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Bauman, “Guardabosques convertidos en

jardineros ”
(siglos XVII al XIX, metáfora de Gellner)

CULTURAS SILVESTRES:

Es una cultura que se reproduce de generación en generación sin un plan


consciente, supervisión, vigilancia o alimentación especial. Al reproducirse a sí
misma, no permite la producción de excedentes. No puede percibirse a sí misma
como cultura, como un orden elaborado e impuesto por los hombres, sino como
Naturaleza, como creación de Dios. Comunidades estables en término de cantidad
de individuos y movilidad, el estatus carecía de ambigüedades, la conducta era
sólidamente estereotipada y, por lo tanto, se percibía como predecible y manejable.
Guardabosques: (clases dirigentes de la Edad Media). No tienen ninguna la
intención de transformar la situación, no contemplan la posibilidad de un “estado
ideal” fabricado. Confían en la abundancia de recursos de los seres a su cuidado. Lo
que procuran es algo más simple: garantizar una cuota de caudal de bienes
producidos por esos hábitos intemporales.

CULTURA DE JARDÍN:

Cultura que solo puede ser sostenida por un personal especializado. Para
reproducirse necesita plan y supervisión; sin ellos, la selva invadiría el jardín. Esta
cultura sí produce excedente, para el cual no sirve el sistema anterior. Jardinero:
(intelectuales de la modernidad: coalición de literatos, filósofos, científicos,
librepensadores, clérigos). Éste ocupa ahora el lugar del guardabosques para
impedir la vuelta al estado se selva (del que surgieron).

TRANSICIÓN: OPOSICIÓN RAZÓN (POSITIVIDAD) Y EMOCIÓN


(NEGATIVIDAD)

La Modernidad no surge como el resultado de la invención de la jardinería, sino


provocado por la creciente incapacidad de la cultura silvestre para sostener su
propio equilibrio y ciclo reproductivo. Los guardabosques, al no implementar ningún
ajuste de pautas, carecían de la experiencia idónea para dar forma a la idea del
origen humano del mundo del hombre. El seco rechazo de Hobbes del “estado
natural” de la humanidad como una condición en la que la vida humana es
“detestable y brutal” fue ampliamente aceptada como punto de partida de la
filosofía social, las ciencias políticas y la sociología modernas. La idea de un
“contrato social” constituía una nueva percepción de la relación entre el orden
social y la naturaleza, expresada en la oposición entre razón y pasiones.

Interés: Oposición entre la motivación social de planificación y las pulsiones


naturales del estado salvaje y natural del hombre. Otra oposición tiene que ver con
la dimensión de clase: poner a la clase de “hombres interesados” que fijaban sus
propias metas y dirigían sus propias acciones aparte del resto. Nietzche: “Fue esa
distancia la que los autorizó a crear valores y darles nombre”.
Se destacaba el papel indispensable de un poder centralizado y supraindividual
(Estado) en la protección y perpetuación de una relación ordenada entre los
hombres y la necesidad de un orden cultural diferente (es un proceso simultáneo y
no consecuente). El problema no era canalizar los efectos de las emociones, sino
restringir o neutralizar sus ansias en pro de la Razón. Esta intención política se
reflejaba con claridad en la idea de una universalidad de patrón de comportamiento

CRUZADA CULTURAL: OPERACIONES DE “CLAUSURA Y


EXCLUSIÓN”

La lucha por la autoridad significaba antes que nada el derecho a tomar la iniciativa
de la acción social, batalla por el liderazgo público. El fin estratégico de la lucha era
reducir al “pueblo” a la condición de receptor pasivo de la acción: a fin de elevar la
cultura de la élite era importante devaluar la cultura de los pobres y desvalorizarla
a los ojos de los mismos pobres. El efecto perlocutivo más importante del discurso
de la razón contra las pasiones fue la recaracterización de los pobres y humildes
como clases peligrosas, que tenían que ser guiadas e instruidas para impedir que
destruyeran el orden social. Porque las prácticas populares representaban el
pasado: repositario de las creencias erróneas de la humanidad y la infancia del
hombre. El dominio de lo popular era ahora el mundo negativo, de las prácticas
ilícitas, conducta excéntrica y errática. Las costumbres fueron rebautizadas como
supersticiones y prejuicios. Pero no se trataba sólo de un juicio estético correcto,
sino del control de los ámbitos desde los cuales los juicios se podían pronunciarse
con autoridad: la lucha por el control y regulación del tiempo y el espacio público
para el establecimiento gradual de una nueva estructura de dominación:

• Se cambió el de las festividades locales y uno eclesiástico rígido y universal.

• Los sacerdotes y las iglesias parroquiales se retiraron de las comunidades y


se negaron a prestar sus instalaciones para ferias, bailes y otras festividades
populares.

• Tradicionales partidos de fútbol patrocinados por la nobleza y el clero


pasaron a ser vistos como una exhibición brutal y bárbara que hacían
peligrar el orden público.

• Erradicación de las orquestas populares de la iglesia y su reemplazo por


organistas contratados con la justificación de que la música no podía estar
en manos groseras y vulgares

A lo largo del proceso la cultura popular sufrió diferentes consideraciones (aunque


no parecen haber tenido influencias sobre la práctica de la persecueción): 1)
Superstición, inexactitud, 2) Opuesta a la Razón y, una vez ésta impuesta y
compartida, como… 3) Opuesta a lo establecido.