustento del "Mercado Guazú" certi-
ficaban las características esenciales de la sociedad de entonces: que la Guerra del `70
había dejado la producción y la subsistencia a cargo de las mujeres y que las circuns-
tancias del momento convertía a las casas en cuasi-factorías donde se desarrollaban
diversas tareas productivas, desde los cultivos de diversa envergadura, hasta la cría
de animales. Así las actividades normales de las familias incluían la molienda de
forraje o alimentos para la casa, ordeñe de leche, elaboración de quesos, manteca,
almacenamiento y ensilaje, fábrica de dulces y tejido o hilado. A ésto debe agregarse
la construcción y el mantenimiento de sus propios ranchos e instalaciones.

Los productos de las huertas cercanas o de las factorías hogareñas mencionadas,


venían al mercado a lomo de burro, en "arganas" de cuero, que eran como "monturas
con bolsas" a ambos lados del animal. Entre las arganas montaba la mujer, con una
sombrilla para protegerse del sol. Venían en grupos, de distintos parajes, conversan-
do y fumando sus grandes cigarros.

Los burros llegaban al mercado y una vez instalada la mercadería, los animales eran
conducidos a un corralón ubicado sobre la calle Ypané (Fulgencio R. Moreno) entre
Yegros e Iturbe, anticipo de nuestras "playas de estacionamiento". Este trabajo era

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 187


El Mercado Guazú (atrás, altas mur allas y ventanas) ganando la calle Independencia
Nacional. Entre las vendedoras, sentadas a pleno sol, las árganas de cuero.

desarrollado por muchachos que se encargaban de llevar y traer los burros donde sus
dueñas y, en el "corralón de estacionamiento", darles agua y forraje.

Dentro y fuera del Mercado, el bullicio era impresionante y, aunque la aglomeración,


el calor y la falta de instalaciones del local motivaban importantes decomisos de
mercaderías, especialmente de carne, el movimiento comercial era importante. En un
informe de la Municipalidad, editado en 1918, se consignaba que en el lugar se co-
mercializaba mensualmente un promedio de 450.000 kilos de carne. El mismo in-
forme mencionaba que, por cada mes, se había comercializado 300,000 kilos de
frutas, más de 7.000 aves, 9.600 docenas de huevos, 31.500 kilos de pescado y más
de 90.000 kilos de verdura.
Luego de la consolidación de la "feria", alrededor del "Mercado Guazú" se fueron
afincando los comerciantes que nunca faltaron a la cita con el Mercado. Será tema
de otro comentario. Años más tarde se repetiría el fenómeno en el Nº 4 de la avenida
Pettirossi.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 188
Alfalfa y sanguijuelas
Originalmente publicado como "El Mercado "guazú" y su entorno (2)"

Luego de terminada la contienda del ‘64 al 70, el "Mercado Guazú" fue conso-
lidándose hasta convertirse en el centro vital de la "aldea" asuncena. Los avisos de
los diarios que saludaban en Asunción el fin de la guerra, daban cuenta de la oferta
comercial de la plaza, centrada casi íntegramente en la existencia de los alrededores.
Así, a menos de 100 metros de la "plaza del mercado" podía uno encontrar desde san-
guijuelas hasta ropa europea, tanto alfalfa como enseñanza de idiomas.
En las ediciones de agosto de 1870, "La Voz del Pueblo", diario dirigido por Miguel
Gallegos, anunciaba -por ejemplo- los servicios del Dr. Fors, abogado, en De la
Oliva Nº 27; Iturburu, Bareiro y Rivarola ofrecían alfalfa "de superior calidad"
en Oliva Nº 60, frente al "reñidero de gallos". Calle abajo, en los locales números
7 y 9, se hallaba el "Gran Bazar Universal" con materiales de ferretería y sobre la
misma vía, aunque ya con el nombre de De la Paz, actual Cerro Corá, la Armería
de Alfredo Hoeguard ofrecía armas, de todo tipo, incluso instrumentos de esgrima,
tales como "...floretes, caretas, guantes, pecheras, espadas y cinturones".
Sobre la calle Estrella, en el espacio que corresponde a la incorrectamente denomi-
nada Plaza O’Leary, en el local Nº 11 y bajo inmensos corredores coloniales, se
encontraba la tienda y ropería "La Novedad" de José Fuster. También el Hotel de
la Paz, que ofrecía "...baños de lluvia a todas horas"; en la esquina de Estrella con
25 de Diciembre (Chile), estaba la "Botica de la Alianza" .
Sobre los corredores de Palma e Independencia Nacional, estaban "La Bota Colo-
rada", "La Hormiga" y "El Ñandú". Más abajo, en la esquina de esta última calle
con la de Del Sol (Pte. Franco), el "Baratillo de Retratos (...) al lado del Palacio
Barrios" ofrecía todo tipo de recuerdos fotográficos, tanto personales como "...fa-
miliares o de grupos".
Ya hacia fines del siglo, el Mercado Guazú, junto con el Puerto, pasó a constituirse
en la principal atracción de la ciudad. Tanto que en la medida de su expansión, los
medios de transporte empezaron a vincular, inevitablemente, el interior del país y los
nuevos arrabales de Asunción con estos puntos. El "trencito de San Lorenzo" -por
ejemplo- tenía su estación frente a la "Armería Alemana" de Otto Zinert, en 25 de
Noviembre (Nuestra Señora de la Asunción) entre Palma y Estrella. Don Otto había
adquirido el edificio del Gral. Bernardino Caballero en 1906, quien - a su vez - la
había "heredado" del Gral. Osorio, Vizconde de Herval, miembro del ejército de ocu-
pación brasileño.
La casa, que ocupaba toda la manzana de Palma entre 25 de Noviembre y 25 de
Diciembre, había pertenecido a Francisco Solano López. En ese tiempo y en la otra

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 189


El Mercado Guazú reducido a nada. Luego del «Mercado Provisorio», la desaparición
definitiva: mercado, galerías, burros y vendedoras .

esquina, 25 de noviembre y Estrella, ganaba popularidad "El Rey de los Quesos"


del Sr. Pozzo.
Más allá, el inconcluso Oratorio de la Virgen daba origen a dos hechos fundamentales
en la historia de la ciudad: la inmigración japonesa y el comercio de plantas, espe-
cialmente orquídeas. Era el "Jardín Japonés" regenteado por el Sr. Shotaro
Fukuoka, uno de los primeros -si no el primer- súbdito del "Imperio del Sol Nacien-
te" radicado en el Paraguay.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 190
El "mercado provisorio"
Originalmente publicado como
"El Mercado "guazú" y su entorno (3 Final)"

La expansión de las ciudades es la historia del desplazamiento de los barrios "re-


sidenciales" debido a la necesidad de "la distancia social" que las burguesías locales
impusieron -desde siempre- al resto de la sociedad. Y a pesar de que los barrios
"elegantes" de Asunción fueron alejándose del Mercado Guazú, más allá de la Plaza
Uruguaya primero y sobre la avenida Asunción, después, había que alejar -también-
al Mercado del Centro. La demolición era inevitable.
Sobre los restos de la demolición finalmente concretada, se construyó el "Mercado
Provisorio" con la promesa de reconstrucción del antiguo. Maderas, chapas de
"zinc", galerías y unos pabellones "marroquíes" que marcaban los accesos, confor-
maron el "provisoriato" que duró casi 20 años.
Ya al promediar la tercera década de este siglo, el paisaje urbano de la feria se había
vuelto directamente impresentable para los afanes estéticos de la pos guerra del
Chaco. Sin embargo, el conglomerado comercial en torno al lugar así como la pre-
sencia de centenares de vendedoras, changadores y toda clase de "cuenta-propistas"
de la zona, no permitía un desalojo tan fácil.
Pero ya se habían demolido también algunos de los edificios que entornaban el otrora
populoso Mercado, como los corredores que daban sobre Palma y las construcciones
que ocupaban el predio del actual Hotel Guaraní. Los que todavía quedaban en pie,
se presentaban en notorio estado de obsolescencia para competir en rentabilidad y
seguridad con construcciones más nuevas y de mayor envergadura. El fin era inevi-
table.
Con la pérdida de su hegemonía, afloraron -también- todos los defectos. Se recordaba
entonces la luctuosa historia que se había generado alrededor de sus murallas y co-
rredores, como el asesinato del ex-presidente Cirilo Antonio Rivarola, en la noche
del 31 de diciembre de 1879, así como la fama de los vicios, que se acrecentaba según
iba declinando el comercio: los reñideros de gallos, los bares, los lupanares...
Suficiente excusa para aportar el ingrediente que faltaba para el ejercicio del "ur-
banismo fácil", deporte favorito de nuestros intendentes, civiles y militares: elimi-
nar vicios con demoliciones .
En la década del ’40, el Mercado Guazú y sus restos sobrevivientes, el Mercado
Provisorio y los puestos de los alrededores, terminaron definitivamente. Quedaron
muñones baldíos que a la ciudad le costó trabajo desmantelar. En el espacio libre
seguían recalando algunas burreras. Una terminal de omnibuses -también improvi-
sada y mal acondicionada- se instaló en la manzana contigua. En ese lugar y casi 15

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 191


El Mercado «provisorio» que duró casi 20 años. El preludi o del fin.

años más tarde, la audaz estructura del Hotel Guaraní terminaría por desalojar el
recuerdo del Mercado.
Con la desaparición de la feria, empezó el desalojo del centro y casi, de inmediato,
sin reparar en la posibilidad de mejorar el mecanismo de mercadeo, olvidándonos de
todo lo bueno que podíamos haber mantenido y todo lo malo que pudimos haber
evitado, se recreaba el proceso -con todos sus defectos, y aún agravados- alrededor
de "Dos Bocas". Nacía el Mercado 4.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 192
Los cementerios

Inmediatamente después de instalada la Colonia, fue menester atender las necesi-


dades del Culto y junto a ellas, las generadas con el sepelio de los muertos. Puede
entenderse que en medio de tantas vicisitudes, enfermedades y peligros, especial-
mente derivados del enfrentamiento con los indios, la muerte fuera un hecho cotidia-
no y la inhumación de féretros no podría haber sido un hecho que se dejara para la
improvisación. Aunque ya muy posteriormente a la consolidación de las colonias
americanas, los documentos de la Corona empezaron a considerar la necesidad de
contar con "...sitios ventilados e inmediatos a las parroquias pero distantes de las
casas de los vecinos", de acuerdo a la Real Cédula de 1787, no era fácil dar cumpli-
miento a tales disposiciones aunque tuvieran como fundamento el evitar las pestes
que se propagaban tan fácilmente. Estas se extendían a partir de la costumbre de
sepultar a los muertos en las mismas iglesias. Probablemente la difundida idea del
"infierno" así como la de predicar con el temor, habían determinado la necesidad de
realizar las inhumaciones al amparo de los templos.
En las Reducciones Jesuíticas -sin embargo- se disponían los cementerios a un cos-
tado de la iglesia. El camposanto era rodeado, en tres de sus lados, de un alto muro
"...a menudo con galerías" y las sepulturas se dividían, usualmente "...en cuatro
cuarteles: hombres, mujeres, niños y niñas. En el centro se levantaba una cruz,
una escultura o una capilla pequeña. Para la ornamentación se disponían naran-
jos y flores, generalmente nardos. Sólo los Jesuitas y los Corregidores eran ente-
rrados dentro de las iglesias" .

