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Díaz Cruz, Rodrigo


La vivencia en circulación. Una introducción a la antropología de la experiencia
Alteridades, Vol. 7, Núm. 13, 1997, pp. 5-15
Universidad Autónoma Metropolitana - Iztapalapa
México

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Alteridades
ISSN (Versión impresa): 0188701-7
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Universidad Autónoma Metropolitana - Iztapalapa
México

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www.redalyc.org
Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto
ALTERIDADES, 1997
7 (13): Págs. 5-15

La vivencia en circulación.
Una introducción a la antropología
de la experiencia

RODRIGO DÍAZ CRUZ*

Alejandro Figueroa Valenzuela que ahí donde se despliegue el particular sentido de un


In memoriam concepto, y su obvia dependencia de una trama con-
ceptual y de una memoria argumental, ya habrá otros
sentidos, tramas y memorias con las que establezca
Introducción: una relación tensa y polémica, por decir lo menos, que
la vivencia en circulación en principio podría echar a andar ciclos argumenta-
les. Creo que esto es particularmente cierto para los
En la recomendable síntesis y evaluación que hiciera conceptos de experiencia, reflexividad, dramas sociales
de las tendencias teóricas en antropología desde la dé- y narrativas que articulan, todos ellos, ese tema de in-
cada de los sesenta, Sherry B. Ortner conviene con vestigación —es decir, esa trama conceptual y esa me-
Eric R. Wolf (1980) en que la diversidad temática, moria argumental— relativamente reciente que es la
la pluralidad teórica y la notable especialización en la antropología de la experiencia. El propósito de este tra-
investigación antropológica han provocado que en bajo es ofrecer precisamente una introducción a ella.
la actualidad ya no se cuente en la disciplina con un La antropología de la experiencia no carece por su-
discurso y un lenguaje medianamente compartidos puesto de su propia historia. A partir de los sesenta,
(Ortner, 1984).1 En efecto, hoy podemos constatar que continúa Ortner en el mismo artículo que comento
los diversos sentidos y modos de operar de conceptos (1984: 127-28), comenzó a incrementarse en la antro-
como símbolo, ritual y estructura, por ejemplo, están pología en particular, aunque no exclusivamente en
en conflicto o en franca contradicción, lo que no ha ella, el uso de conceptos tales como práctica, acción,
impedido, por extraño que parezca, que sus diversos proceso, situación, símbolo y significación para com-
usos mantengan entre sí, y me remito a la literatura prender la vida social. Esta nueva trama conceptual,
antropológica, una respetuosa indiferencia o se guar- que ya se organizaba en diferentes direcciones, se pro-
den silencios recíprocos. No pocas veces incluso se ponía como alternativa a las tramas y memorias cons-
utilizan como si su significado fuera incontrovertible titutivas del estructural-funcionalismo británico, del
o universalmente aceptado (para el concepto de ritual, culturalismo norteamericano, de la antropología psi-
véase Díaz, 1995). Son conceptos, como tantos otros, cocultural y de la antropología neoevolucionista, do-
que se han vuelto particularmente inestables, y en minantes hasta entonces. Desde la antropología han
consecuencia susceptibles de ser debatidos. Estoy destacado los trabajos de Clifford Geertz y Victor W.
muy lejos de insinuar que sus sentidos y estrategias de Turner en el apuntalamiento de esta mirada inno-
operación sean estabilizados y fijados de una vez por vadora de la vida social. En ellos nos es dable distinguir,
todas, si ello fuera posible. Antes bien quiero defender primero, una vocación de “ruptura” con las corrientes
del pensamiento antropológico señaladas, en las que
* Departamento de Antropología, Universidad Autónoma por cierto se formaron; y, segundo, una vocación de
Metropolitana-Iztapalapa. “apertura” a las rutas de investigación que los concep-
La vivencia en circulación. Una introducción a la antropología de la experiencia