Uno de los primeros cementerios del que se tiene alguna referencia en Asunción, era
el De la Encarnación. Ubicado dentro del perímetro del Convento de Santo Domin-
go, entre las calles 15 de Agosto, Juan E. O’Leary, de la República y el barranco de
la bahía de Asunción, ganó -posteriormente- los espacios del frente, donde estuviera
el campo de deportes del ex Colegio Militar. Existen grabados y dibujos que muestran
la disposición de sepulturas en el lugar así como al costado sur de la antigua iglesia,
aunque es seguro que -en su interior- también estuvieran dispuestas algunas tumbas.

El mismo Dictador Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia fue sepultado en una de
las naves de la Iglesia hasta que su sepulcro fue profanado y sus huesos arrojados al
río, en 1852. Se cuenta que el autor de la profanación fue el Sr. Manuel Pedro de la
Peña.
El Cementerio General de Asunción , fue creado a partir del Decreto de los cónsules

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 193


La Recoleta, ya amur allada, con la calle «de la Asunción» todavía reducida al estrecho
espacio alrededor de las vías del «trencito a San Lorenzo».

López y Alonso, del 30 de Mayo de 1842. El territorio perteneció originalmente a


Don José Roxas y Aranda quien donó a los Dominicos el sitio en el que fundarían
-más tarde- el Convento de la Recolección de San Francisco. El 20 de Octubre del
mismo año quedó establecido el cementerio siendo bendecido tres días más tarde.
Este camposanto se destinó a la inhumación de restos de las parroquias de la Catedral,
Encarnación, San Roque y Recoleta. Al mismo tiempo de la habilitación de la
Recoleta, se establecía la prohibición de realizar inhumaciones en las iglesias o en los
corredores cercanos y se consagraba también el templo de la Encarnación como
"Cementerio de Párvulos".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 194
El mangrullo
Originalmente publicado como "Los cementerios (2)"

La Cédula Real de 1805 ya había anticipado algunos inconvenientes acerca de la


costumbre de inhumar cadáveres en las iglesias. Para el efecto se acompañaba un
plano que contenía las indicaciones sobre "Como puede formarse el cementerio en
estramuros de esta ciudad". Sobre esta Cédula Real se pronunció el Cabildo de
Asunción el 7 de enero de 1805 aceptando las argumentaciones en favor del proce-
dimiento porque, decían"...debe dársele puntual cumplimiento por ser utilísimo el
pensamiento no solo por el decoro de la religión y templos sino también por el
interés de la salud pública pues la experiencia persuade que siendo el aire, uno de
los agentes de la vitalidad y debiendo este inficionarse por los vapores que exhalan
los cuerpos sepultados no puede dejar de padecer la humanidad cuando respira
casi en el mismo centro de la pestilencia debiéndose atribuirse a éstos tantas en-
fermedades" . Sin embargo, y a pesar de la publicación -por Bando- del documento
real, los cabildantes no pudieron conseguir desterrar el mal hábito. La habilitación del
Cementerio General de Asunción en 1842 rompió finalmente las resistencias de los
feligreses y la puesta en práctica del Decreto de los Cónsules López y Alonso sig-
nificó desmantelar la antigua tradición del entierro de féretros en los templos o en sus
aledaños, así como consagró la costumbre de los extenuantes y dolientes "acompa-
ñamientos" a lo largo de la avenida "Asunción", hasta el camposanto de la Recoleta.
La enorme distancia que mediaba entre el casco histórico y los barrios de la ciudad
hasta el antiguo Convento de la Recolección, hizo que se pusieran en práctica una
serie de mecanismos para el traslado de los muertos, desde el peregrinaje a pie lle-
vando los féretros en andas, hasta el complicado sistema a base de tranvías, pasando
por los de los carruajes y carros. En el caso de los tranvías, había uno para la caja
mortuoria y otros para los dolientes. Esto, si es que la familia del fallecido contara
con suficientes recursos. La mayoría de las veces y especialmente cuando el sistema
de tranvías era "a mulitas", se disponía de un sólo carro, el que era destinado -con
exclusividad- para el traslado del féretro. Antes de contar con tales "exquisiteces",
la peregrinación se hacía a pie o a caballo, hecho que motivaba un verdadero desfile
de "chuscos" jinetes que se lucían a expensas del difunto.
Con posterioridad al Cementerio de la Recoleta fueron apareciendo otros. El del
"Mangrullo" hoy Parque Carlos A. López, fue uno de ellos.
"Mangrullo" es un término pampeano que se refiere a una instalación para vigilancia,
uso que, precisamente, le dieron las fuerzas de Pedro II acantonadas en la ciudad
luego del la Guerra del ‘70. Allí mismo funcionó el "Hospital de Brasileros" y, tal
vez por la comodidad de enterrar a los muertos en el mismo predio del hospital o, ya

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 195


Desde el «Belvedere», rumbo a la Recoleta, en tranvía «a mulitas». Nótese el «tocado» de
las mulas para la ocas ión.

por la lejanía de la Recoleta, el sitio fue convirtiéndose -paulatinamente- en cemen-


terio, hasta su clausura en 1918. Para ésto tuvo que ver la conformación de otro ce-
menterio para la zona, materializado sobre la adquisición de un vasto predio perte-
neciente a los sucesores del Presidente Higinio Uriarte (1877-1878). La compra se
registró en 1914 durante la intendencia del Ingeniero Albino Mernes y a partir de la
misma, se constituyó lo que es hoy el Cementerio del Sur.
También estuvo -ya bien entrado este siglo- el Cementerio Español, en la calle
Milano (ex-2a.) entre Chile y Alberdi, frente a la antigua "carrería Municipal" y
en el centro de una colectividad española afincada por la zona.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 196
Hoteles

No se sabe cuando empezaron a aparecer los hoteles en Asunción aunque es pro-


bable que existieran fondas o posadas, desde siempre. La diferencia de éstas con
aquellos, era que en las posadas o postas del camino, el viajero obtenía también
atención -esto es abrigo, alimentos y agua- para su caballo. Ya en el período pre
independiente y hasta la Guerra del ’70, lo más que se permitía la pobreza de la ciudad
y las cercanías del puerto eran unos "...pocos tenduchos sucios y cabañas llamados
hoteles" con los nombres de "...Garibaldi, Au petit français y Le Sapeur" , según
las crónicas del capitán Richard F. Burton, recogidas en sus "Cartas de los Campos
de Batalla del Paraguay", editadas en Londres en 1870.
Un puerto es siempre una convocatoria a las instalaciones hoteleras y Asunción, que
dependía casi absolutamente de su gran tráfico fluvial no fue ajena a ese influjo. El
radio de acción del antiguo Puerto de la Aduana abarcaba hasta la esquina de Es-
trella y Colón donde se encontraba el Hotel Cosmos, ex palacete de Venancio
López. En 1926, en la terraza de este hotel fue escuchada -por primera vez, en pú-
blico- la Guarania. Se trataba de "Jejuí", de José Asunción Flores y la misma fue
ejecutada delante del propio Presidente de la República, Dr. Eligio Ayala. El Cos-
mos estuvo alrededor del 1900 en otro sitio, en la esquina de Alberdi y Gral. Díaz al
200. Allí lució -antes- el nombre de Hotel Laborde. También mencionaba Burton
que ".. a unos pocos pasos" de la Catedral se encontraba el "...Hotel de la Minute".

Ya finalizada la "Guerra del Paraguay", en lo que fuera sede de la Legación Nor-


teamericana y antigua residencia de la familia Saguier, Gral. Díaz y 15 de Agosto,
se encontraba el Gran Hotel de Cristo. En la misma época, la empresa propietaria
del Gran Hotel del Progreso, Domingo Bonnecarrére y Cía., anunciaba en el diario
"Los Debates", que "...sobre la calle más central y comercial de Asunción" se
podía contar "...a toda hora con baños fríos y calientes" . Este hotel, que posterior-
mente recibió otros nombres, ocupaba el antiguo palacete de Benigno López, en
Palma esquina 14 de Mayo. Pero cualquiera fuera el nombre que recibiera o quienes
fueran sus dueños, tal vez por su ubicación en la ciudad o por la magnificencia del
edificio, el hotel siempre concitó el favor del público visitante, y el noctámbulo de
Asunción, hasta bien entrado este siglo.
Otros sitios que motivaban la presencia de hoteles en la ciudad, eran el Mercado y
la Estación del Ferrocarril. Entre 1870 y hasta el definitivo desmantelamiento del
"Mercado Guazu", existieron en sus alrededores hoteles de distintas raleas. El dia-
rio "El Imparcial" anunciaba la presencia del Hotel de la Paz , sobre la calle de la

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 197


El Puerto, el Mercado y la Estación del Ferrocarr il motivaron siempre la presencia de
posadas, fondas, hoteles y albergues de toda clase. Con la consolidación del centro, dichas
instalaciones se trasladaron a la calle Palma. En la imagen, el interior del Hotel Hispano
Americano, antigua residencia de Benigno López.

Paz, actual Cerro Corá casi Independencia Nacional. "La Patria", anunciaba en
1875, al "remozado" Hotel del Plata, en la calle Villa Rica Nº 7, actual Presidente
Franco casi Independencia Nacional. Allí se ofrecía "..un regular número de cuar-
tos bien amueblados para pasageros" (sic).
Ya entrado este siglo, en Diciembre de 1902, en "El Cívico" , el Sr. Antonio Spinzi
ofrecía las instalaciones de su Gran Hotel de Roma, en Alberdi Nº 221 al 223.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 198
CAPITULO XIII

INDUSTRIAS
Y NEGOCIOS

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


El "karaguata" como moneda

Las instituciones financieras existen desde que las agrupaciones humanas se con-
virtieron en estados o naciones. Y desde siempre fueron muy poderosas. Además de
asegurar y garantizar su propia prosperidad se "ocuparon" -también- de destronar
reyes, entronizar Papas, financiar guerras y -hasta a veces- salvar de la ruina a algunas
monarquías como sucedió, en mas de una oportunidad, durante el extenso reinado de
Felipe II, en toda la segunda mitad del siglo XVI.
Generalmente la historia omite considerar que la mayoría de las guerras y cambios
operados en los límites de los territorios nacionales y en la nomenclatura de los
mapas, han tenido motivaciones económicas. Desde luego que el progreso de la hu-
manidad se sustentó también en las artes y las investigaciones, pero la frase "El
dinero no hace la felicidad" sólo es otra perversa maquinación de la literatura re-
ligiosa.

Los habitantes del Paraguay colonial, "... víctimas de un sueño colosal, ... despojos
heroicos de las grandes expediciones", no tuvieron muchas posibilidades de comer-
ciar y desarrollar una economía próspera. El colono, soldado y agricultor, sólo tuvo
en el cultivo de la tierra la posibilidad de sobrevivencia; tanto, que algunos de sus pro-
ductos eran -al mismo tiempo- su moneda. En efecto, dada la dificultad de contar con
metales nobles para referenciar los intercambios comerciales, se tuvo que apelar al
hierro. Eran las "cuñas" de Martínez de Irala, que sustituían a los inexistentes
metales como el oro o la plata. Una cuña de hierro, en 1544, equivalía a un "real oro"
y para los cambios menudos "... se dividía la cuña en pedazos, determinando su
valor por su peso". Dadas las dificultades del sistema, el Cabildo de Asunción
"desmonetizó" el hierro en 1599 reemplazando la cuña por el lienzo, la cera y el
caraguatá.

En el siguiente siglo, estos productos cedieron ese importante papel a la yerba mate
cuya cotización alcanzó a dos pesos-plata por arroba del producto, en 1674.
Durante toda la Colonia y gran parte de su vida independiente, el Paraguay sufrió
un verdadero bloqueo comercial de parte de sus vecinos del este y del sur, especial-
mente de la Argentina. Además de las trabas a la libre navegación, el vocabulario
aduanero colonial está lleno de nombres como sisa, arbitrios, alcabala o puertos-
preciso, arbitrarios procedimientos impositivos que arruinaron el comercio de nues-
tro país.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 200


En los primeros años de actuación de los Bancos en el país, el papel moneda fue glor ificado
y objeto de homenajes hasta en las emisiones postales

Luego del fallecimiento del Dictador Francia y ya durante el Gobierno de Don Carlos
Antonio López se iniciaron procedimientos de ordenamiento administrativo e
implementación de nuevas tarifas de Aduana.
Unos años más tarde y ya cuando existían monedas de valor, comenzó la circulación
de papel moneda. La emisión, autorizada en 1849, se había hecho por un valor total
de 1.100.000,oo pesos, y los billetes eran de 5, 4, 3, 2 y un peso; y de 4, 2 y 1/2 reales.
Mientras, las monedas de cobre creadas a principios de 1847, tenían un peso de 5
gramos y el valor total de la emisión, fue de 16.198 pesos y 6 reales.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 201
Negocios, monedas, mercancías...

Se puede suponer que los primeros negocios de la ciudad se hicieron con los propios
indios. Independientemente de las "novedades" que éstos pudieran ofrecerles, los
españoles no tuvieron más remedio que canjear sus escasas pertenencias por los fru-
tos y objetos que poseían los nativos. El hecho es de frecuente mención en la crónica
de los historiadores de la Colonia. En momentos críticos para "la Asunción" -que
fueron muchos- los bastimentos indígenas tuvieron la virtud de salvar a la ciudad de
inminentes períodos de hambruna.
Ya con la población consolidada, variada y numerosa y antes de la aparición de los
medios de intercambio, la propia sociedad daba lugar al canje como una forma pri-
mera y primaria de comercio entre sus miembros. Posteriormente y de común acuer-
do entre los Oficiales Reales y el Gobernador Irala, aparecieron las primeros re-
ferentes monetarios: el "escoplo", las "cuñas" y los "anzuelos" aún subsistiendo
el trueque o la permuta, procedimiento éste que recibía el nombre de "rescate".
Ante el fracaso en la utilización de las "monedas nobles" (el oro y la plata) debido a
su escasez en la Colonia, se sumaron a los objetos de valor monetario: el hierro, el
acero, el lienzo, la cera, el karaguata y el algodón.
Puede deducirse que estos productos, además del vino, el tabaco, el azúcar, entre
otros, constituían la base de la producción industrial y el sustento del comercio. El
caso del vino era -con el del trigo- de una especial connotación debido a que le atri-
buían relaciones con lo bíblico o divino. Vale la pena mencionar también la curiosa
elaboración del azúcar en aquellos duros primeros años de la conquista. Luego del
trapiche y la cocción del mosto hasta el estado de melaza, se ponía el producto en
bolsas de cuero que un fornido varón hacía girar por los aires. El resultado de este
"centrifugado" manual era el azúcar que quedaba adherida a las paredes de la bolsa.
Luego, en forma igualmente manual, se sacaba dicho azucar y se lo secaba para
embolsarlo convenientemente.

Pero eran los productos importados los de mayor valor para el consumo, especial-
mente las especias como el azafrán, la canela, el gengibre y la pimienta cuya
"existencia, el conquistador guardaba celosamente en su despensa y hasta entraba
a figurar en los inventarios". La utilización de los "Puertos Precisos" y el "Puerto
Terminal" de Santa Fe, al sur de Asunción, elevaron aún más la cotización de los
productos de la península. Las sedas, licores, joyas o muebles provenientes de Espa-
ña, adquirían un valor inconmensurable, lo mismo que aureolaban de gran prestigio
a sus propietarios aunque, ya más tarde -en el período pre-independiente- y forma-

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 202


La base del int ercambio con los indígenas fueron los product os art esanales
que ést os fabricaban o el product o de sus cult ivos de subsist encia. A quí,
«Lenguas» en sus t oldos.

lizado el comercio, era normal que estos productos engalanaran la casa de las familias
más "pudientes" de Asunción.

Ya para entonces, hubo otra mercancía cuyo uso indicaba el poderío económico de
los componentes de la sociedad: los esclavos. A propósito, en una de las crónicas que
alude a la pasantía del Dr. Francia en la Universidad de Córdoba, se menciona un
listado de "cosas" que contenía una encomienda que le fuera enviada por su madre
desde Asunción. Entre los dulces y la ropa nueva se lee: "...y un negrito de 10 años,
destinado a su servicio".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 203
Las instituciones financieras

Al momento de la Guerra contra la Triple Alianza, Paraguay era un país pobre pero
autónomo, "...una nación pequeña y despoblada" que hasta ese momento había
prescindido del crédito internacional, en contraposición al elevado endeudamiento
de sus vecinos y adversarios en la guerra, Brasil y Argentina. Concluido el conflicto,
todo el territorio paraguayo era una inmensa desolación. En "...las viejas heredades,
donde reinó la abundancia, había desaparecido hasta los animales domésticos".
Los gobiernos emergentes de la pos-guerra, impedidos de todo -menos de endeudar-
se- autorizaron en menos de dos años, empréstitos por valor de 2.500.000 pesos.
Agregados estos a las emisiones realizadas, la deuda pública del país aumentó dra-
máticamente. Para amortizar las emisiones de dinero, el estado decretó en 1875, el
estanco -una especie de monopolio- del tabaco, seguido del de la sal y el jabón. En
1876, se estancaba la yerba mate.

No obstante las dificultades económicas, alguna tregua en las confrontaciones polí-


tico-militares en la década de los ’80, permitió planear mejor las políticas económi-
cas del gobierno. En ese sentido, el mensaje del Presidente Gral. Patricio Escobar
al Congreso Nacional, en el inicio de las sesiones de 1887, llamaba la atención sobre
"...la necesidad y conveniencia de establecer un Banco Hipotecario que movilice
la propiedad raíz". En el mismo mensaje ya se hablaba de la existencia del Banco
Nacional, que "...sigue funcionando de una manera regular ofreciendo facilida-
des al comercio y a los industriales" .
Pero, de acuerdo a los datos consignados en el "Album Gráfico del Paraguay"
editado por Arsenio López Decoud en 1911, el Banco Agrícola aparecía como la
institución de crédito más antigua en nuestro país. Aunque creada en 1887, fue abier-
ta al público el 7 de Julio de 1888. Su sede estaba en un edificio todavía existente
sobre la calle Villarrica -hoy Pdte. Franco- entre Alberdi y 14 de Mayo. A diferencia
de esta institución, de origen estatal, el Banco Mercantil del Paraguay fue integrado
y fundado con capital privado, en 1891. Su sede se encontraba en la esquina de Chile,
entonces 25 de Diciembre, y Estrella. El edificio -ya demolido- dio lugar a la cons-
trucción que alberga el Citibank.
La pujante economía nacional de principios de siglo impulsó la creación de otro
banco, el Banco Paraguayo. De corta actividad, sobre la base de esta entidad se
fundó -poco tiempo después- el Banco de la República, el 26 de Diciembre de 1907.
El edificio que le sirvió de sede todavía subsiste en la esquina de Palma y 15 de
Agosto. Este Banco tuvo notorios privilegios ya que el Decreto de creación le auto-

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 204


El Banco de la República, en Palma y 15 de Agosto. Las verjas de la casa ubicada sobre
Palma, corresponden a la Societa Italiana.

rizaba, entre otras cosas, a ser encargado -con exclusión de todo otro banco o esta-
blecimiento de crédito- de las operaciones del Tesoro del Estado; de ser -con prefe-
rencia- el agente financiero del Estado, dentro y fuera de la República; constituirse
en depositario de los fondos de todas las reparticiones y oficinas públicas; y, de es-
tablecer un Montepío y tener la facultad de emitir cédulas o letras de garantía.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 205
Las fábricas: desde el fósforo al azul...

La Fábrica de Fósforos de la firma Peña, Machain & Cía., destino final de la


expansión de la Asunción al sur, coronaba la ascensión del tranvía "a mulita" hasta
Barrio Obrero. Las vías de estas primeras líneas (había otra que iba a Puerto Sajonia)
eran de madera y en relación al edificio de la fábrica, originalmente habría sido un
convento según algunos, o una instalación penitenciaria, según los más, dado el
espesor de sus muros y la fortaleza de su enrejado.
En el otro extremo, el Edén Teatro Belvedere, lugar de recreo en aquel cerco de
añosos árboles que era la avenida España, fue "...al mismo tiempo café, cine, teatro
y, más tarde, pista de patinaje..." Era tal su calidad ambiental que allí fue agasajado,
con un almuerzo de 300 cubiertos, el Presidente Roosevelt cuando su visita al Para-
guay "para cazar tigres", en 1914. El local había sido fundado por Giovanni
Ceriani, el primer florista que tuvo la ciudad.
Siguiendo por la calle España, hacia el este, estaba la Cancha Sociedad , santuario
de las "..diversiones campestres" de Asunción. Constituido por el antiguo territorio
conocido también como "Villa Egusquiza" contaba con una pista de carreras de
caballos, detalle que dio el primer nombre al sitio. Ya bajo la propiedad del Dr. Silvio
Andreuzzi, un garibaldino llegado al Paraguay en 1873, el enclave fue acondiciona-
do con un hotel, un teatro de verano y, además de otras instalaciones, con la primera
pista de patinaje que tuvo el país.

Entre los parajes que se consolidaron alrededor de instalaciones industriales, la


Fábrica de Azul de Adolfo Betteenger, en el cruce del arroyo Leandro, con el
implacable arenal que iba hacia Itá Enramada, no fue de los sitios más conocidos
aunque si uno de los primeros referentes de las rutas del transporte colectivo, desde
el centro de la capital hacia los barrios más lejanos.

Varadero, Chorrito, Riacho Caracará, fueron otros de los sitios afamahacia el oeste y
sobre la costa del río, conocido como una de las primeras instalaciones "astilleras" de la
ciudad. El Chorrito en el parque Caballero y el riacho Caracará, en los bajos del mismo,
eran alternativas balnearias para aplacar los fuertes calores. Estos, sin embargo, siempre
tuvieron en la fronda patios y calles de Asunción, un filtro mucho más adecuado que los que
se cuentan en la actualidad.

Para completar la lista de lugares de la ciudad que debieron sus nombres a los de sus
antiguos dueños aparte de los ya mencionados en entregas anteriores, estaban las

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 206


Sobre la costa del río, el Varadero, una de las primeras ins talaciones «as tilleras» de la
ciudad y el palacio del Sr. Diego Martínez.