tos de práctica, acción, proceso, situación, símbolo y dicar la santidad de la noción de experiencia, ni asumo
significación anunciaban. Si bien uno y otro provie- su —hipotética— capacidad redentora para los males
nen de tradiciones distintas, el primero más orientado que ciertamente aquejan a la antropología. Sólo de-
al análisis cultural y el segundo al análisis social, fenderé que al poner en circulación la vivencia como
ambos renuevan, enriqueciéndolas, las ideas de cultura un genuino tema de investigación podremos compren-
y sociedad, y analizan la conducta humana —cultural- der más y mejor las formas culturales de la vida. Con
mente mediada— y los procesos sociales como acciones razón Renato Rosaldo se ha quejado de que “nuestras
enfáticamente simbólicas. Uno y otro, de este modo, etnografías están enfocadas [sólo al análisis] de las
contribuyeron significativamente a la reconstrucción rutinas generalizadas, de los agregados de costumbres,
de ese campo temático que hoy llamamos antropolo- normas y hábitos, y de los patrones dominantes de las
gía simbólica —más por comodidad, por cierto, pues relaciones sociales (...) hurtando de este modo a la
es notoria su pluralidad y heterogeneidad—. Y fue pre- experiencia vivida su vitalidad” (citado por Bruner,
cisamente de sus estudios sobre el simbolismo ritual 1986: 8). Etnografías que, en suma, han desconside-
y de su antropología política procesualista que Victor rado el modo en que los individuos se experimentan a
Turner, singularmente, fue interesándose por inda- sí mismos, sus vidas y su cultura.
gar y esclarecer aquellos términos que articulan a la Atravesada en realidad por la antigua tensión entre
antropología de la experiencia. lo general y lo particular, entre la estructura social y
Si no me equivoco, con esta última preocupación el proceso vivenciado, entre la sociedad y el individuo,
Turner se inscribió en un movimiento más amplio, pero ahora inscrita en “otras” redes conceptuales, la
pero no por ello integrado, compuesto entre otros por antropología de la experiencia se ha planteado diver-
los estudios fenomenológicos de la vida social (Schütz, sas interrogantes al poner a la vivencia en circulación:
1974; Garfinkel, 1967; Berger y Luckman, 1968, ¿podemos derivar el caso individual de un marco ge-
Goffman, s/f), por la sociolingüística interpretativa neral? ¿podemos predecir las acciones de, y los sentidos
(Gumperz, 1982), por las etnografías del habla (Hymes, expresados por, los individuos a partir del conocimien-
1962), por la teoría de la estructuración de Giddens to de las instituciones sociales, económicas, culturales
(1984), por los diversos textos arqueológicos y ge- y lingüísticas? Ante estas preguntas la antropología de
nealógicos de Foucault (1970 y 1976), por la teoría de la experiencia reclama su propia especificidad: quiere
la práctica de Bourdieu (1977) y por la antropología rescatar la idea de la experiencia vivida pero en rela-
hermenéutica de Geertz (1987), que han podido elabo- ción con lo común y general; defiende que una obra,
rar entre sí sutiles redes de retroalimentación. A partir acción, vivencia o expresión son totalidades singula-
de la década de los ochenta, y del impacto de estos res, no deducibles de lo común, pero elaboradas a
trabajos, se acrecentó el interés por estudiar, además partir de lo común, y cuya comprensión ha de partir de
de los conceptos mencionados de práctica, acción, pro- ello (véase Bruner, 1986). De aquí que, en el orden
ceso, situación, símbolo y significación, los de interac- de mi exposición, comience a analizar, primero, la
ción, actividad, experiencia, realización o representación noción de drama social, para posteriormente intentar
(performance), agente y agencia humana, actor, perso- elucidar la de narrativas y la de reflexividad, y final-
na, yo, individuo, sujeto. Como se puede observar, una mente el concepto mismo de experiencia.
premisa que acaso todo este movimiento comparta es
la de la incorporación del sujeto activo, esto es, de la
agencia humana, en la comprensión y construcción de En los campos de batalla
toda vida social. Movimiento que polemiza y se opone, y los mares agitados
en consecuencia, a aquellas teorías sociales que con-
ciben al sistema social como uno que se autoproduce, Con la publicación en 1940 de su Analysis of a Social
se autocontrola y se autorregula y que, por lo tanto, no Situation in Modern Zululand, Max Gluckman an-
demanda la presencia del sujeto activo ni demás pro- ticipaba los temas centrales de lo que hoy conocemos
cesos sociales que aquellos que permitan su propia como la Escuela de Manchester: los análisis situacio-
reproducción, igual a sí misma. nales del conflicto, de los procesos sociales y del ritual
Esta nueva mirada parece sucumbir prima facie en y su capacidad integradora; la exposición del método
un fuerte subjetivismo con ineludible sabor a posicio- del caso-extendido, que prefiguraba los trabajos et-
nes relativistas o solipsistas. Sin embargo, no necesa- nometodológicos; y los estudios de las redes sociales
riamente tiene que ser así como intentaré demostrarlo (networks). Me temo que Gluckman no fue en sus tra-
en el presente trabajo, al menos, con la antropología bajos posteriores suficientemente consistente con los
de la experiencia. A pesar de su vigor, no postulo pre- postulados que había ofrecido en su magnífico texto

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Rodrigo Díaz Cruz

de 1940. Fue incapaz de despojarse de sus raíces La relación entre filosofía y literatura —escribió el nove-
estructural-funcionalistas; a cambio sí tuvo la capa- lista y cuentista italiano (1995: 171-2)— constituye una
cidad de promover esos temas entre sus alumnos de lucha. La mirada de los filósofos atraviesa la opacidad del
Manchester: las obras de Clyde Mitchell y Victor mundo, supera su espesor carnoso, reduce la variedad de
Turner, para señalar apenas dos destacados ejem- lo existente a una telaraña de relaciones entre conceptos
plos, ilustran las huellas dejadas por Gluckman. generales y fija las reglas del juego por las que un número
Desde su disertación doctoral publicada en 1957, finito de peones que se mueven sobre un tablero de aje-
Schism and Continuity in an African Society, Turner drez agota un número tal vez infinito de combinaciones.
hizo de la idea de proceso su objeto de investigación Llegan los escritores, y las abstractas piezas del ajedrez,
central y en particular la aplicó a los estudios sobre los los reyes, las reinas, los caballos y las torres son sustitui-
rituales en tanto constitutivos, y no una mera expresión, das con un nombre, una forma determinada, un conjunto
de la existencia humana, de las prácticas seculares y de atributos reales o equinos y en el lugar del tablero se
rutinarias, del fluir a veces atropellado y vertiginoso, extienden polvorientos campos de batalla o mares agitados;
a veces perezoso, de la vida social. Influido no sólo y así las reglas del juego saltan por los aires y un orden
por la noción marxista de dialéctica, sino también por distinto del de los filósofos se va abriendo camino pau-
la filosofía de Dorothy Emmet —quien concebía a la latinamente. [Pero] quien descubre estas nuevas reglas
sociedad como un proceso antes que como un “siste- del juego son nuevamente los filósofos, que se toman la
ma integrado al modo de los organismos o máquinas” revancha demostrando que la operación llevada a cabo
(1958: 293)—, Turner desarrolló sus análisis proce- por los escritores es reducible a una operación propia, y
suales, ya sea en la organización social, ya en los que las torres y los alfiles no eran más que conceptos
rituales, en los performances culturales e incluso, al generales disfrazados. Y así sigue la disputa.
final de su vida, en la mente, en una continua oposi-
ción entre orden y desorden, entre estructura y anti- Me parece que al modo de los escritores, la antro-
estructura, entre determinación e indeterminación, pología procesualista de Turner manifiesta e impone
entre una realidad indicativa y una potencia subjunti- un orden de la vida social —erigido desde los pol-
va, entre la reflexividad y el fluir (flow). vorientos campos de batalla y los mares agitados—
“Tenemos que aprender a pensar a las sociedades distinto del históricamente construido por los analis-
—ha escrito Turner (1974: 37)— como fluyendo conti- tas de los sistemas, estructuras e instituciones so-
nuamente... Las estructuras formales, supuestamente ciales, que a veces han logrado atravesar la opacidad
estáticas, sólo se nos hacen visibles a través de este del mundo y superar su espesor carnoso. Las dife-
flujo que las dota de energía [y movimiento].” Y en otro rencias entre ambas perspectivas no deben ser so-
trabajo, póstumamente publicado, Turner condena a brevaloradas, pero tampoco pueden desdeñarse porque
esas tendencias en antropología que se ocupan sólo de de otro modo podríamos incurrir en vértigos simpli-
“representar la realidad social como estable e inmu- ficadores. La tensión que ellas suscitan tal vez no
table, una configuración armoniosa gobernada por exija, tal vez no encuentre una solución, pero nos
principios interrelacionados compatibles y lógicos; puede ayudar a ser cautelosos: al considerarla per-
una preocupación general por la consistencia y la manente y siempre renovada, “nos dará la garantía de
congruencia... [en donde los sujetos de estudio] son que la esclerosis de las palabras [y los argumentos] no
considerados meros portadores de una cultura im- se cierren sobre nosotros como un estuche de hielo”
personal, o cera grabada de patrones culturales o de- (Calvino, 1995: 172).
terminados por fuerzas sociales, culturales o psico- El que aluda a polvorientos campos de batalla y
lógicas” (1987: 72-3). El análisis de los procesos so- mares turbulentos para caracterizar ciertas notas de
ciales no debe ser visto como una alternativa exclu- la antropología turneriana no es una mera figura re-
yente de los estudios sobre los sistemas, estructuras tórica. Para el antropólogo escocés el fluir mismo de la
e instituciones sociales, sino como un complemento vida, sus procesos sociales constitutivos, desgarrado-
necesario de ellos, es decir, como un horizonte de in- res a veces, no carentes de horror y desazón, son esen-
terrogantes e hipótesis que, por lo menos, estos últi- cialmente transicionales: aspiran a alterar, modificar
mos estudios han marginado u olvidado, si no es que y transformar nuestras formas de existencia (1985:
abierta y malamente desdeñado.2 Aunque complemen- 206). Al llamar la atención sobre estas cualidades de
tarios, no deja de existir entre una y otra perspecti- la vida social, Turner quiere subrayar la naturaleza
va —como ya se verá— una suerte de tensión o de procesual del espacio y su carácter temporal, en opo-
aguerrida adversidad, análoga a la que Italo Calvino sición a la figura moderna del mundo que tiende a
describiera para la filosofía y la literatura: espacializar al proceso y al tiempo (1987: 76). ¿Cómo

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La vivencia en circulación. Una introducción a la antropología de la experiencia

atender, entonces, cómo elucidar e investigar la vida observador, bien del de los participantes, retrospec-
social misma si está en constante flujo y es esencial- tivamente se puede discernir en ellos una estructura
mente proceso y transición? Turner encontró una temporal análoga a las “formas” narrativas, con sus
“forma” en cierta clase de procesos sociales, una forma motivos inaugurales, transicionales y terminales, con
que es fundamentalmente “dramática”. De aquí que sus elementos culturales —muchas veces altamente
propusiera el concepto de drama social para describir convencionalizados— que marcan un inicio, periodos
a esa clase de procesos sociales, a saber, situaciones intermedios y un fin. Más aún, los dramas sociales no
en crisis, conflictivas o no armónicas. En estas si- sólo poseen la forma de los relatos: las acciones que los
tuaciones —combates, debates, ritos de paso, luchas integraron son articuladas, organizadas, selecciona-
por el poder— los participantes no sólo hacen cosas, das y descritas a posteriori de tal modo que pueden
intentan mostrar a otros qué hacen o qué han hecho: conformar un relato más o menos unitario y coherente;
en éstas las acciones también son realizadas para una forma de hablar de, y representarnos a, nosotros
“otros” (1987: 74). En contraste con la noción de mismos en los mares turbulentos en los que navega-
drama social ofreció, en Dramas, Fields and Metaphors mos. Nuestras historias oficiales, por ejemplo, con su
(1974: 34), el de empresa social para referirse a uni- épica y sus héroes de bronce, con sus hazañas funda-
dades procesuales más bien armónicas. No todo cionales y sus batallas liberadoras, pero también con
proceso social es en consecuencia conflictivo, pero sus silencios y enmascaramientos, constituyen la
Turner no encontró en las llamadas empresas socia- ilustración paradigmática de cómo un conjunto de
les una forma peculiar —sea o no dramática—, ni le dramas sociales han sido transformados en narrativas,
interesaron demasiado porque ilustran poco o mal la en narrativas nacionales que podemos incorporar a
dinámica social. A su modelo de los dramas sociales, nuestro yo, pues tal vez nos reconozcamos en ellas y
Turner incorporó además la idea pragmática del “coe- reconozcamos parte de nuestras experiencias presen-
ficiente humanístico” que el sociólogo polaco Florian tes. Y si tal no fuera el caso —pues las narrativas, y
Znaniecki aconsejara aplicar a los sistemas culturales más todavía las nacionales, están plenas de metáfo-
en tanto opuestos a los naturales. Esto es, aquellos ras, ambigüedades y paradojas que permiten diver-
dependen para su existencia no sólo de su significado, sas lecturas en competencia— podríamos reformular,
sino también de la participación de agentes huma- reorganizar y reinterpretar cada uno de los dramas
nos conscientes, con voluntad, y de las relaciones que sociales en disputa y ofrecer otros relatos, con sus
éstos guardan entre sí, potencialmente transforma- propios canales de comunicación, sus propios estilos
bles (Turner, 1974: 32). Los dramas sociales son pues y géneros. A través de las historias oficiales y/o na-
una forma procesual casi universal que representa el cionales, para continuar con mi ejemplo, enunciadas
reto perpetuo de toda cultura por perfeccionar su or- por voces autorizadas desde posiciones, instituciones
ganización política y social. y canales privilegiados, la cultura y la historia devienen
Si la nota significativa de los dramas sociales es que autobiográficas (véase Bruner y Gorfain, 1984: 73).
son útiles para describir situaciones en crisis, conflic- La fuerza de los dramas sociales también radica en
tivas o no armónicas, entonces debemos concebirlos, que en ellos se producen y cristalizan símbolos o tipos
ante todo, como procesos políticos: suponen la compe- simbólicos —personas, lugares, momentos, acciones—
tencia por fines escasos —bien sea el poder, la dignidad, que contribuyen a legitimar un modo de existencia
el prestigio, el honor, la pureza— a través de medios social y ofrecen referentes para la acción: por ejemplo,
culturales particulares y con la utilización de recursos la toma de la Bastilla, la revolución cubana, Stalin, el
que también son escasos, como bienes, territorio, di- Holocausto, Zapata. En su justamente célebre ensayo
nero, hombres y mujeres (Turner, 1982: 71-2). Los sobre Hidalgo y la revolución de independencia, Turner
dramas sociales movilizan razones, deseos, fantasías, sostiene que el Padre de la Patria inició un rito de paso
emociones, intereses y voluntades, y sus desenlaces en México —para convertirse en nación— utilizando y
no son, no pueden ser, concluyentes, como no lo son creando mitos y símbolos, pero no sólo eso: Hidalgo
las oposiciones entre los grupos y entre los individuos. mismo se convirtió en un símbolo, un símbolo de la
communitas, del México concebido como una confra-
ternidad antes que como una estructura social con
La pluralidad de las narrativas todas sus desigualdades (1974: 99-100). En la serie
de dramas sociales que conformaron la revolución de
Los dramas sociales fragmentan y acotan respecto a independencia nacional, Hidalgo se constituía en un
situaciones no armónicas particulares el fluir constante rex, es decir, en una figura trascendental que fue
de la vida social. Bien sea desde el punto de vista del incorporando valores de la comunidad altamente con-