"quintas"; como la que perteneciera a Enrique Mangels, en el terreno que hoy co-
rresponde al Instituto Superior de Educación y al Consejo Nacional de Deportes y que
contaba hasta con un cementerio privado. La del Gral. Patricio Escobar en el inicio
de la avenida José Félix Bogado hacia Lambaré; o, ya cerca del arroyo Ferreira y
sobre la misma avenida, la quinta de Emilio Nudelman, donde hoy se halla locali-
zada la urbanización "Aranjuez".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 207
Atrasados o subdesarrollados..?

El comercio del Paraguay cuando Colonia o Provincia y aun cuando República, es


la historia de las contínuas interferencias y perturbaciones ocasionadas por
las "...provincias del sur" a nuestros intentos de progreso o -al menos- comercio.
Aunque luego de la expulsión de los Jesuitas en 1767 y sin la ruinosa competencia
que representaban sus injustas ventajas, ese mismo comercio hizo posible la apari-
ción de las primeras fortunas de la época. Debe recordarse que en ese tiempo y aun
luego de la independencia de nuestro país, la permanente inestabilidad política de los
vecinos impidiendo el normal desenvolvimiento de la agricultura y del comercio de
sus propias regiones demandaban -en cambio -de caballadas, carne, yerba, bebidas
y otros "bastimentos" que el Paraguay estaba en condiciones de proveer. Diez o
quince mil caballos eran entonces un valor equiparable hoy, a la misma cantidad de
automóviles, "detalle" que permite entender el valor económico de tales transaccio-
nes.
Mientras, tanto Félix de Azara como Juan Francisco de Aguirre, en conocidos do-
cumentos que certificaban las ventajas que estos parajes ofrecían, expresaban que
contrastaba la barbarie de los habitantes de Buenos Aires con la disciplina y laborio-
sidad de correntinos y paraguayos,"...más aseados en sus ranchos, teniendo más
muebles, y finalmente no son tan ladrones, borrachos y jugadores sino
conocidamente más económicos, instruidos y aplicados".

La decidida acción autonomista y pedagógica que el Dr. Francia había implementado


en ese sentido, se acentúa en el siguiente decenio luego de su muerte cuando Don
Carlos A. López contrata 231 profesionales y técnicos de Europa, desde arquitectos
y escultores hasta expertos en arsenales y astilleros, marina, ferrocarriles, telegrafía
y sanidad. Al mismo tiempo, enviaba a 147 ciudadanos paraguayos para adquirir
otros conocimientos del viejo mundo, provocando -ambas acciones- una espectacu-
lar revolución en toda la estructura social y productiva del país.

Unos años antes, en 1847, el mismo Don Carlos iniciaba las emisiones de papel
moneda planteando al Congreso: "...El Paraguay es el único país, antes español,
que hoy pueda realizar esta ope-ración como corresponde, ...porque tiene capita-
les, garantías sólidas y seguras y ninguna deuda interior o exterior".

En 1865, al inicio de la Guerra del 70, el Brasil debía más de 18 millones de libras
esterlinas. En la misma época, la deuda consolidada argentina era de 40 millones de

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 208


La Aduana, una de las obras de la «arquitectura inglesa» en el Paraguay, a fines de la
década del ’50, reflejando la enorme vitalidad productiva de la época.

pesos. Dentro del análisis de prestigiosos economistas internacionales, el Paraguay


podría haber sido catalogado como un país atrasado pero nunca sub-desarrollado
como -efectivamente- lo eran las endeudadas "potencias" que en 1870 le trajeron "la
libertad".
Pero para 1908, el Paraguay ya estaba "civilizado"... debía 7.500.00 libras .
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 209
Negocios en la posguerra

La Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay finalizaba -técnicamente- el 1º


de Enero de 1869 cuando los Aliados ocupaban Asunción. Entretanto, López salía del
campamento de Cerro León para alcanzar la cordillera de Azcurra "...en cuya base
occidental instala su Cuartel General e inicia la organización de un nuevo ejérci-
to" . A partir de allí, la contienda no fue más que una persecución de las menguadas
y famélicas fuerzas paraguayas. Ya habían pasado las grandes batallas de Tuyutí,
Estero Bellaco, Curuzú, Angostura, Curupayty, la heroica resistencia de
Humaitá. En la persecución, ya no hubo batallas de la envergadura de éstas; apenas
escaramuzas entre el ejército imperial y las montoneras paraguayas que salían en
busca de alguna comida para la columna en escape. Quedaba -sin embargo- todavía,
el no menos heroico sacrificio de nuestros niños en el asalto a Piribebuy, la última
capital, y el épico lugar: Acosta Ñú. Como diría el poeta uruguayo Carlos Molina,
no se sabe si por la agonía paraguaya de aquel tiempo o por tanto olvido de ahora
"...qué irredimible escarnio!!".

A la "vuelta de la guerra", Asunción se poblaba de negocios, de sonidos extraños y


lenguas extranjeras, en raro contraste con el silencio y la tristeza de los que volvían
del frente. Para éstos, al imposible re-encuentro con los seres queridos se agregaría
la angustia de encontrar sus casas desencajadas por el acucioso saqueo de las fuerzas
ocupantes de la ciudad. Ante los requerimientos comerciales y de opinión, aparecían
también los nuevos diarios con anuncios que -casi siempre- estaban dirigidos a la
clase militar predominante en la época. Así, en "La Patria", la Sastrería "civil y
militar" de Silverio Chiriano ofrecía "...trajes completos para Oficiales del Ejér-
cito Brasilero, con levita". Estos anuncios competían en profusión con los edictos
que pretendían la regularización de la tenencia de propiedades abandonadas, como
consecuencia de la guerra, la desorganización inmobiliaria y la mortandad general
del país.

La Ordenanza del 25 de Enero de 1870, todavía en plena persecución a López, resu-


mía el tenor de los negocios que se iban consolidando en la ciudad. Referente a "...la
limpieza pública y compostura de calles",
esta norma indicaba que "...Las casas de comercio por mayor y de remate, los
hoteles, fondas, restaurantes, cafés, bolichos, bodegones, casinos, caballerizas,
establecimiento de carros, confiterías o fábrica de licores y refrescos, pagarán
mensualmente tres pesos fuertes". Luego venía en la escala de pagos "...las zapa-

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 210


Después de la Guerra del ’70, los intereses comerciales y la población - casi
mayoritariamente extranjera - demandaba la cobertura de sus asuntos por el país de origen.
Aquí la Legación Fr ancesa en Asunción.

terías, sastrerías, los gallineros, carpinterías, hojalaterías herrerías y tambos"


para terminar con "...las tiendas y mercerías, almacenes, pulperías, agencias de
vapores, boticas, escribanías y escritorios o casas de comisiones".
También era posible ver en aquel duro paisaje humano, que los médicos anunciaran
"a los pobres, gratis" y que la Junta Económica Administrativa -Municipalidad de
entonces- avisara a las familias que no tenían medios para costear la educación de sus
hijos, para que concurran a la oficina municipal "...donde se les extenderá un boleto
con el cual deberán ser admitidas en el Colegio Municipal dirigido por Doña Rosa
Peña de González, sito en la calle Oliva esquina Atajo" .
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 211
Empresas y empresarios

¿Cuáles eran las empresas más importantes del Paraguay a fines del siglo pasado?. La
edición de "La República del Paraguay en su Primer Centenario", editadaen Buenos Aires
por Ramón Monte Domeq, mencionaba al Ferrocarril Central del Paraguay como"... la
más poderosa empresa existe nte en el país". Por entonces, el Directorio Central de la
Compañía, radicado en Londres, estaba presidido por el empresario portugués Manuel
Rodríguez, el mismo que había financiado la insurrección armada que llevó al Sr. Eduardo
Schaerer a la Presidencia de la República, en 1912. Esta operación fue efectiva mediante un
"préstamo" de 350.000 pesos-oro que -finalmente- y ya instalado Schaerer en el poder, tuvo
que ser pagado por el Estado Paraguayo con un interés acumulado que llevó la deuda a casi
cuatro veces más de su valor original.

En el mismo rubro de los transportes y habiendo sido el medio fluvial el factor principal de
las comunicaciones en el Paraguay desde los tiempos de la Colonia, las actividades navieras
generaron la emergencia de otras empresas importantes. Entre las mismas predominaban las
extranjeras como la S.A. Nicolás Mihanovich Ltda. y La Marina Mercante constituidas
por capitales argentinos así como también el Lloyd Brasileiro, subvencionado por el Go-
bierno del Brasil. Aunque estas empresas sólo contaran con agencias en Asunción, era tan
importante el número depasajeros -especialmente argentinos- que venían en busca del cálido
invierno paraguayo, que la empresa de navegación Mihanovich hizo planes para invertir en
el dragado del río Salado para acceder directamente a San Bernardino desde el río Paraguay.
Ya entonces, se supo lo que, hace muy poco tiempo, surgió como una "gran novedad": que
las diferencias de nivel entre el río y el lago hacían imposible la operación.

Entre las empresas navieras radicadas en el país estaban, entre otras, las de Vierci Hnos. y
la de Domingo Barthe. Estas y sus embarcaciones no sólo cubrían el litoral paraguayo en
toda su longitud desde Pilar hasta el norteño puerto de Corumbá, Brasil, sino también llega-
ban hasta Posadas, Argentina, sobre el litoral del Paraná.
La "belle epoque" de Asunción recuerda los viajes de aquellos afortunados pasajeros en los
"paquetes" de algunas de estas compañías de navegación. Los menos afortunados se limita-
ban entonces, a convertir el recibimiento a estos buques, en obligados y elegantes paseos al
puerto.
El auge de las empresas navieras y la marina mercante radicadas en Asunción, desde el tér-
mino de la Guerra del ’70 hasta casi la primera mitad de este siglo, no fue más que el reflejo
de la gran importancia que tuvo -desde siempre- la navegación por los troncos fluviales del
Paraguay.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 212


Gran congestión de buques en el Puerto de Asunción, a fines del siglo pasado.

Ya en las décadas anteriores a la guerra, durante los gobiernos de los López, más de
300 buques y vapores realizaban -normalmente- el tráfico de pasajeros y carga entre
Asunción y el resto del mundo y, en la misma época, más de 300 marinos -la mayoría
de ellos, extranjeros- estaban registrados ante las autoridades nacionales.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 213
Comercios e Industrias

El renglón de los transportes en un país extenso e inexplotado como el Paraguay,


hizo que la inversión en este rubro fuera -casi siempre- un buen negocio, tal como
sucedieron con el ferrocarril y la marina mercante. Esta última actividad estaba apun-
talada asimismo, por una de las industrias pioneras de nuestro país: el de los astilleros
ya que la primera embarcación construida en estas latitudes data del año 1544, cuando
la carabela "Comuneros" era botada para llevar engrillado a España, al Segundo
Adelantado del Río de la Plata, Alvar Núñez Cabeza de Vaca.