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Rodrigo Díaz Cruz

2) La CRISIS puede seguir a la ruptura en la medida


en que otras personas o grupos toman partido
por, o se oponen a, quien haya provocado la
ruptura. Se crean nuevas facciones o se activan
las viejas. Cada individuo o grupo hace acopio
de recursos, recluta a sus seguidores y estig-
matiza a los oponentes; se exigen lealtades y
obligaciones. El clima de violencia física, verbal
o simbólica tiende a ser contagioso, los conten-
dientes se asumen como unidad en el campo de
batalla. Esta fase puede adquirir característi-
cas liminales, pues se han suspendido las regu-
laciones sociales, muchas de las cuales pueden
estar a discusión. Se evidencia el modo sub-
juntivo del drama social.
3) La tercera fase es la de las ACCIONES Y PROCEDIMIENTOS
DE REAJUSTE, que pueden ser formales e informales:
“desde la amonestación y el arbitraje informal,
hasta la aplicación de la maquinaria jurídica
formal, y, para resolver ciertas clases de crisis o
legitimar otras vías de llegar a acuerdos, [se
recurre] a la realización de rituales públicos”
(Turner, 1987: 75), algunos de los cuales requie-
ren el “sacrificio”, literal o moral, de un chivo
siderados, más que en un dux, un organizador prag- expiatorio. Por su importancia abundo sobre
mático de grupos para conseguir sus objetivos políticos. esta fase más abajo.
En cualquier caso Hidalgo, el símbolo que absorbió al 4) La fase final consiste en la REINTEGRACIÓN del
hombre, se convirtió en un referente para la acción en grupo social, o grupos sociales, conmovido en
muchos de los dramas sociales que siguieron a la el reconocimiento ya sea del cisma irreparable
Independencia, pero también es posible que hoy —en entre las partes contendientes —señalado
nuestro México finisecular— su fuerza simbólica se algunas veces por la separación espacial—, ya
haya debilitado o haya perdido sentido, no así la de Za- sea de su reintegración a partir de los mismos
pata para diversos grupos sociales (que ofrece, desde principios sistémicos o de éstos medianamente
luego, otros referentes para la acción). transformados, o bien de otros principios. Esta
Señalé que los dramas sociales tienen una estruc- fase puede delimitarse por una ceremonia o
tura temporal y una forma narrativa. Típicamente ritual público que señale la reconciliación, la
están formados por cuatro fases de acción pública (cf. reintegración o la fragmentación social. En este
Turner, 1974, 1982, 1985 y 1987), cada una de las punto, y en función de sus acciones en el drama,
cuales tiene su propio estilo, duración y ritmo; cada algunos líderes habrán ganado legitimidad, otros
una de las cuales gesta su propia expresión o retórica: habrán perdido su fuente de autoridad; quizás
las viejas alianzas se hayan realineado y hoy
1) La fase de RUPTURA de las relaciones sociales re- estén en bandos opuestos. En cualquier caso,
gulares gobernadas por normas. Se indica por la las semillas de un nuevo drama social ya fueron
infracción —deliberada o espontánea— de una sembradas: justo sobre los acuerdos —si los
ley, una regla, un contrato, un código de etique- hubo—, la imposición o la violencia que resolvió
ta, de hecho, cualquier regulación de la acción la crisis. Insisto, los desenlaces de los dramas
sancionada por el grupo o la comunidad, que sociales no son, no pueden ser, concluyentes,
por supuesto se puede referir a otros grupos o como no lo son las oposiciones entre los grupos
comunidades. Un malentendido en la comuni- y entre los individuos.
cación, una transgresión simbólica, una inva-
sión militar o la postulación de un candidato La forma en que se exprese cada una de estas fases
de oposición a la presidencia pueden iniciar un y los medios que sean utilizados (donde incluyo por
drama social. supuesto los dispositivos tecnológicos) son variables,