Aparte de la intensa actividad naviera luego de la Guerra del ’70, señalada en la


entrega anterior, se instalaron los astilleros de Don Andrés Scala y Don Isidro
Mayor. El primero, sobre la misma bahía de Asunción y el segundo, en la zona de
Varadero, donde todavía se encuentra actualmente. Un antiguo operario del Sr.
Scala, llegó a convertirse en los primeros años de este siglo, en uno de los más im-
portantes constructores navieros. Era el Sr. José Bozzano quien -previamente- llegó
a constituir una sociedad con el ya mencionado Isidro Mayor y el Sr. Diego
Martínez. El palacio de este último, construido a la vera del río, en Varadero, sigue
siendo sede de un astillero que continúa las tareas de aquel grupo original.

En cuanto a los sistemas de transporte urbano como los tranvías, ya próximos al año
1912, las tres líneas de tracción a sangre, estaban siendo sustituidas por las líneas
eléctricas, concedidas al Sr. Juan Carosio.
Otro recurso nacional de inapreciable valor reflejado en los negocios de Asunción,
era el de la tierra, con sus existencias naturales de bosques, yerba mate y demás bienes
incorporados. Entre éstos, la ganadería o los cultivos de caña dulce para la producción
azucarera o el algodón para los hilados, eran los de mayor rentabilidad. Así "... la más
poderosa empresa yerbatera del país", La Industrial Paraguaya, dominaba una
gran extensión territorial en la región del Alto Paraná, contando con oficinas y depó-
sitos en Asunción en edificios propios todavía existentes, cerca del puerto de la ca-
pital. A principios de este siglo, la producción de "la Industrial’ era de 5.500.000 kilos
anuales de yerba, colocadas -casi en su totalidad- en la plaza de Buenos Aires. La
empresa, fundada en 1886, contaba entre los miembros de su directorio, a los señores
Juan B. Gaona, primer Presidente de la "era liberal" (1904-1906), a Antonio Plate,
Jorge Casaccia, Gregorio Urrutia y Rodney Croskey. Gaona y Plate eran también
accionistas del poderoso Banco Mercantil mientras que los otros eran dueños de otras
importantes empresas.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 214


El frente de la casas comercial Rius & Jorba, sobre la calle Palma, en el sitio actualmente
ocupado por la Dir ección de Turismo.

Entre las casas comerciales, la Sociedad Anónima Rius & Jorba de Don Juan Rius
y de Don Marcelino Jorba, era la más importante. Fue fundada en 1872 y operaba
en casi todos los rubros de importación, desde los vestidos hasta los ramos de ferre-
tería, bazar y almacenes generales. La sociedad, refundada en 1909, con la incorpo-
ración de otros socios, también fue dueña del Teatro Granados. El frente de la pro-
piedad, sobre la calle Palma, corresponde al sitio ocupado actualmente por la Direc-
ción de Turismo mientras que sobre la calle Presidente Franco, el edificio todavía
muestra una de las más bellas creaciones del art-decó local.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 215
Empresarios y políticos

La revisión de las publicaciones del Paraguay de las últimos años del siglo pasado
y de las primeras décadas del presente, nos revela una característica impensable para
la sociedad paraguaya de los días actuales. Y es que entre los componentes de la
colectividad empresarial y comerciante más próspera de aquella época, no se encon-
traban individuos o grupos pertenecientes a los partidos políticos. Entre las pocas ex-
cepciones podría contarse la de Juan B. Gaona, representante del Partido Liberal y
Presidente de la República desde 1904 a 1906 y, en aquellos tiempos, uno de los
empresarios más activos y poderosos del país. Aparte de haber sido uno de los fun-
dadores del poderoso Banco Mercantil, Gaona fue también miembro del directorio
de La Industrial Paraguaya. El Mercantil fue construido detrás de su casa particu-
lar, probablemente en su mismo patio, en el terreno hoy ocupado por el Citibank,
Estrella esquina Chile.
La otra diferencia entre aquella época y la actualidad era que a Gaona casi se le
escurre la fortuna en el corto período de su presidencia de dos años, en comparación
con algunos afortunados que, aunque brevemente afortunados, amasaron grandes
riquezas en su pasantía por el gobierno. Y para esto, no había que ser -necesariamen-
te- presidente.
Los grupos sociales que si alternaron sus actividades cotidianas con los ejercicios in-
telectuales y la política, eran periodistas, profesores, profesionales, especialmente
abogados y médicos y, algunos pocos descendientes de la burguesía extranjera ya -
por entonces- muy "aparaguayada" y afirmada. Algunos de aquellos -intelectuales
o políticos-, sólo llegaron a juntar libros ya que ni casa propia llegaron a tener. Tal
fue el caso de Manuel Gondra o del mismo Coronel Albino Jara, quien de vivir en
un inquilinato de la calle Estero Bellaco, con su madre y hermanas, pasó a ocupar el
palacio presidencial.
Otro recordado ejemplo es el de Eligio Ayala quien vivió hasta su muerte en una casa
alquilada en la esquina de la calle Estados Unidos y Presidente Wilson, hoy conocida
con el nombre de Ayala. Aunque militar, el Mcal. José Félix Estigarribia, como sus
colegas presidentes, salió de una casa alquilada todavía existente en Juan de Salazar
y Manuel Pérez, para ir a morir en aquel infausto 7 de setiembre de 1940, en un increí-
ble accidente: volando un destartalado y vetusto avión a falta de otro para las nece-
sidades del estado o del Presidente. Habiendo sido el victorioso conductor de nuestro
ejército en el Chaco, Presidente de la República y, en su época, el paraguayo de mayor
prestigio en el mundo, sólo dejó 250 pesos argentinos en una caja de ahorro.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 216


El Banco Mercantil, Estrella esquina Chile, realización del arquitecto italiano Car lo Hoffer
y una de las primeras ins tituciones bancar ias de nuestro país .

Pero entre los apellidos de grandes familias de empresarios o accionistas de podero-


sas empresas, no existía ningún interés -ni necesidad- de involucrarse directamente
en las escaramuzas políticas locales. En la empobrecida sociedad de entonces, se
podían manejar otros argumentos. Sólo había que saber cuantos intereses estaban en
juego y de qué montos podían resultar las ganancias.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 217
Industrias en el centro

Ya terminando el siglo XIX, el centro de Asunción se concretaba en una variada


exposición de instalaciones comerciales e industriales en su mismo casco céntrico,
aunque la calle Palma ya empezaba a hegemonizar la vida social e intelectual asun-
cena. La calle, paralela al río, plana y tranquila para los paseos de compras, sin el
sofocamiento que imponían las empinadas cuestas de las calles transversales, vincu-
laba el puerto con la estación del ferrocarril, pasando por el legendario "Mercado
Guazú". Con semejante atractivo bastaba asomarse a la calle Palma para ver desfilar
el mundo en Asunción.
Desde la calle De la Aduana o Colón, como se la conoció después, hasta la Plaza
Uruguaya, en Palma o alrededor de ella, se podía apreciar la oferta comercial de la
ciudad.
Pero, aunque elegante y concurrida, Palma y su entorno, no fue abandonada por sus
establecimientos industriales. En la esquina con Colón, se encontraba la panadería
del Sr. José Ligier, en un edificio todavía existente. Ligier, fuerte comerciante y
propietario, aprovechaba la cercanía de sus instalaciones al puerto para "exportar"
sus panificados al norte del país.
Don Joaquín Casal Ribeiro, uno de los primeros hombres de negocios aparecidos
luego de la terminación de la Guerra del ’70, se estableció en la misma plazoleta del
puerto, con un gran almacén y una agencia marítima, en la casa Nº 127 de la calle
Garibaldi. En la esquina de Colón y Estrella, Don Joaquín Grau instaló su fábrica
de calzados, desde donde -como casi todos los comerciantes de la zona- pudo esta-
blecer provechosos vínculos con las poblaciones del litoral. El Sr. Grau llegó al
Paraguay en 1902, luego de 13 años de estadía en Buenos Aires integrándose a la
sociedad paraguaya a través de la promoción y participación en sociedades benéficas
y humanitarias. Casi enfrente, sobre la calle Estrella casi Colón, se encontraba la
razón comercial Juan Klug & Marés, que explotaba el negocio del papel para las
artes gráficas y la fotografía. Fue, además, una de las primeras casas en introducir la
máquina de escribir al Paraguay. El negocio, ya con el nombre de Casa Marés, se
mudó a una antigua casa, en la misma calle Estrella, sobre la acera de enfrente.
En un edificio todavía existente pero bastante maquillado y que hoy alberga a una
entidad financiera, en Presidente Franco y Colón, estaba La Industrial, de Pablo
Berthomier, entidad industrial que, se dedicaba a la fabricación de licores, hielo,
refrescos, gaseosas y toda clase de bebidas, entre las que se encontraba la muy po-
pular "Ginge Ale", producto que por entonces era fabricado originalmente en Ingla-
terra. Berthomier también elaboraba fideos y contaba con un molino.

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 218


A principios de siglo, Palma empezaba a mostrar su vitalidad comercial. En esta fotografía
el tramo entre 14 de mayo y Alberdi.

Subiendo la antigua calle Florida, hoy Benjamín Constant, en la esquina con Mon-
tevideo, todavía se encuentra el edificio que albergaba una gran casa importadora:
Lapierre & Cía., sociedad constituida por Estéban A. Lapierre y William Paats,
este último holandés y pionero de los deportes en el Paraguay.
Todos estas industrias, aunque amalgamando la materia prima local con las más
modernas maquinarias, hacían -sin embargo- la distribución de sus productos en el
medio más convencional de entonces: los carros o "zorras" estiradas con mulas.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 219
La ganadería

En los primeros momentos de la colonia asuncena, la huerta indígena se encargó de


proveer de "bastimento" a las movilizaciones conquistadoras debido a que las espe-
cies que los europeos traían para cultivo, tardarían en aclimatarse y fructificar. Lo
mismo puede decirse del ganado de cualquier tipo que demorarían todavía más en
reproducirse, así como la ganadería misma para llegar a constituir un renglón produc-
tivo. Mientras tanto, también en ésto los indígenas y la selva surtían generosamente
a toda la colonia. Con la aún ausente carnicería española la caza de patos, pavos y
gallinas silvestres abundaba lo mismo que la de cerdos monteses . Y además, la
pesca, abundante pesca para abreviar la necesidad de internarse en los -siempre pe-
ligrosos- montes en busca de comida.
Con la despoblación de Buenos Aires, en 1542, llegaron los primeros cerdos, la pre-
ciosa carga heredada de la "Marañona" del Primer Adelantado, una de las pocas que
no había sucumbido -o fuera dispersa- luego de las penurias del pueblo fundado por
Pedro de Mendoza.
En Asunción, producido el reparto de solares, las casas de los españoles contuvieron
con sus vallas y cercados las crianzas de aquellos cerdos así como de las aves que po-
dían domesticarse entonces. Tan importantes fueron estas improvisadas granjas que
-de hecho- su producto se convirtió en moneda de cambio, tanto para la adquisición
de bienes como para el pago de los diezmos. Como ejemplo de este fenómeno, Alonso
Cabrera informaba sobre los cobros que, en tal concepto, habían aportado los veci-
nos de Asunción, desde julio de 1539 hasta enero de 1541. Los mismos habían su-
mado "...trescientos diez y nueve panacús de mandioca, doce pollos, ochenta
hanegas de maíz y sesenta y cinco de frijoles" mientras que lo recaudado por la Real
Hacienda en los tres meses que duró el viaje de retorno de Buenos Aires hasta Asun-
ción en 1542 "... alcanzaron a once pellejos de nutria y venadillo, ciento treinta y
un cueros de venado y quince arrobas y dos azumbres de manteca de pescado".
La primera caballada arriba al Paraguay con Alvar Núñez. Eran 27 animales que
vinieron con el Segundo Adelantado -por tierra- desde las costas del Brasil, el 11 de
Marzo de 1542. El procedimiento permitió ahorrar otras pérdidas, dado que las cinco
yeguas y dos caballos que había traído Mendoza se había diseminado por la pampa
y el manejo de los caballos era harto difícil dentro de las naves.
A "...fines de 1549", regresaba del Perú donde había sido comisionado, Nufrio de
Chávez. "...Traía dos expertos en minas y algunas cabras y ovejas", las primeras
de esas especies en arribar al Paraguay. Las vacas llegarían unos tres años más tarde,
con la expedición de Doña Mencia Calderón de Sanabria. Eran siete y un toro, que

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 220


Aunque la relación de los indígenas con los españoles no s iempre fuera cordial, el pr oducto de
la agricultura nativa, la pesca y la caz a, sustentaron a la Asunción de los primeros años. En la
imagen, cazadores de la tribu Chamacoco, a principios de este siglo.