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La vivencia en circulación. Una introducción a la antropología de la experiencia

dependerá de los recursos culturales, históricos y po- humanístico” de Znaniecki): evalúan lo que ha suce-
líticos específicos en donde se desplieguen. Cada fase dido, cómo es que han llegado a ese punto, a esa raya
además tiene su género dominante de expresión: por incierta —que puede ser un abismo— de la contienda,
ejemplo, una crisis política en una república genui- del conflicto y de sus propias vidas. Y alimentados por
namente democrática se expresa y se desenvuelve de sus valores, principios y creencias, por sus fuerzas y
un modo muy distinto al de un Estado autoritario; en posibilidades, por sus pretensiones de legitimidad
un drama social entre los azande a un infortunio le y/o legalidad, los contendientes buscan reconocerse
pueden seguir las acusaciones de brujería, las lecturas en el pasado, en su interpretación de la historia, en
de diversos oráculos, la realización de autopsias, y la algún fragmento de la memoria colectiva, para mirar
ejecución de rituales y acciones de reparación. y actuar sobre el futuro. En los dramas sociales una
Apunté que la tercera fase, de acciones y procedi- acción de reajuste puede ser efectivamente una brutal
mientos de reajuste, es singularmente importante en y sanguinaria represión. ¿Cuántas crisis no se han
el estudio y experiencia de los dramas sociales. Respecto “resuelto” de este modo? Pero también, como en el
a ella podemos deslindar la presencia de “dos” Turner, caso de las revoluciones triunfantes, el procedimiento
es decir, de dos actitudes analíticas en la obra de de reajuste puede ser la creación de una nueva ins-
Turner que no son stricto sensu excluyentes. En la titucionalidad, de nuevas formas —acaso más justas—
primera, que corresponde a sus primeros trabajos, el de convivencia social. Igualmente puede ser resultado
antropólogo escocés enfatiza la presencia de los me- del ejercicio de la libertad, según la entiende Hannah
canismos sistémicos e institucionales —aparato jurí- Arendt: “[como] la realización positiva de la acción hu-
dico formal, rituales de reparación— que operan como mana, y existe sólo en la medida en que se cuente con
el marco necesario del reajuste, aun cuando ese marco un espacio público donde los individuos puedan debatir
sea justamente el puesto en entredicho por una de las entre sí para atender los asuntos públicos (...) Acción
partes contendientes del drama social. Sin embargo que es intrínsecamente una actividad política que re-
en su segunda actitud, que corresponde a sus últimos quiere de la existencia de ese espacio público o polis en
trabajos, Turner destaca, antes que los mecanismos el que los individuos se encuentren y revelen quiénes
sistémicos e institucionales del reajuste, las singulares son” (véase Bernstein, 1983: 208-9). De aquí que los
experiencias que esta fase puede suscitar entre los su- dramas sociales, como señalara Turner, representen
jetos o grupos participantes en el conflicto, pues en el reto perpetuo de toda cultura por perfeccionar su
ella es dable que se abran espacios en los que los parti- organización política y social.3 Es en la tercera fase, al
cipantes desencadenen procesos de reflexividad, desde cabo de una crisis, donde en suma se potencia la po-
luego siempre desde horizontes, puntos de vista o pers- sibilidad de que los individuos y grupos participan-
pectivas distintas. Por los propósitos de este trabajo tes ejerciten la reflexividad: experiencia singular que
desarrollo esta última actitud analítica de Turner. provoca el descentramiento y separación de nosotros
En la tercera fase los sujetos o grupos en compe- mismos para conocernos en el mundo, para definirnos,
tencia pueden desplegar procesos de reflexividad: erigirnos y transformarnos como sujetos activos a pro-
buscan asignar significado —reitero, desde sus propios pósito del futuro pero sin desconocer algún arraigo
horizontes— a lo que ha sucedido; también se entre- en nuestro pasado; ahí se replantean y modifican las
tejen los eventos de un modo que tengan sentido; identidades personales y colectivas, se reinventan y
se construyen las narrativas en competencia; se van resignifican las tradiciones. Por su importancia para
constituyendo los tipos simbólicos con sus inter- la antropología de la experiencia abundo a continuación
pretaciones plurales. Ahí se exponen desde oblicuas y sobre el concepto de reflexividad.
delicadas alusiones al nosotros hasta vigorosas pro-
ducciones dramáticas en las que los sujetos o grupos
ubican sus lugares en el esquema de las cosas y en la El poeta suicida y Narciso
estructura social; señalan sus propósitos y naturale-
zas; evidencian sus fuerzas adquiridas después de la Si bien la reflexividad se puede potenciar en la tercera
crisis o sus debilidades irreparables; se interrogan fase de los dramas sociales, desde luego no es exclusiva
sobre sí mismos y sobre su futuro; valoran sus de ellos. Para Wilhelm Dilthey es una capacidad de la
capacidades y posibilidades de negociación y, en vida. Si ésta es un fluir, una progresión y transición
función de ello, sus capacidades de acción. En esta continuas, la experiencia y el significado están en el
tercera fase los participantes hacen un alto para presente; el pasado es una memoria, una reproduc-
ubicarse en un presente siempre fugaz (y aquí resulta ción; y el futuro siempre está abierto, es potenciali-
particularmente potente la idea del “coeficiente dad y expectación:

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Rodrigo Díaz Cruz

El presente (es decir, la experiencia y el significado: RDC) velarse a sí mismo como signo: estamos ante una
—escribió Dilthey (1986: 226)— está henchido de pasado incapacidad básica de ejercitar la reflexividad, de
y lleva en su seno el futuro; en la vida el presente abarca percatarnos de que el otro, el doble, es también uno
la idea del pasado en el recuerdo y la del futuro en la fan- mismo, uno sobre el cual se va a operar henchido de
tasía. pasado y con el futuro en su seno. Revisémoslo con
más detalle.
Aunque la vida social es un fluir continuo no pode- Después de despreciar a la ninfa Eco —que del
mos experimentar ese fluir directamente porque cada dolor de la repulsa adelgaza a tal extremo que sólo que-
momento observado es un momento recordado. La da de ella la voz—, Narciso se tiende ante una fuente
observación fija nuestra atención e interrumpe el fluir cuyas aguas de tan nítidas eran intocadas. Mientras
de la experiencia (Bruner, 1986: 8). Y la reflexividad es bebe, su propia imagen, reflejada en las aguas, lo cau-
una observación radical, extrema, de ese fluir, de ese tiva. “Se pasma él mismo de sí”, dice Ovidio (Meta-
fluir interrumpido “que está henchido de pasado y morfosis, Libro III: 418; en la excelente versión de
lleva en su seno el futuro”. La reflexividad es un con- Rubén Bonifaz Nuño), pero Narciso no lo sabe, pues
cepto paradójico, pues la mente —a través de su pro- imprudente se ansía: muchas veces a la fuente falaz
pia operación— intenta decir algo acerca de su opera- dio inútiles besos; sus brazos hundió a medias aguas,
ción: se trata de una actividad difícil de contemplar y no se aprehendió dentro de ellas. Y el narrador quiere
y describir sin sucumbir en vértigos conceptuales y prevenir a Narciso en su irremediable caída al abismo:
enredos verbales (Babcock, 1987: 235). Es la capacidad
del lenguaje y del pensamiento —de hecho de cualquier Es la sombra de tu reflejada imagen la que miras.
sistema de significación— de desdoblarse en sí mismo Nada ésa tiene de sí; viene y permanece contigo;
para transformarse en un objeto de sí mismo y referirse contigo partirá, si tú partirte pudieras.
a sí mismo. Un descenso —como dijera Montaigne—
“por la escalera de caracol del yo”. Capacidad que nos Pero Narciso no puede alejarse de la fatal fuente de
posibilita develarnos como signo: “Cuando pensamos tan cautivado que está —ignorante— de sí, y antes
en nosotros como nosotros mismos —señaló Charles de cerrar sus ojos de muerte dice “Adiós”, y escucha a
Pierce—, entonces aparecemos como un signo”. Se lo lejos a la enjuta Eco contestarle “..iosss”.
trata en efecto de una tarea intelectual, y como tal no La reflexividad es pues una experiencia singular
desprovista de elementos afectivos, valorativos y voli- que, al descentrarnos y separarnos de nosotros mismos,
tivos. Cabe aquí recurrir a la metáfora del espejo: en la nos permite conocernos en el mundo, definirnos, eri-
reflexividad somos y no somos la imagen que vemos girnos y transformarnos como sujetos activos. Y, para
del otro, de nuestro doble hecho signo minuciosamen- volver al asunto, en la tercera fase de los dramas so-
te escrutado. Borges —poeta también de los espejos y ciales los individuos o grupos en conflicto están posi-
los dobles— ilustra esta metáfora, este desdoblamien- bilitados como en ninguna otra fase para echar a
to, en su poema del suicida un poco dandy (“Mayo 20, andar procesos de reflexividad: momento en que bus-
1928” en Elogio de la sombra): can definirse a sí mismos y ante los demás dada la na-
turaleza del proceso dramático, conflictivo, en el que
piensa lo que nunca sabrá, si el día siguiente están participando. Mediante la reflexividad se elabo-
será un día de lluvia. ra una visión sinóptica de la totalidad que subyace a
En la hora fijada, subirá por unos escalones de mármol. las acciones y a sus sentidos, a los agentes y a los
Bajará al lavatorio; en el piso ajedrezado el agua borrará contextos prácticos de los dramas sociales (véase
muy pronto la sangre. El espejo lo aguarda. García Selgas, 1994: 54). Así entendida la noción de
Se alisará el pelo, se ajustará el nudo de la corbata reflexividad en general —y no sólo la circunscrita a los
(siempre fue un poco dandy, como cuadra a un joven poeta) dramas sociales— me parece particularmente fecunda,
y tratará de imaginar que el otro, el del cristal, ejecuta de hecho abre nuevas rutas de investigación. Tomo,
los actos y que él, su doble, los repite. La mano no le para ilustrar mi afirmación, el caso del vínculo entre
temblará cuando ocurra el último. Dócilmente, reflexividad y experiencia religiosa, según nos lo des-
mágicamente, ya habrá apoyado el arma contra la sien. cribiera con tino Barbara Babcock (1987: 237):
Así, lo creo, sucedieron las cosas.
todo sistema religioso es implícitamente reflexivo: la co-
En contraste con el joven poeta de Borges, la tra- municación de las verdades más elevadas y el orden más
gedia de Narciso consiste en no participar de la para- sagrado de las cosas está invariablemente acompaña-
doja epistemológica de separarse de sí mismo, de de- do por el comentario subversivo de las aporiae, por los

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La vivencia en circulación. Una introducción a la antropología de la experiencia

desórdenes liminales: los payasos de los Pueblo, los de- flow. Pero también, paradójicamente, es el caso de la
monios cingaleses, los carnavales, los monstruos ndembu experiencia religiosa, que nos puede conducir a una
(...) Tales elementos ambiguos y paradójicos generan comunión con lo trascendente por medio de la pérdida
procesos de reflexividad que orientan la atención del pen- del ego y su autoconciencia (cfr. Csikszentmihalyi,
samiento a las estructuras limitadas e imperfectas del 1988; 1987: 362). En nuestros campos de batalla y en
lenguaje y el pensamiento, de la sociedad y la religión. nuestros mares agitados —en los dramas sociales—
Más aún muchas prácticas religiosas son explícitamente vamos desplazándonos por múltiples experiencias,
reflexivas: la contemplación, la meditación, el rezo y la que se tienden entre dos polos: la experiencia del flow
confesión inducen a la separación del mundo y a una in- y la experiencia de la reflexividad.
troyección del yo al yo.

Con la idea de reflexividad no se sucumbe ni en un Experiencia


vértigo subjetivista ni en uno relativista. Al contrario,
es su cura, pues la reflexividad discrimina y es una El concepto de experiencia es conflictivo, cuando no
subjetividad mucho más autocrítica que nos muestra, confuso: demasiadas historias, sentidos y valoracio-
precisamente, los límites de la subjetividad y el rela- nes lo han investido, aunque acaso en esta prolifera-
tivismo. ción encuentre su riqueza y algunos pliegues fecundos.
Según se ha visto, para Turner el fluir mismo de la Si bien la experiencia vivida es y constituye una de
vida, los procesos sociales que lo constituyen y que nuestras realidades básicas, también es cierto que ella
son acotados por los dramas sociales, son esencial- se ha de organizar necesariamente a través del len-
mente transicionales: aspiran a alterar, modificar y guaje: del lenguaje en tanto institución, en tanto pro-
transformar nuestras formas de existencia. Si ello es ducto pero también como proceso histórico y cultural.
posible es porque tenemos la capacidad de hacer un Si la experiencia vivida constituye una de nuestras
brusco alto, interrumpir el fluir de la experiencia y su- realidades básicas, ¿cómo superar entonces las limi-
mergirnos en “otra” experiencia para comprendernos taciones de las experiencias individuales, cómo superar
y transformarnos, para atender el perpetuo reto de y acceder a su espesor? La experiencia no es, no puede
toda cultura por perfeccionar su organización política ser amorfa; se la organiza a través de expresiones, re-
y social: la experiencia de la reflexividad. Pero la vida latos, narrativas, dramas sociales y realizaciones cul-
social sería inviable —o al menos bien dolorosa— si turales (cultural performances) en general que se mues-
nos consagráramos a la mera experiencia de la refle- tran y se comunican, esto es, que se hacen públicas.
xividad. Turner sostiene que esta experiencia sería in- “La vida —ha escrito John Dewey en Art as Experience—
inteligible sin la experiencia opuesta del fluir (flow), no es una marcha o flujo uniforme e ininterrumpido.
del dejarse llevar por las acciones, idea que retoma del Es algo hecho de historias, cada una con su propia
psicólogo Mihalyi Csikszentmihalyi (1975 y 1988). El trama, su propio inicio y desenvolvimiento hacia una
flow se refiere a una sensación holística y presente conclusión, cada una con su propio movimiento.” Las
cuando actuamos con total participación; es un esta- expresiones, relatos o historias a las que Dewey alude
do en que la acción sigue a la acción de acuerdo a una son encapsulaciones de la experiencia de otros, o,
lógica interna que parece no necesitar una interven- como dijera Turner, “secreciones cristalizadas de una
ción consciente de nuestra parte. En el flow hay poca experiencia humana”. Cada experiencia que narra-
distinción entre el yo y el ambiente; entre un estímulo mos o que nos narran es un episodio de una historia
y la respuesta; entre el pasado, el presente y el futuro. posible; es una forma de resaltar nuestra hondura y
La atención no se centra aquí en el desdoblamiento o singularidad a través de medios intersubjetivos y, pa-
en el descentramiento, ni en el anhelo de definirnos a radójicamente, muchas veces típicos (para la tipici-
nosotros mismos y ante los demás en un proceso con- dad, estereotipia y clichés culturales que alimentan
flictivo, más bien disolvemos nuestra conciencia en la nuestras expresiones y narrativas, véase Robin, 1993).
acción, una acción que se ejecuta sin duda ni reflexión. De aquí que, como apuntara arriba, una vivencia o
Como cuando quedamos atrapados en la lectura de una expresión sean totalidades singulares, no dedu-
una novela y súbitamente nos percatamos que han cibles de lo común, pero elaboradas a partir de lo
pasado varias horas, pero en ese percatarse el flow se común (de “una estructura de experiencia”, véase más
quiebra, se corta bruscamente. Ciertas actividades y abajo), y cuya comprensión ha de partir de ello. Una
experiencias, como los juegos, los espectáculos, los ri- experiencia narrada es “un fragmento del pasado
tuales y la vida amorosa y sexual, poseen tal diseño —como afirmara Dilthey (1986: 226)— que nos es
que pueden proveernos de una elevada experiencia del significativo en la medida en que en él se estableció un

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Rodrigo Díaz Cruz

realidad del presente— y la


indeterminación del futuro,
que mantiene abiertas las po-
sibilidades en relación a las
cuales el significado de la expe-
riencia cambiará y estará su-
jeto a la reinterpretación”. Ni
estable ni inmediata, a la expe-
riencia tampoco la precede
un esquema conceptual que
la ordene u organice,5 pues el
lenguaje en tanto institución,
los dispositivos “tecnológicos”
de expresión en uso, los gé-
neros dominantes, los sím-
bolos o tipos simbólicos que
legitiman a, y sirven de refe-
rente de, la existencia social
no están dados de una vez por
todas: son temporales, ambi-
guos y recreados. La expe-
compromiso para el futuro mediante la acción (...) y riencia, el significado que le atribuimos, los valores
esta relación entre nuestro pasado y nuestro presente que le asignamos, los afectos que nos provoca, las ex-
es siempre incompleta (...) pues lo que establecemos presiones con las que la organizamos —siempre cam-
como fin para el futuro condiciona la determinación biantes y reconstituidas en el tiempo—, constituyen
del significado de lo pasado.” un todo, un todo en movimiento.
Desde esta perspectiva, NUESTRAS EXPERIENCIAS VAN Aunque he ido trazando el vínculo con discreción,
ESTRUCTURANDO Y TRANSFORMANDO —TENUE, TENAZ, LEVE- no está de más atender explícitamente la siguiente
MENTE— A LAS EXPRESIONES: comprendemos a los otros interrogante: ¿qué relación existe entre los dramas
y sus narrativas a partir de nuestras experiencias y sociales y la experiencia? A diferencia de las “meras”
autocomprensión, a partir de nuestro horizonte y tra- vivencias, aquellas que no sólo no requieren ser ex-
dición, siempre provisionales, con disposición al presadas, sino que difícilmente serán expresadas,6 los
cambio, inestables y en conflicto. PERO TAMBIÉN LAS EX- dramas sociales están saturados de “unas” expe-
PRESIONES Y NARRATIVAS ESTRUCTURAN LA EXPERIENCIA en el riencias: el “grito” de Hidalgo en un pueblito del Bajío
sentido de que los géneros dominantes de expresión,4 mexicano, la toma de posesión de un presidente, rup-
con sus tipicidades, estereotipias y clichés (agobiantes turas, cismas, acusaciones, traiciones, actos heroicos,
sí, pero muchas veces anhelados) de un periodo his- asesinatos, obras de arte, descubrimientos, enamo-
tórico y/o de una cultura, con sus historias oficiales, ramientos. “Unas” experiencias que probablemente
autorizadas y privilegiadas, van definiendo e ilumi- no sean capturables en una expresión. “Unas” expe-
nando nuestra experiencia interna (Bruner, 1986: 6). riencias que van configurando la propia identidad
Experiencias y expresiones que, mediadas entre sí, en personal y colectiva; que van modificando, afinando y
continua retroalimentación, ofrecen desde luego no solidificando los contenidos asociados a la trama con-
sólo referentes para la acción social, sino que también ceptual de la mente: intenciones, creencias, deseos,
nos permiten comprenderla. Así considerada, la ex- intereses, emociones y afectos; y también por supues-
periencia no es al modo ingenuamente empirista o to la muchas veces olvidada, por la teoría social, trama
conductista un acontecimiento interno o un estado conceptual del cuerpo: “...en esa vasta trama de inten-
psicológico que se pueda fijar permanentemente: no ciones, creencias, deseos, intereses, emociones y afec-
es inmediata y tampoco es estable. Como afirmara tos que constituye la vida mental no hay, en sentido
Turner (1985: 212), “cuando es interpretada como estricto o absoluto, islas que directa o indirectamente
una presencia, la experiencia es capaz de estructurar no reciban las resonancias del cuerpo” (Pereda, 1994:
la vida sin fijarla. Se produce una tensión, para cual- 299). Cualquier bucle desplegado de la trama concep-
quier experiencia, entre el carácter determinado de tual de la mente necesita de un trasfondo de compren-
lo que se sostiene como pasado —en tanto fuente de la sión que incluye habilidades motrices y técnicas y