".. confiados al cuidado de un tal Gaete", vinieron sanas y salvas desde las costas
del Brasil, también por tierra, casi por la misma ruta que en distintas épocas anteriores,
habrían hecho Alejo García, Alvar Núñez y Díaz de Melgarejo. Más numeroso era el
rebaño de vacunos para reforzar la naciente ganadería paraguaya que, desde el Perú,
llegaría unos años más tarde.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 221
CAPITULO XIV

RIOS, BARCOS
Y MARINEROS

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


Los barcos próceres

El comercio y el transporte de pasajeros que, desde Asunción y los tiempos de la


Colonia, apelaban al elemento fluvial para sus intercambios con Buenos Aires,
Montevideo y las provincias argentinas de Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe, se
basaron en una impresionante variedad y cantidad de embarcaciones que le dieron
sustento. Desde las riberas paraguayas se podía observar -cuando entonces- el cons-
tante ir y venir de canoas, piraguas o lanchones como también de garandumbas,
falúas o bombardas. No faltaban, de acuerdo al extenso y minucioso registro del
historiador Juan F. Pérez Acosta, los "queches" (quechemarín), balandras,
chalanas, patachos y sumacas, hasta las pretensiosas goletas, pailebotes , vapores
y bergantines.

La invención de los motores y la utilización de metales en las estructuras y cascos re-


volucionaron no sólo la industria naviera sino también, el comercio y hasta el voca-
bulario náutico. A partir de aquellas innovaciones, ya no se hablaba de la cantidad
de "palos" o número de aparejos para exaltar la calidad de los buques, sino de caballos
de fuerza, velocidad o calado. Aquellos adelantos habrían de ser asimilados por un
país eminentemente "naviero" como el Paraguay. Así que, una vez restaurados los
contactos con la comunidad internacional durante el gobierno de Don Carlos Anto-
nio López, se hicieron importantes adquisiciones para la marina nacional, tanto mer-
cante como de guerra.
Entre las mismas, se destaca -no sólo por sus características sino por su destacada
protagonismo histórico- el buque insignia de la armada paraguaya durante la "guerra
grande", el "Tacuari", que con "...sus 448 toneladas y un quebrado" era una ver-
dadera fortaleza flotante dado el tamaño promedio de las embarcaciones fluviales de
entonces. Había sido construido en Londres y "...armado en guerra el año 1854, por
los señores Juan y Alfredo Blyth", desarrollaba una velocidad de 16 millas por hora.
Su costo, pagado al contado por el gobierno paraguayo, fue de 29.850 libras .

Aún más grande fue el "Río Blanco", que con el nombre de "Aquitaine" fue adqui-
rido de su comandante, el señor Lobelly Seicnag, en Burdeos, Francia. Construido
en 1854, el "Río Blanco" desplazaba "...590 toneladas y cuatro quintos" y desa-
rrollaba una velocidad de 10 a 11 millas por hora. Este buque llegó al Paraguay tra-
yendo a los colonos franceses que fundarían "Nueva Burdeos" en la Villa Occiden-
tal del Chaco, hoy Villa Hayes.
Por la misma época, también fueron adquiridos de los puertos de Buenos Aires, el

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 223


El vapor «Berna» a su llegada a Asunción, a principios de este siglo, con el aspecto que -
aproximadamente- tendría el «Tacuari», aunque éste había sido convenientemente artillado
para la guerra.

vapor "Unión", de 82 toneladas, rebautizado con el nombre de "Río Negro" y "La


Argentina", rebautizado con el nombre de "Olimpo" mientras que en astilleros
paraguayos fueron construidos el "Ypora", con 226 toneladas y el "Ygurey" de
250, además de otras embarcaciones menores, todas bajo la dirección de técnicos in-
gleses.

El "Tacuari" fue comandado desde sus primeros viajes por el británico George
Francis Mórice. Más tarde, dicho puesto quedó a cargo del capitán Pedro Ignacio
Meza. Sin embargo, durante las importantes misiones de la nave en el Río de la Plata
el encargado de comandarla fue el capitán Remigio Cabral. Luego de sobrevivir al
entrevero de Riachuelo y muerto Cabral en Humaitá, el magestuoso "Tacuari" ,
descubierto por dos acorazados brasileros, fue hundido por sus propios tripulantes en
la desembocadura del riacho Guaicurú , hacia el Chaco -hoy argentino- el 22 de
Marzo de 1868.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 224
El "Tacuari"

El gran buque "Tacuari", con bandera nacional y construido en Londres por en-
cargo directo del gobierno de Don Carlos A. López, ingresó a aguas paraguayas en
el lugar llamado Confluencia, a las 7 de la mañana del 20 de Enero de 1855. Traía
de retorno a la comitiva paraguaya que había estado en misión oficial por Europa.
La misma estaba compuesta por el brigadier general Francisco Solano López -Jefe
de la Delegación- un numeroso séquito entre los que figuraban "...su hermano
Benigno López, el doctor Juan Andrés Gelly", los ayudantes (de Francisco) "...el
teniente coronel Vicente Barrios, el capitán José María Aguiar, el teniente
Rómulo Yegros y el subteniente Paulino Alen" y los señores Carlos Saguier,
Pedro Egusquiza y Eduardo Garro, (la señora Elisa Lynch, había bajado en
Buenos Aires), además de otras personalidades y algunos de los técnicos europeos
que venían a trabajar en el Paraguay, contratados por el gobierno, de acuerdo a la
rigurosa relación del historiador Juan F. Pérez Acosta.

Para este viaje inaugural el "Tacuari" era comandado por el inglés George Francis
Morice, recordado en Asunción por una calle que lleva su nombre en el barrio Villa
Aurelia. Muy poco se conoce -sin embargo- de la tripulación que condujo a la nave
en esta primera histórica travesía. Sólo se sabe que estuvo compuesta por 70 mari-
nos, 28 de los cuales eran paraguayos, presumiblemente embarcados en los puertos
del Plata, ya que la delegación -según la aludida crónica de Pérez Acosta- no llevó
semejante contingente desde Asunción y era muy difícil que el mismo ya estuviera
residiendo en Europa. Por otra parte, la goleta de guerra "Independencia del Para-
guay" que salió desde Asunción transportando al grupo hacia Europa, sólo lo hizo
hasta Buenos Aires. A partir de allí el viaje continuó en buques de línea.

Los restantes 42 tripulantes fueron entonces -en su totalidad- extranjeros. De ese


grupo, se sabe, 16 eran ingleses y 6 franceses de quienes tampoco existen menciones
especiales. Pero entre "... los pasajeros que salieron del país a los 20 escasos días
de la llegada del "Tacuari", en el bergantín goleta de matrícula argentina "Rosa-
rio" figuran varios ingleses y franceses", lo que permite presumir que estos anóni-
mos marineros fueron los que realizaron el primer cruce del Atlántico en un buque
de bandera paraguaya.
Según ese registro, ellos fueron: Samuel Aldús, Juan Clask, Ricardo Cowan ,
Guillermo Higgins, James Aplefore, James Goggins, David Fleven, Juan
Dailiesh, Roman Connel, José Silves, Guillermo Dawning, Jorge Higgo, Juan

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 225


Reproducción de un cuadro de la época donde se observa - en la parte superior - a la «nave
capitana», el «Tacuari». La obra se atribuye a un sargento de apellido Riquelme. El cuadro
original lleva - al pie - una leyenda que dice: «La escuadra paraguaya en tiempo de
López».

Melbourn y Roberto Brush, ingleses. Los franceses fueron Eduardo Cartinelli,


Pedro England, Pedro Rudhòme, José Bellet y Emilio Batilde. Unos días más
tarde se registró la salida de otro francés: Pablo Audivert. Sería el último. Ninguno
de ellos se enteraría que 13 años, dos meses y dos días más tarde, el "Tacuarí"
realizaría su último viaje hasta el fondo del Río Paraguay, en la desembocadura del
riacho Guaicurú.

El recuerdo de su protagónica participación en los empeños diplomáticos paraguayos


en el Río de la Plata, su papel durante la guerra grande así como el de sus portentosos
capitanes y marineros, debe comprometer a los paraguayos de hoy, a rescatar la
memoria del legendario "Tacuari" ... y reflotar sus restos.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 226
La ribera como ciudad

Cuando el interés de la corona española hacia la Provincia del Paraguay declinara


abruptamente luego del hallazgo del camino a las riquezas del Perú por la vía del
Pacífico, "la Asunción" iniciaba su "...larga siesta colonial". El marginamiento de
la comarca como punto de apoyo de los sueños de expansión imperial hizo que la
ciudad se organizara "desordenadamente". No por lo menos, en cuanto a las
disposiciones que obligaban las Leyes de Indias. El ordenamiento de Asunción se
produjo -realmente- en función a las cercanías del río, a los 54 arroyos que cruzaban
la comarca y a los accidentes del terreno. En esa escala de prioridades.
Y seguramente también, en función a la ubicación de las mejores tierras, en cuyo
reparto, los jefes, las instalaciones religiosas y mili-tares habrán resultado mayor-
mente beneficiados.
La población se asentó entonces entre los cursos de los arroyos y los torrentosos
raudales. Eran los terrenos que dejaban disponibles para las "chácaras" y sus
cultivos. De esta manera Asunción fue extendiéndose según la ocupación de estas
tierras de cultivo pero también en base a la accesibilidad que garantizaban esos
asentamientos: los territorios llanos del este.
Ya en las crónicas del Capitán de Fragata Juan Francisco de Aguirre, comisio-
nado a la "...demarcación de los límites con las posesiones lusitanas del Brasil" se
indicaba que hacia esa direc-ción estaba el lugar conocido con el nombre de
"Samuhu peré": "Lo que buenamente puede llamarse ciudad..." -decía Aguirre-
"...tiene su mayor distancia entre Las Barcas hasta las inmediaciones del árbol
conocido como ‘samuhuperé’ árbol célebre que le ha dado nombre al barrio y cuya
existencia se pierde en la remota antigüedad". "Las Barcas", dominaba un antiguo
barrio entre la "casa de la Independencia" y la bahía actual, y su nombre se debería
a las tareas que se desarrollaban -normalmente- a orillas de los embarcaderos que
existían en la zona.
No debe olvidarse que como marino a Aguirre le impresionaban las actividades
náuticas o relativas al cuidado de los buques. A propósito indicaba que:"...la
construcción de un barco, la carena de otros, la carga y la descarga, que se juntan
con frecuencia ... hacen de la ribera lo mejor o único para el paseo".
Aunque en tiempos anteriores, la orilla del río se confundía con la pri-mera calle de
la ciudad "...cerca de las casas capitulares", en Asunción se fue creando una
segunda calle paralela a la ribera. En los planos de Ramón de César y de Félix de
Azara realizados entre 1782 y 1787, ya figura la misma, paralela a la del actual El
Paraguayo Independiente y caracterizada por una hilera de edificios importantes. Se

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 227


Típico paisaje ribereño, aún con las crecientes y bajantes del río.

trataba, obviamente, de la antigua calle de la Ribera, luego Florida y hoy, Benjamín


Constant. Las calles no eran entonces más que un espacio entre las casas. Según
Fulgencio R. Moreno, estaban"...apenas esbozadas, sin pavimento ni aceras
regulares, desembocaban en tortuosos callejones, de general desnivel y capricho-
sas encrucijadas".
La ciudad -entretanto- se encerraba en un estrecho polígono formado entre el Con-
vento de la Merced, el de Santo Domingo y el de San Francisco con el apoyo de
la ribera extendida entre el primero y el último. En ese recinto vivía "...la flor y nata
de la aristocracia y la fortuna, las familias de vieja prosapia conquistadora, los
funcionarios públicos, los comerciantes acaudalados, los miembros distinguidos
del clero y las milicias".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 228
Viajes sin retorno

En un territorio hostil y desconocido, sin caminos, sin carruajes ni caballos, el agua


era el único medio en el que los españoles tenían una relativa comodidad. No solo por
la dimensión y seguridad de sus naves, sino por sus conocimientos de navegación y
la tecnología aplicada a la construcción de sus embarcaciones. El "camino que hizo
Dios", como el que escribía Carlos Zubizarreta, se convertía entonces en el paisaje
natural de las expediciones y correrías de los conquistadores así como las riberas se
constituían en puertos o en improvisados astilleros en los cuales, en los primeros años
de la Colonia y bajo la dirección de maestros vizcaínos, se construyeron embarcacio-
nes de todo tipo, como "... barcos, botes, canoas, garandumbas y piraguas". Los
garandumbas -explica el mencionado historiador- eran "... embarcaciones de cos-
tados planos que, exceptuando la parte comprendida de la amura a la proa, en
que se redondeaban algo, semejaban verdaderas bateas". Por otro lado, y dado
el intenso comercio de maderas, las jangadas -que ya entonces existían- se llamaban
Ytapa que, más que guaraní, sugiere un jopara que significaría "tapa de agua".
La abundancia de madera y el maltrato que sufrían las carabelas conquistadoras
durante la larga travesía, hicieron que, ni bien llegados, los carpinteros y armadores
de aquellas expediciones se abocaran a buscar las especies que pudieran suplir a las
que se usaban en España para la construcción de buques. Así, se encontraron con que
el tataré, el tajy y el ybyraro eran ideales para la construcción de cascos, tanto como
el peterevy lo era para las arboladuras. Con el aprovechamiento de otros insumos -
vegetales o animales- sustituyeron algunas carencias: el karaguata -por ejemplo-
era usado como estopa; el güembe para jarcias y el cuero vacuno para la sujeción de
los aparejos. Como velamen se apelaba al "lienzo del país" y ante la falta de alqui-
trán o brea se usaba "sebo en almáciga para las costuras".

Pero -en esa etapa inicial de la Colonia- no sólo floreció la industria naviera sino que
en toda la cuenca del Río de la Plata el predominio de la navegación era notoriamente
paraguayo. Del Paraguay eran buscados los marinos para integrar las tripulaciones
de los buques mercantes y del Paraguay eran contratados los baqueanos. A tal punto
se había "paraguayizado" la navegación que algunos vocablos del guaraní se ha-
bían incorporado al vocabulario náutico.

El grado de perfección a la que llegó esta combinación de cultura naviera y negocio


hizo que se contrataran en Asunción "... viajes sin retorno".
El procedimiento consistía en la compra de productos paraguayos, como yerba mate,

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 229


Una vista del Puerto de Asunciòn, tomada desde la loma San Gerónimo por sobre los techos del
antiguo Arsenal. El humo de las chimeneas, los hombres trabajando, la madera acumulada y
la cantidad de barcos enlos muelles, revela la intensa actividad naviera de la época.

miel, algodón, azúcar y tabaco, mercaderías que luego de desembarcadas en el puerto


de destino permitían la venta del mismo barco que las había transportado "... licen-
ciándose la tripulación en Las Conchas, que era el término del viaje", según
comentaba el ya mencionado Carlos Zubizarreta.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 230
Cruzar el río en "pelota"

El título no refiere alguna falta de concordancia ni -mucho menos- una expresión


de grosería. La "pelota" era sencillamente una embarcación de invención indígena
de la que se valieron muchas veces los españoles cuando debían cruzar los numerosos
afluentes del Paraná o del Paraguay, en los viajes entre Buenos Aires y Asunción
por tierra. El procedimiento consistía en atar "... las cuatro puntas de un vulgar
cuero vacuno" para formar un frágil recipiente en el que se introducían "... viajeros,
equipajes y aperos de montar... mientras los indios de la escolta la impulsaban
nadando o la amarraban a la cola de los caballos", según lo refiere el historiador
Carlos Zubizarreta. El "benemérito y fidedigno fray Parras" -continúa
Zubizarreta- daba cuenta del hecho tratando de "... evitar los equívocos aclarando
para que adelante, cuando se diga haber pasado algún río en pelota, se entienda
por lo mismo haber pasado en dicha embarcación".
El debate grafica las múltiples tribulaciones que tenían los viajeros, muy al contrario
de la arraigada suposición que el viaje para unir Buenos Aires y Asunción era un
trámite que se remitía a henchir las velas de los buques, o subirse a un carruaje. La
faena era, sin embargo, terriblemente tediosa. La navegación se realizaba -por ejem-
plo- casi siempre con vientos desfavorables o tan débiles, que los marinos se veían
obligados al uso de los remos o al remolque de las embarcaciones desde la costa. Este
operativo llamado "toar" se dificultaba por las altas riberas, la abigarrada maleza de
la costa o el barro que cedía ante el peso de los hombres, sin contar el calor, la hos-
tilidad de los indios o de los mosquitos, que atacaban a los viajeros a cualquier hora
y en cualquier parte. Todavía quedaban otros inconvenientes que contabilizar, en
especial cuando las tripulaciones tenían que bajar a tierra para "toar" o "sirgar". En
estos casos, delante de ellas debía ir caminando un marinero llamado "proero",
quien, armado con un largo palo, batía el agua o el matorral para espantar a rayas o
víboras. Y cuando todos estos procedimientos no eran suficientes o posibles, se
apelaba a la "espiada", que consistía en anclar la nave a un madero de la costa para
poder avanzar algunos pocos metros.
En este infernal viaje se completaba -con viento y suerte- en un poco más de tres
meses, por lo que los conquistadores preferían la travesía por tierra, que se realizaba
con "... ventaja de tiempo aunque con idéntica fatiga y mayores riesgos". En estos
casos, los mayores contratiempos se tenían en vadear los innumerables arroyos y ríos
menores, por lo que se requería el recurso de la mencionada "pelota". Pero aun antes
que los viajes comerciales, con el talento que tenían los criollos paraguayos para
domar el río o vincularse a él para transportarse -o luchar- de las maneras más

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 231


El cruce de los ríos no navegables había dificultado -desde siempre- la comuni cación entre
regiones o pueblos. Cuando no existían medios de transporte el mismo se adecuaba a lo
disponible y a la imaginación de los hombres. Pero desde el momento en que irrumpieron los
medios colectivos, ellos obligaron a la implementación de balsas, como ésta que posibi litaba
el cruce de uno de los tantos cauces para llegar a Itapúa.

creativas, los barcos nos sirvieron también para manifestar nuestra inveterada into-
lerancia y crueldad para con el adversario circunstancial. Un antecedente lejano, pero
muy notorio de lo dicho, aunque no el único ejemplo, fue el retorno a España del
Segundo Adelantado del Río de la Plata, el capitán Alvar Núñez Cabeza de Vaca,
en la carabela Comuneros. Engrillado y preso por los asuncenos, iba en la embar-
cación que él mismo mandara construir para sus operativos de conquista.
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 232
CAPITULO XV

LA VIDA EN
LAS MISIONES
JESUITICAS

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani


Llegan los Jesuitas

Aunque no correspondiera directamente a las formas de vida instaladas en Asun-


ción durante la colonia, la vida en las Reducciones Jesuíticas determinaron también
las pautas sociales y culturales que se afirmaron en la capital de la Provincia, aun
después de la expulsión de los religiosos, en 1767.
Los primeros jesuitas que arribaron al Paraguay en 1587, invitados por el dominico
Alonso Guerra, fueron calurosamente recibidos por la población, que elevó arcos
de triunfo al paso de aquellos pioneros. El procedimiento se fue repitiendo a medida
que llegaban más religiosos, ya que su presencia representaba -a los ojos de los
colonos-, una poderosa ayuda para el sometimiento de los indios.

Ya más tarde, otros colonos y sus respectivos gobernantes se plantearían la contra-


dicción fundamental que desbarató aquel singular proyecto: "....Era posible servir
al mismo tiempo a Cristo, al Rey y a los colonos?" . Lo cierto es que, una vez lle-
gados, los jesuítas comenzaron inmediatamente su labor y conscientes que se expo-
nían a grandes peligros no se confiaron exclusivamente al poder seductor de la cruz
ni al amor cristiano que profesaban a "sus indios". Llevaban también fusiles, porque
"...había que defenderse". Ya suficientes jesuitas habían muerto en las travesías
para abandonarse al cambiante espíritu de caridad de los naturales. Sólo en 40 años,
entre los años 1686 y 1727, 113 miembros de la Compañía habían muerto -sólo en
naufragios- sucedidos entre Europa y América.
Además del arma, el resto de los utensilios de los jesuitas, según Maxime Haubert,
era extraordinariamente variado. Por ejemplo, el padre Florian Paucke, un robusto
y jovial sacerdote de Moravia, se internaba en la selva llevando consigo "...dos
corderillos, una buena bolsa de yerba, doce medidas de tabaco, alrededor de cuatro
libras de jabón, una libra de sal, seis paquetes de agujas de coser, algunas indul-
gencias y rosarios, un medio cuartillo de vino, una marmita de hierro, una cace-
rola, un plato de estaño y una sopera pequeña".
Para cocinar, los religiosos llevaban también una alforja llena de chatasca
(chastaca?), carne seca de cordero deshuesado que se cocinaba con una nutrida pro-
visión de "...ajo, cebolla, pasas, pimiento, sal y jenjibre". El misionero que no
contaba con este arsenal culinario, igualmente conseguía que los indios de su escolta
le consiguieran "...algo de caza, un poco de miel o un huevo de ñandú".
Aun en los primeros días de su misión, el misionero nunca estuvo completamente
solo y cuando ya hubo organizado su "sistema de trabajo" le acompañaba un impor-
tante séquito. El número del mismo variaba según la distancia a recorrer, la impor-

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 234


Las ruinas de Trini-
dad, tal cual se
encontraban a princi-
pios de siglo.

tancia de la expedición o las dificultades que -se pensaba- encontrarla en el trayecto.