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La vivencia en circulación. Una introducción a la antropología de la experiencia

memoria corporales que arraigan en la estructuración del presente, y orientaciones hacia el futuro en com-
sociobiológica de nuestra corporalidad, bucle que se petencia; y finalmente cogniciones, afectos y volunta-
vivencia, encarnadamente también, en el ámbito de des en conflicto. Los dramas sociales pueden expresar,
una interacción histórica y culturalmente constituida. en suma, varias estructuras de experiencia; diversas
Es decir, la antropología de la experiencia se ha de concepciones de, y orientaciones en, el mundo. Los
proponer disolver la dicotomía, cara a la modernidad, dramas sociales cristalizan ahí donde se busca trans-
entre mente y cuerpo. Como señala García Selgas formar, perfeccionar, la organización política y social,
(1994: 60), “nuestras nociones de cuerpo y encarna- donde las experiencias se movilizan, conmovidas y a
ción deben sufrir transformaciones en las ciencias so- veces con notoria fragilidad, a atender este perpetuo
ciales y en las naturales, de forma que ambas aparezcan reto de toda cultura.
como entidades dinámicas, abiertas e históricas, que
van más allá de la piel de los individuos, y que están
relacionadas internamente con el proceso por el que Notas
nos convertimos en agentes sociales competentes”.
1
Entre drama social y experiencia —“unas” expe- Y no podemos desdeñar, en esta caracterización, la im-
riencias que por supuesto “resuenan” en el cuerpo, portancia del surgimiento, a partir de esa década, de los
que encarnan ‘dramáticamente’ en él— existe un evi- movimientos contraculturales y anticolonialistas, así como
dente vínculo que Turner describe así (1985: 214): de la emergencia de los antropólogos-nativos.
2
“Los análisis procesuales —escribió Turner (1974: 44)—
Los dramas sociales son una sub-categoría de la Erlebnisse, asumen el análisis cultural del mismo modo en que asu-
definida por Dilthey como “aquello que en el flujo de la men el análisis estructural-funcional, incluyendo los
vida forma una unidad en el presente porque posee un análisis de morfología comparativa. No niegan a ningu-
sentido unitario (...) [la Erlebnisse] no sugiere la idea de no de ellos, pero colocan a la dinámica primero.”
3
una mera experiencia (para la cual el término alemán más Que un drama social se “resuelva” mediante una brutal
apropiado es Erfahrung), sino la participación en, y la represión no constituye un contra-argumento a esta úl-
experiencia vivida de, alguna unidad total de significado, tima idea, pues esta “solución” configurará, en el futuro,
como por ejemplo una obra de arte, un enamoramiento, un marco de referencia para la acción de los dramas so-
una revolución”, y —agrego— un drama social. ciales por venir. Se elaborarán narrativas múltiples y
complejos simbólicos, se apelará a nuevos principios
Para clarificar la idea diltheyana de Erlebnis, Turner y creencias, se crearán nuevas agrupaciones y reclamos
la traduce como “una estructura de experiencia” (a en torno a la acción de reajuste de aquel drama social. Ello
structure of experience), compuesta por 3 elementos, no excluye, no pretendo hacerlo, que muchas veces en los
cada uno a su vez triádico: 1) significado o sentido, dramas sociales abunde el horror y la violencia.
4
valor y fin; 2) pasado, presente y futuro; y 3) cogni- En nuestra circunstancia, por ejemplo, son géneros domi-
ción, afecto o sentimiento y volición. La noción de sig- nantes la televisión (no cualquiera, sino la que se produce
nificado o sentido surge en la memoria y es condición y consume hoy), el radio, el cine, los espectáculos masi-
del pasado autorreflexivo; la noción de valor surge del vos, los géneros literarios en boga, las enunciaciones dis-
sentimiento y es inherente al disfrute del presente; y cursivas del poder y de la oposición, etcétera.
5
la noción de propósito o fin surge de la volición, del Al modo en que, por ejemplo, B.L. Whorf concibe al len-
poder o de la facultad de usar la voluntad, y alude al guaje: por un lado un contenido sin organizar —los datos
futuro. Uno de los textos más programáticos de Turner que las sensaciones capturan—, y por otro un esquema
concluye así: organizador —una lengua en particular— gracias al cual
aprehendemos al mundo.
6
Ahora concibo al drama social, en su desarrollo formal, en Buena parte de nuestras vivencias cotidianas NO son sus-
su estructura de fases, como un proceso que va convir- ceptibles de ser expresadas ni recordadas, más aún, ni
tiendo valores y fines particulares en un sistema de sig- siquiera merecen una reflexión de nuestra parte.
nificados compartidos —que pueden ser temporales o
provisionales [se entiende, compartidos para cada uno de
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