Para comenzar necesitaba de "...algunos indios para cargar los equipajes, para
dirigir las embarcaciones ... para defenderlos de los animales salvajes y, si fuera
necesario de los indios hostiles".
También necesitaba de asistentes para las ceremonias religiosas que oficiaba -a
veces- en plena selva, además de los intérpretes en el caso que no llegara a conocer
la lengua de sus ocasionales interlocutores. La escolta la constituían -en total-
"...unas quince a treinta personas; y con frecuencia muchas más".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 235
La vida en las "misiones"

A pesar de los logros de las Misiones Jesuíticas, la vida cotidiana de los indígenas
bajo el "báculo pastoral" no siempre fue desarrollada dentro de la concordia y el
espíritu gregario. Se cree -no obstante- que alguna docilidad de los indígenas era
como la aceptación de un presagio, de la misma forma que se inclinaban -reverentes-
ante un eclipse de luna o cualquier otro acontecimiento extraordinario. Y es que,
según la tradición, en el momento de su partida hacia una región tenebrosa e inacce-
sible, Ñanderuvusu, sagrado antepasado de los nativos,algo así como una figura
bíblica, había anunciado la venida "...de unos hombres cuyo aspecto y cuyas obras
designarían como herederos". Para apoyar aún más esta afirmación debe conside-
rarse que los naturales creían que los "...seres sobrenaturales podían adoptar una
forma humana, pero con alguna particularidad de aspecto o de comportamiento".
Los recién llegados tenían todas las características para ser encarnados como descen-
dientes de aquel ser mitológico: venían de más allá del mar, tenían caballos y armas
de toda clase y eran, además, invulnerables "...a las prácticas mágicas".

En la contraparte, los guaraníes tenían como fundamento de vida el fatalismo, carac-


terística común a todas las sociedades que basan su supervivencia en las bondades
de la naturaleza. Los ciclos naturales, la fertilidad de la mujer, los períodos de lluvia
eran fenómenos absolutamente predecibles, no había lugar a la especulación o a la
ansiedad. La previsión o el ahorro eran desconocidos. Que no había caza? Se comían
raíces, frutas o, sencillamente se pasaba hambre. Ya vendrían tiempos para saciarse.
La vida cotidiana de tan diversos componentes estaba necesariamente matizada por
acontecimientos de variado sabor. En ellas se mezclaban el drama y el humor. En una
ocasión, Roque González de Santa Cruz y sus neófitos estaban a punto de sucumbir
ante gran número de indios hostiles. Fue cuando el Padre Roque avanzó hacia los
paganos "...llevando su breviario en una mano, y en la otra, una sierra que utiliza
para fabricar las cruces que levanta en los pueblos". Inmediatamente los indios
huyeron despavoridos persuadidos que el religioso iba a despedazarlos con su sierra
y que el breviario contenía palabras con virtudes " ... secretas a las que nunca po-
drían resistirse".
Más que apoyo de fuerzas coloniales españolas, los sacerdotes contaban con frecuen-
cia con "el directo apoyo de Dios" ya que muchas veces eran asistidos por "visiones
de Cristo y de la Virgen". Muchos otros adquirían extrañas virtudes. Uno de los
misioneros, aun con llagas en todo el cuerpo, "...exhalaba un aroma de rosas muy
dulce", y el Padre Bárcena "...a sus 60 años, en seis meses aprende nueve lenguas

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 236


Las ruinas de Trinidad, a principios de siglo.

indias...". Algunos adivinan el pensamiento y predicen el futuro.


La gravedad de los acontecimientos daba lugar -a veces- a situaciones llenas de es-
pontaneidad. En una ocasión, el Padre Florian Paucke debía afeitarse. En general,
los misioneros del Paraguay no llevaban barba por lo que en las expediciones debían
hacerse afeitar por el indígena que tuvieran de ocasional compañía. El Padre Paucke
cuenta que "...habiendo pedido los servicios de un mocobí para esta delicada ope-
ración, este utilizó su saliva como jabón. ¡Espera!, le dijo el jesuita algo asqueado,
de ese jabón también tengo yo!...".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 237
Medicina en las "misiones"

La enorme tarea de las Misiones Jesuíticas se basó en un meticuloso trabajo de


adoctrinamiento de las colectividades indígenas y dirigido a todos sus componentes:
niños, adolescentes, mujeres y hombres. La demostración que los poderes de Dios
o los variados conocimientos de los sacerdotes era superior a los de los chamanes
o brujos, apuntaló el procedimiento. Para la conversión fue necesaria la utilización
de una estrategia distinta para cada tribu, una diferente para cada zona. Un operativo
para los niños, otro para los adolescentes y de los más variados e ingeniosos para los
adultos. En todos ellos estuvo presente la extraordinaria paciencia de los misioneros.
Para la seducción o el convencimiento de los indios se mezclaba la enseñanza, desde
los preceptos religiosos hasta los más diversos oficios, con la exaltación de la vanidad
de los naturales o, en demostrarles que en las Misiones vivirían mejor.
Un procedimiento más drástico consistía en infundirles temor mediante terribles
visiones del infierno o de los castigo que los esperaba si no se adecuaban a las normas
de vida Jesuíticas. También les daban regalos aunque algunos consideran que la
voluntad de los naturales en someterse, tanto como la pasión que pusieron en el
cumplimiento de los rituales y conocimientos litúrgicos, se basó más -aunque con-
tradictoriamente-"...en sus concepciones paganas que debido a un fervor cristiano
aún inmaculado".

En cuanto a las enfermedades, dura fue la lucha de los religiosos para desplazar el
prestigio de los chamanes. Las primeras conquistas en este campo se lograron ante
la evidencia de ciertas enfermedades para cuyas curas los Jesuitas contaban con
medicinas en sus alforjas. En otros casos lograban mantener con vida a algunos
moribundos y ante la inminencia de la muerte decían a sus llorosos deudos: "...ahora
Dios lo quiere con él..", moría el paciente y más que la pena, consternaba a los indios
la sabiduría del sacerdote y el poder de "su Dios".
Para la cura de los enfermos, aunque siempre hubo una gran carencia de medicamen-
tos, los jesuitas mezclaron -sabiamente- los conocimientos ancestrales de los indíge-
nas con sabiduría popular europea. De esa curiosa combinación salieron medicinas
como "raíces de nardo en infusión de aguardiente" para las picaduras de serpientes
"...salvo la de cascabel" . Combinando con la aplicación, "...el padre Sepp hace
beber a las víctimas un buen trago de ajo triturado y disuelto en agua caliente". El
mismo sacerdote cura algunas heridas "..con romero disuelto en vino". Se utilizaba
habitualmente"...grasa de jakare para las contusiones" y para el dolor de muelas
"...nada mejor que las garras del jaguar calcinadas y mezcladas con polvo de

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 238


Fue dura fue la lucha de los religios os para desplazar el prestigio de los chamanes entre
los indígenas.

alumbre también calcinadas". Para casi todo "... hay que contentarse con lo que
hay, desde el azufre, el alumbre, la sal, el tabaco, el azúcar y la pimienta, hasta la
grasa de gallina, de jaguar, de vaca, de cordero e incluso, la pólvora de los caño-
nes".
La causa más frecuente de muerte entre los indios era la disentería, por lo que los
Jesuitas daban a sus pacientes brebajes amargos, "... pociones a base de tabaco,
limones exprimidos en leche con ruda y menta".
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 239
Premios, castigos y privilegios

En la tarea de propagar la doctrina cristiana, los Jesuitas emplearon -en distintas


dosis- la diplomacia o la violencia, la astucia o la seducción. Se aprovecharon igual-
mente del impacto que causaba a los naturales el arrojo y la valentía de los sacerdotes
así como sus conocimientos científicos, artísticos o médicos. En última instancia, en
función a los logros o resistencias del proceso de "adoctrinamiento", se conside-
raba una balanceada adjudicación de premios y castigos.

En cuanto a los privilegios e independientemente de las promesas de purificación,


buenaventuranzas o salvación para los conversos, los indígenas fungieron de solda-
dos o artesanos, ayudantes del culto, magistrados o autoridades de sus mismos pue-
blos. Para ello, se postulaban -en elecciones- para el ejercicio de los distintos cargos:
corregidor (intendentes), cabildantes (miembros de la junta municipal) así como
para otros menores: alcaldes ordinarios, alférez real o regidores. De hecho, las elec-
ciones eran una mera formalidad ya que los sacerdotes "controlaban" los resultados.
En cada diciembre -por ejemplo- cuando "...el Consejo saliente elige a los
cabildantes del siguiente año", el sufragio se realizaba con la misma presencia del
sacerdote. Si no era así, este tenía la potestad de tachar los nombres de aquellos indios
que consideraba indignos de ocupar dichos cargos.
En cuanto a los caciques, su dignidad "... ejos de ser anulada por la nueva fe, se ha
hecho hereditaria, ...son tratados de Don, son dueños de la tierra y conservan en
parte la autoridad sobre sus vasallos".

Por otra parte, la vida en comunidad, con reglas y valores distintos a los vigentes en
la tribu, hizo que los indígenas incurrieran -frecuentemente- en faltas. Las mismas
eran juzgadas por los sacerdotes y se entendía que los castigos nunca podrían ser
administrados fuera de las reducciones.
En una época en que el resto de la Provincia del Paraguay se desangraba con violen-
cia, en los pueblos jesuitas "...los castigos comunes son el látigo y el calabozo". La
pena de muerte no existía y los azotes eran sobre las nalgas, "...a razón de 25 golpes
por día como máximo". En el caso de las mujeres, este tipo de castigo era dado en
los hombros, reduciéndose la "ración" a 12 latigazos por día. El encargado de ad-
ministrar el castigo a los hombres era el aguacil mayor, quien lo hacía en presencia
de un sacerdote en la plaza pública. Los niños eran azotados por sus respectivos
padres y las mujeres casadas por una de sus congéneres "...generalmente la matrona
del coty guazu o, si el delito es grave, por un anciano de toda confianza".

Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 240


La primera depredación de las reducciones, luego de la expulsión de los jesuitas, fue pr oducto
del desmantelamiento de los sillar es de las iglesias , para la construcción de otras casas. Aquí,
ruinas de Trinidad.

En cada reducción había dos prisiones, una para cada sexo. En ellas, la exaltación de
la libertad era realzada con un detalle muy significativo: los que estaban presos ya
no eran azotados ni tenían que permanecer recluidos los domingos ni los días de
fiesta. El "código penal" jesuitico establecía penas específicas por cada delito; "...
por sodomía y bestialismo: tres meses de prisión con cadenas y cuatro sesiones de
azote en la picota. Por incesto y abortos: dos meses de prisión con cadenas y dos
sesiones de flagelación pública" .
Postales de la Asunción de antaño - Jorge Rubiani 241